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23.9.24

“Los hijos de la inmigración no necesitamos ser salvados. Nosotros salvaremos a los franceses”... tenemos una Francia que se niega a mirarse a sí misma. La extrema derecha se escandaliza: se lo hemos dado todo y no están contentos. No previeron que no llegaríamos a ser franceses como los demás. Y yo digo: es un éxito que no nos hayamos vuelto franceses como los demás, eso significa avalar un crimen de civilización y mirar hacia otro lado. No solo no necesitamos que nos salven, sino que de hecho vamos a salvarlos. Somos una fuente de inspiración. Hay algo en nosotros que sigue viviendo, resistiendo. Y eso no formaba parte de la narrativa nacional (Louisa Yousfi)

 "Louisa Yousfi (1988, Cannes), periodista y crítica literaria, irrumpió en 2022 en el debate político en Francia sobre la inmigración y el pensamiento decolonial, con un ensayo breve pero contundente, hasta en el título, Seguir siendo bárbaro, que ahora Anagrama publica en España. Ese seguir siendo bárbaro se refiere a buscar las propias raíces de la identidad y no renunciar a ella, es más, ensalzarla como bandera, como respuesta a lo que considera un proyecto de integración fallido en su país. Desde este mes está en Roma, becada en la hermosa Academia de Francia Villa Médici, cerca de Piazza di Spagna, donde trabaja en un nuevo libro.

Pregunta. ¿Es difícil seguir siendo bárbaro aquí, en un lugar como Villa Médici?

Respuesta. Ya, es una paradoja (ríe). Es como una contradicción que ya existe en lo que hablo, los bárbaros son los descendientes de la inmigración poscolonial, los negros y los árabes en Francia. Han sido domesticados, pero no están integrados. Hay nudos, conflictos existenciales, políticos, en los que estamos atrapados. Pero aquí soy libre para escribir lo que quiera, claro.

P. Usted describe una ira muy profunda, una Francia a punto de estallar, dividida entre ellos y nosotros. ¿Es así?

R. Sí, y cada vez más. Basta con mirar la situación política. En las elecciones presidenciales, Marine Le Pen, el fascismo, puede llegar al poder. Tenemos una población que tiende a ser racista, impulsada por una ideología ambiental que se radicaliza. La zona de fricción no es explícita, no es entre blancos y no blancos, pero en todo caso pasa por el islam. Aquí no hay ningún tabú. Se puede decir que los musulmanes son una amenaza para el país, para la civilización. La islamofobia es un racismo respetable, porque tenemos derecho a criticar las religiones, ha habido atentados… Y es pura fantasía que haya un islamismo rampante en Francia.

P. ¿Esa división entre ellos y nosotros es entre todos los blancos y todos los demás, o hace distinciones?

R. Claro que tengo amigos blancos que luchan a nuestro lado. La cuestión no es culpabilizar a la gente. El enemigo es la forma en que la sociedad se ha constituido históricamente. Tenemos una extrema derecha tan fuerte también porque Francia es el país con más musulmanes de Europa. De ahí la teoría del Gran Reemplazo, es cierto que somos una fuerza demográfica. No una amenaza, pero sí una fuerza que, si se estructura políticamente a escala masiva, puede ser una amenaza real para el poder. El movimiento decolonial inició una estructuración del potencial revolucionario de la población inmigrante, que puede ser devastador para la derecha, y también para la izquierda.

P. También es crítica con la izquierda.

R. Sí. La izquierda durante mucho tiempo nos trató como una reserva de votos contra la derecha. Pero al margen de nuestros intereses. Incluso le era complicado tomar en serio el racismo, era un falso problema. Pero es que el antirracismo cuestiona los fundamentos de la República: el racismo no es una disfunción de la República, es el funcionamiento normal de la República, se fundó como un imperio colonial. Pero la izquierda no quería oír hablar de ello. De hecho, cuando surgieron las luchas contra la inmigración, el primer adversario, paradójicamente, fue la izquierda, era una batalla de liderazgo sobre la emancipación. Nosotros necesitamos una agenda política específica, una fuerza política que nos represente. Este es uno de los ejes del movimiento antirracista decolonial francés, la autonomía. No solo organizativa, también de pensamiento. Nos damos permiso para repensarlo todo.

P. Empezando por la idea de integración.

R. Es una trampa. Por un lado, una ideología racista, para la que somos monstruos que pueden contaminar la civilización. Y los que se supone que nos defienden tienen el paradigma integracionista, que quiere ser amable, benevolente, pero dice: miren, sí, tenemos problemas con esta gente, no son exactamente lo que deberían ser, pero se están convirtiendo en franceses, serán franceses. Es decir, hay una norma de francés. Y cuanto más nos deshagamos de todo lo que conforma nuestra identidad original, cuanto menos musulmanes seamos, mejor, ¡y más vale deshacerse de ello! Pertenezco a una generación que creía en la integración, pero hemos comprendido que nos impusieron conflictos de lealtad hacia nuestros padres, nuestros países de origen. Fue casi una desintegración para nosotros. Significaba perder lo que realmente éramos y lo que era la única manera de existir. Para existir en la sociedad francesa hay que dejar de existir. Eso crea un callejón sin salida. Un ejemplo gracioso es cuando la izquierda apoyó en 2004 la ley contra el velo en las escuelas, y una parte pensaba que era islamofobia, pero decían: a las jóvenes con velo se les debe permitir ir a la escuela porque es ahí donde entenderán que no deben llevar velo. Que cometen un error siendo lo que son.

 P. Se domesticarán, según su visión.

R. Eso es. Y se declina a todos los niveles. Por eso digo que, o somos monstruos o somos larvas, como si no tuviéramos alma, y hay razones históricas, milenarias, para ser lo que somos. No es algo de lo que te puedas deshacer.

P. ¿Cuál es la solución?

R. Es una cuestión política complicada. No se decreta desde arriba, está claro. Pero el movimiento decolonial en Francia intenta abrir un nuevo horizonte, está entrando en la sociedad. El partido Francia Insumisa es también el resultado, existe en su forma actual porque estábamos ahí. Se ha creado un frente cultural real, yo soy prueba de ello, estando aquí. Tenemos algo que decir.

P. Usted ve el rap como un instrumento clave: es triunfar siendo un bárbaro.

R. El rap es donde estaba la conciencia decolonial antes de que apareciera. Surge contra la respetabilidad que se nos impone. Si quieres que tu voz sea escuchada, tienes que pasar por una trayectoria escolar ejemplar, ser el mejor. Los representantes de las poblaciones inmigrantes son personas muy abstractas, asépticas, buenas. El rap es una forma de hablar de uno mismo completamente libre, no responde al mandato de ejemplaridad, es más, cuanto menos respetable seas, mejor. Este mundo quiere empequeñecernos, pero somos bárbaros en el sentido homérico, poético. No estamos aquí para agradar y además nos divertimos.

P. ¿Francia es un caso particular? El Reino Unido, el otro gran imperio colonial, no tiene problemas tan graves.

R. Francia es especial, sigue queriendo ser la luz del mundo, estar a la vanguardia de la modernidad, de la emancipación de los pueblos. Es un país que cree absolutamente en su inocencia. Sí, torturamos en Argelia, o apoyamos esa guerra, pero siempre es por las razones correctas, cosas que no funcionaron… Así, tenemos una Francia que se niega a mirarse a sí misma. La extrema derecha se escandaliza: se lo hemos dado todo y no están contentos. No previeron que no llegaríamos a ser franceses como los demás. Y yo digo: es un éxito que no nos hayamos vuelto franceses como los demás, eso significa avalar un crimen de civilización y mirar hacia otro lado. No solo no necesitamos que nos salven, sino que de hecho vamos a salvarlos. Somos una fuente de inspiración. Hay algo en nosotros que sigue viviendo, resistiendo. Y eso no formaba parte de la narrativa nacional."

(Entrevista a Louisa Yousfi, Íñigo Domínguez , El País, 21/09/24)

5.7.23

Francia ardió como nunca antes... 5.000 autos quemados, más de 1.000 edificios atacados, incendiados o saqueados, 250 ataques a comisarías en cinco días... Casi todo lo que representa el Estado fue atacado: comisarías, intendencias y casas de intendentes, colegios, transportes públicos, centros de asistencia social, bibliotecas públicas... un sujeto emergió otra vez como volcán, más fuerte, más enrabiado, más ávido, más dolido, sin representación ni conducción política, en un país que a veces parece islas que se alejan unas de otras y en medio crece la ultraderecha que anuncia la guerra civil, la imposibilidad de una “comunidad de destino”... una nación construida sobre una falla geológica colonial que no encuentra remedio

 "Francia ardió como nunca antes. Ocurrió como de costumbre: un joven de barrio periférico de París, de origen norafricano, asesinado por un policía. (...)

 Su muerte conmovió, por la claridad de las imágenes, por lo demasiado conocido del hecho para quienes viven en las barriadas llamadas banlieues. Lo dijo la Organización de Naciones Unidas: las fuerzas del orden francesas tienen “profundos problemas de racismo”. Y una historia de muertes en operativos: 861 desde 1977 es decir cerca de 19 por año, en su mayoría hombres, jóvenes, y la mitad en las periferias de París, Lyon y Marsella, tres de las ciudades más afectadas por las actuales revueltas. Solo quince días antes del un policía había matado a Alhoussein Camara de 19 años.

