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14.7.26

En España las bajas laborales se han disparado desde 2020 y se sitúan por encima de los países vecinos. Pero en vez de culpar a los trabajadores por vagos como hace la derecha, hay que preguntarse por las causas para poder así abordarlas. ¡Y ojo que algunas son positivas! Un elemento distintivo de nuestro país son las listas de espera: por ejemplo, si te conceden la baja por una dolencia que requiere operación, pero esta tarda mucho en llegar, las bajas duran más y se van acumulando. La saturación de la sanidad eleva las bajas... Otro elemento distintivo es que el actual gobierno de coalición, nada más llegar al poder en 2020, prohibió que se pudiera despedir por bajas médicas justificadas. Obviamente esto permite que los trabajadores no tengan tanto miedo a solicitar una baja... Otro elemento es que tenemos ahora una tasa de paro históricamente baja, lo que también disminuye el miedo a ser disciplinado o despedido si uno solicita la baja médica, pero lo que mejor explica que en España tengamos más bajas laborales que los demás países es la saturación de la sanidad pública, competencia de las comunidades autónomas, mayoritariamente gobernadas por la derecha. ¡Feijóo se queja de algo que ha provocado su partido! Y es que la pandemia también ha ocurrido en otros países, por lo que no es el elemento diferencial... el envejecimiento trae más bajas, pero tampoco es un elemento distintivo de nuestro país... tampoco lo es el cambio cultural en los jóvenes, que valoran más su salud que su trayectoria profesional, por lo que solicitan la baja más que sus mayores (Eduardo Garzón)

Eduardo Garzón @edugaresp

En España las bajas laborales se han disparado desde 2020 y se sitúan por encima de los países vecinos. Pero en vez de culpar a los trabajadores por vagos como hace la derecha, hay que preguntarse por las causas para poder así abordarlas. ¡Y ojo que algunas son positivas! 

 Antes de 2020 en España había menos absentismo y menos bajas por incapacidad temporal que en la Unión Europea, pero tras ese año esto se invirtió. Así que no es sólo la pandemia: algo ha pasado en nuestro país que no ha ocurrido en los demás.

 Está claro que la pandemia marcó un antes y un después: muchas más enfermedades respiratorias y mentales. Pero esto es algo que también ha ocurrido en otros países, por lo que no es el elemento diferencial.

 Tampoco lo es el cambio cultural en los jóvenes, que parecen valorar más su salud que su trayectoria profesional, por lo que solicitan la baja más que sus mayores (aunque durante menos tiempo), más acostumbrados a ir al trabajo aunque se encuentren mal.

 A mayor envejecimiento, más dolencias, incapacidades y enfermedades y, por tanto, más bajas. Pero esto tampoco es un elemento distintivo de nuestro país, porque el envejecimiento poblacional ocurre en todos los países.

 Lo que sí es un elemento distintivo de nuestro país son las listas de espera: por ejemplo, si te conceden la baja por una dolencia que requiere operación, pero esta tarda mucho en llegar, las bajas duran más y se van acumulando. La saturación de la sanidad eleva las bajas.

 Otro elemento distintivo de nuestro país es que el actual gobierno de coalición, nada más llegar al poder en 2020, prohibió que se pudiera despedir por bajas médicas justificadas. Obviamente esto permite que los trabajadores no tengan tanto miedo a solicitar una baja.

 Otro elemento a tener en cuenta es que tenemos ahora una tasa de paro históricamente baja, lo que también disminuye el miedo a ser disciplinado o despedido si uno solicita la baja médica. Con tasas de paro altas y con miedo a perder el empleo, se iba más al trabajo indispuesto.

 Por tanto, lo que más explica que en España tengamos más bajas laborales que los demás países es la saturación de la sanidad pública, competencia de las comunidades autónomas, mayoritariamente gobernadas por la derecha. ¡Feijóo se queja de algo que ha provocado su partido!

11:35 a. m. · 14 jul. 2026 ·1.643 Visualizaciones

La Vaca que ríe @Maramaria44

El otro día escuché a un empresario quejarse porque una trabajadora había hecho sus 8 horas y se había ido,, como irse en un momento de tanto trabajo?? Es que la gente ya no quiere trabajar, murmuraba! Ósea pretendía que hiciese más horas de las debidas! Hay que jodeeeeerse

12:06 p. m. · 14 jul. 2026 ·84 Visualizaciones

11.7.26

Las seis verdaderas causas del aumento de las bajas por enfermedad que el Partido Popular y la CEOE no quieren señalar porque apuntan hacia arriba... Feijóo llama absentismo a no ir a trabajar estando de baja médica. Es una manipulación deliberada... estar enfermo no es escaquearse: es estar enfermo... El absentismo injustificado apenas tiene peso estadístico en nuestro mercado laboral... En España se trabaja mucho, se trabaja durante muchas horas y, demasiadas veces, se trabaja en condiciones que enferman. Por eso resulta tan revelador que el PP haya decidido convertir un problema de salud colectiva una sospecha moral contra quienes caen enfermos... Sí, las personas trabajadoras enfermas han aumentado desde 2018. Pero no por el fraude, sino porque hemos salido de una pandemia, que no termina cuando baja la curva de contagios... En segundo lugar, el envejecimiento de la población laboralmente activa trae consigo una mayor fragilidad de la salud... además, hay más personas trabajando y, por tanto, más bajas... y porque las listas de espera en la sanidad pública prolongan muchas bajas laborales, mientras una persona siga esperando una prueba, una consulta hospitalaria, un tratamiento o una rehabilitación... Estas listas de espera tienen responsables políticos en las comunidades gobernadas por el PP y Vox... junto al colapso de los tribunales médicos y de los procedimientos de valoración. Eso dispara las bajas recurrentes y de larga duración, solo acceden a determinadas prestaciones quienes tienen tiempo, dinero y recursos para judicializar su caso... Por último, todavía muchos centros de trabajo siguen organizados como máquinas de desgaste. Hay ritmos imposibles, plantillas ajustadas al límite, presión constante, turnos que destrozan la vida y patronos que confunden productividad con exprimir cuerpos. Estas son las verdaderas etiologías y los principales patógenos sociales... La pregunta es por qué hay tantos trabajos, viviendas, precios, listas de espera y formas de vida que enferman. Feijóo no quiere responder a esa pregunta porque la respuesta apunta hacia arriba: hacia la organización del trabajo, hacia el deterioro de los servicios públicos, hacia los márgenes empresariales, hacia el rentismo y hacia las decisiones políticas de quienes conciben los derechos como costes (Carlos Martín Urriza, Rafa Cofiño)

"El señor Feijóo llama absentismo a no ir a trabajar estando de baja médica. Es una manipulación deliberada del lenguaje. Absentismo es ausentarse sin causa justificada de una obligación; una baja médica, en cambio, es una situación reconocida por un profesional sanitario, regulada por la ley y causada por una enfermedad. Absentismo fue, por ejemplo, no acudir a un debate decisivo en unas elecciones generales, como hizo él en 2023. Pero estar enfermo no es escaquearse: es estar enfermo.

El absentismo injustificado apenas tiene peso estadístico en nuestro mercado laboral. Los datos de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral muestran, de forma persistente, que prácticamente nadie deja de acudir al trabajo sin una causa reconocida. En España se trabaja mucho, se trabaja durante muchas horas y, demasiadas veces, se trabaja en condiciones que enferman. Por eso resulta tan revelador que el PP y sus medios afines hayan decidido convertir un problema de salud colectiva organización del trabajo y protección social en una sospecha moral contra quienes caen enfermos.

La derecha y sus altavoces son especialistas en torcer las palabras para convertir a los débiles en culpables y a los poderosos en víctimas. Llaman absentismo a las bajas médicas; “inquiokupas” a las familias vulnerables que ya no pueden pagar el alquiler; “MENAs” a niños y niñas migrantes que han llegado solos; y “paguita” al Ingreso Mínimo Vital. Pero cuando el dinero público lo recibe un patrono, ya no es dependencia, es subvención. Cuando lo cobra una gran empresa, ya no es gasto, es colaboración público-privada. Acumular viviendas para exprimir con los alquileres no es acaparamiento ni especulación, es inversión y emprendimiento. Despedir para aumentar beneficios no es codicia, es flexibilidad. Y trasladar beneficios a un paraíso fiscal no es saqueo de lo común, es huir del infierno fiscal. El truco siempre es el mismo: cambiar las palabras para cambiar la culpa de sitio; cambiar las palabras para culpabilizar a la víctima.

Sí, las personas trabajadoras enfermas han aumentado desde 2018. Pero no por el fraude, como insinúa Feijóo con una afirmación sin sustento estadístico y con la que, de paso, coloca bajo sospecha a médicos y médicas que firman bajas conforme a criterios clínicos. El incremento se explica, en primer lugar, porque hemos salido de una pandemia: una emergencia sanitaria de primer orden que no termina cuando baja la curva de contagios. Después llega una segunda curva, más silenciosa y más larga: la de las secuelas persistentes, el deterioro del bienestar psicológico, la ansiedad, la depresión, la fatiga crónica, los problemas de salud que se arrastran durante meses o años y una debilidad progresiva de la Atención Primaria en muchas comunidades autónomas.

En segundo lugar, el envejecimiento de la población laboralmente activa trae consigo una mayor fragilidad de la salud: más enfermedades crónicas, más dolencias del aparato locomotor, más tratamientos prolongados y más episodios de incapacidad temporal. 

En tercer lugar, hay más personas trabajando y, por tanto, más bajas. La afiliación ha aumentado en 3,5 millones desde 2018 gracias a la fortaleza de la economía y a que muchas empresas están yendo muy bien. Pero la patronal siempre quiere más: beneficios privatizados cuando las cosas van bien y costes socializados cuando el trabajador enferma.

En cuarto lugar, las listas de espera en la sanidad pública prolongan muchas bajas laborales. Son las médicas y médicos de familia quienes tramitan y hacen seguimiento de la inmensa mayoría de estos procesos en Atención Primaria; y son procesos que se complejizan mientras una persona siga esperando una prueba, una consulta hospitalaria, un tratamiento o una rehabilitación. Es especialmente evidente en dos ámbitos donde se concentran muchos procesos de incapacidad temporal: las musculoesqueléticas y la salud mental. Dos áreas todavía infradotadas en nuestro sistema sanitario y donde la demora no solo retrasa la curación, sino que además cronifica el daño.

Estas listas de espera tienen responsables políticos en las comunidades gobernadas por el PP y Vox. Allí la sanidad pública cuenta con más recursos que nunca gracias a la buena marcha de la recaudación, pero no se han traducido en una reducción suficiente de las listas y demoras ni en reforzar personal, presupuesto, poder y prestigio en Atención Primaria. La razón es que una parte creciente de los nuevos ingresos se emplea en remunerar al capital privado resultante de las privatizaciones, es decir, se despilfarra.

En quinto lugar, está el colapso de los tribunales médicos y de los procedimientos de valoración. Eso dispara las bajas recurrentes y de larga duración, y además genera una desigualdad intolerable: solo acceden a determinadas prestaciones quienes tienen tiempo, dinero y recursos para judicializar su caso. Quien no puede litigar, espera; quien espera, empeora; y quien empeora, acaba siendo señalado como sospechoso por los mismos que han impedido una respuesta pública a tiempo.

Por último, aunque el mercado laboral ha mejorado en los últimos años, muchos centros de trabajo siguen organizados como máquinas de desgaste. Hay ritmos imposibles, plantillas ajustadas al límite, presión constante, turnos que destrozan la vida, salarios que no compensan el esfuerzo y patronos que confunden productividad con exprimir cuerpos. Estas son las verdaderas etiologías y los principales patógenos sociales: 2,5 millones de horas extra a la semana que no se pagan ni se compensan con descanso; salarios pactados en convenio que han perdido poder de compra entre 2019 y 2025 mientras la productividad real se disparaba; alquileres que en las grandes ciudades confiscan más de la mitad del salario; supermercados que han elevado precios por encima de los costes; y beneficios empresariales en máximos mientras la patronal y el PP piden recortar la protección de quienes enferman.

La pregunta, por tanto, no es por qué hay más bajas. La pregunta es por qué hay tantos trabajos, viviendas, precios, listas de espera y formas de vida que enferman. Feijóo no quiere responder a esa pregunta porque la respuesta apunta hacia arriba: hacia la organización del trabajo, hacia el deterioro de los servicios públicos, hacia los márgenes empresariales, hacia el rentismo y hacia las decisiones políticas de quienes conciben los derechos como costes.

