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13.6.26

El Banco Central Europeo vuelve a equivocarse... Elevar el coste del dinero cuando la economía no crece ni al 1% y cuando los riesgos geopolíticos están lejos de disiparse es la mala austeridad que ya arruinó a un buen número de países... las presiones inflacionarias que afectan hoy a Europa provienen de factores energéticos, geopolíticos y comerciales ajenos a la política monetaria... energético porque Europa sustituyó su dependencia del gas ruso por el gas natural licuado de Estados Unidos, lo que encareció la electricidad industrial un 58%... geopolítico porque el conflicto en Oriente Medio ha tensionado los mercados de materias primas y ha provocado un alza de los precios... comercial porque la guerra arancelaria de Trump ha encarecido nuestras importaciones... Los tres factores son choques de oferta, no de demanda y no monetarios. Los precios no están subiendo porque las familias y empresas europeas tengan demasiado dinero en el bolsillo... cuando se produce un choque de oferta, subir los tipos de interés solo tiene un efecto: reducir la demanda, el gasto, es decir, los ingresos... y provoca una transferencia de renta desde los hogares y empresas más endeudados hacia quienes perciben rentas financieras, entre ellos el sector bancario. En suma, frena la economía... puede hacer que bajen los precios. Nadie puede ponerlo en duda, pero lo hace destruyendo actividad productiva y generando aún más concentración del ingreso e inequidad... Alemania y los Países Bajos, con menor deuda pública, podrán absorber mejor el impacto. España, y sobre todo Italia, con deuda pública más elevada, se verán más afectadas. financiero... La inflación de oferta que estamos comenzando a tener requeriría instrumentos distintos para poder frenarse: políticas de regulación de precios en sectores estratégicos, intervención en los mercados energéticos para absorber los choques externos, coordinación fiscal para sostener la demanda, política industrial para reducir dependencias estructurales... Nada de eso está en el manual de instrucciones del Banco Central Europeo y en su fundamentalismo ideológico (Juan Torres López)

 "El Banco Central Europeo ha vuelto a subir los tipos de interés. Sitúa el tipo de referencia en torno al 2,50% y todo indica que en los próximos meses podría llegar incluso al 4%. Lo ha hecho invocando una vez más el mismo argumento de siempre: la inflación está por encima del objetivo del 2% y hay que frenarla. Pero vuelve a hacerlo equivocándose en el diagnóstico, en los instrumentos que podrían aliviar la subida de precios y en el momento en que actúa.

La inflación no viene de donde dice el BCE

Los bancos centrales utilizan siempre un mismo argumento para justificar la subida de tipos como vía para contener la inflación. Aunque el Banco Central Europeo reconoce formalmente la existencia de factores energéticos, geopolíticos y comerciales, sigue actuando como si la inflación terminara siendo, ante todo, un problema de exceso de demanda que debe corregirse mediante el encarecimiento del crédito.

Siendo benévolos, se puede asegurar que la premisa es, en el mejor de los casos, una verdad parcial. En el peor, una coartada teórica para aplicar el único instrumento que tiene, aunque no sirva para el problema que hay encima de la mesa.

Los datos que reflejan la realidad que tenemos ante nuestros ojos son claros. La mayor parte de las presiones inflacionarias que afectan hoy a Europa provienen de factores energéticos, geopolíticos y comerciales ajenos a la política monetaria.

El primero es energético. Europa sustituyó su dependencia del gas ruso por el gas natural licuado para convertir a Estados Unidos en su proveedor dominante. El efecto es que lo paga más caro (además de quedar en posición de mayor vulnerabilidad) y eso se ha traducido en un encarecimiento de la electricidad industrial un 58% desde 2021.

El segundo es geopolítico. El conflicto en Oriente Medio ha tensionado los mercados de materias primas y las cadenas globales de suministro están en jaque, lo que ha provocado un alza de los precios.

El tercero es comercial. La guerra arancelaria iniciada por la Administración de Trump ha disminuido la competitividad exportadora europea y encarecido nuestras importaciones.

Al subir los tipos de interés, el Banco Central Europeo no logra eliminar los factores que empujan los precios al alza

Los tres factores tienen en común algo fundamental que parece que el Banco Central Europeo es incapaz de apreciar: son choques de oferta, no de demanda y, como he dicho, no monetarios. Los precios no están subiendo porque las familias y empresas europeas tengan demasiado dinero en el bolsillo y estén comprando bienes y servicios o gastando en inversión por encima de la oferta existente (al menos, de momento). Se han producido, efectivamente, aumentos en los costes de suministro y, a partir de ahí, en los de producir y de abastecer que se están trasladando a los precios, pero eso ha sido por razones externas a la economía europea. Y cuando se produce un choque de oferta, subir los tipos de interés no reduce los costes energéticos ni detiene una guerra ni deshace aranceles. Solo tiene un efecto: reducir la demanda, el gasto, es decir, los ingresos.

Al subir los tipos de interés, el Banco Central Europeo no logra eliminar los factores que empujan los precios al alza, mientras que hace que disminuya el nivel de vida de las familias, desincentiva la inversión de las empresas cuando más falta hace y, eso sí, provoca una transferencia de renta desde los hogares y empresas más endeudados hacia quienes perciben rentas financieras, entre ellos el sector bancario. En suma, frena la economía. No es casualidad, por ejemplo, que la inversión empresarial en la eurozona lleve varios trimestres creciendo a ritmos muy inferiores a los previos a la subida de tipos y que el crédito nuevo a las empresas se haya desacelerado de forma significativa.

De esa manera, es cierto que puede hacer que bajen los precios. Nadie puede ponerlo en duda, pero lo hace destruyendo actividad productiva y generando aún más concentración del ingreso e inequidad. El BCE actúa una vez más como un médico que, para bajar la fiebre de su paciente, lo debilita en extremo sin acabar con la enfermedad. Es una terapia que en medicina tiene nombre: iatrogenia, una práctica que viola un viejo y fundamental principio terapéutico: primum non nocere (lo primero, no hacer daño). Algo que debe respetar cualquier sanitario que se precie.

Una excusa que no sirve

La única razón que aporta el BCE para justificar su práctica demoledora es la necesidad de transmitir credibilidad. Es decir, aunque sepa que la inflación no venga del exceso de demanda, sostiene que hay que enviar una señal de firmeza para impedir que las expectativas se desborden, que los salarios suban para defenderse de nuevas subidas y que las empresas se blinden, subiéndolos de antemano. Es lo conocido como “efecto de segunda ronda”. Un argumento que puede tener cierta lógica en abstracto, pero que no se da en la realidad con fuerza suficiente como para tomarlo tan literalmente en cuenta como hacen los bancos centrales. Actualmente, la llamada inflación subyacente, la que excluye los precios de la energía y los alimentos, se sitúa entre el 2,1 y el 2,3%; puede ser molesta pero manejable. De hecho, en muchos países europeos los salarios reales aún no han recuperado el poder adquisitivo perdido tras la fase inflacionaria iniciada tras la pandemia. Los datos disponibles no muestran, por ahora, una espiral salarios-precios de intensidad suficiente como para justificar una respuesta monetaria tan agresiva. Por tanto, subir los tipos de interés preventivamente para hacer frente a un riesgo supuesto y que los datos no confirman, en el contexto de una economía que crece al 0,9%, es una decisión con costes seguros a cambio de un beneficio muy incierto.

Pagarán la factura los mismos de siempre

Los costes de este nuevo error del Banco Central Europeo no se distribuyen de forma uniforme. Por un lado, la subida de tipos agravará las asimetrías estructurales de la eurozona. Alemania y los Países Bajos, que tienen una inflación más ligada a costes laborales y economías con menor nivel de deuda pública, podrán absorber mejor el impacto. España, y sobre todo Italia, con deuda pública más elevada, se verán más afectadas, al tener que pagar más por el servicio de la deuda y tener que actuar con menor margen fiscal. Para España, un euríbor al alza no sólo frenará la demanda, sino que provocará una enorme transferencia de renta de las familias hipotecadas y de las pymes endeudadas hacia el sector financiero. Todo ello, mientras que los grandes bancos europeos han registrado en los últimos ejercicios algunos de los mayores beneficios de su historia reciente, gracias al aumento de los márgenes financieros provocado por los diferenciales de tipos de interés.

Elevar el coste del dinero cuando la economía no crece ni al 1%, como viene ocurriendo en Europa, y cuando los riesgos geopolíticos están lejos de disiparse, no es prudencia monetaria: es la mala austeridad que ya arruinó a un buen número de países, ahora con nombre y justificación tecnocráticos. No aplicada esta vez mediante recortes directos del gasto público, sino mediante el encarecimiento del crédito que recortará el de toda la economía.

Un problema de fondo que se reitera

Detrás de esta nueva equivocación del BCE está el dogma que guía a la inmensa mayoría de los bancos centrales de nuestro tiempo.

Frenar esta inflación requeriría instrumentos distintos: regulación de precios, intervención en los mercados energéticos, coordinación fiscal

Han basado su independencia y su legitimidad en un mandato único o principal (la estabilidad de precios) y sobre un único instrumento (el tipo de interés). Así, cuando hay inflación, suben los tipos, con independencia de cuál sea la causa de esa inflación y el diagnóstico queda subordinado al instrumento disponible.

El problema de fondo es que el BCE dispone prácticamente de un único instrumento operativo de gran alcance: el tipo de interés. Y cuando todas las herramientas son martillos, todos los problemas acaban pareciendo clavos. La consecuencia es que la naturaleza concreta de la inflación pasa a un segundo plano y el remedio termina aplicándose con independencia de cuál sea la enfermedad.

