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8.4.25

El obispo de Alcalá clama contra la eutanasia y pide sufrir como Cristo... Veamos, Cristo es misericordia... el cristianismo o es misericordia, o no es cristiano... este obispo no es misericordioso, luego no es cristiano... es por tanto, un burócrata clerical, uno de los que tanto aprecian los mercaderes del templo

 "Ángel Hernández ha dado un paso de gigantes en la lucha por la eutanasia en España. Todo ello después de grabar un desgarrador vídeo de dureza extraordinaria en el que acerca el vaso con la pajita a su mujer, María José Carrasco, para acabar con su vida, tal y como ella había pedido tantas veces.

Hernández quiso que ese documento saliese a la luz para que todo el mundo viese "el sufrimiento y el abandono" por el que estaba pasando la pareja. Con su decisión, ha metido de lleno el tema de la eutanasia en la campaña electoral.

El obispo de Alcalá opina sobre la eutanasia 

Como no podía ser de otra forma, el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, también se pronuncia en su página web sobre la eutanasia.

Convertido en un estercolero imprescindible para las mentes más reaccionarias, en su portal web no solo habla de homosexualidad, sino que se lanzan consejos gratuitos de temas tan diversos como la “violencia doméstica”, las “enfermedades de transmisión sexual”, el “aborto”, así como una serie de trucos para “volver a ser virgen por segunda vez” o encaminados a  “abandonar la pornografía y dejar de masturbarse”.

En el apartado que en su web destina a la eutanasia, Reig Pla concede especial protagonismo a una de sus cartas pastorales que lleva por título “Cruzar otra línea roja. ¿Una muerte digna?”. En este documento, el obispo de Alcalá de Henares deja clara su postura: en nuestra  “marcadamente emotivista” sociedad, “se está imponiendo la cultura de la muerte”. 

A su entender, lo grave de este asunto es que “está en juego la vida y la salvación de las almas”. En este contexto, dando voz al ala más ultra de la Iglesia, sostiene que “nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente”.

Pero aún hay más. Pla considera, en lo que representa un claro menosprecio a las miles de familias al cuidado de personas dependientes, que “las súplicas de los enfermos muy graves que alguna vez invocan la muerte no deben ser entendidas como expresión de una verdadera voluntad de eutanasia; éstas en efecto son casi siempre peticiones angustiadas de asistencia y de afecto. Además de los cuidados médicos, lo que necesita el enfermo es el amor, el calor humano”.

Muy grave es también la comparación que realiza en otro apartado de su carta pastoral. “Que el Estado reconozca el derecho a la eutanasia o al suicidio sería tanto como autorizar a los ciudadanos que así lo quisieran a que libremente pudieran darse en esclavitud y que otros pudieran comprarlos y venderlos. Nadie está legitimado a atentar contra su propia dignidad, pues pertenece a Dios”, indica sin mostrar el mínimo reparo.

El dolor y la muerte

Mención aparte se merece la opinión que ofrece sobre el dolor y la muerte. “El dolor, sobre todo el de los últimos momentos de la vida, asume un significado particular en el plan salvífico de Dios; en efecto, es una participación en la pasión de Cristo y una unión con el sacrificio redentor que Él ha ofrecido en obediencia a la voluntad del Padre”.

Finalmente, el prelado sentencia: “Un ser humano no pierde la dignidad por sufrir; lo indigno es basar su dignidad en el hecho de que no sufra (…) Enfrentarse al sufrimiento sin Cristo es lo que hace tambalear todos los principios y nos coloca ante la encrucijada de la vida sin más bagaje que nuestros sentimientos y emociones”."               (, El Plural, 05/04/19)          

11.12.23

Lo de A Coruña, ¿Crimen machista? Demasiado fácil... No es la primera vez que parejas ancianas y enfermas son noticia porque una de las dos personas –en todos los casos que recuerdo había sido el marido- mata a la otra y luego se suicida... El que sea el hombre el que primero mata y luego se suicida no me hace pensar que estemos ante un acto de violencia machista... A veces hay un pacto en la pareja y otras, una desesperación que rebasa todos los límites... Todas deberíamos tener acceso a un método dulce para terminar, y poner fin a la propia vida no debería ser algo tan difícil

 "Este es el notición: no figuraban en las bases de datos municipales de Servizos Sociales ni del Servizo de Axuda no Fogar. Manuel tenía 88 años, y vivía solo con su esposa Encarna de 80, que sufría movilidad reducida, parkinson y alzheimer. Rebuscando en periódicos de Galiza, aparece el testimonio de una vecina “Hai unha semana coincidín con el no autobús a Santiago, e pregunteille por ela, e díxome que estaba moi mal”. También aparece el dato de que el marido, “hace años” había pedido una rampa en el portal para facilitar las salidas de Encarna. Por tanto, la situación de deterioro de ella venía de lejos.

Según la prensa gallega, la nuera acudía al domicilio todos los días, no hay más detalles. El lunes, los encontró sin vida. Él le había dado muerte a ella a cuchilladas y luego se mató de la misma manera. La foto de las autoridades alineadas en la acera en virtuosa repulsa por lo que califican de asesinato machista es repugnante. La concentración feminista en Vigo calificando el suceso de “terrorismo machista” encoge el corazón.

A partir de aquí dejo de referirme al caso concreto, del que conocemos poco. No es la primera vez que parejas ancianas y enfermas son noticia porque una de las dos personas –en todos los casos que recuerdo había sido el marido- mata a la otra y luego se suicida. Estremece la manera de dar muerte o morir, porque en ocasiones se usan métodos (asfixia, acuchillamiento…) que probablemente hayan hecho sufrir a una o a las dos personas. Todas deberíamos tener acceso a un método dulce para terminar, y poner fin a la propia vida no debería ser algo tan difícil.

El que sea el hombre el que primero mata y luego se suicida no me hace pensar que estemos ante un acto de violencia machista. A veces hay un pacto en la pareja y otras, una desesperación que rebasa todos los límites. Alguna vez, hablando entre feministas, se ha argumentado que sí que hay violencia machista en esos casos, porque cuando en una pareja es el hombre quien está más enfermo o dependiente, las mujeres cuidamos hasta el final, no matamos. Creo que es verdad, ellas no lo suelen hacer, al menos no de la manera en la que una termina en los periódicos. Pero que la conducta no sea habitual en las mujeres no me parece argumento suficiente para censurarla por machista, a no ser que estemos ratificando el principio de que hay que cuidar hasta inmolarse.

Lo primero que me sugiere este asunto es que también hay hombres a los que el patriarcado capitalista aplasta al desentenderse del cuidado y atribuirlo a la esfera familiar. La acción de matar y morir a cuchilladas habla de descontrol sobre la propia vida y de una desesperación ante la que no parece oportuno situarse en el mismo lado de la acera que las autoridades. De la misma forma que ya hace tiempo que las feministas hemos conseguido que la violencia de los hombres hacia las mujeres deje de considerarse un asunto privado aunque se produzca dentro de la casa y en familia, la atención a la dependencia en la vejez tampoco debería considerarse un asunto íntimo. No se puede tratar como tal, y a la vista está.

Lo que sí es un asunto íntimo es la libre decisión sobre el momento de la propia muerte, derecho que se niega imponiendo unas creencias religiosas o una ética que no son las de todas. Aunque claro, la prohibición de disponer de la propia vida puede no seguirse cuando la persona a la que ayudar a bien morir tiene los contactos necesarios en la clase médica. Este privilegio sí que es un crimen."                  (Isabel Otxoa, Viento Sur, 05/12/23)

25.6.21

El apoyo a la regularización de la eutanasia es mayoritario entre los profesionales... la ley es garantista, pero deja cuestiones no resueltas: por ejemplo, cómo se evalúa y mide el sufrimiento de un paciente que pide la eutanasia o cómo se abordan las peticiones de personas con problemas de salud mental.

 "Un facultativo objetor y otra favorable al nuevo derecho analizan la puesta en marcha de la norma. Ambos coinciden en que es garantista y en que deja cuestiones por resolver, como el abordaje de personas con trastornos mentales o la evaluación del sufrimiento.

 Los médicos tendrán un papel clave en todo el proceso de solicitud y ejecución de la eutanasia: a ellos tiene que remitirles el paciente la primera demanda de adelantar su muerte, una petición que han de analizar, estudiar, consultar con un colega y remitir, si cumple con los requisitos de la ley, a la comisión de garantías, el órgano que tiene la última palabra y donde la profesión médica también está representada. Pueden objetar, eso sí, y no participar en el proceso, pero el apoyo a la regularización de la eutanasia es mayoritario entre los profesionales, según las últimas encuestas.

