Mostrando entradas con la etiqueta b. Unión Europea: paralisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta b. Unión Europea: paralisis. Mostrar todas las entradas

20.12.25

¿A dónde va Europa? Una sensación general de malestar y abatimiento se está apoderando de Europa. La socialdemocracia y las derechas cosmopolitas están siendo desplazadas por derechas autoritarias, antimigrantes, nacionalistas y antiigualitarias. No es un error, es el síntoma de un estado de la sociedad. O de una parte de ella... En general, las sociedades europeas han atravesado un umbral que garantiza que toda su población tenga satisfechas las condiciones básicas e imprescindibles de la vida material. Y sin embargo la sensación colectiva de insatisfacción y enojo ha crecido en los últimos años... Un crecimiento raquítico del PIB europeo durante tantos años no arroja a su población al umbral de la pobreza, pero estanca los mecanismos de movilidad social ascendente... en los últimos 20 años la gradiente ascendente de acceso a nuevos factores materiales de estabilidad y reconocimiento social para las clases medias y trabajadoras europeas se han aplanado, especialmente en la obtención de servicios de salud, de transporte, de vivienda y el ahorro... hoy las elites europeas apuestan a todo a la vez, pero no se comprometen con nada de ese todo. Demandan libre mercado y ejecutan el proteccionismo. Reclaman un Consejo Europeo con más poderes ejecutivos, pero les aterra someterlo a la elección popular que legitime esa autoridad. Quieren reforzar su propio sistema financiero para apalancar la inversión de sus empresas, pero no mueven un pelo para frenar el drenaje de los ahorros que se van a EEUU porque allí la rentabilidad es cinco veces superior... ¿A dónde va Europa? Por ahora, a ningún lado. Da señas de querer ir a todas partes, pero en verdad sus elites carecen de la convicción y la fuerza moral para ir realmente a algún destino. ¿Cambiará eso algún rato? Por ahora, no (Álvaro García Linera)

 "Las élites demandan libre mercado y ejecutan el proteccionismo. Reclaman un Consejo Europeo con más poderes, pero les aterra someterlo a la elección popular que legitime esa autoridad

Una sensación general de malestar y abatimiento se está apoderando de Europa. La socialdemocracia y las derechas cosmopolitas que durante 40 años se turnaron rutinariamente en los gobiernos, desde años atrás están siendo desplazadas por derechas autoritarias, antimigrantes, nacionalistas y antiigualitarias. No es un error de los “cordones sanitarios políticos”. Es el síntoma de un estado de la sociedad. O de una parte de ella.

Si nos fijamos en la evolución general del ingreso per cápita de la Unión Europea a lo largo de los últimos 20 años, no presenta pronunciadas caídas. Al contrario, tiene una pendiente de crecimiento estable y sostenida (BM, Estadísticas 2025). Igualmente, el gasto público se ha mantenido entre el 45-55 % respecto del PIB a lo largo de todos estos últimos 25 años (OurWorldinData); lo que explica que, si bien el neoliberalismo desmanteló algunos de los componentes del Estado de bienestar, lo central del régimen de protección social se mantuvo. En general, las sociedades europeas han atravesado un umbral que garantiza que toda su población tenga satisfechas las condiciones básicas e imprescindibles de la vida material. Y sin embargo la sensación colectiva de insatisfacción y enojo ha crecido en los últimos años.

Hay indicadores que ayudan a comprender la desafección. El primero es el declive del crecimiento económico de la UE. Los datos del Banco Mundial muestran a un continente que desde hace más de una década ha entrado en un período de “largo estancamiento”. Si alrededor de los años 2000 la riqueza continental aumentaba entre un 2 al 3 % anual, desde el 2010 hasta hoy, oscila entre el 1 y 1,8 % de crecimiento. Y en el caso de Alemania, de lejos la economía más importante del continente, ya lleva dos años seguidos de recesión.

Un crecimiento raquítico del PIB europeo durante tantos años no arroja a su población al umbral de la pobreza, pero estanca los mecanismos de movilidad social ascendente ya ralentizados por el incremento de la desigualdad continental. En 1980, el 10 % más rico era dueño del 29 % de la renta nacional total; el 2024 lo es del 37% (Wid.World, 2025).

Además de ello, Europa en conjunto está viendo retroceder el estatus general que su población ocupaba en la posición global de ingresos. Como lo muestra B. Milanovic (Jacobin, 2025), el ascenso rápido de las economías asiáticas, especialmente China, está creando una clase empresarial y una clase media oriental que está disputando, y en algunos casos desplazando del sitial jerárquico mundial que durante los últimos 200 años disfrutaron los europeos, incluidas sus clases trabajadoras y medias. Por ello, no es de extrañar que mucha gente experimente la sensación de “pérdida” y retroceso.

Si bien los europeos no practican el consumo compulsivo como un mecanismo de cohesión social, como si lo hacen los norteamericanos, en los últimos 20 años la gradiente ascendente de acceso a nuevos factores materiales de estabilidad y reconocimiento social para las clases medias y trabajadoras europeas se han aplanado, especialmente en la obtención de servicios de salud, de transporte, de vivienda y el ahorro.

Todos estos datos y estados de ánimo colectivos son los síntomas de un modelo de desarrollo continental que, a decir de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, “está desapareciendo poco a poco”. Claro, el crecimiento y estabilidad europea se sustentó en cuatro pilares: energía de gas abundante y barata; libre circulación de mercancías y capitales que garantizaban superávits de exportación y la externalización eficiente de empresas europeas; sistema bancario europeo como soporte de la globalización financiera; y, por último, la protección militar de los EEUU

Resulta que ahora esas cuatro cosas ya no están más. El gas ruso que garantizó una energía barata para todas las actividades, en promedio 3-5 dólares el MBTU (millón de unidades térmicas británicas), tras la invasión rusa a Ucrania, ha sido sustituido por gas, en gran parte estadounidense, a 11,5 dólares el MBTU. La libre circulación global de mercancías ha dado paso a las guerras arancelarias. EEUU ha impuesto aranceles del 15 % a las importaciones europeas, en el caso de la industria siderúrgica del 50%. A su vez, la UE ha establecido aranceles del 25-45% a la importación de automóviles chinos; y, ahora, habrá impuestos a los millones de paquetes que llegan de Shein y Temu.

En lo que respecta a los nodos que garantizaron la globalización financiera, al 2008, los bancos europeos llegaron a administrar el 62% de esos flujos. En el 2021 se hacen cargo solo del 35%, en tanto que los bancos asiáticos ya acaparan el 43 % (BIS, 2023). Finalmente, el paraguas militar norteamericano correspondía a su indiscutible liderazgo económico y político global. Pero eso también ha cambiado. Ya no hay el gran hegemón que ordena, vertical y generosamente la disciplina del mundo. Hay múltiples potencias hegemónicas lanzadas todas a disputar su nueva jerarquía en un planeta policéntrico y geofragmentado.

Según La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, para el 2030, China producirá el 45% de la actividad industrial, en tanto que EEUU solo el 11 % y Europa entre el 6-7% (UNIDO, Database, 2025). Por eso, el “America first” de Trump es la consigna de una potencia que solo se preocupará por ella en su disputa con China y que deja en manos de cada país que se proteja como pueda de un mundo brutal y en plena reconfiguración geopolítica.

Ciertamente, las actuales elites políticas europeas son sensibles al cambio global, pero adolecen de carácter para afrontar con firmeza y audacia el reto de construir el nuevo orden de acumulación económica y de legitimación política. Han tomado medidas para reforzar una cohesión continental como el Next Generation EU, para apoyar la reconversión económica; el “Plan Industrial del Pacto Verde” para reducir la importación de combustibles fósiles; la “Ley Europea de Chips” para duplicar la participación en la producción de semiconductores, etc.

Cada uno de estas iniciativas propugnan una ligera “política industrial” regional. Sin embargo, y a contramano de todo ello, validan un tipo de capitalismo vasallo al someterse a invertir 600.00 millones de dólares en EEUU y a comprar 750.000 millones de dólares en combustibles los siguientes tres años, para reforzar, claro, la industria norteamericana.

Proclama la defensa del libre comercio en el Foro de Davos, pero no dudan en desatar una guerra de aranceles con China. Von der Leyen habla de que “Europa debe defenderse sola”, pero Rutte, el secretario general de la OTAN, en un gesto de vergonzosa servidumbre, le llama “daddy” a Trump para que mantenga “la seguridad de Europa”. Quiere un orden mundial “basado en reglas” iguales para todos, pero las entierran a la hora de aceptar el genocidio del pueblo palestino o apoyar el neofascismo en Ucrania.

En general, hoy las elites europeas apuestan a todo a la vez, pero no se comprometen con nada de ese todo. Demandan libre mercado y ejecutan el proteccionismo. Reclaman un Consejo Europeo con más poderes ejecutivos, pero les aterra someterlo a la elección popular que legitime esa autoridad. Quieren reforzar su propio sistema financiero para apalancar la inversión de sus empresas, pero no mueven un pelo para frenar el drenaje de los ahorros que se van a EEUU porque allí la rentabilidad es cinco veces superior. Quieren actuar como un solo cuerpo político, pero cada inversión requiere armonizar con 27 reglamentos de 27 países distintos.

¿A dónde va Europa? Por ahora, a ningún lado. Da señas de querer ir a todas partes, pero en verdad sus elites carecen de la convicción y la fuerza moral para ir realmente a algún destino. ¿Cambiará eso algún rato? Por ahora, no." 

