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17.2.25

Slavoj Žižek: La nueva cara de la protesta... Cada vez más, los chinos más jóvenes muestran una actitud de resignación pasiva, plasmada en la nueva palabra de moda bai lan (“que se pudra”)... el término bai lan insta a hacer lo mínimo en materia de trabajo... Las protestas masivas que se están produciendo en Serbia sugieren otras posibilidades. Los manifestantes no sólo reconocen que hay algo podrido en el estado serbio; también insisten en no dejar que las cosas sigan pudriéndose... los manifestantes serbios no amenazan con violencia, pero también han rechazado el diálogo. Esa simplicidad causa confusión, al igual que la aparente ausencia de líderes obvios... En este sentido, las protestas tienen algunas similitudes con el bai lan... la postura “apolítica” de los manifestantes crea las condiciones para una nueva política... un llamamiento simple y directo a la ley y al orden puede ser más subversivo que la violencia anárquica. Los serbios quieren el estado de derecho sin todas las reglas no escritas que dejan la puerta abierta a la corrupción y al autoritarismo... Después de bloquear durante 24 horas un puente sobre el Danubio en Novi Sad, los jóvenes manifestantes decidieron prolongar su concentración tres horas más para poder limpiar la zona. ¿Se imaginan a los parisinos de 1968 haciendo lo mismo después de lanzar piedras? Aspiran a cambios fundamentales en el funcionamiento de las instituciones básicas, y se niegan a hacer política según las reglas existentes

 "Algo importante está ocurriendo en China, y debería preocupar a los dirigentes políticos del país. Cada vez más, los chinos más jóvenes muestran una actitud de resignación pasiva, plasmada en la nueva palabra de moda bai lan (“que se pudra”). Nacido de la desilusión económica y la frustración generalizada ante unas normas culturales asfixiantes, el término bai lan rechaza la carrera de la rata e insta a hacer lo mínimo en materia de trabajo. El bienestar personal tiene prioridad sobre la carrera profesional.

La misma tendencia se refleja en otra palabra de moda reciente: tang ping (“tumbado”), un neologismo de la jerga que denota una sensación de resignación ante la incesante competencia social y profesional. Ambos términos manifiestan un rechazo de las presiones de la sociedad para que se superen las expectativas, y de la participación social como un juego de tontos cada vez con menos beneficios.

El pasado mes de julio, la CNN informó que muchos trabajadores chinos estaban cambiando los trabajos de oficina de alta presión por trabajos manuales flexibles. Una joven de 27 años de Wuhan explicaba: “Me gusta limpiar. A medida que mejora el nivel de vida (en todo el país), también aumenta la demanda de servicios de limpieza… El cambio que me representa es que ya no me siento mareada. Siento menos presión mental. Y estoy llena de energía todos los días”.

Estas actitudes se presentan como apolíticas, y manifiestan un rechazo tanto de la resistencia violenta al poder como de cualquier tipo de diálogo con quienes lo detentan. Ahora bien, ¿estas son las únicas opciones para los alienados?

Las protestas masivas que se están produciendo en Serbia sugieren otras posibilidades. Los manifestantes no sólo reconocen que hay algo podrido en el estado serbio; también insisten en no dejar que las cosas sigan pudriéndose.

Las protestas comenzaron el pasado noviembre en Novi Sad, tras el derrumbe de un techo que causó 15 muertos y dos heridos graves en una estación de ferrocarril recientemente renovada. Las manifestaciones se han extendido desde entonces a 200 ciudades y pueblos serbios, atrayendo a cientos de miles de personas y convirtiendo este activismo en el mayor movimiento liderado por estudiantes en Europa desde 1968.

Obviamente, el derrumbe del techo no fue más que la chispa que encendió la mecha del descontento reprimido. Las preocupaciones de los manifestantes abarcan muchos temas, desde la corrupción desenfrenada y la destrucción ecológica (el gobierno planea dedicarse de lleno a la extracción de litio) hasta el desprecio general que el presidente serbio, Aleksandar Vučić, ha mostrado hacia la población. Lo que el gobierno presenta como un plan para acceder a los mercados mundiales, los jóvenes serbios lo ven como una artimaña para encubrir la corrupción, vender los recursos nacionales a inversores extranjeros en condiciones turbias y eliminar gradualmente a los medios de comunicación opositores al gobierno.

¿Pero qué hace únicas a estas manifestaciones? La consigna de los manifestantes es: “No tenemos exigencias políticas y mantenemos distancia de los partidos de la oposición. Simplemente pedimos que las instituciones serbias trabajen en interés de los ciudadanos”. Con ese fin, insisten, en sentido estricto, en la transparencia sobre la renovación de la estación de tren de Novi Sad, el acceso a todos los documentos sobre el accidente, la desestimación de los cargos contra los detenidos durante la primera protesta de noviembre contra el gobierno y el procesamiento penal de quienes atacaron a los manifestantes estudiantiles en Belgrado.

Así, los manifestantes quieren provocar un cortocircuito en el proceso que ha permitido al partido gobernante mantener al estado como rehén controlando todas las instituciones. Por su parte, el gobierno de Vučić ha reaccionado de manera violenta, pero también con una técnica conocida en boxeo como “clinching”: cuando un boxeador rodea con los brazos a un oponente para impedirle golpear libremente.

Cuanto mayor es el pánico de Vučić, más desesperado está por intentar llegar a algún acuerdo con los manifestantes. Pero los manifestantes rechazan cualquier diálogo. Han especificado sus demandas e insisten en ellas de manera incondicional.

Tradicionalmente, las protestas masivas se basan, al menos implícitamente, en la amenaza de violencia, combinada con una apertura a la negociación. Sin embargo, en este caso ocurre lo contrario: los manifestantes serbios no amenazan con violencia, pero también han rechazado el diálogo. Esa simplicidad causa confusión, al igual que la aparente ausencia de líderes obvios. En este sentido, las protestas tienen algunas similitudes con el bai lan.

En algún momento, por supuesto, la política organizada tendrá que entrar en juego. Pero, por ahora, la postura “apolítica” de los manifestantes crea las condiciones para una nueva política, en lugar de otra versión del mismo juego de siempre. Para lograr la ley y el orden, hay que despejar la mesa.

Esta es razón suficiente para que el resto del mundo apoye incondicionalmente las protestas. Demuestran que un llamamiento simple y directo a la ley y al orden puede ser más subversivo que la violencia anárquica. Los serbios quieren el estado de derecho sin todas las reglas no escritas que dejan la puerta abierta a la corrupción y al autoritarismo.

Los manifestantes están muy lejos de la vieja izquierda anárquica que dominó las manifestaciones de 1968 en París y en todo Occidente. Después de bloquear durante 24 horas un puente sobre el Danubio en Novi Sad, los jóvenes manifestantes decidieron prolongar su concentración tres horas más para poder limpiar la zona. ¿Se imaginan a los parisinos de 1968 haciendo lo mismo después de lanzar piedras?

Aunque algunos podrían considerar como hipócrita el apoliticismo político de los manifestantes serbios, se entiende mejor como un signo de su radicalismo. Se niegan a hacer política según las reglas existentes (en su mayoría no escritas). Aspiran a cambios fundamentales en el funcionamiento de las instituciones básicas.

