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7.3.24

El peligro de olvidar la crisis bancaria de 2023... En esencia, el Tesoro se ocupó de evitar una corrida bancaria, mientras la Fed proveía a los bancos fondos para hacer frente a la retirada de fondos... a nadie parece preocuparle demasiado la magnitud de la intervención que fue necesaria para rescatar a los bancos pequeños, ni ha habido una investigación más amplia de las circunstancias que condujeron a la aparición de estas vulnerabilidades... las autoridades han mostrado una vez más que están dispuestas a rescatar a los actores del mercado si son muchos los que han asumido el mismo riesgo. Ya bastante malo era aquello de «demasiado grande para quebrar», ahora tenemos «demasiados para quebrar»... No es bueno para el capitalismo que quienes asumen riesgos a sabiendas (en este caso, banqueros y depositantes no asegurados) no paguen ningún precio cuando el riesgo se materializa... La minicrisis de marzo de 2023 fue mucho más que una mera nota al pie en la historia de los bancos. No podemos darnos el lujo de olvidarla (Raghuram G. Rajan)

 "Casi un año después de la minicrisis bancaria en los Estados Unidos, es conveniente repasar lo sucedido. ¿Fue una tormenta en un vaso de agua? ¿Hubo en realidad una amenaza sistémica, o fue apenas un problema con algunos pocos bancos? ¿Deberían las intervenciones de la Reserva Federal y del Tesoro de los Estados Unidos preocuparnos o tranquilizarnos?

Allá por marzo de 2023, tres bancos estadounidenses medianos quebraron en forma repentina. El caso más destacado fue el del Silicon Valley Bank (SVB), que se convirtió en la segunda quiebra bancaria más grande en la historia de los Estados Unidos (después de la del Washington Mutual en 2008). Alrededor del 90% de los depósitos en el SVB no estaban asegurados, y los depósitos no asegurados son propensos a corridas. Para colmo de males, el SVB tenía importantes sumas invertidas en bonos a largo plazo, cuyo valor de mercado se redujo al aumentar los tipos de interés. Cuando vendió algunas de esas tenencias para obtener fondos, comenzaron a materializarse las pérdidas no realizadas en su cartera de bonos. Luego, una oferta de acciones fallida activó una clásica corrida bancaria.

Es cómodo pensar que el problema sólo afectó a algunos bancos aislados. Pero fue un problema sistémico.

En una operación de flexibilización cuantitativa (FC), la Fed compra bonos a las instituciones financieras. Por lo general, los vendedores proceden a depositar el dinero en los bancos, y el resultado es un gran aumento del volumen de depósitos no asegurados en el sistema bancario. Por el lado del activo de los bancos, hay un correspondiente incremento de reservas del banco central. Es una situación estable, porque las reservas son el activo más líquido del planeta y pueden usarse para satisfacer a cualquier depositante impaciente que venga a buscar su dinero. Por desgracia, al continuar la FC, varios bancos pequeños (con activos por menos de 50 000 millones de dólares) se apartaron de esta posición estable.

Históricamente, los bancos estadounidenses pequeños seguían un modelo de financiación conservador tal que los depósitos a la vista no asegurados rondaban el 10% de su pasivo. Pero cuando la Fed puso fin a la FC de tiempos de la pandemia, los depósitos a la vista no asegurados de estos bancos superaban el 30% del pasivo. Aunque era un nivel todavía muy inferior al del SVB, es evidente que estas instituciones estaban igual de sobrecargadas.

Esos mismos bancos también solían ser más conservadores en lo referido a la liquidez. Al principio de la FC a fines de 2008, los bancos con menos de 50 000 millones de dólares en activos tenían reservas (y otros activos que podían usarse para pedir reservas prestadas) por una cifra superior al volumen de depósitos a la vista no asegurados. Pero a principios de 2023, sus pasivos susceptibles a corridas ya eran (en términos agregados) una vez y media el volumen de los activos líquidos. En vez de reservas líquidas, la composición de sus activos ahora estaba más sesgada hacia la tenencia de títulos a largo plazo y préstamos a empresas, incluida una proporción significativa de hipotecas sobre edificios comerciales.

De modo que cuando la Fed subió los tipos de interés, el valor económico de estos activos bancarios tuvo una caída importante. Una parte de la caída se ocultó mediante trucos contables, pero la quiebra repentina del SVB hizo que los inversores empezaran a analizar con más cuidado los balances de los bancos. Y lo que vieron no inspiraba confianza. El índice KBW de acciones bancarias cayó más de 25%, y en numerosos bancos comenzó una salida de depósitos; bancos que en muchos casos no tenían liquidez para hacer frente al flujo repentino. El riesgo de una corrida contagiosa entre los bancos pequeños era real, lo mismo que la posibilidad de que el problema se extendiera.

Un hecho importante es que mientras fluía dinero privado hacia los bancos grandes, muy poco iba en dirección a instituciones pequeñas y medianas. Por eso las autoridades tuvieron que acudir al rescate. Poco después de la caída del SVB, el Tesoro prometió que si había otras quiebras, los depósitos no asegurados en bancos pequeños estarían a salvo.

La Fed abrió un generoso canal de financiación para prestar dinero por hasta un año a los bancos contra el valor nominal de sus títulos en cartera, sin tener en cuenta la pérdida de valor derivada de la subida de tipos de interés. Y el Federal Home Loan Banks (FHLBanks), que en la práctica es una rama del gobierno de los Estados Unidos, aumentó el otorgamiento de préstamos a bancos en problemas, cuando el total de sus adelantos al sistema bancario ya se había triplicado entre marzo de 2022 y marzo de 2023 en medio del endurecimiento de política de la Fed. De modo que el endeudamiento de los bancos pequeños y medianos con estas fuentes oficiales se disparó.

En esencia, el Tesoro se ocupó de evitar una corrida bancaria, mientras la Fed proveía a los bancos fondos para hacer frente a los retiros que, aunque no fuera ya en un contexto de pánico, no se habían detenido. Una crisis bancaria en potencia se convirtió en un problema a cámara lenta para los bancos, conforme reconocían y absorbían las pérdidas en sus balances.

Pero hace muy poco el New York Community Bancorp, que compró partes de uno de los bancos quebrados en 2023, anunció grandes pérdidas, y nos recordó la continuidad del proceso. Desde marzo de 2023 el índice Russell de pequeñas empresas ha estado muy por debajo del índice S&P 100 de grandes corporaciones, de modo que al parecer los problemas de los bancos pequeños han afectado a sus clientes tradicionales: pequeñas y medianas empresas.

¿Dónde estamos entonces? Aunque la situación podría ser mucho peor si el Tesoro y la Fed no hubieran intervenido, la aparente facilidad con que se detuvo el pánico sacó el asunto del candelero. Dejando a un lado a los libertarios más recalcitrantes, a nadie parece preocuparle demasiado la magnitud de la intervención que fue necesaria para rescatar a los bancos pequeños, ni ha habido una investigación más amplia de las circunstancias que condujeron a la aparición de estas vulnerabilidades.

Es así que todavía hay algunas preguntas sin responder. ¿Hasta qué punto los problemas bancarios de 2023 fueron resultado del estímulo monetario motivado por la pandemia y de no haber controlado lo suficiente lo qué hicieron los bancos con el dinero? ¿Puede ser que los adelantos de FHLBanks hayan permitido a los bancos que quebraron postergar intentos de capitalizarse? ¿Será que los bancos que tras la quiebra del SVB apelaron a las protecciones oficiales están manteniendo a flote a deudores con hipotecas comerciales en problemas, posponiendo así el día de la rendición de cuentas?

No es bueno para el capitalismo que quienes asumen riesgos a sabiendas (en este caso, banqueros y depositantes no asegurados) no paguen ningún precio cuando el riesgo se materializa. A pesar de las amplias reformas bancarias de los últimos quince años, las autoridades han mostrado una vez más que están dispuestas a rescatar a los actores del mercado si son muchos los que han asumido el mismo riesgo. Ya bastante malo era aquello de «demasiado grande para quebrar», ahora tenemos «demasiados para quebrar».

La minicrisis de marzo de 2023 fue mucho más que una mera nota al pie en la historia de los bancos. No podemos darnos el lujo de olvidarla."

(Raghuram G. Rajan, exgobernador del Banco de la Reserva de la India, Viral V. Acharya, ex vicegobernador del Banco de la Reserva de la India, Project Syndicate, 08/02/24)

16.11.23

Angustia por la deuda... Muchos de estos países endeudados son ricos en recursos naturales y tienen una mano de obra joven disponible para trabajar. Pero no prosperan porque los precios de sus exportaciones los fijan para ellos las fuerzas internacionales de las multinacionales... los tipos de interés de la deuda, sobre todo la denominada en dólares, han subido bruscamente y la carga del "servicio" de esa deuda se ha disparado... Pero no es sólo en el llamado Sur Global donde está aumentando la angustia por la deuda. En el Norte Global, tanto el sector capitalista como los gobiernos se enfrentan a crecientes niveles de deuda y a los costes de su financiación... Los costes por intereses de las empresas estadounidenses aumentaron un 22% en el primer trimestre de 2023... Si aumentan los impagos de las empresas, se volverá a presionar a los bancos... Ya hubo una crisis bancaria el pasado mes de marzo que llevó a varios bancos pequeños a la quiebra y al resto a ser rescatados con más de 100.000 millones de dólares... Dado el papel central de EE.UU. en las condiciones financieras mundiales, es fundamental poner orden en su situación fiscal ¿Y cómo hacerlo? Según Gita Gopinath, subdirectora general del FMI, rebajando pensiones, recortando servicios públicos, privatizando... Eso significa que hay que sacrificar el desarrollo productivo por la probidad fiscal y monetaria... Pero, ¿no es esto al revés? Si hubiera una inversión planificada en los sectores productivos y en los servicios públicos a escala mundial, el crecimiento económico aumentaría, nuestra "casa fiscal" estaría entonces en orden y la angustia de la deuda desaparecería (Michael Roberts)

 "La semana pasada, Zambia llegó a un acuerdo para aliviar la deuda de casi 4.000 millones de dólares con los tenedores de bonos privados, lo que aumenta las esperanzas de que la prolongada reestructuración de la deuda del segundo mayor productor de cobre de África esté llegando a su fin.  Se habían necesitado tres años para conseguir una "reprogramación" de la deuda.  Pero no ha desaparecido, sólo es un poco más pequeña y el coste del servicio es un poco menor.

Este es sólo un ejemplo del creciente ritmo de endeudamiento en el que se han metido los países más pobres del mundo en la última década, sobre todo tras el fin de la pandemia.

Muchos de estos países endeudados son ricos en recursos naturales y tienen una mano de obra joven disponible para trabajar.  Pero no prosperan porque los precios de sus exportaciones los fijan para ellos las fuerzas internacionales de las multinacionales y las empresas comerciales.  Y el crecimiento del comercio mundial, sobre todo de materias primas, se está contrayendo.  Por ejemplo, los precios del cobre han bajado un 25% en los últimos 12 meses.

La deuda de los países pobres con los ricos ha aumentado rápidamente.

Aunque los tipos de interés de los préstamos se mantuvieron relativamente bajos durante la década de 2010, los costes del servicio de la deuda también aumentaron.

Y desde el repunte inflacionista mundial de 2021, los tipos de interés de la deuda, sobre todo la denominada en dólares, han subido bruscamente y la carga del "servicio" de esa deuda se ha disparado.

 Pero no es sólo en el llamado Sur Global donde está aumentando la angustia por la deuda.  En el Norte Global, tanto el sector capitalista como los gobiernos se enfrentan a crecientes niveles de deuda y a los costes de su financiación.

Los elevados tipos de interés ya están empezando a afectar a las empresas estadounidenses, en una economía que va mejor que cualquier otra gran economía capitalista avanzada.  Charles Schwab estima que los costes de endeudamiento de algunas empresas se duplicarán o casi triplicarán en 2023 en comparación con años anteriores, lo que supondrá un duro golpe para los balances corporativos. Los rendimientos efectivos de la deuda corporativa por debajo del grado de inversión (la deuda en manos de las empresas más débiles) se han disparado hasta el 9% este mes, según el índice ICE BofA US High Yield. Los costes por intereses de las empresas estadounidenses aumentaron un 22% en el primer trimestre de 2023 con respecto al año anterior.

Como resultado, según S&P Global, 459 empresas se han declarado en quiebra a finales de agosto, superando el número total de declaraciones de quiebra registradas en 2021 y 2022.

