Mostrando entradas con la etiqueta c. Economía: inflacion: efectos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta c. Economía: inflacion: efectos. Mostrar todas las entradas

13.6.26

El Banco Central Europeo vuelve a equivocarse... Elevar el coste del dinero cuando la economía no crece ni al 1% y cuando los riesgos geopolíticos están lejos de disiparse es la mala austeridad que ya arruinó a un buen número de países... las presiones inflacionarias que afectan hoy a Europa provienen de factores energéticos, geopolíticos y comerciales ajenos a la política monetaria... energético porque Europa sustituyó su dependencia del gas ruso por el gas natural licuado de Estados Unidos, lo que encareció la electricidad industrial un 58%... geopolítico porque el conflicto en Oriente Medio ha tensionado los mercados de materias primas y ha provocado un alza de los precios... comercial porque la guerra arancelaria de Trump ha encarecido nuestras importaciones... Los tres factores son choques de oferta, no de demanda y no monetarios. Los precios no están subiendo porque las familias y empresas europeas tengan demasiado dinero en el bolsillo... cuando se produce un choque de oferta, subir los tipos de interés solo tiene un efecto: reducir la demanda, el gasto, es decir, los ingresos... y provoca una transferencia de renta desde los hogares y empresas más endeudados hacia quienes perciben rentas financieras, entre ellos el sector bancario. En suma, frena la economía... puede hacer que bajen los precios. Nadie puede ponerlo en duda, pero lo hace destruyendo actividad productiva y generando aún más concentración del ingreso e inequidad... Alemania y los Países Bajos, con menor deuda pública, podrán absorber mejor el impacto. España, y sobre todo Italia, con deuda pública más elevada, se verán más afectadas. financiero... La inflación de oferta que estamos comenzando a tener requeriría instrumentos distintos para poder frenarse: políticas de regulación de precios en sectores estratégicos, intervención en los mercados energéticos para absorber los choques externos, coordinación fiscal para sostener la demanda, política industrial para reducir dependencias estructurales... Nada de eso está en el manual de instrucciones del Banco Central Europeo y en su fundamentalismo ideológico (Juan Torres López)

 "El Banco Central Europeo ha vuelto a subir los tipos de interés. Sitúa el tipo de referencia en torno al 2,50% y todo indica que en los próximos meses podría llegar incluso al 4%. Lo ha hecho invocando una vez más el mismo argumento de siempre: la inflación está por encima del objetivo del 2% y hay que frenarla. Pero vuelve a hacerlo equivocándose en el diagnóstico, en los instrumentos que podrían aliviar la subida de precios y en el momento en que actúa.

La inflación no viene de donde dice el BCE

Los bancos centrales utilizan siempre un mismo argumento para justificar la subida de tipos como vía para contener la inflación. Aunque el Banco Central Europeo reconoce formalmente la existencia de factores energéticos, geopolíticos y comerciales, sigue actuando como si la inflación terminara siendo, ante todo, un problema de exceso de demanda que debe corregirse mediante el encarecimiento del crédito.

Siendo benévolos, se puede asegurar que la premisa es, en el mejor de los casos, una verdad parcial. En el peor, una coartada teórica para aplicar el único instrumento que tiene, aunque no sirva para el problema que hay encima de la mesa.

Los datos que reflejan la realidad que tenemos ante nuestros ojos son claros. La mayor parte de las presiones inflacionarias que afectan hoy a Europa provienen de factores energéticos, geopolíticos y comerciales ajenos a la política monetaria.

El primero es energético. Europa sustituyó su dependencia del gas ruso por el gas natural licuado para convertir a Estados Unidos en su proveedor dominante. El efecto es que lo paga más caro (además de quedar en posición de mayor vulnerabilidad) y eso se ha traducido en un encarecimiento de la electricidad industrial un 58% desde 2021.

El segundo es geopolítico. El conflicto en Oriente Medio ha tensionado los mercados de materias primas y las cadenas globales de suministro están en jaque, lo que ha provocado un alza de los precios.

El tercero es comercial. La guerra arancelaria iniciada por la Administración de Trump ha disminuido la competitividad exportadora europea y encarecido nuestras importaciones.

Al subir los tipos de interés, el Banco Central Europeo no logra eliminar los factores que empujan los precios al alza

Los tres factores tienen en común algo fundamental que parece que el Banco Central Europeo es incapaz de apreciar: son choques de oferta, no de demanda y, como he dicho, no monetarios. Los precios no están subiendo porque las familias y empresas europeas tengan demasiado dinero en el bolsillo y estén comprando bienes y servicios o gastando en inversión por encima de la oferta existente (al menos, de momento). Se han producido, efectivamente, aumentos en los costes de suministro y, a partir de ahí, en los de producir y de abastecer que se están trasladando a los precios, pero eso ha sido por razones externas a la economía europea. Y cuando se produce un choque de oferta, subir los tipos de interés no reduce los costes energéticos ni detiene una guerra ni deshace aranceles. Solo tiene un efecto: reducir la demanda, el gasto, es decir, los ingresos.

Al subir los tipos de interés, el Banco Central Europeo no logra eliminar los factores que empujan los precios al alza, mientras que hace que disminuya el nivel de vida de las familias, desincentiva la inversión de las empresas cuando más falta hace y, eso sí, provoca una transferencia de renta desde los hogares y empresas más endeudados hacia quienes perciben rentas financieras, entre ellos el sector bancario. En suma, frena la economía. No es casualidad, por ejemplo, que la inversión empresarial en la eurozona lleve varios trimestres creciendo a ritmos muy inferiores a los previos a la subida de tipos y que el crédito nuevo a las empresas se haya desacelerado de forma significativa.

De esa manera, es cierto que puede hacer que bajen los precios. Nadie puede ponerlo en duda, pero lo hace destruyendo actividad productiva y generando aún más concentración del ingreso e inequidad. El BCE actúa una vez más como un médico que, para bajar la fiebre de su paciente, lo debilita en extremo sin acabar con la enfermedad. Es una terapia que en medicina tiene nombre: iatrogenia, una práctica que viola un viejo y fundamental principio terapéutico: primum non nocere (lo primero, no hacer daño). Algo que debe respetar cualquier sanitario que se precie.

Una excusa que no sirve

La única razón que aporta el BCE para justificar su práctica demoledora es la necesidad de transmitir credibilidad. Es decir, aunque sepa que la inflación no venga del exceso de demanda, sostiene que hay que enviar una señal de firmeza para impedir que las expectativas se desborden, que los salarios suban para defenderse de nuevas subidas y que las empresas se blinden, subiéndolos de antemano. Es lo conocido como “efecto de segunda ronda”. Un argumento que puede tener cierta lógica en abstracto, pero que no se da en la realidad con fuerza suficiente como para tomarlo tan literalmente en cuenta como hacen los bancos centrales. Actualmente, la llamada inflación subyacente, la que excluye los precios de la energía y los alimentos, se sitúa entre el 2,1 y el 2,3%; puede ser molesta pero manejable. De hecho, en muchos países europeos los salarios reales aún no han recuperado el poder adquisitivo perdido tras la fase inflacionaria iniciada tras la pandemia. Los datos disponibles no muestran, por ahora, una espiral salarios-precios de intensidad suficiente como para justificar una respuesta monetaria tan agresiva. Por tanto, subir los tipos de interés preventivamente para hacer frente a un riesgo supuesto y que los datos no confirman, en el contexto de una economía que crece al 0,9%, es una decisión con costes seguros a cambio de un beneficio muy incierto.

Pagarán la factura los mismos de siempre

Los costes de este nuevo error del Banco Central Europeo no se distribuyen de forma uniforme. Por un lado, la subida de tipos agravará las asimetrías estructurales de la eurozona. Alemania y los Países Bajos, que tienen una inflación más ligada a costes laborales y economías con menor nivel de deuda pública, podrán absorber mejor el impacto. España, y sobre todo Italia, con deuda pública más elevada, se verán más afectadas, al tener que pagar más por el servicio de la deuda y tener que actuar con menor margen fiscal. Para España, un euríbor al alza no sólo frenará la demanda, sino que provocará una enorme transferencia de renta de las familias hipotecadas y de las pymes endeudadas hacia el sector financiero. Todo ello, mientras que los grandes bancos europeos han registrado en los últimos ejercicios algunos de los mayores beneficios de su historia reciente, gracias al aumento de los márgenes financieros provocado por los diferenciales de tipos de interés.

Elevar el coste del dinero cuando la economía no crece ni al 1%, como viene ocurriendo en Europa, y cuando los riesgos geopolíticos están lejos de disiparse, no es prudencia monetaria: es la mala austeridad que ya arruinó a un buen número de países, ahora con nombre y justificación tecnocráticos. No aplicada esta vez mediante recortes directos del gasto público, sino mediante el encarecimiento del crédito que recortará el de toda la economía.

Un problema de fondo que se reitera

Detrás de esta nueva equivocación del BCE está el dogma que guía a la inmensa mayoría de los bancos centrales de nuestro tiempo.

Frenar esta inflación requeriría instrumentos distintos: regulación de precios, intervención en los mercados energéticos, coordinación fiscal

Han basado su independencia y su legitimidad en un mandato único o principal (la estabilidad de precios) y sobre un único instrumento (el tipo de interés). Así, cuando hay inflación, suben los tipos, con independencia de cuál sea la causa de esa inflación y el diagnóstico queda subordinado al instrumento disponible.

El problema de fondo es que el BCE dispone prácticamente de un único instrumento operativo de gran alcance: el tipo de interés. Y cuando todas las herramientas son martillos, todos los problemas acaban pareciendo clavos. La consecuencia es que la naturaleza concreta de la inflación pasa a un segundo plano y el remedio termina aplicándose con independencia de cuál sea la enfermedad.

La inflación de oferta que estamos comenzando a tener requeriría instrumentos distintos para poder frenarse: políticas de regulación de precios en sectores estratégicos, intervención en los mercados energéticos para absorber los choques externos, coordinación fiscal para sostener la demanda mientras los costes se normalizan, política industrial para reducir dependencias estructurales... Nada de eso está en el manual de instrucciones del Banco Central Europeo y el fundamentalismo ideológico de sus directivos le lleva a creer que lo que no está en el manual no existe, aunque los datos y la experiencia lo estén señalando, sin lugar a dudas.

No es la primera vez que el BCE se equivoca de esta manera, como dije más arriba y han corroborado muchos economistas, algunos de ellos trabajando en los propios bancos centrales o bastante ortodoxos como Olivier Blanchard o Paul de Grauwe, al analizar su actuación en momentos parecidos al actual. No puede olvidarse lo ocurrido en 2011, cuando Jean-Claude Trichet subió los tipos por temor a la inflación derivada del encarecimiento del petróleo. Pocos meses después, Europa entró en recesión y el propio BCE tuvo que revertir las subidas.

Y el problema es que el Banco Central Europeo utiliza su independencia para gozar de impunidad ante sus sucesivos y costosos errores.

Nadie puede pedirle cuentas porque se ha establecido que lo que el BCE hace es pura técnica, neutra y objetiva. Es una ficción institucional extremadamente costosa, pues se presentan como decisiones puramente técnicas las que tienen consecuencias distributivas y sociales de enorme alcance.

Una de las más grandes y costosas mentiras económicas de la historia. La política monetaria que practica, como su propio nombre indica, es política, un conjunto de decisiones basadas en ideología y en preferencias de reparto de la riqueza, que benefician a unos y perjudican a otros, pero que son tomadas por una institución que no rinde cuentas ante nadie. Esa es la cuestión. En una época de democracias llenas de defectos y limitaciones, la independencia e impunidad con la que actúan los bancos centrales es una anomalía democrática de primer orden que habría que corregir antes de que provoquen una catástrofe."

