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26.9.24

¿Qué culpa tiene la izquierda de que la extrema derecha haya llegado al poder en Italia? Siempre digo que el verdadero padre de Meloni se llama Enrico Letta [primer ministro entre 2013 y 2014]. En las elecciones, la coalición de derechas tuvo 12 millones de votos. Los demás, 14 millones de votos. Pero la derecha hizo una coalición, y Letta, al negarse a cualquier acuerdo con el Movimiento Cinco Estrellas llevó la izquierda a la ruina... en el fondo, lo que pasa es que desde el punto de vista de la libertad de acción de un gobernante europeo, los márgenes son del 10%. El 90% lo decide la OTAN en política exterior y militar, y la UE en política económica. Si a un gobernante le quitamos esto, solo le queda desahogarse sobre los migrantes. Y meloni se desahoga con los inmigrantes. Lo que tiene de supremacismo blanco y xenofobia en su corazón se manifiesta en este margen residual (Luciano Canfora, filósofo)

 "(...) P. Esto fue antes de que Meloni llegara al poder, en octubre de 2022. Ahora ha gobernado dos años. ¿Todavía piensa que es neonazi en el ánimo, qué balance hace de estos dos años?

R. Desde el punto de vista de la libertad de acción de un gobernante europeo, los márgenes son del 10%. El 90% lo decide la OTAN en política exterior y militar, y la UE en política económica. Si a un gobernante le quitamos esto, solo le queda desahogarse sobre los migrantes. Y ella se desahoga con los inmigrantes. Lo que tiene de supremacismo blanco y xenofobia en su corazón se manifiesta en este margen residual. Por otro lado, si queremos ser precisos históricamente, es una persona que declaró, cuando se convirtió en primera ministra, que provenía del Movimiento Social Italiano (MSI). Que se llama así por la República Social de Mussolini, un Estado satélite del Tercer Reich. Meloni dice en su libro autobiográfico que ha tomado el relevo de Giorgio Almirante y Pino Rauti [fundadores del MSI]. Almirante era el secretario de la revista La difesa della razza (La defensa de la raza). Rauti era un nacionalsocialista declarado. Así que estamos hablando de algo obvio.(...)

P. Usted dice en el libro que el núcleo del fascismo es el supremacismo racista frente a una supuesta comunidad natural. ¿Ve esto hoy en el enfoque de la política de inmigración en Italia?

R. Sí. La definición de la nación como comunidad natural esta mujer la ha pronunciado oficialmente en un acto, lo encuentras en internet. Es la definición del programa fundamental del Partido Nacional Socialista. Las comunidades naturales son los que pertenecen al Volk, esa gente que cree ser genéticamente diferente de los demás. Los otros son elementos ajenos a la estirpe. Alguien que habla en esos términos tiene esa cultura. Todo esto no necesita grandes reflexiones teóricas, es un hecho escandaloso. Luego el poder judicial está siempre bajo ataque, en la prensa la censura es cada vez más pesada, se suceden las querellas. Son señales, luego puede ir mal, o puede ir bien. El fascismo no se convirtió en dictadura desde el primer día. Esperemos que se detengan a tiempo. Pero no podemos olvidar que un fascismo que juega utilizando la violencia en la medida de lo posible ya está en marcha. Hay motivos para alarmarse.

P. ¿Qué culpa tiene la izquierda de que la extrema derecha haya llegado al poder?

R. Siempre digo que el verdadero padre de Meloni se llama Enrico Letta [primer ministro entre 2013 y 2014]. En las elecciones, la coalición de derechas tuvo 12 millones de votos. Los demás, 14 millones de votos. Pero la derecha hizo una coalición, y Letta, al negarse a cualquier acuerdo con el Movimiento Cinco Estrellas llevó la izquierda a la ruina. Y ahora es una izquierda áfona, que no tiene voz.

P. ¿Qué efecto le hace ver que esta extrema derecha relee a Gramsci en el sentido de tratar de crear su propia hegemonía cultural?

R. El tema de la famosa hegemonía cultural es uno de los muchos aspectos de la escasa cultura de esta gente. En Italia nunca ha habido una hegemonía cultural de izquierdas, ha habido una presencia de cultura de izquierdas junto a una cultura católica mucho más fuerte. Era una cultura liberal que dominaba, por ejemplo, los concursos universitarios en las disciplinas cruciales. Estos de ahora no lo saben, hablan de hegemonía cultural y ¿qué hacen? Exposiciones de Tolkien.

P. ¿También hay un problema de clase dirigente de nivel? Usted dice en su libro que el fascismo fue capaz de atraer a grandes nombres.

R. En su momento el fascismo tuvo lo mejor de la élite cultural porque estaba profundamente ligado a la derecha liberal de [Giovanni] Giolitti y sus camaradas, que tenían la mayor parte de la cultura italiana. No es mérito del Duce cuando ganaron las únicas elecciones disputadas en 1924, era una lista liberal fascista. Llegados al poder, tenían una élite formidable de Marconi a Gentile, a Alfredo Rocco... Hoy estos no tienen a nadie. (...)"

(Entrevista a Luciano Canfora, Iñígo Domínguez, El Pais, 22/09/24)

5.8.24

Durante el franquismo, los policías eran 'los grises'... durante la transición eran 'los marrones'... ahora serán 'los desokupas'... todo un progreso: "El dueño de Desokupa adiestrará a miles de policías tras un acuerdo con un sindicato de agentes"

 "Daniel Esteve Martínez, dueño de Desokupa, la empresa dedicada a los desalojos extrajudiciales en España con prácticas que exploran los márgenes de la ley, y célebre por sus vídeos en redes sociales con duros ataques a los partidos de izquierda, adiestrará a partir de septiembre a “miles” de agentes de la Policía Nacional. Lo hará tras firmar un acuerdo de colaboración con Mónica Gracia, secretaria general del Sindicato Unificado de Policía (SUP, el segundo en número de votos en las últimas elecciones sindicales, de junio de 2023), según han anunciado ambas partes a través de las redes sociales con un vídeo. El acuerdo ha provocado enorme malestar en el resto de sindicatos policiales ―la Unión Federal de Policía ha denunciado en X que el acuerdo puede dañar la imagen policial― y en el Ministerio del Interior por el polémico perfil de Esteve. El departamento de Fernando Grande-Marlaska ha anunciado este domingo que “estudiará la apertura de un expediente para analizar la posible impugnación del convenio y estudiar si conculca los valores democráticos” y ha recalcado que esta formación “carece de valor alguno de cara a evaluaciones profesionales. Poco antes, Sumar había anunciado que preguntará en el Congreso al Gobierno “qué medidas va a adoptar para impedir que grupos de civiles violentos formen a miembros de la policía en activo”.

“Nosotros no pedimos el carné político a nadie. Lo hemos firmado con quien creemos que puede ayudarnos a lograr el objetivo de mejorar la formación que los agentes reciben de la Dirección General de la Policía y de Interior”, justifica un miembro de la ejecutiva del SUP que insiste en que el acuerdo no tiene “ninguna connotación política”. La secretaria general, en el vídeo que anunciaba el acuerdo, hablaba de hecho “histórico” motivado por una supuesta “violencia desmedida” y la pérdida de autoridad de los agentes que, en su opinión, acrecienta el riesgo al que se enfrentan los policías. Por su parte, Esteve ―una de cuyas últimas acciones fue colocar justo antes de las últimas elecciones generales una lona gigantesca en la fachada de un edificio en obras en el centro de Madrid, con un mensaje dirigido contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: “Tú a Marruecos. Desokupa ¡a La Moncloa!”―, defiende el que califica de proyecto “brutal”, e incide en que esta formación para agentes es necesaria porque “la inseguridad es un problema en las calles”.

El convenio recoge que Esteve, a través de una de su empresas, Desokupa Manda SL.*, y la marca comercial de esta, el Club Desokupa, impartirá a partir de septiembre clases online y presenciales a los afiliados del sindicato ―algo más de 20.000 según la propia organización― y sus familiares directos a un precio aún por fijar. Según señalan las dos partes, rondará los 15 o 20 euros en el caso de la parte que se imparte por internet ―”ya hemos grabado varios vídeos”, asegura el dueño de Desokupa― y los 50 euros por ocho horas prácticas. Esta consistirá en media docena de situaciones prácticas que incluirán desde nociones de primeros auxilios, a técnicas para utilizar las porras extensibles de acero con la que los agentes han sido dotados en los últimos años por Interior, a pesar de que el ministerio les imparte obligatoriamente esta formación antes de habilitarlos para su uso. También incluirá técnicas para engrilletar a un detenido o el denominado “grappling policial”, que combina diferentes maniobras de lucha para inmovilizar a una persona. Esteve asegura a este diario que cuenta con instalaciones propias para ello y que, además, contará con la colaboración de 150 gimnasios de toda España para futuros cursos de actualización.

“El 85% de los 60 instructores que lo darán serán policías y guardias civiles en activo que colaboran con el Club Desokupa”, afirma Esteve, empeñado en desligar su ideología política del proyecto. “Ya tengo sobre la mesa cinco propuestas para firmar acuerdos similares”, presume, antes de asegurar que sabía que el proyecto iba a crear polémica precisamente por su presencia. Desde el SUP, sin embargo, apuntan que el acuerdo es de exclusividad, y que va dirigido solo a agentes afiliados a este sindicato, aunque también podrán asistir, pagando una cantidad mayor, tanto civiles como miembros de otras fuerzas de seguridad, funcionarios de prisiones y militares. “La mayor parte de las lesiones que sufren los agentes en el desempeño de sus funciones son músculo-esqueléticas durante las maniobras para detener a un sospechoso. Con este curso pretendemos mejorar ese aspecto para mejorar la seguridad de los policías, pero también, por extensión, la de la ciudadanía”, insiste el miembro de la ejecutiva consultado, que recalca que para el SUP los instructores de Desokupa son “de los mejores” para impartir esta formación.

No obstante, este dirigente del SUP admite que el acuerdo es “arriesgado” y que hubo “dudas” por la imagen de Esteve. De hecho, el dueño de la empresa alentó en su día a través de las redes sociales ―acumula cientos de miles de seguidores en Instagram, Twitter, YouTube y TikTok― las protestas antes la sede federal del PSOE por la ley de amnistía en las que se produjeron graves altercados protagonizados por violentos de ultraderecha que causaron lesiones a decenas de agentes. Esteve niega, sin embargo, la etiqueta de neonazi o ultraderechista que se le adjudica, y presume del número de desalojos extrajudiciales que ha realizado con sus empresas. “Más de 9.700, de ellos 578 para policías y guardias civiles a los que habían ocupado sus casas”, detalla antes de recalcar que todo ello “sin ninguna condena” por supuestas prácticas ilegales.

