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30.11.21

Según la Unión Europea... así dejó Rajoy el país... el que se encontró Pedro Sánchez

Carlos Cagigal @CcagigalNeira

 Lo que dijo la UE sobre España en su informe sobre "Recomendaciones para el Programa de Reformas 2019" analizando los años y políticas económicas aplicadas por el PP durante los años de expansión económica desde 2014:

2- "La eficacia de las prestaciones sociales -excluidas las pensiones— para reducir la pobreza continúa siendo una de las más bajas de la UE, especialmente en el caso de los menores...

3- ...El gasto social como porcentaje del PIB en España para los hogares con hijos es uno de los más bajos de la UE y no está bien orientado. Aunque la tendencia es positiva, existen aún deficiencias importantes en la cobertura de las personas con dependencia severa y moderada...

4- ...La ayuda al desempleo nacional está fragmentada, al existir múltiples regímenes orientados a diferentes grupos de demandantes de empleo..."

La propia UE sacó los colores a España e hizo una serie de recomendaciones que iban desde garantizar unos servicios sociales adecuados a las coberturas por desempleo. Para que la UE saque los colores a España por unos mediocres servicios sociales, ya sobran las palabras...

6- "Garantizar que los servicios sociales y de empleo sean capaces de proporcionar un apoyo efectivo. Favorecer la transición hacia los contratos indefinidos, en particular mediante la simplificación del sistema de incentivos a la contratación...

7- ...Mejorar el apoyo a las familias y resolver el problema de las deficiencias en la cobertura del sistema nacional de asistencia al desempleo y en los regímenes autonómicos de renta mínima".

8- La situación de la crisis financiera no sólo mejoró sino que empeoró con las políticas económicas que aplicó el PP y en los años de crecimiento no hizo lo más mínimo para que mejorarán. El informe en cuestión... https://eur-lex.europa.eu/legal-content/

Esto es lo que se encuentra en gobierno de coalición cuando próspera la moción y llega al gobierno... No hay que "consolidar" el estado del bienestar español porque, sencillamente, primero hay que "recuperarlo".

1:49 p. m. · 29 nov. 2021
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10.9.21

La generación de las dos crisis: la condena para los nacidos entre 1985 y 1994... el progreso generacional se acabó con ellos... en el sur de Europa... en Alemania, la generación de los nacidos entre 1985 y 1994 ha seguido mejorando su situación y está ahora en una posición financiera más cómoda que la generación precedente...

 "Es difícil que una generación se incorpore al mercado laboral sin sufrir una crisis. Lo que es más extraordinario es que se trate de una tan larga y profunda como la vivida entre 2008 y 2012. Eso solo ocurre una vez cada siglo. 

Si, además, se le une una segunda recesión, corta pero muy profunda, el resultado es que esa generación ha nacido condenada. Es lo que está sufriendo la generación de los jóvenes nacidos entre 1985 y 1994, cuya incorporación al mercado laboral está siendo una travesía por el desierto plagada de obstáculos.

Así lo pone de manifiesto un estudio elaborado por los investigadores Ariane Aumaitre y Jorge Galindo y publicado por EsadeEcPol y la Friedrich Naumann Foundation titulado 'La generación de la doble crisis: inseguridad económica y actitudes políticas en el sur de Europa'. Los autores analizan el impacto que ha supuesto la doble crisis económica para la generación de los nacidos entre 1985 y 1994 respecto a la generación de los 10 años anteriores. El estudio pone números a la dura realidad de los jóvenes: el progreso generacional se acabó con ellos o, al menos, se ha tomado un paréntesis. 

 Las crisis han impactado profundamente en el mercado laboral, pero los jóvenes han sido los claros perdedores. Según los últimos datos de la OCDE, la tasa de paro juvenil supera el 40% en España, casi el triple que la media de los países desarrollados, donde se sitúa en el 14%. El resultado es una profunda caída de los ingresos en comparación con la generación anterior, lo que afecta gravemente a su capacidad de ahorro y de acumulación de patrimonio. En definitiva, los jóvenes se han visto condenados a una situación de precariedad económica en un contexto en el que el precio de la vivienda se ha disparado, lo que ha provocado una segunda extracción de rentas hacia los propietarios de los inmuebles, que son las generaciones de adultos y jubilados.

 “La generación que nació entre 1985 y 1994 está teniendo el dudoso privilegio de ser la única en el último siglo que pasará por dos Grandes Recesiones en su periodo de formación e incorporación al mercado laboral”, escriben los autores del estudio, “los datos muestran menores tasas de emancipación, vivienda en propiedad, fertilidad o riqueza potencial”.

La brecha de ingresos entre las dos generaciones es muy acusada, especialmente en las franjas de edad que van desde la incorporación al mercado laboral hasta los 30 años. Durante todo ese periodo, los jóvenes de la generación de la crisis han ingresado entre 1.000 y 2.000 euros menos cada año (datos netos, descontados impuestos). Esta caída de la renta tiene una profunda incidencia sobre el patrimonio que acumulan los jóvenes. Solo por el efecto de la renta acumulada, cuando llegan a los 33 años la brecha de ingresos de las dos generaciones alcanza los 13.000 euros, una diferencia que supera el 16%.

 Esta brecha de renta acumulada tiene una gran incidencia sobre la capacidad de adquisición de activos por parte de los jóvenes, sobre todo en lo que se refiere al acceso a la vivienda. Si se tiene en cuenta la inflación del precio de los inmuebles y de los alquileres, estos 13.000 euros de diferencia se multiplican. Esto explica que los jóvenes tengan graves dificultades para acometer la compra de una vivienda y estén condenados al alquiler, en contraste con las generaciones anteriores que sí pudieron comprar. 

Esto significa que los jóvenes se han quedado al margen del proceso de revalorización de la vivienda que sí han vivido sus mayores, un dato que no se percibe en la brecha de ingresos, pero que afecta gravemente a su patrimonio acumulado, como ha puesto de manifiesto el Banco de España. No solo eso, los jóvenes condenados a vivir del alquiler han visto cómo los precios se disparaban en los últimos años, provocando una extracción de rentas hacia los propietarios.

Una cuestión muy importante que analizan los investigadores es la situación de los jóvenes en España en comparación con los vecinos europeos. Los datos muestran que la crisis ha afectado profundamente a los jóvenes de los países del sur, con un patrón muy similar en Portugal e Italia. Sin embargo, no ha sido igual en el norte del continente, con un análisis detallado en Alemania. 

En su caso, la generación de los nacidos entre 1985 y 1994 ha seguido mejorando su situación y está ahora en una posición financiera más cómoda que la generación precedente, lo que refleja la continuidad del progreso en el país. En concreto, su renta acumulada es casi 40.000 euros superior a la que tuvo la generación previa a la crisis. El resultado es que la renta acumulada de los jóvenes españoles es ya menos de la mitad que la de sus contemporáneos alemanes.

Esta posición favorable no solo responde a cómo Alemania superó mejor la grave crisis de 2008, también es consecuencia de las políticas públicas que han apostado por la protección de los jóvenes. En España, por el contrario, las rentas públicas se han centrado en los adultos y los pensionistas, abandonando por completo a los jóvenes, como han criticado en numerosas ocasiones los organismos internacionales. “Este patrón generacional es específico del sur de Europa”, señalan los autores, “en el resto de países la generación poscrisis supera en condiciones materiales las condiciones de vida de la generación anterior”. En resumen, es una mezcla de la mala calidad de sus mercados laborales y un abandono de las administraciones públicas hacia esa generación.

Las dificultades económicas que han pasado los jóvenes han terminado por contagiar a la percepción sobre las oportunidades. En los últimos años se ha generalizado expresiones como ‘la generación perdida’, o ‘la generación que vive peor que sus padres’. Los investigadores han analizado la percepción de las oportunidades de cada una de las dos generaciones y las diferencias por regiones y las conclusiones apuntan que la generación de las crisis es más pesimista respecto a sus posibilidades y con datos peores en el sur de Europa que en el centro del continente.

