Mostrando entradas con la etiqueta c. Crisis económica mundial: soluciones: Nacionalizaciones: sueca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta c. Crisis económica mundial: soluciones: Nacionalizaciones: sueca. Mostrar todas las entradas

25.4.19

Sin duda el mayor error durante la Gran Recesión, tanto en España como en Europa, fue implementar un rescate bancario a costa de los contribuyentes, manteniendo indemnes a acreedores privados... Por aquellas fechas me venía a la cabeza, no sin cierta envidia, la nacionalización ejemplar llevada a cabo por los suecos en 1992.

"Se celebraba la junta general de accionistas del Banco Santander y, obviamente, no podía faltar el discurso de su presidenta, Ana Patricia Botín. En una parte de su disertación, tras arengar a los suyos, puso deberes a los partidos políticos españoles, acostumbrados, la mayoría, a ciertas actitudes de genuflexión.

 ¿Se imaginan lo que pasaría si el presidente de gobierno de turno, o el ministro de Economía correspondiente hablara del nivel de apalancamiento, o de las operaciones fuera de balance de un determinado banco? Yo se lo digo: los altavoces mediáticos rápidamente se le echarían encima, hablarían de injerencia política, y recurrirían raudos y veloces al artículo 38 de nuestra Constitución, donde se consagra la libertad de empresa, aspecto, por otra parte, fundamental en toda democracia.

 El problema, parafraseando al gran Delano Rooslvelt, es que ciertas corporaciones han llegado a pensar que el gobierno no es más que un mero apéndice al servicio de sus propios intereses. (...)

El problema, como siempre, está en los detalles, en las recetas que propuso, y que se pueden resumir en dos mandamientos sagrados por estos lares: amarás la sostenibilidad presupuestaria sobre todas las cosas; y a la actual arquitectura de la zona Euro como a ti mismo. Enésimo ejemplo de en qué se ha transformado nuestra querida Europa.

 Bajo la apariencia de prosperidad y estabilidad social, argumento fácilmente desmontable cuando hurgas un poco, se nos está coartando un debate democrático necesario sobre qué política macroeconómica queremos. El problema fundamental de España es el desempleo y un ascensor social que ya no funciona, especialmente entre la población más joven. Las recetas ortodoxas ya no dan más de sí, están finiquitadas.

 Al otro lado del Atlántico hay un debate apasionante donde, frente y contra la distopía neoliberal, ya se ha creado una alternativa, un nuevo paradigma, la Teoría Monetaria Moderna.

 Pero hete que aquí, en Europa, nadie osa poner en duda un sistema disfuncional, que solo beneficia a unos pocos, y cuya democracia está viciada por el tejemaneje sin pudor de los lobbies de turno, esos que se mueven como pez en el agua por los distintos gobiernos, ministerios, y/o instituciones europeas, incluida el Banco Central Europeo –aún recuerdo la injerencia de sus funcionarios en el rescate de Irlanda –. 

Por eso, las herramientas propuestas por Ana Patricia Botín son incompatibles con los objetivos que dice perseguir.  (...)

Consejos doy que para mí no tengo

Sin duda el mayor error durante la Gran Recesión, tanto en España como en Europa, fue considerar la deuda privada bancaria como si fuera deuda soberana, e implementar un rescate bancario a costa de los contribuyentes, manteniendo indemnes a acreedores privados cuyo análisis de riesgos dejó mucho que desear. Se entremezclaron intereses público-privados. 

Por aquellas fechas me venía a la cabeza, no sin cierta envidia, la nacionalización ejemplar llevada a cabo por los suecos en 1992. Tanto el primer ministro de aquella época, el conservador Carl Bild, como su ministro de Economía, Bo Lundgren, nos recordaron ciertas conversaciones que mantuvieron con los banqueros más relevantes de entonces, entre ellos Peter Wallenberg, en aquel momento presidente del SEB, el mayor banco de Suecia.

Wallenberg, descendiente de una de las familias más famosas y ricas del país, se quería interesar sobre qué ocurriría si su banco recibía ayudas públicas. La respuesta fue tajante. Si el Estado sueco se ve forzado a ser el mayor accionista de un banco privado, el consejo de administración de dicho banco acabaría de patitas a la calle, al margen de las correspondientes actuaciones judiciales y penales, y sus puestos serían ocupados por funcionarios del Banco de Suecia. 

Wallenberg salió despavorido del despacho en búsqueda de capital privado, que finalmente consiguió. Pero otros bancos, como Nordbanken y Gota, no corrieron la misma suerte y tuvieron que ser nacionalizados.

Frente al modélico rescate bancario sueco, las distintas reformas bancarias emprendidas por los ejecutivos de turno patrios fueron hechas a medida de intereses privados espurios. El poder corporativo interfirió en la vida política, mientras que el Estado obvió los intereses de la ciudadanía. 

