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5.9.25

Simple y llanamente, la cuestión de confianza del primer ministro François Bayrou es un acto suicida de un Gobierno que, confrontado a la prueba de fuego que supone aprobar los presupuestos, ha tenido que rendirse a la evidencia, no lo conseguirá sin importantes concesiones a cambio... El volumen de la deuda ha sido el pretexto... proponiendo un primer recorte de al menos 44.000 millones de euros, pero negándose a gravar los beneficios de las grandes empresas y las fortunas más importantes del país. Es un presupuesto de austeridad... Esto significa cargar esta fórmula sin precedentes sobre las espaldas de las capas medias, los jubilados, los asalariados, suprimiendo incluso la cobertura de dos días no laborables... La situación de la deuda francesa, (de 3,3 billones de euros, es decir, el 113 % del PIB), no es “catastrófica”. Se encuentra más o menos en la media de los países europeos... además, los mercados seguirán confiando en la garantía del Estado francés si lleva a cabo una estrategia progresiva de reducción. Las valoraciones de las grandes agencias internacionales aseguradoras son todas, sin excepción, positivas. ¿Por qué, entonces, este repentino catastrofismo del primer ministro? Quiere abandonar lo antes posible este barco que se hunde inexorablemente. Y prefiere caer con una imagen de defensor del rigor presupuestario, perfil siempre bien valorado por los grupos financieros dirigentes, y abandona a Macron, que vuelve al callejón sin salida que él mismo desencadenó al negarse a elegir un gobierno dirigido por el Nuevo Frente Popular, ganador de las elecciones. Ahora, si nombra a un primer ministro fuera de la mayoría de las izquierdas en el Parlamento, no será más que un Sísifo condenado a una nueva e inevitable derrota. Las manifestaciones sociales previstas para este mes de septiembre lo demostrarán una vez más: la verdadera crisis de gobernabilidad en Francia no es financiera, es política (Sami Naïr)

 "Simple y llanamente, la cuestión de confianza que el primer ministro François Bayrou plantea este próximo lunes en el seno de la Asamblea Nacional francesa equivale a poner su propia cabeza bajo la guillotina. Es un acto suicida de un Gobierno que, confrontado a la prueba de fuego que supone aprobar los presupuestos generales antes de fines de diciembre, ha tenido que rendirse a la evidencia: no lo conseguirá sin importantes concesiones a cambio.

El volumen de la deuda ha sido el pretexto utilizado por Bayrou para proponer, a comienzo de las vacaciones de verano, un primer recorte de al menos 44.000 millones de euros, pero negándose a gravar los beneficios de las grandes empresas y las fortunas más importantes del país. Es un presupuesto de austeridad que el primer ministro esgrime, además, como un dictado, exigiendo a la oposición aceptarlo sin rechistar. Esto significa, sin signos de rubor, imponer más dosis de injusticia fiscal y social, y cargar esta fórmula sin precedentes sobre las espaldas de las capas medias, los jubilados, los asalariados, suprimiendo incluso la cobertura de dos días no laborables.

La mayoría de las fuerzas políticas, desde Francia Insumisa hasta la extrema derecha, pasando por el Partido Socialista y los Verdes, se ha rebelado firmemente tanto contra este formato presupuestario austericida, como contra la actitud de soberbia del primer ministro minoritario en el Parlamento, que ha gobernado durante nueve meses gracias a la abstención cómplice de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen y, en ocasiones, de los socialistas, en las no pocas mociones de censura presentadas contra su política.

En realidad, para la deuda no era preciso someter la cuestión de confianza al Parlamento. Sin desacuerdo en la necesidad de moderarla, el debate sobre los presupuestos se centraría en determinar el volumen anual de las partidas objeto de recorte y el tiempo necesario para reducir su entidad. Si hubiera manifestado voluntad política de diálogo, y menos intransigencia, François Bayrou habría encontrado probablemente respaldo ante una izquierda desunida, ya que el Partido Socialista se había declarado dispuesto a colaborar. Pero ha preferido extrañamente hacer de su plan una opción no negociable. La situación de la deuda francesa, (de 3,3 billones de euros, es decir, el 113 % del PIB), agravada por la crisis de la covid-19, ya se conocía hace varios años. Aunque importante, no es, como sostiene el jefe del Gobierno, “catastrófica”. Se encuentra más o menos en la media de los países europeos y, además, los mercados seguirán confiando en la garantía del Estado francés si lleva a cabo una estrategia progresiva de reducción. Las valoraciones de las grandes agencias internacionales aseguradoras son todas, sin excepción, positivas. ¿Por qué, entonces, este repentino catastrofismo del primer ministro?

En realidad, detrás de esta dramatización, hay otras razones, esencialmente tácticas y políticas. Basta señalar, por una parte, que el telón de apoyo que ha alimentado al Gobierno durante nueve meses se vuelve cada vez más débil. Como todas las demás fuerzas políticas, la extrema derecha de Marine Le Pen comienza ahora la campaña para las presidenciales de 2027 y necesitará distanciarse de un Gobierno al que ha salvado en varias ocasiones. Por otra parte, es probable que el mismo Bayrou esté pensando, dada la crisis profunda de dirección de las élites políticas de derecha, en presentarse a estos comicios. Pero es consciente de que, al igual que el presidente Macron, sufre un fuerte rechazo en las encuestas de opinión. Por eso quiere abandonar lo antes posible este barco que se hunde inexorablemente. Y prefiere caer con una imagen de defensor del rigor presupuestario, perfil siempre bien valorado por los grupos financieros dirigentes.

Las consecuencias políticas de esta huida disfrazada de martirio son enormes e imprevisibles. Exponen a Emmanuel Macron a dilemas arriesgados: disolver la Asamblea Nacional y convocar nuevas elecciones podría desembocar en otro fracaso; elegir a un primer ministro —o ministra— de la cantera del Partido Socialista no encontraría el mínimo respaldo por parte de Francia Insumisa, el mayor partido de izquierdas en el Parlamento, y sería, asimismo, combatido por la extrema derecha. Otra alternativa sería designar a una “personalidad independiente”, pero sin la certeza de las fuerzas políticas que la apoyarían. O bien, por fin, le queda la dimisión y la llamada anticipada de elecciones presidenciales, pero recientemente ha descartado esta solución. Así que no hay buena solución. ¡Bayrou, que se había impuesto como primer ministro a Macron, lo abandona hoy, sin pedirle permiso! Su decisión vuelve a colocarlo en el callejón sin salida que él mismo desencadenó al disolver el Parlamento en abril de 2024 y, lo que es aún más grave, al negarse a elegir un gobierno dirigido por el Nuevo Frente Popular, ganador de las elecciones. Ahora, si nombra a un primer ministro fuera de la mayoría de las izquierdas en el Parlamento, no será más que un Sísifo condenado a una nueva e inevitable derrota. Las manifestaciones sociales previstas para este mes de septiembre lo demostrarán una vez más: la verdadera crisis de gobernabilidad en Francia no es financiera, es política."                 (Sami Naïr , El País, 04/09/25) 

15.8.24

Thomas Piketty: Para reconstruir la izquierda... las inversiones indispensables en sanidad, formación, investigación, infraestructuras de transporte y energía van a aumentar fuertemente... y hay dos maneras de financiarlas. O bien proclamamos que entramos en un nuevo ciclo de socialización creciente de la riqueza, impulsado por subidas de impuestos a los más ricos... o bien, por ideología, rechazamos cualquier subida de impuestos, poniéndonos así en manos de la financiación privada, sinónimo de desigualdad de acceso y de una eficacia colectiva más que dudosa... hasta que no se demuestre de forma incontrovertible que por fin se consigue que los multimillonarios y las multinacionales contribuyan, es impensable pedir a nadie más que haga un esfuerzo adicional... es necesario implicar a la sociedad civil y a los sindicatos en la defensa de estos ingresos y de las inversiones sociales que los acompañan... sólo el trabajo colectivo permitirá avanzar, lo que requiere la creación de una auténtica federación democrática de la izquierda capaz de organizar la deliberación y resolver las disputas. Estamos muy lejos de eso

 "A pesar de la mayoría relativa obtenida por el Nouveau Front Populaire (NFP, alianza de izquierdas) en las elecciones legislativas, el panorama político francés sigue marcado por las divisiones y la incertidumbre. Seamos claros: los avances de la izquierda en votos y escaños son en realidad muy limitados, y reflejan un trabajo insuficiente tanto en el plano político como en el estructural. Los partidos de izquierda sólo podrán superar el periodo de turbulencias y de gobiernos minoritarios que se avecina abordando con determinación estas carencias, y obtener algún día la mayoría absoluta que les permita gobernar el país a largo plazo.

La plataforma política adoptada por el CCN pocos días después de la disolución de la Assemblée Nationale tenía el inmenso mérito, frente a las demás, de identificar dónde encontrar los recursos para invertir en el futuro: sanidad, formación, investigación, infraestructuras de transporte y energía. Estas inversiones indispensables van a aumentar fuertemente, y hay dos maneras de financiarlas. O bien proclamamos que entramos en un nuevo ciclo de socialización creciente de la riqueza, impulsado por subidas de impuestos a los más ricos, como propone el CCN, o bien, por ideología, rechazamos cualquier subida de impuestos, poniéndonos así en manos de la financiación privada, sinónimo de desigualdad de acceso y de una eficacia colectiva más que dudosa. Impulsado por unos costes privados asombrosos, el gasto sanitario se acerca al 20% del PIB en Estados Unidos, incluso cuando los indicadores son desastrosos.

