"(...) Desentrañar el hermetismo interno de Vox no es tarea fácil. Saber de
dónde proceden las ideas de los iniciadores de la formación de
ultraderecha da buena cuenta de la opacidad y autoritarismo que reina
dentro del partido de un Abascal al que nadie ha votado con secretario
general. El periodista y escritor Xavier Rius acaba de publicar Vox. El retorno de los ultras que nunca se fueron (Akal, 2023), una monografía que repasa la historia de esta organización cuyos integrantes no son nuevos en política. (...)
Dentro de unos días se celebra la
moción de censura de Vox con Ramón Tamames como candidato. Como experto
en esta formación política, ¿le sorprendió el anuncio?
Lo primero que hay que tener en cuenta es que la moción de censura es una propuesta sobre la que no hay unanimidad
dentro de Vox. Parecía que la cosa iba medio en broma hasta que las
cinco o seis personas del núcleo duro de Vox dijeron que sí, que para
adelante con ello. Esto, como todo, lo han decidido sin contar con la
militancia ni otros tantos dirigentes, así que la situación no gusta a
muchos simpatizantes.
Tampoco tengo muy claro qué va a ganar Vox con esta moción de censura,
aunque siempre ha querido liderar la polémica, y lo ha conseguido.
Quieren que se hable de ellos, aunque sea mal. En cierto modo, sí me
sorprendió el anuncio y el candidato, pero como Vox siempre se mueve en
este tipo de extravagancias, también entra dentro de sus parámetros.
Liderarán la polémica unos días, otra cosa es si eso les será rentable
electoralmente.
¿Por qué Tamames?
Porque no encontraron a nadie más. Sonaron varios nombres, entre ellos Rosa Díez, y finalmente fue Tamames (...)
En su libro esboza las raíces
ultraderechistas de muchos líderes de Vox como Ortega Smith o Jorge
Buxadé. ¿Estos personajes se sienten cómodos en Vox?
Sí, están muy cómodos en Vox. Para mí, todo esto lo cierra el libro que el mismo Buxadé escribió hace un año, titulado Soberanía. En él, mantiene la ideología falangista de la que procede y arremete contra el sistema autonómico y el sistema de partidos.
Lo que hay que saber de Vox es que ahí manda el Comité de Acción Política (CAP)
cuyos miembros son "secretos" aunque conocidos. Son seis, aunque en
realidad son cinco ya que Buxadé tiene dos cargos: Santiago Abascal,
Iván Espinosa de los Monteros, Buxadé, Javier Ortega Smith y Quico
Méndez Monasterio.
Este último no es tan conocido como
los demás pero es un pilar fundamental. Él negoció la entrada del
Gobierno de Vox en Castilla y León
Para mí es un
personaje muy relevante que, además, está en el Comité Ejecutivo
Nacional (CEN) ya que él era antiguo dirigente de la Alianza de la
Unidad Nacional de Ricardo Sáenz de Ynestrillas. Cuando
Ynestrillas es condenado y se fuga, el partido pasó a llamarse Alianza
Nacional, y Méndez Monasterio ocupó puestos en sus listas en un par de
ocasiones al Parlamento Europeo y al Congreso de los Diputados.
De todas estas
cinco personas que había en el CAP, porque a Ortega Smith le ha
sustituido Ignacio Garriga, tres provenían de la ultraderecha clásica,
todos menos Abascal, que venía del PP, y Espinosa de los Monteros, con
una ideología ultraliberal, trumpista y cercana a El Yunque y Hazte Oír.
Si siempre se ha dicho que la
izquierda está dividida, la ultraderecha no iba a ser menos. Usted
dedica todo un capítulo a estas agrupaciones más extremistas y su
metamorfosis a lo largo del tiempo. ¿Todas ellas han confluido en Vox?
Todas no han llegado a confluir en Vox, pero Vox sí se ha alimentado mucho de ellas. La antiinmigración no cuajó tanto en España, quitando a Plataforma per Catalunya, ni tampoco el aspecto euroescéptico. Sí lo hizo el rechazo a las políticas de Rajoy y, sobre todo, una defensa de la España unitaria centralista.
Al principio, cuando estaba Alejo Vidal-Quadras todavía,
pretendían crear una especie de PP auténtico, y cuando Abascal se le
quita de encima ya sí empiezan más fuerte con esta línea de la
antipolítica y cogen el tema de la antiinmigración. En realidad, si
miras el programa de Vox para las europeas de 2014, sus propuestas
respecto a la migración no difieren apenas de las que hacían otros
partidos conservadores.
Vox ha tenido varios activadores,
por así decirlo, hasta convertirse en lo que es ahora. Uno de los más
importantes fue el Procés catalán
Cuando Ortega Smith se persona en
la causa del Procés y pone las querellas es cuando el partido toma más
fuerza política, y eso les ayuda a dar el salto. Hasta 2016, la
acusación popular en los juicios era una figura que ejercía Manos Limpias,
pero la organización termina desarticulada acusada de extorsión y ahí
Smith ve un espacio libre para empezar a poner querellas.
Realmente el que tiene un papel relevante aquí es Buxadé, que antes
había sido abogado del Estado en Barcelona. Él era quien les decía a
Ortega Smith contra quien querellarse y ganan mucha cuota de telediario.
Poco después llegaría ese salto que dan en las elecciones andaluzas.
