Lo que dijo la UE sobre España en su informe sobre "Recomendaciones para el Programa de Reformas 2019" analizando los años y políticas económicas aplicadas por el PP durante los años de expansión económica desde 2014:
2- "La eficacia de las prestaciones sociales -excluidas las pensiones— para reducir la pobreza continúa siendo una de las más bajas de la UE, especialmente en el caso de los menores...
3- ...El gasto social como porcentaje del PIB en España para los hogares con hijos es uno de los más bajos de la UE y no está bien orientado. Aunque la tendencia es positiva, existen aún deficiencias importantes en la cobertura de las personas con dependencia severa y moderada...
4- ...La ayuda al desempleo nacional está fragmentada, al existir múltiples regímenes orientados a diferentes grupos de demandantes de empleo..."
La propia UE sacó los colores a España e hizo una serie de recomendaciones que iban desde garantizar unos servicios sociales adecuados a las coberturas por desempleo. Para que la UE saque los colores a España por unos mediocres servicios sociales, ya sobran las palabras...
6- "Garantizar que los servicios sociales y de empleo sean capaces de proporcionar un apoyo efectivo. Favorecer la transición hacia los contratos indefinidos, en particular mediante la simplificación del sistema de incentivos a la contratación...
7- ...Mejorar el apoyo a las familias y resolver el problema de las deficiencias en la cobertura del sistema nacional de asistencia al desempleo y en los regímenes autonómicos de renta mínima".
8- La situación de la crisis financiera no sólo mejoró sino que empeoró con las políticas económicas que aplicó el PP y en los años de crecimiento no hizo lo más mínimo para que mejorarán. El informe en cuestión... https://eur-lex.europa.eu/legal-content/
Esto es lo que se encuentra en gobierno de coalición cuando próspera la moción y llega al gobierno... No hay que "consolidar" el estado del bienestar español porque, sencillamente, primero hay que "recuperarlo".
1:49 p. m. · 29 nov. 2021
24 Retweets 2 Tweets citados 43 Me gusta
Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
30.11.21
Según la Unión Europea... así dejó Rajoy el país... el que se encontró Pedro Sánchez
10.9.21
La generación de las dos crisis: la condena para los nacidos entre 1985 y 1994... el progreso generacional se acabó con ellos... en el sur de Europa... en Alemania, la generación de los nacidos entre 1985 y 1994 ha seguido mejorando su situación y está ahora en una posición financiera más cómoda que la generación precedente...
"Es difícil que una generación se incorpore al mercado laboral sin sufrir una crisis. Lo que es más extraordinario es que se trate de una tan larga y profunda como la vivida entre 2008 y 2012. Eso solo ocurre una vez cada siglo.
Si, además, se le une una segunda recesión, corta pero muy profunda, el resultado es que esa generación ha nacido condenada. Es lo que está sufriendo la generación de los jóvenes nacidos entre 1985 y 1994, cuya incorporación al mercado laboral está siendo una travesía por el desierto plagada de obstáculos.
Así lo pone de manifiesto un estudio elaborado por los investigadores Ariane Aumaitre y Jorge Galindo y publicado por EsadeEcPol y la Friedrich Naumann Foundation titulado 'La generación de la doble crisis: inseguridad económica y actitudes políticas en el sur de Europa'. Los autores analizan el impacto que ha supuesto la doble crisis económica para la generación de los nacidos entre 1985 y 1994 respecto a la generación de los 10 años anteriores. El estudio pone números a la dura realidad de los jóvenes: el progreso generacional se acabó con ellos o, al menos, se ha tomado un paréntesis.
Las crisis han impactado profundamente en el mercado laboral, pero los jóvenes han sido los claros perdedores. Según los últimos datos de la OCDE, la tasa de paro juvenil supera el 40% en España, casi el triple que la media de los países desarrollados, donde se sitúa en el 14%. El resultado es una profunda caída de los ingresos en comparación con la generación anterior, lo que afecta gravemente a su capacidad de ahorro y de acumulación de patrimonio. En definitiva, los jóvenes se han visto condenados a una situación de precariedad económica en un contexto en el que el precio de la vivienda se ha disparado, lo que ha provocado una segunda extracción de rentas hacia los propietarios de los inmuebles, que son las generaciones de adultos y jubilados.
