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4.5.24

Suecia descubre que los narcotraficantes están infiltrados en los cuerpos policiales desde hace años

 "Suecia parece aún lejos de atajar el problema con la violencia y el crimen organizado que en los últimos años está protagonizado oleadas insólitas de tiroteos, explosiones y asesinatos por el control del mercado de la droga en el país nórdico. Un nuevo escándalo ha sacudido el país esta semana tras la revelación de cómo los miembros de las pandillas tienen infiltrados en los cuerpos policiales desde hace años. El caso empezó tras la publicación de una investigación llevada a cabo por el periódico Dagens Nyheter, que detalla pruebas de cómo agentes, jefes de policía e investigadores directamente implicados en la lucha contra el crimen organizado han sido captados y utilizados por las bandas.

La serie de reportajes ha causado una gran indignación pública, también por los métodos revelados para atraer a miembros de los cuerpos de seguridad. Una de las formas más recurrentes es, de acuerdo con estas informaciones, estableciendo relaciones personales o sexuales entre miembros de las bandas criminales y policías (la mayoría mujeres) tras conocerse en aplicaciones de citas. Otra forma frecuente es utilizando a agentes de policía de origen extranjero que ceden a la presión de familiares o amigos que están relacionados con el entorno de las pandillas para que les filtren información.

El primer ministro del país, Ulf Kristersson, no tardó en reaccionar a las revelaciones, afirmando que se trata de “una información muy preocupante”. El jefe del Ejecutivo añadió que, sin una investigación oficial, aún no se puede determinar que los hechos que describe el periódico constituyan una amenaza para la seguridad nacional. Sin embargo, añadió, “la mera sospecha por sí sola es muy perjudicial para la seguridad pública y la confianza en la policía”. El Ministerio de Justicia convocó el pasado martes una reunión con los directivos policiales para abordar el problema, sin que hayan trascendido los detalles. Por su parte, la jefa de la policía nacional de Suecia, Petra Lundh, se ha mostrado muy contrariada. “En los últimos años se ha trabajado de manera muy activa contra las filtraciones, pero hemos sido ingenuos”, ha dicho.

524 denuncias por filtraciones desde 2018

Según el periódico sueco, las revelaciones publicadas han sido posibles tras más de 50 entrevistas con fuentes policiales y del entorno de las pandillas, respaldadas por cientos de documentos públicos y el acceso de los periodistas a documentos clasificados. La investigación muestra que, a pesar de que el problema no había salido a la luz pública hasta ahora, desde 2018 ha habido 524 denuncias por sospechas de filtraciones policiales. Entre ellas hay decenas de casos que están a la espera de juicio o que nunca se han llevado a los tribunales por falta de pruebas suficientes. Sin embargo, en al menos 30 casos, los policías han sido despedidos u obligados a dejar su cargo tras evaluarse que representaban un riesgo para la seguridad. Las páginas del Dagens Nyheter también describen 14 casos en los que hay “evidencias sólidas” de que empleados de la policía habrían dado información a miembros del crimen organizado.

Uno de los casos que desvela la investigación es el de Elin (nombre ficticio). La joven cadete de policía conoció a su novio, que era miembro de una pandilla, en la aplicación de citas Happy Pancake. Elin escondió su relación a su entorno familiar y laboral mientras estaba en la academia. Más tarde, fue desplegada a una ciudad en el sur de Suecia, golpeada recurrentemente por la violencia de las pandillas. Durante cuatro años, Elin proporcionó información confidencial al entorno criminal de su pareja, hasta que fue descubierta.

En los documentos revelados hay muchos casos como el de Elin, pero también con agentes con mucho más rango y experiencia. Por ejemplo, se describe cómo una oficial detective, que desempeñaba un papel clave en varias regiones policiales, mantuvo relaciones amorosas con dos personas pertenecientes a pandillas. Uno de ellos era primo de Rawa Majid, uno de los criminales más buscados en Suecia por ser el líder de la banda Foxtrot. La investigadora fue declarada culpable de revelación de datos y fue multada. Sin embargo, la investigación judicial no pudo probar cargos más graves contra ella.

En otro caso, una investigadora en la región de Norrland mantuvo relaciones sexuales con cuatro hombres que manifestaron abiertamente pertenecer al entorno criminal. Los encuentros ocurrieron al mismo tiempo que la detective trabajaba en una investigación contra uno de los hombres. La oficial de policía fotografió la pantalla de su ordenador del trabajo y filtró documentos clasificados, incluidos varios archivos elaborados por los servicios de inteligencia. Este caso se destapó en enero de 2021, tras un aviso por las filtraciones que provenían de la comisaria donde ella trabajaba.

En un informe reciente del Consejo para la Prevención del Crimen se describe cómo las pandillas trabajan para reclutar a policías corruptos (tanto hombres como mujeres) explotando sus vulnerabilidades. Más allá de los casos que envuelven a relaciones entre criminales y policías, las pandillas también buscan reclutar informantes entre agentes que compran droga, o presionar a los miembros del cuerpo que tienen vínculos familiares o amistades en el entorno de las pandillas. El Dagens Nyheter ha hablado con un criminal que afirma haber reclutado varias veces a policías. Esta fuente anónima explica cómo se lleva a cabo uno de los métodos más utilizados a través de las aplicaciones de citas: “Abres Tinder y estableces un radio de búsqueda en la aplicación alrededor de una academia de policía. Cuando abres un chat con una persona es fácil comprobar en sus redes sociales si se trata de un cadete de policía. A partir de ahí, se trata de establecer una relación”, dice.

