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20.7.26

El comentarista suizo David Lemos,resumió con precisión los problemas de esta Copa del Mundo: "No hay dudas de que esta fue la Copa del Mundo más comercial de la historia y también una de las más politizadas... No olvidaremos los precios que personas sin gran poder adquisitivo tuvieron que pagar para vivir su pasión por el fútbol... En algunos casos, ni siquiera pudieron entrar al país por causa de su nacionalidad, fueran hinchas, periodistas o hasta árbitros, como el somalí Omar Artan... También recordamos el trato inaceptable dado a la selección de Irán, que no pudo defender sus chances de forma adecuada durante el torneo... Y hay aún el caso de Folarin Balogun. Vimos a un presidente jactarse de haber llamado al presidente de la FIFA para lograr retirar la suspensión de un jugador... La política se infiltró en el corazón del fútbol, aunque la FIFA afirme querer mantenerla por encima de todo. Queda claro que eso solo vale hasta cierto punto... La crisis tiene dos nombres: dinero y poder. Hoy existe una crisis de confianza entre muchos de los involucrados en el fútbol y la FIFA... En las próximas semanas, mucho dinero será distribuido a diversas federaciones y a muchos agentes del fútbol, que serán cortésmente invitados a permanecer en silencio... Esperamos que todo esto sea tomado en consideración y que no vuelva a suceder" (Man City Brazil)

Man City Brazil @ManCityBrazil

El comentarista suizo David Lemos, cerró la transmisión resumiendo con precisión los problemas de esta Copa del Mundo, fue perfecto. 

"No hay dudas de que esta fue la Copa del Mundo más comercial de la historia y también una de las más politizadas." 

"No olvidaremos los precios que personas sin gran poder adquisitivo tuvieron que pagar para vivir su pasión por el fútbol." 

"En algunos casos, ni siquiera pudieron entrar al país por causa de su nacionalidad, fueran hinchas, periodistas o hasta árbitros, como el somalí Omar Artan." 

"También recordamos el trato inaceptable dado a la selección de Irán, que no pudo defender sus chances de forma adecuada durante el torneo." 

"Y hay aún el caso de Folarin Balogun. Vimos a un presidente jactarse de haber llamado al presidente de la FIFA para lograr retirar la suspensión de un jugador." 

"La política se infiltró en el corazón del fútbol, aunque la FIFA afirme querer mantenerla por encima de todo. Queda claro que eso solo vale hasta cierto punto." 

"Fue una Copa del Mundo en que todos los partidos se disputaron en cuatro tiempos, y cuya final tuvo un intervalo de casi 30 minutos." 

"La crisis tiene dos nombres: dinero y poder. Hoy existe una crisis de confianza entre muchos de los involucrados en el fútbol y la FIFA." 

"En las próximas semanas, mucho dinero será distribuido a diversas federaciones y a muchos agentes del fútbol, que serán cortésmente invitados a permanecer en silencio." 

"Esperamos que todo esto sea tomado en consideración y que no vuelva a suceder."

(traducción google)

4:50 p. m. · 20 jul. 2026 ·393,9 mil Visualizaciones 

14.6.26

Sobre la comercialización extrema del fútbol... No es que el fútbol profesional estuviera nunca libre de dinero e intereses comerciales. Pero, al ritmo de la mercantilización neoliberal, se ha vuelto tan descarada que se han perdido algunas de sus características originales que hacían destacar al fútbol entre los deportes. Un deporte históricamente arraigado en lo local y lo clasista (burguesía vs. trabajadores; herencia mixta vs. blanca; derechistas vs. izquierdistas) se ha convertido en un deporte desarraigado. Se ha desprendido de la mayoría de sus raíces locales, nacionales o de clase. Incluso dudo, creo, hasta qué punto se le puede seguir llamando "deporte" y no "entretenimiento"... Quizás la final de la Champions League de este año lo hizo más evidente que nunca... el ganador es en gran medida una creación artificial, implantada en una de las capitales más grandes de Europa —no conocida por su amor al juego— por dinero extranjero... Los promotores simplemente decidieron invertir dinero en el fútbol en lugar de construir nuevos bloques urbanos. Así es como se crean los equipos ganadores hoy en día. Socialmente, *ex nihilo*... los seguidores se crearon una vez que el equipo se hizo famoso... El espectáculo –pues ciertamente es ahora un espectáculo– ha adquirido características de circo, muy visibles en la final de este año. Anunciar los nombres de los jugadores con una acentuación exagerada, soltar fuegos artificiales, traer pantallas enormes (como en el nuevo Bernabéu de Madrid), anunciar la entrada de los jugadores al campo como si fueran gladiadores, me recordó a lo que se ha convertido el fútbol americano. Es una especie de deporte, carente de todas las características de localismo y clase que mencioné antes (Branko Milanovic)

"Un juego diferente. Sobre la comercialización extrema del fútbol

Como habrán notado quienes leen mi Substack y otros textos breves, no he comentado casi nada sobre el fútbol en los últimos años. He perdido bastante interés, en parte por la interrupción provocada por la COVID (y el triste espectáculo de las gradas vacías y el ruido de los aficionados generado artificialmente por los productores de televisión), y luego me sentí cada vez más alienado por la comercialización extrema del juego. No es que el fútbol profesional estuviera nunca libre de dinero e intereses comerciales. Pero, al ritmo de la mercantilización neoliberal, se ha vuelto tan descarada y abiertamente comercializado que se han perdido algunas de sus características originales que hacían destacar al fútbol entre los deportes. Un deporte que ha estado históricamente arraigado (y no solo en Inglaterra, la cuna del fútbol, sino en todos los países donde se extendió en el siglo XX) en lo local y lo clasista (burguesía vs. trabajadores; herencia mixta vs. blanca; derechistas vs. izquierdistas) se ha convertido ahora en un deporte desarraigado. Se ha desprendido de la mayoría de sus raíces locales, nacionales o de clase. Incluso dudo, creo, hasta qué punto se le puede seguir llamando "deporte" y no "entretenimiento" en el sentido en que Hollywood y Madison Avenue usan el término.

No creo que estas críticas al estado actual del fútbol, e implícitamente a sus asociaciones (FIFA y su constelación de agrupaciones regionales), sean nuevas. La gente lleva años diciéndolo. Y ha ido empeorando constantemente. Quizás la vista de la final de la Champions League de este año lo hizo más evidente que nunca. Sin entrar en los detalles del partido, creo que no sería injusto resumirlo diciendo que (a) fue un partido muy aburrido y carente de chispas individuales de genialidad, y (b) fue puramente físico y táctico. Los jugadores, cuyo poderío físico, condición física y resistencia son extraordinarios, parecían más criaturas de un videojuego generado por IA que futbolistas del pasado. No había ningún Omar Sivori que se negara a usar espinilleras, ningún Maradona desaliñado y acelerado por la cocaína, ningún Garrincha medio dormido en la banda derecha, ningún Ferenc Puskas con barriga que no podía correr 100 metros y sin embargo marcaba cientos de goles, ningún quinto Beatle, ningún individuo loco. En consecuencia, no hubo pases inesperados, ni regates increíbles, ni acciones en solitario, ni movimientos extraños. Pero hubo mucha prevaricación táctica, con jugadores alineados como legionarios romanos ejecutando una maniobra difícil antes de entrar en la batalla, y realizando sus deberes estrictamente delimitados a la perfección.

Para añadir a esta falta de genialidad y plétora de táctica, el equipo ganador es en gran medida una creación artificial, implantada en una de las capitales más grandes de Europa —no conocida por su amor al juego— por dinero extranjero. Ciertamente ha adquirido ahora un gran número de seguidores, pero esos seguidores no han engendrado al equipo; nunca han sido lo suficientemente poderosos o apasionados para crear un equipo. Al contrario, los seguidores se crearon una vez que el equipo se hizo famoso. No hubo un crecimiento interno y endógeno que, paso a paso, a lo largo de los años, hubiera creado un equipo. Es lo mismo que si, en lugar de plantar árboles para que den sombra, uno simplemente arrancara los árboles del bosque y los plantara en la acera. Ciertamente, ambos proporcionan la misma sombra en el momento del calor. Pero un conjunto de árboles habría sido creado por una comunidad que supervisaría, a lo largo de los años, su ejecución; el otro lo habrían traído los promotores inmobiliarios. Los promotores, en este caso como en varios otros, simplemente decidieron invertir dinero en el fútbol en lugar de construir nuevos bloques urbanos. Así es como se crean los equipos ganadores hoy en día. Socialmente, *ex nihilo*.

Los equipos ganadores son, como era de esperar, cada vez más los mismos: en la Champions League, una media de 25 equipos fueron cuartofinalistas en cada ciclo de cinco años desde 1958 hasta principios de la década de 2000; desde entonces, el número ha descendido a unos 20, y en el último ciclo es probable que sean solo 15 (ver la figura y la explicación más abajo). El colmo del aburrimiento se alcanzará cuando cada temporada los mismos ocho equipos sean los cuartofinalistas.

El espectáculo –pues ciertamente es ahora un espectáculo– ha adquirido características de circo, muy visibles en la final de este año. Anunciar los nombres de los jugadores con una acentuación exagerada, soltar fuegos artificiales, traer pantallas enormes (como en el nuevo Bernabéu de Madrid), anunciar la entrada de los jugadores al campo como si fueran gladiadores, me recordó a lo que se ha convertido el fútbol americano. Es una especie de deporte, solo una "especie", pero carente de todas las características de localismo y clase que mencioné antes. Los equipos pueden mudarse de una ciudad a otra, la franquicia está ahí para hacer dinero. Las franquicias de fútbol de la FIFA y la UEFA son ahora empresas gigantes: los jugadores son artistas, el juego es un circo y los hombres de negocios están ahí para embolsarse el dinero.

**Explicación del gráfico.** La figura muestra el número de equipos que son cuartofinalistas en cada ciclo de cinco años de la Champions League (o la Copa de Europa, como se llamaba antes) comenzando con el ciclo 1958-62. En una competición más igualada, habría cada año ocho equipos diferentes en los cuartos de final y, por lo tanto, la Champions League más igualitaria tendría 40 equipos diferentes en cada ciclo de cinco años (5 veces 8 = 40). El número más alto en el gráfico es 40. La competición más "monopolizada" o "centralizada" tendría los mismos ocho equipos en cuartos de final cada año. Por lo tanto, el número más bajo en el gráfico es 8; en consecuencia, cuanto mayor sea el valor, más igualada estará la Liga. La Champions League pasó de tener unos veinticinco equipos diferentes en cada ciclo hasta principios de la década de 2000, a solo veinte, y ahora, en el ciclo actual, que va de 2023 a 2027, es probable que el número sea de alrededor de 15 (el valor actual, después de tres años, es de 12).

