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15.9.25

España está a punto de alcanzar —por primera vez en su historia— los 50 millones de habitantes... no por tener más hijos, sino por incorporar a más personas nacidas fuera de nuestras fronteras... un flujo migratorio que se ha convertido en los últimos 25 años en una necesidad estructural para sostener nuestra economía, nuestro Estado del bienestar y nuestra cohesión social... detrás del número hay un reto: cómo convertir esta nueva realidad demográfica en una oportunidad de progreso, inclusión y sostenibilidad... diez millones de personas nacidas en el extranjero —de los que 2,6 millones han adquirido la nacionalidad española— residen hoy en España... cuando desaparezca la actual generación de los baby boomers, la mía, cerca del 40% de los residentes habrán nacido fuera del país. Afortunadamente. Si no fuese así, el invierno demográfico, compartido con otros países europeos, nos devolvería a ese país de menos de 35 millones de habitantes, insostenible... Necesitamos incorporar, formar y retener talento diverso, adaptarnos a nuevas realidades culturales y sociales, y aumentar la productividad para compensar el envejecimiento de la fuerza de trabajo... la demografía deja de ser una variable pasiva para convertirse en un factor activo que condiciona el modelo de país... La planificación demográfica debe ser una política de Estado. No basta con reaccionar ante los datos; hay que anticiparse a las tendencias. Hay que diseñar ciudades que respondan a las nuevas formas de vida, sistemas educativos que preparen para una sociedad más diversa, modelos de atención que respondan al envejecimiento, y políticas migratorias que no solo regulen, sino que integren. Gobernar la demografía es gobernar el país. Alcanzar los 50 millones de habitantes no es un punto de llegada, sino un punto de partida. Es el umbral de una nueva etapa en la historia demográfica de España, marcada por la diversidad, la longevidad, la movilidad y la transformación de los vínculos sociales (Daniel Manzano)

 "Cincuenta millones. Un número redondo, simbólico, aparentemente triunfal. España está a punto de alcanzar —por primera vez en su historia— los 50 millones de habitantes. Pero este hito demográfico, antes que ser una señal de vigor poblacional es el reflejo de una transformación profunda, compleja y estructural. Estamos creciendo, también económicamente, más que los países de nuestro entorno en estos últimos años; pero, sobre todo, nos estamos transformando a mayor velocidad. 

La cifra encierra una aparente paradoja: llegamos a los 50 millones no por tener más hijos, sino por incorporar a más personas nacidas fuera de nuestras fronteras. Es el resultado de flujos migratorios que, más allá de una tendencia, se han convertido en los últimos 25 años en una necesidad estructural para sostener nuestra economía, nuestro Estado del bienestar y nuestra cohesión social. En un país con una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo, y al tiempo con una de las poblaciones más longeva y cada vez más envejecida, tal crecimiento, siendo síntoma de vitalidad económica, plantea sobre todo un mundo diferente al del crecimiento orgánico tradicional de la población española de décadas anteriores.

Este nuevo país que emerge —más diverso, más urbano, más fragmentado en hogares pequeños— exige una mirada distinta. Porque detrás del número hay un reto: cómo convertir esta nueva realidad demográfica en una oportunidad de progreso, inclusión y sostenibilidad. Y cómo evitar, como señalaba en otro artículo en estas mismas páginas hace un año, que la demografía nos siga atropellando.

La natalidad en España continúa en niveles históricamente bajos. La tasa de fecundidad apenas supera 1,1 de hijos por mujer, muy lejos del umbral de reemplazo generacional. De hecho, nuestro crecimiento vegetativo es negativo desde hace ya casi una década, y la única razón por la que la población total aumenta y no disminuye es la inmigración. Cerca de diez millones de personas nacidas en el extranjero —de los que 2,6 millones han adquirido la nacionalidad española— residen hoy en España. Más del 80% han venido a nuestro país en los últimos 25 años, y su peso relativo no deja de crecer. Tanto que, según las últimas proyecciones del INE, cuando desaparezca la actual generación de los baby boomers, la mía, cerca del 40% de los residentes habrán nacido fuera del país. Afortunadamente. Si no fuese así, el invierno demográfico —compartido con otros países europeos, y no sólo— nos devolvería a ese país de menos de 35 millones de habitantes —insostenible en ese futuro por la estructura de edades— que vio nacer a dicha generación hace más de medio siglo. Este dato, por sí solo, revela la magnitud del cambio que estamos viviendo.

Efectivamente, no se trata solo de cuántos somos, sino de cómo somos. La estructura por edades se está “desequilibrando” rápidamente. La proporción de personas mayores aumenta, mientras que la base joven se estrecha. La ratio de dependencia —el número de personas inactivas por cada persona activa— se aproxima a niveles que ponen en tensión el sistema de pensiones, la sanidad y los cuidados. En este contexto, el mercado laboral se convierte en un espacio clave de integración y sostenibilidad. Necesitamos incorporar, formar y retener talento diverso, adaptarnos a nuevas realidades culturales y sociales, y aumentar la productividad para compensar el envejecimiento de la fuerza de trabajo. También para aumentar una renta per cápita que no acaba de despegar en este nuevo marco.

Los hogares también están cambiando. Como decía, cada vez son más pequeños, más urbanos, más solitarios. Más de la mitad de los hogares españoles están formados por una o dos personas, y en apenas una década serán dos de cada tres. Y al mismo tiempo, se intensifica la concentración territorial en grandes polos urbanos, mientras muchas zonas rurales y periféricas sufren una regresión poblacional que amenaza, si no condena, su viabilidad. Este fenómeno tiene implicaciones profundas en el modelo de vivienda, en la planificación urbana, en la prestación de servicios públicos. La demanda de vivienda accesible, bien localizada y adaptada a nuevas formas de convivencia se convierte en una prioridad estructural.

La diversidad cultural, lingüística y generacional que acompaña este crecimiento poblacional plantea nuevos desafíos de cohesión social. La integración no puede ser solo una cuestión administrativa; debe ser una política activa, transversal, que abarque la educación, el empleo, la sanidad, la participación ciudadana. La convivencia en una sociedad más plural exige diálogo, reconocimiento mutuo y políticas que fomenten el sentido de pertenencia. Porque el riesgo no está en ser diversos, sino en no saber gestionar esa diversidad.