Violencia sin tregua

La información de las filtraciones ha caído como un auténtico jarro de agua fría en las autoridades policiales y el Gobierno, que llevan años luchando para contener la violencia contra el crimen organizado. El ministro de Justicia, Gunnar Strömmer, cifró anteriormente en 62.000 el número de personas en el país con algún vínculo con las bandas criminales (lo que representa uno de cada 168 habitantes en un país con 10 millones de personas). De ellos, la policía tiene registrados a 14.000 individuos como “miembros activos” en las pandillas: “Estamos hablando de una criminalidad que amenaza al sistema, que controla el mercado de la droga mediante mucha violencia, que silencia a los testigos, que intimida a los trabajadores sociales, que se infiltra en las autoridades y en los partidos políticos”, afirmó el ministro en diciembre. 

 La coalición conservadora del primer ministro Ulf Kristersson llegó al poder en 2022 con la prioridad de reducir los niveles de violencia en el país. Entre las medidas que se han llevado a cabo, el Ejecutivo ha aumentado el número de policías desplegados en las calles y ha dado más flexibilidad jurídica a las fuerzas policiales para efectuar registros y escuchas telefónicas. Pero, a pesar de la mano dura, el pasado septiembre Suecia vivió una de las peores espirales de violencia que dejó 12 muertos y más de 40 episodios violentos en 20 días. Esta última oleada de crímenes se produjo tras el ajuste de cuentas brutal entre dos bandas rivales, lo que llevó al Gobierno de Kristersson a llamar al Ejército para apoyar a la policía en tareas logísticas contra el crimen organizado.

En total, en 2023 se produjeron 62 muertos y 391 incidentes con armas de fuego, lo que representa una ligera mejora respecto al año anterior, pese a que se produjeron más explosiones (149 incidentes). En este 2024, de momento, se han producido 67 tiroteos que provocaron 12 muertos, unas cifras que triplican las de países vecinos como Dinamarca y Noruega."                        (óscar Gelis, eldiario.es, 03/05/24)

30.3.24

Los narcoestados son el futuro... Bombas en edificios y sicarios de 14 años: el crimen organizado desborda a Suecia... El ministro de Justicia, Gunnar Strömmer, cifró en 62.000 las personas en el país con algún tipo de vínculo con las bandas criminales (uno de cada 168 habitantes). De estos, 14.000 serían “miembros activos”. “Hablamos de una delincuencia que amenaza al sistema, que controla el mercado de drogas con muchísima violencia, que silencia a testigos, que intimida a trabajadores sociales, que se infiltra entre las autoridades y en partidos políticos”

 "Soha Saad descansaba en el sofá de su casa cuando la mató una bomba, el 27 de septiembre. Tenía 24 años, vivía con su hermano y sus padres a las afueras de la ciudad sueca de Uppsala y acababa de terminar la universidad. La joven, que contaba los días para empezar a trabajar como maestra infantil, ignoraba que sus vecinos de enfrente, objetivos del atentado, pertenecían a bandas criminales. Y hacía días que, como otras decenas de delincuentes, habían huido a otras regiones tras el asesinato de la madre de uno de los capos de la mafia sueca, tiroteada en su casa por dos sicarios de 15 y 19 años.

Uppsala, 70 kilómetros al noroeste de Estocolmo, es una ciudad turística y universitaria. Una cuarta parte de sus 230.000 residentes son estudiantes, muchos de ellos extranjeros. Como el resto de las principales urbes, sufre la plaga de tiroteos y explosiones que ha causado más de 400 muertes en el último decenio en el país escandinavo. El pasado septiembre fue estremecedor en Uppsala. El asesinato de la madre de Ismail Abdo, alias Jordgubben (El Fresa), derivó en una sed de venganza que parecía no tener límites y que pronto se extendió a otras ciudades. Aun así, el alcalde, Erik Pelling, sostiene que la situación ha mejorado en los últimos cinco años, los que él lleva al frente del gobierno municipal.

Pelling, de 47 años, asumió el cargo cuando la ciudad tenía las peores estadísticas de crímenes con armas de fuego de toda Suecia. En 2019 hubo 29 tiroteos; el año pasado, 17. En su segundo mandato, la seguridad sigue siendo prioritaria para el alcalde socialdemócrata. El éxito de algunas de sus políticas resulta más evidente en Gottsunda, el barrio más violento de Uppsala. A siete kilómetros del centro, y separado del resto de la población por un bosque protegido, Gottsunda dejó en diciembre de estar considerado por la policía sueca como uno de los lugares más peligrosos del país.

Aún aparece en la lista de los 61 barrios más inseguros, pero ya no está catalogado en el peor nivel, en el que figuran otras 17 áreas, sobre todo en torno a Estocolmo, Gotemburgo y Malmö. Todos los barrios de la lista destacan por la criminalidad, pero tienen más en común: mucho desempleo juvenil y fracaso escolar; ingresos bajos, alquileres más económicos y una clara mayoría de población de origen foráneo (nacida en el exterior o con padres extranjeros).

“Hay que lograr que los habitantes de Gottsunda sientan que las autoridades no los han dejado de lado”, recalca Pelling durante una visita en bicicleta por el barrio, en la que describe cómo ha cambiado la zona en el último lustro. El alcalde recuerda que, cuando se hizo con el cargo, había calles “fuera de control” en las que no entraba la policía. Ahora hay muchas más cámaras de vigilancia; mejor iluminación, seguridad privada y una mayor presencia policial. Estos años también se han multiplicado los proyectos de educación social y las actividades extraescolares, y se han construido otro colegio y varios parques infantiles.

