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26.11.25

Òscar Camps, de Open Arms: "Nos hemos convertido en una sociedad que consume tragedias como quien cambia de canal y hemos hecho de la miseria una forma de entretenimiento. De héroes hemos pasado a villanos por seguir rescatando a gente en el mar... Hace unos años un periodista me preguntaba cómo podía soportar ver esto cada día. Y lo que realmente no soportamos no es lo que vemos, sino que el mundo no lo vea. Que esto haya pasado a ser una costumbre y ya ni siquiera sea noticia. El Mediterráneo sigue siendo una fosa común. Más de 30.000 muertos en estos diez años, uno cada día. "... alerta del uso del sufrimiento como capital electoral y reivindica el papel de la sociedad civil para plantar cara al odio... Open Arms ha sufrido bloqueos en puertos, procesos judiciales, inspecciones abusivas, intentos de criminalización y una campaña política y mediática que ha ido creciendo al calor del avance de la extrema derecha en Europa... Lo que antes era una obligación pasa a ser un problema. Pasan por encima de la Carta de Derechos Humanos, del Convenio de Búsqueda y Salvamento de Naciones Unidas, del derecho marítimo internacional y te discuten si ese rescate era legal o no... La política migratoria de la Unión Europea es dejar que mueran en el mar. Es decir, que el mar haga el trabajo sucio. No es un accidente, sino un mecanismo de disuasión, ya que si nadie rescata y no llegan, se mueren

 "Òscar Camps, fundador y director de Open Arms, atiende a infoLibre desde Barcelona, pocos meses después de que se cumpla una década de aquel viaje a la isla griega de Lesbos que le cambió la vida. Entonces era un socorrista catalán con empresa propia que, conmovido por las imágenes del éxodo sirio y del pequeño Aylan Kurdi ahogado en una playa turca, decidió dejarlo todo y coger un billete a Grecia junto a su compañero Gerard Canals. Lo que iba a ser una intervención puntual se convirtió en el germen de una organización humanitaria, Open Arms, que desde entonces ha rescatado a decenas de miles de personas que huían de la guerra, el hambre o la persecución a través del Mediterráneo. Por estos diez años de lucha diaria por los derechos humanos, Òscar Camps recogerá este jueves el quinto Premio infoLibre concedido al Compromiso Social.  

El camino, sin embargo, ha sido de todo menos sencillo. Open Arms ha sufrido bloqueos en puertos, procesos judiciales, inspecciones abusivas, intentos de criminalización y una campaña política y mediática que ha ido creciendo al calor del avance de la extrema derecha en Europa. Camps, lejos de replegarse, redobla su compromiso al denunciar unas políticas migratorias basadas en la indiferencia y la externalización de fronteras, alertar del uso del sufrimiento como capital electoral y reivindicar el papel de la sociedad civil para plantar cara al odio.

¿Qué le lleva a seguir en su lucha diaria junto a Open Arms después de 10 años?

Nadie se imaginaba que cuando nos desplazamos a Lesbos esto se convertiría en lo que se ha convertido. Pensábamos que era un momento puntual, un éxodo masivo por la guerra civil de Siria, como lo que pasó en los 90 con la guerra de los Balcanes, que también provocó un gran éxodo. Yo pensé que sería algo corto, pero llevamos ya diez años y no tiene visos de que esto vaya a cambiar.

Cuando empezamos, nos trataban como héroes y el lema que más se oía era la acogida. Ahora nos hemos convertido en una sociedad que consume tragedias como quien cambia de canal y hemos hecho de la miseria una forma de entretenimiento. De héroes hemos pasado a villanos y nosotros seguimos haciendo exactamente lo mismo, rescatar a gente. Lo que ha cambiado es el discurso político. A pesar de todo, hay que continuar porque tenemos mucha responsabilidad. La gente que nos apoya, que confía en nosotros, hace que ya no puedas parar.

¿Cuánto ha cambiado el Mediterráneo en estos diez años desde que decidieron poner en marcha Open Arms?

Nos estamos acostumbrando tanto a verlo todo que, en realidad, ya no nos sorprende nada. Esa costumbre fatiga a la sociedad en general y ese cansancio molesta a la compasión. Hace unos años un periodista me preguntaba cómo podía soportar ver esto cada día. Y lo que realmente no soportamos no es lo que vemos, sino que el mundo no lo vea. Que esto haya pasado a ser una costumbre y ya ni siquiera sea noticia. El Mediterráneo sigue siendo una fosa común. Más de 30.000 muertos en estos diez años, uno cada día.

Pero esta década no ha sido fácil. Han sufrido bloqueos, procesos judiciales, acusaciones de tráfico de personas…

Al principio formábamos parte de un cuerpo más entre los que estaban en el agua junto a Frontex, la Operación Sofía, la Operación Tritón… eran operaciones de la Unión Europea que también rescataban. Además, la Guardia Costera italiana coordinaba la obligación de rescatar a la gente que estaba a la deriva. Pero desde marzo de 2018 cambia todo. En las elecciones italianas entran el Movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte y cambia hasta la cúpula de la Guardia Costera. Lo que antes era una obligación pasa a ser un problema. Pasan por encima de la Carta de Derechos Humanos, del Convenio de Búsqueda y Salvamento de Naciones Unidas, del derecho marítimo internacional y te discuten si ese rescate era legal o no.

Con la continuidad de Giorgia Meloni se han multiplicado las dificultades que ya introdujo Salvini. Te obligan a hacer un solo rescate y te asignan un puerto lo más lejano posible, a cuatro o cinco días de distancia. Nuestros barcos no están preparados para llevar a bordo a tantas personas tantos días y eso hace que consumas muchísimo combustible y que tengas que cuidar de esas personas durante días.

Nuestros barcos no están preparados para llevar a bordo a tantas personas tantos días y eso hace que consumas muchísimo combustible y que tengas que cuidar de esas personas durante días

¿Cómo se responde ante discursos como el de Santiago Abascal, en los que se acusa a organizaciones como la suya de "negreros" y se alienta a que les hundan el barco?

Son discursos tan fuera de lugar y tan pasados de tono que parecen simples eslóganes políticos para colocarte en lo más extremo del extremo del extremo de la derecha. Ir contra el derecho marítimo internacional y contra convenios internacionales es fomentar el odio y ponernos como objetivo para que cualquier descerebrado pueda hacer cualquier acción contra algún voluntario o contra el propio barco.

Nosotros combatimos eso haciendo nuestro trabajo. Llevamos diez años y, si hubiéramos hecho algo irregular o ilegal, ya estaríamos todos detenidos. Si no lo estamos e Italia sigue asignando puertos es porque es su obligación y no una decisión política. Abandonar vidas en el mar es un delito, pero rescatarlas es una obligación, no solo de los capitanes de los barcos, también de los Estados. Que ladren, nosotros seguiremos cabalgando.

¿Han sufrido algún tipo de violencia, ya sea verbal o física, contra alguno de sus barcos o contra algún miembro de la organización?

Por supuesto. Han publicado fotos de la casa donde vivo y me la han pintado dos veces. Si el coche está rotulado con el logo de Open Arms también nos arriesgamos a que alguien lo raye o rompa el retrovisor. Son daños colaterales. También están las amenazas de muerte en redes sociales. Es un desgaste, pero convivimos con ello.

Las redes sociales son otro gran caladero de este tipo de discursos ultras...

Sí y hay toda una maquinaria detrás. Pseudoperiodistas pagados y fake news que intentan manchar mi honorabilidad y la de la organización. Cada publicación que hacemos en redes va acompañada automáticamente de una colección de bots que responden con cualquier barbaridad. El odio y la xenofobia necesitan gritar para hacerse oír, porque son pocos y no son mayoría. Es una corriente artificial para generar seguidores y volumen.

En cambio, la solidaridad y la empatía de la sociedad civil son discretas y no gritan. A mí me paran por la calle, me felicitan, se hacen fotos y llevan nuestras sudaderas y camisetas. Te sorprende que las redes sociales no reflejen esa realidad y es porque hay muchísimo dinero invertido en generar una corriente de opinión negativa.

¿Qué opinión le merecen aquellos discursos políticos, cada vez más asentados, que solo defienden a los migrantes por su aportación económica o laboral?

Vivimos en una época en la que los derechos humanos no pesan. Parecen una pieza de museo que Europa exhibe como si fuera un gran trofeo. Te acercas, te haces una foto con ellos, pero luego nadie se los lee. Todo el mundo los utiliza, pero cuando dejan de ser teóricos y se convierten en personas que llegan o en cadáveres que aparecen en nuestra costa, dejan de ser humanos. Se convierten en ilegales, inmigrantes, invasores o problemas. Es el arte de proteger nuestra conciencia cambiando las palabras para deshumanizar. La semántica como salida de emergencia moral.

Detrás de cada persona que huye hay un territorio devastado, un conflicto olvidado, una cadena de decisiones económicas, geopolíticas o energéticas que hace que vivir allí sea imposible. Además, están los efectos del cambio climático, que desplazan a millones de personas en África. La mayoría no migra para “mejorar su nivel de vida”, sino para sobrevivir.

¿Cómo valora las actuales políticas migratorias de España y de la Unión Europea?

La política migratoria de la Unión Europea es dejar que mueran en el mar. Es decir, que el mar haga el trabajo sucio. No es un accidente, sino un mecanismo de disuasión, ya que si nadie rescata y no llegan, se mueren. Además, han desarrollado la nueva especialidad de subcontratar la incomodidad. Externalizamos la mierda para que no ensucie nuestro continente, ya que tenemos a Libia, Turquía, Túnez, Marruecos y ahora Mauritania como nuevos guardianes de la frontera. Nosotros les pagamos y ellos hacen el trabajo sucio para que durmamos tranquilos. Todavía tenemos la poca vergüenza de llamar a eso política migratoria. Hemos aprendido a convertir la indiferencia en virtud y el cinismo en estrategia.

La política migratoria de la Unión Europea es dejar que mueran en el mar. Es decir, que el mar haga el trabajo sucio. No es un accidente, sino un mecanismo de disuasión, ya que si nadie rescata y no llegan, se mueren

¿Qué importancia cree que tiene el periodismo comprometido a la hora de combatir los discursos contra la inmigración?

Para mí es muy importante y, por ello, en todas las misiones que llevamos en el mar han venido como mínimo dos periodistas a bordo. Para poner luz donde no quieren que la haya, para que se vea lo que ocurre y se sepa y para que se vea que lo que hacemos no es nada raro ni ilegal. Sois importantes porque sin información y sin comunicación la sociedad civil no se entera y esta es la que tiene que decidir actuar y protestar cuando el Gobierno calla. Para ello hace falta esa conexión entre las organizaciones y los medios que nos conduzca a cambiar el status quo actual.

Además del Mediterráneo, Open Arms ha ofrecido ayuda en Ucrania y Gaza. ¿Piensa en volver a la Franja o siguen pesando los ataques sufridos junto a los cooperantes de World Central Kitchen?

Después de esas dos misiones en Gaza estuvimos con el embajador palestino en España. Nos hizo un acto de reconocimiento y concretamos que, en el momento en que haya una paz duradera, ayudaremos y colaboraremos con Palestina en todo lo que se pueda, sobre todo en la parte social. Pero mientras el conflicto armado esté en marcha yo no puedo poner en riesgo a nuestros voluntarios y a nuestro equipo. Espero que podamos volver y estaremos, como hemos hecho siempre, donde se nos necesite."