La inflación de oferta que estamos comenzando a tener requeriría instrumentos distintos para poder frenarse: políticas de regulación de precios en sectores estratégicos, intervención en los mercados energéticos para absorber los choques externos, coordinación fiscal para sostener la demanda mientras los costes se normalizan, política industrial para reducir dependencias estructurales... Nada de eso está en el manual de instrucciones del Banco Central Europeo y el fundamentalismo ideológico de sus directivos le lleva a creer que lo que no está en el manual no existe, aunque los datos y la experiencia lo estén señalando, sin lugar a dudas.

No es la primera vez que el BCE se equivoca de esta manera, como dije más arriba y han corroborado muchos economistas, algunos de ellos trabajando en los propios bancos centrales o bastante ortodoxos como Olivier Blanchard o Paul de Grauwe, al analizar su actuación en momentos parecidos al actual. No puede olvidarse lo ocurrido en 2011, cuando Jean-Claude Trichet subió los tipos por temor a la inflación derivada del encarecimiento del petróleo. Pocos meses después, Europa entró en recesión y el propio BCE tuvo que revertir las subidas.

Y el problema es que el Banco Central Europeo utiliza su independencia para gozar de impunidad ante sus sucesivos y costosos errores.

Nadie puede pedirle cuentas porque se ha establecido que lo que el BCE hace es pura técnica, neutra y objetiva. Es una ficción institucional extremadamente costosa, pues se presentan como decisiones puramente técnicas las que tienen consecuencias distributivas y sociales de enorme alcance.

Una de las más grandes y costosas mentiras económicas de la historia. La política monetaria que practica, como su propio nombre indica, es política, un conjunto de decisiones basadas en ideología y en preferencias de reparto de la riqueza, que benefician a unos y perjudican a otros, pero que son tomadas por una institución que no rinde cuentas ante nadie. Esa es la cuestión. En una época de democracias llenas de defectos y limitaciones, la independencia e impunidad con la que actúan los bancos centrales es una anomalía democrática de primer orden que habría que corregir antes de que provoquen una catástrofe."

(Juan Torres López, CTXT, 12/06/26)

3.6.26

Subir los tipos de interés ahora es una acción cercana a la locura económica... propuesta que el BCE está planeando... la inflación europea está aumentando, pero solo hasta niveles muy moderados. Nadie con dos dedos de frente piensa que el 3,2 % sea una tasa de inflación alta que deba preocupar a nadie. Dicho esto, también acepto que la trayectoria es ascendente... ¿Por qué actuar ahora? ¿Por qué hacerlo cuando ya hay una falta de demanda dentro de las economías europeas, y cuando se sabe que subir los tipos de interés solo funciona como herramienta para combatir la inflación cuando hay un exceso de demanda? ¿Y por qué subir los tipos cuando esta inflación está claramente causada por una escasez de petróleo, gas, fertilizantes, alimentos y otros materiales, cuya disponibilidad no mejorará en absoluto al aumentar los tipos de interés? ¿De verdad vamos a tener que sufrir decisiones políticas absurdas además de la crisis económica que ya se nos viene encima? (Richard Murphy)

"Subir los tipos de interés ahora es una acción cercana a la locura económica**

Como ha señalado el *Financial Times* esta mañana:

> La inflación de la zona euro aumentó al 3,2 % en mayo, lo que refuerza la posibilidad de que el Banco Central Europeo suba los tipos de interés por primera vez en casi tres años, en su intento por contener las presiones sobre los precios desatadas por el conflicto en Oriente Medio.

> La estimación del martes, que coincidió con las previsiones de los economistas en una encuesta de Reuters, aumentó desde el 3 % de abril y marcó la tasa de inflación anual más alta desde septiembre de 2023.

Seamos claros. Efectivamente, según los hechos y utilizando medidas comunes en todo el mundo, parece que la inflación europea está aumentando, pero solo hasta niveles muy moderados. Nadie con dos dedos de frente piensa que el 3,2 % sea una tasa de inflación alta que deba preocupar a nadie.

Dicho esto, también acepto que la trayectoria es ascendente. (...)

Ahora bien, acepto que, usando la lógica convencional de los banqueros centrales, una tendencia al alza de la inflación sugiere que hay que tomar medidas para frenarla y devolver la tasa de inflación a lo que se considera normal (para lo cual hay una referencia clara en estos datos) o a lo que se considera deseable, que se dice que es el 2 %.

Sin embargo, la pregunta que falta en este informe y en la medida propuesta que el BCE supuestamente está planeando es: ¿por qué?

¿Por qué actuar ahora?

¿Por qué hacerlo cuando ya hay una falta de demanda dentro de las economías europeas, y cuando se sabe que subir los tipos de interés solo funciona como herramienta para combatir la inflación cuando hay un exceso de demanda?

¿Y por qué subir los tipos cuando esta inflación está claramente causada por una escasez de petróleo, gas, fertilizantes, alimentos y otros materiales, cuya disponibilidad no mejorará en absoluto al aumentar los tipos de interés?

¿Ningún periodista se ha dado cuenta?

¿Ningún miembro del BCE se ha dado cuenta?

¿Ningún miembro del equipo editorial del *Financial Times* se ha dado cuenta?

¿Ninguno de ellos ha comprendido que si aumentas el precio del dinero en un momento en que la inflación está siendo alimentada por una escasez absoluta de materias primas esenciales, lo único que consigues es aumentar la tasa de inflación?

He publicado aquí recientemente sobre las deficiencias de nuestro sistema educativo y el hecho de que no enseña ninguna forma de pensamiento crítico. Soy consciente, por supuesto, de que algunas personas desarrollan esa habilidad por sí mismas, pero parece que en la economía y el periodismo afín está casi totalmente ausente.

¿De verdad vamos a tener que sufrir decisiones políticas absurdas además de la crisis económica que ya se nos viene encima?

Si es así, todo será mucho peor de lo que tendría que ser.

Las deficiencias educativas tienen consecuencias, y esta será enorme." 

(Richard Murphy, blog, 03/06/26, traducción Deep Seek, gráficos en el original)

23.2.26

Euro digital: el puedo y no quiero del Banco Central Europeo... En un momento en el que Europa debate su autonomía estratégica, el dinero público digital podría haber sido una herramienta de transformación... se parece más a un “monedero digital” que a una auténtica nueva moneda de esa naturaleza, porque: Tendría un límite de 3000 euros por persona... No tendría remuneración y, al excluir el pago de intereses... No competirá estructuralmente con los depósitos privados... No supondrá una ampliación sustancial del dinero público en circulación... o sea, el euro digital nace diseñado para no transformar la arquitectura monetaria existente... la auténtica revolución financiera que ya ha empezado a darse, ofrece una oportunidad histórica para redefinir el papel del dinero público en la economía digital y para reforzar la autonomía de la Unión Europea... Una gran oportunidad perdida (Juan Torres López)

 "El Banco Central Europeo se suma a más de un centenar de bancos centrales que estudian o diseñan la emisión de nuevas monedas digitales. 

La idea suena ambiciosa, casi revolucionaria. Pero conviene aclarar las cosas porque –por lo que el propio BCE viene informando sobre su proyecto– parece que lo que va a crear se parece más a un “monedero digital” que a una auténtica nueva moneda de esa naturaleza.

El euro digital ya existe

El dinero es, en términos simples, cualquier cosa que sea aceptada generalmente como medio de pago. Hoy adopta formas distintas. Por un lado, está el dinero físico –monedas y billetes de euros– que es el dinero legal emitido por el banco central. Y por otro lado hay dinero digital (en nuestro caso, euro digital), que es el que utilizamos cada día a través de nuestras cuentas bancarias, tarjetas, transferencias o aplicaciones móviles. Este último no lo crea directamente el banco central, sino los bancos comerciales cuando conceden crédito. Es dinero bancario, digital, y constituye la inmensa mayoría del dinero en circulación.

Por lo tanto, el euro ya es fundamentalmente digital. Cuando pagamos con tarjeta o hacemos una transferencia no movemos billetes ni monedas, sino números en la cuenta de nuestro banco. Es decir, no es dinero que circule en forma de papel o metal, como los billetes y monedas, sino como apuntes electrónicos en los ordenadores de los bancos. Podemos convertirlo en billetes si queremos, pero mientras tanto son simplemente cifras anotadas en nuestra cuenta.

¿Qué es una moneda digital del banco central?

A diferencia del dinero bancario actual, que es dinero digital creado por la banca privada, una moneda digital de banco central (MDBC) es dinero emitido directamente por el banco central en formato digital y accesible al público en general.

Por tanto, para que lo sea en sentido pleno, debería reunir al menos las siguientes características:

– Emisión directa por el banco central, como lo son hoy los billetes y monedas.

– Acceso universal, de modo que cualquier persona o empresa pueda abrir una cuenta o mantener saldo directamente en el banco central, sin necesidad de intermediación bancaria para disponer de la titularidad del dinero.

– Convertibilidad plena y paritaria. Es decir, ser intercambiable uno a uno con el dinero físico y con los depósitos bancarios.

– Ausencia de límites cuantitativos o de topes de tenencia, para que pueda utilizarse exactamente igual y con los mismos fines que cualquier otra forma actual de dinero.

– Posibilidad de ser remunerado con intereses para que así el banco central pudiera convertir su gestión en un instrumento directo más de política monetaria.

– Capacidad de funcionar como medio de pago general. Es decir, ser utilizable en todo tipo de transacciones, tanto minoristas como electrónicas, en igualdad de condiciones frente a otras formas de dinero.

Si un instrumento reúne esas propiedades, ya no es simplemente un medio de pago digital más. Es una nueva forma de dinero público plenamente equiparable al efectivo, pero en formato digital.