Según Deutsche Bank, el total de impagos de préstamos en EE.UU. podría aumentar hasta el 11,3% de la deuda pendiente, sólo ligeramente por debajo del máximo histórico del 12% registrado durante la Gran Recesión.

 Lo preocupante es que la subida de tipos empezará a notarse a partir de 2025, cuando se renueven grandes volúmenes de deuda. El siguiente gráfico muestra el calendario de endeudamiento del Russell 2000 (las 2.000 mayores empresas de EE.UU.).  A medida que estas empresas empiecen a renovar sus deudas pendientes a tipos significativamente más altos, aumentarán los impagos.

Esto nos lleva de nuevo a las llamadas empresas "zombi".  En varias entradas anteriores he analizado el auge de estos zombis, es decir, las empresas que no obtienen suficientes beneficios para pagar su deuda y sólo sobreviven endeudándose aún más.

Los economistas del BPI también han detectado una nueva categoría de empresas vulnerables en las principales economías, a las que han denominado "ángeles caídos".  Se trata de empresas a punto de perder su calificación crediticia de "grado de inversión" porque han acumulado más deuda de la que pueden soportar. Por lo tanto, son vulnerables a las "rebajas" de su calificación crediticia, que aumentarían drásticamente los costes del servicio de su deuda. 

Las estimaciones de zombificación varían.  Goldman Sachs calculó que el 13% de las empresas que cotizan en Estados Unidos "podrían considerarse" zombis.  Pero la Reserva Federal descubrió que solo aproximadamente el 10% de las empresas públicas eran empresas zombi en 2019 utilizando criterios ligeramente más rigurosos. Alternativamente, Deutsche Bank encontró que más del 25% de las empresas estadounidenses eran zombis en 2020, un aumento desde el 6% en 2000.  Un estudio reciente de 4,5 millones de registros de empresas realizado por Kearney de alrededor de 70.000 empresas cotizadas de 154 industrias y 152 países encontró que el número de empresas zombis había aumentado un 10% desde 2021 a casi 2.000 (eso sería solo el 3%).

Si aumentan los impagos de las empresas, se volverá a presionar a los acreedores, es decir, a los bancos.  Ya hubo una crisis bancaria el pasado mes de marzo que llevó a varios bancos pequeños a la quiebra y al resto a ser rescatados con más de 100.000 millones de dólares de financiación de emergencia por parte de los reguladores gubernamentales. Ya he destacado el peligro oculto del crédito en manos de los llamados "bancos en la sombra", instituciones no bancarias que han prestado grandes cantidades para inversiones financieras especulativas.

Y no sólo el sector empresarial está sometido a la presión del servicio de la deuda.  También lo está el sector público.  En lo que va de año, el gobierno estadounidense ha gastado 659.000 millones de dólares en pagar los intereses de su deuda, ya que las subidas de tipos de la Reserva Federal han aumentado drásticamente el coste de los préstamos del gobierno federal. Este lento aumento de los costes de la deuda y el elevado tipo de interés de los bonos del Estado es lo que ha llevado a los inversores bursátiles estadounidenses a empezar a vender.  El mercado bursátil estadounidense ha caído más de un 10% en los últimos meses debido al aumento del coste de los préstamos.

¿Qué se puede hacer?  La respuesta oficial la daba Gita Gopinath, subdirectora general del FMI, en un reciente artículo publicado en el FT.  Hay que reducir la deuda, los bancos centrales deben mantener altos los tipos de interés ("política monetaria restrictiva") y los gobiernos deben reducir los déficits (austeridad fiscal).

Gopinath: "Con unos niveles de deuda sin precedentes, unos tipos de interés más altos durante más tiempo y unas perspectivas de crecimiento en su punto más débil en dos décadas, se impone la moderación, incluso para los emisores de divisas de reserva. De hecho, EE.UU. tiene uno de los mayores déficits, con un 8% este año y una media prevista del 7% en los próximos años. A estos tipos, los pagos netos de intereses de las administraciones públicas en EE.UU. pasarían del 8% de los ingresos (486.000 millones de dólares) en 2019 al 12% (1,27 billones de dólares) en 2028. Dado el papel central de EE.UU. en las condiciones financieras mundiales, es fundamental poner orden en su situación fiscal, tanto para sí mismo como para los demás, que se están viendo afectados por la subida de los tipos y el debilitamiento de las divisas".

¿Y cómo hacerlo?  Según Gopinath, "las reformas de los derechos son ineludibles". Eso significa aumentar las cotizaciones a la pensión de jubilación y el umbral de edad; y recortar los servicios públicos. "Muchas EDE necesitan reducir la huella de las empresas estatales, que sobrecargan las arcas públicas y a menudo no logran resultados efectivos".  Eso significa privatización.  Y "debemos ser francos: para muchas políticas industriales, estas condiciones simplemente no se cumplen".  Eso significa que hay que sacrificar el desarrollo productivo por la probidad fiscal y monetaria. Gopinath afirmó que "poner orden en la casa fiscal es esencial para garantizar que los gobiernos puedan cumplir con su gente".

Pero, ¿no es esto al revés? Si hubiera una inversión planificada en los sectores productivos y en los servicios públicos a escala mundial, el crecimiento económico aumentaría, nuestra "casa fiscal" estaría entonces en orden y la angustia de la deuda desaparecería."

(Michael Roberts, blog, 31/10/23; traducción DEEPL)

3.7.23

¿Tienen EE UU y Europa los medios para hacer frente a la crisis bancaria? Los fondos propios del Credit Suisse se desvanecieron como la nieve al sol en unas semanas o incluso días... 17 mil millones de francos suizos se redujeron a cero durante el fin de semana del 18 y 19 de marzo de 2019... los depositantes norteamericanos retiraron 500 mil millones de dólares de sus cuentas en el primer trimestre de 2023 (Eric Toussain)

 "(...)  Volviendo a Estados Unidos, la FDIC, Federal Deposit Insurance Corporation (Agencia Federal de Seguros de Depósitos) creada en julio de 1933 es la agencia federal que hasta hoy tiene la responsabilidad de garantizar los depósitos en los miles de bancos que se benefician de la garantía del Estado, también se encarga de controlar la seriedad de la actividad de los bancos en cuestión.

En caso de quiebra o rescate bancario, la FDIC aprovecha sus recursos para asegurar la garantía de los depósitos. En marzo de 2023, las quiebras del Silicon Valley Bank y del Signature Bank costaron a la FDIC 20 mil millones de dólares. La quiebra de First Republic que se produjo en abril le costó a la FDIC 13 mil millones de dólares adicionales. (...)

Los recursos de la FDIC son proporcionados por los bancos que garantiza. Obviamente, estos recursos son demasiado débiles para hacer frente a nuevas quiebras, pero la FDIC no quiere reconocer que la situación es problemática. (...)

Hay que tener en cuenta también que los depositantes retiraron 500 mil millones de dólares de sus cuentas en el primer trimestre de 2023. Esta es la mayor retirada que se ha producido en los últimos 40 años. Estas retiradas masivas multiplican las posibilidades de quiebra bancaria en los Estados Unidos, ya que obligan a los bancos a proporcionar liquidez, que no tienen en cantidades suficientes para hacer frente a los riesgos que asumen, a los clientes cuando retiran su dinero. Como no tienen suficiente liquidez disponible de inmediato, los bancos a menudo tienen que vender valores con urgencia. Esta venta es regularmente sinónimo de pérdidas, que, si son demasiado grandes, provocan la quiebra porque los fondos propios son completamente insuficientes. Sin embargo, como hemos visto, una quiebra supone un recurso al FDIC, ya casi seco, para salvar al banco en cuestión. (...)

Los bancos estadounidenses, como los bancos de otros continentes, están jugando constantemente con los depósitos de sus clientes asumiendo altos riesgos para obtener el máximo beneficio a corto plazo. Los más grandes acechan a los bancos medios para comprarlos a precio de ganga y aumentar su potencia. El mayor banco estadounidense, JPMorgan, acaba de comprar First Republic.

¿Son los bancos europeos más fuertes que los de Estados Unidos?

No está nada claro. La quiebra de Credit Suisse 4 está ahí para mostrárnoslo. El Deutsche Bank, que es uno de los grandes colosos con pies de arcilla, está permanentemente al borde del precipicio. Y no es el único banco que está en esta situación.

Contrariamente a las afirmaciones de que los fondos propios de los bancos europeos son lo suficientemente altos como para hacer frente a los riesgos de pérdidas, son demasiado bajos para hacer frente a grandes pérdidas. La ponderación de los activos por el riesgo les permite mentir sobre la parte real de sus fondos propios en relación con su balance. Es un método de cálculo autorizado por el comportamiento cómplice de las autoridades encargadas de la regulación y la seguridad bancaria. Este método de cálculo permite a los bancos afirmar que la relación entre sus fondos propios y su balance es superior al 12%, cuando en realidad oscila entre el 3 y el 6% 5. Esto significa que si un banco sufre una pérdida del 3 al 6% de todo su balance, se encuentra al borde de la quiebra.

El Credit Suisse, justo antes de su quiebra en marzo de 2023, afirmaba que la relación entre sus fondos propios y su balance era del 18%. Sin embargo, sus fondos propios se desvanecieron como la nieve al sol en unas semanas o incluso días. En sus fondos propios, el Crédit Suisse incluía, con el acuerdo de la autoridad bancaria y el comité de Basilea, los famosos AT1 que ascendían a 17 mil millones de francos suizos. Se redujeron a cero durante el fin de semana del 18 y 19 de marzo de 2019. 

 En efecto, un AT1 es una obligación convertible. Los AT1 son vendidos como obligaciones por las empresas que los emiten para financiarse. Es un título de deuda para su comprador, da derecho a un interés garantizado. El interés es más alto que para un bono normal, generalmente oscila entre el 5 y el 8%. En el caso de Credit Suisse, el tipo de interés era del 8%, lo que es alto e indicaba que el comprador corría un riesgo. En efecto, estas obligaciones pueden convertirse en equities, es decir, en acciones, por lo tanto, capital de riesgo. Los AT1 son el producto de la crisis de 2008. Mientras que eran títulos de deuda, fueron aceptados por las autoridades de supervisión bancaria como parte del capital de la empresa y, por tanto, de sus fondos propios. Las autoridades lo hicieron para permitir que los bancos pudieran aumentar artificialmente sus fondos propios teniendo que intentar realizar un aumento de capital.

 ¿Está bien asegurada la garantía de los depósitos en los bancos europeos?

 Desde el punto de vista financiero, esto está lejos de ser así. También hay que tener en cuenta que no existe un fondo europeo de garantía. Cada fondo es un fondo nacional. (...)"     (  , Viento sur, 17/Jun/2023)

10.5.23

Los culpables de las recientes crisis bancarias fueron sus directivos... sus retribuciones “estaban vinculadas a ganancias a corto plazo y rendimientos de capital que no incluían la medición del riesgo”. En otras palabras, “los gerentes tenían más incentivos financieros para centrarse en los beneficios a corto plazo que en una sólida gestión de riesgos”... son los principales causantes de las quiebras bancarias”... pero no pasa nada... El Banco Mundial estimó que entre 2007 y 2013, más de 100 bancos europeos fueron rescatados con un coste neto de las ayudas estatales de 241.000 millones de euros

 "Las recientes quiebras bancarias de los bancos Silicon Valley Bank, Signature Bank y First Republic, en Estados Unidos, y Credit Suisse, en Suiza, han vuelto a sacudir la economía de millones de ciudadanos al evidenciar su fuerte dependencia de las finanzas. En el caso de Estados Unidos ha llamado la atención el extenso y crítico informe del vicepresidente de la Reserva Federal, Michael S. Barr, sobre las causas de las crisis del 28 de abril. Un examen que no elude responsabilidades, efectuado tan solo unas semanas después de los acontecimientos que empezaron el 10 de marzo.

Barr señala dos problemas. Los directivos “pusieron las ganancias a corto plazo por encima de una efectiva gestión de riesgos” y las retribuciones de los ejecutivos “estaban vinculadas a ganancias a corto plazo y rendimientos de capital que no incluían la medición del riesgo”. En otras palabras, “los gerentes tenían más incentivos financieros para centrarse en los beneficios a corto plazo que en una sólida gestión de riesgos”.

