Mostrando entradas con la etiqueta s. Trabajo esclavo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta s. Trabajo esclavo. Mostrar todas las entradas

8.7.26

La versión tradicional de la independencia estadounidense presenta la guerra contra Gran Bretaña como una revolución democrática frente al despotismo. Sin negar la importancia de las ideas ilustradas, esa interpretación resulta incompleta si se ignoran otros intereses más espurios que impulsaron buena parte de la rebelión... la Corona británica promulgó la Proclamación Real de 1763, mediante la cual prohibía el establecimiento de nuevos colonos al oeste de los Montes Apalaches. El objetivo era evitar nuevas guerras con las naciones indígenas y estabilizar las fronteras del Imperio. Aquella decisión fue percibida por numerosos colonos como un obstáculo intolerable para sus expectativas económicas... George Washington había adquirido enormes extensiones de tierra y participaba activamente en operaciones especulativas relacionadas con el valle del Ohio. Su familia y buena parte de la aristocracia virginiana esperaban obtener beneficios extraordinarios mediante la ocupación de nuevos territorios indígenas. Thomas Jefferson, propietario de una gran plantación y de centenares de personas esclavizadas a lo largo de su vida, concebía el crecimiento de la nueva república como una expansión continua de la frontera agrícola. Benjamín Franklin también participó en iniciativas empresariales vinculadas a la colonización del interior del continente. Los llamados Padres Fundadores no fueron únicamente filósofos ilustrados. También fueron propietarios, terratenientes e inversores. La independencia eliminó el principal obstáculo jurídico que frenaba la apropiación privada de millones de hectáreas pertenecientes a las naciones indígenas... La nueva República nació vinculada al negocio de la tierra... Paralelamente, la joven República desarrolló otro de los grandes pilares de su crecimiento económico: la esclavitud africana. La paradoja resulta evidente. La nación que proclamaba que «todos los hombres son creados iguales» era al mismo tiempo una de las mayores sociedades esclavistas del mundo atlántico. La riqueza de muchos de sus dirigentes descansaba sobre el trabajo forzado de millones de personas privadas de cualquier derecho. La libertad proclamada en Filadelfia nunca fue verdaderamente universal. Era, ante todo, la libertad de una comunidad política restringida: hombres blancos propietarios. Los indígenas quedaban excluidos porque ocupaban las tierras que debían ser colonizadas. Los africanos esclavizados quedaban excluidos porque constituían la mano de obra indispensable para sostener el sistema económico (Eduardo Luque)

"Del colonialismo de asentamiento en Norteamérica a la tragedia Palestina

El aniversario de la independencia de Estados Unidos sigue celebrándose como el nacimiento de la libertad, la democracia y los derechos individuales. Desde hace dos siglos y medio, el 4 de julio se ha convertido en el gran mito fundacional de la primera potencia mundial. Sin embargo, toda celebración nacional implica también una selección de la memoria. Se recuerdan unos hechos y se silencian otros.

En 1852, el gran abolicionista afroamericano Frederick Douglass formuló una de las preguntas más devastadoras de la historia política estadounidense: «¿Qué significa el 4 de julio para el esclavo?». Su respuesta desmontaba la retórica oficial. Mientras la población blanca celebraba la libertad, millones de hombres, mujeres y niños seguían viviendo bajo la esclavitud. La independencia proclamaba derechos universales, pero esos derechos no alcanzaban a todos.

Hoy esa pregunta nos sigue interrogando.

¿Qué significó la Declaración de Independencia para los pueblos indígenas que habitaban Norteamérica desde hacía milenios? ¿Qué significó para las naciones que fueron expulsadas de sus tierras para permitir la expansión de los colonos? Y, observando el presente, ¿qué puede significar ese mismo discurso sobre la libertad para los palestinos sometidos desde hace décadas a un proceso continuado de ocupación y colonización?

Las tres preguntas apuntan hacia una misma contradicción: la distancia existente entre el lenguaje universal de la libertad y la realidad histórica de un proyecto político construido sobre la expansión territorial, la apropiación de tierras y la exclusión de quienes quedaban fuera de la comunidad política dominante.

La versión tradicional de la independencia estadounidense presenta la guerra contra Gran Bretaña como una revolución democrática frente al despotismo. Sin negar la importancia de las ideas ilustradas, esa interpretación resulta incompleta si se ignoran otros intereses más espurios que impulsaron buena parte de la rebelión.

Tras la Guerra de los Siete Años, la Corona británica promulgó la Proclamación Real de 1763, mediante la cual prohibía el establecimiento de nuevos colonos al oeste de los Montes Apalaches. El objetivo era evitar nuevas guerras con las naciones indígenas y estabilizar las fronteras del Imperio. Aquella decisión fue percibida por numerosos colonos como un obstáculo intolerable para sus expectativas económicas.

No es casual que una de las acusaciones contenidas en la propia Declaración de Independencia denunciara que el rey Jorge III había impedido la inmigración de nuevos colonos y había dificultado «las nuevas apropiaciones de tierras». La cuestión territorial ocupaba un lugar central en el conflicto.

La historia oficial suele presentar a Benjamín Franklin, Thomas Jefferson o George Washington de una forma sesgada, se les presenta exclusivamente como los grandes arquitectos de la democracia estadounidense. Sin embargo, eran también miembros de la élite económica colonial y mantenían importantes intereses en la expansión hacia el oeste. George Washington había adquirido enormes extensiones de tierra y participaba activamente en operaciones especulativas relacionadas con el valle del Ohio. Su familia y buena parte de la aristocracia virginiana esperaban obtener beneficios extraordinarios mediante la ocupación de nuevos territorios indígenas. Thomas Jefferson, propietario de una gran plantación y de centenares de personas esclavizadas a lo largo de su vida, concebía el crecimiento de la nueva república como una expansión continua de la frontera agrícola. Benjamín Franklin también participó en iniciativas empresariales vinculadas a la colonización del interior del continente. Los llamados Padres Fundadores no fueron únicamente filósofos ilustrados. También fueron propietarios, terratenientes e inversores. La independencia eliminó el principal obstáculo jurídico que frenaba la apropiación privada de millones de hectáreas pertenecientes a las naciones indígenas.

La nueva República nació vinculada al negocio de la tierra.

Ese proceso no puede comprenderse únicamente como una conquista militar. Responde a una lógica que numerosos historiadores han definido como colonialismo de asentamiento: un modelo en el que el objetivo no consiste simplemente en dominar a la población originaria, sino en sustituirla progresivamente mediante el establecimiento permanente de nuevos colonos.

Los pueblos indígenas constituían un obstáculo para la ocupación del territorio. Por ello fueron desplazados, confinados en reservas o exterminados a lo largo de un proceso que se prolongó durante generaciones.

Paralelamente, la joven República desarrolló otro de los grandes pilares de su crecimiento económico: la esclavitud africana. La paradoja resulta evidente. La nación que proclamaba que «todos los hombres son creados iguales» era al mismo tiempo una de las mayores sociedades esclavistas del mundo atlántico. La riqueza de muchos de sus dirigentes descansaba sobre el trabajo forzado de millones de personas privadas de cualquier derecho. La libertad proclamada en Filadelfia nunca fue verdaderamente universal. Era, ante todo, la libertad de una comunidad política restringida: hombres blancos propietarios. Los indígenas quedaban excluidos porque ocupaban las tierras que debían ser colonizadas. Los africanos esclavizados quedaban excluidos porque constituían la mano de obra indispensable para sostener el sistema económico.

El líder antiesclavista Frederick Douglass denunció con extraordinaria claridad esa contradicción. Su célebre discurso de 1852 no atacaba la idea de libertad, sino la hipocresía de celebrar la libertad mientras millones de personas permanecían sometidas. Su pregunta sigue siendo una de las críticas más profundas formuladas desde el interior de la propia tradición democrática estadounidense.

La construcción de la nación exigió también un lenguaje capaz de justificar la violencia. La Declaración de Independencia calificaba a los pueblos indígenas como «despiadados salvajes». No era una simple expresión retórica. La deshumanización constituye uno de los mecanismos clásicos de todo proceso colonial. Cuando el otro deja de ser considerado plenamente humano, su expulsión, su confinamiento o incluso su exterminio pueden presentarse como medidas legítimas de seguridad.

Es precisamente aquí donde aparecen algunos paralelismos con la tragedia palestina contemporánea. El conflicto palestino-israelí posee una historia propia y unas características específicas que no pueden reducirse a la experiencia norteamericana. Sin embargo, ambos procesos comparten rasgos estructurales propios del colonialismo de asentamiento. En ambos casos la tierra ocupa el centro del conflicto. En ambos casos la expansión de los asentamientos modifica progresivamente la realidad demográfica del territorio. En ambos casos la población originaria aparece convertida en un obstáculo para el proyecto colonizador. En ambos casos la seguridad sirve como principal argumento para justificar la expansión territorial y en ambos casos la deshumanización del adversario facilita la aceptación social de políticas de desplazamiento, confinamiento o destrucción. Estados Unidos construyó durante el siglo XIX dos grandes mitos: el mito del Destino Manifiesto y el de la nación elegida. Desde esa perspectiva la expansión hacia el oeste constituía una misión histórica casi providencial. El genocidio que conllevaba dejaba así de presentarse como una ocupación para convertirse en el cumplimiento de un supuesto destino nacional.

Determinados sectores del sionismo religioso contemporáneo utilizan argumentos que también apelan a derechos históricos o religiosos sobre la tierra, situando el proyecto político en un marco donde la expansión territorial adquiere una legitimidad superior al derecho de quienes ya habitan ese territorio.

