Mostrando entradas con la etiqueta c. Economía italiana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta c. Economía italiana. Mostrar todas las entradas

11.6.26

Expectativas económicas (según Bloomberg, Banco de España, Banco Central Europeo): menos incertidumbre general... Las economías parecen tener, para inversores y gestores, mayores resiliencias de las esperadas... liderazgo de la economía española en crecimiento económico, tanto en 2026 como en las expectativas para 2027 por encima de la media comunitaria y de los países más potentes, y lo hace con señales contundentes que denotan el desempeño del consumo, de la demanda interior y de las exportaciones turísticas y de servicios no turísticos... los gastos de ventas interiores y de utilización de tarjetas de crédito señalan que el crecimiento es importante desde febrero-marzo de 2026... El crecimiento de los servicios no turísticos, con cifras superiores al 2,5% en porcentaje sobre el PIB, ha estado vinculado al auge de la inversión en activos intangibles. Esto es indicativo del positivo aprovechamiento de los fondos europeos Next Generation, aparte de otras iniciativas inversoras... La apuesta por las energías renovables en el caso de la economía española ha facilitado su mayor resiliencia energética, a parte de otras decisiones importantes en política económica, con resultados evidentes en el consumo, el mercado de trabajo y el sector exterior... el diferencial español es bien perceptible, con el análisis de variables que proceden de entidades solventes. Esto se contrapone a mensajes catastrofistas sobre la economía y la sociedad española, construidos en clave ideológica... anémico desempeño del PIB italiano... escaso empuje económico de Alemania y Francia... el compromiso que ha adquirido el canciller alemán en incrementar el gasto militar a costa del gasto social va a suponer la reedición del programa de austeridad que promovió Alemania durante la crisis de la Gran Recesión. Su estela puede expandirse al resto de la Unión Europea... Los resultados de esto ya los conocemos en la historia económica reciente: más contracción económica, más déficit público, incremento de la deuda pública y más desocupación (Carles Manera)

"Incertidumbre menor

Las más recientes previsiones económicas y financieras para la economía mundial (Bloomberg, Banco de España, Banco Central Europeo; fines de mayo de 2026) dibujan una situación de menor incertidumbre, en relación a análisis anteriores. Las economías parecen tener, para inversores y gestores, mayores resiliencias de las esperadas. Para Estados Unidos, indicadores de volatilidad económica –el VIX, calculado sobre precios de opciones a partir del S&P 500– señalan que aquélla cae, pasando del índice 31 (considerado como de incremento relevante de la incertidumbre) el 27 de marzo de 2026; al 15,32 (la cifra señala que se espera poca volatilidad) el 29 de mayo. Es decir, estos datos parecen entrar en una senda de más estabilidad, de mayor confianza.

Por otra parte, los beneficios empresariales son claros, tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos, y esto afecta a todos los sectores, a partir de los cálculos de Bloomberg. Al mismo tiempo, hay menores preocupaciones trasladables a los fondos soberanos y se apunta a una bajada en las expectativas de la inflación. En síntesis, la economía estadounidense está yendo mejor de lo que se esperaba en la esfera financiera, aunque permanecen las inquietudes ante el incremento notable de la deuda pública y del déficit público. Ahora bien, dos variables patentizan signos claros de preocupación: la caída de las contrataciones (Gráfico 1, con perspectivas de largo plazo); y el repunte de la inflación, desde abril de 2025 hasta mayo de 2026, que se encuentra entorno al 3,6-3,8%, en contraste con el 2,9% cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca en enero de 2025, según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos. La política arancelaria tiene una cuota clave de responsabilidad en esto. Y coloca a la Reserva Federal en el dilema de enfrentarse a la inflación –subiendo los tipos de interés– o mejorar posiciones en el mercado laboral –bajándolos, si bien las cifras son más robustas de las esperadas por los analistas–, generando más tensiones inflacionistas.

En el espacio europeo, las variables correspondientes al PIB y a la inflación según las previsiones de primavera de la Comisión Europea (Gráficos 2 y 3), señalan unos factores destacables:

  • El liderazgo de la economía española en crecimiento económico, tanto en 2026 como en las expectativas para 2027, por encima de la media comunitaria y de los países más potentes, como Alemania y Francia.
  • La reducción de la inflación en 2027, tras un ligero repunte en 2026 llegando al 3% en el conjunto de la media comunitaria.
  • La situación de Italia, con un anémico desempeño del PIB, a pesar de ser el país que más fondos Next Generation ha recibido (210 mil millones de euros; España, 140 mil millones). Se deduce, sobre todo, una ralentización en los programas de ejecución de las inversiones.
  • El escaso empuje económico de Alemania y Francia, con datos de PIB e inflación, si se contrastan con el resto de países considerados.

            Estas magnitudes remiten a la posición que puede tener la autoridad monetaria e, igualmente, la que compete a los gobiernos en política fiscal. Dos aspectos concretos quiero reseñar:

a/ Para Alemania, a tenor de las cifras esperadas de avance del PIB y de la inflación, estamos con guarismos relativamente bajos en crecimiento y algo superiores –por medio punto– al objetivo del 2% en inflación para el Banco Central Europeo (remitimos de nuevo a los Gráficos 2 y 3). Los indicadores sugieren sendos problemas, en inversión y en demanda, aspectos además lastrados por el compromiso que ha adquirido el canciller alemán en incrementar el gasto militar a costa del gasto social. Estos recortes van a suponer la reedición del programa de austeridad que promovió Alemania durante la crisis de la Gran Recesión. Su estela puede expandirse al resto de la Unión Europea, en una coyuntura en la que, como en la crisis financiera iniciada en 2007-2008, el desempeño del PIB fue muy limitado por la aplicación de esas políticas pro-cíclicas, mientras los precios se escoraron claramente hacia un desafío deflacionista. Los resultados de esto ya los conocemos en la historia económica reciente: más contracción económica, más déficit público, incremento de la deuda pública y más desocupación. Pero además, y desde la perspectiva de la economía política, la derivada social y electoral es clara: el aumento de las opciones de ultraderecha, con el ascenso de Alternativa por Alemania. Esto no es ajeno a la pérdida de confianza en la política económica que está aplicándose por parte del gobierno federal. El descontento social se agrava siempre con este tipo de planteamientos económicos, aunque quieran exponerse con una racionalidad –el control de las cuentas públicas; los compromisos con la OTAN– que no es convincente si supone un mayor sufrimiento social. Alemania tiene ya una historia económica muy conocida a este respecto, y en estos días se invoca allí la experiencia de la República de Weimar y las concesiones que se hicieron a las derechas más radicales y a la ultraderecha, con recortes presupuestarios y reducción de las conquistas sociales a partir de 1930, a la par de un empuje enorme del militarismo. El desenlace es igualmente conocido: el ascenso de Hitler al poder (sobre todo esto, véase el reciente y documentadísimo libro de Volker Ullrich, El fracaso de la República de Weimar, Taurus, 2025).

b/ Los datos presentados sobre crecimiento económico e inflación no parecen justificar, técnicamente, subidas en los tipos de interés. El caso de Estados Unidos es diferente, con una inflación más elevada y una tensión importante en la negociación de su deuda pública (el bono a treinta años se ubica en una horquilla entre el 4,5 y el 5,5%, la más elevada de los últimos años). El cambio en la presidencia de la Reserva Federal puede condicionar que, por presiones políticas, se decida bajar los tipos; pero eso sería un mensaje que los mercados quizás no aceptarían si intuyen esa intromisión política en las decisiones del regulador bancario. Para la Eurozona, subir los tipos –se habla con insistencia en las palestras económicas de dos alzas, una en junio y otra pasado el verano– va a condicionar decisiones de inversión y consumo, cuando el shock económico que estamos viviendo no es de demanda, sino de oferta.

Economía española: mayor robustez

En este contexto de una incertidumbre menor –y que evidentemente puede cambiar–, la economía española sustenta datos de fortaleza, en relación a los que vemos en los gráficos presentados. España lidera sin discusión el crecimiento económico de la Eurozona en 2026 y se espera lo mismo para 2027, y lo hace además con señales contundentes que denotan el desempeño del consumo, de la demanda interior y de las exportaciones turísticas y de servicios no turísticos. Aportamos estas consideraciones:

  • Por un lado, el crecimiento del empleo se mantiene de forma sólida, si se observan las variables del número de afiliados a la Seguridad Social. Estamos en la creación de empleo, entre enero y mayo de 2026, del orden de unos 40 mil nuevos puestos de trabajo cada mes, según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y el Banco de España. El dato infiere –esto es una hipótesis personal– que el año puede cerrarse con una cifra cercana a los 500 mil empleos de nueva creación en un año.
  • Los salarios se han incrementado entre el 3% y el 4% anual en convenios colectivos. Esto ha permitido recuperar poder adquisitivo frente a la inflación. Según la Encuesta de Estructura Salarial del INE, el salario medio en España creció un 23% entre 2018 y 2024, mientras que la inflación lo hizo un 19%. Y los salarios más modestos lo hicieron en un 42%. Esto ayuda a explicar lo que se expone a continuación.
  • Los gastos de ventas interiores y de utilización de tarjetas de crédito señalan, a partir de datos de la Agencia Tributaria y del Banco de España, que el crecimiento es importante desde febrero-marzo de 2026.
  • El crecimiento de los servicios no turísticos, con cifras superiores al 2,5% en porcentaje sobre el PIB, ha estado vinculado al auge de la inversión en activos intangibles. Entre 2019 y 2023, la inversión en estas ramas ha mostrado un incremento superior al del resto de la economía, a partir de datos del INE y del Banco de España. Esto es indicativo del positivo aprovechamiento de los fondos europeos Next Generation, a parte de otras iniciativas inversoras.
  • La llegada de turistas a España ha crecido notablemente, desde casi 72 millones en 2022 hasta 97 millones en 2025, según datos del Ministerio de Industria y Turismo. Esto infiere, a su vez, un incremento del gasto turístico, del número de pernoctaciones y de los ingresos, de forma que en conjunto compila casi el 14% del PIB nacional. Las externalidades negativas que genera el sector significan un reto para todas las administraciones públicas involucradas, desde la central hasta la autonómica pasando por la municipal.

