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24.5.26

Según Adam Tooze, los "cuatro jinetes de la heterodoxia" que acechan a la economía son: nacionalizaciones, tipos de interés muy bajos, controles de precios y presión de los Estados sobre sus bancos centrales... en los entornos bursátiles y entre las élites financieras, esta crisis se ha encajado con mucha calma, la que aportan los beneficios extra, pero también con una extraña confianza en que será de corta duración... Gita Gopinath, execonomista jefe del FMI y profesora en Harvard, cree que no se trata tanto de que los mercados estén convencidos de que Trump vaya a dar marcha atrás y acepte una derrota en Irán, sino de que existe la confianza en que, como en otros momentos de crisis, los mercados contarán con un gran y duradero apoyo estatal. Si las cosas se ponen feas, los gobiernos acudirán al rescate... pero dado que el margen fiscal es limitado para un buen número de países, los gobiernos podrían desplegar estas medidas heterodoxas, para absorber el riesgo fiscal... Los dirigentes occidentales no se atrevían a sugerirlas, al menos en teoría, porque cuando llegaron las crisis algunas de ellas emergieron con la justificación de salvar la economía... Todos los Estados importantes han utilizado instrumentos heterodoxos en los últimos años y lo continuarán haciendo. Las nacionalizaciones de empresas en quiebra no han sido inusuales. Los gobiernos europeos seguirán inyectando dinero (unos más que otros, la capacidad fiscal alemana no es la misma que la española o la italiana), con los objetivos más diversos. El dogma alemán del déficit público cero lo han roto ellos mismos. La política industrial regresa de forma decidida... Esto no es una crisis, ni una sucesión de ellas, sino un cambio de orden. En la medida en que la circulación por los mares ya no es segura, en que la guerra ha hecho acto de aparición y que la carrera por el futuro entre EEUU y China, con especial énfasis en la inteligencia artificial, está lanzada, el orden anterior ya no es recuperable... En ese escenario, las medidas económicas heterodoxas aparecerán con más frecuencia y los países que las utilicen con mayor inteligencia abordarán la nueva época con mayor posibilidad de éxito (Esteban Hernández)

 "El primer ministro de la India, Narendra Modi, ha pedido a sus ciudadanos que usen el transporte público, eviten los viajes, trabajen desde casa, disminuyan el consumo de gasolina y diésel, reduzcan las compras de bienes importados, utilicen lo mínimo posible los fertilizantes y no compren oro. El cierre de Ormuz está causando perturbaciones serias en su país, al igual que ocurre en otros Estados asiáticos. En Europa, se han encendido las luces, pero todavía no suenan las alarmas. Y en los entornos bursátiles y entre las élites financieras, esta crisis se ha encajado con mucha calma, la que aportan los beneficios extra, pero también con una extraña confianza en que será de corta duración. Ken Griffin, CEO de Citadel, así lo subrayaba en la conferencia Milken, aunque avisaba de que las perturbaciones se vivirán de forma distinta según el ámbito geográfico: EEUU es una potencia energética y el cierre no le genera dificultades de abastecimiento, al contrario que a otros países. Otra cosa es que el bloqueo termine dañando de manera prolongada a los países en desarrollo, en cuyo caso la sacudida se notaría también en la economía estadounidense. Griffin no parecía demasiado preocupado, lo que resulta significativo en un momento tan incierto.

Esa divergencia en la percepción del riesgo entre los dirigentes políticos y el entorno inversor es explicada por Gita Gopinath, execonomista jefe del FMI y profesora en Harvard, desde una perspectiva realista. No se trata tanto de que los mercados estén convencidos de que Trump vaya a dar marcha atrás y acepte una derrota en Irán, sino de que existe la confianza en que, como en otros momentos de crisis, los mercados contarán con un gran y duradero apoyo estatal. Si las cosas se ponen feas, los gobiernos acudirán al rescate. Sin embargo, esta vez es distinto, porque no es tan fácil diseñar políticas que sean fiscalmente sostenibles y que apoyen el crecimiento a largo plazo. Como subraya Gopinath, dado que el margen fiscal es limitado para un buen número de países, los gobiernos podrían desplegar medidas heterodoxas, como el control de precios, los tipos muy bajos y la presión sobre los bancos centrales para absorber el riesgo fiscal.

Son medidas que resultaban aceptables para las dictaduras, pero que cualquier régimen democrático se negaba a adoptar

En los últimos tiempos, cuando se debía afrontar una crisis, los gobiernos inyectaban dinero en la economía. El problema añadido, y se vio durante el covid, era que las ayudas estaban destinadas mucho más a respaldar a las empresas cotizadas y a sus accionistas que a generar actividad económica. Esa es también parte de la divergencia actual entre la macroeconomía y la vida cotidiana. Sin embargo, la capacidad de seguir aumentando la deuda no es ilimitada, por lo que los mercados financieros empezarán a exigir de manera muy activa que los presupuestos públicos se ajusten. Entonces es cuando podrán aparecer esos instrumentos que Adam Tooze denomina "los cuatro jinetes de la heterodoxia": nacionalizaciones, tipos de interés muy bajos, controles de precios y presión de los Estados sobre sus bancos centrales.

Son el tipo de políticas que los mercados desprecian y temen, y que han estado proscribiendo durante años. Los dirigentes occidentales no se atrevían a sugerirlas: eran medidas que resultaban aceptables en las dictaduras, pero que cualquier régimen democrático se negaba a adoptar. Al menos en teoría, porque cuando llegaron las crisis algunas de ellas emergieron con la justificación de salvar la economía.

La teoría y la realidad

Sin embargo, es muy posible que tales instrumentos se vuelvan más frecuentes en estos tiempos. Si el margen de la inyección fiscal se acorta, se buscarán otros caminos. Son las cosas que nadie quiere hacer, y que nadie sugiere, pero de las que se echa mano cuando el resto de caminos aparecen cerrados. Tooze insiste en que son medidas que no deben demonizarse, que pueden ser útiles en determinados contextos y que deben utilizarse con prudencia y de manera pragmática. En esencia, lo que está de fondo es el debate sobre si el Estado debe intervenir en la economía o si, como se insistía hasta ahora, hay que dejar que el mercado opere por sí mismo.

El carácter progresista de Tooze y de otros economistas que ven adecuadas estas medidas provoca que, a menudo, la discusión derive hacia la ideología, hacia un enfrentamiento entre las distintas formas de gestión económica que propugnan la izquierda y la derecha.

Las medidas heterodoxas han sido utilizadas por los Estados importantes desde hace tiempo. En un contexto difícil, serán más frecuentes

Pero esas discusiones son ociosas. Todos los Estados importantes han utilizado instrumentos heterodoxos en los últimos años y lo continuarán haciendo. Las nacionalizaciones de empresas en quiebra no han sido inusuales. Los gobiernos europeos seguirán inyectando dinero (unos más que otros, la capacidad fiscal alemana no es la misma que la española o la italiana), con los objetivos más diversos. Antes fue la crisis de las 'subprime', más tarde la del covid y ahora la energía y la necesidad de rearme. El dogma alemán del déficit público cero lo han roto ellos mismos cuando lo han necesitado. EEUU no solo ha impuesto aranceles, sino que está priorizando las empresas nacionales en ámbitos muy significativos y Trump está presionando a la Fed. Rusia está en economía de guerra. China es otro nivel en cuanto a la dirección de la economía desde el Estado. La política industrial regresa de forma decidida. Lo cierto es que las medidas heterodoxas han estado presentes en los Estados importantes desde hace tiempo, por lo que resulta esperable que, en un contexto de dificultad, amplíen su ámbito de acción.

Mientras tanto, Europa sigue con su idea de derivar recursos públicos para destinarlos al rearme al mismo tiempo que se ajustan presupuestos y se quieren reformar las pensiones para reducir el gasto estatal. Europa está centrada en acabar con la regulación excesiva, con la búsqueda del déficit cero, y con la reforma de los planes de pensiones para evitar que los 'boomers' les roben el futuro a los jóvenes. Es la idea continuamente presente del regreso a la normalidad: todas las medidas que se han tomado fueron forzadas por contextos excepcionales y, en la medida que desaparezcan, se volverá a la ortodoxia, al sentido común económico, a lo de siempre y a lo bien hecho. Pero habría que preguntarse si no es justo eso "de siempre" lo que ha creado vulnerabilidades extremas a Europa al promover economías excesivamente dependientes del exterior en áreas críticas; si la normalidad a la que se pretende volver no es más que el regreso a aquellas políticas que desindustrializaron Europa salvo en ámbitos muy limitados, no generaron fuentes de energía propia y dañaron el poder adquisitivo y el nivel de vida de la mayoría de sus ciudadanos.

Lo que está de fondo es la búsqueda de fórmulas que permitan a los Estados transitar por una época complicada con rumbo firme

En segundo lugar, esa idea de la excepcionalidad es absurda. Esto no es una crisis, ni una sucesión de ellas, sino un cambio de orden. En la medida en que la circulación por los mares ya no es segura, en que la guerra ha hecho acto de aparición y que la carrera por el futuro entre EEUU y China, con especial énfasis en la inteligencia artificial, está lanzada, el orden anterior ya no es recuperable. Las armas, las finanzas, el papel del dólar, la seguridad en el abastecimiento energético y la protección frente a las turbulencias internacionales suponen un cambio sustancial de dirección. En el mejor de los casos, EEUU y China traerán el orden de nuevo mediante la fijación de esferas de influencia propias; en el peor, iremos hacia una inestabilidad internacional continua. En ese escenario, las medidas económicas heterodoxas aparecerán con más frecuencia y los países que las utilicen con mayor inteligencia abordarán la nueva época con mayor posibilidad de éxito. Lo que está de fondo no es una pelea de la izquierda contra la derecha, sino la búsqueda de fórmulas que permitan a los Estados transitar con mejor rumbo por una época complicada. En ese escenario, será el pragmatismo lo que guíe las acciones de los gobiernos mucho más que la ortodoxia." 

(Esteban Hernández, El Confidencial, 14/05/26)

26.2.26

Vi este titular en The Guardian esta mañana: "La francesa Engie cierra un acuerdo para comprar UK Power Networks por 10.500 millones de libras"... Reino Unido emitirá 247 mil millones de libras esterlinas en bonos el próximo año... Así que existe la capacidad de emitir nuevos bonos para comprar activos... La tasa de interés actual de los bonos gubernamentales en circulación está por debajo del 4%. Esta empresa podría cubrir con creces el costo de interés resultante con sus ganancias... Comprar esta empresa habría tenido, por lo tanto, sentido económico. El gobierno, el país y su seguridad habrían mejorado; las ganancias no habrían estado fluyendo al extranjero. Pero no sucedió ¿Por qué vender activos británicos en el extranjero cuando el gobierno debería comprarlos? (Richard Murphy)

 "Vi este titular en The Guardian esta mañana: 

"La francesa Engie cierra un acuerdo para comprar UK Power Networks por 10.500 millones de libras." (The Guardian)

Por supuesto, solo tuve un pensamiento, que fue: ¿por qué el Estado británico no podría haber comprado esa empresa?

Podría haberlo hecho, por supuesto.

Aprendimos hoy que el Estado del Reino Unido emitirá 247 mil millones de libras esterlinas en bonos el próximo año, lo que representa una disminución con respecto al año actual. La cifra, por supuesto, incluye deuda refinanciada a medida que se amortizan emisiones anteriores y luego se sustituyen.

Así que existe la capacidad de emitir nuevos bonos para comprar activos. Y la realidad es que emitir esos bonos no le cuesta nada al gobierno. Todo lo que representan es una promesa de pago en el futuro, que, en la práctica, nunca se cumplirá porque siempre se renovarán.

La tasa de interés actual de los bonos gubernamentales en circulación está por debajo del 4%. Esta empresa podría cubrir con creces el costo de interés resultante con sus ganancias, mejor de lo que cualquier tercero podría cubrir el costo. Como resultado, no habría habido ningún costo neto para el Tesoro del Reino Unido.

Comprar esta empresa habría tenido, por lo tanto, sentido económico. El gobierno, el país y su seguridad habrían mejorado; las ganancias no habrían estado fluyendo al extranjero. Sterling estaría protegido como resultado.

Pero no sucedió. ¿Por qué, oh por qué, oh por qué?" 

(Richard Murphy, Un Sheffield, blog, 26/02/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

15.11.25

Cómo se puede llegar a ser tan imbécil... El gobierno holandés casi provocó el colapso de la industria automovilística mundial con su guerra de los chips... el gobierno holandés, citando la seguridad nacional y aplicando una legislación de la Guerra Fría de 1950, emitió una orden para expulsar al presidente y director ejecutivo chino de Nexperia, empresa china, y tomar el control directo de la empresa... La empresa matriz de Nexperia, Wingtech Technology, está en la Lista de Entidades de EE. UU. de empresas que Washington considera una amenaza para los intereses nacionales... los funcionarios estadounidenses amenazaron con graves consecuencias si los holandeses no actuaban contra los propietarios chinos... Uno debería recordar la prohibición a Huawei y cómo Estados Unidos presionó a la fabricante de chips de Taiwán, TSMC, para que no vendiera chips de alta gama a China; este es solo el último movimiento en muchas de estas campañas de presión... Lo que sucedió después, sin embargo, fue un contraataque de proporciones épicas y con implicaciones globales... Wingtech Technology desacopló sus instalaciones de producción en Guangdong de la sede de Nexperia en Nimega (Países Bajos). Simultáneamente, el gobierno chino emitió un bloqueo de exportaciones que detuvo todas las futuras ventas de componentes por parte de la empresa, exigiendo que esos chips se vendieran exclusivamente en el mercado interno chino. Combinadas, estas dos medidas desataron una contagión de ataques de pánico entre los ejecutivos automotrices en Europa, América y Asia, pues los chips de Nexperia impulsan millones de coches... La industria automotriz depende de sistemas de entrega justo a tiempo... CNBC informó el 1 de noviembre: “Por ahora, la cadena de suministro de la industria automotriz está en la cuerda floja, amenazando la producción de vehículos en todo el mundo, ya que las empresas advierten sobre la inminente escasez de componentes del fabricante de chips”... así que de repente, el 7 de noviembre Reuters informó que "los Países Bajos están listos para renunciar al control de Nexperia si se reanuda el suministro de chips"... Fue una humillante retirada por parte del gobierno holandés, pero las implicaciones para la UE fueron enormes... Europa lucha contra la desindustrialización, y la debacle de Nexperia fue una clara demostración de la debilidad de Europa (Eugene Doyle)

 "La industria automotriz en Europa, y en partes de Asia y Estados Unidos, estuvo a punto de detenerse por completo este mes. Sólo se salvó gracias a una rápida retirada del mismo gobierno holandés que provocó la crisis en primer lugar. Acechando en la sombra cuando los holandeses atacaron por primera vez estaban los agentes estadounidenses que les hicieron una oferta que no podían rechazar. ¿Y quién dijo que las noticias de negocios no pueden ser emocionantes? Es el último capítulo de La Guerra de los Chips, una lucha épica que ayudará a determinar el mundo en el que pronto viviremos.