El mayor hipócrita de esta historia es la Unión Europea, que se abstiene de presionar a Vučić por miedo a que gravite hacia Rusia. Mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha expresado su apoyo al pueblo de Georgia “que lucha por la democracia”, ha guardado un notable silencio sobre el levantamiento en Serbia -un país que oficialmente es candidato a la adhesión a la UE desde 2012-. La UE deja que Vučić se salga con la suya porque prometió estabilidad y exportaciones de litio, un insumo clave para los vehículos eléctricos.

La falta de críticas de la UE, incluso ante las acusaciones de fraude electoral, ha dejado en la estacada, en repetidas ocasiones, a la sociedad civil serbia. ¿Debería sorprendernos que los manifestantes agiten tan pocas banderas de la UE? La idea de una “revolución de colores” como la que se inició en Ucrania hace 20 años para “unirse al Occidente democrático” ya no cuela. La UE ha vuelto a caer políticamente bajo."              

 ( ,  Revista de prensa, 15/02/25, fuente Project Syndicate)

7.7.23

Eran los años 60 y 70. El crecimiento económico estaba en pleno apogeo, los salarios se disparaban y la industria necesitaba mano de obra. La patronal exigió una política de inmigración masiva para reducir el aumento de los sueldos. Renault, Peugeot, Citroën, Talbot… todas las grandes empresas recorrieron el Magreb para contratar trabajadores... la empresa automovilística llegaba al pueblo, montaba casas prefabricadas en una esquina y plantaba césped delante de ellas, con un camino de grava que las unía. Y los jóvenes iban de cabeza. Tenían entre 18 y 20 años. Soñaban con salir de su agujero, soñaban con un futuro distinto al que les esperaba en los campos rocosos de un pueblucho sofocante. Cuando llegaban, les medían y les pesaban, les miraban los dientes... En Peugeot, Citroën y Talbot el racismo estaba institucionalizado. Tenían que llevar regalos al capataz cuando volvían de las vacaciones. Y la humillación era la norma... en 1994, durante las huelgas contra el CIP, "bandas de alborotadores" lo destruyeron todo en la plaza Bellecour de Lyon... Tenían un deseo inconsciente de vengar el exilio y los sueños humillados de sus padres

 "Hoy, cuando las calles de los suburbios vuelven a arder, me gustaría hablar de los "cero-uno".

Aunque sea un acontecimiento del pasado y, sin embargo, esté muy presente estos días en Mantes o Vénissieux.

Aunque todavía me duela un poco.

Eran los años 60 y 70. El crecimiento económico estaba en pleno apogeo, los salarios se disparaban y la industria necesitaba mano de obra. La patronal exigió una política de inmigración masiva, que debía consagrarse en la Planificación francesa. Así pues, el VI Plan y el VII Plan optaron por esta solución para reducir el aumento de los sueldos. Renault, Peugeot, Citroën, Talbot… todas las grandes empresas del sector automovilístico recorrieron el Magreb para contratar trabajadores.

Cuando empecé en el periodismo hice el seguimiento de las grandes huelgas de la industria automotriz de 1982 y 1983. Por las noches, en las fábricas ocupadas, todos me contaban la misma historia: la empresa automovilística llegaba al pueblo, montaba casas prefabricadas en una esquina y plantaba césped delante de ellas, con un camino de grava que las unía. Y los jóvenes iban de cabeza. Tenían entre 18 y 20 años. Soñaban con salir de su agujero, soñaban con la canción 'Salut les copains', con música y con chicas. Y con un futuro distinto al que les esperaba en los campos rocosos de un pueblucho sofocante.

Cuando llegaban, les medían y les pesaban. Les miraban los dientes, separándoles los labios con el pulgar y el índice. Los jóvenes sabían que era una técnica que usaban con los caballos y no les gustaba, pero querían irse de allí. Me dijeron que también les miraban las manos: si las tenían demasiado limpias o lisas eran rechazados. Por eso, al salir, se lo decían al siguiente que, antes de entrar, se hería las manos con gravilla hasta que sangraban. Finalmente, les preguntaban su fecha de nacimiento. Por lo general no había registro civil en el pueblo. Solo sabían el año. Lo decían tímidamente. "Pero, ¿qué día?", insistía el médico, pero ellos repetían el año. Entonces el médico, cansado, le decía a la secretaria: "Vale, apúntalo como cero-uno/cero-uno". El 1 de enero del año indicado. Sus papeles llevarían siempre esa fecha de nacimiento.

Si queremos saber dónde están los suburbios que arden estos días, solo hay que averiguar cuántos de los abuelos de quienes les prenden fuego son "cero-uno".

Cuando llegaron a Francia fueron alojados en barrios de chabolas, donde los niños se hacían pis encima por la noche, porque ir al baño significaba salir al barro con las ratas. Después, cuando los barrios de chabolas fueron arrasados, los trasladaron a los albergues de Sonacotra. Los crearon en aquella época, lejos del centro de la ciudad, porque tras la guerra de Argelia, estas poblaciones se consideraban "peligrosas". Luego, en las ciudades, también estaban lejos de todo. Así me lo contaron. Les hicieron trabajar en Flins, Mantes, Berliet y Vénissieux. La situación era mejor en Renault. En Peugeot, Citroën y Talbot el racismo estaba institucionalizado. Tenían que llevar regalos al capataz cuando volvían de las vacaciones. Y la humillación era la norma.

Akka Ghazi, líder de la CGT en la Citroën de Aulnay, me contó su historia en 1983. Era un coronel del ejército que había huido de Marruecos por razones políticas. No era un "cero-uno", pero como tenía fama de intelectual, sus superiores le obligaban a subirse a una máquina, delante de todos, y a tocar la flauta para ellos. En 1982 se pusieron en huelga, a pesar de la CGT "blanca". Se la llamó la "primavera de la dignidad". En 1984 fueron despedidos con expedientes de regulación de empleo que afectaron a miles de personas. Todo ello en nombre de la "modernización" de la que alardeaba el gobierno de Laurent Fabius. Por lo general, los "cero-uno" no volvieron a encontrar trabajo. Se quedaron su vivienda social y han perdido el estatus frente a sus hijos.

Recuerdo que en 1994, durante las huelgas contra el CIP, "bandas de alborotadores" lo destruyeron todo en la plaza Bellecour de Lyon. "Bandas de alborotadores", así fue el titular de la TF1 durante semenas en su telediario de las 20:00h. Como reportero del diario Libération, me propuse averiguar quiénes eran esos "alborotadores". Tuve que dejar que los antidisturbios me apalearan varias veces y tuve que pelearme con algunos de los "grandes" alborotadores para que los jóvenes me aceptaran. Pero, al final, me pude unir a una banda y seguirlos durante varios días.

A veces tenía problemas porque ellos corrían rápido, rompían escaparates... y yo era mayor. Pero por la noche, en lo alto de las oscuras escaleras de Vénissieux, mientras fumaban canutos, me hablaban en voz baja. Excepto uno, que se hacía llamar Rachid para encajar. En realidad, era de origen normando y se llamaba André. Estos seis chicos y dos chicas eran chavales simpáticos, pero tenían una rabia en el estómago que no sabían analizar. Una de las primeras cosas que me dijeron fue: "Somos hijos de cero-uno". Lo decían con desprecio hacia sus padres, que ni siquiera sabían su fecha de nacimiento. Pero, a la vez, les tenían mucho respeto. El peor de los alborotadores me dijo: "Nunca me atrevería a fumar delante de mi padre". Tenían un deseo inconsciente de vengar el exilio y los sueños humillados de sus padres.