Pelling nació en una familia inconformista. Uno de sus abuelos luchó en 1936 en España con las Brigadas Internacionales; sus padres se mudaron un tiempo a Nicaragua tras el triunfo de la revolución sandinista. Él tiene la convicción de que todavía se puede hacer mucho más para evitar que los adolescentes caigan en las garras de las bandas criminales que aún operan en el barrio. El alcalde se muestra especialmente satisfecho con la construcción de un sistema de tren ligero que conectará Gottsunda con el resto de la ciudad, y con la reciente apertura de una oficina del servicio estatal de empleo. “Costó muchísimo que vinieran, pero es esencial para que aumenten las oportunidades laborales”.

En menos de 15 años, Suecia ha pasado de ser uno de los países más seguros del mundo a tener la mayor tasa de homicidios con armas de fuego de toda la UE (duplica la de Croacia, el segundo) y una cantidad de explosiones —por bombas o granadas de mano— comparable a la de algunos países en conflicto.

El Gobierno de derechas que se formó en otoño de 2022 llegó con la promesa de reducir los niveles de violencia. El Ejecutivo liderado por el conservador Ulf Kristersson ha aumentado la cifra de policías a nivel nacional y ha otorgado a los agentes mayor flexibilidad para realizar escuchas y cacheos. Las estadísticas de crímenes con armas de fuego mejoraron ligeramente en 2023 respecto al año anterior, que marcó cifras récord (391 incidentes y 62 muertes). Sin embargo, hubo 149 explosiones, un 66% más que en 2022.

Inimputables penalmente

La espiral de ajustes de cuentas que vivió el país en septiembre fue la peor hasta la fecha. En menos de 20 días, hubo más de 40 episodios violentos y 12 muertes. Los clanes liderados por El Fresa y Kurdiska räven (El Zorro Kurdo) —ambos criados en Uppsala y amigos íntimos durante mucho tiempo— se enfrentaron con tal brutalidad que el Gobierno de Kristersson recurrió al ejército para que colaborara con la policía en labores de logística, manejo de explosivos y trabajo forense. El Zorro Kurdo, que en verano sobrevivió a dos intentos de asesinato en Turquía, fue arrestado a principios de octubre en Irán.

Los últimos meses han sido relativamente tranquilos en Uppsala. No tanto en varias zonas de la periferia de Estocolmo, donde la violencia de los clanes desborda a la policía y, cada vez con más frecuencia, los peores crímenes son cometidos por menores de 15 años, inimputables penalmente.

Farsta es uno de los municipios del área metropolitana de la capital en los que la situación es cada vez más grave. Faiza Ali, somalí de 32 años, dependienta en una tienda de ropa, llegó al norte de Europa siendo bebé. “No quiero que mi hijo crezca aquí”, sentencia en una parada de autobús de una de las zonas más deprimidas de Farsta. Muy cerca, a un par de calles, tres personas resultaron heridas el día 5 por la explosión de un artefacto en un edificio residencial. Abshir, el padre de Faiza, incide en que “Suecia ya no es la misma” que le dio refugio a principios de los noventa. “Hui de una guerra para acabar en otra. No son comparables, la de Somalia es infinitamente más horrorosa, pero allí al menos comprendía lo que sucedía y reconocía el peligro; aquí, no”, lamenta Abshir en árabe, traducido al inglés por su hija.

Faiza recuerda bastantes detalles de algunos de los sucesos más violentos que han alarmado a los vecinos de Farsta, como el tiroteo del pasado junio, en el que dos jóvenes dispararon 20 balas a la entrada de la estación de metro; mataron a dos hombres e hirieron gravemente a dos mujeres, ninguno era el objetivo. “Ahorro lo que puedo con la esperanza de que algún día podré alquilar una casa cerca del centro de Estocolmo, donde se vive al margen de esta pesadilla”, concluye Faiza.

El ministro de Justicia, Gunnar Strömmer, cifró en 62.000 las personas en el país con algún tipo de vínculo con las bandas criminales (uno de cada 168 habitantes). De estos, 14.000 serían “miembros activos”. “Hablamos de una delincuencia que amenaza al sistema, que controla el mercado de drogas con muchísima violencia, que silencia a testigos, que intimida a trabajadores sociales, que se infiltra entre las autoridades y en partidos políticos”, declaró Strömmer en diciembre.

Como en Farsta, son muchos en Gottsunda los que aspiran a mudarse. Sentados en un banco, tres veinteañeros, que prefieren mantener el anonimato, aseguran que su intención es independizarse cuanto antes y comenzar una etapa lejos del barrio. Encapuchados y fumando cigarrillos electrónicos, los jóvenes, sin empleo fijo y nacidos en Irak y Siria, contestan que ellos no se meten en líos, aunque sí conocen de vista a gente que ahora está entre rejas. El más dispuesto a hablar de los tres, y el único que se expresa fluidamente en inglés, considera que los niños capaces de asesinar a cambio de dinero suelen ser “aquellos que desde bien pequeños son los más problemáticos del colegio; los que no tienen ningún futuro y acaban drogados y con el cerebro lavado. Para algunos, matar es más sencillo que estudiar”."           (Carlos Torralba, El País, 30/03/24)

