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8.1.25

Qué significa para la región el nuevo Comisario de la UE para el Mediterráneo... la muerte de la construcción regional... von der Leyen hace hincapié en la gestión de la migración como pilar fundamental de la nueva cartera... lo que sugiere un nuevo alejamiento de los esfuerzos de la UE por integrar políticamente la región mediterránea... y señala un cambio hacia un enfoque más transaccional en las relaciones de la UE con los países del Norte de África. En lugar de incluirlos en un marco regional, estos Estados están siendo marginados y securitizados como la «frontera» de Europa... la cartera recién creada podría socavar la fe en el compromiso de la UE de fomentar una auténtica asociación en el Mediterráneo ampliado, lo que podría conducir a un mayor distanciamiento político entre el Norte de África y Europa. También deja claro que el modelo tradicional de asociación euromediterránea ha quedado obsoleto (Emanuele Errichiello)

 "La nueva Comisión Europea incluye un Comisario específico para el Mediterráneo. Emanuele Errichiello examina lo que este cambio podría significar para las relaciones entre la UE y los Estados de la región mediterránea.

El 1 de diciembre entró oficialmente en funciones la recién aprobada Comisión Europea. Una innovación significativa -y bastante infravalorada- de la nueva Comisión es la creación de una Dirección General específica y una cartera de Comisario centrada exclusivamente en el Mediterráneo.

Históricamente, las relaciones entre la UE y el Mediterráneo han estado marcadas por iniciativas ambiciosas pero a menudo decepcionantes. El Proceso de Barcelona de 1995, por ejemplo, preveía un marco regional para la prosperidad compartida, haciendo hincapié en la liberalización del comercio, el diálogo cultural y la reforma política común. Sin embargo, el proyecto tuvo dificultades para obtener resultados tangibles debido a las tensiones geopolíticas, la falta de una gobernanza cohesionada y las prioridades divergentes entre los Estados miembros.

Del mismo modo, la Política Europea de Vecindad, lanzada en 2003, pretendía estrechar los lazos con los países vecinos mediante la ayuda financiera y la alineación de políticas, pero ha sido criticada por su limitado impacto y su enfoque excesivamente verticalista. Este cambio reciente podría reflejar un nuevo enfoque geoestratégico de la UE tras décadas de interés decreciente por su vecindad meridional. Pero, ¿cómo interpretar esta nueva iniciativa a partir de lo que sabemos hasta ahora?

La muerte de la construcción regional

 La primera Comisaria para el Mediterráneo será la política croata Dubravka Šuica, antigua Vicepresidenta de Democracia y Demografía de la Comisión Europea. Este nuevo cargo representa un cambio estructural respecto a la situación anterior, en la que la cooperación mediterránea dependía del Comisario de Vecindad y Ampliación. Sin embargo, los detalles de este «enfoque renovado» merecen ser analizados.

La carta de misión de la Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, hace hincapié en la gestión de la migración como pilar fundamental de la nueva cartera, que se regirá por un «Nuevo Pacto por el Mediterráneo». Entre las directrices específicas figuran la operatividad de los aspectos exteriores de la política migratoria de la UE, el refuerzo de los controles fronterizos estrictos, la lucha contra el tráfico de seres humanos y el establecimiento de asociaciones «ad hoc» con los países de tránsito para contrarrestar la inmigración irregular.

Las referencias a los derechos humanos y los valores democráticos siguen siendo escasas, lo que indica un alejamiento de la reforma de la gobernanza, el Estado de Derecho y el compromiso de la sociedad civil, principios centrales de la política exterior de la UE en su vecindad meridional. No es de extrañar que esta estrategia haya suscitado críticas por priorizar las preocupaciones de seguridad de la UE sobre las necesidades humanitarias y de desarrollo de los países de la región.

 Otros puntos centrales del mandato de Šuica son el comercio, la inversión y la cooperación energética a través de lo que la nueva Comisaria denominó en su discurso de apertura «Iniciativa de cooperación transmediterránea en materia de energía y tecnologías limpias». Esta próxima iniciativa se ajusta a la agenda más amplia de la UE de garantizar la diversificación energética a la luz de los retos geopolíticos, en particular la actual crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania. En este sentido, países norteafricanos como Argelia y Marruecos están preparados para desempeñar un papel clave como proveedores de energía y como futuras fuentes de energía verde.

A grandes rasgos, la carta de von der Leyen a Šuica pide a esta última que dé prioridad a las «asociaciones globales» destinadas a fomentar el compromiso en los ámbitos mencionados. Al leer el documento, resulta evidente que se espera que estas asociaciones se basen en un marco bilateral y nacional, en lugar de en iniciativas regionales.

Este cambio, junto con la evolución reciente de las políticas, como las últimas reformas de la Política Europea de Vecindad, sugiere un nuevo alejamiento de los esfuerzos de la UE por integrar políticamente la región mediterránea. Así pues, puede que estemos asistiendo al final de cualquier intento de construcción regional en el Mediterráneo, tal y como se concibió en el Proceso de Barcelona hace 30 años.

Un giro hacia la realpolitik

 La nueva cartera señala un cambio hacia un enfoque más transaccional en las relaciones de la UE con los países del Norte de África. En lugar de incluirlos en un marco regional en el que comparten con la UE «todo menos las instituciones» -como afirmaba el ex Presidente de la Comisión Romano Prodi en 2004-, estos Estados están siendo marginados y securitizados como la «frontera» de Europa. Ahora sólo parecen relevantes para los intereses de la UE, por ejemplo en relación con la migración y la energía.

La creación de una Dirección General separada para el Mediterráneo también institucionaliza la desvinculación de la vecindad meridional de los Balcanes Occidentales, Europa Oriental y el Cáucaso Meridional, regiones de las que ahora se ocupa la Dirección General de Ampliación. Esta división supone un marcado alejamiento de la visión estratégica de los años 90 y principios de los 2000, que pretendía incluir a todos los países mediterráneos en un único marco regional.