Sin embargo, las cantidades mencionadas por el PFN pueden haber asustado a algunos: unos 100.000 millones de euros de nuevas exacciones y gastos en los tres próximos años, es decir, el 4% del PIB. A largo plazo, estas cantidades no son excesivas: Los ingresos fiscales han pasado en Europa occidental y nórdica de menos del 10% de la renta nacional antes de 1914 al 40-50% desde 1980-1990, y es este auge del Estado social (educación, sanidad, servicios públicos, protección social, por citar algunos) el que ha permitido un crecimiento sin precedentes de la productividad y del nivel de vida, digan lo que digan los conservadores de cualquier época.

Sin embargo, el hecho es que existe una gran incertidumbre en cuanto al calendario y el orden de prioridades de un gobierno de izquierdas que llegue al poder. Aunque la demanda de justicia social es fuerte en el país, la movilización de nuevos recursos sigue siendo un proceso frágil del que los ciudadanos pueden retirar su apoyo en cualquier momento. En concreto, hasta que no se demuestre de forma incontrovertible que por fin se consigue que los multimillonarios y las multinacionales contribuyan, es impensable pedir a nadie más que haga un esfuerzo adicional. La plataforma política del PFN sigue siendo demasiado vaga en este punto crucial.

Esto es tanto más problemático cuanto que los gobiernos de izquierda de las últimas décadas, al carecer de un programa suficientemente preciso y de una apropiación colectiva suficientemente fuerte del mismo, se encontraron siempre cediendo ante los lobbies en cuanto llegaron al poder, por ejemplo eximiendo del ISF [impuesto sobre el patrimonio] a los llamados patrimonios profesionales y a la práctica totalidad de las grandes fortunas, lo que se tradujo en unos ingresos ridículamente bajos en comparación con lo que podrían y deberían ser. Para no repetir estos errores, es necesario implicar a la sociedad civil y a los sindicatos en la defensa de estos ingresos y de las inversiones sociales que los acompañan. En estas y otras cuestiones, los eslóganes no sustituyen al trabajo duro y a la movilización colectiva.

La cuestión de las pensiones plantea dificultades similares. No tiene mucho sentido adoptar el eslogan de la jubilación para todos a los 62 años, o incluso a los 60, cuando todo el mundo sabe que el tiempo de cotización para obtener una pensión completa también es un requisito en el sistema francés. Un eslogan como « 42 años de cotización para todos » sería mejor comprendido por el país, y dejaría claro que las personas con estudios superiores no se jubilarán antes de los 65 o 67 años, insistiendo al mismo tiempo en la injusticia inaceptable de la reforma de Emmanuel Macron que eleva la edad de jubilación a los 64 años, lo que obliga, por ejemplo, a quienes empezaron a trabajar a los 20 años a cotizar 44 años.

Hay muchos ejemplos. Está muy bien anunciar la supresión de Parcoursup, el portal que gestiona las solicitudes universitarias desde 2018, pero habría estado aún mejor describir con precisión el sistema alternativo, más justo y transparente, que lo sustituiría. Está muy bien denunciar los medios de Vincent Bolloré, pero sería aún mejor comprometerse con una ley ambiciosa para democratizar los medios y desafiar a los todopoderosos accionistas.

También está la propuesta de dar a los representantes de los trabajadores un tercio de los puestos en los consejos de administración de las empresas. Se trata de la reforma de mayor alcance y más genuinamente socialdemócrata del programa del CCN, pero se beneficiaría de un marco aún más amplio. Para permitir la redistribución del poder económico, tendríamos que llegar hasta el 50% de los escaños en las grandes empresas, limitando al mismo tiempo los derechos de voto de los mayores accionistas y comprometiéndonos con una auténtica redistribución de la riqueza. En lugar de regodearse en radicalismos retóricos, es hora de que la izquierda vuelva a describir el sistema económico alternativo al que aspira, reconociendo al mismo tiempo que las cosas sucederán por etapas.

En todas estas cuestiones, sólo el trabajo colectivo permitirá avanzar, lo que requiere la creación de una auténtica federación democrática de la izquierda capaz de organizar la deliberación y resolver las disputas. Estamos muy lejos de eso: En los últimos años, La France Insoumise ha intentado constantemente imponer su hegemonía autoritaria a la izquierda, a la manera de los socialistas de antaño, sólo que peor, dado el rechazo de todo procedimiento de votación por parte de los dirigentes de LFI. Pero el electorado de izquierdas no se deja engañar: sabe muy bien que el ejercicio del poder exige ante todo humildad, deliberación y trabajo colectivo. Es hora de responder a esta aspiración."

(Thomas Piketty, Le Monde, 16/07/24, traducción DEEPL)

6.7.24

El sistema político francés ha saltado por los aires. Sí, otra vez. Y sí, como en tantos otros países europeos últimamente. Y, de nuevo, vemos cómo en sus ruinas crecen tanto fuerzas políticas autoritarias y xenófobas como novedosas o renovadas agrupaciones que ocupan los vacíos que deja el interregno entre lo viejo moribundo y lo nuevo en gestación... este domingo veremos si los electores de centroderecha y derecha votarán a candidatos de izquierdas... Macron ha venido a representar un tipo de figura política vacía... La emergencia de la figura bonapartista de Macron y la creación de En Marche (posteriormente Renaissance), un partido-empresa a su imagen y semejanza, sigue un modelo proveniente del mundo de la gestión empresarial y percibido, precisamente, como un garante del (des)orden neoliberal. En resumen: una suerte de outsider para mantener el statu quo... Macron se sumó a una tendencia global de emergencia de caudillos neoliberales autoritarios que, procedentes del mundo empresarial/finanzas, han dejado de confiar en los políticos profesionales para encabezar ellos mismos sus intereses como élite desde la primera línea de la política (Miguel Urbán)

 "(...) La emergencia de la figura bonapartista de Emmanuel Macron y la creación de En Marche (posteriormente Renaissance), un partido-empresa a su imagen y semejanza, fue un intento de reagrupar al extremo centro político para ahuyentar los fantasmas de una victoria ultraderechista  y combatir el agotamiento del régimen gaullista de la V República. En este sentido, Macron ha venido a representar un tipo de figura política vacía, estandarte de una salida del bloque de poder a su propia crisis de representación y a la corrupción de los grandes partidos. Un modelo de político proveniente del mundo de la gestión empresarial y percibido, precisamente, como un gestor de la difusa “sociedad civil” pero garante del (des)orden neoliberal. En resumen: una suerte de outsider para mantener el statu quo

De hecho, Macron se suma a una tendencia global de emergencia de caudillos neoliberales autoritarios que, procedentes del mundo empresarial/finanzas, han dejado de confiar en los políticos profesionales para encabezar ellos mismos sus intereses como élite desde la primera línea de la política.

Ha construido su figura y su acción política desde la premisa del combate contra la “decadencia” de Francia, una decadencia motivada por su rechazo a someterse a la “modernidad” de las reformas neoliberales. Una particular y refinada traducción del eslogan Trumpista “Make America Great Again”, pero en francés y utilizando la palabra “renacimiento”.

El auge del macronismo a partir de su victoria en las presidenciales del 2017 supuso el declive del todopoderoso Partido Socialista francés que, sumido en diversas crisis, ha encadenado los peores resultados de su historia hasta estas últimas elecciones europeas, en las que parece haber recuperado cierto espacio electoral; perdiendo, eso sí, la hegemonía del campo político de la izquierda francesa en favor de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. Ambas organizaciones, conjuntamente con los Verdes, el Partido Comunista y el Nuevo Partido Anticapitalista han conformado el Nuevo Frente Popular, emulando la coalición de izquierdas antifascistas que gobernó Francia de 1936 a 1938. Y han conseguido convertirse en la segunda fuerza de las elecciones legislativas con el 28% de los votos, mejorando en algo más de dos puntos porcentuales los resultados obtenidos por la anterior coalición que presentaron en 2022, bajo el nombre de Nueva Unión Popular Ecológica y Social (NUPES). Han superado la candidatura del presidente Emmanuel Macron, Ensemble, que ha pasado de ser la fuerza con más representantes en la Asamblea Nacional a la tercera fuerza en esta primera vuelta con el 20% de los votos.

El sistema político francés ha saltado por los aires. Sí, otra vez. Y sí, como en tantos otros países europeos últimamente. Y, de nuevo, vemos cómo en sus ruinas crecen tanto fuerzas políticas autoritarias y xenófobas como novedosas o renovadas agrupaciones que ocupan los vacíos que deja el interregno entre lo viejo moribundo y lo nuevo en gestación. Estos resultados nos presentan un escenario inédito en la Quinta República: los dos principales partidos en la primera vuelta no han gobernado en Francia en las últimas ocho décadas. Además, por primera vez, un partido de ultraderecha puede conseguir ser la primera fuerza e incluso alcanzar la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. (...)

La irrupción de Francia Insumisa (FI) ha conseguido romper esta tendencia que se circunscribía a tener que elegir entre derecha neoliberal o extrema derecha, permitiendo a la izquierda disputar el marco de impugnación al RN al aparecer como un voto útil contra el extremo centro que representa Macron. De hecho, en las elecciones legislativas de 2022, la FI consiguió  aunar a casi todo el conjunto de la izquierda francesa en una única candidatura, la NUPES, para intentar disputar la victoria a Macron. NUPES alcanzó un buen número de segundas vueltas y se enfrentó a muchas candidaturas de la ultraderecha. Pero, en esa ocasión, el llamado “frente republicano” no funcionó: la derecha y el macronismo se negaron a cerrar filas contra el RN, lo cual posibilitó la elección de un buen número de diputados ultraderechistas. Hasta ahora, el frente republicano ha funcionado cuando ha consistido en retirar las candidaturas de izquierdas para apoyar a los candidatos de derechas para que no gobernara la extrema derecha.  

