24.5.26

Según Adam Tooze, los "cuatro jinetes de la heterodoxia" que acechan a la economía son: nacionalizaciones, tipos de interés muy bajos, controles de precios y presión de los Estados sobre sus bancos centrales... en los entornos bursátiles y entre las élites financieras, esta crisis se ha encajado con mucha calma, la que aportan los beneficios extra, pero también con una extraña confianza en que será de corta duración... Gita Gopinath, execonomista jefe del FMI y profesora en Harvard, cree que no se trata tanto de que los mercados estén convencidos de que Trump vaya a dar marcha atrás y acepte una derrota en Irán, sino de que existe la confianza en que, como en otros momentos de crisis, los mercados contarán con un gran y duradero apoyo estatal. Si las cosas se ponen feas, los gobiernos acudirán al rescate... pero dado que el margen fiscal es limitado para un buen número de países, los gobiernos podrían desplegar estas medidas heterodoxas, para absorber el riesgo fiscal... Los dirigentes occidentales no se atrevían a sugerirlas, al menos en teoría, porque cuando llegaron las crisis algunas de ellas emergieron con la justificación de salvar la economía... Todos los Estados importantes han utilizado instrumentos heterodoxos en los últimos años y lo continuarán haciendo. Las nacionalizaciones de empresas en quiebra no han sido inusuales. Los gobiernos europeos seguirán inyectando dinero (unos más que otros, la capacidad fiscal alemana no es la misma que la española o la italiana), con los objetivos más diversos. El dogma alemán del déficit público cero lo han roto ellos mismos. La política industrial regresa de forma decidida... Esto no es una crisis, ni una sucesión de ellas, sino un cambio de orden. En la medida en que la circulación por los mares ya no es segura, en que la guerra ha hecho acto de aparición y que la carrera por el futuro entre EEUU y China, con especial énfasis en la inteligencia artificial, está lanzada, el orden anterior ya no es recuperable... En ese escenario, las medidas económicas heterodoxas aparecerán con más frecuencia y los países que las utilicen con mayor inteligencia abordarán la nueva época con mayor posibilidad de éxito (Esteban Hernández)

 "El primer ministro de la India, Narendra Modi, ha pedido a sus ciudadanos que usen el transporte público, eviten los viajes, trabajen desde casa, disminuyan el consumo de gasolina y diésel, reduzcan las compras de bienes importados, utilicen lo mínimo posible los fertilizantes y no compren oro. El cierre de Ormuz está causando perturbaciones serias en su país, al igual que ocurre en otros Estados asiáticos. En Europa, se han encendido las luces, pero todavía no suenan las alarmas. Y en los entornos bursátiles y entre las élites financieras, esta crisis se ha encajado con mucha calma, la que aportan los beneficios extra, pero también con una extraña confianza en que será de corta duración. Ken Griffin, CEO de Citadel, así lo subrayaba en la conferencia Milken, aunque avisaba de que las perturbaciones se vivirán de forma distinta según el ámbito geográfico: EEUU es una potencia energética y el cierre no le genera dificultades de abastecimiento, al contrario que a otros países. Otra cosa es que el bloqueo termine dañando de manera prolongada a los países en desarrollo, en cuyo caso la sacudida se notaría también en la economía estadounidense. Griffin no parecía demasiado preocupado, lo que resulta significativo en un momento tan incierto.

Esa divergencia en la percepción del riesgo entre los dirigentes políticos y el entorno inversor es explicada por Gita Gopinath, execonomista jefe del FMI y profesora en Harvard, desde una perspectiva realista. No se trata tanto de que los mercados estén convencidos de que Trump vaya a dar marcha atrás y acepte una derrota en Irán, sino de que existe la confianza en que, como en otros momentos de crisis, los mercados contarán con un gran y duradero apoyo estatal. Si las cosas se ponen feas, los gobiernos acudirán al rescate. Sin embargo, esta vez es distinto, porque no es tan fácil diseñar políticas que sean fiscalmente sostenibles y que apoyen el crecimiento a largo plazo. Como subraya Gopinath, dado que el margen fiscal es limitado para un buen número de países, los gobiernos podrían desplegar medidas heterodoxas, como el control de precios, los tipos muy bajos y la presión sobre los bancos centrales para absorber el riesgo fiscal.

Son medidas que resultaban aceptables para las dictaduras, pero que cualquier régimen democrático se negaba a adoptar

En los últimos tiempos, cuando se debía afrontar una crisis, los gobiernos inyectaban dinero en la economía. El problema añadido, y se vio durante el covid, era que las ayudas estaban destinadas mucho más a respaldar a las empresas cotizadas y a sus accionistas que a generar actividad económica. Esa es también parte de la divergencia actual entre la macroeconomía y la vida cotidiana. Sin embargo, la capacidad de seguir aumentando la deuda no es ilimitada, por lo que los mercados financieros empezarán a exigir de manera muy activa que los presupuestos públicos se ajusten. Entonces es cuando podrán aparecer esos instrumentos que Adam Tooze denomina "los cuatro jinetes de la heterodoxia": nacionalizaciones, tipos de interés muy bajos, controles de precios y presión de los Estados sobre sus bancos centrales.