(Entrevista a Oscar Camps, Pablo de la Serna , InfoLibre, 25/11/25) 

10.11.25

Paul Krugman: ¿Son los hispanos los nuevos judíos de Estados Unidos? Ése es el nuevo realineamiento que se ha producido... los votantes hispanos han descubierto que todo lo que los demócratas advirtieron que les sucedería bajo Trump II está sucediendo. De repente, Estados Unidos se ha convertido en un lugar donde no es seguro tener la piel morena o hablar español con tu familia, incluso si eres ciudadano... muchos de ellos podían ignorar las pruebas del racismo de la derecha, incluidas las diatribas de Trump sobre los violadores mexicanos, por considerarlas poco susceptibles de afectar a sus vidas. Ahora ven cómo amigos y familiares son detenidos en la calle por matones del Gobierno enmascarados. Muchos nunca volverán a confiar en la derecha

 "El martes ocurrió algo importante en Nueva Jersey: los votantes hispanos dieron un giro radical en sus preferencias electorales. El año pasado, los hispanos de todo el país se decantaron por los republicanos, lo que supuso un cambio significativo con respecto a los patrones de voto anteriores y contribuyó a la victoria de Trump. Pero ayer, en Nueva Jersey, volvieron a apoyar con fuerza a los demócratas. Me voy a arriesgar y voy a hacer una predicción: no volverán a votar al Partido Republicano en mucho tiempo.

Jonathan V. Last se centra de forma muy útil en Union City, Nueva Jersey, una zona con una abrumadora mayoría hispana. Donald Trump solo obtuvo el 19 % de los votos allí en 2016. Pero en 2024 recibió más del doble, el 41 %. Este patrón se repitió en todo el país, lo que llevó a los republicanos, eufóricos, a proclamar un realineamiento generalizado y duradero de los votantes hispanos hacia su partido.

Duradero, es decir, hasta que dejó de serlo. El candidato republicano a gobernador de Nueva Jersey, Jack Ciatarelli, solo obtuvo el 15,1 % de los votos de Union City el martes. ¿Qué pasó?

 En este caso, la respuesta sencilla es la correcta: es la economía, estúpido. La subida de precios de 2021-2022 enfureció a muchos estadounidenses, especialmente a los de clase trabajadora, que disponen de pocos recursos adicionales. Los economistas de Biden señalaron hasta la saciedad que esto no era culpa de Biden, que la inflación había aumentado en todas partes. También señalaron que los salarios también habían aumentado, tanto que el poder adquisitivo de los trabajadores era mayor en 2024 que antes de la pandemia. No importó: hacer estas declaraciones se interpretó como negar la realidad que sentía la gente. Las comparaciones económicas son abstractas, mientras que el precio de los huevos no lo es. Además, los trabajadores creían, como siempre ocurre durante las espirales de salarios y precios, que se habían ganado aumentos salariales que la inflación les estaba arrebatando injustamente.

Por eso, muchos votantes se decantaron por Trump, creyendo en sus promesas de que bajaría los precios a los niveles anteriores a la COVID. Recordaban la baja inflación, los bajos tipos hipotecarios y el pleno empleo que prevalecían en vísperas de la pandemia y se dejaron convencer de que Trump daría marcha atrás al reloj.

Pero, igualmente importante, el giro hispano hacia los republicanos en 2024 también fue consecuencia de lo que los votantes decidieron no creer. Concretamente, muchos hispanos decidieron no creer en las advertencias de que una segunda administración Trump sería una era de discriminación racial y deportaciones masivas, de comunidades hispanas aterrorizadas por los agentes del ICE.

 Después de todo, según este razonamiento, eso no sucedió durante el primer mandato de Trump. Por eso, muchos votantes hispanos hicieron caso omiso de las graves advertencias de los demócratas de que un Trump II envalentonado sería muy diferente.

Pero, como demostraron los resultados del martes, ahora lo saben. Como dice G. Elliott Morris,

    "la mejor explicación para 2025 es que los votantes no sabían lo que iban a obtener con Trump 2.0 el pasado noviembre, pero ahora sí lo saben, y no les gusta."

Ahora saben que la promesa de Trump de bajar los precios era solo otra estafa, que sus aranceles y deportaciones han hecho que los precios suban. Además, la insistencia continua de Trump y sus secuaces en que la economía va genial y que los precios han bajado es como echar leña al fuego, un intento de manipularlos para que no crean lo que ven.

Para los votantes hispanos, aún peor es el devastador descubrimiento de que todo lo que los demócratas advirtieron que les sucedería bajo Trump II está sucediendo. De repente, Estados Unidos se ha convertido en un lugar donde no es seguro tener la piel morena o hablar español con tu familia, incluso si eres ciudadano.

Así pues, el martes quedó claro que el voto hispano se ha realineado. Y mi predicción es que esto no será un péndulo. Los republicanos tuvieron la oportunidad de ganarse a un nuevo bloque de votantes, pero al consentir el violento racismo y nativismo de Trump, los han perdido y probablemente nunca los recuperarán.

 ¿Por qué me siento seguro al decir eso? Por analogía con el voto judío. Tengan paciencia conmigo.

Una de las anomalías más antiguas de la política estadounidense ha sido el apoyo constante de los judíos estadounidenses a los demócratas, a pesar de que, al ser un grupo con ingresos relativamente altos, los judíos son más propensos que el votante medio a beneficiarse de las rebajas fiscales. Es cierto que los republicanos han conseguido algunos votos entre los judíos que apoyan firmemente al Gobierno de Netanyahu. Pero, aun así, Kamala Harris recibió el 71 % de los votos judíos.

¿Cómo se explica esta persistencia? La memoria histórica. Los judíos tienen muchas generaciones de experiencia con el antisemitismo de la derecha. Creo que muchos de nosotros entendemos que, cuando se da rienda suelta a cualquier tipo de intolerancia, nosotros somos siempre los siguientes en la lista.

Y, efectivamente, el antisemitismo rabioso está surgiendo dentro del MAGA, lo que no debería sorprender a nadie.

A mi modo de ver, los votantes hispanos están aprendiendo ahora una lección similar. Hasta este año, muchos de ellos podían ignorar las pruebas del racismo de la derecha, incluidas las diatribas de Trump sobre los violadores mexicanos, por considerarlas poco susceptibles de afectar a sus vidas. Ahora ven cómo amigos y familiares son detenidos en la calle por matones del Gobierno enmascarados. Muchos nunca volverán a confiar en la derecha.

Soy el primero en admitir que no soy ni estratega político ni politólogo. Pero no creo que me equivoque en esto. En mi opinión, el Partido Republicano no solo ha perdido el voto hispano en unas elecciones. Lo ha perdido para siempre."

(Paul Krugman , blog, 06/11/25, traducción DEEPL, enlaces en el original) 

5.11.25

Paul Krugman: Trump celebraba una lujosa fiesta con bailarinas con lentejuelas y plumas y, sí, una mujer escasamente vestida en una gigantesca copa de martini... solo unas horas antes de que 42 millones de estadounidenses estuvieran a punto de perder la asistencia alimentaria federal... Trump entendía perfectamente que estaba de fiesta mientras los estadounidenses comunes estaban sufriendo. Y esa comprensión fue una gran razón por la que disfrutó del evento... Adam Serwer escribió que la crueldad, y la alegría que algunas personas sienten al infligir crueldad, es lo que une a los seguidores más leales a Trump... "La capacidad del presidente para ejecutar esa crueldad a través de la palabra y la acción los hace eufóricos. Les hace sentirse bien, les hace sentirse orgullosos, les hace sentirse felices, les hace sentirse unidos"... se puede ver la misma alegría en la crueldad, no solo en Trump, sino en la mayoría de sus principales secuaces, desde Stephen Miller y JD Vance hasta Tom Homans, Kristi Noem, Pam Bondi y Pete Hegseth. Todos ellos claramente sienten una satisfacción burlona en su capacidad para fastidiar a los pobres y desamparados... ¿Qué pasa con los invitados a la fiesta? ¿Qué pasa con los oligarcas humillándose ante Trump? Algunos de ellos pueden compartir la crueldad del círculo íntimo de Trump. La mayoría probablemente simplemente no se preocupa por el sufrimiento de los demás, ciertamente no lo suficiente como para arriesgarse a la ira de Trump protestando o incluso no presentándose... la fiesta en Mar a Lago no fue un caso de insensibilidad, disfrutando a pesar del sufrimiento de los demás. En gran parte fue una fiesta celebrada para celebrar el sufrimiento de otros... ¿Pagará Trump y sus amigos algún precio político por este grosero ejercicio de arrogancia? ¿Algún demócrata importante ha hecho alguna vez algo tan desconectado de la realidad como la fiesta de Halloween de Trump?

 "Ha habido muchos comentarios mordaces sobre la lujosa fiesta de Halloween con temática de El Gran Gatsby que Donald Trump organizó en Mar a Lago — una fiesta completa con bailarines con lentejuelas y plumas y, sí, una mujer escasamente vestida en una gigantesca copa de martini. La fiesta, celebrada solo unas horas antes de que 42 millones de estadounidenses estuvieran a punto de perder la asistencia alimentaria federal, mientras 1.4 millones de trabajadores federales se quedaban sin paga, fue grotesca. También fue, como todo lo de Trump, indescriptiblemente vulgar.

Pero muchos comentaristas describieron las festividades como "fuera de lugar", como si Trump no se diera cuenta de cómo se vería celebrar una fiesta mientras decenas de millones de estadounidenses enfrentan dificultades severas. Vamos. Por supuesto que se dio cuenta de cómo se vería. Entendía perfectamente que estaba de fiesta mientras los estadounidenses comunes estaban sufriendo. Y esa comprensión — combinada con la creencia de que podía salirse con la suya — fue una gran razón por la que disfrutó del evento.

Durante el primer mandato de Trump, Adam Serwer escribió un artículo justamente celebrado para The Atlantic titulado "La crueldad es el objetivo." Argumentó que la crueldad, y la alegría que algunas personas sienten al infligir crueldad, son lo que une a los seguidores más leales de Trump a él:

"La única verdadera habilidad de Trump es el engaño; su única creencia fundamental es que los Estados Unidos son el derecho de nacimiento de los hombres heterosexuales, blancos y cristianos, y su único placer real y auténtico está en la crueldad. Es esa crueldad, y el deleite que les proporciona, lo que une a sus más fervientes seguidores, en un desprecio compartido por aquellos que odian y temen: inmigrantes, votantes negros, feministas y hombres blancos traidores que empatizan con cualquiera de aquellos que robarían su derecho de nacimiento. La capacidad del presidente para ejecutar esa crueldad a través de la palabra y la acción los hace eufóricos. Les hace sentirse bien, les hace sentirse orgullosos, les hace sentirse felices, les hace sentirse unidos."

Serwer estaba pensando en los partidarios de Trump de clase trabajadora y clase media, muchos de los cuales están votando en contra de sus propios intereses económicos. Pero puedes ver la misma alegría en la crueldad, no solo en Trump, sino en la mayoría de sus principales secuaces, desde Stephen Miller y JD Vance hasta Tom Homans, Kristi Noem, Pam Bondi y Pete Hegseth. Todos ellos claramente sienten una satisfacción burlona en su capacidad para fastidiar a los pobres y desamparados.

¿Qué pasa con los invitados a la fiesta? ¿Qué pasa con los oligarcas humillándose ante Trump? Algunos de ellos pueden compartir la crueldad del círculo íntimo de Trump. La mayoría probablemente simplemente no se preocupa por el sufrimiento de los demás, ciertamente no lo suficiente como para arriesgarse a la ira de Trump protestando o incluso no presentándose.

Entonces, para repetir, la fiesta en Mar a Lago no fue un caso de insensibilidad, disfrutando a pesar del sufrimiento de los demás. En gran parte fue una fiesta celebrada para celebrar el sufrimiento de otros.

Como ocurre, la obscenidad en Florida tuvo lugar en un momento en que varios comentaristas centristas estaban practicando su deporte favorito, criticando a los demócratas por estar desconectados de los estadounidenses comunes. Como de costumbre, su crítica parece estar dirigida a una caricatura de derecha del partido en lugar de a los demócratas que realmente existen. Pero en cualquier caso, ¿algún demócrata importante ha hecho alguna vez algo tan desconectado de la realidad como la fiesta de Halloween de Trump?