 A pesar del posicionamiento de los colegios profesionales —la Organización Médica Colegial se mostró contraria a la ley—, las consultas realizadas al colectivo (entre profesionales de los colegios de Tarragona, Bizkaia, Madrid y Las Palmas) revelan que el apoyo a la regulación de la eutanasia supera el 67% y la objeción de conciencia oscila entre el 15% en Tarragona y el 25% en Madrid.

Ahora que la ley está a punto de entrar en vigor, dos médicos, uno objetor y otra favorable a la eutanasia, exponen sus puntos de vista. Mónica Povedano (Barcelona, 52 años), jefa de la Unidad Funcional de Enfermedad de Motoneurona del Hospital de Bellvitge (Barcelona), defiende que se respete la voluntad del paciente en el final de vida, mientras que Joaquín Escribano (A Coruña, 60 años), director de Pediatría en el Hospital Sant Joan de Reus (Tarragona), sostiene que detrás de la petición de eutanasia lo que hay es “un grito desgarrador de ayuda” y aboga por mejorar la atención y los cuidados para sortear la desesperanza de los pacientes.

Pese a sus discrepancias, los dos médicos coinciden, no obstante, en que la ley deja cuestiones no resueltas: por ejemplo, cómo se evalúa y mide el sufrimiento de un paciente que pide la eutanasia o cómo se abordan las peticiones de personas con problemas de salud mental.

¿Aplicaría la eutanasia a un paciente?

- Sí, pero no en todos los pacientes. En determinados pacientes, en determinadas condiciones y con determinadas patologías, creo que estaría justificado.

Estoy a favor de la eutanasia porque me dedico a una patología, que es la ELA, donde he vivido situaciones en las que el acompañamiento a lo largo de la enfermedad lo hacemos muy bien, pero a veces no sabemos acompañar bien el final de vida. Creemos que el final de vida lo marcamos los profesionales y no respetamos al paciente cuando decide qué es su final de vida. Y eso me ha llevado a plantearme que yo no soy quién para decidir cuándo es el final de vida en determinadas patologías, que he de respetar la opinión del paciente y acompañarlo y ayudarlo y no dejarlo solo.

- No, porque quitarle la vida a una persona de forma intencionada genera en mí un gran conflicto de conciencia. Y esto no creo que sea una falta de sensibilidad al dolor de otro, sino que es una reflexión profunda sobre lo que significa la compasión. Hay estudios que demuestran que la intención de la adelantar la muerte por parte de los pacientes es un grito desgarrador de ayuda. Estas personas necesitan una firme resolución de ayuda y muchas veces la eutanasia lo que hace es poner un punto final sin abordar de una forma integral lo que nos está pidiendo el paciente.

¿Qué opina de la ley de la eutanasia?

- Es una ley garantista, garantiza el derecho que tiene el ciudadano a la eutanasia. Pero sí creo que tiene algunos vacíos y coloca en una difícil situación a los profesionales. Hay unas partes de la ley de difícil interpretación o que se pueden interpretar de diferentes maneras.

Cuando hablo de vacíos, por ejemplo, es que dice que un paciente que tiene una enfermedad que le provoca un gran sufrimiento, podría solicitar la eutanasia. Esto nos crea un debate de cómo definimos el sufrimiento, cómo lo cuantificamos y evaluamos, cómo lo protocolizamos, qué hacemos con los pacientes que pueden tener enfermedades psiquiátricas, cómo evaluamos si el paciente lo está solicitando porque así lo vive o porque tiene una enfermedad que puede estar afectando a la toma de decisiones.

 - La ley lo que ha hecho es desenfocar el tema y hacernos perder una gran oportunidad de poder solucionar los problemas que presentan las personas al final de su vida de forma íntegra. Hay un problema en el cual una persona que expresa su deseo de adelantar la muerte, lo que nos dice desde el punto de vista clínico, es que hay una situación de factores que están modulando su estado de ánimo. Desde el punto de vista médico es como enfrentarnos a un síndrome, el síndrome de adelantar la muerte y como tantos otros síndromes clínicos, hay una causalidad multifactorial y dentro de esos factores, puede estar la enfermedad, pero no es el único factor. Ahí van a influir los apoyos emocionales, si tengo familia, mi condición socioeconómica, dónde vivo, con qué apoyos externos cuento, estoy recibiendo ayudas del Estado… Hay que hacer abordaje general del paciente para delimitar muy bien qué causas lo pueden estar conduciendo a experimentar ese sufrimiento insufrible. Y determinado el diagnóstico, habría que actuar: la gran revolución social pendiente está en incorporar el cuidado a las prestaciones sociales. (...)

¿Teme que su posición respecto a esta ley pueda acarrear algún tipo de estigma o discriminación por parte de sus compañeros?

 - No lo creo porque no creo que me convierta en un médico matador de pacientes. Al revés, creo que un médico que está a favor de esto, lo que hace es acompañar correctamente al paciente en todo lo que es su proceso de enfermedad. Estar a favor de esta ley no significa que no vaya a luchar para que el paciente viva.

- Rotundamente, no. Tampoco tendría mucha lógica. En una encuesta del departamento, un 20% de los encuestados médicos respondieron que serían objetores en cualquier circunstancia y un 40% que podría ser objetor según el caso. Si los agrupamos, aparece un núcleo importante de médicos que en algún momento de su desarrollo profesional podrían presentar objeción ante una eutanasia.

Además, hasta ahora, mientras no se produzcan modificaciones, nuestros códigos deontológicos, tanto el catalán como el español, siguen considerando la eutanasia como un ejercicio fuera de la corrección ética de la profesión. No tendría mucha lógica que generara discriminación y rechazo entre los profesionales.

¿El sistema de salud y los profesionales están preparados para el aterrizaje de la ley?

 - Creo que no. No hay una correcta formación de los profesionales en la aplicación de la ley. Los profesionales tampoco están formados en la toma de decisiones al final de vida, en cómo se plantean los documentos de voluntades anticipadas, en cómo se mitiga el sufrimiento de los enfermos… Y también hay que protocolizar muy bien el circuito: quién la va a aplicar, dónde se va a aplicar… son aspectos que todavía no se han definido.

-  Las administraciones están haciendo un esfuerzo encomiable para dar cobertura dentro de unos plazos razonables. Se están diseñando modelos de cómo se hará formación a los profesionales, pero faltan por definir circuitos, los puntos de apoyo cuando existan dudas para profesionales y familias… Queda un largo camino por andar, sobre todo en formación. Pero no tengo ninguna duda de que el sistema sanitario podrá afrontar con garantías el desarrollo de la ley."               (Jessica Mouzo  ,  Gianluca Battista , El País, 20/06/21)

22.3.21

El sueño de Ramón Sampedro se hace realidad 23 años después: España, sexto país del mundo en regular la muerte digna

 "Asun Gómez habla desde el Congreso de los Diputados con lágrimas en los ojos. "Muy contenta, muy emocionada, muy agradecida", dice. Y acto seguido se acuerda de él: "La victoria también es de Luis". 

Se refiere a su marido, Luis de Marcos, que falleció en agosto de 2017 tras luchar por la aprobación de una ley de eutanasia que le permitiera marcharse sin el sufrimiento que también vivió Asun, siempre a su lado. "Estará orgulloso de lo que hemos conseguido", celebra, mientras lucha porque la voz no se le quiebre ni por el llanto ni por la emoción. Cuelga para ir a hacerse la foto con el resto de compañeros de lucha en la escalinata de la Cámara Baja. 

Uno de esos compañeros es David Lorente, hijo de Maribel Tellaetxe, la mujer vizcaína que, tras enterarse de que sufría alzhéimer, pidió a su familia que no la dejara llegar a la situación de no reconocerles, de no saber quiénes eran. Murió en 2019, después de que su familia también intentara cumplir ese deseo. "Ha sido súper emocionante, pero también un momento de sentimientos encontrados. Siento mucha felicidad, pero también mucha tristeza de que esta ley no llegara a tiempo para mi ama", lamenta. "Pero toca celebrarlo todos juntos", señala. 

La "victoria", como la califica Asun, se ha hecho esperar. Para ella cuatro años, pero para otros muchos más. De hecho, podría decirse que el debate comenzó hace 23 años. En el siglo pasado, ni más ni menos. Fue con el caso de Ramón Sampedro, cuya muerte removió conciencias, al igual que años después la de María José Carrasco, ayudada a morir por su compañero, Ángel Hernández

 Ramón murió a los 55 años, pero llevaba desde los 25 paralizado en la cama por una tetraplejia que le impedía vivir. Buscó por todos los medios un método para realizar un suicidio asistido sin que quien le ayudara no incurriese en ningún delito. Necesitaba, sí o sí, ayuda externa. Pero lo que pedía parecía un imposible. En 1998 consiguió que su amiga Ramona Maneiro le ayudara.