Conclusión

La incertidumbre se ha atenuado con los datos más recientes que se disponen. La menor dependencia de combustibles fósiles para muchas economías occidentales ha contenido el impacto de la guerra de Irán. La apuesta por las energías renovables en el caso de la economía española ha facilitado su mayor resiliencia energética, a parte de otras decisiones importantes en política económica, con resultados evidentes en el consumo, el mercado de trabajo y el sector exterior. Los retos para España son, sin embargo, claves, y se concentran de manera especial en el tema de la vivienda.

Ahora bien, esa incertidumbre persiste y no debe ignorarse, y está sujeta a los vaivenes de las decisiones políticas que emanan desde instituciones estadounidenses y también europeas. Pero en esas coordenadas, el diferencial español es bien perceptible, con el análisis de variables que proceden de entidades solventes. Esto se contrapone a mensajes catastrofistas sobre la economía y la sociedad española, construidos en clave ideológica y con pocas bases empíricas que los sustenten." 

(

19.5.26

¡Cómo debe estar la situació, para que Meloni amenace con abandonar el programa de defensa SAFE! Si la UE no relaja las normas fiscales para los hogares y las industrias que luchan con los crecientes costes de la energía, argumentando que la seguridad energética debe tratarse con la misma urgencia que el gasto en defensa... Según la primera ministra italiana, la seguridad no debe medirse únicamente en términos militares, sino también por si las fábricas pueden seguir funcionando, las familias pueden pagar las facturas de energía y los gobiernos pueden mantener la estabilidad económica (Marta Pacheco, Euronews)

 " Meloni pide una mayor flexibilidad presupuestaria para hacer frente al aumento de los costes energéticos, advirtiendo de que Italia podría abandonar el programa de defensa SAFE, en una nueva carta enviada a la Comisión Europea.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha instado a la Comisión Europea a flexibilizar las normas fiscales para los hogares y las industrias que luchan con los crecientes costes de la energía,  .

En una carta enviada el lunes a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, vista por Euronews, Meloni dijo que la UE debería mostrar el mismo "coraje político" en materia de energía que el que ha demostrado en defensa.

"Si consideramos correctamente la defensa como una prioridad estratégica tan importante como para justificar la activación de la Cláusula de Escape Nacional, entonces debemos tener el coraje político para reconocer que hoy la seguridad energética también es una prioridad estratégica europea", dice la carta.

El llamamiento se produce en medio de renovados temores de un choque energético a medida que aumentan las tensiones en Oriente Medio y crecen las preocupaciones sobre posibles interrupciones en el Estrecho de Ormuz, una ruta marítima mundial clave para el petróleo y el gas.

En toda Europa, los gobiernos siguen recelosos de que se repita la crisis energética que siguió a la invasión rusa de Ucrania, que desencadenó cierres de fábricas, una inflación disparada y subsidios estatales de emergencia.

Meloni argumentó que la UE no puede pedir a los ciudadanos que apoyen un aumento del gasto en defensa mientras parece indiferente a la presión financiera que enfrentan los hogares y las empresas.

Según la primera ministra italiana, la seguridad no debe medirse únicamente en términos militares, sino también por si las fábricas pueden seguir funcionando, las familias pueden pagar las facturas de energía y los gobiernos pueden mantener la estabilidad económica.

En el centro de la solicitud de Roma se encuentra la Cláusula de Escape Nacional de la UE, adoptada el 8 de julio, que permite a los Estados miembros flexibilidad fiscal temporal para impulsar el gasto en defensa en circunstancias excepcionales.

Meloni dijo que Bruselas ya había mostrado disposición a flexibilizar las reglas presupuestarias en respuesta a la guerra de Rusia en Ucrania y a las crecientes preocupaciones sobre la preparación militar de Europa. Italia busca ahora una flexibilidad similar para las medidas energéticas de emergencia.

El primer ministro, cuyo partido Hermanos de Italia, de corte conservador, lidera la coalición gobernante, también se enfrenta a un apoyo público desigual para un mayor gasto en defensa en un momento en que muchos votantes siguen centrados en el coste de la vida.

"No podemos justificar ante nuestros ciudadanos que la UE permita flexibilidad financiera para la seguridad y la defensa en sentido estricto y no para defender a las familias, los trabajadores y las empresas de una nueva emergencia energética que corre el riesgo de golpear duramente la economía real", afirma la carta.

Italia tiene la segunda relación deuda/PIB más alta de la UE después de Grecia, lo que limita el margen de maniobra de Roma para subsidios a gran escala según las reglas fiscales existentes.

Meloni también sugirió que la falta de mayor flexibilidad en los costos de energía podría complicar el apoyo de Italia al programa SAFE (Acción de Seguridad para Europa) de la UE, el mecanismo de endeudamiento conjunto del bloque de 150 mil millones de euros destinado a fortalecer las capacidades de defensa.

SAFE tiene como objetivo ayudar a los estados miembros a impulsar la inversión militar y cumplir objetivos de gasto de la OTAN más ambiciosos.

"En ausencia de esta necesaria coherencia política, sería muy difícil para el gobierno italiano explicar al público un posible recurso al programa SAFE en las condiciones actualmente previstas", escribió Meloni.
ANUNCIO

El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, dijo el 14 de mayo que había solicitado aclaraciones al Tesoro sobre si Italia participaría en el fondo de adquisición de armas de la UE, señalando que Roma tenía hasta finales de mes para decidir si se unía al programa."

Marta Pacheco , Euronews, 18/05/26, traducción Quillbot 

8.7.25

La producción de automóviles en Italia atraviesa un momento terrible... Stellantis habrá producido 440.000 vehículos al año... La capacidad total de producción de automóviles en Italia es de 1,5 millones de unidades al año, por lo que la utilización será inferior a un tercio. La industria debería alcanzar una utilización del 70% para garantizar la rentabilidad a largo plazo... Hay lecciones de toda esta experiencia que el Gobierno italiano debería aprender... Una de ellas es que la política industrial debe centrarse en las nuevas tecnologías e incentivarlas, en lugar de arrastrar las viejas... Pero la lección que probablemente aprenda el Gobierno es que es arriesgado dejar que las grandes empresas se vayan de las manos italianas (Eurointelligence)

 "La pesadilla automovilística de Italia

La producción de automóviles en Italia atraviesa un momento terrible. Stellantis, con diferencia el mayor productor de automóviles del país, está produciendo volúmenes que sufren un severo descenso interanual. Según el sindicato FIM-CISL, en el primer semestre de 2025 fabricó un 33,6% menos de coches que en el mismo periodo de 2024. Si se tiene en cuenta la producción de furgonetas, la caída interanual es del 26,9%.

Para finales de año, el sindicato calcula que Stellantis habrá producido 440.000 vehículos al año. Si esto se cumple, estará muy por debajo del objetivo de 1 millón de vehículos anuales que la empresa acordó con el Gobierno italiano. La capacidad total de producción de automóviles en Italia es de 1,5 millones de unidades al año, por lo que la utilización será inferior a un tercio. La industria debería alcanzar una utilización del 70% para garantizar la rentabilidad a largo plazo.

Parte del problema ha sido una muy mala experiencia con la producción de coches eléctricos en Italia. Este ha sido el caso de una de las principales fábricas de Stellantis en el país, su planta de Mirafiori en Turín. Mirafiori, y Turín, son los hogares espirituales tanto de Fiat, ahora parte de Stellantis, como de la industria automovilística italiana. Pero los problemas con una versión eléctrica del Fiat 500 y la escasa demanda del coche han provocado repetidos paros en la fábrica. Stellantis espera que el cambio de estrategia hacia los coches híbridos dé sus frutos. Pero sigue siendo difícil ver cómo se puede revertir una situación de producción tan lateral.

Hay lecciones de toda esta experiencia que el Gobierno italiano debería aprender, y otras que probablemente aprenderá. Una de ellas es que la política industrial debe centrarse en las nuevas tecnologías e incentivarlas, en lugar de arrastrar las viejas. Italia tardó en poner en marcha un plan de incentivos para los coches eléctricos. También se podría haber trabajado más, sobre todo a nivel europeo, en la cadena de suministro del coche eléctrico. China, que ahora es el principal fabricante de coches eléctricos del mundo, lleva décadas haciéndolo. Nosotros vamos muy por detrás.

Pero la lección que probablemente aprenda el Gobierno es que es arriesgado dejar que las grandes empresas se vayan de las manos italianas. Stellantis surgió en 2021, tras una fusión entre Fiat-Chrysler y la francesa Peugeot. La italiana Fiat, y su familia fundadora, los Agnelli, eran los actores dominantes en la relación Fiat-Chrysler. Su influencia se ha diluido en la posterior fusión con Peugeot para crear Stellantis.