Esteve aparece en la actualidad como administrador único de media docena de empresas con objetos sociales que van de la hostelería a la cosmética y el ocio nocturno. Aunque el buque insignia de su entramado empresarial es Conciencia y Respeto 1970 S. L. ―el nombre social de Desokupa―, los cursos de formación para policías los impartirá a través de otra mercantil, Desokupa Manda, una sociedad unipersonal creada en 2021 y sin empleados que tiene como objeto social “la realización de todas aquellas actividades y servicios relacionadas con el ejercicio de los derechos de propiedad y de posesión, de cualesquiera fincas de naturaleza rústica o urbana”. Los Mossos d’Esquadra han investigado a Esteve y sus empresas en diversas ocasiones. Apareció en el radar policial hace más de una década, cuando empezó a dedicarse al cobro de morosos.

El SUP fue el sindicato mayoritario entre los agentes hasta que en junio de 2019 fue desplazado de ese puesto por Justicia Policial (Jupol) una organización de nueva creación surgida durante las protestas para exigir la equiparación salarial con los cuerpos policiales autonómicos. En los últimos comicios, recuperó parte de su electorado, pero siguió por detrás de Jupol. Con un acuerdo de colaboración con CC OO y considerado durante años como cercano al PSOE ―algunos de sus exdirigentes han ocupado y ocupan puestos de responsabilidad en Interior durante los gobiernos socialistas―, desde la llegada de Sánchez al Palacio de la Moncloa ha mantenido una posición de enfrentamiento con el ejecutivo de coalición. Ha sido uno de los sindicatos que en los últimos años se ha movilizado en la calle para oponerse a la reforma de la ley de seguridad ciudadana, la conocida como ley mordaza, que han promovido hasta ahora sin éxito el PSOE y sus socios parlamentarios y para pedir la dimisión del ministro Fernando Grande-Marlaska."         

(Óscar López-Fonseca , El País, 04/08/24)

23.11.23

Análisis del ascenso de la extrema derecha en Italia: el fascismo renace vigoroso en el miedo de los europeos a perder su forma de vida frente a los que huyen de África y Oriente Medio... En una encuesta de 2019, casi la mitad de los italianos se declaraba partidario del acceso al poder de un hombre fuerte, que no tuviera que depender de parlamentos ni elecciones... en este sentido, a Berlusconi le corresponde un papel esencial en el blanqueo del fascismo... pero la Democracia Cristiana fue el instrumento, auspiciado por la Iglesia católica y el gobierno norteamericano, para controlar el país y a ella se afiliaron muchos camisas negras. Este partido fue la matriz de la política actual en Italia... lo decisivo fue la ausencia de alternativas de oposición verídicas y fiables, y la inconsciencia ante el peligro de retroceso democrático... la mayor parte de la izquierda ha renunciado a afrontar la realidad y se empecina en un discurso errático, disperso en bagatelas y espejismos, incapaz de ofrecer alternativas al desastre

 "(...) Hace un siglo, cuando el fascismo irrumpió en escena con sus planteamientos antidemocráticos y su violencia, ya se discutió la conveniencia de imponerle un cordón sanitario. El periodista y político socialista Giacomo Matteotti (1885-1924), asesinado por los “camisas negras”, defendía que “el fascismo no es una opinión, es un crimen”, y que en consecuencia no se le debía tratar como a una ideología más. Él documentó en un libro publicado el año de su muerte las atrocidades de los fascistas, dispuestos a mantener el poder a través del miedo. Esto sin embargo es poco conocido hoy, y se ha impuesto la idea de que la violencia sólo comenzó tras la promulgación de las leyes raciales de 1938 contra la población judía. En cualquier caso, tras el acceso al poder de Mussolini en 1922, la pérdida de libertades se produjo de forma progresiva.

Para los movimientos actuales que se inspiran en el fascismo o el nazismo, suelen usarse los términos neofascista o neonazi, que se sobreponen con otros como extrema derecha, para los grupos cuyos postulados van más allá de la derecha tradicional conservadora, y ultraderecha, para los que recurren a la violencia para lograr sus metas. Aclarado esto, el rasgo distintivo de toda la extrema derecha de hoy día es una xenofobia en la que no se suele hablar como antaño de “razas superiores”, sino de “culturas incompatibles”. Además de esto, el viejo antisemitismo ha sido sustituido en general por la islamofobia. Se combate la “extranjerización” de la sociedad, y suele haber una resistencia a atacar abiertamente la democracia, porque no se renuncia a llegar al poder a través de ella. Otras fobias comunes tienen por objeto el feminismo y los derechos LGTBI. Respecto a la economía, pueden hallarse desde proteccionistas e intervencionistas, hasta ultraliberales.

A Silvio Berlusconi (1936-2023) le corresponde un papel esencial en el blanqueo del fascismo en Italia. Magnate de los medios amenazado por múltiples causas judiciales, él diseñó un plan maestro para hacerse con el poder político y librarse de ellas, al tiempo que se presentaba nada menos que como un adalid de la lucha contra la corrupción. Así es como en 1994 ganó las elecciones y formó gobierno, apoyándose en los neofascistas del Movimiento Social Italiano y los populistas de la Liga Norte, campeones de xenofobia. En un país en el que el antifascismo se consideraba una seña de identidad, esto supuso un vuelco. Unos años después, Berlusconi tuvo que ver cómo la LigaNorte, metamorfoseada en la Liga, con liderazgo de Matteo Salvini y sacando provecho de las estrategias de la buena amiga de éste, Marine Le Pen y su Frente Nacional, se ganaba al electorado que tan fiel había sido al exCavaliere.

El “telefascismo” impuesto en Italia en la era Berlusconi llegó para quedarse, y no sólo en Italia. Las masas lobotomizadas en programas de entretenimiento ajenos a cualquier análisis o debate sobre la realidad, asimilan opiniones prefabricadas y votan previsiblemente cada cuatro años. Sidera analiza la contribución del centro izquierda a este desastre con un repaso de la biografía política de Matteo Renzi. Al perder en 2016 el referéndum de reforma constitucional que le demandaban los poderes económicos, éste dejó el país a punto para el golpe definitivo. La ausencia de alternativas de oposición verídicas y fiables, y la inconsciencia ante el peligro de retroceso democrático, fueron decisivas para el triunfo de la derecha extrema.

Otros actores y escenarios en la comedia identitaria

La degradación de la política en el capitalismo terminal propicia la aparición de fenómenos estrambóticos. El Movimiento 5 Estrellas, auspiciado por el cómico multimillonario Beppe Grillo, entusiasta admirador de Donald Trump, juega a una pretendida ambigüedad, que le hace proclamarse “ni fascista ni antifascista”, pero su obsesión son los inmigrantes, con lo que tras vencer en las elecciones de 2018 aceptó compartir el poder con Matteo Salvini, aquejado de la misma fobia. Con el nuevo gobierno, las agresiones xenófobas se incrementaron preocupantemente. Otra pieza original del neofascismo italiano es el movimiento CasaPound, okupas de extrema derecha cruzados de la identidad cultural europea y por ello enemigos jurados de la inmigración.

En la reactivación del fascismo italiano se aprecia también la larga sombra del “amigo americano”. En 2017, cuando Steve Bannon, asesor de Donald Trump, dejó su cargo en la Casa Blanca, comenzó a orquestar una campaña de promoción de partidos de extrema derecha en Europa a través de The Movement, la organización que fundó, considerada una Internacional de la derecha populista. En un principio apostó fuerte por Salvini en Italia, y cuando éste cayó en desgracia por sus conexiones rusófilas y su gestión de la pandemia, por Giorgia Meloni, flamante triunfadora de las elecciones de 2022. (...)

La Democracia Cristiana fue el instrumento, auspiciado por la Iglesia católica y el gobierno norteamericano, para controlar el país y a ella se afiliaron muchos camisas negras. Este partido fue la matriz de la política actual en Italia, del centro a los neofascistas.

Memoria y movilización contra los fantasmas de un futuro incierto

El libro concluye con dos testimonios relevantes. El primero es el de Umberto Eco, que en una conferencia en 1995 alertaba contra el resurgimiento del fascismo y señalaba los aspectos clave para identificarlo: culto a la tradición y la acción, sin renunciar a la violencia, nacionalismo y xenofobia, denuncia permanente del peligro de un enemigo externo y persecución de la disidencia. Estos rasgos los vamos a encontrar a pesar de los ropajes inesperados que puede llegar a vestir el monstruo.

El otro testimonio es el de Liliana Segre. Esta mujer judía, nacida en 1930 y deportada a Auschwitz en 1943, desde 1990 ofrece conferencias por toda Italia y encarna hoy el espíritu de resistencia contra las nuevas formas de xenofobia. Sus protestas cuando en 2018 Matteo Salvini planteó realizar un censo de gitanos en el país para expulsar a cuantos fuera posible, tuvieron enorme resonancia y la convirtieron en objetivo de los ultras, hasta el punto de necesitar escolta.

En una encuesta de 2019, casi la mitad de los italianos se declaraba partidario del acceso al poder de un hombre fuerte, que no tuviera que depender de parlamentos ni elecciones. Es un hecho que el fascismo renace vigoroso en el miedo de los europeos a perder su forma de vida frente a los que huyen de los estragos del capitalismo en otras regiones. Alba Sidera nos muestra en Fascismo persistente los detalles de lo que está ocurriendo en Italia, pero todos estamos en el mismo barco y en otros países el escenario no es muy diferente.

En estas condiciones, lo fundamental para que los pueblos de la vieja Europa resistan los cantos de sirena de totalitarismos que regresan sólo puede ser una toma de conciencia sobre la situación del mundo y sus causas. El velo tejido desde el poder, con sus instrumentos de desinformación y control ideológico, debe caer para que veamos que los problemas económicos y sociales que nos aquejan sólo pueden tener solución a través de una profunda y auténtica democracia y una política radical que se enfrente al sistema económico letal que rige el planeta.