¿Pagará Trump y sus amigos algún precio político por este grosero ejercicio de arrogancia? Pueden creer que pronto no tendrán que preocuparse por lo que piensen los votantes. MAGA probablemente no podrá manipular la votación de hoy, pero puede que crea que habrá socavado completamente la democracia para cuando lleguen las elecciones de medio término.

En cualquier caso, lo que es notable y deprimente es el éxito que han tenido los llamados "populistas" a pesar de su evidente desprecio por la gente común."

(Paul Krugman , blog, 04/11/25, traducción Quillbot)

4.11.25

¿Por qué Estados Unidos tiene un régimen penal tan brutal? En ningún otro lugar se producen detenciones y registros masivos, como en la ciudad de Nueva York, bajo la comisaría de Ray Kelly, donde se detuvo a unas 680 000 personas al año. Se trata de un nivel de acoso sin precedentes, normalmente hacia jóvenes negros... todos los estados de EE. UU. han comenzado a imponer tasas, cargos y costes a los delincuentes y sus familias: ahora hay que pagar por permanecer en prisión, como si se tratara de huéspedes de un hotel. O si están en libertad condicional en lugar de ser enviados a la cárcel, tienen que pagar por la supervisión de la libertad condicional o por un análisis de orina... este enorme estado penal existe en el fondo de nuestras vidas como una característica normal de la organización social... los niveles de homicidios en este país son muy altos. Pero los homicidios se concentran en los lugares más pobres. Alrededor del 6 % de los códigos postales de este país concentran aproximadamente la mitad de los homicidios... Por razones históricas, relacionadas con el fracaso del Estado estadounidense a la hora de desarmar a la población, el despliegue y la transferencia de funciones coercitivas a actores privados y, ahora, debido a la desorganización de las comunidades y las familias, tenemos un nivel de violencia más alto que en otros lugares... ¿Por qué la policía es tan agresiva con los jóvenes y el público en las calles de las comunidades de color? ¿Por qué los jueces condenan con tanta frecuencia a las personas a largas penas de prisión? El control de la delincuencia operan en un contexto mucho más desorganizado y peligroso... un policía piensa que la persona a la que va a detener por qué conduce de forma errática, podría tener un arma en la guantera... en los otros países que acabo de mencionar, hay mejores niveles de control social informal, un mejor funcionamiento de las familias y las comunidades y, lo que es más importante, la prestación de servicios sociales, como servicios psiquiátricos o de salud mental, atención sanitaria, vivienda, trabajo social, etc... las personas tienen problemas de salud mental, de vivienda o de adicción a las drogas, hay servicios a los que pueden recurrir y que suelen ser gratuitos... la razón por la que Estados Unidos tiene unos niveles tan altos de violencia y un uso tan agresivo del poder penal —un Leviatán penal tan enorme— es que la economía política y las estructuras sociales de este país son simplemente diferentes de las de otras naciones capitalistas occidentales (David Garland, Un. Nueva York)

 "En comparación con otros países igualmente ricos, Estados Unidos tiene un sistema policial y penitenciario excepcionalmente punitivo. ¿Cómo se explica el régimen penal extremadamente severo de Estados Unidos?

Entrevista realizada por Nick French

En comparación con otros países desarrollados, Estados Unidos es un caso extremo en cuanto a la severidad de su sistema penal. La policía estadounidense mata a civiles entre cinco y cuarenta veces más que en países con un nivel de riqueza similar y encarcela a personas aproximadamente siete veces más que en países con una economía comparable. El peso de este agresivo régimen penal recae, por supuesto, sobre los estadounidenses pobres, en particular los afroamericanos pobres.

En Law and Order Leviathan: America’s Extraordinary Regime of Policing and Punishment (Ley y orden Leviatán: el extraordinario régimen policial y punitivo de Estados Unidos), David Garland, profesor de Derecho y Sociología en la Universidad de Nueva York, intenta explicar por qué Estados Unidos adopta un enfoque tan feroz en materia de sanciones penales. Para Garland, nuestro estado penal excepcionalmente severo debe entenderse en parte como una reacción a nuestros niveles igualmente excepcionales de delitos violentos, que son a su vez el producto de la economía política «ultraliberal» de Estados Unidos, la amplia disponibilidad de armas de fuego y una larga historia de delegación de la coacción violenta a actores privados.

El editor de Jacobin, Nick French, se reunió recientemente con Garland para hablar sobre los argumentos de Law and Order Leviathan. Debatieron sobre la naturaleza excepcional del sistema penal estadounidense, las raíces estructurales de la alta incidencia de violencia en Estados Unidos y las implicaciones de estos análisis para los esfuerzos de reforma de nuestro sistema de justicia penal.

Nick French

Usted escribe: «La aplicación de la ley penal siempre y en todas partes es propensa al exceso y la injusticia, pero los estadounidenses, sobre todo los afroamericanos pobres, están sujetos a niveles totalmente excepcionales de violencia policial, encarcelamiento y control penal, niveles que no existen en ningún otro lugar del mundo desarrollado». ¿Podría destacar las estadísticas o los hechos que, en su opinión, diferencian más a Estados Unidos de otros países comparables en lo que respecta a la policía y las sanciones penales?

David Garland

Estados Unidos es un país grande y hay mucha variación dentro de él. Pero en prácticamente todas las dimensiones del estado penal, desde la policía, pasando por el enjuiciamiento y la sentencia, hasta la prisión y las consecuencias colaterales, Estados Unidos no solo está en lo más alto de la clasificación, sino que es un caso atípico.

Si nos fijamos en las prácticas penales de los países desarrollados, por ejemplo, en materia policial, si pensamos en la violencia policial y la frecuencia con la que los agentes de policía matan a civiles, desde que empezamos a contabilizarlo, cada año mueren unos mil civiles a manos de la policía en Estados Unidos. Según el criminólogo Franklin Zimring, eso supone casi cinco veces la frecuencia per cápita de Canadá, veintidós veces la de Australia, cuarenta veces más que Alemania y más de 140 veces la tasa de muertes por disparos de la policía en Inglaterra y Gales.

Todas las fuerzas policiales del mundo desarrollado utilizan la detención y el registro, o «stop and frisk», como lo llamamos aquí. Pero en ningún otro lugar se producen detenciones y registros masivos, como en la ciudad de Nueva York, bajo la comisaría de Ray Kelly, donde se detuvo a unas 680 000 personas al año. Se trata de un nivel de acoso sin precedentes, normalmente hacia jóvenes negros.

Si nos fijamos en las condenas, Estados Unidos tiene una serie de castigos —la pena de muerte, la cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional— que en todos los países europeos han sido abolidos y prohibidos desde hace mucho tiempo por el Convenio Europeo de Derechos Humanos. También condenamos a las personas con más frecuencia a penas de prisión, y las condenamos a períodos más largos.

El resultado es que la población carcelaria de este país alcanzó un máximo de 760 por cada 100 000 habitantes en 2008. La media europea es de poco más de 100 por cada 100 000; Canadá tiene menos de 100 por cada 100 000. En otras palabras, en términos per cápita, en este país hay siete veces más personas encarceladas que en cualquier otro lugar.

Si pensamos en el futuro de las personas que han sido condenadas por un delito grave, nos encontramos con todas estas consecuencias colaterales, como los antecedentes penales, que son públicos y están disponibles comercialmente. Se puede entrar en Internet, pagar 20 dólares y averiguar los antecedentes penales de cualquier persona. Esos antecedentes penales duran prácticamente para siempre. En otros países, esa información no es pública. Solo está disponible para los funcionarios del sistema de justicia penal, e incluso entonces tiene una duración limitada.

Del mismo modo, privamos a los delincuentes de sus derechos, privándoles del voto, en todos los estados excepto Vermont, New Hampshire y DC. Una vez más, esa no es una práctica que se encuentre en otros lugares.

Recientemente, todos los estados de EE. UU. han comenzado a imponer tasas, cargos y costes a los delincuentes y sus familias: ahora hay que pagar por permanecer en prisión, como si se tratara de huéspedes de un hotel. O si están en libertad condicional en lugar de ser enviados a la cárcel, tienen que pagar por la supervisión de la libertad condicional o por un análisis de orina. En un departamento de policía de Misuri, los delincuentes a los que se les ha aplicado una descarga eléctrica con una pistola Taser tienen que pagar 25 dólares por el coste de su uso.

Se trata de un conjunto de medidas extraordinarias que han surgido en este país y que tendemos a dar por sentadas. El momento en que dejamos de darlo por sentado fue muy breve. En el verano de 2020, cuando todo el mundo vio el asesinato de George Floyd en ese vídeo, y luego el movimiento Black Lives Matter llevó a la gente a protestar, primero por ese asesinato y luego, finalmente, por el encarcelamiento masivo, la policía racista, etc. Hubo un momento en el que la conciencia estadounidense se despertó y se prestó atención a esta cuestión.

Pero, en general, este enorme estado penal existe en el fondo de nuestras vidas como una característica normal de la organización social. Lo que quería hacer en este libro era enfatizar hasta qué punto todo esto es extraordinario cuando se compara Estados Unidos con cualquier otra nación desarrollada de altos ingresos. Si se compara con Canadá, Australia, Nueva Zelanda, los países de Europa occidental… con respecto a todos ellos, es simplemente extraordinario, fuera de lo común.

Usted sostiene que la construcción de este extraordinario estado penal fue una respuesta a los niveles de violencia en Estados Unidos, que son en sí mismos extraordinarios en comparación con los niveles de violencia en otros países ricos. En su opinión, ¿por qué Estados Unidos es un país tan violento en comparación con otros? ¿Y qué explica, en particular, el importante aumento de la violencia que vimos en la última parte del siglo XX?

Describo cómo el aumento de los índices de violencia, delincuencia y desorden a partir de la década de 1960 fue una de las causas que condujeron al desarrollo del tipo de policía y castigo agresivos que vemos. Obviamente, esa no es toda la historia, y tiene mucho que ver con la representación política, con la formulación de estrategias en torno a la cuestión de la delincuencia, la cuestión racial, etc. Pero no me cabe duda de que el aumento de las tasas de homicidios y robos a mano armada en este país a partir de la década de 1960 provocó el temor y la preocupación de la población, atrajo la atención política hacia estas cuestiones y, finalmente, dio lugar a una política de ley y orden.

También debemos tener en cuenta que Estados Unidos es una sociedad notablemente violenta, de nuevo, en comparación con el mundo desarrollado. No en comparación con, por ejemplo, los países sudamericanos. Si vas a Brasil, Argentina o Guatemala, hay tasas de homicidios más altas. Pero si se compara Estados Unidos con otros países occidentales, el nivel de homicidios en este país vuelve a ser atípico.

En la década de 1990 —1994 fue el año álgido— el número de homicidios era de casi diez por cada 100 000 habitantes. En la mayoría de los países europeos, es de uno o 1,5 por cada 100 000 habitantes. En otras palabras, la tasa de homicidios en Estados Unidos es casi diez veces superior a la de los países de Europa occidental. La tasa de homicidios en Estados Unidos ha descendido considerablemente desde ese pico en la década de 1990. Ahora se sitúa cerca de los seis por cada 100 000 habitantes, pero sigue siendo seis veces más alta que la de los países europeos, y más de tres veces superior a la de Canadá.

Por lo tanto, Estados Unidos es un lugar extraordinariamente peligroso para vivir; es un lugar letalmente violento para vivir. También tenemos tasas de robos a mano armada mucho más altas que en cualquier otro lugar.

Por supuesto, gran parte de esto tiene que ver con las armas. El número de homicidios cometidos con armas de fuego es mucho más alto que en cualquier otro lugar del mundo desarrollado. Pero incluso si se eliminan los homicidios con armas de fuego y se analizan simplemente los homicidios cometidos por otros métodos —por envenenamiento, a puñetazos, con cuchillos—, la tasa, de 2,9 por cada 100 000 habitantes, sigue siendo el doble que la europea. Este es un país más violento, cuya letalidad se ve enormemente amplificada por la disponibilidad de armas.

