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13.1.25

Mientras algunos propietarios del área de Los Ángeles aumentan los precios de los alquileres en un 50% o más debido a los incendios forestales, los defensores de la vivienda de la segunda ciudad más grande del país piden una moratoria inmediata de los desahucios y la congelación de los alquileres... «Se llama price gouging», dijo el fiscal general de California, el demócrata Rob Bonta, durante una rueda de prensa el sábado. «Es ilegal. No se puede hacer. Es un delito castigado con hasta un año de cárcel y multas»... Eso no impide que los propietarios los hayan subido por encima del 50 o incluso el 75% o más... los funcionarios pueden hacer ahora mismo dos cosas para mitigar el impacto del desastre en los inquilinos... «Necesitamos una congelación de los alquileres y una moratoria de los desahucios»... Durante la pandemia de Covid-19 se aplicaron moratorias temporales de los desahucios y congelaciones de los alquileres a escala nacional, estatal y local (Brett Wilkins)

 "Mientras algunos propietarios del área de Los Ángeles aumentan los precios de los alquileres en un 50% o más debido a los incendios forestales, los defensores de la vivienda de la segunda ciudad más grande del país piden una moratoria inmediata de los desahucios y la congelación de los alquileres.

Como han señalado las autoridades californianas en los últimos días, el artículo 396 del Código Penal prohíbe aprovecharse «injustamente» de los consumidores en situaciones de emergencia o catástrofe. Los propietarios no pueden subir el alquiler más del 10% del precio inmediatamente anterior a la emergencia. El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, declaró el estado de emergencia el pasado martes.

«Si eres un inquilino que se ha visto afectado por los incendios, ¡recuerda que tienes derechos!».

«Se llama price gouging», dijo el fiscal general de California, el también demócrata Rob Bonta, durante una rueda de prensa el sábado. «Es ilegal. No se puede hacer. Es un delito castigado con hasta un año de cárcel y multas».

Eso no impide que algunos propietarios intenten sacar provecho de los mortíferos incendios forestales. La defensora de los derechos de los inquilinos Chelsea Kirk -directora de política y defensa de Strategic Actions for a Just Economy, con sede en Los Ángeles- ha creado una base de datos abierta de más de 100 listados de Zillow en los que los propietarios han subido los precios de los alquileres por encima del límite legal, y en algunos casos por encima del 50 o incluso el 75% o más.

Los activistas dicen que hay dos cosas relacionadas que los funcionarios pueden hacer ahora mismo para mitigar el impacto del desastre en los inquilinos.

 «Necesitamos una congelación de los alquileres y una moratoria de los desahucios», afirmó en las redes sociales el colectivo anticapitalista People's City Council-Los Ángeles.

NOlympics LA dijo: «El Ayuntamiento de Los Ángeles tiene que aplicar una congelación de los alquileres YA».

«La subida de precios tras el desastre es inaceptable, esto es simple y podría hacerse inmediatamente pero, ¿lo propondrán siquiera los líderes de Los Ángeles?», añadió el grupo. «Necesitamos una moratoria de los desahucios para impedir que los propietarios [desahucien] a la gente para sacar provecho de la crisis».

Durante la pandemia de Covid-19 se aplicaron moratorias temporales de los desahucios y congelaciones de los alquileres a escala nacional, estatal y local. Aunque la moratoria de California no protegió a todo el mundo del desahucio, con miles de inquilinos expulsados de sus hogares en virtud de diversas excepciones, los desalojos cayeron en picado gracias a esta política. Sin embargo, en 2023 las tasas de desahucio habían vuelto a los niveles anteriores a la pandemia, o los habían superado.

El Sindicato de Inquilinos de Los Ángeles señaló que «en medio de toda esta destrucción, los tribunales de desahucios siguen agitándose».

«La sexta planta del juzgado del centro está abarrotada hoy», añadió el grupo. «Exigimos una moratoria urgente de los desahucios y la congelación de los alquileres».

Con miles de familias de la zona de Los Ángeles ahora sin vivienda debido a los incendios, las víctimas desesperadas son vulnerables a estos propietarios y agentes inmobiliarios sin escrúpulos. Kirk quiere que conozcan -y ejerzan- sus derechos.

 «Debido a que California se encuentra actualmente bajo una declaración de emergencia, la especulación con los precios de alquiler es ilegal», dijo a Common Dreams. «Si usted ve un anuncio de alquiler con un aumento significativo del precio -como más del 10% sobre el precio anterior a la emergencia- debe denunciarlo a la oficina del fiscal general de inmediato, y confrontar al propietario o agente al respecto, si se siente cómodo haciéndolo.»

continuó Kirk:

    Dicho esto, reconozco que este es un momento increíblemente vulnerable, especialmente para las personas que han perdido sus hogares y están tratando urgentemente de conseguir una vivienda. Enfrentarse a un casero puede parecer arriesgado y comprometer las posibilidades de conseguir una vivienda. Pero es fundamental que recuerdes que tienes derechos, aunque ya hayas firmado un contrato de alquiler. Si después de firmar te das cuenta de que el casero ha abusado de los precios, no dudes en protestar. Hay grupos que trabajan activamente para garantizar el cumplimiento de estas leyes y apoyar a los inquilinos en estas situaciones.

Bonta ofreció un consejo similar: «Si conoce a alguien que haya sido víctima de un aumento de precios, por favor, denúncielo».

En cuanto a los caseros y agentes que intentan sacar provecho de las víctimas de la catástrofe, Kirk dijo que «sus acciones no sólo son ilegales, sino profundamente vergonzosas».

 «La comunidad ve lo que están haciendo y les pediremos cuentas», declaró a Common Dreams. «Aunque no tengo mucha fe en que los funcionarios sancionen a los propietarios, nosotros -los inquilinos y los organizadores comunitarios- no nos quedaremos de brazos cruzados. Vamos a tomar medidas, ya sea a través de la organización, la acción directa, u otros medios, para exponer y detener estas prácticas de explotación. Los inquilinos merecen ser tratados con dignidad, especialmente en tiempos de crisis».

Bonta señaló cómo se están utilizando las nuevas tecnologías para determinar los precios, y no sólo las utilizan los propietarios y sus agentes.

«Algunos de nuestros hoteles y algunos de nuestros caseros utilizan algoritmos basados en la demanda y la oferta para fijar sus precios», dijo la fiscal general. «Si esos precios llevan a precios más altos que antes de la emergencia en un 10% eso va contra la ley».

«Si usted es una mamá y pop y no son conscientes de estas leyes ahora son conscientes», agregó Bonta. «La ignorancia no es una excusa»."

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9.1.25

La PAH y Sindicatos de la Vivienda continúan en la batalla contra los desahucios en Valencia, y alertan sobre el desahucio de una madre con cuatro menores en el barrio de Orriols, y la expulsión ilegal de una familia trabajadora, promovida por una empresa de desokupación. Los activistas denunciaron la responsabilidad del Ayuntamiento de Valencia (de coalición entre el derechista PP y el partido de ultraderecha Vox), así como de la Policía Local, en el funcionamiento -“con total impunidad”- de estas empresas

 "El Gobierno de España aprobó el pasado 23 de diciembre el Real Decreto-ley 9/2024 que incluía medidas para hacer frente a situaciones de vulnerabilidad; el Título Quinto establece iniciativas sobre la vivienda, por ejemplo la ampliación –hasta el 31 de diciembre de 2025- de la “suspensión de los procedimientos de desahucio y lanzamientos en los supuestos y de acuerdo con los trámites ya establecidos (…)”.

El texto legal hace referencia a determinadas dinámicas de incremento en los precios; la insuficiencia de una oferta asequible de vivienda, así como a la “sobreexposición financiera de los hogares al pago del alquiler”.

Además el INE ha informado  que, en el tercer trimestre de 2024, el Índice de Precios de Vivienda (IPV) ha aumentado el 8,1% en el estado español (tasa de variación anual); el IPV mide la evolución en el precio de la compraventa de viviendas libres, tanto nuevas como de segunda mano.

La estadística oficial registró tasas superiores a la media en Navarra (10,7%); Andalucía (10,6%), Aragón (10,3%) o el País Valenciano (8,8%).

Por otra parte, la cooperativa para la justicia social y ecológica IDRA, con sede en Barcelona, ha editado –en diciembre de 2024- el informe Vivir de alquiler: inseguridad garantizada por ley; entre otras conclusiones, el estudio apunta que en capitales como Madrid y Barcelona el 90% de los inquilinos tiene un contrato temporal y por el precio de mercado (“a merced de las variaciones especulativas”).

Asimismo, el 68,7% de los inquilinos en Madrid y más del 70% en Barcelona destinan un porcentaje que supera el 30% de sus ingresos a pagar el alquiler (y suministros); en uno de cada tres hogares, incluso más de la mitad de sus ingresos, añade el reporte de IDRA.

¿Qué consecuencias reviste la falta de protección y la escalada de precios? Entre otras, la mudanza residencial; así, más del 60% de los arrendatarios en Madrid, y el 80% en la capital catalana, han tenido que cambiar de vivienda durante el último quinquenio.

Es en este contexto en el que se despliega la resistencia ciudadana; con presencia en las barriadas de Malilla; Orriols; el Cabanyal; Montolivet y el municipio de Burjassot, el Sindicat d’Habitatge de Valéncia convocó -el 25 de noviembre- una movilización para detener el desahucio de una mujer de 63 años en Burjassot.

María José tiene un 79% de discapacidad, destacó el Sindicat en un comunicado; el propietario del hogar es un rentista; la afectada se declaró en huelga de alquiler, tras demandar a la propiedad un contador de la luz y el agua propios, y que reparara los desperfectos de la vivienda.

Calle Vicent Brull número 9 en el barrio del Cabanyal, en los Poblados Marítimos de Valencia; en esta dirección e inmueble, el Sindicat impulsó una concentración el 23 de diciembre; en las redes sociales detallaron que se trataba de la expulsión ilegal de una familia trabajadora, promovida por una empresa de desokupación.

Los activistas denunciaron la responsabilidad del Ayuntamiento de Valencia (de coalición entre el derechista PP y el partido de ultraderecha Vox), así como de la Policía Local, en el funcionamiento -“con total impunidad”- de estas empresas.

En otros casos se trata de acumular fuerzas, junto a otros colectivos, para frenar la expansión especulativa; por ejemplo, el Sindicat d’Habitatge respaldó la mañana del 19 de diciembre una concentración -organizada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) Valencia-, contra el desalojo de Ramón (78 años) y Carmen, de 75.

Residentes en la calle Sollana número 20 de Valencia (lugar de la convocatoria), instaba al desahucio de las dos personas mayores -y enfermas- la empresa Corelsa Gestión SL.

València s’ofega y La Ciutat per a qui l’habita; con estas dos consignas ya se habían manifestado miles de vecinos –el pasado 19 de octubre- en la capital valenciana; cuatro columnas (190 colectivos) partieron de los distritos de la ciudad (norte, sur, este y suroeste), y -al finalizar la acción- un grupo de personas empezó una acampada en la Plaza del Ayuntamiento. 

No fue la única protesta; la organizada en Barcelona, el 23 de noviembre, contra el alza en el precio de los alquileres, reunió a decenas de miles de personas; el Sindicat de Llogaters ejerció una función central en la movilización; también contó con un apoyo masivo la marcha del 13 de octubre en Madrid.

Y asimismo la del pasado 9 de noviembre, impulsada por la plataforma vecinal Málaga para Vivir, por los siguientes motivos: “Alquileres impagables; salarios de miseria y barrios desmantelados”; el mismo día y por razones similares, salió a la calle el Movimiento por la Vivienda de Sevilla; y el 14 de diciembre, en Bilbao, convocados por el Movimiento por la Vivienda de Euskal Herria (200 organizaciones).

Mientras, continúa la lucha contra los desahucios en Valencia; el Sindicat d’Habitatge lanzó una alerta/convocatoria en el barrio popular de Orriols, el 7 de enero; el objetivo era detener el desalojo de Favour, madre de cuatro menores, en la calle san Juan Bosco número 58.