Sin embargo, y para acabar de nublar el panorama, la mayor parte de la izquierda que opera desde dentro del sistema ha renunciado a afrontar la realidad y se empecina en un discurso errático, disperso en bagatelas y espejismos, incapaz de ofrecer alternativas al desastre."                (Jesús Aller , Rebelión,  22/11/2023)

19.11.23

Solo puedo pensar en el lunes 20, el día después. Gane quien gane, la Argentina será un lugar distinto. Gane quien gane, hay algo que ya ganó... millones de ciudadanos coinciden en que la salud y la educación no son derechos “porque alguien los tiene que pagar”, coinciden en que la moneda nacional debe ser reemplazada por el dólar. Coinciden en dinamitar consensos sobre al aborto legal, los derechos de las mujeres y las disidencias... Todo eso, si estaba larvado, ya despertó, y quien gobierne tendrá ―tendría― que tenerlo en cuenta... Después de eso espera un país que no conocemos (Leila Guerriero)

 "El domingo próximo se realizará en la Argentina la votación presidencial definitiva. Y ese adjetivo, “definitiva”, suena, más que nunca, definitivo. El 19 de noviembre se acerca a un ritmo agónico, pero solo puedo pensar en el lunes 20, el día después. Gane quien gane, Sergio Massa o Javier Milei, la Argentina será un lugar distinto. Gane quien gane, hay algo que ya ganó.

 Millones de ciudadanos coinciden en resucitar discusiones zanjadas ―que en los setenta hubo “una guerra” en la que se cometieron “excesos” pero no hubo “terrorismo de Estado”―, coinciden en que la salud y la educación no son derechos “porque alguien los tiene que pagar”, coinciden en que la moneda nacional debe ser reemplazada por el dólar. Coinciden en dinamitar consensos sobre al aborto legal, los derechos de las mujeres y las disidencias. 

Todo eso, si estaba larvado, ya despertó, y quien gobierne tendrá ―tendría― que tenerlo en cuenta. No será fácil, dicen, y al decirlo suelen referirse a la economía. Pero no será fácil en ningún sentido. El lunes 20 no sucederá mucho: es feriado. La oposición intentó pasarlo a otra fecha, porque el festivo hará que mucha gente ―sobre todo sus votantes― prefiera irse de vacaciones en vez de quedarse y votar, pero el oficialismo obturó esa posibilidad porque mucha gente ―sobre todo sus votantes― preferirá quedarse y votar en vez de irse de vacaciones. 

Después de eso espera un país en el que los 40 años de democracia que se celebran este año no significan, para muchos, nada, como se deduce del hecho de que coinciden con las palabras de su candidato, Javier Milei, que sostiene que el de Alfonsín, el primer presidente democrático luego de la dictadura que estuvo en el poder entre 1976 y 1983, y que tomó la decisión de juzgar a los militares que secuestraron, torturaron y mataron a miles de personas, fue “el peor Gobierno de la historia”. Después de eso espera, quiero decir, un país que no conocemos."

( Leila Guerriero , El País, 15/11/23)

13.11.23

Hay momentos en los que me pregunto seriamente en qué país estoy viviendo. Y lo que es más importante, me pregunto en qué clase de país podría convertirse el día después de que termine esta terrible guerra... Israelíes atemorizados y en estado de negación mientras la sociedad se desliza hacia el fascismo... Estudiantes palestinos, académicos, médicos y judíos israelíes disidentes se encuentran entre las víctimas de una creciente ola de represión... una profesora que fue citada por publicar que «no hay más dios que Alá», una frase que se utiliza en el duelo. Explicó que su tía había muerto. La escuela exigió ver el certificado de defunción de su tía y sólo entonces fue «perdonada»... La caza de brujas comenzó en la Universidad de Haifa... Warda Saadeh, profesora del Kaye College, una escuela de magisterio de Beersheba, publicó que Gaza llevaba 16 años sitiada, sin justificar ni alabar en modo alguno el ataque de Hamás. Condenó claramente la matanza de civiles. Fue despedida tras 30 años de trabajo para la universidad

 "Hay momentos en los que me pregunto seriamente en qué país estoy viviendo. Y lo que es más importante, me pregunto en qué clase de país podría convertirse el día después de que termine esta terrible guerra.

El lunes, entré en una reunión en Zoom del Alto Comité de Seguimiento para los Ciudadanos Árabes de Israel, una organización que representa a los ciudadanos palestinos y que cuenta entre sus miembros con políticos, académicos y activistas.

¿Fue un acto de traición? Podría haberlo sido.

El jueves ya habían detenido a Mohammed Baraka, jefe del Comité y antiguo dirigente del partido izquierdista Hadash, que fue miembro de la Knesset durante 16 años.

Otras dos figuras políticas de alto nivel, Sami Abu Shehadeh, líder del partido Balad y antiguo miembro de Balad MK, y Haneen Zoabi, otra antigua miembro, también fueron detenidas.
Su delito fue convocar una pequeña manifestación en Nazaret contra la guerra en Gaza.
Desde luego, ahora es delito ver el canal de Hamás en Telegram, por lo que se puede pasar un año en la cárcel.

Se está llevando a cabo una purga contra estudiantes y profesores palestinos en las universidades e institutos de Israel.

Adalah, el centro jurídico y organización de derechos humanos dirigido por palestinos, ya tiene más de 100 casos de estudiantes y profesores expulsados sumariamente por lo que escribieron en las redes sociales o incluso en grupos privados de WhatsApp sobre Gaza.
Según Adalah, algunos de estos mensajes se limitaban a citar versículos del Corán o a publicar listas de periodistas sobre el terreno en Gaza.

Hasan Jabarin, director general de Adalah, contó a la comisión el caso de una profesora que fue citada por publicar que «no hay más dios que Alá», una frase que se utiliza en el duelo.
Explicó que su tía había muerto. La escuela exigió ver el certificado de defunción de su tía y sólo entonces fue «perdonada».

La caza de brujas comenzó en la Universidad de Haifa.

El mismo día del atentado de Hamás, una estudiante recibió una carta del decano en la que se le comunicaba que había sido suspendida de su curso y que tenía que abandonar su dormitorio al día siguiente.

Se la acusaba de haber «apoyado el ataque terrorista contra los asentamientos cercanos a Gaza y la matanza de inocentes»; acusación que ella negó rotundamente.
Hubo una protesta y una petición firmada por 24 profesores que exigían el debido proceso y que el caso fuera examinado por una comisión disciplinaria.

Adalah se hizo cargo del caso. En una carta a la universidad, Adalah afirmaba que la expulsión del estudiante había sido «arbitraria e irrazonable» y constituía una «grave violación de sus derechos a un proceso justo, a la vivienda y a la libertad de expresión».
El caso sigue pendiente.

No sólo ocurre en Haifa. Una amiga mía, Warda Saadeh, profesora del Kaye College, una escuela de magisterio de Beersheba, publicó que Gaza llevaba 16 años sitiada, sin justificar ni alabar en modo alguno el ataque de Hamás. Condenó claramente la matanza de civiles. Fue despedida tras 30 años de trabajo para la universidad.
Lo mismo ocurre en ..."     

( Meron Rapoport, Salvador López Arnal, blog, 12/11/23; fuente: Middle East Eye)

4.5.23

El Estado de derecho en Francia está en peligro... La imposición de leyes, la extrema violencia policial, las detenciones preventivas, la criminalización de la protesta y ahora las amenazas de disolver organizaciones que disienten con la política del Gobierno profundizan la crisis democrática... Aparentemente todo lo que le queda a Macron es el control de su imagen televisiva... Control mediático, fuerzas de seguridad y el escudo de la legalidad, esta situación ha suscitado el comentario enojado e inquieto de uno de los primeros promotores de Macron, el intelectual Pierre Rosanvallon, sobre la distancia entre la legalidad y el espíritu de las leyes, o mejor dicho, el espíritu de la democracial, quién concluye que que estamos frente a “la crisis democrática más grave en Francia desde la guerra de Argelia”... El encubrimiento de prácticas ilegales por parte de representantes del Estado –agentes, oficiales, prefectos– cobra una gravedad añadida que, combinada con la criminalización creciente de la protesta, genera una gran inquietud... Por otra parte, se nota entre la muchedumbre una gran alegría, quizás por sentir que han recobrado su poder de actuación. A pesar de las violencias, las amenazas y las restricciones de libertad, no domina el miedo sino la conciencia de la propia fuerza

 "El pasado 20 de abril, el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, visitó Ganges, un pueblo occitano de 4.000 habitantes. El día anterior, en Sélestat, Alsacia, había sido recibido por una muchedumbre hostil que le abucheó continuamente y le dijo claramente que su empecinamiento en gobernar contra el 80 % de la opinión del país era un desastre. Con estas apariciones públicas, Macron intentaba “reanudar el vínculo con los franceses” en la carrera que se había marcado en su discurso del lunes 17, durante el cual habló de “cien días de apaciguamiento”. Dado el estado real del país, su aspiración se asemeja más a una distopía. 

En Sélestat, el dispositivo policial para impedir el acceso al centro de posibles desafectos era importante. A Ganges acudieron 600 antidisturbios y un buen número de gendarmes que filtraban la entrada al pueblo, identificaban, registraban (y prohibían las cacerolas). No tenía que repetirse la humillación pública del día anterior. En respuesta, el pueblo se cubrió de eslóganes hostiles al visitante, una procesión escenificó un entierro, con un ataúd que decía “democracia”, y la Federación Nacional de Minas y Energía (CGT) anunció el corte de electricidad del aeropuerto de Montpellier donde debía aterrizar el avión presidencial. A pesar de las prohibiciones, centenares de manifestantes consiguieron sacar las cacerolas –sin duda autóctonas–, chalecos, banderas sindicales y llenar las plazas.

 Aparentemente todo lo que le queda al poder es el control de su imagen televisiva. Para ello, dispone del apoyo de un sistema mediático propiedad de ocho multimillonarios, varios de los cuales facilitaron el acceso al poder de Macron en 2017. Control mediático, fuerzas de seguridad y el escudo de la legalidad, lo que ha suscitado el comentario enojado e inquieto de uno de los primeros promotores de Macron, el intelectual Pierre Rosanvallon, sobre la distancia entre la legalidad y el espíritu de las leyes, o mejor dicho, el espíritu de la democracia. En efecto, Rosanvallon concluye que estamos frente a “la crisis democrática más grave en Francia desde la guerra de Argelia” (1954 -1962), lo que el periodista de turno traduce en la asociación directa de Macron con el “iliberalismo” hasta la fecha característico de Orbán y Cia, y esto sin duda significa, como escribe F. Lordon, que, a pesar del monopolio mediático, está colando la condena internacional de la actitud política de Macron, desde Die Zeit al New York Times o a Bloomberg, y la condena a la violencia policial desde el Consejo de Europa hasta la ONU, pasando por Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

 En efecto, el espíritu es importante y no todo legalismo significa la existencia del Estado de derecho. Por una parte, el camino legislativo elegido ha echado mano de todo el arsenal de las instituciones: el artículo 47.1 de limitación del tiempo de debate, el 44.2 que limita enormemente la posibilidad de proponer enmiendas, el 44.3 para que el Senado no hiciera más que un voto global, y finalmente, ante la evidencia de que no disponía de mayoría para votar la ley, el 49.3 que permite adoptar la ley sin votación. 

