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12.9.18

Islandia: 38 banqueros islandeses fueron condenados a un centenar de años de cárcel por su responsabilidad en la crisis. Los políticos, en cambio, se salvaron... solo Islandia ha ido de forma sistemática a por los peces gordos

"i Ólafur Hauksson fue nombrado fiscal fue porque ninguno de los 330.000 islandeses restantes quería el cargo. En 2008, ese puesto de nueva creación desde el que se debía perseguir a los responsables de una crisis que había golpeado al país con inusitada fuerza quedó vacante.

 Un año después, este antiguo comisario de policía de un pequeño pueblo, sin conocimientos financieros previos, se presentó voluntario para ese trabajo. Al hacerse con él, aterrizó en una oficina que, según sus palabras, no tenía “ni ordenadores, ni teléfonos ni nada”.

 “Tuvimos que empezar de cero en algo que no sonaba demasiado atractivo”, asegura desde Reikiavik, al otro lado de la línea de teléfono. Desde ese pequeño despacho que no interesaba a nadie y desde un cargo en el que nadie parecía confiar, Hauksson ha logrado en la última década la condena de 38 banqueros –entre ellos, los más importantes del país-, con penas que en total superan los 100 años. Su equipo de un puñado de colabores fue creciendo hasta superar el centenar en el momento álgido de las investigaciones.

Para rastrear años de abusos y malas conductas, los correos electrónicos de los investigados se convirtieron en el instrumento más valioso. “Eran una gran prueba, porque se generaban en tiempo real, no es como un testigo que habla años después de que ocurran los delitos. Con estos emails, pudimos reconstruir prácticamente todo lo ocurrido en los años de la burbuja financiera”, dice con un indisimulado orgullo.  

(...) solo Islandia, donde la banca creció hasta convertirse en un cáncer hipertrofiado, ha ido de forma sistemática a por los peces gordos. Los tres principales ejecutivos de los tres grandes bancos existentes hasta la crisis (Kaupthing, Glitnir y Landsbanki) han acabado condenados.

La situación en EE UU es radicalmente distinta. Según un artículo del Financial Times de hace un año, 324 profesionales –banqueros de pequeñas entidades, brokers, asesores inmobiliarios…- han sido condenados por delitos relacionados con la crisis financiera. ¿Y en este grupo cuántos consejeros delegados de Wall Street había? Cero. En el país de Lehman Brothers, no ha caído ni uno solo de los grandes señores de las finanzas.  (...)

En Islandia, la historia de avaricia y malas prácticas bancarias que derivó en el crash de 2008 quedó simbolizada en un nombre: Hreidar Már Sigurdsson. El que fuera número uno entre 2003 y 2008 de Kaupthing, entonces la mayor entidad financiera del país, fue condenado junto con otros compañeros por manipulación de mercado. 

Pocas semanas antes del colapso del banco, dieron una falsa sensación de seguridad al anunciar la entrada en el capital de un potente inversor catarí. El problema es que esa inyección monetaria se había hecho a través de un préstamo ilegal concedido por el propio grupo. Fue sentenciado a siete años de prisión, la condena más dura de todos los encausados por Hauksson.

Encerrado en la prisión de Kviabryggja, al oeste de la isla, junto a otros compañeros de fechorías financieras y 19 reclusos comunes, ninguno con delitos de sangre, Sigurdsson pasaba los días mirando Internet, yendo al gimnasio u ocupándose de la lavandería del centro penitenciario, según informó Bloomberg en 2016.

Los datos sobre los condenados escasean. El fiscal Hauksson dice que la mayoría –si no todos- de los que entraron en prisión ya la han abandonado. Pero añade que no dispone de más información, ya que esta depende de la administración penal, no de la suya.

Más suerte han tenido los responsables públicos de la crisis. Pese a algunas informaciones que presentaban a Islandia como el país que había encarcelado a banqueros y políticos, estos últimos han pasado de puntillas. Es cierto que un tribunal especial halló culpable a Geir H Haarde, primer ministro entre 2006 y 2009, de no abordar los problemas que afrontaban los bancos islandeses. 

Pero también lo es que no cumplió la sentencia y que al poco tiempo fue enviado como embajador de su país en Washington, destino en el que hoy continúa. “No parece un castigo muy duro”, deja caer el fiscal con ironía.

Una década después de la crisis que colocó a esta remota isla en los informativos de medio mundo, la economía islandesa se ha recuperado. Tras una profunda reestructuración del el sector financiero, el PIB ha crecido con fuerza en los últimos tiempos, favorecido por un boom del turismo que el año pasado llevó a 2,2 millones de personas a una isla con una población inferior a la de la provincia de Burgos. (...)"                         (Luis Doncel, El País, 09/09/18)

5.9.16

Islandia crece... la crisis está definitivamente pasada... los tres jefes de los tres principales bancos han sido condenados a 18 meses de cárcel

"(...) El PIB islandés ha progresado el año pasado un 4%, es decir, más de dos veces más rápido que el de la UE y la zona euro, y dos veces más rápido que en 2014. En la Unión Europea, sólo Irlanda presenta un crecimiento superior al de Islandia. 

En mayo, la tasa de paro era de 4,1% (2,2% en datos corregidos por las variaciones estacionales), el nivel más bajo desde hace once años, mientras que la tasa de actividad es del 86,1%. En la zona euro el paro está en un 10,1% con una tasa de actividad del 70%.

Islandia es una economía pequeña, con un PIB de 15.000 millones de euros. Pero es una economía con buena salud. Es uno de los países más ricos de Europa. En 2015, era el octavo del continente en términos de PIB por habitante en paridad con el poder adquisitivo, con un nivel superior en un 17% por encima de Francia y de 24% de la media de la UE.

Sin embargo, la isla nórdica vuelve desde muy lejos. Ha atravesado, desde octubre de 2008, una de las peores crisis financieras de la historia. La gestión de esta crisis es presentada a menudo como un ejemplo, a veces caricatural. Una cosa queda, sin embargo, clara: esta gestión no ha entrado en los cánones de la teoría económica y se ha resuelto, sin embargo, con un éxito. (...)

En 1991 se formó un nuevo gobierno, dirigido por Davið Oddson, jefe del partido de la Independencia que lanzó al país a una ola de liberalización con el modelo irlandés en mente. Diez años más tarde las finanzas islandesas están ampliamente desregularizadas. 

La meta de esta política era atraer a los inversores extranjeros para aumentar la riqueza del país. Islandia se convirtió entonces en un polo financiero mundial que se utilizaba para el carry trade, consistente a grosso modo en tomar prestado en países con tipos bajos (como la zona euro) para colocarlo en países con tipos elevados (como Islandia). 

El dinero abundaba, la Bolsa despegaba, los créditos se multiplicaban, el crecimiento alcanzaba ritmos astronómicos. En 2007, los activos del sector bancario islandés representaban un 1035% del PIB de la isla y el sector bancario pesaba un 10,3% del PIB islandés, tres veces más que en 1997.  (...)

Cuando la crisis financiera mundial estalló en septiembre de 2008, Islandia estaba en primera línea. Los tres grandes bancos del país, Kaupthing, Glitnir y Landsbanki, no podían refinanciarse. Estaban virtualmente en bancarrota. En todas partes, el Estado inyectaba capital en los bancos. En Irlanda el gobierno decidió el 30 de septiembre de 2008 garantizar la integralidad de las deudas bancarias del país, en decir 235% de su PIB (440 mil millones de euros). 

