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8.9.23

CIS: solo 30% de los ciudadanos considera que la posición económica se define más por la valía personal que por el origen familiar, los contactos o la suerte... La mitad de la población cree que para triunfar es mejor venir de 'buena' familia que esforzarse

 "El último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es inequívoco: la mitad de los ciudadanos considera que la posición económica de las personas tiene más que ver con su origen familiar, sus contactos o la suerte, que con lo que puedan llegar a esforzarse en la vida o su valía personal. Poco más de un 17% considera que tienen la misma importancia las dos circunstancias y alrededor de un 30% sí cree en el trabajo, la educación recibida y el valor de uno mismo.

Es una de las tantas fotografías que pueden extraerse de la encuesta Opinión pública y política fiscal que ha avanzado este 7 de septiembre el CIS. La fórmula que se utiliza para preguntar a la población sobre este asunto es una escala del cero al diez. En este caso, el punto más bajo del eje —el cero— lo marcan aquellos ciudadanos que creen que únicamente "el esfuerzo, la educación y la valía personal" tienen que ver con la posición económica. El punto más alto, el diez, es el polo opuesto: solo importan "el origen familiar, los contactos o la suerte".

El CIS ha realizado hasta 3.011 entrevistas durante el mes de julio, el mes en que publica, desde 2006, esta encuesta. Así, el 49,6% de los ciudadanos se sitúan entre el número diez y el seis del eje, es decir, que otorgan más importancia al origen familiar, los contactos o la suerte. Hasta un 10,7% se encuentran en el punto más extremo.

Por su parte, un 31,3% se colocan en el tramo de la escala contrario. Para ellos, es más importante el esfuerzo, la educación y la valía personal. Un 17,5% se sitúa en el cinco, justo en el medio. Los porcentajes son similares a los de los últimos años.

Persiste la conciencia sobre el fraude fiscal

Gran parte del estudio gira alrededor del fraude fiscal. A pesar de que los grandes casos de corrupción no ocupan, en los últimos tiempos, la mayor parte de los titulares y portadas de los medios, entre los ciudadanos sigue existiendo la sensación de que en España existe "mucho" —un 37% de los encuestados— o "bastante" —un 51,6%— fraude fiscal. También lo refleja el estudio. En total, un 88,6%. Cree, en cambio, que existe "poco" fraude fiscal un 7,9% de la muestra. Solo un 1,1 considera que existe "muy poco". 

Tiene particular interés el hecho de que el 21,7% de los encuestados considere que la razón principal que lleva a algunos ciudadanos a ocultar parte de sus ingresos (o todos) es "porque los/as que más tienen evitan (o minimizan) el pago de impuestos". Un 17,7%, por otro lado, culpa a la "falta de honradez"; otro 15,2%, a que los impuestos que hay que pagar a Hacienda son excesivos y un 16,1%, por poner otro ejemplo,  a que los salarios de los españoles son demasiado bajos y hay que buscar "otras formas de conseguir dinero".

En cualquier caso, la conciencia colectiva considera que, en España, el fraude fiscal está a la orden del día. (...)"          (Samuel Martinez, Público, 07/09/23)

6.12.22

Branko Milanovic: Los nuevos datos sobre desigualdad muestran probablemente la mayor reorganización de los ingresos mundiales desde la revolución industrial... ya que durante los dos últimos siglos los habitantes de los países occidentales y Japón "controlaban" casi totalmente el quintil superior mundial. Este "control" ya se ha debilitado con la entrada de China en ese círculo y, si continúan los diferenciales en las tasas de crecimiento entre Asia "emergente" y Occidente, se debilitará aún más... ahora que China es un país de renta media-alta, matemáticamente su mayor crecimiento ya no reduce la desigualdad mundial. De hecho, podría empezar a aumentar la desigualdad mundial, a medida que crece la distancia en ingresos entre China y los muy poblados países africanos... Así, mientras que en la próxima fase de la globalización cabe esperar un mayor fortalecimiento de la "clase media" mundial, lo que ocurra con la desigualdad mundial dependerá crucialmente del crecimiento de la India y de los populosos países africanos: Nigeria, Egipto, Etiopía, Tanzania, Congo. Nuestra atención debe dirigirse hacia África


  "La distribución mundial de la renta ha ido cambiando sin que nos diéramos mucha cuenta.

El periodo de "alta globalización", que abarcó desde el final del comunismo a finales de los años ochenta hasta lo que se conoció como la crisis financiera mundial de 2008, quizá se describa mejor con el llamado gráfico del elefante (la curva azul de la figura siguiente), elaborado por Christoph Lakner y yo mismo. Muestra un aumento muy elevado de los ingresos durante estas dos décadas en torno a la mitad de la distribución mundial, el punto A (denominado "efecto China"), un crecimiento muy modesto o cercano a cero en torno al percentil 80 de la distribución, el punto B (donde se encuentran las clases medias bajas de los países ricos), y un fuerte aumento entre el 1% más rico mundial, el punto C.
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La popularidad del "gráfico del elefante" se debió a su confirmación empírica de lo que muchos pensaban. El rápido aumento de los ingresos en Asia coincidió -y tal vez estuvo relacionado causalmente- con el declive de las clases medias occidentales, así como con el ascenso del 1% mundial.

Sin embargo, este patrón de crecimiento de los ingresos no se mantuvo sin cambios durante la década 2008-18, que terminó justo antes de la pandemia. Los nuevos datos muestran tanto continuidad como cambio (el gráfico naranja). La continuidad está representada por un crecimiento elevado, incluso acelerado, de los ingresos reales en Asia; el cambio está representado por una desaceleración significativa del crecimiento en la parte superior de la distribución mundial.

 Desaceleración occidental

Para entender ambas cosas, hay que remontarse a los efectos de la crisis de 2008. En realidad, fue una crisis norteatlántica. Mientras que el crecimiento de los países ricos de Europa y Norteamérica se desaceleró o incluso se volvió negativo (para el conjunto de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico fue negativo tanto en 2008 como en 2009), el crecimiento en Asia, y especialmente en China, prácticamente no se vio afectado.

La ralentización occidental, debida a la naturaleza financiera de la crisis, perjudicó a los grupos de renta más ricos. Lo ocurrido en Estados Unidos es lo más instructivo, además de lo más importante, porque los ciudadanos estadounidenses representan casi la mitad del 1% más rico del mundo.

Según las encuestas de renta estadounidenses (armonizadas posteriormente por el Estudio de Renta de Luxemburgo), el 5% de la población estadounidense más rica perdió alrededor de un 10% en términos reales entre 2008 y 2010, y el 1% más rico vio cómo sus ingresos se reducían en casi una quinta parte. En los años siguientes se recuperaron, pero no alcanzaron el nivel de 2007 hasta 2015. Para los más ricos de Estados Unidos, y por extensión para los ricos de todo el mundo, se "perdió" casi una década completa. Esto explica por qué la trompa del "elefante" (que representa el crecimiento de los ingresos de los globalmente ricos) se redujo en comparación con el periodo de alta globalización.

Por cierto, y yendo más allá del límite temporal de nuestro análisis (2008-18), los años más recientes muestran una continuación de esta tendencia en el caso de Estados Unidos. El amplísimo programa de ayudas de la Ley de Ayuda, Socorro y Seguridad Económica (CARES) promulgada en 2020 se tradujo en una disminución sustancial de la desigualdad de ingresos después de transferencias e impuestos. El coeficiente de Gini -que oscila entre una desigualdad completa de cero y una desigualdad infinita de 100- para EE.UU. disminuyó en más de un punto, la mayor caída en medio siglo. Una de las ironías es que este gran descenso se produjo durante el último año de la presidencia de Donald Trump.

 Continuación del crecimiento en Asia

Volviendo a lo ocurrido entre 2008 y 2018, observamos la continuación del rápido crecimiento chino e indio. En términos de producto interior bruto per cápita, China creció un 7,5% anual, India un 6%. Este crecimiento se refleja también en sus encuestas de hogares. Por ejemplo, tanto para la China urbana como para la rural, las encuestas dan un crecimiento medio anual per cápita de alrededor del 10%, para la India urbana del 8% y para la India rural justo por debajo del 5%.

Este crecimiento continuado en Asia transformó fundamentalmente la distribución mundial de la renta de dos maneras. Aumentó el tamaño de la clase "media" mundial y produjo una reorganización de las posiciones de la renta mundial. Lo primero significa que el "grosor" de la parte media de la distribución mundial es ahora mayor. Lo segundo significa que, a medida que crecían los ingresos asiáticos, la gente de Asia desplazaba en la clasificación mundial a mucha gente de las partes bajas de las distribuciones de los países ricos.