Es probable que el Gobierno italiano considere que no es casualidad que la gran caída de la producción de automóviles se produjera poco después de la fusión. Ya ha tenido varios roces con Stellantis, que ha intentado aplacar al Gobierno en varias ocasiones. Si la producción de automóviles en Italia sigue siendo decepcionante, no sería de extrañar que el Gobierno redoblara sus esfuerzos por mantener en Italia a las mayores empresas del país."

(Eurointelligence, 08/07/25,  Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com)

1.7.25

Italia: No hay milagro económico... Su PIB per cápita podría alcanzar el de Francia este año... pero la economía italiana no es «fuerte», es más bien la economía francesa (como la economía alemana) la que es más débil desde 2020... El «éxito» económico pretendido de Italia sería el de Giorgia Meloni. Su política económica se convertiría en el modelo de la extrema derecha europea, como la de Pedro Sánchez en España se ha convertido en la referencia de la izquierda reformista... una vez más, hay que desconfiar de los grandes agregados. Porque los fundamentos de la economía italiana están lejos de ser alentadores y más bien señalan un debilitamiento estructural... desde la crisis sanitaria, la industria italiana está parada... Italia tiende, por lo tanto, a desindustrializarse... su alto superávit comercial se explica por la disminución de las importaciones, que a su vez se debe a la debilidad del consumo... Las exportaciones han disminuido... el FMI advirtió que si Italia pretende gastar más en su rearme, tendrá que hacer recortes drásticos en sus gastos sociales, con una nueva reforma de pensiones y "reformas estructurales". El relato del crecimiento no permite a Italia salir del atolladero (Romaric Godin)

 "Su PIB per cápita podría alcanzar el de Francia este año. Sin embargo, la situación estructural de la economía italiana sigue siendo preocupante, ya que el crecimiento se desacelera. La industria está en declive, el aumento de la productividad se ha estancado y los ingresos de los hogares están deprimidos.

 No hacía falta más para que algunos observadores proclamaran un poco rápidamente el «espectacular resurgimiento» de Italia y colocaran a la península en un conjunto global de «crecimiento del sur de Europa». Todo ello, por supuesto, con un trasfondo político. El «éxito» económico pretendido de Italia sería así el de Giorgia Meloni. Su política económica se convertiría entonces en el modelo de la extrema derecha europea, como la de Pedro Sánchez en España se ha convertido en la referencia de la izquierda reformista.

Queda por saber cuál es la realidad de este "espectacular resurgimiento" italiano. Tomando un poco de distancia, uno se da cuenta de que Italia es efectivamente uno de los pocos grandes países europeos que experimenta una tendencia en los años 2020-2025 superior a la de los años 2010-2020. Pero hay que precisar inmediatamente tres elementos.

Un crecimiento no tan espectacular

Primero, el crecimiento de la década de 2010 en Italia es una anomalía. El PIB se estanca entre finales de 2009 y finales de 2019, con un aumento del 1,6 % en diez años. En Francia, el aumento del PIB real es del 12,3 % en el mismo período, y es bastante bajo históricamente. Italia sufre entonces una fuerte contracción de su demanda interna con el objetivo de mantener su competitividad externa y un superávit primario en las cuentas públicas (antes del pago del costo de la deuda). En resumen: la austeridad llevada a cabo por los diferentes gobiernos golpea a la península de lleno y conduce a una fuerte desinversión en el país.

El otro elemento es que la aceleración italiana es muy puntual. Se puede situar entre el último trimestre de 2020 y el segundo de 2022. Durante estos dieciocho meses, el PIB trimestral italiano aumentó un 10,91 %, casi el doble del 5,52 % de Francia. Pero desde el tercer trimestre de 2022, Italia ha tenido un rendimiento inferior al de Francia (1,53 % frente al 2,86 %), a pesar de haber beneficiado del plan europeo de « recuperación y resiliencia ».

El superávit italiano del primer trimestre no era la norma desde hace tres años. En otras palabras, el rendimiento relativo superior de Italia no puede atribuirse a la política de Giorgia Meloni. Se basa más en la política llevada a cabo por Giuseppe Conte (2018-2021) y luego por Mario Draghi (2021-2022).


De hecho, la aceleración del PIB italiano está relacionada principalmente con lo que se llama el «superbonus», un mecanismo que permite beneficiarse de una subvención del 110 % de los trabajos de renovación energética. Este dispositivo, implementado en mayo de 2020 por el gobierno de Conte, fue suprimido por el gobierno de Meloni a principios de 2023, pero lógicamente tuvo un gran éxito. Al invertir 100 euros, se recuperaban 110 euros en reducción de impuestos.

Este superbono ha sido claramente el elemento principal de apoyo al crecimiento italiano en el momento de su aceleración al salir de la crisis sanitaria. Es lo que ha permitido el rendimiento superior del PIB italiano. Las cifras globales sobre el PIB anual de 2019 a 2024 vienen a confirmar este hecho.

Las inversiones en viviendas privadas han aportado, según el Istat, no menos del 72,7 % del total del crecimiento en el período, es decir, 4 puntos del PIB. Por supuesto, este aumento de la demanda ha llevado a la inversión en otros sectores. El aumento de la inversión fija es, en el período, superior al del crecimiento.

Desde 2023, las inversiones en viviendas han disminuido, aunque la posibilidad de distribuir los gastos en cinco años ha permitido evitar su colapso. En el primer trimestre de 2025, el nivel de estas inversiones era un 8 % inferior al punto máximo de 2023. En otras palabras, el fuerte crecimiento de Italia fue puntual y dopado con los esteroides del superbono.

 Finalmente, es necesario poner en contexto el aumento del PIB italiano. No fue sino hasta el primer trimestre de 2025 que el PIB real trimestral superó su nivel del primer trimestre de 2008 en un 0,7 %. En otras palabras, a pesar del «espectacular repunte» del país, este ha experimentado desde hace casi dos décadas una verdadera estancamiento de su economía.

Esto debe llevarnos a relativizar fuertemente los clarines tocados por la prensa italiana y el gobierno de Giorgia Meloni. La economía italiana no es «fuerte», es más bien la economía francesa (como la economía alemana) la que es más débil desde 2020. Con un elemento adicional: Italia es un país en plena crisis demográfica.

La población de la península ha estado disminuyendo desde 2015, debido a un índice de fecundidad muy bajo (1,18 hijos por mujer) y un rápido envejecimiento. El saldo migratorio ya no permite compensar el saldo natural, y la población ha disminuido en casi un 3 % en diez años. Como, en paralelo, la crisis demográfica francesa es menos aguda, con una población que sigue aumentando un 3 % en diez años, el efecto sobre el PIB per cápita es mecánico: se necesita menos crecimiento en Italia para mejorar este indicador. Sin embargo, en general, desde 2020, Francia ha experimentado un crecimiento más débil con una población en aumento, mientras que Italia ha tenido un crecimiento más fuerte con una población en disminución.

Pero este mismo PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo italiano sigue siendo cercano a su nivel de 2007, lo que indica que la economía italiana no está tan bien. Por otra parte, no hay nada de excepcional en este sorpasso italiano en términos de PIB per cápita: antes de 2011, Italia estaba regularmente por encima de Francia según este criterio. Según el Banco Mundial, el PIB per cápita italiano era superior en un 10,3 % al de Francia en 1990.
Desindustrialización y salarios en declive

No hay, por lo tanto, un « milagro económico » italiano. Justo una forma de regreso a la normalidad después de dos décadas perdidas. Pero, una vez más, hay que desconfiar de los grandes agregados. Porque los fundamentos de la economía italiana están lejos de ser alentadores y más bien señalan un debilitamiento estructural.

El primer elemento a destacar es el debilitamiento del tejido industrial italiano. Durante mucho tiempo, la gran fuerza de la economía italiana ha sido la red de pequeñas y medianas empresas industriales, a menudo ubicadas en el noreste del país, muy competitivas en el mercado mundial. Sin embargo, en el período 2019-2024, se observa que el valor añadido de la industria manufacturera solo ha progresado un 0,45 %, frente a un aumento del 7,5 % en el período 2015-2024. En resumen: desde la crisis sanitaria, la industria italiana está parada.

En el detalle sectorial, se observa que en estos últimos cinco años, el valor añadido industrial aumenta en solo cuatro de los once grandes sectores. Si la farmacia (+ 21,5 %), el material informático (+ 20,3 %) o la agroalimentaria (+ 12 %) progresan notablemente, se observan retrocesos en antiguos puntos fuertes de la industria italiana como el textil (− 5,6 %), las máquinas (− 4,1 %) y el material de transporte, incluidos los automóviles (− 3,5 %).

 Italia tiende, por lo tanto, a desindustrializarse. En 2019, la industria manufacturera representaba el 17,1 % del valor añadido total. En 2024, este nivel ha retrocedido al 16,2 %. Como, paralelamente, la productividad del sector ha tendido a retroceder (pero faltan datos precisos), la industria italiana está sufriendo una pérdida de sustancia.

Es en gran parte la pérdida de mercados internacionales lo que explica este hecho. Ciertamente, Italia sigue mostrando un alto superávit comercial que, en 2024, ha aumentado de 20 mil millones de euros a 54,9 mil millones de euros. Pero esta cifra es en parte ilusoria y se explica, en particular, por la disminución de las importaciones, que a su vez se debe, como veremos, a la debilidad del consumo. Las exportaciones, en cambio, han disminuido un 0,4 %.