Pero Reykjavik eligió otra vía. El gobierno islandés se contentó con garantizar los depósitos de los islandeses en los bancos islandeses. El resto de los activos fue abandonado a su suerte. Los tres bancos fueron nacionalizados y escindidos en una parte sana y otra toxica. Pero estos “bad banks” no se beneficiaban de la garantía del Estado. Por el contrario, los bancos “sanos” fueron recapitalizados por el Estado en un nivel del 30% del PIB y gestionaron a menudo directamente el número incalculable de empresas en impago.

Contrariamente a lo que escuchamos a menudo, Islandia, por lo tanto, no ha rechazado salvar a los bancos, ha elegido lo que quería salvar de su sector bancario. El país ha decidido preservar su demanda interior antes que sus acreedores internacionales. Ha reducido una carga que, de todas maneras, hubiese sido insostenible para la economía islandesa. 

Esta elección era por lo tanto inevitable. El elemento destacable es que el gobierno y la población mantuvieron  esa política. Cuando fue cuestión de reembolsar a los depositantes británicos y neerlandeses, clientes de la estructura islandesa Icesave, los islandeses rechazaron  hasta dos veces la opción de un reembolso, mediante un referéndum.  (...)

Esta elección entre acreedores no ha permitido evitar la austeridad. Para capitalizar la parte “sana” de los bancos y del Banco Central del país, el Estado ha tenido que pedir prestado 3,2 mil millones de euros al FMI y a sus vecinos escandinavos. La deuda pública ha pasado del 28,5% del PIB en 2007 al 96,4% en 2015. El gasto público también se ha visto reducido en consecuencia. 

Ha habido socialización de los riesgos y transferencia de la deuda privada a la deuda pública, pero ha sido limitada y eso ha permitido que la economía rebote más rápido ya que la carga que ha pesado sobre los agentes económicos ha sido más débil que si Islandia hubiese elegido reembolsar más acreedores de sus bancos.

El otro elemento clave ha sido la depreciación de la corona islandesa. La moneda ha caído de manera vertiginosa. Para un euro, hacían falta 82 coronas islandesas a principios de 2007. Dos años más tarde, hacían falta 182, un retroceso del 55%. 

Esta caída de la moneda ha conducido a una inflación que ha alcanzado el 17% y ha mermado el poder adquisitivo de los hogares que veían sus salarios nominales estancarse. Sin embargo, esta depreciación ha permitido recobrar rápidamente la competitividad externa y, en consecuencia circunscribir los efectos de la crisis.

A pesar de su vía original y su moneda propia, Islandia en 2009-2010 no era un paraíso, ni mucho menos. En el tercer trimestre de 2010, después de nueve trimestres de contracción en ritmo anual, el país volvía al crecimiento. Habrá que esperar, sin embargo, a 2014 para que el PIB islandés superase su nivel de 2008. En 2015 lo superaba en un 5%. 

 ¿La “vía islandesa” era más eficaz que la elegida en la zona euro en 2010? No para Irlanda, que ha salido más rápido de la crisis, pero menos por la política llevada a cabo que por elementos externos. En cambio, Islandia parece haber salido mucho más rápido de la crisis que España, y mucho más que Italia, Grecia o Portugal. 

Sobre todo, Islandia parece mucho menos amenazada que la mayoría de estos países por el riesgo deflacionista y por el crecimiento blando. Las comparaciones son, sin embargo, delicadas en la medida en que estas economías son bastante poco comparables a la de Islandia.

Conviene no sobreinterpretar de más la “vía islandesa”. Primero, lo hemos visto, ha sido más “obligada” que “elegida”. Después, el precio pagado por los hogares islandeses ha sido duro. El nivel de consumo de los hogares es todavía inferior en 2015 en un  4% a su nivel de 2007.

 El crecimiento islandés de después de la crisis es un crecimiento por las exportaciones: de bienes (+28% con respecto a 2007), pero sobretodo de servicios (+52% con respecto a 2007). Son por lo tanto las ganancias en competitividad externa por la compresión de la demanda interior las que han hecho rebotar a Islandia. 

Los dos motores del crecimiento económico del país han sido principalmente la pesca, que se ha beneficiado del alza de los precios y de la demanda de pescado, y los turistas. El número de turistas que han visitado el país ha crecido un  27% en 2015. Esto es fruto de una política activa con, especialmente, un desarrollo de las infraestructuras y del marketing público y privado.

Pero asistimos hoy en día a un reequilibrio rápido: en el primer trimestre, el consumo de los hogares ha progresado en un año un 7,1%. En 2015 el país ha conocido un déficit comercial y es la demanda interior la que ha empujado el crecimiento. La página de la crisis está definitivamente pasada. (...)

Una de las principales originalidades islandesas reside, sobre todo, en el trato “moral” de la crisis. Islandia ha sido uno de los pocos países, con Irlanda, en establecer un proceso judicial a la crisis. Los tres jefes de los tres principales bancos han sido condenados a 18 meses de cárcel, y muchas más condenas han sido efectuadas.

 Hasta el primer ministro en 2008, Geir Haarde, ha sido condenado sin sanción por un tribunal en 2012. A partir de entonces, la sociedad islandesa es muy sensible a los asuntos financieros. Cuando la mujer del actual primer ministro Davið Gunnlaugsson fue citada en el asunto de los Papeles de Panamá, éste se vio obligado a dimitir frente a las manifestaciones gigantes que dieron en Reykjavik.  (...)

Islandia prueba que los intereses bancarios no coinciden del todo con el interés general. Y que es posible liberarse de los primeros en nombre de los segundos sin provocar las catástrofes que los banqueros – es una buena guerra – prometen inicialmente.

 La vía islandesa no es forzosamente mejor que las otras, pero su existencia prueba que un gobierno dispone siempre de una elección en cuanto a las medidas que tomar en caso de crisis. En fin, última lección: un pueblo pequeño puede enseñarle mucho al grande. (...)"             (Romaric Godin, CTXT, 06-07-16)

22.12.15

El espejismo islandés, la revolución traicionada

"Lejos del Círculo Polar Ártico, la forma en la que Islandia afrontó la devastadora crisis económica en la que cayó en 2008, encarcelando a banqueros, derrocando al gobierno y procesando al primer ministro, y al negarse supuestamente a pagar parte de su deuda o rescatar a sus bancos, se vio, sobre todo por los movimientos sociales europeos de izquierda, como un modelo a seguir, un ejemplo de democracia real y participativa, la manifestación de un paraíso popular.  (...)

 Pero no es oro todo lo que reluce, la realidad es compleja y la historia no es la misma según quien la cuente.

La islandesa Selma Björt Stefánsdóttir tiene “casi 18 años”, trabaja en un hotel limpiando habitaciones y cuando le planteo esta visión romántica de la “revolución de las cazuelas” se arranca de las orejas perforadas los auriculares del teléfono inteligente y me dice: “para contestarte déjame encenderme otro cigarrillo”. Se lo prende y comienza a hablar con una sonrisa triste. (...)

 “Cuando sucedió aquello yo era muy joven y no entendía bien lo que estaba pasando. Veía a mi familia comprando un montón de cosas y gastando un montón de dinero, pero de repente no había dinero para nadie. Mi familia perdió su casa”, recuerda Selma.

