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26.4.25

Hoy, 25 de abril, el día que cantamos 'Grándola'... insisto... la izquierda española necesita símbolos propios que unan... "la izquierda no tiena una bandera para todos... propongo enarbolar la bandera de España con el número '129' dibujado al lado del escudo... evidentemente, se refiere al artículo '129' de la Constitución, el que dice 'Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción'... para que no vuelva a pasar lo del otro día: "Los ultras fascistas del Betis hicieron el saludo nazi en Balaídos. La megafonía del Celta les puso como respuesta a su fascismo la canción 'Grândola, Vila Morena' de la Revolución de los claveles de Portugal"... Enormes... pero es una canción portuguesa, y el 'Bella ciao', italiana... necesitamos símbolos nuestros, a empezar por la bandera, y siguiendo por las canciones, ¿'Resistiré'? O para acabar el mitin, ¿'Asturias, patria querida'? Y nada de broma... (en la 'Marsellesa de los borrachos' hay más)"... por cierto, 'La Internacional', cada vez más profética, ¿será el himno que una a los BRICS?

 "Fonsi Loaiza  @FonsiLoaiza,

Los ultras fascistas del Betis hicieron ayer el saludo nazi con total impunidad en Balaídos. La megafonía del Celta les puso como respuesta a su fascismo la canción 'Grândola, Vila Morena' de la Revolución de los claveles de Portugal. Enormes.     

https://x.com/i/status/1888712521286037555

11:12 p. m. · 9 feb. 2025 291,9 mil Visualizaciones


"La Marsellesa de los borrachos’ viaja a 1961 en busca de himnos contra la dictadura que se pueden cantar hoy .

 “Diálogo” es la palabra que más menciona el director Pablo Gil Rituerto para explicar su primer largometraje, el documental La Marsellesa de los borrachos. La elección de ese término es consecuente con lo que propone metafórica y literalmente en su metraje: varias conversaciones. Una entre las canciones populares contra la dictadura que se cantaban en los años 60 y algunos músicos actuales que las recrean; otra entre lo que sucedía entonces políticamente en el país y lo que ocurre ahora; y también otra entre su propia aventura al realizar esta película y la que vivió un grupo de activistas y artistas italianos que viajaron a España en el verano de 1961 para registrar sonidos e imágenes de una cultura que se enfrentaba al franquismo. Cantacronache, así se llamaba el colectivo, fue juzgado y condenado en su país por vilipendio a la religión y ataque a un jefe de Estado extranjero como resultado de ese trabajo, plasmado en el libro Cantos de la nueva resistencia española, 1939-1961, publicado por Einaudi y firmado por Sergio Liberovici y Michele L. Straniero.

Gil Rituerto reconoce el carácter mixto del documental, entre la road movie y la tesis fílmica que requiere la participación del espectador para llegar a sus propias conclusiones. El director asegura que le interesaba partir de “una historia muy reconocible —un grupo de jóvenes italianos que entra de manera clandestina en España para hacer grabaciones y encontrarse con miembros de la resistencia— y eso nos daba un arco dramático con una historia —su recorrido, su diario de viaje, su entrada en España, sus peripecias— en la que, por en medio, la película podría ser más especulativa, no tan narrativa, y que derivase hacia una suerte de ensayo donde hubiese diferentes materiales”.

A finales de junio de 1961, dos coches salen de Turín con destino a España, con parada previa en Ginebra, París y Toulouse, donde los ocho integrantes de Cantacronache se citan con organizaciones políticas del exilio que les facilitan contactos para llevar a cabo el objetivo de la expedición: grabar canciones antifranquistas que se entonaban de manera anónima y sin hacer mucho jaleo. Con esa excusa narrativa, la película recorre un trayecto similar al que hicieron los italianos, arrancando en Arsèguel, una pequeña localidad del Pirineo catalán, y pasando por Barcelona, Guadalajara, Madrid, Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco.

En todas las paradas, el documental se acerca a conflictos vivos —la exhumación de represaliados del franquismo, el futuro de las cuencas mineras o el calvario de las personas obligadas a cruzar fronteras— mientras músicos como Maria Arnal, Nacho Vegas, Amorante, la Ronda de Motilleja, Labregos do tempo dos Sputniks, Faia Díaz Novo, el Coro Minero de Turón, Víctor Herrero o L&R (Leticia y Rubén) hacen versiones de aquellas canciones registradas durante el viaje de Cantacronache. También se escuchan las voces de José Agustín Goytisolo (“Canción de paz”), Gràcia Vilarrodà (“Els contrabandistes”), Jesús López Pacheco (“En España las flores”) y Antonio Soriano (“Nubes y esperanza”), así como otras que no se ha logrado identificar, puesto que nombrarse como autor o intérprete de esas coplillas implicaba riesgos. El escritor gallego Celso Emilio Ferreiro ejemplifica en su encuentro con los italianos lo que estaba en juego en estas manifestaciones culturales durante la dictadura. “Graba una versión de una canción popular gallega, ‘Santo Cristo de Fisterra’, y cambia la letra incluyendo versos de su propio estilo, también hace más lenta la melodía. Son versos reconocibles por las autoridades, le siguen, le vigilan y finalmente acaba exiliado en Venezuela”, cuenta el director.

La Marsellesa de los borrachos, estrenada a mediados de febrero tras pasar por festivales como SEMINCI 2024, In-Edit Barcelona 2024 o ZINEBI International film Festival, se abre con la imagen actual de una persona que va en coche y tiene entre sus manos un ejemplar de Cantos de la nueva resistencia española, 1939-1961. De fondo suena una rueda de prensa en la que Sergio Liberovici dice que la grabadora era su herramienta de trabajo. Es una alocución antigua, de cuando los miembros de Cantacronache se enfrentaron a un juicio en Italia a instancia del régimen franquista con la mediación del Vaticano. “En esa grabación se están defendiendo después de ser acusados y su argumento es que su trabajo es científico y objetivo, sin intervención. Pero cualquiera que conozca cómo funcionaban este tipo de operaciones en la época —el propio viaje, la publicación del cancionero— sabe que no dejaban de ser artefactos de intervención política y cultural”, comenta Gil Rituerto.

El enfrentamiento de Cantacronache con la dictadura ya había producido episodios como la edición de un panfleto por el Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga con el objetivo de distorsionar el trabajo del grupo, titulado precisamente La Marsellesa de los borrachos. “Es una edición facsímil que editaron los servicios de información —precisa el director—. Era un clipping de todas las noticias que habían aparecido, de manera dirigida, en la prensa europea de derechas, traducidas al castellano. Unas fotocopias grapadas, vaya. Lo pusieron en circulación para dar cuenta de que España estaba siendo amenazada y que esto era una estrategia más para desestabilizar al régimen”.

El cineasta explica que Cantacronache jugaba con la ambigüedad de no revelar cuáles de las canciones eran tradicionales, conocidas popularmente, y cuáles fueron producidas ad hoc para la ocasión por algunos intelectuales con los que se encontraron. “Remezclan melodías populares pero les cambian la letra para dar un contenido que dé cuenta del sentir de la gente. Había una intencionalidad política en todo lo que hacían”.

También recuerda que el trabajo de investigación y grabación del grupo italiano gozó de un cierto efecto Streisand que le abrió puertas inesperadas. “Si no llega a haber esa polémica tan grande con el gobierno español, el cancionero hubiera sido un trabajo menor, hay otros trabajos musicológicos mejores, más interesantes, con más registros. De alguna manera, el régimen al atacarlo lo hizo famoso y el editor Einaudi fue lo suficientemente audaz como para en 1962 liberar los derechos de publicación del libro, lo que hizo que se propagase. Hubo ediciones en Francia, Alemania, Uruguay. A través de esta última llegan algunas de las canciones a Sudamérica, a cantantes como Quilapayun, Víctor Jara, el propio Rolando Alarcón que aparece en la película. En las interpretaciones que vienen de Sudamérica se pueden rastrear incluso las erratas que habían cometido los italianos al transcribir las canciones”.

