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13.10.26

Nunca creí que iba a leer esta noticia: "El FMI sitúa a España como la gran economía avanzada que más crece por segundo año consecutivo"... los motores que la empujan son claros: un mercado laboral dinámico, que absorbe los flujos migratorios que llegan de otros países; la inyección de los fondos europeos de la pandemia; un sector turístico en auge, que sigue cosechando récords y aporta una dosis de energía extra al PIB; el desarrollo de las renovables permite al país ofrecer precios de la energía más competitivos y unos costes laborales controlados tras el episodio inflacionario de 2022 y 2023. Y todo ello en un contexto de alta crispación política (Jesús Sérvulo González)

"La economía mundial pierde fuelle.

 Un variado catálogo de causas está haciendo mella en el crecimiento global: los aranceles de Estados Unidos, un panorama internacional más fragmentado, una inflación incómoda, el endurecimiento de las políticas migratorias... Pero, sobre todo, una incertidumbre perenne, que abona unas perspectivas de crecimiento “frágiles” y “desalentadoras”, según constata el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su último informe de Perspectivas Económicas Mundiales (WEO, en sus siglas en inglés), publicado este martes en el marco de la Asamblea Anual de la institución.

Las nuevas previsiones del organismo multilateral están revestidas de una densa capa de cautela e incluso de cierto pesimismo ante la acumulación de riesgos. El Fondo advierte de una ralentización del crecimiento mundial del 3,3% en 2024 al 3,1% en 2026, una evolución mucho más débil que antes de la pandemia.

El informe destaca que la economía mundial ha mostrado gran resiliencia tras el puñetazo que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, propinó sobre el comercio mundial cuando el pasado 2 de abril, a través de un simple cartel de cartón, declaró la guerra arancelaria a todos sus socios.

Hace seis meses, cuando Trump lanzó su desafío arancelario, los economistas se apresuraron a empeorar sus previsiones económicas. Cundía el pánico y se temía un frenazo global. Pero la economía mundial ha resistido. El economista jefe del FMI, Pierre-Oliver Gourinchas, explica las razones: “La mayoría de los países se abstuvieron de tomar represalias, manteniendo, en cambio, el sistema comercial en gran medida abierto. El sector privado también demostró agilidad, anticipando las importaciones y redirigiendo rápidamente las cadenas de suministro”.

Pero esa resistencia se está agotando. “Más allá de la aparente resiliencia, el panorama para la economía mundial sigue apuntando a perspectivas sombrías”, advierten los economistas del FMI. En otro punto del informe subrayan: “Cada vez hay más indicios de que los efectos adversos de las medidas proteccionistas están comenzando a notarse”.

La sorpresa de España

Entre toda la retórica pesimista sobresale España. Los técnicos del organismo presidido por Kristalina Georgieva calculan que la economía española crecerá este año un robusto 2,9%, cuatro décimas por encima de sus anteriores previsiones de julio y abril.

 Las estimaciones del Fondo para España son dos décimas más optimistas que las del Gobierno. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, actualizó el pasado septiembre el cuadro macroeconómico y elevó al 2,7% el PIB para 2025.

Los datos de España son llamativos. Es, entre las grandes economías desarrolladas, el país que más ha crecido en los dos últimos años. Los pronósticos del Fondo sitúan el desempeño de este año muy por encima de países vecinos como Francia (0,7%); Alemania (0,2%) o Italia (0,5%). E incluso más que otras potencias como Estados Unidos (2%), Reino Unido (1,3%) o Japón (1,1%).

Aunque en 2026 la economía española seguirá encaramada al podio de las más dinámicas de entre los países avanzados, el Fondo le augura un importante frenazo. Estima que la actividad española crecerá un 2%, dos décimas más que en las anteriores previsiones, pero casi un punto menos que este ejercicio. Está previsto que el próximo año se agoten los fondos europeos procedentes de la pandemia que han estado dopando a la economía durante los últimos cuatro años.

Habrá que esperar al miércoles, cuando el FMI publica el Monitor Fiscal, para hacer un análisis más profundo de la economía española, pero los motores que la empujan son claros: un mercado laboral dinámico, que absorbe los flujos migratorios que llegan de otros países; la inyección de los fondos europeos de la pandemia; un sector turístico en auge, que sigue cosechando récords y aporta una dosis de energía extra al PIB; el desarrollo de las renovables permite al país ofrecer precios de la energía más competitivos y unos costes laborales controlados tras el episodio inflacionario de 2022 y 2023.

Y todo ello en un contexto de alta crispación política. Con un Parlamento fragmentado y un Gobierno sin mayoría clara en el Congreso. Los buenos datos económicos se suceden sin que el Ejecutivo haya aprobado un Presupuesto en los dos años que ya se han consumido de legislatura. Tampoco parece que vaya a poder sacar adelante los del próximo ejercicio, pero la economía parece ajena a estas tensiones domésticas.

En Europa, tras varios trimestres anémicos, el Fondo espera que el crecimiento en la eurozona repunte ligeramente hasta el 1,2% en 2025 y el 1,1% en 2026. Si bien representa una mejora con respecto a las previsiones de abril y julio, los datos muestran una revisión acumulada a la baja de cuatro décimas respecto al informe del año pasado, subraya el FMI. “La elevada incertidumbre en múltiples frentes y el aumento de los aranceles son los principales impulsores”, precisa. Las tensiones políticas y la polarización han infectado al Viejo Continente. En Francia se suceden los primeros ministros, mientras Emmanuel Macron parece incapaz de dar con un primer ministro que apruebe un presupuesto. Y el alemán Fiedrich Merz ha aprobado un ambicioso plan fiscal, que supone un giro a la ortodoxia alemana, pero no logra revertir el auge de la extrema derecha.

El documento que diagnostica las amenazas y debilidades de la economía mundial abunda en las deficiencias de la UE: el aumento de los aranceles perjudica las ventas al exterior, con profundas implicaciones para las grandes economías que más exportan (Alemania y Francia). “Mientras que la mayor incertidumbre en la política comercial está reduciendo el apetito de las empresas por la inversión”, explican los técnicos del organismo.

Estados Unidos: el gran protagonista

Estados Unidos es el gran protagonista en las previsiones del FMI tras la brusca irrupción de Donald Trump en su segundo mandato en la Casa Blanca. Es, junto a los aranceles, el objeto de todos los comentarios. La actividad en Estados Unidos se desacelerará hasta el 2,0% este año y se mantendrá estable, un 2,1%, el próximo, según las nuevas previsiones.

El FMI apenas modifica una décima al alza sus cálculos de julio bajo el argumento de una reducción de los aranceles efectivos, las favorables condiciones financieras y el impulso fiscal derivado de la aprobación de la Ley Grande y Hermosa. Esta norma, impulsada por Trump y aprobada en el Congreso, establece rebajas de impuestos a empresas y recortes de gasto, sobre todo el sanitario.

Los cálculos del FMI sobre la mayor potencia del mundo son peores que los emitidos hace un año. “Se debe principalmente a una mayor incertidumbre política, mayores barreras comerciales y un menor crecimiento tanto de la fuerza laboral como del empleo”, explica.

El economista jefe del Fondo, Pierre-Oliver Gourinchas, advierte de que “a pesar de un primer semestre estable, las perspectivas siguen siendo frágiles y los riesgos se inclinan a la baja. El principal riesgo es que los aranceles puedan aumentar aún más debido a las renovadas y no resueltas tensiones comerciales, que, sumadas a las interrupciones en la cadena de suministro, podrían reducir la producción mundial en un 0,3% el próximo año”. El economista jefe añade que acuerdos bilaterales más claros y estables pueden aumentar la producción mundial en un 0,4% a muy corto plazo.

En la mente de todos, el recrudecimiento durante los últimos días de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. El gigante asiático decidió la semana pasada endurecer el control sobre las tierras raras, unos minerales críticos para la fabricación de productos tecnológicos y el desarrollo de la IA. El presidente Trump respondió de forma airada anunciando un aumento de los aranceles a Pekín del 100% y la amenaza de suspender la reunión prevista para finales de mes con el presidente chino, Xi Jingping. Los inversores reaccionaron con temor ante la posibilidad de una escalada comercial que perjudicara las relaciones laborales entre dos economías más interrelacionadas de lo que sus líderes parecen creer.