 A la muerte de Nahel le siguieron movilizaciones multitudinarias pidiendo justicia. (...)

 Algunos datos son elocuentes: 5.000 autos quemados, más de 1.000 edificios atacados, incendiados o saqueados, 250 ataques a comisarías, en cinco días según el ministerio del Interior que desplegó más de 40.000 policías por noche. Fueron detenidas más de 2.000 personas, muchos menores de edad, la tercera generación en protagonizar estallidos de rabia y caos ahora potenciados con las redes sociales, en particular Snapchat. Confrontar, romper, incendiar, filmar, viralizar; adrenalina y dopamina en su máximo nivel.

Quemar el Estado, robar al privado

Casi todo lo que representa el Estado fue atacado: comisarías, intendencias y casas de intendentes, colegios, transportes públicos, centros de asistencia social, bibliotecas públicas. Cada institución con una bandera nacional fue blanco de una furia que, como suele suceder, afectó en primer lugar a la misma comunidad, primera víctima de los abusos policiales y de las reacciones explosivas. Quemar el Estado, no asaltarlo para sentarse en su silla, sino volverlo cenizas. ¿Después qué? No importa, el futuro ya está clausurado.

Los ataques a lo público se combinaron con los saqueos a centros comerciales, concesionarias de autos, motos, tiendas de teléfonos, ropas de marca cara, supermercados, armerías. Una dinámica con espontaneidad y grupos organizados, ríos revueltos de jóvenes en noches de verano con citas coordinadas por redes sociales: las ganas de pelear, de tener lo que se vende como deseo y resulta inaccesible, la necesidad de demostrar, devolver una violencia recibida a diario a través de la desigualdad, las fronteras sociales, geográficas, de color de piel.

La rabia entonces, el odio, la frustración, el hiperconsumismo, hipercapitalismo, la protesta a veces por justicia, otras pura furia, con la clase social y el origen familiar inscripto en el cuerpo, y una ausencia de politización tradicional. (...)

El tópico de la guerra civil creció en los últimos años en una Francia marcada por atentados y grandes protestas. (...)

El excandidato presidencial Éric Zemmour lo dice en cada entrevista: Francia está en los albores de la guerra civil producto de una inmigración masiva afro-arabo-musulmana que de a poco sustituiría a la población blanco-cristiana tradicional. El país estaría así poblado de “enclaves extranjeros” que no reconocen al Estado, odian a Francia y su simbología, y pertenecerían a una civilización incompatible con la occidental. Lo que ocurrió desde el martes solo confirmaría su advertencia repite en los canales donde es invitado.

Dos sindicatos de la policía también lo afirmaron: “estamos en guerra”, escribieron en un comunicado. El gobierno por su parte, presidido por Emmanuel Macron, niega las causas sociales del estallido: las culpas serían de los videojuegos, las redes sociales, las irresponsabilidad de los padres que ahora son amenazados con castigos sin sus hijos menores cometen delitos. En cuanto a la izquierda, encabezada por Jean Luc Mélenchon, el acento está puesto en las desigualdades cada vez mayores, la deficiencia del Estado, la justicia, la policía con más posibilidad de gatillo fácil desde la ley de 2017, las políticas económicas.

Es probable que el estallido se apague en unos días, las cámaras se alejen, Francia siga en su verano con ciclismo y balnearios. Pero un sujeto emergió otra vez como volcán, más fuerte, más enrabiado, más ávido, más dolido, sin representación ni conducción política, en un país que a veces parece islas que se alejan unas de otras y en medio crece la ultraderecha que anuncia la guerra civil, la imposibilidad de una “comunidad de destino” como define Edgar Morin a la nación hoy en llamas, una nación construida sobre una falla geológica colonial que no encuentra remedio."                 (Marco Teruggi , Página12, 04/07/23)

20.4.22

Así fue la estrategia ganadora de Mélenchon en los centros urbanos y los barrios de clase trabajadora... Mélenchon ha conseguido construir en torno a su candidatura, incluso más que en 2017, una alianza de las clases trabajadoras con las que él mismo llama «clases medias informadas»... logrando una amplia ventaja sobre los candidatos ecologistas, comunistas y socialistas, a cuyo electorado atrajo... su voto se concentra en los antiguos bastiones socialistas... y logra unos resultados impresionantes es en los barrios obreros situados en la periferia de las grandes ciudades, en los ex ‘suburbios rojos’... es cualquier cosa menos un voto útil, significa además que hay un voto de apoyo muy fuerte... Este liderazgo indiscutible en estas zonas parece validar su estrategia de dirigirse a las clases trabajadoras de las ciudades (en gran parte de origen inmigrante), cuando Le Pen, con algunas excepciones, se dirigía al electorado de clase trabajadora del campo... “Si Mélenchon es muy fuerte en los barrios obreros de la periferia es porque ha logrado combinar una lógica de discriminación y una lógica de clase»... actualizando el concepto de «criollización»

 "(...) ¿Qué tienen en común un parisino del Distrito 10, donde el metro cuadrado cuesta 10.000 euros, y un habitante de Franc-Moisin, uno de los barrios más desfavorecidos de Seine-Saint-Denis en Francia? En estos dos lugares, que a primera vista no se parecen en nada, Jean-Luc Mélenchon se impuso este domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas.

Es una de las principales lecciones de esta campaña y tal vez el inicio de una nueva era en la reconquista del electorado para la izquierda: el domingo, los insumisos, que reunieron más del 22% de los votos a nivel nacional, lograron un avance espectacular en las grandes ciudades y en los suburbios.

Mélenchon ha conseguido construir en torno a su candidatura, incluso más que en 2017, una alianza de las clases trabajadoras con las que él mismo llama «clases medias informadas». Todo ello combinado con un llamamiento al «voto útil, que resonó con fuerza en esas clases medias, y una apelación proactiva al electorado de los barrios obreros. Una «coalición electoral bastante interclasista», según la expresión del geógrafo Jean Rivière, que explica la amplia ventaja del los insumisos sobre los candidatos ecologistas, comunistas y socialistas, cuyo electorado se atrajo para sí.

Un voto «útil» en las ciudades grandes y medianas

Una ola de color rojo granate irrumpió el 10 de abril en el corazón de las metrópolis. En las ciudades en las que La France Insoumise (LFI) ya había quedado en primer lugar en 2017, Jean-Luc Mélenchon aumenta su marcador, a veces con un gran salto. Es el caso de Montpellier, ciudad que volvió al Partido Socialista en 2020, donde ganó más de 9 puntos sobre el resultado anterior, o de Toulouse, donde pasó del 29% al 36% de apoyo electoral en cinco años.

En Marsella, donde el candidato había sido elegido triunfalmente diputado en 2017, ha conseguido ahora un muy buen resultado. A pesar de su trayectoria como parlamentario, cuanto menos desigual, ha ganado siete puntos en la segunda ciudad de Francia respecto a las últimas elecciones presidenciales, sumando más de un tercio de los votos y superando a Emmanuel Macron.

«Con el 31% de los votos, el candidato de unidad popular confirma tras las elecciones municipales que la izquierda gana peso en Marsella», subraya el diario independienteMarsactu. Esta web señala que, en la ciudad de Benoît Payan [alcalde de Marsella], el candidato insumiso se impuso sin el apoyo de la izquierda local: solo un representante electo, de los cincuenta y cinco que constituyen la mayoría de Printemps Marseillais, había llamado a votar por su candidatura.

En cambio, en Lille, la LFI pudo apoyarse en las redes de dos destacados diputados (Ugo Bernalicis y Adrien Quatennens), y ganó diez puntos respecto a las últimas elecciones presidenciales, superando el 40% de los votos en el feudo de Martine Aubry [la alcaldesa socialista de Lille]. Mélenchon también mantiene su ventaja, en torno al 30%, en Le Havre, donde ocupa la alcaldía el ex primer ministro Édouard Philippe.

En los grandes municipios en los que no se ha colocado en cabeza ni esta vez ni la anterior, también ha registrado incrementos significativos. En París, ha pasado del 19% al 30% (aunque el jefe del Estado sigue en gran medida a la cabeza), superando a Anne Hidalgo, que recibió menos de 23.000 votos en la capital en la que es alcaldesa.

El voto a LFI en las ciudades se concentra así en los antiguos bastiones socialistas. Mélenchon consiguió así devolver a la izquierda las metrópolis que habían virado hacia Emmanuel Macron en 2017, como Nantes (33%), Rennes (36%) o Villeurbanne (37%). Municipios dirigidos por el «equipo de alcaldes franceses» de los que hizo bandera Anne Hidalgo en su campaña y en los que la socialista obtuvo resultados microscópicos (entre el 2 y el 3%). Es una clara (y cruel) victoria sobre el partido de la rosa a quien Mélenchon había declarado, en 2017, querer «sustituir».

 La candidatura también logra una amplia ventaja en casi todas las ciudades ganadas por Los Verdes en 2020. Ganó 11 puntos en Estrasburgo (35%), superando tanto a Emmanuel Macron como a Yannick Jadot, candidato al Elíseo por Europa Ecología Los Verdes. Lo mismo ocurrió en Lyon o en Poitiers.