Las armas desempeñan un papel importante en la explicación que desarrollo en el libro. En este país, alrededor del 30 % de la población tiene un arma de fuego; alrededor del 40 % de la población vive en un hogar donde hay armas de fuego. La cifra equivalente en todos los países europeos es del 5 % o menos. Básicamente, vivimos en una sociedad mucho más violenta y en una sociedad en la que abundan mucho más las armas.

¿Por qué es más violenta? Es una historia complicada e interesante. Intento explicarla con una serie de análisis superpuestos.

En primer lugar, hay una historia histórica. Este país, desde sus inicios, se ha visto envuelto en actos de violencia patrocinados por el Gobierno: en la frontera contra los indios americanos; como parte normal de la esclavitud por parte de los administradores de las plantaciones, como característica de Jim Crow y la segregación en el sur, no solo linchamientos, sino también violencia cotidiana contra los negros en el sur y, de hecho, en el norte; violencia letal utilizando fuerzas policiales privadas, a veces milicias estatales, a veces fuerzas federales, contra el movimiento obrero por parte de las empresas; y violencia utilizada para reprimir las protestas.

Todo ello es un legado de conducta violenta y su tolerancia en este país. Además, la ausencia de protección policial en los barrios negros, hasta el movimiento por los derechos civiles de la década de 1960, significó que la violencia formara parte de la autodefensa en los barrios negros durante mucho tiempo.

Tenemos esa historia. Luego, la historia clave que cuento en el libro —y aquí es donde la economía política repercute en las comunidades con consecuencias criminógenas— es que en este país tenemos algunos de los barrios más empobrecidos y desfavorecidos de cualquier país desarrollado. Tenemos comunidades segregadas y acumulativamente desfavorecidas, en las que hay desempleo de larga duración, en las que los jóvenes están crónicamente desempleados, en las que la vivienda es terrible y no hay ayudas a los ingresos, salvo para las mujeres con hijos a su cargo, e incluso entonces, es miserable. Viviendas muy pobres, escuelas muy pobres, nada en cuanto a trabajo.

En estas circunstancias, no es de extrañar que muchas familias estresadas no sean capaces de supervisar a sus hijos adolescentes. No es tan sorprendente que los jóvenes acaben en economías ilegales, en las drogas, los robos, los atracos a mano armada, etc.; no es sorprendente que se formen bandas callejeras y que los niveles de violencia en estas comunidades se vean amplificados por las condiciones de vida que allí se dan.

Ya he hablado antes de que los niveles de homicidios en este país son muy altos. Pero los homicidios se concentran en los lugares más pobres. Alrededor del 6 % de los códigos postales de este país concentran aproximadamente la mitad de los homicidios. Y la mayoría de las personas que son asesinadas son pobres y negras. La principal causa de muerte de los hombres negros no hispanos en los grupos de edad de uno a diecinueve y de veinte a cuarenta y cuatro años es el homicidio.

Por razones históricas, relacionadas con el fracaso del Estado estadounidense a la hora de desarmar a la población, el despliegue y la transferencia de funciones coercitivas a actores privados y, ahora, debido a la desorganización de las comunidades y las familias, tenemos un nivel de violencia más alto que en otros lugares. Y amplificamos las consecuencias de ello saturando el panorama social con armas.

A menudo se observa que la policía y el encarcelamiento afectan de manera desproporcionada a las vidas de las personas pobres, y en particular a las de los estadounidenses negros pobres. ¿Cuál es el origen de estas disparidades en el impacto del estado penal? ¿Qué tiene que ver con la concentración de delitos violentos que acabas de mencionar?

Los delitos violentos no son toda la historia delictiva. Hay muchos delitos cometidos por delincuentes corporativos y de cuello blanco acomodados que no llaman mucho la atención. Por lo tanto, hay que pensar en términos de criminalización selectiva, despliegue selectivo de los recursos policiales, etc.

Pero en todo el mundo, el poder penal, como el uso de la policía y el castigo por parte de las autoridades, siempre se dirige hacia abajo. Siempre se dirige contra los pobres, prácticamente en todos los países desarrollados. Si nos fijamos en las cifras de Australia, Gran Bretaña, Canadá, Alemania… Los franceses no proporcionan estadísticas raciales, pero si se analiza detenidamente quiénes están en las cárceles, prácticamente en todas partes el poder penal se concentra también en las minorías racializadas.

No solo el sistema penitenciario de Estados Unidos encarcela a un número desproporcionado de hombres negros y latinos. También ocurre en otros lugares. En Francia, los inmigrantes norteafricanos; en Alemania, los trabajadores migrantes; en Australia, los aborígenes; en Canadá, los pueblos originarios… Todos estos grupos son encarcelados con mayor frecuencia porque son minorías estigmatizadas, de clase baja y excluidas.

Por lo tanto, sabemos que es una característica general de los Estados penales y del poder penal que se dirijan hacia abajo, contra los pobres y contra las minorías étnicas estigmatizadas. A veces es ahí donde se concentra la mayor parte de la delincuencia, pero en la mayoría de los Estados es también donde se concentran la mayor parte de los esfuerzos de aplicación de la ley.

Una parte importante de la historia es que los jóvenes negros —procedentes de barrios pobres y desorganizados— están más involucrados en homicidios y violencia criminal de lo que corresponde a su porcentaje de la población. También están más involucrados en la victimización. Los grupos más victimizados son también los mismos que los grupos más perpetradores. (En los raros casos en que los blancos experimentan condiciones socioeconómicas igualmente adversas, sus índices de violencia también son elevados. El efecto es racialmente invariable).

Pero cuando se analizan otros tipos de delitos, como el consumo de sustancias prohibidas y drogas ilegales, la mayor parte de la información de que disponemos sobre el consumo de drogas ilegales indica que los distintos grupos étnicos y raciales participan en él prácticamente en la misma medida. Sin embargo, durante la «guerra contra las drogas» de los años 80 y 90, las fuerzas del orden se centraron principalmente en los negros pobres. Existe una enorme desproporción en el número de personas de color que fueron encarceladas por participar en la economía de las drogas, por posesión y venta de drogas.

Esto se ha reducido desde finales de la década de 1990. Se trata de un escándalo y, a medida que se hizo más y más evidente, los fiscales, los jueces y las fuerzas policiales dejaron de hacer tanto hincapié en castigar a los delincuentes relacionados con las drogas.

Como consecuencia, las disparidades raciales han disminuido en las prisiones. Antes, los hombres afroamericanos tenían ocho veces más probabilidades de estar en prisión que los hombres blancos. Ahora son cinco veces más. Sigue siendo escandaloso, pero menos que antes.

Así pues, hay diferentes niveles de implicación en la delincuencia, especialmente en lo que respecta a los delitos violentos. Pero también hay diferentes tipos de aplicación de la ley que se ceban en las personas de los barrios con altos índices de delincuencia, las personas que viven en las calles de las comunidades de color. La policía responde a las denuncias de delitos y se ve atraída por las comunidades con altos índices de delincuencia. A menudo es allí donde viven los negros pobres, aunque los delitos menos visibles se extienden por todo el panorama social de forma más generalizada.

Además, los fiscales, los jueces y los agentes de libertad condicional suelen tener prejuicios en sus suposiciones sobre quiénes cumplirán la ley, quiénes presentarán riesgo de fuga, quiénes serán un peligro para la seguridad pública, etc. Pero gran parte de la disparidad proviene de los diferentes niveles de implicación criminal en la violencia o de los diferentes niveles de aplicación de la ley en torno a las drogas.

Como hemos comentado, este estado penal Leviatán se creó realmente en respuesta al espectacular aumento de los delitos violentos desde mediados de la década de 1960 hasta la de 1990. Pero esta no era la única forma posible de hacer frente a la delincuencia o de intentar reducirla. Entonces, ¿por qué Estados Unidos optó por esta respuesta extremadamente punitiva?

Hay varias razones. En primer lugar, en la década de 1980, cuando la ley y el orden se convirtieron por primera vez en una estrategia política ganadora para los republicanos y, al cabo de un tiempo, fueron adoptados por los demócratas, los partidos se superaban unos a otros en cuanto a quién podía aprobar las leyes penales más draconianas, imponer nuevas penas de muerte federales o dar más poder a la policía.

Y durante ese período, el orden del New Deal y la política del estado del bienestar que lo definía se estaban desintegrando. A partir de la década de 1980, las ideas y políticas neoliberales fueron sustituyendo a las del New Deal.

La idea de que responderíamos a los problemas sociales invirtiendo en las comunidades, con fondos federales para los centros urbanos, proporcionando puestos de trabajo o trabajadores sociales, psiquiatras o atención médica, etc., ya se había descartado como política obsoleta. Lo que buscábamos era una forma de responder a la [delincuencia] que no fuera redistributiva, que no transfiriera de los contribuyentes a los necesitados, sino que adoptara otra forma.

En segundo lugar, la responsabilidad de la seguridad pública en este país se delega en los gobiernos locales, municipales y comarcales. No son los estados, sino los municipios los responsables de la policía, los tribunales y las cárceles.

En este país, especialmente en la era neoliberal, el Estado local simplemente no tiene la capacidad ni los recursos para invertir en las comunidades y proporcionar viviendas, escuelas, puestos de trabajo, ayudas a los ingresos, servicios de salud, etc. Lo que sí tiene es policía y cárceles, y los estados tienen prisiones.

En un contexto en el que existen limitaciones en la capacidad del estado local para dar respuestas sociales a la delincuencia, se obtienen respuestas de ley y orden, vigilancia policial y castigo. La política actual, junto con el contexto de la capacidad del estado, significa que siempre será mucho más probable que la policía y el castigo sean el primer recurso, en lugar de inversiones a largo plazo en las comunidades, el trabajo, las familias, el apoyo a los ingresos y el empleo.

Pero, ¿por qué son tan agresivas la policía y el castigo en Estados Unidos? ¿Por qué se centran tanto en el control? ¿Por qué la policía es tan agresiva con los jóvenes y el público en las calles de las comunidades de color? ¿Por qué los jueces condenan con tanta frecuencia a las personas a largas penas de prisión?

La respuesta a eso tiene que ver con el hecho de que, en este país, la justicia penal y el control de la delincuencia operan en un contexto mucho más desorganizado y peligroso. En otras palabras, cuando un agente de policía piensa: «¿Quién es esta persona a la que acabo de detener en la calle y qué es lo que puede hacer?», debe pensar que esa persona podría estar armada. Esa persona a la que acabo de detener en un coche en la autopista para ver por qué conduce de forma errática podría tener un arma en la guantera.

Esa idea no se le pasa por la cabeza a un agente de policía en Gran Bretaña, Francia, Alemania, los Países Bajos o incluso Canadá. Porque las armas no son una realidad en el panorama social en la misma medida.

En segundo lugar, en los otros países que acabo de mencionar, hay mejores niveles de control social informal, un mejor funcionamiento de las familias y las comunidades y, lo que es más importante, la prestación de servicios sociales, como servicios psiquiátricos o de salud mental, atención sanitaria, vivienda, trabajo social, etc. Todo esto significa que cuando las personas tienen problemas de salud mental, de vivienda o de adicción a las drogas, hay servicios a los que pueden recurrir y que suelen ser gratuitos para las personas que se encuentran en el extremo inferior del espectro socioeconómico.

En este país, estos servicios simplemente no existen para las personas pobres. Como consecuencia, cuando un fiscal o un juez piensa en una persona que acaba de ser llevada ante el tribunal y acusada de algún delito, ¿puedo permitirle que se vaya a casa? La idea es: bueno, ¿cómo es su hogar? ¿Tiene trabajo? No. ¿Qué tipo de barrio es este? Es un barrio con un alto índice de criminalidad. ¿Qué probabilidades hay de que esta persona vuelva a hacer lo mismo?