 En varios comunicados de prensa, el gobierno holandés fue tajante: no hubo participación de Estados Unidos en su decisión de incautar Nexperia, un importante proveedor de semiconductores para la industria automotriz con sede en los Países Bajos pero propiedad de una empresa china. La empresa matriz de Nexperia, Wingtech Technology, está en la Lista de Entidades de EE. UU. de empresas que Washington considera una amenaza para los intereses nacionales. Esto fue fundamental para lo que ocurrió después.

El 30 de septiembre, el gobierno holandés, citando la seguridad nacional y aplicando una legislación de la Guerra Fría de 1950, la Ley de Disponibilidad de Bienes, emitió una orden para expulsar al presidente y director ejecutivo chino de Nexperia y tomar el control directo de la empresa. El Departamento de Comercio de EE. UU. había emitido una nueva regla ese mismo día, ampliando la Lista de Entidades para incluir subsidiarias de cualquier empresa ya en la lista.

¿Coincidencia? El Ministerio de Asuntos Económicos de los Países Bajos emitió declaraciones diciendo que el momento fue "puramente coincidental". Pero he leído el documento resumen de la sentencia del Tribunal de Apelación de Ámsterdam que falló a favor de las acciones del gobierno; está en blanco y negro: los funcionarios estadounidenses amenazaron con graves consecuencias si los holandeses no actuaban contra los propietarios chinos.

El resumen del tribunal describe una reunión entre funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de los Países Bajos y la Oficina de Seguridad Internacional y No Proliferación de EE. UU. en la que los estadounidenses dejaron claro que el CEO chino "tendrá que ser reemplazado para calificar para la exención de la Lista de Entidades." Los estadounidenses también expresaron frustración por la falta de progreso en lograr que los chinos se desinviertan.

Para ser justos, los holandeses tienen preocupaciones legítimas, como deja claro el documento resumen del tribunal: "Es importante señalar que el Estado argumentó que el negocio operado por Nexperia es esencial para la seguridad económica de los Países Bajos y de Europa, mientras que procesos comerciales cruciales, bienes y conocimientos estaban en riesgo de perderse en el muy corto plazo debido a la reubicación a lugares fuera de Europa."

Nexperia es propiedad de Wingtech Technology, con sede en Guangdong, que, en diciembre de 2024, fue incluida en la Lista de Entidades de EE. UU. La razón principal por la que Wingtech apareció en la lista fue... ¡porque compraron Nexperia a los holandeses! En otras palabras, Estados Unidos, como parte de su estrategia de contención coercitiva, le estaba haciendo a los holandeses una oferta que no podían rechazar: hacer que los chinos se deshagan de Nexperia o prohibiremos a Nexperia en los Estados Unidos y aplastaremos a la empresa con una serie de sanciones. Uno debería recordar la prohibición a Huawei y cómo Estados Unidos presionó a la fabricante de chips de Taiwán, TSMC, para que no vendiera chips de alta gama a China; este es solo el último movimiento en muchas de estas campañas de presión.

Un contraataque de proporciones épicas

Lo que sucedió después, sin embargo, fue un contraataque de proporciones épicas y con implicaciones globales.

De vuelta en China, Wingtech Technology desacopló sus instalaciones de producción en Guangdong de la sede de Nexperia en Nimega (Países Bajos). Simultáneamente, el gobierno chino emitió un bloqueo de exportaciones que detuvo todas las futuras ventas de componentes por parte de la empresa, exigiendo que esos chips se vendieran exclusivamente en el mercado interno chino. Combinadas, estas dos medidas desataron una contagión de ataques de pánico entre los ejecutivos automotrices en Europa, América y Asia.
Los chips de Nexperia impulsan millones de coches.

CNBC informó el 1 de noviembre: “Por ahora, la cadena de suministro de la industria automotriz está en la cuerda floja, amenazando la producción de vehículos en todo el mundo, ya que las empresas advierten sobre la inminente escasez de componentes del fabricante de chips.”

El CEO de Nissan, Ivan Espinosa, dijo a CNBC que la compañía está reservando una provisión de 25 mil millones de yenes para riesgos de suministro, para "absorber" el impacto de la crisis.

Nexperia fabrica millones de transistores, diodos y componentes de gestión de energía que son esenciales para los coches producidos por BMW, Honda, Hyundai, Mercedes-Benz, Nissan, Renault, Stellantis, Volkswagen, Volvo y muchos otros. Las ventanas de los coches se abren, los sensores detectan objetos, los sistemas de frenos responden, los airbags se despliegan y los sistemas de entretenimiento funcionan gracias a estos chips. Estos vehículos típicamente tienen docenas, a veces más de 100, piezas de Nexperia en ellos. Aproximadamente el 70% del valor final del chip se añade en China, el resto principalmente en los Países Bajos y el Reino Unido.

La industria automotriz depende de sistemas de entrega justo a tiempo donde los componentes fluyen de manera constante y cuidadosamente coreografiada a través de los continentes, lo cual es altamente eficiente pero depende de cadenas de suministro confiables. Los holandeses, trabajando con los estadounidenses, decidieron lanzar una granada al sistema. Los holandeses querían aumentar el control de una parte crítica de la cadena de suministro de semiconductores (comprensible, pero ejecutado de manera espantosa); los estadounidenses querían dañar a los chinos como parte de la guerra más amplia de los chips.
El valor holandés flaquea.

A principios de noviembre, el South China Morning Post informó que el ministerio de comercio de China había accedido a una solicitud de los Países Bajos para enviar un equipo para negociaciones.

Luego, de repente, el 7 de noviembre Reuters informó que "los Países Bajos están listos para renunciar al control de Nexperia si se reanuda el suministro de chips."

Fue una humillante retirada por parte del gobierno holandés, pero las implicaciones para la UE fueron enormes. Dependiendo de las lecciones que se hayan aprendido, la tregua puede ser solo temporal.
La Guerra de los Chips y la militarización de los pilares de la economía global

La industria europea está en un estado terrible, atrapada entre el yunque y el martillo. En el mismo momento en que Estados Unidos intenta perjudicar a la industria tecnológica de China, también está decidido a desmantelar tanto como sea posible la manufactura europea, a través de mecanismos como la Ley de Reducción de la Inflación (IRA), que otorga cientos de millones de dólares en subsidios y créditos fiscales a las empresas que trasladan la producción de Europa a Estados Unidos. Volkswagen, BMW, Northvolt y Freyr Battery son solo algunos de los que lo han hecho en detrimento de Europa.

Europa está luchando con costos de energía un 150% más altos que en los EE. UU., políticas desarticuladas en toda la UE y, según la Cámara de Comercio de Alemania, una crisis de desindustrialización aparentemente irreversible. No tiene un plan coherente para crear una industria tecnológica verticalmente integrada que pueda alcanzar un nivel de independencia de los dos gigantes. El debacle de Nexperia fue solo el último capítulo de la Guerra de los Chips y una clara demostración de la debilidad de Europa.

La Guerra de los Chips se intensifica.

Hemos vivido momentos asombrosos en la guerra de los chips. La prohibición de Huawei (2018-) tenía como objetivo debilitar a la estrella tecnológica en ascenso de China; en cambio, actuó como un tremendo estímulo para que China invirtiera cientos de miles de millones de dólares en alcanzar rápidamente a los Estados Unidos y prescindir de sus productos. Ejemplo de ello: la presencia anteriormente dominante del gigante estadounidense de semiconductores Nvidia en China ha colapsado hasta cero, en gran parte gracias a las sanciones estadounidenses a China que comenzaron en 2022 y culminaron con China prohibiendo la compra de chips de Nvidia por parte de empresas respaldadas por el estado en 2025.

En respuesta al desafío de China, Washington lanzó la Ley CHIPS y Ciencia (2022), un plan de 280 mil millones de dólares para trasladar la fabricación de semiconductores al país y fomentar la IA, la computación cuántica, la robótica y otras aplicaciones. La segunda administración Trump ha dado al sector impulsos financieros adicionales.

En 2023, como parte de una política estadounidense de "contención coercitiva", los holandeses fueron obligados por Estados Unidos a bloquear a su propia empresa más grande, ASML, de vender las máquinas de litografía más avanzadas del mundo a su mayor cliente: China. Costó a los holandeses cientos de millones de euros... pero todo sea por complacer al Tío Sam.

Podría seguir, pero lo que está claro es que la Guerra de los Chips ha expuesto cuán frágil es la cadena de suministro global de semiconductores cuando las superpotencias se enfrentan. Ahora que hemos vuelto completamente al capitalismo gangsteril y Estados Unidos está apretando a amigos y enemigos por igual, tenemos la complejidad añadida de que los chinos han alcanzado un momento económico y geopolítico crítico en el que pueden demostrar cuánto han aprendido sobre cómo hacer negocios de sus tutores estadounidenses.


(Eugene Doyle, Solidarity.co.nz, 14/11/25, traducción Quillbot, enlaces en el original)

31.10.25

Arnaud Bertrand: En el acuerdo con China, Estados Unidos acaba de acordar suspender su llamada "regla del 50%", que fue el detonante clave para que los Países Bajos se apropiaran de Nexperia (Estados Unidos básicamente le dijo a los Países Bajos que la única forma en que Nexperia podía escapar de las nuevas sanciones de la "regla del 50%" era deshacerse de la propiedad china en la empresa). No está claro qué sucederá ahora con Nexperia y la industria automovilística de la UE, pero la lógica dictaría que la empresa sea devuelta a sus legítimos propietarios y que todo vuelva a la normalidad... Collingwood: Europa dañó gravemente su industria, su capacidad de inversión y su reputación sólo para ayudar a Estados Unidos a obtener ventajas, que Trump pudo canjear durante las negociaciones con China, sin considerar las necesidades de Europa ni por un segundo. Esto es lo que significa ser un vasallo, amigos

Collingwood  @admcollingwood

Me encanta cómo Europa dañó gravemente su industria, su capacidad de inversión y su reputación solo para ayudar a Estados Unidos a obtener ventaja, la cual luego pudo canjear durante negociaciones en las que no consideró las necesidades de Europa ni por un segundo. Esto es lo que significa ser un vasallo, amigos.

(I love the way Europe did serious damage to its industry, investability and reputation just to help the US gain leverage that it could later trade away during negotiations in which it did not consider Europe's needs for even a millisecond. This is what it is to be a vassal, folks)

4:59 p. m. · 30 oct. 2025 18,4 mil Visualizaciones

 
Arnaud Bertrand   @RnaudBertrand

En el acuerdo con China, Estados Unidos acaba de acordar suspender su llamada "regla del 50%", que fue el detonante clave para que los Países Bajos se apropiaran de Nexperia (Estados Unidos básicamente le dijo a los Países Bajos que la única forma en que Nexperia podía escapar de las nuevas sanciones de la "regla del 50%" era deshacerse de la propiedad china en la empresa). No está claro qué sucederá ahora con Nexperia y la industria automovilística de la UE, pero la lógica dictaría que la empresa sea devuelta a sus legítimos propietarios y que todo vuelva a la normalidad. Si bien es cierto que esperar que los legisladores europeos actúen con lógica es una tarea ardua…

(The US just agreed in the China deal to suspend its so-called "50% rule" which was the key trigger for Dutch seizing Nexperia (the U.S. essentially told the Dutch that the only way Nexperia could escape the new "50% rule" sanctions was to get rid the Chinese ownership in the company). Unclear what will happen for Nexperia and the EU auto industry now but logic would dictate that the company be given back to its rightful owners and everything can return to normal. Although, admittedly, expecting European legislators to act based upon logic is a tall order…)

4:39 p. m. · 30 oct. 2025 70,7 mil Visualizaciones

24.10.25

POLITICO: La guerra geopolítica en torno al proveedor de chips Nexperia, con sede en los Países Bajos pero de propiedad china, está aterrorizando a los fabricantes de automóviles europeos, que temen ser golpeados por una escasez de chips que podría causar estragos en las cadenas de suministro y cerrar las líneas de producción... El suministro de chips cruciales de Nexperia para la industria automotriz está disminuyendo solo unas semanas después de que el gobierno holandés tomara el control de Nexperia... Los chips de Nexperia se utilizan en toda la cadena de valor automotriz, desde los airbags hasta los sistemas de entretenimiento... el caos comenzó cuando el gobierno holandés decidió a finales de septiembre invocar una ley nacional de 1952 para tomar el control de Nexperia, que fue adquirida por la empresa china Wingtech en 2019

 "La guerra geopolítica en torno al proveedor de chips Nexperia, con sede en los Países Bajos pero de propiedad china, está aterrorizando a los fabricantes de automóviles europeos, que temen ser golpeados por una escasez de chips que podría causar estragos en las cadenas de suministro y cerrar las líneas de producción.

El suministro de chips cruciales de Nexperia para la industria automotriz está disminuyendo solo unas semanas después de que el gobierno holandés tomara el control de Nexperia y tanto Estados Unidos como China impusieran controles de exportación a la empresa.

"Veremos paradas y desaceleraciones en la producción en breve a nivel global porque muchos proveedores no tienen la profundidad de stock de los chips," dijo un alto funcionario de la industria automotriz que habló bajo condición de anonimato debido a la sensibilidad del tema. "El sector automotriz está en el ojo del huracán."

Los chips de Nexperia se utilizan en toda la cadena de valor automotriz, desde los airbags hasta los sistemas de entretenimiento.

La escasez amenaza con repetir lo ocurrido en 2022, cuando la falta de microchips durante la pandemia paralizó de manera similar las plantas de automóviles. Sin embargo, los fabricantes de automóviles han hecho poco para reforzar sus cadenas de suministro contra los cambios geopolíticos, y un plan de la UE para reubicar parte de la fabricación de chips está muy por debajo de sus objetivos.

