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19.7.26

La trampa de financiarizar las pensiones... Las políticas europeas y las de los estados europeos individualmente, principalmente Italia, están privatizando los sistemas de pensiones, la sanidad y los servicios esenciales. La privatización significa financiarización. Todo aquello que ya no esté garantizado por el Estado debe estar cubierto por seguros privados, mediante la creación de fondos, pólizas, etc... Para que la financiarización funcione se requiere «mercados» financieros constantemente eufóricos, con rendimientos significativos, capaces de resistir la inflación... Pero, ¿son realmente capaces los mercados actuales de sustituir al estado del bienestar, a pesar de todas sus limitaciones? Existe una burbuja gigantesca construida sobre la inteligencia artificial y la tecnología, que requiere liquidez constante... se está obteniendo liquidez a través del ahorro mundial... pero las guerras en curso provocarán un aumento vertiginoso de los costes energéticos con graves consecuencias inflacionarias que conllevarán tipos de interés y costes de endeudamiento más elevados, lo que dificultará aún más la supervivencia de las empresas de IA, ya que sus beneficios serán inferiores a la deuda que deben pagar... además la crisis de la deuda estadounidense y la pérdida de credibilidad del dólar como moneda segura están eliminando elementos que históricamente se consideraban garantizados... Por lo tanto, depositar las pensiones, la atención médica y la educación en el mercado financiero, es una responsabilidad política por la que las clases dominantes deberían rendir cuentas (Alessandro Volpi)

"Las políticas europeas y las de los estados europeos individualmente, principalmente Italia, están privatizando los sistemas de pensiones, la sanidad y los servicios esenciales.

La privatización significa financiarización. Todo aquello que ya no esté garantizado por el Estado debe estar cubierto por seguros privados, mediante la creación de fondos, pólizas, etc.

Para que la financiarización funcione —además de las enormes desigualdades que genera— requiere «mercados» financieros constantemente eufóricos, con rendimientos significativos, capaces de resistir la inflación y minimizar las crisis.

Pero, ¿son realmente capaces los mercados actuales de sustituir al estado del bienestar, a pesar de todas sus limitaciones?

Para responder a esta pregunta, es necesario tener en cuenta algunos elementos.

1) Existe una burbuja gigantesca construida sobre la inteligencia artificial y la tecnología, que requiere liquidez constante y una enorme cantidad de energía. Se está obteniendo liquidez a través del ahorro mundial, que, sin embargo, se está viendo mermado debido a las dificultades de producción en gran parte del planeta. Ante todo, las grandes inversiones en empresas de IA deben generar beneficios en un plazo razonable, y la mayor limitación en este sentido es la evidente falta de energía. Los centros de datos consumen cantidades de energía que no son compatibles con las necesidades generales de las sociedades «occidentales».

2) Existe un marco geopolítico que ciertamente no es favorable a la estabilidad financiera. Las guerras en curso provocarán un aumento vertiginoso de los costes energéticos (el cierre de Ormuz y Bab el-Mandeb, la dependencia del GNL, las tensiones en torno a Suez y el estrecho de Malaca, las sanciones), con graves consecuencias inflacionarias que conllevarán tipos de interés y costes de endeudamiento más elevados, lo que dificultará aún más la supervivencia de las empresas de IA, ya que sus beneficios serán inferiores a la deuda que deben pagar.

3) La financiarización del rearme; la idea de que las finanzas se alimentan del gasto público en rearme choca con el estado crítico de la deuda pública, que se ve obligada por el aumento de los tipos de interés a destinar porciones cada vez mayores de sus presupuestos a este fin.

4) La crisis de la deuda estadounidense, que ha alcanzado dimensiones alarmantes, y la pérdida de credibilidad del dólar como moneda segura están eliminando del inventario de instrumentos financieros elementos que históricamente se consideraban garantizados.

Por lo tanto, considerar la posibilidad de depositar las pensiones, la atención médica y la educación en el mercado financiero, confiando en sus poderes milagrosos, parece realmente una responsabilidad política por la que las clases dominantes —y no solo las políticas— deberían rendir cuentas."

(Alessandro Volpi , El Viejo Topo, 19/07/26, Fuente: L´Antidiplomatico)

3.7.26

Nos advierten de que las economías han perdido competitividad por culpa de salarios demasiado altos y regulaciones demasiado gravosas. Nos dicen que abaratando la mano de obra y desregulando habrá abundancia de inversión privada... pero ya tenemos suficientes datos empíricos y experiencias reales para saber que es totalmente erróneo... tras un análisis de los últimos 25 años de registros financieros de las 300 mayores empresas europeas no financieras que cotizan en bolsa, vimos que dos décadas de capital barato y abundante con altos beneficios empresariales, no han impedido que la inversión, la productividad y los salarios estén estancados. Y el principal obstáculo al crecimiento no ha sido el precio de la mano de obra sino la asignación de capital... Cuando los beneficios de las mayores empresas europeas se destinan cada vez más a la recompra de acciones, al reparto de dividendos y a activos financieros, en vez de a producir e innovar, el resultado es un creciente costo social por mala asignación del capital. Conforme disminuye la rentabilidad del capital productivo, se vuelve más atractivo invertir cada euro adicional en activos financieros antes que en instalar una fábrica o un laboratorio... El precio de este proceso continuo de acumulación financiera lo pagaron los trabajadores. Su participación en la renta de la economía real (excepto en finanzas, seguros, bienes raíces y el sector público) hoy es inferior a la de 2000, y en varios de los principales países europeos sigue en caída... Esto implica que la reducción de empleo no fue en respuesta a pérdidas, sino una táctica de mejora de la rentabilidad. Las ganancias de dos décadas de crecimiento de los beneficios se destinaron al capital, no a los trabajadores que las generaron... El problema no es exclusivo de Europa; refleja una lógica de financierización arraigada en todo el mundo... Pero nada de esto es inevitable. La financierización es resultado de políticas... deben cambiar las condiciones de empleo y distribución del capital. Eso demanda supeditar las ayudas públicas a requisitos vinculantes; que la inversión pública no comparta solamente los riesgos sino también las recompensas; y un modelo de gobernanza corporativa orientada al largo plazo y no al próximo trimestre (Mariana Mazzucato)

"En todo el mundo desarrollado, se oye relatar con inquietud la misma historia. De Bruselas a Washington, dirigentes políticos y empresariales advierten de que las economías han perdido competitividad por culpa de salarios demasiado altos y regulaciones demasiado gravosas. Nos dicen que abaratando la mano de obra y desregulando habrá abundancia de inversión privada.

Este diagnóstico puede parecer cosa de sentido común para algunos. Pero ya tenemos suficientes datos empíricos y experiencias reales para saber que es totalmente erróneo. En un nuevo estudio para la Confederación Europea de Sindicatos, mis colegas y yo pusimos a prueba la hipótesis siguiéndole el rastro al dinero: hicimos un análisis de los últimos 25 años de registros financieros de las 300 mayores empresas europeas no financieras que cotizan en bolsa. Nuestras conclusiones deberían inquietar a los gobiernos dentro y fuera de Europa. Dos décadas de capital barato y abundante con altos beneficios empresariales no han impedido que la inversión, la productividad y los salarios estén estancados. Y el principal obstáculo al crecimiento no ha sido el precio de la mano de obra sino la asignación de capital.

Nuestro estudio detalla cómo las grandes empresas mantienen buenos márgenes de beneficio para sus accionistas a la par de una reducción de sus actividades reales. Cada vez más, las empresas hacen dinero como actores financieros (cobrando intereses por bonos o títulos públicos, recibiendo dividendos y prestando a sus propios clientes) antes que como agentes de producción. El resultado ha sido que los pagos a accionistas crecieron más rápido que las ganancias que los financian. Ahora el sector empresarial no financiero europeo no sólo ahorra más de lo que invierte, sino que desde 2009, ha sido un prestamista neto para el resto de la economía, en una sorprendente inversión de su papel histórico.

Cuando los beneficios de las mayores empresas europeas se destinan cada vez más a la recompra de acciones, al reparto de dividendos y a activos financieros, en vez de a producir e innovar, el resultado es un creciente costo social por mala asignación del capital. Conforme disminuye la rentabilidad del capital productivo, se vuelve más atractivo invertir cada euro adicional en activos financieros antes que en instalar una fábrica o un laboratorio. En las empresas que hemos estudiado, el stock de capital registra una disminución neta, y la formación neta de capital del sector empresarial no financiero de Europa como porcentaje del PIB se redujo a menos de la mitad desde el año 2000 (de 3,7 % a 1,6 %). Por cada euro de beneficios obtenido por las empresas no financieras europeas, la parte reinvertida en nuevas capacidades productivas (tras descontar la amortización) se redujo a menos de la mitad (del 18,9 % en 2000 a sólo el 7,4 % en 2024).

El precio de este proceso continuo de acumulación financiera lo pagaron los trabajadores. Su participación en la renta de la economía real (excepto en finanzas, seguros, bienes raíces y el sector público) hoy es inferior a la de 2000, y en varios de los principales países europeos sigue en caída. Más de dos tercios de las empresas examinadas habían anunciado medidas de reestructuración (poniendo en riesgo 2,7 millones de puestos de trabajo europeos) y casi el 80 % de esos anuncios correspondió a empresas que ese mismo año habían obtenido beneficios.

Esto implica que la reducción de empleo no fue en respuesta a pérdidas, sino una táctica de mejora de la rentabilidad. Durante el último cuarto de siglo, los beneficios del sector empresarial no financiero crecieron casi el doble que los salarios, y los pagos a accionistas todavía más. Las ganancias de dos décadas de crecimiento de los beneficios se destinaron al capital, no a los trabajadores que las generaron.

El problema no es exclusivo de Europa; refleja una lógica de financierización arraigada en todo el mundo. Pero el proceso se basa en una teoría del valor errónea, incapaz de distinguir entre la creación de valor y su extracción. Como muestro en mi libro The Value of Everything, la ciencia económica olvidó la diferencia entre los beneficios de la producción y las rentas de la posesión. Mientras no corrijamos este defecto fatal, los riesgos de la innovación seguirán asumiéndose de forma colectiva (por los contribuyentes, la investigación financiada con fondos públicos y los trabajadores) y la distribución de las recompensas estará cada vez más concentrada.

Pero nada de esto es inevitable. La financierización es resultado de políticas, reflejo de decisiones moldeadas por las reglas de gobernanza corporativa, los códigos tributarios, los regímenes de ayudas estatales y las normas presupuestarias. Los gobiernos no deben contentarse con hacer que el capital sea más barato o abundante, ya que el capital barato no se convierte por sí solo en inversiones productivas, sino que deben cambiar las condiciones de empleo y distribución del capital. Eso demanda supeditar las ayudas públicas a requisitos vinculantes; que la inversión pública no comparta solamente los riesgos sino también las recompensas (en vez de la mera «reducción de riesgo» de las inversiones privadas); y un modelo de gobernanza corporativa orientada al largo plazo y no al próximo trimestre.

Estos ingredientes constituyen el núcleo de lo que yo llamo una «estrategia industrial orientada a misiones» moderna. La clave no está en elegir «ganadores», sino actores «bien dispuestos»: influir en los flujos de inversión a través de misiones públicas audaces y formar alianzas público‑privadas simbióticas y bien diseñadas que orienten el crecimiento hacia la creación de valor social y medioambiental real. La NASA no desalentó la innovación al incluir cláusulas contra la obtención de beneficios excesivos en los contratos de compra que en 1969 nos llevaron a la Luna y nos trajeron de vuelta. Al contrario, creó un sistema orientado a soluciones que por un lado resolvió problemas reales (qué ropas usarían los astronautas, qué comerían, cómo irían al baño) y por otro fomentó un crecimiento en la Tierra.

Se necesitan colaboraciones similares para hacer frente al cambio climático, que nos obliga a replantearnos lo que comemos, los modos en que nos desplazamos y los materiales con los que construimos. Y en todos estos desafíos, los trabajadores tienen que ocupar un lugar central y no marginal. Como hemos sostenido Damon Silvers y yo durante la huelga de los trabajadores de las automotrices estadounidenses en 2023, una transición verde que no genere también buenos puestos de trabajo carecerá del apoyo político que necesita para prosperar. Los trabajadores y los sindicatos no pueden ser una cuestión secundaria; deben ser parte de la infraestructura institucional de la economía; por eso es necesario un nuevo contrato social entre las empresas, los trabajadores y el Estado.

Creo que el argumento a favor de una nueva economía está ganando terreno. En mi nuevo libro The Common Good Economy, presento pautas para orientar el proceso. Debemos pasar de la mera corrección de fallos del mercado a replantear el objetivo; lo que Aristóteles llamó el telos de la polis. El «qué» y el «cómo» son importantes. Sólo prestando la misma atención a las relaciones entre el capital y el trabajo, lo público y lo privado, y el Estado y la sociedad civil podremos empezar a transformar las economías. La competitividad y la justicia no son objetivos opuestos. La verdadera elección es entre una economía que recompensa la extracción y otra que siente los cimientos compartidos de una prosperidad duradera.

 Project Syndicate, 30/06/26)

¿De dónde vendrá el próximo crash? Los medios de comunicación creen que la deuda pública causará el próximo crash financiero. Yo creo que están mirando en el lugar completamente equivocado, creo que el peligro se ha estado acumulando silenciosamente en los mercados bursátiles estadounidenses, donde la concentración de inversores globales es ahora más alta que en cualquier otro momento de la historia moderna... los inversores no estadounidenses en los mercados bursátiles de EE.UU. poseen 22 billones de dólares en acciones estadounidenses. Ahí es donde reside ahora el riesgo sistémico de la economía global... Si esos mercados sufren una corrección importante, las consecuencias no se limitarán a Estados Unidos. Los efectos podrían extenderse rápidamente a través de los fondos de pensiones, los ahorros de los hogares, y los bancos e instituciones financieras de todo el mundo... El 55% del efectivo se recauda fuera de EE.UU., pero el 70% de ese dinero se dirige a los mercados bursátiles estadounidenses... Pocos dudan ahora de que el mercado bursátil estadounidense está sobrevalorado y los riesgos de corrección son reales... SpaceX es una señal clara de ello. Ya ha caído significativamente en valor desde su lanzamiento de acciones... además, la IA no es barata. En el momento en que el mundo se dé cuenta de que ese es el caso, y las ofertas iniciales para atraer a la gente a la IA dejen de estar disponibles, y la gente tenga que pagar el coste real, realmente va a haber una debacle... Si esa debacle es tan severa como la caída de los valores bursátiles de 2008, podría costar 50 billones de dólares en términos de caída del valor del mercado... solo 15 billones de dólares de eso afectarán a EE.UU. 35 billones de dólares afectarán al resto del mundo, y estamos muy expuestos a estos mercados en la forma en que ahorramos para las pensiones. Es un escenario plausible a corto plazo... el mecanismo de transmisión pasa a través de los mercados de renta variable y los fondos de pensiones, pero también a través de la banca secundaria, donde se ha pedido prestado grandes cantidades de dinero para comprar estas acciones en EE.UU. ( Richard Murphy)

"¿De dónde vendrá el próximo crash?

Los medios de comunicación creen que la deuda pública causará el próximo crash financiero.

Yo creo que están mirando en el lugar completamente equivocado.

El gobierno del Reino Unido no puede quedarse sin libras para pagar una deuda denominada en libras, por lo que la deuda pública no es, en mi opinión, donde reside ahora el verdadero riesgo sistémico. En cambio, creo que el peligro se ha estado acumulando silenciosamente en los mercados bursátiles estadounidenses, donde la concentración de inversores globales es ahora más alta que en cualquier otro momento de la historia moderna.

Los inversores extranjeros poseen ahora alrededor de 22 billones de dólares en acciones estadounidenses. Los fondos de pensiones, las compañías de seguros y los fondos de inversión de todo el mundo se han vuelto cada vez más dependientes del aumento de los precios de las acciones estadounidenses. El auge de la IA ha acelerado esta tendencia, atrayendo cada vez más dinero hacia un número relativamente pequeño de empresas y creando un nivel de concentración que debería preocuparnos a todos.