Lo que al parecer se propone crear el Banco Central Europeo

Según la información difundida por el Banco Central Europeo, el euro digital que se propone crear tendría características y funcionalidades bastante diferentes a las anteriores. No sería una nueva moneda digital en sentido estricto por diferentes razones:

a) Se establecen límites cuantitativos a la tenencia de euros digitales, parece ser que de 3.000 euros por sujeto. Una restricción que impide que pueda utilizarse libremente como cualquier otra forma de dinero y limita su capacidad de convertirse en alternativa real a los depósitos bancarios.

b) No tendría remuneración y, al excluir el pago de intereses, el BCE renuncia a utilizarlo como instrumento directo y flexible de política monetaria. Evita así que compita en condiciones similares con otros activos líquidos.

c) No estaría diseñado para funcionar en igualdad plena frente a los depósitos bancarios.
El propio BCE ha señalado que su objetivo es evitar que la banca privada deje de ser la principal vía de intermediación financiera. Es decir, el diseño incorpora explícitamente la intención de que no sustituya ni compita estructuralmente con los depósitos privados.

d) No supondría una ampliación sustancial del dinero público en circulación.
En la práctica, el euro digital se nutriría principalmente de transferencias desde depósitos bancarios ya existentes, más que de una expansión neta del dinero emitido por el banco central.

Las ventajas del euro digital

A la vista de esto último, es fácil deducir que el euro digital que se propone crear el BCE cumpliría algunas características de una moneda digital del banco central, pero no todas las que podría tener en sentido pleno. No sería una moneda digital del banco central en su versión completa, sino una versión limitada y bastante acotada de esa posibilidad. Como dije, una especie de monedero digital sofisticado.

A pesar de ello, es cierto que tendría virtudes importantes 

En primer lugar, proporcionaría un nivel de seguridad superior al de los depósitos bancarios privados, cuya garantía depende en última instancia de mecanismos de respaldo y supervisión. Tener dinero directamente emitido por el banco central elimina el riesgo de insolvencia de una entidad comercial sobre ese saldo concreto.

En segundo lugar, reforzaría la autonomía europea en el ámbito de los pagos digitales, pues una parte significativa de nuestras infraestructuras actuales depende de redes y plataformas privadas, muchas de ellas fuera del control directo europeo. Aunque esto sólo se produciría en cierta medida, como expliqué en un artículo anterior.

En tercer lugar, el euro digital actuaría como contrapeso frente a la expansión de soluciones privadas –desde grandes plataformas tecnológicas hasta iniciativas cripto– en el ámbito monetario. 

En cuarto lugar, podría mejorar la eficiencia en los pagos al reducir costes de transacción, aumentar su velocidad, ofrecer interoperabilidad en toda la eurozona y permitir pagos digitales sin conexión a la red (si se diseña para que pueda ser así).

Finalmente, si se diseña adecuadamente, puede aumentar la inclusión financiera facilitando el acceso a pagos digitales a personas con menor acceso a servicios bancarios tradicionales. 

Las renuncias del Banco Central Europeo

La creación de un euro digital que no será una auténtica nueva moneda sino algo de bastante menos alcance, como hemos visto, supone que el BCE renuncia a ventajas e instrumentos muy relevantes que tienen las monedas digitales de los bancos centrales en sentido estricto y pleno.

Renuncia, en primer lugar, a que el euro digital se convierta en una alternativa real a los depósitos bancarios.

Renuncia también a la remuneración de esos saldos, lo que excluye su utilización como instrumento directo y flexible de política monetaria.

Al establecer un límite de depósito y excluir su remuneración, el BCE garantiza que el euro digital no se convierta en una alternativa significativa a los depósitos bancarios. El resultado es que la estructura actual de creación y gestión del dinero permanece intacta, con los mismos incentivos y vulnerabilidades que han caracterizado al sistema en las últimas décadas y que han hecho necesarias en demasiadas ocasiones intervenciones públicas muy costosas para sostener la estabilidad financiera.

El argumento que invoca el Banco Central Europeo para no ir más allá es la estabilidad financiera. Por un lado, como dice el propio BCE, para evitar que se produzca una desintermediación significativa de la banca privada. Es decir, que deje de ser el eje o centro principal de la captación de depósitos y de la provisión de crédito y medios de pago en Europa. Y, por otro, que se produzcan tensiones por salidas masivas de dinero si no se pone límite a la transferencia de depósitos hacia el euro digital. Pero el resultado de ese conservadurismo es claro y negativo: el euro digital nace diseñado para no transformar la arquitectura monetaria existente. 

La transición tecnológica en la que nos encontramos, la auténtica revolución financiera que ya ha empezado a darse, ofrece una oportunidad histórica para redefinir el papel del dinero público en la economía digital y para reforzar la autonomía de la Unión Europea. 

El Banco Central Europeo podría haberla aprovechado, pero ha optado por la versión más conservadora, neutra y cuidadosamente acotada del euro digital. Y cuando la innovación tecnológica avanza y proporciona oportunidades de cambio, elige mantener el equilibrio institucional, a pesar de los graves y recurrentes problemas que ya ha dado. 

En un momento en el que Europa debate su autonomía estratégica, el dinero público digital podría haber sido una herramienta de transformación. Con lo que proyecta hacer el BCE será, sin embargo y como mucho, un instrumento complementario que no podrá desplegar todo el enorme beneficio potencial de las auténticas monedas digitales de los bancos centrales. Una gran oportunidad perdida." 

( Juan Torres López , CTXT, 20/02/2026)

3.7.25

Los banqueros centrales asumen que la avaricia de las empresas disparó la inflación desde 2021 y que es otra vez, en esta nueva etapa, el mayor riesgo, aunque directamente no mencionan “la inflación de vendedores” o “de beneficios”, que son conceptos que utilizan los economistas más críticos, y están prohibidos para la ortodoxia de la política monetaria... El análisis cualitativo proporciona mayor comprensión del razonamiento que subyace al optimismo de los ejecutivos respecto a su capacidad para convertir un shock de costes a nivel de toda la economía en una oportunidad para subir los precios y proteger o incluso aumentar las ganancias”, recoge Isabella M. Weber (Daniel Yebra)

 "Los principales banqueros centrales del mundo se han reunido esta semana en Sintra (Portugal), en el cónclave anual que organiza el Banco Central Europeo (BCE), y en el que la institución ha aprovechado para revisar su estrategia y sus herramientas de política monetaria —entre las que se encuentran los tipos de interés o la creación de dinero para comprar deuda pública y privada o remunerar a las entidades financieras privadas, y facilitar o restringir la financiación—. En definitiva, un poder inmenso.Las medidas de las empresas ante los aranceles: subir precios, nuevos mercados y sin despidos

El BCE apenas ha anunciado cambios, y se ha dejado caer en la autocomplacencia tras reaccionar con “contundencia” —en sus propias palabras— a la peor crisis de inflación de las últimas décadas, que ha provocado un daño histórico al bolsillo de las familias, sobre todo en 2022 y en 2023, mientras que las empresas han conseguido beneficios récord, especialmente los bancos comerciales.

Las declaraciones y los documentos de los bancos centrales hay que leerlos entre líneas. Es parte del lenguaje de la política monetaria, cuya influencia en los mercados financieros es instantánea y es capaz de rescatar o hundir al euro —y, por tanto, a todas las economías que comparten esta divisa— con solo una frase, como ocurrió con aquel “haré todo lo que sea necesario” de Mario Draghi, expresidente al que sucedió Christine Lagarde.

En los informes y discursos compartidos en los últimos días por el BCE y el resto de instituciones, no hace falta mucha interpretación para entender que los banqueros centrales asumen que la avaricia de las empresas disparó la inflación desde 2021 y que es otra vez, en esta nueva etapa, el mayor riesgo, aunque directamente no mencionan “la inflación de vendedores” o “de beneficios”, que son conceptos que utilizan los economistas más críticos, y están prohibidos para la ortodoxia de la política monetaria.

En el relato de la última crisis de inflación que ha hecho el BCE en la revisión de su estrategia, sin mencionar las consecuencias de la avaricia de las empresas, y de algunos sectores en concreto, sí que reconoce lo evidente. En 2021, en la salida de la pandemia, “las perturbaciones en el sector energético, alimentario y de la cadena de suministro [del comercio global] desempeñaron un papel especialmente importante en el repunte inicial de la inflación”, recoge este informe de la institución.

“Los factores de oferta, tanto globales como nacionales, fueron los que más contribuyeron a la inflación”, continúa. “Una transmisión inusualmente elevada de los costes de los insumos energéticos a los precios finales […] desempeñaron un papel importante en la transmisión de las perturbaciones”, prosigue el BCE. Finalmente, “los salarios reaccionaron a las subidas de precios con cierto retraso, lo que resultó en un aumento inicial de los beneficios de las empresas, pero a mediados de 2023 estos comenzaron a absorber un mayor crecimiento salarial”.

“El enérgico endurecimiento de la política monetaria en respuesta al repunte inflacionario [las subidas de los tipos de interés, que buscaban ahogar a las familias y a las empresas para rebajar así la inflación y que en los últimos meses la propia institución está revirtiendo por el frenazo del crecimiento económico] fue crucial para mantener ancladas las expectativas de inflación a largo plazo, evitar una espiral de precios y volver a acercar la inflación al objetivo de manera oportuna”, se autofelicita el BCE. Lo que no menciona el regulador financiero es que las subidas de los tipos de interés oficiales —que se trasladan al Euríbor y, por tanto, a las hipotecas— se unen a la inflación y ejecutan un golpe doble que se ceba con las familias más vulnerables.

