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4.2.26

Lecciones norteamericanas sobre la legalización del cannabis recreativo, de uso lúdico, ya no medicinal... Es decir, se legaliza el cannabis recreativo en el contexto de sociedades de consumo... delitos relacionados con el cannabis se han desplomado entre un 70 % y un 90 %... aumentan los ingresos fiscales y la posibilidad de someter al cannabis a controles sanitarios, etiquetado y límites de contaminantes, lo que reduce los riesgos asociados al producto adulterado o contaminado, comunes en el mercado negro... pero la legalización depende en gran medida de cómo se diseñe, implemente y supervise... requiere periodos de transición y campañas sobre sus riesgos, así como marcos regulatorios sólidos que controlen el producto y su precio, restrinjan la publicidad e impidan el acceso a menores (Luis Sordo)

 "La legalización del cannabis recreativo (hablamos solo del uso lúdico, no del medicinal) es una realidad consolidada en parte de Norteamérica. Tanto Canadá como 24 estados de EE. UU. (además de tres territorios y el distrito de Columbia) permiten este tipo de consumo. Esta coexistencia ha creado un laboratorio natural que permite observar los efectos sociales, sanitarios y económicos de la legalización en contextos culturales muy semejantes.

Aumento del consumo y sus consecuencias

Uno de los aspectos observados tras la legalización es un aumento del uso de cannabis en algunos segmentos de la población, tanto de manera esporádica como frecuente. Este cambio pueden inferirse de encuestas de consumo, pero también de consecuencias derivadas del mismo. En Canadá, tras un periodo de contención inicial, las urgencias médicas y los ingresos hospitalarios relacionados con el cannabis y los brotes psicóticos inducidos por esta droga aumentaron. En parte podría explicarse por la disminución de la percepción de riesgo.

Alteración en la percepción del riesgo

Cuando un producto pasa de la ilegalidad a la venta regulada, la percepción social del riesgo tiende a disminuir y se produce un proceso de normalización que afecta especialmente a los jóvenes, favoreciendo la iniciación o el aumento del consumo. La legalización del cannabis no elimina sus efectos adversos, ampliamente documentados a nivel físico y mental, pero puede contribuir a ocultarlos bajo una apariencia de sustancia “segura” o “natural”. Así ocurrió históricamente con el alcohol y el tabaco, cuya integración en el mercado legal fue acompañada de estrategias que minimizaron sus riesgos.

Cambios en el mercado legal

Más allá del cambio en la percepción, la gran transformación está en el mercado. Sus principales consecuencias son tres:

  1. La legalización ha hecho más accesibles y visibles los lugares de venta.

  2. El porcentaje del compuesto del cannabis responsable de los efectos que busca el consumidor recreativo (THC) ha aumentado. Es decir, mismas cantidades tienen más efectos psicoactivos, aumentando los casos de intoxicación por su uso.

  3. La venta legal ha impulsado la aparición de una gran variedad de formas de administrar el cannabis: flores, aceites, comestibles, extractos y, quizá lo más preocupante, bebidas que empiezan a ser muy populares entre la población joven. Ya no solo se fuma y eso abre un nuevo horizonte a las empresas que lo comercializan. Es decir, se ha legalizado el cannabis recreativo en el contexto de sociedades de consumo.

Persistencia del mercado negro

Uno de los propósitos más importantes de la legalización era reducir el mercado negro. Aunque la comercialización legal supone muchas ventajas que veremos más adelante, no ha eliminado la venta ilegal. De hecho, en lugares como Nueva York, el cannabis más consumido se sigue consiguiendo de forma clandestina. Al no estar controlado con impuestos, el producto se vende más barato, haciendo que las ventajas de la legalización se diluyan. En Canadá, se estima que el porcentaje de consumo ilegal está en torno al 30 %.

Buenas noticias

Existen elementos positivos de la legalización. La evidencia es clara: se ha registrado una reducción de los delitos relacionados con el cannabis. Tanto en Canadá como en los estados de EE. UU. donde se ha aprobado, los arrestos y detenciones por delitos relacionados con el cannabis se han desplomado entre un 70 % y un 90 %, lo cual libera recursos para delitos de mayor gravedad, reduce la carga policial sobre sectores poblacionales más penalizados por infracciones menores y facilita su reinserción laboral y educativa (en muchos estados, los delitos previos a la legalización han sido borrados).

Las otras buenas noticias derivan del aumento de ingresos fiscales y la posibilidad de someter al cannabis a controles sanitarios, etiquetado y límites de contaminantes. Esto reduce los riesgos asociados al producto adulterado o contaminado, comunes en el mercado negro. Además, la legalización ha abierto espacio para un discurso más racional y menos estigmatizante sobre el consumo y sus riesgos, favoreciendo políticas de reducción de daños más realistas. Y permitiendo investigar mejor los efectos de su consumo.

La legalización sin simplismos

La legalización no es intrínsecamente negativa o positiva: depende en gran medida de cómo se diseñe, implemente y supervise. En Norteamérica, los beneficios esperados (recaudación fiscal, reducción del mercado ilegal, mejora del control del producto y disminución de condenas penales) están presentes, aunque el balance es incierto.

La implantación de la venta legal requiere periodos de transición y campañas sobre sus riesgos, así como marcos regulatorios sólidos que controlen el producto y su precio, restrinjan la publicidad e impidan el acceso a menores. En Europa, solo Alemania, desde 2024, permite el uso recreativo (en Países Bajos, no es exactamente legal). Pronto veremos qué lecciones sacar de su experiencia." 

( , The Conversation  , 02/02/26)

1.10.24

Sanidad permitirá usar el cannabis como último recurso contra el dolor crónico y los efectos de la quimioterapia

 "Un paso más cerca del uso terapéutico (muy moderado) del cannabis. El Ministerio de Sanidad ha sacado a consulta pública el texto íntegro del Real Decreto por el que el departamento que dirige Mónica García pretende crear por fin un programa de cannabis medicinal. Siguiendo los postulados que adelantó en el proyecto de Real Decreto publicado hace casi ocho meses, la propuesta del Ministerio limita los usos de la planta a las “fórmulas magistrales” (aceites a partir de principios activos del cannabis) y deja fuera las flores de la marihuana (los cogollos), una decisión que no ha sentado bien a las principales asociaciones de pacientes.

De hecho, el ministerio solo habla de un “real decreto que regula la dispensación de formulas magistrales de estandarizados de cannabis con fines terapéuticos”; no utiliza el término programa ni alguno similar. En el texto se especifican las patologías que podrán beneficiarse de los preparados a base de aceites, única forma de consumo de cannabis terapéutico contemplada por el momento. Las patologías incluidas en el texto son “aquellas para las que existe evidencia científica de beneficio terapéutico del cannabis y sus extractos”, según Sanidad.

En concreto, se permitirá su uso para espasticidad por esclerosis múltiple: rigidez y espasmos musculares asociados a la esclerosis múltiple; para formas graves de epilepsia refractaria (ciertos tipos de epilepsia que no responden a los tratamientos convencionales); contra las náuseas y vómitos por quimioterapia; y contra el dolor crónico refractario (dolor persistente que no se alivia con los tratamientos habituales).

La lista, añade el ministerio, “podría ampliarse o modificarse, con la necesaria agilidad en función de la evidencia científica”. Además, explica el ministerio, se creará un registro de los preparados estandarizados. Pero –y este es un “pero” en el que los pacientes ponen mucho énfasis– las “fórmulas magistrales tipificadas se usarán cuando no existan medicamentos autorizados o estos no se ajusten a las necesidades del paciente”.

En España ya existen al menos un par de medicamentos basados en cannabis aprobados y de venta al público (el más famoso es Sativex). Los médicos solo podrán recetar preparados magistrales cuando el Sativex no funcione o no aplique, y habrán de justificar su decisión. “Deberá documentarse en la historia clínica la justificación del tratamiento con fórmulas magistrales tipificadas de preparados estandarizados de cannabis, en relación con otros tratamientos que haya recibido el paciente. Deberá igualmente informarse al paciente sobre la evidencia clínica disponible, los beneficios esperables y los posibles riesgos”, según el RD.

El RD también confirma otras cuestiones relevantes que ya figuraban en el primer borrador, como que el cannabis solo podrá ser recetado por médicos especialistas y no de atención primaria y que solo se dispensará en farmacias hospitalarias, no en las comunitarias, ambas cuestiones un error para las asociaciones de pacientes porque suponen, afirman, limitar el acceso.

Avance, pero lento

Con la publicación del Real Decreto, el Ministerio sigue quemando etapas hacia una regulación del cannabis medicinal, un proceso que empezó en 2021 con una subcomisión en el Congreso de los Diputados. Pero la regulación avanza a un ritmo más lento de lo que los pacientes querrían y también con menor ambición de la deseada por las asociaciones, que señalan cómo otro países europeos están legalizando ya el uso lúdico de la planta mientras aquí el uso de las flores (los cogollos) ni siquiera pasa el corte de un programa médico.