Si esos mercados sufren una corrección importante, las consecuencias no se limitarán a Estados Unidos. Los efectos podrían extenderse rápidamente a través de los fondos de pensiones, los ahorros de los hogares, y los bancos e instituciones financieras de todo el mundo, incluidos los del Reino Unido.

En este vídeo explico:

- por qué la deuda pública no es la amenaza financiera que muchos imaginan
- dónde creo que reside ahora el verdadero riesgo financiero sistémico
- por qué los mercados bursátiles estadounidenses se han vuelto tan dominantes
- cómo la inversión en IA ha alimentado una concentración de capital sin precedentes
- por qué los fondos de pensiones del Reino Unido están mucho más expuestos de lo que muchos creen
- por qué la próxima crisis financiera, si llega, probablemente será muy diferente a la de 2008
- qué podría significar esto para tus ahorros, tu pensión y la economía en general.

Estés o no de acuerdo con mi análisis, estos son riesgos que merecen mucha más atención de la que están recibiendo actualmente.

Como sabéis, he estado enfermo más de una semana, y durante ese período el mundo supuestamente ha cambiado.

Tenemos paz en el Golfo, si crees lo que dice Donald Trump, y serías muy ingenuo si crees algo de lo que dice. La realidad es que la guerra allí continúa, pero a pesar de eso, los precios del petróleo han bajado, casi a niveles previos a la guerra; los costes de la deuda pública han bajado, no tanto, pero han bajado; y los mercados bursátiles están cayendo. Así que la pregunta es: ¿seguimos encaminados hacia un crash?

He hablado sobre la posibilidad de un crash en este canal varias veces, y creo que el riesgo sigue siendo enorme y alto. Pero el hecho es que el riesgo que deberíamos estar vigilando está siendo ignorado ahora mismo.

La gente está obsesionada con la deuda pública y dice que ahí es donde veremos surgir un crash. Y en el Reino Unido, hablan de que la deuda pública británica es vulnerable y que incluso podríamos tener que acudir al FMI para un rescate, lo que ignora el hecho absolutamente cierto de que el Reino Unido siempre puede pagar su deuda porque está denominada en libras. Y el único organismo que tiene el derecho legal de crear más libras para pagar la deuda es el gobierno que debe el dinero. Por lo tanto, no hay riesgo en cuanto a la deuda pública del Reino Unido cuando se trata de un crash.

Pero hay un riesgo económico muy real en el mundo ahora mismo, y es necesario hablar de él porque es enorme. Y ese riesgo está en los mercados de renta variable o bursátiles de EE.UU. y en la explosión de las tenencias extranjeras en ese mercado.

En este momento, los inversores no estadounidenses en los mercados bursátiles de EE.UU. poseen 22 billones de dólares en acciones estadounidenses. Ahí es donde reside ahora el riesgo sistémico de la economía global. El verdadero problema es que los medios de comunicación están mirando en la dirección equivocada. Están tratando de encontrar una crisis, y no están mirando hacia dónde podría surgir.

El verdadero problema, si Trump termina su guerra, pero que corre paralelo a ella si no lo hace, es que el mundo ha apostado por el capitalismo estadounidense a una escala extraordinaria. Las tenencias extranjeras de acciones estadounidenses se han triplicado desde 2015 y ahora ascienden a más de 22 billones de dólares.

La emisión de acciones de la OPV de SpaceX provocó una estampida global para comprar más acciones estadounidenses. Más de 100.000 personas en el Reino Unido compraron acciones en esa emisión. Y personas de Corea del Sur, Japón, Australia y fondos soberanos del Golfo también se apresuraron a participar. Incluso los inversores de la bolsa china lograron obtener acciones de SpaceX, aunque tenían prohibido hacerlo. Y la cuestión es que todas esas personas ya han perdido dinero.

SpaceX ya ha disminuido significativamente su valor, y sabemos que este es el gran problema que realmente enfrentamos. Estados Unidos se ha convertido en el principal escenario mundial para la asunción de riesgos y no para el ahorro seguro.

Se ha convertido en el lugar al que acuden las personas que quieren asumir riesgos para encontrarlos. Los países fuera de EE.UU. y China poseen ahora el 38% de sus carteras de acciones en acciones estadounidenses. Y seamos claros: eso incluye a la gente del Reino Unido. Así que si tienes una cartera basada en acciones en tu fondo de pensiones, es probable que alrededor del 38% de la misma, más de un tercio, cerca de dos quintos, esté en acciones estadounidenses. Y esto es un aumento significativo. Hace una década, esa cifra rondaba una cuarta parte, el 25%. Y ahora, alrededor del 65% de todas las nuevas acciones emitidas están en EE.UU. Así que esta concentración de ahorros basados en acciones en EE.UU. no hará más que aumentar.

El auge de la IA ha impulsado esto, por supuesto, de una manera extraordinaria, y eso aún continúa. Alphabet, propietaria de Google, recaudó un récord de 85.000 millones de dólares en nuevas acciones a principios de junio de este año. Anthropic, Meta y OpenAI están analizando las mismas ideas, elevando la recaudación de capital en EE.UU. por encima de los 600.000 millones de dólares este año. La inversión en IA es el motor de este aumento de capital.

Y mientras tanto, como ha señalado The Financial Times, la industria mundial de gestión de activos está recaudando el 55% de su efectivo fuera de EE.UU.

Tenemos, por tanto, una disparidad. El 55% del efectivo se recauda fuera de EE.UU., pero el 70% de ese dinero se dirige a los mercados bursátiles estadounidenses. Es en ese filo entre el dinero no estadounidense y el estadounidense donde se encuentra ahora la línea de falla en la economía mundial.

Y no neguemos el hecho. Los beneficios, en gran parte sobre el papel, que han surgido de la inversión en renta variable estadounidense han sido reales hasta ahora. Los inversores no estadounidenses han obtenido, según el FT, alrededor de 13 billones de dólares en beneficios de las acciones estadounidenses desde 2015. Los rendimientos han sido extraordinarios según cualquier medida histórica. Por eso los mercados bursátiles parecen un lugar tan bueno para poner dinero en la actualidad, pero esa exposición también hace que las personas racionales y prudentes se sientan peligrosamente expuestas a lo que está sucediendo.

Esto se debe a que los rendimientos pasados han creado niveles peligrosos de concentración de la propiedad de acciones en ciertos tipos de activos, en ciertos mercados. Y esa podría ser la consecuencia de la acumulación de riesgo sistémico. Y el riesgo sistémico da lugar a la posibilidad de un crash.

Pocos dudan ahora de que el mercado bursátil estadounidense está sobrevalorado y los riesgos de corrección son reales. Todos los comentaristas serios que leo en el Reino Unido y en EE.UU., en todos los periódicos importantes, y algunos periodistas, están diciendo exactamente lo mismo. Lee The Financial Times, lee el Washington Post, lee el Wall Street Journal, lee el New York Times, lee otros periódicos, lee The Economist. Las historias son todas iguales: ¿cuándo ocurrirá el crash? Hay señales claras de que el mercado estadounidense está estirado más allá de los límites sostenibles. Y SpaceX es una señal clara de ello. Ya ha caído significativamente en valor desde su lanzamiento de acciones. Y Musk, que era trillonario como resultado, ya no lo es.

Incluso empresas como Meta, propietaria de Facebook, están empezando a cuestionar el valor de su uso de la IA. No su inversión en IA; su uso de la IA en sus operaciones diarias. Y, de hecho, están reduciendo. Están diciendo que el coste de comprar los tokens que impulsan su uso de la IA es demasiado alto. Están llevando sus negocios a posiciones, bueno, no a la insolvencia, obviamente, pero sí a posiciones menos rentables porque su personal está haciendo un uso tan intensivo de la IA. Y por eso les están diciendo que no pueden usar esto. Si gente como Meta dice "no uséis IA", el resto del mundo va a tomar nota.

La IA no es barata. En el momento en que el mundo se dé cuenta de que ese es el caso, y las ofertas iniciales para atraer a la gente a la IA dejen de estar disponibles, y la gente tenga que pagar el coste real de esto, realmente va a haber una debacle. La gente va a ver que el valor de la IA está limitado por el hecho de que su carga para sus negocios será demasiado alta. Y como consecuencia, el potencial de ganancias futuras de estas empresas va a disminuir significativamente, y entonces podríamos tener una debacle bursátil.

Esto es lo que creo que va a pasar, y pongamos esto en contexto. Si esa debacle es tan severa como la caída de los valores bursátiles de 2008, y es fácil imaginar esa posibilidad, entonces podría costar al menos 50 billones de dólares en términos de caída del valor del mercado.

Ahora, parte de eso será en EE.UU., pero dado el equilibrio en la forma en que ahora se poseen las acciones, solo 15 billones de dólares de eso afectarán a EE.UU. 35 billones de dólares afectarán al resto del mundo, incluido el Reino Unido, y estamos muy expuestos a estos mercados en la forma en que ahorramos para las pensiones.

Esto no es un riesgo remoto. Es un escenario plausible a corto plazo.

Este es un nuevo tipo de riesgo de crash, diferente en carácter a todo lo que hemos visto antes. Está encima de todo lo que Donald Trump está haciendo con respecto a Irán, y es muy diferente a 2008.

En ese año, el crash llegó a través de la deuda hipotecaria y los balances bancarios.

Esta vez, el mecanismo de transmisión pasa a través de los mercados de renta variable y los fondos de pensiones, pero también a través de la banca secundaria, donde se ha pedido prestado grandes cantidades de dinero para comprar estas acciones en EE.UU.

Los fondos de pensiones del Reino Unido, las compañías de seguros de vida y los ahorros de los hogares están todos expuestos, al igual que todo el sistema bancario a través de esos préstamos a través de los acuerdos de banca secundaria para financiar esta burbuja.

Un crash del mercado estadounidense afectaría a la estabilidad financiera y al mismo tiempo golpearía la riqueza de las jubilaciones de manera directa e inmediata. Estás en riesgo si aún no has cobrado tu pensión, y la mayoría de la gente que está viendo esto no lo habrá hecho. Somos estructuralmente más vulnerables que en cualquier ciclo económico anterior, y eso es lo que me preocupa.

La financiarización ha roto la vieja lógica de la globalización y su supuesta neutralidad. Eso es lo que ha creado este riesgo. Ya he señalado que tanto dinero está desajustado. No está invertido donde se origina.

El supuesto era que los flujos de capital eran neutrales y que esto estaba bien; podíamos invertir a través de las fronteras. Pero esto ya no es cierto. La lógica solía ser que la ubicación no importaba cuando se trataba de invertir. Podías poseer acciones de Google. Podías usar Google como motor de búsqueda. Podías hacer eso en cualquier lugar, y eso estaría bien. Pero esa neutralidad ya no existe. Se ha hecho añicos por la burbuja de la IA.

Los productos estadounidenses no están ahora igualmente disponibles para todos los países. EE.UU. está reteniendo el consentimiento para que se utilicen nuevas versiones de IA hasta que el gobierno estadounidense las haya aprobado, y está diciendo que es posible que no se desplieguen en todo el mundo, dando a EE.UU. una ventaja competitiva desleal. Y al mismo tiempo, creando estas barreras a los rendimientos de la inversión que van a hacer que este tipo de inversión transfronteriza sea mucho más difícil.

Y eso también es cierto con respecto a cosas como SpaceX. El mercado de satélites puede ser restringido deliberadamente por el gobierno estadounidense para proporcionarse a sí mismos sus propios mecanismos de defensa. Poseer acciones de una empresa ya no garantizará el acceso a lo que esas empresas producen. Ese es el punto clave aquí. Va a haber una división real que aún no se está reflejando en los mercados financieros, y es ese riesgo el que va a crear la base para un crash.

Estados Unidos está ahora armando el acceso a su propia tecnología contra el resto del mundo, y eso podría crear una consecuencia enorme, porque esto no es globalización. Es una forma de subordinación financiera y tecnológica, y los riesgos están cambiando como resultado, y de manera masiva.

Otros países están empezando a responder redirigiendo su propia inversión de capital de vuelta a sus propias economías nacionales. Estamos viendo una forma de proteccionismo aquí, sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Japón está empezando a invertir 2,3 billones de dólares en IA y semiconductores dentro de su propia economía porque los necesita.

Alemania está respaldando un nuevo sistema nacional de pensiones para redirigir el capital nacional hacia los mercados financieros alemanes.

Y Canadá está haciendo exactamente el mismo tipo de cosas con sus fondos de pensiones.

Mientras tanto, Corea del Sur está haciendo ruidos sobre movimientos similares.

Aquí en el Reino Unido, he argumentado durante mucho tiempo que el gobierno debería utilizar el hecho de que proporciona subsidios de pensiones a los fondos de pensiones para permitirle dirigir el uso de esos fondos para el beneficio social, pero hasta ahora, Gran Bretaña no está respondiendo a esta amenaza global. Eso nos deja aún más expuestos de lo que estaríamos de otra manera a este riesgo potencial que surge dentro de los mercados financieros globales.

Nuestros fondos de pensiones están protestando por su derecho a seguir asignando fuertemente el dinero confiado a su cuidado en el extranjero, y especialmente en EE.UU., y hay muy poca ponderación por su parte en acciones del Reino Unido ahora. El gobierno, mientras tanto, está obsesionado con los rendimientos de los gilts y los ratios de deuda, pero no se está preguntando hacia dónde van los ahorros británicos o qué riesgo conllevan.

Este es un fracaso político y económico que se esconde a plena vista. El peligro es que realmente nos equivoquemos en esta situación. No anticiparemos el hecho de que hay una guerra financiera real estallando, además de una guerra comercial y una guerra física real. Suma las tres, y podríamos crear todo tipo de formas de mala asignación de capital como resultado de desencadenar medidas financieras de represalia desde EE.UU. Eso es lo que estamos empezando a ver. Eso está sucediendo. Y el sistema global de gestión de activos todavía no ha asimilado esto, en parte porque está totalmente dominado por instituciones de propiedad estadounidense.

Cada intento de invertir a nivel nacional en el Reino Unido, entonces, a menudo es subvertido por el hecho de que los gestores estadounidenses están a cargo de los fondos de nuestros fondos de pensiones, y por lo tanto no estamos viendo los beneficios de esos fondos aquí en el Reino Unido. Estamos reduciendo nuestra independencia. Nos estamos volviendo cada vez más dependientes financieramente de EE.UU., y ya no es un socio fiable. Eso es evidente.

Así que estamos vigilando el riesgo equivocado. Mi creencia es que el riesgo de un crash en los mercados bursátiles es ahora tan grande como siempre. Se ve exacerbado por lo que Trump está haciendo en las guerras comerciales y lo que está haciendo con respecto a las guerras físicas, pero también estamos enfrentando una guerra financiera.

El riesgo financiero debería preocuparnos, pero está en los mercados de renta variable, en los mercados bursátiles. No está en la deuda pública. El mundo ha externalizado su asunción de riesgos a unos Estados Unidos cada vez menos fiables, y una corrección del mercado estadounidense ahora atravesaría los fondos de pensiones del Reino Unido y los ahorros a nivel mundial.

El gobierno del Reino Unido siempre puede pagar su deuda. Eso no es cierto para la capacidad de los fondos de pensiones del Reino Unido para cumplir con sus obligaciones de pensiones. La crisis, si llega, llegará a través de los mercados financieros privados y no a través del endeudamiento público, y eso podría afectarte muy directamente.

Mi sugerencia es que busques asesoramiento sobre pensiones ahora. Revisa tu cartera si tienes algún control sobre ella. Decide si realmente quieres estar tan expuesto a los mercados estadounidenses. Decide si quieres optar por la cautela. Y añadamos un pequeño apéndice a esto: reza para que quien sea nuestro nuevo canciller, tenga el sentido de darse cuenta de todo esto. Pero ¿lo harán? No lo sé." 

