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22.10.26

La Marsellesa se oye en los institutos, en los colegios movilizados, sobre todo en los barrios populares y en los suburbios. Así que hay una historia oculta, y te das cuenta de que ahí hay algo profundo a pesar de todo... Para hacer balance del día 17, es muy importante entender la magnitud de lo que está pasando. Yo participé en esa manifestación y nunca en mi vida había visto nada igual, en cuanto a la masividad, la determinación y la mezcla de gente de todo tipo. Fue una oleada, una marea humana... todo esto no puede desaparecer de golpe, porque hay algo demasiado fuerte, demasiado profundo en lo que acaba de manifestarse, y que aún tenemos que entender. Esto nos habla de una nueva etapa, que lo reabre todo por completo, llena de nuevas posibilidades y que debe darnos motivos para tener esperanza... La movilización va a dar lugar, efectivamente, a un desenlace que, por su propia naturaleza, no se puede prever. Esto no ha terminado, porque este movimiento no va a parar: es demasiado profundo, está demasiado arraigado. Además, tiene una dimensión internacional. Hay algo, desde el punto de vista generacional, que también está ocurriendo y que hace que este movimiento no se detenga ni con la imposición de un toque de queda ni con otras medidas autoritarias que, estoy seguro, no tardarán en adoptarse... Lo que está en juego ahora, de hecho, es que el movimiento obrero tome el relevo, es decir, que la clase trabajadora tome el relevo... lo que está en juego ahora es que los trabajadores y trabajadoras de este país no sean meros espectadores de lo que está pasando, que no se queden paralizados por la situación, sobre todo porque aún hay zonas de incertidumbre... Así que solo estamos al principio (Olivier Besançenot)

"Olivier Besançenot: "lo que está en juego ahora es que los trabajadores y trabajadoras de este país no sean meros espectadores de lo que está pasando, que no se queden paralizados por la situación"

El 17 de octubre de 2026, cientos de miles de personas se echaron a las calles por toda Francia. La movilización, que partió de la juventud y los institutos, reunió a otros sectores de la sociedad en torno al tema del poder adquisitivo, al margen de los marcos sindicales y políticos tradicionales. El gobierno de Macron responde con una represión de una magnitud sin precedentes: un número de detenciones nunca visto desde que empezó el movimiento de los institutos, un toque de queda parcial, la disolución de organizaciones que ya se está barajando y muertes cuyas circunstancias aún están por aclarar.

Francia no es un caso aislado. En Bélgica, en Italia —donde el Gobierno de Giorgia Meloni ha decidido enviar al ejército a Milán para reprimir las manifestaciones—, en Albania, en España o en Portugal, donde la consigna de la huelga general está en boca de todos, la juventud se levanta frente a unos gobiernos cada vez más ricos y autoritarios. En las calles de París, sobre todo, coros improvisados entonaban La Marsellesa, pero también «El pueblo unido jamás será vencido», La Internacional y «Va, pensiero», el coro de los esclavos hebreos de Nabucco de Verdi, bajo el gas lacrimógeno. Tantas canciones de emancipación cargadas de las promesas de las luchas del pasado, como ese eslogan que resonaba con especial fuerza ese 17 de octubre, 65 años después de la masacre de argelinos perpetrada en París por la policía del prefecto Maurice Papon, condenado en 1998 por complicidad en crímenes contra la humanidad debido a su papel en la deportación de los judíos de Gironda durante la Ocupación: «Somos los hijos de aquellos a los que no ahogasteis».

Ahora que se ha convocado una jornada de acción interprofesional para el 5 de noviembre, Olivier Besancenot repasa contigo esta etapa, sus raíces históricas —desde la Revolución Francesa hasta la Comuna de París— y las razones para creer en ella. Entrevista realizada el 20 de octubre de 2026 [Red. Marx21].

Stefanie Prezioso: ¿Qué hay de nuevo y sorprendente en la movilización social de la juventud en Francia y en la unión que se ha creado con otros sectores de la sociedad en torno al tema del poder adquisitivo, el 17 de octubre, que remite a la crisis de la reproducción social?

Olivier Besancenot: Lo nuevo y sorprendente de la movilización del 17 de octubre y de la unión que se ha creado es que se está llevando a cabo fuera de los marcos tradicionales.

Ya habíamos visto antes estallidos sociales, ya fueran sectoriales o temáticos, que evidentemente escapaban al control de las organizaciones del movimiento obrero, ya fueran sindicales, sociales o políticas; los Chalecos Amarillos, por ejemplo. Pero que empiece a producirse una unión, fuera de esos marcos, entre sectores completamente diferentes de la sociedad, con el apoyo y la participación —implícita o explícita— de ciertas estructuras, eso, que yo recuerde, nunca se había visto.

Esto explica, por un lado, la sorpresa que ha pillado desprevenido al poder político, pero también pone de relieve los límites del movimiento en cuanto a su organización democrática. Creo que esto remite realmente a la crisis global en la que vivimos, que es también una crisis de las organizaciones del movimiento obrero, a una evolución de la sociedad y a un nuevo tipo de proletariado que, de hecho, está surgiendo a través de este tipo de experiencia.

S. P.: A menudo mencionas la Revolución Francesa y la Comuna de París, con sus aspiraciones sociales y democráticas impulsadas por las clases populares, para reflexionar sobre lo que estamos viviendo hoy. ¿Por qué son tan importantes estas referencias históricas?

O. B.: Es cierto que mi referencia más cercana siempre ha sido la Comuna de París de 1871, mucho más que la Revolución Francesa, que estoy aprendiendo a descubrir —o a redescubrir— a partir de las luchas, sobre todo la de los Chalecos Amarillos. Este movimiento fue un punto de inflexión: esa historia volvió a colarse en la movilización de forma subliminal… o quizá no tanto. Las grandes manifestaciones de diciembre, que subían por la calle de Rivoli hasta la plaza de la Concordia para llegar a toda costa al Elíseo y encontrarse allí con Macron, evocaban, por supuesto, las grandes revueltas campesinas, lideradas sobre todo por mujeres, que iban a buscar al rey a su castillo para traerlo de vuelta, por ejemplo, a París. Por no hablar de la bandera francesa, que no era solo una muestra de la presencia de las corrientes de extrema derecha que había al principio del movimiento, ni tampoco de La Marsellesa, cantada a todo pulmón, que he aprendido a escuchar de otra manera.

Esa Marsellesa se oye, por ejemplo, en los institutos, en los colegios movilizados, sobre todo en los barrios populares y en los suburbios. Así que hay una historia oculta. Y cuando aprendes a redescubrirla —como me está pasando a mí ahora mismo, sobre todo al leer laHistoria de la Revolución Francesa de Jules Michelet—, entiendes que, efectivamente, pasó algo extraordinario: el pueblo, desde abajo, puso fin a siglos de dominación, de organización y al modo de producción de la monarquía, y decidió acabar con todo eso, y lo hizo en varias ocasiones: desde la toma de la Bastilla, pasando por el hecho de que, en octubre de 1789, fueran a buscar al rey para traerlo de vuelta a París —un secuestro masivo como ya no se hacen—; más tarde, el hecho de cortarle la cabeza; y aún más tarde, la organización de jornadas insurreccionales y comunalistas. Inevitablemente, esto deja huellas que, por mi parte, había subestimado. Pertenecemos a una corriente muy marcada, muy marcada por el siglo político que se abrió con la Revolución de Octubre de 1917 y se cerró en 1989, y te das cuenta de que ahí hay algo profundo a pesar de todo.

S. P.: ¿Qué nos dice el alcance de la represión actual en Francia, por parte de un gobierno supuestamente centrista, que no tiene nada que envidiarle a la del gobierno de extrema derecha de Giorgia Meloni, sobre el acercamiento entre las derechas más o menos extremas en Europa y en el mundo?

O. B.: La magnitud de la represión es, en este caso, absolutamente sin precedentes. En cuanto al número de detenciones desde el inicio del movimiento de los estudiantes de secundaria, supera con creces incluso a lo que vivió el movimiento de los Chalecos Amarillos, que a su vez ya había superado con creces las movilizaciones contra el contrato de primera contratación (CPE) o las de los años noventa. De hecho, los barrios populares han sido el laboratorio donde se ha sistematizado un dispositivo represivo que ahora se está extendiendo a todo tipo de estallidos sociales. Esto nos habla, en primer lugar, del liberalismo y sus medidas, que necesitan un giro autoritario.

Luego nos habla, también, sobre la fascización en curso —así es como la llamo a pesar de todo, aunque se pueda discutir el término, porque al menos tiene el mérito de señalar lo que está pasando: el gobierno de Macron ya ha puesto en marcha toda una serie de medidas, incluso antes de que la extrema derecha llegue al poder. En julio, por ejemplo, se concedió por ley la presunción de legítima defensa a las fuerzas del orden, algo que la extrema derecha llevaba tiempo reclamando. Y podríamos dar muchos más ejemplos. En este proceso, también se ve hasta qué punto la Macronía está perdiendo el control de su propio aparato represivo. Así que hay una pérdida de control de la situación y, en esta carrera contrarreloj, se da lo que Daniel Bensaïd llamaba la "discordancia de los tiempos": entre el tiempo social, que se radicaliza, y el tiempo político, que, por su parte, no ha llegado ni de lejos a ese punto.

S. P.: Los medios han hecho mucho hincapié en la violencia sin precedentes del 17 de octubre, que sin duda refleja una ira exacerbada. Pero lo que más nos ha sorprendido ha sido ver cómo convergían cientos de miles de manifestantes por toda Francia, unidos en un mismo rechazo a la injusticia social y a la negación de la democracia. ¿Qué balance sacas de ese día?

O. B.: Para hacer balance del día 17, es muy importante entender la magnitud de lo que está pasando. Yo participé en esa manifestación y nunca en mi vida había visto nada igual, en cuanto a la masividad, la determinación y la mezcla de gente de todo tipo. Fue una oleada, una marea humana. Evidentemente, cuando vuelves a casa por la noche y ves cómo los medios y la política dominante tratan estos sucesos —que, por cierto, sí que ocurrieron—, te da la sensación de que no has participado en lo mismo. Y eso, por ahora, queda oculto en el debate político francés, ya que lo que predomina es el estupor, junto con la instrumentalización política de lo que ha pasado: tiendas destrozadas, a veces saqueadas.

