Mostrando entradas con la etiqueta Prostitución: Tipos de prostitutas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prostitución: Tipos de prostitutas. Mostrar todas las entradas

22.4.21

La prostituta que derrotó a uno de los mayores burdeles de Madrid. Firme defensora de la regularización de la prostitución “voluntaria” y de perseguir la “forzada... vamos a pedir que el Flower’s pague la Seguridad Social de todos estos años

 "Evelin Rochel, con 45 años y casi media vida ejerciendo la prostitución en España, observa junto a la autovía A-6 el enorme cartel que anuncia el Flower’s, uno de los mayores burdeles de la Comunidad de Madrid y donde “trabajó” durante una década.

—¿Qué piensa al regresar aquí? —pregunta el periodista.

—Que fue mi casa durante muchos años —responde tras reflexionar varios segundos—. Un lugar donde me he dejado sangre, sudor, lágrimas... ¡y orgasmos! —se ríe a carcajadas, antes de volver a ponerse seria—. Pero también donde he conseguido lo poco que tengo.

 Rochel se muestra orgullosa. Victoriosa. Hace más de cuatro años que emprendió una dura batalla. Entonces le valió su expulsión del complejo de alterne situado en el municipio de Las Rozas, compuesto por el club y un apartahotel adjunto, donde mantenía las relaciones sexuales con los clientes y donde también vivía. Pero ahora ha conseguido una importante resolución del Tribunal Supremo que le da la razón. Según consta en un reciente auto de la más alta instancia judicial del país, fechado el 9 de marzo y al que tuvo acceso EL PAÍS, los magistrados declaran firme una revolucionaria sentencia anterior del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) donde se reconoció la existencia de una relación laboral entre la prostituta y el Flower’s por haber colaborado con su actividad para que los clientes consumieran en el local.

“Las circunstancias llevan a concluir que [Evelin] estaba integrada en el ámbito de organización de la empresa”, resume el Supremo, que rechaza así los recursos presentados contra el dictamen del TSJM. Este, en un fallo de 2019, eludió vincular a la mujer con el establecimiento por los “servicios sexuales” que prestaba en el apartahotel —la prostitución no se encuentra regulada en España—, pero concluía que su función paralela de alterne en el local de copas era “esencial” para el negocio. Su presencia, al igual que la de sus compañeras, resultaba clave para “atraer a los clientes”. “Su actividad iba dirigida a conseguir que consumieran bebidas, lucrándose [el Flower’s] y no redundando en el propio beneficio de la [prostituta]”, escribieron los jueces del tribunal madrileño. Además, añadían, todo bajo las normas, el “horario” y las “instrucciones” fijadas por la empresa. Por tanto, remachaba la sentencia, “considerar que se trataba de un trabajo sin derecho a contraprestación, sería tanto como admitir la esclavitud”.

Unas contundentes palabras que recurrió el Grupo Empresarial La Florida, propietario del establecimiento y con el que este diario ha contactado para tratar sin éxito de recoger su versión. La compañía alegó que esa resolución se contradecía con la propia doctrina del Supremo, que establece que si una persona recibe dinero a cambio de sexo, no se le puede reconocer una relación laboral. “La actividad de alterne era una forma de contacto previo por medio del que lograr la venta del servicio sexual”, arguyó el club ante el alto tribunal. Pero este no ha aceptado sus argumentos, los ha desestimado de lleno y ha repetido que ambas prácticas estaban bien diferenciadas y se desarrollaban en dos lugares diferentes.

—¿Qué supone para usted este fallo del Supremo?

—Supone la satisfacción de haber demostrado que, dentro de la Unión Europea, hay esclavos fácticos —recalca Rochel, nacida en Barranquilla (Colombia) y que llegó a España con 22 años para “ganarse la vida” y ayudar a la familia que se quedó atrás: “Hermanos, hermanas... A mi mamá, a mi papá, que murió mientras yo estaba ya aquí”.

 La mujer incide en que los pronunciamientos de la justicia en su caso evidencian que hay cientos de mujeres trabajando en los burdeles del país sin cobrar por su actividad de alterne y, por supuesto, sin que el Estado les reconozca sus derechos laborales. Pese al “elevado riesgo” que asumen cada día, apostilla mientras muestra una cicatriz que le recorre un antebrazo: “Esto fue en un puticlub, parándole la copa a un cliente que me la tiró a la cara”.

Así que su batalla no ha terminado. El nuevo camino lo marca la propia sentencia del Supremo, que dibuja un escenario en la Comunidad de dimensiones desconocidas. Juan Antonio Jiménez-Piernas, abogado laboralista y letrado de Rochel, destaca que la resolución abre la puerta a que otras prostitutas reclamen lo mismo. Pero además, “como se ha declarado que existe relación laboral, ahora nosotros vamos a pedir que el Flower’s pague la Seguridad Social de todos estos años de acuerdo con lo que le correspondería haber estado cobrando por el convenio colectivo de Hospedaje de la Comunidad de Madrid. Es decir, vamos a intentar encuadrar todo el alterne de España en el convenio colectivo por el que se rijan las actividades de los locales de alterne, con todos sus derechos asociados en cuanto a jornada, salario, prevención de riesgos laborales, medidas contra el acoso...”, avanza el abogado Jiménez-Piernas.