(Juan Torres López, CTXT, 12/06/26)

17.5.26

Sobre las elecciones de mitad de mandato... El panorama político después de la redistribución de distritos... los demócratas pierden unos seis escaños debido a las guerras de manipulación que Donald Trump comenzó el año pasado. Y eso podría ser potencialmente decisivo en una carrera reñida... estamos llegando al punto en que el sesgo estructural en básicamente todas las instituciones electorales a nivel federal está sobreponderando significativamente los votos republicanos, solo por el hecho de quién está a cargo de dibujar los mapas... pero creo que las elecciones de 2026 serán significativamente pro-demócratas, y que la manipulación no importará... el índice de aprobación de Donald Trump sobre los precios es del 30% o menos, y desde el 70%, ha bajado -40 más o menos, y sigue perdiendo terreno muy rápido. Eso es congruente con un electorado que está muy molesto por los precios. Y si ese número se mantiene tan bajo como está, entonces deberíamos esperar el tipo de derrota en las elecciones de medio término que sea lo suficientemente grande como para superar el engaño republicano a través de la manipulación de distritos (Paul Krugman entrevista a G. Elliott Morris)

"G. Elliott Morris sobre las vibraciones y las elecciones de mitad de mandato. El panorama político después de la redistribución de distritos

**TRANSCRIPCIÓN: Paul Krugman en conversación con G. Elliott Morris**

**Paul Krugman:** Hola a todos. Hoy vuelvo con G. Elliott Morris, mi analista de encuestas y opinión pública favorito. Hemos tenido un tiempo movido con la redistribución de distritos y hay muchas cosas pasando, así que veremos a dónde llegamos. La gran noticia es, por supuesto, que el Tribunal deja a los demócratas aturdidos al anular el referéndum sobre la redistribución de distritos en Virginia, lo que ahora le da a los republicanos una ventaja sustancial. Has estado haciendo algunos análisis. ¿Cómo deberíamos pensar en cómo cambia esto las elecciones de noviembre?

**G. Elliott Morris:** Sí. El panorama general es: mientras los demócratas sigan ganando el voto popular por cuatro puntos, todavía recuperarán la Cámara de Representantes. Mucho ha cambiado en las últimas tres semanas. Primero, la Corte Suprema ha invalidado la sección dos de la Ley del Derecho al Voto. Esta era la parte de la ley que impedía a las legislaturas estatales u otros organismos estatales diluir el poder de los votantes negros.

**Krugman:** Cierto.

**Morris:** Esto, por supuesto, importa para nuestros cálculos partidistas, porque los representantes negros en el Sur tienden a ser demócratas. Ahora la Corte Suprema ha dicho que los estados pueden dividir sus votos. Los estados gobernados por republicanos en el Sur, incluyendo Tennessee, Alabama y Luisiana, han aprobado, o están a punto de aprobar, mapas que eliminarán al menos a tres demócratas, y potencialmente a cinco. Así que son bastantes escaños. Además de eso, ha habido otras noticias sobre redistribución de distritos. Los votantes de Virginia habían aprobado una enmienda constitucional para adoptar una manipulación demócrata que ha sido anulada. Así que los demócratas en Virginia volverán a su mapa antiguo, y perderán dos escaños debido a eso, dos escaños que de otro modo habrían ganado. Entonces, si estás haciendo cuentas, eso son tres escaños perdidos para los demócratas. Hubiera sido solo uno; ahora son tres.

Pero luego tenemos redistribución de distritos en Texas, Florida, Carolina del Norte, Ohio y Misuri. Si sumas todos esos estados republicanos, le han quitado a los demócratas unos 13 escaños, y los demócratas solo han ganado unos cinco en California, el único estado que realmente ha redistribuido. Si sumas todo esto, entonces los demócratas están perdiendo unos seis escaños debido a las guerras de manipulación que Donald Trump comenzó el año pasado. Y eso podría ser potencialmente decisivo en una carrera reñida.

**Krugman:** Mi impresión muy informal era que antes de todo esto, el sesgo republicano de la votación había desaparecido en gran medida, y que las mayorías en la Cámara tendían a reflejar más o menos el voto popular. Pero ahora estamos en una situación en la que volvemos a tener probablemente la mayor inclinación republicana jamás vista.

**Morris:** Sí. Así que el mapa del Congreso de 2024 todavía estaba técnicamente sesgado hacia los republicanos. Si en un año perfectamente promedio con candidatos perfectamente promedio, y ese es el gran "si", si 2024 se repitiera, esperaríamos que los demócratas perdieran la mayoría de los escaños, incluso si hubieran ganado el voto popular por aproximadamente un punto. El gran beneficio en 2024 fue que el reclutamiento de demócratas en escaños reñidos fue realmente, realmente bueno. Así que superaron las expectativas. Pero si lo repites, todavía estaría ligeramente sesgado hacia los republicanos. Ahora estamos en alrededor de un sesgo republicano de cuatro puntos, que se acerca al sesgo justo después de la redistribución de distritos de 2010. ¿Qué pasó en 2012? Esto es bastante malo. Estamos llegando al punto en que el sesgo estructural en básicamente todas las instituciones electorales a nivel federal está sobreponderando significativamente los votos republicanos, solo por el hecho de dónde vive la gente o quién está a cargo de dibujar los mapas.

**Krugman:** Hace unas semanas, hablé con Kim Lane Scheppele, mi vieja amiga de Princeton, sobre Hungría. Y, ya sabes, gran parte de lo que hizo Orbán fue, de hecho, básicamente la palabra húngara que significa 'gerrymandering', pero a una escala heroica. Ella dijo que básicamente ponderaban el voto rural unas 3 veces más que el voto urbano. Pero, por supuesto, eso fue superado por una enorme ola electoral. Y todavía se podría pensar que el escenario más probable, dadas las encuestas actuales, es probablemente que los demócratas aún vayan a alcanzar la cúspide.

**Morris:** Creo que las elecciones de 2026 serán significativamente pro-demócratas, y que la manipulación no importará. No importará en términos de quién gana la mayoría de los escaños. Los demócratas seguirán perdiendo seis escaños, al menos, de donde deberían estar. Pero si están ganando doce, entonces, ya sabes, todavía logran recuperar la Cámara porque estaba muy reñida la última vez. Los republicanos solo tenían tres escaños extra en la última elección. Así que es una elección de ola bastante fácil para los demócratas. Pero seguirán perdiendo escaños, siguen privados de representación en el Sur. Y lo más importante, en 2028, cuando no esperamos que los demócratas tengan una ola tan grande, a menos que el país entre en razón. Sé que hablas mucho sobre aranceles aquí. Ese es un gran ejemplo. Entonces esperamos una elección mucho más reñida. Y en ese escenario de 2028, esta manipulación podría dar a los republicanos la mayoría, incluso si los demócratas ganan el voto popular.

**Krugman:** Solo una pregunta rápida de aficionado sobre esto: ¿hasta qué punto existe la posibilidad de un "dummy-mander" (manipulación que termina perjudicando a quien la diseña)? Estaba pensando en el voto hispano: que los republicanos pueden haber dibujado estos distritos creyendo que el voto hispano de 2024 se mantendría. Y parece que realmente lo han perdido, al menos si las encuestas son mínimamente correctas. ¿Significa esto que existe la posibilidad de que los republicanos hayan esencialmente diluido su propio apoyo para eliminar distritos demócratas, y que hayan abierto la posibilidad de perder muchos escaños normalmente republicanos?

**Morris:** Es una gran pregunta. He hecho algunos cálculos sobre esto. Mis propias simulaciones de resultados electorales, donde asumo racionalidad. Pero los republicanos básicamente fueron por cinco distritos en Texas. Quizás dos o tres de esos son altamente susceptibles a un dummy-mander. En cuyo caso, si haces los cálculos y los latinos se mueven 20 puntos hacia los demócratas, y todos los demás solo se mueven diez puntos hacia los demócratas, asumiendo que los latinos se mueven el doble que todos los demás, que es bastante cercano a lo que sucedió en las elecciones de 2025, entonces los republicanos solo ganan dos escaños de Texas, pero todavía están ganando escaños. Por lo tanto, existe la posibilidad de que se hayan extendido demasiado en caso de una gran reacción violenta de los latinos. Pero simplemente están restando algunos escaños que de otro modo podrían haber ganado. No es que vayan a perder en general en términos de la manipulación general. En otras palabras, todavía están saliendo ganando.

**Krugman:** Bien, eso es un poco deprimente, pero lo aceptaré. Me pregunto: si realmente tenemos una reacción popular muy clara y masiva contra los republicanos, pero estas maniobras los mantienen en el control de la Cámara, ¿cuánto daño le hace esto a la legitimidad y a los sentimientos sobre el gobierno?

**Morris:** No sé cuánto peor podrían ponerse los sentimientos de legitimidad o aprobación del gobierno. Quiero decir, la aprobación del Congreso es del 20%, la de SCOTUS (Corte Suprema) es del 20%, y la aprobación de Trump es del 35%, solo en virtud de que esa pregunta está muy polarizada partidistamente. Si realmente le preguntas a los estadounidenses cómo aprueban el manejo de Donald Trump de cosas como precios y aranceles, entonces se acerca al 25%. Por lo tanto, sería muy llamativo tener una menor confianza en el gobierno de EE. UU. para resolver los problemas de la gente común. Básicamente, esto podría tener un impacto en cómo los estadounidenses ven el funcionamiento de su democracia o algo así. Y en realidad, desde mi punto de vista, ese tipo de educación podría ser útil para cosas como la reforma electoral o la representación proporcional. Pero no tenemos que entrar en eso por ahora. Pero la cosa está bastante mal ahí fuera. Está bastante sombrío ahí fuera, Paul.

**Krugman:** La impopularidad de Donald Trump es realmente extraordinaria, y la impopularidad de las políticas. Las cosas han ido cuesta abajo realmente. Las cosas iban cuesta abajo, creo, incluso antes de la guerra con Irán.

**Morris:** Sí. Si estoy contando la historia de la administración Trump, estoy viendo cinco eventos principales además de su toma de posesión, que en sí misma es una especie de señal negativa para el pueblo estadounidense. Estoy viendo los aranceles del 'Día de la Liberación' en abril del año pasado, que causaron una caída en la aprobación de Donald Trump y luego siguieron su curso, cayendo ligeramente a medida que la gente se da cuenta de lo que está haciendo la administración. Tienden a reaccionar negativamente al presidente independientemente de lo que haga. Esto también era cierto para Biden, por cierto. Es solo un factor extraño de la psicología política. Y luego el siguiente evento que estoy viendo es una especie de confluencia de eventos de inmigración que sucedieron de mayo a junio de 2025. Está la deportación de Kilmar Abrego García. Donald Trump envía la Guardia Nacional a Los Ángeles y a Chicago. Esto crea mucha atención negativa de la prensa para él. Y ves que su índice de aprobación en la economía y las deportaciones en general vuelve a caer entre 5 y 10 puntos. Luego se mantiene; está perdiendo apoyo. Y luego, en los seis meses siguientes, realmente no pasa mucho en su índice de aprobación. Y luego ocurre el cierre del gobierno, y muchos estadounidenses se enteran de que Donald Trump básicamente ha desfinanciado gran parte de Medicaid y las primas van a aumentar. Eso, por supuesto, entra en vigor en enero de este año. Y luego estaría mirando la guerra con Irán. También querrías agregar los asesinatos en Minnesota. Esa fue una gran señal para los estadounidenses sobre los resultados negativos de la agenda de deportaciones de Trump y la militarización de las ciudades estadounidenses, esencialmente. Así que esos eventos tratan sobre inmigración y precios. El tema de la atención médica es todavía un tipo de ansiedad por los precios. Y puedes ver cómo cae su índice de aprobación. Su índice de aprobación era positivo cuando comenzó. Ahora está en -25 más o menos en nuestras encuestas; está más cerca de -30. Así que vale la pena enfatizarlo: muy poca gente quiere a Donald Trump. Si caminas por la calle promedio de Estados Unidos, te encontrarás entre tres de cada diez o cuatro de cada diez personas que apoyan activamente lo que está haciendo. Y eso es muy bajo para un presidente de los Estados Unidos históricamente, y en términos absolutos, vale la pena enfatizar que a la gente no le gusta este período.

