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9.12.25

Un año de gobierno Sheinbaum: la presidencia de Sheinbaum podría definirse como un mandato con dos objetivos principales: supervisar el surgimiento de un nuevo institucionalismo que canalice el poder democrático y reanimar el desarrollismo capitalista impulsado por el Estado, una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones adaptada al siglo XXI... su apoyo sigue siendo relativamente sólido en todos los grupos demográficos. A pesar de los temores de que careciera del carisma de su predecesor, su estilo más tecnocrático ha demostrado tener su propio atractivo... La continuidad de los pilares fundamentales del programa de AMLO —ampliación del bienestar social, lucha contra la corrupción, economía nacionalista— se ha combinado con nuevos énfasis que reflejan los diferentes antecedentes de Sheinbaum. La elevación de las cuestiones relacionadas con la mujer a la importancia de un ministerio, por ejemplo, o la reducción de la edad de jubilación de las mujeres en reconocimiento de las disparidades laborales entre géneros, han consolidado a Sheinbaum como una líder por derecho propio... La recién elegida Corte Suprema presenta interesantes posibilidades para una verdadera independencia judicial... Sheinbaum ha continuado con la orientación asistencialista de su predecesor, con la introducción de becas universales para la escuela primaria el próximo año y el aumento de las pensiones en función de la inflación... y se ha comprometido a construir 1,1 millones de viviendas en seis años. Las viviendas cuestan entre 35 000 y 60 000 dólares, con préstamos sin intereses disponibles para los trabajadores que ganan hasta el doble del salario mínimo, y se da prioridad a las poblaciones desfavorecidas. Se prevé que el programa genere aproximadamente 600 000 puestos de trabajo en la construcción al año. Una peculiaridad de esta renovada prestación pública es que se está llevando a cabo sin un crecimiento económico significativo y sin estar impulsada por la deuda. En cambio, se basa en la reestructuración presupuestaria y el aumento de la recaudación de impuestos... El Plan México, presentado en enero, representa un renacimiento selectivo de la industrialización por sustitución de importaciones adaptada a la era contemporánea de las cadenas de suministro y el comercio globalizados. Con una inversión de 277 000 millones de dólares, distribuida en 2000 proyectos que abarcan objetivos económicos, sociales e industriales, la iniciativa es una de las estrategias de desarrollo más ambiciosas de México en las últimas décadas... Influenciado por el marco del «Estado emprendedor» de Mariana Mazzucato, la idea es que el Estado configure activamente la dirección económica de México a través de objetivos orientados a misiones, al tiempo que despliega «capital paciente» en sectores estratégicos... Por el momento, Sheinbaum cuenta con el apoyo necesario para perseguir estos objetivos (Edwin F. Ackerman)

 "Claudia Sheinbaum tomó el mando hace un año en plena euforia. Con el 60 % de los votos y una mayoría cualificada para su partido MORENA en ambas cámaras, la presidenta mexicana asumió el cargo en octubre de 2024 con un índice de aprobación de alrededor del 70 %, una cifra que no solo ha mantenido, sino que durante algunos meses ha superado, alcanzando el 80 %, lo que la convierte en una de las líderes más populares del mundo. Con un mandato claro, Sheinbaum ha impulsado una serie de reformas constitucionales, ha ampliado los programas de bienestar social y ha sabido manejar con éxito la tensa relación con la Administración Trump. Sheinbaum, cuyo mandato como alcaldesa de Ciudad de México (2018-2023) se caracterizó por una reducción del 40 % en la tasa de homicidios, también ha hecho avances en el notorio problema del crimen organizado en el país: aunque la violencia regional sigue siendo elevada y el reciente asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, ha empañado cualquier triunfalismo, el Gobierno de Sheinbaum puede presumir de una reducción del 37 % en los homicidios.

El ciclo político que comenzó con la elección en 2018 del predecesor y mentor político de Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador, se ha caracterizado por una importante legitimidad democrática. Según la Encuesta de Confianza de la OCDE, publicada recientemente, el 54 % de los mexicanos tiene una confianza alta o moderadamente alta en el Gobierno federal, muy por encima de la media del 39 %. Una encuesta de Gallup del año pasado indicaba que la «confianza en el Gobierno nacional» había aumentado del 29 % al 61 % desde que MORENA llegó al poder, y que la «confianza en la honestidad de las elecciones en México» había aumentado en 25 puntos. El Pew Research Center también ha demostrado que la «satisfacción de los mexicanos con su democracia» se ha disparado en 36 puntos entre 2017 y 2019. Esta legitimidad se basa en los logros del pacto social posneoliberal de MORENA: la «Cuarta Transformación» de AMLO, una renovación nacional concebida en la línea de los levantamientos históricos, comenzando por la lucha por la independencia en el siglo XIX. Durante el mandato de López Obrador, los salarios reales aumentaron casi un 30 % y más de 13 millones de personas salieron de la pobreza.

Sin embargo, la construcción de la «segunda planta» de la transformación, como Sheinbaum ha descrito su misión, ha puesto de manifiesto tensiones cruciales que acosan al proyecto populista de izquierda: ampliar el bienestar con un aparato estatal en ruinas; aplicar estrategias neodesarrollistas en medio de una crisis ecológica cada vez más grave; aprobar una reforma fiscal progresista en un contexto de estancamiento del crecimiento económico; liberar a la economía mexicana de su condición de subordinada en los circuitos transnacionales del capital sin abandonar los mercados globales tout court. Estas cuestiones interrelacionadas ponen de manifiesto no solo las particularidades del caso mexicano, sino también los límites estructurales y los dilemas estratégicos a los que se enfrentan las fuerzas progresistas en todo el mundo.

Las segundas plantas también requieren una ingeniería diferente y una adaptación a tensiones que no eran evidentes en la planta baja. Sheinbaum ha tenido que lidiar, en primer lugar, con el clásico problema de los titulares de tener que hacer campaña y gobernar, como ella misma dice, «con continuidad y cambio». Como abanderada de la Cuarta Transformación, posee un peso simbólico que la empodera y la limita a la vez. Debe ser una líder, debe renovar y reconstituir el bloque gobernante, pero tiene que hacerlo al tiempo que redobla su adhesión al legado de AMLO. A nivel político, esto implica no solo poner a prueba si el obradorismo puede funcionar sin su homónimo, sino también establecer la infraestructura institucional necesaria para un orden político transformado. A nivel económico, esto ha supuesto un equilibrio entre la soberanía y la integración en el mercado global, agravado por las presiones contradictorias que emanan del vecino del norte de México. Hasta ahora, la presidencia de Sheinbaum podría definirse como un mandato con dos objetivos principales: supervisar el surgimiento de un nuevo institucionalismo que canalice el poder democrático y reanimar el desarrollismo capitalista impulsado por el Estado, una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones adaptada al siglo XXI.

¿Cómo sobrevive un movimiento construido en torno a una figura carismática tras su marcha? AMLO, que fundó MORENA en 2011 y fue una figura omnipresente en la política mexicana hasta que cedió la presidencia el año pasado, ha abandonado el centro de atención y se ha retirado a su bucólica finca de una hectárea en Palenque, Chiapas. Hasta la reciente publicación de un vídeo promocionando la publicación de un libro, no había hecho ninguna declaración pública desde que dejó la presidencia. El vacío ha provocado sin duda incertidumbre y una reorganización de las alianzas políticas, y ha avivado el temor entre la base del partido de que MORENA esté siendo invadida por oportunistas influyentes. Pero las intrigas políticas han sido sorprendentemente leves. Mientras tanto, aunque los datos son escasos, las bases de apoyo de Sheinbaum parecen ser similares a las de AMLO. Según la encuesta de Mitofsky/El Economista, que desglosa el apoyo por categoría profesional, Sheinbaum es más popular entre las amas de casa, con un 81 %, seguidas de los trabajadores del sector informal, los jubilados y los campesinos, todos ellos por encima de la media nacional del 72 %. En marcado contraste, su apoyo es más débil entre los empresarios (55 %) y los profesionales (56 %), con una diferencia de 26 puntos entre el extremo superior e inferior de la escala de ingresos. Esta estratificación se cruza con el nivel de estudios: el 75 % de las personas con un nivel educativo más bajo apoyan a Sheinbaum, frente al 69 % de los titulados universitarios. Pero su apoyo sigue siendo relativamente sólido en todos los grupos demográficos. A pesar de los temores de que careciera del carisma de su predecesor, Sheinbaum ha demostrado que no solo puede mantener, sino también aumentar el número de seguidores de MORENA. Su estilo más tecnocrático ha demostrado tener su propio atractivo entre los sectores acreditados que se habían alejado en la segunda mitad del mandato de AMLO.

La continuidad de los pilares fundamentales del programa de AMLO —ampliación del bienestar social, lucha contra la corrupción, economía nacionalista— se ha combinado con nuevos énfasis que reflejan los diferentes antecedentes de Sheinbaum. La elevación de las cuestiones relacionadas con la mujer a la importancia de un ministerio, por ejemplo, o la reducción de la edad de jubilación de las mujeres en reconocimiento de las disparidades laborales entre géneros, han consolidado a Sheinbaum como una líder por derecho propio. Sin embargo, la tarea más urgente ha sido avanzar en el marco institucional necesario para la Cuarta Transformación. Lo más destacado es que Sheinbaum ha supervisado la aplicación de una importante reforma judicial, que ha transformado la forma de seleccionar a los jueces en todos los niveles, desde los tribunales locales hasta el Tribunal Supremo.

La confianza de la ciudadanía en los tribunales, conocidos por sus arraigadas redes nepotistas, es baja. A finales de 2022, las revelaciones sobre reuniones secretas entre la ex presidenta de la Suprema Corte de Justicia, Norma Piña, y líderes de partidos de la oposición sugirieron una coordinación política inapropiada. La Suprema Corte también ha anulado leyes clave, como la relativa a la soberanía energética, por motivos procesales superficiales. Cuando AMLO anunció su «Plan C» —buscar una mayoría de dos tercios en el Congreso en las elecciones de 2024 para aprobar dieciocho reformas constitucionales— vinculó explícitamente la participación democrática al cambio institucional. La posterior victoria aplastante de MORENA, que le aseguró no solo la presidencia, sino también la mayoría cualificada necesaria en el Congreso y las legislaturas locales, proporcionó lo que sus partidarios consideran un mandato claro para la reforma sistémica.

La esencia de las reformas es sencilla. Todos los cargos judiciales están ahora sujetos a elección popular. Si bien las elecciones judiciales existen en diversas formas en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos, donde los jueces hacen campaña abiertamente siguiendo las líneas del partido para puestos electivos en algunos estados, y aproximadamente la mitad de los estados eligen a sus tribunales supremos, el alcance del enfoque de México no tiene precedentes, ya que abre todos los cargos judiciales a la elección, incluidos los puestos en la Suprema Corte de Justicia. Las críticas se han centrado en varias preocupaciones clave. La pésima participación del 13 % en las primeras elecciones judiciales, celebradas en junio, plantea serias dudas sobre la legitimidad democrática, un problema que, según los partidarios de MORENA, refleja la falta de promoción de las nuevas elecciones por parte del Instituto Nacional Electoral (que también impone restricciones estrictas a los titulares de cargos públicos, incluido el presidente, para promover el voto). La continuidad de la baja participación sin duda deslegitimaría la reforma, pero cabe señalar que los bajos índices de participación en las elecciones judiciales son un problema en las democracias consolidadas. Los temores sobre la influencia de los cárteles de la droga en la selección judicial —aunque graves, dados los retos de seguridad a los que se enfrenta México— se aplican igualmente a las elecciones locales existentes, al igual que las afirmaciones de que los votantes carecen de los conocimientos suficientes para evaluar a los candidatos.

La principal objeción a las elecciones judiciales hace hincapié en el riesgo de «captura política». El Financial Times observó que «la nueva Corte Suprema de México estará compuesta exclusivamente por jueces nombrados por la coalición gobernante», mientras que The Economist advirtió que los veteranos están siendo sustituidos por «novatos y partidistas». Si bien es lógico suponer que la mayoría de los jueces elegidos tienen cierta afinidad ideológica con el Gobierno —aunque no necesariamente una conexión partidista orgánica—, esto no es consecuencia del diseño de la reforma, ni necesariamente un signo de «captura política»: al fin y al cabo, los altísimos índices de aprobación de Sheinbaum hacen que no sea de extrañar que los jueces de izquierdas también sean populares. En cuanto a la acusación de que la coalición de Sheinbaum monopolizó las nominaciones, los procedimientos de selección de candidatos fueron boicoteados sistemáticamente por la oposición, que se retiró cínicamente del proceso para luego alegar que había sido excluida. La reforma estipula que los candidatos se seleccionan al azar de listas separadas elaboradas por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del Gobierno. Pero el poder judicial se negó a elaborar una lista de posibles candidatos en señal de protesta; su poder de preselección se transfirió entonces al Senado, donde la coalición gobernante tiene una mayoría cualificada.