Por otra parte, la violencia policial ha sido (y es) sistemática contra los manifestantes, con desfiles pacíficos atacados a porrazos y gases lacrimógenos, provocaciones, uso de armas de guerra a la altura de la cara (granadas, balas de plástico), ciudadanas y ciudadanos apaleados –incluso periodistas o diputados de la oposición, siempre identificados–, otros arrodillados manos en la cabeza como prisioneros de guerra, amenazas de muerte y humillaciones a los manifestantes: todo inmediatamente documentado por videos subidos a Twitter. Esta violencia es sistemática y no solo contra el movimiento hostil a la ley de pensiones: el 28 de marzo, una manifestación ecologista de 30.000 personas, la mayoría familias, contra la privatización de las mantas freáticas (“megacuencas”) en un descampado completo del municipio de Sainte Soline fue recibido por un diluvio de fuego: 4.000 bombas de mano, tiradas con lanzagranadas por gendarmes montados en quads, con un balance de más de 200 heridos de gravedad, dos de ellos en coma. Uno de ellos, Serge S., permanece hoy entre la vida y la muerte, porque la policía –que defendía un agujero– prohibió durante horas el acceso de los socorristas.

 Como señala el comunicado de los sindicatos de abogados y magistrados, el ministro del Interior, Gérald Darmanin, había avisado de que iba a haber violencia, como siguió avisando, en los días siguientes, a propósito de las manifestaciones contra el proyecto de ley. Su estrategia, igual que cuando los ‘chalecos amarillos’, es disuadir por el miedo, aterrorizar, para terminar con la protesta, lo que el prefecto Lallemand, que fue responsable de las mayores violencias en 2019 ha teorizado como la necesidad de “impactar a los manifestantes”. El mismo papel juegan las detenciones por centenares, que permiten además al Gobierno criminalizar la protesta. Pero esas redadas indiscriminadas y otras detenciones preventivas, en particular de jóvenes –la inmensa mayoría liberados luego sin cargos–, son solo una parte de las medidas ilegales ordenadas por la jerarquía policial y destinadas a negar el derecho de manifestación. Lo dice el sindicato de la magistratura: detrás de las aterradoras imágenes de violencia, hay consignas directas del Ministerio a los prefectos. Los profesionales de la justicia también denuncian la multiplicación de las prohibiciones de manifestaciones, prohibiciones cotidianas desde finales de marzo, publicadas de forma casi confidencial el día anterior o el mismo día o incluso cuando la manifestación ha empezado, prohibiciones que sirven de base para considerar y tratar como delincuentes –en clara violación de la ley–a las personas ahí reunidas. Denuncian por fin el hecho de que se pretenda asociar a la justicia a esa represión política.

Otros actos inquietantes de la policía pueden interpretarse como otras formas de intimidar al público: a finales de marzo, una ciudadana de a pie –Valérie Minet– fue detenida en su casa por un post de Facebook en el que calificaba a Macron de “ordure” (escoria). En realidad no es una novedad: durante el primer confinamiento, una mujer había sido llevada a la comisaría en Toulouse por colgar en el balcón una bandera que decía “Macronavirus ¿hasta cuándo?”. Estos días tres personas entre las que abuchearon al presidente en Sélestat serán juzgadas por insultos al jefe de Estado.

 En realidad, no solo se está negando el derecho de manifestación o la libertad de expresión (los casos de periodistas reprimidos son múltiples y es la repetición de lo que pasó con los ‘chalecos amarillos’). Esto va mucho más allá: lo que está en tela de juicio es el Estado de derecho. A finales de febrero, el ministro del Interior hablaba de disolver una asociación presente en diferentes ciudades y que defiende el derecho a manifestar, la “Defense collective”. Otro ataque a los derechos de la defensa fue la denuncia por parte de la Jefatura de policía (Préfecture de Police) de París de Arié Alimi, uno de los abogados más señalados por su crítica a la deriva autoritaria del poder. El sindicato de abogados, la Ligue des Droits de l’Homme y el “Observatorio parisino de las libertades públicas” escribieron un informe de 79 páginas sobre las extralimitaciones de la unidad de policía más violenta, la BRAV-M, cuya disolución han exigido en pocos días 500.000 ciudadanos en una petición al Parlamento. (...)

Llegados a este punto, cabe mencionar que el uso político de la policía acentúa la politización en la institución hacia la extrema derecha. Hace años que los sociólogos explican el peso de la ideología de extrema derecha en las preferencias electorales, alrededor del 50% desde los años 2010, y esta habría subido a cerca del 70 % en las últimas elecciones. Como en otros países, la presencia de la extrema derecha organizada en la policía y en particular en el sindicalismo policial es masiva, aunque compleja, y se alimenta con la retórica de la “defensa de los agentes”. No se trata de defenderles contra el maltrato por la jerarquía que provoca la multiplicación de los suicidios, sino contra la Justicia y su “laxitud”, es decir contra las garantías procesales, y contra los delincuentes, frente a los cuales reivindican, como lo hicieron el 2 de mayo de 2022 una “presunción de legítima defensa” en caso de matar a alguien. (...)

Gérald Darmanin, acusado de proximidad con el grupúsculo de extrema derecha Action française (Acción francesa), heredero de la organización antisemita de principios del siglo XX liderada por Charles Maurras, apoyó dos semanas después, junto a los líderes de la extrema derecha, una manifestación de miles de policías frente a la Asamblea Nacional francesa, contra el poder judicial –convocada con el eslogan “el problema de la policía es la justicia”– después del asesinatos de dos agentes en servicio (uno en una operación antidroga y la otra por un terrorista).

El encubrimiento de prácticas ilegales por parte de representantes del Estado –agentes, oficiales, prefectos– cobra, con estos datos, una gravedad añadida que, combinada con la criminalización creciente de la protesta, genera una gran inquietud. Desde el mes de noviembre pasado, varios movimientos ecologistas han sido asimilados por el poder a la izquierda “ultra” y tildados de “ecoterroristas”, situándolos en el mismo plano que el terrorismo yihadista. El 2 de abril, en una entrevista al Journal du Dimanche que le consagra su portada, Darmanin arremetió contra el “terrorismo intelectual” de los que critican la acción de la policía, acusando a los diputados de izquierdas de encubrir una “nebulosa extremadamente violenta y peligrosa” de la “ultraizquierda” y anunció la próxima disolución de la organización “Las sublevaciones por la tierra”.

 Pocos días después, amenazó a la Ligue des Droits de l’Homme –cuyos observadores en las manifestaciones reportan los numerosos actos de violencia y procedimientos ilegales– con ahogarla por agotamiento de sus fuentes de financiación. Sigue así la corriente de grupúsculos de extrema derecha que tachan a la LDH, cuyo historial de defensa de los derechos de los ciudadanos es inmaculado, de ser una oficina izquierdista. Sus declaraciones están provocando una ola de protesta de todos los demócratas del país, que recuerdan que la última vez que la LDH fue atacada fue por el régimen de Vichy en 1941. 

Esa deriva es tanto más inquietante cuanto que se murmura que el mismo Gérard Darmanin podría convertirse en primer ministro de un gobierno de “unión nacional”, expresión curiosa cuando la nación está precisamente en la calle, con el 80% de los franceses hostiles a la ley de pensiones y exasperados por la sordera del poder.

 Voces críticas señalan que el chantaje por la amenaza de una victoria de Le Pen –cotidiano en los sondeos– funciona cada vez menos, por la sensación que tiene mucha gente de que las cosas terribles que podrían pasar con Le Pen ya están pasando y que, si bien es cierto que siempre puede haber algo peor, mucha gente está movilizada para que llegue algo mejor. El terrible aislamiento del poder, únicamente protegido por el sistema mediático y su policía, y su empecinamiento en hacer como si nada dan una impresión de callejón sin salida muy inquietante, con la idea de que puede pasar cualquier cosa.

 Por otra parte, se nota entre la muchedumbre que ha podido medir y sigue midiendo su carácter ultra mayoritario, una gran alegría, quizás por sentir que han recobrado su poder de actuación, como se vio en Ganges. A pesar de las violencias, las amenazas y las restricciones de libertad, no domina el miedo sino la conciencia de la propia fuerza."                   (François Godicheau , CTXT, 29/04/2023)

24.3.23

Vox ha tenido varios activadores. Uno de los más importantes fue el Procés catalán... Buxadé le decía a Ortega Smith contra quien querellarse y ganan mucha cuota de telediario. Poco después llegaría ese salto que dan en las elecciones andaluzas... y es en Andalucía dónde ganan el relato... en las elecciones de 2018 no se habla de corrupción, infraestructuras, agricultura o vivienda, que es lo que tocaría, sino de que el PSOE ha pactado con los enemigos de España en la moción de censura que ganó en junio del mismo año... solo se hablaba de Catalunya y Vox sigue con su retahíla de que Rajoy no había hecho un 155 hasta el fondo al no intervenir los Mossos d'Esquadra o cambiar el modelo educativo. Ahí comienza ese círculo en el que Vox va creciendo en las siguientes elecciones que hay por España... y cuando Macarena Olona dice que no sabía que había ultras en Vox, miente. Sabía perfectamente lo que había

 "(...) Desentrañar el hermetismo interno de Vox no es tarea fácil. Saber de dónde proceden las ideas de los iniciadores de la formación de ultraderecha da buena cuenta de la opacidad y autoritarismo que reina dentro del partido de un Abascal al que nadie ha votado con secretario general. El periodista y escritor Xavier Rius acaba de publicar Vox. El retorno de los ultras que nunca se fueron (Akal, 2023), una monografía que repasa la historia de esta organización cuyos integrantes no son nuevos en política. (...)

