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7.9.26

¿Cómo va realmente el último proceso de Regularización Extraordinaria de Extranjeros en España? 330.000 con alta en Seguridad Social o TIE en curso... aportan liquidez inmediata a las arcas públicas vía IRPF y cuotas y elevan la ratio a 2,5 trabajadores por pensionista con mano de obra joven... cubriendo puestos vacantes en agricultura, hostelería, construcción y cuidados... lo que exige un esfuerzo de adaptación en municipios receptores, por la presión sobre los servicios públicos. Conclusión el proceso no ha creado competencia con el empleo autóctono... se trata de aflorar a personas que ya vivían y trabajaban aquí). (Hipólito José Aceituno Aldeguer)

Hipólito José Aceituno Aldeguer @hjaceituno

1/8 ¿Cómo va REALMENTE el último proceso de Regularización Extraordinaria de Extranjeros en España? ​Cifras oficiales, estado de las tramitaciones e impactos clave (positivos y negativos). ​Abro hilo

 2/8  ¿En qué punto estamos? Tras el cierre del plazo el pasado 30 de junio de 2026, son 1.174.978 laspeticiones registradas: • ~52% en fase de instrucción / admisión a trámite. • ~20% en requerimiento de documentación. • >330.000 con alta en Seguridad Social o TIE en curso.

 3/8  Un mecanismo ágil: La "vía rápida" laboral La mera admisión a trámite otorgó autorización provisional de trabajo a los 15 días. Esto ha permitido agilizar la incorporación legal de miles de personas al mercado formal sin esperar al cierre definitivo.

 4/8  Impactos POSITIVOS (Económicos y Sociales) 1/ Afloramiento de economía sumergida: Más de 330k nuevos cotizantes aportan liquidez inmediata a las arcas públicas vía IRPF y cuotas. 2/ Sostenibilidad : Eleva la ratio a 2,5 trabajadores por pensionista con mano de obra joven

 5/8  Impactos POSITIVOS (Sectores y Derechos) 3/ Cobertura de vacantes: Cobertura de puestos en agricultura, hostelería, construcción y cuidados. 4/ Derechos laborales: Paso del trabajo no declarado a la aplicación del SMI, convenios colectivos y prevención de riesgos.

6/8  Impactos NEGATIVOS / Retos estructurales 1/ Saturación administrativa: La avalancha de expedientes colapsó durante semanas las Oficinas de Extranjería y el sistema de cita previa. 2/ Presión sobre servicios públicos: Exige un esfuerzo de adaptación en municipios receptores

 8/8  Conclusión El proceso no ha creado competencia con el empleo autóctono (se trata de aflorar a personas que ya vivían y trabajaban aquí). Afronta el reto de integrar plenamente a miles de nuevos cotizantes antes de finales de año 

3:15 p. m. · 6 sept. 2026 ·452 Visualizaciones

26.8.26

Ceuta como momento de reflexión: lo que la crisis reveló sobre nuestro mundo... Quienes llegaron a Ceuta no eran un ejército. No portaban armas ni representaban una amenaza organizada. Eran personas cuya única «arma» era su propia vulnerabilidad. Y esta podría ser la paradoja más profunda de nuestro tiempo: los desvalidos se transforman cada vez más en instrumentos de poder, mientras que quienes manipulan su destino permanecen ajenos a las consecuencias de sus decisiones... quizás la lección más inquietante de Ceuta no se refiere solo a por qué la gente se desplaza, sino también a cómo otros utilizan cada vez más su desplazamiento. ¿Estamos presenciando el surgimiento de una nueva categoría de migrantes: no solo refugiados, solicitantes de asilo o migrantes económicos, sino personas que, en la práctica, son «alquiladas» para intereses geopolíticos? Son seres humanos que arriesgan sus vidas, a veces impulsados ​​por la desesperación, a veces por la esperanza, y a veces por ambas. Cruzan mares y fronteras porque no ven otro camino hacia la supervivencia o la dignidad. Sin embargo, su vulnerabilidad puede transformarse en un instrumento estratégico por actores mucho más poderosos que ellos. Detrás de sus viajes pueden esconderse no solo pobreza, guerra y desigualdad, sino también cálculos políticos, presiones diplomáticas y luchas por la influencia... La tragedia reside en que quienes se convierten en instrumentos de estos juegos rara vez son tratados como seres humanos con sus propias historias y aspiraciones. Se les cuenta como números, se les describe como oleadas o invasiones, y se les reduce a problemas de seguridad... Lo que gran parte del mundo occidental (no solo la derecha) comparte, sin embargo, es un profundo temor a las personas. Personas sin armas. Personas sin poder, pero que dan tanto miedo... La crisis de Ceuta, que bien pudo haber sido alentada o incluso explotada por los círculos políticos de Trump, se transformó de inmediato en un instrumento de propaganda. El presidente estadounidense se presentó como defensor del territorio nacional frente a una supuesta «invasión», una masa amenazante de personas retratadas como casi infrahumanas.. Mientras Europa construye su fortaleza, los países del Sur Global ofrecen un ejemplo diferente. Las naciones africanas, a pesar de enfrentar desafíos económicos mucho mayores, han acogido a millones de refugiados durante décadas: solo Uganda acoge a más de 1,5 millones de refugiados de Sudán del Sur, Congo y Ruanda, otorgándoles tierras y el derecho a trabajar... Mientras Occidente levanta muros y externaliza sus problemas migratorios, China propone un enfoque diferente.. ha invertido más de un billón de dólares en proyectos de infraestructura en África, Asia y América Latina. China no busca generar dependencia, sino abordar las causas profundas de la migración: la pobreza, la falta de infraestructura y el subdesarrollo económico (Biljana Vankovska)

"Ceuta como momento de reflexión: lo que la crisis reveló sobre nuestro mundo

 En una época en la que tanto la esfera pública convencional como la alternativa se rigen por la lógica de la inmediatez —donde la rapidez de reacción determina la visibilidad, la relevancia y la audiencia— muchos se apresuran a comentar situaciones complejas como si fueran comida rápida. Al hacerlo, a menudo se comportan de forma muy similar a los gestores de crisis políticas superficiales, que carecen tanto de la voluntad como del interés por realizar un análisis más profundo antes de tomar decisiones.

Quizás esto sea lo que hace que los observadores más perspicaces parezcan menos atractivos: llegan a la escena después del suceso, «demasiado tarde», y se les acusa de comportarse como generales tras la batalla, pretendiendo poseer una sabiduría adquirida solo después de los acontecimientos. Por otro lado, es difícil culpar a los periodistas y comentaristas habituales por no querer «aprovechar» una buena crisis, una que ofrezca un titular sensacionalista y la promesa de descubrir «quién está involucrado, quién está detrás de escena y qué está sucediendo realmente».

Por estas razones, aun a riesgo de parecer alguien que se perdió el evento principal y solo leyó los análisis después (al igual que las reseñas de La Odisea de Nolan , que parecieron atraer más atención que el genocidio en Gaza y Cisjordania, o el que se desarrolla en Sudán), decidí deliberadamente escribir sobre Ceuta desde una perspectiva diferente. Quizás aún pueda llegar a alguien …

Permítanme comenzar con lo más obvio que muchos prefieren no admitir: nuestra propia ignorancia.

La pequeña y aparentemente “crisis migratoria” en la pequeña ciudad española de Ceuta se convirtió en una lección de geografía, ya sea sobre España o Europa. Cuando las imágenes de una “invasión” o una “ola” de personas inundaron los medios de comunicación de todo el mundo, como muchos observadores describieron el evento, la primera impresión fue que la propia España continental había sido atacada. El temor se extendió hasta Dinamarca y Finlandia. Italia reaccionó discutiendo restricciones relacionadas con el espacio Schengen, a pesar de que ni siquiera comparte frontera con la España continental.

Más tarde aparecieron los mapas geográficos, que «revelaban» que España, al igual que Gran Bretaña, los Países Bajos, Portugal y Francia, también posee territorios fuera de Europa. Y, sorprendentemente para algunos, Europa y África comparten una frontera terrestre.

Pero, ¿qué no aprendimos de esta “crisis” obviamente fabricada?

No comprendimos que tras los acontecimientos visibles se esconden raíces más profundas y complejas cadenas de causa y efecto. La respuesta más fácil, como siempre, fue recurrir de inmediato a la geopolítica: ¿Qué actores o estados tienen intereses visibles u ocultos? ¿Quiénes están involucrados? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Por qué ahora?

La conexión más evidente se estableció con el «sospechoso habitual»: Estados Unidos, o más precisamente Donald Trump, y sus socios estratégicos más cercanos: Marruecos en África e Israel en Asia. La red de intereses que los une se basa no solo en alianzas, dinero y poder, sino también en los llamados Acuerdos de Abraham: un acuerdo destinado a remodelar la región y establecer un nuevo orden respaldado por Estados Unidos en el que Palestina desaparecería como realidad política (salvo quizás como una futura «Riviera»), al tiempo que se enfrenta al enemigo arquetípico: Irán.

Otra dimensión concierne a los llamados puntos estratégicos marítimos. Cada estrecho y angosto paso del comercio mundial adquiere una nueva importancia en materia de seguridad: según la perspectiva, puede representar una ventaja o una vulnerabilidad.

Esta interpretación no está del todo alejada de la realidad, especialmente dada la franqueza sin precedentes con la que Trump, eufemísticamente descrito como alguien que practica una «política transaccional», ha hablado de adquirir territorios (Groenlandia o Taiwán) e incluso estados enteros (Venezuela, Canadá y Panamá).

Aunque parezca un asunto global complejo, en realidad se trata del enfoque analítico más sencillo para los sucesos de Ceuta: identificar los intereses de las grandes potencias y la competencia geopolítica. Estados Unidos ha dejado de ocultar sus ambiciones imperiales.