Así pues, los principios fundacionales del Proceso de Barcelona y de la Política Europea de Vecindad se han ido erosionando gradualmente, dando paso a un enfoque más estrecho centrado en la seguridad, el control de la migración y los intereses económicos. Este reajuste refleja una tendencia más amplia en la política exterior de la UE, en la que las consideraciones «pragmáticas» eclipsan los compromisos normativos y las presiones inmediatas pesan más que los objetivos estratégicos a largo plazo. Si bien este enfoque aborda los retos a corto plazo, se queda corto a la hora de ofrecer una visión transformadora para el Mediterráneo.

¿Qué Mediterráneo?

 El renovado interés de la UE por el Mediterráneo conlleva importantes retos. El historial de las iniciativas euromediterráneas se caracteriza por unas expectativas insatisfechas y un impacto limitado. Este nuevo giro hacia el bilateralismo corre el riesgo de fragmentar los esfuerzos de cooperación regional -tanto dentro como fuera de la UE- y de socavar las soluciones colectivas a retos transnacionales como el cambio climático y el terrorismo.

La última directriz de la carta de objetivos de Šuica -el desarrollo de un plan estratégico de comunicación para contrarrestar los discursos contrarios a la UE- también pone de relieve la creciente preocupación por gestionar las percepciones y los sentimientos en los países vecinos del sur, en lugar de abordar las cuestiones estructurales. Las narrativas antieuropeas han crecido en el norte de África, especialmente tras las revueltas de 2011. Sin embargo, convertir esto en una prioridad en lugar de promover un cambio sustantivo en las políticas corre el riesgo de socavar aún más la confianza y la credibilidad de la UE a los ojos de los socios norteafricanos.

De este modo, la cartera recién creada podría socavar la fe en el compromiso de la UE de fomentar una auténtica asociación en el Mediterráneo ampliado, lo que podría conducir a un mayor distanciamiento político entre el Norte de África y Europa. También deja claro que el modelo tradicional de asociación euromediterránea ha quedado obsoleto."

(Emanuele Errichiello, LSE, 07/01/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

16.12.23

Un protagonista muy influyente del siglo XX dijo que «Los Estados Unidos de Europa serán reaccionarios o no serán«. Traducción: si las burguesías europeas unen sus Estados, sólo podrán hacerlo dentro de un proyecto reaccionario... La imagen que devuelve toda la arquitectura de la Unión Europea en el siglo XXI es la de un contradictorio bloque reaccionario, supremacista y belicista en todas sus articulaciones... Cuando defendíamos la necesidad de la «ruptura» de este proyecto, apuntando, si acaso, a una alternativa euromediterránea a la Unión Europea como proyecto alternativo, éramos muy conscientes de que la naturaleza del «monstruo europeo» no se haría esperar... La aceleración de la crisis sistémica en economía y de la crisis de civilización en política, en cuanto se cruzó con los vientos de guerra en Europa y en el Mediterráneo, no tardó en revelar su verdadera naturaleza... una galería de horrores que desde hace tiempo pretenden sustituir a la democracia vaciada de sus piedras angulares fundamentales, pero con la pretensión de representar la supremacía política y moral frente al resto del mundo

 "Un protagonista muy influyente del siglo XX dijo que «Los Estados Unidos de Europa serán reaccionarios o no serán«. Traducción: si las burguesías europeas unen sus Estados, sólo podrán hacerlo dentro de un proyecto reaccionario.

La profecía de Vladímir Ilich Ulianov (más conocido como Lenin), parece haberse realizado plenamente ante nuestros ojos, aunque se disfrazó ­–y se hizo pasar durante años– de proyecto progresista para llevarse a cabo. La imagen que devuelve toda la arquitectura de la Unión Europea en el siglo XXI es la de un contradictorio bloque reaccionario, supremacista y belicista en todas sus articulaciones.

 Está la foto de la galería de monstruos, los invitados por Salvini a Florencia para unir a las fuerzas más racistas y reaccionarias de la escena europea. Fuerzas que, sin embargo, viajan con el viento a favor. Ampliamente dispuestas –y agradecidas– a ponerse de acuerdo con los liberales de derechas, pero hostiles a los liberales de «izquierdas» y especialmente a los comunistas. Exactamente como ocurrió en Europa cuando se allanó el camino al poder a los fascistas y los nazis.

Hace unos días se produjo otra imagen inquietante: la de Von der Leyen hablando en la Conferencia Europea de Defensa, diciendo que el gasto militar debe aumentar incluso en tiempos de recesión como estos, porque hay que apoyar a Ucrania para que gane la guerra contra Rusia y porque la UE debe prepararse para escenarios bélicos.

En los últimos meses hemos visto el rostro gélido de la presidenta del BCE, Lagarde, anunciar medidas de asfixia con subidas sistemáticas de los tipos de interés en nombre de la lucha contra la inflación, que es la obsesión constitutiva –y a menudo engañosa– del Banco Central Europeo.

Y luego está la imagen del «socialista» Borrell, representante de la política exterior de la UE, que resultó ser uno de los peores belicistas de Europa en Ucrania, el más cauto –y también hipócrita– en la matanza desatada por Israel en Gaza, pero descaradamente supremacista hacia el resto del mundo cuando lo dividió en «un jardín (Occidente) y la jungla (todos los demás)».

La galería de imágenes del liderazgo y la política europeos es, por tanto, una colección de monstruos que vomitan instintos reaccionarios, beligerantes y supremacistas por todos sus poros. Se salvan algunos eurodiputados de la izquierda europea, pero sólo una parte de ellos. Otros y otras del mismo grupo están metidos hasta el cuello en la lógica eurocentrista.

¿Era inevitable este destino? En muchos aspectos, sí.

En las décadas precedentes, demasiados se negaron a ver la naturaleza reaccionaria del proyecto que condujo a la creación de la Unión Europea, revistiéndolo de un carácter progresista que se agotó en 1991 por «ausencia de función» y se invirtió por lo que estaba a su alcance: liberal en economía, liberal en política, reaccionario y belicista en ambiciones.

