Mostrando entradas con la etiqueta b. Imperialismo americano: bloqueos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta b. Imperialismo americano: bloqueos. Mostrar todas las entradas

5.7.26

Devuelvan la riqueza robada a Venezuela para una recuperación total tras el terremoto... Para que Venezuela pueda reconstruirse y recuperarse de este desastre, exigimos de Estados Unidos: El levantamiento total y permanentemente todas las sanciones contra Venezuela... La devolución de los ingresos petroleros de Venezuela al gobierno venezolano... El descongelamiento de todos los activos venezolanos en el extranjero, incluyendo miles de millones en oro y otras divisas depositadas en el Banco de Inglaterra y otros lugares... La liberación del presidente Nicolás Maduro y a la primera dama Cilia Flores de la cárcel estadounidense donde se encuentran detenidos ilegalmente como presos políticos... y la abstención de usar la ayuda humanitaria como pretexto para la ocupación militar... Es hora de devolver a Venezuela lo que le pertenece por derecho ( Jill Clark-Gollub)

"Tras los devastadores terremotos, y para lograr una recuperación completa, “Es hora de devolver a Venezuela lo que legítimamente le pertenece”. SanctionsKill/Americas Without Sanctions invita a activistas y organizaciones de solidaridad internacional a firmar y compartir la siguiente declaración aquí.

Extendemos nuestra más sincera solidaridad y condolencias al pueblo venezolano mientras afronta la tragedia humana causada por los dos terremotos del 24 de junio de 2026. Aplaudimos la ayuda de emergencia para rescatar a quienes quedaron atrapados bajo los escombros y atender las necesidades de las víctimas sobrevivientes.

Este desastre natural se suma a la invasión estadounidense y el secuestro del presidente en enero, varios meses de ejecuciones extrajudiciales en aguas territoriales venezolanas, años de sanciones estadounidenses letales y el robo de los activos venezolanos en el extranjero.

Para que Venezuela pueda reconstruirse y recuperarse de este desastre, exigimos que Estados Unidos:

- Levantamiento total y permanentemente todas las sanciones contra Venezuela;

- Devolver los ingresos petroleros de Venezuela al gobierno venezolano;

- Descongelar todos los activos venezolanos en el extranjero, incluyendo miles de millones en oro y otras divisas depositadas en el Banco de Inglaterra y otros lugares;

- Liberar al presidente Nicolás Maduro y a la primera dama Cilia Flores de la cárcel estadounidense donde se encuentran detenidos ilegalmente como presos políticos; y

- Abstenerse de usar la ayuda humanitaria como pretexto para la ocupación militar.

La supuesta amistad del gobierno estadounidense con Venezuela resulta vacía, tras años de sanciones y agresión militar que han causado decenas de miles de muertes. La ayuda estadounidense para la reconstrucción será insignificante comparada con el enorme robo que ha perpetrado contra el país mediante el hurto de activos y las sanciones. Lo que Venezuela necesita para la reconstrucción tras el terremoto es la devolución de los miles de millones de dólares que el gobierno estadounidense y sus aliados han robado.

Es hora de devolver a Venezuela lo que le pertenece por derecho.

 ( Jill Clark-Gollub , Scheer Post, 04/07/26, traducción google)  

El fin del siglo americano. El siglo estadounidense termina en 2026 no con una explosión, sino con un desvanecimiento gradual... La Pax Americana no era paz. Era un orden. Un orden impuesto, codificado y santificado por la victoria de 1918, y luego consolidado sobre las ruinas humeantes de 1945... ha naufragado en las aguas de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, obligando a Washington a aceptar un acuerdo de capitulación ante Teherán... El colapso no se debió únicamente a la derrota militar (Vietnam, Afganistán, Irak, Ucrania, Irán, etc.), sino a la acumulación silenciosa de contradicciones que el imperio estadounidense albergaba en su interior: la arrogancia jurisdiccional, la lógica de la depredación económica y el reflejo de las guerras subsidiarias. Estos tres pilares, otrora fuentes de poder, se convirtieron en aceleradores de la decadencia... La extraterritorialidad del derecho estadounidense —este autoproclamado derecho a sancionar, congelar activos, procesar y condenar a entidades soberanas extranjeras— constituye la forma más avanzada de colonialismo contemporáneo... Le sigue la depredación económica. Las multas ascienden a miles de millones. Le siguen las adquisiciones forzosas. La técnica está bien establecida: desestabilizar una empresa extranjera estratégica, exprimirla financieramente y luego recomprarla a precio de ganga. Es depredación disfrazada de procedimiento legal. Es saqueo con toga negra... La guerra subsidiaria de Ucrania ha revelado el funcionamiento interno del poder estadounidense, el de transformar poblaciones enteras en carne de cañón geopolítica. Cientos de miles de ucranianos muertos para debilitar a Moscú... Lo que Washington no previó fue la madurez política del Sur Global... Los países BRICS+ representan ahora más del 45% del PIB mundial en paridad de poder adquisitivo. La desdolarización avanza. La oleada de solidaridad del Sur Global no es ideológica. Es pragmática. Y Washington no sabe cómo responder al pragmatismo (Mohamed Lamine Kaba)

"En efecto, desde Roma hasta Londres, pasando por Bizancio y Viena, todas las superpotencias han compartido la misma ilusión de permanencia. Dotadas de poder hegemónico en un momento dado de la historia mundial, cada una creyó poseer el mundo para siempre. Cada una también llevó consigo, desde su apogeo, las semillas de su caída: la arrogancia militar, la depredación económica de las periferias y la incapacidad de reformular un contrato global aceptable. La Pax Romana se derrumbó bajo el peso de sus legiones sobreextendidas. La Pax Britannica expiró en Suez en 1956, humillada por su propia creación estadounidense. La Pax Americana no está exenta de esta ley de hierro de la historia, que culminó con la toma del poder por Teherán y el entierro de la ilusión de la Pax Judaica. Hoy agoniza bajo la mirada lúcida de un Sur global que, por fin, se atreve a nombrar al imperio.

El imperio estadounidense llevaba dentro de sí sus propias termitas, o mejor dicho, las semillas de su propia destrucción: la arrogancia jurisdiccional, la lógica de la depredación económica y el reflejo de las guerras subsidiarias.

El Reino Medio… Occidental

Debemos llamar a las cosas por su nombre. La Pax Americana no era paz. Era un orden. Un orden impuesto, codificado y santificado por la victoria de 1918, y luego consolidado sobre las ruinas humeantes de 1945. Ciento ocho años de hegemonía. Un siglo en el que Washington se creyó el centro de gravedad del mundo. Este centro se ha desplazado definitivamente, naufragando en las turbulentas aguas de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, obligando a Washington a aceptar un acuerdo de capitulación ante Teherán.

El colapso no se debió únicamente a la derrota militar (Vietnam, Afganistán, Irak, Ucrania, Irán, etc.), sino a la acumulación silenciosa de contradicciones. El imperio estadounidense albergaba en su interior sus propios demonios, o mejor dicho, las semillas de su propia destrucción: la arrogancia jurisdiccional, la lógica de la depredación económica y el reflejo de las guerras subsidiarias. Estos tres pilares, otrora fuentes de poder, se convirtieron en aceleradores de la decadencia.

La extraterritorialidad, o la ley como arma de guerra

La ley estadounidense no se detiene en sus fronteras. Esta es la gran anomalía del sistema. Desde la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero de 1977, reforzada por la legislación posterior al 11-S, Washington ha transformado metódicamente su sistema legal en un instrumento de dominación global. La extraterritorialidad del derecho estadounidense —este autoproclamado derecho a sancionar, congelar activos, procesar y condenar a entidades soberanas extranjeras— constituye la forma más avanzada de colonialismo contemporáneo.

Empresas y bancos —BNP Paribas, Alstom, Airbus, Huawei y Deutsche Bank— la lista de compañías no estadounidenses sometidas a la investigación judicial de Washington es larga. Las multas ascienden a miles de millones. Le siguen las adquisiciones forzosas. La técnica está bien establecida: desestabilizar una empresa extranjera estratégica, exprimirla financieramente y luego recomprarla a precio de ganga. Es depredación disfrazada de procedimiento legal. Es saqueo con toga negra.

Este mecanismo se toleró mientras nadie se atrevió a nombrarlo. Hoy, se le da nombre, se le denuncia y se le elude sistemáticamente. Se está recuperando la soberanía económica.

Guerras subsidiarias: el modelo ucraniano como ejemplo revelador

Ucrania lo ha revelado todo. No solo la brutalidad del enfrentamiento militar ruso-occidental, sino también el funcionamiento interno del poder estadounidense: transformar poblaciones enteras en carne de cañón geopolítica. Kiev se ha convertido en el laboratorio definitivo de esta lógica. Cientos de miles de ucranianos muertos para debilitar a Moscú. Se gastaron miles de millones en armamento para prolongar un conflicto que Washington podría haber zanjado con los Acuerdos de Estambul en marzo de 2022, y que saboteó deliberadamente. Estos miles de millones no han producido el efecto deseado, sino el contrario: Rusia es más fuerte que antes y sus alianzas son tan sólidas como siempre.

Esto no es una teoría. Es una cronología. Boris Johnson llega a Kiev el 9 de abril de 2022. Las negociaciones fracasan. Se reanudan los combates. El Reino Unido lleva la impronta de Washington. Ucrania no estaba destinada a la paz. Ucrania estaba destinada a exprimir a Rusia hasta la última gota. Zelensky, rehén voluntario de una estrategia que escapaba a su control, sacrificó a su pueblo en el altar de una visión geoestratégica forjada en los pasillos de Langley y el Pentágono.

¿El resultado? Rusia, aunque ciertamente herida en cierta medida, se mantuvo firme. Su economía se mantiene estable. Su ejército se ha fortalecido. Y el mundo no occidental observó. Comprendió.

El Sur Global está despertando

Lo que Washington no previó fue la madurez política del Sur Global. África, el Sudeste Asiático, América Latina y el mundo árabe: estas regiones han absorbido cien años de condescendencia, golpes de Estado patrocinados, deuda estructural y programas de ajuste estructural; estas terapias de choque impuestas por el FMI y el Banco Mundial, los brazos armados financieros de la Pax Americana.

El mecanismo era implacable: estados endeudados, ayudas condicionadas, privatizaciones impuestas y extracción de recursos. Françafrique era simplemente la versión francófona de un modelo universal. Eurafrica , la contraparte europea de este modelo. En todas partes, las mismas recetas. En todas partes, los mismos resultados: élites corruptas, clases medias asfixiadas, jóvenes condenados al exilio.

Pero algo ha cambiado. Los países BRICS+ representan ahora más del 45% del PIB mundial en paridad de poder adquisitivo. La desdolarización avanza. El comercio en yuanes, rublos y monedas locales está en aumento. China ha construido carreteras, puertos y hospitales sin imponer condiciones democráticas. Irán, sometido a sanciones durante más de cuarenta años, sobrevive y exporta. Rusia vende su petróleo a India, China, África y América Latina a precios reducidos, y todos se benefician, excepto Washington.

La oleada de solidaridad del Sur Global no es ideológica. Es pragmática. Y Washington no sabe cómo responder al pragmatismo.

Es hora de hacer una revisión

El siglo estadounidense termina en 2026 no con una explosión, sino con un desvanecimiento gradual. Los síntomas son evidentes. El dólar está perdiendo su estatus como moneda de reserva universal indiscutible. La OTAN se está agotando en una guerra que no puede ganar. La influencia estadounidense en el Sahel y en otras partes del continente se ha esfumado en tres años. En Oriente Medio, Riad negocia con Teherán bajo la mediación china, algo impensable hace diez años.

El imperio no fue derrotado militarmente. Se agotó a sí mismo. Mediante una serie de guerras injustificadas: Irak, Libia, Siria, Afganistán, Ucrania, Venezuela, Irán, etc. Mediante mentiras institucionalizadas. Mediante un doble rasero convertido en doctrina permanente y aceptada.

La historia no es cruel. Es simplemente honesta. Toda hegemonía lleva en sí la semilla de su sucesora. La Pax Britannica se derrumbó en Suez en 1956. La Pax Americana se desvanece en Kiev, Gaza, Bamako, Caracas, Teherán; en todas partes la mentira de la «comunidad internacional» ha mostrado su verdadera cara.

Los occidentales, temerosos de la multipolaridad mundial, ya afirman que lo que viene no es necesariamente mejor ni más justo. Pero para el Sur Global, lo que se avecinaba era insoportable.

El siglo americano ha muerto. Aún no lo sabe. O mejor dicho, lo sabe, y precisamente por eso sigue siendo tan profundamente peligroso." 

(Mohamed Lamine Kaba, Jaque al neoliberalismo, 05/07/26, fuente New Eastern Outlook

4.7.26

Venezuela: manipular la tragedia humana... la humanidad sufrió los efectos del covid-19... que destapó a políticos, intermediarios y empresarios cuyo objetivo fue enriquecerse con la muerte y la enfermedad... Boris Johnson, José María Aznar, Jair Bolsonaro, Donald Trump, celebraron fiestas, no respetaron la cuarentena y en algún caso llamaron a consumir lejía para contrarrestar el virus... Hoy, la tragedia sacude a Venezuela, país que sufre la intervención del imperialismo estadounidense, con décadas de sanciones económicas, sabotaje, procesos desestabilizadores... el mensaje no puede ser más insidioso. Todo lo que ocurre es producto del chavismo... El periódico ABC titula: "Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como un castillo de arena". Pero el desmentido es singular. Exequiel Gallardo, bombero chileno desplazado a La Guaira, declara: "las viviendas vacacionales quedaron más destruidas que las sociales". Lo mismo que dijeron miembros de una ONG noruega... Las noticias están centradas en mostrar el chavismo y su gobierno actual son un lastre... El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen esa línea editorial.. No mencionan la gran coordinación entre las instituciones públicas desde el gobierno, pasando por los ayuntamientos, los servicios médicos, bomberos, fuerzas armadas, ingenieros, arquitectos, trabajadores desplazados de todos los estados de Venezuela. Y tampoco se habla de los cooperantes internacionales. Nada sobre los ministros en el terreno y las múltiples organizaciones que trabajan día y noche. Menos de los médicos cubanos desplazados para las labores de apoyo en hospitales (Marcos Roitman Rosenmann)

"Siempre hay palabras para expresar el dolor. También para denunciar la falta de escrúpulos de quienes buscan aprovecharse de un desastre natural para obtener réditos políticos. 

Un hecho tan poco previsible como son los terremotos, hace transparente la canalla humana.