En este contexto, la demografía deja de ser una variable pasiva para convertirse en un factor activo que condiciona el modelo de país. Alcanzar los 50 millones debe ser una oportunidad para repensar nuestras políticas públicas, nuestras prioridades estratégicas, nuestra visión de futuro. No podemos permitirnos que este crecimiento sea desordenado, desigual o insostenible. Necesitamos una estrategia demográfica que no solo gestione el presente, sino que diseñe el futuro y permita restañar la brecha de productividad frente a los países de nuestro entorno, nuestro histórico talón de Aquiles. Una estrategia que articule vivienda, educación, sanidad, integración y sostenibilidad territorial.

La planificación demográfica debe ser una política de Estado. No basta con reaccionar ante los datos; hay que anticiparse a las tendencias. Hay que diseñar ciudades que respondan a las nuevas formas de vida, sistemas educativos que preparen para una sociedad más diversa, modelos de atención que respondan al envejecimiento, y políticas migratorias que no solo regulen, sino que integren. Gobernar la demografía es gobernar el país.

Alcanzar los 50 millones de habitantes no es un punto de llegada, sino un punto de partida. Es el umbral de una nueva etapa en la historia demográfica de España, marcada por la diversidad, la longevidad, la movilidad y la transformación de los vínculos sociales. Pero también por la urgencia de adaptar nuestras estructuras, nuestras políticas y nuestras mentalidades a una realidad que ya está aquí.

La demografía, además de números, es una cuestión de equilibrios, de cohesión, de sostenibilidad. Realmente es el telón de fondo sobre el que se proyectan los grandes desafíos del país: el modelo productivo, el sistema de pensiones, la vivienda, la educación, la sanidad, la integración. Y es el espejo en el que se reflejan nuestras decisiones colectivas, nuestras prioridades, pero también nuestras omisiones.

Si no gobernamos la demografía, será la demografía quien nos gobierne. Y lo hará con la misma o más velocidad con la que ha cambiado en los últimos años. Por eso, alcanzar los 50 millones debe ser una llamada a la acción: para planificar, para integrar, para innovar. Y para ser un país más consciente de su diversidad." 

(Daniel Manzano , El País, 14/09/25)

15.10.21

¿Existe relación entre la inmigración y el aumento del voto extremista en España? Las relaciones entre inmigrantes y nativos siguen siendo, aunque distantes, cordiales y tranquilas. Una coexistencia pacífica y unas actitudes sosegadas hacia la inmigración que, en el caso español, se han convertido en un rasgo excepcional si lo comparamos con otros países del entorno

 "Tras la gran recesión, y en la medida en que la precariedad avanzaba en nuestra sociedad, se instaló en el debate público la idea de que las relaciones entre inmigrantes y nativos se quebrarían progresivamente debido a la competencia por recursos escasos, creciendo la hostilidad hacia los primeros. Pero la realidad es que dicha hipótesis sobre el conflicto grupal creciente no se ha cumplido.

El libro Lo que esconde el sosiego, escrito por investigadores del Instituto de Estudios sobre Migraciones y editado por FOESSA, viene a mostrar que las relaciones entre ambos grupos siguen siendo, aunque distantes, cordiales y tranquilas. Una coexistencia pacífica y unas actitudes sosegadas hacia la inmigración que, en el caso español, se han convertido en un rasgo excepcional si lo comparamos con otros países del entorno.

Prejuicios étnicos

Ahora bien, bajo esta primera capa de sosiego hay que señalar la existencia de un fuerte prejuicio étnico grupal hacia la población de origen inmigrante (POI) que representa al otro inmigrante, generalmente de forma sutil, como diferente, extraño e inferior. Un prejuicio que justifica que los nativos, por el simple hecho de serlo, ocupen una posición de preferencia en los diferentes ámbitos de nuestra sociedad (mercado de trabajo, protección social, sistema educativo…), mientras que las personas de origen inmigrante deban ajustarse a posiciones secundarias en dichas áreas.

Muchos autóctonos procedentes de los sectores populares sienten que esta “ventaja nativa” se ve amenazada por el arraigo e integración de las personas de origen inmigrante. Se trata de una representación estereotipada –y falsa– sobre los inmigrantes que está fuertemente extendida entre la población nativa, aunque en diverso grado y medida. 

 Este prejuicio grupal se ha activado en los barrios populares durante estos años de crisis y precariado, y han crecido aquellos discursos que representan a la inmigración como amenaza socioeconómica y comunitaria, con argumentos como que quitan los trabajos, acaparan las ayudas sociales o destruyen la convivencia en el barrio.

Todo ello acaba culpando a la inmigración de los problemas sociales de origen político y estructural que viven los sectores populares, que reclaman medidas preferentistas que pongan en primer lugar a los autóctonos por encima de las personas de origen inmigrante que, aunque ya pertenecen a nuestra sociedad, deben seguir ocupando posiciones secundarias en ella.

¿Más votos en la derecha extrema por la inmigración?

El prejuicio grupal hacia la inmigración se ha manifestado durante estos años en la vida de dichos barrios bajo la forma de actitudes de recelo y hostilidad, de comentarios estereotipados en las conversaciones diarias, y de comportamientos agresivos y hostiles hacia las personas de origen inmigrante.

Ahora bien, y esto hay que subrayarlo con claridad, hasta el momento, dichas manifestaciones y discursos no se han transformado ni en conflictos políticos ni sociales. No han producido episodios de hostigamiento y violencia comunitaria hacia las personas de origen inmigrante en dichos barrios. Ni han alimentado el ascenso y el voto a partidos de derecha extrema y xenófoba en España. O, dicho de otro modo, el ascenso electoral de dichos partidos se debe, más que al sentimiento y el voto antiinmigrante, a otras fuerzas, como la cuestión nacional o la propia ideología conservadora de sus votantes.

¿Por qué? Porque en España han existido fuerzas que han impedido el avance y la legitimidad de movimientos y posiciones antiinmigrantes. Fuerzas como el consenso democrático entre partidos políticos para no utilizar la inmigración como arma electoral, las políticas de integración social de corte universalista, el contacto intergrupal creciente, la memoria inmigrante de los sectores populares…

¿Existe racismo estructural?

 A pesar de la importancia de los factores anteriores, hay que señalar que la cuestión que posiblemente esté ayudando más a contener el crecimiento de la hostilidad en España sea el llamado racismo estructural. La crisis, así, a pesar de haber castigado con fuerza tanto a nativos como a inmigrantes, lo ha hecho con mayor fuerza a estos últimos.