Más revelador aún es el fracaso de la oposición a la hora de articular una visión alternativa coherente. Tras sufrir una derrota catastrófica en 2018 y 2024 —hasta el punto de que sus antiguos rivales, el PRI y el PAN, ahora hacen campaña en coalición—, los partidos tradicionales se vieron obligados a defender la separación de poderes de forma abstracta, sin poder explicar cómo el anterior sistema de nominación presidencial y ratificación por el Congreso garantizaba una independencia genuina. Sus intentos de equiparar el gobierno mayoritario con el autoritarismo sonaron, por tanto, huecos. ¿Denunciarían el supuesto fin de la separación de poderes si pensaran que sus jueces favoritos tienen posibilidades de ganar?

La reforma transgrede menos las normas establecidas de lo que podría parecer a los observadores internacionales: a diferencia de la reverencia cuasi religiosa que rodea al Tribunal Supremo de los Estados Unidos, el máximo tribunal de México carece de profundas raíces históricas, ya que fue reconstituido en la década de 1990 bajo la presidencia de Ernesto Zedillo. No obstante, las reformas suponen una profunda reinvención de la democracia y el poder institucional. La recién elegida Corte Suprema presenta interesantes posibilidades para una verdadera independencia judicial. Su presidente, Hugo Aguilar Ortiz, un abogado indígena de la izquierda rural autónoma con un historial de representación de comunidades marginadas, puede situarse incluso a la izquierda de MORENA en determinadas cuestiones. Su reciente contratación del abogado que representa a los estudiantes de Ayotzinapa —un caso infame relacionado con la desaparición de cuarenta y tres estudiantes en 2014 que terminó en conflicto con el gobierno de AMLO— señala una posible independencia de la influencia ejecutiva. Los mandatos escalonados de 8 a 15 años, determinados por la proporción de votos, crean un amortiguador contra los rápidos cambios políticos y evitan la sustitución total de los tribunales con cada ciclo electoral. Detrás de estas batallas institucionales se esconde una pregunta fundamental: ¿quién determina los límites de la participación democrática en una era de creciente desigualdad y captura institucional por parte de la clase alta? The Economist lamenta la cesión del tribunal a «partidistas», pero la protección que la anterior Corte Suprema otorgó a evasores fiscales adinerados, como el magnate de los medios de comunicación Ricardo Salinas Pliego, demuestra que las instituciones formalmente independientes dirigidas por expertos supuestamente imparciales pueden, de hecho, servir a los intereses de una élite reducida.

Junto con la reforma del poder judicial, Sheinbaum ha continuado con la orientación asistencialista de su predecesor, con la introducción de becas universales para la escuela primaria el próximo año y el aumento de las pensiones en función de la inflación. El Gobierno se ha comprometido a construir 1,1 millones de viviendas en seis años, muchas de ellas a través del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, que anteriormente se dedicaba principalmente a la concesión de hipotecas. Las viviendas cuestan entre 35 000 y 60 000 dólares, con préstamos sin intereses disponibles para los trabajadores que ganan hasta el doble del salario mínimo, y se da prioridad a las poblaciones desfavorecidas. Se prevé que el programa genere aproximadamente 600 000 puestos de trabajo en la construcción al año.

Una peculiaridad de esta renovada prestación pública es que se está llevando a cabo sin un crecimiento económico significativo y sin estar impulsada por la deuda. En cambio, se basa en la reestructuración presupuestaria y el aumento de la recaudación de impuestos. Esto podría situar al proyecto en una posición política más sólida que sus homólogos de la primera ola de la Marea Rosa, que dependían del auge de las materias primas y quedaron expuestos cuando este decayó. Sin embargo, añade presión para encontrar oportunidades de crecimiento. En este caso, la necesidad de un equilibrio entre la soberanía y la integración global se ha hecho especialmente evidente, agudizada por las amenazas de Trump de imponer aranceles y las disputas sobre la renacionalización del sector eléctrico, que incumple las normas comerciales del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá. Hay que reconocer que Sheinbaum no ha respondido a las payasadas de Trump defendiendo el orden neoliberal global, como han hecho muchos líderes de todo el mundo. En cambio, ha propuesto una reformulación de la relación entre el Estado y el mercado.

El Plan México, presentado en enero, representa un renacimiento selectivo de la industrialización por sustitución de importaciones adaptada a la era contemporánea de las cadenas de suministro y el comercio globalizados. Con una inversión de 277 000 millones de dólares, distribuida en 2000 proyectos que abarcan objetivos económicos, sociales e industriales, la iniciativa es una de las estrategias de desarrollo más ambiciosas de México en las últimas décadas. El plan persigue simultáneamente la sustitución de importaciones y la expansión de las exportaciones, aprovechando las tendencias de nearshoring y las tensiones entre Estados Unidos y China, en lugar de rechazar por completo los mercados mundiales. En contraste con las aleatorias bravuconadas arancelarias de Trump, la administración de Sheinbaum está reinstaurando algunos aranceles estratégicos, en particular sobre las importaciones asiáticas, acompañados de algunas políticas industriales. Su objetivo es garantizar que el 50 % del suministro y el consumo nacionales en industrias seleccionadas, como la textil, sean «Made in Mexico» .

Se hace especial hincapié en sectores estratégicos, como los semiconductores, la industria aeroespacial, los productos farmacéuticos, los dispositivos médicos y los vehículos eléctricos. El plan exige que el 54 % de la generación de electricidad siga bajo control público, al tiempo que se aceleran los permisos para las energías renovables. (Sheinbaum, antigua científica climática, ha mantenido la inversión en combustibles fósiles, con la paradójica esperanza de que sus ingresos ayuden a pagar la transición energética). La expansión de la infraestructura energética incluye 145 proyectos de la Comisión Federal de Electricidad, con el objetivo de aumentar la capacidad de generación. La inversión en infraestructura es un componente crucial, con 3000 kilómetros de nuevas vías férreas previstas, incluidas líneas de pasajeros que conectarán la Ciudad de México con Querétaro y Pachuca, y fondos para reparar 4000 kilómetros de carreteras federales. El plan de Sheinbaum también incluye la inversión en infraestructura hídrica, desde la modernización de los sistemas de riego hasta proyectos de limpieza de ríos.

Sin embargo, el Plan México no se limita a la inversión pública. Influenciado por el marco del «Estado emprendedor» de Mariana Mazzucato, que posiciona al gobierno como creador de mercado en lugar de regulador pasivo, la idea es que el Estado configure activamente la dirección económica de México a través de objetivos orientados a misiones, al tiempo que despliega «capital paciente» en sectores estratégicos. En lugar de limitarse a corregir las fallas del mercado, el objetivo es que el Estado mexicano establezca nuevos mercados mediante garantías de contratación pública e inversiones en infraestructura que «atraigan» capital privado.

Por el momento, Sheinbaum cuenta con el apoyo necesario para perseguir estos objetivos: la oposición de derecha sigue siendo relativamente débil. Sin embargo, se está radicalizando. Después de pasar las últimas elecciones presidenciales fingiendo apoyar la agenda de bienestar social de AMLO («los programas se quedan, MORENA se va» era uno de sus lemas), dos derrotas electorales masivas han dejado a la derecha buscando una nueva estrategia. En su reciente cambio de imagen, el PAN, de centro-derecha, se ha inclinado por el magnate de los medios de comunicación Salinas Pliego, que parece pasar la mayor parte del día en X repostando contenido reaccionario. Recién salido de una sentencia del Tribunal Supremo que le obliga a pagar décadas de impuestos evadidos, está listo para entrar en la contienda política. Por su parte, el PAN desempolvó un viejo eslogan en su cambio de imagen en octubre: «Patria, Familia y Libertad». Las apuestas por el éxito de Sheinbaum, ya de por sí altas, siguen creciendo."    

(Edwin F. Ackerman , New Left Review, 05/12/25, traducción DEEPL) 

25.4.25

México se está convirtiendo en un faro... hay un tipo de migración, ás silenciosa pero persistente, implica a personas de países ricos que buscan nuevas vidas en otros lugares... Durante décadas, muchos de sus ciudadanos intentaron marcharse de la Ciudad de México... Hoy en día, atrae a millones de visitantes de todo el mundo... Es un vibrante centro cultural global que rivaliza con cualquiera de las grandes capitales europeas. Sus parques y plazas históricos han renacido... Ahora que el gobierno de Trump prácticamente ha sellado los caminos para cruzar esa frontera, muchos migrantes se están estableciendo en Ciudad de México, algunos procedentes de lugares tan lejanos como China... Para otros, especialmente los jóvenes estadounidenses con estudios que se trasladaron a la ciudad, hablaron de una sensación de disminución de las oportunidades en casa y, con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, de un sentimiento de alienación política. México, que ofrece la oportunidad de vivir bien por menos dinero bajo el liderazgo de una popular presidenta de izquierda, constituye un grato antídoto contra ambas insatisfacciones... Los recién llegados adinerados del norte no son más fáciles de acomodar. Están reconfigurando la vida económica y cultural, especialmente en las zonas más de moda e históricas de la ciudad, sembrando resentimiento y desgastando el tejido social... En Estados Unidos, los empleos de cuello blanco estarían casi con toda seguridad fuera del alcance de los nuevos migrantes. En Ciudad de México, en cambio, los empresarios están hambrientos de trabajadores... En mis numerosas conversaciones en el país, me quedé con una sensación de impulso y propósito. Por ello, quizá no sea sorprendente que migrantes de naciones ricas y pobres por igual miren a México de nuevo, a pesar de sus retos, y se pregunten si podría ser el lugar para perseguir sus sueños de un futuro diferente (( Lydia Polgreen, The New York Times)

 "Conocemos bien un tipo de migración.

Se trata de millones de personas de países más pobres que viajan sobre todo a países ricos —donde reciben, cada vez más, una acogida hostil— en busca de seguridad y oportunidades. Pero hay otro tipo de migración que sucede alrededor del mundo. Más pequeña, más silenciosa pero persistente, implica a personas de países ricos que buscan nuevas vidas en otros lugares, a veces en otros lugares ricos pero también en países más pobres que tradicionalmente han enviado migrantes en lugar de recibirlos.

Tal vez en ningún lugar del planeta converjan estas dos oleadas migratorias de forma más clara que en Ciudad de México, una vasta aglomeración urbana que se ha transformado en las dos últimas décadas. En otro momento era conocida por registrar delitos violentos o tener una contaminación asfixiante o infraestructuras en mal estado. Durante décadas, muchos de sus ciudadanos intentaron marcharse, formando parte de un enorme flujo migratorio a través de la frontera norte del país con Estados Unidos, una nación que muchos mexicanos veían como un faro de oportunidades.

Hoy en día, la propia Ciudad de México es un faro que atrae a millones de visitantes de todo el mundo. Es un vibrante centro cultural global que rivaliza con cualquiera de las grandes capitales europeas. Sus parques y plazas históricos han renacido. Es un gigante culinario, donde conseguir un sitio en los mejores restaurantes requiere ingenio y ciertas taquerías, algunas de las cuales no eran conocidas, obtienen fama viral impulsada por TikTok.

La economía de la ciudad también ha prosperado, impulsada por el crecimiento de una amplia gama de empresas. Hay fábricas bulliciosas, nuevas empresas de alta tecnología, bancos y compañías de seguros, e incluso una industria global de cine y televisión en rápida expansión, que no solo produce contenidos en español para el público latinoamericano y películas de arte, sino también series de gran presupuesto en plataformas de streaming y anuncios para la Super Bowl.

Esta primavera viajé a Ciudad de México —mi primera visita en más de una década— para ver de cerca estas transformaciones y hablar con los recién llegados atraídos por ella. Para algunos, esta ciudad es un premio de consolación, especialmente para quienes hicieron el peligroso viaje desde tierras lejanas con la esperanza de cruzar a Estados Unidos. Ahora que el gobierno de Trump prácticamente ha sellado los caminos para cruzar esa frontera, muchos migrantes se están estableciendo en Ciudad de México, algunos procedentes de lugares tan lejanos como China incluso la eligen como destino principal. Esperan construir vidas seguras y prósperas allí, aunque solo puedan aferrarse a los bordes de la ciudad.

Para otros, especialmente los jóvenes estadounidenses con estudios que se trasladaron a la ciudad cuando la pandemia los liberó de sus oficinas, la vida en Ciudad de México ofrece la clásica ventaja de la que disfrutan los ciudadanos de países ricos que se trasladan a otros más pobres. Pero los jóvenes estadounidenses con los que hablé también hablaron de una sensación de disminución de las oportunidades en casa y, con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, de un sentimiento de alienación política. México, que ofrece la oportunidad de vivir bien por menos dinero bajo el liderazgo de una popular presidenta de izquierda, constituye un grato antídoto contra ambas insatisfacciones.