Pero todo esto no puede desaparecer de golpe, porque hay algo demasiado fuerte, demasiado profundo en lo que acaba de manifestarse, y que aún tenemos que entender: un movimiento que se convocó solo a través de las redes sociales y que luego recibió el apoyo de varias organizaciones. Esto nos habla de una nueva etapa, que lo reabre todo por completo, llena de nuevas posibilidades y que, a pesar de la inquietud política del momento —que persiste y que se cierne sobre esta etapa—, debe darnos motivos para tener esperanza.

S. P. : Los cientos de miles de personas movilizadas seguramente piensan hoy que las manifestaciones no bastan para doblegar a un gobierno de mano dura, que no duda en decretar un toque de queda parcial. La consigna de la huelga general está en boca de todos, como en el Estado español. ¿Qué te parece?

O. B.: La movilización va a dar lugar, efectivamente, a un desenlace que, por su propia naturaleza, no se puede prever. Esto no ha terminado, porque este movimiento no va a parar: es demasiado profundo, está demasiado arraigado. Además, tiene una dimensión internacional. Cuando miras más allá de nuestras fronteras, ves que, en lo que respecta a la juventud, están pasando cosas parecidas —o que nos apetece comparar— en Bélgica, Italia y Albania. También está el movimiento que se está desarrollando en el Estado español. Hay algo, desde el punto de vista generacional, que también está ocurriendo y que hace que este movimiento no se detenga ni con la imposición de un toque de queda ni con otras medidas autoritarias que, estoy seguro, no tardarán en adoptarse —quizá incluso la disolución de algunas organizaciones; aún no lo sabemos—.

Lo que está en juego ahora, de hecho, es que el movimiento obrero tome el relevo, es decir, que la clase trabajadora tome el relevo. Si no hay fuerza en el número, en el sentido de recordar el lugar que ocupan los productores y las productoras en la sociedad, entonces, por desgracia, no será suficiente, y no conseguiremos que esta revuelta legítima dé lugar a una conciencia de clase madura, basada en victorias parciales, o al menos en una visibilidad que nos dé razones para creer en ello. Esto es lo que está en juego detrás del lema de la huelga general. Se ha convocado una jornada de acción interprofesional para el 5 de noviembre: lo que está en juego ahora es que los trabajadores y trabajadoras de este país no sean meros espectadores de lo que está pasando, que no se queden paralizados por la situación, sobre todo porque aún hay zonas de incertidumbre.

Se habla de muertos en las manifestaciones, sin que haya una explicación completa; se dan testimonios, se plantean tesis e hipótesis, pero ya hemos llegado a este nivel de gravedad. Así que solo estamos al principio, y por supuesto estamos ansiosos por ver qué nos depara el futuro, aunque por otra parte nos sentimos extremadamente —¿cómo decirlo?— agobiados por la inquietud política del momento, porque vemos que todos los ingredientes de esta época, de esta época tan complicada en la que vivimos, están volviendo a aparecer."

(Entrevista realizada por Stéfanie Prezioso a Olivier Besançenot, Viento Sur, 21/10/26, fuente Marx21) 

19.6.24

Terrestres: como revista de ecología política francesa, los acontecimientos electorales de esta semana son apremiantes. El aventurerismo de un Presidente desesperado (Macron), y la radicalización del escenario electoral están abriendo las puertas del poder a la extrema derecha. ¿Cómo podemos emprender acciones eficaces, en las urnas y en otros lugares? Los contratos subvencionados o una renta digna para los agricultores que, con todas sus imperfecciones, son susceptibles de abrir agujeros de ratón en el muro de la violencia económica... ¿No sería una actualización ecológica de las instituciones de seguridad social de 1946, una reivindicación en sintonía con las demandas y ansiedades del presente?

"EDITORIAL – Como medio de comunicación, y más aún como revista de ecología política, los acontecimientos electorales de esta semana son apremiantes. El aventurerismo de un Presidente desesperado y la radicalización del escenario electoral están abriendo las puertas del poder a la extrema derecha. ¿Cómo podemos interpretar lo que nos está pasando y emprender acciones eficaces, en las urnas y en otros lugares?

Más cerca de las luchas y experimentos políticos radicales que de los partidos establecidos, Terrestres lleva mucho tiempo interesada en desafiar al capitalismo e inventar alternativas concretas. Estas formas de oposición y confrontación con el orden social se expresan en dos tácticas de ruptura poderosas y plenamente legítimas: la huida (de los espacios dominados por el capitalismo) y la resistencia (contra las instituciones y los efectos del capitalismo).

Pero ahora nos ha golpeado una situación política que nos obliga a considerar lo que hemos estado descuidando: la política electoral. Porque junto a la huida y la resistencia, otras tácticas de lenta ruptura también forman parte del movimiento revolucionario de lo que el sociólogo Erik Olin Wright llamó «la erosión del capitalismo«1. 

Domesticar

En primer lugar, está la táctica de domesticar ciertos sectores del capitalismo. Esto implica el juego electoral e institucional, y la existencia de poderosas fuerzas de izquierda lo más radicales posible. Esta parte del trabajo político, por impura y a menudo frustrante que sea, quizá no deba descuidarse. Reformar la ley y doblegarla a la izquierda puede facilitar otras tácticas: desde la profundización de las normas medioambientales, que complementan la ocupación de una Zad, hasta la defensa de las conquistas sociales, los contratos subvencionados o una renta digna para los agricultores que, con todas sus imperfecciones, son susceptibles de abrir agujeros de ratón en el muro de la violencia económica y estatal, que conducen a otras vidas. 

Desmantelar

La segunda táctica que podría activarse e invertirse es la del desmantelamiento. Para Wright, el término no se refiere a acciones para «desarmar» infraestructuras, como las llevadas a cabo por movimientos como los Land Uprisings, sino al trabajo político que protege y profundiza las brechas existentes, aquellos espacios donde el capitalismo ha sido parcialmente desmantelado y donde ya existen otras formas de hacer un mundo común dentro del orden dominante. Pensamos ante todo en todas las seguridades sociales históricas, como tantas conquistas del mercado, a defender y actualizar en el presente. Pero esta táctica también nos invita a crear e inventar nuevos resquicios institucionales en el orden capitalista, a desmantelar los mercados y las instituciones.

Para Wright, una organización socioeconómica nunca es pura, y toda revolución exitosa consiste en actualizar una red de contrainstituciones que la preexisten, a diferentes escalas, ya se trate de instituciones de evasión, de domesticación, de resistencia o de desmantelamiento. Si no defendemos algunas de estas contrainstituciones, ¿no nos estamos privando colectivamente de una poderosa herramienta política para anclar nuestras propuestas y reflexiones políticas? ¿No sería una actualización ecológica de las instituciones de seguridad social de 1946, por poner sólo un ejemplo, una reivindicación en sintonía con las demandas y ansiedades del presente? ¿Qué podría ser más convincente, incluso desde una perspectiva electoral y programática? Desde este punto de vista, sumarse a la lucha contra el desmantelamiento implica luchar contra cualquier captura de la idea misma de seguridad común por parte de quienes sólo defienden su sentido xenófobo, autoritario y policial.

Componer

¿No habría que intentar mejorar los vínculos entre estas cuatro estrategias? Sería también una forma de remediar la falta de correlación entre el escenario electoral, cada vez más a la derecha, y la evolución real de la sociedad, que según politólogos y sociólogos se inclina sin embargo hacia una mayor inclusión e igualdad2, a partir de la toma de conciencia de la emergencia ecológica. Tal vez hayamos actuado y pensado demasiado en mantener una distancia casi sanitaria con respecto a las votaciones y los programas, como si el ámbito electoral y el trabajo político que conlleva fueran coto privado de las burocracias de los partidos.

No perdemos de vista a los poderes pre-fascistas y a los bollorizados medios de comunicación dominantes, que son criminalmente responsables de los acontecimientos de los últimos días. Ni tampoco a la izquierda partidista, que ha perdido su credibilidad cada vez que ha estado en el poder, y que es en gran parte responsable de su propia desaparición.

Sin embargo, también parece importante reflexionar sobre los límites de nuestras tácticas cuando nos aíslan de los componentes más institucionales de la izquierda, en particular de los sindicatos. Tras la amargura de los resultados y el vértigo provocado por la odiosa partida de póquer del ejecutivo, es esencial que las fuerzas de la izquierda levanten juntas la cabeza. Esto significa defender la unidad, aunque sólo sea como medida de higiene política elemental. Como nos recuerdan útilmente nuestros camaradas de la revista Contretemps, esta «unidad es una lucha3«, cuyo objetivo puede y debe ser «reconstruir una izquierda de masas sobre bases radicales», poniendo en marcha instituciones políticas más acordes con la sociedad y las movilizaciones.

En otras palabras, defender el sindicato significa también recordar constantemente al conjunto de la izquierda su horizonte revolucionario, es decir, ecologista, feminista, antirracista, decolonial, decrecentista y anticapitalista. Lo que significa también tener presente que, antes de luchar por las ideas, luchamos por desarmar los cimientos de un mundo bélico, desigual, autoritario, mercantilizado, con los más vulnerables y por la emancipación de todos, humanos y no humanos.

Tras la «convergencia de las luchas» y la «complementariedad de las tácticas», veamos la articulación de las estrategias, y las posibilidades de unirnos sin transigir. Sin dejar de librar nuestras luchas fuera del marco de los partidos y de la política institucional, tenemos que reconocer la necesidad de actuar amplia y urgentemente para evitar una catástrofe electoral, incluso si eso significa volver, junto a nuestros otros compromisos, a prácticas políticas que a veces hemos abandonado durante mucho tiempo: desde el simple voto hasta la participación activa en una campaña electoral. El antifascismo se combatirá tanto en las urnas como en la defensa concreta y autoorganizada de los territorios amenazados por la depredación capitalista.

Como editores de Terrestres, nos proponemos continuar y ampliar -pase lo que pase- nuestra contribución, por modesta que sea, a la vinculación de los conocimientos intelectuales y prácticos, las investigaciones y el compromiso que llevamos a cabo desde hace más de 5 años. Es un trabajo lento, paciente, exigente, a veces cruelmente desfasado cuando se contrasta con la urgencia y la tragedia de los acontecimientos actuales. Pero es un trabajo fundamental, que esperamos sea útil, y que pretendemos ampliar para empezar a pensar y alimentar todas las batallas contra la administración capitalista de la catástrofe, ya se libren en parlamentos, sindicatos, Zads, granjas o urbanizaciones.

Un espectro de resistencia para seguir diciendo juntos,

¡No Bassaran [lema habitual en la lucha contra las megabalsas impulsadas por el agronegocio francés], No Macadam, No Pasarán!" 