“Cuando yo tenía once años tuve que empezar a trabajar en un hotel. Ahora todo es muy caro. Casi no puedo pagar el alquiler de mi apartamento. Es muy duro. A veces una se pone furiosa de cómo lo jodieron todo, de cómo ahora siendo tan joven todo está frente de ti y no puedes comprar nada. Tienes que trabajar, trabajar, trabajar y nada más que trabajar y todo es carísimo, incluso la comida”, lamenta la joven islandesa, casi independizada de sus padres a tan temprana edad como es normal en estas frías latitudes.

El gobierno de coalición entre el Partido Socialdemócrata y el Verde-Izquierda, que le dio la espalda a los ciudadanos que obligaron a dimitir al gobierno neoliberal y aceptó las draconianas condiciones impuestas por organismos extranjeros, “iba a hacer cosas buenas pero lo fue haciendo peor y cada vez peor. Nuestro sistema de salud era uno de los mejores del mundo y ahora está totalmente jodido. A principios de este año caí muy enferma, tuve que ir al médico y me costó mucho encontrar uno porque la mayoría de ellos se ha ido porque no hay dinero. El sistema está en la ruina, está muerto, y los impuestos son tan altos que casi todo lo que gano se me va en pagar al gobierno”, se queja Selma.  (...)

La profesora de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad pública islandesa en Reikiavik, Alyson Bailes, académica británica que ha trabajado en Islandia los últimos nueve años, asegura que la presunción de que los islandeses manejaron la crisis mejor que otros países es lo que “a su presidente y otros políticos les gusta difundir, pero no es un hecho verdadero, como bien han demostrado investigaciones internas y análisis académicos”. (...)

La profesora Bailes reconoce que la alianza de centro izquierda que gobernó entre 2009 y 2013 realizó “un buen trabajo técnico con la ayuda del FMI en áreas como PIB, comercio y empleo, lo que es positivo”, pero que, sin embargo, “esto se consiguió solo con estrictos controles de cambio de divisas contrarios a la práctica moderna internacional y están demostrando ser muy difíciles de superar”.

“Nada se ha hecho sobre la intrínseca debilidad de la moneda islandesa, porque la única alternativa real es el euro, pero las voces anti Unión Europea siguen siendo mayoritarias aquí, y el actual gobierno de centro derecha electo en mayo de 2013 se ha negado a dejar que la gente vote libremente en un referéndum sobre la conveniencia de continuar las negociaciones de adhesión con la UE o no. El proceso de adhesión se ha congelado simplemente por acción ejecutiva de una forma que muchos ciudadanos consideran no democrática”, insiste Bailes.

Para esta profesora británica en Reykiavik, la “dramática victoria” del Partido Social Demócrata y el Partido Izquierda-Verde en 2009 representó una oportunidad para atender las demandas del pueblo islandés, sin embargo, estos gobernantes “perdieron la ocasión y derrocharon su tiempo en medidas excesivamente provocativas y divisorias, mientras fallaban precísamente en esas cosas que la coalición de izquierdas debería haber hecho bien como aliviar el malestar social causado por la crisis”.

“El gobierno de la coalición de izquierdas concluyó sin haber realizado decisivos progresos sobre la constitución y los votantes acabaron extremadamente desencantados”, lamenta, que señala que esta es la explicación para que en las elecciones de 2013 ganaran “exactamente aquellos que gobernaron Islandia durante el período previo a la crisis y cuyas políticas de desregulación, amiguismo con las grandes empresas, y la falta de supervisión, llevó a la burbuja bancaria”.

Actualmente, “durante este gobierno, los bancos han vuelto a empezar a hacer bastante lo que les da la gana, los grandes propietarios de la agricultura y la pesca y los grandes intereses vuelven a tener una excesiva influencia sobre la política, el gasto social ha sido recortado y se han introducido medidas fiscales regresivas”.

Bailes indica que recientemente, ya en 2015, se han producido “interesantes nuevas tendencias”, como el hecho de que un tercio de los islandeses, según encuestas, apoya actualmente al pequeño Partido Pirata, con tres escaños en el Parlamento y que surgió para luchar por las libertades en internet, “y libertades públicas en general”, pero que han desarrollado “sobre la marcha” un programa más abarcador.

El ascenso de nuevos pequeños partidos como Los Piratas supone una potencial pérdida significativa de votantes para los tradicionales, advierte Bailes.

En definitiva, según la académica británica, “la vieja rivalidad derecha-izquierda” ha continuado en Islandia de una “forma destructiva” que impide “una imparcial asignación de culpas y castigos” a unos u otros.

Otro profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Islandia, Thorolfur Matthiasson, es menos crítico con el gobierno de izquierdas que lideró Sigurðardóttir, y asegura que Islandia hizo las cosas mal sobre todo antes de la crisis.

Después del colapso de la economía en 2008, “Islandia puso en marcha el programa más completo de alivio de la deuda para las familias y las empresas que en cualquier otro lugar” y emprendió “un proceso constitutivo ejemplar que el actual gobierno no está respaldando”.

Matthiasson defiende que “el juicio contra el Primer Ministro y el encarcelamiento de los banqueros fue parte de un programa de reconstrucción de la confianza entre el público con respecto al sistema social y legal en el país”. Sin embargo, reconoce, el juicio al primer ministro “se convirtió en un teatro político que no fue bueno para la reputación de nadie”.

Pero no a todos los islandeses les fue mal durante la crisis. “A nosotros, de hecho, nos fue muy bien”, dice el dueño de un humilde restaurante del sur islandés que prefiere que su nombre no aparezca en este reportaje. “Con la devaluación de la moneda, el turismo creció enormemente y comenzaron a venir cada vez más extranjeros”, celebra el pequeño empresario.

La economía islandesa se basa actualmente en el turismo, la pesca y el aluminio, cuyos precios en alza a principios de la crisis ayudaron a que la situación no fuera todavía peor de lo que fue, explica Bailes.

En Islandia, lo único que parece barato es la energía, que los islandeses aprendieron a encauzar desde sus numerosos volcanes. Por ello, uno de los países donde resulta más económico procesar el aluminio es este. Hasta China procesa aluminio en Islandia. Ahora, la economía islandesa depende sobre todo del precio del aluminio. Pero “a hora, hay preocupaciones serias sobre los precios del aluminio”, señala Bailes.

Selma apaga su cigarrillo y concluye orgullosa y decidida: “sé que es a mi generación a la que le corresponde cambiar todo aquello que se hizo tan mal y lo vamos a hacer”.        (Iñaki Estívaliz , Rebelión,  16/12/15)

3.11.15

¿En qué situación se encontrarían Grecia, España y Portugal si hubiesen seguido el camino de Islandia? Difícilmente se encontraría en condiciones peores que las actuales

"Hace algunos días, un comunicado del FMI informaba de que Islandia había devuelto por adelantado la cantidad pendiente de pago (con distintos vencimientos escalonados desde el 16 de octubre de 2015 al 25 de agosto de 2016) del préstamo concedido a este país por la quiebra de sus bancos. 

De esta manera, se libra definitivamente de la tutela del FMI y se confirma que ha salido de la crisis financiera que lo golpeó como a ningún otro país en el pasado. Las cifras previstas por el propio Fondo así lo indican. El PIB crecerá este año en términos reales el 4,1%, la tasa de paro se situará en el pleno empleo, el 3,7% de la población activa, los sueldos crecerán nada menos que el 8,3% nominal y el 5,95% en términos reales, ya que se espera una inflación del 2,3%. 

