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20.9.23

Estados Unidos, un lugar donde sus habitantes mueren absurdamente en una guerra contra ellos mismos y sin luchar por ningún objetivo concreto... un país donde sus ciudadanos mueren por miles, más incluso que en países que están en guerra o sufren terrorismo... Como ya señaló Michael Moore, si usted es estadounidense no debe preocuparse tanto por el terrorismo, la principal amenaza es usted mismo porque es más probable estadísticamente que se mate usted mismo a que lo mate un terrorista

 "Diariamente oímos datos de muertes en guerras, atentados terroristas, países en guerra unos contra otros, grupos armados que combaten por alcanzar el poder… Sin embargo, existe un país donde sus ciudadanos mueren por miles, más incluso que en países que están en guerra o sufren terrorismo, y se supone que es un país en paz. Se trata de Estados Unidos, un lugar donde sus habitantes mueren absurdamente en una guerra contra ellos mismos y sin luchar por ningún objetivo concreto. Veamos los números.

Alrededor de 49 mil 500 personas se quitaron la vida el año pasado en Estados Unidos, la cifra más alta jamás registrada, de acuerdo con nuevos datos del gobierno publicados este mes de agosto. De hecho, el suicidio es la segunda causa de muerte entre los adultos de 25 a 44 años.

Seguimos. La cifra de personas muertas por violencia armada entre 2014 y 2022 en Estados Unidos asciende a más de 150 mil personas, según datos de Gun Violence Archive. Durante este año ya acumulan 24 mil 467 muertos por esta causa, más de cien al día.

La violencia armada es la tercera causa de muerte entre las y los jóvenes estadounidenses de 15 a 24 años y la cuarta causa de muerte entre las y los niños de 10 a 14 años.

Ya en la década pasada los incidentes relacionados con armas de fuego dejaron 40 veces más muertos que los ataques calificados por las autoridades de “terroristas“.

Entre enero y mediados de abril de 2023 hubo 146 tiroteos masivos, que se definen como los incidentes armados en los que la persona que dispara mata o provoca lesiones, al menos, a cuatro personas. Se calcula que todas las semanas hay al menos siete matanzas de este tipo, según datos del Gun Violence Archive, difundidos por Amnistía Internacional. Desde 2014 y hasta 2023, la cifra no ha hecho más que aumentar cada año, pasando de cerca de 300 en 2014 a casi 700 en 2022.

Otro frente de guerra contra ellos mismos. Más de 109 mil estadounidenses murieron por sobredosis de drogas en los 12 meses desde enero de 2022 a enero de 2023. Una cifra que va aumentando todos, los años, en 2021 ya superó por primera vez la barrera de las 100 mil. Una de cada tres de estas muertes se calcula que es por el fentanilo. Y un 15 % son por medicamentos distribuidos con receta, es decir, legales en Estados Unidos.

Según el Índice Global de Terrorismo (GTI, por sus siglas en inglés) del Instituto para la Economía y la Paz, el terrorismo causó 6 mil 701 muertes en todo el mundo en 2022. Si hacemos números, esos muertos son los que se producen por violencia armada en Estados Unidos en dos meses. Más o menos la misma cifra que los que se suicidan. El grupo terrorista más mortífero en 2022 fue el Estado Islámico que provocó mil 45 muertes, un 1 % de los que mueren por sobredosis en Estados Unidos. Y ni que decir tiene, que las víctimas del terrorismo se concentran en unos pocos países, de manera que las posibilidades de morir por terrorismo en Estados Unidos son más que remotas.

Como ya señaló Michael Moore, si usted es estadounidense no debe preocuparse tanto por el terrorismo, la principal amenaza es usted mismo porque es más probable estadísticamente que se mate usted mismo a que lo mate un terrorista."           (Pascual Serrano , Venezuela News, 13/09/23)

2.7.21

Cómo mata el desempleo. La pandemia ha demostrado una vez más que la conexión entre las dificultades económicas y el desempleo tiene un efecto directo en la salud de las personas. A finales de 2021, hasta un millón de británicos tendrán empleos con el tipo de precariedad que provocó la enfermedad

 "(...) en muchos de los países más ricos del mundo, una proporción asombrosa de personas se encuentra al borde del precipicio financiero. Tienen lo justo, pero no más, y sólo pueden soñar con ser capaces de reservar dinero regularmente para "objetivos de ahorro" o planificar un "viaje hacia la libertad financiera personal".

Durante el mandato de Theresa May (2016-19), los conservadores del Reino Unido acuñaron la etiqueta sin gracia de "JAMs" para este tipo de personas: los "just about managing". Eran aquellos que ganaban lo suficiente para salir adelante pero no tenían un colchón financiero, ni capacidad para hacer frente a gastos inesperados o a la pérdida de ingresos. Los "JAM" se convirtieron en el centro de la discusión política y del debate en los medios de comunicación, pero nunca fueron objeto de esfuerzos políticos serios, como el de abordar la vivienda inasequible.

¿Qué importancia tiene esto realmente? Si las personas no son pobres o indigentes, si no son indigentes ni tienen inseguridad alimentaria, ¿importa que no tengan dinero para extras o para ahorrar para un día lluvioso?

Desempleo y salud

En la década de 1980 en Gran Bretaña, cuando el desempleo aumentaba bajo los gobiernos conservadores de Margaret Thatcher, los investigadores se esforzaban por encontrar pruebas de que la pérdida del empleo afectaba a la salud mental o física de las personas, aunque estaban seguros de que debía hacerlo y las investigaciones mostraban que los desempleados tenían peor salud. El problema era que esos resultados podían explicarse por un sesgo de selección: las personas que ya estaban enfermas podían ser las más propensas a perder su empleo, por lo que no estaba claro en qué dirección iba la causalidad.

Para superar estas dificultades, un médico de familia de Wiltshire, preocupado por el efecto negativo que tenía en sus pacientes el cierre de la fábrica local de procesamiento de carne, examinó los historiales médicos de los trabajadores antes y después del cierre de la fábrica. Durante más de dos siglos, había sido el mayor empleador de la localidad inglesa -una fuente de empleo estable y seguro-, pero en los dos años anteriores al cierre definitivo ya se habían clausurado algunos departamentos, se había despedido a algunos trabajadores y se había comunicado al resto de la plantilla que la fábrica estaba en peligro.

Aunque al médico le preocupaban las repercusiones médicas de quedarse sin trabajo, lo que él y su colega estadístico descubrieron fue un aumento significativo de las enfermedades de los trabajadores y sus familias durante los años de precariedad laboral, dos años antes de perder el empleo, cuando los trabajadores empezaban a preocuparse por su futuro económico. Resultó que la precariedad -no sólo la falta de trabajo- era realmente mala para la salud, y desde entonces muchos estudios han confirmado el hallazgo. 

