"Afganistán ya no será un país de cultivo de opio", afirma el
portavoz talibán Zabihullah Mujahid, esperando el aplauso de los
ingenuos -que piensan que una organización criminal puede dejar de
serlo-, y el de los políticos hipócritas extranjeros, que desesperados
esperan reconocer el nuevo totalitarismo islámico instalado por EEUU.
Lo
que buscan los caudillos del opio afganos, que jamás renunciarán a ese
"oro marrón" que abastece el 83% del mercado mundial y generó en 2020
cerca de 1,6 mil millones de dólares, en realidad, es:
- Chantajear a las naciones afectadas por la sustancia asesina, y
añadir a sus billonarias ganancias del comercio de opio y heroína la
financiación extranjera que recibirán bajo el pretexto de "contribución
al cultivo de arroz".
- Insinuar que "han cambiado a mejor", e incluso respetarán los
derechos de la mujer y las minorías étnicas, eso sí, dentro del marco
del islam (o sea, que seguirán sin derechos). Es otra farsa: "Talibán"
ya es el sinónimo de barbarie, crueldad, subdesarrollo y falta del más
mínimo escrúpulo moral y ético. ¡Tendrán que cambiar de nombre!
- Empujar los precios del opio en los mercados mundiales que temen
escasez de la mercancía. De hecho, el caos en el país, el cierre de las
fronteras y la propia toma del poder por este cartel de droga han
elevado el precio del opio a nivel mundial.
Opio: de alucinógeno al medio del control
Han pasado 5400 años desde que los sumerios descubrieron Hul Gil,
"la planta del placer", quemando sus semillas al fuego para entrar en
el trance. Siglos después, la fruta de la adormidera se codeaba con el
ajo en la medicina natural, y bajo el nombre griego de Theriac,
"antídoto", viajaba por toda Asia a través de la Ruta de la Seda. Ya
entonces se conocían los efectos perturbadores de las drogas, como el
hachís, sobre la mente humana: así pudo El Viejo de Alamut Hasan
Sabbah, el guerrillero iraní del siglo XI, poner en jaque a los califas
y sultanes de la región con miles de adeptos "suicidas", previamente
drogados (salvando distancias, la CIA lanzó en los años cincuenta el
Proyecto Bluebird para "mejorar sus métodos de interrogatorio", usando
sustancias químicas como LSD para manipular el comportamiento de sus
presas).
Pero, es en el siglo XVII, y a mano de la Compañía Británica de las
Indias Orientales, cuando el opio se convierte en un producto de consumo
de masas y un gigantesco negocio transfronterizo, contaminando todo
Oriente y sobre todo a China.
Y habrá más momentos históricos en la vida de esta amapola:
- En 1680, el médico británico Thomas Sydenham logra fabricar pastillas analgésicas de la sustancia marrón.
- En 1803 se extrae la morfina del opio, y se la llama "la medicina
de Dios", la "heroína". Así, los laboratorios se convertirán en otro
cliente-adicto de Theriac.
La CIA y la narcopolítica
La participación de EEUU en el negocio mundial de la droga empieza
durante la Segunda Guerra Mundial y le convierte en el primer país del
mundo en el uso sistemático del opio para fines políticos; lo hace desde
varios puntos del globo:
- En Nueva York y Chicago pacta con las mafias china e italiana
(dedicadas al narcotráfico y la industria de prostitución tras la
prohibición del alcohol), que también estaban conectadas con los
delincuentes corsos en Marsella, con el objetivo de parar el avance de
las fuerzas marxistas en Italia, Francia y China, a cambio de
permitirles importar heroína a EEUU.
- En el sudeste de Asia, utiliza la estructura de tráfico de opio
creada por el colonialismo francés en Indochina y, uniendo a las mafias
de Laos, Tailandia y Birmania, forma el Triángulo de Oro de opio para
destruir al recién fundado estado socialista chino que declara la guerra
a los Señores de Tharyac. La organización producirá el 70% del opio y
la heroína del planeta, y a cambio de su cooperación anticomunista, la
CIA exportará su mercancía al mismísimo suelo de la patria, utilizando
los vuelos chárter de Air América. Con este mismo fin, ficha al grupo
anticomunista de delincuencia japonesa Yakuza, "los intocables",
echándoles una mano en el tráfico de metanfetamina. Más adelante, los
30.000 soldados estadounidenses que regresarán vivos (pero adictos) a
"casa" de la guerra contra Vietnam serán simples "daños colaterales" del
crimen organizado (como banqueros y fabricantes de armas) instalado en
Washington. La catástrofe sanitaria es tal que en 1973 el presidente
Nixon ordena crear la Administración para el Control de Drogas (DEA).
Serán los programas de agricultura alternativa del gobierno chino los
que desmantelan el Triángulo Dorado.
- En la década de 1980, George Bush padre, director de la Agencia,
paga unos 110.000 dólares al agente de la CIA, Manuel Noriega, un
narcotraficante panameño, con el dinero de la cocaína colombiana por sus
servicios en la lucha contra el sandinismo nicaragüense. Y como "Roma
no paga a los traidores", le secuestraron y encerraron durante 17 años
en una mazmorra de Miami.