El Fondo señala al endurecimiento de las políticas migratorias por parte de Trump como otro de los motivos de riesgo. “Supone otro shock negativo de oferta que se suma al derivado de los aranceles. Hasta ahora, esto se ha visto compensado por un enfriamiento de la demanda laboral, manteniendo estable el desempleo”.

En el lado de los efectos positivos, el Fondo señala como el dólar se ha debilitado en el primer semestre del año, facilitando las exportaciones, y como las grandes tecnológicas han disparado la inversión para desarrollar la IA." 

(Jesús Sérvulo González , El País,  14/10/26) 

7.10.26

En las elecciones del 29 de noviembre no sólo se dirime el futuro de España. También está en el foco el futuro de la socialdemocracia y de la izquierda en el seno de la Unión Europea... Con una socialdemocracia europea debilitada electoralmente y dividida sobre cómo responder al avance de la extrema derecha, España se ha convertido en un campo de pruebas. El resultado de las elecciones españolas puede convertirse en una señal sobre el rumbo que tomará la izquierda europea... La figura de Pedro Sánchez y las políticas que su Gobierno ha defendido en el ámbito internacional se han convertido en un referente moral para las fuerzas progresistas de Europa. Serán también el espejo en el que se mirará la socialdemocracia que debe decidir si la mejor estrategia para contener el avance de la extrema derecha es posicionarse en el centro o reforzar las alianzas con la izquierda... «A la izquierda le faltan líderes carismáticos que hablen claro y que no se sientan incómodos a la hora de adoptar posiciones claras», en Europa se ve a Sánchez como «alguien que está llevando a cabo una política de izquierdas, con una política económica y social de izquierdas, y que ha adoptado posiciones en el ámbito internacional en las que la izquierda y la izquierda radical pueden reconocerse»... «Es uno de los pocos que ha mantenido la firmeza frente a las presiones y el acoso de la Administración estadounidense durante los últimos años y, al mismo tiempo, ha sido también quien ha preservado el propio espíritu europeo ante la tragedia de Oriente Próximo en Gaza»... una victoria de Sánchez en España «demostraría a la izquierda temerosa y a la izquierda que corre detrás de la extrema derecha que existe otro camino» (Ana Lázaro)

 "En las elecciones del 29 de noviembre no sólo se dirime el futuro de España. También está en el foco el futuro de la socialdemocracia y de la izquierda en el seno de la Unión Europea.

La figura de Pedro Sánchez y las políticas que su Gobierno ha defendido en el ámbito internacional se han convertido en un referente moral para las fuerzas progresistas de Europa.

«A la izquierda le faltan líderes carismáticos que hablen claro y que no se sientan incómodos a la hora de adoptar posiciones claras», explica Jean-Michel De Waele, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Libre de Bruselas. En su opinión, en Europa se ve a Sánchez como «alguien que está llevando a cabo una política de izquierdas, con una política económica y social de izquierdas, y que ha adoptado posiciones en el ámbito internacional en las que la izquierda y la izquierda radical pueden reconocerse».

Entre las políticas que ha abanderado España a nivel europeo destaca su defensa de Palestina y sus críticas al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Junto con Irlanda, ha sido uno de los pocos gobiernos europeos en hablar abiertamente de genocidio y también fue uno de los primeros en reconocer el Estado Palestino o en imponer un embargo a los productos procedentes de las colonias ilegales de Cisjordania.

También se ha enfrentado al presidente Donald Trump, negándole la utilización de las bases estadounidenses en España durante la ofensiva contra Irán o desmarcándose de la exigencia de Washington de elevar el gasto hasta el 5% del PIB para incrementar las capacidades militares de la OTAN.

«Es uno de los pocos que ha mantenido la firmeza frente a las presiones y el acoso de la Administración estadounidense durante los últimos años y, al mismo tiempo, ha sido también quien ha preservado el propio espíritu europeo ante la tragedia de Oriente Próximo en Gaza», resume Giacomo Filibeck, secretario general del Partido de los Socialistas Europeos (PSE).

En lo que se refiere a la inmigración, España fue el único país que votó la semana pasada contra el reglamento de retornos que permite la creación de centros de deportación en terceros países. Quedó aislada incluso frente a otros gobiernos de centro-izquierda, como el de Dinamarca que lidera la primera ministra Mette Frederiksen y que defiende una política restrictiva próxima a las posiciones tradicionales de la derecha.

Para el profesor De Waelle, Frederiksen «representa una izquierda un tanto peculiar que intenta recuperar a parte del electorado de la izquierda retomando algunos de los temas de la extrema derecha, como la inmigración o el reforzamiento del Estado del bienestar». Según el Gobierno danés, la sostenibilidad del modelo social del país requiere controlar la inmigración.

Las elecciones españolas serán, por tanto, mucho más que una cita electoral nacional. Serán también el espejo en el que se mirará la socialdemocracia que debe decidir si la mejor estrategia para contener el avance de la extrema derecha es posicionarse en el centro o reforzar las alianzas con la izquierda. El socialismo empezó a perder fuerza en Europea en la década del 2000, tras la derrota de la Tercera Vía de Tony Blair en Reino Unido y los años de austeridad que siguieron a la crisis de 2008.

Para el grupo de La Izquierda en el Parlamento Europeo, la suma de las fuerzas progresistas es esencial para vencer a la extrema derecha y no basta con apelar al miedo para detener su avance. «No es posible defender un sistema democrático diciendo a la gente que tiene que aceptar seguir viviendo en las duras condiciones en las que vive ahora y que simplemente hay que frenar a la extrema derecha. Eso no funciona», afirma Catarina Martins, eurodiputada portuguesa del Bloco de Esquerda. Por ello defiende la necesidad de la coalición que ha permitido impulsar cambios políticos reales: «Sin la fortaleza de la izquierda, tendríamos un Gobierno centrista más que ofrecería a la ciudadanía más de lo mismo».

Actualmente, los gobiernos socialdemócratas están claramente en minoría en las reuniones del Consejo Europeo donde se toman las decisiones. Sólo hay tres países en los que gobierna el centro-izquierda, además de España: Dinamarca, Eslovenia y Malta. Y en Suecia, las negociaciones para tratar de formar una coalición siguen su curso tras la estrecha victoria conseguida por la socialdemócrata Magdalena Andersson.

El año 2027 será pues crucial para el conjunto de Europa ya que se celebran elecciones en Francia, Italia, Polonia y  Grecia, entre otros. «Una victoria supondría, sin duda, un refuerzo de la confianza y una especie de clarificación. Un momento de la verdad», explica Filibeck.

Para el profesor De Waelle, la Unión Europea está ante «una de las elecciones más importantes para la izquierda en Europa». En su opinión, una victoria de Sánchez en España «demostraría a la izquierda temerosa y a la izquierda que corre detrás de la extrema derecha que existe otro camino».

Con una socialdemocracia europea debilitada electoralmente y dividida sobre cómo responder al avance de la extrema derecha, España se ha convertido en un campo de pruebas. El resultado de las elecciones españolas puede convertirse en una señal sobre el rumbo que tomará la izquierda europea."

(Ana Lázaro , Bruselas, Público, 05/10/26)  

El 29N y el precio de decirle que no a Washington... Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la guerra contra Irán, el gobierno español negó el uso de las bases de Rota y Morón... después vino Ceuta... un dossier “preventivo” de asesores de la Casa Blanca sobre la soberanía de ceuta y Melilla, y su “futuro estatus”, habría empezado a escribirse después del 4 de marzo, el día en que Sánchez cerró Rota y Morón... La presión migratoria y el cuestionamiento de la soberanía operan como un mismo dispositivo de caotización del flanco sur español... La derecha española recibe todo esto como un regalo y no como una amenaza, y comparte bando con quienes, en el Congreso estadounidense, ponen en duda que Ceuta y Melilla sean España... el 29N funciona como caso testigo leído desde el declinacionismo estadounidense... el redespliegue en curso convierte a los aliados europeos en pagadores del rearme y en plataformas logísticas hacia África y Asia occidental. Rota, Morón y el Estrecho de Gibraltar son piezas centrales de esa arquitectura. Si Sánchez cae y lo reemplaza un gobierno del PP atado a Vox, el mensaje para el resto de las capitales europeas será nítido. Decirle que no a Washington se paga en casa, con presión migratoria en la frontera, amenazas comerciales, causas judiciales y una guerra cognitiva que instala la “invasión” como sentido común. Si Sánchez sobrevive, aunque sea con una mayoría precaria, España seguirá siendo la prueba de que una potencia media puede administrar su disidencia dentro de la OTAN sin ser expulsada ni quebrada. Para un continente que perdió la costumbre de discutir con Estados Unidos, eso pesa... Los escenarios están a la vista. Una mayoría de PP y Vox llevaría a España hacia el 5%, abriría las bases para la próxima operación en Asia occidental, buscaría un entendimiento con Rabat en los términos de Rabat y retrocedería en la línea sobre Palestina. España dejaría de ser un problema para Washington (Periodismo Internacional Alternativo)

"Este lunes Pedro Sánchez comunicó al rey la disolución de las Cortes y convocó elecciones generales para el 29 de noviembre, la fecha más próxima que habilita la ley electoral española.