Nuestra respuesta de huida o lucha es la forma en que nuestro cuerpo reacciona ante una amenaza o un factor de estrés agudo y repentino, y puede sacarnos del peligro inmediato. Pero cuando vivimos en un estado de amenaza constante, esto pasa factura a nuestra salud física y a nuestro bienestar mental. El biólogo Robert Sapolsky lo explica muy bien: "Si huyes de un león, tu presión arterial es de 180 sobre 120. Pero no estás sufriendo de hipertensión: estás salvando tu vida". Si ocurre lo mismo cuando estás atrapado en el tráfico, no estás salvando tu vida. En cambio, estás sufriendo de hipertensión inducida por el estrés".

El estrés crónico -incluso en niveles bajos- afecta a todos los sistemas, desde el cerebro hasta el sistema circulatorio, inmunitario y hormonal, e incluso a los órganos reproductores. El estrés crónico nos desgasta y nos agota.

La consecuencia de la pandemia

Dado que la inseguridad y la precariedad económicas son directamente perjudiciales para la salud, sólo estamos empezando a comprender las consecuencias de la pandemia para la salud de la población y a reconocer el peaje que se ha cobrado Covid-19, incluso para quienes no se han infectado. En los estudios de investigación familiar con los que colaboro en la ciudad de Bradford, en el norte de Inglaterra, hemos encontrado una duplicación de la ansiedad y la depresión entre los padres con respecto a los niveles anteriores a la pandemia.

El gobierno del Reino Unido instituyó un "permiso" para muchos trabajadores, con el fin de proteger los puestos de trabajo y los ingresos durante la pandemia. El plan, que paga hasta el 80% de los salarios de los empleados que no pueden trabajar a causa de la enfermedad, ha proporcionado ingresos a hasta 10 millones de personas y se ha ampliado hasta este mes de septiembre. Otros planes ofrecen ayudas a los ingresos de los autónomos, los propietarios de pequeñas empresas o los que trabajan pero tienen que tomarse un tiempo libre para autoaislarse.

La situación en la que estaríamos ahora si no hubiéramos tenido estas protecciones de ingresos es inimaginable. Pero para todas las personas que antes apenas se las arreglaban - todos esos "JAM" - el 80% de lo justo no es suficiente. Para muchas de las familias de nuestro estudio en Bradford, cualquier cambio en los ingresos era una seria preocupación.

Para los hogares que ya dependían de las tarjetas de crédito, los préstamos y los descubiertos para salir adelante, el permiso empujó a muchos a endeudarse aún más. Las consecuencias para la salud a corto y largo plazo, quizás en particular para la salud mental, significan que la carga del coronavirus en los servicios de salud y asistencia social superará, y puede empequeñecer, los efectos de la infección.

Los salarios bajos e inadecuados siempre han sido una preocupación en algunos sectores, como la hostelería, el comercio minorista y los cuidados, así como para muchos otros grupos que ahora reconocemos como "trabajadores clave". Los contratos de cero horas van en aumento, sobre todo para los peor pagados. A finales de 2021, hasta un millón de británicos tendrán empleos con el mismo tipo de precariedad que provocó la enfermedad de los trabajadores de las fábricas de salchichas amenazados por la pérdida de empleo en la década de 1980.

La inseguridad laboral que impuso la pandemia era una realidad anterior a la misma para demasiada gente. Por eso, incluso cuando las cosas vuelvan a la "normalidad", el acceso a buenos empleos y a un salario decente seguirá estando fuera de su alcance.

No basta con arreglárselas, con salir adelante.

La pandemia ha puesto de manifiesto muchas cosas que están mal y ha desvelado muchos problemas preexistentes, desde las desigualdades étnicas y socioeconómicas en materia de salud hasta las deficiencias en nuestra preparación para las catástrofes. Pero, ¿se traducirá el aumento del escrutinio y la preocupación pública en políticas que reduzcan significativamente el estrés crónico, que es una característica tan dominante y perjudicial de nuestras sociedades? Eso aún está por ver." 
             

(  This article is a joint publication by Social Europe and IPS-Journal.)

8.10.20

Dos personas, vecinas de Torrero, se quitan la vida "en medio de la pobreza y de amenazas de desahucio"

 "Las asociaciones vecinales de Torrero-Venecia, La Paz y el Cantero de Torrero, han convocado para la tarde de este miércoles, a las 19.30 horas, en la plaza de Las Canteras, una concentración en solidaridad y recuerdo de Elvira, "vecina del barrio que se quitó la vida la semana pasada en una situación de pobreza extrema, abandono y amenazas de desahucio".

Esta muerte viene a sumarse a otra ocurrida recientemente en la calle El Castellar del propio distrito zaragozano, en parecidas circunstancias. Las entidades vecinales convocantes señalan que desconocen si hay más casos de suicidios recientes por este motivo en el barrio, "pero lo que sí es evidente es que las situaciones de gran vulnerabilidad se multiplican mientras las instituciones se muestran incapaces de atenderlas".

Se llamaba Elvira y era tu vecina

Según han informado las asociaciones vecinales, Elvira "arrastraba tras de sí una dura vida llena de sinsabores, de desesperanzas, de desamparo y pobreza". Porque lo de ella era pobreza, "así como suena, pobreza sin tapujos, por muy dura que suene la palabra", subrayan.

"No nos sirve la falsa palabrería que intenta endulzar la cruda realidad a la que muchas Elviras se enfrentan, todos los días, intentando sobrevivir sin la ayuda de esas instituciones que se supone nos protegen en momentos de dificultad". Sus vecinos le ayudaban en la medida de lo posible, un plato de comida a veces, una sonrisa casi siempre y un poco de afecto. Pero luego venía la soledad, la impotencia, la tristeza, hasta que este lunes encontraron su cuerpo sin vida, Elvira no pudo más y nos dejó para siempre", lamentan.

Desde el movimiento vecinal advierten que "hoy, aquí y ahora en este barrio de Torrero y en todos los barrios de la ciudad y de todas las ciudades, existen multitud de Elviras en la misma situación ante la cada vez mayor inoperancia de las instituciones".

"Todos los seres humanos somos ciudadanos vulnerables del mismo planeta y dependemos no solo unos de otros, sino también de unos ecosistemas cada vez más frágiles sin los que no podemos sobrevivir como especie. La acción colectiva puede cambiar las cosas. Las protestas sonoras y el voto pueden cambiar las cosas", recuerdan las entidades vecinales citando a la novelista y poeta feminista​ Siri Hustvedt.

