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6.5.24

ERC tendrá que valorar si apoya a Illa y es llamado traidor, con las consecuencias que se deriven en el futuro, o si apoya a Puigdemont y respalda a quienes lo apuñalaron. Esas peleas de poder son las que están de fondo, y no el momento de finalización simbólica del procés, que todos saben muerto... La única salida, desde el lado socialista, es que sus resultados sean excelentes y empujen a los otros dos partidos, y en especial a ERC, a aceptar que no hay otra posibilidad que dar sus votos al PSC. Los dos líderes Es ahí donde Sánchez va a jugar una baza adicional para intentar dar a Illa un necesario empujón extra. Ese movimiento aporta un nuevo marco, porque saca la campaña de asuntos puramente catalanes, de la amnistía y del "volveremos a hacerlo", y la lleva hacia una partida de mayor envergadura: luchar por la democracia y contra la extrema derecha... la entrada en escena de Javier Milei, presidente de Argentina, es una baza adicional para Sánchez, porque le permite desenvolverse en el marco que ha elegido para esta campaña y para las europeas (por lo menos), el del combate contra la extrema derecha (Esteban Hernández)

 "Las elecciones catalanas se están desarrollando a partir de la puesta en juego de cuatro factores, que operan de manera sucesiva, y que tienen poco que ver con los discursos que se utilizan públicamente.

El primero de ellos tiene que ver con el efecto red, que está marcando la política española de manera incesante. Su reflejo en las elecciones autonómicas recientes ha sido claro y cada vez tiene mayor peso en las nacionales.

Podría explicarse de esta manera. España tiene dos mapas que se superponen y junto con uno bien delimitado, con la división en provincias y comunidades autónomas, aparece otro, que define la economía, y que se estructura desde los núcleos de actividad.

Con la globalización, las ciudades han cobrado un peso especial: no es tanto un mundo de regiones como de urbes que se interconectan y que van mucho más allá de los territorios que las circundan. El caso de Madrid es evidente: capta recursos, empresas y población, de manera que las zonas que la rodean dependen cada vez más de ella, capitales de provincia incluidas. Tiene un efecto positivo en la periferia amplia de la ciudad, en la medida en que incrementa su actividad (y uno menos amable en sus precios) y otro negativo para las zonas más alejadas, que tienden a vaciarse. Ocurre también con ciudades como Valencia o Málaga.

Los partidos nacionalistas han apostado por una política de fortalecimiento de su territorio mucho más que por insistir en alejarse de España

En ese contexto, hay muchas ciudades que se han visto perjudicadas. Una fue Barcelona, la segunda gran urbe española, que perdió vigor después de la crisis en beneficio de Madrid, y otra Bilbao. Es difícil entender el procés sin tener en cuenta esta perspectiva, porque se quiso arreglar el mapa económico modificando el administrativo. Se prometió a la población catalana que una salida de España conllevaría muchas mejores opciones, porque era un territorio moderno e innovador que competiría de manera eficaz en el ámbito global si no contase con la rémora de estar atado a España. Una insistencia en ese marco aparece en la número dos que Puigdemont ha colocado en la lista de Junts.

La manera tan diferente en que Euskadi y Cataluña, los territorios cuyas ciudades se habían detenido, han respondido a este parón es significativo respecto del momento español. Lo que han constatado las elecciones recientes que el instante independentista ha terminado (o se ha pospuesto para una época lejana): los partidos nacionalistas como el BNG en Galicia, o los soberanistas, como Bildu en Euskadi, han apostado por una política de fortalecimiento del territorio mucho más que por acentuar el proceso de salida de España. Lo que están intentando esas regiones, como tantas otras de nuestro país, es combatir su estancamiento mediante el refuerzo de las capacidades propias, aunque a menudo no tengan otros planes para ir más allá de una mejor sanidad y educación y un desarrollo más amplio de su lengua.