En los comicios de Andalucía ganan totalmente el relato.
Eso ocurre porque
Susana Díaz se queda en minoría en el Gobierno que hasta entonces había
apoyado Ciudadanos. Se convocan elecciones para diciembre de 2018, pero
en ellas no se habla de corrupción, infraestructuras, agricultura o
vivienda, que es lo que tocaría, sino de que el PSOE ha pactado con los
enemigos de España en la moción de censura que ganó en junio del mismo
año.
Es decir, en las elecciones andaluzas solo se hablaba de Catalunya y Vox sigue con su retahíla de que Rajoy no había hecho un 155 hasta el fondo al
no intervenir los Mossos d'Esquadra o cambiar el modelo educativo. Ahí
comienza ese círculo en el que Vox va creciendo en las siguientes
elecciones que hay por España.
También la pandemia fue un buen momento para ellos
Como buen partido ultra, Vox apoyó las tesis conspiranoicas que
iban surgiendo, igual que mostró su rechazo a las restricciones. No
verás a ningún partido de Gobierno haciendo este tipo de cosas, como
rechazar la vacunación. Vox se unió a la antipolítica de la ultraderecha
y ese populismo que cada vez se extiende más a nivel mundial.
Por otra parte, usted defiende que Vox es un partido muy autoritario. ¿A qué se refiere exactamente?
Yo me centro en lo
que ha ocurrido en los últimos años, en cómo muchos concejales han
discrepado con la gestión económica que se hacía de los fondos porque no
existen ejecutivas regionales de Vox. Eso es lo que ocurrió con los diputados de Murcia,
sin ir más lejos. Esto de no tener ejecutivas regionales es solo la
excusa para que no surjan barones territoriales. Como falta ese
organismo, las decisiones las toma el Comité de siempre formado por los
cinco de siempre. Sin presidentes regionales, lo que votan los diputados
autonómicos o concejales lo decide un asesor o comisario político
designado desde Madrid.
Tampoco hay ningún
tipo de democracia interna. A Abascal nadie le ha votado, se proclamó.
En la asamblea de Vox de marzo de 2020 en la que se le nombra el nuevo
CEN con Abascal como presidente, no fue votado. Era candidato único y
nadie le podía plantar cara al ser casi imposible conseguir los avales.
Por ejemplo, Feijóo también era candidato único y le votaron el 99,5% de
los militantes del PP. Abascal fue proclamado.
¿Qué significó para Vox la salida de Macarena Olona? Ahora parece que ella reniega de lo que defendía hace apenas unos meses
Esto no lo digo porque haya que empatizar con ella, pero es cierto que Olona no pertenecía a ninguno de los dos grupos originarios de Vox,
ni del PP ni la extrema derecha. Sí era una abogada del Estado muy
combativa frente al nacionalismo vasco y termina siendo diputada por
Granada para Vox.
Lo que ocurre es que ella destaca mucho más de lo esperado en
el Congreso de los Diputados. Era una cabecilla dialéctica muy buena,
pero no formaba parte del CAP ni nada, ni tampoco ninguna
vicesecretaría. Vox veía cómo la diputada que cada semana ponía en jaque
al Gobierno no era de su núcleo e intentaron quitársela de encima
enviándola a Andalucía.
Ahora, que ella
dice que no sabía que había ultras en Vox, miente. Sabía perfectamente
lo que había. Lo único que ha ocurrido es que ahora ha visto cómo trata
Vox a la gente, como ha ocurrido con decenas de concejales. Yo no me
creo que Olona no supiera que había nazis junto a ella en Vox.
Este personaje que
se ha construido ahora tampoco debería hacernos olvidar que Olona sigue
reivindicando la inconstitucionalidad de los estados de alarma de la
pandemia que, más allá de las críticas legales a la hora de gestionar
los confinamientos, fueron necesarios. No la veamos como una defensora
de las causas perdidas, como una progre que se equivocó de partido.
Uno de los últimos movimientos en
la formación de Santiago Abascal es la caída de Ortega Smith como
secretario general. ¿Este peso pesado de la ultraderecha era demasiado
pesado?
Esa caída se produjo por mano militari.
Lo apartan por lo que ocurrió con Olona, pero también porque los cuatro
diputados de Murcia habían dejado Vox y de los 520 concejales, en torno a un 40% ha dimitido o pasado el acta al siguiente, o se han ido de Vox llevándose el acta. Ahora mismo, yo he podido contabilizar seis escisiones diferentes de Vox con concejales que han abandonado la formación, aunque en estas próximas elecciones no se comerán un rosco.
Ortega Smith era el encargado de anunciar a los diputados y concejales
de Vox que tal persona se encargaría de confeccionar las listas, y la
cosa estalló, pero no fue su culpa. Él no era el malo, solo era un
soldado y cumplía órdenes. Sabremos si Ortega Smith está vivo o muerto
políticamente si después de las elecciones municipales de Madrid Vox
decide presentarle al Congreso de Los Diputados con el número dos o el
número diez, ahí estará la diferencia. Por el momento, sigue siendo uno
de los vicepresidentes de Vox y junto a él hay mucha gente que eran
quienes aplicaban la mano militari a la orden de Abascal. (...)" (Entrevista a Xavier Rius, Guillermo Martínez , Público, 20/03/23)