Les leí el artículo antes de lanzarlo. No estaban de acuerdo con algunas cosas, pero no se sintieron traicionados, así que lo publiqué. De los ocho miembros de la banda, dos murieron. Otros dos fueron a prisión y tuvieron una vida problemática hasta que se casaron. Las dos chicas, quizás a raíz de mi reportaje, se hicieron periodistas y se dedican a la radio en el Magreb. No tengo noticias del resto. Puede que también tengan hijos, que ahora toman las calles por la noche con una rabia que no quieren analizar. Porque por la noche, quizá, todavía está en el aire esa vieja historia: las casas prefabricadas en el pueblo, los sueños de música y chicas, la gravilla y el gesto del pulgar y el índice para ver los dientes.

En mi artículo de 1994 sobre los "alborotadores", también señalé que eran hijos de "cero-uno". Cuando se lo leí se avergonzaron un poco y me pidieron que lo quitara. Al final me dijeron: "No, déjalo. Es importante". Así que, no sé por qué, pero hoy vuelvo a repetirlo."       (François Camé , Kamchatka, 04/07/23)

5.7.23

Francia ardió como nunca antes... 5.000 autos quemados, más de 1.000 edificios atacados, incendiados o saqueados, 250 ataques a comisarías en cinco días... Casi todo lo que representa el Estado fue atacado: comisarías, intendencias y casas de intendentes, colegios, transportes públicos, centros de asistencia social, bibliotecas públicas... un sujeto emergió otra vez como volcán, más fuerte, más enrabiado, más ávido, más dolido, sin representación ni conducción política, en un país que a veces parece islas que se alejan unas de otras y en medio crece la ultraderecha que anuncia la guerra civil, la imposibilidad de una “comunidad de destino”... una nación construida sobre una falla geológica colonial que no encuentra remedio

 "Francia ardió como nunca antes. Ocurrió como de costumbre: un joven de barrio periférico de París, de origen norafricano, asesinado por un policía. (...)

 Su muerte conmovió, por la claridad de las imágenes, por lo demasiado conocido del hecho para quienes viven en las barriadas llamadas banlieues. Lo dijo la Organización de Naciones Unidas: las fuerzas del orden francesas tienen “profundos problemas de racismo”. Y una historia de muertes en operativos: 861 desde 1977 es decir cerca de 19 por año, en su mayoría hombres, jóvenes, y la mitad en las periferias de París, Lyon y Marsella, tres de las ciudades más afectadas por las actuales revueltas. Solo quince días antes del un policía había matado a Alhoussein Camara de 19 años.

 A la muerte de Nahel le siguieron movilizaciones multitudinarias pidiendo justicia. (...)

 Algunos datos son elocuentes: 5.000 autos quemados, más de 1.000 edificios atacados, incendiados o saqueados, 250 ataques a comisarías, en cinco días según el ministerio del Interior que desplegó más de 40.000 policías por noche. Fueron detenidas más de 2.000 personas, muchos menores de edad, la tercera generación en protagonizar estallidos de rabia y caos ahora potenciados con las redes sociales, en particular Snapchat. Confrontar, romper, incendiar, filmar, viralizar; adrenalina y dopamina en su máximo nivel.

Quemar el Estado, robar al privado

Casi todo lo que representa el Estado fue atacado: comisarías, intendencias y casas de intendentes, colegios, transportes públicos, centros de asistencia social, bibliotecas públicas. Cada institución con una bandera nacional fue blanco de una furia que, como suele suceder, afectó en primer lugar a la misma comunidad, primera víctima de los abusos policiales y de las reacciones explosivas. Quemar el Estado, no asaltarlo para sentarse en su silla, sino volverlo cenizas. ¿Después qué? No importa, el futuro ya está clausurado.

Los ataques a lo público se combinaron con los saqueos a centros comerciales, concesionarias de autos, motos, tiendas de teléfonos, ropas de marca cara, supermercados, armerías. Una dinámica con espontaneidad y grupos organizados, ríos revueltos de jóvenes en noches de verano con citas coordinadas por redes sociales: las ganas de pelear, de tener lo que se vende como deseo y resulta inaccesible, la necesidad de demostrar, devolver una violencia recibida a diario a través de la desigualdad, las fronteras sociales, geográficas, de color de piel.

La rabia entonces, el odio, la frustración, el hiperconsumismo, hipercapitalismo, la protesta a veces por justicia, otras pura furia, con la clase social y el origen familiar inscripto en el cuerpo, y una ausencia de politización tradicional. (...)

El tópico de la guerra civil creció en los últimos años en una Francia marcada por atentados y grandes protestas. (...)

El excandidato presidencial Éric Zemmour lo dice en cada entrevista: Francia está en los albores de la guerra civil producto de una inmigración masiva afro-arabo-musulmana que de a poco sustituiría a la población blanco-cristiana tradicional. El país estaría así poblado de “enclaves extranjeros” que no reconocen al Estado, odian a Francia y su simbología, y pertenecerían a una civilización incompatible con la occidental. Lo que ocurrió desde el martes solo confirmaría su advertencia repite en los canales donde es invitado.

Dos sindicatos de la policía también lo afirmaron: “estamos en guerra”, escribieron en un comunicado. El gobierno por su parte, presidido por Emmanuel Macron, niega las causas sociales del estallido: las culpas serían de los videojuegos, las redes sociales, las irresponsabilidad de los padres que ahora son amenazados con castigos sin sus hijos menores cometen delitos. En cuanto a la izquierda, encabezada por Jean Luc Mélenchon, el acento está puesto en las desigualdades cada vez mayores, la deficiencia del Estado, la justicia, la policía con más posibilidad de gatillo fácil desde la ley de 2017, las políticas económicas.

Es probable que el estallido se apague en unos días, las cámaras se alejen, Francia siga en su verano con ciclismo y balnearios. Pero un sujeto emergió otra vez como volcán, más fuerte, más enrabiado, más ávido, más dolido, sin representación ni conducción política, en un país que a veces parece islas que se alejan unas de otras y en medio crece la ultraderecha que anuncia la guerra civil, la imposibilidad de una “comunidad de destino” como define Edgar Morin a la nación hoy en llamas, una nación construida sobre una falla geológica colonial que no encuentra remedio."                 (Marco Teruggi , Página12, 04/07/23)

19.1.23

La nueva resistencia popular en América Latina... Los levantamientos populares Tuvieron efectos electorales inmediatos y provocaron la precipitada salida de los presidentes derechistas en Bolivia, Chile, Perú, Honduras y Colombia. En México, Argentina y Brasil el descontento social no suscitó protestas equivalentes, pero dio lugar a victorias del mismo tipo en las urnas. En Ecuador y Panamá se consiguieron importantes triunfos en la calle contra los atropellos neoliberales... El análisis de esta lucha es frecuentemente desatendido por los estudios exclusivamente focalizados en la forma de dominio de los opresores. La evaluación de esa resistencia esclarece semejanzas y diferencias con otras regiones... el reinicio de los levantamientos signaron el debut del nuevo milenio... La rebelión del 2019 en Ecuador inauguró la fase actual de protestas, que ha repetido la tradicional tónica de irradiaciones. Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Haití han sido los principales centros de confrontación reciente

 "Tuvieron efectos electorales inmediatos y provocaron la precipitada salida de los presidentes derechistas en Bolivia, Chile, Perú, Honduras y Colombia.