Otra línea de la pugna a retomar pasa por la inspección que Trabajo activó en abril de 2019 contra el Flower’s al conocer el fallo del TSJM que daba la razón a la prostituta, pero que se paralizó a los pocos meses a la espera de que el Supremo se pronunciase definitivamente. Y ese momento ya ha llegado.

 Firme defensora de la regularización de la prostitución “voluntaria” y de perseguir la “forzada”, Rochel comenzó a ofrecer sus servicios sexuales para conseguir “dinero rápido” —”que no fácil”, puntualiza— a los dos años de emigrar a España y tras trabajar como limpiadora de hogar o camarera. Primero lo hizo en Ampuriabrava, en la costa de Girona; después en Barcelona, y finalmente desembarcó en el Flower’s, donde permaneció durante una década. Hasta que en 2017 comenzó su particular David contra Goliat.

En marzo de aquel año decidió atrincherarse. Según cuenta, ella lideró una pequeña rebelión después de que la empresa endureciese las “condiciones” que imponía a las prostitutas, que ya pagaban 85 euros al día por la habitación con baño donde ejercían. “En ese momento, me pusieron en el punto de mira y, en cuanto tuve otro encontronazo, me dijeron que me tenía que ir. Pero yo me quedé de okupa en la habitación 113”. Finalmente, consideró que la situación era insostenible por la tensión y decidió marcharse, pero su pelea legal acababa de ponerse en marcha.

¿Y qué ha cambiado desde entonces? “Ahora es bastante difícil para mí trabajar en algunos clubs porque piensan que les voy a denunciar. Y de algunos sitios directamente me llamaron y me dijeron: ‘Por aquí ni vuelvas”, explica la prostituta."                   (J. J. Gálvez, El País, 16/04/21)

6.7.20

La red de trabajadoras sexuales argentinas que armamos nos está salvando durante el COVID-19. Estamos todo el tiempo buscando comida y donaciones, recibiendo las viandas que se entregan en las escuelas. El sostenimiento diario hoy es muy difícil...

"Me llamo Graciela, tengo 54 años, y vivo en la ciudad de Paraná en Argentina. He sido trabajadora sexual de toda la vida. Empecé cuando tenía 23 años para ayudar a mi familia en una crisis económica. 

Pude ayudar a mi familia, y también pude pagar a una niñera, ser mi propia jefa y elegir mis horarios de trabajo. Ahí decidí que quería trabajar de esto.
Trabajé toda mi vida como trabajadora sexual, pero a pesar de eso no puedo tener una jubilación ni obra social. Eso no es justo.

Hoy más que nunca, en medio de la pandemia, se siente mucho más la precariedad y la vulnerabilidad en la que tenemos que vivir y lo difícil que se hace poder continuar.
Desde mediados del mes de marzo, todo el país está en aislamiento obligatorio por la pandemia del COVID-19. Esto ha transformado mi vida completamente. No puedo salir a trabajar.

En mi casa estamos con mis 4 hijos y 2 nietos. Tenemos muchas necesidades y parece que nuestras vidas no importan. Todos tenemos trabajos precarizados y ‘en negro’, y ahora no tenemos recursos para vivir.

Con mi trabajo como trabajadora sexual sostenemos más de la mitad de los gastos familiares. Hoy no tenemos ni lo básico, no nos alcanza ni para comprar comida.
Nunca trabajé en lugares cerrados. Siempre preferí trabajar en la calle, más que nada porque en la calle estás en comunidad, y tenemos códigos de respeto mutuo.

Con los clientes se perdió totalmente el contacto. Algunas trabajadoras sexuales empezaron a hacer el trabajo virtual, pero yo no tengo internet en el celular. Con algunos hablamos por teléfono pero no tengo medios para recibir un pago por estos servicios. En mi caso es imposible tener sexo virtual o poder cobrar por algún servicio.

Perdí mi fuente de ingresos y la de mi familia. Lo que más me da miedo es la incertidumbre, ¿cuánto tiempo se va a extender? Hoy no hoy noticias de que se vaya a levantar el aislamiento obligatorio. Además estamos viendo que la policía está cada vez más represiva con nuestro sector, y que no hay compromiso desde el Estado con nuestras vidas.  (...)

El trabajo sexual existe desde siempre pero no tiene derechos ni está reconocido. El Estado dio ayudas de emergencia a los trabajadores informales y a los independientes, pero las trabajadoras sexuales no recibimos nada de eso.
Hoy no podemos acceder a las ayudas de emergencia por la crisis porque no existimos para el Estado.