 Dentro de unos días se celebra la moción de censura de Vox con Ramón Tamames como candidato. Como experto en esta formación política, ¿le sorprendió el anuncio?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la moción de censura es una propuesta sobre la que no hay unanimidad dentro de Vox. Parecía que la cosa iba medio en broma hasta que las cinco o seis personas del núcleo duro de Vox dijeron que sí, que para adelante con ello. Esto, como todo, lo han decidido sin contar con la militancia ni otros tantos dirigentes, así que la situación no gusta a muchos simpatizantes.

Tampoco tengo muy claro qué va a ganar Vox con esta moción de censura, aunque siempre ha querido liderar la polémica, y lo ha conseguido. Quieren que se hable de ellos, aunque sea mal. En cierto modo, sí me sorprendió el anuncio y el candidato, pero como Vox siempre se mueve en este tipo de extravagancias, también entra dentro de sus parámetros. Liderarán la polémica unos días, otra cosa es si eso les será rentable electoralmente.

¿Por qué Tamames?

Porque no encontraron a nadie más. Sonaron varios nombres, entre ellos Rosa Díez, y finalmente fue Tamames (...)

En su libro esboza las raíces ultraderechistas de muchos líderes de Vox como Ortega Smith o Jorge Buxadé. ¿Estos personajes se sienten cómodos en Vox?

Sí, están muy cómodos en Vox. Para mí, todo esto lo cierra el libro que el mismo Buxadé escribió hace un año, titulado Soberanía. En él, mantiene la ideología falangista de la que procede y arremete contra el sistema autonómico y el sistema de partidos.

Lo que hay que saber de Vox es que ahí manda el Comité de Acción Política (CAP) cuyos miembros son "secretos" aunque conocidos. Son seis, aunque en realidad son cinco ya que Buxadé tiene dos cargos: Santiago Abascal, Iván Espinosa de los Monteros, Buxadé, Javier Ortega Smith y Quico Méndez Monasterio.

Este último no es tan conocido como los demás pero es un pilar fundamental. Él negoció la entrada del Gobierno de Vox en Castilla y León

Para mí es un personaje muy relevante que, además, está en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) ya que él era antiguo dirigente de la Alianza de la Unidad Nacional de Ricardo Sáenz de Ynestrillas. Cuando Ynestrillas es condenado y se fuga, el partido pasó a llamarse Alianza Nacional, y Méndez Monasterio ocupó puestos en sus listas en un par de ocasiones al Parlamento Europeo y al Congreso de los Diputados.

De todas estas cinco personas que había en el CAP, porque a Ortega Smith le ha sustituido Ignacio Garriga, tres provenían de la ultraderecha clásica, todos menos Abascal, que venía del PP, y Espinosa de los Monteros, con una ideología ultraliberal, trumpista y cercana a El Yunque y Hazte Oír.

Si siempre se ha dicho que la izquierda está dividida, la ultraderecha no iba a ser menos. Usted dedica todo un capítulo a estas agrupaciones más extremistas y su metamorfosis a lo largo del tiempo. ¿Todas ellas han confluido en Vox?

Todas no han llegado a confluir en Vox, pero Vox sí se ha alimentado mucho de ellas. La antiinmigración no cuajó tanto en España, quitando a Plataforma per Catalunya, ni tampoco el aspecto euroescéptico. Sí lo hizo el rechazo a las políticas de Rajoy y, sobre todo, una defensa de la España unitaria centralista.

 Al principio, cuando estaba Alejo Vidal-Quadras todavía, pretendían crear una especie de PP auténtico, y cuando Abascal se le quita de encima ya sí empiezan más fuerte con esta línea de la antipolítica y cogen el tema de la antiinmigración. En realidad, si miras el programa de Vox para las europeas de 2014, sus propuestas respecto a la migración no difieren apenas de las que hacían otros partidos conservadores.

Vox ha tenido varios activadores, por así decirlo, hasta convertirse en lo que es ahora. Uno de los más importantes fue el Procés catalán

Cuando Ortega Smith se persona en la causa del Procés y pone las querellas es cuando el partido toma más fuerza política, y eso les ayuda a dar el salto. Hasta 2016, la acusación popular en los juicios era una figura que ejercía Manos Limpias, pero la organización termina desarticulada acusada de extorsión y ahí Smith ve un espacio libre para empezar a poner querellas.

 Realmente el que tiene un papel relevante aquí es Buxadé, que antes había sido abogado del Estado en Barcelona. Él era quien les decía a Ortega Smith contra quien querellarse y ganan mucha cuota de telediario. Poco después llegaría ese salto que dan en las elecciones andaluzas.

En los comicios de Andalucía ganan totalmente el relato.

Eso ocurre porque Susana Díaz se queda en minoría en el Gobierno que hasta entonces había apoyado Ciudadanos. Se convocan elecciones para diciembre de 2018, pero en ellas no se habla de corrupción, infraestructuras, agricultura o vivienda, que es lo que tocaría, sino de que el PSOE ha pactado con los enemigos de España en la moción de censura que ganó en junio del mismo año.

Es decir, en las elecciones andaluzas solo se hablaba de Catalunya y Vox sigue con su retahíla de que Rajoy no había hecho un 155 hasta el fondo al no intervenir los Mossos d'Esquadra o cambiar el modelo educativo. Ahí comienza ese círculo en el que Vox va creciendo en las siguientes elecciones que hay por España.

También la pandemia fue un buen momento para ellos

Como buen partido ultra, Vox apoyó las tesis conspiranoicas que iban surgiendo, igual que mostró su rechazo a las restricciones. No verás a ningún partido de Gobierno haciendo este tipo de cosas, como rechazar la vacunación. Vox se unió a la antipolítica de la ultraderecha y ese populismo que cada vez se extiende más a nivel mundial.

Por otra parte, usted defiende que Vox es un partido muy autoritario. ¿A qué se refiere exactamente?

Yo me centro en lo que ha ocurrido en los últimos años, en cómo muchos concejales han discrepado con la gestión económica que se hacía de los fondos porque no existen ejecutivas regionales de Vox. Eso es lo que ocurrió con los diputados de Murcia, sin ir más lejos. Esto de no tener ejecutivas regionales es solo la excusa para que no surjan barones territoriales. Como falta ese organismo, las decisiones las toma el Comité de siempre formado por los cinco de siempre. Sin presidentes regionales, lo que votan los diputados autonómicos o concejales lo decide un asesor o comisario político designado desde Madrid.

Tampoco hay ningún tipo de democracia interna. A Abascal nadie le ha votado, se proclamó. En la asamblea de Vox de marzo de 2020 en la que se le nombra el nuevo CEN con Abascal como presidente, no fue votado. Era candidato único y nadie le podía plantar cara al ser casi imposible conseguir los avales. Por ejemplo, Feijóo también era candidato único y le votaron el 99,5% de los militantes del PP. Abascal fue proclamado.

¿Qué significó para Vox la salida de Macarena Olona? Ahora parece que ella reniega de lo que defendía hace apenas unos meses

Esto no lo digo porque haya que empatizar con ella, pero es cierto que Olona no pertenecía a ninguno de los dos grupos originarios de Vox, ni del PP ni la extrema derecha. Sí era una abogada del Estado muy combativa frente al nacionalismo vasco y termina siendo diputada por Granada para Vox.

Lo que ocurre es que ella destaca mucho más de lo esperado en el Congreso de los Diputados. Era una cabecilla dialéctica muy buena, pero no formaba parte del CAP ni nada, ni tampoco ninguna vicesecretaría. Vox veía cómo la diputada que cada semana ponía en jaque al Gobierno no era de su núcleo e intentaron quitársela de encima enviándola a Andalucía.

 Ahora, que ella dice que no sabía que había ultras en Vox, miente. Sabía perfectamente lo que había. Lo único que ha ocurrido es que ahora ha visto cómo trata Vox a la gente, como ha ocurrido con decenas de concejales. Yo no me creo que Olona no supiera que había nazis junto a ella en Vox.

Este personaje que se ha construido ahora tampoco debería hacernos olvidar que Olona sigue reivindicando la inconstitucionalidad de los estados de alarma de la pandemia que, más allá de las críticas legales a la hora de gestionar los confinamientos, fueron necesarios. No la veamos como una defensora de las causas perdidas, como una progre que se equivocó de partido.

Uno de los últimos movimientos en la formación de Santiago Abascal es la caída de Ortega Smith como secretario general. ¿Este peso pesado de la ultraderecha era demasiado pesado?

Esa caída se produjo por mano militari. Lo apartan por lo que ocurrió con Olona, pero también porque los cuatro diputados de Murcia habían dejado Vox y de los 520 concejales, en torno a un 40% ha dimitido o pasado el acta al siguiente, o se han ido de Vox llevándose el acta. Ahora mismo, yo he podido contabilizar seis escisiones diferentes de Vox con concejales que han abandonado la formación, aunque en estas próximas elecciones no se comerán un rosco.

 Ortega Smith era el encargado de anunciar a los diputados y concejales de Vox que tal persona se encargaría de confeccionar las listas, y la cosa estalló, pero no fue su culpa. Él no era el malo, solo era un soldado y cumplía órdenes. Sabremos si Ortega Smith está vivo o muerto políticamente si después de las elecciones municipales de Madrid Vox decide presentarle al Congreso de Los Diputados con el número dos o el número diez, ahí estará la diferencia. Por el momento, sigue siendo uno de los vicepresidentes de Vox y junto a él hay mucha gente que eran quienes aplicaban la mano militari a la orden de Abascal. (...)"                 (Entrevista a Xavier Rius, Guillermo MartínezPúblico, 20/03/23)

21.2.23

El giro de Israel hacia la autocracia... una dispocición clave de Netanyahu le permitiría nombrar jueces —incluso de la Corte Suprema— unilateralmente... los planes de reforma judicial fueron desarrolladas por sus colegas en el foro de política Kohelet, un grupo de expertos ultraneoliberales financiado por milmillonarios judíos estadounidenses de derecha... aunque el verdadero modelo de la revolución judicial de Netanyahu es la Hungría de Viktor Orbán

 "Después de cinco elecciones consecutivas en tres años —de las cuales cuatro terminaron en un impasse político—, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu se las ingenió para formar una coalición de partidos de derecha y ultraortodoxos a fines del año pasado. Pero en vez de devolver la estabilidad al sistema político israelí, cada vez más disfuncional, está usando su sexto mandato para bombardearlo con reformas constitucionales que, de ser aprobadas, convertirían al país en una autocracia.