Este efecto puede ilustrarse mejor con el caso de Italia, que no creció en más de dos décadas. El decil más bajo de italianos se situaba en 1988 en el percentil 73 mundial; 20 años más tarde, a medida que crecían los ingresos asiáticos y que grandes grupos de la China urbana lograban ingresos superiores a los italianos, estos italianos de ingresos más bajos descendieron en la jerarquía mundial hasta el percentil 56 mundial. Un movimiento descendente similar, aunque menos drástico, afectó al tercio inferior de las poblaciones alemana y estadounidense.

Este movimiento descendente es "posicional": no tiene por qué implicar una disminución de los ingresos reales y, en muchos casos, los ingresos reales no disminuyeron. Sin embargo, lo que sí implica es un crecimiento más lento de los ingresos entre los deciles de los países ricos "dentro del rango" de los crecientes ingresos chinos.

Nueva dinámica mundial

La reestructuración actual representa probablemente la mayor desde la revolución industrial. Introduce una dinámica mundial totalmente nueva, ya que durante los dos últimos siglos los habitantes de los países occidentales y Japón "controlaban" casi totalmente el quintil superior mundial. (Por supuesto, muchas personas de otros países también estaban en el quintil superior, pero no eran millones). Este "control" ya se ha debilitado con la entrada de China en ese círculo y, si continúan los diferenciales en las tasas de crecimiento entre Asia "emergente" y Occidente, se debilitará aún más.

La reorganización de las posiciones no implica por sí misma una reducción de la desigualdad mundial. Desde el comienzo de la actual era de la globalización, la desigualdad se ha reducido casi por completo gracias al rápido crecimiento chino. Pero ahora que China es un país de renta media-alta, matemáticamente su mayor crecimiento ya no reduce la desigualdad mundial. De hecho, podría empezar a aumentar la desigualdad mundial, a medida que crece la distancia en ingresos entre China y los muy poblados países africanos.

 Así, mientras que en la próxima fase de la globalización cabe esperar un mayor fortalecimiento de la "clase media" mundial, lo que ocurra con la desigualdad mundial dependerá crucialmente del crecimiento de la India y de los populosos países africanos: Nigeria, Egipto, Etiopía, Tanzania, Congo. Nuestra atención debe dirigirse hacia África."                (, Social Europe, 05/12/22)

21.4.22

El voto a Le Pen no suele venir de los más pobres, sino de clases populares que temen perder un estatus en forma de propiedad, trabajo o pequeño patrimonio potencialmente transmisible... y que reúne una aspiración de dejar atrás la condición obrera y el afán de distinguirse de los más desfavorecidos con una preferencia local por la banda de colegas (sin excluir a los patrones): privilegiar a los "colegas" cuando sale un buen curro, trasunto del "los franceses primero"... este voto popular según el contexto local o la campaña política, puede orientarse más "contra los de arriba" (Mélenchon), y otras veces más "contra los de abajo" (Le Pen)

 "(...) a Francia le ha perseguido el mito de ser una tierra donde los comunistas o los obreros de ayer votarían hoy al Frente Nacional. En Francia, esta tesis ha sido defendida principalmente por el politólogo Pascal Perrineau, que acuñó el concepto de "izquierdo-lepenismo"

El principal problema de estas consideraciones es que no hablamos de las mismas personas ni de los mismos territorios. Los obreros (comunistas) de las generaciones anteriores son muy reacios a votar a la actual Agrupación Nacional y siguen votando a la izquierda o se abstienen. Hay un relevo generacional y son las nuevas generaciones que viven en territorios del Este y Nordeste, tradicionalmente más de derechas, las que pueden vacilar con un cambio de voto.

Además, hay que recordar también que el Partido Comunista Francés no ha representado históricamente la totalidad del voto obrero. En 1967, De Gaulle ya reunía un 30% de este voto, y en la década de los 70, el voto de la izquierda (PCF y PS) no superaba el 70% entre masa obrera. La idea de una vieja clase obrera con "conciencia de clase" votando "en favor de sus intereses" es una imagen romántica pero ilusoria.

 Si no observamos una transferencia de electores de izquierdas a Agrupación Nacional, sí que observamos una proletarización del electorado de Le Pen que, en esta primera vuelta, ha estado compuesto por un 36% de voto obrero y 36% de pequeños empleados. Basándose más en la composición social que en la ideológica, la politóloga Nonna Mayer habla más bien de "obrero-lepenismo". Pero si el programa de Agrupación Nacional es poco social, ¿por qué muchos obreros pueden todavía votar a Le Pen?

 El primer factor que debemos considerar es la abstención que constituye el primer partido de las clases populares (francesas). Alrededor de 50% de los obreros suele abstenerse en primera vuelta y, hoy, las clases populares, más distantes de partidos y sindicatos, tienen un voto más flexible. Sin embargo, si no todas las clases populares son de derechas, hoy más que ayer, las que votan lo hacen a la derecha. El Frente Nacional sólo empieza a atraer al electorado obrero a finales de los 90, cuando las nuevas generaciones ya no pueden depositar la esperanza de "cambiar el mundo" en el PCF y el PS tras el abandono del programa común que proponía la superación del capitalismo. Además, los obreros más propensos a votar a Le Pen son los que se autoposicionan en la derecha.

Podemos ver que el cambio significativo a nivel de autopercepción ideológica se encuentra en el descenso de obreros que se sienten de izquierdas, más que en un aumento de aquellos que se sienten de derechas. Hoy, sólo un 26% de obreros se reconoce en la izquierda, un 52% no se posiciona y se mantienen los que se reconocen en la derecha (23%).

 De acuerdo con los trabajos de Mayer, el voto a Le Pen no suele venir necesariamente de los más pobres, sino de clases populares que temen perder un estatus en forma de propiedad, trabajo o pequeño patrimonio potencialmente transmisible. Esta tesis ha sido afinada por otras investigaciones sociológicas

 El trabajo de Violaine Girard sobre el voto al Frente Nacional muestra que el acceso a la propiedad en zonas periurbanas de ciertos grupos populares, que votarán a Le Pen, reúne una aspiración de dejar atrás la condición obrera y el afán de distinguirse de los más desfavorecidos. La búsqueda de respetabilidad en torno a la promoción individual y la valorización del esfuerzo contribuye al alejamiento de las familias descalificadas moralmente: las familias precarias donde suele interseccionar la clase con la raza.

 El trabajo de Raphaël Challier sobre los militantes populares de Agrupación Nacional en las zonas rurales muestra que los trabajadores manuales en pequeñas estructuras, donde el antagonismo empleado/patrón no es evidente, integran la moral del trabajo y valoran el éxito económico por el esfuerzo. A estos valores conservadores se une que, al estar más cerca de una cultura material que intelectual, las profesiones culturales no sean admiradas y la izquierda esté asociada al asistencialismo. Se admira más a aquellos que han tenido éxito por la vía económica y son repudiados "los que no se esfuerzan", donde de nuevo se cruzan los más pobres con los de otra adscripción étnica.

En otro contexto rural con mayorías Le Pen, Benoit Coquard muestra que la competición profesional y matrimonial activa una preferencia local por la banda de colegas (sin excluir a los patrones): privilegiar a los "colegas" cuando sale un buen curro, por ejemplo. Ante una cruda competencia y un sentimiento de inseguridad, se activa una conciencia colectiva selectiva, "primero los colegas", que puede ser captada por la Agrupación Nacional cuando articula lo de "los franceses primero".

 La desestructuración de partidos, sindicatos y discursos en forma de clases se acompaña de una visión menos dualista del mundo social (trabajadores vs. burgueses) en muchos contextos obreros. El sociólogo Olivier Schwartz hablaba de una conciencia triangular en  las clases populares, que combinaba un deseo de distanciarse tanto de una parte inferior de la jerarquía social (las fracciones precarias) como de una parte superior (las élites culturales y políticas). La candidatura de Mélenchon ha tenido mayores dificultades en el Este, antiguamente industrial y menos multicultural, pero sin embargo también ha logrado progresar.

En definitiva, las investigaciones sociológicas sugieren que este voto popular no está condenado a reproducirse siempre de la misma manera y que, según el contexto local o la campaña política, puede orientarse más "contra los de arriba" u otras veces más "contra los de abajo".          

(Aldo Rubert. Investigador doctoral y docente en sociología política en la Universidad de Lausanne. Público, 20/04/22)

25.2.22

Piketty: «Estamos como en la Revolución Francesa: la nueva aristocracia no quiere pagar»...Si consideran que el gasto en educación o salud públicas les perjudica pueden apretar un botón y enviar su riqueza a otra jurisdicción donde nadie les puede seguir y no pagan esos impuestos... «Hay que redistribuir las herencias y un impuesto a los ricos o habrá revueltas»... El ejemplo de China frente al de India es muy interesante. Ambos aplican el sistema capitalista, ¿por qué China tiene más éxito? India no dispone de un adecuado sistema de inversión pública. Eso es lo que marca la diferencia... India es una democracia bajo el control de las élites, que no pagan impuestos para financiar esas infraestructuras, educación o salud

 "(...) La nueva obra del superventas francés Thomas Piketty, «Una breve historia sobre la igualdad» (Editorial Deusto), está cargada también de propuestas rompedoras. ¿Utopía o realidad?