Y detrás de todo, esa palabra que aterrorizaba tanto a esos intereses espurios como a una parte importante de nuestra clase política: nacionalización. Para rematar la faena, el diseño de cómo hacer frente al problema correspondió a consultoras privadas, todas ellas con conflictos de intereses con el propio sistema financiero que debía ser intervenido.

La propia banca fue incapaz de ver lo obvio, la mayor burbuja inmobiliaria de la historia, y no quería bajo ningún concepto oír hablar de controles ex ante del crédito. Al final, la banca insolvente se rescató tarde y mal, y en su inmensa mayoría a costa de contribuyentes y de sus clientes -empresas a las que se les cerró el crédito-, para regalarlas después a la competencia. Ya lo dice el refranero español: consejos doy que para mí no tengo."                  (Juan Laborda, Vox Populi, 23/04/19)

7.9.14

La nacionalización sueca de su banca: Los gestores fueron desalojados de forma fulminante de sus puestos

"El modelo de rescate bancario en España, fundamentalmente de las Cajas de Ahorro, ha sido todo menos transparente e inocuo para el contribuyente. (...)

El último ejemplo, el de Cataluña Caixa, ha sido verdaderamente sangrante, con una inyección de casi 12.000 millones €, y asumiendo el Estado todos los posibles quebrantos por sentencias judiciales, lo que sin duda es un gran regalo para la entidad adjudicataria, como antes lo fueron otras entidades para completar el mapa financiero. En conjunto, la inyección de dinero público se acercaría a los 240.000 millones €, es decir más de un 20% del PIB. 

Este modelo de rescate bancario ha tenido una peculiaridad, en comparación con otros ejemplos históricos. Por ejemplo, los gestores no fueron cesados hasta después del proceso de nacionalización, o incluso en algunos casos, muchos de ellos se mantienen en sus puestos, a pesar de las ayudas recibidas, tras una pésima gestión.

 Tampoco se ha dado información completa de la verdadera situación de las entidades afectadas, pues incluso tras la inyección masiva de capital, es muy probable que tenga que haber otra ronda adicional de capitalización.  (...)

 Frente a esta chapuza legislativa, que empezó con las fusiones frías, continuó con la recapitalización mediante el uso de instrumentos como las preferentes y terminó en varios RD que han combinado saneamiento con dinero público y regalos a los principales bancos del país, contrasta con el modelo sueco en el año 1992.

 En primer lugar, el proceso fue absolutamente transparente, y contó con la dirección del Gobierno y el Banco Central. Los gestores de las entidades afectadas fueron desalojados de forma fulminante de sus puestos, algo que no se ha hecho en España. 

Sólo tras un análisis exhaustivo de los balances, no como los casos de la CAM, Bankia, NovaGalicia, Cataluña Caixa, o el Banco de Valencia aquí, se comenzó a inyectar capital, y se nacionalizó todo el sector. 

Tras el reparto de costes entre acreedores y deudores, la banca se saneó, se sacó a la venta y apenas costó dinero al erario público. (...)

La realidad española dista mucho de esta solución. El regulador ha consentido que las entidades intervenidas sigan siendo gestionadas por los mismos que llevaron a dicha intervención, saltándose todo el protocolo en materia de salarios o indemnizaciones, cuyas cifras deberían avergonzar a las dos partes. 

El grado de transparencia ha sido mínimo, teniendo aquí a ilustres aliados en los Consejos de Administración de muchas de estas entidades, cuyos representantes son elegidos por parte de los grandes partidos políticos, sin distinción, en oscuras maniobras de repartos de poder. La inyección de capital a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) tampoco ha servido para solucionar los problemas de solvencia y liquidez, se ha abandonado cualquier intento de reducir la deuda de los afectados, y se persiste en la valoración artificial de los activos tóxicos, para lo que han contado con la alianza del nuevo Ejecutivo de Rajoy.

En resumen, se está intentando salvar a todas las entidades, sin reducir capacidad, y por supuesto mantener intacto el volumen de deuda, y la valoración de activos, generando situaciones de desahucios y alzamientos, que aumentan la exclusión social, la pobreza y la mora.(...)"             (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 27/04/2014)

7.5.13

Existen dos modelos básicos para hacer frente al agujero bancario: el modelo sueco y el japonés

"Existen dos modelos básicos para hacer frente a los problemas de solvencia bancaria como consecuencia de una crisis de deuda provocada por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria. El modelo sueco, donde las pérdidas se reconocen hoy, o el japonés, bajo el cual éstas se reconocen conforme los bancos van generando beneficios para absorberlas.

No le quepa ninguna duda que España desde 2008 optó por el modelo japonés: las pérdidas provocadas por los excesos en el sistema financiero solo se reconocen conforme los bancos generan capital para absorberlas. Ello, obvio, es bueno para los bancos y su gerencia, ya que se oculta su verdadera situación, y se persuade además el diseño de políticas para incrementar los beneficios bancarios.

