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15.7.26

La rápida transición para abandonar los combustibles fósiles era central para el programa, pero el Green New Deal original del Reino Unido siempre se preocupó igualmente por reformar las finanzas, redirigir los ahorros, reconstruir la infraestructura pública y crear empleo seguro y bien remunerado. Estos componentes estuvieron presentes desde el principio y son inseparables de la agenda ambiental... el cambio climático requiere una inversión pública a gran escala. Mis estimaciones sitúan el gasto anual requerido para el Reino Unido en un mínimo de cincuenta mil millones de libras... para eso, la banca especulativa debía ser restringida, que las instituciones financieras más grandes debían ser divididas y que el crédito debía redirigirse desde la especulación improductiva de activos hacia la inversión productiva, verde y a largo plazo... Cuando los bancos centrales crearon cientos de miles de millones de libras para rescatar a los bancos en quiebra tras la crisis de 2008, demostraron sin lugar a dudas que los gobiernos pueden crear dinero en la escala requerida para enfrentar una crisis sistémica. He argumentado que esa misma capacidad debería dirigirse ahora a evitar el colapso climático en lugar de a subsidiar los balances del sector financiero... Al Green New Deal nunca le ha faltado una respuesta a la pregunta de cómo se pagaría. Puede redirigir ahorros que actualmente hacen poco más que inflar el precio de los activos que ya poseemos. Y puede usar los impuestos para sus fines apropiados. Lo que ha faltado no es dinero. Ha sido la voluntad política para decirlo claramente... el colapso climático, la inestabilidad financiera, la desigualdad y la inseguridad económica no son cuatro problemas separados, sino cuatro caras del mismo fallo sistémico. Cualquier programa que aborde uno de ellos ignorando los demás se quedará corto. En su mejor expresión, el Green New Deal fue una estrategia completa para reestructurar una economía rota, y ese sigue siendo precisamente el tipo de pensamiento que este momento requiere (Richard Murphy)

"Mi opinión sobre… El Green New Deal

Esta entrada forma parte de una serie en curso en la que expongo mis opiniones sobre temas importantes de economía, economía política, política, fiscalidad y contabilidad. Debe leerse en ese contexto. Ofrece una visión general de una postura que he desarrollado a lo largo de muchos años de escritura y análisis, en lugar de un tratamiento exhaustivo del tema. Si desea explorar estas ideas con más detalle, la lista de lecturas al final de esta entrada es un buen punto de partida.

La serie completa "Mi opinión sobre" está disponible aquí.

Introducción

Fui uno de los cofundadores del Green New Deal, un hecho que me sitúa en el centro de un proyecto político y económico anterior en más de una década a la versión estadounidense más conocida.

El Grupo original del Green New Deal del Reino Unido comenzó su trabajo en 2007 y 2008, y el primer informe del Grupo se publicó en julio de 2008, varios meses antes de que el colapso de Lehman Brothers pusiera de rodillas al sistema financiero mundial. Ese momento no fue una coincidencia. Mis colegas del Grupo y yo ya habíamos identificado, incluso antes de que llegara la crisis, que tres crisis estaban convergiendo a la vez:

- un colapso financiero inminente impulsado por la banca imprudente,

- una aceleración de la descomposición del clima, y

- una creciente inseguridad en el suministro energético.

El Green New Deal fue nuestro intento de responder a las tres al mismo tiempo.

En lo que sigue quiero explicar de dónde surgió el Green New Deal y por qué nunca fue simplemente una política ambiental, exponer la escala de inversión que requiere y los mecanismos a través de los cuales se puede financiar esa inversión, para luego abordar por qué nuestra política convencional ha fracasado tan sistemáticamente a la hora de actuar al respecto.

Un programa nacido de la crisis

Este contexto fundacional es enormemente importante para entender cómo he pensado siempre sobre el proyecto.

Desde el principio, el Green New Deal no fue una política ambiental con algunos añadidos económicos. Fue un programa para la reestructuración integral de un modelo económico fallido, cuya lógica interna producía desigualdad, ruina ambiental e inestabilidad financiera al mismo tiempo.

Como he escrito sistemáticamente a lo largo de los años, no se puede abordar ninguno de esos fallos de forma aislada, porque comparten raíces comunes en el mismo sistema de capitalismo financiarizado y extractivo. La crisis que sobrevino a los pocos meses de nuestro primer informe fue, en ese sentido, una confirmación del análisis más que una sorpresa para el mismo.

No solo una política ambiental

Uno de los malentendidos más persistentes sobre el Green New Deal, y uno que he trabajado por corregir durante muchos años, es la suposición de que es principal o exclusivamente sobre descarbonización. No lo es. La rápida transición para abandonar los combustibles fósiles era central para el programa, pero el Green New Deal original del Reino Unido siempre se preocupó igualmente por reformar las finanzas, redirigir los ahorros, reconstruir la infraestructura pública y crear empleo seguro y bien remunerado. Estos componentes estuvieron presentes desde el principio y son inseparables de la agenda ambiental.

En mi opinión, el colapso climático está directamente vinculado con la inestabilidad financiera, la creciente desigualdad, la vivienda precaria, la débil infraestructura pública, el empleo inseguro, el declive regional y el dominio del capitalismo extractivo sobre la inversión productiva. Estos no son problemas separados que simplemente coexisten. Son expresiones de la misma disfunción subyacente, y cualquier programa político serio debe abordarlos conjuntamente. Versiones posteriores del Green New Deal, particularmente algunas de las que surgieron en Estados Unidos, a menudo diluyeron esta visión integrada hasta convertirla en poco más que una marca para el gasto climático. Siempre he considerado eso como un retroceso respecto a la ambición original y un debilitamiento real del argumento intelectual.