( Álvaro García Linera, La Haine, 09/12/25)

20.3.24

De la integración a la cooperación. Menos Europa para más Europa... La UE está siendo secuestrada por el proyecto neoliberal y hay que detenerla. Sin embargo, esto no significa que no pueda desempeñar un papel importante en Europa... la UE actual es demasiado heterogénea para que ningún país europeo, ni siquiera Luxemburgo, permita que su soberanía sea absorbida por un euroestado integrado; el ideal germano-europeo de un estado federal con una escalera de competencias incorporada es incompatible con la diversidad dramáticamente creciente de los estados de la UE... una entidad heterogénea como la UE es ingobernable desde arriba, como quedó demostrado cuando Merkel y Sarkozy rescataron a los bancos alemanes y franceses como solución a la crisis financiera, sin avanzar hacia una unión bancaria... la UE es incapaz de conciliar los intereses de sus Estados con la inmigración... ¿Por qué los Estados miembros, o sus clases políticas, se aferran a pesar de todo a la UE? Porque permite trasladar los problemas nacionales y la responsabilidad de tratarlos hacia arriba, al superestado europeo, al desplazamiento de la responsabilidad a un pseudogobierno central democráticamente inaccesible y tecnocráticamente incompetente... Es a este tipo de juegos a los que pondría fin un proyecto europeo renovado de forma realista... Para ello, sería esencial reconocer el papel central de los Estados nacionales, remediando el "déficit democrático" reforzando el papel europeo de los parlamentos de los estados miembros... en resumen, tomándose en serio el principio de subsidiariedad proclamado en los tratados de la UE y abandonar la ilusoria esperanza de una superpolítica integrada con supersoluciones uniformes en un superestado europeo ( Wolfgang Streeck)

 "¿Cuándo, si no ahora, a tres meses de la elección de un nuevo Parlamento de la UE, sería el momento adecuado para preguntarse en qué debería consistir en última instancia la unión cada vez más estrecha de los pueblos de Europa, como se invoca habitualmente en Bruselas, cuál debería ser, como dicen los franceses, su finalité? En realidad, ésta debería ser la pregunta de todas las preguntas, en Bruselas y en las capitales. Pero, aunque siempre está flotando de algún modo por encima de las mesas de las conferencias, se mantiene al margen de los asuntos cotidianos con asombrosa virtuosidad. Esto se debe a que cualquier intento de abordarlo podría poner fin al perenne autoengaño de los europeos de la UE: a saber, que todo el mundo imagina que la UE es la misma cosa, y exactamente lo que ellos mismos imaginan que es.

 La exclusión pragmática de un problema cuya inclusión provocaría una disputa sobre los huevos no aptos para el consumo puede ser un alto arte político. Sin embargo, sólo es útil mientras nadie perturbe el cártel del silencio y éste no interfiera en la vida cotidiana pragmática. En lo que respecta a la UE, sin embargo, se ha llegado a este punto a más tardar con la aparición de opositores más o menos "de derechas" que quieren saber de boca de los administradores del "proyecto europeo" en voz desabrida, pero por ello incontenible, cuál será su resultado final. Atenerse a lo de siempre frente a un coro enardecido como éste debe parecer un grave error: desde el punto de vista pragmático, porque debe fomentar aún más la construcción del resentimiento, y desde el punto de vista democrático, porque daña a una democracia que su clase política se envuelva en un silencio consensuado frente a una opinión pública cada vez más inquisitiva.

 Dado el peso de Alemania en la UE, donde el gobierno de Scholz reclama ahora abiertamente el papel principal, se sugiere examinar más de cerca en particular la idea alemana de la finalité europea. Lo que tradicionalmente contempla es un Estado central más o menos federalista, una "Europa unida", en la que los Estados nación europeos se convierten cada vez más en Estados federales que ceden su soberanía al gobierno federal en virtud del derecho constitucional o de los usos y costumbres, impulsados por tendencias intrínsecas de centralización, conocidas del federalismo alemán, que superan todas las promesas formales de descentralización. El problema es que esta visión no sólo no es compartida por ningún otro Estado miembro, sino que está irremediablemente desfasada dada la evolución que ha seguido la UE en las tres últimas décadas.

Por supuesto, esto también podría mantenerse en secreto, algo que, como es de esperar, los programas electorales de los partidos del bloque germano-europeo están intentando por todos los medios. Durante un tiempo, parecía que esto podría funcionar - siempre y cuando la única voz disidente viniera de la AfD, ahora enemigo público número uno en el Estado y la sociedad, con su abandonado proyecto Dexit. Recientemente, sin embargo, las cosas pueden haber cambiado, ya que un nuevo partido, Bündnis Sahra Wagenknecht (BSW), ha presentado un programa electoral para la UE que los medios de comunicación alemanes, celosamente antieuroescépticos, podrían encontrar difícil de excluir del debate político -aunque no se puede descartar que se las arreglaran una vez más para perder la oportunidad de poner al día el debate alemán sobre Europa.

Para comprender la importancia del programa europeo de BSW, parece útil empezar señalando que, fuera de Alemania, todo el mundo es perfectamente consciente de que el concepto integracionista alemán de integración ha fracasado, a más tardar con la ampliación al Este y la unión monetaria. Hoy en día, ningún Estado miembro de la UE pone en discusión su soberanía nacional; de hecho, ni siquiera la propia Alemania, que imagina una Europa de la UE integrada como una Alemania (Occidental) ampliada, del mismo modo que Francia piensa en su "Europa soberana" como una expansión horizontal del Estado francés y, de acuerdo con su tradición, no puede hacer otra cosa. 

La razón es que la UE actual es demasiado heterogénea para que ningún país europeo, ni siquiera Luxemburgo, permita que su soberanía sea absorbida por un euroestado integrado; el ideal germano-europeo de un estado federal con una escalera de competencias incorporada es incompatible con la diversidad dramáticamente creciente de los estados y sociedades que ahora se organizan en la UE.Una rápida mirada alrededor muestra lo profundas que son las grietas en la UE, que ha pasado de seis a 27 miembros, o mediante el Brexit: se ha reducido de 28, grietas que están bloqueando firmemente el camino hacia una integración europea a la alemana. En el Sur, en Italia, a pesar de que el país lleva décadas perteneciendo a la UE y a la UEM, un primer ministro que en Alemania es considerado un neofascista está firmemente en el sillón, tras el espectacular fracaso de una serie de virreyes enviados desde "Europa", desde Monti a Draghi, el Super Mario de Bruselas, Goldman Sachs y el BCE de Fráncfort. 

En el Este, el trasplante de las instituciones de la democracia europea occidental de posguerra está resultando tan conflictivo internamente como inaplicable desde el exterior; en el Norte, Dinamarca y Suecia siguen fuera de la unión monetaria, y Noruega fuera de la UE; y en el Oeste, uno de los tres países más grandes de Europa, el Reino Unido, ya ha salido debido a la incompatibilidad de su política y su constitución con el modelo estándar de la UE. Además, el ahora segundo Estado miembro más grande, Francia, pronto podría ser gobernado por, en lenguaje político alemán, otro neofascista. Ya ahora, Francia no está disponible para el tan cacareado "tándem" franco-alemán o franco-alemán como gobierno informal de una Europa integrada. 

La predicción de Helmut Kohl al final de su cancillería de que el Reino Unido pronto se uniría a la unión monetaria y luego todos pasarían rápidamente a la unión política fue tan descaradamente errónea como la esperanza de toda la vida de Wolfgang Schäuble de que la force de frappe francesa y la "participación" de Alemania en las armas nucleares estadounidenses estacionadas en su territorio podrían combinarse de algún modo para formar una potencia nuclear europea integrada.

El hecho de que una entidad heterogénea como la UE es ingobernable desde arriba, tanto tecnocrática como políticamente, quedó demostrado a más tardar después de 2008, cuando Merkel y Sarkozy rescataron a los bancos alemanes y franceses como solución a la crisis financiera, sin poder avanzar hacia una unión bancaria. Unos años más tarde, durante la crisis de Covid, tras el fracaso de la Comisión Europea a la hora de conseguir vacunas y aplicar medidas de protección uniformes con las fronteras interiores abiertas, los Estados miembros pasaron rápidamente a ocuparse ellos mismos de la salud de sus poblaciones, lo mejor que pudieron de acuerdo con las condiciones nacionales. 

El fondo especial de "reconstrucción" de 750.000 millones de euros, financiado con deuda eludiendo los tratados, se esfumó sin efecto. Esto fue especialmente cierto en Italia, su verdadero objetivo, donde la reestructuración nacional al estilo de Bruselas iba a ser llevada a cabo por Mario Draghi, llamado a abandonar su jubilación con este fin; su mandato como primer ministro de una coalición de todos los partidos terminó con su dimisión después de poco más de un año. No obstante, hoy se habla de una nueva edición del fondo.

Otro ámbito político en el que la UE es incapaz de conciliar los intereses de sus Estados miembros es y sigue siendo la inmigración. Aquí, un Estado tras otro se han visto obligados a idear sus propias medidas; hablar de "soluciones" sería una exageración. Esto incluye a Alemania, que en realidad había querido utilizar la UE para evitar tener que tratar la cuestión a nivel nacional. Además, cuando estalló la guerra de Ucrania, la UE se encontró excluida de las negociaciones entre Rusia y Estados Unidos en otoño e invierno de 2021/21, incapaz de dar una oportunidad a los acuerdos de Minsk negociados por Alemania, Francia, Rusia y Ucrania. 

Una vez iniciada la guerra, la UE fue reclutada por Estados Unidos y la OTAN para elaborar sanciones económicas contra Rusia sobre la base de su presunta experiencia en política económica y comercio exterior; un año después, la economía rusa crecía mientras se instalaba una recesión en Europa occidental, y en Alemania en particular.

¿Por qué los Estados miembros, o más exactamente: sus clases políticas, se aferran a pesar de todo a la UE, recientemente incluso los derechistas Meloni y Le Pen? En parte porque han aprendido a utilizar la UE como escenario para la persecución de sus intereses nacionales, mediante acuerdos realizados en la invisibilidad de la jungla institucional que es el sistema de la UE. Ese sistema, además, permite trasladar los problemas nacionales y la responsabilidad de tratarlos hacia arriba, a un superestado europeo imaginado, para evitar tener que tratarlos directamente. Además, los Estados miembros pueden pedir a la Unión que les dicte desde arriba políticas que no podrían vender por sí solos a sus votantes. También existe la posibilidad, cada vez más real, de utilizar la UE como receptáculo de deuda asumida, no como deuda nacional sino como deuda colectiva europea, que los votantes serían menos propensos a desaprobar. Y, en general, la impermeabilidad del complejo institucional bruselense permite presentarlo ideológicamente como en camino, lento pero seguro, hacia un superestado integrado en el que todo irá mejor: un flamante Estado ideal hecho a medida, todo fresco.

Es a este tipo de juegos a los que pondría fin un proyecto europeo renovado de forma realista con una finalité revisada y no integracionista, tal y como sugiere por primera vez en Alemania la plataforma Wagenknecht: al abuso de las instituciones comunitarias para la política encubierta de intereses nacionales, que fomenta el cinismo político y daña la credibilidad democrática de los Estados miembros; al desplazamiento de la responsabilidad a un pseudogobierno central democráticamente inaccesible y tecnocráticamente incompetente, que no hace sino agravar los problemas existentes; y a la propagación de ilusiones de un futuro completamente diferente, en el que lo que se necesitan son instituciones políticas cuyos gobernantes puedan rendir cuentas democráticamente. 

