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22.5.26

Estamos asistiendo a una nueva crisis social en Bolivia que hace tambalear al gobierno del derechista Rodrigo Paz Pereira, electo presidente hace solamente nueve meses... es un nuevo capítulo de un largo proceso de crisis política e institucional que arranca por lo menos en el año 2020... las medidas neoliberales adoptadas por Rodrigo Paz como por ejemplo, el aumento del precio de la gasolina e incluso la distribución de gasolina adulterada, la eliminación de subsidios y programas sociales, nuevos impuestos para los pequeños productores y comerciantes,la privatización y entrega a empresas trasnacionales del gas y el litio, la derogación de impuestos a las grandes fortunas y a las transacciones financieras, han desatado al máximo el descontento de la gran mayoría de la población y en particular de los trabajadores organizados, bloqueando carreteras en todo el país... la respuesta de las autoridades ha sido la represión de de la policía y de las las fuerzas armadas... Si algo faltaba en este escenario caótico era el resquebrajamiento institucional, con con las declaraciones del Vicepresidente de Bolivia, Edman Lara, acompañado por legisladores del PDC: “una vez más le pedimos al presidente bajar la soberbia, llamar al diálogo, dialogar con los sectores movilizados y no con esos grupos que al presidente le conviene dialogar” ( Carlos Flanagan)

 "En estos días estamos asistiendo a una nueva crisis social en Bolivia que hace tambalear al gobierno de derecha de Rodrigo Paz Pereira (quien fuera el candidato del PDC), electo presidente hace solamente nueve meses, el 17 de agosto del pasado año.

Desde ya podemos afirmar que la presente crisis no es para nada un rayo en una noche de verano, ni tiene su inicio hoy.

Es más bien un nuevo capítulo de un largo proceso de crisis política e institucional que arranca por lo menos en el año 2020, como mencionáramos en artículos previos e inmediatamente posteriores a las ya mencionadas elecciones de agosto pasado.

Señalábamos que el MAS no tenía cuadros políticos formados para la gestión gubernamental; debido a que nunca funcionó como un partido de acción política permanente y cotidiana, sino por el contrario lo hizo como un instrumento electoral puntual.

En segundo lugar remarcábamos el nefasto papel jugado por Evo Morales quien asumió la presidencia del MAS en el año 2020, luego de haber sido Presidente de Bolivia desde desde el 22 de enero de 2006 hasta su renuncia, el 10 de noviembre de 2019.

En su obsesión de ser el eterno candidato a presidente de la izquierda boliviana, no sólo no organizó la formación política de cuadros, sino que llevó adelante una férrea oposición al gobierno del propio MAS, encabezado por Luis Arce y David Choquehuanca (ex ministro de economía y relaciones respectivamente bajo su presidencia), a los que llegó a tildar de traidores.

Llegó a dividir incluso a la bancada parlamentaria del MAS entre “arcistas” y “evistas” (votando estos últimos muchas veces con la derecha en contra de proyectos del gobierno).

Finalmente en las elecciones promovió el voto anulado, lo que facilitó el triunfo de la derecha.

Como tercer elemento marcábamos las debilidades de la política económica del presidente Arce que dieron lugar al aumento de la inflación que llegó a un 24%, el mayor porcentaje en 39 años.

El valor del dólar que desde hacía años cotizaba entre 6,50 y 7 bolivianos, pasó a costar entre 13 y 20 bolivianos en el mercado paralelo.

No existió un debido control a la evasión de ganancias de firmas exportadoras a la banca offshore.

Y para completar el panorama de crisis y falta de credibilidad en el gobierno, una gran escasez de combustible obligó a la gente a hacer largas filas durante horas en las distintas estaciones de servicio.

Hoy las medidas neoliberales adoptadas por Rodrigo Paz como por ejemplo:

  • la derogación de impuestos a las grandes fortunas y a las transacciones financieras,
  • nuevos impuestos para los pequeños productores y comerciantes,
  • eliminación de subsidios y programas sociales,
  • la revisión de la ley de trabajo,
  • la privatización y entrega a empresas trasnacionales del gas y el litio,
  • aumento del precio de la gasolina e incluso la distribución de gasolina adulterada,

han desatado al máximo el descontento de la gran mayoría de la población y en particular de los trabajadores organizados.

A principios de mes hubo paros de transportistas y en el magisterio. A su vez la COB presentó un pliego con 100 demandas que fue rechazado en su totalidad por el gobierno.

La respuesta popular

Ante la falta de diálogo, la misma no se hizo esperar y en los últimos días se bloquearon diversas carreteras en todo el país; principalmente en El Alto y La Paz, que está prácticamente aislada con 18 puntos de bloqueo de un total de 22 en el país hasta la fecha.

La respuesta de las autoridades hasta el momento ha sido la contención y represión a las manifestaciones que están llegando a las cercanías de la plaza Murillo, sede del gobierno.

Además de la policía, están participando las fuerzas armadas; lo que sería ilegal dada la inexistencia de la autorización previa parlamentaria.

Asimismo han librado orden de aprehensión contra Mario Argollo, Secretario Ejecutivo de la COB y otros 24 dirigentes sociales.

Una voz discordante en el gobierno

Si algo faltaba en este escenario caótico era el resquebrajamiento institucional.

El mismo se hace patente con las declaraciones nada menos que del Vicepresidente de Bolivia, Edman Lara en el día de ayer domingo 17, acompañado por legisladores del PDC de las cuales transcribimos algunos pasajes en forma textual: “una vez más le pedimos al presidente bajar la soberbia, llamar al diálogo, dialogar con los sectores movilizados y no con esos grupos que al presidente le conviene dialogar, porque hemos visto que se ha reunido solamente con los que son afines a él y eso no está bien”.

Insistió en que el presidente escuche a la COB y que si no puede acceder al aumento del 20% que solicitan, que se les otorgue lo que permita la economía del Estado.

No puede usted escuchar a unos y rechazar a otros, no puede usted conversar con unos y mandar a reprimir y a patear a otros bolivianos”, expresó Lara, quien además exigió la destitución del comandante general de la Policía Boliviana, Mirko Sokol Saravia, y del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Víctor Hugo Valderrama.

La siempre necesaria solidaridad

Desde ya el PIT-CNT, la central única de los trabajadores uruguayos, manifiesta su absoluta solidaridad con sus hermanos de clase nucleados en la COB y su disposición a colaborar en lo que sea menester.

Finalmente nos resta señalar una vez más, que ante el empuje neoliberal y privatizador de este gobierno, la única alternativa será la acumulación de fuerzas que hagan factible la mejor resistencia. Y eso sólo se logrará con la unidad de acción de todas las fuerzas sindicales y sociales en lo que en su momento fue el llamado pacto de unidad que integraron la COB y distintas organizaciones campesinas y de pueblos originarios.

Carlos Flanagan fue integrante de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio de Uruguay. Exembajador de Uruguay ante el Estado Plurinacional de Bolivia."

( Carlos Flanagan , Rebelión,  20/05/26)

4.7.24

Bolivia, en crisis por pugna personal y mezquina, entre sus más connotados dirigentes: el presidente Luis Arce y el ex mandatario Evo Morales, “enemigos a muerte”... Ambos líderes, el estatal y el social, ambos son responsables del deterioro. No se debate cómo salir de la crisis económica, lo único es quién debe ser el candidato presidencial para 2025... Se necesita un periodo de transición para restablecer el poderío económico del Estado... el 65 por ciento de las exportaciones las hacía el Estado, hoy es de 25 por ciento y los privados 75. Así tenemos un Estado que no puede controlar el tipo de cambio, que perdió su fuerza redistributiva y la capacidad de inversión pública... hay muchos síntomas de deterioro. Pero a diferencia de Evo, no creo que lo que le va mal a Lucho, le favorece a él, esa es una lectura muy instrumental y electoral y no política. Lo que le va mal a Luis nos va mal a todos, al país y al evismo (García Linera)

"La Paz. Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Bolivia entre 2006 y 2019, advierte en entrevista con La Jornada, que no ha dejado de ser militante del Movimiento al Socialismo (MAS), que trabaja en formar una generación de recambio para protagonizar otro momento de movilización y epifanía colectiva, como la que vivió Bolivia hace 20 años, y que los llevó al poder para construir un país plurinacional.

Pero no censura eso, ni de cerca, para argumentar una drástica crítica a su partido y a sus más connotados dirigentes: el presidente Luis Arce y el ex mandatario Evo Morales, “enemigos a muerte”.

Para él, “dentro del bloque nacional popular hay una pérdida del horizonte estratégico, de los adversarios reales a enfrentar y un enfrascamiento en pugnas personalizadas y muy mezquinas”.

–¿Usted quiere personalizar quién tiene más responsabilidad en este deterioro?

–Ambos líderes, el estatal y el social, ambos son responsables del deterioro. No se debate cómo salir de la crisis económica, lo único es quién debe ser el candidato presidencial para 2025. Esto hay que ubicarlo en un contexto histórico: el fin del momento hegemónico del proceso de cambios progresistas, y el inicio de una fase administrativa y fragmentada.

“Tengo una lectura de que el horizonte cultural que se abrió entre 2000 y 2008 da para más, las encuestas lo muestran, el apego de sectores populares hacia políticas redistributivas y un papel importante del Estado obtiene 60 por ciento, lo cual dice que el proceso de cambios tiene un horizonte de mediano plazo, pero no en su fase hegemónica/progresista, sino más administrativa.

“El tránsito hacia esa fase no se está sabiendo conducir de manera sana, generosa y heroica, sino mezquina, desordenada y de baja estrategia, dando lugar a la fragmentación del bloque popular. Se está terminando la fase de la gran mayoría política a cuyo alrededor giraban las otras fuerzas políticas e iniciando un ciclo político de pequeñas minorías, más complicado en cuanto a alianzas y posibilidades de transformación”.

–¿Es posible hacer acciones correctivas que permitan una transición más orgánica?

–Dos cosas: reformas de segunda generación, porque las que hicimos en 2005 se muestran insuficientes para el nuevo periodo, y un proceso de unidad pragmática de los dos liderazgos para no perder en 2025.

–También hay que atender lo coyuntural, que provoca descontento social...

–Las reformas económicas de segunda generación necesariamente pasan por restablecer la fuerza económica del Estado, que se perdió en los últimos cinco años. En nuestro tiempo, 65 por ciento de las exportaciones las hacía el Estado, hoy es de 25 por ciento y los privados 75. Así tenemos un Estado que no puede controlar el tipo de cambio, que perdió su fuerza redistributiva y la capacidad de inversión pública.

–¿Qué medidas inmediatas se requieren?