Doble golpe a las familias: precios y tipos

La última Encuesta de Presupuestos Familias (EPF) del INE corrobora este daño multiplicado por dos (precios y tipos), ya que techo y comida se llevan el 60% del gasto de los hogares más pobres de nuestro país, 20 puntos más que de los que viven más holgadamente. Visto de otra manera. De cada 100 euros, en 2024, tras pagar el alquiler o la hipoteca, la luz, el gas, el agua y llenar la nevera, las familias más pobres solo gastaron cada mes 40 euros para otras partidas, como la factura del teléfono, la cultura o el dentista. O dándole otra vuelta, mientras las subidas de los precios de la vivienda y de los supermercados asfixian a los españoles más pobres, los hogares más ricos pueden permitirse dedicar uno de cada tres euros a ocio, restaurantes, hoteles y transporte. Por el contrario, las familias más vulnerables se dejan solo 16 euros de cada 100 de su gasto total en ir al cine, en cenar fuera de casa, en coger aviones…

Pero el BCE asegura que sus decisiones han conseguido domar la inflación y da el ciclo por cerrado, después de ocho recortes de los tipos de interés desde junio de 2024, cuando la tasa de referencia (la facilidad de depósito) estaba en el 4%, hasta el 2% actual. Ese máximo, que se alcanzó en el otoño de 2023, tras los incrementos desde el 0% de 2022, ha propiciado que los bancos comerciales de la zona del euro hayan conseguido beneficios récord en los últimos ejercicios por la ‘generosidad’ de la política monetaria y de esa tasa de facilidad de depósito. Un tipo de interés que remunera el exceso de liquidez de las entidades financieras como herramienta para establecer un suelo en el mercado de las hipotecas y de los préstamos en general.

Para el futuro, el BCE señala que “los cambios estructurales en curso pueden hacer que las perturbaciones de la oferta sean más frecuentes que en el pasado y generar mayor incertidumbre y volatilidad inflacionaria. Dichas perturbaciones podrían provenir, por ejemplo, de factores geopolíticos o del cambio climático”.

En esta mirada hacia adelante, la institución considera que, “en presencia de perturbaciones más frecuentes y de mayor magnitud, la volatilidad inflacionaria puede aumentar aún más, ya que las empresas ajustan los precios con mayor frecuencia”. Es decir, trasladan los aumentos de costes (energía, materias primas…), por ejemplo por la guerra comercial escalada por la Administración de Estados Unidos, a los precios de venta, defendiendo o elevando sus márgenes de beneficio.

En este contexto, el BCE defiende su objetivo principal de mantener la inflación interanual en el 2%, con orientación de medio plazo. Distintas organizaciones y partidos políticos progresistas vienen pidiendo que a esta meta, el regulador añada otras, como la creación de puestos de trabajo —al igual que la Reserva Federal norteamericana— o el apoyo a la transición ecológica. “Esta revisión de la estrategia del BCE es una decepción autocelebrada que lleva al banco central a centrarse erróneamente en lo que, erróneamente, cree haber hecho bien”, denuncia Jordi Schröder Bosch, investigador de Positive Money Europe.

“El BCE se enorgullece de su papel en el control de la inflación, que en realidad se debió en gran medida a la caída de los precios de la energía. Otra realidad es que el aumento del precio de los préstamos, que impuso, tuvo consecuencias negativas precisamente para las inversiones verdes intensivas en capital”, añade. “Necesitamos que el BCE implemente la política directa y simple de reducir los costes de financiación para proyectos sostenibles. Esto permitiría al BCE desempeñar su papel clave y viable para ayudar a combatir el impacto del cambio climático y reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, ambos cruciales para el cumplimiento de su mandato”, comenta Jordi Schröder Bosch.

El BCE sí que destaca en la revisión de su estrategia que, “sin perjuicio de la estabilidad de precios, en sus decisiones de política monetaria, el consejo de gobierno tiene en cuenta otras consideraciones relevantes para la ejecución de dicha política […]. Estos objetivos incluyen un crecimiento económico equilibrado, una economía social de mercado altamente competitiva que aspire al pleno empleo y al progreso social, y un alto nivel de protección y mejora de la calidad del medio ambiente”.

La inflación de beneficios

La economista Isabella M. Weber, una de las investigadoras que primero demostró la avaricia de las empresas y la inflación de vendedores desde 2021, ha vuelvo a publicar un informe, recientemente, en el que incide en que “los shocks de costes que afectan a toda la economía son un mecanismo implícito de coordinación para los aumentos de precios”.

“Los shocks de oferta son ampliamente reconocidos como un factor determinante del reciente repunte inflacionario, pero el papel de las estrategias de precios de las empresas en la propagación de los shocks de costes de insumos sigue siendo controvertido”, dice la investigación de esta economista y de sus coautores.El Euríbor se estanca en junio en el 2,08% y rompe una racha de catorce meses de bajadas

“Los grandes shocks de precios de insumos (así como su coexistencia con restricciones de oferta) se correlacionan con sentimientos positivos expresados en las declaraciones de los ejecutivos sobre el aumento de costos. El análisis cualitativo proporciona mayor comprensión del razonamiento que subyace al optimismo de los ejecutivos respecto a su capacidad para convertir un shock de costes a nivel de toda la economía en una oportunidad para subir los precios y proteger o incluso aumentar las ganancias”, recoge la investigación."

(Daniel Yebra, Gaceta Crítica, 03/07/25, fuente eldiario.es

29.10.24

POLITICO: El euro digital desata una batalla por la soberanía entre los gobiernos de la UE y el BCE... Los políticos compiten con los tecnócratas por el control de una renovación de la moneda única que, según ambos, plantea graves riesgos económicos

 "Las naciones más poderosas de Europa y el Banco Central Europeo (BCE) están librando una batalla por el control de una nueva herramienta monetaria que ambas partes temen pueda desestabilizar el sistema bancario del continente si se gestiona mal.

En el centro del conflicto se encuentra el euro digital, un equivalente virtual de las monedas y billetes de euro. Durante años, el BCE ha estado desarrollando este instrumento, con la idea de crear un competidor paneuropeo de pagos capaz de rivalizar con pesos pesados estadounidenses como Visa y Mastercard.

Pero a medida que el proyecto se acerca a la realidad, ha estallado un tira y afloja. Varios gobiernos de la Unión Europea, entre ellos Francia y Alemania, sostienen que el BCE ha adquirido demasiado control sobre un aspecto crucial: la cantidad de moneda digital que los ciudadanos podrán tener en «monederos» respaldados por el banco central.

Aunque pueda parecer una cuestión técnica sin importancia, lo que está en juego es enorme. A políticos y tecnócratas les preocupa que, si el límite se fija demasiado alto, los ciudadanos puedan retirar grandes sumas de los bancos tradicionales durante una crisis, poniendo en peligro la estabilidad de todo el sistema bancario. A algunos también les preocupa que cualquier límite pueda atentar contra la libertad financiera personal, avivando el temor a un Estado «Gran Hermano», según un diplomático, al que, como a otros mencionados en este artículo, se le concedió el anonimato para hablar libremente de un tema delicado.

 La lucha plantea una cuestión fundamental: ¿Dónde acaba la autoridad del banco central y empieza la de los países miembros de la UE? Treinta años después de que el BCE se convirtiera en el principal guardián monetario del bloque, el enfrentamiento obliga a reevaluar el delicado equilibrio entre política y banca central.

Para algunos, es un retroceso necesario contra la extralimitación del BCE. Pero en Fráncfort, los funcionarios lo consideran una intromisión política en un ámbito que debería estar libre de ella. En el fondo, como dijo con franqueza un diplomático, la disputa tiene menos que ver con tecnicismos y más con una «batalla por el poder».

Tecnocracia frente a democracia

Más de 100 bancos centrales han explorado la idea de crear una moneda digital nacional, impulsados a la acción después de que el malogrado intento de Facebook de lanzar una criptodivisa global, Libra, en 2019 enviara ondas de choque a través del mundo financiero.

Mientras que muchos de estos esfuerzos se han desvanecido desde entonces, el BCE se ha mantenido firme, defendiendo el euro digital como una alternativa que cambia el juego a los sistemas de pago existentes, uno que espera que afloje la dependencia de Europa de los servicios de pago dominantes de Estados Unidos y de fuera de la UE, que actualmente manejan alrededor del 70 por ciento de los pagos de la UE.

Pero el implacable avance del banco central también ha asustado a los principales países miembros, que ahora ven el proyecto como peligrosamente tecnocrático. En Bruselas están aprovechando su influencia política para intentar frenar el poder del Banco en las negociaciones en curso sobre aspectos cruciales del diseño del euro digital.

Según el proyecto de reglamento en el que están trabajando legisladores y gobiernos, el BCE decidiría por sí solo cuánta moneda digital pueden tener los ciudadanos en sus carteras.

Fráncfort lo considera coherente con su visión del euro digital como expresión de la soberanía monetaria europea. Además, funcionarios familiarizados con las discusiones señalan que el banco central es la única autoridad autorizada a ajustar la oferta monetaria.

Sin embargo, al menos nueve países discrepan. Antes del verano, un grupo que incluía a Alemania, Francia y los Países Bajos argumentó que la competencia monetaria exclusiva de Fráncfort no debería utilizarse como excusa para «limitar su poder de decisión», según las notas de una reunión compartidas con POLITICO.

Según el proyecto de reglamento en el que están trabajando legisladores y gobiernos, el BCE sería el único que decidiría cuánta moneda digital pueden tener los ciudadanos en sus carteras.

Diplomáticos afirmaron además su «supremacía política» en la materia, explicando que el euro digital no era sólo una herramienta monetaria, sino un asunto más amplio de servicios financieros que podría remodelar la forma en que los europeos gestionan los pagos cotidianos.

 El Tratado de la UE otorga al BCE privilegios legales muy fuertes en la regulación de la oferta monetaria, pero sólo cualificados en materia de supervisión bancaria y pagos. También permite explícitamente al Consejo de la UE y al Parlamento Europeo «establecer las medidas necesarias para la utilización del euro como moneda única», aunque «sin perjuicio de las competencias del Banco Central Europeo».

Estabilidad financiera, dictada desde arriba

Algunos países miembros también están muy preocupados por cómo recibirán sus ciudadanos un proyecto ideado por tecnócratas de los que sospechan que están fuera de onda.

«Se puede crear algo en una torre de marfil», dice un ejecutivo de Bruselas familiarizado con los debates. «Pero, ¿se utilizará realmente en un mercado?».