 Véase, como ejemplo, el “carry” que se llevan los bancos españoles pidiendo financiación al Banco Central Europeo y comprando deuda soberana. Sin embargo, es nefasto para la economía ya que distorsiona los precios de los activos financieros e inmobiliarios y el acceso al crédito. En nuestro país, por ejemplo, los precios de las viviendas no han caído lo que deberían por la actuación de los bancos.

 Por contra, las variaciones interanuales del crédito a empresas y familias, en el último dato publicado de febrero de 2013, alcanzó mínimos históricos, -5,8%, mientras que el crédito a las administraciones públicas se disparó por encima del 19%.

Las virtudes del modelo bancario sueco

Bajo el modelo sueco los bancos reconocen hoy las pérdidas derivadas de los excesos de endeudamiento en el sistema financiero, como el que ha habido en nuestro país, especialmente desde 2002. 

La deuda de cada prestatario se reduce a un nivel donde éste pueda permitirse el lujo de hacer frente a los pagos de la misma, pero a su vez el importe de las pérdidas asociadas a dichos préstamos se limita de forma que no suponga la creación de capital para el prestatario. 

De esta manera, cuando los bancos absorben las pérdidas por los excesos de deuda en el sistema, la carga del servicio de la misma se quita de la economía real. El capital que es necesario para el crecimiento, la reinversión, y el soporte del contrato social ya no se dirige al servicio de la deuda, y la economía real empieza a crecer.

Obviamente el modelo sueco es malo para los bancos, particularmente para su capital en libros, y excelente para la economía, ya que evita la distorsión en los precios de los activos financieros e inmobiliarios, y permite el acceso a la financiación, frente a la ocultación de pérdidas bajo el modelo japonés-español. Lo dicho, ¡hay vida más allá de la austeridad!"         (Vox Pópuli, Desde la heterodoxia, 02/05/2013)

12.10.12

Suecia nacionalizó la banca en 1992 para evitar su quiebra. Ahora aconseja a España

"En 1992, tras años de desregulación imprudente y el estallido de su burbuja inmobiliaria, el gobierno sueco tuvo que intervenir varios bancos insolventes para evitar la quiebra del sistema.

 Pero optaron por una estrategia y un modelo difrente: asumieron la deuda de los bancos, pero no se hicieron cargo de los activos tóxicos. Exprimieron a los accionistas bancarios y los bancos tuvieron que anotarse las pérdidas y ofrecer avales al gobierno. Esto convirtió al ejecutivo en propietario.

Suecia empleó el 4% de su PIB en rescatar al sistema financiero. Pero, cuando se vendieron los activos problemáticos, los beneficios fueron a parar a los contribuyentes y más tarde cuando el gobierno vendió sus participaciones recuperaron aún más dinero. 

Y todavía tienen participaciones en algunos, por ejemplo poseen un 19,9% de Nordea Bank. Al final el coste para Suecia acabó siendo inferior al 2% de su PIB. Hay incluso expertos que aseguran que según se hagan los cálculos de ciertos rendimientos, el coste estuvo cercano de ser cero.

Dag Detter fue presidente de Stattum, el holding público sueco que llevó a cabo esta estrategia. Ha publicado un artículo en el Financial Times en el que detalla las lecciones que se pueden extraer del caso sueco para la actual crisis bancaria española. Y da algunos consejos:
El primero es actuar deprisa. Cree que España negó la escala de la crisis de los préstamos dudosos durante demasiado tiempo, pero apunta: “El gobierno de Rajoy prometió obligar a los bancos a anotar los malos préstamos. La situación resultó ser mucho peor de lo previsto, pero su política es la correcta. Por doloroso que sea, la transparencia en la escala de la deuda incobrable es de vital importancia.” Y añade: “la catarsis sólo puede venir con una purga de los activos tóxicos. Estos deben ser separados de los `sanos´ para facilitar la recapitalización. Pero el Estado nunca debe quedarse con la basura, mientras la parte sana de un banco se mueve libre.”
Además recomienda mantener principios comerciales en la gestión: “En Suecia, cada inversión de los bancos estatales se hizo segun las condiciones comerciales en un mercado normal, siempre con el objetivo de mantener la neutralidad competitiva”. La idea es que se garantice que el banco puede volver a ser rentable sin más ayuda del gobierno.
Su tercer consejo consiste en entender que la participación pública en bancos no es un gasto presupuestario sino una inversión y asi debería ser tratada: “hay que asegurar la rentabilidad y robustez financiera y salir de esta titularidad indeseada en el momento justo. Algunos gobiernos europeos se ponen nerviosos ante cualquier cosa que parezca una nacionalización. Deben superarlo”.
Dag Detter recomienda también que al ser el gobierno el regulador del sistema, se separe claramente la gestión de estas acciones bancarias creando un holding o compañía para ello. Y finalmente subraya la importancia de maximizar la transparencia: “Los bancos no sólo fracasan porque sean débiles, sino porque el mercado piensa que pueden ser débiles. La opacidad alimenta la debilidad.”             (Jaque al neoliberalismo, 11/10/2012, RadioCable.com)

25.9.12

La solución sueca a su burbuja inmobiliaria... la nacionalización de la banca, y después un 'banco malo'

"... analizando las estrategias de salida que se adoptaron en otras crisis, se pueden obtener ideas y lecciones para combatir la actual. Una de las mejor gestionadas fue la de Suecia en 1991, que tiene muchas similitudes con la que padece España en estos momentos y que en su resolución fue clave la creación de un banco malo.(...)
 
