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24.7.19

La regresión salarial en el mundo capitalista empezó antes de la crisis... lo que hizo ésta fué agravar esta tendencia ya evidente mucho tiempo antes (con anterioridad también al euro)

"La base de datos online de la Unión Europea (Ameco, http://ec.europa.eu/economy_finance/ameco/user/serie/SelectSerie.cfm) ofrece información estadística sobre la participación de los salarios en la renta nacional, en términos agregados y para un amplio abanico de países, incluidos los comunitarios; concretamente, se puede encontrar información completa para 40 economías a lo largo del período 1997-2018 (ver figura). 

Pues bien, en esos años, los salarios retrocedieron en términos relativos -es decir, perdieron peso en la distribución de la renta nacional- en 26 de las 40 economías consideradas; lo mismo sucedió en 18 de las 28 comunitarias. La caída en la zona euro fue superior a la registrada en el conjunto de la Unión Europea.

Una primera consideración a cuenta de estos datos. Es frecuente leer y escuchar que la “moderación salarial”, eufemismo con el que se pretende ocultar que muchos trabajadores vieron sus retribuciones estancadas o perdieron capacidad adquisitiva, es consecuencia de la crisis económica que se desencadenó con el crack financiero de 2008. 
Sin embargo, como pone de manifiesto la información contenida en la figura, en realidad, la crisis -y, sobre todo, le gestión que de la misma hicieron las elites- agravó una tendencia que ya era evidente, para quien quisiera verla, mucho tiempo antes; con anterioridad también a la implantación del euro.

La segunda reflexión, evidente al hilo de la información estadística, es que el crecimiento económico es compatible con el aumento de la desigualdad salarial, que también ha progresado en los períodos de auge. La lógica de las cantidades -cuanto más, mejor- y de los automatismos -más crecimiento equivale a salarios más elevados- ni funcionaba antes ni funciona ahora.

Un tercer comentario. La aproximación crítica a la Unión Económica y Monetaria -etapa en la que la degradación salarial ha seguido su curso a un ritmo todavía más intenso- en términos de déficit institucional o gobernanza insuficiente para entender esa deriva es al mismo tiempo insuficiente y errónea. 

El marco institucional con el que nació el euro -y las reformas que se han introducido en el mismo- han contribuido al fortalecimiento de las políticas de represión salarial; en especial, el protagonismo adquirido por los mercados y los actores financieros, la intensificación del proceso de concentración empresarial, la debilidad de las políticas redistributivas y el papel central dispensado a la competitividad-coste como eje vertebrador de las estrategias económicas(...)"                (Fernando Luengo, Sin Permiso, 11/07/19)                           

12.1.17

La globalización ha tenido realmente como consecuencia un empeoramiento general de las condiciones de los trabajadores, tanto en los países avanzados como en los países en vías de desarrollo

"La globalización fue anunciada como algo beneficioso para todos, como un vigoroso paso adelante hacia una mejora económica universal. Era claramente falso, y no fueron solo los economistas de izquierdas, sino también muchos economistas de la línea “dominante” como Paul Samuelson los que lo dijeron desde el primer momento.

El motivo que aducían era muy sencillo: si el régimen económico mundial permitía la libre importación en Estados Unidos de mercancías procedentes de China o de la India, ello afectaría negativamente a los salarios reales de los trabajadores norteamericanos, porque los trabajadores norteamericanos, con unos salarios mucho más altos, tendrían que competir, en detrimento suyo, con los salarios más bajos de los trabajadores chinos o indios. 

Por consiguiente, el hecho de que la globalización perjudicaría necesariamente a los trabajadores de Estados Unidos y de otros países avanzados, les parecía obvio a ellos, y de hecho a todos, de lo que se seguía que no era posible que beneficiase a todos los segmentos de la clase trabajadora mundial. 

Ahora bien, de acuerdo con esta argumentación, se consideraba que la globalización beneficiaría a los trabajadores de países como China o la India, es decir, de aquellos países del tercer mundo con los salarios bajos.

Formulando este argumento de otro modo, ya que la libre circulación de mercancías y de capitales por todo el mundo intensifica la competencia entre los trabajadores de los diferentes países, se produciría una tendencia hacia una disminución de las diferencias salariales entre estos países, y si bien esto representaría un cierto incremento en los salarios reales de los trabajadores del tercer mundo, también representaría una reducción en los salarios reales de los trabajadores metropolitanos. (...)

Esto es, sin embargo, lo que ha sucedido. La globalización, por supuesto, ha empeorado las condiciones de los trabajadores en los países metropolitanos, un hecho recientemente puesto de relieve por el economista Joseph Stiglitz. 

Casi un 90 por ciento de norteamericanos, lo que significa la casi totalidad de la población trabajadora en aquel país, tiene actualmente unos ingresos reales apenas superiores a los que tenían hace treinta años. Actualmente, el salario mínimo de los trabajadores norteamericanos está en términos reales muy poco por encima de donde estaba hace 60 años. 

Dado que ha habido ciertas mejoras en estas magnitudes durante la primera parte de los años transcurridos, lo que esto significa es que se ha producido un deterioro en el período más reciente, que coincide con el apogeo de la globalización. 

Un dato estadístico aún más revelador es el relacionado con el fuerte descenso en la esperanza de vida entre los varones norteamericanos en los últimos tiempos, un descenso que recuerda la fuerte caída en la esperanza de vida que se produjo en Rusia después del colapso de la Unión Soviética.

 Un descenso en la esperanza de vida cuando no hay ninguna epidemia obvia a la vista es un asunto muy grave, y que este descenso se dé en el país capitalista más avanzado del mundo es una prueba fehaciente del ataque a los medios de vida de la clase trabajadora que ha traído consigo la globalización. (...)

En los últimos años, en el Reino Unido se ha producido una fuerte caída de los índices salariales reales de los trabajadores No tiene nada de extraño, pues, que el descontento con la globalización esté cada vez más extendido entre los trabajadores de las economías metropolitanas, y dado que la izquierda no ha tenido hasta ahora un conocimiento adecuado de ello, el descontento está siendo explotado por la derecha. Fenómenos como el voto en el Brexit y la emergencia de Donald Trump se explican desde este punto de vista.

Lo que resulta inexplicable en el marco del debate que estamos teniendo hasta aquí, sin embargo, es el hecho de que la situación de los trabajadores ha empeorado incluso en una gran franja de los países del tercer mundo con los salarios bajos, entre los cuales la India es un buen ejemplo. Las pruebas más concluyentes en este sentido las proporcionan los datos sobre el consumo de alimentos básicos. 

Partiendo de los estudios realizados por el NSS en los períodos 1993-1994 y 2009-2010 , que corresponden en líneas generales al período de políticas neoliberales asociadas con la globalización, los porcentajes de la población rural total con una ingesta calórica de menos de 2200 calorías por persona y día (el “parámetro” que define la pobreza rural) de estos dos períodos anuales fue de un 58,6 y un 76 por ciento respectivamente. 

 Los porcentajes de población urbana por debajo de las 2100 calorías por persona y día (el “parámetro” para definir la pobreza urbana) en estas dos fechas fueron de un 57 y un 73 por ciento respectivamente.

 Tan sorprendente fue este incremento, especialmente durante un período en el que se suponía que la India estaba experimentando un crecimiento sin precedentes de su PIB, que el gobierno encargó un nuevo estudio al NSS para el período 2011-2012, durante el cual había habido una cosecha extraordinaria, con la idea de que las cifras de la ingesta calórica en el período 2009-2010, un año con una cosecha pobre, habían sido excepcionalmente bajas debido precisamente a esta escasez en la cosecha.

 Una vez completado el estudio, las cifras que arrojaba, aunque sin duda eran mejores que las del período 2009-2010, todavía mostraban un notable incremento en los porcentajes de población que estaban por debajo de este umbral de ingesta calórica durante el período de la globalización: en el caso de la población rural, el porcentaje era del 68 por ciento (comparado con el 58,5 por ciento de 1993-1994) y en el de la población urbana era de un 65 por ciento (comparado con el 57 por ciento de 1993-1994). 

Tanto la ingesta de calorías como la de proteínas per cápita en la población había sufrido un descenso durante el período estudiado. (...)

Así pues, el descubrimiento de que en la India se había producido un descenso real en el consumo de cereales en todos sus usos, y en consecuencia un descenso en la ingesta de calorías y proteínas durante el período de la globalización, indicaba claramente que los ingresos per cápita reales de los trabajadores, después de calcular la incidencia de la inflación, especialmente la subida de precios que acompaña a la privatización de servicios esenciales como la educación y la salud, estaban por término medio disminuyendo en vez de aumentar. 

Dicho de otro modo, un fenómeno similar al que se producía en los países capitalistas avanzados estaba teniendo también lugar en la India y en otros países del tercer mundo, lo que contradice el argumento presentado más arriba, hasta el punto de que son muy pocos ya los que creen que este sea un argumento correcto. ¿Cómo podemos explicar esta contradicción?  