Los colectivos vecinales critican la inacción institucional y exigen a las diferentes administraciones, con "contundencia y rotundidad", que se articulen las herramientas necesarias para que nadie se quede en el desamparo.

Señalan que los servicios sociales del Ayuntamiento de Zaragoza, al mando del Equipo de Gobierno de Jorge Azcón (PP-Cs, con el apoyo del ultraderechista Vox) deben dejar de ser "una pantalla inoperante a la que debe enfrentarse la ciudadanía para recoger las migajas de un sistema injusto".

Asimismo, reclaman al Gobierno de Aragón que sus servicios sociales "creen los necesarios mecanismos de control y prevención para evitar estas situaciones" y al Gobierno español que acelere de "manera inmediata y efectiva" la concesión del Ingreso Mínimo Vital.

Cabe recordar, que desde la campaña 'Aragón Sin Desahucios', impulsada por varios colectivos de Zaragoza, vienen denunciando el creciente número de desahucios sin alternativa habitacional. Además, en los últimos cinco años, el precio de la vivienda en alquiler se ha incrementado un 31% en Aragón.(...) "                      (Iker González, AraInfo, 07/10/20)

27.3.18

Me llega la terrible noticia que se ha suicidado el hijo de un amigo. Un joven de tan sólo 26 años. Se había quedado por enésima vez en el paro. Él quería contribuir con su granito de arena a hacer una mejor sociedad sin pobreza y sin guerras...

"Me llega la terrible noticia que se ha suicidado el hijo de un amigo. Un joven de tan sólo 26 años. Se había quedado por enésima vez en el paro. Él quería contribuir con su granito de arena a hacer una mejor sociedad sin pobreza y sin guerras. No puedo imaginar el dolor de sus padres.

A su memoria va dedicado este artículo

Según la OMS cada año se suicidan unas 800.000 personas en el mundo lo que supone una muerte cada 40 segundos. Más que el total de los muertos causados por la guerra y los homicidios juntos.

Es un tema que considero de máxima preocupación desde hace años pero no observo que haya significativos avances y ya es la principal causa de muerte entre los jóvenes varones de 15 a 29 años en el Reino de España.

En diversas ocasiones he escrito algunos artículos sobre los suicidios derivados de la desesperación por problemas de índole económica en estas páginas.[1]

Tan sólo hace unos pocos días nos llegaba una noticia que guarda más relación con lo que estamos tratando de lo que imaginamos. Concretamente decía que la recuperación económica castiga a los jóvenes: dos millones menos de ocupados. La cifra de ocupados entre 16 y 30 años ha caído en el período 2007 al 2017 de 4,9 a 2,5 millones según revela la media de trimestres de la EPA mientras que en las demás franjas de edad desciende el desempleo. 

A la dificultad de acceder a un puesto de trabajo para los jóvenes también se suma otros factores desmotivadores como que más de la mitad de los empleos se concentran en la hostelería y el comercio, un tercio de los contratos no son de jornada completa y más de medio millón está subempleado, o sea, que ocupa un puesto que exige menos preparación de la que se tiene[2].

El suicido es un problema de salud pública y a pesar de su complejidad y las diferentes motivaciones para quitarse la vida hay algunos factores de riesgo bastante analizados como: vivir solo o con escaso apoyo familiar o social, estar desempleado, tener problemas económicos, tener dependencia de algunas drogas, padecer una enfermedad mental, sufrir un trastorno físico crónico sobre todo si es limitante y doloroso, haber padecido situaciones adversas en la infancia, tener una historia personal o familiar de intentos de suicidio o suicidios consumados…

Hay algunos datos que nos indican que existe una relación muy directa entre las crisis económicas, el desempleo y el empeoramiento de la salud mental. Otra constatación es que cuanto mayor es la duración del período de desempleo, más intensas son las consecuencias negativas sobre la salud mental. 

De hecho, por cada incremento del paro de un 1%, la tasa de suicidios y de homicidios aumenta un 0,79%. Pero hay que añadir que estas tasas no han aumentado en los países donde no se han implantado políticas de austeridad como Austria o Islandia, pese a experimentar un aumento del paro.

Según datos de la Unión Europea, el aumento del paro no hace crecer las cifras de suicidio cuando se gastan en programas sociales más de 190 euros por persona y año. La misma hipótesis en sentido inverso se ha encontrado al descubrirse una asociación entre el incremento del suicidio y la reducción del gasto en políticas sociales.

Estamos ante un problema de salud pública de primer orden y que requiere de una intervención pública masiva para mitigar y revertir la gravedad de la situación.  (...)"            (Sergi Raventós , Sin Permiso, 16/03/2018)

6.6.17

La “Peste Blanca” del siglo XXI: exterminio del proletariado blanco y pobre en los Estados Unidos. El obrero no puede darse el lujo de pagar para sí y para su familia las sumas astronómicas que representan la prima del seguro de salud. La falta absoluta de intervención del Estado en la presente epidemia no tiene parangón en el mundo industrializado

"En el curso de los dos decenios pasados en los Estados Unidos se registraron cientos de miles de fallecimientos prematuros [i] por culpa de médicos que recetan de forma totalmente irresponsable calmantes y demás depresores del sistema nervioso central, como los tranquilizantes, los cuales provocan enviciamiento, y también a causa de las contraindicaciones de tales medicamentos, cuyas consecuencias son mortales. 

El hecho innegable es que esos fallecimientos corresponden en su inmensa mayoría a individuos que son raza blanca y pertenecen a la clase trabajadora y a la clase media baja que vive en las regiones rurales y en las ciudades en las que cerraron las fábricas [ii] . 

La clase dirigente y los grandes mandamases de la oligarquía decidieron, con toda discreción, desprenderse de esa parte del país porque consideran que “sobra”. La víctima y los parientes que la sobreviven carecen de la más mínima posibilidad de conseguir que se les indemnice para reparar la negligencia general y la codicia que llevan al enviciamiento y a la muerte.

 El gobierno en su conjunto y la prensa, que obedece a la oligarquía, omiten deliberadamente informar de las causas últimas de la epidemia e investigarlas en consecuencia, y lo único que se puede leer y escuchar son las clásicas peroratas, pomposas y superficiales, sobre el problema.(...)

En el concierto de los países adelantados de Europa y Asia los Estados Unidos pueden reivindicar la dudosa distinción de que cuentan con la tasa más elevada de aumento del fallecimiento prematuro de individuos jóvenes y adultos de extracción obrera y de clase media baja [iii] ; ese aumento de la mortalidad prematura no se registra siquiera en los países que no son tan adelantados, salvo en los tiempos de guerra.