En México, Argentina y Brasil el descontento social no suscitó protestas equivalentes, pero dio lugar a victorias del mismo tipo en las urnas. En Ecuador y Panamá se consiguieron importantes triunfos en la calle contra los atropellos neoliberales y en Haití persiste una sostenida resistencia al caos impuesto por las elites y sus socios imperiales.

El análisis de esta lucha es frecuentemente desatendido por los estudios exclusivamente focalizados en la forma de dominio de los opresores. La evaluación de esa resistencia esclarece semejanzas y diferencias con otras regiones.

 En distintos rincones de la región se verifica la misma tendencia al reinicio de los levantamientos que signaron el debut del nuevo milenio. Esas sublevaciones se aquietaron durante la década pasada y recuperaron intensidad en los últimos años.

La pandemia interrumpió limitadamente esa escalada de movilizaciones, que neutralizaron la corta restauración conservadora del 2014-2019. Ese período de renovado golpismo, no logró desactivar el protagonismo de los movimientos populares.

 La rebelión del 2019 en Ecuador inauguró la fase actual de protestas, que ha repetido la tradicional tónica de irradiaciones. Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Haití han sido los principales centros de confrontación reciente.

Los efectos políticos de esta nueva oleada son muy variados. Han trastocado el mapa general de los gobiernos, recreando la gravitación del progresismo. Esa vertiente se ha impuesto en el grueso de la geografía zonal. Al inicio de 2023 los mandatarios de ese signo prevalecen en los países que reúnen al 80% de la población latinoamericana (Santos; Cernadas, 2022).

Este escenario ha facilitado también la continuidad de los gobiernos acosados por el imperialismo estadounidense. Luego de soportar incontables embestidas, los diabolizados presidentes de Cuba, Venezuela y Nicaragua siguen en sus cargos.

También ha sido parcialmente contrarrestado el ciclo de golpes militares e institucionales, que apadrinó Washington en Honduras (2009), Paraguay (2012), Brasil (2016) y Bolivia (2019). La reciente asonada en Perú (2023) afronta una heroica oposición en las calles.

Esta rebeldía obstruyó, hasta el momento, la intervención disfrazada de los marines en países devastados como Haití. La misma lucha popular propinó duras derrotas a los atropellos intentados por los gobiernos neoliberales reciclados de Ecuador y Panamá.

Pero esta gran intervención desde abajo suscita una reacción más virulenta y programada de las clases dominantes. Los sectores enriquecidos han procesado la experiencia anterior y exhiben menos tolerancia a cualquier cuestionamiento de sus privilegios. Han articulado una contraofensiva ultraderechista para doblegar al movimiento popular. Aspiran a retomar con mayor violencia, la fracasada restauración conservadora de la década pasada. Este complejo escenario exige evaluar a las fuerzas en disputa.

REVUELTAS CON EFECTO ELECTORAL

Varios levantamientos de los últimos tres años tuvieron traducciones electorales inmediatas. Los nuevos mandatorios de Bolivia, Perú, Chile, Honduras y Colombia emergieron de grandes sublevaciones que impusieron cambios de gobierno. Las protestas callejeras forzaron comicios que derivaron en victorias de los candidatos progresistas, contra sus adversarios de ultraderecha.

Esta secuencia se verificó primero en Bolivia. La sublevación confrontó exitosamente con los gendarmes y tumbó a la dictadura. Añez tiró la toalla cuando perdió a sus últimos aliados y a los sectores medios que al principio acompañaron su aventura.

La corrupta gestión de la pandemia potenció ese aislamiento y diluyó el continuismo civil intentado por los candidatos de la centroderecha. La rebeldía desde abajo impuso el retorno del MAS al gobierno y varios responsables del golpe fueron juzgados y encarcelados. La conspiración continuó en el bastión santacruceño y actualmente se dirime si persistirá o será aplastada por una contundente reacción oficial.

Una dinámica semejante se verificó en Chile, como resultado del gran levantamiento popular y sepultó al gobierno de Piñera. La chispa de esa batalla fue el costo del transporte, pero el rechazo a los 30 pesos de esa erogación derivó en una imponente gesta contra 30 años de legado pinochetista.

Ese torrente condujo a dos victorias electorales que precedieron al triunfo de Boric sobre Kast. El gran aumento de la participación electoral con consignas antifascistas en los barrios populares permitió ese logro, en el país-emblema del neoliberalismo regional.

Por esa gravitación de Chile como símbolo del thatcherismo, la asunción de un presidente progresista, en el marco de la Asamblea Constituyente con gran presencia popular en las calles, despertó enormes expectativas.

Una secuencia más vertiginosa e inesperada se registró en Perú. El hastío popular con los presidentes derechistas salió a flote en protestas espontáneas y protagonizadas por jóvenes despojados de sus derechos. Ese levantamiento sucedió a la tragedia sanitaria de la pandemia, que potenció la ineptitud de la burocracia gobernante.

Castillo se transformó en el receptor del malestar popular y el fujimorismo no pudo frustrar su llegada a la Casa de Gobierno. El discurso redistributivo del sindicalista docente creó la expectativa de cortar con la agobiante sucesión de gobiernos conservadores.

En Colombia la rebelión masiva forzó al establishment a resignar por primera vez su manejo directo de la presidencia. Varios millones de personas participaron en imponentes manifestaciones. Las huelgas masivas confrontaron con una represión feroz y lograron tumbar una reforma regresiva de la salud. Al igual que en Chile se extendieron posteriormente para expresar el enorme malestar acumulado durante décadas de neoliberalismo.

Ese fastidio se tradujo en la derrota electoral del uribismo y del improvisado ultraderechista que intentó impedir la victoria de Petro. Con ese triunfo un líder de centroizquierda llegó a la presidencia, sorteando el terrible destino del asesinato que sufrieron sus antecesores. Lo acompaña una afrodescendiente representativa de los sectores más oprimidos de la población.

En la misma tónica se inscribió el triunfo de Xiomara Castro en Honduras. Su victoria premió la sostenida lucha contra el golpe que en el 2009 prohijó el embajador estadounidense. Esa asonada inició el largo ciclo latinoamericano de lawfare y golpismo judicial parlamentario.

Los 15 puntos de ventaja que Xiomara obtuvo sobre su contrincante neutralizaron los intentos de fraude y proscripción. En un dramático contexto de pobreza, narcotráfico y criminalidad, la heroica lucha popular desembocó en la primera presidencia de una mujer. Xiomara comenzó su gestión derogando las leyes de manejo secreto del Estado y de entrega de zonas especiales a los inversores externos.

Pero debe lidiar con la sofocante presencia de una gran base militar estadounidense (Palmerola) y una embajadora de Washington que interviene con toda naturalidad, en los debates internos sobre los asentamientos campesinos y las leyes de reforma del sistema eléctrico (Giménez, 2022).