Inversión pública a gran escala

El Green New Deal, tal como lo he desarrollado a lo largo de más de quince años de escritura y defensa, requiere una inversión pública a gran escala. Mis estimaciones, coherentes en un amplio cuerpo de trabajo, sitúan el gasto anual requerido para el Reino Unido en un mínimo de cincuenta mil millones de libras, pudiendo el programa completo ser considerablemente mayor. La investigación de la New Economics Foundation y del propio Grupo del Green New Deal identificó que descarbonizar edificios, reconstruir sistemas de transporte y construir infraestructura baja en carbono podría requerir hasta ciento diecisiete mil millones de libras al año hasta 2030.

Siempre he sido impaciente con la objeción de que tales sumas son inasequibles, porque esa objeción malinterpreta completamente la naturaleza de las finanzas gubernamentales. Un gobierno que emite su propia moneda, como el nuestro, no está limitado de la misma manera que un hogar o una empresa. Crea el dinero que gasta en el momento de gastarlo, y los impuestos no financian ese gasto. Los impuestos existen para controlar la inflación y para moldear la distribución del ingreso y la riqueza, no para recolectar el dinero que luego usa el gobierno. La verdadera pregunta, por lo tanto, nunca es si se puede encontrar el dinero, sino si los recursos reales, la mano de obra, los materiales y la experiencia, están disponibles para ponerse a trabajar. Cuando esos recursos están infrautilizados, como suele ocurrir bajo el sistema actual, la inversión pública de este tipo no solo es asequible, sino que es la respuesta económica racional. La verdadera limitación es la voluntad política, no la aritmética financiera. De ello se deduce que las reglas fiscales y los objetivos arbitrarios de endeudamiento no deberían ser los determinantes principales de si la acción climática se lleva a cabo. La idea de que un techo teórico sobre la deuda pública deba dictar el ritmo y la escala de nuestra inversión en la supervivencia económica es, en mi opinión, un error categorial de primer orden.

Reformar las finanzas

Uno de los elementos más distintivos y a menudo pasados por alto del Green New Deal original es su insistencia en la reforma financiera. El informe de 2008 argumentaba explícitamente que la banca especulativa debía ser restringida, que las instituciones financieras más grandes debían ser divididas y que el crédito debía redirigirse desde la especulación improductiva de activos hacia la inversión productiva, verde y a largo plazo. Esto era una crítica del capitalismo financiarizado tanto como una política climática, y he continuado desarrollando ese argumento en mis escritos desde entonces.

El mercado de valores y la especulación del suelo, en mi opinión, funcionan en su mayor parte como esquemas Ponzi que no crean nueva capacidad productiva y no aportan valor social adicional. Las vastas cantidades de capital que circulan sin cesar a través de la compra de acciones de segunda mano y propiedades de segunda mano representan una colosal mala asignación de los recursos de nuestra sociedad. Corregir esa mala asignación importa tanto para el Green New Deal como construir infraestructura de energía renovable, porque los mismos ahorros que actualmente inflan el precio de los activos que ya poseemos podrían estar construyendo los activos que necesitamos urgentemente.

Redirigir los ahorros y crear dinero

Una parte sustancial de mi propia contribución al Green New Deal ha sido el trabajo sobre los mecanismos de financiación, y he argumentado sistemáticamente que la cuestión de cómo pagar la transición, a menudo planteada como una trampa retórica diseñada para sugerir que no se puede hacer, tiene varias respuestas claras.

La primera, y la más innovadora, es la flexibilización cuantitativa verde. Mi colega de Finance for the Future, Colin Hines, y yo estuvimos entre los primeros defensores de dirigir la creación de dinero hacia la inversión ambiental productiva en lugar de hacia la inflación de los precios de los activos. Cuando los bancos centrales crearon cientos de miles de millones de libras para rescatar a los bancos en quiebra tras la crisis de 2008, demostraron sin lugar a dudas que los gobiernos pueden crear dinero en la escala requerida para enfrentar una crisis sistémica. He argumentado, persistentemente, que esa misma capacidad debería dirigirse ahora a evitar el colapso climático en lugar de a subsidiar los balances del sector financiero.

El segundo mecanismo implica reformar las desgravaciones fiscales otorgadas a los ahorros. Mi análisis muestra que alrededor del 80 por ciento de la riqueza financiera del Reino Unido se mantiene en activos con ventajas fiscales, principalmente fondos de pensiones e ISAs, todos los cuales reciben un sustancial subsidio público en forma de desgravación fiscal. Mi propuesta es que las condiciones asociadas a esas desgravaciones deberían cambiarse para que una parte de las nuevas contribuciones deba dirigirse a inversiones que financien el Green New Deal, es decir, edificios energéticamente eficientes, infraestructura renovable, vivienda social y los bienes públicos que las acompañan. Mi análisis de 2023 sugirió que la reforma de la desgravación fiscal de las pensiones por sí sola podría liberar alrededor de treinta y cinco mil millones de libras al año para inversiones de este tipo, y la reforma de las ISA en líneas similares podría desbloquear una suma mucho mayor. Esto no es un nuevo impuesto. Se trata de adjuntar condiciones a un subsidio que el estado ya paga, exigiendo que los ahorros subsidiados se redirijan de los usos actuales, que en gran medida se relacionan con la especulación financiera, hacia el trabajo que nuestra sociedad necesita urgentemente.