Su origen se produjo en una economía sobrecalentada y con alta inflación, que posteriormente protagonizó una desaceleración abrupta, cuando estalló la burbuja especulativa, en 1989. Ésta se sustentaba en la bolsa y en el mercado inmobiliario y su fin desembocó en una contracción de la economía dos años después, que acarreó varias repercusiones.

 Entre ellas, un aumento del desempleo, que pasó del 2% en 1989 hasta el 7,5% en 1995 y una caída del precio de las viviendas del 70% en ese mismo lapso. Además, la debilidad de esta economía propició que su divisa, la corona sueca, sufriera un fuerte ataque especulativo, que dio al traste con el régimen de tipo de cambio fijo que tenía entonces y pasara a flotación libre.

Entre 1991 y 1992, se desataron las primeras baterías anticrisis, que no fueron más allá de ayudas individualizadas en las que el banco central dio préstamos a tasas subsidiadas a las tres entidades más afectadas, que fueron Gota Bank, Nordbanken y Forsta Sparbanken.

 Esta estrategia se complementó con garantías gubernamentales sobre préstamos, compra de acciones e inyecciones de capital preferencial que terminaron con la compra de facto por parte del Estado de los bancos más afectados.

Las medidas fueron insuficientes, ya que la gravedad de la crisis no remitió. Así, en diciembre de 1992, el Parlamento aprobaba iniciativas más drásticas gracias al consenso entre las dos fuerzas mayoritarias. 

En ellas se autorizó al Gobierno a otorgar garantías directas sobre los préstamos, prestar directamente a los bancos, comprar cartera e inyectar capital tanto a entidades nacionales como extranjeras. Además, concedieron garantías sin límites para que los bancos cumplieran sus obligaciones con los depositantes. 

Por otra parte, en mayo de 1993, se crearon dos instituciones que tuvieron un rol fundamental para superar la crisis y reducir su coste global. Fueron la Autoridad de Apoyo a los Bancos (AAB) y las Compañías de Administración de Activos (CAAs), Securum y Retrieva.

 La AAB dependía de la Secretaría de Hacienda, operaba con auditores externos y otorgaba asistencia a los bancos, recapitalizándolos, y a los depositantes. Esta institución tenía la facultad para vender y fusionar bancos, pero no para la venta de activos, a menos de que se tratara de toda la cartera en caso de una fusión. 

La potestad para vender activos de los bancos de manera individual recayó sobre las CAAs que eran financiadas por el gobierno y su objetivo era comprar la cartera vencida con sus garantías para después revenderla en paquetes. Es decir, actuaban como un banco malo, ya que de facto dividían cada banco en dos entidades, una con los activos sanos y otra con los activos tóxicos. 

Los primeros quedaron en el banco original, mientras que los segundos, en su mayoría hipotecas, fueron asumidas por las CAAs. Tanto la AAB y las CAAs operaron bajo el principio de minimizar el coste fiscal para el Estado y de proporcionar un trato equitativo a los bancos. 

Así, a las CAAs se les transfirió sólo una parte de la cartera vencida de los bancos (todos los créditos que no habían sido pagados a la fecha de su vencimiento). El resto se quedó en manos de las entidades, de manera que quienes recibieron mayor apoyo mantuvieran niveles de activos malos proporcionales a los que recibieran menor ayuda.
 
Estas dos entidades aceleraron el saneamiento de la banca a tal velocidad que a finales de 1993 ya se vislumbraba el final de la crisis. Pero no sólo eso. Una vez que estas instituciones ayudaron a la banca, recibieron un importante apoyo legal por parte del Gobierno para rescatar parte importante del dinero invertido en la cartera bancaria, recuperando una proporción significativa de esta cuantía gracias a que perdieron pocos casos en las Cortes

A través de la vía judicial embargaban las viviendas y cuando se inició la recuperación del precio de las viviendas en 1995, los bienes inmuebles y los activos tóxicos, (estos últimos en la bolsa de valores) recuperando así parte del valor original. 