Para el politólogo Simon Persico, no es una sorpresa: «Son los mismos que votaban al PS, los que luego votaron a los Verdes en las elecciones municipales y los que han votado a Mélenchon en estas elecciones presidenciales. Jean-Luc Mélenchon ganó en las ideópolis, los grandes centros urbanos donde predominan los jóvenes universitarios, bastante favorables a la globalización, que votaron a favor del candidato mejor situado de la izquierda», observó. De hecho, en este archipiélago metropolitano que concentra los centros de decisión económica y política, Mélenchon está sobrerrepresentado en comparación con sus resultados nacionales.

Jean Rivière, profesor de Geografía en la Universidad de Nantes, también ve un efecto del voto útil en una campaña que parece haberse convertido «unas primarias salvajes» para izquierda. Incluso cree que estos muy buenos resultados en estas ciudades históricamente de izquierdas deben cruzarse con variables de edad. En estas zonas recientemente aburguesadas, la población más joven se vio más atraída por este voto de «ruptura».

El investigador, que aún no ha examinado los resultados en detalle, también espera ver confirmada la hipótesis de que es en los barrios de trabajadores de las ciudades donde la formación consigue sus mejores ratios. Un ejemplo es el mapa electoral de París: en el este de la capital, una zona en proceso de gentrificación pero que alberga todavía bolsas de población de clases populares, prevalece el voto melenchonista; el oeste, que incluye a una antigua población burguesa, se posiciona claramente a favor de Emmanuel Macron y, en menor medida, del ultraderechista Eric Zemmour.

Una victoria en los ex ‘suburbios rojos’

Además de este electorado de clase media de las grandes ciudades, que se decantó, en parte por razones estratégicas, por Mélenchon, donde el líder insumiso logra unos resultados impresionantes es en los barrios obreros situados en la periferia de las grandes ciudades. El voto a Emmanuel Macron, que prometió en 2017 hacer triunfar a los «talentos» de los suburbios, se ha desplomado.

 En Île-de-France [Región de París], Jean-Luc Mélenchon se impuso superando al actual presidente de la República. El mismo fenómeno en su antiguo bastión de Essonne, donde se sitúa muy por delante, pero también en Val-de-Marne, y sobre todo en Seine-Saint-Denis, donde los insumisos se acercaron al 50% en la primera vuelta.

Ha aumentado entre 15 y 20 puntos en las ciudades de los antiguos suburbios rojos, como La Courneuve (64%), Saint-Denis (61%), Stains (60%), Sevran (54%) o Saint-Ouen (51%). Y también ha llevado a cabo una OPA en comunidades en poder del PCF, como en Bobigny (Seine-Saint-Denis). Lo mismo en Grigny (Essonne), donde el alcalde comunista fue elegido «mejor alcalde del mundo» en 2021 (56% para LFI, frente a 4,4 para el PCF), o en Champigny-sur-Marne (Val-de-Marne), la ciudad de Georges Marchais, el líder histórico de los comunistas franceses, donde Mélenchon ha cosechado el 40% de los votos, frente al 4,2 de su competidor, el PCF.

Según Yann Le Lann, ese resultado sólo puede explicarse por una transferencia de votos dentro de la izquierda: «En los barrios, el voto a Mélenchon es cualquier cosa menos un voto útil», dice el sociólogo. Obtener puntuaciones que superan el 60% en Gennevilliers o Saint-Denis significa además que hay un voto de apoyo muy fuerte. (...)

¿La victoria de la izquierda de ‘Terra Nova’?

Este liderazgo indiscutible en estas zonas parece validar la estrategia desplegada por el movimiento, que se ha centrado en dirigirse a las clases trabajadoras de las ciudades (en gran parte de origen inmigrante), cuando Marine Le Pen, con algunas excepciones, se dirigía al electorado de clase trabajadora del campo (con un perfil rural, más cercano a los chalecos amarillos). (...)

Jean-Luc Mélenchon nunca ha dejado de ocupar ese terreno: además de sus propuestas económicas y sociales de «ruptura» conla deriva liberal de la socialdemocracia, se ha posicionado como el defensor de estos barrios populares, participando, en noviembre de 2019 en la manifestación contra la islamofobia,defendiendo a los «musulmanes» en los platós televisivos, denunciando la violencia policial o actualizando el concepto de «criollización».

Además, el intenso trabajo de comunicación en las redes sociales, sobre todo en TikTok, donde Jean-Luc Mélenchon ha sido transformado por su joven equipo en una especie de icono de la cultura pop, así como los vínculos mantenidos con los influencers de los realities, también le han permitido ganar notoriedad entre un público de jóvenes que no se ha politizado a través de los medios tradicionales.

Por otra parte, la candidatura de Éric Zemmour, a la que Mélenchon se opuso frontalmente durante un debate que disgustó a varios intelectuales de izquierdas, fue «un factor de movilización de los jóvenes que vieron que Mélenchon tenía un discurso claro», dijo Alexis Corbière. (...)

Este análisis lo corrobora el presidente socialista del consejo departamental de Seine-Saint-Denis, Stéphane Troussel. «En general, la campaña está lejos de haber fascinado a las multitudes. Por otro lado, había tal rabia contra Zemmour en los barrios populares que motivaba a la gente a salir de sus casas para votar. A partir de entonces, Mélenchon parecía ser el único que permitía que se respetara a la gente frente a sus insultos diarios», dice.

“Si Mélenchon es muy fuerte en los barrios obreros de la periferia es porque ha logrado combinar una lógica de discriminación y una lógica de clase», analiza Yann Le Lann. Incluso se ha convertido en hegemónico entre las personas de origen norteafricano y subsahariano, como en Guadalupe, Guyana y Martinica. Pero cuidado, continúa: «Sería totalmente simplista analizarlo como un voto comunitario. En un contexto de debate público de extrema derecha, algunas de las personas que sufren el racismo buscaban a alguien que fuera capaz de mantener la línea contra esta ofensiva. Lo hizo, y al final dio sus frutos». (...)

Una alianza valiosa, aunque frágil, que sin duda se reflejó en las urnas esta vez. Sin embargo, falta otro componente, decisivo si se aspira a ser mayoritario: el electorado popular y a menudo abstencionista de las antiguas áreas industriales, menos multiculturales, que el bloque melenchonista no logró movilizar. Es el próximo reto que se plantea en los próximos años."               (Pauline Graulle , Rebelión, 19/04/22)

10.8.21

La España mestiza y multicultural que Tokio ha visibilizado... la verdadera cara de una tierra próspera y tolerante, en un país en que el el franquismo dejó serias secuelas racistas sufridas por andaluces, gallegos o extremeños en regiones más industrializadas, señalados con el estigma de la discriminación. Los nuevos españoles conformarán una sociedad mestiza y moderna... con ciudadanos de más de cien nacionalidades distintas

 "Se llama Ana Peleteiro y es gallega negra de padre africano; se llama Ray Zapata, vive en Alcorcón y con cinco años se instaló con su madre en Lanzarote… Estos días atrás, los dos se envolvieron orgullosos en la bandera española tras ganar medallas olímpicas en Tokio para su país, para nuestro país.

Esa bandera de la España mestiza y viva que nuestros atletas han exhibido en los juegos olímpicos ha mostrado al mundo entero la verdadera cara de una tierra próspera y tolerante. La cara plural y multicultural donde los malos rollos solo tienen cabida en mentes crispadas y nostálgicas que se obstinan, sin conseguirlo, en prostituir los símbolos que nos representan a todos.

En materia de racismo, el franquismo dejó serias secuelas en pueblos y ciudades de este país, los gitanos estaban demonizados y hasta los andaluces, gallegos o extremeños que se marchaban a trabajar a regiones más industrializadas percibían el estigma de la discriminación en los lugares a cuya prosperidad estaban contribuyendo.

 No ha mejorado la cosa con la irrupción de la ultraderecha en el panorama político. Estamos en la prehistoria de la asimilación de una realidad multicultural que no tiene marcha atrás por mucho que xenófobos e intolerantes de medio pelo se empeñen en ello. Por mucho que los inmigrantes parezcan invisibles en los mismos sitios donde son imprescindibles.

Por eso lo que ha ocurrido en Tokio 2020 tiene a mi entender tanta importancia. Además de imprescindibles, ya no son invisibles. Si en los invernaderos del Poniente almeriense por ejemplo, levantáramos por un momento los plásticos que cubren las cosechas de tomates, pimientos, calabacines y sandías, descubriríamos más de ochenta mil personas de piel oscura sudando a mares a diario. Seres humanos que para los fascistas no solo son invisibles, sino explotables e ignorables en el momento en que dejan de ser útiles.

En efecto, cuando, exhaustos, acaban la jornada laboral por la que, en el mejor de los casos, cobran cincuenta euros, magrebíes y subsaharianos toman sus bicicletas y desaparecen. No hacen vida social en Roquetas, Vícar, El Ejido o La Mojonera. No se les ve en los bares, ni en ningún centro de ocio. Solo en los Centro de Salud cuando están enfermos o en el Mercadona cuando acuden a comprar provisiones.

Hace ya unos treinta años que empezaron a llegar y seguimos viviendo de espaldas. Sin darnos cuenta que empiezan a tener hijos que van al cole, niños que ya sí se relacionan con los de aquí de toda la vida, niños que se hacen grandes y van a la universidad y al gimnasio. Niños que ya son adultos y que ganan medallas en Tokio. Niños que a su vez ya tienen niños…

Esto es lo que han dejado en evidencia los Juegos Olímpicos de Tokio, que no hay marcha atrás, por mucho retrógrado de banderita en la muñeca que se resista. Los nuevos españoles serán abogados, médicos, peritos o ingenieros técnicos agrícolas y conformarán una sociedad mestiza y moderna que trabajará por un futuro mejor en la tierra donde crecieron.