Algo bueno hay detrás de todo esto: Feijóo se ha quitado la máscara. Ya no habla solo para embarrar el debate, habla para anunciar su programa. Y es esclarecedor, quiere que enfermar vuelva a ser sospechoso y recuperar el despido por enfermedad. Quiere recortar la compensación económica de las personas enfermas, aunque esa prestación exista precisamente para que a padecer una enfermedad no se añada la pobreza. Quiere debilitar la representación de los trabajadores en las empresas, elevando los umbrales para que miles de centros de trabajo queden sin comité. Y quiere destruir el diálogo social y la negociación colectiva decidiendo él el contenido de los convenios colectivos de trabajo. Esa es la vieja aspiración de la derecha cuando se le cae la máscara: trabajadores enfermos, pero en el tajo, aislados frente al empresario, con miedo a reclamar, baratos, dóciles y solos. En definitiva, trabajadores escurridos de derechos." 

(Carlos Martín UrrizaRafa Cofiño, El Salto, 11/07/26)

30.6.26

Dos huelgas generales derrocan el paquete de medidas laborales del gobierno portugués... el paquete laboral solo fue rechazado porque quienes se declararon en huelga y quienes se manifestaron lograron situar la cuestión laboral en el centro de la vida política nacional, creando así una conciencia generalizada sobre la naturaleza de la contrarreforma prevista... El protagonismo que adquirió el tema laboral restó protagonismo a las guerras culturales promovidas por la extrema derecha, totalmente artificiales (como la prohibición del uso del burka, por ejemplo) e, incluso, a la agenda antiinmigrante que venía cobrando fuerza de la mano del Gobierno... la convergencia sindical en el rechazo de la propuesta -que alcanzó su punto álgido en la huelga general conjunta de diciembre- infundió confianza a los sectores sociales susceptibles de movilizarse en estos tiempos difíciles. Así fue como el paquete laboral, además de antipopular, se volvió impopular: aprobarlo pasó a tener un coste electoral más elevado... La izquierda que se enfrenta al neofascismo y al Gobierno no debe morder el anzuelo de las guerras culturales: es hora de tomar la iniciativa junto al pueblo que ganó el viernes, la mayoría social que rechaza la precariedad (Jorge Costa)

"El 19 de junio, el Parlamento portugués rechazó la propuesta de Reforma de la Legislación Laboral presentada por el Gobierno. Los 100 diputados que apoyaron al Gobierno (PSD, CDS e IL) quedaron en minoría cuando a los votos del PS (58) y de los demás partidos de izquierda (12) se sumaron –en contra de las previsiones de periodistas y comentaristas– los 60 votos de Chega (extrema derecha).

Los lectores de Viento Sur pudieron seguir la lucha contra este paquete de medidas brutales contra los trabajadores, incluidas las dos huelgas generales, en diciembre y en junio, la primera convocada por las dos centrales sindicales, CGTP y UGT. De hecho, el paquete laboral solo fue rechazado porque quienes se declararon en huelga y quienes se manifestaron lograron situar la cuestión laboral en el centro de la vida política nacional, creando así una conciencia generalizada sobre la naturaleza de la contrarreforma prevista.

El protagonismo que adquirió el tema laboral restó protagonismo a las guerras culturales promovidas por la extrema derecha, totalmente artificiales (como la prohibición del uso del burka, por ejemplo) e, incluso, a la agenda antiinmigrante que venía cobrando fuerza de la mano del Gobierno.

Al mismo tiempo, la convergencia sindical en el rechazo de la propuesta -que alcanzó su punto álgido en la huelga general conjunta de diciembre- infundió confianza a los sectores sociales susceptibles de movilizarse en estos tiempos difíciles. Así fue como el paquete laboral, además de antipopular, se volvió impopular: aprobarlo pasó a tener un coste electoral más elevado.

A pesar de que el Presupuesto del Estado se aprobó con los votos de los diputados del Partido Socialista, la derecha tradicional ha aprobado junto con Chega importantes leyes regresivas en ámbitos como la inmigración, la nacionalidad y la identidad de género. Esto llevó a mucha gente a creer que, tras frustrarse los persistentes intentos de someter a la UGT para arrastrar al PS, la presión patronal (y de las finanzas) sobre Chega llevaría al partido a salvar la ley del Gobierno. La sucesión de reuniones de negociación entre Montenegro y Ventura dio credibilidad a esa expectativa. El viernes, el voto en contra de Chega fue recibido con sorpresa.

La victoria de las huelgas y el poder de la lucha, incluso en un contexto tan adverso, no son la única lección que se puede extraer de este episodio. También queda patente la especificidad de Chega dentro del espectro de la derecha, su perfil típicamente neofascista. Al igual que el fascismo histórico, el neofascismo, antes de llegar al poder, evita aprobar las medidas impopulares de los liberales (sobre todo aquellas que aplicará con mayor rapidez si llega al Gobierno). Al igual que el Frente Nacional francés ante la reforma de las pensiones, Chega ha antepuesto la acumulación de fuerza electoral a la obediencia orgánica al plan patronal, distinguiéndose así del resto de la derecha. Por eso también ha ocultado su primer programa, de 2019, el más sinceramente ultraliberal. 

En resumen: ya se ha demostrado que la suma de los votos de la derecha tradicional y de los neofascistas es peligrosa, pero, por el momento, la táctica de Chega hace que esa mayoría sea demasiado inconsistente como para lanzarse a enfrentamientos frontales contra las mayorías sociales.

Aplicar el paquete de medidas laborales implicaría un enfrentamiento con la mayoría de los trabajadores y trabajadoras, incluido el proletariado industrial que trabaja por turnos, cuyo componente salarial por horas extras se veía afectado por la nueva ley. Al perder la hegemonía en el tema laboral, la derecha huyó de él tan pronto como pudo. Una vez descartada la posibilidad de un acuerdo con la UGT, Chega eligió como “exigencia negociadora” la reducción de la edad de jubilación, un anatema para Montenegro. Derrotado, el Gobierno tiró la toalla: con el apoyo de Chega, adelantó la votación parlamentaria y ni siquiera intentó remitir la ley, sin votación, a la comisión especializada (lo que habría prolongado la centralidad del tema en la agenda política). 

Ahora, el PSD y Chega intentarán devolver al país a la agenda conservadora y antiinmigración, el terreno de juego preferido de la disputa entre las derechas. En cuanto al PS, se prepara para, «en nombre de la estabilidad», volver a dar luz verde al presupuesto del PSD. La izquierda que se enfrenta al neofascismo y al Gobierno no debe morder el anzuelo de las guerras culturales: es hora de tomar la iniciativa junto al pueblo que, de hecho, ganó el viernes, la mayoría social que rechaza la precariedad." 

(Jorge Costa , Viento Sur, 23/06/26)

13.6.26

Amazon es un banco de pruebas para el futuro del trabajo... Lo que le suceda a los trabajadores de Amazon –para bien o para mal– le sucederá a los trabajadores de todo el mundo... Los empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo laboral de este gigante, caracterizado por la explotación, la inestabilidad laboral y –lo que es aterrador– el uso de tecnologías de IA para disciplinar y restar poder a los trabajadores... Cuando estoy en el camión de Amazon, cada movimiento que hago es rastreado con tecnología y evaluado por programas de IA: dónde estoy, qué paquetes he entregado y si voy al ritmo que el algoritmo de Amazon ha determinado que debo cumplir. Los informes al final de cada turno muestran cómo se comparan mis entregas con los tiempos prescritos por el estándar algorítmico de Amazon... El Gran Hermano: el “NetradyneDriver•i” , tu compañero de viaje en la furgoneta. Las lentes de la cámara apuntan en todas direcciones, midiendo continuamente tu velocidad y distancia.. Observa la orientación y el movimiento de tus ojos. Si bostezas. Si apartas la vista de la carretera durante demasiado tiempo... además, Amazon recurre a agentes de seguridad y a la policía local para imponer “una cultura organizativa de obediencia casi carcelaria, una “militarización” de las funciones de recursos humanos”... Este es el sombrío futuro que estamos legando a nuestros hijos, a menos que organicemos a los trabajadores de Amazon a gran escala y luchemos... Con una red de cientos de almacenes, “la empresa tiene la agilidad necesaria para redirigir el flujo de paquetes a otras instalaciones, manteniendo intacta la cadena de suministro” y haciendo que las huelgas en un solo centro resulten en gran medida irrelevantes... Eso significa organizarse en regiones enteras o en secciones completas de la cadena de suministro de la empresa (Jonathan Rosenblum)

"Entre el 7 y el 10 de junio, la convención cuatrienal de la AFL-CIO se ha reunido en Minneapolis con el objetivo declarado de organizarse “con unidad y claridad de propósito para empoderar a los trabajadores”. 

Esa claridad de propósito debería incluir un compromiso real para afrontar el mayor y más importante reto de organización al que se enfrentan los sindicatos en esta era: Amazon.

Hasta ahora, a pesar de algunos inspiradores focos de lucha aislados, el movimiento sindical estadounidense no ha conseguido llevar a Amazon a la mesa de negociación.

A nivel nacional, y continuando con un declive histórico, la afiliación sindical el año pasado fue de un mísero 10 % en EEUU, y eso sin contar siquiera los afiliados perdidos cuando Trump rompió los convenios colectivos que cubrían a casi un millón de trabajadores federales. Esto ha dejado a decenas de millones de trabajadores por organizar, pero los más importantes son los 1,5 millones de trabajadores y contratistas de Amazon.

Hace noventa años General Motors era el pionero del capitalismo, imitado por otros industriales que buscaban perfeccionar la eficiencia productiva, la explotación de los trabajadores y la extracción de beneficios. Los trabajadores de GM, organizados bajo la bandera del CIO y respaldados por sindicatos que no esperaban ganar nuevos afiliados con el proyecto –como el Sindicato de Mineros Unidos–, se opusieron a esa explotación, se declararon en huelga y consiguieron nuevas condiciones. Anunciaron un periodo de organización masiva, el apogeo moderno del poder sindical.

Amazon es el General Motors de hoy. Lo que le suceda a los trabajadores de Amazon –para bien o para mal– le sucederá a los trabajadores de todo el mundo.

Amazon es un banco de pruebas para el futuro del trabajo de todos nosotros. Los empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo laboral de este gigante, caracterizado por la explotación, la inestabilidad laboral y –lo que es aterrador– el uso de tecnologías de IA para disciplinar y restar poder a los trabajadores.

Amazon está perfeccionando la subcontratación, la mano de obra “justo a tiempo” y el aumento del ritmo de trabajo. Sus más de 250.000 repartidores en EEUU están todos subcontratados, ya sea a través de una multitud de pequeñas empresas llamadas socios de servicios de reparto (DSP) o contratados como autónomos. De esa forma, Amazon puede eludir la responsabilidad cuando los repartidores sufren lesiones, piden un aumento de sueldo o intentan sindicarse. Los almacenes funcionan con un modelo de mano de obra reducida. Los horarios normales a tiempo completo en los almacenes son cuatro turnos consecutivos de diez horas, pero Amazon suele recortar las horas de los trabajadores cada vez que la producción se ralentiza, incluso en medio de un turno, lo que causa estragos en unos presupuestos familiares ya de por sí ajustados. Luego, entre Acción de Gracias y Navidad Amazon impone horas extra obligatorias –una hora extra al día, más un día laborable adicional obligatorio cada semana–, lo que eleva la semana laboral a unas brutales 55 horas y hace caso omiso de los efectos en la vida personal y familiar de los trabajadores.

A través de su agresiva introducción de robots –ahora más de un millón–, Amazon está sustituyendo a los trabajadores y obligando a los que quedan a trabajar más rápido. No es de extrañar que los empleados sufran accidentes laborales con tanta frecuencia, y que la grave tasa de lesiones de la empresa sea casi el doble que la de sus homólogos del sector de los almacenes.

Luego está la IA. Sé algo de esto de primera mano, ya que he trabajado durante el último año y medio como repartidor a tiempo parcial de Amazon. La empresa de reparto para la que trabajo es un empleador justo, pero el problema no es ella; es Amazon, porque, aunque técnicamente los repartidores no somos empleados de la empresa, todos estamos sujetos a su seguimiento y supervisión.

Cuando estoy en el camión de Amazon, cada movimiento que hago es rastreado con tecnología y evaluado por programas de IA: dónde estoy, qué paquetes he entregado y si voy al ritmo que el algoritmo de Amazon ha determinado que debo cumplir. Los informes al final de cada turno muestran cómo se comparan mis entregas con los tiempos prescritos por el estándar algorítmico de Amazon. Cada semana se nos evalúa para determinar si tomamos fotos precisas en el momento de la entrega, si entregamos los paquetes exactamente donde el cliente lo solicitó y si recibimos comentarios positivos o negativos de los clientes. A través de este sistema, los conductores que no “alcanzan el ritmo” o que no cumplen con los estándares prescritos por Amazon pierden su empleo.