En conjunto con los impuestos utilizados adecuadamente, como una herramienta de gestión de la inflación y la distribución en lugar de como una fuente de fondos, estos mecanismos constituyen lo que Colin Hines y yo hemos llamado QuEST, acrónimo en inglés de flexibilización cuantitativa, ahorros e impuestos. El objetivo de exponerlo de esa manera fue responder a la cuestión de la financiación de manera integral, y mostrar que ningún mecanismo único es esencial, porque una combinación de ellos proporciona capacidad más que suficiente para financiar la transformación requerida.

Bonos verdes y un pacto entre generaciones

Una línea asociada de mi pensamiento se refiere a los Bonos de Recuperación Verde, un instrumento que Colin Hines y yo propusimos y desarrollamos a través de varias iteraciones. La idea es sencilla. El gobierno debería emitir bonos específicamente designados para financiar la inversión del Green New Deal, ponerlos a disposición a través de ISAs y planes de pensiones, ofrecer tasas de interés genuinamente atractivas para los ahorradores y garantizarlos mediante un mecanismo análogo al Plan de Compensación de Servicios Financieros que ya protege los depósitos.

El argumento a favor de dichos bonos es en parte financiero y en parte político. Financieramente, proporcionan un flujo de financiación estable y democrático para la transición, recurriendo a la gran reserva de ahorros domésticos en lugar de dejarnos dependientes de los mercados de capital internacionales. Políticamente, enmarcan el Green New Deal como un pacto entre generaciones, en el que los ahorradores mayores invierten directamente en el futuro económico de los más jóvenes. Durante mucho tiempo he sostenido que los bonos verdes bien diseñados atraerían un enorme apoyo popular, y que el fracaso de los sucesivos gobiernos en crear uno refleja un fracaso de la imaginación política más que cualquier obstáculo técnico.

Donde la política convencional ha fracasado

He sido un crítico implacable de la insuficiencia de las respuestas políticas convencionales a la crisis climática, y el historial del Partido Laborista ha atraído mi atención particularmente. El abandono de la promesa del partido de invertir veintiocho mil millones de libras al año en inversión de capital verde, primero diluida y luego abandonada por completo antes incluso de asumir el cargo, fue un fracaso político significativo. Tratar la inversión climática como un extra opcional que se puede recortar en función de las reglas fiscales refleja un malentendido fundamental de lo que está en juego, y es exactamente el tipo de pensamiento que mi trabajo sobre financiación pretendía desalojar.

La crítica se extiende mucho más allá de esa única promesa rota. Abarca el posterior retroceso del gobierno en el apoyo a la agricultura respetuosa con la naturaleza, la insuficiencia general de la inversión verde oficial, la desviación de dinero de la energía renovable hacia proyectos nucleares cuyos costes exceden sistemáticamente sus presupuestos, y el patrón más amplio de tratar la transición hacia el cero neto como un coste a gestionar en lugar de como una oportunidad económica que aprovechar.

En mi análisis, la cuestión de si actuar no está abierta. La única cuestión que queda es si elegimos gestionar la transición en nuestros propios términos ahora, o absorber los costes mucho mayores de no hacerlo más tarde. Lo que estamos presenciando en cambio es una clase política que se ha convencido a sí misma de que el dinero no se puede encontrar, cuando la verdad es que simplemente ha decidido no buscarlo.

Las objeciones que merecen una respuesta

Hay objeciones al argumento que he expuesto aquí que merecen ser tomadas en serio, porque provienen de personas que han pensado cuidadosamente sobre estas cuestiones y no de aquellos que simplemente repiten un eslogan.

La primera, y la más persistente, es que un Green New Deal financiado mediante la creación de dinero y el redireccionamiento de los ahorros sería irresponsable, acumulando inflación o deuda que las generaciones futuras tendrían que soportar. Entiendo por qué esto tiene peso para cualquiera a quien se le haya enseñado durante décadas a pensar en las finanzas públicas en términos domésticos, donde el dinero gastado hoy tiene que ser devuelto, con intereses, mañana. Pero un gobierno emisor de moneda no es un hogar, y no puede quedarse sin el dinero que emite en su propia moneda. El riesgo real no es la insolvencia, sino la inflación, y la inflación solo surge si el gasto supera la capacidad productiva de la economía.

En esa medida, el argumento a favor de la cautela es mucho más débil de lo que suponen los críticos, porque este país tiene una capacidad sustancial infrautilizada en la construcción, en la ingeniería y en los oficios cualificados que décadas de subinversión han dejado inactivos, y muchos de los que se dedicaban a estas tareas se han visto obligados a buscar un empleo alternativo. Dirigir el gasto hacia esos sectores tiene más probabilidades de expandir nuestra base productiva que de sobrecalentarla. Donde aparezca una presión inflacionaria genuina, los impuestos están disponibles precisamente para retirar poder adquisitivo y mantener la demanda en equilibrio. Esto no es temeridad. Es el uso meditado de herramientas que un gobierno ya posee.

La segunda objeción, que se escucha más a menudo de aquellos más cercanos a la economía convencional, es que la inversión dirigida por el estado a esta escala desplaza al capital privado y asigna mal los recursos que los mercados desplegarían de otro modo más eficientemente. Esto asume que los mercados están asignando actualmente el capital de manera eficiente, y la evidencia apunta en la dirección contraria. La abrumadora mayoría de los ahorros que fluyen a través de ISAs y fondos de pensiones se utilizan para comprar acciones de segunda mano y propiedades de segunda mano, activos que ya existen, en lugar de para crear algo nuevo. Eso no es asignación eficiente; es especulación subsidiada, y no hace casi nada para agrandar la economía productiva. La dirección estatal, a través de un Banco Nacional de Inversión y mediante la reforma de los ahorros subsidiados, no es un sustituto de la inversión privada. Es lo que permite que la inversión privada siga, construyendo la infraestructura y la confianza de las que depende el capital privado antes de comprometerse.