El fabricante de chips con sede en los Países Bajos advirtió a sus clientes sobre un "desarrollo imprevisto que puede afectar la disponibilidad de ciertos productos", según una declaración de fuerza mayor emitida el 9 de octubre, reportada por varios medios y vista por POLITICO.

El aviso encendió la chispa para que los fabricantes de automóviles y sus proveedores se hicieran con cualquier chip disponible, provocando una carrera por los materiales.

"Es como la pandemia cuando la gente se lanzaba a comprar papel higiénico," dijo un segundo conocedor de la industria automotriz.
En la cima de la lista

Tras la escasez de 2022, la UE aprobó la Ley de Chips para aliviar la peligrosa dependencia del sector de otras regiones para los chips avanzados o "madurados".

Avancemos tres años, y aparentemente no ha cambiado mucho.

Esta vez, el caos comenzó cuando el gobierno holandés decidió a finales de septiembre invocar una ley nacional de 1952 para tomar el control de Nexperia, que fue adquirida por la empresa china Wingtech en 2019.

El gobierno holandés temía que el CEO de Nexperia, quien fundó Wingtech, estuviera transfiriendo la tecnología y los activos de producción del fabricante de chips fuera del país.

Su decisión llegó un día después de que Estados Unidos extendiera los controles de exportación a Wingtech a su subsidiaria Nexperia.

Cuatro días después de que los holandeses tomaran el control de Nexperia, el Ministerio de Comercio chino impuso controles de exportación a Nexperia China, prohibiendo la exportación de componentes fabricados en China.

Los chips se utilizan de manera ubicua en la fabricación moderna, impulsando la transición verde y digital. Aunque los chips de Nexperia no son los más avanzados, son críticos para los fabricantes de automóviles: Un coche tradicional contiene hasta 500 chips de la empresa; un vehículo eléctrico puede tener hasta 1,000.

La represión de China a la exportación de chips, junto con su control de los imanes de tierras raras — un componente igualmente importante para los vehículos — ha llevado la crisis de Nexperia a la cima de la lista de prioridades de Bruselas.

"El tema de los chips es de gran importancia para muchos aspectos de nuestra política, especialmente la transición energética," dijo el lunes la portavoz principal de la Comisión Europea, Paula Pinho.

Añadió que el Comisario de Industria, Stéphane Séjourné, planteó el tema en una reunión con los líderes de la industria el mismo día, "para escuchar de las empresas si hay escasez."

La aportación de las empresas se incorporó a una llamada entre el jefe de comercio de la UE, Maroš Šefčovič, y su homólogo chino, Wang Wentao, el martes. A continuación, se espera una visita de funcionarios chinos a la UE para discutir los controles de exportación.

Las empresas ya han comenzado a discutir públicamente el impacto potencial de lo que está sucediendo en Nexperia.

El grupo de presión de la industria automotriz ACEA dijo la semana pasada que estaba "profundamente preocupado por la posible interrupción significativa" en la fabricación si no se resolvía rápidamente la interrupción del suministro de chips de Nexperia.

El grupo argumentó que los chips provenientes de Nexperia podrían obtenerse en otro lugar, pero el cambio tomaría más tiempo del que duraría el stock actual de chips de Nexperia.

Volkswagen ha advertido a sus trabajadores que son inminentes posibles paradas de producción, informó el medio alemán Bild.

"Nexperia no es un proveedor directo del Grupo Volkswagen." Sin embargo, algunas piezas de Nexperia se utilizan en los componentes de nuestros vehículos, que nos son suministrados por nuestros proveedores directos,” dijo un portavoz de VW a POLITICO. "En este momento, nuestra producción no se ve afectada." Sin embargo, dadas las circunstancias cambiantes, no se pueden descartar efectos a corto plazo en la producción.
Segunda Ley de Chips

El caso de Nexperia y las posibles escaseces han vuelto a poner la peligrosa dependencia de microchips de la UE en el mapa político.

La Comisión Europea anunció esta semana que planea introducir una segunda Ley de Chips en el primer trimestre del próximo año, tras una revisión programada para septiembre de 2026.

Actualmente, el bloque está muy lejos de alcanzar el objetivo de la primera Ley de Chips, que era aumentar la cuota de mercado del bloque en la cadena de valor global de los microchips al 20 por ciento para 2030, aproximadamente el doble de su cuota actual.

Tanto los legisladores como los países de la UE quieren una segunda Ley de Chips.

"La Ley Europea de Semiconductores 2.0 está en proceso de elaboración." Pero el caso de Nexperia muestra que el tiempo es corto,” dijo Herman Quarles van Ufford, investigador principal del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, en una publicación de blog el miércoles." 

Jordyn Dahl and Pieter Haeck , POLITICO, 23/10/25, traducción Quillbot, enlaces en el original)

17.10.25

El robo de Nexperia por parte del gobierno holandés (presionado por los EE. UU.) fue una acción tan profundamente estúpida que está paralizando literalmente toda la industria automovilística europea... Nexperia es una importante empresa de la UE con más de 12.000 empleados, que abastece de chips a gran parte de la industria automotriz europea... los holandeses expropiaron las acciones de la compañía, poniéndolas bajo la gestión de un fideicomisario externo. Todo ello en virtud de una ley de emergencia en tiempos de guerra... Un par de días después, China respondió imponiendo controles de exportación a Nexperia, prohibiéndole exportar productos fabricados en China, que, según tengo entendido, constituyen la inmensa mayoría de su cadena de suministro... esto paraliza por completo a la empresa. Y ahora , efectivamente, toda la industria automovilística europea está diciendo que se enfrentarán a "una interrupción significativa si la interrupción de los chips Nexperia no se puede resolver de inmediato". Y la gran perdedora, obviamente, es de nuevo Europa... ¿Todo para qué? Todo para complacer a "papá" Trump... Europa no dijo que "Estados Unidos no puede determinar unilateralmente lo que una empresa neerlandesa puede hacer simplemente porque no le guste la nacionalidad de sus accionistas"... sino que envió el mensaje de "Lo siento muchachos, pero si Washington decide que no le gusta su nacionalidad, confiscaremos sus activos". Y al hacerlo, no solo están matando los activos en cuestión, sino también la industria más importante del continente. Decir que esto es una tontería ni siquiera es el comienzo de describirlo (Arnaud Bertrand)

Arnaud Bertrand @RnaudBertrand

Ahí lo tienen, la manifestación concreta de por qué el robo de Nexperia por parte del gobierno holandés (presionado por los EE. UU.) fue una acción tan profundamente estúpida: están paralizando literalmente toda la industria automovilística europea. 

Un recordatorio de lo que pasó aquí: En junio, EE. UU. comunicó a los Países Bajos que implementaría una nueva legislación extraterritorial contra China, según la cual cualquier filial de una empresa china sancionada por ellos también sería sancionada automáticamente.

 Dijeron que esta norma se aplicaría a Nexperia, un fabricante de semiconductores con sede en Países Bajos, adquirido en 2018 por 3.600 millones de dólares por la empresa china Wingtech Technology, sancionada por EE. UU. desde diciembre de 2024. Nexperia es una importante empresa de la UE con más de 12.000 empleados, que abastece de chips a gran parte de la industria automotriz europea. 

EE. UU. comunicó a los Países Bajos que la única forma de que Nexperia eludiera las sanciones era deshacerse de China. No me lo estoy inventando, todo salió en el Financial Times: https://ft.com/content/db019842-01a9-4488-a6a0-45d0e102536b 

Los holandeses prepararon una estrategia legal para deshacerse de los chinos en Nexperia y, cuando EE. UU. finalmente implementó su nuevo régimen a finales de septiembre ( https://bis.gov/press-release/department-commerce-expands-entity-list-cover-affiliates-listed-entities ), casi simultáneamente procedieron a arrebatarles Nexperia a los chinos. "Arrebatar" es el término correcto: suspendieron al director ejecutivo chino de su cargo, nombraron a un director no chino en el consejo con derecho a voto decisivo y expropiaron las acciones de la compañía, poniéndolas bajo la gestión de un fideicomisario externo. Todo ello en virtud de una ley llamada "Ley de Disponibilidad de Bienes" ( https://government.nl/latest/news/2025/10/12/minister-of-economic-affairs-invokes-goods-availability-act ), una legislación de emergencia en tiempos de guerra diseñada para asuntos como la requisición de pan o combustible durante una invasión extranjera. 

Un par de días después, China respondió imponiendo controles de exportación a Nexperia, prohibiéndole exportar productos fabricados en China, que, según tengo entendido, constituyen la inmensa mayoría de su cadena de suministro. 

En efecto, esto paraliza por completo a la empresa. - Y ahora , efectivamente, toda la industria automovilística europea está diciendo que se enfrentarán a "una interrupción significativa si la interrupción de los chips Nexperia no se puede resolver de inmediato". Y la gran perdedora, obviamente, es de nuevo Europa. No solo está destruyendo una de sus empresas tecnológicas insignia, sino que también está hundiendo a toda la industria automotriz europea en el proceso. 

¿Todo para qué? Todo para complacer a "papá" Trump. Como escribí el día 1 ( https://x.com/RnaudBertrand/status/1977563638904021199 ), esta nueva legislación extraterritorial estadounidense podría haber sido finalmente una oportunidad para que la UE afirmara su autonomía estratégica poniendo una línea en la arena y emitiendo una declaración como esta: Nexperia es una empresa europea sujeta a la legislación europea. Opera bajo la jurisdicción neerlandesa, emplea a 14.000 personas en todo el mundo, con importantes operaciones en Europa, y presta servicios a industrias europeas cruciales. 

Estados Unidos no puede determinar unilateralmente lo que una empresa neerlandesa puede hacer simplemente porque no le guste la nacionalidad de sus accionistas. Solicitamos a Wingtech que asuma compromisos vinculantes: que la inversión en I+D continúe, que los empleos europeos estén protegidos y que todas sus operaciones cumplan con la legislación de la UE.

 A cambio, protegeremos a Nexperia de las sanciones extraterritoriales estadounidenses que violan nuestra soberanía. Si hubiera hecho eso, Europa se habría posicionado como un actor independiente genuino, habría demostrado que los derechos de propiedad europeos son reales y que Europa está comprometida a proteger los activos extranjeros, incluso de los EE.UU. 

Pero no, el mensaje que envió en cambio es: "Lo siento muchachos, pero si Washington decide que no le gusta su nacionalidad, confiscaremos sus activos". Y al hacerlo, no solo están matando los activos en cuestión, sino también la industria más importante del continente. Decir que esto es una tontería ni siquiera es el comienzo de describirlo.

(There you go, the concrete manifestation of why the Dutch government's theft of Nexperia (pressured by the US) was such a profoundly dumb move: they're literally bringing the entire European auto industry to a halt. A reminder of what happened here: - Back in June, the US told the Dutch that they would roll out a new anti-China extraterritorial legislation, whereby any subsidiary company of a Chinese company sanctioned by them would automatically be sanctioned too. They said that this rule would apply to Nexperia, a semiconductor manufacturer headquartered in Holland acquired in 2018 for $3.6 billion by Chinese company Wingtech Technology, which sanctioned by the US since December 2024. Nexperia is a major EU company with over 12,000 employees, supplying much of the EU auto industry with chips. The US told the Dutch that the only way Nexperia could escape the sanctions was to get rid the Chinese. I'm not making any of that up, it was all reported in the Financial Times: https://ft.com/content/db019842-01a9-4488-a6a0-45d0e102536b - The Dutch prepared a legal strategy to get rid of the Chinese in Nexperia and, when the US finally did roll out their new rule in the very end of September (https://bis.gov/press-release/department-commerce-expands-entity-list-cover-affiliates-listed-entities), the Dutch almost simultaneously moved to seize Nexperia away from the Chinese. "Seizure" is the right term here: they they suspended the Chinese CEO from his position, appointed a non-Chinese director on the board with decisive voting rights and expropriated the company's shares by placing them under management by a third-party trustee. All under a law called the "Goods Availability Act" (https://government.nl/latest/news/2025/10/12/minister-of-economic-affairs-invokes-goods-availability-act), which is an emergency wartime legislation designed for things like the requisition of bread or fuel during a foreign invasion. - A couple of days later, China responded by putting export controls on Nexperia, banning the company from exporting products made in China, which I understand is the immense majority of their supply chain. In effect, this completely cripples the company. - And now , sure enough, the entire European auto industry is saying that they will face "significant disruption if the interruption of Nexperia chips cannot be immediately resolved." And the big loser here, obviously, is again Europe. Not only it's getting one of its flagship tech companies destroyed, but it's also bringing down the entire European auto industry in the process. All for what? All to please "daddy" Trump. As I wrote on day 1 (https://x.com/RnaudBertrand/status/1977563638904021199
), this new US extraterritorial legislation could have finally been an opportunity for the EU to assert its strategic autonomy by putting a line in the sand and issue a statement like this: "Nexperia is a European company subject to European law. It operates under Dutch jurisdiction, employs 14,000 people globally with major operations in Europe, and serves critical European industries. The United States does not get to unilaterally determine what a Dutch company can do simply because it dislikes the nationality of the shareholders. We ask that Wingtech provide binding commitments: R&D investment continues, European jobs are protected, and all operations comply with EU law. In exchange, we will shield Nexperia from extraterritorial US sanctions that violate our sovereignty." If it had done that, Europe would have positioned itself as a genuine independent player, demonstrated that European property rights are real and that Europe is committed to protecting foreign assets, even from the U.S. But no, the message it sent instead is: "Sorry guys but if Washington decides it doesn't like your nationality, we'll seize your assets" And by doing so, not only they're killing the assets in question, but the most important industry on the continent too. Calling this "dumb" doesn't even begin to describe it.)