“La generación que nació entre 1985 y 1994 está teniendo el dudoso privilegio de ser la única en el último siglo que pasará por dos Grandes Recesiones en su periodo de formación e incorporación al mercado laboral”, escriben los autores del estudio, “los datos muestran menores tasas de emancipación, vivienda en propiedad, fertilidad o riqueza potencial”.
La brecha de ingresos entre las dos generaciones es muy acusada, especialmente en las franjas de edad que van desde la incorporación al mercado laboral hasta los 30 años. Durante todo ese periodo, los jóvenes de la generación de la crisis han ingresado entre 1.000 y 2.000 euros menos cada año (datos netos, descontados impuestos). Esta caída de la renta tiene una profunda incidencia sobre el patrimonio que acumulan los jóvenes. Solo por el efecto de la renta acumulada, cuando llegan a los 33 años la brecha de ingresos de las dos generaciones alcanza los 13.000 euros, una diferencia que supera el 16%.
Esta brecha de renta acumulada tiene una gran incidencia sobre la capacidad de adquisición de activos por parte de los jóvenes, sobre todo en lo que se refiere al acceso a la vivienda. Si se tiene en cuenta la inflación del precio de los inmuebles y de los alquileres, estos 13.000 euros de diferencia se multiplican. Esto explica que los jóvenes tengan graves dificultades para acometer la compra de una vivienda y estén condenados al alquiler, en contraste con las generaciones anteriores que sí pudieron comprar.
Esto significa que los jóvenes se han quedado al margen del proceso de revalorización de la vivienda que sí han vivido sus mayores, un dato que no se percibe en la brecha de ingresos, pero que afecta gravemente a su patrimonio acumulado, como ha puesto de manifiesto el Banco de España. No solo eso, los jóvenes condenados a vivir del alquiler han visto cómo los precios se disparaban en los últimos años, provocando una extracción de rentas hacia los propietarios.
Una cuestión muy importante que analizan los investigadores es la situación de los jóvenes en España en comparación con los vecinos europeos. Los datos muestran que la crisis ha afectado profundamente a los jóvenes de los países del sur, con un patrón muy similar en Portugal e Italia. Sin embargo, no ha sido igual en el norte del continente, con un análisis detallado en Alemania.
En su caso, la generación de los nacidos entre 1985 y 1994 ha seguido mejorando su situación y está ahora en una posición financiera más cómoda que la generación precedente, lo que refleja la continuidad del progreso en el país. En concreto, su renta acumulada es casi 40.000 euros superior a la que tuvo la generación previa a la crisis. El resultado es que la renta acumulada de los jóvenes españoles es ya menos de la mitad que la de sus contemporáneos alemanes.
Esta posición favorable no solo responde a cómo Alemania superó mejor la grave crisis de 2008, también es consecuencia de las políticas públicas que han apostado por la protección de los jóvenes. En España, por el contrario, las rentas públicas se han centrado en los adultos y los pensionistas, abandonando por completo a los jóvenes, como han criticado en numerosas ocasiones los organismos internacionales. “Este patrón generacional es específico del sur de Europa”, señalan los autores, “en el resto de países la generación poscrisis supera en condiciones materiales las condiciones de vida de la generación anterior”. En resumen, es una mezcla de la mala calidad de sus mercados laborales y un abandono de las administraciones públicas hacia esa generación.
Las dificultades económicas que han pasado los jóvenes han terminado por contagiar a la percepción sobre las oportunidades. En los últimos años se ha generalizado expresiones como ‘la generación perdida’, o ‘la generación que vive peor que sus padres’. Los investigadores han analizado la percepción de las oportunidades de cada una de las dos generaciones y las diferencias por regiones y las conclusiones apuntan que la generación de las crisis es más pesimista respecto a sus posibilidades y con datos peores en el sur de Europa que en el centro del continente.