PAH-València está reivindicando una vivienda pública para María Luz, de 67 años (lleva ocho años a la espera de un hogar de estas características); la plataforma ha paralizado en dos ocasiones el desalojo de esta vecina del municipio de Xirivella (31.700 habitantes), que se enfrenta a un tercer intento; PAH-Valencia tiene conocimiento de centenares de casos como el de María Luz.

Hoy jubilada (ingresos de 900 euros mensuales), en su día cobraba 425 euros y logró una vivienda en alquiler proporcional a la citada cantidad; Sin embargo la propiedad cambió de titular: “Pasó a manos de una señora que compraba pisos para convertirlos en viviendas patera, y que cobra 500 euros por una habitación”, explica la afectada de Xirivella.

En el testimonio recogido por la televisión pública À Punt, María Luz agrega, respecto a su situación actual: “Como mucho puedo pagar 500 euros, tengo que sobrevivir; me resulta imposible abonar 800/900 euros al mes de alquiler, y son precios de viviendas que –por las condiciones en las que están- te entran ganas de tirarte por la ventana”.

El Informe La casa a cuestas (diciembre 2024), del Observatorio de Vivienda Asequible de la asociación Prôvivienda, recuerda que sólo el 2,5% del parque de viviendas en el estado español se destina al alquiler por un precio inferior al de mercado, en la modalidad de vivienda protegida o incentivada (y el 1,6% a vivienda pública); la media europea de vivienda social se sitúa en el 9,3%."               ( Enric Llopis , Rebelión, 08/02/25)

8.12.24

Parque Alcosa, donde la dana dejó al menos 15 muertos, las redes comunitarias tejidas durante años en torno a un colectivo del barrio, están dando respuesta a la emergencia. Autoorganizadas, las vecinas y vecinos del Parque Alcosa llegan donde la Generalitat y el Gobierno central no lo han hecho... se están articulando iniciativas de todo tipo. Un supermercado popular que centraliza, organiza y reparte víveres, y que además es uno de los pocos de este tipo que sigue activo; un comedor social, que ofrece comida en el espacio, pero también la reparte a personas dependientes que no pueden salir de sus casas. Han realizado un mapeo de todos los bajos afectados para repartir colchones, electrodomésticos o hasta cunas para bebés... también cuenta con un espacio de salud y salud mental, con profesionales al frente que en un inicio daban atención primaria atendiendo la cura de heridas o lesiones físicas pero que ahora se centran en el ámbito psicológico. El grupo está activando sesiones de terapia colectivas... La población migrante, muchos en situación irregular, se volcaron en ayudar: limpiando bajos, repartiendo comidas… Y nos encontramos con la policía identificando a estas personas... Una iniciativa reciente del Kolectivo consiste en empadronar a personas en situación irregular utilizando las direcciones de los y las integrantes de la asamblea, superando así la obligación de presentar un contrato de alquiler que no es posible firmar sin documentación. Gastos como el pago de tasas son financiados a través de la caja de resistencia... “Hemos notado más racismo tras la dana... pero nosotros nos ofrecimos a ayudar. Y hay más gente agradecida” (El Salto)

"Un mes después de la tragedia decenas de personas van y vienen alrededor del Parque Alcosa, en Alfafar, donde la dana dejó al menos 15 muertos. Hay mucha gente trabajando para el poco ruido que se escucha. Unos llevan cajas con productos de limpieza, otros preparan un puesto para repartir comida caliente, dos voluntarios arreglan bicicletas a un ritmo frenético, un grupo de jóvenes avisa que se está repartiendo café recién hecho, todo el mundo parece estar ocupado en alguna tarea.

La actividad sucede alrededor de un edificio de dos alturas que solía albergar algunos negocios en su planta baja y salas ocupadas por diferentes organizaciones y colectivos locales en la parte superior. Tras el desastre el lugar se ha convertido en un centro comunitario operativo para la emergencia. En la fachada, dos grandes pancartas cuelgan a modo de banderas. “Supermercado popular” y “Davant del rebuig de la institució, la solidaritat és la tendresa dels pobles”, rezan.

En una sala de la segunda planta se escucha bullicio, hay un grupo de casi cuarenta personas en círculo, con un moderador en el centro, organizando la conversación. Es la asamblea del proyecto “Nosotrxs mismxs”. Vecinas y vecinos del barrio afectados por la dana discuten la organización de comisiones de trabajo, las herramientas de coordinación o cómo atender las necesidades básicas que la comunidad tiene tras el desastre. Una de las asistentes recalca la importancia de crear una comisión de educación: “Los niños llevan en casa casi tres semanas, ¿qué hacemos mientras los colegios no puedan abrir?”, se pregunta, mientras muchas de las personas presentes asienten. Otras insisten en repartir entre todas las responsabilidades, y reducir las horas de trabajo que cada una asume “nos tenemos que cuidar”, incide una de ellas, lo que queda por delante hasta recuperar algo parecido a la normalidad es mucho y la salud mental de todas se resiente tanto o más que la fuerza física.

Varios testimonios aseguran que los servicios de emergencia tardaron más de 48 horas en llegar a esta zona. Sin luz, sin agua o víveres y rodeados de lodo, durante esos momentos el apoyo de los que tenías más cerca fue clave hasta que llegaron los primeros voluntarios. Todos los vecinos y vecinas entrevistados coinciden en que enfrentar las consecuencias de la dana habría sido mucho más complicado de no ser por el tejido social que existía en esta comunidad diversa. Los más veteranos del lugar explican que el barrio está marcado por la identidad migrante y obrera: antes fueron los andaluces y extremeños, ahora son los colombianos o marroquíes, todos bajo el mismo denominador común: la solidaridad ante el abandono histórico que dicen sufre el barrio por parte de las autoridades.

Un mural de fotografías en la sala de la asamblea testimonia las luchas y afectos del barrio. El proyecto “Nosotrxs mismxs” comenzó su andadura en los años 70 y, desde este proyecto, nació la Koordinadora de Kolectivos del Parke en 1985, una “herramienta colectiva en defensa de los derechos de las y los más vulnerables”, como asegura su manifiesto. Josep Campos es educador social en el Kolectivo, vecino de Algemesí, su casa se vio afectada por la dana. Los primeros días estuvo en su entorno más cercano atendiendo las necesidades más inmediatas pero en cuanto pudo, “me desplacé al Parque, porque creía que era un buen lugar para desarrollar iniciativas bonitas y necesarias en un momento así, con la cabeza en mil sitios pero intentando activar todo lo posible desde aquí”, explica.

“La importancia de que exista una comunidad, con sus cosas buenas y sus cosas malas, pero que exista un espacio en el que reconocerse es clave” según Campos, para llevar a cabo las acciones que el Kolectivo puso en marcha tras el desastre. Desde la cercanía y la escucha activa de las necesidades que la comunidad tiene, se están articulando iniciativas de todo tipo. Un supermercado popular que centraliza, organiza y reparte víveres, y que además es uno de los pocos de este tipo que sigue activo; un comedor social, que ofrece comida en el espacio, pero también la reparte a personas dependientes que no pueden salir de sus casas. Han realizado un mapeo de todos los bajos afectados para repartir colchones, electrodomésticos o hasta cunas para bebés. “De todo, intentamos que la ayuda llegue directamente a las familias afectadas”, recalca Campos.

El Kolectivo también cuenta con un espacio de salud y salud mental, con profesionales al frente que en un inicio daban atención primaria atendiendo la cura de heridas o lesiones físicas pero que ahora se centran en el ámbito psicológico. El grupo está activando sesiones de terapia colectivas, “hace unas semanas organizaron un duelo comunitario, algo que era muy necesario para todas”, cuenta Campos. La lista de actividades es inmensa e incluye también una oficina de gestión de trámites en relación a la emergencia, conciertos en el parque, actividades para niños u otras para los adultos mayores que no han podido apenas salir de la zona afectada en estas semanas.

También dentro del Kolectivo se articula un grupo de jóvenes en el que Campos es educador, “Kolectivo jóvenes parke”. “Es un proyecto comunitario que a veces es contradictorio frente a la lógica de consejería o servicios sociales individualistas. Tratamos de incluir a todxs los jóvenes posibles, estamos presentes en muchas más dimensiones”, explica Campos. El grupo lo conforman en torno a cuarenta jóvenes de diferentes edades, nacionalidades y contextos, desde chavales nacidos en Valencia a jóvenes migrantes no acompañados. El grupo ha crecido gracias al boca a boca, son los propios chicos y chicas las que animan a otros amigos a unirse. El objetivo es poder atender las necesidades que estos jóvenes tienen y que la autoridades no atienden, desde el ámbito educativo al social.

Durante la dana el grupo de jóvenes se movilizó para trabajar en las tareas de emergencia. Se reparten las tareas: “Coger cajas, hacer cadenas, repartir comida, transportar cosas”, explica Iman, de 18 años. “Nos hemos criado aquí, ver el barrio así nos lastima mucho. Pero hemos vivido súper bien gracias a los voluntarios y los jóvenes”, dice Adam, de 17 años. “Ayer hicimos una cosa para los niños para divertirse, con juegos y chuches para que se pierdan un poco y olviden”, añade Ghissam, de 16 años. “Si estamos juntos, si somos más, todo va a ser mejor”, añade convencida.

Alfafar cuenta con una población migrante que supera el 13% según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), uno de los índices más elevados de la región. Jhonny Valles es educador en el centro de jóvenes y miembro del Kolectivo, a través del cual realizaba labores de acompañamiento para personas en situación irregular, pero tras la dana, “el escenario cambió completamente. La población migrante, muchos en situación irregular, se volcaron en ayudar: limpiando bajos, repartiendo comidas… Y nos encontramos con la policía identificando a estas personas. Al principio en horario nocturno, después también por la tarde. Fuimos a hablar con la policía y nos dijeron que querían saber quiénes estaban ahí y que estaban investigando por perfil”. En la calle, Gastón Ariel se afana en el arreglo de bicicletas junto a su compañero Alessandro, hablan sin parar de trabajar. Gastón relata que los primeros días cuando venía a ayudar desde València la Guardia Civil lo paraba como sospechoso de hurto, y por su experiencia cree que los y las migrantes son más cuestionadas por las autoridades.

El Kolectivo ha constituido una Unidad móvil junto a otras organizaciones como Regularización Ya o Resistencia Migrante Disidente. Están recorriendo las zonas afectadas para acompañar a personas migrantes durante sus procesos, ayudando en la renovación de documentos o asistiendo jurídica o psicológicamente. Una iniciativa reciente del Kolectivo consiste en empadronar a personas en situación irregular utilizando las direcciones de los y las integrantes de la asamblea, superando así la obligación de presentar un contrato de alquiler que no es posible firmar sin documentación. Gastos como el pago de tasas son financiados a través de la caja de resistencia de la Unidad móvil, que recibe aportes de las diferentes organizaciones sociales.

Momentos de crisis como los vividos a consecuencia de la dana pueden convertirse en el caldo de cultivo perfecto para los discursos de odio y algunos grupos han reconocido este contexto como una oportunidad para que mensajes reaccionarios calen en algunos sectores de la sociedad afectada. “Ha habido un blanqueamiento brutal de ciertas organizaciones y se ha instrumentalizado el discurso de «solidaridad»,” denuncia Campos. “Hemos notado más racismo tras la dana. Mucha gente estaba enfadada y se desahogaba con nosotros”, comparte Matías, de 14 años y miembro del Kolectivo de Jóvenes. “Pero nosotros nos ofrecimos a ayudar. Y hay más gente agradecida”, termina. Campos considera que en Alfafar la existencia de un tejido social previo y la organización comunitaria han sido fundamentales para que estos discursos no tuvieran más recorrido. “Hay gente que ha cambiado de visión”, agrega Iman. “Al final, todos somos personas y estamos afrontando lo mismo”. En la misma línea, Valles explica que “se ha generado esa red, ese tejido comunitario. Gente que nunca se había visto y ahora se reconoce. Es la mejor forma de lucha contra los bulos”.

Más allá de los discursos de odio y la desatención de las instituciones gubernamentales, la realidad sobre el lodo muestra una comunidad unida que lucha por salir adelante. La normalidad todavía queda lejos pero, como asevera Guissam, “somos buenos y estoy segura que estos pueblos volverán a brillar cómo lo han hecho antes”.