VICTORIAS DE OTRO TIPO

En otros países el ascenso de mandatarios progresistas no fue un resultado directo de las protestas populares. Pero esa resistencia operó como un trasfondo del descontento social y la incapacidad de los grupos dominantes para renovar la primacía de sus candidatos.

México fue el primer caso de esta modalidad. López Obrador llegó a la presidencia en el 2018, en una dura confrontación con las castas del PRI y del PAN sostenidas por los principales grupos económicos. AMLO aprovechó el desgaste de las gestiones previas, la división de las elites y la obsolescencia del continuismo a través del fraude. Pero actuó en un contexto de menor impacto de las precedentes movilizaciones del magisterio y los electricistas.

Los sindicatos han quedado muy afectados en México por la reorganización de la industria y no fueron determinantes del giro político en curso. AMLO mantiene una relación ambigua con su referente histórico cardenista, pero inauguró una administración muy distanciada de sus antecesores neoliberales.

Tampoco en Argentina la llegada de Fernández (2019) fue un resultado inmediato de la acción popular. No reprodujo el arribo de Néstor Kirchner (2003) a la Casa Rosada, en medio de una generalizada rebelión. Previamente el derechista Macri sufrió un contundente revés en las calles, cuando intentó introducir una reforma previsional (2017). Pero no afrontó el periódico levantamiento general que sacude a la Argentina.

En ese país se localiza el principal movimiento de trabajadores del continente. Su disposición de lucha ha sido muy visible en las 40 huelgas generales consumadas desde el fin de la dictadura (1983). La sindicalización se ubica en el tope de los promedios internacionales y empalma con la llamativa organización de los piqueteros (desocupados e informales).

La lucha de esos movimientos ha permitido sostener los auxilios sociales del Estado, que las clases dominantes concedieron bajo el gran susto de una revuelta. Las nuevas formas de resistencia -enlazadas con la belicosidad precedente de la clase obrera- facilitaron el retorno del progresismo al gobierno.

En los últimos tres años, la decepción generada por el incumplimiento de las promesas de Fernández suscitó grandes rechazos, pero con protestas acotadas. Hubo importantes triunfos de muchos gremios, frecuentes concesiones del gobierno y protagonismo callejero, pero la acción del movimiento popular fue contenida

En Brasil la victoria de Lula ha sido un extraordinario logro, en un marco de relaciones sociales de fuerzas desfavorable para los sectores populares. Desde el golpe institucional contra Dilma el dominio de las calles fue capturado por los sectores conservadores que ungieron a Bolsonaro. Los sindicatos obreros perdieron protagonismo, los movimientos sociales han sido hostilizados y los militantes de izquierda adoptaron actitudes defensivas.

La liberación de Lula incentivó el reinicio de la acción popular. Pero ese impulso no alcanzó para revertir la adversidad del contexto, que permitió a Bolsonaro conservar una significativa masa de votantes. El PT retomó la movilización durante la campaña electoral (especialmente en el Nordeste) y revitalizó sus fuerzas en los festejos del triunfo.

En un marco de gran división de los grupos dominantes, hartazgo con los exabruptos del ex capitán y liderazgo cohesionador de Lula, la derrota de Bolsonaro ha creado un escenario de potencial recuperación de la lucha popular (Dutra, 2022). El temor a ese despunte, indujo al alto mando militar a vetar el desconocimiento del veredicto de las urnas que propiciaba el bolsonarismo.

Pero la batalla contra la ultraderecha recién comienza y para doblegar a ese gran enemigo resulta imperioso reconquistar la confianza de los trabajadores (Arcary, 2022). Esa credibilidad quedó erosionada por la desilusión con el modelo de pactos con el gran capital que desenvolvió el PT en sus gestiones anteriores. Ahora emerge una nueva oportunidad.

TRES BATALLAS RELEVANTES

Otras situaciones de enorme resistencia popular en la región no derivaron en victorias electorales progresistas, pero sí en derrotas mayúsculas de los gobiernos neoliberales.

En Ecuador se registró el primer triunfo de este tipo contra el presidente Lasso, que intentó retomar las privatizaciones y la desregulación laboral, junto a un plan de aumentos de las tarifas y alimentos dictado por el FMI. Ese atropello precipitó la confrontación con el movimiento indigenista y su nuevo liderazgo radical, que propicia un contundente programa de defensa de los ingresos populares.

A mediados del 2022, ese choque recreó la batalla librada en octubre del 2019, contra la agresión lanzada por Lenin Moreno para encarecer el precio de los combustibles. El conflicto se zanjó con los mismos resultados que la pugna anterior y con una nueva victoria del movimiento popular. La gigantesca movilización de la CONAIE ingresó en Quito en un clima de gran solidaridad, que neutralizó la lluvia de gases lacrimógenos gatillada por los gendarmes.

En 18 días de paro el experimentado movimiento indigenista derrotó la provocación del gobierno imponiendo la liberación del líder Leónidas Iza (Acosta, 2022). La CONAIE conquistó también la derogación del estado de excepción y la aceptación de sus principales demandas (congelamiento de los combustibles, bonos de emergencia, subsidios a los pequeños productores) (López, 2022).

El gobierno se quedó sin cartuchos cuando perdió credibilidad su insultante discurso contra los indios. Debió ceder ante un movimiento, que volvió a demostrar gran capacidad para paralizar el país y neutralizar los ataques contra las conquistas sociales.

Otra victoria de la misma relevancia se logró en Panamá a mitad del año, cuando los gremios docentes convergieron con los transportistas y los productores agropecuarios, en el rechazo al incremento oficial de la gasolina, los alimentos y los medicamentos. La unidad forjada para desenvolver esa resistencia sumó a la comunidad indígena a un movimiento de protesta, que durante tres semanas paralizó al país. Las marchas de protesta fueron las más importantes de las últimas décadas.

Esa reacción social doblegó a un gobierno neoliberal que debió retroceder en sus planes de ajuste. El presidente Carrizo no pudo satisfacer a las cámaras empresariales que exigían mayor dureza contra los manifestantes.

Esa victoria fue particularmente significativa en un istmo que tuvo un gran crecimiento en los ultima dos décadas, aprovechando los lucros que genera la administración del Canal para los grupos dominantes. La desigualdad es apabullante, en un país dónde el 10% de las familias más ricas cuenta con ingresos 37,3 veces más altos que el 10% de los más empobrecidos (D'Leon, 2022).

La invasión estadounidense instaló en 1989 un esquema neoliberal, que complementa esa asimetría con escandalosos niveles de corrupción. Tan sólo la evasión fiscal equivale a la totalidad de la deuda pública (Beluche, 2022). La victoria en las calles propinó una severa derrota al modelo que las elites de Centroamérica presentan como el rumbo a seguir por todos los pequeños países.

El tercer caso de una extraordinaria resistencia popular sin derivaciones electorales se verifica en Haití. Las gigantescas movilizaciones volvieron a ocupar el centro de la escena durante el 2022. Confrontaron con las políticas de saqueo económico que implementa un régimen manejado desde las oficinas del FMI. Ese organismo propició el encarecimiento del combustible que desató las protestas, en un país todavía desgarrado por el terremoto, el éxodo rural y el hacinamiento urbano (Rivara, 2022).