No hace mucho la humanidad sufrió los efectos de una pandemia zoonótica como el covid-19. Y ahí, se desnudaron las vergüenzas. No sirvió para mostrar lo humano del ser humano. Por el contrario, destapó a políticos, intermediarios y empresarios cuyo objetivo fue enriquecerse con la muerte y la enfermedad. 

Cobraron porcentajes desorbitados, negociaron con las mascarillas, vacunas o certificados de antígenos. Y por si fuera poco, políticos sin escrúpulos se saltaron las reglas. Boris Johnson, José María Aznar, Jair Bolsonaro, Donald Trump, celebraron fiestas, no respetaron la cuarentena y en algún caso llamaron a consumir lejía para contrarrestar el virus.

Hoy, la tragedia sacude a Venezuela, país que sufre la intervención del imperialismo estadunidense, a lo cual se agregan décadas de sanciones económicas, sabotaje, procesos desestabilizadores y una guerra no convencional con diferentes gamas de intensidad, desarrollada durante dos décadas. Se han confiscado sus reservas en oro, cuando no entregadas a opositores. Y se ha desarrollado una campaña mediática a nivel mundial señalando a Venezuela como un país terrorista. 

Un sismo sirve para seguir promoviendo una ayuda internacional destinada a favorecer a las políticas de la oposición. La Unión Europea, como en su momento hizo con Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino, dona 3 millones de euros a María Corina Machado para las víctimas del terremoto.

Lo cual es significativo. Constituye un atentado contra el derecho internacional. Ursula von der Leyen y su ministra de Exteriores, Kaja Kallas, prefieren hablar con quienes han decidido conspirar. Para eso sirve el dinero. Los partidos de la oposición venezolana y sus delegaciones en el exterior se aprestan a recibir millones. Abren cuentas para recaudar fondos, solicitan medicamentos y productos no perecederos. Se inicia la campaña: nada para el gobierno ni sus autoridades legítimas. Aducen caos, desorganización, inoperancia y corrupción. Ellos harán llegar las ayudas a los damnificados. Mientras, los medios de comunicación social, redes e influencers sirven para propagar su discurso.

La televisión pública y privada en España emiten imágenes una y otra vez donde se ve un edificio colapsando. A continuación, otro donde se observa gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas espantados. Todo presentado como si transcurriera en vivo. Sin embargo, el primer video corresponde al sismo del 6 de febrero de 2023, ocurrido en Turquía y la ciudad de Gaziantep. 

El segundo, donde se ve gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas, corresponde al incendio en la línea 1 del Metro de Caracas ocurrido el 25 de septiembre de 2021. Cuando las redes descubren los bulos, televisión española en su noticiero 24 horas tiene que salir a la palestra. No pide disculpas, señala que circulan bulos, obviando haberlos utilizado en sus informativos. Lo han emitido todas las cadenas de televisión. 

Y el mensaje no puede ser más insidioso. Todo lo que ocurre es producto del chavismo. La radio y la prensa escrita no son menos. Sus corresponsales hablan de inoperancia de las autoridades, de indolencia, de una descoordinación y abandono. El pueblo venezolano está desamparado. No hay orden, ni se ve la ayuda por ninguna parte. 

El periódico ABC titula: “Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como un castillo de arena”. Pero el desmentido es singular. Exequiel Gallardo, bombero chileno desplazado a La Guaira, experto en recuperación de personas, declara: “las viviendas vacacionales quedaron más destruidas que las sociales”. Y la foto del ABC, para más INRI, la foto muestra las viviendas sociales construidas por el “chavismo” incólumes. Invisibilizan la ayuda internacional entre estados. 

Tampoco mencionan la gran coordinación entre las instituciones públicas desde el gobierno, pasando por los ayuntamientos, los servicios médicos, bomberos, fuerzas armadas, ingenieros, arquitectos, trabajadores desplazados de todos los estados de Venezuela. Y tampoco se habla de los cooperantes internacionales que se han puesto a las órdenes de las autoridades para coordinar los trabajos de rescate y búsqueda de sobrevivientes. 

Nada sobre los ministros en el terreno y las múltiples organizaciones que trabajan día y noche. Menos de los médicos cubanos desplazados en más 50 para las labores de apoyo en hospitales. 

Las noticias están centradas en mostrar el desacuerdo con las actuaciones del gobierno. El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen una línea editorial. El chavismo y su gobierno actual son un lastre. Represión, corrupción y abandono institucional. Venezuela, señalan, es un Estado fallido, sobrepasado por las circunstancias. Todos los males tienen un nombre y apellido, la presidenta encargada Delcy Rodríguez. En contraposición, la figura de María Corina Machado se presenta como la alternativa democrática.

Se puede estar más o menos a favor del gobierno de Delcy Rodríguez, hay más que discutir. Pero no se puede utilizar la catástrofe para emponzoñar una acción ejemplar. Venezuela es un Estado asediado desde dentro y fuera. El objetivo: acabar con el proyecto de cambio social, reconquistar el poder y controlar la producción de hidrocarburos. Sean extranjeros o criollos. Hablen inglés o castellano."

(Marcos Roitman Rosenmann , La Jornada, 02/07/26) 

1.7.26

Cuba se convierte, inevitablemente, en espejo de Gaza. No porque las circunstancias históricas sean idénticas —no lo son—, sino porque ambas revelan la misma verdad desnuda sobre el mundo en que vivimos. Gaza: dos millones y medio de civiles atrapados en una franja de tierra, bajo bloqueo terrestre, aéreo y marítimo dependiendo de importaciones para sobrevivir... Cuba: diez millones de civiles atrapados en una isla, bajo bloqueo marítimo y financiero, dependiendo de importaciones para sobrevivir... Quizás dentro de treinta años la pregunta más importante sea: cómo fue posible que nadie estuviera dispuesto a impedirlo... seguiremos asistiendo, con la misma impotencia de siempre, al lento desmantelamiento de todo aquello que alguna vez creímos que era innegociable... Si Cuba colapsara mañana —y el verbo «colapsar» ya no es una hipótesis académica sino una posibilidad clínica—, su epitafio no hablaría únicamente de una nación caribeña. Hablaría de una época. Diría que aquí yace un país que creyó que la moral podía imponerse al poder, que resistió durante más de seis décadas de asfixia programática, y que terminó descubriendo una verdad tan antigua como incómoda: en la política internacional, la solidaridad suele terminar donde comienzan los costos... Mientras Cuba desmontaba parte de la arquitectura económica construida desde 1959, el mundo siguió adelante. Moscú tenía otras prioridades. Beijing realizaba sus propios cálculos. Bruselas observaba desde la distancia. América Latina emitía declaraciones. Nadie parecía dispuesto a asumir el costo de impedir el deterioro de la isla... Cuba queda sola, y nadie dice nada... Hospitales sin anestesia ni vacunas. Escuelas sin clases. Desnutrición infantil en aumento. Un éxodo migratorio que ha vaciado la isla de un millón y medio de personas en cinco años. Una generación entera que aprende a vivir sin futuro. Todo esto, insisto, no es crisis. Es política, decisión y cálculo... Lo que ocurre en Cuba no es una crisis económica. Es un estrangulamiento deliberado, meticuloso, sostenido durante sesenta y seis años, y agudizado hasta la tortura en los últimos dieciocho meses (Alejandro Marcó del Pont)

"Si Cuba colapsara mañana —y el verbo «colapsar» ya no es una hipótesis académica sino una posibilidad clínica—, su epitafio no hablaría únicamente de una nación caribeña. Hablaría de una época. Diría que aquí yace un país que creyó que la moral podía imponerse al poder, que resistió durante más de seis décadas de asfixia programática, y que terminó descubriendo una verdad tan antigua como incómoda: en la política internacional, la solidaridad suele terminar donde comienzan los costos.  

El 19 de junio de 2026 será recordado como algo más que la fecha en que el gobierno cubano presentó 176 medidas económicas. Será la jornada en que una revolución nacida para desafiar el orden hemisférico admitió, de manera implícita pero inequívoca, que la resistencia ya no era suficiente. La autorización de la banca privada, la apertura ampliada al capital extranjero, la progresiva desaparición de subsidios históricos, la dolarización parcial y la transformación del papel del Estado no fueron simples reformas técnicas. Fueron la expresión de una realidad más profunda. La presión acumulada durante décadas había terminado por modificar aquello que ni invasiones, ni sabotajes, ni aislamiento diplomático habían conseguido transformar. Pero lo verdaderamente revelador no fue la magnitud de las reformas. Fue el silencio que las acompañó.

Mientras Cuba desmontaba parte de la arquitectura económica construida desde 1959, el mundo siguió adelante. Moscú tenía otras prioridades. Beijing realizaba sus propios cálculos. Bruselas observaba desde la distancia. América Latina emitía declaraciones. Nadie parecía dispuesto a asumir el costo de impedir el deterioro de la isla. Y ahí comienza la verdadera historia, la que no se escribe en los tratados ni se negocia en las cumbres. No existe ningún documento firmado sobre Cuba. Ninguna potencia se reunió en un balneario para decidir su destino.

Sin embargo, los hechos sugieren algo igualmente poderoso, una convergencia de intereses. Estados Unidos considera al Caribe una zona estratégica irrenunciable. Rusia tiene prioridades existenciales en Europa. China no está dispuesta a arriesgar su relación económica con Washington por una isla sin peso decisivo en el comercio global. Ninguno necesita acordar nada con los otros. Les basta con llegar a la misma conclusión. Así funciona la Yalta invisible del siglo XXI: no con tinta, sino con silencio; no con firmas, sino con abstenciones; no con acuerdos explícitos, sino con cálculos paralelos que convergen en el mismo resultado. Cuba queda sola, y nadie dice nada.

Esa Yalta sin protocolo es la verdadera arquitectura del poder contemporáneo. Ya no se trata de esferas de influencia delimitadas con mapas y garabatos de estadistas, sino de una geopolítica de la indiferencia calculada, donde cada actor optimiza sus beneficios y externaliza sus costos. El Caribe se convierte, así, en una zona de sacrificio consensuada tácitamente: Washington ejerce la presión, Moscú se retira sin ruido, Pekín no interviene, y Europa observa con la distancia que le permite su dependencia atlántica. No hay traición, porque no hubo promesa; no hay abandono, porque no hubo compromiso formal. Hay, simplemente, una aritmética que ningún principio logra contrarrestar. Y esa aritmética, en política internacional, casi siempre gana.

Pero la Yalta invisible no actúa sola. Requiere de un mecanismo operativo que la haga efectiva, y ese mecanismo es el bloqueo, entendido no como una reliquia de la Guerra Fría sino como una tecnología de poder perfeccionada hasta la brutalidad. Lo que ocurre en Cuba no es una crisis económica. Es un estrangulamiento deliberado, meticuloso, sostenido durante sesenta y seis años, y agudizado hasta la tortura en los últimos dieciocho meses. El bloqueo estadounidense contra Cuba es el más largo de la historia moderna, pero el de 2026 no es el bloqueo de los años sesenta. Ahora es algo cualitativamente distinto, es el bloqueo de las sanciones secundarias, esa arma jurídica que permite a Washington castigar no solo a Cuba, sino a cualquier país, empresa o banco del mundo que comercie con la isla.

La Ley Helms-Burton, promulgada en 1996, y la Orden Ejecutiva 14404, firmada por Trump en mayo de 2026, han convertido al dólar en una trampa. Ningún banco europeo quiere procesar una transacción cubana y arriesgarse a perder su corresponsalía en Nueva York. Ninguna naviera asiática quiere atracar en La Habana y tener sus buques prohibidos en puertos estadounidenses por ciento ochenta días. Ninguna multinacional quiere invertir en la isla y enfrentarse a demandas bajo el Título III de la Helms-Burton. El resultado es lo que los especialistas llaman sobrecumplimiento. El miedo a la sanción es tan grande que la sanción ni siquiera necesita aplicarse. Las empresas se autocensuran. Los bancos cierran cuentas preventivamente. Los inversores ni siquiera llaman. Es el capitalismo de la vigilancia llevado a su expresión más abstracta: Cuba está vigilada, aislada, asfixiada, sin que nadie tenga que mover un dedo. La máquina funciona sola.

Y las consecuencias son las que cualquiera puede imaginar pero que pocos en el hemisferio norte se toman la molestia de mirar. Apagones de treinta horas. Hospitales sin anestesia ni vacunas. Escuelas sin clases. Desnutrición infantil en aumento. Un éxodo migratorio que ha vaciado la isla de un millón y medio de personas en cinco años. Una generación entera que aprende a vivir sin futuro. Todo esto, insisto, no es crisis. Es política, decisión y cálculo.

Un cómputo, por cierto, cuyo nombre y apellido tienen residencia en Miami. Marco Rubio no quiere reformas en Cuba. Quiere un final, y el gobierno cubano, sin saberlo quizás, le ha brindado el primer acto. El secretario de Estado cubanoamericano, hijo de exiliados y arquitecto de la presión máxima, ha construido toda su carrera política sobre una promesa de regresar a una Cuba libre. Las 176 medidas no le parecen una apertura. La línea dura de Florida no las ve como una concesión, sino como el anuncio para las elecciones de medio término. Y aquí es donde la historia se vuelve verdaderamente siniestra, porque no hay negociación posible. No la ha habido nunca, y no la habrá ahora.

Llegamos así al punto más amargo, al que ningún diplomático cubano quiere escuchar pero que debe decirse con toda claridad. Las 176 medidas son, en sí mismas, todo lo que Washington podía pedir. Son la rendición económica del castrismo. Son el fin del modelo que rigió la isla durante seis décadas. ¿Y qué ha obtenido Cuba a cambio? Nada. Ni una palabra de alivio. Ni un gesto de apertura. Ni siquiera el reconocimiento de que ha dado un paso. Washington no busca un acuerdo. Busca una capitulación total, y una vez obtenida, buscará la siguiente concesión, y la siguiente, y la siguiente, hasta que no quede nada que pedir.

Esta es la esencia de la lógica del depredador, ese concepto que Zbigniew Brzezinski formuló con precisión quirúrgica: cortar las concesiones en rebanadas tan finas que la víctima nunca perciba el momento en que debe decir «basta«. El depredador no devora de una vez; desgasta. No exige la rendición inmediata; administra un despojo gradual. No impone la derrota; la diluye en una cadena interminable de pequeños pasos hacia atrás, cada uno de los cuales parece razonable, inevitable, incluso necesario. Y cuando la víctima mira hacia atrás, ya no hay territorio que recuperar, solo una larga estela de concesiones que nunca fueron suficientes.