De esta forma, a finales de 1993 se calcula que el coste de la crisis bancaria para Suecia fue del 5% de su Producto Interior Bruto (PIB) y de que el rescate de 65.000 millones de coronas el Estado pudo recuperar casi 48.000 millones, el 75% de los recursos destinados."           (El Economista, 24/09/2012)

11.7.12

Hemos elegido el peor modelo de restructuración bancaria y nos han intervenido, tal vez para siempre. En Suecia, en los 90, costó apenas un 4% en dinero público, permitió el saneamiento real de la banca, y repartió realmente las cargas entre acreedores y deudores

"El gobierno español solicitó el 26 de junio de 2012 el rescate de nuestro sistema bancario, cumpliéndose una de mis previsiones para 2012, la intervención formal de nuestra economía. Parece que finalmente se instrumentará el rescate bancario español en dos fases, aunque la resolución del Eurogrupo del 9 de julio retrasará aún más el mecanismo.

En la primera fase del rescate el Mecanismo Europeo de Estabilidad, que entraría en vigor el 1 de julio de 2012, concedería temporalmente el préstamo al FROB por un importe máximo de 100.000 millones de euros. Dicho préstamo computaría como deuda pública e incrementaría el déficit público.

En una segunda fase, una vez que el BCE asuma la supervisión única de la banca europea, ese crédito se utilizaría para recapitalizar directamente a la banca, eliminando el peso que dicho crédito tiene sobre la deuda y el déficit público. 

Si se aplicara el mismo esquema de préstamos que en el caso del saneamiento bancario irlandés, y asumiendo unos tipos de interés entre el 3% y el 4%, el déficit público incrementaría este año entre 2.100 y 4.000 millones de euros, según las líneas de crédito finalmente concedidas oscilen entre 70.000 y 100.000 millones de euros. 

Con los 30.000 millones finalmente concedidos en el Eurogrupo del 9 de julio, las cifras serán algo más bajas, entre 700 y 1300 millones.

La pregunta es: ¿Qué se hará en general con esos 100.000 millones de euros? 

Se supone que se destinarán a comprar activos tóxicos, sacarlos del balance bancario, y, después, inyectar capital a los bancos. No se dedicará a conceder préstamos a las entidades necesitadas como hasta ahora. Aceptando los supuestos del rescate bancario irlandés, es decir, un descuento promedio en la compra de los activos del 58%, el FROB reservará alrededor de 70.000 millones a adquirir activos tóxicos inmobiliarios de los balances bancarios. 

Será necesario, por otro lado, recapitalizar a parte del sistema bancario, destinando alrededor de 30.000 millones de euros a inyectar capital. En este análisis se olvidan de que la mora está próxima al 15%, y que además del sector inmobiliario, hay otros préstamos problemáticos concedidos a empresas como Sacyr, FCC, Prisa, entre otros. 

La cuantía de capital necesaria, supera, según mis cálculos, ascendería a 200.000 millones de euros, lejos de las previsiones tan dirigidas y obsoletas de las dos empresas de auditoría que hemos pagado entre todos, cuyas cifras arrojan unos pírricos 62.000 millones.

Frente a esto, qué modelo de rescate bancario se debería llevar a cabo. Pues básicamente replicar el rescate a la sueca llevado a cabo en dicho país en los 90. Este modelo se puede implementar en sociedades muy “transparentes” y “pulcras”, algo que España no cumple a día de hoy. Las ideas básicas se pueden resumir en las siguientes.

 En primer lugar, se establecen garantías sobre todos los depósitos. El problema con esto es que las cifras que se manejen deben ser creíbles y financieramente sostenibles. En segundo lugar, no todos los bancos deben sobrevivir, es decir los débiles desaparecerán o se fusionarán, siempre que estas fusiones sean viables, no llevando a cabo lo realizado por España en este campo. 

Detrás de esta medida está la imperiosa necesidad de recular, reducir el balance financiero mundial, y el español en particular, dado el sobredimensionamiento del sistema financiero.

En tercer lugar, implementar un test de stress a la banca “serio” y fiable, para ver qué bancos podrían sobrevivir. En el escenario que manejo, se debería contemplar una caída del PIB en los próximos tres años de al menos el 10% acumulado. 

A esto se añadiría una medida higiénica imprescindible, que consistiría en depurar todos los equipos de gestión de las entidades intervenidas, así como minimizar el coste para el gobierno y evitar el llamado “moral hazard”, es decir que las malas prácticas acaben siendo premiadas, frente a las mejores prácticas.

Desde una óptica de implementación, la idea es crear un banco malo, y una agencia para recapitalizar los bancos. Su principal misión sería forzar a los bancos a hacer una quita de todos sus malos préstamos o créditos, y a su vez el banco emite activos, denominados warrants, que compraría el gobierno conforme comenzase a recapitalizar estas entidades. 

Para ello, es imprescindible eliminar a los acreedores privados, transformándose los bonos en capital. Los accionistas y bonistas empezarían a perder sus inversiones a la misma proporción y velocidad que el gobierno proveyera fondos a los bancos, vía warrants.

En resumen, los accionistas y bonistas no estarían cubiertos por las garantías del gobierno, y perderían sus inversiones en el mismo grado que el gobierno tuviera que apoyar a sus bancos. Este modelo en Suecia costó apenas un 4% en dinero público, permitió el saneamiento real de la banca, y repartió realmente las cargas entre acreedores y deudores.

