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19.1.26

Trump quiere luchar contra los cárteles de la droga con "el uso de la fuerza letal para sustituir la fallida estrategia de las últimas décadas basada únicamente en la aplicación de la ley”... Pero no se puede derrotar a los cárteles con ataques militares. Para fabricar fentanilo, básicamente se necesita una tienda de campaña y 5 dólares en productos químicos para fabricar mil pastillas... en cuanto bombardeas una, aparece otra... Estados Unidos lleva 50 años librando una guerra contra las drogas. Pero hoy se cultiva más coca –y se procesa e importa más cocaína a Estados Unidos– que al comienzo del Plan Colombia... los cárteles siempre han estado compinchados con la proyección militarista de Estados Unidos. Todos sabemos que Estados Unidos colaboró estrechamente con fuerzas represivas del ejército implicadas en el cultivo y el crecimiento de la industria de la cocaína, ya fuera Pinochet en Chile o los coroneles de la cocaína en Bolivia o en Colombia... John Stockwell, un exagente de la CIA, dijo en su momento: “No hay ninguna operación importante en ninguna parte del mundo que haya llevado a cabo la CIA en la que no haya dejado tras de sí un gran cártel de la droga”. Se refería a Italia en 1947-48, cuando la CIA utilizó a Lucky Luciano para derrotar a los comunistas y le permitió, básicamente, establecer el comercio moderno de heroína procedente de Turquía... La idea de que, de alguna manera, un mayor militarismo va a acabar con los cárteles de la droga es una fantasía que lleva más de cincuenta años vigente. Pero es difícil conseguir que alguien en Estados Unidos se preocupe por estas cuestiones. La única forma de avanzar es empezar a tratar las drogas como un problema social, tal y como propusieron algunas importantes figuras del establishment latinoamericano durante la Administración de Obama. Pero la gente de Obama ni siquiera fingió morder el anzuelo. Porque eso implicaría abordar la demanda de drogas en Estados Unidos y perseguir a los bancos y al blanqueo de capitales. La misma desregulación del sector financiero que trajo consigo a Jeffrey Epstein nos trajo también a los cárteles (Greg Grandin)

 "La última Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos es un documento de 30 páginas (...)

 El documento también habla de: 

“Despliegues selectivos para asegurar la frontera y derrotar a los cárteles, incluyendo, cuando sea necesario, el uso de la fuerza letal para sustituir la fallida estrategia de las últimas décadas basada únicamente en la aplicación de la ley”. 

Así que no están yuxtaponiendo la aplicación de la ley con algún tipo de visión social de rehabilitación, no: ¡Están yuxtaponiendo la aplicación de la ley con un militarismo aún más duro! Pero no se puede derrotar a los cárteles con ataques militares. Para fabricar fentanilo, básicamente se necesita una tienda de campaña y 5 dólares en productos químicos para fabricar mil pastillas. Bombardear esas instalaciones es como bombardear los ultramarinos del Bronx: en cuanto bombardeas uno, aparece otro.

El hecho es que Estados Unidos lleva 50 años librando una guerra contra las drogas. Pero hoy se cultiva más coca –y se procesa e importa más cocaína a Estados Unidos– que al comienzo del Plan Colombia. En cierto modo, la situación es análoga a lo ocurrido en Afganistán, donde gastamos miles de millones de dólares en una guerra de dos décadas para derrocar a los talibanes, y terminamos reinstaurándolos en el poder. Lo mismo ocurre con los cárteles, que siempre han estado compinchados con la proyección militarista de Estados Unidos. Todos sabemos que Estados Unidos colaboró estrechamente con fuerzas represivas del ejército implicadas en el cultivo y el crecimiento de la industria de la cocaína, ya fuera Pinochet en Chile o los coroneles de la cocaína en Bolivia o en Colombia. Al mismo tiempo, ¡la DEA está dando a estos mismos actores millones de dólares para erradicar la cocaína! John Stockwell, un exagente de la CIA, dijo en su momento: “No hay ninguna operación importante en ninguna parte del mundo que haya llevado a cabo la CIA en la que no haya dejado tras de sí un gran cártel de la droga”. Se refería a Italia en 1947-48, cuando la CIA utilizó a Lucky Luciano para derrotar a los comunistas y le permitió, básicamente, establecer el comercio moderno de heroína procedente de Turquía y otros lugares de Oriente, que se procesaba en lugares como Sicilia y luego se exportaba a Europa y Estados Unidos. 

Algo similar ocurre con la migración procedente de Centroamérica, que se disparó después de que la región firmara acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. Todos los políticos ofrecen la misma fórmula: “Necesitamos un Plan Marshall, una Alianza para el Progreso, desarrollo empresarial”, etcétera. La idea es que, de alguna manera, al desarrollar estos países, detendremos la migración masiva. Pero lo cierto es que toda la ayuda al desarrollo de Estados Unidos se destina a construir la infraestructura de una mayor desposesión neoliberal. (...)" 

(Entrevista a Greg Grandin, Sebastiaan Faber / Álvaro Guzmán Bastida  , CTXT, 19/01/26)  

25.11.25

¿Un golpe de estado inminente en México? El 15 de noviembre, protestas incendiarias azotaron más de 50 ciudades de México... Sheinbaum ha denunciado que las violentas manifestaciones fueron «un movimiento promovido desde el extranjero contra el gobierno». Hay sólidas razones para creer que esto fue así... un amplificador local clave de las protestas fue el medio de comunicación Animal Político, una rama de la Fundación Nacional para la Democracia (NDD), una fachada declarada de la CIA... Además, el expresidente mexicano Vicente Fox asistió a las protestas. Otro partidario destacado fue el oligarca Ricardo Salinas Pliego, el tercer hombre más rico de México... Washington parece estar nuevamente tramando la caída del gobierno venezolano... Sheinbaum, quien se opone firmemente a las maquinaciones estadounidenses en Latinoamérica, representa un obstáculo importante para lograr ese objetivo. Es lógico que el Imperio deba neutralizarla primero, antes de apuntar su mira a otros lugares de la región... Puede que no sea casualidad que el recrudecimiento de la agitación antigubernamental, con apoyo extranjero, que se desató en México se produjera poco después de que se rumoreara que la administración Trump estaba considerando enviar fuerzas y agentes de inteligencia estadounidenses al país para llevar a cabo agresivas operaciones encubiertas supuestamente dirigidas a los cárteles... Algunos drones que utilizarían las fuerzas especiales requieren operadores en el terreno para su uso eficaz y seguro. Una acción similar se planteó previamente en abril, lo que provocó una firme reprimenda de Sheinbaum... además, Sheinbaum ha desmentido públicamente las afirmaciones del presidente estadounidense sobre la existencia de pruebas que vinculan al líder venezolano Nicolás Maduro con el narcotráfico... Sheinbaum podría ser destituida por Washington porque, desde la perspectiva de la CIA, la mano dura de la presidenta mexicana contra los cárteles locales podría estar teniendo demasiado éxito para su propio bien. Es notable que estos esfuerzos no se hayan llevado a cabo en gran medida en coordinación con Washington... el veterano investigador del estado profundo, Peter Dale Scott, revela que es difícil, si no imposible, prosperar en el narcotráfico sin la protección de la CIA... Un ejemplo palpable de este fenómeno lo constituye el extraordinario ascenso del Cártel de Guadalajara. A cambio de una comisión del 25% de sus ganancias, el Cártel de Guadalajara quedó exenta de repercusiones legales... No se sabe si Sheinbaum, sin darse cuenta, ha infringido las normas en su lucha contra el crimen organizado en su país. Sin embargo, las violentas protestas han proporcionado a Washington una munición enormemente útil... Trump dijo que la acción militar «para frenar las drogas» allí «me parece bien» (Kit Klarenberg)

 "El 15 de noviembre, protestas incendiarias azotaron más de 50 ciudades de México. Los medios occidentales adoptaron universalmente la narrativa que la descontenta «Generación Z» local buscaba para desahogar su ira justificada contra el gobierno, la corrupción y los supuestos vínculos de la administración con los cárteles de la droga. Las imágenes de enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los manifestantes se extendieron como la pólvora, y muchos medios destacaron ampliamente que la revuelta dejó al menos 120 heridos. Pocos reconocieron que la abrumadora mayoría de los heridos —100— eran policías.

Un reportaje del New York Times dejó en claro los designios insurreccionales de quienes causan el caos en las calles de México. «El objetivo de esta marcha es precisamente destituir a la presidenta y demostrar nuestra indignación, que el pueblo no la apoya», dijo un manifestante. Curiosamente, la cobertura mediática del alboroto estuvo ausente de cualquier reconocimiento de la popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum, con la que los líderes occidentales solo pueden fantasear. Las encuestas a lo largo de su primer año en el cargo indican que entre el 70% y el 80% del público la apoya.

Sheinbaum ha denunciado que las violentas manifestaciones fueron «inorgánicas», «pagadas» y «un movimiento promovido desde el extranjero contra el gobierno». Hay sólidas razones para creer que esto fue así. Por ejemplo, un amplificador local clave de las protestas y la supuesta brutalidad policial fue el medio de comunicación Animal Político . El Instituto Nacional Demócrata (NDI), una rama de la Fundación Nacional para la Democracia (NDD), una fachada declarada de la CIA , incluye a la organización entre sus «socios». El periódico mexicano Milenio ha documentado en detalle la cuantiosa financiación estadounidense del medio de noticias.

Además, el expresidente mexicano Vicente Fox asistió a las protestas y publicó extensamente en redes sociales en apoyo a los manifestantes. En 2001, recibió el Premio Anual a la Democracia de la NED. Otro partidario destacado fue el oligarca Ricardo Salinas Pliego, el tercer hombre más rico de México . En marzo de 2023 , en colaboración con la oscura Atlas Network , fundó la Universidad de la Libertad para promover los principios del libre mercado, el desarrollo empresarial y la innovación en el país.

Atlas Network comprende una red de think tanks libertarios, financiados por importantes corporaciones estadounidenses, con vínculos profundos y sólidos con fundaciones y agencias de inteligencia occidentales, incluyendo la NED. La propia Red destina millones anualmente a «apoyar a organizaciones pro libertad» en todo el mundo. Un beneficiario histórico de su generosidad es el Centro para la Difusión de Información Económica (CEDICE), con sede en Venezuela, que operó en la vanguardia del golpe de Estado orquestado por Estados Unidos en abril de 2002 que derrocó temporalmente al presidente electo Hugo Chávez.

Hoy en día, Washington parece estar nuevamente tramando la caída del gobierno venezolano. Un enorme despliegue militar en todo el país y acciones beligerantes en el Caribe, supuestamente destinadas a frustrar las operaciones de narcotráfico dirigidas por Caracas, podrían ser presagios de una invasión total. La admirada Sheinbaum, quien se opone firmemente a las maquinaciones estadounidenses en Latinoamérica, representa un obstáculo importante para lograr ese objetivo. Es lógico que el Imperio deba neutralizarla primero, antes de apuntar su mira a otros lugares de la región.

‘Justificación legal’

Puede que no sea casualidad que el recrudecimiento de la agitación antigubernamental, con apoyo extranjero, que se desató en México se produjera poco después de que se rumoreara que la administración Trump estaba considerando enviar fuerzas y agentes de inteligencia estadounidenses al país para llevar a cabo agresivas operaciones encubiertas supuestamente dirigidas a los cárteles. El 3 de noviembre, la NBC informó que esta «nueva misión» representaría una ruptura con el enfoque de anteriores gobiernos estadounidenses, que hasta entonces habían «desplegado discretamente equipos de la CIA, militares y policiales» para «apoyar a las unidades locales de la policía y el ejército» en la lucha contra las bandas de narcotraficantes.