 Tal devastación, que es exclusivamente propia de los Estados Unidos, se concentra en la población blanca, pobre y con escasos estudios que vive en los pueblos y ciudades pequeñas y en las regiones rurales. 

El fenómeno ya no se puede ocultar: en el curso de los dieciséis años pasados (2000 a 2016), la tasa de fallecimiento del obrero norteamericano que tiene de 50 a 54 años de edad se duplicó y pasó de 40 a 80 por 100.000 [iv] . 

Por el contrario, en Alemania la tasa de mortalidad del individuo de características semejantes descendió de 60 a 42 por 100.000 y en Francia lo hizo de 55 a 40 por 100.000 (2). Además, en los Estados Unidos la tasa de mortalidad del obrero blanco marginado aumentó en comparación con la cifra correspondiente a la población negra y a la procedente de América Latina.  (...)

A juicio de algunos pretendidos “especialistas” que “dominan” el problema del vicio con medicamentos, el alza de la tasa de mortalidad del obrero de los Estados Unidos se atribuye a “la mundialización y la automatización” (3).

 Eso es un ejemplo de lo que se denominan explicaciones “superficiales” o “falsas”, y se llaman así porque el fenómeno no se registra en los demás países industrializados; en efecto, incluso si se consideran el Japón, el Canadá y el Reino Unido, cuya economía se transformó por causa de la “mundialización” y de la moderna automatización, en ninguno de ellos se observa que aumente la mortalidad de la parte fundamental de la población.  (...)

En los Estados Unidos el obrero blanco adulto, mal remunerado y que, con suerte, cursó la enseñanza secundaria, sobre todo el que cumple labores manuales, registra una mortalidad que cuadriplica la de aquel otro que fue a la universidad. 

El aumento espectacular de la mortalidad en dicha categoría demográfica se corresponde con la mayor proporción de obreros y sus familias que ya no gozan de la debida atención médica a cargo del patrón. La desaparición de los puestos de trabajo seguros y bien remunerados de la industria fabril provoca que se extiendan los fallecimientos prematuros en dicha capa de la sociedad. 

En otras palabras, las muertes evitables en el mundo del trabajo aumentan de forma paralela al éxodo de fábricas al extranjero, la automatización y la contratación de obreros inmigrantes y de obreros autóctonos sin seguro y que trabajan por horas, todo lo cual acarrea que desaparezca la atención médica completa que recibe la clase trabajadora, pero precisamente gracias a eso es que la tasa de ganancia del gran de capital puede aumentar sin pausa. (...)

La causa última de la descomunal alza de la mortalidad de obreros en los Estados Unidos es, ante todo, la decisión que tomó la clase capitalista de suprimir la atención médica general y en buenas condiciones de que gozaba el trabajador a la vez que se rebajaba el salario y se enviaban al extranjero muchos puestos de trabajo.

 Por esa causa, y en vista del descenso de su ingreso, el obrero no puede darse el lujo de pagar para sí y para su familia las sumas astronómicas que representan la prima del seguro de salud, la consulta al médico y la receta y la franquicia. 

Tampoco tiene para pagar la abultada factura de la “terapia física y rehabilitación” cuando sufre un accidente, todo lo cual explica que prefiera que le receten un analgésico narcótico gracias al que podrá soportar el dolor crónico [vi] mientras sigue trabajando. 

En segundo lugar, el personal médico (médicos, enfermeras y auxiliares médicos) está sometido a fuertes presiones del patrón para que dedique el menor tiempo posible tiempo al paciente que padece de dolor crónico y lesiones por accidentes del trabajo, sobre todo, los que cuentan con recursos limitados. El salario y la retribución extraordinaria dependen generalmente del número de pacientes que se atienden por día. 

La clásica receta, especialmente cuando se prescriben narcóticos, sedantes, ansiolíticos y somníferos, ahorra tiempo y dinero al médico y al hospital privado. Muy rara vez recibe el obrero accidentado y el que sufre de dolor crónico el examen detenido de la historia, el debido reconocimiento, el diagnóstico serio y el consiguiente tratamiento y vigilancia posterior, pues todo eso cuesta mucho dinero. (...)

La falta absoluta de intervención del Estado en la presente epidemia no tiene parangón en el mundo industrializado. Esa malévola indiferencia prueba que existe un darwinismo social, tácito, pero de carácter oficial, y que opera en las más altas esferas; es la misma ideología y práctica que antes era patrimonio exclusivo de los más ardientes defensores del fascismo y de las teorías de la eugenesia.

El envenenamiento con los narcóticos recetados y con la mezcla de tranquilizantes, alcohol y estupefacientes, de consecuencias mortales, es la primera causa de fallecimiento prematuro, y evitable, en el mundo del trabajo.

 También debería figurar en la categoría de fallecimiento por sobredosis el obrero que pasa del vicio del estupefaciente que le receta el médico al estupefaciente que se vende en la calle, pues, en última instancia, el vicio que padece comienza en el hospital que lo atiende. Aunque nunca lleguen a conocerse, el traficante de la calle es socio del mundo de la empresa privada y de esas clínicas del dolor, que siempre están relucientes de limpias. 

Las muertes prematuras por sobredosis causan increíble sufrimiento a los amigos y parientes de la víctima, pero a los ojos del “gran capital” constituyen un hecho favorable, y por esa razón la epidemia ha permanecido casi oculta por espacio de dos decenios. 

La prensa de los pueblos de provincia acostumbra dedicar extensos y conmovedores párrafos en recuerdo del abuelito fallecido en los que no faltan tiernas palabras acerca de la enfermedad que se lo llevó, mientras que la muerte por sobredosis del padre adulto o de la madre que fue despedida del trabajo es llorada en el anonimato y en silencio. 

(...) la fuerte merma del salario y de los derechos sociales sumada a la mayor inseguridad del puesto de trabajo hace cundir un miedo profundo en el mundo del trabajo. La mayor parte de las veces el obrero que ve con terror la pobreza en que quedará sumida su familia por la pérdida de un puesto de trabajo decente continúa trabajando a pesar de que se encuentre accidentado o enfermo y para llegar a duras penas al fin de la jornada tiene que tomar estupefacientes legales y de otro tipo.

 Combate el estado de inseguridad, la ansiedad y el insomnio con otros medicamentos que, a su vez, agravan el riesgo de sobredosis. 

El miedo y el clima envenado que reina en el lugar de trabajo lo obligan a abstenerse de solicitar la licencia de enfermedad y una buena terapia física rehabilitadora por la vía del seguro de salud de la empresa. Los calmantes más “eficaces” y que están respaldados por una enorme propaganda, como el OxyContin, suelen ser los que provocan un enviciamiento más veloz y de consecuencias mortales. 