En relación con esta crisis en particular, un informe reciente del Congreso de los Estados Unidos, elaborado por la Cámara de Representantes, sugiere que Ceuta y Melilla deberían considerarse territorio marroquí.

Las afirmaciones que circulan en las redes sociales, incluidas las atribuidas al hijo de Netanyahu, no merecen una atención analítica seria, aunque se citan con frecuencia como prueba de la supuesta implicación israelí.

Estas observaciones no deben interpretarse como un intento de descartar el enfoque geopolítico. Más bien, constituyen un intento de ir más allá de lo visible y alcanzar las estructuras más profundas que dan forma al mundo actual.

La incómoda verdad es que la crisis migratoria no es un accidente, sino la consecuencia directa de las políticas imperialistas occidentales. Estados Unidos y sus aliados de la OTAN llevan décadas desestabilizando Oriente Medio y el Norte de África mediante intervenciones militares (Irak en 2003, Libia en 2011, Siria desde 2011), regímenes de sanciones y apoyo a regímenes autoritarios. La destrucción de Libia, por sí sola, provocó una catástrofe humanitaria que convirtió al país en un centro de trata de personas. Occidente crea a los refugiados y luego construye muros para impedir su entrada. Esta no es una crisis migratoria, sino una crisis del imperialismo occidental y sus consecuencias.

Occidente habla de un «orden internacional basado en normas», pero este orden no es más que una herramienta de la hegemonía occidental. El caso de Ceuta, por sí solo, abre un debate mucho más amplio. Cada actor implicado se mueve por su propia búsqueda de poder, pero también por la dependencia y la interconexión con redes de intereses más amplias. Esto requiere mucho más que un breve ensayo analítico. Porque la pregunta inevitable persiste: si puede ocurrir aquí, ¿por qué no podría ocurrir en algún otro lugar del mundo?

Pero quizás la lección más inquietante de Ceuta no se refiere solo a por qué la gente se desplaza, sino también a cómo otros utilizan cada vez más su desplazamiento. ¿Estamos presenciando el surgimiento de una nueva categoría de migrantes: no solo refugiados, solicitantes de asilo o migrantes económicos, sino personas que, en la práctica, son «alquiladas» para intereses geopolíticos?

Son seres humanos que arriesgan sus vidas, a veces impulsados ​​por la desesperación, a veces por la esperanza, y a veces por ambas. Cruzan mares y fronteras porque no ven otro camino hacia la supervivencia o la dignidad. Sin embargo, su vulnerabilidad puede transformarse en un instrumento estratégico por actores mucho más poderosos que ellos. Detrás de sus viajes pueden esconderse no solo pobreza, guerra y desigualdad, sino también cálculos políticos, presiones diplomáticas y luchas por la influencia.

La tragedia reside en que quienes se convierten en instrumentos de estos juegos rara vez son tratados como seres humanos con sus propias historias y aspiraciones. Se les cuenta como números, se les describe como oleadas o invasiones, y se les reduce a problemas de seguridad. Sus vidas se convierten en variables en los cálculos de los Estados y los actores poderosos que miden el éxito en términos de influencia, territorio y ventaja política, no en términos de sufrimiento humano.

Quienes llegaron a Ceuta no eran un ejército. No portaban armas ni representaban una amenaza organizada. Eran personas cuya única «arma» era su propia vulnerabilidad. Y esta podría ser la paradoja más profunda de nuestro tiempo: los desvalidos se transforman cada vez más en instrumentos de poder, mientras que quienes manipulan su destino permanecen ajenos a las consecuencias de sus decisiones.

Ahora pasemos a España, al presidente del Gobierno Pedro Sánchez y a los límites de los discursos progresistas. Por ejemplo, Sánchez se ha convertido en una figura particularmente admirada en muchos círculos de izquierda. En una época marcada por una inquietante combinación de populistas y kakistócratas , gobiernos liderados por algunos de los actores políticos más incompetentes y egoístas, un político como Sánchez inevitablemente genera admiración. Esta imagen positiva se basa no solo en el reconocimiento de Palestina por parte de España y su cooperación con Argelia, sino también en la humillación pública a la que Sánchez ha sido sometido por Donald Trump. Hoy, para el líder de un país relativamente pequeño, ser blanco de la hostilidad de Trump se percibe casi como una medalla de honor: crea de inmediato la imagen de David frente a Goliat.

Sin embargo, en aras de la honestidad intelectual, debemos dejar de idealizar lo que a menudo se queda en una mera política de palabras: una política sin acciones suficientes, y a veces incluso una política de complicidad. Es bien sabido que España mantiene la cooperación militar con Israel, incluyendo la cooperación en materia de armamento, mientras la catástrofe humanitaria en Gaza continúa desarrollándose. La condena pública de ciertas políticas por parte de un gobierno no borra automáticamente las contradicciones de sus relaciones exteriores y de seguridad en general.

La política migratoria española, supuestamente de izquierdas pero incoherente, también ha sido objeto de críticas, incluso a través de recursos legales y escrutinio judicial. Los críticos la han descrito como un factor de acogida para los inmigrantes no deseados que supuestamente amenazan la seguridad nacional de los Estados miembros de la UE. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja, y las conclusiones simplistas tienen motivaciones políticas o se basan en la ignorancia. Un tribunal español impugnó la práctica de rechazar a los inmigrantes que llegan por mar, considerando tales medidas incompatibles con los principios humanitarios básicos. Detrás de estas políticas se esconde la cruda realidad del Mediterráneo, que se ha convertido en uno de los mayores cementerios silenciosos de personas no identificadas. No obstante, estas prácticas no son únicas. Australia ha recurrido abiertamente a enfoques similares, mientras que Frontex y varios Estados costeros europeos también han practicado la disuasión y la exclusión, presentándolas como una necesaria «autodefensa».

Al mismo tiempo, España no se limitó a «abrir sus fronteras» como suele asociarse con la política de Angela Merkel en 2015. En cambio, adoptó un enfoque más pragmático al regularizar la situación de los inmigrantes indocumentados, principalmente de América Latina, que ya llevaban varios meses viviendo en el país, no tenían antecedentes penales y contaban con empleo.

De esta forma, España abordó parte de su escasez de mano de obra mediante un proceso de legalización controlado. Mientras tanto, como ha señalado repetidamente el director de la Iniciativa Europea de Estabilidad, países como Italia y Grecia siguen lidiando con un número mucho mayor de migrantes económicos irregulares y con una presión mucho mayor en sus fronteras.

Esto nos lleva a una cuestión más profunda que muchos prefieren no afrontar: el valor que se le otorga a la vida humana y la hipocresía del Occidente desarrollado.

Antes de continuar, cabe hacer una aclaración. La crisis de Ceuta, que bien pudo haber sido alentada o incluso explotada por los círculos políticos de Trump, se transformó de inmediato en un instrumento de propaganda. El presidente estadounidense se presentó como defensor del territorio nacional frente a una supuesta «invasión», una masa amenazante de personas retratadas como casi infrahumanas: criminales, enfermos mentales, pobres, desesperados, una multitud anónima y peligrosa. Su mensaje era claro: así es como debe ser un buen liderazgo; así es como se evita «otra Ceuta». Sin embargo, no profundizaré en el espectáculo electoral estadounidense, donde casi cualquier mentira, distorsión o crueldad puede convertirse en propaganda política para el movimiento MAGA.

Lo que gran parte del mundo occidental (no solo la derecha) comparte, sin embargo, es un profundo temor a las personas. Personas sin armas. Personas sin poder, pero que dan tanto miedo. Personas reducidas a lo que Giorgio Agamben llamó homo sacer . No se las puede matar sin consecuencias, pero tampoco se las puede aceptar, o mejor dicho, no se las quiere.

Esta “maldición” afecta particularmente a Europa, que desde hace más de una década ha adoptado cada vez más la imagen de la Fortaleza Europa: un continente que debe defenderse desde todas las direcciones y por todos los medios disponibles. La defensa contra una “invasión rusa” puede, al menos, integrarse en un discurso tradicional de seguridad nacional, ya que se plantea en términos militares clásicos. Pero ¿qué ocurre con los migrantes? La distinción más inhumana en el trato legal a los migrantes es la separación entre los llamados migrantes económicos y los refugiados de guerra. Quienes se asustaron con las imágenes de Ceuta a menudo no se preguntan por las fronteras selladas y las condiciones de hacinamiento en las que se encuentran atrapados los palestinos. Nadie espera una “ola” de palestinos; no se les percibe como una amenaza, aunque ellos mismos se enfrentan a la amenaza de una posible extinción. El dilema del Occidente desarrollado se asemeja al intento imposible de cuadrar un círculo: cómo garantizar un suministro continuo de mano de obra para los servicios públicos, la agricultura, el cuidado de personas y otros trabajos difíciles en una sociedad que envejece rápidamente. Esta mano de obra suele provenir de lugares asociados —de manera injusta pero persistente— con el color de piel, la religión o la cultura considerados «equivocados». Se les da la bienvenida como trabajadores, pero se les teme como vecinos o miembros de la comunidad.

Vengo de un país que en su día se encontraba en la ruta de tránsito de la llamada ruta migratoria desde Turquía, y antes de eso, desde Irak, Siria, Libia e incluso Afganistán. Todavía recuerdo vívidamente el trato que recibían estas personas desafortunadas. Para la mayoría, el mayor «alivio» era que solo estaban de paso. No planeaban quedarse ni buscar un futuro en lo que muchos percibían como un rincón pobre y periférico de los Balcanes. Su partida generó una sensación de tranquilidad colectiva. Pero ahora parece que el círculo se cierra. La Unión Europea convocó de inmediato una reunión de emergencia de ministros del interior en respuesta a la «crisis migratoria», una crisis que duró apenas dos o tres días, tras los cuales el 90% de los que llegaron ya habían regresado a sus hogares. Sin embargo, esto no impidió que los gobiernos europeos intensificaran su retórica y sus exigencias de una barrera de seguridad más fuerte y unificada, diseñada para estar abierta únicamente a las categorías deseables de personas: aquellas con educación, cualificaciones, antecedentes penales limpios y otras características consideradas útiles para los mercados laborales europeos. Todos los demás, es decir, los indeseables, deben ser reubicados en algún lugar.