El detonante fue la derrota legislativa del viernes anterior, cuando el Congreso rechazó los dos decretos de vivienda con los votos del PP, Vox, UPN y Junts. Si uno sólo se limita a esa secuencia va a ver un gobierno acorralado que tira la toalla, pero Sánchez perdió decenas de votaciones desde 2023 y nunca convocó. Esta vez lo hizo porque, por primera vez en mucho tiempo, la calle le ofrece algo parecido a una ola, y porque seguir hasta 2027 en un Congreso donde cada ley se negocia voto a voto con un socio que ya no lo es equivalía a desangrarse en cámara lenta.

La ola tiene nombre; Maricarmen, que tiene 87 años y fue desahuciada de su casa en el Retiro a fines de septiembre. Su caso cristalizó un ciclo de protesta por la vivienda que el movimiento inquilino viene empujando desde 2023 y que llegó a su punto más alto en estos días, con la acampada en Puerta del Sol, marchas en las principales ciudades, cerca de medio millón de personas en Madrid el sábado 3 y un reclamo de huelga general por la vivienda que hace un año habría sonado a consigna de ultraminoría. El Gobierno aprobó a las apuradas dos decretos. Uno prohibía los desahucios de personas vulnerables hasta 2030, el otro prorrogaba por dos años los alquileres que vencieran antes de 2028. Junts, la derecha catalana que sostuvo la investidura a cambio de la amnistía, los tumbó en nombre de los “pequeños propietarios”. El PNV también votó contra el segundo.

Sánchez eligió entonces el terreno de la pelea. Prefiere una campaña sobre vivienda antes que una campaña sobre Ceuta y sobre los expedientes judiciales que rodean al PSOE, y lo dijo sin pudor en su mensaje, cuando pidió una mayoría progresista más amplia para “doblegar a las élites”. Es la tercera vez que hace la misma jugada. En 2019 adelantó tras la caída de los presupuestos, en 2023 tras la paliza municipal, y las dos veces sobrevivió. La apuesta es al reflejo defensivo de un electorado progresista que se moviliza cuando ve la cara de Vox en el espejo del poder. Los números de partida no lo ayudan. El sondeo exprés publicado el mismo lunes le da al PP 143 escaños, a Vox 62, al PSOE 106 y a Sumar apenas seis, lo que dejaría a la derecha por encima de los 200 diputados. Alberto Núñez Feijóo celebró la convocatoria diciendo que en 54 días “el muro ya no existe”. En julio de 2023 la foto también era mala para Sánchez, pero terminó gobernando.

Hasta ahí la crónica parlamentaria que ocupa a la prensa española. Pero el adelanto tiene una dimensión que excede largamente el hemiciclo. Sánchez es hoy el único jefe de gobierno de un país grande de la Unión Europea que le dijo que no a Washington en los dos expedientes que ordenan la relación transatlántica de esta etapa, el gasto militar y la guerra contra Irán. Lo que se vota el 29N es también si ese desvío se sostiene o se corrige.

El primer desvío se consumó en la cumbre de La Haya de 2025, donde España fue el único aliado que no firmó el compromiso de llevar el gasto en defensa al 5% del PIB. Madrid sostuvo que con el 2,1% alcanzaba para cumplir los objetivos de capacidades de la OTAN y llevó el mismo argumento a Ankara en julio de este año. Trump había calificado a España de “desastre” como socio, y un correo interno del Pentágono llegó a especular con suspenderla de la Alianza, figura que el tratado ni siquiera contempla. Después de Ankara el presidente estadounidense dijo que España se había “redimido por completo” y habló de un pago importante que nadie detalló. La frase revela más sobre la necesidad de Washington de exhibir disciplina aliada que sobre algún giro real en Madrid. En el discurso del lunes Sánchez volvió sobre el punto y presentó el Estado de bienestar como aquello que su gobierno se negó a sacrificar al 5%.

Lo de Irán costó más caro. Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la guerra contra la República Islámica, el gobierno español negó el uso de las bases de Rota y Morón y después cerró su espacio aéreo a los vuelos vinculados a la operación. El Pentágono retiró una docena de aviones cisterna KC-135 desplegados en Morón. Trump amenazó con cortar todo el comercio con España, el secretario del Tesoro Scott Bessent calificó la negativa de inaceptable, el senador Lindsey Graham pidió retirar del país las tropas y los aviones estadounidenses y la Casa Blanca terminó respondiendo, con desdén, que no necesitaba la ayuda española. Sánchez contestó con una consigna que la sociedad española conoce de memoria, “no a la guerra”, la misma de 2003 contra el alineamiento de Aznar con la invasión de Irak. Casi siete de cada diez españoles rechazaban la guerra. Desde Teherán, el Tehran Times leyó la postura como una ruptura de España con Occidente, y Madrid reabrió su embajada en la capital iraní después del alto el fuego. En Pekín, tras reunirse con Xi Jinping, Sánchez acusó al gobierno israelí de violar el derecho internacional. Nada de eso pasó desapercibido en Washington.

Y después vino Ceuta. Desde el 30 de julio decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos hacia la ciudad autónoma, muchas a nado. El propio Rabat reconoció 40.000 entradas y la prensa española contabiliza decenas de muertos. El Gobierno declaró por primera vez en democracia una situación de interés para la seguridad nacional, y este fin de semana la policía todavía desalojaba un asentamiento de unas 3.000 personas en la playa del Trampolín. Trump habló de “invasión” y dijo que Sánchez no sabía qué hacer. A los pocos días un informe del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes incorporó al registro del Congreso estadounidense una frase que en Madrid cayó como una provocación. En su página 88 afirma que Ceuta y Melilla, ciudades administradas por España, están ubicadas en territorio marroquí, y propone que el secretario de Estado Marco Rubio promueva un diálogo entre Madrid y Rabat sobre su “futuro estatus”. La iniciativa fue del republicano Mario Díaz-Balart, del círculo de Rubio. Según la prensa española, un dossier “preventivo” de asesores de la Casa Blanca sobre la soberanía de las dos ciudades habría empezado a escribirse después del 4 de marzo, el día en que Sánchez cerró Rota y Morón.

El eje Washington-Rabat quedó soldado en 2020 con los Acuerdos de Abraham, cuando Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización con Israel. Madrid, que en 2022 ya había girado hacia la posición marroquí sobre el Sáhara, venía acercándose a Argelia, rival de Rabat y proveedor clave de gas para España. Un aliado díscolo al norte del Estrecho y un aliado consecuente al sur. La presión migratoria y el cuestionamiento de la soberanía operan como un mismo dispositivo de caotización del flanco sur español, coordinado o no, y sus efectos se miden en las encuestas. El relato de la “invasión” hace el resto. Vale recordar que el teléfono de Sánchez fue espiado con Pegasus en mayo de 2021, en plena crisis anterior con Marruecos.

La derecha española recibe todo esto como un regalo y no como una amenaza, lo que dice bastante. Vox preside Patriotas por Europa, el grupo de Le Pen y del Fidesz húngaro, entre otros, y en febrero de 2025 organizó en Madrid la cumbre “Make Europe Great Again”, donde Abascal llamó a Trump “compañero de armas”. El partido que se presenta como guardián de la soberanía nacional comparte bando con quienes, en el Congreso estadounidense, ponen en duda que Ceuta y Melilla sean España. En la propia prensa española ya se habla de un soberanismo subordinado. Javier Milei, siempre disponible como vocero transatlántico de esa red, aprovechó Ceuta para mandarles a los españoles ánimo porque “el final del socialismo se acerca”. El PP acusa a Sánchez de haber abandonado a los aliados y de poner en riesgo el interés nacional. Ninguno de los dos discute el fondo. Ambos dan por sentado que el interés nacional español coincide con el de Washington.