La tercera objeción es más política que económica, y sostiene que reformar las desgravaciones fiscales de pensiones e ISA de la manera que propongo equivale a obligar a los ahorradores comunes a financiar la política gubernamental con su propio dinero de jubilación, lo deseen o no. Esta es una preocupación justa, y me la tomo en serio, porque la confianza en la provisión de pensiones importa enormemente a las personas que tienen poca otra seguridad. Pero la propuesta ni confisca ahorros ni reduce el rendimiento disponible para los ahorradores. Adjunta una condición a un subsidio público que ya le cuesta al Tesoro decenas de miles de millones de libras al año, requiriendo que una parte de las nuevas contribuciones se invierta en activos que apoyen la transición en lugar del reciclaje interminable de acciones y propiedades. Los ahorradores conservan su capital y sus rendimientos esperados. Lo que cambia es dónde se pone a trabajar el nuevo dinero, no de quién es el dinero. Frente a la alternativa, que es una transición caótica y mucho más cara forzada por el daño físico y el gasto de emergencia a posteriori, redirigir una parte de los ahorros subsidiados hacia la prevención ahora me parece una petición modesta y proporcionada en lugar de una imposición.

Conclusiones

Al Green New Deal nunca le ha faltado una respuesta a la pregunta de cómo se pagaría. Esa respuesta ha existido desde 2008, refinada y ampliada a lo largo de más de quince años de trabajo, y se basa en capacidades que cualquier gobierno emisor de moneda ya posee. Puede crear dinero a escala cuando una crisis lo exige. Puede redirigir ahorros que actualmente hacen poco más que inflar el precio de los activos que ya poseemos. Y puede usar los impuestos para sus fines apropiados, gestionar la inflación y moldear la distribución, en lugar de fingir que el impuesto es la bolsa de la que primero debe extraerse el gasto. Lo que ha faltado no es dinero. Ha sido la voluntad política para decirlo claramente.

Dejé el Grupo del Green New Deal a principios de 2025, tras lo que se convirtió en un desacuerdo irreconciliable sobre la negativa de algunos de mis antiguos colegas a reconocer la importancia de la teoría monetaria moderna para las propuestas de financiación que habíamos construido juntos. Me fui sin lamentarlo, considerando que mi contribución al proyecto original había sido sustancial y que había llegado el momento de llevar estas ideas adelante por otros medios. Mis escritos más recientes sobre el tema, incluida una entrada de glosario publicada en mayo de 2026, reflejan mi sensación de que el Green New Deal como programa político activo se ha desvanecido en gran medida del debate público, incluso cuando el análisis que lo sustenta se ha vuelto más urgente, no menos, y eso es de lamentar.

El núcleo de ese análisis, y la parte que más me preocupa que sobreviva, es el reconocimiento de que el colapso climático, la inestabilidad financiera, la desigualdad y la inseguridad económica no son cuatro problemas separados, sino cuatro caras del mismo fallo sistémico. Cualquier programa que aborde uno de ellos ignorando los demás se quedará corto. En su mejor expresión, el Green New Deal fue una estrategia completa para reestructurar una economía rota, y ese sigue siendo precisamente el tipo de pensamiento que este momento requiere. Podemos seguir pagando el precio creciente de la vacilación, o podemos aceptar que los recursos existen, los mecanismos existen, y el único obstáculo real que queda es una política que aún no está dispuesta a actuar en consecuencia. Sé por cuál de estas opciones he estado argumentando durante mi vida laboral, y no tengo la intención de parar ahora. (...)" 

(Richard Murphy, blog, 14/07/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original)

14.11.24

Una reforma fiscal justa y verde. 10 medidas básicas... existe un amplio margen para tener una fiscalidad más justa, aumentar la progresividad de impuestos de la renta, el capital y el patrimonio, y cerrar de manera permanente los agujeros de la fiscalidad corporativa. Asimismo, es fundamental salir del pelotón de cola de la fiscalidad verde (attac España)

 "En los últimos años un grupo de organizaciones sociales, de cooperación para el desarrollo, sindicales y ecologistas hemos pedido[1] al gobierno una reforma fiscal progresiva y verde para salir del marco de la denominada austeridad 2.0 impuesto por las nuevas reglas fiscales europeas y avanzar hacia un marco de responsabilidad fiscal del dinero público para una economía más justa y resiliente al servicio de las personas y el planeta. Es fundamental que los compromisos derivados del plan fiscal estructural enviado el 15 de octubre 2024 por el Gobierno a la Comisión Europea[2] se desarrollen garantizando el espacio fiscal necesario para una transición ecológica justa y los derechos sociales[3].     

España sigue por debajo de la media europea en presión fiscal -36,8% frente al 41,7%-. Es decir, existe un amplio margen para tener una fiscalidad más justa, aumentar la progresividad de impuestos de la renta, el capital y el patrimonio, y cerrar de manera permanente los agujeros de la fiscalidad corporativa. Asimismo, es fundamental salir del pelotón de cola de la fiscalidad verde – los impuestos verdes alcanzan solo un 1,5% del PIB frente al 2% de la media de la UE -. Es momento de sacar del cajón el Libro blanco de la reforma fiscal y avanzar en medidas que concilien el “final del mundo” con el “final de mes”.