Esa lógica se despliega con implacable coherencia en el tablero global. Para cada actor, ayudar a Cuba tiene un costo y un beneficio. Y en todos los casos, sin excepción, el costo supera al beneficio. Para Rusia, el costo de enviar petróleo a Cuba es una nueva ronda de sanciones, un desvío de recursos de Ucrania, un enfrentamiento directo con Estados Unidos a noventa millas de Florida; el beneficio es mantener un aliado menor, una base simbólica, un gesto ideológico.

Para China, el costo es arriesgar el comercio con Estados Unidos, provocar sanciones secundarias, abrir un frente innecesario en el hemisferio occidental; el beneficio es influencia caribeña, prestigio en el Sur Global. Para México, el costo es perder el mercado estadounidense, que absorbe el ochenta por ciento de sus exportaciones y sostiene millones de empleos; el beneficio es mantener un principio —la no intervención, la solidaridad— que no da de comer a nadie. Para Brasil, el costo es una crisis diplomática con Washington, sanciones a sus multinacionales, pérdida de inversión extranjera; el beneficio es un liderazgo regional que ya no ejerce. Para Europa, el costo es romper con la OTAN, con el eje transatlántico, con la alianza que la protege desde 1949; el beneficio es comerciar con una isla de diez millones de habitantes sin recursos estratégicos. En todos los casos, la aritmética apunta al mismo resultado: dejar caer a Cuba.

Pero hay un segundo mecanismo que refuerza esta inercia, y es quizás el más perturbador porque toca la fibra misma de la conciencia moral, la empatía selectiva. Cuba se convierte, inevitablemente, en espejo de Gaza. No porque las circunstancias históricas sean idénticas —no lo son—, sino porque ambas revelan la misma verdad desnuda sobre el mundo en que vivimos. Gaza: dos millones y medio de civiles atrapados en una franja de tierra, bajo bloqueo terrestre, aéreo y marítimo, dependiendo de importaciones para sobrevivir, con aliados regionales que declaman, pero no actúan, con potencias globales que miran para otro lado o protegen al verdugo.

Cuba: diez millones de civiles atrapados en una isla, bajo bloqueo marítimo y financiero, dependiendo de importaciones para sobrevivir. La diferencia, y aquí está la clave, es la visibilidad. Gaza tiene imágenes. Edificios que caen. Niños bajo los escombros. Hospitales bombardeados en tiempo real. Las redes sociales transmiten el horror segundo a segundo, y la empatía —esa emoción frágil y selectiva— se moviliza un poco. Cuba no tiene imágenes. Tiene apagones. Tiene filas. Tiene ancianos que se desmayan esperando un medicamento. Tiene médicos que se van porque no pueden alimentar a sus hijos. Nada de eso es televisivo. Nada de eso genera tendencia en las redes. Nada de eso mueve la aguja de la conciencia global. Esta es la teoría de la empatía selectiva: el mundo solo siente cuando el costo de sentir es bajo, cuando el horror es visible, cuando la empatía no amenaza intereses.

El sufrimiento silencioso, el que ocurre en la penumbra de los apagones y en la rutina de las colas, no tiene audiencia. Y sin audiencia, no hay presión; sin presión, no hay cambio; sin cambio, solo queda la aceptación resignada de que algunos pueblos están destinados a desaparecer lentamente del mapa de la preocupación humana.

Esta selectividad no es un defecto psicológico, sino un rasgo estructural de nuestro sistema de información y de poder. Los medios globales operan con una lógica de espectacularidad: lo que no se ve, no existe; lo que existe, pero no es novedoso, se ignora; lo que se ignora, se abandona. Cuba lleva sesenta y seis años bajo bloqueo; su agonía es crónica, no aguda; no hay un momento único que concentre la atención, sino una larga disolución que se vuelve ruido de fondo. Y el ruido de fondo, por definición, no moviliza.

Por eso, cuando el IX Encuentro Continental y Caribeño de Solidaridad con Cuba reunió en octubre de 2025 a 556 delegados de 35 países en México, el resultado fue una vez más declaraciones y compromisos de organizar más encuentros, pero sin fondos concretos, sin ayuda material significativa, sin compromisos de gobiernos para proveer petróleo o financiamiento. La solidaridad se expresó en el lenguaje de la retórica, porque la retórica no tiene costo; el petróleo, los medicamentos y los dólares sí.

América Latina, por su parte, carga con una vergüenza que ningún discurso podrá lavar. Porque aquí no hablamos de realpolitik lejana. Hablamos de vecinos. De hermanos. De una tradición de solidaridad que se remonta a Bolívar y Martí, a décadas de proclamas contra el imperialismo y de himnos en plazas llenas. Y, sin embargo, cuando Cuba más lo necesitó, América Latina miró hacia otro lado. México, primero. Claudia Sheinbaum, hija de la izquierda, nieta del exilio español, ella misma científica y mujer de Estado, llegó al poder prometiendo soberanía. Sheinbaum detuvo los envíos de petróleo. Lo anunció con eufemismos —revisión de procedimientos, ajustes logísticos—, pero la traducción era clara: no podemos.

Brasil, después. Lula da Silva, el obrero que llegó dos veces a la presidencia, el símbolo de la izquierda continental, el hombre que prometió un siglo suramericano, se limitó a condenar verbalmente el bloqueo. Emitió declaraciones. Firmó comunicados conjuntos con España y México. Expresó profunda preocupación. Nada más. Brasil tiene una economía que no termina de arrancar, una dependencia creciente de los mercados occidentales, y una clase empresarial que no perdonaría un enfrentamiento con Estados Unidos. Lula eligió la retórica. Porque la retórica es gratis, y el petróleo cuesta.

Y Venezuela, por supuesto, ya no existe como actor. Desde la intervención estadounidense de enero de 2026, aquella operación que sacó a Maduro del poder y reconfiguró el Caribe en una semana, Caracas es un fantasma. El país que durante dos décadas fue el pulmón de Cuba, el que enviaba cien mil barriles diarios a cambio de médicos, el que sostenía el ALBA y Petrocaribe, ese país ya no existe. O existe como satélite de Washington, y por lo tanto como instrumento del asfixia. Lo que queda de América Latina es, entonces, un continente paralizado. Instituciones regionales que son papel mojado: la OEA es un instrumento estadounidense, la CELAC es un club de declaraciones, la UNASUR es un cadáver. Presidentes que hablan de integración, pero actúan como gerentes de sucursal. Una izquierda que descubrió, con horror, que gobernar es distinto a gritar.

Pero sería injusto, y además inexacto, atribuir todo el desenlace a la cobardía ajena. La política exterior cubana tampoco supo construir redes de contención efectivas ante el bloqueo. Se combinaron dos factores que se retroalimentaron: una inoperancia histórica que no logró crear mecanismos financieros estructurales —fondos de reserva, líneas de crédito internacionales, alianzas bancarias—, y un mecanismo de miedo a sanciones que es más devastador que cualquier prohibición directa, porque hace que el mundo se aleje de Cuba anticipadamente sin que EE. UU. tenga necesidad de sancionar formalmente cada país o banco.

Más de cincuenta bancos internacionales han cortado relaciones con Cuba porque temen sanciones por tener incluso una transacción mínima con la isla; 130 bancos extranjeros se han negado a operar con Cuba: 75 de Europa, 21 de América y 34 del resto del mundo, afectando 267 operaciones concretas. No hace falta que EE. UU. prohíba cada transacción directamente, basta con colocar a Cuba bajo una categoría —la lista de países patrocinadores del terrorismo, activada en 2021— que active temor global, y ese miedo termina funcionando como sanción anticipada.

Las empresas, aseguradoras, compañías comerciales, plataformas financieras y bancos se alejan de operaciones que consideran riesgosas, y la economía cubana queda en condiciones excepcionales con costos mayores, menos intermediarios y menos margen de maniobra. Cuba intentó acercarse a los BRICS como país asociado, ingresando oficialmente el 1 de enero de 2025, pero los países asociados no tienen los mismos derechos ni beneficios que los miembros plenos, y ni China ni Rusia mostraron compromisos masivos. La red de contención nunca se tejió, y cuando se intentó tejer, ya era tarde.

Y Cuba, en medio de todo eso, se queda sola. Con sus diez millones de habitantes. Con sus centrales eléctricas de los años ochenta. Con sus médicos emigrando por miles. Con sus jóvenes que no recuerdan un día sin apagones. Con sus 176 medidas que no le han comprado ni un día más de dignidad, ni un gramo de alivio, ni una palabra de reconocimiento. Porque las concesiones nunca son suficientes. Nunca lo han sido. Y nunca lo serán. El que tiene la fuerza no negocia, anula. El que tiene el poder no dialoga, impone. El que tiene el dólar no comparte, asfixia.

Quizás dentro de treinta años los historiadores no discutan únicamente por qué Cuba terminó donde terminó. Tal vez la pregunta más importante sea otra: cómo fue posible que nadie estuviera dispuesto a impedirlo. La respuesta probablemente no se encuentre en La Habana. Estará en la lógica que domina las relaciones internacionales contemporáneas, una lógica donde los principios sobreviven mientras no exijan sacrificios, donde la empatía depende de la visibilidad del sufrimiento y donde la solidaridad se evalúa con la misma calculadora que las inversiones o las alianzas militares.

Por eso Cuba se ha convertido en algo más que una isla en crisis. Se ha convertido en un espejo. Como Gaza, aunque desde una realidad completamente distinta, obliga a observar la distancia entre los valores proclamados y las decisiones efectivamente tomadas. Ambas revelan que la indignación internacional no depende únicamente de la magnitud del sufrimiento, sino también de su utilidad política, de su visibilidad mediática y del costo que implica actuar.

Esa es la verdadera lógica del depredador. No destruir de una vez, sino avanzar gradualmente. No exigir una rendición inmediata, sino una cadena interminable de concesiones. No imponer la derrota, sino administrarla. Las concesiones nunca son suficientes porque el objetivo no es obtener una concesión. Es transformar la relación de fuerzas. Y esa quizás sea la lección más incómoda que deja Cuba al mundo. No que los débiles estén solos. Sino que, cuando el costo de ayudarlos se vuelve demasiado alto, incluso sus amigos descubren razones para mirar hacia otro lado.

La Yalta invisible no es un complot; es una inercia. La empatía selectiva no es un pecado; es un reflejo. La lógica del depredador no es una maldad; es una estrategia. Y mientras no comprendamos que estas tres fuerzas operan en silencio, sin necesidad de malvados ni de mártires, seguiremos asistiendo, con la misma impotencia de siempre, al lento desmantelamiento de todo aquello que alguna vez creímos que era innegociable." 

(Alejandro Marcó del Pont, blog, 24/06/26) 

La falta de maquinaria pesada en Venezuela tras los devastadores terremotos que sacudieron el país durante el fin de semana ha condenado a miles de personas a una muerte lenta y por asfixia. Estas muertes pueden no haber llegado en la punta de un misil estadounidense, pero ciertamente llegaron a través de las sangrientas manos de un imperio sádico... La ausencia de excavadoras, retroexcavadoras y máquinas de movimiento de tierras es una consecuencia directa de casi tres décadas de aplastantes sanciones estadounidenses que han buscado empobrecer, desmoralizar, debilitar y finalmente colapsar al país en nombre de la libertad... Las sanciones de Estados Unidos a Venezuela prohíben a los estadounidenses comprar, vender o tener cualquier contacto con el gobierno venezolano, cualquier empresa estatal u otras compañías en la lista de sancionados... El resultado final es una escasez masiva de todo tipo de bienes y equipos, incluyendo y especialmente máquinas de excavación y movimiento de tierras, que son ampliamente utilizadas por la industria minera y petrolera, fuertemente sancionadas... Los periodistas parecen haber hecho grandes esfuerzos para evitar este contexto y han culpado de todo a las autoridades venezolanas por la ausencia de maquinaria salvavidas... Reuters dijo que Venezuela ha estado "sumida durante mucho tiempo en una profunda crisis política y económica", pero omite mencionar qué país ayudó a sumirla en esta crisis, o el efecto de las sanciones... Ahora, 50.000 personas están desaparecidas, muchas atrapadas bajo los escombros de edificios derrumbados, y muchas se presumen muertas... La situación en Venezuela no es responsabilidad exclusiva de Donald Trump. Es responsabilidad de todos los presidentes estadounidenses, comenzando con Bill Clinton, quien respondió a la elección de Hugo Chávez en 1998 con devastadoras sanciones destinadas a castigar al pueblo por elegir a un socialista que nacionalizó la industria petrolera, expulsó a las compañías petroleras estadounidenses y creó un estado de bienestar con las ganancias (Nate Bear)

"Venezuela: Terremotos, Sanciones Mortales y Engaño Mediático.

  No entres en pánico

La falta de maquinaria pesada en Venezuela tras los devastadores terremotos que sacudieron el país durante el fin de semana ha condenado a miles de personas a una muerte lenta y por asfixia. Estas muertes pueden no haber llegado en la punta de un misil estadounidense, pero ciertamente llegaron a través de las sangrientas manos de un imperio sádico.

La ausencia de excavadoras, retroexcavadoras y máquinas de movimiento de tierras es una consecuencia directa de casi tres décadas de aplastantes sanciones estadounidenses que han buscado empobrecer, desmoralizar, debilitar y finalmente colapsar al país en nombre de la libertad. En esta explicación, algunos podrían ver un argumento antiimperialista que perezosamente busca culpar a Estados Unidos por un desastre natural.

Pero es simplemente la realidad.

Las sanciones de Estados Unidos a Venezuela prohíben a los estadounidenses comprar, vender o tener cualquier contacto con el gobierno venezolano, cualquier empresa estatal u otras compañías en la lista de sancionados (actualmente 154 entidades), o individuos en esa lista. Esto equivale a una gran parte de la economía venezolana. E incluso si una empresa no está técnicamente sancionada, se convierte en sancionada de facto porque los bancos occidentales no procesarán pagos relacionados con Venezuela.

El resultado final es una escasez masiva de todo tipo de bienes y equipos, incluyendo y especialmente máquinas de excavación y movimiento de tierras, como excavadoras y retroexcavadoras, que son ampliamente utilizadas por la industria minera y petrolera, fuertemente sancionadas.

Sin embargo, en todos los artículos de los medios tradicionales que he leído, ninguno ha hecho este vínculo de manera clara y explícita. Los periodistas parecen haber hecho grandes esfuerzos para evitar este contexto y han culpado de todo a las autoridades venezolanas por la ausencia de maquinaria salvavidas.