7.12.24

“Nadie quiere abordar el debate sobre qué va a pasar en los lugares construidosen suelo inundable”... El nivel de respuesta se centra en lo económico, que por supuesto es necesario para rehacer vidas, pero ignora de nuevo el problema de fondo... Esta pasada semana, Mazón ultimaba detalles para aprobar la construcción de nuevos desarrollos en zonas inundables y la reforma que permita construir cerca de la línea de costa... ignorar el cambio climático sistemáticamente conlleva a no tomar en consideración sus consecuencias... Los aprendizajes deben trasladarse a la configuración de nuestras ciudades, a la protección de nuestros ecosistemas como absoluta prioridad, a pensar los efectos en cadena del modelo centrado en un consumo ilimitado, en las desigualdades locales y continentales que genera ese modelo y en nuestra enorme dependencia como especie y como individuos de los ecosistemas y del resto de personas... la capacidad de movilizar recursos económicos en escenarios de crisis hace décadas que dejó de ser un problema. Lo hemos visto en otras situaciones similares o en los rescates bancarios. Siendo así debemos exigir ese mismo nivel de respuesta para afrontar la transición ecosocial. El dinero no debe ser un problema. No parece que quienes gobiernan estén entendiendo la gravedad del escenario. Pero seguiré siempre pensando que la política tiene como fin encontrarse con las necesidades sociales para dar respuesta permanente a ellas, con el marco de nuestros ecosistemas como límite en el que todo sucede y, por supuesto, con los ingredientes de justicia y derechos que no pueden abandonarse (Samuel Romero)

 "A comienzos de noviembre, pocos días después de la riada que arrasó varios municipios de Valencia, hablamos con Samuel Romero Aporta (Madrid, 1987), vecino de Aldaia. Es ingeniero de Caminos y forma parte de Ecologistas en Acción.

Los momentos previos a esta DANA pasarán a la historia como un ejemplo de desidia criminal, y la gestión posterior fue también lamentable. No olvidar y estar al lado de las personas y territorios requiere hacer un seguimiento de lo que está sucediendo ahora, y lo queremos hacer a través de los ojos y la experiencia de quienes lo viven cotidianamente.

Volvemos a hablar, por ello, con Samuel Romero, que realiza un balance y valoración de este último mes desde la zona cero.

¿Cómo ha evolucionado la situación?

Evoluciona de una forma tremendamente lenta. A un ritmo que, a todas luces, parece incompatible con vidas dignas. Todavía hay garajes inundados, calles llenas de barro, coches destrozados, aceras impracticables y casas sin esperanzas de mejora. La sensación es de olvido. Un olvido áspero como el barro seco que pisamos y respiramos cada día.

Estamos comprobando que vivimos en un sistema nada resiliente, donde el nivel de respuesta y recuperación queda siempre condicionado al pulmón económico de cada empresa y familia. Los cuidados, la salud mental, la respuesta a las necesidades de nuestros hijos e hijas y nuestras personas más dependientes han quedado en un segundo plano. Aquello que no se circunscribe a la monetización de la supuesta recuperación se ignora. Corremos el riesgo de normalizar nuevas realidades que suponen un enorme retroceso en nuestra calidad de vida.

¿Qué valoración te merecen en el plano general las medidas aprobadas?

Pues que, más allá de la valoración económica, se olvidan de la dureza de lo vivido. Estamos asistiendo una vez más al parcheado de situaciones catastróficas. El nivel de respuesta se centra en lo económico, que por supuesto es necesario para rehacer vidas, pero ignora de nuevo el problema de fondo. Hace apenas dos semanas, después de esta catástrofe, el presidente del Gobierno seguía hablando de crecimiento económico como si las consecuencias de ese crecimiento no estuvieran ligadas a la catástrofe vivida. Esta pasada semana, Mazón ultimaba detalles para aprobar la construcción de nuevos desarrollos en zonas inundables y la reforma que permita construir cerca de la línea de costa.

Es un nivel de irresponsabilidad tan tremendo que se perciben estas ayudas como una compra de silencio. En el día a día esa ayuda es inexistente. La forma de autoorganización del voluntariado fue una respuesta asombrosa e ilusionante. Después, siguió un despliegue de medios de mayor alcance que permitió comenzar a recuperar algunas calles, pero, hoy en día, apenas quedan medios. Y está todo por hacer.

¿Qué urgencia mayor hay que recuperar los colegios de nuestros hijos e hijas? ¿Qué urgencia mayor puede haber que reparar cada casa y cada calle pensando en no repetir errores pasados y contribuir a la transformación de nuestros pueblos y ciudades en entornos más amables y pensados para vivirlos?

Mi vecina lleva un mes sin salir de casa por no tener ascensor. Es un retroceso enorme en su propia dignidad porque estamos obligados a tener que pagar un dinero, que muchas familias no tienen, para reparar nuestro ascensor. 

Hemos pensado antes en grandes cifras que en la crudeza de muchas realidades. Es el síntoma de la desconexión absoluta de las instituciones con la realidad social.

¿Cómo es la cotidianeidad de la vida en los pueblos arrasados?

Muy triste y dura. Intentamos recuperar cierta normalidad. Sobre todo, quienes tenemos hijos e hijas, intentamos que prime la alegría. Pero es duro levantar la persiana cada mañana y ver que tú y tu gente seguís sin ser una prioridad. Que tenemos que aprender a convivir con el barro, con el pueblo roto (en lo físico y lo metafórico), con coches amontonados en cada acera, respirando polvo. Y me niego. Me niego a aceptar una realidad que suponga destrozar las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Es un riesgo normalizar contextos de miseria, de supervivencia y de ilusiones truncadas. El piloto automático de la supervivencia es muy peligroso porque nos nubla la imaginación de futuros mejores. Y yo sigo pensando que la organización consciente de quienes habitamos los pueblos es capaz de dibujar y conseguir vidas mejores, donde nuestro futuro no quede condicionado a la mercantilización de nuestras vidas o a indicadores económicos que nunca entenderán las necesidades reales.

¿De qué hablamos cuando escuchamos que los pueblos han vuelto a la normalidad?

Exclusivamente de la vuelta a rutinas de producción. La vuelta al trabajo. Es curioso que la primera prioridad fuese limpiar las calles. Pero exclusivamente la calzada. Las aceras siguen, en muchos casos, amontonando coches llenos de barro, siguen con las tapas del alcantarillado rotas, imposibles para el paso con un carro de bebé o una silla de ruedas.

Aquello que no se mercantiliza carece de prioridad. Porque aún hay cientos de niños y niñas sin colegios, sin parques, sin plazas y sin casas. La normalidad debe referirse al destrozo de lo común y lo público. Esa normalidad sí que han sabido recuperarla, porque la recuperación de cada casa, ayuda económica insuficiente a parte, parece condicionada a las posibilidades de pago de cada familia.

El capitalismo que nos ahoga entiende mucho de ese destrozo. Las empresas condenadas por la trama Gürtel siguen recibiendo contratos a dedo. Igual esa es la normalidad a la que se refieren. Mientras, nuestras rutinas se han visto condicionadas al barro, a tener que buscarnos la vida para que nuestros hijos e hijas no sufran las consecuencias de no ser la prioridad para quienes nos gobiernan.

¿Dirías que se está abordando el posDANA desde un enfoque de justicia y derechos?

No existe esa mirada. La recuperación económica no incluye indicadores de justicia y derechos. La búsqueda de recursos materiales para recuperarnos de los destrozos causados se ha quedado en manos del mercado económico. Y ese mercado vive constantemente de espaldas a cualquier enfoque de justicia o derechos porque consigue agrandar aún más las desigualdades.

Pensemos en una familia de clase trabajadora que ha perdido su hogar (probablemente el único) y su vehículo. Es probable, además, que su puesto de trabajo esté sujeto a alguna medida temporal de restricción de la actividad. Pensemos ahora en una familia acomodada que también haya perdido su casa y su vehículo. ¿Hay algún ápice de justicia en esta recuperación? ¿Qué familia podrá volver a alcanzar una vida digna?

Es inaceptable que la recuperación de vidas se supedite al voluntariado

El desborde de recursos inicial fue gracias al voluntarismo de la gente. Y eso es fantástico por la conciencia de clase y la solidaridad generada. Sin embargo, tiene un efecto pernicioso en el medio plazo: las instituciones se olvidan de gran parte de la respuesta porque ven atendida esa necesidad en las voluntades de quienes vinieron a ayudar. Pero es inaceptable que la recuperación de vidas se supedite al voluntariado.

¿Hay algún debate abierto sobre una reconstrucción consciente de que este tipo de eventos son ya una nueva normalidad?

Yo no veo ninguno más allá de algunas organizaciones ecologistas. Porque todo el planteamiento de fondo sigue intacto. Seguimos promoviendo el mismo urbanismo atroz, el mismo nivel de consumo y emisiones y el sostenimiento, como primera premisa, de un sistema económico que nos mata. De forma literal. 

Parece que la respuesta continuada a las crisis endémicas del sistema (rescates bancarios sucesivos) forman parte de la normalidad. Pero plantear la reconstrucción de nuestras ciudades, pueblos y, sobre todo, el entorno natural, es una responsabilidad que nadie quiere asumir porque cualquier análisis riguroso y responsable choca de lleno con ese ansiado crecimiento económico centrado en consumir más y construir más. Nadie quiere abordar el debate de fondo sobre qué va a pasar en las ciudades y pueblos construidos en suelo inundable, cómo hacemos nuestro entorno más resiliente, cómo contribuimos a frenar el avance de las peores consecuencias del cambio climático.

¿Qué crees que se podría haber hecho de otra forma?

Desde luego, no permitir la normalización de contextos distópicos como el que vivimos. Porque siembra en el imaginario colectivo dos aspectos muy graves: el abandono de las instituciones públicas en la recuperación de nuestras vidas y el deterioro de nuestras condiciones de vida.

Lo primero es el nivel de aviso, por supuesto. La máxima responsabilidad de esta catástrofe es de la Generalitat Valenciana que ignoró por completo las alertas de la AEMET. Como ya comentamos, ignorar el cambio climático sistemáticamente conlleva a no tomar en consideración sus consecuencias y ningunear las alertas de la ciencia. Me cuesta asimilar aquellas ideologías que alardean de ignorar la ciencia. Es un retroceso social brutal. Es un insulto a la inteligencia.

La máxima responsabilidad de esta catástrofe es de la Generalitat Valenciana

En el nivel de respuesta he echado en falta dos cuestiones: comités de respuesta locales, que atiendan necesidades de principio a fin, y un comité de recuperación, con el foco en el medio plazo. A este le corresponde analizar lo sucedido y plantear, en el marco de la crisis ecológica y social actual, qué medidas deberían ir desarrollándose en cada plano para abordar este escenario: desde la educación, la sanidad, las emergencias, la protección de nuestros ecosistemas, la estructura de nuestros pueblos y ciudades, la forma de movernos.

En lo concreto, ha habido una falta absoluta de organización y viene precedida por la falta de aterrizaje de las instituciones en cada calle y en cada casa. La política local debe centrarse en las realidades más concretas para dar respuesta desde lo colectivo a esas necesidades. A nivel educacional no había otra urgencia que dar respuesta a los cientos de niños, niñas y adolescentes sin centro educativo. Un mes después, la respuesta es solo parcial. Es evidente que el contexto no tiene precedentes cercanos de una catástrofe similar. Pero ya deberíamos haber sido capaces de movilizar una respuesta más centrada en la crudeza de cada familia y realidad que en las grandes cifras.

¿Qué aprendizajes cree que habría que sacar de lo vivido?

El aprendizaje debe partir de aceptar la gravedad del cambio climático. Que quienes llevan décadas alertando de los efectos del cambio climático son, además, quienes tienen la capacidad de modelizar otros escenarios que minimicen los peores efectos. Nuestra vulnerabilidad se ha visto una vez más expuesta y debe servirnos para tomar consideración de cómo esa vulnerabilidad se maximiza actuando de forma individual, mientras que en colectividad somos capaces de sostenerla y protegerla.