Lo que no se decía es que la globalización también tiene otros efectos, incluido sobre todo una restricción de la pequeña producción por parte del sector capitalista. El resultado es que varios pequeños productores dejan sus ocupaciones tradicionales para emigrar a las ciudades en busca de empleo, lo que incrementa el ejército total de mano de obra a disposición del capitalismo. 

Esta migración, junto con el incremento natural de la población activa, no puede ser totalmente absorbida por el ejército laboral activo debido a que las políticas neoliberales asociadas a la globalización también llevan a la eliminación de todas las restricciones relativas al ritmo del cambio estructural y tecnológico, lo que aumenta el ritmo de crecimiento de la productividad del trabajo a expensas del crecimiento del empleo. Se produce de este modo un círculo vicioso. 

En la medida en que aumenta la reserva de mano de obra respecto a la población activa, esto lleva a un estancamiento o incluso a una disminución en la media de salarios reales (y ciertamente a una disminución de los ingresos reales de los trabajadores, que es igual al índice salarial diario multiplicado por el número de días de empleo). (...)

Este círculo vicioso, que se intensifica todavía más cuando se produce una crisis (debido a que las reservas de mano de obra respecto a la población activa crecen todavía más) implica que el efecto de la globalización de agudizar la pobreza absoluta afecta también a los trabajadores de los países del tercer mundo y no se limita solo a los trabajadores metropolitanos, como pretenden los economistas liberales como Samuelson.

Afirmar esto no equivale a sugerir que todos los segmentos de la población activa se ven igual de adversamente afectados por la globalización. Obviamente, el segmento que disfruta de mayores oportunidades de empleo debido a la transferencia de actividades experimenta un incremento en su nivel de vida, y en la India este segmento consiste habitualmente en trabajadores cualificados del sector servicios, como los relacionados con las tecnologías de la información.

 Este incremento en el nivel de vida de un sector tiene a su vez efectos multiplicadores en el nivel de empleo de otros sectores, y así sucesivamente. Así, un segmento normalmente clasificado como de clase media y cuyo tamaño absoluto es bastante grande (pese a ser pequeño respecto al conjunto de la población activa), se vuelve partidario incondicional de la globalización. 

Dado que este segmento suele estar bien articulado y tiene un peso desproporcionadamente grande en los medios de comunicación y de creación de opinión pública, resulta un instrumento útil en manos de la oligarquía empresarial y financiera integrada en el proceso de la globalización para propagar sus efectos beneficiosos.

La mejora en las condiciones de un segmento de la clase media de la población activa, y su consiguiente apoyo a la globalización, se utiliza para crear la falsa impresión de que la globalización ha sido positiva para el pueblo indio en su conjunto. Un uso similar es el que hacen segmentos de la clase media en otros lugares del mundo que se han beneficiado entre otras cosas de la enorme “financiarización” que ha acompañado a la globalización.

 Todo esto ha generado un ruido que nos impide reconocer que la globalización ha tenido realmente como consecuencia un empeoramiento general de las condiciones de los trabajadores, tanto en los países avanzados como en los países en vías de desarrollo."                   (Prabhat Patnaik , El Viejo Topo,  11/01/17)

22.11.16

Las caídas de empleo, salarios, productividad y distribución de la renta se han generalizado en gran parte de economías occidentales, formándose mayorías que quieran romper esta dinámica... las que movilizan Trump o Le Pen

"La situación real de la economía norteamericana, tras el paso de Obama, no se pude decir que sea muy boyante. Los principales problemas se centran en el crecimiento, productividad, participación laboral, empleo, inversión pública y distribución de la renta.

 Estos problemas empezaron mucho antes de la última crisis, por lo que no es achacable a la gestión de Obama, aunque en ningún caso se puede hablar de un mandato brillante en materia económica. (...)

Desde un crecimiento medio del 4,5% entre 1950-1970, hemos pasado a un crecimiento medio inferior al 2% entre 2000-2015. Estos problemas revelan que los problemas de la economía americana no son cíclicos, sino estructurales. 

Ello explica la débil recuperación fruto de la brusca caída de la productividad, y la ausencia de un cambio de rumbo en la política económica que permita cambiar el patrón de crecimiento. Es cierto que el crecimiento actual es relativamente superior a otras economías, pero la comparación con la senda propia a largo plazo es muy inferior en términos de PIB, renta, creación de empleo y salarios.  (...)

Parte de esta ralentización del crecimiento en EEUU tiene que ver con la productividad, (...). Si no fuese por el crecimiento de la población, EEUU seguramente estaría estancado. Esta baja productividad también explica los bajos salarios y la mala calidad del empleo y la ralentización de la participación en el mercado laboral.

 Es sintomático que el crecimiento medio de la productividad fue del 2,1% entre 1950-2000, lo que unido al avance poblacional permitió crecer a ritmos por encima del 3,5%-4%. En la época dorada de las empresas puntocom, la productividad se elevó sustancialmente, para a partir de este punto fatídico, el pinchazo de la burbuja, comenzar a caer de forma muy brusca, hasta tasas cercanas a 0%. 

Esto tiene que ver, en parte, con el cambio de paradigma empresarial a favor de la maximización del valor del accionista y la reducción drástica de la inversión y por ende del empleo.

 La consecuencia clásica de los efectos de una ralentización de la productividad es la atonía en el crecimiento del empleo y salarios y por ende en la participación en el mercado laboral. (...)

Una consecuencia de la baja tasa de creación de empleo es la reducción de la tasa de participación laboral, que (...) se ha situado en niveles de 1982. Ello presiona a la baja la renta per cápita, ya que hay menos trabajadores ocupados y por ello la masa salarial también es menor. (...)

Una consecuencia de todo esto es la erosión de los salarios y la riqueza en EEUU. (...)

En resumen, Obama deja el país en una situación realmente delicada, especialmente para las rentas medias y bajas, lo que está siendo aprovechado por Trump para dinamitar el cierto consenso que quedaba en EEUU.

 Estos problemas de empleo, salarios, productividad y distribución de la renta se han generalizado en la gran parte de economías occidentales, lo que ha dado pábulo a que se pudieran formar mayorías que quieran romper esta dinámica. El problema es que estas mayorías pueden dar como resultado a que personajes como Trump o Le Pen pudieran llegar a los principales gobiernos. Atentos."                     ( Alejandro Inurrieta  , Vox Populi, 24/10/16)

25.10.16

Las subidas salariales son una condición necesaria, aunque no suficiente, para evitar un colapso de la economía mundial

"Las subidas salariales constituyen, hoy más que nunca, una condición necesaria, aunque no suficiente, para evitar un colapso de la economía mundial. Es parte de la composición futura de todo antídoto que se pretenda elaborar para frenar el avance del veneno inoculado por la ortodoxia neoclásica a lo largo de tantos años de destrozo.

 El coctel preparado por el Consenso de Washington, y maquiavélicamente “mejorado” a lo largo de las últimas décadas, es una mezcla, en diferentes dosis, de moderación salarial, “financiarización” de la economía, repudio a la política fiscal, y uso y abuso de la política monetaria.

 La combinación ha dado lugar a una poción altamente nociva, cuyos efectos  son bien conocidos: incremento y persistencia del desempleo, ausencia de inversiones productivas, crecimiento económico mediocre acompañado de una mayor volatilidad –inestabilidad financiera-, descenso del peso de los salarios en la renta, incremento de la pobreza, aumento de la desigualdad, mayor peso de los rentistas y lobistas.

Desde un punto de vista histórico, el actual proceso de “financiarización” en el que estamos inmersos, y que hay que revertir, se vio claramente precedido por una infravaloración programada del factor trabajo respecto al factor capital. Se pretendía de esta manera recuperar la tasa de retorno del capital.

 Se incrementaba de manera notoria la oferta de trabajo a la vez que se promovía desde un punto de vista económico unos sindicatos débiles, una mayor flexibilidad del trabajo y una reducción de salarios. Sin embargo, los efectos positivos de estas dinámicas rápidamente se agotaron al no permitirse una deflación a la Keynes y producirse un vaciamiento de la economía.  

Huida hacia adelante

A partir de aquí se inició una huida hacia adelante por parte de la superclase, en dos fases bien diferenciadas. En la primera, se compensó el vaciamiento de la economía, los bajos salarios y el aumento del subempleo, a través del crédito y la deuda, que se convirtieron en la solución para estimular la demanda y la tasa de retorno del capital. 

Ya sabemos como acabó todo ello. En la segunda fase o huida hacia adelante, en plena crisis sistémica, se subsidió, financió y rescató a terceros -bancos y acreedores- mediante una expansión de la deuda soberana, a la vez que se promocionaba la austeridad fiscal y la devaluación salarial en aras de la competitividad, aderezado todo con una política monetaria tremendamente injusta.

 Sin embargo, ello no se ha traducido ni se traducirá en nueva inversión productiva, incluida la formación de los trabajadores. Como consecuencia, la productividad del trabajo y del capital está cayendo y por ende el crecimiento económico potencial.