Los repartidores de Amazon de todo el país informan ahora de que no les despide un humano, sino la IA

¿Qué permite este nivel de supervisión? El Gran Hermano: el “NetradyneDriver•i” , tu compañero de viaje en la furgoneta. Las lentes de la cámara apuntan en todas direcciones, midiendo continuamente tu velocidad y distancia. Netradyne también controla si te detienes completamente en cada señal de stop, si utilizas el intermitente, si evitas desviarte del carril, si frenas, aceleras o tomas las curvas demasiado rápido. Observa la orientación y el movimiento de tus ojos. Si bostezas. Si apartas la vista de la carretera durante demasiado tiempo. Todos estos datos se introducen en un sistema de IA donde la tecnología, y no una persona, evalúa tu comportamiento cada segundo. Netradyne se jacta de esto y lo denomina “IA física implementada a gran escala”.

En los grupos de chat de Reddit, los repartidores de Amazon de todo el país informan ahora de que no les despide un humano, sino la IA. En el caso de los trabajadores de almacén, Amazon ha aprovechado la misma tecnología de vigilancia para asegurarse de que las tasas de recogida, embalaje y clasificación de los trabajadores cumplan con sus estándares determinados algorítmicamente, que sus escaneos sean perfectos y que minimicen el “tiempo fuera de la tarea” –como ir al baño–. Todo se mide y se supervisa. Y si no “alcanzas la tasa”, primero te aconsejan, luego te sancionan y, finalmente, te despiden.

En muchos almacenes, Amazon recurre a agentes de seguridad y a la policía local para imponer “una cultura organizativa de obediencia casi carcelaria –lo que equivale a una “militarización” de las funciones de recursos humanos”, según un informe académico reciente. “Parece que estamos entrando en una prisión y que intentan asegurarse de que no nos escapemos”, cita el informe a un trabajador.

Esta distopía laboral se está perfeccionando en Amazon y luego se exporta a otros empleadores: en fábricas, tiendas de alimentación, hospitales, restaurantes, hoteles, obras de construcción, laboratorios y oficinas. Este es el sombrío futuro que estamos legando a nuestros hijos, a menos que organicemos a los trabajadores de Amazon a gran escala y luchemos.

Amazon no es solo un problema para quienes trabajamos en el sector logístico. De ser una humilde tienda de libros en línea, se ha transformado en una referencia que puede revolucionar otros sectores. Su avaricia no hace más que crecer. Amazon gestiona hoy 532 tiendas de alimentación Whole Foods y está ampliando rápidamente su red de reparto de comestibles. Este es el siguiente gran sector que pretende revolucionar.

A través de Amazon Web Services, la empresa es ahora un proveedor global dominante de potencia informática, almacenamiento, redes, análisis y seguridad. Amazon fabrica sus propios chips de IA Trainium, compitiendo directamente con Nvidia. Amazon produce y distribuye películas y series de televisión a través de sus Amazon MGM Studios. El fundador de Amazon, Jeff Bezos, es propietario del Washington Post. Amazon One Medical es un servicio de atención primaria que ofrece asistencia en línea y en clínicas, y está entrando con fuerza en el mercado de los medicamentos con receta a través de Amazon Pharmacy. A través de su filial Ring, Amazon domina hoy en día el mercado de la seguridad doméstica y ofrece otros productos electrónicos de consumo líderes, como Alexa y Kindle.

¿Se puede derrotar a una empresa tan grande y expansiva, un gigante con casi tres billones de dólares de valoración bursátil? Sí, se puede. Pero, como destaca un informe publicado el 4 de junio, se necesitará un esfuerzo titánico y sin reservas por parte de todo el movimiento sindical estadounidense para hacer que retroceda –no solo los valientes pero fragmentados esfuerzos que hemos visto hasta ahora–.

El informe, Renewing Labor and Winning at Amazon, del que soy coautor junto con Michael McQuarrie y Benjamin Y. Fong, y que fue publicado por el Center for Work and Democracy de la Universidad Estatal de Arizona, documenta cómo, a diferencia de la década de 1930, cuando los organizadores del CIO pudieron frenar la producción mediante huelgas en unos pocos centros de producción clave, el proyecto de organización de Amazon debe apuntar más allá. Con una red de cientos de almacenes, centros de clasificación e instalaciones de carga aérea, “la empresa tiene la agilidad necesaria para redirigir el flujo de paquetes a otras instalaciones, manteniendo intacta la cadena de suministro” y haciendo que las huelgas en un solo centro resulten en gran medida irrelevantes, señala el informe, concluyendo que “los estrategas sindicales de hoy en día deben reconocer que, para tener éxito, la organización debe interrumpir el flujo de la cadena de suministro de Amazon”.

Es necesario organizarse en regiones enteras o en secciones completas de la cadena de suministro de la empresa

Eso significa organizarse en regiones enteras o en secciones completas de la cadena de suministro de la empresa. El informe destaca dos regiones estratégicas en particular. La primera se centra en el área de Los Ángeles y el Inland Empire, justo al este de los puertos de Los Ángeles y Long Beach, por donde pasa la mayor parte de la mercancía importada de Amazon antes de distribuirse a los almacenes de todo el país. La segunda comprende la región del noreste, donde se concentra una gran cantidad de clientes de Amazon. El sindicato Teamsters ya está organizándose en ambas regiones, donde los trabajadores se han enfrentado tenazmente a la empresa. Pero la escala de la organización hasta la fecha no está a la altura del desafío. En el enorme almacén JFK8 en Staten Island, el Amazon Labor Union, ahora parte de los Teamsters, ganó una histórica votación de representación sindical en 2022. Cuatro años después, a pesar de la persistente organización de los trabajadores, Amazon aún no ha accedido a reconocer al sindicato ni a negociar.

Cientos de organizadores internos –activistas políticos que han aceptado puestos de trabajo en Amazon para “infiltrarse” u organizar desde dentro– han desarrollado una gran sofisticación en la organización en Amazon en los últimos años, y deben desempeñar un papel importante en cualquier campaña nacional. Lo mismo ocurre con los miembros sindicales existentes en los sectores de la logística, la alimentación, la sanidad y otros. “Los miembros de Teamsters de UPS y DHL han sido organizadores especialmente eficaces, ya que comparten con los trabajadores de Amazon un lenguaje común y preocupaciones comunes sobre el proceso de trabajo de la cadena de suministro, el aumento del ritmo de trabajo, la tecnología y los problemas que plantea la dirección”, señala el informe Renewing Labor and Winning at Amazon. “Ellos, junto con los miembros sindicales de otros sectores, pueden señalar fácilmente los logros que han conseguido mediante la negociación colectiva y la huelga, que diferencian drásticamente sus condiciones de trabajo de las de los trabajadores de Amazon”.

Si bien la organización debe centrarse en los almacenes y orientarse hacia la construcción de acciones de huelga masivas, el movimiento sindical debe concebir –y financiar– una campaña global que atraiga al público, a otras empresas, a los gobiernos y a los reguladores. Esto se debe a que el impacto de Amazon va mucho más allá del lugar de trabajo, y se necesitará presión tanto dentro de la cadena de suministro como en toda la sociedad para obligar a la empresa a negociar con los sindicatos.

Decenas de miles de camiones de Amazon contaminan el aire, perjudican la salud pública y deterioran las vías públicas, y las exenciones fiscales que Amazon exige habitualmente privan a los gobiernos locales de los recursos necesarios para prestar servicios públicos.

“Las comunidades en zonas con alta concentración de almacenes, como el Inland Empire de California, son lugares idóneos para unir a los trabajadores y a los miembros de la comunidad en campañas comunes contra la explotación en los almacenes y contra las cargas externalizadas que Amazon impone a la comunidad en general”, señala el informe.

Dado que la Junta Nacional de Relaciones Laborales no es una vía eficaz para obligar a Amazon a negociar, los sindicatos deben impulsar iniciativas electorales a nivel estatal y local para promover las demandas clave de los trabajadores y la comunidad. Este no es un concepto nuevo. Hace quince años, la campaña “Fight for $15” (Lucha por los 15 dólares) se valió del poder de las iniciativas electorales para conseguir aumentos salariales para millones de trabajadores. Algunos llegaron a crear sindicatos en sus lugares de trabajo. Hoy en día, el lema podría ser “Fight for $30” (Lucha por los 30 dólares), una cifra que los trabajadores de Amazon citan con frecuencia como el mínimo indispensable para sobrevivir.

Las iniciativas también podrían establecer normas de seguridad para los trabajadores, prohibir la subcontratación de los repartidores de Amazon y restringir la ubicación de los centros de datos.

Otra idea de iniciativa consiste en gravar a los robots. Esto repondría los ingresos que los gobiernos pierden cuando Amazon sustituye a los humanos –que pagan impuestos sobre la nómina y que también contribuyen a los ingresos por impuestos sobre las ventas cuando gastan dinero en la comunidad– por robots, que no hacen ninguna de esas cosas. Las iniciativas también podrían exigir a Amazon que contribuya a un fondo de vivienda asequible controlado públicamente para compensar la destrucción de viviendas que provoca la expansión de los almacenes. O podrían exigir a Amazon que financie clínicas de salud y la limpieza del aire, para compensar la contaminación causada por el movimiento diario de sus camiones y vagones.

Estas y otras ideas de iniciativas alteran el modelo de negocio de explotación de Amazon y pueden ser mecanismos poderosos para unir a los trabajadores y a los miembros de la comunidad en una causa común y en la demanda definitiva de reconocimiento sindical y convenios colectivos. En algunos casos, las iniciativas que desafían el modelo de negocio de Amazon pueden llevarse a cabo como campañas legislativas. En la ciudad de Nueva York, una coalición de sindicalistas y activistas comunitarios está presionando al Ayuntamiento para que apruebe la Ley de Protección de la Distribución, que obligaría a Amazon a contratar a los repartidores directamente y a mejorar las normas de seguridad. Es un buen comienzo. Ahora imagina si se lanzaran campañas a favor de la Ley de Protección de la Distribución simultáneamente en 20 ciudades.

Los sindicatos también deberían aprovechar la frustración que los proveedores y vendedores externos sienten por la presencia de Amazon. Las personas y las pequeñas empresas que intentan vender sus productos en la plataforma de Amazon ven cómo el gigante les reduce los márgenes. Algunas empresas le han acusado de robarles sus ideas y luego lanzar productos competidores. Los proveedores como los DSP [un programa que “permite a emprendedores crear su propia empresa de reparto” dentro de Amazon] viven continuamente en vilo, ya que sus contratos con Amazon pueden ser rescindidos casi sin previo aviso. Una campaña creativa puede encontrar una causa común con estas fuerzas dispares lanzando luchas locales y estatales para frenar el poder de la compañía frente a los vendedores individuales y las pequeñas empresas.

Amazon “tiene un dinamismo corporativo y una flexibilidad infraestructural sin parangón en ninguna otra empresa contemporánea”, señala el informe. “Pero su enorme tamaño y riqueza no la hacen invencible. De hecho, la velocidad y la complejidad de la cadena de suministro de Amazon la convierten en un objetivo de organización vulnerable, además de desafiante. Una campaña multidimensional y bien dotada de recursos puede garantizar el reconocimiento sindical y la firma de convenios en Amazon”.

¿En qué consiste una campaña “bien dotada de recursos”? Actualmente, los sindicatos gastan en total unos diez millones de dólares al año en la organización referente a Amazon, y la mayor parte de esa cantidad procede de los Teamsters. Eso simplemente no es suficiente para vencer a una empresa con 1.500 centros de trabajo en EEUU y más de 120.000 millones de dólares en efectivo disponible. Para sindicalizar a 80.000 trabajadores en Los Ángeles, o a 100.000 en la costa este, o a 50.000 en Florida, o a las decenas de miles en otras regiones creo que necesitaremos al menos 100 millones de dólares anuales durante al menos una década para financiar a miles de organizadores, tanto dentro como fuera de las instalaciones de Amazon, junto con una sólida infraestructura de campaña para construir un nuevo movimiento de organización industrial al estilo del CIO.

Puede parecer mucho dinero, pero hay que tener en cuenta que los activos del movimiento sindical estadounidense rondan hoy los 35.000 millones de dólares, lo que supone un aumento del 225 % en los últimos 15 años, y que los líderes sindicales estadounidenses gastaron más de 400 millones de dólares en la fallida candidatura de Biden-Harris.

En conjunto, dentro del movimiento sindical, los recursos están ahí para montar una campaña seria contra Amazon. Emprender o no la lucha es una elección política.