En el camino hacia una transición ecológica y social más justa debe hacerse un ajuste inmediato de los indicadores que miden la eficacia de las políticas públicas. El cambio climático, la resiliencia de nuestras ciudades y pueblos y las condiciones de vida de cada persona deben situarse como primeros índices a medir en la implantación de cada política pública.

Los aprendizajes deben trasladarse a la configuración de nuestras ciudades, a la protección de nuestros ecosistemas como absoluta prioridad, a pensar los efectos en cadena del modelo centrado en un consumo ilimitado, en las desigualdades locales y continentales que genera ese modelo y en nuestra enorme dependencia como especie y como individuos de los ecosistemas y del resto de personas. El contexto de decrecimiento, es decir, la necesidad de consumir menos recursos a nivel global, plantea un nuevo escenario. El problema de entenderlo bajo el prisma de la distopía es que aquello que miramos ahora nos impide pensar futuros mucho mejores. Por eso la recuperación es una urgencia. Porque el contexto de decrecimiento global debe ser, además, justo. Y en ese reparto equitativo y justo de los recursos debemos ser perfectamente capaces de imaginar vidas mejores. Donde nuestras condiciones de vida estén garantizadas y tengamos la capacidad de decidir sobre nuestro tiempo.

 El contexto de decrecimiento global debe ser justo

Hay un punto de aprendizaje que nos debe servir para llevarlo a otras situaciones: la capacidad de movilizar recursos económicos en escenarios de crisis hace décadas que dejó de ser un problema. Lo hemos visto en otras situaciones similares o en los rescates bancarios. Siendo así debemos exigir ese mismo nivel de respuesta para afrontar la transición ecosocial. El dinero no debe ser un problema.

No parece que quienes gobiernan estén entendiendo la gravedad del escenario. Pero seguiré siempre pensando que la política tiene como fin encontrarse con las necesidades sociales para dar respuesta permanente a ellas, con el marco de nuestros ecosistemas como límite en el que todo sucede y, por supuesto, con los ingredientes de justicia y derechos que no pueden abandonarse. Puede que el plano institucional nos esté dando la espalda. Pero no se nos puede olvidar que está en nuestra mano darle la vuelta."

(Entrevista a Samuel Romero,  Yayo Herrero, CTXT, 05/12/24)

5.12.24

Ruzafa, todo un barrio contra el barro... ¿Qué necesitas? Todos se mueven con algo en la mano. ¿A qué pueblo vais hoy a limpiar, qué más podemos cargar para los afectados? Las furgonetas y coches cargan y descargan... En el taller de Jesús y Amparo se recoge y embala: comida, productos de limpieza e higiene, herramientas. Todo se clasifica. Al detalle... Material de todo tipo. Lo trae el barrio. Fotografían el cartel de necesidades y vuelven con algo... A limpiar, recoger material, cocinar y enviar todo lo disponible. Todo lo demás son opiniones... Una red de apoyo tejida con una única norma: “no aceptamos ni un euro”... Hay que ir. Ese empeño explica que desde la primera semana lleguen, día tras día tras día, hasta dos mil raciones de comida caliente y bocadillos a las localidades más afectadas. Cuando era casi imposible circular o caminar... nadie ha visto un pasillo así. A lo largo del “pasillo de enfermería” con una anchura de menos de dos metros se extiende, clasificado de forma clara y minuciosa el material más necesario para el trabajo y protección de voluntarios. Desde la puerta hay azadas, palas, rastrillos, todo tipo de escobas, palos y herramientas para limpiar. Guantes y mascarillas de toda condición. Botas clasificadas por talla, calzado y trajes de trabajo, gafas protectoras, EPIS, linternas y pilas, botiquines familiares, mesas de etiquetado, control de acceso y zona de medicamentos… El mando en plaza de las voluntarias Lola, Paca y Carmen, junto a muchas más

 "No es grande la acera de la que les voy a hablar. Cuatro locales en apenas 29 pasos, puertas y un trajín de personas voluntarias que van y vienen. El día es largo y con muchas cajas. Las dos primeras persianas arriba, sin mucho ruido. Aún no son las 8 de la mañana. El taller mecánico, de cierre por jubilación a abierto por solidaridad. El largo pasillo que une el restaurante La Cantina con el local de los comunistas de UCE se asoma también a esa acera de 29 pasos.

Las primeras cajas con material y carros de supermercado, orillados a los árboles de la calle. A la espera, junto a los palés y carteles de “qué necesitamos hoy”. En varios colores, como los envíos marcados que llenan una pequeña pizarra. Ayer 15 puntos con ayuda distribuida en localidades afectadas por la DANA. Mañana serán 25 envíos. Van 4 semanas: cada día más manos, nuevas manos, mejoran el trabajo. Crecen las ojeras, la complicidad y las ganas. Sólo verás sonrisas. Nadie llega aquí por equivocación. Pisas la calle Literato Azorín, estás en el Centro de Voluntarios La Cantina.

¿Qué hace falta hoy?

En dos horas, la terraza de bar más transitada y rodeada del barrio ya ha visto desfilar vecinas y grupos de voluntarios sin parar. ¿Qué necesitas? Todos se mueven con algo en la mano. ¿A qué pueblo vais hoy a limpiar, qué más podemos cargar para los afectados? Las furgonetas y coches cargan y descargan. A las 10 abre el Ubik, sus ventanales escoltados por pilas de cajas dejan ver la librería. En sus mesas, se mezclará el café y los descansos con reuniones de voluntarios. De Valencia, de toda España de varios países, como el famoso trío de socorristas italianos llegado desde Verona. Todo junto, en las coordenadas de 29 pasos.

En el taller de Jesús y Amparo se recoge y embala: comida, productos de limpieza e higiene, herramientas. Todo se clasifica. Al detalle, se aseguran uno a uno los tapones de la lejía y se cambia de turno sin dejar de mover cajas. Material de todo tipo. Lo trae el barrio. Fotografían el cartel de necesidades y vuelven con algo. Compran y donan abuelas, familias con niños, mucha juventud, estudiantes extranjeros, turistas de todo el mundo y vecinos de toda la vida. A goteo, de la mañana a la tarde. Todo entra para salir, para llegar a las zonas afectadas. Como si el barrio funcionase con un combustible secreto. Todos conocen la consigna: la gente es lo primero.

Puentes al otro lado del río

Toda Valencia tiene alguien al otro lado del río. Ruzafa es uno de los barrios más próximos a la zona cero y al famoso “puente de la solidaridad”. Por el Centro de Voluntarios La Cantina han pasado más de 2.000 personas distintas en la primera quincena. Es un barrio popular, de gente trabajadora que se ha volcado en ayudar desde el día uno a toda la Horta Sur. A limpiar, recoger material, cocinar y enviar todo lo disponible. Todo lo demás son opiniones. Cada tarde, a las 20hs, hay reunión abierta con propuestas y resumen diario que se comparte en un chat con más de 700 voluntarios en activo.

Día número 27. Centros de fisioterapia y veterinarias, bares e inmobiliarias, estudios, escuelas de danza, las fallas, restaurantes en pleno. Han cedido espacios, tiempo y esfuerzo. Una red de apoyo tejida con una única norma: “no aceptamos ni un euro”. Es el último domingo de noviembre y hay un Horno-panadería junto al centro de voluntarios. Allí puedes pagar una barra para enviar al día siguiente a la zona cero. En su estreno llegaron 165 barras. Dicen que no sólo de pan vive el hombre. Y es verdad. Hay que amasar la solidaridad con brío, con las manos, hombro con hombro, con fuerza, con cansancio, contra el olvido.

Fogones contra el lodo

Hay que ir. Ese empeño explica que desde la primera semana lleguen, día tras día tras día, hasta dos mil raciones de comida caliente y bocadillos a las localidades más afectadas. Cuando era casi imposible circular o caminar en los pueblos, en el primer paisaje de guerra y jornadas de limpieza. Con carreteras cortadas o anegadas de barro y maquinaria, entre riadas de voluntarios. Que la gente afectada y los voluntarios coman caliente. Cada día, coche a coche, pueblo a pueblo, entre rotondas y muchos atascos. Tres en cada coche. Nadie va sólo. Volante y al menos un copiloto. Hay que parar, bajarse y hablar. Uniformes de todos los colores en la entrada al pueblo, rostros de puro nervio y esfuerzo. Gritos: sigan no paren, no se puede entrar. ¡Llevamos comida caliente! Carteles en los cristales del coche identificando la “Ayuda humanitaria”. Las raciones entre el maletero y los asientos. Y la comida llega, un día y otro. En una ocasión cargada en brazos, con más voluntarios porque de la rotonda no pasas. Otro de los mediodías con la policía abriéndote camino, y entonces es la anécdota más celebrada del día.

Cocina de retaguardia

La comida no cae del cielo. A primera vista, esa pegatina de color en la frente parece un guiño espiritual. Pero no, las tropas de cocina organizan por colores sus secciones: punto azul o verde para profesionales de cocina y experiencia en hostelería, el amarillo para manipuladores de alimentos… Se han juntado en varios locales de restauración de Ruzafa y no paran. Un ritmo frenético de labores y encargos que se distinguen de un vistazo para optimizar el espacio de trabajo.

Muchos apuran sus horas libres antes de abrir el negocio, o son voluntarios de cocina, otros han cerrado para dar un empujón a la ayuda y aguantan semanas enteras. Sin todas esas manos sería imposible. Del fondo del pasillo a la calle, se mueven los carros y van saliendo a voces. ¡Los bocadillos de La Torre, la raciones de Paiporta! Así hacia 11 localidades. De la cuchara de palo en cocina, hasta las manos que cargan su pala contra el barro.

Cómo vaya yo y lo encuentre…

Nunca, nadie ha visto un pasillo así. A lo largo del “pasillo de enfermería” con una anchura de menos de dos metros se extiende, clasificado de forma clara y minuciosa el material más necesario para el trabajo y protección de voluntarios. Desde la puerta hay azadas, palas, rastrillos, todo tipo de escobas, palos y herramientas para limpiar. Guantes y mascarillas de toda condición. Botas clasificadas por talla, calzado y trajes de trabajo, gafas protectoras, EPIS, linternas y pilas, botiquines familiares, mesas de etiquetado, control de acceso y zona de medicamentos… El mando en plaza de las voluntarias Lola, Paca y Carmen, junto a muchas más.

Es la milla de oro del voluntariado, el pasillo que ha servido a cientos de voluntarios para equiparse antes de ir al barro y del que se han surtido muchas familias afectadas. Ordenado con esmero para librar el paso permanente hacia la zona de comida y cocina, la salida de raciones o material, el almacén improvisado de limpiadoras de agua a presión y bombas de achique en préstamo, o para seguir actualizando el inventario de material. Un pasillo plagado de orden, la arteria principal junto a la acera de los 29 pasos. Mil veces transitado y mil veces más ordenado para ayudar en 14 pueblos distintos..

La flota estelar

Difícil de explicar, cómo consigue un grupo de voluntarios enviar casi 500 furgonetas desde su barrio. A rebosar de material o comida, hasta 27 localidades durante 3 semanas continuadas. Añadan los 5 trailers de ayuda recibidos, descargarlos y distribuir el contenido. Llenando y vaciando locales, pasillos, talleres… A base de kilómetros, listados de carga y un sinfín de brazos con cajas, llamadas, mensajes y ubicaciones de descarga. Faltos de medios, sobrados de solidaridad y atrevimiento. Con 50 furgonetas a turnos y 21 coches.

El fin de semana llega el pico de envíos conseguidos. Hace una semana fueron 31 viajes de furgoneta el sábado y 12 más la mañana del domingo. Tan fácil de explicar como admirable: al volante van “currelas” que pasan la semana trabajando al volante, autónomos o por cuenta ajena, y el fin de semana echan el resto como voluntarios. Como siempre, se entrega en puntos de distribución contactados previamente. En ellos, el vecindario afectado organiza la distribución directa. A pie de calle y desde el primer día.