China se ha desarrollado más en los últimos 35 años, con el capitalismo, que en los dos pasados siglos y la población en África más que se doblará a mediados de siglo. ¿En qué se fundamenta para afirmar que vivimos en un mundo más desigual?

Es cierto que, tras la etapa de colonización, algunos países han logrado cierto desarrollo. El caso de China es un buen ejemplo, pero no es solo por el influjo del capitalismo. Es algo más complicado y tiene que ver con una estrategia donde priman el proteccionismo, el control de los sectores estratégicos y las políticas públicas, en infraestructuras, educación o salud, por ejemplo. No se trata solo de capitalismo porque si comparas China e India no se han desarrollado igual.

 India es una democracia.

Es una democracia bajo el control de las élites, que no pagan impuestos para financiar esas infraestructuras, educación o salud. Es mucho más que la influencia del capitalismo, requiere planes estratégicos, políticas públicas de desarrollo. Y a veces ese desarrollo tiene mucho que ver con el colonialismo. Europa tuvo una gran expansión durante la revolución industrial gracias al colonialismo y ahora China trata de emular ese comportamiento buscando controlar otros países en el sureste asiático o en África. Ese proceso de desarrollo tiene mucho que ver con el poder, porque lo que es bueno para unos países puede lastrar a otros. Si fuera tan sencillo como aplicar el capitalismo, todo el mundo sería rico en India o en África.

¿No cree que la expansión del capitalismo, que trajo a su vez el ensanchamiento y desarrollo de las clases medias en todo el mundo, ha logrado un mundo mejor en las últimas décadas?

 ¿Está hablando del Congo o de Malí?

Hablo en general, hay excepciones, claro. No vivimos en un mundo perfecto.

Ya, pero se trata de excepciones muy generalizadas e importantes. India o Bangladés, por ejemplo...

Su renta media es muy superior hoy a la de hace una década.

Si se analiza a largo plazo, sin un movimiento para que esa prosperidad se traduzca en más igualdad no hay avance. El ejemplo de China frente al de India es muy interesante. Ambos aplican el sistema capitalista, ¿por qué China tiene más éxito? India no dispone de un adecuado sistema de inversión pública. Eso es lo que marca la diferencia. Sucede igual en los países occidentales. El PIB per cápita de los estadounidenses era el doble que el europeo a mitad del pasado siglo. Tuvieron un colosal avance educativo. El 90% de los jóvenes cursaban estudios superiores.

 En Francia, Alemania o Japón ese porcentaje era del 20%-30%. Eso hizo la diferencia. De hecho, entre 1930 y 1980 la tasa impositiva más alta alcanzó el 80-90% durante el mandato de Roosevelt. Eso no destruyó el capitalismo, sino que lo llevó a su periodo más expansivo, con el mayor apogeo de la innovación en la economía estadounidense respecto al resto del mundo. Así que no es un problema de aplicar más o menos capitalismo, lo que importa es la educación y el acceso a la misma.

 Sin embargo, el peso del Estado en Europa es cada vez mayor y tenemos los mismos problemas sobre la mesa. ¿Por qué?

El mayor aumento del peso del Estado aconteció entre la Primera Guerra Mundial y los años 80-90 del pasado siglo. Antes, la presión fiscal apenas rondaba el 20% en los países occidentales mientras ahora oscila en el 40-50%. ¿Fue positivo o negativo? Creo que claramente positivo. En ese periodo se ha logrado la mayor prosperidad gracias al mayor peso del Estado, que desarrolló infraestructuras, la educación o la salud universales. Si analizas Europa hoy, los países con menos impuestos y menor gasto público son Bulgaria y Rumanía, y los de mayor son Dinamarca y Suecia. Si para ser rico fuera suficiente pagar menos impuestos, Bulgaria y Rumanía serían más ricos que Suecia o Dinamarca.

¿Cuál es el límite de presión fiscal?

Si analizamos la evolución de las economías occidentales, los periodos de mayor crecimiento coinciden con los de mayor expansión educativa. En los 90, tenemos los mismos niveles de crecimiento y de productividad por hora trabajada en Europa occidental y EE UU que coinciden con una menor inversión en educación. Entre 1940 y 1990 esa inversión se multiplicó por 10 mientras que luego se ha estancado en el 5%-6% de la renta nacional. Por tanto, si queremos mayor innovación, productividad y crecimiento debemos invertir más en educación superior.

 Esos polos de innovación que vemos en EE UU, como Silicon Valley, y sus grandes compañías tecnológicas no serían posibles sin Berkeley o Stanford. Creo que en Europa incluso lo podríamos hacer mejor ya que tenemos muchas buenas universidades y un sistema más inclusivo. Eso se traduce en que en EE UU tienen una gran productividad en la cúspide de su economía, pero muy baja en el fondo, donde el nivel educativo es muy bajo. Esos supermercados abiertos 24 horas, con gente trabajando de noche no son muy productivos que digamos.

 ¿Podemos subsistir con un 120% de deuda pública?

Tenemos que encontrar la manera. No es la primera vez en la historia que nos enfrentamos a estas cifras. La Revolución Francesa comienza por una deuda del 100%. Tras las dos primeras guerras mundiales todos los países europeos tenían deudas públicas superiores. Entre 1945 y 1950 la deuda pública era del 200%.

¿Pero ahora estamos en el mayor periodo de paz de la historia europea...

Bueno, en el caso de la Revolución Francesa la deuda pública era consecuencia de los privilegios que tenía la aristocracia. Y el sistema político hacía imposible que pagaran impuestos. Ese es el mismo problema que tenemos hoy. Tenemos una nueva aristocracia que no paga impuestos porque ha diseñado un sistema político que se lo facilita. Si consideran que el gasto en educación o salud públicas les perjudica pueden apretar un botón y enviar su riqueza a otra jurisdicción donde nadie les puede seguir y no pagan esos impuestos.

¿No es ese un fallo de los actuales modelos de Estado?

Lo es. Del sistema legal internacional que lo permite. El problema de la deuda pública elevada se soluciona acabando con los privilegios fiscales de esa nueva aristocracia. Los bancos centrales pueden ayudar a solucionar ese problema, pero no pueden hacerlo solos porque la impresión de dinero se enfrenta a la inflación, que es el impuesto a los pobres. Por eso, lo que necesitamos es un impuesto a los ricos, no a los pobres. De lo contrario habrá una gran revuelta, como ya ocurrió con los chalecos amarillos en Francia contra el aumento de impuestos energéticos. ¿Qué ocurrió? Ante las protestas en las calles, el Gobierno francés retiró esa subida sin elevar los impuestos a la riqueza. La consecuencia fue una mayor deuda pública.

Sin embargo, hay un porcentaje creciente de población subsidiada que no paga apenas impuestos, lo que concentra la carga en las clases medias.

 Los más pobres también pagan impuestos indirectos al consumo. Los impuestos energéticos, por ejemplo, suponen una mayor carga para las rentas bajas que para el resto.

Es relativo, puesto que, a mayores recursos, mayor gasto. Los ricos se compran Ferraris y barcos, no un utilitario.

Pero en proporción de sus recursos, pagan mucho menos impuestos. Es necesaria una distribución progresiva de los impuestos. No conozco bien el sistema impositivo español, pero en solo diez años, los cinco franceses más ricos han pasado de acaparar el 10% del PIB nacional al 30%.

Propone usted una renta hereditaria universal para todos los jóvenes menores de 25 años. Suena a dinero a cambio de nada.

El 50% de la población de Francia o España no recibe nada en herencia. Por el contrario, el 60% de la riqueza de los jóvenes millonarios proviene de herencias. Se trata de redistribuir esas herencias para complementar una renta mínima que te permita desarrollar proyectos, negocios o estudios. En lugar de que los ricos reciban 1 millón en herencia, recibirían 650.000 euros para progresar hacia una sociedad más igualitaria. El problema es pasar del campo abstracto a la realidad."      

(Entrevista a Thomas Piketty,  H. Montero, La Razón, 20/02/22)

18.2.22

Vivimos la máxima desigualdad social de la historia... según el Credit Suisse, el 12 por ciento más rico dispone del 84.8 por ciento de la riqueza mundial; la clase media del 13.7 por ciento y los pobres de sólo el 1.3 por ciento. La idea de que vivimos un mundo cada vez más justo es una fantasía... los pobres, en 1820, poseían el 14 por ciento

 "De acuerdo con la ecología política, la crisis de la civilización moderna está modulada por dos fenómenos, la depredación y el parasitismo que una minoría ejerce sobre la naturaleza y sobre el resto de la población humana. Se trata de la crisis ecológica y de la crisis social, indisolublemente ligadas. En nuestra entrega anterior (La Jornada, 18/1/22) exploramos la primera crisis (cuya mayor expresión es el desequilibrio climático). Ahora ofrecemos una apretada síntesis de la segunda. (...)