No se trata de afirmar que ambos procesos sean idénticos. Toda comparación histórica exige prudencia. Pero sí resulta posible observar que pertenecen a una misma familia histórica caracterizada por la colonización de asentamiento, la sustitución progresiva de la población originaria y la utilización de discursos de legitimación moral para justificar la apropiación del territorio. Doscientos cincuenta años después de la independencia, la pregunta formulada por Frederick Douglass continúa resonando con fuerza. ¿Qué significa el 4 de julio para quienes quedaron fuera de la promesa de libertad? Para los millones de africanos esclavizados. Para las naciones indígenas expulsadas de sus tierra y para quienes, en otras geografías y otros tiempos, contemplan cómo la expansión de nuevos asentamientos transforma irreversiblemente el territorio donde han vivido durante generaciones.

Quizá la mejor manera de conmemorar el aniversario de Estados Unidos no sea repetir los mitos fundacionales, sino afrontar con honestidad las contradicciones sobre las que se construyó una de las democracias más influyentes de la historia. Solo desde ese reconocimiento crítico puede entenderse que la defensa de la libertad pierde toda credibilidad cuando convive con la esclavitud, el despojo territorial o la negación de los derechos de otros pueblos."

(Eduardo Luque, El Viejo Topo, 08/07/26)  

13.10.24

En primera persona: el testimonio de las mujeres que han sentado al Opus Dei en el banquillo... Beatriz Delgado logró escaparse después de servir 16 años sin salario y en condiciones de encierro, pero la encontraron y la obligaron a regresar contra su voluntad por nueve años más... A Alicia Torancio la sobremedicaron con pastillas psiquiátricas y la dejaron en una habitación para que ninguna de sus compañeras pudiera verla... a Alicia, la depresión la llevó a pesar 45 kilos y terminó internada en un neuropsiquiátrico tras un intento de suicidio. No le dijeron nada a su hermana, que estaba también dentro del Opus Dei. Tampoco a otra hermana que estaba afuera y que iba a golpear la puerta para saber cómo estaba y no la recibían. Alicia explica por qué aun con esa depresión no logró irse hasta los 30 años. “No me iba porque me dijeron que ese sufrimiento era mi cruz, que tenía que ofrecerlo” (Paula Bistagnino)

 "Susana Lencina era la criada adolescente de una familia en Rosario cuando su patrona la subió a un coche para que la llevaran a la escuela de mucamas del Opus Dei en Buenos Aires.

A Tita Villamayor la fueron a buscar con su prima en un pueblo rural de Paraguay a los 15 años con la promesa de una escuela en la capital, Asunción, y pronto la llevaron a la Argentina y la pusieron a trabajar.

Beatriz Delgado logró escaparse después de servir 16 años sin salario y en condiciones de encierro, pero la encontraron y la obligaron a regresar contra su voluntad por nueve años más.

A Alicia Torancio la sobremedicaron con pastillas psiquiátricas y la dejaron en una habitación para que ninguna de sus compañeras pudiera verla.

Cuando falleció su padre, Norma Martínez no tenía dinero para el entierro y no la ayudaron; le dijeron lo mismo que cuando pedía ver a su familia: que practicara el desprendimiento y que su familia era la Obra. 

Las de Susana, Tita, Beatriz, Alicia y Norma son sólo cinco de las 44 historias que la justicia argentina escuchó en los últimos dos años antes de presentar una histórica acusación por trata de personas y explotación laboral contra las autoridades regionales de la Prelatura de la Santa Cruz y el Opus Dei, que pone a las máximas autoridades de la organización en la región Río de la Plata en el banquillo. 

Reclutamiento y captación

Algunos de los casos han prescrito, pero los testimonios dibujan un modus operandi de reclutamiento que comenzaba con la promesa de una escuela de formación en hotelería o tareas domésticas en la que las adolescentes, de entre 13 y 17 años, ingresaban como internadas y se las aislaba de su familia. Para algunas, en especial para las que enviaban desde países limítrofes, la promesa de la escuela desaparecía en el camino y directamente llegaban a “centros” –casas donde viven los miembros célibes, varones y mujeres por separado– a trabajar.

Eso le pasó a Tita, que dejó su casa y a sus nueve hermanos con la ilusión de estudiar y sin hablar castellano. “Todos los días yo esperaba que empezara la escuela, pero nunca empezó. Lo único era trabajar, trabajar y trabajar”. Estuvo así casi una década. Nunca recibió un salario. Apenas vio a su familia en años. 

Dentro del Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos (ICIED), la justicia describe un sistema de captación basado en el control espiritual y el aislamiento. Alicia lo describe así: “Cuando llegás ahí te empiezan a lavar la cabeza. Te dicen que tenés vocación para ser santa, que podés aportar al mundo a través de tu trabajo. Yo era muy idealista”. A las que se resistían, las convencían con amenazas: “Cuando no veías tu vocación te decían que no podías ir en contra de la voluntad de Dios”, agrega Susana, que se resistía a aceptar convertirse en numeraria auxiliar del Opus Dei, la categoría creada por la organización específicamente para esas mujeres pobres que, dice la justicia ahora, “estaban destinadas a ser mucamas toda su vida”.

“¿En qué condiciones una mujer pobre, inmigrante y menor de edad consiente ‘dedicar su vida’ a servir a los demás fieles? ¿Cuál es el valor jurídico de esa supuesta ‘voluntariedad’?”, se preguntan los fiscales Eduardo Taiano, titular de la Fiscalía Nacional Nº3, y los fiscales de la Procuraduría contra la Trata y Explotación (PROTEX), Alejandra Mángano y Marcelo Colombo en el escrito de 116 páginas que desde hace un mes está en manos del juez Daniel Rafecas.

Trata y explotación

Delgado estuvo 24 años dentro del Opus Dei como numeraria auxiliar. “Te iban rotando de trabajos: una temporada en el planchero, después al lavadero, al comedor a servir la mesa, otro tiempo en la cocina y siempre en la limpieza, porque apenas te levantabas, sin desayunar ni nada, había que ir a limpiar. Fregué baños sucios de los numerarios hasta que me dañé las rodillas y también me arruiné la columna levantando cajones de verduras: salí de la Obra con una hernia de disco en la zona lumbar”.

El relato de la mujer, que nació en Paraguay pero desde muy chica vivió con su madre en Argentina, tiene una etapa aún peor: “Te decían que tenías que trabajar hasta terminar exprimida como un limón, o nos daban el ejemplo del burrito de Noria, que nunca se detiene. Tenía tan metido eso en la cabeza que una vez tuve tuberculosis y seguía trabajando, tosiendo todo el día y la noche, débil. Porque me obligaban y porque yo sentía que fallaba a Dios si dejaba mi puesto”.

Alicia tenía 16 años cuando la convencieron de irse de su casa en el campo, en la provincia argentina de Corrientes, a Buenos Aires. Pasó por la escuela y luego fue a trabajar. A los 22, ya estaba a cargo de una cocina que alimentaba a alrededor de 100 hombres del Opus Dei. La exigencia la enfermó, dice. La depresión la llevó a pesar 45 kilos y terminó internada en un neuropsiquiátrico tras un intento de suicidio.

No le dijeron nada a su hermana, que estaba también dentro del Opus Dei. Tampoco a otra hermana que estaba afuera y que iba a golpear la puerta para saber cómo estaba y no la recibían. Alicia explica por qué aun con esa depresión no logró irse hasta los 30 años. “No me iba porque me dijeron que ese sufrimiento era mi cruz, que tenía que ofrecerlo”. 

Norma también salió con una gran depresión y muy medicada. Cuando no pudo más logró, con mucha insistencia, que la dejaran ir a casa de su madre y desde allí avisó que no volvería. Entonces le dijeron que ya no le pagarían la medicación y que se las arreglara sola. Tenía 38 años, había entrado a los 17. Jamás le habían pagado un salario. Consiguió un médico que de a poco le fue sacando las drogas. “No podía creer lo que me hacían tomar”. Después consiguió una psicóloga que la ayudó a salir adelante.

Lencina se escapó en 1999, después de siete años, desde la sede central del Opus Dei en la Argentina, en el barrio de la Recoleta. Ahí funciona, detrás de la principal residencia de varones numerarios y sacerdotes, la residencia de mucamas más grande del país y por allí pasaron en algún momento de sus vidas todas las mujeres denunciantes. Según los relatos, era uno de los lugares donde más trabajaban, sin descanso, para sostener un servicio de 24 horas siete días a la semana.

El despertador sonaba antes de las 6 de la mañana y debían saltar de la cama para ponerse en actividad. Después de arrodillarse, besar el suelo y decir “Te serviré”, comenzaba una rutina de trabajo y oración que sólo les dejaba media hora de tertulia entre ellas como todo descanso, pero ni siquiera entonces podían hacer algo fuera del “Plan de Vida”. En la tertulia sólo se podía hablar de “cosas de la Obra y de nada personal”, cuenta otra de las 44. 

Lo que más recuerdan todas las mujeres de ese lugar era “el planchero”, un salón en el subsuelo con grandes rodillos para planchar decenas de sábanas que era una especie de sauna irrespirable y donde pasaban horas de pie, a veces hasta descomponerse. Otra cosa que no olvidan es la lámina color caramelo que cubría las ventanas de la torre de seis pisos y que no les dejaba ver siquiera el cementerio de la Recoleta, ubicado en diagonal al edificio. “No podíamos ver hacia afuera ni nadie nos podía ver a nosotras”, recuerdan.