**Krugman:** Sí, había olvidado que tuvo una breve aprobación positiva.

**Morris:** Sí, tuvo una especie de luna de miel cuando comenzó. Pero se desinfló muy rápido.

**Krugman:** Y es extraordinario, en realidad. Parece mucho más lejano de lo que fue.

**Morris:** Parece haber muchísima complicidad con Donald Trump por parte de los republicanos del Congreso. Mucha más de la que cabría esperar según sus índices de aprobación general y sus índices de aprobación en sus distritos. Ahora, en mi opinión, Trump reacciona a la opinión pública solo desde un punto de vista narcisista. Comparte las encuestas cuando son buenas y las llama noticias falsas cuando son malas. Habla constantemente de cuánto lo ama el público. Ese es el tipo de cosa que haría un narcisista. Pero en términos de frenar las acciones políticas de la Casa Blanca, creo que hemos visto muy poca evidencia de que las encuestas lo estén moviendo significativamente.

Ahora, hay un par de casos. El más importante es el retroceso de Minneapolis después del asesinato de Rene Goode y Alex Pretti allí. Hubo un aumento dramático en el apoyo a la abolición del ICE y una disminución dramática en los índices de aprobación del ICE y la agenda de inmigración y deportaciones del presidente justo después de eso. Así que pareció importar en términos de opinión pública. Pero mira, creo que estamos en un entorno donde la mayoría de los legisladores, especialmente los de la derecha, están aislados de las opiniones del electorado en general, especialmente las opiniones de la persona promedio que podría no votar. Y eso está permitiendo muchísimo mal comportamiento por parte del presidente. Y el partidismo es realmente una fuerza abrumadora para el mal en la derecha, dadas las inclinaciones del presidente. Así que creo que tienes razón aquí al decir que las encuestas son las encuestas. Y es importante decir que a la gente no le gusta esto. Pero Trump no es necesariamente el tipo de actor que cabría esperar dada esa información.

**Krugman:** Solo me pregunto, porque los periódicos están llenos casi a diario de algún comportamiento escandaloso o simplemente ultrajante. El bourbon de marca personal de Kash Patel y todas esas cosas. Pero una de las cosas que aprendí de ti sobre los votantes indecisos, y tienes una definición muy sencilla de estar mal o poco informado, que es simplemente: ¿saben quién controla el Congreso? Pero me pregunto si algo de esto siquiera llega a muchos votantes.

**Morris:** Sí, dudo que la persona promedio sepa sobre el whisky de Kash Patel, el whisky "cash money". Por cierto, soy un gran fanático del whisky, y eso me parece una verdadera traición a todos los fanáticos del whisky. Sí, hay un problema aquí: la mayoría de los legisladores realmente no les importa lo que piensa el público, incluso en su distrito y en general. Y realmente, en ningún lugar está más claro que en el Partido Republicano cuando Donald Trump está aprobando aranceles que causarán inflación o pidiendo mil millones de dólares para su salón de baile, etc. Y los votantes que no están realmente prestando atención a las noticias podrían no escuchar esas cosas, pero eso no significa que no importen. Y están recibiendo señales de la incompetencia del presidente a través de cosas como el aumento de los precios de la gasolina. Y un entorno de noticias generalmente malo sobre el Presidente de los Estados Unidos. Así que algo de esto se filtra hasta ellos.

**Krugman:** Bien. Pasemos a la "vibecesión" (vibecession). Hay mucha recompensa en el mundo de los comentaristas económicos y empresariales por las frases hechas. Y Kyla Scanlon con la vibecesión, como creo que dijo.

**Morris:** Sí, debería recibir un Premio Nobel por vibecesión.

**Krugman:** Sí, tiene la vida resuelta solo con ese término, aunque es realmente muy buena en otras cosas. Pero es bastante asombroso, ¿verdad? Justo antes de grabar esto, salió la última encuesta de dinámicas económicas de los hogares de la Reserva Federal, e incluso dejando de lado los índices de aprobación, etc., las opiniones públicas sobre cómo les está yendo, la mayoría todavía dice que les va bien, pero las opiniones sobre el estado de la economía se han desplomado. Como era de esperar, la gente es increíblemente negativa. La primera pregunta es: ¿creemos que, en cierto sentido, la gente es más negativa que la realidad? Pero, ¿tú tienes una opinión diferente sobre eso?

**Morris:** Responderé directamente a lo último, que es sí, hay una vibecesión. Las vibraciones (vibes) siguen siendo más bajas de lo que cabría esperar. Incluso los indicadores fundamentales e incluso este que ha propuesto Jared Bernstein, que he contrastado en algunos modelos: el número de exceso de inflación. Incluso si se tiene en cuenta el exceso de inflación, o simplemente los niveles de precios más altos de lo que la gente espera, el sentimiento del consumidor medido por la Universidad de Michigan sigue siendo aproximadamente de 10 a 15 puntos índice más bajo de lo que cabría esperar. Por lo tanto, todavía hay algún nivel de ansiedad que se aparta de nuestra comprensión histórica de la ansiedad económica.

**Krugman:** Bien. ¿Entonces crees que, de hecho, todavía hay un componente misterioso, al menos basado en el índice de confianza del consumidor?

**Morris:** Sí, supongo que la otra forma de decirlo es que esos modelos históricos que predicen el sentimiento del consumidor todavía están omitiendo algo. Quizás están omitiendo que la gente está reaccionando más a la inflación ahora que al desempleo u otras variables estructurales que en el pasado. Y tienes que encontrar alguna manera de dar cuenta de eso. Quiero decir, lo he intentado de todas las formas posibles. Incluso si haces "P-hacking", realmente no puedes llegar allí.

**Krugman:** La gente quizás no lo sepa, pero el P-hacking es esencialmente jugar con variables hasta obtener algo que sea estadísticamente significativo.

**Morris:** Excepto que no lo es realmente, porque hemos probado todas las alternativas para encontrar la cosa que parece funcionar. Por azar, habrías llegado a una respuesta. Pero lo que digo aquí es que, incluso por azar, no se puede llegar a una predicción perfecta del sentimiento del consumidor. Hay una ruptura fundamental hace unos dos años en las vibraciones sobre la economía. Y es más baja incluso si se tienen en cuenta cosas como los precios excesivos. Y esa tiene que ser una parte importante de nuestra historia.

Hay un subconjunto de comentaristas de internet, principalmente en Bluesky, que insisten en que la economía es realmente buena y las vibraciones están simplemente equivocadas sin razón. No creo que eso sea correcto, pero no iría tan lejos como para decir que no hay vibecesión. Creo que está en algún punto intermedio.

**Krugman:** Bien, entonces supongo que debería haber habido una ruptura hace dos años. Pero, ¿crees que las cosas son peores ahora en relación con los fundamentos de lo que eran en 2023?

**Morris:** Sí. Si predices el sentimiento del consumidor con exceso de inflación a través del S&P 500, el crecimiento económico y demás, puedes obtener una muy buena predicción, casi perfecta fuera de la muestra hasta diciembre de 2024 o enero de 2025.

**Krugman:** Lo cual es un resultado muy conveniente si te estás centrando en fuentes de presión económica relacionadas con Trump.

**Morris:** Pero también coincide con el momento en que el presidente comenzó a aprobar políticas inflacionarias. Por lo tanto, podría ser simplemente que la gente, después de enero de 2025, fuera hiperconsciente de las políticas inflacionarias como los aranceles, o simplemente del aspecto de "caballo en el hospital" de esta presidencia. Quizás están proyectando eso en su sentimiento económico. Todavía estoy buscando respuestas para el último año más o menos. Pero si incluyes precios excesivos en tu modelo de sentimiento del consumidor, esto básicamente soluciona, creo, el aspecto original de la vibecesión hasta finales de 2024. Pero ahora estamos en un tipo diferente de entorno de vibecesión, quizás relacionado con Trump. No estoy seguro.

**Krugman:** Bien, así que "Vibecesión II", para acompañar a "Trump II". Entonces, realmente estás diciendo que hay básicamente una "Vibecesión II", lo cual es interesante, y que hay algo que va más allá de todas las soluciones que hemos intentado encontrar para explicar por qué la gente estaba tan deprimida en 2024. Ahora, incluso con todo eso, algo más ha sucedido ahora.

**Morris:** Sí. Creo que puedo explicar muy bien la vibecesión de 2022, 2023 y 2024 como un shock de exceso de precios.

**Krugman:** Bien.

**Morris:** No creo que tengamos una buena explicación, económica o de otro tipo, para la sesión de vibraciones de 2025-2026 – "Vibecesión 2: Electric Boogaloo".

**Krugman:** Sí. Bueno, por supuesto, la gente se siente muy mal porque tenemos aranceles locos, recortes a la atención médica. Y ya sabes que Trump es terrible. Así que, por supuesto, la gente siente algo terrible. Pero no creo que eso sea lo que pasa por la mente del estadounidense promedio. Por lo tanto, hay algo sucediendo allí.

**Morris:** Si me pongo mi sombrero de politólogo, quizás psicólogo político, es muy posible que la cantidad de cobertura sobre la economía de Biden en términos despectivos, y la inflación y la culpa al presidente por la inflación en 2022 y 2023, hiciera que los votantes pensaran más en el presidente y luego en la dirección de la economía nacional. Y por lo tanto, si eso es cierto, entonces conseguir que una figura como Trump llegue a la presidencia causaría una reacción negativa bastante grande en el sentimiento económico general, incluso si no está causando esta reacción negativa en su situación financiera personal, como sabes.

**Krugman:** Sí. Quiero decir, probablemente no importa para las opiniones públicas, pero en mi opinión, Biden tuvo muy poca responsabilidad en esa inflación. Eran interrupciones en la cadena de suministro después de la COVID, y la inflación de la Unión Europea era básicamente idéntica a la inflación de EE. UU. Pero esta vez, realmente hay que decir que la inflación del 3.8% que acabamos de tener es...

**Morris:** Sí, definitivamente se le podría poner la etiqueta de "Trump-flación", al menos por ahora. Jerome Powell lo dijo. "Papi" lo dijo. Así que hay que escuchar.

**Krugman:** Sí. No, es bastante asombroso. Así que para los oyentes, en todas estas discusiones, a los economistas les gusta hablar de la inflación, que es la tasa a la que suben los precios. Y el enfoque convencional para entender el sentimiento del consumidor es hablar de la inflación y luego del desempleo y quizás algunas otras cosas también. Pero si hablas con la gente real, hablan mucho de lo que cuestan las cosas. Así que existe este argumento que dice que la gente está molesta porque aunque la inflación bajó mucho de su pico en 2022, los precios no lo hicieron. El nivel de precios se estabilizó en lugar de bajar. Pero esta división plantea muchos problemas. Entonces, ¿por qué no hablamos del exceso de inflación?

**Morris:** Por lo tanto, este trabajo se basa en la teoría de que los votantes reaccionan negativamente a un shock en los precios, o realmente a un shock en la inflación. Especialmente si la inflación ha sido baja durante algún tiempo, 20 o 30 años en el caso más reciente. Para medir el exceso de precios, me he basado en el trabajo del economista Jared Bernstein. Así que nuestro modelo para esto es predecir cuáles serían los precios hoy utilizando la inflación de los últimos 20 años más o menos. Y luego medimos el residuo entre los precios nominales reales y la predicción de los precios. Y al menos en mi trabajo, cuando digo "precios", me refiero al precio índice de vehículos, vivienda y alimentos. Pero los resultados son realmente los mismos si usas el PCE.