El rescate de la memoria oral, de esas grabaciones olvidadas, cobra importancia según avanza la película, en detrimento de las peripecias de Cantacronache, cuya historia siempre está de fondo aunque en algunos momentos se diluye por las variadas capas que plantea La Marsellesa de los borrachos. El director recuerda que “había muchas ideas seminales, que estaban en los primeros esbozos de la película, como poner a dialogar dos formas de memoria. Una, la oral, popular, la tradición del folclore como memoria colectiva frente a la memoria del régimen, más impositiva a través de la arquitectura, las esculturas, el paisaje, lo monumental. Ese diálogo sigue estando, y era una idea muy del principio, cuando la película quizá era más experimental”.

Gil Rituerto explica que su interés por recuperar un archivo sonoro como este estriba en lo poco conocido que es, frente al fílmico, más utilizado y del que resulta más difícil extraer nuevas lecturas. “El archivo sonoro de Cantacronache era un lugar virgen para explorar nuevos relatos y documentos que pudiesen alumbrar ángulos nuevos de la historia del país”.

El origen de La Marsellesa de los borrachos surge de un proyecto anterior frustrado, cuando el director intentó acceder a otro archivo sonoro de finales de los años 60 pero no pudo ser. Se quedó con la idea y fue trabajándola hasta que terminó la película en 2024, con el grueso filmado en 2022. Habían transcurrido unos diez años de aquel impulso inicial, un tiempo que ha afectado a la propia película. “En esa década, el paisaje social y político del país ha cambiado mucho. Al principio pensábamos que podríamos encarar la película haciéndonos cargo del espíritu de estos jóvenes italianos y la pregunta que queríamos responder era en qué se fijarían si hiciesen el viaje ahora, dónde pondrían la atención, qué cosas documentarían… Entonces era un momento en el que podíamos retratar las luchas que había en la calle, que eran muchas y variadas: el movimiento estudiantil, obrero, feminista, había muchos frentes abiertos, también preguntas sobre la historia de España, cómo habíamos llegado hasta aquí y qué cosas habían llevado a esa situación. Había ese espíritu en el aire del que éramos partícipes”.

Como el proyecto se fue dilatando, la historia que rescataron era la misma pero el entorno político y social con el que dialogaba iba cambiando. “Pilló una pandemia, hubo una bajada, una anomia social increíble, ya no había nada en la calle… Y en el último momento, con la película casi terminada, este auge de la extrema derecha europea y la derechización de todos los ámbitos de la sociedad”. Gil Rituerto asume que hace cinco años la lectura de La Marsellesa de los borrachos hubiese sido diferente y valora que la película no quiere ser informativa o de reconstrucción sino que se mueve más en un plano emocional. “Me gustaba la idea de que fuese una conversación muy horizontal y colectiva a lo largo de todo el territorio”.

El director sitúa su obra en una genealogía clara, de la que ofrece nombres y apellidos y con la que —lo decíamos al comienzo— también pretende abrir un diálogo: “Mis profesores han sido Mercedes Álvarez y José Luis Guerín, tengo como referente a Joaquim Jordá, antes de ellos cineastas como Pere Portabella o Basilio Martín Patino”. Y marca distancias con lo que en la actualidad llega a la cartelera en España en un terreno similar al que pisa La Marsellesa de los borrachos: “En el espacio del cine documental en el presente hay, por un lado, mucho producto televisivo, de infoentretenimiento, por el auge de las plataformas. No estamos ahí, en esa tradición. Y luego hay otro espacio en el cine contemporáneo que está demasiado enfocado a los festivales de cine documental que, de alguna manera, se ha construido un gueto que dialoga poco con esferas fuera de la cinéfila. Ahí tampoco nos reconocemos”.

( Jose Durán Rodríguez  , El Salto, 28/02/25)


"La megafonía del Celta responde con 'Grândola, vila morena' al saludo nazi de los ultras del Betis .

 Había muchos ojos puestos en el partido de este fin de semana en Balaídos entre el Celta y el Betis. Era el choque en el que los celestes saldrían al campo con el logo de La Revuelta en la camiseta y, como si quisiesen hacer honor al programa de Broncano, también dieron un revolcón al marcador. A los 22 minutos, los locales perdían 0-2 pero, a tres del pitido final, un gol de Swedberg dejó la victoria en casa. La euforia se desató en la grada... excepto en la que ocupaban los ultras sevillanos, que habían entonado el Cara al sol y realizado el saludo nazi durante un encuentro en el que se las prometían muy felices.

En el descanso, la megafonía del estadio los obsequió con Bella Ciao pero, al final del encuentro, cuando el resto del entusiasmado público había abandonado Balaídos y ya sólo quedaban ellos en la grada, el club les dedicó una última canción de despedida: Grândola, vila morena, el clásico de José Afonso, himno de la Revoluçao dos Cravos que puso fin a la dictadura de Salazar en Portugal. Los ultras tuvieron que esperar a que se les permitiese la salida escuchando que “o povo é quem mais ordena”. Para un futbolero nazi, hay cosas que pueden doler más que una derrota en el minuto 87...

La situación —según algunos internautas, habitual en el estadio del Celta ante aficiones de extrema derecha— se viralizó a través del post en la red X de la seareira @Maria03128590  

En cuestión de minutos, el vídeo se viralizaba a ambos lados del río Miño:  

MR  @Maria03128590

Poñer” Grândola, Vila Morena” para amenizarlles a espera a estes elementos antes de sair de Balaidos, foi de cine

8:05 p. m. · 8 feb. 2025 446,6 mil Visualizaciones  (...)"      (Luís Pardo , eldiario.es, 10/02/25)

2.3.25

Por cierto, la izquierda no tiena una bandera para todos... propongo enarbolar la bandera de España con el número '129' dibujado al lado del escudo... evidentemente, se refiere al artículo '129' de la Constitución, el que dice 'Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción'... para que no vuelva a pasar lo del otro día: "Los ultras fascistas del Betis hicieron el saludo nazi en Balaídos. La megafonía del Celta les puso como respuesta a su fascismo la canción 'Grândola, Vila Morena' de la Revolución de los claveles de Portugal"... Enormes... pero es una canción portuguesa, y el 'Bella ciao', italiana... necesitamos símbolos nuestros, a empezar por la bandera, y siguiendo por las canciones, ¿'Resistiré'? O para acabar el mitin, ¿'Asturias, patria querida'? Y nada de broma... (en la 'Marsellesa de los borrachos' hay más)

Fonsi Loaiza  @FonsiLoaiza,

Los ultras fascistas del Betis hicieron ayer el saludo nazi con total impunidad en Balaídos. La megafonía del Celta les puso como respuesta a su fascismo la canción 'Grândola, Vila Morena' de la Revolución de los claveles de Portugal. Enormes.     

https://x.com/i/status/1888712521286037555

11:12 p. m. · 9 feb. 2025 291,9 mil Visualizaciones


"La Marsellesa de los borrachos’ viaja a 1961 en busca de himnos contra la dictadura que se pueden cantar hoy .

 “Diálogo” es la palabra que más menciona el director Pablo Gil Rituerto para explicar su primer largometraje, el documental La Marsellesa de los borrachos. La elección de ese término es consecuente con lo que propone metafórica y literalmente en su metraje: varias conversaciones. Una entre las canciones populares contra la dictadura que se cantaban en los años 60 y algunos músicos actuales que las recrean; otra entre lo que sucedía entonces políticamente en el país y lo que ocurre ahora; y también otra entre su propia aventura al realizar esta película y la que vivió un grupo de activistas y artistas italianos que viajaron a España en el verano de 1961 para registrar sonidos e imágenes de una cultura que se enfrentaba al franquismo. Cantacronache, así se llamaba el colectivo, fue juzgado y condenado en su país por vilipendio a la religión y ataque a un jefe de Estado extranjero como resultado de ese trabajo, plasmado en el libro Cantos de la nueva resistencia española, 1939-1961, publicado por Einaudi y firmado por Sergio Liberovici y Michele L. Straniero.

Gil Rituerto reconoce el carácter mixto del documental, entre la road movie y la tesis fílmica que requiere la participación del espectador para llegar a sus propias conclusiones. El director asegura que le interesaba partir de “una historia muy reconocible —un grupo de jóvenes italianos que entra de manera clandestina en España para hacer grabaciones y encontrarse con miembros de la resistencia— y eso nos daba un arco dramático con una historia —su recorrido, su diario de viaje, su entrada en España, sus peripecias— en la que, por en medio, la película podría ser más especulativa, no tan narrativa, y que derivase hacia una suerte de ensayo donde hubiese diferentes materiales”.