Un artículo de The Guardian del 26 de junio decía: "años de mala gestión económica y corrupción han dejado a las autoridades terriblemente despreparadas para un desastre de esta magnitud". No se mencionan las sanciones, ni se proporciona ningún contexto sobre por qué el país podría estar tan despreparado. The Guardian utiliza cínicamente un desastre natural que ha matado a quizás 50.000 personas como una mera oportunidad más para patear a un país ya derribado.

Un artículo de ITV describe a familias llevando a cabo operaciones de rescate por sí mismas porque habían "renunciado a esperar al gobierno". El gobierno, por supuesto, es el que está bajo control de Estados Unidos desde el secuestro de Nicolás Maduro en enero. Pero Estados Unidos no es mencionado en el artículo, y mucho menos culpado por la situación.

El domingo, Reuters dijo que Venezuela ha estado "sumida durante mucho tiempo en una profunda crisis política y económica", pero omite mencionar qué país ayudó a sumirla en esta crisis, o el efecto de las sanciones. Para cualquier periodista con amor propio que quiera transmitir con veracidad cómo Venezuela llegó a este punto, esto debería ser un pecado capital.

The Associated Press dijo que la gente había "tomado en sus propias manos la búsqueda de sus seres queridos desaparecidos, cavando entre los escombros de sus propias casas, citando la escasez de rescatistas gubernamentales". Una vez más, cero menciones a las asesinas sanciones diseñadas explícitamente para negar al país la maquinaria que necesitaría en un desastre natural como este.

Una interpretación generosa es que estos periodistas son simplemente perezosos y mal informados. Una interpretación más realista es que no son árbitros neutrales de los hechos que buscan proporcionar la historia completa, sino cobardes y escribas desvergonzados del imperio que reproducen instintivamente las narrativas imperiales. Culpar la falta de equipamiento a la mala gestión y la corrupción en lugar de a las sanciones estadounidenses es solo su memoria muscular deshonesta poniéndose en marcha.

Y debido a que la mayoría de la gente tiene poca idea de lo abarcadoras que son las sanciones estadounidenses, cómo funcionan y hasta qué punto están destinadas a estrangular una economía objetivo, este periodismo selectivo cae en oídos ya propagandizados y ayuda a reforzar las narrativas imperiales.

Ahora, 50.000 personas están desaparecidas, muchas atrapadas bajo los escombros de edificios derrumbados, y muchas se presumen muertas. Las comunidades suplican el equipo pesado que podría rescatar a los que aún viven, o al menos recuperar los cuerpos de sus seres queridos para darles una despedida digna. Algo está en camino, pero será demasiado tarde para salvar vidas.

El imperio ha cometido nuevamente asesinato en masa, esta vez como un efecto secundario de su perversión hegemónica.

La situación en Venezuela no es responsabilidad exclusiva de Donald Trump. Es responsabilidad de todos los presidentes estadounidenses, comenzando con Bill Clinton, quien respondió a la elección de Hugo Chávez en 1998 con devastadoras sanciones destinadas a castigar al pueblo por elegir a un socialista que nacionalizó la industria petrolera, expulsó a las compañías petroleras estadounidenses y creó un estado de bienestar con las ganancias. El imperio vistió su depravación, como siempre lo hace, con el vestido de gala de la libertad, y los medios liberales regurgitaron felizmente las mentiras sobre el autoritarismo y la democracia, a pesar de que Chávez fue elegido democráticamente en elecciones consideradas libres y justas por observadores internacionales, en cuatro ocasiones.

Y aún así, a pesar de que Venezuela se ha convertido en un estado títere estadounidense dócil, el régimen de Trump se ha negado a levantar las sanciones frente a este desastre. Porque al imperio no le interesa salvar vidas, solo le interesa la dominación hemisférica de las Américas. Un desastre natural que paraliza aún más la capacidad del pueblo para afirmar su poder y ejercer la autodeterminación es, en realidad, una bendición para los imperialistas.

Al imperio le encanta el caos, y le encanta usar sanciones para crear ese caos.

Estados Unidos, entonces liderado por Joe Biden, hizo lo mismo en 2023, negándose a levantar las sanciones a Siria después de que los terremotos golpearan Siria y Turquía, matando a decenas de miles en ambos países.

Este es simplemente el manual de juego imperial en acción.

La muerte por sanciones en Venezuela es, tristemente, algo nuevo. Un estudio de 2017 del economista Jeffrey Sachs encontró que solo en un año, las sanciones estadounidenses habían matado a aproximadamente 40.000 venezolanos a través de la negación de medicamentos y equipos médicos salvavidas.

Pero estas cifras son solo una fracción del total general.

Un estudio reciente de la revista médica The Lancet estimó que las sanciones estadounidenses, apoyadas por países dentro de la órbita imperial occidental, han causado 38 millones de muertes excesivas desde 1970.

La cifra anual promedio de muertes por sanciones, dependiendo del año que se mida, es de 400.000 a un millón. Actualmente, 54 países que suman dos mil millones de personas están bajo sanciones estadounidenses.

¿Por qué?

Porque, como lo describen los investigadores Utsa y Prabhat Patnaik, los países del Sur Global que no están alineados con Estados Unidos y que persiguen la soberanía económica y el desarrollo industrial independiente "pueden aumentar el precio de la oferta o desafiar los monopolios industriales y tecnológicos del núcleo". Una cuarta parte de la humanidad está siendo asfixiada por el imperio capitalista en un esfuerzo por asegurar que no surja ningún desafío significativo que obstaculice su capacidad para forzar la sumisión y ejercer control.

Un sistema que utiliza su poder económico y financiero para matar hasta un millón de personas cada año para mantener su hegemonía es de una violencia asombrosa y debería ser ampliamente considerado ilegítimo.

Las personas que mueren enterradas bajo los escombros porque el imperio les impide poseer las máquinas que podrían sacarlos están tan muertas como las asesinadas por la violencia directa.

Y que la historia del terremoto no sea una historia sobre la violencia de las sanciones imperiales, o sobre la ilegitimidad de la hegemonía occidental, sino sobre el fracaso de un gobierno bajo la bota del imperio, es una prueba más, como si hiciera falta, de la complicidad de los medios en la barbarie de este imperio." 

Nate Bear , Scheer Post, 01/07/26, traducción Deep Seek, enlaces y gráficos en el original) 

30.6.26

Las sanciones estadunidenses y europeas ya estaban asesinando a inocentes en todo el planeta mucho antes de los sismos de esta semana.... en el que se hizo evidente que el Estado venezolano está rebasado por la catástrofe: los hospitales carecen de la capacidad para atender a los damnificados y los equipos de rescate no pueden entrar plenamente en acción porque las excavadoras y otros vehículos se encuentran fuera de servicio... Como buitres, políticos de derecha y medios de comunicación de todo el continente se abalanzaron sobre la tragedia para convertirla en carroña política, acusando a las administraciones chavistas del deterioro institucional que ha impedido una respuesta adecuada ante los terremotos. Sin embargo, cualquier mirada honesta a la situación deja claro que los principales responsables de convertir la catástrofe natural en una crisis social y humanitaria se encuentran en Washington y, en menor medida, en Bruselas... Desde que la administración de Barack Obama emitió la Orden Ejecutiva 13692 en 2015, declarando a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria”, el país ha sido sometido a un asedio económico que viola la Carta de Naciones Unidas... La radicalización del acoso aniquiló de manera deliberada la economía venezolana con embargos petroleros y bloqueos financieros frente a los cuales ningún Estado puede salir indemne... Bajo las sanciones ilegales de Estados Unidos, el sector salud no puede adquirir equipos médicos de alta tecnología, repuestos para generadores eléctricos de emergencia ni medicinas traumatológicas vitales en catástrofes. El sistema eléctrico venezolano se encuentra en ruinas porque las empresas internacionales tienen prohibido proveer mantenimiento, turbinas o repuestos... De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica The Lancet, entre 1970 y 2021 las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea han causado aproximadamente 38 millones de muertes (La Jornada)

 "El pasado miércoles 24 de junio, dos sismos consecutivos de magnitud 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, fracturaron el centro-norte de Venezuela, dejando a su paso edificios colapsados en La Guaira, una destrucción material incuantificable en Caracas, más de mil personas fallecidas, miles de heridos y 50 mil desaparecidos reportados hasta el cierre de esta edición. De inmediato, se hizo evidente que el Estado venezolano está rebasado por la catástrofe: los hospitales carecen de la capacidad para atender a los damnificados y los equipos de rescate no pueden entrar plenamente en acción porque las excavadoras y otros vehículos se encuentran fuera de servicio.

Como buitres, políticos de derecha y medios de comunicación de todo el continente se abalanzaron sobre la tragedia para convertirla en carroña política, acusando a las administraciones chavistas del deterioro institucional que ha impedido una respuesta adecuada ante los terremotos. Sin embargo, cualquier mirada honesta a la situación deja claro que los principales responsables de convertir la catástrofe natural en una crisis social y humanitaria se encuentran en Washington y, en menor medida, en Bruselas.

Desde que la administración de Barack Obama emitió la Orden Ejecutiva 13692 en 2015, declarando a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria”, el país ha sido sometido a un asedio económico que viola la Carta de Naciones Unidas, al ser aplicado fuera del marco del Consejo de Seguridad. La radicalización del acoso en los dos mandatos de Donald Trump (y en el de Joe Biden) aniquiló de manera deliberada la economía venezolana con embargos petroleros y bloqueos financieros frente a los cuales ningún Estado puede salir indemne, y mucho menos uno que por medio siglo ha dependido de las exportaciones petroleras para sufragar la práctica totalidad de sus gastos.

Bajo las sanciones ilegales de Estados Unidos, el sector salud no puede adquirir equipos médicos de alta tecnología, repuestos para generadores eléctricos de emergencia ni medicinas traumatológicas vitales en catástrofes. El sistema eléctrico venezolano se encuentra en ruinas porque las empresas internacionales tienen prohibido proveer mantenimiento, turbinas o repuestos. El embargo a la petrolera estatal PDVSA y la prohibición de importar diluyentes y repuestos para refinerías limitaron la capacidad de movilización de maquinaria pesada. Hoy, el traslado de retroexcavadoras, grúas y ambulancias se ve directamente entorpecido por una escasez estructural de combustible refinado y repuestos automotrices, producto directo de las sanciones. Los edificios mismos se encontraban debilitados por la falta de mantenimiento o el carácter subóptimo de los materiales de construcción debidos a los obstáculos para fabricar o importar lo más elemental.

Para asignar responsabilidades no es necesario especular, pues las cifras hablan por sí mismas. Hasta diciembre del año pasado, el consenso mediático y académico aseguraba que la caída en la producción y exportación de hidrocarburos se debía de manera exclusiva a la ineptitud y la corrupción de los gobiernos de Nicolás Maduro y su antecesor Hugo Chávez. Pero, después de que el primero fue secuestrado por las fuerzas armadas estadunidenses, las exportaciones de crudo crecieron 144 por ciento, al pasar de 0.62 en enero a 1.5 millones de barriles a mediados de junio. Lo que cambió en esos seis meses no fue la estructura del gobierno venezolano, sino el levantamiento de una parte de las sanciones mediante “licencias de exportación”.

 El imperialismo descarnado que pone en práctica el trumpismo no se limita a la afrenta de que un país nominalmente soberano necesite licencias de otro para vender sus propios recursos, sino que además todo el dinero proveniente del crudo venezolano es administrado por el Departamento del Tesoro. Es decir, Caracas no puede destinar sus ingresos a atender las necesidades de la población, sino únicamente a lo que la Casa Blanca disponga.

Las sanciones estadunidenses y europeas ya estaban asesinando a inocentes en todo el planeta mucho antes de los sismos de esta semana. De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica The Lancet, entre 1970 y 2021 las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea han causado aproximadamente 38 millones de muertes; de las cuales 800 mil ocurrieron tan sólo en el último año de la investigación. Está claro, entonces, que la mejor ayuda que las potencias occidentales pueden prestar a Venezuela y a todos los países en desarrollo es abstenerse de interferir en sus asuntos internos y de usar la economía como arma."     (La Jornada, 27/06/26) 

21.6.26

Carta de una socióloga cubana al Secretario de Estado Marco Rubio, en respuesta a su mensaje dirigido al pueblo cubano el 20 de mayo pasado: Entre el 29 de enero de este año hasta hoy, su gobierno nos impuso un bloqueo energético total... Estas desgracias que sufrimos día a día desde enero de este año, multiplicaron como nunca antes las que sufrimos durante años. Le menciono, Sr. Rubio, sólo algunas que han convertido las vidas en infiernos. Los apagones largos e impredecibles. El agua llega a los hogares con dificultad. El acceso a los servicios de salud se alteró, porque sólo se mantienen abiertas las emergencias y las consultas en policlínicos y hospitales. Las únicas cirugías que se realizan son las menores... Hay 16 mil pacientes que requieren radioterapia, que viven con miedo a no poder cumplir su tratamiento por las carencias energéticas... Su Presidente afirma que los cubanos triunfan en “TODAS las industrias, en todos los países, excepto uno: Cuba”... En los últimos cinco meses de bloqueo energético, los cubanos viviendo en la Isla continúen destacándose internacionalmente... La Dra. Teresita Rodríguez, del Centro de inmunología molecular, creó junto a su equipo el Neuro Epo para aliviar el progreso del Alzheimer, medicamento que, una vez certificado, está al alcance de los cubanos. Reveló que pacientes de EEUU vinieron a La Habana para someterse a este medicamento con resultados satisfactorios... El Sr. Trump afirma que los cubanos ansiamos vivir en nuestro país como viven nuestros familiares en EEUU. Es cierto que el “sueño americano” nos cala porque almacenamos mucho de la cultura de su país. A la par conocemos las angustias de quienes emigraron a EEUU en años recientes, ante el peligro de ser deportados. Alertan a los de aquí que “aquello no es como pensaban”, porque trabajan hasta en tres lugares... Usted, Sr. Rubio, es uno de los principales culpables que estemos al borde de una crisis humanitaria, no sólo por sus funciones como Secretario de Estado desde 2025, sino por las medidas que promovió durante años, que impiden convertir en realidades los proyectos e la Revolución... Por tanto, me despido de usted con desprecio

"Carta de una socióloga cubana:

La revista Temas invitó a un grupo de académicos y expertos en historia y política de EE.UU. y de Cuba a analizar el mensaje del Secretario de Estado Marco Rubio dirigido al pueblo cubano el 20 de mayo pasado, con el propósito de esclarecer las referencias utilizadas, la naturaleza de los argumentos, el significado y objetivo de este mensaje.