(Richard Murphy, blog, 02/07/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original)

29.6.26

¿Estamos ante un momento Minsky (un colapso repentino) para las finanzas piramidales? Kevin Warsh, el nuevo gobernador de la Reserva Federal, al amenazar con subir los tipos de interés frente a un sector tecnológico muy endeudado, podría provocar una oleada de impagos crediticios relacionados con este sector, muy dependiente de una costosa financiación mediante deuda... Allá por febrero de 2007, Greenspan había ido subiendo los tipos de interés para frenar la «exuberancia excesiva» de unos mercados embriagados por la burbuja del crédito fácil... en lugar de frenar a los mercados, el aumento de los tipos de interés reales llevó a la quiebra a hogares y empresas muy endeudados... No fue hasta finales de 2008 cuando el «maestro» comenzó a reconocer la ruina económica y la inestabilidad, justo cuando la economía estadounidense entraba en caída libre... Cuanto más cambia, más igual sigue todo: las gigantescas señales de alarma de Elon Musk. En el centro de la crisis actual, alimentada por la deuda, se encuentra Elon Musk, quién pidió prestados 20 000 millones a bancos de Wall Street para refinanciar 17 500 millones de deuda basura a alto interés que heredó al fusionar sus plataformas X (antes Twitter) y xAI, bajo el paraguas de SpaceX... Ahora, Musk está emitiendo 25 000 millones en bonos para convencer a los inversores particulares y a los fondos de inversión de que deben ayudar a saldar los onerosos «préstamos puente» de la empresa... entre 35 000 y 50 000 millones de los ingresos actuales de los bancos mayoristas podrían estar en riesgo. Esto representa entre el 8 % y el 11 % de los ingresos totales por crédito de estos actores en la actualidad... Y aquí vamos otra vez. Siguemos dando vueltas en el «Casino Global» mientras los mercados crediticios y las agencias de calificación avivan las llamas de la economía hiperfinanciarizada (Ann Pettifor)

"Un «momento Minsky» es un colapso repentino y grave del mercado que marca el final de un período prolongado de crecimiento especulativo impulsado por la deuda. Llama así en honor al economista estadounidense Hyman Minsky, y se produce cuando los inversores ya no pueden hacer frente a los pagos de sus préstamos, que se disparan en espiral, lo que desencadena una venta masiva y frenética en cadena.

En primer lugar, nos centramos en el fallecimiento de Alan Greenspan —el «maestro»—, uno de los gobernadores más influyentes de la Reserva Federal de Estados Unidos. Falleció hace dos días, el 22 de junio. Descrito por el London Times como «uno de los gigantes de la historia financiera», Greenspan tenía 100 años. Por recomendación de Gordon Brown, la reina de Inglaterra le concedió el título honorífico de caballero en 2002 por —permítanme explicarlo— sus destacadas contribuciones a la estabilidad económica mundial. 

En un momento de déjà vu, el NASDAQ eligió el 22 de junio para sufrir los «nervios» de la IA y cayó un 2,2 % en dos días. Justo después, el índice bursátil de referencia de Corea, con gran peso del sector tecnológico, cayó un 10 % el martes 23, y Samsung Electronics registró caídas de dos dígitos.

La inestabilidad financiera mundial —una característica peligrosa del mandato de Greenspan— había regresado. 

 Hay quien sugiere que la volatilidad actual se debe a la declaración de línea dura emitida una semana antes por Kevin Warsh, el nuevo gobernador de la Reserva Federal. De ser así, Warsh se está acercando peligrosamente al iceberg del «mercado libre» de Greenspan al amenazar con subir los tipos de interés frente a un sector tecnológico muy endeudado. Si la volatilidad actual del mercado es el comienzo de una grave recesión del sector de las tecnologías de la información, la dependencia de una costosa financiación mediante deuda podría provocar una oleada de impagos crediticios relacionados con este sector.

La deuda del sector de las tecnologías de la información, tal y como explica Oliver Wyman, es

    "concentrada, irregular y vulnerable a riesgos idiosincrásicos."

Déjà vu y una volatilidad anterior

Allá por febrero de 2007 —meses antes de la implosión del «Día de la Detonación», el 9 de agosto de 2007—, el Dow Jones Industrial Average cayó repentinamente un 3,3 %, mientras que en Extremo Oriente las acciones chinas se desplomaron un 9 %. La volatilidad también aumentó, (...) .

 El gobernador Greenspan y el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal habían ido subiendo los tipos de interés para frenar la «exuberancia excesiva» de unos mercados embriagados por la burbuja del crédito fácil y barato, supervisada y desregulada por «el gigante de los mercados financieros».

En lugar de frenar a los mercados, el aumento de los tipos de interés reales estaba llevando a la quiebra a hogares y empresas muy endeudados. Pasó un tiempo agonizantemente largo antes de que Greenspan afrontara la realidad económica. No fue hasta finales de 2008 cuando el «maestro» comenzó a reconocer la ruina económica y la inestabilidad, justo cuando la economía estadounidense entraba en caída libre. Solo entonces él y el FOMC dieron marcha atrás en los elevados tipos reales de la Reserva Federal.

Ya era demasiado tarde. Y, en cualquier caso, podemos estar seguros de que Greenspan nunca asumió la responsabilidad del fracaso económico mundial. 

 Tal y como explica Oliver Wyman, la crisis financiera global estalló en 2008 cuando:

   " ...los bancos descubrieron que tenían una exposición al riesgo inmobiliario estadounidense mucho mayor de lo que sugerían sus informes internos. Es posible que pronto descubran lo mismo en relación con el riesgo de los centros de datos y la infraestructura digital; solo que, en esta ocasión, las exposiciones se distribuyen entre las carteras corporativas, inmobiliarias, de infraestructuras, de financiación de fondos y de crédito alternativo.

    A medida que los mercados de crédito líquido y privado siguen avanzando, observamos que entre 35 000 y 50 000 millones de dólares de los ingresos actuales de los bancos mayoristas podrían estar en riesgo. Esto representa entre el 8 % y el 11 % de los ingresos totales por crédito de estos actores en la actualidad.

    "Cuanto mayor es el apalancamiento, más combustible hay y más intenso es el fuego."  

Musk: ¿aprenderán alguna vez los inversores?

Tras la crisis financiera global —cuando los gobiernos y los bancos centrales se rindieron y rescataron a Wall Street—, el *New York Times* publicó en 2016 un reportaje riguroso y exhaustivo titulado: «Cómo Donald Trump llevó a la quiebra sus casinos de Atlantic City, pero aún así ganó millones». En él, los periodistas de investigación explicaban cómo Trump saqueó a los tenedores de bonos y a los accionistas. 

 "Sus empresas de casinos acudieron en cuatro ocasiones al tribunal de quiebras, y en cada una de ellas convencieron a los tenedores de bonos para que aceptaran menos dinero antes que perderlo todo. Sin embargo, las empresas contrajeron repetidamente deuda más cara y volvieron a acudir al tribunal en busca de protección frente a los prestamistas (es decir, los tenedores de bonos).

Tras escapar por los pelos de la ruina financiera a principios de la década de 1990 retrasando los pagos de sus deudas, el Sr. Trump evitó una segunda crisis potencial sacando a bolsa sus casinos y trasladando el riesgo a los accionistas.

Afirmó que detestaba los bonos basura, que por entonces eran muy populares, porque conllevaban un mayor riesgo de impago y, por lo tanto, tenían tipos de interés más elevados.

En cuestión de meses, dio un giro de 180 grados y emitió bonos basura por valor de 675 millones de dólares, con un tipo de interés del 14 %, para terminar la construcción y abrir el Taj. En entrevistas recientes, el Sr. Trump ha afirmado que, con cada financiación, solía sacar dinero de los casinos para invertirlo en el sector inmobiliario de Manhattan. La deuda total del Taj superó los 820 millones de dólares.

 Y nunca logró atraer a suficientes jugadores para hacer frente a todos los préstamos.

Durante una década en la que otros casinos prosperaron, los del Sr. Trump se quedaron rezagados, registrando enormes pérdidas año tras año.

Los accionistas y bonistas perdieron más de 1.500 millones de dólares

"…..a pesar de que a sus empresas les iba mal, al Sr. Trump le iba bien. Aportó muy poco de su propio dinero, trasladó sus deudas personales a los casinos y cobró millones de dólares en concepto de salario, bonificaciones y otros pagos. La carga de sus fracasos recayó sobre los inversores y otras personas que habían apostado por su perspicacia empresarial."

 Cuanto más cambia, más igual sigue todo: las gigantescas señales de alarma de Elon Musk

En el centro de la crisis actual, alimentada por la deuda, se encuentra Elon Musk. Antes del lanzamiento de su salida a bolsa, Musk pidió prestados 20 000 millones de dólares a bancos de Wall Street para refinanciar 17 500 millones de dólares de deuda basura a alto interés que heredó al fusionar sus plataformas X (antes Twitter) y xAI, ambas muy endeudadas, bajo el paraguas de SpaceX.

Ahora, Musk está emitiendo 25 000 millones de dólares en bonos para convencer a los inversores particulares y a los fondos de inversión de que deben ayudar a saldar lo que el FT denomina los onerosos «préstamos puente» de la empresa, vinculados a la compra de Twitter por parte de Musk.

A cambio, los inversores exigen a SpaceX tipos de interés más altos —entre 1,1 y 1,75 puntos porcentuales por encima de los bonos del Tesoro de EE. UU.— como condición para financiar las deudas de Musk y las apuestas de la empresa por los cohetes para Marte y la inteligencia artificial. Otras empresas tecnológicas han realizado grandes emisiones de deuda, pero hay una gran diferencia porque... 

    " Son empresas centradas en el software y enormemente rentables… SpaceX registra pérdidas por valor de 9 000 millones de dólares al año. No obstante, las agencias de calificación S&P Global Ratings, Moody’s y Fitch han otorgado a la empresa de Musk calificaciones de grado de inversión dentro de la banda BBB."

Y aquí vamos otra vez. Siguemos dando vueltas en el «Casino Global» mientras los mercados crediticios y las agencias de calificación avivan las llamas de la economía hiperfinanciarizada."

(Ann Pettifor , blog, 24/06/26, traducción DEEPL, enlaces y gráficos en el original)  

20.6.26

Casi todo el mundo sigue subestimando enormemente el poder y el control que los oligarcas estadounidenses tienen sobre nuestras vidas. Ganen o pierdan, parece que van a destruir nuestro nivel de vida, así que deberíamos optar por salir de su juego amañado ahora mismo... todos ven a "Elon el billonario" principalmente como un signo de decadencia moral y codicia, y no como una amenaza existencial para la civilización occidental. Él es eso último... Para entender todo esto, hay que comprender la diferencia entre inversión productiva e inversión especulativa... La inversión productiva generalmente aumenta el capital fijo, lo que significa que se gasta en cosas reales que crean otras cosas reales... La revolución financiera de los años 80 socavó esto y la globalización de los 90 lo desmanteló por completo... en este nuevo sistema especulativo (corrupto), mientras el mercado siga subiendo, la inversión especulativa sigue funcionando. Y en Estados Unidos, eso es todo lo que hay ahora; literalmente creen que un rico que posee capital fijo productivo o gasta en investigación y desarrollo es un tonto. Así que todos los ricos de Estados Unidos necesitan que el mercado de valores no pare de subir... Elon Musk es un billonario sin obtener realmente ningún beneficio, porque puede atraer capital especulativo gracias a que tiene una base de fans enloquecida... Pero, ¿qué pasa si el mercado de valores no sube? Entonces te encuentras con los cinco jinetes del apocalipsis económico, contagio, liquidación de activos, crisis de liquidez, crisis de solvencia y desapalancamiento... Cosas realmente malas están sucediendo. O hacemos algo o nos hundimos (Robin McAlpine)

"No se puede reformar a los oligarcas: tenemos que dar la espalda

Mantengo firmemente la opinión de que casi todo el mundo sigue subestimando enormemente el poder y el control que los oligarcas estadounidenses tienen sobre nuestras vidas. Ganen o pierdan, parece que van a destruir nuestro nivel de vida, así que deberíamos optar por salir de su juego amañado ahora mismo.

Inversión especulativa más mercado alcista = beneficios enormes. Inversión especulativa más mercado bajista = contagio, liquidación de activos, crisis de liquidez, crisis de solvencia y desapalancamiento. Ambas situaciones nos perjudicarán gravemente y no podemos detenerlas, pero podríamos evitarlas. Y ahora voy a tener que explicar todo eso...

Esto no es más que mi profunda, muy profunda preocupación de que todavía no nos estamos tomando la amenaza de los oligarcas con la suficiente seriedad. Estoy convencido de que todos ven a "Elon el billonario" principalmente como un signo de decadencia moral y codicia, y no como una amenaza existencial para la civilización occidental. Él es eso último.

Para entender todo esto, hay que comprender la diferencia entre inversión productiva e inversión especulativa y cómo pasamos de una a la otra. La inversión productiva generalmente aumenta el capital fijo, lo que significa que se gasta en cosas reales que crean otras cosas reales. Para ganar dinero, mejorabas las máquinas de tu fábrica para que pudieran hacer las cosas mejor o más rápido.

La revolución financiera de los años 80 socavó esto y la globalización de los 90 lo desmanteló por completo. Ahora, alguien más poseía todo ese molesto capital fijo (básicamente China), porque era una carga costosa. Lo que hacías era apostar por el valor del logotipo que hacías que pusieran en el producto que fabricaban.

Eso significa simplemente que estás especulando con que un determinado negocio aumentará de valor. Seamos claros: no en beneficios, no en valor de activos reales, ni siquiera necesariamente en valor de propiedad intelectual, solo en capitalización bursátil (valor de las acciones). Elon Musk es un billonario sin obtener realmente ningún beneficio, porque puede atraer capital especulativo gracias a que tiene una base de fans enloquecida.

Todo esto se disparó en 2007. Los ricos habían estado especulando con cosas cada vez más absurdas, incluidos "instrumentos financieros" que resultaron ser basura, compuestos por carteras de hipotecas de alto riesgo. Todo salió mal y hundieron la economía. No podían obtener beneficios porque habían creado una recesión, así que nos robaron a nosotros.

Imprimimos dinero, ellos lo usaron para comprar sus propios activos, esos activos aumentaron de valor más de lo que pagaron por ellos y se volvieron estratosféricamente ricos; y luego, habiendo aprendido este nuevo truco, siguieron inflando los activos para que su riqueza siguiera creciendo. Mientras tanto, alguien tenía que pagar todo esto o la economía se sobrecalentaría, así que lo pagamos el resto de nosotros.

(Este es el gran escándalo de la política moderna: la mayoría de la gente no entiende que cuando los ricos hundieron la economía, a todos y cada uno del resto de nosotros se nos obligó a compensarlos, y más, de nuestro propio bolsillo).

Ahora bien, este es el asunto: en este nuevo sistema (corrupto), mientras el mercado siga subiendo, la inversión especulativa sigue funcionando. Y en Estados Unidos, eso es todo lo que hay ahora; literalmente creen que un rico que posee capital fijo productivo o gasta en investigación y desarrollo es un tonto. Así que todos los ricos de Estados Unidos necesitan que el mercado de valores no pare de subir.

Y dado que los responsables de las políticas elaboran políticas para los ricos, toda la estrategia económica de Estados Unidos durante 30 años ha sido olvidarse de los beneficios, olvidarse de la productividad y olvidarse de la innovación, y huir de la manufactura, solo para mantener ese mercado de valores al alza. El último artificio son los centros de datos. Puede parecer un regreso al capital fijo, pero si observas la financiación, verás que no son más que una apuesta, pero mientras todos sigan poniendo su dinero sobre la mesa, la apuesta sigue funcionando.

Pero, ¿qué pasa si el mercado de valores no sube? Entonces te encuentras con los cinco jinetes del apocalipsis económico. Primero viene el contagio: todo está tan interconectado financieramente que cuando una cosa cae, arrastra a las demás. Un colapso, por ejemplo, en la IA o una implosión en el mercado bancario en la sombra se extiende muy rápidamente por toda la economía.

Luego viene la liquidación de activos. Si toda tu riqueza está en activos y estos se están desplomando, tienes que salir antes que tarde. Esto se convierte ahora en un círculo vicioso. Pero eso crea un nuevo problema: todo se sostiene sobre estos valores accionarios y ahí es donde se guarda la riqueza, pero todavía hay pasivos. Aún debes dinero a la gente.