Esta no puede ser una batalla que asuman solo unos pocos sindicatos. Debe ser un esfuerzo conjunto. Hace unos 90 años, los líderes del Sindicato de Mineros Unidos y otros sindicatos hicieron un pacto para organizar a los trabajadores de las industrias del automóvil, el acero, la electricidad y el caucho, porque sabían que sin una organización masiva, toda la clase trabajadora estaba en peligro. Este fin de semana, mientras los líderes de la AFL-CIO se reúnen en Minneapolis, los sindicatos se encuentran en la misma encrucijada peligrosa. Esperemos que tomen la decisión correcta, como hicieron sus predecesores hace 90 años."

(Jonathan Rosenblum, CTXT, 12/06/2026 )

18.3.26

Estas 20 corporaciones son las principales responsables de la crisis de asequibilidad (o de la miseria)... Ninguna de las empresas del grupo de 20 salarios bajos tuvo en 2024 un salario medio que alcanzara el nivel de ingresos de 59.600 dólares necesario para pagar el alquiler medio de un apartamento de dos habitaciones en Estados Unidos... Los modelos de negocio de bajos salarios de estas empresas han dejado a muchos de sus trabajadores sin otra opción que depender de la asistencia pública... En 13 de las empresas, el salario medio cayó por debajo del umbral familiar de $33,576 para la ayuda alimentaria SNAP... Incluso en tiempos "normales", es inaceptable que los trabajadores de las principales corporaciones estadounidenses tengan que luchar solo para sobrevivir mientras sus jefes principales se embolsan cheques de pago multimillonarios. Hoy, con los altos costos de las necesidades básicas y el desmantelamiento de nuestra red de seguridad, los formuladores de políticas deben tomar medidas enérgicas contra los modelos de negocio de salarios de pobreza que solo benefician a quienes están en la cima (Sarah Anderson)

 "Una encuesta reciente encontró que casi la mitad de las personas en el país más rico del mundo tienen dificultades para pagar necesidades básicas como comestibles, facturas de servicios públicos, atención médica, vivienda y transporte.       

Un nuevo informe del Instituto de Estudios de Políticas arroja luz sobre el papel que las principales corporaciones están desempeñando en esta crisis de asequibilidad. El informe analiza a los 20 empleadores más grandes de trabajadores estadounidenses con salarios bajos, un grupo que hemos apodado los "20 de bajos salarios".

Nuestro análisis revela que en la mitad de estas empresas, el salario medio de los trabajadores disminuyó en términos reales entre 2019 y 2024. Para el grupo en su conjunto, el salario medio mediano cayó un 4,6 por ciento a solo 29.087 dólares.

Ninguna de las empresas del grupo de 20 salarios bajos tuvo en 2024 un salario medio que alcanzara el nivel de ingresos de 59.600 dólares necesario para pagar el alquiler medio de un apartamento de dos habitaciones en Estados Unidos.

En siete empresas de bajos salarios, la remuneración anual de un trabajador típico cayó por debajo de 25.533 dólares, el precio medio de un coche usado. Sin transporte confiable, los trabajadores no pueden llegar a sus empleos, sin mencionar las tiendas de comestibles y los consultorios médicos.

Los salarios de pobreza también hacen extremadamente difícil para las familias de bajos ingresos costear el envío de sus hijos a la universidad. En 16 de las 20 empresas de bajos salarios, el trabajador típico gana menos en un año entero que el costo anual promedio de $44,961 para matrícula y cuotas en una universidad privada. Siete de las empresas tienen ingresos medios inferiores al costo promedio de 5,415 de matrícula y cuotas para estudiantes de fuera del estado en universidades públicas.

Los modelos de negocio de bajos salarios de estas empresas han dejado a muchos de sus trabajadores sin otra opción que depender de la asistencia pública.

Quince de los 20 estados con salarios bajos informaron un salario medio en 2024 por debajo del límite de ingresos de $35,631 para una familia de tres miembros para ser elegible para Medicaid. En 13 de las empresas, el salario medio cayó por debajo del umbral familiar de $33,576 para la ayuda alimentaria SNAP.

En el extremo opuesto de la escala de ingresos, los directores ejecutivos de las 20 empresas de bajos salarios ganaron una compensación promedio de 8.6 millones en 2024. El CEO de Starbucks, Brian Niccol, obtuvo la mayor remuneración, con 95,8 millones de dólares en su primer año en el cargo. El CEO de Amazon, Andrew Jassy, recibió solo una modesta suma de 1,6 millones de dólares en 2024. Pero gracias a paquetes salariales masivos y multianuales anteriores, tiene acciones de Amazon valoradas en unos 467 millones de dólares.

Para inflar aún más los salarios de los ejecutivos, las 20 corporaciones de bajos salarios han estado gastando sumas ingentes en recompras de acciones. Esta maniobra financiera infla artificialmente el valor de la compensación basada en acciones de los directores ejecutivos, al tiempo que desvía recursos de los salarios de los trabajadores y otras inversiones productivas.

Con los 32.5 mil millones de dólares que estas 20 empresas gastaron en recompras solo en 2024, podrían haber elevado a más de un millón de trabajadores que ganan el salario medio de los 20 salarios bajos hasta el nivel de ingresos necesario para pagar el alquiler medio de un apartamento de dos habitaciones.

El año pasado, el Congreso aprobó recortes históricos a los programas de asistencia pública, lo que hace aún más importante que todos los trabajadores estadounidenses ganen salarios lo suficientemente altos para cubrir sus costos básicos de vida.

Los responsables políticos disponen de muchas herramientas para influir en las prácticas salariales de las empresas. Podrían aumentar el salario mínimo federal, una medida que tendría efectos en cadena en toda la fuerza laboral por hora.

Para combatir la supresión salarial, los legisladores a nivel federal y estatal también deberían aprobar reformas que amplíen los derechos de los trabajadores a organizarse, penalicen las violaciones de los empleadores y prohíban la interferencia de los empleadores en la organización. También podrían negar las deducciones de impuestos corporativos por gastos relacionados con actividades antisindicales, como las llamadas "reuniones de audiencia cautiva" y las campañas publicitarias antisindicales.

Tasas impositivas más altas para las empresas con enormes brechas salariales entre el CEO y los trabajadores crearían un incentivo tanto para frenar la remuneración de los ejecutivos como para aumentar los salarios de los trabajadores, al tiempo que generarían importantes ingresos nuevos para las inversiones públicas. Sindicatos y grupos comunitarios en dos ciudades – San Francisco y Los Ángeles – se están movilizando para incluir los "Impuestos a los CEO sobrepagados" en la boleta electoral de 2026.

Estas campañas locales impulsarán el impulso detrás de los proyectos de ley federales para imponer sanciones fiscales a las empresas con enormes brechas salariales, incluyendo la Ley de Impuestos sobre la Remuneración Excesiva de los CEO y la Ley de Reducción de la Sobrecompensación Ejecutiva (CEO).

Incluso en tiempos "normales", es inaceptable que los trabajadores de las principales corporaciones estadounidenses tengan que luchar solo para sobrevivir mientras sus jefes principales se embolsan cheques de pago multimillonarios. Hoy, con los altos costos de las necesidades básicas y el desmantelamiento de nuestra red de seguridad, los formuladores de políticas deben tomar medidas enérgicas contra los modelos de negocio de salarios de pobreza que solo benefician a quienes están en la cima."

(Las 20 empresas son: Amazon, Autozune, Best Buy, Chipotle, Costco Wholesale, Darden Restaurants, Dollar General, Dollar Tree, Fed Ex, Home Depot, Kroger, Lowe's, MGM Resorts Intl, O’Reilly Automotive, Ross Stores, Starbucks, Target, TJX, Tyson Foods, Walmart.)

 ( Sarah Anderson and Reyanna James , Inequality, 04/03/26, traducción Quillbot, enlaces y gráficos en el original) 

23.2.26

Lo que viene desde Argentina... Cuanto menor sea el salario en el coste de producción, mucho mejor. Sin que se vincule esto con la capacidad de consumo y, por tanto, con efectos sobre la demanda. Si las empresas ganan más, el objetivo se cubre, a pesar de los costes sociales... En tal aspecto, las propuestas de Milei son extremas: elevar la jornada laboral a 12 horas; establecer un “salario dinámico” –que puede también ser devengado en especie– y que, a su vez, se pueda bajar si la empresa considera que se ha reducido la productividad; no abonar las horas extras; facilitar al máximo el despido sin indemnización; que las empresas puedan elegir las vacaciones de sus trabajadores... Esto es entender la economía como una disciplina desprovista de las consecuencias sociales que acarrean unas orientaciones drásticas, muy ideologizadas, sin atender a los resultados socioeconómicos. Éstos están ya dibujando un país con mayor desocupación, más vulnerabilidad, menos auxilios sociales y económicos, reducciones salariales y de pensiones y despidos indiscriminados en el sector público. El relativo control de la inflación se ha conseguido a partir de una contracción brutal de la demanda agregada, y una pérdida de la calidad de vida... ese modelo argentino en España se observa con interés por parte de la extrema derecha y de gobiernos autonómicos el de Madrid sería el más representativo... El espejo argentino puede ser útil para saber lo que nos espera si triunfan las opciones que lo defienden (Carles Manera)

"   Uno de los paraísos del capitalismo en su estado extremo tiene su sede: Argentina. No es el único emplazamiento, pero sin duda constituye una muestra muy elocuente de este neocapitalismo, bautizado como anarcocapitalismo, en el que se critica la intervención del Estado en economía, pero se recurre a ese Estado para todo lo que se adscriba a negociaciones de carácter privado. Lo estamos viendo también en Estados Unidos, con la administración Trump. El planteamiento económico de Javier Milei es claro: él ha manifestado reiteradamente su admiración por los economistas austríacos y por sus concepciones de la política económica, básicamente monetaria, si bien Milei no ha entendido nada de la visión que esos economistas tenían en relación con el ciclo económico. 
 
Lo que está desplegando Milei ofrece recordatorios de las tesis más acendradas de esa Escuela Austríaca en Economía y, en particular, de uno de sus principales próceres, Friedrich Hayek. En un estudio publicado en 1931 (Preciosyproducción, este es el título), Hayek seguía defendiendo los preceptos básicos del patrón-oro, cuyas reglas, aplicadas a una economía en depresión a raíz del crac de 1929, demostraban un fracaso estrepitoso. En ese contexto, la tesis de Hayek descansaba en no bajar los tipos de interés, toda vez que eso infería un mensaje engañoso al mercado, habida cuenta que las empresas podían alargar la estructura de la producción, pero sin ahorro efectivo. Éste, para el austríaco, solo proviene del ahorro real, mientras el crédito bancario excesivo va a conducir a ajustes bruscos y a crisis económicas. La intervención pública no se contempla, y debe ser un mercado sin cortapisas lo que facilite el crecimiento de la economía, bajo la única vigilancia de la autoridad monetaria. En tal sentido, no ha lugar a una inversión pública que pueda generar déficit público, al tiempo que se contempla el salario como un precio más con el que “jugar”.

            Ambos elementos derivados de los preceptos de Hayek, la reducción del gasto público en coyunturas de crisis y el recorte de prestaciones salariales y sociales, conforman un binomio clave en la política económica argentina actual. De hecho, el salario se convierte para Milei en un precio relativo más del sistema y se determina por la productividad marginal del trabajo. Este axioma, curiosamente, es siempre invocado; pero no cuando la productividad del trabajo es más elevada y los salarios se pretende mantenerlos estáticos: aplicando ese baremo, éstos deberían subir acorde a la productividad. 

Pero la regla no funciona siempre, y el componente político y de posición en la estructura productiva –la fuerza empresarial frente a la debilidad sindical, por ejemplo– es determinante. En esas coordenadas, la filosofía económica de Hayek se desliza hacia estas conclusiones: si los salarios son rígidos por la acción de los sindicatos y por la intervención estatal, el ajuste que debe imputarse a la economía se dificulta. Son cortapisas a una economía con la radicalidad del libre mercado en sus manifestaciones más extremas. La posibilidad política de limitar al máximo los costes laborales unitarios y, especialmente, los salarios, se viste con el planteamiento de avanzar en la competitividad empresarial. Cuanto menor sea el salario en el coste de producción, mucho mejor. Sin que se vincule esto con la capacidad de consumo y, por tanto, con efectos sobre la demanda. Si las empresas ganan más, el objetivo se cubre, a pesar de los costes sociales.

            En tal aspecto, las propuestas de Milei son extremas: elevar la jornada laboral a 12 horas; establecer un “salario dinámico” –que puede también ser devengado en especie– y que, a su vez, se pueda bajar si la empresa considera que se ha reducido la productividad; no abonar las horas extras; facilitar al máximo el despido sin indemnización; que las empresas puedan elegir las vacaciones de sus trabajadores; y que, en fin, las bajas laborales se costeen en un mínimo del 50% entre trabajadores y empresarios, conforman un paquete de factores de carácter regresivo, con un claro desenlace: el aumento de la explotación. Y con otra derivada: el retroceso de las conquistas sociales y laborales históricas. Este es el modelo que un gran elenco de economistas neoliberales tiene en la cabeza, con la promesa de mejores desempeños económicos.