Los nativos, por tanto, siguen ocupando las mejores posiciones económicas y laborales, mientras que las personas de origen inmigrante siguen concentradas al fondo de la estructura social. Una ventaja nativa que se ha mantenido en el tiempo y que, sin duda, ha ayudado a desactivar el sentimiento de amenaza y la hostilidad hacia la inmigración.

¿Aguantarán estos factores manteniendo el sosiego y la tranquilidad intergrupal actual? La respuesta no la sabemos, pero ciertamente hay indicios de que, si no se interviene con urgencia y firmeza política y presupuestaria sobre la cuestión, a través de políticas de cohesión social y gestión de la diversidad, la situación podría cambiar rápidamente.

Y estos indicios son, entre otros, un profundo malestar social en los barrios populares, donde el precariado se ha convertido en el horizonte vital para cientos de familias y jóvenes, la existencia de un fuerte y arraigado prejuicio sobre los inmigrantes entre la población nativa, y la existencia de posiciones de derecha extrema que han decidido romper el consenso democrático que, sin ningún reparo sobre sus propios prejuicios, utilizan la inmigración como señuelo electoral.

Los prejuicios deber ser trabajados a diferentes niveles, personal, educativo y mediático, hasta concienciarnos de que la población de origen inmigrante ya forma parte del país que somos y seremos."              ( , The conversation, 13/10/21) 

10.8.21

La España mestiza y multicultural que Tokio ha visibilizado... la verdadera cara de una tierra próspera y tolerante, en un país en que el el franquismo dejó serias secuelas racistas sufridas por andaluces, gallegos o extremeños en regiones más industrializadas, señalados con el estigma de la discriminación. Los nuevos españoles conformarán una sociedad mestiza y moderna... con ciudadanos de más de cien nacionalidades distintas

 "Se llama Ana Peleteiro y es gallega negra de padre africano; se llama Ray Zapata, vive en Alcorcón y con cinco años se instaló con su madre en Lanzarote… Estos días atrás, los dos se envolvieron orgullosos en la bandera española tras ganar medallas olímpicas en Tokio para su país, para nuestro país.

Esa bandera de la España mestiza y viva que nuestros atletas han exhibido en los juegos olímpicos ha mostrado al mundo entero la verdadera cara de una tierra próspera y tolerante. La cara plural y multicultural donde los malos rollos solo tienen cabida en mentes crispadas y nostálgicas que se obstinan, sin conseguirlo, en prostituir los símbolos que nos representan a todos.

En materia de racismo, el franquismo dejó serias secuelas en pueblos y ciudades de este país, los gitanos estaban demonizados y hasta los andaluces, gallegos o extremeños que se marchaban a trabajar a regiones más industrializadas percibían el estigma de la discriminación en los lugares a cuya prosperidad estaban contribuyendo.

 No ha mejorado la cosa con la irrupción de la ultraderecha en el panorama político. Estamos en la prehistoria de la asimilación de una realidad multicultural que no tiene marcha atrás por mucho que xenófobos e intolerantes de medio pelo se empeñen en ello. Por mucho que los inmigrantes parezcan invisibles en los mismos sitios donde son imprescindibles.

Por eso lo que ha ocurrido en Tokio 2020 tiene a mi entender tanta importancia. Además de imprescindibles, ya no son invisibles. Si en los invernaderos del Poniente almeriense por ejemplo, levantáramos por un momento los plásticos que cubren las cosechas de tomates, pimientos, calabacines y sandías, descubriríamos más de ochenta mil personas de piel oscura sudando a mares a diario. Seres humanos que para los fascistas no solo son invisibles, sino explotables e ignorables en el momento en que dejan de ser útiles.

En efecto, cuando, exhaustos, acaban la jornada laboral por la que, en el mejor de los casos, cobran cincuenta euros, magrebíes y subsaharianos toman sus bicicletas y desaparecen. No hacen vida social en Roquetas, Vícar, El Ejido o La Mojonera. No se les ve en los bares, ni en ningún centro de ocio. Solo en los Centro de Salud cuando están enfermos o en el Mercadona cuando acuden a comprar provisiones.

Hace ya unos treinta años que empezaron a llegar y seguimos viviendo de espaldas. Sin darnos cuenta que empiezan a tener hijos que van al cole, niños que ya sí se relacionan con los de aquí de toda la vida, niños que se hacen grandes y van a la universidad y al gimnasio. Niños que ya son adultos y que ganan medallas en Tokio. Niños que a su vez ya tienen niños…

Esto es lo que han dejado en evidencia los Juegos Olímpicos de Tokio, que no hay marcha atrás, por mucho retrógrado de banderita en la muñeca que se resista. Los nuevos españoles serán abogados, médicos, peritos o ingenieros técnicos agrícolas y conformarán una sociedad mestiza y moderna que trabajará por un futuro mejor en la tierra donde crecieron.

 En los censos de los principales municipios del Poniente almeriense figuran inscritos ciudadanos de más de cien nacionalidades distintas. Los partidos políticos no han aprendido aún a digerirlo. Los del PP han sobrevivido hasta ahora intentando maquillar su racismo congénito como mejor han podido para que no se les escaparan las alcaldías, y las izquierdas exhiben una escandalosa carencia de reflejos a la hora de poner en marcha proyectos de integración para un futuro multicultural.

A veces dan la impresión de que no acaban de creerse que los inmigrantes vinieron para quedarse, que será aquí donde ellos y sus descendientes echarán raíces. Y si algún partido sabe ver el beneficio que todo esto supone para el futuro de nuestro país, no se percibe que actúe en consecuencia. Por eso Vox les come la tostada, pero por eso también los momentos mágicos que hemos vivido en Tokio estos días pueden contribuir a que quienes deben tomar nota de una vez, se pongan a ello.

La España que viene es mestiza y multicultural, es una España de Peleteiros y Zapatas. Qué bonito altavoz el de Tokio para que saquen conclusiones quienes aún manifiestan dudas a la hora de combatir el racismo y la xenofobia de la ultraderecha con la mayor de las firmezas."                   (Juan Tortosa, Público, 07/08/21)

25.10.17

España es, o podría ser, un antídoto a Donald Trump... por la alianza entre una pequeña burguesía española desclasada con las clases populares emigrantes pauperizadas, obreros de la construcción, trabajadores de la limpieza, para luchar contra los desahucios, los suicidios ligados a la banca...