 Fue detenida, pero la policía no encontró elementos que la incriminaran. El plan había sido estudiado con mucha minuciosidad y en él colaboraron hasta un total de 11 personas, cada uno con una tarea específica. Siete años después, cuando el supuesto delito de ayuda al suicidio que se le podría haber imputado a Maneiro había prescrito, ella confesó su participación. Desde entonces, la lucha por el derecho a una muerte digna ha regresado a la actualidad de forma periódica con diferentes casos que han conmocionado a la opinión pública. 

 Hasta este jueves, cuando España se convirtió en el sexto país del mundo en regular la muerte digna. Más de tres minutos estuvieron los diputados de la bancada izquierda aplaudiendo y celebrando la aprobación de la Ley Orgánica para la regulación de la eutanasia. La Cámara le dio luz verde definitiva —después de que el Senado la aprobara la semana pasada con algunos cambios en el texto en el dictamen de la Comisión de Justicia— con 202 votos a favor, 141 en contra y dos abstenciones.

 La oposición a la norma llegó por parte del PP y de Vox, cuyos diputados buscaron robar protagonismo a los aplausos sacando ordenadores, tablets y móviles en los que se podía leer "la derogaremos". Fueron recriminados por la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, que recordó que la "libertad de expresión se ejerce con la palabra" y frenó, también, la celebración.

 España se ha unido este jueves a Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y Nueva Zelanda y se ha convertido en el sexto país del mundo en regular la ley. Javier Velasco, presidente de la organización Derecho a Morir Dignamente (DMD), celebra que, además, la norma aprobada "nos coloca en buena posición", más o menos a la par que Holanda, Bélgica y Luxemburgo. "Las de Canadá y Nueva Zelanda son muy restrictivas", valora.

 Velasco está contento con la aprobación. Cree que, como país, es para darse la enhorabuena. Sin embargo, también le preocupa. "Es demasiado garantista", dice. "En principio eso sería una ventaja, pero el problema es que burocratiza excesivamente el proceso", argumenta. ¿Por qué?

La norma, que entrará en vigor dentro de tres meses, regula tanto la "eutanasia activa" —definida en lay orgánica como "la acción por la que un profesional sanitario pone fin a la vida de un paciente de manera deliberada y a petición de este, cuando se produce dentro de un contexto eutanásico por causa de padecimiento grave, crónico e imposibilitante o enfermedad grave e incurable, causantes de un sufrimiento intolerable"— como la que podríamos denominar pasiva o asistida—"aquella en la que es el propio paciente la persona que termina con su vida, para lo que precisa de la colaboración de un profesional sanitario que, de forma intencionada y con conocimiento, facilita los medios necesarios, incluido el asesoramiento sobre la sustancia y dosis necesarias de medicamentos, su prescripción o, incluso, su suministro con el fin de que el paciente se lo administre"—.

Para pedirla, la persona debe tener la nacionalidad española, residencia legal en España o certificado de empadronamiento "que acredite un tiempo de permanencia en territorio español superior a doce meses", ser mayor de edad y capaz y consciente en el momento de solicitar la medida. Si en el momento no lo es, se podrá realizar igual si el paciente ha dejado por escrito la voluntad.

En cualquiera de los casos, no obstante, la ley recoge que la persona que padece la enfermedad debe "disponer por escrito de la información que exista sobre su proceso médico, las diferentes alternativas y posibilidades de actuación, incluida la de acceder a cuidados paliativos", haber realizado dos solicitudes "de manera voluntaria y por escrito, o por otro medio que permita dejar constancia, y que no sea el resultado de ninguna presión externa, dejando una separación de al menos quince días naturales entre ambas" —entre las cuales el médico deberá de informar de todas las alternativas y asegurarse de que el paciente las ha comprendido correctamente— "sufrir una enfermedad grave e incurable o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante [...] certificada por el médico responsable" y dar un consentimiento, de nuevo, antes de recibir la ayuda para morir. No hay ni uno ni dos consentimientos y cada uno de ellos debe, además, quedar por escrito en la historia clínica del paciente.

Además, en el proceso deben participar dos facultativos que no pertenezcan al mismo equipo médico y, después, la Comisión de Garantía y Evaluación —que será autonómica— nombrará a dos expertos, uno de ellos un jurista, para determinar si se continúa adelante. El paciente, claro, puede cambiar de opinión en cualquier momento. 

Pero además de con los pacientes, la norma pretende ser garantista con los médicos, a los que permite la objeción de conciencia, definida en la norma como el "derecho individual de los profesionales sanitarios a no atender aquellas demandas de actuación sanitaria reguladas en esta Ley que resultan incompatibles con sus propias convicciones". 

Este jueves, 18 de marzo, pasará a la historia como el día en el que se aprobó la ley de la eutanasia.(...)"           (Lara Carrasco, InfoLibre, 08/03/21)

23.2.21

Cuando festejamos la nueva ley de la eutanasia, es de justicia recordar el acoso que sufrió la figura de Montes, quien agitó la bandera en favor de la muerte digna y soportó hasta 73 denuncias falsas elevadas hasta la Fiscalía por la administración Aguirre

"Los aplausos en el Congreso, los abrazos a la ex ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, y los vítores de los activistas a las puertas de la cámara alta tras la aprobación este jueves de la ley sobre la eutanasia. Todos estos reconocimientos eran, en muy buena parte, para Luis Montes, quien fuera el estandarte en la lucha por una muerte digna.

 El médico del hospital Severo Ochoa (Leganés) —Luis ó Montes, jamás doctor porque prefería un trato cercano— fiero defensor de la sanidad pública y presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), soporto las mentiras y las manipulaciones del PP, en los medios y en los juzgados en un intento de embarrar su lucha.

En 2004 una fuente anónima denunciaba 400 casos de eutanasia irregular en el Severo Ochoa y la administración Aguirre, con Manuel Lamela a la cabeza de la consejería de Sanidad, utilizaba este sospechoso chivatazo para llevar a Montes hasta los tribunales. Así, hasta la Fiscalía fueron remitidas 73 denuncias por sedaciones practicadas sobre pacientes terminales en el servicio de urgencias, coordinado por su figura. En 2008 la justicia daba carpetazo a la causa y la Audiencia Provincial consideró que deberían suprimirse del auto del archivo cualquier referencia “a la mala práctica médica”. 
 
Pero durante esos duros años, Montes sufrió una enorme presión mediática que la justicia no fue capaz de subsanar. Presión que iba más allá de los tribunales, pues Lamela, en su empeño por derribar a un defensor de lo público, creaba comisiones ad hoc para analizar las supuestas negligencias. Pero Luis nunca desistió en su empeño.

Había que defender la muerte digna, pero también la sanidad pública, que se enfrentaba a los planes privatizadores de Lamela, y contra los que Montes siempre mostró oposición. Lamela, ese ejemplo de ética y moralidad que fue finalmente imputado junto a su sucesor, Juan José Güemes, por malversación de caudales públicos durante la privatización de la sanidad madrileña. Lamela, fiero defensor de su bolsillo, que durante esta pandemia, hoy como abogado, se ofrecía a la sanidad privada para demandar indemnizaciones al Estado por “incautación de material”.

Mientras el ruido contra Montes era atronador, se construían ocho hospitales de gestión privada, se cedía terreno público a gestores privados y se ponía la sanidad en las manos de empresas como Acciona, Dragados y Sacyr. Mientras agitaban la bandera contra la eutanasia, Lamela diseñaba la cláusula del 1% para desviar fondos para su partido, tal y como consta en su imputación. El PP madrileño lograría así desviar cerca de tres millones de euros de la construcción de hospitales y centros de salud a su caja ‘B’ valiéndose de esta cláusula que hacía pagar a las entidades concesionarias, acusación que se inserta dentro de la trama Púnica. La campaña contra las sedaciones irregulares supo tapar muy bien el sonido de la caja registradora.
“El médico debe curar y aliviar”

Pero no, Luis Montes jamás practicó una eutanasia en el Severo Ochoa, tal y como demostró la justicia. Nunca actuó de manera irregular, porque las leyes caminaban muchísimo más lentas que su lucha. Luis defendía el derecho a morir dignamente y que este fin estuviera algún día contemplado en nuestra legislación; tal y como podemos festejar desde este jueves, hito que nos sitúa entre los cuatro primeros países europeos en aprobar la regulación de esta práctica.