“No te daban a elegir las tareas que hacías ni el lugar en el que vivías”, dice Villamayor, y coinciden las demás. Todas rotaron por distintas residencias del Opus Dei del país. Entre las 44 mujeres, hay algunas que fueron enviadas a otros países sin consulta: varias estuvieron en Paraguay, Bolivia, Italia y hasta Kazajistán. “La rotación” es justamente el aspecto central de la acusación de la justicia por trata de personas: “Las razones de los traslados eran variadas: cubrir funciones específicas, garantizar buena convivencia, motivos de salud, evitar vínculos afectivos y adaptarse a las necesidades institucionales”. El comunicado publicado por el Ministerio Público Fiscal agrega: “Una de las consecuencias más nocivas de esta lógica de traslados era que reforzaba la dependencia hacia el Opus Dei, al mantener a las numerarias auxiliares en constante movilidad y aislamiento”.

Para la fiscalía, es importante “abordar el caso desde un enfoque de género y de derechos humanos, ya que todas las víctimas son mujeres, pobres y en algunos casos inmigrantes, y según la investigación, fueron explotadas a través de actividades típicas del hogar como limpieza, mantenimiento y asistencia, entre otras”.

Taiano, Mángano y Colombo también señalan que “su identidad se constituía a partir de tareas serviles que realizaban para los estratos más altos de la estructura del Opus Dei, especialmente en beneficio del desarrollo espiritual, profesional y personal de los varones de la Prelatura”. Y, por último, agregan la perspectiva de los derechos de la niñez.

“Yo quiero justicia por la adolescencia y juventud que nos arrebataron, la relación familiar que dañaron y el engaño que mis padres y yo pasamos por querer estudiar”, dice Tita a elDiario.es. Y agrega un pedido al papa Francisco: “Le pido que nos dé una mano para poder avanzar y que así todas podamos gozar de una vida digna como merecemos, por todo lo que les hemos servido, como máquinas, y por cómo jugaron con nuestra conciencia. Eso dejó secuelas en cada una de nosotras”, dice la mujer, que se fue “antes de la locura”.

Susana, en cambio, dice que su deseo es que “el Opus Dei pague por lo que hizo y que deje de existir”. Alicia se suma con un pedido más: “Quisiera que se nos incluya a todas en esta causa, más allá de los tiempos legales, y que realmente se investigue, que los responsables respondan y que no se le permita al Opus que con el poder que tiene obstaculice la causa”.             (Paula Bistagnino , eldiario.es, 11/10/24)

20.6.24

Una niña de 13 años trabajaba 60 horas semanales transformado planchas de metal para un proveedor de Hyundai, en Alabama... la situación de esta niña no es un hecho aislado en Estados Unidos... El empleo infantil en Estados Unidos, un agujero con 6.000 casos en 2023

 "El trabajo consistía en operar una máquina que transforma planchas de metal en componentes para autos. El lugar era la planta de Smart en Luverne, Alabama, que proporciona componentes para la fábrica de la automotriz Hyundai del mismo Estado. La persona a cargo de esta labor trabajó entre 50 y 60 horas semanales durante un mínimo de seis meses. Todos estos datos constan en una reciente demanda interpuesta por el departamento de Trabajo y es que quien realizaba el trabajo era una niña de 13 años. A veces no hay que viajar a lugares remotos para ponerle cara al empleo infantil.

La demanda, algo infrecuente en estos casos, abre un procedimiento judicial con la automotriz Hyundai, un fabricante de componentes—Smart, desde 2023 ITAC Alabama— y una empresa de contratación, Best Practice Services. Hyundai dice que el trabajo infantil está en contra de los valores de la empresa y que es injusto que les incluyan en una demanda por lo que hace un proveedor.

La realidad es que la situación de esta niña no es un hecho aislado en Estados Unidos. El departamento de Trabajo ha verificado un aumento de los casos de trabajo infantil contraviniendo las leyes federales, el Fair Labor Standard Act de 1938 que incluye legislación para el trabajo de menores. El año pasado se investigaron casos que afectan a 5.792 niños en todo el país, y cientos de ellos estaban empleados en ocupaciones peligrosas. El Departamento no hace públicos los nombres ni la nacionalidad de los menores pero Reuters y The New York Times han investigado que en numerosos casos quienes terminan trabajando en fábricas son niños migrantes latinos, muchos de ellos llegados a Estados Unidos sin la compañía de adultos.

“Hay aspectos en el estatus de los jóvenes inmigrantes no acompañados que les hace más vulnerables a este tipo de situaciones”, explica Nina Mast, analista de la Red de Investigación y Análisis del Economic Policy Institute (EPI). “Por su situación pueden estar forzados a trabajar en puestos quizá con sueldos más elevados que en un turno de restaurante de comida rápida pero a la vez poniendo en peligro su salud, su seguridad y su educación y no tienen un padre o guardián que asegure que lo que hacen es apropiado”. Daniel Costa, director de Investigación de Ley y Política Inmigratoria del EPI, explica que los menores migrantes tienen “todo tipo de presiones” por su estatus precario, lo que los lleva a aceptar condiciones difíciles. Además, no tienen ningún incentivo para reportar la situación de la ilegalidad por la situación migratoria en la que están.

La analista apunta a que hay un consenso bipartidista sobre el hecho de que las multas por las violaciones a la legislación laboral son bajas y nada disuasorias. Las multas son un costo más, apenas notable, del negocio para muchas grandes empresas. Las leyes “son importantes pero relativamente débiles para estándares laborales, además de anticuadas”, evalúa Mast.

Elevar la penalización económica, sin embargo, es solo una de las prácticas que se pueden actualizar o incorporar a la lucha contra el trabajo infantil ilegal. Otra alternativa que señalan los expertos es perseguir criminalmente estas prácticas siempre y cuando se vaya contra la organización empresarial y no contra gestores de nivel medio que pueden ser también vulnerables al abuso que haya dentro de la organización”, matiza Mast.

Tara Watson, economista centrada en política y red social, además de inmigración, en el centro de análisis Brookings, explica que las multas no son suficientes y que hay motivos para considerar la criminalidad en casos en los que se contrate a un niño de 11 años para una actividad peligrosa. Una de sus propuestas es mejorar la aplicación de la ley por parte del departamento de Trabajo, algo complicado cuando está infradotado en materia de presupuestos y personal.

Costa explica que hay menos de 800 investigadores, un nivel mínimo histórico desde los años setenta, que suena escaso cuando son los responsables de vigilar un mercado laboral de 160 millones de personas. “Se podría multiplicar por tres el número de personal en el departamento y aún así estar por debajo de lo que se necesita”, apunta. El nivel de financiación no se ha actualizado desde 2006 hasta 2022. Costa apunta que se dedican 25.000 millones de dólares al año al ICE (encargado del cumplimiento de la ley migratoria), pero apenas 2.000 millones para proteger los estándares laborales y las agencias de trabajo. Actualizar la legislación a la realidad del siglo XXI es otra de las materias pendientes, así como reelaborar la lista de labores peligrosas para menores. Actualmente hay una lista con 17 actividades de este tipo, pero no se ha actualizado en mucho tiempo por más que se ha intentado.

Mast cree que para incentivar el reporte de estas ilegalidades hay que eliminar la responsabilidad criminal de los padres: “A nivel estatal hay lugares donde se criminaliza a los padres que están al tanto de la ilegalidad del empleo de un hijo y eso crea un efecto negativo”. Estos especialistas consideran que se puede dar a las familias un alivio monetario por reportar violaciones, algo que hasta ahora no ocurre porque las multas se destinan a un fondo general, aunque en los últimos meses el departamento de Trabajo ha obligado a que la empresa entregue el equivalente al beneficio de este trabajo infantil a los menores. Esto se debe a uno de los mayores acuerdos a los que se ha llegado en esta materia. El Gobierno acordó con una procesadora y distribuidores de pollos de Los Ángeles que, entre otras cosas, se restara un millón de dólares de los beneficios conseguidos con la labor opresiva de niños menores de 14 años que usaban cuchillos afilados para deshuesar la carne.

Incrementar el salario mínimo y que no haya un submínimo dependiendo de la edad, además de apoyar a los trabajadores de tal manera que puedan protestar por las condiciones de trabajo y permitir los reportes anónimos de circunstancias ilegales con una aplicación son algunas de las vías que se están intentando llevar a cabo para lograr un cambio.

Acción deferida

Hay una novedad fundamental desde principios de 2023, cuando el departamento de Seguridad Nacional anunció el proceso de acción deferida para proteger de deportación a trabajadores migrantes que fueran víctimas o testigos de violaciones de leyes laborales. Esta acción ya existía, como recuerda Costa, pero la administración de Biden la formalizó. Aun así, muchas de las medidas que se pueden poner en marcha ahora requieren la acción del Congreso y eso complica que salgan adelante. Según Costa, no solo cuesta contar con los votos republicanos en esta materia, sino también con algunos demócratas.

Aunque hay ciertas modificaciones a nivel estatal que refuerzan algunas de las herramientas para frenar el trabajo de menores como elevar multas o eliminar la responsabilidad criminal de los padres, Mast dice que se están produciendo una serie de intentos en algunos Estados “por legalizar las violaciones que están ocurriendo en algunas industrias”.

Especialmente preocupa el interés por eliminar los permisos de trabajo por parte de una agencia o departamento de educación o la ampliación de trabajos de riesgo. En Florida se aprobó inicialmente una ley que permitiría a menores de 17 y 16 años trabajar en escaleras y tejados, lo que está prohibido a nivel federal. Mast considera que esto solo es un ejemplo entre muchos: “Finalmente no se puso en marcha, pero es el tipo de cambios que se quieren hacer”."                  (Ana B. Nieto, El País, 15/06/24)

25.9.23

En Grecia se ha aprobado que se pueda trabajar 13 h. al día en 6 días (78 horas)... es un retroceso grave en derechos laborales se mire por donde se mire, y se compare con el país que se compare... es lo que se ha votado... es para el pluriempleo, pero también permite que en determinados sectores el empresario pueda fijar una semana de 6 días laborales para un mismo empleo. Eso no ocurría antes en Grecia ni ocurre ahora en España... En Grecia se ha legalizado la explotación salvaje... Pero en España son 40 h. por contrato pero sin límite de contratos. Es decir, que si tienes dos trabajos es legal que trabajes 80 h. a la semana

 AntonioMaestre @AntonioMaestre

Veo escándalo porque en Grecia se ha aprobado que se pueda trabajar 13 h. al día en 6 días (78 horas). Todo aumento es grave.