“La percepción de falta de igualdad de oportunidades, la insatisfacción con la democracia y las preferencias por mayor redistribución son mayores en los países del sur de Europa que en la referencia del centro continental”, escriben en el 'paper'. Los autores consideran que esta insatisfacción de los jóvenes está en la base de diversas corrientes políticas surgidas en los países del sur de Europa en la última década."                     (Javier G. Jorrín, El Confidencial, 10/12/20)

25.5.21

Antonio Maestre: nos merecemos una izquierda que recupere su razón de ser: ilustración, modernidad, soberanía y universalismo al servicio de la igualdad... para que no nos pase lo que vaticina Ana Iris Simón: "No habrá agenda 2030 ni plan 2050 si en 2021 no hay techo para placas solares porque no tenemos casas, ni niños que se conecten al wifi porque no tenemos hijos"

 "Este fin de semana una intervención en la Moncloa ha despertado gran atención en redes sociales. (...) 

 El discurso al que me refiero duró tan sólo algo más de cuatro minutos y se pronunció en el acto Pueblo con futuro organizado por el ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico. Quien lo pronunció fue la periodista y escritora Ana Iris Simón. (...)

Ana Iris habló de sus padres, de cómo la vida de una familia de clase trabajadora hace tres décadas podía ser más estable de lo que es hoy la existencia de cualquiera dentro de ese mismo estrato social. Continuó con el progreso truncado que para las siguientes generaciones significó la Gran Recesión de 2008, pero que ya había hundido sus raíces en la conversión de España como un país de la periferia europea, desindustrializado, que salvo la década de la gran borrachera del crédito fácil, había quedado reducido a los servicios y al turismo.

 "La aldea global arruinó la aldea real", se atrevió a sentenciar la escritora como una patada a la entrepierna de Fukuyama y la UE, para pasar a hablar de esa natalidad pospuesta por la escasez de seguridades, de la recuperación de una soberanía que pase, más que por lo rojigualdo, por el trabajo, la vivienda y la oposición a un "capitalismo global" que importa personas empobreciendo aún más a sus países de origen: "Mientras que les pedimos a los inmigrantes que paguen nuestras pensiones, no les estamos permitiendo pagar las de sus padres ni las de sus abuelos".

 "No habrá agenda 2030 ni plan 2050 si en 2021 no hay techo para placas solares porque no tenemos casas, ni niños que se conecten al wifi porque no tenemos hijos", finalizó Ana Iris, creando un silencio en el auditorio, como el que se hace cuando detrás del trueno sabemos de la tormenta y carecemos de refugio para evitar la inclemencia.

 Primer apunte importante: desconocemos cómo cayó en Moncloa el discurso, si nos atrevemos a aconsejar fervientemente a los allí presentes, entre los que se encontraba el presidente Sánchez, que tomen cumplida nota de las palabras de Ana Iris: justo se les votó para que reviertan la inercia neoliberal de estos diez últimos años. 

Aunque ahora cueste verlo este país cambió en la década convulsa, por eso hoy preside el consejo de ministros alguien a quien el sector involucionista de su partido trató de eliminar, por eso le acompaña en la tarea Unidas Podemos y por eso, probablemente, quien les dirigió estas palabras era una escritora de 29 años y no un intelectual de gesto circunspecto y palabra de las que permiten comer en Lhardy.  (...)

¿La respuesta al discurso de Ana Iris? Decepcionante a derecha e izquierda, los primeros por un incómodo oportunismo y los segundos por una ciega y pertinaz cobardía a admitir que el camino elegido no fue el acertado. (...)

Leer las respuestas al propio tuit de Ana Iris donde hacía pública su intervención, leer artículos y editoriales de la prensa liberal-conservadora era tan triste como grotesco. Lo único que la derecha parecía celebrar era que la escritora pronunció aquellas palabras delante de Sánchez, quedándose en el escenario pero olvidando el libreto. 

¿A qué diablos piensa la derecha que se refería a Ana Iris con su crítica al capitalismo global? Literalmente a su proyecto, a una sociedad impulsada en los últimos cuarenta años por sus padres fundadores, Reagan y Thatcher, que ha vaporizado la certeza, la producción e incluso los valores sustituyéndolos por indeterminación, especulación y una promiscuidad ética donde el único principio válido es la codicia.

 ¿A qué diablos piensa la derecha que se refiere Ana Iris cuando habla de seguridad vital? A derechos laborales, a sindicatos fuertes, a una vivienda que vuelva a su función, la de guarecernos, usurpada por rentistas y fondos buitres norteamericanos. 

A la familia, ni siquiera un tipo concreto de familia, que pueda desarrollarse sin el sobresalto permanente del despido, la carestía de lo cotidiano y los modelos individualistas emocionales que cambian compromiso y solidaridad por consumo de cuerpos y rechazo al cuidado. A un mundo que existió, antes de la plaga de langosta neoliberal, donde, a pesar de todos sus desastres y desigualdades, las finanzas eran aún un método y no un fin ensimismado donde todo se postra ante ellas.

Lo cierto es que quien les escribe espera ya muy poco de una derecha española, política, mediática y social, tan ensimismada en sus fantasías persecutorias de un gobierno "socialcomunista" que es incapaz de ver, incluso, cuando una roja, sin apellidos, les lanza una invectiva a ese punto al que están tan poco acostumbrados a enfrentar: el resultado de sus políticas de caos y postración ante los sacerdotes de Goldman Sachs, el BCE y Wall Street. 

Imbéciles ensimismados de nacionalismo españolista a los que les cuesta saber qué será de sus vidas en seis meses pero que votan encantados al trumpismo de Ayuso o al ultra-liberalismo de Espinosa de los Monteros, lo que en última instancia es Vox, a pesar de que de poner al portero de discoteca Abascal hablando de invasiones.

Pero, y aquí viene lo grave, si hay una postura triste, cobarde, patética y miserable es la de ese progresismo que ante el discurso de Ana Iris lo que ve es una amenaza y no una oportunidad, una de volver a pintar algo como fuerza política en Europa.

 Son los mismos torpes que llaman falangista a la escritora de Feria simplemente por expresar que la vida debería ser algo más que un triste devenir de ocupaciones sin sentido, los mismos que llamaron rojipardos a Julio Anguita, Manolo Monereo y Héctor Illueca -al actual director de la Inspección de Trabajo- por comentar en 2019 que la izquierda debería recuperar el concepto de soberanía, los mismos que machacaron a un tipo por escribir un libro donde se denunciaba que el progresismo había comprado del discurso neoliberal que asimila la diferencia y desigualdad. El berrinche viene de lejos, pero casi nadie se atreve a poner nombre a su causa: la ideología del progresismo liberal.

 Si Cayetana Álvarez de Toledo, por citar una, resulta risible cuando atribuye el identitarismo político que nos ahoga a una conspiración del marxismo cultural, no son menos fallidos los que atribuyen a la izquierda la responsabilidad de los problemas, obvios y claros, que Ana Iris denunciaba en su discurso. 

El progresismo liberal es, precisamente, la ideología que casi ha acabado con la izquierda, y que se replica desde hace dos décadas en partidos institucionales como el PSOE pero también sin duda en Unidas Podemos. En esas otras organizaciones extramuros, más por impericia que por deseo, que va desde los pequeños partidos rebotados de la aventura morada y municipalista hasta todo tipo de iniciativas activistas.

 Que impregna el feminismo y, en menor medida, hasta los sindicatos. Y que por supuesto se replica sin control en los medios de comunicación progresistas y en ese cuerpo social que se tiene a sí mismo por la izquierda. 