Fundamentos teóricos 

El fundamento teórico para justificar una subida salarial tiene que ver con una de las mayores discrepancias entre la ortodoxia y la heterodoxia: la forma de la curva de demanda de trabajo. Para la ortodoxia, dado un gasto autónomo real, existe una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas

Por el contrario, para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, bajo unos supuestos microeconómicos realistas, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado.

Por cierto, solo una precisión, la relación negativa entre salarios reales y empleo presentada por distintos autores neoclásicos conforma una correlación espuria. En economías que crecen vía deuda, los salarios reales caen

 Por eso, las recomendaciones de la ortodoxia, la disminución del salario real llevará en realidad a una subida del margen de beneficios por unidad vendida, pero la masa de beneficios totales no cambia en modo alguno, mientras que la renta nacional, ventas y empleo global disminuirán.

 La propuesta de recortes salariales que defienden la mayoría de economistas acaba siendo contraproducente. ¡O aumentan los salarios, o la economía occidental en su conjunto se hundirá!

¿Cómo hacerlo?

Existen varias posibilidades, pero quizás dos de ellas sean las más relevantes. Por un lado, vía incrementos del salario mínimo. Por otro, mediante un reparto del trabajo a través de una reducción de jornada pero sin reducción de salarios –véase distintas experiencias exitosas en países nórdicos-.

 La salida a la actual crisis sistémica requiere de una defensa ineludible del salario. Disiento profundamente de quienes dicen que al Estado no le incumbe ocuparse del nivel de los salarios, ni del salario mínimo o máximo, ni de la jornada laboral, ni del salario de las mujeres.

 Todo lo contrario, el aumento de los salarios es un fin legítimo de la política económica. Elevar y mantener los salarios es el objetivo que deben buscar todos aquellos que viven de los mismos, y los trabajadores tienen el derecho de defender toda medida que conduzca a este resultado.

La verdad universal es que un bajo nivel salarial no significa un bajo coste de producción. Todo lo contrario. En líneas generales un país donde los salarios son más altos produce con mayores economías de escala, asociadas a una mayor formación, mayor ingenio, mayor habilidad

 Los grandes avances tecnológicos se han producido allá donde los salarios eran comparativamente más altos. Y la eficacia del trabajo es mayor donde los trabajadores viven mejor, tienen más descanso, reciben salarios más altos. 

En realidad el efecto inmediato de una reducción general de salarios en cualquier país por parte de quienes lo promovieron fue únicamente alterar la distribución de la riqueza. Del conjunto de la producción iría menos a los trabajadores y más a aquellos que participan del resultado de la producción sin contribuir a ella, es decir, los rentistas."             (Juan Laborda, Vox Populi, 21/09/16)

24.5.16

¿Sin explicaciones al descenso de la productividad en todo el mundo? Los bajos salarios desincentivan la inversión... con la vuelta del estado de bienestar, volvería a crecer

"Economía digital, robots, innovaciones colaborativas, despliegue de tecnologías disruptivas en numerosos campos sociales. Y entonces, ¿por qué desde mediados de los años 70 los incrementos de la productividad del trabajo son cada vez menores? 

¿Por qué, países de perfiles tan diferentes como EEUU, Japón, Alemania, México o Turquía convergen hacia crecimientos anuales de productividad cercanos al 1%, seis veces menores que los conocidos en los años 60?

 Es la primera duda que le surge a The Economist cuando aborda esta cuestión. El problema no es real, solo es de medición, dicen algunos. El progreso tecnológico en la economía de los intangibles aumenta la productividad en espacios y formas que los organismos de estadística no son capaces de detectar: entornos wiki, servicios colaborativos, intangibles financieros…representan nuevos servicios con valores de uso reconocidos por el gran publico, como las redes sociales, que, sin embargo, no son fácilmente monetizables, es decir, no encuentran su valor de cambio.  (...)

Pero no podrían justificar una desaceleración tan persistente en el tiempo, tan general en países muy diferentes y tan pronunciada. Ni explica por qué comparten el mismo fenómeno EEUU con naciones industriales especialmente competitivas en bienes industriales de alto valor, como Alemania, o países emergentes como Turquía o México que, por no estar en la frontera de los últimos avances, les debería bastar con replicar tecnologías ya contrastadas para aumentar su productividad. 

Por otro lado, las estadísticas sí han detectado las mejoras en productividad producidas en Japón (entre 1985 y 1995, coincidiendo con el desarrollo informático) o en Alemania en la década de los 90, coincidiendo con la unificación, o en EEUU, entre 1995 y 2005, coincidiendo con el inicio de las punto com.  (...)

Innovaciones limitadas, oligopolios tecnológicos y financiarización de la economía, otras causas. 

(...) solo unas pocas empresas conocidas por todos, las Google, Amazon y compañía, concentran la mayoría de la actividad en el sector privado mientras que un gran número de nuevas startup no consiguen hacerse grandes. 

Con ello, apuntan Jorge Guzmán y Scott Stern, del MIT, que la creación de grandes oligopolios tecnológicos puede estar frenando la competencia y empezar ya a ser un factor retardatario. Y añaden un nuevo dato: las grandes tecnológicas están empezando a aumentar su propensión a depositar sus ganancias en los mercados financieros antes que reinvertir de nuevo en el negocio tecnológico.

 Si fuera así, la economía productiva no estaría alimentándose adecuadamente con nuevas inversiones que potenciaran cambios en la productividad. 

Los bajos salarios alimentan la baja productividad 

Algunos otros economistas se centran en la relación bidireccional viciosa entre baja productividad y bajos salarios. Si los bajos salarios se justifican porque hay baja productividad también ocurre lo contrario: que la precariedad del trabajo desincentiva para invertir en nuevas máquinas que los reemplacen.

 Las inversiones en cajeros automáticos en supermercados son menos atractivos cuando hay un excedente de desempleados disponibles con sueldos precarios. ¿Para qué invertir en nuevos sistemas si obligando a trabajar más horas o reduciendo el salario hora aumento los beneficios?  (...)

João Paulo Pessoa y John Van Reenen de la Escuela de Economía de Londres, argumentan en el mismo sentido para explicar los rasgos de la recuperación del empleo con baja productividad en Gran Bretaña y EEUU en los últimos años.

Economía colaborativa y otras innovaciones para la subsistencia. 

No es solo que los bajos salarios desincentivan por el lado de la oferta la sustitución de hombres por máquinas sino que también debilitan la demanda de consumo. Y en la medida que ésta no puede ser alimentada con créditos, porque lo impide el exceso de endeudamiento global, las empresas deben ajustar su producción agregada a un futuro caracterizado por la demanda decreciente.

En ese contexto, el espacio de la productividad queda limitado a cómo producir lo mismo (o menos) con mucho menos recursos. Y no a producir más con la misma gente. Lo que explica que buena parte de las innovaciones están volcadas en soluciones adaptadas a una economía de la precariedad, típica del capitalismo que condena a la subsistencia a amplias capas sociales. 

Sin ir más lejos, la llamada economía colaborativa vuelca su principal campo de innovación en aportar ingresos supletorios para llegar a fin de mes a esos colectivos marginados mediante soluciones que resuelven, con la máxima eficiencia, el cómo compartir sus activos (coches, casas, equipos) infrautilizados. 

De modo que tanto la oferta como la demanda de esos servicios se nutre de aquellos que están por debajo del salario medio, como señala James Parrott, del Instituto de Política Fiscal de Nueva York.

 Con ello se estrecha el campo económico para la innovación y se frenan los incrementos de productividad asociados a la satisfacción de aquellas nuevas demandas, cada vez más sofisticadas, que acompañarían al incremento del nivel de vida de la gente. 

Sin duda esa situación fue el que favoreció la explosión extraordinaria de la productividad hasta los años 80 del siglo pasado, justo durante el desarrollo del Estado de Bienestar. Una realidad que cuesta trabajo reconocer."                 (Ignacio Muro Benayas, Economía frente a la crisis, 18/04/16)

28.2.16

La economía global se halla en una situación desesperada

"(...) La crisis de 2008 fue causada por una excesiva deuda privada. Una causa clave de ese incremento fue el estancamiento de los ingresos reales, de modo que el crédito se usó para mantener los niveles de vida. 

 Lejos de curar la causa de eso, el grueso de las “reformas” luego de la crisis se centraron en la reducción de los niveles de deuda pública. Y a medida que avanzaba la austeridad, la deuda pública seguía creciendo debido a los efectos de la caída del crecimiento económico en la recaudación tributaria.

Aunque la economía no está en vía de desplome, sigue en su espiral bajista: los niveles de deuda personal andan cerca de los de 2008, la falta de inversión ha causado ha hecho flaquear a los ingresos y los cambios registrados en los precios de las materias primas han venido a revelar los desbalances de unas economías demasiado dependientes de los recursos naturales.