Por último, también se prevé que el sector público presente un superávit del 0,8% del PIB. Panorama idílico que ya quisieran para sí la mayoría por no decir la totalidad de los países europeos, tanto más sorprendente dada la situación crítica en la que se encontraba la economía islandesa al comienzo de la crisis. (...)

En la década anterior a la quiebra de Lehman Brothers, Islandia se había convertido en el paradigma del laissez faire y llevó los principios del neoliberalismo económico al extremo: desregulación, libre circulación de capitales, privatizaciones y carencia de supervisión y control. La banca islandesa se embarcó en una descomunal expansión exterior comprando toda clase de activos financieros. 

Al estallar la crisis de las hipotecas subprime, los tres grandes bancos, Glitnir, Landsbanki y Kaupthing, se encontraron con que habían acumulado en sus balances una cantidad ingente de activos tóxicos y tuvieron que suspender pagos; entre los tres contaban con una deuda de 60.000 millones de euros.

 Para percatarse de la gravedad del problema hay que considerar que Islandia es un país muy pequeño, con 300.000 habitantes y un PIB anual de 14.000 millones de euros. Es decir, que la deuda de su sistema financiero superaba en cuatro veces su PIB anual.

Islandia se transformó de este modo en la manifestación más clara de las contradicciones y desatinos que componen eso que llamamos globalización. Entre las incoherencias no es menor la de defender que los bancos y las empresas son internacionales, pero considerarlos nacionales tan pronto comienza una crisis; e incoherencia es también la desproporción que se da en algunos países pequeños entre las dimensiones del Estado y sus entidades financieras, y de las que difícilmente van a poder responder.

Pero paradójicamente la respuesta, tal vez por necesidad, que iba a dar Islandia a los problemas de sus entidades financieras se separa radicalmente de la ortodoxia y de la que han implementado EE. UU. y el resto de países europeos. 

Nacionalizó, sí, los tres bancos citados y garantizó los depósitos de los islandeses pero, en lugar de inyectarles miles de millones de euros, les dejó suspender pagos y permitió que no hiciesen frente a sus deudas externas, que en su mayoría lo eran con bancos europeos y norteamericanos que terminaron admitiendo una quita del 70%.  

Especial repercusión internacional tuvo la quiebra de Icesave, banco online filial de Landsbanki que se había dedicado a operar en Europa, especialmente en Gran Bretaña y Holanda. Los gobiernos de estos países tuvieron que indemnizar a los depositantes y exigieron a la isla del Norte el pago de la deuda.

 El Gobierno islandés firmó un acuerdo con el Reino Unido y Holanda, según el cual Islandia tenía que abonar a ambos países 4.000 millones de euros en 15 años y al 5,5% de interés, lo que se traducía en una carga aproximada de unos 12.000 euros para cada uno de los contribuyentes. El presidente de la República se negó a refrendar el convenio suscrito por el Gobierno y decidió someterlo a referéndum. Los electores, en dos ocasiones sucesivas, votaron a favor de no pagar las deudas.

Es perfectamente imaginable el discurso catastrofista de los organismos internacionales, de los gobiernos y de los comentaristas políticos y económicos del stablishment mundial ante tal desafío a la ortodoxia y a las leyes del sistema. Es el mismo discurso con el que se ha coaccionado a los países del Sur de Europa para que aceptasen los rescates y las condiciones draconianas de la Troika, y para hacer recaer sobre los contribuyentes respectivos el peso de miles de millones de euros orientados a salvar los bancos, o más bien a los acreedores extranjeros; la diferencia es que Islandia no se sometió al chantaje.

No hay por qué negar que la situación económica de este país atravesó una etapa crítica. En dos años perdió el 8% de su riqueza y la tasa de paro se disparó al 11,9%, cifra a la que Islandia no estaba acostumbrada. Se vio obligada a pedir ayuda al FMI y a los países nórdicos por valor de 2.100 y 2.500 millones de dólares, respectivamente.

 Pero el Gobierno tuvo la habilidad de que las condiciones pactadas no atacasen el Estado del bienestar, puesto que no se orientaban fundamentalmente al recorte del gasto público, sino al incremento de los ingresos, mediante la reintroducción del impuesto de patrimonio y la subida de los gravámenes de sociedades, renta e IVA. No obstante, muchos islandeses se vieron en la obligación de emigrar.

Frente a este escenario, Islandia, gracias a que no estaba en el euro, pudo devaluar su moneda, que pasó, desde principios de 2008 a finales de 2009, de 90 a 189 coronas por euro, medida que fue fundamental para recobrar competitividad y retornar al crecimiento. 

Al mismo tiempo, para evitar la evasión del dinero, se limitó la libre circulación de capitales estableciéndose los necesarios controles, controles que aún permanecen y que Islandia, una vez que la situación se ha estabilizado, está pensando en levantar, demostrándose que el famoso “corralito” no tiene el carácter trágico que algunos quieren darle con la finalidad de que se sienta como una amenaza.

En febrero pasado, el presidente de la República de Islandia, Olafur Ragnar Grimsson, en rueda de prensa con los periodistas tras la conferencia pronunciada en la escuela de negocios IESE, sostuvo que la recuperación de su país se debía en parte a no haber escuchado los requerimientos de los organismos internacionales, en especial de la Comisión Europea, para implantar una política de austeridad, y al hecho de haber situado la democracia por encima de los intereses económicos. 

A pesar de que sus palabras fueron prudentes y evitó dar consejos a otros países, no pudo por menos que preguntarse que si la UE se había equivocado con ellos, por qué no se iba a equivocar con otras economías.

Ciertamente las condiciones de todos los países no son las mismas. Islandia, por una parte, es un país pequeño y está lejos de constituir un riesgo sistémico y, por otra, cuenta con una gran ventaja al no formar parte del euro.

 No es lo mismo salirse de la Unión Monetaria que no haber pertenecido nunca a ella. Pero en cualquier caso la comparación con Grecia y con el resto de los países del Sur resulta una tentación extremadamente fuerte como para no plantearse la pregunta de en qué situación estaría el país heleno de haberse arriesgado por un camino parecido al de Islandia. 

Difícilmente se encontraría en condiciones peores que las actuales. En cuanto a Irlanda, Portugal y España, economías que se supone que están saliendo de la crisis, el grado de devastación en lo social y en lo económico en que han quedado nada tiene que ver con las circunstancias actuales de Islandia aun cuando mantenga el “corralito”.                (Juan Francisco Martín Seco, República de las ideas, 20/10/2015)

24.6.15

Islandia, una historia con final feliz

"Creo que fui el primero de los analistas en darse cuenta, hace años, de que algo curioso estaba pasando en Islandia. El país que se suponía que era la zona cero del desastre financiero en realidad estaba pasando por una crisis mucho más leve que muchos otros gracias a sus políticas heterodoxas: rechazo de la deuda, controles sobre el capital y devaluación masiva.

 Ahora, como ha señalado recientemente Matthew Yglesias en Vox, Islandia se está preparando para levantar los controles sobre el capital, y su experiencia desde la crisis financiera sigue pareciendo increíblemente buena considerando las circunstancias.