Aunque el número de estudios sobre la desigualdad social y la concentración de la riqueza se multiplican cada día, las dos fuentes más reconocidas sobre el tema son el Laboratorio sobre la Desigualdad Mundial (World Inequality Lab), con sede en Francia, y los reportes de Oxfam Internacional.

El Laboratorio sobre la Desigualdad es una iniciativa del economista francés Thomas Piketty, autor del libro El capital en el siglo XXI, traducido a numerosos idiomas, y de otras obras, iniciada hace 25 años. Los datos y análisis del laboratorio, que hoy es dirigido por un colectivo, se basan en el trabajo de más de 100 investigadores a partir de una base de datos. Esta vasta red colabora con instituciones estadísticas, autoridades fiscales, universidades y organizaciones internacionales para armonizar, analizar y difundir datos internacionales comparables en una perspectiva histórica.

 El último reporte de este colectivo ( World Inequality Report 2022) consigna lo siguiente: el 10 por ciento más rico disponía de 52 por ciento de los ingresos y de 76 por ciento de la riqueza; la clase media de 39.5 por ciento y de 22 por ciento, y el sector empobrecido de sólo 8.5 por ciento y de 2 por ciento. Nótese que este último segmento representa nada menos que la mitad de la población humana, unos ¡3 mil 900 millones! Cuando estas cifras se comparan con las del pasado se observa no sólo que son peores que a principios del siglo XX, cuando los imperios euro­peos alcanzaban un dominio máximo, sino con los de 1820. Si los pobres de hoy disponen de 8.5 por ciento del ingreso global, en 1820 poseían 14 por ciento, con la salvedad de que aquellos eran algo más de mil millones y hoy los desposeídos casi cuatriplican esa cifra. Este panorama se ve confirmado por una fuente contraria: la Pirámide Global de la Riqueza 2020 que anualmente publica el Credit Suisse con el objetivo de festejar, soberbia y cínicamente, el aumento de multimillonarios en el mundo. Según el banco suizo el panorama actual es peor: el 12 por ciento más rico dispone de 84.8 por ciento de la riqueza mundial; la clase media de 13.7 por ciento y los pobres de sólo 1.3 por ciento. La idea de que vivimos un mundo cada vez más justo es una fantasía alimentada por miles de voceros. La evidencia científica desenmascara la verdadera situación.

Por su parte los informes de Oxfam Internacional ponen al descubierto la cruda realidad con datos duros. Por ejemplo, que cada 26 horas surge un nuevo multimillonario en el mundo, mientras las desigualdades aumentan. En su último informe, Las desigualdades matan, la organización afirma que las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos 21 personas al día, es decir, una persona cada cuatro segundos. Se trata de estimaciones basadas en el número de muertes causadas a escala global por la falta de acceso a servicios de salud, la violencia, el hambre y la crisis climática. Ello se ha visto acelerado en estos dos años de la pandemia de covid-19. Los 10 hombres más ricos del mundo duplicaron con creces su fortuna, que ha pasado de 700 mil millones de dólares a 1.5 billones de dólares (a un ritmo de 15 mil dólares por segundo, o lo que es lo mismo, mil 300 millones de dólares al día) durante los primeros dos años de una pandemia que habría deteriorado los ingresos de 99 por ciento de la humanidad y que ha empujado a la pobreza a más de 160 millones de personas.

Como se observa, la situación actual es dramática y no hay manera de justificarla. Las acciones de justicia social deberían ser hoy en día de carácter urgente y obligatorio por todos los gobiernos del mundo y las organizaciones internacionales (ONU). Sin embargo, las minorías que acaparan la riqueza del mundo (unos 600 millones) disponen de tanto poder (político, militar e informativo), que lo anterior resulta inviable. Sólo la suma de ciudadanos con conciencia permitirá dar un vuelco a lo que es la peor desigualdad social de la historia."             (Víctor M. Toledo, Other News, 08/02/22, fuente: La Jornada)

13.10.20

Los obreros seguirán votando por Trump... y en Francia, por Le Pen... las cosas de la izquieda

 "El cinturón del óxido parece menos roñoso al oeste de Pittsburgh (Pensilvania). La actividad es frenética en los alrededores de la nueva planta que la petroquímica Shell está construyendo en el condado de Beaver, a orillas del río Ohio. (...)

Los 6.000 millones de dólares invertidos han sido un auténtico maná para esta deprimida región al oeste de Pittsburgh. Por primera vez en décadas, en el 2016 Pensilvania dio la espalda a los demócratas para apoyar a Trump. En este condado, el terremoto fue devastador: 19 puntos a favor del republicano, a pesar de que más de la mitad de los votantes están registrados como demócratas. Aunque hay más carteles de apoyo a Joe Biden que hace cuatro años por Hillary Clinton y en las ciudades compiten bien con los republicanos, los de Trump arrasan, en especial en las carreteras rurales. La demografía local le es propicia: el 92% de sus habitantes son blancos y el 76% de los trabajadores no tiene estudios universitarios.

En amplias regiones de Pensilvania y el Medio Oeste, el presidente sigue siendo el improbable ídolo de la clase obrera. Pero este año, para ganar, no solo necesita mantener esos votos –y los de la América rural, a la que sacó por sorpresa de su letargo– sino conseguir bastantes más. Solo así podrá contrarrestar la potente ola demócrata que recorre las zonas urbanas y amenaza seriamente con convertirle en una rareza, un presidente de un solo mandato.

Trump volverá a contar con el voto de Robert, un obrero jubilado que siempre antes respaldó a los demócratas. “Es lo que votaba todo el mundo en mi familia. Ahora casi todos vamos con Trump. Yo me cambié porque me gustó lo que proponía”, afirma señalando la bandera con el lema Make America Great Again (Hagamos América grande de nuevo) que tiene en el porche de su casa en Ambridge , una ciudad que lleva su origen grabado en el nombre (la acerería American Bridge).

“Es un bocazas pero no me importa. Dice lo que piensa y, te guste o no, siempre sabes dónde está. No es una marioneta. Dijo lo que iba a hacer y básicamente lo ha hecho”, sostiene este antiguo montador de bombas y compresores citando lo bien que iba la economía hasta que llegó la pandemia. “Ha apoyado mucho a los trabajadores y a la gente con fondos de jubilación”. Ni se plantea votar a Joe Biden. “No creo que pueda hacer todo lo que está haciendo Trump por los trabajadores. ¿Que es de Pensilvania? Pero si no vivió aquí más que unos meses...”. (Biden vivió allí hasta los 11 años).

“No es un político. Le voté porque era diferente y no era parte del sistema. Los dos partidos son unos mentirosos. Necesitábamos a alguien nuevo. Voté por Barack Obama en el 2008 y en su primer mandato no hizo nada más que darnos un seguro médico universal que yo no quiero. Quien trabaja tiene seguro, así debe ser”, afirma Chuck, un obrero de la construcción jubilado de 61 años en Monroe (Michigan). “Necesitamos un presidente fuerte y no creo que Biden lo sea”.

En noviembre, Cody Campbell, un joven de Battle Creek (Michigan) de 23 años, votará por primera vez y lo hará por Trump. Le gusta que haya sido empresario. “Es un hombre de negocios, un millonario. No sé cómo explicarlo bien, pero creo que está del lado de los trabajadores y me gusta. La mayoría de los presidentes no lo está. Él se preocupa por nosotros”, dice Campbell, propietario de un taller de motos.

Eso que a este votante le cuesta explicar es un movimiento de tierras que politólogos y analistas definen como “el gran realineamiento de los partidos políticos estadounidenses”. “Nos encontramos en un proceso de transformación a diez años vista. La gente que hoy pone carteles de Trump en sus casas solía trabajar en minas o fábricas y nunca antes había votado a un republicano. Y la gente del Duquesne Club, fundado por magnates del acero e industrialistas, ya son en su mayoría demócratas”, afirma el estratega republicano Mike DeVanney en sus oficinas en Pittsburgh.

El fenómeno va más allá de la figura del presidente. “Donald Trump no hay más que uno” pero “no creo que se pueda volver a meter al genio en la lámpara. El Partido Republicano, antes gran defensor del libre comercio, lleva 20 años haciéndose más proteccionista y conservador socialmente, mientras que el demócrata ahora es más atractivo para la gente con más ingresos y educación”, sostiene DeVanney. (...)

Los republicanos saben que tienen el viento en contra, pero su esperanza es que ocurra lo mismo que en el 2016. “Salió gente a votar que no había votado nunca o no lo había hecho en años. Gente que había tirado la toalla con los políticos porque pensaba que nadie se preocupaba por ellos. Trump fue el primero en tocar esa fibra. Los anteriores gobiernos nos habían vendido firmando malos acuerdos comerciales”, afirma Sam DeMarco, presidente del Partido Republicano del condado de Allegheny, donde se encuentra Pittsburgh.  (...)