Nada de esto convierte a Sánchez en un dirigente antiimperialista, y sería un error leerlo así desde América Latina, aunque en América Latina cualquier progre seseando obnubila la razón. España sigue en la OTAN, llegó al 2% del PIB en defensa, dejó que en mayo se renovara de forma automática el convenio que cede a Estados Unidos el uso de Rota y Morón, y acompaña la línea atlantista de Bruselas en Ucrania. El giro de 2022 sobre el Sáhara fue una concesión a Rabat que hoy se revela inútil. La crisis de la vivienda que ahora pretende capitalizar es en buena medida hija de la impotencia de sus propios gobiernos frente a los fondos de inversión, con una ley de 2023 que el movimiento inquilino describe como letra muerta. Lo que Sánchez representa es más modesto y, por eso mismo, más revelador. Una socialdemocracia europea que intenta conservar márgenes de autonomía dentro de la estructura atlántica y que defiende el gasto social frente a la militarización. En la Europa de 2026 eso alcanza para ser una anomalía.

Europa es justamente el otro plano de la elección. El continente no se corrió hacia la izquierda con la caída de Orbán en abril. Péter Magyar ganó en Hungría con un programa conservador y pro OTAN, y Bruselas celebró su victoria como la normalización de un socio incómodo. El eje que se consolida es atlantista y conservador, el de un Friedrich Merz que en estos mismos días estaba en Kiev mientras Rusia atacaba la ciudad. Cuando Trump amenazó a España con el embargo, Macron y Merz se solidarizaron, pero lo hicieron porque el comercio es competencia comunitaria y un castigo a Madrid era un castigo a la Unión. Nadie siguió a España en lo de las bases. Nadie la acompañó en la negativa al 5%.

Por eso el 29N funciona como caso testigo. Leído desde el declinacionismo estadounidense, un hegemón que pierde capacidad de ordenar el mundo tiende a disciplinar con más dureza a la periferia de su propia alianza, y el redespliegue en curso convierte a los aliados europeos en pagadores del rearme y en plataformas logísticas hacia África y Asia occidental. Rota, Morón y el Estrecho de Gibraltar son piezas centrales de esa arquitectura. Si Sánchez cae y lo reemplaza un gobierno del PP atado a Vox, el mensaje para el resto de las capitales europeas será nítido. Decirle que no a Washington se paga en casa, con presión migratoria en la frontera, amenazas comerciales, causas judiciales y una guerra cognitiva que instala la “invasión” como sentido común. Si Sánchez sobrevive, aunque sea con una mayoría precaria, España seguirá siendo la prueba de que una potencia media puede administrar su disidencia dentro de la OTAN sin ser expulsada ni quebrada. Para un continente que perdió la costumbre de discutir con Estados Unidos, eso pesa.

Los escenarios están a la vista. El más probable, según los sondeos disponibles, es una mayoría de PP y Vox. Con más de sesenta diputados Abascal no se conformará con apoyos desde afuera, y un gobierno de coalición o de dependencia parlamentaria llevaría a España hacia el 5%, abriría las bases para la próxima operación en Asia occidental, buscaría un entendimiento con Rabat en los términos de Rabat y retrocedería en la línea sobre Palestina. España dejaría de ser un problema para Washington. El otro escenario es que la vivienda movilice lo suficiente para repetir 2023, un empate en el que Sánchez conserve una minoría de bloqueo, pero siga dependiendo de Junts, con una repetición electoral en el horizonte y una legislatura todavía más frágil que la que termina. Feijóo gobernando en solitario con abstenciones ajenas, la fantasía de la dirección del PP, no aparece en ningún sondeo.

Queda un dato menor que puede terminar siendo mayor. El convenio que regula el uso conjunto de Rota y Morón se renueva solo cada mayo si ninguna de las partes dice lo contrario. Quien esté en la Moncloa en la primavera de 2027 decidirá si lo deja correr en silencio o lo convierte en moneda de negociación con Washington. Esa decisión, más que cualquier discurso de campaña, va a mostrar qué votaron los españoles el 29 de noviembre."

( Periodismo Internacional Alternativo, Other News, 06/10/26)

6.10.26

Enric Juliana: El aleteo de una mariposa en un ático de Chamberí ha conducido a la convocatoria de elecciones en España... El último motín madrileño no ha surgido de la nada... el alquiler de una habitación puede costar entre cuatrocientos y quinientos pavos al mes... Acampada en Sol fuera del control del Gobierno, con consignas de huelga general que inquietan a los sindicatos... El Sindicato de Inquilinas y la Coordinadora Juvenil Socialista llevan la voz cantante en la acampada. Una plataforma social de nuevo tipo y una disciplinada organización de izquierda marxista, nuevo grupo de acción que se halla muy lejos de Sumar y no muy cerca de Podemos. Izquierda dura para tiempos duros. Fermentos del futuro que viene... Sánchez ordena tomar medidas. Quiere recuperar la iniciativa política perdida durante dos meses. De ahí surgen los dos decretos, pero Puigdemont no quiere volver a casa pareciendo el salvador de Sánchez en una cuestión que atañe al uso y reglamentación de la propiedad privada. La pequeña propiedad en Catalunya es asunto capital... los sindicatos Comisiones Obreras y UGT anuncian la convocatoria de una huelga general por la cuestión de la vivienda... La vivienda, cuestión nacional-popular. Aviso sindical al futurible PP-Vox... Empieza la campaña electoral más vibrante que habrá conocido este país en muchos años... Nadie está muy seguro de nada, nadie lo controla todo, y el vuelo de una mariposa terminará dentro de una urna el día 29 de noviembre

"El aleteo de una mariposa en un ático de Chamberí ha conducido a la convocatoria de elecciones en España.

Madrid va como una moto, pero Carlos Dickens habita en los barrios modestos de la capital. El alquiler de una habitación puede costar entre cuatrocientos y quinientos pavos al mes.  Por ello, mucha gente se incendió cuando supo que la Comunidad de Madrid ha adquirido un lujoso ático en Chamberí por 6,3 millones de euros, con el nebuloso propósito de convertirlo en residencia oficial de la Presidencia de la Comunidad. Si la Generalitat de Catalunya tiene la Casa dels Canonges, anexa al viejo Palau, la CAM tendría una Casa de los Canónigos justo enfrente del edificio donde vive la madre de Isabel Díaz Ayuso. La Barcelona gótica y el Madrid supersónico.

La historia del aticazo de la calle General Martínez Campos (militar que apuntilló a la Primera República en 1874), desvelada por el diario El País a finales de julio, ha calentado mucho los ánimos. El último motín madrileño no ha surgido de la nada. En septiembre, al conocerse el inminente desahucio de una anciana de 87 años en el distrito de Retiro, el Sindicato de Inquilinas y otras redes de apoyo mutuo llamaron a la protesta. Acudieron al desahucio, se manifestaron ante el ático de Martínez Campos y cerraron la jornada con una acampada en la Puerta del Sol, que rememora el mítico 15-M, el motín de los indignados en el 2011.

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El Sindicato de Inquilinas y la Coordinadora Juvenil Socialista llevan la voz cantante en la acampada, como explicábamos el pasado domingo en La Vanguardia. Una plataforma social de nuevo tipo y una disciplinada organización de izquierda marxista, nuevo grupo de acción que se halla muy lejos de Sumar y no muy cerca de Podemos. La CJS no quiere ir a las elecciones. No tendrán papeleta el próximo mes de noviembre. Izquierda dura para tiempos duros. Fermentos del futuro que viene.

Gritaban contra el Gobierno, pero este vio la oportunidad de cambiar de tema después de dos meses de cautiverio en Ceuta. Ceuta, 30-31 de julio del 2026, el cataclismo geopolítico que el equipo de Pedro Sánchez no supo calibrar bien. En Ceuta no se puede hacer nada sin el concurso de Juan Jesús Vivas, alcalde-gobernador desde hace 26 años, que en este episodio se ha puesto a las órdenes de Alberto Núñez Feijóo. Para el PP era y sigue siendo fundamental encapsular el problema en Ceuta, calentarlo sin salir de puerto, para no abrir una discusión con Vox en todas las autonomías sobre la acogida de menores migrantes. No hace falta mencionar el motivo. Ambos partidos se disputan un montón de votos.