Y cuando se observa en un período más largo y en volumen, es decir, neutralizando el efecto de los precios, se constata que las exportaciones de bienes han aumentado solo un 0,6 % entre 2022 y 2024 y un 7,4 % entre 2019 y 2024 (mientras que las importaciones de bienes han aumentado un 11,79 % en cinco años). En cinco años, a pesar de una buena dinámica de las exportaciones de servicios (es decir, principalmente del turismo), que aumentaron un 15,8 %, el comercio exterior ha restado cerca de 0,5 puntos del PIB a Italia.

La industria italiana no está en su mejor momento. Pero, ¿qué decir de los hogares? El consumo sigue estancado desde la crisis sanitaria. Entre 2019 y 2024, solo ha progresado un 0,4 %, con una notable disminución en los gastos alimentarios (− 3,4 %), de vestimenta (− 9,2 %) o de restauración (− 4,6 %). El consumo se concentra en la salud (+ 5,9 %) y la adquisición de materiales y servicios informáticos. Pero estos gastos apenas compensan la pérdida relacionada con las restricciones de otros sectores.

Evolución de los salarios reales en Italia, Francia, Alemania y España desde 2019. © Istat

En el primer trimestre de 2025, el consumo de los hogares muestra un aumento del 0,1 %. En otras palabras, la estancación persiste y se explica por una bajada de los salarios reales en los últimos años. Según las cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de hace un año, "Italia es el país [de la OCDE] que ha experimentado la mayor caída de los salarios reales desde la pandemia". Según el Istat, los salarios reales, entre 2019 y 2024, han retrocedido un 4,4 %. Uno de los niveles más bajos de Europa.

En otras palabras: el crecimiento italiano ante el cual los economistas se deslumbran no ha beneficiado al mundo del trabajo ni a los hogares. Como los ingresos globales entre 2019 y 2024 han aumentado un 2 % en términos reales, según el Istat, la distorsión en la distribución de la riqueza creada se ha producido en detrimento de los trabajadores. La Organización Internacional del Trabajo lo confirma: entre 2018 y 2024, la parte de los salarios en el valor añadido pasó del 61,6 % al 58,6 %.

 Ciertamente, el desempleo ha disminuido considerablemente. Cercano al 10 % en febrero de 2020 (9,7 %), la tasa de desempleo descendió al 6 % en marzo de 2025. Es en parte el fruto del cambio de la economía hacia los servicios, más intensivos en mano de obra, pero también menos productivos. Pero la principal razón es demográfica. La población en edad de trabajar está disminuyendo, y se necesitan pocas creaciones de empleo para reducir la tasa de desempleo. De hecho, el aumento del empleo es bastante modesto: + 3,8 % entre 2019 y 2024, tanto como Alemania, pero menos que Francia.

De hecho, el país sigue siendo uno de los menos productivos de Europa occidental. Y la evolución reciente no ha mejorado nada. Según el Istat, el crecimiento de la productividad, ya uno de los más débiles del viejo continente, se ha ralentizado aún más entre 2019 y 2024, aumentando solo un 1,03 % en ese período. Entre 2023 y 2024, incluso retrocedió. Concretamente, esto significa que, a pesar del dinamismo, en Italia como en otros lugares, del sector tecnológico, la producción global está bajo presión, debido al agotamiento de las ganancias de productividad industriales y al desarrollo de los servicios, y a pesar de la recuperación de la inversión global. La consecuencia es que Italia no puede esperar mostrar una recuperación duradera de su crecimiento.

Entonces se entiende mejor el esquema de estos últimos años: el crecimiento ha sido artificialmente impulsado por el superbono, entre 2020 y 2023, pero sus fundamentos siguen siendo muy débiles: la industria está en declive, los aumentos de productividad han parado y los ingresos de los hogares están en declive. Y estos tres elementos se retroalimentan: la terciarización de la economía afecta la productividad y, por lo tanto, los salarios.

Por lo tanto, no hay ni un "milagro" ni un "recuperación espectacular" de la economía italiana. Y el crecimiento es aún menos atribuible al gobierno de Giorgia Meloni, que solo ha implementado reformas antisociales, como la reducción del ingreso de ciudadanía, pero no ha llevado a cabo ninguna medida económica de gran envergadura. El gobierno italiano se contenta con surfear sobre agregados cuidadosamente elegidos, como el PIB per cápita.

A partir de ahora, la economía italiana está en la cuerda floja. El crecimiento se está agotando. En un año, al 31 de marzo, el PIB italiano muestra un crecimiento del 0,7 % que, según la Comisión Europea, podría ser el de 2025, aunque el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un 0,4 %. Con un crecimiento tan bajo, el país sigue sufriendo la presión de los mercados y del FMI para reducir su endeudamiento público, actualmente en el 135 % del PIB.

El gobierno debe, por lo tanto, reducir los gastos para compensar el importante servicio de la deuda del país. Esta política pesa como un peso permanente sobre la actividad. El desaceleramiento de la actividad de los últimos dos años también se explica por la reducción del déficit público, es decir, en el caso italiano, por el aumento del superávit primario.

Pero el 29 de mayo, el FMI advirtió. Si Italia pretende gastar más en su rearme, tendrá que hacer recortes drásticos en sus gastos sociales, con una nueva reforma de pensiones y "reformas estructurales". El relato del crecimiento no permite a Italia salir del atolladero."
 

(Romaric Godin, CADTM, 30/06/25, traducción Quillbot) 

7.3.25

¿Provocará Trump una crisis de deuda en la eurozona? Sus medidas arancelarias pueden desencadenar una recesión en toda Europa y otra crisis de deuda en la eurozona... hoy Italia y Francia tienen cocientes deuda pública/PIB más altos que durante la crisis de deuda soberana de la eurozona en 2010‑12, al tiempo que han acumulado un déficit fiscal insostenible... una desaceleración significativa de la economía alemana les haría todavía más difícil reducir la carga de sus deudas, porque tendrían menos demanda para sus exportaciones... el sistema financiero estadounidense está muy expuesto a la economía europea... La última esperanza de Europa es que Trump comprenda antes de que sea demasiado tarde que provocar una recesión y una crisis de deuda en Europa iría en contra de los intereses económicos de Estados Unidos (Desmond Lachman)

 "En la primera reunión de gabinete de su segundo mandato, el presidente estadounidense Donald Trump declaró que tiene intención de imponer un arancel general del 25% a todas las importaciones procedentes de la Unión Europea. Pero antes de abrir un frente europeo en su guerra comercial, tal vez le convendría pensar en la mala situación económica del continente: la economía alemana viene experimentando una larga desaceleración, mientras que Italia y Francia enfrentan graves problemas de deuda pública. Si lo hace quizá comprenderá que sus medidas arancelarias (parte de su agenda de «Estados Unidos primero») pueden desencadenar una recesión en toda Europa y otra crisis de deuda en la eurozona.

Habrá quien diga que a Trump no le interesa la suerte que corra Europa. Pero teniendo en cuenta el duro golpe que asestó la crisis de deuda griega de 2010 a los mercados financieros de Estados Unidos y de todo el mundo, es evidente que una debacle similar en Francia e Italia (la segunda y la tercera economía de la Unión Europea, respectivamente, y varias veces el tamaño de la griega) sería catastrófica para los mercados y la economía mundial. Y eso es lo último que Trump necesita durante su gobierno.

Los recientes padecimientos económicos de Alemania, como las penas de Shakespeare, «no vienen solos, sino en batallones». Incluyen interrupciones de cadenas de suministro por la COVID, una crisis energética causada por la invasión rusa de Ucrania, una importante desaceleración de la demanda china de bienes de capital alemanes (tras el colapso de la burbuja inmobiliaria china) y más competencia de las empresas chinas, sobre todo en el sector automotor y el de las energías limpias. En estas circunstancias, y dado que las exportaciones representan casi el 50% de su PIB, Alemania no está en condiciones de afrontar los aranceles estadounidenses.

Mal pueden exagerarse los efectos adversos que las perturbaciones mencionadas han tenido en la economía alemana. Desde el inicio de la pandemia en 2020, la economía estadounidense ha crecido un 12%, mientras que la alemana no experimentó ningún crecimiento e incluso cayó en 2023 en una recesión de la que todavía no se ha recuperado. Ahora, el Bundesbank advierte que los aranceles propuestos por Trump pueden llevar a que la economía alemana se contraiga un 1,5% en 2027.

Por desgracia, todo indica que los próximos blancos de la guerra comercial de Trump serán Europa en general y Alemania en particular. Tras el arancel del 25% a las importaciones de acero y aluminio, Trump contempla aplicar medidas similares a los automóviles y a los productos farmacéuticos, de los que Estados Unidos compra a Alemania una parte importante. También ha amenazado con imponer aranceles «recíprocos» iguales a los que cobren los socios comerciales de Estados Unidos, y ha prometido poner en la mira a los países que mantengan con Estados Unidos un gran superávit comercial. En 2024, el superávit comercial de Alemania con Estados Unidos alcanzó la cifra récord de 72 000 millones de dólares.

En tanto, hoy Italia y Francia tienen cocientes deuda pública/PIB más altos que durante la crisis de deuda soberana de la eurozona en 2010‑12, al tiempo que han acumulado un déficit fiscal insostenible, pero al parecer carecen de voluntad política para resolver sus problemas financieros.