Pero contra Clinton se hacía campaña mejor. “Era una figura muy polarizadora, nada simpática. Biden cae bien y te tomarías una cerveza con él. Pero no es alguien a quien se tome en serio”, opina DeMarco. Movilizar al máximo ciudades y suburbs a la vez que arañan votos a Trump entre los obreros blancos es la única forma que tienen los demócratas de llevarse los 20 votos del colegio electoral de Pensilvania. La fórmula es parecida para reconquistar los estados del Medio Oeste perdidos hace cuatro años. (...)

No todos ven a Biden como el héroe de la clase obrera (los blue collar workers , por el mono azul de faena) que él dice ser. Pero no suscita el mismo rechazo que provocaba Clinton y el hartazgo tras cuatro años de Trump es un aliciente poderoso para votantes desengañados como Valery. “Dijo que iba a resucitar el carbón. Hizo todo tipo de promesas y le creí. Le había ido bien como empresario ¿por que no lo iba a hacer bien como presidente?”, dice antes de echarse una buena carcajada. “Mi empresa cerró en el 2018 después de 35 años. Yo perdí mi trabajo”, explica esta sexagenaria frente a un supermercado Walmart cerca de la planta de Shell. “Trump es una vergüenza para el país. Biden es mayor, pero con la edad viene la experiencia”, reflexiona.

A Jennifer Curtis, en cambio, no la convence. “Iba a votar por Biden, pero vi todos esos anuncios en la tele y me desanimé”, dice citando publicidad negativa pagada por la campaña de Trump. “Biden quiere quitarnos cosas y sale siempre llevando mascarilla”, dice con desconfianza esta votante de 48 años. Trabajaba en una guardería de Beaver pero perdió su empleo por la pandemia. “No es justo, pero tenemos que mantenernos sanos. Trump está intentando encontrar una vacuna. Lo estamos esperando”.

La polarización es extrema, y la mayoría de los votantes tiene las cosas claras. Alguno duda. Mike, un electricista de 38 años que trabaja en la planta de Shell, dice estar dividido entre lo que su sindicato le dice que vote (demócrata) y lo que le pide el cuerpo, porque no tiene nada que objetar a la presidencia de Trump. A él, admite, le ha ido bien desde que está en la Casa Blanca. “He hecho mucho dinero en bolsa estos años”, comenta a salir de la obra. “Pero los dos partidos –dice desmotivado– podían haber elegido candidatos menos viejos y seniles”.                            (Beatriz Navarro, Beaver, Pensilvania, La Vanguardia, 11/10/2020) 

12.6.20

España (1960-2020): la clase dominante es la que dicta las ‘reformas’

"Pese a la inevitable persistencia de la pandemia, en breve volverán la austeridad y las clases de Economía para todos. Durante los próximos meses, numerosos ‘expertos’ van a demostrarnos cómo la quiebra del país solo puede conjurarse si nuestros dirigentes emprenden audaces ‘reformas’ y medidas de ‘modernización’ del ‘aparato productivo’.

La política parlamentaria va a ser presentada como un lastre para una ‘recuperación’ que solo pueden liderar quienes están dotados del adecuado conocimiento técnico: los altos burócratas que, detrás de las cámaras, realizan sofisticados cálculos para determinar lo que es o no posible. Se trata del eterno y discreto triunfo de la ideología tecnocrática, vigente desde mucho antes de que Margaret Thatcher y Ronald Reagan hicieran sus revoluciones respectivas contra el contrato social de la posguerra.


En España, la continuidad en el liderazgo burocrático y el dominio de la racionalidad económica reinan desde los años sesenta; en particular, desde que, en 1959, el régimen franquista se legitimara con la aprobación del Plan de Estabilización. Se trataba de un conjunto de medidas que no se limitaron a la apertura del país, sino que, además, asfaltaron a largo plazo las redes del poder establecido, construyendo los principales puentes entre las instituciones decisivas que sobrevivirían al cambio de régimen y que conformarían un incontestable sentido común técnico hasta el presente.


A finales de los sesenta, el INI, presidido por el industrial Claudio Boada, contrató para su recientemente creado servicio de estudios a dos deslumbrantes jóvenes que habían tenido que exiliarse o ir a la cárcel por protestar contra el régimen franquista: Juan Manuel Kindelán y Miguel Boyer. A Boada, y a su jefe inmediato, el ministro de Industria José María López de Letona, no pareció importarles demasiado sus antecedentes.


Kindelán y Boyer acostumbraban a montar a caballo en una finca próxima a la Sierra de Gredos, ‘La Dehesilla’, propiedad del exministro republicano Justino de Azcárate, que representaba la burguesía liberal demócrata fracasada con la Segunda República. Su hija Isabel estaba casada con un economista llamado Mariano Rubio. Rubio, indirectamente emparentado con el ministro de Industria Letona, había comenzado a trabajar en otro servicio de estudios, el del Banco de España, donde un joven contestatario llamado Carlos Solchaga causaba escarnio entre los dinosaurios franquistas.


En Hacienda también tuvieron oportunidad de consolidarse algunos otros técnicos, como el propio Rubio durante un periodo y, sobre todo, como el profesor Luis Ángel Rojo —futuro gobernador del Banco de España— o el inspector fiscal Francisco Fernández Ordóñez, cuyo hermano, apodado ‘MAFO’, había obtenido una plaza como Técnico Comercial del Estado.


Sin mediar conspiración alguna, salvo la del transcurso del tiempo, los puestos clave de la Administración fueron progresivamente acaparados por nuevas generaciones de tecnócratas de pedigrí democrático que cada vez tenían más lazos y características en común: el ingeniero Leopoldo Calvo-Sotelo, los economistas del Estado Juan Antonio García Díez y Carlos Bustelo —cuñado de Juan Manuel Kindelán y primo de Calvo Sotelo—, el abogado del Estado Alberto Oliart, el economista y físico Miguel Boyer…


A todos ellos se les adjudicaban características comunes: socialdemócratas de corazón, monetaristas de oficio, como afirmara un banquero de la época. Una descripción que, con todos los matices necesarios, puede resumir el perfil de la tecnocracia actual: fiel a las normas ‘superiores’ de la Economía convencional, pero dispuesta a que esta sea todo lo ‘inclusiva’ posible en su aplicación práctica.


El irrefrenable ascenso del PSOE en 1982 apuntaló a la nueva tecnocracia frente a los desafíos pendientes: luchar contra la inflación y la depreciación de la moneda después de las crisis petroleras, diseñar un instrumento para lidiar contra las numerosas quiebras bancarias, contener el déficit y la deuda pública, encontrar formas de negociación colectiva para domeñar el imparable desempleo y las crecientes demandas sindicales en plena reconversión y destrucción industrial… Todo ello, con la meta modernizadora última, una meritoria entrada en la Comunidad Europea que liquidara, para siempre, los fantasmas fratricidas de nuestra historia.


La red tecnocrática no solo impartía doctrina económica, sino que también perseguía consolidar su influencia en todo ámbito. Por eso, ministros como Boyer y Solchaga lograron poner al frente del gran parque de empresas industriales y energéticas a quienes habían sido sus patrones en la etapa del desarrollismo, e incluso contribuyeron a promover a algunos de ellos, posteriormente, a la capitanía de la gran banca privada, con mayor o menor éxito.

Algunos periodistas llamaron a este espíritu de clan, a esta conjunción de ideología e interés político y empresarial, la ‘beautiful people’, destiñendo un fenómeno infinitamente más interesante: la consolidación de una clase dominante trasversal entre la Administración central, los grandes centros decisorios políticos y unas empresas privadas que habían disfrutado generalmente de una amplia protección por parte del Estado franquista. Dicha clase dominante no solo se hizo con los puestos de mayor influencia, sino que, además, estaba en condiciones de determinar qué era o no lo deseable y factible para la nación. La racionalidad económica se había convertido en el escalón definitivo de la dominación por consenso.


Los ocho años de gobiernos del PP, con la doctrina del ‘déficit cero’, las privatizaciones a precios irrisorios, las bajadas electoralistas de impuestos y la polémica Ley del Suelo remataron el trabajo, con el agravante de aprovechar un entorno de tipos de interés bajos, propio de la euforia financiera y de la entrada en el Euro, para fomentar un modelo de crecimiento basado en el endeudamiento y en el escaso valor añadido de un sector inmobiliario inflado con esteroides.


De la ortodoxia económica de los gobiernos socialistas pasamos a una variante algo más castiza y poblada de rasgos potencialmente delictivos que pueden sintetizarse icónicamente con la entrada en prisión del exministro del milagro económico, Rodrigo Rato de Figaredo.