“La percepción de falta de igualdad de oportunidades,
la insatisfacción con la democracia y las preferencias por mayor
redistribución son mayores en los países del sur de Europa que en la
referencia del centro continental”, escriben en el 'paper'. Los autores
consideran que esta insatisfacción de los jóvenes está en la base de
diversas corrientes políticas surgidas en los países del sur de Europa
en la última década." (Javier G. Jorrín, El Confidencial, 10/12/20)
25.5.21
Antonio Maestre: nos merecemos una izquierda que recupere su razón de ser: ilustración, modernidad, soberanía y universalismo al servicio de la igualdad... para que no nos pase lo que vaticina Ana Iris Simón: "No habrá agenda 2030 ni plan 2050 si en 2021 no hay techo para placas solares porque no tenemos casas, ni niños que se conecten al wifi porque no tenemos hijos"
"Este fin de semana una intervención en la Moncloa ha despertado gran atención en redes sociales. (...)
El discurso al que me refiero duró tan sólo algo más de cuatro minutos y
se pronunció en el acto Pueblo con futuro organizado por el ministerio
de Transición Ecológica y Reto Demográfico. Quien lo pronunció fue la
periodista y escritora Ana Iris Simón. (...)
Ana Iris habló de sus padres, de cómo la vida de una familia de clase trabajadora hace tres décadas podía ser más estable de lo que es hoy la existencia de cualquiera dentro de ese mismo estrato social. Continuó con el progreso truncado que para las siguientes generaciones significó la Gran Recesión de 2008, pero que ya había hundido sus raíces en la conversión de España como un país de la periferia europea, desindustrializado, que salvo la década de la gran borrachera del crédito fácil, había quedado reducido a los servicios y al turismo.
"La aldea global arruinó la aldea real", se atrevió a sentenciar la escritora como una patada a la entrepierna de Fukuyama y la UE, para pasar a hablar de esa natalidad pospuesta por la escasez de seguridades, de la recuperación de una soberanía que pase, más que por lo rojigualdo, por el trabajo, la vivienda y la oposición a un "capitalismo global" que importa personas empobreciendo aún más a sus países de origen: "Mientras que les pedimos a los inmigrantes que paguen nuestras pensiones, no les estamos permitiendo pagar las de sus padres ni las de sus abuelos".
"No habrá agenda 2030 ni plan 2050 si en 2021 no hay techo para placas solares porque no tenemos casas, ni niños que se conecten al wifi porque no tenemos hijos", finalizó Ana Iris, creando un silencio en el auditorio, como el que se hace cuando detrás del trueno sabemos de la tormenta y carecemos de refugio para evitar la inclemencia.
Primer apunte importante: desconocemos cómo cayó en Moncloa el discurso, si nos atrevemos a aconsejar fervientemente a los allí presentes, entre los que se encontraba el presidente Sánchez, que tomen cumplida nota de las palabras de Ana Iris: justo se les votó para que reviertan la inercia neoliberal de estos diez últimos años.
Aunque ahora cueste verlo este país cambió en la década convulsa, por eso hoy preside el consejo de ministros alguien a quien el sector involucionista de su partido trató de eliminar, por eso le acompaña en la tarea Unidas Podemos y por eso, probablemente, quien les dirigió estas palabras era una escritora de 29 años y no un intelectual de gesto circunspecto y palabra de las que permiten comer en Lhardy. (...)
¿La respuesta al discurso de Ana Iris? Decepcionante a derecha e izquierda, los primeros por un incómodo oportunismo y los segundos por una ciega y pertinaz cobardía a admitir que el camino elegido no fue el acertado. (...)
Leer las respuestas al propio tuit de Ana Iris donde hacía pública su intervención, leer artículos y editoriales de la prensa liberal-conservadora era tan triste como grotesco. Lo único que la derecha parecía celebrar era que la escritora pronunció aquellas palabras delante de Sánchez, quedándose en el escenario pero olvidando el libreto.
¿A qué diablos piensa la derecha que se refería a Ana Iris con su crítica al capitalismo global? Literalmente a su proyecto, a una sociedad impulsada en los últimos cuarenta años por sus padres fundadores, Reagan y Thatcher, que ha vaporizado la certeza, la producción e incluso los valores sustituyéndolos por indeterminación, especulación y una promiscuidad ética donde el único principio válido es la codicia.