Las circunstancias sociales de fondo son muy diferentes aquí en comparación con otros lugares. Como resultado, los agentes de policía, los jueces y las juntas de libertad condicional son mucho más reacios al riesgo. Están mucho menos dispuestos a arriesgarse a permitir que esta persona regrese a casa y que se le cuide, que no haya problemas ni riesgos para la seguridad pública, que se presente en el tribunal cuando llegue el momento. Existe una sensación mucho mayor de que estas personas son peligrosas, que son «otras» y que hay que controlarlas.

Yo diría que esa mentalidad —según la cual hay que hacer todo lo posible para controlar a cualquiera que se presente como peligroso, como delincuente— se ve reforzada por la actitud del público. Si un juez pone en libertad a alguien y esa persona reincide posteriormente, ¿qué tipo de titulares se publican? Si algún gobernador introduce una política de permisos o de libertad anticipada y alguien sale, como es de esperar, y comete otro delito, ¿qué tipo de titulares se publican? ¿Qué futuro político le espera a ese gobernador?

En este país, todos los incentivos apuntan a encerrar a las personas y mantenerlas fuera de las calles. Y como al público no le importan los negros pobres, y como los negros pobres no están organizados y tienen muy poca representación política —excepto durante un mes en el verano de 2020—, el público se encoge de hombros y dice: «Si no querían cumplir la condena, no deberían haber cometido el delito».

No creemos que estemos haciendo algo extraordinario en este país en cuanto a la forma en que vigilamos y castigamos. Pero sin duda lo estamos haciendo cuando se empieza a analizar esto de forma comparativa.

Su explicación estructural de por qué Estados Unidos tiene un sistema policial y punitivo tan extremo podría interpretarse como una sugerencia de que, para reducir los delitos violentos y, por lo tanto, reducir la demanda de estas políticas de ley y orden tan punitivas, necesitamos transformaciones fundamentales en la economía política de Estados Unidos. Tenemos que alejarnos de lo que usted describe como una economía capitalista ultraliberal.

Usted señala que ese tipo de transformaciones no están realmente en la agenda en este momento. Y, de todos modos, son soluciones a muy largo plazo; no es como si pudiéramos simplemente ampliar el estado del bienestar y, de repente, la delincuencia empezara a descender de forma significativa.

Pero también sugieres que hay margen para reformas más inmediatas, especialmente a nivel local o estatal, que podrían reducir nuestro estado policial y carcelario sin provocar un aumento de los delitos violentos, lo que promovería la causa de la justicia para las personas que se ven afectadas por el sistema en este momento. ¿Qué reformas crees que son viables?

En cierto modo, esta es la esencia del libro.

En primer lugar, la historia que cuento trata sobre la economía política, no solo sobre el estado del bienestar. Una parte importante de la historia trata sobre cómo el mercado laboral de este país ofrece menos protecciones y menos prestaciones a los trabajadores que prácticamente cualquier otro país desarrollado, en términos de derechos de los trabajadores, derechos sindicales de organización, salarios dignos y seguridad en el empleo para las personas que trabajan. Tenemos un mercado laboral mucho más precario y flexible, con la consecuencia de que los trabajadores de este país se sienten mucho más inseguros que en otros lugares. Y sus ingresos son mucho menos estables a lo largo del tiempo.

No solo los pobres de este país se ven afectados por nuestra extraordinaria economía política. Los trabajadores de todo tipo, incluso los de clase media y con estudios universitarios, se enfrentan ahora a una verdadera inseguridad económica. Y eso influye en cómo ven la delincuencia en su barrio, cómo ven el valor de sus propiedades, si tienen la suerte de ser propietarios, y el impacto que la delincuencia podría tener en ello.

La historia que cuento no trata solo del estado del bienestar, sino del mercado laboral y el estado del bienestar juntos. La economía política influye en los niveles de formación de familias y en la capacidad de las comunidades para controlar a los jóvenes, socializarlos e integrarlos.

En segundo lugar, sostengo, y creo que lo demuestro, que la razón por la que Estados Unidos tiene unos niveles tan altos de violencia y un uso tan agresivo del poder penal —un Leviatán penal tan enorme— es que la economía política y las estructuras sociales de este país son simplemente diferentes de las de otras naciones capitalistas occidentales.

Se podría pensar que, a menos que se cambien estas estructuras político-económicas, a menos que se reestructure el mercado laboral y se reconstruya el estado del bienestar, no se puede hacer nada en materia de delincuencia y policía. No es eso lo que digo. La razón es que las fuerzas macro de la economía política solo influyen de forma indirecta en el comportamiento delictivo, la policía y el castigo, a través de procesos a nivel comunitario.

En otras palabras, la economía política afecta a las perspectivas de las personas de conseguir empleo o de que se proporcionen recursos políticos a sus barrios y comunidades, pero estos barrios y comunidades tienen su propia dinámica, que es relativamente autónoma e independiente. Se ven afectados por estas fuerzas políticas y económicas externas a gran escala, pero tienen su propio carácter, dinámica y resiliencia.

Hay algunos barrios que pueden soportar períodos de desempleo y períodos de gobierno en los que hay menos inversión y menos servicios sociales. Siguen teniendo capacidad para ser eficaces colectivamente, siguen estando organizados, la gente sabe cómo cuidarse mutuamente, la gente está en las calles supervisando el comportamiento de los jóvenes, etc.

Algunos barrios tienen su propio capital social, que es relativamente resistente, incluso ante los cambios en la economía política. Otros barrios, en particular aquellos en los que todo el mundo es pobre, en los que están segregados y separados de las perspectivas de empleo, en los que hay muchas viviendas temporales y en los que hay mucha delincuencia, son mucho menos capaces de gestionar los impactos y retos macroeconómicos.

Las respuestas políticas y comunitarias a los problemas de delincuencia, violencia o drogas también varían según el lugar. En algunos lugares, hay actores comunitarios poderosos, hay organizaciones no gubernamentales, hay iglesias, hay organizaciones colectivas de residentes que toman medidas de autogobierno para hacer frente a los problemas del barrio y son bastante eficaces al hacerlo. Patrick Sharkey, sociólogo y criminólogo, ha demostrado que los barrios en los que se produjeron acciones comunitarias e intervenciones no gubernamentales en cuestiones de violencia registraron las mayores reducciones en homicidios y robos a mano armada de todos los barrios que estudió.

En otras palabras, la acción comunitaria a nivel de barrio marca la diferencia en los resultados, al igual que la capacidad de las familias o de determinados bloques de viviendas o barrios para resistir los retos que plantea la macroeconomía. Varían a lo largo del tiempo. Varían en términos de indicadores sociales: en términos de transitoriedad, en términos de vivienda, en términos de reparación, en términos de cuáles son los niveles de fondo de la delincuencia. Todas estas cosas marcan la diferencia en el resultado.

Estas variables a nivel comunitario, si se observan en todo el país, muestran que, incluso cuando no hay un gran cambio estructural en la economía política neoliberal y racializada de Estados Unidos, se pueden hacer ciertas cosas que reduzcan, por ejemplo, el nivel de acoso policial a los jóvenes, o la frecuencia con la que la policía dispara o mata a civiles, o los niveles de homicidio o de encarcelamiento.

¿Cómo lo sé? Porque si nos fijamos en la ciudad y el estado de Nueva York, logramos reducir enormemente el número de identificaciones y registros gracias a una orden judicial, lo que redujo drásticamente el número de ocasiones en las que los agentes de policía dispararon y mataron a civiles. En la década de 1970, la policía mataba cada año a unos ochenta o noventa civiles en la ciudad de Nueva York. Ahora son unos ocho o nueve civiles asesinados cada año, y eso tiene que ver con la formación, la rendición de cuentas, la selección y las prácticas de la policía. En otras palabras, se pueden tomar medidas a nivel local que marquen la diferencia en la violencia policial.

Del mismo modo, en la ciudad de Nueva York hemos visto reducciones bastante importantes en el número de personas enviadas a la cárcel. En su punto álgido, hace quince años, había unas 21 000 personas en Rikers Island. Ahora hay unas seis mil. Durante ese tiempo, las tasas de criminalidad han seguido bajando.

Incluso las mejores ciudades y estados de EE. UU. nunca se parecen en nada a Canadá o Gran Bretaña, por no hablar de los países nórdicos o los países del norte de Europa. Pero dentro del rango de variación estadounidense, hay mucho movimiento y muchas posibilidades. Si todos los estados alcanzaran el nivel de encarcelamiento y el nivel de homicidios que, por ejemplo, ha alcanzado la ciudad de Nueva York, eso sería un gran cambio.

Del mismo modo, algunos estados han comenzado a restituir los derechos civiles a las personas que han sido condenadas por delitos graves. Algunos estados han comenzado a utilizar el aislamiento con menos frecuencia que antes. Las fuerzas policiales de algunos lugares están empezando a rendir más cuentas ante la acción de la comunidad local. Hay un montón de cosas que se pueden hacer que están muy lejos de ser un cambio estructural a nivel económico, pero que aún así tienen un impacto positivo en la vida de cientos y miles, y a veces incluso millones, de personas.

Mi afirmación es que, sin un cambio estructural a nivel de economía política, el estado penal de Estados Unidos nunca se parecerá al de Canadá o Gran Bretaña, y mucho menos al de los países nórdicos. Pero dentro de los límites estadounidenses, hay mucha variedad y posibilidades de cambios progresistas e importantes.

Todo lo que acabo de decir viola algunas de las premisas de las personas que creen en la abolición institucional. Aunque en la práctica los abolicionistas suelen apoyar ciertas reformas, su posición oficial es que, en última instancia, la policía y las prisiones deben ser abolidas. Lo que tenemos que hacer es abolir todo el sistema.

Ese tipo de consejo desesperado es comprensible cuando se analizan los datos. La cabeza te explota al ver lo terrible que es el estado penal. La idea de que esto es tan terrible que tenemos que empezar de nuevo de alguna manera, lo entiendo. Es una reacción totalmente comprensible ante la lenta tragedia del represivo estado penal estadounidense.

Sin embargo, me parece totalmente irrealista suponer que, a medio o largo plazo, vamos a abolir la policía o el encarcelamiento. ¿Por qué creo que es irrealista? Básicamente, desde principios del siglo XIX, no ha existido ningún país moderno desarrollado sin policía ni prisiones.

En primer lugar, si vamos a tener un derecho penal y la gente infringe la ley —y eso es lo que ocurre cuando los grupos conviven—, entonces habrá que hacerla cumplir, y esa aplicación de la ley tiene que tener, en última instancia, capacidad coercitiva. Eso es lo que es la policía. Se les puede llamar de otra manera. Podríamos mejorar enormemente la policía en este país en todos los aspectos que he descrito, pero seguiríamos necesitando a la policía.

Si se elimina la policía, los primeros en sufrir serían los pobres. Básicamente, los ricos tendrían su propia policía privada; de hecho, ya la tienen. Si abolimos la policía pública, esto afectaría a los ricos, pero no sería devastador para ellos. Sería un desastre existencial para los pobres. Porque el crimen seguiría existiendo, simplemente no tendríamos la protección financiada con impuestos que proporciona la policía, por muy deficiente que sea hoy en día.

Del mismo modo, las prisiones existen incluso en sociedades pacíficas, muy desarrolladas y muy igualitarias como Noruega y Suecia. Tienen aproximadamente una décima parte de la tasa de encarcelamiento que nosotros, pero siguen teniendo encarcelamientos. Porque, en última instancia, en cualquier sistema penal se necesitan medidas para tratar a los delincuentes que no cumplen las normas.

A menudo se oye decir: «Necesitamos la prisión porque Hannibal Lecter está ahí fuera y es peligroso». Esa no es la razón para tener la prisión. La razón para tener la prisión es básicamente que la mayoría de las sanciones penales —multas, sanciones comunitarias, libertad condicional, supervisión— dependen de la cooperación y el cumplimiento del delincuente. El delincuente va a presentarse y participar en el programa, o acudir al tribunal y pagar su multa, o asistir a la supervisión.