La explosión de la burbuja inmobiliaria, la Gran Recesión y la nacionalización de buena parte de la deuda privada no corregirían el sentido común dominante. El ministro de Economía Pedro Solbes, un vicepresidente de la Comisión Europea regresado en 2004 a España para poner un ancla de solvencia presupuestaria a las decisiones políticas más atrevidas, había llegado a presumir de haber alcanzado un superávit fiscal en fechas previas al desmoronamiento de la economía. La ortodoxia de las cuentas públicas encierra numerosos secretos que todavía no han querido ser desvelados a la mayoría.


La racionalidad económica continúa, esta vez, en medio de una infección social de consecuencias todavía inabarcables. El gobierno actual puede sentirse seguro de contar con la ministra de Economía, Nadia Calviño —directora general de Defensa de la Competencia en tiempos de Solbes, exdirectora de presupuestos en la Comisión Europea—, como garantía comunitaria de que las cosas no se les van a ir de las manos. Son demasiados años, décadas, de éxitos y milagros económicos, y sociales, como para echarlo todo ahora por la borda. No nos atrevamos a ser desagradecidos." (Andrés villena, El Salto, 07/06/20)

5.7.18

Se produce una pugna sociopolítica y discursiva en torno a qué tipo de salida de la crisis se está produciendo. Las percepciones de la sociedad y las dinámicas laborales y sociopolíticas son contrapuestas. El 54% de la población considera que la crisis económica "No ha sido superada y no se superará hasta dentro de muchos años"... con características distintas y en un contexto diferente, se está conformando un nuevo proceso de indignación social

"(...) Hay tendencias contradictorias. Por una parte, desde hace varios años se ha terminado la recesión económica y hay crecimiento económico y del empleo.

 Por otra parte, se consolidan la precariedad laboral y la desigualdad social, mientras persisten un paro masivo, la devaluación salarial, los efectos de los recortes sociales y laborales, la mayor subordinación de las clases trabajadores respecto del poder económico-empresarial impuesto en las reformas laborales, así como el debilitamiento de la capacidad contractual del sindicalismo.

Se produce una pugna sociopolítica y discursiva en torno a qué tipo de salida de la crisis se está produciendo, qué horizonte de relaciones laborales y de empleo se están generando, qué modelo social se está instaurando, quiénes salen de la crisis económica y quiénes no.

. Es preciso el rigor analítico e inteLas percepciones de la sociedad y las dinámicas laborales y sociopolíticas son contrapuestasrpretativo para clarificar una posición normativa.

Continuamos en el marco de una profunda crisis social y económica, aun con realidades contradictorias. Así lo afirma el 54% de la población ―y el 62% de los votantes del PSOE y el 69% de los de Unidos Podemos―, según Metroscopia (15-5-2018), que considera que la crisis económica "No ha sido superada y no se superará hasta dentro de muchos años"; el 26% opina que "No ha sido superada, pero se superará dentro de poco" y el 18% que "Ha sido superada".

Además, existe una persistente crisis política, con amplia desconfianza cívica hacia las élites gobernantes y una recomposición de la representación política. Se ha superado el viejo bipartidismo compartido entre Partido Popular y Partido Socialista y se han consolidado nuevas fuerzas emergentes de distinto signo: por un lado, como nueva derecha, Ciudadanos, y por otro lado, en el campo progresista o de izquierda, las llamadas fuerzas del cambio, con Unidos Podemos, las convergencias y las candidaturas municipalistas de unidad popular. (...)

Un hecho relevante a destacar, frente a los planes de normalización, es el nuevo proceso de indignación cívica. Lo significativo son las dinámicas ciudadanas y las alternativas sociales y su relación con el cambio político-institucional, así como las posibilidades de acuerdos de progreso, incluyendo las dificultades de la colaboración entre Partido Socialista y fuerzas del cambio, imprescindible para garantizar la hegemonía institucional del campo progresista frente a las derechas.

Tras el largo ciclo electoral y de reajuste representativo e institucional, precedido de una etapa de masiva indignación cívica y movilización popular, estamos en otra fase política con dos opciones: la articulación del cambio político de progreso, o la consolidación reaccionaria de las derechas.

 Está por ver la conformación de qué tendencia va a ser dominante. El diagnóstico de su interacción no está claro e independientemente de la voluntad transformadora de distintos actores requiere el máximo de realismo analítico.  (...)

El futuro está abierto y es incierto. O sea, habrá que rechazar las visiones deterministas, económicas y políticas, sobre la inevitabilidad de una salida u otra, progresista o reaccionaria, y poner el acento en los mecanismos de activación y articulación popular y su capacidad transformadora.   (...)

Lo más llamativo es la reconfiguración de las derechas, con el ascenso de Ciudadanos a costa del descenso del Partido Popular, con alguna retórica regeneracionista, cierto marketing político de apariencia renovadora y una reafirmación neoliberal en lo socioeconómico y recentralizadora en lo territorial. (...)

Pero la realidad social de las mayorías ciudadanas no encaja con esos intereses, proyectos y estrategias continuistas y reaccionarios. Hay una pugna sociopolítica y cultural-discursiva por definirla e interpretarla para consolidar la actitud social y las normas político-institucionales en torno a dos opciones básicas: continuidad o cambio de progreso. 

Por un lado, con privilegio de poder para las derechas (y el mundo económico-empresarial) y, por otro lado, con una alternativa social y democrática. Por tanto, existen grietas en ese plan normalizador o, lo que es lo mismo, se mantienen abiertas posibilidades de cambio. El bloqueo institucional y el relativo equilibrio entre las ofensivas reaccionarias y las dinámicas progresistas son inestables. (...)

Queda lejos el 15-M-2011. No obstante, con características distintas y en un contexto diferente, se está conformando un nuevo proceso de indignación social, con dinámicas proclives a la activación cívica, con motivos y ámbitos específicos, entre los que sobresale un renovado e integrador sujeto sociopolítico.

 Me refiero, sobre todo, al movimiento feminista y su ejemplar y justa movilización por la igualdad y la justicia. Pero también hay indicios de nuevas protestas sociales, por ejemplo la de los pensionistas y colectivos de gente trabajadora ―el número de huelgas laborales y participantes en ellas ha vuelto a crecer en 2017―.  (...)

La interacción entre indignación popular y activación cívica con valores democráticos e igualitarios y el agotamiento de la credibilidad de las élites gobernantes por su gestión impopular ha dado como resultado la conformación, entre los años 2008 y 2016, de unos nuevos equilibrios político-institucionales. 

Pero, sobre todo, se ha reforzado una nueva mentalidad crítica; se ha consolidado una cultura democrática en amplias mayorías sociales, especialmente juveniles, con la reafirmación en la justicia social y la dignidad ciudadana que choca con el poder establecido y sus prácticas más corruptas, regresivas y autoritarias. (...)

En todo caso, mi pronóstico es la nueva dimensión, interacción y articulación de esos tres factores ―indignación cívica, activación popular progresista y representación política alternativa―, que expresan el comportamiento y las mentalidades de amplios sectores sociales. Ello aun en un contexto económico y político parcialmente diferente al de la última década en que se instaló la fuerte crisis social, económica y política. 

Sin embargo, su existencia constituye la palanca necesaria para posibilitar y porfiar en un cambio de progreso. Tenemos la experiencia de las distintas respuestas sociopolíticas y una limitada y contradictoria evaluación teórica, a menudo deudora de esquemas interpretativos rígidos.

 Pero creo que hay que poner el énfasis en el análisis riguroso de los nuevos componentes y tendencias de esta etapa que comienza para definir mejor una posición normativa o estratégica transformadora. (...)

No obstante, entre las capas populares (clases trabajadoras y clases medias estancadas o en retroceso), existe una diferenciación atendiendo a los dos indicadores básicos de poder adquisitivo de sus ingresos salariales y su situación de ocupación o desempleo.

Por un lado, están las personas que experimentan una ligera mejoría económica en los últimos años respecto del inicio de la crisis y, particularmente, del momento más profundo de la misma. Hay dos bloques diferenciados por el estatus inicial y final.

Uno, de situación acomodada, compuesto por un 40% de la población asalariada, o menos del 30% de la población activa (si consideramos a personas autónomas ―con un nivel similar de ingresos― y en desempleo –con un nivel inferior). Tienen relativa estabilidad, cualificación de empleo y estatus de clase media, aunque tengan cierta incertidumbre personal o familiar y en sus trayectorias.


Otro segmento distinto es gente precaria con una mejoría relativa, pero sin salir de una situación crítica. Son, básicamente, los dos millones y medio de nuevas personas ocupadas (con la reducción de diez puntos de la tasa de desempleo) que han pasado del paro a un empleo, normalmente precario, con alta intensidad del trabajo y con salarios reducidos. 