El coste díficil de asumir

Ese es el segundo factor, ya que es el momento en que se encuentra Cataluña, y todos sus actores relevantes son conscientes: no toca separación, sino refuerzo, y a algunos les cuesta aceptarlo públicamente. Desde esta perspectiva se entiende mejor la oportunidad perdida de ERC, así como sus tensiones internas: pudo ser el partido que liderase la salida del procés, que se colocase en la posición del antigua Convergencia, y que al mismo tiempo que realizaba una retirada ordenada, canalizase el deseo de la población catalana de que su economía y su territorio gozasen de una mayor vitalidad. En lugar de enfocarse en esa tarea, las dos almas del partido entraron en lucha y se vieron arrastradas por ese factor perturbador que siempre ha sido el Puigdemont huido. Ese lastre ha empujado hacia abajo a Aragonès y los suyos, que con el temor a ser llamados traidores —incluso por parte de los suyos— perdieron la oportunidad de convertirse en el partido dominante.

“Si no se amplía el aeropuerto, ¿cómo va a venir la gente, en patinete? ¿Cómo pensáis que funciona el mundo?”

Ese espacio lo está ocupando de una manera clara Salvador Illa. Representa al partido que afirma expresamente que hay que cerrar la vieja etapa, y que al mismo tiempo apuesta por centrarse en mejorar las condiciones de Cataluña. Incluso lo hace contra sus socios de izquierda en Madrid, como cuando subraya que "si no se amplía el aeropuerto, ¿cómo va a venir la gente, en patinete? ¿Cómo pensáis que funciona el mundo?"

La pulsión de poder

En este escenario aparece el tercer factor, ese elemento claramente perturbador que complicará la elección de gobierno, y que quizá lleve a la repetición electoral, que es la negativa a dar marcha atrás.

En Cataluña hay dos partidos a los que les cuesta aceptar el momento. Uno es Junts, ya que entienden que les corresponde gobernar porque su presidente es el legítimo, y el otro es ERC, que no termina de asimilar que esa posibilidad de convertirse en la formación dominante se ha desvanecido, a pesar de que fueron ellos quieren pasaron por la cárcel y dieron la cara.

Ya no está en juego la independencia, ya que ninguno de ellos, ni siquiera Junts, daría pasos en esa dirección si gobernase. La independencia, en estas elecciones, es un discurso instrumental con el que se trata de hacer valer en las urnas la teórica legitimidad adquirida, e impedir que exista otro gobierno que el encabezado por Puigdemont. Si las encuestas no se equivocan, ERC tendrá que valorar si apoya a Illa y es llamado traidor, con las consecuencias que se deriven en el futuro, o si apoya a Puigdemont y respalda a quienes lo apuñalaron. Esas peleas de poder son las que están de fondo, y no el momento de finalización simbólica del procés, que todos saben muerto.

Este elemento perturbador trastoca todo, porque ese reencuadramiento de los tiempos, en los que toca dejar de lado el mapa administrativo y poner el foco en el económico, le puede dar la victoria a Illa, pero no la Generalitat. La única salida, desde el lado socialista, es que sus resultados sean excelentes y empujen a los otros dos partidos, y en especial a ERC, a aceptar que no hay otra posibilidad que dar sus votos al PSC.

Los dos líderes

Es ahí donde Sánchez va a jugar una baza adicional, la que introduce el cuarto factor, como es la nueva naturaleza del discurso. Su regreso tras la carta para combatir los bulos será el elemento que ponga encima de la mesa para intentar dar a Illa un necesario empujón extra. Ese movimiento aporta un nuevo marco, porque saca la campaña de asuntos puramente catalanes, de la amnistía y del "volveremos a hacerlo", y la lleva hacia una partida de mayor envergadura: luchar por la democracia y contra la extrema derecha. De manera que habrá dos líderes socialistas en los mítines: Illa hablando de Cataluña y Sánchez en una pelea existencial. Un doble discurso.

En ese contexto, la entrada en escena de Javier Milei, presidente de Argentina, es una baza adicional para Sánchez, porque le permite desenvolverse en el marco que ha elegido para esta campaña y para las europeas (por lo menos), el del combate contra la extrema derecha. Puede beneficiar a Vox, a los que Milei apoyará expresamente en un acto en Madrid, y ayuda al discurso que Sánchez quiere utilizar: los dos modelos, el suyo y el de Milei, frente a frente.