¿A qué diablos piensa la derecha que se refiere Ana Iris cuando habla de seguridad vital? A derechos laborales, a sindicatos fuertes, a una vivienda que vuelva a su función, la de guarecernos, usurpada por rentistas y fondos buitres norteamericanos.
A la familia, ni siquiera un tipo concreto de familia, que pueda desarrollarse sin el sobresalto permanente del despido, la carestía de lo cotidiano y los modelos individualistas emocionales que cambian compromiso y solidaridad por consumo de cuerpos y rechazo al cuidado. A un mundo que existió, antes de la plaga de langosta neoliberal, donde, a pesar de todos sus desastres y desigualdades, las finanzas eran aún un método y no un fin ensimismado donde todo se postra ante ellas.
Lo cierto es que quien les escribe espera ya muy poco de una derecha española, política, mediática y social, tan ensimismada en sus fantasías persecutorias de un gobierno "socialcomunista" que es incapaz de ver, incluso, cuando una roja, sin apellidos, les lanza una invectiva a ese punto al que están tan poco acostumbrados a enfrentar: el resultado de sus políticas de caos y postración ante los sacerdotes de Goldman Sachs, el BCE y Wall Street.
Imbéciles ensimismados de nacionalismo españolista a los que les cuesta saber qué será de sus vidas en seis meses pero que votan encantados al trumpismo de Ayuso o al ultra-liberalismo de Espinosa de los Monteros, lo que en última instancia es Vox, a pesar de que de poner al portero de discoteca Abascal hablando de invasiones.
Son los mismos torpes que llaman falangista a la escritora de Feria simplemente por expresar que la vida debería ser algo más que un triste devenir de ocupaciones sin sentido, los mismos que llamaron rojipardos a Julio Anguita, Manolo Monereo y Héctor Illueca -al actual director de la Inspección de Trabajo- por comentar en 2019 que la izquierda debería recuperar el concepto de soberanía, los mismos que machacaron a un tipo por escribir un libro donde se denunciaba que el progresismo había comprado del discurso neoliberal que asimila la diferencia y desigualdad. El berrinche viene de lejos, pero casi nadie se atreve a poner nombre a su causa: la ideología del progresismo liberal.
Si Cayetana Álvarez de Toledo, por citar una, resulta risible cuando atribuye el identitarismo político que nos ahoga a una conspiración del marxismo cultural, no son menos fallidos los que atribuyen a la izquierda la responsabilidad de los problemas, obvios y claros, que Ana Iris denunciaba en su discurso.
El progresismo liberal es, precisamente, la ideología que casi ha acabado con la izquierda, y que se replica desde hace dos décadas en partidos institucionales como el PSOE pero también sin duda en Unidas Podemos. En esas otras organizaciones extramuros, más por impericia que por deseo, que va desde los pequeños partidos rebotados de la aventura morada y municipalista hasta todo tipo de iniciativas activistas.
Que impregna el feminismo y, en menor medida, hasta los sindicatos. Y que por supuesto se replica sin control en los medios de comunicación progresistas y en ese cuerpo social que se tiene a sí mismo por la izquierda.
Lo notable es que en todas estas organizaciones, en todo este cuerpo social, hay mucha gente, incluidos algunos de sus dirigentes, que distan mucho del progresismo liberal, pero que parecen no acabar de enterarse, o no parecen atreverse, a señalar el problema que les perjudica. No se trata de buscar nada nuevo, cuando lo nuevo existió y se ha marchitado en un quinquenio, se trata de reconducir lo existente.
Mientras que el progresismo liberal es una ideología de minorías y alteridades, la izquierda basa su fuerza en las mayorías trabajadoras. Mientras que unos se regocijan en la diversidad entendida como una competición de representaciones, la otra busca qué es lo que une a personas diferentes para buscar la igualdad. Mientras que una es relativista, la otra es universalista.
Mientras que una se conforma con la políticas de lo simbólico la otra aspira a transformar la vulgaridad de lo real. Mientras que una ronronea con batallas culturales que siempre pierde, la otra entiende la cultura como el sustrato del poder. Mientras que una habla de privilegios y opresiones la otra atiende a lo concreto de la explotación. Mientras que una se pierde en justificaciones culturalistas acomplejadas, la otra busca el valor unificador del concepto de ciudadanía. Mientras que una está obsesionada con la narrativa, la otra se preocupa de los números.