Lo notable es que en todas estas organizaciones, en todo este cuerpo social, hay mucha gente, incluidos algunos de sus dirigentes, que distan mucho del progresismo liberal, pero que parecen no acabar de enterarse, o no parecen atreverse, a señalar el problema que les perjudica. No se trata de buscar nada nuevo, cuando lo nuevo existió y se ha marchitado en un quinquenio, se trata de reconducir lo existente.

 Mientras que el progresismo liberal es una ideología de minorías y alteridades, la izquierda basa su fuerza en las mayorías trabajadoras. Mientras que unos se regocijan en la diversidad entendida como una competición de representaciones, la otra busca qué es lo que une a personas diferentes para buscar la igualdad. Mientras que una es relativista, la otra es universalista. 

Mientras que una se conforma con la políticas de lo simbólico la otra aspira a transformar la vulgaridad de lo real. Mientras que una ronronea con batallas culturales que siempre pierde, la otra entiende la cultura como el sustrato del poder. Mientras que una habla de privilegios y opresiones la otra atiende a lo concreto de la explotación. Mientras que una se pierde en justificaciones culturalistas acomplejadas, la otra busca el valor unificador del concepto de ciudadanía. Mientras que una está obsesionada con la narrativa, la otra se preocupa de los números. 

Mientras una busca el cambio en el individualismo de la revisión, la otra intenta la transformación de lo estructural y desde lo colectivo. Mientras que una habla de multitudes y del 99%, la otra entiende el potencial unificador de la realidad de clase. Mientras que el progresismo liberal es hoy mayoritario en casi todos los ámbitos de lo político, la izquierda ya sólo vale como nombre al que culpar de nuestras desgracias sin merecerlo.

Que Yolanda Díaz sea una de las ministras mejor valoradas del Gobierno, que Ana Iris venda edición tras edición, que los sindicatos estén volviendo a crecer en afiliación a lo mejor tiene que ver con que sus medidas, su discurso, su función apelan a problemas inmediatos, reales, reconocidos y masivos y no a una fantasiosa conspiración rojiparda, el último invento de un estéril progresismo liberal que, por mucha etiqueta de radical e independiente que se arrogue, no pasa de ser una ideología tan obsoleta como su contraparte derechista neoliberal.

 Lo hemos avisado muchas veces, pero es siempre más fácil matar al mensajero que reconocer que toda una carrera política, o activista, tan sólo se ha basado en una virtualidad ideológica producto del desconcierto, las prisas y cierto espíritu de venganza desarrollada a partir de 1991 de aquellos que siempre tuvieron que ponerle apellidos al socialismo. Ustedes verán: si no atienden el camino que les marca, a voces, la realidad, lo harán otros, los de ese populismo ultraderechista especialista en disfraces. Nos merecemos una vida mejor, pero para eso, antes, nos merecemos una izquierda que recupere su razón de ser: ilustración, modernidad, soberanía y universalismo al servicio de la igualdad."                 (Daniel Bernabé, Público, 24/05/21)

14.5.21

La década perdida de los jóvenes del 15M: retenidos en casa hasta los 29 con sueldos más bajos y contratos más precarios

 "Y cuando quedaban solo siete días para una nueva cita con las urnas a nivel autonómico, los cimientos de un nuevo movimiento social empezaron a levantarse en pleno corazón de Madrid. 

Era 15 de mayo de 2011, el año del aumento de la edad de jubilación, de la prima de riesgo por las nubes, de la reforma constitucional que blindaba el pago de la deuda. Miles de personas se habían dado cita en las calles de la capital en un inédito tsunami de protesta contra la clase política que terminó cristalizando en una suerte de Estado autogestionado en plena Puerta del Sol. A pesar de ser completamente transversal, el empuje de una juventud hastiada por la ausencia de expectativas de futuro fue clave.

 “Somos la generación más preparada y la menos valorada”, decían. Gritos de auxilio que, sin embargo, no han terminado traduciéndose en una mejora sustancial de sus condiciones de vida. Ahora, diez años después de aquel 15M, hacen frente a un mercado laboral todavía más precario –inestabilidad y sueldos bajos– que imposibilita cualquier proyecto vital a largo plazo.

Solo un mes antes de la toma masiva de las plazas en un contexto de históricos recortes sociales, los jóvenes se encargaron de poner la semilla del cambio. Lo hicieron agrupados alrededor de la plataforma Juventud Sin Futuro. Y con un lema claro y conciso –“Sin curro, sin casa, sin pensión”– que reflejaba a la perfección la dramática situación a la que se enfrentaba la población de menor edad. 

Por aquel entonces, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de paro de los menores de 25 años se situaba por encima del 40%, llegando al 65,3% entre los que tenían entre 16 y 19 años. Algo mejor se encontraban en las franjas superiores. De los 25 a los 29 años, esta cifra se situaba en el 26,66%, mientras que entre la población de entre 30 y 34 años era del 21,13%. Atrás había quedado ya aquel mínimo histórico del 17% que se registró en el tercer trimestre de 2006. En apenas un lustro, el desempleo de la juventud se había triplicado, situando a España como el país de la Unión Europea con más jóvenes sin empleo.

Ahora, una década después de que las pancartas y las tiendas de campaña alterasen por completo la estampa tradicional del kilómetro cero, las cifras están ligeramente mejor que entonces. Un 58,23% de los jóvenes de entre 16 y 19 años estaban en el primer trimestre de este año en el paro, frente al 36,52% de la población que se movía entre los 20 y los 24 años. Por encima de los 25 años, la tasa se situaba por debajo del 25%. No obstante, los datos todavía siguen siendo realmente preocupantes. Sobre todo, si se comparan con los del resto de países de nuestro entorno.

 España cerró 2020 con un 40,7% de menores de 25 años en situación de desempleo, más de veinte puntos por encima de la media de la Unión Europea –16,9%–, la cifra más elevada de todas las registradas por Eurostat. En Alemania, la tasa se encontraba en el 6,3%. En Francia, en el 18,1%. Y en Italia o Portugal, en el 29,7% y 23,7%, respectivamente.

 A esto se le suma, además, una precarización progresiva pero imparable del mercado de trabajo a lo largo de la última década. La inestabilidad laboral se ha adueñado por completo de la vida de unos jóvenes forzados a elegir entre el paro o la precariedad. En el primer trimestre de 2011, el 54,82% de los asalariados menores de 30 años tenían un contrato indefinido, frente al 51% que el Consejo de la Juventud de España cifraba en su último informe, el relativo al primer semestre de 2020

 La disminución se ha producido por igual tanto en los menores de 25 como en la población que se mueve entre los 25 y los 29 años. Sólo la franja de entre 30 y 34 ha mejorado ligeramente en este sentido, pasando del 71,4% de hace una década al 72% de los primeros seis meses del año de la pandemia, que se ha convertido en el nuevo lastre para una generación perdida.

 Cada vez más jóvenes tratan de sobrevivir con contratos temporales. De hecho, en España la tasa de temporalidad entre los menores de treinta se sitúa por encima de la media de la Eurozona y de países como Alemania, Francia, Italia o Reino Unido. Y lo lleva haciendo desde antes incluso de que estallara la Gran Recesión, tal y como ponía de manifiesto hace algunas semanas el Banco de España en su reciente informe La crisis del covid-19 y su impacto sobre las condiciones económicas de las generaciones jóvenes

En el primer semestre de 2020, además, más de tres de cada diez contratos temporales –34,9%– tenían una duración inferior a un año, frente al 17,8% que se prolongarían durante doce meses o más, según los datos del organismo autónomo en el que están representadas las entidades juveniles de todo el Estado y los diferentes Consejos de la Juventud autonómicos. (...)