“El médico debe curar cuando se pueda pero aliviar y confortar, siempre. Especialmente cuando la enfermedad no tiene solución y que nos llevará indefectiblemente a la muerte”. Con frases como estas, Luis hizo reflexionar a toda una generación de vecinas y vecinos de Leganés, quienes abríamos debate sobre la eutanasia en bares, parques, tertulias y charlas de manera recurrente. Especialmente durante los peores años de la represión aguirrista. Montes era nuestro doctor de referencia, pero también nuestro mayor profesor en el arte de morir dignamente.

Es por eso que el tejido social del pueblo se volcó con el Severo Ochoa durante esa extraña caza de brujas en la que llovían acusaciones y circulaban miles de bulos que intentaban poner contra las cuerdas la actuación del servicio de urgencias, mantra con el que se consiguió reunir a un lado de la población. Los compañeros y compañeros de Montes hicieron piña en torno a su figura y muchos secundaron sus enseñanzas, hoy impresas en cada esquina de la asociación DMD.

“El acoso y derribo al que fue sometido nuestro compañero Luis Montes y varias decenas de profesionales supuso un antes y un después en el devenir, no solo del Hospital Severo Ochoa, sino de la Sanidad Pública madrileña. Y a pesar de las sentencias a favor de los médicos de la urgencia del Severo Ochoa, nadie de la Consejería ni de la caverna mediática pidió perdón, dimitió ni subsanó el daño ocasionado”, contaba su compañera de hospital Mercedes Condés Obón en El Salto.

El 19 de abril de 2018 Luis Montes perdía la vida por un infarto repentino de camino a un acto en defensa de la muerte digna. Luis moría sin dolor y nos dejaba a todas y todos una tarea pendiente. Hoy parece que la tarea ya ha florecido y por eso, mientras escribo estas líneas, le imagino más vivo que nunca, agitando con dignidad la bandera que nos hará libres hasta el último de nuestros días."                                    (Sara Plaza Casares, El Salto, 19/12/20)

22.12.20

La España de los derechos... En la recta final de un año desastroso y en medio de una semana repleta de malas noticias sobre la pandemia, hay que aplaudir que en España se haya introducido un nuevo derecho que nos hace más libres. El derecho a morir dignamente... el PP vuelve a autoexcluirse de avances sociales que no tienen marcha atrás, como ya ocurrió con las leyes del divorcio o del aborto

 "En la recta final de un año desastroso y en medio de una semana repleta de malas noticias sobre la pandemia, hay que aplaudir que en España se haya introducido un nuevo derecho que nos hace más libres. El derecho a morir dignamente

En 2004, la película de Alejandro Amenábar 'Mar adentro', que explica la vida del exmarino y escritor Ramón Sampedro postrado en una cama por culpa de un accidente que de joven le dejó tetrapléjico, sacudió el debate sobre la eutanasia y ayudó extraordinariamente a crear una opinión pública favorable al “suicidio asistido” en circunstancias muy determinadas y especiales.

 Desde entonces ha habido algunos intentos fallidos para legislar esta cuestión al tiempo que ha crecido la demanda social. Finalmente, el Congreso dio verde este jueves a una ley que convierte a nuestro país en el cuarto de Europa en regular el derecho a poner fin al sufrimiento insoportable cuando así lo decide el enfermo de forma “autónoma, consciente e informada”.

 El integrismo religioso, como el del cardenal de Valencia Antonio Cañizares, ha reaccionado con banderas a media asta, crespones negros y oraciones a la Virgen de los Desamparados. Es el berrinche de quien que no puede imponer su doctrina moral al conjunto de la ciudadanía como antaño hacia la Iglesia católica, apostólico y romana. Pero lo lamentable de verdad es la actitud del 'no a todo' del PP, que votó en contra con argumentos menos rudos que Vox, pero hablando igualmente de “cultura de la muerte”. 

Los de Pablo Casado vuelven a autoexcluirse de avances sociales que no tienen marcha atrás, como ya ocurrió con las leyes del divorcio, aborto o matrimonio homosexual. Lo paradójico es que cuando la derecha llega al poder no se atreve a suprimir nada, sencillamente porque sus votantes también se divorcian, recurren al aborto y aman libremente como los demás. 

En materia de derechos individuales, más que retrógrado, el PP es obstruccionista. Por llevarle la contraria al PSOE, pero sobre todo porque es más conservador que liberal. Solo con los pies a rastras acaba aceptando la España de los derechos."                   (Joaquim Coll, El Periódico, 18/12/20)

21.12.20

La valoración que cabe hacer de la Ley que regulará la eutanasia es eminentemente positiva, porque abarca prácticamente todas las situaciones posibles, incluidas las más difíciles de regular, que son aquellas en las que el sujeto no ha manifestado ni puede manifestar su voluntad. se sitúa en la vanguardia de la regulación sobre eutanasia en la Unión Europea, junto a países como Holanda y Bélgica... Podrán solicitar la eutanasia aquellos pacientes que lo soliciten y se encuentren en un contexto de “padecimiento grave, crónico e imposibilitante o enfermedad grave e incurable, causantes de un sufrimiento intolerable”

"Cuál es el sentido y alcance de la ley que regulará la eutanasia en España.

(...) Analizar el significado y alcance de la eutanasia que se regula en la proposición de Ley requiere combinar una serie de variables:
 

1. Qué situación de salud precaria se considera en lo que se denomina “contexto eutanásico”

La definición de la situación vital que justifica jurídicamente la eutanasia distingue nítidamente ésta del auxilio al suicidio. Este auxilio se le puede prestar a alguien que se encuentre en perfecto estado de salud. Esa no es una situación de eutanasia. Para que concurra ésta el sujeto debe encontrarse en una situación vital de precariedad que la Proposición de Ley define de manera bastante amplia en su artículo 3, que incluye no sólo situaciones de padecimiento físico sino también aquellas otras que suponen un grave sufrimiento psíquico:

«Padecimiento grave, crónico e imposibilitante»: situación que hace referencia a una persona afectada por limitaciones que inciden directamente sobre su autonomía física y actividades de la vida diaria, de manera que no pueda valerse por sí misma, así como sobre su capacidad de expresión y relación, y que llevan asociado un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable para la misma, existiendo seguridad o gran probabilidad de que tales limitaciones vayan a persistir en el tiempo sin posibilidad de curación o mejoría apreciable. En ocasiones puede suponer la dependencia absoluta de apoyo tecnológico.

«Enfermedad grave e incurable»: la que por su naturaleza origina sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables sin posibilidad de alivio que la persona considere tolerable, con un pronóstico de vida limitado, en un contexto de fragilidad progresiva.
 

2. Quién certifica la concurrencia de ese “contexto”

La certificación de que concurre el “contexto eutanásico” corre a cargo de las Comisiones de Garantía y Evaluación, de carácter regional, compuestas por 7 miembros, entre los que debe haber médicos y juristas. En las legislaciones belga y holandesa también se reconocen estas Comisiones regionales. 

 3. Si es imprescindible la concurrencia de la voluntad de la persona o esta puede sustituirse o presumirse

Respecto a la expresión de la voluntad de morir, existen 3 alternativas:

Si la persona está consciente en el momento en que se encuentra en el “contexto eutanásico”-(Caso Ramón Sampedro): Haber formulado dos solicitudes de manera voluntaria y por escrito, o por otro medio que permita dejar constancia, y que no sea el resultado de ninguna presión externa, dejando una separación de al menos quince días naturales entre ambas.

Si la persona suscribió un Declaración de voluntad anticipada (“testamento vital”), se considera como una declaración de voluntad actual. Si en ese documento se nombra un representante, será éste quien realice la declaración de voluntad en ese momento.

Si la persona no está en condiciones de manifestar su voluntad por el motivo que sea, el art. 5.1 d) establece que si un médico “responsable” certifica que el paciente “sufre una enfermedad grave e incurable o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante en los términos establecidos en esta Ley” podrá procederse a la eutanasia, siempre que lo apruebe la Comisión de Garantía y Evaluación.

Este es el caso más controvertido, porque no hay ninguna manifestación de voluntad de la persona afectada, pero es una decisión valiente de la Ley, porque permite regularizar situaciones que se dan todos los días en los hospitales de nuestro país, que se resuelven “al margen de la ley”, expresión que utilizo de un modo deliberadamente ambiguo porque significa al mismo tiempo que se toman decisiones sin sujeción a responsabilidad alguna y que se toman en función de las propias convicciones del personal sanitario, en función de lo que para cual significa la “muerte digna”.