También hay protestas con las escasas indicaciones de uso aceptadas por Sanidad. “Nos congratulamos por este primer paso, pero esperamos que las indicaciones y las vías de administración se puedan abrir pronto”, valora Carola Pérez, presidenta del Observatorio Español del Cannabis Medicinal (OECM), una de las asociaciones de pacientes que más lobby ha hecho por una regulación. “Duele ver que enfermedades neurodegenerativas como la ELA o los cuidados paliativos se quedan fuera. Es gente que no tiene ninguna opción más y hay que darle toda la calidad de vida posible”, añade.

Tampoco están de acuerdo desde el OECM con que solo los especialistas puedan recetar y las farmacias hospitalarias dispensar. “Esperamos que tanto las listas de espera de especialistas como la farmacia hospitalaria cuenten con la formación adecuada y tengan la capacidad suficiente para dar abasto con este asunto”, espera Pérez. De lo contrario, estos límites al acceso puede empujar a los posibles usuarios a seguir en el mercado negro como hasta ahora, advierte."             (Daniel Sánchez Caballero / Sofía Pérez Mendoza , eldiario.es, 30/09/24)

17.5.24

La decisión del Gobierno federal de reconocer finalmente el cannabis como agente terapéutico legítimo es histórica... es el principio del fin de la prohibición del cannabis... este cambio de política modifica radicalmente el debate político en torno al cannabis. En concreto, deslegitima muchos de los tropos históricamente explotados por los opositores a la reforma de la política sobre la marihuana. Las afirmaciones de que el cannabis plantea daños únicos para la salud, o que no es útil para tratar el dolor crónico y otras dolencias, ahora han sido rechazadas por las mismas agencias federales que anteriormente las perpetuaron

 "Por primera vez en su historia, el Departamento de Justicia está pidiendo un cambio en el estatus legal federal del cannabis, que actualmente está clasificado como una de las drogas más peligrosas de Estados Unidos.

La oficina del Fiscal General confirmó recientemente que está haciendo circular una propuesta para reclasificar la marihuana de la Lista I a la Lista III de la Ley Federal de Sustancias Controladas. La medida, que confirma una recomendación anterior del Departamento de Salud y Servicios Humanos y de la FDA, supone un giro radical para las burocracias que tradicionalmente han mantenido una perspectiva «plana» de todo lo relacionado con el cannabis.

Según las directrices federales, las sustancias de la Lista I «no tienen un uso médico aceptado actualmente en Estados Unidos» y «carecen de seguridad aceptada para su uso bajo supervisión médica». Por el contrario, las sustancias de la Lista III, como la ketamina y los esteroides anabolizantes, tienen un uso médico bien establecido y un perfil de seguridad aceptable para los pacientes.

La decisión del Gobierno federal de reconocer finalmente el cannabis como agente terapéutico legítimo es histórica.

Durante décadas, los funcionarios federales difamaron a los pacientes y médicos que hablaban de los beneficios del cannabis. Un antiguo zar federal de la droga llegó a acusar a los médicos que apoyaban la marihuana medicinal de practicar la «medicina de Cheech & Chong».

 Durante años, el gobierno hizo campaña activamente contra las iniciativas de legalización del cannabis medicinal en todo el estado, e incluso llegó a intentar privar a los médicos de sus licencias médicas por atreverse a hablar de la terapia con cannabis con los enfermos y moribundos.

Ya no es así.

Según el HHS, se calcula que unos 30.000 profesionales de la salud en Estados Unidos autorizan actualmente la marihuana medicinal para sus pacientes. El departamento también reconoció que «la gran mayoría de las personas que consumen marihuana lo hacen de una manera que no conduce a resultados peligrosos para sí mismos o para otros.»

La sorprendente marcha atrás del gobierno valida las experiencias de decenas de millones de estadounidenses. Pero sigue estando muy lejos de los cambios necesarios para llevar la política federal sobre la marihuana al siglo XXI. En concreto, el cambio propuesto no armoniza la política federal sobre la marihuana con las leyes sobre el cannabis de la mayoría de los estados de EE.UU., en particular los 24 estados que han legalizado su consumo y venta a adultos.

Estas jurisdicciones regulan la marihuana de una manera mucho más parecida al alcohol -una sustancia omitida en la Ley de Sustancias Controladas- que a un medicamento de venta con receta. Como resultado, la industria del cannabis para adultos con licencia estatal -y quienes la patrocinan- seguirá operando en un limbo legal, sin ninguna orientación clara por parte del gobierno federal.

No obstante, como primer paso adelante, este cambio de política modifica radicalmente el debate político en torno al cannabis.

 En concreto, deslegitima muchos de los tropos históricamente explotados por los opositores a la reforma de la política sobre la marihuana. Las afirmaciones de que el cannabis plantea daños únicos para la salud, o que no es útil para tratar el dolor crónico y otras dolencias, ahora han sido rechazadas por las mismas agencias federales que anteriormente las perpetuaron. En el futuro, estas alegaciones engañosas deberían estar ausentes de cualquier conversación seria en torno al cannabis y a la mejor forma de regular su uso.

Por supuesto, la prolongada politización del cannabis no desaparecerá de la noche a la mañana. Durante décadas, los críticos de la marihuana se han burlado tanto de la planta como de sus consumidores. Sin duda, algunos seguirán intentándolo a pesar de la decisión del gobierno federal de cambiar de rumbo. Pero sus afirmaciones caerán cada vez más en saco roto.

Tras casi un siglo de criminalización del cannabis, la prohibición está llegando a su fin."

(

20.3.24

Es probable que el gobierno de Estados Unidos ponga fin a la designación de la marihuana como estupefaciente peligroso en algún momento de este año...Con 40 estados y el Distrito de Columbia que han legalizado el consumo de cannabis, en una tendencia que parecía impensable hace una década más o menos, las predicciones impulsadas por el pánico sobre los efectos nefastos de la droga en la salud y el comportamiento individuales han demostrado ser falsas. No fue el cannabis lo que arruinó la vida de la gente. Fue la criminalización del cannabis lo que lo hizo... 24 estados han promulgado leyes de eliminación de antecedentes específicas para el cannabis, y 10 estados han promulgado leyes de resentencia específicas para el cannabis". En California, la mayoría de los afectados han visto sus antecedentes cancelados

 "Es probable que el gobierno de Estados Unidos ponga fin a la designación de la marihuana como estupefaciente peligroso en algún momento de este año, lo que podría marcar una de las mayores decisiones federales sobre la clasificación de la droga en décadas. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. determinó que la marihuana es menos nociva que, por ejemplo, los opioides y otras sustancias, lo que llevó al Gobierno de Biden a anunciar que "reescalificaría" el cannabis de la Lista I -que es como se clasifican las drogas más peligrosas- a la Lista III, equiparable a los esteroides anabolizantes y la ketamina.

La medida debería haberse adoptado hace tiempo, sobre todo teniendo en cuenta la desproporcionada criminalización de los consumidores y vendedores de esta droga de raza negra y parda. Según la ACLU, "el consumo de marihuana es aproximadamente igual entre negros y blancos, y sin embargo los negros tienen 3,73 veces más probabilidades de ser detenidos por posesión de marihuana". Aunque ha habido muchos beneficios derivados de la legalización, ha habido un impacto negativo: el enriquecimiento de aquellos que eran privilegiados para empezar, en lugar de los más afectados. Esto no es tanto el resultado de la legalización como de la actual inacción para corregir las desigualdades raciales en nuestros sistemas judicial, jurídico y económico.

El gobierno podría tomar medidas para remediar estas desigualdades, si quisiera. El problema es que los que están en el poder han intentado demonizar la marihuana, a sus consumidores y sus efectos, resistiéndose a la difusión de la justicia a cada paso.

 Cuando los votantes de California aprobaron la legalización de la marihuana recreativa en 2016, la Agencia Federal Antidrogas del entonces presidente Barack Obama denegó una petición para reclasificar la marihuana a nivel federal, alegando que la droga "carece de un nivel aceptable de seguridad para su uso incluso bajo supervisión médica." Aun así, los estados ya estaban respondiendo a un cambio radical en la opinión pública y estaban legalizando poco a poco el cannabis.

Pero los detractores, al ver que la cosa estaba clara, hicieron afirmaciones infundadas basadas en el miedo, similares a una versión moderna de la "locura de los porros", estableciendo paralelismos engañosos con sustancias ya legales pero nocivas, como el tabaco y el alcohol. No es de extrañar que estas tácticas de miedo tengan su origen en creencias racistas.

Con 40 estados y el Distrito de Columbia que han legalizado el consumo de cannabis, en una tendencia que parecía impensable hace una década más o menos, las predicciones impulsadas por el pánico sobre los efectos nefastos de la droga en la salud y el comportamiento individuales han demostrado ser falsas. No fue el cannabis lo que arruinó la vida de la gente. Fue la criminalización del cannabis lo que lo hizo.

Ahora, muchos de los que fueron detenidos y condenados por delitos estatales relacionados con la marihuana están viendo cómo sus antecedentes se van borrando poco a poco a medida que los estados promulgan leyes acordes con la legalización. The Last Prisoner Project informa de que "24 estados han promulgado leyes de eliminación de antecedentes específicas para el cannabis, y 10 estados han promulgado leyes de resentencia específicas para el cannabis". En California, la mayoría de los afectados han visto sus antecedentes cancelados.