Incluso si lograran reunirla y actuar, les costaría mucho llevar su deuda pública a una senda sostenible. Atrapados en la camisa de fuerza del euro, Italia y Francia no pueden usar políticas de tipos de interés o de tipo de cambio para estimular las exportaciones o la demanda de los consumidores y compensar el efecto contractivo del ajuste fiscal sobre la demanda agregada. Además, una desaceleración significativa de la economía alemana les haría todavía más difícil reducir la carga de sus deudas, porque tendrían menos demanda para sus exportaciones.

La última esperanza de Europa es que Trump comprenda antes de que sea demasiado tarde que provocar una recesión y una crisis de deuda en Europa iría en contra de los intereses económicos de Estados Unidos. Como demostró la crisis de deuda soberana de Grecia, el sistema financiero estadounidense está muy expuesto a la economía europea. Además, una recesión en la eurozona sería probablemente mala noticia para su bienamado mercado bursátil, ya que alrededor del 40% de las utilidades de las empresas del índice S&P 500 procede de sus operaciones en el extranjero.

Pero una esperanza no es una estrategia, sobre todo ahora que Trump parece totalmente decidido a aplicar una política comercial agresiva de «Estados Unidos primero». En vez de eso, las autoridades europeas deben prepararse para una guerra comercial total. La mejor defensa sería emprender las audaces reformas estructurales que Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo, propuso el pasado septiembre para restaurar la competitividad del bloque."

(Desmond Lachman, Revista de prensa, 06/03/25, fuente Project Syndicate)

20.12.24

La crisis de Stellantis y la crisis italiana... No puede decirse que la crisis de Stellantis sea un rayo caído del cielo. Los errores del pasado ya no se pueden esconder bajo la alfombra... No están lejos los tiempos en que el Primer Ministro del Partido Democrático Italiano elogiaba a Marchionne por «hacer cosas de izquierdas», mientras se dedicaba a despedir sindicalistas y a atacar las condiciones de los trabajadores y trabajadoras. Alguien señaló entonces al ídolo intocable de los periódicos y la política que si despedían a los trabajadores y bajaban los salarios, ya nadie compraría coches, pero para entonces Fiat ya no era una industria sino una empresa financiera... Los dividendos deben redistribuirse entre los accionistas, ése es el objetivo, no hacer funcionar la empresa. Es como decir: 'la operación tuvo éxito, el paciente murió'... un estudio de AlixPartners y Anfia que teme «el riesgo de que se adelante de 2030 a 2025 la pérdida de hasta 40 mil puestos de trabajo en el sector»... y la entusiasta participación en la guerra contra Rusia está dando sus resultados pero la política parece no entenderlo... la economía italiana se está ralentizando y la industria está en crisis... y la situación social del país dibuja una nación empobrecida en la que «fermenta el antioccidentalismo». Este antioccidentalismo no es ideológico sino el resultado de las políticas de guerra y austeridad

 "No puede decirse que la crisis de Stellantis sea un rayo caído del cielo. Los errores del pasado ya no se pueden esconder bajo la alfombra. No están lejos los tiempos en que el Primer Ministro del Partido Democrático Italiano elogiaba a Marchionne por «hacer cosas de izquierdas», mientras se dedicaba a despedir sindicalistas y a atacar las condiciones de los trabajadores y trabajadoras. Alguien señaló entonces al ídolo intocable de los periódicos y la política que si despedían a los trabajadores y bajaban los salarios, ya nadie compraría coches, pero para entonces Fiat ya no era una industria sino una empresa financiera. Las sucesivas fusiones que crearon primero FCA y luego Stellantis confirmaron esta tendencia. Es inútil indignarse por la salida millonaria de Tavares, son las reglas del capitalismo financiero. Los dividendos deben redistribuirse entre los accionistas, ése es el objetivo, no hacer funcionar la empresa. Es como decir: 'la operación tuvo éxito, el paciente murió'.

Al mismo tiempo, la afirmación de que los nuevos fichajes de la familia Agnelli no están al nivel de sus abuelos es ridícula. Recordemos lo que fue Fiat, no sólo el apoyo público al que los propietarios recurrieron como a un cajero automático (recuérdese, uno entre muchos, el desguace llevado a cabo por el gobierno Prodi, con la empresa anunciando despidos una vez finalizado el apoyo público) sino también los despidos políticos, los controles y los pabellones punitivos. El sentido común diría que, llegados a este punto, era el Estado el que debía entrar en la propiedad; si el Estado francés tiene un papel, ¿por qué no el Estado italiano?

La crisis de Stellantis viene de lejos, pero también tiene una vertiente exógena, es decir, externa a la empresa y a su (no)política industrial. Para comprender estas razones, basta con hojear «il sole 24 ore», que cada vez se parece más a un boletín de guerra. El jueves 12 de diciembre se podían leer los resultados de un estudio de AlixPartners y Anfia que teme «el riesgo de que se adelante de 2030 a 2025 la pérdida de hasta 40 mil puestos de trabajo en el sector». El mismo periódico afirmaba también que la economía italiana se está ralentizando y que la industria está en crisis. La entusiasta participación en la guerra contra Rusia está dando sus resultados pero la política parece no entenderlo, la alianza rojo-marrón entre Pd y FdI que ha apoyado con fuerza a la nueva comisión europea nos está diciendo que la guerra es nuestro futuro.

El malestar en Italia crece con la crisis, pero el riesgo es que se canalice hacia la derecha, por la sencilla razón de que la izquierda y los comunistas están ausentes. Hay dos planes en los que es urgente trabajar. El primero es unir a los comunistas, no detrás de un símbolo, sino detrás de un programa que sepa leer los cambios de la fase actual. Análisis concreto de la situación concreta, el contexto internacional y nacional ha cambiado y necesitamos una fuerza capaz de navegar en este nuevo escenario. El segundo plan sobre el que trabajar es el de una izquierda más amplia, anticapitalista y de clase que sepa decir palabras claras sobre la Unión Europea y la OTAN.

Como repetimos hasta el hartazgo hoy es necesario unir lucha de clases y lucha contra el imperialismo, la cuestión social, como nos enseña la grave crisis de la economía europea, no puede separarse de la lucha por la paz. El informe del Censis sobre la situación social del país dibuja una nación empobrecida en la que «fermenta el antioccidentalismo». Este antioccidentalismo no es ideológico sino el resultado de las políticas de guerra y austeridad llevadas a cabo por el euro-atlantismo, nuestra tarea es representar este malestar, construir una perspectiva concreta de ofensiva política. La alternativa es entregar este malestar a la derecha, enfrentada a la oposición parlamentaria de Su Majestad."

(Marx21, 15/12/24, traducción DEEPL)


24.11.24

POLITICO: El farol de Meloni: el regreso encubierto de Italia a la austeridad mientras las normas de la UE sobre la deuda se comen el presupuesto de salud... la noche en las salas de urgencias del hospital San Giovanni Addolorata revela un servicio sanitario al borde de la quiebra... Las camillas con pacientes ancianos se derraman por los pasillos. Una enfermera visiblemente agotada se ve obligada a hacer malabarismos con varias salas ella sola... la situación es típica de los hospitales italianos... 4,3 millones de italianos habrían renunciado a recibir tratamiento debido a las listas de espera... El problema es especialmente grave en las salas de urgencias, la gente pasa días enteros en urgencias. Con los pacientes a menudo confinados a poco más que una silla, los familiares frustrados agreden a los médicos sobrecargados de trabajo, lo que provoca más bajas de personal y unas condiciones cada vez más terribles... Esto se debe en parte a que Italia tiene que gastar mucho más en el servicio de la deuda, y supone un regreso encubierto al tipo de políticas de austeridad que han dejado gran parte de las infraestructuras italianas en ruinas o rotas en las últimas décadas... la situación italiana refleja una pérdida general de interés por la sanidad y el bienestar en medio de una creciente presión para invertir en sectores más atractivos... y “es que el presupuesto sanitario [de toda la UE] se reducirá significativamente debido a otras prioridades que compiten, como la defensa, la seguridad y la agenda industrial”

 "Cuando oscurece y los pinos piñoneros dejan de verse a través de las ventanas del hospital San Giovanni Addolorata, la noche en las salas de urgencias revela un servicio sanitario al borde de la quiebra.

Las camillas con pacientes ancianos se derraman por los pasillos. Una enfermera visiblemente agotada se ve obligada a hacer malabarismos con varias salas ella sola. A falta de camas, un veinteañero enfermo se acurruca en el suelo para dormir.

Parece una escena de la época de los Covid, pero cuatro años después, la situación de San Giovanni Addolorata es típica de los hospitales italianos.

En las últimas semanas, la presión a la que se ve sometido el sistema sanitario italiano ha saltado a la palestra después de que el último proyecto de presupuesto del gobierno pareciera abandonar importantes planes de gasto para el sector en el contexto de una restricción fiscal más amplia, una de tantas en toda Europa. Enfurecidos y agobiados por el exceso de trabajo, miles de trabajadores de la sanidad irán a la huelga este miércoles.