 El historiador Stanley M. Guranlick consideraba hace pocos días en Financial Times a los ejecutivos bancarios como “los principales causantes de las quiebras bancarias”. Para remediar esta situación proponía la creación de un fondo de contingencias al que los directivos bancarios aportarían la parte de sus retribuciones que superase 20 veces el salario medio de sus empleados. Si el banco quebraba, todo el fondo se convertiría en un activo del banco quebrado para apoyar su saneamiento. Si el banco no quebraba, recibirían sus aportaciones durante su jubilación. La limitación de 20 veces el salario medio se inspiraba en una observación de JP Morgan durante el pánico financiero de 1907, que indicó que los ejecutivos que ganaban más de 20 veces el salario medio “probablemente estarían más atentos a su propia riqueza que a la salud de su empresa”.

Este periódico recordaba este fin de semana que las retribuciones del principal directivo de los dos mayores bancos españoles, Santander y BBVA, superó el año pasado en 200 veces el salario medio de sus empleados.

 Algunos analistas consideran que Europa no ha sufrido estos episodios traumáticos debido a su mejor regulación y supervisión. Conviene recordar, sin embargo, que las reparaciones bancarias han sido muchísimo más costosas en Europa que en Estados Unidos, donde recuperaron casi todas ayudas. El Banco Mundial estimó en su Global Financial Development Report 2019 /2020 que entre 2007 y 2013 más de 100 bancos europeos fueron rescatados con un coste neto de las ayudas estatales de 241.000 millones de euros. El análisis se basaba en datos de Eurostat, cuyo último informe, que incluye hasta finales de 2022, eleva la cifra del dinero público gastado en salvar bancos a 264.568 millones de euros. La mayor parte corresponde a las entidades españolas que han costado 74.228 millones de euros, el 28,57% del total. Los ciudadanos con hipotecas tienen además sus propias razones para temer al mundo financiero tras constatar las subidas del euríbor desde el 1,09% en 2022 al 3,76% el pasado abril, lo que se ha traducido en subidas de 300 euros mensuales."                (Andreu Missé, El País, 08/05/23)

8.5.23

La tercera y mayor quiebra bancaria de EE.UU. en poco más de un mes tendrá probablemente consecuencias... La primera es que JP Morgan es aún más grande que nunca. Lo de demasiado grande para quebrar es ahora un hecho. Nunca se permitirá que JP Morgan quiebre... Tampoco First Republic. Sus accionistas podrían desaparecer, pero la realidad es que, en lo que respecta a sus clientes, el banco sigue funcionando. La pretensión de que sigue existiendo un sector bancario privado en Estados Unidos, y en países como el Reino Unido, es ahora una farsa. Cuando los depositantes saben que no corren ningún riesgo al colocar fondos en cualquier lugar de los mercados financieros porque el Estado les garantiza que no perderán por muy malo que sea el banco que elijan, la idea de que existe un mercado competitivo está definitivamente acabada... Lo que sería mejor sería un reconocimiento del hecho de que la banca estadounidense no es lo que pretende ser. No es una actividad del sector privado... Utiliza capital público y la mercancía que tiene que vender se la proporciona el Estado sin coste alguno, como fue el préstamo de 50.000 millones de dólares a JP Morgan... Tiene que haber una nueva conciencia. Esta es que el gobierno es el responsable último de toda la creación de dinero. Los bancos son simplemente sus agentes

 "El pasado fin de semana se produjo la segunda mayor quiebra bancaria de la historia de Estados Unidos. Como informaba ayer el FT, el banco estadounidense First Republic fue cerrado con la participación activa de los reguladores bancarios estadounidenses, y sus depósitos de 93.500 millones de dólares y la mayoría de sus activos fueron vendidos a JPMorgan Chase. El banco recibió un préstamo federal de 50.000 millones de dólares para facilitar la operación.

El acuerdo significaba que todos los depositantes, incluidos los que superaban el límite de 250.000 dólares del seguro, conservaban el acceso a su dinero. Se calcula que la Corporación Federal de Seguros de Depósitos de EE.UU. tuvo que desembolsar 13.000 millones de dólares para financiar la operación.

La tercera y mayor quiebra bancaria de EE.UU. en poco más de un mes tendrá probablemente consecuencias.

La primera es que JP Morgan es aún más grande que nunca. Según la ley de competencia estadounidense, este acuerdo no debería haberse permitido. Hace a JP Morgan demasiado grande. Pero el pragmatismo se impuso. Demasiado grande para quebrar es ahora un hecho. Nunca se permitirá que JP Morgan quiebre.

Tampoco, en efecto, First Republic. Sus accionistas podrían desaparecer, pero la realidad es que, en lo que respecta a sus clientes, el banco sigue funcionando. La pretensión de que sigue existiendo un sector bancario privado en Estados Unidos, y en países como el Reino Unido, es ahora una farsa. Cuando los depositantes saben que no corren ningún riesgo al colocar fondos en cualquier lugar de los mercados financieros porque el Estado les garantiza que no perderán por muy malo que sea el banco que elijan, la idea de que existe un mercado competitivo está definitivamente acabada.

Otro mito que también se rompe definitivamente es la idea de que los bancos dependen de los mercados de capitales para financiarse. Lo que está claro son dos cosas. En primer lugar, JP Morgan dependía de un préstamo del gobierno para financiar esta operación. En segundo lugar, First Republic (y ahora JP Morgan) se basó en el apoyo financiero explícito del gobierno para llevar a cabo sus operaciones de toma de posesión, apoyo que ahora le ha costado al gobierno estadounidense 13.000 millones de dólares. Los bancos del Reino Unido hacen exactamente lo mismo. Aquí la garantía de los depósitos es de 85.000 libras, pero en realidad (como sabemos por la experiencia de la quiebra de Northern Rock), es ilimitada. Pretender que los bancos son algo más que una extensión del Estado ahora es bastante ridículo.

En ese caso, habría que preguntarse por qué se les permite ganar tanto dinero a costa de todos nosotros. (...)

Lo que sería mejor sería un reconocimiento del hecho de que la banca estadounidense no es lo que pretende ser. No es una actividad del sector privado. No se comporta como debería hacerlo el sector privado. Utiliza capital público y la mercancía que tiene que vender se la proporciona el Estado sin coste alguno, como fue el préstamo de 50.000 millones de dólares a JP Morgan. Hasta que no se reconozcan estos hechos, la farsa continuará y las decisiones se tomarán sobre bases erróneas, amenazándonos a todos.

Tiene que haber una nueva conciencia. Esta es que el gobierno es el responsable último de toda la creación de dinero. Los bancos son simplemente sus agentes. El cableado del sistema tiene que reflejar este hecho. Ahora no es así. Y los que se están beneficiando de la pretensión van a aferrarse a ella el mayor tiempo posible. Corresponde a los economistas heterodoxos y a los que realmente entienden de dinero dejar claro que se pueden tomar mejores decisiones. Entonces, un día, esas mejores opciones podrían ocurrir."

(Richard Murphy. Profesor de Contabilidad en la Escuela de Gestión de la Universidad de Sheffield. Brave New europe, 04/05/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

3.5.23

Michael Roberts: La quiebra del First Republic Bank es el último capítulo de la crisis bancaria en curso en Estados Unidos. Se trata del segundo mayor colapso bancario de la historia financiera estadounidense. Demuestra una vez más la necesidad de la propiedad pública del sistema bancario... Si los tres bancos hubieran sido nacionalizados, los 35.000 millones de dólares gastados por la FDIC para ceder los activos de estos bancos a otros más grandes podrían haberse utilizado en su lugar para reestructurarlos en bancos públicos que, con el tiempo, habrían aportado ingresos suficientes para que el gobierno (FDIC) obtuviera beneficios, no para bancos como JPMorgan... La otra lección de esta crisis es el fracaso de la regulación como alternativa a la propiedad pública. La historia de la regulación, ya sea aplicada a bancos grandes o pequeños, ha demostrado ser un fracaso total... La propiedad pública, gestionada democráticamente, acabaría con la banca como una máquina de hacer dinero derrochadora, corrupta e inestable que paga grotescos sueldos, primas y plusvalías a una pequeña camarilla de especuladores superricos... mientras, la Reserva Federal y otros bancos centrales siguen subiendo sus tipos de interés "políticos", aumentando el coste de los préstamos y restringiendo el crédito, aumentando el peligro de nuevos colapsos bancarios

 "(...) First Republic es el tercer banco que quiebra tras Silicon Valley Bank (SVB) y Signature.  En total, 47.000 millones de dólares en activos bancarios se han esfumado, y las pérdidas han sido asumidas en parte por los accionistas y tenedores de bonos de estos bancos.  Pero también ha habido un coste para los fondos públicos.  La Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) es un organismo público financiado por las contribuciones de todos los bancos.  

El coste de organizar y financiar el coste de estas quiebras y absorciones se estima en 20.000 millones de dólares (para SVB), 13.000 millones de dólares (para First Republic) y 2.500 millones de dólares (Signature).  Así pues, aproximadamente tres cuartas partes de las pérdidas totales las asume la FDIC.  La FDIC pedirá nuevos gravámenes a los bancos, por lo que la carga acabará repartiéndose, pero a costa de reducir el crédito bancario a hogares y empresas y de aumentar los costes de los intereses.

Un banco que no va a perder es JP Morgan.  La adquisición de First Republic parece un gran negocio para JPM.  JPM paga a la FDIC 10.600 millones de dólares, a cambio de los cuales obtiene 185.000 millones de dólares en préstamos y valores que devengan intereses.  A su vez, JPM se hace cargo de los depósitos de First Republic y de los préstamos pendientes de First Republic con la Fed.  Pero la FDIC proporciona a JPM una línea de crédito de 50.000 millones de dólares a lo largo de cinco años, de modo que se cubra cualquier nueva caída de los depósitos o el impago de los préstamos de First Republic.  En otras palabras, JPM no tendrá que obtener costosos préstamos de la Fed, ya que cuenta con un préstamo especial de la FDIC en condiciones más fáciles.  Los bancos pequeños pueden preguntarse por qué el mayor banco de EE.UU. obtiene un préstamo especial barato.

JPM será ahora propietario de los activos de First Republic por 10.600 millones de dólares.  Dimon, el jefe de JPM, dice que ganará unos 500 millones de dólares al año con estos activos, lo que se merece por asumir el riesgo de las deudas de First Republic.  Pero eso es claramente una subestimación - es más probable que sea un beneficio de 1.000 millones de dólares al año a las tasas actuales de préstamos a las empresas y sobre todo la baja tasa que la FDIC ha dispuesto para que JPM pida prestado.  Eso es lo que ganó First Republic en su último trimestre.  Así que eso añadirá un 2% a los beneficios anuales de JPM. Además, ¡la FDIC ha acordado asumir el 80% de cualquier pérdida por impago de préstamos!  El precio de las acciones de JPM subió 11.000 millones de dólares en un día al conocerse la noticia.  Así que incluso el pago de JPM a la FDIC ha sido cubierto inmediatamente.

Estos colapsos bancarios ofrecen otro poderoso argumento a favor de la propiedad pública de la banca.  Si los tres bancos hubieran sido nacionalizados, los 35.000 millones de dólares gastados por la FDIC para ceder los activos de estos bancos a otros más grandes podrían haberse utilizado en su lugar para reestructurarlos en bancos públicos que, con el tiempo, habrían aportado ingresos suficientes para que el gobierno (FDIC) obtuviera beneficios, no para bancos como JPM.

La otra lección de esta crisis es el fracaso de la regulación como alternativa a la propiedad pública.  En un informe especial encargado por la Fed sobre la debacle del SVB, se culpaba a la reducción de la regulación de los bancos más pequeños bajo la administración Trump.  A la administración demócrata le gusta esa conclusión, pero el informe no aportaba ninguna prueba de que los cambios de Trump hubieran supuesto alguna diferencia a la hora de evitar el colapso de alguno de esos bancos.  La historia de la regulación, ya sea aplicada a bancos grandes o pequeños, ha demostrado ser un fracaso total.

Así que ahora hemos tenido tres quiebras bancarias, dejando a JP Morgan en una posición aún más dominante en el sector bancario, ahora con el 12% de todos los depósitos de los clientes en los EE.UU..  En la crisis financiera de 2008, el grito era que había muchos grandes bancos que eran "demasiado grandes para quebrar".  Quince años después, los grandes bancos son aún mayores, pero no demasiado grandes para quebrar, como demostró la quiebra y absorción del banco suizo Credit Suisse el mes pasado.  De hecho, es ridículo que el ahora enorme banco suizo UBS siga siendo de propiedad privada, subvencionado por el Estado, en lugar de ser de propiedad pública.