- En Asia Central se diseña la Medialuna Dorada de opio, compuesta
por Afganistán, Pakistán e Irán; y con sus ganancias financia a las
fuerzas reaccionarias islamistas, incluidas su ejército de yihadistas (chiitas y sunnitas), alias Al Qaeda, alias Muyahedines (¡los mismos "leones de Panjshir"!), alias Estado Islámico, etc.
El cartel CIA-Talibán
"No creo que tengamos que disculparnos por esto. (...) Hubo
consecuencias en términos de drogas, sí. Pero el objetivo principal se
cumplió. Los soviéticos abandonaron Afganistán", confiesa Charles Cogan,
ex director de las operaciones de la CIA, acerca de la santa alianza anticomunista
de EEUU con los Muyahedines. Entre 1986 y 1992, unos 100.000 hombres
fueron entrenados para el oficio de terrorista en Pakistán y EEUU por la
CIA y el MI6 británico, y enviados a Afganistán con el fin de
desmantelar su recién instalado estado socialista -convirtiendo las
amapolas en granadas, bombas o veneno para contaminar el agua de las escuelas
de niñas- y cercar a la Unión Soviética desde Asia Central.
La Agencia
convertirá a los jefes tribales en barones narcotraficantes y, después, a
señores de guerra, de heroína a
lo largo de la frontera afgano-pakistaní, abasteciendo en 1984 el 60%
del mercado estadounidense y el 80% del europeo. Al convertir el opio
crudo a la morfina o heroína reducen su tamaño, aumentando los
beneficios: de una tonelada de opio se obtienen 100 kilos de heroína
pura, que luego se adulterará y engordará aún más las cuentas bancarias
de criminales de cuello blanco que ni fuman cigarros.
Así, los camiones que transportaban armas de la CIA a Helmand
regresaban a Pakistán cargados de opio y escoltados por los militares
pakistaníes, lo que en la jerga inglesa se llama "hacer un backhaul". El negocio de droga requiere la misma protección militar que el petróleo.
En el propio Pakistán, donde la heroína era desconocida, en 1985
habrá 1,3 millones de personas adictas. Con los Muyahedines y los
talibanes, que ofrecen protección gubernamental a la producción del
opio, los cárteles internacionales harán su agosto, hasta que debido a
la brutal hambruna que provoca la sequía del 2000, los Talibán se ven
obligados a prohibir el cultivo de la adormidera para a cambio recibir
la ayuda internacional; decisión que bajará hasta el 94% la producción y
provocará graves tensiones en el mercado mundial de la droga.
Este sin
duda es uno de los motivos de la ocupación
directa del país por EEUU en 2001: sigue financiando a cientos de miles
de mercenarios por todo el mundo y en múltiples guerras y sólo podrá
hacerlo con este tipo de negocios. Los mercados se recuperan. La
invasión, además de restaurar el comercio del opio, lo expande. En EEUU
se dispara la adicción a la heroína: habrá, en pocos años, otros 3,8
millones de consumidores.
En 2002, el país cogobernado por la OTAN-TALIBAN
aumenta la superficie cubierta de la adormidera hasta 20 veces,
convirtiendo la agricultura afgana en monocultivo. Se trata de una
producción a escala industrial y no ocultos en las cuevas de Tora Bora.
Unas fotos filtradas en 2010 mostraban a los soldados de EEUU patrullando los campos de amapola.
¿O alguien ha pensado que abastecer un mercado con cientos de
millones de clientes en el mundo era cosa de unos barbudos
prehistóricos?
En 2007, Afganistán, cuyo suelo y cielo estaba bajo el control
absoluto de los 300.000 soldados de la OTAN y miles de "contratistas",
tenía más cultivos de droga que Colombia, Bolivia y Perú juntos, señala
la ONU. Afganistán será el principal narcoestado fallido de la historia,
patrocinado por EEUU y presidido por los narco-presidentes títeres,
Hamid Karzai y Ashraf Ghani.
La tranquilidad también vuelve a los bancos que temían quedarse sin la
liquidez generada por el blanqueo del dinero del narcotráfico. Millones
de afganos, incluidos niños, que carecen de agua potable, luz, sanidad y
alimento suficientes, además de adictos al opio, son explotados en
estos duros campos. ¿Quiénes ganan la diferencia entre los 3 dólares que
cuesta el gramo de heroína en Kabul y los 1.168 dólares por los que se
vende en las calles de Nueva York?
En 2017, el valor de 9000 toneladas de heroína (con una estimación a
la baja y solo basado en su precio en EEUU) asciende a 800.000.000.000
dólares, más que el presupuesto militar de EEUU.
Después de firmar el acuerdo de la entrega de Kabul a Talibán en 2019, EEUU presionó al régimen de Ashraf Ghani para liberar a decenas de Señores de Opio en el marco de amnistía para los 5000 terroristas talibanes.
La multimillonaria industria de opio-heroína afgana seguirá
prosperando arrancado vidas y destrozando familias y naciones enteras:
cerca del 70% de los reclusos del mundo lo están por tráfico de droga.
Y, por cierto, ¿a dónde han ido los 8400 millones de dólares que EEUU
afirma haber gastado en acabar con la producción de opio en Afganistán?" (Nazanín Armanian , Público, 21/10/21)