Trasladar a un tercero una decisión tan personal resulta inadmisible desde un punto de vista constitucional si no existe control alguno. Con la nueva Ley esas situaciones quedarán sometidas a control jurídico.

Entre ellas se encuentran los recién nacidos con graves malformaciones que no hayan sido detectadas durante el embarazo, por casualidad o por negligencia médica, lo que aboca a los padres y al propio recién nacido a una vida llena de calamidades. Desde un punto de vista constitucional los padres no tienen derecho a decidir sobre la vida del recién nacido, aunque se les pueda consultar. Será la Comisión la que evalúe la situación y decida. 

 
4. Si se incluyen solo procedimientos “activos” o también “omisivos”

Lo que se ha denominado siempre “eutanasia pasiva” (abandonar el tratamiento del paciente cuando este resulta fútil) queda fuera de la consideración de “eutanasia”, según la Exposición de Motivos de la Proposición de Ley:

“En nuestras doctrinas bioética y penalista existe hoy un amplio acuerdo en limitar el empleo del término «eutanasia» a aquella que se produce de manera activa y directa, de manera que las actuaciones por omisión que se designaban como eutanasia pasiva (no adopción de tratamientos tendentes a prolongar la vida y la interrupción de los ya instaurados conforme a la lex artis), o las que pudieran considerarse como eutanasia activa indirecta (utilización de fármacos o medios terapéuticos que alivian el sufrimiento físico o psíquico aunque aceleren la muerte del paciente –cuidados paliativos–) se han excluido del concepto bioético y jurídico-penal de eutanasia”.

En consecuencia, se entiende que este tipo de actuaciones no requieren siquiera la intervención de la Comisión de Garantía y Evaluación.

Dentro de la “eutanasia activa” se incluyen tanto las actuaciones médicas que directamente provocan la muerte del paciente (indicadas en los casos de ausencia de capacidad física del paciente para ejecutar él mismo la acción) como aquellas otras en las que el médico se limita a prescribir el cóctel lítico o la sustancia que sea y el paciente mismo realiza la acción que provoca su muerte.

Desde un punto de vista jurídico-penal es importante la distinción entre una y otra modalidad, porque el suicidio no está penalizado, lógicamente, pero sí lo está la cooperación al suicidio ajeno. En la proposición de Ley se mantiene la penalización de estas actividades siempre que no cumplan lo prescrito en ella.
Una valoración positiva

La valoración que cabe hacer de esta proposición de Ley es eminentemente positiva, porque abarca prácticamente todas las situaciones posibles, incluidas las más difíciles de regular, que son aquellas en las que el sujeto no ha manifestado ni puede manifestar su voluntad. También cabe calificar como amplia la situación descrita como “contexto eutanásico”, sobre todo porque no se limita a reconocer como tal la grave enfermedad física inhabilitante sino también la enfermedad psíquica, tan grave como aquélla aunque no se manifieste de igual modo.

Por todo ello, la proposición de Ley se sitúa en la vanguardia de la regulación sobre eutanasia en la Unión Europea, junto a países como Holanda y Bélgica, que la adoptaron hace casi veinte años, configurando un modelo de respeto a la libre decisión de la persona sobre su propia muerte y también a someter a la legislación civil a criterios puramente civiles, lejos de las prescripciones dictadas por las confesiones religiosas que confieren a la vida un naturaleza de “santidad” que resulta más bien un eufemismo que sirve para expropiar al ciudadano de su derecho a decidir sobre su propia muerte."

(Nicolás García Rivas . Catedrático de Derecho penal, Universidad de Castilla-La Mancha. The Conversation, 17/12/20)


"El Pleno del Congreso ha aprobado este jueves la Ley Orgánica para la regulación de la eutanasia, un texto que ha logrado el apoyo del 56% de la Cámara (198 votos a favor, 138 en contra y dos abstenciones) y ahora continuará con su tramitación en el Senado. El texto que regula el derecho a morir dignamente ha tenido en contra los votos de PP, Vox y UPN.

La norma llega después de un largo debate social que se ha convertido en un respaldo claro: la encuesta más reciente, la de Metroscopia en 2019, refleja un apoyo del 87%, una cifra que se mantiene cuando se pregunta a profesionales sanitarios.

La entrega de más de un millón de firmas que pedían una ley de eutanasia en julio de 2019 da también la medida del apoyo de esta iniciativa. Si el Senado da también su respaldo, España se convertirá en el cuarto país europeo que regule la muerte digna, como ya hacen Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo.

El texto aprobado establece que podrán solicitar la eutanasia aquellos pacientes que lo soliciten y se encuentren en un contexto de “padecimiento grave, crónico e imposibilitante o enfermedad grave e incurable, causantes de un sufrimiento intolerable”. Si el paciente está consciente, deberá solicitar la eutanasia dos veces por escrito (u otro medio si no puede escribir) en dos documentos separados por 15 días, haciendo patente que no es “resultado de ninguna presión externa”.

Después de la primera solicitud, el médico informará paciente sobre su diagnóstico y posibilidades terapéuticas, así como sobre posibles cuidados paliativos, tras lo cual el paciente deberá confirmar su intención. Aún así, después de la segunda solicitud debe haber una nueva reunión entre ambos. Será este médico quien autorizará el proceso, antes, tiene que pedir la opinión de un facultativo especialista en el ámbito de las patologías que padece el paciente pero que no sea de su mismo equipo médico.

Además, la comisión de evaluación autonómica (cuya formación está especificada también en la norma) deberá elegir a dos expertos (uno de ellos jurista) que evalúen el caso. Ambos expertos deben de estar de acuerdo en su decisión, si no, será el pleno de la comisión quien la tome.

Del mismo modo, este texto recoge que los profesionales sanitarios directamente implicados en esta prestación “podrán ejercer su derecho a la objeción de conciencia”, algo de lo que deben dejar constancia “anticipadamente y por escrito".

La asociación Derecho a Morir Dignamente ha celebrado una aprobación que llega después de 36 años luchando y ha destacado que además se haya hecho con mayoría absoluta. DMD cree que, aunque queda ahora el trámite en el Senado, el apoyo de la Cámara Baja a la ley de eutanasia abre el camino para resolver una anomalía democrática histórica”, han explicado en nota de prensa. (...)

“Una vez entre en vigor, trabajaremos para vigilar que la ley se cumple, en informar a la ciudadanía y las administraciones para que sea un derecho efectivo y también para tratar de mejorarla”, ha explicado Velasco.

DMD recuerda el largo proceso que ha llevado hasta la votación de hoy en el que muchas personas hicieron pública su voluntad de decidir cuándo y cómo morir, sacrificando su anonimato y su intimidad. El caso reciente de Ángel Hernández, el hombre que ayudó a morir a su pareja, supuso un espaldarazo en un momento clave. La lucha por la muerte digna tiene otros nombres propios, como los de Ramón Sampedro o los de los médicos Luis Montes o Marcos Hourmann.

“Sin testimonio como esos y el apoyo de las más de 7.500 personas asociadas, no habríamos llegado hasta aquí”, dice desde DMD. Para Fernando Marín, vicepresidente de DMD, “una vez entre en vigor, se podrá afrontar el final de la propia vida con la tranquilidad de que no será obligatorio soportar situaciones que se consideren intolerables”.

La DMD recuerda que en los países donde la eutanasia es legal, esta supone entre el 1% y el 4% del total de fallecimientos anuales y que, además, los países donde existe en la Unión Europea están en lo más alto de los rankings de cuidados al final de la vida de la Unión Europea, como, esperan, sucederá en España. Además DMD espera que este paso favorezca la discusión en Portugal y Uruguay, países que están muy cerca de aprobar sus respectivas leyes de muerte asistida." (El Salto, 18/12/20)

"La regulación de la eutanasia entrará en vigor a partir del verano.


(...) el Senado ratificaría esta propuesta a mediados o finales de marzo. Por ello, la ley entraría en vigor en junio de 2021, después de que pasen "tres meses desde su publicación en el BOE", tal y como refleja el texto de la norma en su disposición final cuarta. (...)

La aplicación de esta práctica se llevará a cabo por medio de fármacos. Asimismo, la muerte como consecuencia de la prestación de ayuda para morir tendrá la consideración legal de "muerte natural a todos los efectos", independientemente de la codificación realizada en la misma. La decisión de pedir la ayuda para morir debe ser autónoma, informada por el equipo sanitario responsable y sin presiones externas. (...)