Cuando defendíamos la necesidad de la «ruptura» de este proyecto, apuntando, si acaso, a una alternativa euromediterránea a la Unión Europea como proyecto alternativo, éramos muy conscientes de que la naturaleza del «monstruo europeo» no se haría esperar.

La aceleración de la crisis sistémica en economía y de la crisis de civilización en política, en cuanto se cruzó con los vientos de guerra en Europa y en el Mediterráneo, no tardó en revelar su verdadera naturaleza, alineando uno tras otro a todos los protagonistas de una galería de horrores que desde hace tiempo pretenden sustituir a la democracia vaciada de sus piedras angulares fundamentales, pero con la pretensión de representar la supremacía política y moral frente al resto del mundo."                      (Sergio Cararo , El Viejo Topo, 15/12/23; Fuente: Contropiano.)

9.1.23

La creciente divergencia territorial y de clase en la Unión Europea... en los últimos veinte años, no solamente no ha habido ninguna convergencia comercial en el seno de la UE, sino que la dinámica ha sido exactamente la inversa... a partir de 1996 y hasta la Gran Recesión de 2008, el crecimiento del superávit alemán y el hundimiento de la balanza meridional ha producido una brecha inédita... de 1992 a 2021, la balanza comercial alemana ha pasado de un déficit de 19.000 millones de euros (equivalente al 1,2% de su PIB) a un superávit de 265.000 millones (el 7,4%)... en cúanto a los salarios reales, España, Italia y Grecia han sido los únicos países en los que no sólo no han crecido nada, sino que han caído alrededor de un 5%... en cambio, el valor de la fuerza de trabajo ha crecido más del 10% solamente al norte de los Pirineos y los Alpes

 "(...) la UE es, fundamentalmente, un mercado único en el que las empresas no tienen que afrontar obstáculo alguno para comprar y vender bienes y servicios en cualquier otro Estado miembro. Y para veinte países es, además, una unión monetaria, lo que permite eliminar definitiva y totalmente cualquier distorsión al tráfico de mercancías y dineros 

En teoría, y según el enfoque ortodoxo sobre el comercio internacional que predomina en el ámbito académico y en el seno del proyecto europeo, un mercado más amplio y sin las incómodas restricciones que suelen imponer los Estados (como aranceles y otras barreras) favorece la competencia interna y, con ello, estimula la productividad y el crecimiento.

 Todo ello, además, permite cada vez una mayor convergencia comercial entre los países más desarrollados y los más atrasados, puesto que —siempre según estas tesis neoclásicas— los más pobres disponen de ventaja comparativa en ciertos productos frente a los más ricos gracias a sus menores salarios. Por ello, los países de la periferia mediterránea (Italia, España, Portugal, Grecia) podrían mejorar sus respectivas balanzas comerciales y, de ese modo, empujar su PIB al alza, permitiendo de este modo un crecimiento más acelerado que el de sus vecinos del norte. Así se lograría una tendencia hacia una creciente convergencia económica.

¿Son ciertas estas previsiones? ¿Las ha confirmado la evolución real de la Unión Europea? No, en absoluto.

(...) las evidencias empíricas más sencillas bastan para demostrar la falsedad de los argumentos sobre los que se han construido la UE y la UEM.

 (...) la evolución de las balanzas comerciales de Alemania —principal potencia comercial de la UE y tercer mayor exportador del mundo— y de los cuatro países meridionales —Italia, España, Portugal y Grecia—. En ella podemos constatar cómo, en los últimos veinte años, no solamente no ha habido ninguna convergencia comercial en el seno de la UE, sino que la dinámica ha sido exactamente la inversa. 

Si en 1992 el diferencial entre el superávit comercial de Alemania y el de la periferia del sur era prácticamente insignificante en términos relativos e, incluso, llegó a ser favorable a las economías mediterráneas en los primeros años noventa, a partir de 1996 y hasta la Gran Recesión de 2008, el crecimiento del superávit alemán y el hundimiento de la balanza meridional ha producido una brecha inédita. Esta diferencia se moderó a raíz de la crisis posterior sobre todo, como consecuencia de la caída de las importaciones, aunque ha vuelto a crecer en los últimos dos años.

 En total, de 1992 a 2021, la balanza comercial alemana ha pasado de un déficit de 19.000 millones de euros (equivalente al 1,2% de su PIB) a un superávit de 265.000 millones (el 7,4%). (...)

La conclusión es evidente: la Unión Europea, en general, y el euro en particular, no han servido para reducir las diferencias comerciales entre países, sino todo lo contrario, las han perpetuado y agravado.

A pesar de todo, esta creciente divergencia resulta insignificante comparada con otra mucho más impactante para la clase trabajadora: la de los salarios por países. Las tesis ortodoxas nos dicen que, gracias a la supuesta convergencia comercial y a las bondades del mercado único y el euro, los salarios en los países más atrasados crecerán más rápidamente que los de los países más desarrollados, de modo que se logrará una convergencia salarial. Así, los españoles, por ejemplo, conseguiríamos ser, por fin, verdaderamente europeos en lo económico, y no un simple apéndice soleado y empobrecido del capitalismo continental.

De nuevo, volvemos a plantear la misma pregunta que antes: ¿son ciertas estas previsiones? ¿Las ha confirmado la evolución real de la Unión Europea? Y la respuesta es, otra vez, rotundamente negativa.

(...) España, Italia y Grecia han sido los únicos países en los que los salarios reales no sólo no han crecido nada, sino que han caído alrededor de un 5% en los tres casos. Esto significa, en pocas palabras, que los trabajadores somos un 5% más pobres que el año en el que entramos en el euro.

Y, en segundo lugar, llama la atención cómo, en general, los salarios reales crecen más cuanto más al norte nos vamos. En general, vemos cómo el valor de la fuerza de trabajo ha crecido más del 10% solamente al norte de los Pirineos y los Alpes.