La propuesta en Grecia es para el pluriempleo.

Pero en España son 40 h. por contrato pero sin límite de contratos. Es decir, que si tienes dos trabajos es legal que trabajes 80 h. a la semana. Y 120 horas con tres contratos.

Más no porque no hay horas en la semana, pero legal es trabajar todas las horas hasta morir.

Veo que hay quien me dice que la ley dice que hay que respetar un día de descanso y 12 horas entre final y comienzo de jornada.

Claro, esa es la obligación de la empresa por contrato. Si tienes dos o tres trabajos tienen que respetar cada una esa obligación.

Pero la ley no impide que el trabajador tenga tres contratos a jornada completa. Es lo que hay.

Última edición7:48 p. m. · 23 sept. 2023 515,5 mil Reproducciones


Eduardo Garzón @edugaresp

El aumento de la jornada laboral en Grecia es una barbaridad y es un retroceso grave en derechos laborales se mire por donde se mire, y se compare con el país que se compare. Lo explico brevemente:

En primer lugar, la reforma no sólo aumenta la jornada para el pluriempleo, también permite que en determinados sectores el empresario pueda fijar una semana de 6 días laborales para un mismo empleo. Eso no ocurría antes en Grecia ni ocurre ahora en España.

En segundo lugar, vale que en España la jornada máxima para el pluriempleo no está regulada expresamente, pero es que sí lo estaba en Grecia, justamente a 8 horas en un día independientemente del número de empleos. Ahora se amplía a 13 horas con dos empleos. Es un retroceso.

Y en España no está expresamente regulada la jornada máxima para el pluriempleo por un motivo simple: en nuestro país el salario mínimo (y mediano) para un empleo es muy superior al de Grecia, de ahí que pocas personas recurran a un segundo empleo para sobrevivir. ¡Esto es clave!

Eso no quiere decir que en España no haya pluriempleo (de hecho, hay algo más que en Grecia). Pero en España se pluriemplean sobre todo trabajadores que tienen contrato a jornada parcial, que en España son muchísimos más que en Grecia. En Grecia no es así.

En Grecia se suelen pluriemplear trabajadores con jornada completa cuyo salario no les permite llegar a fin de mes; en España no es eso lo habitual. Por eso en Grecia se limitaba la jornada máxima para el pluriempleo y en España no.

Esto no quiere decir que en España estemos mejor sin regular la jornada máxima para el pluriempleo; lo que quiere decir es que no hace tanta falta como en Grecia porque no sufrimos tanto ese problema por tener mejores salarios. En Grecia se ha legalizado la explotación salvaje.

Y todo esto sin mencionar otras barbaridades de la reforma laboral griega, como el abaratamiento de la indemnización por despido, la penalización de los piquetes, o la mayor flexibilidad del empresario para aumentar y modificar la jornada.

3:59 p. m. · 25 sept. 2023 13,6 mil Reproducciones

14.7.23

“El regreso del trabajo infantil es la última señal del declive de Estados Unidos”... la cantidad de niños/as que trabajan en los Estados Unidos aumentó en un 37 % entre 2015 y 2022. En los últimos dos años, 14 estados introdujeron o promulgaron leyes que revocan las regulaciones que rigen la cantidad de horas que los niños pueden trabajar, reducen las restricciones al trabajo peligroso y legalizan los salarios mínimos para los jóvenes... La cruda verdad es que el trabajo infantil da sus frutos y se está volviendo notablemente generalizado... En Kentucky, niños y niñas de hasta 10 años han trabajado en cadenas de comida ráñpida, y en Florida y Tennessee, los techadores ahora pueden tener 12 años

 "En 1906, un anciano jefe amerindio visitó Nueva York por primera vez. Tenía curiosidad por la ciudad y la ciudad estaba interesada en él. Un reportero de una revista le preguntó al jefe amerindio qué fue lo que más le sorprendió de sus viajes a la ciudad. ”Los pequeños niños que trabajan”, respondió el visitante.

(...) el trabajo infantil está volviendo. Un número asombroso de cargos electos están realizando esfuerzos concertados (The New Yorker, “Child Labor is on the Rise”, 4 de junio de 2023 en la web) para debilitar o derogar leyes que han impedido durante mucho tiempo (o al menos han reducido seriamente) la posibilidad de explotar a los niños y niñas.

Recuperad el aliento y considerad esto: la cantidad de niños/as que trabajan en los Estados Unidos aumentó en un 37 % entre 2015 y 2022. En los últimos dos años, 14 estados introdujeron o promulgaron leyes que revocan las regulaciones que rigen la cantidad de horas que los niños pueden trabajar, reducen las restricciones al trabajo peligroso y legalizan los salarios mínimos para los jóvenes.

El estado de Iowa ahora permite que los jóvenes de 14 años trabajen en lavanderías industriales. A la edad de 16 años, pueden aceptar trabajos en los sectores de techado, construcción, excavación y demolición y pueden utilizar maquinaria motorizada. Los jóvenes de 14 años pueden incluso trabajar de noche, y a partir de los 15 años pueden trabajar en cadenas de montaje. Todo esto, por supuesto, estaba prohibido no hace mucho tiempo. (...)

Los electos dan justificaciones absurdas para estas desviaciones de las prácticas establecidas desde hace mucho tiempo. El trabajo, nos dicen, alejará a los niños de los ordenadores, videojuegos o televisión. O privará al gobierno del poder de dictar lo que los niños pueden o no hacer, dejando a los padres el control, una afirmación que ya se ha convertido en una fantasía por los esfuerzos para eliminar la legislación social protectora y permitir que los niños/as de hasta 14 años trabajen sin la autorización formal de los padres. (...)

La cruda verdad es que el trabajo infantil da sus frutos y se está volviendo notablemente generalizado. Es un secreto a voces que las cadenas de comida rápida han empleado a trabajadores menores de edad durante años y solo consideran las multas ocasionales como parte del coste de funcionamiento. En Kentucky, niños y niñas de hasta 10 años han trabajado en dichos centros de restauración y los niños mayores han excedido los límites horarios prescritos por la ley. En Florida y Tennessee, los techadores ahora pueden tener 12 años. (...)

En este punto, casi toda la economía está notablemente abierta al trabajo infantil. Las fábricas de ropa y los fabricantes de piezas de automóviles (que abastecen a Ford y General Motors) emplean a niños inmigrantes, a veces en jornadas laborales de 12 horas. Muchos de ellos se ven obligados a abandonar la escuela para evitar ser sancionados. De manera similar, las cadenas de suministro de Hyundai y Kia dependen de los trabajadores infantiles en Alabama.

Según lo informado por el New York Times el pasado mes de febrero (“Alone and Exploited, Migrant Children Work Brutal Jobs Across the US” de Hannah Dreier, 25 de febrero de 2023) –ayudando a crear conciencia sobre el nuevo mercado de trabajo infantil– los niños menores de edad, especialmente los migrantes, trabajan en plantas empacadoras de granos y plantas de procesamiento de alimentos. En Vermont, los “ilegales” (porque son demasiado jóvenes para trabajar) operan máquinas de ordeño. Algunos niños ayudan a hacer camisetas de J. Crew [una importante empresa de ropa lista para usar] en Los Ángeles, hornean bollos para Walmart [el minorista más grande de los Estados Unidos] o trabajan en la producción de Fruit of the Loom [muy conocida firma]. El peligro acecha.

La periodista Hannah Dreier ha hablado de una “nueva economía explotadora”, especialmente cuando se trata de niños inmigrantes. Un maestro de escuela en Grand Rapids, Michigan, al observar la misma situación, comentó: “Estás tomando niños de otro país y casi poniéndolos en la servidumbre industrial”. (...)

Vuelta hacia el pasado

Es tanto más asombroso descubrir que una plaga, que creíamos desterrada, vuelve a vivir. El capitalismo estadounidense es un sistema internacionalizado, sus redes se extienden prácticamente por todas partes. Hoy en día, se estima que hay 152 millones de niños y niñas trabajadores en todo el mundo. Por supuesto, no todos ellos/as están empleados directa o indirectamente por empresas estadounidenses. Pero estos millones ciertamente deberían recordarnos cuán profundamente retrógrado se ha vuelto el capitalismo una vez más, tanto en nuestra casa como en otras partes del planeta.

Los alardes sobre el poder y la riqueza de la economía estadounidense son parte del sistema de creencias y la retórica de las élites. Sin embargo, la esperanza de vida en los Estados Unidos, una medida fundamental de la regresión social, ha estado disminuyendo durante años. La atención médica no solo es inasequible para millones de personas, sino que su calidad se ha vuelto mediocre en el mejor de los casos si no se pertenece al 1% superior. Asimismo, las infraestructuras del país están en declive desde hace mucho tiempo, debido a su antigüedad y a las décadas de abandono.