Si la misión recibe luz verde definitiva, el gobierno planea mantener el secreto y no hacer públicas las acciones asociadas, como ha hecho con los recientes atentados con bombas contra barcos sospechosos de traficar drogas. Bajo la nueva misión, las tropas estadounidenses en México utilizarían principalmente drones para atacar laboratorios de drogas, así como a miembros y líderes de cárteles. Algunos drones que utilizarían las fuerzas especiales requieren operadores en el terreno para su uso eficaz y seguro.

Una acción similar se planteó previamente en abril, lo que provocó una firme reprimenda de Sheinbaum. La presidenta declaró: «Estados Unidos no va a venir a México con militares. Cooperamos, colaboramos, pero no habrá una invasión. Eso está descartado, absolutamente descartado». Sin embargo, NBC señala que si bien Washington «preferiría coordinarse con el gobierno mexicano en cualquier nueva misión contra los cárteles de la droga… las autoridades no han descartado operar sin esa coordinación».

Una acción militar estadounidense en México sin la aprobación estatal representaría una violación absolutamente flagrante y sin precedentes de la soberanía del país. Además, a petición de Washington, Sheinbaum ya ha desplegado 10,000 soldados en la frontera con Estados Unidos, ha incrementado significativamente las incautaciones de fentanilo y ha extraditado a 55 altos cargos de los cárteles a Estados Unidos. Sin embargo, estas escaladas parecen insuficientes, lo que plantea dudas obvias sobre si hay un motivo oculto tras la nueva misión de la administración Trump, para la cual personal militar de élite y de la CIA aparentemente ya ha comenzado a entrenarse.

Una explicación podría ser que Sheinbaum representa un potente obstáculo para el cambio de régimen en Caracas, un objetivo monstruoso que Trump persiguió durante gran parte de su primer mandato y que se ha intensificado en los últimos meses. Sheinbaum ha desmentido públicamente las afirmaciones del presidente estadounidense sobre la existencia de pruebas que vinculan al líder venezolano Nicolás Maduro con el narcotráfico, ha pedido un diálogo constructivo entre ambos y ha condenado repetidamente los ataques aéreos extrajudiciales estadounidenses contra barcos que supuestamente transportaban drogas, que han causado la muerte de decenas de personas potencialmente inocentes.

Estos ataques, que comenzaron en septiembre, se perciben ampliamente como un preludio a una invasión estadounidense a Venezuela y se han llevado a cabo con frecuencia en aguas territoriales mexicanas. Además de admitir abiertamente que no están seguros de que las embarcaciones atacadas transporten narcóticos y de que se desconoce la identidad de las víctimas, los funcionarios de la administración Trump han tenido dificultades para justificar legalmente los ataques mortales. El 30 de octubre , se convocó una sesión informativa bipartidista clasificada en el Congreso, en la que representantes del gobierno intentaron explicar sus razones.

Los asistentes de ambos partidos políticos estadounidenses a las primarias «no quedaron satisfechos con el nivel de información proporcionada, ni mucho menos con el nivel de justificación legal», se quejó el republicano Mike Turner. Por su parte, la demócrata Sara Jacobs declaró: «No estoy convencida de que lo que dijeron fuera exacto», concluyendo que la estrategia del gobierno «en realidad no se trata de abordar» el flujo de narcóticos hacia Estados Unidos ni de desmantelar las redes de narcotráfico en Latinoamérica. Sus comentarios podrían ser más esclarecedores de lo que pretendía.

‘Grandes problemas’

Además de despejar una base para invadir Venezuela, Sheinbaum podría ser destituida por Washington porque, desde la perspectiva de la CIA, la mano dura de la presidenta mexicana contra los cárteles locales podría estar teniendo demasiado éxito para su propio bien. A los seis meses de asumir el cargo, la policía y las fuerzas de seguridad desmantelaron 750 laboratorios de drogas en todo el país, arrestaron a cerca de 20.000 miembros de cárteles e incautaron más de 140 toneladas de narcóticos. Los capos de la droga que evadieron la captura se han visto obligados a esconderse, mientras sufren pérdidas multimillonarias.

Es notable que estos esfuerzos no se hayan llevado a cabo en gran medida en coordinación con Washington. Esto plantea la posibilidad de que individuos y grupos atrapados en la cruzada anticartel de Sheinbaum —que ha sido elogiada en muchos ámbitos— podrían, de una u otra forma, haber estado trabajando para o con la CIA. Las investigaciones del veterano investigador del estado profundo, Peter Dale Scott, revelan cómo, desde la Segunda Guerra Mundial, el componente central del éxito de cualquier cártel internacional de la droga ha sido mantener constantemente una relación clandestina con la inteligencia estadounidense.

De hecho, según Scott, es difícil, si no imposible, prosperar en el narcotráfico sin la protección de la CIA. Un ejemplo palpable de este fenómeno lo constituye el extraordinario ascenso del Cártel de Guadalajara . Tras su fundación a finales de la década de 1970, el grupo se convirtió rápidamente en uno de los mayores proveedores de drogas de Norteamérica. La clave de su éxito fue su vínculo encubierto con la Dirección Federal de Seguridad (DFS) de México, creada por la CIA y con la que mantenía una estrecha relación.

A cambio de una comisión del 25% de las ganancias del Cártel de Guadalajara, la ultraviolenta organización de la droga no solo quedó exenta de repercusiones legales, sino que también recibió el apoyo activo del DFS. A principios de la década de 1980, las iniciativas antidrogas conjuntas entre Estados Unidos y México se centraron deliberadamente exclusivamente en pequeños narcotraficantes, eliminando así la competencia del Cártel. Como resultado, para 1982 México había reemplazado a Colombia como el principal proveedor de marihuana de Estados Unidos y suministraba hasta el 30% de la cocaína del país. Durante todo este tiempo, la CIA y la DEA no hicieron nada, a pesar de conocer plenamente las actividades del Cártel.

Guadalajara podría seguir operando hoy, de no ser por el secuestro, la brutal tortura y el asesinato del agente de la DEA Enrique Salazar en febrero de 1985. Las acusaciones de que la CIA y el FDS conspiraron en su asesinato para ocultar su complicidad con el narcotráfico latinoamericano han abundado desde hace tiempo. Sin embargo, el asesinato de Salazar fue tan espantosamente salvaje que generó una considerable presión pública y política estadounidense para que las autoridades mexicanas llevaran a los responsables ante la justicia. En cuatro años, varios de los líderes del Cártel fueron encarcelados y la empresa quebró.

No se sabe si Sheinbaum, sin darse cuenta, ha infringido las normas en su lucha contra el crimen organizado en su país. Sin embargo, las violentas protestas han proporcionado a Washington una munición enormemente útil. Al comentar sobre los disturbios, Trump comentó : «Vi la Ciudad de México el fin de semana. Hay grandes problemas allí… No estoy contento con México». Añadió que la acción militar «para frenar las drogas» allí «me parece bien». Puede que se haya disparado la primera salva de una nueva guerra estadounidense."

( Kit Klarenberg, blog, 24/11/25, traducción Gaceta Crítica)

15.11.25

Una breve historia de la larga guerra contra las drogas en América Latina... los campesinos mexicanos, que durante mucho tiempo habían sido una fuente de marihuana, comenzaron a cultivar amapola para satisfacer la demanda de los soldados veteranos de Vietnam, habituados allí a la heroína... la CIA operaba su propia aerolínea, Air America, en el sudeste asiático, que contrabandeaba opio y heroína como una forma de apoyar la guerra secreta de esa agencia en Laos... Y el FBI utilizó el pretexto de la lucha contra las drogas para incriminar al activista afroamericano Martin Sostre, y a muchos otros, quién operaba una librería que se había convertido en el centro de la política radical negra de esa ciudad, con cargos falsos de venta de heroína... en Bolivia, la CIA ayudó a derrocar a un gobierno levemente izquierdista en el primero de una serie de lo que se conoció como "golpes de cocaína". Los "coroneles de la cocaína" de Bolivia entonces aceptaron tanto dinero como Washington estaba dispuesto a ofrecer para luchar contra su versión de la guerra contra las drogas, mientras facilitaban la producción de cocaína para la exportación al extranjero... los aliados de Pinochet comenzaron "a traficar drogas con impunidad," con la familia de Pinochet ganando millones exportando cocaína a Europa (con la ayuda de agentes de sus infames fuerzas de seguridad)... El cartel de Medellín donó millones de dólares a la campaña de Reagan contra el gobierno sandinista de izquierda de Nicaragua... Clinton lanzó el Plan Colombia, con aviones y productos químicos para la erradicación aérea de drogas, lo que mató a miles de campesinos colombianos, y a una devastación ecológica generalizada... Trump insiste en que la "guerra contra las drogas" no es una metáfora, que es una guerra real, y como tal posee poderes extraordinarios en tiempos de guerra, incluyendo la autoridad para bombardear México y atacar Venezuela. Considerando esta historia, ¿quién podría discutirlo? (Greg Grandin)

 "Hay una regla en la era de Donald Trump. Cuando se trata de él, simplemente no puedes descartar nada. Es cierto que, hace poco, cuando se le preguntó sobre la posibilidad de que ordenara ataques militares no solo contra barcos frente a la costa de Venezuela, sino también dentro de Venezuela, él respondió de manera contundente "no". Pero también ha dicho que las opciones militares siguen "sobre la mesa". Y qué extraño, si está planeando no hacer nada, que los buques de guerra estadounidenses ahora estén supuestamente posicionados para posibles ataques dentro de ese país, con destructores frente a su costa y un grupo de portaaviones que también ha entrado recientemente en el Caribe. Y no olvides las acciones encubiertas que su administración ya ha autorizado en secreto a la CIA para llevar a cabo dentro de ese país. O, para el caso, los supuestos barcos de "drogas" que su administración ha estado hundiendo regularmente en el Caribe (y el Océano Pacífico), aunque no tiene ni idea de quiénes están a bordo.

Ten en cuenta que estamos hablando del presidente que afirma haber terminado ocho guerras y se considera la persona más digna en la Tierra (sin excepción) para un Premio Nobel de la Paz. Pero el mundo de Donald Trump simplemente no podría ser más extraño o, al mismo tiempo, más predecible y — ¡sí! — más impredecible. Recientemente, en una publicación en las redes sociales, el senador Bernie Sanders señaló lo que es constitucionalmente obvio, aunque no, por supuesto, para el presidente y su equipo: "Trump está amenazando ilegalmente con la guerra con Venezuela, después de matar a más de 50 personas en ataques no autorizados en el mar." La Constitución es clara: solo el Congreso puede declarar la guerra. El Congreso debe defender la ley y poner fin al militarismo de Trump.

Qué verdaderamente extraño — y, aún más extraño, los recientes ataques de Trump a esos “barcos de drogas” en el Caribe y la continua “guerra contra las drogas” de este país tienen una historia distinta, que el habitual de TomDispatch, Greg Grandin, expone hoy de manera demasiado vívida. Cuando se trata de los Estados Unidos de América y sus presidentes, aunque Donald Trump ahora está subiendo la apuesta de manera notable, no hay nada remotamente nuevo en la desastrosa "guerra contra las drogas". 

 Hoy, Donald Trump preside sobre su propia Asesinato Incorporado, menos un gobierno que un escuadrón de la muerte.