La cuestión de Ceuta no va a desaparecer del debate público, en absoluto. Pronto reaparecerá con la inminente visita de los Reyes a las dos ciudades españolas del norte de África.  La cuestión de Ceuta y Melilla pautará la política española durante los próximos 25 años. Prepárense. Marruecos va camino de convertirse en uno de los países más fuertes de África, con el apoyo de Estados Unidos e Israel. Habrá fases y altibajos. Estas semanas, Washington está cuidando las relaciones con Argelia porque necesita más gas en el mercado internacional, ante la crisis de Ormuz. Estos días no hay prisas para relanzar en la ONU la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Las dunas en el desierto suelen ser onduladas.

Acampada en Sol fuera del control del Gobierno, con consignas de huelga general que inquietan a los sindicatos. Sánchez ordena tomar medidas. Quiere recuperar la iniciativa política perdida durante dos meses. De ahí surgen los dos decretos y el convencimiento de que el primero de ellos podía ser aprobado con el apoyo de Junts, cuya portavoz en el Congreso se implica en la negociación. Suenan los teléfonos en Barcelona y en Waterloo.

Una vez amarrada la amnistía –hoy se reúne el Tribunal Constitucional–, Carles Puigdemont no quiere volver a casa pareciendo el salvador de Sánchez en una cuestión que atañe al uso y reglamentación de la propiedad privada. La pequeña propiedad en Catalunya es asunto capital. Siempre lo ha sido. El PSUC empezó a ganar fuerza en 1937 cuando defendió la pequeña propiedad frente al afán colectivizador de la CNT y el POUM. El votante clásico convergente está inquieto, y Aliança Catalana (AC) sigue creciendo en los sondeos. Si AC no se presenta a las generales, Junts ha de ir a por ellos. Junts gira, y el viernes Sánchez se queda sin carretera.

Empieza la campaña electoral más vibrante que habrá conocido este país en muchos años. El mismo lunes, ayer en este relato acelerado, los sindicatos Comisiones Obreras y UGT anuncian la convocatoria de una huelga general por la cuestión de la vivienda. No quieren que el Sindicato de Inquilinas les desborde. Y quieren que se hable de los salarios en un momento en el que repunta la inflación. Con salarios bajos no se puede pagar el alquiler. La vivienda, cuestión nacional-popular. Aviso sindical al futurible PP-Vox.

Nadie está muy seguro de nada, nadie lo controla todo, y el vuelo de una mariposa terminará dentro de una urna el día 29 de noviembre."

(Enric Juliana, La Vanguardia, 06/10/26) 

El movimiento por la vivienda ha transformado la política española y podría salvar a Sánchez el 29 de noviembre... El surgimiento de un movimiento masivo por la vivienda en los últimos diez días ha devuelto la cuestión de la clase social a la agenda política española y ha alterado por completo las dimensiones de las elecciones generales... El Gobierno español reaccionó con rapidez a la presión del movimiento impulsando dos decretos sobre vivienda. Junts se negó a votar a favor de cualquiera de los dos decretos por presiones de la banca catalana y de los grupos de presión del sector inmobiliario... ¿Por qué la derrota parlamentaria del Gobierno sirvió de trampolín para convocar elecciones generales? Antes del desahucio de Maricarmen, la política española se había centrado obsesivamente en la crisis migratoria de Ceuta. Si la crisis de Ceuta hubiera marcado la campaña electoral, Sánchez no habría tenido ninguna oportunidad... La vivienda es un asunto totalmente distinto. Lejos de contraponer a autóctonos frente a inmigrantes o a cristianos frente a musulmanes, la cuestión de la vivienda se define por la división entre inquilino y propietario: entre el joven que no puede permitirse independizarse del hogar familiar y el fondo buitre que busca desahuciar a los inquilinos para dejar paso a los turistas... Pedro Sánchez, al responder con rapidez a las demandas del movimiento por la vivienda, ha posicionado al PSOE y a su gobierno de coalición como defensores de los inquilinos; por el contrario, el PP y Vox se han opuesto rotundamente a los decretos sobre vivienda, apareciendo así como portavoces de las clases propietarias... Sánchez habló de la necesidad de que los votantes le otorgaran una mayoría para poder «someter a las élites». A medida que España se ha polarizado en bloques de izquierda y derecha, Sánchez se ha convertido en la figura dominante del primero (Ben Wray)

"España volverá a las urnas el 29 de noviembre. La decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de convocar nuevamente a la ciudadanía está estrechamente ligada al movimiento social surgido en España durante los últimos diez días contra los desahucios y en defensa del derecho a la vivienda.

La chispa inicial saltó con el desahucio de Maricarmen, una inquilina de 87 años, de su piso en Madrid, donde había residido durante 71 años. La policía agredió a los activistas que intentaban impedir el desalojo, y Maricarmen fue evacuada en camilla. Un fondo buitre, propietario del inmueble, pretendía aumentar el alquiler más de un 300 %. En respuesta al desahucio, miles de activistas —incluidos miembros del sindicato de inquilinos— ocuparon la madrileña Puerta del Sol y montaron tiendas de campaña: la mecha ya se había encendido.

El Gobierno español reaccionó con rapidez a la presión del movimiento impulsando dos decretos sobre vivienda. El primero contemplaba, entre otras medidas, la paralización de todos los desahucios hasta 2030; el segundo atendía las demandas específicas del sindicato de inquilinos sobre contratos incondicionales, obligando a los propietarios a abonar una indemnización equivalente a 12 meses de alquiler si rescindían el contrato y desahuciaban al inquilino. El Gobierno carece de mayoría absoluta y depende del apoyo de un conjunto de partidos de izquierda y de centro-derecha para sacar adelante cualquier ley.

Sánchez dividió la propuesta en dos decretos, previendo que el segundo sería rechazado por sus «aliados» de derecha —el partido independentista catalán Junts per Catalunya y el Partido Nacionalista Vasco (PNV)—, pero confiando en que el primero saldría adelante y se lograría frenar los desahucios. Finalmente, Junts se negó a votar a favor de cualquiera de los dos decretos. Se rumorea que el partido de Carles Puigdemont recibió presiones de la banca catalana y de los grupos de presión del sector inmobiliario. El rechazo de los decretos provocó una gran indignación: al día siguiente, decenas de miles de personas se manifestaron en Madrid y otras muchas miles lo hicieron en el resto de España, produciéndose ocupaciones de plazas públicas por todo el país.

¿Por qué la derrota parlamentaria del Gobierno sirvió de trampolín para convocar elecciones generales? En cualquier caso, Sánchez estaba obligado a convocar elecciones a más tardar en mayo de 2027, y la cuestión de la vivienda constituye un terreno mucho más favorable para la izquierda que cualquier otro tema que pudiera llegar a dominar una campaña electoral. Antes del desahucio de Maricarmen, la política española se había centrado obsesivamente en la crisis migratoria de Ceuta, tras la entrada de miles de personas en el enclave africano desde Marruecos a finales de julio. Si la crisis de Ceuta hubiera marcado la campaña electoral, Sánchez no habría tenido ninguna oportunidad: el debate sobre la inmigración está dominado por el partido de extrema derecha Vox, que arrastra consigo al Partido Popular (PP), de centro-derecha.

La vivienda es un asunto totalmente distinto. Lejos de contraponer a autóctonos frente a inmigrantes o a cristianos frente a musulmanes, la cuestión de la vivienda se define por la división entre inquilino y propietario: entre el joven que no puede permitirse independizarse del hogar familiar y el fondo buitre que busca desahuciar a los inquilinos para dejar paso a los turistas. La crisis de la vivienda está marcada por la clase social: por un lado, quienes poseen múltiples propiedades y pueden utilizar su patrimonio inmobiliario para obtener rentas; por otro, quienes carecen de propiedad y deben pagar alquileres o hipotecas cada vez más inasequibles. En este terreno, el intento de la izquierda de frenar los desahucios transmite un mensaje capaz de atraer a sectores mucho más amplios que su base electoral habitual: una gran mayoría de votantes de todos los partidos, incluidos los del PP y Vox, respalda el llamamiento del sindicato de inquilinos a una huelga general contra los desahucios.