Excepto que ahora se debe más dinero del que hay efectivo disponible para pagarlo (es decir, una crisis de liquidez). Muchas entidades, por lo tanto, se vuelven insolventes, ya sea porque no pueden pagar sus deudas o porque no pueden cobrar de sus deudores, lo que agrava el círculo vicioso. Y entonces todo se desapalanca; básicamente, nadie quiere prestar más y así, el motor que impulsa las economías occidentales (el endeudamiento) también se seca.

Y estamos completamente atascados.

Ahora quiero ser cuidadoso aquí. Eso es lo que sucedería si se produjera un colapso. La cuestión es: ¿qué tan estable es realmente este sistema? Sin entrar demasiado en esto, no es un panorama sencillo. Hay mucha menos deuda en el Estados Unidos financiero que en 2007, por lo que los efectos de insolvencia serán menores.

Por otro lado, la economía está mucho, mucho menos diversificada: nada menos que un tercio de la economía estadounidense (por capitalización bursátil) está directamente vinculada a corporaciones dependientes de la IA. Si eso se va, hay menos en otros lugares para apuntalarlo. Y, muy especialmente, la fuente habitual de "apuntalamiento" ha sido eliminada en pos del huevo de oro.

Porque normalmente esperas que los consumidores impulsen una recuperación, pero hoy en día, en Estados Unidos, solo compran los ricos, porque se quedaron con todo el dinero. Por otra parte, gran parte de las estadísticas son engañosas en este momento. El Reino Unido acaba de registrar una inflación más baja de lo esperado. Buenas noticias, ¿verdad? No realmente. Parece que gran parte se debe a que las empresas simplemente no pueden trasladar los costos porque la mayoría de la gente no puede permitirse ni un céntimo más. Así que las pérdidas se están ocultando. Por ahora.

    "No dejen que les digan que todo esto está bien. Estamos en problemas y deberíamos actuar"

Así que, como argumenté hace un par de semanas, definitivamente no estoy prediciendo un colapso, pero casi todo el mundo predice algún tipo de "corrección del mercado" en algún momento. Y en cualquier caso, lo que intento convencerles aquí es que ambas versiones de esto son una pesadilla absoluta para la mayoría de nosotros.

Básicamente, o estos tipos lo logran, la inversión en IA funciona, se apoderan de todos nuestros empleos y riqueza y toman el control total de nosotros, o no lo logran, y hunden la economía destruyendo nuestros empleos y nuestra riqueza. En el primer caso, somos vasallos; en el segundo, estamos en la indigencia. En ningún escenario tenemos el control de ninguna manera.

Pero este sistema se ha salido tanto de control que no solo se ha deshecho de las regulaciones que debería enfrentar, sino que ha encontrado formas de hacer imposible regularlo. Esto se logra mediante la coacción, la creación de reglas supranacionales que anulan la regulación nacional, mediante un cabildeo extremadamente poderoso o (cada vez más y especialmente) simplemente haciendo que las economías dependan totalmente de ellos.

EE.UU. podría arreglar esto, pero no lo hará. La UE podría mitigar gran parte de esto, pero está haciendo algo un poco más cercano a lo que sugiero aquí. Gran Bretaña podría intentarlo, pero sufriría un acoso severo y se echaría atrás. ¿Y Escocia? Independiente o no, no somos lo suficientemente poderosos para regularlos. Punto final.

Pero podemos reemplazarlos. Aquí es donde estoy ahora. No podemos domar su juego estúpido, pero podemos salir del campo y jugar a otro juego. Les ruego que se tomen esto en serio porque nuestros políticos no lo hacen. Y si quieren saber cómo se ve algo serio, miren por qué la guerra de Irán no hundió la economía.

¿Por qué? Porque instituimos el socialismo estatal global en el petróleo. Después de la crisis petrolera de 1972, decidimos que ya no podíamos depender de los mercados libres. Los gobiernos gastaron sumas enormes para construir una enorme capacidad de almacenamiento de petróleo y crearon una agencia global (la AIE) para gestionar el sistema fuera del mercado libre y asegurarse de que no se produjera un colapso.

Tenemos una estabilidad de precios comparativa y evitamos una gran depresión porque la planificación estatal creó un colchón que salvó la economía. Es decir, optó por un enfoque que no era solo de libre mercado. Y eso es lo que tenemos que aprender. Necesitamos optar por no usar el dinero tal como lo vemos ahora. Necesitamos optar por no consumir como se está consumiendo.

Necesitamos optar por no usar la energía tal como la han construido. Necesitamos optar por no usar el sistema alimentario que tenemos. Necesitamos optar por no usar los sistemas informáticos de propiedad extranjera. Y necesitamos optar por no usar el capitalismo de acciones.

¿De qué estoy hablando? Estoy hablando de la política de Common Weal. Volveré a todo esto una y otra vez porque todo esto realmente me quita el sueño. No podemos usar su sistema monetario. Está roto. Necesitamos un banco mutuo nacional, un reemplazo para el capital extranjero (un banco nacional de inversión adecuado) y necesitamos un sistema que dirija el dinero de las pensiones hacia el apoyo a la industria productiva nacional.

Necesitamos financiar al gobierno sin mercados de bonos, creando una relación diferente con el banco central. Necesitamos desesperadamente crear un sistema de software de código abierto y un modelo de "IA pública". Necesitamos tener la infraestructura de servidores para reemplazar nuestra dependencia total de Amazon.

Luego tenemos que decirle a Amazon que tiene que sindicalizarse. Así que se irán. Y entonces deberíamos simplemente tomar su infraestructura y construir un sistema público de distribución de productos. Deberíamos nacionalizar los supermercados y construir serios reservas de alimentos a largo plazo, de la misma manera que hicimos con el petróleo (China mantiene enormes reservas estatales de carne de cerdo congelada exactamente por esta razón). No solo previene la escasez, sino que estabiliza los precios.

Deberíamos construir un modelo de arrendamiento para reemplazar el consumo y luego construir una manufactura a gran escala para fabricar los productos que arrendamos aquí. No hay razón económica para evitar eso, siempre que sea un modelo de arrendamiento donde los costos se distribuyan a lo largo de la vida útil del producto.

Necesitamos analizar la fabricación de componentes informáticos esenciales y ver dónde podemos ser menos dependientes. Realmente creo que también deberíamos estudiar la capacidad de producción de chips soberanos. Necesitamos una transición energética rápida y una estrategia de cero petroquímicos. Empezaría comprando 20.000 coches eléctricos a China en un pedido al por mayor con descuento y crearía un servicio público de arrendamiento de coches barato para acelerar la electrificación.

Necesitamos reemplazar la calefacción de gas con calefacción urbana masiva. Haría que nuestra tierra trabajara para nosotros, haciéndonos lo más autosuficientes posible en materiales de construcción, tejidos, bioplásticos. Probablemente sepan que quiero huertos de aguacates y plantaciones de café en Escocia, cultivados en almacenes bajo luz artificial.

Literalmente me alejaría de este desastre siempre que pudiera. No soy un fantaseador. Sé que no podemos convertirnos en una autarquía total. Pero eso no significa que no haya alternativa al libre comercio globalizado para resolverlo todo. Igual que decidimos hacer con el petróleo.

He estado pensando en muchas de estas cosas durante un tiempo. Las luces rojas han estado parpadeando durante años. Pero decir lo anterior en voz alta habría sonado descabellado hace diez años, y probablemente incluso hace cinco. Sin embargo, gran parte de esto ya está sucediendo en países más ilustrados.

Cosas realmente malas están sucediendo. O hacemos algo o nos hundimos. Esas son las opciones reales. Cruzar los dedos es una temeridad. No dejen que les digan que todo esto está bien. Estamos en problemas y deberíamos actuar. Esto es lo que yo haría. Si tienen una idea mejor" 

(Robin McAlpine , Common Weal, 18/06/26, traducción Deep`Seek, enlaces en el original) 

11.6.26

Abaratar el coste de la vivienda un 30% supondría un impulso en la demanda agregada de 25 mil millones de euros y la creación potencial de 410.000 empleos en 5 años Esto equivaldría al 20% del empleo neto creado en los últimos 5 años... El rentismo no solo tiene graves efectos sociales sino que lastra la actividad económica y la creación potencial de empleo... la rentabilidad de la inversión en vivienda es un 52% superior a la inversión productiva empresarial Y crea el incentivo perverso de que es más rentable extraer renta que realizar inversiones productivas, que generan actividad y empleo... Para las familias supone una fuerte extracción de renta, que echa por tierra las subidas salariales, aboca a muchos hogares a no llegar a fin de mes y limita a nivel macroeconómico la demanda agregada… limitando por tanto el crecimiento económico y la creación de empleo (Natalia A.)

Natalia A. @NatMingus

El rentismo no solo tiene graves efectos sociales sino que lastra la actividad económica y la creación potencial de empleo 

La vivienda siempre ha sido la forma predilecta de ahorro y se considera una forma de inversión segura y rentable a largo plazo. Los datos confirman que invertir en vivienda en España es muy rentable, más rentable que cualquier inversión alternativa, productiva o financiera 

 De hecho, a largo plazo, la rentabilidad de la inversión en vivienda es un 52% superior a la inversión productiva empresarial  Y crea el incentivo perverso de que es más rentable extraer renta que realizar inversiones productivas, que generan actividad y empleo.

 Para las familias supone una fuerte extracción de renta, que echa por tierra las subidas salariales, aboca a muchos hogares a no llegar a fin de mes y limita a nivel macroeconómico la demanda agregada… …limitando por tanto el crecimiento económico y la creación de empleo

 Según nuestras estimaciones, abaratar el coste de la vivienda un 30% supondría un impulso en la demanda agregada de 25 mil millones de euros y la creación potencial de 410.000 empleos en 5 años Esto equivaldría al 20% del empleo neto creado en los últimos 5 años

 Todos los detalles los tenéis en el estudio completo

 https://estudios.ccoo.es/2df9fb4a180824df4b476fdea19b92fa000001.pdf

9:32 a. m. · 24 jun. 2025 ·48 mil Visualizaciones

7.6.26

Inteligencia Artificial, solo una gran operación bursátil... El crecimiento del PIB de EE. UU. está impulsado ahora casi exclusivamente por el aumento del gasto en tecnología. Si este comienza a descender, la economía estadounidense entrará en recesión muy rápidamente... El mercado de valores se concentra cada vez más en un puñado de acciones vinculadas a la IA, que ahora representan aproximadamente el 40 % de la capitalización bursátil del S&P 500, según datos del Bank of America... El riesgo, por tanto, es que la economía, el ciclo de beneficios y el mercado bursátil "se apoyan todos en el mismo pilar estrecho de la IA"... La economía estadounidense actual es, en realidad, dos economías en una. Está la economía tecnológica y luego está todo lo demás. En los últimos cuatro trimestres hasta el final del primer trimestre de 2026, el 93 % del crecimiento del PIB estadounidense se debe únicamente a la inversión en tecnología (aunque gran parte de las compras son importaciones y no se producen a nivel nacional)... Se trata de una burbuja a punto de estallar... Gita Gopinath, ex economista jefe del FMI, ha calculado que una caída del mercado bursátil de la IA equivalente a la que puso fin al boom de las puntocom borraría unos 20 billones de dólares de la riqueza de los hogares estadounidenses y otros 15 billones en el extranjero, lo suficiente para estrangular el gasto de los consumidores y provocar una recesión mundial... Nada de esto pretende concluir que la IA no vaya a generar, en algún momento, una mayor productividad para la economía estadounidense en su conjunto. Pero eso no sucederá antes de que estalle la burbuja de inversión (Michael Roberts)

"Goldman Sachs, el gigantesco banco de inversión, considera que la IA no es más que «una gran operación bursátil sobre la economía estadounidense». Y la burbuja de inversión en IA no deja de crecer. La semana pasada, la empresa creadora de modelos de IA, Anthropic, anunció que iba a emitir acciones para inversores potenciales en lo que, en la jerga bursátil, se denomina una oferta pública inicial (OPI). Anthropic seguía los pasos de la OPI prevista por SpaceX, la empresa de Elon Musk, por la gigantesca cifra de 1,8 billones de dólares. ¡Esto valoraría a SpaceX en el mercado en 92 veces sus ingresos anuales!

Alphabet, la empresa matriz de Google, también planea recaudar 85 000 millones de dólares en financiación mediante acciones —su primera oferta de acciones en más de dos décadas—. En conjunto, estas tres gigantescas OPI podrían alcanzar una valoración combinada de alrededor de 4 billones de dólares. ¡Eso supone un tercio del valor total de las OPI estadounidenses desde 1980 (ajustado a la inflación)! Y, sin embargo, SpaceX, OpenAI y Anthropic registran actualmente pérdidas, y el potencial comercial de los modelos de IA —y, en el caso de SpaceX, de su proyecto de llegar a Marte— sigue siendo desconocido.
La IA es una gran apuesta para los inversores del mercado bursátil estadounidense y una gran apuesta por la economía de EE. UU. Esto se debe a que la cantidad de inversión de capital que están realizando las empresas denominadas «hiperescaladoras» en modelos de IA, centros de datos y otros equipos de IA es asombrosa. Como porcentaje del PIB de EE. UU., ahora está llamada a superar con creces la construcción del ferrocarril del siglo XIX.

Allá por diciembre de 1996, el entonces presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, calificó el auge de las acciones de tecnología, medios de comunicación y telecomunicaciones como un fenómeno que mostraba signos de «exuberancia irracional». Casi 30 años después, podemos decir lo mismo del auge de la IA sin lugar a dudas. Este auge de la inversión ya es mucho mayor de lo que jamás fue la inversión en Internet de la era «puntocom» de finales de la década de 1990. En 2025, las empresas estadounidenses invirtieron casi 1,5 billones de dólares en equipos informáticos y software. En el punto álgido de la burbuja «puntocom», la cifra fue de 466 000 millones de dólares, o 829 000 millones de dólares ajustada a la inflación. Los hiperescaladores Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Oracle tienen previsto invertir cientos de miles de millones en los próximos cinco años en centros de datos para proporcionar la potencia informática necesaria para ejecutar estos modelos de IA. Se espera que las inversiones de capital aumenten un 20 % al año, una tasa de crecimiento nunca vista antes en este sector.

El crecimiento del PIB de EE. UU. está impulsado ahora casi exclusivamente por el aumento del gasto en tecnología. Si este comienza a descender, la economía estadounidense entrará en recesión muy rápidamente —incluso si las inversiones en tecnología solo disminuyen ligeramente, digamos entre un 4 % y un 6 %, como ocurrió tras auges tecnológicos mucho más modestos en la década de 1960 y durante la recesión de 2009.
Como mostré en mi última publicación, los beneficios empresariales de EE. UU. han aumentado significativamente. Pero según Brian Green en una publicación reciente, alrededor del 80 % del aumento de los beneficios de las empresas no financieras de EE. UU. provino de Nvidia y de los hiperescaladores. El mercado de valores se concentra cada vez más en un puñado de acciones vinculadas a la IA, que ahora representan aproximadamente el 40 % de la capitalización bursátil del S&P 500, según datos del Bank of America. La rentabilidad general se ve favorecida por una pequeña parte de la economía que obtiene rendimientos extraordinarios gracias a la carrera por desarrollar la capacidad de IA. El riesgo, por tanto, es que la economía, el ciclo de beneficios y el mercado bursátil «se apoyan todos en el mismo pilar estrecho. Si se cuestionan los rendimientos esperados de la infraestructura y las plataformas de IA, las repercusiones podrían no limitarse a unas pocas acciones tecnológicas con valoraciones elevadas».

Como he señalado en entradas anteriores, hasta ahora la inversión masiva en IA se ha financiado principalmente con los beneficios que ya obtienen los hiperescaladores. Pero dada la imposibilidad de encontrar ingresos adicionales suficientes para autofinanciar sus planes de inversión, los hiperescaladores y sus proveedores de hardware recurren cada vez más a la financiación externa para sufragarlos.

