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12.5.24

Barcelona ha sido deglutida por el turismo. Muere de éxito y, en el camino, la ciudad ha perdido la amabilidad para sus ciudadanos y es un ejemplo claro de turistificación que ya no tiene vuelta atrás... Un parque temático... el visitante gasta una media diaria inferior a los 100 euros. La parte del león del coste del viaje va a compañías aéreas, grupos hoteleros y plataformas de intermediación. El turismo, como sector, es una apuesta de país pobre que lo que hace es dilapidar su capital natural o urbano para beneficio de terceros. Turistificación, significa desposesión y una destrucción de lo propio y genuino que ya jamás se va a recuperar... La ciudad es prisionera de un modelo de desarrollo sobre el que no tienen casi ningún control y escaso futuro. A medio plazo, una oferta perdedora. En este punto, la turismomofobía no es para nada, una pulsión xenófoba, sino una forma de autodefensa ante el lobby turístico público-privado que despoja la ciudad a sus habitantes (Josep Burgaya)

 "Barcelona ha sido deglutida por el turismo. Muere de éxito y, en el camino, la ciudad ha perdido la amabilidad para sus ciudadanos y es un ejemplo claro de turistificación que ya no tiene vuelta atrás. Un parque temático para aquellos que pretenden, a la vez, el clima mediterráneo, el diseño, el buen comer y la modernidad. Fue con las alcaldías democráticas ochenteras dónde se construyó una imagen de marca “cool”. La gran excusa fueron los Juegos Olímpicos de 1992. Después vinieron las facilidades de las plataformas de internet, los vuelos baratos y Airbnb. Para el 92, se movilizaron ingentes capitales públicos y privados para rehacer la ciudad, repensarla, consiguiendo una implicación fervorosa de sus ciudadanos. A todo esto, se asocia la imagen de Pasqual Maragall como el hombre capaz de visualizar una Barcelona diferente, progresista y abierta al mundo. Maragall conocía el modelo Baltimore de regeneración urbana. Con declinación industrial esta ciudad del estado de Maryland rehabilitó su decaído frente marítimo y transformó el modelo productivo. Antes de la pandemia, Baltimore recibía unos 25 millones de visitantes anuales.

Los Juegos fueron un éxito inmenso y un gran aparador, su acto inaugural el mayor spot publicitario nunca imaginado. Pero el perfil cosmopolita de la ciudad había que reforzarlo con actividades de impacto global. Ahora se abría al mundo. El Sónar, el Primavera Sound o el Mobile sirvieron, y aún lo hacen, reforzar la imagen de ciudad global. El contrapunto, es que la ciudad se ha convertido en un aparador, un artefacto pensado para visitantes y no tanto para sus habitantes. Una ciudad que tenía unos cuatro millones de pernoctaciones al año pasó a tener, en 2019, 33 millones. Por el camino, la ciudad adoptó la dinámica de las ciudades globales del neoliberalismo, solo aptas para clases medias y acomodadas, además de visitantes y residentes temporales. Esto siempre desplazando los sectores populares hacia la periferia y detentando algunos núcleos de miseria que resulta imposible de expulsar. La creación de la ciudad clasista y excluyente.

Las cifras resultan demoledoras. Su negocio turístico se aproxima al 14% del PIB y hay al menos 12.000 empresas en la ciudad que dependen de él. Esto significa un empleo directo de más de 150.000 personas. A pesar de la moratoria hotelera, hay unas 80.000 plazas (100.000 si contamos las poblaciones limítrofes), unas 20.000 plazas en hostels y albergues y, muy especialmente, una ingente capacidad de oferta de pisos turísticos a la que las normativas restrictivas no han conseguido poner coto y que actúan de manera devastadora hacia el precio de los alquileres. Hay unas 60.000 viviendas de uso turístico legales, mientras la ciudad ha perdido la última década más de 100.000 habitantes. Desde el año 2000, la ciudad ha multiplicado por cuatro la oferta de alojamiento. Barcelona recibe más de 30 millones de visitantes anuales, de los cuales más de 20 millones son extranjeros. En las visitas, se combinan vacaciones y estancias motivadas por el trabajo en una proporción de 2 a 1. Dos aspectos estos que nunca están del todo delimitados. De estos 30 millones de visitantes, casi 25 llegan a través del aeropuerto y, cerca de 3 millones, por medio de los cruceros cada vez más numerosos. Hace 30 años, para comparar, llegaban 1,7 millones de turistas a Barcelona y los cruceristas escasamente rebasaban los 100.000.