Si el PP sabrá salir de ese marco es una pregunta por contestar, como lo es la efectividad que tendrá esta jugada para el PSOE. No solo por la credibilidad que los votantes concedan a ese enfrentamiento, sino por las dudas que circulan acerca de si esa lucha dialéctica se quedará en un mero discurso. Entre los suyos, y también entre los socios —que hablan de teatro—, hay escepticismo respecto de que el punto y aparte anunciado sea tal, así como de que la carta llevase dentro algo más que una añagaza. También hay ciertas dudas sobre si ese impulso adicional puede funcionar, ya que, como afirma Jaime Miquel, Illa tiene un recorrido definido, entre 850.000 y 900.000 votos, "que no se puede mejorar".

El movimiento de Sánchez, no obstante, eleva la apuesta. El resultado de las elecciones catalanas era importante también para la legislatura española, y continuará siéndolo. Además, introducirá un elemento adicional respecto de la capacidad de Sánchez al frente del gobierno. Después de la carta, está obligado a tener buenos resultados el 12-M, pero también en las europeas. Entonces sabremos si su giro le proporciona ventaja o le hace pagar un coste.

En todo caso, las elecciones catalanas se están desenvolviendo a través de la interrelación de cuatro factores: las diferencias entre el mapa administrativo y el económico, la prioridad en este instante del segundo sobre el primero, el factor distorsionador que introducen las pulsiones de poder heridas y el desconocido (en su resultado) impulso extra de Sánchez."                    (Esteban Hernández , El Confidencial, 05/05/24)

22.3.24

Elecciones catalanas: algunos datos fijos... ERC tiene números propios: están seguros de que obtendrán más votos y escaños que Junts y por esto convocan, pero también están seguros de que la suma de sus escaños con los del PSC puede situarse en 68 o más y esta ser la única aritmética, es decir, que entra dentro de lo muy probable que la suma independentista no alcance los 68. Por lo tanto, la contienda de ERC es con el PSC: quien obtenga más escaños de los dos gobernará, proporcionándole estabilidad quien haya obtenido menos (Jaime Miquel)

"¿Qué resultados pueden darse en las elecciones autonómicas de Cataluña? ¿Qué acuerdos postelectorales podemos esperar y qué impacto pueden tener estos resultados en las elecciones europeas? Tomaremos como situación de partida nuestra estimación con los datos del último barómetro del Centre d´Estudis d´Opinió de la Generalitat de Catalunya (CEO), realizado en noviembre de 2023. En concreto, con una tasa de participación del entorno del 62%,  ganaría el PSC (26,5%), con 855.000 votos (+202.000) y 38 escaños (+5), para sumar mayoría absoluta con ERC (20,9%), que obtendría 32 escaños (-1), con 674.000 votos (+70.000). 

Según este estudio no habría mayoría independentista, porque Junts (18,6%), que obtendría 600.000 votos, retrocedería a 28 actas (-4), mientras que CUP (5,9%), conseguiría 7 (-2), con 189.000 votos, los mismos que obtuvo en 2021. Por lo tanto, la suma de los partidos independentistas ERC (32), Junts (28), y CUP (7), retrocedería a 67 actas (-7), a un escaño de la mayoría absoluta.     

 Esto no significa que las cosas tengan que terminar necesariamente así. Sin embargo, podemos deducir algunos datos fijos de esta convocatoria. El primero es que ERC tiene números propios: están seguros de que obtendrán más votos y escaños que Junts y por esto convocan, pero también están seguros de que  la suma de sus escaños con los del PSC puede situarse en 68 o más y esta ser la única aritmética, es decir, que entra dentro de lo muy probable que la suma independentista no alcance los 68. Por lo tanto, la contienda de ERC es con el PSC: quien obtenga más escaños de los dos gobernará, proporcionándole estabilidad quien haya obtenido menos. Todo esto situados en la política real, como ha hecho ERC con el asunto de la ley de amnistía: apruébese cuanto antes, fue su posición y acertó, frente a un Junts que es barroco, se gusta demasiado y se enreda con las ocurrencias de un poder judicial que finalmente les dice que iréis para adelante por terrorismo. Y entonces, a correr hasta el lugar donde ya habían llegado ERC y el PSC. 