Los impuestos sobre el cannabis también están aumentando los ingresos del Estado. Pero eso no ha impedido a los detractores arrojar una luz negativa sobre la legalización. Aunque California ingresa ahora unos 1.000 millones de dólares al año por la venta de marihuana, cada vez son más frecuentes los titulares sobre la caída de los ingresos como consecuencia de la bajada de los precios y la reducción del consumo. En otras palabras, al principio se temía que demasiada gente empezara a consumir marihuana si se legalizaba. Y ahora preocupa que la consuman muy pocos.

Colorado, el primer estado de la nación que ha legalizado la marihuana para uso recreativo, está viendo un tipo similar de decepción como esta historia local de la CBS titulada, "La escasez de ingresos por impuestos sobre las ventas de marihuana en Colorado afectará a las personas sin hogar de Aurora" - como si los impuestos del cannabis fueran responsables de crear y mantener una crisis de personas sin hogar en lugar de un capitalismo depredador. (Según el Common Sense Institute, en Aurora hay más personas sin hogar porque "[l]a asequibilidad de la vivienda en Colorado ha caído en picado, los niveles generales de precios están en máximos históricos debido a la inflación, y el inventario de viviendas del estado es peligrosamente bajo").

Lo que es fundamental examinar en términos de un resultado decepcionante de la legalización es el enriquecimiento desproporcionado de unos pocos privilegiados, en lugar de los que fueron históricamente perjudicados por la prohibición. La gran mayoría de los vendedores de cannabis son blancos, el mismo grupo demográfico que no sufrió las peores consecuencias de la penalización del cannabis.

Esto no es sorprendente dada la persistencia de un sistema de justicia penal racista y la brecha de riqueza racial en los EE.UU. Sin una intervención intencional para garantizar que los más perjudicados por la prohibición fueran los más beneficiados por la legalización, las fichas cayeron donde siempre lo hacen cuando se trata del capitalismo estadounidense: en el regazo de los ya privilegiados.

Incluso en estados como Illinois, donde la legalización se promulgó con la vista puesta en corregir los errores raciales, las ventas de cannabis no han contribuido sustancialmente a borrar la brecha de riqueza racial. Según Jocelyn Martínez-Rosales, que escribe en el South Side Weekly, "la legalización... no ha supuesto ganancias sustanciales para las comunidades negras y marrones más afectadas por su criminalización".

Al igual que la falta de vivienda en Colorado es el resultado de un capitalismo depredador y de la falta de voluntad de los funcionarios electos para intervenir financieramente con el fin de alojar a la gente, los beneficios financieros de la legalización del cannabis pueden, y seguirán siendo desiguales sin una intervención concertada.

Un modelo de intervención eficaz es la ciudad de Evanston, en Illinois, famosa por ser la primera del país en promulgar un programa de reparaciones para sus residentes negros en forma de dinero en efectivo para la adquisición de viviendas y, con el tiempo, para el desarrollo de empresas dirigidas por negros.

Estas reparaciones, introducidas por la entonces concejal Robin Rue Simmons en 2019, estaban específicamente dirigidas a reparar el daño histórico. Rue Simmons dijo: "Todos sabemos que el camino hacia la reparación y la justicia en la comunidad negra va a ser una generación de trabajo. Van a ser muchos programas e iniciativas, y más financiación". Las reparaciones de Evanston se financian en gran parte con los impuestos sobre las ventas de marihuana, porque, según el ayuntamiento, "[N]o hay lugar más apropiado para utilizar el impuesto sobre las ventas de esa industria".

Cuando los ingresos fiscales procedentes del cannabis no fueron suficientes para financiar totalmente las reparaciones previstas por Evanston, en lugar de alzar las manos y aceptarlo como algo inevitable, los funcionarios municipales simplemente añadieron los ingresos fiscales de un segundo dispensario para compensar el déficit.

Imaginemos que aplicáramos este enfoque a todos los males sociales. Por ejemplo, Aurora, Colorado, podría simplemente decidir no tolerar el hecho de que tantas personas sigan sin vivienda y encontrar otras fuentes de ingresos para compensar el déficit de impuestos sobre el cannabis.

Llevando este planteamiento a su conclusión lógica, los funcionarios locales, estatales y federales podrían intervenir allí donde el capitalismo depredador y los sistemas racistas de justicia penal devastan a las comunidades de color y a otras.

Hay muchas lecciones que aprender de nuestra evolución colectiva en el tema de la marihuana, siendo la más importante que las desigualdades sociales y económicas no son difíciles de abordar si hay voluntad política. El problema no es (y nunca fue) la marihuana. Es (y siempre fue) el capitalismo racial. Eso es algo que el gobierno de Biden haría bien en tener en cuenta al dar el siguiente paso hacia la relajación de las restricciones federales sobre la marihuana."

(Sonali Kolhatkar, Counter Punch, 19/03/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)

4.2.24

El deseo de ser clase media: por qué España es un lugar idóneo para la 'maría'... España dista mucho de sufrir los serios problemas que padecen Estados europeos como Países Bajos o Suecia, donde la penetración de las mafias es notable, ni tampoco cuenta con zonas socialmente desarticuladas, como las banlieues francesas, en algunas de las cuales son los traficantes los que dictan la vida cotidiana. Pero hay una serie de elementos preocupantes que ya están presentes... Esa parte de España poblada por polígonos semivacíos, por territorios que creyeron que iban a despegar y se quedaron detenidos, y cuya industria cerró, resulta especialmente atractiva para promover el cultivo de la marihuana... La economía de supervivencia se impone en zonas que ya están produciendo lumpenproletariado... este tipo de producción requiere de mano de obra barata y dispuesta, dueños de naves que no hacen preguntas y cobran en negro, electricistas que hagan los ajustes precisos y de personas que miran hacia otro lado. España tiene mucha gente en situación de necesidad y acostumbrada a los apaños... el cultivador se autopercibe como un empresario que ha ascendido socialmente y que no hace ningún mal, simplemente cultiva plantas... pero la ilegalidad supone ajustes de cuentas, intentos de robo o de quemar las cosechas ajenas, suponen armas de fuego y estar dispuesto a disparar (Esteban Hernández)

 "El papel de España como centro logístico de la droga, como lugar idóneo desde el que distribuir por Europa la mercancía, es bien conocido desde hace años. Además, el auge de la marihuana, en consumo y en precio, ha convertido a nuestro país en gran productor. La mancha se va extendiendo, con los peligros asociados a ella. El aumento de la criminalidad ligado a la marihuana es significativo, pero también lo son las señales, todavía incipientes, de que esas actividades ilícitas puedan acabar condicionando de forma definitiva la vida de las poblaciones en las que operan.

El cambio que se está produciendo en España queda reflejado en el libro Brots de narcosocietat (Ed. Columna), de la periodista especializada en información policial y judicial Fàtima Llambrich, en el que alerta del nuevo escenario en el que nos estamos adentrando. España dista mucho de sufrir los serios problemas que padecen Estados europeos como Países Bajos o Suecia, donde la penetración de las mafias es notable, ni tampoco cuenta con zonas socialmente desarticuladas, como las banlieues francesas, en algunas de las cuales son los traficantes los que dictan la vida cotidiana. Pero hay una serie de elementos preocupantes que ya están presentes.

Los factores esenciales

En esa escalada, es relevante el hecho de que España haya dejado de ser simplemente un lugar de tránsito y se haya convertido también en productor. Hay varios factores que hacen de nuestro país un lugar idóneo para el cultivo. Además de la situación geográfica, "los delincuentes valoran que la legislación española sea más laxa que otras europeas", asegura Llambrich, pero también que "contamos con un sistema industrial en desuso, con locales con instalaciones eléctricas ya realizadas y con polígonos semiabandonados", lo que proporciona una infraestructura que les resulta favorable. Como elemento final, también está el conocimiento del territorio, ya que "hay un historial amplio de organizaciones criminales que han operado aquí".

Sin embargo, de todos esos factores, hay uno que debe destacarse, porque es el que facilita que las organizaciones se extiendan aprovechando las facilidades que las zonas interiores ofrecen. Esa parte de España poblada por polígonos semivacíos, por territorios que creyeron que iban a despegar y se quedaron detenidos, y cuya industria cerró, resulta especialmente atractiva para promover el cultivo.

Esos lugares en declive tienen dificultades relevantes, que se dejan sentir en sus clases medias y en las populares, y que se aprecia especialmente en las dinámicas migratorias. Sus jóvenes suelen marcharse en busca de mejores opciones laborales, sobre todo a grandes ciudades, pero eso solo es posible para aquellos que cuentan con alguna formación y con ayuda familiar. Los trabajos poco cualificados no ofrecen los salarios precisos para mantenerse en una ciudad cara en la que hay que afrontar el coste de la vivienda. En consecuencia, parte de su población, sobre todo aquella con bajo nivel adquisitivo, se ve obligada a permanecer en zonas en las que los empleos son insuficientes. La economía de supervivencia se impone, a menudo a través de trabajos ocasionales, de empleos parciales en negro, de ayudas públicas o de una combinación de estas fuentes de ingresos. Y los hijos que tienen crecerán con esos problemas agravados. Son zonas que están produciendo lumpenproletariado.