Muchos trabajadores del sector esperaban medidas para mejorar los bajos salarios, las onerosas condiciones laborales y la escasez de personal. El Ministro de Sanidad, Orazio Schillaci, había anunciado a bombo y platillo un aumento de 3.700 millones de euros del gasto sanitario en el presupuesto del año que viene, y la Primera Ministra, Giorgia Meloni, había prometido que los italianos de a pie no sufrirían los peores efectos de los recortes. Pero los críticos afirman que las medidas incluidas en el texto final apenas superan los 1.200 millones de euros, muy por debajo de lo necesario para mantener el sistema a flote.

 El aumento de la financiación en términos absolutos «se presenta como un gran logro, pero en realidad es una mera ilusión», declaró a principios de mes el presidente de la Fundación Gimbe, Nino Cartabellotta, ante una comisión parlamentaria de presupuestos.  Predijo que incluso las autoridades sanitarias mejor gestionadas tendrán que recortar servicios.

Los sindicatos, por su parte, han criticado al gobierno por no presupuestar un aumento de la capacidad de contratación hospitalaria, incluso después de que se consagrara en la ley a principios de este año. Los legisladores aún pueden presentar enmiendas hasta diciembre.

Schillaci, sin embargo, ha defendido el presupuesto en el Parlamento, afirmando que su ministerio heredó un sistema agotado por años de recortes. El Primer Ministro, Giorgia Meloni, insistió la semana pasada en que el gasto propuesto suponía un aumento tanto en términos absolutos como ajustado a la inflación, y añadió que se habían destinado miles de millones a aumentos salariales hasta 2030.

«Privatización rastrera»

Los organismos de control sostienen que el agujero en los recursos está poniendo en peligro la salud de la nación, ya que unos 4,3 millones de italianos habrían renunciado a recibir tratamiento debido a las listas de espera (que pueden durar hasta 715 días en el caso de las citas para ecografías). Elly Schlein, líder del Partido Democrático de centro-izquierda, declaró a POLITICO que el gobierno había incumplido sus promesas, condenando la «peligrosa desinversión» en la sanidad pública y la «sigilosa privatización». 

«El Estado del bienestar está en crisis», afirma Pierino Di Silverio, cirujano de Nápoles y secretario nacional del sindicato médico Anaao. «Es un pilar de nuestro modelo social y se está desfinanciando progresivamente».

No cabe duda de que la aspiración original del Fondo Nacional de Salud de Italia -proporcionar una cobertura universal financiada con los impuestos generales- está luchando por sobrevivir. El rápido envejecimiento de la población italiana (casi una cuarta parte de los italianos tiene más de 64 años) hace que la demanda de servicios crezca mucho más deprisa que los ingresos fiscales necesarios para pagarlos.

En este contexto, la proporción de servicios prestados por el sector privado no ha dejado de crecer en la última década, y ahora representa alrededor de una cuarta parte del gasto sanitario total del país. Pero el crecimiento de un sistema privado paralelo ha restado inevitablemente recursos -incluido personal clave- al sector público. Los trabajadores del sistema público se marchan al sector privado o al extranjero a un ritmo de 14 al día, según Di Silverio.

Esto agrava los problemas históricos de distribución desigual de la financiación en todo el país, que ha tendido a afianzar las divisiones entre el norte rico y el sur pobre. 

 El problema es especialmente grave, según Di Silverio, en las salas de urgencias, que ahora tienen hasta 100 pacientes por médico. El sistema está «tan infradotado y mal equipado que la gente pasa días enteros en urgencias», recordó una médica de un importante hospital del norte de Roma, que habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizada a hablar con la prensa. Con los pacientes a menudo confinados a poco más que una silla, los familiares frustrados agreden a los médicos sobrecargados de trabajo, lo que provoca más bajas de personal y unas condiciones cada vez más terribles. «Nadie quiere dedicarse a la medicina de urgencias», afirma.

Muertos al llegar

Parte de la presión presupuestaria se debe a las estrictas normas fiscales de la UE, que este año han vuelto a aplicarse tras su suspensión durante la pandemia. Como consecuencia de su enorme deuda (actualmente de casi 3 billones de euros, o el 139% del PIB) y de un aumento incontrolado del gasto deficitario, Italia -junto con varios otros países- debe ahora recortar su déficit en al menos un 0,5% del PIB anual durante un máximo de siete años o enfrentarse a sanciones.

Pero aunque las normas ofrecen cierto margen para aumentar la financiación de la defensa y la transición ecológica, poco o nada dicen sobre la sanidad. Según los críticos, esta falta de protección está llevando al sistema sanitario público al borde de la quiebra. 

Italia no es el único país de la UE que se ve obligado a hacer concesiones en materia de gasto público para frenar la deuda, y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) señala que el sistema sanitario italiano no es del todo malo, ya que es el tercero con mayor esperanza de vida con buena salud y su gasto en prevención es superior a la media.

Sin embargo, las restricciones fiscales han hecho que el gasto sanitario global haya disminuido en porcentaje del PIB desde 2009, a diferencia de la mayoría de los países europeos, que han logrado adaptarse mejor a las necesidades de una población cada vez más envejecida.  

El análisis de la Fundación Gimbe, un organismo de control independiente, sugiere que el gasto en el Fondo Nacional de Salud, en concreto, caerá hasta el 5,7% del PIB en 2029, frente al 6,1% de este año y muy por debajo del 7% recomendado por los autores de un reciente estudio publicado en The Lancet.  Según datos de la OCDE, el gasto sanitario global, del 9,0% del PIB, es inferior en más de dos puntos porcentuales al de Francia, Alemania y el Reino Unido.  

Esto se debe en parte a que Italia tiene que gastar mucho más en el servicio de la deuda.  Raffaele Nevi, diputado del partido de centro-derecha Forza Italia, que forma parte del gobierno de Meloni, insistió en que es esencial atenerse a las normas para reconstruir la credibilidad de Italia ante los mercados financieros y mantener bajos sus futuros costes de endeudamiento. A pesar de la enorme brecha presupuestaria, el famoso «diferencial» entre los rendimientos de los bonos italianos y alemanes es actualmente tan bajo como en cualquier otro momento desde que el Banco Central Europeo puso fin a sus compras netas de deuda pública.

No resucitar

Para las figuras de la oposición y los líderes sindicales que negocian con el gobierno, la decepción supone un regreso encubierto al tipo de políticas de austeridad que han dejado gran parte de las infraestructuras italianas en ruinas o rotas en las últimas décadas. En el último borrador presupuestario, los desembolsos para nuevos padres, pensiones y profesores también fueron mucho menores de lo esperado. Schlein, líder de la oposición, tachó de «inaceptable» un aumento de las pensiones que sólo asciende a 3 euros al mes, mientras que los departamentos gubernamentales y los ayuntamientos se preparan para recortes de varios miles de millones de euros.

«Dicen que están obligados por la Unión Europea», refunfuñó Guido Quici, presidente del sindicato de médicos Cimo, recordando sus conversaciones con funcionarios del Gobierno. 

Quici también expresó su frustración por el hecho de que sectores con lobbies más poderosos -o mandatos de la UE- apenas sufrieran rasguños en el presupuesto. Los bancos y las aseguradoras sólo sufrirán un recorte temporal, y la industria tabaquera evitó las subidas de impuestos reclamadas desde hace tiempo. El gasto militar, por su parte, aumentará en más de 2.000 millones de euros anuales de media hasta 2039, después de tres décadas de marchitarse en la parra.

Algunos sostienen que la situación italiana refleja una pérdida general de interés por la sanidad y el bienestar en medio de una creciente presión para invertir en sectores más atractivos. Un influyente informe elaborado por el ex primer ministro italiano Mario Draghi a principios de este año, considerado en Bruselas como un plan económico para la próxima década, sólo hace referencia de pasada a la sanidad, centrándose en el desarrollo de nuevas tecnologías.

Un portavoz de la Comisión Europea declaró que está «evaluando el proyecto de plan presupuestario y el plan fiscal a medio plazo de Italia» y que presentará su evaluación antes de finales de noviembre.

«Mi impresión», dijo Yannis Natsis, director de la Plataforma Europea de la Seguridad Social, un grupo del sector con sede en Bruselas, “es que el presupuesto sanitario [de toda la UE] se reducirá significativamente debido a otras prioridades que compiten, como la defensa, la seguridad y la agenda industrial”."

( Ben Munster and Hannah Roberts , POLITICO, 20/11/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)

4.8.24

Si el turismo es "el petróleo de Italia", necesitamos una solución sostenible A diferencia de otros países -en primer lugar España-, Italia destaca por su falta de manifestaciones a gran escala, así como por la ausencia de medidas locales y nacionales... Cada lugar tiene una determinada capacidad de acogida turística, más allá de la cual se empieza a hablar de sobreturismo. En Italia, este umbral se ha superado en los centros históricos de muchas ciudades... Venecia se ha vuelto inhabitable, los únicos negocios que quedan son casi exclusivamente bares, restaurantes y tiendas de recuerdos... En Bolonia, las políticas de "Ciudad de la comida" han convertido el centro histórico en un enorme restaurante... en Nápoles los residentes han sido desalojados del centro histótórico, copado por restaurantes de marca "auténtica" que ofrecen la experiencia de una "napolitanidad" artificial... En Roma, el turismo corre el riesgo de volverse incontrolable con el Jubileo

 "El exceso de turismo es el gran problema del verano en toda Europa, pero en Italia tanto los municipios como el gobierno parecen despreocupados. Como el turismo ha vuelto a dispararse tras la pausa forzada por el COVID, "demasiado turismo" tiene consecuencias tanto medioambientales como sociales: aviones y cruceros contaminantes, ciudades superpobladas y cementizadas, y escasez de viviendas entregadas al mercado de alquiler a corto plazo.