"(...) ¿Cree que en España es diferente o es que simplemente en materia de actitud ante los emigrantes aún estamos en la Francia de los ochenta? 

Aun no se cómo están las cosas a ese respecto en España, pero me parece que toda esa fuerza de contestación de extrema derecha que tenemos en Francia, en España se canaliza a través del PP y adquiere formas diferentes.

 Lo que veo es que la historia de esa inmigración de mano de obra para la construcción de los años 2000, cambió también la relación hacia los extranjeros en España, tanto más cuando después de la crisis España se ha convertido en tierra de emigración. Creo que en los barrios latinos o marroquíes de la periferia de Madrid y de las ciudades de Cataluña todo eso cambio la visión española de los inmigrantes y hay un racismo menos pronunciado.

 Es más; vemos cómo esa gente ha sido la más afectada por la crisis de las hipotecas tóxicas. Cuando se hacen estadísticas en la PAH te das cuenta de que hay una sobrerrepresentación de afectados marroquíes y ecuatorianos. 

Eso es lo que sugiero en mi película: al elegir en el montaje a un ingeniero marroquí frente al palacio de justicia de Madrid, y al seguir a una afectada ecuatoriana que bromea sobre su nacionalidad mientras hace un gazpacho con las amigas ecuatorianas: lo que se desvela es el lugar (mas integrado) de esa gente en la sociedad española…

El momento en el que la gente decide no pagar las deudas, es un momento precursor de grandes transformaciones históricas”

…mientras que en la Nuit debout (el particular 15-M parisino) o en la France insoumise (el movimiento de la izquierda) se ve muy poca gente procedente de los barrios periféricos mayoritariamente de origen migrante.

Exacto, por eso creo que ahí hay una de las claves para entender el hecho de que España es, o podría ser, un antídoto a Donald Trump. Tanto Estados Unidos como España fueron afectados por la ola de créditos de riesgo por lo que se podría imaginar una reacción similar. 

Si no ocurrió fue por la alianza entre una pequeña burguesía española desclasada, que en Francia habría evolucionado hacia un poujadisme (la derecha corporativa de los tenderos en la Francia de los cincuenta), con las clases populares emigrantes pauperizadas, obreros de la construcción, trabajadores de la limpieza en hogares españoles y demás, que venían de un medio muy diferente pero que se soldaron para luchar contra los desahucios, los suicidios ligados a la banca, etc. 

Y eso ha sido un movimiento de masas que dura hasta nuestros días. Esa alianza no ha existido en Estados Unidos, lo que explica ese escenario digno de Black Mirror en el que el magnate inmobiliario aliado de los banqueros responsables de la crisis haya sido elegido y se encuentre en el poder cuando él es la causa de los problemas contra los que lucha la gente.

 Comparando lo que ha pasado en los dos países se entiende algo del mundo de hoy. Creo que el momento en el que la gente decide no pagar las deudas, es un momento precursor de grandes transformaciones históricas. En decir que es legítimo no pagar la deuda hay algo fundacional y creo que eso resuena en toda la España de hoy hacia la Unión Europea…

Por otro lado, en España, por razones comprensibles de que salíamos de una dictadura, y por los fondos de cohesión, hay más adoración hacia la UE. Europa era la perspectiva de una sociedad más democrática y libre. Por eso el debate europeo en España es tan pobre, la izquierda no sabe qué hacer con el euro y apenas se critica a la UE. 

 Podemos apenas aborda esta cuestión porque si en España se critica a la UE es difícil ganar votos. Mientras que en Francia en los últimos dos años se ha avanzado mucho en esas cuestiones, seguramente porque no hay ese complejo de país en desarrollo y porque la conciencia de que Francia se disuelve en la UE es mucho mayor.

Sí en Francia funciona muy bien…. incluso de forma demagógica tanto a izquierda como a derecha. A pesar de todo, en España hay un discurso contra la troika, contra Merkel, que funciona bastante bien pero que me parece que está rellenado por otros elementos. 

Recuerdo el caso de un albañil rumano de la PAH de Madrid que estaba obsesionado con Estrasburgo: calculaba el tiempo que necesitaba para hacer el viaje de ida y vuelta con su coche gastando enormes cantidades en gasolina porque quería obtener de la UE la anulación de las cláusulas abusivas de su contrato inmobiliario. 

Esos movimientos sociales utilizan elementos y comparaciones internacionales, el poder de la UE, para criticar al Estado. Europa juega ese doble papel; es punto de apoyo para criticar la dominación política y financiera en España y al mismo tiempo es el enemigo que hizo posible toda esa liberalización acelerada a partir de los años ochenta que es especialmente fuerte en el sector financiero.

 Creo que en el caso de ese albañil rumano hay elementos de internacionalismo y también muy fuertes de crítica a la manera en la que se creó esta Europa más contra los pueblos que a su favor. Es una madeja de lana muy difícil de deshacer y que es particularmente visible en España. (...)

En la France insoumise, con todas mis reservas hay muchas cosas que me interesan. Hace unas semanas fui a su universidad de verano a hacer una presentación sobre la industria farmacéutica y la sanidad. Me di cuenta que hay un movimiento alrededor de esa fuerza política, algo que en parte recuerda a Vista Alegre I (primer congreso de Podemos), más que a Vista Alegre II, y que nos dice que a ambos lados de los Pirineos hay una búsqueda parecida.

 El éxito de la France insoumise ha sido cambiar cierta imagen de los movimientos sociales replegados sobre sí mismos. Luego, desde mi punto de vista, tengo toda una serie de objeciones, sobre la soberanía, sobre el tema de la Unión Europea, sobre el patriotismo económico donde veo zonas resbaladizas que habría que evitar…

…precisamente, esas son las cosas que a mi me parecen más interesantes y con más futuro de Francia… 

(...)   en España hay algo mucho más innovador que es lo que explica también las victorias de la PAH: gente fuera de toda voz sindical tradicional, fuera de las empresas, en sus barrios que se implicaron y empezaron a hablar de sus casas, de sus conflictos íntimos y de sus deudas personales, de su situación de culpabilidad que querían transformar. 

Allí hay toda una máquina sentimental, fuera de los senderos trillados, en la que Francia debería inspirarse para que su actual movimiento no sea un nuevo fracaso defensivo ante un nuevo ataque al derecho laboral."                  