Otro motivo de preocupación es que permitir que el BCE fije el límite dejaría a la institución con influencia exclusiva sobre una nueva herramienta que podría tener efectos desmesurados sobre la estabilidad bancaria.

El BCE argumenta que garantizar la solidez de los bancos es una parte esencial de sus responsabilidades de supervisión, dado que estas instituciones son el principal conducto a través del cual dirige su política monetaria.

Sin embargo, muchos países miembros no están convencidos. Argumentan que es el poder legislativo el que define muchas de esas responsabilidades de supervisión. Tampoco confían en que el BCE sea permisivo con los bancos que consideran su deber patriótico proteger.

 Pero Fráncfort, junto con la Comisión Europea, ha advertido de que permitir que los gobiernos fijen el límite podría exponer al banco central independiente a presiones políticas, según dos personas familiarizadas con las discusiones. A otro funcionario europeo le preocupa que los políticos puedan ceder a las demandas populares de aumentar el límite, perjudicando a los bancos. Irónicamente, muchos banqueros también están ahora del lado del BCE, después de que éste pusiera en marcha una serie de medidas destinadas a reducir la amenaza para sus negocios.

Stephen Cecchetti, profesor de la Brandeis International Business School, está de acuerdo en que el euro digital es ante todo una infraestructura del sistema de pagos, pero afirma que el límite de tenencia debería ser decidido por las mismas personas que deciden si los ciudadanos de la UE pueden utilizar billetes de 500 euros: el Consejo de Gobierno del BCE.

Este tipo de quejas sugieren que «a los políticos no les gusta que los tecnócratas de sus países asuman este papel», dijo, y añadió que si tienen algún problema con ello «deberían quejarse a sus bancos centrales».

Pero los países miembros no se han rendido. Un posible compromiso es dejar que los legisladores establezcan los parámetros dentro de los cuales opera el BCE, pero dar al Banco la última palabra.

Aun así, esto no ayudaría mucho a resolver el problema más general: que un proyecto destinado a salvar a Europa del dominio económico de la tecnología estadounidense amenace ahora con convertirse en un riesgo en sí mismo, si el BCE sigue adelante sin el apoyo democrático adecuado."

( Giovanna Faggionato and Ben Munster , POLITICO, 29/10/24. Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com)

18.7.24

¿Es un euro digital... un euro? ¿Es una nueva forma de moneda, una «nueva moneda» o simplemente un medio de pago? Debe considerarse como la representación digital de un billete de banco (Hubert de Vauplane)

 "Los atributos de la moneda 

La próxima —y probable— llegada del euro digital plantea interrogantes sobre su naturaleza. En un momento en el que se multiplican las unidades monetarias de todo tipo —monedas locales, criptomonedas, monedas digitales de bancos centrales, stablecoins…— y en el que el dinero en efectivo tiende a convertirse (o a ser) marginado (al menos en los países occidentales), para responder a la pregunta de qué representa el euro digital, primero debemos examinar los elementos que caracterizan jurídicamente a una moneda.

1 — Privilegio de emisión

La primera característica jurídica de la moneda de curso legal es que es emitida por un banco central, es decir, una institución pública encargada de emitirla en todas sus formas, en particular como billetes y monedas metálicas —el dinero escritural también puede ser emitido por los bancos—. Es lo que se conoce como «privilegio de emisión». Pero no siempre ha sido así, ni mucho menos. De hecho, el concepto de banco central es relativamente reciente. Aunque algunos existen desde el siglo XVII —el banco central más antiguo es el Banco de Suecia, fundado en 1656, seguido de cerca por la «Old Lady», el Banco de Inglaterra, nacido en 1694, y el Banco de Francia data sólo de 1800—, la mayoría de los bancos centrales actuales son posteriores a la década de 1950. De hecho, el número de bancos centrales ha aumentado con la creación de nuevos Estados, ya sea a raíz del Tratado de Versalles, de la descolonización o, más recientemente, de la desintegración de algunos países.

El poder de «acuñar moneda» es uno de los atributos esenciales del Príncipe; la doctrina jurídica lo reconoce desde hace mucho tiempo: «La moneda es uno de los derechos de soberanía», como ya afirmaba Bodin, aunque no fue hasta el siglo XX cuando la jurisprudencia internacional consagró el principio de soberanía monetaria.

2 — Curso legal 

La segunda característica de una moneda legal es lo que se conoce como «curso legal», que se aplica tanto a los billetes como a las monedas metálicas. Esto significa que deben ser aceptados para todos los pagos. El concepto de curso legal «es una característica definitoria de la moneda de banco central», como subraya el proyecto de reglamento europeo sobre la introducción del euro digital1

Históricamente, el curso legal sólo se aplicaba a los billetes, que podían convertirse en cualquier momento en monedas metálicas, acuñadas en un metal precioso y, por tanto, con valor intrínseco. Pero no siempre fue así. Hoy, sólo los billetes y monedas en euros tienen curso legal en el territorio nacional.  

El curso legal de los billetes y monedas metálicas significa que no pueden ser rechazados en el pago de una deuda: su aceptación como medio de pago es obligatoria. Como se indica en el proyecto de reglamento sobre el euro digital, «la noción de “curso legal” de un medio de pago denominado en una unidad monetaria significa, en su acepción actual, que este medio de pago no puede, en general, ser rechazado en pago de una deuda denominada en la misma unidad monetaria, a su valor nominal, con pleno efecto liberatorio»2.

Negarse a aceptar monedas o billetes de curso legal en Francia se castiga con una multa en virtud del artículo R. 642.3 del Código Penal3

El curso legal de los billetes de euro se rige por el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE). El Reglamento 974/98 del Consejo, de 3 de mayo de 1998, sobre la introducción del euro, define el curso legal de los billetes y monedas en euros, pero no establece una definición única a escala europea. El mismo texto establece que las partes pueden establecer excepciones a esta obligación mediante acuerdo. Para aclarar este concepto, la Comisión Europea adoptó el 22 de marzo de 2010 una recomendación sobre el alcance y los efectos del curso legal de los billetes y monedas en euros. En el marco del proyecto de euro digital, un proyecto de reglamento prevé «normas detalladas sobre el alcance, los efectos y el acceso al curso legal de los billetes y monedas en euros (…), con el fin de garantizar el uso efectivo del euro como moneda única»4.

3 — Convertibilidad

La convertibilidad de una moneda no es un atributo legal de la misma, sino un grado de apertura al comercio con el exterior: una moneda de curso legal puede no ser convertible en absoluto. Definida como la capacidad de una moneda nacional para ser cambiada libremente, la convertibilidad se alcanza, según los periodos, bien contra el oro del país de emisión —o la plata en ciertos países—, bien contra monedas extranjeras.

El grado de convertibilidad de una moneda se mide por el grado de libertad para utilizar o intercambiar cualquier activo en esa moneda a un tipo de cambio determinado. Una moneda puede ser convertible de iure o de facto. De iure, una moneda se convierte en convertible cuando el Estado emisor lo notifica oficialmente al FMI. De facto, una moneda se convierte en convertible cuando no existen obstáculos para su cambio frente a otras monedas, en particular a través de regulaciones cambiarias. Existen varios grados de convertibilidad, en función del grado de restricción de las transacciones en divisas.

Además, algunas monedas pueden estar sujetas a lo que se conoce como régimen de cambio forzoso, que exige que una divisa circule a su valor nominal, sin relación alguna con su valor metálico —o, más generalmente, con el valor del activo que se supone que sirve de referencia: una divisa, por ejemplo—. El sistema de cambio forzoso consiste en la imposición simultánea de un sistema de inconvertibilidad y de curso legal. Es el caso, en particular, de los billetes convertibles en metales preciosos. En una economía monetaria en la que la cantidad de billetes en circulación está desvinculada de cualquier referencia a un activo de reserva, la noción de tipo de cambio forzoso ya no tiene mucho sentido.

4 — Fungibilidad 

A menudo se dice que la moneda es fungible. Lo que queda por acordar es el significado de la expresión —que no es exactamente el mismo para los economistas que para los juristas—. Para los economistas, es el carácter intercambiable de los instrumentos monetarios lo que los hace fungibles. Para estos últimos, la fungibilidad se refiere a cosas «de la misma especie y de la misma cantidad», es decir, cosas equivalentes que se utilizan indistintamente como pago. Para la doctrina jurídica clásica, la moneda es el único bien «absolutamente fungible», porque es convertible o intercambiable en cualquier otro bien.  En otras palabras, es la relación de equivalencia absoluta lo que hace que la moneda sea fungible. En cuanto a su consumibilidad, deriva este atributo de su naturaleza alienable: no es que se destruya naturalmente por el consumo que se hace de ella, sino por su gasto cuando se utiliza. 

Ahora que hemos aclarado las características de la moneda de curso legal, ¿qué ocurre con el euro digital? 

¿Cuáles son los atributos del euro digital? 

¿Es una nueva forma de moneda, una «nueva moneda» o simplemente un medio de pago5

Evidentemente, el plan europeo para el euro digital no lo describe como una nueva moneda. En otras palabras, no es un euro de menor calidad o valor: el euro digital es un euro. Por lo tanto, no presenta ninguna diferencia de valor ni de naturaleza. 

Sin embargo, para tener en cuenta su naturaleza digital, la Comisión Europea prevé regular el euro digital mediante tres proyectos de reglamento: uno sobre la creación del euro digital6, otro sobre la definición en derecho europeo del concepto de moneda de curso legal7, y el último tiene por objeto permitir a los proveedores de servicios de pago de los países cuya moneda no es el euro estar en condiciones de distribuir esta nueva forma del euro.

El primero de estos reglamentos es muy interesante porque su objetivo no es «crear» el euro digital o «introducir» el euro digital —lo que sugeriría que se trata de una nueva moneda— sino «establecer» el euro digital de forma que «complemente los billetes y monedas de euro»8. Así expresado, el euro digital es claramente un euro. 