Para todo ello, sería esencial reconocer el papel central de los Estados nacionales en el sistema estatal europeo en lugar de lamentarlo: abstenerse de exigir "soluciones europeas" donde no puede haberlas; remediar el "déficit democrático" reforzando el papel europeo de los parlamentos de los estados miembros, en lugar de pedir una y otra vez más poderes para un parlamento europeo que no lo es ni puede serlo - en resumen, tomarse en serio el principio de subsidiariedad proclamado en los tratados de la UE y abandonar la ilusoria esperanza de una superpolítica integrada con supersoluciones uniformes en un superestado europeo, diseñado según el modelo del estado-nación europeo, en particular el alemán, sólo que más grande, más bonito e históricamente inocente.

El programa electoral europeo de BSW no es un proyecto de programa de gobierno europeo, entre otras cosas porque no cree en el gobierno europeo. Esto es precisamente lo que lo hace refrescantemente original, en particular en el contexto alemán: no "más Europa", que es el eslogan estereotipado de todos los demás partidos alemanes, sino una Europa diferente: una comunidad de Estados no jerárquica, no imperialista e igualitaria, con su organización internacional como marco jurídico y plataforma institucional para asociaciones internacionales nacionalmente responsables para la resolución de problemas, una Europa de cooperación en lugar de integración, basada en el respeto de la soberanía nacional y la democracia. Hace tiempo que existen palabras para esto: Europa a la carta, Europa de las patrias -o en su caso, de las madres- o Europa de geometría variable; todas ellas mal vistas por los centralistas de Bruselas por razones obvias. Para que se conviertan en algo más que recuerdos lejanos de un pasado preintegracionista, los sueños de los Verdes de utilizar la UE para la reeducación cultural de las sociedades insuficientemente liberales de Europa del Este tendrían que archivarse, al igual que Frau von der Leyen tendría que abandonar sus esperanzas de convertirse algún día en la líder de un supergobierno europeo.

En su lugar, ella y sus compañeros integracionistas tendrían que soportar una Unión Europea convertida en una consultoría para la cooperación entre sus Estados miembros, asistiendo en lugar de gobernando su acción colectiva, y en guardiana de la diversidad de intereses y formas de vida en casa en Europa en lugar de una agencia burocrática de estandarización social y económica.

Una UE renovada y, cabría añadir, rescatada políticamente de este modo sabría que Alemania necesita un régimen de inmigración diferente al de Grecia y viceversa; que Polonia quiere y necesita elaborar su propio derecho de familia al igual que Alemania, en lugar de que se le dicte desde arriba una versión "progresista"; que Italia necesita una política industrial que se adapte a su economía en lugar de tener que sustituirla por una economía que se adapte al mercado interior, al igual que Francia necesita una política fiscal que respete el papel del Estado en la economía política francesa, en lugar de tener que soportar un régimen fiscal alemán, etc., etc. Aunque a primera vista una menor integración de este tipo parecería menos Europa, despejaría conflictos políticos divisorios y disfunciones gubernamentales y, en este sentido, equivaldría, en efecto, a más Europa, como sugiere el difunto sociólogo estadounidense Amitai Etzioni en un capítulo sobre la UE de su último libro, Reclaiming Patriotism.

Tal y como están las cosas en la UE, un cambio en esta dirección no puede ser el resultado de un Gran Reajuste Europeo, y el programa de Wagenknecht se abstiene sabiamente de pedirlo. Lo que es ingobernable desde arriba también es irreformable desde arriba. De hecho, la UE como institución está estructurada de la forma en que está para que el progreso hacia la integración sea irreversible; donde no puede avanzar, como ahora, sólo puede estancarse. La buena noticia, sin embargo, es que para insuflar nueva vida a una organización que se ha quedado desfasada, basada como está en el absurdo supuesto de que los Estados nación democráticos pueden someterse al control jerárquico de una burocracia internacional, no se necesita un gran plan maestro. Consciente de las costumbres de Bruselas, el programa europeo de BSW, en lugar de reclamar una reescritura de los tratados mediante una convención europea, deposita sus esperanzas en un impulso persistente desde abajo, desde los Estados miembros, incluida Alemania, en favor de la descentralización y la autonomía, devolviendo la responsabilidad democrática allí donde sólo puede aplicarse eficazmente: en las bases nacionales de la casa común europea.

Fundamentalmente, lo que esto requiere es normalizar en la práctica y reconocer en la teoría, en lugar de negar y denunciar, el movimiento ya en marcha hacia una mayor autonomía nacional, un movimiento que Bruselas, aunque cada vez más en vano, sigue intentando reprimir. Para detener y revertir la centralización, el programa de BSW aboga por algo parecido a la desobediencia civil por parte de los Estados miembros en interés de la democracia nacional, donde los países se permiten el derecho a no seguir las directivas centrales si entran en conflicto con los intereses de sus votantes, no muy diferente del modelo francés probado y comprobado. Para la izquierda, esto significaría, entre otras cosas, abandonar la idea de solidaridad internacional practicada a través de la burocracia de la UE, en favor de la cooperación transnacional directa entre gobiernos progresistas y el apoyo a través de las fronteras nacionales a las fuerzas progresistas de otros países. Por supuesto, esto no excluye que una crisis futura, como la que podría surgir en cualquier momento de la unión monetaria europea sin una unión política y fiscal europea, pueda causar tanta destrucción que sea inevitable una importante reconstrucción institucional o, de hecho, una de-construcción.

Por el momento, la última esperanza para una Europa integrada centralmente es la transformación de la UE en una alianza militar, junto a una guerra prolongada en Ucrania, convirtiendo a la UE en el pilar europeo de la OTAN o incluso, en una emergencia de Trump, en su sucesor. Rusia sería el unificador externo mientras que Alemania, tal y como están las cosas, unificaría Europa desde dentro, bajo la supervisión de Estados Unidos. Esto también, sin embargo, es probable que tarde o temprano se atasque: las posiciones geopolíticas y las ambiciones geoestratégicas de países como Polonia, Alemania y Francia son demasiado diferentes, y los riesgos y costos previsibles son demasiado altos, especialmente para el comandante de campo designado y pagador, Alemania. 

En cualquier caso, uno de los principales principios del BSW como partido político progresista es que la paz y la seguridad en Europa no pueden lograrse con una división bipolar del continente euroasiático y una carrera armamentística sin fin a lo largo de la frontera occidental de Rusia. Para evitar un enfrentamiento entre una Europa Occidental integrada y Rusia, BSW sugiere un régimen de seguridad paneuroasiático basado en la igualdad de soberanía de todos los Estados participantes. Apoyado quizás por una Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) resucitada, tendría que estar apuntalado por acuerdos sobre control de armamentos y una amplia gama de instrumentos para fomentar la confianza. De hecho, contribuyendo a una Europa de este tipo, la UE podría incluso volver a ser el "proyecto de paz" que durante tanto tiempo ha pretendido ser. "

( Wolfgang Streeck es investigador asociado senior en el Instituto Max Planck para el Estudio de las Sociedades, Colonia, Brave New europe, 18/03/24, traducción DEEPL,

29.2.24

La UE necesita un modo de financiación sostenible... la UE ya puede hacer muchas cosas en virtud de la legislación vigente... un presupuesto federal de dos niveles que la UE podría adoptar ya para el próximo periodo presupuestario de siete años, de 2027 a 2034. El más bajo de los dos niveles sería esencialmente el mismo que el actual... El nivel superior sería más flexible y se utilizaría para la estabilización macroeconómica, las inversiones en cambio climático, la digitalización (que todavía no existe en la UE), la defensa y la seguridad, un mecanismo de resolución bancaria y de garantía de depósitos que funcione... Un presupuesto ampliado a dos niveles constituiría un paso intermedio hacia una unión fiscal. Es una idea antigua... Estamos hablando de una pequeña unión fiscal, no de un gran Estado... el informe MacDougall de 1977, preveía un presupuesto prefederal de aproximadamente el 7% del PIB. En última instancia, creemos que esta es aproximadamente la cifra objetivo correcta incluso hoy en día... Técnicamente, este es el camino a seguir. Políticamente puede suceder si la urgencia se entiende más ampliamente. Ahora no es el caso (Wolfgang Münchau)

 "Cómo llegar de aquí hasta allí

Si se hubiera pedido al difunto Jacques Delors que elaborara una unión fiscal para la UE, habría llegado con una construcción similar a la que propuso para el euro: un plan detallado de varias etapas con objetivos y plazos. Una unión fiscal acabará exigiendo una modificación del Tratado. Pero es mucho lo que podemos hacer ya.

La UE ha agotado prácticamente todas las alternativas, desde la fracasada agenda de Lisboa de Barroso al plan de inversión de Juncker -una cifra sin sustancia-, pasando por el fondo de recuperación. Este último se basa en los Tratados vigentes, que permiten a la UE recaudar fondos en nombre de los Estados miembros. Pero no es un instrumento de deuda soberana porque los Estados miembros son los que en última instancia deciden si pagan o no la deuda. Esta dicotomía se refleja en el precio de los bonos emitidos por la UE.

Informamos de la intervención de Mario Draghi en el Ecofin de Gante, en la que advirtió de las enormes necesidades de financiación para los próximos diez años. Esto no puede lograrse con más trucos fiscales como el fondo de recuperación, que es una máquina del Juicio Final política que depende de las transferencias intragubernamentales. La UE necesita un modo de financiación sostenible.

 Aunque en última instancia será necesario modificar el Tratado, la UE ya puede hacer muchas cosas en virtud de la legislación vigente. Andrew Duff y Luis Garicano han presentado la idea de un presupuesto federal de dos niveles que la UE podría adoptar ya para el próximo periodo presupuestario de siete años, de 2027 a 2034. El más bajo de los dos niveles sería esencialmente el mismo que el actual mecanismo de financiación a partir de las contribuciones nacionales basadas en la renta nacional bruta. Este es el nivel que se ocuparía de la Política Agrícola Común y los Fondos Estructurales. El nivel superior sería más flexible y se utilizaría para la estabilización macroeconómica, las inversiones en cambio climático, la digitalización (que todavía no existe en la UE), la defensa y la seguridad, un mecanismo de resolución bancaria y de garantía de depósitos que funcione, y la adhesión de Ucrania. Ursula von der Leyen puede dar la impresión de que la UE puede hacerlo todo, pero la realidad es que una UE hiperactiva e infrafinanciada se está abocando al fracaso.