4.3.24

El narco, más fuerte que nunca, inunda Europa de cocaína... Las consecuencias del auge del narco comienzan a verse con mucha claridad en países de nuestro entorno como Suecia, donde el Gobierno sacó en septiembre pasado el Ejército a la calle para detener la ola de asesinatos ligados a rivalidades de bandas... Se lee en informes policiales, de organismos internacionales como la ONU, y se escucha de viva voz a quienes luchan contra esta lacra que amenaza la estabilidad de los Estados; el mensaje es unívoco y claro: “El narco está más fuerte que nunca”, “hay más droga que nunca”... Uno de los puntos más calientes del narco a escala mundial en la actualidad es Ecuador, que vive una grave crisis de seguridad... sicarios torturaron y mataron a Rubén Cherres, blanco de una investigación de la Fiscalía ecuatoriana que lo vinculaba con el cuñado del entonces presidente de la República, Guillermo Lasso, como con grupos de narcotraficantes albaneses, que operan en el país latinoamericano desde 2009... Valencia, Barcelona y Algeciras, donde se han asentado miembros del denominado Clan balcánico, son hoy grandes puertas de entrada de su droga... "descubrimos los niveles de cooperación y colaboración de las distintas organizaciones, auténticas multinacionales del crimen, con delegados en medio mundo y una red de contactos y servicios en cada sitio”, señala un mando de la Guardia Civil. “También descubrimos la violencia con la que trabajan: vimos cajas de camiones en medio de un bosque de Holanda convertidas en centros de tortura, decapitaciones, enterramientos de personas vivas…”, apunta un mando de la Policía

 "El contador de incautaciones de cocaína ha batido todos los récords históricos este año pasado en España. “Vamos por 100.000 kilos, más del doble que en 2022″, coinciden responsables de la lucha contra el narcotráfico de Policía Nacional y Guardia Civil, a falta de que el Ministerio del Interior publique los informes oficiales relativos a ese periodo. España, que ya ostenta el primer puesto de la UE como país productor de cannabis, “está inundada de coca, como toda Europa”, advierten las mismas fuentes.

Las consecuencias del auge del narco comienzan a verse con mucha claridad en países de nuestro entorno como Suecia, donde el Gobierno sacó en septiembre pasado el Ejército a la calle para detener la ola de asesinatos ligados a rivalidades de bandas. O en Países Bajos, donde la princesa Amalia de Orange, de 20 años, heredera de la Corona, tuvo que limitar sus movimientos y extremar las medidas de seguridad tras ser amenazada por conocidos miembros del crimen organizado de la Mocro Mafia, redes delincuenciales formadas por ciudadanos holandeses de origen magrebí aunque procedan o estén asentados en países europeos. Hace unas semanas, dos tiroteos en el centro de Bruselas dejaban un muerto y una mujer herida al ser arrollada en el coche en el que huían unos presuntos narcos. También en Barbate (Cádiz), el piloto de una narcolancha, apodado El Cabra, embestía a una zódiac de la Guardia Civil, matando a dos agentes y dejando heridos a otros cuatro el pasado 9 de febrero.

Se lee en informes policiales, de organismos internacionales como la ONU, y se escucha de viva voz a quienes luchan contra esta lacra que amenaza la estabilidad de los Estados; el mensaje es unívoco y claro: “El narco está más fuerte que nunca”, “hay más droga que nunca”. O como recoge la Fiscal Antidroga Rosana Morán en su memoria de 2023 en alusión a su omnipresencia: “Everywhere, Everything, Everyone” (En todas partes, de todo y para todos), haciéndose eco de la tendencia señalada por el Observatorio Europeo sobre Drogas ya en 2022.

Para buscar las razones de la gran cantidad de droga que está entrando en Europa —también por España— y de la implantación de nuevos grupos criminales cada vez más violentos es necesario mirar al otro lado del Atlántico. Y descubrir las rutas, principalmente marítimas, por las que viajan toneladas de cocaína.

 Uno de los puntos más calientes del narco a escala mundial en la actualidad es Ecuador, que vive una grave crisis de seguridad. El 31 de marzo de 2023, media docena de hombres armados entraron en la casa de vacaciones del empresario ecuatoriano Rubén Cherres, en Santa Elena (extremo occidental de Ecuador). Lo torturaron y lo mataron junto a su novia, un amigo y su vigilante de seguridad. Cherres era blanco en ese momento de una investigación de la Fiscalía ecuatoriana que lo vinculaba tanto con el cuñado del entonces presidente de la República, Guillermo Lasso, como con grupos de narcotraficantes albaneses, que operan en el país latinoamericano desde 2009.

“Los albaneses vieron una gran oportunidad de negocio: en lugar de pelearse con los cárteles de los tradicionales países productores de hoja de coca (Colombia, Bolivia y Perú), optaron por comprarles la droga y enviarla a Europa desde el puerto más cercano a la frontera: Guayaquil”, explica Antonio Martínez Duarte, jefe de la UDYCO central, la Unidad de Drogas y Crimen Organizado de la Policía Nacional. “Adquirieron grandes empresas de exportación de plátanos y fruta como tapadera para meter toneladas de cocaína a toda Europa”, añade. España, concretamente Valencia, Barcelona y Algeciras, donde se han asentado miembros del denominado Clan balcánico, son hoy grandes puertas de entrada de toda esa droga.