–Se necesita un periodo de transición para restablecer el poderío económico del Estado con las siguientes medidas inmediatas 

1) Control del comercio exterior, donde todos los exportadores durante un periodo temporal tengan la obligación de liquidar sus dólares en el Banco Central para resolver el malestar popular y de sectores medios por la ausencia de dólares; 

2) Reforma impositiva progresiva que grave las mayores fortunas, a quienes tengan más de un millón de dólares, sin tocar a los sectores medios y populares, para reducir el déficit que es de 11 por ciento, hay que hacerlo.

“3) Aprobar los dos eventos transgénicos para que la productividad y frontera agrícola se expandan en menos de seis meses, hasta en 27 por ciento en las siguientes cosechas, hoy 98 por ciento de la producción es transgénica, pero de los años 2000; 

4) Comprar más oro a las cooperativas que hay al norte de La Paz y en la Amazonia, hoy es apenas 5 por ciento; 

5) Rediseñar el tema del litio, hemos perdido casi cinco años, una barbaridad, primero con el golpe en 2019 y después con las políticas erráticas de Luis Arce, tenemos cero que no sea lo que hizo Evo. Mi mirada no es extractivista, sino de cadena de valor, podemos usar el ser la mayor reserva mundial de litio, como aporte accionario a una asociación de empresas internacionales con el Estado como socio”.

Nuevos políticos, pocas ideas

–¿Por qué dice que el gobierno de Arce ha fallado en la estrategia del litio?

–No fue asumido como un proyecto presidencial, lo dejó en manos improvisadas, en la batalla contra Evo se deshizo de todo el equipo que nos acompañó durante 13 años para colocar gente que recién comenzó a ver en la tabla periódica de los elementos qué significaba litio.

–¿La izquierda tiene la fuerza para imponer este conjunto de políticas?

–La teníamos, sacamos 55 por ciento. Ahora estamos fracturados y para implementar eso se requiere, en simultáneo, la unificación del bloque popular e impulsar las reformas. Un intento de que lo haga Luis por su cuenta es imposible porque es minoría en el Parlamento, requiere un acuerdo con el bloque evista más allá de la candidatura, en la perspectiva de cómo mantener el bloque mayoritario de lo popular e implementar reformas que le devuelvan al proceso la mística y el entusiasmo hoy perdidos, hay un malestar silencioso y apatía.

–He encontrado opiniones en la calle que lamentan que el golpe no prosperará.

–Es un gobierno malo y cada vez con mayores dificultades para llegar más o menos en pie a 2025, hay muchos síntomas de deterioro. Pero a diferencia de Evo, no creo que lo que le va mal a Lucho, le favorece a él, esa es una lectura muy instrumental y electoral y no política. Lo que le va mal a Luis nos va mal a todos, al país y al evismo.

–¿Usted qué está haciendo para gestar esa unidad que exige?

–Lo que hice y anuncié dos años atrás fue exponer lo que está sucediendo, los riesgos que venían, visualizar reformas progresistas de segunda generación, posibles, viables, concretas, factibles que nos puedan sacar del fango donde estamos ahorita. Políticamente estoy dedicado al trabajo con jóvenes de base –vengo de la acción colectiva, de las luchas populares– y apuesto a una nueva lucha popular a corto o mucho tiempo, que son los procesos que regeneran la política, la ética y las ideologías sociales.

“La mía no es una batalla del momento administrativo, me siento cómodo en los momentos rupturistas, cuando las fuerzas ígneas de la sociedad despiertan y crean un nuevo mundo, creo en esos momentos de estallido social. Es cierto, alguien debe estar en el momento administrativo, están estos dos compañeros que se están peleando por el voto, pero hagan la pelea bien, lo que están haciendo va a llevarlos a la derrota, otros les van a quitar el puesto y lo que podía ser un tránsito administrativo del proceso de cambios puede devenir en su fin por los errores estratégicos que están cometiendo ambos líderes”.

–¿Ese momento de ruptura lo ve violento?

–Para nada, son momentos de epifanía colectiva donde la gente se siente convocada a participar y debatir por cuenta y riesgo propio para modificar el horizonte. Eso pasó en los 2 miles y fue democrático y se resolvió por elecciones y asamblea constituyente, momentos de protagonismo colectivo de la sociedad que nos dio fuerza en estos 20 años."   (Aldo Afonsi, La Jornada, 01/07/24)

19.7.21

Golpe de Estado en Bolivia: la articulación internacional... Bolsonaro figura entre los participantes de las reuniones secretas en las que se decidió que la senadora Jeanine Añez tomara la presidencia... y Macri lo supo una semana antes

"La noticia de que el Gobierno de Mauricio Macri le envió 40.000 cartuchos antitumulto, 23 gases lacrimógenos en spray y 121 granadas de gas a las Fuerzas Armadas bolivianas volvió a poner en la agenda regional el debate sobre si en Bolivia hubo un golpe de Estado.
 
 El hallazgo de una carta de agradecimiento firmada por el entonces Comandante de la Fuerza Aérea Boliviana se suma a una denuncia similar contra Lenin Moreno, el ex presidente de Ecuador, sobre el envío de pertrechos militares, bombas lacrimógenas y balines también días después del derrocamiento de Evo Morales.

De este modo, Argentina y Ecuador completan junto a Brasil la lista de países del Grupo de Lima que intervinieron en favor de la ruptura del orden constitucional en Bolivia durante noviembre de 2019: el embajador de Jair Bolsonaro figura entre los participantes de las reuniones secretas en la Universidad Católica en las que se decidía que la senadora Jeanine Añez tomara la presidencia. Una vez consumado el golpe, el avión presidencial boliviano realizó una serie de vuelos hacia Brasil cuya finalidad se desconoce hasta el momento.

De igual manera, la Unión Europea también formó parte de las conversaciones en las que la oposición decidió no respetar la sucesión presidencial. Si bien es común que organismos internacionales contribuyan a alcanzar acuerdos en momentos de crisis institucional, el 29 de abril de este año el Parlamento Europeo dictaminó que en Bolivia no hubo una ruptura del orden constitucional y que Jeanine Añez era una presa política. Más allá de que los parlamentarios decidieron ignorar el artículo 169 inciso I de la Constitución Política, que nunca menciona al Vicepresidente Segundo del Senado en la línea de sucesión, el “veredicto” llegó luego de que el Poder Judicial iniciara procesos de enjuiciamiento y prisión domiciliaria contra la ex mandataria.

Es por estos acontecimientos que, en su conferencia de prensa, el Ministro de Relaciones Exteriores del Estado Plurinacional, Rogelio Mayta, insistió en la colaboración internacional que tuvieron Jeanine Añez y las Fuerzas Armadas Bolivianas para ejecutar la feroz represión de noviembre de 2019: “Hay algo en lo que quiero llamar la atención de ustedes. No es sencillo realizar las articulaciones que estamos pudiendo advertir. Tiene que existir personas con una alta capacidad de articulación internacional. Eso no es sencillo. Además, todos estos documentos que están saliendo ahora se ha procurado ocultarlos, sacarlos de los sistemas informáticos, no dejar copia y se están descubriendo gradualmente”.

El Canciller Mayta vuelve a poner énfasis en el rol que jugó la comunidad internacional, encabezada por la OEA y Luis Almagro, durante la ruptura del orden constitucional. En efecto, Jeanine Añez no demoró en tomar una serie de medidas que cambiaron el rumbo geopolítico del Estado Plurinacional de Bolivia: salida de Unasur y el Alba; ingreso al Grupo de Lima; retorno de USAID, que había sido expulsada por Evo Morales bajo la acusación de injerencia externa; toma de deuda con el Fondo Monetario Internacional; y cierre de embajadas en Nicaragua e Irán.

Mientras la noticia repercute fuertemente en la prensa argentina, la novedad agarra por sorpresa a los medios bolivianos: el ex Comandante de la Fuerza Aérea Boliviana que firma la carta de agradecimiento, Jorge Gonzalo Terceros Lara, viene de ocupar los principales titulares de los últimos días. Señalado como uno de los integrantes del Alto Mando Militar que jugó un rol destacado para que las Fuerzas Armadas rompieran la cadena de mandos, esta semana fue detenido preventivamente en el marco de la causa “Golpe de Estado” y su declaración del 5 de julio lo convirtió en una nueva cita de autoridad para quienes rechazan que haya habido un golpe. (...)

Si bien la opinión pública argentina se ha inclinado a favor de entender la salida de Evo Morales como una ruptura del orden constitucional, en el Estado Plurinacional de Bolivia sigue siendo una narrativa en disputa. Mientras los principales medios de comunicación, las ONGs y los activistas en redes sociales amplifican las voces que rechazan al golpe y sostienen que hubo un fraude, la justicia boliviana avanza con la causa “Golpe de Estado” y la investigación de las Masacres de Senkata y Sacaba que ya cuentan con varias prisiones preventivas.

En cambio, en Argentina la noticia llega cuando el ex presidente Macri se encuentra de gira por Europa, tras la derrota de los sectores más duros de la oposición frente a los moderados en el cierre de candidaturas de las elecciones legislativas. Rápidamente, el ex Ministro de Relaciones Exteriores Jorge Faurie, quien oportunamente había rechazado la existencia de una ruptura del orden constitucional en Bolivia, salió a rechazar la participación de su cartera: “La Cancillería no tuvo ningún tipo de intervención de envío de material”.

Lentamente, las luces comienzan a posarse sobre la ex Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, que viene debilitada tras perder apoyos dentro de la oposición y resignar su candidatura a diputada. El actual Ministro de Defensa, Agustín Rossi, deslizó que el armamento antitumulto correspondería a Gendarmería, una fuerza federal que el 13 de noviembre de 2019 estaba a cargo de Bullrich. En el avión Hércules C-130 que trasladó la carga también se encontraban integrantes del Grupo Alacrán de Gendarmería. La ex Ministra señaló que nunca pasó por sus manos un pedido de material para la Fuerza Aérea Boliviana, pero no terminó de desmentir el envío de material represivo por parte del Estado argentino.

Por otro lado, la noticia le otorga un nuevo marco a la investigación que Alejandra Dandan publicó en El Cohete a la Luna después del golpe: “Macri lo supo una semana antes”. La periodista señala que el entonces Presidente argentino estaba al tanto del intento de sedición desde el 4 de noviembre, cuando Luis Fernando Camacho pidió asilo político a los Consulados de Argentina y España en Santa Cruz en caso de que el avance contra Evo Morales fracasara. Según Dandan, el encuentro quedó registrado en un cable que el consulado argentino envió a la Cancillería.