Y mientras la Reserva Federal y otros bancos centrales sigan subiendo sus tipos de interés "políticos", aumentando el coste de los préstamos y restringiendo el crédito, seguirá aumentando el peligro de nuevos colapsos bancarios.

Los argumentos a favor de la propiedad pública son abrumadores, no sólo de los bancos medianos como First Republic que tienen problemas, sino también de los grandes megabancos como JP Morgan, cada vez más convertidos en poderosos monopolios.  La propiedad pública, gestionada democráticamente, acabaría con la banca como una máquina de hacer dinero derrochadora, corrupta e inestable que paga grotescos sueldos, primas y plusvalías a una pequeña camarilla de especuladores superricos (que especulan con nuestros depósitos) y, en su lugar, la convertiría en un servicio público para sus clientes, hogares y empresas, cuyos beneficios irían a parar al conjunto del país." 
             (Michael Roberts, the next recession, 02/05/23)

5.4.23

Silicon Valley Bank: la miseria regulatoria de una clase dominante... Si hay líneas de crédito para salvar bancos, el cálculo de riesgos por parte de estos queda notablemente alterado. Si la aspirina que me cura la resaca es demasiado efectiva, es posible que en la próxima fiesta beba durante dos horas más

 "Las explicaciones sobre la crisis del Silicon Valley Bank (SVB) nos sugieren dos conclusiones: la primera, que su quiebra se debe únicamente a las malas decisiones de sus ejecutivos -sobre todo, a la de haber adquirido miles de millones de dólares en una deuda pública que recientemente ha perdido muchísimo valor-; y la segunda, que, en cualquier caso, el desangramiento ha quedado cauterizado, y que todo miedo de contagio refleja una sobrerreacción que terminará cuando caigan los títulos de crédito de este episodio piloto.  

El dinero es una promesa de pago, un acuerdo social cuya sostenibilidad depende de la confianza depositada en una serie de elementos físicos o virtuales. Dinero son las monedas y los billetes, pero también los depósitos bancarios y la deuda pública estatal. Para unos cuantos, las criptomonedas han sido dinero hasta que han dejado de serlo.  

 Como afirman lúcidamente los economistas Michael Pettis y Mathew Klein en un libro estupendo, Las guerras comerciales son guerras de clase. Cómo la desigualdad distorsiona la economía y amenaza la paz (Capitán Swing), la mayoría de los ciclos económicos más agudos han comenzado a partir de circunstancias entre las que suele destacar un cambio de definición en el dinero; dichos ciclos suelen dar lugar a una expansión económica y financiera y, a su vez, a una sensación colectiva de euforia. Galbraith afirmaba en su Historia de la euforia financiera que dicha euforia es, en suma, la ilusión de no poder equivocarse. Pero esta es siempre la música de fondo de una borrachera de crédito que con el tiempo provocará una depresiva resaca. En dicho estado de penitencia etílica todos somos iguales, pero algunos son mucho más iguales que los demás. 

El poder bancario reside en su capacidad de crear dinero de la nada, al convertir los créditos en depósitos: un préstamo de 200.000 dólares concedido a una empresa tecnológica emergente que se dedica a optimizar determinados filtros de Instagram pasa automáticamente a ser un derecho de cobro del banco -que con los años recuperará el préstamo y con ello su inversión- pero, al mismo tiempo, también un derecho del prestatario -la empresa- a disponer de un nuevo depósito por un valor de 200.000 dólares. 

 La expectativa de crecimiento en un determinado sector, como el tecnológico, incentiva la creación de más y más dinero bancario; el valor -otro consenso social- de estas startup tenderá a subir y la perspectiva de auge conducirá a más y más préstamos. 

De ahí que los bancos se configuren como entidades incentivadas para alargar y exagerar los ciclos -valores tecnológicos, hipotecas, etc.-, pero que, sin embargo, no están diseñadas para cargar con el castigo de las quiebras, pues en sus balances albergan el dinero de muchos depositantes. Los rescates de la banca pueden entenderse, por tanto, como una subvención a este comportamiento peligrosamente bipolar. El fondo de garantía de depósitos estadounidense, el FDIC, cubrirá cantidades superiores a los 250.000 dólares establecidos por ley, con lo que espera estirar el salvavidas a todos los clientes del banco SVB. 

Las instituciones financieras construidas con el paso de los siglos para hacer frente a estos asimétricos riesgos han permitido paliar los pánicos, pero han creado nuevos problemas. El objetivo final, que familias y empresas confíen en que su dinero está seguro, ha promovido comportamientos irresponsables. Si hay líneas de crédito para salvar bancos, el cálculo de riesgos por parte de estos queda notablemente alterado. Si la aspirina que me cura la resaca es demasiado efectiva, es posible que en la próxima fiesta beba durante dos horas más. La aspirina terminará haciendo coalición con la futura úlcera estomacal. 

Sorprende, por ello, que en un contexto de tipos de interés tan bajos como el vivido durante todos estos años, los reguladores no hayan previsto este tipo de desenlaces. Centrados en ganar la última guerra, como ha afirmado Gillian Tett en Financial Times, las autoridades responden antes a los riesgos identificados con el pasado que a los que exigen de un ejercicio mayor de imaginación.  

Pero hay más. Las respuestas de las autoridades pueden generar relaciones clientelares entre bancos centrales y privados, sobre todo si entre estos se producen intercambios de ejecutivos. A este respecto, el periodista Miguel Jiménez destaca en un interesante reportaje en El País cómo en el consejo de la Reserva Federal de San Francisco, supervisora del SVB, se sentaba precisamente el antiguo consejero delegado de este banco; y cómo en el del también quebrado Signature Bank había recalado precisamente Barney Frank, uno de los promotores de la ley regulatoria Dodd-Frank de 2010, posteriormente relajada.  

No es extraño que esta estructura promueva cambios que precipiten situaciones críticas. Diego Larrouy escribía este martes en ElDiario.es sobre la relación que podía establecerse entre este reciente colapso financiero y la reforma regulatoria impulsada por el gobierno de Donald Trump en 2018; y hace solo un mes, Antonio Vélez exponía en este mismo sitio cómo más de 70 altos cargos de los reguladores españoles de energía, telecomunicaciones o competencia habían pasado a puestos directivos del sector privado durante las últimas décadas. 

Nadie queda libre de una clase dominante que supera la teórica diferencia entre Estado y mercado. Dicha clase no está sujeta a los incómodos controles democráticos, ni tampoco a los consecuentes castigos que deben cobrarse los errores y negligencias más o menos conscientes. Esta élite, política y financiera, parece querer cobrarse su próxima víctima: unos bancos centrales que llevan décadas sin acertar y que se muestran impotentes, con unas criptomonedas que en los últimos días parecen jugar también el papel de moneda refugio. Afortunadamente para los ejecutivos de estas entidades hay numerosas salidas en un sector privado paradójicamente público. "                (Andrés Villena , eldiario.es, 14/03/23)

31.3.23

Michael Roberts : Crisis bancaria: ¿ha terminado todo? La Reserva Federal y el Banco Central Europeo están tranquilizando a los inversores asegurando que la crisis ha terminado... Así que todo va bien, o al menos pronto lo estará, dado el masivo apoyo de liquidez que están ofreciendo la Reserva Federal y otros organismos de crédito del gobierno estadounidense. Además, los bancos más fuertes han intervenido para comprar los bancos en quiebra... Bueno, no se acaba hasta que se acaba... los bancos estadounidenses perdieron 100.000 millones de dólares en depósitos en una semana. Desde la quiebra de SVB se han retirado 500.000 millones de dólares de los bancos pequeños para ir a los grandes... Para cubrir estas salidas y prepararse para más, los bancos estadounidenses han pedido prestados 475.000 millones a la Reserva Federal... es que las "pérdidas no realizadas" en sus libros asciende a 620.000 millones, o el 2,7% del PIB estadounidense. Ese es el golpe potencial para los bancos si se materializan estas pérdidas... Así pues, es muy posible que las actuales medidas de emergencia no sean suficientes... El dinero y las mercancías no son la misma cosa, por lo que la circulación de dinero y mercancías está intrínsecamente sujeta a ruptura. Y puede ocurrir de repente. Pero la principal causa subyacente será la caída de la rentabilidad de la inversión y la producción... Así que la crisis bancaria aún no ha terminado. De hecho, algunos sostienen que podría producirse una crisis recurrente que durase años, como ocurrió con la crisis de los préstamos y ahorros en EE.UU. (década de 1980-90)... Y si la actual crisis bancaria se convierte en sistémica, como ocurrió en 2008, habrá que "socializar" las pérdidas sufridas por la élite bancaria mediante rescates gubernamentales, lo que disparará las deudas del sector público (que ya están en máximos históricos); todo ello a expensas del resto de nosotros mediante un aumento de los impuestos y aún más austeridad en el gasto público en bienestar y servicios

 "Los precios de las acciones bancarias se han estabilizado a principios de esta semana.  Y todos los funcionarios clave de la Reserva Federal, el Tesoro estadounidense y el Banco Central Europeo están tranquilizando a los inversores asegurando que la crisis ha terminado.  La semana pasada, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, calificó el sistema bancario estadounidense de "fuerte y resistente" y afirmó que no había riesgo de un colapso bancario como en 2008-9.  La secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, afirmó que el sector bancario estadounidense se estaba "estabilizando".  El sistema bancario estadounidense es fuerte.  Al otro lado del charco, la presidenta del BCE, Lagarde, ha dicho en repetidas ocasiones a inversores y analistas que no había "ninguna disyuntiva" entre luchar contra la inflación subiendo los tipos de interés y preservar la estabilidad financiera.

Así que todo va bien, o al menos pronto lo estará, dado el masivo apoyo de liquidez que están ofreciendo la Reserva Federal y otros organismos de crédito del gobierno estadounidense.  Además, los bancos más fuertes han intervenido para comprar los bancos en quiebra (SVB o Credit Suisse) o para inyectar liquidez en los quebrados (First Republic).

¿Se ha acabado todo?  Bueno, no se acaba hasta que se acaba.  Los últimos datos de la Reserva Federal muestran que los bancos estadounidenses perdieron 100.000 millones de dólares en depósitos en una semana.  Desde que comenzó la crisis hace tres semanas, mientras que los grandes bancos estadounidenses han sumado 67.000 millones de dólares, los pequeños han perdido 120.000 millones y los bancos de propiedad extranjera 45.000 millones.

Para cubrir estas salidas y prepararse para más, los bancos estadounidenses han pedido prestados 475.000 millones de dólares a la Reserva Federal; repartidos a partes iguales entre bancos grandes y pequeños, aunque en relación con su tamaño, los bancos pequeños pidieron prestado el doble que los grandes.

Los bancos más débiles de EE.UU. llevan más de dos años perdiendo depósitos en favor de los más fuertes, pero desde la quiebra de SVB el 10 de marzo se han retirado 500.000 millones de dólares y desde que la Fed empezó a subir los tipos de interés, 600.000 millones. Todo un récord.

¿Adónde van a parar todos estos depósitos?  La mitad de los 500.000 millones de las últimas tres semanas han ido a parar a los bancos más grandes y fuertes, y la otra mitad a fondos del mercado monetario.  Lo que está ocurriendo es que los depositantes (sobre todo particulares ricos y pequeñas empresas) temen que su banco quiebre como el SVB, por lo que se decantan por los grandes bancos "más seguros".  Además, los depositantes ven que, con la subida generalizada de los tipos de interés impulsada por los bancos centrales para "luchar contra la inflación", se pueden encontrar mejores tipos de ahorro en los fondos del mercado monetario.

¿Qué son los fondos del mercado monetario?  No son bancos, sino instituciones financieras que ofrecen un tipo de interés mejor que el de los bancos.  ¿Cómo lo hacen?  No ofrecen ningún servicio bancario; los FMM son sólo vehículos de inversión que pagan tipos más altos por el efectivo.  Pueden hacerlo comprando a su vez bonos a muy corto plazo, como letras del Tesoro, que ofrecen sólo un tipo de rendimiento ligeramente superior.  Así, los FMM obtienen una pequeña ganancia de intereses, pero con cantidades enormes.  En lo que va de marzo, los fondos del mercado monetario han recibido más de 286.000 millones de dólares, lo que supone el mayor mes de entradas desde lo más profundo de la crisis de Covid-19. Aunque no se trata de un cambio masivo en relación con el tamaño del sistema bancario estadounidense (es menos del 2% de los 17,5 billones de dólares de depósitos bancarios), demuestra que los nervios siguen a flor de piel.