A finales de junio de 1961, dos coches salen de Turín con destino a España, con parada previa en Ginebra, París y Toulouse, donde los ocho integrantes de Cantacronache se citan con organizaciones políticas del exilio que les facilitan contactos para llevar a cabo el objetivo de la expedición: grabar canciones antifranquistas que se entonaban de manera anónima y sin hacer mucho jaleo. Con esa excusa narrativa, la película recorre un trayecto similar al que hicieron los italianos, arrancando en Arsèguel, una pequeña localidad del Pirineo catalán, y pasando por Barcelona, Guadalajara, Madrid, Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco.

En todas las paradas, el documental se acerca a conflictos vivos —la exhumación de represaliados del franquismo, el futuro de las cuencas mineras o el calvario de las personas obligadas a cruzar fronteras— mientras músicos como Maria Arnal, Nacho Vegas, Amorante, la Ronda de Motilleja, Labregos do tempo dos Sputniks, Faia Díaz Novo, el Coro Minero de Turón, Víctor Herrero o L&R (Leticia y Rubén) hacen versiones de aquellas canciones registradas durante el viaje de Cantacronache. También se escuchan las voces de José Agustín Goytisolo (“Canción de paz”), Gràcia Vilarrodà (“Els contrabandistes”), Jesús López Pacheco (“En España las flores”) y Antonio Soriano (“Nubes y esperanza”), así como otras que no se ha logrado identificar, puesto que nombrarse como autor o intérprete de esas coplillas implicaba riesgos. El escritor gallego Celso Emilio Ferreiro ejemplifica en su encuentro con los italianos lo que estaba en juego en estas manifestaciones culturales durante la dictadura. “Graba una versión de una canción popular gallega, ‘Santo Cristo de Fisterra’, y cambia la letra incluyendo versos de su propio estilo, también hace más lenta la melodía. Son versos reconocibles por las autoridades, le siguen, le vigilan y finalmente acaba exiliado en Venezuela”, cuenta el director.

La Marsellesa de los borrachos, estrenada a mediados de febrero tras pasar por festivales como SEMINCI 2024, In-Edit Barcelona 2024 o ZINEBI International film Festival, se abre con la imagen actual de una persona que va en coche y tiene entre sus manos un ejemplar de Cantos de la nueva resistencia española, 1939-1961. De fondo suena una rueda de prensa en la que Sergio Liberovici dice que la grabadora era su herramienta de trabajo. Es una alocución antigua, de cuando los miembros de Cantacronache se enfrentaron a un juicio en Italia a instancia del régimen franquista con la mediación del Vaticano. “En esa grabación se están defendiendo después de ser acusados y su argumento es que su trabajo es científico y objetivo, sin intervención. Pero cualquiera que conozca cómo funcionaban este tipo de operaciones en la época —el propio viaje, la publicación del cancionero— sabe que no dejaban de ser artefactos de intervención política y cultural”, comenta Gil Rituerto.

El enfrentamiento de Cantacronache con la dictadura ya había producido episodios como la edición de un panfleto por el Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga con el objetivo de distorsionar el trabajo del grupo, titulado precisamente La Marsellesa de los borrachos. “Es una edición facsímil que editaron los servicios de información —precisa el director—. Era un clipping de todas las noticias que habían aparecido, de manera dirigida, en la prensa europea de derechas, traducidas al castellano. Unas fotocopias grapadas, vaya. Lo pusieron en circulación para dar cuenta de que España estaba siendo amenazada y que esto era una estrategia más para desestabilizar al régimen”.

El cineasta explica que Cantacronache jugaba con la ambigüedad de no revelar cuáles de las canciones eran tradicionales, conocidas popularmente, y cuáles fueron producidas ad hoc para la ocasión por algunos intelectuales con los que se encontraron. “Remezclan melodías populares pero les cambian la letra para dar un contenido que dé cuenta del sentir de la gente. Había una intencionalidad política en todo lo que hacían”.

También recuerda que el trabajo de investigación y grabación del grupo italiano gozó de un cierto efecto Streisand que le abrió puertas inesperadas. “Si no llega a haber esa polémica tan grande con el gobierno español, el cancionero hubiera sido un trabajo menor, hay otros trabajos musicológicos mejores, más interesantes, con más registros. De alguna manera, el régimen al atacarlo lo hizo famoso y el editor Einaudi fue lo suficientemente audaz como para en 1962 liberar los derechos de publicación del libro, lo que hizo que se propagase. Hubo ediciones en Francia, Alemania, Uruguay. A través de esta última llegan algunas de las canciones a Sudamérica, a cantantes como Quilapayun, Víctor Jara, el propio Rolando Alarcón que aparece en la película. En las interpretaciones que vienen de Sudamérica se pueden rastrear incluso las erratas que habían cometido los italianos al transcribir las canciones”.

El rescate de la memoria oral, de esas grabaciones olvidadas, cobra importancia según avanza la película, en detrimento de las peripecias de Cantacronache, cuya historia siempre está de fondo aunque en algunos momentos se diluye por las variadas capas que plantea La Marsellesa de los borrachos. El director recuerda que “había muchas ideas seminales, que estaban en los primeros esbozos de la película, como poner a dialogar dos formas de memoria. Una, la oral, popular, la tradición del folclore como memoria colectiva frente a la memoria del régimen, más impositiva a través de la arquitectura, las esculturas, el paisaje, lo monumental. Ese diálogo sigue estando, y era una idea muy del principio, cuando la película quizá era más experimental”.

Gil Rituerto explica que su interés por recuperar un archivo sonoro como este estriba en lo poco conocido que es, frente al fílmico, más utilizado y del que resulta más difícil extraer nuevas lecturas. “El archivo sonoro de Cantacronache era un lugar virgen para explorar nuevos relatos y documentos que pudiesen alumbrar ángulos nuevos de la historia del país”.

El origen de La Marsellesa de los borrachos surge de un proyecto anterior frustrado, cuando el director intentó acceder a otro archivo sonoro de finales de los años 60 pero no pudo ser. Se quedó con la idea y fue trabajándola hasta que terminó la película en 2024, con el grueso filmado en 2022. Habían transcurrido unos diez años de aquel impulso inicial, un tiempo que ha afectado a la propia película. “En esa década, el paisaje social y político del país ha cambiado mucho. Al principio pensábamos que podríamos encarar la película haciéndonos cargo del espíritu de estos jóvenes italianos y la pregunta que queríamos responder era en qué se fijarían si hiciesen el viaje ahora, dónde pondrían la atención, qué cosas documentarían… Entonces era un momento en el que podíamos retratar las luchas que había en la calle, que eran muchas y variadas: el movimiento estudiantil, obrero, feminista, había muchos frentes abiertos, también preguntas sobre la historia de España, cómo habíamos llegado hasta aquí y qué cosas habían llevado a esa situación. Había ese espíritu en el aire del que éramos partícipes”.

Como el proyecto se fue dilatando, la historia que rescataron era la misma pero el entorno político y social con el que dialogaba iba cambiando. “Pilló una pandemia, hubo una bajada, una anomia social increíble, ya no había nada en la calle… Y en el último momento, con la película casi terminada, este auge de la extrema derecha europea y la derechización de todos los ámbitos de la sociedad”. Gil Rituerto asume que hace cinco años la lectura de La Marsellesa de los borrachos hubiese sido diferente y valora que la película no quiere ser informativa o de reconstrucción sino que se mueve más en un plano emocional. “Me gustaba la idea de que fuese una conversación muy horizontal y colectiva a lo largo de todo el territorio”.

El director sitúa su obra en una genealogía clara, de la que ofrece nombres y apellidos y con la que —lo decíamos al comienzo— también pretende abrir un diálogo: “Mis profesores han sido Mercedes Álvarez y José Luis Guerín, tengo como referente a Joaquim Jordá, antes de ellos cineastas como Pere Portabella o Basilio Martín Patino”. Y marca distancias con lo que en la actualidad llega a la cartelera en España en un terreno similar al que pisa La Marsellesa de los borrachos: “En el espacio del cine documental en el presente hay, por un lado, mucho producto televisivo, de infoentretenimiento, por el auge de las plataformas. No estamos ahí, en esa tradición. Y luego hay otro espacio en el cine contemporáneo que está demasiado enfocado a los festivales de cine documental que, de alguna manera, se ha construido un gueto que dialoga poco con esferas fuera de la cinéfila. Ahí tampoco nos reconocemos”.