 En los censos de los principales municipios del Poniente almeriense figuran inscritos ciudadanos de más de cien nacionalidades distintas. Los partidos políticos no han aprendido aún a digerirlo. Los del PP han sobrevivido hasta ahora intentando maquillar su racismo congénito como mejor han podido para que no se les escaparan las alcaldías, y las izquierdas exhiben una escandalosa carencia de reflejos a la hora de poner en marcha proyectos de integración para un futuro multicultural.

A veces dan la impresión de que no acaban de creerse que los inmigrantes vinieron para quedarse, que será aquí donde ellos y sus descendientes echarán raíces. Y si algún partido sabe ver el beneficio que todo esto supone para el futuro de nuestro país, no se percibe que actúe en consecuencia. Por eso Vox les come la tostada, pero por eso también los momentos mágicos que hemos vivido en Tokio estos días pueden contribuir a que quienes deben tomar nota de una vez, se pongan a ello.

La España que viene es mestiza y multicultural, es una España de Peleteiros y Zapatas. Qué bonito altavoz el de Tokio para que saquen conclusiones quienes aún manifiestan dudas a la hora de combatir el racismo y la xenofobia de la ultraderecha con la mayor de las firmezas."                   (Juan Tortosa, Público, 07/08/21)

22.4.19

Augustin, inmigrante africano y candidato a la presidencia: “Quiero dar esperanzas a la gente”. Seguramente el líder de Vox, Santiago Abascal, no contaba con que un inmigrante africano sería uno de sus rivales en las elecciones del 28 de abril...

"Seguramente el líder de Vox, Santiago Abascal, no contaba con que un inmigrante africano sería uno de sus rivales en las elecciones del 28 de abril. El propio Augustin Ndour, un senegalés de 49 años que fue un ‘sin papeles’ tratando de sobrevivir en España, tampoco contemplaba “ni en sus más remotos sueños” ser el primer candidato de origen africano a presidente del Gobierno. 

Casi veinte años después de haber llegado a Granada, ciudad donde reside y trabaja, Augustin o ‘Agustín’ para la mayoría encabeza la candidatura de Por un Mundo Más Justo (M+J). Quiere quebrantar con el odio y los prejuicios que pesan sobre las personas como él, tan solo luchadores tratando de alcanzar una vida digna.

Ndour es activista y trabajador de Cáritas en Granada desde hace 17 años. Allí se gana la vida y puede ayudar a su esposa y sus hijos, quienes residen en su país de origen y pueden verlo pocas veces al año. Este candidato atípico, que sonríe con humildad, representa los ideales de su partido. M+J es una pequeña formación política de 206 militantes que nació en 2004 y persigue el fin de la pobreza en el mundo y de la desigualdad. 

Acuden al 28-A en solitario porque estos grandes objetivos, opinan, no son la prioridad de ninguna otra formación política en España. Con banderas como la transparencia, la lucha contra los paraísos fiscales o el 0,7% del PIB para la ayuda al desarrollo, han logrado concurrir a las elecciones por 41 provincias.

¿Por qué decidió venir a vivir a España?

– Mi hermano estaba trabajando en Lisboa como profesor de portugués y me facilitó el visado para poder venir a Europa. En realidad, yo no tenía un destino fijo, quería ir a Europa para mejorar mi condición de vida y de la gente que me rodeaba. Estuve casi dos años en Lisboa y allí me enteré de que en España, cuando gobernaba casualmente José María Aznar, se estaba regularizando de forma masiva la situación de muchos inmigrantes porque era la época del boom inmobiliario y se necesitaba mano de obra. Granada no la conocía, acabé allí por pura casualidad. Año y pico después de llegar me regularicé y empecé a trabajar en Cáritas y allí llevo 17 años.

Durante todo el tiempo que lleva viviendo en España, ¿se ha encontrado más barreras sociales o institucionales?


– Institucionales. Además son las más dañinas. Las barreras sociales se superan con facilidad porque la gente cambia el concepto que tiene sobre ti cuando te conoce. Sin embargo, las barreras administrativas generan sufrimiento inútil. Cuando más sufrí fue a mi llegada porque no me permitían trabajar. Me acuerdo de que fui a un locutorio para llamar a Senegal y que me mandaran el dinero que tenía ahorrado de Lisboa. 

El muchacho que me atendió me miraba con una cara… Me preguntó: “¿te han mandado dinero de Senegal aquí?”. Vender en la calle se me daba muy mal y era lo único que podía hacer (ríe). Ese sufrimiento de la gente corriendo con la policía detrás por el único hecho de no tener papeles es una de las barreras más injustas.

¿Qué contestaría a esos políticos como Pablo Casado o Albert Rivera que se niegan a las medidas favorables para los inmigrantes porque, dicen, provocarían un “efecto llamada”?

– El efecto llamada es la riqueza de Europa y el empobrecimiento de los pueblos de origen. Todo ser humano anhela vivir bien, con dignidad. El derecho a no tener que emigrar tiene que prevalecer y, para eso, tenemos que cambiar las políticas de cooperación y comercio internacional. No podemos pretender vivir en una prisión de muros construidos con opulencia y que los demás estén viviendo fuera sin poder entrar. No es viable.

 Además, nuestros pueblos no son pobres, sino empobrecidos. África es muy rica en recursos: un tercio de la materia prima y energética pertenece al continente africana, el 60% de las tierras cultivables son africanas y el crecimiento demográfico mas fuerte es africano. Hay un potencial, pero ningún pueblo ha desarrollado a otro pueblo, sino que los pueblos se desarrollan a sí mismos. Ahora mismo tenemos unas políticas de comercio hechas de tal forma que quien compra pone los precios y es una regla del juego que tenemos que cambiar. 

Por ejemplo, si yo pudiera elegir el precio de tu teléfono para que me lo vendieras diría un euro, pero eso no es justo. El modelo de cooperación después de 60 años no ha servido de nada. Algo falla. Tenemos que mirar esa realidad de frente y dialogar para cambiarla.

¿Hacen falta en Europa liderazgos africanos que propongan otro tipo de relaciones entre los dos continentes?

– Sin ninguna duda. Después de la revolución industrial, tecnológica tiene que darse la revolución del encuentro. Es necesario que los africanos se unan, tengan una voz para hablar con Occidente y busquen una solución común que sea viable. En el siglo XXI no es normal que miles de personas sigan muriéndose en el mar por buscarse el pan. Son seres humanos. De hecho, ¿el mundo lo permitiría si fueran alemanes, ingleses o franceses? Hay mucha gente a la que no le importa la vida del pobre, pero nosotros queremos trabajar por toda la dignidad del ser humano, independientemente de su raza o credo.

¿Cuál fue el motivo principal que le animó a presentarse como candidato a la Presidencia del Gobierno?

– Uno de los motivos es que a veces gente conocida de toda la vida, buenas personas, de repente un día te sueltan un discurso de rechazo que te deja flipando, como si despertaras de una pesadilla. En España hay una sobreprotección de lo mío: primero voy yo y, cuando pase, el resto del mundo. Pero este mundo nos pertenece a todos y todos debemos tener la oportunidad de vivir medianamente bien. No es normal que un francés, un español o un alemán puedan viajar donde quieran y un senegalés no lo pueda hacer. Tú y yo queremos las mismas cosas, ser felices y no pedimos nada más.

Otro de los motivos es dar esperanza a mucha gente que, como yo, ha partido de la nada y que ha estado sin papeles. Hay gente muy bien preparada que por miedo se queda en un rincón. Muchas veces explico que si una niña de Senegal, Mali o cualquier parte del mundo, por su coeficiente intelectual, es la única que puede desarrollar un remedio contra el cáncer y no lo hace porque no puede estudiar, la humanidad entera sale perdiendo.

Si tuviera que definirse políticamente, ¿diría que sus ideas son más de derechas o de izquierdas?


– Hace unos años hubiese dicho que de izquierdas, pero me he dado cuenta de que la gente lo que quiere es soluciones a sus problemas. No importa tanto la ideología que tengamos. La mayoría de la gente anhela políticos comprometidos con las necesidades de la ciudadanía. Al final importa que los políticos puedan dialogar, hablar y solucionar los problemas reales. Lo que tenemos que hacer es trabajar para que haya una concordia, podernos desarrollar y ser felices.

¿Comparte ideas con el movimientos sociales como el feminista o el ecologista?

– Yo soy activista negro, solo faltaría que no apoyara el movimiento feminista. Entiendo perfectamente lo que están reclamando. En cuanto a la ecología, este planeta es el que tenemos y hay que cuidarlo entre todos. El ritmo de consumo que tenemos es insostenible. Tenemos que ir a la base, al consumo responsable. Defendemos quitar el impuesto a los aparatos que podamos reparar. Esa sería una de las medidas: no consumir lo que no necesitamos. Solo podemos salir de este lío en el que estamos metidos siendo responsables con nuestro consumo.

Seguramente usted no represente la idea de español que Santiago Abascal tiene en la cabeza. ¿Qué le gustaría decirle?


– Solamente le diría que tiene el deber de dialogar, y que necesitamos prosperar juntos, sin dejar excluido a nadie. Para eso hace falta que hablemos. Igual él nunca aceptará mis ideas ni yo las suyas, pero al menos podremos convivir bien y alegremente.