 De modo similar, en Bolivia la noticia también afecta a la oposición. Una vez más, las voces que insisten con que “no fue golpe, fue fraude” vuelven a quedar desacreditadas tal como ocurrió tras la victoria electoral del MAS y Luis Arce Catacora por más del 50% de los votos, y la detención del ex Ministro de Gobierno Arturo Murillo por el pago de sobornos en la compra de gases lacrimógenos durante su gestión. En esta oportunidad, las denuncias de colaboración de los gobiernos de Lenín Moreno y Mauricio Macri para sostener al golpe abren una nueva línea de investigación: la articulación internacional en la ruptura del orden constitucional en Bolivia durante noviembre de 2019."                  (Damián Andrada, NODAL, 14/07/21)

9.2.21

García Linera: En Bolivia lo tercero que hicimos fue controlar el sector financiero: poniéndole impuestos muy elevados, de hasta el 50% de sus ganancias, y obligándolos por ley a que un 60% de los flujos financieros y créditos vayan a producción y vivienda, a una tasa regulada del 5%

 "(...)  APU: Para empezar, haciendo un balance de los 14 años del «Proceso de Cambio Boliviano» se ha destacado el éxito económico del modelo con respecto al resto de los gobiernos progresistas o nacional-populares. ¿Cuál diría que fue la clave o la fórmula para el gran desempeño económico articulado con una importante presencia estatal de carácter plebeyo?

Álvaro García Linera: Yo diría que hubo al menos unas 3 medidas concéntricas para ello. La primera: la nacionalización de las actividades económicas de alta rentabilidad, que le permitieron al Estado disponer casi instantáneamente de un excedente económico: hidrocarburos, telecomunicaciones y electricidad. No son áreas deficitarias, sino que generaban excedentes que se iban afuera. 

Cuando logras con esta medida retener el excedente económico, lo que haces es inyectarlo en el país para que eso dinamice la economía, vía distribución de recursos, inversiones públicas, mejora de la educación, etc. Esta retención del excedente fue clave.

Un segundo elemento fue dinamizar el mercado interno, porque éste está vinculado a pequeños productores que son la mayoría en mi país: agrícolas, urbanos, artesanales, pequeños comerciantes. ¿Y esta dinamización del mercado interno cómo la logras? Distribuyendo la riqueza: bonos, ayuda a la gente más necesitada, elevando el salario; y entonces en los sectores populares la gente gasta casi el 50% de su salario en comida, y luego también en servicios básicos, transporte, telecomunicaciones, educación.

Tuvimos un incremento sostenido del salario mínimo: pasamos de 52 a 306 dólares en una década, fue fundamentalmente dinero que regresaba otra vez a la economía. Alguna parte se ahorraba, pero para alquilarse un mejor cuarto, comprar o mejorar la casita, etc. 

Alguna gente evidentemente se compraba el smartphone o el televisor plano, y por supuesto ha habido una parte de dinero que se ha ido hacia el extranjero, pero cuando uno ve la estructura de gastos ello nunca rebasaba el 15% de los ingresos y exageradamente en sectores más acomodados hasta el 20%. El resto quedaba en dinámica de consumo interno. Y esto no significa aislarnos del mundo, claro está. Aprovechamos además las oportunidades de exportación, de hecho, se multiplicaron las exportaciones en esa década, casi por 4 veces en las áreas donde nos iba bien.

Hemos sacado así al 30% de la población de la pobreza extrema en una década. Es un récord continental en tan poco tiempo. Todos los países han avanzado en eso, pero Bolivia, no en número sino en porcentaje, ha sido el más acelerado en ello. Eso representó gente que consumía más, dinamizando el mercado interno, lo cual te permitía una expansión de la economía al margen o no tan dependiente de los precios internacionales. Se dice que crecimos porque era el boom de los commodities, sin embargo, desde el 2014 cuando caen los precios del petróleo, gas, soya, el crecimiento boliviano se sigue manteniendo en el 5%, por esta fuerza del mercado interno (con esos commodities elevados llegamos a tasas de crecimiento del 7%).

APU: ¿La tercer medida cuál fue?

Álvaro García Linera: Lo tercero que hicimos fue controlar el sector financiero. En dos sentidos: ponerle unos impuestos muy elevados, de hasta el 50% de sus ganancias, y luego obligarlos por ley a que un 60% de los flujos financieros y créditos vayan a producción y vivienda, a una tasa regulada del 5%. El restante 40% podían prestarlo para el comercio, para especulación financiera, no nos hacíamos problemas. Si querías préstamos para comprarte un automóvil podías hacerlo, pero las tasas iban al 12/14%. 

Eso dinamizó el consumo de insumos locales en la vivienda, contratación de fuerza laboral o para la producción agrícola o para la producción artesanal. Esto es muy importante, porque encima se dio un incremento en el ahorro interno boliviano en este periodo: llegamos en 2005 con un ahorro interno en los bancos de 2.700 millones, y al año pasado era de 27.000 millones de dólares. O sea, se multiplicó por 10. 

Si bien hay más elementos, yo creo que la combinación de esos tres factores fue lo que nos permitió que la economía creciera muy rápidamente, y tuvieron una sostenibilidad en el tiempo, aún a pesar de las variaciones de los precios internacionales. Una otra cuarta, que no deberíamos olvidar, es la bolivianización de los ahorros, porque eso también te permite políticas monetarias. En Bolivia, el dólar era casi como la moneda de uso corriente. Tú podías comprar electrodomésticos, una cantidad elevada de harina o de arroz, eso es muy grave, porque tu Banco Central no puede controlar el flujo de los dólares. 

En cambio, mediante incentivos logramos que la gente fuera ahorrando en bolivianos, que el Banco Central aparezca como el que regula los flujos monetarios del país. Pasamos de un 30% de ahorro en bolivianos y 70% en dólares en 2005, a un 95% de ahorro en bolivianos y un 5% de ahorro en dólares, porque premiabas al ahorro en bolivianos y lo castigabas en dólares. No fue fácil, pero se fue avanzando para que después de una década el peso boliviano fuera sólido, fuerte, y eso le permite al Estado intervenir, ya tienes una nueva herramienta de regulación de la economía.

APU: Y en relación con la nacionalización de los recursos estratégicos -o bienes comunes- en Bolivia y la apuesta por la industrialización, en una economía por demás primarizada, ¿qué alcances y limitaciones, dificultades, complejidades, se encontraron en esta apuesta por la industrialización, la diversificación y la complejización productiva?

Álvaro García Linera: Fue gradual. Cuando llegamos al gobierno teníamos que el 40% del PBI estaba en empresas extranjeras. Brasil tenía el 25%, era casi el dueño de la cuarta parte de Bolivia con Petrobras. Aparte de que eso significa que tus excedentes económicos se externalizan, se van afuera, los saberes productivos, los conocimientos técnicos, están en otras manos. 

Las propias universidades públicas no se encargaban de dar formación en hidrocarburos, ni minería ni agricultura, porque eran sectores devaluados. Debías tener tu maestría o doctorado en el extranjero, o ser contratado por una empresa extranjera o ser del extranjero. Entonces, la mayoría de las actividades productivas, no de la construcción sino de la gestión, de la administración, de la planificación, estaba en manos extranjeras.

Hubo un período de hueco cognitivo en la sociedad boliviana. Recuperarse de eso no fue rápido. Una primera labor que tuvimos, cuando se nacionalizaba una actividad, y luego de remover a los gerentes y accionistas, fue sostener al área administrativa y científica privada, con los mismos salarios durante un tiempo, ofreciéndoles que se quedaran en el Estado y formando rápidamente un grupo de personas en distintas áreas que fueran sustituyendo estos conocimientos.

En telecomunicaciones no nacionalizamos todo, porque es un sector muy dinámico, muy competitivo, y corres el riesgo de simplemente apoltronarte en el monopolio de las telecomunicaciones. Entonces, de ahí la idea de que haya habido empresas privadas con las cuales la empresa estatal competía. De hecho, nacionalizamos cuando ENTEL tenía el 45% de los clientes y al día de hoy tiene 45/47% de clientes. Eso significa que ha permitido mantener la fidelidad de sus clientes a pesar de que los privados, supuestamente más dinámicos, podrían ofrecerle mejores cosas (o no…). También el Estado fue dinámico y pudo volverse mucho más competitivo en áreas de rápida renovación tecnológica.

APU: ¿En qué medida se logró desarrollar capacidades nacionales, productivas, científico tecnológicas, estatales e institucionales para la transformación de la matriz productiva?

Álvaro García Linera: Al principio, los primeros años no hubo reacción del sector académico, y recién para la segunda gestión, al cuarto año, comenzaron nuevamente a reabrirse las carreras de ingeniería, en minerales, etc. No había una sola carrera de hidrocarburos en Bolivia y somos un país hidrocarburífero desde 1920… Se han abierto por todos lados carreras de hidrocarburos, petroquímica, etc.

Y luego, para los procesos de industrialización, por ejemplo, en hidrocarburos, hemos tenido que construir una planta de separación de líquidos, una planta de reconversión del gas en GNL para llevar el gas congelado a las comunidades más alejadas, la planta de urea, la planta de plásticos. Se ha tenido que contratar tecnología extranjera, con recursos del Estado. Se ha hecho una licitación pública para contratar empresas que tuvieran la tecnología, en medio de la observancia de los conocimientos del personal boliviano.

A la vez, en paralelo abrimos un concurso de becas en las áreas en las que creíamos que íbamos a trabajar mucho -minería, telecomunicaciones, hidrocarburos, litio-, de tal manera que el Estado pagaba maestrías y licenciaturas en áreas científicas a cualquier estudiante boliviano que quisiera estudiar en cualquier universidad del mundo. 

En ciertos casos, en negociaciones con empresas extranjeras -por ejemplo, con Samsung-, pactábamos que nos construían la planta de urea, pero como parte del contrato había 200 estudiantes bolivianos que se iban a Seúl por 3, 4 años a estudiar en la gestión de ese tipo de planta. Cuando los estudiantes daban los exámenes y lograban entrar en una universidad extranjera en estas áreas, nosotros corríamos con todos los gastos de ese joven: transporte, alimentación, estadía. La beca la daba el Estado para sacar la titulación, y el compromiso era trabajar luego para el Estado al menos por 5 años.

 APU: El desarrollo en el litio fue muy importante, no?

Álvaro García Linera: Tuvimos que comenzar casi de 0, porque allí tomamos una decisión en 2008 de que íbamos a tener el control de toda la cadena. Tuvimos que comenzar con baldes en galpones en Uyuni, al estilo de como uno se imagina los inventores del siglo XIX, y de ahí comenzó el proceso de la extracción una vez que se encontró el método boliviano (porque cada salmuera tiene distintos componentes de otros minerales en cada salar del mundo). Una vez que hicimos eso en el laboratorio con ingenieros bolivianos, que algo sabían del área evaporítica, luego hicimos la planta artesanal, luego piloto, luego industrial, y luego de ahí ya comenzamos otro tipo de derivaciones: carbonato de litio al 99% y de ahí a las baterías.