Mientras una busca el cambio en el individualismo de la revisión, la otra intenta la transformación de lo estructural y desde lo colectivo. Mientras que una habla de multitudes y del 99%, la otra entiende el potencial unificador de la realidad de clase. Mientras que el progresismo liberal es hoy mayoritario en casi todos los ámbitos de lo político, la izquierda ya sólo vale como nombre al que culpar de nuestras desgracias sin merecerlo.
Que Yolanda Díaz sea una de las ministras mejor valoradas del
Gobierno, que Ana Iris venda edición tras edición, que los sindicatos
estén volviendo a crecer en afiliación a lo mejor tiene que ver con que
sus medidas, su discurso, su función apelan a problemas inmediatos,
reales, reconocidos y masivos y no a una fantasiosa conspiración
rojiparda, el último invento de un estéril progresismo liberal que, por
mucha etiqueta de radical e independiente que se arrogue, no pasa de ser
una ideología tan obsoleta como su contraparte derechista neoliberal.
Lo hemos avisado muchas veces, pero es siempre más fácil matar al
mensajero que reconocer que toda una carrera política, o activista, tan
sólo se ha basado en una virtualidad ideológica producto del
desconcierto, las prisas y cierto espíritu de venganza desarrollada a
partir de 1991 de aquellos que siempre tuvieron que ponerle apellidos al
socialismo. Ustedes verán: si no atienden el camino que les marca, a
voces, la realidad, lo harán otros, los de ese populismo ultraderechista
especialista en disfraces. Nos merecemos una vida mejor, pero para eso,
antes, nos merecemos una izquierda que recupere su razón de ser:
ilustración, modernidad, soberanía y universalismo al servicio de la
igualdad." (Daniel Bernabé, Público, 24/05/21)
14.5.21
La década perdida de los jóvenes del 15M: retenidos en casa hasta los 29 con sueldos más bajos y contratos más precarios
"Y cuando quedaban solo siete días para una nueva cita con las urnas a nivel autonómico, los cimientos de un nuevo movimiento social empezaron a levantarse en pleno corazón de Madrid.
Era 15 de mayo de 2011, el año del aumento de la edad de jubilación, de la prima de riesgo por las nubes, de la reforma constitucional que blindaba el pago de la deuda. Miles de personas se habían dado cita en las calles de la capital en un inédito tsunami de protesta contra la clase política que terminó cristalizando en una suerte de Estado autogestionado en plena Puerta del Sol. A pesar de ser completamente transversal, el empuje de una juventud hastiada por la ausencia de expectativas de futuro fue clave.
“Somos la generación más preparada y la menos valorada”, decían. Gritos de auxilio que, sin embargo, no han terminado traduciéndose en una mejora sustancial de sus condiciones de vida. Ahora, diez años después de aquel 15M, hacen frente a un mercado laboral todavía más precario –inestabilidad y sueldos bajos– que imposibilita cualquier proyecto vital a largo plazo.
Solo un mes antes de la toma masiva de las plazas en un contexto de históricos recortes sociales, los jóvenes se encargaron de poner la semilla del cambio. Lo hicieron agrupados alrededor de la plataforma Juventud Sin Futuro. Y con un lema claro y conciso –“Sin curro, sin casa, sin pensión”– que reflejaba a la perfección la dramática situación a la que se enfrentaba la población de menor edad.
Por aquel entonces, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de paro de los menores de 25 años se situaba por encima del 40%, llegando al 65,3% entre los que tenían entre 16 y 19 años. Algo mejor se encontraban en las franjas superiores. De los 25 a los 29 años, esta cifra se situaba en el 26,66%, mientras que entre la población de entre 30 y 34 años era del 21,13%. Atrás había quedado ya aquel mínimo histórico del 17% que se registró en el tercer trimestre de 2006. En apenas un lustro, el desempleo de la juventud se había triplicado, situando a España como el país de la Unión Europea con más jóvenes sin empleo.