Y, como decía Yglesias, el contrapunto interesante es Irlanda, al que ahora se alaba como una historia con final feliz para la austeridad porque la situación económica del país por fin ha dejado de empeorar y últimamente ha estado mejorando un poco. Es lo que se llama bajar el listón.

Me imagino que alguien preguntará por las posibles similitudes con Grecia. Bueno, si Grecia se ve obligada a salir del euro, el país estará en condiciones de intentar una devaluación al estilo de Islandia (y seguro que impondrá controles al capital). Si la cosa funcionará tan bien como en Islandia o no es una cuestión abierta. 

Para empezar, salir del euro es muy diferente de no haberse unido nunca a él, y todavía tengo la esperanza de que todo esto de la Grexit [salida de Grecia del euro] se pueda evitar.

Por el momento, baste decir que a veces la heterodoxia es mucho más eficaz de lo que los ortodoxos admitirán nunca. (...)"       (   , El País,  19 JUN 2015)

6.5.15

La vía islandesa ante la crisis financiera. O como salvar al pueblo a costa de los banqueros

"(...) En muchos sentidos, Islandia ocupó un lugar importante en los titulares durante la última crisis. La crisis golpeó a ese país con mucha más fuerza que a otros.

 En 2008, la acumulación de deudas –en el apogeo de la crisis– era mucho más grande que en los países del sur de la Unión Europea. Mientras que en Grecia la deudas se elevaban al 175% del Producto Interno Bruto (PIB), las deudas de Islandia –principalmente las de los bancos– eran 10 veces superiores al PIB, o sea 1000%, conformando un escenario realmente catastrófico. Sin embargo, 7 años después, Islandia presenta nuevamente una economía relativamente saludable. ¿Cómo se explica eso?  (...)

Durante los años finales del anterior milenio, Islandia se caracterizaba por sus muy altas tasas de crecimiento. Aquello no tenía nada que ver con los resultados de la pesca sino con los tres grandes bancos de Islandia, que se habían implicado en un arriesgado juego y habían convertido la isla en una plaza financiera global. 

Estos tres grandes bancos islandeses atraían, por ejemplo, diversos fondos de ahorros extranjeros proponiéndoles tasas de interés elevadísimas y con aquel dinero emprendían inversiones de alto riesgo en el mundo entero. Al principio, lo hicieron con éxito. 

Los responsables de aquellos bancos asumieron una imagen de «modernos» y «abiertos» y rompieron con las tradiciones de sus propios bancos y de la profesión bancaria, hasta que se cumplió el proverbio que dice que «tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe».

La ruptura y la caída se produjeron hace 7 años, desembocando rápidamente en la quiebra de los tres grandes bancos de Islandia.

Existía una controversia en cuanto a la manera de enfrentar las deudas exteriores de los tres bancos islandeses. Según la doctrina occidental, el Estado y los contribuyentes tenían que asumir la responsabilidad, al menos en parte. Se trataba principalmente de los fondos llamados Icesave. Como filial online de la nacionalizada Landsbanki, durante años Icesave había atraído con elevadas tasas de interés a numerosos pequeños ahorristas extranjeros cuyo dinero no estaba cubierto por el seguro de depósitos islandés.

Principalmente Gran Bretaña y los Países Bajos, de donde venían la mayor parte de los fondos extranjeros, exigieron que el Estado islandés reembolsara esos fondos. Eran unos 4 000 millones de euros: alrededor de 12 000 euros por cada habitante de Islandia. El gobierno islandés negoció con ambos países y estos concedieron tasas bajas y alargaron los plazos para el reembolso. El Parlamento islandés aceptó el resultado de las negociaciones y adoptó, el 30 de diciembre de 2009, una ley que regulaba las modalidades de reembolso.

Pero entonces el pueblo islandés salió a las calles con sus cacerolas y expresó su inconformidad por tener que echarse a cuestas una responsabilidad que no era suya. Los especuladores extranjeros tenían que enfrentar las consecuencias de sus propios actos. En definitiva, esos especuladores habían obtenido como mínimo un 10% de su dinero.

Las pancartas y pasquines de los manifestantes planteaban la siguiente interrogante: «¿Es moral y jurídicamente justificable atribuir simplemente el riesgo al Estado y los contribuyentes?».

 La inicitiava ciudadana Defence organizó manifestaciones oponiéndose a la medida. Recogió más de 60 000 firmas –entre 350 habitantes– y exigió un referéndum popular. La ciudadanía asedió la residencia presidencial encendiendo bengalas rojas, para dar de la manera más visible posible una señal de «Alto» a aquella política.

El presidente de la República, Olaf Ragnar Grimsson, oyó la voz del pueblo y ordenó la organización del referéndum. «La base de nuestro Estado islandés consiste en que el Pueblo es el juez supremo de la validez de las leyes. Por tanto he decidido, de conformidad con la Constitución, transferir la decisión sobre la ley en cuestión al pueblo», anunció el presidente de la República. En marzo de 2010, el 93% de los votantes dijeron «No» al pago de las deudas bancarias por el Estado islandés.

Gran Bretaña y los Países Bajos aceptaron entonces, a falta de algo mejor, la renegociación del pago de las deudas de los bancos. En un nuevo acuerdo, Islandia obtuvo concesiones suplementarias y mejores condiciones de pago. 

El pago se alargó hasta 2046, lo cual implicaba que la próxima generación también tendría que asumirlo. El Parlamento islandés aceptó, el presidente de la República convocó un nuevo referéndum popular. En abril de 2011, el pueblo rechazó también la nueva proposición. ¿Qué hacer?

Los islandeses resolvieron el problema de los bancos de la siguiente manera:

- los 3 grandes bancos tuvieron que anunciar su quiebra;
- Landsbanki y su banco online fueron nacionalizados;
- los dos otros bancos fueron divididos en un «Nuevo Banco» y un «Viejo Banco»;
- el «Nuevo Banco» –dotado de nuevos capitales– asumió actividades necesarias dentro del país, como las operaciones de pago, el funcionamiento de los cajeros automáticos (ATM), un servicio de otorgamiento de créditos, etc.;
- el «Viejo Banco» heredó montones de deudas y todos los negocios extranjeros con una gran cantidad de activos tóxicos, cuya liquidación se concretó mediante un procedimiento de quiebra.

De esa manera, se mantuvo el acceso de la población a sus ahorros y los cajeros automáticos siguieron funcionando en todo momento. Los bancos fueron rebautizados. El banco Kaupthing hoy se llama Arion y el banco Glitinir ahora se llama Islandsbanki. Los tres bancos, hoy parcialmente en manos extranjeras, ahora se limitan a la realización de operaciones bancarias tradicionales dentro del país. (...)

La vida se había hecho difícil en Islandia desde el inicio de la crisis. La corona islandesa perdió su valor. Aumentaron los precios y disminuyó el salario real. Se disparó el costo de la vida. Aumentó el desempleo. 

Los resultados económicos ya habían disminuido en un 7% en 2009. El gobierno necesitó un préstamo del FMI, ascendente a 10 000 millones de dólares, para sobrevivir en aquellos tiempos difíciles. Y, como de costumbre, el FMI puso condiciones. Pero el gobierno de los socialistas y verdes rechazó una política de liquidación en el sector social. A pesar de ello logró cumplir el programa del FMI.