La prestación de ayuda para morir estará incluida en la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud y será de financiación pública. En este sentido, "los servicios públicos de salud, en el ámbito de sus respectivas competencias, aplicarán las medidas precisas para garantizar el derecho a la prestación de ayuda para morir en los supuestos y con los requisitos establecidos en esta ley".      (Pilar Araque, Público, 17/12/20)

3.3.20

Javier Sádaba: Por qué creo que sí se debería legalizar la eutanasia

"Hablaré en todo momento de eutanasia y no de muerte digna. Esta última expresión traduce la ortotanasia –muerte natural de un enfermo desahuciado sin prolongar su vida y su agonía con medicamentos– con un origen más religioso y una amplitud conceptual excesiva.

Si nos quedamos en esa amplitud, hay que decir que morir dignamente significará respetar la libertad del individuo al final de su vida. El uso de la expresión en su sentido más restrictivo se apoyó en textos del corpus hipocrático en donde se dice explícitamente que no se debe ayudar al enfermo a morir.

 Hay que añadir inmediatamente que muchos médicos no siguieron al maestro Hipócrates, fundador de la medicina, y que filósofos –como es el caso de Platón o los estoicos– contemplaron como algo natural que uno acelere su muerte si la situación lo requiere. Y esto nos lleva directamente a la eutanasia o buena muerte, que es eso lo que quiere decir en griego.

Parece que fue Suetonio quien la utilizó por primera vez. Ya en la Modernidad reaparece con Bacon y Tomás Moro. En la actualidad ha cobrado carta de naturaleza en 1935 con Arthur Koestler y en 1974 con un manifiesto de personas relevantes en el campo de la ciencia. A ello hay que sumar una serie de casos conflictivos –sobre todo el de la norteamericana Karen Ann Quinlan– que conmocionaron a la opinión mundial.

La eutanasia debe estar claramente regulada

Dejando de lado la etimología, por eutanasia se entiende en nuestros días la decisión libre de que le quiten la vida a uno si se dan las siguientes condiciones: intenso dolor o sufrimiento, irreversible enfermedad cercana a la muerte y carencia de alternativa alguna; y se discute hoy si entre tales condiciones habría que incluir el cansancio vital. La eutanasia, para ser tal y además de lo dicho, debe estar claramente regulada. 

En los Países Bajos, el primer y único Estado en el mundo en donde está regulada con nitidez, se puede castigar con 12 años de cárcel a quien la ejecute sin atenerse a las normas establecidas. Esto es la eutanasia y no las distorsionadas imágenes provenientes de aberrantes hechos entre los que destaca, para su desgracia, el nazismo. O una hipereugenesia que desechara todo lo humano deforme.

Esto es un simple recordatorio de lo que es la eutanasia y que debería pertenecer a la cultura general. Pero si no queremos hacer un análisis aislado hemos de contextualizarla. Y de esta manera entenderemos mejor de qué estamos hablando, al menos en nuestro mundo cultural.  (...)

Y una vez que existimos, sean las causas que sean, nuestra tarea consiste en vivir lo mejor posible. No hay más remedio que partir del hecho de estar vivos aunque se nos haya otorgado la vida sin nuestro permiso. La cuestión suele plantearse sobre si tiene o no sentido la vida. Tal vez habría que plantearlo, para evitar quisquillosas distinciones lingüística sobre si merece la pena o no vivir. Y ahí se instala, como mínimo, la duda.

La existencia es un semicírculo… hacia la inmortalidad

Partamos, por tanto, del hecho de que existimos. Y es que la existencia no es un don o un regalo, sino un hecho o dato fruto de la evolución. Hemos llegado al Homo sapiens, por el momento, desde las bacterias, las arqueas y los eucariotas. Lo olvidamos con frecuencia y pensamos, explícita o implícitamente, que provenimos de lo alto, o bien que crecemos desde abajo diseñados de modo inteligente. 

La existencia, constitutivamente y en principio, no es como un segmento con inicio y fin, ni un segmento que no tiene fin como en las religiones que incluyen la inmortalidad, ni un círculo como en la rueda de las reencarnaciones de la sabiduría hindú. La existencia, por el contrario, es un semicírculo que alcanza el punto máximo hasta bajar y desaparecer. En términos generales, llamamos juventud, madurez y vejez a las tres partes del semicírculo.  (...)

Derecho a desaparecer de entre los mortales

Antes de continuar, y también a modo de recuerdo, diré algo que, al menos, sirva para sostener por qué habría que legalizar la eutanasia. (Por cierto, la carga de la prueba tendría que estar en los que restringen la libertad y no en los que la reivindicamos). Que si está en mis manos dedicarme al sexo, a la música o a la filosofía, en mis manos estará no dedicarme a ninguna. 

O si nadie me ha pedido permiso para venir a este mundo, no se ve que se lo tenga que pedir a nadie para marcharme. Aun así, lo primero a afirmar, puestos ya a ofrecer alguna prueba a su favor, es que si se puede retirar la ventilación artificial a un enfermo, no se ve la razón de prohibir una inyección letal. Si puedo no hacer X para que Pablo muera, podré hacer X para que Pablo muera. 

En segundo lugar, si me puedo suicidar, igualmente podré decirle a otro que me ayude a suicidarme. Si Pablo quiere desprenderse de su dinero, podrá pedir a Pedro que le ayude a esa obra como a cualquier otra. Y si, como lo recogen las leyes españolas de 1986 y 2002, el enfermo tiene derecho a rechazar cualquier tratamiento, derecho tendrá también a no recibir tratamiento alguno y, en consecuencia, desaparecer de entre los mortales.

El dolor-sufrimiento es el mayor de los males

Voy a añadir tres argumentos más que son, tal vez, los más conocidos, pero intentaré ampliarlos o matizarlos. Son los siguientes: la libertad, el dolor y la propia imagen. Suponemos que somos libres y, como tales, salvo patologías que la anulen, pensamos que los otros son libres y, por tanto, responsables. Las neurociencias, sin embargo, están reduciendo la libertad al mínimo. En este sentido, si se duda de la libertad del paciente, otro tanto habrá que hacer del profesional de la salud.

 Y si se añade que el estado del paciente reduce casi a cero su capacidad de decisión, digamos que, como en el amor, a veces una situación extrema incluso da más lucidez. En cualquier caso, uno es titular de su cuerpo, de su vida y de su muerte y, si expresa con claridad cuál es su voluntad, se debe respetar. Respecto al dolor que cuando va más allá del cuerpo llamamos sufrimiento, hemos de decir, con Milton, que es el peor de los males. La eliminación del dolor es uno de los principales fines, si no el principal, de la medicina y de la moral. Si uno malvive con dolor es lógico que prefiera no vivir para así no padecer. 

Esto es básico. Y no entenderlo suena a pésima intención o imbecilidad. Y en relación a la imagen que uno tiene de uno mismo, al espejo en el que se ve, pueden darse situaciones en las que su figura esté tan deteriorada y los dolores tan agudos que la eutanasia sea, según su voluntad, la solución deseada. Estos tres pilares de la argumentación proeutanasia parece que son casi imposibles de refutar.

Retirar la medicación si ya no hay nada que hacer

Alguna observación más antes de pasar a contemplar cómo está la situación en España. Hay dos modos de actuar que no son eutanasia pero que están de alguna manera emparentados con ella porque son más comprensivos y, salvo dogmáticas excepciones, más tolerantes. Uno es el llamado LET o limitación del esfuerzo terapéutico. Si ya nada hay que hacer sino simplemente mantener con los fármacos y la tecnología a quien es pura biología y sin ninguna biografía y, además, sin posibilidad de retorno, lo sensato es retirar la medicación en cuestión. 

Lo entiende hasta un niño. O lo entiende mejor, porque el niño carece de los prejuicios y embotamiento de los mayores. Lo contrario sería obstinación terapéutica, algo a lo que incluso, que ya es decir, el Vaticano no se opone. Es de puro sentido común. Y es que en los casos en los que se ha dejado vivir artificialmente años a personas sin ninguna posibilidad de cura, se han solido juzgar, ya pasado el tiempo, no como una buena intención, sino como pura arbitrariedad. Es obvio que hay que hacer distinciones en función del enfermo y de los medios excepcionales o no a utilizar, pero el concepto es claro.

Para qué vale el testamento vital

Por otro lado, ha ido penetrando en el cuerpo social la idea de hacer un testamento vital, algo que se sigue de las leyes antes mentadas y del consentimiento informado. Nace en EE. UU. en los sesenta como living will, de la mano de Luis Kutner y llega a Europa a través de Bélgica. Se conoce también como voluntades y hasta planificaciones anticipadas. Se trata de un documento en el que, bajo amparo jurídico, como puede ser un notario o varios testigos, se especifican una serie de enfermedades que quien las pudiera padecer se opone a que sean tratadas. 