Las marchas callejeras se desenvuelven en un vacío político absoluto. Hace seis años que no hay elecciones, en una administración que prescinde del poder judicial y legislativo. El presidente de turno sobrevive por el simple sostén que aportan las embajadas de EEUU, Canadá y Francia.

El desgobierno actual se prolonga por la indecisión que impera en Washington a la hora de consumar una nueva ocupación. Estas intervenciones con el disfraz de la ONU, la OEA y la MINUSTAH se han recreado una y otra vez en los últimos 18 años con resultados funestos. Los servidores locales de esas invasiones reclaman el reingreso de las tropas foráneas, pero salta a la vista inutilidad de esas misiones.

Esa modalidad de control imperial ha sido en los hechos sustituida por la generalizada difusión de bandas paramilitares que aterrorizan a la población. Actúan en estrecha complicidad con las mafias empresariales (o gubernamentales) que rivalizan por los botines en disputa, utilizando las 500.000 armas ilegales provistas por sus cómplices de la Florida (Isa Conde, 2022). El magnicidio del presidente Moïse fue apenas una muestra del descalabro que generan las pandillas manejadas por distintos grupos de poder.

Estas organizaciones han tratado de infiltrar también a los movimientos de protesta para desarticular la resistencia popular. Siembran el terror, pero no han logrado confinar a la población a sus casas. Tampoco pudieron recrear expectativas en otra intervención militar extranjera (Boisrolin, 2022). La rebelión continúa, mientras la oposición busca caminos para forjar una alternativa superadora de la tragedia actual.  (...)

COMPARACIONES CON OTRAS REGIONES

Al indagar la resistencia de los oprimidos se perciben las singularidades latinoamericanas de esas luchas. En los últimos años, la acción popular presentó semejanzas y diferencias con otras regiones.

En el 2019 se observaba en varios puntos del planeta una fuerte tendencia al despunte de una nueva oleada de protestas, liderada por los jóvenes indignados de Francia, Argelia, Egipto, Ecuador, Chile o el Líbano.

La pandemia interrumpió abruptamente esa irrupción, generando un bienio de miedo y enclaustramiento. Ese reflujo fue a su vez acentuado por la gravitación del negacionismo derechista que impugnó la protección sanitaria. En este marco salió a flote la dificultad para articular un movimiento global en defensa de la salud pública, centrado en la eliminación de las patentes a las vacunas.

Concluido ese dramático período de encierro, las protestas tienden a reaparecer suscitando las prevenciones del establishment, que advierte la proximidad de rebeliones pos pandemia (Rosso, 2021). Temen especialmente la indignación que genera la carestía del combustible y los alimentos (The Economist, 2022). Esa dinámica de resistencia ya incluye un significativo resurgimiento de las huelgas en Europa y de la sindicalización en EEUU, Pero el protagonismo de América Latina continúa como un dato descollante.

En todas partes los sujetos de esa batalla reúnen a una gran diversidad de actores, con significativa relevancia del joven trabajador precarizado. Este segmento sufre un grado de explotación superior a los asalariados formales. Padece la inseguridad de su trabajo, la falta de prestaciones sociales y las consecuencias de la flexibilización laboral (Standing, 2017).

Por esas razones es particularmente activo en la lucha callejera. Ha sido privado de los ámbitos tradicionales de negociación y afronta una contraparte patronal muy difusa. En distintos países es empujado a imponer sus demandas a través del Estado.

Los migrantes, las minorías étnicas, los estudiantes endeudados son frecuentes actores de esas batallas en las economías centrales y la masa de trabajadores informales ocupa una centralidad semejante en los países periféricos. Este último segmento no integra el tradicional proletariado fabril, pero forma parte (en términos ampliados) de la clase trabajadora y de la población que vive de su propia labor.

Los piqueteros de Argentina conforman una variedad de ese segmento, que forjó su identidad cortando las calles, ante la pérdida del trabajo en los lugares que centralizaban sus exigencias. De esa batalla brotaron los movimientos sociales y distintas variedades de la economía popular. Un papel igualmente relevante, desenvuelven los sectores campesinos que forjaron el MAS de Bolivia y las comunidades indígenas que gestaron la CONAIE de Ecuador

Los vínculos de estos movimientos de lucha de América Latina con sus pares de otras partes del mundo han perdido visibilidad por el deterioro de las instancias internacionales de coordinación. El último gran intento de esa conexión fueron los Foros Sociales Mundiales, auspiciados en la década pasada por el movimiento alterglobalista. Las Cumbres de los Pueblos alternativas a los encuentros de gobiernos, banqueros y diplomáticos han perdido incidencia. La batalla contra la globalización neoliberal ya no tiene esa centralidad y ha quedado sustituida por agendas populares más nacionales (Kent Carrasco, 2019).

Ciertamente persisten dos movimientos globales de gran dinamismo: el feminismo y el ambientalismo. El primero ha logrado éxitos muy significativos y el segundo reaparece periódicamente con inesperados picos de movilización. Pero el ámbito común de campañas globales que aportaban los Foros Sociales no ha encontrado un reemplazo equivalente.

La gran vitalidad de los movimientos de lucha en América Latina obedece a múltiples razones. Pero ha sido muy gravitante su perfil político progresista, alejado del chauvinismo y del fundamentalismo religioso. En la región se ha logrado contener las tendencias reaccionarias que auspicia el imperialismo, para generar enfrentamientos entre pueblos o guerras entre naciones oprimidas.

El Pentágono no ha encontrado la forma de inducir en América Latina los sangrientos conflictos que logró desencadenar en África y en Oriente. Tampoco pudo instalar un apéndice como Israel para eternizar esas matanzas o convalidar el terror perdurable de los yihadistas.

Washington ha sido el invariable promotor de esas monstruosidades para intentar sostener su jefatura imperial. Pero ninguna de esas aberraciones prosperó hasta ahora en el Patio Trasero por la centralidad que mantienen las organizaciones de lucha popular.

Por esta razón América Latina persiste como una referencia para otras experiencias internacionales. Muchas organizaciones de la izquierda europea buscan, por ejemplo, replicar la estrategia de unidad o los proyectos redistributivos elaborados en la región (Febbro, 2022). Pero todos los pueblos del continente afrontan actualmente un peligroso enemigo ultraderechista, que analizaremos en el próximo texto."                    (Claudio Katz , La Haine, 14/01/23)

23.5.22

El Banco de Inglaterra advierte sobre una «apocalíptica» escasez mundial de alimentos a nivel mundial... Una vez que haya pasado el shock del precio de la energía, espera que la inflación vuelva a caer al 2%

"Andrew Bailey dijo que Gran Bretaña enfrentará grandes conmociones en la inflación del país, llegando al 10 % para fines de 2022, con costos desbocados de la energía y los alimentos.

El gobernador del Banco de Inglaterra advirtió sobre aumentos «apocalípticos» de los precios de los alimentos a nivel mundial y dijo que está «indefenso» ante el aumento de la inflación a medida que la economía se ve golpeada por la guerra en Ucrania.

Andrew Bailey dijo que Gran Bretaña enfrentará grandes conmociones con los costos desbocados de la energía y los alimentos impulsados ​​por fuerzas del mercado global que escapan a su control.

Los precios están subiendo al ritmo más rápido en 30 años, creando un «choque de ingresos muy grande» que se espera que se intensifique en los próximos meses con un riesgo de inflación de dos dígitos antes de fin de año.