Pero en realidad y para combatir el teórico “efecto balsámico” que se le atribuye en la economía, el visitante gasta una media diaria inferior a los 100 euros. La parte del león del coste del viaje va a compañías aéreas, grupos hoteleros y plataformas de intermediación. El turismo, como sector, es una apuesta de país pobre que lo que hace es dilapidar su capital natural o urbano para beneficio de terceros. Turistificación, significa desposesión y una destrucción de lo propio y genuino que ya jamás se va a recuperar. La creación de ocupación es otro de los tópicos al uso. Gran parte de los trabajadores del sector, tienen salarios que son la mitad de los trabajadores industriales (18.000 euros anuales frente a 40.000). El 80% de los contratos son temporales. Un mundo de precariedad con muchos efectos sociales colaterales. Escasea el “espacio” para los autóctonos y para los migrantes, los cuales son otro tipo de extranjeros, venidos, la mayoría, para servir a los otros extranjeros.

En el caso de Barcelona, el lobby turístico ha sido y es muy importante. La sintonía entre hoteleros y gestores municipales es grande. No se cuestiona el modelo turístico, acaso se interviene en atraer turismo de ferias y congresos internacionales y de más poder adquisitivo. Al menos de momento, el tema de los pisos turísticos y el prohibitivo precio de los alquileres queda pendiente de políticas activas. No se asume que el modelo Barcelona, especialmente desde el punto de vista de sus ciudadanos, está en absoluta crisis y resulta poco prorrogable y, aún menos, ampliable. La ciudad es prisionera de un modelo de desarrollo sobre el que no tienen casi ningún control y escaso futuro. A medio plazo, una oferta perdedora. En este punto, la turismomofobía no es para nada, una pulsión xenófoba, sino una forma de autodefensa ante el lobby turístico público-privado que despoja la ciudad a sus habitantes. Parques temáticos, construcción de “no-lugares” y privatizar y mercantilizar lo que es público."            (Josep Burgaya, Metropoli, 04/05/24)

19.5.23

Barcelona estuvo a punto de vivir el jueves una batalla campal que habría reventado la campaña... Sólo faltaba que saltase la chispa. El tranquilo barrio de la Bonanova podía ser el escenario de una batalla campal en una Barcelona políticamente incierta... Ese zafarrancho televisado no habría quedado circunscrito al ámbito local. Se habría convertido en signo del cuadro político general. En pocas palabras, asistimos la noche del jueves a un intento de reventar la campaña electoral en el minuto uno, el día en que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez , iba a ser recibido por el presidente de los Estados Unidos en Washington. De nuevo, Barcelona contrapunto violento en una España aparentemente tranquila. Ya sucedió en la última campaña de carácter general –la campaña de las elecciones legislativas de noviembre del 2019– y los contenedores en llamas de Barcelona influyeron de manera significativa en el resultado

 "El jueves por la noche, la noticia de serios disturbios en Barcelona podía haberse convertido en el pórtico de una campaña electoral muy agitada, una campaña en la que hay mucho en juego, muchísimo. Contenedores en llamas, cristales rotos, directos de televisión con los nervios a flor de piel, imágenes de violencia descontrolada, mientras en el resto de España empezaba la pegada de carteles con más o menos gracia sobre un fondo de calma social. Podía haber ocurrido.