 Notas

  1. Erik Olin Wright, Stratégies anticapitalistes pour le XXIe siècle, La Découverte, 2020, cap. 3[].
  2. «Contrariamente a la retórica de RN, año tras año las encuestas realizadas por la Comisión Nacional Consultiva de Derechos Humanos muestran que la aceptación de las minorías y los inmigrantes ha aumentado en los últimos treinta años, impulsada por la renovación generacional, los mayores niveles de educación y la creciente diversidad de la sociedad. Pero esto no se refleja en las urnas. Tampoco las expectativas de justicia social y dignidad en el trabajo que se reflejaron en las protestas masivas contra la reforma de las pensiones. En Francia, como en todas las viejas democracias, la participación electoral es decreciente y socialmente sesgada. (…) Al final, los votos proceden de un electorado más reducido, de más edad, más acomodado, menos diverso y más de derechas que el electorado potencial. Es una fuente de frustración y un enorme potencial electoral que, si se moviliza, podría cambiar el juego», Nonna Mayer, columna de opinión, Le Monde, 10 de junio de 2024, https://www.lemonde.fr/idees/ En la misma línea, véase también Vincent Tiberj, Le Mythe de la droitisation française, Presses universitaires de France, que se publicará en septiembre[].
  3. «La unidad es una lucha. Editorial en la revista Contretemps», 11 de junio de 2024, https://www.contretemps.eu/]"

 (Editorial Terrestres, 17/06/24, traducción DEEPL)

13.6.24

Varoufakis: La Unión Europea se está convirtiendo en una unión para la guerra... una política militarista se está apoderando de la UE... Las empresas occidentales de combustibles fósiles ven a Israel como el socio más fiable en Oriente Próximo... Este neocolonialismo energético alimenta y refuerza las estructuras dominantes de opresión... En décadas pasadas, permitimos que la energía se privatizara, que se convirtiera en un monopolio de propiedad privada... La respuesta es sencilla pero exige una gran lucha: la energía debe volver a ser un bien público... ¿Cómo podemos conseguir una agenda contrahegemónica en Europa diferente a la de la clase dominante? Nuestra revolución debe utilizar la tecnología que Big Tech está desarrollando ahora. Puede proporcionarnos los medios para comunicarnos, cooperar y asestar golpes al imperio del capital a lo largo y ancho... legislando para que las empresas pertenezcan a quienes trabajan en ellas sobre la base de un empleado, una acción, un voto; y negando a los bancos el monopolio sobre las transacciones de las personas... El fin del poder del capital sobre la sociedad permitirá a las comunidades decidir colectivamente sobre la sanidad, la educación y la inversión para salvar el medio ambiente de nuestro crecimiento virulento... Esta doble democratización, del capital y del dinero, parece un sueño imposible. Pero no es más imposible de lo que sonaban en el pasado las ideas de una persona, un voto

 "En los últimos meses, las movilizaciones en solidaridad con el pueblo palestino han crecido en todo el mundo. Pero no en todas partes son bien recibidas -o incluso toleradas- por los poderes fácticos. En abril, el ex ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis tenía previsto comparecer, a través de videoconferencia, en un congreso por Palestina celebrado en Berlín. En lugar de ello, la reunión fue disuelta por la policía y se le prohibió la entrada en el país.

En vísperas de las elecciones al Parlamento Europeo del próximo fin de semana, la guerra de Israel en Gaza es, para muchos de los principales partidos, un tema del que prefieren no hablar. Pero el partido paneuropeo de Varoufakis, DiEM25, es sin duda una excepción, al adoptar una postura firme a favor de Gaza. En una entrevista con Ferdinando Pezzopane, habló de la complicidad de Occidente en la guerra, de las protestas contra ella y de la perspectiva de construir una Europa diferente.
Ferdinando Pezzopane

Los Estados miembros de la Unión Europea están reprimiendo la disidencia popular ante la guerra de Israel y el apoyo de sus dirigentes a la misma. El gobierno alemán, supuestamente de centro-izquierda, ha disuelto todo tipo de manifestaciones a favor de Palestina. Incluso detienen a activistas judíos antisionistas como los miembros de Jewish Voice for Peace, un grupo al que se le congeló la cuenta bancaria.

 En abril, tanto usted como el rector de la Universidad de Glasgow fueron expulsados de Alemania, tras acusaciones infundadas de propagar el antisemitismo. Tales acusaciones también se han dirigido contra cualquiera que exprese críticas contra Israel y su régimen de apartheid y pida el fin del genocidio, incluso cuando la islamofobia del establishment no deja de aumentar. ¿Qué está ocurriendo realmente aquí?

Yanis Varoufakis

Hace un par de meses, no creía probable que el Estado alemán me prohibiera la entrada en el país, y especialmente por mi participación en un acto por la paz y la detención de un genocidio. El hecho de que esa prohibición se extendiera incluso a mi participación digital en actos en Alemania no hace más que añadir lo absurdo de los extremos a los que están dispuestos a llegar para prohibir las voces propalestinas a favor de la paz.

Ahora es evidente que no hay límites a las medidas que esta Europa tomará para silenciar cualquier voz que no le siga el juego. La razón de ello es la transformación de la Unión Europea en una Unión de Guerra, la transformación de la UE en una marioneta de la OTAN.

 Josep Borrell, responsable de Asuntos Exteriores de la UE, nos dio una idea del cambio del cosmopolitismo al etnorregionalismo cuando describió la UE como un hermoso «jardín» amenazado por la «jungla» no europea que acecha fuera de sus fronteras. Más recientemente, el presidente francés, Emmanuel Macron, y Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, pidieron a los europeos no solo que se prepararan para la guerra, sino también, y de manera crucial, que confiaran en su industria armamentística para el crecimiento económico y el avance tecnológico de la UE.

Tras fracasar en su intento de convencer a Alemania, y a los llamados Estados nacionales frugales, de la necesidad de una unión fiscal adecuada, su desesperada posición de repliegue es ahora defender una Unión de Guerra. Nuestros partidos MeRA25 en Italia, Alemania y Grecia, y nuestros aliados Clare Daly y Mick Wallace, que se presentan a estas elecciones europeas, consideran que nuestra oposición a estos planes es una de nuestras principales luchas políticas en el próximo Parlamento Europeo.

 Ferdinando Pezzopane

Sus estudios más recientes se centraron en la relación entre tecnología y sistema económico, acuñando también el concepto «tecnofeudalismo». Israel, en su ocupación militar de los territorios palestinos, está utilizando tecnología militar, software complejo e incluso inteligencia artificial a gran escala. Todo esto es producido principalmente por las universidades israelíes, que han sido fundadas sobre la expropiación y ocupación de tierras palestinas, y tienen el mandato de apoyar acríticamente el constante expansionismo de Israel. De este modo, los conocimientos, desde la ingeniería a la arqueología, pero también las ciencias duras, legitiman y alimentan a las IDF [Fuerzas de Defensa de Israel] y el genocidio. ¿Qué tiene que decir su análisis sobre estas tecnologías y la producción de conocimiento en Israel?

Yanis Varoufakis

Siento discrepar de su premisa: Israel no ha desarrollado sus armas de alta tecnología de forma independiente, como tampoco ha desarrollado sus bombas, cazas, tanques y misiles de forma independiente. Toda la tecnología importante que Israel ha desplegado para reprimir y matar palestinos ha procedido de Estados Unidos.

Sí, Israel ha desarrollado sus propias e impresionantes capacidades de I+D que permiten a las FDI y a otros organismos estatales modificar, desarrollar y evolucionar las tecnologías de origen estadounidense. Y sí, Israel se ha especializado en la vigilancia algorítmica, o basada en la nube. Sin embargo, no hay duda de que Washington, DC, podría apagar los [sistemas] de alta tecnología de Israel con sólo pulsar un interruptor, exactamente igual que Elon Musk, si lo desea, puede apagar su reluciente Tesla.

Por eso en Tecnofeudalismo, mi último libro, me detengo poco en Israel: no es un actor en el enfrentamiento de los dos países que duopolizan el capital de la nube: Estados Unidos y China.

Ferdinando Pezzopane

El sector del conocimiento no es el único vinculado a Israel. Las empresas occidentales de combustibles fósiles ven a Israel como el socio más fiable en Oriente Próximo. Siguen manteniendo acuerdos comerciales para la investigación y extracción de combustibles fósiles, incluso en las aguas territoriales de Palestina. La Unión Europea, con su plan RePower EU, considera a Israel un socio estratégico crucial para el sector energético. Este neocolonialismo energético alimenta y refuerza las estructuras dominantes de opresión. Usted siempre dice que Europa o se democratiza o implosiona. Sin duda, la UE no puede ser un «jardín», como afirma el jefe de Asuntos Exteriores Borrell, mientras estamos quemando el futuro de comunidades enteras.

Yanis Varoufakis

Sin paz y justicia medioambiental, no hay futuro. En décadas pasadas, permitimos que la energía se privatizara, que se convirtiera en un monopolio de propiedad privada. La energía es un bien esencial, no podemos vivir sin ella. Esto a su vez significa que las entidades privadas propietarias del sector energético amasan un gran poder y son capaces de imponer a los gobiernos acuerdos para perforar nuestros mares en busca de combustibles fósiles y acuerdos con Estados genocidas como Israel.

La respuesta es sencilla pero exige una gran lucha: la energía debe volver a ser un bien público, propiedad en su totalidad del sector público, que opere para el bien común, no para obtener beneficios. A los capitalistas no les importa el medio ambiente. Sólo les importa el beneficio. Debemos recuperar el sector energético.
Ferdinando Pezzopane

El genocidio en Palestina parece encapsular toda una serie de crisis. En todo el mundo estamos viendo movilizaciones de apoyo al pueblo palestino y llamando al boicot académico y económico de Israel. Usted también es profesor universitario: ¿Cuál cree que es la importancia de estas protestas en los campus universitarios?

Yanis Varoufakis

Me llenan de esperanza y optimismo. Me traen a la memoria recuerdos del histórico movimiento antibelicista en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam y, por supuesto, la rebelión de mayo del 68. La ola de persecución y censura desatada por Estados Unidos, pero también por los gobiernos de la UE que apoyan la maquinaria bélica de Israel a costa de intelectuales, manifestantes y toda voz que hable en favor de la paz, no va a doblegar al movimiento de solidaridad con Palestina. Al contrario, los movimientos estudiantiles están ganando impulso en todo el mundo y el elemento clave para la necesaria escalada reside en la participación, junto con los estudiantes, de los sindicatos y los movimientos de base por la paz.