**Krugman:** Gasto de Consumo Personal, como lo llama la Reserva Federal.

**Morris:** Que es como el IPC, Índice de Precios al Consumidor, pero es discutiblemente un poco mejor, y la Reserva Federal se basa en el PCE.

**Krugman:** Sí.

**Morris:** Así que realmente no importa qué bienes estés mirando. Hoy, los precios son aproximadamente un 15% más altos de lo que habrían sido dado un 2% de inflación en los últimos seis años más o menos, básicamente desde la COVID. Y si agregas esa variable a algún modelo de sentimiento del consumidor que tenga medidas tradicionales de actividad económica como inflación, el S&P 500 y desempleo, entonces obtienes una predicción mucho mejor del sentimiento del consumidor a lo largo del tiempo, incluso en la década de 1970 cuando el cambio en el nivel de precios fue incluso peor que durante la COVID.

**Krugman:** Está lo que yo llamo el problema de "Mañana en América". Puede que pienses que la gente está molesta ahora porque las cosas cuestan mucho más que antes de la COVID, pero eso también era cierto en 1984 bajo Ronald Reagan. Resulta que el aumento de los precios al consumidor en el primer mandato de Ronald Reagan fue casi idéntico en términos porcentuales al aumento de los precios bajo Biden. Pero, por supuesto, Ronald Reagan se postuló como un salvador triunfante de la economía estadounidense. "Es de mañana en América". Y Biden era profundamente impopular. Y la explicación, que creo que todos los que trabajamos en esto hemos llegado, es que a principios de la década de 1980, la gente esperaba mucha más inflación. Y a principios de 2021, no la esperaban. Y eso es más o menos lo que estás midiendo.

**Morris:** Sí. Y esto no lo digo solo yo, tampoco. Si observas el trabajo de los politólogos sobre psicología del votante en lo que llaman "percepciones económicas retrospectivas" y predices esas calificaciones basándote en cambios en los indicadores económicos, entonces la inflación causa un impacto mucho más negativo en las evaluaciones económicas después de un período de lo que llaman "buenos tiempos" cuando la inflación es baja. Así que psicológicamente, esto también funciona. Si la gente está preparada para ver aumentos de precios del 10-15% durante una década y luego lo vuelve a ver, reacciona menos negativamente de lo que lo haría, digamos, en su aumento de precios de la era COVID después de 30 años de baja inflación.

**Krugman:** Sí. Aunque lo que es interesante, y sé que has estado haciendo modelos estadísticos y yo solo estoy sacando cosas de mi...

**Morris:** Bueno, yo no soy economista ni tengo un premio Nobel.

**Krugman:** Bueno, sí, pero eso fue hace mucho tiempo. Pero de todos modos, a mediados de los 70, la gente todavía estaba completamente en shock. Quiero decir, también soy un tipo mayor, y recuerdo los 70, y todos estábamos realmente muy impactados. Y sin embargo, el sentimiento del consumidor, incluso en la administración Ford, no era tan negativo como lo ha sido últimamente. Y aún así, los tiempos eran realmente buenos en los 60 y hasta aproximadamente el 73. Todavía estoy algo sorprendido de lo malas que son las percepciones ahora. Pero tus modelos parecen seguir la década de 1970 bastante bien.

**Morris:** Lo hacen. Sí. Y lo hacen debido a este ajuste por los buenos tiempos frente a los malos tiempos. Entonces, si tomas nuestra medida de exceso de precios, que nuevamente es solo la diferencia porcentual entre los precios esperados y los precios reales en términos nominales, y la ajustas por la inflación promedio en el IPC durante la última década, entonces disminuyes esencialmente la medida de exceso de precios para los 70 y la mantienes aproximadamente constante para el período posterior a la COVID, siendo principalmente 2023 el pico. Y obtienes un ajuste mucho mejor en el modelo. Esto se basa en nuestra teoría de psicología del votante de que la gente reacciona más negativamente a los precios más altos después de un período de buenos tiempos que de malos tiempos. Así que las cosas se están triangulando aquí en nuestra historia general del impacto de los precios excesivos, incluso si, como dije al principio, esta no es una explicación completa para la sesión de vibraciones aquí en 2026, que es algo diferente de alguna manera.

**Krugman:** Solo una interrupción: soy un viejo hablador, pero asocio la estanflación con el sabor de Hamburger Helper porque trabajaba en veranos como estudiante universitario como asistente de investigación, y mis amigos y yo, en nuestro horrible apartamento compartido, usábamos mucho Hamburger Helper porque no sabíamos cocinar. Y también la carne era muy cara, o al menos lo parecía en ese momento. Así que, sí. Pero es interesante que la gente no estaba tan deprimida. Y creo que quizás ya habían internalizado que la economía puede ser dura o algo así.

**Morris:** Eso es, en efecto, lo que estamos diciendo aquí. No estaban tan sorprendidos. Habían internalizado los precios altos como algo que podría suceder en su vida. Ya sabes, yo era solo un brillo en el ojo de mi papá en 1970. Pero se puede hacer mucho peor que Hamburger Helper. Hamburger Helper es un buen alimento básico para la clase trabajadora.

**Krugman:** Bueno, tuve algunos compañeros de cuarto que insistían en la soja con todo, y de eso podía haber prescindido. Pero de todos modos, eran los 70.

Entonces, esta pregunta de qué creemos que son los precios que la gente esperaba, y has estado básicamente ajustando una tendencia a los movimientos recientes de precios, ¿verdad? ¿Y proyectando hacia adelante? Creo que estás usando algo así como la tasa de inflación promedio de los últimos cinco años para proyectar hacia adelante. ¿O cómo estás obteniendo eso?

**Morris:** ¿Para el exceso de precios? Quiero decir, es la tendencia de los precios. Eso es matemáticamente equivalente a la inflación promedio de los 15 años anteriores a la fecha que estás prediciendo. 15 años antes de los cinco años anteriores. Así que la idea es que la gente ha formado sus expectativas de inflación durante algún período de los últimos diez años en promedio.

**Krugman:** Por lo tanto, tenemos medidas directas, supuestamente, de qué inflación espera la gente. Hay encuestas. Está la Universidad de Michigan. Y algunas encuestas, pero especialmente la de Michigan, preguntan a la gente qué esperan que sea la tasa de inflación en los próximos 5 a 10 años, lo que te da una especie de expectativa de inflación a medio plazo. Y puedes obtener un pronóstico de inflación implícito del mercado de bonos, el diferencial TIPS, la inflación de equilibrio, cualquier cosa con jerga. Pero hay un pronóstico de inflación implícito. Por lo tanto, esos no son necesariamente congruentes con el rezago...

**Morris:** Solo la medida del exceso de precios.

**Krugman:** Sí. Así que aquí está mi pregunta: digamos que las expectativas de los consumidores sobre la inflación en los próximos cinco años están algo elevadas ahora. Son más altas de lo que eran. Esto no es, creo, la forma en que resulta en tu análisis, pero habría pensado que eso haría más fácil terminar con el exceso de precios. Porque si quieres que los precios sean más bajos de lo que la gente espera, dado que esperan una inflación más alta en este punto, entonces se sentirán gratamente sorprendidos si solo tenemos una inflación del 2%. Pero creo que no es así como lo ves, ¿verdad?

**Morris:** No, no estoy usando la medida de encuesta de lo que esperarías que fuera tu inflación en los próximos cinco años.

**Krugman:** Entonces, lo que estás haciendo es algo así como decir que la expectativa de inflación de la gente es algo así como la inflación de los últimos cinco o diez años. Y realmente has utilizado la inflación esperada de la encuesta, que dice: "¿Y si la inflación es realmente así de alta y entonces va a ser realmente mala?" Pero yo lo habría dado la vuelta y habría dicho: "Bueno, la gente ya espera una inflación bastante alta, por lo que se sentirá gratamente sorprendida si es más baja que eso. Y eso debería hacer que sea más fácil volver a un nivel de precios que la gente considere aceptable." Pero no sé si estoy teniendo sentido.

**Morris:** Sí, tienes algo de sentido. Pero no estamos utilizando una medida psicológica de precios excesivos, y eso es diferente de una medida de encuesta. Estamos utilizando un nivel mecánico real de precios excesivos del residuo de la tendencia. Así que una forma de conciliar el hecho de que la medida objetiva de precios excesivos, en lugar de la medida basada en encuestas, sea más explicativa, es que se podría decir que la gente es mala prediciendo los precios en el futuro, en general, lo cual sería cierto. O que la encuesta no está captando la ansiedad sobre el nivel de precios con esa variable tan bien como cabría esperar. Y una cosa a mencionar aquí es que la medida de la Universidad de Michigan de lo que he llamado "ansiedad por los precios", que es solo el porcentaje de personas que tienen una mala opinión de la economía, el porcentaje de esas personas que lo atribuyen a peores finanzas personales está en su punto más alto. Y se disparó en 2021 y 2022 y se mantuvo allí; nunca volvió a bajar. Lo cual es similar, notarás, a la tendencia del sentimiento del consumidor a través de la Universidad de Michigan. No tengo los datos de la Conference Board delante ni memorizados.

Por lo tanto, es posible que la gente sea mala para predecir cuáles deberían ser los precios. Una idea sería si tomamos el cambio esperado en los precios durante el próximo año y lo dividimos por el IPC promedio (inflación general) durante el período de diez años anterior. Me pregunto si ese número estaría en un máximo histórico. Esa es una comprobación muy fácil después del hecho. Apuesto a que estaría cerca de un máximo histórico.

**Krugman:** Probablemente demasiado metafísico, pero lo que estamos tratando de predecir es una variable que es el sentimiento del consumidor, que no es una cosa conductual. Es como preguntar: ¿cómo responde la gente a un cuestionario? Y esta es una pregunta: ¿deberíamos también usar respuestas de tipo cuestionario para predecirlo? Obviamente, en algún nivel nos interesan las cosas económicas objetivas, pero me pregunto si deberíamos preferir inherentemente las cosas económicas objetivas como forma de predecir. No estoy teniendo mucho sentido aquí, pero...

**Morris:** No, esto tiene sentido para mí porque paso mucho tiempo pensando en la diferencia entre nuestras percepciones de la realidad objetiva y estas medidas basadas en encuestas que, por cualquier razón, pueden desviarse de ella. Y mi argumento sería que deberíamos usar la medición basada en encuestas de la ansiedad además de nuestros "fundamentos económicos", nuestras variables estructurales, porque nuestros modelos y nuestro trabajo como modeladores es falible. Y no podemos confiar en que la gente nos diga en las encuestas que está ansiosa por cualquier motivo, en lugar de echarle agua fría porque nuestros modelos no coinciden.

Quizás esto es solo mi opinión, pero tienes razón. Por supuesto, queremos saber cómo reacciona la gente a las condiciones objetivas sobre el terreno. Y la única forma en que realmente podemos hacerlo es observando la coincidencia entre las posiciones ejecutivas existentes y alguna otra variable de resultado. Por lo tanto, reconozco que es complicado. No hay una respuesta clara, supongo.

**Krugman:** Por lo tanto, dos preguntas más. S&P 500, y nuevamente, si la gente no lo sabe, ese es el índice amplio del mercado de valores, realmente aparece como algo que explica cómo se siente la gente.

**Morris:** Sí, el cambio anual en el S&P 500 es bastante directo para el sentimiento del consumidor, incluso después de controlar cosas como el cambio anual en el IPC, PCE, etc.