El primer juego es la «financiación circular», es decir, mediante inversiones cruzadas entre Microsoft, OpenAI y otros. En esencia, un hiperescalador con gran liquidez como Microsoft compra hardware a Nvidia, AMD y otros proveedores. A continuación, Nvidia utiliza esos ingresos para adquirir una participación de varios miles de millones de dólares en OpenAI. OpenAI, a su vez, utiliza este efectivo para asegurarse capacidad de computación en los centros de datos de Microsoft. La propia Microsoft también invierte en OpenAI y establece un acuerdo de reparto mutuo de ingresos, en el que parte de los ingresos de OpenAI fluyen hacia Microsoft y viceversa, ya que ambas empresas utilizan los productos de la otra. Suponiendo que Microsoft gaste 100 000 millones de dólares en encargar hardware para centros de datos, Nvidia, AMD y otros proveedores pueden contabilizar esos 100 000 millones como ingresos. A continuación, utilizan ese efectivo para invertir en OpenAI (por ejemplo), que a su vez utiliza ese dinero para reservar capacidad en los centros de datos de Microsoft. Microsoft contabiliza esta inversión de OpenAI como ingresos, ¡convirtiendo así de manera efectiva su gasto de 100 000 millones de dólares en miles de millones de ingresos!

Ni siquiera esto es ya suficiente, y cada vez más, los hiperescaladores han comenzado a recurrir a los préstamos para obtener el efectivo necesario para invertir. Los gigantes tecnológicos estadounidenses están emitiendo deuda por todo el mundo. Google/Alphabet lidera esta tendencia.

Así pues, primero invirtieron con sus propios fondos; luego, entre ellos; después, pidieron préstamos a los bancos y a los denominados fondos de crédito privado; y ahora están trasladando el riesgo de éxito o fracaso a los inversores del mercado de valores. Si toda esta inversión no genera los rendimientos esperados, afectará de lleno al sector financiero y a la economía en general.

Pero no se preocupe, dicen las empresas de IA y los hiperescaladores, se espera que los ingresos crezcan un 15 % anual. Si hacemos la heroica suposición de que no hay costes, entonces estos ingresos adicionales son el beneficio que se espera que estas empresas obtengan de sus inversiones adicionales en centros de datos de IA. Sin embargo, incluso bajo estas hipótesis extremadamente optimistas, el rendimiento implícito de la inversión es muy negativo para todos excepto para Amazon.

Si los hiperescaladores necesitan generar, digamos, un rendimiento de la inversión del 10 %, tendrían que obtener entre 2 y 5 billones de dólares adicionales en ingresos al año. Se trata de una tarea titánica para un grupo de empresas que actualmente genera unos ingresos de tan solo 1,5 billones de dólares al año. La otra opción es que la inversión prevista en centros de datos, chips informáticos y otras áreas nunca se materialice, tal vez porque los inversores de capital se vuelvan más cautelosos con respecto al sector, o si la financiación mediante deuda para los centros de datos se vuelve más difícil de obtener. Un análisis de JP Morgan reveló que más del 60 % de la capacidad de los centros de datos cuya finalización está prevista para 2027 aún no se ha puesto en marcha, y que otro 7 % se ha retrasado. ¿Qué sucederá si estas empresas anuncian recortes en algunos de sus planes de inversión?
¿Ofrecerán los héroes de la IA, OpenAI y Anthropic, los rendimientos que los hiperescaladores y sus inversores esperan y desean? Los directores ejecutivos de las empresas se muestran optimistas. En los últimos tres años, desde que OpenAI lanzó ChatGPT, afirman que las ganancias acumuladas en productividad han sido del orden del 0,3 % al 1 % anual. Para los próximos tres años, estiman que las ganancias en productividad se acelerarán hasta el 1,4 %, siendo los ejecutivos de EE. UU. y el Reino Unido mucho más optimistas que los de Alemania y Australia.

Según calculan, estas ganancias de productividad se lograrán mediante la reducción de la mano de obra. Los líderes empresariales esperan que la plantilla de sus empresas se reduzca en torno a un 0,7 % en los próximos tres años, y de nuevo los ejecutivos de EE. UU. y el Reino Unido prevén descensos en el empleo mucho más pronunciados que los ejecutivos de Alemania y Australia. En los últimos tres años, esos mismos ejecutivos no observaron ningún impacto de la IA en el empleo. Así pues, todo esto son expectativas. Además, la Encuesta sobre Tendencias y Perspectivas Empresariales de la Oficina del Censo de EE. UU. muestra que las empresas con 50 empleados o más no registran un mayor crecimiento en el uso de la IA desde el segundo trimestre de 2025. Las empresas aún no tienen claro cómo utilizar la IA de forma eficaz y están cada vez más preocupadas por los inconvenientes de la IA cuando la utilizan.

Entre esos inconvenientes se incluyen las «alucinaciones» (es decir, ficciones inventadas por el modelo de IA), que son inherentes a los modelos de lenguaje grande (LLM). Un estudio reveló que, para un conjunto de entrenamiento de 32 000 palabras, la tasa media de alucinaciones en los LLM era del 6,8 %. Cuando ese conjunto se amplió a 128 000 palabras, la tasa media de alucinaciones ascendió al 10 %. Esto supone mucho tiempo de corrección y supervisión para los trabajadores humanos.
Otro problema es que, dado que los LLM están diseñados para ser buenos en todo, no destacan especialmente en nada en comparación con las aplicaciones especializadas. Un informe sobre el uso de la IA en el desarrollo de software constató un impacto explosivo al principio, con programadores que creaban o editaban casi un 300 % más de archivos, pero ese aumento se redujo a la mitad, hasta el 150 %, cuando las empresas recibieron el número de trabajos enviados para su revisión, y eso, a su vez, se redujo cinco veces hasta situarse en un aumento aproximado del 30 % en el momento del lanzamiento completo del software.

Además, cuando los investigadores analizaron si el aumento de la producción de software asistido por IA había dado lugar a un mayor uso por parte de los clientes, encontraron pocas pruebas de ello. El notable aumento de los lanzamientos de aplicaciones móviles durante el último año no ha ido acompañado de ningún incremento en las descargas: la mayoría de las nuevas aplicaciones no logran captar ni siquiera una audiencia modesta.

Mientras tanto, OpenAI ha gastado unos 6000 millones de dólares, cifra que ascenderá a 17 000 millones en 2026. Para 2028, se prevé que solo los costes de inferencia (entrenamiento) alcancen los 121 000 millones de dólares y que las pérdidas se sitúen en 85 000 millones. El gasto de efectivo de Anthropic es mucho menor, pero aún así ascendió a 3000 millones de dólares en 2025. A menos que las empresas que desarrollan modelos de lenguaje grande (LLM) puedan encontrar grandes cantidades de nuevos ingresos en los próximos dos años, las pérdidas aumentarán exponencialmente, especialmente teniendo en cuenta que el precio actual cobrado por «token» no es el verdadero coste de la computación. Si las empresas de IA cobraran el precio de coste por token, las pérdidas podrían disminuir, pero la demanda de LLM podría reducirse aún más.
A pesar de ello, el entusiasmo en torno a la IA sigue siendo tan grande que, en esencia, todas las inversiones privadas en EE. UU. se destinan ahora a hardware y software tecnológico. En los últimos tres años, el crecimiento medio anual de las inversiones en equipos informáticos ha sido del 11 % y del 8 % en software. Mientras tanto, las inversiones en el resto de sectores de la economía estadounidense en su conjunto han disminuido un 1,6 % al año.

La economía estadounidense actual es, en realidad, dos economías en una. Está la economía tecnológica y luego está todo lo demás. En los últimos cuatro trimestres hasta el final del primer trimestre de 2026, el 93 % del crecimiento del PIB estadounidense se debe únicamente a la inversión en tecnología (aunque gran parte de las compras son importaciones y no se producen a nivel nacional).

Se trata de una burbuja a punto de estallar. Tras el estallido de la burbuja de las TMT, la inversión fija privada cayó más de un 12,7 % entre 2000 y finales de 2002, a medida que la recesión se afianzaba en EE. UU. En el primer año tras el estallido de la burbuja de las TMT, las inversiones en tecnología cayeron un 12 %, mientras que la inversión fija en general descendió un 7,6 %.
Gita Gopinath, ex economista jefe del FMI, ha calculado que una caída del mercado bursátil de la IA equivalente a la que puso fin al boom de las puntocom borraría unos 20 billones de dólares de la riqueza de los hogares estadounidenses y otros 15 billones en el extranjero, lo suficiente para estrangular el gasto de los consumidores y provocar una recesión mundial. Esta es también la opinión del FMI. El FMI teme que las empresas de IA no logren generar beneficios acordes con sus elevadas valoraciones. El colapso de anteriores auges de inversión redujo en promedio alrededor de 1 punto porcentual el crecimiento del PIB real de EE. UU. Incluso una corrección moderada en las valoraciones bursátiles de la IA reduciría el crecimiento mundial en un 0,4 %. «Si a ello se suman unas ganancias de productividad total de los factores inferiores a lo esperado y una corrección más significativa en los mercados de valores, las pérdidas de producción mundial podrían aumentar aún más, concentrándose en regiones con gran presencia tecnológica, como Estados Unidos y Asia». Otro estudio reveló que incluso una caída muy leve de la inversión tecnológica, de tan solo un 3 %, reduciría el crecimiento del PIB real de EE. UU. en un 1 %, o la mitad de la tasa actual. El impacto sería mayor en Europa.

Nada de esto pretende concluir que la IA no vaya a generar, en algún momento, una mayor rentabilidad para las empresas implicadas y una mayor productividad para la economía estadounidense en su conjunto. Pero eso no sucederá antes de que estalle la burbuja de inversión —como ocurrió con la fiebre ferroviaria de la década de 1870 y con la burbuja puntocom de finales de la década de 1990. Como han demostrado otros estudios, la IA tardará una década o más en convertirse en una tecnología generalizada que dé resultados.

Para los trabajadores, la IA plantea un problema diferente. Para el capital y las megacompañías de medios de comunicación, el objetivo es convertir la IA en una tecnología rentable, pero eso solo puede lograrse prescindiendo de mano de obra y frenando cualquier intento de regular sus aplicaciones y su uso. Si la IA va a tener éxito para el capital, solo será a costa de la mayoría de los trabajadores y sus familias."

  , blog, 06/06/26, traducción Salvador López, gráficos en el original) 

18.4.26

Los indicadores financieros están ocultando el peligro que amenaza a la economía real... quiénes marcan las directrices de la política económica reaccionan tarde o con error. No porque sean incompetentes, sino porque actúan con sesgos ideológicos, utilizan modelos equivocados y se fijan en indicadores equivocados... Eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora con la crisis del Golfo Pérsico... no incorporan con realismo el efecto que tienen los choques energéticos sobre la producción y eso les lleva a subestimar las consecuencias que tienen sobre la economía real, y leen la realidad tomando excesivamente en consideración los indicadores financieros... el bloqueo en el suministro de fuentes de energía y materias primas esenciales producirá un impacto prácticamente proporcional en la capacidad de producir bienes y servicios de todo tipo en todo el planeta. Sin embargo, los indicadores financieros no señalan que el efecto vaya a ser demasiado grande o peligroso... El indicador financiero que más pesa en la lectura de esta crisis es el precio en los mercados de futuros de los recursos que se han bloqueado en Ormuz... pero se han convertido en instrumentos especulativos, en donde los precios son el resultado de las apuestas que realizan (hoy día mediante algoritmos y a velocidad vertiginosa) quienes solamente buscan ganar dinero con el movimiento siguiente (que a veces ellos mismos pueden provocar)... al sistema financiero en su conjunto le interesa que la guerra sea percibida como un riesgo manejable y temporal, y no como algo que pude dar lugar a una catástrofe sistémica si no se detiene pronto... lo que necesitan todos esos operadores es que el juego especulativo no se detenga... Si se procesara correctamente la gravedad de lo que está ocurriendo en el Golfo, los precios se dispararían de forma caótica, las posiciones basadas en deuda se liquidarían en cascada y el negocio especulativo colapsaría junto con todo lo demás (Juan Torres López)

"En la historia económica reciente se produce reiteradamente un mismo fenómeno: quienes marcan las directrices de la política económica reaccionan tarde o con error. No porque sean incompetentes, sino porque actúan con sesgos ideológicos, utilizan modelos equivocados y se fijan en indicadores equivocados.

Eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora con la crisis del Golfo Pérsico y entender por qué ocurre es crucial para percibir el daño que se está acumulando mientras se mira a otro lado.

Dos fuentes de error

A mi juicio, hay dos causas que explican la ceguera con que se enfrentan a los problemas económicas quienes diseñan y orientan la política económica.

La primera tiene que ver con los modelos económicos que utilizan. Como acaba de mostrar Steve Keen para el caso que nos ocupa, no incorporan con realismo el efecto que tienen los choques energéticos sobre la producción y  eso les lleva a subestimar las consecuencias que tienen sobre la economía real.

Es una limitación muy grave y merece un análisis propio, pero no la voy a abordar en este artículo.

Aquí voy a explicar una segunda causa de ceguera y error: leer la realidad tomando excesivamente en consideración los indicadores financieros. Unos indicadores que generalmente producen (por las razones que voy a explicar enseguida) una imagen de la situación sistemáticamente más tranquilizadora que la que realmente existe. 

Una metáfora para entendernos

Imaginemos que se produce un accidente que bloquea el acceso de bienes y servicios a nuestro pueblo o ciudad y que sólo se dispone del 40 % de los que habitualmente consumen las viviendas y empresas. Los vecinos tratarán de aprovisionarse, racionan su consumo, los bienes escasean y es muy posible que muchas tiendas y empresas paralicen su actividad.

Imaginemos que, para saber cuál es la situación real en la que nos encontramos y tomar medidas, en lugar de fijarnos en las cantidades y en los precios del momento presente, miramos un tablero en donde aparecen los que se espera que tengan los bienes dentro de tres meses, cuando nos dicen los técnicos que ya se habrá arreglado el problema y recuperado el acceso. 

Eso es exactamente lo que está ocurriendo con el Estrecho de Ormuz. El grifo de energía que abastece a la economía mundial lleva semanas fuertemente alterado, con caídas muy significativas en el tráfico marítimo. Sin embargo, los mercados financieros —el tablero donde nos dicen que miremos— fijan precios no en función de la gravedad de lo que ocurre ahora, sino considerando que el problema es manejable y temporal.

Un ejemplo simple y claro para que lo entiendas: el 13 de abril, el precio del crudo físico (el que se podía comprar en nuestro pueblo tras el bloqueo en la metáfora que te acabo de poner) era de 132,74 dólares por barril. El precio del contrato de futuros para junio (el que los mercados pensaban que tendría en ese mes) era de 99,36. Una divergencia que refleja expectativas de una muy rápida normalización.

Qué es el Estrecho de Ormuz y qué está pasando allí

El Estrecho de Ormuz tiene apenas 33 kilómetros de anchura en su punto más estrecho y por allí pasa normalmente una cuarta parte de todo el petróleo que se comercia en el mundo, una quinta parte del gas natural licuado global, y volúmenes enormes de otros productos y materias primas fundamentales para la alimentación y la industria mundial.

Como sabemos, desde finales de febrero quedó prácticamente cerrado, las grandes navieras suspendieron sus tránsitos y el tráfico de barcos cayó hasta niveles casi puramente testimoniales. 

Semejante bloqueo en el suministro de fuentes de energía y materias primas esenciales producirá un impacto prácticamente proporcional en la capacidad de producir bienes y servicios de todo tipo en todo el planeta. Sin embargo, los indicadores financieros no señalan que el efecto vaya a ser demasiado grande o peligroso y la pregunta, por tanto, es cómo puede ser eso posible.

Es cierto que podría argumentarse que estos precios financieros reflejan factores como la existencia de reservas estratégicas, la capacidad de otros productores para aumentar la oferta o la experiencia histórica de interrupciones breves en el suministro. Pero estas interpretaciones descansan en supuestos que no parece que se estén cumpliendo en la situación actual: que los ajustes serán rápidos, que los cuellos de botella serán limitados y que los efectos sobre la producción serán lineales y reversibles. 

La desnaturalización de los mercados de futuros 

El indicador financiero que más pesa en la lectura de esta crisis es el precio en los mercados de futuros de los recursos que se han bloqueado en Ormuz. Y para entender por qué este indicador está fallando hay que entender, primero, qué es un mercado de futuros, para qué fue creado y qué ha pasado con él.