En cuanto al boicot a Israel, es fundamental. DiEM25 y yo personalmente, mantenemos estrechos vínculos con el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones [BDS]. Defiende el sencillo principio de que los palestinos tienen los mismos derechos que el resto de la humanidad. Para demostrar este principio, el BDS llama al boicot de bienes, servicios, etc. israelíes por parte de todos nosotros, como ciudadanos, consumidores, académicos, para presionar a Israel para que cumpla con el derecho internacional. Sólo tenemos a nuestra clase para confiar: nuestros gobiernos son totalmente complacientes con los intereses de los oligarcas, el establishment de la UE y la OTAN.

Ferdinando Pezzopane

En Italia, los estibadores del CALP [Colectivo Autónomo de Trabajadores Portuarios] han adoptado un enfoque antimilitarista, negándose a cargar armas en los barcos. Otro sindicato de base, SiCobas, boicotea a grandes minoristas como Carrefour y otras empresas vinculadas a Israel. El Collettivo [di Fabbrica] GKN -un grupo de trabajadores del automóvil despedidos cerca de Florencia, que reclama una estrategia de reindustrialización ecológica dirigida por los trabajadores- está creando movilizaciones con la comunidad palestina y los movimientos por el clima. ¿Cómo podemos alimentar estas diferentes llamas de resistencia y tratar de conseguir una agenda contrahegemónica en Europa diferente a la de la clase dominante?

Yanis Varoufakis

Estando codo con codo con los movimientos de base que están surgiendo ahora mismo en Europa en demanda de paz y justicia medioambiental, y por supuesto con los sindicatos. La clase dominante está utilizando el miedo para controlar a las masas. Nosotros, como verdadera izquierda radical, debemos romper este miedo con una visión de una utopía tangible.

Nuestra revolución debe utilizar la tecnología que Big Tech está desarrollando ahora. Puede proporcionarnos los medios para comunicarnos, cooperar y asestar golpes al imperio del capital a lo largo y ancho. Todo lo que tenemos que hacer es utilizarla para unirnos y convertir el sueño imposible en un plan evidente.

Pero, ¿qué significa en la práctica derribar el imperio del capital? ¿Cómo puede la humanidad reclamar sus bienes comunes saqueados, en la tierra, en los océanos, en el aire, y pronto en el espacio exterior?

De dos maneras: legislando para que las empresas pertenezcan a quienes trabajan en ellas sobre la base de un empleado, una acción, un voto; y negando a los bancos el monopolio sobre las transacciones de las personas.

Entonces, los bancos y los beneficios se marchitarán como fuerzas motrices de nuestras economías, porque los bancos quedarán desfigurados y la distinción entre beneficios y salarios dejará de tener sentido: todo el mundo sería accionista por igual de las empresas para las que trabaja.

La muerte simultánea del mercado de acciones y del mercado de trabajo, junto con el desmantelamiento de los bancos, redistribuirá automáticamente la riqueza, permitirá ofrecer una renta básica a todo el mundo y, como magnífico subproducto, eliminará los incentivos para hacer la guerra.

El fin del poder del capital sobre la sociedad permitirá a las comunidades decidir colectivamente sobre la sanidad, la educación y la inversión para salvar el medio ambiente de nuestro crecimiento virulento.

Por fin será posible una auténtica democracia, que se practicará en las asambleas de ciudadanos y trabajadores; no a puerta cerrada donde se reúnen oligarcas herméticos.

Esta doble democratización, del capital y del dinero, parece un sueño imposible. Pero no es más imposible de lo que sonaban en el pasado las ideas de una persona, un voto, o de acabar con los derechos divinos de los reyes."

(Yanis Varoufakis fue ministro de Finanzas griego durante los primeros meses del gobierno liderado por Syriza en 2015... Ferdinando Pezzopane estudia ciencias de la cooperación y el desarrollo internacional en la Universidad de Turín. JACOBIN, 04/06/24, traducción DEEPL)

10.2.23

“En Irán hay una revolución espontánea protagonizada por las mujeres... El final del fascismo islámico se llama Mahsa Amini"... la teocracia iraní es un régimen de corte fascista... es inquietante su parecido a los fascismos clásicos europeos... EEUU hará todo lo posible para impedir un Estado democrático en Irán, manteniendo el sistema, sea llevando al poder a un militar, a Reza Pahlavi, o imponiendo una guerra (Nazaním Armanian)

 "Nazanín Armanian fue profesora de relaciones internacionales en la UNED y en la Universidad de Barcelona, escritora con perspectiva de género sobre las mujeres en el mundo islámico y articulista. En la actualidad podemos leer cada semana un imprescindible artículo suyo en el diario Público. Su profunda formación marxista y feminista le permite analizar de forma diferenciada la realidad política de las relaciones internacionales. (...)

C.B.C.- ¿Quién es Nazanín Armanian? ¿Cómo te definirías a ti misma?

N.A.- Una “Bolchevique” desde los 15 años. No conozco otra vida, otra Nazanín que no sea ésta.

C.B.C.- Llegaste a España en 1983 procedente de Irán, ¿qué supuso la llegada de Jomeini al poder para ti?

N.A.- Destrozó mi vida y la de todos los iraníes: cientos de miles encarcelados, desde entonces, decenas de miles ejecutados, tras recibir durísimas torturas. Una guerra devastadora y sin sentido de 8 años con Irak, que dejó un millón de muertos en ambos lados. Millones de familias desintegradas, incluida la mía, que nos esparcimos por el mundo. Falleció mi padre de cáncer, no pude cuidar de él y ni siquiera conozco su tumba. Al menos 8 millones de iraníes han tenido que huir del país, tras la instalación del fascismo islámico, en el único éxodo en la larga historia de esta nación.

C.B.C.- ¿Cuáles fueron las razones por las que saliste de tu país?

N.A.- Por mis actividades en el Partido Comunista Tudeh: hicimos todo lo posible para levantar un Irán democrático y justo, pero no pudimos: fuimos derrotados (¡provisionalmente!) por el imperialismo y su aliada la extrema derecha islámica.

C.B.C.- ¿Cómo es posible que se instalara un sistema de terror teocrático así en Irán, abortando una revolución laica por la justicia social que estaba en marcha?, ¿cómo lo analizas tú?

N.A.- En un país tan estratégico como Irán, siendo la primera reserva mundial del gas y frontera con la Unión Soviética, EEUU no iba a permitir un Irán revolucionario. Abortó la revolución llegando a un acuerdo con el clérigo de extrema derecha chiita, Ruhollá Jomeini, para plantarlo en Irán, después de tres meses de una intensa propaganda en Francia para darle a conocer. Luego los cazas franceses, país perteneciente a la OTAN, le escoltó hasta Teherán. El mismo año, en otros dos países vecinos de la URSS, Afganistán y Polonia, la extrema derecha patrocinada por EEUU asaltó sus Estados socialistas.

 C.B.C.- Desde que los Ayatolás ocuparon el poder, ¿cómo ha ido cambiando la vida en Irán? ¿Qué tipo de hegemonía cultural han instalado en el país los mulá? ¿Tiene algo que ver con la cultura iraní?

N.A.- Jomeini pensaba que Dios le había dado la misión de instaurar en Irán un gobierno a semejanza del que dirigió Mahoma en el Siglo VII para las tribus árabes. Intentó desiranizar la cultura para reislamizar-rearabizarla. Empezó por la vestimenta de los ciudadanos, y siguió con prohibir las fiestas milenarias como el Nouruz, el equinoccio de primavera, siendo el inicio del año nuevo del país desde hace 5.000 años, y la de saltar sobre el fuego (la de San Juan en España, que es de origen persa, por ejemplo). Fue prohibida toda clase de festejo, alegría, celebraciones con el cántico y baile, imponiéndose la celebración de la muerte de los santos islámico-árabes. Han llegado hasta atentar contra la herencia arqueológica iraní preislámica, nombres persas, las lenguas iraníes (persa, kurda, baluch, etc.).

C.B.C.- ¿Qué sucedió con las mujeres, cómo han afectado estos cambios a sus vidas? ¿Qué significa el velo para las mujeres?

 N.A.- El velo (que no es el “pañuelo”) es el símbolo del fascismo islámico, que encubre el estatus de subgénero de la mujer, que la convierte en una deficiente mental que necesita de un tutor varón. El régimen estableció la edad nupcial en 8 años; el divorcio unilateral del marido; invalidó el testimonio de la mujer, así como su derecho a tener la custodia de los hijos; prohibió que pudiera salir de casa, estudiar, trabajar, viajar cuando quiera… Sin el velo, no puedes llevar a tu hijo a urgencias, comprar pan, estudiar, etcétera. Aparecer en público sin esta prenda supone 10 meses de cárcel + 74 latigazos + posible violación en la cárcel e incluso morir bajo la tortura. Por poner solo un ejemplo, la abogara Nasrin Sotudeh, está condenada a 34 años de cárcel y 130 latigazos por defender a una joven que se arrancó el velo en la calle.

 C.B.C.- Continuamente te refieres a la teocracia iraní como un régimen de corte fascista, ¿ves similitudes, por ejemplo, con la dictadura franquista? Lo digo, además, por el tipo de represión, como se aplica en especial sobre las mujeres, que son más de la mitad de la población y por la alianza entre Iglesia y Estado.

N.A.- Es inquietante su parecido a los fascismos clásicos europeos:

- Prohibió a todos los partidos políticos, sindicatos, organizaciones feministas, estudiantiles, intelectuales, etc., arrasando así las libertades políticas y sociales, arrebatando al pueblo la única herramienta con la que podrían luchar: la organización.

- Uniformó a los ciudadanos: impuso a las mujeres el velo y la gabardina y a los hombres camisa con pantalón y barba, prohibiendo la corbata.

- Militarizó la sociedad con numerosos cuerpos militares y paramilitares de corte Faccioso, camisas pardas, Ku Klux Klan, y empezó a expandir su fuero más allá de las fronteras del país (Siria, Irak, Palestina, Yemen, Afganistán, Líbano…).

- El Estado centralista enemigo del federalismo, en un Irán con al menos 12 nacionalidades.

- Ser igual de anticomunista que antiliberal.

- Promover el partido único (Hezbolá, Partido de Dios, que es el único partido nombrado en el Corán), dando lugar al pensamiento único y homogéneo. Pensar y tener ideas distintas conduce al paredón.

- Recurrir a las emociones y la exaltación de la fe, que no a la razón y la racionalidad.

 Ser misóginos también es un rasgo de los fascismos: quieren a las mujeres solo para el sexo, procrear, limpiar y cocinar, y convertirlas en la parte esencial de “las masas”.