De manera que después de 10 años ya tuvimos todo el proceso de nuestro lado, y ahí ya a los procesos de industrialización, es decir, la conversión de litio a batería para los carros, nos lanzamos a hacerlo con empresas extranjeras: fundamentalmente por el mercado, porque tenías que lograr que las empresas de automóviles nos compraran, por ejemplo, 100.000 baterías. Entonces nos asociamos con los alemanes, pero ya en la parte final y sobre los derivados del litio. Porque también, por Constitución ninguna empresa extranjera puede entrar al salar. Una vez que se ha extraído la materia prima, por fuera del salar puedes tú procesarla. 

Tomamos esa decisión porque justamente con esto es lo que nos encontrábamos cuando queríamos industrializar el litio, las veces que fuimos a Corea, Alemania, Japón, EEUU, para buscar los apoyos, comprar tecnología, hacer acuerdos para la extracción del litio. Nos decían “nosotros hacemos todo, dividimos 50% ustedes, 50% nosotros, pero la planta es nuestra”. En Uyuni, aparte del litio hay otras cosas más, gran parte de las cuales no conocemos aún. Entonces dijimos: sacamos la salmuera, extraemos y se vuelve a reinyectar al salar, a la espera de tener tecnología para otras cosas. Lo que ellos querían es controlar ese proceso en el salar, nosotros dijimos no. En el salar nosotros, y para afuera asociados, con quien sea, especialmente en el ámbito de la producción y comercialización de las baterías.

Eso ha permitido de la nada ir creando toda una empresa nacional de evaporíticos que está a cargo ahora ya de 4 laboratorios, 2 industrias grandes -de cloruro de potasio y de carbonato de litio- y se estaba planificando un total de 42 industrias pymes alrededor del salar, de usos y procesamientos de derivados de litio. Ya hay 5 y tenían que irse construyendo gradualmente el resto, con personal propio, científicos propios. Tienes una estructura fuerte con muchos recursos (tenías… ahora está todo paralizado). Y alrededor de ello han comenzado a surgir las carreras universitarias. 

Pero como no había experiencia en evaporíticos, muchas de esas carreras universitarias están asociadas a otras partes del mundo: Holanda, China, etc. Se tiene que ir armando gradualmente, porque gente que pueda enseñar sobre eso hay los que han trabajado con nosotros, no hay una estructura académica paralela independiente que se hayan formado, porque es muy reciente, apenas de una década. Pero eso es un buen comienzo, ya hay 2 carreras de estos recursos evaporíticos en Bolivia vinculadas a otras universidades, para dar otros tipos de cursos. O sea, aquí tienes toda una gran veta. No ha sido algo fácil, es complejo y dependiendo cada área se ha tenido que actuar en función de las circunstancias.

APU: En torno a los márgenes de acción que tuvieron desde el Estado, ¿cuánto de lo planeado pudieron llevar a cabo y qué grado de limitaciones, obstáculos y resistencias se encontraron?

Álvaro García Linera: Es claro que desde el Estado no tienes todo el poder. Pero lo que sí tienes es capacidades de influir, selectivamente, en los demás núcleos de poderes (territoriales, políticos, económicos, etc.). El poder estatal tiene eso: es el monopolio de los monopolios. Ahora, según cómo utilizas ese monopolio va a depender cómo va a ir tu proceso. 

Te pongo el ejemplo de la nacionalización: quieres nacionalizar hidrocarburos, eso va a tener un efecto inmediato: va a hacer que todos los personajes se vayan, se paralice la actividad. Tienes que pensar cómo haces para funcionar luego. Luego, la más complicada: te hacen inmediatamente un juicio. Tú tienes tu derecho soberano para nacionalizar, pero ellos tienen su derecho a ampararse y a proteger sus inversiones demandándote. Puedes tardar un año, dos, pueden embargarte tus reservas internacionales guardadas en el extranjero.

¿Qué hicimos nosotros? Dijimos, revisemos antes los papeles. Toda empresa cometió algún error, siempre, por definición. Te agarras de ese error, lo judicializas, por los efectos del incumplimiento más sus multas son, ponte, 200 millones de dólares, frente a los 350 que pretenden ellos. Y sé que voy a encontrar más problemas que generarán más juicios. Y entonces negocias la indemnización. Eso hicimos con hidrocarburos, con ENTEL, con todo. (...)"                  (Entrevista a Álvaro García Linera, Julián Bilmes, APU, 21/01/21)

27.10.20

¿Por qué volvió a ganar el MAS? Lecturas de las elecciones bolivianas

 "El Movimiento al Socialismo (MAS) se impuso en las elecciones bolivianas con más del 50% según todos los conteos rápidos. ¿Qué explica este resultado a solo un año de la caída de Evo Morales? (...)

Pablo Ortiz (periodista)

Un año después de su caída, el MAS vuelve a ser el partido hegemónico de la política boliviana. Es el único realmente estructurado, con una militancia y un voto fidelizado, que resiste incluso la salida del escenario político de su máximo líder y fundador: Evo Morales.

La elección general de 2020 es la primera elección sin Evo Morales desde 1997 y es la primera votación que cumple con el referendo del 21 de febrero de 2016, que le dijo a Morales que no podía aspirar a una nueva reelección.(...)

La primera fue la estrategia correcta. Mientras que Carlos Mesa, Luis Fernando Camacho y otras fuerzas menores apostaron al clivaje MAS/anti-MAS (todos se presentaban como la mejor opción para que el anterior partido de gobierno jamás volviera), el MAS puso el acento en la crisis económica y la estabilidad como ejes de discurso y apostó a consolidar su voto duro como objetivo público número uno. El MAS desarrolló una campaña en los márgenes de las ciudades, con caminatas y concentraciones pequeñas, mezclando reuniones sindicales con conferencias académicas para alejarse de la imagen que predominó en la última campaña de Morales.

Arce y sus estrategas apostaron por las barrios alejados, por los pobres y los empobrecidos del coronavirus; por quienes pasaron de la pobreza a la clase media durante los 14 años de gobierno de Morales y volvieron a caer en la pobreza por el coronavirus; por la nostalgia que el agravamiento de la crisis (a principios de mayo, 3,2 millones de bolivianos no tenían lo suficiente para comprar alimentos, por culpa de la pandemia y la cuarentena) creó de los años de bonanza del MAS.

Para eso tuvo aliados involuntarios, ambos llegados desde el Oriente boliviano, las regiones del país que siempre se le resistieron a Morales. La primera «ayuda» fue la del gobierno de transición. El gobierno de Jeanine Áñez era leído como la continuación de la llamada «revolución de las pititas», la revuelta ciudadana que precedió al motín policial y la «sugerencia» de renuncia de la Fuerzas Armadas a Evo Morales. (...)

Con el inicio de la campaña, cayó el coronavirus. Al tiempo que familiares y ministros de Áñez comenzaban a disfrutar de las ventajas del poder (aviones, fiestas), sus aliados de retiraban dejando un reguero de hechos de corrupción que destruyeron uno de los primeros mitos fundacionales del antievismo: ellos eran capaces de cometer los mismos actos de corrupción y abuso de poder que el MAS. El tiro de gracia a la popularidad de Áñez llegó en plena cuarentena: se compraron más de 100 respiradores de origen español que no solo se pagaron cuatro veces más de su precio de lista, sino que no servían para terapia intensiva. Así, los reemplazantes de los supuestos corruptos y fraudulentos no solo eran corruptos, sino también altamente ineficientes. En pocos meses, y en medio de la pandemia, cayó un ministro de Salud tras otro.

Pero hubo una «ayuda» más. De las calles surgió un liderazgo potente y que prometía victoria: Luis Fernando Camacho, el hombre que había liderado la «revolución de las pititas» e incluso había forzado a Morales a abandonar Bolivia (tras la renuncia del presidente, él mismo anunció que estaban buscándolo para arrestarlo, lo cual precipitó la evacuación hacia México), se postuló para presidente aprovechando su gran popularidad en Santa Cruz.

El MAS y Arce aún eran hegemónicos en La Paz y Cochabamba, pero necesitaban que la renuente Santa Cruz, la segunda región con mayor cantidad de votantes de Bolivia e históricamente antimasista, no se inclinara por Mesa, el candidato que más cerca estaba de Arce. En 2019 se había dado un escenario parecido. Morales lideraba las encuestas y Santa Cruz estaba controlada por Óscar Ortiz, candidato local que aspiraba a ser presidente, pero en la última semana la estrategia de «voto útil» de Mesa le dio 47% de los votos cruceños y lo acercó lo suficiente a Morales como para discutir si había ganado en primera vuelta o no.

Esta vez, Camacho no sufrió el mismo efecto de desgaste. Surgido de las calles, religioso y con un discurso que exuda testosterona, tiene una impronta más emocional que propositiva y se planteó a sí mismo como el garante de que Morales no volvería al país. Pero esa no fue la clave para que se impusiera ante la estrategia del voto útil de Mesa, sino que logró exacerbar el orgullo identitario del cruceño y convertirlo en voto. A diferencia de Ortiz, Camacho no trató de «nacionalizarse» para conquistar votos, sino que apostó por convertir al resto de los bolivianos en cruceños. Eso, sumado a la juventud del votante cruceño, convirtieron a Camacho en una fuerza local e irreductible que cerró el territorio de Santa Cruz a Mesa y polarizó el voto con Arce, lo que le permitió a este una victoria más holgada. (...)

Eso sí, nadie se esperaba que Arce, que no es caudillo sino tecnócrata, superara el 50% de los votos. Para ello tuvo que hacer algunas jugadas finales, que lo acercan a priori a ser el primer presidente del posevismo antes que la continuidad de Morales. Lo primero fue tener la capacidad de criticar la gestión de Morales y cuestionar el entorno con el que gobernó el «primer presidente indígena». Arce ha prometido un gobierno de jóvenes, de nuevas figuras. Lo segundo fue alejar del votante boliviano esa idea de que el MAS viene a eternizarse en el poder. Arce ha prometido gobernar solo cinco años y «reencaminar el proceso de cambio». Y la tercera promesa fue desterrar la idea de que con el MAS volverían las persecuciones políticas y el revanchismo. Arce ha prometido también que no perseguirá a policías ni a militares involucrados en la renuncia de Morales.  (...) 

Julio Córdova Villazón (sociólogo, investigador sobre movimientos religiosos y cultura política) (...)

Por tres razones principales.

