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3.11.25

Bélgica, ¿un narcoestado en el corazón de Europa? Políticos amenazados, jueces intimidados, tiroteos y explosiones en plena calle, toneladas de cocaína incautadas... una magistrada revelaba que pasó cuatro meses escondida y bajo vigilancia policial por sus investigaciones sobre casos de narcotráfico, algo que le sucedió también al antiguo ministro de Justicia, Vincent van Quickenborne, y, más recientemente, al nuevo fiscal del rey, Julien Moinil... Es Bélgica, un Estado en el corazón de Europa y sede de las principales instituciones de la UE... en Bélgica se puede hablar de una especie de “narcoestado light” porque, si bien el problema no es ni de lejos tan grave como en el Estado mexicano de Tamaulipas, “básicamente, la estructura y los patrones son muy similares” (Silvia Ayuso)

 "Políticos amenazados, jueces intimidados, tiroteos y explosiones en plena calle, toneladas de cocaína incautadas... El escenario no sale de la última temporada de Narcos ni es un lejano país dominado por los carteles. Es Bélgica, un Estado en el corazón de Europa y sede de las principales instituciones de la UE.

La carta abierta de una jueza de instrucción, que el pasado lunes advertía de que Bélgica corre el riesgo de convertirse en un narcoestado, ha reabierto un debate recurrente en los últimos años en un país pequeño pero geográficamente ideal para las mafias: el puerto de Amberes, un complejo entramado de canales de un tamaño equivalente a 20.000 campos de fútbol, es una de las principales entradas de cocaína de Europa (en 2023 se incautó la cifra récord de 116 toneladas). En el resto de la nación, sobre todo a lo largo de la frontera con Países Bajos, otro Estado bajo el flagelo narco, florecen los laboratorios clandestinos de droga sintética fácilmente distribuible al resto del continente a través de una frontera múltiple y porosa.

Dos días después de la alerta de la magistrada, un nuevo tiroteo en Bruselas entre bandas de la droga dejaba dos heridos en la comuna de Saint-Gilles. En una fachada aún se distinguen los balazos de fusil kaláschnikov con el que se perpetró el ataque. A comienzos de mes, otro tiroteo dejó una bala incrustada en la ventana de la escuela vecina. En lo que va de año, la policía ha vinculado al tráfico de drogas unos 80 episodios de este tipo en Bruselas, que han dejado siete muertos y casi 40 heridos.

Uno de los incidentes más sonados sucedió en febrero, cuando dos jóvenes, también armados con kaláshnikov, salieron tranquilamente de la estación de metro Clémenceau, en la comuna de Anderlecht (también en Bruselas), y la emprendieron a tiros antes de desaparecer por los túneles del suburbano, donde se perdió su rastro. Nueve meses después, la plaza donde se produjo ese tiroteo, que no dejó heridos de milagro, permanece cerrada al público, y la policía sigue haciendo registros aleatorios.

Pero la sensación de inseguridad no desaparece, dice Isabel (nombre ficticio, dado que prefiere no ser identificada), una vecina “de toda la vida” que ha visto cómo su comunidad se ha ido degradando en la última década, a medida que la droga iba ganando terreno en su barrio y en todo el país. “No es que sea invivible, pero tenemos un problema que hay que afrontar a escala nacional, no solo local”, reclama en consonancia con reiteradas peticiones de los alcaldes comunales.

En Amberes, el diagnóstico es similar. Bea (también nombre ficticio) asegura que le encanta Borgerhout, que la revista Time Out acaba de situar en el segundo lugar de su lista de los barrios más cool del mundo. En su calle, decenas de bicicletas, de adultos y niños, permanecen aparcadas ante viviendas mayoritariamente unifamiliares. Desde el verano, una de ellas está en venta. “Era de una familia con niños, pero se mudaron después de la explosión”, cuenta Bea, sin inmutarse.

La “explosión”, que tuvo lugar una madrugada de junio, destrozó la ventana de la casa frente a la que vive esta joven, y que hoy sigue tapada con una tela. Bea se despertó sobresaltada por el ruido, pero no se sorprendió. Unos meses antes, otra explosión similar había tenido lugar unas puertas más allá, al lado de la casa que acabó abandonando la familia. Este tipo de ataques vinculados al potente negocio del narcotráfico que se gesta en el aledaño puerto lleva años siendo parte del día a día de vecinos de barriadas como la de Bergerhout o Deurne.

Bea, que ha pasado toda su vida en Amberes, coincide con la bruselense Isabel en que la situación ha empeorado los últimos años. Y aunque dice que no tiene intención de mudarse, por mucho que su madre se lo pida desde la última explosión, acaba reconociendo: “No criaría a mis hijos aquí”. A la pregunta de si cree que Bélgica se está convirtiendo en un narcoestado, responde tras una pausa: “Es verdad que Amberes es la capital europea de la cocaína. Pero decir que somos un narcoestado es un poco exagerado”.