 Porque la ley de amnistía es, sobre todo, una ilusión colectiva y transversal en Cataluña y una meta en sí entre demócratas, la que permite restablecer la convivencia entre distintos. No es una etapa en la senda de otra DUI, aunque en Junts les atenace el qué dirán y no sepan cómo aterrizar. En el ámbito independentista la  mayoría social no quiere –de momento-, más confrontación, como han explicado los resultados del 23J y explicarán los del 12M. Lo que quiere el independentismo ahora es un nuevo Estatut, un pacto fiscal, recuperar la Barcelona vanguardista, la prosperidad de Catalunya y todo aquello que fue el precio o el descarte de la confrontación que nos propuso quien ahora ha perdido la posición, Molt Honorable.    (...)

Respecto al impacto de los resultados catalanes en las elecciones europeas, ninguno. El PP viene por delante para europeas con 8 millones de votos y 25 escaños y a años luz viene el PSOE: 6 millones y 18 actas. El PSOE solo podría superar al PP si VOX obtuviera un gran resultado en el lado derecho, y esto no tiene nada que ver con las elecciones catalanas. Sumar llegará a europeas después de tres derrotas y a poco puede aspirar, mientras que los resultados de los partidos catalanes parecen consolidados. Ahora Repúblicas, la coalición donde participa ERC, no bajará de dos eurodiputados, mientras que, salvo sorpresas, Junts obtendrá un acta con el entorno de los 350.000 votos."      (Jaime Miquel, InfoLibre, 17/03/24)

14.3.24

Wolfgang Münchau: La buena noticia para Pedro Sánchez es que Carles Puigdemont, su último enemigo separatista, verá las próximas elecciones autonómicas catalanas desde Waterloo. La mala noticia es que esto se debe a que el gobierno de Cataluña se ha hundido... Las cosas pueden ponerse más difíciles ahora que los dos partidos se enfrentan entre sí. Esto les da un incentivo para pujar el uno por el otro en las concesiones que tratarán de obtener de Madrid, dada la coincidencia en sus bases de votantes

 "Más problemas catalanes para Sánchez

La buena noticia para Pedro Sánchez es que Carles Puigdemont, su último enemigo separatista, verá las próximas elecciones autonómicas catalanas desde Waterloo. La mala noticia es que esto se debe a que el gobierno de Cataluña se ha hundido, y las próximas elecciones serán en mayo. Una de las historias más rocambolescas de las elecciones europeas ha dado ahora otro giro dramático.

Que Cataluña vaya a elecciones anticipadas es sobre todo un problema para Sánchez por la rivalidad entre los dos principales partidos separatistas, que apoyan ambos a su Gobierno. Los desacuerdos entre ambos son numerosos. Pero el principal es cómo abordar la independencia de Cataluña. Uno, ERC, más de izquierdas, quiere hacerlo con el consentimiento de Madrid, como el SNP en Escocia. El otro, Juntos por Cataluña, de Puigdemont, más de derechas, es más favorable a la confrontación con el Gobierno central. También hay cuestiones interpersonales que se remontan a las secuelas del fallido referéndum de independencia de 2017.

 Sánchez, como el resto de nosotros, probablemente preferiría no tener que lidiar con esto. Pero en realidad ya no tiene elección. Su Gobierno necesitará el apoyo de ambos partidos para hacer prácticamente cualquier cosa, incluida la búsqueda de un acuerdo sobre el tardío presupuesto de España para 2024. Esto ha estado ocurriendo recientemente, ya que las elecciones del año pasado impidieron al Gobierno aprobarlo antes de finales de 2023. El estancamiento de la ley de amnistía para los separatistas catalanes que se enfrentan a cargos penales relacionados con 2017, que la Cámara Baja del Parlamento español votará hoy, lo ha retrasado aún más.