Para México, un país sin tanta experiencia para acoger a extranjeros en tan grandes cantidades, estas nuevas cohortes suponen un reto. Los recién llegados desde el sur arriban a una nación marcada por una profunda desigualdad y que se enfrenta a un futuro económico incierto a medida que el sistema de comercio mundial se tambalea bajo el régimen arancelario de Trump. Los recién llegados adinerados del norte no son más fáciles de acomodar. Están reconfigurando la vida económica y cultural, especialmente en las zonas más de moda e históricas de la ciudad, sembrando resentimiento y desgastando el tejido social.

Pero el cambio de México, de ser un lugar del que la gente sale a otro en el que se asienta, también presenta una oportunidad. Mientras Estados Unidos se repliega con Trump, México —durante tanto tiempo a la sombra de su vecino— puede beneficiarse, atrayendo gente para impulsar un futuro mejor. Ciudad de México, una megalópolis de unos 22 millones de habitantes, ya es un microcosmos de la forma en que cambia nuestro tumultuoso mundo.

Durante gran parte de la vida de Michelda Supreme, su patria, Haití, ha estado en caída libre: acosada por catástrofes, tanto naturales como provocadas por el hombre. Pero en 2022, los muros del hogar que compartía con sus padres y hermanos en la ciudad costera de Gonaïves empezaron a cerrarse. Bandas fuertemente armadas se disputaban el territorio. Formada como maestra de jardín de infancia, no podía trabajar: ¿qué padre enviaría a un hijo a la calle en medio de un tiroteo abierto? Incluso salir de casa para comprar comida era a menudo demasiado peligroso.

Pasó “como seis meses en la casa sin trabajo, sin salir”, me dijo.

No tuvo más remedio que unirse al vasto éxodo de haitianos que esperaban encontrar seguridad. Tenía una hermana que trabajaba en Chile, destino de muchos haitianos, pero la familia de Supreme la animó a ir a otra parte: al norte, a Estados Unidos. Como millones de personas que han intentado llegar a Estados Unidos cruzando su frontera sur, nunca había pensado realmente en México como algo más que otra vasta extensión que cruzar en el largo y difícil viaje hacia el norte.

Dijo que nunca lo vi como un destino. Lo vio como un “punto de transborde”. Y fue un tránsito difícil, desde Nicaragua a través de Honduras y Guatemala, hasta Tapachula, una ciudad sin ley que se alimenta de la desesperación de los migrantes. Viajó en gran parte a pie, avanzando hacia el norte con una caravana de cientos de centroamericanos, venezolanos y otros haitianos.

Con un dejo de asombro en la voz por haber emprendido semejante odisea, me dijo que era difícil saber cuánto tiempo había caminado ni las rutas que había seguido. Una noche, en algún lugar entre Tapachula y Ciudad de México, se despertó y descubrió que su maleta había desaparecido. Contenía casi todo lo que poseía menos la ropa que llevaba puesta.

Cuando llegó a Ciudad de México, se puso en contacto con un primo lejano que había hecho el mismo viaje. Alquilaba una habitación en un barrio donde muchos haitianos se habían instalado y le ofreció un lugar donde quedarse. La había animado a probar CBP One, la aplicación que el gobierno de Biden utilizaba para permitir a los migrantes solicitar asilo en Estados Unidos mientras esperaban en México. Consiguió una cita y finalmente pudo llegar a Estados Unidos.

Pero Supreme dudó en volver al camino. Ciudad de México puede ser enorme y abrumadora, pero se sorprendió al descubrir que la gente era bastante amable y acogedora. Le resultó fácil aprender español. En un punto público de conexión wifi que solía utilizar para llamar a su familia cuando se sentía sola, una mexicana entabló conversación con ella.

Esta mujer la ayudó a conseguir ropa, la “ayudó con comida”, dijo Supreme. La hizo sentir “más cómoda, más tranquila” en México.“Hay gente buena”. Decidió quedarse.

Ha conseguido encontrar trabajo con la ayuda de Casa Refugiados, una organización que la puso en un programa de formación remunerado. Sin embargo, ahora que el programa ha terminado, ha vuelto a la búsqueda de empleo y vive de sus ahorros. Le gustaría volver a enseñar. No es difícil imaginar a Supreme, con una sonrisa fácil y un rostro enmarcado por rizos ordenados, encantando incluso al grupo más alborotado de niños de kínder. Pero su diploma estaba entre las muchas cosas que perdió cuando le robaron la maleta, y no tiene forma de demostrar sus acreditaciones sin él. Así que intenta ser flexible.

Dijo que está abierta a ver “qué me espera, con paciencia”.

Supreme no es la única que ha elegido a México antes que a su vecino del norte. Bajo el mandato de Trump —quien puso fin a la aplicación CBP One, cerró efectivamente la frontera a los solicitantes de asilo y desató una cruel campaña de deportación—, Estados Unidos se está convirtiendo en algo más sombrío y feo. El atractivo de Ciudad de México, en cambio, no hace más que crecer.

En la larga fila para solicitar asilo en las afueras de la ciudad, conocí a una joven pareja de Cuba que esperaba convertir su frustrado sueño de establecerse en Estados Unidos en una vida en México, utilizando sus títulos en dos industrias en auge, el turismo y la tecnología. En Estados Unidos, los empleos de cuello blanco estarían casi con toda seguridad fuera del alcance de los nuevos migrantes que no hablan inglés, y su formación casi con toda seguridad sería desestimada, como ocurre con tantos migrantes. Las ciudades de Estados Unidos están llenas de migrantes enfermeros, abogados y profesores que acaban trabajando como auxiliares de salud a domicilio, taxistas y obreros de la construcción.

En Ciudad de México, en cambio, los empresarios están hambrientos de trabajadores. Funcionarios de la Agencia de la ONU para los Refugiados en Ciudad de México me dijeron que no pueden satisfacer la demanda de trabajadores con permiso de trabajo. Han colocado a miles de trabajadores, dijeron, como a un farmacéutico congoleño en una importante empresa de atención a la salud y a un migrante haitiano que trabaja en Contramar, uno de los destinos gastronómicos más de moda de la ciudad.

Pero entre muchos migrantes y los puestos de trabajo se interpone el sistema nacional que procesa a los solicitantes de asilo, que está batallando con el rápido aumento de las solicitudes. En 2013, 1295 personas solicitaron asilo; en 2023, la cifra había aumentado a más de 140.000. Aunque el número se redujo casi a la mitad el año pasado, ya que muchos migrantes compitieron por las citas a través de la aplicación de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, sigue desbordando el sistema. Estos cuellos de botella dejan a los migrantes en el limbo, a la espera.

Hasta hace poco, la agencia gubernamental que tramita las solicitudes de asilo tenía su sede en la colonia Juárez, un hermoso barrio histórico cerca del centro de la ciudad. Pero en 2023, cuando el gobierno de Biden endureció el acceso de los migrantes a los procedimientos de asilo, más personas empezaron a solicitar asilo en México. También empezaron a acampar en una de las plazas públicas del barrio, donde vivían en condiciones miserables sin acceso regular a baños ni duchas. Se formó un grupo vecinal para instar al gobierno mexicano a trasladar a los migrantes a otro lugar.

Me reuní con miembros del grupo una tarde en una cafetería a unas cuadras de la plaza, que el gobierno desalojó el pasado junio. Los residentes, que llamaron a su grupo La Calle no es Albergue, dijeron que no se oponían a la migración, pero que querían que el gobierno mexicano cumpliera su compromiso de tratar humanamente a los migrantes.

“No somos xenófobos. No somos racistas”, dijo Emmanuel Ruiz, uno de los líderes del grupo, un abogado que se describió a sí mismo como un “tipo de derecha”. “El problema es que el gobierno no protege los derechos humanos de los migrantes”.

Había formado una inesperada alianza con una de sus vecinas, una escritora autodenominada de izquierda y profesora jubilada, María Natalia Reus Anda.

“La migración es un problema mundial que se origina debido a que las políticas de los países imperialistas no pudieron prever en el futuro el impacto” de sus políticas en otros países, me dijo. “Es como si hubiesen lanzado un bumerán y se regresa”.

Reus Anda ha vivido en la colonia Juárez la mayor parte de su vida, en el Edificio Mascota, un extenso edificio declarado monumento histórico. Fue construido por un comerciante de tabaco francés hacia 1912, y ocupa toda una manzana, con bonitos apartamentos destinados originalmente sobre todo a ejecutivos de la empresa. El complejo se hizo popular entre los artistas de la ciudad, y Reus Anda compró su apartamento hace más de 40 años. Con sus calles privadas bordeadas de árboles y sus ventanales que dan a patios resplandecientes, el complejo, como gran parte del resto del barrio, que se gentrifica con rapidez, es un atractivo para los extranjeros adinerados que quieren vivir en Ciudad de México.

Acompañé a Reus Anda a casa después de la reunión comunitaria y la escuché quejarse de los extranjeros que invadían su barrio. Señaló un ruidoso bar que había sustituido a una tienda de comestibles y declaró que “cuando escucho el español de los jóvenes me dan ganas de besarlos”. Dijo que la gentrificación estaba cambiando su barrio, expulsando a los residentes de toda la vida y a los comercios con alquileres más altos y una clientela local cada vez más escasa.

Muchas personas que conocí en Ciudad de México —periodistas, escritores, artistas, académicos— se quejaron de que se habían visto obligadas a mudarse de los barrios de moda entre los nómadas globales estadounidenses porque los alquileres se habían disparado. En conversaciones con chilangos de clase media y alta, como se llama a los residentes de Ciudad de México, a menudo parecía que los intrusos ricos del norte eran un problema mayor que los pobres procedentes del sur.

En un café elegante a la vuelta de la esquina de la plaza de la colonia Juárez que había albergado un campamento ilegal de migrantes, conocí a uno de esos supuestos intrusos, Chuck Muldoon. No cruzó la frontera sur de México; voló desde California, de donde es originario, inicialmente como turista.

Muldoon se graduó de una universidad de élite en 2019 con un título en lingüística y luego aprendió a programar de forma autodidacta. La lógica de la programación le recordaba a las complicadas estructuras gramaticales latinas que tanto le gustaba descifrar en la universidad. Consiguió un trabajo como programador, pero lo despidieron durante el segundo año de la pandemia. Poco después, un compañero de la universidad de Ciudad de México lo invitó a visitarlo durante unas semanas. Quedó encantado. A finales de 2021, con un nuevo trabajo que le permitía trabajar a distancia, uno de sus nuevos amigos mexicanos le ofreció alquilar una habitación. Aprovechó la oportunidad.

Muldoon se propuso aprender español lo antes posible y ha hecho amigos mexicanos en su mayoría, dijo. Tiene un permiso de residencia válido y paga impuestos por el dinero que gana en México. “Intento vivir de forma ética aquí”, me dijo. Cuando le pregunté por el impacto que los estadounidenses como él estaban teniendo en la cultura y la economía de la ciudad, dijo que intentaba ser consciente de su papel de forastero. “Cuando piensas en la palabra ‘gentrificación’, viene del latín y significa ‘gente’”. Muchos de sus compatriotas en Ciudad de México, dijo, “están dejando la gentrificación en sus propias ciudades”.

Lejos de tener una fortuna, Muldoon fue despedido recientemente de su trabajo tecnológico más reciente. Pero el costo de la vida relativamente bajo de la ciudad hace que no sea un desastre. “Ahora mismo, tengo ahorrado lo suficiente para vivir al menos el resto del año”, dijo. “Aquí, mis gastos son bastante bajos”.

No es solo la vida barata y con estilo lo que mantiene a Muldoon en México. Firmemente opuesto al gobierno de Trump, admira a Claudia Sheinbaum, la presidenta de izquierda de México, y a su partido, Morena. “A pesar de no poder votar en este país, me considero partidario de Morena, de lo que han hecho por el mexicano promedio”, dijo.

“Cada vez que la oigo hablar, como que me gustaría que pudiéramos tener eso”.

Desde que ambos países nacieron, en luchas de las élites colonizadoras por la independencia de las potencias imperialistas europeas con pocas décadas de diferencia, México y Estados Unidos han ofrecido imágenes paralelas de lo que podría ser América. Ambas naciones nacieron en sangrientas conquistas y manchadas por el genocidio y la esclavitud. Pero los fundadores de Estados Unidos se veían a sí mismos como inocentes descubridores de un nuevo mundo, sin la carga del pasado y corriendo hacia un futuro sin límites. Sus documentos fundacionales se basaban en un credo de derechos individuales y libertad, aunque no para las personas esclavizadas.