4:49 p. m. · 17 oct. 2025 24,8 mil Visualizaciones

 

 ACEA @ACEA_auto

Estamos profundamente preocupados por la posible interrupción significativa de la fabricación de vehículos europeos si la interrupción del suministro de chips Nexperia no se puede resolver de inmediato. El 10 de octubre, los fabricantes #automobile y sus proveedores recibieron una notificación de Nexperia que describía una serie de eventos que les impedían garantizar la entrega de sus chips a la cadena de suministro automotriz. Nexperia es un importante proveedor de semiconductores de alto volumen, que se utilizan frecuentemente en las unidades de control electrónico de los sistemas eléctricos de los vehículos, por ejemplo. Sin estos chips, los proveedores europeos de automóviles no pueden fabricar las piezas y componentes necesarios para abastecer a los fabricantes de vehículos, lo que amenaza con provocar paradas de producción. Necesitamos soluciones rápidas y pragmáticas de todos los países involucrados. 

 https://acea.auto/press-release/acea-calls-for-quick-resolution-to-critical-chip-supply-shortage/

(We are deeply concerned by potential significant disruption to European vehicle manufacturing if the interruption of Nexperia chips supplies cannot be immediately resolved. On 10 October, #automobile manufacturers and their suppliers received notice from Nexperia outlining a sequence of events that results in them no longer being able to guarantee delivery of their chips to the automotive supply chain. Nexperia is an important, high-volume supplier of semiconductors that are often used in the electronic control units of vehicle electrical systems, for example. Without these chips, European automotive suppliers cannot build the parts and components needed to supply vehicle manufacturers and this therefore threatens production stoppages. We need quick and pragmatic solutions from all countries involved. See our full statement) 

2:31 p. m. · 16 oct. 2025 93,6 mil Visualizaciones

16.10.25

El gobierno neerlandés se acaba de apropiar de una planta de chips china en el país. Tras el robo de los activos rusos, parece que ahora les toca a los chinos. Toda una invitación al resto del mundo a invertir en nuestro continente... La incautación de Nexperia por parte del Gobierno neerlandés causó conmoción en el mundo comercial esta semana. La expropiación estatal (un término diplomático para lo que a menudo es simplemente «confiscación» o incluso «robo») ha sido históricamente muy poco frecuente, hasta la reciente congelación de los activos rusos por parte de las potencias occidentales. Las naciones europeas han acordado robar, perdón, expropiar, los dividendos de los intereses obtenidos por el dinero ruso. (La excusa de los europeos, que es del tipo «Bueno, se lo merecen», no se considera normalmente una justificación legal para el robo). Sin embargo, los empresarios de todo el mundo temen que esto deje de ser algo excepcional (Nury Vittachi)

 "LAS EMPRESAS CHINAS SE APREMIAN por ver si tienen que reestructurar sus operaciones para protegerse después de que la planta europea de chips de Wingtech fuera incautada esta semana por el Gobierno neerlandés.

Además, ahora se sabe que este es uno de los varios ataques contra la aclamada empresa tecnológica china, que en su día fue conocida como contratista de productos Apple y que actualmente es uno de los principales productores de semiconductores del mundo.

Wingtech presentó ayer documentos ante la Bolsa de Shanghái en los que revelaba que estaba reestructurando sus operaciones internacionales y vendiendo sus unidades en Hong Kong, India e Indonesia a una empresa asociada, Luxshare.

Ahora, otras empresas buscan formas de protegerse, por temor a una ola de expropiaciones similares por parte de países occidentales como el Reino Unido, los Países Bajos, los Estados Unidos u otros.

«Esto parece el comienzo de algo malo», nos dijo el propietario de una empresa internacional en Hong Kong. .

ATAQUES ANTERIORES

En 2021, la mayor empresa fabricante de chips del Reino Unido, conocida como Newport Wafer Fab, quebró. Fue rescatada por Wingtech, que pagó 63 millones de libras esterlinas a través de su filial europea Nexperia para reflotarla.

La empresa china se sometió a dos controles de seguridad del Reino Unido que confirmaron que era un propietario sin riesgos para la seguridad. Los más de 500 empleados de la planta lo celebraron, en una noticia que tuvo una amplia cobertura en el país.

El propietario chino se ganó el corazón de los empleados al garantizarles sus puestos de trabajo, salarios, bonificaciones y pensiones, y al comprometerse a invertir más de 80 millones de libras esterlinas en la mejora de los equipos durante el primer año.

Pero al año siguiente, en 2022, el Gobierno británico ordenó inesperadamente a Nexperia que vendiera todas sus acciones y se marchara, debido a su propiedad china. Los gobernantes del Reino Unido utilizaron diversos medios legales para obligar a los chinos a salir del país.

TAMBIÉN EN ESTADOS UNIDOS

Estados Unidos también ha estado creando problemas a la empresa china, conocida por sus productos de alta calidad.

A principios de este año, Wingtech Technology se vio obligada a vender sus participaciones en cinco filiales dedicadas al montaje de productos.

El Departamento de Comercio de Estados Unidos había incluido a la empresa en su temida «lista de entidades» en diciembre de 2023, lo que imposibilitó que sus clientes de todo el mundo siguieran utilizándola.

El acuerdo de salida, con el traspaso de la propiedad a Luxshare a principios de este año, se valoró en 635 millones de dólares, lo que demuestra la gran envergadura de la operación antes de que Estados Unidos la pisoteara.

OTRAS EMPRESAS TAMBIÉN

Otras empresas chinas han sufrido en los últimos tres años.

El grupo de inteligencia británico GCHQ dio el visto bueno al hardware de Huawei, pero en 2022 el Gobierno del Reino Unido siguió las instrucciones de Estados Unidos y ordenó legalmente la retirada completa de todos los equipos de Huawei de las redes 5G del país por motivos políticos.

El resultado es que el Reino Unido tiene ahora las peores velocidades de Internet de banda ancha de toda la región europea.

El Reino Unido también bloqueó la venta de Pulsic Ltd, un diseñador de chips, a un comprador chino, lo que reveló una hostilidad hacia los chinos que sorprendió a muchas personas de la comunidad empresarial internacional.

ANÁLISIS: OCCIDENTE ESTÁ JUGANDO DURO

La incautación de Nexperia por parte del Gobierno neerlandés causó conmoción en el mundo comercial esta semana. La expropiación estatal (un término diplomático para lo que a menudo es simplemente «confiscación» o incluso «robo») ha sido históricamente muy poco frecuente, hasta la reciente congelación de los activos rusos por parte de las potencias occidentales.

Las naciones europeas han acordado robar, perdón, expropiar, los dividendos de los intereses obtenidos por el dinero ruso. (La excusa de los europeos, que es del tipo «Bueno, se lo merecen», no se considera normalmente una justificación legal para el robo).

Sin embargo, los empresarios de todo el mundo temen que esto deje de ser algo excepcional.

«No se trata de un cambio reaccionario. Al contrario, está planificado, estructurado y aprobado por las naciones occidentales, ahora que se han establecido y fijado los precedentes», nos ha dicho hoy un analista con sede en Hong Kong.

«Occidente ha decidido de forma preventiva que, empezando por sectores críticos concretos, ha llegado el momento de iniciar un proceso de expropiación», ha añadido."

(Nury Vitacchi, X, 14/10/25, traducción DEEPL)   

28.6.25

Turiel: Hubo algún incidente en la red que generó un problema, desatando una inestabilidad, esa es la causa inmediata. Y la causa última es todo lo que llevó a la red a no poder absorber esta incidencia recuperando la estabilidad. Y esto segundo hace tiempo que está pasando y que se sabe, y tiene que ver con cómo se han implementado las energías renovables... Las renovables se han instalado masivamente en los últimos años pero sin sistemas de estabilización, sistemas que las otras centrales sí llevan: centrales nucleares, de ciclo combinado, o una hidroeléctrica si que llevan volantes de inercia, u otros sistemas que están pensados justamente para ayudar cuando hay oscilaciones en la red. En cambio, se ha permitido que las renovables funcionen «a pelo»... la normativa europea no sólo lo ha permitido sino que lo ha favorecido porque se buscaba una implementación rápida de las renovables. Pero esto es peligroso... Hubo un incidente el 8 de enero de 2021 en el que casi se cae toda la red europea. Es un problema que afecta a toda la red europea y que viene del modelo de integración de las renovables. Se ha hecho de una manera que es una barbaridad y una cacicada, porque se han implementado sin sistemas de estabilización, y estamos pagando las consecuencias... el oligopolio eléctrico, que ha obtenido enormes beneficios con el auge de las renovables, ha aplicado el ‘low cost’ en seguridad, y se ha negado a invertir en sistemas de estabilización. ¿Es eso? ¿Estamos ante un apagón causado por la codicia monopolista? Exactamente, eso es... hay sistemas de estabilización de las renovables. Sistemas que no se ha querido hacer una inversión para implementarlos por el coste de los mismos. ¿Qué sistemas deberíamos instalar para dar estabilidad a las renovables? Volantes de inercia, baterías de litio, sistemas de sales fundidas. ¿Qué debería hacerse? Pues combinar todas estas soluciones técnicas, todas juntas, en un sistema bien planificado, para que se aprovechen sus sinergias, como si fuera una orquesta. ¿Qué pasa? Que todo esto, a escala nacional y no digamos europea, es caro, muy caro. Requiere de una enorme inversión... “La producción de electricidad debería estar nacionalizada”

 "Meses después del 'gran apagón' que dejó a España a oscuras, aún no sabemos las causas inmediatas del incidente, pero hay una abrumadora cantidad de evidencias que sí apuntan hacia una causa última: la voracidad y avaricia de un oligopolio eléctrico que sólo actúa en pos del máximo beneficio. Así lo piensa Antonio Turiel, experto energético del CSIC.

Antonio Turiel Martínez es físico teórico, investigador y divulgador especializado en sostenibilidad y crisis energética. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC en Barcelona y es conocido por su crítica a las políticas energéticas actuales, abogando por el decrecimiento como solución a la crisis energética. En libros como «Petrocalipsis» (2020) y «El otoño de la civilización» (2022), Turiel ha analizado la dependencia de los combustibles fósiles y las limitaciones de las energías renovables. Es un firme defensor de la corriente del decrecimento, promoviendo un cambio en los hábitos de consumo para evitar un colapso ecológico​.

Cinco semanas después ¿qué sabemos sobre el gran apagón que nos dejó a oscuras?

Pues casi lo mismo que el primer día. La causa inmediata del apagón puede ser más o menos difícil de dilucidar -aunque yo empiezo a sospechar que no es tan compleja- pero creo que es más importante conocer la causa última.

Hubo algún incidente en la red que generó un problema, desatando una inestabilidad, esa es la causa inmediata. Y la causa última es todo lo que llevó a la red a no poder absorber esta incidencia recuperando la estabilidad. Y esto segundo hace tiempo que está pasando y que se sabe, y tiene que ver con cómo se han implementado las energías renovables.

Las renovables se han instalado masivamente en los últimos años pero sin sistemas de estabilización, sistemas que las otras centrales sí llevan: centrales nucleares, de ciclo combinado, o una hidroeléctrica si que llevan volantes de inercia, u otros sistemas que están pensados justamente para ayudar cuando hay oscilaciones en la red. En cambio, se ha permitido que las renovables funcionen «a pelo». Uno no puede conectarse de cualquier manera a la red nacional de alta tensión, que es un sistema muy complejo que se adapta sin que tú se lo tengas que pedir.

Para que nos entendamos. Cuando tú enciendes la luz o un aparato eléctrico en tu casa, no llamas primero a la red para avisarle y pedirle permiso, simplemente enciendes el interruptor. Entonces el sistema percibe una pequeña caída de tensión y se adapta. Es una virguería tecnológica que implementa muchos sistemas de estabilización.

Entonces tú lo que no puedes hacer es conectar la enormidad de potencia instalada de energías renovables que se ha incorporado en los últimos años como el que se compra una placa solar y la conecta a la red. Pero es lo que se ha hecho, de hecho la normativa europea no sólo lo ha permitido sino que lo ha favorecido porque se buscaba una implementación rápida de las renovables.

Pero esto es peligroso. Es como comprarte un coche de muchos caballos… pero sin frenos. Cuando la implementación de las renovables era baja, el resto de los sistemas que sí que tienen capacidad de inercia y de absorber las oscilaciones de la red, pues se hacían cargo de que el sistema se estabilizara y no se fuera a la porra.

Pero el día de autos -el lunes del apagón, que no es casualidad que ocurrió a eso de las 12 del mediodía, cuando el sol estaba más alto y la fotovoltaica estaba a pleno rendimiento- en las entradas de la red teníamos un 53% de fotovoltaica, un 10% de eólica, 10% de nuclear -que aunque tenga inercia, no es nada flexible y se adapta muy mal a los cambios de potencia solicitada-… y por tanto nos quedaba más o menos en torno a un 20% que sí tenía cierta flexibilidad: algo de hidroeléctrica y muy poquito ciclo combinado (3,5%).

Entonces aquí hay un intento de desviar la atención por parte de las autoridades, de la ministra Aagesen, de Red Eléctrica, del oligopolio… que todo el trato mezclan causas con consecuencias, confundiendo a la gente.

Por ejemplo han dicho que media hora antes del apagón, en Europa se observaba que la frecuencia oscilaba. Esa es una consecuencia: es porque España estaba desestabilizando la red europea, y menos mal que hay cortafuegos, que se cortó nuestra interconexión con Francia, y que nuestro apagón no produjo uno en toda la UE, porque hubiera sido una catástrofe de varias semanas para reiniciar. Es un ejemplo de cómo se juega a confundir causa con efecto.

Últimamente se ha hablado un poco más de que en aquel momento la red estaba sobretensionada, y me parece que eso se acerca a la verdad. Yo tengo una sospecha: que desde al menos media hora antes del apagón se estaba sobreproduciendo electricidad fotovoltaica, se estaba arrojando demasiada tensión a la red eléctrica, que no lo pudo soportar y empezó a oscilar. Hacia esa causa apunta un estudio de la Universidad de Oviedo, que analiza la capacidad de inercia de la red -la capacidad de adaptarse a oscilaciones rápidas- y que afirma que había caído por debajo del límite que marca la normativa europea, que ya es bastante laxa.

Resumiendo: a estas alturas conocemos más o menos lo que al principio, y es que tenemos un sistema inestable, cosa que se sabe desde hace años. Hubo un incidente el 8 de enero de 2021 en el que casi se cae toda la red europea. Es un problema que afecta a toda la red europea y que viene del modelo de integración de las renovables. Se ha hecho de una manera que es una barbaridad y una cacicada, porque se han implementado sin sistemas de estabilización, y estamos pagando las consecuencias.

Es como comprarte un coche sin frenos

Entonces, el oligopolio eléctrico, que ha obtenido enormes beneficios con el auge de las renovables, ha aplicado el ‘low cost’ en seguridad, y se ha negado a invertir en sistemas de estabilización. ¿Es eso? ¿Estamos ante un apagón causado por la codicia monopolista?