Bailey dijo a los parlamentarios del Comité Selecto del Tesoro que está cada vez más preocupado por un nuevo aumento en los costos de los alimentos si Ucrania, un importante productor de granos y cereales, no puede enviar trigo y aceites de cocina desde sus almacenes debido a la guerra.

El gobernador dijo que había hablado con el ministro de finanzas de Ucrania y agregó: “El [riesgo] sobre el que voy a sonar bastante apocalíptico, supongo, es la comida.

“Ucrania tiene comida almacenada pero no puede sacarla en este momento. Si bien [el ministro de finanzas] se mostró optimista sobre la siembra de cultivos, dijo que en este momento no tenemos forma de enviarlo tal como están las cosas, y está empeorando.

“Esa es una gran preocupación. No es solo una gran preocupación para este país, es una gran preocupación para el mundo en desarrollo.

“No soy ni mucho menos un estratega militar, pero cualquier cosa que se pueda hacer para ayudar a Ucrania a sacar su comida sería una gran contribución”.

Es probable que la evaluación sombría aumente la presión sobre el Tesoro para que realice un presupuesto de emergencia para abordar la crisis del costo de vida, después de que Rishi Sunak, el canciller británico, decidiera aumentar los impuestos al mismo tiempo que se reducían los ingresos.

Los precios de los alimentos ya están aumentando debido a los temores sobre la interrupción de la cadena de suministro. Ucrania suministra cereales a gran parte de Oriente Medio, y existe el riesgo de que las familias no puedan permitirse el lujo de comer a menos que se encuentre una solución. Los precios del trigo subieron hasta un 6 % el lunes.

El Gobernador también admitió que el Banco tiene pocas esperanzas de llevar la inflación de regreso a su objetivo del 2%, con precios que ya subieron un 7% y se espera un nuevo aumento en los próximos meses.

“Pronosticar una inflación del 10% y decir que no hay mucho que podamos hacer sobre el 80% de eso, puedo decirles que es un lugar extremadamente difícil para estar. Tenemos que reconocer la realidad de la situación que enfrentamos” agregó Andrew Bailey.

Una vez que haya pasado el shock del precio de la energía, espera que la inflación vuelva a caer al 2%. Hasta ahora, el mayor impacto en el Reino Unido ha sido el aumento de las facturas del gas y los precios más altos de la gasolina, que podrían empeorar dependiendo del suministro de combustibles fósiles de Rusia.

Para los trabajadores y clases populares del Reino Unido es una noticia brutal, porque sus bolsillos se verán atacados durante los próximos meses. En varias de las potencias centrales como Estados Unidos y Francia se comenzó a reflejar el impacto de años de estancamiento económico profundizado por la pandemia y ahora por la guerra en Ucrania, a través de la oleada de sindicalización en Amazon. 

También en las protestas y huelgas en Alemania contra la inflación, o en el caso de Francia contra la segunda presidencia de Macron. Pero aún no tienen la magnitud que vemos en Sri Lanka o en Irán, donde se están dando levantamientos sociales contra los gobiernos y el hambre. Cabría preguntarse, ¿qué pasaría si esta situación comenzara a desarrollarse en los principales centro imperialistas? "   (Rebelión, 20/05/22)

24.1.22

Saqueos a trenes de mercancías en Los Ángeles: ¿qué está pasando? En la mayor ciudad de California las estadísticas oficiales nos hablan de un millón y medio de pobres absolutos sobre una población total de casi diez millones de personas.

 "(...) Catorce de enero de 2022, John Schreiber, un fotoperiodista de la CBS, publica en su cuenta de Twitter unos vídeos que toman una relevancia notable en apenas unas horas. 

En ellos se ve un tren de mercancías avanzando despacio, con gravedad de toneladas de carga, por unas vías enclaustradas en un entorno urbano. A su alrededor, hasta donde alcanza el objetivo, el suelo está tapizado de restos de paquetería, miles de cajas de cartón y envases de plástico desperdigados a lo largo del trazado, dando a la escena el tono al momento posterior a una catástrofe. 

Schreiber es oriundo del medio oeste, cree haber visto antes aquella escena: "parecía que un tornado había golpeado un almacén y acababa de vomitar escombros por todas partes". ¿Qué es lo que ha sucedido?

Esas vías del tren no se ubicaban en algún Estado del corredor de los tornados como Kansas y Nebraska, sino en la soleada California, concretamente en Lincoln Heights, un vecindario periférico de la ciudad de Los Ángeles. La desolación no había sido provocada por un desastre natural, sino sencillamente por los robos, el saqueo continuado a los trenes de mercancías que transitan ese trazado desde los cercanos puertos de Terminal Island y Long Beach, situados a 30 kilómetros del centro de la ciudad, por los que entran al país el 40% de las importaciones marítimas, bienes que son distribuidos al resto de Estados Unidos tras pasar por la estación intermodal, pero que hasta ese punto van aún en los grandes contenedores metálicos que han sido descargados de los barcos directamente a espaldas del tren.

El detalle de logística no es menor para la historia que nos ocupa. Esos contenedores que son asaltados constituyen una auténtica sorpresa para los saqueadores, ya que la mayoría ni siquiera lleva una carga homogénea, del todo imposible de identificar desde fuera. "Todo viene en el tren" dice uno de los ladrones, de 37 años, entrevistado por el LA Times, "teléfonos móviles, ropa de diseño, juguetes, cortadoras de césped, equipos eléctricos. Una vez encontré un brazo robótico. Sacamos cosas de aquí y de allá, ganamos algo de dinero revendiéndolo". Los trenes reducen su velocidad en el tramo de Lincoln Heights, incluso quedan detenidos durante un tiempo por el flujo desigual tras el colapso de los puertos en estos meses. Los ladrones aprovechan la ocasión. Uno de cada cuatro vagones llega a las instalaciones de reparto con los contenedores esquilmados.

 Tras el salto a la actualidad, los medios han publicado una carta que la compañía Union Pacific, propietaria del trazado férreo, mandó a George Gascón, fiscal del Distrito, a finales de diciembre. En ella denunciaban que se había producido un aumento dramático de estos asaltos a los trenes de mercancías. Según la compañía en hasta un 160% en el condado de Los Ángeles, resultando afectadas empresas de distribución como UPS, Amazon o FedEx. Más de 90 contenedores asaltados al día. Más allá de las cifras, las propias imágenes eran reveladoras, mostrando un panorama de pillaje en el que la policía privada ferroviaria, más las fuerzas del orden públicas, se han visto incapaces de garantizar la seguridad del trazado. En uno de los vídeos, un uniformado corre sin ganas detrás de dos personas que huyen llevándose dos paquetes.

Parece tratarse de bandas de asaltantes, pero también de otros muchos que, una vez abiertos los contenedores, se lanzan al pillaje. En el suelo cajas de mascarillas y test PCR descartados como botín quedan abandonados. En una entrevista en la radio pública preguntan a Schreiber, el fotógrafo que ha dado a conocer el asunto, si sabe qué es lo que ha provocado esta situación: "me lo puedo imaginar. Hay mucha gente sufriendo en este momento". En el resto de medios el tratamiento de la noticia no va más allá de mostrar las imágenes del caos acompañadas de titulares llamativos que pretenden retrotraernos a la época de los asaltos a trenes del western. También a la lucha entre la Union Pacific y el fiscal del distrito, a quien las compañías, usando un lenguaje diplomáticamente empresarial, consideran laxo con el crimen. Sin mano dura, los delincuentes se sublevan.