Los americanos con orígenes peninsulares en el sur del continente, por el contrario, “sabían que América era un continente robado”, como escribe el historiador de Yale Greg Grandin en su nueva historia de las Américas. Las constituciones de las naciones que fundaron reflejaban esta comprensión de su herencia, insistiendo en el bienestar de toda la sociedad, no solo del individuo. “Si no se protegía a ambos”, escribe Grandin, “no se tendría ninguno”.

Ambos han fracasado a la hora de cumplir la promesa de sus ideales fundacionales. Pero hasta hace poco, la historia podría juzgar a Estados Unidos como el claro vencedor de esta apuesta continental. Se convirtió no solo en la nación más rica y poderosa de la tierra, sino también en el destino indiscutible de los migrantes más ambiciosos del mundo. México se ha enfrentado a muchas luchas —delincuencia, pobreza, corrupción, una economía estancada y un larguísimo periodo de gobierno tórpido y unipartidista— que han minado su enorme potencial, incluido el de su pueblo. Durante mucho tiempo, muchos millones de sus ciudadanos han votado con los pies, dirigiéndose al norte en busca de oportunidades.

Pero Estados Unidos, bajo el mandato de Trump, está abandonando antiguas alianzas que le dieron fuerza militar y diplomática, trastocando el sistema de comercio mundial que lo hizo fantásticamente rico y excluyendo a los migrantes que le dieron diversidad e innovación. Trump, al parecer, quiere rebobinar la historia y hacer retroceder a Estados Unidos. México tiene una nueva oportunidad de avanzar.

Sin duda, está plagado de innumerables problemas. Su economía está muy polarizada y es desigual, como si fueran dos Perús con una España sumada, bromeó conmigo el economista Santiago Levy, creando una nación que en el último cuarto de siglo no ha experimentado crecimiento de la productividad. Además, la adopción por Sheinbaum de los desastrosos planes de su predecesor de politizar el poder judicial plantea graves riesgos para el sistema político del país. Y aunque México ha eludido hasta ahora el escenario arancelario más catastrófico, su futuro económico sigue dependiendo de Estados Unidos, destino del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas.

Sin embargo, hay motivos para la esperanza. Sheinbaum no solo ha actuado con rapidez en la búsqueda de acuerdos comerciales con otros socios importantes, sino que también ha respondido a las bravatas de Trump con una mezcla de dureza y moderación, por lo que muchos mexicanos (e incluso del propio Trump) la han elogiado. Su extraordinaria popularidad le da influencia, si decide utilizarla sabiamente, para transformar el país en una potencia económica y en un ejemplo de los valores de bienvenida que Estados Unidos ha abandonado. En mis numerosas conversaciones en el país, me quedé con una sensación de impulso y propósito.

Por ello, quizá no sea sorprendente que migrantes de naciones ricas y pobres por igual miren a México de nuevo, a pesar de sus retos, y se pregunten si podría ser el lugar para perseguir sus sueños de un futuro diferente.

Este ensayo forma parte de La gran migración, una serie de Lydia Polgreen que explora cómo se desplaza la gente por el mundo hoy en día."

( The New York Times, 23/04/25)

22.2.25

Sheinbaum recibe elogios por su serenidad en su trato con Trump... Sheinbaum ha mantenido la cabeza fría y la capacidad de mantenerse firme y reaccionar ante Trump... Desde que Trump anunció un plan para aplicar un arancel del 25% a todos los bienes importados de México, Sheinbaum se ha ofrecido a negociar, evitando al mismo tiempo gestos de obediencia (como el viaje del primer ministro canadiense Justin Trudeau a Mar-a-Lago) o desafío (como la diatriba del presidente colombiano Gustavo Petro contra Trump en X)... eligió batallas que le permitieron mostrar fortaleza ante una audiencia local y al mismo tiempo evitar una confrontación directa con el propio Trump; por ejemplo, amenazó a Google con una demanda después de que renombró las aguas internacionales del Golfo de México como Golfo de América en Google Maps... Se ha comprometido a ampliar las acciones legales contra los fabricantes de armas estadounidenses que producen la mayoría de las armas utilizadas en México, e implícitamente dio un giro a la retórica de Trump al advertir que su país no toleraría una "invasión" de su soberanía nacional por parte de las fuerzas estadounidenses... pero la mera amenaza de aranceles ya ha contribuido a reducir las proyecciones de crecimiento... “Durante 30 años, México se aferró a una política de comercio y desarrollo en América del Norte. Apostó su crecimiento, su identidad, a la integración a América del Norte”, dijo Pérez Ricart. “Y ahora esa idea está siendo cuestionada. Trump no cree en eso. Es una situación muy delicada para Sheinbaum y para el país” (Thomas Graham, The Guardian)

 "La  presidenta, bajo presión por los aranceles y la frontera, se ha mantenido firme y ha evitado enfrentamientos directos con su errático homólogo.

Mientras Donald Trump cambia su mirada de una región a otra, alterando las relaciones diplomáticas y confundiendo a los aliados, los líderes de antiguos socios de Estados Unidos se han enfrentado con él y han salido mucho peor parados.

Pero hasta ahora, una de ellas –la mexicana Claudia Sheinbaum– ha salido relativamente ilesa.

La frontera entre Estados Unidos y México y el comercio, las drogas y los migrantes que la cruzan son el centro de atención de la administración Trump y México está bajo una intensa presión. Sin embargo, si bien Sheinbaum ha hecho algunas concesiones, también ha cautivado a Trump y se ha ganado elogios en su país, con índices de aprobación que rozan el 80%.

“Sheinbaum ha mantenido la cabeza fría y la capacidad de mantenerse firme y reaccionar ante Trump”, dijo Carlos Pérez Ricart, politólogo. “Pero México está en una situación de emergencia con Estados Unidos y tendrá que jugar a este juego durante cuatro años seguidos”.

Sheinbaum llevó a Morena, un partido populista de izquierda, a una victoria aplastante en junio del año pasado, y apenas había tomado el poder cuando Trump ganó la reelección en noviembre.

Muchos se preguntaban cómo Sheinbaum, una científica climática antes de convertirse en política, manejaría al presidente estadounidense. Pero los dos han entablado una relación, y Trump ha descrito a Sheinbaum como una “mujer maravillosa”, aunque afirma que México está “básicamente dirigido por cárteles”.

Desde que Trump anunció un plan para aplicar un arancel del 25% a todos los bienes importados de México, citando su supuesto fracaso para detener el ingreso de migrantes y fentanilo a Estados Unidos, Sheinbaum se ha ofrecido a negociar, evitando al mismo tiempo gestos de obediencia (como el viaje del primer ministro canadiense Justin Trudeau a Mar-a-Lago) o desafío (como la diatriba del presidente colombiano Gustavo Petro contra Trump en X).

Sheinbaum también ha mostrado su voluntad de hacer más sobre el fentanilo: las fuerzas de seguridad mexicanas lograron una incautación récord pocos días después del anuncio de Trump, y subrayó que México ya estaba haciendo mucho para mantener a los migrantes lejos de la frontera entre Estados Unidos y México.

Al mismo tiempo, eligió batallas que le permitieron mostrar fortaleza ante una audiencia local y al mismo tiempo evitar una confrontación directa con el propio Trump; por ejemplo, amenazó a Google con una demanda después de que se inclinó ante Trump y renombró las aguas internacionales del Golfo de México como Golfo de América en Google Maps.

Se ha comprometido a ampliar las acciones legales contra los fabricantes de armas estadounidenses que producen la mayoría de las armas utilizadas en México, e implícitamente dio un giro a la retórica de Trump al advertir que su país no toleraría una "invasión" de su soberanía nacional por parte de las fuerzas estadounidenses.

“Sheinbaum encontró el punto dulce entre la sumisión de Trudeau y la bravuconería de Petro”, dijo Pérez Ricart.

La primera crisis real llegó a principios de este mes, cuando se acercaba la fecha límite para la amenaza arancelaria de Trump.

Sheinbaum estaba a punto de anunciar medidas de represalia cuando las conversaciones de último momento calmaron la situación y Trump aceptó retrasar los aranceles durante un mes a cambio de que México enviara 10.000 soldados más a la frontera.

No está claro cómo esos soldados adicionales reducirán el flujo de fentanilo, una sustancia tan potente que solo se mueven volúmenes relativamente pequeños y la gran mayoría de la cual es traficada a través de los puertos de entrada por ciudadanos estadounidenses.

“Lo que veo es un espectáculo para el público mexicano y estadounidense”, dijo Martha Bárcena, ex embajadora de México en Estados Unidos. “Está claro que Trump está hablando con su base y Sheinbaum con la suya. Pero no sabemos qué está pasando en las conversaciones entre ellos”.

“El presidente ganó tiempo, pero la negociación no ha terminado”, añadió Bárcena.

La próxima fecha límite para los aranceles de Trump, el 4 de marzo, probablemente traiga consigo otra ronda de conversaciones febriles, mientras México intenta convencer a Estados Unidos de los resultados obtenidos sobre el fentanilo y la migración.

“Pero si no sabemos qué quieren ni cómo lo quieren medir, entonces Trump puede seguir amenazándonos de aquí al final de su gobierno”, dijo Bárcena.

Estados Unidos también ha aumentado la presión al añadir seis grupos del crimen organizado mexicano –incluidos los cárteles Jalisco Nueva Generación y Sinaloa, dos de las mayores organizaciones de tráfico de drogas del mundo– a su lista de organizaciones terroristas extranjeras (FTO).

Si bien la designación de los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras no autoriza en sí misma la acción militar de Estados Unidos en México, algunos temen que sea un primer paso hacia ella.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, dijo recientemente que “todas las opciones estarán sobre la mesa” cuando se trate de lidiar con los cárteles. “En última instancia, no nos reservaremos nada para proteger a los estadounidenses”, agregó.

Mientras tanto, la economía de México se encamina hacia una recesión. La mera amenaza de aranceles ya ha contribuido a reducir las proyecciones de crecimiento: el banco central de México prevé un crecimiento del PIB del 0,6% para 2025.

Eso hace que evitar los aranceles y mantener unido el acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá sea aún más importante para Sheinbaum.

“Durante 30 años, México se aferró a una política de comercio y desarrollo en América del Norte. Apostó su crecimiento, su identidad, a la integración a América del Norte”, dijo Pérez Ricart. “Y ahora esa idea está siendo cuestionada. Trump no cree en eso. Es una situación muy delicada para Sheinbaum y para el país”.

(Thomas Graham, Other News, 21/02/25, fuente The Guardian)

1.10.24

Andrés Manuel López Obrador (AMLO), termina su ciclo presidencial con un 60 por ciento de apoyo popular... después de 35 años estancado, el poder adquisitivo real, con AMLO, aumentó más del doble. El salario mínimo pegó un salto sideral: 120 por ciento por encima de la inflación, variable que se mantuvo... después de 35 años estancado, el poder adquisitivo real, con AMLO, aumentó más del doble. El salario mínimo pegó un salto sideral: 120 por ciento por encima de la inflación, variable que se mantuvo... 9,5 millones de personas salieron de la pobreza... El gobierno deja las cuentas fiscales sanas, mantuvo el equilibrio macroeconómico y logró que la inversión extranjera llegara a niveles récord. La moneda se fortaleció y el desempleo llegó al mínimo... Uno de sus grandes logros fue la aprobación de una profunda reforma democrática del Poder Judicial, a pesar del boicot de Estados Unidos, de las transnacionales y de la poderosa élite judicial, la Suprema Corte y los jueces serán elegidos por el voto popular (Telma Luzzani)

 "La Cuarta Transformación ha cumplido sus primeros seis años. Su impulsor, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de 71 años, termina su ciclo presidencial este 30 de septiembre con alrededor de 60 por ciento de apoyo popular. Deja en su lugar a Claudia Sheinbaum, una doctora en Ingeniería Energética y Ambiental, militante de izquierda desde su juventud, quien arrasó en las elecciones presidenciales del 2 de junio pasado y se convirtió así no sólo en la primera mujer presidenta de México, sino también en la más votada en la historia de la república.

En 2018, AMLO recibió un país atravesado por un largo proceso de demolición neoliberal y con altas tasas de pobreza y desigualdad. Así lo cuenta en su libro “A la mitad del camino”, publicado en 2021, cuando —como lo indica su título— había gobernado casi tres de los seis años de su período presidencial. “Ya sabíamos que estábamos en decadencia por la aplicación, durante 36 años, de la política de pillaje llamada neoliberal”, escribió. “Pero lo que descubrimos al llegar al Gobierno no solo reafirmó nuestras convicciones, sino que superó por mucho lo que imaginábamos. El Gobierno estaba consagrado a facilitar la corrupción, y no se preocupaba ni por asomo del bienestar del pueblo. Toda su actividad consistía en privatizar y en hacer jugosos negocios al amparo del poder público.”