La juventud sigue, a día de hoy, “sin curro”. Pero también “sin casa”. Principalmente, porque los precios son prohibitivos. Actualmente, los asalariados menores de treinta años tienen que dedicar entre un 52,2% y un 75,6% de su sueldo de media para acceder a una vivienda libre en propiedad con financiación hipotecaria. En 2010, esa cifra se situaba en los 51,1% para los trabajadores con entre 25 y 29 años y el 68,1% para los menores de 25 años. Solo ha mejorado ligeramente la situación para el rango de edad comprendido entre los 30 y los 34 años: han pasado de tener que dedicar un 44,4% a un 43%. 

A pesar de ello, las cifras están muy lejos de ese 30-35% de máximo que recomiendan los expertos para comprar una vivienda evitando el sobreendeudamiento. Con ese indicador en mente, el precio máximo tolerable de compra de un trabajador menor de treinta en el primer semestre de 2020 se movía entre los 63.861 euros y los 92.610 euros, frente a un precio medio de la vivienda libre situado en los 161.010 euros. Hace una década, ese mismo dato oscilaba entre los 78.265 euros y los 104.282 euros. (...)"                 (Álvaro Sánchez Castrillo, InfoLibre, 13/05/21)

8.4.20

España forma parte del “régimen desigualitario neopropietarista mundial”, en expresión de Piketty, cuya principal característica es la fortísima concentración de la propiedad privada

"(...) El resultado final es la polarización creciente de la distribución de la riqueza en los hogares españoles, que confirma la sexta EFF del Banco de España y ha sido denunciada recientemente por Philip Alston, relator especial sobre la pobreza extrema y los derechos humanos de Naciones Unidas: 

“Hay dos Españas muy distintas… junto a una España próspera, otra que está al borde de sobrevivir, con unos niveles de pobreza que reflejan una opción política que se ha diseñado en los últimos años. Entre 2007 y 2017 los ingresos del 1% aumentaron el 24% mientras los de quienes estaban por debajo del 90% crecieron un 2%… Es estado español optó por recaudar un 5% menos en ingresos fiscales, mucho menos que cualquier otro gobierno europeo, por lo que ha tenido menos fondos para destinar a la protección social, y eso es una opción política. Y también lo es el recorte del impuesto a las empresas y a las fortunas más ricas, en contraste con el fracaso de los ingresos mínimos y la escasa disponibilidad de planes de protección social” (Conferencia de prensa del 7 de febrero de 2020).

 A la vista de esta evolución, resulta inevitable cuestionar el modelo social, económico y político que mantiene y amplia tan grandes desigualdades.

En perspectiva histórica, nuestro país formaría parte del “régimen desigualitario neopropietarista mundial”, en expresión de Piketty, cuya principal característica es la fortísima concentración de la propiedad privada: “el fuerte aumento de la riqueza privada en manos del 10 por ciento más rico de la población implica que la parte correspondiente al resto de la población se ha desmoronado, de manera gradual e inquietante. 

La distribución de la propiedad es una cuestión crucial en el siglo XXI, susceptible de minar la confianza que las clases medias y populares han depositado en el sistema económico, tanto en los países ricos como en los pobres y en los emergentes”. [22] 

 Las decisiones de política económica –europeas y españolas- reman a favor de las grandes empresas y mercados de deuda transnacionales, dando lugar a la paradoja planteada por Alfonso Ortí de que las instituciones democráticas se han convertido en “la forma suprema de legitimidad de esas políticas (excluyentes)”                                       (Carlos Pereda, Barómetro Social de España, 05/03/20)

24.2.20

La recuperación económica tras la crisis de 2008 ha dejado a la mitad de la población por el camino, y un cuarto en situación de exclusión residencial por una crisis de vivienda “de proporciones asombrosas”... la pobreza es una elección política y en España se ha decidido mirar para otro lado...

"La recuperación económica tras la crisis de 2008 ha dejado a la mitad de la población por el camino. Esta es la conclusión, demoledora, de la visita a España de Philip Alston, el relator de la ONU para la pobreza y los derechos humanos.

 El experto, que recorrió el país durante dos semanas, apunta sin tapujos a la responsabilidad de los sucesivos gobiernos –centrales y autonómicos– en esta situación: la pobreza es una elección política y en España, la cuarta económica de la Unión Europea, se ha decidido mirar para otro lado. 

O, al menos, no se ha hecho el más mínimo esfuerzo en lo que a compromisos reales a se refiere. Según Alston, los sucesivos planes, objetivos, estrategias y programas sociales que se han puesto en marcha en el país se han ido acumulando en las instituciones sin resultados destacables. En la mayoría de los casos, apunta, las medidas han quedado en poco más que papel mojado y han empujado a España al fondo de la UE en muchos indicadores sociales.

Los datos, contextualizados en un informe de la ONU con experiencias de protagonistas, no hacen más que corroborar el abandono estructural de la mayoría de los pilares del Estado del bienestar. Como consecuencia, un cuarto de la población y casi un 30% de los niños está en riesgo de pobreza y exclusión; la tasa de paro dobla la media comunitaria; y más de la mitad de las personas tienen problemas para llegar a fin de mes. 

Incluso en un ámbito que sigue dejando buenos resultados en los indicadores internacionales, como la Sanidad, los problemas se reproducen o mantienen. Así, y pese a la reforma legislativa de 2018, el informe señala que siguen registrándose casos de exclusión sanitaria, así como dificultades de acceso a servicios básicos por parte la población más vulnerable.  (...)

Por otro lado, el informe hace especial hincapié en la gravísima crisis de vivienda –“de proporciones asombrosas”– que atraviesa el país, con un cuarto de la población en situación de exclusión residencial. Aquí, el relator de la ONU vuelve a sacar los colores a los responsables públicos: se muestra impactado por lo poco que se ha hecho para proteger el acceso a la vivienda, por la permisividad con los fondos buitre o por el desajuste profundo entre las necesidades de la población y las respuestas políticas que se están planteado.

El informe de la ONU recuerda que problemas extendidos durante años, como los desahucios y la pobreza energética, se han unido a la alarmante situación del alquiler, donde los precios se han disparado un 50% entre 2013 y 2019. Casi 4 de cada 10 inquilinos paga sobrecostes, mientras que el parque de vivienda pública es prácticamente inexistente.

Frente a este abandono de los servicios y las políticas públicas, el relator de la ONU alerta sobre cómo los años de crecimiento económico y recuperación se han dirigido, casi en exclusiva, a la parte más alta de la sociedad, dejando a los colectivos más vulnerables de lado: entre 2007 y 2017, los ingresos del 1% de población más rica crecieron un 24%, mientras que los del grueso de la población lo hicieron por debajo del 2%. En el caso de los ingresos fiscales por impuestos empresariales, estos cayeron a la mitad entre el inicio de la crisis y 2019, pese a que las ganancias de las compañías se han recuperado en gran medida. 

Esto, resume Alston, no es más que el reflejo de un sistema que no está diseñado para maximizar la ayuda a las personas con dificultades –el impacto de las transferencias sociales en la reducción de la pobreza es el sexto más bajo de la Unión Europea– y donde la presión y progresividad fiscal destaca por encontrarse muy por debajo de la media europea. 

En última instancia, el responsable de la ONU se muestra sorprendido por el importante trabajo que realiza el tercer sector y por el negacionismo de varios responsables públicos sobre la situación."                  (CTXT, 09/02/20)

17.2.20

Las familias en quiebra duplican las cifras de la crisis

"El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado su Estadística del Procedimiento Concursal (EPC) para el cierre de 2019. Las cifras muestran un preocupante ascenso en el número de personas físicas y empresas que se han declarado en quiebra y han entrado en concurso de acreedores. 

El número de deudores concursados alcanzó en el cuarto trimestre de 2019 la cifra de 1.979, un 14,6% superior respecto al mismo periodo del año anterior. En total, en 2019, el número de deudores concursados aumentó un 3,1%.

De esa cifra, 1.280 corresponden a empresas concursadas en el último trimestre.(...)