Todo el riesgo corre por nuestra cuenta, no podemos tener beneficios sociales, ni jubilación, ni obra social. No podemos inscribirnos en el Ministerio de Trabajo, no podemos hacer aportes como monotributistas porque nuestra profesión no existe.
El NO reconocimiento de nuestro trabajo, nos pone en un lugar de trabajadoras precarizadas. Hoy vemos lo importante que es la salud. Nosotras no tenemos opción: tenemos que ir al hospital público que no tiene recursos, tenemos que aguantar también los prejuicios y el maltrato de profesionales de la salud cuando se enteran de nuestro trabajo. Es peor para las compañeras de mi edad.
Hoy en día nos estamos sosteniéndonos con ollas populares. Estamos todo el tiempo buscando comida y donaciones, recibiendo las viandas que se entregan en las escuelas. El sostenimiento diario hoy es muy difícil.

Lo que nos salva son las redes de apoyo y contención.

Hace dos años nos empezamos a organizar en la Red Nacional de Trabajadoras Sexuales con las compañeras trabajadoras sexuales de AMMAR Córdoba junto con compañeras de Rosario, Chaco y Neuquén.

Durante esta pandemia, usamos la tecnología para conectarnos con compañeras de otras partes de Argentina, y de Brasil y Chile.

Esto es un desafía muy grande. Pero son las redes las que nos salvan en la cuarentena. Se hicieron campañas de alimentos y donaciones económicas, AMMAR Córdoba armó la campaña “Lxs trabajadorxs sexuales también importamos”

Lo recaudado se reparte en las sedes para que acá compremos bolsones de alimentos y artículos de limpieza para repartir con las demás trabajadoras sexuales. También se hicieron depósito de dinero para más de 300 familias de trabajadoras sexuales y ayudamos a quince organizaciones de base.

Nosotras ya sabemos que tenemos que hacer estrategias desde las bases. Tenemos que reclamar nuestros derechos laborales y demandar un real acceso a la justicia.
En la organización aprendí que lo que hago no es ilegal, no está prohibido. Aprendí de derechos y leyes para evitar los atropellos policiales que sufrimos. Aprendí a defenderme y poder escapar de la explotación sexual de otros.

Más que nada, aprendí que somos parte de la sociedad."               (Open Democracy, 29/06/20)

20.4.20

Sonia es una más entre miles de mujeres que, a pesar del confinamiento, se ven obligadas a seguir trabajando en la prostitución para poder comer... “Los kamikazes me dan de comer. No me siento orgullosa, pero ahora estamos pasando hambre; tengo que hacer masajes y lo que haga falta, lo que no he hecho nunca”

"Los kamikazes me dan de comer. No me siento orgullosa, pero ahora estamos pasando hambre; tengo que hacer masajes y lo que haga falta, lo que no he hecho nunca”. 

Lo cuenta una mujer con estudios, masajista titulada, dada de alta como autónoma en la Seguridad Social y con dos hijos menores que no conviven con ella, a la que llamaremos Sonia.

 “Sé que corro un riesgo, pero tengo que comer, tengo hijos, se trata de la supervivencia. Yo, en la primera semana [del estado de alarma], me retiré, no trabajé nada de nada. Pero ahora escuchas a Pedro Sánchez decir: una semana más, otra semana más... Yo sé que me arriesgo, y no quiero contagiar a nadie. Pero esto es supervivencia”, añade Sonia en conversación telefónica desde el piso en el que se ha quedado confinada.

Sonia es una más entre miles de mujeres que, a pesar del confinamiento decretado por el estado de alarma, se ven obligadas a seguir trabajando en la prostitución para poder comer.

 El distanciamiento social, en su caso, es solo un eufemismo. Se trata sobre todo de marginación social; de exclusión y explotación. Desde aquel ya lejano 14 de marzo, los voluntarios y las responsables de organizaciones de apoyo a las víctimas de trata sexual no hacen el seguimiento habitual de las mujeres para proporcionar material preventivo o información socio sanitaria. 

Ahora dedican el día y la noche a solucionar cuestiones tan urgentes y básicas como la alimentación, gastos mínimos de teléfono agua, luz y los de alquiler; el alquiler que deben pagar a sus caseros, que la mayoría de las veces son los mismos que las explotan. 

“La situación es grave y está demostrando, sacando a la luz las costuras, los puntos más débiles que tiene la sociedad. Estamos comprobando la marginación que sufren las trabajadoras del sexo, la desatención en que se hallan. Si existía alguna duda sobre ello, ha quedado claro”, explica la catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid, Marina Echebarría Sáenz. “Tenemos una realidad que atender hoy, la necesidad es inmediata. Dejémonos de discusiones teóricas sobre la prostitución o el sexo”, añade.

Sobre el descenso de la actividad relacionada con la prostitución durante el estado de alarma no hay datos ciertos. Aunque alguna asociación afirma que el 80% de los espacios de prostitución siguen activos, las mujeres con las que se habla cuentan que las llamadas y servicios se han reducido a más de la mitad. La prostitución callejera está obviamente parada; los clubes de carretera y establecimientos como bares o locales de alterne permanecen cerrados. 