**PD.** Esta crítica a la FIFA y la UEFA no debería hacer olvidar que una asociación aún peor es la que rige el tenis. Escribí sobre eso hace varios años ("La era del imperialismo financiero abierto") cuando tuve una discusión con Nate Silver. La asociación de tenis está tan escandalosamente comercializada como la de fútbol, pero, además, no es elegida por nadie y está monopolizada por un par de individuos ricos de países ricos, tanto que las "Copas del Mundo" de tenis se juegan siempre en las mismas sedes, año tras año. Este tipo de monopolización, afortunadamente, no ha logrado afianzarse en el fútbol hasta ahora, pero no es imposible imaginar que podría ocurrir. Entonces, la final de la Champions League se jugaría siempre en la misma sede, con más o menos los mismos equipos, y la Copa del Mundo se celebraría para siempre en uno o dos países." 

(Branko Milanovic , blog, 01/06/26, traducción Deep Seek, 

5.9.23

El Caso Rubiales ha sacado a la luz lo mejor y lo peor de la sociedad española... Las “chicas” son la nueva vanguardia revolucionaria del país... Esas 81 jugadoras que firmaron el manifiesto titulado ‘Se Acabó’ son ya un símbolo del fútbol femenino y de la lucha feminista mundial... junto con las miles de ciudadanas anónimas que tomaron al asalto las redes sociales explicando por qué era intolerable el comportamiento machista de Rubiales... junto con periodistas deportivas que sin sucumbir a la inicial presión ambiental del histerismo de la prensa nacionalmadridista (con Inda, La Sexta, la Cope, Antena 3, Ayuso y El Mundo blanqueando al acosador), dieron un sonoro repaso a sus viejunos colegas masculinos (los Castaño, Pedrerol, Manu Sánchez, Lama y otros mandarines de la audiencia basura futbolera), al informar de que Rubiales y Vilda trataron de obligar en el avión de vuelta a Jenni Hermoso para que absolviera al presidente con un vídeo, terminando de perfilar la imagen de los dirigentes federativos. No cabe duda de que el movimiento ‘Se Acabó’, el debate sobre el consentimiento y el ‘sólo sí es sí’ han ganado el partido y la batalla cultural. Jenni Hermoso y sus compañeras han contado con el cariño y la solidaridad de una parte enorme de la sociedad española... Pero como todo movimiento transformador, han chocado contra un muro muy poderoso, el Sistema Florentino, el de los dos grandes clubes-Estado, el Real Madrid y el FC Barcelona... su silencio inicial y el cinismo final ayudaron a que Rubiales respondiera revictimizando a Jenni Hermoso y apareciera en la Asamblea de la RFEF convertido en el remedo de un concejal cualquiera de Vox al tercer gin tonic... se comprende que el mutismo haya sido la reacción casi unánime entre los profesionales del fútbol masculino, salvo honrosas excepciones... tenemos un país lleno de mujeres (y cada vez más hombres) concienciadas, valientes y modernas. Para conseguir sus objetivos, van a tener que luchar contra una pequeña minoría mafiosa, formada por apenas 40 o 50 personas, con mucho poder, influencia y dinero

 "El Caso Rubiales ha sacado a la luz lo mejor y lo peor de la sociedad española. Lo mejor ha sido la rebelión sin fisuras de las campeonas del Mundo entrenadas hasta ahora por Jorge Vilda, palmero de confianza de Luis Rubiales. Las “chicas”, como las llaman todavía algunos machirulos irredentos, son la nueva vanguardia revolucionaria del país: las 23 futbolistas que fueron al Mundial haciendo de tripas corazón porque sabían que son tan buenas que podían ganarlo; y, por supuesto, también las que tuvieron el coraje de no acudir a la cita, sabiendo que se podían perder el mayor éxito deportivo de sus carreras. Esas 81 jugadoras que firmaron el manifiesto titulado ‘Se Acabó’ son ya un símbolo del fútbol femenino y de la lucha feminista mundial, a la manera (espero me disculpen la licencia de  compararlas con señores) en que Jesse Owens en los Juegos de Berlín, 1938, y Bob Beamon, John Carlos y otros atletas del Black Power, en México, 1970, se consagraron como los mejores atletas y los más valientes luchadores contra el fascismo y por los derechos civiles. 

Después de Jenni Hermoso, Alexia Putellas, Aitana Bonmatí (impresionante su discurso ante la UEFA) y todas las demás, las grandes protagonistas han sido las miles de ciudadanas anónimas, curtidas entre la indignación de ‘La Manada’ que acabaría impulsando la Ley del ‘sí es sí’; unos minutos después de la agresión de Rubiales, tomaron al asalto las redes sociales explicando con meridiana claridad y sencillez por qué era intolerable el comportamiento machista del máximo representante del fútbol español. 

En tercer lugar, ha contribuido mucho al nuevo sentido común expresado por la ciudadanía estos días, la reacción de algunas periodistas deportivas que comprendieron que la obscena exhibición de abuso de poder, acoso sexual y laboral del presidente de la Federación era una noticia de la mayor importancia, tanto como el propio título mundial. Sin sucumbir a la inicial presión ambiental ejercida por el histerismo macho de la prensa nacionalmadridista (con Inda, La Sexta, la Cope, Antena 3, Isabel-Díaz Ayuso y El Mundo ejerciendo como primeros blanqueadores del acosador), esas periodistas especializadas en fútbol femenino –mención especial para el medio digital Relevo (Vocento), que comparado con el As y el Marca parecía The New York Times– dieron un sonoro repaso a sus viejunos colegas masculinos (los Castaño, Pedrerol, Manu Sánchez, Lama y otros mandarines de la audiencia basura futbolera). 

Al informar de que Rubiales y Vilda trataron de obligar en el avión de vuelta a Jenni Hermoso para que absolviera al presidente con un vídeo, esas periodistas terminaron de perfilar la imagen de los dirigentes federativos como unos machistas y acosadores de manual.

Cuando se cumplen dos semanas de la final, no cabe duda de que el movimiento ‘Se Acabó’, el debate sobre el consentimiento y el ‘sólo sí es sí’ –que tantos ataques le han valido a la vetada y vilipendiada ministra Irene Montero– han ganado el partido y la batalla cultural. Jenni Hermoso y sus compañeras han contado con el cariño y la solidaridad de una parte enorme de la sociedad española y de los medios serios. [Modestia aparte, esta revista fue el primer medio que pidió al ministro Iceta que exigiera la inmediata dimisión de Rubiales, a través de nuestra cuenta de Twitter, la misma noche del partido]. 

Pero como todo movimiento revolucionario y transformador, las peticiones de depuración de responsabilidades y de cambios estructurales lanzadas por las futbolistas, por la sociedad civil, y con la boca más pequeña por el Gobierno, han chocado contra un muro muy poderoso, transversal y refractario al cambio. 

Es el Sistema Fútbol, o el Sistema Florentino, que baila desde hace décadas al son que marcan los dos grandes clubes-Estado, el Real Madrid (101 títulos) y el FC Barcelona (99). Entre ambos han ganado 22 ligas de las últimas 27 (ver gráfico), copan el 70% de los ingresos por televisión y mantienen una enorme influencia (más el Madrid que el Barcelona) tanto en la Liga de Javier Tebas como en la RFEF de Rubiales. 

La reacción oficial de los dos clubes ante el escándalo no pudo ser más tardía, ni más tibia. En medio del clamor, el Barça emitió un comunicado bochornoso cuatro días después de la final, y el Madrid lanzó una calculada nota de apoyo al CSD, después de la comparecencia pública de Rubiales, redactada con todo cuidado para quedar bien, pero sin censurar el comportamiento del presidente, ni denunciar el machismo, ni entrar en el fondo del asunto: “Nuestro club apoya con total rotundidad la decisión puesta en marcha por el presidente del CSD, Víctor Francos, que elevará de inmediato el caso al TAD”, afirmaba la nota. 

El silencio inicial y el cinismo final de las dos marcas deportivas principales del país ayudaron sin duda a que Rubiales, del que se dice que es socialista por ser hijo de un alcalde motrileño del PSOE, se encastillara en el trono, respondiera revictimizando a Jenni Hermoso y apareciera en la Asamblea de la RFEF convertido en el remedo de un concejal cualquiera de Vox al tercer gin tonic. 

Desde la tribuna de la Federación, tras haber filtrado la noche anterior que dimitiría, Rubiales adoptó el papel de macho alfa trilero, clientelar y corrupto, y trató de politizar el asunto y de ganarse a los medios cargando contra los líderes de Podemos, los primeros en señalar su inaceptable comportamiento, y de Sumar, la fuerza que más presionaba para que dimitiera. Ahí se mostró cómo es en realidad, según han ido contando después su tío y distintas excolaboradoras. 

Para tratar de dar la vuelta al caso disfrazándose como víctima de una cacería, la puesta en escena fue preparada con todo cuidado. Rubiales sentó a los entrenadores y cuerpos técnicos en primera fila y a sus tres hijas un poco más atrás. Jorge Vilda y Luis de la Fuente (el seleccionador masculino) fueron los más entusiastas. Pero, curiosamente, las escasas peticiones de despido del seleccionador de los chicos han quedado en nada. De la Fuente pidió perdón como el rey anterior ante los medios leales al Sistema, que se cuidaron mucho de apretarle porque saben demasiado bien que Florentino Pérez lo eligió para el cargo tras cesar a Luis Enrique. 

Rubiales se rodeó también de los árbitros favoritos del poder, con el jefe del Comité arbitral (Medina Cantalejo, esposo por cierto de la presidenta arbitral de la Liga femenina) liderando la cuadrilla. Antes de la Asamblea, Rubiales ya había reestructurado la Federación para que todo quedara bien atado. Cesó a todos los vicepresidentes salvo a uno, de su máxima confianza: Pedro Rocha, que se convirtió a la fuerza en el sucesor designado. 

La estrategia defensiva fue decidida por el equipo de asesores de Rubiales. Uno de ellos es Andreu Camps, secretario general de la RFEF, que envió un escrito oficial a la UEFA el mismo día de la Asamblea pidiendo que amenazara al Gobierno con dejar fuera de las competiciones europeas a los equipos españoles si no dejaba de “interferir”. 

La segunda y quizá la más importante asesora de Rubiales es una mujer muy cercana a Florentino Pérez. Se trata de la veterana periodista Marisa González, que fue jefa de prensa de los presidentes de la Comunidad de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón y Cristina Cifuentes; y del propio Rubiales: entró como spin doctor en la RFEF de la mano de Pérez cuando el presidente anterior, Ángel María Villar, salió de la sede escoltado por la Guardia Civil, y luego pasó a ser la directora de Responsabilidad Social y Sostenibilidad. González fue capaz de hacer pasar a Gallardón por un liberal británico, pero con Rubiales no ha tenido tanto éxito.

Las cloacas

Otro personaje clave del núcleo duro de Rubiales es el excomisario de policía José Luis Olivera, conocido como Oli por el también excomisario Pepe Villarejo, de quien fue socio y mano derecha durante muchos años. Olivera es todo un especialista en fraudes financieros y blanqueo, de lo que se colige que fue el encargado de organizar los contratos y las comisiones de la Supercopa que Rubiales decidió exportar a Arabia Saudí para, según explicó en su día, “mejorar la situación de las mujeres en ese país y la del fútbol femenino en España”. 