Históricamente, el PSOE de Sánchez se ha posicionado del lado del rentista frente al inquilino. Cuando estalló la crisis financiera de 2008 y cerca de un millón de personas perdieron su vivienda en el país, el PSOE gobernaba y rescató a los bancos, al tiempo que protegía la facultad de los agentes judiciales para desahuciar a las personas de sus hogares. El movimiento antidesahucios PAH, surgido a raíz de la crisis financiera, se opuso explícitamente a la gestión de la crisis por parte del PSOE bajo el liderazgo de Zapatero, hasta que el PP asumió el poder a finales de 2011. En los años posteriores, el número de inquilinos en España ha aumentado a medida que la clase trabajadora se ha visto progresivamente excluida del mercado de compra de vivienda debido a los precios prohibitivos. Sin embargo, incluso cuando Sánchez devolvió al PSOE al poder en 2018, abordar la crisis de la vivienda siguió estando muy lejos de sus prioridades.

De hecho, el único argumento de ataque del PP y Vox que ha ganado cierto peso durante la última semana es el siguiente: ¿por qué el Gobierno español tardó ocho años —y necesitó que se produjera el desahucio de Maricarmen— para tomar finalmente medidas serias ante la crisis de la vivienda? Los precios de la vivienda y los alquileres se han disparado durante el mandato de Sánchez, mientras los salarios han seguido estancados. La agudización de la crisis de la vivienda bajo el gobierno de coalición de izquierdas desde 2020 pone de manifiesto el tipo de socialdemocracia —de carácter débil— que se ha aplicado: aunque el Gobierno ha hecho gala de un discurso de justicia social y ha impulsado algunas reformas en esa dirección, la economía española ha seguido alimentando la inflación de los precios de los activos, la turistificación 
el empleo en el sector servicios con salarios bajos.

No obstante, Sánchez ha logrado mantenerse en el poder hasta ahora gracias a su agilidad política y a su capacidad para captar el sentir de la ciudadanía. Al responder con rapidez a las demandas del movimiento por la vivienda, ha posicionado al PSOE y a su gobierno de coalición como defensores de los inquilinos; por el contrario, el PP y Vox se han opuesto rotundamente a los decretos sobre vivienda, apareciendo así como portavoces de las clases propietarias. La única respuesta del PP ante la crisis habitacional es construir más viviendas, una postura defendida, entre otros, por Jeff Bezos. Sin embargo, cualquiera que recuerde el *boom* inmobiliario español previo a 2008 sabe que esa no es la solución: entre 1998 y 2008 se construyeron seis millones de viviendas y el precio de la vivienda se duplicó. Lo que determina la evolución de los precios inmobiliarios es la aceleración en la creación de crédito hipotecario, no la oferta y la demanda. O, dicho de otro modo: nadie cree que un mayor número de viviendas en manos de fondos buitre vaya a resolver la crisis de la vivienda.

Aun así, las encuestas sugieren que el PP y Vox formarán un gobierno de coalición tras el 29 de noviembre. El principal problema de Sánchez es que los partidos situados a su izquierda —con los que necesita sumar fuerzas para lograr una mayoría— han perdido peso desde las elecciones generales de 2023, cuando el PP y Vox se quedaron a las puertas de la mayoría absoluta. La coalición «Sumar», surgida en torno a Yolanda Díaz en 2023 —tomando el relevo de Podemos como referente de la izquierda alternativa—, parecía una opción renovadora hace tres años; hoy, sin embargo, transmite una imagen muy distinta. Dividida entre los restos de Sumar y los de Podemos, no está claro que la izquierda sea capaz de unirse y, aun logrando articular algo, cabe preguntarse si esa unión sería algo más que una «unidad de cementerio».

Fue un movimiento social masivo —el de los «Indignados» o el «15-M»— el que insufló nueva vida a la izquierda alternativa española. De aquel movimiento surgió Podemos como una fuerza antisistema dinámica y renovadora. Sin embargo, nunca logró desplazar al PSOE como principal actor de la izquierda en la política española. Al final, la izquierda ha terminado sosteniendo al PSOE en el poder, mientras que el PSOE ha ido adoptando gran parte del discurso de la izquierda. En el discurso en el que anunció las elecciones, Sánchez habló de la necesidad de que los votantes le otorgaran una mayoría para poder «someter a las élites». A medida que España se ha polarizado en bloques de izquierda y derecha, Sánchez se ha convertido en la figura dominante del primero.

Pero la aritmética electoral no engaña. Sánchez no ganará en solitario. Necesitará que la izquierda alternativa alcance al menos cerca del 10 % de los votos para tener posibilidades reales de formar gobierno de nuevo. Esto no parecía factible antes de que estallara el movimiento por la vivienda, y sigue pareciendo improbable, pero si logran canalizar parte de la indignación antisistema de dicho movimiento, ¿quién sabe? Los activistas por la vivienda tienen motivos legítimos para recelar de que su movimiento sea instrumentalizado con fines electorales, pero también podrían percibir una oportunidad: si la izquierda logra una victoria sorprendente el 29 de noviembre, todo el mundo sabrá que se lo debe al movimiento por la vivienda, y el impulso político que esto otorgaría al movimiento podría ser enorme.

Por otro lado, si gana la derecha y tenemos un partido de extrema derecha en el gobierno por primera vez en la España posterior a Franco, cabe esperar un giro brusco hacia el autoritarismo. Vox, en particular, buscará avanzar hacia sus aspiraciones de un Estado español centralizado, recortando el poder de las fuerzas independentistas en Cataluña y el País Vasco. El objetivo será restar competencias a las comunidades autónomas para que España no vuelva a vivir un proceso independentista como el que presenciamos en Cataluña hace casi diez años. Se revertirán todos los intentos realizados durante los años de mandato de Sánchez por forjar una España «plurinacional».

Las viejas divisiones que definen a España —de clase y de nación— habían quedado algo eclipsadas durante los años de «gobierno progresista», pero nunca llegaron a desaparecer del todo. La dimensión de clase social ha resurgido con fuerza gracias al movimiento por la vivienda. Si el PP y Vox ganan las elecciones, las divisiones nacionales volverán también a ocupar un lugar central." 

(Ben Wray, Brave New Europe, 05/10/26, traducción google, enlaces en el original) 

2.10.26

El dato que decidirá la política de Pedro Sánchez: La intervención para bajar el alquiler arrasa en la izquierda y se impone también entre los votantes del PP y Vox... Un 67,5% de los encuestados —incluyendo la mayoría de los votantes no solo del PSOE (82,6%), Sumar (95,8%) y Podemos (85,4%), sino también del PP (56,5%) y Vox (55,2%)— están a favor de las políticas de limitación de los precios de la vivienda aunque su aplicación implique una pérdida de rentabilidad del casero. Quienes así lo ven son mayoría incluso entre los caseros (56,5%)... casi el 70% valora negativamente el rechazo del Congreso al anterior intento del Gobierno de aprobar medidas para aplazar desahucios, tumbado por el PP, Vox y Junts... el caso Maricarmen ha tenido un formidable impacto. Más de un 93% de los encuestados han oído hablar del tema... Casi dos tercios de la sociedad están de acuerdo con el ejercicio de la resistencia pacífica para impedir desahucios. Se trata de una opinión de consenso entre los votantes progresistas. Sin embargo, el asunto divide por la mitad a los electorados del PP y Vox (Ángel Munárriz)

"Ante la disyuntiva entre un mercado de la vivienda que se regula a sí mismo en base a la oferta y la demanda o una intervención del Estado para fijar reglas a costa del lucro privado, en la sociedad española se impone con claridad la segunda opción. Es decir, se imponen las visiones dominantes en los principales partidos de izquierdas. Pero no solo ganan entre los votantes progresistas, también entre quienes respaldan al PP y Vox, aunque por menos distancia. Así lo pone de relieve la encuesta sobre vivienda de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER elaborada con 2.000 entrevistas online entre el 25 de septiembre, dos días después del desahucio de Maricarmen Abascal, y el 28 de septiembre, un día antes de que el Ejecutivo aprobara los dos decretos con los que ha intentado dar una respuesta urgente a la conmoción social suscitada por el caso.