**Krugman:** Eso es realmente interesante, porque la gran mayoría de los estadounidenses poseen muy pocas acciones, por lo que el impacto del S&P 500 en la situación económica de la mayoría de la gente es realmente pequeño. Me pregunto si eso es más como una señal. La gente como yo siempre dice que el mercado de valores no es la economía. Pero no está claro que la gente lo vea así.

**Morris:** Sí. El S&P 500 impacta bastante en la cobertura de los medios. Y en nuestros modelos, tratamos de controlar el sentimiento negativo de los medios. Pero nuevamente, nuestro análisis empírico del sentimiento de los medios es a menudo diferente de cómo la gente está interpretando esto. Así que tiendo a llegar realmente a una respuesta aquí, que es, si observas las encuestas sobre la ansiedad por los precios, el porcentaje de personas que dicen que su situación es peor debido a problemas de finanzas personales, eso está en un máximo histórico. Y si confías en la gente, eso es bastante explicativo del sentimiento del consumidor por sí solo. Pero requiere algunos obstáculos para llegar allí.

El gráfico 7A de la Universidad de Michigan muestra el porcentaje de personas cuyas finanzas son peores y que dicen que las finanzas personales son la razón.

**Krugman:** Sí. Quiero decir, en algún nivel, si nuestros números dicen que las finanzas personales son en realidad mejores, pero la gente dice que son peores, en algún nivel, el cliente siempre tiene la razón.

**Morris:** Sí. Exactamente. Pero eso nos deja sin una explicación. Nos deja encogiendo los hombros.

**Krugman:** Lo último. Y de nuevo, solo estoy soltando cosas porque yo mismo estoy intrigado por esto. Así que muchos de estos problemas son, en cierto modo, un retorno al pasado. Todavía pienso que "Mañana en América" en 1984 es, en muchos sentidos, un crisol para entender todo esto. Pero 1984 como año estaba más cerca del final de la Segunda Guerra Mundial que de hoy. Y era un país muy, muy diferente entonces. Y siempre me pregunto, ¿estamos tratando de obtener un modelo que se ajuste a una sociedad que ha cambiado inmensurablemente con el tiempo?

**Morris:** Sí, absolutamente. Gran parte del discurso de la vibecesión, no necesariamente Kyla Scanlon, pero creo que Nate Silver escribió este artículo para la página de Opinión del New York Times sobre cómo el índice de sentimiento del consumidor se rompió. Esto fue después de que The Economist hubiera hecho algo similar, creo. Gran parte de la discusión de eso se basó en la idea de que se podía construir un modelo de sentimiento del consumidor históricamente. Y ahora se está rompiendo. Y una conclusión de eso es que la gente ya no piensa en la economía racionalmente. Pero otra conclusión es que están pensando en la economía de manera diferente a como lo hacían anteriormente. Y eso me parece completamente legítimo. Y si ese es el caso, entonces deberíamos estar mirando más los datos de las encuestas y los datos de percepciones y menos los indicadores fundamentales para explicar el sentimiento del consumidor.

**Krugman:** Bien, pero la gran noticia para mí es que realmente estamos viendo una especie de segundo tramo descendente en la vibecesión.

**Morris:** "Vibecesión 2.0", sí.

**Krugman:** Lo cual es realmente bastante notable. Va a importar enormemente en muchos sentidos, obviamente en las elecciones. Así que eso es una noticia para mí y realmente vale la pena destacarlo.

**Morris:** Bueno, ahora tienes un titular.

**Krugman:** Ahora sí. Oye, hay que alimentar a la bestia en Substack, como sabes.

**Morris:** Sí. Cierto. Bueno, mira, en términos de consecuencias, y quizás para volver a donde empezamos: el índice de aprobación de Donald Trump sobre los precios es del 30% o menos, y desde el 70%, ha bajado -40 más o menos. Y esa fue la última vez que miré esto, que fue hace una semana y media o dos semanas. Y ha estado perdiendo terreno muy rápido. Eso es congruente con un electorado que está muy molesto por los precios, incluso si los datos objetivos no nos explican por qué. Por lo tanto, hay cierta triangulación de la ansiedad en términos de evaluaciones del presidente. Y si ese número se mantiene tan bajo como está, entonces deberíamos esperar el tipo de derrota en las elecciones de medio término que sea lo suficientemente grande como para superar, básicamente, efectivamente, el engaño republicano a través de la manipulación de distritos de la última década más o menos. Ahí es donde lo dejaría.


**Krugman:** Sí."

(Paul Krugman entrevista a G. Elliott Morris, blog, 16/05/26, traducción Deep Seek)

15.4.26

La era de la desinflación, el aumento de los precios generales de los bienes y servicios, pero a un ritmo cada vez más lento, ha llegado a su fin... La inflación de los precios se ha convertido en la norma, pero ahora el problema es el ritmo de dicha inflación... A partir de la década de 1980, Estados Unidos (y otras grandes economías) entraron en un periodo de desinflación progresiva, que culminó en la Gran Depresión de la década de 2010, una década con una tasa media de apenas el 1,8 %... a partir del repunte inflacionista posterior a la pandemia de COVID en 2022, las principales economías parecen haber entrado en un nuevo periodo de inflación... La oferta monetaria aumentó considerablemente en la década de 2010, cuando los bancos centrales intentaron mantener bajos los tipos de interés y proporcionar liquidez al sector financiero tras la crisis financiera mundial. Esta inyección monetaria se denominó «flexibilización cuantitativa». La teoría monetarista dominante sostenía que esto provocaría un fuerte aumento de la inflación. No ocurrió tal cosa; al contrario, la inflación de precios se ralentizó casi hasta cero, porque una gran parte de la inyección monetaria del banco central nunca salió del sistema bancario... Ahora, con el conflicto de Irán y la reducción de las exportaciones de petróleo y otras materias primas, la inflación vuelve a estar en la agenda. La presión sobre la cadena de suministro global ya se estaba acumulando incluso antes del conflicto de Irán. La guerra de Irán y las consiguientes subidas de los precios del petróleo y las materias primas son claramente un problema del lado de la oferta. La caída de la oferta elevará los precios, pero también reducirá el crecimiento, ya que mermará los salarios y los ahorros de los hogares y aumentará los costes para las empresas... Las principales economías aún no se encuentran en una situación de «recesión inflacionaria»... Pero la mayor parte de este aumento de los beneficios se concentra en los gigantes tecnológicos de Silicon Valley. El resto del sector empresarial está pasando apuros. Los beneficios de todo el sector empresarial no financiero cayeron en 2025. Y el impacto del conflicto de Oriente Medio en los beneficios aún no se ha dejado sentir plenamente (Michael Roberts)

"La era de la desinflación ha llegado a su fin. Por desinflación me refiero a un aumento de los precios generales de los bienes y servicios, pero a un ritmo cada vez más lento. La deflación supone una caída real de los precios. Este no ha sido el caso durante muchas décadas, en realidad desde que el dinero dejó de ser una mercancía física —es decir, el oro— y se introdujeron las denominadas monedas fiat, es decir, el dinero acuñado, «impreso» o creado digitalmente por los Estados nacionales para sustituir al oro. Solo en contadas ocasiones los Estados han restringido tanto la oferta de dinero fiat que ello ha provocado deflación, y en realidad esto solo ocurrió cuando ya existía una recesión en la producción capitalista.

Durante los últimos 70 años o más, los gobiernos han controlado la emisión de moneda, por lo que se ha separado la relación directa entre la producción de valor en una economía y su representación mediante la oferta y la circulación del dinero. La inflación de los precios se ha convertido en la norma, pero ahora el problema es el ritmo de dicha inflación.

En nuestro (próximo) artículo sobre la inflación, Guglielmo Carchedi y yo identificamos dos períodos distintos de inflación de precios en Estados Unidos desde 1945 hasta la actualidad. El primero fue de 1948 a 1981 y el segundo, de 1981 a 2019. En el primer período, la tasa de inflación aumentó, lo que constituyó un período inflacionista. En el segundo periodo, la tasa de inflación descendió, lo que constituyó un periodo desinflacionista.

Entre 1948 y 1981, la tasa media anual de inflación fue del 4,3 %; de 1981 a 2019 se ralentizó hasta el 3,0 %.

Si observamos la tasa media anual por década, podemos apreciar el cambio con mayor claridad.

A partir de la década de 1980, Estados Unidos (y otras grandes economías) entraron en un periodo de desinflación progresiva, que culminó en la Gran Depresión de la década de 2010, una década con una tasa media de apenas el 1,8 % (y un aumento de solo el 0,1 % en 2015). Pero ahora, en la década de 2020, a partir del repunte inflacionista posterior a la pandemia de COVID en 2022, las principales economías parecen haber entrado en un nuevo periodo de inflación, es decir, de aumento de la tasa de variación de los precios.
En diversas entradas, he defendido, en contra de las teorías dominantes, que la inflación está impulsada por la oferta, no por la demanda. Lo que determina la tasa de inflación en una economía capitalista moderna con monedas fiduciarias es la tasa de crecimiento de la producción de valor en relación con la tasa de crecimiento de la oferta monetaria. Esta última excluye la oferta monetaria que se acumula en los bancos o se utiliza para la especulación con activos financieros (capital ficticio, por emplear el término de Marx). La oferta monetaria aumentó considerablemente en la década de 2010, cuando los bancos centrales intentaron mantener bajos los tipos de interés y proporcionar liquidez al sector financiero tras la crisis financiera mundial. Esta inyección monetaria se denominó «flexibilización cuantitativa». La teoría monetarista dominante sostenía que esto provocaría un fuerte aumento de la inflación. No ocurrió tal cosa; al contrario, la inflación de precios se ralentizó casi hasta cero, porque una gran parte de la inyección monetaria del banco central nunca salió del sistema bancario.

A medida que el desempleo caía a mínimos no vistos desde la década de 1960, la teoría monetaria keynesiana también sostenía que un elevado gasto público (grandes déficits presupuestarios) y unos mercados laborales «ajustados» crearían una inflación «impulsada por la demanda». Sin embargo, faltaban las pruebas empíricas de esta teoría —la famosa curva de Phillips que supuestamente revelaba la relación inversa entre la caída del desempleo y el aumento de las tasas de inflación—. La curva de Phillips era plana. El bajo desempleo no condujo a una alta inflación. Esto se debe a que se había reducido la diferencia entre la tasa de crecimiento de la oferta monetaria inyectada por el sistema bancario en la economía y el crecimiento de la producción de valor.

El repunte de la inflación posterior a la COVID estuvo claramente impulsado por la oferta, ya que el cierre de la producción y el comercio que provocó la recesión pandémica de 2020 vino acompañado de una prolongada ruptura de las cadenas de suministro mundiales y de la subida de los precios de la energía y las materias primas clave por parte de las empresas multinacionales. Un nuevo informe de la Fed confirma que «la dinámica subyacente de la inflación ha cambiado desde la COVID». La proporción de la cesta de la compra que registra una inflación superior al 3 % sigue estando muy por encima de la media de 2014-2019 en las principales economías, y se ha más que duplicado en la zona del euro y el Reino Unido. La Reserva Federal sigue queriendo achacar esto a los «aumentos salariales excesivos», pero los datos no lo corroboran. Los ingresos reales por hora prácticamente se duplicaron entre 1940 y 1970, pero apenas han aumentado desde 1980.