Estos mercados nacieron con una función muy útil, permitir que los productores y empresas pudieran hacer frente con cierta seguridad a la incertidumbre que siempre lleva consigo la variación de los precios a lo largo del tiempo. Permitían que una empresa, un agricultor o un transportista, por ejemplo, fijaran hoy el precio de lo que iban a necesitar dentro de un determinado periodo de tiempo. Así podían planificar con seguridad y enfrentarse al riesgo de cambios en el precio.

Sin embargo, esos mercados fueron siendo dominados por operadores que, en realidad, no necesitaban petróleo, ni azufre, ni gas, ni café, ni ningún producto real. Son fondos de inversión, bancos y especuladores que compran y venden esos contratos exclusivamente para ganar dinero con la diferencia de precio entre el momento de la compra y el de la venta. Sin ningún interés en la materia prima en sí, y sin necesidad de protegerse de nada.

El resultado ha sido que los mercados de futuros han dejado de ser lo que eran, es decir, instrumentos para que la economía real gestione el riesgo futuro. Se han ido convertido, por el contrario, en instrumentos especulativos, en donde los precios son el resultado de las apuestas que realizan (hoy día mediante algoritmos y a velocidad vertiginosa) quienes solamente buscan ganar dinero con el movimiento siguiente (que a veces ellos mismos pueden provocar).

Estos especuladores no ganan dinero analizando lo que va a pasar en la economía real dentro de seis meses, sino anticipándose al próximo titular, al próximo anuncio político, al próximo tuit presidencial, es decir, en función casi exclusiva de lo que ocurre en el muy corto plazo.

Por qué los mercados futuros están infravalorando el peligro

Cuando los mercados de futuros se convierten en máquinas de apostar al próximo anuncio político, o sobre cualquier otra que permita ganar más dinero en el menor tiempo posible, sus señales sobre lo que puede estar ocurriendo en la economía real se vuelven imprecisas y sistemáticamente engañosas. 

En estos momentos, hay al menos tres razones concretas que explican por qué están proporcionando señales equivocadas e infravalorando el peligro que realmente amenaza a la economía global.

La primera es que estos mercados no funcionan como un mercado normal donde mucha gente compra y vende en igualdad de condiciones. Están dominados por un puñado de grandes bancos y fondos de inversión o incluso por algoritmos que manejan cantidades de dinero tan enormes que cuando apuestan en una dirección, el precio se mueve hacia donde hayan indicado. Son ellos quienes marcan la señal.

Y a esos grandes operadores les interesa apostar a que el conflicto se resolverá pronto por una razón muy concreta: si apostaran a la catástrofe y acertaran, ellos también perderían. Una crisis energética prolongada hundiría la economía global, y con ella todas sus otras inversiones —acciones, bonos, préstamos... 

Apostar a la resolución rápida, en cambio, es apostar a que el juego continúa. A que los mercados siguen funcionando. A que habrá oportunidad de comprar barato ahora y vender caro después. Por eso, cuanto más dinero entra apostando a la normalización, más tranquilizadora es la señal que emiten los futuros. Y esa señal es la que acaba en los telediarios, en los análisis de los gobiernos y en la opinión pública.

La segunda razón es que los modelos que usan estos mercados para fijar precios están construidos sobre datos históricos. Y en la historia, todos los cierres del Estrecho de Ormuz han sido breves. El mercado aplica esa experiencia pasada como probabilidad futura, como si lo ocurrido antes fuera una guía fiable para lo que ocurrirá ahora. Pero esta situación no tiene precedente histórico comparable. La escala del cierre, su duración, la combinación de factores que lo rodean son nuevos. El modelo mira al retrovisor para conducir hacia adelante.

Finalmente, la tercera razón es que el cierre del Estrecho no solo produce el corte de una determinada cantidad de suministro de productos —petróleo, gas, azufre, helio...— cuyos precios se pueden registrar en el momento presente o estimar en el futuro, y sobre los que, por tanto, se pueden realizar las apuestas en las que se basan los indicadores financieros. Además, produce efectos sobre la economía real que esos indicadores sencillamente no pueden percibir ni transformar en contratos que se compren y vendan: el agricultor que no puede sembrar porque no llega el fertilizante, la fábrica que para porque no tiene insumos, el país que raciona electricidad porque no llega el gas... Esos daños no tienen precio en ningún mercado. No cotizan en ningún sitio. No existen para el sistema financiero.

El mercado construye su imagen del futuro solo con las piezas que puede ver. Y deja fuera, sistemáticamente, todos los demás daños. Su señal no es falsa, pero es estructuralmente incompleta. Y una señal incompleta sobre una crisis de esta magnitud es tan peligrosa como una señal falsa.

Finanzas que hacen negocio si el peligro no se ve

A esto que ocurre en el (desnaturalizado) mercado de futuros hay que añadir algo más. Al sistema financiero en su conjunto le interesa que la guerra sea percibida como un riesgo manejable y temporal, y no como algo que pude dar lugar a una catástrofe sistémica si no se detiene pronto.

Los fondos de cobertura son fondos de inversión que ganan dinero con los cambios a muy corto plazo de los precios o, en general, con las variaciones inmediatas en las condiciones de los mercados. Hay plataformas que mueven miles de millones de dólares apostando sobre eventos geopolíticos —si habrá o no un alto el fuego, si se atacará tal o cual infraestructura, si asesinarán a un determinado líder...—. Y quienes tienen en sus carteras las acciones de las grandes empresas petroleras y armamentísticas —en gran medida esos mismos grandes fondos que dominan los mercados de futuros— ganan dinero con cada nuevo cambio de situación.

Pues bien, lo que necesitan todos esos operadores es que el juego especulativo no se detenga. Y eso sólo puede ocurrir si la guerra -en este caso- es percibida como algo manejable. Si se procesara correctamente la gravedad de lo que está ocurriendo en el Golfo, los precios se dispararían de forma caótica, las posiciones basadas en deuda se liquidarían en cascada y el negocio especulativo colapsaría junto con todo lo demás.

La trampa 

Durante décadas nos han querido convencer de que el estado de la economía se deduce de los indicadores financieros. Si la bolsa sube, es que las cosas van bien. Si el precio del petróleo no se dispara, es que la crisis energética no es tan grave. Si los índices se mantienen, es que los fundamentales aguantan.

Ahí está la ceguera y, por qué no decirlo, la trampa: los indicadores financieros sirven para conocer las expectativas de quienes tienen capital para apostar, pero engañan cuando se trata de percibir lo que ocurre en la producción real, en los ciclos agrícolas, en las cadenas de fabricación o con el día a día de las personas y empresas que no participan en los mercados financieros.

Se trata de un error que, en esta ocasión, puede dar lugar a consecuencias muy peligrosas. Si la guerra continua y no se pone fin al bloqueo rápidamente, la cuerda que sostiene a la economía global no se va a romper, como en otras ocasiones, por el lado de las finanzas, sino por el de la economía real. Si es así, si llega un momento en que los agricultores no puedan cultivar, los transportistas se paralizan y las fábricas no tienen insumos, las herramientas habituales de política fiscal y monetaria serían claramente insuficientes para hacer frente a la situación. No habrá banco central que pueda arreglar el desaguisado dando cientos de miles de millones a los bancos o modificando los tipos de interés, ni gobiernos con recursos para frenar la hecatombe."                           (Juan Torres López, blog, 17/04/26) 

15.4.26

Desde 2008, los niveles salariales estadounidenses se han mantenido absolutamente estancados. El cuarenta por ciento de los estadounidenses no tiene hoy en día ningún ahorro. Todo el crecimiento de la riqueza ha sido un crecimiento «financiarizado» de la riqueza: inmobiliario, bursátil y de bonos. Y esto es el resultado de la política de tipos de interés bajos, de tipos de interés cero, que lo hace rentable para el capital privado. De repente, los prestamistas no bancarios —grandes empresas como Blackstone y otras— han pedido préstamos a los bancos a un interés muy bajo, como el 1 %, y han comprado todo tipo de empresas para exprimirlas hasta lo último, maximizar los rendimientos financieros mediante el apalancamiento de la deuda y adquirirlas a crédito, con un crédito tan reducido y a tipos de interés del 1 % o incluso del 2 %, que podían obtener todo lo que pudieran ganar por encima de estos mínimos tipos de interés... Y así se tiene esta enorme pirámide financiera invertida basada en este crédito bancario... Así pues, se ha producido una inflación de los precios de los activos... esta inflación de los precios de los activos financieros ha atraído dinero de fondos de pensiones y de inversiones privadas, todo lo cual se destina a hacer funcionar de alguna manera esta pirámide de deuda financiera... Pues bien, esta semana se acaba de observar que los tipos de interés de las hipotecas a 30 años han superado el 5 % y los de los títulos del Tesoro a 10 años, el 4,5 %. De repente, ya no hay tipos de interés cero. De repente, todos estos préstamos que deben renovarse por parte de las grandes entidades bancarias que los han concedido a las empresas de capital privado se ven incapaces de recuperar su coste de capital prestando a estas empresas el dinero suficiente para continuar con el esquema Ponzi que está en marcha. Ese es todo el problema para la economía. Y el hecho de que la guerra en Irán haya creado interrupciones irreversibles, por el momento, interrupciones en la cadena de pagos basada en el petróleo, el gas, el amoníaco, los fertilizantes, el azufre y el helio. Todas estas cosas, estas rupturas en la cadena de pagos, van a provocar impagos. Y una vez que se produce un impago, se invierte ese proceso de crecimiento exponencial de la deuda y se produce una contracción exponencial en la fase descendente. Eso es lo que es una depresión (Michael Hudson)

  "Glenn Diesen: Bienvenido de nuevo. Hoy nos acompaña el profesor Michael Hudson para hablar sobre cómo la guerra contra Irán está afectando a la economía mundial. Así que, como siempre, gracias por volver al programa.

Michael Hudson: Me alegro de estar de vuelta, Glenn.

Glenn Diesen: A menudo hablamos del deterioro de la economía estadounidense, así como de la economía mundial, que ahora se asienta, evidentemente, sobre unos cimientos que ya no son sostenibles. Estados Unidos sabe que esto es así. Algunos países intentan adaptarse a las nuevas realidades. Otros intentan retrasar el proceso. Otros intentan revertir lo que ha sucedido. Pero esta guerra contra Irán parece realmente intensificar todos estos peligrosos síntomas de los que hablamos.

Y parece que el mundo no podrá volver realmente a ser como era antes de esta guerra. Me preguntaba cómo lo valora usted. Porque esta guerra afecta a la economía mundial en tantos niveles. La energía, obviamente, y los fertilizantes son clave, pero ¿cómo ve usted las ramificaciones de esta guerra?

Michael Hudson: Bueno, ya hemos comentado anteriormente que, en mi opinión, se trata de la Tercera Guerra Mundial, precisamente porque la energía, los fertilizantes y el resto de exportaciones de los países productores de petróleo son tan importantes para el mundo entero. Eso la convierte en una guerra con implicaciones a escala mundial. Y a pesar de que, en las últimas dos horas, la bolsa de EE. UU. ha subido mil puntos porque imaginan que, de alguna manera, lo ocurrido es reversible y que cuando Donald Trump dice: « Bueno, Irán está hablando de llegar a un acuerdo y hay indicios en Internet de que Irán dice: “Bueno, lo único que intentamos hacer es protegernos” —que, de alguna manera, el mundo volverá a ser como era, no solo antes del ataque, sino realmente como en el siglo XIX, quizá en el siglo XVIII. Esto no es simplemente una guerra en Irán. Se trata de una guerra que, como hemos comentado, es una guerra de Estados Unidos para mantener un punto de estrangulamiento sobre toda la economía mundial mediante el control del petróleo, ya que todo el mundo lo necesita. Y la razón por la que entró en guerra con Irán es la misma por la que el mes pasado entró en guerra con Venezuela y secuestró al presidente y puso el petróleo venezolano bajo control estadounidense, para que Estados Unidos pueda decidir quién obtendrá este petróleo de Venezuela y quién obtendrá el dinero de las exportaciones de petróleo: Estados Unidos.

Ahora bien, Estados Unidos, como creo que ya hemos comentado, se da cuenta de que, para basar su política exterior en la capacidad de cortar los envíos de petróleo al mundo, tiene que, en primer lugar, impedir que la soberanía de cualquier otro país le permita exportar petróleo que no esté bajo control estadounidense. Y así, hasta ahora, Estados Unidos ha impuesto sanciones, en primer lugar, a Irán, que siguen vigentes; en segundo lugar, a Venezuela, que ahora se han levantado; y, por último, a Rusia.

Así pues, el único lugar del que los aliados de Estados Unidos que aceptan imponer sanciones a Rusia pueden obtener su petróleo es de los lugares que controla Estados Unidos. Por eso Estados Unidos insistió tanto, la semana pasada, en intentar controlar el estrecho de Ormuz, a través del cual se exporta gran parte del petróleo saudí y de la OPEP, aparte del oleoducto saudí.

Pues bien, al parecer Donald Trump ha escuchado a sus asesores militares, quienes le dijeron: «Mire, cualquier tropa que enviemos a tomar las islas del estrecho de Ormuz para controlarlo será un blanco fácil. Y esta no es una situación defendible. Y, en cualquier caso, Donald, ¿no quiere simplemente hacerse con el petróleo?». Y Donald Trump ha dicho que, sí, el verdadero objetivo por el que estamos en Irán y hemos declarado la guerra no tiene nada que ver con que Irán quiera conseguir una bomba atómica, porque no ha estado intentando conseguirla. En realidad no tiene nada que ver con la política exterior de Irán. Simplemente quiere el petróleo estadounidense, igual que quería hacerse con el petróleo de Irak y se ha hecho con él.

Así que todo esto, esta lucha, es un intento de utilizar el petróleo y el control de sus exportaciones de la misma manera que Donald Trump ha utilizado su política arancelaria al decir: «Crearemos el caos en sus economías si no aceptan seguir lo que les piden los diplomáticos estadounidenses», en forma de lo que Trump denominó «contrapartidas» por su acceso a la economía estadounidense mediante la reducción de los aranceles a un nivel menos extremo. Bueno, básicamente está diciendo lo mismo ahora. Quiere hacerse con el petróleo de Irán y, con ello, completará el largo intento de Estados Unidos, que se remonta a la OPEP desde, supongo, 2003, de tomar el control de todo el petróleo de la OPEP, el de las monarquías árabes. E Irán era el último país de todos ellos: Irak, Siria, Libia, toda la gama de exportadores de petróleo. Así que ahora Estados Unidos por sí solo busca el control del petróleo de Oriente Próximo.

Bueno, se supone que eso le dará un dominio absoluto. El problema es que Irán no va a permitir que lo conquisten, aunque haya dicho que está dispuesto a permitir de nuevo las exportaciones de petróleo y a dejar de bloquearlas si otros países garantizan su seguridad. Lo que entiende por seguridad es: en primer lugar, la retirada permanente de todas las bases militares estadounidenses en Oriente Medio. Y, por supuesto, la mayor base militar es Israel, algo que, evidentemente, Estados Unidos no va a hacer. Irán también insistirá, en aras de su seguridad, en que se levanten todas las sanciones impuestas por los aliados de Estados Unidos: Europa, Japón, Corea y otros. Hasta que no se levanten estas sanciones, hasta que Estados Unidos retire su presencia y, en la práctica, se rinda y admita que ha perdido la guerra con Irán, el mundo no va a volver a ser como era.

E incluso si, de alguna manera, milagrosamente, Estados Unidos dijera: «De acuerdo, hemos renunciado a nuestra política exterior. Ya no vamos a ser Estados Unidos como potencia imperial. Vamos a ser simplemente otro país que sigue las normas jurídicas que establece la Organización de las Naciones Unidas. Ya sabe, vamos a volver a un mundo normal. Incluso si llevara a cabo esta política, obviamente imposible, el hecho es que el suministro de petróleo se ha interrumpido y los suministros de helio que procedían de Oriente Medio se han visto interrumpidos. No hay recortes. El helio ya se ha recortado.