¿Cuál sería la primera medida que pondría en marcha si llegara al Congreso de los Diputados?

– Quizás, como soy inmigrante, lo que más se espera de mí son medidas de migración, de fronteras. A mí me gustaría que las fronteras fueran lugares de encuentro porque no pueden ser lugares de muerte y sufrimiento. Propondría que los inmigrantes en España pudieran regularizar su situación a partir de los seis meses para que puedan trabajar. Ahora necesitan tres años y es demasiado tiempo. Se genera un sufrimiento inútil y, aunque estas personas también pagan también impuestos, no pueden darse de alta como una persona más. 

Es una de las medidas que llevamos entre otras muchas. También apostaría por las vías seguras para que la gente no tenga que jugarse la vida en una ruleta rusa. Estas políticas de migración, no impiden, solo dificultan, y quebrantan el sueño de demasiada gente."                   (María F. sánchez, Cuarto Poder, 17/04/19)

25.10.17

España es, o podría ser, un antídoto a Donald Trump... por la alianza entre una pequeña burguesía española desclasada con las clases populares emigrantes pauperizadas, obreros de la construcción, trabajadores de la limpieza, para luchar contra los desahucios, los suicidios ligados a la banca...

"(...) ¿Cree que en España es diferente o es que simplemente en materia de actitud ante los emigrantes aún estamos en la Francia de los ochenta? 

Aun no se cómo están las cosas a ese respecto en España, pero me parece que toda esa fuerza de contestación de extrema derecha que tenemos en Francia, en España se canaliza a través del PP y adquiere formas diferentes.

 Lo que veo es que la historia de esa inmigración de mano de obra para la construcción de los años 2000, cambió también la relación hacia los extranjeros en España, tanto más cuando después de la crisis España se ha convertido en tierra de emigración. Creo que en los barrios latinos o marroquíes de la periferia de Madrid y de las ciudades de Cataluña todo eso cambio la visión española de los inmigrantes y hay un racismo menos pronunciado.

 Es más; vemos cómo esa gente ha sido la más afectada por la crisis de las hipotecas tóxicas. Cuando se hacen estadísticas en la PAH te das cuenta de que hay una sobrerrepresentación de afectados marroquíes y ecuatorianos. 

Eso es lo que sugiero en mi película: al elegir en el montaje a un ingeniero marroquí frente al palacio de justicia de Madrid, y al seguir a una afectada ecuatoriana que bromea sobre su nacionalidad mientras hace un gazpacho con las amigas ecuatorianas: lo que se desvela es el lugar (mas integrado) de esa gente en la sociedad española…

El momento en el que la gente decide no pagar las deudas, es un momento precursor de grandes transformaciones históricas”

…mientras que en la Nuit debout (el particular 15-M parisino) o en la France insoumise (el movimiento de la izquierda) se ve muy poca gente procedente de los barrios periféricos mayoritariamente de origen migrante.

Exacto, por eso creo que ahí hay una de las claves para entender el hecho de que España es, o podría ser, un antídoto a Donald Trump. Tanto Estados Unidos como España fueron afectados por la ola de créditos de riesgo por lo que se podría imaginar una reacción similar. 

Si no ocurrió fue por la alianza entre una pequeña burguesía española desclasada, que en Francia habría evolucionado hacia un poujadisme (la derecha corporativa de los tenderos en la Francia de los cincuenta), con las clases populares emigrantes pauperizadas, obreros de la construcción, trabajadores de la limpieza en hogares españoles y demás, que venían de un medio muy diferente pero que se soldaron para luchar contra los desahucios, los suicidios ligados a la banca, etc. 

Y eso ha sido un movimiento de masas que dura hasta nuestros días. Esa alianza no ha existido en Estados Unidos, lo que explica ese escenario digno de Black Mirror en el que el magnate inmobiliario aliado de los banqueros responsables de la crisis haya sido elegido y se encuentre en el poder cuando él es la causa de los problemas contra los que lucha la gente.

 Comparando lo que ha pasado en los dos países se entiende algo del mundo de hoy. Creo que el momento en el que la gente decide no pagar las deudas, es un momento precursor de grandes transformaciones históricas. En decir que es legítimo no pagar la deuda hay algo fundacional y creo que eso resuena en toda la España de hoy hacia la Unión Europea…

Por otro lado, en España, por razones comprensibles de que salíamos de una dictadura, y por los fondos de cohesión, hay más adoración hacia la UE. Europa era la perspectiva de una sociedad más democrática y libre. Por eso el debate europeo en España es tan pobre, la izquierda no sabe qué hacer con el euro y apenas se critica a la UE. 

 Podemos apenas aborda esta cuestión porque si en España se critica a la UE es difícil ganar votos. Mientras que en Francia en los últimos dos años se ha avanzado mucho en esas cuestiones, seguramente porque no hay ese complejo de país en desarrollo y porque la conciencia de que Francia se disuelve en la UE es mucho mayor.

Sí en Francia funciona muy bien…. incluso de forma demagógica tanto a izquierda como a derecha. A pesar de todo, en España hay un discurso contra la troika, contra Merkel, que funciona bastante bien pero que me parece que está rellenado por otros elementos. 

Recuerdo el caso de un albañil rumano de la PAH de Madrid que estaba obsesionado con Estrasburgo: calculaba el tiempo que necesitaba para hacer el viaje de ida y vuelta con su coche gastando enormes cantidades en gasolina porque quería obtener de la UE la anulación de las cláusulas abusivas de su contrato inmobiliario. 

Esos movimientos sociales utilizan elementos y comparaciones internacionales, el poder de la UE, para criticar al Estado. Europa juega ese doble papel; es punto de apoyo para criticar la dominación política y financiera en España y al mismo tiempo es el enemigo que hizo posible toda esa liberalización acelerada a partir de los años ochenta que es especialmente fuerte en el sector financiero.

 Creo que en el caso de ese albañil rumano hay elementos de internacionalismo y también muy fuertes de crítica a la manera en la que se creó esta Europa más contra los pueblos que a su favor. Es una madeja de lana muy difícil de deshacer y que es particularmente visible en España. (...)

En la France insoumise, con todas mis reservas hay muchas cosas que me interesan. Hace unas semanas fui a su universidad de verano a hacer una presentación sobre la industria farmacéutica y la sanidad. Me di cuenta que hay un movimiento alrededor de esa fuerza política, algo que en parte recuerda a Vista Alegre I (primer congreso de Podemos), más que a Vista Alegre II, y que nos dice que a ambos lados de los Pirineos hay una búsqueda parecida.

 El éxito de la France insoumise ha sido cambiar cierta imagen de los movimientos sociales replegados sobre sí mismos. Luego, desde mi punto de vista, tengo toda una serie de objeciones, sobre la soberanía, sobre el tema de la Unión Europea, sobre el patriotismo económico donde veo zonas resbaladizas que habría que evitar…

…precisamente, esas son las cosas que a mi me parecen más interesantes y con más futuro de Francia… 

(...)   en España hay algo mucho más innovador que es lo que explica también las victorias de la PAH: gente fuera de toda voz sindical tradicional, fuera de las empresas, en sus barrios que se implicaron y empezaron a hablar de sus casas, de sus conflictos íntimos y de sus deudas personales, de su situación de culpabilidad que querían transformar. 

Allí hay toda una máquina sentimental, fuera de los senderos trillados, en la que Francia debería inspirarse para que su actual movimiento no sea un nuevo fracaso defensivo ante un nuevo ataque al derecho laboral."                  

(Entrevista al sociólogo y documentalista francés, Quentin Ravelli, , La Vanguardia, 19/10/17)

1.6.17

La aceptación de las diferencias culturales sobrepasa el 75% en las barriadas populares con altos porcentajes de población inmigrante... y entre un 15% y un 25% forma la minoría social con actitudes de exclusión

"¿Un señor de origen africano que vive en el barrio es un extranjero o un vecino? ¿Y una señora de raíces asiáticas? Depende de quién responda. A dos de cada tres residentes en barrios españoles de elevada multiculturalidad les parece “bien” o “muy bien” que una parte de la población de su barrio proceda de otros países, algo más del 40% lo considera “una ventaja” o “una gran ventaja” y la aceptación de las diferencias culturales sobrepasa el 75%.

“Hay una mayoría social que podemos estimar entre el 60% y el 70% con actitudes de inclusión”, señala la última Encuesta de Convivencia Social e Intercultural en Barrios de Alta Diversidad, elaborada por La Caixa con datos de 2015, que, no obstante, recomienda precaución para “no interpretar esa estimación cuantitativa como el reflejo de un polo sólido de inclusión pues, a la hora de un conflicto de intereses, parte de esa actitud puede girar hacia posiciones más ambivalentes o incluso hostiles”.

El estudio, que sitúa “entre un 15% y un 25% como mínimo” la “minoría social” con “actitudes de exclusión”, señala que la mitad de la población de esos barrios considera que en ellos hay “coexistencia”, mientras que la percepción de “convivencia” sube al 36% y la de hostilidad baja hasta el 14%.

Ese rechazo al inmigrante crece con la edad: el 11,6% de los mayores de 55 años, casi uno de cada ocho, ve “mal” o “muy mal” que en su barrio viva gente procedente de otros países, tasa que baja al 10,4% entre los vecinos que tienen hasta veinte años menos y que desciende al 7,9% entre los jóvenes de 18 a 34.