“En Europa preocupan los puertos de Amberes y Róterdam como los dos principales puertos de llegada de cocaína desde Latinoamérica, pero Valencia figura en tercer lugar”, señala en su memoria de 2023 la Fiscal Jefa Antidroga, Rosana Morán. En el año que lleva en el cargo, ha impulsado medidas de cooperación internacional (su especialidad), cruciales en estos delitos transnacionales. Ante el tapón que generan estas causas en los juzgados mixtos de instrucción de los pequeños pueblos en los que recaen, Morán reivindica “la creación de juzgados especializados en las provincias que más soportan la presión del narcotráfico y la ampliación de competencias de la Audiencia Nacional” para que pueda asumir estos grandes asuntos con complejas ramificaciones, explica por teléfono. Morán recuerda que ahora hay jueces sustitutos de pequeños juzgados locales que tiene que asumir al mismo tiempo una causa con decenas de detenidos ligados al crimen organizado internacional y un divorcio, por ejemplo.

“El éxito de la lucha contra la droga no se agota con el aumento de detenciones e incautaciones sino con las condenas de los autores y la recuperación de las ganancias obtenidas”, dice la fiscal. Para Morán, el problema del narcotráfico “también es de la Justicia”. No obstante, el número de detenidos no ha dejado de crecer en España: 18.193 en 2018; 20.441 en 2019; 20.599, en 2020, el año de la pandemia; 22.968, en 2021, y 24.117, en 2022, según los últimos registros del Ministerio del Interior.

Hace dos semanas, la Policía asestaba otro golpe a la mafia albanesa instalada en Valencia con 17 detenidos y la incautación de 850 kilos de cocaína. En 2023 ya fueron intervenidos cerca de 9.000 kilos en el puerto valenciano a miembros de grupos de albaneses, dando lugar a imágenes inéditas de exposición de droga en dependencias policiales. La cocaína procedía de Ecuador.

Según informes de Naciones Unidas, de Europol, de la Fiscalía y de la Policía Nacional, el puerto de Guayaquil —pese a que Ecuador no es un país productor— es ahora uno de los principales puntos de partida de las toneladas de cocaína que están inundado Europa.

También hace dos semanas, casi un año después de aquellos asesinatos en Santa Elena; cuando Ecuador ya exige visado a los ciudadanos albaneses y vive con toque de queda por el crimen; tras las ejecuciones, a tiros, en plena calle y a plena luz del día, del candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio (el pasado 11 de agosto) y del fiscal anticorrupción César Suárez (el 17 de enero), la Policía Nacional española desarrollaba la Operación Pampa, junto con sus homólogos ecuatorianos, con 32 detenidos (13 en España, 18 en Ecuador y uno en Reino Unido).

Entre los arrestados está uno de esos “objetivos de gran valor” policial, un albanés llamado Dritan Gjitka. El principal socio de Gjitka, también detenido, era un ciudadano argentino-italiano afincado en Marbella y que presuntamente importaba plátanos desde Ecuador, además de 4.000 kilos de coca al mes. Llama la atención el valor de lo incautado en los 22 registros realizados en España: 500.000 euros en metálico, un arma corta, 12 vehículos de alta gama. Además se inmovilizaron 17 inmuebles por valor de 12 millones de euros, según la nota policial. “Gjitka es un tipo que cerraba por teléfono envíos semanales de Colombia a Ecuador de 6.000 kilos”, señalan fuentes de la investigación.

El último informe de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito hablaba de una producción récord de cocaína pura en 2020, de cerca de dos millones de kilos. Los investigadores aseguran que en los últimos tres años “ha crecido exponencialmente”. “El valor del kilo de coca puesto en el contenedor de Guayaquil puede rondar los 2.500-3.000 euros”, asegura un responsable de la Guardia Civil de la unidad de crimen organizado. “Pero ese mismo kilo ya en el contenedor de Valencia o Algeciras vale 30.000″, añade. El margen de ganancias es inmenso. “Piensa que un capo gallego envió a Cúcuta 36 millones de euros, que debía tener guardados en alguna parte, en maletas”, apunta un agente de la UDYCO para subrayar la capacidad económica con la que pueden moverse los narcos.

 La incesante producción de hoja de coca en Colombia y los países productores, consentida por gobiernos incapaces de darle una alternativa mejor a las millones de personas (agricultores o trabajadores de toda clase de empresas de servicios ad hoc) que viven del negocio, ha generado ese excedente de cocaína sin precedentes en el mercado, según los expertos. El precio del kilo en Europa ha caído de los 40.000 a los 30.000 euros en la última década. “Hay mucha coca y muy barata”, señalan. Y los cultivos siguen ampliándose, aun a costa de deforestar la Amazonia con el consecuente impacto climático.

Cooperar como los criminales

La desencriptación en 2020 de los canales habituales de comunicación por telefonía móvil de los narcos, como Encrochat o Sky-Ecc, dejó al desnudo sus actividades y su modus operandi. “Nos abrió los ojos a todos”, coinciden agentes de Policía y Guardia Civil. “Había cosas que intuíamos, pero descubrimos los niveles de cooperación y colaboración de las distintas organizaciones, auténticas multinacionales del crimen, con delegados en medio mundo y una red de contactos y servicios en cada sitio”, señala un mando de la Guardia Civil. “También descubrimos la violencia con la que trabajan: vimos cajas de camiones en medio de un bosque de Holanda convertidas en centros de tortura, decapitaciones, enterramientos de personas vivas…”, apunta un mando de la Policía. Todo eso salió de esa intervención de información masiva, que ahora los grandes bufetes de abogados de los capos de la droga tratan de anular con alegaciones que defienden que son investigaciones prospectivas o atentados contra la intimidad, sin demasiado éxito hasta el momento.

 Esas intervenciones evidenciaron también la corrupción, con los puertos como principal objetivo. “Las distintas modalidades a través de las cuales los contenedores sirven de transporte de la cocaína necesitan de complicidades entre los trabajadores de los puertos, lo que es un detonante de corrupción que alcanza también a trabajadores de aduanas y de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”, recoge Morán en la memoria de la Fiscalía.