Estados Unidos, por lo tanto, debe ser considerado como un país “desarrollado” azotado por el subdesarrollo y, en este contexto, el retorno del trabajo infantil es profundamente sintomático. Incluso antes de la gran recesión que siguió a la crisis financiera de 2008, el nivel de vida había caído, especialmente para millones de trabajadores/as golpeados por un tsunami de desindustrialización que duró décadas. Esta recesión, que oficialmente duró hasta 2011, solo empeoró la situación. Ejerció más presión sobre los costos laborales, ya que el trabajo se volvió cada vez más precario, cada vez más desprovisto de beneficios y desorganizado. En estas condiciones, ¿por qué no recurrir a otra fuente de mano de obra barata: los niños y niñas?

Los más vulnerables entre ellos provienen del extranjero, inmigrantes del Sur, que huyen de economías en crisis, a menudo vinculadas a la explotación y dominación económica estadounidenses. Si este país está experimentando hoy una crisis fronteriza - y lo está-, sus orígenes se encuentran de este lado de la frontera [y no principalmente en Centroamérica o México].

La pandemia de la Covid-19 de 2020-2022 creó una breve escasez de mano de obra, que se convirtió en una excusa para que los niños y niñas volvieran a trabajar (a pesar de que el regreso del trabajo infantil en realidad es anterior a la pandemia). Estos niños trabajadores del siglo XXI deben ser considerados como un signo distintivo de la patología social actual. Estados Unidos todavía puede tiranizar partes del mundo, mientras hace alarde constantemente de su poderío militar. Pero en su casa, están enfermos."               (Steve Fraser, Viento Sur, 13/07/23)

19.4.23

El Senado Republicano de Iowa ha aprobado, a las 4 de la madrugada, una ley que permite el trabajo infantil... será legal contratar a adolescentes de 14 años para trabajos nocturnos, de 15 años para cadenas de ensamblaje y de 16 para servir bebidas alcohólicas... progresamos

GUILLERMO FESSER @guillermofesser

Para complacer a su núcleo duro (y a sus empresarios donantes) los Gobernadores Republicanos están apostando por recortes de derechos que saben que son impopulares… así que los aprueban a la chita callando. Ayer aprobaron el trabajo infantil en Iowa a las 4 de la madrugada.

El Senado Republicano de Iowa ha aprobado una ley que permite contratar a adolescentes de 14 años para trabajos nocturnos, de 15 años para cadenas de ensamblaje y de 16 para servir bebidas alcohólicas. En lugar de mejorar las ofertas de empleo para los adultos, contratan menores.

3:51 p. m. · 18 abr. 2023 70,4 mil Reproducciones

628Retweets 27 Citas 921 Me gusta 13 Elementos guardados


Davipeti @DavipetiDavid

Para contrarrestar el fenómeno de The Great Resignation, que se ha transformado en la gran renegociación, se van aprobando estas leyes que "amplia" el mercado laboral para forzar a la mano de obra menos cualificada a aceptar condiciones como el salario mínimo.

Bbet @BeaBauIg

Yo viví en Usa. Si, trabajan muchos adolescentes, en tiendas, sitios de comida rápida... ¿Sabéis quién trabajaba? Compañeros sin seguro médico, sin medios económicos, con padres con varios trabajos para llegar a fin de mes, hijos de inmigrantes. Adivinad quién trabajará de noche

16.12.21

A pesar de que la alerta por tornado llegó a tiempo, en una fábrica de velas en Mayfield, Kentucky, y en un almacén de Amazon en Edwardsville, Illinois, se impidió a los trabajadores abandonar sus puestos, como los supervivientes han denunciado... pereciendo ocho y seis empleados en sus respectivos centros de trabajo, , cifra que aumentará considerablemente, ya que aún hay decenas de personas sepultadas entre los escombros... ¿cuánto hemos retrocedido en derechos laborales en nuestros países, teniendo en cuenta la notable diferencia entre Norteamérica y la UE en cuanto a legislación laboral? El año 2021 ha sido el de las cocinas fantasma en Madrid y los supermercados del mismo tipo en Barcelona... el progreso no sólo parece haberse detenido, sino que ha aparecido la involución

 "El pasado fin de semana una ola de tornados arrasó el centro de Estados Unidos, provocando cuantiosos daños materiales, miles de heridos y alrededor de un centenar de fallecidos en los seis estados afectados. A pesar de que este fenómeno es habitual al converger en esta zona el aire caliente del oeste desértico con las corrientes húmedas del Golfo de México, el evento, que afectó a un corredor de más de 400 kilómetros de largo, ha sido especialmente virulento. La Casa Blanca declaró el sábado el estado de emergencia federal para intentar paliar la catástrofe.

Dos casos han irrumpido en la emergencia con especial relevancia, ya que afectaron a una fábrica de velas en Mayfield, Kentucky, y a un almacén de Amazon en Edwardsville, Illinois, pereciendo ocho y seis empleados en sus respectivos centros de trabajo, cifra que aumentará considerablemente, ya que aún hay decenas de personas sepultadas entre los escombros. A pesar de que la alerta por tornado llegó a tiempo, en ambos complejos se impidió a los trabajadores abandonar sus puestos, como los supervivientes han denunciado. 

 El pasado fin de semana una ola de tornados arrasó el centro de Estados Unidos, provocando cuantiosos daños materiales, miles de heridos y alrededor de un centenar de fallecidos en los seis estados afectados. A pesar de que este fenómeno es habitual al converger en esta zona el aire caliente del oeste desértico con las corrientes húmedas del Golfo de México, el evento, que afectó a un corredor de más de 400 kilómetros de largo, ha sido especialmente virulento. La Casa Blanca declaró el sábado el estado de emergencia federal para intentar paliar la catástrofe.

Dos casos han irrumpido en la emergencia con especial relevancia, ya que afectaron a una fábrica de velas en Mayfield, Kentucky, y a un almacén de Amazon en Edwardsville, Illinois, pereciendo ocho y seis empleados en sus respectivos centros de trabajo, cifra que aumentará considerablemente, ya que aún hay decenas de personas sepultadas entre los escombros. A pesar de que la alerta por tornado llegó a tiempo, en ambos complejos se impidió a los trabajadores abandonar sus puestos, como los supervivientes han denunciado.

La agencia para la Salud y Seguridad en el Trabajo ha abierto una investigación a la compañía de distribución, ya que aunque el aviso de emergencia fue emitido por las autoridades 23 minutos antes de que el tornado alcanzara el almacén, a las 20:26h de la tarde, al parecer los empleados no fueron advertidos hasta poco antes, como muestran algunas conversaciones publicadas por sus familiares en redes sociales: “Amazon no nos deja marcharnos”, escribió Larry Virden a su mujer 3 minutos antes del desastre. “Qué es lo que pasa”, contestó ella a las 20:51h, “espero que estés bien, te quiero”. 

En la fábrica de velas de Mayfield parece haberse vivido una situación similar. “Si os marcháis, lo más probable es que seáis despedidos", contó McKayla Emery, de 21 años, a la cadena de televisión NBC desde la cama de su hospital. Otros trabajadores han relatado que desde las 17:30h “escucharon las sirenas de advertencia y querían abandonar el edificio. Durante horas, a medida que se corrió la noticia de la tormenta que se avecinaba, hasta 15 trabajadores suplicaron a los gerentes que les permitieran refugiarse en sus propios hogares. Temiendo por su seguridad, algunos se fueron durante sus turnos, independientemente de las repercusiones”. 

 Es imposible, tanto por el país como por lo sucedido, no referirse al desastre de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist Company el 25 de marzo de 1911 en Nueva York, donde fallecieron a causa de un incendio 146 personas, entre ellas 129 trabajadoras, la mayoría de ellas muy jóvenes, entre catorce y veintitrés años, inmigrantes en su mayoría de Italia y Europa del Este. Además del elevado número de víctimas, el caso fue especialmente cruento porque los empresarios habían cerrado con cadenas las puertas de emergencia, imposibilitando el escape de las últimas plantas del edificio. Muchas de las trabajadoras saltaron desesperadas al vacío para huir de las llamas.  

El incendio de la Shirtwaist, al suceder una semana después del Primer Día Internacional de la Mujer Trabajadora, quedó unido indefectiblemente a la jornada: morir abrasada por ganar 7 dólares después de 52 horas de trabajo semanal. “Estas mujeres no podían acercarse a hablar con el propietario; no tenían ni permiso para comer”, relató Jane Hodges, directora de la Oficina para la Igualdad de Género de la Organización Internacional del Trabajo, en el 100 aniversario del incendio. “Recibían bajos salarios, trabajaban largas horas, el sábado en este caso, y las puertas estaban cerradas con llave. No tenían derechos, ni protección legislativa o representación laboral. Era la clásica 'fábrica clandestina', a un paso de la esclavitud”. 

En Bangladesh, una de los países donde se concentra una importante industria fabril, este tipo de accidentes son habituales. (...)

Esta serie de tornados deja, sin embargo, una pregunta en el aire: ¿cuánto hemos retrocedido en derechos laborales en nuestros países, teniendo en cuenta la notable diferencia entre Norteamérica y la UE en cuanto a legislación laboral? El año 2021 ha sido el de la ley Rider, pero también el de las cocinas fantasma en Madrid y los supermercados del mismo tipo en Barcelona, negocios que sólo saltan a la prensa por los conflictos que crean con los vecinos preocupados por el aumento del tráfico en su zona y los humos en sus patios de luces. Decenas de transportistas esperan con sus motos que la app de la compañía les otorgue un pedido, mientras mozos de almacén o cocineros trabajan sin descanso para terminar el producto a tiempo: el reclamo publicitario de la velocidad por encima de todo. 