 Y recordemos cómo empezó todo esto.  Empezó con el cierre del Silicon Valley Bank (SVB).  Luego el banco de criptomonedas Signature Bank.  Luego otro banco First Republic tuvo que ser rescatado por un lote de grandes bancos.  Luego, en Europa, el banco Credit Suisse se derrumbó en menos de 48 horas.

La causa inmediata de estas recientes quiebras bancarias, como siempre, fue la pérdida de liquidez.  ¿Qué queremos decir con eso? Los depositantes del SVB, First Republic y Signature empezaron a retirar su efectivo a lo grande, y estos bancos no tenían el efectivo líquido para satisfacer las demandas de los depositantes.

¿Por qué? Por dos razones fundamentales. En primer lugar, gran parte del efectivo que se había depositado en estos bancos había sido reinvertido en activos por los consejos de administración de los bancos que han perdido enormemente valor en el último año aproximadamente. En segundo lugar, muchos de los depositantes de estos bancos, principalmente pequeñas empresas, se habían dado cuenta de que ya no obtenían beneficios ni financiación adicional de los inversores, pero seguían necesitando pagar sus facturas y a su personal. Así que empezaron a retirar efectivo en lugar de acumularlo.

¿Por qué perdieron valor los activos de los bancos? Todo se reduce a la subida generalizada de los tipos de interés en el sector financiero, impulsada por las medidas de la Reserva Federal de elevar brusca y rápidamente su tipo de interés básico supuestamente para controlar la inflación. ¿Cómo funciona esto?

 Bien, para ganar dinero, digamos que los bancos ofrecen a los depositantes un 2% anual de interés por sus depósitos. Deben cubrir ese interés, bien concediendo préstamos a un tipo más alto a los clientes, bien invirtiendo el efectivo de los depositantes en otros activos que devenguen un tipo de interés más alto. Los bancos pueden conseguir ese tipo más alto si compran activos financieros que paguen más intereses o que puedan vender con beneficio (pero que pueden ser más arriesgados), como bonos corporativos, hipotecarios o acciones.

Los bancos pueden comprar bonos, que son más seguros porque los bancos recuperan todo su dinero al final del vencimiento del bono, digamos cinco años. Y cada año el banco recibe un tipo de interés fijo más alto que el 2% que reciben sus depositantes. Obtiene un tipo más alto porque no puede recuperar su dinero al instante, sino que debe esperar, incluso años.

Los bonos más seguros que se pueden comprar son los del Estado, porque el Tío Sam (probablemente) no va a dejar de reembolsar el bono al cabo de cinco años. Así que los gestores del SVB pensaron que estaban siendo muy prudentes al comprar bonos del Estado. Pero aquí está el problema.

 Si usted compra un bono del Estado por 1.000 dólares que "vence" en cinco años (es decir, que recupera la totalidad de su inversión en cinco años), que paga un interés de, digamos, el 4% anual, entonces, si sus clientes de depósito reciben sólo el 2% anual, usted está ganando dinero.  Pero si la Reserva Federal sube su tipo de interés oficial un 1%, los bancos también deben subir sus tipos de depósito en consecuencia o perderán clientes. El beneficio del banco se reduce. Pero lo que es peor, el precio de su bono de 1.000 libras existente en el mercado secundario de bonos (que es como el mercado de coches de segunda mano) cae. ¿Por qué? Porque, aunque su bono del Estado sigue pagando un 4% cada año, el diferencial entre el interés de su bono y el interés del efectivo u otros activos a corto plazo se ha reducido.

Ahora, si necesita vender su bono en el mercado secundario para obtener efectivo, cualquier comprador potencial de su bono no estará dispuesto a pagar 1.000 dólares por él, sino 900 dólares. Esto se debe a que el comprador, al pagar sólo 900 dólares y seguir obteniendo el 4%, ahora puede obtener un rendimiento de intereses de 4/900 o 4,4%, lo que hace que merezca más la pena comprarlo. SVB tenía un montón de bonos que compró "a la par" (1.000 $) pero que valían menos en el mercado secundario (900 $). Así que tenía "pérdidas no realizadas" en sus libros.

 Pero, ¿qué importa eso si no tiene que venderlos? SVB puede esperar a que venzan los bonos y recuperar todo el dinero invertido más los intereses en cinco años. Pero aquí está la segunda parte del problema para SVB. Con la subida de tipos de la Reserva Federal y la ralentización de la economía hacia la recesión, sobre todo en el sector de las nuevas empresas tecnológicas en el que se especializaba SVB, sus clientes estaban perdiendo beneficios, por lo que se vieron obligados a quemar más efectivo y a reducir sus depósitos en SVB.

Al final, SVB no disponía de liquidez suficiente para hacer frente a las retiradas de fondos, sino que tenía muchos bonos que no habían vencido. Cuando esto se hizo evidente para los depositantes, los que no estaban cubiertos por el seguro de depósitos estatal (cualquier cosa por encima de 250.000 dólares) entraron en pánico y hubo una corrida contra el banco. Esto se hizo evidente cuando SVB anunció que tendría que vender gran parte de sus tenencias de bonos con pérdidas para cubrir las retiradas. Las pérdidas parecían ser tan grandes que nadie quiso poner dinero nuevo en el banco y SVB se declaró en quiebra.

 Así que la falta de liquidez se convirtió en insolvencia, como siempre ocurre. ¿Cuántas pequeñas empresas se dan cuenta de que si hubieran conseguido un poco más de su banco o de un inversor, habrían podido superar la falta de liquidez y seguir funcionando? En cambio, si no reciben más ayuda, tienen que cerrar. Eso es básicamente lo que ha ocurrido con estos bancos.

 Pero el argumento es que se trata de casos puntuales y que las autoridades monetarias han actuado con rapidez para estabilizar la situación y frenar el pánico de los depositantes.  El Gobierno, la Reserva Federal y los grandes bancos han hecho dos cosas. En primer lugar, han ofrecido fondos para satisfacer la demanda de efectivo de los depositantes. Aunque en EE.UU. los depósitos en efectivo superiores a 250.000 dólares no están cubiertos por el gobierno, éste ha renunciado a ese umbral y ha dicho que cubrirá todos los depósitos (sólo de estos bancos) como medida de emergencia.

En segundo lugar, la Reserva Federal ha creado un instrumento especial de préstamo llamado Programa de Financiación a Plazo de los Bancos, por el que los bancos pueden obtener préstamos a un año, utilizando los bonos como garantía a la par para obtener efectivo con el que hacer frente a las retiradas de los depositantes. Así, no tienen que vender sus bonos por debajo de la par. Estas medidas pretenden frenar la corrida del "pánico" contra los bancos.

 Pero aquí está el problema.  Algunos argumentan que SVB y los demás bancos son de poca monta y más bien especializados.  Por tanto, no reflejan problemas sistémicos más amplios. Pero eso hay que ponerlo en duda. En primer lugar, SVB no era un banco pequeño, ni siquiera estaba especializado en el sector tecnológico: era el decimosexto más grande de Estados Unidos y su caída fue la segunda mayor de la historia financiera estadounidense. Además, un reciente informe de la Federal Deposit Insurance Corporation muestra que SVB no es el único que tiene enormes "pérdidas no realizadas" en sus libros. El total de todos los bancos asciende actualmente a 620.000 millones de dólares, o el 2,7% del PIB estadounidense. Ese es el golpe potencial para los bancos o la economía si se materializan estas pérdidas.

De hecho, el 10% de los bancos tienen mayores pérdidas no reconocidas que las de SVB. SVB tampoco era el banco peor capitalizado, ya que el 10% de los bancos tenían una capitalización inferior a la de SVB. Según un estudio reciente, el valor de mercado de los activos del sistema bancario es inferior en 2 billones de dólares a lo que sugiere su valor contable (teniendo en cuenta las carteras de préstamos mantenidas hasta su vencimiento). El valor de mercado de los activos bancarios ha disminuido una media del 10% en todos los bancos, y el percentil 5 inferior ha experimentado un descenso del 20%. Peor aún, si la Fed sigue subiendo los tipos de interés, los precios de los bonos caerán aún más, y las pérdidas no realizadas aumentarán, y más bancos se enfrentarán a una falta de liquidez.

Así pues, es muy posible que las actuales medidas de emergencia no sean suficientes. La pretensión actual es que la liquidez adicional puede ser financiada por bancos más grandes y fuertes que se hagan cargo de los débiles y restablezcan la estabilidad financiera sin golpear a los trabajadores. Esta es la solución de mercado en la que los grandes buitres canibalizan la carroña muerta: por ejemplo, la rama británica de SVB ha sido comprada por HSBC por 1 libra esterlina. En el caso de Credit Suisse, las autoridades suizas forzaron su absorción por el banco UBS, de mayor tamaño, por un precio equivalente a una quinta parte del valor de mercado actual de CS.

Y ahí no acaban los problemas que se avecinan.  Los bancos estadounidenses están muy metidos en activos inmobiliarios comerciales (CRE), es decir, oficinas, plantas, centros comerciales, etc.  Cuando los tipos de interés eran muy bajos o incluso cercanos a cero antes de la pandemia, los bancos pequeños se llenaron de préstamos para el desarrollo inmobiliario y bonos CRE emitidos por promotores.  El endeudamiento como porcentaje de las reservas bancarias se aceleró del 25% anual al 95% anual a principios de 2023 en los bancos pequeños y al 35% en los grandes.

Pero los precios de los locales comerciales han caído en picado desde el final de la pandemia, y muchos de ellos permanecen vacíos sin percibir alquileres. Y ahora que los tipos de las hipotecas comerciales están subiendo por las subidas de la Fed y el BCE, muchos bancos se enfrentan a la posibilidad de más impagos en sus préstamos.  En las dos últimas semanas ya se han impagado préstamos por valor de 3.000 millones de dólares debido al colapso de los promotores inmobiliarios.   En febrero, Brookfield, el mayor propietario de oficinas de Los Ángeles, dejó de pagar 784 millones de dólares; en marzo, Pacific Investment Co. dejó de pagar 1.700 millones de dólares en cédulas hipotecarias y Blackstone dejó de pagar 562 millones de dólares en bonos.  Y hay 270.000 millones de dólares más de estos préstamos CRE pendientes de reembolso.  Además, estos préstamos están muy concentrados.  Los bancos pequeños poseen el 80% del total de préstamos CRE por valor de 2,3 billones de dólares.

El riesgo de los préstamos CRE aún está por llegar.  Pero afectará sobre todo a los bancos regionales, que ya están tambaleándose.  Y es una espiral viciosa.  Los impagos en el sector CRE perjudican a los bancos regionales, ya que la caída de la ocupación de oficinas y el aumento de los tipos de interés deprimen las valoraciones de las propiedades, generando pérdidas.  A su vez, los bancos regionales perjudican a los promotores inmobiliarios, ya que imponen normas de préstamo más estrictas después de la SBV.  Esto priva a los prestatarios de inmuebles comerciales de créditos a precios razonables, reduciendo sus márgenes de beneficio y aumentando los impagos.

Y el otro riesgo aún no resuelto es internacional.  La liquidación del banco internacional suizo Credit Suisse, de 167 años de antigüedad, y su adquisición forzosa por su rival UBS sólo fue posible gracias a la cancelación del valor de 18.000 millones de dólares de todos los bonos secundarios de CS en manos de fondos de cobertura, inversores privados y otros bancos de todo el mundo.  La cancelación de bonos (deuda) y, en cambio, la salvación de los accionistas de CS no tiene precedentes en el derecho financiero.  Esto ha aumentado el riesgo de poseer este tipo de bonos bancarios, a pesar de las garantías del BCE de que esto no ocurriría en la eurozona.  Como consecuencia, los inversores han empezado a preocuparse por otros bancos.  En particular, sus ojos se han centrado en los apuros del mayor banco de Alemania, Deutsche Bank, que tras lo ocurrido con Credit Suisse, ya no es demasiado grande para quebrar.

 Lo que esto demuestra es que la repetida afirmación de la presidenta del BCE, Lagarde, de que no hay "compromiso" entre la lucha contra la inflación con subidas de los tipos de interés y la estabilidad financiera, ya que los bancos luchan por mantener a los depositantes y evitar el impago de los préstamos, no tiene sentido.  De hecho, un nuevo documento de destacados académicos financieros, entre ellos el ex gobernador del Banco de la Reserva de la India, concluye que "las pruebas sugieren que la expansión y la contracción de los balances de los bancos centrales implican compensaciones entre la política monetaria y la estabilidad financiera".