Mientras Europa construye su fortaleza, los países del Sur Global ofrecen un ejemplo diferente. Las naciones africanas, a pesar de enfrentar desafíos económicos mucho mayores, han acogido a millones de refugiados durante décadas: solo Uganda acoge a más de 1,5 millones de refugiados de Sudán del Sur, Congo y Ruanda, otorgándoles tierras y el derecho a trabajar. Turquía ha acogido a más de 3,5 millones de refugiados sirios (a cambio de dinero, por supuesto). Esto no se debe a la caridad, sino al reconocimiento de que la solidaridad entre las naciones poscoloniales es esencial. Occidente, que creó estas crisis a través de siglos de colonialismo y décadas de intervención neocolonial, ahora se niega a aceptar las consecuencias de sus propios actos.

Mientras Occidente levanta muros y externaliza sus problemas migratorios, China propone un enfoque diferente. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, ha invertido más de un billón de dólares en proyectos de infraestructura en África, Asia y América Latina. China no busca generar dependencia, sino abordar las causas profundas de la migración: la pobreza, la falta de infraestructura y el subdesarrollo económico. A diferencia de las potencias occidentales que extraen recursos y dejan inestabilidad a su paso, el modelo chino de cooperación Sur-Sur se centra en la construcción de ferrocarriles, puertos, hospitales y escuelas que generan empleo y dignidad. ¿El resultado? Países que antes producían oleadas de migrantes se están convirtiendo en destinos para quienes regresan e incluso atraen a trabajadores de regiones vecinas. Esto no es caridad, sino el reconocimiento de que la única solución sostenible a la migración es el desarrollo, no los muros.

Los periodistas me han preguntado si existen soluciones para los estados más pequeños y débiles en un mundo donde incluso los seres humanos reclutados y movilizados mediante el engaño, la desesperación, los incentivos financieros, los traficantes de personas, los monarcas y los oligarcas que manipulan los destinos humanos son descritos cada vez más como «armas».

La expresión «instrumentalización de la migración» ya forma parte del vocabulario de las instituciones de seguridad, los medios de comunicación y, lamentablemente, de gran parte de una población atemorizada. Podría hablar aquí de soluciones constructivas: cooperación regional y europea, vías legales, mecanismos humanitarios o incluso (si fuera necesario) barreras físicas como vallas y muros.

Pero todos sabemos que nuestros gobiernos suelen ser tan corruptos y moralmente cuestionables que podrían fácilmente convertir incluso el sufrimiento humano en otra transacción: ofrecer su territorio para la contención de personas no deseadas a cambio de dinero, favores políticos o supuestas «alianzas estratégicas». Estos acuerdos se han debatido durante años. Un ejemplo reciente es la denominada alianza estratégica con el Reino Unido, que refleja una tendencia más amplia a externalizar el control migratorio más allá de las fronteras de los estados poderosos.

En definitiva, se podría descartar esto como una mera perspectiva moral, humanitaria o incluso «femenina». Pero sigue siendo impactante que los seres humanos se hayan convertido no solo en depredadores unos de otros, sino también en migrantes indeseados. Muchos de nosotros hemos estado cerca de experimentar la condición de refugiados o migrantes (yo incluido). Quienes provenimos de la antigua Yugoslavia aún recordamos la incertidumbre, el desplazamiento y la vulnerabilidad de aquellos años. Y nuestro propio futuro aún no está garantizado.

Nuestros hijos ya se han convertido en migrantes económicos. Quizás algún día nosotros mismos tengamos que cruzar fronteras en busca de dignidad y supervivencia. O quizás se nos pida que abramos nuestras puertas a personas cuyo destino ya ha sido decidido por otros, tachadas de indeseables y desechables por actores poderosos, pero consideradas lo suficientemente útiles como para ser trasladadas a algún “tercer país seguro”.

A lo largo de la historia, la seguridad nacional y la soberanía se han antepuesto con frecuencia a la vida de los ciudadanos comunes. La instrumentalización de la migración es quizás la expresión más clara de un conflicto de clases más amplio en nuestros tiempos. Se trata de un brutal juego de lucro, poder y dominación, orquestado por sistemas políticos corruptos en el siglo XXI: un siglo que aún queremos creer que representa la cúspide del progreso humano.

La ironía más profunda reside en que la humanidad misma no existiría sin la migración. La historia humana es, ante todo, la historia del movimiento, el encuentro, la mezcla y la transformación entre pueblos de diferentes regiones del mundo. La civilización que hoy levanta muros fue creada por quienes alguna vez los cruzaron.

Quizás sea hora de que Occidente aprenda de la sabiduría de civilizaciones que han perdurado durante milenios: los muros no resuelven los problemas, solo los posponen. La única solución sostenible a la migración no es la exclusión, sino la cooperación; no el miedo, sino el desarrollo; no los muros, sino los puentes."

(Biljana Vankovska  , blog, 06/08/2, traducción Salvador L. Arnal) 

10.8.26

«Si no pasó nada más grave, fue porque supimos reaccionar desde los barrios»... En la crisis fronteriza de Ceuta, con un trasfondo geopolítico que les desborda, la organización de vecinas y vecinas está siendo crucial para afrontar la situación y mantener lejos de la ciudad autónoma a la extrema derecha... Abdallah Mustafá, presidente de la asociación vecinal del barrio Sidi Mbarek, confrontó junto a decenas de ceutíes, a los grupos de neonazis cuya convocatoria “contra la invasión”, concluyó con un rápido retorno a península tras ser bloqueados por la acción vecinal... Abdallah enfatiza que si acudieron a detener a la gente de Núcleo Nacional era para evitar que atacaran a las personas migrantes. No era un peligro para nosotros, era un peligro para estas personas”... “Esto es un complot internacional, un intento de causar caos y conmoción con el objeto clarísimo de un cambio de gobierno en España. Y no les ha salido bien”, aventura Ali... no fue una invasión “quienes lo llaman así mienten a sabiendas. Cuando vienen a invadirte, la gente entra a los edificios, entra a romper puertas, a destrozar. Aquí no han destrozado nada, esta gente que ha entrado ha sido utilizada”... “al principio todo el mundo se bloqueó, miles de personas te preguntaban en la calle, ‘¿me puedes dejar avisar a mi familia de que estoy bien? “En Ceuta, si hay algo que nos identifica es la solidaridad. Digamos que la llevamos en el ADN. En las primeras horas todo el mundo desde las ventanas estaba tirando ropa, tirando botellas de agua, sacando todo lo que tenía en la despensa”... el ejército fué el único que aparició finalmente. Los regulares, como les llaman, en muchos casos son ceutíes y musulmanes, y se encargaron de encaminar hacia la frontera a las personas que habían entrado, contando con la colaboración de los vecinos... “tenemos que enfatizarlo, si no ha habido ese caos sangriento es gracias a la acción vecinal”, aunque considera que el ejército también cumplió con su labor... La sensación que queda es la de haber pasado de ser primera línea como ciudad fronteriza, a pasar a primer plano de la geopolítica internacional (Sarah Babiker)

"En una crisis fronteriza con un trasfondo geopolítico que les desborda, la organización de vecinas y vecinas está siendo crucial para afrontar la situación y mantener lejos de la ciudad autónoma a la extrema derecha.

El pasado jueves 30 de julio pasó algo para lo que nadie estaba preparado, miles de personas, 72.000 según las estimaciones del gobierno,atravesaron la frontera entre Marruecos y España. Una frontera que separa dos estados con una realidad económica muy desigual, aunque la economía marroquí esté experimentando un importante crecimiento entérminos macroeconómicos, su renta per cápita es de aproximadamente 4.000€ frente a los 34.000€ per cápita de la economía española, números que quizás no dicen tanta de la situación económica de las poblaciones de cada país, pero que sí ilustran la desigualdad entre dos realidades nacionales separadas por muros  y espigones. 

Durante los días anteriores al pasado 30 de julio, las entradas a nado en la ciudad autónoma se habían incrementado de manera sostenida, registrándose cuatro personas ahogadas hasta aquella jornada. Después, el alto número de personas intentando alcanzar la playa del Tarajal, el caos, fue ampliando la tragedia: Según Caminando Fronteras, son 144 personas las que perdieron su vida intentando llegar a Ceuta. Mientras escalaba la situación, en la mañana del jueves, todos los partidos ceutíes demandaban que se declarase laemergencia nacional, mientras en Marruecos Mohamed VI protagonizaba los fastos de laFiesta del trono, y la derecha nacional e internacional agitaba el fantasma de la invasión.

Ya en la tarde del jueves 30, tras acordar la devolución masiva de quienes se habían jugado la vida para llegar a territorio español, España y Marruecos señalaban a las mafiascomo causa de la crisis y se felicitaban por la cooperación entre ambos países. Una tesis abrazada también por la Unión Europea, mientras algunos países miembros aprovechaban la ocasión para cargar contra el gobierno español, con Giorgia Meloni suspendiendo el tratado de Shengen con España —provocando que el 8 de agosto, Madrid instaurara controles a las llegadas de personas provenientes de Italia, en respuesta a la actitud de Roma. Pero no solo fue la ultraderecha europea la que vio su momento con la crisis fronteriza, mientras las imágenes de caos tomaban los medios, los grupos ultras españoles llamaban en la redes sociales a “limpiar Ceuta”organizando su desembarco en la ciudad. Pero ellos no eran los únicos que se estaban organizando.