Exactamente, eso es. Y claro, en medio de este rio revuelto hay algunos que aprovechan para decir que el problema son las renovables. ¡Pues no!. Lo que hay que hacer es implementar las renovables como Dios manda, instalarlas como se sabe que se tienen que hacer y ya se está haciendo en otros países, con mecanismos de estabilización.

Para mí lo más revelador es que desde que ocurrió el apagón Red Eléctrica está todo el rato poniendo entre un 10 y un 30% de gas, manteniendo las centrales de ciclo combinado en «parada caliente», listas para salir a estabilizar el sistema si hay un problema. Dicen que es porque están en «operaciones reforzadas», pero es evidente que esto -que es un mecanismo de seguridad- no estaba listo el día del apagón y hubiera evitado la caída.

Lo de las centrales de ciclo combinado en parada caliente a lo mejor no se puede hacer todo el rato, porque es caro, y porque hay que estar quemando gas natural que produce CO2 y efecto invernadero, pero hay otros sistemas de estabilización de las renovables. Sistemas que no se ha querido hacer una inversión para implementarlos por el coste de los mismos. Las empresas dicen «nosotras hemos cumplido con la normativa, no nos podéis obligar».

Y así estamos: de fondo se sabe que el sistema es inestable, que para estabilizarlo hace falta una gran inversión en sistemas de seguridad. Y el pulso está en quién va a pagar todo eso, si los ciudadanos y el erario público… o los enormes beneficios de este oligopolio.

¿Cuáles son esos sistemas de estabilización para las renovables que deberían haberse implementado para evitar sucesos como el gran apagón?

Hay varias maneras de hacerlo, voy a ir de lo más sencillo a lo más complicado. Pero ninguna es barata: eso también hay que decirlo, y sobre todo ahora que hay que arreglar tanto porque se ha metido mucho.

Además hay una limitación en el modelo de implantación del sistema de renovables a escala industrial: y es que no sólo es electricidad lo que necesitamos. La electricidad no es la forma principal de consumo de energía. En España en forma eléctrica sólo se consume el 22% de la energía final, y ese porcentaje no ha variado mucho a lo largo de las décadas. Y nos han vendido la moto de una electrificación masiva de la sociedad que es técnicamente imposible: por falta de materiales, de prestaciones… De nuevo a estas alturas todo esto ya se sabe.

Y por eso, no tiene sentido que sigamos instalando masivamente más y más potencia renovable si no sabemos que utilidad va a tener. Y eso no quita -quiero subrayarlo- que la electricidad que produzcamos debería ser 100% renovable y limpia, para frenar el calentamiento global. Eso por supuesto.

¿Qué sistemas deberíamos instalar para dar estabilidad a las renovables? Hay algunos que son sencillos técnicamente, y que darían inercialidad al sistema. Son sistemas clásicos, los de toda la vida: un volante de inercia, una turbina conectada a un alternador que gira. Eso puede funcionar como un motor, cuando sube la potencia de manera excesiva, absorbe ese exceso. De esta manera transformamos una energía que es discontínua e intermitente, en una estable y que genera energía contínua. Esto habría que implementarlo para la fotovoltaica pero también para la eólica

Esta solución generaría algo muy útil, que es capacidad de absorber potencia reactiva. Por intentar explicarlo: los cables que transportan la electricidad a veces acumulan energía en forma de campos eléctricos y magnéticos que a veces son un poco impredecibles, porque de golpe te devuelven esa energía. Pero esta turbina podría absorber esta oscilación.

Después de los volantes de inercia, otra solución son las baterías, lo que permitiría almacenar la energía sobrante y liberarla cuando la necesitemos. Pero hay un problema: serían baterías de litio -como las de los móviles, los ordenadores o los coches eléctricos-, y es un material caro. Pero podrían liberar gran cantidad de energía para usarla rápidamente.

También tenemos otra solución, que son sistemas de sales fundidas, un método de almacenamiento de energía por transferencia de calor que utiliza sales inorgánicas en estado líquido a altas temperaturas. Cuando sobra energía, calientas estas sales, cuando te hace falta, usas ese calor para volver a producir electricidad. Esto tiene pérdidas, pero hay formas de reducirlo bastante, y sirven para almacenar una gran cantidad de energía. El gran inconveniente es que es un sistema lento: lento para calentarse y lento para liberar la energía.

¿Qué debería hacerse? Pues combinar todas estas soluciones técnicas, todas juntas, en un sistema bien planificado, para que se aprovechen sus sinergias, como si fuera una orquesta.

¿Qué pasa? Que todo esto, a escala nacional y no digamos europea, es caro, muy caro. Requiere de una enorme inversión…

Hay que implementar las renovables como Dios manda

Claro, se trata de obligar al oligopolio eléctrico a que asuman este coste. A que destinen una parte de sus gigantescos beneficios en dar estabilidad a un sistema del que dependemos todos

Bueno, llegados a este punto y a ser osados, voy a ir más lejos y a apostar: la producción de electricidad -en Europa y en España- debería estar nacionalizada, y no depender de la codicia y el ansia de beneficio de unas pocas empresas.

Usted es una voz que desde la ciencia nos alerta contra las catastrófica el cambio climático, y la necesidad de hacer una transición energética. Pero también no deja de advertir que las soluciones que se están dando a esta amenaza no son neutrales, y que las actuales políticas de transición ecológica están enfocadas desde los intereses de los más ricos, desde los intereses de las grandes corporaciones monopolistas… ¿Es así?

No sólo es así, es que es peor. Porque no se están dando respuesta a los actuales problemas. Parece que sí, porque se invierte dinero y se hacen instalaciones. Pero como no se está dando una respuesta adecuada, se gastan un montón de recursos y al final el problema climático se sigue agravando. Las emisiones globales de CO2 no es que sean enormes, es que alcanzaron un nuevo récord en 2024.

Y eso que España, como muchos otros países occidentales, está inmerso en una crisis industrial, donde cada vez se produce menos -por la desaparición de empresas- y hay un menor consumo de energía, particularmente del consumo de electricidad. No se está haciendo ninguna transición ecológica realmente efectiva.

Porque efectivamente, estamos en un sistema volcado en conseguir beneficios a corto plazo, y el modelo de «transición ecológica» por el que se está apostando ha sido decidido por grandes firmas económicas, que han diseñado lo que hay que hacer para mantener el tinglado capitalista en marcha. Y es un modelo -y así lo perciben muchos ciudadanos- que excluye a los pobres, a las personas con bajas rentas. Si tú vives en un barrio obrero o en una ciudad dormitorio, no te vas a comprar un Tesla eléctrico de 60.000 euros, sino que igual tienes que seguir tirando con el viejo coche diésel que va como un mechero.

Una transición ecológica al servicio de los ricos

Muchos, desde la ciencia y la defensa del medio ambiente, abogan por la necesidad de hacerlo desde la necesidad el decrecimiento, que muchos piensan que implica renunciar al bienestar. ¿Qué defiende esta corriente de pensamiento?

Claro, porque hay una cuestión que es incontestable. Los recursos del planeta son finitos, y algunos ya comienzan a dar signos de agotamiento.

Muchos apuestan todo a que la alternativa para la transición ecológica pasa por la electrificación, pero materiales como el cobre comienzan a ser escasos. Y no digamos ya las tierras raras.

Pase lo que pase, el modelo de crecimiento sin parar conduce al desastre. Y va acompañado de un proceso de bombeo de renta desde abajo hacia arriba, desde los sectores más vulnerables y empobrecidos hacia las élites.

Mira lo que pasa con la vivienda. Hace veinte años tuvimos una burbuja inmobiliaria en torno a la compra de pisos, con las hipotecas; ahora es en torno al alquiler. Ahora es que no podemos vivir ni siquiera en un piso que no es nuestro. Súmale a eso la inflación de los alimentos y de lo demás, al aumento de la precariedad.

Entonces, es necesario decrecer. O lo hacemos de forma catastrófica, desordenada y abrupta… o podemos hacerlo de forma racional, planificada, de manera que signifique un aumento de bienestar para la mayoría. Eso es lo que defiende la corriente del decrecimiento." 

(Entrevista a Antonio Turiel Martínez, 

7.6.25

Michael Roberts: Trump considera que las subidas de los aranceles pueden aumentar la fabricación, gastar más en armas y reducir los impuestos a las empresas, al tiempo que se recorta el gasto público civil y se mantiene estable el dólar ¿Funcionará? No, la industria manufacturera estadounidense solo puede competir en los mercados mundiales si cuenta con una tecnología superior y, por lo tanto, puede reducir drásticamente los costes laborales en la producción... De hecho, el equipo de Trump está hablando de aumentar la capacidad manufacturera en el país mediante robots e inteligencia artificial... Wall Street Journal señalaba que «si las exportaciones fabricadas en Estados Unidos aumentaran lo suficiente como para cerrar el déficit comercial... la proporción de nuestra mano de obra industrial solo pasaría del 8 % al 9 %. No es precisamente una transformación»... Si Trump quiere restaurar la industria manufacturera estadounidense, el sector necesita una inversión masiva en el país, y es poco probable que las empresas estadounidenses, que ya experimentan una rentabilidad relativamente baja fuera de las Magnificent Seven, accedan a ello, salvo en el caso del material militar pagado con contratos gubernamentales... La Cámara de Comercio Internacional de Estados Unidos está tan preocupada que ha estimado que la economía mundial podría enfrentarse a una crisis similar a la Gran Depresión de los años treinta... Trump dio marcha atrás porque el mercado de bonos mostraba signos de grave tensión que podían conducir a una restricción del crédito... si los bonos se hubieran desplomado, muchas empresas podrían haber quebrado, especialmente las llamadas «empresas zombis», muy endeudadas, que constituyen alrededor del 20 % de todas las empresas de Estados Unidos... Estados Unidos importa muchos productos básicos de China, en lugar de perjudicar a China, los aranceles de Trump golpearán aún más duramente a la economía estadounidense... Los precios en las tiendas estadounidenses pronto subirán considerablemente, ya que los productos de consumo importados de Asia aumentarán de precio, al igual que las importaciones de materias primas y componentes para las empresas estadounidenses... La larga depresión solo puede convertirse en un largo auge con medidas similares a las de tiempos de guerra, es decir, inversión pública masiva, propiedad pública de los sectores estratégicos y dirección estatal de los sectores productivos de la economía... La forma de elevar el nivel de vida y satisfacer las necesidades sociales no es mediante aranceles a las importaciones o el gasto militar, sino mediante la inversión pública en industria, tecnología y servicios públicos. Y la forma de garantizar que los trabajadores obtengan buenos empleos con formación y salarios adecuados es organizando sindicatos que luchen por ellos

 "La administración Trump ha tomado el poder en Washington, llevando a cabo una guerra de clases, convirtiendo en chivos expiatorios a los grupos oprimidos y reestructurando radicalmente el Estado estadounidense. Junto con este programa interno, ha puesto en marcha una nueva gran estrategia de unilateralismo America First, imponiendo aranceles proteccionistas sin precedentes, amenazando con la anexión de países soberanos y compitiendo con otras grandes potencias por la división del mundo en esferas de influencia. Ashley Smith, de Spectre, entrevista a Michael Roberts sobre Trump, el gobierno de sus compañeros oligarcas y su impacto en la trayectoria de Estados Unidos, el capitalismo global y la competencia entre grandes potencias.               

El régimen de Trump acaba de cumplir sus primeros cien días. Por decir lo menos, está alterando fundamentalmente el orden político y económico en Estados Unidos y en todo el mundo. Es muy diferente al primer régimen, que no estaba preparado para gobernar y estaba profundamente dividido entre los republicanos del establishment y los nuevos nacionalistas autoritarios de Trump. Si bien el segundo régimen es mucho más coherente y está armado con un programa en el Proyecto 2025, no es homogéneo. Está dividido entre la extrema derecha MAGA (proteccionistas acérrimos como Peter Navarro) y los capitalistas (como Elon Musk) que ven los aranceles como un medio para conseguir un mejor acuerdo dentro del capitalismo global. ¿Cuál es la naturaleza del régimen de Trump? ¿Cómo entran en conflicto sus diversas facciones? ¿Qué programa político y económico han unido para implementar?

Como usted dice, Trump 2.0 es diferente de su primer mandato. El apoyo a Trump sigue procediendo principalmente del grupo MAGA afincado en las filas del Partido Republicano: pequeños empresarios, presentadores de televisión, agentes inmobiliarios y una capa de fascistas declarados que respaldan a Trump en todo lo que hace, con el objetivo de gobernar mediante la demagogia, el racismo, el fin del «woke» (tal y como ellos lo ven) y la represión de las protestas.

Pero ahora también proviene de un grupo de oligarcas multimillonarios que no están integrados en el mundo financiero y empresarial de Wall Street. Elon Musk y los de su calaña son vaqueros salvajes y peligrosos que buscan acaparar la mayor parte posible de la riqueza estadounidense para sí mismos, y Trump es uno de ellos. Durante Trump 1.0, los propietarios de los monopolios tecnológicos y de las redes sociales no eran partidarios de Trump. Pero quedaron atónitos ante la victoria de Trump y sus ataques inmediatos al statu quo (y posiblemente a ellos mismos). Así que rápidamente se pusieron de su lado.

Sin embargo, los sectores más amplios de las finanzas y las grandes empresas no están tan seguros de que el régimen de Trump les beneficie; tienen una visión más internacionalista, es decir, que se obtienen más beneficios invirtiendo en el extranjero que en Estados Unidos. Los banqueros y los fondos de cobertura se mantienen al margen, dispuestos a vender activos financieros estadounidenses si las medidas de Trump amenazan con destruir su riqueza. Por ahora, esperan que las arrebatos arancelarios no se apliquen con demasiada severidad y que Trump lleve a cabo sus recortes fiscales a los beneficios empresariales y reduzca el gasto público, por lo que no se han rebelado abiertamente.