Si decide no cumplir, ¿qué se hace? O bien se le dice: «¿No quiere cumplir? No pasa nada, solo era una sugerencia». O, siendo realistas, se le dice: «Esta es la ley. Tiene que cumplirla y nosotros velaremos por su cumplimiento». ¿Cómo lo haremos? Ya no utilizamos el castigo corporal, ya no utilizamos la pena de muerte, ya no utilizamos el destierro de forma habitual. Lo que todos, como sociedades modernas, hemos llegado a utilizar es el confinamiento y el encarcelamiento.

Podemos hacerlo de diversas maneras, mejores o peores; podemos hacerlo en mayor o menor medida. Obviamente, Estados Unidos lo está haciendo de formas totalmente inaceptables. Pero la idea de prescindir de las prisiones es algo completamente distinto. La prisión es una característica de la sociedad moderna que tiene un montón de explicaciones y razones para su existencia. El problema de Estados Unidos no es que tenga prisiones, sino que tiene prisiones terribles que se utilizan en exceso e imponen condenas largas a demasiadas personas en condiciones de reclusión totalmente intolerables."

 (David Garland , Un. Nueva York,  JACOBIN, 28/10/25, traducción DEEPL) 

29.10.25

Paul Krugman: 40 millones de estadounidenses están a punto de perder los cupones de alimentos, a menos que el cierre del gobierno termine esta semana... Se trata de una decisión política, concretamente republicana... el programa cuenta con 5000 millones de dólares en fondos de contingencia, destinados a servir de reserva en caso de emergencia. Y si la inminente suspensión de la ayuda alimentaria crucial para 40 millones de personas no es una emergencia, ¿qué lo es? Pero Donald Trump ha ordenado, muy posiblemente de forma ilegal, que no se recurra a esos fondos... la mayoría republicana en el Senado podría mantener la ayuda renunciando al obstruccionismo parlamentario en esta cuestión. Lo han hecho en otros asuntos... Mike Johnson, el presidente de la Cámara de Representantes, tendría que convocar una nueva sesión, algo que se niega a hacer para evitar la toma de posesión de la recién elegida congresista de Arizona, Adelina Grijalva, que aportaría el voto crucial necesario para forzar una votación general sobre la divulgación de los archivos de Epstein. Puede parecer una locura decir que los republicanos están dejando que los niños pasen hambre para proteger a los pedófilos, pero en realidad es una interpretación razonable de la situación... al negarse a mantener la ayuda alimentaria, los republicanos están perjudicando a muchos de sus propios seguidores... los republicanos dicen que los beneficiarios son «vagos que viven de la asistencia social» a los que se debería obligar a salir a buscar trabajo... pero la realidad es que la gran mayoría de los beneficiarios del SNAP no pueden trabajar: el 40 % son niños; el 18 % son personas mayores; el 11 % son discapacitados. Además, la mayoría de los beneficiarios que son capaces de trabajar lo hacen. Son trabajadores pobres: sus empleos simplemente no pagan lo suficiente, o no ofrecen un empleo lo suficientemente estable, como para llegar a fin de mes sin ayuda... por supuesto, el recorte se va a producir

 "Hay una bodega a la vuelta de la esquina de mi apartamento donde suelo hacer pequeñas compras, especialmente fruta, verdura y pan. No, no me da miedo cruzar la calle para comprar pan.

Mientras estoy en la cola de la caja, a menudo veo a algunos clientes, normalmente personas mayores y/o discapacitadas, pagando con tarjetas EBT. Las tarjetas EBT son la forma en que el gobierno entrega ayuda alimentaria en el marco del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria, antes conocido como cupones de alimentos. El SNAP se ha convertido en una parte crucial de la red de seguridad social de Estados Unidos, ya que más de 40 millones de estadounidenses dependen de esas tarjetas EBT para poner comida en la mesa.

Y a menos que el cierre del gobierno termine esta semana, lo que parece básicamente imposible, el apoyo federal al SNAP se suspenderá este sábado.

Aquí hay cuatro cosas que debes saber sobre los inminentes juegos del hambre.

Se trata de una decisión política, concretamente, una decisión republicana.

 A pesar del cierre del gobierno, el programa SNAP no se ha quedado sin fondos. De hecho, cuenta con 5000 millones de dólares en fondos de contingencia, destinados a servir de reserva en caso de emergencia. Y si la inminente suspensión de la ayuda alimentaria crucial para 40 millones de personas no es una emergencia, ¿qué lo es? El Departamento de Agricultura, que gestiona el programa, también tiene la capacidad de mantener la financiación durante un tiempo mediante la reasignación de otros fondos. Pero Donald Trump ha ordenado al departamento, muy posiblemente de forma ilegal, que no recurra a esos fondos.

Además, la mayoría republicana en el Senado podría mantener la ayuda renunciando al obstruccionismo parlamentario en esta cuestión. Lo han hecho en otros asuntos, por ejemplo, para revocar la norma sobre vehículos eléctricos de California. Pero para el Partido Republicano actual, bloquear la energía verde es más importante que evitar que 40 millones de estadounidenses pasen hambre.

Además, para aprobar una ley que mantenga la ayuda alimentaria, Mike Johnson, el presidente de la Cámara de Representantes, tendría que convocar una nueva sesión, algo que se niega a hacer. Aunque no sabemos con certeza el motivo de la negativa de Johnson, se especula que es para evitar la toma de posesión de la recién elegida congresista de Arizona, Adelina Grijalva, que aportaría el voto crucial necesario para forzar una votación general sobre la divulgación de los archivos de Epstein. Puede parecer una locura decir que los republicanos están dejando que los niños pasen hambre para proteger a los pedófilos, pero en realidad es una interpretación razonable de la situación.

 El dolor por la pérdida de la ayuda alimentaria afectará más a los votantes republicanos que a los demócratas

La estrategia republicana sobre el cierre se ha basado en la premisa de que los demócratas acabarán cediendo, partiendo de varias suposiciones. En primer lugar, los estrategas del Partido Republicano esperaban que el público culpara a los demócratas del estancamiento. En segundo lugar, pensaban que los demócratas, que están a favor de un gobierno grande, estarían ansiosos por reanudar el gasto federal. Por último, sospecho que muchos republicanos simplemente asumieron que los beneficiarios del SNAP son en su mayoría demócratas.

Sin embargo, hasta ahora, el estancamiento del cierre no ha beneficiado necesariamente al Partido Republicano. La mayoría de los estadounidenses culpa más a los republicanos que a los demócratas. Además, dado que los demócratas han mostrado una postura más unificada que los republicanos, no es nada obvio que los demócratas vayan a capitular en la cuestión de la reducción del gasto público.

¿Qué hay de la afiliación partidista de los beneficiarios del SNAP? Me gustaría ver una encuesta entre los legisladores y activistas republicanos sobre quién creen que es el beneficiario típico de la ayuda alimentaria. Apuesto a que siguen bajo la influencia de los estereotipos de Ronald Reagan de la década de 1970, en los que un «joven fornido» compra filetes T-bone con cupones de alimentos. Es decir, MAGA probablemente ve los cupones de alimentos como un programa de asistencia social para los no blancos urbanos, incluidos los inmigrantes ilegales.

 Sin embargo, las pruebas sugieren que el programa es más importante para los condados rurales, predominantemente blancos, que apoyaron firmemente a Trump. Así lo muestra el mapa que aparece en la parte superior de este artículo, en el que los colores más oscuros corresponden a un mayor uso del SNAP.

Consideremos, por ejemplo, el condado de Owsley, en Kentucky. El condado es blanco en un 96 % y el año pasado votó en un 88 % a favor de Trump. Además, el 37 % de los residentes reciben SNAP.

Por lo tanto, al negarse a mantener la ayuda alimentaria, los republicanos están perjudicando a muchos de sus propios seguidores.

El hecho de que las comunidades que apoyan a Trump dependan en gran medida de la ayuda alimentaria federal plantea otra cuestión aún más importante: ¿por qué el Partido Republicano quiere recortar la ayuda alimentaria en general? Además de negarse a financiar el SNAP durante el cierre del Gobierno, los republicanos quieren recortar drásticamente los cupones de alimentos a largo plazo. De hecho, los recortes salvajes al SNAP son una característica clave del One Big Beautiful Bill aprobado a principios de este año, recortes que estaban programados para después de las elecciones de mitad de mandato, no dentro de unos días.

A pesar de lo que creen los republicanos, los beneficiarios del SNAP no son simuladores.

 ¿Por qué los republicanos se muestran hostiles hacia un programa que beneficia a decenas de millones de estadounidenses? Si prestamos atención a la retórica de la derecha sobre los cupones de alimentos, escucharemos una y otra vez afirmaciones de que los beneficiarios del SNAP son vagos y simuladores, «vagos que viven de la asistencia social» a los que se debería obligar a salir a buscar trabajo.

Pero ese mito se desmonta con solo echar un vistazo rápido a quiénes reciben el SNAP. La realidad es que la gran mayoría de los beneficiarios del SNAP no pueden trabajar: el 40 % son niños; el 18 % son personas mayores; el 11 % son discapacitados. Además, la mayoría de los beneficiarios que son capaces de trabajar lo hacen. Son trabajadores pobres: sus empleos simplemente no pagan lo suficiente, o no ofrecen un empleo lo suficientemente estable, como para llegar a fin de mes sin ayuda.

Por lo tanto, los esfuerzos por obligar a los beneficiarios de cupones de alimentos a conseguir trabajo mediante requisitos laborales o simplemente recortando los fondos están condenados al fracaso. Si bien es posible empujar a un puñado de beneficiarios de cupones de alimentos a incorporarse a la fuerza laboral, cualquier efecto económico positivo de tal empuje se verá inundado por los efectos negativos de negar una nutrición adecuada y recursos financieros a los niños durante una etapa crucial de sus vidas.

Los cupones de alimentos son una inversión en el futuro.

Los niños pequeños necesitan una nutrición adecuada y, en general, necesitan crecer en hogares con recursos suficientes para convertirse en adultos sanos y productivos.

 Al decir esto, no estoy haciendo una afirmación vaga en línea con las piedades liberales. Tenemos pruebas empíricas y estadísticas abrumadoras de que el SNAP, al mejorar la vida de los niños pequeños, es una forma extraordinariamente eficaz de invertir en el futuro.

¿De dónde provienen estas pruebas? En 1961 se puso en marcha una versión piloto del programa moderno de cupones de alimentos, cuando un minero del carbón desempleado y su esposa utilizaron cupones de alimentos para comprar una lata de cerdo y frijoles. El programa se puso en marcha de forma definitiva en 1964, como parte de la Guerra contra la Pobreza de Lyndon Johnson. Pero el programa no entró en vigor inmediatamente en todo el país. En cambio, se implantó gradualmente a lo largo de una década.

Esta implantación gradual proporcionó una serie de «experimentos naturales». Los economistas pueden comparar, y de hecho lo han hecho, las trayectorias vitales de los estadounidenses que, de niños, se beneficiaron de los cupones de alimentos con las de niños de clase y características demográficas similares cuyas familias no recibieron ayuda alimentaria.

Los resultados son sorprendentes. Los niños cuyas familias recibieron prestaciones del SNAP crecieron y se convirtieron en adultos más sanos y productivos que los niños cuyas familias no recibieron prestaciones. Gastar dinero para ayudar a las familias con hijos es una inversión de muy alto rendimiento en el futuro de la nación.

 De hecho, las pruebas de los grandes beneficios económicos que aportan los cupones de alimentos son mucho más sólidas que las pruebas de los beneficios de la inversión en infraestructuras físicas como carreteras, puentes y la red eléctrica, aunque yo también estoy a favor de esas inversiones. Y las pruebas de que ayudar a las familias con hijos es bueno para el crecimiento económico son infinitamente mejores que las pruebas de la eficacia de los recortes fiscales para los ricos, un pilar fundamental del dogma conservador, ya que no hay pruebas de que los recortes fiscales impulsen el crecimiento.