Unos pocos ciclos electorales atrás, en 2020, la Corte Suprema israelí dictaminó por unanimidad que a Netanyahu no le está prohibido desempeñarse como primer ministro siempre que no use el puesto para influir en el resultado del juicio en curso en su contra por corrupción. Pero Netanyahu, quien siguió atacando a los fiscales del juicio por, supuestamente, conspirar para alejarlo del cargo, no dejó que esa restricción le impidiera proponer un golpe judicial.

Días después de formar su nuevo gobierno, el ministro de justicia Yariv Levin anunció un plan integral para reformar el sistema legal israelí. Levin sostuvo que la reforma propuesta fortalecerá a la democracia israelí y restaurará el equilibrio entre el poder ejecutivo y el legislativo. De hecho, la propuesta está diseñada para quitar al poder judicial la capacidad de controlar al ejecutivo.

El plan del gobierno incluye varias disposiciones clave, entre ellas una que le permitiría nombrar jueces —incluso de la Corte Suprema— unilateralmente. Otra disposición permitiría al Knesset (el parlamento, de 120 escaños), anular las decisiones de la Corte Suprema por mayoría simple.

Para definir y proteger los derechos civiles, Israel se basa casi completamente en un conjunto de Leyes Básicas en vez de en una constitución formal. Aunque la Corte Suprema tiene poder para revisar y derogar la legislación que contradice a las Leyes Básicas, solo lo ha hecho 22 veces en las últimas tres décadas. Como referencia, la Corte Suprema estadounidense derogó más de cien leyes en el mismo período. De acuerdo con el plan propuesto por Levin, la Corte solo podría tomar una decisión de ese tipo si al menos 12 de sus 15 jueces están de acuerdo. La reforma prohibiría además a la Corte que revise las enmiendas a las Leyes Básicas, lo que permitiría al Knesset aislar la legislación del escrutinio judicial.

Al quitar a los tribunales la autoridad para cancelar las decisiones del ejecutivo, la reforma socava la división de poderes. Además, debilita aún más la independencia del poder judicial debido a que permite a los ministros del gabinete nombrar y despedir a los asesores legales del gobierno. Actualmente, los asesores legales del gobierno son funcionarios nombrados mediante un proceso competitivo y apolítico. Sus consejos son vinculantes, lo que los convierte en guardianes eficaces —o no— contra la corrupción y los caprichos del ejecutivo.

El Knesset, donde la coalición de Netanyahu ocupa 64 escaños, no limita al gobierno sino que simplemente autoriza su decisiones. Como la legislatura israelí no está dividida en dos cámaras como el Congreso estadounidense o el Bundestag, falta otro mecanismo crucial para el equilibrio. Además, debido a que Israel es un país pequeño con una población de aproximadamente diez millones de personas, no cuenta con una estructura federal como las de Estados Unidos, Alemania o Canadá, donde las autoridades subnacionales equilibran el poder del gobierno central. Otra restricción ausente en Israel es el veto presidencial a la legislación.

Muchas de las propuestas incluidas en el plan de reforma judicial de Netanyahu fueron desarrolladas por quienes eran sus colegas en el foro de política Kohelet, un grupo de expertos ultraneoliberales financiado principalmente por milmillonarios judíos estadounidenses de derecha. Su influencia es tan profunda que algunos rivales políticos han comenzado a llamar a la coalición de Netanyahu «el gobierno del Kohelet».

Pero el verdadero modelo de la revolución judicial de Netanyahu es la Hungría de Viktor Orbán. Durante la última década, el primer ministro húngaro supervisó una serie de reformas constitucionales que consolidaron el control de su partido, el Fidesz, sobre los medios de difusión, el sistema electoral y los tribunales.

En términos generales, sin embargo, las perspectivas para Israel son mucho más deprimentes que para Hungría, ya que las autoridades húngaras están sujetas a restricciones externas: la Unión Europea puede sancionar a Hungría, y la libertad de tránsito para la gente y las empresas dentro del bloque implica que Orbán debe gobernar en forma tal que los inversores y trabajadores no huyan. Esos límites no existen para Netanyahu.

Enfrenta, de todas formas, una resistencia significativa de otro origen: el pueblo israelí. Durante las últimas semanas, decenas de miles de israelíes protestaron en Tel Aviv, Jerusalén y otras ciudades. Esas demostraciones semanales estuvieron acompañadas por protestas más pequeñas de abogados, académicos, profesionales de la salud, empresarios y artistas. El 13 de febrero, el día en que el Knesset comenzó formalmente a considerar la legislación, los manifestantes anunciaron una huelga general y 100 000 personas se congregaron en Jerusalén.

Pero las protestas influyeron poco sobre Netanyahu, quien mantiene un fuerte dominio sobre los medios de difusión israelíes, a los que amenaza continuamente con reestructurar el sector. Su ministro de comunicaciones anunció hace poco un plan para cerrar Kan, la radiodifusora pública israelí, cuyas noticias críticas enojaron a Netanyahu y sus partidarios (de momento, el plan quedó temporalmente en pausa para permitir que el gobierno se centre en lograr que el Knesset apruebe la reforma judicial).

Solo hay un área a la que Netanyahu no parece controlar completamente: la economía. En enero, 300 destacados economistas israelíes —entre ellos, algunos exasesores de Netanyahu— firmaron una carta abierta en la que advierten que las reformas afectarían gravemente las perspectivas económicas israelíes de largo plazo. Luego se les sumaron 56 economistas internacionales reconocidos, entre ellos, 11 premios nobel. Pero aparentemente fue la posibilidad de que los fondos de capital de riesgo y las empresas emergentes retiren sus cuentas bancarias de Israel lo que parece haber captado la atención de Netanyahu y sus seguidores. Las principales fuentes de crecimiento de Israel, la industria de alta tecnología y el sector financiero, son extremadamente sensibles al caprichoso capital extranjero.

Parece que Netanyahu no tuvo en cuenta las repercusiones económicas de su bombardeo constitucional. La opción es sencilla: los intereses personales de Netanyahu, que incluyen desbaratar el juicio por corrupción en su contra, o los del público. De momento, parece que van ganando los de Netanyahu."

 ( profesor asociado de derecho en la Facultad de Derecho Haim Striks de la Facultad de Administración de Israel, Revista de prensa, 17/02/23; Este artículo se publicó originalmente en Project Syndicate.)

10.1.23

Brasil como banco de pruebas: es más preocupante de lo que parece... La pandemia provocó crisis que llevó a sus recién estrenadas clases medias de nuevo a situaciones desfavorecidas, mientras que las poblaciones pobres sufrieron más aún. Este significativo retroceso explica en buena medida la polarización creciente... con el auge de un nuevo actor en el continente, las iglesias evangélicas... Allí donde el Estado no llega, estas organizaciones vienen a prestar su apoyo a poblaciones necesitadas... En época de desorden institucional, las minorías organizadas acaban siendo muy influyentes, cuando no decisivas... En un mundo desorientado, con problemas económicos y con una falta de confianza en el sistema, lo que se está viviendo en diferentes regiones del mundo es el regreso de la religión... así comenzaron los islamistas radicales a transformar Oriente Medio. Las redes que crearon, por ejemplo a través de organizaciones como los Hermanos Musulmanes, fueron creciendo entre poblaciones desfavorecidas... estos elementos están ahora desplegándose en América Latina... en cuanto a España, las discusiones acerca de los hechos brasileños, que son expresión del momento de todo un continente, se están resolviendo desde la banalidad y la grosería... cuando acontecimientos como los de Brasil no nos quedan tan lejos, porque son consecuencia de transformaciones económicas, políticas y geopolíticas que también afectan a España de lleno (Esteban Hernández)

 "En los acontecimientos brasileños confluyen diversos factores de notable interés por lo que nos señalan acerca de la evolución política de la región y del continente americano, por lo que advierten acerca del futuro de las democracias occidentales y por las lecciones que se pueden extraer de ellos.

El escenario en el que se está jugando esta partida política y geopolítica tiene a la economía (suele suceder) como base. El continente americano está inmerso en una grave crisis. Después de una época de auge ligada a la demanda de materias primas, sobre todo por parte de China, que permitió que se elevase el nivel de vida de partes de sus poblaciones, se vivió un parón previo al covid. La pandemia provocó otra crisis, que llevó a sus recién estrenadas clases medias de nuevo a situaciones desfavorecidas, mientras que las poblaciones pobres sufrieron más aún. 

Este significativo retroceso explica en buena medida la polarización creciente, que se ve ayudada por sistemas electorales de doble vuelta que favorecen a candidatos más radicales. En ese contexto de tensión en aumento, después de la ola de gobiernos de izquierdas que tuvo lugar en la primera década del siglo XXI, hubo una reacción en la que fuerzas de derecha se hicieron con el poder, y ahora los gobiernos de los países principales han regresado a manos de la izquierda. Sin embargo, se trata de un contexto muy diferente de aquel en el que llegaron al poder gobernantes como Lula: mucho más tenso, más enfrentado y con peores perspectivas de crecimiento.

El nuevo actor

 Sin embargo, uno de los factores ideológicamente más significativos no aparece en ese movimiento pendular de izquierda a derecha, sino en el auge de un nuevo actor en el continente, las iglesias evangélicas. Su crecimiento, que amenaza a la religión dominante, la católica, ha implicado también un endurecimiento político significativo. Ocurrió en EEUU, y está pasando en Latinoamérica. El papel ideológico de estas iglesias en la región no está siendo tomado suficientemente en serio, y son una fuerza muy relevante. No porque constituyan mayoría, sino por la cohesión que muestran. En época de desorden institucional, las minorías organizadas acaban siendo muy influyentes, cuando no decisivas.

 

Las iglesias evangélicas son importantes porque generan comunidad, establecen vínculos sólidos con sus fieles, a los que también proporcionan distintos tipos de ayuda, desde económica hasta sanitaria. Allí donde el Estado no llega, estas organizaciones vienen a prestar su apoyo a poblaciones necesitadas. Por supuesto, son colectivos fuertemente jerarquizados y, como bien señala Luis Algorri, con un poder enorme sobre las visiones políticas, sociales y personales de quienes forman parte de ellas.

Estas fuerzas son relevantes porque señalan un giro que ya conocemos, que hemos vivido, y cuyas consecuencias aún estamos sufriendo. En un mundo desorientado, con problemas económicos y con una falta de confianza en el sistema, lo que se está viviendo en diferentes regiones del mundo es el regreso de la religión. Y lo hace de un modo peculiar: no se trata de que las creencias dominantes amplíen el número de fieles (de hecho, la Iglesia católica, una gran fuerza en Latinoamérica que pierde creyentes, y los lazos entre estos y las instituciones religiosas se debilitan), sino que aparece una fuerza emergente, organizada y con recursos que cada vez gana más adeptos. Es un proceso de sustitución de un tipo de religión por otra muy diferente.