Países amigos, como Noruega y Suecia, ayudaron aportando dinero. Hubo aumentos de los impuestos para la población, se acentuó la progresión del impuesto sobre los ingresos y se aplicó una serie de medidas poco ortodoxas para reducir las deudas. Por ejemplo, todos los créditos vinculados a monedas extranjeras fueron declarados ilegales. 

El gobierno ofreció a las empresas programas especiales de restructuración de sus deudas. Hubo reducciones de deudas para los créditos inmobiliarios. Los pequeños propietarios obtuvieron reducciones de los pagos que debían realizar. Para proteger la moneda e impedir la fuga de capitales, el gobierno introdujo controles de la circulación de los capitales, controles que aún se mantienen en vigor. Las personas que salen del país sólo pueden cambiar una cantidad limitada de euros.  (...)

La crisis no duró mucho en Islandia. La política enérgica, respaldada por el pueblo, arrojó resultados rápidamente. El turismo y la industria pesquera se beneficiaron grandemente con la reducción de la moneda islandesa. Islandia se volvió barata. Importó menos bienes de consumo caros pero aumentó la producción nacional.

 Tres años después de la caída en un 7% que se había registrado en 2009, se produjo un aumento de 3% –más que la media de la Unión Europea. Desapareció la inflación y la tasa de desempleo es hoy de un 4% –como en Suiza. Ya no hay desempleo entre los jóvenes, contrariamente a lo que sucede en otros países. La agencia Fitch aumentó de nuevo la nota de solvencia de Islandia, lo cual justificó resaltando «el éxito alcanzado mediante respuestas poco ortodoxas a la crisis».

Por otro lado, la decisión tomada en 2013 por el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio –que por una vez se pronunció a favor del pueblo– fue de gran utilidad ya que fue rechazada la responsabilidad del Estado en las deudas bancarias extranjeras.

¿Por qué Islandia se recuperó con tanta rapidez? La voz del pueblo fue un factor decisivo. Los islandeses no sólo tomaron las decisiones correctas en los dos referendos. La población también participó activamente en los acontecimientos y siempre lo hizo de forma no violenta.

 Creando sitios web originales, la ciudadanía se defendió de los intentos de Gran Bretaña tendientes a presentar a los islandeses como terroristas para poder congelar sus cuentas bancarias en territorio británico. Además, los islandeses pusieron manos a la obra y lograron meter en cintura su economía nacional.

La población también impidió que los responsables de los malos manejos de los bancos recibiesen, como en otros países, enormes sumas de dinero al dejar sus cargos. Muchos de ellos hoy enfrentan graves acusaciones ante los tribunales. Una comisión investigadora del Parlamento publicó un informe de 2 000 páginas que señala a una treintena de dirigentes de bancos, miembros del gobierno y del Banco Central como principales responsables de la debacle financiera.

 La Corte Suprema juzgó recientemente a 4 de ellos condenándolos a penas de entre 5 y 6 años de cárcel por haber realizado manipulaciones fraudulentas del mercado y por abuso de confianza, siendo estos los castigos más duros que se hayan pronunciado nunca antes en Islandia en materia de criminalidad económica.

La propia moneda fue decisiva en el salvamento del país. El drástico descenso de la corona islandesa no condujo al naufragio que auguraban algunos profetas financieros sino que fue la condición previa decisiva para el rápido restablecimiento. Actualmente, la corona islandesa se ha estabilizado en alrededor de un 30% por debajo de su valor anterior a la crisis. ¡Otros países podrían inspirarse en ese resultado! Para un miembro de la eurozona, abandonar la moneda común europea abriría un camino similar.

El éxito de la vía islandesa para salir de la crisis bancaria se diferencia radicalmente de la vía centralista de la Unión Europea, dirigida desde arriba, que consiste en salvar los bancos y «administrar las deudas» y que mantiene artificialmente vivos los bancos quebrados y hace caer la responsabilidad sobre los hombros de los contribuyentes.

Islandia contradice claramente la idea de que no existe otra alternativa que el salvamento de los grandes bancos, considerados como «Too big to fail» [Demasiado grandes para quebrar]. Pero si otros países no pueden copiar exactamente la vía de Islandia, esta los inspira a buscar valientemente nuevos caminos. Y también muestra cómo un pequeño país puede, con su propia moneda, conservar con orgullo su lugar en el mundo globalizado de la finanza.

Los problemas financieros no pueden ser resueltos por una pequeña élite y a puertas cerradas. (...)"            (Werner Wüthrich, Red Voltaire  , en Jaque al neoliberalismo, 02/05/2015)

24.2.15

Islandia: rechazó aplicar la austeridad que le pedía la Comisión Europea... y se recuperó. Y Grecia no

"El colapso de la banca a finales de 2008 llevó a Islandia a una pérdida del 8% de su riqueza en dos años y a una inédita tasa de paro del 11,9%. La economía de la isla dio un giro a partir de 2011. 

Basándose sobre todo en el turismo, las exportaciones pesqueras y la industria del aluminio, Islandia recuperó el terreno perdido, la tasa de paro oscila entre el 3% y el 4% y el Gobierno ha previsto una expansión del Producto Interior Bruto (PIB) del 3,3%. 

El presidente del país, Olafur Ragnar Grimsson, ha atribuido en parte esa recuperación a haber desoído los consejos de los organismos internacionales, en particular la Comisión Europea, para que aplicara medidas de austeridad. 

A pesar de que ha rechazado dar consejos a Grecia, el presidente islandés ha destacado que la UE se equivocó con su caso. “¿Por qué deberían tener razón en otros?”, ha planteado.

 Olafur Ragnar Grimsson ha recomendado a la UE que saque sus conclusiones sobre la crisis y la recuperación de Islandia y ha reclamado mantener los equilibrios entre “la democracia” y los “intereses económicos”. “Los intereses económicos en una mano y la democracia en la otra”, ha sostenido.

 El presidente ha rechazado que la población deba sufrir con medidas de duros recortes presupuestarios y ha abogado por la combinación que empleó el país, que pasó por renegociar la deuda (el país rechazó en un referéndum pagar por los errores de sus bancos) y una devaluación de la moneda.

 El país, sin embargo, mantiene severos controles de capital desde 2008 y es sólo ahora cuando empieza a plantearse si debe eliminar o no las restricciones que bloquean la libre circulación de fondos por una cuantía que equivale al 50% del PIB. (...)

El presidente de Islandia ha explicado que hoy el turismo y las exportaciones de pescado, sobre todo de bacalao, son los puntales del país. La industria turística lleva tres años creciendo a un ritmo de entre el 15% y el 20%, lo cual al principio se debió a la devaluación de la moneda y luego a las campañas turísticas que se han lanzado.

 En un país de 320.000 habitantes, cada año se reciben ya un millón de turistas, procedentes sobre todo de Europa y Estados Unidos, pero ahora también de Asia. “En los próximos 5 o 10 años el reto es seguir con la misma experiencia sin hacer daño al medio ambiente”, ha sostenido el presidente islandés. Este ha destacado que la crisis financiera llevó a trabajadores de ese a otros sectores, lo cual ha fomentado la creatividad y la innovación."       ( /   , El País, Barcelona 18 FEB 2015)

11.5.12

Islandia recoge los frutos de su estrategia anticrisis

"En 2008, Islandia recibió un rescate internacional que le obligó a acometer importantes ajustes económicos. Hoy, esta pequeña isla nórdica ha logrado algo que otros países rescatados no tienen: el acceso a los mercados internacionales de deuda. 