Compartimos la primera publicada por Temas, escrita por la socióloga Marta Núñez Sarmiento.
La Habana, 25 de mayo de 2026

Sr. Marco Rubio

Secretario de Estado

EE.UU.

Sr. Rubio:

Soy una socióloga y profesora universitaria quien, junto a otros académicos cubanos, estudio las vías de transformación anticapitalista por las que Cuba optó desde 1959 para transitar a un socialismo cubano, mientras las compruebo en carne propia.

Hallé falsedades en su “Mensaje al pueblo cubano en ocasión del día de la independencia”, que deseo comunicarle.

El 20 de mayo de 1902 la bandera cubana no ondeó por primera vez sobre una Cuba independiente, porque Estados Unidos continuó controlándola hasta 1959.

Agregó que explicará a quienes permanecemos en Cuba las verdaderas causas de las “dificultades inimaginables” que experimentamos.

Estas desgracias que sufrimos día a día desde enero de este año, multiplicaron como nunca antes las que sufrimos durante años. Le menciono, Sr. Rubio, sólo algunas que han convertido las vidas en infiernos. Los apagones largos e impredecibles provocan que la comida encarecida la cocinemos “al día”, porque los refrigeradores no permiten conservarla o están rotos. Los escolares asisten a sus clases cansados porque no durmieron. El agua llega a los hogares con dificultad. Las “fiestas de quince”, que las familias preparan desde que nacen las niñas, se posponen indefinidamente. Los celulares no se pueden cargar, impidiendo que la población se comunique o no pueda acceder a sus sitios preferidos de internet. El acceso a los servicios de salud se alteró, porque sólo se mantienen abiertas las emergencias y las consultas en policlínicos y hospitales. Las únicas cirugías que se realizan son las menores. Transportarse es un lujo, ya sea para acudir a trabajar, a una consulta médica o a un centro de estudios. Las visitas a familiares y a amigos sólo las hacemos si podemos llegar caminando. Ni hablar de ir a las actividades culturales. Los viajes al exterior para visitar familiares y/o para que estos vengan a Cuba no existen para este verano. Tampoco los nietos pueden venir a Cuba a pasar sus vacaciones.

Usted culpa a Gaesa de estas desgracias, con lo que simplifica la madeja de causas internas y externas que las crearon en los últimos treinta años. Es una funesta práctica para un diplomático que está obligado a conocer las esencias de los acontecimientos en los países con quienes desea colaborar o destruir, como es, en esta segunda opción, el caso cubano. Solicite a la Agencia central de inteligencia (CIA) sus análisis sobre las causas de las crisis cubanas desde 1991 hasta hoy, con énfasis en las que se endurecieron desde enero de este año. No creo que achaquen a Gaesa todas las desgracias, como usted lo hace. Yo sólo accedí al Studies in Intelligence/ Vol. 68, No. 2/ (June 2024), donde no encontré nada sobre mi país.

Las verdaderas razones externas de la crisis de hoy comenzaron en 1960, antes que entrara en vigor el bloqueo en 1962. Sólo lo suavizaron un poco en 2015 y 2016, cuando la economía cubana respiró. En junio de 2017 la primera administración del Presidente Trump anunció una nueva arremetida contra mi país, que comenzó oficialmente en septiembre de 2019. Desde entonces hasta diciembre de 2025, las casi 250 medidas contra Cuba se mantuvieron intactas. Entre el 29 de enero de este año hasta hoy, su gobierno nos impuso un bloqueo energético total, mientras que el 1 de mayo amenazó a quienes desde terceros países mantuvieran contactos económicos con Cuba, que les confiscaría sus cuentas bancarias en EEUU. Llevamos casi cinco meses esperando una agresión armada del estilo de la de Venezuela, escuchando que somos un estado fallido, que somos incapaces de cambiar, que practicamos el terrorismo. Hace pocos días culparon a Raúl Castro por derribar dos avionetas en febrero de 1996, por lo que le pronostican que correrá la misma suerte del secuestrado Presidente Maduro.

Usted, Sr. Rubio, ha sido el arquitecto más relevante de estas campañas, por lo que su Mensaje del 22 de mayo suena a hipocresía.
Deje que los cubanos sigamos transformando lo que no funciona internamente, incluidos los análisis sobre Gaesa, además de las corrupciones, las desigualdades, la pobreza y muchísimos más. Cuba cuenta con un capital de profesionales que constantemente identifican los problemas y ofrecen soluciones. Es cierto que no siempre nos escuchan, pero la situación interna se agravó tanto desde inicios de este año, que urge contar con nuestra sabiduría.

Cuba nunca recibió petróleo gratis de Venezuela. Existió desde inicios de este siglo una colaboración en la que mi país enviaba profesionales de la salud, de la educación y del deporte, a cambio de petróleo. El único crudo por el que no pagamos fue el del barco “Anatoly Kolodkin”, que envió el gobierno ruso como ayuda humanitaria. Sirvió para que el país se iluminara durante ocho días.

Declara que su Presidente Trump “ofrece una nueva relación entre Estados Unidos y Cuba”, directamente con el pueblo, no con Gaesa. Comenzaría por enviar cien millones de dólares en alimentos y medicinas que distribuirían la Iglesia católica u otro grupo caritativo de confianza. A continuación derrama un torrente de mentiras.

Esta Revolución que, para usted, no existe, nunca practicó caridades, sino que nos enseñó a todos “a pescar”, como suele identificarse popularmente el desarrollo. A fines de los 1950 yo recogí dinero en alcancías para las Ligas contra el cáncer y la ceguera. Seguramente lo recaudado no sirvió para que quienes no tenían acceso a la salud, solucionaran esas enfermedades. Doy fe, por experiencia propia, que aquí existen programas de salud que detectan esas dolencias y las atienden gratuitamente. Ante las carencias que provocó el bloqueo energético del 29 de enero, el estado priorizó las atenciones, incluso las quirúrgicas, del cáncer.
Sin embargo, la sobrevivencia de niños con cáncer descendió de 85% a 65%. Hay 16 mil pacientes que requieren radioterapia, que viven con miedo a no poder cumplir su tratamiento por las carencias energéticas.

El Sr. Trump afirma que los cubanos ansiamos vivir en nuestro país como viven nuestros familiares en EEUU. Es cierto que el “sueño americano” nos cala porque almacenamos mucho de la cultura de su país. A la par conocemos las angustias de quienes emigraron a EEUU en años recientes, ante el peligro de ser deportados. Hay cubanos que abrieron pequeños negocios privados aquí con éxito, y marcharon a Estado Unidos para ampliar sus victorias empresariales. Alertan a los de aquí que “aquello no es como pensaban”, porque trabajan hasta en tres lugares.

Su Presidente afirma que los cubanos triunfan en “TODAS las industrias, en todos los países, excepto uno: Cuba”.

En los últimos cinco meses de bloqueo energético, los cubanos viviendo en la Isla continúen destacándose internacionalmente.

La Dra. Teresita Rodríguez, del Centro de inmunología molecular, explicó en el documental “El sueño de Teresita” (“Teresita´s Dream”) de Belly of the Beast, cómo creó junto a su equipo el Neuro Epo para aliviar el progreso del Alzheimer, medicamento que, una vez certificado, está al alcance de los cubanos. Reveló que pacientes de EEUU vinieron a La Habana para someterse a este medicamento con resultados satisfactorios.

Al campeonato de lucha celebrado en Coralville, Iowa, a mediados de mayo, Cuba llevó diez gladiadores de los treinta posibles; no pudo llevar a más por limitaciones económicas. Tres fueron muchachas. De los diez, nueve obtuvieron medallas: cinco de oro, dos de plata y dos de bronce. Sólo una de las jóvenes quedó sin galardones.


Hablando de cultura, a inicios de mayo el documental “Mi sueño dorado”, que el realizador español Christian Dehugo dedicó a la compañía Lizst Alfonso Dance Cuba, clausuró el Havana Film Festival de New York. En 2016, la compañía recibió el International Spotlight Award en la Casa Blanca, entregado por la primera dama Michelle Obama, un galardón que subrayó su papel como embajadora cultural de Cuba en el mundo. [i]

En su propuesta para crear una Nueva Cuba, el Presidente Trump, promete a los cubanos que serán dueños “de una gasolinera o de una tienda de ropa, o de un restaurante”. Sr. Rubio, hace años que los restaurantes (que bautizamos de “paladares”, inspirados por una telenovela brasileña de hace 30 años), las cafeterías, las tiendas de ropa, calzado y alimentos, son negocios privados. Hace tres meses el gobierno autorizó a los propietarios privados importar gasolina para sus negocios, con la condición de que la dispensarían en las estaciones de servicio estatales.

Las cubanas y los cubanos creamos nuestras propias plataformas de información, ventas y de entretenimiento en las redes sociales, usando YouTube, X, Wassap y Google, además de las cubanas. Busque Revolico y quizás encuentre algo que le interese adquirir.

Usted, Sr. Rubio, es uno de los principales culpables que estemos al borde de una crisis humanitaria, no sólo por sus funciones como Secretario de Estado desde 2025, sino por las medidas que promovió durante años, que impiden convertir en realidades los proyectos e la Revolución.

Por tanto, me despido de usted con desprecio,

Marta Núñez Sarmiento"
(Marta Núñez Sarmiento, El Viejo Topo, 21/06/26, Fuente: Cubadebate)

16.5.26

Otro crimen contra la humanidad retrasmitido en directo... en Cuba, actualmente hay cerca de 100 mil pacientes esperando operaciones quirúrgicas, entre ellos 11 mil niños... el sistema eléctrico cubano depende en un 50% del petróleo. Eso significa hospitales paralizados, operaciones suspendidas, falta de transporte público, dificultades para abastecer de agua potable a la población y problemas gravísimos con la recolección de residuos... Son medidas unilaterales, inhumanas y completamente contrarias al derecho internacional. ¿Por qué cree que Estados Unidos mantiene esta política contra Cuba después de tantas décadas? Cuba logró desafiar a la primera potencia mundial en su propio patio trasero y construir una sociedad diferente, con educación gratuita, salud universal, acceso a la cultura y soberanía sobre sus recursos naturales. Eso es lo que Estados Unidos nunca aceptó. Cuba demostró que era posible desarrollar un camino alternativo, incluso siendo una pequeña isla con recursos limitados y sometida a enormes presiones externas... Cuba demostró que era posible recuperar el control nacional sobre los recursos naturales y construir un proyecto soberano. Eso era extremadamente peligroso para Washington porque podía servir de ejemplo para el resto de América Latina. El temor histórico de Estados Unidos siempre fue el “efecto ejemplo”... Si realmente a Estados Unidos le importaran los derechos humanos en Cuba, levantaría inmediatamente las sanciones económicas... La presión estadounidense es enorme. Por ejemplo, el embajador de Estados Unidos en Cuba viajó a Calabria, en Italia, para pedirle a las autoridades regionales que cancelaran el acuerdo con médicos cubanos. Estamos hablando de unos 300 profesionales que trabajan allí y que son fundamentales para el sistema sanitario local... Imaginen el nivel de agresividad diplomática que implica que un embajador estadounidense viaje a otro país para exigir el fin de una cooperación médica (Salim Lamrani)

"La presión de Estados Unidos sobre Cuba atraviesa una nueva etapa de endurecimiento. Sanciones económicas, restricciones financieras y limitaciones al abastecimiento energético agravan la situación en la isla y generan fuertes debates a nivel internacional. En diálogo con Séptimo Piso, Salim Lamrani, especialista en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, analizó las consecuencias del bloqueo, las motivaciones de Washington y el escenario político regional.

Radio Séptimo Piso: ¿Cómo analiza la situación actual que vive Cuba frente al aumento de las presiones de Estados Unidos?

Salim Lamrani: Cuba vive momentos extremadamente difíciles, probablemente los más complejos desde 1959, excluyendo la crisis de 1962. Nunca la presión, la agresión y la hostilidad de Estados Unidos contra la isla habían alcanzado un nivel tan intenso. Conviene recordar que Washington impone desde hace más de seis décadas un bloqueo económico que afecta a todas las categorías de la población cubana. Durante su primera administración, Donald Trump endureció significativamente esas sanciones. Entre 2017 y 2021 impuso 243 medidas coercitivas adicionales. Eso significa una nueva sanción cada cinco días durante cuatro años. Las medidas apuntaron directamente a las tres principales fuentes de ingresos de Cuba: el turismo, las remesas y la cooperación médica internacional.

Radio Séptimo Piso: ¿Qué ocurrió luego con la administración Biden?

Salim Lamrani: La administración Biden no modificó absolutamente nada de esa política. Y además mantuvo una decisión extremadamente grave tomada por Trump en enero de 2021: reincorporar a Cuba a la lista de países patrocinadores del terrorismo. Es una lista unilateral elaborada por el Departamento de Estado y carece totalmente de legitimidad. Basta recordar que Nelson Mandela permaneció en esa lista hasta 2008, incluso después de haber sido presidente de Sudáfrica. La consecuencia para Cuba fue inmediata: más de cien entidades bancarias y financieras internacionales rompieron relaciones con la isla. Eso dificultó enormemente las inversiones extranjeras y agravó todavía más la crisis económica.

Radio Séptimo Piso: Usted habla de una escalada inédita. ¿Qué significa eso concretamente?

Salim Lamrani: La nueva administración Trump llevó la hostilidad a niveles inauditos. Particularmente con el bloqueo petrolero aplicado recientemente. Entre diciembre y abril solo ingresó a Cuba un barco petrolero, equivalente a doce días de consumo nacional. Y cuando hablamos de combustible hay que entender las consecuencias concretas sobre la vida cotidiana. El sistema eléctrico cubano depende en un 50% del petróleo. Eso significa hospitales paralizados, operaciones suspendidas, falta de transporte público, dificultades para abastecer de agua potable a la población y problemas gravísimos con la recolección de residuos. Actualmente hay cerca de 100 mil pacientes esperando operaciones quirúrgicas, entre ellos 11 mil niños. Además, en algunas zonas los apagones duran hasta treinta horas. Son medidas unilaterales, inhumanas y completamente contrarias al derecho internacional.

Radio Séptimo Piso: ¿Por qué cree que Estados Unidos mantiene esta política contra Cuba después de tantas décadas?