Lo que nos lleva de vuelta al inminente recorte del SNAP. Es gratuito: los republicanos podrían evitar fácilmente este recorte si quisieran. Es cruel: millones de estadounidenses sufrirán gravemente por la pérdida de la ayuda alimentaria. Y es destructivo: privar a los niños, en particular, de la ayuda proyectará una sombra sobre la economía y la sociedad estadounidenses durante las próximas décadas.

Así que, por supuesto, el recorte se va a producir. A estas alturas, es difícil ver cómo se puede evitar." 

Paul Krugman , blog, 28/10/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

1.7.25

"1.- Todo Estado exigirá al capitán de un buque que enarbole su pabellón que, siempre que pueda hacerlo sin grave peligro para el buque, su tripulación o sus pasajeros: a) Preste auxilio a toda persona que se encuentre en peligro de desaparecer en el mar... b) Se dirija a toda la velocidad posible a prestar auxilio a las personas que estén en peligro (artículo 98 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar)... por primera vez una ONG, Mediterranea, ha sido acusada del delito de favorecimiento de la inmigración irregular... En agosto de 2020 la petrolera danesa Maersk Ettiene recibió un aviso de Malta para salvar a un grupo de migrantes a la deriva. Los rescataron, pero luego el Gobierno maltés no quiso acogerlos. Italia tampoco. La situación se bloqueó, y 27 personas pasaron 38 días en la cubierta de la nave, hasta que la nave de Mediterranea, la Mare Jonio, se ofreció a ir a buscarlas. “Los llevamos a tierra, con el permiso de Italia, y hasta la ONU nos felicitó por resolver la crisis”, recuerda Caccia. Pero luego, giro de guion: ocho meses después, la naviera Maersk donó 125.000 a la ONG en agradecimiento por su ayuda, pero ese dinero se ha convertido para la fiscalía en la prueba de que Mediterranea hace negocio con el tráfico de personas (Íñigo Domínguez)

 "Italia redobla su ofensiva contra las ONG de rescate de migrantes: juicios, espionaje y una vuelta al mundo en viajes absurdos.

Una organización es procesada por recibir una donación del petrolero en el que recogió a 27 náufragos. Tres de sus responsables tenían el móvil intervenido.

 La ofensiva de Italia contra las ONG que rescatan a migrantes en el mar Mediterráneo, acentuada desde la llegada al poder de la ultraderechista Giorgia Meloni en 2022, ha alcanzado extremos sorprendentes. Como el espionaje de móviles de responsables de organizaciones, incluido un sacerdote, o que, por primera vez, una ONG vaya a ser procesada por favorecer la inmigración irregular en un caso insólito: por recibir una donación de una petrolera en la que recogió a 27 náufragos. Mientras tanto, el número de llegada de migrantes por mar ha aumentado en Italia un 14%, sin que el polémico centro de deportación de Albania haya tenido un efecto disuasorio: en los primeros seis meses de este año (hasta el 27 de junio) han llegado al país de forma irregular 29.738 personas, y fueron 25.345 en el mismo periodo de 2024.

Las ONG de rescate componen en 2025 una flota civil de 23 naves (de Italia, España, Alemania y Reino Unido), más cuatro aviones, pero las trabas legales de Meloni para impedirles su actividad están funcionando: salvan menos vidas. Médicos Sin Fronteras (MSF), que decidió irse en diciembre después de una década, acaba de sacar un informe que es claro: en 2024 rescató a la mitad de personas que el año anterior, 2.278 frente a 4.646. Se debe, según sostienen sus responsables, a que perdió mucho tiempo, y dinero, porque Italia obliga a las ONG a desembarcar a los náufragos en los puertos más lejanos. MSF ha calculado que, entre ir y venir, en 2024 su buque Geo Barents dio una vuelta y media al mundo.

La ONG italiana Mediterranea Saving Humans, fundada en octubre de 2018 y que ha salvado ya a 1.800 personas, es una de las más afectadas. En el llamado escándalo Paragon (compañía israelí que fabrica Graphite, un sofisticado programa que se infiltra en los móviles) se ha descubierto que los teléfonos de al menos dos de los responsables de la ONG son espiados por el Gobierno italiano desde 2019, según ha confirmado una comisión parlamentaria. Entonces el primer ministro era Giuseppe Conte, con el líder de la Liga, Matteo Salvini, como ministro de Interior, pero la actividad siguió con el segundo Ejecutivo de Conte, de centro-izquierda, y el Gobierno técnico de Mario Draghi. Meloni ha continuado. Los servicios secretos lo han confirmado y han alegado que lo hacían por orden del Gobierno y con autorización judicial.

“¿Por qué nosotros? Creo que es porque estamos recogiendo pruebas y denuncias de los crímenes cometidos en Libia por los aliados del Gobierno italiano, que colabora con las peores milicias libias”, opina Beppe Caccia, coordinador de operaciones de Mediterranea. Es uno de los espiados desde hace seis años, junto a Luca Casarini, otro de los fundadores.

Se refiere a los polémicos acuerdos entre Italia y Libia, renovados desde 2017, para que el país africano haga el trabajo sucio de frenar la inmigración en sus costas. Italia financia milicias que componen la polémica guardia costera libia, encargada de enviar de vuelta a los migrantes a centros de detención donde han sido denunciadas torturas y graves violaciones de derechos humanos. Entre los espiados en Italia también está David Yambio, presidente de la ONG Refugees for Lybia, que denuncia la situación en las prisiones del país africano. 

 Acusaciones de tortura contra Libia

La semana pasada MSF Italia presentó otro informe que acusa a Libia. Recoge el testimonio de 160 personas atendidas entre 2023 y 2025 que supuestamente sufrieron torturas, y el 60% fue en Libia. Del resto, el 36,5% las padecieron en nueve países que Italia y la Comisión Europea consideran seguros para repatriaciones (Argelia, Bangladés, Costa de Marfil, Egipto, Gambia, Ghana, Marruecos, Túnez y Senegal). “Formas de violencia extrema, entre ellas la tortura, son un elemento estructural y difuso a lo largo de la ruta migratoria mediterránea”, señala Elisa Galli, responsable de MSF en Palermo.

Caccia cree que, además, hay otro factor que ha hecho que les espíen, porque creaba alarma en el Gobierno italiano: “Nuestra cercanía al papa Francisco, que nos apoyaba mucho”. El anterior Pontífice tenía muy buena relación con Casarini y con Mattia Ferrari, un sacerdote de la ONG, también espiado, aunque no se sabe por quién. Es uno de los casos en los que el Gobierno italiano no admite su responsabilidad, junto a otros de periodistas. El escándalo salió a la luz en febrero e investigan el caso cinco fiscalías italianas.

Otro frente de la ofensiva contra la inmigración es el judicial. El delito de favorecimiento de la inmigración irregular se está usando para condenar a cientos de migrantes que simplemente llevaban el timón de su bote. “Cientos de chicos están siendo juzgados y condenados hasta a seis y ocho años de cárcel, acusados de ser traficantes”, denuncia Caccia.

Algunos han salido a la luz en los medios, como el de las iraníes Marjam Jamali y la directora de cine y activista Maysoon Majidi. Jamali huyó de Irán con su hijo de ocho años de un marido violento, en el viaje por mar sufrió un intento de violación y, al llegar a tierra, sus agresores la acusaron de ser la organizadora de la travesía. Fue separada de su hijo, encarcelada y, por fin, después de dos años, ha sido absuelta. Majidi, por su parte, pasó un año en prisión antes de ser declarada inocente. 

 “Estos casos han tenido eco, pero hay muchos otros casos de personas mal defendidas por abogados de oficio que les aconsejan reconocerse culpables y pactar una pena”, señala Caccia. Una ONG de Palermo, Arci Porco Rosso, estudia desde hace años este fenómeno, denunciando la “criminalización” de estos migrantes. Un primer informe de 2021, elaborado junto a Alarm Phone, determinó que en ocho años, entre 2013 y 2020, fueron acusadas 2.559 personas. En el último estudio anual han señalado 106 casos en 2024.

El Tribunal de Justicia de la UE ha cuestionado la severa aplicación del delito de favorecimiento de la inmigración que hace Italia. Acaba de fallar a favor de una inmigrante congoleña en el llamado caso Kinsa. Esta mujer, que llegó con su hija y su sobrina, menores de edad, fue detenida en el aeropuerto de Bolonia en 2019 acusada de este delito precisamente por llevar a las dos niñas. Ha pasado por seis años de procesos judiciales hasta que ha sido absuelta.

Sin embargo, ya hay un salto cualitativo: por primera vez una ONG, Mediterranea, ha sido acusada de este delito y el tribunal de Ragusa ha decretado el procesamiento de Beppe Caccia y otros seis miembros de la organización. El juicio empezará en octubre y los acusados se enfrentan a penas de 15 a 30 años de cárcel. Hasta ahora se habían intentado varios procesos a ONG, pero todos fueron archivados. El más importante fue el de la nave Iuventa, con 20 imputados de las ONG Jugend Rettet, Save The Children y MSF. Se cerró en 2024 después de siete años.

La historia del caso de Mediterranea es inédita. En agosto de 2020 la petrolera danesa Maersk Ettiene recibió un aviso de Malta para salvar a un grupo de migrantes a la deriva. Los rescataron, pero luego el Gobierno maltés no quiso acogerlos. Italia tampoco. La situación se bloqueó, y 27 personas pasaron 38 días en la cubierta de la nave, hasta que la nave de Mediterranea, la Mare Jonio, se ofreció a ir a buscarlas. “Los llevamos a tierra, con el permiso de Italia, y hasta la ONU nos felicitó por resolver la crisis”, recuerda Caccia. Pero luego, giro de guion: ocho meses después, la naviera Maersk donó 125.000 a la ONG en agradecimiento por su ayuda, pero ese dinero se ha convertido para la fiscalía en la prueba de que Mediterranea hace negocio con el tráfico de personas.

“Han registrado nuestras casas y oficinas, nos han secuestrado teléfonos y ordenadores, pero no han encontrado nada”, relata Caccia, que relaciona la “construcción” del caso con lo que saben ahora: que eran espiados. “Italia ayuda a huir a criminales de guerra libios y persigue a quien salva vidas en el mar”, concluye, en referencia al polémico caso del general libio Osama Almasri. Es responsable de una de las cárceles del horror donde se recluye a migrantes, está reclamado por el el Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad y en enero fue arrestado en Italia por orden de Interpol. Sin embargo, el Gobierno de Meloni lo dejó escapar, alegando defectos de forma en la detención.

 En todo caso, el arma más efectiva contra las ONG es el llamado decreto Piantedosi, apellido del ministro de Interior. En enero de 2023 introdujo una serie de normas que entorpecían y castigaban sus actividades si no cumplían unas rígidas reglas. Deben pedir permiso antes de cada rescate, solo pueden hacer uno cada vez, sin recoger a nadie por el camino, y no pueden ir al puerto más cercano, sino al que les asignen, que suele estar en la otra punta de Italia. No en Sicilia, sino en Génova, Livorno, Ancona, Rávena. Si no, los barcos pueden ser retenidos en puerto y hasta ser confiscados. Todas las ONG han tenido sus naves paralizadas en diversos momentos. Mediterranea, tres veces. “Siempre con pretextos, solo pretenden obstaculizarnos”, opina Caccia.

El barco de MSF fue detenido cuatro veces, un total de 160 días. Además, pasó 163 días yendo y viniendo de los puertos que le asignaban (64.966 kilómetros, vuelta y media al mundo). Desde que empezó a operar en el Mediterráneo en 2015, MSF ha salvado a más de 94.000 personas. Pero ahora ha abandonado. “El decreto Piantedosi es un mecanismo estructurado e institucionalizado sin precedentes para obstruir los rescates“, señala Juan Matías Gil, de MSF.