Muchos desestimaron su proclamación a principios de su segundo mandato de que el Golfo de México a partir de ahora se llamaría el Golfo de América como una demostración de dominio tonta, pero inofensiva. Ahora, sin embargo, ha creado una masacre continua en el mar Caribe adyacente. El Pentágono ha destruido hasta ahora 18 lanchas rápidas allí y en el Océano Pacífico. No se ha presentado ninguna evidencia ni se han presentado cargos que sugieran que esos barcos estuvieran transportando drogas, como se afirma. La Casa Blanca simplemente ha seguido publicando videos de vigilancia desde una vista aérea (realmente, películas snuff) de un barco objetivo. Luego viene un destello de luz y desaparece, al igual que los humanos que llevaba, ya sean contrabandistas de drogas, pescadores o migrantes. Hasta donde sabemos, al menos 64 personas ya han sido asesinadas en tales ataques.

La tasa de eliminación está acelerándose. A principios de septiembre, Estados Unidos estaba atacando un barco cada ocho a diez días. A principios de octubre, uno cada dos días. Durante un tiempo, a partir de mediados de octubre, fue todos los días, incluyendo cuatro ataques solo el 27 de octubre. La sangre, al parecer, anhela sangre.

Y la zona de caza se ha estado expandiendo desde las aguas caribeñas frente a Venezuela hasta las costas colombianas y peruanas en el océano Pacífico.

Muchos motivos podrían explicar la compulsión de Trump por asesinar. Quizás disfrute de la emoción y la prisa de poder que proviene de dar órdenes de ejecución, o él (y el Secretario de Estado Marco Rubio) esperan provocar una guerra con Venezuela. Quizás considera que los ataques son distracciones útiles del crimen y la corrupción que definen su presidencia. El asesinato a sangre fría de latinoamericanos también es carne roja para las filas vengativas de los trumpistas, que han sido incitados por guerreros culturales como el vicepresidente JD Vance a culpar la crisis de opioides, que afecta desproporcionadamente a la base rural blanca del Partido Republicano, de una "traición" de la élite.

Los asesinatos, que Trump insiste son parte de una guerra más amplia contra los carteles de drogas y los traficantes, son horribles. Destacan la cruel insensibilidad de Vance. El vicepresidente ha bromeado sobre asesinar a pescadores y ha afirmado que "no le importa un carajo" si los asesinatos son legales. En cuanto a Trump, ha desestimado la necesidad de la autoridad del Congreso para destruir lanchas rápidas o atacar a Venezuela, diciendo: "Creo que simplemente vamos a matar gente." ¿De acuerdo? Vamos a matarlos. Van a estar, como, muertos.

Pero, como con tantas cosas trumpianas, es importante recordar que no podría hacer lo que hace si no fuera por las políticas e instituciones establecidas por demasiados de sus predecesores. Sus horrores tienen largas historias de fondo. De hecho, Donald Trump no está tanto escalando la guerra contra las drogas como escalando su escalada.

Lo que sigue entonces es una breve historia de cómo llegamos a un momento en que un presidente podría ordenar el asesinato en serie de civiles, compartir públicamente videos de los crímenes y encontrar que la respuesta de demasiados reporteros, políticos (Rand Paul siendo una excepción) y abogados fue poco más que un encogimiento de hombros, si no, en algunos casos, un aliento.

Una breve historia de la guerra más larga

Richard Nixon (1969-1974) fue nuestro primer presidente en la guerra contra las drogas.

El 17 de junio de 1971, con la Guerra de Vietnam aún en pleno apogeo, anunció una "nueva ofensiva total" contra las drogas. Nixon no usó la frase "guerra contra las drogas." Sin embargo, dentro de las 48 horas, decenas de periódicos en todo el país lo habían hecho, lo que sugiere que los miembros del personal de la Casa Blanca habían alimentado la frase militarizada a sus reporteros.

La llamada de Nixon a una ofensiva contra las drogas fue una respuesta directa a una historia explosiva publicada un mes antes en el New York Times, titulada "Epidemia de Adicción a la Heroína entre los G.I. en Vietnam." Decenas de miles de soldados estadounidenses eran adictos, con algunas unidades informando que más del 50% de sus hombres estaban usando heroína.

En las conferencias de prensa, Nixon ahora estaba siendo cuestionado no solo sobre cuándo y cómo planeaba terminar la guerra en Vietnam, sino también sobre si los usuarios de drogas en el ejército serían enviados a rehabilitación o castigados. ¿Qué, preguntó un periodista, iba a hacer él con los "soldados que están regresando de Vietnam con una adicción a la heroína?"

Lo que hizo fue lanzar lo que hoy podríamos considerar como el segundo acto de Vietnam, una expansión global de operaciones militares, enfocadas no en comunistas esta vez, sino en la marihuana y la heroína.

En 1973, poco después de que el último soldado de combate estadounidense abandonara el sur de Vietnam, Nixon creó la Agencia de Control de Drogas (DEA). Su primera gran operación en México se parecía inquietantemente a Vietnam. A partir de 1975, los agentes estadounidenses se adentraron en el norte de México, uniéndose a las fuerzas policiales y militares locales para llevar a cabo barridos militares y fumigaciones aéreas. Un informe lo describió como una campaña de terror de asesinato y tortura extrajudicial contra los productores rurales de marihuana y opio, en su mayoría campesinos pobres. La campaña trató a todos los aldeanos como si fueran el "enemigo interno." Bajo la cobertura de luchar contra las drogas, las fuerzas de seguridad mexicanas, suministradas con inteligencia por la DEA y la Agencia Central de Inteligencia, suprimieron ferozmente a los activistas campesinos y estudiantiles. Como escribió la historiadora Adela Cedillo, en lugar de limitar la producción de drogas, esa campaña llevó a su concentración en unas pocas organizaciones paramilitares estructuradas jerárquicamente que, a finales de la década de 1970, llegaron a ser conocidas como "cárteles".

Entonces, el primer frente de batalla completamente militarizado en la Guerra contra las Drogas ayudó a crear los cárteles que la actual iteración de la Guerra contra las Drogas está combatiendo ahora.

Gerald Ford (1974-1977) respondió a la presión del Congreso —notablemente del congresista demócrata de Nueva York Charles Rangel— comprometiéndose con una estrategia de "oferta" de atacar la producción de drogas en su origen (en lugar de intentar reducir la demanda en el país). Mientras que los países del sudeste asiático, junto con Afganistán, Pakistán e Irán, habían sido los principales proveedores de heroína para los EE. UU., los mexicanos, que durante mucho tiempo habían sido una fuente de marihuana, habían comenzado a cultivar amapola para satisfacer la demanda de los veteranos de Vietnam habituados a la heroína. Para 1975, estaba suministrando más del 85% de la heroína que entraba en los Estados Unidos. "Los acontecimientos en México no son buenos," le dijo un asistente de la Casa Blanca a Ford en preparación para una reunión con Rangel.

Ford aumentó las operaciones de la DEA en América Latina.

Jimmy Carter (1977-1981) apoyó la despenalización de la marihuana para uso personal y, en sus discursos y comentarios, enfatizó el tratamiento sobre el castigo. En el extranjero, sin embargo, la DEA continuó expandiendo sus operaciones. (Pronto estaría operando 25 oficinas en 16 países de América Latina y el Caribe.)

Ronald Reagan (1981-1989) reinó en una época en la que la política de drogas tomaría un giro hacia lo surrealista, fortaleciendo los vínculos entre la política de derecha y las drogas ilícitas.

Pero retrocedamos un poco. La convergencia entre la política de derecha y las drogas comenzó al final de la Segunda Guerra Mundial cuando, según el historiador Alfred McCoy, la inteligencia estadounidense en Italia empezó a depender del creciente "sindicato internacional de narcóticos" del jefe del crimen Lucky Luciano, que se extendería desde el mar Mediterráneo hasta el mar Caribe y desde Estambul hasta La Habana, para llevar a cabo operaciones encubiertas anticomunistas. Luego, en 1959, después de que la Revolución Cubana cerrara el lucrativo comercio de drogas de la isla, los traficantes se trasladaron a otros lugares de América Latina o a los Estados Unidos, donde también se unieron a la causa anticomunista.

La CIA luego utilizó a esos exiliados gánsteres en operaciones destinadas a desestabilizar el gobierno cubano de Fidel Castro y socavar el movimiento pacifista interno. Al mismo tiempo, la CIA operaba su propia aerolínea, Air America, en el sudeste asiático, que contrabandeaba opio y heroína como una forma de apoyar la guerra secreta de esa agencia en Laos. Y el FBI notoriamente utilizó el pretexto de la lucha contra las drogas para "exponer, interrumpir, desviar, desacreditar o de alguna otra manera neutralizar" a los disidentes políticos, incluidos los Panteras Negras. Trabajaron, por ejemplo, con la policía local en Buffalo, Nueva York, para incriminar al activista afroamericano Martin Sostre, quien operaba una librería que se había convertido en el centro de la política radical negra de esa ciudad, con cargos falsos de venta de heroína.

La creación de la Administración de Control de Drogas por parte de Nixon unió esos hilos, ya que sus agentes trabajaron en estrecha colaboración tanto con el FBI en los EE. UU. como con la CIA en América Latina. Cuando, después de que la guerra en Vietnam terminó en derrota, el Congreso intentó controlar a la CIA, sus agentes utilizaron la extensa red de la DEA en el extranjero para continuar sus operaciones encubiertas.

Para cuando Reagan se convirtió en presidente, la producción de cocaína en la región andina de América Latina estaba en pleno apogeo, con una dinámica curiosamente distintiva en funcionamiento: la CIA trabajaba con gobiernos de derecha y represivos involucrados en la producción de coca, mientras que la DEA trabajaba con esos mismos gobiernos para suprimir la producción de coca. Esa dinámica se captó perfectamente ya en 1971 en Bolivia, cuando la CIA ayudó a derrocar a un gobierno levemente izquierdista en el primero de una serie de lo que se conoció como "golpes de cocaína". Los "coroneles de la cocaína" de Bolivia entonces aceptaron tanto dinero como Washington estaba dispuesto a ofrecer para luchar contra su versión de la guerra contra las drogas, mientras facilitaban la producción de cocaína para la exportación al extranjero. El presidente Carter cortó la financiación para la interdicción de drogas a Bolivia en 1980. Reagan lo restableció en 1983.

El ascenso del dictador chileno General Augusto Pinochet siguió la misma dinámica. Pinochet enmarcó en parte su golpe de estado de 1973, apoyado por la CIA, contra el presidente socialista Salvador Allende como un frente en la guerra contra las drogas de Nixon. Trabajando estrechamente con la DEA, el general torturó y mató a narcotraficantes junto con activistas políticos como parte de su ola de represión posterior al golpe. Mientras tanto, los aliados de Pinochet comenzaron "a traficar drogas con impunidad," con la familia de Pinochet ganando millones exportando cocaína a Europa (con la ayuda de agentes de sus infames fuerzas de seguridad).

Una vez en el cargo, Reagan comenzó a escalar la guerra contra las drogas como lo hizo con la Guerra Fría — y el vínculo entre la cocaína y la política de derecha se estrechó. El cartel de Medellín donó millones de dólares a la campaña de Reagan contra el gobierno sandinista de izquierda de Nicaragua. Los lazos eran oscuros y conspirativos, parte de lo que McCoy ha denominado el "submundo encubierto", por lo que es fácil caer en el agujero de conejo del estado profundo tratando de rastrearlos, pero los detalles se pueden encontrar en los reportajes de Gary Webb, Robert Parry, Leslie Cockburn, Bill Moyers, John Kerry y 60 Minutes de CBS, entre otros.