Pero sigue habiendo pisos invisibles donde se ejerce esta actividad que mueve cuatro millones de euros al día en España y que llega a generar 1.800 millones de beneficios anuales. ¿Cuántas mujeres dependen, de forma voluntaria o forzosa, del llamado “oficio más antiguo del mundo”? Los datos no son fiables. El Ministerio del Interior habla de 12.000 mujeres en situación de trata, pero la cifra se refiere solo a los casos en los que habido intervenciones de las fuerzas de seguridad. Otras estimaciones, basadas en datos de organizaciones y activistas, apuntan al medio millón de mujeres ejerciendo la prostitución en diferentes situaciones. 

Se trata de un cálculo difícil de hacer, porque requiere profundizar en una actividad que casi siempre transcurre en los márgenes invisibles de la sociedad. “Si algo demuestra la variedad de cifras es que no hay una voluntad de hacer un estudio serio; es indignante que no se ha haya hecho. Está claro que elaborar ese recuento puede resultar incómodo para todos. Para el Estado, para los ayuntamientos, para las asociaciones y para los partidos políticos, que tendrían que posicionarse”, expone Marina Echebarría.


Casos de trata

“El día antes del confinamiento habían llegado mujeres de Colombia víctimas de trata, y por supuesto los proxenetas no las recibieron porque eso les complicaba la vida. No solo porque les tienen que dar de comer, sino porque nos podemos contagiar; y las han soltado en la calle. En este momento no hay pisos ni recursos para dar cabida a esas mujeres por parte de las organizaciones que las apoyan”, apunta Mabel Lozano, escritora, directora de cine y activista a favor de los derechos de las víctimas de trata y prostitución.

 “Con las que hablo me confirman que sigue habiendo demanda, pero no tanta como antes. Yo creo que han sido más disuasorios para el prostituyente los controles de la policía que el propio virus, las multas que el contagio. Es brutal. Estamos hablando de seres sin alma. Es ahora cuando se necesitan de verdad los recursos para las víctimas de prostitución”, añade la autora de El proxeneta.

El relato de una de las mujeres consultadas vía telefónica corrobora esa impresión. Cuenta que ahora solo tiene dos o tres servicios por semana. ¿Lo normal en otros tiempos? Ocho servicios al día. “Los precios han bajado. Antes solo hacía masajes sin sexo, solo con final feliz, y cobraba el doble de lo que ahora me pagan por servicios en los que se incluye todo; ahora hago lo que nunca había hecho, necesito dinero y hago lo que me pidan”.

Traducido a números, significa que antes del 14 de marzo, un masaje de una hora suponía 100 euros. Ahora son 50, con final feliz o lo que haga falta. “Antes podía ahorrar. Ahora voy acumulando deudas. No descarto tener que llamar a Cáritas”. En ese momento se le entrecorta la voz y continúa la conversación sin aguantar el llanto. “Es muy duro, ¿sabes? Es horrible, a lo mejor puedo ser transmisora. Me siento culpable. No sabemos cómo funciona este virus. Yo sigo todas las indicaciones, y antes de tener para comer, prefiero tener para comprar lejía o una mascarilla. Si yo me infecto, ¿a quién puedo ayudar? Tengo dos hijos”.

Lo que va quedando claro cuando se habla con las personas o asociaciones relacionadas con la prostitución es que existen multitud de realidades, y ahora, en tiempos de coronavirus, también. “Cada caso es único, y hay que dar respuesta a todos”. Lo dice Ninfa, una puta de la calle que ejerce en el polígono de Villaverde, en Madrid y que milita en AFENTRAS (Asociación Feminista de Trabajadoras Sexuales). 

En estos días se movilizan para ayudarse unas otras; buscar bolsas de comida, resolver el tema de alojamiento de las compañeras que estaban en clubes o en hostales y las han puesto en la calle. “Tenemos claro que las ayudas que está prometiendo el Gobierno a nosotras no nos van a llegar. ¿Cómo vamos a poder acceder a esos préstamos que están prometiendo si no tenemos una nómina? Es como si no existiéramos, no le importamos a nadie”, declara esta mujer de origen latino, que, hasta ahora, compaginaba el trabajo en la calle con contratos de trabajo. 


Hace dos semanas, un grupo de trabajadoras del sexo vinculadas al Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS) lanzaron una campaña de crowdfunding para ayudarse entre ellas. Han logrado reunir 14.000 euros y ya está en marcha otra iniciativa igual a través de la página web de CATS. Nacho Pardo es el coordinador de esta ONG que reivindica el reconocimiento de los derechos laborales de las personas que ejercen la prostitución. 

El pasado año dieron asistencia a 2.000 personas en el sureste del país y visitan 55 clubes de alterne o whiskerías y en estos momentos de encierro y cese de actividad continúan en permanente contacto con todas. La situación que describe es ésta: se han cerrado todos los clubes; en algunos casos, los dueños han permitido que las mujeres se queden dentro; se desconoce si cuando esto acabe les reclamarán lo que hayan consumido, pero en algunos casos las están manteniendo. En otros, las han echado a la calle; algunas se han marchado a sus países, otras se han alojado en pisos de amigas y otras están en la calle en situación precaria”.  (...)