El sindicato Comisiones Obreras presentó la pasada semana el Informe sobre la Precariedad Laboral, realizado junto con la Universidad de Alicante. En él se nos contaba que un 48% de los trabajadores de nuestro país sufría este fenómeno, teniendo especial afectación entre los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes. Lo novedoso del estudio es que introducía el concepto de precariedad multidimensional, un rango para su medición que incluía, además de los bajos sueldos, parámetros como la inestabilidad por temporalidad, las jornadas extensas o la sobrecualificación. La reforma laboral de 2012 ha agravado este proceso, ya que ni con la recuperación económica de los años precedentes a la pandemia se restituyeron las condiciones previas a la Gran Recesión de 2008. 

Como decíamos la pasada semana en estas mismas páginas, la precariedad laboral no es un fenómeno simplemente individual, sino sistémico, producto tanto de la posición geopolítica de España como periferia de la UE como de un modelo económico que ha apostado por la especulación, también con el propio trabajo. No sólo se desperdician recursos de formación, no sólo las personas afectadas sufren los bajos salarios, la inestabilidad y unas jornadas que les impiden tener un ocio compartido, sino que es la propia sociedad la que pierde su presencia: ante la escasez personal la capacidad de ejercer como ciudadanos se retrae. 

 Una idea para finalizar: el progreso no es una condición inexcusable de la flecha del tiempo. Los avances sociales se produjeron gracias a la lucha organizada del movimiento obrero estructurado en sus partidos y sindicatos a lo largo del último siglo y medio. Una vez que el neoliberalismo, a partir de los años 80, alteró con éxito el equilibrio de fuerzas, el progreso no sólo parece haberse detenido, sino que ha aparecido la involución. Mientras que 2021 ha sido también el año de una ridícula guerra cultural en torno a la nostalgia, nuestra realidad postpandémica pide a gritos un brusco giro que vuelva a poner el trabajo en el centro.  

Hoy tocaba contarles todo esto a modo de telegrama, sin alardes retóricos, tan sólo datos, historia y actualidad, una que nos ha traído inquietantes sucesos a golpe de tornado. A ver si, en esta ocasión, no nos llaman reaccionarios por decirlo."                    (Daniel Bernabé, InfoLibre, 15/12/21)


"Trabajo a destajo y amenazas de despido: las fábricas que se convirtieron en una trampa mortal al paso de los tornados.

Dos plantas de Kentucky e Illinois en las que perdieron la vida al menos 14 empleados dieron prioridad a la producción sobre la seguridad, según denuncian algunos supervivientes.

 El paso de los 30 tornados que el viernes sembraron de muerte y destrucción seis Estados de EE UU, entre ellos Illinois y Kentucky, donde ha habido al menos 80 muertos y un centenar de desaparecidos, ha dejado también al descubierto las condiciones laborales y de seguridad de algunas empresas, de las más grandes, como Amazon, a las más pequeñas, como una fábrica de velas.

En el centro de distribución de Amazon en Edwardsville (Illinois) murieron seis trabajadores por el colapso de una techumbre de unos 14 metros de alto que cubría una zona de carga. La fábrica de velas de Mayfield (Kentucky) atrapó entre sus escombros a los empleados, ocho de los cuales perdieron la vida. Ambas empresas tenían algo en común: funcionaban a pleno rendimiento, con personal de refuerzo estacional, de cara a la temporada navideña. El trabajo a destajo puede explicar por qué se desoyeron las alertas y por qué había una gran concentración de personal en los recintos.

En la empresa Mayfield Consumer Products, ubicada en Mayfield, el pueblo más afectado por la serie de tornados, unos 110 trabajadores se encontraban el viernes en el turno nocturno, por el que cobraban 14,50 dólares (12,83 euros) la hora. La orden era llegar a atender todos los pedidos navideños de velas aromáticas. Cuando sonó la primera alarma de tornado, ¿por qué no mandaron a todos los empleados a casa? Cinco supervivientes han relatado a la cadena de televisión MSNBC que fueron amenazados con el despido si abandonaban su puesto. Algunos optaron por irse a casa, pese a las consecuencias de su decisión. Según un portavoz de la compañía, el domingo por la noche habían conseguido localizar a 90 empleados, aunque hay aún una decena de desaparecidos.

El gobernador de Kentucky, Andy Beshear, había estado temiéndose lo peor durante el fin de semana, en el que alertó de que podrían haber muerto docenas de personas en ese lugar, hoy reducido a una meseta de escombros de unos tres metros de altura en los que trabajan los servicios de emergencia buscando supervivientes —el número de víctimas mortales en Kentucky ascendía este martes a 74—.

Troy Propes, consejero delegado de Mayfield Consumer Products, la tercera empleadora en el condado donde se encuentra Mayfield (10.000 habitantes), emitió el domingo un comunicado, después de ofrecer su recuento de víctimas (8 muertos y una decena de desaparecidos): “Estamos desconsolados. Todos nuestros esfuerzos se concentran en ayudar a los afectados por este terrible desastre. La nuestra es una empresa familiar, y apreciamos a nuestros empleados, algunos de los cuales han trabajado con nosotros durante muchos años”.

El almacén de distribución de Amazon en Edwardsville representa todo lo contrario de una empresa familiar: es la despersonalización de la relación entre empresa y trabajador llevada al límite. La tragedia revela el peso que el empleo de autónomos o contratistas tiene en el gigante del comercio electrónico. Pero, además de la ausencia de una relación contractual, también subraya la deficiente preparación para una emergencia, en términos de seguridad, de las instalaciones y de los propios trabajadores, cuyo número se multiplica durante la temporada navideña. De las 190 personas que trabajaban en Edwardsville, solo siete eran empleados de Amazon a tiempo completo, según explicó un funcionario local al diario The New York Times.

 El recurso a contratistas o empleados a tiempo parcial permite a la empresa evitar la responsabilidad civil por accidentes y otros imprevistos. Pero a la hora de establecer un censo de urgencia para facilitar las labores de rescate, el hecho de que muchos de los trabajadores fueran temporales dificultó el cálculo de las potenciales víctimas.

El almacén de Amazon disponía de al menos un refugio para tornados. Pero las alertas fallaron, a juzgar por los registros horarios, la sucesión de los hechos y el relato de los trabajadores, que arrojan versiones distintas sobre el tiempo que tuvieron para ponerse a salvo. En declaraciones a la revista digital The Intercept, 12 trabajadores de la planta manifestaron su preocupación sobre la seguridad del lugar de trabajo. Algunos explicaron que nunca habían vivido un tornado, ni siquiera un simulacro de incendio en el trabajo, y varios dijeron que no sabrían qué hacer en caso de emergencia. La oficina federal de Seguridad e Higiene en el Trabajo abrió el lunes una investigación sobre las condiciones de la fábrica.

 Una portavoz de Amazon dijo que solo dispusieron de 11 minutos para la evacuación desde que recibieron las alertas, entre las 20.06 y las 20.16 del viernes. A las 20.27, la techumbre colapsó. “Esa noche hubo un esfuerzo sobrehumano por poner a todos [los trabajadores] a salvo”, declaró en lunes John Felton, vicepresidente de servicios de reparto del gigante del comercio electrónico, en una comparecencia junto al gobernador de Illinois, JB Pritzker. Felton explicó que la mayoría del medio centenar de trabajadores que se encontraban en la zona de carga se dirigieron al refugio, que aguantó “casi sin daños”, mientras un grupo más pequeño optó por el extremo sur, el más afectado.

En la disparidad de relatos de los supervivientes puede tener que ver el hecho de que la compañía prohíba el uso de teléfonos móviles durante los turnos de trabajo. De hecho, según informaba este lunes Bloomberg, Amazon está reconsiderando su política de prohibir los celulares en sus instalaciones después de la tragedia. “Antes, como política de empresa, no nos dejaban tener nuestros móviles en los almacenes. Luego, durante la pandemia, se relajaron un poco. Pero ahora hablaban de aplicar de nuevo a rajatabla la norma de no permitir los móviles cuando estás en el edificio. Cuando, Dios no lo quiera, se produzca la próxima catástrofe natural, la gente necesitará sus teléfonos”, señaló un trabajador, amparado en el anonimato, a la edición digital de People.

Motivos como estos pueden ayudar a entender la creciente movilización sindical de los trabajadores en EE UU. “Este es otro ejemplo escandaloso de cómo la empresa prioriza las ganancias por encima de la salud y la seguridad de sus trabajadores, y no podemos tolerarlo”, dijo el lunes sobre lo sucedido en Amazon Stuart Appelbaum, presidente del todopoderoso Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Grandes Almacenes (RWDSU, en sus siglas inglesas). Se trata de la misma organización que amparó a los trabajadores de un almacén de Amazon en Alabama en su, por el momento, fallido intento de sindicarse. La justicia ha ordenado repetir la votación, que en abril rechazó por 1.798 votos frente a 738 la propuesta. Las razones para una segunda consulta fueron las presiones de la empresa sobre sus trabajadores. “Secuestraron el proceso [electoral]”, falló en noviembre la magistratura de trabajo, ordenando una repetición de la votación para la que aún no hay fecha."                   (Iker Seisdedos   María Antonia Sánchez-Vallejo , El País, 14/12/21)

7.5.21

CIDAC no les proporcionaba EPIS, tenían que comprárselos ellos. Les hacían trabajar jornadas de 12h, incluidos fines de semana, las horas extras no estaban declaradas en las nóminas, las máquinas tenían los sistemas de seguridad averiados y almorzaban acompañados de ratas... una máquina de rodillos lo engulló y lo destrozó porque el sistema de seguridad estaba roto

 Pakito @Pakomarinp

 Hola. Mi nombre es Paco. No tengo casi seguidores en las redes sociales y estoy buscando a personas de buen corazón que puedan ayudarnos a mí y mi familia difundiendo la desgracia que acabamos de vivir:

El viernes día 30 de Abril el sobrino de mi mujer murió en un accidente laboral en Cornellá de Llobregat. Xavi se llamaba, y tenía 19 años. "Muere un chico de 19 años mientras trabajaba en una empresa textil de Cornellà"

En diciembre de 2020 se fue de casa de su madre (la hermana de mi mujer) en Roda de Berà para trabajar en la fábrica que trabaja el hijo de mi mujer, y se vino a vivir con nosotros a Hospitalet de Llobregat.