Salim Lamrani: Cuba representa un símbolo en América Latina. A diferencia de otros países, el principal recurso estratégico de Cuba no son las materias primas. El verdadero recurso de Cuba es el ejemplo político y simbólico que representa. Cuba logró desafiar a la primera potencia mundial en su propio patio trasero y construir una sociedad diferente, con educación gratuita, salud universal, acceso a la cultura y soberanía sobre sus recursos naturales. Eso es lo que Estados Unidos nunca aceptó. Cuba demostró que era posible desarrollar un camino alternativo, incluso siendo una pequeña isla con recursos limitados y sometida a enormes presiones externas.

Radio Séptimo Piso: ¿Considera que el problema es más ideológico que económico?

Salim Lamrani: Claramente. Cuba demostró que era posible recuperar el control nacional sobre los recursos naturales y construir un proyecto soberano. Eso era extremadamente peligroso para Washington porque podía servir de ejemplo para el resto de América Latina. El temor histórico de Estados Unidos siempre fue el “efecto ejemplo”.

Radio Séptimo Piso: Donald Trump dijo recientemente que tiene un compromiso con los cubanos que votaron por él y que quiere impulsar un cambio político en la isla. ¿Cómo interpreta esas declaraciones?

Salim Lamrani: Creo que Trump debe comprender algo elemental: Cuba es un país independiente y soberano. El destino de Cuba depende exclusivamente de la voluntad del pueblo cubano. Ningún presidente estadounidense tiene legitimidad para decidir el futuro político de la isla. Y además, ningún cubano digno de ese nombre debería pedir sanciones contra su propio pueblo. Nadie puede reclamar el estrangulamiento económico de su propia gente.

Radio Séptimo Piso: Washington suele justificar las sanciones en nombre de los derechos humanos. ¿Qué piensa sobre ese argumento?

Salim Lamrani: Si realmente a Estados Unidos le importaran los derechos humanos en Cuba, levantaría inmediatamente las sanciones económicas. El principal obstáculo para el bienestar del pueblo cubano son precisamente esas medidas coercitivas. Hay que comprender el impacto concreto del bloqueo. Un solo año de sanciones equivale a 22 años de producción médica cubana. El costo económico es gigantesco. Además, las últimas medidas provocaron una caída de casi el 60% del turismo, más del 40% de las remesas y más del 20% de la cooperación médica internacional. Todo eso afecta directamente a la población.

Radio Séptimo Piso: Usted mencionó también presiones contra las misiones médicas cubanas. ¿Qué está ocurriendo?

Salim Lamrani: La presión estadounidense es enorme. Por ejemplo, el embajador de Estados Unidos en Cuba viajó a Calabria, en Italia, para pedirle a las autoridades regionales que cancelaran el acuerdo con médicos cubanos. Estamos hablando de unos 300 profesionales que trabajan allí y que son fundamentales para el sistema sanitario local.
Imaginen el nivel de agresividad diplomática que implica que un embajador estadounidense viaje a otro país para exigir el fin de una cooperación médica.

Radio Séptimo Piso: ¿Qué debería hacer la comunidad internacional frente a esta situación?

Salim Lamrani: Hace falta valentía política. Rusia ya mostró un camino enviando petróleo a Cuba. Otros países productores también deberían hacerlo. Brasil, Colombia o China tienen capacidad suficiente para ayudar a la isla y desafiar la lógica de la ley del más fuerte. El pueblo cubano ha sido históricamente solidario con América Latina, África y Asia. Creo que ahora le corresponde al mundo devolver parte de esa solidaridad.

Radio Séptimo Piso: ¿Cómo imagina el futuro cercano de Cuba?

Salim Lamrani: El pueblo cubano no pide intervenir en la política interna de Estados Unidos. Lo único que exige es poder decidir soberanamente su propio destino.

Cuba quiere simplemente tener el derecho de elegir cómo organizar su sociedad y “de qué color pintar su propia casa”, sin interferencias externas."


(Entrevista al especialista en las relaciones entre Cuba y EE.UU. y profesor de la Universidad de Reunión, SALIM LAMRANI, CanariasSemanal, 13/05/26)

11.5.26

Craig Murray, exdiplomático inglés: La Venezuela de Delcy Rodríguez... Lo que he visto y oído me convence de una cosa: Delcy Rodríguez no es una traidora. Es una socialista que está haciendo lo único que le es posible en esta situación imposible: ganar tiempo para que la Revolución Bolivariana sobreviva... No he conocido a nadie que dude de que un cambio de régimen en Caracas conduciría a matanzas masivas inmediatas de izquierdistas y a una larga guerra civil... La alternativa al Gobierno socialista es el caos... Por lo tanto, Delcy Rodríguez tiene que mantener al Partido Socialista en el Gobierno, o ver cómo masacran a sus partidarios y se desata una guerra civil... al mismo tiempo, debe hacer frente a la descarada afirmación colonialista de control sobre los activos y las finanzas de Venezuela por parte de EE. UU., mientras apacigua al irascible e irracional Trump... los elementos fundamentales del socialismo bolivariano que Delcy Rodríguez lucha ahora por salvaguardar son el Estado socialdemócrata financiado por el petróleo, los servicios públicos nacionalizados, las estructuras de democracia directa de las comunas y las medidas para extender la afirmación de la propiedad popular sobre la producción... Maduro había logrado, en un grado extraordinario, erradicar las drogas de las calles de Venezuela y detener el tráfico. El hecho de que se encuentre ahora en una cárcel estadounidense acusado de «narco-terrorismo» es una verdadera muestra de lo depravado que se ha vuelto Estados Unidos... Rodríguez se ve reducida a negociar con los ocupantes sobre cuánto del propio dinero de Venezuela se le permite gastar en su propio pueblo. La estrategia de Rodríguez es, por lo tanto, de tenaz resistencia: agachar la cabeza, preservar lo que se pueda preservar y esperar un cambio de viento político en Washington

 "Cuando salía de la Universidad de las Comunas en Tocuyito, tras una visita alegre y estimulante, un joven profesor muy serio se me acercó y me llevó aparte. En voz muy baja, me preguntó qué iba a pasar. Varios de los estudiantes estaban aterrorizados ante la posibilidad de que se produjera un cambio de régimen y de que ellos, elegidos como jóvenes líderes socialistas en el movimiento de las comunas, fueran encarcelados, torturados y ejecutados.     

Con estudiantes en un proyecto agrícola de la comuna de Vittoria

Fue un duro golpe de realidad tras un día estupendo en esta universidad incipiente. Pero es muy real. Había conocido a diplomáticos serios y profesionales en el Ministerio de Relaciones Exteriores que sabían exactamente a qué parte de las montañas huirían con rifles de asalto en caso de que la derecha llegara al poder, y estaban resignados a una vida de guerrilla, incluyendo a sus parejas e hijos. No he conocido a nadie que dude de que un cambio de régimen en Caracas conduciría a matanzas masivas inmediatas de izquierdistas y a una larga guerra civil.    

Casi todo lo que se le cuenta en Occidente sobre Venezuela es falso, y la mayor mentira es que Machado, Guaidó y las agrupaciones que los rodean sean, en ningún sentido, demócratas o liberales. No lo son, y tienen vínculos familiares y políticos directos con los regímenes asesinos patrocinados por la CIA de los años previos a Chávez. Además, tienen muchas cuentas que saldar: la familia de Machado, por citar solo un ejemplo, dominaba el suministro eléctrico antes de que fuera nacionalizado.

Un gran número de los «presos políticos» por los que Occidente se muestra tan preocupado participaron en intentos de golpe militar o de insurrección violenta, de los cuales el intento de ópera cómica de Guaidó en 2019 fue solo el más publicitado. Tras las controvertidas elecciones de 2024, muchos de los encarcelados llegaron a empuñar armas: conocí a las familias de tres jóvenes que me contaron que sus hijos fueron engañados para salir a la calle armados, y que esperaban que salieran en libertad gracias a la amnistía actual.

Las sanciones causaron grandes dificultades económicas que afectaron a la popularidad del Gobierno. Pero es un enorme error equiparar el descontento con el Gobierno de Maduro con el apoyo a Machado: casi no hay pruebas de este último, por mucho que se busque. Que Machado no cuenta con el apoyo interno necesario para gobernar el país es una de las pocas cosas que Trump ha afirmado con veracidad. La alternativa al Gobierno socialista es el caos.

Por lo tanto, Delcy Rodríguez tiene que mantener al Partido Socialista en el Gobierno, o ver cómo masacran a sus partidarios y se desata una guerra civil. Al mismo tiempo, debe hacer frente a la descarada afirmación colonialista de control sobre los activos y las finanzas de Venezuela por parte de EE. UU., mientras apacigua al irascible e irracional Trump.

Dejemos una cosa clara. He hablado personalmente con las personas más cercanas al presidente Nicolás Maduro. He hablado con Francisco Torrealba, quien sucedió a Maduro como presidente del Sindicato de Trabajadores del Transporte y también ocupó el escaño de Maduro en la Asamblea Nacional. He hablado con el hijo de Maduro, también llamado Nicolás. Ninguna de estas personas cree ni por un segundo que Delcy Rodríguez estuviera implicada de alguna manera en el secuestro de Nicolás y Cilia Maduro.

¿Por qué casi todo el mundo en Occidente cree una versión que nadie en Venezuela cree, y que estoy bastante seguro de que es falsa?

Esa versión se les ha impuesto a la fuerza. Trump socavó a Delcy Rodríguez al elogiarla abiertamente y afirmar que ella es su elección. La verdad, por supuesto, es otra: como vicepresidenta de Maduro, ella asume naturalmente las funciones de presidente, tal y como lo ha confirmado el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela. Un esfuerzo coordinado de sesiones informativas a los periodistas por parte de la administración Trump, de los servicios de seguridad y de los venezolanos alineados con Machado en Miami proporcionó a los medios de comunicación, de manera coordinada, una historia detallada de las negociaciones entre Delcy y su hermano Jorge y los estadounidenses, para una estrategia de reforma económica que incluía la destitución de Maduro.

He vuelto a revisar muchos artículos que difunden esta narrativa, y todos ellos muy obviamente provienen principalmente de fuentes de Washington, y es una narrativa que Estados Unidos se ha esforzado mucho, mucho en hacerles creer.

Esto plantea la pregunta: si Delcy es realmente una marioneta de Occidente, ¿por qué el establishment occidental está tan interesado en decirles eso? En cualquier otra circunstancia, como en el caso de las monarquías del Golfo o de al-Jolani, siempre se muestran ansiosos por promover el mito de que sus títeres no son títeres.

Mi máxima, según la cual si el Gobierno realmente quiere que se sepa algo, probablemente significa que no es cierto, se cumple en este caso. Trump quiere que se sepa que Delcy Rodríguez es su títere porque forma parte de su narrativa de victoria, la historia falsa de la grandeza de Trump. También tiene como objetivo dividir y debilitar el movimiento socialista en Venezuela.

Debemos fijarnos en la noche del 3 de enero, cuando Maduro fue secuestrado. Hay un hecho clave que, una vez más, simplemente no forma parte de la narrativa occidental. Fue Nicolás Maduro quien ordenó a los militares que se mantuvieran al margen y no lucharan, en caso de que se produjera un intento de secuestrarlo. De hecho, era consciente de que tal evento era inminente, aunque no sabía la fecha exacta.

La principal preocupación de Maduro era evitar una guerra entre Venezuela y Estados Unidos, una guerra que devastaría este país pacífico.

Es importante señalar que Maduro seguía conscientemente el modelo de su mentor, el presidente Hugo Chávez, durante su secuestro en un golpe de Estado orquestado por la CIA en 2002. (Ese enlace es un doloroso recordatorio de que hubo un tiempo en que The Guardian y The Observer no eran controlados por los servicios de seguridad). Tras la insurrección armada de la oposición el 11 de abril de 2002, en la que 19 partidarios de Chávez fueron masacrados y 150 resultaron heridos, un golpe militar capturó al presidente Chávez y fue trasladado en un avión fletado por la CIA a la isla de La Orchila.

El líder de la oposición, Pedro Carmona, fue investido presidente por los mandos militares y reconocido de inmediato por el régimen de Bush en Washington. Anunció la derogación inmediata de todas las medidas reformistas de Chávez. Sin embargo, el pueblo y la mayor parte de las fuerzas armadas se levantaron contra los golpistas y, tras solo 48 horas, recuperaron el control. Chávez volvió al poder. Esta es la base del brillante documental irlandés The Revolution Will Not Be Televised (que, naturalmente, nunca se televisó).

Lo fundamental que hay que comprender es que —sorprendentemente— Chávez no ejecutó a ninguno de los participantes en el golpe, ni siquiera a los militares. De hecho, hubo pocos procesos judiciales, las penas de cárcel fueron notablemente leves y a muchos —incluido el «presidente» Carmona— se les permitió «escapar» al exilio. Las penas de cárcel más largas fueron para quienes participaron realmente en la masacre del 11 de abril. Chávez concedió una amnistía general en diciembre de 2007.

Se mostró la misma asombrosa tolerancia hacia Juan Guaidó, el títere de Occidente que intentó un farsesco golpe militar el 30 de abril de 2019. Aunque su golpe fue un patético fracaso y el número total de militares desertores fue de 50, causó, no obstante, la muerte de cuatro personas y dejó 230 heridos.

Una vez más, la respuesta del gobierno socialista fue sorprendentemente indulgente. No se ejecutó a nadie. Se celebraron juicios en regla a los acusados y las penas de cárcel fueron notablemente leves, incluso para los condenados por traición. Cabe señalar que el número de personas juzgadas y las penas impuestas fueron notablemente más leves que las dictadas por la «insurrección» del Capitolio de Washington de 2021.

A un grupo de treinta personas que se refugiaron en la embajada brasileña de Bolsonaro se les permitió abandonar el país pacíficamente. Guaidó nunca fue detenido y se le permitió deambular por el país durante años autoproclamándose presidente, así como entrar y salir libremente, hasta que fue acusado por el Gobierno de Colombia de entrar ilegalmente en ese país en 2023.

La negativa de los socialistas a derramar sangre nunca ha tenido su reflejo en la derecha. La gran mayoría de esos «presos políticos» de los que se oye hablar constantemente estuvieron involucrados en estos o en toda una serie de intentos armados menos conocidos, o en los vínculos muy reales de la oposición con el tráfico de drogas y el crimen organizado.

Lo que me sorprende no es el supuesto autoritarismo del Gobierno socialista, sino, por el contrario, su sorprendente indulgencia con la oposición ante los repetidos intentos de derrocamiento, a menudo armados y patrocinados por la CIA.

