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13.6.26

Amazon es un banco de pruebas para el futuro del trabajo... Lo que le suceda a los trabajadores de Amazon –para bien o para mal– le sucederá a los trabajadores de todo el mundo... Los empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo laboral de este gigante, caracterizado por la explotación, la inestabilidad laboral y –lo que es aterrador– el uso de tecnologías de IA para disciplinar y restar poder a los trabajadores... Cuando estoy en el camión de Amazon, cada movimiento que hago es rastreado con tecnología y evaluado por programas de IA: dónde estoy, qué paquetes he entregado y si voy al ritmo que el algoritmo de Amazon ha determinado que debo cumplir. Los informes al final de cada turno muestran cómo se comparan mis entregas con los tiempos prescritos por el estándar algorítmico de Amazon... El Gran Hermano: el “NetradyneDriver•i” , tu compañero de viaje en la furgoneta. Las lentes de la cámara apuntan en todas direcciones, midiendo continuamente tu velocidad y distancia.. Observa la orientación y el movimiento de tus ojos. Si bostezas. Si apartas la vista de la carretera durante demasiado tiempo... además, Amazon recurre a agentes de seguridad y a la policía local para imponer “una cultura organizativa de obediencia casi carcelaria, una “militarización” de las funciones de recursos humanos”... Este es el sombrío futuro que estamos legando a nuestros hijos, a menos que organicemos a los trabajadores de Amazon a gran escala y luchemos... Con una red de cientos de almacenes, “la empresa tiene la agilidad necesaria para redirigir el flujo de paquetes a otras instalaciones, manteniendo intacta la cadena de suministro” y haciendo que las huelgas en un solo centro resulten en gran medida irrelevantes... Eso significa organizarse en regiones enteras o en secciones completas de la cadena de suministro de la empresa (Jonathan Rosenblum)

"Entre el 7 y el 10 de junio, la convención cuatrienal de la AFL-CIO se ha reunido en Minneapolis con el objetivo declarado de organizarse “con unidad y claridad de propósito para empoderar a los trabajadores”. 

Esa claridad de propósito debería incluir un compromiso real para afrontar el mayor y más importante reto de organización al que se enfrentan los sindicatos en esta era: Amazon.

Hasta ahora, a pesar de algunos inspiradores focos de lucha aislados, el movimiento sindical estadounidense no ha conseguido llevar a Amazon a la mesa de negociación.

A nivel nacional, y continuando con un declive histórico, la afiliación sindical el año pasado fue de un mísero 10 % en EEUU, y eso sin contar siquiera los afiliados perdidos cuando Trump rompió los convenios colectivos que cubrían a casi un millón de trabajadores federales. Esto ha dejado a decenas de millones de trabajadores por organizar, pero los más importantes son los 1,5 millones de trabajadores y contratistas de Amazon.

Hace noventa años General Motors era el pionero del capitalismo, imitado por otros industriales que buscaban perfeccionar la eficiencia productiva, la explotación de los trabajadores y la extracción de beneficios. Los trabajadores de GM, organizados bajo la bandera del CIO y respaldados por sindicatos que no esperaban ganar nuevos afiliados con el proyecto –como el Sindicato de Mineros Unidos–, se opusieron a esa explotación, se declararon en huelga y consiguieron nuevas condiciones. Anunciaron un periodo de organización masiva, el apogeo moderno del poder sindical.

Amazon es el General Motors de hoy. Lo que le suceda a los trabajadores de Amazon –para bien o para mal– le sucederá a los trabajadores de todo el mundo.

Amazon es un banco de pruebas para el futuro del trabajo de todos nosotros. Los empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo laboral de este gigante, caracterizado por la explotación, la inestabilidad laboral y –lo que es aterrador– el uso de tecnologías de IA para disciplinar y restar poder a los trabajadores.

Amazon está perfeccionando la subcontratación, la mano de obra “justo a tiempo” y el aumento del ritmo de trabajo. Sus más de 250.000 repartidores en EEUU están todos subcontratados, ya sea a través de una multitud de pequeñas empresas llamadas socios de servicios de reparto (DSP) o contratados como autónomos. De esa forma, Amazon puede eludir la responsabilidad cuando los repartidores sufren lesiones, piden un aumento de sueldo o intentan sindicarse. Los almacenes funcionan con un modelo de mano de obra reducida. Los horarios normales a tiempo completo en los almacenes son cuatro turnos consecutivos de diez horas, pero Amazon suele recortar las horas de los trabajadores cada vez que la producción se ralentiza, incluso en medio de un turno, lo que causa estragos en unos presupuestos familiares ya de por sí ajustados. Luego, entre Acción de Gracias y Navidad Amazon impone horas extra obligatorias –una hora extra al día, más un día laborable adicional obligatorio cada semana–, lo que eleva la semana laboral a unas brutales 55 horas y hace caso omiso de los efectos en la vida personal y familiar de los trabajadores.

A través de su agresiva introducción de robots –ahora más de un millón–, Amazon está sustituyendo a los trabajadores y obligando a los que quedan a trabajar más rápido. No es de extrañar que los empleados sufran accidentes laborales con tanta frecuencia, y que la grave tasa de lesiones de la empresa sea casi el doble que la de sus homólogos del sector de los almacenes.

Luego está la IA. Sé algo de esto de primera mano, ya que he trabajado durante el último año y medio como repartidor a tiempo parcial de Amazon. La empresa de reparto para la que trabajo es un empleador justo, pero el problema no es ella; es Amazon, porque, aunque técnicamente los repartidores no somos empleados de la empresa, todos estamos sujetos a su seguimiento y supervisión.

Cuando estoy en el camión de Amazon, cada movimiento que hago es rastreado con tecnología y evaluado por programas de IA: dónde estoy, qué paquetes he entregado y si voy al ritmo que el algoritmo de Amazon ha determinado que debo cumplir. Los informes al final de cada turno muestran cómo se comparan mis entregas con los tiempos prescritos por el estándar algorítmico de Amazon. Cada semana se nos evalúa para determinar si tomamos fotos precisas en el momento de la entrega, si entregamos los paquetes exactamente donde el cliente lo solicitó y si recibimos comentarios positivos o negativos de los clientes. A través de este sistema, los conductores que no “alcanzan el ritmo” o que no cumplen con los estándares prescritos por Amazon pierden su empleo.

Los repartidores de Amazon de todo el país informan ahora de que no les despide un humano, sino la IA

¿Qué permite este nivel de supervisión? El Gran Hermano: el “NetradyneDriver•i” , tu compañero de viaje en la furgoneta. Las lentes de la cámara apuntan en todas direcciones, midiendo continuamente tu velocidad y distancia. Netradyne también controla si te detienes completamente en cada señal de stop, si utilizas el intermitente, si evitas desviarte del carril, si frenas, aceleras o tomas las curvas demasiado rápido. Observa la orientación y el movimiento de tus ojos. Si bostezas. Si apartas la vista de la carretera durante demasiado tiempo. Todos estos datos se introducen en un sistema de IA donde la tecnología, y no una persona, evalúa tu comportamiento cada segundo. Netradyne se jacta de esto y lo denomina “IA física implementada a gran escala”.

En los grupos de chat de Reddit, los repartidores de Amazon de todo el país informan ahora de que no les despide un humano, sino la IA. En el caso de los trabajadores de almacén, Amazon ha aprovechado la misma tecnología de vigilancia para asegurarse de que las tasas de recogida, embalaje y clasificación de los trabajadores cumplan con sus estándares determinados algorítmicamente, que sus escaneos sean perfectos y que minimicen el “tiempo fuera de la tarea” –como ir al baño–. Todo se mide y se supervisa. Y si no “alcanzas la tasa”, primero te aconsejan, luego te sancionan y, finalmente, te despiden.

En muchos almacenes, Amazon recurre a agentes de seguridad y a la policía local para imponer “una cultura organizativa de obediencia casi carcelaria –lo que equivale a una “militarización” de las funciones de recursos humanos”, según un informe académico reciente. “Parece que estamos entrando en una prisión y que intentan asegurarse de que no nos escapemos”, cita el informe a un trabajador.

Esta distopía laboral se está perfeccionando en Amazon y luego se exporta a otros empleadores: en fábricas, tiendas de alimentación, hospitales, restaurantes, hoteles, obras de construcción, laboratorios y oficinas. Este es el sombrío futuro que estamos legando a nuestros hijos, a menos que organicemos a los trabajadores de Amazon a gran escala y luchemos.

Amazon no es solo un problema para quienes trabajamos en el sector logístico. De ser una humilde tienda de libros en línea, se ha transformado en una referencia que puede revolucionar otros sectores. Su avaricia no hace más que crecer. Amazon gestiona hoy 532 tiendas de alimentación Whole Foods y está ampliando rápidamente su red de reparto de comestibles. Este es el siguiente gran sector que pretende revolucionar.

A través de Amazon Web Services, la empresa es ahora un proveedor global dominante de potencia informática, almacenamiento, redes, análisis y seguridad. Amazon fabrica sus propios chips de IA Trainium, compitiendo directamente con Nvidia. Amazon produce y distribuye películas y series de televisión a través de sus Amazon MGM Studios. El fundador de Amazon, Jeff Bezos, es propietario del Washington Post. Amazon One Medical es un servicio de atención primaria que ofrece asistencia en línea y en clínicas, y está entrando con fuerza en el mercado de los medicamentos con receta a través de Amazon Pharmacy. A través de su filial Ring, Amazon domina hoy en día el mercado de la seguridad doméstica y ofrece otros productos electrónicos de consumo líderes, como Alexa y Kindle.

¿Se puede derrotar a una empresa tan grande y expansiva, un gigante con casi tres billones de dólares de valoración bursátil? Sí, se puede. Pero, como destaca un informe publicado el 4 de junio, se necesitará un esfuerzo titánico y sin reservas por parte de todo el movimiento sindical estadounidense para hacer que retroceda –no solo los valientes pero fragmentados esfuerzos que hemos visto hasta ahora–.

El informe, Renewing Labor and Winning at Amazon, del que soy coautor junto con Michael McQuarrie y Benjamin Y. Fong, y que fue publicado por el Center for Work and Democracy de la Universidad Estatal de Arizona, documenta cómo, a diferencia de la década de 1930, cuando los organizadores del CIO pudieron frenar la producción mediante huelgas en unos pocos centros de producción clave, el proyecto de organización de Amazon debe apuntar más allá. Con una red de cientos de almacenes, centros de clasificación e instalaciones de carga aérea, “la empresa tiene la agilidad necesaria para redirigir el flujo de paquetes a otras instalaciones, manteniendo intacta la cadena de suministro” y haciendo que las huelgas en un solo centro resulten en gran medida irrelevantes, señala el informe, concluyendo que “los estrategas sindicales de hoy en día deben reconocer que, para tener éxito, la organización debe interrumpir el flujo de la cadena de suministro de Amazon”.

Es necesario organizarse en regiones enteras o en secciones completas de la cadena de suministro de la empresa

Eso significa organizarse en regiones enteras o en secciones completas de la cadena de suministro de la empresa. El informe destaca dos regiones estratégicas en particular. La primera se centra en el área de Los Ángeles y el Inland Empire, justo al este de los puertos de Los Ángeles y Long Beach, por donde pasa la mayor parte de la mercancía importada de Amazon antes de distribuirse a los almacenes de todo el país. La segunda comprende la región del noreste, donde se concentra una gran cantidad de clientes de Amazon. El sindicato Teamsters ya está organizándose en ambas regiones, donde los trabajadores se han enfrentado tenazmente a la empresa. Pero la escala de la organización hasta la fecha no está a la altura del desafío. En el enorme almacén JFK8 en Staten Island, el Amazon Labor Union, ahora parte de los Teamsters, ganó una histórica votación de representación sindical en 2022. Cuatro años después, a pesar de la persistente organización de los trabajadores, Amazon aún no ha accedido a reconocer al sindicato ni a negociar.