George H.W. Bush (1989-1993) llevó a cabo un movimiento muy similar al de Trump al presentar al público su argumento de que la guerra contra las drogas necesitaba ser escalada. Hizo que la DEA fuera a la parte más pobre de Washington, D.C., para atrapar a un narcotraficante afroamericano de bajo nivel, Keith Jackson, pagándole para que viajara a la Casa Blanca y vendiera a un agente encubierto tres onzas de crack. Bush luego mostró las drogas en la televisión nacional para ilustrar lo fácil que era comprar narcóticos. Un estudiante de último año de secundaria, Jackson pasó ocho años en prisión para que Bush pudiera hacer una demostración en televisión.

El presidente entonces aumentó la financiación para la guerra contra las drogas, expandiendo las operaciones militares y de inteligencia en los Andes y el Caribe. Estos fueron los años de Miami Vice, cuando los esfuerzos por suprimir el contrabando de cocaína hacia Florida solo desplazaron las rutas de transporte por tierra a través de Centroamérica y México. La contribución más destacada de Bush a la Guerra contra las Drogas fue la Operación Causa Justa, en la que, unas semanas después de la caída del Muro de Berlín a finales de 1989, envió a 30,000 marines a Panamá para arrestar al autócrata Manuel Noriega bajo cargos de tráfico de drogas. Noriega había sido un activo de la CIA cuando Bush era el director de esa agencia. Pero con el fin de la Guerra Fría, ya no era útil.

Bill Clinton (1993-2001) intensificó las políticas "duras con las drogas" de su predecesor republicano. Mantuvo las sentencias mínimas obligatorias y aumentó el número de personas que cumplen condenas de cárcel por delitos relacionados con las drogas.

En su último año en el cargo, Clinton lanzó el Plan Colombia, que comprometió miles de millones de dólares más en la interdicción de drogas, pero con un giro: la privatización. Washington otorgó contratos a corporaciones mercenarias para llevar a cabo operaciones en el campo. DynCorp proporcionó pilotos, aviones y productos químicos para la erradicación aérea de drogas (lo que tuvo horribles consecuencias ambientales) y trabajó estrechamente con el ejército colombiano. Una start-up cibernética, Oakley Networks, ahora parte de Raytheon, también recibió dinero del Plan Colombia para proporcionar "software de vigilancia por Internet" a la Policía Nacional de Colombia, que utilizó la tecnología para espiar a los activistas de derechos humanos.

El Plan Colombia llevó a la muerte de cientos de miles de civiles y a una devastación ecológica generalizada. ¿El resultado? Las estimaciones varían, pero se cree que aproximadamente el doble de tierras colombianas están ahora dedicadas al cultivo de coca en comparación con el inicio del Plan Colombia en 2000 y la producción de cocaína se ha duplicado.

George W. Bush (2001–2009) volvió a escalar la guerra contra las drogas, aumentando la financiación para la interdicción tanto a nivel nacional como internacional. También instó al presidente de México, Felipe Calderón, a lanzar su propio asalto militar brutal contra los cárteles de drogas. Para cuando Calderón dejó el cargo, las fuerzas de seguridad y los carteles juntos habían matado o desaparecido a decenas de miles de mexicanos.

Conceptualmente, Bush vinculó la Guerra Global contra el Terrorismo posterior al 11-S con la Guerra Global contra las Drogas. "El tráfico de drogas financia el mundo del terror," afirmó.

Barack Obama (2009–2017), al igual que el presidente Carter, enfatizó el tratamiento sobre el encarcelamiento. No obstante, no tomó ninguna medida para poner fin a la guerra contra las drogas, continuando con la financiación del Plan Colombia y ampliando el Plan Mérida, que su predecesor había implementado para combatir a los carteles en Centroamérica y México.

En febrero de 2009, los expresidentes de Brasil, México y Colombia —Fernando Cardoso, Ernesto Zedillo y César Gaviria— publicaron un informe titulado “Drogas y Democracia: Hacia un Cambio de Paradigma,” que pedía el fin de la guerra contra las drogas, proponiendo en su lugar la despenalización y el tratamiento del consumo de drogas como un problema de salud pública. Los autores eran políticos del establishment, y Obama podría haber utilizado su informe innovador para ayudar a construir un nuevo consenso de salud pública sobre el consumo de drogas. Pero su Casa Blanca ignoró en gran medida el informe.

Donald Trump (2017–2021) aumentó el financiamiento ya elevado para las operaciones militarizadas contra las drogas en la frontera y en el extranjero, pidiendo la "pena de muerte" para los narcotraficantes. También sugirió la idea de lanzar “misiles a México para destruir los laboratorios de drogas,” pero hacerlo “silenciosamente” para que “nadie supiera que éramos nosotros.”

En el primer mandato de Trump, ofreció un adelanto ahora olvidado (al menos en los EE. UU.) del asesinato de civiles en barcos. El 11 de mayo de 2017, agentes de la DEA y sus contrapartes hondureños que viajaban en barco por el río Patuca abrieron fuego contra un taxi acuático que transportaba a 16 pasajeros. Desde arriba, un agente de la DEA en un helicóptero en círculo ordenó a un soldado hondureño que disparara su ametralladora contra el taxi. Cuatro murieron, incluyendo a un niño pequeño y dos mujeres embarazadas, y tres más resultaron gravemente heridas. El incidente involucró a 10 agentes estadounidenses, ninguno de los cuales sufrió consecuencias por la masacre.

Joe Biden (2021–2025) apoyó la desescalada en principio y de hecho disminuyó la financiación para la fumigación aérea de drogas en Colombia. También otorgó indultos generales a miles de personas condenadas por cargos federales relacionados con la marihuana. No obstante, al igual que los presidentes antes que él, continuó financiando la DEA y las operaciones militares en América Latina.

Donald Trump (2025-?) ha abierto un nuevo frente en la guerra contra los cárteles de drogas de México en Nueva Inglaterra. La DEA, trabajando con ICE y el FBI, afirma que en agosto realizó 171 "detenciones de alto nivel" de "miembros del cartel de Sinaloa" en todo Massachusetts y New Hampshire. El equipo de investigación "Spotlight" del Boston Globe, sin embargo, informa que la mayoría de los arrestados estaban involucrados en "ventas de drogas de bajo valor" o eran simplemente adictos, y no tenían ningún vínculo con el cartel de Sinaloa.

Trump insiste en que la "guerra contra las drogas" no es una metáfora, que es una guerra real, y como tal posee poderes extraordinarios en tiempos de guerra, incluyendo la autoridad para bombardear México y atacar Venezuela.

Considerando esta historia, ¿quién podría discutirlo? ¿O pensar que tal guerra podría terminar de otra manera que mal — o, para el caso, terminar alguna vez?" 

( Greg Grandin , TomDispatch, 13/11/25, traducción Quillbot, enlaces en el original)

12.8.25

Las guerras contra las drogas y la CIA, ahora y entonces... es la CIA, con su tráfico de drogas, la que mueve muchos hilos en los Estados Unidos y en otros lugares (Mark Wigg)

 "Las guerras contra las drogas comenzaron hace más de un siglo, cuando Gran Bretaña y Estados Unidos contrabandeaban opio a China. Los chinos perdieron dos guerras intentando acabar con las importaciones de opio. Varias de las mayores fortunas de Estados Unidos se iniciaron o se incrementaron gracias al contrabando de opio a China. Las familias Delano, Astor, Russel, Perkins y Forbes hicieron fortunas creando adicción al opio entre los chinos.

Saltando a la guerra de Vietnam, encontramos que Air America, de la CIA, contrabandeaba opio a los Estados Unidos. Esto permitió a la CIA disponer de millones de dólares para gastar sin tener que pedir dinero o aprobación al Congreso. A esto le siguieron las guerras en Centroamérica, donde la CIA introdujo cocaína en Estados Unidos. Muchas atrocidades fueron consecuencia de estas operaciones en Centroamérica, como el apoyo de Hillary Clinton al golpe de Estado en Honduras. El último presidente de Honduras fue finalmente arrestado y encarcelado por tráfico de drogas; él y Noriega probablemente no querían compartir suficientes ganancias del narcotráfico con la CIA, así que tuvieron que irse.

Más recientemente, la guerra de Afganistán fue una oportunidad que la CIA no podía dejar pasar. En 1999, bajo el régimen talibán, Afganistán prácticamente no produjo opio. Tras la toma de control por parte de Estados Unidos, Afganistán se convirtió en el principal proveedor mundial de opio. Miles de millones de dólares acabaron en manos de la CIA sin que se investigara cómo Estados Unidos permitió que eso sucediera. Esto le dio a la CIA dinero para desestabilizar y derrocar a cualquier país que quisieran.      

Creo que los chinos vieron lo que estaba pasando y decidieron socavar el tráfico de heroína impulsando el fentanilo. El fentanilo se abarató y se hizo tan accesible que la CIA decidió abandonar el comercio de opio afgano. Observe las estadísticas de muertes por sobredosis para ver cómo disminuyeron las muertes por heroína y aumentaron las muertes por fentanilo antes de que nos fuéramos de Afganistán. Un año después de la retirada de Estados Unidos de Afganistán, el país dejó de producir opio/heroína.

 Cuando comprendes que la CIA paga a las empresas de noticias para que publiquen o no publiquen ciertas historias, puedes entender por qué esto no es de conocimiento común. Cuando la gente intenta revelar esta información, sus aviones se estrellan (el senador Wellstone) o se suicidan con dos disparos en la cabeza (Gary Webb). Cuando nos referimos al Estado Profundo, debemos reconocer que es la CIA, con su tráfico de drogas, la que mueve muchos hilos en los Estados Unidos y en otros lugares."

(

22.6.24

Europa rezuma cocaína por los cuatro costados y España está enfarlopada hasta las cejas. Esta es una realidad que apenas trasciende... nunca ha habido tanta droga como en la actualidad, ni siquiera en los años dorados de los cárteles colombianos y los clanes gallegos... hay droga “en todas partes, de todo y para todos”... La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ya alertó que el conflicto en Ucrania suponía un terreno fértil para las drogas, dado que “las situaciones de conflicto pueden actuar como un imán para la fabricación de drogas sintéticas». Hemos aprendido que los períodos de grandes conflictos bélicos llevan aparejados grandes movimientos de drogas, y que sus enormes beneficios guardan una relación directa con las guerras imperialistas y el terrorismo... Los conflictos bélicos aumentan y los estupefacientes se multiplican. El tráfico de drogas conlleva violencia, la violencia conlleva inseguridad y la inseguridad abre la puerta a la extrema derecha, cerrando el círculo. Deberíamos reflexionar sobre quién se beneficia con su consumo

 "Europa rezuma cocaína por los cuatro costados y España está enfarlopada hasta las cejas. Esta es una realidad que apenas trasciende más allá de las páginas de sucesos pero que tiene evidentes repercusiones sociopolíticas y geoestratégicas. Solo en 2023, fueron incautados 100.000 quilos de cocaína en España, más del doble que el año anterior, batiendo todos los récords históricos. Para hacernos una idea comparativa, en 2011 la cantidad requisada apenas superó las 16 toneladas. Teniendo en cuenta que la cantidad de droga aprehendida supone apenas un pequeño porcentaje de la que se mueve y consume, las conclusiones son fáciles de realizar: nunca ha habido tanta droga como en la actualidad, ni siquiera en los años dorados de los cárteles colombianos y los clanes gallegos.