El sábado de la cuarta semana, se concentran por la mañana la mayoría de vehículos: desde Ruzafa al polígono de Bétera, una nave repleta de palés con mucha comida y más material. La primera furgoneta llega a las 10:30 a cargar. Las última salen antes de las dos del mediodía, han acabado su turno repartiendo prensa y llevan despiertos desde las 3 de la mañana. En un total de 17 viajes, varias van y vienen, descargan y vuelven a repetir. Como un reloj de precisión. Varias siguen a la tarde. Como siempre, la gente lo mejor.

«No quiero / que mis muertos descansen en paz / tienen la obligación / de estar presentes», Stella Díaz Varín."

(

26.8.24

El lunes a las 5 de la mañana, el rápido calentamiento del océano hizo que un multimillonario, su familia y sus colegas pagaran un repentino y trágico precio por los extravagantes hábitos de emisión de carbono de la humanidad y por las emisiones de lujo de los ultrarricos... Esta tragedia -a diferencia de los ahogamientos casi diarios de los solicitantes de asilo del mundo- se ha apoderado de los medios de comunicación mundiales... Se supone que los ricos, a diferencia de los solicitantes de asilo desesperados, están protegidos de tales sucesos extraños. Al igual que los ricos estaban aislados del COVID, también pueden y deben estarlo del colapso climático... las obsesiones de los multimillonarios es la seguridad... Para ellos, el futuro de la tecnología consiste en una sola cosa: escapar... Los gobiernos deben actuar. En lugar de servir de «perritos falderos de la clase multimillonaria»... solo los gobiernos tienen la capacidad financiera -y el propósito social- para emprender esta gran transformación. En 2009, los banqueros centrales de todo el mundo coordinaron sus acciones para estabilizar la economía mundial y evitar otra gran depresión. No alegaron impotencia. En marzo de 2020, mientras el capitalismo literalmente implosionaba, los banqueros centrales encontraron el dinero para rescatar tanto a Wall St. como a la City de Londres y al sistema bancario en la sombra -y financiar la respuesta COVID. No fingieron estar indefensos... Hoy prefieren quedarse de brazos cruzados, lloriqueando por su impotencia económica y viendo cómo políticos insensatos y jueces estúpidos encarcelan, prohíben y reprimen a gritos a los visionarios, a los realistas, a los mensajeros de Just Stop Oil. La crisis climática no perdonará a nadie, ni siquiera a los multimillonarios (Ann Pettifor)

 "El lunes a las 5 de la mañana, el rápido calentamiento del océano hizo que un multimillonario, su familia y sus colegas pagaran un repentino y trágico precio por los extravagantes hábitos de emisión de carbono de la humanidad y por las emisiones de lujo de los ultrarricos.

Esta tragedia -a diferencia de los ahogamientos casi diarios de los solicitantes de asilo del mundo- se ha apoderado de los medios de comunicación mundiales. La BBC se centró en la historia de Bayes durante la mayor parte del martes 20 de agosto, informando en directo de los esfuerzos de rescate. El repentino ahogamiento de un magnate multimillonario de la tecnología, Mike Lynch, de su hija de 18 años, de su colega Jonathan Bloomer, presidente del grupo asegurador Hiscox, pero también de Morgan Stanley International, y del abogado Christopher Morvillo, del bufete de abogados Clifford Chance, no estaba destinado, al parecer, a suceder.

Se supone que los ricos, a diferencia de los solicitantes de asilo desesperados, están protegidos de tales sucesos extraños. Al igual que los ricos estaban aislados del COVID, también pueden y deben estarlo del colapso climático.

El coste del carbono de los superyates

Sólo el 1% de la población mundial fue responsable de casi una cuarta parte del crecimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero entre 1990 y 2019, según Carbon Brief. Esas emisiones que ahora están acelerando el calentamiento global - y precipitando fenómenos meteorológicos extremos como el mini-tornado que azotó Sicilia la madrugada del lunes.

 Según Oxfam, los superyates de Bezos, Abramovich, los ex magnates de Google Page y Eric Schmidt y Bernard Arnault, el magnate francés que dirige un imperio de joyería y moda, dejan una huella de carbono muy superior incluso a la de los jets privados de los multimillonarios. Aunque el Bayesian era un superyate de vela, llevaba tanques de combustible de 57.000 litros que le daban una autonomía de hasta 3.600 millas náuticas. Los superyates en espera permanente generan cada uno unas 7.000 toneladas de CO2 al año.

    «Las emisiones de los superyates están muy por encima de cualquier otra cosa», afirma Wilk. «Tienen que tener tripulación y un mantenimiento constante, incluso cuando están atracados. Luego están los helicópteros a bordo, las motos acuáticas, los artículos de lujo que consumen mucha energía, como piscinas, jacuzzis, submarinos privados y embarcaciones auxiliares, todo lo cual requiere energía, el aire acondicionado, los sofisticados aparatos electrónicos. Es como tener un hotel funcionando en el agua todo el tiempo».

Lo que hace que la trágica muerte de Mike Lynch y sus colegas sea notable e inusual es lo siguiente: el precio del calentamiento global cada vez más acelerado no ha afectado -hasta ahora- a los ultrarricos. Por el contrario, lo pagan en gran medida los pobres del planeta. Los devastadores fenómenos meteorológicos extremos de 2023 y 2024 han azotado a millones de personas en todo el mundo con inundaciones, sequías y olas de calor, y se han cobrado la vida de más de 1.300 peregrinos en La Meca este mes de junio.

 Pero este tipo de tragedias no suelen afectar al 1% que se encuentra al otro lado de la línea divisoria del carbono. Muy conscientes de la amenaza de los puntos de inflexión planetarios, los ricos y poderosos multimillonarios del mundo llevan mucho tiempo tomando medidas para protegerse del colapso climático y de la civilización.

La supervivencia de los más ricos

Douglas Rushkoff relató las obsesiones de los multimillonarios por la seguridad en su libro «La supervivencia de los más ricos». Contratado por un pequeño grupo de cinco superricos -sí, todos hombres- de las altas esferas del mundo de los fondos de cobertura, le encargaron que les asesorara sobre cómo sobrevivir al inevitable colapso o, como ellos lo llaman, al «Evento»:

    No les interesaba saber cómo evitar una calamidad; están convencidos de que hemos llegado demasiado lejos. A pesar de toda su riqueza y poder, no creen que puedan influir en el futuro. Se limitan a aceptar el más oscuro de todos los escenarios y a aportar todo el dinero y la tecnología que puedan emplear para aislarse, sobre todo si no consiguen un asiento en el cohete a Marte.

    Siguiendo el ejemplo de Elon Musk colonizando Marte, Peter Thiel invirtiendo el proceso de envejecimiento, o Sam Altman y Ray Kurzweil cargando sus mentes en superordenadores, se estaban preparando para un futuro digital que tenía mucho menos que ver con hacer del mundo un lugar mejor que con trascender la condición humana por completo y aislarse de un peligro muy real y presente de cambio climático, aumento del nivel del mar, migraciones masivas, pandemias globales, pánico nativista y agotamiento de los recursos.

    Para ellos, el futuro de la tecnología consiste en una sola cosa: escapar.

¿Se rinden los océanos ante la humanidad?

Según el profesor Johan Rockström, del Centro de Resiliencia de Estocolmo, hasta hace poco el océano absorbía obedientemente el 90% del calor causado por el cambio climático inducido por el hombre. A medida que los científicos observan el rápido aumento de las temperaturas oceánicas, se ven obligados a preguntarse si los mares están empezando a perder su capacidad de recuperación... con el riesgo de devolver calor a la atmósfera; amplificando, no amortiguando, el calentamiento, en un proceso que denominan «la gran aceleración».

Los científicos aún no saben si los mares han llegado a un punto de inflexión. Pero de una cosa están seguros: el océano está dando la voz de alarma.

No sólo el océano parece encontrarse en un punto de inflexión. Hay otros: Las últimas pruebas científicas demuestran, dice el profesor Rockström, que parte de la selva amazónica, el bioma terrestre más rico del planeta Tierra, ya se ha volcado y ha dejado de ser un sumidero de carbono.

    Hoy es una fuente de carbono: ..... que ya no nos ayuda.

¿Qué hay que hacer?

Los gobiernos deben actuar. En lugar de servir de «perritos falderos de la clase multimillonaria» (por citar al presidente Shawn Fain de la UAW) los políticos británicos, europeos y estadounidenses deben comprender la magnitud de la amenaza y, conscientes de su culpabilidad en esta crisis, utilizar su poder, y las finanzas del Estado, para una transformación rápida y urgente. No puede dejarse en manos de la codicia de Elon Musk y Bill Gates. Y no puede dejarse en manos de usted y de mí. Porque solo los gobiernos tienen la capacidad financiera -y el propósito social- para emprender esta gran transformación.

En 2009, los banqueros centrales de todo el mundo coordinaron sus acciones para estabilizar la economía mundial y evitar otra gran depresión.

No alegaron impotencia.

En marzo de 2020, mientras el capitalismo literalmente implosionaba, los banqueros centrales encontraron el dinero para rescatar tanto a Wall St. como a la City de Londres y al sistema bancario en la sombra -y financiar la respuesta COVID.

No fingieron estar indefensos.

Tanto en 2009 como en 2020 no se oyó a ningún político o tecnócrata quejarse de que «no hay dinero» y preocuparse por las «reglas fiscales» y la «independencia del banco central».

Hoy prefieren quedarse de brazos cruzados, lloriqueando por su impotencia económica y viendo cómo políticos insensatos y jueces estúpidos encarcelan, prohíben y reprimen a gritos a los visionarios, a los realistas, a los mensajeros de Just Stop Oil.

La crisis climática no perdonará a nadie, ni siquiera a los multimillonarios.

Roger Hallam, Daniel Shaw, Louise Lancaster, Lucia Whittaker De Abreu y Cressida Gethin cumplen actualmente condenas de cinco y cuatro años por desobediencia civil no violenta. Puedes apoyarles aquí y aquí."

(Ann Pettifor and maz , blog, 22/08/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)

29.2.24

Déjenme que les recuerde que, mientras que algunos trazaban su plan corrupto (hermano de Ayuso, amigos de Almeida, los Koldos de Ábalos), otros se pusieron a diseñar un plan para poder fabricar mascarillas y respiradores. Se trató de los sindicalistas de la industria del automóvil, de trabajadoras del textil. Un ejemplo de ingenio y solidaridad, pero sobre todo de conciencia de clase, de ayudar a los tuyos cuando más falta hacía, de servir de muleta a unos servicios públicos debilitados por la peste del austericidio. A estas alturas no sé si valdrá de algo darles las gracias. Lo que sí sé es que merece la pena que no lo olvidemos... Aquello sí ocurrió (Daniel Bernabé)

 "Pasamos página rápido, seguramente era lo que cabía esperar. Cuando un suceso nos golpea en lo más profundo, en esa íntima sensación de seguridad, fingimos creer que no fue tan grave, incluso que no sucedió. Se escribieron algunos libros, se redactaron algunas crónicas, el primer año incluso hubo algún acto de conmemoración. La actualidad valió como cepillo con el que borrar el recuerdo, impidiendo que echara raíces de las que hubieran brotado las hojas de la reflexión. Alguna elección autonómica, donde se esgrimió la libertad como eufemismo de lo egoísta, valió para dar por amortizado todo aquello.

Pero todo aquello sí ocurrió. Hubo más de 125.000 víctimas, 30.000 de ellas las primeras semanas. Decidimos vivir de espaldas a la pandemia de coronavirus como esos animales que ocultando su cabeza creen que el peligro desaparece. Vivir negando uno de los acontecimientos más definitorios de nuestras vidas sólo valdrá para estrellarse, una y otra vez, contra los mismos problemas que desencadenaron la catástrofe: de los virus no es responsable nadie, de la forma de enfrentarnos a lo inesperado, sí.

Sin embargo, unos pocos aún alzan la voz. Por ejemplo aquellos que no se conforman con lo que sucedió en las residencias de la Comunidad de Madrid, donde su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, dictó unos protocolos para no trasladar a los enfermos a los hospitales, dejando sin medicalizar los geriátricos, lo que provocó una mortandad de más de siete mil personas. Aquellos criterios de exclusión tuvieron en cuenta, eso sí, la renta, ya que quien tenía seguro privado sí fue derivado a los hospitales de pago. Por más que Ayuso mienta, por más que gane elecciones con mayoría absoluta, aquello sí ocurrió.  

