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21.7.10

El ladrillo es la causa del hundimiento de las Cajas de Ahorro

"El problema se originó a inicios de 2000, cuando una parte de las cajas se lanzaron a un crecimiento desmedido de la burbuja inmobiliaria, abriendo oficinas en las promociones inmobiliarias que pronto perdieron su rentabilidad (véase cuadro). Mientras tanto, los bancos contuvieron su red de sucursales y su plantilla. Los políticos veían este crecimiento con optimismo porque ansiaban tener grandes cajas que se impusieran en las futuras fusiones regionales.

Algunos ejecutivos, con miras de corto plazo, no pensaron en la sobrevaloración de estos inmuebles. Pero el mercado se dio la vuelta y entre 2007 y 2009 han tenido que comprar inmuebles por 39.000 millones para frenar la morosidad. Su cuota de mercado superó a la de los bancos, "pero a un precio muy alto. Ahora les sobran un tercio de las oficinas y la plantilla. Mientras no hagan esta reconversión no podrán dar créditos. Además, les faltan equipos directivos", apunta Luis de Guindos, director del Centro PwC/IE.

Y ahora el problema es que las cajas no tendrán el viento de cola, como ocurrió en 1993. Como apunta Tano Santos, director de cátedra de la Universidad de Columbia, "el ciclo anterior tenía como fuente una expansión sin precedentes del flujo de crédito que no va a volver, ni es deseable que lo haga, ni a corto ni a medio plazo. Es difícil ver cómo se puede producir la recapitalización privada de las cajas problemáticas". Lo que se ha demostrado es que las cajas y la política ha sido una combinación mortal." (El País, ed. Galicia, economía, 18/07/2010, p. 26/7)

16.6.10

La crisis hace reverdecer el Monte de Piedad



"Los senderos del Monte de Piedad vuelven a atraer caminantes. 130 años después de su fundación. La única orografía de estas características que queda en Galicia, la de Caixanova, con oficina en Vigo, reverdece y cobra sentido para los que ya no logran crédito en los bancos. Muchos de estos son clientes antiguos, que no se dejaban ver por el lugar "desde hace 15 años"; y también gente nueva, gallegos llegados de todas las provincias, y cada vez más inmigrantes, sin avales para pedir otros tipos de préstamo; "personas de países de Latinoamérica donde es tradición pignorar bienes", explican en la caja. El Monte no vivía un apogeo igual desde las tres décadas en blanco y negro que siguieron a la postguerra, cuando los ciudadanos llegaban a empeñar el ajuar de boda al completo: colchones, sábanas, mantas, platos y tenedores, el traje de la novia y sin duda el del novio, tan socorrido toda la vida, también de mortaja.

Ahora de eso ya no queda ni el rastro. Caixanova presta dinero sobre el valor de una joya, según indican desde el Monte de Piedad "con intereses semejantes a los de un préstamo personal y por supuesto más bajos que los de una casa de empeños". Al Monte hay que pagárselos cada seis meses, y a los negocios particulares, cada mes. No se cobran comisiones de cancelación, y aunque se conceden los préstamos a un plazo inicial de medio año, el contrato se renueva "tácitamente" hasta un máximo de tres. Si el cliente no paga los intereses, la caja le envía tres cartas. Una al mes, otra a los 30 días, otra a los 70. Y luego empieza a llamar para localizar al cliente. "Hacemos lo posible por que la gente vuelva a tener sus joyas", aseguran, "y aunque cada vez se nota que cuesta más devolver los préstamos, el 96% de las personas lo hacen. El resto del oro se vende. Hasta ahora, la institución celebraba una subasta anual de piezas no recuperadas por sus clientes, pero este año serán dos. Una de las pujas tuvo lugar el último de mayo, con cien lotes y unas 700 piezas valoradas por la tasadora de la caja en 43.000 euros. La próxima, con otro tanto aproximado, se convocará en diciembre.

Y mientras unos, castigados por la crisis, se ven obligados a desprenderse de sus joyas, a veces con un valor sentimental más alto que su peso en oro, otros todavía tienen margen para participar en la subasta. En esta ocasión se juntaron 450 personas, una de las cuales pagó 5.080 euros por el lote al parecer más apetecible, con un precio de salida de 1.800 euros: varias cadenas, varias sortijas con piedras engarzadas y una gargantilla con zafiros. (...)