Mientras los grandes capos de las organizaciones criminales trasladan sus fastuosas cenas de negocios de Dubái a Estambul o Bodrum, en Turquía, donde encuentran ahora más facilidades, siguen usando la Costa del Sol “como refugio” o “zona de descanso con grandes posibilidades de blanqueo de su dinero”, según los expertos. Policía, Guardia Civil y Fiscalía se afanan en generar espacios de encuentro y coordinación con sus homólogos en Latinoamérica, para adaptarse al funcionamiento de las mafias.

Ya hay Equipos Conjuntos de Investigación (ECI) en la Policía Nacional, con agentes de enlace que trasladan información al resto de países europeos. El instituto armado acaba de poner en marcha el Centro de Inteligencia Criminal Antidroga (CICA), con financiación de la Comisión Europea, a través de la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP), que cuenta con delegados de todos los países latinoamericanos afectados por el narcotráfico, además de un representante de Dubái. Por su parte, la Fiscalía trata de agilizar todos los procedimientos en coordinación con la Red de Fiscales Antidroga de Iberoamérica (REFAI).

“La lucha sigue estando demasiado desequilibrada”, reconocen los agentes, muchos de los cuales se enfrentan a los narcotraficantes en los mismos lugares en los que viven con sus familias. “La presión es brutal”, comentan los que están destinados en zonas calientes como La Línea de la Concepción (Cádiz) o Punta Umbría, en Huelva, hacia donde bascula el narcotráfico “cuando se quema el Campo de Gibraltar”. Si hay algo que caracteriza al crimen organizado “es su flexibilidad, su capacidad de adaptación”, señalan los investigadores.

Por eso, las rutas del hachís ya no son solo de hachís, y la logística y la infraestructura creada se emplea también para introducir cocaína. Así lo reflejan los datos de la Fiscalía de 2023: “Del total de droga incautada en Andalucía en 2022, el 50% del hachís y el 78% de la cocaína —cuya incautación ha subido un 78,4% en la región—, se intervino en Cádiz”. Las narcolanchas se desplazan de Huelva a Portugal, “aprovechando la frontera y que estas embarcaciones no están prohibidas en el país vecino”. Y hace dos semanas, la Guardia Civil interceptaba una narcolancha que había zarpado desde Huelva, con destino a un punto de altamar, para recoger los 4.350 kilos de coca con los que fue interceptada a 500 millas del sur de Canarias, su destino.

La preocupación se expande a medida que los grupos criminales ganan terreno. Suecia ha pasado de ser un país tranquilo, de vida ejemplar y educación envidiable, a sumar más de medio centenar de ejecuciones al año en ciudades y pueblos en los que niños de 13 y 14 años hacen de mulas de la droga con sus mochilas del colegio. Holanda ha visto como los narcos corrompían a los operarios de sus puertos en Róterdam y Amberes que abrían y cerraban puertas y contenedores a su antojo, con una llamada de teléfono desde cualquier parte del mundo. En Marsella la llamada Mocro Mafiahace estragos en las calles, en España los transportistas son más impulsivos y brutales

Los agentes e instituciones que luchan contra el narcotráfico alertan sobre el riesgo de llegar a situaciones de violencia similares a las de países de nuestro entorno y advierten de que el temido fentanilo que viaja por las rutas de la droga que unen México con EE UU “llegará más pronto que tarde”. Y recuerdan que se trata de un delito contra la salud pública que tiene un duro reverso en la salud mental: “La mayor parte de los ingresos psiquiátricos de nuestros jóvenes tiene detrás el consumo de drogas”."                (Patricia Ortega Dolz , El País, 03/03/24)

4.10.23

Suecia recurre al Ejército para detener la ola de asesinatos asociados a las disputas entre bandas... habiendo policías, geos, interpol, drones, cámaras por las esquinas, control de móviles... ¿de verdad es necesario llamar al ejército en Europa? ¿De verdad son necesarias leyes de excepción... en Suecia? Que es lo que se busca. Se malgasta la última bala, por cuestiones partidistas

 "El ejército sueco empezará a brindar apoyo a la policía para enfrentar un incremento reciente en el número de asesinatos entre bandas criminales, dijo el Primer Ministro sueco, Ulf Kristersson.

El mandatario informó de que a partir de la próxima semana, el ejército estaría proporcionando a la policía asistencia de análisis y logística, además de manejo de explosivos y trabajo forense.

Kristersson agregó que las leyes necesitaban una actualización para permitir una mayor participación militar en labores de seguridad.

Este septiembre 12 personas han muerto en violencia entre bandas en el país.

Es el número más alto desde diciembre de 2019, según el periódico Dagens Nyheter.

Solo el miércoles en la noche, murieron tres personas: dos hombres baleados en Estocolmo, y una mujer -sin relación con el crimen organizado, según la policía- murió en la explosión de un artefacto en su casa a unos 80 kms al norte de la capital.

La mujer, identificada como Soha Saad por medios locales, tenía 24 años y acababa de ser certificada como profesora. Se cree que era vecina del objetivo de la explosión.

Kristersson hizo el anuncio después de sostener conversaciones sobre la crisis el viernes con el jefe del ejército sueco Micael Byden, el jefe de policía Anders Thornberg y el ministro de justicia Gunnar Strommer.

Dijo que el gobierno simplemente le pediría al ejército que ayude a la policía “en casos en los que las habilidades especializadas del ejército puedan ser de ayuda”.