( Jose Durán Rodríguez  , El Salto, 28/02/25)


"La megafonía del Celta responde con 'Grândola, vila morena' al saludo nazi de los ultras del Betis .

 Había muchos ojos puestos en el partido de este fin de semana en Balaídos entre el Celta y el Betis. Era el choque en el que los celestes saldrían al campo con el logo de La Revuelta en la camiseta y, como si quisiesen hacer honor al programa de Broncano, también dieron un revolcón al marcador. A los 22 minutos, los locales perdían 0-2 pero, a tres del pitido final, un gol de Swedberg dejó la victoria en casa. La euforia se desató en la grada... excepto en la que ocupaban los ultras sevillanos, que habían entonado el Cara al sol y realizado el saludo nazi durante un encuentro en el que se las prometían muy felices.

En el descanso, la megafonía del estadio los obsequió con Bella Ciao pero, al final del encuentro, cuando el resto del entusiasmado público había abandonado Balaídos y ya sólo quedaban ellos en la grada, el club les dedicó una última canción de despedida: Grândola, vila morena, el clásico de José Afonso, himno de la Revoluçao dos Cravos que puso fin a la dictadura de Salazar en Portugal. Los ultras tuvieron que esperar a que se les permitiese la salida escuchando que “o povo é quem mais ordena”. Para un futbolero nazi, hay cosas que pueden doler más que una derrota en el minuto 87...

La situación —según algunos internautas, habitual en el estadio del Celta ante aficiones de extrema derecha— se viralizó a través del post en la red X de la seareira @Maria03128590  

En cuestión de minutos, el vídeo se viralizaba a ambos lados del río Miño:  

MR  @Maria03128590

Poñer” Grândola, Vila Morena” para amenizarlles a espera a estes elementos antes de sair de Balaidos, foi de cine

8:05 p. m. · 8 feb. 2025 446,6 mil Visualizaciones  (...)"      (Luís Pardo , eldiario.es, 10/02/25)

27.10.22

Siento una fascinación creciente por Juan Manuel Moreno Bonilla en coordenadas similares a la que profeso por Tamara Falcó... Juanma es un político premeditadamente apolítico pero profundamente ideológico... Apolítico por dejar a los consejeros la suciedad de lo concreto para él quedarse con el papel principesco... Ideológico porque su propuesta husmea en la aspiración de la gente sumida en una época convulsa: sucedáneo de clase media, cero conflicto, hipernormalidad, depositar la confianza en quien anhelamos ser. Es el yernismo, el deseo de compartir Cruzcampo, serranito y anecdotario con tu mandatario. Estas cosas empiezan como una broma y acaban dentro de 30 años... Esto en España ya pasó. Concretamente el día que a Albert Rivera le hicieron en Vanity Fair aquella portada jugando al billar, como a Bradley Cooper... Vivimos en un mundo donde hay procedimientos para blanquear desde los dientes al ano... Es decir, que vivimos en un mundo inmensamente gilipollas. La cosa es que a algunos todo esto les viene estupendo, justo a los que deben jugar al despiste entre lo que hacen y quiénes parece que son... Si a la izquierda le valiera con la carrera por el producto, ni Pedro Sánchez ni Yolanda Díaz tendrían dificultades en lo electoral, uno con su sonrisa de medio lado, Gary Cooper de Consejo Europeo, otra con su encanto norteño, capaz de hacer cercanas las arideces de la legislación laboral. La izquierda necesita plantearse muy bien quién dice ser para que haya gente que quiera escuchar lo que hace. Y ahí radica la gran diferencia Mientras que la derecha debe prefabricar un producto para tener margen escénico a la hora de llevar a cabo sus políticas, a la izquierda sólo le vale con fabricar políticas de las que derivar todo lo demás, no solo caudal electoral, sino organización, identidad, comunidad y horizonte (Daniel Bernabé)

 "Primero, la confesión: siento una fascinación creciente por Juan Manuel Moreno Bonilla en coordenadas similares a la que profeso por Tamara Falcó. El interés no puede ser otro que el de descifrar el pulso del momento a través de personajes que, de improviso, parecen ungidos con los óleos de la popularidad. Que hablen mucho y bien de ti en la televisión es lo que más importa para pasar del ostracismo al estrellato, eso parece claro. Lo que no podemos confundir es la herramienta y el resultado con el motivo por el que el producto se acaba vendiendo: esa es la particularidad que conviene desentrañar. La fama es ese fenómeno que describe más al público que siente la admiración que al individuo que la suscita, más o menos como la gripe, que nos es indiferente como virus a nos ser que nos deje postrados en cama.

Segundo, la situación. Hablamos de un político, más concretamente de uno que preside la Junta de Andalucía, la comunidad más poblada del país, durante años baluarte del PSOE para pasar en 2019 a manos del PP, aun quedando segunda fuerza en las elecciones. El 19 de junio del presente año, el señor que nos ocupa no sólo revalidó su mandato, sino que lo hizo por mayoría absoluta. Ahí no queda la cosa. Desde su victoria, Juanma Moreno no para de darse baños de multitudes como si fuera Luis Miguel a mediados de los noventa, promocionando un disco. Miren las imágenes en Lebrija el pasado 5 de octubre: ellos le echan fotos y le estrechan vigorosamente la mano, ellas le gritan guapo a coro, tras de una valla, mientras él se deja querer. ¿Un político rompiendo corazones de mediana edad en la época de la antipolítica?¿Qué ha pasado aquí?¿Qué nos hemos perdido?

Quizá todo empieza por cómo te llaman. Moreno Bonilla suena a traje de tergal marrón, despacho de muebles oscuros y un código de arrendamientos manoseado sobre el escritorio. Quizá a personaje de Bruguera: superintendente Bonilla, calvicie, porrusalda y un secretario miope que te arruina los planes. Juanma Moreno es otra cosa. Juanma Moreno puede regentar un gastro-bar en el Albaicín atento a las últimas tendencias en alergias alimentarias, Juanma Moreno conoce ese rinconcito de una playa de Bolonia donde triunfar en Instagram, Juanma Moreno practica deportes de aventura en Benamejí. También se deja tatuar, esto ya no como posibilidad sino como suceso, por un artista de Linares. Lo extraño no es que lo prometiera en campaña, ese lapso de la vida de un político donde vende frigoríficos a los esquimales, sino que lo cumpla cuando nadie parecía esperarlo: va crecidísimo, como un presentador de variedades tras la gala de Nochevieja. 

Juanma se tatuó “A 58”, el número de escaños de su triunfo electoral, la A de Andalucía, quizá de ascensión, álgido o amazing leído con dicción a lo Rosalía, puede que de ambivalencia, esto ya con mi voz. Ambivalencia porque Juanma es un político premeditadamente apolítico pero profundamente ideológico. Apolítico por interpretar a un líder exento de la herrumbre que implica el ejercicio del poder, dejando a los consejeros la suciedad de lo concreto para él quedarse con el papel principesco que ya ostentó el día de su coronación. Ideológico porque su propuesta husmea en la aspiración de la gente sumida en una época convulsa: sucedáneo de clase media, cero conflicto, hipernormalidad, depositar la confianza en quien anhelamos ser. Es el yernismo, el deseo de compartir Cruzcampo, serranito y anecdotario con tu mandatario. Estas cosas empiezan como una broma y acaban dentro de 30 años.