Basta con imaginar cómo habría actuado un gobierno latinoamericano de derecha ante repetidos intentos de golpe de Estado armados por parte de la izquierda para apreciar lo extraordinaria que ha sido esta moderación. La ausencia de violencia o venganza siempre ha caracterizado la reacción de la Revolución Bolivariana ante los intentos de golpe de Estado de la derecha. Aunque es una postura admirablemente basada en principios, ni siquiera estoy seguro de que este grado extremo de tolerancia sea prudente.

Es en el contexto de esta renuencia socialista de larga data a recurrir a la violencia donde hay que situar la decisión de Maduro de ordenar a las fuerzas de defensa que no intervinieran en caso de una misión de secuestro estadounidense. Se trata de un gobierno que no solo utiliza consignas revolucionarias, sino que vive de acuerdo con ellas, y la «paz» es una de las fundamentales. Es casi seguro que Maduro esperaba que la solidaridad interna obligara a su rápido regreso, tal y como había ocurrido con Chávez. Es poco probable que se le ocurriera que Trump simplemente —y sin sentido— destituiría a Maduro y dejaría a su Gobierno en el poder.

Varias fuentes me han confirmado que se ordenó a las fuerzas venezolanas que se retiraran. Visité la ubicación en la ladera de Fuerte Tiuna donde la joven teniente Alejandra del Valle Oliveros Velásquez, de 23 años, desobedeció la orden de retirarse y continuó montando guardia con su arma en una instalación de comunicaciones vital situada en la cima de una colina. Falleció cuando la instalación fue alcanzada por misiles estadounidenses.

Este es también un aspecto que falta en la narrativa occidental de los acontecimientos militares. La postura defensiva de Venezuela está irremediablemente desfasada en la era de la guerra con misiles de precisión. Sus instalaciones de radar y baterías antiaéreas son muy visibles en ubicaciones abiertas en lo alto de las colinas, no en búnkeres fortificados. Sus tropas se encuentran en cuarteles abiertos, al igual que los guardias cubanos asesinados innecesariamente.

La indignación ante el ataque estadounidense, totalmente injustificado, ha devuelto a Venezuela un sentido de unidad nacional muy necesario. En el amargo epílogo de las controvertidas elecciones presidenciales de julio de 2024, muchos partidarios del Gobierno, incluidos algunos en el poder, admiten que la ola de detenciones fue demasiado lejos. Esa extralimitación dañó la autoridad moral del Gobierno en el país y proporcionó valiosa munición propagandística a sus críticos en el extranjero.

No se distinguió suficientemente entre manifestantes armados y desarmados, y aunque muchos argumentarían que las medidas de emergencia eran esenciales para prevenir la violencia anárquica inmediata, se admite en general que muchas detenciones se han prolongado demasiado.

Reconocer esto no significa aceptar las cifras infladas y la metodología politizada impulsadas por ONG financiadas por Occidente, como Foro Penal y sus socios internacionales. Esos recuentos suelen agrupar a disidentes genuinos con conspiradores armados, participantes en intentos de insurrección violenta y delincuentes declarados —muchos de los cuales esgrimían armas o estaban vinculados a redes golpistas.

Las cifras exageradas de las ONG no constituyen un seguimiento neutral de los derechos humanos; forman parte de una operación de guerra informativa de larga data, generosamente financiada por los mismos gobiernos y fundaciones que llevan años apoyando los esfuerzos por un cambio de régimen en Venezuela. Su indignación selectiva y la constante exageración de las cifras de «presos políticos» responden a un claro propósito político: deslegitimar el proceso bolivariano y justificar la injerencia externa.

Es esencial adoptar una perspectiva más amplia. Las detenciones no surgieron de la nada. Se produjeron tras años de dificultades económicas provocadas por las sanciones, repetidos intentos de la oposición de subvertir el orden constitucional mediante la violencia callejera, la perturbación de las elecciones tanto física como electrónica, y los resultados electorales falsificados o manipulados selectivamente por la oposición. La respuesta fue dura, pero se produjo en un contexto de amenazas reales para la seguridad.

La narrativa de que la oposición obtuvo el 70 % de los votos en las elecciones de 2024 es sencillamente absurda para cualquiera que conozca Venezuela. En sus mítines electorales finales, Maduro reunió a un millón de personas en las calles de Caracas y la oposición a 50 000. Muchas de las supuestas impresiones de las máquinas de votación difundidas por el régimen de Biden eran falsificaciones muy evidentes: con la misma letra en diferentes lugares y múltiples ejemplos de escrutadores o responsables de partido que firmaban con una X en un país con una tasa de alfabetización de casi el 100 %.

La oposición se negó a presentar estos impresos ante el Tribunal Supremo para su verificación. La verdad es que el proceso electoral electrónico (no soy partidario de él) se vio gravemente afectado por ataques informáticos externos, casi con toda seguridad por parte de EE. UU. Efectivamente, existía un descontento popular con los efectos de las sanciones económicas, y muchos observadores experimentados consideran que las elecciones estuvieron reñidas. Nunca será posible descubrir el resultado real. Pero las afirmaciones occidentales de un 70 % de apoyo a la oposición son un disparate absoluto.

De hecho, no creo que ni el Gobierno ni el Tribunal Supremo conocieran realmente el resultado verdadero. Yo, desde luego, no lo conozco. Pero fue la perturbación orquestada por Estados Unidos lo que lo hizo imposible.

Venezuela es un país sustancialmente libre. La gente me ha criticado al Gobierno abiertamente y sin miedo, incluso ante la cámara. Hace unas semanas hubo una manifestación de la oposición en Caracas. La presencia policial fue muy escasa. Los oradores podían decir lo que quisieran —el apoyo a Donald Trump fue un tema clave— y nadie ha sido interrogado posteriormente. Acudieron unas 500 personas. He visto tres o cuatro carteles de la oposición por la ciudad. Nadie los retira.

He estado filmando por toda Venezuela durante un total de seis semanas, y nunca me han preguntado quién soy ni los funcionarios ni la policía, ni me han exigido presentar documentos de identidad. Recibí un permiso del Ministerio de Comunicaciones, pero nadie lo ha mirado jamás. Nadie me ha sugerido nunca lo que debo decir, ni me ha ordenado que no filme algo.

He estado en muchas zonas y provincias diferentes. En todas partes las tiendas están bien surtidas y los bares y restaurantes funcionan con normalidad. La gente parece bien alimentada. No he visto ni un solo drogadicto, mendigo o persona sin hogar. He visto cinco controles policiales o militares en seis semanas: tres en la residencia presidencial, la sede de la Policía y la Asamblea Nacional; uno en el que se revisaban los neumáticos y las luces de los coches; y otro a la salida de un parque nacional dedicado a la conservación de la fauna silvestre.

He estado prestando especial atención a este tema porque los periodistas occidentales siempre incluyen controles policiales y militares en sus descripciones imaginarias de Venezuela, redactadas a miles de kilómetros de distancia. La oposición de Machado lo ha convertido en un meme, difundiendo consejos que dicen que no está obligado a mostrar documentos de identidad en los controles policiales. Sería muy difícil encontrar un control donde mostrar sus documentos.

Este no es un gobierno represivo. El ambiente de represión brilla por su ausencia y eso se debe a que los mecanismos de represión brillan por su ausencia. No hay una fuerte presencia policial. La gente no tiene miedo de los delatores. He visto muy pocas armas en poder de la policía, y ninguna en poder de nadie más.

La narrativa que domina ahora los medios de comunicación occidentales —según la cual cualquier liberalización económica o apertura pragmática bajo el mandato de Delcy Rodríguez es una capitulación repentina forzada por la presión de Trump— es sencillamente falsa. El propio Nicolás Maduro inició procesos de liberalización económica años antes, como respuesta directa de supervivencia al peso aplastante de las sanciones. Estas son las políticas de Maduro. La reciente legislación que liberaliza el sector de los hidrocarburos fue desarrollada íntegramente bajo la dirección de Nicolás Maduro y aprobada por él.

La dolarización se extendió desde abajo a medida que la gente común buscaba estabilidad; el Gobierno relajó gradualmente los controles de precios, permitió una mayor participación del sector privado en las importaciones y la distribución, y desarrolló soluciones alternativas para la venta de petróleo. Se trataba de adaptaciones pragmáticas impuestas a la revolución mucho antes de que Trump regresara a la Casa Blanca.

Como les dije a los estudiantes de la Universidad de las Comunas, si el capitalismo tardío fuera (como afirma) el orden natural de la sociedad, en lugar de una serie de instituciones y acuerdos totalmente artificiales diseñados para producir una concentración extrema de recursos en manos de una élite, impuesta en última instancia mediante la violencia del Estado, entonces los Estados capitalistas no necesitarían aplastar a los Estados que practican otros sistemas, mediante sanciones devastadoras y el aislamiento del intercambio de recursos y capital, y en última instancia mediante la fuerza militar.

Su propia ideología fundacional afirma que el capitalismo prevalecerá naturalmente con el tiempo en cualquier sociedad gracias a su mayor beneficencia y a una distribución más eficiente de los recursos. Sin embargo, los gobernantes de los Estados capitalistas buscan constantemente aplastar a cualquier Estado que practique un sistema alternativo. Lo hacen por temor a que su propia población vea la posibilidad de un camino mejor que el de trabajar como esclavos de facto, mientras el valor producido por su trabajo se concentra íntegramente en manos de la clase de Epstein.

Nunca sabremos cómo se habría desarrollado la Revolución Bolivariana de no ser por las sanciones financieras y comerciales que la paralizaron.

Pero este es el hecho clave. Venezuela fue blanco de ataques debido a los extraordinarios éxitos del chavismo, no porque fuera un Estado fallido. La pobreza se redujo a más de la mitad. La alfabetización aumentó hasta alcanzar tasas superiores a las de Estados Unidos. Se instauraron la educación y la sanidad gratuitas. Se triplicó el número de beneficiarios de pensiones. Se nacionalizaron los servicios públicos. Se proporcionaron cantidades masivas de viviendas sociales. Estos fueron los logros que precipitaron las sanciones.

El colapso económico de 2017 no fue causado por los fallos de un sistema socialista. El colapso —y la posterior ola masiva de emigración— fue causado íntegramente por el régimen de sanciones, y en particular por el bloqueo de todos los sistemas de pago y las transacciones financieras.

Hay un punto obvio del que rara vez se habla: las sanciones —en particular las sanciones financieras que bloquean las transacciones de pago internacionales normales y los canales bancarios— no solo causan dificultades.

Las sanciones fomentan activamente la corrupción.

Cuando se impide a un gobierno soberano llevar a cabo actividades comerciales y financieras legítimas a través de los sistemas globales habituales, se le empuja a los brazos de quienes se especializan en eludir las sanciones, en redes de transferencia informales y en el blanqueo de capitales. Estas asociaciones forzadas con elementos ajenos a la economía formal contagian entonces al propio aparato estatal, creando nuevas vías para la corrupción y el abuso.

Se trata de un ciclo vicioso y predecible orquestado por la política de Washington.

Las sanciones obligan a los Estados, por su mera supervivencia, a realizar actividades clasificadas como ilegales, y arrastran a sus funcionarios al ámbito de los verdaderos delincuentes. Algunas de las críticas al Gobierno de Maduro deben considerarse desde esta perspectiva; y, por supuesto, no existe, ni ha existido nunca, ningún Estado totalmente libre de corrupción.

El mandato de Maduro no es el fracaso que se suele describir en Occidente. La economía se ha recuperado notablemente. Bajo el mandato de Maduro, el Gobierno ha logrado éxitos cuantificables en materia de seguridad pública. Las tasas de homicidios se han reducido en más de dos tercios y las bandas de narcotraficantes han desaparecido casi por completo de las calles.

Las operaciones a gran escala han reducido significativamente la producción de narcóticos y las rutas de tráfico a través del territorio venezolano. Venezuela informó de incautaciones récord de drogas a la Comisión de Estupefacientes de la ONU: casi 66 toneladas solo en 2025, el nivel más alto en dos décadas. Los datos de la ONU indican que Venezuela desempeña un papel muy marginal en los flujos mundiales de cocaína, y casi ninguno en la producción. En cuanto al fentanilo, no figura en absoluto.

Maduro ha logrado, en un grado extraordinario, erradicar las drogas de las calles de Venezuela y detener el tráfico. El hecho de que se encuentre ahora en una cárcel estadounidense acusado de «narco-terrorismo» es una verdadera muestra de lo depravado que se ha vuelto Estados Unidos.

Al mismo tiempo, la tasa general de criminalidad descendió drásticamente. Ciudades que antes figuraban entre las más peligrosas del mundo se volvieron notablemente más seguras para los ciudadanos de a pie. Incluso los venezolanos críticos con el Gobierno por otros motivos reconocen esta mejora en la vida cotidiana y la seguridad personal. Hace apenas dos noches hablaba con una venezolana que había vuelto a casa desde Alemania, quien me contó que antes le aterrorizaba caminar por las calles de Caracas de noche, pero que ahora se sentía perfectamente segura.

Es importante comprender qué tipo de socialismo practicó realmente Venezuela bajo Chávez y Maduro.

El proyecto bolivariano nunca consistió en la propiedad estatal total de los medios de producción y distribución prevista en los textos marxistas clásicos. Venezuela siempre ha sido una economía mixta. Su rasgo distintivo —y su mayor fortaleza— era la fuerte dependencia del Estado de la propiedad de toda la gama de actividades del sector petrolero, tanto en la fase de exploración y producción como en la de refino y distribución, para canalizar los ingentes ingresos públicos hacia objetivos de orientación socialista: educación gratuita y universal desde la cuna hasta la universidad, un servicio nacional de salud que llevó clínicas y hospitales a todos los barrios, una seguridad social ampliada, programas de vivienda como la Gran Misión Vivienda, y subsidios que mantuvieron los alimentos básicos a precios asequibles para los pobres.

La nacionalización de los servicios públicos —electricidad, telecomunicaciones, agua— siguió la misma lógica. En muchos aspectos se asemejaba al modelo socialdemócrata occidental de la década de 1970, cuando los gobiernos europeos utilizaban la fiscalidad progresiva para financiar el Estado del bienestar, dejando al mismo tiempo gran parte de la economía en manos privadas. La enorme escala de viviendas públicas asequibles y de calidad decente en Venezuela es verdaderamente una maravilla digna de contemplar para una economía en desarrollo.

Lo que hizo que el bolivarianismo fuera diferente, y en última instancia más radical, fue el movimiento de las comunas. Su filosofía es genuinamente de base. Las comunas no surgieron de decretos del Palacio de Miraflores; crecieron desde abajo, a partir de los consejos comunales que la gente común de los barrios pobres formó para resolver sus propios problemas: arreglar carreteras, organizar la recogida de basura, construir clínicas.