Pero, ¿de qué tipo de moneda estamos hablando? ¿Se trata de billetes y monedas, de moneda fiduciaria, o de una nueva forma digital de moneda junto a las dos primeras? Sabemos que la primera se compone de billetes y monedas y es emitida exclusivamente por un banco central —o en nombre de un banco central—, mientras que la segunda representa esencialmente depósitos y préstamos bancarios.

En el proyecto de la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, el euro digital es a la vez una nueva representación de la moneda de curso legal (el euro) y una forma digital de la moneda fiduciaria. Como dice el proyecto de reglamento sobre el euro digital, es la «(…) forma de la moneda única de curso legal en la zona del euro»9 o «la forma digital de la moneda única»10.

Pero, ¿es lo mismo el euro digital que un billete o una moneda de euro? La cuestión no es neutra, dadas las competencias en la materia: mientras que sólo el BCE está facultado «para autorizar la emisión de billetes de banco en euros en la Unión»11, son los Estados miembros los que «pueden emitir monedas en euros, previa aprobación por el Banco Central Europeo del volumen de emisión»12. En consecuencia, sólo «los billetes emitidos por el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales [tienen] curso legal en la Unión»13. Lo mismo ocurre con las monedas en euros14.

Evidentemente, el TFUE no menciona el euro digital, que no existía cuando se adoptó. Ni siquiera menciona otras posibles formas de representación del euro. Por tanto, para dar curso legal al euro digital en el marco del Tratado actual, la única posibilidad es que el TFUE lo asimile a un billete o moneda de euro.

Esta asimilación a un billete o moneda dista mucho de ser neutra.

Al diseñar el euro digital se optó por que fuera la forma digital de un billete en euros15 —no de una moneda en euros— para preservar la competencia exclusiva del BCE. Podría haber sido de otro modo, pero no parece que haya habido ningún debate al respecto, sobre todo teniendo en cuenta que la emisión del euro forma parte de la política monetaria, que no es una competencia compartida con los Estados miembros, sino una competencia exclusiva de la Unión16.  

Teniendo esto en cuenta, y sin modificar el TFUE, el proyecto de Reglamento sobre el euro digital establece un paralelismo con la moneda metálica al afirmar que «el Banco Central Europeo tendrá el derecho exclusivo de autorizar la emisión del euro digital, y el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales podrán emitir el euro digital»17

Además de esta «ventaja», la asimilación de un euro digital a un billete en euros evita al BCE otros dos escollos. 

El primero es el de tener que modificar los tratados europeos para incluir el euro digital como una nueva forma del euro sobre la que el BCE tiene competencia exclusiva. Las competencias del BCE sobre el euro están estrictamente definidas y limitadas por el Tratado de Lisboa18, y volver a estos textos para modificarlos es una opción descartada por el excesivo riesgo político de una negativa a ratificarlos. La solución adoptada ha sido entonces considerar el euro digital como una representación digital de un billete.

El segundo escollo consiste en convertir al Consejo y al Parlamento Europeo —y no a los Estados miembros— en los únicos responsables de la toma de decisiones sobre la cuestión del euro digital. Para ello se recurre al artículo 133 del TFUE, que establece que «sin perjuicio de las competencias del Banco Central Europeo, el Parlamento Europeo y el Consejo adoptarán, con arreglo al procedimiento legislativo ordinario, las medidas necesarias para la utilización del euro como moneda única. Dichas medidas se adoptarán previa consulta al Banco Central Europeo». Gracias a esta disposición, los parlamentos nacionales quedan excluidos del proceso legislativo sobre el euro digital. Pueden elaborar informes y emitir dictámenes, pero no tendrán voz en la decisión de lanzar o no el euro digital. Esta ausencia de papel de los representantes nacionales es criticable si se tiene en cuenta que el euro digital no es sólo un elemento de política monetaria, sino que también puede tener un impacto sobre la solidez financiera de los bancos en términos de sus ratios prudenciales19, que en este caso es una competencia compartida entre la Unión y sus Estados miembros en el marco del mercado interior. La opción eminentemente política adoptada consiste en considerar el euro digital como un elemento más de la política monetaria.

Así, gracias a la utilización del artículo 133 del TFUE —una suerte de artículo mágico— no es necesario modificar el Tratado para autorizar la emisión de un euro digital. El proyecto de reglamento europeo sobre el establecimiento del euro digital se basa en esta disposición del Tratado de Lisboa como fundamento de su competencia, y este mismo proyecto de reglamento establece lógicamente que «el Banco Central Europeo debería (…) poder decidir si, cuándo y en qué cantidad emitir el euro digital además de billetes y monedas, y adoptar otras medidas específicas intrínsecamente vinculadas a su emisión»20.

En nuestra opinión, esto requiere una interpretación muy amplia de esta disposición —porque no estaba prevista cuando se redactó el Tratado de Lisboa—: considerar que la creación del euro digital constituye «medidas necesarias para la utilización del euro como moneda única» no es una cuestión de sentido común evidente —porque equivale a considerar que la forma digital o física de una cosa son equivalentes y sin efecto—, sino de razonamiento jurídico atrevido. Buscamos la manera de vincular la digitalización de la moneda a una medida de su uso. Menos que un «uso», se trata más bien de un cambio profundo en la relación con la moneda que se está produciendo21. A menos que consideremos justamente el euro digital como una nueva representación ficticia de un billete de euro. En ese sentido, el euro digital sería simplemente una variación del billete en euros y no una nueva forma de representar el dinero junto a los billetes.

De ahí la cuestión de la legalidad de esta disposición como base para establecer el euro digital22. A este respecto, no es improbable que esta base jurídica del artículo 133 del TFUE sea impugnada ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, pero es igualmente posible —e incluso probable— que el mismo TJUE rechace esta petición, como ha hecho hasta la fecha en todos los asuntos relativos a la política monetaria. La base del Tribunal de Justicia será probablemente equiparar el euro digital a la aplicación de la política monetaria, como el Tribunal indicó recientemente al establecer un vínculo entre la política monetaria y la emisión de billetes por el BCE23.

¿Qué podemos aprender de todo esto? El euro digital, en definitiva, es un euro «verdadero» —pero debe considerarse, por ficción, como la representación digital de un billete de banco—."

(Hubert de Vauplane , El Grand Continent, 17/07/24) 

18.6.24

Thomas Fazi: Tan pronto como Macron convocó unas elecciones anticipadas en respuesta a la aplastante victoria de Le Pen la semana pasada, el "diferencial" entre los costes de endeudamiento de los gobiernos francés y alemán subió inmediatamente al nivel más alto en años... esto podría verse como una reacción "natural" de los mercados financieros ante la perspectiva de que una mayoría "populista" llegue al poder en Francia... esto ignora el hecho de que, en última instancia, el diferencial lo determina el banco central -en el caso de la UE, el BCE-, que siempre tiene el poder de bajar los tipos de interés interviniendo en los mercados de bonos soberanos... el BCE tiene un largo historial de negarse selectivamente a intervenir en apoyo de los mercados de bonos soberanos y de provocar pánicos financieros y fiscales. Así lo hizo, por ejemplo, con la italiana Giorgia Meloni: permitió que los tipos de interés subieran en cuanto su gobierno llegó al poder, y sólo intervino para bajarlos una vez que el nuevo gobierno se comprometió a someterse a la agenda económica de la UE. Ahora parece estar aplicando preventivamente la misma estrategia contra Le Pen en Francia... Esto, por supuesto, va en contra de lo que debería ser el principal trabajo del BCE: mantener el diferencial bajo, o al menos mitigar su subida, y permitir así que el proceso democrático en Francia se desarrolle lo mejor posible. Pero, por desgracia, el BCE no es un banco central normal; es un actor político de pura cepa que no tiene reparos en coaccionar a los gobiernos para que cumplan con la agenda político-económica general de la UE... esta estrategia juega perfectamente a favor de Macron

 "Desde que empezaron a conocerse los resultados de las elecciones europeas, las élites del continente se han esforzado por minimizar su impacto. Ante el previsible aumento del apoyo a los partidos populistas de derechas, su estrategia ha sido relativamente sencilla: acelerar el habitualmente largo proceso de selección de los tres puestos más importantes del bloque: el de presidente de la Comisión Europea, actualmente en manos de Ursula von der Leyen; el de presidente del Consejo Europeo, en manos de Charles Michel; y el de jefe de la política exterior, actualmente en manos de Josep Borrell. En cuestión de horas, la operación "Salvemos Bruselas" se puso en marcha para "bloquear" la organización institucional de la UE durante los próximos cinco años, antes de que la derecha populista siga avanzando.

En honor a esta misión, los líderes de la UE celebraron anoche una cena "informal" en Bruselas. En medio de frenéticas sesiones informativas y contrainformativas, los debates se centraron en gran medida en la presidencia de la Comisión, el puesto más poderoso y codiciado de la UE. Y aunque no llegaran a un acuerdo para los tres puestos, la reconfirmación de von der Leyen parece casi segura.

 En lo que respecta al Consejo Europeo, von der Leyen puede contar con el respaldo de los once jefes de Estado o de Gobierno afiliados al bloque del PPE, así como de los cuatro pertenecientes al centroizquierdista S&D, incluida Alemania, y de los cinco pertenecientes al liberal Renew Europe, incluida Francia. Al fin y al cabo, estos tres grupos forman parte de la "supergran coalición" que ha apoyado a von der Leyen en el Parlamento Europeo durante los últimos cinco años.

Por ahora, Alemania y Francia no la han respaldado formalmente, pero todo indica que Olaf Scholz y Emmanuel Macron -enfrentados a un apoyo interno récord y a los enormes avances de la AfD y la Agrupación Nacional- apuestan por un segundo mandato de von der Leyen como forma de asegurarse un aliado "antipopulista" en Bruselas. "Construiremos un bastión junto con otros contra los extremos de la izquierda y la derecha", declaró von der Leyen tras las elecciones, algo que Scholz y Macron necesitan desesperadamente.