(Entrevista al sociólogo y documentalista francés, Quentin Ravelli, , La Vanguardia, 19/10/17)

1.6.17

La aceptación de las diferencias culturales sobrepasa el 75% en las barriadas populares con altos porcentajes de población inmigrante... y entre un 15% y un 25% forma la minoría social con actitudes de exclusión

"¿Un señor de origen africano que vive en el barrio es un extranjero o un vecino? ¿Y una señora de raíces asiáticas? Depende de quién responda. A dos de cada tres residentes en barrios españoles de elevada multiculturalidad les parece “bien” o “muy bien” que una parte de la población de su barrio proceda de otros países, algo más del 40% lo considera “una ventaja” o “una gran ventaja” y la aceptación de las diferencias culturales sobrepasa el 75%.

“Hay una mayoría social que podemos estimar entre el 60% y el 70% con actitudes de inclusión”, señala la última Encuesta de Convivencia Social e Intercultural en Barrios de Alta Diversidad, elaborada por La Caixa con datos de 2015, que, no obstante, recomienda precaución para “no interpretar esa estimación cuantitativa como el reflejo de un polo sólido de inclusión pues, a la hora de un conflicto de intereses, parte de esa actitud puede girar hacia posiciones más ambivalentes o incluso hostiles”.

El estudio, que sitúa “entre un 15% y un 25% como mínimo” la “minoría social” con “actitudes de exclusión”, señala que la mitad de la población de esos barrios considera que en ellos hay “coexistencia”, mientras que la percepción de “convivencia” sube al 36% y la de hostilidad baja hasta el 14%.

Ese rechazo al inmigrante crece con la edad: el 11,6% de los mayores de 55 años, casi uno de cada ocho, ve “mal” o “muy mal” que en su barrio viva gente procedente de otros países, tasa que baja al 10,4% entre los vecinos que tienen hasta veinte años menos y que desciende al 7,9% entre los jóvenes de 18 a 34.

El rechazo al extranjero también varía según la ocupación: supera el 12% entre los pensionistas y las amas de casa, baja al 8,8% entre quienes tienen empleo y se desploma el 3,2% entre quienes lo buscan, lo que parece apuntar que el aislamiento de la diversidad en las actividades cotidianas puede acabar influyendo en la aceptación de la diversidad.

Varios indicios apuntan a que ese pueda ser uno de los motivos de los elevados niveles de rechazo al otro detectados entre la población menor de edad de alguno de los barrios estudiados, lo que conecta con la segregación derivada del deterioro del sistema educativo público: colegios infradotados de personal y de infraestructuras para integrar a los escolares de origen extranjero acaban perdiendo población autóctona, que migra a colegios de otras zonas de la ciudad u opta por la concertada y la privada, cuyos precios resultan prohibitivos para buena parte de los vecinos de origen extranjero.
“Potenciar al que está a gusto”

Delicias, un distrito zaragozano de 109.901 habitantes con vecinos de 110 nacionalidades distintas de la española que suponen un 22,8% de su población, es uno de los barrios incluidos en el estudio, (...)

 “Un 77% de los vecinos de Las Delicias quiere seguir viviendo en su barrio, pero solo un 14% se siente seguro”, informaba hace unos días el decano de la prensa local, Heraldo de Aragón, al adelantar los primeros datos de la encuesta, tan demoscópicamente ciertos como racionalmente incongruentes. ¿Confortablemente inseguros? ¿Inseguramente arraigados? 

“Hay que potenciar el 75% de la población que está a gusto. En Delicias no hay rechazo, no hay problemas de convivencia”, sostiene Concha Remón, de la fundación para la promoción e integración social, educativa, cultural y laboral Adunare, que reclama como algo fundamental “una inversión importante en infraestructuras y personal para los colegios del barrio, en los que hay que bajar los ratios. 

Queremos una pública como el resto de la pública”. “Todos los niños del barrio no están en los colegios públicos del barrio”, en los que sobraron plazas en el curso 2015-2016.

Para entonces, como venía ocurriendo desde 2011, la población de origen extranjero era mayoritaria en tres de las ocho escuelas del distrito: el obsoleto Andrés Manjón, sobrado de niños con necesidades educativas especiales y falto de especialistas educativos para atenderlos; el Emilio Moreno, que, por carecer de infraestructuras, ni siquiera tiene comedor, y el Antonio Beltrán.

 La crisis ha reequilibrado los niveles, aunque la escuela sigue lejos del 76%-24% que se da en la calle. Una parte amplia de las familias autóctonas sigue tendiendo a llevar a sus hijos a centros públicos ubicados fuera del barrio o a concertados. “La desventaja con esas carencias no es solo para el niño que tiene necesidades especiales, sino para todos”, señala Remón.  (...)

“Los antiguos barrios obreros son ahora multiculturales”, (...) “Ya sabemos dónde está la pobreza. Ahora debemos integrar todo lo referente a la convivencia. Hemos pasado de barrio obrero a barrio pobre, por lo que, o hablamos en términos de civismo y nos dejamos de diferencias interculturales, o vamos en la misma dirección que Francia”, sostiene Gimeno, crítico con algunas intervenciones tradicionales (“los planes integrales no dan resultado porque en el fondo no lo son, ya que cada Administración despliega solo sus competencias”) y que plantea nuevos retos.

 “La planificación urbana sigue pensando en barrios obreros, pero ¿qué vamos a hacer ahora que el paradigma ha cambiado y cada vez hay menos trabajo?”.  (...)

La generación de la posguerra convive ahora con los migrantes extranjeros y con la parte de mayor edad de la clase obrera autóctona, después de que los hijos de los primeros tengan a los suyos en los barrios a los que se mudaron durante la burbuja inmobiliaria. “Una población migrante autóctona de origen rural convive ahora con una población migrante internacional”, señala Gimeno.  (...)

“¿Qué está pasando en los barrios?”, se pregunta Gimeno, mientras recuerda cómo la deficiente gestión de la resaca de las movilizaciones de los suburbios franceses en 2005, basada en el urbanismo gentrificador de antiguas zonas de vivienda social, es uno de los factores que están influyendo en la deriva extremista del país vecino.  (...)"               (Eduardo Bayona  , CTXT, 19/05/17)

5.5.15

“La sociedad ahora se divide en desocupados pobres, o pobres ocupados”

"(...) ¿Esto quiere decir que todavía existe una discriminación hacia el inmigrante en el ámbito laboral? ¿Siguen los prejuicios? ¿O es una precarización generalizada?