            Pero este tipo de política económica se puede aplicar de una manera efectiva si se vive en un régimen dictatorial, con censuras políticas, limitaciones de movimientos, laminación de la libertad de expresión y prohibición de sindicatos y partidos políticos. De hecho, muchas de las medidas adoptadas en el régimen del dictador chileno Augusto Pinochet por parte de economistas formados bajo la tutela de Milton Friedman, se inspiraron en la obra de Hayek que hemos citado, junto a la más filosófica Camino de servidumbre. Milei trata de seguir esa senda, que proporcionó para Chile datos macroeconómicos transitoriamente positivos, con un elevadísimo coste social y una represión terrible. El gobierno de Milei puede tener problemas para hacer efectivas esas líneas de actuación, si tenemos en cuenta las protestas callejeras que ya se están generando. Veremos las respuestas sindicales. Esto es entender la economía como una disciplina desprovista de las consecuencias sociales que acarrean unas orientaciones drásticas, muy ideologizadas, sin atender a los resultados socioeconómicos. Éstos están ya dibujando un país con mayor desocupación, más vulnerabilidad, menos auxilios sociales y económicos, reducciones salariales y de pensiones y despidos indiscriminados en el sector público. El relativo control de la inflación se ha conseguido a partir de una contracción brutal de la demanda agregada, y una pérdida de la calidad de vida.

            La base de ese modelo argentino, que en España se observa con interés por parte de la extrema derecha y de gobiernos autonómicos –el de Madrid sería el más representativo–, promueve la destrucción gradual pero inexorable de la economía pública, la privatización de los servicios esenciales –sanidad y educación– y el apoyo a las iniciativas privadas con capital público que se detrae de asignaciones presupuestarias que deberían canalizarse hacia hospitales, universidades, escuelas y servicios sociales. Todo invocando la libertad. 

El Estado –fijémonos de nuevo en Argentina– es abyecto; pero ese Estado se pliega a las instituciones económicas internacionales –y en gobiernos extranjeros, como el de Estados Unidos– para poder subsistir. Las premisas del mercado libre, sin ataduras, solo sirven para una sociedad general a la que se dice defender; el Estado, por el contrario, es útil para esos mismos dirigentes si tras sus puertas se hallan contratos, subvenciones y descargas fiscales. Sería muy positivo que la población supiera qué se esconde tras soflamas como el enaltecimiento de una libertad sin que se cualifique, o sobre encendidas diatribas a favor de una patria cuyo contenido real debe rellenarse, más allá de las banderas u otros utensilios. El espejo argentino puede ser útil para saber lo que nos espera si triunfan las opciones que lo defienden."                                (carlesmanera , blog, 20/02/26)  

24.1.26

Los trabajadores españoles en huelga acaban de demostrar que Amazon no es invencible. Los trabajadores emplearon tácticas creativas y disruptivas para ganar. Su victoria ofrece lecciones para el movimiento obrero global... Los trabajadores lograron un aumento salarial del 14 por ciento que entró en vigor este mes (enero). También lograron aumentos anuales del 4 por ciento en cada uno de los próximos dos años, mejoras en el pago por turnos de domingo y nocturnos, y más tiempo libre pagado... ¿Se han alcanzado todos los objetivos? No. Pero se ha logrado algo fundamental: romper el estancamiento, reactivar las negociaciones y demostrar que Amazon no es inmune a la organización colectiva”... Las tácticas creativas de huelga fueron decisivas... "esta huelga no fue una movilización clásica, donde la gente no va a trabajar." En cambio, dijo, “jugamos un juego de engaño, lo que significa que todos se presentaron a trabajar en los días de huelga, creando una falsa sensación de desmovilización y confianza en la empresa.” Explicó que solo cuando ocurrían picos de producción, “nuestros colegas dejaban sus estaciones de trabajo” y se manifestaban afuera. Los trabajadores luego volvían al trabajo cuando la producción disminuía. Los trabajadores “iban y venían y marcaban su entrada y salida varias veces durante su turno,” dijo Martínez Valero, “causando un gran caos organizativo y confusión [para Amazon] sobre dónde colocar a las personas”... "Esto fue desastroso para la empresa, ya que en noviembre no pudo enviar muchos productos, o lo hizo muy tarde." Sabemos que el primer día de la huelga, más de 40 camiones se retrasaron"... “los trabajadores se organizaron en pequeños grupos o asambleas, basados en sus estaciones de trabajo o áreas”... "Esto surgió espontáneamente, ya que se conocen y confían entre sí"... los principios fundamentales del éxito de Murcia — liderazgo de base, democracia sindical, una postura confrontativa y una huelga de participación mayoritaria que interrumpe la producción — son exportables a cualquier lugar donde los trabajadores de Amazon busquen justicia (Jonathan Rosenblum)

 "El último punto de resistencia contra el gigante logístico global Amazon ha demostrado, una vez más, que el poder colectivo de los trabajadores puede obligar a la empresa a mejorar sus miserables condiciones laborales.

Los trabajadores de Amazon en Murcia, en el sureste de España, hicieron huelga dos veces en el centro de cumplimiento RMU1 durante la temporada alta de vacaciones de 2025 y obligaron a la empresa a llegar a un acuerdo negociado a finales de diciembre.

Los trabajadores lograron un aumento salarial del 14 por ciento que entró en vigor este mes (enero). También lograron aumentos anuales del 4 por ciento en cada uno de los próximos dos años, mejoras en el pago por turnos de domingo y nocturnos, y más tiempo libre pagado. Los líderes de la huelga advirtieron que el aumento del 14 por ciento puede ser algo engañoso: es un aumento de las tablas salariales de 2018, por lo que en gran medida es un ajuste por inflación. Pero como Alfonso Martínez Valero, un trabajador de RMU1 y líder de la huelga, le dijo a Truthout, los beneficios como las pensiones y el pago por desempleo están calibrados a las tasas salariales base, por lo que esos beneficios ahora aumentarán sustancialmente.

¿Se han alcanzado todos los objetivos? No. Pero se ha logrado algo fundamental: romper el estancamiento, reactivar las negociaciones y demostrar que Amazon no es inmune a la organización colectiva,” escribió el comité de huelga de trabajadores de Murcia tras las huelgas. "La huelga ha cambiado el equilibrio de poder y ha enviado un mensaje claro a los trabajadores de otros países: incluso dentro de una multinacional global, la acción colectiva sostenida puede abrir verdaderas grietas," escribieron para un próximo artículo en The Amazon Worker, una publicación de Amazon Workers International.

Los trabajadores de Murcia hicieron huelga durante tres días a finales de noviembre, y cuando eso no produjo negociaciones, volvieron a hacer huelga del 17 al 19 de diciembre. Amazon intensificó su campaña anti-sindical después de la primera huelga, enviando a gerentes de una estación de trabajo a otra para decirles a los trabajadores que una acción de huelga en diciembre sería inútil, que los trabajadores perderían dinero y pondrían en peligro sus empleos, según Martínez Valero.

De los 2,000 trabajadores en RMU1, el comité de huelga del sindicato estima que al menos el 75 por ciento participó en la huelga de diciembre. El regreso de los trabajadores a las líneas de piquete en diciembre parece haber convencido a Amazon de negociar. El 22 de diciembre, el comité de huelga del sindicato anunció el acuerdo, negociado bajo los auspicios de mediadores gubernamentales.

La huelga fue organizada y liderada por un combativo comité de base orientado a la lucha de clases de la Confederación General del Trabajo, o CGT, uno de los cuatro sindicatos en RMU1. A diferencia del modelo de "representación exclusiva" de las relaciones laborales en EE. UU., en España —al igual que en otros países europeos— múltiples sindicatos pueden tener presencia en el mismo lugar de trabajo. Los estándares mínimos están cubiertos por acuerdos sectoriales provinciales o nacionales, negociados por sindicatos y grupos de empleadores.

En 2024, Martínez Valero le dijo a Truthout que los miembros de la CGT intentaron pero no lograron convencer a los otros sindicatos para que participaran en acciones laborales para elevar los estándares, que habían languidecido sin cambios desde 2018. Los otros sindicatos, dijo, querían "paz social", pero para la CGT, "la confrontación está en nuestra esencia, para resaltar las contradicciones del sistema [capitalista], y la lucha democrática para alcanzar nuestros objetivos."

El pasado septiembre, los miembros de la CGT convocaron reuniones de trabajadores. "El ánimo en el almacén estaba muy alto," dijo Martínez Valero. "Los compañeros estaban muy dispuestos a ir a la huelga, así que comenzamos una campaña de movilización." Principalmente hablando con la gente, publicando una revista de agitación... y hablando abiertamente sobre la huelga.”

La organización uno a uno en el taller culminó en una votación de los trabajadores para hacer huelga tanto en noviembre como en diciembre. Uno de los otros tres sindicatos respaldó oficialmente la convocatoria a la huelga, pero a juzgar por las cifras de participación en el piquete, es evidente que trabajadores más allá de las filas de la CGT y del otro sindicato se unieron a la huelga.

Las tácticas creativas de huelga fueron decisivas. Como explicó Martínez Valero a Truthout, "esta huelga no fue una movilización clásica, donde la gente no va a trabajar." En cambio, dijo, “jugamos un juego de engaño, lo que significa que todos se presentaron a trabajar en los días de huelga, creando una falsa sensación de desmovilización y confianza en la empresa.” Explicó que solo cuando ocurrían picos de producción, “nuestros colegas dejaban sus estaciones de trabajo” y se manifestaban afuera. Los trabajadores luego volvían al trabajo cuando la producción disminuía. Los trabajadores “iban y venían y marcaban su entrada y salida varias veces durante su turno,” dijo Martínez Valero, “causando un gran caos organizativo y confusión [para Amazon] sobre dónde colocar a las personas.”

"Esto fue desastroso para la empresa, ya que en noviembre no pudo enviar muchos productos, o lo hizo muy tarde." Sabemos que el primer día de la huelga, más de 40 camiones se retrasaron,” dijo Martínez Valero.

Para llevar a cabo esta estrategia de caos, “los trabajadores se organizaron en pequeños grupos o asambleas, basados en sus estaciones de trabajo o áreas,” dijo él. "Esto surgió espontáneamente, ya que se conocen y confían entre sí." Nos dimos cuenta de esto y lo fomentamos, dándoles libertad para tomar decisiones: los mejores momentos para salir, coordinarse con otros grupos, organizarse y ayudarse mutuamente.

Alentar a los trabajadores de cada departamento a tomar sus propias decisiones sobre cuándo dejar de trabajar, "los empodera y les da confianza, y traen a más personas con ellos; además, esta técnica nos permite adaptarnos a cualquier cambio que la empresa intente hacer para minimizar el impacto económico", dijo.

Además de sembrar el caos dentro del almacén, los trabajadores de RMU1 bloquearon las entradas para que los camiones no pudieran pasar a mover mercancías.

Las tácticas disruptivas de Murcia evocan la huelga "Stand Up" de la UAW en 2023, o las campañas CHAOS de la Asociación de Auxiliares de Vuelo, pero de una manera más concentrada e intensiva.

Hay lecciones aquí para los sindicalistas de todas partes: Un liderazgo obrero fuerte, una democracia en el movimiento y tácticas creativas y confrontativas que interrumpen la cadena de suministro pueden poner a la empresa en su lugar.

La huelga también contó con el apoyo internacional de aliados. A medida que se acercaba la primera huelga de noviembre, trabajadores y sindicatos de Japón, India, Inglaterra, Polonia y Estados Unidos enviaron mensajes de solidaridad, incluidos videos de trabajadores de Amazon de Carolina del Norte y Teamsters de Nueva York.

Murcia no fue el único lugar de acciones laborales de los trabajadores durante la "temporada alta" de vacaciones de Amazon desde finales de noviembre hasta Navidad. Los trabajadores de ocho almacenes alemanes hicieron huelga el Black Friday, exigiendo negociación colectiva, a lo cual la empresa se ha negado hasta ahora. El sindicato ver.di informó que 3,000 trabajadores se fueron, un número considerable pero aún solo una pequeña fracción de los más de 40,000 trabajadores de Amazon en el país. La huelga se basó en una protesta salarial de dos días por parte de cientos de trabajadores en el almacén de la empresa en Bad Hersfeld, en el noreste de Alemania, a finales de agosto.

Esas huelgas en España y Alemania siguieron a una huelga nacional de un día de miles de conductores de entrega de Amazon en Italia en abril. Esa huelga obligó a la empresa a sentarse a la mesa de negociaciones, donde acordaron mejorar los salarios y la seguridad para los conductores italianos.