El último Informe Mundial sobre Drogas de la ONU, publicado en 2023, destacó que la producción de cocaína había alcanzado un máximo histórico en 2021, con más de 2,3 millones de quilos de la máxima pureza, y que las cifras crecen exponencialmente cada año. Son datos que corrobora la Fiscalía Antidroga española, señalando que hay droga “en todas partes, de todo y para todos”. Pero si es importante conocer las cifras, más importante aún es intentar averiguar las causas. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ya alertó en 2022 que el conflicto en Ucrania suponía un terreno fértil para las drogas, dado que “las situaciones de conflicto pueden actuar como un imán para la fabricación de drogas sintéticas». Y no solo las sintéticas. En las últimas décadas hemos aprendido que los períodos de grandes conflictos bélicos llevan aparejados grandes movimientos de drogas, y que sus enormes beneficios guardan una relación directa con las guerras imperialistas y el terrorismo. Los ejemplos son variados.

La producción de heroína en los años 70 en el llamado Triángulo de Oro (Laos, Birmania y Camboya) sirvió a la CIA para financiar sus operaciones anticomunistas en el Sudeste Asiático. Algo más tarde, utilizaron la producción de amapola en Afganistán para financiar la cruzada de los muyahidines contra las tropas soviéticas en ese país. El problema de salud pública generado por el consumo de heroína llevó a los talibanes a prohibir su plantación, pero la posterior invasión de la OTAN garantizó a Afganistán recobrar el primer puesto mundial en la producción de opio. Tras la salida por pies de la Alianza, los talibanes han erradicado el 95% de la producción y, casualmente, Birmania ha recuperado el liderato planetario después de que los militares ejecutaran un sangriento golpe de Estado a principios de 2021. En la actualidad, el gobierno militar birmano está haciendo frente a levantamientos armados en todo el país.

Marruecos, uno de los mayores productores mundiales de resina de cannabis, utiliza el tráfico de hachís para financiar el mantenimiento del Muro del Sáhara Occidental y de los 100.000 soldados marroquíes que lo vigilan diariamente. A pesar de las altas medidas de seguridad y los campos minados, los cargamentos de hachís son capaces de atravesar mágicamente el muro para viajar a zonas dominadas por organizaciones terroristas yihadistas activas en los países del Sahel.

En México, el desaparecido cártel de Los Zetas, considerado durante años como el más poderoso y sanguinario de México, estuvo integrado por militares de élite que habían sido entrenados por el Mossad y la CIA para combatir al EZLN.

En la actualidad, el partido republicano y Donald Trump amenazan con bombardear a los cárteles mexicanos para, supuestamente, combatir la epidemia de fentanilo que sufre su país. Recuerda la estrategia del combate al “narcoterrorismo” en época de Ronald Reagan, y la guerra sucia del Departamento de Estado en su llamado “patio trasero”. En 1996, el periodista de investigación Gary Webb destapó cómo la CIA permitió inundar de “crack” (cocaína sólida barata) los barrios pobres de Los Ángeles para financiar la Contra nicaragüense, durante la década de 1980.

Los conflictos bélicos aumentan y los estupefacientes se multiplican. El tráfico de drogas conlleva violencia, la violencia conlleva inseguridad y la inseguridad abre la puerta a la extrema derecha, cerrando el círculo. Deberíamos reflexionar sobre quién se beneficia con su consumo.(...)"                    (Dolores de Redondo, Mundo Obrero, 22/06/24)

28.2.23

Corrupción y fracaso de enfoque y acción de la DEA en el combate a las drogas... destituyó silenciosamente a Daniel Palmieri, su principal funcionario en México el año pasado por sus “contactos inapropiados” con abogados de narcotraficantes... es imposible ocultar el rotundo fracaso del enfoque punitivo y militarista del combate a las drogas propugnado por Washington en el último medio siglo

 "La DEA (Drug Enforcement Agency) la agencia antidrogas que despliega Estados Unidos en el mundo, es uno de tantos modos de intervención en Latinoamérica y el Caribe, con la excusa de una tarea explícita: combatir el narcotráfico mediante métodos menos explícitos.

Pero hoy es imposible ocultar el rotundo fracaso del enfoque punitivo y militarista del combate a las drogas propugnado por Washington en el último medio siglo.

Envuelta por conveniencia en un halo de misterio que deja total libertad al imaginario de tramas con espías, micrófonos ocultos, violencia solapada (demasiadas a veces a la vista), gobiernos, políticos, jueces, fiscales, operaciones encubiertas, uniformes militares o “sérpicos”, videos por las redes y películas o series, series, muchas series, 

Ya ni siquiera sirve para guiones de series televisivas la pretensión de que los corruptos y los criminales viven únicamente fuera de las fronteras estadounidensesComo estrategia para contener el flujo de narcóticos ilícitos hacia Estados Unidos, la guerra contra las drogas en México siempre ha sido una causa perdida. Después de gastar miles de millones de dólares en fortificar la frontera sur, los dos gobiernos siguen interceptando solo una fracción de las drogas que se envían a Estados Unidos.

 Los traficantes mexicanos se han convertido en una fuerza preeminente en el comercio mundial de las drogas, dominando los mercados estadounidenses de cocaína, metanfetamina, heroína y opioides sintéticos. La avalancha de fentanilo procedente de México está alimentando lo que es ya la epidemia de drogas más mortífera de la historia de Estados Unidos.

Es suficiente ver las cifras de muertes por sobredosis en Estados Unidos, consecuencia de gastar en interferir en los asuntos de 69 países (el número en el que oficialmente tiene operaciones los “agentes” de la DEA) miles de millones de dólares que podrían emplearse en prevención de las adicciones y salud pública.

El caso Palmieri 

Los escándalos que la envuelven no cesan. Ahora se reveló que destituyó silenciosamente a Daniel Palmieri, su principal funcionario en México el año pasado por sus “contactos inapropiados” con abogados de narcotraficantes, un final vergonzoso para un breve mandato marcado por el deterioro de la cooperación entre EEUU y México y un flujo récord de cocaína, heroína y fentanilo al otro lado de la frontera.

 Sostener contactos impropios se traduce en socializar y pasar vacaciones con abogados de Miami que defienden a capos del narcotráfico no solo mexicano sino también latinoamericano, por lo que en mayo de 2021 fue abruptamente transferido a las oficinas centrales en Washington, hasta que finalmente renunció en marzo de 2022.

El caso de Palmeri se suma a una creciente lista de mala conducta que afecta a la principal agencia de aplicación de la ley antinarcóticos de Estados Unidos, cuando sus operaciones extranjeras en expansión, que abarcan 69 países, están bajo el escrutinio de una revisión externa ordenada por la administradora de la DEA, Anne Milgram.

De acuerdo con la filtración periodística de una investigación confidencial, Palmeri tuvo otras conductas cuestionables en los 14 meses que ocupó el cargo más importante de la DEA en el exterior: en 2020 organizó una reunión en la mexicana ciudad balnearia de Mazatlán, cuando se encontraba en vigor una orden del gobierno estadounidense para evitar encuentros presenciales y viajes innecesarios debido a la pandemia.

El resultado fue que dos agentes enfermaron de gravedad y tuvieron que ser repatriados de emergencia. Asimismo, exigió que le rembolsaran con recursos públicos los gastos de su fiesta de cumpleaños, y la compra de artículos inadmisibles durante viajes al extranjero. ¿Cola de paja? La DEA le permitió renunciar en lugar de expulsarlo, y declinó presentar cargos en su contra.

Sesenta días luego que Palmieri dejara la DEA, un agente y un supervisor fueron imputados por filtrar información confidencial a abogados de Miami, a cambio de 70 mil dólares en efectivo. Prueba de la efectividad de las redes de corrupción  entre la agencia y toda la economía que gira en torno al dinero del narcotráfico en el propio territorio estadounidense.

Las probadas “vacaciones” de Palmieri provocaron su caída final después de sólo un año como poderoso director regional de la DEA, que supervisaba a docenas de agentes en México, América Central y Canadá. (...)"                   ( Gerardo Villagrán del Corral , https://rebelion.org/749611-2/3)

23.2.23

Cómo los gobiernos cómplices apoyan el narcotráfico... varios gobiernos, o elementos dentro de ellos, trabajan activamente con grupos criminales para apoyar el flujo de drogas en todo el mundo... según el Informe Mundial sobre las Drogas 2022 de la ONU, 284 millones de personas de entre 15 y 64 años consumen drogas en todo el mundo, lo que supone "un aumento del 26 por ciento respecto a la década anterior"... Gran parte del tráfico de drogas proporciona financiación a los servicios de inteligencia rusos... Estados Unidos lleva décadas implicado en el tráfico de drogas, y se ha sospechado que ha cultivado las redes de la droga de América Latina para controlar la región

 "Varios gobiernos o entidades gubernamentales juegan al doble juego de hacer cumplir algunas leyes sobre drogas mientras ignoran otras. Sus razones varían, y la historia demuestra que será difícil detenerlos.

El mundo globalizado moderno ha hecho más fácil y mucho más lucrativo facilitar y permitir las redes internacionales de drogas, y varios gobiernos, o elementos dentro de ellos, trabajan activamente con grupos criminales para apoyar el flujo de drogas en todo el mundo. Esto ha provocado un aumento del consumo de drogas entre la población mundial, según el Informe Mundial sobre las Drogas 2022 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, con 284 millones de personas de entre 15 y 64 años consumiendo drogas en todo el mundo en 2020, lo que supone "un aumento del 26 [por ciento] con respecto a la década anterior".

La implicación del Estado en el tráfico de drogas se produce por diversas razones. El atractivo del lucro puede incitar a los agentes estatales a producir y transportar drogas, sobre todo si su país se encuentra bajo presión financiera. Producir drogas o simplemente gravar las rutas de la droga puede aportar fondos muy necesarios para equilibrar los presupuestos, crear fuentes de "dinero negro" o enriquecer a las élites. Permitir el tráfico de drogas también puede considerarse necesario para garantizar la estabilidad económica regional y puede impedir que los grupos criminales se enfrenten al Estado.

En otros casos, los organismos e instituciones gubernamentales pueden ser "capturados" por elementos criminales que han adquirido una influencia extrema sobre los sistemas político, militar y judicial a través de la corrupción y la violencia. Las entidades gubernamentales también se vuelven a menudo demasiado débiles o comprometidas para detener a los grupos criminales, que "nunca antes habían conseguido adquirir el grado de influencia política del que ahora disfrutan los criminales en un amplio abanico de países de África, Europa [del Este] y América Latina".

Por último, algunos gobiernos utilizan el tráfico de drogas para promover objetivos de política exterior como una forma de guerra híbrida. Apoyar a grupos criminales en países rivales u hostiles puede ayudar a desafiar la autoridad de los gobiernos de estos estados, pero también es una forma eficaz de promover la desestabilización social. La introducción de drogas en otros países alimenta la actividad delictiva local, plaga sus sistemas judiciales y penitenciarios, induce costes de tratamiento y rehabilitación, y provoca un inmenso estrés psicológico y la descomposición de la sociedad a causa de la adicción.