Cientos de organizadores internos –activistas políticos que han aceptado puestos de trabajo en Amazon para “infiltrarse” u organizar desde dentro– han desarrollado una gran sofisticación en la organización en Amazon en los últimos años, y deben desempeñar un papel importante en cualquier campaña nacional. Lo mismo ocurre con los miembros sindicales existentes en los sectores de la logística, la alimentación, la sanidad y otros. “Los miembros de Teamsters de UPS y DHL han sido organizadores especialmente eficaces, ya que comparten con los trabajadores de Amazon un lenguaje común y preocupaciones comunes sobre el proceso de trabajo de la cadena de suministro, el aumento del ritmo de trabajo, la tecnología y los problemas que plantea la dirección”, señala el informe Renewing Labor and Winning at Amazon. “Ellos, junto con los miembros sindicales de otros sectores, pueden señalar fácilmente los logros que han conseguido mediante la negociación colectiva y la huelga, que diferencian drásticamente sus condiciones de trabajo de las de los trabajadores de Amazon”.

Si bien la organización debe centrarse en los almacenes y orientarse hacia la construcción de acciones de huelga masivas, el movimiento sindical debe concebir –y financiar– una campaña global que atraiga al público, a otras empresas, a los gobiernos y a los reguladores. Esto se debe a que el impacto de Amazon va mucho más allá del lugar de trabajo, y se necesitará presión tanto dentro de la cadena de suministro como en toda la sociedad para obligar a la empresa a negociar con los sindicatos.

Decenas de miles de camiones de Amazon contaminan el aire, perjudican la salud pública y deterioran las vías públicas, y las exenciones fiscales que Amazon exige habitualmente privan a los gobiernos locales de los recursos necesarios para prestar servicios públicos.

“Las comunidades en zonas con alta concentración de almacenes, como el Inland Empire de California, son lugares idóneos para unir a los trabajadores y a los miembros de la comunidad en campañas comunes contra la explotación en los almacenes y contra las cargas externalizadas que Amazon impone a la comunidad en general”, señala el informe.

Dado que la Junta Nacional de Relaciones Laborales no es una vía eficaz para obligar a Amazon a negociar, los sindicatos deben impulsar iniciativas electorales a nivel estatal y local para promover las demandas clave de los trabajadores y la comunidad. Este no es un concepto nuevo. Hace quince años, la campaña “Fight for $15” (Lucha por los 15 dólares) se valió del poder de las iniciativas electorales para conseguir aumentos salariales para millones de trabajadores. Algunos llegaron a crear sindicatos en sus lugares de trabajo. Hoy en día, el lema podría ser “Fight for $30” (Lucha por los 30 dólares), una cifra que los trabajadores de Amazon citan con frecuencia como el mínimo indispensable para sobrevivir.

Las iniciativas también podrían establecer normas de seguridad para los trabajadores, prohibir la subcontratación de los repartidores de Amazon y restringir la ubicación de los centros de datos.

Otra idea de iniciativa consiste en gravar a los robots. Esto repondría los ingresos que los gobiernos pierden cuando Amazon sustituye a los humanos –que pagan impuestos sobre la nómina y que también contribuyen a los ingresos por impuestos sobre las ventas cuando gastan dinero en la comunidad– por robots, que no hacen ninguna de esas cosas. Las iniciativas también podrían exigir a Amazon que contribuya a un fondo de vivienda asequible controlado públicamente para compensar la destrucción de viviendas que provoca la expansión de los almacenes. O podrían exigir a Amazon que financie clínicas de salud y la limpieza del aire, para compensar la contaminación causada por el movimiento diario de sus camiones y vagones.

Estas y otras ideas de iniciativas alteran el modelo de negocio de explotación de Amazon y pueden ser mecanismos poderosos para unir a los trabajadores y a los miembros de la comunidad en una causa común y en la demanda definitiva de reconocimiento sindical y convenios colectivos. En algunos casos, las iniciativas que desafían el modelo de negocio de Amazon pueden llevarse a cabo como campañas legislativas. En la ciudad de Nueva York, una coalición de sindicalistas y activistas comunitarios está presionando al Ayuntamiento para que apruebe la Ley de Protección de la Distribución, que obligaría a Amazon a contratar a los repartidores directamente y a mejorar las normas de seguridad. Es un buen comienzo. Ahora imagina si se lanzaran campañas a favor de la Ley de Protección de la Distribución simultáneamente en 20 ciudades.

Los sindicatos también deberían aprovechar la frustración que los proveedores y vendedores externos sienten por la presencia de Amazon. Las personas y las pequeñas empresas que intentan vender sus productos en la plataforma de Amazon ven cómo el gigante les reduce los márgenes. Algunas empresas le han acusado de robarles sus ideas y luego lanzar productos competidores. Los proveedores como los DSP [un programa que “permite a emprendedores crear su propia empresa de reparto” dentro de Amazon] viven continuamente en vilo, ya que sus contratos con Amazon pueden ser rescindidos casi sin previo aviso. Una campaña creativa puede encontrar una causa común con estas fuerzas dispares lanzando luchas locales y estatales para frenar el poder de la compañía frente a los vendedores individuales y las pequeñas empresas.

Amazon “tiene un dinamismo corporativo y una flexibilidad infraestructural sin parangón en ninguna otra empresa contemporánea”, señala el informe. “Pero su enorme tamaño y riqueza no la hacen invencible. De hecho, la velocidad y la complejidad de la cadena de suministro de Amazon la convierten en un objetivo de organización vulnerable, además de desafiante. Una campaña multidimensional y bien dotada de recursos puede garantizar el reconocimiento sindical y la firma de convenios en Amazon”.

¿En qué consiste una campaña “bien dotada de recursos”? Actualmente, los sindicatos gastan en total unos diez millones de dólares al año en la organización referente a Amazon, y la mayor parte de esa cantidad procede de los Teamsters. Eso simplemente no es suficiente para vencer a una empresa con 1.500 centros de trabajo en EEUU y más de 120.000 millones de dólares en efectivo disponible. Para sindicalizar a 80.000 trabajadores en Los Ángeles, o a 100.000 en la costa este, o a 50.000 en Florida, o a las decenas de miles en otras regiones creo que necesitaremos al menos 100 millones de dólares anuales durante al menos una década para financiar a miles de organizadores, tanto dentro como fuera de las instalaciones de Amazon, junto con una sólida infraestructura de campaña para construir un nuevo movimiento de organización industrial al estilo del CIO.

Puede parecer mucho dinero, pero hay que tener en cuenta que los activos del movimiento sindical estadounidense rondan hoy los 35.000 millones de dólares, lo que supone un aumento del 225 % en los últimos 15 años, y que los líderes sindicales estadounidenses gastaron más de 400 millones de dólares en la fallida candidatura de Biden-Harris.

En conjunto, dentro del movimiento sindical, los recursos están ahí para montar una campaña seria contra Amazon. Emprender o no la lucha es una elección política.

Esta no puede ser una batalla que asuman solo unos pocos sindicatos. Debe ser un esfuerzo conjunto. Hace unos 90 años, los líderes del Sindicato de Mineros Unidos y otros sindicatos hicieron un pacto para organizar a los trabajadores de las industrias del automóvil, el acero, la electricidad y el caucho, porque sabían que sin una organización masiva, toda la clase trabajadora estaba en peligro. Este fin de semana, mientras los líderes de la AFL-CIO se reúnen en Minneapolis, los sindicatos se encuentran en la misma encrucijada peligrosa. Esperemos que tomen la decisión correcta, como hicieron sus predecesores hace 90 años."

(Jonathan Rosenblum, CTXT, 12/06/2026 )

20.5.26

A una hora de haber aterrizado en Shanghái, estaba sentada en la parte trasera de un taxi de Didi mientras el conductor me intentaba convencer de que engañara al algoritmo de la empresa... Explicó que había un exceso de conductores compitiendo por muy pocos viajes... Si yo cancelaba, él podría ocupar un lugar cerca de la parte delantera de la fila. “Espero que lo entiendas”, dijo. “Tengo que mantener a una generación mayor y a otra más joven”... La difícil situación del conductor me recordó a la de los trabajadores en Estados Unidos de Amazon Flex que compiten por los escasos bloques de reparto... tanto en Estados Unidos como en China hay una sensación compartida de precariedad, y es posible observar la marcada división que la IA ha generado en ambos países... En Estados Unidos, la élite tecnológica de Silicon Valley se identifica como de alta agencia, mientras que el resto de nosotros somos bots condenados a la subclase permanente. En China, los trabajadores de a pie se describen a sí mismos como shechu (“ganado corporativo”)... Los trabajadores del conocimiento de ambos países sienten la presencia vigilante de la tecnología. La IA se utiliza ahora para la toma de decisiones sobre la contratación y el despido de empleados. Realiza un seguimiento de la asistencia al trabajo, predice el potencial de crecimiento de un empleado, señala las horas de ocio y aplica la disciplina... la contienda entre Estados Unidos y China se justifica por la carrera a toda velocidad en nombre de vencer al otro. Al enfocarnos en nuestra rivalidad, nos hemos vuelto ciegos a nuestra propia vulnerabilidad, en lugar de fijarnos en que debemos trabajar juntos para mejorar las condiciones de las personas que ambos países han dejado atrás... en 2019 los programadores chinos lanzaron una campaña para protestar contra las extenuantes horas de trabajo. Recibieron el apoyo de trabajadores tecnológicos estadounidenses y de cientos de empleados tecnológicos de todo el mundo (Yi-Ling Liu)

"A una hora de haber aterrizado en Shanghái, estaba sentada en la parte trasera de un taxi de Didi mientras el conductor me intentaba convencer de que engañara al algoritmo de la empresa. Didi es conocido como el Uber de China y tiene una presencia omnipresente en el país, donde despacha decenas de millones de viajes al día. ¿Podría cancelar el viaje y pagarle directamente por WeChat?

Explicó que había un exceso de conductores compitiendo por muy pocos viajes. Después de dejarme, lo enviarían de vuelta al aeropuerto, donde tendría que esperar horas por otro pasajero. Si yo cancelaba, él podría ocupar un lugar cerca de la parte delantera de la fila. “Espero que lo entiendas”, dijo. “Tengo que mantener a una generación mayor y a otra más joven”.

La difícil situación del conductor me recordó a la de los trabajadores de DoorDash en Estados Unidos, cuyos ingresos están controlados por sistemas de despacho optimizados, o a la de los trabajadores de Amazon Flex que compiten por los escasos bloques de reparto, sin saber nunca con certeza cuándo llegará el siguiente trabajo.

La visita del presidente Donald Trump a China hace unos días nos brinda un momento para comparar. He pasado años reportando y viviendo tanto en Estados Unidos como en China, y escribí un libro en el que hice una crónica de la historia y la evolución del internet chino. Al moverme entre ambos países, me ha sorprendido cómo han llegado a imitarse y parecerse. Hay una sensación compartida de precariedad que subyace a la envidia y la desconfianza: el futuro tecnológico está tomando forma a una velocidad vertiginosa, pero lo que promete no es para todos.

El crecimiento de la inteligencia artificial se ha presentado como una rivalidad entre dos sistemas fundamentalmente diferentes. Estados Unidos controla el capital y los chips, mientras que China reúne el talento de la ingeniería y la destreza en la fabricación. Estados Unidos tiene ventaja en la creación de software: herramientas empresariales y plataformas en la nube. China es líder en hardware: humanoides y vehículos autónomos. Estados Unidos avanza con modelos fronterizos, con sus laboratorios de inteligencia artificial que apuestan por construir una superinteligencia. China se enfoca en la escala y la difusión, con sus empresas tecnológicas que incorporan la IA lo antes posible en todos los sectores de la sociedad.

Se nos ha dicho que el objetivo final de la IA es alcanzar la inteligencia artificial general, o IAG. El país que encuentre cómo conseguirlo, según la teoría, establecerá el dominio mundial mediante un poder económico y militar turbocargado. En pódcasts y discursos políticos —formados por ejecutivos de Silicon Valley y expertos en política de Washington—, Estados Unidos y China casi siempre están luchando, compitiendo o enzarzados en esta carrera. China lleva años de retraso, no, meses de retraso; está avanzando; está ganando; está perdiendo, está corriendo hacia la IAG, no está corriendo hacia la IAG; está corriendo en una pista diferente.