Como se puede apreciar, nada de esto se ha hecho en el caso español, pues se está cargando todo el peso del rescate sobre deudores y contribuyentes, lo que sin duda es un triunfo del lobby bancario. El problema viene ahora, puesto que la economía española ha dejado de ser autónoma y encara una intervención de facto que se ha traducido, tras la reunión del Eurogrupo en treinta y dos condiciones para recibir sólo el préstamo para Bankia. 

Estas condiciones son durísimas, y abren dos vías muy serias en la credibilidad del Gobierno. Una de facto es que el Banco de España deja de ser el supervisor de las entidades financieras. Y la segunda, es que los requisitos de capital para la banca, en un contexto de recesión y salida masiva de capitales, son incumplibles. 

En suma, hemos elegido el peor modelo de restructuración bancaria y nos han intervenido, tal vez para siempre."          (Público, 11/07/2012, Alejandro Inurrieta)

1.7.12

España, al igual que la Suecia de los años noventa, en realidad deberían dejar su déficit tal cual durante un periodo de transición, en lugar de imponer medidas de austeridad delirantes cuyo único efecto es acelerar el declive

"En 1990, la economía sueca iba sobre ruedas: el excedente presupuestario representaba el 4 % del PIB. Y luego la situación cambió de un modo inesperado. En tres años, las finanzas públicas se hundieron.

 En 1993, el déficit era del 13 %. Ninguno de los países de la eurozona actualmente afectados por la crisis tiene un agujero tan grande en sus cajas.
Comprender la crisis sueca nos puede ayudar a analizar las turbulencias que atraviesa actualmente Europa. 

Por aquel entonces, muchos especialistas concluyeron que el Estado del bienestar había precipitado al país al declive. Se equivocaban. Aunque sí era necesario que los regímenes públicos se renovaran y se abrieran a la competencia.

Lo cierto es que Suecia, al igual que los países de la eurozona actualmente en medio de la tormenta, sufría una grave crisis financiera. A partir de mediados de los años ochenta, se habían concedido créditos sin ton ni son y se originó una burbuja en el mercado inmobiliario. Al cabo de unas semanas, la burbuja estalló y los bancos se enfrentaron a graves problemas.  (...)

Cuanto más estudiaba Hans Tson Söderström la situación en Suecia y Finlandia, más caía en la cuenta de que ya no se podía aplicar el análisis tradicional. Gracias sobre todo a que volvió a leer la obra de referencia de Irving Fisher, Teoría de la deuda deflacionaria de las grandes depresiones [1933], el economista comprendió que la catástrofe era resultado del crack inmobiliario y de la crisis bancaria que acarreó.

 Al principio, el Estado no era el que estaba endeudado en exceso, sino los hogares y las empresas. Cuando estalló la burbuja, se vieron obligados a poner orden en sus cuentas. Ahorraron de forma masiva durante varios años, lo que provocó la caída en la inversión y el consumo. La demanda se hundió. Precisamente este es el tipo de eliminación dolorosa de la deuda que les espera a varios países de la eurozona.

Hans Tson Söderström comprendió que el déficit presupuestario sueco no era fruto de la irresponsabilidad de los dirigentes políticos, sino el resultado de la cura de austeridad a la que se había sometido al sector privado. De hecho, la deuda no había aumentado: simplemente había pasado del sector privado al sector público, se había colectivizado, en cierto modo.

Por lo tanto, la explosión del endeudamiento público no era la causa de la depresión, sino uno de sus síntomas. Y si el país no se adaptaba a un déficit importante durante un periodo de transición, la crisis habría sido aún más grave: el retroceso en el empleo y la producción habría sido más brutal.

Por lo demás, es exactamente lo que se produjo en Finlandia, cuyos dirigentes tenían más prisa que sus homólogos suecos en recuperar el equilibrio presupuestario y cuya acción recibía a menudo los elogios del FMI. El resultado es que el país se hundió en la depresión.

En cambio, en Suecia esperaron hasta mediados de los años noventa para sanear las finanzas públicas. Así se solucionó la cuestión del endeudamiento del sector privado y la economía había iniciado su recuperación, gracias en gran parte a la fuerte devaluación de la corona, que benefició a las industrias exportadoras.

¡Las cuentas públicas de países como España e Irlanda estaban sanas antes de la crisis!
Estos países, al igual que la Suecia de los años noventa, en realidad deberían dejar su déficit tal cual durante un periodo de transición, en lugar de imponer medidas de austeridad delirantes cuyo único efecto es acelerar el declive. 