Este próximo domingo volveremos a tener la oportunidad de comprobar si esta fórmula funciona cuando los electores de centroderecha y derecha tienen que votar a candidatos de izquierdas. Los antecedentes de las pasadas legislativas del 2022 y las declaraciones de algunos representantes del macronismo en contra de apoyar a los candidatos de la FI no nos hacen ser muy optimistas en este sentido. Al menos servirá para quitar todas las caretas del establishment francés y su extremo centro, demostrando que siempre preferirán a una racista autoritaria que cuestione la democracia antes que a una candidatura que cuestione sus privilegios de clase. (...)

Que los mismos dirigentes de la derecha y del macronismo, así como su propio electorado, prefieran mayoritariamente una candidatura de RN antes que de FI, expresa muy bien no solo el giro hacia la derecha del conjunto del arco político francés – derecha, derecha radical y ultraderecha suman el 70% de los votos en la primera vuelta de las elecciones legislativas–, sino que también es una muestra de la crisis política de la pata conservadora del régimen de la V República, Les Républicains. Algo que se escenificó en la propuesta de su presidente, Éric Ciotti, de llevar a cabo un acuerdo de “unión de derechas” para presentar candidaturas conjuntas con el RN en estas legislativas. De hecho, las disputas internas, acrecentadas por la propuesta de Ciotti, han abocado al partido a una escisión, a la irrelevancia electoral o incluso a su desaparición. Unas disputas que llegaron a tomar un cariz grotesco y muestran la profunda crisis de Les Républicains. Cuando el buró político del partido destituyó a su presidente, este anunció un recurso ante la justicia y se encerró en su despacho para evitar abandonar la sede oficial. (...)

La posibilidad de la victoria de Le Pen y Jordan Bardella no responde a una fiebre pasajera, sino a la transformación de largo aliento que se lleva gestando en la sociedad y la política francesa: RN no es tanto una anomalía, como el producto de la crisis de régimen que vive el país. La ultraderecha ya no solo representa la herencia tradicional del colaboracionismo sino que también ha crecido bajo el autoritarismo del que el gaullismo impregnó la política de la V República, y que el mismo Mitterrand llegó a calificar como golpe de Estado permanente. Porque, más allá de si Bardella consigue o no los números para ser primer ministro, lo que está fuera de toda duda es que Rassemblement National es, en este momento, el principal partido de Francia. Y que la posibilidad de que Le Pen alcance la presidencia francesa en 2027 parece cada vez más clara. (...)"                    (Miguel Urbán, CTXT, 02/07/24)

2.6.22

El lanzamiento de la Nupes ha cambiado radicalmente el estado de ánimo político en Francia... se trata de una plataforma global que contiene 650 propuestas políticas... y 33 "diferencias políticas" (por ejemplo, sobre Europa, la OTAN o la guerra de Ucrania), señaladas por los socios de la coalición... se pueden prever tres escenarios electorales: que los Nupes obtengan una poco probable mayoría absoluta; que aumente significativamente su número total de diputados, o que sea derrotada, y que sólo La France insoumise aumente sus diputados... el segundo de estos escenarios es el más probable, ya que la izquierda en Francia se situa en torno al 30%, mientras los votos de derecha y extrema derecha suman más del 60%

 "El lanzamiento de la Nupes ha cambiado radicalmente el estado de ánimo político en Francia de cara a las elecciones legislativas del 12 y 19 de junio. Hasta entonces, las perspectivas de la izquierda parecían bastante sombrías. A pesar de que Jean-Luc Mélenchon se mostraba fuerte en los sondeos, la izquierda había vuelto a fracasar en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Desunidos, los diferentes partidos de la izquierda parecían destinados a una nueva derrota aplastante en las elecciones legislativas. Ahora Nupes les da esperanzas.

Nupes son las siglas de Nouvelle union populaire écologique et sociale. La coalición reúne a los principales partidos de izquierdas: el Partido Socialista (PS), el Partido Comunista Francés (PCF), Europa Ecológica de los Verdes (EELV), así como a partidos más pequeños como Génération.s, Génération écologie y los Nuevos Demócratas. Nouveau parti anticapitaliste (NPA), el único partido anticapitalista al que se invitó a formar parte de la coalición, optó por no hacerlo al negarse a formar parte de una coalición junto al PS.

 En primer lugar, cada partido firmó un acuerdo bilateral con La France insoumise, el movimiento de Mélenchon. El 19 de mayo, todos los acuerdos individuales se fusionaron en una plataforma global que contenía 650 propuestas políticas.  (...)

El programa de la nueva alianza es de carácter radicalmente reformista. Está en consonancia con el radicalismo del Programa Común de los años 70, aunque los comentaristas han señalado que es menos radical que el acuerdo de 1972, ya que no exige una ruptura transitoria con el capitalismo. En palabras de Thomas Piketty, la izquierda unida ha vuelto a incluir la "justicia social y fiscal" en la agenda política (sus políticas estrella retrasan la edad de jubilación a los 60 años y aumentan el salario mínimo). La hoja de ruta de Nupes también establece una planificación ecológica y una "regla de oro del clima" diseñada para proteger la biodiversidad, luchar contra la contaminación ambiental y reducir los gases de efecto invernadero.

Curiosamente, los miembros de la nueva alianza son bastante abiertos en cuanto a los desacuerdos políticos dentro de la coalición. En efecto, hay 33 "diferencias políticas": por ejemplo, sobre Europa, donde la Nupes se compromete a "reorientar el curso de la integración europea hacia una mayor justicia social, mejores políticas medioambientales y a defender los servicios públicos". Pero la postura de cada partido sobre Europa está declarada. La France insoumise se presenta como heredera de los que lucharon y rechazaron el Tratado Constitucional de 2005 y como un movimiento que podría "desobedecer" la legislación comunitaria, en caso de que la UE impida a la Nupes aplicar su programa. Mientras tanto, se dice que el EELV "apoya una Europa federal" y que el PS está "firmemente comprometido con la búsqueda de la integración europea".

La diplomacia programática también se aplica al delicado tema de la guerra en Ucrania. En el período previo a las elecciones presidenciales, el PS y el EELV se opusieron con vehemencia a las posturas sobre Ucrania adoptadas por La France insoumise y el PCF. En particular, les alarmaron las opiniones prorrusas de Mélenchon en el periodo anterior a la guerra. Dicho esto, Ucrania no debería ser un cassus belli para los Nupes.

El programa afirma que la coalición se compromete a "defender la integridad territorial de Ucrania" y señala "los crímenes de Putin". Esto, en general, parece bien, pero también es terriblemente vago: ¿cómo defendería realmente a Ucrania un gobierno dirigido por Nupes? El programa sigue siendo evasivo en esta importante cuestión. Además, no se mencionan los fuertes desacuerdos entre los socios de la coalición con respecto a la OTAN: La France insoumise piensa que la OTAN constituye una gran amenaza en la región y quiere que Francia se salga de ella, mientras que el PS está entregado a la pertenencia a la OTAN.

¿Qué llevó a la formación de la Nupes?

En enero se organizaron unas "elecciones primarias populares" bastante infructuosas para seleccionar un candidato común de izquierdas para las elecciones presidenciales de 2022. La ganó Christiane Taubira, ex ministra de Justicia durante la presidencia de François Hollande, pero pronto fue abandonada por sus partidarios. En lugar de unir a la izquierda, se consideró que la campaña mal preparada y amateur de Taubira provocó una mayor división de la izquierda.

Al final, las encuestas de opinión fueron las verdaderas elecciones primarias de la izquierda. Tras un comienzo lento, Mélenchon terminó con fuerza, al igual que en las elecciones presidenciales de 2017. Fue derrotado por poco por Marine Le Pen para el segundo puesto en la segunda vuelta. Mélenchon personalizó aún más unas elecciones que son, por naturaleza, muy personalizadas. En dos ocasiones se ha presentado como candidato autodidacta, al tiempo que se ha negado a tomar partido en unas elecciones primarias de la izquierda.

Tanto en 2017 como en 2022, Mélenchon se benefició del voto táctico. En las últimas elecciones, los votantes que preveían votar a otros candidatos de izquierdas cambiaron de filiación en el último momento y apoyaron a Mélenchon. A algunos incluso les disgustaba Mélenchon o no estaban de acuerdo con algunas de sus políticas, pero votaron tácticamente con la esperanza de evitar una repetición de la contienda de 2017 entre Macron y Le Pen. Los votantes de izquierdas estaban desesperados por evitar la exclusión de la izquierda de la segunda ronda una vez más.

Cuando Mélenchon propuso una alianza a sus rivales de izquierdas, lo hizo desde una posición de fuerza, tras derrotar rotundamente a todos los demás candidatos de izquierdas en la primera vuelta. De este modo, pudo imponer el ritmo y la naturaleza de las conversaciones de la coalición. Además, consiguió autodesignarse como "Primer Ministro en espera", en caso de que Nupes ganara las elecciones legislativas. Incluso pidió a los electores que le "eligieran" Primer Ministro, una aberración constitucional, ya que sólo el Presidente puede nombrar al Primer Ministro.

La France insoumise es la fuerza dominante dentro de Nupes: con 325 candidatos en toda Francia, el movimiento de Mélenchon representa algo más del 56% de los candidatos de Nupes. El 1 de mayo, en la presentación pública de Nupes en Aubervilliers, cada uno de los líderes de la izquierda tuvo un breve turno de palabra. Mélenchon fue el último en intervenir y su discurso duró casi dos horas.

Curiosamente, la Nupes representa un cambio táctico importante para Mélenchon, que entre 2016 y 2020 despreció deliberadamente a la izquierda y abrazó una estrategia "populista". Intentó sin éxito federar al "pueblo" más allá de la tradicional división izquierda-derecha. Esto no funcionó según lo previsto: durante el primer mandato de Macron, La France insoumise sufrió malos resultados electorales y el movimiento solo consiguió que se eligieran unos pocos cargos del partido en toda Francia.