La complicidad de los actores estatales en el tráfico de drogas


La implicación del gobierno ruso en el tráfico internacional de drogas se debe a varias razones. Las entidades estatales rusas han buscado obtener dinero en efectivo para su propio beneficio, pero también han colaborado históricamente con poderosos grupos criminales debido a la corrupción y para evitar el derramamiento de sangre (aunque el Kremlin ha ido absorbiendo a los elementos criminales de Rusia bajo la presidencia de Vladimir Putin). Además, con Occidente imponiendo sanciones al Kremlin tras su invasión de Ucrania en febrero de 2022, el Kremlin pretende castigar a algunos países de la UE por apoyar a Kiev introduciendo drogas en el bloque, aprovechando para ello sus conexiones con el hampa euroasiática.

El papel del Kremlin en el tráfico de drogas le ha proporcionado influencia sobre los antiguos Estados soviéticos de Asia Central, que también han facilitado el tráfico de drogas de Afganistán a Europa durante décadas. Los elementos criminales que controlan esta ruta septentrional tienen una inmensa influencia sobre las élites políticas y de seguridad de los Estados centroasiáticos y dependen de la cooperación con los servicios de inteligencia rusos.

Gran parte del tráfico de drogas proporciona financiación a los servicios de inteligencia rusos, y el Kremlin parece haber aprobado un aumento del narcotráfico en 2022 debido, en gran medida, a las dificultades financieras derivadas de su invasión de Ucrania.

Los Balcanes son también una puerta clave para la entrada de drogas en Europa. En Bulgaria, la corrupción ha implicado a políticos de alto nivel en el contrabando de drogas, además de a funcionarios de Serbia, Montenegro y Macedonia. El Consejo de Europa, por su parte, acusó en 2010 a Hashim Thaçi, ex primer ministro y presidente de Kosovo, así como a sus aliados políticos, de ejercer "un violento control sobre el comercio de heroína y otros estupefacientes" "y [ocupar] posiciones importantes en 'las estructuras mafiosas del crimen organizado de Kosovo'". Los políticos kosovares siguen enfrentándose a acusaciones de corrupción.

 El Gobierno marroquí ha aceptado en gran medida que las redes de drogas apoyen el sustento económico nacional, que sirve "de base a una economía paralela", mientras que esta relación se ve reforzada por la corrupción en el país. Libia contaba con un aparato de producción y exportación de drogas más respaldado por el Estado bajo el antiguo líder Muamar Gadafi, aunque este mecanismo se rompió tras la guerra civil de 2011. Sin embargo, la estrecha relación entre las "élites político-militares" de Guinea-Bissau y los narcotraficantes ha convertido a este país en el mayor ejemplo africano de complicidad estatal en la ayuda a las redes internacionales de la droga. La importancia del país en el tráfico internacional de drogas se debe a su proximidad a América Latina y a la utilización geográfica de Guinea-Bissau como lugar de tránsito para los grupos delictivos que buscan acceder al mercado europeo.

En los últimos años, políticos de Venezuela, Paraguay, Perú, Bolivia y otros países latinoamericanos han sido acusados o sospechosos de ayudar e instigar a delincuentes implicados en el tráfico de drogas. Funcionarios estadounidenses también han acusado al ex presidente hondureño Juan Orlando Hernández y a sus aliados políticos de "narcotráfico patrocinado por el Estado", mientras espera juicio en Estados Unidos.

Pero Estados Unidos lleva décadas implicado en el tráfico de drogas. En la década de 1950, por ejemplo, la CIA prestó un importante apoyo a los grupos rebeldes anticomunistas implicados en el tráfico de drogas en el Triángulo de Oro, donde confluyen las fronteras de Tailandia, Laos y Myanmar. La cooperación se prolongó hasta la década de 1970, y la corrupción existente en la región hace que las autoridades estatales sigan permitiendo cierto grado de operatividad a los grupos criminales.

La CIA también admitió haber ignorado informes sobre rebeldes nicaragüenses de la Contra que vendían drogas en Estados Unidos para financiar su campaña anticomunista en la década de 1980. Estados Unidos permitió a los agricultores afganos cultivar adormidera durante la gestión de la guerra de Afganistán por parte de la administración Obama en 2009 y se ha sospechado que ha cultivado las redes de la droga de América Latina para controlar la región.

Las muertes por drogas en Estados Unidos, mientras tanto, han aumentado significativamente desde 2000 y alcanzaron máximos históricos durante la pandemia, siendo el fentanilo responsable de dos tercios del total de muertes. Washington ha acusado a China de permitir y posibilitar que grupos delictivos nacionales importen fentanilo a Estados Unidos.

Aunque este comercio disminuyó parcialmente tras las presiones de Washington, ahora las exportaciones de fentanilo desde China suelen pasar primero por México antes de cruzar la frontera estadounidense. La disposición de China a cooperar con las autoridades estadounidenses, así como con las de Australia, donde también se importan drogas chinas, ha disminuido a medida que han empeorado las relaciones entre Pekín y los Estados occidentales. El gobierno chino también es ligeramente cómplice del papel mucho más activo y directo del gobierno de Myanmar en la facilitación del tráfico de drogas en el Sudeste Asiático. Esto se debe a la necesidad de Myanmar tanto de recaudar fondos como de controlar a los grupos militantes del país.

 El narcotráfico sostiene las economías de algunos países

La producción y exportación de drogas también ofrece a los regímenes una opción para sobrevivir a largo plazo. Un informe de 2014 del Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte indica que después de que Corea del Norte dejara de pagar sus deudas internacionales en 1976, se animó a sus embajadas a "'autofinanciarse' mediante el 'contrabando de drogas'". En la década de 1990, esto dio paso a la producción de drogas patrocinada por el Estado para aumentar aún más el acceso a las divisas.

La mayoría de los narcotraficantes norcoreanos sospechosos o detenidos en las últimas tres décadas han sido diplomáticos, militares o empresarios. En 2003, las autoridades australianas desarticularon una operación de contrabando de heroína patrocinada por el Estado norcoreano mientras seguían a sospechosos chinos. Pero en 2004, China también admitía problemas con las drogas norcoreanas que cruzaban su frontera mutua. Y en 2019, las autoridades chinas detuvieron a varias personas vinculadas al gobierno norcoreano que participaban en una red de contrabando de drogas cerca de la frontera.

El gobierno sirio ha producido y exportado drogas durante décadas. Pero las sanciones y la guerra civil desde 2011 han debilitado gravemente el liderazgo de Siria, lo que le ha llevado a aumentar drásticamente sus operaciones de drogas para recaudar fondos y mantener el poder. Las exportaciones de Captagon y hachís generan ahora miles de millones de dólares al año para el gobierno sirio y superan con creces el valor de las exportaciones legales del país.

En el vecino Irán, funcionarios del gobierno, así como grupos afiliados al Estado como Hezbolá, también son cómplices de beneficiarse del tráfico de drogas, que también implica a funcionarios libaneses. La implicación en el tráfico de drogas de grupos patrocinados por el Estado, como Hezbolá o los Lobos Grises turcos, revela los intentos de Teherán y Ankara, respectivamente, de hacer que estos grupos sean autosuficientes cuando el apoyo estatal disminuya.

Es probable que algunos Estados sigan participando abiertamente en el tráfico de drogas. Las sanciones contribuyen a alimentar el tráfico de drogas haciendo que los Estados se sientan más inclinados a recurrir a estas redes para compensar las oportunidades económicas perdidas. Además, la mayoría de los esfuerzos para combatir el tráfico de drogas son en gran medida iniciativas nacionales. Los organismos encargados de hacer cumplir la ley menos corruptos no suelen estar dispuestos a colaborar con sus homólogos de otros países a través de foros como Interpol, por temor a su complicidad en las redes de drogas ilegales. El tráfico de drogas también sigue siendo una valiosa herramienta geopolítica para los Estados.

No obstante, la implicación del Estado en el tráfico de drogas es una empresa arriesgada. Envalentona a los delincuentes, suele implicar la entrada de drogas en territorio nacional y puede provocar una enorme reacción pública. Aunque evitar la implicación de actores estatales en estas prácticas será una tarea difícil, los casos más manifiestos deberían examinarse más a fondo para garantizar que se presta mayor atención a estas políticas."  
                  (John P. Ruehl , Rozenberg Quarterly)

15.8.22

Gustavo Petro ha llamado las cosas por su nombre: al tomar posesión como presidente de Colombia, el domingo pasado, exhortó a la despenalización internacional de los estupefacientes hoy prohibidos y a remplazar la llamada guerra contra las drogas por medidas orientadas a reducir el consumo de esas sustancias... es impostergable reconocer el fracaso rotundo de esa guerra, que ha dejado a un millón de latinoamericanos asesinados y que cada año causa la muerte por sobredosis de decenas de miles de estadounidenses... El combate al trasiego de drogas provoca dolor, muerte y descomposición institucional en América Latina pero las instituciones bancarias con sede en Wall Street, la City de Londres y otros centros financieros internacionales se hinchan de ganancias lavando cientos de miles de millones de dólares año tras año. Un caso ejemplar es el de JP Morgan, que le guardó mil millones de dólares al mafioso ruso Semion Mogilevich, acusado de narcotráfico... urge acabar con la estrategia antidrogas no porque sea un fracaso, sino porque ha sido una sangrienta y dolorosa farsa.

 "Gustavo Petro ha llamado las cosas por su nombre: al tomar posesión como presidente de Colombia, el domingo pasado, exhortó a la despenalización internacional de los estupefacientes hoy prohibidos y a remplazar la llamada guerra contra las drogas por medidas orientadas a reducir el consumo de esas sustancias. En la visión del nuevo mandatario, es impostergable reconocer el fracaso rotundo de esa guerra, que ha dejado a un millón de latinoamericanos asesinados y que cada año causa la muerte por sobredosis de decenas de miles de estadounidenses.

El posicionamiento es bienvenido en la medida en que pone en el centro del debate la catástrofe causada por la imposición en América Latina de un empecinamiento estadounidense que se originó a principios del siglo pasado y que tenía detrás intereses inconfesables. Pero las estrategias antidrogas sólo pueden considerarse fracasadas si se da por hecho que buscan y buscaron hacer frente, por medio de acciones legales, policiales y militares, al fenómeno de las adicciones. Desde otra perspectiva, tales estrategias han sido en realidad un medio para impulsar el narcotráfico, el lavado de dinero, las ganancias de los fabricantes de armas y las acciones injerencistas de Washington en el continente. Y desde ese punto de vista han resultado un éxito rotundo.

Ciertamente, el prohibicionismo cuenta con muchos partidarios que actúan de buena fe y que lo ven con toda sinceridad como una forma indispensable de mitigar el drama social de la drogadicción. Cuidar a los jóvenes, suele ser su lema, y tienen todo el derecho a creerlo. Pero la legitimidad del empeño por inducir a las naciones latinoamericanas a políticas represivas contra el narcotráfico choca frontalmente con los hechos.

Hay una polémica sobre si las plantaciones de amapola en el Pacífico mexicano se originaron o no para surtir de materia prima a la industria farmacéutica del país vecino, que debía producir morfina en grandes cantidades para aliviar los dolores de los heridos de guerra en la contienda mundial de mediados del siglo XX (https://is.gd/A9dw5H). Son hechos documentados, en cambio, la complicidad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) con narcotraficantes laosianos y sudvietnamitas durante la guerra de agresión a Vietnam (https://is.gd/cQwb3U), así como el papel de esa misma dependencia de Washington en la promoción del paso por México de la cocaína de Colombia hacia territorio estadounidense (https://is.gd/IexmIb) a fin de allegarse de los fondos que el Congreso le había negado a la administración de Ronald Reagan para adquirir armas destinadas a la contra nicaragüense.