“Aún no ha venido nadie con un perrito, pero tampoco sería raro. Casi todos vienen con la bolsa de la compra”, cuenta una masajista que trabaja en su casa, en Madrid. “Son educados, llegan con la mascarilla. Yo les pregunto si les importa que me ponga la mascarilla y la mayoría me dice que sí, que me la deje puesta. Los clientes que llegan son personas que viven o trabajan cerca; o tienen algún salvoconducto de su empresa”, continúa. “Yo me pongo mascarilla. Pero aún así siento que esto es mirar al cielo y cruzar los dedos; a ver si me libro. Intento esquivar alientos, miradas. El otro día un caballero me quería dar un beso. Y yo le dije, ya nos lo daremos cuando esto acabe”.   (...)

En Madrid, Médicos del Mundo ha tenido que solicitar comida al Banco de Alimentos y ya ha distribuido 1.200 kilos en tres centenares de bolsas individuales, cuyo reparto requiere un ejercicio de logística y coordinación de gran finura que llevan a cabo técnicos y voluntarios de la organización. 

Arroz, legumbres, leche, lejía guantes, mascarilla. Entregar el paquete no les resulta sencillo. Citan a las mujeres en un punto lo más cerca posible de su casa, pero llegar más lejos de 300 metros desde el portal supone una situación angustiosa porque ni conocen Madrid, ni tienen la menor idea de las calles y sus nombres, síntoma claro de estar ante un caso de trata. Además, no tienen papeles y la policía para al que va por la calle. Médicos del Mundo ha conseguido salvoconductos para ello. 

Desde la declaración del estado de alarma, APRAM, una asociación de apoyo integral a la mujer prostituida, lleva a cabo un monitoreo de la situación mediante llamadas por teléfono a 419 mujeres de diversas comunidades autónomas. La conclusión según esa asociación es que ocho de cada diez pisos en los que se ejercía la prostitución siguen activos. En muchos casos emplean métodos no presenciales, como videollamadas, webcams o charlas por whatsapp, que, en contra de lo que pudiera parecer, suponen más obligatoriedad para las mujeres y mayor blindaje del negocio.

“A pesar de la vigilancia, estamos viendo que muchos clientes se están saltando el estado de alarma y están llegando a estos lugares. Las mafias se están transformando para que no se les hunda el negocio. A las mujeres las están trasladando e invisibilizando”, declara Rocío Mora, coordinadora de APRAMP. “Tenemos que ir muy rápido porque las mafias van por delante de nosotros; el negocio tiene que seguir, y para eso ellos marcan estrategias para que el putero llegue a estos lugares sin ser interceptado por los cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado. Es increíble que esto pase, sí, pero tiene que ver con la cuestión de por qué existe la trata, también algo increíble. Lo repetimos continuamente, si existe la explotación sexual y si hay mujeres prostituidas es porque hay demanda”.  


“Lo que ha conseguido el estado de alarma es que los contactos sean mucho más invisibles y mucho más clandestinos. Es casi imposible ayudarles porque no se puede acceder a ellas y no queremos perder lo que habíamos avanzado trabajando con ellas; estamos usando otra metodología para que ellas lleguen a nosotras”, añade la responsable de APRAMP.   

En Médicos del Mundo, con programas de atención sanitaria a víctimas de la prostitución desde hace 30 años en España, han constatado lo mismo. Lo cuenta Érika Chueca, trabajadora social dedicada a mujeres en situación de prostitución, además de portavoz de Médicos del Mundo en España. “Ahora ya nos empieza a llegar que la actividad se ha reactivado. Ellas dicen que sí a servicios sexuales con contacto físico porque tienen que pagar la deuda que están acumulando. Al principio, su actividad fue más mediante webcam o teléfono, pero esta semana yo estoy conociendo muchos casos donde los puteros han ido a sus pisos. (...)

Lejos de mejorar, la situación se va agravando conforme avanza el estado de alarma, tal y como cuenta la portavoz de Médicos del Mundo en España. “Nos hemos ido enterando que los dueños de los burdeles y los dueños de los pisos les siguen cobrando, aunque ellas no generen dinero; además, cantidades astronómicas, 200 o 250 euros a la semana. Y el 90% son migrantes que suelen vivir en los pisos donde ejercen (...)

Begoña Pablos, técnica de intervención del programa de explotación sexual de Médicos del Mundo. Trabaja doce horas diarias a pie de teléfono, atendiendo llamadas o mensajes de wasap en los que, por ejemplo, preguntan por algún lugar en el que se las dé de comer. “Estamos muertecitas de hambre”, dicen; aluden también a que no pueden pagar el hostal o que no tienen “ni para comer”. 