El bienestar de los mexicanos y la lucha contra la corrupción fueron sus principales metas. En seis años de gobierno, millones de mexicanas y mexicanos fueron mejorando paulatinamente su standard de vida. “Los logros son concretos, medibles y evidentes”, aseguró la periodista mexicana Cecilia González. “Redujo la pobreza; contrarrestó la presión de la oposición con sus conferencias mañaneras, que le permitieron controlar la agenda del debate público; controló la inflación, por primera vez en un gobierno no hubo devaluación; las reservas son récord, y no es un presidente que se enriqueció con la corrupción, lo cual es inédito en México”.

Según la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI), después de 35 años estancado, el poder adquisitivo real, con AMLO, aumentó más del doble. El salario mínimo pegó un salto sideral: 120 por ciento por encima de la inflación, variable que se mantuvo (de 4,83 en diciembre 2018 a 4,99 en julio 2024) demostrando, por añadidura, que el argumento empresarial de que el aumento de salarios genera inflación es falso.

En cuanto a la pobreza, según el mandatario, en su gobierno “salieron de esa situación 100 mil mexicanos por mes”. “Que el Banco Mundial haya certificado que, de 2018 a 2023, sacamos a 9,5 millones de personas de la pobreza me tiene más que orgulloso. Pasamos de 34,3 millones a 24,7”, dijo el pasado 1º de septiembre.

No obstante, el modelo de López Obrador no detuvo la pobreza extrema. “Aunque redujo la pobreza, no pasó lo mismo con la indigencia, que incluso empeoró —dijo Cecilia González. En cambio, los más ricos multiplicaron sus fortunas, es decir que los más pobres siguieron siendo más pobres, y los más ricos, todavía más ricos.”

A pesar de su nombre, la Cuarta Transformación no hizo cambios estructurales: no subió el impuesto a los más ricos ni intervino en los planes del sector privado. El gobierno deja las cuentas fiscales sanas, mantuvo el equilibrio macroeconómico y logró que la inversión extranjera llegara a niveles récord. La moneda se fortaleció y el desempleo llegó al mínimo: “Casi pleno empleo”, se ufanó AMLO. Pero en derechos humanos, explicó la periodista mexicana, su política fue absolutamente decepcionante.

El caso de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, desparecidos hace en estos días justo 10 años, “se volvió el emblema de la manera en la que el presidente despreció a los familiares y a los colectivos de derechos humanos, lo que supuestamente no debería hacer un político de la izquierda democrática”, subrayó Cecilia González.

Los estudiantes fueron atacados y desaparecidos la noche del 26 de septiembre de 2014. El día en que cumplió una década de ese siniestro episodio, madres, padres y miles de personas se congregaron en el Zócalo de la capital mexicana para reclamar verdad y justicia. En este nuevo aniversario, los familiares volvieron a acusar a AMLO de “jugar una farsa”, es decir, fingir voluntad política para resolver el caso, pero sin hacer nada.

“Lo peor de su gestión fue la política de derechos humanos”, recalcó González. “Nunca reconoció ni atendió ni resolvió la crisis humanitaria; deja a un país con más de 100 mil desaparecidos, más de 72 mil cuerpos sin identificar, cientos de miles de personas asesinadas, desplazadas, amenazadas, y la decepción de los colectivos de derechos humanos. Es una de sus principales promesas incumplidas. También aseguró que terminaría con la militarización, pero ocurrió todo lo contrario, les dio a los militares más poder político y económico del que habían tenido en toda la historia.”

No obstante, con sus aciertos y sus errores, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), con apenas diez años de vida (fue fundado por AMLO en 2011 y se convirtió en partido político en 2014), hoy domina la escena política mexicana. Gobierna 24 de los 32 estados del país y la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, contará con una mayoría calificada en la Cámara de Diputados y con una mayoría muy cerca de ser absoluta en el Senado.

“Sheinbaum llega con todas las ventajas. Ganó con 60 por ciento de los votos, a una distancia de 30 puntos de su principal rival, y llega con mucho poder: con mayoría absoluta en el Congreso y con una reforma judicial que permitirá elegir el próximo año, por primera vez en la historia de México, a jueces y a los ministros de la Corte”, analizó González.

Uno de los grandes logros de este sexenio fue la aprobación, en el Congreso (revalidada por los Estados), de una profunda reforma democrática del Poder Judicial propuesta por AMLO. A pesar del boicot de Estados Unidos, de las transnacionales y de la poderosa élite judicial, la Suprema Corte y los jueces serán elegidos por el voto popular, a partir de 2025. (...)"

(Telma Luzzani , Other News, 30/09/24)

20.9.24

Sobre la la política de López Obrador en México: según el Banco Mundial, de 2018 a 2023 la pobreza pasó de 34.3 millones de personas a 24.7 millones, y según la misma fuente, “en tiempos de Calderón… un rico ganaba en promedio 35 veces más que un pobre, ahora la diferencia ha disminuido a 15 veces”. ¿Por qué se lograron esas dos cosas? Con el aumento del salario mínimo en más de un 100 por ciento, programas de infraestructuras, que reactivaron la economía y el empleo. Y los programas de apoyo directo a la población: 12 millones de adultos reciben una pensión de 6 mil pesos bimestrales; un millón de personas con discapacidad son apoyadas con 3 mil pesos cada dos meses; se otorgaron casi 11 millones de becas para estudiantes de educación básica, más de 5 millones a estudiantes de bachillerato y un millón para alumnos universitarios de familias pobres; se apoya cada año a 262 mil madres solteras para que sus hijos no abandonen la escuela; un programa beca por un año a jóvenes en su primer empleo, benefició a 3 millones de personas, e indirectamente a las pequeñas y medianas empresas que los contrataron; 442 mil trabajadores del campo se beneficiaron plantando millones de árboles. ¿qué le faltó al gobierno de AMLO? La inseguridad y la violencia, que no pudieron ser eliminadas aunque se revirtió su escalada, y la política migratoria (ambas, transferencias a territorio mexicano de las enfermedades del imperio vecino)

 "En 2013 el presidente de Morena, Martí Batres, publicó un balance del neoliberalismo en México (y faltaban cinco años) para entender contra qué nacía Morena: el neoliberalismo implicaba la polarización social, el empobrecimiento de los pobres; el desmantelamiento de los derechos sociales, la seguridad social y el sistema educativo; el nacimiento de “una oligarquía económica con poder político e ideológico superior al de los órganos formales del Estado”; el crecimiento de la corrupción y la delincuencia; el estancamiento económico.

Las cifras oficiales de hace 11 años mostraban el desastre: en 2013, apenas 19.3 por ciento de la población podía considerarse no pobre: 11.7 millones de mexicanos vivían en la extrema pobreza; 51.9 en la pobreza y otros 32.2 millones en situación de carencia. Y los datos del consumo popular, los ingresos reales, los abismos crecientes entre los más ricos y los más pobres.

Fue para revertirlo que fuerzas de la izquierda social, así como nacionalistas no necesariamente de izquierda, constituimos Morena en 2012, en que el PRD traicionó a sus votantes y se sumó abiertamente al pacto neoliberal, que sobrerrepresentó durante seis años a las derechas. En 2018 Morena ganó las elecciones y llevó a AMLO a la Presidencia con un programa centrado en dos ejes: combatir la pobreza y frenar la corrupción. El resultado fue que según una institución a la que nadie podrá acusar de izquierdista (el Banco Mundial) de 2018 a 2023 la pobreza pasó de 34.3 millones de personas a 24.7 millones. Según la misma fuente, “en tiempos de Calderón… un rico ganaba en promedio 35 veces más que un pobre, ahora la diferencia ha disminuido a 15 veces”. ¿Por qué se lograron esas dos cosas? AMLO lo explica, en su más reciente libro:

“Nuestra estrategia económica se inspira en el pensamiento lógico y eficaz de los magonistas de mejorar los ingresos de las mayorías para fortalecer el mercado interno e impulsar con ello la prosperidad de las actividades productivas del país. Atendemos a los pobres por convicción y por humanismo, pero también lo hacemos porque si destinamos los recursos a los menos favorecidos habremos de lograr una más rápida reactivación de la economía para salir de la crisis…”

Tres fueron las tácticas claves: el aumento del salario mínimo en más de 100 por ciento; por ejemplo, el de los maestros en casi 40. Las infraestructuras, que reactivaron la economía y el empleo. Y los programas de apoyo directo a la población: por lo menos uno de esos programas llega a 30 de los 35 millones de hogares del país. Vale la pena hacer un recuento de los más significativos:

1) Más de 12 millones de adultos mayores reciben una pensión de 6 mil pesos bimestrales; 2) un millón 482 mil personas con discapacidad son apoyadas con 3 mil 100 pesos cada dos meses; 3) se otorgaron casi 11 millones de becas para estudiantes de educación básica, más de 5 millones a estudiantes de bachillerato y un millón a 32 mil 895 alumnos universitarios de familias pobres. Además, se apoya cada año a 262 mil madres solteras para que sus hijos no abandonen la escuela; 4) se crearon 202 universidades públicas, donde estudian becados 56 mil 464 alumnos; 5) Jóvenes Construyendo el Futuro, programa que beca por un año a jóvenes en su primer empleo, benefició a 3 millones de personas e indirectamente a las pequeñas y medianas empresas que los contrataron; 6) querría detenerme en el programa Sembrando Vida, pero no cabría aquí, sólo dos datos: 442 mil trabajadores del campo beneficiados y mil 200 millones de árboles sembrados (habrá que darle continuidad y revisión constantes).

Pero no sólo se trata de los estímulos económicos directos, sino de transformaciones en muchos aspectos de la vida. Por ejemplo, el Programa de Mejoramiento Urbano, que construyó más de mil 200 espacios públicos (parques, centros culturales, mercados, plazas) en las poblaciones y barrios marginados. Quien dirigió el programa, el arquitecto Román Meyer Falcón, cuenta: “Trabajar en las zonas más pobres y marginadas cambia la cara de los barrios, pero más allá de la transformación física, está el impacto positivo en la vida cotidiana de la gente. Ahora viven en entornos mejor iluminados, más seguros, con espacios deportivos, culturales, educativos y recreativos, lo que durante décadas se les negó por la ausencia y desinterés del gobierno.

“Con las casi mil 300 obras que hemos construido en 200 municipios las comunidades se fortalecen, unidas en torno a una identidad común que se genera en el espacio público. Ésa es la transformación del territorio.” (Comunicación personal con el autor).

Dejémoslo aquí, aunque, para terminar, ¿qué le faltó al gobierno de AMLO? Suscribo buena parte de lo que escribió Abraham Nuncio (https://acortar.link/KonQ5G), y hablaría también de la inseguridad y la violencia, que no pudieron ser eliminadas aunque se revirtió su escalada; de la política migratoria (ambas, transferencias a territorio mexicano de las enfermedades del imperio vecino) y otros temas. Hay tarea para rato, pero veo que la inteligencia de la doctora Claudia Sheinbaum y la prudencia de AMLO evitarán que se repita en México uno de los grandes problemas de los países hermanos: las rivalidades que surgieron entre Lula y Dilma, Cristina y Alberto, Evo y Lucho (no digo Lenín Moreno, porque ése es solamente un traidor)… El segundo piso tiene una clara dirigente en la presidenta Claudia Sheinbaum y un programa claro, así como tareas de urgente resolución. A meter el hombro. Y sí, yo sí voy a extrañar a AMLO."                 (Pedro Salmerón Sanginés , La Jornada, 17/09/24)

23.6.24

La victoria de Sheinbaum se debe a un bloque de votantes anclado en las clases trabajadoras, pero capaz de plegarse a partes de los estratos medios... El apoyo de Morena entre las clases medias parece ser el resultado de la mejora generalizada del nivel de vida... Morena no ha intentado ganarse a las clases medias moviéndose hacia la derecha, pero entre las clases altas -y esto es crucial- sigue rondando el 40% ... la sensación es la de que está surgiendo un nuevo régimen político, fundado en un pacto social posneoliberal... la mayoría de los mexicanos están profundamente implicados en el proceso político. No sólo AMLO tiene un índice de aprobación del 80%, también hay una creciente «confianza en el gobierno nacional», que ha saltado del 29% al 61% durante el mandato de Morena... En una época de insatisfacción generalizada con la forma de partido, el efecto de AMLO en la cultura política nacional es impresionante... Los salarios reales han aumentado en torno a un 30% con AMLO... El 10% de los que menos ganan ha aumentado sus ingresos en un 98,8%... Sheinbaum se presentó a las elecciones con la promesa de defender esos logros... El orden social emergente en México -basado en el aumento de los niveles de vida y en un mayor bienestar social- es el resultado del capitalismo nacionalista-desarrollista dirigido por el Estado (Edwin F. Ackerman)

"Claudia Sheinbaum obtuvo una aplastante victoria en las elecciones presidenciales mexicanas del 2 de junio. Con cerca del 60% de los votos, la magnitud de su victoria superó a la de Andrés Manuel López Obrador en 2018. Su partido, Morena, formado hace sólo una década, se aseguró una mayoría de dos tercios en el Congreso y está a sólo dos representantes de hacerlo en el Senado. Los opositores PRI, PAN y PRD -que se presentan en una candidatura de unidad- obtuvieron alrededor del 27%, un descenso significativo desde la anterior votación. Tres cosas llaman especialmente la atención. En primer lugar, la claridad del mandato: una anomalía en las democracias occidentales, cada vez más acostumbradas a contiendas marginales y estancamientos políticos. En segundo lugar, las particularidades del electorado de Morena: un bloque de votantes anclado en las clases trabajadoras, pero capaz de plegarse a partes de los estratos medios. Tercero, la sensación de que está surgiendo un nuevo régimen político, fundado en un pacto social posneoliberal.