En este sentido hay diez medidas urgentes para una reforma fiscal con foco en el bienestar colectivo:

  1. Dar un paso más allá sobre la tributación temporal sobre beneficios extraordinarios a la banca y empresas energéticas[4] y definir un impuesto permanente para gravar dichos “beneficios caídos del cielo”, motivado principalmente por las posiciones de poder monopolístico, en sectores estratégicos donde el poder de los grandes oligopolios detrae rentas de la ciudadanía de manera estructural y compromete el bienestar de la mayoría.
  2. Reformar el Impuesto de Sociedades, poner fin a la transferencia de beneficios corporativos a las guaridas fiscales y limitar las múltiples deducciones y bonificaciones de las que se benefician las grandes empresas.
  3. Acabar con los privilegios del régimen especial de las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión Inmobiliaria (SOCIMI) y de las sociedades de inversión como las de capital variable (SICAV) o de Inversión Libre (SIL), que fomentan la financiarización de la vivienda y de las tierras agrícolas perjudicando el bienestar colectivo y representan un privilegio regresivo en favor de grandes patrimonios.
  4. Impuesto a ultraricos, vía modificación y refuerzo del Impuesto de Solidaridad de Grandes Fortunas y en línea con la propuesta “Zucman” que se está negociando en el G20 con el liderazgo de Brasil, el apoyo del Gobierno de España y el clamor de la más ciudadanía[5]. En España hay aproximadamente 27 milmillonarios y 852 personas con un patrimonio de más de 30 millones de euros.   
  5. Un impuesto al lujo por daños ambientales a jets, yates, SUVs, etc. En términos de emisiones per cápita, una persona del 1% más rico contamina 17 veces que una persona de la mitad de la población con menores ingresos[6]. Un vuelo en jet privado contamina 10 veces más que el equivalente en un vuelo comercial ordinario y quien lo usa emite casi lo mismo que una persona europea de media durante un año[7].  
  6. Gravar mejor las rentas altas: aumento de la progresividad del IRPF y del impuesto del patrimonio, con foco especial en los tramos más elevados de renta, acabando con el trato favorable del capital financiero respecto a las rentas del trabajo y suprimiendo beneficios fiscales de carácter regresivo. Establecimiento de un tipo mínimo común del impuesto de sucesiones y donaciones entre las diferentes comunidades autónomas.  
  7. Impuesto progresivo a propietarios viviendas vacías según el número de propiedades, subida del IVA para pisos turísticos y prórroga y ampliación por tres años de la bonificación en el IRPF por mejoras de rehabilitación energética en la vivienda habitual – como aislamientos e instalación de sistemas basados en energías renovables, autoconsumo individual o colectivo -.
  8. Revisar en verde y de manera justa la fiscalidad en el transporte que es la mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero[8]: acabar con la amnistía fiscal del queroseno que favorece a las compañías aéreas – 4.610 millones de euros de exenciones en 2022 – y aumentar la progresividad del impuesto de matriculación en los nuevos vehículos de combustión. Al mismo tiempo, prolongar un año más las ayudas al transporte público, medida que ha contribuido a reducir emisiones e incrementar su uso. En 2026 debería estar disponible un abono único de transporte con tarifa plana a un precio asequible para todo el territorio[9].
  9. Establecer un IVA progresivo de la electricidad según niveles de consumo per cápita, empezando en 0% para los consumos inferiores y para el autoconsumo y subiendo de manera progresiva en los tramos altos hasta el 16%. Reducir el IVA de los alimentos ecológicos, saludables y de proximidad.
  10. Elaborar una verdadera lista de guaridas fiscales y aumentar las capacidades y recursos para luchar contra la evasión fiscal y la planificación fiscal agresiva, especialmente de los técnicos del Ministerio de Hacienda, y aumentar las plantillas de la Agencia Tributaria, Haciendas Forales y Agencias y Servicios tributarios autonómicos para alcanzar la media ponderada de las administraciones tributarias europeas. El escaqueo fiscal de las élites en España es de 130 mil millones de euros al año, suficiente para doblar los recursos de la acción climática.

Un mayor espacio fiscal implica una mayor responsabilidad y exigencia en el uso del gasto público y su contribución eficaz al bienestar de la ciudadanía. Por ello es fundamental que los recursos recaudados sirvan efectivamente para reforzar una transición ecológica justa y democrática y garantizar políticas públicas en derechos fundamentales de las personas como el acceso a servicios públicos de calidad en sanidad y educación pública, protección social, vivienda, acogida e inclusión, vida libre de violencias, agua y energía limpia, transporte público y alimentación sana. Se deben incentivar las inversiones públicas que reduzcan las desigualdades, que fomenten una cooperación internacional, mejoren las condiciones laborales (productivas y reproductivas) y refuercen los derechos recogidos en la Carta Social Europea.

España necesita urgentemente una reforma fiscal justa y verde[10] que elimine los privilegios fiscales de las élites y democratice la economía en favor de la ciudadanía y las futuras generaciones.

El momento es ahora.

 

[1] CARTA GOBIERNO_plan fiscal estructural nacional_junio 2024.docx y Carta gobernanza económica UE_marzo2023

[2] En el Plan Fiscal y Estructural de medio plazo 2025-2028 el Gobierno explica las reformas, inversiones y medidas de ajustes fiscal a siete años vista, para cumplir con el objetivo de la reducción de la deuda pública y del déficit público requeridos por las nuevas reglas fiscales europeas. En dicho plan el Gobierno propone “En el horizonte de validez del Plan de medio plazo están previstas medidas adicionales de refuerzo de la progresividad del sistema, aumento de la tributación corporativa de los grandes grupos económicos y profundización en la tributación

medioambiental y la disuasoria de consumos indeseados. El despliegue de las medidas en el tiempo, dentro de la estrategia de cambios fiscales progresiva para reforzar los ingresos públicos, aumentar su ratio sobre el PIB y reducir el diferencial con la Unión Europea».