La marihuana es otra cosa

La relación entre los ámbitos con menos recursos de la sociedad y el tráfico de drogas es directa. De esos sectores obtienen su mano de obra en la escala más baja. Algeciras o La Línea de la Concepción son un ejemplo de ello en España, pero es algo habitual en barrios de EEUU o de otros países de Europa, y un lugar común en ciertos estados latinoamericanos: personas pobres o muy pobres, que carecen de futuro, encuentran en la actividad delictiva un ascenso social directo que puede exhibirse en signos visibles: coches, fiestas, joyas, armas.

Lo de España con la marihuana es otra cosa, porque el productor autóctono tiene cada vez menos ese perfil. Su perspectiva vital es más la de la España del apaño, ese ir tirando al que se han acostumbrado, que el de los grandes sueños de riqueza. Describe Llambrich la experiencia de un productor que recibe entre 10.000 y 12.000 euros al trimestre, que no es una cantidad menor, pero que está muy alejada de un nivel de vida elevado. En la entrevista que realiza en el libro a un joven proveniente de un entorno desestructurado, cuya vida siempre había estado ligada a delincuencia menor, aparece esta mentalidad de un modo expreso: "Identifica su actividad actual como un modo de vida que le ha permitido un cambio social. Antes robaba un bolso y tenía que enfrentarse a la gente, y ahora es un empresario, que ya ha pasado por la época de dedicarse a cuidar la plantación. Tiene una vida fácil que le permite llegar a final de mes sin preocupaciones. Se autopercibe como un empresario que ha ascendido socialmente y que no hace ningún mal, simplemente cultiva plantas".

La tipología del cultivador no ofrece un perfil único: "Hay desde personas que tienen trabajo y que obtienen un extra con la producción de marihuana, hasta delincuentes con delitos menores que han cambiado de oficio. Les sale más a cuenta y las penas si les cogen son menores".

Un apaño más

El tipo de droga ayuda, porque la marihuana está más aceptada socialmente y se percibe como menos arriesgada: no parece lo mismo cultivar maría que vender heroína. Las vías de acceso a esta droga son más fáciles, y también, por esa informalidad, es más sencillo contactar con redes que compran la producción.

El problema último es que nunca es así. La ilegalidad implica violencia y desprotección, y eso no siempre se entiende de antemano, como le ocurrió a aquel pequeño camello que denunció a un policía que patrullaba a quienes le habían robado la mercancía. La ilegalidad supone ajustes de cuentas, intentos de robo o de quemar las cosechas ajenas, suponen armas de fuego y estar dispuesto a disparar. Y las consecuencias legales no son tan laxas: "Cuando los cultivadores son imputados por pertenencia a una organización suelen sorprenderse, porque ellos son simplemente agricultores. Pero pertenecen a una red que finalmente hace posible que su producción sea adquirida", afirma Llambrich.

En todo caso, este tipo de producción requiere de mano de obra barata y dispuesta, dueños de naves que no hacen preguntas y cobran en negro, electricistas que hagan los ajustes precisos y de personas que miran hacia otro lado. España tiene mucha gente en situación de necesidad y acostumbrada a los apaños, por lo que las tentaciones se multiplican cuando se considera la producción de marihuana como un extra o como una manera de llevar una vida más holgada. Es otro apaño más."                  (Esteban Hernández, El Confidencial, 04/02/24)

9.1.24

Drogas HHC: la marihuana “legal” que prolifera en tiendas, es decir, marihuana y hachís... Los productos de HHC, sustancia psicoactiva que sustituye al THC ilegal, se venden abiertamente en establecimientos físicos y online... mientras no haya una regulación de los productos de THC, probablemente seguirán surgiendo alternativas

 "“Todo esto coloca”, indica la dependienta de la tienda sobre los productos que ofrece. Flores y resinas de HHC, es decir, marihuana y hachís, pueden comprarse con toda normalidad en tiendas físicas y online. Como también pueden comprarse vapeadores o gominolas.

En la Unión Europea es ilegal la producción de cáñamo con una concentración de THC, la sustancia del cannabis que coloca, mayor de un 0,2% (aunque recientemente han aumentado el margen hasta el 0,3%) Por este motivo, el HHC se erige como sustituto y se vende abiertamente (y sin límite de concentración) en establecimientos bajo la atenta mirada de las autoridades europeas.  

El éxito del HHC es innegable. “Estamos viendo que está entrando de manera bastante salvaje”, asegura Mireia Ventura, coordinadora del servicio de análisis de Energy Control, un programa semipúblico de intervención en el ámbito de los consumos recreativos de drogas de la Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD).

Cualidades del HHC 

El HHC, o hexahidrocannabinol, es un cannabinoide semisintético; esto es que, aunque se puede encontrar de forma natural en las plantas, aparece en proporciones bajas, por lo que se crea o potencia en un laboratorio a partir de un proceso químico. Se vende como alternativa legal al cannabis de THC, aunque en realidad simplemente es alegal ya que no está fiscalizado, según explica Ventura. 

El informe de abril de 2023 Hexahidrocannabinol (HHC) y sustancias relacionadas, del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanía, expone que el HHC tiene efectos muy similares al THC, la principal sustancia psicoactiva del cannabis. 

Sin embargo, el estudio llevado a cabo por científicos italianos Síntesis y actividad farmacológica de los epímeros del hexahidrocannabinol (HHC), publicado en julio de 2023 en la revista científica Nature, revela que investigaciones tempranas sobre la actividad biológica del HHC en animales indican que “el HHC exhibió una menor actividad similar a la de la marihuana en comparación con el THC”. Es decir, que podría ser menos potente.

Los usuarios consultados por El Salto que han probado ambas sustancias indican que los efectos sí son similares: tanto los efectos físicos como ojos rojos o boca seca, como los mentales, como euforia, risa floja o alteración del tiempo. Sin embargo, algunos dicen que el HHC es menos potente que el THC y otros que más. “Depende de la concentración, cuanto más porcentaje de HHC, más coloca”, explica otro comerciante de este producto. 

Se pueden comprar productos con distintos porcentajes de pureza de HHC: desde el 5% en algunos aceites hasta el 99% en algunos vapers. “Los vapers son una pasada”, indica un consumidor habitual de HHC. Este formato es el más potente y a la vez el más discreto, puesto que apenas huele. 

“La concentración importa mucho, si tú tienes una sustancia que es menos potente, pero con una concentración muy alta, coloca más. Normalmente el THC en planta lo encuentras en concentraciones menores”, explica la experta de Energy Control.

Según el Informe Europeo sobre Drogas de 2023 del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanía, en el año 2021 el contenido medio de THC de la resina de cannabis era del 20 %, casi el doble que el de la hierba de cannabis, con un 9,5 %. El porcentaje de THC en resinas (hachís) oscila entre el 2% y el 32%, mientras que en la hierba el mínimo es del 2% y el máximo del 14%. 

Los productos de HHC (cogollos, resinas, gominolas, vapers) son más caros que sus homólogos de CBD, que es el cannabinoide no psicoactivo (o sea, que no coloca) que se vende también de forma legal en tiendas. Sin embargo, no tiene un precio mucho mayor que los de THC porque, en función de la cantidad, se pueden encontrar gramos por dos o tres euros. En la calle, la marihuana “tradicional” suele costar cinco euros el gramo, pero también puede llegar a los dos o tres euros si se compra en grandes cantidades. Por su parte, un gramo de CBD puede llegar a valer menos de un euro. 

Al contrario que los productos de THC y CBD, los de HHC no se venden diferenciando entre variedades indica o sativa, ya que “esta distinción solo es válida cuando hablas de plantas naturales y el HHC no proviene de una planta”, explica Ventura. Aunque sí se venden con nombres de variedades similares a los del THC y CBD, como Pineapple Haze o Cherry Kush. 

¿Cómo se crea? 

Según los mencionados expertos italianos en Nature, este compuesto se obtiene “mediante ciclación e hidrogenación del CBD”. Además, indican que “comúnmente se rocía o se mezcla con productos de cannabis comercializados” como en flores de CBD. 

Por otra parte, estos científicos señalan que el HHC no es nuevo, sino fue descrito por primera vez en 1940 por el científico estadounidense Roger Adams, miembro del Departamento de Química de la Universidad de Illinois.

Posibles riesgos de su consumo 

El informe sobre el HHC del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías destaca que las recientes investigaciones han encontrado algunos riesgos. Advierten que, dado que su producción “no necesariamente cumple con las ‘Buenas Prácticas de Fabricación’, las contaminaciones con residuos de extracción o subproductos sintéticos podrían plantear riesgos imprevistos. También pueden estar presentes trazas de metales pesados procedentes del catalizador utilizado para la hidrogenación”. 

“Al obtener el producto de la planta también puede haber metales pesados o pesticidas, pero no están en la misma concentración que si extraemos esta sustancia de manera sintética”, explica la coordinadora de Energy Control. Además, según la experta, también podría existir un potencial peligro en los líquidos utilizados para elaborar los vapers, “o sea, ya no es solo la sustancia per se, sino con qué la mezclas. Todo esto es muy nuevo, por lo tanto, no sabemos lo que puede ocurrir en el largo plazo”. 