Contratos legales, porque la RFEF es una entidad privada (de interés público), pero ética y estéticamente feos. Rubiales apañó con su amigo Gerard Piqué (Gerri y Rubi, S.A), por supuesto con la anuencia y la connivencia del Duopolio Madrid-Barcelona. Una de las cláusulas dice que si Barcelona y Real juegan las finales de la Supercopa, la RFEF ingresará cada año diez millones de euros extra, lo que obliga a que los dos clubes-Estado sean, sí o sí, primero y segundo en la Liga o, si uno falla, campeón de la Copa. Siendo Rubiales el jefe máximo de los árbitros, ¿cómo dudar de que la ecuación pueda fallar? 

Una de las cláusulas dice que si Barcelona y Real juegan las finales de la Supercopa, la RFEF ingresará cada año diez millones de euros extra

José Luis Olivera, experto en escuchas como su maestro Villarejo, habrá sido también útil durante estos años para preparar y catalogar las famosas grabaciones que, según ha manifestado el tío de Rubiales, antiguo secretario de la RFEF, su sobrino ha ido realizando a políticos, presidentes de clubes y figuras relevantes del deporte rey (reina, mejor), ejercicio muy conveniente para contar con palancas de chantaje si se rompía su red mafiosa-clientelar. 

Otra figura clave en la Armada Brancaleone montada por Rubiales para blindar su sueldo de un millón de euros anuales (750.000 de la FEF y 250.000 como vicepresidente de la UEFA), es un tal Miguel García Caba. Para conocerlo mejor, lean la nota que publicó la web CEU Alumni cuando fue nombrado. “Miguel García Caba afronta nuevos retos profesionales a partir de ahora como responsable de la asesoría jurídica de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). De su carrera podemos destacar que ha sido jefe del Departamento de la Dirección de Servicios Jurídicos del Real Madrid C.F. desde el año 2016. Responsable de la Asesoría Jurídica Interna y Asesor Jurídico de la Liga Nacional de Fútbol Profesional entre los años 2005 y 2016. Ha pasado por Red Eléctrica de España, por J&B Cremades y ha trabajado para la UEFA”. 

Alfredo Relaño, en El País, dejó un retrato mejor del personaje: “El director de Integridad de la Federación es un semoviente llamado Miguel García Caba que tras pasar por el Real Madrid y LaLiga llegó al departamento jurídico de la federación. Una vez allí, saltó por una de esas caprichosas convulsiones de la casa. Una vez fuera, se le ocurrió que una forma de hacer méritos para regresar era citarse con Tebas y González Otero, y registrar con un bolígrafo-grabadora la conversación, en la que les estimuló a rajar de Rubiales. Luego entregó la grabación a Ok Diario para acusar a Tebas y González Otero de conspirar contra Rubiales. Tan edificante servicio le valió el retorno a la Federación como director de Integridad”. Integridad máxima. 

Ante esta estructura impenetrable, se comprende que el mutismo haya sido la reacción casi unánime entre los jugadores, los directivos, los entrenadores y los profesionales del fútbol masculino, salvo honrosas excepciones. Recordemos que la Federación designa quién arbitra a quién, y quién dirige el VAR. Y los antecedentes de los últimos años muestran que todo el que no juegue en el Real Madrid arriesga durísimas sanciones si osa criticar a un árbitro.  

Otro asesor importante es el abogado jefe de la RFEF, el penalista Ramón Antonio Caravaca Magariño, que se encarga de los procesos penales abiertos en los que esté inmersa la institución federativa, tanto del pasado como en el futuro; también de aquellos donde la RFEF haya sido absuelta o sea parte, según publicó en 2018 el diario Sport. Caravaca cuenta con una dilatada experiencia y gran reputación en el área de Urbanismo (recordemos que Luis de Arabia y Motril proyectaba construir un nuevo estadio para la RFEF). A lo largo de su trayectoria, Caravaca ha colaborado en el desarrollo del Estadio La Peineta (el pelotazo largamente soñado y finalmente ejecutado por Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo, dueños ilegítimos y prescritos del Atlético de Madrid). 

Por esas casualidades de la vida, el penalista es tío de uno de los jueces del TAD que esta semana han dictaminado que solo pueden abrir expediente a Rubiales por falta grave (el tocamiento del paquete en el palco), y no por falta muy grave. La excusa es que el Reglamento de la reciente Ley del Deporte (diseñada y avalada, por supuesto, desde los despachos de Concha Espina y Can Barça) aún no está redactado y eso les impide, dicen, entrar a valorar si el beso fue o no consentido o si supuso o no un abuso de poder. Junto a Caravaca, en el TAD deciden varios abogados y abogadas del Estado. La Famiglia. 

Vista la chapuza jurídica y el limitado poder de maniobra del CSD, al que tanto apoya el Real Madrid, y dada la vergonzante connivencia del establishment mediático futbolero nacional con el presidente de la Federación que empañó la victoria histórica de la selección femenina, solo queda añadir que tenemos un país lleno de mujeres (y cada vez más hombres) concienciadas, valientes y modernas. Para conseguir sus objetivos, esas mujeres van a tener que luchar contra una pequeña minoría mafiosa, con mucho poder, influencia y dinero, que se siente tan inviolable e intocable como el Jefe del Estado, y que, como se ha visto en el sepulcral silencio de la Casa Real acerca del asunto, tiene más poder que el Gobierno y que el jefe del Estado, y no digamos ya que la reina.

Ese grupito salvaje formado por apenas 40 o 50 personas con las que nunca se toparán ustedes en la cárcel, que desconoce la ética, que se ríe de la justicia, que da pelotazos en todos los sectores, que levanta estadios gigantescos en mitad de las ciudades, que decide sorteos, arbitrajes, horarios, locutores y calendarios, y que detenta el control absoluto del negocio nacional del fútbol, cuenta con la connivencia y la ayuda de un ejército de empleados, portavoces, palmeros, opinadores que presumen de ser periodistas, jueces, políticos, tuiteros, agentes de jugadores, medios de información, árbitros y asistentes. 

Todos ellos son corruptibles o han sido corrompidos ya. Desde los tiempos de Saporta, la mano derecha de Bernabéu, el mundo del fútbol sabe que hay cientos de personas a sueldo en A o en B, otros que tienen plaza fija o un carguito, y miles que se dejan influir a cambio de un reloj, una invitación a un palco VIP o a un puticlub. Todos ellos forman parte del mayor negocio mafioso que hay en España. ¿Conseguirán Jenni Hermoso y sus compañeras reventar esa estructura de hierro que permanece inmutable, con pequeños ajustes y maquillajes, desde hace 120 años? ¿Podrán o querrán el Gobierno, el Parlamento y las fuerzas políticas meter las excavadoras en la Federación y La Liga, tirar abajo los cimientos del Sistema Fútbol y empezar de cero copiando por ejemplo a la Premier? 

La respuesta la conoceremos pronto. Pero las señales que van asomando inducen a pensar que no será muy halagüeña. El duopolio Madrid-Barcelona domina el fútbol patrio apelando a una rivalidad artificial, exacerbada por unos voceros que tratan a los demás equipos como si fueran extranjeros. Sería toda una ironía que fuera la FIFA, seguramente el organismo más corrupto del mundo, la entidad que acabe con la aventura de Rubiales. Pero tampoco importaría mucho, en el fondo. Como pasó cuando finalmente cayó el Villarato, los que mandan de verdad encontrarán de nuevo una marioneta menos torpe y más discreta. Y seguirán lucrándose con este negocio machista, misógino y opaco, que solo se limpiará de verdad cuando el público, esos aficionados que cada vez pintan menos, renuncien a pagar por verlo en directo o en televisión.  "               (Miguel Mora   , CTXT, 03/09/23)      

26.8.23

Si los emiratos árabes son los que dominan el fútbol por sus grandes inversiones en clubs y jugadores... ¿Cómo quedaría Rubiales ante los jeques si un grupo de aguerridas mujeres lo echaban? Fuera del circuito del dinero para siempre... de ahí su resistencia numantina... sucede que el fútbol está resultando ser una ventana desde donde se puede ver cómo funciona el mundo entre bastidores

 "(...) El fútbol está resultando ser una ventana desde donde se puede ver cómo funciona el mundo entre bastidores. 

Con la agresión de Rubiales hemos visto una representación excelente de cómo funciona el poder. Con el caso de Vinicius vimos la hipocresía de este mismo poder, aunque enarbolara la necesaria bandera del antirracismo. Con el Mundial de Qatar supimos que miles de trabajadores migrantes murieron durante las obras, en condiciones de explotación infrahumanas. Constantemente vemos a las dictaduras del Golfo encapricharse con las estrellas del fútbol, con realizar competiciones o patrocinar equipos. Y a más de un técnico o fútbolista lavándoles la cara por unos cuantos millones de euros. La mafia que envuelve todo este espectáculo es una perfecta representación de cómo funciona el mundo, del capitalismo, del poder.

No es la primera vez que las mujeres deportistas levantan la voz contra los abusos. Pero quizás nos encontremos ahora con una sociedad mucho más sensibilizada, con una sociedad mejor que ya no tolera ni la agresión ni su banalización, y esto es algo que hay que celebrar y reivindicar, sobre todo cuando nos encontramos inmersos en plena ofensiva reaccionaria. Mientras representantes públicos se alejan de las pancartas que condenan la violencia machista, las deportistas, como decía Irene Zugasti en su magnífico artículo en CTXT, marcan un golazo en Las Gaunas. Y más todavía cuando, encima, Hermoso incluye en esta ecuación a su sindicato. La importancia y el simbolismo de todo esto para quienes se baten a diario contra el poder, es inmensa.

Toca esperar para ver cómo se resuelve todo esto, pero la victoria sobre el relato de que el feminismo se pasa de frenada o que es innecesario, es incontestable. Y esto debería hacer reflexionar a quienes todavía hoy se empeñan en desenfocar lo sucedido desde sus medios, banalizar en sus corrillos la gravedad de la agresión o dejar impunes a sus responsables mediante los mecanismos de poder de todos los organismos implicados en la resolución de este asunto. Y a pesar de esto, y pase lo que pase, queremos y pelearemos porque el tipo que manda, ya sea en la Federación de fútbol o en el negocio de tu barrio, se piense dos veces esas agresiones a las que se había acostumbrado con sus empleadas. Y que nunca más les salga gratis."             (Miquel Ramos, Público . 24/08/23)

 

"Fútbol, la joya de la corona del poder blando de Qatar.

 Qatar lleva desarrollando desde hace años una campaña de reconstrucción de su identidad pública internacional. El rico emirato catarí busca limpiar la imagen del régimen absolutista que impera en el país desde su independencia con millonarias adquisiciones por todo el mundo. Dentro de esta estrategia diplomática y financiera, el futbol juega un papel fundamental. La compra del PSG o la futura celebración del Mundial de Fútbol de 2022 se presentan como un escaparate idóneo para vender una imagen global de grandes inversores que se gane el corazón del público y llame aún más la atención los inversores internacionales. Lo que se conoce como el soft power. (...)