Y así, las empresas extranjeras que obtenían helio antes, sin duda aquí en Estados Unidos y en todo el mundo, han reducido sus suministros de helio. Hay recortes en los fertilizantes. Y aunque Irán está permitiendo las exportaciones de petróleo a través del estrecho de Ormuz a cambio de 2 millones de dólares por barco, no está permitiendo las exportaciones de fertilizantes. Y así, el mundo se adentra en la temporada de siembra. Por lo tanto, pase lo que pase, el mundo va a sufrir la depresión más grave desde la Gran Depresión de la década de 1930. Pase lo que pase, no hay forma de evitar esta depresión. Y eso es lo que resulta tan descabellado del mercado de valores y su recuperación. Es como si, de alguna manera, no pudieran aceptar el hecho de que las medidas adoptadas por Estados Unidos e Israel son irreversibles. ¿Quién va a pagar las indemnizaciones a Irán por todos los daños causados para que ellos se recuperen? Probablemente todo esto llevará al menos lo que queda de este año para resolverse. Para responder a su pregunta, la economía estadounidense y el resto del mundo se encaminan hacia una depresión muy grave.

 Glenn Diesen: En cuanto al aspecto energético de todo este asunto, se observa una clara coherencia por parte de Estados Unidos en las últimas décadas, pero Trump ha sido a menudo más, por así decirlo, descarado o sincero en su oposición que sus predecesores, al afirmar muy abiertamente: «En Siria queremos su petróleo, queremos su energía; en Venezuela queremos su petróleo» y, por supuesto, lo último ahora con Irán : «Queremos su petróleo». Bueno, ya sabe que otros líderes, otros presidentes, piensan lo mismo, pero es interesante que se diga de una manera tan abierta. ¿Cómo cree que afectará esto al sistema financiero, y en qué medida estará vinculado el comercio energético al sistema financiero estadounidense, porque, de nuevo, con una economía tan financiarizada, si algo sale mal allí, parece que algo podría desmoronarse en Estados Unidos?

Michael Hudson: Bueno, en cuanto a su primer comentario sobre el hecho de que la política de Trump no hace más que seguir la de todos los presidentes estadounidenses anteriores, no ha habido ningún cambio en absoluto. Y observará que ni un solo expresidente, ni Biden, ni Obama, ni ninguno de los dos George Bush, ni un solo presidente ha criticado a Donald Trump ni lo que está haciendo. Y, de hecho, los líderes alemanes están aplaudiendo a Trump, a pesar de que no están permitiendo que Estados Unidos utilice el espacio aéreo sobre España e Italia y ahora están bloqueando el espacio aéreo estadounidense en Sicilia y Francia. Siguen manteniendo las sanciones.

Y nadie en el mundo, ningún país, ha salido a acusar a Trump de ser un criminal de guerra, de violar las leyes internacionales de la guerra. Es como si todos dudaran incluso en imaginar un mundo que no esté gobernado por Estados Unidos tal y como lo está. Y tal era la confianza en la economía estadounidense, para responder a su pregunta, que desde la crisis de las hipotecas basura de 2008, el sector financiero ha estado muy sobrecargado. Y la solución del presidente Obama fue decir: «Bueno, solo hay una forma de sacar a los bancos del patrimonio negativo en el que han caído. Y es aplicar la política de tipos de interés cero». Y con los bajos tipos de interés, a los bancos les resultaba rentable conceder préstamos para el sector inmobiliario, así como a los compradores de acciones y bonos. Y eso hizo que el valor de sus garantías, que respaldaban sus hipotecas inmobiliarias y sus préstamos corporativos, no solo sacara al sistema financiero de Estados Unidos del patrimonio negativo en el que se encontraba, sino que lograra los objetivos de la administración Obama y de los intereses de Wall Street que la respaldaban: proporcionar una gran bonanza al sector financiero.

Desde 2008, los niveles salariales estadounidenses se han mantenido absolutamente estancados. El cuarenta por ciento de los estadounidenses no tiene hoy en día ningún ahorro. Todo el crecimiento de la riqueza ha sido un crecimiento «financiarizado» de la riqueza: inmobiliario, bursátil y de bonos. Y esto es el resultado de la política de tipos de interés bajos, de tipos de interés cero, que lo hace rentable para el capital privado. De repente, los prestamistas no bancarios —grandes empresas como Blackstone y otras— han pedido préstamos a los bancos a un interés muy bajo, como el 1 %, y han comprado todo tipo de empresas para llevar a cabo lo que requirió la introducción de una nueva palabra en el idioma inglés: «enshittification», es decir, comprar las empresas y, por así decirlo, exprimirlas hasta lo último, maximizar los rendimientos financieros mediante el apalancamiento de la deuda y adquirirlas a crédito, con un crédito tan reducido y a tipos de interés del 1 % o incluso del 2 %, que podían obtener todo lo que pudieran ganar por encima de estos mínimos tipos de interés.

Y así se tiene esta enorme pirámide financiera invertida basada en este crédito bancario. Y el Sistema de la Reserva Federal, como ha señalado el secretario del Tesoro Besant, ha concedido un crédito enorme a los bancos basándose en las garantías que estos aportaron con todo ello. La Reserva Federal creará el crédito para los bancos, que a su vez concederán los préstamos a los fondos de capital privado y luego depositarán todas sus garantías en la Reserva Federal. Así pues, se ha producido una inflación de los precios de los activos. Los monetaristas, como Milton Friedman, y los economistas monetarios, parten de la falsa suposición de que la creación de dinero va a aumentar el índice de precios, es decir, los precios al consumo. No es para eso para lo que los bancos prestan dinero. Prestan dinero para activos con el fin de comprar acciones inmobiliarias y bonos, y el valor de una vivienda, un edificio de oficinas o una sociedad anónima es el que el banco esté dispuesto a prestar a cambio de ello. Y cuanto más bajo es el tipo de interés, mayor puede ser el préstamo capitalizado en función de lo que el comprador o propietario de este activo pueda sacar de él.

Así pues, la economía estadounidense se ha visto presionada en términos de mano de obra, la economía real y la economía industrial se han visto presionadas. Y para sacar adelante todos estos compromisos con el sector financiero, esta inflación de los precios de los activos financieros ha atraído dinero de fondos de pensiones y de inversiones privadas, todo lo cual se destina a hacer funcionar de alguna manera esta pirámide de deuda financiera. Y la única forma de que funcione es convertir la economía en un esquema Ponzi en el que se presta a los deudores el dinero para pagar los intereses y mantenerse al día con sus préstamos, de modo que no entren en mora.

Pues bien, esta semana se acaba de observar que los tipos de interés de las hipotecas a 30 años han superado el 5 % y los de los títulos del Tesoro a 10 años, el 4,5 %. De repente, ya no hay tipos de interés cero. De repente, todos estos préstamos que deben renovarse por parte de las grandes entidades bancarias que los han concedido a las empresas de capital privado se ven incapaces de recuperar su coste de capital prestando a estas empresas el dinero suficiente para continuar con el esquema Ponzi que está en marcha. Ese es todo el problema para la economía. Y el hecho de que la guerra en Irán haya creado interrupciones irreversibles, por el momento, interrupciones en la cadena de pagos basada en el petróleo, el gas, el amoníaco, los fertilizantes, el azufre y el helio. Todas estas cosas, estas rupturas en la cadena de pagos, van a provocar impagos. Y una vez que se produce un impago, se invierte ese proceso de crecimiento exponencial de la deuda y se produce una contracción exponencial en la fase descendente. Eso es lo que es una depresión.

 Glenn Diesen: También es difícil predecir cómo se desarrollará, dado que hay tantas variables y tantos actores que se verán afectados por esto. De hecho, es difícil imaginar algún país del mundo que no se vea afectado, especialmente solo por la energía. Pero si nos fijamos en otras grandes potencias, ¿cómo cree que les afectará esta guerra? Por ejemplo, la guerra energética no es solo con Irán. Con los rusos, por ejemplo. La OTAN ha intentado cortar o, al menos, limitar el acceso fiable a muchos corredores marítimos clave o puntos de estrangulamiento, como usted los mencionó anteriormente en relación con Rusia. Es decir, quieren limitar a Rusia en el mar Negro, el mar Báltico y también en el Ártico. Vemos los esfuerzos no solo por secuestrar petroleros rusos, sino que ahora también quieren confiscar el petróleo. Se trata de ataques contra sus refinerías.

Los chinos están preocupados por estos puntos de estrangulamiento. También les preocupa que el hecho de que Estados Unidos vaya tras Irán sea una forma de atacar el propio acceso energético de China. Y, por supuesto, la India también se verá muy afectada por esto. Los estadounidenses acababan de convencerlos de que redujeran sus compras de petróleo ruso. Y ahora, por supuesto, todo eso tiene que revertirse y, de hecho, se les ha animado a comprar más petróleo ruso para mantener los mercados a flote. ¿Cómo ve usted que el sistema internacional en general se adapta a esto? Porque Estados Unidos está intentando vender con mucha fuerza la idea de que esto es culpa de Irán, pero es Estados Unidos quien ha atacado a Irán junto con Israel, por supuesto.

Michael Hudson: Bueno, el sistema internacional no se está adaptando. Rusia ha dicho: «Bueno, los países de la OTAN han declarado que van a dejar de comprar gas y petróleo rusos», aunque en realidad han conseguido obtener algo desde 2022. Europa ya ha dicho que, creo que para mayo, va a dejar de importar petróleo y gas rusos. Y entonces Rusia dice: «Bueno, ¿por qué no dejarlo ya mismo? Ya han amenazado con romper todos los contratos a largo plazo que habían prometido. Ya sabe, venderemos nuestro petróleo y gas a otros países». Y, obviamente, con el estrecho de Ormuz cerrado, Rusia no tiene ningún problema en encontrar otros países que importen estos productos.

Europa parece estar cometiendo un suicidio económico al acatar las sanciones contra Rusia. Y cabría pensar que vería los resultados que ha sufrido Alemania, sobre todo, al cortar el suministro de gas y petróleo rusos. Toda Europa va a acabar pareciendo lo que parecía Alemania después de 2022, y su PIB ha ido bajando y probablemente seguirá haciéndolo. Parece no solo decidida a no importar petróleo y gas rusos, sino que Ucrania ha cortado el suministro por gasoducto a Hungría. Y creo que también a Chechenia. Y este es un país que no pertenece a la OTAN. Ucrania prácticamente ha declarado la guerra a Hungría, y la OTAN está apoyando al agresor, el agresor extranjero, de un país de la OTAN. No veo cómo la OTAN y la Unión Europea pueden sobrevivir a todo esto, porque el resultado de esta crisis económica va a obligar a los gobiernos a violar todas las restricciones sobre el tamaño que puede alcanzar el déficit público, ya que los gobiernos intentarán pagar subsidios a los propietarios de viviendas y a las empresas para que puedan calentar sus hogares y sus edificios de oficinas, y disponer de electricidad para encender las luces ante los elevados precios del gas y el petróleo. Algo tiene que ceder.

Y hasta ahora, lo que tenemos es a Mertz en Alemania diciendo: «Tenemos que recortar el nivel de vida, tenemos que recortar el gasto social para gastar más en el ejército y luchar contra Rusia, de modo que Rusia no pueda invadirnos de nuevo y apoderarse de Alemania Oriental como solía hacer». Esto es una locura. Este es el mito que se ha inculcado a los europeos, según el cual necesitan el apoyo estadounidense para protegerse contra el hecho de que, de alguna manera, los elefantes vayan a invadirnos o que nos invadan los platillos volantes. Cualquiera puede inventarse cualquier tipo de enemigo, como que los rusos tengan realmente interés en invadir Europa, cuando, obviamente, Rusia ha centrado su atención en Asia, al igual que la mayoría de los países.

Notarán un cambio en el vocabulario de los periódicos, la televisión y los medios de comunicación durante el último año. Creo que hace 30 años, cuando escribía libros de arqueología, llamábamos a Mesopotamia, Irak e Irán el «Cercano Oriente». Bueno, luego cambió al término más adecuado, el «Oriente Medio», pero ¿en medio de qué? En medio de Europa y Asia. Pues bien, ahora la palabra que se utiliza en los círculos cultos es «Asia Occidental». No es el Cercano Oriente. Se reconoce que esto es ahora y de aquí en adelante parte de Asia. Y esta zona de crecimiento de todo el mundo va a formar parte de Asia, dejando atrás a Europa y a Estados Unidos, dejando atrás a Occidente. Así que es una forma educada de decir que Asia es el Este, ya no el Oeste. Y esa es la división que se está produciendo en el mundo. Los aliados de Estados Unidos en Europa y el hemisferio occidental, además de Japón, Corea y Filipinas en el Lejano Oriente asiático. Eso forma parte de un bloque económico completamente diferente. Y lo que estamos viendo es algo que, en mi opinión, los estadounidenses llevan años llamando «un choque de civilizaciones».

Pero no es un choque de civilizaciones. Es un choque, un ataque a la civilización por parte de lo que están haciendo Estados Unidos y sus aliados, rompiendo todo lo que la gente considera las leyes de la civilización: las leyes de la soberanía nacional, de no injerencia en los asuntos de otros países, las leyes de la guerra, según las cuales no se debe atacar a civiles, sino limitar los ataques a objetivos militares. No se debe entrar en guerra sin declararla. No se deben llevar a cabo ataques por sorpresa y fingir que se trata de una guerra. Casi todas las leyes internacionales de los últimos años —y casi podría decir que de las últimas décadas— han sido infringidas por Estados Unidos. Y el presidente Trump y sus secretarios de Estado han dicho: «Ya no necesitamos el derecho internacional. El derecho internacional ya no sirve a Estados Unidos». Pero este derecho internacional era el tejido que se suponía que mantenía unida a la civilización. Las leyes del comportamiento civilizado y decente.

Pues bien, estamos presenciando el odio étnico y religioso desde Ucrania hasta Israel, pasando por los cristianos fundamentalistas que están violando el respeto por el individualismo y el respeto por la libertad; y, sin embargo, Estados Unidos califica esto como un choque de civilizaciones entre las democracias encabezadas por las democracias ucraniana e israelí y los Estados Unidos bajo el mandato de Trump contra las autocracias, es decir, países con un gobierno lo suficientemente fuerte como para resistir este ataque a la civilización, de los cuales debo decir que Irán ha sido incluso más firme que Rusia a la hora de defenderse. Sin duda, no le quedaba realmente ninguna alternativa. Está luchando por su existencia y por su negativa a rendirse y, en esencia, a seguir lo que dijo Patrick Henry en Estados Unidos durante la Revolución Americana contra Gran Bretaña: «Dadme la libertad o dadme la muerte».

Bueno, Estados Unidos no tenía el concepto de martirio, pero Irán sí lo tiene, sin duda, y también lo tenía África ante el ataque británico, holandés y europeo contra las tribus africanas en el siglo XIX. Dispuestos a luchar incluso contra las ametralladoras. La moral era: «Luchamos por un modo de vida contra quienes quieren esclavizarnos o negarnos cualquier tipo de independencia, de autosuficiencia, de autonomía, de la capacidad de forjar nuestro propio futuro». De eso se trata esta lucha. Y, en última instancia, es una lucha moral que se traduce en una lucha económica y comercial, y que está conduciendo a esta división.

Y se presenta así: independientemente de lo que Irán pueda acordar en relación con el comercio de petróleo a través del Golfo y otros países, esta división va a continuar porque es la última oportunidad de Estados Unidos para aferrarse a un poder que no puede mantener siendo un país próspero, ofreciendo a otros países un escenario beneficioso para todos o cualquier ventaja por unirse y subordinar sus intereses a los intereses estadounidenses. Los intereses estadounidenses se contraponen ahora a los de todos los demás países, de forma bastante explícita en la política exterior estadounidense. Y, sin embargo, los demás países no se dan cuenta de que, para evitar quedar subordinados a la política estadounidense a costa de verse empujados a la depresión, cerrar sus principales industrias, dejar sin empleo a gran parte de su mano de obra industrial y, de hecho, desindustrializarse mientras el resto del mundo, desde Asia Occidental hasta el resto de Asia, está creciendo, ese es el destino del mundo. No hay ningún intento de preguntarse: «Bueno, ¿qué tipo de cambio institucional, de cambio estructural necesitamos?». No se trata de un cambio marginal.