También está probado que la agencia estadounidense antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés) lavó dinero para el cártel de Sinaloa (https://is.gd/VsLPC6) y que la oficina de control de alcohol, tabaco y armas de fuego (ATF, por sus siglas en inglés) conspiró para surtir a esa misma organización con miles de fusiles de alto poder (https://is.gd/fjO8wq). También son hechos conocidos que el cultivo de amapola en Afganistán, que había sido severamente reducida por el primer régimen talibán (1996-2001), pasó de 8 mil a 224 mil hectáreas en las dos décadas que duró la ocupación estadounidense (https://is.gd/Juvo8L) de ese país (2001-20).

El combate al trasiego de drogas provoca dolor, muerte y descomposición institucional en América Latina pero las instituciones bancarias con sede en Wall Street, la City de Londres y otros centros financieros internacionales se hinchan de ganancias lavando cientos de miles de millones de dólares año tras año. Un caso ejemplar es el de JP Morgan, que le guardó mil millones de dólares al mafioso ruso Semion Mogilevich, acusado de narcotráfico, mientras la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) lo tenía entre su lista de los prófugos más buscados. Más escandalosa es la historia de Wachovia, una entidad financiera propiedad de Wells Fargo con sede en Charlotte, Carolina del Norte, que lavó 378 mil millones de dólares a diversos cárteles mexicanos; cuando las autoridades del país vecino descubrieron el asunto, le impusieron una multa de 110 millones de dólares, equivalente a menos de 1 por ciento de las ganancias obtenidas por la empresa con tales operaciones (https://is.gd/IvTNeo).

Por lo demás, la guerra contra el narcotráfico le ha aportado a Estados Unidos enormes beneficios para su industria armamentista y grandes márgenes para intervenir en los asuntos internos de los países a los que se ha impuesto esa estrategia, particularmente Colombia y México: mediante pactos como el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida, gobiernos entreguistas y oligárquicos de estas dos naciones pusieron buena parte de su seguridad nacional en manos de dependencias de Washington.

Hay muchas otras consideraciones por las cuales resulta imperativo poner fin a la estrategia antidrogas, sacar el problema de los estupefacientes del ámbito de la seguridad pública al de la salud pública. Pero sobre todo, urge acabar con ella no porque sea un fracaso, sino porque ha sido una sangrienta y dolorosa farsa."                  (Pedro Miguel, La Jornada, 12/08/22)

22.10.21

Los capos de la CIA, los gánsteres Talibán y la droga afgana... La participación de EEUU en el negocio mundial de la droga empieza durante la Segunda Guerra Mundial y le convierte en el primer país del mundo en el uso sistemático del opio para fines políticos... En Nueva York y Chicago pacta con las mafias china e italiana con el objetivo de parar el avance de las fuerzas marxistas en Italia, Francia y China... En el sudeste de Asia, utiliza la estructura de tráfico de opio creada por el colonialismo francés en Indochina y, uniendo a las mafias de Laos, Tailandia y Birmania, forma el Triángulo de Oro de opio para destruir al recién fundado estado socialista chino... En 1980, George Bush padre, director de la CIA, paga Manuel Noriega, un narcotraficante panameño, con el dinero de la cocaína colombiana por sus servicios en la lucha contra el sandinismo nicaragüense... La Agencia convertirá a los jefes tribales afganos en barones narcotraficantes quienes tejerán una red de laboratorios de heroína a lo largo de la frontera afgano-pakistaní, abasteciendo en 1984 el 60% del mercado estadounidense y el 80% del europeo... ¿O alguien ha pensado que abastecer un mercado con cientos de millones de clientes en el mundo era cosa de unos barbudos prehistóricos? La tranquilidad también vuelve a los bancos que temían quedarse sin la liquidez generada por el blanqueo del dinero del narcotráfico

 "Afganistán ya no será un país de cultivo de opio", afirma el portavoz talibán Zabihullah Mujahid, esperando el aplauso de los ingenuos -que piensan que una organización criminal puede dejar de serlo-, y el de los políticos hipócritas extranjeros, que desesperados esperan reconocer el nuevo totalitarismo islámico instalado por EEUU. 

Lo que buscan los caudillos del opio afganos, que jamás renunciarán a ese "oro marrón" que abastece el 83% del mercado mundial y generó en 2020 cerca de 1,6 mil millones de dólares, en realidad, es:

- Chantajear a las naciones afectadas por la sustancia asesina, y añadir a sus billonarias ganancias del comercio de opio y heroína la financiación extranjera que recibirán bajo el pretexto de "contribución al cultivo de arroz".

- Insinuar que "han cambiado a mejor", e incluso respetarán los derechos de la mujer y las minorías étnicas, eso sí, dentro del marco del islam (o sea, que seguirán sin derechos). Es otra farsa: "Talibán" ya es el sinónimo de barbarie, crueldad, subdesarrollo y falta del más mínimo escrúpulo moral y ético. ¡Tendrán que cambiar de nombre!

- Empujar los precios del opio en los mercados mundiales que temen escasez de la mercancía. De hecho, el caos en el país, el cierre de las fronteras y la propia toma del poder por este cartel de droga han elevado el precio del opio a nivel mundial.

Opio: de alucinógeno al medio del control

Han pasado 5400 años desde que los sumerios descubrieron Hul Gil, "la planta del placer", quemando sus semillas al fuego para entrar en el trance. Siglos después, la fruta de la adormidera se codeaba con el ajo en la medicina natural, y bajo el nombre griego de Theriac, "antídoto", viajaba por toda Asia a través de la Ruta de la Seda. Ya entonces se conocían los efectos perturbadores de las drogas, como el hachís, sobre la mente humana: así pudo El Viejo de Alamut Hasan Sabbah, el guerrillero iraní del siglo XI, poner en jaque a los califas y sultanes de la región con miles de adeptos "suicidas", previamente drogados (salvando distancias, la CIA lanzó en los años cincuenta el Proyecto Bluebird para "mejorar sus métodos de interrogatorio", usando sustancias químicas como LSD para manipular el comportamiento de sus presas).

Pero, es en el siglo XVII, y a mano de la Compañía Británica de las Indias Orientales, cuando el opio se convierte en un producto de consumo de masas y un gigantesco negocio transfronterizo, contaminando todo Oriente y sobre todo a China.

Y habrá más momentos históricos en la vida de esta amapola:

- En 1680, el médico británico Thomas Sydenham logra fabricar pastillas analgésicas de la sustancia marrón.

- En 1803 se extrae la morfina del opio, y se la llama "la medicina de Dios", la "heroína". Así, los laboratorios se convertirán en otro cliente-adicto de Theriac.

 La CIA y la narcopolítica

La participación de EEUU en el negocio mundial de la droga empieza durante la Segunda Guerra Mundial y le convierte en el primer país del mundo en el uso sistemático del opio para fines políticos; lo hace desde varios puntos del globo:

- En Nueva York y Chicago pacta con las mafias china e italiana (dedicadas al narcotráfico y la industria de prostitución tras la prohibición del alcohol), que también estaban conectadas con los delincuentes corsos en Marsella, con el objetivo de parar el avance de las fuerzas marxistas en Italia, Francia y China, a cambio de permitirles importar heroína a EEUU.

- En el sudeste de Asia, utiliza la estructura de tráfico de opio creada por el colonialismo francés en Indochina y, uniendo a las mafias de Laos, Tailandia y Birmania, forma el Triángulo de Oro de opio para destruir al recién fundado estado socialista chino que declara la guerra a los Señores de Tharyac. La organización producirá el 70% del opio y la heroína del planeta, y a cambio de su cooperación anticomunista, la CIA exportará su mercancía al mismísimo suelo de la patria, utilizando los vuelos chárter de Air América. Con este mismo fin, ficha al grupo anticomunista de delincuencia japonesa Yakuza, "los intocables", echándoles una mano en el tráfico de metanfetamina. Más adelante, los 30.000 soldados estadounidenses que regresarán vivos (pero adictos) a "casa" de la guerra contra Vietnam serán simples "daños colaterales" del crimen organizado (como banqueros y fabricantes de armas) instalado en Washington. La catástrofe sanitaria es tal que en 1973 el presidente Nixon ordena crear la Administración para el Control de Drogas (DEA). Serán los programas de agricultura alternativa del gobierno chino los que desmantelan el Triángulo Dorado.

- En la década de 1980, George Bush padre, director de la Agencia, paga unos 110.000 dólares al agente de la CIA, Manuel Noriega, un narcotraficante panameño, con el dinero de la cocaína colombiana por sus servicios en la lucha contra el sandinismo nicaragüense. Y como "Roma no paga a los traidores", le secuestraron y encerraron durante 17 años en una mazmorra de Miami.

 - En Asia Central se diseña la Medialuna Dorada de opio, compuesta por Afganistán, Pakistán e Irán; y con sus ganancias financia a las fuerzas reaccionarias islamistas, incluidas su ejército de yihadistas (chiitas y sunnitas), alias Al Qaeda, alias Muyahedines (¡los mismos "leones de Panjshir"!), alias Estado Islámico, etc.

El cartel CIA-Talibán

"No creo que tengamos que disculparnos por esto. (...) Hubo consecuencias en términos de drogas, sí. Pero el objetivo principal se cumplió. Los soviéticos abandonaron Afganistán", confiesa Charles Cogan, ex director de las operaciones de la CIA, acerca de la santa alianza anticomunista de EEUU con los Muyahedines. Entre 1986 y 1992, unos 100.000 hombres fueron entrenados para el oficio de terrorista en Pakistán y EEUU por la CIA y el MI6 británico, y enviados a Afganistán con el fin de desmantelar su recién instalado estado socialista -convirtiendo las amapolas en granadas, bombas o veneno para contaminar el agua de las escuelas de niñas- y cercar a la Unión Soviética desde Asia Central.

 La Agencia convertirá a los jefes tribales en barones narcotraficantes y, después, a señores de guerra,  de heroína a lo largo de la frontera afgano-pakistaní,  abasteciendo en 1984 el 60% del mercado estadounidense y el 80% del europeo. Al convertir el opio crudo a la morfina o heroína reducen su tamaño, aumentando los beneficios: de una tonelada de opio se obtienen 100 kilos de heroína pura, que luego se adulterará y engordará aún más las cuentas bancarias de criminales de cuello blanco que ni fuman cigarros.

Así, los camiones que transportaban armas de la CIA a Helmand regresaban a Pakistán cargados de opio y escoltados por los militares pakistaníes, lo que en la jerga inglesa se llama "hacer un backhaul". El negocio de droga requiere la misma protección militar que el petróleo.

En el propio Pakistán, donde la heroína era desconocida, en 1985 habrá 1,3 millones de personas adictas. Con los Muyahedines y los talibanes, que ofrecen protección gubernamental a la producción del opio, los cárteles internacionales harán su agosto, hasta que debido a la brutal hambruna que provoca la sequía del 2000, los Talibán se ven obligados a prohibir el cultivo de la adormidera para a cambio recibir la ayuda internacional; decisión que bajará hasta el 94% la producción y provocará graves tensiones en el mercado mundial de la droga. 

Este sin duda es uno de los motivos de la ocupación directa del país por EEUU en 2001: sigue financiando a cientos de miles de mercenarios por todo el mundo y en múltiples guerras y sólo podrá hacerlo con este tipo de negocios. Los mercados se recuperan. La invasión, además de restaurar el comercio del opio, lo expande. En EEUU se dispara la adicción a la heroína: habrá, en pocos años, otros 3,8 millones de consumidores.