El Estado de Qatar es un ejemplo de uso efectivo del soft power. El pequeño país peninsular obtuvo su independencia del Reino Unido en los años setenta y mantiene desde entonces un régimen político monárquico fundamentado sobre el gobierno absoluto de la dinastía Al Thani. El emir Tamim Al Thani ostenta el trono desde 2013 aunque, como el resto de la familia, se encarga de asuntos de estado desde su juventud. En el aspecto legislativo, en Qatar se aplica rigurosamente la Sharía, mantiene la pena de muerte, impone la flagelación por delitos como el consumo de alcohol y varias organizaciones humanitarias han denunciado los abusos y la explotación laboral que se sufre en el país, la discriminación de las mujeres o la ausencia de libertad de expresión. La relación con sus vecinos tampoco es muy buena. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin junto a Egipto, Maldivas, Yemen y Libia rompieron sus relaciones diplomáticas con Qatar en 2017 e impusieron sanciones económicas al emirato, acusando al Estado catarí de relacionarse con grupos terroristas y acercarse demasiado a Irán, enemigo de los sauditas. (...)

El embargo que el grupo de países liderados por Arabia Saudí impuso a Qatar se levantó finalmente a principios de 2021. Gracias a los desorbitados beneficios de su entramado económico y financiero, la batalla de Qatar para consolidar su imagen pública como un gran inversor sigue con las espadas en todo lo alto.

 Para ello, la red financiera institucional de Qatar juega un papel fundamental desde hace más de quince años. Gracias a las extensas reservas de recursos naturales fósiles ocultas en el subsuelo catarí, la pequeña península pérsica es uno de los países con más alto poder adquisitivo del mundo con un PIB de 51.751 dólares per cápita, según un estudio de VisualCapitalist elaborado en mayo de 2021. Las cantidades ingentes de dinero producido en Qatar han ido en buena parte destinados a la Qatar Investment Authority (QIA), el fondo de financiero de la familia Al Thani fundado en 2005. La QIA administra en la actualidad inversiones por valor de más de 30.000 millones de dólares y posee destacadas participaciones alrededor del mundo, como la empresa propietaria del Empire State de Nueva York, el lujoso almacén Harrods de Londres, el 8,3% de la inmobiliaria de alto standing Brookfield, el 11% de El Corte Inglés, el 13% de Tiffany Co. y se sitúa como el tercer mayor inversor de la firma automovilística Volkswagen, con un total de 9.000 millones de dólares en activos. El poder de expansión financiera de Qatar es imparable y desde el principio no se limita únicamente a algunas de las corporaciones más rentables del planeta, sino que abre generosamente sus brazos al mundo del deporte. Antes de su ascenso a la jefatura del Estado, el emir Tamim Al Thani promovió en 2005 la creación de la Qatar Sports Investments (QSI), una sociedad especializada en gestionar las multimillonarias inversiones cataríes en el ámbito deportivo. La QSI es propietaria desde 2011, entre otros, del Paris Saint-Germain, uno de los clubes con la plantilla más cara del panorama futbolístico universal. Hay que decir que la apuesta catarí por el deporte no se limita solo al fútbol, sino que el emir Tamim es también miembro del Comité Olímpico Internacional y presidente del Comité Olímpico Nacional de Qatar. Encabezó hace siete años una intensa campaña para que Qatar acogiese los Juegos Olímpicos de 2020 y consiguió en 2006 el derecho a celebrar los Juegos Asiáticos y el Campeonato Mundial de Natación de 2014. Devolviendo el foco de atención al fútbol, la capital catarí Doha consiguió en 2011 ser la sede de la Copa Mundial de Fútbol de 2022, que se celebrará en invierno por primera vez en su historia por las altas temperaturas que la región alcanza en verano y cuyas obras faraónicas han provocado en diez años la muerte de más de 6.500 obreros de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka, aunque se sospecha que pueden ser muchos más. En cuanto a los patrocinios futbolísticos, la QSI es responsable de los contratos de la aerolínea Qatar Airways con el Bayern de Múnich y con el FC Barcelona. El club blaugrana rompió el contrato en 2017 por el polémico caso del fichaje de Neymar por el PSG, dirigido por los cataríes, quienes pagaron por el delantero brasileño la cláusula de rescisión más cara de la historia. En definitiva, se puede decir que las apuestas de Qatar en el deporte van orientadas a poner su capital en el centro de atención con la celebración de los más grandes eventos deportivos y a obtener una parte del pastel, o apropiarse, de las estructuras deportivas y clubes más importantes del mundo.

 La compra de la mayor parte del Paris Saint-Germain al fondo Colony Capital, sus entonces propietarios estadounidenses, se formalizó en mayo de 2011 por 50 millones de euros. Desde la adquisición del club del Parque de los Príncipes por parte del fondo catarí, el equipo parisino ha estado presidido por Nasser al-Khelaïfi, extenista y empresario muy cercano a la familia real Al Thani. Al-Khelaïfi es también miembro de la directiva de la UEFA y presidente de Bein Sports, la cadena de televisión deportiva de Al Jazeera. El canal ha conseguido firmar importantes acuerdos para la retransmisión de multitudinarios encuentros y grandes competiciones como la UEFA Champions League, la Europa League o las últimas Eurocopas emitidas en Francia. El PSG por su parte ha conseguido en pocos años tener a su servicio una de las plantillas más envidiables y valiosas posibles. (...)

Los intereses compartidos de las instituciones deportivas mundiales y las altas esferas gubernamentales francesas son motivo de sospecha, hasta el punto que analistas y periodistas han confirmado que la compra que revitalizó el combinado parisino en 2011 estuvo directamente relacionada con la delegación de la FIFA a Qatar del derecho a celebrar el Mundial de Fútbol de 2022. Una extensa investigación elaborada por los periodistas Philippe Auclair y Eric Champel que fue publicada por la revista France Football en 2013 concluye que la FIFA, la UEFA y la Confederación Africana de Fútbol se aliaron con el ejecutivo presidido por Nicolas Sarkozy alrededor de una compleja trama corrupta plagada de sobornos y tráfico de influencias. El Qatargate, nombre con el que la revista francesa bautizó al caso, acabó proporcionando los votos necesarios a Doha para ser declarada sede de la Copa Mundial de 2022. Con el deber de acoger la celebración de la reina indiscutible de las competiciones internacionales, la monarquía catarí conseguía una oportunidad inigualable para proyectar una imagen de país moderno y exitoso al resto del mundo, millones en publicidad e inversiones. Para seguir limpiando su imagen internacional, Qatar nombró en 2018 a Xavi Hernández embajador global de Qatar 2022, un título que comparte con otras leyendas del fútbol como Zinedine Zidane, Pep Guardiola, Eto’o o Cafú. El exjugador del Barça y actual entrenador del catarí Al-Sadd SC diría en una entrevista concedida a la FIFA en diciembre de 2019 que Qatar “es un país muy fácil para vivir: cómodo, acogedor y seguro”.

 El emirato absolutista de los Al Thani utiliza el deporte para consolidar su estrategia de poder blando. La influencia de la ‘marca Qatar’ es ya conocida por todo el mundo (...)

Qatar es el rey incontestable del deporte que más masas exalta el mundo y más cantidades de dinero moviliza. El escaparate que el fútbol proporciona a Qatar es una inmensa apuesta segura para consolidar su parcela de poder global ante las ovaciones de los aficionados y el aplauso de las élites financieras dispuestas a limpiar la imagen de la millonaria dictadura del Golfo."                 (

5.12.22

Este Mundial es mucho más que un campeonato: es la constatación de cómo han cambiado las cosas y un aviso sobre el futuro... una serie de estados que conforman los BRICS+, tienen intereses divergentes respecto de los occidentales y aspiran a tener una influencia internacional mucho mayor. Sus argumentos parten de la convicción de que EEUU y Europa son potencias en declive... y en un entorno en el que prima lo crematístico, como en la FIFA, están haciendo valer sus bazas... Desde esa perspectiva, cabe comprender bien que toda la retórica occidental sobre los derechos humanos, cuando no se actúa en consecuencia, es interpretada desde esos estados como falsa moralidad, como un cúmulo de órdenes dictadas desde países que están en declive y que se siguen creyendo superiores... el Mundial nos ha revelado un aspecto importante, con gran carga simbólica, y que define bien el momento histórico... la UEFA estaba absolutamente en contra de la elección de Qatar, pero la institución futbolística europea cada vez tiene menos peso en la FIFA. Los países africanos, latinoamericanos y asiáticos poseen una importancia creciente y eso fue lo que inclinó la balanza...

 "La imagen se convirtió en un símbolo: la selección alemana se tapó la boca en la foto oficial previa a su primer partido en el Mundial, en protesta por la censura de la FIFA, que les había impedido portar una cinta con el lema "One love". La tensión de los alemanes con la organización que dirige el fútbol mundial estuvo presente a lo largo de toda la primera fase.

La reacción germana formaba parte de la hostilidad que suscitó en diferentes estados occidentales la celebración del Mundial en Qatar, un país en el que el respeto a los derechos humanos adolece de muchas lagunas y cuyas condiciones laborales causaron un buen número de muertos en la construcción de los estadios. Hubo quejas frecuentes, se criticó al régimen catarí, pero todo quedó en el terreno simbólico. Había bastante de hipocresía en esas reprobaciones, porque si los valores eran tan importantes, lo lógico hubiera sido retirar a las selecciones del Mundial; negarse a participar habría sido una posición mucho más contundente. Nadie lo hizo, porque los intereses están por encima de los valores.

O quizá los valores forman parte también de los intereses: Alemania acaba de firmar un acuerdo a largo plazo con Qatar para comprar gas licuado. Europa estaba interesada en que Doha aumentase el suministro de energía al continente, y los cataríes habían priorizado un acuerdo con China. Finalmente, también se firmó un contrato con Alemania, y para eso la falta de derechos humanos no fue un obstáculo. Es normal, hay prioridades, y así funcionan las relaciones internacionales. Es curioso, como nota marginal y azarosa, que Alemania haya sido eliminada del Mundial por un gol de Japón que nunca debió subir al marcador, pero que el VAR de la FIFA no anuló. 

 Sin embargo, y más allá de hipocresías, intereses y demás, el Mundial nos ha revelado un aspecto importante, con gran carga simbólica, y que define bien el momento histórico.

La gran brecha

El documental de Netflix Los entresijos de la FIFA detalla la investigación sobre corrupción, con los consiguientes arrestos, que fue llevada a cabo por el FBI, y que afectó a la cúpula directiva de la organización. Más allá de los maletines que circulaban de un lado a otro, del papel de Francia en la elección de Qatar como sede del Mundial y demás aspectos relevantes en la trama, aparecen otros de corte más sutil, pero importantes a la hora de entender la época.