La historia de la carrera creció el año pasado tras la presentación de DeepSeek R1, un modelo chino de código abierto que, según reportes, rivalizaba con los modelos de frontera estadounidenses a una pequeña fracción de su costo. Una oleada de envidia de China se apoderó de los líderes tecnológicos estadounidenses, quienes se maravillaron de la rapidez con la que China construía puentes, trenes de alta velocidad y prototipos avanzados. Marc Andreessen advirtió que Estados Unidos debía reindustrializarse o se quedaría atrás ante un mundo de “robots chinos”.

El influente de izquierda Hasan Piker viajó a China en 2025, con una copia de citas de Mao Zedong en la mano, para ver qué Estados Unidos podría “adoptar y emular”. El popular YouTuber Darren Watkins, conocido como IShowSpeed, transmitió su viaje a Shenzhen, donde bailó con humanoides y pidió KFC por dron. Al igual que los chinos se quedaron fascinados alguna vez por la abundancia consumista estadounidense —sus centros comerciales y sus suburbios en expansión—, los estadounidenses se han obsesionado con los robots y la potencia manufacturera de China.

Pero al ver más allá de los titulares y los videos de resumen, es posible observar la marcada división que la IA ha generado en ambos países. Los que construyen y financian la tecnología hablan del futuro como una promesa de la que sacar provecho, una oportunidad que explotar. En Silicon Valley, personas que dejaron la universidad hablan de que la IA abordará el cambio climático y curará enfermedades. Se corteja a los investigadores con salarios de nueve cifras como si fueran estrellas de la NBA, y las vallas publicitarias en las carreteras instan a los residentes a “Supercargar tu IA” y “Dejar de contratar humanos”. Los trabajadores de la tecnología han adoptado seriamente el infame horario de trabajo 996 de China: de 9 a. m. a 9 p. m., seis días a la semana. Se están esforzando y concentrando para asegurarse de emerger como los ricos y poderosos vencedores de la fiebre del oro de la IA.

Los centros tecnológicos de China están impulsados por un sentimiento de urgencia similar. En el Zhongguancun de Pekín, conocido como el Silicon Valley de China, las torres de oficinas permanecen iluminadas hasta altas horas de la noche, mientras los empleados de los laboratorios de IA se apresuran para superar a sus rivales del otro lado de la calle. Las empresas se roban mutuamente a sus ingenieros estrella, mientras que los programadores independientes queman decenas de miles de tokens de Claude para codificar productos intuitivamente mediante la IA. Los fundadores de empresas emergentes buscan lo que llaman el fengkou o “respiradero”, una oportunidad que, si se aprovecha en el momento adecuado, puede impulsar a un empresario directamente a la fortuna. Estudian traducciones de De cero a uno, de Peter Thiel, y ensalzan a Elon Musk porque, como me dijo un trabajador tecnológico: “Se mueve con rapidez, su ejecución es una locura y realmente puede entregar cosas”.

El emprendimiento más reciente de China fue “criar langostas”, una forma abreviada de referirse al entrenamiento del agente de IA OpenClaw, gratuito y de código abierto. Casi 1000 personas, desde programadores aficionados hasta amas de casa, hicieron fila afuera de la sede del gigante tecnológico Tencent para instalar el software en sus dispositivos. Los usuarios afirmaban que OpenClaw podía dar un empujón a sus empresas paralelas y duplicar el rendimiento de sus acciones; los padres contrataban servicios de instalación de langostas para que sus hijos en primaria estuvieran a la altura de sus compañeros. Las empresas tecnológicas se apresuraron a monetizar esta ansiedad y cobraron a los usuarios por los servidores en la nube y el acceso al software. “Esto no es ‘abrazar el futuro’”, describió así la locura de OpenClaw un usuario desilusionado en RedNote. “Es ‘ser cosechado por el futuro’”.

Más al sur, en Shenzhen, la capital china del hardware, las empresas emergentes se jactan de operar a la “velocidad de Shenzhen” y han incorporado la IA a todo, desde cafeteras hasta grúas de construcción. En una feria de alta tecnología en la ciudad, celebrada en 20 pabellones del tamaño de hangares de aeropuerto, pasé junto a puestos que anunciaban pianos de IA, fabricantes de fideos de carne de IA, guías turísticos holográficos de IA y tutores de inglés de IA. Me senté delante de un doctor de medicina tradicional china impulsado por IA que me escaneó la lengua y me dio un diagnóstico. Una multitud se reunió en torno a un ring de boxeo para animar a un par de contendientes humanoides fabricados por el gigante de la robótica Unitree.

“Ahora mismo, el entorno es muy competitivo”, me dijo un ingeniero de software de Shenzhen. “Siento que si me detengo, me quedaré atrás”. Su ansiedad no es nueva. Las situaciones laborales inestables y la inseguridad económica son anteriores al auge actual de la IA. Pero la IA ha potenciado esos temores y los ha vuelto mucho más difíciles de combatir.

Ha surgido un conjunto paralelo de memes para captar la sensación de impotencia. En Estados Unidos, la élite tecnológica de Silicon Valley se identifica como de alta agencia, mientras que el resto de nosotros somos bots condenados a la subclase permanente. En China, los trabajadores de a pie se describen a sí mismos como shechu (“ganado corporativo”) y jiabangou (“perros de las horas extras”). Estos mismos trabajadores han utilizado durante mucho tiempo el término viral “involución” para reflejar la sensación de estar atrapados en un ciclo de competencia sin sentido. En ambos países, quienes han perdido el entusiasmo por la IA se identifican con el meme de videojuegos del personaje no jugador, conocido por su sigla en inglés, NPC. Se sienten como el papel de fondo en el videojuego de alguien más, que solo existe para llenar el mundo pero no para darle forma.

En 2025, un grupo de investigadores de IA de Estados Unidos, Canadá y Europa acuñó el término “desempoderamiento gradual” para describir un futuro en el que una IA cada vez más capaz erosionaría silenciosamente la agencia humana. La tecnología dirigiría nuestras instituciones fundamentales sin tener en cuenta los valores humanos. Aunque enmarcado como un riesgo futuro, para quien ha estado observando de cerca a Estados Unidos y China, ya parecía un diagnóstico del presente.

Los trabajadores del conocimiento de ambos países sienten la presencia vigilante de la tecnología. La IA se utiliza ahora para la toma de decisiones sobre la contratación y el despido de empleados. Realiza un seguimiento de la asistencia al trabajo, predice el potencial de crecimiento de un empleado, señala las horas de ocio y aplica la disciplina.

Fuera de la oficina, tanto chinos como estadounidenses se han entusiasmado con la IA como fuente de compañía sin fricciones y como validación emocional, y ahora las empresas monetizan la intimidad emocional a gran escala. Más del 70 por ciento de los adolescentes estadounidenses afirman utilizar chatbots como compañía, y casi uno de cada ocho como apoyo para la salud mental.

Del mismo modo, en China, una encuesta reveló que casi la mitad de los jóvenes chinos habían utilizado un chatbot de IA para hablar sobre su salud mental. En un país en el que vivir solo se está convirtiendo rápidamente en la norma —se prevé que los hogares unipersonales alcancen los 200 millones en 2030—, la compañía de la IA ha surgido como una solución rápida a la epidemia cada vez mayor de soledad.

Este año, la aplicación ¿Estás muerto? —que avisa a un contacto si un usuario no se reporta— ha sido muy popular. (Su nombre chino, Sileme, es un juego morboso con el nombre de la popular aplicación de reparto de comida Ele.me, que significa “¿tienes hambre?”). Pero ¿Estás muerto? aborda una necesidad seria: el número cada vez mayor de personas que viven solas, lejos de sus familias y privadas de apoyo social, y que temen desaparecer sin que nadie se dé cuenta.

La gente de ambos países se vuelve hacia lo espiritual en busca de consuelo y agencia en un mundo que se acelera fuera de su control. Los veinteañeros estadounidenses consultan aplicaciones de astrología como Co-Star, que forma parte de una industria de 3000 millones de dólares. Algunos miembros de la generación Z están redescubriendo el cristianismo, y el conservadurismo religioso ha vuelto a la vida pública. En China, han aparecido bares de adivinación en las ciudades, aplicaciones de astrología como Cece se están haciendo virales y los jóvenes consultan DeepSeek para predecir su futuro.

El otoño pasado, en Pekín, estaba en una cena con un grupo de mujeres de entre 20 y 30 años cuya conversación giraba en torno a ansiedades familiares circulares: perspectivas de trabajo cada vez menores (e historias de terror sobre contrataciones), desencanto con las citas (ninguna quería casarse ni tener hijos) y una fascinación cada vez mayor por el bazi, el tarot y el ocultismo. Cuando le pregunté a una invitada por el atractivo creciente del tarot, respondió simplemente: “Nadie recurre al tarot cuando corren buenos tiempos”.

Cuando el futuro pierde su promesa, el pasado se convierte en un refugio. Ambas sociedades han visto surgir la nostalgia, la añoranza de un tiempo recordado como más sencillo y estable. Muchos chinos idolatran a los vloggers rurales, como la famosa youtuber Li Ziqi, que saltó a la fama viral durante la pandemia al compartir videos de su vida autosuficiente y pastoril en la campiña de Sichuan. Puedes ver la misma dinámica en la popularidad de la esposa de un rol tradicional, famosa en Instagram como Ballerina Farm, que documenta su granja en Utah, donde ordeña vacas y hace donas desde cero para sus nueve hijos. Ambas mujeres viven fuera del sistema de servicios públicos y encarnan un idilio imaginado en el que ni los chatbots ni las corporaciones existen.

La nostalgia también tiene un lado oscuro, pues fomenta que ideas antaño marginales y antiliberales asciendan a la corriente dominante. Esto lleva años ocurriendo en China, donde sus influentes e ideólogos rechazan las ideas liberales y se inclinan hacia una autoridad centralizada conservadora. En Estados Unidos, vemos la influencia cada vez mayor de expertos como Curtis Yarvin, quien sostiene que la democracia liberal debería desmantelarse en favor de una monarquía dirigida por un director ejecutivo, y sus ideas han encontrado eco entre la élite tecnológica y política estadounidense, desde Peter Thiel hasta JD Vance.

Ante un sistema así, la respuesta más sencilla es rendirse: aceptar nuestro destino, hundirnos en la apatía de la decadencia inevitable y, en palabras de los internautas chinos, dejar que se pudra. Es fácil huir de la fricción del mundo real por la comodidad de nuestros feeds y confiar en los chatbots en lugar de en los amigos. Al hacerlo, permitimos que nuestros dirigentes aprovechen nuestros miedos y trasladen nuestras ansiedades a la versión meme de un país extranjero.

En lugar de abordar los retos de la IA de forma aislada, ¿por qué no reunir a personas de todos los sectores de la sociedad para recuperar la agencia sobre nuestras propias vidas? Podemos buscar la colaboración, como ya han empezado a hacer científicos y responsables de políticas. Al margen de la Conferencia Mundial sobre Inteligencia Artificial celebrada en Shanghái el verano pasado, científicos de todo el mundo se reunieron para abordar los riesgos críticos de la Inteligencia Artificial, e hicieron un llamamiento a la cooperación internacional para garantizar que los sistemas avanzados de IA se mantengan alineados con los valores humanos.

Los trabajadores pueden unirse para oponerse a las culturas laborales tóxicas de las grandes empresas tecnológicas que sacrifican la dignidad humana en aras de la ganancia y la competencia. Apenas en 2019 los programadores chinos lanzaron la campaña 996.ICU en GitHub, para protestar contra las extenuantes horas de trabajo. Recibieron el apoyo de trabajadores tecnológicos estadounidenses y de cientos de empleados tecnológicos de todo el mundo, desde España hasta Singapur, una de las mayores movilizaciones en línea de trabajadores tecnológicos de la historia.