En lo peor de la pandemia, cuando los muertos no cabían en los tanatorios, se decidió agilizar las contrataciones públicas para adquirir material sanitario. El caso de corrupción protagonizado por Koldo García, en la época en que era asesor del entonces ministro de Fomento, José Luis Ábalos, estalló la semana pasada pero procede justo de esas fechas, hace ahora casi cuatro años. Según apuntan las investigaciones, una trama de unas veinte personas aprovechó la posición de García para firmar contratos con diferentes administraciones públicas y obtener de ellos cuantiosas mordidas que blanquearon mediante empresas pantalla.

La situación no es precisamente nueva, por mucho que la derecha esté celebrando con fuegos artificiales este duro golpe para el Gobierno. Bien lo sabe Feijóo, que si está sentado donde está sentado es gracias a que Pablo Casado fue depuesto al cuestionarse si “cuando morían 700 personas al día se puede contratar con tu hermana y recibir 286.000 euros”. También, por ejemplo, Martínez Almeida, a quien dos vivos le saquearon el Ayuntamiento presumiendo de las buenas relaciones que uno de ellos tenía con él. Ni la hermana, la señora Ayuso, ni el alcalde de Madrid dimitieron de su cargo, ni su partido les pidió explicaciones por ello.

La cuestión es que, por vivir de espaldas a todo aquello, no formulamos las preguntas correctas. La primera es por qué España, ni prácticamente ningún país europeo, tuvo capacidad industrial para afrontar la fabricación propia de material sanitario. La segunda es por qué las cadenas comerciales del mercado internacional se derrumbaron como un castillo de naipes cuando más falta hacían. La tercera es por qué se tuvo que depender de empresas de importación privadas, comisionistas y facilitadores de todo pelaje, en vez de contar con una administración fuerte que pudiera haber hecho frente a aquellas operaciones. La respuesta es sólo una: el caótico y ruinoso capitalismo neoliberal del siglo XXI.

Y esto, conocer el sistema socioeconómico por el que nos regimos, sus terribles contradicciones, nos vale para afirmar que todo aquello sí ocurrió, pero además explicar la manera precisa en que sucedió, al menos bastante más que apelar a las flaquezas de la condición humana. La corrupción, como fenómeno de raigambre económica, nunca flota en el vacío. La ética, la barrera que nos impide tomar malas decisiones, cae. Pero para que ese derrumbe tenga consecuencias hacen falta unas estructuras que permitan el flujo indecente del dinero.

Todo es posible cuando ambas situaciones se concatenan. Miren si no a los señores del PP que estos días andan dando lecciones de limpieza. Hace ahora diez años descubrimos cómo habían utilizado el Instituto Miguel Ángel Blanco para falsear facturas de la Gürtel. Hace falta tener el corazón muy negro para aprovecharte del nombre de tu faro moral, aquel joven víctima del terrorismo, con la intención de blanquear dinero. Hace falta también haber instituido a tu partido como centro de una trama que aprovechaba el descontrol del ladrillazo para financiarse ilegalmente. Bien está recordar, mejor entender.

Todo aquello sucedió y a algunos les valió para dar rienda suelta a su cinismo, que a menudo no es más que el refugio del hipócrita. Les reconocerán porque son aquellos que ríen irónicamente de aquel pensamiento que afirmaba que íbamos a mejorar tras la pandemia. Si no lo hicimos, si aquel 2020 no fue nuestro espíritu de 1945, se debe a que todo lo que sí se avanzó se está sepultando bajo cuatro toneladas de tierra para que nadie pueda sacar conclusiones justas y acertadas de aquella situación.

Déjenme que les recuerde que, mientras que algunos trazaban su plan corrupto, otros se pusieron a diseñar un plan para poder fabricar mascarillas y respiradores. Se trató de los sindicalistas de la industria del automóvil. Aquello fue un ejemplo de ingenio, creatividad y solidaridad, pero sobre todo de conciencia de clase, de ayudar a los tuyos cuando más falta hacía, de servir de muleta a unos servicios públicos debilitados por la peste del austericidio. A estas alturas no sé si valdrá de algo darles las gracias. Lo que sí sé es que merece la pena que no lo olvidemos, porque aquello también ocurrió."             (Daniel Bernabé , InfoLibre, 27/02/24)

18.9.23

Por qué los medios de comunicación no están contando toda la historia de las inundaciones de Libia... Hay razones para la respuesta "caótica" y "disfuncional" de Libia a la catástrofe... la magnitud de la catástrofe no puede atribuirse simplemente al cambio climático. Aunque los medios de comunicación lo ocultan, las acciones de Gran Bretaña hace 12 años -cuando pregonaba su preocupación humanitaria por Libia- están íntimamente ligadas al sufrimiento actual de Derna... Libia es un Estado fallido. Pero la BBC y los medios occidentales han evitado mencionar el porqué... Libia tenía un gobierno central fuerte y competente, aunque muy represivo, bajo el dictador Muamar Gadafi. Los ingresos del petróleo se utilizaban para proporcionar educación y sanidad públicas y gratuitas... Todo eso cambió en 2011, cuando Occidente fabricó un pretexto para inmiscuirse directamente en Libia. Afirmaron que Gadafi estaba preparando una masacre de civiles en el bastión rebelde de Bengasi. La escabrosa historia sugería incluso que Gadafi estaba armando a las tropas con Viagra para animarlas a cometer violaciones masivas... Al igual que en el caso de las armas de destrucción masiva de Irak, las afirmaciones carecían totalmente de fundamento, como concluyó cinco años después, un informe de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento británico... en el momento en que Gadafi fue asesinado, Occidente abandonó de inmediato a Libia a su consiguiente guerra civil, lo que el presidente Obama calificó coloridamente de "espectáculo de mierda", y los medios de comunicación que tanto habían insistido en los objetivos humanitarios de la "intervención" perdieron todo interés en los acontecimientos posteriores a Gadafi. Libia pronto fue invadida por los señores de la guerra, convirtiéndose en un país en el que, como advirtieron los grupos de derechos humanos, volvían a florecer los mercados de esclavos... Nadie quiere explicar por qué Libia está tan mal preparada para hacer frente al desastre, por qué el país está tan fracturado y es tan caótico... La afirmación de que Washington o Gran Bretaña se preocupaban por el bienestar de los libios de a pie queda desmentida por una década de indiferencia ante su difícil situación, que culmina con el actual sufrimiento en Derna (Jonathan Cook)

 "Miles de personas han muerto o desaparecido en el puerto de Derna tras la rotura esta semana de dos presas que protegían la ciudad, azotadas por la tormenta Daniel. Vastas franjas de viviendas de la región, incluidas las de Bengasi, al oeste de Derna, están en ruinas.

La tormenta se considera una prueba más de la creciente crisis climática, que cambia rápidamente los patrones meteorológicos en todo el mundo y hace más probables desastres como las inundaciones de Derna.

Pero la magnitud de la catástrofe no puede atribuirse simplemente al cambio climático. Aunque los medios de comunicación lo ocultan cuidadosamente, las acciones de Gran Bretaña hace 12 años -cuando pregonaba su preocupación humanitaria por Libia- están íntimamente ligadas al sufrimiento actual de Derna.

Los observadores señalan correctamente que las presas que no funcionan y los esfuerzos de socorro vacilantes son el resultado de un vacío de poder en Libia. No existe una autoridad central capaz de gobernar el país.

Pero hay razones por las que Libia está tan mal equipada para hacer frente a una catástrofe. Y Occidente está profundamente implicado.

Evitar mencionar esas razones, como está haciendo la cobertura occidental, deja al público con una impresión falsa y peligrosa: que algo que falta en los libios, o quizá en los árabes y africanos, les hace intrínsecamente incapaces de gestionar adecuadamente sus propios asuntos.

Política disfuncional

 Libia es un auténtico caos, invadida por milicias enemistadas, con dos gobiernos rivales que se disputan el poder en medio de un clima general de anarquía. Incluso antes de esta última catástrofe, los gobernantes rivales del país luchaban por hacer frente a la gestión cotidiana de la vida de sus ciudadanos.

O, como observó Frank Gardner, corresponsal de seguridad de la BBC, la crisis se ha visto "agravada por la disfuncional política libia, un país tan rico en recursos naturales y, sin embargo, tan desesperadamente carente de la seguridad y la estabilidad que su pueblo ansía".

Por su parte, Quentin Sommerville, corresponsal de la corporación en Oriente Medio, opinó que "hay muchos países que podrían haber gestionado inundaciones de esta magnitud, pero no uno tan convulso como Libia. Ha tenido una década larga y dolorosa: guerras civiles, conflictos locales, y la propia Derna fue tomada por el grupo Estado Islámico; la ciudad fue bombardeada para sacarlos de allí".

Según Sommerville, los expertos habían advertido previamente que las presas estaban en mal estado, y añadió: "En medio del caos de Libia, esas advertencias no fueron escuchadas".

"Disfunción", "caos", "problemático", "inestable", "fracturado". La BBC y el resto de los medios del establishment británico han estado disparando estos términos como balas de ametralladora.

Libia es lo que a los analistas les gusta llamar un Estado fallido. Pero lo que la BBC y el resto de los medios occidentales han evitado cuidadosamente mencionar es el porqué.

Cambio de régimen

 Hace más de una década, Libia tenía un gobierno central fuerte y competente, aunque muy represivo, bajo el dictador Muamar Gadafi. Los ingresos del petróleo se utilizaban para proporcionar educación y sanidad públicas y gratuitas. Como resultado, Libia tenía una de las tasas de alfabetización y de renta per cápita media más altas de África.

Todo eso cambió en 2011, cuando la OTAN trató de explotar el principio de "responsabilidad de proteger", o R2P para abreviar, para justificar la realización de lo que equivalía a una operación ilegal de cambio de régimen a costa de una insurgencia.

La supuesta "intervención humanitaria" en Libia era una versión más sofisticada de la igualmente ilegal invasión de Irak por parte de Occidente, ocho años antes.

Entonces, Estados Unidos y Gran Bretaña lanzaron una guerra de agresión sin autorización de Naciones Unidas, basándose en una historia totalmente falsa de que el líder iraquí, Sadam Husein, poseía arsenales ocultos de armas de destrucción masiva.

En el caso de Libia, por el contrario, Gran Bretaña y Francia, respaldadas por Estados Unidos, tuvieron más éxito a la hora de conseguir una resolución de seguridad de la ONU, con un mandato limitado para proteger a la población civil de la amenaza de ataque e imponer una zona de exclusión aérea.

Armado con la resolución, Occidente fabricó un pretexto para inmiscuirse directamente en Libia. Afirmaron que Gadafi estaba preparando una masacre de civiles en el bastión rebelde de Bengasi. La escabrosa historia sugería incluso que Gadafi estaba armando a las tropas con Viagra para animarlas a cometer violaciones masivas.

Al igual que en el caso de las armas de destrucción masiva de Irak, las afirmaciones carecían totalmente de fundamento, como concluyó cinco años después, en 2016, un informe de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento británico. Su investigación concluyó: "La proposición de que Muamar Gadafi habría ordenado la masacre de civiles en Bengasi no estaba respaldada por las pruebas disponibles".

El informe añadía: "El historial de 40 años de atroces abusos contra los derechos humanos de Gadafi no incluía ataques a gran escala contra civiles libios."
Campañas de bombardeos

Sin embargo, esa no era una opinión que el primer ministro David Cameron o los medios de comunicación compartieran con la opinión pública cuando los diputados británicos votaron a favor de respaldar una guerra contra Libia en marzo de 2011. Sólo 13 legisladores disintieron.

Entre ellos, en particular, estaba Jeremy Corbyn, entonces un diputado que cuatro años más tarde sería elegido líder de la oposición laborista, lo que desencadenó una larga campaña de desprestigio contra él por parte del establishment británico.