Los representantes de la industria farmacéutica que visitan clínicas y hospitales se encargan de ocultar deliberadamente la peligrosa naturaleza enviciante de esos “medicamentos milagrosos”. La víctima de tales fármacos enviciantes es casi siempre el obrero mal pago y el que no tiene trabajo, y el médico que hace la receta es un fiel servidor del patrón capitalista y de las grandes farmacéuticas.(...)

Con oportunidad de las elecciones internas y presidenciales del año pasado y la difusión por radio y televisión de las respectivas campañas (por primera vez) los políticos nacionales fueron interpelados en numerosas ocasiones por los ciudadanos de los pueblos de provincia que estaban alarmados por la devastación que sufren por culpa de los medicamentos narcóticos y la muerte por sobredosis.

 El candidato Trump hizo varias declaraciones sumamente emotivas acerca de la cuestión y, por su parte, resulta interesante destacarlo, la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, no hizo la más mínima mención al problema a lo largo de la campaña, a pesar de que no cesó de pregonar y vanagloriarse de los “logros” que ella había conseguido en el campo de la salud. 

En los últimos meses las proporciones que reviste el fallecimiento por sobredosis en los pueblos pequeños y en el campo provocaron movilizaciones populares que reclaman que el Estado haga algo. 

Como era de esperar, entonces se reunió rápidamente un pequeño ejército de catedráticos, especialistas y entendidos, y asociaciones privadas (ONG) y se presentó para reclamar más fondos para “investigación, formación y tratamiento”.

 Los mismos propietarios de las clínicas del dolor, que llevan a tantos a caer en el vicio de los medicamentos, decidieron ampliar el campo comercial y ahora se denominan “clínicas de rehabilitación”, cuyo fin es complementar la labor de las asociaciones de apoyo a la víctima y que proliferan como hongos después de la lluvia. 

Ninguna de esas empresas oportunistas, más que discutibles, se propone “instruir” políticamente y movilizar al obrero enviciado con medicamentos y al resto de la ciudadanía para reclamar que se cree una institución nacional de salud pública universal como hay en otros países en los que no existe el problema del envenenamiento por medicamentos.  (...)

En un editorial del New York Times del 16 de octubre de 2016 se señala que millones de hombres en edad de trabajar se encuentran totalmente fuera del mercado de trabajo por causa de “dolor e incapacidad” y una parte considerable de ellos vive con analgésicos narcóticos.

 El efecto prolongado es obvio: el tratamiento enviciante con dichos medicamentos destruye la disciplina interna del obrero, que es imprescindible para que la industria produzca. Sería inimaginable que los industriales y los gobernantes de Alemania y de China aceptaran las consecuencias prolongadas de tal fenómeno.

 Ése es apenas un brillante ejemplo que revela la actitud arrogante y displicente con que la oligarquía y el mundo de la política de los Estados Unidos tratan a la mano de obra del propio país. (...)

 Haciendo gala de un optimismo que no es extrañar, la prensa de los Estados Unidos da cuenta de que, gracias al problema de la mortandad por sobredosis, los hospitales que realizan trasplantes cuentan ahora con numerosas partes del cuerpo que son necesarias. ¡No se consuela quien no quiere!  (...)

Si, alguna vez el escándalo de las inmensas pérdidas de vidas humanas que causan los medicamentos que envenenan llega por casualidad a afectar su vida refinada del mundo de la filantropía de las bellas artes y demás actividades de la élite, tienen a su disposición legiones de “moralistas” de la prensa y del mundo oficial que se encargan de culpar a las víctimas por los hábitos malsanos que les arruinan la vida.
Una de esas compañías es Purdue Pharmaceuticals, que fabrica el OxyContin y que es propiedad de la familia Sackler, cuyos fundadores pertenecen a la cúpula de los filántropos de la cultura de los Estados Unidos. 

Desde que, en 1995, comenzó a girar en el ramo de los calmantes, lucrativo como no hay otro, el OxyContin redituó a la Purdue 35.000 millones de dólares y los Sackler pudieron entrar en el Olimpo de los archimillonarios del país.

 A ninguno de los conservadores de las Galerías Sackler y del ala Sackler del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York se le ocurriría hacer una exposición de “realismo social” que ilustre el inmenso sufrimiento y muerte que los medicamentos de sus patrones causan a millones de individuos de clase baja; pero ocurre que los gustos cambian y el “realismo social” ya no está de moda en el apartheid de clase que los Sackler y sus amigos impusieron en el país.  (...)

Sin embargo, hay otros que intentaron dar la alarma. No se puede dejar de reconocer y recompensar a los farmacéuticos, médicos, enfermeras y organismos de inspección que resistieron la presión de recetar y estimular el consumo de los opioides con meros fines de lucro y, en vez, procuraron intervenir para proteger al paciente vulnerable y alertar del problema.

 Muchos de ellos sufrieron represalias en la vida profesional por su conducta de “denunciante”. La medicina de los Estados Unidos se rige por el lema “primero el lucro y después el paciente”, lo cual explica que sea la única nación industrializada en la que ocurre el presente fenómeno demográfico; eso debería servir de moraleja a aquellos países que piensen instaurar los principios yanquis en el campo de la medicina y, en particular, los métodos lucrativos que se aplican para tratar el “dolor” crónico, con las consecuencias mortales ya conocidas.  (...)"               (James Petras , Rebelión, 22/05/17,  Traducido del inglés para Rebelión por César P. Guidini Joubert)

16.12.16

En 2015 Gas Natural Fenosa, Iberdrola y Endesa cortaron la luz a 653.772 hogares... lo que está relacionado con 7.000 muertes prematuras

"(...) Podemos ha hecho de la pobreza energética en España uno de sus caballos de batalla. De hecho, hace unas semanas, Unidos Podemos logró que el Congreso aprobara, con la abstención del PP, una moción que pedía promover medidas para impedir los cortes de suministros de energías a personas sin recursos.

Y ahora hace público un informe en el que pone de relieve los múltiples casos de violaciones de los Derechos Humanos y el medio ambiente que se han registrado en los últimos años por parte de las multinacionales energéticas en España y en diferentes países de América Latina.

En concreto, destaca que en 2015 Gas Natural Fenosa, Iberdrola y Endesa cortaron la luz a 653.772 hogares y, por tanto, dejaron a 83.429 familias sin electricidad en sus domicilios durante más de un mes.

