"La lista única de los progresistas para combatir la alianza PP-Vox.
La política contemporánea tiene dos velocidades. Una es enormemente rápida y cada semana aporta nuevos factores que parecen sacudir el marco. La otra es mucho más lenta y sucede en una temporalidad distinta, en la que se añaden o restan capas al sustrato político de la época. Esos dos planos han chocado en los últimos días: el poso de estos meses, y especialmente desde Ceuta, es claramente antigobierno, pero la visita a la ONU, algunos incidentes menores, como el del espray en el Congreso, y sobre todo el desahucio de Maricarmen, han modificado la dirección de la conversación pública.
Fijar el foco en la vivienda no les viene especialmente bien a los socialistas, pero sí a sus izquierdas. Es un asunto que ha estado en el centro del discurso de las formaciones progresistas que han alcanzado el éxito electoral en los últimos tiempos (Mamdani, Die Linke, el Partido del Trabajo belga o el KPÖ austriaco), por lo que es natural que incidan en él. En España resulta especialmente útil porque permite a las izquierdas subrayar sus diferencias respecto de un gobierno del que forman parte: los socialistas se han mostrado muy timoratos a la hora de aprobar una regulación de la vivienda más contundente. Es la hora de presionar, también con la movilización en la calle.
Las izquierdas tienen varias tareas pendientes. La primera y más urgente es reactivar un espacio en declive que parece demasiado dubitativo y desunido para concurrir a las elecciones con posibilidades de subsistencia. La segunda es fijar una diferencia con los socialistas a pesar de gobernar con ellos: se acercan las elecciones. Para Moncloa, la revitalización de la izquierda es tan positiva como negativa.
Resulta imprescindible si el objetivo es repetir gobierno, pero es perjudicial si la meta socialista es recoger todo el voto posible del espectro progresista. Es algo todavía por decidir. Y en tercer lugar, las izquierdas deben poner hoy las bases del futuro, tanto por si se repite gobierno (y si se decide entrar en él o simplemente se apoya desde fuera a los socialistas) como para el caso de derrota (y hay que construir una alternativa al gobierno PP-Vox que pueda competir también con un PSOE en la oposición).
La reacción social al desahucio de Maricarmen construye un espacio idóneo para que las izquierdas recobren el pulso. La presencia de figuras políticas del entorno progresista en las manifestaciones subraya que no quieren dejar escapar la oportunidad. Su intención era haber designado un candidato en septiembre, pero la falta de avances ha obligado a posponerlo; se apunta a octubre. En cualquier caso, no puede haber más demora y un ciclo de movilizaciones por la vivienda y de confrontación medida con los socialistas permite que el anuncio de la candidatura y la configuración final de las listas emerja en un momento favorable. Es un marco idóneo para recuperar cierta iniciativa.
Las derechas a menudo contribuyen con sus excesos a dar vida a los socialistas y el caso Maricarmen no es una excepción
No obstante, esta deriva del foco hacia la vivienda también cuenta con elementos positivos para los socialistas. Coloca a Ceuta en un segundo lugar en el discurso público, que es algo que necesitan. Les permitirá aprobar algún decreto con el que tratarán de hacer ver que su gobierno está tomando medidas para corregir los problemas, y pueden contraponer la situación del ciudadano medio con Ayuso y su ático. Pueden sacar partido, además, de esa reacción de las derechas que señala a Maricarmen como la única responsable de su situación y que incide en la culpabilización del perjudicado, tan habitual en las últimas décadas. Las derechas a menudo contribuyen con sus excesos a dar vida a los socialistas, y este caso no es una excepción.
Una alianza medidaLa agitación de esta semana, sin embargo, no despeja los límites en los que operan las izquierdas. Hay un poso de época que continúa estando presente. En primera instancia, se hace difícil explicar cómo el gobierno de un Estado carece de palancas para evitar un desahucio en concreto. Señala una debilidad significativa del poder del Estado o prueba la falta de voluntad. No es un hecho intrascendente: buena parte del sentimiento antipolítico que ha arraigado entre las poblaciones se nutre de la sensación de impotencia que generan los gobernantes.
Hay deseos entre las izquierdas de que se produzca un 15M de la vivienda, pero la situación hoy es muy distinta
En segundo lugar, está por demostrar la fuerza con la que regresarán las izquierdas. Un asunto concreto puede ejercer de detonante, pero también ser sepultado por la velocidad de los acontecimientos. Hay deseos entre las izquierdas de que se produzca un 15-M de la vivienda, pero en aquel instante una sociedad que se había hartado de la política se identificó con los manifestantes y vio en ese momento de rebelión una señal de que las instituciones debían transformarse.
Hoy el descontento ha tomado otros caminos, y más si son los partidos progresistas los que están al frente del gobierno. Además, las opciones de izquierda que están triunfando funcionan especialmente en grandes ciudades gracias a las simpatías que generan en sus jóvenes y en los colectivos inmigrantes, un movimiento que es más complicado de realizar en las ciudades españolas que en Berlín o Nueva York. Y, sobre todo, se han apoyado en nuevos liderazgos: los que se apuntan en España, desde Colau hasta Urtasun, pasando por Irene Montero, tienen mucho de regreso al pasado.
En el fondo late la pregunta sobre si poner el foco en la vivienda es suficiente para frenar la inercia política de la época, el crecimiento de las derechas soberanistas y su cada vez mayor entendimiento con los partidos liberalconservadores tradicionales. En España los números no cuadran. Las encuestas reflejan de manera sistemática el triunfo holgado de los conservadores.
Pero no se trata solo de eso, sino de que buena parte de las ideas que defienden las derechas tradicionales y las extremas están arraigando en Europa: el consenso existente sobre inversión en energías renovables, la inmigración como beneficiosa y la defensa de los derechos de las minorías ha saltado por los aires. Los partidos de izquierda lo siguen defendiendo, pero cada vez con más matices, y han puesto por encima de ese programa la cuestión de la vivienda y el coste de la vida. Hace unos años eso era anatema. Tanto el giro a la derecha como el de la izquierda son producto de una época distinta.
En España, la posibilidad de competir electoralmente pasa por un acuerdo de los partidos progresistas para concurrir en una sola lista en aquellas provincias que reparten menos diputados. Esa opción cuenta ya con muchos adeptos dentro del nuevo Sumar, ese Frente Amplio que asoma por el horizonte. Es un acuerdo que resultaría funcional porque no haría daño en las grandes ciudades y tampoco causaría destrozo en circunscripciones en las que es muy complicado que las izquierdas obtengan representación.
Permitiría ofrecer una posición de unidad progresista frente a la alianza de las derechas e igualaría unas fuerzas electorales que hoy parecen muy inclinadas hacia los partidos conservadores. Además, y este es un asunto relevante, legitimaría a las izquierdas para oponerse a los socialistas en el futuro: ir juntos en un momento complicado autoriza a tomar distancia cuando sea necesario, o así lo creen en el espacio ‘amplio’. Esta fórmula tiene que ser bendecida por un Sánchez que parece no tener prisa con las generales y cuyo partido está ahora tratando de defender el fuerte progresista. Pero los pasos en esa dirección ya asoman. La iniciativa respecto de una lista única en el Senado puede poner las bases para movimientos futuros."
(Esteban Hernández , El Confidencial, 27/09/26)
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