El mayor problema es que el sector financiero no está trabajando para la economía real, sino contra ella. En la cúspide de todo eso, las empresas están cada vez más financiarizadas y centradas en actividades como la recompra de participaciones para disparar al alza las opciones de acciones y la remuneración de los ejecutivos, en vez de dedicarse a la inversión.

La economía global se halla en una situación desesperada como resultado de pésimas decisiones, tanto de los gobiernos como del mundo de los negocios."                  (Mariana MazzucatoSin permiso, 31/01/16)

25.5.15

Las ignoradas y/o silenciadas causas de la Gran Recesión

"En los últimos años se han ido publicando toda una serie de informes que coinciden en mostrar que algo preocupante y alarmante ha estado ocurriendo en la distribución de las rentas en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte (ver Determinants of functional income distribution – Theory and empirical evidence, International Labour Organization, 2013; Global Wage Report 2012/13. Wages and equitable growth, International Labor Organization; Effects of Globalization on Labor’s Share in National Income, Anastasia Guscina, Inernational Monetary Fund, 2006). 

Estos y otros trabajos coinciden en que:

1. Las rentas derivadas del trabajo han ido disminuyendo (como porcentaje de todas las rentas) desde finales de los años setenta y principios de los años ochenta. Aunque este descenso ha ocurrido en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y la Unión Europea), ha sido más marcado en los países europeos que en los países de Norteamérica (EEUU y Canadá). 
En Alemania y en Francia ha sido bastante acentuado (un descenso de 9 puntos), aunque en España ha sido incluso mayor (10 puntos).

2. Este descenso de las rentas del trabajo ha ido acompañado de un aumento de las rentas del capital (como porcentaje de todas las rentas).

3. Las rentas que han crecido en mayor medida dentro de las rentas derivadas del capital han sido aquellas rentas procedentes de la propiedad del capital financiero.

4. De las rentas del capital no financiero, un porcentaje muy elevado de ellas, un 35%, ha sido en forma de pago de dividendos (a los accionistas) a costa de subfinanciar las compensaciones salariales.

5. El énfasis en pagar dividendos ha determinado un cambio de actitud del mundo empresarial, enfocado en conseguir la máxima cantidad de beneficios lo más pronto posible (short-term benefits). Los gerentes de las grandes empresas han enfatizado el corto plazo, en lugar del largo plazo, en su comportamiento gerencial. 

Como consecuencia, los propietarios y gerentes del gran capital no financiero han expandido su dimensión financiera, comprando activos financieros, diluyéndose la línea de expansión entre capital financiero y capital productivo. La gran mayoría de las empresas de automóviles, por ejemplo, financiaron sus propias ventas, convirtiéndose en empresas también financieras, que se expanden a costa de invertir en productos financieros.

6. El hecho de que las rentas del trabajo hayan descendido como porcentaje de todas las rentas quiere decir que las rentas del capital han crecido más rápidamente que las rentas del trabajo, como resultado de que el aumento de la riqueza y de la renta total se ha distribuido de una manera muy desigual, favoreciendo sistemáticamente, durante este periodo 1980-2014, a las rentas del capital sobre las del trabajo. 
Es decir, que el mundo del capital ha ido consiguiendo más y más renta a costa del mundo del trabajo.  (...)

Esta reducción de las rentas del trabajo determinó un descenso de la demanda doméstica, puesto que la mayoría de esta está generada por el consumo popular, que depende de los salarios y del tamaño de la población asalariada. Cuando estos bajan, la demanda doméstica se resiente.

Ahora bien, dos hechos ocurrieron que permitieron que el descenso de las rentas del trabajo no causara un mayor descenso de la demanda doméstica del que tuvo lugar. El crecimiento económico fue menor en el periodo neoliberal (1980-2014) que en el periodo anterior (1945-1980) en la mayoría de países capitalistas desarrollados, pero habría sido incluso menor si no hubiera acontecido la reunificación alemana, por una parte, y el gran crecimiento del capital financiero, por otra. 

La primera implicó una enorme inversión pública en aquel país, lo que, debido a la centralidad de la economía alemana en Europa, estimuló toda la economía europea (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio de 2013). 

Lo segundo -el gran crecimiento del sector financiero- fue resultado directo de la necesidad de las familias (y de las pequeñas y medianas empresas) de endeudarse, como consecuencia del descenso de las rentas del trabajo. De ahí el punto 3 enunciado anteriormente, es decir, que las rentas procedentes del capital financiero hayan crecido muy rápidamente durante el periodo neoliberal. (...)

Es decir, la actividad especulativa ha ido amentando mucho más rápidamente que la actividad productiva. Y ahí está el origen de la Gran Recesión que, al explotar las burbujas especulativas (sean las burbujas que sean), quebró el sistema financiero -altamente especulativo-, generando la crisis más aguda que hayamos conocido desde la Primera Gran Depresión a principios del siglo XX. 

El colapso del sistema financiero permitió ver el enorme problema económico que estaba siendo ocultado por el crecimiento económico generado por las burbujas, y que era el gran vacío de la demanda (con el agravante de que ahora, a este problema de escasez de demanda se le ha sumado un enorme endeudamiento, tanto privado como público). (...)"

( Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 7 de mayo de 2015, en www.vnavarro.org, 07/05/2015)

12.1.15

Se intentó fomentar que las personas pobres firmasen hipotecas altas y cumplieran las obligaciones que estipulaban sus contratos

"¿Qué ha definido la crisis desde el estallido de la burbuja en 2008?

La raíz de la crisis está en la palabra subprime, que se refiere a la clase subprime, sin capacidad de crédito. Se intentó fomentar que las personas pobres, no sólo las desempleadas, sino las que tienen salarios bajos, firmasen hipotecas altas y cumplieran las obligaciones que estipulaban sus contratos. ç

Ahora, en EE UU hay entre diez y quince millones de familias que se enfrentan a de­sahucios, se ha desalojado a varios millones de personas y esto es un gran problema. La pobreza y los bajos salarios en China y otros lugares productores de Asia son también parte del problema: se trasladó la producción porque era bueno para los beneficios, pero los salarios bajos de los chinos significan que no se crea un mercado para los productores de Europa o las Américas. 

La fragilidad de la demanda es uno de los factores que dispararon la crisis. Se intentó prevenirla ampliando créditos e hipotecas a personas pobres y hacer que fuera más fácil endeudarse con las tarjetas de crédito, sin cobrar penalizaciones por mora, para reducir la falta de consumo. Ésa fue la conjunción esencial para mantener la demanda y los beneficios.

¿Qué supone el descenso generalizado de salarios?

Los empleadores intentaron bajar los salarios, pero esto entraba en contradicción con el deseo de encontrar mercados amplios, ya que los trabajadores más pobres no podían seguir manteniendo estos créditos. Con el big bang de las instituciones financieras, éstas encontraron varias maneras de estimular la demanda ampliando el crédito y ofreciendo préstamos de distintas maneras. 

Esto acabó en 2008, momento en que Estados Unidos tuvo que convocar a los directivos de los principales bancos de Wall Street para decirles que estaban en quiebra porque los pobres no tenían dinero para pagar los créditos.

 Esto quedó un poco oculto por la opacidad del sistema bancario, se escondían los estados financieros de los bancos fuera de los balances. En ese punto los bancos aceptaron que estaban en bancarrota y se nacionalizó el sistema bancario por un tiempo para permitir que los bancos organizasen sus asuntos y llegaran a balances de pagos más sólidos. 

Los bancos son reacios a admitir pérdidas y a las autoridades financieras se les ocurrió el Quantitative Easing (QE) [o expansión cuantitativa, una herramienta para aumentar la oferta de dinero a disposición de las entidades financieras], que se aplica en la zona euro por el Banco Central Europeo.

 Esto es otra manera de intentar frenar la crisis del crédito: se le dio dinero a los bancos, pero no lo han utilizado para invertir en la economía real, sino para presumir de balance de pagos y sustituir los activos tóxicos por otros más sólidos. No fomentaron la producción, que es lo que se supone que deberían hacer, porque han visto una gran fragilidad de la demanda. 

En primer lugar, las familias tenían una deuda, ésta la asumían las instituciones financieras, que intentaban librarse de la deuda vendiéndola a fondos de inversión. Se ­produjo un exceso de deuda generalizado, las empresas también asumieron esto y les resultaba im­posible vender sus bienes. 

¿El parecido entre los bancos estadounidenses y europeos? En ambos casos la vivienda tiene un gran papel, mediante la creación de una economía-burbuja. (...)"               (Entrevista a Robin Blackburn, Pablo Elorduy, en colaboración con Nuria Alabao., Diagonal , 12/01/15)

La crisis económica ha estado provocada por la caída salarial de las últimas décadas

"Así es, la crisis económica ha estado provocada por la deriva salarial de las últimas décadas. No es la única causa de una crisis plural y poliédrica, pero, sin duda alguna, es una de las más importantes.  (...)