Pero en los EE. UU. — donde Amazon emplea aproximadamente al 70 por ciento de su fuerza laboral global de más de 2 millones de trabajadores directos y contratados — la temporada alta de 2025 fue más tranquila en las líneas de piquete en comparación con Europa, y también en comparación con 2024.

En diciembre, 200 conductores de entrega en la instalación DBK1 de Amazon en Queens, Nueva York, organizaron una acción laboral y anunciaron que se habían unido al Teamsters Local 804. Y en todo el país, un grupo de trabajadores de tamaño similar en el almacén DJT5 de Amazon en Riverside, California, realizaron una breve huelga y exigieron el reconocimiento de su sindicato Teamsters. Esas protestas fueron pequeñas en comparación con la temporada alta de 2024, cuando los trabajadores hicieron huelga en ocho instalaciones de Amazon en lo que el sindicato Teamsters declaró como "la mayor huelga contra Amazon en la historia de EE. UU." El periodista Luis Feliz Leon estimó que alrededor de 600 trabajadores participaron en esas huelgas — de hecho, el mayor número de trabajadores de almacenes de Amazon en huelga en EE. UU. hasta la fecha, pero muy lejos de los porcentajes de huelga reportados en las líneas de piquete europeas.

El retroceso anti-sindical de Amazon es responsable de la disminución de la actividad de huelgas en EE. UU. el pasado diciembre. Después de las huelgas de 2024, Amazon castigó a muchos de los huelguistas en actos claros de represalia ilegal. Los trabajadores respondieron con delegaciones grupales a la gerencia y presentaron denuncias ante la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB). Pero incluso cuando la agencia federal intervino para declarar que la empresa había violado la ley, Amazon se mantuvo firme.

Luego, en el almacén DBK4 de la ciudad de Nueva York, el lugar de una de las líneas de piquete más activas de diciembre, Amazon respondió despidiendo a 150 conductores el pasado septiembre. Los trabajadores se reunieron para anunciar que lucharían. "Si Amazon piensa que vamos a quedarnos de brazos cruzados, se equivoca." "Nuestra solidaridad solo se está volviendo más fuerte," dijo la trabajadora de DBK4, Latrice Shadae Johnson, a una multitud de manifestantes fuera de la instalación en Queens. Pero los despidos en DBK4 y la continua hostilidad de la empresa hacia los sindicatos, combinados con la relativa debilidad de la legislación laboral estadounidense, han tenido un efecto desalentador en la actividad de huelgas en EE. UU.

Es cierto que las empresas estadounidenses tienen más libertad para intimidar a los trabajadores y desmantelar sindicatos en comparación con los empleadores en la mayoría de los otros países donde opera Amazon. Un informe reciente del Instituto de Política Económica señaló que, hasta el año pasado, había casi 350 cargos pendientes o resueltos de prácticas laborales injustas contra Amazon y sus subsidiarias en 27 estados de EE. UU., muchos de los cuales involucraban a trabajadores despedidos. En la instalación JFK8 en Staten Island, los trabajadores ganaron una elección de representación sindical hace casi cuatro años, pero aún no han visto su primer día de negociación con la empresa debido a las tácticas dilatorias de los abogados anti-sindicales de Amazon.

Estas sombrías realidades son aún más razones por las cuales el movimiento laboral de EE. UU. necesita poner exponencialmente más energía y recursos en el proyecto de organización de Amazon.

Hacerlo es una necesidad urgente para los trabajadores fuera de Amazon también. El contrato sindical más grande del sector privado en la nación es el de United Parcel Service (UPS), que cubre a unos 300,000 conductores de entrega y trabajadores de almacén. El contrato de los Teamsters con UPS, que ofrece buenos salarios, beneficios y derechos a los trabajadores, vence en julio de 2028. Eso es solo dentro de 30 meses.

En los últimos años, Amazon ha superado a UPS en volumen de paquetes, y los analistas de la industria creen que el gigante superará incluso al Servicio Postal de EE. UU. para finales de la década. Sin una campaña de organización enérgica en Amazon, los Teamsters deben esperar que UPS llegue a la mesa de negociaciones exigiendo importantes concesiones para igualar los estándares de pago y beneficios mucho más bajos de Amazon.

Este es un gran desafío no solo para los Teamsters, sino para todo el movimiento laboral. Debido a su tamaño, el contrato de UPS es un acuerdo indicativo: los términos para los trabajadores de UPS establecen expectativas para los trabajadores y jefes mucho más allá del trabajo de entrega de paquetes. Por ejemplo, el acuerdo de julio de 2023 entre los Teamsters y UPS, que incluyó aumentos salariales sustanciales, dio impulso a los trabajadores automotrices de la UAW, quienes dos meses después lanzaron sus huelgas rotativas en los tres grandes fabricantes de automóviles. Por el contrario, una ronda de negociaciones defensiva y llena de concesiones para los Teamsters de UPS en 2028 presagiaría un mal futuro para todos los sindicatos.

La victoria de la huelga en Murcia, España, no es un modelo de copiar y pegar para los sindicalistas estadounidenses. Los terrenos legales y políticos entre los dos países son bastante diferentes. La red de almacenes de Amazon es mucho más densa en los EE. UU. en comparación con otros países, lo que hace que las huelgas en un solo sitio sean mucho menos efectivas aquí. Pero los principios fundamentales del éxito de Murcia — liderazgo de base, democracia sindical, una postura confrontativa y una huelga de participación mayoritaria que interrumpe la producción — son exportables a cualquier lugar donde los trabajadores de Amazon busquen justicia. "Es un esfuerzo colectivo, y tenemos que desmentir el mito de que Amazon es intocable," dijo Martínez Valero. "Como dice el refrán español, 'torres más altas han caído'." 

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17.1.26

¿Por qué España tiene desde hace tantos años la tasa de paro más alta de Europa, desde hace 50 años? Entre 1976 y 2024, se han creado más de nueve millones de empleos netos... no hay otro país europeo que pueda igualarlo. No existe, por lo tanto, un problema de incapacidad para crear empleo... entonces ¿por qué siempre tenemos más paro que los demás países? Dos factores lo explican: por el crecimiento de la pobración activa. Entre 1976 y la actualidad creció en 11,2 millones. Ese incremento es el más elevado de todos los países europeos, por los 'baby boomers' y la incorporación de las mujeres... Si en 1976, trabajaban en España 3,6 millones de mujeres, hoy son nada menos que 10,4 millones; las mujeres han sido las grandes protagonistas del desarrollo económico español, y ahora la inmigración... tres factores enormemente positivos (una bendición y no una maldición), han impulsado con una fuerza extraordinaria el crecimiento de la población activa, y a su vez impulsado, el crecimiento económico y el desarrollo social del país... en términos totales o “brutos” la creación de empleo ha sido mucho mayor. La creación total de empleo a lo largo de cinco décadas ha sido de quince millones y medio, suficiente para atender con creces el incremento de la población activa. Entonces, ¿qué ha pasado? Pues que de esos más de quince millones de empleos, se han destruido 6,4 millones durante las tres grandes crisis económicas... en ningún país europeo se ha destruido tanto empleo durante las crisis económicas, y por lo tanto en ninguno las tasas de paro han crecido durante las crisis tanto. En suma, el problema proviene de que en España el ajuste del empleo en las crisis es más elevado que en el resto de Europa, y sube mucho más la tasa de paro, lo que hace que una parte de esa pérdida de empleo tarde muchos años más en compensarse, y a veces, como en la crisis de 2008, no haya llegado siquiera a conseguirse todavía... dos características conducen a que los ajustes de empleo en las crisis sean muy superiores a los que se producen en los demás países, por la altísima tasa de temporalidad del empleo, de un lado, y a la regulación del despido, que permite e induce ajustes brutales del empleo en las crisis, de otro. Apoyada en esas dos nefastas características, la tasa de paro creció de un 8% en 2007 a un 26,9% en 2013... la tasa de paro española todavía bastantes años más tarde se resiente del altísimo nivel alcanzado entonces... Todo esto cambia diametralmente con la crisis del coronavirus, en la que, con una caída agudísima del PIB, las pérdidas de empleo fueran muchísimo más bajas que en cualquiera de las crisis anteriores. La tasa de paro creció solamente un punto medio (Antonio González)

 "Esa es la gran pregunta que se hacen, con lógica, muchas personas, y que hace pocos días realizaron en un programa de radio en el que, por las naturales limitaciones de tiempo, no resultó posible dar todas las explicaciones correspondientes. A responder un poco más detalladamente a esta cuestión se dirigen estas líneas.

España tiene desde hace 50 años, es decir, medio siglo, las tasas de paro más altas de Europa. Debe haber quien piense que es una maldición. También hay expertos que repiten insistentemente que eso lo que refleja es que España tiene una terrible “enfermedad laboral” derivada de un mal funcionamiento de nuestro mercado de trabajo. Pero nada de eso parece cierto. No hay por supuesto ninguna maldición: quizá en cierto sentido más bien lo contrario, aunque pueda parecer increíble, como veremos. Ni tampoco hay ninguna enfermedad laboral o, mejor dicho, no la que pretenden insinuar quienes insisten en esa idea con la intención de que se vuelva una y otra vez a realizar reformas que desregularicen y precaricen el mercado de trabajo en España, alejándolo de los mejores comportamientos que tienen los mercados laborales en los demás países europeos y provocando, como asimismo pretendemos explicar, el efecto contrario: el mantenimiento en el tiempo de elevadas tasas de paro.

Frecuentemente se citan otras causas muy variadas, entre otras las que tienen que ver con diversos problemas vinculados con la estructura o ‘modelo’ productivo español, como la falta de competitividad de determinadas actividades y partes importantes del tejido empresarial, o la especialización y alta presencia de actividades estacionales y/o de bajo valor añadido, que provocan una gran inestabilidad laboral y unos ajustes cíclicos del empleo más intensos que en otras economías europeas. Y, en sentido contrario, el tradicional bajo peso relativo de otras actividades de elevada intensidad tecnológica.

Sin negar en absoluto la razón y realidad de esas cuestiones, no resultan del todo convincentes porque no permiten explicar suficientemente por qué el comportamiento del paro en España es estructuralmente muy diferente al de otras economías de nuestro entorno con características similares. Ni tampoco por qué los avances –aunque incompletos o limitados, también indudables- de la economía española en esos aspectos han seguido siendo compatibles con el mantenimiento en el tiempo de tasas de paro permanentemente elevadas.

Las causas de ello tendrían que poder explicar por lo tanto el fenómeno del elevado desempleo en una doble dimensión estructural: la comparación con las economías del entorno y la comparación con nuestra propia economía a lo largo del tiempo. Vamos por lo tanto a exponer, aunque de forma sintética y lo más clara posible, la evidencia detrás del asunto de la persistente tasa de paro en España que se deriva y constata por los datos disponibles.

La primera cuestión que surge es si la economía española y el mercado de trabajo son capaces de crear suficiente empleo o si el problema se deriva de una incapacidad de hacerlo. Contamos para ello con los datos estadísticos más fiables que se elaboran en España (con una metodología completamente homologada con los demás países): los de la Encuesta de Población Activa (EPA).

En los últimos 50 años, entre 1976 y 2024, se ha creado en España una cifra superior a los nueve millones de empleos netos. Eso significa que el empleo actual casi duplica (un 90% más) el que teníamos en la década de los setenta del pasado siglo. Esa es una cantidad tan considerable que no hay otro país europeo que pueda igualarla. No existe, por lo tanto, un problema de incapacidad para crear empleo.

Pero, si esto es incuestionablemente así, como acabamos de mostrar, la pregunta se repite con más extrañeza: entonces ¿por qué siempre a lo largo de cincuenta años tenemos más paro que los demás países? Hay dos factores que lo explican.

El primero de ellos es que, al mismo tiempo que se creaba esa cuantiosa cantidad de empleo, también crecía considerablemente la población activa: las personas que quieren trabajar. En el mismo periodo de esas cinco décadas, el número de personas activas no ha dejado de aumentar en ningún momento. Entre 1976 y la actualidad esa cifra ha crecido en 11,2 millones. Ese incremento es asimismo el más elevado, con mucho, durante ese largo periodo de todos los países europeos.

Las razones de un crecimiento tan enorme (la población activa ha crecido nada menos que un 84%) son las siguientes:

  1. La llegada al mercado laboral a partir de mediados de los años setenta de la generación más grande de la historia, la conocida como los baby boomers (que, por cierto, tras pasar más de cuarenta años trabajando, produciendo e impulsando el desarrollo del país, ahora comienza a llegar al momento de su jubilación).
  2. Además, esa generación y las siguientes tienen una característica que no tenían las precedentes: la proporción de mujeres que deseaban incorporarse al trabajo remunerado era muchísimo más alta y creciente. En 1976, menos de tres de cada diez mujeres en España eran “activas” en sentido laboral, es decir, querían un trabajo remunerado que les facilitara, entre otras cosas, la igualdad con los hombres y una independencia económica.