Lo que pasa es que se ha nivelado para abajo. La sociedad ahora se divide en desocupados pobres, o pobres ocupados. Hay mucha gente pobre que tiene un trabajo, que cobra 500, 600 o 700 euros por mes. Antes solo eran inmigrantes. Ahora también hay población local, trabajadores europeos, españoles, catalanes, etc., que están dispuestos a trabajar por una miseria.

Es decir, España no discrimina, es la simple realidad.

Antes discriminaba a unos pocos, ahora discrimina a casi todos. Y cuando se discrimina a todos se pasa a un nuevo status quo muy peligroso: normalizar para siempre la precariedad laboral y de vida. Para una persona, su esperanza de futuro es a lo sumo tener un trabajo precario. Y esto es muy triste y muy peligroso. 

Hubo una época en la que las empresas se iban de España a países más baratos para bajar los costes laborales. Lo que es increíble es que van a empezar a venir fábricas y empresas de todo tipo a España simplemente porque el coste laboral español ha descendido enormemente. Esto es una pérdida enorme para la calidad de vida de las personas y una precarización del trabajo muy preocupante.

Los niveles de inmigración en España han descendido desde que comenzó la crisis. También hay españoles que han salido fuera. Sobre todo jóvenes. ¿Las oportunidades, en este caso en América Latina, se han incrementado –aunque los antiguos BRICS, entre ellos Brasil, parecen haberse ralentizado-, o es que aquí no encuentran lo que buscaban?

La gente emigra por necesidad, pero también por algo mucho más importante: la perspectiva o ilusión de mejora en el futuro. La gente que se está yendo a Brasil, a Colombia, a distintos países de Latinoamérica, sueñan con hacer las Américas; ir a un sitio, evolucionar y crecer económica y profesionalmente. 

Y es verdad que cualquier persona que haya trabajado aquí con sistemas del primer mundo en la construcción, por ejemplo, puede instalar estos sistemas en Latinoamérica. Como también es cierto que los profesionales europeos son muy bien remunerados y recibidos en nuestros países. 

Nos vamos a tener que acostumbrar a las migraciones circulares: que una persona esté en España y Colombia, Perú, Ecuador, Canadá, Suiza, y luego vuelva a jubilarse a España. (...)

 ¿España ya no es un país atractivo?

¿España sigue siendo atractivo comparado con? La pobreza española es riqueza en el 80% de nuestros países. Una persona vuelve a Bolivia, y vuelve a un pueblo donde la calle es de tierra, donde en el hospital no hay nada, donde la escuela es un desastre, y dice: ‘Mira, por mis hijos, aunque la tenga que pasar mal, me quedo en España’. Esperando a que la crisis económica se pase. Esperando su oportunidad. (...)"           (Entrevista a Javier Bonomi, La Vanguardia, 03/05/2015)

29.12.13

El 57% de los inmigrantes que viven en España quiere quedarse, pese a la crisis

"El sueño europeo. Fue lo que mis vecinos me decían cuando me vieron marcharme con mis cuatro hijos a cuestas y una mano delante y otra detrás". Bárbara llegó a España en febrero de 2007, cuando a su alrededor la crisis se fraguaba en silencio.

 Dejó su país natal, Argentina, huyendo de una vida que colocaba a su familia en un callejón sin salida. "Allí tenía que pelear por llevar un plato de comida a casa; aquí, aunque parezca superficial, puedo comprar a mis hijos unos zapatos o llevarles un día a cenar fuera". 

Salió de su barrio con lo puesto después de vender su casa. Casi siete años después, ha conseguido un permiso de residencia gracias a un contrato de empleada del hogar y no está entre sus planes volver a su tierra.

Como Bárbara, el 57% de los inmigrantes en España tienen intención de quedarse definitivamente. A pesar de que sus expectativas de vida no se han cumplido del todo, un 42,4% está bastante satisfecho con su situación actual. Lo dicen las conclusiones del informe Claves de la integración de los inmigrantes en España 2013, elaborado por la Fundación SM, que señala, entre otras cuestiones, los obstáculos más pesados que enfrenta esta población.

 El paro es el primero (60%), seguido por el idioma autonómico (45%) o el propio castellano (43%). Todos los datos son relativos al año 2011, cuando se realizaron las encuestas sobre las que se fundamentan. 

Otra dificultad para muchas personas inmigrantes es la integración. Aunque un 66% reconoce que se sienten bien tratados, más de la mitad considera que sus condiciones de trabajo son algo peores que las de la población española. 

"En varias ocasiones me he sentido discriminada por no tener papeles. Indirectamente pago el IVA, pago la luz, el agua, el alquiler... ", comenta Bárbara, cuyo salario no llega a los 750 euros mensuales. Aterrizó en España en busca de un trabajo digno, al igual que el 38% de los inmigrantes, según datos del informe.

 Desde hace años trabaja como empleada del hogar en varias casas. En algunas han accedido a darle de alta en la seguridad social, lo que le ha permitido regularizar su situación; en otras, se niegan. "Eso sí -puntualiza- el día que no trabajo, no cobro". 

Solo uno de sus hijos aún no ha podido obtener los papeles. Aunque ha ocupado varios puestos de trabajo, nunca han querido contratarle legalmente. "Estuvo durante unas semanas en un restaurante. 

Echaba muchísimas horas al día por menos de 800 euros. Desde el primer momento le dijeron que cobraría en negro y, dos semanas después, le pusieron en la calle porque encontraron a una chica que hacía lo mismo por 600".

Pese a todo, Bárbara dice que nunca se sintió desamparada. "Cuando llegamos a España, los servicios sociales nos orientaron y nos guiaron. En este sentido, este país me ha acogido mejor que el mío propio", reconoce esta mujer, cuyos nietos ya son nacidos en España. 