Los últimos datos oficiales son del cierre de 2009. Entonces, el número de operaciones en vigor era de 4.898, por un valor superior al millón y medio de euros. El capital prestado había aumentado un 25,8% respecto a 2008 y el número de demandantes, un 15,2%. El precio de mercado de todas las piezas custodiadas en la caja ascendía a unos 6,5 millones de euros, una cifra muy superior a la cuantía de los créditos, según la caja, debido a que los préstamos no se conceden sobre el valor total de las joyas y a que ha subido mucho el oro.

En Caixanova no aventuran qué va a pasar con el Monte tras la fusión. Caixa Galicia eliminó el suyo en 1981, y en toda España, con el de Vigo, quedan 20. "Nosotros creemos que es un servicio fundamental, y más con esta coyuntura económica, que se debe continuar ofreciendo", afirma un portavoz de la entidad del sur." (El País, ed. Galicia, Galicia, 15/06/2010, p. 8)

1.6.10

El origen social de las cajas de ahorros


Sucursal en Sarria de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de A Coruña y Lugo (1954)

"García López suele documentar todo aquello de lo que habla, y así hizo en su exposición de ayer, dibujando un sistema financiero gallego que en nada se parece al actual. "Los montes de piedad, que fueron constituidos por la Iglesia o por colectivos sociales muy diversos, nacieron como una necesidad para luchar contra la usura, fueron la palanca para la liberación de los más humildes de aquellos que los sometían cobrando por todo, y obligando a empeñar joyas, pero también sábanas y enseres".

Esa concepción de lucha contra la usura forma parte de los estatutos fundacionales de la que en 1876 se llamaría la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de La Coruña. Según las actas de la época, la entidad que nació al abrigo de la Sociedad de Crédito Gallego se definía por ser "un establecimiento benéfico y humanitario que, funcionando dentro de la moral, atiende a las necesidades del pobre, ofrece beneficios módicos y seguros a todas las clases trabajadoras y virtuosas de la sociedad, ya para depositar los ahorros, ya para los efectos de que en casos dados necesiten disponer para atender a sus enfermedades y a las demás penurias de la vida". Y todo, con una condición: "Sin entregarse a la usura o a los vecinos que en poco tiempo les dejan sin medios de vivir y sin salud", rezan dichos estatutos.

Aquella entidad que hoy recuerda el notario nació con préstamos al 6% de interés, que contrastaban con el 60% de tipo anual, el 5% mensual, que había que abonar en la época cuando se solicitaba un crédito a un usurero. "A veces los tipos de interés eran lo de menos, la cuestión estaba en la entrega de viviendas por adelantos de dinero, con el compromiso de recompra firmado por los más humildes, lo que llevada al final a quedarse sin el inmueble o la tierra", recuerda el historiador. "De ahí", dice, "que naciesen los montes de piedad como un auténtico movimiento social".

¿Y qué queda de todo aquello? Muy poco, parece. En su opinión, una caja de ahorros hoy en día no se diferencia de un banco. "Está la obra social, sí", admite, "pero los bancos también tienen fundaciones". "Y todo ello", matiza, "con la peculiaridad de que no se sabe quiénes son los dueños de las cajas".

La metamorfosis ha sido gradual, según explica. "Después de la Guerra Civil y hasta que en plena transición Fuentes Quintana abordó sus reformas, las cajas de ahorros tenían unos fines más abiertos, con un mayor espectro de actuación". En esa línea, apela al eufemismo de una actividad "al servicio de la financiación de los intereses nacionales". Es así como las cajas tenían la obligación en plena dictadura de comprar deuda pública emitida por el Estado, y también de invertir en determinadas iniciativas o empresas, "como podrían ser el Instituto Nacional de Industria o compañías públicas como Telefónica". (...)

(El notario, autor del libro La actividad bancaria en Galicia, desde el catastro del marqués de la Ensenada hasta la Ley Cambó)" (El País, ed. Galicia, Galicia, 27/05/2010, p. 8)