Mélenchon necesitaba urgentemente a los Nupes para evitar ser derrotado de nuevo de forma contundente por el partido de Macron en las elecciones legislativas (La France insoumise cuenta actualmente con 17 diputados frente a los 267 del partido de Macron). Sin embargo, los demás partidos de izquierda también necesitaban urgentemente la alianza para salvar su grupo parlamentario. El PS, el PCF y el EELV obtuvieron unos resultados tan pésimos en las elecciones presidenciales que existía un riesgo real de que, sin ese acuerdo, pudieran perder prácticamente todos sus diputados.

Dicho esto, lo que en un principio era una retirada táctica por parte de una izquierda debilitada ha resultado ser una especie de golpe maestro. Los votantes apoyan en general el acuerdo y ahora hay una esperanza real de que la izquierda pueda aumentar significativamente su representación en la Asamblea Nacional, si no gana las elecciones directamente. Irónicamente, la alianza podría impulsar la suerte del PS, que ha estado luchando por su supervivencia durante los últimos cinco años. El acuerdo de Nupes da al PS la oportunidad de girar a la izquierda y reconectar con su electorado perdido. Si se mantiene a la izquierda y consigue promover a líderes competentes, podría incluso recuperar el terreno perdido y volver a ser una fuerza significativa.

¿Y ahora qué?

En este momento se pueden prever tres escenarios electorales. El primero es que los Nupes obtengan una mayoría absoluta. Esto es posible, pero sigue siendo poco probable. Mélenchon se convertiría en Primer Ministro en este escenario, y la Nupes empezaría a funcionar como un grupo parlamentario paraguas (cada partido mantendrá su propio grupo parlamentario dentro de la Nupes).

El segundo escenario sería que la Nupes no obtuviera una mayoría global, pero que la izquierda aumentara significativamente su número total de diputados (que combinado actualmente es de 60). Esto supondría un incentivo para que la coalición siguiera trabajando junta. Por último, es posible que la Nupes sea ampliamente derrotada, y que sólo La France insoumise aumente su número total de diputados. Esto pondría a prueba la resistencia y la fuerza de la alianza.

En la actualidad, los sondeos de opinión sugieren que el segundo de estos escenarios -la Nupes aumenta significativamente su cuota de diputados pero no consigue la mayoría- es el más probable de todos. Si la Nupes no consigue la mayoría, marcaría el fin de las actividades políticas de primera línea para Mélenchon, ya que no se presentará a la reelección como diputado.

Queda por ver cómo transcurren las elecciones, pero por ahora, la Nupes ha dado esperanzas a una izquierda debilitada al crear una nueva dinámica política capaz de desafiar el "falso centrismo" de Macron. Las diferencias políticas entre los partidos de la coalición pueden limarse al menos en un futuro próximo. No impidieron el éxito de las coaliciones de izquierda en 1936, 1981 o 1997.

Sin embargo, no hay que perder de vista que el voto total de la izquierda en Francia se situó en torno al 30% al final del primer mandato de Macron. En comparación, los votos de la derecha y de la extrema derecha suman más del 60%. Esto demuestra que no hay una mayoría absoluta de izquierdas en Francia en la actualidad y proporciona una razón para moderar las expectativas sobre lo que los Nupes pueden lograr."                     

(Philippe Marlière es profesor de política francesa y europea en el University College de Londres. LSE, 30/05/22; traducción DEEPL)

5.5.22

Mélenchon logra unir a la izquierda en Francia para las legislativas

 "La izquierda francesa, bajo el liderazgo de Jean-Luc Mélenchon, ha alcanzado este miércoles un acuerdo histórico para concurrir unida a las elecciones legislativas del 12 y 19 de junio. Lo más significativo del pacto, pocos días después de que Emmanuel Macron fuera reelegido como presidente de la República, es que incluye, en principio, al Partido Socialista (PS).

 La alianza, a la que se han sumado también a los ecologistas (EELV) y los comunistas (PCF), fortalece la posición de Mélenchon, líder de Francia Insumisa (LFI), que alcanzó casi el 22% de votos en la primera vuelta de las presidenciales, por detrás de Macron y de Marine Le Pen. A sus 70 años, Mélenchon se ve capaz de ganar las legislativas y de forzar a Macron a que lo nombre primer ministro, lo que supondría una cohabitación política muy singular entre un jefe de Estado liberal y centrista, y un jefe de gobierno procedente de la izquierda radical y con planteamientos rupturistas y antisistema.

El pacto es doloroso para el Partido Socialista, en una grave crisis existencial después de haber dado dos presidentes durante la V República

El PS convocará un consejo nacional extraordinario para ratificar el acuerdo. Se trata de una decisión muy difícil y dolorosa para un partido que sufre una crisis existencial y está muy dividido. En las presidenciales, su candidata, Anne Hidalgo, actual alcaldesa de París, solo obtuvo el 1,75% de votos, un resultado humillante para una fuerza política que, durante la V República, ha dado al país dos jefes de Estado, François Mitterrand y François Hollande, y numerosos primeros ministros.

El pacto con Mélenchon es defendido por el primer secretario del PS, Olivier Faure, pero en el partido hay voces muy importantes en contra y que han amenazado con marcharse, como el exprimer ministro Bernard Cazeneuve. De hecho las deserciones masivas en el PS comenzaron ya en el 2017, cuando muchas figuras decidieron sumarse al proyecto de Macron, entre ellas el exprimer ministro Manuel Valls, que ahora se presentará a diputado por el partido del presidente en una circunscripción reservada a los franceses que viven en España, Portugal, Andorra y Mónaco.

En el reparto de circunscripciones, los ecologistas obtienen 100 candidaturas, los socialistas 70 y los comunistas 50

Para la alianza se baraja el nombre de "Nueva unión popular ecológica y social". Mélenchon se presentó a las presidenciales al frente de la plataforma Unión Popular. A los ecologistas se les ha atribuido presentar candidaturas en un centenar de circunscripciones -sobre un total de 577-, los socialistas tendrán 70 y los comunistas 50. El sistema electoral francés, mayoritario y a dos vueltas, hace imprescindible formar coaliciones entre las fuerzas minoritarias si quieren obtener representación en la Asamblea Nacional."                  (Eusebio Val, La Vanguardia, 04/05/22)

2.5.22

Acuerdo entre la Francia Insumisa y el Partido Socialista para presentarse unidos a las elecciones legislativas: Jubilación a los 60 años... Salario mínimo de 1.400 euros... Más impuestos a los ricos... Transicion hacia la VI República... Distanciamiento de la UE... ¿Distanciamiento de la UE? ¿En qué sentido? Mélenchon cree que es una organización al servicio de las oligarquías y por eso ha obligado al PS a aceptar su visión de la política internacional... dijo que si la izquierda llegaba al poder habría que desobedecer "las reglas europeas incompatibles con nuestras propuestas", a lo que los socialistas argumentan que se negarán a "poner en peligro la construcción europea. Pero necesitamos una ruptura con la línea liberal de la construcción europea"... pero el aparato socialista (uno por ciento y pico en las elecciones) ya lo ha neutralizado

Saúl Riesco @sriesco_

Acuerdo entre la Francia Insumisa y el Partido Socialista para presentarse unidos a las elecciones legislativas:

- Jubilación a los 60 años.

- Salario mínimo de 1.400 euros.

- Más impuestos a los ricos.

- Transicion hacia la VI República.

- Distanciamiento de la UE.

2:14 p. m. · 29 abr. 2022
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Luis @luisrueda96
En respuesta a @sriesco_ y @lochedas

¿¿Distanciamiento de la UE en qué sentido??

Saúl Riesco @sriesco_

Mélenchon cree que es una organización al servicio de las oligarquías y por eso ha obligado al PS a aceptar su visión de la política internacional.

 

 "Socialistas y ecologistas se acercan a un acuerdo electoral con Mélenchon.

 Los ecologistas franceses y el Partido Socialista (PS) dieron signos este viernes de que se acercan a un acuerdo electoral de cara a las legislativas de junio con el líder de la Francia Insumisa (LFI), Jean-Luc Mélenchon, figura dominante de la izquierda gracias a su resultado en las presidenciales.

"El acuerdo está a la vista", afirmó el secretario nacional de los Verdes, Julien Bayou, que en una entrevista al canal France 2 dijo tener esperanzas de que las negociaciones puedan concluir con un compromiso "en las próximas horas".

El PS, por su parte, publicó una carta dirigida a LFI en la que da por buenos, con algunos matices, los puntos programáticos que este partido de izquierda radical le había sometido para alcanzar un consenso.

En ese documento, insiste en que hay que crear "una nueva esperanza construyendo en las legislativas una amplia unión de la izquierda y de la ecología popular y ciudadana en torno a un pacto para la justicia social y ecológica".

Entre los puntos exigidos por LFI para un programa común figuran el aumento del salario mínimo a 1.400 euros mensuales (ahora son 1.269 euros netos) o reducir la edad mínima de jubilación de los 62 años actuales a 60, cuando el presidente francés, Emmanuel Macron, pretende subirla a 65 años para garantizar su financiación a largo plazo.

También el restablecimiento del impuesto sobre la fortuna que suprimió Macron o anular la reforma del desempleo que instauró el presidente francés en su primer mandato, con subsidios de paro que disminuyen progresivamente.

Sobre la construcción europea, LFI había avanzado que si la izquierda llegaba al poder habría que desobedecer "las reglas europeas incompatibles con nuestras propuestas".

Los socialistas, por su parte, admiten en su carta que aplicar el programa común supondrá "no respetar ciertas reglas" aunque insisten en que se negarán a "poner en peligro la construcción europea o a permitir que se instale una fractura entre Francia y la Unión Europea. Pero necesitamos una ruptura con la línea liberal de la construcción europea".