El Gobierno siempre puede descartar el presupuesto para 2024 y centrarse en el del año que viene. Dada la situación actual, ésta puede parecer la mejor opción. Las cosas pueden ponerse más difíciles ahora que los dos partidos se enfrentan entre sí. Esto les da un incentivo para pujar el uno por el otro en las concesiones que tratarán de obtener de Madrid, dada la coincidencia en sus bases de votantes. ERC, en particular, también se enfrenta a la rama catalana de los socialistas de Sánchez, el otro protagonista clave de las elecciones regionales. Esta es otra razón para que opten por la confrontación en lugar de la cooperación al menos durante los próximos meses.

La situación se complica aún más porque uno de los principales puntos de fricción en las negociaciones presupuestarias es el estatus de Cataluña. El anterior gobierno regional, dirigido por ERC, ha estado presionando para que Cataluña tenga su propio proceso presupuestario independiente de otras regiones. Sería un acuerdo similar al del País Vasco y Navarra, pero a una escala mucho mayor, porque Cataluña es más grande que cualquiera de esas regiones. Esto puede convertirse en un tema de las elecciones autonómicas, lo que retrasaría aún más el avance del Gobierno hacia un acuerdo. "                 (Wolfgang Münchau , Eurointelligence, 14/03/24)

9.2.22

La izquierda que no sirve... en la votación de la Reforma Laboral, la dinámica estrábica a la que ERC nos tiene acostumbrada, en Barcelona, herederos del pujolismo, en Madrid, discípulos de Lenin, queda más inverosímil que nunca... Siempre que, como ha soltado en un pronto de sinceridad que hiela la sangre, la diputada de Junts, Míriam Nogueras, no se consideren a UGT I CC. OO. organizaciones catalanas, y por tanto se pueda prescindir de la opinión de sus militantes... aquí se entra en la dimensión del esencialismo 'völkisch', que tiene que preocupar a cualquier demócrata, y del cual una parte del independentismo y del nacionalismo catalán se esconde cada vez menos... y por lo mismo, manchar y golpear el liderazgo ascendente de Yolanda Díaz, que perciben como una amenaza... además de que Esquerra quiere seducir a los pequeños empresarios catalanes, a quienes el abuso de la temporalidad les ha ido muy bien (o sea, pura izquierda)... la cara de verdadero miedo de Rufián en el Congreso, cuando parecía que la reforma embarrancaba, fué el vivo retrato de la frivolidad

 "Massimo d' Alema, durante un debate después de la caída del primer Gobierno Prodi, allá por la segunda mitad de los años 90, declaraba que en su partido de formación –el mítico Partido Comunista Italiano-, le habían enseñado que había una izquierda que sirve –que se preocupa por los problemas reales de la gente trabajadora, asumiendo contradicciones y costes- y una que se queda en la estética, actúa narrativamente, pero es absolutamente inútil.

En la vicisitud de la conversión del decreto de la reforma laboral, Esquerra Republicana ha jugado a hacer ver que hacía de izquierda inútil, pensando que igualmente la reforma se aprobaría. Ha jugado a hacer ver, tampoco ha hecho. Porque, en esta ocasión, la dinámica estrábica a la que los republicanos nos tienen acostumbradas –en Barcelona, herederos del pujolismo, en Madrid, discípulos de Lenin-, queda, esta vez, más inverosímil que nunca.

 Los recelos y/o el voto negativo de Bildu pueden ser considerados un error político o un acierto según cómo se mire, pero tienen una explicación. En Euskadi, los sindicatos LAB y ELA –que son contrarios a la reforma- son mayoritarios, y la izquierda abertzale entiende –erróneamente o no–, que lo tiene que tener en cuenta.

Bildu hace tiempo que ha decidido jugar a la política estatal, pero su campo de acción continúa siendo Euskadi y parte de la convicción de que le puede damnificar adoptar un posicionamiento contrario a las organizaciones de los trabajadores mayoritarias en su territorio de referencia.