Chávez otorgó a estas estructuras comunales orgánicas reconocimiento constitucional y poder legal, pero la energía provenía de las propias comunidades.

La toma de decisiones en las comunas es democracia directa en acción: las asambleas debaten y votan sobre cómo gastar los fondos que se les asignan. El pueblo decide sus propias prioridades. Siempre he sido escéptico respecto a las asambleas populares y la democracia directa. Visitar las comunas de Venezuela me ha convencido. El factor clave es la prevalencia, bastante sorprendente, de la educación política y la conciencia social entre los miembros comunes de la clase trabajadora venezolana.

Durante mucho tiempo, las comunas se mantuvieron en gran medida como un mecanismo para redistribuir los ingresos del petróleo de una manera más democrática y transparente. Pero seguía siendo, en esencia, socialdemocracia con retórica revolucionaria: gastar las rentas del petróleo en bienes sociales.

Pero el movimiento de las comunas no se ha quedado estancado. Ha comenzado a expandirse, reivindicando la propiedad comunal sobre los medios de producción y distribución. Un número cada vez mayor de comunas gestiona ahora sus propias pequeñas fábricas, cooperativas agrícolas, panaderías, mataderos, colectivos de transporte y redes de distribución. He debatido con altos cargos del Gobierno cómo utilizar las empresas de propiedad comunal como punta de lanza en los sectores liberalizados de la economía, para socializar los beneficios.

Las comunas están pasando de limitarse a recibir y gastar dinero del Estado a controlar la creación y la asignación efectivas de la riqueza. Este es el salto cualitativo que distingue al socialismo bolivariano como algo más que un estatismo asistencialista al estilo de los años setenta.

Maduro instituyó la Universidad de las Comunas en 2025. Su objetivo es impartir enseñanza práctica de nivel universitario en áreas de especial valor para las comunas, que van desde la administración pública hasta la ingeniería eléctrica y la agricultura. La producción agrícola es un ámbito en el que participan muchas de las más de 7.000 comunas de Venezuela.

La agricultura se derrumbó en Venezuela mucho antes de Chávez. Esto es algo común en muchos Estados petroleros.

Mi primer destino diplomático en el extranjero fue un nombramiento en Nigeria en 1986, como segundo secretario (Agricultura y Recursos Hídricos), donde mi estadística favorita era que Nigeria pasó, en tan solo 8 años, de ser el mayor exportador mundial de aceite de palma a ser el mayor importador mundial de aceite de palma. Las monedas respaldadas por el petróleo suelen hacer que las exportaciones agrícolas sean poco competitivas y que los productos agrícolas importados resulten más baratos que los nacionales.

Esto provocó el colapso de los sectores del cacao, el café, el maíz y otros sectores agrícolas de Venezuela décadas antes de que Chávez llegara al poder.

Las comunas están reintroduciendo la producción agrícola desde la base. Visité la comuna local de Vittoria, no muy lejos de la Universidad. Cuenta con más de 20 unidades de producción agrícola, y los estudiantes estaban ayudando a desarrollar, por ejemplo, corrales de bambú para el ganado con el fin de sustituir las vallas de hierro que ya no se importan debido a las sanciones occidentales.

En el otro extremo del proceso de producción, visité la sede central de Metro en Caracas el día en que todos los trabajadores y jubilados de Metro reciben paquetes mensuales que incluyen aceite de cocina, pasta, harina, huevos y conservas de carne y fruta, todo ello producido ahora en Venezuela, y casi todos son productos nuevos desde la crisis de 2018.

Lo que llama la atención de todo visitante es el extraordinario nivel de concienciación pública sobre la filosofía socialista. En las comunas, en las universidades bolivarianas, en los círculos de educación política, la gente común debate con conocimiento de causa la diferencia entre socialdemocracia y socialismo, el papel de la comuna como «tejido celular» de la nueva sociedad y la necesidad de pasar de la distribución a la producción.

La ideología es una práctica cotidiana. He oído a adolescentes y vendedores del mercado citar a Chávez y a Marx con facilidad, y con la confianza de que sus interlocutores les seguirán.

Estos son los elementos fundamentales del socialismo bolivariano que Delcy Rodríguez lucha ahora por preservar y salvaguardar frente a la embestida de Trump: el Estado socialdemócrata financiado por el petróleo, los servicios públicos nacionalizados, las estructuras de democracia directa de las comunas y las medidas para extender la afirmación de la propiedad popular sobre la producción.

Piénselo: Venezuela tiene las playas caribeñas más hermosas que he visto jamás. Son tan bonitas como las de Mauricio o las Maldivas. Estas son mis propias fotos y los colores no están retocados.

Lo que llama la atención de esto es que todas las personas que se ven son venezolanos de a pie. No hay ni un turista extranjero a la vista: ningún bar, restaurante u hotel junto a la playa acordonando tramos de playa y cubriéndolos de tumbonas. En su lugar, hay familias venezolanas felices con neveras portátiles disfrutando del día de forma gratuita. Esto se debe a que, aparte de Isla Margarita, la Revolución Bolivariana protege los cientos de kilómetros de playas de arena blanca de Venezuela mediante parques nacionales.

Mientras que el chavismo ve un gran servicio para el pueblo y un hábitat asombroso que hay que preservar, la visión del mundo de Kushner y Machado ve miles de millones de dólares en propiedades inmobiliarias de primera línea de playa, listas para construir complejos de apartamentos y enormes hoteles. No crean ni por un momento que no tienen el ojo puesto en ello como parte de la apropiación imperialista. No quieren que los venezolanos se diviertan con sus familias en esas playas. Quieren reservarlas para turistas estadounidenses e israelíes, con los únicos venezolanos vestidos de camisa blanca y pajarita llevando bandejas de bebidas.

Puede parecer una pequeña digresión, pero creo que es un símbolo potente y conmovedor del choque de cosmovisiones que se encuentra en el corazón de la lucha en Venezuela.

Lo que la oposición desea hacer es desmantelar toda esta arquitectura. Machado se ha comprometido a abolir las comunas, a privatizar los servicios públicos, a devolver a Venezuela al modelo pre-Chávez en el que la riqueza petrolera fluía hacia arriba, hacia una pequeña élite y las corporaciones extranjeras, mientras que la mayoría existía únicamente para servir. La tarea de Delcy es mantener la línea para que las comunas, y la conciencia que han creado, puedan seguir desarrollándose mientras se mantienen la educación universal, la sanidad y las prestaciones sociales.

Pero esta es la realidad a la que se enfrenta ahora Delcy Rodríguez: Trump impuso un bloqueo naval físico a las exportaciones de petróleo venezolano. Los petroleros que transportaban petróleo venezolano a compradores no aprobados por EE. UU. fueron físicamente interceptados por la Marina estadounidense. Así, Estados Unidos, mediante la fuerza militar, impuso el control sobre las ventas de crudo venezolano.

Los ingresos se desviaron inicialmente a una cuenta controlada por Estados Unidos en Catar, y posteriormente se transfirieron a cuentas del Tesoro de Estados Unidos. Los desembolsos al Gobierno de Rodríguez son discrecionales y puntuales —por ejemplo, solo se liberaron 300 millones de dólares de los primeros 500 millones, y se requiere la aprobación de Estados Unidos para su gasto. El mecanismo opera al amparo de poderes ejecutivos de emergencia en EE. UU., pero sin ninguna autoridad venezolana. Esto no cuenta con el consentimiento de Delcy Rodríguez.

Es totalmente ilegal en todos los sentidos. El bloqueo naval, la incautación de petroleros, el robo de los ingresos petroleros. Todo ello va absolutamente en contra del derecho internacional. No tengo ni idea de qué «emergencia» justifica los poderes de Trump, ni siquiera en el marco de la legislación interna de EE. UU.

Estados Unidos no tiene ningún tratado con Venezuela ni mandato internacional que le permita confiscar el petróleo de Venezuela y venderlo. Se trata de un simple robo.

Al controlar los petroleros, Washington se hizo con el control de la única fuente significativa de ingresos extranjeros de Venezuela y paralizó el Gobierno de Delcy Rodríguez. El petróleo representa más del 70 % de los ingresos del Gobierno venezolano.

Los cargamentos de petróleo aprobados por Estados Unidos se venden ahora en el mercado internacional, pero los ingresos no se pagan a Caracas. Increíblemente, se pagan al Tesoro de Estados Unidos. El régimen de Trump dispensa pagos ad hoc al Gobierno venezolano —la parte que elija, cuando lo elija— para permitir que continúen las funciones básicas del Estado. Es un sistema totalmente regido por los caprichos de Donald Trump, que controla otro Estado soberano.

Esto está menos estructurado que la autoridad de ocupación formal que Estados Unidos impuso a Irak después de 2003, pero el principio es idéntico. Los ingresos petroleros de Irak se han tratado de esta manera durante 25 años. Muchísima gente desconoce que todos los ingresos petroleros de Irak son desviados hacia cuentas del Tesoro de Estados Unidos: los medios de comunicación tradicionales nunca se lo cuentan.

Es el modelo colonial clásico. Es exactamente como la Compañía Británica de las Indias Orientales administró los estados principescos de la India en los siglos XVIII y XIX: se permitía al gobernante local permanecer en el cargo de forma nominal, pero los impuestos los recaudaban los británicos y se devolvía al gobernante local lo que estos decidieran. Los altos funcionarios de la Compañía de las Indias Orientales en el cargo recibían, de hecho, el título de «recaudador».

La cobertura occidental lo denomina «salvaguardia», «protección» o «influencia»; la realidad es pura piratería física.

Sin embargo, Delcy Rodríguez se encuentra en un callejón sin salida. No dispone de fuerzas militares capaces de contrarrestarlo. La Armada venezolana no puede hacer frente a la flota estadounidense, mientras que los gigantescos bombarderos de EE. UU. pueden llegar a Caracas con bombas de 900 kg directamente desde las bases aéreas estadounidenses en Florida. Cualquier intento abierto de desafío desencadenaría un cambio de régimen militar por parte de EE. UU. que conduciría a una masacre.

Rodríguez se ve, por lo tanto, reducida a negociar con los ocupantes sobre cuánto del propio dinero de Venezuela se le permite gastar en su propio pueblo. Se ve obligada a acoger una serie de visitas repugnantes de los secuaces sonrientes de Trump, que humillan abiertamente y violan a Venezuela. Las afirmaciones de que Rodríguez quiere esto, y más aún de que ella lo ha orquestado, son una locura.

He visto críticas de la izquierda política en Occidente, según las cuales Venezuela debería haber luchado, debería seguir luchando, debería unirse a la resistencia antiimperialista. He visto cómo se tacha a los venezolanos de «vendidos».

Son muy pocos los que formulan estas críticas y que se han ido personalmente a las montañas con un AK-47 para luchar contra una superpotencia que ha abandonado abiertamente toda pretensión de respetar las leyes de la guerra sobre la protección de la vida civil y las infraestructuras. Sin duda es una opción; pero el número de víctimas mortales sería espantoso y Venezuela se vería condenada a muchos años de guerra civil y ocupación militar estadounidense.

Es una opción suicida, como reconoció el propio Maduro.

Delcy Rodríguez lucha bajo una carga casi insoportable. Una socialista de toda la vida cuyo propio padre fue torturado hasta la muerte por un servicio de seguridad venezolano dirigido por la CIA, ahora se encuentra, en la práctica, prisionera de Estados Unidos. Venezuela no es Irán. No posee la capacidad militar, la profundidad estratégica ni las alianzas para luchar contra Estados Unidos. Si Trump se despierta una mañana y decide un cambio de régimen total —y podría hacerlo—, el resultado sería un baño de sangre inmediato y la anulación total de todos los logros sociales de veinticinco años de chavismo.

Para evitar esa catástrofe, Rodríguez debe apaciguar a Trump. Debe hablar el lenguaje de la liberalización económica que Washington quiere oír, aunque los cambios políticos reales solo supongan un mínimo ajuste hacia la derecha en una economía que sigue siendo abrumadoramente mixta. Los logros socialdemócratas fundamentales —la educación, las misiones de salud, los programas de vivienda, las pensiones y el bienestar social, los servicios públicos privatizados— se están preservando.

La estrategia de Rodríguez es, por lo tanto, de tenaz resistencia: agachar la cabeza, preservar lo que se pueda preservar y esperar un cambio de viento político en Washington. Fuentes muy cercanas a ella mencionan repetidamente las elecciones de mitad de mandato de noviembre en EE. UU. como el próximo posible punto de inflexión.

La tragedia es que esta mujer debe soportar la imagen que se difunde desde Washington en el extranjero, la de una traidora a su clase y a su país. No puede criticar demasiado abiertamente a Trump sin correr el riesgo de provocar al psicópata hacia precisamente la violencia que está tratando de evitar. Un amigo que la conoce desde hace décadas me dijo: «Está haciendo lo que puede para mantener la paz en estos tiempos de guerra».

Existen pruebas muy concretas de la lealtad de Rodríguez hacia Maduro. Lejos de eclipsar a Maduro o de posicionarse como el nuevo rostro de la revolución, Delcy Rodríguez ha cubierto Venezuela con vallas publicitarias y arte callejero muy visibles con el lema «Liberen a Nicolás y a Cilia», sin introducir ningún material que la alabe a sí misma o intente construir su propio culto a la personalidad. Este simbolismo público es una poderosa respuesta en la vida real a las narrativas de deslealtad o traición.

Una de mis críticas personales al chavismo es que se centra demasiado en el culto a la personalidad. Es un hecho clave que Rodríguez esté haciendo justo lo contrario de intentar atraer ese foco de atención hacia sí misma.

La mayoría de los críticos de Rodríguez, especialmente los de los medios de comunicación y los comentaristas occidentales, no saben prácticamente nada de Venezuela. La mayor parte de lo que el público occidental cree saber es justo lo contrario de la verdad; la capacidad de los medios occidentales para mantener una narrativa falsa resulta sorprendentemente evidente al visitar el país.

He pasado ya un total de seis semanas en el país repartidas en dos viajes, hablando con estudiantes, diplomáticos, líderes sindicales, activistas comunitarios y personas del Gobierno —y con un gran número de camareros—. Lo que he visto y oído me convence, sobre todo, de una cosa: Delcy Rodríguez no es una traidora. Es una socialista que está haciendo lo único que le es posible en esta situación imposible: ganar tiempo para que la Revolución Bolivariana sobreviva." 

(Craig Murray, exdiplomático inglés, blog, 31/03/26, traducción DEEPL)