Al igual que ella, según el informe, el 93,3% de los inmigrantes valoran positivamente los servicios sociales públicos. O al menos así lo hacían en 2011, antes de la entrada en vigor del Real Decreto que excluye a los ciudadanos sin papeles de la atención sanitaria y que afecta a más de 800.000 extranjeros residentes en España."                   (eldiario.es, 26/12/2013) 

30.10.10

Guisona, primera localidad española con más de un 50% de extranjeros

"Guisona (Lérida) es la primera localidad española que ha superado el 50% de vecinos extranjeros. Así, desde esta semana, 3.289 de los 6.568 vecinos empadronados (un 50,08%) no tienen nacionalidad española, según informa el Segre.

Los extranjeros proceden mayoritariamente de Europa del Este (2.379 personas, el 72% de los foráneos), liderados por los oriundos de Ucrania (1.069 personas) y Rumanía (1.056). A cierta distancia se sitúan los originarios de Senegal (376) y Marruecos (190).

La población acoge la Corporació Agroalimentària de Guissona (CAG), la mayor empresa de la provincia de Lérida, con 3.500 trabajadores, lo que ha sido un reclamo para muchas personas que buscan trabajo. De hecho, hace diez años, la localidad solo tenía 3.339 habitantes.

El alcalde, Josep Cosconera (ERC), asegura que no hay conflictos relevantes en el pueblo, a pesar de que conviven personas de 48 nacionalidades diferentes, y subraya que desde el Consistorio, los voluntarios lingüísticos, Cáritas y diferentes asociaciones y centros educativos, se pone énfasis “de forma especial” en mantener el catalán como lengua de convivencia." (lavozdebarcelona.com, 29/10/2010)

Comentario: ¿Y por qué no pueden elegir el alcalde? ¿Por qué no es alcalde un ucraniano, un senegalés o un rumano? ¿Y por qué no pueden elegir el idioma que más oportunidades les ofrezca?

12.2.10

"Se les ayudaba a irse y luego se denunciaban como fugas"

"Roberto H. trabajó durante un año como "responsable de transportes" en el centro de menores de Deba, en Guipúzcoa, que cerró a finales de diciembre. Él asegura que llevó a "15 o 20 chavales, a algunos hasta dos veces" hasta la estación de autobuses o de trenes para que, con dinero del centro, que a veces le daba el director en mano, se compraran un billete y se fueran a otras provincias, "sobre todo a Barcelona, A Coruña y Madrid". "Decían que tuviera cuidado de que no me vieran con los chavales. Una vez se iban, se ponía una denuncia para simular que se habían escapado", contó ayer a este periódico.

El diputado del PNV, Emilio Olabarría, denunció ayer el caso inverso en el Congreso. Dijo que es una práctica común que lleguen chavales en autobús desde otras provincias. Habla de una "patología" que ha sido "comprobada fehacientemente", y que consiste en que "a menores residentes en determinadas autonomías se les está pagando el billete y se les está proporcionando dinero para que se trasladen a ciudades como Vitoria o San Sebastián, donde hay servicios sociales potentes, y que permiten la acogida, aunque ya están siendo materialmente desbordados". (...)

Peio Aierbe, coordinador de SOS Racismo en Guipúzcoa, asegura que tanto los chavales como los educadores les han contado cómo en algunos centros de Guipúzcoa se ha llevado a cabo la práctica que describe Roberto H. Y explica que existe un doble discurso político: "Se atiende razonablemente bien a la gran mayoría de los chicos. Pero hay un porcentaje, de los que están en situación de mayor marginalidad, a los que se les dice 'aquí no tenéis futuro". ¿Cómo? "Poniendo trabas burocráticas, llevándoles a centros como el de Deba donde no se les educaba y no tenían nada que hacer y pagándoles un billete de autobús para que se marchen". (El País, ed. Galicia, sociedad, 11/02/2010, p. 36)

4.2.10

Nuestra emigración... Europa adelante...

"Diciembre de 1962. Un hombre joven lucha por reprimir sus lágrimas ante el cónsul de Alemania en Barcelona. La policía de aquel país lo ha expulsado por no tener los papeles en regla. El cónsul le grita que debe ir hasta Málaga, de donde es, a arreglar sus documentos.

Pero el joven no tiene dinero, sólo un billete de vuelta a Frankfurt. La secretaria del cónsul rellena nerviosamente un impreso y lo pone delante de su jefe para que lo firme. El cónsul lo firma, se lo da al joven, y le dice: ya puedes volver a Alemania. Aquel hombre joven era mi padre. (...)

No lo podemos saber a ciencia cierta, pero se calcula que en torno a un tercio de los españoles que emigraron a Alemania lo hicieron de manera irregular. No sé muy bien qué quieren decir quienes afirman que los españoles emigrábamos con papeles. (...)

A su regreso a España aquellos emigrantes trajeron algo más que las divisas ahorradas. La convivencia con los trabajadores de países democráticos y más desarrollados que el nuestro fue una escuela de modernidad para nuestra clase obrera. La combinación entre emigración y dictadura produjo por unos años la paradoja social de una clase trabajadora más viajada y cosmopolita que el grueso de la clase media.

Cuando en nuestro país algunos intelectuales aún se debatían entre el maoísmo y el trotskismo, una buena parte de nuestros emigrantes tenían clara su apuesta por la socialdemocracia. Ellos fueron un pilar fundamental para el proyecto de cambio que lideró Felipe González. Se ha dicho que tal proyecto era claro: ser como Europa. Pero no hubiera sido tan claro sin la experiencia de Europa de tantos españoles, sin su peculiar Erasmus.

Europa era la solución, pero nuestra integración efectiva en Europa no fue fruto del liderazgo histórico de unas élites esclarecidas sino del coraje biográfico de los trabajadores. (...)

Quienes tienen la experiencia de la emigración saben bien que la famosa llamada no es ni un efecto, ni una metáfora, sino literalmente una llamada. En los años cincuenta y sesenta era la carta de un familiar, de un amigo o de un paisano, avisando de un trabajo en Suiza, Francia o Alemania. Hoy es la llamada telefónica realizada desde un locutorio.

Han sido las ofertas de trabajo de los pequeños, medianos y grandes empresarios agrarios, de la construcción, de la hostelería, del comercio y del transporte, las que han atraído a los trabajadores inmigrantes para mejorar la cuenta de resultados de sus negocios.

Y no les ha ido mal, los inmigrantes son responsables de un 30% del crecimiento de nuestro PIB en la última década. Han sido las familias de clase media quienes han llamado a varios centenares de miles de mujeres de Bolivia, Perú o Ecuador, para que vengan a cuidar a nuestros hijos o a nuestros mayores, al duro precio de tener que dejar de cuidar a los suyos. (...)