Precauciones y recomendaciones de los expertos

Es difícil establecer unos criterios únicos puesto que la casuística es muy variable entre personas: depende de quién lo tome, cuándo, dónde, su estado en el momento de consumir, la vía de administración… Sin embargo, los expertos consultados por este diario destacan una serie de precauciones. 

En primer lugar, debido a sus riesgos y la falta de información, es mejor no consumir esta sustancia o hacerlo de manera esporádica, no convertirlo en algo rutinario. 

Con respecto a los vapers, es mejor elegir uno con una concentración no demasiado alta. Si se elige uno potente, es recomendable esperar entre calada y calada, incluso varios minutos, para que no “suba demasiado de golpe”. Aquellos que no sean consumidores habituales deben tener especial cuidado “normalmente con un tirito es más que suficiente”, indica uno de sus vendedores. 

También hay que tener cuidado al consumir el HHC por vía oral. Una gominola tarda en subir, especialmente después de comer que se puede demorar horas, por lo que hay que tener esto en cuenta para no confiarse y que suba cuando las circunstancias ya no son las propicias. 

Ante los efectos secundarios normales del consumo de cannabinoides, lo que se conoce como amarillo, blancazo, jari o pálida, como una bajada de tensión, las recomendaciones son las de siempre: poner a la persona en posición de seguridad si ha perdido la conciencia, subir las piernas o, si se está mareando, que esté en un sitio tranquilo y, si puede, que coma o beba algo. 

Detección del HHC en Europa y España 

Algunos establecimientos afirman vender productos de HHC desde 2020 o 2021. Aun así, el Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías indica que el HHC es el primero de su clase en haber sido notificado en la UE en mayo de 2022 y, desde octubre de ese mismo año, se monitoriza como una nueva sustancia psicoactiva (NSP) por el Sistema de Alerta Temprana (EWS) y es objeto de seguimiento intensivo con el fin de comprender mejor los posibles riesgos para Europa.

A 31 de marzo de 2023, veinte Estados miembros de la UE, incluyendo España, además de Noruega y Suiza, habían notificado identificaciones de HHC. Y, aunque en abril del mismo año el Observatorio advertía que el HHC aún no estaba controlado en la mayoría de los países europeos ni por el sistema de fiscalización internacional de drogas, varios países como Francia, Austria y Finlandia ya lo han prohibido.

En España varios medios se han hecho eco de su presencia durante los últimos años. En noviembre de 2022, La Voz de Cádiz denunció su comercialización en la ciudad, en junio de 2023 La Vanguardia lo encontró en Barcelona y, a comienzos de 2024, El Salto confirma su venta en tiendas madrileñas.

Nuevos cannabinoides

“Desde que se descubrió que con pequeñas modificaciones podían conseguirse moléculas con distintos efectos y que encima no estaban fiscalizadas, surgió un mercado que se aprovechó de esta circunstancia. Esto ha pasado todo tipo de sustancias: las anfetaminas, los psicodélicos, las benzodiacepinas, los opioides…”, explica Ventura. 

Los derivados sintéticos puros, como el JWH-18 que se detectó en 2008, “han dado muchos efectos secundarios que desagradan a los consumidores, por eso los semisintéticos están teniendo más éxito, especialmente después de la pandemia”, señala la coordinadora de Energy Control. 

En octubre de 2023, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) informó de que “desde 2022, un total de 26 países han notificado cuatro cannabinoides semisintéticos diferentes: hexahidrocannabinol (HHC), acetato de hexahidrocannabinol (HHC-acetato), hexahidrocannabiforol (HHCP) y  CBD hidrogenado o tetrahidrocannabidiol (H4-CBD)”. 

También se venden en tiendas, aunque es menos habitual, vapers con THCP, o tetrahidrocannabiforol, que es un tipo de cannabinoide que ha mostrado propiedades cannabimiméticas mucho más altas que las del THC, según un estudio sobre la sustancia publicado en la revista Nature en 2019. Es decir, que podría producir los mismos efectos, pero de forma más intensa. 

Al final, el mercado de las drogas es un mercado más, que se rige por las leyes de la oferta y la demanda. “Y en el caso del cannabis, hay mucha demanda”, recuerda la experta. 

Según el informe europeo sobre drogas de 2022, el cannabis es la sustancia ilegal más consumida de Europa. Los últimos datos del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones muestran que en nuestro país también: en 2022 el 40,9% de los adultos entre 15 y 64 años habían consumido cannabis alguna vez en la vida. Y el 10,6% en los últimos 12 meses.  

Profesionales del mundo del cannabis advierten que, mientras no haya una regulación de los productos de THC, probablemente seguirán surgiendo alternativas."               (Lara Zofio, El Salto, 07/01/24)

10.1.23

Los planes de legalización del cannabis en Alemania obligan a Bruselas a revisar su postura sobre la hierba

 "Es la hora de la verdad en Bruselas.

En octubre de 2022, Alemania presentó un audaz plan para legalizar totalmente el cannabis recreativo para mayores de 18 años. Pero las leyes de todo el bloque, desde el mercado único hasta el contrabando de drogas, amenazan con aguar la fiesta, a menos que Alemania consiga convencer a la UE para que se suba al carro.

La Europa socialmente liberal se ha mostrado tímida a la hora de legalizar el cannabis psicoactivo para uso recreativo. La droga está prohibida en casi todo el bloque y las pocas iniciativas de legalización son movimientos nacionales. Incluso el cannabis medicinal sigue estando fuera de la mesa en muchos países.

Ahora, el impulso de Alemania a favor de la legalización, liderado por la coalición progresista del semáforo actualmente en el poder, desafía a la UE a resolver exactamente cómo podría encajar la hierba recreativa en las normas del bloque.

Si la Comisión, que actualmente está realizando una revisión preliminar de la hoja de ruta de la marihuana de Berlín, desaprueba el plan, entonces Alemania "no desarrollará ningún proyecto de ley", dijo el ministro alemán de Sanidad, Karl Lauterbach, al presentar el proyecto de legalización en Berlín el 26 de octubre. Sin proyecto de ley no hay hierba legal.

Las palabras de Lauterbach demuestran que Alemania no hará realidad su ambiciosa visión sobre el cannabis -el cannabis procedente de cultivos controlados se venderá en tiendas autorizadas y se permitirán entre 20 y 30 gramos para consumo personal- sin la UE.

La pregunta es, ¿se adaptará Bruselas y allanará el camino para la legalización del cannabis recreativo en toda la UE? ¿O se esfumarán los planes de Alemania?

La UE se enfrenta a una tendencia mundial hacia la liberalización.

En la última década, varios países han liderado la legalización del uso recreativo y terapéutico: Canadá, México, Sudáfrica y Tailandia.

Ahora, Alemania quiere legalizar toda la cadena de valor de la producción de cannabis, lo que implica el cultivo, el refinamiento, el comercio y la venta. Es mucho más que el país europeo más favorable a la hierba, Holanda, donde sólo se tolera el punto de venta.

Y como Alemania quiere asegurarse de que sus planes de legalización se ajustan a la legislación de la UE, Bruselas debe reaccionar.

De momento, Alemania y la Comisión mantienen conversaciones preliminares intercambiando argumentos. El procedimiento de notificación oficial -una herramienta para que los gobiernos garanticen que su legislación respeta la legislación de la UE- empezará en 2023. Solo entonces, la Comisión comentará públicamente la posición de Berlín.

Tras el procedimiento de notificación, la Comisión podrá decir a los países miembros de la UE si piensa tratar el cannabis recreativo en el futuro y cómo: Qué se permitirá, cómo se regulará y cómo se gravará. 

¿Cómo están las cosas?

La UE restringe actualmente la mayoría de las iniciativas relacionadas con el cannabis recreativo. En virtud de una decisión del Consejo de 2004 sobre tráfico de drogas, muchas actividades relacionadas con la hierba están tipificadas como delito. Sin embargo, esto no se aplica a la marihuana medicinal.

Algunos países europeos se han acogido a esta exención médica, y 16 países de la UE permiten el uso de la sustancia psicoactiva con fines sanitarios. Algunos países, como los Países Bajos y Portugal, han ido más allá y han despenalizado el consumo recreativo de cannabis. Recientemente, Malta y Luxemburgo han emprendido políticas de legalización recreativa para uso personal, pero no han llegado a establecer un mercado recreativo legal, como quiere Alemania.

Mientras que los Países Bajos se han hecho un nombre por el consumo recreativo de cannabis, y el gobierno tolera la venta de hierba en los coffee shops, el cultivo y el comercio siguen estando prohibidos. Esto significa que el modelo holandés es técnicamente conforme a la legislación de la UE, pero ha creado un mercado negro al no estar regulada la producción. 

¿Cuál es la competencia de Bruselas?

Dado que el cultivo de cannabis es actualmente ilegal en la UE, los planes de legalización de Alemania requerirían un cambio en la legislación comunitaria. El gobierno alemán ha dicho que está comprometido "con cambios/actualizaciones individuales a nivel de la UE", para acomodar su política.