[3] Austeridad | ¿Tenemos un plan para la gente y las futuras generaciones? – El Salto – Edición General

[4] La banca española ha acumulado en el tercer trimestre de 2024 un récord de beneficios que supera los 23.000 millones. En el caso de las energéticas, Iberdrola, Endesa, Naturgy, Repsol y Cepsa ganaron 7.770 millones en el primer semestre de 2024, ya con un mercado energético supuestamente normalizado y el gravamen del Gobierno. Esto es un 12% más de beneficio que en 2022, en plena crisis por la guerra de Ucrania.

[5] TAX THE RICH

[6] Los milmillonarios generan más emisiones de carbono en 90 minutos que una persona promedio en toda su vida | Oxfam International.

[7] Tres aeropuertos españoles entre los cinco que reciben más vuelos de jets privados en Europa – ES | Greenpeace España

[8] Según el Miteco, el sector transporte representa el 30,7 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en España, representando el transporte por carretera por sí solo un 28,4 %.

[9] Greenpeace propone la creación de “T-lleva”, un abono único de transporte para moverse de forma sostenible por todo el país

[10] https://institut-rousseau.fr/wp-content/uploads/2024/05/RTNZ-Annexes-Spain-V4PAO.pdf  

   (attac España, 11/11/24)

5.2.24

POLITICO: "Los agricultores están protestando por décadas de política agrícola conservadora"... "Nos hemos encontrado con el enemigo y no somos nosotros"... argumentan los Verdes, bajo una nube de furia aparentemente dirigida contra ellos... fueron los conservadores y de extrema derecha, no ellos, los que habían dejado a los agricultores en una situación desesperada... “Lo que queremos es dejar de depender de los subsidios”, imploró Joris Michon, un productor de peras... queremos una vida digna de nuestro trabajo con precios justos, tal vez con la introducción de una regulación del mercado y un mejor reparto de los márgenes de beneficios”... Eso es lo que queremos, respondieron los Verdes. Estamos con usted... Salarios más justos para los agricultores, compensaciones para implementar protecciones ambientales, protección de los acuerdos comerciales globales: todas ellas fueron las prioridades de la agenda de los Verdes en los últimos cuatro años... Se espera que los Verdes pierdan un número significativo de sus 72 escaños en el Parlamento Europeo, y el Partido Popular Europeo (PPE), de centroderecha, que últimamente ha llevado a cabo una campaña vituperante contra la legislación ecologista, probablemente conserve el primer puesto

 "Nos hemos encontrado con el enemigo y no somos nosotros"  

 Ese fue el desafiante grito de batalla en el sur de Francia durante el fin de semana, donde los políticos verdes de Europa se habían reunido bajo una nube de furia aparentemente dirigida contra ellos.

 Los agricultores han salido a las calles en las últimas semanas para protestar contra las regulaciones medioambientales de la UE y la competencia transfronteriza, al tiempo que exigen mejores salarios, cuestiones que fácilmente podrían agruparse bajo el paraguas del Pacto Verde, una serie de políticas respetuosas con el clima que literalmente llevan el respaldo del Partido Verde Europeo.

 Pero en el congreso del partido en Lyon, donde los delegados estaban planeando cómo evitar las pérdidas esperadas en las elecciones de la UE de junio de este año, los políticos verdes insistieron repetidamente en que fueron sus oponentes conservadores y de extrema derecha, no ellos, los que habían dejado a los agricultores en una situación desesperada. Incluso presentaron sus argumentos directamente a los agricultores, quienes fueron invitados a expresar sus quejas en una sesión programada apresuradamente el viernes por la noche.

 “Lo que queremos es dejar de depender de los subsidios”, imploró Joris Michon, un productor de peras que dirige el capítulo local de Coordinación Rural, el segundo sindicato de agricultores más grande de Francia. Queremos, añadió, “una vida digna de nuestro trabajo con precios justos, tal vez con la introducción de una regulación del mercado y un mejor reparto de los márgenes de beneficios”. Eso es lo que queremos, respondieron los Verdes durante todo el fin de semana. Estamos con usted.

 Es difícil de vender dadas las imágenes de los últimos días: el ruido de un tractor transmite carreteras enrevesadas y puertos bloqueados; una estatua derribada en una hoguera; estiércol arrojado a las puertas del gobierno. Y ira, ira por todas partes, aparentemente dirigida contra el Pacto Verde. Pero el Pacto Verde no tiene la culpa, argumentaron los asistentes. "Los agricultores están protestando por décadas de política agrícola conservadora... décadas de política comercial conservadora", dijo a POLITICO Leonore Gewessler, ministra de Medio Ambiente y Clima de Austria, en el congreso. “Los agricultores han sido los peones que se barajan en el gran tablero de ajedrez de la agroindustria en Europa”. Luego insistió: “Necesitamos mostrarles que están eligiendo al enemigo equivocado en el Pacto Verde”. Es un caso que se presenta en medio de una cacofonía de ataques a los verdes, pero lo que está en juego es existencial para los Verdes.