 (...) En realidad, esta brecha salarial creciente es, simplemente, una constatación de la falacia que representa la teoría económica ortodoxa, de las grandes diferencias que hay en la capacidad de generar valor de las distintas economías europeas y, por supuesto, del mayor poder político y de presión social que, en general, tiene la clase trabajadora septentrional gracias, entre otras cosas, a unas tasas de afiliación sindical superiores a las meridionales (según datos de la OTI, la sindicalización media en la UE-14 supera el 30%, pero la correspondiente a Italia, España, Portugal y Grecia no llega al 20%). 

Hay un fenómeno mucho más relevante que es el que realmente marca la pauta de la evolución del capitalismo europeo contemporáneo y que, sin duda, no es ajeno a los efectos perniciosos de la Unión Europea sobre la clase trabajadora y sus salarios. Se trata de la caída sistemática que ha experimentado el coeficiente salarial en los países europeos. O, en otras palabras, la reducción continua y constante del peso que los ingresos del trabajo tienen sobre la riqueza total producida.

 (El coeficiente salarial es la ratio entre el salario relativo y la tasa de asalarización, es decir, entre el porcentaje que representan los salarios sobre la producción total y el que representan los asalariados sobre la población activa total.)

Nada de esto es casualidad, por supuesto. En términos sencillos, se debe a que todas las economías europeas —y particularmente las del sur— se han visto forzadas sistemáticamente a un proceso continuo de ajuste salarial con el objetivo de reprimir sus costes laborales unitarios. En todos los casos la causa fundamental se encuentra en la necesidad cada vez más imperiosa que tiene el capital de forzar la explotación laboral para aumentar la tasa de plusvalor con el fin de tratar de contrarrestar los efectos de la tendencia a la caída de la tasa de ganancia que afecta al capitalismo mundial.

 Y, en el caso concreto de los países mediterráneos, esto se ha visto agravado, entre otras cosas, por dos cuestiones: primero, la debilidad provocada por la desindustrialización a la que obligó la entrada en el mercado único y la posición subordinada en la división del trabajo en el seno de la Unión Europea. Y segundo, la imposibilidad de recurrir a cualquier clase de devaluación externa vía tipos de cambio para mejorar la competitividad a la que nos ha llevado la adopción del euro.

 Es evidente que los problemas del capitalismo actual no están provocados por la Unión Europea ni por la Unión Económica y Monetaria, por lo que pensar que la salida pueda resolver de una vez por todas nuestras dificultades es ingenuo. Sin embargo, es innegable que ambos procesos están diseñados específicamente para favorecer la explotación de la fuerza de trabajo, para defender los privilegios del capital y, por tanto, van en contra de los intereses de la clase trabajadora europea. Rechazar de plano la UE y el euro quizá no sea la solución definitiva, pero es una conclusión a la que se llega necesariamente desde cualquier análisis con perspectiva de clase y, desde luego, un paso necesario hacia la abolición del capitalismo."         

(Mario Del Rosal, Javier Murillo , profesores de la Universidad Complutense de Madrid. Rebelión, 07/01/23)

18.2.22

Resulta sorprendente que con el nuevo siglo la cuenca mediterránea haya adquirido una especie de "nueva centralidad" dentro de la dinámica internacional global, tras un prolongado periodo de percepción de marginalidad... esta centralidad ha sido a menudo el resultado de crisis políticas y militares y de guerras por delegación... En otras palabras, el Mediterráneo ha experimentado un aumento "negativo" e involuntario de su importancia geopolítica... Además, se ha inducido a los ciudadanos europeos a centrarse obsesivamente en el problema de los migrantes... un factor que ha influido profundamente en la política interna europea y en la visión europea hacia el Mediterráneo... Europa ha intentado efectivamente retirarse del Mediterráneo... Esto ha sido un error estratégico que amenaza la capacidad de los europeos para adaptarse a las redistribuciones de poder que están afectando al sistema internacional... porque el Mediterráneo se está transformando en un "mar global" con la iniciativa china de la "Ruta de la Seda", que ha dado a la región una nueva centralidad en las perspectivas geoeconómicas y de economía marítima

 "(...) Tal vez resulte sorprendente que con el nuevo siglo la cuenca mediterránea haya adquirido una especie de "nueva centralidad" dentro de la dinámica internacional global, tras un prolongado periodo de percepción de marginalidad.

Sin embargo, esta centralidad ha sido a menudo el resultado de crisis políticas y militares y de guerras por delegación entre potencias competidoras, más que un intento coherente por parte de los actores regionales e internacionales de volver a centrarse estratégicamente en la zona. En otras palabras, el Mediterráneo ha experimentado un aumento "negativo" e involuntario de su importancia geopolítica.

De hecho, a lo largo de la cuenca han entrado en juego múltiples fuerzas centrífugas que han socavado sus estructuras estatales, en particular (aunque no exclusivamente) a lo largo de la ribera sur. Durante las dos últimas décadas, el estallido de guerras civiles especialmente violentas en Irak, Siria, Yemen y Libia, el aumento de las tensiones tras los decepcionantes resultados de las revueltas árabes de 2011-12, el aumento del papel y la visibilidad de los movimientos yihadistas no estatales en competencia, el regreso del activismo ruso y una violenta polarización entre chiíes y suníes han desestabilizado aún más el conjunto de Oriente Medio.

Además, se ha inducido a los ciudadanos europeos a centrarse obsesivamente en el problema de los migrantes que se desplazan desde el continente africano o desde los focos de crisis: un factor que ha influido profundamente en la política interna europea y en la visión europea hacia el Mediterráneo. Todos estos factores han contribuido a una marcada desestabilización de la matriz de seguridad de la región de Oriente Medio, potenciando así la mayor entropía geopolítica del proceso de globalización y desencadenando una notable redistribución del poder dentro de un sistema internacional cambiante.