 Ya en febrero del pasado año, Joe Busciano, un concejal de la ciudad de Los Ángeles, culpó a los campamentos de vagabundos de la degradación en los entornos ferroviarios, óptimos para que estas personas montaran sus infraviviendas debajo de puentes y otras arquitecturas industriales. Nadie parece destacar que en la mayor ciudad de California las estadísticas oficiales nos hablan de un millón y medio de pobres absolutos sobre una población total de casi diez millones de personas. Las zonas grises no aparecen, todos aquellos que aún teniendo trabajo e ingresos son incapaces de llevar una vida normalizada por la carestía de los bienes básicos como la vivienda. En 2018, el reportaje documental Skid Row, infierno en el primer mundo, de Helena Villar, corresponsal de RT en Estados Unidos, mostró los campamentos de la pobreza en el propio centro de Los Ángeles.

 Las importaciones estadounidenses, la mayoría provenientes de Asia, ascienden a más de 500 mil millones de dólares. El comercio electrónico ha disparado la compra de todo tipo de bienes que necesitan de una tupida red de infraestructuras para ser distribuidos. Algo que no sucede con el dinero. Millones de personas en Estados Unidos han quedado fuera de la producción, también del trabajo de transporte y por supuesto de la adquisición de estos productos. Miles de millones de dólares atravesando barrios como Lincoln Heights, Wilmington o El Serno, vías fortificadas con altas vallas coronadas por alambre de espino, cientos de uniformados armados vigilando el trasiego de las mercancías: una guerra preventiva para que los que han quedado fuera del gran negocio ni se acerquen al mismo.

 Hasta que estallan episodios como el de la semana pasada. La respuesta no será aumentar las redes públicas de protección social, corregir la desigualdad, mejorar las condiciones de trabajo para acabar con la pobreza laboral. Repartir empleo y riqueza para lograr estabilidad. La respuesta será construir más vallas y contratar más agentes armados, única oportunidad de empleo para los dormitorios del pueblo: disparar a sus vecinos."              (Daniel Bernabé, RT, 21/01/22)

24.5.10

La revuelta de los narcos

"Dos muertos en los disturbios por la deportación de un narcotraficante en Jamaica. Las autoridades declaran el estado de emergencia en la capital por la ola de violencia desencadenada por la decisión de entregar a la justicia de EE UU a Christopher 'Dudus' Coke.

Dos personas han muerto en los graves disturbios que prosiguen en Kingston por grupos que se oponen a la detención y posterior extradición a Estados Unidos del narcotraficante Christopher Dudus Coke, líder de la organización criminal más temida del país, la Banda de la Ducha, según informa el Gobierno jamaicano.

Uno de los muertos es un policía que fue atacado por grupos armados que se han enfrentado fuertemente armados en varios barrios de la capital de Jamaica en una oleada de violencia que ha obligado al Gobierno a declarar el estado de emergencia. Varios agentes de policía han sido heridos, al igual que un número indeterminado de personas armadas que continúan enfrentándose a las fuerzas de seguridad.

Los disturbios comenzaron el fin de semana cuando la policía pretendía detener a Coke, de 41 años, considerado como el responsable de una amplia red de tráfico de drogas y de armas. El Gobierno jamaicano declaró este domingo el estado de emergencia en dos terceras partes de la capital, Kingston, por la violencia generada ante la decisión de las autoridades.

De momento, el estado de alerta afecta a los distritos de Kingston Oeste y St. Andrews, donde varios grupos de hombres armados han acribillado dos comisarías e incendiado una tercera. Las autoridades se encontraban prevenidas desde hace días ante la posibilidad de estos brotes de violencia, después de que el pasado día 18 se hiciera oficial la deportación de Dudus para ser juzgado en Nueva York por cargos de tráfico de droga y armas. Hasta ese momento, el primer ministro de la isla, Bruce Golding, se había negado a extraditar al presunto narcotraficante alegando que los cargos contra él se obtuvieron de manera ilegal.

Se da la circunstancia de que la banda de Dudus opera precisamente en el barrio de Tivoli Gardens, justo el distrito que representa el primer ministro en su escaño parlamentario, según informa el diario británico The Telegraph. Golding presentó su dimisión por sus vínculos con el presunto narcotraficante, pero no fue aceptada por el Gobierno.

La policía jamaicana sospecha que la banda tiene escondido un importante arsenal de armas en el barrio, escenario de un violentísimo enfrentamiento con la policía en 2001, que culminó con la muerte de 26 personas después de tres días de combates." (El País, 24/05/2010)


"El 'narcobarrio' de Tivoli Gardens.

Decenas de casas del barrio de Tivoli Gardens, en Kingston, presentan orificios de bala después de varias jornadas de búsqueda implacable del narcotraficante más perseguido de Jamaica, Christopher Coke, Dudus. Un hombre de 42 años cuya solicitud de extradición por parte de Estados Unidos ha forzado al primer ministro, Bruce Golding, a una operación militar que no deseaba. Menos aún la querían los vecinos de Tivoli Gardens que hablaban ayer de quema clandestina de cadáveres y de ejecuciones extrajudiciales de supuestos pandilleros.

Son al menos 70 los civiles muertos -también han caído tres policías- en esta operación. Pero Dudus sigue libre. Quién sabe si en su bastión de Tivoli, un barrio de Kingston Oeste en el que el narcotráfico, el reparto de dinero entre los más pobres y los intereses políticos se mezclan generando una situación explosiva. (...)

Washington quiere a Seaga en el poder, pero no a costa de tener las calles de Miami y Nueva York repletas de drogas. Las relaciones entre Seaga y EE UU se enfrían mientras la popularidad de Lester Coke crece por la cantidad de dinero que destina a acciones sociales. EE UU solicita al Gobierno de Patterson la extradición de Coke. Pero la víspera de la entrega su celda se incendia. O mejor dicho, alguien la incendia para que Coke no viaje a EE UU y pueda comprometer a nadie.

Es en 1993 cuando el padre de Dudus fallece quemado entre rejas.A su funeral acuden 30.000 personas, encabezadas por Seaga. Su hijo Christopher, Dudus, es el nuevo don de Tivoli que gobernará el distrito con mano de hierro y continuará la productiva política de su padre de repartir dinero a espuertas. (...)

En agosto de 2009 llega a Jamaica una orden de extradición contra Dudus del fiscal general del Estado de Nueva York por delitos de tráfico de drogas y armas cometidos en 1995.

Golding trata de detener la extradición por todos los medios. Admite que ha pagado a una firma de abogados americana para paralizar la extradición por la forma en que se obtuvieron las pruebas contra Dudus. Hace dos semanas, Golding se dirige por televisión a la nación y explica que no tiene otra salida que buscar a Dudus en su propio feudo. Aprovechando el caos, hombres armados de los diferentes feudos de Kingston se dedican a quemar comisarías de policía y la ciudad se convierte en un campo de batalla." (El País, ed. Galicia, internacional, 29/05/2010, p. 4)