Ya ha pasado una semana desde que Abdallah Mustafá, presidente de la asociación vecinal del barrio Sidi Mbarek, confrontara, junto a decenas de ceutíes, a los grupos de neonazis cuya convocatoria “contra la invasión”, concluyó con un rápido retorno a península tras ser bloqueados por la acción vecinal. “Nosotros estábamos en el puerto esperando a que llegase la gente de Núcleo Nacional, entonces vi a Alvise y tuve un enfrentamiento con él. Un enfrentamiento verbal, nosotros no somos ellos, si son violentos con nosotros físicamente, pues responderemos, evidentemente, hasta que la policía haga su trabajo. Pero en este caso ellos han hablado y nosotros hemos respondido”. Abdallah enfatiza que si acudieron a detener a la gente de Núcleo Nacional era para evitar que atacaran a las personas migrantes “al fin y al cabo nosotros no nos sentimos débiles, nos sentimos en nuestra casa y siempre estamos en comunidad. No era un peligro para nosotros, era un peligro para estas personas”.

Al ver a Alvise, el activista empezó un directo en Facebook: “me dije, esta gente viene aquí a aprovechar esta situación para su propio rédito político y no me da la gana”. Otras vecinas y vecinos empezaron a llegar durante la hora y media que la policía mantuvo retenidos a los ultras. “Fue algo espontáneo, nuestra gente es antifascista, es absolutamente así, eso la mueve, todo el mundo ha dejado lo que estaba haciendo para venir”, relata.

Abdallah puntualiza que en Ceuta también hay fascismo, solo que, en general, al convivir con personas musulmanas,  quienes se sitúan próximos a la extrema derecha, o no comulgan del todo con su islamofobia o, si lo hacen, no se atreven a decirlo en voz alta: “Saben que somos un gran número de musulmanes aquí y que podemos sentirnos ofendidos o puede haber un conflicto”. Además, no es la primera vez que espantan líderes ultraderechistas, ya hicieron lo propio con Santiago Abascal, en la crisis fronteriza demayo de 2021. “Teníamos un grupo que se llamaba Unidad Contra la Injusticia en Ceuta, un grupo formado por gente de aquí precisamente para combatir al fascismo. Desde ese grupo hicimos un llamamiento a la gente y no dejamos a Abascal salir de su hotel para dar un mitin”. 

Ali (no es su verdadero nombre) es miembro de la asociación Al Ámbar, y “miembro honorífico” de la asociación vecinal. Evoca, junto a Abdallah, el día en que los vecinos ceutíes echaron a los fascistas. “Ellos creían que se iban a encontrar una ciudad en pleno caos de violencia, y se encontraron una ciudad que ya estaba vacía en comparación a lo que había sido. Llegaron pensando, con su discurso totalmente aprendido de sus jefes, que los iban a aclamar como héroes, y lo que hicimos fue echarles”. Para Ali es esa ultraderecha lista a sembrar el odio la que supone una auténtica amenaza. “Entre todos esos que a lo mejor pueden ser una treintena tienen muchísimo más peligro que las decenas de miles de personas que han entrado en esta ocasión a Ceuta”. 

La actual vicepresidenta segunda de la Asamblea de Ceuta e Fátima Hamed Hossain, comparte el hastío ante las arremetidas de la extrema derecha, con la que lleva años enfrentándose desde el partido Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC). “Hemos visto desembarcar en nuestra ciudad a Alvise Pérez, Vito Quiles, Santiago Abascal, a líderes de Revuelta y Núcleo Nacional. Por supuesto, el señor Feijóo también ha recogido el guante de esta desgracia”,  apunta Hamed en conversación con El Salto, lamentando la instrumentalización de toda una ciudad para apuntalar un discurso anti inmigración, “quebrar su convivencia y crispar el ambiente”. Una ciudad, explica la representante política, que es “muy consciente de su realidad fronteriza”, pero cuya población se niega a “ser las víctimas colaterales de situaciones como la vivida”.

Una ciudad frontera

El jueves, cuando se precipitaron los hechos, Ali estaba en Tetuán. Al salir a la calle por la mañana se encontró con un montón de negocios cerrados. Cuando preguntó porque no había nada abierto le dijeron que simplemente se habían quedado sin trabajadores. Ali recuerda que Ceuta, como ciudad fronteriza, está acostumbrada a la llegada de gente, pero que lo que pasó el jueves 30 no tiene precedentes. “Esto es un complot internacional, un intento de causar caos y conmoción con el objeto clarísimo de un cambio de gobierno en España. Y no les ha salido bien”, aventura Ali su hipótesis. 

El activista vecinal comparte su satisfacción por haber evitado que la entrada de miles de personas en el enclave tuviera consecuencias aún peores, “no ha ocurrido porque ha habido una reacción vecinal espontánea”. Recuerda que es precisamente la gente de los barrios de la periferia, barrios que vienen históricamente denunciando su marginación en una ciudad muy desigual donde los recursos se quedan en los barrios del centro, la que ha dado respuesta a la situación, y esto “ha sido gracias a que llevamos años de un activismo social grande en esta ciudad, con todas nuestras dificultades”.  

No fue nada fácil la respuesta: Abdallah quiere dejar claro que lo que vivieron el 30 de julio no fue una invasión “quienes lo llaman así mienten a sabiendas. Cuando vienen a invadirte, la gente entra a los edificios, entra a romper puertas, a destrozar. Aquí no han destrozado nada, esta gente que ha entrado ha sido utilizada”. El líder vecinal relata que, cuando vieron llegar a tanta gente al barrio se sintieron abrumados, su número superaba ampliamente a los vecinos, “al principio todo el mundo se bloqueó, miles de personas te preguntaban en la calle, ‘¿me puedes dejar avisar a mi familia de que estoy bien?’”.

En plena agitación y desconcierto, explica Abdallah, cada uno hizo lo que pudo para ayudar, de manera individual: “En Ceuta, si hay algo que nos identifica es la solidaridad. Digamos que la llevamos en el ADN. En las primeras horas todo el mundo desde las ventanas estaba tirando ropa, tirando botellas de agua, sacando todo lo que tenía en la despensa”, pero no había forma de proveer agua o ropa a tanta gente y los barrios se sintieron superados. Las tiendas colapsaban y cerraban porque era imposible atender a miles de personas intentando comprar agua o comida. Con los comercios cerrados, ni los recién llegados ni los ceutíes podían comprar nada, recuerda el joven.

Autoorganización

Mientras las necesidades desbordaban la capacidad de los barrios de responder, Abdallah y Ali explican que no se veía policía en las calles de la periferia: “Vi muchas imágenes del centro en las que sí había agentes, pero en la zona del Príncipe, los Rosales, Hadú, Benítez, La Almadraba, en Miramar Bajo, el Morro, la ciudad estaba absolutamente colapsada”, siendo el ejército, recuerda Abdallah, el único que aparició finalmente. Los regulares, como les llaman, en muchos casos son ceutíes y musulmanes, y se encargaron de encaminar hacia la frontera a las personas que habían entrado, contando con la colaboración de los vecinos, que de un lado intentaban convencer a la gente para que volviera, y del otro, fueron conduciendo a las personas fuera de los barrios y cerrando los accesos, pues, aunque la gran mayoría de las personas no era violenta, sí hubo unos pocos que —en ese marco de tensión— podían responder con agresividad, aclara Abdallah.

El líder vecinal describe la escena, con personas corriendo y avanzando delante de los militares. Eran muy pocos, apunta, quienes intentaban escurrirse hacia las barriadas, no solo porque los accesos estuvieran tapados por los vecinos, si no porque enseguida se dieron cuenta del engaño, de que no iban a conseguir regularizarse, y además, después de arriesgar su vida, sentían ya hambre, sed y frío, tras pasar la noche con la ropa aún mojada. 

Ali añade que además de la coordinación en los barrios con el ejército, y la conclusión entre muchos de quienes cruzaron de que habían sido engañados, estuvo la coordinación entre España y Marruecos: “la primera noche hubo unos incidentes atroces en la parte marroquí de la frontera con enfrentamientos, e incendios de coches”, y es que, como documentaban los medios de comunicación, miles de personas se encontraron lejos de sus casas, frustradas, sin saber cómo volver, lo que provocó días muy duros en Castillejos. “Poco a poco fueron reaccionando, conforme iba saliendo la gente, la iban metiendo en autocares y se los iban llevando”.

Tras estar en ambas partes de la frontera, Ali saca sus propias conclusiones, y tienen que ver con la diferencia entre lo que pasó en 2021, y lo que acaba de pasar. Por un lado piensa que, mientras la gente no se organizó hace cinco años, esta vez sí reaccionó, y lo hizo evitando que la situación deviniera en un desastre humano mayor en la ciudad “tenemos que enfatizarlo, si no ha habido ese caos sangriento es gracias a la acción vecinal”, aunque considera que el ejército también cumplió con su labor. 

No fue fácil, pues, como apunta Hamed, “hemos denunciado el abandono por parte del Gobierno central, sí, pero también de la Unión Europea, porque en Ceuta también está la frontera entre Europa y África. Si nos cuesta sangre, sudor y lágrimas que el Gobierno de la Nación mire hacia Ceuta, imagínate una Unión Europea”. La Unión Europea sí que ha mirado finalmente a Ceuta, pero para cuestionar la continuidad de España en Schengen, atacar al gobierno español relacionando la crisis con el proceso de regularización extraordinaria o considerar cómo aplica el Pacto Europeo de Migraciones y Asilo, o el nuevo reglamento de retorno, en terreno. Mientras la extrema derecha no ha cesado con su ataque, el Comisario europeo de Asuntos de Interior y Migración, Magnus Brunner, la presidenta de la Comisión Europea Ursula Von der Leyen, acabaron finalmente avalando la reacción de España y Marruecos y adscribiéndose al argumento de las mafias.