Podría decirse que esta es la razón por la que Scholz ha afirmado que "todo indica que Ursula von der Leyen podrá desempeñar un segundo mandato", y por la que incluso Macron, que anteriormente había coqueteado con sustituirla por el ex primer ministro italiano y presidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi, parecería haber caído en la trampa. "Creo que las cosas pueden moverse con bastante rapidez", comentó tímidamente antes de la cumbre de anoche.

 Fue, si lo necesitábamos, un recordatorio de que la UE no debe ser vista simplemente como una autoridad supranacional que infringe la autonomía de los Estados-nación (aunque también es eso, por supuesto), sino también como una institución que las autoridades nacionales pro-sistema pueden, si es necesario, desplegar contra sus propios adversarios "populistas" - y contra sus propios electorados. Francia es un buen ejemplo. Tan pronto como Macron convocó unas elecciones anticipadas en respuesta a la aplastante victoria de Le Pen la semana pasada, el "diferencial" entre los costes de endeudamiento de los gobiernos francés y alemán subió inmediatamente al nivel más alto en años. Ahora bien, esto podría verse como una reacción "natural" de los mercados financieros ante la perspectiva de que una mayoría "populista" llegue al poder en Francia, y así es ciertamente como lo están enmarcando gran parte de los medios de comunicación. Pero esto ignora el hecho de que, en última instancia, el diferencial lo determina el banco central -en el caso de la UE, el BCE-, que siempre tiene el poder de bajar los tipos de interés interviniendo en los mercados de bonos soberanos. Los mercados sólo tienen poder sobre los Estados en la medida en que el banco central se niegue a actuar.

 Lamentablemente, el BCE tiene un largo historial de negarse selectivamente a intervenir en apoyo de los mercados de bonos soberanos y de provocar pánicos financieros y fiscales. Así lo hizo, por ejemplo, con la italiana Giorgia Meloni: permitió que los tipos de interés subieran en cuanto su gobierno llegó al poder, y sólo intervino para bajarlos una vez que el nuevo gobierno se comprometió a someterse a la agenda económica de la UE. Ahora parece estar aplicando preventivamente la misma estrategia contra Le Pen en Francia.

Esto, por supuesto, va en contra de lo que debería ser el principal trabajo del BCE: mantener el diferencial bajo, o al menos mitigar su subida, y permitir así que el proceso democrático en Francia se desarrolle lo mejor posible. Pero, por desgracia, el BCE no es un banco central normal; es un actor político de pura cepa que no tiene reparos en coaccionar a los gobiernos para que cumplan con la agenda político-económica general de la UE. Parece inevitable, por ejemplo, que si Le Pen ganara las próximas elecciones, la presión del banco central sobre Francia no haría más que aumentar: esperen tomas histéricas sobre el abultado déficit fiscal de Francia, a pesar de que Francia ha tenido un déficit superior a la media durante años, aunque esto nunca fue un problema mientras los gobiernos pro-UE estuvieron en el poder.

 Ni que decir tiene que esta estrategia juega perfectamente a favor de Macron, que puede señalar las turbulencias de los mercados financieros para pintar a Le Pen como una amenaza económica. Le Pen, al parecer, está a punto de aprender que abandonar su agenda antieuro puede ayudarla a llegar al poder, pero no la ayudará a mantenerlo, a menos que abandone su populismo económico y se alinee con el establishment en las principales cuestiones económicas y de política exterior.

Una variación de la misma lógica se aplica a Meloni. Aunque no ha apoyado oficialmente a von der Leyen, es probable que al final se acerque por la misma razón: su supervivencia política depende de tener un aliado en la Comisión Europea y de la buena voluntad del BCE, especialmente con la amenaza de una nueva ronda de aplastantes medidas de austeridad sobre la cabeza de Italia. Von der Leyen ha trabajado duro entre bastidores para asegurarse el apoyo de Meloni, llegando incluso a enterrar un informe oficial de la UE en el que se criticaba a Italia por erosionar la libertad de prensa. Como dijo un funcionario de la Comisión a Politico: "Es visible la voluntad de frenar las cuestiones relacionadas con Italia y el Estado de Derecho".

Si, como parece probable, Von der Leyen consigue el respaldo del Consejo Europeo, parece que le espera un camino de rosas en el Parlamento Europeo. De hecho, la actual "supergran coalición" de Von der Leyen ha aumentado sus escaños respecto a la pasada legislatura. Esto significa que, incluso teniendo en cuenta algunos eurodiputados rebeldes en las filas de esos grupos, parece tener el camino despejado hacia la reelección, especialmente si puede asegurarse el apoyo de los 24 eurodiputados elegidos con el partido Hermanos de Italia de Meloni.

Y si esto ocurre, es difícil imaginar una bofetada mayor a los millones de votantes que utilizaron las recientes urnas para expresar su oposición a las desastrosas consecuencias de la agenda de Bruselas: aumento del coste de la vida, creciente precariedad socioeconómica, alta inmigración, desindustrialización progresiva, políticas identitarias divisorias y el creciente riesgo de guerra con Rusia. Pero la UE nunca ha sido democrática.

Esta lógica inspirará probablemente la elección del Presidente del Consejo Europeo. Según la prensa italiana, uno de los nombres que se barajan es el del ex primer ministro Enrico Letta, un político de lo más mediocre, cuyo principal mérito es haber fracasado estrepitosamente en todos los cargos que ha ocupado. Sin embargo, como ferviente partidario de la UE, sería un sparring perfecto para von der Leyen, ayudándola a mantener a raya a los gobiernos recalcitrantes, especialmente con vistas a la próxima presidencia semestral rotatoria de Hungría en el Consejo Europeo, que la clase dirigente de la UE contempla con horror.

Pero, tal y como están las cosas, ¿resistirá? Anoche era difícil no sentir el olor a complacencia que flotaba en Bruselas. Sí, lo único menos previsible que los resultados de la semana pasada era la respuesta de la maquinaria de la UE a los mismos. Pero aun así, viendo la oleada populista en todo el bloque, uno no puede evitar preguntarse: ¿durante cuánto tiempo más podrán las élites deslegitimadas de Europa seguir anulando el descontento popular con cenas "informales" y acuerdos de regateo?"

( , UnHerd, 18/06/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)

4.6.24

Los billones que cuesta a Europa un banco central diseñado en beneficio de la banca privada... La oficina de estadística europea Eurostat publicó el mes pasado los últimos datos sobre el gasto que supone hacer frente a la deuda pública y a los intereses que genera (13,86 billones de euros en 2023)... Un año más se comprueba el gigantesco despilfarro que lleva consigo tener un banco central que no financie directamente a los gobiernos... Algo que es técnica, política y económicamente posible y conveniente y que haría que la deuda pública fuese muchísimo menos voluminosa. La prohibición de financiar a los gobiernos no tiene ninguna razón económica. Es un despilfarro, un privilegio que se concedió a la banca privada... ¿Están oyendo hablar de esto a los partidos (de derechas o de izquierdas) que se presentan a las elecciones europeas? (Juan Torres López)

 "La oficina de estadística europea Eurostat publicó el mes pasado los últimos datos sobre el gasto que supone hacer frente a la deuda pública y a los intereses que genera. Un año más se comprueba el gigantesco despilfarro que lleva consigo tener un banco central que no financie directamente a los gobiernos. 

El conjunto de los 27 países miembros de la Unión Europea tuvo una deuda pública total de 13,86 billones de euros en 2023. Un 4,4 % más que en 2022: 559.715 millones de euros adicionales.

La deuda de los 19 gobiernos de la zona euro fue de 12,68 billones de euros el pasado año. Un 3,8 % de aumento y 462.437 millones de euros más que el año anterior.

Lo interesante, sin embargo, es comprobar el peso de los intereses en el aumento de esta deuda pública europea.

En 2023, los 27 países de la UE pagaron 289.997 millones de euros en intereses (13 % de aumento anual) y los 19 de la eurozona 246.785 millones de euros (8,4 % más).

Esto último significa que algo más de la mitad del aumento de la deuda pública de toda la UE (27), exactamente el 51,8 %, corresponde al pago de intereses. Y, en el caso de la eurozona, el 53,37 %. Son porcentajes muy altos, pero más bajos que los correspondientes al periodo 2000-2023.

En estos últimos 23 años, la deuda pública de la UE-27 aumentó en 8,63 billones de euros y en ese periodo se pagaron 6,56 billones de euros de intereses: el 76 %. Prácticamente el mismo porcentaje que en la eurozona, pues ahí la deuda aumentó en 7,81 billones de euros desde el año 2000 y se dedicaron 5,96 billones de ese aumento a pagar intereses.

En pocas palabras: las tres cuartas partes del incremento de la deuda pública en la Unión Europea y la Eurozona desde el año 2000 corresponden al pago de intereses a la banca privada. Es fácil deducir, por el contrario, la enorme cantidad de billones de euros que se podrían haber ahorrado o dedicado a otros fines productivos si, en lugar de ser la banca privada quien financie a los gobiernos, lo hiciera el banco central sin cobrar intereses. Algo que es técnica, política y económicamente posible y conveniente y que haría que la deuda pública fuese muchísimo menos voluminosa.

La prohibición de financiar a los gobiernos no tiene ninguna razón económica. Es un despilfarro, un privilegio que se concedió a la banca privada y que tiene, al menos, cuatro efectos muy negativos:

– Deuda más elevada, puesto que hay que pagar intereses, como hemos visto.

– Presión constante de la banca para que las políticas económicas generen deuda, puesto que es su negocio, lo que provoca que se terminen aplicando políticas contrarias al interés general y a la actividad productiva y empresarial.