El resultado más evidente ha sido una marcada descomposición de los equilibrios, tal vez precarios, que existían en las distintas subregiones mediterráneas. Al mismo tiempo, la percepción del Mediterráneo como un "lago americano", vigente desde los años sesenta, ha llegado a su fin. La cuenca ha vuelto a ser "desafiable" debido a la percepción del declive del poder de Estados Unidos (o, al menos, del declive de su interés en la región), lo que ha fomentado iniciativas más audaces por parte de actores regionales o externos.

Todos estos conflictos y crisis han ocultado a su manera la evolución de las tendencias económicas y comerciales dentro de la cuenca, como el papel del Mediterráneo en el comercio mundial o la creación de nuevos corredores comerciales (como la iniciativa china "Belt and Road") que han dado a la región una nueva centralidad en las perspectivas geoeconómicas y de economía marítima.

De hecho, este mar, a pesar de representar sólo el 1% de los océanos del mundo, genera alrededor del 15% del tráfico marítimo mundial y el 20% del valor económico relacionado, lo que lo convierte en una encrucijada socioeconómica mundial fundamental. Incluso desde el punto de vista energético, la cuenca está desempeñando un papel más importante gracias al descubrimiento de gigantescos yacimientos de gas natural en el Mediterráneo oriental. Por ejemplo, el Servicio Geológico de Estados Unidos ha estimado que la cuenca del Levante contiene unos 122 billones de pies cúbicos de gas técnicamente recuperable.

 La falta de determinación europea y la debilidad de su política exterior han agravado la inestabilidad mediterránea. Las divergencias europeas en las prioridades políticas y en la percepción de los retos dentro de las fronteras ampliadas de la Unión, unidas a las crisis económicas de la última década y a los efectos de la pandemia, han debilitado cualquier intento de articular de forma coherente un proyecto europeo de seguridad regional.

Esto ha dado lugar a lógicas nacionales que han expuesto a la UE a políticas divergentes, iniciativas unilaterales y a una ralentización del tradicional enfoque de compromiso y apoyo iniciado poco después del final de la Guerra Fría con el llamado Proceso de Barcelona. Europa ha intentado efectivamente retirarse del Mediterráneo, renunciando a la creación de una estrategia política holística para la región, a pesar de su importancia crucial. Esto ha sido un error estratégico y un fracaso, más allá de la esfera política, que amenaza la capacidad de los europeos para adaptarse a los cambios sísmicos y las redistribuciones de poder que están afectando al sistema internacional.

Esta actitud es tanto más sorprendente cuanto que el Mediterráneo ha sido considerado históricamente por los europeos como un espacio "liminal", a pesar de las tensiones y diferencias que existen a todos los niveles en los Estados mediterráneos. Hace relativamente poco tiempo que la percepción europea de la cuenca mediterránea como "barrera" se ha afianzado, en gran medida como consecuencia de los traumáticos acontecimientos que la han afectado desde el cambio de siglo.

Al final de la administración de George W. Bush, Estados Unidos intentó desvincularse del caos de Oriente Medio. En un famoso libro, Kenneth M. Pollack resumió esta aspiración política como un "camino para salir del desierto". Sin embargo, a pesar de esta aspiración, Estados Unidos sigue inextricablemente implicado en las crisis de Oriente Medio. Lo mismo ocurre con Europa y la cuenca del Mediterráneo. De hecho, la situación es aún más peligrosa para Europa debido a su proximidad.

Paradójicamente, este enfoque está marginando la dimensión euromediterránea de la propia cuenca. Estamos transitando hacia una realidad global pero más fragmentada, en la que los actores regionales unipersonales interactúan con los no estatales, los apoderados y las potencias externas, sin ningún marco multilateral eficaz.

A pesar de su geografía, el Mediterráneo, desde una perspectiva geopolítica y geoeconómica, se está transformando en un "mar global". Esta dimensión global ha creado nuevos espacios geopolíticos para las potencias emergentes o que regresan, tanto de la región como de fuera de ella. Sin embargo, estos actores -entre los que se encuentran Turquía, Rusia y varios Estados árabes- carecen de una visión coherente del Mediterráneo como sistema de seguridad, y tienden a considerar la cuenca como un mero tablero de ajedrez para sus actividades.

Para bien o para mal, el Mediterráneo está ahora plenamente enredado en la historia global. Esto es algo que Europa está obligada a reconocer cuando trata de relacionarse con los Estados de su vecindad. Dada la nueva centralidad del Mediterráneo en la política internacional, existe una clara necesidad de que Europa adopte una estrategia a largo plazo que sea capaz de abordar los continuos desequilibrios e inestabilidad presentes en la región. De hecho, la única respuesta racional a los cambios sísmicos y epocales es adaptarse a ellos, no ignorarlos."            
 

(Riccardo Redaelli, LSE - EUROPP, 13/02/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

20.7.20

La Unión Europea ha muerto o, más bien, la han matado los países más ricos. Llegó la hora del «SurExit». La postura negativa de países como Holanda, condicionando a los países del sur de Europa a la aplicación de duras reformas sociales, es una afrenta más que no puede quedar impune



"La Unión Europea ha muerto o, más bien, la han matado los países más ricos que se han olvidado de los principios fundacionales de la UE. Ya lo hicieron en la crisis de deuda soberana de 2012, cuando las economías del sur superaron los 600 puntos en la prima de riesgo, lo que les impedía poder financiarse en los mercados para sostener la protección a sus respectivos pueblos. 

Esos mismos países, que se autodenominan «frugales» —Austria, Holanda y Suecia, principalmente— son los que, de un modo u otro, están manteniendo su insolidaridad con los países del sur a la hora de la concesión de ayudas para paliar las consecuencias económicas provocada por la crisis sanitaria del coronavirus. 

La oposición a la aplicación de medidas conjuntas para todos los países o de condicionar la concesión de ayudas a duras reformas de corte neoliberal es, además de insolidaria e indigna, la puerta que abre la posibilidad de que los países del sur de Europa decidan marcharse de Europa puesto que siguen aportan PIB pero, cuando precisan ayuda urgente, como en la actualidad, sólo reciben la negativa de los que más tienen o los que se enriquecen gracias al dumping fiscal para atraer los domicilios fiscales de las grandes multinacionales americanas. 