En 2002, el país cogobernado por la OTAN-TALIBAN aumenta la superficie cubierta de la adormidera hasta 20 veces, convirtiendo la agricultura afgana en monocultivo. Se trata de una producción a escala industrial y no ocultos en las cuevas de Tora Bora.

Unas fotos filtradas en 2010 mostraban a los soldados de EEUU patrullando los campos de amapola.

 ¿O alguien ha pensado que abastecer un mercado con cientos de millones de clientes en el mundo era cosa de unos barbudos prehistóricos?

En 2007, Afganistán, cuyo suelo y cielo estaba bajo el control absoluto de los 300.000 soldados de la OTAN y miles de "contratistas", tenía más cultivos de droga que Colombia, Bolivia y Perú juntos, señala la ONU. Afganistán será el principal narcoestado fallido de la historia, patrocinado por EEUU y presidido por los narco-presidentes títeres, Hamid Karzai y Ashraf Ghani.

 La tranquilidad también vuelve a los bancos que temían quedarse sin la liquidez generada por el blanqueo del dinero del narcotráfico. Millones de afganos, incluidos niños, que carecen de agua potable, luz, sanidad y alimento suficientes, además de adictos al opio, son explotados en estos duros campos. ¿Quiénes ganan la diferencia entre los 3 dólares que cuesta el gramo de heroína en Kabul y los 1.168 dólares por los que se vende en las calles de Nueva York?

 En 2017, el valor de 9000 toneladas de heroína (con una estimación a la baja y solo basado en su precio en EEUU) asciende a 800.000.000.000 dólares, más que el presupuesto militar de EEUU.

Después de firmar el acuerdo de la entrega de Kabul a Talibán en 2019, EEUU presionó al régimen de Ashraf Ghani para liberar a decenas de Señores de Opio en el marco de amnistía para los 5000 terroristas talibanes.

La multimillonaria industria de opio-heroína afgana seguirá prosperando arrancado vidas y destrozando familias y naciones enteras: cerca del 70% de los reclusos del mundo lo están por tráfico de droga. Y, por cierto, ¿a dónde han ido los 8400 millones de dólares que EEUU afirma haber gastado en acabar con la producción de opio en Afganistán?"                   (Nazanín Armanian , Público, 21/10/21)

13.8.21

Cuando en 1971 Nixon declaró las drogas como el enemigo público número uno, comenzó una guerra que aún sigue condicionando la mayoría de las políticas de salud pública, las relaciones internacionales y la política interna de muchos países

 "Cuando en 1971 Richard Nixon declaró las drogas como el enemigo público número uno, comenzó una guerra que, cincuenta años después, sigue condicionando la mayoría de las políticas de salud pública, las relaciones internacionales y la política interna de muchos países, especialmente  americanos. 

El triunfo electoral de Nixon se debió en parte a la reacción de las clases medias ante los cambios políticos y sociales que las generaciones posteriores estaban imponiendo a la sociedad norteamericana y al problema racial. El presidente basó su campaña electoral en señalar a la izquierda pacifista y a los afroamericanos como los enemigos de América. Gracias a la guerra contra las drogas conseguía asociar a sus enemigos políticos con actividades no solo ilegales –los hippies con la marihuana, los afroamericanos con la heroína– sino también antiamericanas e inmorales.

 Con la creación de la DEA en 1973 la nueva estrategia quedó finalmente consolidada. Salvo el tímido intento de la administración Carter por revertirlo, tanto demócratas como republicanos han continuado con el legado de Nixon a lo largo de casi cinco décadas. 

De esta manera, las drogas pasaron de ser un problema sanitario y social a convertirse en un problema moral y de seguridad pública. Pocos países se han podido sustraer a este tipo de estrategia para abordar el problema de la drogadicción y el narcotráfico. Estados Unidos ha utilizado la guerra contra las drogas como excusa para interferir en terceros países y para imponer políticas coloniales. 

La llegada de la era Reagan significó una vuelta de tuerca y una radicalización de las políticas antidroga que coincide además con un episodio de pánico moral sobre el consumo de drogas entre los jóvenes. El aumento del consumo de drogas entre la población incrementó los niveles de delincuencia asociados con el consumo y la venta de sustancias estupefacientes.

 Pero en vez de hacer campañas de prevención y educación, la aproximación al problema desde la perspectiva moralista y punitivista propia del reaganismo no hizo más que empeorar el problema. Con la campaña “Just say no” el consumo de drogas pasó de un asunto de salud pública a una cuestión de responsabilidad individual, obviando que el aumento del consumo hundía sus raíces en la desigualdad social y en el racismo sistémico. 

Tanto Reagan como Bush sostuvieron iniciativas que sustituyeron las intervenciones sociales y los planes de apoyo y desintoxicación por leyes que criminalizaban el consumo de drogas, igualando así a las víctimas del tráfico con sus victimarios. A medida que el presupuesto de los planes estatales contra las drogas se multiplicaban por diez, se incrementaba el número de personas encarceladas por delitos relacionados con las mismas, principalmente consumidores y pequeños traficantes, mientras que se mantenían estables los niveles de consumo.

 Además de ineficaces, esas políticas tienen un fuerte sesgo racial: cada año se arresta a un millón y medio de personas por delitos relacionados con las drogas, medio millón de ellas acaban encarceladas; otros estudios apuntan hacia el millón de encarcelados al año. El veintisiete por ciento de esas personas son afroamericanos, de hecho uno de cada cinco varones afroamericanos acabarán encarcelados por delitos relacionados con las drogas.

Pero fue durante la presidencia del demócrata Clinton cuando estas políticas se llevaron a su extremo con la aprobación del Violent Crime Control and Law Enforcement Act que supuso el mayor incremento de la población carcelaria en Estados Unidos (principalmente de personas afroamericanas) de la historia. 

Esta ley no solo amplió el número de delitos a los que aplicar la pena de muerte –de la que Bill Clinton siempre se ha confesado un ferviente partidario y que le hizo muy popular en su época de gobernador de Arkansas–, sino que además implantó la cadena perpetua como condena obligatoria a partir de la tercera condena, con independencia del tipo de delito, y permitió que los menores de trece años pudieran ser juzgados como adultos.

 Este endurecimiento punitivista no consiguió, sin embargo, bajar los índices de delincuencia y condenó a la pobreza a cientos de comunidades, especialmente las racializadas, pues una condena implicaba en muchas ocasiones la pérdida del derecho al voto, a las ayudas sociales, la imposibilidad de acceder a ciertos tipos de trabajo e incluso la pérdida del carnet de conducir. No por nada estas leyes han sido calificadas por los movimientos de defensa de los derechos civiles y por los activistas antirracistas como las nuevas leyes de Jim Crow.

Son muchas las voces que en la actualidad ponen en cuestión la guerra contra las drogas por ineficaz y por haber supuesto una enorme pérdida de recursos económicos y humanos. También por haber contribuido a la criminalización de la comunidad afroamericana, perpetuar la pobreza en los barrios más desfavorecidos, haber creado una subclase social entre los expresidiarios y porque además, en ningún momento, ha servido a su objetivo final, combatir el uso y el abuso de drogas. En 2010 Barack Obama modificó parte de la legislación con la intención de corregir la desproporción en las penas dependiendo del color de la piel de los acusados. Joe Biden ha tomado el relevo de Obama y no solo ha reconocido el error que ha supuesto la estrategia punitivista, también ha abogado por una aproximación mucho más compasiva. 

Si la política de la guerra contra las drogas ha demostrado ser catastrófica y contraproducente en política interior, sus consecuencias en política exterior son aún más terribles. La gran mayoría de países se ha inspirado en la estrategia estadounidense para elaborar sus legislaciones sobre las drogas, aunque con ciertos matices. 

En España el Primer Plan Nacional sobre Drogas (PNSD) fue desarrollado en 1985 por el gobierno de Felipe González cuando la heroína que entraba a través de la Costa da Morte asolaba los barrios periféricos. Sin embargo, desde el principio se buscó un equilibrio entre la parte punitivista y la preventiva. A pesar de que el grueso del presupuesto se destina a las actuaciones policiales y a la persecución del blanqueo de capitales y de los narcotraficantes –ahora radicados en el Campo de Gibraltar aunque los narcos gallegos de los ochenta siguen, de vez en cuando, protagonizando titulares–,  ha sido en la parte sanitaria y asistencial donde la estrategia española ha demostrado sus mayores éxitos. 

Especialmente el programa de dispensación de metadona que salvó incontables vidas y que en la actualidad sigue activo en muchos barrios. En 2020 en España cumplían condena 55.000 personas, de las cuales unas 8.000 estaban encerradas por delitos contra la salud pública –es decir, relacionados con las drogas–. La estadística aumenta si tenemos en cuenta otro tipos de delitos que están relacionados con el consumo y abuso de drogas como los delitos contra la seguridad vial, los delitos contra el patrimonio o contra el orden público.

Pero otros países no han sido tan afortunados. En Filipinas el presidente Duterte llegó a la presidencia en parte por su promesa electoral de matar a los delincuentes, especialmente a los narcotraficantes. Tras haberse inventado, con la complicidad de la prensa, un problema con el abuso de drogas en Filipinas –llegó a hablar de tres millones de adictos cuando las estadísticas oficiales hablan de 1,8 millones de consumidores, la gran mayoría de ellos consumidores esporádicos de cannabis–, su  guerra contra las drogas se estima que ha costado la vida, mediante operaciones policiales y ejecuciones extrajudiciales, a unas 20.000 personas, de las que más de 50 fueron menores de edad y entre las que se encuentra el ciudadano español Diego Bello. Pero ha sido en países como Colombia, México y Panamá donde la guerra contra las drogas se ha mostrado tan ineficaz como intrusiva. 

En dichos países los intereses estratégicos, comerciales y políticos de EE.UU. se mezclan con la lucha contra el narcotráfico. Con la excusa de luchar contra los productores (Colombia) o los distribuidores (México y Panamá), Estados Unidos no ha dudado en intervenir en dichos países y ha contribuido a desestabilizar la zona y a perpetuar la violencia política y la pobreza. 

Más allá de operaciones más o menos vistosas y exitosas como el asesinato de Pablo Escobar o la condena del Chapo, lo cierto es que la estrategia ha sido un auténtico fracaso. Mientras la DEA colabora con las autoridades colombianas o mexicanas, la CIA entrena y financia las guerrillas de extrema derecha o trafica con drogas para financiar sus operaciones secretas.

Muchas son las voces que en esos países se han escuchado, a pesar del peligro que en muchas ocasiones supone romper la ley del silencio, denunciando las consecuencias de una estrategia violenta y empobrecedora y poniendo sobre la mesa que  el mayor consumidor de droga es Estados Unidos y que ninguna política efectiva contra el tráfico de drogas tiene sentido si no se hacen políticas de salud pública basadas en la prevención. 

Mientras no exista un compromiso en firme para acabar con la desigualdad, la pobreza y la corrupción política, pero también con los paraísos fiscales y los subterfugios financieros que permiten el blanqueo de capitales, hasta que no asumamos que, como consumidores de ciertos tipos de drogas recreativas, estamos contribuyendo a la rueda de la violencia, y por mucho que las estrategias nacionales e internacionales para acabar con el narcotráfico ensayen enfoques nuevos menos punitivos que pasen por la legalización de algunas sustancias y por la prevención, la educación y la rehabilitación, me temo que tendremos episodios de Narcos para rato."                   (Silvia Cosio, CTXT, 05/08/21)