Estaba muy ilusionado porque estaba ganando un buen sueldo, y podía ayudar a su madre y su hermano. Era un niño que lo único que lo único que hacía era trabajar y no salir de casa nada más que para ira ver a su madre, su hermano y su novia en cuanto podía.

Se pasaba el día cantando, porque le encantaba cantar.

La empresa se llama CIDAC (http://cidac.es) y está en Cornellá de Llobregat . Dicha empresa no les proporcionaba ningún tipo de EPIS por lo que tenían que comprárselos ellos. Les hacían conducir las carretillas (toros) sin carnet, les hacían trabajar jornadas de 12h

incluidos los fines de semana, las horas extras no estaban declaradas como horas en las nóminas, las máquinas tenían los sistemas de seguridad averiados y almorzaban acompañados de ratas.

El viernes se fue a trabajar por la mañana y a las 12:30 una máquina de rodillos de tela asfáltica lo engulló y lo destrozó porque el sistema de seguridad estaba roto, tal y cómo él había explicado en alguna ocasión.

El hijo de mi mujer, que trabajaba con él, presenció como a su primo se lo tragaba la máquina destrozándolo, y aún así el pobre intentó sacarlo de ahí. Llamaron a emergencias y vinieron los bomberos, pero ya no pudieron hacer nada.

El domingo nos despedimos de él en una ceremonia muy emotiva. A día de hoy nadie de la empresa se ha puesto en contacto con la familia para dar el pésame y una explicación.

Lo único que dijeron al abogado de la familia cuando éste llamó fue que iban a reunirse para decidir si pagar el entierro al niño o no. Todo muy triste.

Hay abierta una investigación de la policía y está todo en manos del juez. No queremos dinero, sólo queremos que paguen con la pena máxima los responsables de este homicidio y que la gente conozca lo que ha pasado.

Espero que por favor que todo el que pueda, difunda este mensaje. Saludos y muchas gracias por dedicar un minuto de vuestro tiempo a leer este mensaje.

Os quiero dar las gracias en mi nombre, y en nombre de toda la familia, por vuestros mensajes de apoyo y la difusión que le estáis dando al tema. Ojalá pudiera contestaros uno por uno, pero me es imposible con la cantidad de mensajes que hay. Gracias de corazón.

Gracias otra vez a todos y todas por vuestro apoyo. Imaginaos la rabia que sentimos cuando nos enteramos que la empresa está abierta y sigue operando con normalidad. Esto no se puede explicar con palabras.

Muchas gracias a todos los que ofrecéis desinteresadamente vuestros servicios (sindicatos, abogados, asociaciones, periodistas, etc). Intentaré contestar todos vuestros mensajes en la medida que me sea posible. 

11:23 p. m. · 5 may. 2021
42,7 mil Retweets 1.403 Tweets citados 39 mil Me gusta

11.2.21

El País borra de una noticia sobre la muerte de 28 trabajadores en un taller clandestino el párrafo que lo vincula a Inditex

 "Este lunes saltaba la noticia del fallecimiento de 28 trabajadores en un taller textil clandestino. Lo publicaba inicialmente El País, principal medio de comunicación de prensa escrita de PRISA.

En el artículo, se informaba sobre que el grupo Inditex era el principal socio comercial de Marruecos en producción textil. “Marruecos es el principal proveedor de Inditex, la empresa matriz de marcas como Zara, Stradivarius, Pull&Bear y Bershka”, rezaba la literalidad del texto. Sin embargo, momentos después de su publicación, el diario lo eliminaba.

 Múltiples lectores comenzaron a preguntarse por qué el medio de PRISA habría procedido a borrar una información que, en una simple búsqueda, puede hallarse con facilidad en la red. Sin ir más lejos, Google engloba más de 47.000 resultados bajo esa matriz, enlazando a noticias que informan, entre otras, sobre la cantidad de talleres y trabajadores con los que Amancio Ortega cuenta en el país árabe, que se cifran en torno a 250 fábricas y más de 64.000 empleados.

 (...)  Existen vínculos entre Inditex y PRISA. Ignacio de Polanco, hijo del fundador Jesús de Polanco y actual Presidente de Honor de PRISA, se sienta en el patronato de la Fundación Carolina junto a Pablo Isla, presidente de Inditex. A ambas familias les une una trayectoria histórica. Compañeros en diferentes patronatos, Jesús de Polanco y Pablo Isla también formaron parte del Real Instituto Elcano."    (Alba González, La Última Hora, 09/02/21)

29.1.21

Piketty: La caída del ídolo estadounidense... El sistema de esclavitud jugó un papel central en el desarrollo de los Estados Unidos y, de hecho, del capitalismo industrial occidental en su conjunto. De los quince presidentes que se sucedieron hasta la elección de Lincoln en 1860, no menos de once eran propietarios de esclavos, incluidos Washington y Jefferson... Durante siglos, personas de diferentes orígenes étnicos y raciales han vivido sin contacto entre sí, excepto a través de la dominación... El hecho de que hayan estado viviendo juntos recientemente en las mismas comunidades políticas es un gran avance de civilización. Pero sigue dando lugar a prejuicios y explotación política

 "Después de la invasión del Capitolio, el mundo desconcertado se pregunta cómo el país que se ha presentado durante mucho tiempo como el líder autoproclamado del mundo «libre» pudo haber caído tan bajo. Para entender lo sucedido, es urgente dejar a un lado los mitos y la idolatría y volver a la historia. En realidad, la República de los Estados Unidos, desde sus inicios, ha estado atravesada por debilidades, violencia y desigualdades considerables.

 La bandera confederada, emblema del Sur esclavista durante la Guerra Civil de 1861-1865, que fue ondeada hace unos días por los alborotadores en el piso del parlamento federal no estuvo allí por casualidad. Se refiere a conflictos muy graves que deben afrontarse. 

 El sistema de esclavitud jugó un papel central en el desarrollo de los Estados Unidos y, de hecho, del capitalismo industrial occidental en su conjunto. De los quince presidentes que se sucedieron hasta la elección de Lincoln en 1860, no menos de once eran propietarios de esclavos, incluidos Washington y Jefferson, ambos nacidos en Virginia, que en 1790 tenía una población de 750.000 (de los cuales el 40% eran esclavos). ), equivalente a la población combinada de los dos estados del norte más poblados (Pensilvania y Massachusetts).

 Después de la revuelta de 1791 en Santo Domingo (la joya del sistema colonial francés y la mayor concentración de esclavos en el mundo atlántico en ese momento), el sur de los Estados Unidos se convirtió en el centro mundial de la economía de las plantaciones y experimentó un rápido crecimiento. El número de esclavos se cuadruplicó entre 1800 y 1860; La producción de algodón se multiplicó por diez y alimentó a la industria textil europea. 

Pero el noreste de los EE. UU. Y especialmente el Medio Oeste (el lugar de nacimiento de Lincoln) se desarrolló aún más rápidamente. Estos dos grupos se apoyaron en un modelo económico diferente, basado en la colonización del Oeste y el trabajo libre, y querían bloquear la expansión de la esclavitud en los nuevos territorios del Oeste.

 Después de su victoria de 1860, Lincoln, un republicano, estaba dispuesto a negociar un fin pacífico y gradual a los esclavistas, con una compensación para los propietarios, como había sucedido durante las aboliciones británica y francesa en 1833 y 1848. Pero los sureños prefirieron jugar a la tarjeta de secesión, como algunos de los colonos blancos de Sudáfrica y Argelia en el siglo XX, en un intento por preservar su mundo. Los norteños rechazaron su partida y la guerra comenzó en 1861.

 Cuatro años más tarde, y tras la muerte de 600.000 personas (tantas como el total acumulado de todos los demás conflictos en los que participó el país, incluidas las guerras mundiales, Corea, Vietnam e Irak), el conflicto terminó con la rendición de los Ejércitos confederados en mayo de 1865. 

Pero los norteños no consideraron que la población negra estuviera lista para convertirse en ciudadanos, y mucho menos propietarios, y dejaron que los blancos recuperaran el control del sur e imponieran un estricto sistema de segregación racial, que les permitiría para retener el poder durante otro siglo, hasta 1965.

 Mientras tanto, Estados Unidos se convirtió en la primera potencia militar del mundo y pudo poner fin al ciclo de autodestrucción nacionalista y genocida que enfrentó a las potencias coloniales europeas entre 1914 y 1945. Los demócratas, que fueron los partido del otrora pro-esclavitud Sur, logró convertirse en el partido del New Deal. Impulsados ​​por el desafío comunista y la movilización afroamericana, concedieron derechos civiles sin reparaciones.

 Pero a partir de 1968, el republicano Nixon recuperó el voto de los sureños blancos denunciando la generosidad social que los demócratas otorgarían a los negros a través del clientelismo (un poco como la forma en que la derecha en Francia sospecha de la izquierda del islamizoizquierdismo cuando evoca discriminación anti-musulmana). Se produjo una importante reversión de la alianza, amplificada por Reagan en 1980 y Trump en 2016. 