Durante la cumbre celebrada la semana pasada entre Trump y el presidente Xi Jinping, ambos países acordaron futuras conversaciones sobre la IA, incluida la creación de importantes salvaguardas. Pero no está claro cuándo tendrán lugar estas conversaciones. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que se sentía cómodo en cooperar con China porque “los chinos nos apoyan sustancialmente”.

Una vez que se da un paso atrás, es fácil ver el efecto distorsionador de la contienda entre Estados Unidos y China. Es una historia que se utiliza para justificar la carrera a toda velocidad hacia adelante, sin salvaguardas, en nombre de vencer al otro. Al enfocarnos en nuestra rivalidad, nos hemos vuelto ciegos a nuestra propia vulnerabilidad. En lugar de fijarnos en quién cruza primero la línea de meta, debemos trabajar juntos para mejorar las condiciones de las personas que ambos países han dejado atrás."

( , The New York Times , 18/05/26)

6.2.26

"La voz de la razón, de la mayoría social y de la democracia no va a ser doblegada por los tecno-oligarcas del algoritmo”... Pedro Sánchez ha encontrado su marco ideológico y un enemigo al que combatir, y está elevando la apuesta... Un líder de la izquierda occidental frente a la tiranía trumpista, la voz internacional que defiende la democracia frente al autoritarismo tecnológico... Elon Musk se lo puso fácil cuando decidió atacar por la red social X al presidente del Gobierno, y este recogió el guante... la apuesta de Sánchez al encabezar la lucha contra Musk y a favor de los inmigrantes es mucho más controlada de lo que parece. El presidente es consciente de las dificultades que generaría a España plantar cara a EEUU sin contar con respaldo... las propuestas de Sánchez para poner límites a las plataformas tecnológicas estánalineadas con las intenciones de otros Estados de la Unión... está alineada con las intenciones de otros Estados de la Unión, porque ni la Unión ni sus Estados europeos cuentan con plataformas con las que puedan competir. Sus vías de transmisión de información son las tradicionales... En ese escenario, Europa queda en posición de inferioridad. Ya no controla la información. Esto no va solo de la pelea entre los medios tradicionales y las redes. Esto explica la tensión creciente entre los gobiernos y las plataformas. Tiene que ver con la captación de recursos, pero también con geopolítica... Las capitales europeas se perciben cada vez más expuestas a interferencias exteriores... Esta pelea tiene también una vertiente ideológica en la que Musk y Sánchez fijan las posiciones... Musk activa a las fuerzas afines; Sánchez moviliza a los suyos, ya que oponerse a Trump genera ventajas electorales ( Esteban Hernández )

 "La voz de la razón, de la mayoría social y de la democracia no va a ser doblegada por los tecno-oligarcas del algoritmo”: Pedro Sánchez ha encontrado su marco ideológico y un enemigo al que combatir, y está elevando la apuesta. Un líder de la izquierda occidental frente a la tiranía trumpista, la voz internacional que defiende la democracia frente al autoritarismo tecnológico.

Moncloa se ha acostumbrado a sacar partido de lo que tiene. Elon Musk se lo puso fácil cuando decidió atacar por la red social X al presidente del Gobierno, y este recogió el guante. En teoría, es una carta ganadora, ya que enfrentarse al trumpismo en Europa suele dar rédito electoral en esta época. Veremos dentro de un tiempo.

Las propuestas de Sánchez no son azarosas, sino que se alienan con las intenciones de otros Estados de la Unión Europea

Sin embargo, la apuesta de Sánchez al encabezar la lucha contra Musk y a favor de los inmigrantes es mucho más controlada de lo que parece. El presidente es consciente de las dificultades que generaría a España plantar cara a EEUU sin contar con respaldo. Por más que suenen con eco, las propuestas de Sánchez para poner límites a las plataformas tecnológicas están plenamente integradas en lo que la Unión Europea promueve. El Parlamento Europeo ha propuesto prohibir el acceso a las redes a menores de 16 años, y países como Francia, Dinamarca, Grecia e Italia son favorables a ello. No es una medida azarosa, sino que está alineada con las intenciones de otros Estados de la Unión.

La confrontación con Musk es útil políticamente para Sánchez, ya que se trata de un magnate que se ha significado repetidamente a favor de Trump. Pero, en realidad, Musk tiene una posición periférica dentro de las esferas de poder de Washington, ya que su inicial asociación quedó rota, aunque las relaciones entre Trump y Musk continúen existiendo, y Sánchez es el líder socialista de un país mediterráneo. Ninguno de los dos tiene el poder necesario para decidir sobre el conjunto.

Para Trump, es imprescindible que las empresas tecnológicas de su país se expandan por Europa: no quiere límites para ellas

Ambos representan los extremos de una confrontación relevante entre Europa y EEUU. El ámbito tecnológico es uno de los puntos en que los caminos de Washington y de Bruselas se bifurcan. Trump, en su intento de que EEUU gane poder a costa de sus socios, entiende imprescindible que las empresas tecnológicas de su país se expandan por Europa: no quiere límites para ellas. La Unión intenta regularlas, hasta ahora de una forma endeble: ha tenido muchos más fracasos que éxitos. La normativa europea sobre las big tech es vista como una protección necesaria por Bruselas y como una intromisión intolerable en el mercado por parte de Trump. Dado que existen muchos otros vínculos entre EEUU y la UE, es probable que Washington presione en otros sectores para que Europa debilite sus intentos de control. Hasta ahora, en el armamento, la energía y los aranceles, Europa ha cedido. Musk y Sánchez se pelean, son los extremos que dibujan las grandes líneas sobre las que la pelea se mueve; después ya negociarán las partes centrales.

Dinero, geopolítica y el control de la información

Este combate tiene varias vertientes y hay un aspecto que explica especialmente la resistencia europea al empuje de las plataformas. Ángel Villarino analizaba las aristas de los despidos en el ‘Washington Post’ y señalaba que una de las razones de la adquisición de la cabecera por Jeff Bezos fue la intención de ejercer influencia política sobre Washington. Era lógico, porque Amazon carecía de un medio de difusión de información. Alphabet contaba con el buscador de Google, con Discover y con YouTube, Meta con Facebook e Instagram (además de WhatsApp) Space X y Tesla con Twitter. Bezos optó por entrar en la prensa tradicional a través de un periódico prestigioso. Los despidos anunciados en el medio tienen que ver con desprenderse de aquello que se considera accesorio para la rentabilidad del diario, pero también para la influencia política, como deportes o cultura. Disponer de medios propios de difusión de información continúa siendo una necesidad para los magnates tecnológicos. Trump está alineado con ellos, no solo en su país, sino fuera de él: ‘América Primero’ es América primero en todos los sentido.

Esto es un problema para Europa, porque ni la Unión ni sus Estados europeos cuentan con plataformas con las que puedan competir. Sus vías de transmisión de información son las tradicionales: radio, prensa, televisión, en algunos casos con una importancia significativa de los medios públicos. Tienen, además, un carácter mucho más nacional que europeo. Las grandes tecnológicas poseen un alcance global, solo limitadas por las barreras fijadas por China y su esfera de influencia.

Son dos modelos que chocan de manera frontal, que han dado forma a una guerra que van ganando las tecnológicas. En gran medida, porque se convirtieron en espacios de distribución de la información que generaban los medios tradicionales y, al hacerlo, convirtieron a estos en dependientes. Aprovecharon las noticias de diarios, radios y televisiones para hacer crecer su red, y una vez que esta es lo suficientemente grande, y más ahora con la IA, cierran el grifo de la distribución. Las tecnológicas se acercaron a los medios para absorberlos y sustituirlos, y van camino de conseguirlo. En ese escenario, Europa queda en posición de inferioridad. Ya no controla la información. Esto no va solo de la pelea entre los medios tradicionales y las redes. Tiene que ver con la captación de recursos, pero también con geopolítica.

Las tecnológicas se acercaron a los medios de comunicación tradicionales para absorberlos y sustituirlos, y van camino de lograrlo

Esto explica la tensión creciente entre los gobiernos y las plataformas. Primero ignoraron el problema porque las redes suponían modernidad y avance, después vieron una oportunidad para llegar a un sector de la población mayor, más tarde se inquietaron con el Brexit y el triunfo del primer Trump. Después vino la pandemia y Ucrania, e intentaron combatir los bulos y los discursos de odio. Mientras, los medios tradicionales apostaron por el fact-checking y levantaron la bandera de la verdad puesta en cifras respecto de las mentiras de las redes. Nada de eso ha servido, ya que no se aplicaron medidas estructurales.

El contraataque estadounidense no se hizo esperar, hasta el punto de que 'X', el actual Twitter, se ha convertido en el emblema de la libertad de expresión para distintos colectivos y formaciones occidentales, que entienden que los gobiernos europeos y progresistas censuran a sus ciudadanos. Trump y Vance han reforzado esa visión. Las capitales europeas se perciben cada vez más expuestas a interferencias exteriores.

Ideología o interés

Esta pelea, por regresar al principio, tiene también una vertiente ideológica en la que Musk y Sánchez fijan las posiciones. El dueño de X insiste en los intentos regulatorios de los gobiernos comunistas que impiden que los ciudadanos se expresen, al mismo tiempo que apoya a Milei o a diferentes fuerzas políticas antiUE, y el presidente del gobierno apuesta por confrontar con los tecnoligarcas y por defender la democracia del autoritarismo. Conviene a ambos: Musk activa a las fuerzas afines; Sánchez moviliza a los suyos, ya que oponerse a Trump genera ventajas electorales (otra cosa es que sea suficiente para el PSOE). Desde la derecha, la interpretación es diferente: Sánchez está haciendo un favor a la UE con su posición, ya que defiende un programa que ven con simpatía, y espera que en el futuro se le retribuya con una salida personal en alguna institución. 'Hay que buscar una salida a Sánchez’ comienza a ser demasiado escuchado."

(Esteban Hernández  , El Confidencial, 06/02/26)

24.1.26

Los trabajadores españoles en huelga acaban de demostrar que Amazon no es invencible. Los trabajadores emplearon tácticas creativas y disruptivas para ganar. Su victoria ofrece lecciones para el movimiento obrero global... Los trabajadores lograron un aumento salarial del 14 por ciento que entró en vigor este mes (enero). También lograron aumentos anuales del 4 por ciento en cada uno de los próximos dos años, mejoras en el pago por turnos de domingo y nocturnos, y más tiempo libre pagado... ¿Se han alcanzado todos los objetivos? No. Pero se ha logrado algo fundamental: romper el estancamiento, reactivar las negociaciones y demostrar que Amazon no es inmune a la organización colectiva”... Las tácticas creativas de huelga fueron decisivas... "esta huelga no fue una movilización clásica, donde la gente no va a trabajar." En cambio, dijo, “jugamos un juego de engaño, lo que significa que todos se presentaron a trabajar en los días de huelga, creando una falsa sensación de desmovilización y confianza en la empresa.” Explicó que solo cuando ocurrían picos de producción, “nuestros colegas dejaban sus estaciones de trabajo” y se manifestaban afuera. Los trabajadores luego volvían al trabajo cuando la producción disminuía. Los trabajadores “iban y venían y marcaban su entrada y salida varias veces durante su turno,” dijo Martínez Valero, “causando un gran caos organizativo y confusión [para Amazon] sobre dónde colocar a las personas”... "Esto fue desastroso para la empresa, ya que en noviembre no pudo enviar muchos productos, o lo hizo muy tarde." Sabemos que el primer día de la huelga, más de 40 camiones se retrasaron"... “los trabajadores se organizaron en pequeños grupos o asambleas, basados en sus estaciones de trabajo o áreas”... "Esto surgió espontáneamente, ya que se conocen y confían entre sí"... los principios fundamentales del éxito de Murcia — liderazgo de base, democracia sindical, una postura confrontativa y una huelga de participación mayoritaria que interrumpe la producción — son exportables a cualquier lugar donde los trabajadores de Amazon busquen justicia (Jonathan Rosenblum)

 "El último punto de resistencia contra el gigante logístico global Amazon ha demostrado, una vez más, que el poder colectivo de los trabajadores puede obligar a la empresa a mejorar sus miserables condiciones laborales.