Estos datos reflejan, según ha explicado a los periodistas el eurodiputado de Podemos Miguel Urbán, la gravedad de "la violación de los Derechos Humanos" que supone la pobreza energética en España, si bien ha puntualizado que no se trata de "un caso aislado", sino que también se dan casos fuera de España.

7.000 muertes prematuras en 2014

De ahí, ha dicho, la necesidad de abordar un problema que en 2014 se estima que estuvo relacionado con unas 7.000 muertes prematuras, según el informe, y anteponer los derechos de las mayorías sociales a los intereses privados de la clase político-empresarial que "gobierna" los países.  (...)"       (Público, 12/12/16)

22.8.14

“¡Basta, no podemos más!”. No es un grito de reivindicación, sino de extenuación

" (...) Un hecho poco estudiado es el aumento del número de suicidios en diferentes países en crisis. 

Una investigación publicada en febrero de este año por el psiquiatra y profesor de medicina legal Michel Debout, especialista en suicidios, demuestra que entre finales de 2008 y 2011, periodo en el que el auge del paro en Francia llegó a los 6.480.000 parados, hubo también 759 suicidios directamente vinculados con este aumento. Esa cifra afecta sobre todo a los que se encuentran entre 35 y 65 años.

 El movimiento al alza parece ineluctable: mientras el número de suicidios bajaba desde 1987, ha vuelto a subir desde comienzo de la crisis: 10.127 en 2007; 10.353 en 2008; 10.499 en 2009.(...)

 ¿Por qué no se organiza un apoyo médico y psicológico a los parados? La sociedad mostraría así a esa gente que todavía cuenta. Un parado se suicida porque ya está socialmente muerto, y porque ya no tiene más sitio”.

El problema es que —tal y como lo pregonaba Margaret Thatcher alabando el hecho— para el liberalismo la “sociedad” no existe: lo que hay son individuos aislados, a menudo opuestos, y autoridades públicas organizando restricciones. El sistema político tiende, aceptando la lucha de todos en contra de todos, a volverse solo penal, “vigilante nocturno” del capitalismo liberal. Y la solidaridad, sacrificada sobre el altar de la “competitividad”, es un deseo piadoso.

Sabemos que la crisis actual es del mismo o quizá peor tamaño que la de 1929. Sus efectos se pueden medir cuantitativamente en número de parados, empleos precarios, bajada de sueldos, aumento de la competitividad entre los asalariados que sufren el chantaje al empleo.  (...)

Pero lo que se mide más difícilmente y sin embargo está directamente ligado a la crisis, es la dimensión subjetiva, humana, psicológica, de la crisis sobre los seres humanos. Ya en los años treinta, el gran sociólogo austriaco Paul Hartzfeld publicó una investigación, Los parados de Marienstrasse, que ha quedado como una obra maestra sobre los daños del paro en la identidad personal del parado. 

Sus características son invariables: el paro de larga duración provoca el desprecio de uno mismo, la distancia respecto a (y a menudo de parte de) los demás, la devaluación del estatus en el seno de la familia, la pérdida de confianza y el debilitamiento en la competición social, la aceptación cada vez más resignada de la degradación de las condiciones de vida.

 Lo más importante es el sentimiento de derelicción, esto es, de desamparo, abandono, inutilidad social, que invade al ser humano así humillado. Lo más duro es el despertar diario sin nada que hacer; el vivir otro día más el fracaso social, no ver el fin del túnel, el fin del ser nada. Lo más indigno es pedir ayuda, cobrar el paro, cuando uno quiere trabajar.

Las consecuencias políticas de tal situación también pueden a veces ser desastrosas para la civilización: la exclusión social puede llevar al auge de movimientos antidemocráticos, xenófobos, y, sobre todo, a una batalla encarnizada en contra de los que tienen un empleo. 

Y eso no es por casualidad, sino más bien porque los responsables de la crisis hacen todo para desviar la cólera de las víctimas dirigiéndola en contra de los “privilegiados”, funcionarios públicos, familias asistidas, trabajadores inmigrantes.

Las políticas asistenciales de los poderes públicos son cada vez más restrictivas, y ahora en Europa ya hay cientos de miles de parados echados a la calle, sin ayuda ninguna. El desamparo: esa es la categoría psicosocial más adecuada para definir la patología dominante en esta crisis.

 Los parados europeos, tanto como, en adelante, la población activa, no tienen a menudo más que un tema de movilización: “¡Basta, no podemos más!”. No es un grito de reivindicación, sino de extenuación, salvo si uno se deja invadir por lo peor: desaparecer."             ( , El País 25 FEB 2012)

15.5.14

“Me llamo Antonio Temprano García y quiero donar todos mis órganos. Quiero hacerlo rápido porque me voy a suicidar”

"Si hubiera sucedido en Alabama, Estados Unidos, de seguro ocuparía página de los diarios y sería noticia en más de un telediario. Pero ocurrió en Valencia en día tan significativo como el 14 de abril, por tanto cabe deducir que debe pasar por la censura social que ahora domina los medios, y podría asegurar que pocos, muy pocos, se enteraron de la impresionante historia.
A las 10 de la mañana un individuo al que imagino de buena planta –era un tirador olímpico veterano–, algo excitado, se presenta en la recepción del hospital valenciano de La Fe. Es jornada festiva en Valencia, lunes de Pascua. El hombre aborda a la chica que está en la recepción y le dice escuetamente: “Me llamo Antonio Temprano García y quiero donar todos mis órganos”.
No hace falta mucha imaginación para contar la reacción de la empleada que se limita a extenderle un cuestionario de “donante de órganos”. ¡Qué otra cosa iba a hacer! Pero todo se transforma cuando Antonio Temprano añade: “Quiero hacerlo rápido porque me voy a suicidar”.
No tengo el más mínimo interés morboso por esta historia que trasciende los llamados sucesos habituales, pero me gustaría saber qué pasó desde ese momento. Si Antonio tiene fijada su presencia en el hospital de La Fe de Valencia a las diez de la mañana, en día festivo, qué ocurrió después hasta que se metió en los lavabos y se descerrajó un tiro pegado a la barbilla, en la ingenua creencia que sería menos letal para los extractores de órganos.
 Lo hizo con una Magnum 9 mm Parabellum; con esa arma letal debió quedar hecho un cristo. (Agradezco a la gentileza profesional de Vicente Useros, de El Mundo en Valencia, algunos datos sobre el caso).
Lo que no sabía el voluntarioso Antonio Temprano, 43 años, es que el suicida representa un problema difícil para los recuperadores de órganos. El suicidio exige el trabajo posterior de un forense y por tanto muchos órganos vitales quedan inservibles. O eso dicen. Pero hasta aquí llega el incidente, luego viene el drama.
 Antonio Temprano García llevaba parado un año y medio, y todas las glorias locales que le había deparado ser un tirador de pistola olímpico, tener una esposa médico, dos hijos –una con problemas, hidrocefalia–, una sociedad complaciente cuando vas de triunfador, aunque sea local, se transformó probablemente en una pesadilla. De vivir en La Nucia, junto a Benidorm, se trasladaron a Valencia donde su esposa consiguió trabajo en el hospital de Torrent-1, de médico de familia.
Se sentía un hombre de más, que vivía de su mujer y que tras su experiencia en Alicante vinculado a las ambulancias y algunos trabajos eventuales, no lograba salir del círculo vicioso del paro. Y el paro, convendría explicárselo a los expertos económicos, es un virus que a los trabajadores dignos, como con toda seguridad debía serlo Antonio Temprano, les produce una angustia irreversible y permanente, que empieza en la depresión y acaba en no se sabe dónde. 
Depende de la dignidad, el aguante y la resistencia de la víctima. Recuerdo a un matarife empresarial, un tal Feito, que decía que un trabajador en paro debía ir a Laponia si allí le ofrecían un trabajo. A esta gente asentada deberíamos tener el derecho a denunciarla ante los tribunales por terrorismo social. Son delincuentes con buenos letrados, como los grandes del mundo mafioso. Sus hijos, no digamos él, jamás irán a Laponia; no saben ni donde queda.
El titular es sencillo por más brutal que parezca. “Un hombre desesperado opta por suicidarse para no seguir siendo una carga familiar”. Resulta un poco largo para los cánones del oficio periodístico, pero se podría arreglar hasta hacerlo comprensible. ¡Y la dignidad del suicida! 