La principal competidora de Sheinbaum era Xóchitl Gálvez, que encabezaba la coalición del PRI, el PAN y el PRD. Gálvez dirigió una campaña errática, representando los intereses de las grandes empresas salpicados de un liberalismo social light. Incapaz de presentarse con un programa abiertamente neoliberal -el término se ha vuelto tóxico en México-, optó en su lugar por la política de identidad: su discurso de apertura hacía hincapié en sus raíces indígenas y sus orígenes humildes, mientras que el de cierre se inclinaba por los ataques al no catolicismo de Sheinbaum. Su plataforma siempre estuvo demasiado desenfocada para enmarcar la elección en torno a lo que posiblemente sea el punto más débil del gobierno: los altísimos niveles de narcoviolencia en el país, que Morena heredó del PAN y del PRI y que ha luchado por reducir de manera significativa.

El agotamiento de la derecha mexicana quedó patente en sus mensajes contradictorios. Atrapada entre la necesidad de defender los populares programas de transferencias monetarias implementados por AMLO y la crítica a su despilfarro y clientelismo, Gálvez osciló entre pedir su expansión y exigir su contracción mediante límites de tiempo y comprobación de recursos. Uno de sus lemas de campaña, «Los programas se quedan, Morena se va», no caló en un electorado que había visto cómo su partido, el PAN, votaba en contra de ellos sólo unos años antes.

Gálvez, una política de carrera que ha ocupado varios puestos en el gabinete y ha sido elegida durante décadas, intentó sin embargo presentarse como una ciudadana corriente, distanciándose públicamente de los desacreditados partidos que la propusieron y dirigieron su campaña. La opinocracia -la clase de comentaristas y articulistas de opinión que dominan los principales medios de comunicación (y alimentan a gran parte de la prensa extranjera)- describió la votación como una elección entre «democracia» con Gálvez y «autoritarismo» con Sheinbaum. Pero esta estrategia nació muerta. Mientras tanto, el candidato del «tercer partido», Jorge Álvarez Máynez, del Movimiento Ciudadano -una formación sin sustancia cuyo único objetivo era recoger los votos no captados por los dos principales contendientes- denunció «las viejas formas» de hacer política, pero no especificó las nuevas. Acabó ganando el 10%. Sin embargo, su partido demostró que puede tener suficiente visión estratégica para posicionarse a largo plazo como posible sustituto del PRI-PAN-PRD.

Incapaz de enarbolar la bandera del neoliberalismo, incapaz de defender su historial legislativo o el legado de su partido, ofreciendo poco más que eslóganes vacíos y apelaciones abstractas a la «democracia», lo que la oposición consiguió finalmente fue un tipo de antipolítica. En sus momentos más cínicos, sus expertos argumentaban que «¡todos son iguales!», «¡Morena es tan corrupto como nosotros!». Su principal objetivo no era desacreditar las políticas de AMLO u ofrecer un programa alternativo, sino socavar la convicción básica de que un partido político puede dirigir el Estado al servicio de los intereses colectivos. El electorado rechazó esta oferta desesperada.

Una reciente encuesta de Gallup sugiere que la mayoría de los mexicanos están, de hecho, profundamente implicados en el proceso político. No sólo AMLO tiene un índice de aprobación del 80%; también hay una creciente «confianza en el gobierno nacional», que ha saltado del 29% al 61% durante el mandato de Morena: la más alta en los veinte años desde que Gallup empezó a hacer la pregunta. En 2023, el 73% de los mexicanos consideraba que su nivel de vida «estaba mejorando», y el 57% decía lo mismo de su economía local. Antes de AMLO, la «confianza en la honestidad de las elecciones mexicanas» promediaba apenas 19%; durante los últimos seis años subió a 44%. Asimismo, el Pew Research Center ha mostrado que ‘la satisfacción de los mexicanos con su democracia’ ha aumentado 42 puntos porcentuales desde 2017. El número de personas que se identifican como simpatizantes del partido Morena ha crecido 10 puntos desde 2018, alcanzando ahora 34%, frente a 8% tanto del PRI como del PAN. El poder de organización de Morena se exhibió en 2022, cuando convocó a más de tres millones de personas para elegir a los delegados de su Congreso Nacional del Partido. En una época de insatisfacción generalizada con la forma de partido y el bien contado vaciamiento de la política de masas, el efecto de AMLO en la cultura política nacional es impresionante.

Sheinbaum, climatóloga y ex Jefa de Gobierno de Ciudad de México, tenía una ventaja de dos dígitos desde el principio de la campaña. Sin embargo, la amplitud de su apoyo, que abarca múltiples regiones y grupos demográficos, sigue siendo notable. Morena ganó en 31 de los 32 estados mexicanos. En 17 de ellos consiguió más del 60% de los votos, y en los estados sureños de Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Guerrero y Quintana Roo su recuento superó el 70%. Sheinbaum venció a sus oponentes en el 78% de las mesas electorales. Ganó tanto en hombres como en mujeres, en todos los grupos de edad y en casi todos los niveles educativos y de ingresos. Morena también tuvo un fuerte voto a la baja y siguió ganando terreno a nivel local por sexto año consecutivo, ganando o reteniendo una serie de puestos de gobernador, incluida la Ciudad de México. Se espera que consiga los votos adicionales necesarios para aprobar las reformas constitucionales.

Un análisis más detallado de los datos electorales revela algunos patrones interesantes. El Financiero Bloomberg informa de que el 74% de los votantes con estudios primarios y el 71% en el grupo de ingresos más bajos apoyaron a Sheinbaum, frente al 48% con estudios universitarios y el 49% en el grupo de ingresos más altos. El Parametría muestra una diferencia similar de 20 puntos entre los grupos de menores y mayores ingresos. Encuentra que mientras 65% de los votantes con educación elemental apoyaron a Morena, y 49% con un título universitario, sólo 17% de los que tienen títulos avanzados lo hicieron. Las encuestas a pie de urna indican que el mayor apoyo a Sheinbaum, en torno al 60%, provino de los empleados del sector privado, los campesinos, los maestros, los trabajadores autónomos y las amas de casa, mientras que su menor apoyo se encontró entre los profesionales (46%) y los empresarios (39%). La candidata obtuvo mejores resultados en los estados del sur, históricamente marginados, mientras que las zonas más ricas, incluidas muchas de las capitales de los estados, fueron las más proclives a apoyar a la derecha. La popularidad de Morena, pues, se sitúa en torno al 60-70% entre las clases populares. Entre las clases altas es más baja, aunque -y esto es crucial- sigue rondando el 40%.

Esto señala el surgimiento de una coalición de voto multiclasista anclada en las clases trabajadoras. Inusualmente, Morena no ha intentado ganarse a las clases medias moviéndose hacia la derecha. La actual administración ha aprobado una oleada de reformas en favor de los trabajadores y ha redoblado sus esfuerzos para relegitimar al Estado como actor social, incluido un importante gasto en infraestructuras y una reestructuración del suministro energético en favor del sector público. Los salarios reales han aumentado en torno a un 30% con AMLO. Los datos de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos señalan que la participación del trabajo en los ingresos ha ganado 8 puntos porcentuales tras un largo periodo de estancamiento. El 10% de los que menos ganan ha aumentado sus ingresos en un 98,8%. El coeficiente de Gini del país ha disminuido y la pobreza global se ha reducido un 5%, el mayor descenso en 22 años, lo que supone más de cinco millones de personas. El desempleo es el más bajo de la región, incluida una ligera reducción del trabajo informal. Y todo ello en medio de una pandemia mundial y una inflación galopante.

Sheinbaum se presentó a las elecciones con la promesa de defender esos logros. Planteó las elecciones como un referéndum sobre la continuación del proceso de transformación política o la vuelta al neoliberalismo. Su programa incluía la ampliación de los programas sociales, la reducción de la edad de jubilación de las mujeres de 65 a 60 años y la concesión de ayudas sociales a los estudiantes de distintos niveles, al tiempo que impulsaba los planes de sanidad pública universal. En medio de una crisis del agua que afecta a todo el país, el gobierno entrante se ha comprometido a poner fin a la privatización del agua y a imponer normas más estrictas sobre su uso por parte de las grandes empresas. Y pretende satisfacer cada vez más la demanda de electricidad con fuentes de energía sin emisiones de carbono, como la eólica, la solar, la hidroeléctrica y la geotérmica. El apoyo de Morena entre las clases medias no es un signo de cooptación; parece ser el resultado de la mejora generalizada del nivel de vida, así como de la prudente retórica política de Sheinbaum.

La administración de AMLO describe su papel como la promulgación de una Cuarta Transformación. Al igual que la declaración de independencia en 1810, las reformas liberales del Estado de la década de 1850 y la Revolución Mexicana de principios del siglo XX, la victoria de 2018 estaba destinada a marcar no sólo un cambio de gobierno, sino un cambio de régimen. A nivel de sistemas de partidos, esto es cierto. La coalición que postuló a Gálvez está compuesta por partidos que fueron feroces competidores hasta la presidencia de AMLO. El PRI fue el heredero de la Revolución que gobernó durante la mayor parte del siglo pasado. El PAN, que data de la década de 1930, fue la oposición histórica, a la derecha del PRI durante este periodo, mientras que el PRD se formó en la década de 1980 como una escisión a la izquierda del PRI. Siguieron dominando la política electoral durante toda la era neoliberal, definiendo el llamado regímen de la transición que tomó forma tras la primera derrota presidencial del PRI en el año 2000.

Este orden está ahora en desorden. El PRI y el PRD, y en menor medida el PAN, están acosados por crisis internas. El PRI se ha visto afectado por una serie de deserciones de alto nivel. El PRD -el antiguo partido de AMLO, que en su día estuvo afiliado al Partido Comunista Mexicano pero que se ha desplazado al centro desde 2012- se enfrenta al olvido, tras haber perdido su registro como partido al no conseguir el 3% de los votos nacionales. Las tensiones entre la oposición ya habían estallado a principios de este año, cuando el líder del PAN denunció públicamente que el PRI no había repartido puestos ni botín tras ganar la gubernatura de Coahuila. Ahora, tras la derrota del 2 de junio, su coalición está al borde del colapso. El sistema de partidos mexicano nunca volverá a ser el mismo. Morena se ha beneficiado hasta ahora de esta ruptura, pero debe evitar la autocomplacencia. A menos que desarrolle mecanismos institucionales para resolver los desacuerdos internos, también puede ser vulnerable a escisiones más adelante.

Las elecciones se celebraron tras una serie de reveses legislativos para el Gobierno. Importantes reformas constitucionales en una amplia gama de áreas -energía, seguridad pública, ley electoral- se vieron frustradas por una oposición obstruccionista. El «Plan A» de AMLO era conseguir que las medidas se ratificaran sin modificaciones. Cuando esto falló, el «Plan B» fue alterarlas para asegurar su aprobación. Pero una Corte Suprema hostil bloqueó los cambios incluso después de que hubieran sido aprobados por la legislatura. El «Plan C» consistía en esperar a las elecciones y confiar en obtener una mayoría absoluta en el Congreso y el Senado, lo que permitiría a Morena aprobar 18 disposiciones constitucionales, incluidas reformas del sistema judicial que permitirían elegir a los jueces en lugar de nombrarlos. Se trata de un intento de transformar uno de los pilares institucionales de la era neoliberal. En la actualidad, el Alto Tribunal tiene poca independencia de los grupos de interés privados. Los Altos Magistrados se han negado a aceptar una reducción salarial por mandato constitucional como parte del impulso de AMLO a una burocracia más austera. Y recientemente se reveló que Norma Piña, la presidenta de la Suprema Corte, había organizado una reunión secreta con el jefe del PRI, por razones que siguen siendo oscuras. El intento del gobierno de hacer que estos actores del poder sean más responsables ha resultado enormemente controvertido.