Joseph Blatter, entonces presidente de la FIFA, decidió que se eligieran al mismo tiempo las sedes de los dos siguientes campeonatos, que debían jugarse en 2018 y 2022. Entre los motivos que llevaron al cambio en el procedimiento estaba, en lugar dominante, la convicción de que los derechos audiovisuales podrían venderse mucho mejor si se hacía un paquete con ambos torneos.

Entre los aspirantes a albergar el de 2018 había dos contendientes principales. Inglaterra, un país con notables dotaciones futbolísticas, con infraestructuras y con gran tradición balompédica, ya que inventaron el juego, y Rusia, que era un potente aspirante, pero cuyas infraestructuras para el campeonato estaban bastante por debajo de las inglesas. Los rusos salieron vencedores de esa pugna, lo que tenía cierto sentido interno, ya que favorecía a Blatter en su deseo de reforzar su posición en la organización, y también de cara al exterior, porque era un país que nunca había albergado un Mundial. Visto desde la perspectiva actual, con Rusia y Gran Bretaña completamente enfrentadas (y ya lo estaban entonces), la elección tuvo que escocer en Londres. 

 La resolución del Mundial 2022 fue todavía más polémica. Los dos principales contendientes eran EEUU, un país que tenía todo lo necesario para albergar con éxito la competición, y Catar, que debía realizar fuertes inversiones para estar a la altura de la exigencia del campeonato y que carecía de tradición futbolística. Pensado en términos abstractos, no había ninguna duda. Y menos dadas las temperaturas de Catar, que obligaban a cambiar el calendario y trasladar la competición a fechas muy poco convenientes. Catar ganó, y después llegó la investigación de los tejemanejes de la FIFA por parte del FBI estadounidense.

 En esas decisiones ayudó que la FIFA, que siempre ha sido un negocio, se inclinase mucho más todavía hacia la vertiente crematística. La FIFA era una organización global al margen de los Estados, cuyos dirigentes se creían impunes, y que hacían incluso gala de ello, según se describe en el documental de Netflix. Blatter puso en marcha en la organización una suerte de capitalismo suizo en el que la generación de beneficios era lo más importante. Por esa brecha se colaron disfunciones varias, como suele ocurrir, corrupción masiva incluida.

El otro mapa global

Esa apuesta también favoreció un cambio de eje. Hacían falta votos que decidieran las elecciones, y la esfera occidental no fue capaz de aglutinarlos. Como bien me señalaba Miguel Otero, la UEFA estaba absolutamente en contra de la elección de Qatar, pero la institución futbolística europea cada vez tiene menos peso en la FIFA. Los países africanos, latinoamericanos y asiáticos poseen una importancia creciente y eso fue lo que inclinó la balanza. Los países con capital e influencia en esos ámbitos hicieron valer sus intereses por encima de otras propuestas que, en los aspectos técnicos, eran muy superiores. O dicho de otro modo, países ricos de otras partes del mundo habían entendido cuáles eran las reglas del juego y habían decidido sacar todo el partido.

 Este mapa global es interesante porque es muy parecido al geopolítico. EEUU quiere mantenerse como el país hegemónico durante mucho más tiempo, y ha de hacer frente no solo a China, sino a toda esa serie de estados que conforman los BRICS+, que tienen intereses divergentes respecto de los occidentales. Es un desafío serio que se está jugando en términos hostiles: China, Rusia, India, Brasil, Sudáfrica, Arabia Saudí, Pakistán, Indonesia, Irán, Turquía o Qatar están moviéndose desde sus intereses nacionales, y aspiran a tener una influencia internacional mucho mayor. Sus argumentos parten de la convicción de que EEUU y Europa son potencias en declive, que han estado explotando los recursos de sus países durante mucho tiempo y que ha llegado la hora de que se conviertan en un actor más, entre otros, dentro de un orden mundial reorganizado. Para eso, y en un entorno en el que prima lo crematístico, como en la FIFA, están haciendo valer sus bazas. Este Mundial es mucho más que un campeonato: es la constatación de cómo han cambiado las cosas y un aviso sobre el futuro.

La lección del caso FIFA

Desde esa perspectiva, cabe comprender bien que toda la retórica occidental sobre los derechos humanos, cuando no se actúa en consecuencia, es interpretada desde esos estados como falsa moralidad, como un cúmulo de órdenes dictadas desde países que están en declive y que se siguen creyendo superiores. Pero, al mismo tiempo, dado que las bases de nuestro sistema están cada vez más cimentadas en los intereses crematísticos, es factible para todos estos países ir creciendo a partir de las interrelaciones económicas. Como cada vez tienen más peso en la economía mundial, y poseen, en conjunto, demografía, mano de obra abundante, energía, industria (porque relocalizamos allí), capital creciente y tecnología —que aporta China— son ya actores muy relevantes.

Mientras tanto, nuestro sistema, el occidental, cada vez está más orientado hacia la máxima generación de beneficios y apenas considera otros aspectos. Es un asunto que está en el centro de los problemas estratégicos: ¿debemos cambiar las bases de nuestro sistema económico para situarnos mejor en el futuro o debemos seguir por un camino que ha sido y es provechoso fundamentalmente para las grandes empresas y sus inversores? La relación actual entre EEUU y China, las dos potencias principales, está tejida desde ese dilema. Y también la europea. Quizá la lección de la FIFA sea pertinente y nos haga reparar en ese refrán que reza "la avaricia rompe el saco"."         (Esteban Hernández , El Confidencial, 04/12/22)

27.11.22

Copa del Mundo 2022: la presión sobre Qatar desvía la atención de la incapacidad de la FIFA para atajar la corrupción demostrada en su seno... Tal y como han puesto de manifiesto las investigaciones suizas y estadounidenses, un número significativo de representantes de la FIFA han abusado deliberadamente de sus posiciones de poder para obtener beneficios privados... no hay un comportamiento claro que vincule directamente la candidatura de Qatar con la corrupción para conseguir el derecho a la Copa del Mundo de 2022. Incluso se puede argumentar que los qataríes -al igual que los rusos (2018), los brasileños (2014), los sudafricanos (2010) y los alemanes (2006)- se limitaron a seguir las reglas y, de hecho, la lógica que las sustenta... la FIFA despidió a los presidentes independientes de las ramas de investigación y adjudicación del comité de ética y al presidente del comité de gobernanza... Los dos presidentes destituidos declararon que estaban investigando cientos de casos de corrupción que estarían paralizados durante años y que su destitución "neutralizaba" e "incapacitaba" las investigaciones de corrupción de la FIFA... o sea, a la FIFA no se le debería permitir continuar sin hacer un cambio institucional significativo frente a su corrupción, profundamente arraigada

 "La organización por parte de Qatar de la Copa del Mundo de fútbol masculino de 2022 ha provocado un buen grado de enfado y confusión. Muchos se han preguntado por qué se ha concedido el torneo a un país con un historial tan pobre en materia de derechos humanos en general y de derechos LGBTQ+ en particular.

Las acusaciones de corrupción en el proceso por el que se concedió a Qatar el torneo también han sido muy discutidas. Sin embargo, con toda la presión que está recibiendo Qatar, existe el peligro de que la corrupción demostrada en la FIFA y su posterior fracaso en las reformas no reciban la atención que merecen.

Dos investigaciones externas, una de los fiscales suizos y la otra del Departamento de Justicia de Estados Unidos, han investigado las acusaciones de chantaje, fraude electrónico y blanqueo de dinero de personas de la FIFA y de su entorno.

Las investigaciones suizas se centraron en particular en el fraude, la mala gestión y la malversación de fondos de la FIFA por parte de altos funcionarios de la organización. Numerosos casos están en curso y varias personas han sido condenadas, aunque el ex presidente de la Fifa, Sepp Blatter, y el vicepresidente, Michael Platini, fueron absueltos (tras ser inhabilitados por la Fifa durante ocho años para el fútbol profesional). El ejecutivo del fútbol qatarí y ministro del gobierno, Nasser al-Khelaïfi, también fue absuelto en el juicio por corrupción en Suiza.

 El DoJ se centró más en el reparto de los derechos de los medios de comunicación, los sobornos y el blanqueo de dinero. La investigación estadounidense ha investigado el comportamiento de funcionarios de la FIFA durante décadas. Más de 50 individuos y empresas han sido acusados penalmente, en su mayoría en relación con presuntos sobornos y el blanqueo de esos pagos. Cuatro empresas y 27 personas se declararon culpables de varios cargos de soborno y blanqueo de dinero.

Varias personas han sido condenadas, otras absueltas, y varios de los casos están en curso, en su mayoría de personas que luchan contra la extradición a los Estados Unidos. El Departamento de Justicia se ha incautado de más de 201 millones de dólares (170 millones de libras) de las cuentas de los antiguos funcionarios implicados en las tramas de corrupción.

El DoJ también ha acusado a tres funcionarios de aceptar sobornos por la adjudicación de los torneos de la Copa del Mundo a Rusia y Qatar. Dos de ellos han muerto y el tercero, el brasileño Ricardo Teixeira, no puede ser extraditado. Teixira niega todos los cargos, pero la FIFA le ha prohibido jugar al fútbol profesional de por vida por las acusaciones de aceptar sobornos relacionados con las competiciones sudamericanas.

Las personas directamente implicadas en la dirección de la candidatura de Qatar siempre han negado cualquier infracción. El Comité Supremo de Qatar para la Entrega y el Legado ha argumentado: "A pesar de años de afirmaciones falsas, nunca se han presentado pruebas que demuestren que Qatar obtuvo los derechos para organizar la Copa Mundial de la Fifa 2022 de forma poco ética o por medios que contravinieran las estrictas normas de licitación de la Fifa".

¿Qué se considera corrupción?

 Como sostengo en mi libro Analizar la corrupción, nunca habrá un consenso universal sobre lo que es la corrupción. Un acuerdo político inteligente de una persona es un acto de corrupción de otra. Un buen punto de partida para entender dónde empieza y termina la corrupción es estar atento a cuatro cosas.

En primer lugar, la corrupción es deliberada. Ninguna persona es corrupta por accidente. La corrupción no es un acto de mala gestión. Ocurre porque la gente quiere que ocurra.

 En segundo lugar, la corrupción implica algún tipo de comportamiento abusivo. Para determinar dónde empieza y termina el "abuso", tenemos que tener claras las reglas del juego. Tenemos que saber lo que dicen las especificaciones de un trabajo determinado. Sólo entonces podremos estar seguros de que alguien ha ido más allá de eso al tomar decisiones.

En tercer lugar, la corrupción implica un poder confiado. Ese poder puede venir a través de las urnas (políticos) o puede venir a través de un nombramiento (funcionarios o, por ejemplo, funcionarios de la Fifa).

Por último, tiene que haber algún tipo de beneficio privado. Debe haber un resultado -ya sea dinero, reputación o servicios prestados- que no se habría obtenido de otra manera.

Estos cuatro puntos pueden ser (y de hecho lo son) discutidos. Pero, como punto de partida para diez, ofrecen un marco para dar sentido a lo que a menudo son procesos complejos.