El problema no ha estado en el aumento desproporcionado de los salarios, en “vivir por encima de nuestras posibilidades”, mantra de validez universal, cualquiera que sea la realidad analizada, sino en todo lo contrario, en su tendencia al estancamiento.

Los salarios promedio de la mayor parte de los trabajadores han crecido en las últimas décadas menos que la productividad laboral, también en los periodos en que ésta avanzó lentamente, y en muchos casos apenas han aumentado (no ha sido el caso de las retribuciones salariales de los altos ejecutivos que sí han conocido un desmesurado e injustificado crecimiento).

 El resultado más visible de esta disparidad es que la parte de la masa salarial en el ingreso nacional ha seguido una tendencia descendente (no pasemos por alto que en la economía española esto ha sucedido en un contexto de significativo aumento del empleo, muy vinculado al auge de la burbuja inmobiliaria).

¿Cómo ha influido esta deriva salarial en la crisis económica? De varias maneras. En primer lugar, dado que los salarios constituyen un componente fundamental de la demanda agregada, su rezago o estancamiento, habrían supuesto una contracción de la misma, que fue evitada con una intensa expansión del crédito.(....)

 Doble negocio. Para los empresarios, que consolidaron un mecanismo de acumulación alimentado en la degradación salarial; para los bancos y otros actores financieros, porque encontraron un inmenso mercado para colocar una oferta creciente de créditos.

En segundo lugar, y esta es la otra cara de la moneda, la resultante de este comportamiento de los salarios fue un aumento de la desigualdad y de la concentración del ingreso en grupos cuya propensión al consumo era inferior a la del conjunto de los asalariados, estando, por otro lado, estrechamente imbricados en el negocio financiero.

En tercer lugar, la contracción salarial, sólo compensada por la rápida expansión del crédito privado, situó en el motor del crecimiento económico la demanda externa -las exportaciones en las economías con mayor potencial competitivo, las importaciones, en las más débiles-.  (...)

En cuarto lugar, el aumento de la desigualdad fue de la mano, como no podía ser de otra manera, de una creciente concentración del poder. Se crearon de este modo las condiciones para que las políticas de los gobiernos, y las implementadas desde Bruselas, quedaran a merced de los intereses de las grandes corporaciones y de los lobbies que las representaban.

 Y esos intereses consistían en ampliar el espacio de la industria financiera, donde se colocaban productos cada vez más sofisticados, en mercados cada vez más opacos, en los que se podían obtener suculentos beneficios. (...)"       

  (La culpa de la crisis la tienen los salarios, de Fernando Luengo en Público, en Caffe Reggio, 05/01/2015)

5.12.14

El descenso salarial hundió el consumo, y, por lo tanto, gripó el motor económico. Solución: aumentar la demanda a base de aumentar los salarios, para encenderlo de nuevotivalo

"Europa está ya entrando en la tercera recesión en el corto periodo que va desde 2007 hasta ahora, periodo definido como la Gran Recesión. (...)

Las rentas del trabajo bajaron de un 72,9% del PIB (promedio en el periodo de los años setenta) al 66,2% en el año 2012 en el conjunto de los países de la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel económico al español). España fue el país donde las rentas del trabajo bajaron más, pasando del 72,4% al 59,4% durante el mismo periodo.

Este descenso salarial creó un problema grave, pues tales rentas son, en cualquier país, las mayores fuentes del consumo, y, por lo tanto, del motor económico. De ahí que el crecimiento económico en la mayoría de países fuera, como promedio, más bajo en el periodo 1980-2012 que en el anterior 1945-1980.(...)

 Al bajar los salarios, las familias tuvieron que endeudarse para poder mantener su nivel de vida. Este endeudamiento generó un enorme crecimiento de la banca y de lo que se llama el capital financiero (CF).  (...)

La demanda de bienes y servicios fue descendiendo y con ello la actividad económica. Ello significó que la rentabilidad de la economía productiva (es decir, los beneficios de las grandes empresas que producen bienes y servicios) no era tan elevada como en la época anterior y, lo que es incluso más importante, no era tan elevada, en términos comparativos, como la rentabilidad de las inversiones especulativas. 

De ahí que el capital financiero (es decir, la banca) invirtiera más y más en tales actividades, creando más y más burbujas, siendo la inmobiliaria la más reciente. Esta última burbuja, por cierto, era fácil de detectar, pues los salarios estaban estancados o incluso bajaban, mientras que los precios de la vivienda subían astronómicamente. 

Pero los reguladores de la banca –por regla general, muy próximos a ella- no la vieron, o mejor dicho, no la quisieron ver. Y así pasó. Cuando las burbujas explotaron el sistema financiero casi colapsó, y hubiera colapsado si no hubiera sido por el rescate público, que fue el mayor caso de “beneficencia” que cualquier Estado haya proporcionado a una institución. 

Y lo que alcanza ya niveles escandalosos es que, a pesar de los rescates públicos a la banca privada, esta continúe especulando, sin que el crédito esté o se le espere en las áreas que más se necesitan: familias y pequeñas y medianas empresas.  (...)

El lector se preguntará por qué continúan las políticas públicas de recortes y de reformas laborales orientadas a reducir los salarios que se están imponiendo (y digo imponiendo porque no estaban en los programas electorales de los partidos gobernantes en España). Y la respuesta a esta pregunta no es económica, sino política. 

Es decir, la continuación de tales políticas se debe al enorme poder que tienen los establishments financieros y económicos del país, y los establishments políticos y mediáticos a los que influencian, poder que se ha conseguido a costa del debilitamiento del mundo del trabajo, que constituye la mayoría de la población.  (...)

Ahora bien, la situación ha llegado a una inestabilidad económica y política tal que comienza a verse –incluso por parte de organismos muy próximos a los PG MPDF, como el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y el Banco Central Europeo- que algo tiene que hacerse, como por ejemplo, estimular la economía mediante inversiones y aumentar la disponibilidad de crédito.  (...)

¿Qué debería hacerse?

Desde el punto de vista económico, la solución es muy fácil de ver: aumentar la demanda a base de aumentar los salarios (que en España son de los más bajos de la UE-15); aumentar el gasto público en la infraestructura del país, y muy en especial en la infraestructura social (España es el país con uno de los gastos públicos sociales por habitante más bajos de la UE-15); y aumentar el crédito (hoy España es uno de los países donde es más difícil encontrar crédito), esto último a base de expandir el sector de la banca pública (siendo el español uno de los sectores bancarios públicos más reducidos de la UE-15). (...)"     

 (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” PÚBLICO, 4 de diciembre de 2014, en vnavarro.org, 04/12/2014)

16.9.14

Por qué los salarios bajos no son buenos para el desarrollo económico

"(...) Otra muestra del error de la teoría de los llamados incentivos es la baja productividad causada por las desigualdades, siendo España un ejemplo de ello. Los bajos salarios en España son una de las causas de la baja productividad. 

Si los salarios fueran más altos, ello forzaría al empresario a invertir más, a fin de aumentar la productividad de cada trabajador. No es, como constantemente se dice y escribe, que la baja productividad determina bajos salarios, sino al revés, los bajos salarios son los que determinan la baja productividad. 

Si el dueño de las viñas de Tarragona tiene una gran abundancia de personas para trabajar en las viñas, es probable que les pague muy poco. Si no los tuviera, invertiría más para aumentar su productividad. Aumentar los salarios en un país es una medida esencial para aumentar la productividad, una realidad ignorada, cuando no ocultada, en nuestro país, donde el empresariado tiene un enorme poder y los sindicatos tienen poco. 

En realidad, la evidencia muestra que cuanto mayor es la fuerza de los sindicatos de clase, mayores son los salarios y mayor es la productividad de un país. Añado lo de sindicatos de clase, pues los sindicatos corporativos (lo que en inglés se llama business unions), con sus demandas, pueden aumentar las desigualdades dentro del mundo laboral. 

Tal como señala Chris Tilly en su excelente artículo “Geese, Golden Eggs, and Traps: Why Inequality is Bad for the Economy”, la sindicalización de la fuerza de trabajo en las industrias estadounidenses en los años treinta y cuarenta (estimulada por el New Deal) jugó un papel clave en aumentar la productividad. (...)"         

 (Artículo de Vicenç Navarro que se publicará en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 9 de septiembre de 2014; en vnavarro.org, 08/09/2014)

13.8.14

La crisis mundial se debió a un bajón de la demanda, provocado por la disminución de los salarios

"En noviembre del año pasado, uno de los arquitectos de la política económica y fiscal del gobierno federal de EEUU, el Treasury Secretary (equivalente al Ministro de Economía y Finanzas del gobierno), el Sr. Larry Summers, durante la época Clinton (y más tarde, principal consejero económico del Presidente Obama), dio una conferencia en la reunión anual del Fondo Monetario Internacional, el FMI, que fue sorprendente. 

Ni que decir tiene que pasó desapercibida en la prensa española, incluyendo la financiera. No me puedo imaginar que su equivalente español en los gobiernos españoles, incluyendo los socialistas –desde Miguel Boyer, Carlos Solchaga, Pedro Solbes a Elena Salgado-, hubiera hecho un discurso semejante.