Su situación es aún más complicada porque no tienen la posibilidad de devaluar su moneda y les resulta muy difícil obtener préstamos en los mercados. Sólo con una solución europea o internacional podrían obtener dinero contante y sonante y restaurar la estabilidad del sistema bancario (garantías de los depósitos, recapitalización).
Pero lo primero que hay que hacer es un diagnóstico correcto del mal que les afecta."               (Pesseurop, 28 junio 2012,Dagens Nyheter Estocolmo)

16.5.12

La nacionalización de la banca sueca... 1990 fue el año en que pinchó la burbuja inmobiliaria en Suecia y las pérdidas acumuladas por las primera 7 entidades financieras llegaron a suponer el 12% del PIB

Un artículo del 2009:

"De las diferentes crisis financieras históricas, probablemente sea la que sufrió Suecia a principios de los años 90 la que nos permite ver que medidas para superar la crisis se pueden tomar para solucionar con éxito y pagando una factura relativamente baja, por eso creo que vale la pena dedicarle un post a la crisis Sueca y repasar las medidas que se tomaron a ver si nos sirve de guía e inspiración.

La Crisis Sueca de principios de los 90, tenía una naturaleza muy similar a la que estamos sufriendo hoy en día a nivel global. Concretamente en 1990 fue el año en que pinchó la burbuja inmobiliaria en Suecia, entre 1990 y 1995 los precios de la vivienda en Suecia se desplomaron un 25%, los préstamos morosos alcanzaron un ratio del 11%, lo que puso en jaque a los bancos suecos que dependían de forma muy importante de la financiación exterior (¿os es familiar con la situación española?).

En el caso de Suecia, las pérdidas acumuladas por las primera 7 entidades financieras llegaron a suponer el 12% del PIB Sueco y el importe de los créditos morosos superó con creces los fondos propios de las entidades financieras suecas…es decir el sector bancario sueco entró en una quiebra mayúscula.

Soluciones tomadas para tratar de enderazar la situación, pues básicamente dos:
1- Garantizar deuda bancaria: A finales de 1992 el gobierno sueco decidió garantizar sin limite todas las deudas bancarias aunque no garantizó el capital de los accionistas.
 
El objetivo era conseguir que los inversores siguieran prestando a los bancos suecos. En la crisis actual, auqnue se han garantizado cubrir la deuda de los bancos por parte de los gobiernos, en muchos casos es una garantía parcial y no es ilimitada y generalmente va destinada a cubrir parcialmente las nuevas emisiones de deuda (vía avales).

2- Nacionalización y Bancos Malos: Sin embargo aunque un banco insolvente pueda tener acceso al crédito, este no deja de ser un banco insolvente, con lo que los directivos del banco suelen tener tendenciao bien a reducir los préstamos asegurando sólo las operaciones de máxima solvencia para poder ir recuperando la solvencia del banco lentamente o bien se pasan al extremo contrario y empiezan a financiar operaciones de alto riesgo y alta rentabilidad rezando que salgan bien y así generar más beneficios para recuperar la solvencia.

A cambio de la garantía anterior (punto nº1) el Gobierno exigió realizar auditorías severas haciendo aflorar todas las pérdidas posibles en los bancos suecos. Después de dichas auditorías, se vio claro que los dos principales bancos suecos, Gota y Nordbanken eran insolvente y se procedió a su inmediata nacionalización, paralelamente se crearon dos nuevas entidades o “bancos malos”denominadas Securum y Retriva que fueron capitalizadas por el gobierno y adquirieron los créditos malos de la banca, en concreto se hicieron con el 21% de los activos del Nordbanken y el 45% de los activos del Gota.

Los “bancos malos”, Securum y Retriva, fueron gestionados como una firma de private equity o de gestión de activos, se dedicaron a mejorar la solvencia de los activos que habían adquirido y ponerlos a la venta. De los 4.500 millones de dólares que el gobierno invirtió en dichas entidades, al final le fueron devueltos 1.800 millones de dólares, con un saldo negativo para el contribuyente de 2.700 millones de dólares.

Finalmente el Nordbanken y el Gota una vez saneados fueron de nuevo privatizados. Y en total se estima que el rescate bancario sueco le costó al contribuyente un 2% del PIB del país, una factura relativamente baja para poder salir de semejante embrollo.

En Europa y EEUU, de momento aún estamos en una aplicación parcial de la fase 1, que combina garantías parciales de deuda con inyecciones de capital, una especie de ni chica ni limoná, de momento los EEUU llevan inyectados en ayudas a la banca 1,5 billones de USD y Europa cerca de 2,3 billones de euros (UK, Alemania, Francia, España, Portugal, Austria, Holanda, Suiza), creo que si no nos queremos ver con una crisis a la Japonesa, me temo que empieza a tocar a coger el toro por los cuernos y dejarse de medias tintas, toca garantizar el total de las deudas y depósitos del sistema financiero, toca obligar a los bancos que hagan aflorar todos sus activos dudosos, toca nacionalizar entidades y toca crear bancos malos, cuando más tardemos en tomar estas medidas más nos veremos ante una crisis a la Japonesa o peor, y la diferencia puede suponer o bien liquidar esta crisis en 5 años o bien soportar más de 10 años de crisis y una elevada factura." (Naranja Revista, 'La Solución Sueca a la Crisis Bancaria', sábado, 07 de marzo de 2009 a las 5:02)

23.6.10

La nacionalización de la banca sueca

"De las diferentes crisis financieras históricas, probablemente sea la que sufrió Suecia a principios de los años 90 la que nos permite ver que medidas para superar la crisis se pueden tomar para solucionar con éxito y pagando una factura relativamente baja, por eso creo que vale la pena dedicarle un post a la crisis Sueca y repasar las medidas que se tomaron a ver si nos sirve de guía e inspiración. 