La desestimación de los peligros pasados y futuros por parte de las autoridades monetarias no debería sorprender a los lectores de este blog.  El economista de la corriente dominante, Jason Furman, ha señalado que después del crack financiero mundial de 2008-9, la Fed comenzó a hacer Informes de Estabilidad Financiera regulares.  Pero como Furman señala: "La Fed pasó completamente por alto lo sucedido: ni un atisbo de preocupación". Una interpretación: incompetencia. Otra interpretación: estas cosas son difíciles aunque resulten obvias en retrospectiva".  Por ejemplo, el último informe de noviembre de 2022, el FSR "presentaba en general un panorama reconfortante del sector financiero. Y era especialmente sereno acerca de los bancos, tanto de su capital como de su propensión a las corridas".

El IEF de la Reserva Federal nunca puso a prueba los elevados tipos de interés. Y, sin embargo, cuando los tipos de interés empezaron a subir, debería haber quedado claro que los bancos tenían pérdidas a precios de mercado que no estaban contabilizando en sus carteras a vencimiento. Este riesgo se descartó en una nota a pie de página porque la Reserva Federal pensó que unos tipos de interés más altos significarían ganancias para los bancos en los ingresos netos por intereses.  Lo mismo ocurrió con el Banco Nacional Suizo y su confiada evaluación del futuro de Credit Suisse hace tan sólo unos meses.

 En cuanto a la regulación, siempre he insistido en el fracaso total de la regulación bancaria para evitar las crisis.  Como dijo un experto jurídico bancario "A raíz de la crisis de 2008, el Congreso erigió un enorme edificio legal para gobernar las instituciones financieras: la Ley Dodd-Frank. Y en el transcurso de un fin de semana vimos que todo era una costosa y despilfarradora aldea de Potemkin. ¿De qué sirve tener un enorme conjunto de regulaciones... si no se hacen cumplir? ¿Para tener límites de seguro de depósitos... si no se respetan? La Ley Dodd-Frank sigue vigente, pero sus disposiciones prudenciales están prácticamente muertas. ¿Por qué debería alguien seguir sus requisitos ahora, dado que serán ignorados en cuanto resulten inconvenientes? ¿Y por qué debería el público confiar en que está protegido si no se cumplen las normas? De hecho, ¿alguien ha mirado siquiera el plan de resolución de SVB o ha sido todo un montaje?".

"Realmente no sé cómo se puede enseñar regulación bancaria prudencial después de lo de SVB. ¿Cómo se puede enseñar a los alumnos las normas formales -supervisión, límites de exposición y concentración, pronta acción correctiva, límites de seguro de depósitos- cuando se sabe que las normas no se cumplen?".

"Las normas siempre se tiran por la ventana en las crisis financieras y luego hay mucho movimiento de dedos y nuevas normas que se siguen hasta la siguiente crisis, cuando ya no se siguen".

 Y el jefe del principal regulador financiero del mundo, Pablo Hernández de Cos, presidente del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, dijo la semana pasada: "La única forma de evitar por completo una corrida bancaria sería exigirles que mantuvieran todos sus depósitos en activos de gran liquidez, pero entonces ya no habría bancos". Lo que quiere decir es que no habría bancos cuyo objetivo fuera obtener beneficios y especular, pero sí bancos sin ánimo de lucro que prestaran un servicio público. Pero, por supuesto, eso no está en el orden del día.

Ahora parece que el quebrado Silicon Valley Bank pagó enormes primas a sus altos ejecutivos en función de la rentabilidad del banco; como resultado, los ejecutivos invirtieron en activos más arriesgados a largo plazo para aumentar la rentabilidad y así obtener mayores primas. Y eso no es todo. Justo antes de que el banco quebrara, concedió enormes préstamos a tipos favorables a altos cargos, directivos y accionistas por valor de 219 millones de dólares. Bien si lo consigues, como "iniciado".

 ¿Qué falló en SVB? El presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, lo explicó así: "A un nivel básico, la dirección del Silicon Valley Bank fracasó estrepitosamente. Hicieron crecer el banco muy rápidamente. Expusieron al banco a un importante riesgo de liquidez y de tipos de interés. No cubrieron ese riesgo".  Pero "ahora sabemos que los supervisores vieron estos riesgos e intervinieron". ¿En serio? Si es así, ¡llegaron un poco tarde!  "Sabemos que SVB experimentó una corrida bancaria rápida y masiva sin precedentes. Se trata de un grupo muy grande de depositantes conectados, un grupo concentrado de depositantes conectados en una corrida muy, muy rápida. Más rápido de lo que los registros históricos sugerirían".  Así que la Fed fue sorprendida.

Pero no te preocupes, no volverá a ocurrir.  "Por nuestra parte, estamos haciendo una revisión de la supervisión y la regulación. Mi único interés es que identifiquemos qué falló aquí. La cuestión es cómo ha ocurrido. Qué salió mal. Intentemos encontrarlo. Lo encontraremos. Y luego evaluaremos cuáles son las políticas adecuadas para que no vuelva a ocurrir. Y luego aplicar esas políticas".

Pero esta es una explicación superficial.  Siempre habrá algún fallo en la banca.  Como explicó Marx, el capitalismo es una economía monetaria o de dinero. La producción no es para el consumo directo en el punto de uso. La producción de mercancías está destinada a la venta en un mercado para ser cambiada por dinero. Y el dinero es necesario para comprar mercancías.

El dinero y las mercancías no son la misma cosa, por lo que la circulación de dinero y mercancías está intrínsecamente sujeta a ruptura. En cualquier momento, los poseedores de efectivo pueden decidir no comprar mercancías a los precios vigentes y, en su lugar, acumularlo. Entonces, los vendedores de materias primas deben bajar los precios o incluso quebrar. Muchas cosas pueden desencadenar esta ruptura en el intercambio de dinero y mercancías, o de dinero por activos financieros como bonos o acciones - capital ficticio, lo llamó Marx. Y puede ocurrir de repente.

¿Qué falló en SVB? El presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, lo explicó así: "A un nivel básico, la dirección del Silicon Valley Bank fracasó estrepitosamente. Hicieron crecer el banco muy rápidamente. Expusieron al banco a un importante riesgo de liquidez y de tipos de interés. No cubrieron ese riesgo".  Pero "ahora sabemos que los supervisores vieron estos riesgos e intervinieron". ¿En serio? Si es así, ¡llegaron un poco tarde!  "Sabemos que SVB experimentó una corrida bancaria rápida y masiva sin precedentes. Se trata de un grupo muy grande de depositantes conectados, un grupo concentrado de depositantes conectados en una corrida muy, muy rápida. Más rápido de lo que los registros históricos sugerirían".  Así que la Fed fue sorprendida.

Pero no te preocupes, no volverá a ocurrir.  "Por nuestra parte, estamos haciendo una revisión de la supervisión y la regulación. Mi único interés es que identifiquemos qué falló aquí. La cuestión es cómo ha ocurrido. Qué salió mal. Intentemos encontrarlo. Lo encontraremos. Y luego evaluaremos cuáles son las políticas adecuadas para que no vuelva a ocurrir. Y luego aplicar esas políticas".

Pero esta es una explicación superficial.  Siempre habrá algún fallo en la banca.  Como explicó Marx, el capitalismo es una economía monetaria o de dinero. La producción no es para el consumo directo en el punto de uso. La producción de mercancías está destinada a la venta en un mercado para ser cambiada por dinero. Y el dinero es necesario para comprar mercancías.

El dinero y las mercancías no son la misma cosa, por lo que la circulación de dinero y mercancías está intrínsecamente sujeta a ruptura. En cualquier momento, los poseedores de efectivo pueden decidir no comprar mercancías a los precios vigentes y, en su lugar, acumularlo. Entonces, los vendedores de materias primas deben bajar los precios o incluso quebrar. Muchas cosas pueden desencadenar esta ruptura en el intercambio de dinero y mercancías, o de dinero por activos financieros como bonos o acciones - capital ficticio, lo llamó Marx. Y puede ocurrir de repente.

Pero la principal causa subyacente será la sobreacumulación de capital en los sectores productivos de la economía o, en otras palabras, la caída de la rentabilidad de la inversión y la producción. Los clientes de las empresas tecnológicas en el SVB habían empezado a perder beneficios y estaban sufriendo una pérdida de financiación por parte de los llamados inversores de capital riesgo (inversores en start-ups) porque los inversores veían que los beneficios caían. Por eso las tecnológicas tuvieron que reducir sus depósitos en efectivo. Esto destruyó la liquidez de SVB y le obligó a anunciar una venta forzosa de sus activos en bonos.  Paralelamente, los tipos de interés subieron, lo que incrementó el coste de los préstamos.  Esta crisis de "liquidez" se está gestando ahora en el sector inmobiliario y en los bancos con grandes deudas en bonos.

Así que la crisis bancaria aún no ha terminado.  De hecho, algunos sostienen que podría producirse una crisis recurrente que durase años, como ocurrió con la crisis de los préstamos y ahorros en EE.UU. (década de 1980-90).

 Lo cierto es que las condiciones crediticias se están endureciendo, los préstamos bancarios se reducirán y a las empresas de los sectores productivos les resultará cada vez más difícil obtener fondos para invertir y a los hogares para comprar artículos de gran valor.  Eso va a acelerar la caída de las economías este año.  El audaz optimismo expresado antes de marzo de que se evitará la recesión resultará infundado.  Sólo la semana pasada, las propias previsiones de la Reserva Federal para el crecimiento económico de EE.UU. este año se redujeron a sólo el 0,4%, lo que, de cumplirse, significaría al menos dos trimestres de contracción a mediados de este año.

Y si la actual crisis bancaria se convierte en sistémica, como ocurrió en 2008, habrá que "socializar" las pérdidas sufridas por la élite bancaria mediante rescates gubernamentales, lo que disparará las deudas del sector público (que ya están en máximos históricos); todo ello a expensas del resto de nosotros mediante un aumento de los impuestos y aún más austeridad en el gasto público en bienestar y servicios."

( Michael Roberts es economista en la City de Londres, Brave New europe, 27/03/23, traducción DEEPL)

29.3.23

La banca se encuentra en una encrucijada crucial... Janet Yellen ha hablado de que el Gobierno estadounidense ofrezca una garantía federal del 100% a todos los depositantes de los bancos más pequeños; después lo negó... La motivación de Yellen es obvia. Quiere asegurarse de que el dinero permanece en los bancos más pequeños. Sin una garantía sabe que va a fluir, con bastante rapidez, de esos bancos a los grandes. Si quiere salvar al pequeño sector bancario, no tiene más remedio que ofrecer esta garantía... Es hora de que hablemos de lo que viene a continuación... si todos los depósitos bancarios están garantizados al 100%, todo el mercado de repos deja de tener sentido. Eso acabaría con todo un sector bancario. El repo sólo existe porque no hay garantía de depósitos para las grandes empresas... también desaparece la razón para comprar, en EE.UU., bonos del Tesoro... Al fin y al cabo, los bonos del Estado no son más que depósitos a plazo fijo 100% asegurados por el Estado... ofrezca depósitos garantizados al 100% y, ¿quién querría un un bono del Tesoro estadounidense? Así que se eliminarían los mercados de deuda pública... en ese caso, ¿cuál es el papel que le queda a la banca privada? Se habrá eliminado parte de su capacidad de especulación... Todo lo que le quedaría por hacer sería la banca de inversión... No es de extrañar que Janet Yellen haya dudado en ese caso... Una garantía de depósitos del 100% podría salvar a los bancos pequeños, pero al mismo tiempo cambiaría por completo todo el modelo de banca tal y como lo conocemos... la banca seguirá funcionando sobre la base de la pretensión de que no existe una garantía de depósito del 100%, cuando en realidad todos sabemos que sí la hay, porque nunca se va a abandonar a ningún depositante bancario: el coste político de hacerlo es demasiado alto. La banca se encuentra en una enorme encrucijada

 "Janet Yellen ha hablado de que el Gobierno estadounidense ofrezca una garantía federal del 100% a todos los depositantes de los bancos estadounidenses más pequeños, que son muchos. Y ahora ha negado que se esté considerando esta posibilidad, en un movimiento que ayer hizo caer las acciones de dichos bancos, por lo que sospecho firmemente que esta garantía se hará realidad.