El Sr. Summers, que fue uno de los responsables de las políticas públicas que contribuyeron a crear la enorme crisis (conocida como la Gran Recesión), admitió indirectamente que su lectura de la crisis, así como de sus causas y consecuencias, no era del todo acertada. 

Y vino a decir –a reconocer- que algunas de las voces críticas (definidas como heterodoxas por el establishment económico) llevaban razón. Ni que decir tiene que no lo dijo tan claro como yo lo estoy escribiendo, pero el que sepa leer entre líneas puede ver que dijo lo que yo digo. 

Vayamos por partes.

 Comenzó el discurso indicando lo que es obvio: que las economías de EEUU (y de los países más ricos) se habían estancado desde hace tiempo, solo sostenidas por un enorme endeudamiento. Ello ocurría desde finales de los años setenta y principios de los ochenta.  (...)

La economía estaba funcionando muy por debajo de su potencial. Concretamente, un 10% por debajo de lo que podría y debería estar. El crecimiento económico había sido bajo, y, en ocasiones, mucho más bajo de lo que podría haber sido. 

Y ello a pesar de que continuaba el crecimiento de la productividad. Pero este crecimiento no se traducía en un crecimiento paralelo de la economía o en un aumento de la riqueza del país, medida por su PIB. ¿Por qué ello era así?

La autocrítica de Larry Summers

Larry Summers dio la explicación que no había dado antes. Este estancamiento se debía a un bajón de la demanda, que reflejaba, a su vez, una disminución de los salarios. Es decir, que la riqueza creada por el aumento de la productividad iba al 1% de la población (los miembros de la Corporate Class o clase corporativa) en lugar de ir al mundo del trabajo.

 En realidad, el enorme crecimiento de la concentración de la riqueza, conseguida a costa de un empobrecimiento de la clase trabajadora, era la responsable del descenso de la demanda (y, podría haber añadido, del endeudamiento de las familias). El Sr. Summers lo insinuó durante su discurso, pero, frente a las preguntas que le hicieron durante la sesión posterior a su discurso, lo expandió y queda clara su explicación.  (...)

Y por si fuera poco, el Sr. Summers criticó cada una de las explicaciones que la ortodoxia liberal ha dado sobre las causas de la crisis y que todavía hoy los gurús mediáticos ultraliberales (con o sin chaquetas llamativas, continúan proveyendo en los medios paa explicar la crisis y el elevado desempleo, a saber: la supuesta rigidez del mercado, su falta de adaptabilidad a las necesidades de la economía, la escasa formación de los que entran en el mercado de trabajo, la insuficiencia del capital humano, y otras tesis que han probado ser insuficientes para explicar la falta de crecimiento y la falta de producción de empleo.

 En realidad, nunca antes los mercados de trabajo habían estado tan desregulados, nunca antes había estado la juventud tan formada como ahora, y nunca antes el nivel educativo había sido mayor. Y, sin embargo, nunca antes el desempleo había sido mayor.

Ni que decir tiene que el discurso cayó como una bomba. Mientas que Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, y columnista del New York Times, lo aplaudió, muchos en los fórums financieros y económicos lo condenaron, presentándolo como una “traición”. 

Fue semejante a que el Papa hubiera dicho que los contraceptivos son buenos y necesarios para tener actividad sexual, o que el aborto es un derecho de la mujer, o que las mujeres pueden ser sacerdotes. Los dogmáticos neoliberales acusaron a Summers de blasfemia.

Ahora bien, el Sr. Summers se quedó corto, supongo que por limitado conocimiento. Pero podría haber añadido que tales políticas neoliberales estaban diseñadas para conseguir lo que están consiguiendo: una enorme concentración de la riqueza, a base de debilitar a la mayoría de la población trabajadora y su bienestar y calidad de vida. 
En otras palabras, dichas políticas no son el resultado de un error o ignorancia, sino consecuencia de un diseño capaz de una enorme insensibilidad hacia el dolor que tales políticas neoliberales están causando a las clases populares. (...)"           
  (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 28 de julio de 2014, en www.vnavarro.org, 28/07/2014)

17.7.14

En Europa la trampa de la deuda ha tardado más tiempo en cerrarse... pero la causa es la misma, la devaluación progresiva de los salarios

"(...) “En una economía de la deuda, asumir una forma de deuda significa asumirlas todas”. (...)

 Caffentzis habla de la importancia de “crear maneras autónomas de satisfacer las necesidades básicas” y “de expandir el espacio en el que uno vive fuera o sin el sistema monetario capitalista”, a pesar de lo difícil que pueda parecer el proceso. 

En su país natal, cuna del consumo mundial y de Wall Street, asegura que desde Strike Debt han empezado con la educación por lo acuciante del problema: la deuda media de los estudiantes estadounidenses alcanzó en 2013 los 29.000 dólares. (...)

¿Cómo y por qué el endeudamiento individual se ha convertido en imprescindible para sobrevivir? Caffentzis encuentra la respuesta en la devaluación progresiva del trabajo –a pesar del aumento de la productividad– que se vivió primero en EE UU y, recientemente, en los países europeos.

 “En Europa la trampa de la deuda ha tardado más tiempo en cerrarse por el sedimento de las luchas obreras y porque el declive de los salarios empezó más tarde que en EE UU, donde el valor real de los salarios alcanzó su cima a principios de los 70”, asegura Caffentzis. 

“Lo que pasó allí en 40 años está ocurriendo aquí en muy poco tiempo”, desde el 2008, año en el que estalló la crisis, comenta. En ese sentido ve a Grecia –país del que procede su familia– casi como un experimento de laboratorio, en el que los poderes financieros están observando la capacidad de resistencia ante el saqueo de derechos, propiedades públicas y libertades en una sociedad que hasta hace poco pertenecía al mundo rico.  (...)

Tras la vuelta a su país natal, Caffentzis dio clases ignorando durante años que sus compatriotas estudiantes estaban endeudados hasta las cejas.

“Me llevó casi dos décadas darme cuenta de su situación”, asegura. “Se tiene una percepción social y psicológica bastante diferente entre las deudas micro y macro”, sostiene Caffentzis. 

La cantidad de estudiantes norteamericanos que han dejado de devolver sus préstamos lo han hecho de una manera individual, a pesar de las graves consecuencias que conlleva y fruto del miedo y la vergüenza social que todavía implican este tipo de deudas. De ahí la importancia, según Caffentzis, de organizarse y plantar cara colectivamente.  (...)"              (Entrevista a George Caffentzis, Diagonal, 13/07/2014)

4.5.14

La subida del salario real acarrea un nivel de ocupación más elevado

"(...) El punto de partida para justificar la existencia de un salario mínimo es profundamente teórico. Una de las mayores discrepancias entre la ortodoxia y la heterodoxia, se produce sobre la forma de la curva de demanda de trabajo.

 Para la ortodoxia, dado un gasto autónomo real, existe una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas.

Por el contrario, para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, bajo unos supuestos microeconómicos realistas, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas.

 Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado. Esta relación positiva es paradójica. Lo que es cierto para una empresa, puede ser falso a nivel macroeconómico. Es la paradoja kaleckiana de costes.

La relación empírica negativa entre salarios reales y empleo que se observa en España conforma en realidad una correlación espuria. En economías que crecen vía deuda, los salarios reales caen

 Por eso, la recomendación de la ortodoxia de disminuir el salario real llevaría en realidad a una subida del margen de beneficios por unidad vendida, pero la masa de beneficios totales no cambiaría en modo alguno, mientras que la renta nacional, ventas y empleo global disminuirían. La propuesta de recortes salariales hecha por diversos autores acabaría siendo contraproducente, aceleraría la espiral deflacionista y hundiría definitivamente el sector bancario.

Si dejamos que actúen solo las fuerzas del mercado, éstas conducirán a la economía a un equilibrio subóptimo con débil ocupación y un pobre nivel de vida. Dado que el equilibrio alto de empleo es inestable, tan solo la intervención del Estado podrá conseguir que la economía se mantenga cerca del mismo.

 Para ello éste debe intervenir para conservar unos salarios reales altos, incluso en períodos de paro, fijando por ejemplo un salario mínimo interprofesional garantizado que presione al alza a todo el abanico salarial; imponiendo incluso salarios elevados en el sector público. (...)"            (Juan Laborda, Vox populi, 12/04/2014)

15.4.14

El riesgo de que esta dinámica de devaluación salarial de lugar a un prolongado estancamiento (deflación) es claramente posible

"(...) Bhaduri y Marglin analizaron los efectos que los cambios en la distribución funcional de la renta pueden tener sobre el consumo, la inversión y el crecimiento económico. Su modelo parte de una constatación básica: el salario presenta una doble dimensión en nuestra economía siendo, simultáneamente, coste para las empresas y el principal determinante del consumo privado de las familias.