Los trabajadores de Amazon en Murcia, en el sureste de España, hicieron huelga dos veces en el centro de cumplimiento RMU1 durante la temporada alta de vacaciones de 2025 y obligaron a la empresa a llegar a un acuerdo negociado a finales de diciembre.

Los trabajadores lograron un aumento salarial del 14 por ciento que entró en vigor este mes (enero). También lograron aumentos anuales del 4 por ciento en cada uno de los próximos dos años, mejoras en el pago por turnos de domingo y nocturnos, y más tiempo libre pagado. Los líderes de la huelga advirtieron que el aumento del 14 por ciento puede ser algo engañoso: es un aumento de las tablas salariales de 2018, por lo que en gran medida es un ajuste por inflación. Pero como Alfonso Martínez Valero, un trabajador de RMU1 y líder de la huelga, le dijo a Truthout, los beneficios como las pensiones y el pago por desempleo están calibrados a las tasas salariales base, por lo que esos beneficios ahora aumentarán sustancialmente.

¿Se han alcanzado todos los objetivos? No. Pero se ha logrado algo fundamental: romper el estancamiento, reactivar las negociaciones y demostrar que Amazon no es inmune a la organización colectiva,” escribió el comité de huelga de trabajadores de Murcia tras las huelgas. "La huelga ha cambiado el equilibrio de poder y ha enviado un mensaje claro a los trabajadores de otros países: incluso dentro de una multinacional global, la acción colectiva sostenida puede abrir verdaderas grietas," escribieron para un próximo artículo en The Amazon Worker, una publicación de Amazon Workers International.

Los trabajadores de Murcia hicieron huelga durante tres días a finales de noviembre, y cuando eso no produjo negociaciones, volvieron a hacer huelga del 17 al 19 de diciembre. Amazon intensificó su campaña anti-sindical después de la primera huelga, enviando a gerentes de una estación de trabajo a otra para decirles a los trabajadores que una acción de huelga en diciembre sería inútil, que los trabajadores perderían dinero y pondrían en peligro sus empleos, según Martínez Valero.

De los 2,000 trabajadores en RMU1, el comité de huelga del sindicato estima que al menos el 75 por ciento participó en la huelga de diciembre. El regreso de los trabajadores a las líneas de piquete en diciembre parece haber convencido a Amazon de negociar. El 22 de diciembre, el comité de huelga del sindicato anunció el acuerdo, negociado bajo los auspicios de mediadores gubernamentales.

La huelga fue organizada y liderada por un combativo comité de base orientado a la lucha de clases de la Confederación General del Trabajo, o CGT, uno de los cuatro sindicatos en RMU1. A diferencia del modelo de "representación exclusiva" de las relaciones laborales en EE. UU., en España —al igual que en otros países europeos— múltiples sindicatos pueden tener presencia en el mismo lugar de trabajo. Los estándares mínimos están cubiertos por acuerdos sectoriales provinciales o nacionales, negociados por sindicatos y grupos de empleadores.

En 2024, Martínez Valero le dijo a Truthout que los miembros de la CGT intentaron pero no lograron convencer a los otros sindicatos para que participaran en acciones laborales para elevar los estándares, que habían languidecido sin cambios desde 2018. Los otros sindicatos, dijo, querían "paz social", pero para la CGT, "la confrontación está en nuestra esencia, para resaltar las contradicciones del sistema [capitalista], y la lucha democrática para alcanzar nuestros objetivos."

El pasado septiembre, los miembros de la CGT convocaron reuniones de trabajadores. "El ánimo en el almacén estaba muy alto," dijo Martínez Valero. "Los compañeros estaban muy dispuestos a ir a la huelga, así que comenzamos una campaña de movilización." Principalmente hablando con la gente, publicando una revista de agitación... y hablando abiertamente sobre la huelga.”

La organización uno a uno en el taller culminó en una votación de los trabajadores para hacer huelga tanto en noviembre como en diciembre. Uno de los otros tres sindicatos respaldó oficialmente la convocatoria a la huelga, pero a juzgar por las cifras de participación en el piquete, es evidente que trabajadores más allá de las filas de la CGT y del otro sindicato se unieron a la huelga.

Las tácticas creativas de huelga fueron decisivas. Como explicó Martínez Valero a Truthout, "esta huelga no fue una movilización clásica, donde la gente no va a trabajar." En cambio, dijo, “jugamos un juego de engaño, lo que significa que todos se presentaron a trabajar en los días de huelga, creando una falsa sensación de desmovilización y confianza en la empresa.” Explicó que solo cuando ocurrían picos de producción, “nuestros colegas dejaban sus estaciones de trabajo” y se manifestaban afuera. Los trabajadores luego volvían al trabajo cuando la producción disminuía. Los trabajadores “iban y venían y marcaban su entrada y salida varias veces durante su turno,” dijo Martínez Valero, “causando un gran caos organizativo y confusión [para Amazon] sobre dónde colocar a las personas.”

"Esto fue desastroso para la empresa, ya que en noviembre no pudo enviar muchos productos, o lo hizo muy tarde." Sabemos que el primer día de la huelga, más de 40 camiones se retrasaron,” dijo Martínez Valero.

Para llevar a cabo esta estrategia de caos, “los trabajadores se organizaron en pequeños grupos o asambleas, basados en sus estaciones de trabajo o áreas,” dijo él. "Esto surgió espontáneamente, ya que se conocen y confían entre sí." Nos dimos cuenta de esto y lo fomentamos, dándoles libertad para tomar decisiones: los mejores momentos para salir, coordinarse con otros grupos, organizarse y ayudarse mutuamente.

Alentar a los trabajadores de cada departamento a tomar sus propias decisiones sobre cuándo dejar de trabajar, "los empodera y les da confianza, y traen a más personas con ellos; además, esta técnica nos permite adaptarnos a cualquier cambio que la empresa intente hacer para minimizar el impacto económico", dijo.

Además de sembrar el caos dentro del almacén, los trabajadores de RMU1 bloquearon las entradas para que los camiones no pudieran pasar a mover mercancías.

Las tácticas disruptivas de Murcia evocan la huelga "Stand Up" de la UAW en 2023, o las campañas CHAOS de la Asociación de Auxiliares de Vuelo, pero de una manera más concentrada e intensiva.

Hay lecciones aquí para los sindicalistas de todas partes: Un liderazgo obrero fuerte, una democracia en el movimiento y tácticas creativas y confrontativas que interrumpen la cadena de suministro pueden poner a la empresa en su lugar.

La huelga también contó con el apoyo internacional de aliados. A medida que se acercaba la primera huelga de noviembre, trabajadores y sindicatos de Japón, India, Inglaterra, Polonia y Estados Unidos enviaron mensajes de solidaridad, incluidos videos de trabajadores de Amazon de Carolina del Norte y Teamsters de Nueva York.

Murcia no fue el único lugar de acciones laborales de los trabajadores durante la "temporada alta" de vacaciones de Amazon desde finales de noviembre hasta Navidad. Los trabajadores de ocho almacenes alemanes hicieron huelga el Black Friday, exigiendo negociación colectiva, a lo cual la empresa se ha negado hasta ahora. El sindicato ver.di informó que 3,000 trabajadores se fueron, un número considerable pero aún solo una pequeña fracción de los más de 40,000 trabajadores de Amazon en el país. La huelga se basó en una protesta salarial de dos días por parte de cientos de trabajadores en el almacén de la empresa en Bad Hersfeld, en el noreste de Alemania, a finales de agosto.

Esas huelgas en España y Alemania siguieron a una huelga nacional de un día de miles de conductores de entrega de Amazon en Italia en abril. Esa huelga obligó a la empresa a sentarse a la mesa de negociaciones, donde acordaron mejorar los salarios y la seguridad para los conductores italianos.

Pero en los EE. UU. — donde Amazon emplea aproximadamente al 70 por ciento de su fuerza laboral global de más de 2 millones de trabajadores directos y contratados — la temporada alta de 2025 fue más tranquila en las líneas de piquete en comparación con Europa, y también en comparación con 2024.

En diciembre, 200 conductores de entrega en la instalación DBK1 de Amazon en Queens, Nueva York, organizaron una acción laboral y anunciaron que se habían unido al Teamsters Local 804. Y en todo el país, un grupo de trabajadores de tamaño similar en el almacén DJT5 de Amazon en Riverside, California, realizaron una breve huelga y exigieron el reconocimiento de su sindicato Teamsters. Esas protestas fueron pequeñas en comparación con la temporada alta de 2024, cuando los trabajadores hicieron huelga en ocho instalaciones de Amazon en lo que el sindicato Teamsters declaró como "la mayor huelga contra Amazon en la historia de EE. UU." El periodista Luis Feliz Leon estimó que alrededor de 600 trabajadores participaron en esas huelgas — de hecho, el mayor número de trabajadores de almacenes de Amazon en huelga en EE. UU. hasta la fecha, pero muy lejos de los porcentajes de huelga reportados en las líneas de piquete europeas.

El retroceso anti-sindical de Amazon es responsable de la disminución de la actividad de huelgas en EE. UU. el pasado diciembre. Después de las huelgas de 2024, Amazon castigó a muchos de los huelguistas en actos claros de represalia ilegal. Los trabajadores respondieron con delegaciones grupales a la gerencia y presentaron denuncias ante la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB). Pero incluso cuando la agencia federal intervino para declarar que la empresa había violado la ley, Amazon se mantuvo firme.

Luego, en el almacén DBK4 de la ciudad de Nueva York, el lugar de una de las líneas de piquete más activas de diciembre, Amazon respondió despidiendo a 150 conductores el pasado septiembre. Los trabajadores se reunieron para anunciar que lucharían. "Si Amazon piensa que vamos a quedarnos de brazos cruzados, se equivoca." "Nuestra solidaridad solo se está volviendo más fuerte," dijo la trabajadora de DBK4, Latrice Shadae Johnson, a una multitud de manifestantes fuera de la instalación en Queens. Pero los despidos en DBK4 y la continua hostilidad de la empresa hacia los sindicatos, combinados con la relativa debilidad de la legislación laboral estadounidense, han tenido un efecto desalentador en la actividad de huelgas en EE. UU.

Es cierto que las empresas estadounidenses tienen más libertad para intimidar a los trabajadores y desmantelar sindicatos en comparación con los empleadores en la mayoría de los otros países donde opera Amazon. Un informe reciente del Instituto de Política Económica señaló que, hasta el año pasado, había casi 350 cargos pendientes o resueltos de prácticas laborales injustas contra Amazon y sus subsidiarias en 27 estados de EE. UU., muchos de los cuales involucraban a trabajadores despedidos. En la instalación JFK8 en Staten Island, los trabajadores ganaron una elección de representación sindical hace casi cuatro años, pero aún no han visto su primer día de negociación con la empresa debido a las tácticas dilatorias de los abogados anti-sindicales de Amazon.

Estas sombrías realidades son aún más razones por las cuales el movimiento laboral de EE. UU. necesita poner exponencialmente más energía y recursos en el proyecto de organización de Amazon.

Hacerlo es una necesidad urgente para los trabajadores fuera de Amazon también. El contrato sindical más grande del sector privado en la nación es el de United Parcel Service (UPS), que cubre a unos 300,000 conductores de entrega y trabajadores de almacén. El contrato de los Teamsters con UPS, que ofrece buenos salarios, beneficios y derechos a los trabajadores, vence en julio de 2028. Eso es solo dentro de 30 meses.

En los últimos años, Amazon ha superado a UPS en volumen de paquetes, y los analistas de la industria creen que el gigante superará incluso al Servicio Postal de EE. UU. para finales de la década. Sin una campaña de organización enérgica en Amazon, los Teamsters deben esperar que UPS llegue a la mesa de negociaciones exigiendo importantes concesiones para igualar los estándares de pago y beneficios mucho más bajos de Amazon.