Por qué le quitamos ese gesto definitivo de humanidad; que sus órganos sirvan para otros que lo necesiten. Cosa que no harían ni el señor Feito, ni la patronal en pleno, no digamos Bárcenas, Blesa, Rato o Millet, que a buen seguro dispondrán hasta de panteón en cementerios de postín, y rogatorias y misas y triduos y lo que haga falta. (...)

 ¿Por qué no sacamos del armario a los suicidas? En vez de sentirse orgullosa del gesto temerario del marido, la esposa de Antonio Temprano, la doctora Eva Llovet, ha hecho un esfuerzo suplementario por inventarse una muerte del marido que encajara con lo que la vida social exige. Lo entiendo, incluso lo disculpo, pero eso debe terminar. 
Si mis amigos, mi mujer o alguno de mis hijos tomara decisión tan trascendental como matarse con una causa tan obvia y tan desesperada como es no poder vivir con dignidad en la sociedad que nosotros les hemos creado –la misma que se niega a mirarse en el espejo de sus medios de comunicación– habría que sentirse orgullosos de su valor.
Porque la dignidad exige redaños, el servilismo no los necesita.(...)"                 (El suicida generoso, Gregorio Morán, Si Permiso, 27/04/2014)

12.1.12

Los tres países de la periferia europea que mas lejos han ido por el camino de la austeridad - Letonia, Irlanda y Grecia- son precisamente los que habían registrado las subidas mayores de suicidios entre el 2008 y el 2009

"Grecia empieza a sufrir una epidemia de enfermedades mentales relacionadas –según expertos en salud pública consultados esta semana- con la crisis económica. "Tenemos problemas de ansiedad, angustia y depresión relacionados con el paro.

 No es solo Grecia. Los tres países de la periferia europea que mas lejos han ido por el camino de la austeridad - Letonia, Irlanda y Grecia- son precisamente los que habían registrado las subidas mayores de suicidios entre el 2008 y el 2009, según Martin McKee, el director del Observatorio de sistemas europeos de salud y especialista en salud publica de la London School of Hygiene and Tropical Medicine. Grecia ha registrado un aumento de suicidios del 40% en lo que va de año.


Tras la desaparición de cientos de miles de pequeñas y medianas empresas, recortes salariales de hasta el 30%, una subida del desempleo del 7 % al 18% y una morosidad ya casi universal. Grecia es el ejemplo más chocante de cómo la crisis machaca la psicología.

"En Grecia tenemos problemas especiales con padres de familia, el hombre pierde mucho autoestima si pierde el trabajo", dijo Dimellis en una entrevista por teléfono. Ego Ideal inició el programa con la colaboración del ayuntamiento tras advertir un aumento del 30% en el último año de personas que pedían ayuda psicológica en Tesalónica, la segunda ciudad griega.

Es más, "los padres y madres griegos suelen proteger a los hijos mucho después de que alcanzan la mayoría de edad ; cuando los padres no pueden ayudar, genera sensaciones de desesperanza y depresión", dice. (...)

 Michael Kriadis, dueño de la agencia publicitaria Take Vitamin Ad en Atenas, se tiró de la ventana de su oficina en la cuarta planta en septiembre, tras acumular deudas por más de 400.000 euros. Vaggelis Paterakis, pequeño comerciante del mercado de mayoristas Heraklion, en Creta, se pegó un tiro de escopeta –en un primer intento había tratado de envenenarse bebiendo cerveza y gasolina- tras suspender pagos sobre 800.000 euros. Dos otros mayoristas en el mercado se han suicidado desde el inicio de la crisis.


Los suicidios siempre tienen mil explicaciones y sería simplista achacarlos exclusivamente a la crisis. Pero McKee, uno de los autores de dos estudios sobre la crisis y la salud publicadas en The Lancet confirmó que se puede "comprobar una co-relación estadística significativa entre las recesiones, el paro y los suicidios; lo hemos visto en crisis anteriores y ahora también", explicó en una entrevista telefónica. "No es solo el impacto directo psicológico del paro sino el miedo al futuro".
 
Según el estudio sobre el impacto de la crisis sobre la salud de McKee y otros expertos, el número de suicidios en Grecia ya dibuja una trayectoria muy parecida la curva del paro (o la curva de la prima de riesgo). Entre el 2007 y el 2009 se registró una subida del 17% del número de suicidios.

Luego, en 2010, subió el 15%. Y, según el misterio de Sanidad, se ha registrado un aumento del 40% solo en el primer semestre del 2010. La tasa de suicidio –número de suicidios por cada 100.000 habitantes- se ha duplicado del 2,8 a 6 desde el inicio de la crisis.

La situación puede ser aún más grave de lo que parece ya que la iglesia ortodoxa en Grecia niega servicio religioso a las familias de suicidas y se sabe que hay gente que camuflan la realidad."             (La Vanguardia, 07/12/2011)

3.1.11

Entre 1996 y 2005, en Brasilia, se suicidó un empleado bancario cada 20 días, a causa de las presiones, exceso de tareas y pavor al paro

"No se trata de aquello relativamente estudiado del «asedio moral», es decir, de las humillaciones persistentes y prolongadas de los trabajadores y trabajadoras para subordinarlos, atemorizarlos, y llevarlos a dejar el trabajo.