 El diputado de LFI, Alexis Corbière, se felicitó de las señales dadas por el PS y, en su cuenta de Twitter, explicó que "el trabajo de negociación no ha terminado pero avanza bien. Es una discusión seria que quiere unir las fuerzas de izquierda para las legislativas".

En caso de compromiso, Corbière ha precisado que "cada fuerza tendrá un grupo parlamentario" propio en la Asamblea Nacional. (...)"                 (Swissinfo, 29/04/22)

 

 "Los socialistas suspenden las negociaciones para la unión de la izquierda ante las legislativas de junio tras las duras críticas internas suscitadas por lo que algunos barones consideran una “rendición” a la izquierda populista.

 Los negociadores socialistas suspendieron este viernes de forma inesperada la nueva ronda de conversaciones con los mélenchonistas para demandar una “garantía” de que el equipo del líder de la izquierda populista Jean-Luc Mélenchon “rompa con toda lógica hegemónica”.

El parón se produce en momentos en que el propio Partido Socialista parecía al borde de la implosión el viernes, después de que, a primera hora de la mañana, enviara una propuesta al partido de Jean-Luc Mélenchon, Francia Insumisa, en la que asume la mayor parte del programa del candidato de la izquierda populista. Incluido el cuestionamiento de “ciertas reglas” de la Unión Europea, una hasta ahora línea roja que ha hecho saltar las alarmas de una parte de los socialistas, que ven con inquietud lo que consideran una “rendición” a los postulados mélenchonistas, abiertamente euroescépticos.

“Deseamos lograr un acuerdo de toda la izquierda y los ecologistas. Pero para lograrlo, eso supone compartir de verdad una lógica. Hay que romper con toda lógica hegemónica y aceptar la pluralidad. En este estadio, no tenemos garantías”, escribió el primer secretario del PS, Olivier Faure, a los responsables de las diversas federaciones socialistas, según una información de L’Obs que confirmó también la Agencia France Presse. (...)

“Nos negamos a poner en peligro la construcción europea o permitir que se cree una fractura entre Francia y la UE”, aseguran los socialistas en su comunicado a los mélenchonistas. No obstante, agregan de inmediato, “necesitamos una ruptura del curso liberal de la construcción europea, un nuevo proyecto al servicio de la transformación ecológica y social”. Sin ir tan lejos como los mélenchonistas, que hablan abiertamente de “desobedecer” ciertos tratados europeos, los socialistas, en su nuevo posicionamiento, usan un más ambiguo “cuestionamiento de las reglas” y hablan de la necesidad de discutir una “revisión de los tratados”, además de manifestar su oposición a un “regreso al pacto de estabilidad”.

“Tras el lanzamiento del green deal, la crisis de la covid ha conducido a las primeras inflexiones importantes, a menudo bajo la impulsión de los socialistas y socialdemócratas europeos, con la constitución de una deuda común, la suspensión del pacto de estabilidad y un comienzo de cuestionamiento de las reglas en materia de competencia”, explican. “Este paréntesis no debe cerrarse, al contrario”, insisten. (...)

También el expresidente François Hollande había manifestado la víspera sus reticencias a un pacto que, advirtió, supondría la “desaparición” del PS. “Ese acuerdo, tal como está, es inaceptable. Si el PS lo adopta, sus dirigentes habrían decidido su desaparición. Deseo que sea pospuesto para que el PS pueda vislumbrar una unión con los ecologistas y los comunistas”, dijo en la emisora Franceinfo."           (Silvia Ayuso, El País, 29/04/22)

 

  Para luchar contra las epidemias y como alternativa a la salida del euro de los países del Sur, o como salida de emergencia ante la (más probable) ruptura de la UE por parte de los países del Norte... hay que conseguir la soberanía financiera... implantando una moneda digital paralela de circulación interna, en paridad 1:1 con el euro (¿europeseta electrónica?), en España: 

La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:

Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales

Para Ecuador:

Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?

Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA

Otras propuestas: 


Susana Martín Belmonte propone una 'coronamoneda' digital para potenciar la renta de cuarentena... una renta vehiculada a través de una moneda ciudadana digital descargable de una app y con respaldo del Banco de España.
Enlace: http://ojeandoelestadodelpais.blogspot.com/2020/04/coronamoneda-digital-para-potenciar-la.html 

El prometedor dinero fiscal

Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (la sitúa en el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.


Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:

-Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html

- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm

Más información en:
 
 
 
 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

19.4.22

Gregorio Morán: Los trabajadores más politizados votaron por Mélenchon, en la convicción más que probable de que no iba a quedar para la segunda vuelta, pero seguros de que es el único que mantiene un discurso sin pendejadas; o lo tomas o lo dejas. Lo más parecido a la coherencia, y eso se admira aunque no se comparta... ¿hacia dónde tirarán esos millones de votos (22%) que rebañó Mélenchon? Se repartirán en tres tercios. Uno a la abstención, otro a Macron y el tercero a Marina Le Pen, ¿Los trabajadores se han vuelto reaccionarios? Será más bien que las instituciones blindadas les traen tan sin cuidado como la propia clase política... qué carajo pueden compartir con unas clases trabajadoras precarizadas cuya tarea cotidiana es “buscarse la vida”... Sea cual sea el resultado de la segunda vuelta en Francia debemos aceptar que los tiempos han cambiado; sólo nuestra candidez se mantiene incólume... La hegemonía conservadora es incontestable a derecha e izquierda

 "La primera vuelta de las elecciones en Francia ha sacado los colores a los todólogos. El resultado previsible chocaba con las intenciones y ante tal desajuste ya se sabe que la teórica debe ajustarse a la impavidez de los analistas. Ganó quien estaba programado para hacerlo y quedó segunda la que no había más remedio que admitir. Entonces ¿dónde estaba la inquietud sobrevenida? En el tercero en discordia, a quien le faltó poco para presentarse como alternativa en la segunda vuelta. Todo se podía asimilar menos eso.

 Que Mélenchon se convirtiera en el adversario definitivo de Macron habría dibujado un panorama que hoy se considera viejuno. Un clásico derecha-izquierda. Ahora que los analistas se ocupan de la posmodernidad líquida y hasta gaseosa, volver a los escenarios de otra época sería bastante más que un retroceso analítico, casi una blasfemia sociológica. Pero el fantasma está ahí y no hay literatura capaz de convertirlo en mágico.

Si el esfuerzo que dedicamos a desgranar el poder camaleónico de Marine Le Pen y su capacidad de resistencia -a nosotros que sabemos de primera mano lo que es la impunidad de la ambición- mejor nos iría si dedicáramos algún tiempo entre tertulia y tertuliano a desbrozar lo que Mélenchon ha sacado a flote y no precisamente para bien. Tampoco para mal. Sencillamente ha retratado una sociedad antaño segura de sí misma que aborda la duda permanente sobre una superioridad -la grandeur- que le venía impostada. La izquierda antigua y moderna han quedado en ridículo

 Los socialistas que amamantaron el poder desde hace décadas, siempre apegados a la teta nutricia del Estado, descabezados de aquellos talentos de la Escuela Superior, capaces de reinventarse hasta lo inverosímil, optaron por lo más visible, una alcaldesa de París, si bien nacida en Cádiz, de larga trayectoria en el funcionariado curtido desde Napoleón, que ya es sentido de raigambre. Alcanzaron el 1,7 %, el porcentaje más bajo de su historia. Los comunistas de Roussel apenas el 2,3 % y los Verdes de Jadot una inservible bicicleta del 4,5 %. Todos habrán de refundarse en la quiebra. Al no conseguir ni el 5 % estarán privados de las subvenciones que les permitían sobrevivir.

 Los trabajadores más politizados votaron por Mélenchon, en la convicción más que probable de que no iba a quedar para la segunda vuelta, pero seguros de que es el único que mantiene un discurso sin pendejadas; o lo tomas o lo dejas. Lo más parecido a la coherencia, y eso se admira aunque no se comparta.

Lo bueno viene ahora: ¿hacia dónde tirarán esos millones de votos (22%) que rebañó Mélenchon? La hipótesis estadística casi coincide en las muestras. Se repartirán en tres tercios. Uno a la abstención, otro a Macron y el tercero a Marina Le Pen. Un pasmo para nuestra izquierda funcionaria. ¿Los trabajadores se han vuelto reaccionarios? Participar en la disputa Macron-Le Pen se entiende como una variante de bonoloto. O será más bien que las instituciones blindadas les traen tan sin cuidado como la propia clase política. Se saludan cada cuatro años en la cita electoral.

 Nunca fueron tan pedestres los discursos y nunca tuvieron tanta importancia las definiciones; una prueba de que las palabras son el último recurso de la impostura. Mélenchon es “la izquierda populista”, según los medios canónicos. Entonces habría que escribir que Macron es “la derecha populista”. Descarémonos; todo el que es algo en política tiene como primera misión ejercer de populista, a riesgo de convertirse en twit. Macron derrumbó a Valérie Pécresse, la candidata de Los Republicanos, porque su populismo se trenzó en la enredadera de los que desdeñan cualquier forma de populismo…menos la suya.

 Fue la actriz Simone Signoret la que patentó la fórmula de que aquellos que dicen no ser de derechas ni de izquierdas son por principio conservadores. Macron evitó que le consideraran un populista derechista porque le pusieron en pista a Marina Le Pen, una profesional del asunto a la que en Francia califican “derecha radical”. En España tendemos al exabrupto; otro populismo letal.

  No hay salvación que no pase por el conservadurismo; esa parece ser la conclusión que debería llevarnos a cambiar las definiciones, como mínimo. La ambición social en un momento como éste se reduce a evitar el desastre. Este período, que nadie que no sea tertuliano puede calibrar cuánto puede durar, está pensado sobre el miedo a empeorar. 