Sin embargo, Bruselas debe equilibrar muchos objetivos: mantener la integridad del mercado único, proteger el Estado de Derecho, respetar los intereses de los países fronterizos y garantizar el futuro de la política antidroga de la UE.

El tráfico de drogas será una gran preocupación. El Acuerdo de Schengen de 1985, que eliminó las fronteras nacionales, compromete a los signatarios, entre ellos Alemania, a "impedir la exportación ilícita de estupefacientes de todo tipo, incluidos los productos derivados del cannabis, así como la venta, adquisición y distribución de dichas drogas". Los nueve países vecinos de Alemania forman parte de Schengen.

Pero este es un terreno nuevo para la UE, ya que no hay precedentes de que un país miembro establezca un mercado para una sustancia que antes estaba prohibida en el espacio Schengen. Los países fronterizos prestarán especial atención a la postura de la Comisión al respecto, y es probable que las posturas liberales y prohibicionistas entren en conflicto.

¿Hay problemas de salud?

El bienestar y la salud pública son dos de los objetivos de la actual Estrategia Antidroga de la UE, por lo que, además de las cuestiones jurídicas y normativas, Berlín debe abordar cuestiones de salud pública.

Consumir cannabis "no suele plantear problemas" para los adultos siempre que el consumo sea "ocasional", según declaró el Ministerio de Sanidad alemán a POLITICO. De hecho, los principales riesgos provienen de la hierba no regulada y de mala calidad y de la falta de protección de los niños, añadió el ministerio, dos aspectos que Berlín espera frenar con la legalización. Berlín también está llevando a cabo una evaluación del impacto del consumo de cannabis en los países donde es legal, cuyos resultados se esperan para principios de 2023.

Sin embargo, las propias conclusiones de la UE demuestran riesgos para la salud. Según el último Informe Europeo sobre Drogas, el cannabis representó el 45% de todas las personas que iniciaron por primera vez un tratamiento especializado contra las drogas en Europa en 2020. En cifras absolutas, son 43.000 personas. Según el mismo informe, 22 millones de europeos consumirán cannabis en 2021.

Los resultados del otro lado del Atlántico muestran que la legalización también impulsa el consumo. En Norteamérica, los adultos más jóvenes tienden a consumir productos de cannabis más potentes después de la legalización, según el Informe Mundial sobre las Drogas 2022 de la ONU.

¿Quién podría ser el próximo?

Si la Comisión da luz verde al plan de Berlín, Alemania podrá seguir adelante con la legalización, una medida que podrían seguir otros países europeos. El partido finlandés Liga Verde, por ejemplo, mencionó en su plataforma que "utilizará [las] experiencias de Alemania" para sus propias políticas sobre la hierba en el futuro.

"Piensa en ello como si cayeran fichas de dominó", dijo Lewis Koski, director de estrategia de Metrc, un proveedor estadounidense de software de seguimiento y localización de cannabis, que sigue el debate en Bruselas y Berlín.

Incluso si la Comisión dice no a la hierba esta vez, las conversaciones sobre la liberalización del cannabis "motivarán a la UE a reflexionar sobre los cambios necesarios para permitirlo", añadió."             

(Louis Westendarp , POLITICO, 29/12/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

9.6.22

Más de 200.000 personas se podrán beneficiar de la legalización del cannabis medicinal en España... existe evidencia “rigurosa” para cinco indicaciones: inhibición de náuseas y vómitos en pacientes de cáncer; aumento de apetito y atenuación de pérdida de peso, sobre todo para enfermos de cáncer y sida; inhibición de dolor, especialmente crónico, ya sea neuropático, de tipo oncológico, migrañas o posoperatorios; inhibición de rigidez muscular, lo que puede tener utilidad en esclerosis, y acción inhibidora de convulsiones en epilepsias refractarias a otros tratamientos... Tanto para la esclerosis como para la epilepsia ya hay dos medicamentos derivados del cannabis en el mercado español... el público diana más numeroso serán los pacientes que sufren dolor crónico, que se calcula que afecta a ocho millones de personas. De ellas, casi 1,5 millones no tienen un tratamiento que les alivie, lo que les convertiría en potenciales beneficiarios

 "El cannabis medicinal está a un paso de aprobarse en España. Lo que no queda aún del todo claro es qué magnitud tendrá y en qué condiciones se podrán beneficiar los pacientes para los que esta sustancia puede estar indicada.

 Por la experiencia de otros países con larga tradición en su uso terapéutico, como Israel o Canadá, se calcula que en España podrían beneficiarse de su regulación más de 200.000 personas; sobre todo, para paliar dolores crónicos, el uso mayoritario, pero no legalizado todavía.

El Congreso de los Diputados está ultimando un informe para pedir al Ministerio de Sanidad que autorice la comercialización de derivados de la planta; y el Gobierno se comprometió a seguir sus recomendaciones. España se sumaría así a una cuarentena de países (diez en la Unión Europea) donde esto ya sucede. EL PAÍS ha hablado con algunos de los mayores expertos en la materia, consumidores y sociedades médicas sobre los pros y contras de esta nueva regulación.

Está muy equivocado quien piense que la comercialización del cannabis con fines terapéuticos se traducirá en que el médico puede firmar una receta que permita a alguien comprar marihuana para fumarse un porro. También quien imagine que podrá recurrir a esta sustancia para cualquier dolor. Su uso quedará muy tasado, incluso excesivamente, en opinión de los defensores de su utilización médica.

El borrador del informe solo contempla que se dispense en farmacia hospitalaria, ya sea con fórmulas magistrales o, preferentemente, medicamentos industriales que ya existen, pero que no están aprobados en España. De ahí, parece descartada la autorización a la inhalación de la flor, aunque es algo que no queda del todo claro. Es un método que vaporiza la sustancia a una temperatura menor que la combustión (lo que sería fumar, que está completamente descartado) y puede proporcionar un alivio casi inmediato del dolor, lo que se conoce como una dosis de rescate.

¿A quién puede ayudar el cannabis medicinal? Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid, y una de las voces autorizadas en la materia en España, aclara que no es un producto milagroso. “Es un medicamento con sus ventajas, que puede mejorar la calidad de vida para personas a las que no les funcionan otros, pero también con sus posibles efectos secundarios”, matiza.

Los estudios con cannabis tienen ciertas limitaciones, por no ser una sustancia legal y porque, al no ser patentable, las farmacéuticas no suelen estar interesadas en hacer grandes ensayos clínicos. Hasta ahora, existe evidencia “rigurosa”, en palabras de Guzmán, para cinco indicaciones: inhibición de náuseas y vómitos en pacientes de cáncer; aumento de apetito y atenuación de pérdida de peso, sobre todo para enfermos de cáncer y sida; inhibición de dolor, especialmente crónico, ya sea neuropático, de tipo oncológico, migrañas o posoperatorios; inhibición de rigidez muscular, lo que puede tener utilidad en esclerosis, y acción inhibidora de convulsiones en epilepsias refractarias a otros tratamientos.

La nueva norma no permitiría que estos pacientes acudieran al cannabis como primera opción. Guzmán cree que a priori pueden ser un tratamiento de segunda línea, una vez que han fallado los más convencionales. La Sociedad Española del Dolor (SED) lo contempla para una tercera, al mismo nivel de los opioides, a los que se recurre cuando han fallado analgésicos menos potentes o incluso antidepresivos, en algunas dolencias.

El borrador del informe, además, restringe a tres los supuestos de uso: “Las indicaciones para las que parecen existir indicios más sólidos de utilidad del uso del cannabis o sus productos son limitadas. En el momento actual parecen concentrarse en la espasticidad en pacientes con esclerosis múltiple, algunas formas de epilepsia, y el dolor crónico no oncológico (incluido el dolor neuropático)”. Esto dejaría fuera a los pacientes con cáncer, tanto para tratar el dolor como para mejorar el apetito, un error, al parecer de Guzmán, quien considera que podrían ser uno de los grandes grupos beneficiados y que sí pueden ser tratados con cannabis en otros países donde está regulado su uso, como Canadá o Alemania.

 Tanto para la esclerosis como para la epilepsia ya hay dos medicamentos derivados del cannabis en el mercado español. La principal novedad y el público diana más numeroso serán los pacientes que sufren dolor crónico, que se calcula que afecta a ocho millones de personas. De ellas, casi 1,5 millones no tienen un tratamiento que les alivie, lo que les convertiría en potenciales beneficiarios, según explica Jesús de Santiago, coordinador del Grupo de Trabajo de Cannabinoides de la SED. Pero los requisitos para acceder a estos medicamentos, que tienen que estudiarse en cada paciente, lo reducen a un porcentaje menor de la población. En Israel y Canadá lo usan entre un 0,6% y un 0,7% de sus habitantes, lo que llevado a España se quedaría en más de 200.000 personas. En Alemania, que reguló el cannabis medicinal en 2017, lo consumen 128.000 personas al año, pero más de un millón tendrán acceso a estos fármacos en 2024, según la revista Forbes.