Escriben mujeres desesperadas sin saldo para llamar. Y también les llegan mensajes que tienen que ver con los tratamientos hormonales que hay que seguir tras una operación de cambio de sexo. Hay ya casos en los que se han quedado sin acceso al medicamento, por no poder pagarlo o porque no está en las farmacias. “Estamos todas jodidas, estamos solas, no tenemos a nadie, y sin un duro. A mí me van ayudando amigos a cambio de servicios en el futuro”, cuenta una mujer.  (...)"                 (Ritama Muñoz-Rojas, CTXT, 16/04/20)

27.11.19

"El trabajo sexual, ¿es duro? Como cualquier otro trabajo, y más porque no está reconocido"

"(...) yo ya era trabajadora sexual, pero nunca, por la cuestión del estigma, había salido, había emergido esta cuestión del reconocimiento del trabajo sexual, o dignificarlo. Porque yo no estaba tan segura si era lo lógico, si era lo que yo quería hacer el resto de mi vida, si era cuestionable, si el estigma era verdad o mentira. No me lo cuestionaba, lo asumía como tal y sufría en silencio, por así decirlo. Y como tenía otros frentes políticos abiertos, nunca lo racionalizaba como lo hice mucho después.

De todos estos amores feministas que conocí en Barcelona, Bárbara Biglia fue la que estaba todo el tiempo pendiente de mi, porque yo tenía muchos conflictos con el trabajo sexual, y muchos conflictos con los trabajos. Ella me decía, pues estudia, o trabaja de otra cosa, o no sé qué. Entonces yo trabajaba de otra cosa y no me gustaba y entonces estaba todo el tiempo como que me sentía mal. Con conflictos conmigo misma. Pensaba que la prostitución me había deformado la forma de relacionarme laboralmente con las personas, o simplemente por temor o lo que fuera.

Bárbara me invitó por primera vez en el 2005 a un encuentro de trabajadoras sexuales en Bruselas. Y fue ahí donde yo escuché a trabajadoras sexuales que son parte del movimiento feminista y que hacían una reflexión anticapitalista y que critican el trabajo en sí. Y me pareció maravilloso. Pero ¿cómo yo siendo puta, anticapitalista y feminista no había llegado a este punto? Tuve tanto miedo de confrontarme con esa parte de mi realidad que no fui capaz de analizarlo yo misma. ¿Cómo estas señoras han estado tan iluminadas y han hecho este proceso? Y me pareció impresionante.

Entonces, a raíz de ahí empecé a trabajar. Primero personalmente, luego con asociaciones, con las reivindicaciones que exigimos las trabajadoras sexuales. Y bueno una cosa trae la otra, así que terminamos muy politizadas y finalmente dentro de la CUP como consejera de distrito Y luego de ahí ya el siguiente paso fue la sindicalización, que es donde estamos ahora. 

BZ. En relación al trabajo sexual y a la organización, en un momento de tu militancia aparece el grupo “Putas indignadas”, que tiene mucha resonancia y despierta mucho interés. ¿Cómo organizáis este grupo y qué planteamientos tenéis en esos momentos?

PE. Dos o tres años después de Bruselas contacto con las compañeras de Barcelona de “Putas indignadas”. Y ahí conozco a Janet, que es la representante, que entonces se llaman “Putas libertarias”. Y empiezo a ver su politización, muy parecida a la mía. No tan feminista, pero sí muy anticapitalista y anarquista. Con unos lazos profundos con el barrio. Con una conciencia de clase enorme, con la que me siento supercercana, y empiezo a admirar. 

Entonces ellas me acogen. Me acogen como madres, como hermanas, que es la única manera que yo tengo de ser parte de los procesos políticos. Y así yo aprendo, o, digamos, me siento parte, a través del cariño, también. Entonces en este proceso de conocerlas, pues ellas también me conocen y Janet ve en mi como potencial, entonces nos fusionamos. Y bueno, construimos cosas maravillosas: cortes de calles, caceroladas todos los viernes… 

Como yo vengo de diferentes movimientos sociales, y también a través del amor y de todo eso, empiezo a ver yo por primera vez que yo ya conozco de todo esto. Y más, todo el proceso de asociaciones sociales y barriales en donde estaban las compañeras de “Putas indignadas”, todo eso hace como una bola, una bola de nieve de crecimiento social y que se empieza a escuchar más a las trabajadoras sexuales. No es por mí, ni es por ellas, pero es el conjunto de todas las sinergias.
Y así fue cómo hicimos cosas con el barrio, cosas muy sentidas y emocionales, muy políticas, muy radicales, y que han hecho incidencia política.

BZ. Así entonces llegáis a la cuestión de la sindicación, donde como tú dices, confluyen los elementos de clase, con los de consideración del trabajo y también con los básicos de organización de la clase. ¿Cómo se desarrolla ese proceso y que acompañamientos vais encontrando?

PE. En primer lugar iniciamos un poco de información sobre la sindicación, pues teníamos una información básica sobre los sindicatos. Pero al mismo tiempo como cualquier persona, sabíamos que los sindicatos defienden los derechos laborales. Por lo tanto, desde mi poca información, entendía que si debíamos ser reconocidas como trabajadoras, ¿qué mejor que un sindicato?. Y ahí empieza la búsqueda: qué tipo de sindicato, cómo lo quieres, con quién vas a hablar, que te ofrecen, qué no te ofrecen… ¿no? 