Primera línea geopolítica

La sensación que queda es la de haber pasado de ser primera línea como ciudad fronteriza, a pasar a primer plano de la geopolítica internacional. “Esto no ha sido una crisis migratoria, esto ha sido una acción de guerra híbrida”, apunta Ali, quien además señala más allá de Marruecos: “detrás están los sospechosos habituales, los que la están liando en el mundo entero: Un imperio que cae y un estado genocida que pretende palestinizar el mundo, tratar al mundo como trata a los palestinos y a Gaza. Así lo sentimos aquí”. Para Ali la diferencia de 2021 a 2026 es que el marco ha pasado de ser regional, con un conflicto entre dos países vecinos —en aquel momento Rabat castigó la hospitalización en España del líder del Frente Polisario Brahim Ghali—, a un “complot internacional”.  

El integrante de Al Ámbar apunta cómo la celebración de la Fiesta del Trono, tras 27 años desde la llegada de Mohamed VI al poder contó “con más fastos que nunca”, y “con un discurso del rey en el que decía que todo es maravilloso y que todo el mundo vive estupendamente en Marruecos, y al día siguiente vemos la marea humana más grande que hemos conocido en toda la historia”. Ali cree que detrás de la movilización de tanta gente, hubo una especie de “psicosis colectiva”, en la que miles de personas abandonaron sus hogares, sus trabajos, lo que estaban haciendo, para dirigirse a la frontera. Recuerda que a muchos de ellos les llegaron mensajesincitándoles a marchar, y sospecha que detrás de esto, estuvo el uso de la inteligencia artificial, de algoritmos pensados para provocar semejante éxodo. “Yo no creo ni siquiera que Marruecos tenga esa tecnología, pero sus socios claro que la tienen. Lo han hecho en Colombia hace poco, los están haciendo en Sudamérica. Y están en plena ofensiva”. 

El argumento oficial de las mafias, le parece a Ali poco sostenible: “aunque si por mafia entiendes una agrupación criminal, quizás sí que podemos hablar de mafia, pero de otro tipo”.  Ali está entre quienes creen que a esta crisis subyace el objetivo de cambiar un gobierno que no es del gusto de Marruecos, Estados Unidos e Israel y recuerda cómo Trump ha puesto su mirada en el Estrecho de Gibraltar, otro motivo para apoyar a Marruecos. “Nosotros no es que seamos fans de Pedro Sánchez, pero a pesar de todo, por lo menos, ha sido medianamente decente en algunas cosas. Desde luego, el sentir general, es que como caiga Sánchez y entre la marabunta esta fascista lo vamos a tener fatal”, por ello, ambos activistas vecinales se enorgullecen de cómo han respondido a la ofensiva.

Una ciudad en trauma

Más allá de los juegos geopolíticos de los estados, están quienes han muerto, quienes se han quedado en Ceuta buscando una grieta por la que conseguir continuar su camino, o la propia sociedad ceutí. “Estamos todavía en shock. Ya estamos respirando un poquito de tranquilidad, pero no hemos vuelto a nuestra vida normal, a la vida cotidiana”, explica Abdallah, quien recuerda que durante días la ciudad ha estado paralizada, con las tiendas cerradas o la pérdida de citas médicas, y que aún queda gente deambulando por la ciudad sin saber qué hacer. “Hemos sido utilizados nosotros, la gente de Ceuta y ha sido utilizada la gente que ha venido. Considero que esto ha sido un ataque a Ceuta y una falta de respeto”. A esta sensación de agravio, Abdallah suma el temor de que en cualquier momento un incidente similar se vuelva a repetir, y además, pronto, “simplemente por el hecho de que no se están tomando  medidas concretas para salvaguardar la integridad de la ciudad”.

Sobre todo, es difícil que no pase de nuevo, si se tiene en cuenta cuál es la situación a pocos kilómetros: “La gente ha perdido la vida buscando una vida mejor. No se lo merecen. Muchos de ellos estaban en sus tiendas, en sus trabajos y han escuchado que les iban a dar papeles y han venido corriendo a aprovechar la ocasión”, lamenta Abdallah, que conoce la realidad del otro lado de la frontera, habla de personas que tienen que tener dos trabajos para apenas sobrevivir, personas a quienes, como en España, no les alcanza a pagar un alquiler cada vez más costoso. “Muchos de ellos han muerto en el mar, siguen llegando los cadáveres a las costas marroquíes”. 

Más allá de la angustia vivida por la ciudad y de su frustración, desde la asamblea de la ciudad autónoma, ante la sensación de desborde y la tardanza en responder por parte del gobierno nacional, lo que Hamed destaca también es la tragedia humana que se ha sufrido estos días: “Ha sido muy duro ver a decenas de miles de personas deambular por nuestras calles sin rumbo aparente, sin comida, sin un techo bajo el que dormir y, por supuesto, sin un itinerario más allá que el mensaje de quienes les han alentado a cruzar la frontera. La mayor prueba es que la mayoría emprendió el camino de vuelta progresivamente a las pocas horas”.

Además, recuerda la política, la situación todavía es crítica: “Son muchos los que siguen aún en nuestra ciudad, una ciudad sin recursos asistenciales para todos. Muchos de ellos son menores, por lo que la vulnerabilidad es aún mayor”. En este marco, insiste la diputada de MDyC, Ceuta sigue en un momento de tensión y desborde. “No podemos olvidar que esta tragedia deja ya más de un centenar de cadáveres. Por mucho que desde el Gobierno central se diga que estamos volviendo a la normalidad, la realidad de nuestras calles demuestra que no es así, ¿cómo se va a recuperar la ciudadanía ceutí después de ver sus playas convertidas en un auténtico cementerio?”."

(Sarah Babiker  , El Salto, 08/08/26)

1.8.26

Sánchez acusa a varios gobiernos europeos de atacar a España y pide una reunión de urgencia de ministros de Interior... “Me dirijo a ustedes para expresar mi profunda preocupación por la reciente reacción que algunos gobiernos europeos han mostrado tras el incidente ocurrido en la frontera exterior de la Unión Europea, en Ceuta... La mayoría nos han mostrado su apoyo y solidaridad, y han ofrecido su ayuda. Otros, sin embargo, han optado por atacar a España y pedir su exclusión temporal del Espacio Schengen. Tal actitud –impulsada por los prejuicios, las noticias falsas, la ignorancia o el interés político– no solo es contraria al derecho europeo, al derecho humanitario y a los principios de solidaridad que nos unen. También es contraria a los intereses a largo plazo de Europa... En el contexto internacional actual, la Unión Europea no puede permitirse este tipo de reacción egoísta, polarizadora e ilícita"... La carta de Sánchez es realmente incómoda para los gobiernos europeos que han querido sacar rédito político de lo ocurrido en Ceuta. La crisis de Ceuta ha dejado al descubierto algo aún más grave. Y es que algunos “socios” europeos estaban más interesados en explotar políticamente la situación que en responder con rigor, legalidad y una mínima solidaridad común (Julen Bollain)... Si tus enemigos son una potencia en declive con un autócrata senil al frente (EEUU), un estado colonial genocida (Israel) y una dictadura cleptocrática (Marruecos), hay ciertas posibilidades de que estés en lado correcto de la historia (Guerra en la Universidad)... Podemos discutir muchas cosas, pero en esta crisis se ha visto que tenemos uno de los pocos gobiernos de occidente formado por adultos (Alejandro Izaguirre)... como dice el ex-primer miniestro francés, Dominique de Villepin: "Los resultados están ahí, con 48.000 migrantes ya retornados a Marruecos, es decir, cerca del 80 % de las llegadas de los últimos días. El momento es también para pensar en las más de cincuenta personas que han perecido en el mar en este momento de desorden. No dejemos que la extrema derecha identitaria global imponga los términos del debate. Miremos las realidades de frente, incluso cuando son complejas y dolorosas"

Dominique de Villepin @Villepin

Sobre los recientes acontecimientos de Ceuta y ante las imágenes de caos, más allá de los eslóganes repetitivos de la extrema derecha, las exigencias del realismo son claras: 

1/ la diplomacia con Marruecos, en un momento de tensiones vivas; 

2/ la solidaridad europea con España, en lugar de agitaciones estériles; 

3/ el despliegue de las fuerzas de seguridad para asegurar la soberanía, como lo ha hecho el gobierno Sánchez con sangre fría. 

Los resultados están ahí, con 48.000 migrantes ya retornados a Marruecos, es decir, cerca del 80 % de las llegadas de los últimos días. El momento es también para pensar en las más de cincuenta personas que han perecido en el mar en este momento de desorden. 

No dejemos que la extrema derecha identitaria global imponga los términos del debate. Miremos las realidades de frente, incluso cuando son complejas y dolorosas. Dominique de Villepin

8:36 p. m. · 31 jul. 2026 ·304,9 mil Visualizaciones



Guerra en la Universidad @GuerraenlaUni

Si tus enemigos son una potencia en declive con un autócrata senil al frente (EEUU), un estado colonial genocida (Israel) y una dictadura cleptocrática (Marruecos), hay ciertas posibilidades de que estés en lado correcto de la historia.

8:18 p. m. · 31 jul. 2026 ·70,6 mil Visualizaciones

 

Alejandro Izaguirre @alexizag.bsky.social

Podemos discutir muchas cosas, pero en esta crisis se ha visto que tenemos uno de los pocos gobiernos de occidente formado por adultos.

22:52 · 31 jul 2026 168 republicaciones3 citas594 likes 3 guardados


Julen Bollain @JulenBollain

La carta de Sánchez es realmente incómoda para los gobiernos europeos que han querido sacar rédito político de lo ocurrido en Ceuta. Si España recupera el control de la situación en menos de 48 horas, devuelve a prácticamente todos los que entraron irregularmente y evita cualquier efecto sobre el resto de la UE, ¿con qué fundamento se pedía expulsarla de Schengen cuando Ceuta ni siquiera forma parte de ese espacio? 