Cuando la OTAN lanzó su "intervención humanitaria", la ONU estimaba que el número de muertos en los combates libios no superaba los 2.000. Seis meses más tarde, la cifra se elevaba a más de 1.000. Seis meses después, la cifra se acercaba a los 50.000, con una proporción significativa de civiles.

Alegando su misión de responsabilidad de proteger, la OTAN sobrepasó flagrantemente los términos de la resolución de la ONU, que excluía específicamente "cualquier forma de fuerza de ocupación extranjera". Las tropas occidentales, incluidas las fuerzas especiales británicas, operaron sobre el terreno, coordinando las acciones de las milicias rebeldes opuestas a Gadafi.

Mientras tanto, los aviones de la OTAN llevaban a cabo campañas de bombardeo que a menudo mataban a los mismos civiles que la OTAN decía proteger.

Fue otra operación occidental ilegal de derrocamiento del régimen, que terminó con la filmación de Gadafi siendo masacrado en la calle.
Mercados de esclavos

El ambiente de autocomplacencia entre la clase política y mediática británica, que bruñía las credenciales "humanitarias" de Occidente, era evidente en todos los medios de comunicación.

Un editorial del Observer declaraba: "Una intervención honorable. Un futuro esperanzador". En el Daily Telegraph, David Owen, ex ministro de Asuntos Exteriores británico, escribió: "En Libia hemos demostrado que la intervención aún puede funcionar".

Pero, ¿había funcionado?

Hace dos años, incluso el archineoconservador Atlantic Council, el think-tank de información privilegiada de Washington por excelencia, admitía: "Los libios son más pobres, corren más peligro y sufren tanta o más represión política en algunas partes del país en comparación con el régimen de Gadafi".

Y añadía: "Libia sigue dividida políticamente y en un estado de enconada guerra civil. Las frecuentes interrupciones de la producción de petróleo y la falta de mantenimiento de los campos petrolíferos han costado al país miles de millones de dólares en ingresos perdidos."

La idea de que la OTAN se preocupara realmente por el bienestar de los libios quedó desmentida en el momento en que Gadafi fue asesinado. Occidente abandonó de inmediato a Libia a su consiguiente guerra civil, lo que el presidente Obama calificó coloridamente de "espectáculo de mierda", y los medios de comunicación que tanto habían insistido en los objetivos humanitarios de la "intervención" perdieron todo interés en los acontecimientos posteriores a Gadafi.

Libia pronto fue invadida por los señores de la guerra, convirtiéndose en un país en el que, como advirtieron los grupos de derechos humanos, volvían a florecer los mercados de esclavos.

Como señaló de pasada Sommerville, de la BBC, el vacío dejado en lugares como Derna pronto absorbió a grupos más violentos y extremistas, como los cortadores de cabezas del Estado Islámico.
Aliados poco fiables

Pero paralelamente al vacío de autoridad en Libia que ha expuesto a sus ciudadanos a semejante sufrimiento, se encuentra el notable vacío en el centro de la cobertura mediática occidental de la actual inundación.

Nadie quiere explicar por qué Libia está tan mal preparada para hacer frente al desastre, por qué el país está tan fracturado y es tan caótico.

Al igual que nadie quiere explicar por qué la invasión occidental de Irak por motivos "humanitarios" y la disolución de su ejército y sus fuerzas policiales provocaron más de un millón de iraquíes muertos y millones más de personas sin hogar y desplazadas.

O por qué Occidente se alió con sus antiguos oponentes -los yihadistas del Estado Islámico y Al Qaeda- contra el gobierno sirio, provocando de nuevo millones de desplazados y dividiendo el país.

Siria estaba tan poco preparada como lo está ahora Libia para hacer frente a un gran terremoto que sacudió sus regiones septentrionales, junto con el sur de Turquía, el pasado mes de febrero.

Este patrón se repite porque sirve a un fin útil para un Occidente dirigido desde Washington que busca la completa hegemonía mundial y el control de los recursos, o lo que sus responsables políticos denominan dominio de espectro completo.

El humanitarismo es la tapadera -para mantener dóciles a las opiniones públicas occidentales- con la que Estados Unidos y los aliados de la OTAN persiguen a los dirigentes de los Estados ricos en petróleo de Oriente Próximo y el Norte de África considerados poco fiables o impredecibles, como el libio Gadaffi y el iraquí Sadam Husein.
Un líder caprichoso

La publicación por Wikileaks de cables diplomáticos estadounidenses a finales de 2010 revela una imagen de la voluble relación de Washington con Gadafi, un rasgo que paradójicamente el embajador estadounidense en Trípoli atribuye al líder libio.

Públicamente, los funcionarios estadounidenses se mostraban dispuestos a congraciarse con Gadafi, ofreciéndole una estrecha coordinación en materia de seguridad contra las mismas fuerzas rebeldes a las que pronto ayudarían en su operación de derrocamiento del régimen.

Sin embargo, otros cables revelan preocupaciones más profundas por la obstinación de Gadafi, incluida su ambición de construir unos Estados Unidos de África para controlar los recursos del continente y desarrollar una política exterior independiente.

Libia posee las mayores reservas de petróleo de África. Y quién tiene el control sobre ellas, y se beneficia de ellas, tiene una importancia central para los Estados occidentales.

Los cables de WikiLeaks relataban que empresas petroleras estadounidenses, francesas, españolas y canadienses se vieron obligadas a renegociar contratos en condiciones mucho menos favorables, lo que les costó muchos miles de millones de dólares, mientras que Rusia y China obtuvieron nuevas opciones de exploración petrolífera.

Aún más preocupante para los funcionarios estadounidenses era el precedente que había sentado Gadafi, creando un "nuevo paradigma para Libia que se está reproduciendo en todo el mundo en un número cada vez mayor de países productores de petróleo".

Ese precedente se ha visto decisivamente anulado desde la desaparición de Gadafi. Como informó Declassified, después de esperar su momento, los gigantes petroleros británicos BP y Shell regresaron a los yacimientos petrolíferos de Libia el año pasado.

En 2018, el entonces embajador británico en Libia, Frank Baker, escribió con entusiasmo sobre cómo el Reino Unido estaba "ayudando a crear un entorno más permisible para el comercio y la inversión, y a descubrir oportunidades para que la experiencia británica ayude a la reconstrucción de Libia".

Esto contrasta con las anteriores iniciativas de Gadafi para estrechar los lazos militares y económicos con Rusia y China, incluido el acceso de la flota rusa al puerto de Bengasi. En un cable de 2008, se señala que "expresó su satisfacción por el hecho de que la creciente fuerza de Rusia pueda servir de contrapeso necesario al poder de Estados Unidos".
Someterse o pagar

Fueron estos factores los que inclinaron la balanza en Washington en contra de la continuidad de Gadafi en el poder y animaron a Estados Unidos a aprovechar la oportunidad de derrocarlo apoyando a las fuerzas rebeldes.

La afirmación de que Washington o Gran Bretaña se preocupaban por el bienestar de los libios de a pie queda desmentida por una década de indiferencia ante su difícil situación, que culmina con el actual sufrimiento en Derna.

El enfoque de Occidente respecto a Libia, al igual que con Irak, Siria y Afganistán, ha sido preferir que se hunda en un lodazal de división e inestabilidad a permitir que un líder fuerte actúe de forma desafiante, exija el control de los recursos y establezca alianzas con Estados enemigos, creando un precedente que otros Estados podrían seguir.

Los Estados pequeños se enfrentan a una dura disyuntiva: someterse o pagar un alto precio.

Gadafi fue masacrado en la calle y las sangrientas imágenes dieron la vuelta al mundo. El sufrimiento de los libios de a pie durante la última década, en cambio, ha pasado desapercibido.

Ahora, con el desastre de Derna, su situación es el centro de atención. Pero con la ayuda de medios de comunicación occidentales como la BBC, las razones de su miseria siguen siendo tan turbias como las aguas de la inundación."                 

(Jonathan Cook es el ganador del Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Brave New Europe, 15/09/23; traducción DEEPL)

9.1.23

Michael Roberts: Policrisis y depresión en el siglo XXI... según el último Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU, el mundo es más pesimista que en cualquier otro momento de la historia moderna... los niveles de angustia actuales no tienen precedentes y superan los de la Gran Depresión... lo que coincide con mi propia percepción económica de que las principales economías del mundo entraron en una nueva Larga Depresión, la tercera en la historia del capitalismo moderno... Nos encontramos en una combinación de: una depresión económica; donde los ingresos reales se estancan o incluso caen; la pobreza aumenta junto con la creciente desigualdad; y donde faltan inversiones para impulsar las fuerzas productivas y resolver el desastre medioambiental en el que ahora está sumido el mundo. Y donde, en lugar de una cooperación mundial de los gobiernos para resolver esta "policrisis", tenemos cada vez más conflictos entre naciones, tanto económicos como militares... Seis de cada siete personas en todo el mundo declararon sentirse inseguras en muchos aspectos de su vida. Con consecuencias políticas: muchas naciones estén crujiendo bajo la tensión de la polarización, el extremismo político y la demagogia... Un gran número de personas se sienten frustradas y alejadas de sus sistemas políticos... no es difícil ver cómo la confluencia de la angustia mental, la desigualdad y la inseguridad fomentan un ciclo intergeneracional perjudicial que arrastra el desarrollo humano."... El informe de la ONU es devastador en su examen de la condición humana en el siglo XXI... la razón reside en la realidad de que sólo un porcentaje minúsculo de la humanidad puede elegir; el resto de nosotros no tiene poder para elegir. Es la división de clases capitalista, entre los que poseen y controlan y los que deben trabajar para ellos y obedecer, la causa fundamental de esta policrisis

 "Policrisis" es la palabra de moda entre los izquierdistas en estos momentos.  La palabra expresa la confluencia e imbricación de varias crisis: económica (inflación y recesión), medioambiental (climática y pandémica) y geopolítica (guerra y divisiones internacionales). De hecho, ya planteé una idea similar a principios del año pasado.

Así que no es de extrañar que el último Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU sea tan impactante.  Según el IDH, el mundo es más pesimista que en cualquier otro momento de la historia moderna, desde antes de la Primera Guerra Mundial.

El IDH ha analizado las tendencias lingüísticas en los libros de los últimos 125 años. Revela un fuerte aumento de las expresiones que reflejan "distorsiones cognitivas asociadas a la depresión y otras formas de angustia mental". En las dos últimas décadas ha aumentado el lenguaje que refleja percepciones excesivamente negativas del mundo y su futuro. De hecho, los niveles de angustia actuales no tienen precedentes y superan los de la Gran Depresión y las dos guerras mundiales.

 Lo que también es revelador es que las opiniones negativas sobre el mundo comenzaron a dispararse en torno al cambio de siglo, incluso antes de la Gran Recesión.  Este repunte coincide con mi propia percepción económica de que las principales economías del mundo entraron en lo que yo llamo una nueva Larga Depresión, la tercera en la historia del capitalismo moderno tras la depresión de 1873-95 y la Gran Depresión de la década de 1930.

La intensidad de las opiniones negativas sobre las perspectivas de la humanidad nunca ha sido tan alta, mucho más que en cualquiera de las dos guerras mundiales del siglo XX. 

Nos encontramos en una combinación de: una depresión económica; donde los ingresos reales se estancan o incluso caen; la pobreza aumenta junto con la creciente desigualdad; y donde faltan inversiones para impulsar las fuerzas productivas y resolver el desastre medioambiental en el que ahora está sumido el mundo.  Y donde, en lugar de una cooperación mundial de los gobiernos para resolver esta "policrisis", tenemos cada vez más conflictos entre naciones, tanto económicos como militares.

 Achim Steiner, Administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, presentó el IDH 2022.  Así lo introdujo "Vivimos tiempos inciertos. La pandemia de Covid-19, ahora en su tercer año, sigue generando nuevas variantes. La guerra en Ucrania reverbera por todo el mundo, causando un inmenso sufrimiento humano, incluida una crisis del coste de la vida. Los desastres climáticos y ecológicos amenazan el mundo a diario".