Utilizando esta definición, no hay un comportamiento claro que vincule directamente la candidatura de Qatar con la corrupción para conseguir el derecho a la Copa del Mundo de 2022. Incluso se puede argumentar que los qataríes -al igual que los rusos (2018), los brasileños (2014), los sudafricanos (2010) y los alemanes (2006)- se limitaron a seguir las reglas y, de hecho, la lógica que las sustenta.

 Michael García, antiguo abogado de Estados Unidos, señaló, al realizar una investigación ética independiente sobre el proceso de licitación, que quienes dirigían la operación qatarí bien podían haber llevado esas reglas al límite. Sin embargo, podría decirse que jugaron muy bien el juego de la FIFA. Las reglas pueden haber sido inadecuadas para el propósito o moralmente objetables, pero eso no hace que el comportamiento de Qatar sea corrupto.

Tal y como han puesto de manifiesto las investigaciones suizas y estadounidenses, un número significativo de representantes de la FIFA han abusado deliberadamente de sus posiciones de poder para obtener beneficios privados. En estos casos se han cumplido los cuatro criterios de corrupción mencionados. Por ejemplo, los dos exfuncionarios condenados en 2017, el paraguayo Juan Ángel Napout, exvicepresidente de la Fifa, y José Maria Marin, exdirector de la Federación Brasileña de Fútbol.

Napout fue obligado a renunciar a 3,3 millones de dólares en sobornos recibidos y fue multado con 1 millón de dólares. Se le declaró culpable de asociación ilícita y de dos cargos de conspiración de fraude electrónico. Marin fue condenado a cuatro años de prisión y a una multa de 1,2 millones de dólares, y se le ordenó el decomiso de 3,3 millones de dólares.

También están los que están pendientes de sentencia, como el ex miembro ejecutivo del consejo de la Fifa, Luis Bedoya, que fue declarado culpable de fraude en transferencias bancarias y conspiración de soborno. Bedoya se declaró culpable en noviembre de 2015, pero su sentencia sigue retrasándose.

Hay más casos legales potenciales, el más evidente es el de otro ex vicepresidente de la Fifa, Jack Warner. El Departamento de Justicia alega que Warner recibió 5 millones de dólares a través de varias empresas ficticias para que votara a favor de que Rusia organizara la Copa del Mundo de 2018 y sigue intentando extraditarlo a Estados Unidos desde Trinidad. Warner niega cualquier acusación de delito.

 ¿Hacia dónde va la Fifa?

Aunque se ha demostrado la existencia de corrupción en el seno de la FIFA, la cultura organizativa parece seguir siendo la misma. La FIFA creó un conjunto de nuevas instituciones para supervisar su trabajo en 2012. Sin embargo, en el punto álgido de los casos de corrupción en 2017, despidió a los presidentes independientes de las ramas de investigación y adjudicación del comité de ética y al presidente del comité de gobernanza. Estos despidos provocaron que varios de los miembros restantes de estos comités dimitieran en señal de protesta.

Los dos presidentes destituidos declararon que estaban investigando cientos de casos de corrupción que estarían paralizados durante años y que su destitución "neutralizaba" e "incapacitaba" las investigaciones de corrupción de la FIFA.

Los organismos siguen existiendo, pero no han tenido nada parecido al impacto más amplio que se esperaba. Esto se refleja en los casos en los que la FIFA no ha tomado ninguna medida o postura sobre claras violaciones éticas desde entonces, como la prohibición de que Rusia participe en los Juegos Olímpicos debido a violaciones de dopaje.

Esta falta de cambio podría deberse a que la FIFA ha argumentado que es la víctima de la corrupción, no el origen de la misma. En un comunicado emitido cuando Napout y Marin fueron condenados, la Fifa afirmó que "apoya y alienta firmemente los esfuerzos de las autoridades estadounidenses para hacer rendir cuentas a aquellos individuos que abusaron de sus posiciones y corrompieron el fútbol internacional para su propio beneficio personal".

Pero parece que incluso con la salida de los acusados de corrupción, la Fifa necesita un cambio cultural hacia una mayor transparencia y responsabilidad. En la investigación sobre la respuesta de la FIFA a la corrupción, mi colega Will Heaston y yo hemos argumentado que sus dirigentes no han comprendido los problemas a los que se enfrentan. Por ello, a la Fifa le ha resultado muy difícil adoptar una reforma significativa.  (...)

Sin embargo, no debería permitirse continuar sin hacer un cambio institucional significativo frente a la corrupción profundamente arraigada, para que no vuelva a suceder."                  (Daniel Hough, Brave New Europe, 25/11/22; traducción DEEPL)

24.11.22

El Mundial de Catar es un acto de arrogancia... el somos ricos, hacemos lo que queremos cuando queremos... Catar nos dice que son lo que son y los demás lo aceptamos rendidos a su dinero. Este mundial es un espejo de la debilidad ética de occidente, del mostrarse tembloroso ante la barbarie autoritaria... La libertad, la igualdad y la fraternidad no son modulables bajo el tamiz de la religión... Este Mundial estaba pensado para decirnos que Catar no es una democracia, pero que se esfuerza por fingirlo durante un mes y que eso nos debería bastar para acallar nuestra conciencia. Pues no... ellos no respetan los derechos humanos porque son parte de un proyecto ajeno al concepto de que la religión está supeditada a las leyes civiles. Nos lo gritan a la cara cada día de este bochornoso espectáculo... mientras que uno tenga dinero y sepa manejarlo con soltura, hoy con los estadounidenses, mañana con los chinos, ya puede montar un Mundial que se ha cobrado la vida de 6.500 trabajadores, que nadie le va a chistar. No es hipocresía, es capitalismo, un sistema económico que nunca consideró la democracia más que como una molestia que combatir... Hace no tanto en el fútbol, en nuestras sociedades, aún se aspiraba a que las cosas fueran diferentes, más justas, seguramente más dignas. Hoy, lo mejor que nos queda son los argentinos insultando a su selección (Daniel Bernabé)

 "El Mundial de Catar no es una campaña de lavado de imagen, es un acto de arrogancia. Entra dentro de ese mal endémico que viene a decir lo siguiente: somos ricos, hacemos lo que queremos cuando queremos. Hasta hace unas semanas, en las que el torneo empezó a cobrar peso en la actualidad, no había reparado en que esta competición se iba a celebrar en estas fechas y en esta ubicación. 

 Pensé entonces que se trataría de un carísimo acto de ingeniería social donde Catar disimularía ser lo que no es, trampeando su falta de respeto a los derechos humanos bajo el paraguas deportivo. Un mes donde, sirviéndose del fútbol como coartada, todos fingiríamos que la dictadura de los Al Thani era otra cosa, poco más que un oasis lejano y pintoresco. Pero no. Catar lo que viene a decirnos es que son lo que son y los demás lo aceptamos rendidos a su dinero. Este mundial no es una pantalla para la sociedad catarí, es un espejo de la debilidad ética de occidente. 

 Un país en el que se respetan los derechos humanos, es decir, los derechos civiles de todos, incluidas las minorías sexuales y religiosas, un país que tiene además un objetivo igualitario, llevado a cabo a través de sus políticas laborales, es mejor que uno que no los respeta. Punto. Demasiados años de relativismo nos han hecho expresarnos con demasiada cautela en este aspecto, temiendo ser etnocéntricos, mostrándonos temblorosos ante la barbarie autoritaria. La duda paralizante posmoderna nos ha hecho olvidar una cuestión sencilla: las buenas ideas son buenas en todas partes. La libertad, la igualdad y la fraternidad no son negociables a través de la cultura, no son modulables bajo el tamiz de la religión. El universalismo nos enseñó, cuando en el siglo XX aún creíamos en el proyecto de la modernidad —aquel en el que había un deseo de organizar a través de la razón— que las buenas ideas no tienen lugar de origen, son propiedad de todos. 

 El problema es que en el siglo XXI entendemos los derechos humanos como una elección moral, no como un proyecto político. Así los países, los gobiernos que los rigen, los respetan en mayor o menor medida dependiendo de la buena voluntad de sus dirigentes. Este Mundial estaba pensado para asentar esta manera graciable de ver las conquistas históricas, para decirnos que Catar no es una democracia, pero que se esfuerza por fingirlo durante un mes y que eso nos debería bastar para acallar nuestra conciencia. Pues no. Catar nos explica que ellos no respetan los derechos humanos porque son parte de un proyecto histórico ajeno a la modernidad, inmune al impulso de las revoluciones, hermético al concepto de que la religión está supeditada a las leyes civiles. Nos lo gritan a la cara cada día de este bochornoso espectáculo: no somos como vosotros, no queremos serlo pero, aun así, venís a entretenernos con vuestros payasos.  

 Si Catar no tuviera la tercera mayor reserva de gas natural del mundo no hubiera organizado el Mundial. Sería una dictadura invisible. La única forma en la que uno se asegura de ser reconocido por las tropelías que comete es posicionándose en contra de Estados Unidos. Ahí sí. Ahí es cuando la diplomacia, el sistema mediático, eso que llamamos comunidad internacional, se ocupan de airear las vergüenzas y esgrimir las sanciones. Eventualmente incluso planificar una invasión para cambiar al dictador rebelde por el dictador sumiso. Pero mientras que uno tenga dinero y sepa manejarlo con soltura, hoy con los estadounidenses, mañana con los chinos, ya puede montar un Mundial que se ha cobrado la vida de 6.500 trabajadores, que nadie le va a chistar. No es hipocresía, es capitalismo, un sistema económico que nunca consideró la democracia más que como una molestia que combatir en casa y obviar en el extranjero.

Nunca se trató de una cuestión cultural. En el mundo árabe, en la segunda mitad del siglo XX, surgieron movimientos populares y militares que sacudieron el yugo religioso de sus tierras. Algunos incluso ensayaron un modelo propio de socialismo. Los británicos, potencia hegemónica en la región, tuvieron primero que plegarse y luego retirarse, no sin llegar a la confrontación armada en algunos emplazamientos como el Canal de Suez. La descolonización, de nuevo, no fue una cesión graciable sino un proceso histórico, un proyecto político, es decir, modernidad reorganizando lo que no era justo. Aquello, sin embargo, no salió bien. El panarabismo tendió hacia la soberanía y la igualdad, pero nunca se acercó a la democracia. El matiz no es pequeño. Quien dicta desde las buenas intenciones se ve expuesto a acabar haciéndolo desde las malas: un gobierno no puede depender de otra cosa que de la voluntad popular.

En la caída de estos regímenes no pesaron solo sus contradicciones. Estuvo occidente, que no perdonó nunca el desplante. Estuvieron también las monarquías absolutas que no perdonaron el ateísmo militante. También pesó la geoestrategia: si Egipto, Siria o Irak dejaban de ser importantes, los países del petróleo y el Corán volverían a serlo. Treinta años de guerras atroces que aún continúan en Damasco. Mantener una infraestructura de imperialismo cultural no es barato. Lo que antes era un fanatismo muy localizado a regiones concretas al margen derecho del Mar Rojo hoy se extiende por todo el mundo árabe. Lo que costó décadas de avance, se derrumbó en años: que se lo pregunten a las mujeres vecinas del Magreb. Entre medias, una pléyade de grupos terroristas e incluso un califato islámico. Los preceptos rigoristas que siguen los grupos armados son los mismos que rigen en las dictaduras del Golfo. Los primeros desconocen la diplomacia y los segundos la practican con astucia. Dediquen un gol a cada muerto en el Bataclán, en Las Ramblas o en Atocha. 