 El partido llegó a convertirse en el cuarto grupo más grande del Parlamento Europeo en 2019, pero ahora podría perder alrededor de un tercio de sus escaños después de las elecciones de junio, según muestran las encuestas. Eso podría dejarlos al margen mientras se toman decisiones clave sobre cómo (o incluso si) la UE implementa todo el Pacto Verde, cuyo objetivo es hacer que la UE sea climáticamente neutral para 2050. El eurodiputado holandés Bas Eickhout, codirector electoral de los Verdes, sostuvo que los Verdes brindan la claridad que desean los agricultores . Esta es nuestra lucha también

 Los líderes verdes dicen que en realidad son ellos quienes luchan por la lucha de los agricultores, y lo han hecho durante años. Basta mirar su historial en el Parlamento Europeo y las raíces del movimiento verde, argumentó el eurodiputado alemán Terry Reintke, quien codirigirá la campaña electoral de los Verdes en la UE. Salarios más justos para los agricultores, compensaciones para implementar protecciones ambientales, protección de los acuerdos comerciales globales: todas ellas fueron las prioridades de la agenda de los Verdes en los últimos cuatro años, dijo. 

 Sin embargo, los líderes verdes eran muy conscientes en Lyon de que tendrían que estar en modo de escucha durante la campaña electoral. El ministro de Medio Ambiente irlandés, Eamon Ryan, dijo a POLITICO que llegar a una alianza con los agricultores solo se logrará a través de una atención genuina a sus preocupaciones y un discurso plausible de que las políticas amigables con el clima beneficiarán el resultado final. “Los agricultores conocen la tierra” y se les debe confiar, dijo Ryan. Pero “necesitamos que nuestras políticas se orienten hacia la agricultura regenerativa” para orientarlas en la dirección correcta.

 El eurodiputado holandés Bas Eickhout, el otro colíder electoral de los Verdes, sostuvo que los Verdes brindan la claridad que desean los agricultores. Otros partidos, dijo, son volubles: un día apoyan una política ambiental y al día siguiente la revierten. Criticó al gobierno francés como un ejemplo perfecto: el Elíseo suspendió recientemente su plan para reducir el uso de pesticidas en medio de las protestas después de haberlo apoyado previamente. "Este es un comportamiento muy impredecible y ese es el problema", dijo Eickhout. "Nosotros, los Verdes, tenemos una visión y la cumpliremos". Pero una visión coherente sólo puede llevarte hasta cierto punto. Se espera que los Verdes pierdan un número significativo de sus 72 escaños en el Parlamento Europeo, y el Partido Popular Europeo (PPE), de centroderecha, que últimamente ha llevado a cabo una campaña vituperante contra la legislación ecologista, probablemente conserve el primer puesto con espacio de sobra. .

26.1.24

Los tractores descienden sobre Bruselas contra la normativa de la UE y el Pacto Verde... esto nunca debería haber sucedido... los campesinos deberían ser los mayores partidarios de las políticas verdes... pero esas políticas verdes las han legislado los urbanitas, muy bien intencionados, pero urbanitas... y los lobbys: "Hasta ahora, la agricultura ha sido sacrificada en las políticas públicas europeas y nacionales, que han favorecido a las grandes organizaciones de la agricultura industrial, dedicadas a la lógica de la exportación"

 "Se hacen oír en muchos países de Europa: Alemania, Rumanía, Polonia, Francia. Ahora, el miércoles, una protesta de agricultores llegó a la capital de la UE, donde los agricultores franceses se manifestaron frente al Parlamento de la UE. El martes, los ministros de Agricultura de los 27 Estados miembros, reunidos en el Consejo Europeo, habían expresado la necesidad de escuchar las demandas planteadas por el sector agrario, incluida la posibilidad de obtener "compensaciones significativas" para quienes trabajan en él.

El miércoles, también en la capital de la UE, comenzará una fase de "diálogo estratégico" sobre el futuro de la agricultura comunitaria en la que participarán organizaciones agrarias, el sector agroindustrial, ONG y expertos, todo ello bajo los auspicios de la Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. El objetivo declarado es aplacar la ira del mundo rural.

COPA-COGECA, la principal red de organizaciones de grandes agricultores a nivel europeo, que desarrolla una intensa actividad de lobby, tiene grandes expectativas puestas en este diálogo, al tiempo que se queja del alcance "particularmente vago" de los debates, que deben abordar "el contexto geopolítico, climático y económico que está minando las explotaciones agrícolas y los ingresos de los agricultores".

 En declaraciones a il manifesto, Cristiano Fini, presidente de CIA, organización agraria italiana afiliada al COPA-COGECA, explica la cuestión tal y como ellos la ven: "La UE pide sostenibilidad medioambiental pero sin tener en cuenta la mediación económica y social. Pero la aplicación del Green Deal y de la estrategia "de la granja al tenedor" [su programa de acompañamiento] tiene un fuerte impacto en la gestión de las explotaciones."

Las asociaciones de grandes agricultores también están preocupadas por la reforma de la Política Agrícola Común (PAC), que "introduce medidas que teóricamente están pensadas para la sostenibilidad medioambiental, pero que en la práctica suponen una limitación." Sin embargo, sus quejas pasan por alto la cuantiosa financiación asignada a la agricultura por esta misma medida: 55.000 millones de euros al año (1/3 de todo el presupuesto de la UE).

Las protestas de los agricultores tienen dos denominadores comunes: La competencia agrícola ucraniana, más destacada en los países del Este, y el Pacto Verde europeo. "El Green Deal ha fijado objetivos muy ambiciosos para los agricultores, con metas que deben alcanzarse en poco tiempo", explica Paolo Sckokai, profesor de economía de la agroindustria en la Universidad Católica de Piacenza. "Por ejemplo, la UE ha introducido la rotación obligatoria de cultivos para reducir el agotamiento de la tierra, ha pedido que aumenten los cultivos que fomentan la biodiversidad y ha previsto la prohibición de los pesticidas."