El rechazo al extranjero también varía según la ocupación: supera el 12% entre los pensionistas y las amas de casa, baja al 8,8% entre quienes tienen empleo y se desploma el 3,2% entre quienes lo buscan, lo que parece apuntar que el aislamiento de la diversidad en las actividades cotidianas puede acabar influyendo en la aceptación de la diversidad.

Varios indicios apuntan a que ese pueda ser uno de los motivos de los elevados niveles de rechazo al otro detectados entre la población menor de edad de alguno de los barrios estudiados, lo que conecta con la segregación derivada del deterioro del sistema educativo público: colegios infradotados de personal y de infraestructuras para integrar a los escolares de origen extranjero acaban perdiendo población autóctona, que migra a colegios de otras zonas de la ciudad u opta por la concertada y la privada, cuyos precios resultan prohibitivos para buena parte de los vecinos de origen extranjero.
“Potenciar al que está a gusto”

Delicias, un distrito zaragozano de 109.901 habitantes con vecinos de 110 nacionalidades distintas de la española que suponen un 22,8% de su población, es uno de los barrios incluidos en el estudio, (...)

 “Un 77% de los vecinos de Las Delicias quiere seguir viviendo en su barrio, pero solo un 14% se siente seguro”, informaba hace unos días el decano de la prensa local, Heraldo de Aragón, al adelantar los primeros datos de la encuesta, tan demoscópicamente ciertos como racionalmente incongruentes. ¿Confortablemente inseguros? ¿Inseguramente arraigados? 

“Hay que potenciar el 75% de la población que está a gusto. En Delicias no hay rechazo, no hay problemas de convivencia”, sostiene Concha Remón, de la fundación para la promoción e integración social, educativa, cultural y laboral Adunare, que reclama como algo fundamental “una inversión importante en infraestructuras y personal para los colegios del barrio, en los que hay que bajar los ratios. 

Queremos una pública como el resto de la pública”. “Todos los niños del barrio no están en los colegios públicos del barrio”, en los que sobraron plazas en el curso 2015-2016.

Para entonces, como venía ocurriendo desde 2011, la población de origen extranjero era mayoritaria en tres de las ocho escuelas del distrito: el obsoleto Andrés Manjón, sobrado de niños con necesidades educativas especiales y falto de especialistas educativos para atenderlos; el Emilio Moreno, que, por carecer de infraestructuras, ni siquiera tiene comedor, y el Antonio Beltrán.

 La crisis ha reequilibrado los niveles, aunque la escuela sigue lejos del 76%-24% que se da en la calle. Una parte amplia de las familias autóctonas sigue tendiendo a llevar a sus hijos a centros públicos ubicados fuera del barrio o a concertados. “La desventaja con esas carencias no es solo para el niño que tiene necesidades especiales, sino para todos”, señala Remón.  (...)

“Los antiguos barrios obreros son ahora multiculturales”, (...) “Ya sabemos dónde está la pobreza. Ahora debemos integrar todo lo referente a la convivencia. Hemos pasado de barrio obrero a barrio pobre, por lo que, o hablamos en términos de civismo y nos dejamos de diferencias interculturales, o vamos en la misma dirección que Francia”, sostiene Gimeno, crítico con algunas intervenciones tradicionales (“los planes integrales no dan resultado porque en el fondo no lo son, ya que cada Administración despliega solo sus competencias”) y que plantea nuevos retos.

 “La planificación urbana sigue pensando en barrios obreros, pero ¿qué vamos a hacer ahora que el paradigma ha cambiado y cada vez hay menos trabajo?”.  (...)

La generación de la posguerra convive ahora con los migrantes extranjeros y con la parte de mayor edad de la clase obrera autóctona, después de que los hijos de los primeros tengan a los suyos en los barrios a los que se mudaron durante la burbuja inmobiliaria. “Una población migrante autóctona de origen rural convive ahora con una población migrante internacional”, señala Gimeno.  (...)

“¿Qué está pasando en los barrios?”, se pregunta Gimeno, mientras recuerda cómo la deficiente gestión de la resaca de las movilizaciones de los suburbios franceses en 2005, basada en el urbanismo gentrificador de antiguas zonas de vivienda social, es uno de los factores que están influyendo en la deriva extremista del país vecino.  (...)"               (Eduardo Bayona  , CTXT, 19/05/17)

5.1.17

La blanquitud son esos tres factores: europeo, blanco y cristiano, como cultura, no importa si se es creyente o no. Cuando uno no es eso, no es francés

 
 Houria Bouteldja / Portavoz del Partido de los Indígenas de la República

"A los cincos años, una compañera de escuela le soltó un “tú eres africana” y a Houria Bouteldja, nacida en Constantina, Argelia, en 1973, pero llegada a Francia muy pequeña, aquello le dolió. Le hizo sentirse ofendida. 

“En mi cabeza, a los cinco años, ya sabía que africano era negativo”, recuerda durante esta mañana de domingo gris y lluviosa, cuando se le pregunta por la forma en que se interioriza el colonialismo. “Si a los cinco años ya sabemos exactamente en qué posición estamos, se acabó”, explica. 

Bouteldja comenzó a militar políticamente en 2003, en “un contexto particular”: después del 11 de Septiembre, Francia aprobó la ley sobre los signos religiosos en la escuela, una norma que considera “racista e islamófoba”.(...)

Cinco años después, llegó la creación del Partido de los Indígenas de la República, una formación que todavía no ha entrado en el juego de las elecciones. Por ahora, son demasiado pequeños: “Nos llamamos partido para que la gente comprenda que hacemos política. 

Cuando dices movimiento, la gente piensa que eres una asociación”, aclara en uno de esos pocos bares de parroquianos que aún quedan en Lavapiés. (...)

 Por ejemplo, los turcos son blancos de piel, pero son musulmanes; los antillanos son franceses de nacimiento, pero son negros. Yo soy blanca, pero no europea de origen, y por lo tanto no soy blanca. Para ser blanco hay que tener estas tres cualidades.

En su trabajo habla de la necesidad de deconstruir la blanquitud; ¿qué significa esto?

No digo deconstruir, hablo de llevar a cabo una lucha política para liberar a los blancos y a los indígenas de su estatuto racial. Para nosotros, ambos están racializados. Los blancos, positivamente. Los indígenas, negativamente. Y por tanto, es una lucha política contra el racismo estructural que lleva a la liberación. (...)

En 2012 fue juzgada --por primera vez en la historia de Francia--, y absuelta, por racismo contra los blancos a raíz de unas declaraciones televisivas de 2007 en las que llamaba a estos los souchiens, una expresión nacida, según ella, de un juego de palabras con la expresión français de souche.

 “Mi objetivo era burlarme de la noción de franceses de pura cepa, opuesta a aquellos que no lo son”, explicó en el juicio de apelación a la primera absolución.  (...)

La revista Marianne prendió la mecha de la polémica al defender que no se trataba de un neologismo, sino que detrás de la expresión se ocultaba un insulto, “sous-chiens” (menos que los perros), camuflado bajo la homofonía. 

Un año más tarde, el entonces ministro de Inmigración e Identidad Nacional de Sarkozy, Brice Hortefeux, reavivó el fuego con unas declaraciones en las que advertía de que no dejaría que se pronunciarán unas palabras así sin reaccionar

Poco después vino la acusación ante la justicia presentada por  la Alianza general contra el racismo y por el respeto de la identidad francesa y cristiana.

Ese mismo año sufrió una agresión en París. Un hombre le vertió encima un cubo de pintura. La Liga de Defensa Judía, un movimiento neosionista considerado como grupo terrorista por el FBI, se atribuyó la autoría y colgó el vídeo del ataque en Internet.

Se le ha acusado de homofobia y de presentar la homosexualidad como una práctica impuesta por los poderosos en los suburbios y el tercer mundo. ¿Ha sido mal interpretada?

Evidentemente, es deshonesto. Yo jamás he dicho que la homosexualidad sea una práctica importada. He dicho que las identidades LGBT son identidades exportadas. Hay países en los que no se nombra la homosexualidad. Se practica, pero no se nombra, porque no es reconocida socialmente. 

La identidad sexual LGTB es inexistente en el resto del mundo. Nació en Europa, por razones ligadas a su historia, a la modernidad, y comenzó a ser exportada. A mucha gente no le gustan este tipo de importaciones, de normas que no son las suyas. Por tanto, hay resistencias que crean homofobia. (...)

Estamos en un periodo de regresión política general en el mundo. Y por tanto, en los pueblos del sur que tienen experiencias extremadamente negativas de todo lo que vino del norte cada vez más hay rechazo a lo que viene de ahí. Se debe también a que la relación con el norte se ha transformado, ya no creemos en él.

 De alguna manera hubo una creencia en el comunismo que ya no existe. Hoy tenemos a los islamistas o, todavía, una suerte de nacionalismo; las izquierdas árabes son extremadamente débiles. Incluso el nacionalismo árabe ha retrocedido mucho con respecto al islamismo. Y el feminismo es, sobre todo, una élite. El movimiento LGTB en el Magreb es casi inexistente.

¿Hay un cierto enfoque paternalista en el feminismo con respecto a las mujeres que no son blancas?