– Aumento de la corrupción, pues la banca financia a los partidos, a las autoridades y a todo tipo de operadores para que tomen decisiones que impulsen su negocio crediticio como un fin en sí mismo.

– Peor funcionamiento de las economías como consecuencia de todo lo anterior, más inestabilidad y crisis económicas recurrentes.

¿Están oyendo hablar de esto a los partidos (de derechas o de izquierdas) que se presentan a las elecciones europeas?

Ahí tenemos otro problema."                   (Juan Torres López, blog, 03/06/24)

9.4.24

Salarios e inflación: el no dilema del BCE... El Banco Central Europeo no está contento con los aumentos salariales por encima de la inflación. Presumiblemente preferirían que los trabajadores europeos perdieran poder adquisitivo de forma permanente... Al BCE le preocupa que el aumento de los salarios pueda perjudicar la consecución del objetivo de inflación... Esto obedece a la creencia generalizada del BCE de que una tasa de crecimiento de los salarios superior al 3% no es coherente con su objetivo de inflación del 2%. ¿Qué implica esto exactamente? el impacto del aumento de los salarios en los precios internos dependería de cómo evolucionen la productividad y la participación de los salarios. La participación salarial denota la parte del PIB asignada a los trabajadores. La lógica es sencilla: las empresas pueden absorber los aumentos salariales reduciendo sus márgenes de beneficio, lo que significa que la participación de los salarios podría aumentar, manteniendo los precios estables. Sin embargo, al aumentar la inflación, aumentaron los beneficios unitarios. Esto significa que las empresas tienen margen de sobra para absorber los aumentos salariales sin repercutirlos en los precios... El descenso de los precios de importación y la capacidad de las empresas para absorber los aumentos salariales hacen que este movimiento al alza no sea contradictorio con la consecución del objetivo de inflación del 2%

 "Los recientes aumentos salariales serían una noticia positiva para casi todo el mundo. Sin embargo, este no es el caso dentro del campo de los banqueros centrales, que, con unas pocas excepciones, tienden a ver el aumento de los salarios con aprensión. En lo que sigue, contrarrestaré estas preocupaciones haciendo hincapié en tres puntos clave. En primer lugar, los salarios deben crecer por encima de las tendencias anteriores para recuperar el terreno perdido. En segundo lugar, el discurso del BCE sobre los salarios y la inflación ha sido incoherente a lo largo de su ciclo de endurecimiento. Por último, la dinámica salarial actual no está reñida con que el BCE alcance su objetivo de inflación.

  • Los salarios deben recuperar el terreno perdido

Al BCE le preocupa que la remuneración de los asalariados haya aumentado por encima de su tendencia a largo plazo desde finales de 2022, como podemos ver en el gráfico 1 (panel izquierdo). Sin embargo, la remuneración de los asalariados ajustada a la inflación se sitúa ligeramente por encima de los niveles de 2020, tras haber caído sustancialmente por debajo de su tendencia a largo plazo (panel derecho). Por lo tanto, el aumento de los salarios debe considerarse como una consecuencia normal de la crisis energética, es decir, como un resultado retardado de la crisis de los precios.

 El último aumento de los salarios sigue siendo insuficiente para recuperar la pérdida de poder adquisitivo experimentada durante los últimos años. Los salarios tendrán que crecer por encima de la tendencia durante un periodo prolongado para cubrir ese terreno perdido. El BCE, que recurre a la importancia del poder adquisitivo de los hogares cuando defiende la pertinencia de su objetivo de inflación, debería aceptar esta evolución.

  • Los discursos anteriores del BCE sobre los salarios no concuerdan con los actuales

El BCE ha adoptado diferentes posturas a lo largo del ciclo de endurecimiento monetario que comenzó en el verano de 2022. Al principio, admitió que esa política no podía contrarrestar la crisis de los precios de la energía. Sin embargo, siguió considerándolo necesario para evitar que las expectativas de inflación se desanclaran, provocando una espiral de precios y salarios. Como los asalariados estaban soportando la peor parte de un choque energético no visto desde los años 70, el BCE ya los señalaba como motivo de preocupación futura.

 La presidenta Lagarde explicó que el choque negativo de la relación de intercambio -la proporción entre los precios extranjeros y los nacionales- actuaba como un cuasi impuesto que empeoraba la situación económica de la zona del euro. El BCE argumentó que no le correspondía decidir cómo se distribuía la crisis entre la sociedad. En su lugar, subrayó la importancia de evitar que nadie repercutiera el choque aumentando los salarios o los beneficios, lo que habría incrementado aún más los precios, provocando efectos de segunda ronda. El BCE argumentó que, durante la fase de desinflación, han sido los trabajadores los que han provocado estos efectos de segunda vuelta al presionar para conseguir salarios más altos. Según el BCE, los efectos impulsados por los salarios hacen que la inflación sea más persistente, lo que justifica mantener los tipos de interés más altos durante más tiempo.

La relación de intercambio ha mejorado notablemente desde finales de 2022, como ilustra el gráfico 2. El deterioro de la relación de intercambio implicaba que la sociedad tenía que soportar el choque, ya que los precios más altos de los bienes importados en relación con los exportados suponen una pérdida de poder adquisitivo para los residentes en la zona del euro. A la inversa, una mejora de la relación de intercambio supone una mejora de la situación. Si el BCE consideró que la caída de los salarios reales era una evolución normal ante el empeoramiento de la relación de intercambio, ahora debe estar preparado para aplicar la misma línea de pensamiento cuando la relación de intercambio se mueva en sentido contrario. De lo contrario, el BCE se contradice.

  • El aumento de los salarios no está reñido con que el BCE alcance su objetivo de inflación

Al BCE le preocupa que el aumento de los salarios pueda perjudicar la consecución del objetivo de inflación. Las "presiones salariales" han sido señaladas como el factor determinante para un recorte de los tipos de interés. Por ejemplo, Klaas Knot, presidente del De Nederlandsche Bank (DNB), afirmó que el BCE necesitaba observar un menor crecimiento sal arial antes de empezar a recortar los tipos.

Esto obedece a la creencia generalizada del BCE de que una tasa de crecimiento de los salarios superior al 3% no es coherente con su objetivo de inflación del 2%. ¿Qué implica esto exactamente? La tasa de crecimiento de los precios internos (medida por el deflactor del PIB), que engloba los precios de los bienes producidos en el país, puede expresarse como la suma de tres componentes: el crecimiento de los salarios, el crecimiento de la productividad y el crecimiento de la participación de la mano de obra. Si mantenemos constante el crecimiento de la participación de la mano de obra, y suponiendo que el crecimiento de la productividad se sitúa entre el 1% y el 2%, el crecimiento salarial con una subida de los precios del 2% ascendería al 3%.

Hay tres aspectos críticos en esta línea de razonamiento. En primer lugar, el BCE no tiene como objetivo los precios internos. El índice armonizado de precios al consumo (IAPC), referencia del BCE para medir la inflación de los precios al consumo, engloba los bienes producidos tanto en el país como en el extranjero. La reciente subida de los precios se debió principalmente a un repunte de los precios de la energía en el extranjero. La mejora de la relación de intercambio (gráfico 2) puede contrarrestar el aumento de los precios internos en el índice de referencia del BCE para medir la inflación de los precios, el IPCA.

 En segundo lugar, incluso cuando consideramos los precios internos, el impacto del aumento de los salarios en los precios internos dependería de cómo evolucionen la productividad y la participación de los salarios. La participación salarial denota la parte del PIB asignada a los trabajadores. La lógica es sencilla: las empresas pueden absorber los aumentos salariales reduciendo sus márgenes de beneficio, lo que significa que la participación de los salarios podría aumentar, manteniendo los precios estables. Sin embargo, al aumentar la inflación, aumentaron los beneficios unitarios. Esto significa que las empresas tienen margen de sobra para absorber los aumentos salariales sin repercutirlos en los precios. Como ilustra el gráfico 3, la participación actual de los salarios sigue siendo inferior a los niveles anteriores a la crisis de 1929.

Cuando se discute la relación entre salarios e inflación, se tiende a ignorar la participación de los salarios. Hacerlo significa ignorar este cambio distributivo a favor de las empresas y en contra de los trabajadores.

 Por último, en términos de productividad, la zona del euro no ha obtenido grandes resultados en los últimos años, mientras que observamos un fuerte aumento de la productividad en Estados Unidos. Según algunos comentaristas económicos, esto puede relacionarse con la solidez del mercado laboral y los aumentos salariales. Sostienen que estas condiciones han incentivado a las empresas a invertir, innovar y crear el entorno adecuado para que los trabajadores adquieran cualificaciones en el lugar de trabajo.

En el entorno adecuado, un mercado laboral fuerte con crecimiento salarial puede conducir a una mayor productividad. Por ello, los cambios en los salarios no deben considerarse independientes de las condiciones económicas.

El BCE se ha centrado injustamente en los salarios a lo largo de este ciclo de inflación. Pero es imperativo que los salarios sigan subiendo por encima de las tendencias pasadas, teniendo en cuenta el importante terreno que aún queda por recorrer para recuperar el poder adquisitivo perdido. El descenso de los precios de importación y la capacidad de las empresas para absorber los aumentos salariales hacen que este movimiento al alza no sea contradictorio con la consecución del objetivo de inflación del 2%.

En su reciente discurso, Piero Cipollone, el recién nombrado miembro del Comité Ejecutivo del Consejo de Gobierno del BCE, articuló varias cuestiones clave señaladas anteriormente. Entre ellos, el imperativo de que los salarios recuperen el terreno perdido, la necesidad de un reequilibrio entre salarios y beneficios, y las posibles repercusiones positivas que el aumento de los salarios podría tener para la productividad. Esperamos que su voz sea escuchada en el BCE."

(Jordi Schröder Bosch es investigador de Positive Money Europe, Brave New Europe, 08/04/24, traducción DEEPL, gráficos en el original)