De nuevo, Barcelona contrapunto violento en una España aparentemente tranquila. Podía haber ocurrido. Ya sucedió en la última campaña de carácter general –la campaña de las elecciones legislativas de noviembre del 2019– y los contenedores en llamas de Barcelona influyeron de manera significativa en el resultado. 

Barcelona estuvo a punto de vivir el jueves una batalla campal que habría reventado la campaña

Podía haber ocurrido y los Mossos d’Esquadra lo impidieron. El consejero de Interior de la Generalitat de Catalunya, Joan Ignasi Elena , leyó correctamente la situación que podía generarse en el barrio de la Bonanova si los matones de Desokupa llegaban a las manos con los ocupantes ilegales de dos edificios propiedad de la Sareb, el banco malo creado durante la última crisis económica para hacerse cargo de los activos problemáticos de las cajas de ahorro.

Sólo faltaba que saltase la chispa. El tranquilo barrio de la Bonanova podía ser el escenario de una batalla campal en una Barcelona políticamente incierta, en la que los resultados electorales aún no están del todo decantados como pone de manifiesto la encuesta de Ipsos que hoy publica La Vanguardia .

 Ese zafarrancho televisado no habría quedado circunscrito al ámbito local, sin embargo. Se habría convertido en signo del cuadro político general. En pocas palabras, asistimos la noche del jueves a un intento de reventar la campaña electoral en el minuto uno. Las imágenes de los contenedores ardiendo en Barcelona habrían perforado los telediarios, trastocando toda la escaleta informativa del día en que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez , iba a ser recibido por el presidente de los Estados Unidos en Washington. Sánchez en las nubes de la alta política; Barcelona, en el infierno del conflicto social sin salida. Ese podía ser el guion. El combate político es hoy una lucha de guiones.

Un gran despliegue de los Mossos d’Esquadra evitó que un conflicto en un barrio de Barcelona, de objetivo interés para los partidos que pugnan por la alcaldía, fuese privatizado por una empresa. Una cosa es el legitimo debate político y otra la intervención directa de los matones en la fábrica de la política. El jueves por la noche, el poder público evitó en Barcelona la privatización de un conflicto que debe ser resuelto mediante la deliberación en las instancias representativas y la aplicación de la ley. Una empresa privada quiso convertirse en actor político de primera plana, generando una situación de máxima tensión en Barcelona pocas horas del inicio de una campaña electoral de alto voltaje. En algunas calles de la Bonanova se oyeron graves insultos contra la alcaldesa de Barcelona, mientras se coreaban consignas hitlerianas.

 Esa inquietante novedad trasciende la información local de Barcelona. Barcelona siempre es laboratorio, para bien y para mal. Barcelona siempre adelanta alguna cosa. La última novedad, la del jueves, nos habla un posible cambio en la dinámica de los conflictos sociales en España. Está regresando el tiempo de los mercenarios. Hay mercenarios en las guerras. Los vimos en Irak y los estamos viendo ahora en Ucrania. Volveremos a ver mercenarios en los conflictos sociales. Las escuadras fascistas empezaron así en los años veinte del siglo pasado.

El poder público evitó la privatización del conflicto de la Bonanova leyendo correctamente lo que estaba sucediendo y cuáles podían ser las consecuencias. El gobierno de la Generalitat, con algunos problemas de gestión muy significativos estas últimas semanas, ha demostrado inteligencia en este episodio. La policía catalana cumplió con su deber el jueves por la noche. El viernes al mediodía, la Bonanova ya se había eclipsado en las escaletas informativas."              (Enric Juliana, La Vanguardia, 14/05/23)

17.5.23

Colau y su equipo han protagonizado un fenómeno único en el España y en Europa. No es ya el lawfare que ha convocado, sino su grado de intensidad. Esta mañana a primera hora Colau, que ha visto cómo se sobreseían más de diez causas judiciales, aún tiene cuatro casos, penales, abiertos... La erosión sufrida por Colau habla de cierta crispación inducida, nacida en torno a unos medios de comunicación, muy progubernamentales y verticalizados... En esos medios, en ocasiones a través de una suerte de humor, se vertebran estados de ánimo próximos al odio... a pesar de todo, los buenos resultados esperados hablan de Comuns como un grupo central... es uno de los que más posibilidades tiene de establecer alianzas amplias