En el año 2016, en el número 5 de la revista Diario16, José Antonio Gómez hizo un análisis sobre el crecimiento del euroescepticismo en España tras la actuación de la UE en la crisis de deuda soberana de 2012.

 «El estallido de la crisis económica y la respuesta equivocada de la Unión Europea hizo que la percepción de la ciudadanía variara de manera significativa. Si durante los años de bonanza la gran mayoría de los europeos veían con buenos ojos la integración de sus países en la UE y las instituciones tuvieran un grado de aceptación superior al 70%, en el año 2.013 apenas llegaban al 30% los que continuaban teniendo una visión tan positiva, igualándose a quienes estaban totalmente en contra del proyecto de integración europea. 

Las políticas de austeridad impuestas por Bruselas hicieron que más de 40% de los ciudadanos tuvieran la percepción de que países estaban siendo seriamente perjudicados por seguir perteneciendo a la UE y que más de un 50% desconfiara abiertamente de la Comisión, del Banco Central Europeo, del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo», escribía Gómez.

En la crisis del COVID-19 la Unión Europea ha dejado solas a España e Italia por la actitud opositora de países como Holanda, todo ello con el apoyo de la prensa neerlandesa que llegó a legitimar la posición de su primer ministro insultando a los países del sur. 

Las consecuencias para Italia y España de esta crisis son brutales. Entonces, ¿no ha llegado el momento de que los países del sur de Europa decidan dar un golpe sobre la mesa y abandonar esta Unión Europea? 

Tras certificarse la salida del Reino Unido, la marcha de la tercera y la cuarta economía de la Eurozona supondría el golpe definitivo para una UE que ha perdido todo el sentido si se anteponen los intereses particulares de cada país al interés común de todos. 

En los años 80 y 90 del siglo XX, cuando a los países de Centroeuropa les interesó que el sur se desarrollara para aumentar la capacidad de consumo y, por tanto, abrir nuevos mercados que sustentaran sus tejidos industriales, no hubo problema en ayudar. Cuando los países del Bloque del Este se fueron asentando tras su salida del entorno soviético, las miradas de estos países del norte y del centro se pusieron en el oriente europeo. 

El sur ya no precisaba tanta ayuda y se dejó a los países meridionales solos para afrontar, por ejemplo, las crisis migratorias o los problemas de financiación por el crack mundial de 2008. Se abría el mercado del este y había que aprovecharlo para deslocalizar industrias y abaratar los costes para que las empresas de estos países tuvieran más beneficios a costa de la depauperización de las condiciones laborales de sus propios ciudadanos. 

Ante esta situación, un plantón de los países del sur sería catastrófico para los del norte y, además, beneficioso para economías como la española e italiana, puesto que tendrían la posibilidad de crecer sin necesidad de depender de las decisiones que se adopten en Bruselas o de las oposiciones de los países ricos a la implementación de políticas que beneficien a las ciudadanías que ahora están sufriendo la insolidaridad de la UE. 

Ha llegado, quizá, la hora de que España e Italia unan de una vez sus posiciones. Stefano Sannino, embajador italiano en Madrid, describió a Diario16, que hay muchas conexiones personales, a nivel institucional esa relación «es mucho más complicado porque tenemos una visión más vertical que horizontal. Miramos mucho más al norte, a Francia y a Alemania, que al lado. Es una lástima porque nos perdemos muchas cosas que podríamos hacer juntos. Entiendo que haya en el sector económico competencia porque tenemos producciones muy similares, pero no es sólo esto. Deberíamos buscar más puntos de colaboración».

Ahora es el momento tras lo ocurrido en la cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de este fin de semana. Cuando se ha pedido ayuda la UE, por la presión de los países ricos, no la ha dado. Si la UE ha dado la espalda al sur, ¿para qué seguir? ¿Por qué no un SurExit? Razones hay de sobra.

En la misma entrevista, Stefano Sannino afirmó que no sabía «por qué hay reticencias para transformar la cercanía de Italia y España en un proyecto político común». Ahora ha llegado el momento. 

No obstante, lo anterior, sobre todo en lo referente a Países Bajos, Suecia o Austria, para los ciudadanos y ciudadanas del sur de Europa se hace muy difícil de entender los posicionamientos de esos tres países sin un apoyo directo de Francia y Alemania, porque, resulta sospechoso que no lo esté haciendo. Tal vez, la presión ejercida sobre todo por el primer ministro neerlandés está intentando que España, Italia y Portugal aceptan esas condiciones y, de este modo, que tanto Alemania y Francia no se enfrenten con los autodenominados «países frugales» y, de ese modo, mantener sus mercados abiertos sin enfrentarse directamente ni a unos ni a otros."             (Manuel Domínguez Moreno, Diario16, 19/07/20)


  Para luchar contra las epidemias y como alternativa a la salida del euro de los países del Sur, o como salida de emergencia ante la (más probable) ruptura de la UE por parte de los países del Norte... hay que conseguir la soberanía financiera... implantando una moneda digital paralela de circulación interna, en paridad 1:1 con el euro (¿europeseta electrónica?), en España: 

La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:

Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales

Para Ecuador:

Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?

Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA

Otras propuestas: 


Susana Martín Belmonte propone una 'coronamoneda' digital para potenciar la renta de cuarentena... una renta vehiculada a través de una moneda ciudadana digital descargable de una app y con respaldo del Banco de España.
Enlace: http://ojeandoelestadodelpais.blogspot.com/2020/04/coronamoneda-digital-para-potenciar-la.html 

El prometedor dinero fiscal

Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (la sitúa en el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.


Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:

-Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html

- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm

Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

19.6.20

Un trimestre, tres meses, 90 días. Eso es el tiempo que lleva la pandemia del COVID-19 asolando Europa. En todo este tiempo la UE ha dado muestra de su muerte cerebral, sin posibilidad alguna de cambio ni reforma. Tres meses de desesperación porque los países del norte han demostrado quién manda y bajo qué parámetros. Tres meses en los que el sueño de una “Europa solidaria” ha desaparecido del paisaje... la UE está muerta por más que aparente vida y tal vez la haya por partes; en la Europa mediterránea, por ejemplo

"Un trimestre, tres meses, 90 días. Eso es el tiempo que lleva la pandemia del COVID-19 asolando Europa. En todo este tiempo la UE ha dado muestra de su muerte cerebral, sin posibilidad alguna de cambio ni reforma.

 Tres meses de desesperación porque los países del norte han demostrado quién manda y bajo qué parámetros. Tres meses en los que el sueño de una “Europa solidaria” ha desaparecido del paisaje. Tres meses en los que se ha evidenciado que no hay una Unión Europea, sino tres (o cuatro). Y cuando todo parecía perdido, la UE ha hecho un movimiento equiparable al estertor del agónico y ofrece préstamos, que hay que devolver con sus respectivos intereses (principal pretensión de los países del norte), y subvenciones (principal pretensión de los países mediterráneos).

Y la euforia se desata por los de siempre: informes entusiastas por la gran cantidad de dinero, historias de redención de la UE. Pero no. De eso irá este artículo.


No fue hasta el 27 de mayo cuando la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, anunció una propuesta de “revitalización de las economías europeas” afectadas por la pandemia. Pero no es más que un programa “temporal y transitorio”, como ella misma dijo, y que todavía tiene que ser examinado por el Parlamento y el Consejo Europeo. Traducido: en el caso más optimista, eso son otros tres meses.


Por lo tanto, hablar de cantidades es incorrecto o, cuando menos, incierto porque el alcance final de ello está aún sujeto a negociaciones en las que todos los países, y sobre todo los del norte, tienen el cuchillo entre los dientes. En cualquier caso, en su formulación actual, que no va a ser la final, se permite a la Comisión Europea endeudarse en los mercados por un montante total de 750.000 millones de euros, de los que 500.000 deberían transferirse a los países en un fondo no reembolsable y los 250.000 restantes en forma de préstamos que hay que devolver. Pero tanto esos recursos, sea en la forma que sean aprobados, no estarán disponibles hasta abril de 2021 y solo por período de tres años aunque, eso sí, se otorga un plazo de 30 años para su devolución. Es decir, una generación quedará endeudada de por vida.


Frente a este plan, ha aparecido uno mucho más ambicioso del Banco Central Europeo ofreciendo 1’35 billones de euros.


En cualquier caso, entre lo que plantean unos y otros hay un trecho largo, muy largo, por recorrer y la crisis ya está aquí y todo este tiempo ya está dejando cadáveres en las cunetas, en sentido literal y figurado. Sobre todo, porque como consecuencia de la fractura de la UE, el enfrentamiento entre la Europa del norte y del sur se está agudizando hasta extremos que hacen dudar sobre su futuro, si es que ahora tenía alguno.

Tres Europas (o cuatro)


Estos tres meses hemos asistido no a una disputa ideológica entre gobiernos, sino una simple disputa monetaria entre aquellos que quieren mantener las viejas reglas para seguir teniendo una posición privilegiada que les ha permitido obtener ganancias a costa de los países del sur, y que han impuesto sus criterios, y quienes buscaban algo de comprensión y solidaridad. Y es aquí donde lo que se ha visto es que hay tres Europas: la nórdica o alemana, la mediterránea y la de Visegrado. O cuatro, si se tiene en cuenta el tratado franco-alemán.

1.- La Europa nórdica o, mejor, la Europa alemana (Alemania, Austria, Países Bajos, Dinamarca y Finlandia) insistiendo en el Mecanismo Europeo de Solidaridad para que ningún país se escape de la troika (de nuevo Grecia).  (...)

Los países con deuda alta (Italia, España, Portugal, Irlanda y Grecia, incluso Francia) van a tener dificultades porque tendrán que devolver grandes cantidades. Es decir, de nuevo «recortes», aunque no serán inmediatos como con Grecia sino espaciados en el tiempo porque los países de la Europa nórdica o alemana se niegan en redondo a compartir los beneficios de las emisiones comunes.
 
2.- La Europa mediterránea (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia, España, Bélgica, Chipre, Luxemburgo y Francia; es decir, los famosos y despectivamente llamados PIIGS). Es la más afectada y la que ha presionado más para una iniciativa financiera conjunta para abordar la pandemia, intentando la fórmula de los «coronabonos» y no la del Mecanismo Europeo de Solidaridad. Únicamente ha conseguido que las ayudas a la sanidad no estén bajo control de la troika.


3.- La Europa de Visegrado (Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Lituania, Estonia y Letonia), grupo visceralmente antirruso y la gran cuña de EEUU para debilitar la UE porque, al mismo tiempo, aisla a Alemania en sus pretensiones de suavizar la relación con Rusia (véase, por ejemplo, su postura con el gasoducto «Corriente del Norte 2»). Aunque han tenido una postura matizada en esta crisis, han permitido la relajación de las condiciones solo para molestar a Alemania y a los «nórdicos».


4.- El tratado franco-alemán. Francia es el eslabón débil de la Europa mediterránea porque siempre tiene aspiraciones de convertirse en pivote de casi todo. Por un lado apuesta y mantiene las mismas reivindicaciones y peticiones que la Europa mediterránea pero, por otro, no pierde su intento de convertirse en el otro polo de Europa junto a Alemania. De hecho, el enero de 2019 firmó un tratado con Alemania para «revitalizar la UE» y que sea capaz de competir con EEUU y China. 