Ahora, una década después de que las pancartas y las tiendas de campaña alterasen por completo la estampa tradicional del kilómetro cero, las cifras están ligeramente mejor que entonces. Un 58,23% de los jóvenes de entre 16 y 19 años estaban en el primer trimestre de este año en el paro, frente al 36,52% de la población que se movía entre los 20 y los 24 años. Por encima de los 25 años, la tasa se situaba por debajo del 25%. No obstante, los datos todavía siguen siendo realmente preocupantes. Sobre todo, si se comparan con los del resto de países de nuestro entorno.
España cerró 2020 con un 40,7% de menores de 25 años en situación de desempleo, más de veinte puntos por encima de la media de la Unión Europea –16,9%–, la cifra más elevada de todas las registradas por Eurostat. En Alemania, la tasa se encontraba en el 6,3%. En Francia, en el 18,1%. Y en Italia o Portugal, en el 29,7% y 23,7%, respectivamente.
A esto se le suma, además, una precarización progresiva pero imparable del mercado de trabajo a lo largo de la última década. La inestabilidad laboral se ha adueñado por completo de la vida de unos jóvenes forzados a elegir entre el paro o la precariedad. En el primer trimestre de 2011, el 54,82% de los asalariados menores de 30 años tenían un contrato indefinido, frente al 51% que el Consejo de la Juventud de España cifraba en su último informe, el relativo al primer semestre de 2020.
La disminución se ha producido por igual tanto en los menores de 25 como en la población que se mueve entre los 25 y los 29 años. Sólo la franja de entre 30 y 34 ha mejorado ligeramente en este sentido, pasando del 71,4% de hace una década al 72% de los primeros seis meses del año de la pandemia, que se ha convertido en el nuevo lastre para una generación perdida.
Cada vez más jóvenes tratan de sobrevivir con contratos temporales. De hecho, en España la tasa de temporalidad entre los menores de treinta se sitúa por encima de la media de la Eurozona y de países como Alemania, Francia, Italia o Reino Unido. Y lo lleva haciendo desde antes incluso de que estallara la Gran Recesión, tal y como ponía de manifiesto hace algunas semanas el Banco de España en su reciente informe La crisis del covid-19 y su impacto sobre las condiciones económicas de las generaciones jóvenes.
En el primer semestre de 2020, además, más de tres de cada diez contratos temporales –34,9%– tenían una duración inferior a un año, frente al 17,8% que se prolongarían durante doce meses o más, según los datos del organismo autónomo en el que están representadas las entidades juveniles de todo el Estado y los diferentes Consejos de la Juventud autonómicos. (...)
La juventud sigue, a día de hoy, “sin curro”. Pero también “sin casa”. Principalmente, porque los precios son prohibitivos. Actualmente, los asalariados menores de treinta años tienen que dedicar entre un 52,2% y un 75,6% de su sueldo de media para acceder a una vivienda libre en propiedad con financiación hipotecaria. En 2010, esa cifra se situaba en los 51,1% para los trabajadores con entre 25 y 29 años y el 68,1% para los menores de 25 años. Solo ha mejorado ligeramente la situación para el rango de edad comprendido entre los 30 y los 34 años: han pasado de tener que dedicar un 44,4% a un 43%.
A pesar de ello, las cifras están
muy lejos de ese 30-35% de máximo que recomiendan los expertos para
comprar una vivienda evitando el sobreendeudamiento. Con ese indicador
en mente, el precio máximo tolerable de compra de un trabajador
menor de treinta en el primer semestre de 2020 se movía entre los 63.861
euros y los 92.610 euros, frente a un precio medio de la
vivienda libre situado en los 161.010 euros. Hace una década, ese mismo
dato oscilaba entre los 78.265 euros y los 104.282 euros. (...)" (Álvaro Sánchez Castrillo, InfoLibre, 13/05/21)
8.4.20
España forma parte del “régimen desigualitario neopropietarista mundial”, en expresión de Piketty, cuya principal característica es la fortísima concentración de la propiedad privada
24.2.20
La recuperación económica tras la crisis de 2008 ha dejado a la mitad de la población por el camino, y un cuarto en situación de exclusión residencial por una crisis de vivienda “de proporciones asombrosas”... la pobreza es una elección política y en España se ha decidido mirar para otro lado...