Sin embargo, la regulación española, por lo que se desprende del borrador, será algo más restrictiva que en estos países. Como están haciendo otros estados europeos, están explorando un universo que hasta ahora estaba vetado, y se hará poco a poco. “Se trata de un primer paso. Creemos que es bueno que se usen fármacos que puedan ser administrados como un medicamento cualquiera para facilitar su uso. Se debe permitir que el médico especialista pueda recetar una dosificación correcta, así que lo más aconsejable es prescribir fármacos comerciales con distintas concentraciones de CBD o THC (los dos principales principios activos del cannabis)”, expone De Santiago.

No en farmacias comunitarias

Uno de los puntos del borrador que suscita más rechazo entre pacientes y expertos es que el cannabis solo se pueda dispensar en farmacia hospitalaria. “El paciente ya va a tener que cumplir un montón de requisitos de no contraindicaciones y licencias. Una vez que se le autoriza, ¿le vas a poner más trabas?”, se pregunta De Santiago. La norma será una “burocratización” del uso, en palabras de Rafael Maldonado, catedrático de Farmacología de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y experto en cannabis medicinal.

Maldonado es partidario de una regulación más amplia: “Ya tenemos medicamentos para dos de los supuestos que contempla el borrador, para eso no hace falta una comisión del Congreso. La idea es que más pacientes a los que no les vale nada tengan una oportunidad. Es cierto que la evidencia del cannabis tiene limitaciones. Pero no se puede tratar como cualquier fármaco porque ninguna farmacéutica va a hacer ensayos clínicos. Estaríamos cerrando la puerta a una opción que puede ser muy buena y cuyo perfil de seguridad sí conocemos bien”.

Coincide en este punto de vista Carola Pérez, presidenta del Observatorio Español del Cannabis Medicinal, que aúna investigadores y asociaciones de pacientes. “Por lo que sabemos del borrador, deja a muchos potenciales beneficiarios fuera. Cuanto más restrictivo sea el modelo, más gente volverá al mercado negro”, señala.

La Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria dice estar preparada para formular estos nuevos compuestos, pese a que se trata de sustancias con las que los profesionales no vienen trabajando hasta ahora. “Si no es un número muy elevado de pacientes, es asumible hacer formulaciones como ya hacemos con la metadona”, asegura Olga Delgado, su presidenta.

La otra gran polémica sobre el cannabis son sus contraindicaciones. Uno de los comparecientes en la subcomisión del Congreso fue Néstor Szerman, presidente Fundador de la Sociedad Española de Patología Dual, centrada en las patologías mentales y las adicciones. Desde su punto de vista, el debate del cannabis medicinal (también el recreativo) es muy complicado. Cree que está muy polarizado: “Quienes están a favor suelen exagerar sus beneficios y los que están en contra, sus peligros. También hay una ideologización. Parece que estar a favor del cannabis medicinal es de izquierdas y en contra, de derechas, algo que es completamente absurdo”.

Porque el cannabis, que puede mejorar las vidas de ciertos pacientes, también tiene sus efectos secundarios. “El THC es una de las sustancias con mayor capacidad para producir patologías psicóticas. Tenemos claro también que el cannabis no es ni necesario ni suficiente para tener psicosis, pero en personas vulnerables aumenta el riesgo”, apunta Szerman. (...)

Szerman cree, sin embargo, que los profesionales se van a tener que adaptar a esta nueva realidad: “Es una demanda social que se está instaurando en cada vez más países. Hay que enfrentarse a esa realidad. Los profesionales de salud mental debemos estar preparados para lo que la sociedad demanda. También podríamos pedir que se prohíban sustancias como el alcohol, que genera grandes problemas, pero no lo hacemos: nos enfrentamos a ello”. Y el cannabis terapéutico es, desde su punto de vista, solo un primer paso, al que seguirá más tarde o más temprano el uso recreativo de esta sustancia. Ese será otro debate."            (Pablo Linde , El País, 07/06/22)

22.10.21

Certezas e incertidumbres sobre la legalización del cannabis

 "El cannabis es la tercera sustancia psicoactiva más consumida en España tras el tabaco y el alcohol. El porcentaje de personas entre 15 y 64 años que afirmaban haber fumado marihuana se incrementó del 14,5 al 37,5 % entre 1995 y 2019. Las cifras son considerable más altas entre la población más joven.

Existen estimaciones recientes que colocan el gasto anual en hachís en España en el entorno de los 1 500 millones de euros. Como en otros países, la mayor parte del mismo corresponde a los usuarios regulares y experimentados.

La tolerancia social y legal con el alcohol y el tabaco contrasta con las fuertes limitaciones existentes sobre el consumo de marihuana. Las normas de España restringen notablemente incluso su uso terapéutico. No obstante, el Código Penal español no tipifica como delito la posesión y cultivo de cannabis para el propio consumo. Asimismo, en una llamativa zona gris, este andamiaje legal coexiste con la presencia de clubes de fumadores de esta sustancia.

El debate sobre avanzar hacia una mayor liberalización del consumo de cannabis ha resurgido con enorme fuerza en 2021. Tres grupos políticos –Más País, ERC y Unidas Podemos– han lanzado ambiciosas propuestas de legalización para uso medicinal y recreativo. La primera de ellas fue rechazada por el Parlamento el 19 de octubre. Es probable que las demás corran la misma suerte. La aplicación con fines terapéuticos parece suscitar un amplio consenso social. En cambio, la opinión pública se encuentra dividida en relación a su postura sobre la liberalización del uso lúdico de esta sustancia. Estas líneas abordan la segunda y más controvertida de las cuestiones.

Pros, contras y muchas incógnitas por despejar

La discusión sobre la regulación del uso recreativo de esta sustancia no puede limitarse únicamente al ámbito sanitario. La trascendencia del consumo de cannabis traspasa los costes y beneficios sobre los usuarios. El uso lúdico de marihuana alcanza el ámbito sanitario, educativo y laboral.

Esta discusión adolece de un altísimo grado de incertidumbre por el hecho de que la marihuana sea ilegal. Por un lado, esta circunstancia reduce la calidad de los datos disponibles (por ejemplo, la prevalencia del consumo y precios de la sustancia), en gran medida limitada a encuestas. Por otra parte, lógicamente, suprime casi completamente la posibilidad de obtener evidencia sólida a través de experimentos aleatorios controlados.

De este modo, la ambición de estas líneas pasa por apuntar los principales aspectos a considerar en el debate sobre la regulación del consumo de esta sustancia.

La principal preocupación asociada a una mayor liberalización del cannabis viene dada, indudablemente, por el potencial incremento del consumo. En este sentido, el precio del producto en el nuevo mercado ocupa un rol principal. Una legislación más tolerante, en principio, reducirá los costes de acceso a la sustancia. En particular, elimina la probabilidad de sanción al acudir al mercado (legal).

Asimismo, puede incrementar la tolerancia social hacia su consumo. Sin embargo, las autoridades pueden influir en el precio a través de los impuestos sobre la venta de marihuana. El gravamen, si nos guiamos por la experiencia con otras drogas legales, puede ser elevado.

Sobre el mercado del cannabis legal

De esta forma, existe una enorme incertidumbre sobre hasta qué punto la legalización del uso lúdico del hachís puede elevar su demanda y qué parte del mercado absorberá el cannabis legal. Experiencias recientes en Estados Unidos, Chequia o Australia sugieren descartar incrementos desproporcionados del consumo. No obstante, en algún caso apuntan a una reducción en la edad de inicio de experimentación con el hachís.

Este punto entronca con los efectos del consumo de la sustancia sobre el propio usuario y el resto de la sociedad. La investigación en esta área está plagada de problemas. El marco legal del cannabis hace que ser fumador de marihuana diste de ser aleatorio. Así, por ejemplo, existe una fuerte asociación con el consumo de otras sustancias psicoactivas como el tabaco o la participación en actividades ilícitas. Esto hace que resulte complicado determinar separar el impacto del consumo de esta sustancia de terceras variables en el bienestar individual.

Por ello, parte importante de los estudios de interés se han llevado a cabo en Países Bajos. La posibilidad de acceso legal a pequeñas cantidades en los famosos coffee shops (bares donde se vende cannabis) permite a los investigadores establecer relaciones causales más sólidas.

Aunque nuestro conocimiento resulte imperfecto, la literatura sugiere que el consumo de marihuana afecta negativamente, y de forma causal, al rendimiento educativo y, especialmente entre los grandes consumidores, a la salud física y mental. Así, una mayor prevalencia elevaría la factura sanitaria.

Conviene recordar, no obstante, que los efectos negativos de esta sustancia se consideran inferiores a los inducidos por tabaco o alcohol. Al mismo tiempo, no parece afectar de forma relevante a la productividad y salario del trabajador. Existe, además, alguna evidencia que sugiere que el hachís puede actuar como puerta de entrada a otras drogas más duras.

Su relación con otras sustancias constituye, también, objeto de discusión. El consumo de marihuana parece sustituir parcialmente al de alcohol y existen dudas de si esto se produce (o, al contrario, complementa) en el caso del tabaco.

Al margen de la satisfacción que puede obtener el consumidor de cannabis, existen argumentos que apoyan que un marco más liberal proporciona herramientas para combatir estos efectos negativos asociados al consumo. En primer lugar, las políticas de prevención de un ámbito político a uno sanitario, que compartiría con el tabaco. Estas se han mostrado, como sabemos, efectivas.