 Del descontento a buscar una salida en la representación política hay un paso muy corto. Las protestas habían comenzado hace más de un año en Holanda, con el estallido de una revuelta de agricultores en marzo de 2023 contra la intención del gobierno de Rutte de limitar las emisiones de nitrógeno, que según ellos causaría la desaparición de muchas granjas. Un mes más tarde, en abril, el Movimiento Campesino-Ciudadano (BBB) logró grandes avances en todas las provincias, obteniendo 16 escaños en el Senado. Meses después, en Alemania y Francia, así como en los países del Este, las protestas de los agricultores han adquirido un claro tono antigubernamental y antipolítica de la UE.

"Hasta ahora, la agricultura ha sido sacrificada en las políticas públicas europeas y nacionales, que han favorecido a las grandes organizaciones dedicadas a la lógica de la exportación", afirma Benoit Biteau, vicepresidente de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo. "Hoy, el 80 por ciento de la PAC va a parar al 20 por ciento de los agricultores a través de los grandes grupos", añade el eurodiputado francés de Los Verdes, que también señala que la mitad de las pequeñas empresas agrícolas se han perdido en los últimos años y las que quedan atraviesan grandes dificultades. "En la lógica neoliberal de los acuerdos de libre comercio -Canadá, Nueva Zelanda, Mercosur- la primera víctima es siempre el mundo agrícola".

 Marta Messa, secretaria general de Slow Food, también ha expresado su preocupación por el hecho de que la PAC esté "fuertemente orientada hacia la agricultura industrial y el aumento de la producción" en detrimento de los agricultores. Explica: "La agricultura y el medio ambiente no se oponen, porque los agricultores dependen de la naturaleza y la naturaleza necesita un medio ambiente sano para prosperar". Esta idea resuena con las palabras de la eurodiputada francesa: "Atacar las políticas verdes es una explicación de conveniencia. La amenaza viene del cambio climático y la pérdida de biodiversidad".

Mientras tanto, la política europea reacciona a las protestas. De ahí las iniciativas de von der Leyen para aplacar a las empresas agrícolas, en un intento de evitar ser vista como la enemiga número uno, ya que ella fue la artífice del Green Deal. Por otro lado, en 2023 "sus propios" democristianos alemanes -parte del grupo de los populares en Estrasburgo- han ralentizado, o incluso dado marcha atrás, en una serie de fuertes medidas a favor del medio ambiente, presentándose desde la pasada primavera como "defensores de los agricultores y del mundo agrícola". Según estimaciones publicadas por Politico.eu, de los 400 millones de votantes con derecho a voto en las próximas elecciones europeas, los trabajadores del sector agrario suman unos 10 millones: un porcentaje pequeño, pero que pisa fuerte."            (Andrea Valdambrini , Il Manifesto Global, 25/01/24; traducción DEEPL)

4.10.23

Cataluña crea un impuesto para gravar a cruceros, petroleros y grandes barcos por escala. La Generalitat espera recaudar unos 7,5 millones de euros con un tributo de justificación ambiental para compensar la contaminación de estos buques

 "La Generalitat de Cataluña amplía su base de recaudación fiscal y ha anunciado este viernes que aprobará próximamente el anteproyecto de ley del impuesto sobre la contaminación de los grandes barcos en los puertos catalanes, con el que espera recaudar 7,5 millones de euros al año y con la que un crucero de media tendría que pagar unos 1.400 euros y un petrolero, en torno a 3.000.

Así lo ha explicado el conseller de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural, Davd Mascort, y la directora general de Calidad Ambiental y Cambio Climático, Mireia Boya, en rueda de prensa este viernes. El impuesto gravará las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas (PM) de los grandes barcos que atraquen en los puertos, y les obligará a pagar 1 euro por cada kilogramo emitido.

La nueva medida quiere ser un incentivo para conseguir que las grandes embarcaciones con una capacidad o volumen superior a 5.000 toneladas reduzcan sus emisiones, informa Efe.

Afectará al 80% de los grandes barcos que atracan en el Puerto de Barcelona, al 76% de los que lo hacen en el Port de Tarragona y al 75% de los barcos del resto de puertos de catalanes. Quedarán exentos del impuesto aquellas embarcaciones que presten servicios públicos, las que se vean obligadas a atracar o fondear en caso de peligro o fuerza mayor y las que realicen actividades de ayuda humanitaria.

Habrá bonificaciones para los barcos que utilizan energía eléctrica y para los que efectúen escalas en “las líneas de interés público” con origen o destino en Palma, Maón o Ibiza.

La carga tributaria media por escala será de 759 euros: el 44% de las escalas tendrán una cuota inferior a los 300 euros; el 60%, a los 500 euros y el 78%, a los 1.000 euros.

Mascort ha asegurado que el impuesto no será disuasorio para los barcos que quieran atracar en Catalunya porque “no son grandes cuotas”.El Govern espera recaudar 7,5 millones de euros anuales, que invertirá en proyectos destinados a acciones en torno a la movilidad sostenible y la protección del ambiente atmosférico.

Este impuesto se incluye en la Ley de Cambio Climático y el Govern prevé que se apruebe a finales de 2023 en el Parlament y que entre en vigor en el segundo semestre de 2024. Mascort ha asegurado que la propuesta es pionera en España y que ya está implementada en algunos países del norte de Europa."                   (Cinco Días, EFE, 22/09/23)