Un presupuesto ampliado a dos niveles constituiría un paso intermedio hacia una unión fiscal. Es una idea antigua. Los autores nos recuerdan el informe MacDougall de 1977, que prevé un presupuesto prefederal de aproximadamente el 7% del PIB. En última instancia, creemos que esta es aproximadamente la cifra objetivo correcta incluso hoy en día. Estamos hablando de una pequeña unión fiscal, no de un gran Estado. 

Como parte de una solución intermedia, la UE podría activar una cláusula pasarela que permitiera cambiar un procedimiento legal:  Los ministros podrían decidir suprimir la unanimidad necesaria para las políticas presupuestarias y adoptar el voto por mayoría cualificada. Passerelle es una palabra francesa que designa un pequeño puente. Se necesita unanimidad para acabar con la unanimidad. Puede fracasar exactamente por la misma razón que puede fracasar un cambio de tratado. Pero es un procedimiento de primera fase técnicamente más fácil que un cambio de tratado en toda regla.

Técnicamente, este es el camino a seguir. Políticamente puede suceder si la urgencia se entiende más ampliamente. Ahora no es el caso."                      (Wolfgang Münchau , Eurointelligence, 28/02/24; traducción DEEPL)

14.3.23

Esta es la verdadera opinión pública silenciada por los medios... La gente quiere que la UE haga diplomacia en busca de la paz: 56% de alemanes en contra de enviar aviones de combate... 51% de italianos en contra de enviar armas... 62% de los franceses creen que la guerra solo terminará con negociaciones (Pablo García)

 Pablo García @PabloGarciaB

Tremenda encuesta sobre la guerra de Ucrania recogida por el Parlamento Europeo (3 de marzo)

- 56% de alemanes en contra de enviar aviones de combate

- 51% de italianos en contra de enviar armas

- mayoría de alemanes (91% de checos) a favor de negociar

- 62% de los franceses creen que la guerra solo terminará con negociaciones

- 44% de los italianos a favor de dar territorios a Rusia a cambio de la paz

Esta es la verdadera opinión pública silenciada por los medios. La gente quiere que la UE haga diplomacia en busca de la paz.

"Public opinion on the war in Ukrania (03 March 2023)"

https://europarl.europa.eu/at-your-service/files/be-heard/eurobarometer/2022/public-opinion-on-the-war-in-ukraine/en-public-opinion-on-the-war-in-ukraine-20230303.pdf

8:24 p. m. · 12 mar. 2023
974 Reproducciones 7 Retweets 10 Me gusta

 

24.11.22

La última década no ha sido amable con la Unión Europea... En lugar de fortalecer a la UE, el cúmulo de crisis y choques externos ha aumentado la preocupación por el futuro de Europa, su lugar en el mundo y su capacidad para afrontar el cambio... Las deficiencias de la UE como sistema de gobierno democrático son evidentes desde hace tiempo, al igual que la incapacidad del bloque para proporcionar algunos bienes públicos esenciales a escala europea... es difícil evitar la sensación de que la UE ha sido un fracaso. Sus problemas financieros no han impulsado la creación de una capacidad fiscal común, a pesar del modesto paquete de recuperación post-pandémico. La UE está más lejos que nunca de ser un actor coherente en la escena mundial... pero, la "separación" de la UE no requiere cambios drásticos en los tratados europeos... las políticas europeas pueden surgir de coaliciones organizadas horizontalmente de miembros (y no miembros) bajo la cláusula de "cooperación reforzada", con las instituciones europeas desempeñando principalmente un papel de apoyo y no de liderazgo... No hay ninguna razón inherente por la que la pertenencia al mercado único de la UE tenga que coincidir con la pertenencia al Espacio Schengen, con la participación en la Política Agrícola Común o con la unión monetaria

 "La UE se ha presentado durante mucho tiempo como un vehículo para establecer la unidad política entre los países europeos. Sin embargo, como escribe Dalibor Rohac, esta búsqueda de una "unión cada vez más estrecha" corre el riesgo de ignorar la diversidad subyacente del continente europeo. Basándose en un nuevo libro, sostiene que Europa debería abandonar el objetivo de la unidad política y, en su lugar, replantear la UE como una plataforma para gestionar las relaciones entre los países europeos y aprovechar los beneficios de la cooperación y el comercio.

La última década no ha sido amable con la Unión Europea. En primer lugar, una crisis bancaria y de deuda soberana devastó la periferia mediterránea de la eurozona. Grecia, que estuvo a punto de impagar su deuda y salirse de la moneda común, perdió más de una cuarta parte de su producción nominal durante la prolongada recesión económica.

A continuación, la UE sufrió una crisis de refugiados, con la llegada de casi dos millones de solicitantes de asilo a las costas europeas en un solo año (2015), una oleada de atentados terroristas y un referéndum que condujo a la enconada salida de un influyente Estado miembro, el Reino Unido. Muchos de sus desencuentros con Estados Unidos, proveedor de la seguridad europea, han sido de carácter crónico y han trascendido a la mercurial presidencia de Donald Trump.

La pandemia de Covid-19 se ha cobrado un gran número de víctimas y ha empeorado drásticamente las perspectivas fiscales de todos los gobiernos europeos. Mientras que la guerra de Rusia contra Ucrania proporcionó un nuevo sentido de unidad para la alianza occidental y mientras que los refugiados ucranianos han sido recibidos en la UE con los brazos abiertos, el hecho de que una guerra a gran escala estallara en la vecindad inmediata de la UE es un testimonio de la incapacidad de la UE para actuar como una fuerza estabilizadora y como un elemento de disuasión contra sus adversarios. Peor aún, el frente cohesionado de la UE frente a la agresión rusa no ha estado exento de fricciones y recriminaciones por los vínculos energéticos de Alemania con Rusia o por los prolongados esfuerzos de Hungría por desbaratar la integración de Ucrania en la UE y la OTAN.

En lugar de fortalecer a la UE, el cúmulo de crisis y choques externos ha aumentado la preocupación por el futuro de Europa, su lugar en el mundo y su capacidad para afrontar el cambio. El nuevo y sombrío estado de ánimo se aleja de lo que el politólogo italiano Giandomenico Majone denominó en su día "una cultura política de optimismo total", que caracterizó al proyecto europeo desde su creación.

 Bajo la anterior administración, la UE estaba destinada a introducir una forma cualitativamente nueva de gobierno en Europa, a superar las atávicas divisiones europeas y a servir de vehículo de progreso. Como tal, el jurista de la Universidad de Nueva York Joseph Weiler señala que la integración europea rara vez se ha justificado a través de los medios tradicionales de legitimidad de entrada/salida o de proceso/resultado. Las deficiencias de la UE como sistema de gobierno democrático son evidentes desde hace tiempo, al igual que la incapacidad del bloque para proporcionar algunos bienes públicos esenciales a escala europea. En su lugar, "la justificación de la acción y su fuerza movilizadora se derivan [...] del ideal perseguido, del destino a alcanzar, de la tierra prometida que espera al final del camino".

 Visto a través de estas lentes hiperambiciosas, es difícil evitar la sensación de que la UE ha sido un fracaso. Sus problemas financieros no han impulsado la creación de una capacidad fiscal común, a pesar del modesto paquete de recuperación post-pandémico. La UE está más lejos que nunca de ser un actor coherente en la escena mundial, y mucho menos una superpotencia mundial.

¿Cuál es su opinión sobre China, por ejemplo? Los documentos oficiales han mantenido que China es simultáneamente el "socio negociador" de la UE, un "competidor" y un "rival sistémico". Hay menos ambigüedad respecto a Rusia -cómo no iba a haberla tras el reciente comportamiento del régimen-, pero el apoyo práctico de la UE a Ucrania sigue estando muy por detrás del procedente de Estados Unidos.

 No es difícil ver las raíces de este fracaso. El economista de Harvard Dani Rodrik ha identificado una tensión entre el Estado-nación, la democracia y las formas profundas de integración económica internacional (o coordinación de políticas). La UE choca a menudo con las mayorías democráticas de los Estados miembros. Hay tres respuestas posibles. Una, dejar de lado algunas iniciativas comunes, especialmente si suscitan controversia dentro de los Estados miembros. Dos, aceptar un déficit democrático cada vez mayor, en el que la política nacional se ve cada vez más limitada por normas y reglamentos que vienen del exterior. Tres, esperar la aparición de una toma de decisiones democrática a nivel supranacional.

Para las élites europeas, la tercera opción resulta natural. En ausencia de mecanismos de democracia supranacional, en la práctica da paso a la segunda opción, alimentando una creciente desconfianza en las instituciones comunes. Pero también hay otro problema. Como dice el filósofo holandés Luuk van Midelaar, la UE pretende sustituir la política caótica y violenta de antaño por una forma más ordenada de organización política y de toma de decisiones basada en las normas y la tecnocracia. Este enfoque puede funcionar de maravilla, a menos que la política de los acontecimientos se imponga, a veces de forma violenta. En esas circunstancias, la experiencia de la Comisión, el acervo y el "método comunitario" no sustituyen el liderazgo y la negociación intergubernamental, especialmente en un continente marcado por la diversidad, el pluralismo y el desacuerdo.
Reformular la UE

 En un nuevo libro, sostengo que la respuesta adecuada a los problemas de Europa no es la desesperación ni el rechazo del proyecto de integración en general. Se trata más bien de replantear la UE como una plataforma, necesariamente defectuosa, para gestionar las relaciones entre los países europeos y aprovechar los beneficios de la cooperación y el comercio. Puede que el proyecto de integración no conduzca a ninguna tierra prometida ("una unión cada vez más estrecha"), pero sus instituciones, normas y relaciones que vinculan y limitan a los gobiernos nacionales han sido eminentemente útiles al crear un espacio para la competencia económica, la negociación y la cooperación política.