Este es un gran desafío no solo para los Teamsters, sino para todo el movimiento laboral. Debido a su tamaño, el contrato de UPS es un acuerdo indicativo: los términos para los trabajadores de UPS establecen expectativas para los trabajadores y jefes mucho más allá del trabajo de entrega de paquetes. Por ejemplo, el acuerdo de julio de 2023 entre los Teamsters y UPS, que incluyó aumentos salariales sustanciales, dio impulso a los trabajadores automotrices de la UAW, quienes dos meses después lanzaron sus huelgas rotativas en los tres grandes fabricantes de automóviles. Por el contrario, una ronda de negociaciones defensiva y llena de concesiones para los Teamsters de UPS en 2028 presagiaría un mal futuro para todos los sindicatos.

La victoria de la huelga en Murcia, España, no es un modelo de copiar y pegar para los sindicalistas estadounidenses. Los terrenos legales y políticos entre los dos países son bastante diferentes. La red de almacenes de Amazon es mucho más densa en los EE. UU. en comparación con otros países, lo que hace que las huelgas en un solo sitio sean mucho menos efectivas aquí. Pero los principios fundamentales del éxito de Murcia — liderazgo de base, democracia sindical, una postura confrontativa y una huelga de participación mayoritaria que interrumpe la producción — son exportables a cualquier lugar donde los trabajadores de Amazon busquen justicia. "Es un esfuerzo colectivo, y tenemos que desmentir el mito de que Amazon es intocable," dijo Martínez Valero. "Como dice el refrán español, 'torres más altas han caído'." 

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13.12.25

El fomento activo de las monedas estables por parte de la administración Trump está creando nuevos vectores privados de integración que podrían destronar a las monedas soberanas y a los circuitos financieros asociados a ellas. Empresas como Amazon, Walmart, Facebook y X están planeando desarrollar sus propias monedas. Dado el enorme alcance social de estos actores, es fácil imaginar una sustitución monetaria a su favor. Esto significaría que los bancos centrales y los reguladores perderían el control sobre su sistema financiero y, en última instancia, se reduciría rápidamente el espacio para la política económica... Los acontecimientos actuales en Estados Unidos apuntan a una especie de desarticulación del Estado... En los países privados de soberanía digital, está surgiendo un nuevo tipo de colonización, con la destrucción de las capacidades administrativas, lo que representa una amenaza inminente para cualquier posibilidad de política emancipadora... Si no se toman medidas rápidas para contrarrestar la monopolización del conocimiento y las capacidades de coordinación por parte de los gigantes tecnológicos, las instituciones políticas pronto quedarán relegadas a la irrelevancia y la izquierda anticapitalista se verá privada de cualquier opción estratégica (Cédric Durand)

 "En su número de agosto de 2025, Le Monde Diplomatique publicó un artículo de Evgeny Morozov en el que criticaba duramente el concepto de «tecnofeudalismo», propuesto por el economista Cédric Durand. Esta crítica fue recientemente ampliada por Frédéric Lordon, quien teme que la hipótesis de una nueva configuración «tecnofeudal» del capitalismo tenga el efecto de eludir la ruptura necesaria, no con tal o cual configuración del capitalismo, sino con el capitalismo como tal.

En este artículo, Cédric Durand responde a la crítica de Morozov (y, en parte, también a la de Lordon) examinando la dinámica macroeconómica actual del capitalismo y las nuevas formas que adopta bajo el dominio de las grandes tecnológicas, que, en su opinión, el concepto de «tecnofeudalismo» nos permite conceptualizar mejor.

En su número de agosto de 2025, Le Monde Diplomatique publicó la mordaz crítica de Evgeny Morozov al concepto de tecnofeudalismo.[1] Comprender los motores y las implicaciones de la creciente influencia de la tecnología digital es claramente una cuestión de verdadera urgencia; y, como tal, la intervención de Morozov y las ideas que aporta al debate son bienvenidas. Sin embargo, en mi opinión, hay tres debilidades importantes en el núcleo de su argumento, que me gustaría esbozar brevemente en este texto.[2] En primer lugar, el enfoque de Morozov adolece de miopía. Centrarse en las empresas tecnológicas sin cuestionar su impacto macroeconómico tiende a oscurecer la dinámica sistémica que alimenta el desarrollo de este sector. En segundo lugar, me parece que su comprensión de la competencia capitalista es truncada. Considera la dinámica competitiva en el sector tecnológico únicamente desde la perspectiva de la «destrucción creativa en su forma más creativamente destructiva». Al hacerlo, descarta cualquier cuestionamiento de la dialéctica entre competencia y monopolización, tan central en la concepción de Marx sobre el futuro del modo de producción capitalista, que él denomina, al final del volumen I de El capital, «la tendencia histórica de la acumulación capitalista». [3] Por último, en el plano político, la única lección que extrae Morozov se refiere al riesgo de que la crítica del tecnofeudalismo sirva en última instancia solo para rehabilitar el capitalismo. El argumento es válido, pero bastante débil si se tienen en cuenta los retos que plantea el auge de las grandes empresas tecnológicas. Examinemos estos puntos uno por uno.

«¿Es obvio que el capitalismo hace lo que mejor sabe hacer?

La idea central del argumento de Morozov es la siguiente: las grandes empresas tecnológicas no son señores feudales que dominan sus feudos y se conforman con cobrar rentas. Más bien, se comportan de la manera clásica de las empresas encerradas en la jaula de hierro capitalista: invertir para aumentar la rentabilidad o morir. Para respaldar esta posición, Morozov señala que los gigantes tecnológicos están invirtiendo fuertemente (con 320 000 millones de dólares en infraestructura de IA previstos para 2025 para Meta, Microsoft, Alphabet y Amazon); que compiten ferozmente entre sí, librando guerras de precios en los servicios de IA; y que, lejos de cobrar un tributo feudal, sus ingresos provienen simplemente de la venta a otras empresas de la maquinaria digital esencial para la producción de bienes y servicios. Fundamentalmente, los servicios en la nube son, por tanto, bienes de producción, al igual que, por ejemplo, los equipos industriales que vende Siemens.

A primera vista, cada uno de estos puntos parece bastante razonable. Las empresas tecnológicas compiten por realizar las inversiones adecuadas para seguir siendo competitivas y vender sus productos de forma más eficaz. El tejido productivo se renueva a medida que los líderes superan a los rezagados, la eficiencia general aumenta, los costes disminuyen y el crecimiento vuelve a despegar. ¡Es «lo que mejor sabe hacer el capitalismo»!

Pero la historia que nos cuenta Morozov está sesgada por su perspectiva microeconómica. Basta con observar la dinámica macro para ver que aquí hay algo que no cuadra. Lejos de hacer «lo que mejor sabe hacer el capitalismo», la macroeconomía en la era de las grandes tecnológicas se está estancando. Un indicador revelador entre muchos es la tasa de inversión neta del sector privado, es decir, la inversión en capital fijo fuera del sector público menos la depreciación del capital (Figura 1). Se desplomó espectacularmente tras la gran crisis financiera de 2008, pero lo más notable es que no se ha recuperado desde entonces, es decir, en el periodo en el que el ámbito digital se expandía rápidamente gracias a las inversiones masivas de las grandes tecnológicas. Otro indicador es la tendencia del crecimiento de la productividad (Figura 2). Sin duda alguna, ha disminuido de forma notable y continua desde mediados de la década de 1990.

En otras palabras, observar las impresionantes cifras de las inversiones de las grandes tecnológicas no nos dice nada sobre la naturaleza de la competencia en sí. Al fin y al cabo, ¿no luchaban los señores feudales por superarse unos a otros con costosas fortificaciones, costosas operaciones militares y fastuosas fiestas? Hoy en día, una mayor inversión en las fuerzas depredadoras de las grandes tecnológicas significa una menor inversión en la economía en su conjunto. A medida que la carga del tributo digital lastra las perspectivas de rentabilidad en otros sectores, la inversión disminuye, la productividad se ralentiza y el estancamiento se extiende. Por supuesto, estoy diciendo todo esto de forma demasiado resumida. La dinámica macroeconómica no puede reducirse al único parámetro del coste de la tecnología: las diversas formas de desigualdad, el papel de las finanzas, las formas de competencia internacional y la política monetaria y fiscal desempeñan un papel que no puede examinarse aquí. Pero la fuerte caída de la inversión y la ralentización de la productividad bastan para invalidar la tesis de Morozov. En sus propias palabras, la idea de que la dinámica de destrucción creativa en el sector tecnológico permite «al capitalismo hacer lo que mejor sabe hacer» es un «cuento de hadas que oculta la verdadera historia de terror».

Socialización regresiva

«¿Nos está llevando la tecnología digital de vuelta a la Edad Media?»[4] La pregunta es tan absurda como parece. El historiador Guy Bois resume la naturaleza de la economía feudal en una sola frase: «Es la hegemonía de la producción individual a pequeña escala (y, por lo tanto, el nivel de fuerzas productivas que esta hegemonía implica), más el tributo señorial garantizado por una restricción de origen político (o extraeconómico)». [5] Sin embargo, nuestra era es la antítesis de la producción individual a la que se refiere en primer lugar. La «verdadera historia» en la que se inscriben las actividades digitales es la de la creciente socialización del trabajo como resultado de la interacción dialéctica entre la competencia y la monopolización.

 

En Late Capitalism, a principios de la década de 1970, Ernest Mandel definió la dinámica de la competencia capitalista, señalando la «búsqueda constante de «rentas tecnológicas» que solo pueden obtenerse mediante la «renovación» tecnológica permanente».[6] Esta lucha entre capitales por la supervivencia remodela constantemente la economía y la sociedad en su conjunto porque, en el capitalismo tardío, ningún ámbito social escapa a la influencia de la producción de valor capitalista. Al mismo tiempo, los vínculos se están volviendo más densos en todo el espacio social global. Como escribe Mandel, «la socialización del trabajo se lleva a su extremo más extremo, ya que el resultado acumulado total del desarrollo científico y técnico de toda la sociedad y la humanidad se convierte cada vez más en la condición previa inmediata para cada proceso particular de producción en cada esfera particular de producción. Con el logro de la automatización total, esto se haría realidad en sentido literal»[7].

Cinco décadas más tarde, a medida que las herramientas de IA generativa colonizan todos los rincones del tejido social, la visión de Mandel de una interdependencia global permanente y la automatización generalizada del trabajo intelectual se está haciendo realidad. Él entendió que esta transformación cualitativa del capitalismo no conduciría a una nueva ola de expansión. Lejos de «que el capitalismo haga lo que mejor sabe hacer», en la era del capitalismo tardío las dinámicas competitivas traen consigo una mutación sistémica marcada por una centralización extrema, que gira en torno a las fuerzas del conocimiento. Volviendo al argumento de Morozov, no se trata de afirmar que la dinámica capitalista desaparecerá de repente, sino que su plena realización traerá consigo algo nuevo.

Mandel, inclinándose hacia el optimismo de la voluntad, creía que esta creciente socialización estaba allanando el camino para el socialismo. Vale la pena citarlo con más detalle sobre este punto:

La apropiación privada de esta producción socializada conduce a la flagrante contradicción de que este vasto «capital» científico y técnico a disposición de la humanidad [sic] está subordinado a las condiciones de valorización del capital real y, en consecuencia, se niega a millones de personas o se pone a su disposición solo de forma deformada o fragmentaria. Solo cuando las fuerzas productivas se liberen finalmente de la coraza de la apropiación privada que las rodea, las fuerzas revolucionarias que aún permanecen en gran parte latentes en la ciencia contemporánea podrán utilizarse plenamente al servicio de la liberación del trabajo y la liberación del hombre [sic]. [8]

Mandel tenía razón sobre los trastornos asociados al auge del conocimiento. Por otro lado, omitió la caída catastrófica que Marx había previsto en los borradores de El capital, que se produce cuando «el uso de la ciencia (el producto general del desarrollo social), en el proceso inmediato de producción, toma la forma de la fuerza productiva del capital». [9] A través de la negación de la actividad autónoma y creativa, las subjetividades individuales y colectivas se dislocan. El trabajo queda atrapado en esta mistificación; los individuos no son nada, el capital lo es todo. Esta calamidad se extiende más allá de la esfera de la producción. El individuo en su trabajo, y luego en todas las fases de su vida, tiende a ser expropiado de su propia existencia. El filósofo Étienne Balibar llama a la posibilidad de esta derrota definitiva «subsumción total». Implica «una pérdida completa de la individualidad, en el sentido de […] la identidad personal y la autonomía»[10] y, a nivel político, la eliminación de cualquier perspectiva de emancipación.