 A partir de ahí estos autores estudian el carácter contradictorio que tiene el impacto de una variación salarial sobre los componentes de la demanda agregada: una reducción del peso que los salarios tienen en la renta nacional conllevará, por un lado, una mejora en los márgenes de beneficios y mayores expectativas de rentabilidad, impulsando así la inversión empresarial. 

No obstante, la reducción salarial impactará negativamente sobre la capacidad de consumo de los trabajadores. Esta reducción salarial entrañaría así una reducción agregada del consumo privado que no sería compensada por el consumo que ejercen las rentas del capital, en la medida en que los asalariados presentan una mayor propensión al consumo que los empresarios, accionistas y directivos. (...)

Por todo ello, el impacto directo que sobre el crecimiento económico tenga una reducción de los salarios dependerá de qué componente de la demanda agregada pese más: si la reducción del consumo privado desborda la posible mejora de la inversión empresarial que cabría esperar de la caída salarial, el impacto general sobre el crecimiento será negativo. 

Y, viceversa, cuando en una economía la mejora de la rentabilidad y, con ello, de la inversión, sea capaz de compensar la reducción del consumo privado, el impacto de una caída relativa de los salarios será positivo para el crecimiento económico. En el primero de los casos hablamos de economías “dirigidas por los salarios” (wage-led) y, en el segundo de economías “dirigidas por los beneficios” (profit-led). (...)

 La respuesta de las élites económicas y políticas hasta la fecha no ha pasado sin embargo por una ruptura con la política económica y salarial implementada a lo largo de las últimas décadas. Todo lo contrario, se ha profundizado –hasta el paroxismo– la estrategia neoliberal de hacer recaer sobre las rentas del salario los ajustes necesarios para enfrentar los desequilibrios macroeconómicos.   (...)

Así, una reducción en los salarios puede resultar positiva para la evolución particular de una empresa pero, como ya nos advierte el modelo de Bhaduri y Marglin, en economías “dirigidas por los salarios” puede traducirse finalmente en una reducción del gasto agregado.

 Esta caída del gasto entraría a su vez reducciones en el empleo total, a pesar de los efectos positivos que la devaluación salarial pueda tener sobre los beneficios empresariales y la rentabilidad, o sobre el sector exportador. De este modo, la mejora de la rentabilidad no llegaría a transformarse en inversión efectiva fruto de la falta de demanda y el avance del sector exportador no podría compensar el hundimiento de la demanda interna.

 Este parece ser precisamente el caso de la economía española: en 2013 las exportaciones contribuyeron con un 1,6% al crecimiento del PIB, si bien dicha contribución fue anulada por la de la demanda interna (-2,8%), que determinó finalmente el crecimiento negativo del PIB durante ese año.  (...)

De este modo, la devaluación salarial y la dinámica exportadora no son los factores que están actuando como motores de la recuperación. Más bien sucede al contrario: una vez llegado al punto actual, en el que las tasas de crecimiento han dejado de caer, difícilmente habrá salida de la crisis en tanto en cuanto se mantenga la política actual de recortes salariales.

 No sólo porque estos recortes dificultan la reactivación de la demanda agregada, sino porque impiden el proceso de desapalancamiento de empresas y hogares y, de este modo, mantienen latente el peso de un elevado endeudamiento del sector privado. 

El riesgo de que esta dinámica de devaluación salarial de lugar a un prolongado estancamiento, análogo al experimentado por la economía japonesa durante las últimas décadas, es claramente posible. (...)"                 (

6.1.14

La polarización de la renta en el 10% de la población más rica está haciendo que el consumo de lujo funcione, pero el consumo masivo siga gripado

"(...) La desigualdad creciente impedirá una recuperación sana y sostenida. La caída de ingresos y los bajos salarios mantendrán el consumo de las familias muy anémico. Como consecuencia, el motor principal de la economía, el sector privado, seguirá al ralentí. Varios ejemplos nos sirven para documentar esta afirmación.

El de Estados Unidos es el más ilustrativo. Al contrario de lo que ocurrió en la zona euro, allí no se abortó la recuperación de 2010. A pesar de los intentos del Tea Party y de los republicanos de provocar un “precipicio fiscal”, la Administración de Obama ha conseguido mantener un cierto activismo fiscal.

 Y, lo que ha sido más importante, la Reserva Federal ha mantenido una política monetaria y financiera que ha permitido a la economía norteamericana sortear el riesgo de segunda recesión.

Pero aun así, la recuperación ha sido pobre y la economía norteamericana no ha sido capaz de dejar atrás la crisis. Una de las causas fundamentales está en la caída de ingresos de las clases medias y trabajadoras y los bajos salarios. 

La polarización de la renta en el 10% de la población más rica está haciendo que el consumo de lujo funcione, pero el consumo masivo, que es lo que dinamiza la economía de mercado y el empleo, sigue gripado.

Además, en la medida en que el consumo de masas está bloqueado, las empresas tienen pocos incentivos para invertir en nuevos activos. En esta circunstancia, la liquidez que las autoridades monetarias están inyectando en la economía no va a financiar nuevas inversiones de empresas y familias, sino que se dirige a la compra de activos ya existentes. 

Esto hace aumentar sus precios y amenaza con crear una nueva burbuja en las Bolsas. Algo que ya se está comenzado a ver.

Los ejemplos de Reino Unido y de la propia Alemania son también ilustrativos y van en la misma dirección. Son dos países que no tenían problemas de financiación de su deuda, ni necesidad de políticas de austeridad. Pero aun así, su recuperación ha sido raquítica, lastrada por el mismo problema de la desigualdad.

Lo que tienen en común estos tres casos es que la caída de ingresos y los bajos salarios debilitan el motor principal de sus economías. De poco vale en estas circunstancias que el motor auxiliar de la exportación funcione bien, como es el caso alemán o español. Mientras no se recupere el motor principal, no habrá una recuperación sostenida.

No es por casualidad que en los tres países haya vuelto el debate sobre el salario mínimo.(...)"                    ( , El País, 22 DIC 2013)

19.12.13

Elevar el salario mínimo tiene poco o ningún efecto adverso en el empleo

"(...) Estas últimas décadas han sido difíciles para muchos trabajadores estadounidenses, pero han sido especialmente duras para los empleados de los comercios minoristas, una categoría que incluye a los dependientes del supermercado y el McDonald’s de su localidad. 

A pesar de los prolongados efectos de la crisis financiera, Estados Unidos es un país mucho más rico que hace 40 años. 

Pero los sueldos ajustados a la inflación de trabajadores sin funciones de supervisión en el comercio minorista —que no estaban especialmente bien pagados para empezar— han descendido casi un 30% desde 1973.

¿Se puede hacer algo para ayudar a estos trabajadores, muchos de los cuales dependen de los cupones de alimentos —si es que tienen derecho a ellos— para alimentar a sus familias, y que dependen de Medicaid —una vez más, si es que les corresponde— para darles la atención médica básica? Sí. 

Podemos mantener y ampliar los cupones de alimentos, en vez de recortar el programa como quieren los republicanos. Podemos hacer que la reforma sanitaria funcione, a pesar de los esfuerzos de la derecha para debilitar el programa.

Y podemos elevar el salario mínimo.

En primer lugar, unos cuantos datos. Aunque el sueldo mínimo nacional se elevó hace unos años, sigue siendo muy bajo según criterios históricos, y siempre ha estado muy por detrás de la inflación y los niveles salariales medios.

 ¿A quién se le paga este salario mínimo? En general, al hombre o la mujer que está detrás de la caja: casi el 60% de los trabajadores estadounidenses con salarios mínimos se dedican a la venta de alimentos o a servicios relacionados con ellos. 

Esto, por cierto, significa que uno de los argumentos que a menudo se esgrimen frente a cualquier intento de elevar los sueldos —la amenaza de la competencia extranjera— pierde aquí toda su validez: los estadounidenses no van a coger el coche para irse a China a recoger sus hamburguesas con patatas. (...)

La respuesta es que tenemos muchas pruebas de lo que pasa cuando se eleva el salario mínimo. Y las pruebas son abrumadoramente positivas: elevar el salario mínimo tiene poco o ningún efecto adverso en el empleo, al tiempo que aumenta significativamente los ingresos de los trabajadores.  (...)

Sin embargo, en lo relativo al salario mínimo, tenemos varios casos en los que un Estado lo eleva mientras que el Estado vecino no lo hace. Si hubiera algo de verdad en la idea de que el aumento del salario mínimo tiene grandes efectos negativos para el empleo, este resultado se vería en las comparaciones entre Estados, y no es así.

De modo que un aumento del salario mínimo ayudaría a los trabajadores mal pagados, con pocos efectos colaterales adversos. Y estamos hablando de un montón de gente. A principios de este año, el Instituto de Política Económica calculaba que elevar el salario mínimo nacional hasta los 10,10 dólares desde el nivel actual de 7,25 beneficiaría a 30 millones de trabajadores.