Juanma Moreno es la política del aperitivo, del domingo a mediodía, del programa de Juan y Medio, faro del entretenimiento, también apolítico y a la vez inmensamente ideológico. No es que Juanma haya encantado a los antiguos votantes del PSOE, es que los antiguos votantes del PSOE ya eran de Juanma década y media antes de que existiera. Cuando a Thatcher le preguntaron de qué parte de su legado se sentía más orgullosa, contestó ufana que de Tony Blair. Algo parecido pueden decir los dirigentes del proyecto político que empieza con Rafael Escuredo y acaba con Susana Díaz, desconozco si a diferencia de la Dama de Hierro esa era su intención. No es que Moreno Bonilla sea infalible, es que la derecha debe jugar al despiste entre lo que hace y quién parece que es. Y su equipo de publicidad y promociones, el propio y el repartido por el nutrido entramado de comunicación privada, se ha aprendido bien la cartilla: las clases permanecen pero las máscaras cambian.  

Esto en España ya pasó. Concretamente el día que a Albert Rivera le hicieron en Vanity Fair aquella portada jugando al billar, como a Bradley Cooper, salvo que el primero decidió dejar de ser actor para pasar a ser patriota, que es algo parecido salvo que con hostias en la mesa. Aquel tipo lo tenía todo para encarnar lo aspiracional, que es eso que pensamos llegar a ser para olvidar lo que somos. Sin embargo, decidió salirse de la raya y apuntarse a lo de Abascal: guerras culturales, mucho barro y diez mentiras por minuto. Imaginen que Juanma Moreno le hubiera andado a la zaga a Olona y Meloni: si lo tuyo no es dar navajazos para qué verse envuelto en una riña tabernaria. Esta es una valiosa enseñanza a la hora de vender política: primero que tu producto conecte con lo que se demanda, segundo no querer vender lo de la tienda de al lado. Tercero, que seas tú quien decide lo que se demanda, eso es lo que hace la tele. Círculo cerrado.

Vivimos en un mundo donde hay procedimientos para blanquear desde los dientes al ano. Ya me disculparán ustedes si les pillo desayunando o algo así, pero es que es verdad. Al parecer hay gente que requiere cambiar de tono la piel de ese orificio, que paga por ello, también otros que toman el sol a través del mismo porque les han dicho que así recargan los chakras. Es decir, que vivimos en un mundo inmensamente gilipollas. La cosa es que a algunos todo esto les viene estupendo, justo a los que deben jugar al despiste entre lo que hacen y quiénes parece que son. Si a la izquierda le valiera con la carrera por el producto, ni Pedro Sánchez ni Yolanda Díaz tendrían dificultades en lo electoral, uno con su sonrisa de medio lado, Gary Cooper de Consejo Europeo, otra con su encanto norteño, capaz de hacer cercanas las arideces de la legislación laboral.

La izquierda necesita plantearse muy bien quién dice ser para que haya gente que quiera escuchar lo que hace. Y ahí radica la gran diferencia, puede que injusta pero del todo real, que caracteriza las diferentes necesidades del espectro político. Mientras que la derecha debe prefabricar un producto para tener margen escénico a la hora de llevar a cabo sus políticas, a la izquierda sólo le vale con fabricar políticas de las que derivar todo lo demás, no solo caudal electoral, sino organización, identidad, comunidad y horizonte. No es la pericia a la hora de jugar al juego, es el convencimiento para entender que las reglas del juego no son las mismas. "                 (Daniel BernabéInfo Libre, 25 de octubre de 2022)

28.5.20

Errejón: Cometeríamos una enorme torpeza histórica si regalamos el orgullo de pertenencia al país a quienes tiene una idea muy estrecha de España... tenemos que ser mucho más claros y exhibir un patriotismo español desacomplejado

"(...) ¿La estrategia de Podemos en Cataluña y esa especie de complacencia con el independentismo está siendo una hipoteca en el resto de España?

No creo que nuestra política haya sido de aquiescencia. Las últimas declaraciones de Torra hablando de la vía eslovena son, en mi opinión, muy irresponsables, de alguien, además, que dudo que sepa de lo que está hablando. Es posible que nuestra política sobre el conflicto nacional y territorial en España no sea siempre la más rentable electoralmente. ¿Significa eso que hay que abandonarla? Yo no lo creo. 

España arrastra desde hace siglos un conflicto para integrar en un proyecto compartido pueblos con diferente identidad nacional. Y eso sólo es posible con propuestas y acuerdos. Tenemos un tripartito aznarista compuesto por el PP, Ciudadanos y Vox que ha renunciado a hacerlo. Hacen una política incendiaria en Cataluña para recoger votos fuera. Eso no cose España y, es más, ellos lo saben.

¿Qué propone usted?

Nosotros tenemos que ser mucho más claros y exhibir un patriotismo español desacomplejado. Cometeríamos una enorme torpeza histórica si regalamos el orgullo de pertenencia al país a quienes tiene una idea muy estrecha de España en el que les sobran los progresistas, los que hablan otra lengua, los que vienen de fuera, los que tienen otro apellido, las feministas... Su idea de patria es estrecha y egoísta; en la mía caben ellos también. Hay que disputarles la idea de España.

¿Y los símbolos? ¿Va a empezar a sacar en sus mítines la bandera de España como ha sugerido?

Eso es un trabajo cultural y político lento. Tenemos que empezar a sentir como propios los símbolos nacionales. Y hay que pedir a los conservadores que no utilicen la identidad española como ladrillo contra otros españoles porque no hacen ningún favor al país. Pudo haber razones históricas para que una parte de las generaciones que militaron contra la dictadura rechazaran esos símbolos. 

Pero salvo que alguien tenga una alternativa mejor, una fuerza política patriótica y popular ha de ofrecer dos cosas: pertenencia y protección social. Hacer chocar la agenda social con la agenda nacional es un desastre. (...)"                      (Entrevista a Íñigo Errejón, Juan Carlos Escudier, CTXT, 14/12/18)

8.2.19

Nueve consejos a PODEMOS dados en 2014... pero que siguen siendo plenamente recomendables... nada que no sepa Errejón, ¡ a ver si aprendes, Pablo! Por ejemplo: evitar utilizar el término Estado español para referirse a nuestro país, no rechazar ni imponer un color a la bandera española... algunos portavoces de PODEMOS que apoyan el proceso de consulta soberanista cometen un acto de incoherencia frente a su defensa de la democracia real y participativa. Esta postura sólo le puede provocar distanciarse de una buena parte de los españoles

"Éste es el primero de los nueve consejos que Debate Constituyente presenta para aportar un grano de arena, agitar conciencias y enriquecer el debate que hay en PODEMOS en la búsqueda de su comunión con la ciudadanía. (...)

 Desde nuestra propia experiencia personal con los que nos rodean, pero también apoyados en diferentes estudios sociológicos y estadísticos, entendemos que hay aún un amplio sector de la población que, si bien se pronuncia de acuerdo con las propuestas básicas de PODEMOS (en lo económico, en lo social, etc.), que es lo fundamental, no termina de sentirse identificado con el proyecto por cuestiones que, en último término, son secundarias o meramente formales, y que podrían corregirse con un poco de esfuerzo. (...)

Consejo Nº 1: Acabar con todo tic anticlerical
 
En algunas intervenciones de los principales portavoces de PODEMOS se han hecho comentarios poco acertados, con falta de matización, que citan sin mala intención al mundo católico. Estos comentarios pueden ser malinterpretados y mal encajados por una buena parte de la población española. 

Por ello nos parecen inapropiados, y peor aún, nada convenientes para la construcción de una amplia mayoría con vocación democrática en España. Desgraciadamente, la actual izquierda española ha teñido de anticlericalismo o anticatolicismo gran parte de los movimientos sociales contestatarios. Las razones que explican esta animadversión tienen profundas raíces históricas o se pueden encontrar en la actitud de los principales líderes de la Conferencia Episcopal de los últimos años.

 No obstante, estas razones no justifican que se extienda a la Iglesia o a la religión la causa de los males de nuestra sociedad. Y no se puede abordar el asunto religioso sin rigor. No podemos meter en el mismo saco a todos los papas, a los cardenales, a los obispos, al cura del pueblo y a un creyente de a pie.

 No fueron lo mismo Juan XXIII que Juan Pablo II, ni son lo mismo el cura obrero Mariano Gamo que el exarzobispo Rouco Varela. Tampoco conviene mezclar a Jesucristo, los valores cristianos y la teología de la liberación con la Inquisición, el Banco Vaticano y el Opus Dei. (...)

Ver min 3:49 en adelante.