 "(...) 4- Colau/Comuns significa, junto a Cádiz, el único ayuntamiento con una relación intelectual y estética con los idus de 2011. La relación del pack comuns con el procesismo –y, me temo, también con el posprocesismo, con las reformas cutres y de escasa calidad democrática en el Código Penal– sesgó las posibilidades de Comuns en el ámbito español –llegó a ser el partido catalán más votado en dos elecciones generales; no es el caso hoy–, y las redujo sensiblemente en el ámbito catalán. 

No obstante, en el ámbito municipal, Comuns es otro cantar. Es una voz solitaria –sin medios de comunicación acólitos; más bien lo contrario–, importante y respetada en el municipalismo europeo, en el que BCN es una suerte de lo que fue Bologna hasta los 80. Las superilles –en BCN una illa es una manzana de casas; una superilla es la restricción del tráfico y la reurbanización del espacio público en un tramo de manzanas, en el que prima el peatón y el vecino– repercuten en la vida de la ciudad. 

Son un fenómeno que se exporta a otros municipalismos europeos, como París, y que plantea un tipo de ciudad sin coches, imparable, visto lo visto. Pero también es un fenómeno que repercute en el precio de venta y alquiler en las zonas afectadas. Lo que habla de la dificultad de gestión política del urbanismo y la ciudad en, snif, el neoliberalismo, ese poder constante y no institucional. El Ajuntament de BCN es, a su vez, un fenómeno municipal extraño, único en la Península.

 Es una suerte de Estado, con competencias en educación, sanidad, vivienda, bienestar... La vertebración de todo ese poder se ha notado en la ciudad en la crisis pandémica, y en la actual crisis. Sobre las políticas municipales emitidas, un dato importante: su recepción. Curiosa, como poco. Colau y su equipo han protagonizado un fenómeno único en el Estado y en Europa. No es ya el lawfare que ha convocado, sino su grado de intensidad. Esta mañana a primera hora Colau, que ha visto cómo se sobreseían más de diez causas judiciales, aún tiene cuatro casos –penales– abiertos. 

Se trata, fundamentalmente, de causas por el pack urbanismo y vivienda, y otras más variopintas, detrás de las cuales hay empresas de suministros, como lo es el agua. La erosión sufrida por Colau habla de la agenda política del Ajuntament. Y también habla de ello un fenómeno nuevo: cierta crispación inducida, nacida en torno a unos medios de comunicación, muy progubernamentales y verticalizados, como se vio en 2017. En esos medios, en ocasiones a través de una suerte de humor, se vertebran estados de ánimo próximos al odio. 

Fundamentalmente, ante las restricciones al tráfico. Lo que dibuja cierto negacionismo derechista ante el calentamiento global, menos gore que en Doñana, si bien igual de cafre y reaccionario. La inversión en juicios y en información chunga, y la resiliencia, los buenos resultados esperados, incluso, hablan de Comuns como un grupo central. A pesar de ser el grupo más opuesto al resto de grupos del pelotón, es uno de los que más posibilidades tiene de establecer alianzas amplias y poco restrictivas. (...)"               (Guillem Martínez, CTXT, 12/05/23)

16.5.23

La batalla electoral de Barcelona no se disputa en el terreno de los proyectos... Lo ocurrido con los okupas en la Bonanova, un caso de libro de construcción táctica y burda del acontecimiento, indica que algunas maniobras para desgastar al equipo de Colau consiguen el efecto contrario. La irrupción de Desokupa provoca rechazo incluso entre sectores que, probablemente, no son cercanos a los comunes, y pone en una situación incómoda a Xavier Trias, que ve achicado su espacio... El episodio de la Bonanova revela el vacío narrativo que planea sobre la campaña de Barcelona (y la de Catalunya entera) tras el maragallismo