Aunque sectores enteros del capital apoyaron a Kamala Harris para la presidencia, acabaron dando la bienvenida a Trump al cargo, colmándolo de dinero y esperando que retirara sus amenazas proteccionistas y se concentrara en los recortes fiscales y la desregulación. En cambio, en el llamado Día de la Liberación, impuso aranceles recíprocos a casi todos los países del mundo. Pero el capital reaccionó negativamente, haciendo que se desplomaran los mercados bursátiles, de bonos y del dólar, y obligando a Trump a dar marcha atrás. Mantuvo un aumento general de los aranceles del 10 %, suspendió los más elevados para dar tiempo a las negociaciones, estableció exenciones y centró su guerra comercial en China. ¿Por qué se opuso en general el capital a sus aranceles recíprocos? ¿Qué sectores del capital lo apoyan? ¿Qué significa la retirada de Trump para todo su programa proteccionista? ¿Quiere realmente desbaratar todo el sistema comercial o solo conseguir un acuerdo mejor dentro de él? Por ejemplo, ¿pueden Estados Unidos y China desacoplarse realmente?

En su discurso ante el Congreso de los Estados Unidos tras cien días en el cargo, Trump afirmó que los nuevos aranceles sobre las importaciones de los principales socios comerciales de los Estados Unidos solo causarían «una pequeña perturbación». El 2 de abril, que Trump denominó «Día de la Liberación», propuso lo que se conoce como aranceles «recíprocos» a todos los países que exportan productos a los Estados Unidos. Utilizando una fórmula burda para cada país (el tamaño del déficit comercial de Estados Unidos con cada país dividido por el tamaño de las importaciones estadounidenses procedentes de ese país, y luego dividido por dos), el equipo de Trump llegó a las subidas arancelarias para cada país. Esta fórmula no tiene sentido por varias razones. En primer lugar, excluye el comercio de servicios, en el que Estados Unidos tiene superávit con muchos países. En segundo lugar, se ha impuesto un arancel del 10 % incluso a países con los que Estados Unidos tiene superávit en el comercio de bienes. En tercer lugar, no guarda relación alguna con los aranceles o barreras no arancelarias reales que un país impone a las exportaciones estadounidenses. Y en cuarto lugar, ignora los aranceles y barreras no arancelarias (que son muchos) que el propio Estados Unidos impone a las exportaciones de otros países.

El objetivo de Trump era claro. Quiere restaurar la base manufacturera de Estados Unidos dentro del país. Gran parte de las importaciones a Estados Unidos procedentes de países como China, Vietnam, Europa, Canadá y México son de empresas estadounidenses con sede en esos países que venden a Estados Unidos a un coste inferior al que tendrían si estuvieran ubicadas dentro del país. Durante los últimos cuarenta años de «globalización», las empresas multinacionales de Estados Unidos, Europa y Japón trasladaron sus operaciones manufactureras al Sur Global para aprovechar la mano de obra barata, la ausencia de sindicatos o regulaciones y el uso de la última tecnología. Pero, como resultado, los países asiáticos han industrializado drásticamente sus economías y han ganado cuota de mercado en la fabricación y las exportaciones, dejando a Estados Unidos relegado al marketing, las finanzas y los servicios.

¿Importa eso? Trump y su equipo creen que sí. Su objetivo estratégico final es debilitar y estrangular a China para precipitar un «cambio de régimen» y tomar el control hegemónico total sobre América Latina y el Pacífico, con el fin de restaurar el control estadounidense sobre América y el Pacífico propuesto por la Doctrina Monroe. Para ello, Estados Unidos debe contar con una fuerza militar fuerte y abrumadora. Trump ha anunciado un presupuesto militar récord de un billón de dólares al año. Pero los fabricantes de armas estadounidenses no pueden cumplir ese presupuesto. Por lo tanto, es necesario restablecer la industria manufacturera en Estados Unidos. Biden estaba dispuesto a hacerlo mediante una «política industrial» que subvencionara a las empresas tecnológicas y a las infraestructuras manufactureras. Pero eso suponía un enorme aumento del gasto público, que elevaría el déficit fiscal a niveles récord. Trump considera que imponer aranceles para obligar a las empresas manufactureras estadounidenses a volver a su país y a las empresas extranjeras a invertir en Estados Unidos (en lugar de exportar) es una forma mejor (es decir, más barata). Considera que las subidas de los aranceles pueden aumentar la fabricación, gastar más en armas y reducir los impuestos a las empresas, al tiempo que se recorta el gasto público civil y se mantiene estable el dólar.

¿Funcionará? Parece que algunos analistas, incluso de izquierda, creen que sí. Es cierto que muchos Estados semivassallos del imperialismo estadounidense probablemente intentarán ceder a las condiciones de Trump: Corea del Sur y Japón ya lo están intentando, al igual que el Reino Unido. Pero eso no será suficiente para cambiar la situación.

Quienes piensan que Trump puede tener éxito argumentan que Estados Unidos ha optado con éxito en el pasado por cambiar el equilibrio de las fuerzas económicas mundiales a su favor. Para pagar sus importaciones y sus inversiones de capital en el extranjero, Nixon sacó a Estados Unidos del patrón oro en 1971 y estableció el dólar como moneda hegemónica con el privilegio «exorbitante» de ser el único emisor de esta moneda. Pero eso no impidió que Estados Unidos perdiera cuota de mercado en la industria manufacturera a lo largo de la década de 1970.

Y luego, en 1979, el entonces presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, subió los tipos de interés al 19 % para controlar la inflación, lo que provocó una profunda recesión tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. El dólar se apreció tanto que la industria manufacturera estadounidense comenzó a trasladar sus instalaciones al extranjero; fue el comienzo del periodo neoliberal. En 1985, Estados Unidos consiguió que otras naciones comerciales acordaran fortalecer sus monedas frente al dólar mediante el llamado Acuerdo del Plaza. Esto acabó destruyendo el liderazgo industrial que Japón había construido en las décadas de 1960 y 1970, pero no sirvió para restaurar la industria manufacturera estadounidense en el país.

Tampoco va a funcionar esta vez, especialmente solo mediante subidas de aranceles. La industria manufacturera estadounidense solo puede competir en los mercados mundiales si cuenta con una tecnología superior y, por lo tanto, puede reducir drásticamente los costes laborales en la producción. Aunque Estados Unidos sigue teniendo el segundo sector manufacturero más grande del mundo, con un 13 % de la producción mundial (después de China, con un 35 %), el empleo en la industria manufacturera estadounidense ha caído drásticamente desde el final de la edad de oro en la década de 1960, principalmente debido a la disminución de la rentabilidad de la industria manufacturera estadounidense y a la sustitución de la mano de obra por la tecnología, y no a la liberalización del comercio. De hecho, el equipo de Trump está hablando de aumentar la capacidad manufacturera en el país mediante robots e inteligencia artificial, por lo que se crearán pocos puestos de trabajo adicionales en el sector. Ahí queda la afirmación de Trump de que estaba «orgulloso de ser el presidente de los trabajadores, no de los subcontratistas; el presidente que defiende a la clase media, no a Wall Street».

La realidad es que Trump no puede dar marcha atrás para convertir a Estados Unidos en la primera economía manufacturera del mundo. Ese tren ya ha partido. La globalización ha supuesto que la cadena de valor de la industria manufacturera sea ahora global, con componentes y materias primas repartidos por todo el mundo. Como señalaba el Wall Street Journal: «Incluso si las exportaciones fabricadas en Estados Unidos aumentaran lo suficiente como para cerrar el déficit comercial —algo muy improbable— y si el empleo creciera proporcionalmente, la proporción de nuestra mano de obra industrial solo pasaría del 8 % al 9 %. No es precisamente una transformación».1

Si Trump quiere restaurar la industria manufacturera estadounidense, el sector necesita una inversión masiva en el país, y es poco probable que las empresas estadounidenses, que ya experimentan una rentabilidad relativamente baja fuera de las Magnificent Seven, accedan a ello, salvo en el caso del material militar pagado con contratos gubernamentales. La reacción del antiguo asesor de Trump, Musk, a la subida de los aranceles es sintomática de la reacción de las grandes empresas estadounidenses: Musk atacó al asesor trumpista Navarro, llamándole «imbécil» y «más tonto que un saco de ladrillos» después de que Navarro sugiriera que la oposición del jefe de Tesla a los aranceles era por interés propio (que lo es).2

Trump y su equipo MAGA creen que todas estas sacudidas son un precio que vale la pena pagar para restaurar la hegemonía manufacturera estadounidense. Una vez que se calme la tormenta, Estados Unidos volverá a ser grande, argumentan. La destrucción del comercio mundial tendrá un resultado «creativo» (al menos para Estados Unidos). Pero esto es una ilusión. La recesión de Trump no hará más que confirmar esa tendencia.

A pesar del inevitable fracaso de los aranceles como solución para la reindustrialización de Estados Unidos, Trump parece decidido a seguir adelante con su estrategia proteccionista. Esto solo puede ser el detonante de una nueva recesión tanto en Estados Unidos como en las principales economías. Es un detonante porque las principales economías ya se estaban desacelerando, incluso Estados Unidos. Por lo general, cuando se avecina una recesión, los precios de los bonos del Estado suben, ya que los inversores buscan un «refugio seguro» frente a una caída de la bolsa. Pero esta vez, los precios de los bonos y el tipo de cambio del dólar también están cayendo en picado, ya que predominan los temores a una subida de la inflación y las preocupaciones sobre la seguridad de los activos en dólares.

La Cámara de Comercio Internacional de Estados Unidos está tan preocupada que ha estimado que la economía mundial podría enfrentarse a una crisis similar a la Gran Depresión de los años treinta, a menos que Trump dé marcha atrás en sus planes. «Nos preocupa profundamente que esto pueda ser el comienzo de una espiral descendente que nos lleve al territorio de la guerra comercial de los años treinta», afirmó Andrew Wilson, vicesecretario general de la CCI. Por lo tanto, las medidas de Trump podrían ir mucho más allá de «una pequeña perturbación».

Adam Tooze ha advertido contra el «lavado de imagen» de las erráticas políticas arancelarias de Trump. Pero, en medio de todas las amenazas y retrocesos, Stephen Miran (presidente del Consejo de Asesores Económicos de Trump) ha presentado un argumento coherente a favor de los aranceles como medio para reducir el déficit comercial de Estados Unidos, relocalizar la fabricación y debilitar el dólar para mejorar las exportaciones, al tiempo que se preserva su estatus como moneda de reserva mundial. Incluso se habla de un Acuerdo de Mar-a-Lago para reequilibrar las monedas y el comercio. ¿Qué opina del plan de Miran? ¿Puede funcionar? ¿Qué problemas creará?

Contrariamente a la opinión de Tooze, creo que hay método en esta locura.3 En el frente externo, Trump pretende «hacer grande de nuevo a Estados Unidos» aumentando el costo de las importaciones de productos extranjeros para las empresas y los hogares estadounidenses y reduciendo así la demanda y el enorme déficit comercial que el país tiene actualmente con el resto del mundo. Quiere reducirlo y obligar a las empresas extranjeras a invertir y operar dentro de Estados Unidos, en lugar de exportar a este país.

A pesar de que Trump ha dado marcha atrás por ahora en la aplicación de sus extraños aranceles recíprocos impuestos a todos los países del mundo (incluidas las islas Heard y McDonald, habitadas únicamente por pingüinos, a dos mil millas al suroeste de Australia), la guerra arancelaria no ha terminado ni mucho menos. La «pausa» de noventa días termina a principios de julio.

Trump dio marcha atrás porque el mercado de bonos mostraba signos de grave tensión que podían conducir a una restricción del crédito, en particular para los fondos de cobertura que poseen una importante cartera de bonos estadounidenses. Si los bonos se hubieran desplomado, muchas empresas podrían haber quebrado, especialmente las llamadas «empresas zombis», muy endeudadas, que constituyen alrededor del 20 % de todas las empresas de Estados Unidos. Las quiebras podrían entonces repercutir en toda la economía, provocando una crisis financiera y una recesión.

Ese no era el único problema para Trump. El aumento del 125 % de los aranceles sobre las importaciones procedentes de China podría haber dejado fuera del mercado las exportaciones de bienes de consumo de alta tecnología de las empresas estadounidenses con sede en China. Empresas estadounidenses como Apple, que son las principales exportadoras de iPhones y otros productos desde China, se habrían visto muy afectadas. Aproximadamente el 90 % de la producción y el montaje de los iPhones de Apple se realiza en China. Por ejemplo, si tomamos un iPhone, menos del 2 % de su coste corresponde a los trabajadores chinos que fabrican el teléfono, mientras que Apple obtiene un margen bruto estimado del 58,5 % sobre sus teléfonos. Interrumpir esa cadena de suministro afectaría más a Estados Unidos que a China. Las empresas estadounidenses protestaron y Trump tuvo que dar marcha atrás. Ahora todos los productos tecnológicos de consumo importados de China, que representan el 22 % de todas las importaciones estadounidenses procedentes de China, están exentos.

La lógica errónea de las rabietas arancelarias de Trump también queda al descubierto por el hecho de que los componentes que se utilizan en los iPhone y los iPad siguen sujetos al aumento de los aranceles, pero no el producto final. Según la Asociación Nacional de Fabricantes de Estados Unidos, el 56 % de los productos importados a Estados Unidos son en realidad insumos para la fabricación, y gran parte de ellos proceden de China. Las subidas de precios allí se repercutirán en muchos productos finales. Las exenciones ofrecidas a los productos tecnológicos de consumo solo se aplican a los aranceles recíprocos. Todas las importaciones procedentes de China, incluidas las exentas de gravámenes recíprocos, siguen estando sujetas a un arancel adicional del 20 %. Además, Trump planea subir los aranceles a las importaciones de semiconductores, lo que afectará a empresas como Apple.

Estados Unidos importa muchos productos básicos de China: el 24 % de sus importaciones de textiles y prendas de vestir (45 000 millones de dólares), el 28 % de las importaciones de muebles (19 000 millones de dólares) y el 21 % de las importaciones de productos electrónicos y maquinaria (206 000 millones de dólares) en 2024. Es casi seguro que un aumento de 100 puntos porcentuales en los aranceles se traducirá en precios más altos para las empresas y los consumidores. Así que, en lugar de perjudicar a China, los aranceles de Trump golpearán aún más duramente a la economía estadounidense. En realidad, China depende muy poco de las exportaciones a Estados Unidos, que representan menos del 3 % de su PIB. Los consumidores y fabricantes estadounidenses sufrirán fuertes subidas de precios, como ya ocurrió con anteriores programas arancelarios.