La crisis de Ceuta ha dejado al descubierto algo aún más grave. Y es que algunos “socios” europeos estaban más interesados en explotar políticamente la situación que en responder con rigor, legalidad y una mínima solidaridad común.

11:17 a. m. · 1 ago. 2026 ·44,3 mil Visualizaciones


"Sánchez acusa a varios gobiernos europeos de atacar a España y pide una reunión de urgencia de ministros de Interior.

 El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha enviado este sábado una carta a los máximos representantes de la Unión Europea en la que ha criticado que varios gobiernos europeos hayan “optado por atacar” a España tras la entrada de decenas de miles de personas migrantes a Ceuta y ha pedido a la presidencia irlandesa del Consejo de la UE convocar “con urgencia” una videoconferencia extraordinaria de ministros del Interior con el fin de “establecer una respuesta común ante situaciones de esta naturaleza y reafirmar que la seguridad de nuestras fronteras exteriores”.

“Me dirijo a ustedes para expresar mi profunda preocupación por la reciente reacción que algunos gobiernos europeos han mostrado tras el incidente ocurrido en la frontera exterior de la Unión Europea, en Ceuta”, comienza el texto que Sánchez dirige a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y el primer ministro de Irlanda, Micheál Martin, que ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la UE y que ejerce funciones de mediación.

En la misiva, el jefe del Ejecutivo español ha defendido la actuación del Gobierno español ante la entrada “irregular e inesperada” de alrededor de 50.000 personas migrantes, que ha logrado “restablecer plenamente” el control de la frontera “en menos de 48 horas”. “Todo ello se ha conseguido en estrecha coordinación con las autoridades marroquíes y con muy escaso apoyo de otros Estados europeos, al tiempo que se ha mantenido la política migratoria eficaz y basada en la solidaridad que España ha aplicado de forma constante en los últimos años”, ha subrayado.

“A pesar de estos hechos incuestionables, la reacción de los gobiernos europeos en las últimas horas ha sido bastante desigual. La mayoría nos ha mostrado su apoyo y solidaridad, y ha ofrecido su ayuda. Sin embargo, otros han optado por atacar a España y pedir su exclusión temporal del espacio Schengen”, ha criticado.

El pasado jueves, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, planteó el cierre del espacio Schengen con España y sugería que la situación de Ceuta venía aparejada por la regularización de migrantes puesta en marcha por el Gobierno. Posteriormente, los gobiernos de Dinamarca y Finlandia se sumaron a Italia y pidieron que la UE estudie todas las opciones para excluir al Estado español del Tratado de libre comercio. El movimiento provocó que el ministro de Exteriores José Manuel Albares convocase al embajador italiano en señal de protesta.

El viernes, Italia anunció la suspensión temporal del tratado Schengen y reintrodujo los controles en puertos y aeropuertos con España. Roma matizó posteriormente que estos controles serán aleatorios y solo afectarán a ciudadanos que no pertenezcan a la UE. Albares respondió que “la integridad del espacio está absolutamente garantizada” y pidió cesar la “confusión interesada”.

Según defiende Sánchez en la carta, la actitud de estos países, “impulsada por prejuicios, noticias falsas, desconocimiento o intereses políticos”, “no solo es contraria al Derecho de la Unión Europea, al Derecho internacional humanitario y a los principios de solidaridad que nos unen. También va en contra de los intereses a largo plazo de Europa y del más elemental sentido común, porque Ceuta no forma parte del espacio Schengen, porque ya apenas quedan migrantes irregulares sin ser retornados y porque España es, según Frontex, una de las fronteras exteriores menos permeables de la Unión Europea, con un número de entradas irregulares que equivale a la mitad de las registradas, por ejemplo, en Italia en los últimos años (2021-2026)”.

“En el contexto internacional actual, la Unión Europea no puede permitirse este tipo de reacción egoísta, polarizadora y contraria al Derecho”, sentencia el presidente español. La reunión solicitada al primer ministro de Irlanda, que ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, tiene como fin “establecer una respuesta común ante situaciones de esta naturaleza y reafirmar que la seguridad de nuestras fronteras exteriores es una responsabilidad compartida de todos los Estados miembros, y no únicamente de aquellos que se encuentran en la primera línea de la Unión”, ha concluido.

David Romero González  , eldiario.es, 01/08/26) 


"Este es el texto completo de la misiva:

Estimada Presidenta Von del Leyen:

Le escribo para expresar mi seria preocupación por la reciente reacción que algunos gobiernos europeos han mostrado tras el incidente que tuvo lugar en la frontera exterior de la Unión Europea en Ceuta.

Como sabe, alrededor de 50.000 inmigrantes entraron en este territorio español de manera irregular e inesperada a principios de esta semana. En menos de 48 horas, mi Gobierno ha logrado restablecer plenamente el control sobre la frontera, proporcionar una amplia asistencia humanitaria, devolver a prácticamente todos los inmigrantes que cruzaron de manera irregular y evitar cualquier movimiento posterior no autorizado hacia la Europa continental.

Esto se ha logrado en estrecha coordinación con las autoridades marroquíes y con muy poco apoyo de otros estados europeos, mientras continuamos aplicando la política migratoria efectiva y basada en la solidaridad que España ha implementado consistentemente en los últimos años. Una política que nos ha permitido reducir drásticamente las llegadas irregulares a través de nuestro territorio, convirtiendo a España en la segunda frontera exterior más segura de la UE, a pesar de ser el único Estado miembro con una frontera terrestre con África. Esta política exitosa también nos ha permitido ayudar a otros Estados miembros cuando se enfrentaron a crisis similares, como cuando acogimos a varios de los migrantes que llegaron a Europa del Este a través de Bielorrusia en 2021 y a Lampedusa en 2023.

A pesar de estos hechos indiscutibles, la reacción de los gobiernos europeos en las últimas horas ha sido bastante asimétrica. La mayoría nos han mostrado su apoyo y solidaridad, y han ofrecido su ayuda. Otros, sin embargo, han optado por atacar a España y pedir su exclusión temporal del Espacio Schengen.

Tal actitud –impulsada por los prejuicios, las noticias falsas, la ignorancia o el interés político– no solo es contraria al derecho europeo, al derecho humanitario y a los principios de solidaridad que nos unen. También es contraria a los intereses a largo plazo de Europa y al sentido común más básico, porque Ceuta no es parte del Espacio Schengen, porque casi no quedan inmigrantes irregulares sin ser devueltos, y porque España es, según Frontex, una de las fronteras exteriores menos porosas de la Unión Europea, con un número de entradas irregulares que es la mitad de lo registrado, por ejemplo, en Italia en los últimos años (2021-2026).

En el contexto internacional actual, la Unión Europea no puede permitirse este tipo de reacción egoísta, polarizadora e ilícita.

Por esta razón, a la luz de la gravedad de la situación, solicitamos a la Presidencia irlandesa del Consejo de la Unión Europea que convoque, con carácter de urgencia, una videoconferencia extraordinaria de los Ministros del Interior. Esta reunión debería permitirnos establecer una respuesta común a situaciones de este tipo y reafirmar que la seguridad de nuestras fronteras exteriores es una responsabilidad compartida de todos los Estados miembros, y no solo de aquellos en la primera línea de la Unión.

Contamos con su liderazgo para asegurar que la Unión Europea responda de manera rápida, efectiva y coordinada."  (eldiario.es    )

28.7.26

Los italianos residentes en el extranjero son 6,4 millones... la población extranjera total en Italia asciende a 5,4 millones de personas... entre los italianos que se trasladan al extranjero y los que regresan a Italia, tenemos un saldo medio negativo de 100 000 ciudadanos al año... si cada año 100 000 italianos (con formación media-alta) se marchan al extranjero, ¿cómo se puede pensar que ese vacío no se cubrirá con la llegada de extranjeros? Decenas de miles de italianos, casi todos con título de bachillerato o de grado, se marchan al extranjero en busca de un trabajo digno y son sustituidos por un número similar de extranjeros, a menudo con escasa formación, que son contratados para trabajos de bajo valor añadido. ¿Por qué ocurre todo esto? Este es el resultado deliberado de una decisión de política industrial tomada en los años noventa, en el marco de la financiarización de la economía, del triunfo neoliberal y de la adhesión a la UE... En Italia, el sector que se dedicaba principalmente a la investigación y el desarrollo, y que tenía una producción con un alto uso de capital (intensiva en capital), era el sector público. La decisión de reducirlo al mínimo mediante oleadas de privatizaciones, así como la de deslocalizar incluso las producciones de alto valor añadido, ha supuesto una elección bien definida a favor de los trabajos con un alto uso de mano de obra (intensivos en mano de obra)... Lo que ocurre en Italia es muy sencillo: exportamos titulados de bachillerato y universitarios que, tras haber invertido en formación, no quieren convertirse en «trabajadores pobres», e importamos personas desesperadas dispuestas a cualquier trabajo a cambio de salarios de subsistencia... esto no se resuelve ni sermoneando a los jóvenes que no se resignan a realizar trabajos de mierda por un sueldo de mierda, ni invocando puños de hierro y ráfagas de ametralladora contra las embarcaciones... si se quiere resolver un problema estructural, hay que abordarlo de forma estructural (Andrea Zhok)

 "NOTA AL MARGEN SOBRE EL TEMA DE LA INMIGRACIÓN

El tema de la inmigración es enormemente complejo; abarca aspectos económicos, culturales y de seguridad, de formas muy variadas. No existen varitas mágicas que puedan revertir los procesos en curso en un abrir y cerrar de ojos.

Sin embargo, ante la gran cantidad de vociferantes profesionales que agitan el espacio público a base de eslóganes grandilocuentes y promesas de rigor draconiano, recurrir a la complejidad acaba dando la impresión de querer andarse por las ramas.