17.2.20
Las familias en quiebra duplican las cifras de la crisis
13.2.20
España debería mirarse de cerca en el espejo y actuar. Lo que verá no es lo que desearía la mayoría de los españoles: una pobreza generalizada y un alto nivel de desempleo, una crisis de vivienda de proporciones inquietantes, un sistema de protección social completamente inadecuado que arrastra deliberadamente a un gran número de personas a la pobreza, un sistema educativo segregado y cada vez más anacrónico, un sistema fiscal que brinda muchos más beneficios a los ricos que a los pobres y una mentalidad burocrática profundamente arraigada en muchas partes del gobierno que valora los procedimientos formalistas por encima del bienestar de las personas...
"He visitado lugares que sospecho que muchos españoles no reconocerían como parte de su país (…) barrios pobres con condiciones mucho peores que un campamento de refugiados, sin agua corriente, electricidad ni saneamiento, donde los trabajadores inmigrantes llevan años viviendo sin ninguna mejora en su situación”
"España debería mirarse de cerca en el espejo y actuar. Lo que verá no es lo que desearía la mayoría de los españoles, ni lo que muchos responsables de formular políticas tenían planeado: una pobreza generalizada y un alto nivel de desempleo, una crisis de vivienda de proporciones inquietantes, un sistema de protección social completamente inadecuado que arrastra deliberadamente a un gran número de personas a la pobreza, un sistema educativo segregado y cada vez más anacrónico, un sistema fiscal que brinda muchos más beneficios a los ricos que a los pobres y una mentalidad burocrática profundamente arraigada en muchas partes del gobierno que valora los procedimientos formalistas por encima del bienestar de las personas”
"La palabra que he escuchado con mayor frecuencia en las últimas dos semanas es 'abandonados'"
“España le está fallando por completo a buena parte de su sociedad, aquella que vive en la pobreza, cuya situación ahora se encuentra entre las peores de la Unión Europea”
“Los grandes beneficiados son los ricos y las empresas que, pese a los beneficios, pagan menos impuestos que antes de la recesión”
“Hay dos Españas: una próspera y otra que tiene un porcentaje elevado de personas que están en el margen, tratando de sobrevivir”
“En lo económico, el país va bien, con un alto PIB y renta per cápita. En lo social, es diferente. España está al final o cerca de los que tienen peores indicadores dentro de la Unión Europea. La tasa AROPE es más alta que la media. La tasa de abandono escolar prematuro (jóvenes que dejan los estudios después de llegar a los 16 años) es el peor de la UE. La vivienda social sólo ocupa el 2% del presupuesto, cuando llega al 20% en el resto. La tasa de desigualdad se sitúa entre las peores. Las tasas de desempleo, particularmente la juvenil y de las mujeres, son las peores de Europa”
Las rentas mínimas: “buenas en principio, pero malas en la práctica”
“España tiene una de las comunidades de gitanos más grandes de la UE, casi la mitad de los cuales viven en la extrema pobreza. Las mujeres, los habitantes en zonas rurales, los inmigrantes, las trabajadoras domésticas y las personas con discapacidad están extremadamente desatendidas por las políticas actuales y se ven injustamente afectadas por la pobreza"
“Las personas trabajadoras rurales en la España vaciada reciben poca atención gubernamental y experimentan grandes historias de miseria”
“He visitado 16 Comunidades Autónomas, he hablado con una amplia cantidad de personas en pobreza, gitanos en chabolas, inmigrantes viviendo en las peores condiciones que he visto, y también he hablado con gente corriente, que están combatiendo la pobreza. Gente que está discerniendo entre comer o pagar la calefacción”
"A pesar de que España está prosperando económicamente, demasiadas personas siguen pasando apuros"
"La recuperación después de la recesión ha dejado a muchos atrás, con políticas económicas que benefician a las empresas y a los ricos, mientras que los grupos menos privilegiados han de lidiar con servicios públicos fragmentados que sufrieron serios recortes después de 2008 y nunca se restauraron"
"Los formuladores de políticas les han fallado en gran medida a las personas que viven en la pobreza, y los derechos sociales rara vez se toman en serio”