Si el futuro se reduce a escoger entre ser autónomo o funcionario, todo aquel que tenga una oportunidad elegirá el funcionariado en la creencia de que lo último en venirse abajo es el Estado. Incluso se puede vivir muy bien entre las ruinas del Estado. ¿Que se lo pregunten a los avispados de las mascarillas?

 Tiene su lógica que la prioridad se asiente en las políticas de género, o de caso, da lo mismo, todo es gramática. O la ecología como tapadera del desmadre social. Recuerdo cuando en los años del cólera detuvieron al profesor Aranguren. El policía que le interrogó le preguntó si era marxista y él respondió con una especie de sonrisa exculpatoria, “quién hoy día no es un poco marxista”. Si nos ponemos en modo actualidad, qué persona decente o criminal, político o empleado de funeraria, profesor o vendedor de motos, no respondería de manera similar “quién no es un poco ecologista”. O afilamos las palabras y trabajamos el discurso hasta que nos salga digno de la edad adulta o estamos condenados a engañarnos con nuestros juguetes; los mismos que nos cedieron los dueños de la fábrica para que creyéramos que teníamos algo propio.

Sea cual sea el resultado de la segunda vuelta en Francia debemos aceptar que los tiempos han cambiado; sólo nuestra candidez se mantiene incólume. Y si es así, al menos ser consciente de ello y no proclamar tonterías como si fueran verdades de puño. La hegemonía conservadora es incontestable a derecha e izquierda. Unos lo ven y disimulan; los otros se niegan a reconocerlo porque sería tanto como renunciar a engañarse. Del “enriqueceos” de antaño al “adaptémonos” de ahora."         (Gregorio Morán, Vox Populi, 16/04/22)

11.4.22

La derecha democrática tradicional francesa ha colapsado. El Partido Socialista francés ha colapsado, solo diez años después de que François Hollande abandonase la presidencia... remontada de Mélenchon... derecha más ultraderecha alcanzan el 30% de los votos... es el fin del viejo sistema político francés. Estas elecciones consolidan el duopolio entre Macron y Le Pen en el nuevo sistema, con una tercera pata que es la de la izquierda radical de Mélenchon... el neoliberal Macron tendrá que contar con el apoyo decidido de Mélenchon para ganar en la segunda vuelta... claro que “Macron es el programa económico de Le Pen con el añadido del menosprecio de clase, mientras que Le Pen es el programa de Macron con el añadido del menosprecio de raza”, ha dejado dicho Jean Luc Mélenchon... pues, como está la República... como está Europa

"(...) A las 00.00 horas todavía quedaba esperanza en los cuarteles generales de la candidatura de Mélenchon de que se produjera una remontada que enviase a segunda vuelta al candidato de la Francia Insumisa. De madrugada todavía quedaban seis millones de papeletas por contar, pero no ha habido vuelco. Mélenchon obtuvo el 21,95% de los votos, un resultado inesperado: 7.600.000 personas han dado su apoyo a una candidatura que se proponía “no reparar el sistema, sino sustituirlo” y que ha ganado el voto de los menores de 24 años.(...)

Macron (...) tendrá que virar sus objetivos si quiere conseguir que el tercero más votado hoy, Jean Luc Mélenchon apoye su permanencia en el Eliseo. El líder de la Francia Insumisa ha vuelto a conseguir sus mejores resultados —el 21,9% según las primeras estimaciones respecto al 19% de 2017— pero ve cómo no ha bastado el aglutinamiento del voto de izquierdas para pasar con su programa de reformas profundas a la fase definitiva para la elección presidencial.

Así pues se ha cumplido el mensaje de una “Francia derechizada” y se ha concentrado el voto más que hace cinco años. En 2022 ninguno de los otros partidos, ni siquiera los gaullistas de Valérie Pécresse (Los Republicanos), han superado el 10% del apoyo electoral. La derecha democrática tradicional francesa ha colapsado. No por anunciada merece menos mención el hundimiento del Partido Socialista Francés, dirigido en estas elecciones por Anne Hidalgo, que ha desaparecido virtualmente del mapa político solo diez años después de que François Hollande abandonase la presidencia.

Macron sobrevive a la guerra

La decisión de no participar en ningún debate en esta primera vuelta y la difícil realidad del primer mes de guerra no han afectado tanto a Macron como se especulaba en las últimas horas. Las estimaciones le habían situado en un empate virtual con Marine Le Pen y habían previsto que el actual presidente no subiera ningún punto respecto a sus sorprendentes resultados de 2017, cuando, sin partido, obtuvo el mejor resultado en las primarias y precipitó el fin del Partido Socialista Francés —con el que Macron había sido ministro del gabinete de Hollande en el periodo anterior— y la derrota del espacio natural de la derecha conservadora, Los Republicanos, que ya habían superado previamente por el populismo de extrema derecha de Marine Le Pen.

En lugar de debates electorales, la campaña de Macron se ha centrado en resaltar su figura internacional. Una serie de retratos tomadas por la fotógrafa Soazig de La Moissonniere quisieron enfatizar esa imagen de un líder desvelado por la situación en Ucrania, que había dirigido los esfuerzos europeos para meter en el redil a Vladimir Putin. Pero la mala situación económica en Francia, provocada por la alta inflación, ha hecho peligrar la idea de unas elecciones “de trámite” para el líder de Francia en Marcha.

“Macron es el programa económico de Le Pen con el añadido del menosprecio de clase, mientras que Le Pen es el programa de Macron con el añadido del menosprecio de raza”, ha dejado dicho Jean Luc Mélenchon, el candidato de la Francia Insumisa, en uno de sus multitudinarios mítines de final de campaña. Recordaba así la imagen que Macron mostró al mundo con el fallido abordaje de las protestas de los Chalecos Amarillos y la represión que se extendió en Francia hasta pasado 2019. (...)

Le Pen que partía de la dificultad de explicar los vínculos que unen a su proyecto del de Vladimir Putin, que se extienden hasta la financiación del partido mediante dos créditos bancarios, ha salido favorecida de la mala situación económica provocada por la guerra y del enfado del “medio rural”, que no ha conseguido explotar el otro candidato de la extrema derecha, Éric Zemmour, que ha sido el cuarto candidato más votado pero cuya campaña se ha diluido en las últimas semanas. Aunque el fenómeno Zemmour le permitía proyectar una imagen moderada, Le Pen no ha renunciado al programa clásico de xenofobia del Frente Nacional, uno de cuyos puntos establece un sistema de “prioridad nacional”, que dejaría sin derechos básicos (como acceso a la vivienda o el trabajo) a los extranjeros que residen en Francia. (...)

Con los errores de un líder a menudo demasiado excesivo y los aciertos de un programa llamado “Futuro en Común", con una planificación ecológica definida y la propuesta de reducción a 32 horas del trabajo semanal con un aumento a 1.400 netos del salario mínimo, la Francia Insumisa ha conectado con un voto juvenil que posiblemente se desvanezca en una segunda vuelta a la que Macron acude con la etiqueta de ser un líder para las élites. Las estimaciones de la cadena de televisión BTMFV sugieren que uno de cada tres votos de personas entre 18 y 24 años habrían votado a Mélenchon, el 25% a Macron y el 17% a Le Pen.

El candidato Mélenchon, en el reconocimiento de los resultados, ha emitido el primer signo de lo que piensa de cara al 24 de abril: “No debemos dar un solo voto a madame Le Pen”. Pero probablemente se le demande un apoyo más explícito por parte de la campaña de un Macron que navega con pocas guías: los malos resultados de todos los partidos de referencia en Francia no permiten saber hacia dónde se inclinará un electorado que se ha mostrado dispuesto a los cambios en la última década. (...)

Pero Mélenchon se queda a las puertas y su espacio tiene poco espacio electoral que rascar, después de que en esta campaña haya absorbido prácticamente todo el espacio de la izquierda. Yanick Jaddot (Polo Ecologista) ha rozado el 5% de los votos y ha sido el candidato más apoyado entre quienes disputaban el espacio de la izquierda. Fabien Roussel, del Partido Comunista Francés se ha quedado en el 2,3% y los candidatos de anticapitalistas Philippe Poutou (Nuevo Partido Anticapitalista) y Nathalie Arthaud (Lucha Obrera) no han llegado al 1% de los votos.

También queda fuera de la ecuación por mucho tiempo el Partido Socialista Francés, que hace solo diez años celebraba los diez millones de votos obtenidos por Hollande frente al último presidente gaullista de Francia, Nicolás Sarkozy. En esta ocasión la candidata del PSF, Anne Hidalgo, ha obtenido un 1,7% de los votos, veintiséis puntos menos que los de Hollande en aquel lejano 2012. En el reconocimiento de los resultados, Hidalgo ha pedido el voto a Macron. Ha sumado su apoyo también Valérie Pécresse, la candidata conservadora que ha llevado a la siempre mutante democracia cristiana a su peor resultado desde mediados del siglo XX.La baja participación registrada en la jornada de hoy, que ha descendido un 4% respecto a 2017, es un primer aviso de cara a la segunda vuelta de unas elecciones en las que confrontan dos formas de ver Francia pero, sobre todo, dos maneras de estar en la Unión Europea.

Mientras Macron cuenta con el apoyo de los principales mandatarios en el continente, la llegada al Eliseo de Le Pen abriría un agujero de difícil cálculo en el proyecto de la UE. Desde la II Guerra Mundial, ningún partido como la Agrupación Nacional —que debe sus orígenes al negacionista del holocausto y padre de la candidata, Jean Marie Le Pen— ha llegado a la presidencia de la segunda economía europea. Solo que el paisaje ha cambiado: hay una guerra en marcha en las puertas de Europa y eso marcará el futuro del continente y de la Unión Europea. Macron cuenta con la baza de esos apoyos internacionales, Le Pen con la posibilidad de que una mayoría de ciudadanos franceses decidan emprender una huida hacia otro lugar."                          (Pablo Elorduy, El Salto, 10/04/22)
 

" El presidente Emmanuel Macron parte con ventaja en la batalla por la presidencia de Francia ante la líder de la extrema derecha Marine Le Pen, su rival en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 24 de abril. (...)