El número, sobre todo de jóvenes, es algo superior contando con que muchas de ellos están en rotación con el desempleo y la inactividad y en peores condiciones laborales y salariales que las personas empleadas anteriormente. O sea, siguen sin consolidar una trayectoria laboral estable o ascendente.

Una parte significativa ha salido del pozo más profundo, pero siguen teniendo un estatus precario de clase trabajadora, aunque menos malo que en sus peores momentos o respecto de otros sectores en descenso.

Por otro lado, está el bloque empobrecido por la devaluación salarial y más subordinado por la imposición del poder empresarial y la precariedad laboral (incluido el temor al desempleo). Es el bloque mayoritario de clases trabajadoras, de más de dos tercios, al que no le ha llegado todavía la recuperación económica, ni siquiera en sentido comparativo con el periodo más crítico. 

No tienen recortes adicionales, pero continúan en un peldaño inferior y viven el riesgo de prolongar esa situación de lento y continuado deterioro vital.
Hay tres segmentos de la población activa diferenciados por el distinto punto de partida y el nivel de sus retrocesos materiales que al persistir incrementan su gravedad: los 3,8 millones de gente parada (16%), un millón jóvenes, muchos de ellos de forma prolongada y con escasa protección al desempleo; el 30% inferior por ingresos salariales y condiciones laborales, la mayoría jóvenes, sobre los que recaen los ajustes más duros; el otro 30% intermedio de clase trabajadora, con deterioro de su capacidad adquisitiva y en una situación vulnerable.

Además, entre los años 2010-2017 la capacidad adquisitiva de las pensiones ha caído cuatro puntos, por la diferencia entre su congelación inicial, su subida última del 0,25% y la superior inflación. Afecta a nueve millones y medio de pensionistas, también perdedores de los recortes sociales.  (...)

En definitiva, existen dinámicas contradictorias. Aparte de la minoría elitista del 1% a la que le ha ido muy bien con la crisis y los ajustes económicos, hay un amplio sector acomodado de clase media, en torno al 30%, que ha sorteado las peores consecuencias de la crisis económica, de empleo y devaluación salarial, con menor impacto de las políticas de recortes sociales y laborales. (...)

Para ese bloque es funcional el discurso neoliberal de las derechas de continuismo económico, aunque no todos tienen mentalidad liberal-conservadora. Es la disputa principal entre las derechas del PP y C’s, a los que también apoyan otros sectores populares conservadores. 

Aunque, una parte es, política y culturalmente, progresista y persiste en su oposición a la degradación democrática o su solidaridad con su entorno, tiende a la moderación en los cambios socioeconómicos. 

 El discurso liberal-conservador, legitimador de las políticas públicas autoritarias y regresivas, no corresponde a la realidad de las mayorías sociales, las clases trabajadoras y parte de las clases medias descontentas.  (...)

Extracto de la Comunicación presentada al IV Encuentro del Comité de Investigación de Sociología del Trabajo de la Federación Española de Sociología - FES (Universidad Autónoma de Barcelona, junio de 2018)."         (Antonio Antón, Mientras Tanto, 25/05/18)

13.9.16

Al menos un 20% de la población sirve al 1% en su función controladora y reproductora de las relaciones de poder; por eso, sus intereses están íntimamente ligados al famoso 1%

"Una de las lecturas generalizadas de la estructura social del capitalismo avanzado es que el 1% de la población que tiene mayor propiedad de capital y tiene mayores rentas, es la nueva clase dominante, tanto a nivel mundial como dentro de cada país. 

Tal 1% se le considera constituido por los propietarios y gestores de las compañías transnacionales pertenecientes a la economía productiva (donde se realiza la producción y distribución de bienes y servicios) y/o a la economía financiera (como las grandes entidades bancarias y las compañías de seguros), que a través de su enorme influencia en las instituciones políticas de carácter representativo y en los grandes medios de información, ejercen un poder supuestamente omnipotente sobre el resto de la población, es decir, sobre el 99% restante. 

Aparecen así eslóganes, dentro de los movimientos sociales de sensibilidad progresista, sobre la necesidad de movilizar el 99% de la población frente al 1%. (...)

Pero tal mayoría no es, ni mucho menos, el 99%, pues hay al menos un 20% de la población que está sirviendo al 1% en su función controladora y reproductora de las relaciones de poder, y cuyos intereses están íntimamente ligados al famoso 1%. Este 20% juega un papel clave en la pervivencia del sistema de poder, donde el 1% superior controla los ejes del poder económico y financiero, y desde ahí los ejes del poder político y mediático.

La imagen del 99% frente al 1% no refleja esta realidad y erróneamente asume la posible alianza de las clases populares (que constituyen casi el 80% de la población) con este 20% que tiene intereses opuestos a los de las clases populares. 

De ahí la necesidad de recuperar categorías científicas de la estructura social -como clases sociales- que han sido abandonadas por “anticuadas”, y cuyo abandono ha sido resultado del gran domino del 1% (es decir, de la clase capitalista) sobre la sociedad, de manera que a mayor poder tiene tal clase, menor es la aparición de tales términos en la narrativa del discurso hegemónico de la sabiduría convencional.   (...)

La clase profesional (The professional class)

Un componente clave de este 20% de la población es la clase compuesta por profesionales, la mayoría con educación superior, que configura la sabiduría convencional del país y que beneficia al 1%, puesto que, como he dicho en la sección anterior, está a su servicio. 

Thomas Frank ha escrito un libro, Listen, Liberal (Escucha, liberal), que define muy bien la naturaleza de esta clase profesional, la cual ha configurado la cultura política y mediática del país, definiendo lo que se considera “aceptable” y “respetable” y lo que no lo es, confirmando la situación que habían ya adelantado, hace ya años, con gran certeza Noam Chomsky y Edward S. Herman en su excelente libro Manufacturing Consent (“Fabricando el consentimiento”).

Los componentes de esta clase proceden en su gran mayoría de las clases medias de renta alta que han ido a los colegios privados en España (con subsidios públicos) y a las universidades de élite, tanto en España como en EEUU, y que trabajan intelectualmente para hacer aceptable la distribución de poder en la sociedad actual, basada en la supuesta meritocracia. 

Y, en su mayoría, los miembros de esta clase comparten toda una serie de valores que pueden definirse como liberales (en el sentido europeo de la palabra, pues, en EEUU, la expresión liberal sirve para definir las sensibilidades socialdemócratas, como la del actual candidato a la presidencia, el senador Bernie Sanders. La falta de aclaración de esta distinción por parte de los corresponsales de los medios de información españoles crea unas enormes confusiones).

Estos valores liberales aparecen en las diferentes dimensiones del quehacer público. En educación consideran la educación privada mejor que la pública, pues permite la mejor expresión de un elemento muy valorado por tal clase, que es la reproducción de una distinción jerárquica y social. (...)

Los dogmas de tal clase

En economía, tal clase social suele ser la defensora del famoso “hombre económico” que, a través de su mano invisible, permite la expresión de la libertad. Desfavorece políticas públicas que tengan como objetivo la redistribución de los recursos por considerarla irrelevante. 

Atribuye su posición en la jerarquía de poder social al mérito de sus propias cualificaciones, y tiene un enorme respeto y docilidad hacia el 1%, compitiendo por sus favores. El componente gestor dentro del 1% procede en su mayor parte de esta clase. Los directivos y gestores de las grandes empresas del país pertenecen a esta clase.

En sanidad, favorece, de nuevo, como en la educación, el sistema privado, por considerarlo más eficiente (en contra, por cierto, de toda la evidencia existente, como muestro en mi artículo “Las enormes limitaciones del modelo neoliberal: el caso de la sanidad estadounidense”, Público, 22.03.16), y, aunque no se opone a la responsabilidad pública de garantizar el acceso a la sanidad pública, ve esta responsabilidad como asistencial y/o residual, favoreciendo el aseguramiento sanitario privado (aunque con subsidios públicos), enfatizando la responsabilidad individual en el mantenimiento de la salud, y exigiendo una contribución en forma de pago por la utilización de servicios, sobre todo para evitar el supuesto “abuso” en la utilización del sistema sanitario público por parte de las “masas populares”.

Gran parte de los aparatos de los partidos conservadores (PP) y liberales (Ciudadanos y Convergència), incluyendo socioliberales (sectores del aparato del PSOE), son un ejemplo de este pensamiento.  (...)

El obstáculo mayor para el cambio es mucho más grande que el 1%

Este 20% significa uno de los mayores obstáculos para que se realice un cambio sustancial progresista en este país. Y ello se debe a que sus intereses, como he indicado anteriormente, están claramente relacionados con los intereses del 1%. Uno de los mejores ejemplos de ello es la polarización del Estado del Bienestar por clase social en España.