Pablo Iglesias afirma que no caben curas de sotana en PODEMOS. ¿Por qué no pueden haber curas de sotana en PODEMOS? Ojalá estuviese este influyente sector de nuestra sociedad del lado del cambio social. ¿Hemos olvidado de qué lado se pusieron cientos de curas e incluso obispos durante los años 60 y 70 en nuestro país? ¿Qué malo tiene que curas, monjas, imanes, rabinos o pastores se incorporen a un movimiento de transformación democrática y de defensa de los derechos humanos? Frases como la enunciada por Pablo Iglesias se pueden traducir en definir a PODEMOS como una organización anticlerical o incluso atea. 

Estos comentarios pueden crear innecesariamente recelo en muchos creyentes, los cuales forman la inmensa mayoría de nuestra población. Por tanto, el comentario realizado por Pablo Iglesias, aunque se comprende el sentido general de lo que quería transmitir, no es adecuado para un proyecto de mayorías.  (...)

Consejo Nº 2: Dirigirse expresamente a los votantes desencantados del PP

PODEMOS no llegará a ser mayoría sin restar un gran apoyo social al PP. La estrategia no puede ser sustituir un viejo bipartidismo (PP-PSOE) por otro nuevo (PP-PODEMOS). La estrategia es derrotar el bipartidismo y construir una nueva hegemonía. Y para esto es fundamental vaciar de votantes al PP. 

De hecho, el gran reto no es transferir el apoyo de las bases del PSOE a PODEMOS.(...)

El gran reto es, sin cambiar las propuestas políticas y económicas de PODEMOS , transferir el apoyo social del PP a PODEMOS. Para plantearnos seriamente este reto debemos comenzar asumiendo que la gran mayoría del voto conservador que recibe el PP proviene de las clases trabajadoras, de los profesionales y de los pequeños y medianos empresarios. Los intereses objetivos de la mayoría de los votantes del PP son iguales a los intereses objetivos de la mayoría de los votantes de PODEMOS.  (...)

Se precisa una labor extra, un “empujón”, que anime a los votantes desencantados del PP a acercarse a PODEMOS y a los miembros y simpatizantes de PODEMOS a abrirse a ellos. Y continuando con lo último mencionado, conseguir que los actuales seguidores de PODEMOS eviten prejuicios y sectarismos y se abran a votantes conservadores desencantados, también requiere de un gran esfuerzo pedagógico constante de los líderes de PODEMOS. 

Convencer a este sector conservador de nuestra población va a requerir del esfuerzo de toda la organización, y para ello sus miembros deben entender e implicarse activamente en esa tarea. 

Unos ejemplos: En el distrito histórico y obrero de San Blas de Madrid, en las elecciones generales de 2011 el PP arrasó con casi el 46% de votos, sacándole 16 puntos de ventaja al PSOE. UPyD, en este barrio popular por antonomasia, sacó un 11%. Es decir, entre votantes del PP y UPyD tenemos en San Blas el 57% de los votos. 

Y desde luego, el 57% de los habitantes de San Blas que votaron en el 2011 no son gente adinerada, hijos de banqueros, ni casta. Sin infravalorar la importancia que tienen los medios de comunicación para conquistar votos y conciencias, algo falla también en el discurso que pretende llegar a los sectores deprimidos y que votan una opción conservadora. (...)

 Consejo Nº 3: Discurso de apoyo a los autónomos y PYMES
 
No hay combate contra el paro y la precariedad en España sin reindustrialización. No hay reindustrialización sin las PYMES. Esta cuestión es estratégica en un programa de cambio en nuestro país. 

Y aunque no podemos pasar por alto el valor del trabajo, como el verdadero creador de la riqueza, nos encontramos en una coyuntura que obliga a abrir el discurso a otras capas sociales. Las PYMES y autónomos conforman el 99,88% del tejido empresarial español y emplean aproximadamente a un 70% de la masa laboral de nuestro país. Y a nivel de la UE durante los años 2002-2010 las PYMES crearon el 85% de los nuevos empleos, empleando en total a un 67% de los trabajadores europeos. 

Salir del modelo económico de turismo-construcción, diversificando e industrializando España requerirá de una fuerte inversión pública, de créditos concedidos por una institución financiera con vocación desarrollista, de creación de empresas públicas o mixtas en nuevos sectores productivos. Pero también y sobre todo necesitará de las PYMES que germinarán y se expandirán entorno a todos estos nuevos planes económicos de reindustrialización y diversificación. (...)

 La importancia que tiene incluir a las PYMES y autónomos como elemento vertebral del discurso de PODEMOS se debe además a otro aspecto igual de importante: el ideológico. En España, según datos de 2014, hay 3.139.106 empresas catalogadas como PYMES. 

Por tanto, son millones de familias españolas las que viven de sus empresas y defenderán a aquella formación política que las proteja y las ayude a progresar. Pero además, en aras de entender el pensamiento de centro-derecha, son muchos los votantes del PP o, simplemente, ciudadanos que se consideran conservadores, que defienden la idea romántica del empresario entregado y emprendedor. 

Aún perteneciendo a la clase trabajadora, ven la solución a sus problemas en el apoyo a las PYMES, y encuentran en el PP al partido eficiente que apoya al empresariado (caracterizando al empresario como al ferretero o al industrial de cerámica, y no como a Botín o a Amancio Ortega). 

Hay que combatir discursivamente esta idea y dejar claro que ni el PP ni el PSOE apoyan a las PYMES. Para demostrarlo basta con dar el dato de autónomos y PYMES que han quebrado en estos años de crisis (***) bajo las doctrinas de la troika, o la tarea titánica que supone llevar adelante una PYME en nuestro país en comparación a otros países del norte de Europa.  (...)

 El sector empresarial de la economía real está siendo hostigado por varios flancos, que van desde una política fiscal persecutoria (mientras que las grandes empresas defraudan tres veces más que PYMES y autónomos, los propios inspectores de Hacienda denuncian que el 80% de los recursos del Ministerio de se dedican a perseguir el pequeño fraude de autónomos y PYMES) hasta una accesibilidad al crédito draconiana, pasando por la falta de un verdadero plan de desarrollo empresarial.

 Mientras tanto, se hace la vista gorda fiscal a las grandes empresas y fortunas, se les facilita todos los créditos y subvenciones y se le abren todos los mercados nacionales o internacionales posibles. Por no hablar de la liberalización total de los horarios comerciales, o de implantación de tiendas multinacionales online como Amazon, que desvían sus impuestos a paraísos fiscales y con las que los pequeños comercios y PYMES no tienen posibilidad de competir.  

Estas prácticas mafiosas de favoritismo permiten que las grandes multinacionales y franquicias, desde su privilegiada y favorecida posición, devoren el mercado nacional haciendo imposible la supervivencia de multitud de pequeños comercios y PYMES que se ven abocados al cierre frente a tal competencia desleal. ¿Es esto defender a los empresarios?
 
Se debe arrebatar al PP y al discurso dominante, el título autoproclamado de defensores del empresariado, entendido este como las PYMES. El programa de PODEMOS se debe presentar como el que verdaderamente defiende a los autónomos y a los pequeños y medianos empresarios. 

Sólo una política de reindustrialización y diversificación, una entidad financiera al servicio del desarrollo de España, un aumento del poder adquisitivo/consumo de los trabajadores y una reforma fiscal progresiva que las libere del estrangulamiento actual, apoyará realmente a las PYMES.

 Consejo Nº 4: Rechazo tajante de la violencia (condena total a ETA)
 
El avance del movimiento de transformación en nuestro país surgido a partir del 15M, y que de alguna forma ha influenciado la creación de PODEMOS, se ha desarrollado en torno a la acción pacífica y democrática. Las actitudes pacíficas y democráticas han sido pilares fundamentales del avance de la contestación social y del crecimiento de la movilización.

 Estos principios deben mantenerse firmes y ser defendidos con nitidez en la formación PODEMOS. Para ello no basta con definirse como un movimiento que defiende la paz y apuesta por la democracia, sino que se hace necesario el rechazo tajante de la violencia. No sólo la violencia policial, sino también la violencia que brota desde las protestas ciudadanas. 