La situación es bien diferente en Catalunya: la Comissió Obrera Nacional de Catalunya, encabezada por Javier Pacheco, y la UGT de Catalunya, encabezada además por Camil Ros (notoriamente próximo a los republicanos), han sido los grandes valedores del acuerdo y del texto del decreto presentado por el Ministerio de Trabajo de Yolanda Díaz. En las últimas elecciones sindicales en Catalunya, según datos de Idescat, la suma de los representantes de Comisiones y de UGT en Catalunya supera el 80%.

Técnicamente, pues, la opción de tumbar la reforma por parte de Esquerra Repúblicana ha ido claramente en contra de la posición enormemente mayoritaria expresada por las personas trabajadoras en Catalunya, a través de sus organizaciones representativas. Siempre que, como ha soltado en un pronto de sinceridad que hiela la sangre la diputada de Junts, Míriam Nogueras, no se consideren a estas organizaciones sindicales como catalanas, y por tanto se pueda prescindir de la opinión de la gente que milita y de las personas que las dirigen. Pero aquí se entra en la dimensión desconocida del esencialismo 'völkisch' que tiene que preocupar cualquier demócrata, y del cual una parte del independentismo y del nacionalismo catalán se esconde cada vez menos.

Descartada pues la hipótesis de que el voto contrario de ERC a la reforma laboral se fundamente en una posición más ambiciosa desde la izquierda –aunque fuera por un impulso estético-, quedan abiertas las hipótesis en torno a las razones que explican este posicionamiento. Como siempre, parecen ser más de una.

Noticias relacionadas

La primera es la típica de la ficción 'procesista': la necesidad constante de vender, ante el electorado independentista, la distancia frente al Gobierno central. La segunda es la voluntad de manchar y golpear el liderazgo ascendente de Yolanda Díaz, que perciben como una amenaza porque, al menos en parte, el espacio de los 'comuns' y de Unidas Podemos, especialmente en unas generales, es fronterizo con algunas franjas del electorado de ERC. La última razón es de más sustancia: como ha recordado Enric Juliana, Esquerra quiere seducir a los pequeños empresarios catalanes, a quienes el abuso de la temporalidad les ha ido muy bien, y que, juntamente con los funcionarios de la Generalitat (el único sector donde la Intersindical, la central nacionalista también contraria a la reforma, tiene representación significativa), son el nervio de las bases del independentismo.

Es difícil saber si la decisión de los republicanos será favorable a sus intereses. A buen seguro, de momento, ha hecho evidente que la cortina de humo –este sí que es humo– de querer presentar su voto contrario como una opción pura y de izquierdas no ha sido suficiente para tapar la cara de verdadero miedo de Gabriel Rufián en el Congreso, cuando parecía que la reforma embarrancaría. El vivo retrato de la frivolidad."                 (Paola Lo Cascio, El Pariódico, 07/02/22)

29.11.19

ERC pretenden obtener a cambio de una abstención lo que el independentismo no ha logrado en todos estos años, es decir, imponer un marco de negociación de tú a tú con el Estado. O mucho cambian los republicanos sus condiciones o la investidura de Pedro Sánchez se dirige hacia otro naufragio...

"O mucho cambian los republicanos sus condiciones o la investidura de Pedro Sánchez se dirige hacia otro naufragio. Visto en perspectiva, el cambio de actitud de ERC es sorprendente. En cinco meses, ha pasado de ofrecer una abstención gratis et amore --en julio, Gabriel Rufián imploró desde la tribuna del Congreso el acuerdo a PSOE y Podemos-- a exigir una negociación en toda regla sobre la autodeterminación y la amnistía

Puede que por ahora sea una petición de máximos pensando en su militancia, que este lunes fue invitada a participar en una consulta retórica, pese a que la decisión final recaerá en la dirección del partido. Ahora bien, ERC está teatralizando una demanda que sabe imposible, pero de la que le será muy difícil apearse sin elevados costes internos. Los republicanos pretenden obtener a cambio de una abstención lo que el independentismo no ha logrado en todos estos años, es decir, imponer un marco de negociación de tú a tú con el Estado.