Así lo cree también Letizia Paoli, profesora de criminología en la Universidad de Lovaina y autora de varios estudios sobre el caso belga. En conversación telefónica, recuerda que hay tres criterios para decretar un narcoestado: una fuerte corrupción a altos niveles del Gobierno que “amenace el Estado de derecho”; un alto nivel de violencia que “amenace la legitimidad de la autoridad estatal y del monopolio estatal de la violencia”; y, finalmente, que las organizaciones ilícitas controlen la economía “legítima”.

Es cierto, como señalaba la jueza en su carta, que en Bélgica hay una multimillonaria economía ilegal “paralela”, que la corrupción “está permeando las instituciones” y que hay casos de “intimidación” de la justicia. La propia magistrada revelaba que pasó cuatro meses escondida y bajo vigilancia policial por sus investigaciones sobre casos de narcotráfico, algo que le sucedió también al antiguo ministro de Justicia, Vincent van Quickenborne, y, más recientemente, al nuevo fiscal del rey, Julien Moinil, que desde el verano ha ordenado varias redadas en la capital.

Pese a todo, subraya Paoli, los criterios no se cumplen. “Bélgica no es un narcoestado ni corre peligro de convertirse en uno en los próximos años”, sostiene.

Ten Voeten, un antropólogo y fotógrafo neerlandés autor de un libro sobre el narcotráfico en Amberes y de otro sobre la violencia de la droga en México, matiza un poco. “La idea de narcoestado es un poco alarmista”, reconoce. Pero él sí cree que en Bélgica se puede hablar de una especie de “narcoestado light” porque, si bien el problema no es ni de lejos tan grave como en el Estado mexicano de Tamaulipas, “básicamente, la estructura y los patrones son muy similares”.

En lo que coinciden ambos es en que la advertencia de la juez es una “llamada a la acción”, como dice Voeten. “Entiendo que la gente esté preocupada. La policía federal no tiene fondos suficientes, los jueces están siendo amenazados... no estamos acostumbrados a eso y es una forma de decir que el problema está empeorando y que necesitamos ayuda y apoyo financiero”, resume Paoli.

Que Bélgica tiene un problema de drogas es algo que nadie niega. En 2024, durante su presidencia de turno de la UE, el Gobierno belga hizo de “la lucha contra el crimen organizado de la droga” una de sus prioridades y presentó, entre otras medidas, una “Alianza europea de puertos” para incrementar la seguridad y cooperación. A escala nacional, el actual ministro del Interior, Bernard Quintin, ha propuesto que soldados patrullen junto a policías en Bruselas, donde en 2027 se deberían fusionar en una las actuales seis zonas policiales para mejorar su eficacia. Su par de Justicia, Annelies Verlinden, afirmaba esta semana que se ha aumentado la seguridad en los juzgados y se están anonimizando los datos identificativos de funcionarios y magistrados.

También en el ámbito europeo se mueve ficha. Bruselas tiene que presentar antes de que acabe el año una nueva Estrategia de la UE contra las drogas y un Plan de Acción con nuevas medidas “concretas”. Y se trabaja ya en una nueva legislación, para finales de 2026, que mejore la lucha contra la delincuencia organizada en toda la UE.

Todo esfuerzo es bienvenido, señala Voeten. Al fin y al cabo, advierte, el de la droga “es un problema que no va a desaparecer”."                     (Silvia Ayuso , El País, 01/11/25) 

27.10.25

Bélgica es básicamente un narcoestado, advierte el máximo juez de Amberes... El juez señala que las redes de blanqueo de capitales aumentan los costos inmobiliarios, la corrupción penetra en las instituciones estatales y los secuestros se pueden ordenar en Snapchat... "El soborno se infiltra en nuestras instituciones. Los casos que he dirigido en los últimos años —y soy solo uno de los 17 jueces de instrucción en Amberes— han resultado en arrestos de empleados en posiciones clave del puerto, funcionarios de aduanas, policías, empleados municipales y, lamentablemente, incluso personal del sistema judicial, tanto dentro de las prisiones como aquí mismo en este edificio," dice la carta del juez

 "El enorme puerto de Amberes actúa como una puerta de entrada para que las drogas ilegales entren en Bélgica — y en Europa en general. Bruselas, la capital del país, ha sido azotada por una serie de tiroteos relacionados con las drogas, con más de 60 incidentes solo este año, 20 de ellos ocurriendo solo este verano.

En respuesta a la masacre, el Ministro del Interior de Bélgica, Bernard Quintin, dijo que quiere desplegar soldados en las calles de Bruselas. A principios de este año, el gobierno belga aprobó la fusión de las seis zonas policiales de Bruselas en una sola unidad, que entrará en vigor a principios de 2027, para abordar el flagelo de la violencia.

En la carta anónima, el juez continúa señalando que un narcoestado se caracteriza por una economía ilegal, la corrupción y la violencia, condiciones que Bélgica cumple, según el juez. El juez señala que las redes de blanqueo de capitales aumentan los costos inmobiliarios, la corrupción penetra en las instituciones estatales y los secuestros se pueden ordenar en Snapchat.