Cuando acontece un caso de disturbios en el que se ven implicados manifestantes realizando acciones violentas contra las fuerzas de seguridad o contra el mobiliario urbano, PODEMOS debe ser implacable en el rechazo contundente a estas acciones. 

Aunque se pueda contextualizar todo lo que se quiera - hablar sobre la crisis, la pobreza (“violencia es cobrar 600” o “violencia es no llegar a fin de mes”), criticar los excesos policiales o la existencia de infiltrados- por encima de todo debe subrayarse el rechazo firme a esas acciones vengan de quien vengan. PODEMOS debe desmarcarse claramente y sin contemplaciones de esa forma violenta de entender la lucha social y la movilización. 

Uno de los aciertos del movimiento 15M fue apostar decididamente por la no-violencia, por la desobediencia civil pacífica.

(...) terrorismo de ETA. Algunos ya preveíamos que el ataque mediático más fuerte contra PODEMOS vendría de la manoseada fórmula de “son ETA”. Sin embargo, aunque el poder siempre señalará con mentiras y tergiversaciones a sus oponentes, también es necesario ser audaz y cauto a la hora de nadar en este pantano plagado de ranas y culebras. 

Querer dar explicaciones sociológicas o politológicas por muy acertadas que sean, cuando se es líder de una organización política nacional con una fuerte proyección mediática, sobre el origen de la acción terrorista que ha acabado con casi 900 vidas, sólo crean extrañeza y dudas a la mayoría del pueblo español. En este tema, siendo coherente con la defensa de la vía pacífica, se tiene que ser tan tajante o más (tratándose de cientos de muertos) que en otros casos: condena total a ETA. (...)

Consejo Nº 5: Cambiar las formas en los actos públicos. La música.
 
En varios actos públicos de PODEMOS hemos presenciado la clausura de éstos entonando algunas canciones históricas de las luchas contestatarias. Ejemplos de ello son: “A galopar” de Paco Ibáñez, “Canto a la Libertad” de José Antonio Labordeta o “El pueblo unido jamás será vencido” de Quilapayún. Bellas obras de indiscutible calidad musical, muy emotivas y con profundo contenido social y reivindicativo. (...)

 En un ritual de este tipo, con canciones claramente vinculadas a la izquierda más militante, entonadas con puños en alto por muchos líderes de PODEMOS, ¿se pretende escenificar que PODEMOS no tiene etiqueta ideológica?, ¿se pretende convencer que PODEMOS no es ni de izquierdas ni de derechas sino de la gente común? No podemos imaginarnos que alguien que se acerque a PODEMOS viniendo de votar al centro derecha o de posiciones poco ideologizadas, pueda sentirse cómodo en un acto "litúrgico" como ese.  (...)

Consejo Nº 6: No permitir que a PODEMOS se le etiquete como un “partido de izquierdas”
 
En la actual campaña de aislamiento de PODEMOS de una potencial base social, vemos como principal amenaza que se consolide en la población española la identificación de PODEMOS como una simple fuerza más dentro de la izquierda.  

Con este consejo no estamos sugiriendo que PODEMOS no deba contener ideas o valores que tradicionalmente se asocian a la izquierda, ni tampoco estamos afirmando que en PODEMOS no quepan personas que se identifiquen como de izquierdas. Nos estamos refiriendo a que PODEMOS no debe colgarse ni dejarse colgar la etiqueta de "movimiento de izquierdas" .  (...)

Y es que, como bien dice PODEMOS, no se trata de izquierdas o derechas: se trata de democracia. Conviene que PODEMOS repita una y otra vez, en el eje central de su discurso, que no se definen como movimiento de izquierdas

PODEMOS se debe definir clara y públicamente como un movimiento socio-político de la gente común, de los de abajo, como una organización profundamente democrática en defensa de las libertades dentro del respeto total a los DDHH y no reconocer ni aceptar ser definido con la etiqueta de izquierdas. 

Más aún cuando es un hecho conocido que la gran parte de la ciudadanía que no se define a sí misma como de izquierdas, sí que está de acuerdo con el diagnóstico y propuestas que se están aportando desde PODEMOS

Por lo tanto, creemos que este es un elemento necesario para que, sin renunciar a ninguno de los principios, diagnósticos y propuestas de PODEMOS , se aspire a llegar a los millones de ciudadanos de tendencia un poco más conservadora o poco ideologizados, sin los cuales no se podrá cambiar jamás este país.  (...)

Consejo Nº 7: Evitar utilizar el término Estado español para referirse a nuestro país 
 
En una mezcla entre asombro y preocupación escuchamos como algunos activistas de PODEMOS evitan nombrar a nuestro país por su nombre, utilizando en su lugar el término de origen franquista Estado español

Los acercamientos o "coqueteos" de cierta izquierda española con los nacionalismos periféricos, que vienen desde el antifranquismo hasta nuestras fechas, la ha llevado a incorporar términos ajenos a su propio lenguaje. Y esto ha calado en muchos movimientos sociales de nuestro país, llegándose a asociar en términos políticos el uso del nombre "España" con un síntoma de ser conservador o de la derecha rancia y el uso del término "Estado español" con ser progresista o de la izquierda transformadora.  (...)

Por otro lado, dejando claro de antemano que respetamos profundamente todo tipo de identidad lingüística, cultural o nacional y subrayando que lo más preocupante de este país es su déficit democrático y el régimen neoliberal, es obligado decir que para lograr un cambio es necesario usar un lenguaje cercano y comprensible.

Debemos comunicar con las formas que transmitan las ideas al mayor número de personas posibles. Por consiguiente, resultaría un auténtico milagro que una opción política pueda llegar a ser mayoritaria y hegemónica en España sin ser capaz de mencionar el nombre de su país.

Sin querer caer en el chovinismo y el nacionalismo casposo, hay que reconocer que a la mayoría de los ciudadanos españoles les gusta su país, lo quieren y lo suelen llamar por su nombre.  (...)

Consejo Nº 8: No rechazar ni imponer un color a la bandera española

En los últimos años hemos podido presenciar como la que fue la bandera de España durante la II República se enarbola en múltiples manifestaciones de protesta social. Sin embargo, una bandera que representaba a todos los españoles del 1931 al 1936, hoy en día se ha convertido en un símbolo político escorado ideológicamente a un sector concreto de nuestra sociedad. 

La carga ideológico-política que lleva al día de hoy esa bandera la limita como aglutinador de mayorías. A día de hoy no simboliza a la inmensa mayoría del pueblo español como en 1931, sino que tiene una representación más partidista, más ideológica. (...)

En definitiva, la bandera tricolor al día de hoy ha dejado de ser una bandera nacional, para ser una bandera política, y hoy en día está muy lejos de ser identificada como propia para la mayoría de la población.  (...)

También la bandera roja con la hoz y el martillo tiene un gran peso histórico y simbólico en la lucha por los derechos de los trabajadores y la lucha antifascista que conllevó decenas de millones de muertos. 

Y comprendemos y apoyamos su uso cuando se trata de conmemoraciones y actos de recuperación de memoria histórica o reivindicación de justicia y reparación. Sin embargo entendemos que, en este momento, ni la una ni la otra (la tricolor o la roja con la hoz y el martillo) pueden servir de símbolos aglutinadores para un proyecto político de mayorías en nuestro país.  (...)

La bandera rojigualda, que tiene un origen militar en el siglo XVII, en concreto para uso en la Marina de guerra, se usó como bandera nacional en la Revolución española liberal de 1808, en las Cortes de Cádiz. Fueron fundamentalmente las milicias nacionales, la expresión armada y popular más progresista habida en el siglo XIX, las que extendieron el uso de la bandera rojigualda como símbolo nacional.

 La bandera borbónica que ondearon los carlistas, en su enfrentamiento contra el liberalismo y el constitucionalismo, era blanca con el aspa roja de Borgoña. En 1843 Isabel II decreta la bandera rojigualda como bandera nacional frente a la bandera del absolutismo carlista que ondeó durante las tres guerras civiles de aquella centuria. 

 Este hecho hizo identificar aún más a la bandera rojigualda con las posiciones políticas más avanzadas frente a la bandera carlista que representaba el inmovilismo y la reacción. Durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874), en su etapa de Gobierno Provisional o en su etapa de Primera República española, se ondeó la bandera rojigualda (con distinto escudo) como bandera oficial. 