En la práctica, este replanteamiento se basa en el reconocimiento de que la UE no es una entidad única y monolítica, sino más bien una serie de proyectos de integración funcionalmente separados que funcionan en paralelo. No hay ninguna razón inherente por la que la pertenencia al mercado único de la UE tenga que coincidir con la pertenencia al Espacio Schengen, con la participación en la Política Agrícola Común o con la unión monetaria. Y, de hecho, esos proyectos de integración no siempre se solapan. Numerosos miembros de la UE no tienen intención de adherirse al euro. Los no miembros de la UE, como Noruega o Suiza, están en el mercado único, mientras que Irlanda no está en el Espacio Schengen.

La "separación" de la UE no requiere cambios drásticos en los tratados europeos. Lo que es más importante, requiere un cambio en los hábitos mentales de los líderes europeos y de las propias instituciones de Bruselas. En lugar de considerar que las nuevas iniciativas políticas son, por defecto, soluciones de talla única, las políticas europeas pueden surgir de coaliciones organizadas horizontalmente de miembros (y no miembros) bajo la cláusula de "cooperación reforzada", con las instituciones europeas desempeñando principalmente un papel de apoyo y no de liderazgo.

Este enfoque, que implicaría asociaciones voluntarias de unidades políticas democráticas y autónomas, proporcionaría una respuesta más orgánica al reto de la responsabilidad democrática -con frecuencia conceptualizado por el Trilema de Rodrik- que el esfuerzo esencialmente utópico de crear una democracia europea de arriba abajo. En consecuencia, neutralizaría gran parte de la oposición al proyecto europeo, que se basa en la preocupación, no injustificada, de que la pertenencia a la UE supone una vía única hacia una mayor delegación de la toma de decisiones en Bruselas, en detrimento de los gobiernos nacionales.

Esta agenda no es "antieuropea" o "euroescéptica" en ningún sentido significativo, sino todo lo contrario. Es descaradamente proeuropea, tanto en el sentido de que desea la prosperidad y la paz para el continente europeo como en el sentido de que considera que la UE y gran parte de su arquitectura institucional son componentes importantes de su éxito. En todo caso, son los autodenominados profetas de la "unión cada vez más estrecha" los que condicionan su apoyo a Europa a que el continente acepte su programa institucional y político. Por el contrario, ha llegado el momento de abrazar a Europa tal y como existe, y no simplemente como una abstracción o como un hipotético estado final. La complejidad pluralista y difícil de manejar de Europa es una característica, no un defecto. Los que pretenden aplicar enfoques descendentes a la elaboración de políticas de la UE deberían tomar nota.

Para más información, véase el nuevo libro del autor, Governing the EU in an Age of Division (Edward Elgar Publishing, 2022)"         
       

(Dalibor Rohac es investigador principal del American Enterprise Institute y del Humanities Research Institute de la Universidad de Buckingham, LSE, 22/11/22; traducción DEEPL)

10.11.22

Científicamente probado: La UE es incomprensible... La reputación de la Comisión Europea de utilizar palabrería no tiene rival, y ahora los datos respaldan esa percepción... Un análisis de 45.000 comunicados de prensa de la Comisión demuestra que son más complicados que los de otros gobiernos.

 "La reputación de la Comisión Europea de utilizar palabrería no tiene rival, y ahora los datos respaldan esa percepción.

Un análisis de 45.000 comunicados de prensa da el veredicto: La Comisión se complica, incluso en comparación con otros gobiernos.

El autor del artículo, Christian Rauh, del Centro de Ciencias Sociales de la WZB de Berlín, afirma que esto no sólo dificulta la labor de los periodistas. También es un problema político. Las comunicaciones incomprensibles dejan mucho espacio para que los euroescépticos y los políticos nacionales que quieren culpar a Bruselas hagan sus propias traducciones.

 "La comunicación tecnocrática juega así con demasiada facilidad en manos de quienes quieren construir la imagen de una élite bruselense desvinculada del ciudadano europeo", escribe Rauh en el Journal of European Integration.

 Rauh analizó los datos de 35 años de comunicados de prensa en inglés de la Comisión, examinando factores como la complejidad gramatical y la jerga.

A modo de comparación, también examinó los periódicos, los resúmenes de ciencias políticas y los comunicados de los gobiernos irlandés y británico. Aunque no es de extrañar que la Comisión sea más técnica que los tabloides, los gobiernos nacionales también obtuvieron mejores resultados en cuanto a lenguaje accesible con palabras normales (eliminando así la excusa de que la Comisión necesita sonar como un cerebrito porque se ocupa de asuntos políticos técnicos).

En cuanto a la facilidad de lectura de los textos, sólo los politólogos obtuvieron peores resultados que la Comisión (como se muestra en el gráfico anterior). Y en lo que respecta a la jerga, los comunicadores de la Comisión superaron incluso a los académicos.

Rauh señala que parte de esta situación se debe a su diseño. Los mensajes sobre "... la flexibilidad prevista en las normas sobre ayudas estatales...", por ejemplo, se refieren a las espinosas conversaciones con las capitales, y los "diálogos tripartitos", por supuesto, se refieren a las conversaciones con el Parlamento Europeo y el Consejo de la UE (o, por decirlo claramente, con los políticos nacionales), y la Comisión suele esforzarse por no enfadar públicamente a las capitales mientras los temas polémicos se discuten en privado.

Al analizar la cantidad de comunicaciones entre 1985 y 2020, Rauh descubrió que el volumen de comunicados de prensa por mes alcanzó unos 150 a principios de la década de 2000, bajo el entonces Presidente de la Comisión, Romano Prodi, con niveles similares durante los dos mandatos de José Manuel Barroso.

Sin embargo, el líder de la primera "Comisión política", Jean-Claude Juncker, supervisó un gran descenso, hasta llegar a unos 50 comunicados de prensa al mes durante su mandato de cinco años que finaliza en 2019. (La tendencia de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión parecía volver a subir en el análisis de los comunicados de prensa hasta 2020)."     
      ( Sarah Wheaton, POLITICO, 06/11/22; traducción DEEPL)

2.10.22

POLITICO: Los países están "furiosos" por la reticencia de la UE a considerar la limitación del precio del gas... La Comisión sólo promete "profundizar en su análisis" si los países presionan para que se establezca un tope... La temporada de calefacción comienza el sábado, y los precios del gas al contado siguen siendo casi cinco veces más altos que hace un año... Los países "están furiosos porque la Comisión está jugando al escondite con el límite del precio del gas"... Un diplomático nacional resumió la reacción general a esta política: "¿Qué coño es esto?" El coño es un parche de medidas, pero sin límite del precio del gas... 15 Estados miembros exigen imponer un precio límite al precio de todo el gas que importa la UE e intervenir el mercado del Title Transfer Facility (TTF) neerlandés, que marca el precio de referencia global del gas... pero Alemania y Holanda se oponen, porque temen un alejamiento de los proveedores de gas, como Argelia o Noruega, que podrían irse a otros mercados más atractivos

 "La Comisión Europea tiene que dar algunas explicaciones el viernes, cuando los ministros de energía nacionales se reúnan para debatir las formas de reducir los precios de la energía, según varios diplomáticos.

Quieren saber por qué Bruselas aún no ha detallado cómo podría ser un límite al precio del gas natural importado, tres semanas después de que se le pidiera en el último Consejo de Energía de urgencia.

Esta semana, 15 ministros de Energía volvieron a insistir en esta exigencia y enviaron una carta a la Comisaria de Energía, Kadri Simson, en la que le instaban a preparar un menú detallado de opciones de limitación del gas antes del viernes, "seguido de una propuesta legislativa lo antes posible".

A pesar del creciente impulso a la intervención directa en el mercado del gas, el ejecutivo de la UE se atrinchera.

 Un documento político de la Comisión destinado a guiar el debate del viernes consiste principalmente en advertencias contra la limitación del precio de todas las importaciones de gas, y anima a los países a consumir menos y a renegociar mejores contratos de suministro con proveedores "fiables" como Noruega y Argelia.

También vuelve a proponer la idea de la Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ampliamente criticada, de limitar sólo el precio de las importaciones de gas ruso.

Un diplomático nacional resumió la reacción general a los restos de la política recalentada: "¿Qué coño es esto?"

"Han pasado tres semanas desde que dijimos lo que necesitábamos, y la Comisión sólo se centra en los riesgos", se quejó otro. "Si sólo hablamos de desventajas y no de ventajas no avanzaremos mucho".

Los países "están furiosos porque la Comisión está jugando al escondite con el límite del precio del gas", dijo un tercer diplomático.

"Muchos países criticaron el documento, y lo dejaremos muy claro [el viernes]", dijo un cuarto.

 "Esperemos que la Comisión tenga en cuenta el resultado del debate y no siga impulsando su propia idea de un tope sólo para Rusia", dijo un quinto diplomático de la UE.

Un borrador de compromiso del Consejo obtenido por POLITICO muestra un acuerdo sobre medidas menos controvertidas, como un recorte del 10% de la demanda de electricidad durante el periodo invernal y los impuestos extraordinarios a los productores de energía.

Pero en cuanto al gas, "no esperen nada definitivo", advirtió un funcionario de la Comisión.

Mientras las capitales se preparan para la lucha, Bruselas insiste en que está haciendo todo lo que puede, incluso pidiendo más tiempo.

"No hay confrontación, estamos buscando un terreno común para abordar una situación excepcional", dijo el jueves un segundo funcionario de la Comisión. En cuanto a la limitación del precio del gas, "nos hemos adelantado a abordar los riesgos... pero, por supuesto, si los Estados miembros consideran que hay que ir en esa dirección, profundizaremos en nuestro análisis".

Ese es el tiempo que los países de la UE dicen no tener: La temporada de calefacción comienza el sábado, y los precios del gas al contado siguen siendo casi cinco veces más altos que hace un año.

Pero París, al menos, dice que Bruselas se está acercando lentamente -aunque a regañadientes- a la idea de permitir que los precios del gas sean subvencionados.

"La Comisión expuso sus ideas preliminares, que van en la buena dirección... en particular la posible extensión del mecanismo ibérico a todo el mercado de la UE", dijo un funcionario del Ministerio de Energía francés.

Se trata de un sistema especial implantado por España y Portugal, por el que se subvenciona parcialmente el precio del gas utilizado para la producción de electricidad, en un intento de reducir los precios de la energía, sin intervenir directamente en el proceso de licitación en los mercados mayoristas.

 Alemania anunció el jueves que aplicaría su propia versión, emitiendo 200.000 millones de euros de nueva deuda para fijar un límite a los precios del gas al por mayor y pagar la diferencia entre ese tope y el coste real de importación de los proveedores mundiales.