No se puede reflexionar sobre esta cuestión cuando se está en la posición de Yellen como Secretaria del Tesoro de EE.UU. y luego decir que se ha cambiado de opinión y no esperar una corrida contra los bancos en cuestión. Pensar en voz alta y luego decir que no era tu intención no es una opción en su posición. Así que mi suposición es que va a suceder.

La motivación de Yellen es obvia. Quiere asegurarse de que el dinero permanece en los bancos más pequeños. Sin una garantía sabe que va a fluir, con bastante rapidez, de esos bancos a JP Morgan Chase, Bank of America y similares. Si quiere salvar al pequeño sector bancario, no tiene más remedio que ofrecer esta garantía.

Pero entonces pensemos en lo que ocurrirá después. Al hacerlo, prepárense para un buen paseo.

En primer lugar, Yellen no puede ofrecer esta garantía a los pequeños bancos sin hacerlo también a los grandes. Porque a menos que ofrezca esa garantía a los depositantes de los bancos más grandes, éstos van a trasladar sus fondos a los bancos pequeños. Si Credit Suisse puede quebrar a pesar de pasar todas las pruebas de solvencia bancaria, los depositantes no están ahora de humor para confiar en nadie. Así que, al reflexionar en voz alta, Yellen ha abierto la puerta a un sistema bancario estadounidense con el 100% de los depósitos garantizados. Es el fin de la banca estadounidense tal y como la conocíamos.

Pero, antes de considerar eso ahora piense en la situación de una gran empresa en el Reino Unido que no goza de tal garantía. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que cambie sus fondos de libras esterlinas a un banco estadounidense para obtener una garantía de depósito? Y luego pregúntele lo mismo a las empresas alemanas, francesas, españolas y de otros países. Harán lo mismo.

Por supuesto, se podría argumentar que pueden utilizar repos para simular una garantía gubernamental sobre los fondos depositados, pero si manteniendo los fondos en dólares se puede tener la garantía real, ¿por qué no aceptarla? Creo que puedo garantizar esos flujos al dólar. Cinco bancos centrales incluso han creado una línea de crédito para permitirlo en la actualidad. El resultado es evidente. Uno tras otro, los gobiernos de los países van a tener que sucumbir y ofrecer garantías del 100% de los depósitos bancarios. ¿Cuánto tardarán? Es difícil saberlo, pero quizá sólo semanas.

Entonces, piénselo bien. En primer lugar, si todos los depósitos bancarios están garantizados al 100%, todo el mercado de repos deja de tener sentido. Eso acabaría con todo un sector bancario, y sería inevitable. El repo sólo existe porque no hay garantía de depósitos para las grandes empresas.

La supresión del repo también elimina una forma en la que el gobierno puede influir en los tipos de interés a corto plazo: efectivamente, uno de sus llamados acuerdos de "operaciones de mercado abierto" que se utilizan para comunicar los tipos básicos bancarios al mercado se evapora, de la noche a la mañana.

Pero entonces también desaparece otra cosa, que es la razón para comprar gilts (o en EE.UU., bonos del Tesoro). Al fin y al cabo, los bonos del Estado no son más que depósitos a plazo fijo 100% seguros en el Estado. Se pueden describir de cualquier otra forma, pero la frase anterior dice todo lo que se necesita saber, salvo el hecho de que estas cuentas de depósito se organizan de forma que se puedan negociar entre quienes deseen poseerlas. Ahora ofrezca depósitos garantizados al 100% y ¿quién querría un gilt o un bono del Tesoro estadounidense? Entonces se podría obtener toda la seguridad que se desee depositando el dinero en su lugar, y muy probablemente con una cláusula de ruptura. Así que básicamente se eliminan los mercados de deuda pública y el supuesto mecanismo de financiación que proporcionan a los gobiernos.

 Pero ahí no acaban las consecuencias. Como reconocen ahora universalmente los bancos centrales, los depósitos bancarios sólo se crean prestando dinero. Y si esos depósitos sólo existen como pasivo bancario (que es lo que son en el balance de un banco) porque hay un activo bancario correspondiente, que es una suma adelantada como préstamo al cliente, ahora hay que hacerse una pregunta sencilla. Esa pregunta es si es creíble esperar que un gobierno garantice los depósitos y no tenga ningún interés en la calidad de los préstamos que crean esos depósitos. Parece muy poco probable que esto siga siendo así durante mucho tiempo: de lo contrario, el riesgo de riesgo moral sería fuera de escala. Así pues, la regulación de los préstamos debe derivarse de la garantía del 100% de los depósitos: no tiene sentido regular sólo una parte de la transacción.

Pero en ese caso, ¿cuál es el papel que le queda a la banca privada? Su capital ha dejado de tener consecuencias porque ha sido sustituido por una garantía gubernamental. Sus depositantes no necesitan tener fe en él. Sólo les preocupa la garantía del Estado. Sus préstamos estarán regulados. Se habrá eliminado parte de su capacidad de especulación. Su capacidad de decisión sobre los tipos de interés habrá sido reducida. Todo lo que le quedaría por hacer sería la banca de inversión, y sería fácil ver cómo podría promulgarse una nueva Ley Glass Steagall, separando la banca de inversión de la captación de depósitos, para garantizar que esta división, abandonada de forma perjudicial por el presidente Clinton, pudiera volver a crearse.

 No es de extrañar que Janet Yellen haya dudado en ese caso. Quizás tampoco sea de extrañar que se haya dado cuenta del peligro de su especulación, que pronunció en voz demasiado alta como para negarla jamás. Una garantía de depósitos del 100% podría salvar a los bancos pequeños, pero al mismo tiempo cambiaría por completo todo el modelo de banca tal y como lo conocemos. Al mismo tiempo, cambiaría la forma en que los gobiernos pretenden financiarse mediante el endeudamiento. Lo que sin duda se adelantaría es la era de los depósitos de los bancos centrales, probablemente a través de cuentas digitales de los bancos centrales.

Tal vez Yellen se haya dado cuenta de esto. Quizá se haya dado cuenta de que este cambio es inevitable. Creo que probablemente lo sea. O, a menos que se reconozca que es necesario, la banca seguirá funcionando sobre la base de la pretensión de que no existe una garantía de depósito del 100%, cuando en realidad todos sabemos que sí la hay, porque nunca se va a abandonar a ningún depositante bancario: el coste político de hacerlo es demasiado alto.

La banca se encuentra en una enorme encrucijada. Es hora de que hablemos de lo que viene después."         
     

(Richard Murphy , Profesor de Contabilidad en la Escuela de Gestión de la Universidad de Sheffield. Brave New europe, 23/03/23; traducción DEEPL)

22.3.23

Desplome de bancos y de... principios... se pasa de salvar bancos, con límites, a rescatar a ricos, sin prácticamente lindes... Las autoridades financieras de EE UU multiplican el incentivo a los ‘polizones’ al garantizar todos los depósitos del Silicon Valley Bank, miman a los ya ricos y dañan la incompleta unión bancaria europea... Todo indica que los gestores de la marca bancaria más trendy del mundo erraron. Cabalgaron su tamaño duplicándolo en dos años. Concentraron más de la mitad de sus inversiones en bonos públicos, seguros... Y gozaron del relajo de la supervisión impuesto por Donald Trump... La fuga de depositantes fue la clásica, pero con más internet. En tropel. En manada. Retiraron 42.000 millones de dólares en un solo día, una cuarta parte del total... así que los influencers convencieron a las instituciones de no llevar el principio de no bail out (nada de rescate externo) hasta el final, así que, forzando la normativa, la triada del poder extendió la garantía a todos los depósitos, arguyendo el glamur tecnológico de la casa... en la carrera con China

 "Pronto se sabrán todos los detalles, hasta los más nimios. Mientras se intenta esterilizar el caso. En Estados Unidos estos reveses se investigan a fondo. La prueba es la impecable e implacable biblia de la Gran Recesión (The financial crisis inquiry report, 2011).

El desplome del Silicon Valley Bank —junto a otras dos entidades— será una réplica menor de aquello, pero de (otros) efectos también nefastos. Como la puesta en cuestión de principios que manteníamos como esenciales para la ciudadanía usuaria de las finanzas: la acotada garantía de depósitos, la limitada responsabilidad del contribuyente, la reducción persistente de la vulnerabilidad merced a regulaciones pensadas como irreversibles.

Todo indica que los gestores de la marca bancaria más trendy del mundo erraron. Cabalgaron su tamaño duplicándolo en dos años. Concentraron más de la mitad de sus inversiones en bonos públicos, seguros... siempre que un alza de los tipos de interés no erosionase los viejos títulos y no debieran venderlos antes del vencimiento. Se especializaron con frenesí en un segmento de clientela. Y gozaron del relajo de la supervisión impuesto por Donald Trump, contra las reformas de Barack Obama (como la ley Dodd-Frank).

Pero al sonar la crisis tomaron la buena senda: recapitalizar, ampliar capital. Aunque al abordar la maniobra al modo autosuficiente, sin manto protector de otra entidad o de las instituciones, la búsqueda de refuerzo les autolesionó letalmente: suponía reconocer en público sus debilidades. La fuga de depositantes fue la clásica, pero con más internet. En tropel. En manada. Retiraron 42.000 millones de dólares en un solo día, una cuarta parte del total: pecunia non vis sonitus, el dinero no quiere ruido, decían en Roma. No bastó la venta de bonos por 21.000 millones, con pérdidas de 1.800 millones.

Rápidos, y en tripartito como también es norma en estos casos, la Reserva Federal (Fed), el Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC) y el Tesoro dispararon. Bien. No habría rescate de la entidad (se liquidaba) ni de sus accionistas (perdían sus títulos y depósitos). Algo coherente con el principio de la jerarquía en cascada.

Eso también sintonizaba con dejar la exclusiva de los rescates a la excepcionalidad del gran tamaño (“too big to fail”) —o al carácter interconectado (“too systemic to fail”), según la versión más sofisticada de Raghuram Rajan—, sistémico, de la entidad afectada. El Silicon ni era enorme ni sistémico. Pero parece que influencers convencieron a las instituciones de no llevar el principio de no bail out (nada de rescate externo) hasta el final, hasta el último depositante, arguyendo el glamur tecnológico de la casa... en la carrera con China.

Así que, forzando la normativa, la triada del poder extendió la garantía a todos los depósitos (salvo, como se ha apuntado, los de los accionistas), sin tope de cantidad, desbordando el umbral individual de 250.000 dólares. Que en Europa es de 100.000 euros, aunque aquí el fondo no sea único, sino fragmentado en los nacionales. Este asunto es lo más polémico de la intervención pública: la coartada de que no se dispensa apoyo público a los tenedores del 96% del total depositado es una excusa.

Primero, porque les beneficia la propia intervención pública. Segundo, porque aducir que la FDIC solo cubre los depósitos al inicio y luego ya repercutirá el coste a los demás bancos privados es magia retórica: el caso es que se presta enorme apoyo —y algún coste— público. Y tercero, porque la línea de financiación blanda por 25.000 millones de dólares brindada a los bancos para afrontar problemas de liquidez sin tener que vender a pérdidas su cartera de deuda la sufraga la comunidad.

¿Quién? La Fed (ya que no parece que directamente el Tesoro, el presupuesto, los impuestos). Para lo que imprimirá moneda, y agravará la inflación, a costear por los demandantes de créditos, los hipotecados, la economía real; quizá peor, balizará una senda recesiva. En suma, más “causa de dolor”, en la siniestra síntesis de su jefe, Jerome Powell. Nada es gratis.

Pero el rescate universal de los depósitos (no del banco, que fallece) es una bomba sin relojería a la arquitectura normativa de solución a las crisis bancarias. Hasta ahora, los depósitos se protegían hasta un límite (¡y un cuarto de millón ya es amplio, acoge incluso a empresas potentes y patrimonios arregladitos!). Por dos razones. Una, de eficiencia. El umbral solía cubrir a la mayoría de clientes. Con lo que el contagio del pánico —ese fatal síndrome de espejo, según el que me puede suceder a mí, que carcome la confianza en que se basa el sistema financiero, dar crédito— se contenía.

Y otra de equidad: con ese tope, el grueso de clientes vulnerables, y/o poseedores de una información asimétrica, peor que la de los gestores y su entorno, se salvaba. Ahora, eficiencia y equidad saltan por los aires. Todo el mundo podrá reclamar el escudo universal público de los depósitos.