Primero, por la emergencia de un «voto de resistencia» de sectores urbano-populares y campesinos. Estos sectores fueron objeto de varias violencias en los últimos meses: a) la violencia electoral: su voto por el MAS en 2019 fue escamoteado a raíz de una falsa denuncia de fraude avalada por la Organización de Estados Americanos (OEA); b) la violencia simbólica: hubo constantes descalificaciones desde el Estado y en las redes sociales pobladas por sectores conservadores de clases medias, se difundió la imagen de «hordas de violentos e ignorantes» en referencia a estos sectores populares, y en noviembre de 2019 algunos policías quemaron la wiphala (bandera indígena reconocida constitucionalmente); c) la violencia militar-policial, concretada principalmente en las masacres de Sacaba (en los valles) y de Senkata (en el Altiplano); d) la violencia económica: las medidas de cuarentena frente al covid-19 fueron tomadas en desmedro del sector informal de la economía.

Segundo, por la rearticulación de las organizaciones sindicales y campesinas. En los últimos años estas organizaciones resultaron debilitadas por su propia relación clientelar con el gobierno de Evo Morales. Después de la renuncia del presidente en noviembre de 2019, estas organizaciones lograron rearticularse rápidamente, en un tejido social vigoroso, que mostró su musculatura paralizando Bolivia a principios de agosto de este año para impedir el prorroguismo del gobierno de transición. Este tejido organizacional fue la base de un renovado apoyo electoral al MAS.

Tercero, por la propia debilidad política y electoral de los competidores de derecha del MAS, fragmentados y enfrentados entre sí. (...)

Verónica Rocha Fuentes (comunicadora social)

Durante toda la campaña para las elecciones del 18 de octubre se evidenció la existencia de una categoría de voto que había tenido poca relevancia en otras elecciones anteriores, aquella que se denominó «voto oculto». Esa categoría de votos, junto con la de «voto indeciso», fue determinante (...)

El voto oculto y paciente no habría sido otro fenómeno distinto de aquel que durante el periodo de la democracia pactada y neoliberal se conocía como el de la «Bolivia profunda». La misma que, habiendo «salido a la superficie» en los últimos años –proceso constituyente de por medio– casi desapareció por completo durante el año de gobierno transitorio en el que se desarrolló el proceso electoral de 2020, y cuya presencia se extinguió en la maquinaria simbólica, institucional, mediática y empresarial que suele establecer las narrativas en pugna política. Tras un año de cotidiana y sistemática estigmatización del «masismo» (o cualquiera que «pareciera» pertenecer o adherir al MAS), todo apunta a que sus partidarios optaron por ocultarse y esperar las urnas. Ocultarse por miedo, ocultarse por vergüenza o quizá hasta ocultarse por estrategia.

Voto oculto sí, pero también inusitadamente paciente. Ese voto que terminó definiendo una virtual pero amplia e indiscutible victoria en primera vuelta tuvo que atravesar una crisis institucional, un gobierno transitorio, una pandemia, un inicio de crisis económica, cuatro cambios de fecha de votación, una jornada electoral bajo amenazas del gobierno, cambios en los planes del Tribunal Supremo Electoral de ultimísima hora, votar bajo un país militarizado y no contar con ningún resultado durante la jornada electoral para, finalmente, con una paciencia que varias veces rozó el límite pero no cedió, aferrarse a lo último que le quedaba a Bolivia antes del precipicio: las urnas.  (...)

Fernando Molina (periodista y escritor)

No cabe duda de que los adversarios del MAS subestimaron el potencial electoral de este partido y de su candidato Luis Arce.

(...) normalmente han visto al MAS como «marioneta del chavismo», «organización delincuencial», «grupo de narcoterroristas» y han considerado la adhesión que despierta como un fenómeno puramente clientelar.

En esta miopía existe una fuerte carga de racismo. Desde siempre, los sectores tradicionalmente dominantes del país han concebido la politización de los subalternos –que socava los pilares meritocráticos y hereditarios de su poder– como una irrupción de la irracionalidad y la codicia. Esto viene desde el siglo XIX, cuando los representantes de la oligarquía de la época, los septembristas, se quejaban por «tener que descender» a la actividad política a causa de la invasión de esta por el «cholaje belzista» (por los seguidores de Isidoro Belzu), que era tanto como decir la «barbarie». (...)

Las elites se han revelado incapaces de analizar por qué Evo Morales les ganó en 2005, las razones del predominio político de este durante tantos años y las causas por las que el MAS no se hizo trizas después de su caída en noviembre de 2019. Bolivia no es censitaria desde 1952, pero la mentalidad de sus elites tradicionales sigue siéndolo.

De este modo, pese a que estas triunfaron sobre Morales el año pasado y tenían posibilidades de construir una hegemonía –contaban con el apoyo de la parte más educada y económicamente acomodada de la población, así como con un respaldo «intenso» de las Fuerzas Armadas y la Policía–, perdieron el poder que tanto anhelaban solo un año después de haberse hecho de él.

Unas elites oligárquicas y racistas gobernaron el país de 1825, fecha de su nacimiento, hasta 1952, año de la Revolución Nacional. Lo hicieron sobre la base de la imposición ciega y violenta de su voluntad sobre una mayoría ignorante y a menudo silenciosa. Las condiciones de este dominio fueron desapareciendo en el último medio siglo, pero la elite misma solo cambió superficialmente. Hasta hoy sigue siendo «tradicional» y con tendencias a oligarquizarse. Esta es la «paradoja señorial» de la que hablaba René Zavaleta.

La transformación más importante en las condiciones de dominio se dio cuando los sectores subalternos encontraron la forma de crear su propia expresión político-electoral: el MAS. Desde ese momento, la acción electoral ha resultado manifiestamente adversa a los partidos de las elites tradicionales. Teóricamente hablando, la forma en que estas podrían recuperar el poder de una manera algo más durable sería por medio de la fuerza bruta, como en los años 60 y 70, pero esta vía es imposible hoy por las características «epocales».

Por otra parte, una reforma de las elites tradicionales parece imposible. Si no aprendieron la lección después de que Morales se aprovechara de sus errores, abusos y excesos durante el neoliberalismo para derrotarlas, es difícil pensar que aprenderán alguna vez. (...)

Pablo Stefanoni*

Cuando se iba acercando la medianoche y la falta de resultados oficiales –e incluso de bocas de urna y conteos rápidos– comenzaba a crispar el ambiente y alimentar la sospecha, se produjo un vuelco inesperado. La cadena Unitel, una de las más seguidas en la noche electoral y de mayor audiencia en el país, que venía postergando una y otra vez sus proyecciones, anunció que finalmente se conocería el conteo rápido de la firma Ciesmori. Los resultados cayeron como una bomba: ni los más optimistas en la campaña del Movimiento al Socialismo (MAS) imaginaron semejante número: Luis Arce Catacora sobrepasaba con holgura el 50% de los votos y se transformaba en presidente sin necesidad de una segunda vuelta. (...)

El hecho de que la presidenta interina Jeanine Áñez reconociera rápidamente el triunfo del MAS y felicitara a Arce contribuyó, sin duda, a evitar que el clima de crispación y potencial inestabilidad terminara por imponerse frente al lento conteo oficial después de una jornada ejemplar de votación siguiendo los protocolos en épocas de pandemia. (...)

Muchos vieron en el gobierno de Áñez un esfuerzo de las clases medias y altas “blancas” por recuperar un poder parcialmente perdido desde 2006. Pero el MAS, pese a haber sufrido una desbandada en noviembre del año pasado, logró reconstituirse desde el Parlamento –donde siguió conservando su mayoría de dos tercios– y desde las calles, manteniendo su lugar de única fuerza de base popular en el país.  (...)

Las sobreactuaciones represivas del ministro del Interior Arturo Murillo, que amenazó con encarcelamientos y persecuciones, produjeron un efecto paradójico, en la medida en que apuntaban no solo al MAS, sino a expresiones más amplias de los movimientos sindicales y sociales.  (...)

El segundo dato electoral es la confirmación de la dificultad de los liderazgos cruceños para salir de su región.  Camacho, que en 2019 parecía haber conquistado a muchos paceños, obtuvo un resultado intrascendente en la sede de gobierno, al tiempo que se consolidó como fuerza regional. Santa Cruz eligió su propio “voto útil” en defensa de sus intereses regionales y regionalistas. (...)

Al mismo tiempo, el triunfo del MAS muestra que sí era posible ganar con un candidato que no fuera Evo Morales, y que sus esfuerzos reeleccionistas terminaron llevando a su gobierno a un callejón sin salida (...)

La crisis también permitió la emergencia de una nueva camada de dirigentes, como Andrónico Rodríguez, sucesor de Morales en los sindicatos cocaleros. Campesino con una licenciatura en Ciencias Políticas, Rodríguez expresa la nueva sociología del mundo rural, cada vez más interconectado con las ciudades. En esta campaña aparecieron muchos “Andrónicos” que permitieron desplazar del primer plano a varios dirigentes sociales desgastados y con visiones prebendalistas de la política y el Estado.

Desde el comienzo, el MAS actuó con una autonomía relativa respecto de un Evo Morales exiliado en Buenos Aires y limitado en sus movimientos. Los parlamentarios, con Eva Copa a la cabeza, eligieron la moderación frente a los llamados a la resistencia que llegaban desde Argentina. Lo cierto es que no había un pedido masivo de que “Evo vuelva”; lo que existía era más bien un rechazo a actos agraviantes del nuevo gobierno, como los conatos de quemas de wiphalas en las protestas anti-MAS y otros episodios considerados racistas, como las continuas referencias a las “hordas del MAS” y las columnas en la prensa sobre el “enemigo público número uno” (3) o el “cáncer de Bolivia” (4). El “voto útil” del mundo rural y urbano popular periférico fue, sin duda, a Arce, y eso definió su ventaja final. 

(...) el MAS logró entender la nueva etapa y apostar a la salida electoral, con los compromisos que esta requirió, por encima de la resistencia en las calles. Esto fue así sobre todo en quienes se quedaron en Bolivia, que entendieron la complejidad de lo ocurrido en noviembre: el proceso que terminó en una “sugerencia” militar para que Morales renuncie, lo que técnicamente configura un golpe, fue parte de una crisis con más dimensiones, incluida la de la popularidad inicial de Áñez y el propio desgaste de Morales. Esa autonomía relativa amplió el margen de acción del MAS, al tiempo que el tenor moderado de Arce –un economista técnico obligado a jugar el juego de la campaña, cantando o jugando al básquet en público–, sumado a su prestigio como gestor de la economía, permitía responder, sin sobreactuaciones, a los ataques de la derecha. (...)"               (VV.AA., Sin Permiso, 24/10/20)

26.10.20

Los fracasos del neoliberalismo en los últimos años, tanto en el plano económico como en el político y social, a lo largo de todo el planeta son innegables. Y esto que se ha vivido con absoluta claridad en Bolivia tras el golpe de estado. Es el lado más oscuro del neoliberalismo al que Bolivia nuevamente ha plantado cara reabriendo una brecha de progresismo posible tanto en este país como en el resto del continente

 "Recuperar el proceso de cambio puede ser la idea que más se expresa en Bolivia en estos últimos días. Y esa idea, sin duda, va acompañada por significativas expresiones de alivio por los acontecimientos que no han ocurrido.  (...) 