 "La batalla electoral de Barcelona no se disputa en el terreno de los proyectos, aunque parezca que es así. Los contrarios a Ada Colau no ofrecen un proyecto alternativo a la actual alcaldesa, simplemente emiten el mensaje de que con lo suyo la ciudad irá mejor. Además, es difícil –por no decir imposible– que todos los que quieren un cambio en el ayuntamiento barcelonés puedan ponerse de acuerdo en un relato compacto y unas políticas coherentes. Obviamente, eso no sería la mayor dificultad si fuera posible una suma de partidos bajo la bandera de echar a Colau. El proyecto de los comunes, por otro lado, ya no es aquel con el que la otrora activista llegó al poder, en 2015, todavía con el impulso del 15-M.

Lo ocurrido con los okupas en la Bonanova indica que algunas maniobras para desgastar al equipo de Colau consiguen el efecto contrario. La irrupción de Desokupa provoca rechazo incluso entre sectores que, probablemente, no son cercanos a los comunes, y pone en una situación incómoda a Xavier Trias, que ve achicado el espacio para colocar mensajes matizados sobre el problema. Lo que puedan pescar PP, Vox, Cs o Valents a propósito de este episodio no será muy relevante. El campo de los indecisos –que son muchos en Barcelona– está en el centro-izquierda, y señala la importancia de las fronteras de Colau con el PSC; las de Trias con los socialistas, ERC, una franja de votantes populares y la abstención; las de Collboni con Colau y Trias, y las de Ernest Maragall con Junts, comunes y, tal vez, la CUP. Durante la campaña, será en esas fronteras donde se jugarán las mayorías para el día 29.

A falta de proyectos bien formulados, se votará por las caras y por lo atmosférico

El episodio de la Bonanova -un caso de libro de construcción táctica y burda del acontecimiento– revela el vacío narrativo que planea sobre la campaña de Barcelona (y la de Catalunya entera). Dado que el relato del procés ha sido borrado, evitado o congelado ahora por casi todos los candidatos barceloneses, lo que aparece ante los ojos del público es una evidencia: tras el maragallismo, nadie ha pensado a fondo la capital catalana. En los comicios de hace cuatro años, el procés dio un sentido a la campaña local, de ahí que –como remate final– el paracaidista Valls invistiera a Colau, tras haberse presentado como la solución para echarla: todo por la patria, había que impedir un alcalde independentista.

Colau, con el concurso de algunos herederos del maragallismo (léase Jordi Martí Grau, hombre fuerte del gobierno municipal), gestiona la ciudad con más habilidad que en su primer mandato. Es cierto que su estilo ha generado un fuerte rechazo en un sector que se hace oír, pero también ha logrado apoyos importantes en otros sectores sociales, que van a movilizarse. Los que están de acuerdo con las políticas de Colau no se han manifestado por las calles, pero existen. Todas las encuestas lo reflejan. Al final, y en ausencia de proyectos bien formulados, se votará por las caras y por lo atmosférico. Todo candidato transmite una atmósfera. Salvo Collboni, que cuenta con el cohete de unas siglas al alza, el resto debe llenar el vacío con algo que está más allá y más acá de las palabras (es decir, de las promesas)."                 (Francec Marc-Álvaro, La Vanguardia, 15/05/23)

8.5.23

Barcelona compra para alquiler social a Blackstone un bloque en el Raval que fue símbolo contra los desahucios

 "El Ayuntamiento de Barcelona ha cerrado en las últimas semanas la compra de dos bloques de viviendas para hacer alquiler social, uno de ellos un emblemático edificio del Raval propiedad del fondo buitre Blackstone y que fue símbolo contra los desahucios. El otro inmueble, comprado también a través de la fórmula de tanteo y retracto, está en la recientemente peatonalizada calle Consell de Cent. En total, son una veintena de pisos.