Con lo que el riesgo moral que tanto molesta al argumentario liberal se dispara hasta el infinito, zahiriendo también a la razón socialdemócrata. Pues se pasa de salvar bancos, con límites, a rescatar a ricos, sin prácticamente lindes. Y sin contención ninguna, esa prevención del moral hazard era un freno a la conducta del polizón (viajar sin billete) o de su pariente el gorrón (que pague la comida el vecino).

Como recogió Adam Smith en su Riqueza de las naciones, “esa exoneración total de cualquier obligación o riesgo que exceda los límites de una cierta suma estimula a muchas personas que de ninguna manera arriesgarían sus fortunas” en compañías propias controladas por ellas. Atribuir la responsabilidad (y el coste) a quien no generó el problema favorece la anomia. El riesgo, al asumirlo un tercero, distorsiona tus propias decisiones. Y las del mercado.

Otro efecto preocupante de destruir las fronteras entre depósitos es que debilita la equilibrada arquitectura entre los tres pilares entrelazados de una unión bancaria. Y triángulo de control de todos los bancos: la supervisión que averigua sus desbalances y es el primer filtro para provocar su autocorrección; la garantía de depósitos esenciales, para cortocircuitar el pánico en caso de crisis; la resolución (reestructuración o venta) o liquidación de la entidad irrecuperable. En traducción esquemática: ¿por qué deberían esforzarse los banqueros en reforzar sus ratios de solvencia, ser rigurosos al conceder créditos y escrupulosos respetando la regulación; y pues, la estabilidad financiera, si todos sus clientes saben que recibirán un confortable salvavidas para cuando vayan mal dadas?

Para Europa, este suceso (aunque pueda contribuir a suavizar la actual senda restrictiva de la política monetaria del Banco Central Europeo), constituye una mala noticia en su intento, desde la Gran Recesión, de edificar su unión bancaria. Pues la eurozona solo dispone de dos ángulos y medio del triángulo. Dos: la vigilancia encarnada en el Mecanismo Único de Supervisión, con su junta de ídem; y el fondo de resolución con su correspondiente cortafuegos. El medio son los fondos de garantía de depósitos nacionales. Pero no un único fondo federal, que distribuya las crisis entre todos, reduciendo su intensidad.

¿Por qué? Por la resistencia de Alemania, precisamente al riesgo moral de que sus contribuyentes sufragasen los posibles platos rotos de la banca italiana, hasta que esta reduzca sus propios riesgos. Cuando ya en 2018 Mario Draghi estableció que “la dicotomía” entre reducir y compartir riesgos “es en gran medida artificial, pues ambos objetivos se refuerzan mutuamente” (Risk reducing and risk sharing in our monetary union, Florencia 11 de mayo).

Y es que al cabo, el banco europeo más gamberro no es italiano. Sino el Deutsche Bank, multado por manipular tipos de interés (2015); multado por lavar dinero en Rusia (2017); y sancionado (con acuerdo, por 7.200 millones de dólares) por fraude a las agencias públicas de EE UU Freddie y Fannie en el caso de las hipotecas subprime (2017). Las apariencias engañan."                       (Xavier Vidal-Folch ,  El País, 16/03/23)

De vez en cuando, un acontecimiento encarna a la perfección todo lo que está mal en una época. La quiebra del Silicon Valley Bank (SVB) es uno de esos acontecimientos, la culminación de muchos años de imprudencia financiera, derecho corporativo y toma de decisiones políticas corruptas... los superhombres individualistas de Silicon Valley y Wall Street se han transformado de la noche a la mañana en pupilos del Estado, exigiendo que el gobierno acuda al rescate de los inversores ricos... Larry Summers, que despotricó contra el “alivio irrazonablemente generoso de los préstamos estudiantiles”, nos dice ahora que “no es el momento de dar lecciones de riesgo moral ni de administrar lecciones ni de alarmarse por las consecuencias políticas de los ‘rescates’”, ya que exigió que todos los depósitos no asegurados “estén totalmente respaldados el lunes por la mañana”... Como era de esperar, Summers y los de su calaña se impusieron... el Gobierno está interviniendo para garantizar que los inversores y ejecutivos ricos no pierdan ni un céntimo, a pesar de que sabían que sus depósitos no estaban asegurados... los grandes son rápidamente rociados con una manguera de dinero cuando se meten en problemas... así que aparece la cuestión de qué tipo de irresponsabilidad futura fomentará esto. Los inversores acaban de ver (de nuevo) que el gobierno federal intervendrá para rescatarlos incluso si sus depósitos no están asegurados, siempre y cuando haya un tufillo de posible inestabilidad financiera... Detrás de todo esto, hay una pregunta: ¿Cuánto tiempo más tolerará la gente un sistema como este?

 "De vez en cuando, un acontecimiento encarna a la perfección todo lo que está mal en una época. La quiebra del Silicon Valley Bank (SVB) es uno de esos acontecimientos, la culminación de muchos años de imprudencia financiera, derecho corporativo y toma de decisiones políticas corruptas.

 La implosión del SVB, que hasta hace unos días era el decimosexto mayor banco estadounidense por activos, es la segunda peor quiebra bancaria de la historia de Estados Unidos y la peor desde que empezaron a caer las fichas de dominó de la crisis financiera mundial en 2008. Fundado en 1983, el banco era la institución financiera a la que acudía la avalancha de start-ups de Silicon Valley que se han extendido como una erupción en la era del dinero barato, lo que fue uno de los factores de su caída. (...)

Las cosas se torcieron a raíz de la pandemia del coronavirus, cuando la inflación superó al desempleo como preocupación política y económica del momento. La Reserva Federal empezó a subir rápidamente los tipos de interés, nada menos que 450 puntos básicos en el último año. Esta vez, la idea era que limitando la inversión y aumentando los gastos tanto de las empresas como de los ciudadanos de a pie, la Reserva Federal frenaría el crecimiento de los salarios y el gasto de los consumidores y frenaría la inflación (aunque el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, admitió que esta estrategia no afectaría a los precios de los alimentos y los combustibles, dos de las áreas en las que los estadounidenses de a pie más sienten los efectos de la inflación).

 Esto también tuvo el efecto secundario de cerrar el grifo al incesante flujo de capital riesgo que mantenía a flote a las start-ups, incluso a las que perdían dinero, lo que ayudó a desencadenar una importante recesión en el sector tecnológico, entre otras cosas. Los tiempos de vacas flacas para el sector repercutieron en SVB, que de repente tuvo que hacer frente a la crisis de sus depositantes respaldados por capital riesgo.

Pero el subproducto más peligroso de las subidas de tipos de la Reserva Federal para SVB fue el hecho de que había invertido fuertemente en bonos del Estado –cuyos precios tienden a bajar cuando suben los tipos de interés y viceversa–, en parte porque no tenía mucho más que hacer con el dinero que sus clientes estaban depositando en él. (...)

Lo que finalmente condenó al SVB fue que las pérdidas resultantes provocaron el pánico entre los depositantes. Esto fue en gran parte gracias a la empresa de capital riesgo Founders Fund del multimillonario de extrema derecha Peter Thiel, que, tras descubrir que sus inversores estaban teniendo problemas para transferir dinero a sus cuentas del SVB, les ordenó que las enviaran a otros bancos y había retirado todo su efectivo para cuando el banco empezó a fundirse a finales de la semana pasada. Casi al mismo tiempo, un boletín muy popular en el mundo del capital riesgo advertía de los problemas financieros de SVB, mientras que un depositante describía el temor entre un grupo de chat de más de doscientos ejecutivos tecnológicos, que pronto se apresuraron a sacar su dinero. Comportamientos como este condujeron a una clásica corrida bancaria, en la que todos los que tienen fondos en el banco se apresuran a retirar su dinero al mismo tiempo, colapsándolo.

Todo esto fue posible gracias a la combinación habitual de poder corporativo y corrupción en Washington, DC. Fue Donald Trump y el retroceso de la ley de reforma financiera Dodd-Frank en 2018 por parte del Congreso republicano lo que, a petición personal del presidente del SVB tres años antes, abrió la puerta a este tipo de colapso, al eximir a los bancos del tamaño del SVB de los mandatos de liquidez y de las pruebas de estrés más frecuentes de los reguladores. No es que el SVB se limitara a pedirlo amablemente: el banco también gastó más de medio millón de dólares en grupos de presión en esos tres años, empleando como lobistas a antiguos empleados del entonces líder de la mayoría en la Cámara de Representantes (y ahora presidente) Kevin McCarthy, que apoyó con entusiasmo el retroceso. (...)

Mientras tanto, los superhombres individualistas de Silicon Valley y Wall Street se han transformado de la noche a la mañana en voluntariosos pupilos del Estado, exigiendo que el gobierno acuda al rescate de los inversores ricos que pueden perder. (El gobierno federal sólo asegura los depósitos hasta 250.000 dólares, lo que significa que más del 85% de los depósitos del SVB no estaban asegurados). Larry Summers, que acaba de despotricar contra el “alivio irrazonablemente generoso de los préstamos estudiantiles”, nos dice ahora que “no es el momento de dar lecciones de riesgo moral ni de administrar lecciones ni de alarmarse por las consecuencias políticas de los ‘rescates’”, ya que exigió que todos los depósitos no asegurados “estén totalmente respaldados el lunes por la mañana”.

 Como era de esperar, Summers y los de su calaña se impusieron. A pesar de comprometerse a no rescatar a SVB y Signature, el Tesoro, la Reserva Federal y la Corporación Federal de Seguros de Depósitos invocaron una “excepción de riesgo sistémico” para anunciar que todos los depositantes, incluso los que superan el umbral de 250.000 dólares, “tendrán acceso a todo su dinero” a partir de hoy, y que pondrían en marcha un programa de préstamos de emergencia para los bancos con el fin de garantizarlo.

Algunos hacen aquí una distinción con los infames y odiados rescates de 2008, porque esta vez no se rescata a los bancos y los contribuyentes no pagan la factura (los fondos que se utilizan para cubrir a los depositantes proceden de las comisiones que se cobraron a los bancos). Pero, al fin y al cabo, el Gobierno está interviniendo para garantizar que los inversores y ejecutivos ricos no pierdan ni un céntimo de esta debacle, a pesar de que sabían perfectamente que sus depósitos no estaban asegurados. Incluso el Wall Street Journal llama a esto un “rescate de facto”.

 Está la obvia injusticia influida por la riqueza inherente a todo esto. Una vez más, los grandes son rápidamente rociados con una manguera de dinero cuando se meten en problemas pese a no haber actuado con la debida diligencia básica. Mientras tanto, a los trabajadores se les da lecciones de responsabilidad personal y se les obliga a rascar y arañar para librarse de una deuda aplastante, para obtener protecciones económicas básicas en medio de una catástrofe económica y para conseguir cheques de estímulo únicos que apenas cubren un mes de alquiler en muchas ciudades.

 También está la cuestión de qué tipo de irresponsabilidad futura fomentará esto. Después de todo, los inversores acaban de ver (de nuevo) de primera mano que el gobierno federal intervendrá para rescatarlos incluso si sus depósitos no están asegurados, sin importar lo irresponsable que fuera la institución financiera en la que estaban depositando su dinero, siempre y cuando haya un tufillo de posible inestabilidad financiera más amplia a la vuelta de la esquina. También podríamos preguntarnos qué otro caos económico podría desencadenar la determinación de la Reserva Federal de luchar contra la inflación mediante la subida de los tipos de interés; SVB es sólo una de las muchas posibles entidades que podrían entrar en una espiral de inestabilidad cuando el banco central siga adelante con un plan que los expertos advierten que desencadenará la recesión, como ya nos ha demostrado el colapso de las criptomonedas.

Detrás de todo esto, hay una pregunta: ¿Cuánto tiempo más tolerará la gente un sistema como este? Un sistema en el que grandes cantidades de riqueza se desvían hacia fines improductivos en medio de crisis históricas mundiales, y luego se derrochan en imprudencias especulativas que casi derrumban toda la estructura, sólo para que los que tienen el dinero salten en paracaídas mientras todos los demás siguen condenados a la austeridad. Los rescates bancarios originales desencadenaron una cascada de ira popular que ha moldeado irrevocablemente el paisaje de la política del siglo XXI, desde Occupy Wall Street y las campañas de Bernie Sanders hasta el movimiento del Tea Party y la presidencia de Trump. ¿Qué pasará si siguen sucediendo?"                         

(Branko Marcetic, CTXT, 14/03/2023. Este artículo fue publicado originalmente en Jacobin Magazine)