 Pero, sin duda, la cifra más preocupante es la de las familias. El último trimestre del año, las quiebras de las familias aumentaron un 66% hasta alcanzar las 699, lo que supone un aumento de un 3,3% respecto al 2018. En total, durante este último año quebraron 2.135 familias. Este incremento muestra una tendencia preocupante al ser el cuarto año consecutivo, llegando a más del doble de las peores cifras de la crisis: las 976 personas físicas que se declararon insolventes en 2012. (...)"         (Yago Álvarez, El Salto, 06/02/20)

13.2.20

España debería mirarse de cerca en el espejo y actuar. Lo que verá no es lo que desearía la mayoría de los españoles: una pobreza generalizada y un alto nivel de desempleo, una crisis de vivienda de proporciones inquietantes, un sistema de protección social completamente inadecuado que arrastra deliberadamente a un gran número de personas a la pobreza, un sistema educativo segregado y cada vez más anacrónico, un sistema fiscal que brinda muchos más beneficios a los ricos que a los pobres y una mentalidad burocrática profundamente arraigada en muchas partes del gobierno que valora los procedimientos formalistas por encima del bienestar de las personas...

"Las frases del relator de la ONU que deberían hacernos sonrojar (...)
"He visitado lugares que sospecho que muchos españoles no reconocerían como parte de su país (…) barrios pobres con condiciones mucho peores que un campamento de refugiados, sin agua corriente, electricidad ni saneamiento, donde los trabajadores inmigrantes llevan años viviendo sin ninguna mejora en su situación”
"España debería mirarse de cerca en el espejo y actuar. Lo que verá no es lo que desearía la mayoría de los españoles, ni lo que muchos responsables de formular políticas tenían planeado: una pobreza generalizada y un alto nivel de desempleo, una crisis de vivienda de proporciones inquietantes, un sistema de protección social completamente inadecuado que arrastra deliberadamente a un gran número de personas a la pobreza, un sistema educativo segregado y cada vez más anacrónico, un sistema fiscal que brinda muchos más beneficios a los ricos que a los pobres y una mentalidad burocrática profundamente arraigada en muchas partes del gobierno que valora los procedimientos formalistas por encima del bienestar de las personas”
"La palabra que he escuchado con mayor frecuencia en las últimas dos semanas es 'abandonados'"
“España le está fallando por completo a buena parte de su sociedad, aquella que vive en la pobreza, cuya situación ahora se encuentra entre las peores de la Unión Europea”
“Los grandes beneficiados son los ricos y las empresas que, pese a los beneficios, pagan menos impuestos que antes de la recesión”
“Hay dos Españas: una próspera y otra que tiene un porcentaje elevado de personas que están en el margen, tratando de sobrevivir”
“En lo económico, el país va bien, con un alto PIB y renta per cápita. En lo social, es diferente. España está al final o cerca de los que tienen peores indicadores dentro de la Unión Europea. La tasa AROPE es más alta que la media. La tasa de abandono escolar prematuro (jóvenes que dejan los estudios después de llegar a los 16 años) es el peor de la UE. La vivienda social sólo ocupa el 2% del presupuesto, cuando llega al 20% en el resto. La tasa de desigualdad se sitúa entre las peores. Las tasas de desempleo, particularmente la juvenil y de las mujeres, son las peores de Europa”
Las rentas mínimas: “buenas en principio, pero malas en la práctica”
“España tiene una de las comunidades de gitanos más grandes de la UE, casi la mitad de los cuales viven en la extrema pobreza. Las mujeres, los habitantes en zonas rurales, los inmigrantes, las trabajadoras domésticas y las personas con discapacidad están extremadamente desatendidas por las políticas actuales y se ven injustamente afectadas por la pobreza"
“Las personas trabajadoras rurales en la España vaciada reciben poca atención gubernamental y experimentan grandes historias de miseria”
“He visitado 16 Comunidades Autónomas, he hablado con una amplia cantidad de personas en pobreza, gitanos en chabolas, inmigrantes viviendo en las peores condiciones que he visto, y también he hablado con gente corriente, que están combatiendo la pobreza. Gente que está discerniendo entre comer o pagar la calefacción”
"A pesar de que España está prosperando económicamente, demasiadas personas siguen pasando apuros"
"La recuperación después de la recesión ha dejado a muchos atrás, con políticas económicas que benefician a las empresas y a los ricos, mientras que los grupos menos privilegiados han de lidiar con servicios públicos fragmentados que sufrieron serios recortes después de 2008 y nunca se restauraron"
"Los formuladores de políticas les han fallado en gran medida a las personas que viven en la pobreza, y los derechos sociales rara vez se toman en serio”
“Los más ricos tienen casas, pero las personas jóvenes deben permanecer en casa, con sus padres, hasta edades adultas”
“Las ventajas de quienes tienen contratos fijos y la precariedad extraordinaria de los demás que no los tienen es insostenible"
“España recauda menos y tiene menos para gastar, no lo hace de forma progresiva, lo cual afecta la redistribución”
“Las clases medias reciben más beneficios que los pobres. No debería ser así”
"Los niveles de pobreza existentes se deben a decisiones políticas de las últimas décadas”
“Los formuladores de políticas les han fallado en gran medida a las personas que viven en la pobreza, y los derechos sociales rara vez se toman en serio. La vivienda de bajo coste es casi inexistente y el sistema para brindar asistencia social está quebrado, es imposible de navegar y hace que las familias acaudaladas se beneficien más de las transferencias de efectivo que las familias pobres. Mientras tanto, las empresas están pagando la mitad de los impuestos que antes de la crisis a pesar de registrar fuertes beneficios”
"La pobreza es en última instancia una decisión política, y los Gobiernos pueden, si lo desean, optar por superarla"
“El único aspecto positivo en la situación es que el nuevo Gobierno de coalición está firmemente comprometido con lograr la justicia social, pero los desafíos son grandes”    (Nueva Tribuna, 07/02/20)

31.1.20

El 48% de los trabajadores jóvenes españoles está infrautilizado en el mercado laboral

"Las consecuencias de la Gran Recesión y larga crisis todavía se notan en los mercados laborales de bastantes países. 

En España, por ejemplo, se observa en detalles como la alta tasa de paro, todavía está rondando el 14% o en la infrautilización de la mano de obra, que afectaría al 23% de los trabajadores, unos 5,4 millones en el tercer trimestre de 2019.  

Este último fenómeno todavía afecta mucho más a los jóvenes, ya que el porcentaje se dispara y alcanza el 48%, según calcula la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su Informe de perspectivas sociales y económicas para el empleo de este año.

Para calcular a cuanta gente afecta esa "subutilización de la fuerza de trabajo", la OIT tiene en cuenta a los desocupados, a los que teniendo un empleo a tiempo parcial desean jornadas completas o a los desanimados que han desistido de buscar un puesto de trabajo, pero están dispuestos a volver al mercado laboral en cualquier momento. Cuando se tiene a todos estos colectivos en cuenta, la crisis todavía deja una herida abierta que en la Unión Europea afectaría al 14% de todos los trabajadores y al 28% de los jóvenes, cifras sensiblemente más bajas que las españolas.

Los números de la OIT, que presenta este informe justo un día antes de que comienza el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) y al mismo tiempo que el FMI presenta su actualización de previsiones de crecimiento, dicen que ese colectivo de mano de obra infrautilizada en todo el mundo alcanzaría a 470 millones de personas, o lo que es lo mismo, el 27% de la mano de obra. "Para millones de personas corrientes, es cada vez más difícil construir vidas mejores gracias al trabajo", señala Guy Ryder, director general de la OIT, en el comunicado que acompaña al informe.

Esta situación "afecta principalmente a las mujeres", añade el representante en España de esta organización internacional, (...)"               (Manuel V. Gómez, El País, 21/01/20)

20.1.20

España, desde el año 2014, todavía no ha conseguido recuperar su nivel de empleo previo a la Gran Recesión.