Sin embargo, las mujeres iraníes tienen una gran resistencia, fueron ellas las primeras en manifestarse contra el jomeinismo el 8 de marzo de 1979, y ahora han sido también ellas las que anuncian su final. El final del fascismo islámico se llama Mahsa Amini.

C.B.C.- En un artículo tuyo titulado “Irán: cuando las infrahumanas ponen en jaque a los mismísimos enviados de Dios” analizas lo que está sucediendo en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini, y afirmas que “tal como decía Marx los cambios cuantitativos evolucionan, forzando transformaciones cualitativas”, ¿cuál es tu análisis a este respecto, teniendo en cuenta también el malestar social por la situación de crisis económica perpetua de una gran mayoría de la población? ¿Por qué crees que esto puede tumbar el régimen?

N.A.- La suma de la grave crisis económica, la destrucción del tejido industrial del país en beneficio de la burguesía comercial, las privatizaciones masivas -dejando sin trabajo a millones de personas- y sin crear nuevos puestos para los millones de jóvenes con titulaciones universitarias, junto con la falta de perspectiva de la firma del acuerdo nuclear que podría haber atraído ciertas inversiones hacia Irán, hacen reales el dicho de “los de arriba ya no pueden gobernar como antes, y los de abajo tampoco quieren ser gobernados como antes” y este es, decía Lenin, el momento de la revolución.  

C.B.C.- ¿Cuáles son los rasgos principales de esta nueva rebelión popular a la que estamos asistiendo en directo y en qué se diferencia de las anteriores? 

 N.A.- El asesinato de Mahsa Amini, una joven que no era activista política, incendió una sociedad cargada de ira acumulada, pero que, sin embargo, había llegado a aceptar que “quien cruza las líneas rojas (que en Irán son infinitas), sabe lo que le espera”. Pero Masha Amini no había hecho nada, y fue violentada y asesinada. De repente, la gente se dio cuenta que hay instalada una violencia como estrategia. Una violencia gratuita y brutal contra los ciudadanos y las ciudadanas por parte del poder. Esto ha provocado una revolución espontánea y sin liderazgo, en la que están participando todos los sectores de la sociedad, especialmente las minorías étnicas y las mujeres. Hay que señalar, que es la primera revolución laica que se da en un país “musulmán”, en Asia. Y, además, conviene remarcarlo, protagonizada por las mujeres. (...)

C.B.C.- ¿Cómo se ve desde España y desde las izquierdas españolas lo que sucede en Irán? ¿Se comprende bien el tipo de régimen que es?

N.A.- Un importante sector de las fuerzas progresistas ha tenido, incomprensiblemente, muy buena relación con el fascismo islámico, pensando que eran antimperialistas. Pero, aunque fuese así -que en absoluto lo es- esto no justifica su silencio ante los crímenes del primer Estado del mundo en número de ejecuciones, incluso de menores. Tampoco justifica el saqueo de los inmensos recursos del país y llevar a la mayoría de la población -hablamos de un 70%- al umbral de la pobreza, colaborar con EEUU en sus invasiones a Irak y Afganistán, etc. Parece que hay señales de corregir esta postura, aunque requiere una buena dosis de valentía para hacer una autocrítica seria.

C.B.C.- Desde tu ojo de analista, ¿qué posibles escenarios se dibujan? ¿Cómo afectaría la caída del régimen de los ayatolás al tablero geopolítico?

N.A.- La Revolución carece de liderazgo, ya que el régimen ha eliminado duramente a los líderes y organizaciones progresistas (cerca de 40 miembros de la dirección del Partido Comunista Tudeh fueron ejecutados). EEUU hará todo lo posible para impedir un Estado democrático en Irán, manteniendo el sistema, sea llevando al poder a un militar, a Reza Pahlavi, o imponiendo una guerra. La guerra de Ucrania empeora esta perspectiva: las fuerzas más belicistas hoy han tomado el protagonismo en el escenario mundial."                                             ( Entrevista a Nazanín Armanian , Carmen Barrios Corredera, Nueva Tribuna.es, 07/02/23)

31.1.23

«No es que el régimen iraní vaya a caer. Es que ya está descomponiéndose, en gerundio»... cuando la lucha popular derrocó al Shah, vinculado a EEUU, Washington buscó por todos los medios que subiera al poder cualquier otra opción que no fuera la izquierda. En concreto fue Jomeini, a partir de ese momento, lo que instauran es un régimen fascista con formas teocráticas... y ahora, tanto Washington como Europa están rezando para que el régimen iraní no colapse súbitamente. Porque una eventual caída ahora tendría un impacto psicológico bestial sobre los mercados del petróleo... sucede que hace que el régimen no pueda financiar sus propias estructuras, por ejemplo, a los guardianes islámicos, o a sus milicias de Basij que funcionan como bandas paramilitares fascistas. Estamos hablando de 2 o 3 millones de adictos al régimen a los que hay que pagar. Por eso, muchos de sus dirigentes superiores están sacando dinero de Irán o mandando a sus familiares al extranjero, están preparándose para abandonar el barco. Este régimen ya no tiene remedio. Otra cosa es que la caída no va a ser inmediata y creo que tardará meses, sobre todo porque EEUU no quiere que caiga durante el invierno, y porque trabajan en una alternativa, quizá un sector de los militares

 "Los extensos artículos y prolijos análisis de Nazanín Armanian -en el blog Punto y Seguido del diario Público- son de lectura obligatoria para todo el que quiera conocer los entresijos geopolíticos de zonas tan complejas como Oriente Medio, el Norte de África, Asia Central, Rusia, China o EEUU, siempre desde una posición inconfundiblemente antiimperialista.

Exiliada en España desde 1983, preguntamos a esta escritora y politóloga iraní sobre las protestas y movilizaciones que están teniendo lugar en su patria, Irán, después de la detención y muerte de Mahsa Amini, que ella no duda en llamar Revolución..

En las protestas tras la muerte de Mahsa Amini, son ya 572 las personas asesinadas por las fuerzas represivas en Irán, junto a miles de heridos y casi 19.000 detenidos. Pero las movilizaciones, lejos de aminorar, van a más, y parece que han sacudido los cimientos del régimen. ¿Cuál es la significación histórica de esto que ya llaman la “revolución del velo”?

Es más que una «revolución del velo». Es una revolución democrática, feminista, laica y federalista, tiene estos cuatro ingredientes. Las protestas de las mujeres contra el velo siguen, pero a partir de la segunda semana ya estaban todos los sectores en la calle protestando. Y la policía de la moral no sólo detuvo a Mahsa Amini por llevar mal puesto el velo, porque las mujeres iraníes lo llevan «mal colocado» desde los años 90, o de colores, que está prohibido. La mitad de la población femenina de Teherán ya no llevaban velo en diferentes partes de la ciudad, antes de la muerte de Mahsa.

 No solo es el velo. ¿Qué ocurre? Que estamos hablando de un régimen neoliberal, de una corrupción monumental, que provoca unas penurias económicas para la población, penurias que las sanciones occidentales han intensificado. Todo esto ha creado un malestar tan grande que muchos sectores del pueblo -los jubilados, la clase obrera como la de la potente industria del petróleo, los campesinos, los docentes, los pequeños comerciantes, las mujeres, las minorías étnicas, lingüísticas y religiosas…- todos estaban protestando. Desde hace tiempo la respuesta del régimen ha sido incrementar la represión y la militarización en las calles, cosa que ha metido más presión a la olla del descontento.

Aún así estas protestas no se las esperaban. La muerte de Mahsa Amini ha sido como una gota que ha rebosado el vaso. La detuvieron y no se sabe lo que ocurrió en comisaría, pero es muy posible que sufriera una agresión sexual, porque es una práctica generalizada en cárceles y centros de detención. Y ha desencadenado una auténtica revolución social

La diferencia con protestas anteriores es que no se exige una cosa concreta, como la bajada del precio de la gasolina, o medidas contra la carestía de la vida, ni siquiera elecciones más limpias. Ahora directamente dicen NO a la República Islámica, están impugnando en su totalidad el régimen teocrático.

 Hay otros factores en estas protestas, que es que la mayoría de los que están movilizándose son muy jóvenes, incluso adolescentes y niños de colegios e institutos, y por supuesto universitarios. Jóvenes que simplemente exigen libertad para poder vivir, frente a un régimen que les prohíbe divertirse, agarrar la mano de su amante, bailar, cantar, celebrar los milenarios festejos iraníes, o tener relaciones sexuales prematrimoniales, y que les amenazan con latigazos, humillaciones, cárceles y colgarles de las grúas en las plazas públicas.

Ten en cuenta que en Irán, con millones de universitarios, con mujeres que tienen hasta dos carreras, les está gobernando una casta de clérigos que además de reaccionarios son ignorantes. El presidente, Ebrahim Raisi, no tiene ni el graduado escolar, sólo ha estudiado en la escuela teológica. Así que por eso su respuesta es medieval, han instalado unos tribunales que son como la Inquisición, que condena a pena de muerte, latigazos… Hay in choque tremendo entre la modernidad y la mentalidad de esta clase dominante. Son como los talibanes, se han equivocado de siglo. Y por eso esta revolución ya ha optado por repudiar por completo a este régimen, por devolverlo a los libros de historia, a las tumbas medievales.

Cuando hablamos de “régimen de los ayatolás”, muchos pueden pensar que, dado su carácter teocrático, el poder lo tiene simplemente una casta de clérigos. Pero hablando en términos de clase, los ayatolás, junto con los Guardianes Islámicos, tienen la propiedad privada de las grandes concentraciones de capital de la industria, el comercio y los servicios. Más allá de su nacional-chiísmo y de su fanatismo religioso… ¿estamos hablando de una burguesía?

Es una burguesía en toda regla, incapaz de crear puestos de trabajo. Funcionan como una organización criminal, como una mafia, con una casta clerical y los militares que les respaldan. Los Guardianes Islámicos -detesto que se les llame Guardianes de la Revolución- no son un ejército clásico, sino que fueron creados para defender al régimen de sus enemigos externos e «internos» (es decir, del propio pueblo). Esta clase desde el principio se ha dedicado a saquear uno de los países más ricos del mundo. De no tener nada -muchos de ellos eran lúmpenes- esos clérigos y esos Guardianes han pasado a tener enormes fortunas, además de poder y armas. Y hubo una resistencia popular, porque se venía de luchar contra la dictadura del Shah, también ultracorrupta.