No es una ventaja irreversible. Y en las próximas dos semanas el centrista Macron deberá convencer a muchos franceses desencantados con su gestión de estos cinco años en el poder, o con una personalidad y un estilo que consideran altivo y elitista, para que le apoyen y eviten el acceso de Le Pen al poder. Macron no tiene nada ganado ante Le Pen, que ya fue su rival hace cinco años. Y haría mal en confiarse.

Pero el viento de pánico que en los últimos días, mientras los sondeos indicaban una subida constante de Le Pen, sopló entre muchos macronistas, también entre franceses moderados y en algunas cancillerías occidentales, ha amainado. Es posible que esta sensación de peligro inminente contribuyese en el último minuto a movilizar al electorado del presidente. (...)

Macron recibió votos de la derecha moderada y la izquierda moderada: ciudadanos asustados por la posibilidad de que Le Pen fuese la más votada y reforzase sus opciones de ser presidenta. Votantes de la izquierda más hostil al actual presidente concentraron su voto en Mélenchon. Y quienes habían sentido simpatías por Éric Zemmour, el tertuliano ultra que durante meses disputó el liderazgo de la extrema derecha a Le Pen, votaron a Le Pen.

El resultado de este movimiento hacia el voto útil es el mediocre resultado de Zemmour, con un 7,05%. Y el descalabro de Los Republicanos (LR), el partido histórico de la derecha moderada, y el Partido Socialista (PS). Valérie Pécresse, candidata de LR, sacó un 4,7%. Anne Hidalgo, del PS, un 1,7%. El ecologista Yannick Jadot se queda con un 4,5%.
El catastrófico resultado de Hidalgo y Pécresse —candidatas de los dos partidos que durante décadas vertebraron Francia— sentencia el fin del viejo sistema político francés. Estas elecciones consolidan el duopolio entre Macron y Le Pen en el nuevo sistema, con una tercera pata que es la de la izquierda radical de Mélenchon.

Macron declaró: “Invito con solemnidad a nuestros conciudadanos, sea cual sea su sensibilidad y su elección en la primera vuelta, a unirse a nosotros. Algunos lo harán para frenar a la extrema derecha, y sé que esto no es un apoyo a mi proyecto. Lo respeto”. Le Pen dijo: “Llamo a todos los franceses, de todas las sensibilidades, a unirse al gran reagrupamiento nacional y popular que yo represento”.

Francia revivirá el 24 de abril el duelo del 7 de mayo de 2017, pero no será igual que hace cinco años. Le Pen ha suavizado su imagen y ha dejado de asustar a la mayoría de franceses. Según los sondeos, quedará mucho más cerca de Macron que en 2017, cuando el presidente derrotó a su rival con un 66% de votos frente a un 34%. Esta vez, cree tener posibilidades de llegar al palacio del Elíseo. (...)"                    (Marc Bassetts, El País, 10/04/22)

10.4.22

Elecciones francesas: La verdadera novedad está en la radicalización extrema de la derecha... Macron, Le Pen, Zemmour y Pécresse proponen una oferta política muy similar, que podemos denominar, sin reparos, neoliberalismo autoritario, un "bloque conservador" que, al margen de diferentes matices, es coherente desde el punto de vista ideológico... una parte importante de las clases medias, aunque amenazadas por el neoliberalismo -e incluso fracciones de las clases trabajadoras- consideran no sólo que no hay alternativa realista al neoliberalismo en términos de políticas sociales y económicas, sino que la inmigración, la seguridad, etc., son problemas importantes que exigen una respuesta autoritaria y represiva... frente a esto, la izquierda debe convencer a la gente de que hay soluciones posibles y concretas para el poder adquisitivo, los hospitales, las escuelas, las pensiones, etc., que están al alcance de la mano, y que rompen completamente con la lógica neoliberal... la hegemonía está en la derecha... pero es una hegemonía frágil, porque se basa en la invisibilización del sufrimiento social que genera... pero la hegemonía neoliberal no se derrota en el espacio de una campaña electoral... una victoria en el plano hegemónico de la izquierda no llegará inmediatamente, pero acabará llegando si la izquierda de la ruptura, gane o pierda en 2022, se mantiene en el rumbo que ha trazado en los últimos años

 "El otrora poderoso Partido Socialista de Francia se presenta a las elecciones presidenciales de hoy con apenas un 1% en las encuestas. Con el progresismo de la clase media en picado, sólo la firme ruptura de France Insoumise con el neoliberalismo ofrece una vía de recuperación para la izquierda francesa.

 Para los investigadores Stefano Palombarini y Bruno Amable, el joven candidato liberal Emmanuel Macron no mentía en 2017 cuando decía que representaba "tanto a la izquierda como a la derecha". En su libro, El último neoliberal, analizan cómo reunió elementos librecambistas y pro-UE tanto del Parti Socialiste como del conservador Les Républicains en nombre de la aceleración de la revolución neoliberal de Francia

En su libro, señalan que si bien este "bloque burgués" atraviesa la antigua división izquierda-derecha, también tiene una base social estrecha, llevando a cabo sus reformas planificadas sin importar el apoyo popular y el agotamiento de los viejos aparatos del partido. Los efectos de este enfoque son hoy claros, con encuestas antes de las elecciones presidenciales de hoy que muestran que Macron está luchando incluso para movilizar a los votantes contra la amenaza de Marine Le Pen. (...)

Los resultados de las encuestas de la candidata del Parti Socialiste, Anne Hidalgo, la sitúan en sólo un 1%, una acusación condenatoria para un partido otrora poderoso que ocupaba la presidencia hace sólo cinco años.

Antes de la campaña, la revista francesa Positions entrevistó a Palombarini sobre Macron, el colapso del centro izquierda "progresista-neoliberal" y las perspectivas de que la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon invierta la tendencia reaccionaria.

P

En una entrevista del año pasado, decíamos que parece probable que Le Pen llegue a la segunda vuelta de las presidenciales, con el otro puesto en juego. Al margen de los sondeos, ¿cómo cree que están las cosas?

SP

Desgraciadamente, la dinámica que vimos entonces se ha agravado.

Al analizar esta situación, hay que destacar en primer lugar la crisis de la estrategia neoliberal "progresista". Macron, que ganó con esta línea en 2017, ya no la sigue en absoluto. La campaña de Hidalgo, que podría haber tomado el relevo, es una ruina. (...)

El equilibrio político de fuerzas es, en efecto, sorprendentemente similar al de hace cinco años. En la izquierda, lo que le falta a Mélenchon para alcanzar su puntuación de 2017 son los votos del Partido Comunista, que le apoyaba entonces pero que ahora tiene su propio candidato. Del mismo modo, si se suman las puntuaciones que los sondeos pronostican para los Verdes y los Socialistas, es el mismo voto que tuvo Benoît Hamon, es decir, el candidato que juntos apoyaron en 2017.

La verdadera novedad está en la radicalización extrema de una derecha que se ha mantenido en el espacio general que tenía 2017. (...)

Desde hace algún tiempo, la frontera republicana que separaba a la derecha gubernamental de la extrema derecha ya no existe. Cuando Charles Million aceptó los votos del Frente Nacional para mantener la presidencia del consejo regional de Ródano-Alpes, en 1998, se produjo una violenta conmoción. Pero desde entonces ha pasado mucha agua bajo el puente. (...)

 También podemos ver que ya no hay barreras dentro del propio electorado, ya que los votantes de derechas pasan alegremente de un partido a otro según la situación sin preocuparse en absoluto de los "valores republicanos", que sin embargo llenan, de forma totalmente instrumental, las portadas de las revistas más reaccionarias.

El espacio de la derecha que va de Macron a Zemmour es relativamente homogéneo, incluso en su radicalización, y Pécresse no es una excepción. Sin embargo, sigue habiendo peculiaridades en cuanto a la composición social de sus respectivas bases. En el partido de Macron, los altos directivos y las clases altas están obviamente sobrerrepresentados; el apoyo masivo y aún renovado de los pensionistas hace que Les Républicains no se hundan; y luego queda el caso específico del Rassemblement National, hasta ahora el único partido de este espacio capaz de aglutinar a una fracción significativa de las clases trabajadoras. Pero todos estos partidos, a los que hay que añadir a Zemmour, proponen ahora una oferta política muy similar, que podemos denominar sin reparos neoliberalismo autoritario.

P

Usted habla de un "bloque conservador" que, al margen de diferentes matices, es coherente desde el punto de vista ideológico, pero que parece mucho menos coherente desde el punto de vista sociológico: si reúne mayoritariamente a los jubilados y a los CPIS (directivos y profesionales de alto nivel), también hay muchos trabajadores de cuello azul y blanco detrás de Le Pen. ¿Se está formando un bloque progresista opuesto? ¿O los partidos de izquierda están condenados a perseguir ideas conservadoras para recoger algunas migajas electorales?

SP

Centrémonos primero en el bloque que podríamos llamar neoliberal autoritario. Como usted dice, es una alianza sociológicamente compuesta, pero eso no es sorprendente. Los bloques sociales agregan diferentes clases; la fuerte homogeneidad del bloque burgués es una excepción, no la regla.

Lo fundamental es identificar las variables que permiten que esta alianza se mantenga. Por un lado, la continuidad de las políticas y reformas neoliberales responde directamente a las expectativas de las clases altas. Sin embargo, sienten que hay una creciente revuelta social; los gilets jaunes enviaron una señal muy fuerte, pero no es la única -también hay que ver los movimientos en las escuelas y hospitales, o la enorme decepción generada por la total inacción del gobierno en temas climáticos. La idea de que el neoliberalismo puede tener un contenido progresista ya no convence a mucha gente, incluidos los que lo defienden.