"(...) España invirtió todo el periodo de 7 años comprendido entre 2007 y 2014 destruyendo empleo.

España, desde el año 2014, todavía no ha conseguido recuperar su nivel de empleo previo a la Gran Recesión."        (El Captor, 14/01/20)    

28.10.19

Uno de cada tres ocupados está sobrecualificado

"Uno de cada tres personas con empleo tiene una formación que supera las necesidades de su puesto de trabajo, concretamente, el 36,3%, según un estudio de Asempleo, que se basa en las cifras del INE. Esta sobrecualificación es mayor entre mujeres, donde el porcentaje llega al 41%, que entre hombres.

Estos datos del segundo trimestre de 2019 son más bajos, explica la patronal de las agencias de colocación, que en periodos anteriores porque el INE ha realizado un cambio metodológico tras la modificación de los niveles de formación hechos por la UE. Con los criterios antiguos, la sobrecualificación alcanzaría el 54,1%.

Apunta Asempleo que esta situación trae "una doble ineficiencia del mercado laboral, por una parte no utiliza todo el potencial de sus recursos y, por otra, parece expulsar a aquellos individuos formados para el puesto de trabajo". Según su cálculo, el 15,3% de los ocupados tienen un nivel formativo alto y están en un puesto que requiere una cualificación media.

Asimismo, el estudio revela que, aunque la construcción ha presentado en los últimos cinco años el mayor aumento del empleo, existe un problema de infracualificación en este sector, ya que el 48,5% de sus ocupados está infracualificado, "probablemente como consecuencia de los estragos causados por la crisis". (...)"                (El País, 22/10/19)

23.10.19

Un tercio de las personas que sufren pobreza está trabajando... en España hay más personas pobres que tienen un empleo que en el paro... los indicadores socioeconómicos están estancados y no alcanzan los niveles anteriores a la crisis...

"El crecimiento económico, por sí solo, no asegura una reducción de la pobreza. Tanto es así que en España este indicador parece inmune al aumento continuado del PIB. Algo parecido se podría decir, también, de las tasas de empleo, tal y como se recoge en el último informe publicado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN). Según los datos recopilados por la plataforma, un tercio de las personas mayores de 15 años que sufre pobreza en nuestro país está trabajando.

Ya de por sí alarmantes, estas cifras son aún más chocantes al comprobarse que este porcentaje es incluso mayor que el de personas adultas que están en esta situación y se enfrentan al desempleo. En este caso, la tasa asciende al 26,4%. Es decir, entre las personas que viven en la pobreza en España y que están activas, hay más trabajando que en paro.


Según el estudio de la plataforma europea, un extenso repaso a la situación del país a través de los principales indicadores sociales  –entre otros, la tasa AROPE o la privación material severa–, el desempleo ya no se puede considerar un elemento definitorio de la pobreza en España. Por el contrario, el perfil de las personas que atraviesan estas situaciones es en muchos casos el de población de clase media con estudios: cerca del 23% de las personas que está en riesgo de pobreza cuentan con estudios de bachillerato, mientras que entro los que tienen algún título de educación superior el porcentaje asciende al 13,4%.  (...)

Recientemente, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) también ha apuntado a las importantes disfunciones en materia socioeconómica que atraviesa el mercado de trabajo en España, donde cerca del 13% de las personas con empleo vive por debajo del umbral de la pobreza. A nivel europeo, este ratio solo es superado por dos países, Grecia y Rumanía.

Además de ello, EAPN señala que durante los últimos cuatro años, entre 2014 y 2018, apenas se ha registrado ninguna variación en este indicador. Este estancamiento de la pobreza laboral responde según la plataforma, a circunstancias como “el aumento de la población ocupada a tiempo parcial, la reducción del valor del trabajo y la reducción en el tiempo de duración de los contratos”.

En última instancia, 1 de cada 10 personas menores de 60 años –cerca de 3,7 millones de habitantes– sigue viviendo en hogares con baja intensidad de empleo. Y pese a que la tasa se ha reducido considerablemente durante los últimos años, todavía es 4 puntos más alta que la que se registro hace una década, lo que nos sitúa como el cuarto país de Europa con peor desempeño en este ámbito y como el segundo donde más creció el indicador.  (...)"                    (CTXT, 22/10/19)

8.10.19

No tenemos Internet, ni coche, ni calefacción… la comunidad no la pagamos durante ocho meses… Compramos lo más barato, arroz, pasta… sin comer verdura ni carne porque está carísima. A mi mujer en su trabajo le dejan productos caducados... Me mato a currar para tener unos 200 ahorrados... Nosotros no vivimos, sobrevivimos… y sobrevivir, se pongan como se pongan no, no es vivir...

"(...) Francisco vive en Madrid, trabaja para una subcontrata como transportista de arte en el Palacio Real y cobra el SMI. Ni un euro más. Su salario neto mensual se queda en unos 960 euros, es decir, 1.050 euros en 12 pagas. Actualmente vive en un piso de 50 m2 y paga 550 euros por un cuarto sin ascensor en un barrio muy humilde.

“Es muy complicado. Yo vivo con mi novia y hemos tenido que tirar del dinero que teníamos ahorrado. El día que nos suban el alquiler del piso no sé cómo vamos a vivir”.
En el caso de Jesús, él es padre de familia, licenciado en Derecho y familiar de un personaje político muy conocido de este país. Su mujer cobra 850 euros al mes trabajando en un supermercado y él ha cobrado el salario mínimo durante un año y ahora se encuentra en paro.

“No tenemos Internet en casa, no tenemos coche, no tenemos calefacción, ni aire acondicionado… la comunidad no la pagamos durante ocho meses y cuando cobramos la extra pagamos todo…”, explica sobre la situación de su familia.

“Los libros del niño son todos prestados y usa la ropa de sus primas cuando se les queda pequeña. Compramos lo más barato para comer; arroz, pasta… sin comer verdura ni carne porque está carísima. Mi mujer tiene suerte porque en su trabajo le dejan algunos productos caducados que se puede traer y con eso cubrimos algunos días… eso te puedo contar”.

Para hablar de Rubén tenemos que irnos hasta Sevilla. Este joven trabaja como informático y cobra 900 euros al mes. Vive con su madre (parada) y su hermana de 18 años y con ese salario tiene que alimentar tres bocas y pagar todos los gastos del hogar.


“Todo el dinero que entra se lo traga la casa y la nevera. No te puedes permitir nada. Tengo algo más de 25 años y no he podido pagarme ni el carné de conducir. Compramos todo de marca blanca porque no podemos comprar otra cosa, y cuando sufrimos cualquier imprevisto es un problema porque nos cruje todo el mes. No podemos tener ningún capricho. Para que te hagas una idea, me he comprado una entrada para un festival y he tardado un año entero en poder pagármela”.

Beatriz trabaja en Barcelona, estudió filología y ahora trabaja para una empresa de abogados como administrativa. Cobra 968 euros al mes y paga 380 euros por una habitación a las afueras de la capital. “Entre lo que tengo que pagar de transporte, la habitación, la comida y cualquier imprevisto que se produce es muy difícil ahorrar. Además, sólo me puedo permitir esta habitación que tiene humedades y debo tener abierta la ventana todo el día. Con el dinero que tengo no me da para más”.
 
Vivir en una ciudad más pequeña tampoco te garantiza nada si ganas el SMI. Teresa vive en Castilla y León y trabaja en un bazar chino. Comenzó trabajando 39 horas a la semana, aunque sólo cotizaba 24 horas, por 600 euros al mes. Al cabo de un tiempo le aumentaron las horas a 55 horas a la semana de lunes a sábado, aunque en el contrato dejaban constancia de que era de 36 horas, entonces empezó a cobrar 850 euros al mes. Ahora ya ha conseguido cobrar el SMI.