Todas estas cuestiones son muy relevantes para Italia, quinto país más visitado del mundo y tercero por el número de pernoctaciones, con un turismo que genera el 5% del PIB y el 6% del empleo, según el Banco de Italia.

Cada lugar tiene una determinada capacidad de acogida turística, más allá de la cual se empieza a hablar de sobreturismo. En Italia, este umbral se ha superado en los centros históricos de muchas ciudades, con graves efectos y soluciones inadecuadas. En Venecia, que recibe más de 30 millones de visitantes al año, el número de camas turísticas ha superado al de residentes y los únicos negocios que quedan son casi exclusivamente bares, restaurantes y tiendas de recuerdos. La isla se ha vuelto inhabitable por la masificación y la imposibilidad de encontrar viviendas asequibles, pero la única medida del alcalde Brugnaro ha sido la introducción de entradas de acceso, que no son eficaces para limitar el número de turistas, sino sólo para llenar las arcas municipales, consolidando el estatus de la isla como parque de atracciones de pago.

 La situación no es mejor en Nápoles, donde se ha producido un boom de visitantes anuales en pocos años, de 3,2 millones en 2017 a 12 millones en 2022, frente a una población de menos de un millón de habitantes. Sin embargo, a diferencia de los residentes, los turistas se concentran todos en el centro histórico. Aquí los residentes han sido desalojados para dejar paso a Airbnbs, que han pasado de unos 1.300 en 2015 a 10.000 en 2022, y a restaurantes de marca "auténtica" que ofrecen la experiencia de una "napolitanidad" artificial." Hasta ahora, la administración municipal ha permanecido indiferente al problema del alojamiento.

Florencia, con 7 millones de turistas al año y 360.000 residentes, ha sido el único municipio italiano que ha introducido un límite a los alquileres de corta duración, pero la normativa fue tumbada recientemente por el Tribunal Administrativo Territorial. La lista podría continuar con muchas otras ciudades, grandes y pequeñas.

En Roma, el turismo corre el riesgo de volverse incontrolable con el Jubileo. En Bolonia, las políticas de "Ciudad de la comida" han convertido el centro histórico en un enorme restaurante al aire libre, mientras que Cinque Terre, en Liguria, es incapaz de acoger a toda la gente que quiere visitarla, al igual que muchas otras estaciones balnearias y de montaña. Italia sufre un exceso de turismo generalizado, pero a diferencia de otros países -en primer lugar España, que ha sido testigo de destacadas protestas contra el turismo excesivo-, Italia destaca por la ausencia de manifestaciones a gran escala, así como por la falta de medidas locales y nacionales.

 Los municipios que han tomado alguna medida se pueden contar con los dedos de una mano, mientras que el Gobierno sigue favoreciendo la economía hiperturística. Por poner algunos ejemplos, se podría mencionar el Fondo para el Turismo Sostenible, dotado con 25 millones de euros para el trienio 2023-25, que no es más que un incentivo genérico para las inversiones promocionales de las empresas de alojamiento con una temática global "verde"; o los 430 millones de euros para la modernización de los remontes y la generación de nieve artificial para 2023-28, apoyando un sistema ya moribundo.

En cuanto a los alquileres de corta duración, el "Decreto Anticipi" sólo preveía la obligación de obtener un código de identificación para los arrendamientos turísticos, sin poner límites al fenómeno; mientras que el programa "Salva Casa" de Salvini, que simplifica los trámites para el cambio de uso de un inmueble y permite pequeñas intervenciones en edificios sin autorización, aumentará aún más el número de casas de vacaciones y B&B. Además, el Decreto de Competencia permite que las zonas de asientos exteriores que debían ser estructuras temporales para ayudar a los negocios durante el periodo COVID se conviertan en permanentes, privatizando de facto muchos espacios públicos y restringiendo el derecho a disfrutar de una plaza sólo a quienes consumen.

 La ministra de Turismo Santanche repite casi a diario que el turismo es "el petróleo de Italia", sin darse cuenta de que la metáfora del combustible fósil está desfasada en tiempos de crisis climática. E invoca el "turismo sostenible", a pesar de que el turismo es insostenible por su propia naturaleza, ya que persigue un mecanismo de crecimiento que lo lleva inevitablemente más allá del umbral de la sostenibilidad.

Además, el turismo es un sector económico muy precario: basta un acontecimiento catastrófico imprevisible (guerras, inundaciones, sucesos mucilaginosos) para que se seque. Cuando estos fenómenos se producen en lugares donde el turismo es un monocultivo, se desencadena una crisis por falta de alternativas económicas. Lo vimos durante el COVID: a falta de turistas y con los habitantes ya fuera, los centros históricos de Venecia y Florencia estaban llenos de persianas permanentemente bajadas. Sin embargo, a pesar de estas advertencias, los municipios y el gobierno siguen poniendo todos los huevos en la cesta del turismo.

Para abordar la cuestión del exceso de turismo, no basta con limitar el fenómeno: hay que reconceptualizarlo sin negar su base. El exceso de turismo es consecuencia de que cada vez más personas disponen de tiempo libre. Todos somos turistas, reales o potenciales, y todos queremos ver los lugares más bellos del mundo. Pero en los últimos años, se ha convertido en algo normal visitar una ciudad a miles de kilómetros durante unos pocos días y alojarse en un apartamento encontrado en Airbnb, en busca de otra experiencia más que colgar en Instagram.

 Esta práctica no es sostenible: alimenta tanto la contaminación como las injusticias del mercado de plataformas. La crisis medioambiental ya está provocando los primeros indicios de un posible "fin del turismo": ya no nieva en las montañas, las playas están amenazadas por la subida del nivel del mar y pronto hará demasiado calor para visitar las ciudades más renombradas durante el verano. El resultado es que las vacaciones podrían volver a ser más lentas y cercanas. Y, para restablecer el equilibrio perdido, los encargados de administrar las ciudades deberían dejar de hacerlas aún más turísticas y centrarse en hacerlas más habitables para los residentes."                  (Alex Giuzio, il manifesto global, 31/07/24, traducción DEEPL)

18.4.24

Mario Draghi, la competitividad europea y el nuevo Sur... su receta: emitir -más que hasta ahora1- deuda pública europea para financiar, de forma cooperativa entre los países de la eurozona, inversiones públicas destinadas, en particular, a la transición medioambiental y digital. Se estima un coste total de 500.000 millones anuales, a los que hay que añadir los gastos de defensa

 "1 - La economía europea pierde posiciones en la competencia internacional y experimenta, dentro de sí misma, un crecimiento constante de las divergencias regionales (el empobrecimiento relativo del Sur frente al Norte forma parte de esta dinámica).

Como es bien sabido, Mario Draghi ha recibido el encargo de elaborar el informe sobre la competitividad europea, que probablemente estará terminado el próximo mes de junio. En su discurso del 15 de febrero en la Conferencia de Política Económica de Washington (durante la entrega del premio Paul A. Volcker Lifetime Achievement Award), que debe leerse conjuntamente con su discurso en el Ecofin del 24 de febrero, esbozó sus ingredientes fundamentales.

Empecemos por el diagnóstico. El antiguo Gobernador del BCE formula dos críticas. La primera se dirige al modelo de globalización experimentado en las últimas décadas, que habría conducido a desequilibrios comerciales en un contexto de creciente participación en el comercio internacional de países que tenían puntos de partida muy diferentes, en términos de nivel de desarrollo.

Draghi reconoce que las deslocalizaciones producidas por la globalización han reducido considerablemente la participación de los salarios en el PIB, creando hostilidad en quienes se han visto perjudicados por ella. Al igual que, en contra de las promesas, la globalización no se ha asociado a la difusión de valores orientados al respeto de las libertades individuales y la democracia.

 La segunda crítica se refiere a la política económica y de ahí parte su propuesta.

Draghi observa con acierto que la Unión Monetaria Europea (UME) se ha basado para su crecimiento en un modelo impulsado por las exportaciones, en condiciones de competencia entre los Estados miembros, que sale perdiendo a largo plazo.

De ahí su receta: emitir -más que hasta ahora1- deuda pública europea para financiar, de forma cooperativa entre los países de la eurozona, inversiones públicas destinadas, en particular, a la transición medioambiental y digital. Se estima un coste total de 500.000 millones anuales, a los que hay que añadir los gastos de defensa.

Para ello, se considera importante un uso más productivo de los ahorros europeos, muchos de los cuales están congelados en las cuentas corrientes de los bancos. En el planteamiento de Draghi, el papel del Banco Europeo de Inversiones (BEI) podría ser relevante.

La relevancia de estas consideraciones para el Mezzogiorno radica, en primer lugar, en la aplicación del diagnóstico de Draghi a esta zona. No cabe duda de que el Sur se ha visto afectado -como muchos otros Sur europeos (Portugal, España, Grecia y la propia Italia en su conjunto: lo que los ingleses llaman PIGS, o "pigs") y como los Sur del mundo (África in primis)- por la doble dinámica de la globalización y la emergencia del modelo basado en las exportaciones en Europa.

 En el primer caso, se ha visto penalizada por la competencia de los países del Este; en el segundo, el énfasis en las medidas de austeridad y la competencia basada en la moderación salarial han comprimido su demanda interna, sin compensarla con incrementos adecuados de las exportaciones netas, dada la baja propensión exportadora de sus empresas.