"Este soborno se infiltra en nuestras instituciones." Los casos que he dirigido en los últimos años —y soy solo uno de los 17 jueces de instrucción en Amberes— han resultado en arrestos de empleados en posiciones clave del puerto, funcionarios de aduanas, policías, empleados municipales y, lamentablemente, incluso personal del sistema judicial, tanto dentro de las prisiones como aquí mismo en este edificio," dice la carta del juez.

"Un ataque a un hogar con una bomba o armas de guerra, una invasión de hogar o un secuestro se pueden ordenar fácilmente en línea." Ni siquiera necesitas ir a la dark web; una cuenta de Snapchat es todo lo que necesitas," añadió el juez."

(Ketrin Jochecová , POLITICO, 27/10/25, traducción Quillbot)

20.5.25

POLITICO: El nuevo jefe de seguridad de Bélgica lanza una cruzada contra el narcotráfico en Bruselas... «Una situación catastrófica»... En 2024 murieron 9 personas en un total de 90 tiroteos, lo que sitúa a Bruselas entre las tres primeras ciudades europeas en cuanto a violencia armada, junto con Marsella y Nápoles

 "BRUSELAS - Bernard Quintin, diplomático de carrera y orgulloso bruselense, ha asumido una tarea de enormes proporciones: poner remedio a la epidemia de violencia de la droga en la ciudad.

Este experimentado negociador ha pasado 20 años cambiando de destino, desde Río de Janeiro y Burundi hasta Varsovia y la sede diplomática de la UE en la plaza Schuman de Bruselas. Pero tras un nombramiento de última hora a principios de año -que le cogió por sorpresa incluso a él mismo- Quintin es ahora Ministro belga de Seguridad e Interior.

El reto de Quintin es aplicar la reforma policial y frenar la delincuencia de bandas. La tarea promete ser ardua: El ministro debe enfrentarse a enormes agujeros presupuestarios, a una desconfianza profundamente arraigada hacia la injerencia federal en los asuntos municipales, a la prolongada parálisis política de la región y a unos políticos locales que odian la idea.

Bruselas está «en una situación catastrófica», dijo Quintin a POLÍTICO en su despacho de la Rue de la Loi.

Nacido en Bruselas, el ministro alabó su ciudad por combinar la cultura de una metrópolis con el zen de una ciudad de provincias. Pero arremetió contra sus calles sucias y atascadas, sus problemas presupuestarios y la delincuencia, y contra el hecho de que, casi un año después de las elecciones, Bruselas siga sin tener un gobierno regional.

«Me parece un escándalo», dijo Quintin, miembro del Movimiento Reformista (MR), partido de centro-derecha francófono, el más votado en Bruselas en las elecciones federales belgas de junio de 2024.

 La ciudad está «al borde de la quiebra, si no en quiebra ya», y sus problemas de seguridad se han vuelto «extremadamente agudos», dijo el ministro.

Apenas 48 horas después de su toma de posesión en febrero, Quintin tuvo que acudir al lugar de un tiroteo. Hombres fuertemente armados habían abierto fuego en la estación de metro Clemenceau de Bruselas, el primero de varios incidentes sucesivos con armas de fuego en la zona.

La violencia armada en la capital belga sigue una curva ascendente. En 2024 murieron 9 personas en un total de 90 tiroteos, lo que sitúa a Bruselas entre las tres primeras ciudades europeas en cuanto a violencia armada, junto con Marsella y Nápoles.

La coordinación de las fuerzas policiales y su capacidad de intervención rápida deben «mejorarse fundamentalmente» para invertir la tendencia, dijo Quintin.

Forzar la reforma en Bruselas

Pero los políticos de la ciudad odian el plan del gobierno belga para conseguirlo.

Bruselas es una de las tres regiones belgas, que supervisan asuntos como el transporte y la política económica. En el panorama político belga, la región de Bruselas, bilingüe pero mayoritariamente francófona, está encajonada entre la neerlandófona Flandes, al norte, y la francófona Valonia, al sur.

En un intento de reforzar la fragmentada policía de Bruselas, el gobierno nacional dirigido por Bart De Wever, del partido nacionalista flamenco N-VA, ha decidido fusionar los seis cuerpos de policía de Bruselas en una sola entidad.

 En Bruselas, sin embargo, los políticos locales temen que eso aleje a la policía de los residentes de la ciudad y afirman que el problema es en realidad la escasez de recursos.

Algunos han tachado la idea de la fusión de proyecto favorito de los nacionalistas flamencos que el gobierno está impulsando en contra de la voluntad de Bruselas. La acusación corre el riesgo de traer al debate las conocidas y a menudo paralizantes divisiones entre los grupos lingüísticos de Bélgica.

Quintin es consciente de que se trata de un campo de minas político, razón de más para actuar con rapidez: Tiene previsto enviar su propuesta al Parlamento el 21 de julio, día nacional de Bélgica, y fusionar las fuerzas policiales en 2027.