 El sistema educativo, polarizado por clase social, que ocurre en España (y muy acentuado en Catalunya), con el 30% de la población infantil (perteneciente a esta clase profesional en su mayoría) educándose en las escuelas privadas (subvencionadas con fondos públicos), y el 70% educándose en las escuelas públicas (con un coste por alumno más bajo que en la privada), no puede, desde una visión progresista, defenderse y/o mantenerse, a lo cual se opondrán, no solo el 1%, sino el 30% (que tiene un enorme poder), grupo que apoyará al 1% con toda intensidad, pues sus beneficios dependen de la reproducción del sistema en el que el 1% establece las normas que hacen permisible esta polarización por clase social. (...) "                

  (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 26 de mayo de 2016, en www.vnavarro.org, 26/05/16)

19.1.16

EEUU discrimina claramente a la mujer

"Estados Unidos es uno de los países que tiene un mayor número de movimientos feministas en el mundo occidental. (...) 

Y, sin embargo, los datos muestran que aquella sociedad es de las más insensibles a la liberación de la mujer. La Comisión de las Naciones Unidas que analiza la situación de la mujer en los países miembros de aquella organización mundial acaba de publicar un informe devastador sobre la situación de la mujer en EEUU, mostrando que ésta está a la cola en la categoría “derechos de la mujer”. 

Según tal informe, EEUU es el único país del mundo (junto con Papúa Nueva Guinea) que no provee un mandato estatal para proveer y garantizar el permiso de maternidad. Como consecuencia de la no existencia de este derecho, los permisos de maternidad son muy reducidos (unas diez semanas como promedio), cuando no inexistentes (el 33% de mujeres que han tenido un hijo se incorporan al trabajo inmediatamente después del parto).

 En la Unión Europea, el promedio son 18 semanas remuneradas. En EEUU, 10 semanas sin remunerar. El informe detalla también la enorme pobreza de la infraestructura de apoyo a las mujeres y a las familias en el cuidado de niños o infantes. 

 La infraestructura de escuelas de infancia, por ejemplo, es dramáticamente insuficiente, estando poco financiado el desarrollo de estos servicios (el personal de los mismo, por cierto, está también entre los peor pagados del país).

Un punto muy importante que el informe subraya es que esta insensibilidad hacia los derechos de la mujer va acompañada también de una discriminación, no solo de género, sino también de clase social. La enorme pobreza y limitación de los derechos sociales de la mujer alcanza su máximo exponente en las mujeres de las clases populares donde tales carencias aparecen con toda crudeza.

 Las mujeres de clase trabajadora no cualificada, afroamericanas (entre las que el paro y la precariedad están muy extendidos), tienen más probabilidad (cuatro veces superior) de morir en el momento del parto que el promedio de EEUU. En realidad, el informe muestra claramente que la disponibilidad y acceso a los servicios de atención a las familias (y cuando decimos familias queremos decir mujeres) depende primordialmente de la clase social a la que la mujer estadounidense pertenezca. 

Así, el permiso de maternidad está mucho más extendido (cinco veces mayor) entre las mujeres del decil superior de renta del país que entre las del decil inferior. El informe señala con toda claridad que EEUU no es una sociedad sin clases (como asume la narrativa que considera a EEUU como el país de las oportunidades, en el que supuestamente la mayoría de la población pertenece a la clase media), sino que es un país en el que la clase social es clave para entender la distribución de oportunidades y de beneficios sociales.

Todo ello refleja que la mayoría de las mujeres en EEUU, que pertenecen a las clases populares (clase trabajadora y las clases medias de renta media y baja) tienen escasísimo poder político.

 En realidad, el informe sitúa EEUU en el número 72 en cuanto al número de mujeres elegidas en las instituciones representativas, la mayoría de las cuales, por cierto, pertenecen a las clases de rentas altas o medianas altas, siendo una de ellas la que probablemente pase a ser elegida Presidenta de los EEUU en las próximas elecciones legislativas.

 El informe muestra que EEUU discrimina claramente a la mujer, pero dentro de esta discriminación hay un claro gradiente de clase social. La mujer más discriminada es la mujer de las clases populares, al ser mujer y pertenecer a las clases populares. 

Y esta situación tiene enormes consecuencias en cuanto a la estrategia del movimiento de liberación de la mujer (y del hombre). (...)"               (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 14 de enero de 2016, en www.vnavarro.org, 14/01/16)

27.11.15

Los 'enchufados': desde hace 60 o 70 años, en España, las mismas familias siguen controlando los resortes del poder

"(...) Pero lo más turbador contado en 'Los intocables' (por menos conocido) quizá sea lo relativo a las corrupciones familiares en el mundo del alto funcionariado

Martínez y Oliveres citan un estudio del profesor Manual F. Bagües sobre el ingreso por oposición a los principales cuerpos del Estado; estudio basado en el caso de 35.000 candidatos a diplomáticos, jueces, fiscales, abogados del Estado, notarios, registradores de la propiedad y mercantiles, inspectores de Hacienda y secretarios judiciales. Atentos a las conclusiones.

El estudio demuestra “la altísima correlación entre la proporción de candidatos con apellidos compuestos que aspiran a un cuerpo y la proporción de individuos con apellidos compuestos que han entrado en ese cuerpo anteriormente. 

Alrededor del 11% de los notarios en ejercicio, el 13% de los registradores, el 18% de los abogados del Estado, el 9% de los jueces y fiscales, el 14% de los miembros del cuerpo diplomático y el 8,6% de los inspectores de Hacienda poseen apellidos compuestos”.

 Pero no se vayan todavía, porque aún hay más. “Los candidatos poseedores de un apellido compuesto similar al de algún miembro del cuerpo al que aspiran tienen de media unas posibilidades de éxito del 75%, significativamente mayores que los demás candidatos”, concluye F. Bagües.

 “Esto significa -según Oliveres y Martínez- que en las oposiciones a la carrera diplomática, los 'hijos de' tienen un 222% más de probabilidades de aprobar; en las oposiciones a abogado del Estado, un 187% más, y en las de notario, un 103% más. En las oposiciones a inspector de Hacienda y a secretario judicial, ascienden a un 77 y un 67% más, respectivamente”. O el loco mundo del nepotismo español

PREGUNTA. ¿Cómo interpreta usted los datos del estudio de Bagües citado en su libro?

RESPUESTA. Son las mismas familias que llevan ahí desde hace 60 o 70 años. Las mismas familias que siguen controlando los resortes del poder, del económico a la Administración pública, donde los familiares se retroalimentan.

P. ¿Se están moviendo algo esas estructuras de enchufismo familiar al calor de la denominada y cacareada regeneración?

R. No, no, porque cuando hablan de regeneración solo se refieren a diputados y concejales, pero es que a estos ya les echa la ciudadanía o su propio partido cada cuatro años. Pero a los otros, a los altos funcionarios del Estado, ni los echarán ni se irán así como así. Están ahí desde que se inventó esto del funcionariado. Notarios, abogados del Estado, fiscales, inspectores de Hacienda, diplomáticos… emparentados entre ellos.

P. En un capítulo del libro escriben sobre “la corrupción como elemento cohesionador”. ¿Qué es lo que cohesiona la corrupción?

R. El franquismo era un régimen corrupto de por sí. El primer corrupto se llamaba Francisco Franco, y de ahí hasta el último concejalillo de pueblo nombrado por el gobernador civil. La Administración pública era corrupta, y la Transición mantuvo sus estructuras. 'Usted puede participar en el juego siempre y cuando no me toque', pactaron los reformistas franquistas con los demócratas. 

Se han hecho intentos de limpiar esto, pero con poco ímpetu. Los periodistas ponemos el foco casi siempre en los políticos, pero detrás del corrupto siempre hay un corruptor, y no suele ser un político, sino un empresario. Ante la pasividad o la complicidad de los cargos intermedios de la Administración. (...)"              (Entrevista a Fèlix Martínez y Jordi Oliveres, El Confidencial, 17/11/15)


9.1.15

El Opus Dei ha fagocitado todo el establishment navarro, convirtiendo a Navarra en un coto feudal

"(...) Conviene recordar que el establishment o élite dominante en Navarra sería “el grupo élite formado por la unión de las sub-élites política, económica, universitaria y mass media de Navarra”, lobbys de presión que estarían interconectadas mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses económicos y amalgamada por la defensa a ultranza de la “unidad identitaria de Navarra” , doctrina que tendría su plasmación práctica en la perpetuación “sine die” del sistema feudal político-económico imperante en Navarra desde la Guerra Civil del 1939.

Así, cerca de 100 familias o clanes familiares dominarían todos los centros de poder económico, político, universitario y mediático de la Comunidad Foral, aunque tan sólo serian satélites orbitando en la esfera de gravedad del Opus Dei, élite Alfa que habría fagocitado todas las sub-élites del establishment navarro convirtiendo a la Comunidad Foral en un coto feudal en pleno siglo XXI, es decir, una distopía o utopía negativa donde la realidad transcurre en términos antagónicos a los de una sociedad ideal (...)"             (Germán Gorraiz López, Attac España, 08/01/2015)