 Y de comparsa a este despropósito, el fútbol. El fútbol fue también universalismo: una buena idea que gustaba en todas partes. El fútbol, como la democracia, pasó de deporte a coartada, de negocio a expolio, de competición a apaño. De metáfora de que en la vida todo es posible, hasta en el último momento, al hastío triste de lo predecible. Supongo que es lo de menos, pero da pena. "El socialismo en el que creo es que todos trabajan por el mismo objetivo y todos tienen una parte de las recompensas. Así es como veo el fútbol, así es como veo la vida", decía Bill Shankly, el célebre entrenador del Liverpool. Hace no tanto en el fútbol, en nuestras sociedades, aún se aspiraba a que las cosas fueran diferentes, más justas, seguramente más dignas. Hoy, lo mejor que nos queda son los argentinos insultando a su selección."                       (Daniel Bernabé  , InfoLibre, 22 de noviembre de 2022)

18.11.22

Cómo Qatar logró hacerse con el Mundial de 2022

 "Cuenta el periodista argentino Ernesto Cherquis Bialo que, en 2011, en pleno congreso de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), el vicepresidente Julio Grondona tomó la palabra para reprender a los representantes de la federación inglesa por las acusaciones de soborno vertidas sobre él mismo, el presidente Joseph Blatter y Ángel María Villar, entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol y también vicepresidente de la FIFA. “Ustedes le están diciendo a sus periodistas que a mí me pagaron 72 millones de dólares de coima para que vote a Rusia y a Qatar. Traigan las pruebas; vengan y aprovechen este Congreso. Todo el mundo está aquí, traigan las pruebas, traigan a una persona para que lo diga. Ustedes son unos piratas, eso es lo que son, mentirosos y piratas”, les espetó don Julio. “¡Y devuélvannos las Malvinas, piratas!”, concluyó. “¡Y a nosotros Gibraltar!”, añadió Villar.

No era la primera vez que se lanzaban acusaciones alrededor de la elección de Qatar y tampoco sería la última. El propio Grondona le había augurado a Bialo, tras serle concedido el Mundial al país árabe: “Están todos locos. Van a ir todos presos. Pero, ¿qué querés que te diga? Yo no voy a vivir en el 2022, que se arreglen”.

En la FIFA sabían que la decisión iba a levantar polvareda, como lo sabían también los mandatarios del país árabe. Conocían las debilidades de su candidatura, pero contaban con una herramienta muy valiosa para contrarrestarlas: un presupuesto inagotable.

La idea de organizar una Copa del Mundo de fútbol se encuadraba dentro del plan Qatar National Vision 2030, lanzado en 2008 por el Gobierno catarí y en el que se detallaba la estrategia para “asegurar una gestión eficiente de la economía nacional, adoptar un enfoque responsable hacia la gestión de los recursos naturales y trabajar para desarrollar una economía basada en el conocimiento”. Dicho de otra manera, crear nuevas fuentes de ingresos para reducir la dependencia del gas y el petróleo y anticiparse a una futura escasez de las reservas.

Dentro de este plan, el deporte figura como uno de los sectores estratégicos, por su capacidad para generar ingresos y también por las posibilidades propagandísticas que ofrece. Así se entiende la creación del Gran Premio de Qatar de Moto GP, la celebración del campeonato del mundo de balonmano en 2015, el de ciclismo en 2016 o la candidatura de Doha para los Juegos Olímpicos de 2020, que finalmente fueron concedidos a Tokyo. 

 Para hacerse con la Copa del Mundo de fútbol, Qatar contaba con la influencia de Mohammed bin Hammam, empresario que había hecho fortuna durante el primer boom inmobiliario del país, en la década de los 70, y que presidía la Confederación Asiática de Fútbol desde 2002. No debió de ser casualidad que, en abril de 2010, en una visita a Qatar, Blatter declarara que “el mundo árabe merece tener una Copa del Mundo, y lo digo públicamente”.

Unos meses más tarde, el comité de inspección de la FIFA visitaba el país para conocer de cerca su candidatura. El informe posterior la definió como de “alto riesgo”, por las altas temperaturas, por las reducidas dimensiones del país y por la falta de infraestructuras para un evento tan grande. Qatar, sin embargo, siguió adelante con su campaña. Contrató a Guardiola y Zidane como embajadores de la candidatura y, en noviembre, organizó un amistoso entre las selecciones de Brasil y Argentina; millones de dólares con el objetivo de que se identificara a Ronaldinho, Messi y compañía con Qatar.

 En paralelo a esta campaña de propaganda, recurrió también a la vía diplomática. Dos meses después de la visita del comité de inspección y unos días antes de la votación final, se juntaron en el Palacio del Elíseo, residencia del presidente de la República francesa, el propio presidente francés Nicolas Sarkozy; el príncipe heredero de Qatar; Michel Platini, presidente de la Unión de Federaciones Europeas de Fútbol (​UEFA); y Sebastián Bazin, propietario del PSG, en una reunión secreta, destapada en 2013 por la revista France Football. En aquel encuentro se negoció la compra del PSG, además de una participación en el grupo empresarial Lagardere por parte del fondo de inversión qatarí y la creación de una cadena deportiva para competir con Canal+, que terminaría siendo BeIN Sports. Todo a cambio del apoyo de Platini a la candidatura de Qatar para el Mundial 2022.

Aquella reunión fue clave para el resultado final de la votación. En pocos meses Qatar pasó de no ser tenido en cuenta a dejar atrás a los Estados Unidos y ser elegida como sede del Mundial 2022. No tardaron en sucederse las acusaciones.

En 2011 se filtró un e-mail del secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, en el que mostraba su sorpresa por el anuncio del qatarí bin Hammam de presentarse a la presidencia de la FIFA. “Pensaba que podía comprar la FIFA como compraron el Mundial”, escribió Valcke. Más tarde diría que sus palabras se habían sacado de contexto, pero Hammam fue temporalmente apartado por la FIFA y sería finalmente suspendido de por vida por habar pagado sobornos a cambio del apoyo a su candidatura a la presidencia de la FIFA. Gracias a esa inhabilitación, Blatter se encontró con el camino desierto para su reelección.

En 2014 el Sunday Times anunció que contaban con documentos que demostraban pagos a diferentes miembros de la FIFA para apoyar la candidatura de Qatar al Mundial. Una nueva acusación que minaba la credibilidad de Qatar y que volvía a poner sobre la mesa la posibilidad de un cambio de sede.

 El momento más crítico llegó en 2015, cuando el FBI destapó el llamado FIFAgate, que implicaba pagos ilegales y sobornos en la elección de Rusia y Qatar como sedes de los próximos mundiales. Tras la investigación posterior, en 2020, la Fiscalía federal de los Estados Unidos acusó formalmente de soborno a varios miembros de la FIFA.

Desde el máximo órgano del fútbol habían tratado de protegerse contratando en 2012 al antiguo fiscal general de los Estados Unidos, Michael García, como presidente de la Comisión de Ética. En 2014 entregó un informe de más de 400 páginas alrededor de las acusaciones sobre Qatar y Rusia, en el que identificaba “problemas serios y de gran envergadura” en la elección de ambas sedes. Aquel informe fue archivado por la FIFA y solo vio la luz una versión reducida que no resolvía ninguna de las dudas. Años más tarde y después de que el diario Bild publicara un avance, el llamado Informe García vio finalmente la luz. En él se habla del pacto, prohibido por la FIFA, entre las federaciones de Qatar y España para intercambiarse los votos en la elección de las ediciones de 2018 y 2022, del papel de la catarí Academia Aspire para decantar el voto de los miembros del comité ejecutivo de la FIFA o del papel de Sandro Rosell como intermediario entre la candidatura de Qatar y el presidente de la Confederación Brasileña, Ricardo Teixeira, a la cuenta de cuya hija de diez años Rosell hizo un ingreso de dos millones de dólares seis meses después de la elección de Qatar como sede del Mundial.

Ante cada una de estas acusaciones, Qatar respondió negando los hechos y reafirmando la legitimidad de su elección. Hassan Al-Thawadi, secretario general del comité organizador, explicó que “siempre hemos cumplido con las normas y regulaciones de la FIFA para alcanzar este éxito. La explicación más simple y no lo digo con arrogancia, es que éramos la mejor candidatura”. Por si acaso, no cejaron en la vía diplomática, que incluía la organización de nuevos amistosos, como el que enfrentó a Uruguay y España, supuestamente incluido en el acuerdo electoral con la federación presidida por Ángel María Villar. Varios clubes de la Bundesliga, entre ellos el Bayern Munich, fueron invitados varias veces a realizar sus concentraciones en las instalaciones de la Aspire Academy. Esas visitas y los dos relojes con los que obsequiaron al alemán Karl-Heinz Rummenigge, por entonces director general del Bayern, influirían para que este declarara que “hay que tener cuidado con exagerar las críticas. No hay que olvidar que la industria alemana tiene allí contratos millonarios”.

Sistema ‘kafala’

Pero, además de las acusaciones de corrupción, Qatar ha tenido que responder también a las numerosas denuncias por violaciones de los derechos humanos, por un sistema laboral casi esclavista o por el trato dado en el país a mujeres y homosexuales. Aspectos que eran bien conocidos cuando la FIFA lo eligió como sede del Mundial.

Hablamos de una candidatura que ha debido construir una nueva red de metro, aeropuerto, carreteras, así como nueve estadios y una nueva ciudad; precisamente la que acogerá la final del torneo. Todas estas obras se han llevado a cabo con mano de obra procedente, principalmente, de países asiáticos. Obreros contratados bajo el sistema kafala, habitual en los países del Golfo Pérsico. Un sistema que tiene sus raíces en el periodo colonial, cuando la escasa presencia de oficiales británicos les llevó a delegar funciones en las empresas locales. Por este sistema los trabajadores entregan sus pasaportes a la empresa y necesitan de un permiso de esta para cambiar de trabajo o salir del país.

 Desde la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se ha denunciado numerosas veces el sistema kafala, así como los prolongados impagos, la dificultad de acceso a la justicia laboral o la ausencia de sindicatos para los trabajadores extranjeros. Amnistía Internacional y otras organizaciones añaden a sus denuncias las precarias condiciones en las que viven los trabajadores o las jornadas de hasta 18 horas y 124 días sin descanso.

Qatar aprobó una primera reforma laboral en 2014 y una segunda en 2016, ambas consideradas insuficientes por la OIT. En 2020 se aprobó una nueva reforma que eliminaba el permiso de la empresa para salir del país y establecía un salario mínimo de 275 euros más techo y comida. Estos cambios han permitido sortear las críticas al comité organizador y a la FIFA, aunque numerosas asociaciones internacionales vienen denunciando que las medidas no están siendo efectivas.