Bruselas es la única gran ciudad belga que cuenta con varios cuerpos de policía, y el ministro afirma que es necesario corregir esa «anomalía». «El problema de la coordinación, que surge cada vez que pasa algo en Bruselas, ya no se plantearía».

En un aparente guiño a las preocupaciones de los alcaldes, el ministro ha subrayado la necesidad de que la policía siga integrada en los distintos municipios de Bruselas. También está revisando la financiación de las zonas policiales y ha propuesto transferir parte de su deuda al nivel federal.

«La concertación está en mi ADN», afirma Quintin. «Después de mi carrera, sería una lástima que nada hubiera cuajado».

Educar, explicar, prevenir - y castigar

El narcotráfico debe combatirse en toda la cadena de valor, añadió el ministro, desde las personas que producen y trafican con la droga, a menudo desde mucho más allá de las fronteras belgas, hasta los vendedores y consumidores.

 «Estoy exagerando, por supuesto, pero actualmente estamos casi en una situación en la que un tipo llega, despliega su sillita y pone su mesita y su sombrilla», dijo.

Las autoridades deberían utilizar lo que él llamó «VIP -policía muy irritante»- para arrancar de raíz a los traficantes complacientes y golpear los márgenes de beneficio de los traficantes. Pero los consumidores también deberían ser más penalizados, dijo el ministro.

«Si compras marihuana, si compras cocaína, si compras heroína, formas parte de esa cadena y tienes parte de responsabilidad... Tenemos que educar, explicar y prevenir. Pero en algún momento también tenemos que castigar», dijo.

Mientras tanto, el vacío político de Bruselas, que dura ya 11 meses, no ha ayudado en nada. «La ausencia de un gobierno de pleno derecho que pueda tomar decisiones es un problema», dijo Quintin.

El estancamiento de los intentos de crear un gobierno regional bruselense y el enorme agujero en el presupuesto de la capital suscitan cada vez más la ira de los líderes políticos.

A principios de mes, el Primer Ministro De Wever declaró a RTL que si Bruselas se dirigía al gobierno federal para pedir más dinero para pagar su deuda, él «actuaría como el [Fondo Monetario Internacional] e impondría fuertes condiciones para reorganizarse».

Los comentarios desataron una tormenta de críticas en Bruselas. Ahmed Laaouej, líder de la sección bruselense del partido socialista francófono PS, dijo que eran las palabras de «un líder nacionalista y separatista» que trata la Constitución como si fuera un «trapo de papel».

 Como bruselense y miembro del Gobierno, el ex diplomático se encuentra en una situación intermedia.

Quintin dijo que no cree que Bruselas esté justamente financiada, pero añadió que es «obvio» que el nivel federal no aceptaría canalizar los fondos de los contribuyentes belgas hacia un «pozo sin fondo» sin exigir que las cosas «se pongan en orden».

Sin embargo, añadió el ministro, un escenario en el que Flandes y Valonia gobernaran juntas Bruselas equivaldría a la «negación de Bruselas como región por derecho propio», algo a lo que, como político con profundas raíces en la capital, se opondría «independientemente de la posición de otros miembros del gobierno, o incluso dentro de mi partido».

«No soy flamenco ni valón, soy bruselense. Nací en Bruselas, mis padres nacieron en Bruselas... Es la ciudad a la que vuelvo, para tomar aliento después de años en el extranjero», dijo."

 ( Hanne Cokelaere  , POLITICO, 20/05/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

4.2.24

El deseo de ser clase media: por qué España es un lugar idóneo para la 'maría'... España dista mucho de sufrir los serios problemas que padecen Estados europeos como Países Bajos o Suecia, donde la penetración de las mafias es notable, ni tampoco cuenta con zonas socialmente desarticuladas, como las banlieues francesas, en algunas de las cuales son los traficantes los que dictan la vida cotidiana. Pero hay una serie de elementos preocupantes que ya están presentes... Esa parte de España poblada por polígonos semivacíos, por territorios que creyeron que iban a despegar y se quedaron detenidos, y cuya industria cerró, resulta especialmente atractiva para promover el cultivo de la marihuana... La economía de supervivencia se impone en zonas que ya están produciendo lumpenproletariado... este tipo de producción requiere de mano de obra barata y dispuesta, dueños de naves que no hacen preguntas y cobran en negro, electricistas que hagan los ajustes precisos y de personas que miran hacia otro lado. España tiene mucha gente en situación de necesidad y acostumbrada a los apaños... el cultivador se autopercibe como un empresario que ha ascendido socialmente y que no hace ningún mal, simplemente cultiva plantas... pero la ilegalidad supone ajustes de cuentas, intentos de robo o de quemar las cosechas ajenas, suponen armas de fuego y estar dispuesto a disparar (Esteban Hernández)

 "El papel de España como centro logístico de la droga, como lugar idóneo desde el que distribuir por Europa la mercancía, es bien conocido desde hace años. Además, el auge de la marihuana, en consumo y en precio, ha convertido a nuestro país en gran productor. La mancha se va extendiendo, con los peligros asociados a ella. El aumento de la criminalidad ligado a la marihuana es significativo, pero también lo son las señales, todavía incipientes, de que esas actividades ilícitas puedan acabar condicionando de forma definitiva la vida de las poblaciones en las que operan.