Las negociaciones que llevan muchos años, hasta el momento en que un sindicato te ofrezca un espacio específico, autonómico, parecido a tu proyecto político, porque llevamos tiempo, pero no es parecido al de ellas, porque esto es de toma y daca, quiero decir. No es que nosotras venimos aquí a inventar nada. Y esto es importante de valorar, nos sumamos a procesos sociales y de lucha que ya están haciendo otras personas.

Y claro, nosotras, atrevidas, empezamos exigiendo cosas que ningún trabajador o trabajadora tenía. No, no queremos patrones, no queremos esto, y tuvimos que ir aprendiendo que si vamos a hacer el proceso del reconocimiento del trabajo, habrá que aceptar y ceder en algunas cosas, no porque seamos nosotras, sino porque el sistema está organizado de esta manera y en el caso de que se nos reconociera como trabajadoras, pues seguimos las normas que siguen otras trabajadoras. Eso no significa que nosotras no sigamos presionando para que desde el sindicato se exijan más derechos, desde nuestra persepctiva

BZ. En ese sentido, por ejemplo, te estás separando de la línea de calificarte como trabajadora empleada de hogar, o autónoma, sino que reivindicáis trabajadora, por cuenta ajena, con todos los derechos. Sin buscar otros atajos.

PE. Es verdad que nosotras estamos luchando por derechos. Los derechos laborales van de la mano con los derechos de ciudadanía. Por lo tanto, sabemos que los autónomos y las autónomas, aquí, en España, no tienen muchos derechos. La trabajadora del hogar, tampoco. Entonces queremos que nuestra lucha también sirva para otras luchas sociales. O sea, se tiene que replantear el trabajo así. Y lo que signifique. ¿Por qué tenemos nosotras que pagar la seguridad social para trabajar para un tercero, por ejemplo, si estamos hablando de empleadas de hogar o autónomas, o falsas autónomas?

BZ. Me ha parecido interesante la idea que ha salido de que todo el trabajo hay que criticarlo, por ser una explotación, frente a gente que tiene esta concepción de que se pide ser trabajadora para estar en un lugar privilegiado. Y así os miran, algunas, como si ese lugar no os correspondiese.

PE. Yo creo que un amplio sector de la sociedad critica cualquier exigencia de los movimientos sociales, sindicatos u organización social. ¿Por qué? Pues porque estamos construidas y enseñadas de esas manera; que parece que hay que callar, que hay que soportar, aguantar, que no podemos pedir más porque ya lo tenemos todo. Sin ver, que en realidad quienes tienen todo, son las personas que manejan a los políticos, que son los banqueros, que son los dueños de los pactos de los contratos laborales, que son los dueños de nuestros tiempos libres, y de nuestros espacios de trabajo. O sea que a ello no les importa nada nuestra realidad. Y hay gente que, dado que nos han lavado tanto el cerebro, pues defienden todavía este posicionamiento de lo que significa el trabajo. (...)

BZ. ¿Piensas tú que son realmente duras las condiciones del trabajo sexual? Es decir, ¿son más duras que otras? ¿Se pueden comparar con otras condiciones laborales de otros trabajos que sí son considerados como tales?

PE. Las condiciones de trabajo son duras, sí, son difíciles, son complejas. Tú puedes acomodar -depende de la experiencia que tengas, los años y las facilidades que tengas de negociar- cómo trabajar y dónde. Pero también hay que señalar que la falta de visibilidad del trabajo hace que las personas que recién entran en ese trabajo acepten cosas que las que ya tenemos experiencia no aceptamos.

 Y esto pasa en otros trabajos. Las personas que se incorporan, las personas más jóvenes que se incorporan a cualquier profesión aceptan contratos más precarizados que otras que tenían otros privilegios y que no van a trabajar por menos dinero y más horas. En cambio, las personas que entran al mercado sí aceptan cualquier cosa, porque no conocen otra realidad de lucha.

BZ. O sea que entiendes que falta una transmisión de la lucha y de las condiciones laborales y de negociación, por decirlo de alguna forma, que la gente cuente cómo se está y qué se puede negociar.

PE. Sí claro, y aparte de esto, no alejarlo del relato de los otros trabajos. Pero en sí el trabajo, ¿es duro? Pues sí. Como cualquier otro trabajo, y más sobre todo, porque no está reconocido. Ahí sí que se agudiza la precarización, agudiza las exigencias para que hagas más cosas por menos dinero, o ese tipo de cosas, ¿no? que, insisto, no se alejan de las realidades laborales de otros trabajos.

BZ. Se ha hablado mucho de esclavitud, de explotación, ... A veces incluso se señala a la prostitución como una figura que tendría que entrar en el Código Penal, como violencia de género. ¿Cómo ves el tema de leyes penalizadoras para estas actividades? ¿Se están mezclando situaciones de trata, como prostitución forzada con situaciones de prostitución?

PE. Vamos a ver, hay una figura penal, que es la situación de la trata, que sí está penalizada, pero habría que verla bien porque esta ley no beneficia a las mujeres. Esta ley solamente lo que hace es potenciar la ley de extranjería, para limitar los proyectos empresariales de las mujeres que vienen de otros países, que son migrantes y que deciden ejercer el trabajo sexual para, como proyecto empresarial, mejorar su vida y su situación económica. Entonces lo que hacen las leyes de trata es confundir trata con trabajo sexual. 