“Vivo con mi pareja. Ambos aportamos 500 euros al mes para pagar alquiler, comida, Internet, calefacción, agua, basuras, productos de limpieza… Con los 400 euros que me quedan tengo que pagar el dentista, cualquier cosa que se estropee, tengo que ir a visitar a mi familia, pagarme la vida… Me mato a currar para tener apenas unos 200 ahorrados”, explica.

“En mi caso no podríamos vivir si no fuese gracias a mis padres”, comienza Rosa. Ella vive en Málaga con su familia. “Mi marido y yo somos camareros, lo que quiere decir que trabajamos muchas horas. Yo gano 900 euros y 50 euros de propinas, él no llega a los 1.000 euros al mes. Si lo piensas, podríamos vivir más o menos con esos salarios, pero somos cinco en casa, nosotros y nuestros tres hijos”, argumenta.

“Pagamos casi más de 700 euros en alquiler y a eso hay que sumar los gastos propios del hogar… Somos cinco bocas que tienen que comer, libros del cole, ropa…. No podemos vivir así y mi madre tiene que ayudarnos con 300 euros al mes”.

El caso de Alba no es exactamente así, ella cobra 1.500 euros, pero tiene que estar en dos trabajos. “Estaba trabajando como teleoperadora cobrando el SMI y me llamaron de un estudio de sonido para trabajar por 500 euros al mes a media jornada. Como había estudiado producción audiovisual dije que sí y ahora estoy trabajando en los dos sitios. Con ese dinero te da para vivir, pero a cambio dejas de tener vida”.

Como ellos, Mario, Paloma, Virginia, Sara, Miguel y Julia viven ganando unos 900 euros mensuales. Muchos de ellos con hijos, sin permitirse salir un sábado, ayudados por su familia y con una conclusión común: “Nosotros no vivimos, nosotros sobrevivimos… y sobrevivir, se pongan como se pongan no, no es vivir”. (...)"                     (Alejandra de la fuente, Público, 03/10/19)

30.9.19

A esto se le llama salir de la crisis... con una clase media menguante... en la que un 20,3% de sus miembros admite dificultades para llegar a fin de mes... a cualquier cosa se le llama clase media

"Los ingresos de David Lojo han evolucionado en los últimos años como una montaña rusa: bajar mucho y no subir tanto. Extransportista autónomo con la esperanza de volver a serlo, pasó por el desempleo y desde julio trabaja otra vez, ahora como mozo de almacén en una gran compañía de comercio electrónico. 

Ya no cobra tanto como antes, pero se ha recuperado y ha reingresado en las filas de la clase media, según la definición que utiliza la OCDE: tener un salario situado entre el 75% y el 200% de la mediana (el salario más habitual) del país. En España, con los últimos datos del INE, de 2017, eso supone tener unos ingresos anuales de entre 13.573 euros y 36.195 euros.

Ese punto salarial de partida sorprende, por bajo, a Lojo, que aún entiende la clase media como un grupo de gente con una determinada fortaleza financiera. “Yo diría que ahora mismo no soy clase media, pero bueno”, concede contrariado. Sin embargo, su imagen concuerda más de lo que él cree con lo que ha sido la evolución de los integrantes de ese grupo socioeconómico en el que sus padres soñaban que ingresara.

Según un reciente informe elaborado por CaixaBank Research, el 20,3% de los miembros de la clase media admitían dificultades para llegar a fin de mes. O un 28,6% confesaba que sería difícil afrontar un imprevisto. Y el 79% de los middle-class tiene una vivienda de propiedad (menos de la mitad con la hipoteca todavía viva). Lojo asume todos esos posibles escenarios como propios. En el último año ha tenido que hacer uso del plan de pensiones que había ido acumulando durante los últimos 15 años, además de ayudas económicas que ha recibido de compañeros y familiares, que ahora tiene que “devolver”.

“En este tiempo hemos renunciado a muchas cosas. Desde que mi hijo fuera al terapeuta para tratar la dislexia, que se ha reflejado en sus estudios, hasta renunciar a ir de cena, o a salir los fines de semana a hacer una excursión”, explica Lojo sobre los esfuerzos que ha tenido que hacer en los últimos años. Incluso recuerda un kart que le compraron a su hijo mayor hace cuatro años y que ahora ocupa, sin uso, parte del taller de su suegro. Unas renuncias que reflejan el cambio de una época personal. Y social.

El origen de sus problemas llegó cuando la empresa en la que trabajaba fue reclamando más horas de trabajo por el mismo salario. “A mí me gustaba, pero al final acabé trabajando desde las 6.30 de la madrugada hasta las nueve de la noche”, explica. “Como trabajaba más, los gastos crecían: más gasolina, más mantenimiento, cambio de ruedas... y además nos quitaron algunos complementos”. Explica que la empresa, de transporte farmacéutico, dio un paso más cuando le pidió que adaptara su furgoneta para transportar productos frescos, lo que suponía un coste adicional de 10.000 euros “que no tenía”. 

Tras sus protestas lo despidieron —ha estado durante meses apostado a las puertas de la empresa—, pero la falta de ingresos hizo que empezara a buscar un empleo alternativo que estrenó en julio pasado. “Estoy viendo la luz, que entre de nuevo dinero te vuelve a ilusionar y piensas en hacer cosas otra vez”, dice, a la espera de una sentencia que anule su despido.

Lojo vuelve a salir en esa gran fotografía que es la clase media, una imagen cada vez más reducida y desgastada de la sociedad española. No solo antiguos miembros han sido expulsados hacia estratos inferiores, sino que las desigualdades en su interior muestran cada vez compartimentos más estancos entre los miembros de la subclase media-baja y los de la media-alta, mientras crece la percepción de que las clases altas cada vez están más lejos. (...)

Para Josep Mestres, economista del servicio de estudios del banco, el problema real ha llegado porque los ingresos han crecido menos que el coste de la vida. Por un lado, el conocido problema de la vivienda, cuyo encarecimiento ha provocado que represente el 32,8% de los ingresos, 8,4 puntos porcentuales más que dos décadas antes. “Además de la vivienda, la clase media ha incrementado su gasto en servicios como la salud. Y, en cambio, ha reducido las partidas de gasto en áreas como la comida y la ropa”, dice Mestres (...)

“Hay un problema sobre cómo se define quién integra ese grupo y cómo se mide. Es absurdo decir que alguien es clase media y decir que no se llega a final de mes. Eso, simplemente, quiere decir que no es clase media”. La explicación es de Joan Rosés, profesor de Historia Económica de la London School of Economics, que ha confeccionado trabajos académicos sobre bienestar. “Si miras el coeficiente de Gini —modelo estadístico que mide las desigualdades— se ve claramente que está subiendo, lo que quiere decir que cada vez hay más pobres”, dice. (...)

Teniendo en cuenta el Global Wealth Databook que elabora Credit Suisse, Molina sostiene que la clase media ocuparía aquel 20% de la población que se sitúa justo detrás del 10% más rico. Por debajo, él los llama clase trabajadora y, los de más abajo todavía, precariado. “La clase media no se ha destruido, la clase trabajadora, sí”. Según la encuesta del CIS, un 26% se considera así: clase trabajadora/obrera. "            (Dani Cordero, El País, 29/09/19)

12.7.19

Manifiesto: Más de diez años después de iniciada la crisis se constatan las consecuencias de las políticas adoptadas: la renta media real es hoy en España la misma que hace 10 años, pero, mientras el 1% más rico ha aumentado su renta un 21%, el 40% más pobre ha perdido lo que los demás han ganado. Es hora de las políticas de cambio. Los intereses particulares de muchos grupos económicos y políticos no pueden ni deben parar los cambios del mercado de trabajo, del sistema fiscal y la regulación del mercado de la energía y de la vivienda que necesitamos...

"Han pasado más de diez años desde el comienzo de la crisis. Una crisis dura, con enormes costes sociales y económicos. De ella y de la aplicación de unas políticas y reformas regresivas se han derivado sus efectos. Elevados niveles de desigualdad y de pobreza. 