El cambio que se está produciendo en España queda reflejado en el libro Brots de narcosocietat (Ed. Columna), de la periodista especializada en información policial y judicial Fàtima Llambrich, en el que alerta del nuevo escenario en el que nos estamos adentrando. España dista mucho de sufrir los serios problemas que padecen Estados europeos como Países Bajos o Suecia, donde la penetración de las mafias es notable, ni tampoco cuenta con zonas socialmente desarticuladas, como las banlieues francesas, en algunas de las cuales son los traficantes los que dictan la vida cotidiana. Pero hay una serie de elementos preocupantes que ya están presentes.

Los factores esenciales

En esa escalada, es relevante el hecho de que España haya dejado de ser simplemente un lugar de tránsito y se haya convertido también en productor. Hay varios factores que hacen de nuestro país un lugar idóneo para el cultivo. Además de la situación geográfica, "los delincuentes valoran que la legislación española sea más laxa que otras europeas", asegura Llambrich, pero también que "contamos con un sistema industrial en desuso, con locales con instalaciones eléctricas ya realizadas y con polígonos semiabandonados", lo que proporciona una infraestructura que les resulta favorable. Como elemento final, también está el conocimiento del territorio, ya que "hay un historial amplio de organizaciones criminales que han operado aquí".

Sin embargo, de todos esos factores, hay uno que debe destacarse, porque es el que facilita que las organizaciones se extiendan aprovechando las facilidades que las zonas interiores ofrecen. Esa parte de España poblada por polígonos semivacíos, por territorios que creyeron que iban a despegar y se quedaron detenidos, y cuya industria cerró, resulta especialmente atractiva para promover el cultivo.

Esos lugares en declive tienen dificultades relevantes, que se dejan sentir en sus clases medias y en las populares, y que se aprecia especialmente en las dinámicas migratorias. Sus jóvenes suelen marcharse en busca de mejores opciones laborales, sobre todo a grandes ciudades, pero eso solo es posible para aquellos que cuentan con alguna formación y con ayuda familiar. Los trabajos poco cualificados no ofrecen los salarios precisos para mantenerse en una ciudad cara en la que hay que afrontar el coste de la vivienda. En consecuencia, parte de su población, sobre todo aquella con bajo nivel adquisitivo, se ve obligada a permanecer en zonas en las que los empleos son insuficientes. La economía de supervivencia se impone, a menudo a través de trabajos ocasionales, de empleos parciales en negro, de ayudas públicas o de una combinación de estas fuentes de ingresos. Y los hijos que tienen crecerán con esos problemas agravados. Son zonas que están produciendo lumpenproletariado.

La marihuana es otra cosa

La relación entre los ámbitos con menos recursos de la sociedad y el tráfico de drogas es directa. De esos sectores obtienen su mano de obra en la escala más baja. Algeciras o La Línea de la Concepción son un ejemplo de ello en España, pero es algo habitual en barrios de EEUU o de otros países de Europa, y un lugar común en ciertos estados latinoamericanos: personas pobres o muy pobres, que carecen de futuro, encuentran en la actividad delictiva un ascenso social directo que puede exhibirse en signos visibles: coches, fiestas, joyas, armas.

Lo de España con la marihuana es otra cosa, porque el productor autóctono tiene cada vez menos ese perfil. Su perspectiva vital es más la de la España del apaño, ese ir tirando al que se han acostumbrado, que el de los grandes sueños de riqueza. Describe Llambrich la experiencia de un productor que recibe entre 10.000 y 12.000 euros al trimestre, que no es una cantidad menor, pero que está muy alejada de un nivel de vida elevado. En la entrevista que realiza en el libro a un joven proveniente de un entorno desestructurado, cuya vida siempre había estado ligada a delincuencia menor, aparece esta mentalidad de un modo expreso: "Identifica su actividad actual como un modo de vida que le ha permitido un cambio social. Antes robaba un bolso y tenía que enfrentarse a la gente, y ahora es un empresario, que ya ha pasado por la época de dedicarse a cuidar la plantación. Tiene una vida fácil que le permite llegar a final de mes sin preocupaciones. Se autopercibe como un empresario que ha ascendido socialmente y que no hace ningún mal, simplemente cultiva plantas".

La tipología del cultivador no ofrece un perfil único: "Hay desde personas que tienen trabajo y que obtienen un extra con la producción de marihuana, hasta delincuentes con delitos menores que han cambiado de oficio. Les sale más a cuenta y las penas si les cogen son menores".