Dicho documento se añade a la historia clínica del enfermo real o posible. Y debe existir un registro nacional que las reconozca. En los últimos años se ha introducido el llamado PAD, que los americanos desde 1991 llaman PSDA y lo que intenta es planificar a lo largo de la vida los deseos de no tratamiento. Esta idea de enfocar todo como proceso facilita externamente todo el desarrollo. No me queda tan claro, sin embargo, que alivie al potencial o real paciente. Al mismo tiempo se convierte en una sopa de letras que puede ofuscar al enfermo. Y al sano.

El testamento vital pasó a España y lo incorporó la asociación Derecho a Morir Dignamente. La asociación se fundó en 1984 y tuvo como su cabeza visible a Salvador Pániker. Como dato curioso, en 1966 había escrito Pániker Conversaciones en Catalunya. La asociación, como todas las que operan en el mundo, busca la legalización de la eutanasia pero insistiendo en la libertad del paciente para, por ejemplo, conformarse con los cuidados paliativos, puestos en marcha por la enfermera Cicely Saunders en 1969. El actual presidente es Luis Montes, injustamente castigado en el ya tristemente famoso “caso Leganés”. 

Ciertas fuerzas oscuras religiosas le denunciaron. Tan oscuras fueron que la denuncia fue anónima, es decir, cobarde. La asociación quiere que se quite del Código Penal del año 1995 la pena de 6 a 8 años de cárcel para la eutanasia y de 2 a 5 para el suicidio asistido, primo hermano de la eutanasia. 

La mejor forma, por cierto, de saber en qué consiste el suicidio asistido es recordar a Ramón Sampedro en 1995, tetrapléjico, pidiendo que le aplicaran la eutanasia. Se consideraba una cabeza atada a un tronco de árbol. Su caso dio la vuelta al mundo y ha sido inmortalizado en un filme, Mar adentro. Se le ayudó a morir y su posible causa penal fue archivada.

La asociación Derecho a Morir Dignamente tiene aproximadamente 4.000 socios. No son muchos, pero el problema que existe con el testamento vital es que se conoce poco y sus defensores deberían ser muy pedagógicos para extender su conocimiento. Por otro lado, continúa siendo engorrosa toda la parte burocrática. Y, además, los modelos varían y no es fácil que uno escoja aquellas enfermedades que considere más oportuno tener en cuenta. 

La iglesia católica y sus seguidores defienden una especie de testamento vital contra el encarnizamiento terapéutico. No haría falta puesto que, salvo algún fundamentalista de la primera hora, todo el mundo está de acuerdo. Y su oposición a la eutanasia está en la esencia de su doctrina. Como suelen afirmar, en la vida y en la muerte somos del Señor. Solo cabe contestar: amén.

Y ya dentro de la curiosidad, recordemos que algo parecido han hecho los testigos de Jehová rechazando las transfusiones de sangre y los hemoderivados. No creo que me hagan caso si les digo que su interpretación de la Biblia no es la correcta y que el nombre del Dios de la Biblia no es Jehová, sino Yabe. Pero que cada uno haga con su vida lo que le dé la gana con tal de que no nos imponga su visión de este mundo y, encima, del otro.

Opiniones a favor y en contra

 Por último, pondré a un lado y a otro lo que pienso que son los datos que nos permiten pensar en la pronta o no legalización de la eutanasia. Once de los partidos políticos españoles incluyen en su programa la legalización en cuestión. Lo que importa es que no hagan como el PSOE que la introdujo en el programa de 2004 y hasta hoy no ha dado un paso más. (...)

la Conferencia Episcopal, todos sus tentáculos y la influencia en el gobierno de turno; la OMS, que en nada ayuda a su legalización; los grupos de cristianos con sus redes funcionando a tope; los seudoprogresistas que no comprometen su supuesto progresismo de manera clara y pública; el Colegio de Médicos con su larga tradición conservadora; la Constitución Española, que es criptocatólica, además de los concordatos que continua manteniendo con el Vaticano; las falsas imágenes que todavía existen entre la gente y que no han sido pedagógicamente desmontadas; y finalmente un Código Penal con las penas antes citadas y que intimida a todos. Aunque un 70 por ciento de las personas consultadas estén a su favor y más del 50 por ciento de los médicos también.
 
Si nos volvemos ahora a los aspectos que miran a favor de la eutanasia diría lo siguiente: la labor de la asociación Derecho a Morir Dignamente, que esperemos que dé sus frutos; el aliento de otros países europeos, especialmente de Holanda y Bélgica; los tantos por ciento antes señalados; las publicaciones, conferencias y asociaciones que aumentan día a día su volumen de difusión; y un ambiente que cambia con rapidez y que se nota en la actitud de la gente en cuanto viven de cerca el proceso de la muerte.

Se puede concluir que la corriente a favor de la eutanasia aumenta, que los médicos españoles han de comprometerse como lo han hecho sus colegas europeos y que el compromiso, enemigo de la cobardía, nos atañe a todos. Ante el absurdo de tolerar el dolor evitable, y sin oponernos a quien desee los analgésicos y la sedación en los cuidados paliativos, hay que levantar la voz y colocar la eutanasia en nuestras manos."                 (Javier Sádaba, filósofo, filosofia&co, 26/02/20)

28.2.20

Morir con orgullo. La eutanasia es una elección, no una obligación

"Cuando algo se enfrenta a las ideologías o a las creencias religiosas, la resolución se hace literalmente eterna, es decir, que nunca se soluciona la cuestión. Se impone, primero, clarificar la situación para poder decidir después. 

Si un católico dice que Dios es el dueño de la vida, porque vivir es participar de la vida de Dios, merece respeto. Que tanto la vida como la muerte está en manos de Dios: “El es el dueño de todo viviente y el espíritu de todo ser humano” (Job 12, 10), sigue siendo digno de respeto. Si es propiedad y don de Dios, la vida es inviolable y lo que contradiga esto no es cierto, ni digno, ni puede considerarse como argumento. 

Respeto tales creencias. Lo que no estoy dispuesto a aceptar es que se impongan estas tesis como obligación, porque entonces lo que no existe es respeto al no creyente. Aunque no creas, debes aceptar el dolor y la muerte más terrible, si ocurriera así. No puedes emplear el recurso alguno para cortar su vida. Jesucristo murió en la cruz en medio de tremendos dolores y así salvó al mundo. Los demás únicamente podemos imitarlo, contribuyendo así a la salvación. Bueno.

Los profesores de filosofía de Secundaria saben mucho de esto, porque todos los gobiernos, independientemente de su color, han hecho tragar con la Ética como alternativa a la Religión. Era una cosa absurda pensar así: para garantizar el derecho de unos a recibir enseñanzas religiosas, otros estaban obligados a recibir clases de ética.

Tú no quieres clases de religión, pues en castigo tendrás que hacer ética. Los estudiantes más avispados decían que no querían estudiar religión, que era una materia optativa, pero que no deseaban elegirla, entonces, ¿por qué tenían que estudiar ética? Tenían razón, pero nadie hizo caso, porque el foco se ponía sólo en el derecho a recibir enseñanza religiosa. Este proceder cuenta ya con unos 40 años de ejercicio, que se dice pronto.

Ahora, con la oposición a la eutanasia ocurre algo similar. Las creencias religiosas no la aceptan, luego no se puede legislar sobre la misma. Y no es así, porque los que desean una ‘mala muerte’ tienen la puerta abierta para que sufran todo lo que Dios permita, haciéndolos participantes del dolor del Salvador. Nadie se lo impide, como tampoco se obliga a nadie a divorciarse, lo que sí hacen ellos con quienes desean un buen morir (eu = bueno; thanatos = muerte), un morir dignamente. 

Para el jesuita Juan Masiá decidir morir autónomamente ni siquiera va contra la fe religiosa, porque Dios creador hizo a los humanos co-creadores y, por tanto, responsables y cuidadores de la vida, que pertenece a quienes la han co-creado. No se trata de matar, sino de ayudar en el momento de morir. Los extremismos siempre están dispuestos para el ataque.

En cuanto a las afirmaciones aberrantes de que se quiere ahorrar el Estado en Seguridad Social, o que puede ser una vía legal para homicidios de personas, esto no se sostiene, si se establecen las garantías jurídicas adecuadas de vigilancia y las normas oportunas. La eutanasia es una decisión individual, sometida a controles profesionales y fórmulas legislativas.