Un hecho insoslayable

Es necesario advertir que así comenzaron los islamistas radicales a transformar Oriente Medio. Las redes que crearon, por ejemplo a través de organizaciones como los Hermanos Musulmanes, fueron creciendo entre poblaciones desfavorecidas y, a pesar de no contar inicialmente con simpatías mayoritarias, ganaron continuamente espacio hasta convertirse en un polo de influencia definitivo para toda clase de gobernantes. El giro que se produjo en los países árabes, excelentemente descrito por Hamit Bozarslan en Una historia de la violencia en Oriente Medio (Ed. Península), supuso una transformación llamativa y contundente en las ideologías de oposición. 

Los gobiernos encontraban focos de resistencia que se alimentaban de ideas de izquierda, en general del marxismo, que se ligaban una lucha por la liberación de sus pueblos de la opresión occidental. Llegado el momento, todos esos focos fueron desapareciendo para ser sustituidos por las ideologías islamistas. A partir de ahí, esa oposición al poder dejó de ser tal para convertirse en la visión dominante, bien a través de organizaciones como Al Qaeda, bien por los cambios de costumbres y políticos que produjeron en sus sociedades. El regreso religioso en la era de la globalización fue un hecho insoslayable. Todos estos elementos están ahora desplegándose en América Latina, veremos cuál es su destino.

 Por si fuera poco, el continente está sometido también a notables tensiones geopolíticas. Con una Unión Europea de influencia decreciente, con unos Estados Unidos orientados hacia el Pacífico y hacia Rusia, y con una China que ha establecido vínculos sólidos con muchos Estados de la región debido a su necesidad de materias primas, Latinoamérica apunta a ser un foco de conflicto, ya que esa debilidad interior, con muchos países partidos en dos bloques ideológicos, es un avispero que las relaciones internacionales agitarán aún más. Y Brasil, como parte de los BRICS, jugará un papel muy relevante a la hora de establecer alianzas.

 Por desgracia, las discusiones nacionales acerca de los hechos brasileños, que son expresión del momento de todo un continente, se están resolviendo desde la banalidad y la grosería. Las acusaciones cruzadas, a menudo totalmente extemporáneas, son parte de una campaña electoral ya lanzada en la que el único objetivo es dañar al rival convirtiéndolo en un peligro para la democracia. Ninguno de los contendientes aporta más que la culpabilización del contrario, en una pelea absurda por demonizar al enemigo. Para unos el peligro es Sánchez porque va de la mano de Bildu y ERC, para otros un PP que está cada vez más cerca de Vox y de la extrema derecha. 

La fuerza de la hipérbole termina siendo muy peligrosa, porque se tensa el debate sin aportar ninguna solución a los males nacionales. Su fórmula es sencilla: los problemas de España se acabarán cuando se venza al otro y se le retire de la partida. Pero eso no es una solución, es empeorar el problema. Acontecimientos como los de Brasil no nos quedan tan lejos, porque son consecuencia de transformaciones económicas, políticas y geopolíticas que afectan a España de lleno, aunque sea de manera distinta."                (Esteban Hernández, El Confidencial, 09/01/23)

9.1.23

Lo ocurrido en Brasil es algo, paradójicamente, previsible... Hubo muchas señales de que la derecha radical, neofascista o neonazi, no estaba dispuesta a permitir que se consumara en paz y ordenadamente la asunción de Lula como nuevo presidente del Brasil... El objetivo: demostrar cómo un grupo decidido y relativamente pequeño (en Brasil unas cuatro mil personas) puede apoderarse a voluntad de la sede de los tres poderes del Estado y, si algunas condiciones maduran, hacer que las fuerzas armadas den un paso al frente... lo ocurrido es un ensayo, una prueba. Seguramente volverán a la carga para crear una situación que finalmente termine por convertir en inevitable un arbitraje militar... lo ocurrido era algo que estaba presente en el nefasto “clima de época” alimentado por la inexorable declinación de Estados Unidos como superpotencia mundial y su recargada virulencia... Repasemos: intento neonazi de ocupar violentamente el Bundestag, intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner, destitución de Pedro Castillo en Perú; ahora la tentativa en Brasil. Y antes, el cruento golpe neofascista en Bolivia... El obvio pero sistemáticamente negado “déficit democrático” de los sistemas políticos que se pretenden democracias (¡y que no lo son!) se combina con los efectos de la crisis capitalista y los desquiciantes movimientos de las placas tectónicas del sistema internacional en Ucrania y Taiwán. Y esto, políticamente hablando, es dinamita

 "Lo ocurrido en Brasil es algo inédito en la historia de ese país. Pero, paradójicamente, era algo previsible. Hubo muchas señales de que la derecha radical, neofascista o neonazi, no estaba dispuesta a permitir que se consumara en paz y ordenadamente la asunción de Lula como nuevo presidente del Brasil. Claros indicios de que apostaba a un golpe militar, para lo cual golpeaban la puerta de los cuarteles y acusaban públicamente de cobardes a los militares por no “rescatar al país” de las garras del comunismo y su arma mortal, “la ideología de género”.

Lo mismo que se hizo en Chile en los meses finales del gobierno de Salvador Allende. La receta es la misma, “made in America”: movilizar a un segmento de la “sociedad civil”, ganar las calles, precipitar la intervención militar y tumbar al Gobierno indeseable. Por eso lo ocurrido era algo que estaba presente en el nefasto “clima de época” alimentado por la inexorable declinación de Estados Unidos como superpotencia mundial y su recargada virulencia.

El signo de esa revuelta bolsonarista guarda una notable similitud con lo acaecido casi exactamente dos años antes en el Capitolio de Estados Unidos. En este país tuvo lugar el 6 de enero, en Brasil el 8. La coincidencia no es casual, habida cuenta de la existencia de una muy activa y muy bien financiada internacional neofascista que tiene como su gurú ideológico y organizacional a Steve Bannon, exasesor de Donald Trump. Pero las coincidencias no terminan allí. El objetivo fue el mismo: demostrar cómo un grupo decidido y relativamente pequeño (en Brasil unas cuatro mil personas) puede apoderarse a voluntad de la sede de los tres poderes del Estado y, si algunas condiciones maduran, hacer que las fuerzas armadas den un paso al frente y consumen la reedición del infausto golpe de Estado de 1964. Por eso lo ocurrido es un ensayo, una prueba. Seguramente volverán a la carga para crear una situación que finalmente termine por convertir en inevitable un arbitraje militar.

Claro que lo anterior depende en gran medida de lo que haga el Gobierno de Lula. Para empezar tendrá que decretar la intervención de la gobernación de Brasilia, cómplice necesaria por su pasividad ante los revoltosos. Tendrá también que reemplazar a la cúpula de los servicios de inteligencia del Estado, que fueron incapaces –o no quisieron- anticipar esta situación y advertir a las autoridades del peligro que se avecinaba. Y otro tanto tendrá que hacer con las fuerzas armadas. Por otra parte, el presidente Lula tendrá que convencerse que deberá movilizar y organizar a su base electoral y recuperar el control de calles y plazas. En caso contrario, la estabilidad de su Gobierno podría llegar a verse muy comprometida. Ni las instituciones ni las diversas ramas del aparato estatal le responden tal cual manda la Constitución. Su único reaseguro es la movilización popular.

 Hablábamos más arriba del “clima de época” en el que hay que enmarcar lo sucedido. Repasemos: en 2021 se produjo lo del Capitolio; el 2022 fue pródigo en acontecimientos similares. En julio miles de manifestantes en Sri Lanka tomaron por asalto la residencia oficial y la oficina del presidente e incendiaron la del primer ministro. El signo político no era reaccionario, pero la forma de la protesta sí lo fue. En diciembre se frustró un intento neonazi de ocupar violentamente el Bundestag y varios parlamentos de los Landers alemanes. En septiembre se produjo el frustrado intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner, aún lejos de estar esclarecido; en diciembre la destitución de Pedro Castillo en Perú; ahora la tentativa en Brasil. Y antes, a no olvidarlo, tal vez inaugurando este ciclo, el cruento golpe neofascista en Bolivia.

El obvio pero sistemáticamente negado “déficit democrático” de los sistemas políticos que se pretenden democracias (¡y que no lo son!) se combina con los efectos de la crisis capitalista y los desquiciantes movimientos de las placas tectónicas del sistema internacional en Ucrania y Taiwán. Y esto, políticamente hablando, es dinamita. Para desactivar esta bomba de tiempo se requerirá de mucha habilidad política, inteligencia y fuerza, para tomar decisiones difíciles que provocarán encendidos debates. Ojalá que Lula pueda demostrar que posee esas virtudes."                ( Atilio A. Boron  , Rebelión, 09/01/2023)

17.6.22

El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos alerta sobre posibles detonantes de la violencia extremista en el país, en los próximos seis meses... Para el organismo de seguridad, los extremistas internos representan la amenaza más apremiante y potencialmente violenta, dirigida contra las instituciones democráticas, candidatos y trabajadores electorales

 "(...) el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) alertó sobre posibles detonantes de la violencia extremista en el país, en los próximos seis meses, poniendo como causales la inminente decisión de la Suprema Corte sobre el aborto, el aumento de las llegadas de migrantes en la frontera con México y las elecciones legislativas intermedias.

El DHS  llama así la atención sobre la amenaza que supone el extremismo violento doméstico, un cambio respecto de las alertas sobre el terrorismo internacional que fueron una seña de identidad de la agencia, tras su creación después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. 

De hecho, las amenazas procedentes del extranjero sólo se mencionan de pasada en este boletín, el cual señala que partidarios de la red Al Qaeda están detrás del enfrentamiento del pasado enero en una sinagoga de Colleyville, Texas. Y menciona que el grupo extremista Estado Islámico llamó a sus partidarios a perpetrar ataques en Estados Unidos para vengar los asesinatos del líder y el portavoz del grupo.

El DHS también advirtió que China, Rusia, Irán y otras naciones tratan de fomentar la división en Estados Unidos para debilitar al país y su posición en el mundo. En parte, lo hacen ampliando las teorías de conspiración y los informes falsos que proliferan en la sociedad estadounidense. Pero los estadounidenses no necesitan ayuda externa para fomentar la división, incrementada desde el gobierno de Donald Trump.