Un apaño más

El tipo de droga ayuda, porque la marihuana está más aceptada socialmente y se percibe como menos arriesgada: no parece lo mismo cultivar maría que vender heroína. Las vías de acceso a esta droga son más fáciles, y también, por esa informalidad, es más sencillo contactar con redes que compran la producción.

El problema último es que nunca es así. La ilegalidad implica violencia y desprotección, y eso no siempre se entiende de antemano, como le ocurrió a aquel pequeño camello que denunció a un policía que patrullaba a quienes le habían robado la mercancía. La ilegalidad supone ajustes de cuentas, intentos de robo o de quemar las cosechas ajenas, suponen armas de fuego y estar dispuesto a disparar. Y las consecuencias legales no son tan laxas: "Cuando los cultivadores son imputados por pertenencia a una organización suelen sorprenderse, porque ellos son simplemente agricultores. Pero pertenecen a una red que finalmente hace posible que su producción sea adquirida", afirma Llambrich.

En todo caso, este tipo de producción requiere de mano de obra barata y dispuesta, dueños de naves que no hacen preguntas y cobran en negro, electricistas que hagan los ajustes precisos y de personas que miran hacia otro lado. España tiene mucha gente en situación de necesidad y acostumbrada a los apaños, por lo que las tentaciones se multiplican cuando se considera la producción de marihuana como un extra o como una manera de llevar una vida más holgada. Es otro apaño más."                  (Esteban Hernández, El Confidencial, 04/02/24)

27.12.23

A medio plazo puede haber más violencia y cárteles en el sur de España... en Francia, Países Bajos y Bélgica el narco es más agresivo y eso puede venir a España... la mafia que pone bombas en Bélgica o amenaza a la pricesa holandesa, tienen células activas en España, en la Costa del Sol... ya ha habido sicariato entre ellos, aunque todavía no han atentado contra jueces y fiscales... Creo que se ha logrado contener hasta ahora precisamente por la experiencia en la lucha contra el terrorismo, hay experiencia contra el crimen organizado y somos un país mucho más grande que Bélgica y Países Bajos con grupos policiales más especializados. Allí cuando se dieron cuenta lo que entraba no pudieron abordar el fenómeno. También está la experiencia que dejó Galicia... El Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado del Ministerio de Defensa ha dicho que la Costa del Sol se ha convertido en epicentro mundial del narcotráfico, con más de 100 células de decenas de países. Las bandas luchan entre sí por el control, se pelean por deudas, y eso hace pensar que en un tiempo, a medio plazo probablemente, veamos situaciones como que puedan poner una bomba. En Marbella han puesto bombas en gimnasios ya y se han matado a plena luz del día, pero se ha sabido contener. Se teme que esto ya no se pueda contener en algún momento... En el momento en que el dinero de la cocaína se empiece a destinar a sicarios que amenacen a jueces, a comprar equipos enteros de cuerpos policiales, puede pasar que se consoliden cárteles, ese es el riesgo. Existe un riesgo latente porque el negocio es cada vez más próspero en el sur de España

 "El periodista Andros Lozano, autor de ‘Costo’, una investigación sobre el narcotráfico en el estrecho de Gibraltar, advierte de los riesgos futuros de un negocio cada vez más próspero de tráfico de hachís y cocaína. Dice saber que ya hay más de un centenar de organizaciones criminales asentadas.

No es griego ni tiene ascendencia remota helénica, aclara Andros Lozano cuando se le pregunta por su nombre. Simplemente a su madre le gustó llamarlo así, pero es un valenciano más, aunque ahora vive en «algún pueblo» de la provincia de Sevilla. Por motivos de seguridad prefiere no decir cuál. Su tercer hijo nació tras la publicación de ‘Costo’ (Ed. Libros del K.O., 2023), que ya va por su segunda edición y es probable que venga una tercera por el éxito que tuvo. «Una de las cosas que quiero hacer es actualizar el libro, habrá alguna historia pendiente de sentencia o diligencias y quiero agregar detalles», explica.

En el libro menciona el riesgo creciente que ve de un empeoramiento de la situación de violencia por el narcotráfico en el sur del Estado español, especialmente en la comarca Campo de Gibraltar. La cocaína está cobrando protagonismo en una ruta que solía monopolizar el hachís y el rol de Marruecos. De todo eso y mucho más ha conversado con GARA.

Es de los pocos periodistas que lleva muchos años investigando el negocio narco en el Estado español para grandes medios. ¿Unos 15, no?

Sí. Estando en Barbate (Cádiz) descubro ese mundo en 2011 y ya antes llevaba un par de años investigando el asunto. Allí descubrí un mundo en el que había mil historias por contar y no se estaban contando bien.

En el libro comenta que al enorme negocio del hachís en Marruecos se viene añadiendo el ingreso de cocaína a España. ¿Cuándo empieza eso y qué relevancia tiene?