Precariedad laboral a ultranza. Devaluación salarial concentrada en los trabajadores de la mitad inferior de la distribución. Servicios públicos al límite de sus posibilidades por los recortes realizados. Impuestos cada vez menos centrados en los más ricos, más regresivos.

Estas situaciones no desaparecen –y aun se acrecientan- con el crecimiento económico y del empleo. Mientras las rentas salariales no han recuperado todavía los niveles reales previos a la crisis, los beneficios de las empresas (no financieras y sin autónomos) son 38.000 millones de euros mayores a precios constantes que en 2008. Y 11.000 millones más, los dividendos que reparten a los accionistas.

Más de diez años después de iniciada la crisis se constatan las consecuencias de las políticas adoptadas: la renta media real es hoy en España la misma que hace 10 años, pero, mientras el 1% más rico ha aumentado su renta un 21%, el 40% más pobre ha perdido lo que los demás han ganado.
Son solo algunas muestras de la situación, pero hay datos a centenares.

Los efectos no desaparecen con el crecimiento porque se han devastado las estructuras que garantizan el reparto y la redistribución. Si se siguen haciendo las mismas cosas se obtendrán, agudizados, los mismos resultados. Esa es la cuestión.

Es hora de las políticas de cambio. Y hay que actuar en muchos órdenes, pero estratégicamente en tres:
  • el mercado de trabajo,
  • el sistema fiscal,
  • y la regulación de los mercados, en particular, del mercado de la energía y de la vivienda.
Solo políticas decididas y firmes, y necesariamente en los tres ámbitos, pueden revertir la situación y favorecer y hacer más ‘resiliente’ la economía, y recomponer la cohesión y la justicia social. Es la hora. El momento político en el que España debe decidir cómo debe ser su futuro, qué sociedad queremos.  (...)

 Los programas de los partidos evidencian amplias coincidencias que reflejan la madurez de la sociedad sobre los cambios necesarios. Los ciudadanos reclaman y esperan un acuerdo a largo plazo que aporte concreción y estabilidad al cambio. Se tienen que expresar las políticas que van a transformar nuestro país y aproximarlo a los niveles de bienestar y justicia de los países más avanzados.

Los tres ámbitos estratégicos de la política económica en este momento deben ser definidos sin ambages, con total claridad.
  • Si no se reduce drásticamente la precariedad del empleo, se estabiliza el mercado de trabajo y se restablece la vinculación de los salarios con la productividad no mejorará el reparto de la renta para los asalariados.
  • Si no se aumentan la justicia fiscal y los gastos públicos garantizando que los más favorecidos, ciudadanos y empresas, paguen más de acuerdo con sus altos ingresos, no aumentará la redistribución, no se reforzará el bienestar de la mayoría de los ciudadanos porque los recursos seguirán sin alcanzar y no se reducirá la elevadísima e indigna desigualdad social.
  • Y si no se abordan decididamente las reformas regulatorias que requieren los mercados, la transición energética y la vivienda –reforma del mercado de la electricidad; creación de parques públicos de viviendas en alquiler, entre otros- no se conseguirá el impulso económico, de inversión, de cambio de modelo productivo y de competitividad que España, y en particular su población más joven, necesita.
Al contrario, los ciudadanos y las empresas correrán con los costes y todos perderemos el tren del futuro. Los intereses particulares de muchos grupos económicos y políticos no pueden ni deben parar esta triple transformación que necesariamente debe iniciarse y progresar con claridad durante los próximos cuatro años.

Economistas Frente a la Crisis...  10 julio 2019"                   (Economistas frente a la crisis, Julio, 2019)

3.7.19

Pobres en proteína. Casi 700.000 hogares no pueden llenar en condiciones su nevera. En amplios sectores de la población empieza a cronificarse una nueva forma de exclusión relacionada con el acceso a determinados alimentos como la carne

"Pobres en proteína. Son la enésima huella de los coletazos de esa crisis cuyos efectos, intensificados por las desacertadas recetas aplicadas para salir de ella, está cambiando las estructuras económicas y sociales en España: la falta de recursos económicos impide a más de 680.000 hogares (el 3,7%) en los que viven casi 1,8 millones de personas (el 3,6%) incluir cada dos días una pieza de carne, pescado o ave en su dieta, algo que resulta clave para garantizar una nutrición correcta, especialmente en el caso de los niños y los adolescentes.

La Encuesta de Condiciones de Vida publicada este jueves por el INE (Instituto Nacional de Estadística) sitúa a esta consecuencia de las estrecheces económicas que sufren las familias, que ven restringido el acceso a un nutriente clave para el desarrollo y el mantenimiento de huesos y músculos y de los sistemas neurológico e inmunológico, como el indicador de carencias materiales que peor evoluciona desde el inicio de la crisis.

De hecho, es, junto con la pobreza energética, que es la dificultad para mantener la vivienda a una temperatura confortable, ya sea por frío o por calor, el único cuyos registros son peores que en 2009. Tras empezar a cronificarse con dos años consecutivos en niveles que no se daban desde 2006, lleva camino de duplicarse al haber pasado de afectar al 2,1% de los hogares a hacerlo en el 3,7% (3,6% en personas), mientras la vertiente energética crecía del 7,1% al 9,6%. Mayor, sí, pero con una tendencia menos intensa.

Todos los indicadores de carencia material tienen niveles de incidencia superiores, aunque su evolución, pese a la cronificación de la pobreza y el riesgo de exclusión social entre más de la quinta parte de la población, es, por el contrario, positiva en todos los casos.

Así ocurre con la incapacidad para afrontar gastos imprevistos (36,1% de los hogares en 2009, 36% en 2018), la imposibilidad de irse una semana de vacaciones (40,3 a 34,2%), los retrasos en pagos relacionados con la vivienda (8,1% a 7,3%) o el hecho de no poder disponer de un ordenador (7,5% a 5,1%) o de un automóvil (6% a 5,4%).

La carencia se concentra en los hogares con los niveles de renta más bajos, algo para lo que apuntan una explicación los informes de consumo del Ministerio de Agricultura, que señalan cómo en los últimos cuatro años, entre 2014 y 2018, y pese al descenso generalizado de la demanda, el precio medio de la carne se ha encarecido algo más de un 8%, con aumentos superiores al 2% anual salvo en 2016, cuando se quedó en el 0,8%.

Un kilo, que da para entre cinco y siete raciones, sale, de media, a 6,69 euros, algo que, obviamente, no todos los hogares pueden permitirse.  (...)"                      (Eduardo Bayona, Público, 27/06/19)

25.6.19

En España, tras 10 años de crisis, el ingreso mediano real es el mismo que en 2007, el de los más pobres ha caído un 40% y el del 1% más rico ha aumentado un 21%

"

Algunos resultados impactantes sobre España: 10 años tras el inicio de la crisis, el ingreso mediano real es el mismo que en 2007, el de los más pobres ha caído un 40% y el del 1% más rico ha aumentado un 21%; basado en datos recién publicados por vía

 

 
Some stunning results for Spain, based on the just-published harmonized survey data. Ten years after the crisis, real median income is the same as in 2007, bottom 40% lost in real terms, income of the top 1% went up by 21%.

 


 
Se llama, por usar un término no por antiguo menos adecuado, "lucha de clases". ...y adivina quién la va perdiendo.


 
Hechos irrefutables del fracaso total de la gestión post-crisis. Uno de los impactos más regresivos de lo que se podía esperar. Y todavía se quejan de la subida del SMI. Qué escándalo.



 
...y el del grueso de la clase media (la “destruida” por la crisis) no ha caído e incluso ha aumentado algo.


 
Eso es mentira...y lo sabes muy bien! La clase media ha sido destrozada y ya pertenecemos a La medio/baja...nuestros sueldos han caído o simplemente están en la puta calle...