Entonces, ¿qué es lo antiguo?

Si la tecnología digital se está desarrollando a la vanguardia del proceso histórico de socialización económica, y este proceso está impulsado por la competencia capitalista, ¿qué puede haber de feudal en la hegemonía actual? Cuando Guy Bois señala, en la segunda parte de su definición de la economía feudal, «el tributo señorial garantizado por una restricción de origen político (o extraeconómico)», indica el principio que rige la dominación híbrida ejercida por los gigantes tecnológicos. La reminiscencia feudal se refiere a las relaciones de dependencia, la difuminación de la frontera entre economía y política, y la preeminencia de una lógica depredadora basada en la ampliación del dominio de control. La actual ola de especulación en torno a la IA expresa un espíritu de conquista. Alimenta una carrera por el equipamiento de captura: centros de datos, redes de satélites y mercados que ofrecen servicios en la nube. Es aquí donde convergen la mayoría de los datos y donde se coordinan grandes sectores de la actividad económica y social. Como dice Koray Kavukcuoglu, de Google DeepMind, «poder conectar con consumidores, clientes y empresas a esa escala es realmente algo que podemos hacer gracias al enfoque integrado de pila completa que tenemos»[11]. Aquí es donde reside la capacidad de extracción. Puede que a algunos no les guste la comparación con el feudalismo y que propongan mejores herramientas conceptuales para comprender lo que está en juego. Pero afirmar que para comprender este fenómeno solo tenemos que llamar al «capitalismo por su verdadero nombre» no resulta muy convincente.

El tecnofeudalismo no expresa ningún tipo de determinismo tecnológico. La fuerte regulación de China sobre el sector tecnológico y los usos sociales de la tecnología digital parece estar llevando a ese país por un camino diferente. Allí, una forma de intervencionismo público —a través del Partido Comunista Chino— sigue manteniendo el control. En Estados Unidos, sin embargo, al eliminar todos los obstáculos a las grandes tecnológicas, la administración Trump está allanando el camino para que las empresas privadas colonicen la política. En lo que respecta a la IA, la filosofía de la administración no podría ser más clara. Como dijo el vicepresidente J. D. Vance: « Creemos que una regulación excesiva del sector de la IA podría acabar con una industria transformadora justo cuando está despegando, y haremos todo lo posible para fomentar políticas de IA favorables al crecimiento».[12] En términos de organización administrativa, las intervenciones de los aliados de Elon Musk a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) y el creciente número de contratos que benefician a Palantir están conduciendo a la consolidación de los datos gubernamentales y privados bajo la influencia de estas empresas.[13] Incluso dentro del ejército está surgiendo un nuevo tipo de colaboración. Altos ejecutivos de Meta, Palantir y OpenAI están siendo cooptados en un organismo ad hoc sin renunciar a sus lucrativas actividades, lo que sugiere la creciente influencia de Silicon Valley sobre el presupuesto de defensa y las capacidades de planificación operativa.[14]

Pero el avance más significativo hasta la fecha se refiere a la moneda. El fomento activo de las monedas estables por parte de la administración Trump no solo aumentará la inestabilidad financiera y la fragmentación del sistema financiero mundial. [15] Más aún, está creando nuevos vectores privados de integración que podrían destronar a las monedas soberanas y a los circuitos financieros asociados a ellas. Empresas como Amazon, Walmart, Facebook y X están planeando desarrollar sus propias monedas. Dado el enorme alcance social de estos actores, es fácil imaginar una sustitución monetaria a su favor. Esto significaría que los bancos centrales y los reguladores perderían el control sobre su sistema financiero y, en última instancia, se reduciría rápidamente el espacio para la política económica.
Los acontecimientos actuales en Estados Unidos apuntan a una especie de desarticulación del Estado[16], un paso hacia la realización de las fantasías libertarias de un mundo libre de política. En los países privados de soberanía digital, está surgiendo un nuevo tipo de colonización[17], que combina el desarrollo económico desigual y la subordinación político-administrativa. Dado que el concepto de tecnofeudalismo hace hincapié en la naturaleza híbrida de las grandes empresas tecnológicas, nos permite centrarnos en la destrucción de las capacidades administrativas como una amenaza inminente para cualquier posibilidad de política emancipadora. Si no se toman medidas rápidas para contrarrestar la monopolización del conocimiento y las capacidades de coordinación por parte de los gigantes tecnológicos, las instituciones políticas pronto quedarán relegadas a la irrelevancia y la izquierda anticapitalista se verá privada de cualquier opción estratégica.

Notas
[1] Evgeny Morozov, «What the techno-feudalism prophets get wrong» (En qué se equivocan los profetas del tecnofeudalismo), Le Monde diplomatique, agosto de 2025.

[2] Ya se ha producido un primer intercambio en una serie de artículos publicados por la revista New Left Review. Evgeny Morozov, «Critique of Techno-Feudal Reason», New Left Review, 13 de abril de 2022, n.º 133/134, pp. 89-126; Cecilia Rikap, «Capitalism as usual? Implications of digital intellectual monopolies», New Left Review, 2023, vol. 139, pp. 145-160; Cédric Durand, «Scouting Capital’s Frontiers», New Left Review, 30 de agosto de 2022, n.º 136, pp. 29-39.

[3] Marx, El capital, vol. I, op. cit., p. 928.

[4] [TN: Título utilizado para la versión francesa del artículo de Morozov en Le Monde diplo]

[5] Guy Bois, «Crise du féodalisme: économie rurale et démographie en Normandie orientale du début du xive siècle au milieu du xviesiècle», Cahiers de la Fondation nationale des sciences politiques, n.º 202, 1976, p. 355.

[6] Ernst Mandel, Late Capitalism, Londres: NLB, 1975, p. 192.

[7] Ibíd., pp. 267-268.

[8] Ibíd., p. 268.

[9] Marx, Capital, vol. I, Londres: Penguin, 1976, p. 1024.

[10] Étienne Balibar, «Hacia una nueva crítica de la economía política: de la plusvalía generalizada a la subsunción total», en Peter Osborne, Éric Alliez y Eric-John Russell (eds.), Capitalismo. Concepto, idea, imagen. Aspectos del Capital de Marx hoy, 2019, en línea.

[11] Melissa Heikkilä, Tim Bradshaw y George Hammond, «OpenAI’s lead under pressure as rivals start to close the gap», FT.com, 30 de noviembre de 2025.

[12] Steven Levy, «How the Loudest Voices in AI Went from “Regulate Us” to “Unleash Us”», Wired, 30 de mayo de 2025.

[13] Sheera Frenkel et al., «Trump recurre a Palantir para recopilar datos sobre los estadounidenses», New York Times, 30 de mayo de 2025; Emily Badger y Sheera Frenkel, «Trump quiere fusionar los datos del Gobierno. Aquí hay 314 cosas que podría saber sobre ti», New York Times, 9 de abril de 2025.

[14] Steve Beynon, «Los ejecutivos tecnológicos nombrados oficiales superiores del ejército no se recusarán de los negocios del Departamento de Defensa», https://www.military.com/daily-news/2025/06/27/tech-executives-commissioned-senior-army-officers-wont-recuse-themselves-dod-business-dealings.html , 27 de junio de 2025, (consultado el 11 de julio de 2025). Cecilia Rikap, «El Estado de seguridad nacional de EE. UU. y las grandes tecnológicas: relaciones de amistad-enemistad y planificación de la innovación en tiempos turbulentos», en La economía política de la guerra, la paz y el complejo militar-industrial, Edward Elgar Publishing, 2025, pp. 74-90.

[15] Barry Eichengreen, «La Ley Genius provocará el caos económico», New York Times, 17 de junio de 2025; Jan Klooster, Edoardo Martino y Eric Monnet, «El mercantilismo de las stablecoins en dólares estadounidenses es una oportunidad para promover el multilateralismo en los pagos y el papel internacional del euro», https://cepr.org/voxeu/columns/us-dollar-stablecoin-mercantilism-opportunity-promote-payment-multilateralism-and, 3 de julio de 2025, (consultado el 12 de julio de 2025). Rey, Hélène. «Stablecoins, tokens y dominio global». Finanzas y Desarrollo (2025): 24-27.

[16] Benjamin Braun y Cédric Durand, «L’automne braudélien de l’Amérique», https://legrandcontinent.eu/fr/2025/07/27/trump-braudel-amerique/, 27 de julio de 2025 (consultado el 27 de agosto de 2025).

[17] Cecilia Rikap et al., Reclaiming digital sovereignty: A roadmap to build a digital stack for people and the planet, LUT University, 2024.

 

(Cédric Durand, Verso, 09/12/25, traducción DEEPL, gráficos en el original) 

5.12.25

Varoufakis: los ganadores de hoy, los Siete Magníficos, más Palantir de Thiel, están reviviendo un modelo económico que todos creíamos muerto y enterrado tras la caída de la Unión Soviética: sistemas de planificación económica que emparejan a compradores y vendedores fuera de cualquier cosa que pueda describirse útilmente como un mercado... el Gosplan, su cometido era equilibrar la oferta y la demanda. Una vez que se emparejaban compradores y vendedores, se asignaban los precios con el fin de alcanzar objetivos políticos y sociales (como garantizar la asequibilidad básica o subvencionar determinadas industrias), y no para equilibrar los mercados... ahora ha vuelto. ¿Dónde? En los algoritmos que impulsan Amazon, de Jeff Bezos, Palantir, de Peter Thiel, y el resto de plataformas digitales de las grandes tecnológicas que pretenden ser mercados, pero no lo son... El algoritmo conoce tu patrón de gasto. Sabe cómo guiarte hacia la cafetera espresso con el precio más alto que estás dispuesto a pagar, todo ello para que Amazon pueda cobrar hasta el 40 %... Esto no es más que una reencarnación capitalista, privada y de alta tecnología del Gosplan de la URSS. El software de Amazon te empareja con determinados vendedores y te prohíbe hablar con cualquier otro vendedor... En lugar de ser la variable que equilibra la demanda con la oferta, los precios en Amazon cumplen otra función: la de maximizar los ingresos por la nube de Jeff Bezos... Así, al igual que la Unión Soviética generó un tipo de feudalismo en nombre del socialismo y la emancipación humana, hoy en día Silicon Valley está generando otro tipo de feudalismo —que yo he denominado «tecnofeudalismo»— en nombre del capitalismo y los mercados libres... Desde esta perspectiva, al igual que la Unión Soviética era una sociedad industrial de tipo feudal que fingía ser un estado obrero, los Estados Unidos de hoy en día están realizando una espléndida imitación de un estado tecnofeudal, con repercusiones que se extienden a todos los ámbitos de la actividad estatal, incluidos los servicios sanitarios, la educación, la administración tributaria, nuestras fronteras y los lejanos campos de batalla... Al externalizar funciones básicas —archivos, datos sanitarios, incluso software militar— a infraestructuras de nube alquiladas, los gobiernos vuelven a alquilar su propia capacidad operativa a Amazon Web Services, Microsoft y Google. Esta dependencia da lugar a una nueva dimensión del poder tecnofeudal... el capitalismo ha engendrado una forma de capital —el capital en la nube— que ha sustituido a los mercados por algo propio del pasado soviético. En el proceso, ha acabado con el capitalismo

 "Los llamados «Siete Magníficos» de las grandes tecnológicas están en boca de todos. Las exorbitantes valoraciones bursátiles de Google, Meta, Apple, Microsoft, Nvidia, Amazon y Tesla provocan una mezcla de asombro y temor. Sus inversiones de billones de dólares en inteligencia artificial llevan a algunos a predecir un futuro brillante y a otros a temer el embrutecimiento de la humanidad, el desempleo e incluso el despido. En medio de este estruendo abrumador, es fácil perder de vista el panorama general: un nuevo tipo de capital está acabando con los mercados, el hábitat del capitalismo.