Un 67,5% de los encuestados —incluyendo la mayoría de los votantes no solo del PSOE (82,6%), Sumar (95,8%) y Podemos (85,4%), sino también del PP (56,5%) y Vox (55,2%)— están a favor de las políticas de limitación de los precios de la vivienda aunque su aplicación implique una pérdida de rentabilidad del casero. Quienes así lo ven son mayoría incluso entre los caseros (56,5%), según las respuestas recabadas. En cambio, los que piensan que solo el mercado debe establecer los precios sin que el Estado desempeñe ningún papel, aunque esto limite el acceso a la vivienda, se quedan en un 21,7%.

Así que el laissez-faire está en minoría cuando se habla de derecho a techo y menos de una cuarta parte de la sociedad defiende que el mercado imponga las reglas de la vivienda, de acuerdo con los datos de la encuesta, cuyos resultados muestran que importantes medidas en línea con las aprobadas por el Gobierno el martes —y cuya convalidación se votará este viernes en el Congreso con el anunciado rechazo de Junts— cuentan con un aval social mayoritario.

Entre el 70% y 75% está “de acuerdo” o “muy de acuerdo” con aplazar los desahucios a personas vulnerables, regular el precio de los alquileres y ponerles topes anuales. Son medidas que además cuentan con más respaldo que rechazo en los electorados no solo de izquierdas y entre los inquilinos, sino también —aunque más tibiamente— en los de derechas y entre los caseros.

Las medidas que generan más consenso —y que también encajan con lo que recoge el decreto— son ampliar la oferta de vivienda social (82,4%), algo en lo que coinciden todos los partidos y en lo que también están ampliamente de acuerdo sus electorados; y dar ventajas fiscales a los pequeños propietarios (79,7%) para que alquilen a precio asequible, una opción que suele ser recibida con escepticismo o rechazo por Sumar y Podemos pero entre cuyos votantes genera, como en todos los demás, más adhesión que censura.

De menos apoyo, aunque superior al 50%, dispone la idea de subir impuestos a los propietarios de viviendas vacías, posibilidad que también figura en el decreto de función social. En contraste con el respaldo de los encuestados de izquierdas y los inquilinos, a este incremento fiscal se opone la mayoría tanto de los caseros como de los que prevén votar a Alberto Núñez Feijóo (PP) y a Santiago Abascal (Vox) en las generales.

La medida que menos apoyo cosecha, la única por debajo del 50% de apoyo, es limitar el número de viviendas que una persona puede tener en propiedad, a pesar de que entre quienes prevén votar al PSOE, Sumar y Podemos son más quienes la defienden que quienes se oponen. Esta medida no está recogida en ninguno de los dos decretos que se votarán este viernes. Tampoco la normativa que llega al Congreso se centra en los pisos turísticos, un asunto sobre el que la encuesta deja un dato: no permitirlos en edificios residenciales cuenta con el respaldo de un 67,9%, más de dos terceras partes de los encuestados. Aunque los de izquierdas defienden la posibilidad de este veto con más ahínco, también son más los que se alinean con esta posibilidad en la derecha.

De la encuesta también se desprende que hay un extendido apoyo a una de las principales medidas de la Ley de Vivienda impulsada por el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos y aprobada en 2023. Casi dos tercios de la ciudadanía considera “necesario” limitar los precios del alquiler en zonas tensionadas, una bandera de la izquierda pero que también apoya más de la mitad de los votantes de derechas. Y ello a pesar de que las direcciones de los partidos conservadores se oponen, algo especialmente relevante en el caso del PP, que tiene la presidencia de 11 comunidades autónomas y sería clave para el pleno de desarrollo de esta previsión legal.

Un dato que permite aproximarse al pulso social antes de las votaciones de este viernes: casi el 70% valora negativamente el rechazo del Congreso al anterior intento del Gobierno de aprobar medidas para aplazar desahucios, tumbado por el PP, Vox y Junts. Aunque esta valoración negativa es más intensa entre los votantes de izquierdas y los inquilinos, también entre los electores del PP y de Vox y entre los caseros son más quienes la comparten que quienes no.

El ‘caso Maricarmen’

La encuesta muestra que el caso Maricarmen ha tenido un formidable impacto. Más de un 93% de los encuestados han oído hablar del tema. Pero no hay un consenso transversal sobre algunos de los debates que ha abierto. Son mayoría (61,8%) quienes consideran que “no se puede desalojar de su vivienda a una persona mayor sin alternativa habitacional”. Esta opinión es muy mayoritaria entre los votantes de izquierdas, mientras que los del PP y Vox priorizan el derecho del propietario a decidir sobre su vivienda.

También hay brecha ideológica sobre la respuesta en la calle a casos como el de Maricarmen. Casi dos tercios de la sociedad están de acuerdo con el ejercicio de la resistencia pacífica para impedir desahucios. Se trata de una opinión de consenso entre los votantes progresistas. Sin embargo, el asunto divide por la mitad a los electorados del PP y Vox.

La responsabilidad del Gobierno

La dificultad para acceder a una vivienda es el segundo problema que más preocupa en España, por detrás de la inflación, en realidad es un asunto relacionado. En 2023, era el cuarto tema que más inquietaba. Ha avanzado dos puestos. Se trata de una preocupación transversal, compartida —con matices— por todas las generaciones y votantes de todos los partidos.

Ahora bien, que preocupe a izquierda y derecha no significa que se le dé la misma prioridad. Mientras que los votantes del PSOE, Sumar y Podemos creen que es el asunto más urgente que debe atender la política, los del PP y Vox lo colocan por detrás de la inmigración. También hay diferencias ideológicas al preguntar por los factores que provocan el problema. Invitados a citar dos causantes principales, quienes prevén apoyar a partidos de izquierdas identifican en mayor medida a los “fondos buitre” y a los pisos turísticos que quien piensan a hacerlo al PP y a Vox.

Aunque el Gobierno del PSOE y Sumar se esmera en trasladar la idea de que no solo al Ejecutivo compete el problema de la vivienda, y que las comunidades autónomas —la mayoría en manos del PP— son las que tienen las mayores atribuciones, la ciudadanía identifica al al poder estatal como el principal responsable. A la hora de exigir soluciones, un 43,3% señalan al Gobierno central, muy por delante de los que apuntan a las comunidades (19,3%) y los ayuntamientos (5,3%).

La patata caliente de la vivienda pone así la mayor presión en el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que cuenta para afrontar la situación con un dato a favor. El PSOE es el partido que un mayor porcentaje de la población ve como el más capacitado para afrontar el problema. Un 18,5% le otorgan este estatus, por delante del PP y Vox (empatados a 14,4%). Hasta un 22,6% cree que ninguno está capacitado para encarar el desafío.

FICHA TÉCNICA:

Ámbito: España. Universo: población general residente en España (excepto Ceuta y Melilla), a partir de 18 años de edad y con derecho a voto. Tamaño de la muestra: 2.000 entrevistas. Procedimiento: entrevista online (CAWI). Error muestral: +-2,2% (para un 95% de confianza). Fecha de realización: del 25 al 28 de septiembre de 2026"

(Ángel Munárriz , Pablo Montalvo (gráficos), Yolanda Clemente (gráficos) , El País, 02/10/26) 

27.9.26

El poso de estos meses, y especialmente desde Ceuta, era claramente antigobierno, pero la visita a la ONU, algunos incidentes menores, como el del espray en el Congreso, y sobre todo el desahucio de Maricarmen, han modificado la dirección de la conversación pública, y la reacción social al desahucio de Maricarmen construye un espacio idóneo para que las izquierdas recobren el pulso... un ciclo de movilizaciones por la vivienda y de confrontación medida con los socialistas permite que el anuncio de la candidatura y la configuración final de las listas emerja en un momento favorable. Es un marco idóneo para recuperar cierta iniciativa... esta deriva del foco hacia la vivienda también cuenta con elementos positivos para los socialistas. Coloca a Ceuta en un segundo lugar en el discurso público, que es algo que necesitan. Les permitirá aprobar algún decreto con el que tratarán de hacer ver que su gobierno está tomando medidas para corregir los problemas, y pueden contraponer la situación del ciudadano medio con Ayuso y su ático. Pueden sacar partido, además, de esa reacción de las derechas que señala a Maricarmen como la única responsable de su situación y que incide en la culpabilización del perjudicado, tan habitual en las últimas décadas. Las derechas a menudo contribuyen con sus excesos a dar vida a los socialistas y el caso Maricarmen no es una excepción... En España, la posibilidad de competir electoralmente pasa por un acuerdo de los partidos progresistas para concurrir en una sola lista en aquellas provincias que reparten menos diputados. Esa opción cuenta ya con muchos adeptos dentro del nuevo Sumar, ese Frente Amplio que asoma por el horizonte. Es un acuerdo que resultaría funcional porque no haría daño en las grandes ciudades y tampoco causaría destrozo en circunscripciones en las que es muy complicado que las izquierdas obtengan representación... Esta fórmula tiene que ser bendecida por un Sánchez que parece no tener prisa con las generales y cuyo partido está ahora tratando de defender el fuerte progresista. Pero los pasos en esa dirección ya asoman. La iniciativa respecto de una lista única en el Senado puede poner las bases para movimientos futuros (Esteban Hernández)

"La lista única de los progresistas para combatir la alianza PP-Vox.