Por esa razón los dos países llegaron a un acuerdo que pretendía sacar a la UE del atasco proponiendo 500.000 millones de euros que si algún mérito ha tenido ha sido la de abrir la posibilidad de superar el pacato montante que inicialmente había propuesto la Comisión Europea (350.000 millones), superarlo ahora con la cantidad ofrecida de 750.000 millones y dando pie a la propuesta que a principios de junio hizo el BCE, y que parecía, sobre el papel, una deuda conjunta para gastar más donde fuese necesario según las necesidades de cada país y consiguiendo así que la Europa nórdica o alemana cediese algo en sus pretensiones.


Es decir, que de los 27 países que forman la UE un total de 21 están alineados ya con una u otra vertiente y el resto se decanta coyunturalmente por unos u otros en función de las circunstancias. Luego lo de Unión Europea es muy cuestionable porque es solo de forma y ya no de fondo.


Si algo ha dejado claro en este tiempo la UE es que no existe ninguna «unión» solidaria, que todo es condicionado y que todo es en función de determinados intereses. La derrota de la Europa mediterránea es clara, pese a los matices, porque quienes llevan décadas beneficiándose del diseño europeo no van a renunciar a él voluntariamente y lo han vuelto a dejar muy claro. Y que nadie da dinero gratis, por lo que bajo la apariencia de “solidaridad” se oculta un nuevo paquete de “reformas” porque al mismo tiempo que se ofrece el chocolate del loro se está señalando que hay que volver a lo de siempre, aunque con otras formas: “se necesita un proceso repentino de reducción de la deuda, cambiando las prioridades de gasto de manera tal que haya espacio para inversiones adicionales». Traduciendo el lenguaje tecnocrático, cambiar las prioridades del gasto se refiere al gasto social y como nadie se va a atrever a tocar la sanidad de forma abierta, se está abriendo en camino, y diciéndolo de forma encubierta, para atacar el sistema de pensiones, por ejemplo, que ya estaba bajo ataque antes de la pandemia.  (...)

Alemania manda


En medio de toda esta vorágine de digo, dices, vuelvo a decir, propongo yo, propone otro, hay dos cosas que hay que tener en cuenta: la primera, que es Alemania quien hace y deshace en Europa. Es quien manda, ordena, decide y mata; la segunda, que o hay rebelión o la sumisión será total.
El 6 de mayo el Tribunal Supremo de Alemania lo volvió a dejar muy claro: es él quien decide qué es legal y qué no.  (...)

¿Qué hay detrás? Pues ni más ni menos que la constatación de que el «dinero alemán» no tiene que ir a los países más débiles si estos no «ajustan» sus instrumentos fiscales. Es decir, si no aumentan sus políticas destructoras de lo público y «ajustan» sus presupuestos para hacerlos más austeros. Todavía más.


En la práctica, lo que ha hecho el TS alemán es dar un ultimátum: o juegas como yo digo o se acaba la historia. Alemania ya se negó a los coronabonos, impuso el Mecanismo Europeo de Solidaridad (que son préstamos que hay que devolver) y ahora lo refuerza con este claro chantaje demostrando que es el único y verdadero poder «comunitario».


Porque al rapapolvo al BCE hay que añadir el que le da al Tribunal de Justicia de la UE, que había avalado la postura del BCE. Y se supone que el TJUE es la máxima autoridad judicial de la UE. Pues no, ni mucho menos.

El TS alemán aha anulado la jerarquía de poderes, tanto judicial como económica, en los que supuestamente se basa la UE. (...)

Es en este turbio contexto en el que aparece Francia intentando llegar a un acuerdo con Alemania y el BCE ofreciendo el triple de lo que proponía la Comisión Europea. Lo que hay el juego es, ni más ni menos, que el futuro de la UE y aunque se salga de esta está tan tocada que difícilmente aguantará una nueva embestida. 

Pese a las apariencias, la UE está mucho más debilitada de lo que parce y se ha llegado a una situación en la que solo puede mantenerse, y con ella su moneda, de dos formas: reforzar aún más la subordinación a Alemania (asumiendo lo que dice su TS) o asumir algún acuerdo salomónico como los que ahora aparecen que, de todas formas, solo supondrá una tregua temporal sin la menor duda.


La alternativa


¿Hay alguna alternativa a todo esto? Podría haberla, condicional. Seis países de la Europa Mediterránea (Francia, Italia, España, Portugal, Grecia y Chipre) pidieron formalmente a mediados de mayo un fondo de recuperación de 1’5 billones de euros, que es casi la cantidad que acaba de ofrecer el Banco Central Europeo. No se atrevieron a replantear el tema de los coronabonos, pero sí pedían una rapidez mayor a la hora de tomar las decisiones y con ello presionaban al resto de países, sobre todo a la Europa nórdica o alemana para ver si a finales de ese mes o a principios de junio había algo.


Ha sido a primeros de junio cuando ha respondido el BCE con su oferta, lo que sin duda ha reforzado algo la postura de estos países dentro de la UE. Si el paso dado por la Europa Mediterranea no se quedase ahí, sería una fórmula intermedia perfecta para plantear una alternativa al desastre que vemos en la UE. Porque la UE está muerta por más que aparente vida y tal vez la haya por partes; en la Europa mediterránea, por ejemplo."               (Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Rebelión, 18/06/20)


  Para luchar contra las epidemias y como alternativa a la salida del euro de los países del Sur, o como salida de emergencia ante la (más probable) ruptura de la UE por parte de los países del Norte... hay que conseguir la soberanía financiera... implantando una moneda digital paralela de circulación interna, en paridad 1:1 con el euro (¿europeseta electrónica?), en España: 

La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:

Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales

Para Ecuador:

Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?

Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA

Otras propuestas: 


Susana Martín Belmonte propone una 'coronamoneda' digital para potenciar la renta de cuarentena... una renta vehiculada a través de una moneda ciudadana digital descargable de una app y con respaldo del Banco de España.
Enlace: http://ojeandoelestadodelpais.blogspot.com/2020/04/coronamoneda-digital-para-potenciar-la.html

El prometedor dinero fiscal

Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.


Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:

- Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html

- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm

Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html