Otros hablan de cuidados paliativos, pero no bastan cuando la persona no quiera solo no tener dolor, sino que desee no continuar en la existencia, haciendo esto en su plena capacidad de conciencia y pidiéndolo expresamente, como haría una persona autónoma, que se siente dueña de su vida. En este caso, hay que dejar morir en paz y el médico tiene que ayudar a que se cumpla la decisión del paciente, lo que no significa insensibilidad ante el sufrimiento, sino todo lo contrario. Es un acto de respeto a la autonomía de la persona y no un suicidio.

En esto, como en otras cosas, hay que atender a la sociedad, no solo a ella, pero también a ella. Más del 80% de ciudadanos están a favor de la eutanasia. Es más: más del 50% de los católicos, también, según Metroscopia y el CIS. Ejercer el derecho a la eutanasia es algo personal y libre, pero no obligatorio. Quien no quiera no tendrá que hacerlo, por supuesto. La Iglesia católica tiene que dejar de ser un lobby ideológico de presión en contra de la eutanasia de manera inflexible. 

Qué distinta es la posición de Jacques Pohier (teólogo y filósofo francés): “la eutanasia voluntaria no es una elección entre la vida y la muerte, sino entre dos formas de morir (un chois entre deus façons de mourir). No sólo los profesionales han de intervenir en el debate sobre la eutanasia, sino la totalidad de la sociedad.

No deberíamos dejar de pensar que, si se regulara la eutanasia, la ley no obligará nunca a nadie, depende siempre de la libertad de elección. A nadie se le deben imponer las creencias propias, que, en este caso, sólo pueden conducir a argumentos de pura miseria."                     (Julián Arroyo Pomeda, Catedrático de Filosofía, Crónica Popular, 22/02/20)

27.2.20

Antonio Maestre 'Con una derecha que no distingue lograr una muerte libre, consentida y sin sufrimiento de un asesinato no hay posibilidad de entendimiento para intentar dotar de alivio a quienes sufren una situación vital que no soporta los mínimos de dignidad humana. El único camino es aprobar la ley de eutanasia y esperar a que dentro de diez años la adopten como propia. Como ha ocurrido con todos los avances sociales'

"(...) Con una derecha que no distingue lograr una muerte libre, consentida y sin sufrimiento de un asesinato no hay posibilidad de entendimiento para intentar dotar de alivio a quienes sufren una situación vital que no soporta los mínimos de dignidad humana.

 El único camino es aprobar la ley de eutanasia y esperar a que dentro de diez años la adopten como propia. Como ha ocurrido con todos los avances sociales a los que la derecha se ha negado por sistema desde el comienzo de la democracia. Se hará sin ellos, y a pesar de ellos.

(...) la deriva absurda propia de quien no tiene orden ni concierto, ni una estructura intelectual de peso que le dé sustento y soluciones en época de hambre de poder les ha llevado a tomar una postura contra la eutanasia propia de un debate iletrado: la izquierda quiere instaurar la Endlösung para ahorrarse el dinero que cuestan los viejos en sus últimos años de vida.

 Esa es la postura del Partido Popular en un debate que sustenta un abrumador consenso social. Asombra la inopia, es difícil comprender que no haya masa gris en Génova.Uno de los periodistas que marca la agenda al PP, y así les va, desde la cadena de Federico Jimenez Losantos dejaba ayer escrito: "MI TESTAMENTO VITAL: No autorizo a nadie a que me acorte la vida ni un segundo. Mientras tenga vida, seguiré luchando. Y no he pagado impuestos toda mi existencia para ahora permitir a los golfos que nos gobiernan que se ahorren ni un solo mes de mi pensión. Os jodéis, cabrones".  

Supongo que habrá gente de los suyos que le lea y piense que la ley de eutanasia permitirá acabar con la vida de personas que no lo hayan pedido expresamente y que después de un complejo proceso administrativo se le autorice a acabar con su propia vida. Así funciona la fe y es ahí donde actúa un pensamiento conservador que quizás ayude a comprender estas actitudes desmedidas, irracionales, absurdas y delirantes. 

Decía Roger Scruton que el papel del intelectual conservador es asegurar a la gente que sus prejuicios son ciertos. Solo bajo esta lógica de consolidar los prejuicios y dogmas de la gente que está en contra de la eutanasia por cuestiones religiosas se puede comprender esta aberración argumentativa que la derecha ha iniciado. (...)

No hace falta más que dejarles hablar mucho y sentarse a recoger beneficios.
Una derecha que no distingue eugenesia de eutanasia. Una derecha que no distingue pedir morir libremente con garantías y dignidad con el exterminio y el genocidio de niños y ancianos. Una derecha que no distingue una muerte voluntaria de un asesinato. Esa es la derecha que nos ha tocado sufrir."                     (Antonio Maestre, 13/02/20)

10.7.19

Un enfermo terminal de párkinson pide “dejar de padecer y de hacer padecer”

"Cuatro sillas de escritorio diferentes muestran la evolución del párkinson en el cuerpo de Antoni Monguilod. Arrinconadas en un lateral del despacho de su casa de Malgrat de Mar (Barcelona), los distintos tamaños y formas de los asientos se fueron sucediendo hasta la actual silla de ruedas de la que Monguilod, de 74 años, no se puede levantar desde hace dos meses. Su pérdida de autonomía le empujó a enviar una carta a varios medios reclamando la legalización de la eutanasia para evitar “sufrimientos” y como un “derecho fundamental”.




En este encarcelamiento corporal, que le impide completar una frase, el ordenador aparece como una rendija en la celda. El ratón y teclado dan a Monguilod el movimiento y las palabras que le va absorbiendo la enfermedad. De su puño y teclas salieron esos párrafos de auxilio que envió reclamando la despenalización de la eutanasia.

“Pasa las tardes frente al ordenador y todavía se encarga de las facturas y la administración del hogar”, comenta su esposa, Magdalena Fornés. Ante todo, el despacho de Monguilod es un museo de recuerdos de su vitalidad. Un violín en la parte superior de un armario, una jarra con el dibujo de un paracaídas de su etapa en la mili, fotografías con amigos y varios tomos encuadernados de la revista Som-hi, una publicación local mensual de la que se encargó entre 1977 y 2016.

“Dejar de padecer y de hacer padecer”, explica a EL PAÍS lo que significaría para él una “muerte digna”, en una entrevista en la que las dificultades en la comunicación son solventadas por su mujer. Además de ser su compañera de vida, ahora ella es sus piernas, sus brazos y su voz. “La quiero mucho y no quiero que pierda la salud cuidándome”, decía la misiva de Monguilod. Actualmente, Fornés atiende a su marido las 24 horas del día y solo se “puede escapar” cuando alguno de los cuidadores acude a su hogar. “Si no hay nadie no me quedo tranquila”, señala. Añora ir a la playa y de momento se conforma con una piscina portátil en la terraza de casa.

“Ha querido mostrar a la sociedad lo que algunas personas están padeciendo”, señala Fornés sobre la carta de su marido. “Puede parecer frío por mi parte aceptar y defender la posición que él ha tomado, pero yo creo que no hubiera sido capaz de llegar hasta donde él ha llegado. Los dos hemos sido siempre muy independientes y yo no soportaría tener que estar pidiendo que me hagan todo”.

También fue el teclado del ordenador el que hace siete años dio la primera señal de alarma. Unos fallos en la mano izquierda le llevaron al médico. Con la “mejor memoria de la casa”, según dice su mujer, Monguilod rectifica la primera versión que apareció en la prensa sobre su enfermedad que indicaba una antigüedad de 12 años. Unos clic en el ordenador muestran aquel primer informe de 2012 en el que se abría la puerta a la enfermedad neurodegenerativa.

Monguilod, que redactó un testamento vital en el que ha donado su cuerpo a la ciencia, descarta cualquier otra vía como el suicidio asistido o la marcha a otros países en los que la eutanasia no está penalizada. Quiere evitar que su familia tenga problemas legales.

La pareja tampoco entiende que casos como el de Ángel Hernández, que hace unos meses asistió a su mujer en el suicidio, hayan terminado en un juzgado. “Es una vergüenza. Ella decide morirse, lo graban, lo enseñan y al final le juzgan. Tener que morir sufriendo, ¿para qué?”, señala Fornés.

La familia dice que ningún político se ha puesto en contacto con ellos y tampoco tiene ninguna esperanza en ello. “Es una cuestión en la que la mayoría de la gente está a favor, pero los políticos no hacen nada por cambiarla. Esto no da votos”, concluye Fornés. En el Congreso existen dos proyectos sobre muerte digna, del PSOE y de Ciudadanos, que hasta el momento no han logrado abrirse paso."                  (Grego Casanova, El País, 04/07/19)