 Los ayatolás se tuvieron que emplear a fondo en una represión feroz, con crímenes sin precedentes en la historia moderna de Irán, con detenciones y torturas. Desde 1979, fecha de su instalación en Irán, el régimen islámico ha encabezado la lista de los regímenes que más han asesinado a su propio pueblo, al menos 30.000 iraníes críticos hasta hoy. Es el Estado que ejecuta a más personas por número de habitante y es el único que ejecuta a menores y el que a más mujeres mata.

Es a través de esta represión mediante la que han organizado el saqueo organizado y sistemático de todo el país. Y apenas desarrollan las fuerzas productivas ni crean puestos de trabajo. Las sanciones occidentales han creado todo un mercado negro de productos de importación, pero miembros del régimen lo controlan o sacan tajada.

Hay que recordar que, en 1979, los ayatolás tomaron el poder con ayuda de EEUU, Francia, Reino Unido y Alemania. Estamos hablando de la Guerra Fría, y de un país que tenía 1.600 km de fronteras con la URSS. Entonces, cuando la lucha popular derrocó al Shah, vinculado a EEUU, Washington buscó por todos los medios que subiera al poder cualquier otra opción que no fuera la izquierda. En concreto fue Jomeini, que llegó a Irán desde Francia, un país de la OTAN, y lo pusieron allí para secuestrar la revolución. Y ahora también lo está haciendo, ahora también está buscando alternativas de derechas para cuando sea inevitable un cambio de régimen en Irán.

 Entonces, a partir de ese momento, lo que instauran es un régimen fascista con formas teocráticas. Con un Líder Supremo, con una policía secreta, exportando militares fuera de las fronteras, a Siria, a Líbano… 

Es una oligarquía que se ha dedicado a saquear los recursos de un país que tiene enormes riquezas, con más reservas de gas que Rusia. Mientras una minoría se ha lucrado, hay partes del Kurdistán que no tienen ni agua corriente, y hay un tercio de iraníes bajo el umbral de la pobreza. Expropiaron las grandes fábricas que eran públicas, estatales, las han privatizado. Hasta los clubes de fútbol los entregaron a los generales de los Guardianes Islámicos. Y por supuesto los ayuntamientos, instituciones, organismos, empresas públicas… todo eso está en sus manos.

Mahsa Amini era una joven kurda y el Kurdistán iraní es uno de los principales focos de rebelión, como también lo es la región de Baluchistán. Hay hasta 12 minorías étnicas diferentes en Irán, que son el 60%, la mayoría de la población. Pero, aunque el vector de las nacionalidades oprimidas es un componente importante en esta revolución, no hay exigencias secesionistas, sino de una república laica y federal.

Efectivamente. Desde principios del s.XX los kurdos y los azerbaiyanos iraníes empezaron a exigir más autogobierno y una República Federal, liderados por el Partido Comunista de Irán, porque se trata de una alternativa que impulsaron los marxistas. El Shah estaba en contra y en la revolución los kurdos fueron el componente más importante en la lucha contra el régimen, pagándolo con decenas de miles de muertos y represaliados.

Pero sin dejar de exigir esa autonomía, la gran mayoría de esos grupos étnicos se consideran iraníes. Incluso después de décadas de represión, solo facciones muy minoritarias consideran que se quieren independizar de Irán.

 Y de nuevo es sorprendente cómo esas minorías étnicas se han levantado ahora, especialmente los kurdos y sobre todo Baluchistán, en la frontera con Pakistán, que están todos los días en las calles pidiendo el fin de la República Islámica. Hace pocas semanas, en un viernes sangriento, el régimen asesinó a más de 80 baluches, incluyendo seis niños. Pero esto tan cruel es como echar gasolina al fuego, porque estamos hablando de clanes y tribus: basta con que mates a uno para que miles se levanten y clamen venganza.

Las demandas de autonomía continuarán hasta que se vean cumplidas, La revolución democrática fracasará si no se resuelve justamente este aspecto, y no se avanza hacia una República Federal. Mucha gente lo ha comprendido y por eso en las protestas de Teherán se canta «Kurdistán, la luz de los ojos de Irán», que es como si en medio del franquismo en Madrid se cantara “Cataluña, os queremos”…

El régimen acusa a los manifestantes de “estar manejados por el enemigo norteamericano”. Sabiendo que lo dicen para criminalizar las protestas y justificar su sangrienta represión… ¿hay algo de verdad en ello? ¿Está Washington intentando instrumentalizar las protestas para sus propósitos… o por el contrario unos EEUU enfocados en China y Rusia, y preocupados en sus propios conflictos internos, no están aprovechando la oportunidad de intervenir con decisión en Irán?

Lo segundo, al contrario de lo que dice el régimen. Fíjate en el contexto, en lo que está pasando. Desde el momento en el que EEUU impone las sanciones contra Rusia y obliga a la UE a seguirle, los europeos comienzan a dejar de comprar petróleo ruso. En ese contexto hay que dejar que el petróleo iraní llegue a Europa para que no se congele de frío y pueda cumplir las sanciones a Moscú, y por eso -a pesar de que no se ha restablecido el Acuerdo Nuclear- Washington llega un acuerdo por debajo de la mesa con el régimen de los ayatolás, una especie de “doy para que me dés”. Irán ha empezado a exportar un millón de barriles de petróleo al día.

Esta es la razón de por qué, tanto en Washington como en Europa, están rezando a todas las vírgenes para que el régimen iraní no colapse súbitamente, al menos para que no caiga durante el invierno. Porque una eventual caída ahora tendría un impacto psicológico bestial sobre los mercados del petróleo. Y eso sin contar las cada vez más decididas huelgas de los obreros del petróleo iraníes.

 Entonces, al menos en lo inmediato, a EEUU no le interesa para nada que caiga el régimen iraní. «EEUU nos ha asegurado que no pretende cambiar el sistema», dijo con entusiasmo contenido el ministro de Asuntos Exteriores de Irán. Y también lo ha dicho a los cuatro vientos el secretario de Estado, Antony Blinken («EEUU no busca el cambio de régimen de Irán»).

Otra cosa es que EEUU sabe que al régimen iraní ya no le queda mucho, y por eso están preparando diferentes alternativas, por supuesto de derechas, para mantener la estructura económica corrupta y la estructura social reaccionaria y patriarcal, para poder ejercer su dominio sobre el país. En absoluto quieren un Irán democrático y libre de sus destinos, que se desarrolle de acuerdo a sus intereses.

 Al hilo de esto, aunque las injerencias y agresiones de Washington contra Irán son innumerables, tú misma en un reciente artículo sugieres que al imperialismo estadounidense y a sus aliados europeos tampoco les interesa el establecimiento de una democracia política y económica plena en uno de los países más ricos y estratégicos del mundo….

 Sí, sí, eso es. Si Irán es libre, con partidos políticos libres, con sindicatos y prensa independientes, con libertades y derechos democráticos para las mujeres, los obreros, las minorías, eso significa que el pueblo iraní, muy apegado a su independencia, tendrá capacidad para gestionar sus enormes recursos en función de su propio desarrollo y prosperidad. Eso es una pesadilla para EEUU. Por el contrario, le interesa una dictadura corrupta para poder controlarnos y saquear nuestros recursos naturales.

En un reciente artículo yo dije algo así como «el imperialismo es como el Señor, sus caminos son inescrutables». Las maneras del imperialismo para imponer sus intereses a nivel mundial y en cada parte del globo no siempre son a través de golpes de Estado o «revoluciones naranjas». En este caso han colocado a una teocracia fascista en un país como Irán, un gigante, que a nivel social era el más desarrollado de todo Oriente Medio, con un pueblo heroico, contestatario, que hizo tres revoluciones… Poniendo a cuatro ayatolás neandertales para que opriman a todos en nombre de Dios, ya no hace falta invadir

Imagínate que Irán fuera libre del imperialismo, que polo de poder progresista sería para Asia, para el mundo islámico. Pero tras décadas de teocracia medieval, va a costar mucho limpiar toda la basura que han metido en la cabeza de la gente, en los libros de texto, en la estructura social e ideológica. Por eso EEUU hará todo lo posible para que personas como yo sigamos en el exilio, y que la izquierda iraní no tenga espacio en el nuevo Irán que habrá de venir.

 Esta revolución ya no exige el fin de policía de la moral, sino el propio fin del régimen del 79. ¿Se agrietado el régimen hasta un punto de no retorno, hasta el punto de que los de arriba no pueden seguir dominando como hasta ahora? ¿Qué piensas que va a pasar ahora?

Efectivamente, estos ya están desmoronándose. Este régimen está cayendo, en gerundio. Necesitan un último empujón -desde fuera y desde dentro- para terminar de caer.

El régimen islámico pensaba que con Biden iban a tener mejores condiciones, que con la negociación para restablecer el Acuerdo Nuclear se iban a levantar las sanciones, y que Irán iba a convertirse en el paraíso de los inversores extranjeros. Esto no ha ocurrido porque se han opuesto, de manera combinada, tres halcones diferentes. Por un lado los halcones del sionismo israelí, por otra parte los halcones de EEUU, pero por otra parte también los propios halcones del régimen de los ayatolás, que no quieren que se levanten las sanciones, porque a través de la compraventa de artículos restringidos se están haciendo multimillonarios.

¿Qué pasa? Que Biden ha dicho que el Acuerdo Nuclear está muerto, que no va a llegar a un acuerdo que permita el levantamiento general de las sanciones, ni por supuesto la llegada de inversiones. Y esto hace que el régimen no pueda financiar sus propias estructuras, por ejemplo, a los guardianes islámicos, o a sus milicias de Basij que funcionan como bandas paramilitares fascistas. Estamos hablando de 2 o 3 millones de adictos al régimen a los que hay que financiar. Por eso, muchos de sus dirigentes superiores están sacando dinero de Irán o mandando a sus familiares al extranjero, están preparándose para abandonar el barco.

Este régimen ya no tiene remedio. Otra cosa es que la caída no va a ser inmediata y creo que tardará meses, sobre todo porque EEUU no quiere que caiga durante el invierno, y porque trabajan en una alternativa, quizá un sector de los militares.

EEUU no va a renunciar a Irán. Pero nosotros vamos a seguir luchando hasta que haya un Irán democrático, federal, laico, feminista. Es un camino muy largo y difícil, por el peso y la posición geopolítica del país, por sus recursos naturales. Pero lo que el pueblo ha empezado es imparable."                  