Y creo que necesitamos una nueva palabra para ello. ¿Recuerdan la Gran Depresión? Cuando la gente acuñó esa palabra, ¿qué era la depresión? Bueno, el mundo estaba en alza, pero parecía un pequeño bache en el camino hacia arriba. «Depresión» era un eufemismo, pensado como tal, para referirse a una interrupción leve. Pero, por supuesto, al convertirse en una caída que condujo a la Segunda Guerra Mundial, adquirió connotaciones negativas. Así que se acuñó un nuevo eufemismo: «recesión». Se suponía que la recesión era incluso menos grave que una depresión. De acuerdo, una recesión es solo una desaceleración o un pequeño estancamiento hasta que se retoma la senda del crecimiento. Pero la senda de crecimiento que ha seguido Occidente ha llegado a su fin.

No solo nos estamos estabilizando, sin crecer, sino que, como se ve en Alemania y Europa, las economías están entrando en recesión y se observa una caída desesperada en los países del Sur global, que no pueden superar las ofertas de los países asiáticos más ricos a la hora de adquirir petróleo, gas, helio y otros productos, como fertilizantes, a precios más elevados. Así que algo tendrá que ceder para todos estos países. Y no es solo en el mercado estadounidense donde muchas empresas se verán incapaces de pagar sus deudas a los bancos debido al elevado precio de la energía, sino que se producirá esta misma ruptura en la cadena de pagos por parte de países con una elevada deuda externa que, de repente, también tienen que hacer frente ahora a fuertes déficits comerciales para pagar el petróleo, el gas, los fertilizantes y otras materias primas cuya distribución se ha interrumpido y cuyo precio está subiendo hasta niveles de crisis.

Y no hay forma de utilizar el análisis de regresión ni el análisis de tendencias para proyectar esto. Se sale de los gráficos por todas partes. Y si se observa el comportamiento del mercado bursátil, incluso en la recuperación actual de Wall Street, lo que más ha subido son los monopolios del sector de la información de alta tecnología. Y, sin embargo, todo el crecimiento de estas siete grandes empresas que han liderado el índice NASDAQ en Estados Unidos ha correspondido a empresas cuya expansión requiere energía. Y no ha habido prácticamente ningún aumento en la producción de las empresas eléctricas en Estados Unidos. No hay energía para ellas.

Entonces, ¿qué hicieron? Pues bien, empezaron a decir: «Bueno, vayamos donde está la energía. Vayamos a Arabia Saudí y a los Emiratos, y vayamos a Baréin». Google, Amazon y otras empresas, como Facebook. Estas empresas se han estado trasladando a los países de la OPEP. Pero ahora Irán ha dicho: «Bueno, no estaremos seguros no solo mientras la base militar estadounidense siga allí, sino mientras las economías de la OPEP mantengan una relación simbiótica con Estados Unidos, dependiendo de Estados Unidos para toda su inversión en esta energía y ahorrando todos sus ingresos petroleros mediante la inversión en Estados Unidos». Mientras exista esa simbiosis, supondrán una amenaza para nuestra seguridad al formar parte del grupo estadounidense que fomenta la guerra contra nosotros y la destrucción.

Así pues, todo este intento de resolver de alguna manera la expansión del sector de las tecnologías de la información de EE. UU. mediante la inversión en los países de la OPEP está siendo arrasado, ya que Irán ha estado bombardeando todos estos centros para decir: « «Os queremos a vosotros, a los demás emiratos y monarquías árabes —o jeques, aunque detesto llamarlos monarquías, ya que eso parece elevar su importancia—, queremos que os reubicéis siguiendo el modelo asiático, porque no podéis seguir formando parte de Estados Unidos; de lo contrario, no nos sentiremos seguros, ya que intentaréis atacarnos una y otra vez para seguir a vuestros controladores estadounidenses». » Así que esto forma parte del sistema político, de cómo está entrelazado no solo con el sistema financiero en general, sino específicamente con el sector de las tecnologías de la información, que ha liderado todo el auge bursátil y toda la gama de empresas en torno a este sector.

Glenn Diesen: Lo que me parece fascinante, sin embargo, es que desde hace décadas, al menos durante los últimos 40 o 50 años, se ha escrito mucho sobre lo que usted ha descrito más o menos como una hegemonía benigna. Es decir, usted ha dicho que Estados Unidos, ya sabe, si necesita recuperar esta capacidad de dominar. E idealmente, los países deberían ver esto como un beneficio. Bueno, teníamos todas estas ideas de una hegemonía benigna, pero estaban muy arraigadas en esta concentración de poder, lo que significaba que no había competencia alguna. Pero, para resumir mi argumento, lo que se ha defendido desde los años 70 y 80 es, en esencia, lo que ocurre con el paso del tiempo cuando el poder de Estados Unidos comience a declinar, cuando otros países cuenten con tecnologías rivales, cuando otros países tengan sus propias armadas, y busquen no verse dominados por Estados Unidos.

Hay otras monedas y economías en auge. ¿Qué ocurre en general cuando la hegemonía está en declive? Y el argumento sería entonces que, bueno, no sería posible que Estados Unidos fuera una hegemonía benigna, porque una hegemonía benigna garantizaría, tendría acceso libre a los corredores marítimos, tendría libre acceso a las tecnologías, libre acceso al uso de bancos, monedas y todo ello. Pero una vez que se tiene un hegemón en declive, este presenta dos problemas. Uno, por supuesto, es que resulta menos fiable porque está en bancarrota, y además es probable que utilice todos sus instrumentos económicos de poder como medio para mantener a raya a otras grandes potencias. Y, en esencia, ¿qué haría el hegemón benigno si se encontrara en declive? Tendría dos opciones: o bien dejar de ser un hegemón, o bien dejar de ser benigno. Así pues, este enfoque más agresivo para, en esencia, restablecer el control sobre el suministro internacional de petróleo o cortar el acceso a la tecnología a los chinos, cortar el comercio de petróleo a los rusos. Todo esto fue ampliamente previsto por mucha gente, y sin embargo parece causar conmoción. Mi pregunta era:

Michael Hudson: Permítame decir una cosa antes sobre su vocabulario. Necesitamos una palabra mucho mejor que «declive». Las personas a las que ha mencionado, que pronosticaron el declive, no tenían ni idea de lo que estaban hablando. Un declive es algo, ya sabe, es como un ciclo económico. Sube y baja, luego siempre se recupera, sube y baja. Pero estadísticamente nunca ha existido tal cosa como un ciclo. Esto es lo que ha ocurrido: sin duda hay una fase ascendente del ciclo, y luego una caída. Es un efecto de trinquete. No hay declive, es una caída. Un declive es una especie de contrapartida de un ascenso. El ascenso es lento, quizá exponencial, crece, alcanza su punto álgido y luego se produce una caída. Y eso es lo que está ocurriendo ahora. Y habría sido un declive si otros países hubieran pensado: sí, habrá un declive. Tenemos que pensar en qué va a sustituir al sistema en el que hemos estado trabajando bajo el liderazgo de EE. UU.

Pero no lo han hecho. Y así, estamos asistiendo al final de una era, no a un declive, sino a un cambio abrupto. Y este cambio no proviene del exterior. El fin del poder estadounidense no fue consecuencia de ninguna guerra civil extranjera ni de ninguna otra guerra contra el dominio estadounidense. El fin vino de los propios Estados Unidos al intentar yuxtaponer sus intereses a los de todos los demás países, pensando: «Vamos a imponer sanciones a todos los que no estén de acuerdo con esto. Odiamos a China porque es más próspera que nosotros. Odiamos a Rusia porque Rusia apoya a China. Odiamos a Irán porque no controlamos su petróleo. Odiamos a Irak y a Siria porque no controlamos su petróleo». Y ahora Trump, en los últimos días, ha dicho: «Estamos realmente enfadados con Europa porque Europa no envió a su armada a suicidarse y a que la mataran a todos al unirse a nosotros para abrir el Golfo Pérsico». Dijo: «Oye, Europa, si quieres petróleo, ¿por qué no envías a tu armada a abrir el Golfo Pérsico y vas a por él? Nosotros no lo necesitamos. Es nuestra guerra, pero es su problema».

Bueno, si son los Estados Unidos, desde los Bush pasando por Obama y hasta Trump, los que han aislado a los Estados Unidos del resto del mundo y prácticamente han declarado la guerra al resto del mundo, dejando al resto del mundo sin otra opción que unirse a Irán. Eso es lo más sorprendente de todo esto: que son los Estados Unidos los que han acabado con su propio imperio. Bueno, muchas de las personas que hablan del declive dicen que hay procesos lentos que cambian todo esto, pero no lo han hecho; nunca han reconocido la posición intrínsecamente hostil de los Estados Unidos hacia otros países, al afirmar: «No nos uniremos a ninguna institución internacional en la que no tengamos derecho de veto». Y a cualquier país que desee la soberanía para perseguir sus propios intereses, lo trataremos como a un enemigo y lo tildaremos de autocracia. Una autocracia es un país con la fuerza para decir que seguirá su propio camino y no se someterá a la democracia estadounidense, al estilo de Ucrania e Israel. Quiero decir, esto es lo que es.

Así que estamos asistiendo a un cambio sistémico. Y un cambio sistémico es una transición. El mundo ya no forma parte de las tendencias del pasado. Esas tendencias y las conexiones que han creado esta tendencia como una matriz han llegado a su fin. Y estamos ante un nuevo mundo que intenta estructurarse. Y se ha reflexionado muy poco al respecto. Los invitados que ha tenido en su programa hablan de ello, pero somos prácticamente una minoría. Y el resto de la gente no ha pensado: «Bueno, para tener una alternativa al Fondo Monetario Internacional dirigido por Estados Unidos, el Banco Mundial, las Naciones Unidas, la Corte Internacional de Justicia y el Ejército, necesitamos nuestra propia organización internacional y, en última instancia, nuestra propia fuerza militar para defendernos, de modo que lo que le ha ocurrido a Irán y al resto de Oriente Medio y a los demás países con los que Estados Unidos ha entrado en guerra de nuevo y con tanta frecuencia desde la década de 1950, nunca vuelva a ocurrir, y desde luego no de la forma en que ha ocurrido».

Y para que podamos tener un mundo que, de hecho, cuente con un corpus de derecho internacional y normas de guerra, de modo que nunca más nos veamos sumidos en este tipo de crisis. Nadie habla de qué tipo de sistema monetario, sistema financiero, sistema comercial, nuevo corpus de derecho internacional y reuniones podrían sustituir a las Naciones Unidas, que ahora son tan obsoletas como lo era la Sociedad de Naciones en la época de la Segunda Guerra Mundial.

Glenn Diesen: No, es una observación muy acertada. Quiero decir, es fácil señalar los errores y el declive del sistema actual, pero ¿qué debería venir después? Sí, uno esperaría que hubiera más debates al respecto, pero es una observación excelente. Mi última pregunta era más específica. Cuando se observa esta escasez de energía y fertilizantes —centrándonos en estos dos—, ¿cómo podemos, en esencia, rastrear los efectos en cadena a lo largo de los cinco años? Es una pregunta muy vaga y amplia.

Michael Hudson: La respuesta de todo el mundo va a ser la misma. Sin fertilizantes, el rendimiento de los cultivos cae. Y cuando el rendimiento de los cultivos cae, los precios suben. La forma en que funcionan los mercados es que las personas con más dinero pueden comprar los cultivos que quedan disponibles cuando caen. Eso es lo que ocurre en una crisis. Los agricultores ganan más dinero cuando hay una caída de la producción, cuando las cosechas fracasan y los precios suben, que cuando las cosechas son buenas. Bueno, en Estados Unidos, el sistema agrícola sigue concediendo subvenciones a los agricultores para que cultiven maíz con el que producir gasohol. Es una locura. Quiero decir, cabría pensar que, en una sociedad lógica, estos agricultores estadounidenses que producen gasohol estarían cultivando alimentos para alimentar a la población. Eso no está ocurriendo.

No estoy seguro de qué van a hacer otros países. Probablemente habrá algunos países que pasen de los cultivos de exportación a los cultivos alimentarios para alimentarse a sí mismos. En todo el mundo se reconocerá que se necesita la autosuficiencia alimentaria para salvarse de la instrumentalización por parte de Estados Unidos del comercio exterior de alimentos, petróleo, fertilizantes y prácticamente cualquier cosa en la que Estados Unidos pueda crear un cuello de botella y convertirla en arma. Hay que impedir, en primer lugar, que el comercio exterior se utilice como arma.

Así pues, obviamente, habrá mucha gente, las advertencias, especialmente para África y las zonas afectadas por la hambruna. En cuanto a los grandes países de América Latina, Brasil y Argentina, estarán bien en lo que respecta a la agricultura porque la gente puede alimentarse de soja. Puede que a los occidentales no les guste tanto como a los asiáticos, pero la soja es muy buena para la salud. Tienen un alto contenido en proteínas. Hay todo tipo de soluciones. Probablemente Brasil y América Latina puedan salir adelante, pero África es un verdadero problema debido a las economías de monocultivo distorsionadas que Europa, respaldada por el Banco Mundial, ha creado allí, especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, cuando renunciaron a la autosuficiencia que la Segunda Guerra Mundial les obligó a adoptar. Y ahora se encuentran de nuevo en una situación de guerra en la que la única forma de sobrevivir es volverse autosuficientes. Y esa autosuficiencia probablemente durará más que el retorno al tipo de especialización internacional del trabajo que existía entre los países con superávit comercial y los países con déficit comercial y de pagos. Todo eso va a cambiar. Toda la filosofía del crecimiento económico va a cambiar para rechazar el énfasis del Banco Mundial en la agricultura de plantación y la propiedad extranjera estadounidense de materias primas, tierras y recursos básicos generadores de renta.

Glenn Diesen: Es curioso cómo el mundo se ha puesto patas arriba de esta manera, porque desde la Segunda Guerra Mundial, los países que se aliaron con Estados Unidos han tenido un acceso fiable al comercio internacional. Podían permitirse depender de estas redes comerciales y, en esencia, llevar al extremo la ventaja comparativa de Ricardo. No tienen que producir sus propios alimentos ni desarrollar sus propios fertilizantes. Pueden llegar a ser completamente dependientes de la energía. Pero ahora, mientras tanto, los países que son adversarios de Estados Unidos tienen que desarrollar la autosuficiencia en muchos aspectos. La tecnología en general, ahora que Estados Unidos está pasando apuros, digamos, y el sistema se está desmoronando. Vemos que la falta de autonomía estratégica de algunos de sus aliados es bastante impactante. Y Europa, creo, es un gran ejemplo. Entonces, ¿tiene alguna reflexión final antes de que concluyamos?

Michael Hudson: Sí, fijémonos en Gran Bretaña. Gran Bretaña tiene acceso al comercio exterior, sin duda, pero ¿cómo va a comerciar? ¿Con qué va a pagar sus importaciones? Ha sido desindustrializada por la combinación de Margaret Thatcher y Tony Blair, y los partidos Conservador y Laborista juntos la han desindustrializado. Entonces, ¿cómo diablos va a sobrevivir Gran Bretaña? ¿Qué tiene que ofrecer al mundo en cuanto a alimentos, productos básicos, energía y las demás cosas que necesita? Ya no cuenta con el petróleo del Mar del Norte, o más bien, sus reservas se han reducido considerablemente. Supongo que Noruega también está constatando que sus reservas en el Mar del Norte se están agotando. ¿Qué van a hacer ahora estos países que siguieron la economía neoliberal y se desindustrializaron?

Glenn Diesen: Supongo que lo sabremos en breve. Sin embargo, es sorprendente lo rápido que ha cambiado todo desde los años 90. Ya sabe, existía más o menos un consenso en torno al «fin de la historia» de que esto era todo, hasta ahora, con esta crisis masiva. Y bueno, mucha gente advirtió de que la guerra contra Irán no haría más que agravar todos estos fundamentos tan precarios, pero aquí estamos. Así que, gracias, como siempre, por dedicarme su tiempo y compartir sus ideas sobre estos temas.

Michael Hudson: Bueno, me alegro de que me haya dado la oportunidad de hablar sobre estas grandes cuestiones." 

(Entrevista de Michael Hudson, Glen Diessen, blog, 13/04/26, traducción DEEPL)