Hoy más de cinco de cada diez son activas… y la cifra no ha terminado de crecer y está progresando hasta que llegue a igualarse a la de los hombres, como ha sucedido en los países más avanzados de Europa. Lo cual implica que la mayor parte del crecimiento de la población activa (esos 11,2 millones que decíamos más arriba) han sido mujeres.

Si en 1976, trabajaban en España 3,6 millones de mujeres, hoy son nada menos que 10,4 millones, cerca del triple: las mujeres han sido las grandes protagonistas del desarrollo económico español.

  1. De forma más reciente, en los últimos treinta años, a las razones anteriores se ha sumado la incorporación de nuevos activos procedente de los flujos migratorios, en un proceso similar al de los restantes países europeos e igualmente muy positivo.

En consecuencia, tres factores de gran importancia, enormemente positivos (una bendición y no una maldición), han impulsado con una fuerza extraordinaria el crecimiento de la población activa. Y decimos que son enormemente positivos porque, aparte de otros aspectos sociales que también lo son, el empuje que han imprimido a la fuerza de trabajo ha permitido, y a su vez impulsado, el crecimiento económico y el desarrollo social del país.

Ninguno de los países europeos, ni siquiera los más grandes, ha conocido un crecimiento tan considerable de la población activa. Desde mediados de los años noventa, periodo de prácticamente treinta años para el que las estadísticas europeas (Eurostat) permiten fácilmente obtener datos, ese crecimiento ha más que duplicado al de los otros países más grandes de Europa, como se comprueba de un vistazo en el gráfico siguiente.

Además, ese mayor crecimiento de la población activa continúa produciéndose en la actualidad, ralentizando la reducción de la tasa de paro a pesar del superior crecimiento, uno de los mayores de Europa, del empleo.

En definitiva, el inmenso e incomparable crecimiento de la población activa ha sido tan elevado que explica, en primer lugar, por qué, incluso contando con el incremento tan considerable del empleo en España –sin parangón, repetimos, en toda Europa-, este no ha sido suficiente para compensar aquel y es, por lo tanto, una de las grandes razones que explican que se hayan mantenido durante tantas décadas tasas de paro más elevadas que en los demás países de nuestro entorno.

Pero no es la única. Porque toda la explicación anterior nos lleva necesariamente a la segunda de las causas que han operado en estos cincuenta años y que explica el mantenimiento de las altas cifras de desempleo.

Hemos dicho que en España se crearon en estos últimos cincuenta años más de nueve millones de empleos “netos”. Lo que quiere decir que en términos totales o “brutos” la creación de empleo ha sido mayor. En realidad, mucho mayor. La creación total de empleo a lo largo de cinco décadas ha sido de prácticamente quince millones y medio, suficiente para atender con creces el incremento de la población activa. Entonces, ¿qué ha pasado además del altísimo crecimiento de los activos que explique el mantenimiento de elevados niveles de paro?

Pues que de esos más de quince millones de empleos creados, se han perdido, destruido, 6,4 millones durante las tres grandes crisis económicas: la de finales de los años setenta y principios de los ochenta, la de comienzos de los años noventa, y finalmente la Gran Recesión de la economía mundial de 2008 a 2014, con su mayor intensidad en España como resultado sobre todo del estallido de la burbuja inmobiliaria y de sus tremendas consecuencias.

Nuevamente estamos ante un fenómeno diferencial de la economía española: en ningún país europeo se ha destruido tanto empleo durante las crisis económicas y por lo tanto en ninguno las tasas de paro han crecido durante las crisis tanto como en España.

En realidad, hay que destacar que, cuando en España se han producido esas elevadas destrucciones de empleo durante las crisis económicas, las pérdidas han sido además de alta intensidad, es decir, rápidas y concentradas en el tiempo. Por lo que luego, las posteriores etapas de expansión económica y creación de empleo exigen muchos más años para recuperar los niveles previos a las crisis.

Veámoslo en la tabla siguiente con los ejemplos y la comparación de lo que ha sucedido en las últimas grandes crisis y posteriores periodos de expansión del empleo.

  • En la crisis de comienzos de los noventa la tasa de paro aumentó en España en 7 puntos porcentuales frente a sólo 2 en el conjunto de países de la Unión Europea.
  • En la crisis de 2008 a 2014[i], la situación fue mucho peor: en la UE la tasa de paro creció en 4 puntos porcentuales, mientras que en España lo hizo en unos inimaginables 18 puntos. Una cifra superior al cuádruple de la media europea.

En los periodos de expansión de la economía sucedió lo contrario: las reducciones de la tasa de paro son mayores en España que en el conjunto de la UE, dada nuestra mayor capacidad de generar empleo:

  • Durante el largo periodo expansivo que siguió a la crisis de comienzos de los noventa, la tasa de paro en España se redujo en quince puntos porcentuales, prácticamente alcanzado la tasa de paro media europea, en la que se redujo solamente cinco puntos.
  • Algo parecido sucedió en el periodo de crecimiento económico subsiguiente a la Gran Recesión de 2008: la tasa de paro española bajó doce puntos porcentuales frente a sólo cinco en la UE. Pero, ese mejor comportamiento en España no fue suficiente para que la tasa de paro alcanzara la media europea porque la reducción en España de doce puntos no alcanzó a compensar los elevadísimos dieciocho puntos que previamente había aumentado durante la crisis. En el conjunto de países de la UE, sin embargo, la bajada de cinco puntos de la tasa de paro, más que compensó los cuatro que había crecido durante la crisis.

En suma, el problema proviene de que en España el ajuste del empleo en las crisis es sustancialmente más elevado que en el resto de Europa, y eleva mucho más la tasa de paro, lo cual hace que una parte de esa pérdida de empleo y correlativo crecimiento del paro tarde muchos años más en compensarse, y a veces, como en la crisis de 2008, no haya llegado siquiera a conseguirse todavía. Y se traduzca en que España tenga durante años la tasa de paro más alta de la UE.

Pero, la cuestión de fondo, la que está detrás de todo esto, es ¿por qué en España se destruye mucho más empleo durante todas y cada una de las crisis que en el resto de los países europeos?

Ese mayor volumen de pérdida de empleo no se justifica de forma suficiente porque las crisis hayan sido más profundas en España (de hecho, las diferencias en el crecimiento comparado de las tasas de paro en España son mucho más que proporcionales a la intensidad de la caída del PIB en las crisis respecto a lo registrado en el resto de Europa), por lo que hay que pensar que existen otros factores que explican los ajustes de empleo tan elevados y las correlativas subidas del desempleo. Y en realidad los hay, y bastante claros.

Hay dos características que han sido estructurales durante décadas en el mercado de trabajo español y que conducen a que los ajustes de empleo durante las crisis sean muy superiores a los que se producen en los demás países. Y se refieren a dos instituciones laborales con diferencias y singularidades especialmente negativas respecto a los demás países. Se trata de la altísima tasa de temporalidad del empleo, de un lado, y a la regulación del despido, que permite e induce sobre ajustes brutales del empleo ante las crisis, de otro.

La primera, la tasa de temporalidad del empleo que ha sido la más alta de la UE desde, cuando menos, mediados de los años ochenta hasta la última reforma laboral de diciembre de 2021, mediante la cual se ha conseguido reducirlos hasta niveles europeos (aunque sólo en el sector privado) en los cuatro últimos años.

Su comportamiento ante las crisis ha sido demoledor en términos de destrucción de empleo, porque la elevada temporalidad estimula e induce un violento y rapidísimo ajuste de las plantillas laborales a lo largo y ancho del tejido productivo. Algo constatado en todos los procesos de crisis que se han padecido en España. Y que lógicamente no ocurre de ninguna manera en términos comparables en el resto de Europa.

Una gran parte del mayor incremento de las tasas de paro en España proviene, así, de las elevadas tasas de temporalidad del empleo y del efecto de ajuste prácticamente instantáneo ante las recesiones.

La segunda, como hemos dicho, se refiere a la (des)regulación del despido. Un proceso que, además, ha sido creciente desde las reformas laborales de comienzos de los años noventa hasta las realizadas en la década pasada. Un dato lo muestra con total claridad. Entre 2008 y 2014, durante esa crisis, se realizaron en España más de cinco millones de despidos de trabajadores con contrato indefinido, es decir, sin contabilizar la destrucción de empleos temporales.

La regulación (todavía vigente) había llegado a ser en el momento de desencadenarse la crisis tan laxa que permitió que las empresas realizaran millones de despidos mediante la modalidad del despido individual (apenas uno de cada diez fueron despidos colectivos) y, dentro de la misma, abrumadoramente –siete de cada diez- bajo la fórmula de los despidos improcedentes, desdeñando incluso los despidos por causas objetivas. Porque esos improcedentes, aunque tengan una indemnización mayor, que también había sido fuertemente reducida años atrás (entre otras cosas eliminando los salarios de tramitación), se realizan sin procedimiento de justificación alguno: con una simple notificación al trabajador de la decisión del empresario, ante la que la tutela judicial resulta sencillamente inoperante e inviable.

Apoyada en esas dos nefastas características, elevada temporalidad del empleo y laxa regulación del despido, la tasa de paro creció de un 8% en 2007 a un 26,9% en 2013, un incremento de casi diecinueve puntos, que supuso para la economía española alcanzar el record absoluto de desempleo y una cifra verdaderamente desproporcionada respecto a cualquiera de las registradas en los demás países de la UE. Y como claramente de aquellos polvos vienen estos lodos, la tasa de paro española, aunque ha bajado considerablemente, todavía bastantes años más tarde se resiente del altísimo nivel alcanzado entonces.

Recordemos, en la UE, la tasa de paro aumentó cuatro puntos, mientras que en España, fueron casi diecinueve y sobre un nivel de partida ligeramente más elevado que el promedio europeo. De los que en doce años ha bajado cerca de diecisiete. Hace ya años que la mayoría de los países de la Unión recuperaron aquellos cuatro puntos e incluso bajaron más, pero España está entrando ahora, por fin y tras enormes esfuerzos y una creación de empleo sostenida y superior a la europea, en la zona inferior a los dos dígitos.

Las grandes destrucciones de empleo y sus causas son, en consecuencia, una herencia sombría, que debería llevarnos a considerar la importancia de superar los problemas de la regulación de determinadas instituciones del mercado de trabajo.

Todo esto cambia diametralmente con la crisis del coronavirus. Una prueba muy concluyente de ello es lo que, en efecto, sucedió durante la crisis de la COVID. Las inéditas medidas adoptadas por los responsables laborales del Gobierno permitieron en esa ocasión que, con una caída agudísima del PIB, las pérdidas de empleo, fueran ciertamente muchísimo más bajas que en cualquiera de las crisis anteriores. La tasa de paro creció solamente en un punto medio, un punto más que la registrada en el conjunto de la UE.

La clave de esa reacción tan diferente del empleo fue la inédita combinación de las instituciones laborales vigentes. Por un lado, la aplicación obligatoria de los Expedientes Temporales de Regulación de Empleo (ERTES) que, si bien existentes desde hacía décadas en el ordenamiento laboral español, siempre habían sido de utilización voluntaria y discrecional por parte de las empresas. Esos mecanismos permiten que estas, las empresas, no tengan que soportar los costes salariales durante la crisis dado que los trabajadores pasan a percibir las prestaciones por desempleo. Al finalizar el periodo de crisis, las plantillas vuelven a su situación anterior sin que se produzcan pérdidas de empleo.

La novedad en su aplicación, que consiguió que fuera absolutamente mayoritaria, fue que se suspendió la posibilidad de realizar despidos durante la crisis, por lo que a las empresas no les quedó otro remedio que acogerse a los ERTES, que permitieron mantener y salvar el empleo así como aliviar por el lado laboral el coste de la inactividad (aunque esta obviamente, al impedir continuar la producción, ocasionó el deterioro de los ingresos empresariales, lo que fue parcialmente paliado con otro tipo de instrumentos ajenos al ámbito laboral).

Unas semanas más tarde de comenzar el confinamiento, las autoridades laborales decretaron asimismo que se prohibía cancelar los contratos temporales, de forma que estos trabajadores debían también incorporarse a los ERTES. Simplemente ese retraso de unas pocas semanas en la adopción de esta medida ocasionó que el paro aumentara con la cancelación de centenares de miles de contratos de trabajadores temporales, y es la razón del aumento en un punto de la tasa de paro respecto a la UE.