Sí, cocaína que viene de Sudamérica. El punto de inflexión es cuando en 2018 la Guardia Civil incauta una lancha con 1.600 kilos de cocaína. Es la primera vez que se constata que el rumor era cierto, que se introducían grandes cargamentos de cocaína a través de las rutas tradicionales del hachís. Ya en 2010 se sabe que los narcos marroquíes no le hacían asco a la cocaína precisamente porque los cárteles latinoamericanos dejan de usar las rutas tradicionales de cocaína, que eran Barcelona, Valencia o Galicia, y también la empiezan a mandar hacia la costa occidental de Africa a través de buques cargueros, de allí al norte de Africa y luego como si fuera hachís.

De hecho hace unos meses se encontró en Barbate una lancha abandonada con 670 kilos de cocaína. Los traficantes huyeron tras una persecución. Esta ruta está en auge y se la conoce ahora como la ruta africana de la cocaína. Pasa por más manos pero una vez que entra en territorio marroquí allí los narcos tienen totalmente controlada la distribución y usan a los que operan en Cádiz para que pongan la mercancía en el territorio, son intermediarios.

¿Y por el sur de Portugal?

Sí, por Portugal también entra y cuando hay mucha presión policial los narcos amplían el foco, o hacia Huelva o Portugal o hacia las costas de Granada. El rio Guadiana fue un lugar de paso de mucha mercancía pero al final es más gasto, se usa si hay mucha presión policial en la comarca de Campo de Gibraltar. Se mudan según la fortaleza que tengan los clanes.

En una entrevista ha dicho que en Francia, Países Bajos y Bélgica el narco es más agresivo y que eso puede venir al Estado español en el futuro.

Sí, no sé si será en cinco años o diez, pero cuando hablas con las fuerzas policiales españolas te explican que es probable que ocurra aquí lo de allí, esos tipos de delitos, como en Bélgica, donde ponen bombas, y en Países Bajos, donde tienen amenazada a la princesa, que tiene que ir escoltada. Esas mismas bandas tienen células activas en España y en la Costa del Sol, ahí pueden pasar desapercibidas, es un lugar rico y cosmopolita y no despiertan tantas sospechas.

Tienen presencia ahí, envían gente y ya ha habido sicariato entre ellos, aunque todavía no han atentado contra jueces y fiscales. Sé que en el sur algunos jueces y fiscales llevan seguridad porque existe el temor. Creo que se ha logrado contener hasta ahora precisamente por la experiencia en la lucha contra el terrorismo, hay experiencia contra el crimen organizado y somos un país mucho más grande que Bélgica y Países Bajos con grupos policiales más especializados. Allí cuando se dieron cuenta lo que entraba no pudieron abordar el fenómeno. También está la experiencia que dejó Galicia.

O sea que el pronóstico no es optimista...

El Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado del Ministerio de Defensa ha dicho que la Costa del Sol se ha convertido en epicentro mundial del narcotráfico, con más de 100 células de decenas de países. Las bandas luchan entre sí por el control, se pelean por deudas, y eso hace pensar que en un tiempo, a medio plazo probablemente, veamos situaciones como que puedan poner una bomba. En Marbella han puesto bombas en gimnasios ya y se han matado a plena luz del día, pero se ha sabido contener. Se teme que esto ya no se pueda contener en algún momento.

¿Cuál es el país europeo en que más consolidado está el poder narco y su violencia?

Seguramente Bélgica. Tiene los puertos por los que más mercancías con buques mueven y mas contenedores al año reciben. Allí lo que entra principalmente es cocaína, el hachís suele entrar por carretera. Allí es un tema político, hay partidos que lo mencionan, pero todavía no hay respuesta social como la que se vivió en Galicia o Irlanda en su momento. No existe la sensación entre los medios de que esto sea un problema serio.

Marruecos es el principal productor mundial de hachís, ¿colabora para combatir el narcotráfico?

Nada, la colaboración de Marruecos es ninguna. Es evidente que existe connivencia entre las autoridades marroquíes, no sé a la altura de los dirigentes que llega, pero es evidente la colaboración en el entramado. Se sabe perfectamente dónde se cultivan las plantas de marihuana, las zonas de playa más propicias para cargar el hachís en las playas, y de vez en cuando hay operaciones pequeñas pero es más paripé que una voluntad clara. Los cultivos además están en la zona del Rif, la que más dejada está en cuanto a inversiones y desarrollo. Deben pensar que les conviene dejar el narco allí y no cortarlo para evitar revueltas y protestas.

¿La Guardia Civil ha sido penetrada por los narcos? ¿Qué nivel de infiltración y colaboracionismo?

Creo que hay más corrupción de la que sale a través de causas judiciales pero también sé que es una mínima parte de lo que es el grueso del cuerpo policial o de los equipos que luchan contra el narco. ¿Que la corrupción está muy extendida? Yo creo que no, pero sí más de lo que aflora en las causas.

El caso que cuenta en el libro de Didí, nacido en Tetuán, me parece icónico (cayó dos veces preso y sigue «piloteando» las lanchas y dice que es adicto a esa adrenalina). ¿Hay algo psicológico y sociológico además de interés material en esta gente?