 La mayoría de ellos se beneficiarían directamente, porque actualmente gana menos de 10,10 dólares la hora, pero otros también saldrían ganando indirectamente, porque su paga está ajustada en la práctica al salario mínimo: por ejemplo, los supervisores de los establecimientos de comida rápida a los que se les paga un poco (pero solo un poco) más que a los trabajadores que supervisan. (...)

Pero resulta que existen buenas razones técnicas para considerar que el salario mínimo y las deducciones son complementarios: políticas que se apoyan mutuamente, no que se sustituyen. Se deberían ampliar las dos. Por desgracia, dada la realidad política, no hay la más mínima posibilidad de que el Congreso apruebe una ley que aumente las ayudas a los trabajadores pobres. (...)"                 ( , El País, 8 DIC 2013 )  

12.11.13

La productividad es mucho mayor en los países nórdicos que en EEUU, igual que sus salarios

"La revista Social Europe Journal acaba de publicar un artículo, “How Quarterly Capitalism Stifles Investment And Wages”, escrito por George Tyler, que muestra la falsedad de los argumentos utilizados por los economistas liberales que acentúan la necesidad de bajar los salarios como la mejor manera de salir de la crisis actual, mediante el aumento de la productividad y de la competitividad, incrementando las exportaciones. El autor presenta evidencia del error de este supuesto.

Para ello compara los salarios por hora de los trabajadores en EEUU con los salarios por hora de los trabajadores de los países nórdicos de Europa, los cuales son mucho más elevados que los primeros. En realidad, los trabajadores del norte de Europa reciben por hora diez dólares más que los estadounidenses, lo cual es una cifra más que respetable. Y a pesar de ello, la productividad es mucho mayor en los países nórdicos que en EEUU.

George Tyler muestra las causas de este diferencial. Una de ellas es que las empresas nórdicas invierten mucho más que las estadounidenses. Y lo mismo ocurre en cuanto a investigación y desarrollo (I+D). Las nórdicas invierten más que las estadounidenses en dicha actividad.

Otra causa del diferencial de productividad es el mayor nivel educativo de la ciudadanía (resultado de tener mejores escuelas públicas en los países nórdicos) y, dato también importante, estos países tienen mayor inversión de las empresas en el propio trabajador y mejores relaciones laborales dentro de la empresa. 

 La participación del trabajador (individual y colectivamente) en la gestión de las empresas es mucho mayor en las empresas nórdicas que en las estadounidenses, donde tal participación es casi nula. Previsiblemente, el trabajador se siente más cómodo e identificado con la empresa en los primeros que en EEUU. La estabilidad laboral en las empresas estadounidenses es mucho menor.

Añádase a ello que el empresariado estadounidense controla no solo los salarios, sino también el nivel de beneficios sanitarios que el trabajador y su familia tienen, con lo cual, cuando el primero despide al segundo, este pierde la cobertura sanitaria de él y/o ella y de su familia. Este es el mayor sistema de control que el empresariado de EEUU tiene sobre sus empleados. 

El impacto disciplinario de esta medida es enorme y explica que EEUU sea el país de la OCDE que tiene menos días perdidos como resultado de huelgas y paros laborales. Tal situación no ocurre en los países nórdicos, donde los servicios sanitarios son públicos, en lugar de privados.

Otra causa de que la productividad sea mayor en los países nórdicos que en EEUU es la actitud del mundo empresarial, muy fijada en conseguir el máximo nivel de beneficios en un tiempo corto. Esta orientación “cortoplacista” contrasta con una visión más a largo plazo del empresariado nórdico. Tyler muestra como la orientación de conseguir beneficios empresariales lo más pronto posible se consigue con una baja inversión, con unos salarios bajos, y con insatisfacción laboral, que el empresario intenta contener con las medidas disciplinarias citadas anteriormente.

 Este es el tipo de comportamiento empresarial más común también en España, que explica que España sea también un país, como EEUU, que tiene menor productividad horaria que los países nórdicos.

 Es un síntoma del enorme poder del mundo empresarial en los medios de comunicación así como en las instituciones políticas, que todo el enfoque en aumentar la productividad haya sido en España el de bajar los salarios. 

Y mientras, los beneficios empresariales se están disparando en España, mientras que la economía y productividad en el país continúan estancadas. Esta es la consecuencia de lo que solía llamarse poder de clase, que ahora no se denomina así por considerarse “anticuado”.             (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA y en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 1 de noviembre de 2013, en vnavarro.org, 01/11/2013)

7.3.13

La estrategia empresarial alemana para mantener la competitividad exportadora gracias al progreso del sector de salarios bajos, el más dinámico de Europa

"Un verdadero misterio alemán: con casi cuatro millones de parados en Alemania y más de 20 millones en la Unión Europea, Alemania necesita urgentemente mano de obra cualificada del resto del mundo. El gobierno aprobó el miércoles un proyecto de ley para facilitar la afluencia a Alemania de esta emigración extraeuropea, cualificada y selectiva. 

No se trata de científicos, ni de captar “cerebros”, aunque también se habla de ello. Se trata de conductores de trenes, de camioneros, fontaneros, ingenieros y trabajadores para la eliminación de residuos. Se van a reducir los obstáculos administrativos y se quiere animar a las empresas a contratar más extranjeros.

¿Cómo entender esto en un país en el que por cada puesto de trabajo ofertado hay ocho parados? ¿Cómo explicarlo en un país donde hay más de ocho millones de empleados en el sector precario o de salarios bajos, muchos de los cuales desearían regresar a los empleos a tiempo completo y bien pagados que eran la imagen de marca de Alemania? Para los sindicatos el asunto está claro: se trata de mantener la presión a la baja sobre los salarios. 

La compañía de transportes de Stuttgart anunció en diciembre la contratación de un puñado de camioneros españoles de Motril. En un alemán precario, los españoles salen por la tele local explicando lo contentos que están por haber sido contratados aquí. 

Comentario de un sindicalista alemán del sector: “no me extraña, por los 1200 o 1400 euros que les pagan, aquí ya nadie quiere arrimar el hombro”, dice. Conclusión: “se está utilizando la necesidad de los españoles, no faltan camioneros de lo que se trata es de sostener el dumping salarial”, dice. 

Entre los expertos reina la división. En los institutos próximos a las organizaciones patronales, la “falta de mano de obra” es dogma de fe. En el IMK y otros institutos más “sociales” se dice que si faltase mano de obra habría una presión hacia arriba de los salarios. 

Pero ocurre lo contrario. ¿Cómo se explica la presunta falta de maquinistas de tren, cuando el sector ha conocido este año una huelga pidiendo aumentos salariales que compensen la inflación? Si miles de médicos alemanes se van a trabajar a Suiza y Austria es porque allí se les paga mejor. 

Resultado: un agujero de 3000 médicos en Alemania. Lo mismo pasa con la asistencia a gente mayor y enfermos: en Hamburgo, por ejemplo, se paga tan mal, que no se cubre la demanda. El gobierno ha puesto en marcha un sistema rápido de permisos de trabajo, la “tarjeta azul”, para enfermeras extranjeras. Pero no es fácil porque Alemania no es atractiva.

La OCDE publicó hace poco un informe según el cual Alemania ocupa la cola entre los 34 países miembros de la organización como el país menos atractivo para la emigración de empleados cualificados. Australia, Reino Unido, Canadá y hasta la vecina Dinamarca atraen entre cinco y diez veces más empleados extranjeros de esa categoría.

 El gobierno quiere transformar esta situación, que tiene que ver con mucho más que con las dificultades del idioma.

Pese al satisfactorio nivel medio de sus universidades -muy niveladas, no hay gran diferencia entre el norte y el sur el este y el oeste- su relativa facilidad administrativa para cursar estudios, y su buena provisión de trabajos a tiempo parcial para estudiantes, Alemania atrae a muy pocos estudiantes extranjeros. Otro misterio alemán. 

Es un “golpe de suerte” que haya tantos emigrantes cualificados en el sur y Este de Europa ha dicho esta semana la ministra von der Leyen. Una suerte relacionada no solo al paro estructural español, por ejemplo, sino también a la desastrosa política europea de factura alemana que ha disparado el desempleo juvenil en la Europa meridional, podría añadirse.

Para 2025, la máquina industrial-exportadora alemana necesitará 5.4 millones de empleados vocacionales o con cualificaciones terciarias, se dice. Son proyecciones demográficas muy dudosas que muchos expertos discuten.

 Pero los jóvenes del sur de Europa las leen en los periódicos y corren a apuntarse a clases de alemán. ¿Qué hay de verdad? Más allá de los cuellos de botella reales que hay en algunas regiones y en algunos segmentos industriales muy concretos, todo el asunto tiene mucho que ver con una estrategia empresarial para mantener la competitividad exportadora a costa del progreso del sector de salarios bajos, el más dinámico de Europa. 

El tanque alemán continua su marcha imparable en pos de una competitividad suicida para el conjunto de Europa y probablemente, a la larga, también para sí mismo."      (Rafael Poch, La Vanguardia, Rebelión, 02/03/2013)