Es decir, la bandera bicolor fue la insignia que representó al periodo más democrático y progresista de todo el siglo diecinueve incluyendo la primera experiencia republicana de nuestra Historia. La rojigualda también ha sido bandera republicana.  (...)

Consejo N º9: El debate sobre el derecho de autodeterminación y el modelo de Estado

La Historia no se repite, sin embargo contiene fenómenos similares que renacen una y otra vez, y que ayudan a entenderla. No ha habido crisis sistémica en el capitalismo dónde las élites políticas no hayan hecho lo posible por distraer, confundir e incluso enfrentar al pueblo.  (...)

En plena hecatombe económica y social española, el Presidente de la Generalitat, a la vez que realiza los recortes sociales más drásticos de todo el Estado, comienza un pulso con el gobierno central para promover una consulta que abra caminos hacia la independencia de Cataluña. 

En su estrategia, señala al Estado central como el causante de los principales males que sufre el pueblo catalán (“España nos roba”) y azuza el sentimiento nacionalista e independentista en la población catalana.

 Este discurso, que está trufado de pensamientos xenófobos y que utiliza los sentimientos más superficiales e individualistas, arrastra a decenas de miles hacia la creencia de que la separación del territorio catalán de España será la solución a sus problemas del paro, de la precariedad, de los recortes en sanidad y educación o del desahucio de su casa.  (...)

Los líderes nacionalistas catalanes (en el gobierno catalán o en la oposición) justifican la reivindicación de la consulta soberanista, no sólo bajo el paraguas de que “solos estaremos mejor”, sino también bajo unos supuestos “principios democráticos”.
Desde el reconocimiento del carácter plurinacional de nuestro país, y desde el más profundo respeto a la identidad cultural y lingüística de los diferentes pueblos que lo conforman, en particular la de las nacionalidades históricas, creemos necesario desmontar el argumento “democrático” con que la casta catalana en este caso intenta vestir su demanda de autodeterminación. 

Y para ello no nos vamos a detener a analizar la pobre calidad democrática y participativa que tendría un proceso de autodeterminación en Cataluña organizado y dirigido por la casta política y económica que tutela a ese noble pueblo. Basta con detenernos a desmenuzar qué significa “derecho a decidir” según se está planteando en las actuales condiciones. 

La dirigencia nacionalista, en su autoproclamación de paladines de la democracia, no plantea el derecho a decidir sobre desahucios, banca pública o privada, salario mínimo, reforma laboral o sanidad y educación. El planteamiento de estos “ultrademócratas” de CiU (que no apoyan un referéndum sobre la monarquía o la autodeterminación del pueblo palestino) se ciñe a la conformación de Cataluña como Estado y su posible separación de España.  (...)

El debate que plantea esta consulta no es el de la vinculación de Cataluña con el resto del Estado, sino el de la organización territorial de todo el Estado en sí. ¿Es democrático que en el debate y en la consulta sobre el modelo de Estado sólo participe una parte de la ciudadanía y se excluya a la mayoría?, ¿es democrático que se haga esto sin que antes hayamos abierto un proceso constituyente participativo y hayamos modificado el marco jurídico-político entre toda la ciudadanía y no sólo una parte de ésta o unos diputados? 

Y ¿no es más democrático que toda la ciudadanía del Estado participe en un debate profundo y amplio, y en un referéndum vinculante sobre los distintos modelos de Estado incluido el modelo que incluya el “derecho a decidir” o confederal?
Sería muy difícil hacer entender a la inmensa mayoría de la población española que en defensa de la democracia y la participación se ha modificado radicalmente la composición del Estado sin permitirles que participen en ningún debate ni decisión al respecto.
En definitiva, creemos que la actual propuesta de consulta soberanista en los términos planteados, dirigida por la corrupta casta política que gobierna Cataluña, en el contexto político catalán y español actual y bajo la crisis que sobrevivimos, tiene un notable déficit democrático. 

Por lo tanto no entendemos que algunos portavoces de PODEMOS apoyen el proceso de consulta soberanista en su formato actual. En este aspecto PODEMOS comete un acto de incoherencia frente a su defensa de la democracia real y participativa. Esta postura sólo le puede provocar distanciarse de una buena parte de los españoles que no la pueden entender planteada en estos términos. (...)"

13.12.18

Errejón: hay que "actualizar el pacto social para que la bandera se enarbole como síntoma de seguridad , no contra nadie, sino para garantizar que los ciudadanos tengan vidas tranquilas, sin miedo permanente, tengan una pensión y una casa"



"El candidato de Podemos a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Íñigo Errejón, ha apostado este miércoles por "no regañar" a los votantes de Vox, a los que no renuncia a hablarles para "convencerles" de su proyecto político.


"Hay que pensar que mucha gente que vota no lee los programas y votan por valores y emociones. Yo no renuncio a hablarles; no querrán escuchar, pero que no sea por mí. No creo que hay 400.000 fascistas y por tanto quiero trabajar para que los que creen que no hay que revolverse contra el vecino. 

Quiero convencerles que así hacen un país más pequeño. Por mí no va a ser", ha pronunciado.

En un desayuno de Vanity Fair, Errejón ha repetido en varias ocasiones que a la ultraderecha se la combate garantizando seguridad, derechos, proyectos de vida, posibilidad a los jóvenes de poder formar una familia o que los mayores puedan cobrar las pensiones con certeza.


Y ha señalado que Vox es "un síntoma, no el mal". "Es un síntoma peligroso pero tenemos que enfrentarnos a la causa. Las transformaciones han dejado a mucha gente insegura, descontenta hacia la incertidumbre y precariedad", ha sostenido.  (...)

"No se puede salir culpando a otros del trabajo que no se ha hecho bien. Nosotros dijimos que en España era difícil que salieran fuerzas reaccionarias porque había un alternativa contra los problemas y la corrupción y mirar hacia adelante y no hacia atrás y ensanchar la democracia. Y eso implica en mestizarse y escuchar más y mejor", ha dicho.  (...)

"Hay que redoblar el esfuerzo para escuchar y ofrecer certezas a la gente. Quizá estamos en un momento que hay que pensar más y decir menos. Allí donde somos capaces de ofrecer certezas y seguridad opta por el cambio político, como en el Ayuntamiento de Madrid. Hay que pensar qué se hizo bien en 2015 y qué se puede volver a hacer para las elecciones que vengan.

 Para Madrid hay que ofrecer un proyecto amplio, que tenga la capacidad de ofrecer confianza, ganas, cariño para la mayoría que haya votado cosas muy diferentes. Ahora tengo la misión de hacerlo. Doctores tiene la iglesia del análisis de las elecciones andaluzas", ha proseguido.  (...)

"Enarbolar la bandera como síntoma de seguridad"

En esa misma línea, para combatir a Vox el candidato de Podemos a la Presidencia regional apuesta por "actualizar el pacto social para que la bandera se enarbole como síntoma de seguridad , no contra nadie, sino para garantizar que los ciudadanos tengan vidas tranquilas, sin miedo permanente, tengan una pensión y una casa". 

"Es imperiosa la necesidad de reconstituir nuestra convivencia. No es girar hacia la derecha o izquierda. Hay que reconstituir los mimbres para cuidar de nosotros mismos, no reconstruir la pelea permanente del último contra el penúltimo", parlamenta.

En su análisis también ha aludido al sentimiento identitario señalando que cuando nació Podemos se presentó como "fuerza patriótica". "España tiene muchas comunidades en las que conviven diferentes sentimientos nacionales. 

Ante ello puedes abandonar esas comunidades y tener una política incendiaria allí para obtener votos en otro lado como hace el PP, una política antipatriótica que no ayuda en nada a volver a coser España. O puedes asumir que nuestro país es diverso y que eso no tiene por qué ser un obstáculo para un proyecto compartido, sino la condición 'sine quan non' para ello", ha señalado.

"Lo que hay que hacer es reconocer que hay diversas identidades, que hay que tener ese pegamento, la voluntad de cuidarnos, para hacer fuerza juntos contra la desigualdad. Hay que unir justicia social y permanencia nacional", ha reflexionado. (...)"                (20Minutos, 05/12/18)