Había una casi palpable tensión contenida por el convencimiento íntimo, silencioso pero evidente, de personas, organizaciones e instituciones que preveían que ese día podía acabar con un fuerte estallido de convulsiones sociales y políticas.  (...)

todo el mundo sabía que la lectura y los hechos respecto a los resultados de esa jornada, podían suponer un enfrentamiento social incontenible acompañado o provocado por una represión gubernamental sin freno.

La victoria del Movimiento Al Socialismo era pronóstico compartido por todas las encuestas que se publicaban. Y por esa misma razón, el imaginario colectivo entendía que podía producirse un fraude evidente para prostituir ese resultado. A partir de ahí, aunque los llamamientos a la calma, a no caer en las provocaciones de quienes no respetaran los resultados, eran consigna reiterada nadie aseguraba que el día acabara bien. Y nadie apostaba porque el país se levantara al día siguiente en un clima de tranquilidad. 

La sociedad se dividiría entre quienes agarrándose al fraude tratarían de dar continuidad al periodo que se abrió hace un año con el golpe de estado y la reimplantación del neoliberalismo más autoritario posible, y quienes defenderían el respeto a la voluntad expresada democráticamente en las urnas para que el paralizado proceso de cambio pudiera retomarse.

El golpe de estado desató una auténtica etapa de dura represión que hizo retroceder a Bolivia hasta los tiempos de las dictaduras militares o aquellos más recientes de aplicación ortodoxa de las políticas neoliberales, en los que las masacres, detenciones y criminalización de la protesta social eran un hecho cotidiano. 

En este último año de gobierno de facto, Bolivia, que había mantenido índices medios de crecimiento económico en torno al 4%, se hundió a velocidad de crucero en dígitos negativos y volvió a pedir préstamos al Fondo Monetario Internacional, haciendo así crecer su endeudamiento con estas instancias tan poco amigas de los intereses populares, pero tan cercanas a los de las élites económicas.

La ineptitud de aquellos que ahora gobernaban el país como si de su finca de ganado o de soja se tratara evidentemente es una de las razones determinantes de esta nueva realidad que el país no vivía desde hacía tres lustros. Un año que ha visto como los más de veinte puntos en que se había conseguido reducir la pobreza y la extrema pobreza, se hacían reversibles y éstas volvían a crecer. 

Doce meses en los que el desempleo volvía a niveles de hace dos décadas y donde la mayoría de la población perdía poder adquisitivo mientras veía como la inflación aumentaba nuevamente y como la pandemia se extendía sin medidas del gobierno de facto por tratar de frenarla. En definitiva, un año combinado de represión y pérdida de condiciones básicas para la vida de las grandes mayorías. 

Al mismo tiempo, la minoría de siempre, ahora nuevamente dominante en el estado plurinacional, volvía a los tiempos oscuros de la etapa neoliberal y reiniciaba los procesos de privatización de empresas públicas estratégicas y entrega de los recursos naturales a las empresas transnacionales. En paralelo con ello, la corrupción y el nepotismo (trato favorable a amigos y familiares) más burdo se generalizaban hasta el paroxismo, recordando los tiempos en los que estas formas de gobernar y ejercer el poder eran característica esencial de los regímenes militares.

Y a pesar de todo ello, la sorpresa salto el domingo 18 de octubre. La opción expresada por la mayoría absoluta de la población de Bolivia ha sido tan aplastante que ha sumido a las fuerzas oligárquicas, a algunas cancillerías y a determinadas instituciones internacionales en un estado de shock. Los resultados que arrojaban la noche rompieron la tensión contenida y dejaron a quienes pretendían el fraude sin posibilidades de ejecutarlo pues la diferencia entre la primera fuerza política y social del país era tan grande sobre las restantes que cualquier movimiento en esa dirección no tendría la más mínima credibilidad. 

La única posibilidad que restaba a esas fuerzas era el golpe de estado duro, pero éste posiblemente en estos tiempos no cuenta con demasiados adeptos que lo puedan entender como una estrategia adecuada para sujetar fuertemente a países y deseos sociales.

Ahora hay una segunda vuelta, no electoral sino hacia una necesaria recuperación del llamado proceso de cambio que profundice en los ejes centrales de inclusión social, redistribución de la riqueza y un modelo económico y político social comunitario centrado en el estado, en las demandas populares y en la realidad plurinacional del país, más que pivotar su devenir exclusivamente en los dictados de los mercados.

Este último año ha servido también para comprobar una vez más el agotamiento del modelo neoliberal y como éste se hace más autoritario, precisamente en la medida en que se agota. Sigue anclado en postulados como la privatización de todo, hasta de la vida misma, la libertad absoluta de los mercados, el estrechamiento de las capacidades del estado y la globalización, sin percibir que la hegemonía de la que disfrutó durante las últimas décadas ya no es tal. Los fracasos del neoliberalismo en los últimos años, tanto en el plano económico como en el político y social, a lo largo de todo el planeta son innegables.

Y su muestra de debilidad más evidente en estos tiempos, que se ha demostrado en este último año en Bolivia, es ese carácter autoritario que adquiere en la medida que pierde terreno ideológico. La democracia representativa, hace décadas bandera de la que se apropió el neoliberalismo, hoy se evidencia como un estorbo para el mismo en la medida que no sirva a sus intereses.

Y esto que se ha vivido con absoluta claridad en Bolivia tras el golpe de estado y sus intentos posteriores de no celebrar las nuevas elecciones por su temor a perderlas, para lo que se preveía el fraude, es una constante en gran parte de los países de América Latina, donde crece la cara más autoritaria del neoliberalismo. Países como Brasil, Ecuador, Colombia, Chile, Guatemala, Honduras o los mismos Estados Unidos donde el propio presidente hace declaraciones en la línea de quizás no hacer un limpio traspaso del poder si pierde las elecciones. 

Es el lado más oscuro del neoliberalismo al que Bolivia nuevamente ha plantado cara reabriendo una brecha de progresismo posible que, tanto en este país como en el resto del continente, demuestre que es posible construir sociedades democráticas y realmente justas para las grandes mayorías."                (Jesús González Pazos, El Salto, 25/10/20)

3.3.20

Un estudio del MIT no encuentra evidencia estadística de fraude en las elecciones de Bolivia que daban por ganador al expresidente Evo Morales... ¿Y ahora qué? ¿Se le devolverá la presidencia a Evo?

"Un estudio realizado por los especialistas en integridad electoral Jack Williams y John Curiel del MIT Election Data and Science Lab ha concluido que “no hay ninguna evidencia estadística de fraude” en las elecciones presidenciales del pasado octubre en Bolivia, que daban por ganador al expresidente Evo Morales

Por presiones militares el líder boliviano abandonó el cargo. Los académicos califican las conclusiones del informe publicado por la Organización de Estados Americanos (OEA) el pasado noviembre como “profundamente defectuosas”, según han escrito en un artículo publicado este jueves en The Washington Post y recuerdan que el país latinoamericano se prepara para unas nuevas elecciones el 3 de mayo “luego del golpe de Estado respaldado por el Ejército” el 10 de noviembre.

El documento del organismo regional, que daba cuenta de actas quemadas, redirección de votos a servidores ocultos y nombres duplicados, acusaba que cuando se retomó el conteo tras una suspensión del Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (TREP), los mostraban una tendencia "altamente improbable" a favor del candidato del Movimiento al Socialismo (MAS). Sin embargo, la investigación de los especialistas del MIT ha revelado que no parece haber una diferencia “estadísticamente significativa” en el margen entre los resultados de antes y de después del alto en la transmisión.

“En cambio, es muy probable que Morales haya superado el margen de 10 puntos porcentuales en la primera vuelta”, afirman en el Post. Según la Constitución boliviana, un candidato gana las presidenciales cuando obtiene una mayoría absoluta o el 40% de los votos, con al menos una ventaja de 10 puntos porcentuales sobre el segundo candidato. Si no es el caso, se realiza una segunda vuelta.

El conteo preliminar de los votos se detuvo con cerca del 84% de los votos contados, cuando Morales tenía una ventaja de 7,87 puntos porcentuales, según detalla el estudio. Cuando se reanudó el conteo, el margen de Morales superaba por más de 10 puntos al segundo candidato más votado, el expresidente Carlos Mesa. 

El informe de la auditoría encargado por la OEA -con el consentimiento de Bolivia- determinó que "una irregularidad en esa escala es un factor determinante en el resultado" a favor de Morales. Además, que las “manipulaciones” e “irregularidades” impedían conocer con certeza el margen entre Morales y Mesa. “Lo que sí es posible afirmar es que ha habido una serie de operaciones dolosas encaminadas a alterar la voluntad expresada en las urnas”, concluyó.

“¿Hubo una discontinuidad entre los votos contados antes y después del recuento no oficial? Por supuesto, las discontinuidades pueden ser evidencia de manipulación”, afirman Williams y Curiel, pero con base solo en la “evidencia de las estadísticas” no han encontrado las “anomalías” que acusa la OEA en la tendencia de los votantes. 

En el estudio encargado por el Centro de Investigación Económica y Política (CEPR) encontraron una correlación de 0.946 entre el margen de Morales entre los resultados de antes y después de la suspensión del conteo de votos. Esta correlación desacredita el informe del organismo regional, que databa que el último 5% de los votos presentó una tendencia distinta del anterior 95%. “El análisis estadístico realizado revela que la victoria en primera vuelta de Evo Morales fue estadísticamente improbable”.

Cuando se reveló el resultado con el 95% de las actas escrutadas, la OEA hizo una declaración donde revelaba su preocupación por “el cambio de tendencia”. Una vez contados todos los votos, el resultado le otorgó una ventaja a Morales del 10,6% por sobre Mesa. 