Que la derecha política, cuando gobernaba, dejara que se formase en España una enorme bolsa de inmigrantes en situación irregular, vulnerables al no estar protegidos por las leyes, sometidos al capricho de cuantos desalmados quisieran aprovecharse de ellos, fue una mala acción. Culpar de la existencia de esa bolsa de inmigrantes a quienes los pusieron bajo el amparo de las leyes es sólo una bajeza. (...)

La memoria de nuestra emigración ha contribuido a nuestra forma, por lo general decente y sensata, de entender la inmigración. Incluso en mitad de una profunda crisis hemos sabido preservar la convivencia a pesar de las predicciones de algunos agoreros. Porque no son las dificultades materiales, sino los valores con que las afrontamos, los que determinan las consecuencias sociales de las mismas, y los españoles podemos sentirnos bastante orgullosos de nuestros valores. (...)

Los economistas hablan de activos intangibles. La reputación de un país es uno de esos intangibles. Seis millones de personas de otros países, de otras culturas, dan testimonio de quiénes somos los españoles. Los inmigrantes son también embajadores de países en los que España tiene intereses estratégicos, ya sean de carácter económico o político, y pueden contribuir decisivamente a la actitud que las generaciones presentes y futuras de esos países tengan con nosotros. (...)

Como parte de la España que emigró, tengo bien presente que quienes hoy tratan de ganar votos alimentando la xenofobia son de la misma estirpe que aquellas élites que forzaron a mis padres y a muchos como ellos a emigrar. Tampoco olvido la gratitud de mis padres al canciller alemán Willy Brand por su buen trato a los inmigrantes. Por eso a veces pienso que quizá dentro de treinta años el hijo diputado de una inmigrante ecuatoriana hablará bien de Zapatero y de la España que, conservando la memoria de su propia emigración, supo respetar el derecho de su madre a hacerse una mamografía.

Es posible que a algunos ese tiempo les parezca lejano, y por no aguantar con entereza este momento de dificultad pretendan malbaratar nuestro futuro arruinando el patrimonio moral, y no sólo moral, que entre todos hemos ganado para nuestro país. Como dice Daniel Innerarity, los conservadores de hoy no se caracterizan por querer preservar el pasado, sino por destruir el futuro." (JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA. A quien corresponda. El País, ed. Galicia, opinión, 23/01/2010, p. 35)

26.1.10

Un cuento sobre la integración... que indica el camino correcto... y justo... como lo hubo en Argentina...

"Fue una agradable sorpresa ver que el nuevo presentador del telediario de la noche fuera de origen marroquí; al fin y al cabo, hay casi tres cuartos de millón de ellos en España. Dice mucho del nuevo director general de Televisión Española que haya entendido que lo que es invisible no existe y que haya apostado decisivamente porque la parrilla de los telediarios refleje la diversidad de este país. También fue interesante pasear por Lavapiés y ver unas patrullas de policía tan mixtas como el propio barrio: un policía llevaba turbante e incluso había una mujer policía que llevaba un pañuelo cubriéndole la cabeza. En el barrio todo el mundo está muy contento; por fin tienen la sensación de que la policía es parte de la comunidad que tiene que proteger.

Se acabó también lo de pedir la documentación en función del color de la piel o el aspecto extranjero. El recién nombrado fiscal general del Estado (de origen dominicano) ha sido tajante al respecto: al menos el bochorno que causó su detención cuando paseaba pacíficamente por la Gran Vía una noche de sábado ha servido para poner fin a una práctica tan inaceptable.

Lo que nos lleva al Tribunal Constitucional: la llegada de una jurista de origen saharaui al máximo tribunal ha sido un paso sumamente importante y ha puesto fin a las absurdas discriminaciones en cuanto a la vestimenta que imperaban en el mundo judicial.

En el Congreso, la reciente sentencia sobre la "ley para la integración de los inmigrantes en la vida pública" ha marcado un antes y después. Reflejo de la diversidad de este país, que cuenta ya con más de cinco millones de extranjeros empadronados, aproximadamente unos 40 diputados nacieron fuera de España o son hijos de inmigrantes. El caucus andino, en concreto, que agrupa a los diputados ecuatorianos, peruanos y bolivianos de todos los partidos, ha sido muy activo.

Nuestra política exterior también se está beneficiando enormemente de las nuevas políticas de integración. Gracias a la integración en el cuerpo diplomático de jóvenes de origen subsahariano, nuestro Ministerio de Exteriores conoce a la perfección la política, lenguas, tradiciones y aspiraciones de una región en la que ha abierto recientemente un gran número de nuevas embajadas. A la vez, el nombramiento como secretario de Estado de Cooperación Internacional de un español de origen ecuatoguineano ha sido un gran paso para desterrar todas las acusaciones de neocolonialismo moral que se hacen sobre la ayuda al desarrollo y la promoción de la democracia y los derechos humanos en el exterior. Igualmente, los cinco diputados marroquíes en el Congreso no sólo están siendo esenciales a la hora de desactivar el radicalismo islámico en España sino a la hora de influir positivamente en la evolución democrática de Marruecos.

¿Y qué decir de ese chaval de origen búlgaro que ha ganado la olimpiada de matemáticas en representación de España? ¿Y del empresario de origen cubano que ha revolucionado la telefonía móvil al lograr que todas las llamadas de móvil vayan por Internet, situando a su empresa en el Ibex 35? ¿Y del chino que atiende en la oficina del Inem? Parece que la política de becas y de lucha contra el fracaso escolar de los inmigrantes está funcionando. Menos mal que en este país se entendió a tiempo que la única pregunta relevante sobre la inmigración es si los hijos de los inmigrantes irían a la Universidad.

Evidentemente, todo lo anterior es ficción, un presente que no sólo no existe, sino que, al paso que vamos, camina exactamente en dirección contraria. Así, se nos pretende hacer entrar en un supuesto debate que tiene un método original ("sin complejos"); que predefine la inmigración (en lugar de la xenofobia) como problema; que antes de comenzar ya nos anuncia la conclusión ("aquí no cabemos todos") y, sobre todo, que esconde con todo descaro las verdaderas motivaciones (electorales) de los que lo patrocinan." (JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA: ¿Dónde están los inmigrantes?. El País, ed. Galicia, internacional, 25/10/2010, p. 10)