“Los más ricos tienen casas, pero las personas jóvenes deben permanecer en casa, con sus padres, hasta edades adultas”
“Las ventajas de quienes tienen contratos fijos y la precariedad extraordinaria de los demás que no los tienen es insostenible"
“España recauda menos y tiene menos para gastar, no lo hace de forma progresiva, lo cual afecta la redistribución”
“Las clases medias reciben más beneficios que los pobres. No debería ser así”
"Los niveles de pobreza existentes se deben a decisiones políticas de las últimas décadas”
“Los formuladores de políticas les han fallado en gran medida a las personas que viven en la pobreza, y los derechos sociales rara vez se toman en serio. La vivienda de bajo coste es casi inexistente y el sistema para brindar asistencia social está quebrado, es imposible de navegar y hace que las familias acaudaladas se beneficien más de las transferencias de efectivo que las familias pobres. Mientras tanto, las empresas están pagando la mitad de los impuestos que antes de la crisis a pesar de registrar fuertes beneficios”
"La pobreza es en última instancia una decisión política, y los Gobiernos pueden, si lo desean, optar por superarla"
“El único aspecto positivo en la situación es que el nuevo Gobierno de coalición está firmemente comprometido con lograr la justicia social, pero los desafíos son grandes” (Nueva Tribuna, 07/02/20)
31.1.20
El 48% de los trabajadores jóvenes españoles está infrautilizado en el mercado laboral
20.1.20
España, desde el año 2014, todavía no ha conseguido recuperar su nivel de empleo previo a la Gran Recesión.
"(...) España invirtió todo el periodo de 7 años comprendido entre 2007 y 2014 destruyendo empleo.
España, desde el año 2014, todavía no ha conseguido recuperar su nivel de empleo previo a la Gran Recesión." (El Captor, 14/01/20)
28.10.19
Uno de cada tres ocupados está sobrecualificado
23.10.19
Un tercio de las personas que sufren pobreza está trabajando... en España hay más personas pobres que tienen un empleo que en el paro... los indicadores socioeconómicos están estancados y no alcanzan los niveles anteriores a la crisis...
8.10.19
No tenemos Internet, ni coche, ni calefacción… la comunidad no la pagamos durante ocho meses… Compramos lo más barato, arroz, pasta… sin comer verdura ni carne porque está carísima. A mi mujer en su trabajo le dejan productos caducados... Me mato a currar para tener unos 200 ahorrados... Nosotros no vivimos, sobrevivimos… y sobrevivir, se pongan como se pongan no, no es vivir...
30.9.19
A esto se le llama salir de la crisis... con una clase media menguante... en la que un 20,3% de sus miembros admite dificultades para llegar a fin de mes... a cualquier cosa se le llama clase media
12.7.19
Manifiesto: Más de diez años después de iniciada la crisis se constatan las consecuencias de las políticas adoptadas: la renta media real es hoy en España la misma que hace 10 años, pero, mientras el 1% más rico ha aumentado su renta un 21%, el 40% más pobre ha perdido lo que los demás han ganado. Es hora de las políticas de cambio. Los intereses particulares de muchos grupos económicos y políticos no pueden ni deben parar los cambios del mercado de trabajo, del sistema fiscal y la regulación del mercado de la energía y de la vivienda que necesitamos...
- el mercado de trabajo,
- el sistema fiscal,
- y la regulación de los mercados, en particular, del mercado de la energía y de la vivienda.
- Si no se reduce drásticamente la precariedad del empleo, se estabiliza el mercado de trabajo y se restablece la vinculación de los salarios con la productividad no mejorará el reparto de la renta para los asalariados.
- Si no se aumentan la justicia fiscal y los gastos públicos garantizando que los más favorecidos, ciudadanos y empresas, paguen más de acuerdo con sus altos ingresos, no aumentará la redistribución, no se reforzará el bienestar de la mayoría de los ciudadanos porque los recursos seguirán sin alcanzar y no se reducirá la elevadísima e indigna desigualdad social.
- Y si no se abordan decididamente las reformas regulatorias que requieren los mercados, la transición energética y la vivienda –reforma del mercado de la electricidad; creación de parques públicos de viviendas en alquiler, entre otros- no se conseguirá el impulso económico, de inversión, de cambio de modelo productivo y de competitividad que España, y en particular su población más joven, necesita.