Los bancos centrales han estado desorientados en su intento por controlar la inflación. En la década de 2010, bajaron los tipos de interés a cero y elevaron la oferta monetaria a nuevos máximos, pero la inflación se ralentizó. Posteriormente, en el periodo pospandémico, subieron los tipos de interés e introdujeron un «endurecimiento cuantitativo» de la oferta monetaria. Sin embargo, esto no logró impedir que la inflación superara el 10 % anual, una tasa que no se había visto desde la crisis del petróleo impulsada por la oferta de la década de 1970. La versión oficial entonces era que la inflación estadounidense de los años 70 remitió porque la Reserva Federal de EE. UU., bajo la dirección de Paul Volcker, elevó su tipo de interés oficial a un máximo sin precedentes. La realidad fue que la inflación solo descendió porque la economía estadounidense entró en una grave recesión entre 1980 y 1982 que diezmó su industria manufacturera. La política de tipos de interés elevados de la Reserva Federal no hizo más que agravar ese colapso de la inversión y la producción. La estanflación se convirtió en recesión. De hecho, la tasa de inflación anual se mantuvo por encima de la media de la década de 1960 hasta, al menos, la década de 1990.
Ahora, con el conflicto de Irán y la reducción de las exportaciones de petróleo y otras materias primas, la inflación vuelve a estar en la agenda. La presión sobre la cadena de suministro global ya se estaba acumulando incluso antes del conflicto de Irán.

Las interrupciones en el suministro de los mercados de metales, cereales y ganado pueden generar efectos macroeconómicos comparables a las crisis del petróleo. Cuando se producen perturbaciones adversas en el suministro de estas materias primas no petroleras, la inflación aumenta de forma persistente mientras que la producción industrial cae, lo que se asemeja mucho a la dinámica de estanflación típicamente asociada a las subidas del precio del petróleo.
Las señales de un retorno a la inflación ya están presentes en el aumento de las tasas de inflación registrado en lo que va de 2026. Los últimos datos del IPC de marzo para EE. UU. muestran que se está produciendo otro repunte de la inflación. La inflación de los precios al consumo subió al 3,3 % en marzo, un salto de casi un punto porcentual con respecto a febrero. Y se producirá una nueva subida hasta alcanzar el 4 % o más este año, a medida que se vaya reflejando el impacto duradero del bloqueo energético y comercial.

 Las rabietas arancelarias de Trump no hacen más que agravar la presión inflacionista. Basándose en los datos de 2025-2026, la Reserva Federal de EE. UU. estima que los aranceles han dado lugar a una «repercusión casi total en los precios al consumo, contribuyendo aproximadamente con 0,8 puntos porcentuales a la inflación subyacente del PCE y explicando el exceso de inflación en los bienes subyacentes».

La inflación de los bienes fue del +0,84 %, un enorme aumento intermensual (10,6 % anualizado) y el mayor desde enero de 2022.

Y la zona del euro está experimentando un repunte similar.

 Una vez más, los principales bancos centrales se encuentran en una situación de confusión. Los responsables de la política monetaria de la Reserva Federal debatieron durante la reunión del banco central celebrada en marzo sobre cómo responder si la guerra con Irán desencadena un período prolongado de precios elevados de la energía. Las actas de la reunión de marzo revelaron que «la mayoría» de los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto temían que una guerra prolongada pudiera justificar una bajada de los tipos para apoyar el mercado laboral, mientras que «muchos» sugirieron que podría ser necesario subirlos para contrarrestar el aumento de los precios.
Antes de la guerra, se esperaba que el BCE mantuviera los tipos estables en 2026. Sin embargo, el repunte de los precios de la energía provocado por la guerra reavivó las preocupaciones sobre la inflación. Olaf Sleijpen, miembro del Consejo de Gobierno del BCE, advirtió de que las perturbaciones energéticas prolongadas podrían seguir alimentando presiones generalizadas sobre los precios. «Los precios del petróleo persistentemente elevados acabarán repercutiendo en los precios de otros productos y, por lo tanto, también en la formación de los salarios, lo que podría amplificar los efectos inflacionistas», afirmó. «En ese caso, el BCE intervendrá naturalmente para mantener la inflación en torno al 2 % a medio plazo».

Han surgido divisiones dentro del Banco de Inglaterra. Andrew Bailey, gobernador del banco, indicó que espera que la deprimida demanda y los mercados laborales del Reino Unido hagan que los efectos de «segunda ronda» derivados del aumento de los precios de la energía y los alimentos sean menos peligrosos que en 2021-22, reduciendo el riesgo de otra espiral de salarios y precios. Sin embargo, otros miembros del Comité de Política Monetaria, entre ellos el economista jefe Huw Pill y la vicegobernadora Clare Lombardelli, se mostraron menos optimistas.

Esta confusión podría resolverse si los bancos centrales reconocieran que la política monetaria tiene poca influencia sobre la inflación de precios, que depende ante todo del ritmo de creación de valor. Si la producción de las economías se ralentiza y las autoridades monetarias reaccionan aumentando la oferta monetaria y reduciendo el «precio» del dinero (los tipos de interés), la inflación se acelerará. Si el crecimiento de la oferta monetaria se mantiene cercano al crecimiento del valor, la inflación remite.

Tras haber visto fracasar el monetarismo y las políticas monetarias keynesianas, los economistas de los bancos centrales han recurrido a una teoría psicológica de las «expectativas de los consumidores» respecto a la inflación, es decir, que la inflación aumenta porque los consumidores la esperan y actúan en consecuencia comprando más para adelantarse a las subidas de precios. Pero, como concluyó el economista de la Reserva Federal Rudd en 2021: «Los economistas y los responsables de la política económica creen que las expectativas de los hogares y las empresas sobre la inflación futura son un determinante clave de la inflación real. Una revisión de la literatura teórica y empírica pertinente sugiere que esta creencia se asienta sobre cimientos extremadamente inestables, y se puede argumentar que adherirse a ella acríticamente podría conducir fácilmente a graves errores de política». Pero los bancos centrales no van a admitir esto porque eliminaría su papel percibido en la gestión macroeconómica de la economía capitalista y lo reduciría a actuar simplemente como «prestamista de última instancia» para el sistema bancario.

En su último informe Perspectivas de la economía mundial, el FMI estima que el crecimiento económico no se ralentizará mucho si el conflicto con Irán es de corta duración. Sin embargo, prevé un aumento significativo de la inflación mundial. Además, esta vez el «choque de oferta» no será fácil de contener. FMI: «el repunte de 2022 reflejó una curva de oferta agregada inusualmente pronunciada, en la que una fuerte demanda se topó con cuellos de botella en la oferta, lo que permitió a los bancos centrales lograr la desinflación con pérdidas de producción limitadas. Los datos actuales apuntan a un retorno a una curva de oferta más plana, lo que encarece la desinflación.» No obstante, el FMI aboga por que los bancos centrales estén preparados para subir los tipos de interés porque «si las expectativas de inflación a medio o largo plazo se desvían al alza a medida que repuntan los precios y los salarios, el restablecimiento de la estabilidad de precios debe tener prioridad sobre el crecimiento a corto plazo, con un endurecimiento rápido».

La guerra de Irán y las consiguientes subidas de los precios del petróleo y las materias primas son claramente un problema del lado de la oferta. La caída de la oferta elevará los precios, pero también reducirá el crecimiento, ya que mermará los salarios y los ahorros de los hogares y aumentará los costes para las empresas. Los altos precios de la energía son un impuesto regresivo que recae con especial dureza sobre los consumidores de ingresos medios y bajos. El menor consumo no energético y el aumento de los costes generan presión sobre los márgenes de las empresas, lo que a su vez provoca despidos y el colapso del mercado laboral. El crecimiento del PIB real de EE. UU. en el cuarto trimestre fue de apenas un 0,5 % (intertrimestral anualizado) y el índice de confianza del consumidor acaba de alcanzar su mínimo histórico.

Las principales economías aún no se encuentran en una situación de «recesión inflacionaria». En EE. UU., los márgenes de beneficio de las empresas se mantienen en máximos históricos. Además, se espera que los beneficios empresariales del primer trimestre de 2026 sean muy sólidos. Las ayudas fiscales previstas por Trump para las empresas estadounidenses son sustanciales, con incentivos fiscales para las empresas que inviertan en maquinaria y equipamiento industrial. Y la debilidad del dólar en la segunda mitad de 2025 contribuirá a impulsar los ingresos en dólares procedentes de las inversiones extranjeras.

Pero la mayor parte de este aumento de los beneficios se concentra en los gigantes tecnológicos de Silicon Valley. El resto del sector empresarial está pasando apuros. Los beneficios de todo el sector empresarial no financiero cayeron en 2025.

Y el impacto del conflicto de Oriente Medio en los beneficios aún no se ha dejado sentir plenamente." 

( 

17.11.24

Claudia Sheinbaum: Firmamos el Paquete contra la Inflación y la Carestía 2024-2025 con empresas productoras y comercializadoras de los 24 productos de la canasta básica... El compromiso es fijar el precio máximo en 910 pesos; esto representa 129 pesos de reducción respecto al acuerdo anterior, que fue de mil 39 pesos. Agradecemos esta importante colaboración en apoyo a la economía popular... (Eduardo Garzón: Éste es el camino: topar los precios de los productos esenciales para garantizar su consumo a todo el mundo y para evitar que un puñado de empresas se lucren a costa de empobrecer a la mayoría social)

Eduardo Garzón @edugaresp

Éste es el camino: topar los precios de los productos esenciales para garantizar su consumo a todo el mundo y para evitar que un puñado de empresas se lucren a costa de empobrecer a la mayoría social.

6:10 p. m. · 13 nov. 2024 4.389 Visualizaciones

 

Claudia Sheinbaum Pardo @Claudiashein

Firmamos el Paquete contra la Inflación y la Carestía (Pacic) 2024-2025 con empresas productoras y comercializadoras de los 24 productos de la canasta básica. 

El compromiso es fijar el precio máximo en 910 pesos; esto representa 129 pesos de reducción respecto al acuerdo anterior, que fue de mil 39 pesos. Agradecemos esta importante colaboración en apoyo a la economía popular.

8:05 p. m. · 12 nov. 2024 405,2 mil Visualizaciones

22.10.24

Una investigación demuestra que las ganancias de las empresas son el principal factor que “ha propagado” las subidas de precios en los últimos años, mientras que el bolsilllo de los trabajadores ha sufrido un daño histórico... “El factor más importante para explicar la inflación es el ‘pass-through’: el traslado de costes a los consumidores que llevan a cabo las empresas”... este factor explica el 85% de la inflación media de 2021 a 2023. Mientras, “el aumento directo de márgenes [de beneficio] explica un 14%... el impacto de los costes laborales es muy limitado” (Daniel Yebra)

 "En 2023, la economista alemana Isabella M. Weber publicó una de las investigaciones más serias entre las que han señalado que en Estados Unidos se ha producido lo que ella denomina “inflación de vendedores [sellers' inflation, en inglés]”. Su hallazgo confirmó que las empresas estaban trasladando los aumentos de los costes (sobre todo de los energéticos) a los precios de venta, elevando sus márgenes de beneficio y amplificando la crisis de inflación. Ahora, partiendo de su trabajo, Jorge Uxó, Eladio Febrero y Nacho Álvarez han demostrado que está inflación por avaricia también ha ocurrido en nuestro país.

Su 'paper' se ha publicado esta semana. Se titula “Precios, márgenes y salarios: la inflación y sus consecuencias distributivas en España, 2021-2023”, y ha exprimido la información del Observatorio de Márgenes Empresariales. Esta herramienta cruza datos [de la mayoría de las empresas no financieras] y métodos de la Agencia Tributaria, el Banco de España y el Ministerio de Economía. Se creó a mediados de 2023, en cumplimiento de un compromiso del Gobierno de coalición, y, sin duda, para disgusto de las patronales.

“Hemos calculado la evolución de los márgenes empresariales a nivel sectorial y agregado, y las respectivas contribuciones de los costes laborales [de los salarios y las cotizaciones sociales] y de los beneficios al crecimiento de los precios”, detallan los tres economistas. “El factor más importante para explicar la inflación es el ‘pass-through’: el traslado de costes a los consumidores que llevan a cabo las empresas”, observan.