Permítanme, pues, por una vez, una respuesta directa, en parte simplificadora, pero al menos representativa de cómo debería abordarse un debate serio.

Ante el tema de los flujos migratorios hacia Europa, suelen enfrentarse dos actitudes.

1) Existe una actitud «humanitaria», predominante en la izquierda, percibida como «ingenua», que, en esencia, siempre trata de explicar, por un lado, que el problema no es tan grave, o que, más bien, supone una gran oportunidad de enriquecimiento humano, y que quien se queja es un racista; y, por otro lado, que se trata de un movimiento histórico inevitable y que toda oposición es inútil (además de inhumana).

2) Existe una segunda actitud, «securitaria», que acentúa todos los problemas relacionados con la inmigración, exagera su narrativa y sus peligros, y acaba invocando habitualmente diversas «medidas de mano dura»: bloqueos navales, repatriaciones, improbables exámenes de fe cristiana, rostros feroces y guiños ocasionales a los verdaderos racistas (que son minorías en Italia, pero existen).

Este juego entre ambas partes se prolonga desde hace más de treinta años (desde la llegada de 20 000 albaneses en 1991 al puerto de Bari). Mientras tanto, Italia, que ha experimentado los procesos migratorios con retraso —al no haber tenido un imperio colonial—, se ha visto abrumada por un proceso que no parece dar señales de detenerse.

Tanto la postura «buenista» como la represiva son dos «no soluciones».

De hecho, solo sirven para mantener vivo el problema, agravándolo, y fidelizando a sus respectivas aficiones a través del desprecio hacia las posturas contrarias.

¿Qué falta en este panorama? Faltan muchas cosas, pero hay una que es colosal, y es algo de lo que nadie, literalmente nadie, ni de derechas ni de izquierdas, quiere hablar.

El gran ausente en el debate sobre la inmigración es la comprensión de una dinámica elemental.

En los últimos años, entre los italianos que se trasladan al extranjero y los que regresan a Italia, tenemos un saldo medio negativo de 100 000 ciudadanos al año.

Los italianos residentes en el extranjero son 6,4 millones.

A modo de comparación, la población extranjera total en Italia asciende a 5,4 millones de personas.

Ahora bien, la primera y sencilla pregunta que nadie quiere plantear es: si cada año 100 000 italianos (con formación media-alta) se marchan al extranjero, ¿cómo se puede pensar que ese vacío no se cubrirá con la llegada de extranjeros?

El problema, expresado en sus términos esenciales, es el siguiente: decenas de miles de italianos, casi todos con título de bachillerato o de grado, se marchan al extranjero en busca de un trabajo digno y son sustituidos por un número similar de extranjeros, a menudo con escasa formación, que son contratados para trabajos de bajo valor añadido.

¿Por qué ocurre todo esto? ¿Es una cuestión de destino cínico y traicionero?

Ni mucho menos. Este es el resultado deliberado de una decisión de política industrial tomada en los años noventa, en el marco de la financiarización de la economía, del triunfo neoliberal y de la adhesión a la UE.

En Italia, el sector que se dedicaba principalmente a la investigación y el desarrollo, y que tenía una producción con un alto uso de capital (intensiva en capital), era el sector público. La decisión de reducirlo al mínimo mediante oleadas de privatizaciones, así como la de deslocalizar incluso las producciones de alto valor añadido, ha supuesto una elección bien definida a favor de los trabajos con un alto uso de mano de obra (intensivos en mano de obra). Para competir en los sectores intensivos en capital hay que innovar; para competir en los sectores intensivos en mano de obra hay que reducir los costes salariales.

Lo que ocurre en Italia es muy sencillo y, sin cambios de rumbo en la política industrial, inevitable: exportamos titulados de bachillerato y universitarios que, tras haber invertido en formación, no quieren convertirse en «trabajadores pobres», e importamos personas desesperadas dispuestas a cualquier trabajo a cambio de salarios de subsistencia.

Obviamente, este flujo también tiene repercusiones culturales y de seguridad. Un aumento porcentual de la población compuesta por jóvenes, culturalmente ajenos, con poco que perder, condicionados a salarios de subsistencia y, a menudo, en el sector no declarado, no puede sino traducirse en problemas de seguridad e integración. Pero esto es el efecto, no la causa, y si se insiste en ocuparse únicamente de los efectos y nunca de las causas, en realidad se está tratando de cultivar el problema, que siempre resulta útil.

La cuestión es que los bajos salarios, las privatizaciones, la descalificación del trabajo y el flujo migratorio asimétrico (la mítica «sustitución étnica») SON UN MISMO Y MISMO PROBLEMA.

Y no se resuelve ni sermoneando a los jóvenes que no se resignan a realizar trabajos de mierda por un sueldo de mierda, ni invocando puños de hierro y ráfagas de ametralladora contra las embarcaciones.

Algunos, tanto de la derecha como de la izquierda, han elegido ese camino y siguen persiguiéndolo («porque lo quiere Europa», «porque lo quieren los mercados», y así sucesivamente con sus delirios).

Sé que preferirían quedarse en el plano de los sentimientos: los «buenos y acogedores» (izquierdistas bienpensantes para la parte contraria) frente a los «rigurosos e inflexibles» (fascistas racistas para la parte contraria). En este plano no hace falta entender nada, basta con confiar en los sentimientos y en las banderas.

Pero si se quiere resolver un problema estructural, hay que abordarlo de forma estructural.

Si, por el contrario, se quiere alimentar el problema, armando jaleo para gente sin criterio y obteniendo aplausos instintivos de las distintas aficiones, pues muy bien, el rumbo es el correcto: timón a estribor y a toda máquina."

(Andrea Zhok, blog, 26/07/26, traducción Salvador L. Arnal) 

3.7.26

El Brexit ha sido un absoluto fracaso... no sólo ha hundido su economía sino que, encima, ha disparado la inmigración no europea, algo que justamente querían evitar con la salida de la UE... su inmigración europea comenzó a aumentar especialmente desde 2004 con la ampliación de la UE hacia el este (Polonia, Hungría, Estonia)... Esos flujos migratorios fueron positivos para la economía: redujeron el desempleo al mismo tiempo que los salarios (de los nativos y de los extranjeros) subían. Hasta que llegó la crisis del año 2008 y las consecuentes políticas de austeridad, que lo jodieron todo... Los británicos perdieron calidad de vida a ritmos desenfrenados, pero en vez de culpar a la crisis financiera y a la austeridad, la ultraderecha los convenció de que la culpa la tenía la Unión Europea y la inmigración permitida por la misma... El rápido aumento de la ultraderecha en las encuestas forzó a la derecha conservadora a celebrar el referéndum del Brexit en 2016, que ganó por la mínima... El cambio fue inmediato: la inmigración europea se hundió, pero la inmigración no europea se disparó hasta niveles récord, porque se relajaron las condiciones de inmigración para los no europeos (para compensar)... el nuevo sistema de inmigración obligaba a las empresas que querían contratar extranjeros a pagar ellas mismas los costes del visado, y a que los salarios no fueran bajos. Los sectores más fuertes (logística) pudieron, otros (hostelería) no... El resultado ha sido una economía dual: los sectores económicos que necesitan mano de obra cualificada y que tienen músculo financiero han podido contratar extranjeros (no europeos), pero los que necesitan mano de obra menos cualificada y sin músculo no han podido... Obviamente esto ha supuesto un duro varapalo para la economía británica: el PIB se encuentra totalmente estancado desde 2020. Sólo Irlanda del Norte se salva porque tiene un sistema de inmigración especial (Eduardo Garzón)

Eduardo Garzón ‪@edugaresp.bsky.social‬

Ya han pasado 10 años desde que se votó el Brexit y podemos concluir sin tapujos que ha sido un absoluto fracaso: no sólo ha hundido su economía sino que, encima, ha disparado la inmigración no europea, algo que justamente querían evitar con la salida de la UE. 

 Reino Unido siempre había tenido inmigración no europea (por la Commonwealth), pero su inmigración europea comenzó a aumentar cuando se aprobó el Tratado de Maastricht en 1992, y especialmente desde 2004 con la ampliación de la UE hacia el este (Polonia, Hungría, Estonia...)

 Esos flujos migratorios fueron positivos para la economía: redujeron el desempleo al mismo tiempo que los salarios (de los nativos y de los extranjeros) subían. Hasta que llegó la crisis del año 2008 y las consecuentes políticas de austeridad, que lo jodieron todo.

 Los británicos perdieron calidad de vida a ritmos desenfrenados, pero en vez de culpar a la crisis financiera y a la austeridad, la ultraderecha liderada por Nigel Farage los convenció de que la culpa la tenía la Unión Europea y la inmigración permitida por la misma.

 El rápido aumento de la ultraderecha en las encuestas de intención de voto, así como varias victorias en elecciones europeas, forzaron a la derecha conservadora a celebrar el referéndum del Brexit en 2016, que ganó por la mínima (51,9%).

 El Brexit se materializó en enero de 2020 y el nuevo sistema de inmigración en enero de 2021, con pandemia del Covid-19 mediante. El cambio fue inmediato: la inmigración europea se hundió hasta volverse negativa, pero la inmigración no europea se disparó hasta niveles récord.

 Esto es así porque la libre circulación de europeos terminó con el Brexit, haciéndose más difícil, al mismo tiempo que se relajaron las condiciones de inmigración para los no europeos (para compensar). Antes había dos sistemas de migración y con el Brexit pasó a estar unificado.

 Pero a pesar de esta enorme entrada de extranjeros no europeos, en Reino Unido se dispararon las vacantes de trabajo: muchos empleadores no encontraban personas dispuestas a trabajar en sus empresas. Especialmente, los que antes contrataban a europeos. Muchos echaron el cierre.