La adquisición del bloque de Blackstone, en la calle Hospital, ha costado dos millones de euros, mientras que la de Consell de Cent, en el Eixample, 1,8. Entre 2015 y 2023, durante el mandato de Ada Colau, el consistorio ha adquirido un total de 1.600 viviendas y 51 edificios. La inversión total ha sido de 200 millones de euros, contando el valor de compra más las rehabilitaciones necesarias.El edificio de Blackstone se trata de una finca de nueve viviendas, donde en cuatro de las cuales ya viven familias en situación de vulnerabilidad, después de que el Ayuntamiento llegara hace cuatro años a un acuerdo con la propiedad para que pudieran quedarse a cambio de pagar un alquiler social y asequible. Las otras cinco viviendas, que actualmente se encuentran vacías, se destinarán al parque de alquiler social municipal, también para familias vulnerables.

El edificio de Consell de Cent, situado entre las calles de Calàbria y Viladomat, es una propiedad vertical en manos de una familia y tiene once viviendas, todas ocupadas por familias que viven en alquiler, dos de ellas con una renta antigua. El importe de la compraventa ha sido de 1,8 millones a los que hay que sumar 547.794 euros para rehabilitar el bloque. El coste total de la operación es de 2,4 millones.

Según el consistorio, esta estimación sale de la inspección realizada por los servicios técnicos del Instituto Municipal de la Vivienda y Rehabilitación (IMHAB), que han concluido que el edificio se encuentra en buenas condiciones generales, pero a la vez han detectado deformaciones en los suelos de la mayor parte de las viviendas, las instalaciones eléctricas son obsoletas y es necesaria una revisión de las instalaciones de agua.

Asimismo, indican fuentes del Instituto Municipal de Vivienda que el importe final en este caso es un 27,12% inferior a la media de las transmisiones por compraventa de inmuebles en la zona izquierda del Eixample, situada en los 4.775,20 euros por metro cuadrado."          (Pau Rodríguez  , eldiario.es, 28 de abril de 2023)

12.1.23

La unidad antidesahucios de Barcelona, reconocida por las Naciones Unidas

 "El servicio municipal de la unidad antidesahucios de Barcelona ha sido reconocido con el premio World Habitat de bronce, organizado conjuntamente por la agencia de las Naciones Unidas UN-Habitat y la oenegé World Habitat. El galardón pone en valor las buenas prácticas en materia de vivienda, urbanismo o naturaleza en el mundo desde hace 35 años. En este caso, han querido destacar el trabajo de esta unidad, creada en 2016 por el Ayuntamiento para mediar entre los juzgados, la propiedad y las familias vulnerables.

Según fuentes municipales, el servicio ha atendido a 14.000 familias desde su puesta en marcha con una media de una cincuentena de casos a la semana, de los que nueva de cada diez desahucios se han suspendido a raíz de la actuación de esta unidad y de la movilización de los movimientos sociales. El Consistorio prevé reforzar este programa con un equipo jurídico propio y una inversión de cinco millones en dos años.

 No ha sido la única iniciativa catalana premiada. La cooperativa de viviendas con sede en Barcelona, Sostre Cívic, también ha sido premiada con el World Habitat de plata. En colaboración con el gobierno municipal, la entidad ha construido 57 viviendas en tres promociones en suelo municipal (en Princesa 49, La Balma en Poblenou y Pla del Cirerers en Nou Barris) y hay previstas dos promociones más con 106 viviendas, en Can 70 en Sarrià y en los cuarteles de Sant Andreu.

Estos reconocimientos llegan en un momento en el que se negocia la nueva ley de vivienda en el Gobierno y en el Congreso de los Diputados. Una normativa a la que el Ayuntamiento de Barcelona ha enviado sus propuestas, como la mediación obligatoria en los casos de pequeños propietarios y que los grandes tenedores tendrían que asumir la obligatoriedad de ofrecer un alquiler social."                 (La Vanguardia, 04/01/23)