“Esto puede incluir varias cosas: asistencia con explosivos y logística de helicópteros, habilidades de análisis o análisis forense en tecnología”.

El primer ministro agregó que la legislación actual del país debía cambiar para afrontar “las áreas grises en las que no es tan obvio qué tipo de amenaza es a la que se enfrenta Suecia”

 Luchas internas

Los medios suecos han conectado el aumento reciente en muertes a un conflicto que tiene que ver con una organización conocida como la red Foxtrot, que está envuelta en luchas internas que la han dividido en dos facciones distintas.

El jueves, Kristersson dijo que Suecia no había visto nada parecido antes, y que “ningún otro país en Europa” estaba experimentando este tipo de situaciones.

Personas inocentes y niños están cada vez más siendo víctimas de la violencia.

El año pasado, más de 60 personas murieron en tiroteos en Suecia -el número más alto del que se tenga registro- y se espera que este año sea igual o peor.

Un reporte oficial del gobierno que se publicó en 2021 señaló que 4 personas de cada millón de habitantes estaban muriendo en tiroteos al año en Suecia, comparado con el 1,6 por millón del resto de Europa.

La policía ha relacionado la violencia a la mala integración de los inmigrantes, un aumento en la brecha entre ricos y pobres, y el uso de drogas.

El gobierno minoritario de centroderecha de Kristersson, que llegó al poder con el apoyo del partido antiinmigración Demócratas Suecos, no ha podido aplacar la violencia.

Ha prometido avanzar con mayor vigilancia, penas más duras por violar las leyes de posesión de armas, poderes de deportación más estrictos y zonas de detención y registros, además de insistir en que “todo está sobre la mesa”.

Algunos críticos argumentan que las medidas han fallado a la hora de enfrentar las causas sociales detrás de la situación, tales como la pobreza infantil y los servicios comunitarios con pocos recursos."                     (Yaroslav Lukiv, BBC, 29/09/23; traducción DEEPL)

 

"La nueva normalidad de Suecia: bombas en los suburbios en una noche entre semana

Los miembros de las bandas han empezado a poner bombas en las casas de las familias de los demás, y todo el mundo se siente en peligro.

Cuando la explosión sacudió el barrio de Hässelby Villastad, en Estocolmo, una noche entre semana de la semana pasada, yo estaba sentado en el salón de mi casa a punto de enviar un mensaje de texto.

Las ventanas delanteras sonaron con tanta fuerza que pensé que iban a romperse y dejé de teclear a mitad de la frase.

Cuando subí a ver si mi hija estaba bien, salió de su habitación con cara de confusión.

"Estoy segura de que ha sido una bomba", le dije mientras el ulular de las sirenas de los servicios de emergencia llenaba el aire de la noche.

No soy un experto en el sonido de las bombas, pero este año ya hemos sufrido dos atentados con bomba en esta parte de la ciudad, así que lo más probable era que éste fuera el tercero.

El primer atentado, en enero, hizo un agujero del tamaño de un balón de fútbol en un bloque de apartamentos cerca de donde suelo ir en bicicleta. Cuatro personas fueron detenidas tras el atentado, según informaron entonces los medios de comunicación locales.

El segundo, en marzo, derribó toda una hilera de casas adosadas de madera detrás del instituto de mi hijo. Seis personas fueron detenidas tras ese atentado.

Esta bomba estaba aún más cerca de casa.

Por las fotos publicadas en los sitios de noticias suecos, pude ver que el edificio atacado era un bloque de apartamentos en mi camino a la tienda local. No hay noticias inmediatas de detenciones.

Pude ver a los residentes caminando sobre cristales rotos y evacuados a una escuela primaria cercana. Tres personas fueron trasladadas al hospital.

Lo que empezó como un conflicto interno entre bandas de narcotraficantes rivales se ha convertido en una espiral de ataques por venganza, ya que los miembros de las bandas -a menudo frustrados en sus intentos de matarse entre sí- han empezado a bombardear las casas de las familias de los demás.

Estos familiares -padres, hermanos, primos- viven por todo Estocolmo y por toda la región centro-sureste de Suecia, lo que da a los ataques un carácter aparentemente aleatorio.

Horas después del atentado en el bloque de apartamentos de Hässelby, una bomba arrancó las paredes frontales de un apartamento en Linköping, ciudad situada 200 km al sur.

Días después, una mujer de 25 años fue asesinada en Uppsala, 70 km al norte de la capital sueca, por una bomba colocada fuera de la casa equivocada.
Días después, una mujer de 25 años fue asesinada en Uppsala, 70 km al norte de la capital sueca, por una bomba colocada en el exterior de la casa equivocada | Anders Wiklund/TT News Agency/AFP via Getty Images

La oleada de violencia ha sido tan intensa, generalizada y caóticamente ejecutada -a menudo se recluta a adolescentes inexpertos para perpetrar los atentados- que cada vez se tiene más la sensación de que nadie está a salvo de ella.

En lo que va de año se han producido 134 atentados con bomba en Suecia, frente a los 90 de todo 2022. Al mismo tiempo, el número de tiroteos sigue siendo muy alto en comparación con otros estados europeos: 289 en lo que va de año y 391 en 2022, en un país de 10 millones de habitantes.

La semana pasada, un joven murió tiroteado cerca de un campo de fútbol en el sur de Estocolmo, mientras decenas de niños entrenaban. Un entrenador dijo que había llevado a unos 60 niños a un rincón alejado del campo para que no fueran alcanzados por las balas perdidas. No hubo noticias inmediatas de detenciones.