La semana pasada, el país vendió 1.000 millones en bonos, principalmente a inversores estadounidenses. Una muestra de la confianza recuperada en la economía y las finanzas del país nórdico.

Cuando las cosas empezaron a ponerse negras, el país escogió su propia estrategia anticrisis y hoy empieza a recoger los frutos de su apuesta.

Que Islandia sea capaz de emitir con éxito es una señal de que el país está ahora en la senda de la recuperación, señala en un artículo The Wall Street Journal. Especialmente, en un contexto en que la crisis de deuda soberana en Europa ha cerrado la puerta a los mercados internacionales a otros países periféricos como Irlanda o Portugal.
 
"Tanto Islandia como Irlanda, también bajo un programa de rescate internacional, entraron en la crisis con problemas similares en el sector bancario", explica Jamie Stuttard, responsable de gestión de cartera de bonos internacionales en Fidelity Investments. "Ambos tenían bancos enormes y, en el caso de Islandia, se habían expandido en el extranjero". Pero cada uno gestionó la crisis a su manera.

En 2008, mientras el gobiero irlandés permaneció detrás de todos los depósitos bancarios, Islandia decidió que sus tres principales bancos, Kaupthing, Landsbanki y Glitnir, se fueran a la quiebra. La opción islandesa de no salvar a la banca ni proteger a sus acreedores, ha terminado por dar mejores resultados que la irlandesa.

Irlanda decidió garantizar todas las deudas de sus bancos cuando comenzaron sus problemas y se ha visto obligada a inyectar enormes cantidades de capital para intentar mantenerlos a flote.

En cambio, Islandia decidió nacionalizar los tres grandes bancos y posteriormente crear otros saneados con los restos de ellos. Una vez nacionalizados los bancos, el Gobierno decidió negociar con los acreedores prácticamente todos extranjeros una reestructuración de la deuda. Según cálculos de Bloomberg, los acreedores de estos bancos asumieron una quita del 70% en la deuda.

Claro que sí tuvo que recapitalizar a sus nuevos bancos. Un paso que exigió pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), que a finales de 2008 aprobó un préstamo de 2.100 millones de dólares para un país de 320.000 habitantes.

Ahí los contribuyentes si tuvieron que pagar un precio: el programa del FMI que acompañó los créditos exigió un programa de austeridad que incluyó subir el impuesto de Sociedades, el IVA y el IRPF, además de reintroducir el Impuesto de Patrimonio. (...)

Desde entonces, Grecia, Irlanda y Portugal también han recibido un rescate internacional a fin de evitar el default. Pero para ellos la crisis está siendo muy diferente, y los inversores no están dispuestos a prestarles dinero.

Claro que a diferencia de ellos, Islandia mantiene el control monetario sobre su propia economía. No está en la Eurozona y usa su propia moneda, ajena a las maquinaciones que ocurren con los países del sur.

En declaraciones al WSJ Suttard señala: "Ellos tienen su propia moneda y eso significa que fueron capaces de hacer una devaluación, al estilo de las vistas en los mercados emergentes en Asia en 1997, en América Latina a lo largo de la década de 1980 y, en cierta media, a principios de la década del 2000". (...)

Eso sí, gracias a tener esa flexibilidad, Islandia consiguió, por ejemplo, que sus exportaciones fueran más competitivas, explica Cosimo Marasciulo, jefe de renta fija soberana europea en Pioneer Investments. "Así que cuando la demanda interna estaba sufriendo por la alta tasa de desempleo aún tenía el control de sus exportaciones y fue capaz de ofrecer productos y servicios más baratos".

Eso ayudó a eliminar los efectos negativos de la crisis financiera, pero es algo que no está ocurriendo en Europa en este momento, agrega Marasciulo."         (El economista, 10/05/2012)

24.4.12

Islandia se convierte en la envidia de Europa... porque protegió su estado del bienestar se puso por encima de todo, y encarceló a los banqueros

"Se dijo que Islandia sería un paria para la comunidad inversora, que los fondos internacionales se retirarían, que su forma heterodoxa de afrontar el estallido de su sistema financiero provocaría un incendio a largo plazo que terminaría por arrasar su idea del estado de bienestar.

 En ese fatídico octubre de 2008 Lehman Brothers saltó por los aires y los bancos de Islandia quebraron en pleno. Era la constatación de que el mundo occidental entraba de lleno en la Gran Recesión y el pequeño país del extremo noroeste de Europa cayó en una profunda crisis. (...)

Todo el continente se estremeció. Ellos fueron los primeros; luego el azote se extendió. Pero las respuestas no fueron las mismas. Islandia optó por no cargar a los ciudadanos con los errores de sus bancos. Europa, mientras, se embarcó en severas medidas de austeridad para sostener a su sistema financiero.

El análisis puede resultar simplista, pero los resultados están ahí. El FMI acaba de publicar su última revisión sobre el estado de Islandia y las previsiones dicen que este año su economía crecerá un 2,4%, con un consumo privado tirando al 3% y compensando la caída de la inversión pública fruto de las medidas de austeridad.

Y es que, sí, la temida consolidación fiscal ha llegado a todas partes, pero en Islandia lo hizo "a su manera", en palabras del FMI. Proteger el estado del bienestar se puso por encima de todo.

 En el informe publicado esta semana sobre la pequeña isla europea, el FMI destaca cómo ha reducido su sistema bancario, que suponía un temible 900% del PIB antes de la crisis y que se cuenta por el 200% ahora, con todos los bancos perfectamente capitalizados.

 La demanda privada está respondiendo y el mercado de valores da cada más vez signos de vida, mientras que el desempleo caerá este año a un envidiable entorno del 6%, aunque para una economía acostumbrada al pleno empleo eso siga siendo doloroso.

Eso sí, Islandia todavía tiene problemas por delante. Su deuda pública sigue suponiendo el 100% del PIB y la deuda privada es alta. La inflación no está todo lo controlada que se quisiera. En cambio, el país está adelantando el pago de sus compromisos con el FMI, el año pasado resucitó en el mercado de bonos y las tres agencias de calificación le han devuelto el grado de inversión.

Con cierta perspectiva, el FMI admite que tuvo que usar "herramientas de política al margen del conjunto de herramientas tradicionales" para su programa en Islandia y que la "combinación ecléctica de políticas ha sido eficaz". Pero la ortodoxia sigue predominando. (...)
 
Es verdad que Islandia dispone de armas, como moneda propia, que en lugar de sembrar el caos han supuesto un salvavidas. Pero lo cierto es que ha salido en dos años de una crisis que daba pavor a los economistas más curtidos. Europa, en cambio, se encamina a otro coletazo negro de una tormenta que parece no terminar nunca.

"Hay dos maneras de salir de la crisis y la que está funcionando es la de los países que ponen dinero", añade Paz. "Para España, la única manera de salir de la crisis es que haya crecimiento global y que ese crecimiento nos arrastre a nosotros".

 Puede que España en solitario no tenga capacidad de poner en prácticas recetas a la islandesa o a la estadounidense, pero Alemania sí puede. Y ya no son solo economistas heterodoxos los que lo reclaman.