La propuesta que el lunes formuló Pere Aragonès, que ejerce ya como sustituto de Oriol Junqueras a la presidencia de la Generalitat, es un disparate que el PSOE difícilmente puede aceptar. En primer lugar, exige un diálogo de reconocimiento político en un marco inasumible para cualquier Ejecutivo español. Los republicanos quieren que la mesa reúna a los dos Gobiernos, al catalán y al español, no para discutir cuestiones competenciales, lo que ya se articula mediante la Comisión Bilateral Generalitat-Estado, sino para negociar la soberanía nacional. 

 Es un punto de partida irreal, pues pretende que ambos Gobiernos se reconozcan de “igual a igual” como representantes de dos comunidades diferenciadas. Aragonès niega con ello algo tan básico como que el Gobierno de España también representa a los ciudadanos de Cataluña, y que el Govern de la Generalitat es solo un Ejecutivo autonómico en el marco de la España democrática. Ese planteamiento es una completa fantasía que vuelve a reproducir los peores vicios del procesismo.


Si bien no es descartable que Pedro Sánchez ofrezca in extremis volver al esquema de trabajo que ya se acordó en la declaración de Pedralbes (diciembre de 2018), ningún referéndum de secesión podrá llevarse a cabo sin reformar antes la Constitución. En la web de la Moncloa está colgado el documento de aquel encuentro, y es interesante constatar las enormes diferencias con lo que ahora plantea ERC. Entonces se establecían dos niveles de diálogo. 

Primero, una mesa de partidos con representación tanto en el Parlament como en el Congreso. Y, segundo, un espacio institucional en el marco de la citada comisión bilateral con el objetivo de hacer un “diagnóstico sobre el conflicto político” y lanzar “propuestas de futuro sobre las relaciones institucionales”. Es decir, una mesa sin ningún contenido de negociación política y con representantes de segundo nivel, sin consejeros de la Generalitat ni tampoco ministros del Gobierno. Por tanto, nada tiene que ver con lo que ahora pide ERC, que exige una mesa con la presencia de Quim Torra y Pedro Sánchez.


En segundo lugar, Aragonès insiste en el clásico del “diálogo sincero” para poder plantear las demandas políticas que cada parte considere convenientes, lo cual es reiterativo porque sus peticiones son de sobras conocidas, y los independentistas llevan años planteándolas. Tanto es así que con el procés probaron la vía unilateral. Cuando se quejan de que en España no se puede hablar de la autodeterminación, en realidad protestan porque no pueden obtener lo que quieren. 

Como tercer punto, Aragonès exige un calendario pautado, lo cual es llamativo porque presupone que la otra parte aceptará sus demandas o que las virtudes de la sinceridad les llevarán a todos a alcanzar un acuerdo. Finalmente, para rizar el absurdo, exige “garantías de cumplimiento” y la celebración de una consulta al pueblo catalán para validar el acuerdo que ambos Gobiernos alcancen. Ahí está una de las claves y sin duda el mayor peligro. ERC sabe que no va lograr la autodeterminación, pero quiere un referéndum sobre algo que luego podrá utilizar como más le convenga. Que los republicanos puedan ser pragmáticos no los convierte en moderados.


El diálogo es sin duda necesario, pero tiene que producirse entre partidos tanto en el Parlament como en el Congreso de los Diputados. También con la participación de la sociedad civil, la independentista y la constitucionalista. Aquí sí de igual a igual. Necesitamos tiempo y muchos diálogos para curar tantas heridas en la sociedad catalana. Solo cuando exista un consenso suficiente entre los representantes políticos para reformar el Estatuto se podrá elevar desde la Cámara catalana una petición a las Cortes para ser discutida y aprobada antes de someterse, entonces sí, a referéndum en Cataluña. 

Pero esto va para muy largo. Todo lo demás está condenado al fracaso, al igual que las actuales exigencias de ERC nos abocan a terceras elecciones. Tal vez los republicanos, que tienen ahora una posición de fuerza negociadora, lo prefieran, dada la proximidad de la cita electoral en Cataluña y la pugna todavía no resuelta por la hegemonía en el campo independentista."                (Joquim Coll, Crónica Global, 28/11/19)