 Esto se explica porque el nuevo sistema de inmigración unificado obligaba a las empresas que querían contratar extranjeros a pagar ellas mismas los costes del visado, y a que los salarios no fueran bajos. Los sectores más fuertes (logística) pudieron, otros (hostelería) no.

 El resultado ha sido una economía dual: los sectores económicos que necesitan mano de obra cualificada y que tienen músculo financiero han podido contratar extranjeros (no europeos), pero los que necesitan mano de obra menos cualificada y sin músculo no han podido.

 Obviamente esto ha supuesto un duro varapalo para la economía británica: el PIB se encuentra totalmente estancado desde 2020, muy por debajo del rendimiento de resto de economías. Sólo Irlanda del Norte se salva porque tiene un sistema de inmigración especial

9:57 · 3 jul 2026 9 republicaciones2 citas26 me gusta 1 guardado

29.6.26

Occidente, en vísperas de una guerra civil... El fenómeno migratorio en Occidente es, en su totalidad, un fenómeno con raíces económicas, dependiente de la lógica del capital... Al capital le interesa obtener una mano de obra que esté lo más dispuesta posible a trabajar por poco dinero y que sea fácilmente chantajeable... La falta de mano de obra interna de los países occidentales se compensa importándola de partes del mundo donde los «costes de producción de niños» son bajos... Este proceso nunca está guiado ni controlado porque para guiarlo y controlarlo se necesitarían enormes inversiones: dinero para los procesos de asimilación, educación o reeducación, enseñanza de idiomas, socialización, pero también para el control y la represión de comportamientos ilícitos... todo el sentido del proceso está exclusivamente orientado a incrementar los márgenes de beneficio, todo este «proceso de inclusión y acogida» queda necesariamente en el papel... si viviéramos en Estados dispuestos a sostener estos niveles de gasto público para los procesos de socialización e inclusión, el problema migratorio ni siquiera surgiría... el peso de esta situación recae principalmente sobre las personas que se encuentran en relación de competencia directa con la mano de obra importada, es decir, ese proletariado o esa pequeña burguesía que lucha por mantener a flote el salario y la dignidad... Es tan cierto como que sale el sol que, en algún momento, estas situaciones están destinadas a estallar en formas de violencia civil... por lo tanto, de forma constante e inevitable, estos procesos crean formas de desestabilización social... el verdadero problema, es que entonces las clases políticas desprovistas de vergüenza están listas para abalanzarse como buitres sobre la escena de la violencia social... no estaban ahí cuando se chantajeaba a la gente durante décadas, para que aceptara condiciones laborales cada vez más precarias. Pero ahora están ahí... en este momento se desata el juego de la polarización artificial, que mantiene con vida a la clase política que ha causado el daño... Sin una transformación de la representación política (hoy en día difícil incluso de imaginar), este circo occidental seguirá pudriéndose, hasta llegar a alguna forma de guerra civil (Andrea Zhok)

"Dado que los acontecimientos de Belfast han vuelto a situar en el centro del debate temas que ya se han analizado a fondo en todos sus aspectos, intentemos hacer un resumen para aclarar un poco las ideas.

1) El fenómeno migratorio en Occidente es, en su totalidad, un fenómeno con raíces económicas, dependiente de la lógica del capital.

Se favorecen los desplazamientos de mano de obra que busca ocupar los puestos de trabajo disponibles en el mercado mundial.

Al capital le interesa obtener una mano de obra que esté lo más dispuesta posible a trabajar por poco dinero y que sea fácilmente chantajeable. No es una cuestión de «inmigración irregular». Los irregulares también forman parte del juego, porque son un poco más chantajeables, pero el juego en su conjunto es aceptado, deseado y teorizado.

2) La presión que ejercen los modos de vida cultivados en Occidente (desde los costes de criar a los hijos, pasando por las responsabilidades legales, hasta las dificultades pedagógicas para los hijos que crecen en entornos desocializados, etc.) crea constantemente las condiciones para una reducción de la fecundidad. (Esto ocurre también con las segundas generaciones de migrantes, tan pronto como se aclimatan).

La falta de mano de obra interna de los países occidentales se compensa importándola de partes del mundo donde los «costes de producción de niños» son bajos, porque no existe un sistema de protección pública, servicios sanitarios, sistemas escolares, etc. Occidente es una tumba atareada que absorbe a jóvenes «producidos» en otros lugares para transformarlos en concentraciones de capital.

3) Este proceso nunca está guiado ni controlado porque para guiarlo y controlarlo se necesitarían enormes inversiones: dinero para los procesos de asimilación, educación o reeducación, enseñanza de idiomas, socialización, pero también para el control y la represión de comportamientos ilícitos.

Así pues, se dejan en manos de algunos payasos políticos las consignas de la inclusión y la acogida, pero como todo el sentido del proceso está exclusivamente orientado a incrementar los márgenes de beneficio, todo este «proceso de inclusión y acogida» queda necesariamente en el papel.

Por otra parte, si viviéramos en Estados dispuestos a sostener estos niveles de gasto público para los procesos de socialización e inclusión, el problema migratorio ni siquiera surgiría: estaríamos en Estados dispuestos a drenar dinero del gran capital para mejorar las condiciones laborales de los autóctonos, para mejorar los servicios públicos, para reprimir la explotación y el trabajo en negro, para ayudar a las familias a criar a sus hijos, etc.

Por lo tanto, si estuviéramos en el mundo idealizado (pero nunca implementado) por los promotores de la «acogida infinita», simplemente no habría ningún interés en importar mano de obra, porque nada más llegar a nuestro país estaría protegida y, por lo tanto, sería costosa.

4) El proceso se deja, por tanto, siempre a su suerte, porque quien dirige estos procesos es el capital y este no tiene ningún interés en gestionar los efectos sociales de los procesos migratorios.

Por lo tanto, de forma constante e inevitable, estos procesos crean formas de desestabilización social. La escuela pública sale degradada porque se ve desbordada por un exceso de demanda sin los medios adecuados para responder; las viviendas sociales desaparecen de la oferta pública; sujetos culturalmente ajenos e imposibles de integrar —porque la única forma de integración que se ofrece es el trabajo y no hay para todos— acaban engrosando las filas de la pequeña delincuencia.

Me ahorraré la obviedad de que no hay equivalencia entre inmigración y delincuencia. Obviamente no hay equivalencia, pero con igual obviedad e irrefutabilidad, en las sociedades en las que crecen grupos de sujetos culturalmente ajenos e inempleables, aumentan la inseguridad y los delitos.

Solo personas de perfecta y culpable mala fe pueden negar este nexo que se atestigua constantemente y se registra estadísticamente.

5) En un sistema competitivo como el nuestro, el peso de esta situación recae principalmente sobre las personas que se encuentran en relación de competencia directa con la mano de obra importada, es decir, ese proletariado o esa pequeña burguesía que lucha por mantener a flote el salario y la dignidad.

Estas personas suelen pertenecer a zonas ya socialmente desfavorecidas o en riesgo de desfavorecimiento, y perciben al Estado como distante e incluso hostil, como si no estuviera interesado en defenderlas ni en el ámbito laboral ni en el de la seguridad pública.

La ineficacia y la inercia de los sistemas represivos (como cualquier servicio público, infradotado y sometido a recortes) acaba, paradójicamente, siendo más eficaz a la hora de castigar las pequeñas infracciones de ese proletariado que ha conservado con esfuerzo lo poco que tiene (un coche, una casa), que las grandes infracciones de quienes acaban de llegar y no tienen nada que perder (si es que delinquen).

Pedir sabiduría infinita, moderación perenne y santo autocontrol a estas personas significa ser o estúpidos o de mala fe. Es tan cierto como que sale el sol que, en algún momento, estas situaciones están destinadas a estallar en formas de violencia civil.

6) Que estas formas de violencia civil sean horribles, inmorales, que adopten formas de violencia indeterminada, incapaces de distinguir entre objetivos culpables e inocentes, es obvio e inevitable.

El problema, el verdadero problema, es que ahora —solo ahora— las clases políticas desprovistas de vergüenza están listas para abalanzarse como buitres sobre la escena de la violencia social.

No estaban ahí cuando las familias, ya fueran autóctonas o migrantes, no podían hacerse cargo de un hijo enfermo o sucumbían ante el más mínimo revés de la suerte; no estaban ahí cuando se chantajeaba a la gente durante años, durante décadas, para que aceptara condiciones laborales cada vez más precarias.

Pero ahora están ahí.

Están, por un lado, para sacar provecho avivando el fuego de la «sacrosanta protesta contra el intruso», y por otro, para sacar provecho indignándose por el «racismo» y el «fascismo».

Así transforman los problemas, esos problemas que ambos han contribuido a crear, en otras tantas oportunidades personales para una entrevista llena de indignación y para alguna sesión fotográfica.

7) En conclusión. La trampa que se ha tendido (ya sea intencionadamente o por casualidad, da igual) es esta.

Mientras la gente no reaccione, se finge que el sistema está funcionando mágicamente según los mecanismos de alguna «mano invisible» y que todos se están beneficiando de ello.

Cuando la olla a presión estalla, cuando hay disturbios y violencia (pueden ser de autóctonos, pero también de migrantes de primera o segunda generación —pensemos en los banlieues*—), en ese momento se desata el juego de la polarización artificial, que mantiene con vida a la clase política que ha causado el daño y, de hecho, le otorga mayores poderes.

Si no reaccionas, no existes y se ríen en tu cara.

Si reaccionas, te pones del lado de los que están en el error y das fuerza a quienes han creado el problema.

Sin una transformación de la representación política (hoy en día difícil incluso de imaginar), este circo occidental seguirá pudriéndose, hasta llegar a alguna forma de guerra civil.

 (Andrea Zhok, Observatorio de trabajadores en lucha,  12/06/26)