España podría ser la próxima economía de la zona euro en caer y lo haría por culpa de la "mala gestión" de la crisis de deuda liderada por Alemania, afirmaba The New York Times este viernes en un editorial. El escrito reclamaba un mayor apoyo al crecimiento y menos medidas de austeridad."              (Cinco Días, 15/04/2012)

8.3.12

¿Cómo salir de la crisis? “No hay nada más barato que invertir en los pobres”, que es lo que hizo Brasil, Argentina e Islandia

"Cuando Inazio Lula fue elegido presidente de Brasil, la reducida población más rica se quedaba con la mitad del dinero del país y dejaba apenas una décima parte a los pobres, que eran la inmensa mayoría.

 Lula cambió esas cifras. Aumentó el salario mínimo un 62%, y sacó realmente de la pobreza a millones de brasileños. Sacar de la pobreza a tantos millones hizo crecer siete veces el consumo. Y la economía funcionó mejor.

 Además logró que 45 millones de brasileños tuvieran cuentas bancarias activas, eliminando intermediarios en la administración y entrega de recursos públicos a los necesitados. (...)

Y en la crisis financiera de 2008, Brasil salió adelante gracias a las clases populares rescatadas de la pobreza que demandaban y usaban regularmente bienes y servicios.

“No hay nada más barato que invertir en los pobres”, decía el Presidente Lula, porque la inclusión de tantos millones de ciudadanos llevó al desarrollo. No era una intención piadosa: es un hecho.

 En 2001, Argentina sufría una larga recesión y estaba ahogada por una deuda pública enorme. La situación acabó en quiebra, aumento del paro y de la pobreza hasta ser los más altos de su historia moderna. La pobreza afectó a más de 52% de argentinos y el desempleo superó el 24%.

 Entonces se dejó de pagar la deuda, se devaluó la moneda y se desarrollaron diversos planes sociales desde 2007. El resultado fue una incesante recuperación del país. Desde entonces, la economía argentina crece entre 7 y 10% anual (salvo 2009 que solo creció 0,9) y se han reducido considerablemente pobreza y desempleo hasta valores inferiores al 10%.

Para Julio Gambina de ATTAC, Argentina es un espejo en el que debe mirarse Europa. Suspensión de pagos de la deuda, devaluación de la moneda y programas sociales es también la recomendación del Nobel de economía Stiglitz a la tozuda Europa.(...)

 Y también en Europa, la ciudadanía de Islandia expulsó a un gobierno corrupto e inútil y encarceló a los responsables de la crisis financiera y del retroceso del país. Islandia se recupera.

Según las previsiones de la Comisión Europea, Islandia ha cerrado 2011 con un crecimiento del 2,1%, este año será del 1,5% (triple que el de los países de la zona euro) y en 2013 se prevé que crezca un 2,7%. Se ha vuelto crear empleo y la deuda pública ha disminuido de forma notable."          (Attac España, 01/03/2012)

21.3.11

"No quieren (los gobiernos) que se hable de cómo la ciudanía (islandesa) dijo no al pago de los acreedores"

"Sin embargo, una revolución, quizá mucho menos impactante por carecer de violencia, ha sido silenciada en la prensa europea. Se trata de la ejemplar revolución cívica que se lleva a cabo en Islandia desde hace ya dos años.

El país entró en bancarrota el pasado 2008 afectado por la crisis financiera materializada en la quiebra de Lehman Brothers, su moneda se desplomó, el principal banco del país se nacionalizó y la Bolsa quedó suspendida.

Estos hechos sacaron a la población a la calle
en unas protestas pacíficas pero con resultados inmediatos, pues obligaron a dimitir al gobierno en pleno, a elegir un nuevo parlamento y a convocar una asamblea compuesta por 25 ciudadanos sin filiación política que desde febrero de este año trabaja en un proyecto de Constitución. (...)

En definitiva, los cambios que desde 2008 ocurren en Islandia tienen que ver con “una salida antineoliberal de la crisis financiera”. (...)

En decisiones como financiar la deuda de los bancos, privatizar las cajas de ahorros o la reforma de las pensiones el ciudadano tiene mucho que decir.

En la actualidad, “la democracia está literalmente secuestrada por el poder de la gran banca”, asegura Pastor que añade además que “los dirigentes políticos se aprovechan de esa indignación resignada de la gente ante un índice cada vez mayor de corrupción”.

Por todo ello, el objetivo cumplido por parte de las democracias europeas de acallar el clamor islandés, cuanto menos, se puede decir que no es casual. “Los grandes Ejecutivos europeos, como el alemán, el británico o el francés, temen el contagio y por ello propician el silencio”, asevera este analista político.

“Islandia ha sido un ejemplo de manual”, asegura Pastor que explica además que “fue un país que hasta 2008 tuvo un crecimiento vertiginoso, era visto como uno de los lugares más felices y su renta per cápita era muy alta”.

Muchos gobiernos de alrededor citaba a Islandia como ejemplo a seguir, eso sí, hasta 2008 cuando estalla la burbuja inmobiliaria y cae Lehman Brothers, lo que llevó a Islandia a la bancarrota.

“Hoy no quieren (los gobiernos) que se recuerde cómo estaba Islandia antes y, sobre todo, no quieren que se hable de cómo la ciudanía dijo no al pago de los acreedores”, concluye Pastor." (El Imparcial, 19/03/2011)

1.3.11

Islandia ve la luz... porque... nada más estallar la burbuja financiera, nacionalizó todo su sistema bancario

"El país nórdico logra volver al crecimiento dos años después de que su economía rozara la bancarrota. (...)

Islandia ve la luz. Después de un esperanzador segundo semestre de 2010, todo indica que el país retomará este año la senda del crecimiento, después de dos cursos consecutivos de caídas en su PIB del 10% acumulado. Las estimaciones de la OCDE hablan de un avance del 1,5%, mientras que Fondo Monetario Internacional (FMI) es más optimista y duplica esta cifra.
(...)

¿Milagro? No. Esta veloz recuperación se apoya principalmente en la rapidez a la hora de gestionar la crisis y en el cumplimiento escrupuloso de un plan de reformas que prácticamente ha reconstruido la estructura financiera y económica del país.

Nada más estallar la burbuja financiera, Islandia nacionalizó todo su sistema bancario, y posteriormente ha hecho un pago selectivo de sus compromisos, ha reconstruido la credibilidad en su maltrecha moneda -la corona-, ha controlado el gasto y ha reducido fuertemente las inversiones públicas. (...)

Paralelamente se han logrado acuerdos de reestructuración de las deudas de los hogares y de las pequeñas empresas. Con esta última medida se busca recuperar la confianza de los consumidores y hacer más fácil el cobro de las deudas pendientes por parte del sistema financiero. (...)

En medio de estas negociaciones se encuentra la negativa de Islandia a pagar los 5.000 millones de dólares de la quiebra del Icesave, una entidad financiera cuyos depósitos debieron ser respaldados por Reino Unido y Holanda.

Este mes, y después de la visita de una misión del FMI, el Ejecutivo anunció la convocatoria de un segundo referéndum para decidir si finalmente el Estado asume esta deuda con sus vecinos europeos.

Hace un año se anuló -también mediante consulta popular- realizar estos pagos aprobados por el Congreso. El Fondo ha condicionado el desembolso total de las ayudas a Islandia a estos pagos." (El País, Negocios, 27/02/2011, p. 29)