La cuestión es muy política, y los líderes de la UE la seguirán debatiendo en una reunión informal en Praga el mes que viene. "        
             ( America Hernandez  , POLITICO,  29/09/22; traducción DEEPL)


"Este invierno no va a ser fácil. Pero el próximo será incluso más difícil".

 Es el pronóstico que impera en todas las quinielas europeas. Los ministros de Energía de la Unión Europea, reunidos en el segundo Consejo extraordinario de este mes, han acordado el primer cortafuego para reducir el consumo energético y aliviar la tarifa de la luz de sus ciudadanos. Pero el próximo asalto se presupone más complicado. Los Veintisiete han confirmado sus divisiones en torno a la cuestión clave de cómo hacer frente al precio desorbitado y volátil del gas.

 En este sentido hay dos bloques opuestos. España, Italia o Francia lideran el grupo de 15 Estados miembros que exigen imponer un precio límite al precio de todo el gas que importa la UE e intervenir el mercado del Title Transfer Facility (TTF) neerlandés, que marca el precio de referencia global del gas. Pero en el otro lado se encuentra el bando capitaneado por Alemania y Países Bajos, que temen que estas iniciativas deparen en un alejamiento de los proveedores de gas, como Argelia o Noruega. Su argumento es que estos productores de gas podrían ver otros mercados más atractivos derivando en escasez y desabastecimiento en el suministro energético a un bloque comunitario que todavía lucha por desprenderse de su dependencia energética con Rusia.

 Es en esta disyuntiva donde se encaja el doble dilema y reto de la UE para hacer frente a unos mercados energéticos "volátiles" e "inestables" a causa de lo que en la capital comunitaria definen como un "chantaje" del presidente ruso, Vladímir Putin: el alto precio del gas y los problemas de desabastecimiento y falta de estructuras energéticas. Una de las causas por las que esta crisis energética está resultando más punzante en Europa que en otros rincones del mundo responde a la estructura del sistema eléctrico europeo. Bajo el modelo vigente, la energía más cara marca el precio de salida del resto. Y así, en una industria que opera con mucha opacidad, el gas ha arrastrado a otras fuentes más baratas como las renovables.

 Las medidas aprobadas en el Consejo del viernes pasan por asentar una reducción obligatoria del consumo energético del 5% en las franjas de mayor demanda y por una intervención del mercado energético en torno al límite de las energías inframarginales –principalmente nucleares y renovables- y una tasa del 33% a los beneficios extraordinarios de las compañías fósiles.

Pero para España estas iniciativas son "insuficientes". Teresa Ribera, vicepresidenta a cargo de Transición Ecológica, aterrizaba en la cita de la capital comunitaria expresando su "decepción" por unas medidas sobre la mesa que consideraba "cortas" ante los retos actuales. Tras el encuentro con sus homólogos europeos ha pedido más contundencia y urgencia. "Si no ponemos un tope al gas podríamos tener un impacto importante sobre el Producto Interior Bruto (PIB) de la UE, sobre la producción industrial y sobre los consumidores", ha asegurado con contundencia en la rueda de prensa posterior.

Próximos pasos

El mensaje principal ha calado: transmitir a la Comisión Europea la sensación de urgencia para medidas más contundentes que contengan una crisis en la que los europeos ya van tarde. Bruselas presentará en los próximos días más medidas en el campo energético. Se espera que lleguen antes de la cumbre que los 27 líderes europeos celebran el próximo jueves y viernes en Praga. (...)

Los expertos del Berlaymont trabajan ya en el análisis de varios escenarios que evalúen el impacto de las diferentes medidas como el tope a todo el gas, un límite dinámico o una compra conjunta de gas, como ocurrió con las vacunas en la crisis del coronavirus. Su principal objetivo es enviar un mensaje de calma a sus proveedores de gas natural licuado (GNL) con los que quiere abrir negociaciones para llegar a un acuerdo sin medidas unilaterales y a la fuerza.

Una de las opciones que se abre paso es extender la llamada excepcionalidad ibérica, que España y Portugal aplican desde junio, al grueso de la UE. Así, los Veintisiete desacoplarían el precio del gas al de la producción energética. En España se congratulan porque consideran que el Ejecutivo de Pedro Sánchez está marcando el paso con el que Bruselas "se inspira" para hacer frente a la actual crisis energética.

 En definitiva, hay muchas opciones sobre la mesa. Pero todas tienen un puerto común: reducir el precio del gas sin motivar un mayor consumo de este recurso y poner la zancadilla a la transición verde. La segunda meta compartida es la de que el gas no puede condicionar el precio de la electricidad. Por ello, una vía que tampoco se descarta es la de cambiar la referencia europea del índice de gas establecida por el TTF por otro que "refleje mejor las dinámicas actuales del mercado".              (María G. Zornoza, Público, 30/09/22)

18.3.22

La enorme confianza, hasta la puerilidad, que ha venido manifestando el pueblo español en la Unión Europea, (dejando fuera naciones del continente europeo, como Rusia), sin percatarse de los intereses en juego, aceptando acríticamente lo que aventaban las “elites” económicas y sus acólitos en los medios de comunicación, nos ha traído hasta aquí, a una UE que ha debilitado a las naciones y las ha supeditado a Estados Unidos... Ha estallado la guerra en Ucrania, que en nada perjudica a Estados Unidos, que vende armas, vende gas, incordia a Rusia sin pisar el terreno y finalmente señala con el dedo a China... y pone en manos europeas el coste económico y social de dicha guerra y el desgaste político... Ucrania no es nada relevante para la UE; Rusia sí, y todos los esfuerzos por sustituirla como socio suponen un coste que conduce al empobrecimiento de la mayoría, pero no de los que tienen sus rentas aseguradas en las poltronas políticas... Hasta ahora, las naciones europeas han negociado libremente con Rusia, no se han visto amenazadas por contratos leoninos por la energía que compran y parte de ella transita por el gaseoducto que atraviesa Ucrania. ¿Por qué ponerse del lado de la confrontación enviando armas a Ucrania, en lugar de facilitar el pacto enviando mensajes claros a Ucrania de que no apoyarían el enfrentamiento militar y que deberían alcanzar un acuerdo con Rusia? ¿Por qué renunciar rápidamente a las conveniencias de los países miembros de la UE en favor de los intereses de Estados Unidos como potencia en declive frente a China? ¿Cómo reaccionarán los políticos y burócratas europeos si se produce la devaluación del euro y se hace explosivo el pago de las importaciones energéticas? ¿Cómo soportarán las familias de esos países los costes provocados por habernos arrastrado tras los intereses de Estados Unidos?

 "La enorme confianza, hasta la puerilidad, que ha venido manifestando el pueblo español en las que fueron Comunidades europeas y ahora Unión europea, sin percatarse de los intereses en juego, o tal vez aceptando acríticamente lo que aventaban las “elites” económicas y sus acólitos en los medios de comunicación de masas y entre los funcionarios de alto nivel, que veían sus intereses reflejados en la pertenencia a algo que la mitología elevaba a categoría de “Europa” (dejando fuera naciones del continente europeo, como Rusia), nos ha traído hasta aquí, a una UE que ha debilitado a las naciones y las ha supeditado a Estados Unidos a través de esa amalgama colectiva que es la UE. Tal vez no haya sido otra cosa que el ejercicio del poder norteamericano combinado con el vasallaje de esas “elites” a cambio de tener algún reconocimiento en el mundo mundial (que es el de los Estados Unidos).

Ha estallado la guerra en Ucrania, que en nada perjudica a Estados Unidos, que le muestra un tablero en que es siempre ganador al poner en manos europeas el coste económico y social de dicha guerra y el desgaste político, al tiempo que infringe a Rusia un desgaste enorme que, por la transitiva, afecta a China, cuya posición de socio se le echa en cara a pesar de haber mantenido una neutralidad racionalmente explicada, pero que los aparatos de comunicación occidentales pretenden convertir en culpable por intentar mantener la distancia del conflicto; distancia que le es cómodo mantener a los Estados Unidos, que vende armas, vende gas, incordia a Rusia sin pisar el terreno con marca propia y finalmente señala con el dedo a China.

Y los políticos y burócratas europeos son la comparsa, con el descaro de los que ostentan el poder, si bien no saben qué hacer, pues, en realidad, esta guerra no es la suya. Ucrania no es nada relevante para la UE; Rusia sí, y todos los esfuerzos por sustituirlo como socio suponen un coste que conduce al empobrecimiento de la mayoría, pero no de los que tienen sus rentas aseguradas en las poltronas políticas o en los despachos en Bruselas, por señalar el epicentro de la burocracia de la UE.

A mayor abundamiento, la urgentísima decisión de comprar armamento se toma sin reflexión elemental: ¿Ha atacado Rusia a Alemania, a Francia, a Italia, a España? ¿Acaso no es contradictorio señalar el peligro de que Rusia quiere más y amenaza a todos, cuando se está afirmando que el ejército ruso no puede atender dos frentes a la vez, e incluso se señala, así sea a efectos de propaganda mentirosa, la debilidad que ha puesto de manifiesto dicho ejército en la guerra en Ucrania? La compra de aviones F-35 por Finlandia, el anuncio de hacerlo Alemania, ambos a Estados Unidos, en detrimento de aviones de combate europeos, ¿no es una señal de sometimiento contradictoria con todas las tonterías que se dicen de una Unión europea?

Estados Unidos ya sometió a Occidente a pagar la crisis financiera de las “subprimes”, la Gran Recesión de 2008, ellos crearon la crisis financiera mundial, y luego la banca europea fue pagando a Estados Unidos multas enormes de miles y miles de millones de dólares (que se lo pregunten a la BNP francesa o a los bancos suizos, entre otros). Y ahora, esos políticos y burócratas de la UE, nos meten en un fregado que nos queda bien lejos, aprovechando la onda sentimentalista que se viene produciendo por el abandono de la razón en la formación de la mayoría de la gente. Unos juegan con intereses; los otros con sentimientos inducidos por la mayoría de los medios de comunicación de masas, que señala a los Buenos y a los Malos (grupo al que pretenden meter ahora a China). ¿Alguna noticia buena sobre Rusia? ¿Se han vuelto malos, de la noche a la mañana, aquellos rusos que proveían financiación o adquirían lujos, que nos vendían sus apreciados recursos naturales, energéticos y minerales; que nos compraban y pagaban los productos que les vendíamos? Los rusos son los malos, los ucranianos que “venden” madres con  vientres de alquiler y producen una matanza en el centro de Dontesk, de la zona del Donbas, de la que dicen es su país, ¿estos son los buenos? ¿Dónde están esos periodistas acérrimos amantes de la libertad de información?