Las protestas en la calle, la sombra de las irregularidades y las presiones de las Fuerzas Armadas, obligaron al presidente boliviano a abandonar el cargo. El líder boliviano ha publicado este jueves el artículo del Post afirmando que la OEA, su presidente Luis Almagro y la comisión encargada de la auditoría de los resultados de las elecciones “le deben muchas explicaciones al pueblo boliviano y al mundo entero”. Almagro ha dicho que “el único golpe de Estado en Bolivia” sucedió cuando Morales “cometió fraude electoral”.                  (Antonia Laborde, ElPaís, 28/02/20)

23.12.19

Una entrevista a Evo Morales



"En una entrevista con Glenn Greenwald, de The Intercept, Evo Morales explica las circunstancias del golpe de Estado que le expulsó del poder en Bolivia. Morales afirma que el día después de las elecciones del 20 de octubre el partido del candidato opositor Roberto Mesa llama a la movilización nacional contra los resultados. 

Se queman varias sedes de los tribunales electorales, mientras la policía no hace nada para impedir esa violencia. El 8 de noviembre, la policía se une al golpe y se levanta contra el Gobierno.

Morales acusa a la OEA de unirse al movimiento el día 10. Ese mismo día, el Ejército le pide que renuncie: «Sin Policía, sin Fuerzas Armadas, la derecha movilizada, no hay ninguna seguridad, por tanto, para evitar más derramamiento de sangre, renunciamos», dice.

Sobre su seguridad personal, Morales dice que el día 9 llegó a Cochabamba, procedente de La Paz. El responsable de su seguridad le dijo que le habían ofrecido 50.000 dólares si lo entregaba detenido a quien le hizo la oferta. El jefe de la Fuerza Aérea intentó impedir su salida del país con destino a México, que le había ofrecido asilo, pero tuvo que aceptarla por la presión de los manifestantes.

La entrevista se hizo en México el 3 de diciembre."                 (Guerra eterna, 17/12/19)

3.12.19

Bolivia después de Evo

"(...) El MAS es en este sentido un caso peculiar en Occidente: un partido de base campesina, incluso más que estrictamente indígena, que se expande hacia las ciudades y va irradiando una hegemonía nacional. 

Construido en primera instancia como un “instrumento político” de las organizaciones campesinas e indígenas, este nuevo partido sui generis atrajo a antiguos izquierdistas —que, tras la crisis de la izquierda de los años ochenta, se habían refugiado en ONG y habían centrado su trabajo en el campo—, y articuló un programa que combinaba el nacionalismo popular con un indigenismo a geometría variable adecuado para los nuevos tiempos de “reemergencia indígena”. 

El MAS conquistó alcaldías rurales y diputaciones y, desde 2002 se fue transformando en un partido clave en el ámbito político nacional bajo el liderazgo de Evo Morales, quien obtuvo de manera sorpresiva el segundo lugar en las elecciones presidenciales de 2002.

Nacía el evismo

La llegada de Evo Morales al Palacio Quemado hace 14 años tuvo un carácter épico: obtuvo el 54% de los votos (nadie desde la restauración democrática de 1982 había logrado pasar del 50%), juró su cargo como presidente constitucional en el Congreso y “presidente de los indígenas de América” en las ruinas precolombinas de Tiwanaku, y su poder tenía una doble fuente de legitimidad: los votos y la movilización popular en las calles. 

Este doble carácter, presidente “excepcional” y presidente constitucional, marcó toda su presidencia (Stefanoni, 2019). Por primera vez, las clases medias urbanas habían votado por un campesino (acompañado en el binomio por el intelectual y exguerrillero Álvaro García Linera) como producto de su propia crisis como élite. Pero este voto, aunque numeroso, siempre sería condicionado.

Desde el Palacio Quemado, Morales puso en marcha un sistema económico que combinó estatismo con prudencia macroeconómica. Desde que ganó las elecciones, el nuevo presidente buscó no terminar como el último gobierno de izquierda en Bolivia hasta entonces, el de Hernán Siles Zuazo, que acabó con una hiperinflación. Y este “trauma de la híper” explicó la prudencia macro- económica de Morales, quien mantuvo durante sus 14 años de gobierno al mismo ministro de Economía, Luis Arce Catacora, quien solo dejó el cargo temporalmente por problemas de salud.

Las primeras medidas de Morales plasmaron la agenda social construida en las calles desde 2000: convocatoria a una Asamblea Constituyente para “refundar” el país y nacionalización del gas y del petróleo. En el mes de la nacionalización (mayo de 2006) su popularidad superó, según las encuestas, el 80%. Entre 2006 y 2009 el proceso político estuvo marcado por los enfrentamientos con la “oligarquía” agroindustrial de Santa Cruz. La oposición de derecha actuó de forma territorializada y se concentró en el este y sur del país —el área no andina—, desde donde trató de resistir los cambios nacionalistas populares impulsados por el gobierno.

Pero el regionalismo se enfrentó a una serie de derrotas y aunque logró mantener el control político de varias regiones orientales, Evo Morales logró triunfos electorales aplastantes en todo el país. Así, en 2008 fue ratificado con el 67% de los votos en un referéndum revocatorio; en 2009 fue reelegido con el 64%. La nueva Constitución se aprobó con más del 50%. Entre 2009 y 2014 se asistió a un periodo marcado por la hegemonía del MAS —con dos tercios del Congreso—. En todo ese tiempo, el “evismo” logró también expandirse hacia el oriente. La estrategia de cooptar a los “eslabones débiles” de las derechas locales comenzó en 2006, pero se profundizó en ese periodo. Finalmente, la segunda reelección en 2014 marcó una etapa de “despolarización” al calor del éxito económico, en cuyo marco Morales triunfó incluso en la esquiva Santa Cruz.

El modelo económico consistió, en palabras del periodista y escritor Fernando Molina, en el control esta- tal de las riquezas estratégicas (sobre todo de hidrocarburos) y gran parte de los servicios públicos, un pacto de no agresión con la economía informal y relaciones de beneficio mutuo con la banca y la agroindustria (Molina, 2019). Pero, claramente, aunque se beneficiaron del crecimiento económico (alrededor del 5% anual durante la casi década y media evista), los sectores medios nunca se sintieron incluidos en un gobierno con fuerte tonalidad campesina.

 Eso no quita que, entre los sectores indígenas, a menudo se apelara a la figura del “entorno blancoide” para salvar a Morales de las críticas: de hecho, la mayoría de los ministros eran de clase media urbana, aunque de manera más amplia había un “control” campesino y plebeyo de varias dinámicas del proceso político y se apeló muy poco a una forma meritocrática de selección del personal estatal, con la excepción quizá del área económica, además del hecho de que la cabeza del Estado era un indígena (Stefanoni y Molina, 2019).

Sin duda, en este periodo, Bolivia también avanzó en la descolonización (debilitamiento de los mecanismos que mantuvieron a los indígenas en una situación de dominación de los criollos). Pero esto no se procesó en la clave que imaginaron algunos pensadores “radicales”, quienes conciben lo indígena como pura otredad, sino más bien como ruptura de techos de cristal en la política y en la economía. 

 La arquitectura andina de El Alto, con sus cholets (mezcla de las palabras chalet y cholo), podría ser un buen ejemplo visual. Otro ejemplo es el mayor acceso de los hijos de comerciantes aymaras a universidades privadas de prestigio, como la Católica de La Paz. Otro, la incorporación de comerciantes aymaras en redes globales que llegan hasta China. 

La compra a China del satélite Tupak Katari o el impresionante teleférico entre El Alto y La Paz son grandes obras que sintetizan el imaginario del “gran salto adelante” que anidaba en la visión de país de Morales y que sin duda tenía mucho de ilusión desarrollista. El énfasis en la macroeconomía y sus cifras, sin duda importantes, terminó por ocluir algunos debates más generales sobre el horizonte del país. Lo cierto es que, pese a la reducción de la pobreza, la salud siguió siendo una asignatura pendiente, la dinámica extractivista no permitió crear empleos de calidad y la vida siguió siendo precaria para muchos bolivianos.

2016: punto de inflexión

Con el paso del tiempo, la lógica antipluralista del MAS —que, gracias al voto popular, controlaba dos tercios del Congreso— comenzó a enfrentar mayor resistencia por parte de los sectores medios urbanos, al tiempo que comenzaron a tener más predicamento visiones que mostraban al gobierno como un conjunto de camarillas y a las organizaciones sociales como correas de transmisión del Estado, atadas por lazos clientelares y por dirigencias burocratizadas. 

Y varios ministros eran particularmente resistidos, como el de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, visto como una suerte de monje negro del régimen. A su vez, muy pocos en el MAS, incluido Morales, parecían imaginar la posibilidad de una salida no catastrófica del poder, es decir, de entregar el mando a otra fuerza en virtud de una derrota electoral “normal”, aunque las comparaciones con Venezuela por parte de la oposición resultaban a todas luces exageradas.

En ese marco se produjo el referéndum del 21 de febrero de 2016, convocado por el gobierno con la finalidad de habilitar la reelección presidencial indefinida. Pese al triunfo de Morales a fines de 2014, con más del 60% de los votos, el “sí” fue derrotado por el 51,3% frente al 48,7% (y solo se impuso en tres de los nueve departamentos). Bolivia es un país tradicionalmente antireeleccionista, donde quienes intentaron quedarse en el Palacio Quemado terminaron mal, pero Morales había logrado debilitar esa “ley de hierro”... hasta 2016.  (...)

Pero para comprender la dinámica más amplia del declive del gobierno, es necesario prestar atención a los conflictos que atravesaron recientemente regiones y sectores sociológicamente cercanos a Evo Morales: Potosí, un bastión del MAS, se enfrentó al gobierno en los últimos años por considerar que sus demandas no habían sido atendidas, e incluso que el presidente se burlaba de ellas, o que el litio, el nuevo recurso estrella de Bolivia, no los beneficiaría suficientemente de acuerdo con los esquemas de explotación definidos desde La Paz; por estas razones desde hace varios años ha habido diversas movilizaciones, incluyendo fuertes bloqueos de rutas. 

También cabe mencionar el largo conflicto en la emblemática región aymara de Achacachi —por razones también locales— o el enfrentamiento del gobierno con una parte del movimiento de cultivadores de coca de los Yungas. En todos estos casos, se superponen dos elementos clave para entender Bolivia y su inestabilidad: el corporativismo y el regionalismo como fuente de conflictividad política y social. (...)

Y a estos conflictos se sumaron otros de carácter urbano, como el larguísimo enfrentamiento del gobierno con los médicos o con la Universidad Pública El Alto (UPEA) y la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, cuyo rector, Waldo Albarracín, fue un activo militante por la salida de Evo Morales del poder.

Un segundo elemento es la erosión del capital político y moral del MAS. Sus militantes suelen ser considera- dos “buscapegas” —buscadores de cargos en el Estado— y sus gobiernos locales contrastaban en legitimidad con el nacional en manos de Mo- rales y García Linera (Stefanoni y Do Alto, 2010). Desde su fundación, el MAS no logró gestión exitosa alguna —“mostrable”— ni en el nivel municipal ni en el departamental. 