Desde 1968, los republicanos han ganado una clara mayoría del voto blanco en todas las elecciones presidenciales, mientras que los demócratas siempre han obtenido el 90% del voto negro. y 60-70% del voto latino. Mientras tanto, la proporción de blancos en el electorado ha disminuido constantemente del 89% en 1972 al 70% en 2016 y al 67% en 2020 (frente al 12% de los negros y el 21% de los latinos y otras minorías), lo que ha impulsado el enardecimiento de los trumpistas del Capitolio y amenaza con hundir a la República de los Estados Unidos en un conflicto étnico-racial sin salida.

 ¿Qué podemos concluir de todo esto? Según una lectura pesimista, apoyada por muchos de los grupos más educados que en adelante votaron por los demócratas (lo que permite a los republicanos presentarse ahora como anti-élite, aunque sigan incluyendo a buena parte de la élite empresarial, si no todavía atractivo para la élite intelectual), los votantes republicanos se describen como "deplorables" y "más allá de la redención".

 Se dice que las administraciones democráticas hicieron todo lo posible para mejorar la suerte de los más desfavorecidos, pero el racismo y la acritud de las clases trabajadoras blancas aparentemente les impide verlo. El problema es que esta visión deja poco margen para una solución democrática. 

Un enfoque más optimista de la naturaleza humana podría ser el siguiente. Durante siglos, personas de diferentes orígenes étnicos y raciales han vivido sin contacto entre sí, excepto a través de la dominación militar y colonial. El hecho de que hayan estado viviendo juntos recientemente en las mismas comunidades políticas es un gran avance de civilización. 

Pero sigue dando lugar a prejuicios y explotación política que solo pueden superarse con más democracia e igualdad. 

 Si los demócratas quieren recuperar el voto socialmente desfavorecido, sea cual sea su origen, es necesario hacer más en términos de justicia social y redistribución. El camino por delante será largo y arduo. Razón de más para empezar ahora."                   (Thomas Piketty, blog, 12/01/21)

15.12.20

Trabajo esclavo bajo las alfombras de las multinacionales norteamericanas. En 2013, las filiales estadounidenses localizadas fuera de EE.UU. generaron 124 110 casos de trabajo forzado... en EE.UU. hubo, durante el mismo año, 57 539 trabajadores en situación de esclavitud laboral

 "En 2018 el nobel de Economía Joseph Stiglitz publicó “El malestar en la globalización. La antiglobalización en la era de Trump”, una actualización de su libro más importante.

En esta revisión señala la importancia de gestionar la globalización de manera que beneficie, si no a todos, al menos sí a la mayoría de los participantes en el proceso. Esa gestión que propone Stiglitz implica el control, por parte de gobiernos y consumidores, de las empresas multinacionales. Así se intenta reducir los daños económicos y sociales generados por la globalización.

El poder económico de las corporaciones intensifica los procesos de deslocalización de su actividad, lo que les permite maximizar sus beneficios. El problema está en que esos rendimientos empresariales generan consecuencias negativas de carácter social. Una de ellas es el trabajo forzado.

La esclavitud se ha ejercido en distintas civilizaciones desde hace milenios. Sin embargo, muchos ignoran que esta práctica atroz es una realidad todavía hoy. (...)

Conceptualizando la esclavitud laboral en el siglo XXI

La Organización Internacional del Trabajo estableció la definición vigente de esclavitud laboral en la Convención sobre el Trabajo Forzado Nº 29 de 1930. Este concepto se entiende como “todo trabajo o servicio exigido a cualquier persona bajo amenaza de sanción o castigo y para el cual la persona no se ha ofrecido voluntariamente”.

Actualmente, este fenómeno continúa, en gran medida, oculto a ojos de las administraciones. Afecta principalmente a la economía informal y al ámbito rural de regiones como Centroamérica, África o las zonas más deprimidas de Asia.

Algunos de los condicionantes detrás de esta lacra son:

  • La vulnerabilidad de economías rurales aisladas y de migrantes en situación de desamparo.

  • La contracción de deudas abusivas cuyo pago se exige en forma de trabajo.

  • El poder de ciertas redes delictivas que explotan a personas en sectores con alta estacionalidad, como el agrario.

Todos estos factores hacen que uno de los principales retos a la hora de acabar con estas prácticas lamentables sea su detección y cuantificación.

Uno de los organismos que tratan de contribuir a la lucha contra este problema global es la Oficina de Asuntos Laborales Estadounidenses (US-ILAB), la cual elabora periódicamente un informe de bienes producidos con trabajo infantil o trabajo forzado en todo el mundo.

A pesar de que gran parte del trabajo indigno se origina en economías emergentes, en la edición de 2020 de su informe, US-ILAB pone especial énfasis en la responsabilidad empresarial en la lucha contra este problema, especialmente en la de las grandes compañías globales con una cadena de suministro de gran dimensión.

Producción global y trabajo indigno

Una buena parte de las fragmentadas cadenas globales de producción está dominada por empresas multinacionales que, en su búsqueda de aminorar costes, toman decisiones alejadas de la ética, la seguridad y los estándares laborales de los países desarrollados.

Prácticas como la deslocalización de partes de la producción (offshoring) o la subcontratación (outsourcing) permiten a estas empresas maximizar sus beneficios sin tener que asumir ni internalizar las consecuencias negativas de un modelo de negocio intensivo en la creación de trabajo indigno.

De hecho, la suma de proveedores y subcontratas que conforman la cadena de producción de muchas multinacionales hace que se diluya la responsabilidad al respecto.

Aunque es complejo determinar quiénes son los culpables de que la esclavitud laboral se siga perpetuando en pleno siglo XXI, no lo es tanto cuantificar cuántas personas sufren esa lacra como consecuencia directa o indirecta de esas prácticas empresariales.

Nuestra última publicación en la revista internacional Economic Systems Research trata de arrojar algo de luz al respecto, poniendo el foco en el caso de la huella de trabajo indigno arrastrado por las multinacionales estadounidenses.

Si bien es cierto que el trabajo indigno implica a otros muchos agentes económicos, es interesante concretar el papel desempeñado por estas empresas estadounidenses, no solo por la magnitud de sus operaciones, sino por su influencia y poder en mercados de todo el mundo.

Poniendo números a las decisiones

En 2013, las filiales estadounidenses localizadas fuera de EE.UU. generaron 124 110 casos de trabajo forzado en las distintas fases de sus cadenas globales de producción.

La mayor parte de esos casos están relacionados con filiales ubicadas en India, Brasil, China y México, y esos trabajadores están siendo explotados en el sector primario, las manufacturas (destacando las electrónicas en China) y en servicios como el comercio.

En comparación, en EE.UU. hubo, durante el mismo año, 57 539 trabajadores en situación de esclavitud laboral, según la base de datos Social Indicators of Working Conditions Database.

En otras palabras, los impactos asociados a las actividades extranjeras de las multinacionales estadounidenses duplican los casos de trabajo forzado vinculados a la producción dentro del país. Si las filiales extranjeras trasladaran esos puestos de trabajo indigno a territorio estadounidense, las instituciones de EE.UU. tendrían que responsabilizarse del triple de casos de esclavitud.

Este retroceso en términos sociales sería inaceptable en cualquier país desarrollado, puesto que menoscabaría décadas (o siglos) de progreso en el reconocimiento y protección de los derechos laborales.

Poniendo estos datos en un contexto internacional, un país imaginario compuesto por las filiales extranjeras de multinacionales estadounidenses ocuparía la novena posición en un ranking mundial de países ordenados por la huella de trabajo forzado detrás de su producción, por delante de economías de la magnitud de Rusia, Canadá o Australia.

¿Qué hay bajo la alfombra de la globalización?

Esas cifras revelan una realidad encubierta por la fragmentación de las cadenas productivas: hay miles de trabajadores en situación de esclavitud vinculados a la producción de grandes corporaciones estadounidenses.

La contratación de proveedores en países emergentes está motivada por razones económicas (menores costes laborales, menores impuestos y otras ventajas comparativas). La paradoja es que los pésimos estándares laborales en dichos países estarían fuera de la legalidad y fuertemente sancionados en Estados Unidos.

Aunque la mayor parte del trabajo forzado se concentra en países emergentes, también algunos países desarrollados muestran una carga significativa de trabajo esclavo.

Así ocurre con subsidiarias estadounidenses ubicadas en Reino Unido, Canadá e Irlanda, cuyo impacto directo e indirecto en términos de trabajo forzado se estima en nuestro artículo en 2 646, 2 472 y 1 733 víctimas, respectivamente.

En cualquier caso, los países desarrollados no son ajenos al trabajo esclavo. Las multinacionales se han convertido en un vínculo entre las víctimas de trabajo forzado y el consumidor que compra productos de reconocidas marcas estadounidenses.

El poder de cambio social de las multinacionales

Pese a todo, estas empresas están en situación de contribuir con proyectos de mejora social como la Agenda 2030, incorporándose a algunos de los retos que plantea: la erradicación del empleo indigno y la pobreza, o la lucha contra el cambio climático.

Su capacidad de cambio está en su dimensión internacional, en su alta capacidad de decisión y en las posibilidades que tienen de llevar progreso tecnológico y laboral a los países receptores de su inversión.

Si estas empresas son capaces de incorporar el compromiso con la responsabilidad y la sostenibilidad que la sociedad demanda cada vez más a las corporaciones, podrán convertirse en motores de cambio.

Para conseguirlo, es necesario que tanto los consumidores finales como los gobiernos de los países desarrollados destinatarios de sus importaciones puedan monitorizar las cadenas globales de suministro de las multinacionales.

A nivel europeo, sería deseable prestar especial atención a las decisiones de aquellas economías fiscalmente laxas, que atraen a su territorio las sedes de cientos de filiales de multinacionales.(...)"                 (,     , The Conversation, 15/11/20)