Exactamente, este factor explica el 85% de la inflación media de 2021 a 2023. Mientras, “el aumento directo de márgenes [de beneficio] explica un 14%” de ese mismo dato. Por último, “el impacto de los costes laborales es muy limitado”, continúan.

“Basándonos en esta evidencia, no podemos decir que veamos 'inflación de beneficios' en España, si por este término entendemos que los aumentos de precios provienen directa y principalmente de aumentos de los márgenes empresariales. Sin embargo, sí podemos hablar de 'inflación de beneficios' en un sentido 'débil': la inflación surge cuando las empresas suben los precios para proteger sus beneficios de los mayores costes de producción, sin que los trabajadores puedan compensarlo mediante aumentos salariales”, explica la investigación.

El gabinete económico de Comisiones Obreras (CCOO) viene insistiendo en esta misma conclusión. En uno de sus últimos informes afirmó que “la capacidad de las empresas de defender sus márgenes ha implicado poder repercutir el aumento de costes en los precios de venta, factor decisivo para explicar la fuerte inflación en la economía española que ha mermado a la capacidad adquisitiva de los hogares”.

“Sin embargo, el aumento de los márgenes relativos implica que el proceso ha ido más allá de una mera defensa de los márgenes preexistentes. El proceso es heterogéneo por ramas actividad: mientras que en 2022 las actividades energéticas explicaban en gran medida el aumento de márgenes, en 2023 otras actividades como comercio y hostelería y restauración toman el relevo. El proceso también es desigual por tamaño de empresa [las más grandes son las que más han exprimido la inflación y el dinamismo de la economía en general]”, analizaba este equipo de expertos del sindicato.

Beneficios en máximos

En agosto, el Observatorio de Márgenes actualizó sus datos hasta el cierre del segundo trimestre de este año y constató que las sociedades no financieras en nuestro país siguen exprimiendo la crisis de precios y que han elevado sus beneficios a máximos.

La última actualización de esta herramienta incluye una proyección de los beneficios de las empresas en este 2024 que los sitúa por encima de los 200.000 millones de euros por primera vez desde 2009, hasta donde se extienden los cálculos de este Observatorio.

El Ministerio de Economía aprovechó el nacimiento de la herramienta para pedir a las empresas que “moderaran” sus márgenes de beneficio para culminar el proceso de bajada de la inflación. “Hay que esperar que en los próximos meses se traslade [a los precios] el abaratamiento, por ejemplo, de la energía”, valoró el primer informe del Observatorio, en junio de 2023.

La preocupación de Economía no ha ido acompañada de medidas concretas y llegó tarde para los trabajadores. Mientras los precios escalaron un 15% entre el primer trimestre de 2021 y el cuarto trimestre de 2023, según el IPCA (Índice de Precios de Consumo Armonizado), “el salario medio por puesto de trabajo equivalente a tiempo completo aumentó un 8,4%”. Como resultado, en España, los salarios reales sufrieron una pérdida de poder adquisitivo del 6% acumulado en estos tres años. “Sólo en los dos últimos trimestres de 2023, el crecimiento interanual de los salarios superó el crecimiento de los precios”.

Esta realidad permite ponerle otro apellido a las subidas de precios de los últimos años: “la inflación por conflicto”. Después del shock energético inicial, que empezó con los cuellos de botella en las cadenas de suministros mundiales y que exacerbó la invasión rusa de Ucrania, “el aumento de precios se explica por las desiguales pretensiones de empresarios y trabajadores sobre el crecimiento de sus respectivos ingresos”, destacan Uxó, Febrero y Álvarez.

“Las consecuencias distributivas son evidentes: las empresas han trasladado el aumento de los costes a los precios finales, manteniendo (o incluso aumentando) sus márgenes. Pero los trabajadores no han tenido crecimientos salariales que compensen este efecto de la inflación”, inciden.

La última conclusión de su 'paper' es que “dado el deterioro del poder negociador de los trabajadores, no hemos visto efectos salariales de segunda ronda”. Estos “efectos de segunda ronda” también se conocen como espiral inflacionista y hacen referencia al riesgo de que los salarios aumenten y persiguen al IPCA, retroalimentándolo. Pero “los salarios reales no han sido una fuente de presiones inflacionistas, sino que han actuado como un amortiguador del choque de las subidas de precios”.

Uxó, Febrero y Álvarez hacen un último cálculo del crecimiento salarial que las empresas podrían asumir sin subir precios, manteniendo su participación inicial en la renta nacional. “Obtenemos que un crecimiento salarial acumulado de 4,5 puntos, que sería no inflacionista y factible en España”, finalizan, partiendo del cierre de 2023."         (Daniel Yebra, eldiario.es, 20/10/24)

17.10.24

¿Ha habido 'inflación de beneficios' en España? ¿Eso explica la inflación del periodo 2021-2023? El origen del proceso inflacionista de 2021 está en las perturbaciones de oferta posteriores a la pandemia, amplificadas por los mercados energéticos y la guerra de Ucrania. A partir de ahí, el aumento de los precios de la energía se extendió al resto de sectores... El ‘tope al gas’ consiguió que en España -a diferencia de otros países de la UE- se desvinculase el precio de la electricidad de la subida de los precios internacionales de los combustibles... Así, la inflación ha sido un fenómeno transitorio. Sin embargo, ha provocado una “crisis de poder adquisitivo”, ya que los salarios nominales han crecido menos que los precios... las empresas han trasladado el aumento de los costes a los precios finales, manteniendo (o incluso aumentando) sus márgenes. Pero los trabajadores no han tenido crecimientos salariales que compensen este efecto de la inflación... Dado el deterioro del poder negociador de los trabajadores (curva de Phillips plana), no hemos visto efectos salariales de segunda ronda. Los salarios reales no han sido una fuente de presiones inflacionistas, sino que han actuado como un amortiguador del choque inflacionista... ¿cómo pueden crecer los salarios para recuperar el poder adquisitivo perdido? ¿Hay margen para que este crecimiento se haga sin efectos inflacionistas? Un crecimiento salarial acumulado de 4,5 puntos sería un aumento salarial no inflacionista y factible en España (Nacho Álvarez)

Nacho Álvarez @nachoalvarez_

¿Ha habido 'inflación de beneficios' en España? ¿Eso explica la inflación del periodo 2021-2023? En esta nueva investigación publicada en @SCEDjournal con
@JorgeUxo y @EladioFebrero, evaluamos esta hipótesis. 

https://sciencedirect.com/science/article/pii/S0954349X24001504?via%3Dihub

 En esta investigación estudiamos además las implicaciones que los cambios distributivos observados en 2021-2023 tienen para la política económica. En particular, analizamos el margen de maniobra que hoy existe en la economía española para aumentos salariales no inflacionistas.

 El origen del proceso inflacionista de 2021 está en las perturbaciones de oferta posteriores a la pandemia, amplificadas por los mercados energéticos y la guerra de Ucrania. A partir de ahí, el aumento de los precios de la energía se extendió al resto de sectores.

 Desde 2021, el Gobierno desplegó un conjunto de medidas fiscales y regulatorias para frenar la inflación. La más relevante fue la 'excepción ibérica': una reforma del mercado eléctrico mayorista basada en fijar un tope al precio del gas utilizado para producir electricidad.

 Este ‘tope al gas’ consiguió que en España -a diferencia de otros países de la UE- se desvinculase el precio de la electricidad de la subida de los precios internacionales de los combustibles. El precio de la electricidad en el mercado mayorista disminuyó rápidamente.

 Así, la inflación ha sido un fenómeno transitorio. Sin embargo, ha provocado una “crisis de poder adquisitivo”, ya que los salarios nominales han crecido menos que los precios. Como consecuencia, los salarios reales han caído un 6% acumulado durante el periodo 2021-2023.

 De hecho, la inflación reciente puede analizarse usando la teoría de la "inflación por conflicto": tras el shock energético inicial, el aumento de precios se explica por las desiguales pretensiones de empresarios y trabajadores sobre el crecimiento de sus respectivos ingresos.

 La investigación de Isabella Weber (2023) señala la existencia en EE.UU. de una “inflación de vendedores” durante este periodo y la atribuye a “la capacidad de las empresas con poder de mercado para subir los precios”.

 Nosotros testamos esa hipótesis para España, con datos del Observatorio de Márgenes Empresariales. Calculamos la evolución de márgenes empresariales a nivel sectorial y agregado, y las respectivas contribuciones de costes laborales y márgenes al crecimiento de los precios.

 El factor más importante para explicar la inflación es el ‘pass-through’: el traslado de costes a los consumidores que llevan a cabo las empresas (explica el 85% de la inflación). El aumento directo de márgenes explica un 14% y el impacto de los costes laborales es muy limitado.

 Basándonos en esta evidencia, no podemos decir que veamos "inflación de beneficios" en España, si por este término entendemos que los aumentos de precios provienen directa y principalmente de aumentos de los márgenes empresariales, como plantean Weber y Wasner (2023).

 Sin embargo, sí podemos hablar de ‘inflación de beneficios’ en un sentido ‘débil’: la inflación surge cuando las empresas suben los precios para proteger sus beneficios de los mayores costes de producción, sin que los trabajadores puedan compensarlo mediante aumentos salariales.

 Las consecuencias distributivas son evidentes: las empresas han trasladado el aumento de los costes a los precios finales, manteniendo (o incluso aumentando) sus márgenes. Pero los trabajadores no han tenido crecimientos salariales que compensen este efecto de la inflación.

 Dado el deterioro del poder negociador de los trabajadores (curva de Phillips plana), no hemos visto efectos salariales de segunda ronda. Los salarios reales no han sido una fuente de presiones inflacionistas, sino que han actuado como un amortiguador del choque inflacionista.

 Las implicaciones de este análisis para la política económica son muy relevantes: ¿cómo pueden crecer los salarios para recuperar el poder adquisitivo perdido? ¿Hay margen para que este crecimiento se haga sin efectos inflacionistas?

 Calculamos el crecimiento salarial que las empresas podrían asumir sin subir precios y manteniendo su participación inicial en la renta nacional. Obtenemos que un crecimiento salarial acumulado de 4,5 puntos sería un aumento salarial no inflacionista y factible en España.

1:19 p. m. · 17 oct. 20242.270 Reproducciones

26.8.24

La política monetaria de los bancos centrales desempeñó un escaso papel a la hora de reducir la inflación desde los máximos alcanzados en 2022; que ha desempeñado un escaso papel a la hora de lograr un crecimiento de la producción o de la inversión; y que tiene poco poder para detener el aumento del desempleo o cualquier caída de la producción que se avecine. Lo único que han conseguido los elevados tipos de interés es llevar a muchas pequeñas empresas a la quiebra o a un mayor endeudamiento, y llevar los tipos hipotecarios y los alquileres a máximos en el sector de la vivienda... Y recortar los tipos de interés ahora no hará más que alimentar el mercado de valores, no la economía... en las principales economías, el crecimiento real del PIB (y especialmente el crecimiento real de la producción per cápita) es muy débil... la economía estadounidense y las demás grandes economías no están ni mucho menos fuera de peligro (Michael Roberts)

 "Cada mes de agosto, los principales banqueros centrales del mundo se reúnen en Jackson Hole, Wyoming, una estación de esquí del centro de Estados Unidos, para celebrar un «simposio» organizado por la Reserva Federal de Kansas City.  Los banqueros aprovechan esta oportunidad para debatir sobre la política monetaria y su eficacia para «gestionar la economía», en particular, «controlar» la inflación y proporcionar la cantidad adecuada de «liquidez» al sistema financiero.