En el caso actual de Estados Unidos, la importante caída de los precios del crudo ya está poniendo en peligro la rentabilidad de la producción petrolera estadounidense. Los agricultores estadounidenses están sufriendo grandes pérdidas en los mercados mundiales, ya que China está desviando sus compras de alimentos y cereales hacia Brasil. La cuota de Estados Unidos en las importaciones de alimentos de China ya se ha desplomado del 20,7 % en 2016 al 13,5 % en 2023, mientras que la de Brasil ha pasado del 17,2 % al 25,2 % en el mismo periodo. Ahora, las ventas de carne de vacuno de Brasil a China aumentaron un tercio en el primer trimestre de 2025 en comparación con el año anterior, mientras que los envíos agrícolas de Estados Unidos a China se hundieron un 54 %.

China representa el 7 % de las exportaciones de bienes de Estados Unidos, o el 0,5 % del PIB estadounidense. Según Pantheon Macroeconomics, el impacto de las agresivas represalias chinas en las exportaciones estadounidenses superará cualquier impulso al PIB derivado de la cancelación de los aranceles «recíprocos». Trump y sus asesores del MAGA argumentan que los ingresos procedentes de los aranceles se utilizarán para reducir los impuestos a las empresas y así impulsar la inversión. Pero según las últimas estimaciones del think tank Tax Foundation, antes de que Trump subiera la apuesta con un impuesto del 104 % sobre las importaciones chinas, los aranceles recaudarían unos 300 000 millones de dólares al año de media, muy por debajo de los 2000 millones diarios que afirma Trump y básicamente una miseria en comparación con la pérdida de ingresos reales que suponen las medidas arancelarias.4

Usted se refiere a los argumentos económicos presentados por Miran, asesor económico de Trump en la Casa Blanca. Miran sostiene que todos los países con superávit comercial con Estados Unidos deben compensar a Estados Unidos por su «sacrificio» al proporcionar el dólar para el comercio y la inversión. Pero, como replicó el gurú keynesiano Larry Summers: «Si China quiere vendernos cosas a precios realmente bajos y las transacciones significan que obtenemos colectores solares o baterías que podemos poner en coches eléctricos y, a cambio, les enviamos trozos de papel que imprimimos, ¿cree usted que es un buen negocio para nosotros o un mal negocio?».5

Ya en 1959, el economista belga-estadounidense Robert Triffin predijo que Estados Unidos no podría seguir teniendo déficits comerciales con otros países y exportando capital para invertir en el extranjero y, al mismo tiempo, mantener un dólar fuerte: «Si Estados Unidos continuara teniendo déficits, sus pasivos externos superarían con creces su capacidad de convertir dólares en oro a la vista y provocaría una «crisis del oro y del dólar». Triffin argumentaba que, cuando un país cuya moneda es la moneda de reserva mundial que otras naciones mantienen como reservas de divisas para respaldar el comercio internacional se ve obligado a suministrar su moneda al mundo para satisfacer la demanda mundial de estas reservas de divisas, eso conduce a un déficit comercial permanente.

Pero tanto Triffin como Miran han entendido la historia al revés. Estados Unidos ha podido obtener importaciones baratas durante décadas y mantener un déficit comercial para hacerlo porque los países que exportan a Estados Unidos han estado dispuestos a aceptar dólares como pago y, de hecho, a reinvertir esos dólares en bonos del Gobierno estadounidense u otros instrumentos en dólares. Los países con superávit comercial no están «imponiendo» déficits a Estados Unidos; lo que ocurre es que los exportadores estadounidenses no pueden competir, al menos en el comercio de bienes (por el contrario, Estados Unidos tiene un gran superávit en el comercio de servicios). Afortunadamente para las empresas y los consumidores estadounidenses, los países con superávit aceptan dólares como pago, al menos hasta ahora. Si no lo hicieran, la economía estadounidense se encontraría en serias dificultades, al igual que muchos países pobres del mundo que no tienen una moneda aceptada internacionalmente, y se vería obligada a devaluar el dólar o a pedir préstamos a tipos de interés más elevados.

En el capitalismo, siempre hay desequilibrios comerciales y de capital entre las economías, no porque el productor más eficiente «imponga» un déficit al menos eficiente, sino porque el capitalismo es un sistema de desarrollo desigual y combinado, en el que las economías nacionales con menores costes pueden obtener valor en el comercio internacional de las menos eficientes. Lo que realmente preocupa a los capitalistas estadounidenses no es que los países con superávit les «obliguen» a emitir dólares, sino que China esté acortando distancias con Estados Unidos en materia de productividad y tecnología, lo que amenaza el dominio económico de Estados Unidos.

Sin embargo, algunos economistas dominantes aceptan el ridículo argumento de Miran y la falacia de Triffin. El muy de moda economista Michael Pettis, afincado en China, sostiene que países como China han acumulado superávits comerciales porque han «reprimido la demanda interna para subvencionar su propia industria manufacturera» y, de este modo, han obligado a que el superávit comercial resultante «sea absorbido por sus socios, que ejercen mucho menos control sobre sus cuentas comerciales y de capital». Por lo tanto, es culpa de China (y hasta hace poco también de Alemania) que existan desequilibrios comerciales, y no de la incapacidad de la industria manufacturera estadounidense para competir en los mercados mundiales en comparación con Asia e incluso Europa. Suponiendo que no existe una gobernanza mundial ni una cooperación internacional en materia monetaria, Pettis está de acuerdo con Miran: «Estados Unidos tiene razón al actuar de forma unilateral para revertir su papel de acomodar las distorsiones políticas en el extranjero, como está haciendo ahora. Probablemente, la forma más eficaz sea imponer controles a la cuenta de capital estadounidense que limiten la capacidad de los países con superávit para equilibrar sus excedentes mediante la adquisición de activos estadounidenses». Así pues, no solo aranceles a las importaciones chinas, sino también controles a sus compras de activos en dólares.

En esencia, se trata de otra forma de devaluar el dólar para debilitar la ventaja exportadora de China e impulsar a Estados Unidos, una política de «empobrecer al vecino» disfrazada. Miran-Pettis proponen una política para reducir el valor del dólar, al igual que hizo Nixon en 1971 al desvincular el dólar del patrón oro, y que Estados Unidos hizo de forma similar con el llamado Acuerdo del Plaza en 1985, que obligó a países con superávit como Japón a subir los tipos de interés y a revalorizar el yen, reduciendo así las exportaciones japonesas. Ahora, la respuesta al éxito de las exportaciones y la industria manufacturera de China es, aparentemente, acabar con sus activos en dólares y debilitar el dólar.

Pero esta política no funcionará. No salvó al sector manufacturero estadounidense en los años setenta ni en los ochenta. Cuando la rentabilidad cayó en picado, los fabricantes estadounidenses se trasladaron al extranjero en busca de una mayor rentabilidad en economías con mano de obra barata. Y esta vez, si se debilita el dólar, la inflación interna aumentará aún más (como ocurrió en la década de 1970) y, lejos de volver a su país para invertir, los fabricantes estadounidenses intentarán encontrar otros lugares en el extranjero, con aranceles o sin ellos. Si el dólar se deprecia frente a otras monedas, los tenedores de dólares, como China, Japón y Europa, buscarán activos en otras monedas.

¿Significa esto que el dominio del dólar ha llegado a su fin y que estamos entrando en un mundo multipolar y multimonetario? Algunos en la izquierda promueven esta tendencia. Pero queda un largo camino por recorrer antes de que el papel internacional del dólar quede destrozado. Las monedas alternativas tampoco parecen una apuesta segura, ya que todas las economías intentan mantener sus monedas baratas para competir, por lo que se ha producido una fiebre por el oro en los mercados financieros. Los llamados BRICS no están en condiciones de sustituir al dólar estadounidense. Se trata de una agrupación informal de economías e instituciones políticas diversas, con poco en común salvo cierta resistencia a los objetivos del imperialismo estadounidense. Y, contrariamente a todo lo que se dice sobre el colapso del dólar, la realidad es que el dólar sigue siendo históricamente fuerte frente a otras monedas comerciales, a pesar de los zigzags de Trump.

Lo que pondrá fin al déficit comercial estadounidense no serán los aranceles a las importaciones estadounidenses ni los controles a la inversión extranjera en Estados Unidos, sino una recesión. Una recesión significaría una fuerte caída de las compras y la inversión de los consumidores y los productores, lo que provocaría una caída de las importaciones y reduciría el déficit externo. Por lo tanto, Trump puede poner fin al déficit externo provocando una recesión en su país.

Los aranceles de Trump a China aumentarán los precios de todo, desde los coches hasta las Barbies.

Imitando a María Antonieta, ha dicho a la gente que aguante y a los niños que se conformen con menos juguetes. Dejando de lado esta indiferencia cruel, los aranceles de Trump provocarán un aumento de la inflación y una ralentización del crecimiento, si no una recesión abierta. Esta realidad ha llevado al régimen de Trump a entrar en conflicto con el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que ha mantenido los tipos estables, lo suficientemente altos como para intentar frenar la inflación y lo suficientemente bajos como para sostener el crecimiento. Pero Trump quiere que se bajen los tipos para estimular la economía. Trump ha llegado incluso a amenazar con despedir a Powell y sustituirlo por un banquero más dócil, hasta que el capital le ha obligado a dar marcha atrás. ¿Por qué Trump está ejerciendo tanta presión sobre Powell? ¿Por qué se resiste Powell? ¿Qué está en juego para el capital en este conflicto? ¿Hacia dónde se dirige?

Los precios en las tiendas estadounidenses pronto subirán considerablemente, ya que los productos de consumo importados de Asia aumentarán de precio, al igual que las importaciones de materias primas y componentes para las empresas estadounidenses. Muchos de los aranceles más elevados de Trump se centran en países como Vietnam (alimentos, bienes de consumo) y Taiwán (semiconductores). El grupo de expertos Yale Budget Lab prevé un aumento del 4 % en el precio de las verduras, las frutas y los frutos secos, muchos de los cuales se importan de México y Canadá. En general, el Yale Budget Lab estima que los hogares estadounidenses gastarán una media de 3800 dólares más al año a partir de 2026 como consecuencia de la inflación provocada por los aranceles.

La «guerra contra la inflación» también la está perdiendo la Reserva Federal de EE. UU. El objetivo de la Fed es una inflación del 2 % anual en el gasto en consumo personal de EE. UU. En marzo, los precios del gasto básico en consumo (excluidos los alimentos y la energía) seguían subiendo un 2,6 % anual. En su última reunión, la Fed reconoció que «han aumentado los riesgos de un mayor desempleo y una mayor inflación». En otras palabras, hay un «tufillo a estanflación» en el aire. Y el impacto de las subidas de los aranceles a las importaciones de Trump aún no se ha dejado sentir. De hecho, la Reserva Federal de EE. UU. se encuentra ahora en un grave dilema. ¿Debe mantener los tipos de interés estables para intentar controlar la inflación, o bajarlos para intentar evitar una recesión?

Trump exige recortes de los tipos de interés, pero la élite financiera quiere mantener baja la inflación. El presidente de la Fed, Powell, se resistirá a Trump y apoyará al sector financiero, al menos por ahora. Pero si empieza a surgir una recesión en la economía real, recortará los tipos rápidamente. Por ahora, la economía estadounidense parece estable, pero es como una pelota en equilibrio sobre un precipicio.

El proteccionismo de Trump supone una ruptura decisiva con el consenso neoliberal de Washington sobre la globalización del libre comercio. El neoliberalismo ha sido la estrategia capitalista predominante utilizada para superar la crisis de rentabilidad que sufrió el capitalismo en la década de 1970. La combinación de la lucha de clases, la reestructuración industrial, las medidas de austeridad estatal y la globalización impulsó una recuperación de la rentabilidad, pero, por supuesto, no hasta los niveles del auge de la posguerra. Pero la expansión neoliberal terminó definitivamente con la crisis financiera de 2008, dando paso a lo que usted ha denominado una larga depresión de baja rentabilidad, estancamiento, crisis periódicas y recuperaciones débiles. El proteccionismo de Trump parece ser un intento de restaurar la supremacía capitalista estadounidense y la rentabilidad a expensas de otros países y sus empresas. ¿Podrá funcionar para restaurar la rentabilidad o acabará protegiendo un capital poco competitivo y poco rentable? ¿Qué sería necesario para restaurar la rentabilidad?

Aunque Trump ha roto con las políticas neoliberales de «globalización» y libre comercio para «hacer grande de nuevo a Estados Unidos» a costa del resto del mundo, no ha abandonado las políticas neoliberales para la economía nacional. Trump quiere liberar a su sociedad anónima estadounidense (PLC) de cualquier restricción a la obtención de beneficios. Para Trump, el único objetivo son los beneficios, no las necesidades de la sociedad en general. Eso significa que no habrá más gastos innecesarios para mitigar el calentamiento global y evitar daños al medio ambiente. Las empresas estadounidenses deben limitarse a obtener más beneficios y no preocuparse por esas «externalidades».     

Trump ve a Estados Unidos como una gran empresa capitalista de la que él es el director ejecutivo. Al igual que cuando era el jefe en The Apprentice, cree que está dirigiendo una empresa y que, por lo tanto, puede contratar y despedir a la gente a su antojo. Cuenta con un consejo de administración que le asesora y cumple sus órdenes (oligarcas estadounidenses y algunos economistas y políticos del MAGA). Las instituciones tradicionales del Estado son un obstáculo. Por lo tanto, el Congreso, los tribunales, los gobiernos estatales, etc., deben ser ignorados o se les debe ordenar que cumplan las instrucciones del director general.

Como buen agente inmobiliario, Trump cree que la forma de aumentar los beneficios de su empresa es hacer tratos para adquirir otras empresas o llegar a acuerdos comerciales que garanticen los máximos beneficios para su empresa. Como cualquier gran empresa, Trump PLC no quiere que ningún competidor gane cuota de mercado a su costa. Por lo tanto, quiere aumentar los costes de las empresas nacionales y continentales rivales, como Europa, Canadá y China. Lo está haciendo aumentando los aranceles sobre sus exportaciones. También está tratando de que otras empresas menos poderosas acepten condiciones para adquirir más bienes y servicios de las empresas estadounidenses (empresas sanitarias, armamento, alimentos y energía, etc.) en acuerdos comerciales (como el Reino Unido). Y su objetivo es aumentar las inversiones de las empresas estadounidenses en sectores lucrativos como la producción de combustibles fósiles (Alaska, fracking, perforación), la tecnología patentada (Nvidia, IA) y, sobre todo, el sector inmobiliario (Groenlandia, Panamá, Canadá, Gaza).