Y prosiguió: "Las capas de incertidumbre se acumulan e interactúan para perturbar nuestras vidas de una manera sin precedentes. La gente ya se ha enfrentado antes a enfermedades, guerras y alteraciones medioambientales. Pero la confluencia de presiones planetarias desestabilizadoras con desigualdades crecientes, transformaciones sociales radicales para aliviar esas presiones y la polarización generalizada presentan fuentes de incertidumbre nuevas, complejas e interactivas para el mundo y todos los que lo habitan".

"La gente de todo el mundo nos dice ahora que se siente cada vez más insegura". Seis de cada siete personas en todo el mundo declararon sentirse inseguras en muchos aspectos de su vida, incluso antes de la pandemia de Covid-19.  Y las consecuencias políticas: "¿No es de extrañar, entonces, que muchas naciones estén crujiendo bajo la tensión de la polarización, el extremismo político y la demagogia, todo ello sobrealimentado por las redes sociales, la inteligencia artificial y otras potentes tecnologías?".

Steiner señaló que "en una sorprendente primicia, el valor del Índice de Desarrollo Humano mundial ha descendido durante dos años seguidos a raíz de la pandemia de Covid-19".

 El descenso del IDH mundial lo sitúa en la época inmediatamente posterior a la adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París.  Así que no hay progreso.  Cada año, algunos países experimentan descensos en sus respectivos valores del IDH. Pero la friolera del 90% de los países vieron caer su valor de IDH en 2020 o 2021, superando con creces el número de países que experimentaron retrocesos tras la crisis financiera mundial. El año pasado se produjo una cierta recuperación a nivel mundial, pero fue parcial y desigual: la mayoría de los países con IDH muy alto registraron mejoras, mientras que la mayoría del resto experimentó descensos continuos.

La pandemia de COVID se cobró al menos 15 millones de "vidas innecesarias", la mayoría en países de renta baja y media.  Pero incluso Estados Unidos vio caer su esperanza de vida al nivel más bajo de los últimos 26 años.  De hecho, ¡la esperanza de vida estadounidense es ahora inferior a la de China!

 Se desarrollaron nuevas vacunas para luchar contra el COVID en un tiempo doblemente rápido, incluidas algunas basadas en tecnología revolucionaria, y se calcula que salvaron 20 millones de vidas en un año.  Pero los más pobres del mundo recibieron el menor apoyo médico debido a un acceso muy desigual a las vacunas "La pandemia ha sido un doloroso recordatorio de cómo las rupturas en la confianza y en la cooperación, entre y dentro de las naciones, limitan tontamente lo que podemos lograr juntos".

La COVID no ha desaparecido, pero los gobiernos y las personas han decidido vivir (y morir) con ella.  Las secuelas persisten e incluso empeoran.  Miles de millones de personas se enfrentan ahora a la mayor crisis del coste de la vida en una generación.  Ya están lidiando con la inseguridad alimentaria, debido en gran medida a las desigualdades de riqueza y poder que determinan los derechos a la alimentación.  Los bloqueos de la cadena de suministro mundial siguen contribuyendo al aumento de la inflación en todos los países a tasas no vistas en décadas.

En cuanto al clima, el IDH nos recuerda que en los últimos años se han registrado más récords de temperaturas, incendios y tormentas en todo el mundo.  El último Informe del Panel Internacional sobre el Cambio Climático es un "código rojo para la humanidad". En esencia, a medida que la ciencia ha avanzado, los modelos climáticos predicen, con mayor precisión que antes, más desastres en el futuro.  Mientras "la crisis climática avanza, junto a otros cambios a nivel planetario provocados por el Antropoceno".  

El colapso de la biodiversidad es uno de ellos. Más de un millón de especies vegetales y animales se enfrentan a la extinción. "Tenemos aún menos idea de cómo vivir en un mundo sin, por ejemplo, abundancia de insectos. Eso no se ha intentado desde hace unos 500 millones de años, cuando aparecieron las primeras plantas terrestres del mundo. No es casualidad. Sin abundancia de insectos polinizadores, nos enfrentamos al alucinante reto de cultivar alimentos y otros productos agrícolas a escala".

 La policrisis está afectando al bienestar mental de la humanidad a través de sucesos traumáticos, enfermedades físicas, ansiedad climática general e inseguridad alimentaria. "Los efectos que esto tiene en los niños en particular son profundos, alterando el desarrollo cerebral y corporal, especialmente en las familias de los escalones sociales más bajos, disminuyendo potencialmente lo que los niños pueden lograr en la vida".  Las desigualdades en el desarrollo humano se perpetúan a través de las generaciones; "no es difícil ver cómo la confluencia de la angustia mental, la desigualdad y la inseguridad fomentan un ciclo intergeneracional igualmente perjudicial que arrastra el desarrollo humano."

Con la depresión económica y el desastre ecológico llegan la incertidumbre, la inseguridad y la polarización política.  Un gran número de personas se sienten frustradas y alejadas de sus sistemas políticos. También aumentan los conflictos armados. Por primera vez, más de 100 millones de personas se ven obligadas a desplazarse, la mayoría de ellas dentro de sus propios países.

¿Qué hacer?  La ONU ofrece su modelo para un futuro más esperanzador: inversión, seguros e innovación: las tres "Is".

Pero la innovación y las nuevas tecnologías, admite la ONU, son un arma de doble filo. "La inteligencia artificial creará y destruirá tareas, causando enormes trastornos. La biología sintética abre nuevas fronteras en la salud y la medicina, al tiempo que plantea cuestiones fundamentales sobre lo que significa ser humano."  En efecto, ¿estas nuevas tecnologías aumentarán la desigualdad, reducirán las posibilidades de empleo o las ampliarán?  He tratado esta cuestión en entradas anteriores.

Luego está la inversión.  El IDH habla de inversión pública, en particular para el medio ambiente.  Pero no dice nada de los intereses creados que se interponen a dicha inversión.  Por último, hay un seguro: más protección de los derechos humanos, acceso a servicios básicos e ingresos mínimos y más responsabilidad democrática.  Ninguno de estos seguros básicos existe para la mayoría de los casi 8.000 millones de habitantes del planeta.

El informe de la ONU es devastador en su examen de la condición humana en el siglo XXI.  Pero no ofrece ninguna explicación convincente de por qué existe una "policrisis".  Achim Steiner nos dice que "el héroe y el villano de la actual historia de incertidumbre son uno en el mismo: la elección humana".  Realmente, si eligiéramos hacer las cosas de otra manera, podríamos.  Entonces, ¿por qué la humanidad no elige un camino diferente?  Pues porque "no todas las elecciones son iguales. Algunas -sin duda las más relevantes para el destino de nuestra especie- están impulsadas por la inercia institucional y cultural, y llevan generaciones gestándose". 

¿Inercia institucional y cultural?  Seguramente, la razón reside en la realidad de que sólo un porcentaje minúsculo de la humanidad puede elegir; el resto de nosotros no tiene poder para elegir (al menos no individualmente).  Es la división de clases con el capitalismo, entre los que poseen y controlan y los que deben trabajar para ellos y obedecer, la causa fundamental de esta policrisis, "generations in the making (generaciones en construcción)"       (Michael Roberts, Brave New europe, 05/01/23; traducción DEEPL)

13.6.22

Almeida contrató limpiar la nieve de Filomena en calles secundarias de barrios ricos antes que en mercados municipales... unas horas después de que acabaran de caer los copos, las máquinas de la empresa pública andaluza Sacyr estaban echando sal y despejando las calzadas de La Moraleja y Alcobendas, y al día siguiente en el barrio de Conde de Orgaz, después en Barajas y en Sanchinarro... prioridades electorales... se llama caciquismo, así que Feijóo no tiene que enseñar nada por los madriles

 "Madrid se despertó el domingo 10 de enero de 2021 con una tremenda resaca blanca. La nevada de dos días (del viernes 8 al sábado 9) que propició el paso de la borrasca Filomena dejó una ciudad con bellas estampas pero también un colapso para la movilidad en superficie, con la mayoría de calzadas y aceras inhabilitadas por el hielo y la nieve.

Desbordado por la magnitud de una nevada histórica, el Ayuntamiento de Madrid recurrió al trabajo de empresas externas para que le ayudaran a desbloquear sus calles y complementaran el trabajo de los servicios ordinarios de limpieza. Contrató a 27 compañías especializadas para despejar las calles y les pagó 864.968,14 € (IVA incluido) para que acudieran a limpiar lo que les señalaran, según la documentación del expediente al que ha tenido acceso este periódico. El objetivo principal era “actuar en todos los accesos a mercados, intercambiadores de transporte, centros EMT, farmacias y colegios”, afirmaba la memoria de la Dirección General de Planificación e Infraestructuras de Movilidad, encargada de la contratación. 

 Sin embargo, los partes de trabajo de las empresas contratadas -a los que ha tenido acceso Somos Madrid- certifican que antes de actuar en algunos de estos lugares limpiaron calles secundarias de algunas zonas de Madrid en las que no había ninguno de los espacios señalados en el objeto del contrato. El mismo domingo 10 de enero, unas horas después de que acabaran de caer los copos, las máquinas de la empresa pública andaluza Sacyr estaban echando sal y despejando las calzadas de La Moraleja, uno de los barrios más exclusivos de la zona norte, dividido entre los municipios de Madrid (parte de El Encinar y el campo de Golf) y Alcobendas. Una labor que al día siguiente repitió la misma compañía en el barrio de Conde de Orgaz (Hortaleza), después en Barajas y el día 13 en Sanchinarro. Sacyr recibió 92.390,89 € por sus trabajos para el Ayuntamiento de Madrid a través de dos de sus divisiones, según el detalle de los contratos.

El lunes 11 de enero, cuando Madrid intentaba ponerse en marcha después del fin de semana, el Ayuntamiento envió máquinas para despejar la entrada a la fundación A la Par, una entidad privada cercana al PP. Allí trabajaron durante todo el día seis empleados de la empresa Gyocivil para despejar sus entradas de hielo y nieve, según los documentos a los que ha tenido acceso este periódico. La misma empresa acudió a limpiar las entradas de varias plazas de abastos municipales, pero dos días más tarde: el miércoles 13 de enero se actuó sobre los mercados de Chamberí, Vallehermoso, Guzmán el Bueno, Argüelles o Pacífico. Las máquinas de Gyocivil no llegaron hasta el viernes a sitios como los mercados de Guindalera, Bami o el de Diego de León. Esta empresa recibió 64.011,44 € municipales por su contrato de diez días de trabajo. 

 Fuentes de algunos de los mercados consultadas por Somos Madrid confirman que los primeros días de apertura después del temporal fueron de caos y que hasta varias jornadas después de la nevada no se logró restablecer la normalidad en el acceso de suministros. La mayoría no tuvieron sus calles aledañas despejadas hasta, por lo menos, el miércoles 13.

Dos días antes de esa fecha, el lunes 11, la Dirección General de Planificación e Infraestructuras de Movilidad, dirigida por Lola Ortiz y que depende del área de Movilidad, ordenaba despejar en la zona de Aravaca dos calles secundarias llenas de chalés (Bellatrix y Alhena), en la exclusiva Colonia de los Diplomáticos. El martes día 12 de enero otra de las empresas contratadas para las limpiezas de nieve, Conacon, se encargó de habilitar la zona de la Ruber, una clínica privada. Los hospitales públicos de La Paz y el Ramón y Cajal no vieron llegar sus máquinas hasta tres días después, el 15 de enero, según los partes de trabajo de la misma compañía.

Los ejemplos de actuaciones en calles poco importantes para la ciudad se suceden en otros distritos esa misma jornada del martes, como las de Alcalde Conde de Mirasol y Aristizábal de Manchón, en Sanchinarro, una zona de urbanizaciones con piscinas donde no se localizan accesos a equipamientos básicos. También estuvieron en vías secundarias como Fuente del Tiro y Fuente de Lima, en el barrio de Aviación Española.

Los días 13 y 14 se trabajó en liberar de nieve y hielo la calle Fresnedillas, una vía secundaria que da acceso a chalets junto a la avenida de Herrera Oria. A partir de esas jornadas las limpiezas se multiplican en toda la ciudad, para llegar al fin de semana con la mayoría de calles despejadas. (...)"                (Diego Casado  , eldiario.es, 12 de junio de 2022)