El interés del discurso de Draghi reside también en el énfasis puesto en la legitimidad de las instituciones y, por tanto, en la necesidad de que la política económica europea se apoye en -y produzca- consensos adecuados.

El diagnóstico de Draghi es útil para subrayar el hecho de que una economía de mercado genera espontáneamente efectos de polarización entre el centro y las periferias (y, en una dinámica de doble movimiento, entre las zonas del interior y las ciudades). En efecto, una vez determinada la agregación industrial en una zona determinada, ésta sigue creciendo debido sobre todo a los flujos migratorios que atrae de las zonas más pobres y al ahorro procedente de ellas, convirtiéndose en un atractor de recursos.

Se trata de un efecto conocido en ciencias sociales como causalidad acumulativa y es lo que está ocurriendo en detrimento del Mezzogiorno. Se ha calculado que, dadas 100 inversiones fijas realizadas en el Sur de Italia, sólo 54 son satisfechas por la producción nacional, frente a 38 realizadas por el Centro-Norte (o en el extranjero). En cambio, 100 euros de inversión en el Norte requieren hasta 87 euros de producción nacional y una parte insignificante de producción intermedia del Sur.

Esta evidencia sugiere que el Norte no es la locomotora del país: la economía del Sur no crece cuando crece la economía del Norte.

En sí mismo, un aumento del gasto público en Europa (deseable en cualquier caso respecto a las medidas de austeridad que han caracterizado la historia reciente del continente) no mitiga estas dinámicas, ya que sólo podría dar lugar a un crecimiento de la dependencia de las zonas periféricas respecto a las centrales, por efecto de mayores importaciones2.

El problema se deriva de la consideración de que las zonas periféricas (entre las que se encuentra, sobre todo, el Mezzogiorno) no disponen de mecanismos de crecimiento autopropulsivos y participan en la formación de cadenas de valor europeas con una producción de bajo valor añadido y un uso más intensivo de mano de obra precaria (véase, infra, la sección 2).

Profundicemos en este aspecto, para entender (i) por qué la economía europea se desarrolla produciendo espontáneamente desigualdades regionales y (ii) si este entramado productivo e institucional, precisamente en la lógica seguida por Draghi, puede competir eficazmente con otros actores globales (a saber, EEUU y China).

 2 - La unificación monetaria europea se ha construido sobre la convicción -formalizada en la teoría de las áreas monetarias óptimas, propuesta originalmente por Robert Mundell en 1961- de que la existencia de una moneda única permite absorber los choques asimétricos (es decir, que afectan a unos países y no a otros) mediante la plena flexibilidad de los precios y/o mediante la ausencia de restricciones a la circulación de los factores productivos, a saber, el factor trabajo, es decir, sin variaciones de los tipos de cambio3.

Esta es la hipótesis de convergencia, es decir, la suposición de que las economías de la UEM tenderían espontáneamente a alcanzar la misma tasa de crecimiento4.

Una aproximación crítica a la hipótesis de la convergencia puede encontrarse en el denominado enfoque de la causalidad circular acumulativa, que remite a las aportaciones de Myrdal y Kaldor. Se trata de un esquema según el cual un acontecimiento B, efecto de un acontecimiento A, retroactúa sobre su causa, generando alternativamente círculos viciosos o virtuosos, según el cual se concluye, en el estudio de los fenómenos económicos aplicados a la dimensión espacial, que una economía de mercado desregulada produce espontáneamente divergencias espaciales5.

Los datos empíricos parecen respaldar este planteamiento, al mostrar que Europa se desarrolla cada vez más según un patrón de polarización creciente, entre un núcleo (Alemania y los países del centro-norte del continente) y dos periferias: la de Europa del Este, especialmente tras la ampliación de 2004 para incluir a los países de Visegrado, y la mediterránea, que incluye a Italia en su conjunto.

Aunque a primera vista pueda parecer contrario a la opinión dominante, los datos empíricos demuestran que hubo convergencia del PIB per cápita en el continente antes de la unificación monetaria (en particular, desde después de la Segunda Guerra Mundial hasta la primera crisis del petróleo en 1973) y que, sobre todo después de la adopción de la moneda única, hubo, si acaso, divergencia o, en el mejor de los casos, estacionariedad.

 La economía italiana profundiza su papel de proveedora de producción intermedia para el capital del norte de Europa, al tiempo que genera un movimiento interno de crecientes divergencias regionales (Cresti et al., 2023), acentuando el sur su configuración como exportador de insumos (en particular, mano de obra cualificada) en un régimen de dependencia de los centros de decisión externos (Dosi et al., 2015).

Este modo de participación en la red de producción mundial y europea empeora considerablemente la calidad de la mano de obra en Italia y, aún más, en el Mezzogiorno (Ardeni y Gallegati, 2024). La degradación de la producción italiana, sobre todo en lo que se refiere a la pérdida progresiva de intensidad tecnológica6, va de la mano de la compresión de la tasa de crecimiento relativo del país, que, como es lógico, lleva veinticinco años aumentando menos que la media europea (véase Forges Davanzati y Giangrande, 2020).

Las emigraciones, especialmente las intelectuales, reducen el potencial de crecimiento del Sur y, también debido a este efecto, estimulan nuevas migraciones, lo que implica aumentos de productividad en la zona de atracción y pérdidas simétricas de productividad en la zona de origen.

SVIMEZ (2023) estima que, de 2002 a 2021, más de 2,5 millones de individuos abandonaron el Sur, principalmente en dirección al Centro-Norte (81%). El Mezzogiorno perdió 1,1 millones de residentes en el mismo periodo. Las emigraciones hacia el Centro-Norte afectaron principalmente a los jóvenes: entre 2002 y 2021, el Sur experimentó un éxodo de 808.000 individuos menores de 35 años, de los cuales 263.000 eran titulados universitarios.

A esto cabe añadir otra consideración. En unos diez años, Alemania ha logrado la hazaña histórica de reducir las diferencias internas entre el Oeste y el Este del país. Italia, en cambio, las ha visto aumentar casi constantemente en las últimas décadas, tras un breve periodo de convergencia en los años 1951-1971.

El PIB per cápita de Lombardía se estima en 37.300 euros, el de Calabria en 17.100 euros y el de Apulia en 18.100 euros. La región más pobre de Europa es Bulgaria (Severozapen, con un PIB per cápita de 8.600 euros). El aumento de las diferencias no sólo afecta a las relaciones Norte-Sur, sino también a las que se establecen con las zonas del interior, que de hecho van sistemáticamente a la zaga de las zonas urbanas en términos de crecimiento económico.

Esta dinámica se produjo en un contexto a largo plazo dominado por la reducción continua de las transferencias al Sur, lo que demuestra que las diferencias regionales tienden a aumentar cuando se contrae el gasto público en el Sur y en un contexto de centralización institucional sustancial. Como prueba de esta conclusión, cabe recordar que el único período de convergencia entre las dos zonas del país se produjo en una fase no sólo de marcada expansión de las transferencias a las zonas menos desarrolladas (piénsese en la Cassa per il Mezzogiorno), sino también de industrialización pública.

Se calcula que la tasa de crecimiento de las regiones meridionales entre los años cincuenta y setenta se situó en torno al altísimo valor del 6% anual, lo que permitió generar en un periodo de veinte años una riqueza igual a la de los noventa años anteriores.

 3 - Del análisis aquí esbozado se desprenden dos aspectos críticos relativos a la mejora de la competitividad europea que no parecen emerger explícitamente en las consideraciones de Draghi.

 La primera tiene que ver con la implicación de que la base industrial de las zonas periféricas debe reforzarse para evitar que la compresión salarial se traslade a ellas. La moderación salarial es, de hecho, la única estrategia que se da la UEM como sustituto de la devaluación (de hecho se conoce como devaluación interna) y amplifica las divergencias sobre todo porque comprime -especialmente si se combina con medidas de austeridad- la demanda interna en detrimento de aquellas áreas (las periferias) con una estructura productiva más débil y menor capacidad exportadora (Colacchio y Forges Davanzati, 2023).

Además, refiriéndonos precisamente al diagnóstico de Draghi, el ya precario sentimiento de pertenencia a la UEM se debilita aún más, con toda evidencia, con estas estrategias (De Grawe, 2018).

El segundo aspecto crítico se refiere a la incapacidad del euro para desempeñar el papel de moneda de reserva internacional, habiendo permanecido fundamentalmente como moneda regional (Marani, 2023), lo que confirma la conclusión de que, en la competencia con China y Estados Unidos, la Unión Europea también experimenta pérdidas de competitividad en esta dimensión.

 No es de extrañar que las instituciones europeas sean tan impermeables a las observaciones críticas basadas en pruebas7 si se tiene en cuenta la reciente exteriorización de Christine Lagarde (en el Foro de Davos de enero de 2024), según la cual los economistas "son una camarilla tribal, se citan unos a otros, pero son incapaces de ir más allá de ese mundo" y sus modelos "en los que tienen una fe ciega tienen poco que ver con la realidad".

De hecho, la investigación académica en economía, bien mirado, se vuelve cada vez más autónoma y autorreferencial, autogenerando por inercia una modelización progresivamente menos útil para comprender los hechos y construir políticas económicas."

(Guglielmo Forges Davanzati, Universidad de Salento, Sinistrainrete, 05/03/24; traducción DEEPL, notas en el original)