También se están produciendo cambios importantes a nivel ideológico. A finales de la década de 1990, el bloque neoliberal del país monopolizó la retórica de la «democracia». El antipriismo del PAN se duplicaba fácilmente como antiestatismo; su crítica al sistema de partido único era también un ataque al bienestar y al sector público. La llamada «transición democrática», con sus conceptos rectores como «sociedad civil» y «el ciudadano», y su comprensión de la política como la búsqueda de soluciones tecnocráticas, proporcionó la cobertura perfecta para el avance del capital. A los comentaristas que elaboraron esta narrativa les gustaba presentarse como apartidistas, como guardianes apolíticos de la democracia y críticos del poder estatal que no rinde cuentas. Con AMLO, sin embargo, se vieron obligados a abandonar esta pretensión de imparcialidad y alinearse con la oposición. Durante los últimos seis años, han impulsado la narrativa de que, al desafiar el neoliberalismo y reconcebir la política como un proceso de negociación entre intereses opuestos, el presidente representa una regresión a la autocracia. Los resultados del 2 de junio pusieron de manifiesto su incapacidad para resonar fuera de la cámara de eco mediática. Poco después de la votación, una de las columnistas estrella del país, Denise Dresser, se lamentaba de que los mexicanos «se habían vuelto a poner las cadenas que nosotros» -la clase experta- «nos habíamos quitado».

El orden social emergente en México -basado en el aumento de los niveles de vida y en un mayor bienestar social- es el resultado del capitalismo nacionalista-desarrollista dirigido por el Estado de AMLO. Tales avances se lograron en circunstancias económicas adversas, en contraste con el auge mundial de las materias primas que financió la Marea Rosa. Sin embargo, aún quedan importantes retos por delante. El crimen organizado está muy extendido. El gobierno ha cedido en gran medida a las exigencias de Estados Unidos de que controle el flujo de solicitantes de asilo a través de la frontera. Y hasta ahora ha evitado un arriesgado enfrentamiento en torno a la reforma fiscal, que puede ser necesaria en los próximos años. Con todo, hay indicios que apoyan el argumento de que estamos asistiendo a una Cuarta Transformación. Todas las transformaciones anteriores coincidieron con cambios de paradigma económico a escala mundial: el fin del mercantilismo colonial en el caso de la Independencia, la expansión capitalista global en el caso de la Reforma Liberal, la era del Estado de bienestar tras la Revolución Mexicana. El actual, con todas sus posibilidades y limitaciones, tiene lugar en el contexto de la fractura del consenso neoliberal. Sheinbaum ha recibido ahora un importante mandato para consolidarlo."

(Edwin F. Ackerman , New Left Review, 21/06/24, traducción DEEPL)

2.6.24

México: de AMLO a Sheinbaum...AMLO mejoró la suerte del 50% más pobre de los mexicanos. Sin embargo, no se han resuelto los problemas fundamentales de una economía débil, en la que el capital invierte poco, de desigualdades extremas de renta y riqueza, de altos niveles de corrupción y delincuencia (con los cárteles de la droga campando a sus anchas)... AMLO ha sacado a 8,8 millones de mexicanos de la pobreza, un gran avance... En 2023, el comercio de mercancías estaba prácticamente equilibrado y el déficit global por cuenta corriente era sólo del 1,4% del PIB... El mayor crecimiento de los dos últimos años ha reducido la tasa oficial de desempleo a nuevos mínimos... Pero la economía no pinta tan bien a partir de ahora. Sheinbaum se enfrentará a grandes retos... Si Trump vuelve a la presidencia en 2025 e impone su plan de aranceles generalizados y restricciones contra todas las importaciones, México puede sufrir un duro golpe... Si en lo que queda de esta década la economía mundial se ralentiza o entra en recesión y México no puede exportar para salir de la crisis, Sheinbaum se verá presionada a aplicar la «austeridad fiscal» para revertir los logros conseguidos por los trabajadores con AMLO... como pasó cuando Lula en Brasil dio paso a Dilmar Rousseff... Sheinbaum deberá evitar un destino similar como la primera mujer presidenta de México (Michael Roberts)

 "México celebra elecciones generales este domingo.  Con una población de más de 130 millones de habitantes, México se encuentra entre las 15 mayores economías del mundo y es la segunda de América Latina.

Andrés Manuel López Obrador, conocido como AMLO, es presidente desde 2018, por lo que no puede volver a presentarse.  Su partido, Moreno, que formó en 2012, postula a la exalcaldesa de la capital, Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.  Sheinbaum se enfrenta a la oposición de Xóchitl Gálvez, que representa a una coalición de partidos «favorables a las empresas».  La campaña ya ha terminado y Sheinbaum mantiene una ventaja de 21 puntos en las encuestas de opinión sobre Gálvez.

La victoria presidencial de AMLO en 2018 fue vista como un giro a la izquierda en favor de los intereses del pueblo trabajador de México frente al largo dominio de los partidos corruptos y procapitalistas del PRD y el PAN.  En 2018, AMLO hizo campaña sobre tres temas clave: el aumento de la violencia generalizada y cotidiana en todo el país; la corrupción endémica entre políticos y funcionarios; y la alta y creciente desigualdad entre ricos y pobres. 

 ¿Cómo le fue a AMLO en esos temas? Bueno, parece que hubo poca mejoría en violencia y delincuencia.  Los «homicidios dolosos» han caído un poco desde 2018, pero siguen siendo mucho más altos que en 2010.  En 2020, México tuvo el peor récord de los principales países latinoamericanos en esta medida.  Pero recuerde que esta larga ola de delincuencia es principalmente un producto de las guerras de los cárteles de la droga - y la enorme industria de exportación de drogas es realmente una consecuencia de la adicción de los consumidores en los EE.UU. y los elementos criminales allí.

¿Qué hay de la corrupción?  AMLO se ha destacado por ser el presidente más incorrupto que ha tenido México desde la década de 1930.  El índice de corrupción de Transparencia Internacional muestra que la corrupción entre funcionarios y profesiones es efectivamente un poco mejor que en 2018 (a menor puntuación, mayor corrupción), pero sigue siendo mucho peor que en la década de 2000.

¿Qué hay de la desigualdad de ingresos y riqueza?  Bueno, según la Base de Datos Mundial de Desigualdad, en 2012, el 1% de los mexicanos con mayores ingresos se llevó el 27,4% de todos los ingresos personales y el 10% con mayores ingresos se llevó el 64,1%, mientras que el 50% con menores ingresos se llevó solo el 5,4%.  Las cifras más recientes corresponden a 2022 y muestran que el 1% más rico se llevó el 26,8% y el 10% más rico, el 64,6%, mientras que el 50% más pobre sólo se llevó el 6,0%.  Así que no ha habido ninguna mejora visible en la desigualdad de ingresos bajo los años de AMLO.

 El profesor Aberlardo Marina, economista de la Universidad Autónoma Metropolitana México, muestra que el programa de AMLO de elevar los niveles del salario mínimo y otras prestaciones sociales ha ayudado a los ingresos de los de abajo.  En los últimos seis años, el salario mínimo aumentó un 82% y los salarios manufactureros subieron un 27%.

Como resultado, la proporción del PIB destinada al trabajo ha aumentado desde el mínimo alcanzado bajo la presidencia procapitalista de Peña, del 24,6% en 2012, al 27,6% en 2022, mientras que la proporción de los beneficios ha retrocedido.  Pero la proporción destinada al trabajo sigue siendo muy inferior en comparación con la década de 1970, antes del inicio de las políticas neoliberales adoptadas por los gobiernos procapitalistas en México (y en todo el mundo).  Entonces, la participación de los salarios disminuyó y la de los beneficios aumentó.

En cuanto a la desigualdad de la riqueza, la situación para la mayoría es aún peor.  En 2012, el 1% de los más ricos poseía el 27,4% de toda la riqueza personal en México; el 10% de los más ricos poseía un asombroso 80%, mientras que el 50% de los más pobres tenía una riqueza negativa (más deudas que activos).  En 2022, el 1% más rico tenía el 26,8% de toda la riqueza personal; el 10% más rico tenía el 79,1% y el 50% más pobre seguía teniendo riqueza negativa.  De nuevo, ninguna mejora visible.

Y cuando nos fijamos en los ratios de pobreza, aunque la tasa de «pobreza extrema» (ganando menos de 2,15 dólares al día) ha caído con AMLO, sacando a 8,8 millones de mexicanos de la pobreza - un gran avance - México todavía tiene una mayor proporción de personas que viven con menos de 3,65 dólares al día que la media latinoamericana.

México tiene la relación impuestos/PIB más baja de la OCDE.  Los ricos no pagan muchos impuestos...

... obligando al gobierno a incurrir en grandes déficits presupuestarios y a pedir más préstamos para financiar el gasto social y los servicios públicos.

Además de estas cuestiones, ¿cuál es el estado de la economía mexicana?  En las últimas tres décadas, México ha tenido un rendimiento inferior al esperado en términos de crecimiento.  Su crecimiento económico ha promediado apenas por encima del 2% anual entre 1980 y 2022, limitando cualquier avance en la convergencia con respecto a las economías de altos ingresos.  De hecho, desde la pandemia, la tasa media de crecimiento real del PIB ha sido de sólo el 0,7%, aunque en 2020 y 2023, tras el repunte posterior a la pandemia, la economía creció más del 3% cada año.  Excluyendo los aumentos de población, encontramos que el PIB per cápita de México sigue siendo inferior al de 2018.

A lo largo de las décadas, el sector capitalista de México ha fracasado en la inversión productiva y, por tanto, en el crecimiento de la productividad.  El profesor Marina muestra que la inversión productiva (es decir, excluyendo la construcción de viviendas y bienes raíces) nunca ha sido superior al 17% del PIB y ha caído bajo la presidencia de AMLO.  Y se estancó durante la Larga Depresión de la década de 2010.

Los niveles de productividad son más bajos que hace diez años, aunque ha habido cierta recuperación desde la pandemia.

La razón por la que los capitalistas mexicanos no están invirtiendo productivamente, a pesar de una alta cuota de beneficios y bajos impuestos, es que la rentabilidad del capital mexicano ha estado en declive secular, por lo que la inversión productiva ha sido rechazada en favor de la especulación inmobiliaria y financiera. Y gran parte de la rentabilidad ha ido a parar a empresas estadounidenses.

El capital mexicano está dominado por el estadounidense.  Desde que entró a formar parte del TLCAN (la zona de libre comercio de EEUU, Canadá y México), luego rebautizado como acuerdo comercial EEUU-México-Canadá (USMCA) por imposición de Trump, la economía mexicana depende cada vez más de las exportaciones a EEUU y de la inversión de las empresas estadounidenses para aprovechar la mano de obra barata de México.  Las exportaciones han estado en auge, con un aumento de más del 11% este año.  En el otro lado de la ecuación, las remesas de los mexicanos que trabajan en el extranjero (principalmente en Estados Unidos) se han disparado hasta alcanzar el 4% del PIB.

Más recientemente, con la aplicación de sanciones comerciales por parte de EE.UU. a los productos chinos, México se ha convertido cada vez más en un conducto «tercero» para las importaciones chinas en EE.UU. Todo esto ha ayudado a la balanza de pagos de México.

Todo ello ha favorecido las cuentas exteriores de México.  En 2023, el comercio de mercancías estaba prácticamente equilibrado y el déficit global por cuenta corriente era sólo del 1,4% del PIB.

Esto mantuvo al peso relativamente fuerte frente al dólar, pasando de 19,2 MXN/USD en 2018 a 17,8 MXN/USD en 2023 -aunque el peso todavía ha bajado un 30% desde 2012.

El mayor crecimiento de los dos últimos años ha reducido la tasa oficial de desempleo a nuevos mínimos, aunque la elevada tasa de empleos «informales» (ocasionales) oculta la realidad del empleo en México.

Pero la economía no pinta tan bien a partir de ahora.  Sheinbaum se enfrentará a grandes retos.  La economía estadounidense se está desacelerando tras el estallido de la 'subida del azúcar' tras el fin de la pandemia y el fin del estímulo fiscal de Biden.  Si Trump vuelve a la presidencia en 2025 e impone su plan de aranceles generalizados y restricciones contra todas las importaciones, México puede sufrir un duro golpe.

Mientras tanto, la economía nacional se debilita.  La producción industrial bajó un 3% en marzo, el primer descenso desde 2021.  Las encuestas de actividad manufacturera revelan que el sector se está contrayendo.  Y el gasto minorista de los hogares mexicanos también está disminuyendo.  Se prevé que el crecimiento del PIB real se ralentice hasta situarse por debajo del 2% en 2024.