Hasta ahora, las naciones europeas han negociado libremente con Rusia, no se han visto amenazadas por contratos leoninos por la energía que compran y parte de ella transita por el gaseoducto que atraviesa Ucrania. ¿Por qué ponerse del lado de la confrontación enviando armas a Ucrania, en lugar de facilitar el pacto enviando mensajes claros a Ucrania de que no apoyarían el enfrentamiento  militar y que deberían alcanzar un acuerdo con Rusia? ¿Por qué renunciar rápidamente a las conveniencias de los países miembros de la UE en favor de los intereses de Estados Unidos como potencia en declive frente a China?

¿Cómo reaccionarán los políticos y burócratas europeos si se produce la devaluación del euro y se hace explosivo el pago de las importaciones energéticas? ¿Cómo soportarán las familias de esos países los costes provocados por habernos arrastrado tras los intereses de Estados Unidos?"

(Fernando G. Jaén Coll.  Profesor titular del Departamento de Economía y Empresa de la UVIC-UCC, Rebelión, 16/03/22)

21.12.21

La UE se va a Navidad descoordinada en la pandemia, con la vecindad incendiada y sin acuerdo sobre la luz

 "Hay muchas expectativas en los resultados de las cumbres europeas. Las citas son épicas por el fondo y por las formas. Seis veces al año, 27 líderes de Estado y de Gobierno se encierran durante jornadas maratonianas para resolver los problemas acuciantes de la UE. 

Draftings -como se llama en la jerga a la elaboración de las conclusiones finales-, encuentros bilaterales en los pasillos, alguna intoxicación interesada a la prensa y muchos ojos internos y externos en el edificio del Justus Lipsisus –epicentro del Consejo Europeo- crean el caldo de cultivo para esperar grandes resultados.

Pero en la mayoría de ocasiones, este tipo de eventos sirven para un cometido: certificar las divisiones internas de las capitales. Cada Estado miembro llega con su agenda, con sus prioridades y con intereses en juego muy diferentes. A veces, una sola coma del texto final marca la diferencia. Y otras, una palabra en lugar de otra puede dar paso a un bloqueo rotundo que certifica las enormes divisiones internas.

La última cumbre europea de 2021 pone fin a un año de emociones fuertes dentro del bloque comunitario. Y lo hace dejando patentes las divergencias europeas en tres cuestiones clave para el futuro inmediato del bloque comunitario: la crisis energética, la tensión en la frontera ucraniana por una potencial invasión rusa y la gestión de la pandemia del coronavirus.

Jarro de agua fría para España

El Gobierno de Pedro Sánchez aterrizaba en el Consejo Europeo con ganas de dar la batalla para arañar concesiones concretas y conjuntas que permitiesen hacer frente al alza de los precios de la luz, que el jueves marcaba otro récord histórico sorpasando por primera vez la barrea psicológica de los 300 euros por megavatio hora. El resultado ha sido un jarro de agua fría. Madrid se marcha con las manos vacías después de que Polonia y Chequia bloquearan las conclusiones por discrepancias en el sistema de comercio de emisiones (ETS).

 "Lamentamos no haber llegado a un acuerdo, pero estamos abriendo camino. Esto no significa que no se vaya a seguir tratando estos temas en los próximos Consejos", se ha lamentado el presidente del Gobierno español al final de un encuentro que se ha prolongado durante más de 14 horas. "La crisis del precio de la energía afecta a todos los ciudadanos y familias más vulnerables. No podemos permitirnos el lujo de adoptar conclusiones que no aborden los picos de los precios de la energía", se ha excusado Mateusz Morawiecki, primer ministro polaco, reacio a los impuestos al CO2 en el país más dependiente del carbón en la UE.

Todo ello llega a las puertas de un invierno que se prevé gélido y con los precios en la factura de la luz sin visos de calmarse. Una de las cuestiones de fondo que divide a las capitales es la arquitectura de esta crisis. Para España, se trata de un problema estructural. De base. Y, en consecuencia, exige medidas contundentes y rápidas en el corto plazo y de calado en el largo para poder sortear este tipo de eventualidades en el futuro. Propone, por ejemplo, una compra conjunta de gas.

 La Comisión Europea ha recogido el aguante proponiendo esta semana una medida en esta línea, pero es voluntaria y contemplada para escenarios que no satisfacen las ambiciones españolas. Madrid cuenta con el apoyo de países como Francia o Grecia, pero se topan con las resistencias de Alemania y los países del norte, que ven esta como una crisis transitoria y no quieren armar una revolución que ponga patas arriba el sistema energético vigente en la UE.

Pandemia y Rusia, las crisis sin fin

Tampoco es un buen momento pandémico dentro del bloque comunitario. Tras meses de una aparente normalidad, las variantes delta y ómicron posicionan al Viejo Continente como el epicentro global de la crisis sanitaria. Varios Estados miembros registran casos sin precedentes y el nerviosismo cunde de cara a salvar la Navidad y para controlar la situación. Los Veintisiete insisten sobre el papel en la necesidad y deseo de coordinarse para tomar medidas comunes. Pero los hechos cuentan otra parte de la historia. De fondo sobrevuelan situaciones epidemiológicas muy diferentes: mientras España cuenta con el 80% de su población inoculada, otros como Bulgaria apenas arañan el 30%.

 Pero sobre todo planean diferencias a la hora de abordar la situación. La UE no tiene competencias en materia sanitaria. Corresponden al completo a los Gobiernos nacionales. Y estos han decidido actuar de forma dispar. Mientras algunos como Austria o Grecia impondrán la vacunación obligatoria, otros como España no se lo plantean. Mientras unos como Italia, Portugal o Irlanda exigen PCR –además del certificado europeo- a los viajeros europeos, otros patalean por desvirtuar el pasaporte covid, una de las medidas europeas estrellas que estaba llamada a eximir de test y premiar a los vacunados. (...)"             (María G. Zornoza, Público, 17/12/21)

3.9.21

Wolfgang Münchau: Los defensores de una Europa federal se enfrentan a la mayor oposición no de los euroescépticos, sino de los funcionalistas proeuropeos, que reducen la UE a un foro intergubernamental... Es muy posible que los proeuropeos como nosotros nos preguntemos seriamente si la integración europea seguiría estando moralmente justificada si la UE ejerciera poderes soberanos sin un marco legal y constitucional adecuado...

 "¿Progreso a través de la crisis? En realidad no.

Si hay una cuestión en la que en Eurointeligencia hemos discrepado más que en ninguna otra con el consenso político de Bruselas, es en la noción de una vía informal, no constitucional, hacia la integración europea. La respuesta durante la crisis de la deuda soberana de la zona del euro y durante la pandemia se basó en gran medida en la cooperación ad hoc y la creación de instituciones ad hoc. 

Tenemos el MEDE, una unión bancaria disfuncional, y ahora un fondo de recuperación que es aclamado como precursor de un eurobono. Sin embargo, tenemos un tratado sin cambios que carece de la base constitucional para una unión política y económica. El Tribunal Constitucional alemán tiene mucha razón al afirmar que la soberanía recae en los electorados nacionales en este momento.

En nuestra serie continua sobre el futuro constitucional de Europa, retomamos un artículo de Stefan Auer and Nicole Scicluna. Aunque no podemos hacer justicia a un ensayo largo en un breve resumen, podemos sin embargo recoger un punto pertinente que creemos que merece ser discutido. En su ensayo, los autores ponen el dedo en lo que consideramos la cuestión más importante de la integración europea de nuestro tiempo: si las diversas medidas excepcionales adoptadas en la última década durante las crisis consecutivas podrían llegar a integrarse en un futuro marco constitucional.

Al igual que nosotros, los autores se muestran muy escépticos con respecto a lo que denominan relatos celebratorios de la crisis como oportunidad. Hemos escrito sobre las ilusiones que se esconden tras la alabanza del fondo de recuperación como futuro eurobono. Auer y Scicluna sostienen que una consecuencia a largo plazo de esta mentalidad será la erosión de los canales de responsabilidad democrática de una manera que no se puede deshacer fácilmente. En otras palabras, los proeuropeos, como nosotros, se enfrentarán en un momento dado a una elección entre la defensa de la integración europea o la responsabilidad democrática.

Los defensores de una Europa federal se enfrentan a la mayor oposición no de los euroescépticos -el diablo que conocemos- sino de los funcionalistas proeuropeos, que reducen la UE a un foro intergubernamental. No tienen ninguna ambición de reforma constitucional. Consideran que la legitimidad democrática no es un problema, y consideran que la parte institucional y jurídica de la integración europea está prácticamente terminada.

Nosotros mismos nos hemos vuelto cada vez más escépticos con respecto a la perspectiva funcionalista, aunque sólo sea porque no está funcionando bien: la diversificación de la UE a partir de sus competencias principales, como el comercio y el mercado único, no ha tenido éxito en general. La unión monetaria trajo consigo la austeridad y una escala de subinversión varias veces superior al tamaño del fondo de recuperación. La voz de Europa en el mundo está hoy muy disminuida.

Mientras que nosotros nos hemos centrado en el aspecto económico, y más recientemente en el programa de la UE de próxima generación, los autores llegan a la misma conclusión, pero a mayor escala. Compartimos con los autores

    "reservas sobre la viabilidad de constitucionalizar los poderes de emergencia a nivel supranacional, al tiempo que reconocemos que dichos poderes serían necesarios para que la política de la UE funcione eficazmente tanto en los malos tiempos como en los buenos".

Una pregunta importante que hay que plantear en este momento es ¿qué pasará si las reformas constitucionales fracasan? Es muy posible que los proeuropeos como nosotros nos preguntemos seriamente si la integración europea seguiría estando moralmente justificada si la UE ejerciera poderes soberanos sin un marco legal y constitucional adecuado. Hemos ido más allá del viejo argumento a favor o en contra de Europa. Se trata de un argumento sobre la responsabilidad democrática y los retos del siglo XXI."
                  