Son el tipo de políticas que los mercados desprecian y temen, y que han estado proscribiendo durante años. Los dirigentes occidentales no se atrevían a sugerirlas: eran medidas que resultaban aceptables en las dictaduras, pero que cualquier régimen democrático se negaba a adoptar. Al menos en teoría, porque cuando llegaron las crisis algunas de ellas emergieron con la justificación de salvar la economía.

La teoría y la realidad

Sin embargo, es muy posible que tales instrumentos se vuelvan más frecuentes en estos tiempos. Si el margen de la inyección fiscal se acorta, se buscarán otros caminos. Son las cosas que nadie quiere hacer, y que nadie sugiere, pero de las que se echa mano cuando el resto de caminos aparecen cerrados. Tooze insiste en que son medidas que no deben demonizarse, que pueden ser útiles en determinados contextos y que deben utilizarse con prudencia y de manera pragmática. En esencia, lo que está de fondo es el debate sobre si el Estado debe intervenir en la economía o si, como se insistía hasta ahora, hay que dejar que el mercado opere por sí mismo.

El carácter progresista de Tooze y de otros economistas que ven adecuadas estas medidas provoca que, a menudo, la discusión derive hacia la ideología, hacia un enfrentamiento entre las distintas formas de gestión económica que propugnan la izquierda y la derecha.

Las medidas heterodoxas han sido utilizadas por los Estados importantes desde hace tiempo. En un contexto difícil, serán más frecuentes

Pero esas discusiones son ociosas. Todos los Estados importantes han utilizado instrumentos heterodoxos en los últimos años y lo continuarán haciendo. Las nacionalizaciones de empresas en quiebra no han sido inusuales. Los gobiernos europeos seguirán inyectando dinero (unos más que otros, la capacidad fiscal alemana no es la misma que la española o la italiana), con los objetivos más diversos. Antes fue la crisis de las 'subprime', más tarde la del covid y ahora la energía y la necesidad de rearme. El dogma alemán del déficit público cero lo han roto ellos mismos cuando lo han necesitado. EEUU no solo ha impuesto aranceles, sino que está priorizando las empresas nacionales en ámbitos muy significativos y Trump está presionando a la Fed. Rusia está en economía de guerra. China es otro nivel en cuanto a la dirección de la economía desde el Estado. La política industrial regresa de forma decidida. Lo cierto es que las medidas heterodoxas han estado presentes en los Estados importantes desde hace tiempo, por lo que resulta esperable que, en un contexto de dificultad, amplíen su ámbito de acción.

Mientras tanto, Europa sigue con su idea de derivar recursos públicos para destinarlos al rearme al mismo tiempo que se ajustan presupuestos y se quieren reformar las pensiones para reducir el gasto estatal. Europa está centrada en acabar con la regulación excesiva, con la búsqueda del déficit cero, y con la reforma de los planes de pensiones para evitar que los 'boomers' les roben el futuro a los jóvenes. Es la idea continuamente presente del regreso a la normalidad: todas las medidas que se han tomado fueron forzadas por contextos excepcionales y, en la medida que desaparezcan, se volverá a la ortodoxia, al sentido común económico, a lo de siempre y a lo bien hecho. Pero habría que preguntarse si no es justo eso "de siempre" lo que ha creado vulnerabilidades extremas a Europa al promover economías excesivamente dependientes del exterior en áreas críticas; si la normalidad a la que se pretende volver no es más que el regreso a aquellas políticas que desindustrializaron Europa salvo en ámbitos muy limitados, no generaron fuentes de energía propia y dañaron el poder adquisitivo y el nivel de vida de la mayoría de sus ciudadanos.

Lo que está de fondo es la búsqueda de fórmulas que permitan a los Estados transitar por una época complicada con rumbo firme

En segundo lugar, esa idea de la excepcionalidad es absurda. Esto no es una crisis, ni una sucesión de ellas, sino un cambio de orden. En la medida en que la circulación por los mares ya no es segura, en que la guerra ha hecho acto de aparición y que la carrera por el futuro entre EEUU y China, con especial énfasis en la inteligencia artificial, está lanzada, el orden anterior ya no es recuperable. Las armas, las finanzas, el papel del dólar, la seguridad en el abastecimiento energético y la protección frente a las turbulencias internacionales suponen un cambio sustancial de dirección. En el mejor de los casos, EEUU y China traerán el orden de nuevo mediante la fijación de esferas de influencia propias; en el peor, iremos hacia una inestabilidad internacional continua. En ese escenario, las medidas económicas heterodoxas aparecerán con más frecuencia y los países que las utilicen con mayor inteligencia abordarán la nueva época con mayor posibilidad de éxito. Lo que está de fondo no es una pelea de la izquierda contra la derecha, sino la búsqueda de fórmulas que permitan a los Estados transitar con mejor rumbo por una época complicada. En ese escenario, será el pragmatismo lo que guíe las acciones de los gobiernos mucho más que la ortodoxia." 

(Esteban Hernández, El Confidencial, 14/05/26)

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