El sufrimiento ahora es más generalizado y difuso, unas veces más y otras veces menos, afectando al conjunto de los países centrales. Se trata de una especie de «malestar de la globalización» en proceso de erosión humanística.
Se expresa por una especie de depresión colectiva, destrucción del horizonte de esperanza, pérdida de la alegría de vivir, deseo de desaparecer del mapa y, en muchos, por el deseo de quitarse la vida.
Por causa de la crisis, las empresas y sus gestores llevan la competitividad hasta límites extremos, estipulan metas casi inalcanzables, infundiendo en los trabajadores angustias, miedo, y a veces síndrome de pánico.
Se les exige todo: entrega incondicional y plena disponibilidad, dañando su subjetividad y destruyendo las relaciones familiares. Se estima que en Brasil cerca de 15 millones de personas sufren este tipo de depresión, ligada a las sobrecargas laborales.
La investigadora Margarida Barreto, médica especialista en salud del trabajo, observó en una encuesta hecha el pasado año a 400 personas, que cerca de un cuarto de ellas tuvieron ideas suicidas por causa de la excesiva exigencia del trabajo.
Y decía: «es necesario ver el intento de quitarse la vida como una gran denuncia de las condiciones de trabajo impuestas por el neoliberalismo en las ultimas décadas». Están especialmente afectados los empleados de banca del sector financiero, altamente especulativo y orientado hacia la maximización de los lucros.
Una investigación de 2009 hecha por el profesor de la Universidad de Brasilia, Marcelo Augusto Finazzi Santos, descubrió que entre 1996 y 2005 se había suicidado un empleado bancario cada 20 días, a causa de las presiones por metas, exceso de tareas y pavor al desempleo. Los gestores actuales se muestran insensibles al sufrimiento de sus funcionarios. (...)
La Organización Mundial de la Salud estima que cerca de tres mil personas se suicidan diariamente, muchas de ellas por causa de la abusiva presión del trabajo. Le Monde Diplomatique de noviembre del presente año denunció que entre los motivos de las huelgas de octubre en Francia se hallaba también la protesta contra el acelerado ritmo de trabajo impuesto por las fábricas, que era causa de nerviosismo, irritabilidad y ansiedad.

Se volvió a oír de nuevo la frase de 1968 que rezaba: «metro, trabajo, cama», actualizándola ahora como «metro, trabajo, tumba». Es decir, enfermedades mortales o suicidio como efecto de la superexplotación capitalista." (Leonardo Boff: Crisis neoliberal y sufrimiento humano. Attac.Madrid, 03/01/2011)

20.12.10

Los países serán cada vez más ricos... y sus trabajadores cada vez más pobres ¿¿ ?? ... ¿Quién gana?

"Leyendo la prensa, no sólo económica, sino general, uno se encuentra con algo que llama la atención por su paradoja. Por un lado vemos que desde la II Guerra Mundial hasta hoy, la riqueza en la mayoría de países de la OCDE (el grupo de países más ricos del mundo) ha ido creciendo.

Y a pesar del bajón del PIB per cápita que varios países han experimentado durante estos años de recesión, es más que probable que para la gran mayoría de países de la OCDE, el PIB per cápita continuara creciendo, señalando así que la riqueza de tales países continuará aumentando. De esta realidad, uno podría concluir que el nivel de vida de la población crecerá en prácticamente todos los países más desarrollados económicamente.

Pero, por otra parte, leemos también artículos de grandes gurús económicos (la mayoría de persuasión neoliberal), que dicen que la gente tiene que ir haciéndose a la idea de que su standard de vida y el de sus hijos bajará. En realidad, a la juventud, tales autores le van insistiendo en que a partir de ahora su nivel de vida será menor que el de sus padres.

Este mensaje se repite tanto y en tantos medios, que ha llegado a calar. Según una encuesta reciente, un 46% de jóvenes estadounidenses y un 42% de jóvenes europeos (el promedio de la UE-15) cree que su nivel de vida va a se menor que el de sus padres.

Nos encontramos, pues, en esta paradoja de que los datos objetivos macroeconómicos nos dicen que los países serán más y más ricos y, en cambio, la población, y muy en especial las clases populares, serán cada vez más pobres.(...)

La frase de moda en círculos económicos y mediáticos es que “nos tenemos que ir acostumbrando a que el futuro no será como ha sido el pasado”. Lo que es también interesante de subrayar es que pocas voces se preguntan en los mayores medios de información: ¿y por qué no?

Veamos, sin embargo, los datos. (...)

En EEUU, la productividad por hora trabajada ha ido creciendo más rápidamente que el salario horario desde 1995. Y desde 1999, el crecimiento de tal salario ha descendido notablemente, mientras que el crecimiento de la productividad ha continuado creciendo.

Si la producción continúa creciendo y en cambio los salarios crecen poco o están estancados, nos tenemos que hacer la pregunta ¿a dónde van las rentas generadas por el incremento del producto, si no van a los salarios? Y la respuesta es, que van a la clase empresarial y a la clase financiera, que guarda y especula con estas rentas. (...)

Los costes humanos de esta situación son enormes. Cada crecimiento del desempleo de un 1% (equivalente a 1.5 millones de trabajadores sin trabajo), origina un exceso de 47.000 muertes (26.000 infartos, 1.200 suicidios y 831 asesinatos). (...)

Este aumento de la productividad, sin embargo, ha repercutido casi exclusivamente en un gran incremento de los beneficios empresariales. Tales beneficios han aumentado un 57% desde el 2008 al 2010, un aumento sin precedentes en la historia económica de EEUU, mientras que los salarios han bajado un 2% durante el mismo periodo (Andrew Sum y Joseph McLaughlin “The massive Shedding of Jobs in America”. Challenge. Nov.Dec. 2010, pp 62-76).

Estos beneficios se han acumulado como liquidez (cash), siendo depositados en la banca y en fondos de elevado riesgo (hedge funds), con lo cual, el capital financiero se ha beneficiado enormemente de esta situación. Según la agencia Moody’s, “el dinero no escasea en las grandes empresas. Nunca habían tenido tanto antes”.

(Es importante subrayar que a mayor desigualdad, mayor es el tamaño del sector bancario en la economía de un país)." (Vicenç Navarroa: La polarización de las rentas y su impacto en la crisis; en www.vnavarro.org, 17/12/2010)