Las clases altas han demostrado, bajo la presidencia de Macron, que están realmente dispuestas a hacer cualquier cosa para controlar la protesta social y proteger su posición dominante. Esto explica el fracaso de las estrategias que pretendían recuperar una burguesía de izquierdas posiblemente decepcionada por Macron. Los hechos demuestran que la apertura que este componente de la burguesía ha mostrado en el pasado -su apego a las libertades públicas e incluso su disposición a apoyar el progreso social real, que ha existido realmente- tiene un límite claro en su negativa a considerar la más mínima renuncia a sus privilegios.

Mientras Macron sea percibido como el garante de la continuidad en las relaciones de dominación, la vieja burguesía de izquierdas seguirá con él, aunque las manifestaciones se manejen con la brutalidad que hemos visto, aunque se pisotee el Estado de Derecho, aunque se entierre la separación de poderes. Pero en este bloque neoliberal autoritario también encontramos fracciones de las clases trabajadoras, y una gran parte de las clases medias a las que el neoliberalismo puede ofrecer algunas ventajas, pero a las que amenaza sobre todo con el declive social.

Para explicar este importante fenómeno -contraintuitivo- hay que alejarse de la visión de las políticas públicas como un simple intercambio entre el apoyo electoral y la satisfacción de expectativas enteramente inscritas en posiciones socioeconómicas. Es porque el neoliberalismo es hegemónico que el bloque neoliberal autoritario logra ser tan fuerte.

Esta hegemonía se expresa de dos maneras principales. Por un lado, las alternativas al neoliberalismo son ampliamente percibidas como irreales. Los trabajadores en situación de precariedad y dominación, los estudiantes que necesitan recursos para financiar sus estudios y pagar el alquiler, por ejemplo, pueden considerar que las relaciones laborales "flexibles" y desprotegidas impulsadas por el neoliberalismo son una condición triste pero necesaria para su supervivencia porque no ven ninguna alternativa.

 Y el hecho es que, en el mundo neoliberal en el que vivimos, a menudo tienen razón. Mientras la posibilidad de una ruptura importante en la orientación de las políticas públicas no parezca concreta e inmediata, la hegemonía neoliberal no se verá verdaderamente amenazada.

La otra dimensión es la jerarquía de las expectativas sociales. No hay que ser un analista agudo para ver el enorme trabajo realizado por los medios de comunicación y los intelectuales del sistema para restar importancia a las cuestiones socioeconómicas y poner en primer plano temas como la inmigración, la seguridad y la identidad francesa. Esto es lo que da coherencia a este bloque. Las clases altas, como he dicho, ven ahora el autoritarismo como una condición necesaria para la continuidad de las políticas neoliberales que les benefician. 

Pero una parte importante de las clases medias, aunque amenazadas por el neoliberalismo -e incluso fracciones de las clases trabajadoras- consideran no sólo que no hay alternativa realista al neoliberalismo en términos de políticas sociales y económicas, sino que la inmigración, la seguridad, etc., son problemas importantes que exigen una respuesta autoritaria y represiva.

Este análisis del bloque neoliberal autoritario ayuda a esbozar una estrategia para construir un bloque alternativo. En primer lugar, no sólo es ilusorio sino totalmente contraproducente imaginar una alternativa que "se tome en serio" los problemas de seguridad o de identidad tal y como los presenta el adversario. Llevar a cabo una política "ligeramente de derechas" en estos temas es simplemente reforzar la hegemonía que se combate. Una alianza social preocupada por la defensa de los intereses populares debe volver a situar la cuestión social en el centro del conflicto político. Esto requiere, en primer lugar, afirmar alto y claro que la inmigración y la seguridad, que deben ser ciertamente objeto de políticas específicas y razonadas, no son en absoluto los principales problemas de los franceses.

Pero esto no es suficiente. También hay que convencer a la gente de que hay soluciones posibles y concretas para el poder adquisitivo, los hospitales, las escuelas, las pensiones, etc., que están al alcance de la mano, y que rompen completamente con la lógica neoliberal. Esto es necesario no sólo para separar a una parte de las clases medias y trabajadoras del bloque neoliberal autoritario, sino sobre todo para movilizar a los abstencionistas. El énfasis en el programa es, por tanto, decisivo, así como la determinación de salir de los tratados europeos, que es uno de los factores que hacen que dicha ruptura parezca poco realista.

La izquierda que defiende la ruptura es presentada por los medios de comunicación como un componente extremo, y por tanto minoritario, del panorama político. Pero no habrá reconstrucción de un bloque de izquierdas sin situar la ruptura con el neoliberalismo -también indispensable para cualquier respuesta seria a la emergencia ecológica- en el centro de la nueva alianza.

 Evidentemente, en un contexto de hegemonía neoliberal, este proyecto encontrará grandes obstáculos, y probablemente requerirá más tiempo que las pocas semanas que faltan para las elecciones presidenciales. Pero el tiempo de intercambiar el poder entre una derecha "razonable" y una izquierda que también toca la misma melodía ha terminado. No hay otra forma de construir una alternativa al neoliberalismo autoritario, ya sea en forma de Macron, Le Pen, Pécresse o Zemmour. (...)

Por mi parte, creo que por el momento ya no hay espacio político para construir un bloque social en torno a lo que yo llamo la gauche d'accompagnement, la izquierda que le sigue el juego al neoliberalismo. No veo a la burguesía de izquierdas rompiendo con Macron en masa y tampoco veo a las clases trabajadoras que antes votaban socialista volviendo a caer en la trampa de la que acaban de salir. Digo "por el momento" porque, a largo plazo, no podemos excluir una evolución similar a la italiana. Para decirlo brevemente, esta evolución implica una transición completa al capitalismo neoliberal, la desaparición de la izquierda y la abstención masiva de las clases trabajadoras. El tipo ideal de esta configuración corresponde en gran medida al paisaje político estadounidense antes de la aparición de Bernie Sanders.  

(...) hoy no hay posibilidad de reconstruir un bloque similar al que permitió gobernar al Parti Socialiste; es decir, una alianza hegemonizada por la burguesía de izquierdas, pero que integre un importante componente popular. Dentro de unos años, puede haber algo en posición de fuerza que siga llamándose "izquierda" por costumbre e inercia, y que en realidad será una reedición del bloque burgués, uno de los dos bloques de apoyo al neoliberalismo. Pero para que esto ocurra, primero hay que completar las reformas neoliberales, las clases trabajadoras que sufren directamente las consecuencias deben retirarse del juego de la democracia representativa, y la izquierda debe desaparecer del paisaje. De ahí también la importancia de derrotar a la izquierda que sí defiende la ruptura.

(...) Hemos visto que la posición de Macron, comparada con la de 2017, no ha cambiado mucho; el bloque de derechas de 2017 tiene ahora un candidato más pero el mismo voto global. El centro izquierda parece muerto esta vez, y Jean-Luc Mélenchon encarna claramente la izquierda antineoliberal. ¿No es esta configuración en última instancia mucho más favorable para esta izquierda que en 2017?
SP

Siempre he considerado el resultado de 2017 como excepcional, y un error político no valorarlo inmediatamente como tal.

El casi 20% de Mélenchon fue una apertura que dio una perspectiva concreta a la construcción de una alianza social capaz de frenar las reformas neoliberales y negociar un giro político hacia la solidaridad, la igualdad y la responsabilidad ecológica. Muchos otros países europeos no tienen esta oportunidad. La reacción del gobierno y de sus aliados fue previsiblemente enérgica, y dio lugar al frente anti-France Insoumise del que hablábamos antes. Ver, cinco años después, que la correlación de fuerzas se mantiene más o menos igual, es más bien un alivio, y un resultado que hay que atribuir a un movimiento, France Insoumise, que, a pesar de los ataques, no ha renunciado a nada en el terreno social ni en la defensa de las libertades públicas. 

Por supuesto, no hay ninguna garantía de que Mélenchon pueda alcanzar de nuevo el 20%. Pero soy bastante optimista. La campaña de Mélenchon fue de una calidad excepcional la última vez, y en 2022 también salió con buen pie. Entonces, su principal competidor de centro-izquierda, Benoît Hamon, era mediocre, y no tengo la impresión de que esta vez lo esté haciendo mucho mejor. Y es cierto que la presencia de Zemmour puede rebajar el umbral para llegar a la segunda vuelta.

Pero estas consideraciones no deben hacernos perder de vista que la hegemonía está en la derecha. Sueño con un debate en segunda vuelta entre Macron y Mélenchon: por fin, una confrontación real entre dos visiones políticas opuestas. Podemos esperar esto, ya que tenemos derecho a ello, e incluso diría que a una victoria en la segunda vuelta, que sigue siendo muy improbable. Digo esto sin querer desanimar a nadie. Pero debemos darnos cuenta de que la lucha no es cosa de las pocas semanas que faltan para la votación, y la hegemonía neoliberal no se derrota en el espacio de una campaña electoral.

En la hipótesis más optimista, con Mélenchon elegido presidente, habría que prepararse en cualquier caso para contrarrestar los intentos de un poder, hoy difícil de imaginar, de bloquear su acción y deslegitimarlo. La elección presidencial es ciertamente un ajuste de cuentas fundamental, pero sólo una batalla en una confrontación a largo plazo. En esta confrontación, el neoliberalismo tiene la hegemonía, pero una hegemonía frágil, porque se basa en la invisibilización del sufrimiento social que genera.

Para mí, la esperanza es la de una victoria en el plano hegemónico, que no llegará inmediatamente, pero que acabará llegando si la izquierda de la ruptura, gane o pierda en 2022, se mantiene en el rumbo que ha trazado en los últimos años."  
              

 (Entrevista a Stefamp Polombarini, JACOBIN, 04/10/22; traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)