En sus inicios, el capitalismo se sustentaba en la fe en los mercados competitivos. En la fantasía liberal, encabezada por Adam Smith, los panaderos, cerveceros y carniceros trabajaban en mercados tan competitivos que ninguno podía ganar más dinero que el mínimo necesario para mantener en funcionamiento sus pequeños negocios familiares. Esto, a su vez, nos proporcionaba nuestro pan, cerveza y carne diarios. 

 Luego vino la segunda revolución industrial y los conglomerados cuyo poder de mercado haría llorar de alegría a Smith. Era la era de las grandes empresas y los «barones ladrones». Y así se creó otra fantasía —neoliberal— para justificar a las nuevas grandes bestias que ahora monopolizaban casi todos los mercados importantes. Joseph Schumpeter, un exministro de Finanzas austriaco que hizo de Estados Unidos su hogar, fue el defensor más eficaz del nuevo credo. El progreso, argumentaba, es imposible en mercados competitivos. El crecimiento necesita monopolios para impulsarse. ¿De qué otra manera se pueden obtener beneficios suficientes para pagar la costosa investigación y desarrollo, las nuevas máquinas, las nuevas líneas de productos y toda la parafernalia que ayuda a que la innovación se arraigue? Para monopolizar los mercados, los conglomerados necesitan deslumbrarnos con nuevos productos extraordinarios que acaben con la competencia, como el Modelo T de Henry Ford o el iPhone de Apple. ¿Deberíamos preocuparnos por todo ese poder concentrado? No, nos tranquilizaba Schumpeter. Una vez que alcanzan su cima, estos monopolios se vuelven flojos y complacientes y, finalmente, son derribados por algún advenedizo: un ejemplo es el derrocamiento de General Motors por parte de Toyota.

 Más recientemente, Peter Thiel, cofundador de Palantir, dijo algo que muchos consideraron una reafirmación del dictado de Schumpeter: «¡La competencia es para los perdedores!». Aunque los pioneros de las grandes empresas, como Thomas Edison y Henry Ford, habrían estado totalmente de acuerdo, lo que Thiel daba a entender iba más allá de su imaginación más descabellada. Iba mucho más allá incluso de la idea pseudodarwinista de Schumpeter de que el progreso se produce a través del auge y la caída de los monopolistas en una lucha sin fin por la existencia.

Lo que Thiel decía es que, hoy en día, los ganadores no se limitan a eliminar a la competencia para monopolizar un mercado. No, siguen adelante hasta acabar con el mercado en sí y sustituirlo por algo muy diferente: una especie de feudo en la nube que carece de todos los ingredientes de un mercado adecuado, es decir, que carece de todas las ventajas que tanto los liberales como los neoliberales reconocen en el funcionamiento de los mercados descentralizados. De hecho, los ganadores de hoy —los Siete Magníficos, más la propia Palantir de Thiel— están reviviendo un modelo económico que todos creíamos muerto y enterrado tras la caída de la Unión Soviética: sistemas de planificación económica que emparejan a compradores y vendedores fuera de cualquier cosa que pueda describirse útilmente como un mercado. 

 Gosplan era el Comité Estatal de Planificación de la Unión Soviética, el motor de su economía planificada. Su cometido era equilibrar la oferta y la demanda de recursos críticos (petróleo, acero, cemento), pero también de bienes de consumo (alimentos, ropa, electrodomésticos), sin utilizar los precios de mercado. Una vez que se emparejaban compradores y vendedores, se asignaban los precios con el fin de alcanzar objetivos políticos y sociales (como garantizar la asequibilidad básica o subvencionar determinadas industrias), y no para equilibrar los mercados. 

Gosplan se disolvió inmediatamente después de que se bajara la bandera roja sobre el Kremlin el día después de Navidad de 1991, pero ahora ha vuelto. ¿Dónde? En los algoritmos que impulsan Amazon, de Jeff Bezos, Palantir, de Peter Thiel, y el resto de plataformas digitales de las grandes tecnológicas que pretenden ser mercados, pero no lo son.

Antes de protestar por la audacia de mi afirmación, piense en lo que ocurre cuando visita Amazon. A diferencia de cuando visita un centro comercial, ya sea con amigos o mezclándose con desconocidos, en el momento en que sigue el enlace a amazon.com, sale del mercado y entra en un espacio de aislamiento prístino. Solo estás tú y el algoritmo de Jeff Bezos. Escribes, por ejemplo, «máquinas de café espresso» en el cuadro de búsqueda y el algoritmo te muestra una serie de proveedores. Sin embargo, para lograr lo que se programó, el algoritmo había comenzado a funcionar meses, incluso años, antes. 

 Durante ese tiempo, le habrás revelado muchos de tus caprichos y deseos a través de tus búsquedas, compras, clics y reseñas. Utilizando estas pistas, así como datos de otras fuentes, el algoritmo te ha entrenado para que tú lo entrenes a él para que te conozca aún mejor, lo que le permite aconsejarte sobre qué libros, música y películas comprar. Ya se ha ganado tu confianza. Así que, ahora que tienes prisa por sustituir tu cafetera espresso estropeada, lo más probable es que elijas uno de los primeros resultados de búsqueda que te ha dado. 

El algoritmo conoce tu patrón de gasto. Sabe cómo guiarte hacia la cafetera espresso con el precio más alto que estás dispuesto a pagar, todo ello para que Amazon pueda cobrar hasta el 40 % del mismo en el momento en que hagas clic en el botón de compra. Es una comisión exorbitante, pero los fabricantes de máquinas de café espresso la toleran, porque saben que, si no lo hacen, su empresa nunca aparecerá en los primeros resultados de búsqueda de nadie dispuesto a pagar por su producto. A medida que mejora la IA, aumenta este poder de manipular tu comportamiento, y es por eso que las valoraciones de las grandes tecnológicas se están disparando.

 Esto no es más que una reencarnación capitalista, privada y de alta tecnología del Gosplan de la URSS. El software de Amazon te empareja con determinados vendedores y te prohíbe hablar con cualquier otro vendedor o incluso observar lo que hacen otros compradores, a menos que, por supuesto, calcule que le conviene dejarte ver una pequeña selección de ellos. En cuanto al precio que pagas, este sigue (en lugar de precipitar) tu emparejamiento con un vendedor. En lugar de ser la variable que equilibra la demanda con la oferta, los precios en Amazon cumplen otra función: la de maximizar los ingresos por la nube de Jeff Bezos.

«Si los líderes soviéticos hubieran vivido para presenciar el funcionamiento de las grandes tecnológicas de Silicon Valley, se estarían arrepintiendo».

En este sentido, los precios en Amazon y otras plataformas tecnológicas funcionan de una manera mucho más parecida a Gosplan que a cualquier mercado agrícola, mercado monetario o centro comercial que hayas conocido. De hecho, si los líderes soviéticos hubieran vivido para ver el funcionamiento de las grandes tecnológicas de Silicon Valley, se habrían arrepentido, lamentando que fueran los capitalistas estadounidenses quienes perfeccionaran su modelo Gosplan, con un sistema de vigilancia que habría puesto verdes de envidia a sus secuaces del KGB. 

 Gosplan no logró convertirse en una historia de éxito, ya que carecía del arma más poderosa de las grandes tecnológicas: el capital en la nube, es decir, los algoritmos, los centros de datos y los cables de fibra óptica que funcionan como una red integrada para entrenarte a ti para que lo entrenes. A medida que tú proporcionas tus datos, el capital en la nube aprende a introducir deseos en tu mente y luego los satisface vendiéndote cosas dentro de su versión privada de Gosplan. 

Pero, ¿hay realmente alguna diferencia —oigo preguntar a muchos de ustedes en voz alta— entre Thomas Edison y Jeff Bezos? ¿No son ambos del mismo tipo de monopolistas megalómanos que buscan dominar los mercados y nuestra imaginación? Sí, a pesar de sus similitudes, hay una diferencia, y es gigantesca. El capital de Edison y Ford era productivo. Producía coches, electricidad, turbinas. El capital en la nube de Bezos no produce nada, excepto el enorme poder de encerrarnos en su feudo en la nube, donde los productores capitalistas tradicionales se ven exprimidos por los alquileres de la nube y nosotros, los usuarios, proporcionamos nuestra mano de obra gratuita. Con cada clic, cada «me gusta» y cada reseña, aumentamos el poder del capital en la nube. 

 Érase una vez, un viejo trotskista que me dijo que la Unión Soviética, en nombre del socialismo, había creado una forma de feudalismo industrial. Independientemente de si tenía razón o no, su comentario es pertinente hoy en día en relación con las grandes tecnológicas. Ahora que lo pienso, aunque el proceso comercial en plataformas como Amazon recuerda al mecanismo Gosplan de la URSS, también es cierto que las enormes sumas que Amazon, Uber, Airbnb, etc., cobran a los productores reales de los bienes y servicios que se venden en sus sitios web son similares a las rentas de la tierra que la aristocracia terrateniente solía cobrar a sus vasallos, salvo que, en este caso, se trata de rentas de la nube que se acumulan para los propietarios del capital de la nube. Así, al igual que la Unión Soviética generó un tipo de feudalismo en nombre del socialismo y la emancipación humana, hoy en día Silicon Valley está generando otro tipo de feudalismo —que yo he denominado «tecnofeudalismo»— en nombre del capitalismo y los mercados libres. 

 El paralelismo se extiende al Estado. La URSS estaba destinada a ser un paraíso para los trabajadores, en contraste con los Estados Unidos, cuya razón de ser era ser un refugio para los productores capitalistas. Resulta que ambas promesas eran falsas. A medida que el capital de la nube de las grandes tecnológicas se acumula y se concentra en cada vez menos manos, los Estados se están volviendo dependientes de los magnates tecnológicos corporativos. Al externalizar funciones básicas —archivos, datos sanitarios, incluso software militar— a infraestructuras de nube alquiladas, los gobiernos vuelven a alquilar su propia capacidad operativa a Amazon Web Services, Microsoft y Google. Esta dependencia da lugar a una nueva dimensión del poder tecnofeudal.

Desde esta perspectiva, al igual que la Unión Soviética era una sociedad industrial de tipo feudal que fingía ser un estado obrero, los Estados Unidos de hoy en día están realizando una espléndida imitación de un estado tecnofeudal, con repercusiones que se extienden a todos los ámbitos de la actividad estatal, incluidos los servicios sanitarios, la educación, la administración tributaria, nuestras fronteras y los lejanos campos de batalla. 

 En Ucrania y Gaza, y a lo largo de nuestras fronteras militarizadas, el capital en la nube está entrenado para ampliar su alcance. La herramienta de inteligencia artificial Rekognition de Amazon es utilizada por las fuerzas del orden, incluido el ICE, mientras que el vasto software de vigilancia de Palantir se ejecuta en la nube de Amazon. A través del Proyecto Nimbus, Amazon y Google proporcionan al ejército israelí capacidades avanzadas de nube e inteligencia artificial, lo que, según se informa, permite una rápida selección de objetivos impulsada por la inteligencia artificial en Gaza con una supervisión humana mínima. 

Volvamos brevemente a la comparación con los capitalistas monopolistas originales de principios del siglo XX. Tanto si admiramos como si aborrecemos las valoraciones bursátiles de los Siete Magníficos, conviene tener en cuenta lo siguiente: los antiguos gigantes capitalistas, los «barones ladrones», realmente producían cosas. Los nuevos señores tecnofeudales producen un nuevo orden social. Han sustituido la mano invisible del mercado por el puño visible y algorítmico del cloudalista. 

Los entusiastas del libre mercado no tienen nada que celebrar y mucho que lamentar. Pero hará falta un alma valiente entre ellos para mirar la realidad de frente. Al igual que los marxistas prosoviéticos se negaron a aceptar que el experimento soviético había fracasado durante muchos años después de 1991, los ideólogos del libre mercado se niegan a ver que el capitalismo ha engendrado una forma de capital —el capital en la nube— que ha sustituido a los mercados por algo propio del pasado soviético. En el proceso, ha acabado con el capitalismo. " 

( , Un Herd, 04/12/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)