La Crisis Sueca de principios de los 90, tenía una naturaleza muy similar a la que estamos sufriendo hoy en día a nivel global. Concretamente en 1990 fue el año en que pinchó la burbuja inmobiliaria en Suecia, entre 1990 y 1995 los precios de la vivienda en Suecia se desplomaron un 25%, los préstamos morosos alcanzaron un ratio del 11%, lo que puso en jaque a los bancos suecos que dependían de forma muy importante de la financiación exterior (¿os es familiar con la situación española?).

En el caso de Suecia, las pérdidas acumuladas por las primera 7 entidades financieras llegaron a suponer el 12% del PIB Sueco y el importe de los créditos morosos superó con creces los fondos propios de las entidades financieras suecas…es decir el sector bancario sueco entró en una quiebra mayúscula.

Soluciones tomadas para tratar de enderazar la situación, pues básicamente dos:

1- Garantizar deuda bancaria: A finales de 1992 el gobierno sueco decidió garantizar sin limite todas las deudas bancarias aunque no garantizó el capital de los accionistas. El objetivo era conseguir que los inversores siguieran prestando a los bancos suecos. 

En la crisis actual, auqnue se han garantizado cubrir la deuda de los bancos por parte de los gobiernos, en muchos casos es una garantía parcial y no es ilimitada y generalmente va destinada a cubrir parcialmente las nuevas emisiones de deuda (vía avales).

2- Nacionalización y Bancos Malos: Sin embargo aunque un banco insolvente pueda tener acceso al crédito, este no deja de ser un banco insolvente, con lo que los directivos del banco suelen tener tendenciao bien a reducir los préstamos asegurando sólo las operaciones de máxima solvencia para poder ir recuperando la solvencia del banco lentamente o bien se pasan al extremo contrario y empiezan a financiar operaciones de alto riesgo y alta rentabilidad rezando que salgan bien y así generar más beneficios para recuperar la solvencia.

A cambio de la garantía anterior (punto nº1) el Gobierno exigió realizar auditorías severas haciendo aflorar todas las pérdidas posibles en los bancos suecos. Después de dichas auditorías, se vio claro que los dos principales bancos suecos, Gota y Nordbanken eran insolvente y se procedió a su inmediata nacionalización, paralelamente se crearon dos nuevas entidades o “bancos malos”denominadas Securum y Retriva que fueron capitalizadas por el gobierno y adquirieron los créditos malos de la banca, en concreto se hicieron con el 21% de los activos del Nordbanken y el 45% de los activos del Gota.

Los “bancos malos”, Securum y Retriva, fueron gestionados como una firma de private equity o de gestión de activos, se dedicaron a mejorar la solvencia de los activos que habían adquirido y ponerlos a la venta. De los 4.500 millones de dólares que el gobierno invirtió en dichas entidades, al final le fueron devueltos 1.800 millones de dólares, con un saldo negativo para el contribuyente de 2.700 millones de dólares.

Finalmente el Nordbanken y el Gota una vez saneados fueron de nuevo privatizados. Y en total se estima que el rescate bancario sueco le costó al contribuyente un 2% del PIB del país, una factura relativamente baja para poder salir de semejante embrollo.

En Europa y EEUU, de momento aún estamos en una aplicación parcial de la fase 1, que combina garantías parciales de deuda con inyecciones de capital, una especie de ni chica ni limoná, de momento los EEUU llevan inyectados en ayudas a la banca 1,5 billones de USD y Europa cerca de 2,3 billones de euros (UK, Alemania, Francia, España, Portugal, Austria, Holanda, Suiza), creo que si no nos queremos ver con una crisis a la Japonesa, me temo que empieza a tocar a coger el toro por los cuernos y dejarse de medias tintas, toca garantizar el total de las deudas y depósitos del sistema financiero, toca obligar a los bancos que hagan aflorar todos sus activos dudosos, toca nacionalizar entidades y toca crear bancos malos, cuando más tardemos en tomar estas medidas más nos veremos ante una crisis a la Japonesa o peor, y la diferencia puede suponer o bien liquidar esta crisis en 5 años o bien soportar más de 10 años de crisis y una elevada factura." (Naranja Revista, 'La Solución Sueca a la Crisis Bancaria', sábado, 07 de marzo de 2009 a las 5:02)