Para el organismo de seguridad, los extremistas internos representan la amenaza más apremiante y potencialmente violenta, como el ataque de un hombre blanco que mató a 10 personas de raza negra en un supermercado de Buffalo, Nueva York, en mayo. 

Añade el DHS que es probable que aumenten los llamados a la violencia de extremistas autóctonos dirigidos a las instituciones democráticas, candidatos y trabajadores electorales y destaca que en foros de Internet se ha elogiado el tiroteo masivo en la escuela primaria de Uvalde, Texas, y se ha incitado a cometer ataques similares. (...)"                 (Álvaro Verzi Rangel , Rebelión, 10/06/2022)

14.6.22

La toma del Capitolio fue el culmen del intento de golpe de Trump, perpetrado por los ultraderechistas de Proud Boys, para permanecer en el poder tras perder las elecciones... Donald Trump llevó a cabo una conspiración en siete partes para anular una elección democrática libre y justa... “La violencia no fue un accidente. Representa la última oportunidad de Trump, la más desesperada, para detener la transferencia de poder”

 "La culminación de un intento de golpe de Estado’: legisladores hacen fuertes críticas contra Trump por el ataque al Capitolio. 

Según el comité que investiga el ataque al Capitolio del 6 de enero, Donald Trump llevó a cabo una conspiración en siete partes para anular una elección democrática libre y justa.

 Es muy probable que en los 246 años de historia de Estados Unidos nunca se haya hecho una acusación más comprometedora contra un presidente estadounidense que la presentada el jueves por la noche en una sala de audiencias cavernosa del Congreso, donde el futuro de la democracia parecía estar en juego.

 A otros mandatarios se les ha acusado de actuar mal, incluso de cometer delitos e infracciones, pero el caso en contra de Donald Trump formulado por la comisión bipartidista de la Cámara de Representantes que investiga el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021 no solo describe a un presidente deshonesto, sino a un aspirante a autócrata dispuesto a violar la Constitución para aferrarse al poder a toda costa.

 Como lo describió la comisión durante su audiencia televisada, a la hora de mayor audiencia, Trump ejecutó una conspiración en siete partes para anular una elección democrática libre y justa. Según el panel, le mintió al pueblo estadounidense, ignoró todas las pruebas que refutaban sus falsas denuncias de fraude, presionó a los funcionarios estatales y federales para que anularan los resultados de las elecciones que favorecían a su contrincante, alentó a una turba violenta a atacar el Capitolio e incluso señaló su apoyo a la ejecución de su propio vicepresidente.

“El 6 de enero fue la culminación de un intento de golpe de Estado, un intento descarado, como dijo uno de los alborotadores poco después del 6 de enero, de derrocar al gobierno”, dijo el representante demócrata por Misisipi, Bennie Thompson, presidente de la comisión especial. “La violencia no fue un accidente. Representa la última oportunidad de Trump, la más desesperada, para detener la transferencia de poder”.

 Las palabras de los propios asesores y personajes nombrados por Trump fueron las más incriminatorias. Se proyectaron en video en una pantalla gigante sobre el estrado de la comisión y se transmitieron a una audiencia de televisión nacional. Se pudo ver cómo su propio fiscal general le dijo a Trump que sus denuncias de una elección falsa eran “patrañas”. Su abogado de campaña testificó que no había suficientes pruebas de fraude para cambiar el resultado. Hasta su propia hija, Ivanka Trump, reconoció haber aceptado la conclusión de que la elección no fue robada, como su padre seguía afirmando.

Buena parte de las pruebas fueron presentadas por la principal figura republicana en la comisión, la representante por Wyoming Liz Cheney, quien ha sido condenada al ostracismo por Trump y por buena parte de su partido por condenar una y otra vez las acciones del entonces presidente después de la elección. Cheney planteó con firmeza el caso y luego se dirigió a sus compañeros republicanos que han optado por apoyar a su derrotado expresidente y justificar sus acciones.

 “A mis colegas republicanos que defienden lo indefendible les digo: llegará el día en el que Donald Trump se haya ido, pero el deshonor de ustedes permanecerá”, declaró.

Muchos de los detalles ya se habían dado a conocer y muchas interrogantes sobre las acciones de Trump quedaron sin respuesta por ahora, pero Cheney resumió los hallazgos de la comisión de una forma implacable y acusadora.

 Algunas de las nuevas revelaciones y las confirmaciones de las noticias recientes fueron suficientes para provocar exclamaciones de asombro en el recinto y, tal vez, en las salas de todo el país. Se informó que luego de que se le dijo que la multitud del 6 de enero coreaba “Cuelguen a Mike Pence”, el vicepresidente que desafió las presiones del presidente para bloquear la transferencia de poder, Trump respondió: “Quizá nuestros seguidores tengan la idea correcta”. Mike Pence, agregó, “se lo merece”.

Cheney, vicepresidenta del panel, informó que en la víspera del ataque del 6 de enero, miembros del propio gabinete de Trump hablaron de invocar la Vigésima Quinta Enmienda para destituir al entonces presidente del cargo. Reveló que el representante por Pensilvania Scott Perry y “otros congresistas republicanos” que habían participado en el intento de anular la elección buscaron obtener indultos de Trump durante sus últimos días en el cargo.

Cheney reprodujo un video en el que se veía a Jared Kushner, yerno del exmandatario y asesor principal que después de la elección se ausentó en lugar de enfrentar a los teóricos de la conspiración que incitaban a Trump, desechar con displicencia las amenazas de Pat A. Cipollone, consejero de la Casa Blanca, y otros abogados de presentar su renuncia en señal de protesta. “Me pareció que solo eran lloriqueos, para ser sincero”, declaró Kushner. (...)

Antes de la audiencia, Trump trató una vez más de reescribir la historia al presentar el ataque al Capitolio como una manifestación legítima de agravio público contra unas elecciones robadas. “El 6 de enero no fue solo una protesta, sino que representó el mayor movimiento en la historia de nuestro país para hacer a Estados Unidos grandioso de nuevo”, escribió en su nuevo sitio de redes sociales. (...)

Trump, por supuesto, ya fue impugnado en dos ocasiones y absuelto otras dos, la segunda por su involucramiento en el ataque del 6 de enero. Pero, aun así, el caso en su contra ahora es mucho más amplio y expansivo, después de que la comisión llevó a cabo unas 1000 entrevistas y obtuvo más de 100.000 páginas de documentos.

Lo que el comité intentaba demostrar era que no se trataba de un presidente con preocupaciones razonables sobre el fraude o una protesta que se salió de control. En cambio, el panel estaba tratando de obtener las pruebas de que Trump formó parte de una conspiración criminal contra la democracia; que sabía que no había un fraude generalizado porque su propio entorno se lo dijo, que, de manera intencional, convocó a una turba para que detuviera la entrega del poder a Joseph R. Biden Jr. y se quedó cruzado de brazos sin hacer casi nada cuando el ataque comenzó.

Aún no sabemos si el panel puede cambiar las opiniones públicas sobre esos acontecimientos, pero muchos estrategas y analistas políticos piensan que es poco probable. Con medios más fragmentados y una sociedad más polarizada, la mayoría de los estadounidenses ya tienen una opinión sobre el 6 de enero y solo escuchan a quienes la comparten.

Sin embargo, había otro espectador de las audiencias, el fiscal general Merrick B. Garland. Si la comisión estaba exponiendo lo que consideraba una acusación formal contra el expresidente, parecía estar invitando al Departamento de Justicia a seguir el caso de verdad con un gran jurado y en un tribunal de justicia.

Al adelantar la historia que se contará en las próximas semanas, Cheney casi le escribió el guion a Garland. La representante dijo: “Van a escuchar sobre complots para cometer conspiración sediciosa el 6 de enero, un delito definido en nuestras leyes como conspirar para derrocar, destituir o destruir por la fuerza el gobierno de Estados Unidos u oponerse por la fuerza a la autoridad del mismo”.

Pero si Garland no está de acuerdo y las audiencias de este mes resultan ser el único juicio al que se enfrente Trump por sus esfuerzos para anular las elecciones, Cheney y sus compañeros de la comisión estaban decididos a asegurarse de que, al menos, sea condenado por el jurado de la historia."      

(Peter Baker es el corresponsal jefe de la Casa Blanca, The New York Times, 11/06/22)

 

"En la primera audiencia pública el demócrata Bennie Thompson ha definido el ataque al Capitolio como un intento de «golpe de Estado», para hacer que Donald Trump permaneciera en el poder, apoyado sobre el terreno por el grupo ultraderechista Proud Boys.

“El pueblo estadounidense merece respuestas. Así que me presento ante ustedes esta noche no como demócrata, sino como un estadounidense que juró defender la Constitución”, ha dicho Thompson, quien ha recalcado que este jueves y en las próximas semanas el comité hará un recorrido por lo que pasó ese día “paso a paso”.

Además, la legisladora republicana Liz Cheney, vicepresidenta del comité, ha anunciado que el día del asalto el expresidente “no dio orden de desplegar la Guardia Nacional”, tal y como había anunciado la Casa Blanca.

Cheney ha mostrado un vídeo de una entrevista con el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de EEUU, Mark Milley, en el que el funcionario decía que fue el entonces vicepresidente Mike Pence quien ordenó a las tropas de la Guardia Nacional que respondieran al ataque.

Thompson y Cheney describieron una conspiración tramada con el mayor detalle y con “siete pasos” con el objetivo de que Trump permaneciera en la presidencia tras perder las elecciones.

 “El expresidente Trump fue el que citó a la muchedumbre, el que la congregó y quien encendió la llamada de este ataque”.

Tras el ataque se encuentra el grupo ultraderechista Proud Boys. “La cuestión central es si el ataque al Capitolio fue un plan coordinado (…) Fue la culminación de un esfuerzo de meses, liderado por el expresidente (Donald) Trump”, ha añadido.

El grupo Proud Boys adquirió especial prominencia durante los debates presidenciales después de que Trump les recomendara que se mantuvieran «a la espera» del desarrollo de los comicios. El presidente los condenó públicamente después y atribuyó sus comentarios a un lapsus.

Tras conocer estas conclusiones, Trump ha criticado esta madrugada al comité, diciendo que se ha negado a “reproducir cualquiera de los muchos testigos y declaraciones positivas” que tienen sobre él."              (Contrainformación, 11/06/22)