(Wolfgang Münchau , Eurointelligencie, 02/09/21; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

15.4.21

Hay una apuesta por reintegrar buena parte de la producción en Occidente, los países que no lo hagan quedarán totalmente expuestos... China está en ello, EEUU está en ello y Europa está pensando en términos de entregarles el continente

 "(...) De modo que, por una parte, tenemos a los EEUU de Biden, que han decidido reforzarse, lo que incluirá utilizar el proteccionismo cuando sea necesario, y continuar expandiéndose fuera con sus empresas digitales y financieras, y en la medida de lo posible con las energéticas (que ahí están las claves de la pugna con el Nordstream 2); por la otra, a China, que ha salido fortalecida de la pandemia, que continúa aumentando su influencia en el mundo, cuyas empresas están supeditadas al Estado, que coloca muchos obstáculos a la hora de acceder a su mercado y que ha declarado que su prioridad está en impulsar su economía interna. 

Mientras tanto, la UE (y los países que la componen) continúa inmersa en sus debates habituales.

Cuando las dos grandes potencias mundiales toman una dirección diferente, lo normal sería que la tercera reaccionase, y que lo hiciera, con los medios que eligiese, en términos similares: dotarse del músculo necesario, aumentar su cohesión, impulsar su demanda interna y aceptar el momento desglobalizador. 

Pero Europa vive en una extraña posposición de la acción, en una querencia austrohúngara por mantener el 'statu quo' que puede resultar fatal. El ejemplo de las vacunas es significativo, por su ingenuidad y por lo que supone de aferrarse a un mundo que ya no existe.

Europa sigue situada en una indecisión permanente, en ese equilibrismo que trata de modificar las cosas justo lo indispensable para que las piezas no se caigan. Pero esto ya no es posible sin perder un tiempo crucial y sin debilitarse de una manera decisiva. O se dan pasos hacia adelante en Europa o se dan hacia atrás, pero ya no vamos a quedarnos en el mismo sitio; y no actuar supone ir hacia atrás.

Un error insistente

Hay un elemento esencial en este escenario, y los fondos para la recuperación —y los debates alrededor de él— son un gran ejemplo. Seguimos inmersos en las discusiones del pasado, la austeridad, las reformas, los equilibrios fiscales y demás. Es un gran error, porque supone una nefasta comprensión del momento: todo eso no son más que instrumentos que se emplean para un fin, y lo que hay que tener claro es el fin. 

 No se trata de meter o no dinero en la economía, que se ha introducido a espuertas desde la crisis de 2008, sino para qué meterlo y con qué finalidad. En la pasada década, ha sido el ámbito financiero el gran beneficiado de la acción del BCE, pero apenas nada de ello ha ido a parar a la economía real. Ahora se trata de hacerlo al revés, de que el capital se destine a producir; si se invierte correctamente, generará actividad, empleo, bienestar y, por tanto, producirá ingresos que permitirán recuperar lo aportado.

Pero todo esto tendría una ventaja añadida, la de satisfacer imprescindibles demandas geoestratégicas. El punto clave, ese que marca decididamente el cambio, es el siguiente: Europa no puede seguir siendo un entorno en el que lo productivo no tenga un espacio importante. Su relevancia queda expuesta en términos comprensibles, tanto en lo geoestratégico como en lo económico, en la situación que Rana Foroohar señala respecto de EEUU: “Un fascinante estudio de MGI, que se publicará el 15 de abril, examina 30 sectores de fabricación en los EEUU. Dieciséis de ellos destacan por su valor económico y estratégico, medido por su contribución a la productividad nacional y al crecimiento económico, a la creación de empleo y de ingresos, a la innovación y a la resiliencia nacional. La fabricación de ropa no está en la lista, pero sí los semiconductores, los dispositivos médicos, los equipos de comunicaciones, la electrónica, los automóviles y sus distintos componentes, así como los instrumentos de precisión”.

El equilibrismo de contención

Es decir, o hay una apuesta por reintegrar buena parte de la producción en Occidente, o los países que no lo hagan quedarán totalmente expuestos (como hemos comprobado con la pandemia, desde las mascarillas hasta las vacunas) en muchos sentidos. Esto no va de digitalización y de energía verde, que también, sino de una jugada y una ambición mucho mayores. China está en ello, EEUU está en ello y Europa está pensando en términos de entregar el continente. Aquí seguimos dándole vueltas no a la necesaria reconstrucción, sino al equilibrismo de contención.

En este orden, un plan de recuperación para España que se limite a colocar puntos de recarga para el coche eléctrico, rehabilitar edificios e introducir fibra óptica en las zonas rurales será una ayuda, pero no una solución. De lo que se trata es de producir, no de volver a hacer autopistas; de que tengamos un país que sea productor, y no que se limite a estar bien acondicionado para lo que otros producen. Esto es lo que le puede pasar no solo a España, sino a la UE en su conjunto, incluso a esas zonas alemanas exportadoras, condenadas a perder importancia si no se rodean de la potencia del tamaño europeo.

En ese escenario, recomendaciones como las de Larry Summers para EEUU, que son las mismas que mantiene el 'establishment' europeo, conducen a la decadencia. Recordemos que Larry Summers fue el secretario de Estado económico con Obama, es decir, uno de los principales responsables de dejar su país en tal situación que Trump solo tuvo que salir al escenario para hacerse con el poder. No deberíamos los europeos tomar ese camino.

 Y menos ahora, cuando EEUU y China están en una nueva guerra fría y los europeos podemos pagar la factura. Continuar por la ortodoxia económica, esa por la que apuestan los halcones de uno y otro lado, y que EEUU no va a seguir, y olvidarnos de lo productivo, solo conseguirá que Pekín descorche el champán y que las sonrisas irónicas sean habituales en Washington."                        (Esteban Hernández, El Confidencial, 14/04/21)

9.4.21

Aunque Le Pen le gane a Macron dentro de un año, la parálisis hará que Europa se convierta en un primo pobre para sus amigos y aliados, dónde rara vez existe la voluntad de cambiar las cosas... esta perspectiva es definitivamente peligrosa

 "(...) Consideremos el fiasco de la vacunación de la UE. 

En una muestra de solidaridad europea, los países de la UE acordaron delegar su “competencia” en esta área en la Comisión Europea. La intención era noble. Pero la Comisión nunca estuvo equipada para manejar un programa de aprovisionamiento masivo de salud pública, y los reguladores y políticos nacionales pronto socavaron el esfuerzo (y la confianza pública) al suspender la vacuna de AstraZeneca –infringiendo con ello la competencia del regulador a nivel de la UE (la Agencia Europea de Medicamentos).

Cuando surgen este tipo de problemas, el consenso abrumador es que Europa simplemente debería salir del paso. Rara vez existe la voluntad de cambiar las cosas, ya sea creando un gobierno europeo genuino con el músculo fiscal necesario para revertir el relativo mal desempeño económico del continente, o revirtiendo el proceso de integración.

Por el contrario, el purgatorio institucional hace que Europa se convierta en un primo pobre para sus amigos y aliados. En tanto las tasas de interés de Estados Unidos aumentan a caballo de una economía relativamente pujante, el BCE una vez más quedará reducido a una posición ahora familiar. 

El flujo de capital a instrumentos en dólares de mayor rendimiento debilitará al euro, y Europa usará esa depreciación para apuntalar cuanto crecimiento pueda apelando a la demanda externa, en lugar de impulsar materialmente la demanda doméstica.

 Aún si los ciudadanos europeos se muestran dispuestos a vivir con este estado de situación agotado, no se puede esperar que Estados Unidos y otros lo toleren para siempre.  

 La parálisis a nivel europeo está en contraste con la política al interior de los estados miembro de la UE. En Francia, el establishment político colapsó después de décadas de fracasos por parte de los sucesivos gobiernos (de izquierda y de derecha) a la hora de resolver varios problemas básicos, sobre todo un desempleo monumental.

 Como resultado de ello, los dos partidos tradicionales fueron suplantados en la elección de 2017 por un movimiento tradicional único liderado por Emmanuel Macron, que cómodamente derrotó a un grupo fragmentado de contendientes anti-establishment. (...)

 Pero el nuevo establishment francés desde entonces se ha obstruido a sí mismo al intentar trascender a la izquierda y a la derecha. (...)

Un ejemplo típico es el estancamiento en la gestión del COVID-19. En lugar de decidir entre un confinamiento robusto y una estrategia más ligera de distanciamiento social al estilo sueco, el gobierno de Macron estableció un cúmulo de toques de queda y otras medidas que ofrecieron lo peor de ambos mundos.  Una nueva oscilación del péndulo en las próximas elecciones nacionales –dentro de poco más de un año- redundaría en beneficio del principal contendiente anti-establishment: Marine Le Pen del partido de extrema derecha Agrupación Nacional.

 Las encuestas recientes muestran que Macron derrota a Le Pen sólo por una mayoría estrecha del 52% (comparado con su margen de dos a uno en 2017), colocando a Le Pen a escasa distancia del Palacio del Elíseo. Pero aún si Le Pen lograra sorprender a Francia y al mundo, su presidencia, como los interludios “populistas” anteriores, probablemente generaría más ruido que sustancia. 

Más allá de sus propias limitaciones, las interdependencias institucionales de Europa volverían a surgir como el obstáculo decisivo para el cambio, especialmente al interior de la unidad monetaria. El desempeño insuficiente y desordenado de Europa puede durar un tiempo más, y muy probablemente lo haga. Pero esta perspectiva es tan poco inspiradora como definitivamente peligrosa."        (

   Para luchar contra las epidemias y como alternativa a la salida del euro de los países del Sur, o como salida de emergencia ante la (más probable) ruptura de la UE por parte de los países del Norte... hay que conseguir la soberanía financiera... implantando una moneda digital paralela de circulación interna, en paridad 1:1 con el euro (¿europeseta electrónica?), en España: 

La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:

Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales

Para Ecuador:

Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?

Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA

Otras propuestas: 


Susana Martín Belmonte propone una 'coronamoneda' digital para potenciar la renta de cuarentena... una renta vehiculada a través de una moneda ciudadana digital descargable de una app y con respaldo del Banco de España.
Enlace: http://ojeandoelestadodelpais.blogspot.com/2020/04/coronamoneda-digital-para-potenciar-la.html 

El prometedor dinero fiscal

Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (la sitúa en el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.


Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:

-Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html

- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm

Más información en:
 
 
 
 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html