(Entrevista a Nazanín Armanian,

19.1.23

La nueva resistencia popular en América Latina... Los levantamientos populares Tuvieron efectos electorales inmediatos y provocaron la precipitada salida de los presidentes derechistas en Bolivia, Chile, Perú, Honduras y Colombia. En México, Argentina y Brasil el descontento social no suscitó protestas equivalentes, pero dio lugar a victorias del mismo tipo en las urnas. En Ecuador y Panamá se consiguieron importantes triunfos en la calle contra los atropellos neoliberales... El análisis de esta lucha es frecuentemente desatendido por los estudios exclusivamente focalizados en la forma de dominio de los opresores. La evaluación de esa resistencia esclarece semejanzas y diferencias con otras regiones... el reinicio de los levantamientos signaron el debut del nuevo milenio... La rebelión del 2019 en Ecuador inauguró la fase actual de protestas, que ha repetido la tradicional tónica de irradiaciones. Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Haití han sido los principales centros de confrontación reciente

 "Tuvieron efectos electorales inmediatos y provocaron la precipitada salida de los presidentes derechistas en Bolivia, Chile, Perú, Honduras y Colombia.

En México, Argentina y Brasil el descontento social no suscitó protestas equivalentes, pero dio lugar a victorias del mismo tipo en las urnas. En Ecuador y Panamá se consiguieron importantes triunfos en la calle contra los atropellos neoliberales y en Haití persiste una sostenida resistencia al caos impuesto por las elites y sus socios imperiales.

El análisis de esta lucha es frecuentemente desatendido por los estudios exclusivamente focalizados en la forma de dominio de los opresores. La evaluación de esa resistencia esclarece semejanzas y diferencias con otras regiones.

 En distintos rincones de la región se verifica la misma tendencia al reinicio de los levantamientos que signaron el debut del nuevo milenio. Esas sublevaciones se aquietaron durante la década pasada y recuperaron intensidad en los últimos años.

La pandemia interrumpió limitadamente esa escalada de movilizaciones, que neutralizaron la corta restauración conservadora del 2014-2019. Ese período de renovado golpismo, no logró desactivar el protagonismo de los movimientos populares.

 La rebelión del 2019 en Ecuador inauguró la fase actual de protestas, que ha repetido la tradicional tónica de irradiaciones. Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Haití han sido los principales centros de confrontación reciente.

Los efectos políticos de esta nueva oleada son muy variados. Han trastocado el mapa general de los gobiernos, recreando la gravitación del progresismo. Esa vertiente se ha impuesto en el grueso de la geografía zonal. Al inicio de 2023 los mandatarios de ese signo prevalecen en los países que reúnen al 80% de la población latinoamericana (Santos; Cernadas, 2022).

Este escenario ha facilitado también la continuidad de los gobiernos acosados por el imperialismo estadounidense. Luego de soportar incontables embestidas, los diabolizados presidentes de Cuba, Venezuela y Nicaragua siguen en sus cargos.

También ha sido parcialmente contrarrestado el ciclo de golpes militares e institucionales, que apadrinó Washington en Honduras (2009), Paraguay (2012), Brasil (2016) y Bolivia (2019). La reciente asonada en Perú (2023) afronta una heroica oposición en las calles.

Esta rebeldía obstruyó, hasta el momento, la intervención disfrazada de los marines en países devastados como Haití. La misma lucha popular propinó duras derrotas a los atropellos intentados por los gobiernos neoliberales reciclados de Ecuador y Panamá.

Pero esta gran intervención desde abajo suscita una reacción más virulenta y programada de las clases dominantes. Los sectores enriquecidos han procesado la experiencia anterior y exhiben menos tolerancia a cualquier cuestionamiento de sus privilegios. Han articulado una contraofensiva ultraderechista para doblegar al movimiento popular. Aspiran a retomar con mayor violencia, la fracasada restauración conservadora de la década pasada. Este complejo escenario exige evaluar a las fuerzas en disputa.

REVUELTAS CON EFECTO ELECTORAL

Varios levantamientos de los últimos tres años tuvieron traducciones electorales inmediatas. Los nuevos mandatorios de Bolivia, Perú, Chile, Honduras y Colombia emergieron de grandes sublevaciones que impusieron cambios de gobierno. Las protestas callejeras forzaron comicios que derivaron en victorias de los candidatos progresistas, contra sus adversarios de ultraderecha.

Esta secuencia se verificó primero en Bolivia. La sublevación confrontó exitosamente con los gendarmes y tumbó a la dictadura. Añez tiró la toalla cuando perdió a sus últimos aliados y a los sectores medios que al principio acompañaron su aventura.

La corrupta gestión de la pandemia potenció ese aislamiento y diluyó el continuismo civil intentado por los candidatos de la centroderecha. La rebeldía desde abajo impuso el retorno del MAS al gobierno y varios responsables del golpe fueron juzgados y encarcelados. La conspiración continuó en el bastión santacruceño y actualmente se dirime si persistirá o será aplastada por una contundente reacción oficial.

Una dinámica semejante se verificó en Chile, como resultado del gran levantamiento popular y sepultó al gobierno de Piñera. La chispa de esa batalla fue el costo del transporte, pero el rechazo a los 30 pesos de esa erogación derivó en una imponente gesta contra 30 años de legado pinochetista.

Ese torrente condujo a dos victorias electorales que precedieron al triunfo de Boric sobre Kast. El gran aumento de la participación electoral con consignas antifascistas en los barrios populares permitió ese logro, en el país-emblema del neoliberalismo regional.

Por esa gravitación de Chile como símbolo del thatcherismo, la asunción de un presidente progresista, en el marco de la Asamblea Constituyente con gran presencia popular en las calles, despertó enormes expectativas.

Una secuencia más vertiginosa e inesperada se registró en Perú. El hastío popular con los presidentes derechistas salió a flote en protestas espontáneas y protagonizadas por jóvenes despojados de sus derechos. Ese levantamiento sucedió a la tragedia sanitaria de la pandemia, que potenció la ineptitud de la burocracia gobernante.

Castillo se transformó en el receptor del malestar popular y el fujimorismo no pudo frustrar su llegada a la Casa de Gobierno. El discurso redistributivo del sindicalista docente creó la expectativa de cortar con la agobiante sucesión de gobiernos conservadores.

En Colombia la rebelión masiva forzó al establishment a resignar por primera vez su manejo directo de la presidencia. Varios millones de personas participaron en imponentes manifestaciones. Las huelgas masivas confrontaron con una represión feroz y lograron tumbar una reforma regresiva de la salud. Al igual que en Chile se extendieron posteriormente para expresar el enorme malestar acumulado durante décadas de neoliberalismo.

Ese fastidio se tradujo en la derrota electoral del uribismo y del improvisado ultraderechista que intentó impedir la victoria de Petro. Con ese triunfo un líder de centroizquierda llegó a la presidencia, sorteando el terrible destino del asesinato que sufrieron sus antecesores. Lo acompaña una afrodescendiente representativa de los sectores más oprimidos de la población.

En la misma tónica se inscribió el triunfo de Xiomara Castro en Honduras. Su victoria premió la sostenida lucha contra el golpe que en el 2009 prohijó el embajador estadounidense. Esa asonada inició el largo ciclo latinoamericano de lawfare y golpismo judicial parlamentario.

Los 15 puntos de ventaja que Xiomara obtuvo sobre su contrincante neutralizaron los intentos de fraude y proscripción. En un dramático contexto de pobreza, narcotráfico y criminalidad, la heroica lucha popular desembocó en la primera presidencia de una mujer. Xiomara comenzó su gestión derogando las leyes de manejo secreto del Estado y de entrega de zonas especiales a los inversores externos.

Pero debe lidiar con la sofocante presencia de una gran base militar estadounidense (Palmerola) y una embajadora de Washington que interviene con toda naturalidad, en los debates internos sobre los asentamientos campesinos y las leyes de reforma del sistema eléctrico (Giménez, 2022).

VICTORIAS DE OTRO TIPO

En otros países el ascenso de mandatarios progresistas no fue un resultado directo de las protestas populares. Pero esa resistencia operó como un trasfondo del descontento social y la incapacidad de los grupos dominantes para renovar la primacía de sus candidatos.

México fue el primer caso de esta modalidad. López Obrador llegó a la presidencia en el 2018, en una dura confrontación con las castas del PRI y del PAN sostenidas por los principales grupos económicos. AMLO aprovechó el desgaste de las gestiones previas, la división de las elites y la obsolescencia del continuismo a través del fraude. Pero actuó en un contexto de menor impacto de las precedentes movilizaciones del magisterio y los electricistas.

Los sindicatos han quedado muy afectados en México por la reorganización de la industria y no fueron determinantes del giro político en curso. AMLO mantiene una relación ambigua con su referente histórico cardenista, pero inauguró una administración muy distanciada de sus antecesores neoliberales.

Tampoco en Argentina la llegada de Fernández (2019) fue un resultado inmediato de la acción popular. No reprodujo el arribo de Néstor Kirchner (2003) a la Casa Rosada, en medio de una generalizada rebelión. Previamente el derechista Macri sufrió un contundente revés en las calles, cuando intentó introducir una reforma previsional (2017). Pero no afrontó el periódico levantamiento general que sacude a la Argentina.

En ese país se localiza el principal movimiento de trabajadores del continente. Su disposición de lucha ha sido muy visible en las 40 huelgas generales consumadas desde el fin de la dictadura (1983). La sindicalización se ubica en el tope de los promedios internacionales y empalma con la llamativa organización de los piqueteros (desocupados e informales).

La lucha de esos movimientos ha permitido sostener los auxilios sociales del Estado, que las clases dominantes concedieron bajo el gran susto de una revuelta. Las nuevas formas de resistencia -enlazadas con la belicosidad precedente de la clase obrera- facilitaron el retorno del progresismo al gobierno.

En los últimos tres años, la decepción generada por el incumplimiento de las promesas de Fernández suscitó grandes rechazos, pero con protestas acotadas. Hubo importantes triunfos de muchos gremios, frecuentes concesiones del gobierno y protagonismo callejero, pero la acción del movimiento popular fue contenida

En Brasil la victoria de Lula ha sido un extraordinario logro, en un marco de relaciones sociales de fuerzas desfavorable para los sectores populares. Desde el golpe institucional contra Dilma el dominio de las calles fue capturado por los sectores conservadores que ungieron a Bolsonaro. Los sindicatos obreros perdieron protagonismo, los movimientos sociales han sido hostilizados y los militantes de izquierda adoptaron actitudes defensivas.

La liberación de Lula incentivó el reinicio de la acción popular. Pero ese impulso no alcanzó para revertir la adversidad del contexto, que permitió a Bolsonaro conservar una significativa masa de votantes. El PT retomó la movilización durante la campaña electoral (especialmente en el Nordeste) y revitalizó sus fuerzas en los festejos del triunfo.