La política contemporánea tiene dos velocidades. Una es enormemente rápida y cada semana aporta nuevos factores que parecen sacudir el marco. La otra es mucho más lenta y sucede en una temporalidad distinta, en la que se añaden o restan capas al sustrato político de la época. Esos dos planos han chocado en los últimos días: el poso de estos meses, y especialmente desde Ceuta, es claramente antigobierno, pero la visita a la ONU, algunos incidentes menores, como el del espray en el Congreso, y sobre todo el desahucio de Maricarmen, han modificado la dirección de la conversación pública.

Fijar el foco en la vivienda no les viene especialmente bien a los socialistas, pero sí a sus izquierdas. Es un asunto que ha estado en el centro del discurso de las formaciones progresistas que han alcanzado el éxito electoral en los últimos tiempos (Mamdani, Die Linke, el Partido del Trabajo belga o el KPÖ austriaco), por lo que es natural que incidan en él. En España resulta especialmente útil porque permite a las izquierdas subrayar sus diferencias respecto de un gobierno del que forman parte: los socialistas se han mostrado muy timoratos a la hora de aprobar una regulación de la vivienda más contundente. Es la hora de presionar, también con la movilización en la calle.

Las izquierdas tienen varias tareas pendientes. La primera y más urgente es reactivar un espacio en declive que parece demasiado dubitativo y desunido para concurrir a las elecciones con posibilidades de subsistencia. La segunda es fijar una diferencia con los socialistas a pesar de gobernar con ellos: se acercan las elecciones. Para Moncloa, la revitalización de la izquierda es tan positiva como negativa.

Resulta imprescindible si el objetivo es repetir gobierno, pero es perjudicial si la meta socialista es recoger todo el voto posible del espectro progresista. Es algo todavía por decidir. Y en tercer lugar, las izquierdas deben poner hoy las bases del futuro, tanto por si se repite gobierno (y si se decide entrar en él o simplemente se apoya desde fuera a los socialistas) como para el caso de derrota (y hay que construir una alternativa al gobierno PP-Vox que pueda competir también con un PSOE en la oposición).

Una confrontación medida

La reacción social al desahucio de Maricarmen construye un espacio idóneo para que las izquierdas recobren el pulso. La presencia de figuras políticas del entorno progresista en las manifestaciones subraya que no quieren dejar escapar la oportunidad. Su intención era haber designado un candidato en septiembre, pero la falta de avances ha obligado a posponerlo; se apunta a octubre. En cualquier caso, no puede haber más demora y un ciclo de movilizaciones por la vivienda y de confrontación medida con los socialistas permite que el anuncio de la candidatura y la configuración final de las listas emerja en un momento favorable. Es un marco idóneo para recuperar cierta iniciativa.

Las derechas a menudo contribuyen con sus excesos a dar vida a los socialistas y el caso Maricarmen no es una excepción

No obstante, esta deriva del foco hacia la vivienda también cuenta con elementos positivos para los socialistas. Coloca a Ceuta en un segundo lugar en el discurso público, que es algo que necesitan. Les permitirá aprobar algún decreto con el que tratarán de hacer ver que su gobierno está tomando medidas para corregir los problemas, y pueden contraponer la situación del ciudadano medio con Ayuso y su ático. Pueden sacar partido, además, de esa reacción de las derechas que señala a Maricarmen como la única responsable de su situación y que incide en la culpabilización del perjudicado, tan habitual en las últimas décadas. Las derechas a menudo contribuyen con sus excesos a dar vida a los socialistas, y este caso no es una excepción.

Una alianza medida

La agitación de esta semana, sin embargo, no despeja los límites en los que operan las izquierdas. Hay un poso de época que continúa estando presente. En primera instancia, se hace difícil explicar cómo el gobierno de un Estado carece de palancas para evitar un desahucio en concreto. Señala una debilidad significativa del poder del Estado o prueba la falta de voluntad. No es un hecho intrascendente: buena parte del sentimiento antipolítico que ha arraigado entre las poblaciones se nutre de la sensación de impotencia que generan los gobernantes.

Hay deseos entre las izquierdas de que se produzca un 15M de la vivienda, pero la situación hoy es muy distinta

En segundo lugar, está por demostrar la fuerza con la que regresarán las izquierdas. Un asunto concreto puede ejercer de detonante, pero también ser sepultado por la velocidad de los acontecimientos. Hay deseos entre las izquierdas de que se produzca un 15-M de la vivienda, pero en aquel instante una sociedad que se había hartado de la política se identificó con los manifestantes y vio en ese momento de rebelión una señal de que las instituciones debían transformarse.

Hoy el descontento ha tomado otros caminos, y más si son los partidos progresistas los que están al frente del gobierno. Además, las opciones de izquierda que están triunfando funcionan especialmente en grandes ciudades gracias a las simpatías que generan en sus jóvenes y en los colectivos inmigrantes, un movimiento que es más complicado de realizar en las ciudades españolas que en Berlín o Nueva York. Y, sobre todo, se han apoyado en nuevos liderazgos: los que se apuntan en España, desde Colau hasta Urtasun, pasando por Irene Montero, tienen mucho de regreso al pasado.

En el fondo late la pregunta sobre si poner el foco en la vivienda es suficiente para frenar la inercia política de la época, el crecimiento de las derechas soberanistas y su cada vez mayor entendimiento con los partidos liberalconservadores tradicionales. En España los números no cuadran. Las encuestas reflejan de manera sistemática el triunfo holgado de los conservadores.

Pero no se trata solo de eso, sino de que buena parte de las ideas que defienden las derechas tradicionales y las extremas están arraigando en Europa: el consenso existente sobre inversión en energías renovables, la inmigración como beneficiosa y la defensa de los derechos de las minorías ha saltado por los aires. Los partidos de izquierda lo siguen defendiendo, pero cada vez con más matices, y han puesto por encima de ese programa la cuestión de la vivienda y el coste de la vida. Hace unos años eso era anatema. Tanto el giro a la derecha como el de la izquierda son producto de una época distinta.

En España, la posibilidad de competir electoralmente pasa por un acuerdo de los partidos progresistas para concurrir en una sola lista en aquellas provincias que reparten menos diputados. Esa opción cuenta ya con muchos adeptos dentro del nuevo Sumar, ese Frente Amplio que asoma por el horizonte. Es un acuerdo que resultaría funcional porque no haría daño en las grandes ciudades y tampoco causaría destrozo en circunscripciones en las que es muy complicado que las izquierdas obtengan representación.

Permitiría ofrecer una posición de unidad progresista frente a la alianza de las derechas e igualaría unas fuerzas electorales que hoy parecen muy inclinadas hacia los partidos conservadores. Además, y este es un asunto relevante, legitimaría a las izquierdas para oponerse a los socialistas en el futuro: ir juntos en un momento complicado autoriza a tomar distancia cuando sea necesario, o así lo creen en el espacio ‘amplio’. Esta fórmula tiene que ser bendecida por un Sánchez que parece no tener prisa con las generales y cuyo partido está ahora tratando de defender el fuerte progresista. Pero los pasos en esa dirección ya asoman. La iniciativa respecto de una lista única en el Senado puede poner las bases para movimientos futuros."

(Esteban Hernández , El Confidencial, 27/09/26)