Todas las empresas quieren pagar menos impuestos sobre sus ingresos y beneficios, y Trump pretende conseguirlo para sus empresas estadounidenses. Él y su «asesor» Musk han arrasado con los departamentos gubernamentales, sus empleados y cualquier gasto en servicios públicos para «ahorrar dinero», de modo que Trump pueda recortar gastos, es decir, reducir los impuestos sobre los beneficios de las empresas y las personas superricas y con altos salarios que forman parte del consejo de administración de sus empresas estadounidenses y ejecutan sus órdenes ejecutivas.

Pero no solo hay que desmantelar los impuestos y los costes del Gobierno. Las empresas estadounidenses deben liberarse de las «insignificantes» regulaciones sobre las actividades empresariales, como las normas de seguridad y las condiciones de trabajo en la producción; las leyes anticorrupción y las leyes contra las prácticas comerciales desleales; la protección de los consumidores contra el fraude y el robo; y los controles sobre la especulación financiera y los activos peligrosos como el bitcoin y las criptomonedas.

No debe haber ninguna restricción para que la corporación estadounidense de Trump haga lo que quiera. La desregulación es clave para «hacer grande de nuevo a Estados Unidos». Trump ha ordenado al Departamento de Justicia que suspenda durante 180 días todas las medidas de aplicación de la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (una legislación contra el soborno y las prácticas contables destinada a mantener la integridad en las transacciones comerciales). Trump pretende eliminar diez regulaciones por cada nueva regulación emitida para «desatar la prosperidad a través de la desregulación».

Ha despedido al director de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB) y ha ordenado a todos los empleados que «cesen toda actividad de supervisión y examen». La CFPB se creó a raíz de la crisis financiera de 2007-2008 y se encarga de redactar y hacer cumplir las normas aplicables a las empresas de servicios financieros y a los bancos, dando prioridad a la protección de los consumidores en las prácticas crediticias.

Trump quiere más tokens especulativos y proyectos criptográficos (como los lanzados por sus hijos) y ha creado su propia moneda meme. Los nuevos cambios propuestos en las directrices contables facilitarían mucho a los bancos y a los gestores de activos la tenencia de tokens criptográficos, una medida que acerca este activo tan volátil al corazón del sistema financiero.

Sin embargo, solo han pasado dos años desde que Estados Unidos estuvo al borde de la serie de quiebras bancarias más graves desde la tormenta financiera de 2008. Varios bancos regionales, algunos del tamaño de los mayores prestamistas europeos, se vieron en apuros, entre ellos el Silicon Valley Bank, cuya desaparición estuvo a punto de desencadenar una crisis en toda regla. La quiebra del Silicon Valley Bank tuvo varias causas inmediatas. El valor de sus bonos se desplomó al subir los tipos de interés en Estados Unidos. Con solo unos pocos toques en una aplicación, la asustada y conectada base de clientes tecnológicos del banco retiró sus depósitos a un ritmo insostenible, dejando a multimillonarios pidiendo ayuda federal.

Se reducirán los impuestos a las grandes empresas y a los ricos, pero el objetivo también será reducir la deuda del Gobierno federal y recortar el gasto público (excepto en armamento, por supuesto). Este año, el déficit presupuestario de Estados Unidos será de casi 2 billones de dólares, de los cuales más de la mitad son intereses netos, aproximadamente lo mismo que gasta Estados Unidos en su ejército. La deuda pública total pendiente asciende ahora a 30,2 billones de dólares, el 99 % del PIB. La deuda estadounidense como porcentaje del PIB pronto superará el máximo alcanzado durante la Segunda Guerra Mundial. La Oficina Presupuestaria del Congreso estima que, para 2034, la deuda gubernamental estadounidense superará los 50 billones de dólares, el 122,4 % del PIB. Estados Unidos gastará 1,7 billones de dólares al año solo en intereses.

Trump ha dado rienda suelta a Musk para que recorte el gasto del Gobierno federal, cierre departamentos (posiblemente el de Educación) y despida a miles de empleados públicos para «reducir el despilfarro». El problema para Musk es que la mayor parte del «despilfarro» y el gasto se destina a «defensa», pero sin duda seguirá adelante con la reducción de los servicios civiles e incluso de «programas de prestaciones sociales» como Medicare.

Trump pretende «privatizar» todo lo que pueda del Gobierno. «Les animamos a que busquen un trabajo en el sector privado tan pronto como lo deseen», dijo la Oficina de Gestión de Personal de la Administración Trump. Según Trump, el sector público es improductivo, pero no el sector financiero, por supuesto. «El camino hacia una mayor prosperidad estadounidense pasa por animar a la gente a pasar de empleos de baja productividad en el sector público a empleos de mayor productividad en el sector privado». Por supuesto, no se han identificado estos magníficos empleos. Además, si el sector privado deja de crecer a medida que se intensifica la guerra comercial, es posible que esos empleos de mayor productividad no se materialicen.

La guerra comercial de Trump, basada en el principio de «empobrecer al vecino», parece ligada a una estrategia radicalmente nueva para el imperialismo estadounidense. En lugar de que Estados Unidos supervise el llamado orden internacional basado en las reglas de la globalización del libre comercio, Trump se ha comprometido con una estrategia de nacionalismo «America First», que consiste en labrarse su esfera de influencia mediante amenazas de anexión de Groenlandia y Panamá, en competencia con otras grandes potencias como China, Rusia y Europa. Por supuesto, la contradicción de esa estrategia es que sus respectivas esferas se superponen, especialmente en Asia y Europa. Todo esto parece presagiar el período anterior a la Primera Guerra Mundial. ¿Nos están llevando la larga depresión, las guerras comerciales, la competencia geopolítica y el aumento del gasto militar hacia una guerra imperialista, en particular entre Estados Unidos y China? ¿Qué factores pueden disuadir esta trayectoria? ¿Qué conflictos podrían desencadenar una guerra?

En la década de 1930, el intento de Estados Unidos de «proteger» su base industrial con los aranceles Smoot-Hawley solo condujo a una mayor contracción de la producción como parte de la Gran Depresión que envolvió a América del Norte, Europa y Japón. Las grandes empresas y sus economistas condenaron las medidas Smoot-Hawley y hicieron una campaña enérgica contra su aplicación. Henry Ford intentó convencer al entonces presidente Hoover de que vetara las medidas, calificándolas de «una estupidez económica». Palabras similares provienen ahora de la voz de las grandes empresas y las finanzas, el Wall Street Journal, que calificó los aranceles de Trump como «la guerra comercial más estúpida de la historia». La Gran Depresión de la década de 1930 no fue causada por la guerra comercial proteccionista que Estados Unidos provocó en 1930, sino que los aranceles solo contribuyeron a la contracción mundial, ya que se convirtió en una situación de «cada país por su cuenta». Entre 1929 y 1934, el comercio mundial se redujo aproximadamente un 66 %, ya que los países de todo el mundo aplicaron medidas comerciales de represalia.

La estrategia de Trump es la culminación de lo que le ha sucedido a la economía mundial tras la Gran Recesión y la larga depresión de la década de 2010. China no siguió el juego de abrir su economía a las multinacionales occidentales. Eso obligó a Estados Unidos a cambiar su política hacia China, pasando del «compromiso» a la «contención». Luego vino la renovada determinación de Estados Unidos y sus satélites europeos de expandir su control hacia el este desde Europa para garantizar que Rusia fracasara en su intento de ejercer control sobre sus países fronterizos y debilitar permanentemente a Rusia como fuerza de oposición al bloque imperialista. Esto condujo a la invasión rusa de Ucrania. Y condujo a la horrible destrucción de Gaza y de los millones de palestinos que viven (y mueren) allí.

La globalización y la cooperación entre los países capitalistas solo volverán si el capitalismo consigue una nueva vida basada en una rentabilidad mejorada y sostenida. Eso parece poco probable que suceda antes de otra recesión y quizás más guerras. Podemos hacernos eco de las palabras de Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo: «El factor más importante que influye en el uso de las monedas internacionales es la solidez de los fundamentos».6 Esto significa que el fuerte dominio militar y financiero de Estados Unidos y sus aliados se sustenta sobre las piernas de pollo de una productividad, una inversión y una rentabilidad relativamente bajas. Esa es una receta para la fragmentación y el conflicto mundial.

La larga depresión solo puede convertirse en un largo auge con medidas similares a las de tiempos de guerra, es decir, inversión pública masiva, propiedad pública de los sectores estratégicos y dirección estatal de los sectores productivos de la economía. El propio John Maynard Keynes dijo que la economía de guerra demostró que «parece políticamente imposible que una democracia capitalista organice un gasto a la escala necesaria para llevar a cabo los grandes experimentos que demostrarían mi tesis, excepto en condiciones de guerra».

La esperanza en este escenario terriblemente sombrío de depresión y conflicto imperial son las oleadas de levantamientos de los trabajadores y los oprimidos en todo el mundo. En Estados Unidos, una nueva resistencia ha surgido realmente desde las protestas del 5 de abril. Acabamos de ser testigos de cómo cientos de miles de personas se echaron a las calles el Primero de Mayo, reuniendo a migrantes y sindicalistas. Sin embargo, uno de los retos es la política de la nueva resistencia, en particular en lo que respecta a la cuestión de los aranceles. Muchos en el movimiento obrero están convencidos de que el comercio es la principal causa de la pérdida de puestos de trabajo en la industria manufacturera. Sean Fain, el presidente reformista del sindicato United Auto Workers, ha llegado incluso a apoyar el proteccionismo de Trump. ¿Qué hay de erróneo en este análisis y en el apoyo a los aranceles? ¿Cómo caen en la trampa de Trump del nacionalismo de gran potencia, el racismo y el militarismo? ¿Qué debe proponer la izquierda internacional como alternativa tanto al proteccionismo como al libre comercio?

Los líderes sindicales no deben dejarse engañar y apoyar los aranceles como una forma de «salvar puestos de trabajo o la industria nacional». La historia de la propaganda arancelaria de McKinley en la década de 1890 lo demuestra. Trump se refirió a McKinley al anunciar sus órdenes ejecutivas para aumentar los aranceles. «Bajo su liderazgo, Estados Unidos disfrutó de un rápido crecimiento económico y prosperidad, incluida una expansión de las ganancias territoriales para la nación. El presidente McKinley defendió los aranceles para proteger la industria manufacturera estadounidense, impulsar la producción nacional y llevar la industrialización y el alcance global de Estados Unidos a nuevas cotas». Esto es una parodia de la historia de los aranceles.

En 1890, McKinley, como representante del Congreso, propuso una serie de aranceles para proteger la industria estadounidense. Estos fueron aprobados por el Congreso. Pero las medidas arancelarias no funcionaron bien. No evitaron una grave depresión, que comenzó en 1893 y duró hasta 1897. En 1896, McKinley llegó a la presidencia y promulgó una nueva serie de aranceles, la Ley Arancelaria Dingley de 1897. Como se trataba de un período de bonanza, McKinley afirmó que los aranceles contribuían a impulsar la economía. Apodado el «Napoleón de la protección», vinculó su política arancelaria a la conquista militar de Puerto Rico, Cuba y Filipinas para ampliar la esfera de influencia estadounidense, lo que recuerda a Trump. Pero al principio de su segundo mandato como presidente fue asesinado por un anarquista que culpaba a McKinley del sufrimiento de los trabajadores agrícolas durante la recesión de 1893-1897. El proteccionismo nunca salvó puestos de trabajo ni aumentó los ingresos de los trabajadores.

Otra distracción para los trabajadores es la idea de que el aumento del gasto militar creará puestos de trabajo para los trabajadores de la industria armamentística. Por encima de todo, el keynesianismo militar va en contra de los intereses de los trabajadores y de la humanidad. ¿Estamos a favor de fabricar armas para matar personas con el fin de crear puestos de trabajo? Este argumento, a menudo promovido por algunos líderes sindicales, antepone el dinero a las vidas.

Keynes dijo una vez: «El gobierno debería pagar a la gente para que cavara hoyos en el suelo y luego los rellenara». La gente respondería: «Eso es una estupidez, ¿por qué no pagar a la gente para que construya carreteras y escuelas?». Keynes respondería diciendo: «Bien, pagadles para que construyan escuelas. La cuestión es que no importa lo que hagan, siempre y cuando el gobierno cree puestos de trabajo». Keynes se equivocaba. Sí importa. El keynesianismo defiende cavar hoyos y rellenarlos para crear puestos de trabajo. El keynesianismo militar defiende cavar tumbas y llenarlas de cadáveres para crear puestos de trabajo. Si no importa cómo se crean los puestos de trabajo, ¿por qué no aumentar drásticamente la producción de tabaco y promover la adicción para crear puestos de trabajo? Actualmente, la mayoría de la gente se opondría a ello por ser directamente perjudicial para la salud de las personas. La fabricación de armas (convencionales y no convencionales) también es directamente perjudicial. Y hay muchos otros productos y servicios socialmente útiles que podrían proporcionar puestos de trabajo y salarios a los trabajadores (como escuelas y viviendas).

La forma de elevar el nivel de vida y satisfacer las necesidades sociales no es mediante aranceles a las importaciones o el gasto militar, sino mediante la inversión pública en industria, tecnología y servicios públicos. Y la forma de garantizar que los trabajadores obtengan buenos empleos con formación y salarios adecuados es organizando sindicatos que luchen por ellos. La inversión pública solo puede tener éxito si se basa en la propiedad pública de las principales instituciones financieras y las grandes empresas. Un plan de inversión y producción podría entonces proporcionar servicios públicos completos, pensiones adecuadas, sanidad y educación universales sin deuda, así como apoyo a las pequeñas empresas para que ofrezcan salarios y condiciones de trabajo adecuados.

Los trabajadores estadounidenses deben establecer vínculos para la acción conjunta con los trabajadores del resto de América y Europa, así como de Asia. El futuro de los trabajadores en Estados Unidos no reside en intentar destruir las economías de otros países, sino en construir organizaciones de trabajadores en todos los países que puedan alcanzar el poder político para eliminar el control del capital a nivel mundial y poner fin al nacionalismo, el militarismo y el imperialismo."

(Entrevista con Michael Roberts,  Ashley Smith , Spectre, 13/05/25, traducción DEEPL)