En febrero de 2021 el diario The Guardian denunció la muerte de 6.500 trabajadores desde que se le concedió el Mundial a Qatar, así como la falta de transparencia en los datos. En muchos casos los fallecimientos son registrados como “muerte natural” sin que se haya realizado una autopsia. Desde el Gobierno catarí se explicó que esta cifra correspondía a todas las muertes de extranjeros ocurridas en el país y reconocieron, únicamente, tres casos relacionados directamente con el Mundial. No incluyeron en esta cifra las registradas como muertes naturales, ni los fallecimientos ocurridos en la construcción de carreteras, aeropuerto u otras obras vinculadas a la Copa del Mundo; porque, en los últimos años, prácticamente todo lo que se construye en el país tiene relación con el torneo.

LGTBIfobia

La situación de las mujeres y de los homosexuales ha sido, desde el primer día, otra de las causas principales de protesta. En 2020, la agencia Associated Press aseguró que la organización permitiría la exhibición de símbolos LGTBI y despertó cierta ilusión dentro del colectivo. Sin embargo, un año más tarde, el portavoz de la organización del Mundial, Nasser Al Khater, recordó que “las muestras públicas de afecto no están bien vistas y eso incluye a todo el mundo. Qatar es un país conservador y es todo lo que hay que respetar”. Desde el comité organizador se recordó que los símbolos del colectivo LGTBI podrían ser requisados. “No será para insultarlos, más bien para protegerlos”, añadieron.

La selección de Dinamarca ya ha anunciado que mostrará mensajes en defensa de los derechos humanos durante el Mundial y las de Alemania, Noruega y los Países Bajos protagonizaron actos de protesta en diferentes partidos de clasificación. El futbolista finlandés Riku Riski ha sido, hasta ahora, el único que ha dado un paso más y se negó a disputar el partido amistoso que su selección iba a disputar en Qatar “por las razones éticas y los valores que defiendo”.

 Desde el Gobierno y los medios de comunicación cataríes se viene denunciando una campaña desde occidente contra el país y han tratado de contrarrestarla con otra campaña que incluye entrevistas y reportajes en numerosos medios, así como el apoyo de figuras relevantes del mundo del fútbol. Xavi Hernández fue nombrado embajador global del Mundial de Qatar en el año 2018, tras lo que declaró que “son todo ventajas para que se vea un mundial histórico” o que “Qatar no es un país democrático, pero su sistema funciona mejor”. En años posteriores han incluido en la nómina de embajadores al francés Desailly, el brasileño Cafú, el alemán Matthaüs o el inglés Beckham, todos abiertos a promocionar las virtudes del país y de la Copa del Mundo.

En su momento, toda esta tarea diplomática resultó fundamental para que las diferentes federaciones nacionales que conforman la FIFA aceptaran el cambio de fechas que la organización catarí había previsto para la disputa del Mundial. Las principales ligas del mundo han debido modificar su calendario para dar cabida a la Copa del Mundo entre noviembre y diciembre y lo han hecho sin poner grandes dificultades.

Lisa Klaveness, exfutbolista y presidenta de la federación noruega, denunció el pasado marzo en el congreso de la FIFA que “en 2010 las Copas del Mundo fueron concedidas por la FIFA de una manera inaceptable, con consecuencias inaceptables. Los derechos humanos, la igualdad, la democracia, los intereses fundamentales del fútbol, no estuvieron en el once inicial hasta muchos años después. Estos derechos básicos saltaron al campo como suplentes, principalmente a través de voces externas. La FIFA ha tomado nota, pero todavía hay mucho camino por recorrer […]. Temo que nuestros estadios puedan quedar vacíos en el futuro si ignoramos la urgencia del momento y el momento de actuar es ahora”.

Han pasado muchos años desde que Qatar fue elegida como sede del Mundial y Grondona terminó teniendo razón porque los escándalos que siguieron a esa votación se han llevado por delante a los Blatter, Platini, Villar y compañía, toda una generación de dirigentes del fútbol. Mientras tanto, Qatar capeó el temporal y los ojos del mundo se posarán sobre el país para ver a los mejores futbolistas enfrentarse por el trofeo más preciado, en los flamantes nuevos estadios. El mismo país que nadie imaginaba como sede de un gran evento inaugurará su Mundial el próximo 20 de noviembre."             (Xavier Rodríguez, El Salto, 18/11/22)

20.6.13

Messi, un detalle más en el gran paraíso fiscal de la Liga

"Pero empecemos por el humo, o sea por el caso Messi. Los hechos son bastante sencillos. Se le acusa de regatear a Hacienda los ingresos que obtuvo por derechos de imagen entre 2007 y 2009. No se trata de una ganancia menor, sino del principal ingreso de la mayor estrella del planeta fútbol: cada año cobra 15 millones de euros del Barça mientras obtiene 21 por contratos comerciales, desde natillas a calzoncillos.

 La Fiscalía afirma que este dinero fue cedido a una red de empresas con sede en paraísos fiscales idóneo para este tipo de rentas, como Belice y Uruguay.

Sin embargo, la primera sorpresa llega cuando su club afirma, y los expertos confirman, que se trata de una práctica absolutamente generalizada entre los futbolistas top. Sandro Rosell, presidente del Barcelona, asegura que esto lo hace «el 95%». Desde instancias judiciales se añade que efectivamente la investigación tiene carácter general y alcanza a muchos jugadores del Barcelona y el Real Madrid. 

No parece casualidad que la Fiscalía haya decidido comenzar con la figura que más se ve, la punta de la pirámide, pero se queda la duda de si ha escogido a Messi como mero señuelo para lavar su propia imagen o si es realmente el inicio de una limpia en toda regla. «La Ley es igual para todos, incluso para el número uno», dice el ministro de Educación, José Ignacio Wert.

La segunda sorpresa llega cuando, parafraseando a Wert, se comprueba que esa misma ley tiene muchas trampas. Así, desde entornos de la Fiscalía se avanza que otros jugadores investigados -como los madridistas Cristiano Ronaldo, Kaká y Benzema- nunca podrán ser acusados, ya que no tienen residencia en el Estado español pese a llevar varios años jugando la Liga. La única diferencia con Messi estriba por tanto en que este arribó a los 12 años a La Masía y se domicilió en Gavá.

Esto da pie a hablar de los denominados «galácticos», y a recordar cómo fue el Estado, y curiosamente un gobierno del PSOE y no del PP, quien cambió la norma fiscal para abrirles toda las puertas mediante un régimen fiscal ad hoc. Se aprobó en pleno verano y en plena campaña de fichajes, el 30 de julio de 2005.

 Establecía que los extranjeros que se mudaran al Estado español a trabajar tributarían como «no residentes», y en consecuencia a un tipo general fijo del 24% y no del 43% que correspondía a las rentas más altas. El decreto rápidamente se bautizó como Ley Beckham, porque la megaestrella inglesa fue la primera en acogerse al sistema.

Hay que matizar que este tipo de exenciones no solo y siempre benefician a los jugadores, ya que en ciertos fichajes es el club el que asume el coste de los impuestos que deben abonar. Por tanto, el efecto real de la Ley Beckham fue abaratar las contrataciones de los mejores jugadores del fútbol y convertir el campeonato estatal en la denominada «ley de las estrellas».

 Lo sigue siendo: los seis finalistas de las dos últimas ediciones del Balón de Oro que escoge al mejor jugador del mundo pertenecen a Barça y Madrid. Pero sería más ajustado a la realidad referirse a ello como «paraíso fiscal de las estrellas» o como «la Liga de la burbuja». Detrás de esa cúpula dorada cada vez hay menos base.

 Este verano se acelera la fuga a otras ligas más saneadas de jugadores de alto nivel (en el caso vasco, tras marcharse Javi Martínez, Monreal y Azpilicueta quien emigra ahora es Fernando Llorente) o bien de la llamada «clase media» (Amorebieta es un buen exponente, pero hay otros como los béticos Adrián y Cañas, el celtiña Yago Aspas...)

Solo los grandes clubes se benefician de la Ley Beckham, pero prácticamente todos se han aprovechado de la laxitud de la Hacienda. Empecemos hablando de la estatal. En 2012, el total de deuda acumulada de los clubes estatales con el fisco ascendía a 752 millones de euros (es decir, casi 200 veces más que lo reclamado a Messi). Los últimos datos conocidos apuntan que por vez primera este caballo desbocado empieza a frenar: la cifra habría bajado a 690 millones (un 8%) en este ejercicio.

El ránking de morosos con Hacienda está liderado por el Atlético de Madrid, a quien se atribuía el pasado año una deuda de 120 millones. El segundo era el Deportivo, con 90 millones, ahora ya en situación crítica tras el descenso a Segunda. Si se recuerdan algunas cosas, se entiende todo mejor.

 Hace una década el Deportivo pagó 17 millones de euros al Espanyol por un centrocampista del montón, Sergio. Y en 2011, el Atlético se gastó 40 millones en un capricho, Falcao, que solo le ha durado dos temporadas.

Los clubes han dejado engordar esta bola. La dinámica de incremento del gasto se justifica aludiendo a la necesidad de mantener el nivel competitivo: el ejemplo más claro es el Zaragoza, que cambió casi media plantilla en enero de 2012 ante el riesgo de descenso y pese a encontrarse en Ley Concursal. Pero parece evidente también que los clubes confiaban en que, una vez llegados al precipicio, el Estado acometería un tercer rescate al fútbol, tras los sucesivos de 1986 y 1992. 

Aun sin menospreciar la capacidad de los gobiernos de tropezar varias veces en la misma piedra, resulta impensable que en la actual situación social eso vaya a producirse. De hecho, ha sido también Wert quien ha sentenciado que «esta vez las deudas del fútbol se las va a pagar el fútbol».  (...)

¿Tiene visos de solución esto, o el caso Messi es un mero intento de desviar la atención? Hará falta tiempo para saberlo, pero por un lado los precedentes no son halagüeños y por otro el nivel acumulado de deuda no resulta fácil de reducir.

El primero que debiera mover ficha es el propio fútbol. La Liga de Fútbol Profesional (LFP) acaba de aprobar un reglamento que entrará en vigor en 2013-2014 y que según algunos titulares de prensa supondrá que «quien tenga deudas no podrá fichar». La realidad es mucho más matizable. Lo que teóricamente se impedirá es tramitar las contrataciones de los clubes que en el año anterior hayan incrementado su deuda. 

Es decir, en el mejor de los casos servirá para que no siga creciendo, pero ¿qué pasa con la actual? Y, por otro lado, también aquí la trampa corre más que la ley. Los clubes están recurriendo a un artificio consistente en fichar futbolistas a través de fondos de inversión, de modo que los jugadores sean en realidad propiedad de una nebulosa financiera y no de un club concreto con sede y responsables."       (Ramón Sola, Gara, Rebelión,19/06/2013)