Sí. El feminismo blanco es muy maternalista. Quiere liberar a las mujeres indígenas, cuando estas no lo están pidiendo. Pero esto no es solo verdad para el feminismo o la cuestión sexual. Es verdad para la izquierda de manera general. La izquierda, en general, es paternalista con respecto a los suburbios en Francia. (...)"                    (Entrevista a Houria Bouteldja / Portavoz del Partido de los Indígenas de la República, Amanda Andrades, CTXT, 21/12/16)

13.1.15

Si Europa tuviera un crecimiento económico del 5% no habría terrorismo. Los jóvenes tendrían un empleo y estarían integrados

 
 Loretta Napoleoni

"Pregunta. ¿Hay que cambiar en el modelo de integración social en los países occidentales para intentar que no se repitan atentados como los de esta semana en Francia?

Respuesta. Hay poco que podamos cambiar. No hay una fórmula para integrar a los musulmanes en Occidente. La mejor receta, en cualquier caso, es el éxito económico, algo que ahora no se da con esta crisis tan profunda en la que son las minorías las que más sufren. 

La crisis mundial se da en medio del mayor movimiento de migración de la historia por motivos económicos, lo que aumenta la competitividad por los puestos de trabajo. En esta situación quienes más sufren son los débiles, comenzando por las mujeres.

 No es casualidad que estos ataques se produzcan en medio de la crisis. Si Europa tuviera un crecimiento económico del 5 por ciento estas cosas no pasaban, pues estos jóvenes tendrían un empleo y estarían integrados.

 Ahora no ocurre eso: la recesión económica es la madre de todas las crisis sociales de nuestro tiempo. Es una realidad que casi nadie quiere tomar en consideración, porque sería admitir que la crisis económica provoca casi todos nuestros males como sociedad. (...)

P. ¿Cómo puede derivar la islamofobia creciente de Europa?

R. Es la misma situación que se dio con los judíos. Hay una crisis y se ataca a los más débiles. En esta ocasión existe además el casus belli de la situación de Oriente Medio. Desde 2003 han aumentado exponencialmente los refugiados del Magreb y de Oriente Medio que llegan a Europa, principalmente a los países septentrionales. 

A una Europa en crisis profunda que no necesita más mano de obra llega un contingente muy grande de personas, que se suman a los propios parados europeos y a los inmigrantes provenientes del Este de Europa. 

El EI añade más presión a esta situación, en la que resulta alucinante que algunos políticos ataquen al Papa por intentar dialogar con el islam. Europa está resbalando hacia la misma situación previa al nazismo, vuelve al discurso y al debate de los años 30. (...)

P. ¿Cómo valora la situación actual por la que está pasando Europa?

R. No es un buen momento. Habrá seguramente una reacción antiislámica tras los atentados. Resultan preocupantes las manifestaciones que se han producido en Alemania contra los musulmanes. El resultado es negativo, aunque lo que hay que hacer es justo lo contrario: reaccionar para reforzar el multiculturalismo, no condenarlo

 Vamos hacia una época oscura, en la que habrá más ataques en Europa y en el resto del mundo occidental, como puede ocurrir con Australia y Nueva Zelanda. La actitud de Occidente es equivocada: no tendría que haber intervenido contra el EI. Se trata de un problema de Oriente Medio, producido por el apoyo financiero de Arabia Saudí, Qatar y Kuwait. 

Deben ser ellos los que lo resuelvan. Occidente no puede pensar en seguir siendo el policía del mundo. Debemos discutir sobre el papel de Occidente y tener en cuenta que Naciones Unidas no dio permiso para intervenir contra el EI. Intervenimos, además, armando a otros grupos que pueden ser igualmente terroristas.

P. ¿Los más de 200.000 muertos sirios no le parecen un motivo?

R. ¿Y por qué no lo hicimos durante el genocidio de Ruanda, por ejemplo? Si decidimos actuar ejerciendo un papel humanitario debemos hacerlo en todo el mundo, lo que ocurre es que hay lugares que interesan más y otros menos. Ruanda importa poco.

 Sin embargo, a Arabia Saudí sí que le preocupa el Estado Islámico, ahora que lo ve como una amenaza. Pero no sabemos casi nada de lo que está pasando allí. En los años 70 teníamos un conocimiento mucho mejor de lo que ocurría en Vietnam durante la guerra que de lo que pasa ahora en Siria y en Irak. 

¿Qué pruebas reales tenemos, por ejemplo, de que el EI esclaviza a las mujeres? Todo se basa en cosas que salen por internet y en lo que dicen los kurdos. Hacen falta periodistas sobre el terreno. (...)"         (Entrevista a Loretta Napoleoni, El Confidencial, 13/01/2015)

29.12.13

El 57% de los inmigrantes que viven en España quiere quedarse, pese a la crisis

"El sueño europeo. Fue lo que mis vecinos me decían cuando me vieron marcharme con mis cuatro hijos a cuestas y una mano delante y otra detrás". Bárbara llegó a España en febrero de 2007, cuando a su alrededor la crisis se fraguaba en silencio.

 Dejó su país natal, Argentina, huyendo de una vida que colocaba a su familia en un callejón sin salida. "Allí tenía que pelear por llevar un plato de comida a casa; aquí, aunque parezca superficial, puedo comprar a mis hijos unos zapatos o llevarles un día a cenar fuera". 

Salió de su barrio con lo puesto después de vender su casa. Casi siete años después, ha conseguido un permiso de residencia gracias a un contrato de empleada del hogar y no está entre sus planes volver a su tierra.

Como Bárbara, el 57% de los inmigrantes en España tienen intención de quedarse definitivamente. A pesar de que sus expectativas de vida no se han cumplido del todo, un 42,4% está bastante satisfecho con su situación actual. Lo dicen las conclusiones del informe Claves de la integración de los inmigrantes en España 2013, elaborado por la Fundación SM, que señala, entre otras cuestiones, los obstáculos más pesados que enfrenta esta población.

 El paro es el primero (60%), seguido por el idioma autonómico (45%) o el propio castellano (43%). Todos los datos son relativos al año 2011, cuando se realizaron las encuestas sobre las que se fundamentan. 

Otra dificultad para muchas personas inmigrantes es la integración. Aunque un 66% reconoce que se sienten bien tratados, más de la mitad considera que sus condiciones de trabajo son algo peores que las de la población española. 

"En varias ocasiones me he sentido discriminada por no tener papeles. Indirectamente pago el IVA, pago la luz, el agua, el alquiler... ", comenta Bárbara, cuyo salario no llega a los 750 euros mensuales. Aterrizó en España en busca de un trabajo digno, al igual que el 38% de los inmigrantes, según datos del informe.

 Desde hace años trabaja como empleada del hogar en varias casas. En algunas han accedido a darle de alta en la seguridad social, lo que le ha permitido regularizar su situación; en otras, se niegan. "Eso sí -puntualiza- el día que no trabajo, no cobro". 

Solo uno de sus hijos aún no ha podido obtener los papeles. Aunque ha ocupado varios puestos de trabajo, nunca han querido contratarle legalmente. "Estuvo durante unas semanas en un restaurante. 

Echaba muchísimas horas al día por menos de 800 euros. Desde el primer momento le dijeron que cobraría en negro y, dos semanas después, le pusieron en la calle porque encontraron a una chica que hacía lo mismo por 600".

Pese a todo, Bárbara dice que nunca se sintió desamparada. "Cuando llegamos a España, los servicios sociales nos orientaron y nos guiaron. En este sentido, este país me ha acogido mejor que el mío propio", reconoce esta mujer, cuyos nietos ya son nacidos en España. 

Al igual que ella, según el informe, el 93,3% de los inmigrantes valoran positivamente los servicios sociales públicos. O al menos así lo hacían en 2011, antes de la entrada en vigor del Real Decreto que excluye a los ciudadanos sin papeles de la atención sanitaria y que afecta a más de 800.000 extranjeros residentes en España."                   (eldiario.es, 26/12/2013) 

12.2.10

"Se les ayudaba a irse y luego se denunciaban como fugas"

"Roberto H. trabajó durante un año como "responsable de transportes" en el centro de menores de Deba, en Guipúzcoa, que cerró a finales de diciembre. Él asegura que llevó a "15 o 20 chavales, a algunos hasta dos veces" hasta la estación de autobuses o de trenes para que, con dinero del centro, que a veces le daba el director en mano, se compraran un billete y se fueran a otras provincias, "sobre todo a Barcelona, A Coruña y Madrid". "Decían que tuviera cuidado de que no me vieran con los chavales. Una vez se iban, se ponía una denuncia para simular que se habían escapado", contó ayer a este periódico.

El diputado del PNV, Emilio Olabarría, denunció ayer el caso inverso en el Congreso. Dijo que es una práctica común que lleguen chavales en autobús desde otras provincias. Habla de una "patología" que ha sido "comprobada fehacientemente", y que consiste en que "a menores residentes en determinadas autonomías se les está pagando el billete y se les está proporcionando dinero para que se trasladen a ciudades como Vitoria o San Sebastián, donde hay servicios sociales potentes, y que permiten la acogida, aunque ya están siendo materialmente desbordados". (...)