Esto explica, por ejemplo, que pese a que Morales tenía en la ciudad de El Alto, colindante a La Paz, un apoyo cercano al 80%, la alcaldía quedó en manos de Soledad Chapetón, una candidata de origen aymara que pertenece a una fuerza de centroderecha; o que en el departamento de La Paz, otro bastión de Morales, su candidata a gobernadora fuera derrotada a manos del también aymara y opositor Félix Patzi. (...)

El 27 de noviembre de 2017 es una fecha clave en esta historia. Ese día, el Tribunal Constitucional Plurinacional habilitó a Morales con el argumento de que el Pacto de San José de Costa Rica, que está por encima de la Constitución de Bolivia, garantiza el derecho a elegir y ser elegido como parte de los derechos políticos de los ciudadanos. 

El fallo volvió a crispar la política en Santa Cruz, donde la derrota de la dirigencia regionalista en 2008 había llevado a gran parte de la élite económica y política a pactar con el MAS. Ahora, de la mano de un nuevo liderazgo, el Comité Cívico pro Santa Cruz —una entidad que agrupa a las fuerzas vivas de la región con hegemonía empresarial—, con el empresario Luis Fernando Camacho a la cabeza (en ese entonces de 38 años), impulsó el movimiento antireeleccionista que contaba con una fuerte base juvenil. 

Más recientemente, los incendios de la Chiquitanía y la negativa de Morales a declarar el desastre, contribuyeron a erosionar la imagen presidencial, aunque también a reactivar una suerte de xenofobia local al acusar a los campesinos “collas” migrantes de ser los responsables. Camacho, con un estilo histriónico y un discurso conservador, se postuló como el artífice de la “liberación de Bolivia”, para lo cual blandía una biblia y decía que Dios volvería al Palacio de Gobierno.

Fue así que llegaron las elecciones del 20 de octubre de 2019, en las que Morales necesitaba el 50% o bien el 40% con 10 puntos de diferencia sobre el segundo lugar para evitar una riesgosa segunda vuelta. El expresidente Carlos Mesa se benefició de la decisión del cabildo cruceño (una instancia de participación local) que, en medio de multitudinarias movilizaciones, decidió promover el voto útil para forzar el balotaje. 

Esa noche, la suspensión de la transmisiónn de resultados electorales preliminares (TREP), con guarismos que anunciaban balotaje, puso en estado de movilización a la oposición, que ya tenía preparada la denuncia de fraude para cualquier escenario en el que Morales se impusiera en primera vuelta, algo que entonces adquirió dosis de verosimilitud. Las diferentes explicaciones oficiales sobre las razones de la interrupción junto con varias denuncias de integrantes de tribunales electorales, tanto del nacional como de los departamentales, no hizo más que alimentar una ola de protestas en demanda de una segunda vuelta, con Carlos Mesa a la cabeza. En el escrutinio final Evo Morales, superaba a Mesa por 10,5 puntos y obtenía algo más del 47%. (...)

Y es en ese momento que comenzó una serie de movilizaciones, bloqueos y paros cívicos que radicalizaron la situación, sacaron del centro del tablero a Mesa y ubicaron en su lugar a Camacho, quien no se había candidateado a nada el 20-O. El dirigente cruceño se animó incluso a viajar a La Paz con una “carta de renuncia” para que Morales la firmara.

En medio de un in crescendo en las protestas, entró en escena la Policía: un amotinamiento en Cochabamba no tardó en extenderse a los nueve departamentos, y ya eran evidentes los vínculos entre Camacho y los policías. En ese clima, Morales y García Linera decidieron trasladarse al Chapare, donde los campesinos cocaleros bloquearon los accesos al aeropuerto y las rutas para proteger a su principal dirigente. 

Pero esa decisión tenía un fuerte contenido simbólico: como en el cierre de un círculo, Morales volvía al punto de inicio, al sitio desde donde había nacido en la política y, en condiciones extremadamente difíciles debido a la represión militar contra los cultivadores de coca, había saltado al Parlamento y luego a la Presidencia. Mientras tanto, Camacho se aliaba con Marco Pumari, líder del Comité Cívico de Potosí, y lograba un triunfo simbólico: mientras que en 2008 —y después— la élite cruceña era denunciada como separatista, ahora el cruceño Camacho se presentaba, al abrazar a Pumari, como el campeón de la unidad nacional contra un Evo que “dividía a los bolivianos” solo para “quedarse en el poder”.

La decisión del gobierno de movilizar a sus bases en lugar de usar la fuerza pública alimentó los enfrentamientos entre civiles. Los primeros tres muertos fueron de la oposición y se transformaron en un estandarte. Luego se desató la violencia contra los oficialistas, incluyendo la quema de casas de ministros, que comenzaron a renunciar en cadena. El 10 de noviembre sectores mineros y la Central Obrera Boliviana (COB) pidieron la renuncia del presidente.

Finalmente, los militares le “sugirieron” lo mismo, lo que daba a la situación fuertes tonalidades de golpe de Estado. Fortaleciendo esa imagen, la noche de la renuncia de Morales Camacho recorrió La Paz subido a un carro policial vitoreado por los uniformados y por manifestantes opositores.

De este modo, lo que comenzó como un conjunto de movilizaciones multisectoriales por un conteo transparente de los votos concluyó en las renuncias del presidente, el vicepresidente, la presidenta del Senado y el presidente de la Cámara de Diputados, y, poco después, en un gobierno interino a cargo de la senadora opositora Jeanine Áñez, cuya banda presidencial se la colocaron los militares; todo ello al margen del Parlamento en el que el MAS tiene dos tercios de las curules

. El gobierno interino, con fuerte presencia de cruceños, fue rápidamente reconocido por el Tribunal Constitucional, el mismo que avaló una nueva postulación de Evo Morales, saltándose el referéndum de 2016 y la Constitución, y las nuevas autoridades no ocultaron sus ansias de destruir material y simbólicamente los pilares del “régimen” anterior.

Resulta más opaco el papel de los militares. Es claro que, si decidían sostener al presidente, debían reprimir el motín policial —como ocurrió en 2003, cuando policías y militares se enfrentaron a balazos en la Plaza Murillo de La Paz— y no parecían muy ansiosos por hacerlo. Pero también es posible pensar que el vínculo entre militares y gobierno era menos orgánico de lo que muchos pensaban, y que los militares quizá no pasaron de ser una organización corporativa más, con simpatía por algunas medidas nacionalistas y dispuestas a capitalizar su apoyo a Morales en términos de beneficios materiales (presupuestos y algunos cargos, por ejemplo embajadas), pero muy alejadas del cordón umbilical que en Venezuela une al madurismo con las Fuerzas Armadas. 

Sin duda, la crisis boliviana corrió nuevamente el péndulo hacia la derecha y los artífices de este cambio han sido los sectores medios urbanos. Hubo instancias para evitar un agravamiento de la crisis —antes de renunciar, por ejemplo, Morales propuso nuevas elecciones—, pero allí los moderados ya no tenían peso o no se animaron a jugar sus cartas y los radicales ya estaba decididos a ir “por todo”. 

Tras ocupar el poder, la presidenta interina junto con varios de sus ministros alentaron un discurso de diabolización del MAS que, con el apoyo de la mayor parte de los medios de comunicación, fue presentado como una horda de vándalos y terroristas. La decisión de la nueva ministra de Comunicación, la periodista Roxana Lizárraga —la misma que amenazó a los “periodistas sediciosos”— de mostrar el departamento presidencial a la prensa para que viera los “lujos de jeque árabe” del presidente derrocado, aunque estaba bastante lejos de ello, muestra una voluntad de construir un relato capaz de resignificar los 14 años de Morales —que incluyeron varios éxitos significativos, entre ellos la estabilidad económica y la inclusión social— como una tiranía corrupta que solo buscaba eternizarse en el poder. Mientras, no se dudó en utilizar a las Fuerzas Armadas —eximidas por decreto de responsabilidades penales futuras— para reprimir las protestas. La lucha que se avecina será por el relato, por la interpretación de esta década y media que pasó.

La situación iba mostrando que ni Morales, desde México, podía lograr un levantamiento popular masivo (los focos de resistencia eran limitados) ni el gobierno podía pasarse de la raya con su “contrarrevolución” (como se vio con la reacción de El Alto ante la quema de algunas banderas indígenas2). Un sector del MAS, articulado por la nueva presidenta del Senado Eva Copa y otras figuras del partido, se alejó entonces de Morales y de sus compañeros de exilio, partidarios de seguir las movilizaciones. Y el gobierno se avino, a su vez, a buscar una convocatoria a elecciones mediante el Congreso, mayoritariamente en manos del MAS, sellada finalmente en una foto en la que aparecen Copa y Áñez. Otra diferencia con Venezuela, señalada por Molina: el mayor pragmatismo político de los bolivianos.

Ahora se abre un nuevo proceso en el que las disputas se dirimirán en las urnas, en unas inéditas elecciones en las que ya no participarán Morales ni García Linera. Camacho y Pumari no descartaron presentarse y habrá que ver si logran traducir su convocatoria en las calles en capital electoral. A su vez, Mesa presumiblemente intentará presentarse como una figura moderada, cuya promesa será evitar que el péndulo gire demasiado a la derecha como reacción conservadora a la casi década y media de gobiernos del MAS.

Evo Morales, desde México, en sus numerosas entrevistas parece invadido por la melancolía y por una ponderación exagerada de la resistencia social. Esto posiblemente complique la principal tarea que enfrenta el MAS: reconstruir su prestigio, hoy erosionado tras las denuncias de fraude pero también por la efectividad de gran parte de la intelectualidad de clase media por presentar el proceso actual como una “revolución democrática”, ocultando las tendencia restauradoras y los riesgos que implican figuras radicales como la de Camacho, que parece aspirar a ser un Bolsonaro a la boliviana. 

En cualquier caso, hay que mirar hacia un joven campesino, formado por Morales como su sucesor como dirigente cocalero: Andrónico Rodríguez, de 30 años. ¿Será también un sucesor político? Ahí yace el dilema del MAS: poner a los más “leales” y atrincherarse en la Bolivia rural o tratar de recuperar su influencia urbana. En cualquier caso se abre una incierta transición post-Evo. Y las cosas no son más claras del lado del variopinto espacio hasta ahora opositor, que, en caso de llegar a la presidencia, podría enfrentarse a nuevos ciclos de inestabilidad política."                 (Pablo Stefanoni  , Sin Permiso, 30/11/2019)