Probablemente. La mayor parte de los grandes narcos, los grandes líderes, tienen esto como un estilo de vida, no saben hacer otra cosa, se enganchan a vivir en la clandestinidad, a estar sorteando la justicia y la presión policial, y a la riqueza, porque es un elemento adictivo. Mientras yo estoy a mitad de mañana tomándome un café preparando una entrevista ellos están pensando como introducir una tonelada de hachís y por cual ruta. Los narcos españoles tienen asumido que alguna parte de su vida la van a pasar en prisión, te lo dicen así. Una vez entrar en prisión lo que intentan es que se vaya acercando a su punto de residencia para recibir visitas y para estar con su gente. Su paso por prisión les afecta, por supuesto, pero lo tienen asumido porque a la larga el beneficio económico les compensa.

El contexto social del que vienen también influye, muchos son de barrios complejos, no es lo mismo nacer en La Tunara de la Línea de la Concepción que en el barrio de los Remedios en Sevilla. Antes se decía que existía respeto entre narcos y policías. pero entre 2015 hasta 2018 ese respeto se quebró, hubo muchas embestidas y tiroteos, que dejaron de suceder cuando hubo un fuerte despliegue de Interior en el sur.

¿Y el caso de ‘El Nene’ de Ceuta, Mohammed Taieb, que en el libro recuerda que está desaparecido? Historias como éstas parecen salidas de una serie de Pablo Escobar y sin embargo no aparecen casi nunca en las cabeceras mediáticas. 

El de Taieb, manteniendo las distancias porque periodísticamente es interesantísimo y aclarando que me repugna la parte criminal, es el paradigma del gran narco. Llegó a tener mucha confianza con los señores de la droga de Marruecos, con 70 grandes mercaderes, a los 20 años. Él se ocupaba del traslado al otro lado del Estrecho. Empezó de la nada. Por saber el idioma, por poder cruzar al otro lado (tenía pasaporte español), fue haciendo mucho dinero y allí vino su revolución: utilizaba gomas cebo el día de la descarga y solo una o dos llenas de hachís, y eso provocaba que las fuerzas no sabían a qué lancha seguir. Este método lo inventó él cuando fue jefe de su propia organización.

Sigue desaparecido, no se sabe qué ha sucedido. La tesis mas probable, la que maneja su propia familia y las fuerzas policiales, es que esté muerto. Pero surgieron las leyendas al no aparecer el cuerpo, algunos dicen que modificó su rostro, o que ordenó simular un tiroteo ficticio para desaparecer. Pero lo más probable es que unos sicarios marselleses lo mataron y que lo ordenó su propio cuñado.

¿Por qué no aparecen estas historias en los medios?

Es algo que yo siempre me pregunto, desde el lado periodístico. A lo mejor en los años 90 se puso un poco más el foco en lo que sucedía con las muertes de los chavales con la cocaína. Es cierto que sobre lo que ocurría en el sur de España yo no he encontrado apenas hemeroteca a la hora de ponerme a escribir. He tenido que citar reportajes de medios, no había un grueso literario en el que poder basarte. Yo lo que propongo [en ‘Costo’] es un ensayo sobre el negocio. No sé por qué no hay más interés mediático y social, quizás porque no ha habido un exceso de violencia. Creo que es también porque se matan entre ellos. Y porque no interesa por el turismo y desarrollo económico…

Creo que también si todo esto sucediera en Madrid o Barcelona, nos echaríamos las manos a la cabeza, no se permitiría como sociedad que en una ciudad europea moderna sucediera esto. Pero como existe en pueblos que no se conocen, no tiene la misma consecuencia.

Por lo que ha visto en el sur, ¿ya se puede hablar de cárteles?

Aquí son clanes. Cárteles son en México, por ejemplo. Aquí no tienen ese nivel de injerencia en la policía y los jueces. Un cártel es el que controla un territorio y todo el aparato del Estado que existe en ese territorio, con jueces y policías corrompidos o comprados. Un clan no tiene ese poder, no llega a tanto. El clan de los Castaña es lo mas cercano que estuvo a convertirse en cártel. Me lo ha dicho el fiscal jefe de Algeciras. Llegaron a tener tanto poder dentro del negocio que cobraron impuestos a otras organizaciones que querían alijar en las playas que controlaban. La Justicia lo logró frenar.

En el momento en que el dinero de la cocaína se empiece a destinar a sicarios que amenacen a jueces, a comprar equipos enteros de cuerpos policiales, puede pasar que se consoliden cárteles, ese es el riesgo. Existe un riesgo latente porque el negocio es cada vez más próspero en el sur de España, con implantación de grandes organizaciones internacionales en la Costa del Sol… Se están poniendo todos los ingredientes para que a medio plazo puedan vivirse situaciones de mayor violencia y mayor corrupción y complicación para las instituciones del Estado. El estrecho y Algeciras están tomando el relevo a Galicia."             (Daniel Galvalizi  , Rebelión, 27/12/23)