Asociación con otras drogas más duras

En segundo término, podría facilitar la separación del consumo de cannabis de otras drogas más duras. Esta asociación, frecuentemente, responde a que los vendedores, con bastante asiduidad, ofertan más de una sustancia. Al regular la producción de la marihuana, el acceso al cannabis y a otras drogas podría situarse en planos distintos.

Una tercera razón se vincula a que los efectos negativos del cannabis sobre la salud parecen tener relación causal con su composición química. Un marco para la producción legal y regulada (por ejemplo, bajo licitación) puede facilitar el control de este aspecto y limitar los daños a la salud.

Los defensores de la legalización se apoyan a menudo en la posible reducción de las actividades criminales y de las políticas represivas. Sin embargo, los resultados de algunas investigaciones centradas en Estados Unidos no avalan esta hipótesis.

En este ámbito, en cualquier caso, conviene recordar que el crimen asociado al mercado de hachís actúa, fundamentalmente, desde el lado de la oferta. En este sentido, existe un amplio consenso sobre que las consecuencias del consumo de esta sustancia son muy inferiores a las que acarrea el alcohol, fuente mucho más relevante de delitos violentos.

Desde esta misma perspectiva, la legalización representa una potencial oportunidad de incrementar los recursos fiscales a través de la imposición. En cualquier caso, debemos ser cautos y no sobrestimar esta potencial ventaja. La legalización del uso recreativo del hachís puede inducir una caída del consumo de alcohol y tabaco y, por lo tanto, de los ingresos fiscales asociada a estos rubros.

Son varias las voces que en España apoyan una finalidad de la eventual recaudación fiscal vinculada al cannabis. Concretamente, sugieren canalizar estos recursos hacia el sistema sanitario. Resulta dudoso que esta sea una forma adecuada de abordar las prioridades de inversión social. En cambio, parece más razonable determinar primero si precisamos mayores ingresos fiscales y, en segundo término, asignar estos a las áreas de mayor impacto sobre el bienestar social, con total independencia del debate sobre el cannabis.

El aspecto ambiental se ha incorporado al debate en los últimos tiempos. La producción ilegal de cannabis se realiza fundamentalmente bajo techo y en bosques. La regulación de esta actividad (producción bajo licitación de grandes productores) podría contribuir a reducir la huella ecológica y, quizás, promover un uso más razonable y adecuado de la electricidad que el que suele vincularse a la producción ilícita.

Por una discusión racional y sin prejuicios

A los lectores y los periodistas posiblemente no les entusiasmará escuchar que los interrogantes superan ampliamente las certezas. Algunos estudios estiman importantes beneficios de la legalización para la sociedad. Otros no encuentran apenas diferencias entre el saldo de la política de legalización y de prohibición.

De forma simultánea, esta incertidumbre no asegura que el statu quo derivado de la inacción no resulta necesariamente superior al cambio. Un régimen de prohibición no debe llevar a ignorar una realidad existente. Afrontemos al menos una discusión madura, informada, libre de prejuicios y basada en la (muy imperfecta) evidencia empírica."                        

(Profesor Titular de Economía, Universidad de Salamanca, The Conversation, 20/10/21)

23.4.21

Un tetrapléjico con dolor crónico: “Pido marihuana para tener una vida digna”. El gallego Juan Manuel Rodríguez Gantes solicita a Sanidad una licencia para cultivar cánnabis porque es lo único que alivia su sufrimiento físico

 "Juan Manuel Rodríguez Gantes consume entre 30 y 50 gramos de marihuana al mes “para tener una vida digna”. Este gallego de 49 años, tetrapléjico desde hace 30, asegura que solo el cánnabis consigue erradicar de su cuerpo los fuertes y crónicos dolores que padece. No puede cultivarlo para su consumo porque la residencia pública de discapacitados en la que vive no se lo permite y está condenado a acudir al mercado negro.

 “Me puedo llegar a gastar hasta 400 euros al mes, más de la mitad de mi pensión, y la maría que me venden unas veces es buena y otras, mala”, explica. “Con la pandemia, para colmo, hay menos cantidad y han subido los precios: este año me he tirado temporadas aguantando el dolor por no poder conseguirla”.

 Cultivar cánnabis para consumo propio está despenalizado en España, pero no es una salida para Rodríguez Gantes porque reside en el Centro de Atención a Personas con Discapacidad Física de Ferrol, dependiente del Imserso. 

En 2012 montó en su cuarto una pequeña plantación dentro de un armario de cultivo (un invernadero pequeño para cultivo en interiores), pero no llegó ni a la segunda cosecha. La dirección del centro lo denunció y, como en aquella época no podía desplazarse, acabó declarando ante el juez postrado en la cama y acusado de un delito contra la salud pública.

Aquel procedimiento fue archivado por tratarse de un cultivo para autoconsumo y el juez dio un consejo extraoficial a Rodríguez Gantes para ahorrarse problemas en el futuro: “Me dijo que no volviera a hacerlo en un centro público, que me buscase una casa particular”.

 Hace tres años recibió la visita en su residencia de varios agentes de la policía secreta. Le quitaron toda la marihuana que guardaba y le cayó una multa. “El acoso policial es tremendo. Por la calle tengo miedo de que me paren porque suelo llevar conmigo un canuto o dos. Y mientras, ni el Gobierno ni ninguna farmacéutica me dan una solución a mis dolores”.

 Para intentar liberarse de esta tensión añadida a su enfermedad, Rodríguez Gantes ha emprendido una lucha burocrática. Ha solicitado formalmente a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) una autorización para autocultivo de cánnabis con fines médicos. De este tipo de licencias disfrutan actualmente ocho empresas, aunque la ley de 1967 que regula el cultivo de cánnabis prevé que puedan ser solicitadas también por particulares.

La petición de Rodríguez Gantes incluye varios informes médicos sobre cómo el consumo de cánnabis ha mejorado su estado de salud. El paciente, argumenta el documento, ha encontrado “el nivel de consumo adecuado” para paliar no solo la rigidez, los calambres y los espasmos que le provoca la lesión en su médula espinal, sino también la ansiedad, el insomnio y el bajo estado de ánimo que arrastraba a consecuencia de los dolores. Antes de la marihuana, este tetrapléjico gallego tomaba hasta 40 pastillas para sobrellevar el sufrimiento y padecía multitud de efectos secundarios como vértigos y somnolencia, relata. Con el cánnabis, la ingesta de comprimidos ha bajado a una docena y ha recuperado la lucidez que le permite disfrutar de un día a día “más o menos normal”.

La AEMPS, sin embargo, ve un encaje “muy difícil” a su solicitud. El organismo dependiente del Ministerio de Sanidad sostiene que como en España no está permitido el uso de cánnabis medicinal, no es posible autorizar el autoconsumo con esta finalidad. Quienes obtienen una de sus licencias para cultivar la planta con fines médicos, esgrime la agencia, están obligados a exportar la cosecha “a países donde se hayan establecido programas de uso médico”.

 

Héctor Brotons, abogado de Rodríguez Gantes, critica que la regulación del cánnabis medicinal en España es “incompleta, ambigua y restrictiva” y sus carencias obligan a “innumerables” enfermos a utilizar vías “oficiosas” para acceder a la planta. La ley se basa en una norma aprobada en plena dictadura franquista, la Ley 17/1967, que incorporó a la legislación española un convenio de 1961 de la ONU sobre estupefacientes que ya ha sido modificado. “Debería actualizarse”, reclama este abogado especializado en derecho penal, salud pública y políticas sobre cánnabis, que apela a los derechos humanos: “No es solo una cuestión de salud, sino también del derecho de cada persona a proteger su salud como considere. La dignidad forma parte de la salud y los convenios de derechos humanos están por encima de los convenios contra la droga”. Hace poco más de un año la industria del cánnabis medicinal se reunió en Madrid y también reclamó al Gobierno su legalización.

La AEMPS defiende que en casos como el de Rodríguez Gantes lo ideal sería usar medicamentos elaborados con cánnabis. “Permitir que los particulares cultiven cánnabis para consumo personal con fines médicos puede presentar riesgos para la salud”, sostiene. La agencia aduce que el proceso de aprobación de un medicamento es el que garantiza que existen “evidencias científicas de la relación beneficio-riesgo”, proporciona “una calidad constante y contrastada por un fabricante autorizado” e incorpora “mecanismos de supervisión” a través de la farmacovigilancia. Su prescripción, agrega, conlleva además un seguimiento por parte de un facultativo.

El abogado de Rodríguez Gantes responde que en España solo existe un fármaco aprobado que se elabora con cánnabis, el Sativex, y lograr su prescripción no es fácil. Según la ficha técnica de la propia AEMPS, está indicado para mitigar los espasmos y la rigidez muscular que provoca la esclerosis múltiple. “La situación legal y administrativa en la que se encuentra el cánnabis en el Estado español impide que los especialistas de la salud puedan referenciar tratamientos a pacientes y usuarios como Juan Manuel y, consecuentemente, impide poder tenerla como una alternativa a la medicina y opiáceos tradicionales”, señala la solicitud de licencia de Rodríguez Gantes. (...)"                   (Sonia Vizoso, El País, 20/04/21)