Con todo, la crisis de la COVID mostró a las claras cómo existen en el ordenamiento laboral medidas que permiten operar como el resto de los países europeos, defendiendo el empleo durante las crisis en lugar de convertirlo en un mecanismo impropio e inadecuado de respuesta, aumentando la tasa de desempleo con graves y largas consecuencias para el conjunto de la economía, para el gasto público por desempleo, y para las familias.

Lo que pretenden quienes siempre apuestan, de forma más o menos explícita, por la desregulación en el mercado de trabajo provocaría nuevos aumentos de la tasa de paro que nos mantendrían permanentemente en las peores posiciones de la UE.

En conclusión, los elevados y permanentes crecimientos de la población activa, y unas instituciones laborales que conducen a pérdidas considerables de empleo durante las crisis, son los factores que se han sumado dando como resultado el mantenimiento durante décadas en España de tasas de paro elevadas y muy superiores a las que presentan los países de nuestro entorno.

Un último aspecto de interés a señalar en relación con las todavía hoy elevadas tasas de paro es la dualidad geográfica que estas presentan en España. Esa dualidad ocasiona que las medias nacionales escondan una situación heterogénea y claramente diferenciada.

En este momento la mayoría de las Comunidades Autónomas, once de las diecisiete, presentan ya tasas de paro inferiores al diez por ciento. Y de ellas, en seis, esas tasas se sitúan entre el 5,8 y menos del ocho por ciento. Es decir, muy próximas no sólo al promedio europeo sino rozando los niveles de pleno empleo. Las medias nacionales, por más que se utilicen de forma habitual, no permiten contemplar adecuadamente la situación real del desempleo en nuestro país." 

(  , Economistas frente a la crisis, 15/01/26, gráficos en el original)

17.12.25

Huelgas generales en Europa, el aire está cambiando... las inició Grecia a primeros de octubre, contra una reforma laboral que permite jornadas de hasta 13 horas diarias... Siguió Bélgica, con un crescendo de huelgas de tres días... Ya en el mes de diciembre, se anunció una huelga general en Portugal para el pasado 11 de diciembre y otra en Italia para el viernes 12 de diciembre. Vuelve el conflicto en cascada al sur de Europa... en varios países europeos se están adoptando iniciativas de reforma que reducen y restringen derechos individuales y colectivos de los trabajadores –como sucede emblemáticamente con los proyectos legislativos en Grecia o Portugal– o políticas fiscales y sociales que no solo debilitan los servicios públicos, sino que reducen el gasto social y utilizan el instrumento impositivo en una dirección contraria a cualquier objetivo redistributivo junto con un presupuesto claramente restrictivo y antisocial... Se acercan negras tormentas y agitan los aires. El conflicto laboral y social comienza a plasmarse en las convocatorias de huelga de forma cada vez más frecuente (Antonio Baylos)

 "Aunque en todos los medios de comunicación se anuncia que llegan las fiestas navideñas, lo que parece que está alumbrando esta temporada son huelgas generales. Las inició Grecia a primeros de octubre, en dos jornadas de huelga el 1 y el 15 de octubre contra una reforma laboral que permite jornadas de hasta 13 horas diarias y semanas de 6 días, y que paralizó transportes y servicios esenciales. Siguió Bélgica, con un crescendo de huelgas de tres días de final de noviembre: el lunes 24 en el transporte público (trenes, autobuses, tranvías, metros), el martes 25 en todos los servicios públicos (incluida la educación y los hospitales) y el miércoles 26 de noviembre, con la suma del sector privado, un día de huelga general interprofesional muy seguido en Flandes, Valonia y Bruselas. Ya en el mes de diciembre, se anunció una huelga general en Portugal para el pasado 11 de diciembre y otra en Italia para el viernes 12 de diciembre. Vuelve el conflicto en cascada al sur de Europa.

Las inició Grecia a primeros de octubre, en dos jornadas de huelga el 1 y el 15 de octubre contra una reforma laboral que permite jornadas de hasta 13 horas diarias y semanas de 6 días

En lo que respecta a la huelga de finales de noviembre en Bélgica, es evidente el éxito del frente común sindical (Federación General del Trabajo de Bélgica FGTB, Confederación de Sindicatos Cristianos CSC y Confederación General de Sindicatos Liberales de Bélgica CGSLB) tanto más significativo cuanto que se produce tras 11 meses de movilizaciones sin que la determinación del movimiento disminuya. Esta huelga ha sido más seguida y larga que la del 31 de marzo y es continuación de la gran manifestación nacional que había reunido en Bruselas el 24 de septiembre a unos 140.000 trabajadores.

En Portugal, la huelga general convocada por CGTP-IN y UGT-Portugal, las dos centrales sindicales más representativas tiene como motivo la resistencia a la reforma laboral impulsada por el gobierno conservador, con el apoyo de la extrema derecha. El anteproyecto de ley -llamado Trabajo XXI-, constituye un gravísimo retroceso para los derechos sociales y laborales y ataca los pilares fundamentales de la democracia y del Estado social.

Las medidas incluidas en este paquete legislativo -más de un centenar de modificaciones que suponen un ataque directo a la clase trabajadora portuguesa- incluyen el debilitamiento de la negociación colectiva y un incremento del poder para las empresas, facilitar los despidos, nuevas fórmulas sancionadoras para las y los trabajadores y un aumento generalizado de la inseguridad laboral, la ampliación de la subcontratación de cara a beneficiar a empresas intermediarias en detrimento de las y los trabajadores, el aumento de los contratos temporales y la promoción de bancos de tiempo individuales, medidas que aumentan la precariedad, especialmente entre los jóvenes, la reducción de derechos de maternidad y paternidad y finalmente, como no podía ser menos, el ataque al derecho de huelga, la acción sindical y la representación colectiva.

Siguió Bélgica, con un crescendo de huelgas de tres días de final de noviembre: el lunes 24 en el transporte público, el martes 25 en todos los servicios públicos y el miércoles 26 con la suma del sector privado

Este paquete laboral supone una de las mayores agresiones contra la clase trabajadora lusa desde que se conquistó la democracia con la Revolución de los Claveles que derrocó el régimen del fascista Salazar. La huelga ha tenido un amplísimo nivel de adhesión popular, según han afirmado en la noche del jueves 11 los sindicatos convocantes. Más de tres millones de personas en huelga ha sido las últimas noticias por parte de los sindicatos respecto del éxito de la acción colectiva.

En Italia, la CGIL y la UIL convocaron una huelga general para el pasado viernes 12 de diciembre, que ha sido precedida de una convocatoria previa a finales de noviembre por parte de sindicatos autónomos y comités de base. La huelga del día 12 respondió a una situación conjunta que afecta a todo el mundo del trabajo. Es necesario -afirma la CGIL, la mayor y más representativa confederación sindical italiana- un cambio de rumbo en el plano económico, social e industrial. Es necesario devolver la dignidad a los salarios, a las pensiones y al contenido de la negociación colectiva. Es necesario detener las derivas que amplían las diferencias y empobrecen a quienes viven con ingresos fijos.

La primera gran razón de la movilización tiene que ver con los salarios y las pensiones. En los últimos tres años, los trabajadores, las trabajadoras, los jubilados y jubiladas han pagado 25.000 millones de euros adicionales en impuestos sin recibir nada a cambio. Los servicios públicos sufren una crisis estructural. La sanidad pública se encuentra en su nivel más bajo desde hace décadas, con una financiación que descenderá por debajo del seis por ciento del PIB. Casi seis millones de personas renuncian a recibir tratamiento médico. También la educación, la vivienda, el transporte, la asistencia a las personas mayores y la seguridad en el trabajo sufren recortes continuos, mientras que el dinero para el rearme se encuentra con sorprendente rapidez. En materia de Seguridad Social, la edad de jubilación se elevaría aún más, lo que afectaría al noventa y nueve por ciento de las personas, y se eliminaría toda flexibilidad en la edad pensionable. Lo que se perfila es una vida laboral más larga y pesada, mientras que para los jóvenes se reducen los espacios de autonomía.

Ya en diciembre, se anunció una huelga general en Portugal para el pasado 11 de diciembre y otra en Italia para el viernes 12. Vuelve el conflicto en cascada al sur de Europa

El objetivo de la huelga italiana es el de cambiar esta trayectoria. Se pide la renovación de los convenios colectivos vencidos. Se solicita una decimocuarta mensualidad reforzada, más equidad fiscal y una pensión contributiva garantizada para quienes tienen carreras discontinuas. Reclama políticas industriales reales para gestionar la transición y crear empleo de calidad. Pide garantías en materia de seguridad, un plan extraordinario de contratación en la administración pública, más servicios para el estudio, la vivienda, la discapacidad y la paternidad, y medidas concretas contra la precariedad y el trabajo irregular. Los recursos están ahí. Deben recuperarse de los beneficios, los beneficios extraordinarios, las grandes fortunas y la evasión fiscal, con una contribución solidaria del 1 % más rico que generaría 26.000 millones al año. Por último, es necesario detener la carrera armamentística, que restaría casi mil millones a las prioridades sociales.

Esperemos a la valoración que de esta huelga general efectúen los sindicatos convocantes.

En resumen, hay señales preocupantes de que en varios países europeos se están adoptando iniciativas de reforma que reducen y restringen derechos individuales y colectivos de los trabajadores –como sucede emblemáticamente con los proyectos legislativos en Grecia o Portugal– o políticas fiscales y sociales que no solo debilitan los servicios públicos, sino que reducen el gasto social y utilizan el instrumento impositivo en una dirección contraria a cualquier objetivo redistributivo junto con un presupuesto claramente restrictivo y antisocial.

De momento la situación en España, pese al tremendismo con el que se adornan las relaciones políticas y parlamentarias, las acusaciones de corrupción y los impúdicos intentos de socavar la actuación democrática del gobierno mediante la entrada directa en el juego político de la mayoría de la sala de lo Penal del Tribunal Supremo, no ha entrado en este cambio de sentido de la normación laboral. El gobierno y en especial el Ministerio de trabajo y de Economía Social mantienen una adecuada actividad en el marco del proyecto reformista que llevan adelante desde inicios del año 2020.

Hay señales preocupantes de que en varios países europeos se están adoptando iniciativas de reforma que reducen y restringen derechos individuales y colectivos de los trabajadores

Hay, sin embargo, indicaciones críticas en Comunidades Autónomas como la de Madrid, donde la degradación de los servicios públicos y la predilección del gobierno por derivar a los espacios mercantilizados la satisfacción de intereses y necesidades comunes de los ciudadanos está asumiendo ya caracteres insoportables. La movilización de las universidades públicas madrileñas y la huelga llevada a cabo masivamente los días 26 y 27 de noviembre en estos centros universitarios por profesores, PTGAS y estudiantes han sido una llamada de atención, pero todavía no hay una reacción generalizada ante este ataque decidido a los servicios públicos en oros sectores clave como el de la sanidad.

Por si fuera poco, el líder de la derecha política que aspira a gobernar en el próximo ciclo electoral, ha visitado al empresariado catalán, invitado por el presidente de Foment del Treball, Sánchez Llibre, lo que aprovechó para concretar su plan de “rebajar las cargas administrativas y burocráticas para las empresas que tienen entre 50 y 250 trabajadores”, para evitar burocracia y trámites para las empresas que superen el umbral de los 50 trabajadores. Entre estas medidas, se incluiría “la derogación de la norma que obliga a constituir comités de empresa de representación laboral en las empresas que tienen 50 o más trabajadores y solo se aplicaría a partir de los 250”, una propuesta que, a juicio de los asistentes, fue acogida “con expreso entusiasmo”. 

Es obvio que las promesas pre-electorales son siempre dudosas, pero permiten entrever cual es el propósito de cambio que las fuerzas políticas de oposición tienen en mente. El sindicato de CCOO ha respondido en las redes sociales que esta propuesta desmantela la estructura de representación de los trabajadores en empresas medianas, dejando a miles de trabajadores sin voz, y que no podrá llevarse a cabo ante la respuesta colectiva del conjunto de las personas que trabajan. Pero para ello es lo cierto que la movilización y la huelga sean tan potentes y continuadas como para que generar realmente una presión irresistible, más aún teniendo en cuenta que en las previsiones de la derecha contaría con una mayoría parlamentaria holgada para proceder a la misma. La reciente derrota sindical -y política- del sindicalismo español en el tema de la reducción de jornada, en donde la movilización sindical no fue capaz de generalizar el conflicto frente a la potencia de la patronal y sus voceros políticos, es una llamada de atención frente a estos indicios de profunda antisindicalidad y destrucción de la capacidad organizativa del sindicato del trabajo asalariado de este país.

Se acercan negras tormentas y agitan los aires. El conflicto laboral y social comienza a plasmarse en las convocatorias de huelga de forma cada vez más frecuente. Estaremos atentos." 

Antonio Baylos , Nueva Tribuna, 17/12/25)