El simposio de este año ha tenido lugar cuando la Reserva Federal de EE.UU. se ha visto en la tesitura de decidir si debe recortar su tipo de interés «político», dados algunos signos de enfriamiento de la economía y, sin embargo, una «rigidez» en la caída de la tasa de inflación hacia el objetivo de la Fed del 2% anual.  El llamado tipo de interés oficial fija el suelo para todos los tipos de interés de los préstamos a hogares y empresas en EE.UU. (y en la mayor parte del mundo).  Y actualmente se encuentra en su nivel más alto de los últimos 23 años.

A principios de agosto, los mercados financieros entraron en pánico y empezaron a vender acciones de empresas porque la Reserva Federal decidió no recortar el tipo de interés oficial en su reunión de julio y, a continuación, las cifras de empleo de julio mostraron una fuerte caída del aumento neto de puestos de trabajo y un aumento del desempleo.  Sin embargo, después se conocieron los últimos datos de inflación, que mostraban una nueva caída (leve) de la tasa de inflación, y los mercados se calmaron, especialmente cuando el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, empezó a dar señales claras de que el banco central recortará su tipo de interés en su reunión de septiembre. 

Powell repitió esa opinión durante su discurso del viernes en el Simposio Económico de Jackson Hole.  «Se ha reanudado el avance hacia nuestro objetivo del 2%. Mi confianza en que la inflación está en una senda sostenible de vuelta al 2% ha aumentado......  El mercado laboral se ha enfriado considerablemente respecto a su estado anterior de sobrecalentamiento. Parece improbable que el mercado laboral sea una fuente de elevadas presiones inflacionistas en un futuro próximo...... No buscamos ni acogemos con satisfacción un mayor enfriamiento de las condiciones del mercado laboral. Ha llegado el momento de que la política económica se ajuste. La dirección a seguir está clara, y el calendario y el ritmo de los recortes de tipos dependerán de los nuevos datos, de la evolución de las perspectivas y del equilibrio de riesgos».

A continuación, Powell afirmó que la inflación había bajado sin recesión en la economía estadounidense gracias a la política monetaria de la Fed. «Nuestra política monetaria restrictiva ayudó a restablecer el equilibrio entre la oferta y la demanda agregadas, aliviando las presiones inflacionistas y garantizando que las expectativas de inflación permanecieran bien ancladas.» Argumentó que la inflación de los precios se había disparado debido a una combinación de aumento del gasto de los consumidores y escasez de oferta.  Esto es cierto, pero la cuestión es cuál fue el factor más dominante.  La mayoría de las investigaciones sobre el periodo de inflación, si no todas, han demostrado que fueron los factores de oferta los que dominaron, y no la demanda excesiva de los consumidores, el gasto público o los aumentos salariales «excesivos», los argumentos presentados en su momento por los banqueros centrales para justificar las enormes subidas de los tipos de interés. 

Pero en su discurso Powell insinuó las verdaderas causas cuando dijo: «las altas tasas de inflación eran un fenómeno global, reflejo de experiencias comunes: rápidos aumentos de la demanda de bienes, cadenas de suministro tensas, mercados laborales tensos y fuertes subidas de los precios de las materias primas». Y eso explicaba la caída posterior de la tasa de inflación: «Las distorsiones de la oferta y la demanda relacionadas con la pandemia, así como las graves perturbaciones de los mercados de la energía y las materias primas, fueron importantes motores de la elevada inflación, y su reversión ha sido una parte clave de la historia de su descenso. La reversión de estos factores llevó mucho más tiempo de lo esperado, pero en última instancia desempeñó un papel importante en la posterior desinflación».

No obstante, Powell siguió insistiendo en que fue la «política monetaria restrictiva» de los bancos centrales la que logró «moderar la demanda agregada».  Powell también reiteró el mito de que la política monetaria de los bancos centrales ayuda a «anclar las expectativas de inflación», lo que, según afirma, es clave para controlar la inflación.  Pero de nuevo esto es un disparate, ya que estudios recientes han demostrado claramente que las «expectativas» tienen poco o ningún efecto sobre la inflación. Como concluyó recientemente Rudd, economista de la Reserva Federal: «Los economistas y los responsables de la política económica creen que las expectativas de inflación futura de los hogares y las empresas son un determinante clave de la inflación real. Una revisión de la literatura teórica y empírica pertinente sugiere que esta creencia descansa sobre fundamentos extremadamente inestables, y se puede argumentar que adherirse a ella acríticamente podría conducir fácilmente a graves errores de política».

Powell también desgranó los otros conceptos dominantes para explicar la inflación y justificar así su «política monetaria restrictiva».  El primero fue la llamada «tasa natural de desempleo» (NAIRU).  La teoría es que existe una tasa de desempleo lo suficientemente baja como para sostener el crecimiento económico sin inflación, pero no demasiado alta como para indicar una depresión.  Pero la NAIRU es otro festín efímero y móvil que no puede medirse. 

La NAIRU está relacionada con la llamada curva de Phillips, un invento keynesiano que sostiene que la inflación está causada por subidas salariales excesivas cuando el mercado laboral es demasiado «estrecho» (es decir, la tasa de desempleo está por debajo de la NAIRU).  Existe un «equilibrio» entre salarios e inflación.  Esta teoría fue refutada empíricamente en la década de 1970, cuando las economías experimentaron «estanflación», es decir, aumento del desempleo, bajo crecimiento y aumento de la inflación.

Y desde entonces, varios estudios han demostrado que no existe ninguna «curva», ninguna correlación entre los movimientos del desempleo, los salarios y la inflación. De hecho, los comentarios de Powell sobre la NAIRU estaban en contradicción directa con lo que dijo en el simposio de Jackson Hole de 2018.  Entonces, Powell sugirió que seguir las «estrellas» convencionales habituales, a saber, la NAIRU, para calibrar cuándo la economía se encuentra a una velocidad óptima), o el tipo de interés natural (para calibrar cuándo el coste de los préstamos es más o menos correcto) puede no servir de nada.

Una vez más, la idea de que existe un tipo de interés natural que mantiene baja la inflación sin perjudicar la expansión económica y que los bancos centrales deben medirlo y atenerse a él no se corresponde con la realidad de la producción capitalista. Incluso la banquera central de línea dura del BCE, Isabel Schnabel, lo ha admitido: «El problema es que no se puede estimar con ninguna confianza, lo que significa que es extremadamente difícil de operacionalizar ..... El problema es que no sabemos dónde está exactamente».

Al parecer, estas tasas naturales de crecimiento armonioso y no inflacionista no dejan de moverse.  «Navegar según las estrellas puede parecer sencillo. Sin embargo, guiar la política por las estrellas en la práctica ha sido todo un reto en los últimos tiempos, porque nuestras mejores evaluaciones de la ubicación de las estrellas han ido cambiando significativamente».  Schnabel prosiguió: «La experiencia ha revelado dos realidades sobre la relación entre inflación y desempleo, que afectan directamente a las dos cuestiones con las que empecé. En primer lugar, las estrellas a veces están lejos de donde las percibimos. En particular, ahora sabemos que el nivel de la tasa de desempleo en relación con nuestra estimación en tiempo real de la NAIRU (u*) será a veces un indicador engañoso del estado de la economía o de la inflación futura. En segundo lugar, lo contrario también parece ser cierto: la inflación puede dejar de ser el primer o el mejor indicador de un mercado laboral tenso y de presiones crecientes sobre la utilización de los recursos.»  Así pues, inútiles como indicadores.

El simposio de Jackson Hole de 2024 continuó con la presentación de ponencias sobre la eficacia de la política monetaria por parte de varios economistas de prestigio de la corriente dominante.  Uno de ellos reexaminó las curvas de Phillips y Beveridge como explicación del repunte de la inflación en EE.UU. tras la crisis pandémica de 2020. La curva de Beveridge describe cómo, a medida que aumentan las ofertas de empleo, aumenta la inflación y viceversa.  Los ponentes dijeron a los banqueros centrales que «el consenso previo al repunte sobre ambas curvas requiere una revisión sustancial».  En otras palabras, el reciente repunte de la inflación posterior al COVID no podía explicarse con las teorías dominantes existentes.  Los ponentes trataron de presentar una serie revisada de curvas basadas ahora en las ofertas de empleo y no en el desempleo.

No obstante, Powell reivindicó el éxito de la política monetaria: «en conjunto, la curación de las distorsiones pandémicas, nuestros esfuerzos para moderar la demanda agregada, y el anclaje de las expectativas han trabajado juntos para poner la inflación en lo que cada vez más parece ser un camino sostenible hacia nuestro objetivo del 2 por ciento.»  Y esto sin una recesión que en su día se temió y sembró el pánico en los mercados financieros hace sólo tres semanas. El «aterrizaje suave» de la economía sigue en pie y el escenario «Ricitos de Oro» de crecimiento económico robusto y bajo desempleo junto con una inflación baja está casi con nosotros. 

Ya he argumentado en entradas anteriores que el desplome de los mercados hace tres semanas no anuncia aún una recesión.  Para mí, el indicador clave para ello es, en primer lugar: los beneficios empresariales.  Y hasta ahora, no han descendido a territorio negativo en las principales economías.

Pero la economía estadounidense y las demás grandes economías no están ni mucho menos fuera de peligro.  La inflación de precios sigue «pegajosa», es decir, parece que se mantendrá en torno al 1% pt por encima de los objetivos de los bancos centrales.

Y esto es algo que preocupa a los banqueros centrales europeos presentes en el simposio.  El gobernador del Banco de Inglaterra, Bailey, lo expresó de la siguiente manera: «Aún nos queda por saber si este elemento persistente está en vías de descender a un nivel coherente con el objetivo de inflación de forma sostenida y qué hará falta para que esto ocurra. ¿Está la disminución de la persistencia ya casi asimilada a la desaparición de las perturbaciones de la inflación general, o requerirá también una brecha de producción negativa para abrirse, o estamos experimentando un cambio más permanente en la fijación de precios, salarios y márgenes que requeriría que la política monetaria siguiera siendo más restrictiva durante más tiempo?».  Y el economista jefe del BCE, Philip Lane, se mostró igualmente escéptico sobre la posibilidad de que la política monetaria pueda recorrer la «última milla» en la «guerra contra la inflación».

Al mismo tiempo, en las principales economías, el crecimiento real del PIB (y especialmente el crecimiento real de la producción per cápita) es muy débil.  Sólo EE.UU. registra una expansión significativa e incluso allí, si se excluyen las exportaciones y las existencias, el crecimiento de las ventas no supera el 1%.  El resto de las economías del G7 permanecen estancadas (Francia, Italia, Reino Unido) o en recesión (Japón, Alemania, Canadá).  La situación no es mejor en otras economías capitalistas avanzadas (Australia, Países Bajos, Suecia, Nueva Zelanda).  Y los sectores manufactureros de casi todas las grandes economías están profundamente en contracción. 

Además, pronto habrá una nueva Presidenta de EE.UU. que, o bien quiere subir los aranceles de importación a niveles récord, estrangulando así el comercio mundial y haciendo subir los precios de las importaciones; o bien quiere imponer nuevos impuestos a los beneficios empresariales - ninguna de las dos cosas es buena noticia para el capital estadounidense.

El simposio de Jackson Hole celebró el éxito, pero lo que realmente reveló es que la política monetaria de los bancos centrales desempeñó un escaso papel a la hora de reducir la inflación desde los máximos alcanzados en 2022; que ha desempeñado un escaso papel a la hora de lograr un crecimiento de la producción o de la inversión; y que tiene poco poder para detener el aumento del desempleo o cualquier caída de la producción que se avecine.  Lo único que han conseguido los elevados tipos de interés es llevar a muchas pequeñas empresas a la quiebra o a un mayor endeudamiento, y llevar los tipos hipotecarios y los alquileres a máximos en el sector de la vivienda.  Y recortar los tipos de interés ahora no hará más que alimentar el mercado de valores, no la economía."

(Michael Roberts, blog, 26/08/24, traducción DEEPL, gráficos y enlaces en el original)