En un marco de gran división de los grupos dominantes, hartazgo con los exabruptos del ex capitán y liderazgo cohesionador de Lula, la derrota de Bolsonaro ha creado un escenario de potencial recuperación de la lucha popular (Dutra, 2022). El temor a ese despunte, indujo al alto mando militar a vetar el desconocimiento del veredicto de las urnas que propiciaba el bolsonarismo.

Pero la batalla contra la ultraderecha recién comienza y para doblegar a ese gran enemigo resulta imperioso reconquistar la confianza de los trabajadores (Arcary, 2022). Esa credibilidad quedó erosionada por la desilusión con el modelo de pactos con el gran capital que desenvolvió el PT en sus gestiones anteriores. Ahora emerge una nueva oportunidad.

TRES BATALLAS RELEVANTES

Otras situaciones de enorme resistencia popular en la región no derivaron en victorias electorales progresistas, pero sí en derrotas mayúsculas de los gobiernos neoliberales.

En Ecuador se registró el primer triunfo de este tipo contra el presidente Lasso, que intentó retomar las privatizaciones y la desregulación laboral, junto a un plan de aumentos de las tarifas y alimentos dictado por el FMI. Ese atropello precipitó la confrontación con el movimiento indigenista y su nuevo liderazgo radical, que propicia un contundente programa de defensa de los ingresos populares.

A mediados del 2022, ese choque recreó la batalla librada en octubre del 2019, contra la agresión lanzada por Lenin Moreno para encarecer el precio de los combustibles. El conflicto se zanjó con los mismos resultados que la pugna anterior y con una nueva victoria del movimiento popular. La gigantesca movilización de la CONAIE ingresó en Quito en un clima de gran solidaridad, que neutralizó la lluvia de gases lacrimógenos gatillada por los gendarmes.

En 18 días de paro el experimentado movimiento indigenista derrotó la provocación del gobierno imponiendo la liberación del líder Leónidas Iza (Acosta, 2022). La CONAIE conquistó también la derogación del estado de excepción y la aceptación de sus principales demandas (congelamiento de los combustibles, bonos de emergencia, subsidios a los pequeños productores) (López, 2022).

El gobierno se quedó sin cartuchos cuando perdió credibilidad su insultante discurso contra los indios. Debió ceder ante un movimiento, que volvió a demostrar gran capacidad para paralizar el país y neutralizar los ataques contra las conquistas sociales.

Otra victoria de la misma relevancia se logró en Panamá a mitad del año, cuando los gremios docentes convergieron con los transportistas y los productores agropecuarios, en el rechazo al incremento oficial de la gasolina, los alimentos y los medicamentos. La unidad forjada para desenvolver esa resistencia sumó a la comunidad indígena a un movimiento de protesta, que durante tres semanas paralizó al país. Las marchas de protesta fueron las más importantes de las últimas décadas.

Esa reacción social doblegó a un gobierno neoliberal que debió retroceder en sus planes de ajuste. El presidente Carrizo no pudo satisfacer a las cámaras empresariales que exigían mayor dureza contra los manifestantes.

Esa victoria fue particularmente significativa en un istmo que tuvo un gran crecimiento en los ultima dos décadas, aprovechando los lucros que genera la administración del Canal para los grupos dominantes. La desigualdad es apabullante, en un país dónde el 10% de las familias más ricas cuenta con ingresos 37,3 veces más altos que el 10% de los más empobrecidos (D'Leon, 2022).

La invasión estadounidense instaló en 1989 un esquema neoliberal, que complementa esa asimetría con escandalosos niveles de corrupción. Tan sólo la evasión fiscal equivale a la totalidad de la deuda pública (Beluche, 2022). La victoria en las calles propinó una severa derrota al modelo que las elites de Centroamérica presentan como el rumbo a seguir por todos los pequeños países.

El tercer caso de una extraordinaria resistencia popular sin derivaciones electorales se verifica en Haití. Las gigantescas movilizaciones volvieron a ocupar el centro de la escena durante el 2022. Confrontaron con las políticas de saqueo económico que implementa un régimen manejado desde las oficinas del FMI. Ese organismo propició el encarecimiento del combustible que desató las protestas, en un país todavía desgarrado por el terremoto, el éxodo rural y el hacinamiento urbano (Rivara, 2022).

Las marchas callejeras se desenvuelven en un vacío político absoluto. Hace seis años que no hay elecciones, en una administración que prescinde del poder judicial y legislativo. El presidente de turno sobrevive por el simple sostén que aportan las embajadas de EEUU, Canadá y Francia.

El desgobierno actual se prolonga por la indecisión que impera en Washington a la hora de consumar una nueva ocupación. Estas intervenciones con el disfraz de la ONU, la OEA y la MINUSTAH se han recreado una y otra vez en los últimos 18 años con resultados funestos. Los servidores locales de esas invasiones reclaman el reingreso de las tropas foráneas, pero salta a la vista inutilidad de esas misiones.

Esa modalidad de control imperial ha sido en los hechos sustituida por la generalizada difusión de bandas paramilitares que aterrorizan a la población. Actúan en estrecha complicidad con las mafias empresariales (o gubernamentales) que rivalizan por los botines en disputa, utilizando las 500.000 armas ilegales provistas por sus cómplices de la Florida (Isa Conde, 2022). El magnicidio del presidente Moïse fue apenas una muestra del descalabro que generan las pandillas manejadas por distintos grupos de poder.

Estas organizaciones han tratado de infiltrar también a los movimientos de protesta para desarticular la resistencia popular. Siembran el terror, pero no han logrado confinar a la población a sus casas. Tampoco pudieron recrear expectativas en otra intervención militar extranjera (Boisrolin, 2022). La rebelión continúa, mientras la oposición busca caminos para forjar una alternativa superadora de la tragedia actual.  (...)

COMPARACIONES CON OTRAS REGIONES

Al indagar la resistencia de los oprimidos se perciben las singularidades latinoamericanas de esas luchas. En los últimos años, la acción popular presentó semejanzas y diferencias con otras regiones.

En el 2019 se observaba en varios puntos del planeta una fuerte tendencia al despunte de una nueva oleada de protestas, liderada por los jóvenes indignados de Francia, Argelia, Egipto, Ecuador, Chile o el Líbano.

La pandemia interrumpió abruptamente esa irrupción, generando un bienio de miedo y enclaustramiento. Ese reflujo fue a su vez acentuado por la gravitación del negacionismo derechista que impugnó la protección sanitaria. En este marco salió a flote la dificultad para articular un movimiento global en defensa de la salud pública, centrado en la eliminación de las patentes a las vacunas.

Concluido ese dramático período de encierro, las protestas tienden a reaparecer suscitando las prevenciones del establishment, que advierte la proximidad de rebeliones pos pandemia (Rosso, 2021). Temen especialmente la indignación que genera la carestía del combustible y los alimentos (The Economist, 2022). Esa dinámica de resistencia ya incluye un significativo resurgimiento de las huelgas en Europa y de la sindicalización en EEUU, Pero el protagonismo de América Latina continúa como un dato descollante.

En todas partes los sujetos de esa batalla reúnen a una gran diversidad de actores, con significativa relevancia del joven trabajador precarizado. Este segmento sufre un grado de explotación superior a los asalariados formales. Padece la inseguridad de su trabajo, la falta de prestaciones sociales y las consecuencias de la flexibilización laboral (Standing, 2017).

Por esas razones es particularmente activo en la lucha callejera. Ha sido privado de los ámbitos tradicionales de negociación y afronta una contraparte patronal muy difusa. En distintos países es empujado a imponer sus demandas a través del Estado.

Los migrantes, las minorías étnicas, los estudiantes endeudados son frecuentes actores de esas batallas en las economías centrales y la masa de trabajadores informales ocupa una centralidad semejante en los países periféricos. Este último segmento no integra el tradicional proletariado fabril, pero forma parte (en términos ampliados) de la clase trabajadora y de la población que vive de su propia labor.

Los piqueteros de Argentina conforman una variedad de ese segmento, que forjó su identidad cortando las calles, ante la pérdida del trabajo en los lugares que centralizaban sus exigencias. De esa batalla brotaron los movimientos sociales y distintas variedades de la economía popular. Un papel igualmente relevante, desenvuelven los sectores campesinos que forjaron el MAS de Bolivia y las comunidades indígenas que gestaron la CONAIE de Ecuador

Los vínculos de estos movimientos de lucha de América Latina con sus pares de otras partes del mundo han perdido visibilidad por el deterioro de las instancias internacionales de coordinación. El último gran intento de esa conexión fueron los Foros Sociales Mundiales, auspiciados en la década pasada por el movimiento alterglobalista. Las Cumbres de los Pueblos alternativas a los encuentros de gobiernos, banqueros y diplomáticos han perdido incidencia. La batalla contra la globalización neoliberal ya no tiene esa centralidad y ha quedado sustituida por agendas populares más nacionales (Kent Carrasco, 2019).

Ciertamente persisten dos movimientos globales de gran dinamismo: el feminismo y el ambientalismo. El primero ha logrado éxitos muy significativos y el segundo reaparece periódicamente con inesperados picos de movilización. Pero el ámbito común de campañas globales que aportaban los Foros Sociales no ha encontrado un reemplazo equivalente.

La gran vitalidad de los movimientos de lucha en América Latina obedece a múltiples razones. Pero ha sido muy gravitante su perfil político progresista, alejado del chauvinismo y del fundamentalismo religioso. En la región se ha logrado contener las tendencias reaccionarias que auspicia el imperialismo, para generar enfrentamientos entre pueblos o guerras entre naciones oprimidas.

El Pentágono no ha encontrado la forma de inducir en América Latina los sangrientos conflictos que logró desencadenar en África y en Oriente. Tampoco pudo instalar un apéndice como Israel para eternizar esas matanzas o convalidar el terror perdurable de los yihadistas.

Washington ha sido el invariable promotor de esas monstruosidades para intentar sostener su jefatura imperial. Pero ninguna de esas aberraciones prosperó hasta ahora en el Patio Trasero por la centralidad que mantienen las organizaciones de lucha popular.

Por esta razón América Latina persiste como una referencia para otras experiencias internacionales. Muchas organizaciones de la izquierda europea buscan, por ejemplo, replicar la estrategia de unidad o los proyectos redistributivos elaborados en la región (Febbro, 2022). Pero todos los pueblos del continente afrontan actualmente un peligroso enemigo ultraderechista, que analizaremos en el próximo texto."                    (Claudio Katz , La Haine, 14/01/23)