La presidencia de AMLO mejoró la suerte del 50% más pobre de los mexicanos.  Sin embargo, no se han resuelto los problemas fundamentales de una economía débil, en la que el capital invierte poco, de desigualdades extremas de renta y riqueza, de altos niveles de corrupción y delincuencia (con los cárteles de la droga campando a sus anchas).

 El problema es que el programa de AMLO era fundamentalmente keynesiano, con el objetivo de utilizar la inversión pública para «cebar la bomba» de la inversión privada.  Siguió confiando en el sector capitalista en lugar de poner al sector público y la planificación al mando, tomando el control de los bancos (principalmente extranjeros), la petrolera estatal PEMEX y las principales operaciones multinacionales en México.  Una transformación tan radical habría provocado una respuesta despiadada del capital nacional y del imperialismo estadounidense (como la que se ha aplicado a Venezuela).  Así que AMLO y Sheinbaum no están dispuestos a seguir ese camino.

Si en lo que queda de esta década la economía mundial se ralentiza o entra en recesión y México no puede exportar para salir de la crisis, Sheinbaum se verá presionada a aplicar la «austeridad fiscal» para revertir los logros conseguidos por los trabajadores con AMLO.  Cuando Lula en Brasil dio paso a Dilmar Rousseff como presidente, una situación similar a la de México ahora, la desaceleración de la economía mundial en la década de 2010 obligó a Rousseff a adoptar medidas pro-capitalistas, lo que finalmente condujo a su caída a través de un juicio político por el Congreso. Sheinbaum deberá evitar un destino similar como la primera mujer presidenta de México.  "

( , blog, 01/06/24, traducción DEEPL, gráficos y enlaces en el original)

24.8.23

El crimen organizado mexicano exhibe músculo social entre las clases más pobres a meses de las elecciones, obligando al Estado a negociar sus exigencias... El narco ha convertido México en un agujero de arenas movedizas donde el país se hunde sin remedio desde hace tres sexenios... con un chasquido de dedos movilizaron a miles de ciudadanos que marcharon carretera adelante hasta el corazón del gobierno estatal, espantaron a la policía, les robaron una tanqueta blindada, tomaron de rehenes a una docena de agentes y trabajadores y obligaron a los políticos a negociar sus exigencias... El narco no solo ha multiplicado sus negocios, del aguacate a la industria pesquera y maderera, el turismo, los taxis, los mercados de productos falsificados, las pollerías, la cerveza o el reparto del agua; también ensaya nuevos armamentos, desde bombas a drones; y su penetración en el ámbito político no se conforma ya con presionar a los gobernantes electos, sino que coloca a su propia gente al frente de los Ayuntamientos... Siento con intensidad que México no va a poder salir solo de esto. Se necesita el concurso de otros países, un gran tratado de seguridad para América del Norte, con Estados Unidos y Canadá, nada de programitas ridículos, los acuerdos de colaboración deberían extenderse hasta España e Italia por el lado europeo, y a Chile y Colombia en la región latinoamericana... Si no lo hacen ya, es cierto el riesgo del ascenso del crimen a gobiernos estatales y de facto a un Narcoestado

 "El narco ha convertido México en un agujero de arenas movedizas donde el país se hunde sin remedio desde hace tres sexenios. Con la cabeza apenas fuera, necesita una mano tendida para no sucumbir a un poder criminal que ha diversificado el negocio hacia cualquier esfera donde suenen las monedas, de norte a sur, de este a oeste.

 En las últimas semanas, contar las víctimas era un trabajo de Sísifo: cuando se apagaba el incendio en un mercado del centro del país, estallaban las bombas en Jalisco; en Nuevo León, un pelotón de fusilamiento dejaba seis cadáveres contra el paredón, los jueces de Colima se refugiaban en sus casas y Guerrero, uno de los Estados donde la arena ya llega al cuello, ardía entre taxistas asesinados y autovías cortadas. 

En este territorio, tres días de sangre y fuego pusieron a las autoridades de rodillas y dejaron una imagen insólita que evidencia el poder del crimen para reinventarse: con un chasquido de dedos movilizaron esta semana a miles de ciudadanos que marcharon carretera adelante hasta el corazón del gobierno estatal, espantaron a la policía, les robaron una tanqueta blindada, tomaron de rehenes a una docena de agentes y trabajadores y obligaron a los políticos a negociar sus exigencias. Tal exhibición de músculo social entre las comunidades rurales más pobres tiene al país todavía con la boca abierta.

El narco no solo ha multiplicado sus negocios, del aguacate a la industria pesquera y maderera, el turismo, los taxis, los mercados de productos falsificados, las pollerías, la cerveza o el reparto del agua; también ensaya nuevos armamentos, desde bombas a drones; y su penetración en el ámbito político no se conforma ya con presionar a los gobernantes electos, sino que coloca a su propia gente al frente de los Ayuntamientos. Es lo que se suele llamar un Narcoestado. A principios de siglo, la cocaína era la división más poderosa del negocio, y aún hoy, llámese fentanilo o como quiera, la droga sigue siendo la gran fuente de rentabilidad. Lo que se llama cobro de piso, es decir, extorsión a todo aquel que monta una tienda, instala un puesto callejero o va en silla de ruedas vendiendo cigarrillos sueltos, es el segundo negocio más rentable, el principal en algunas regiones, recuerda Eduardo Guerrero, consultor de Seguridad, uno de los grandes expertos en esta materia. 

“El robo de combustible se ha reducido un poco con este Gobierno, pero han buscado nuevas vías de ingresos, como el tráfico de migrantes, la trata de mujeres, a partir de la cual se explican las muchas desapariciones de jóvenes en centros turísticos. Y de última generación, está la tala clandestina o la pesca ilegal de especies marinas que encuentran buen mercado en Asia”, a veces para el intercambio del fentanilo, dice Guerrero, también director de Lantia Intelligence.

 A nivel local se han adueñado, en algunas partes, del negocio de la construcción, el cemento, los ladrillos, y de sectores de la alimentación: obligan a comprar pollos o tortillas a sus proveedores. La falsificación y venta de toda clase de productos de marca, desde relojes a colchones es otro de sus fuertes. Como mencionaba recientemente a este periódico Luis Astorga, doctor en Sociología y uno de los grandes expertos en las redes criminales mexicanas, habría que comprar una caña de pescar y sentarse pacientemente a la orilla del mar para tener la seguridad de que lo que uno se lleva a la boca no ha engordado las arcas del crimen. Decir narco ya es decir poco, o quizá, decir todo.

En mayo de 2008, tras el arresto, meses antes, de uno de los grandes capos, Alfredo Beltrán Leyva, se desató la guerra. No iba a ser el único. Donde antes se arrestaban tres o cuatro líderes criminales por sexenio, en el gobierno de Felipe Calderón pasaron a ser casi 40. A cada golpe a la cabeza, las bandas se escindían en facciones más pequeñas que se extendían por todo el país, cada cual en busca de su negocio. Los grandes cárteles del Norte, violentos y concentrados en el trasiego de drogas hacia Estados Unidos, son ahora una hidra de mil cabezas, un enorme árbol genealógico de padres, hermanos y socios que van haciéndose con cada territorio. 

Ya no hay solo señores de los cielos o de los subterráneos entre fronteras. Lo que surgió como un fenómeno concentrado en las grandes ciudades, ahora es nacional y con amplio impacto en las zonas rurales. El acoso a las empresas agrícolas, ganaderas y de la minería en tiempos de Peña Nieto (2012-2018) dio origen a los grupos de autodefensa, población civil que se armaba para resistir los embates criminales. Pero el narco todo lo fagocita y hoy ya no se sabe muy bien si esos pequeños pelotones están o no bajo el crimen organizado. Uno de los más famosos autodefensas, Hipólito Mora, muy amenazado, fue acribillado en Michoacán a finales de junio. 25 sicarios dispararon sobre el objetivo más de 1.000 balas.

 Pero el narco siempre anduvo por sierras y montañas, eran sus lugares de cultivo y las sendas de paso. “Han ido amasando una base social, invertían dinero en comunidades rurales para que les cuidaran las rutas del trasiego de la droga y las casas donde guardaban las armas, dinero o incluso personas secuestradas, como los migrantes”, dice Guerrero. Recientemente, ha habido más gestos. En plena pandemia se reportó en varios sitios del país el reparto de alimentos y electrodomésticos para paliar las carencias de una población muy pobre, extremadamente pobre, y cansada de esperar a un Estado que nunca llega. “Se dieron hasta casos en los que ofrecían empleo a jóvenes que lo habían perdido por la crisis del coronavirus”, recuerda el consultor de Seguridad.

 El crimen estaba comprando empatía, solidaridad y lealtad. Y el pueblo llano respondía avisándoles de los movimientos del Ejército en esas tierras. “Las bandas se muestran con estas poblaciones de forma benevolente, los necesitan, son estratégicos”, sostiene Guerrero, el mismo que compara la situación de México con arenas movedizas donde cada vez se hunde más el país. Las madres buscadoras, que peinan el territorio en busca de los restos de sus familiares, están llegando ahora a acuerdos con el narco para excavar sin ser agredidas, mientras que en el Estado no siempre encuentran eco a sus peticiones.

 De tarde en tarde, las bandas criminales emiten videos que parecen paradas militares: todo lujo de tanques, armas y uniformados. Es su forma de decir que son dueños de tal o cual territorio. Esta semana, el desfile fue distinto. La exhibición de fuerza en Chilpancingo, la capital de Guerrero, reunió a miles de campesinos y transportistas que bajaron de las montañas armados con estacas y machetes y cortaron las carreteras que llevan a Acapulco y la Ciudad de México hasta salirse con la suya. El asunto plantea una nueva transformación del crimen, con capacidad para movilizar pueblos enteros, como un partido político que acarrea ciudadanos para llenar sus mítines. “Es doloroso, con un gobierno de izquierda cuya prioridad debería ser debilitar los centros de reclutamiento criminal a base de programas sociales”, lamenta Guerrero.

 Ese ha sido, de hecho, el mensaje que ha lanzado el presidente Andrés Manuel López Obrador en todo su mandato, que él resumía en la frase “abrazos, no balazos”. Se trata, dice siempre el mandatario, de estrangular la pobreza, de multiplicar las becas y las ayudas sociales para que los jóvenes no consideren la alternativa del crimen como una salida ventajosa. Pero solo había que fijarse en las rudas sandalias y los pies polvorientos, las caras arrugadas por el sol, las dentaduras melladas de muchos de los campesinos que llegaron con sus garrotes de bambú hasta la capital de Guerrero. 

La pobreza está muy lejos de extinguirse. Y ya de paso, los líderes de la manifestación camuflaron sus exigencias, que el gobierno resumió en la liberación de dos mafiosos detenidos, con un pliego de mejoras sociales en sus comunidades: drenaje de aguas negras, asfalto de calles, mejoras educativas y seguridad en las rutas. Nadie tiene duda de que eso también hace falta. Pero la ausencia del Estado ha ido dando paso al narco, poco a poco, elecciones tras elecciones.

 En el horizonte asoman ya los comicios de 2024, donde se elegirán presidentes municipales, gubernaturas, diputados y senadores, y un nuevo presidente para México. Esa proximidad electoral también tiene que ver con el estallido de fuego que se está viviendo en los últimos días, el crimen está tomando posiciones, situando a los suyos, presionando a propios y ajenos, jugando a la desestabilización. “La movilización social, el músculo que han exhibido estos días es un mensaje a la clase política”, dice Lilian Chapa Koloffon, analista senior de World Justice Proyect. 

“Se comportan como operadores políticos, lo que están diciendo no es solo que pueden colocar a los suyos, sino movilizar votantes o desestabilizar elecciones. Robar un vehículo blindado y tomar rehenes a las puertas del Palacio de Gobierno en Chilpancingo es una enorme manifestación de falta de respeto a las autoridades sin temor alguno a sanciones. Las autoridades se han sentado a negociar con los agentes retenidos durante una noche”, dice Chapa Koloffon. El narco es el interlocutor y cada nuevo gobernante que sube al poder siente su aliento en el cogote.

 “Siento con intensidad que México no va a poder salir solo de esto. Se necesita el concurso de otros países, un gran tratado de seguridad para América del Norte, con Estados Unidos y Canadá, nada de programitas ridículos, homologar leyes y desde luego avanzar en nuevas tecnologías para la seguridad y la capacitación de recursos humanos. Eso podría cuajar en 10 o 15 años”, dice Guerrero, “pero la sociedad tiene que empujar fuerte en esa idea”. A su parecer, los acuerdos de colaboración deberían extenderse hasta España e Italia por el lado europeo, y a Chile y Colombia en la región latinoamericana. “Si no lo hacen ya, es cierto el riesgo del ascenso del crimen a gobiernos estatales y de facto a un Narcoestado”."            (Carmen Morán Breña , El País,  16/07/23)