"Todo el mundo estaba muy alterado", declaró el entrenador a la cadena nacional SVT. "Todo el mundo estaba asustado".
Errores del Gobierno

El jueves por la noche, el Primer Ministro Ulf Kristersson pronunció un inusual "discurso a la nación" que fue retransmitido en directo por la televisión nacional, aparentemente con el objetivo de demostrar que está al tanto del caso.

Kristersson trató de esbozar los planes de su gobierno para hacer frente a la violencia mediante el aumento de los recursos policiales, penas más largas para los delincuentes condenados y nuevos poderes de vigilancia. Incluso ha planteado la idea de llamar al ejército tras las 11 muertes relacionadas con las bandas sólo en septiembre.

Pero también tuvo que reconocer lo extremo de la situación, tanto históricamente como en relación con los países vecinos.

"Suecia nunca ha visto nada igual", dijo. "Ningún otro país de Europa está viendo algo así".

Kristersson, líder del Partido Moderado, de centro-derecha, ganó unas reñidas elecciones el pasado otoño con la promesa de tomar medidas contra la delincuencia tras lo que ha tratado de presentar como años de fracaso de sus "ingenuos" predecesores, los socialdemócratas.

Junto con sus partidarios de extrema derecha, los Demócratas Suecos, Kristersson ha intentado vincular el aumento de la delincuencia violenta a los altos niveles de inmigración y a lo que ha denominado una integración mal gestionada.

Pero la falta de avances de Kristersson contra la delincuencia violenta ya está minando la confianza en su análisis del problema y en su capacidad para cambiar las cosas. Los sondeos de opinión muestran un aumento del apoyo a los socialdemócratas y un estancamiento del apoyo a los moderados. 

El gobierno aún no ha llevado ante la justicia al líder de la banda más conocida de Suecia, Rawa Majid, que sigue operando con aparente impunidad desde Turquía, donde recientemente se le concedió la nacionalidad.

Se cree que un enfrentamiento entre Majid y un antiguo aliado llamado Ismail Abdo está detrás de gran parte de la violencia reciente en Estocolmo.

En el exterior del bloque de apartamentos de Hässelby, la mañana siguiente al atentado, un grupo de residentes se había reunido junto al cordón policial en lo que parecía un silencio conmocionado. 

Un hombre mayor que no quiso dar su nombre dijo que había crecido en el edificio y que había vuelto para ver los daños porque no podía creer que el atentado pudiera haber ocurrido aquí.

Una mujer anónima que fue evacuada dijo a la radio local que no sabía cómo había salido de casa tras la explosión ni dónde pasaría la noche siguiente.

En los días siguientes se barrieron los cristales rotos y se clavaron tablas de madera en los marcos agrietados de las ventanas.

Pero el lunes por la mañana, el humo volvía a elevarse sobre Hässelby después de que una detonación en una casa adosada a las 6:28 de la mañana desencadenara un gran incendio.

La dirección estaba relacionada con un hombre acusado de un tiroteo relacionado con bandas en un suburbio del sur la semana pasada.

La cuarta explosión del año."               (
Charlie Duxbury , POLITICO, 03/10/23; traducción DEEPL)

29.9.23

Cousas veredes... El primer ministro sueco llama al ejército mientras aumenta la violencia entre pandillas... "Todo está sobre la mesa, tanto dentro de la ley actual, como las leyes que necesitan ser cambiadas rápidamente"... camino de México, voy

 "El Primer Ministro Ulf Kristersson convocó al jefe de las fuerzas armadas suecas y al jefe de la policía estatal a una reunión que se celebrará el viernes, mientras una ola de violencia de bandas se apodera del país.

"Vamos a perseguir a las bandas y vamos a derrotarlas", declaró Kristersson en un discurso televisado el jueves por la noche.

Un repunte de la violencia relacionada con las bandas ha sacudido Suecia en las últimas semanas, dejando 11 muertos sólo este mes. El jueves, dos hombres fueron tiroteados en distintos incidentes cerca de Estocolmo, mientras que una mujer de 25 años murió en un atentado con bomba cerca de Uppsala.

"Es un momento difícil para Suecia", dijo Kristersson, añadiendo que la violencia afecta "cada vez a más niños y a personas completamente inocentes".

 "No puedo dejar de subrayar lo grave que es la situación", dijo. "Suecia nunca había visto algo así. Ningún otro país de Europa ve nada parecido".

Kristersson culpó a una "política de inmigración irresponsable" y a una "integración fallida", junto con la "ingenuidad política", del aumento de la violencia de las bandas, pero dijo que Suecia adoptará ahora un enfoque diferente para abordar el problema.

 El viernes, el primer ministro se reunirá con el comandante en jefe de las fuerzas armadas y el comisario de policía del país para discutir cómo pueden colaborar el ejército y la policía.

"Todo está sobre la mesa, tanto dentro de la ley actual, como las leyes que necesitan ser cambiadas rápidamente", dijo Kristersson.

Kristersson añadió que Suecia intentará introducir nuevas medidas, como más vigilancia, zonas de registro y penas privativas de libertad.

El jueves, la ex primera ministra sueca Magdalena Andersson pidió al gobierno actual que convocara al ejército para hacer frente a la violencia. En una entrevista concedida al medio de comunicación sueco Dagens Nyheter, el jefe de las fuerzas armadas, Micael Bydén, había declarado que estaba dispuesto a apoyar y colaborar con las fuerzas policiales."      (Claudia Chiappa  , POLITICO, 29/09/23; traducción DEEPL)