Pese a todo, las ONG siguen adelante. Caccia recuerda el primer rescate que hizo, en 2019, de un matrimonio sudanés muy joven, ella embarazada, y con una niña pequeña: “Los encontramos por pura casualidad, con los prismáticos, estaban a punto de hundirse. Ahora viven en Francia. La niña va al colegio. Han tenido otro hijo. Es una de esas historias que han acabado bien, porque les salvamos de morir en el mar. Solo eso merece la pena”.

(Íñigo Domínguez , El País, 30/06/25) 

 

" El deber de auxilio en el mar: Sea Watch 3

Debería resultar intolerable observar la muerte en el mar de personas que buscan una vida mejor, pero no menos intolerable resulta la indiferencia con la que a veces se aborda esta cuestión, cuando no nos encontramos directamente ante la justificación de medidas que propician situaciones de riesgo intolerables, situaciones de déficit de asistencia o la mera utilización partidaria de una cuestión en la que, la consecuencia última siendo benévolos en el calificativo, supone incrementar el riesgo de que el mar Mediterráneo se convierta en un cementerio y no en lugar común que nos ha marcado a todos, a uno y otro lado, y debería ser punto de unión y solidaridad.
Estamos tan acostumbrados a oír noticias al respecto que, al final, extraemos la conclusión de que acabamos debatiendo sobre cuestiones de índole menor y olvidamos lo esencial que no es otra cosa que la ayuda y auxilio a personas en peligro es un objetivo primordial en nuestra sociedad.

Este debate recientemente se ha reabierto con la detención del barco Sea Watch 3 y su capitana.

Esa visión restrictiva del derecho que enarbolan algunos para justificar una actuación, que desprecia la vida humana, resulta contraria a la propia Ley.
La vida humana merece la máxima protección, de modo que cualquier colisión de derechos siempre se ha de despejar en su favor y cualquier interpretación de la normativa nacional e internacional debe llevarse a cabo bajo ese prisma insoslayable.
Cerrar puertos para impedir el desembarco de migrantes rescatados no solo implica una política migratoria represiva, normalmente adoptada solo para enardecer a los incondicionales del político de turno, sino que implica un incumplimiento de la ley del mar en cuanto de salvamento y acogida supone. Además, incumple las normas internacionales de obligado cumplimiento que suponen discernir entre migrante y refugiado lo que solo se debe hacer en tierra y después de atender a sus necesidades más perentorias. Sobre el refugiado y para leer más: Refugiado o migrante.
Para entender las exigencias legales en este aspecto debemos partir de lo establecido en el artículo 98 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar referido al deber de prestar auxilio y que establece, de forma meridiana, que:
1. Todo Estado exigirá al capitán de un buque que enarbole su pabellón que, siempre que pueda hacerlo sin grave peligro para el buque, su tripulación o sus pasajeros:
a) Preste auxilio a toda persona que se encuentre en peligro de desaparecer en el mar;
b) Se dirija a toda la velocidad posible a prestar auxilio a las personas que estén en peligro, en cuanto sepa que necesitan socorro y siempre que tenga una posibilidad razonable de hacerlo;
c) Caso de abordaje, preste auxilio al otro buque, a su tripulación y a sus pasajeros y, cuando sea posible, comunique al otro buque el nombre del suyo, su puerto de registro y el puerto más próximo en que hará escala. 72 2. Todo Estado ribereño fomentará la creación, el funcionamiento y el mantenimiento de un servicio de búsqueda y salvamento adecuado y eficaz para garantizar la seguridad marítima y aérea y, cuando las circunstancias lo exijan, cooperará para ello con los Estados vecinos mediante acuerdos mutuos regionales.
En el mismo sentido se pronuncia la Regla 33 del Capítulo V del Convenio SOLAS y el Artículo 2.1.10 del Convenio SAR sobre búsqueda y salvamento marítimo.
Por tanto, la primera conclusión que podemos extraer es que la asistencia a personas que se encuentren en peligro en el mar es una obligación recogida como uno de los principios básicos del Derecho Marítimo reconocido a nivel internacional y nacional, incluso por Italia no solo como firmante de los convenios internacionales antes citados, sino porque su propia legislación interna le impone la obligación de rescatar a todas aquellas personas que se encuentren en peligro, prestarles la primera asistencia y llevarles a puerto seguro, de tal modo que negar el auxilio a un náufrago, además, constituye un delito y cualquier buque, privado o público debe prestar asistencia en caso de emergencia.
Para analizar la controversia con el Estado italiano respecto al rescate de migrantes y su traslado a puertos italianos se necesita aclarar tres conceptos, como son puerto seguro, derecho de paso inocente y zona SAR.
La Convención de Hamburgo de 1979, tuvo por objeto elaborar un plan internacional de búsqueda y salvamento, de modo que, independientemente del lugar en donde ocurra un accidente, el salvamento de las personas que necesiten auxilio sea coordinado por una organización de búsqueda y salvamento y, cuando sea necesario, mediante la cooperación entre organizaciones de búsqueda y salvamento vecinas. Ello supuso establecer que los países firmantes han de garantizar una zona de búsqueda y rescate (SAR, del inglés search and rescue) para cuyo cumplimiento el Comité de seguridad marítima dividió los océanos del mundo en 13 zonas de búsqueda y salvamento, en cada una de las cuales los países correspondientes tienen una zona de búsqueda y salvamento delimitada de la cual son responsables. (OMI).
Sin embargo, algunos países interpretan sus obligaciones, según su propio interés, lejos de las obligaciones que impone el convenio. El más flagrante de los incumplimientos lo lleva acabo Libia, que no cumple con sus obligaciones en la Zona SAR que tiene atribuida, lo que supone un conflicto entre las obligaciones que debe cumplir Libia en su Zona y la normativa internacional.
Una de las consecuencias es que los organismos internacionales no consideran a Libia como un puerto seguro ya que se le considera un estado fallido en el que no se respetan los derechos humanos lo que supone, según el derecho internacional que cualquier buque extranjero que rescate a personas en la Zona SAR de Libia puede negarse a entregarlos a las autoridades libias ya que las mismas no garantizan un trato justo, hasta tal punto que la creación del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo libio en 2017 no ha hecho cambiar el criterio de la Organización Marítima Internacional de no considerarlo puerto seguro.
Para mayor abundamiento la Convención sobre el estatuto de los refugiados de 1951 en su artículo 33 prohíbe que los refugiados o solicitantes de asilo sean expulsados o devueltos en modo alguno a fronteras de los territorios donde su vida o su libertad peligre por causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social, o de sus opiniones políticas.
No resulta complejo entender que Libia no es un puerto seguro, que todos los buques tienen obligación de rescatar a cualquier persona que esté en situación de peligro en el mar y están respaldados por la legislación internacional para el desempeño de esta obligación legitimando el rescate libre de aquellas personas que se encuentren en peligro en las aguas de la Zona SAR Libia, primando para ello el principio de libertad de navegación recogido en el artículo 87.3 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
Hasta aquí la respuesta es simple, el problema surge cuando aprovechando la situación y por cuestiones meramente políticas las autoridades italianas crean el llamado “código de conducta” al supuesto amparo del Plan de acción sobre medidas para apoyar a Italia, reducir la presión en la ruta del Mediterráneo central y aumentar la solidaridad de la Comisión de 4 de julio de 2017.
Con este código de conducta, Italia pretende regular la conducta de los buques que navegan en aguas fuera de la jurisdicción italiana (alta mar y mar territorial libio), incluidos los que enarbolan pabellones de terceros países y especialmente los de las ONGs, atribuyéndose competencias que contradicen la legislación marítima internacional ( Artículo 2.3 de la Convención: La soberanía sobre el mar territorial se ejerce con arreglo a esta Convención y otras normas de derecho internacional) y que habilita a los buques extranjeros a seguir la legislación internacional a la que queda supeditada la legislación nacional.
Otro de los aspectos a tener en cuenta es el concepto de derecho de paso inocente por aguas territoriales recogido en el artículo 17 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar que establece que todos los buques de todos los Estados, sean ribereños o sin litoral, gozan del derecho de paso inocente a través del mar territorial, entendiendo como derecho de paso inocente, y, según el artículo 18 de la citada Convención, el hecho de navegar por el mar territorial con el fin de:
a) Atravesar dicho mar sin penetrar en las aguas interiores ni hacer escala en una rada o una instalación portuaria fuera de las aguas interiores;
b) Dirigirse hacia las aguas interiores o salir de ellas, o hacer escala en una de esas radas o instalaciones portuarias o salir de ella.
2. El paso será rápido e ininterrumpido. No obstante, el paso comprende la detención y el fondeo, pero sólo en la medida en que constituyan incidentes normales de la navegación o sean impuestos al buque por fuerza mayor o dificultad grave o se realicen con el fin de prestar auxilio a personas, buques o aeronaves en peligro o en dificultad grave.
Además, el derecho de cada Estado a regular el acceso a sus puertos por buques extranjeros está limitado por las normas internacionales que otorgan el derecho de entrada en puerto de cualquier buque en situación de peligro hasta el punto de estar eximido de cumplir la ley nacional, incluida la penal, es más, la denegación de acceso al puerto supone una vulneración del Convenio Europeo de Derechos Humanos que protege el derecho a la vida, a impedir la violación de los derechos humanos, o a la protección ante cualquier trato degradante, sin que, por otra parte, pueda entenderse perjudicial para la paz, buen orden o la seguridad del estado ribereño la entrada en puerto ya que el artículo 19.2 de la Convención recoge expresamente que el desembarque y embarque de personas con el fin de cumplir con la obligación de salvar vidas humanas en el mar entra dentro del significado jurídico de paso inocente.
Por eso, si conjugamos el concepto de puerto seguro, que como se ha visto no tiene porque coincidir con el de la distancia a puerto y la imposibilidad de prohibir, con el derecho internacional aplicable, el acceso a puerto para desembarcar a personas rescatadas en alta mar o en la Zona SAR de Libia se puede concluir que las autoridades italianas llevan a cabo esta prohibición para intentar enardecer y manipular a sus adeptos y no desde luego respetando la Ley del Mar, a la par que con desprecio absoluto de la obligación de rescate.
Casos como el de la capitana del Sea Watch 3 ya han sido revisados por la justicia italiana, por ejemplo, por el Tribunal italiano de Ragusa que decretó la absolución de la tripulación y el armador de la embarcación Open Arms bajo el argumento de que Libia no es un puerto seguro y la obligación del rescatador de desembarcar al rescatado en puerto seguro sometiéndose para ello a las leyes internacionales y no a las nacionales que las contradigan.
También se expone para criticar la actuación de la capitana del Sea Watch 3 que esta podía haber acudido a Malta, sin embargo, sobre esto cabe afirmar que Malta tiene una zona Sar excesivamente amplia para sus posibilidades logísticas, por eso se considera más aconsejable el acceso a Lampedusa ( Italia), aparte de que según la zona de rescate Libia puede ser más cercana Lampedusa, aunque ese no es el criterio más importante a la hora de un rescate, como ya se ha expuesto, al tiempo que la propia Malta ha recibido también numerosas quejas sobre su escaso compromiso en la defensa de los derechos humanos.
En cuanto a la supuesta embestida a la embarcación de la guardia de finanzas italiana, y al margen de lo anteriormente expuesto sobre la imposibilidad de las autoridades italianas de contravenir la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, prefiero colgar el link con las imagenes y que cada uno extraiga su opinión sobre si ha existido o no colisión y las maniobras marineras de una y otra embarcación. 

Imagenes incidente publicadas por Il Corriere della sera

Julio Sánchez Abogado

Foto de Li Yang en Unsplash.

Fuentes :

Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar

Convenio Internacional de 1979 sobre Búsqueda y Salvamento Marítimos

Convenio Europeo de Derechos Humanos

Convenio de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados

EL SALVAMENTO MARÍTIMO Y EL DERECHO HUMANITARIO de Jaime Rodrigo de Larrucea . "      ( , blog, 02/07/19)