Peio Aierbe, coordinador de SOS Racismo en Guipúzcoa, asegura que tanto los chavales como los educadores les han contado cómo en algunos centros de Guipúzcoa se ha llevado a cabo la práctica que describe Roberto H. Y explica que existe un doble discurso político: "Se atiende razonablemente bien a la gran mayoría de los chicos. Pero hay un porcentaje, de los que están en situación de mayor marginalidad, a los que se les dice 'aquí no tenéis futuro". ¿Cómo? "Poniendo trabas burocráticas, llevándoles a centros como el de Deba donde no se les educaba y no tenían nada que hacer y pagándoles un billete de autobús para que se marchen". (El País, ed. Galicia, sociedad, 11/02/2010, p. 36)

1.6.09

Integración de las costrumbres de los inmigrantes

"Un juez saudí rechazó recientemente y en dos ocasiones anular la boda de una niña de ocho años con un hombre de 50... Mientras el juez saudí se lo pensaba, un tribunal español condenaba a 17 años de cárcel a la madre de una adolescente mauritana residente en Cádiz por obligarla a casarse y mantener relaciones con un hombre de 40, sobre el que recayó una pena de 13 años.

Lo que la ley saudí ni se plantea (condenar al progenitor), no se discute entre los juristas españoles. Sin embargo, sí que hubo debate en el Tribunal Supremo al deliberar hace unas semanas sobre el caso de un ecuatoriano de 23 años que mantuvo relaciones consentidas durante un año con una niña de 11. El Supremo confirmó una condena de dos años de cárcel, pero con el voto particular de dos jueces que pidieron la absolución porque el procesado se había criado en la selva y, aunque llevaba siete años en España, no sabía que lo que estaba haciendo era delito.

Éstos y otros casos que han saltado a los medios en los últimos meses dejan una pregunta: ¿dónde hay que situar la frontera de la tolerancia del Estado ante determinadas tradiciones culturales o religiosas? (...)

Casos como el de la familia mauritana de Cádiz o el de niñas inmigrantes que son llevadas a su país para someterlas a una ablación de clítoris sobrepasan por mucho esa barrera del multiculturalismo, según Santolaya. Los compatriotas de la menor mauritana consideran, sin embargo, que ni la sociedad ni los jueces españoles deben inmiscuirse en sus costumbres. "No se están respetando nuestras tradiciones. En nuestro país es muy normal casarse con ocho o nueve años", lamenta Brahim Sall Oulddick, un mauritano que lleva una década en España y es amigo de los padres condenados. En su opinión, hay un malentendido: "Aquí se le llama violación y nosotros le llamamos casamiento".

Para Estrella Rodríguez, directora general de Integración de los Inmigrantes esa presunta colisión entre las costumbres de unos y otros es "un falso debate". "Una cosa es hablar de interculturalidad, de buscar espacios de encuentro, que siempre son positivos, y otra es hablar de costumbres que en nuestro país son delito. Ahí hay que ser firmes". Lo mismo opina Kaman Rahmouni, presidente de la asociación de trabajadores marroquíes Atime: "Las fronteras están claras: los principios constitucionales de España y las leyes en vigor. Dentro de esto puede caber cualquier costumbre. Fuera no cabe nada". (...)

El único pronunciamiento del Tribunal Constitucional, por lo que se considera la doctrina vigente, fue contrario a los intereses del trabajador, en este caso, una mujer que se había convertido a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, entre cuyas creencias está el cese de toda actividad desde la puesta del Sol del viernes a la del sábado. La mujer pidió en su empresa un cambio de régimen de su descanso semanal y al no conseguirlo, dejó de ir a trabajar y fue despedida. La afectada solicitó en los tribunales que el despido fuera declarado nulo por entender que estuvo basado en motivos religiosos, pero el Constitucional no le dio la razón.

Los expertos consultados coinciden en que en España aún queda mucho camino por recorrer. Santolaya pone como ejemplo el caso de Estados Unidos, con mucha más tradición de diversidad religiosa. Allí se ha generado ya una amplia jurisprudencia que se conoce como Sabbation cases (en referencia al Sabbath judío) y que reconoce un derecho de los trabajadores y una obligación para los empresarios la búsqueda de un acomodo entre los intereses de ambos." (El País, ed. Galicia, 29/05/2009, p. 32/3)

9.7.08

Más allá de la tolerancia, el respeto... y una ley común

“La mitad de los habitantes de Toronto no ha nacido allí. ¿Cómo se puede gobernar una ciudad así? David Miller lo hace encantado: "La diversidad es uno de nuestros mayores activos. Somos inmigrantes o descendientes de inmigrantes: casi todos somos de fuera, así que nadie es de fuera. Comprendemos las diferencias, estamos mejor preparados para aceptarlas". (…)

"El mundo será como Toronto", asegura Miller; "avanzará hacia la diversidad". Ojo, añade: "Creemos en que cada uno tenga su religión, su lengua, pero todos somos canadienses, y eso significa que hay una sola ley, un derecho común". (DAVID MILLER: "El mundo será como Toronto, irá hacia la diversidad". El País, ed. Galicia, Última, 04/07/2008)

21.2.08

¡Somos number one! En sociales

“En el fondo, y posiciones partidistas aparte, desde fuera, está claro para muchos que estos cuatro últimos años han sido los de la entrada de España en el club de los países más avanzados de Europa, e incluso que, en lo que atañe a las cuestiones denominadas "de sociedad", se ha colocado simple y llanamente a su cabeza. (…)

La inseguridad, el racismo proyectado sobre el inmigrante, todo en este terreno, no podían sino inquietar al observador. Ahora bien, al regularizar rápida y masivamente a los inmigrantes, el nuevo Gobierno levantó un verdadero dique jurídico contra la tendencia a la intolerancia y la exclusión social. Por otra parte, y no es poca cosa, contribuyó a ingresar en las arcas del Estado unos enormes dividendos, apuntaló la Seguridad Social universal y permitió que una gran parte de los jubilados españoles se beneficie de la participación activa de los inmigrantes en los fondos de pensiones -sin contar, por supuesto, la legalización de sectores enteros de la economía del país-. En este plano, el balance es muy positivo. (…)

Dicho de otro modo, España debe situar las cuestiones del desarrollo global de África y del codesarrollo vinculado a los flujos migratorios en el centro de su estrategia europea. (...)

La regularización de los flujos migratorios sólo puede llevarse a cabo mediante acuerdos y políticas bilaterales con los países de origen, aprovechando el efecto masa de la riqueza europea para establecer una dinámica de solidaridad económicamente beneficiosa para todos. (…)

A continuación, la integración de los inmigrantes presentes en el país representa otro gran desafío. No es tarea fácil, y menos cuando algunos parecen decididos a servirse de la inmigración para enfrentar a unos ciudadanos con otros. (…)

El derecho al voto en las elecciones locales sería un poderoso vector de integración. Favorecería la participación ciudadana, responsabilizaría a aquellos que disfrutasen de él, permitiría defenderse a los grupos que son blanco del racismo y, por último, mejoraría la convivencia permitiendo a los extranjeros el ingreso en el sistema de usos y costumbres del país de acogida.” (SAMI NAÏR: Inmigración: evitar el racismo y la demagogia. El País, ed. Galicia, Opinión, 20/02/2008, p. 41)

13.2.08

Si lo dice Rajoy, vamos a hacer leyes de las costumbres españolas

“Rajoy se ha significado en la subasta electoral con la propuesta de la obligatoriedad de que los inmigrantes suscriban un contrato que les comprometa, entre otras cosas, a no delinquir y a "respetar las costumbres de los españoles". De entrada, el compromiso contractual de no delinquir es tan inocuo en términos preventivos como lo sería para la seguridad vial el hecho de que a los conductores se nos obligara a jurar el código de la circulación. Aun así, y siguiendo con el símil del tráfico, el jefe de campaña del PP ha concretado más la idea con la iniciativa de crear una especie de visado por puntos. (…)

Al PP le ha engañado el subconsciente: ellos no tienen nada contra los inmigrantes pero que firmen un contrato, obtengan un visado por puntos y no colapsen las listas de espera de los mamógrafos.

La xenofobia es evidente, por mucho que las estadísticas revelen una aceptación mayoritaria de la propuesta y, permítaseme, abordarla desde el punto de vista de lo de las costumbres. Para que tenga valor jurídico un contrato que obligue a respetar las costumbres, lo absurdo, casi cómico, es que deberían existir leyes que estableciesen el catálogo de esas costumbres. Así nos podríamos encontrar con una ley que para neutralizar la poligamia islámica estableciese que los varones de España somos monógamos con una declarada tendencia a la infidelidad y una cierta tolerancia social con el consumo de sexo de pago en barras americanas. (…)

Los españoles van al fútbol y es costumbre insultar al árbitro y agredir a los seguidores del equipo contrario. Los españoles tenemos por buena costumbre ceder el paso al acompañante ante una puerta, pero apenas tiene arraigo por aquí el hábito de lavarse las manos después de orinar.

Ya puestos a hacer leyes de las costumbres, sin duda podría llegar a tener sentido en este precario y contradictorio Estado de las autonomías legislar las costumbres de los gallegos, ley que, sin duda, podría incluír lo de que aquí nadie es feo, sinó "riquiño" y bastaría con darle fuerza de ley al anuncio televisivo de "Vivamos como galegos", añadiéndole simplemente algunos aspectos como que respondemos las preguntas con otra pregunta y, no siendo taurinos, mantenemos la tradición de los "curros" equinos, avalados imperialmente por los rodeos americanos.” (ANTÓN REIXA: La ley de las costumbres. El país, ed. Galicia, Galicia, 12/02/2008, p. 6)