Y niegan la capacidad de agencia a las trabajadoras, a las personas que deciden migrar o estar aquí y ejercer su trabajo, o ejercer el trabajo sexual, porque por lo que sea consideran que es más rentable, o más cómodo o lo que quiera que fuera el trabajo sexual. Y entonces limita a las compañeras. Y ahora mismo, la ley de trata, supone agudizar las penalizaciones a las migrantes. No ayuda a personas que están realmente en situación de trata. No hay espacios que acojan, espacios amables, seguros... 

Porque si vienen en una situación de trata, es como una situación de violencia extrema donde te pueden llegar a matar, a golpear... Es como que viene del amor romántico, viene de la mano de la pareja. Para eso las mujeres, y aquí dentro del feminismo, tenemos que estar bien cuidadas o bien aconsejadas, para poder salir de esta situación de violencia que venimos sufriendo. Tanto sea de violencia de género como de trata.

Entonces la ley de trata tiene que contemplar todas estas realidades. Entender que es una violencia de género, la trata. Y, por supuesto, potencializar la autonomía y la independencia de las trabajadoras, que deciden ser trabajadoras sexuales y no están en situación de trata.
Como bien dijo la compañera de Genera los números que manejan las organizaciones son del 20 y hasta el 25% de mujeres en situación de trata. No tendría que haber ni un 1%, pero existe. Como existe en otras profesiones esclavitud y trata.

Ahora bien. Las leyes hay que cambiarlas. Y eso sin penalizar a las trabajadoras sexuales. O sea, la trata es un delito penal, pero la prostitución, no. Entonces separemos las aguas, seamos objetivas y trabajemos conjuntamente para que esto sea mejor para todas.

BZ. En todo este tema y trabajo, a nivel internacional, ¿hay algún movimiento de trabajadoras sexuales? ¿Estáis en alianzas con otras feministas, o con antirracistas, o con organizaciones de trabajadoras sexuales?

PE. Ahora hay organizaciones prácticamente en todo el mundo. Latinoamérica tiene una red propia que se llama Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe. Luego está el sindicato de trabajadoras sexuales que es una sección sindical que se llama AMMAR, en Argentina, que tiene 6.000 afiliadas. En Bélgica, hay sindicato de trabajo sexual también... Bueno, la verdad es que hay en muchos países.

Es que la única manera de cambiar la situación, no solamente para nosotras, sino para todas las trabajadoras, es que trabajemos conjuntamente y que entendamos las transversalidades, o sea, como que si somos migrantes, si somos negras, si somos pobres, entender que es una cuestión de pobreza, de clase y de género. Trabajar desde ahí para poder construir algo más amable para todas.

BZ. Y por último te quería hacer una referencia a la sindicación. Has venido invitada por el sindicato LAB. Tú estas en otro sindicato, IAC ¿cómo son tus relaciones militantes en el sindicato y con otros sindicatos?

PE. ¡Ah! Maravillosas, tengo mucha suerte. Pero quiero señalar que yo también soy luchadora y reclamo el espacio que me merezco, que nos merecemos todas. No permito que nadie me diga lo que tengo que hacer. También escucho y sé aprender. Así ha sido un proceso largo, a veces doloroso, pero sobre todo rico, evolutivo y que todavía tiene mucho camino por delante. 

Eso por lo que se refiere a la Intersindical Alternativa. LAB, por lo demás, siempre me ha recibido con mucho cariño, así que estoy más que agradecida. Me han escuchado y yo siempre estaré presionando para que se creen las secciones sindicales. Pero cada sindicato tendrá su proceso.

BZ. O sea que a ti te parece que la salida es que los sindicatos tengan sus propias secciones de trabajo sexual, en lugar de otras alternativas más gremiales o corporativas...

PE. Yo creo que esto es un criterio muy personal, y creo que en estos momentos lo más interesante son las construcciones colectivas con otros trabajadores y trabajadoras, que crear un sindicato corporativo de trabajo sexual. ¿Por qué? Nosotras no tenemos experiencia de lo que significa el derecho laboral. No tenemos herramientas, ni intelectuales, ni políticas, ni contactos, ni el poder que se necesita para crear ahora mismo un sindicato corporativista, que ya existe, como sabes, pero que no está vigente porque no le han dejado aprobar sus estatutos. 

Sí, termina siendo una asociación. En estos momentos el único sindicato que tiene una sección sindical, oficial, con los estatutos vigentes y con asesoría jurídica y que ha procedido como sindicato ha sido el de la IAC. Yo apuesto a por eso. A una confrontación social conjunta de diferentes sectores de diferentes trabajos, incluyendo, el del trabajo sexual."                       

(Paula Ezkerra  , trabajadora sexual y sindicalista de IAC (Intersindical Alternativa de Catalunya), Sin Permiso, 24/11/19)

16.3.18

La solución para nosotras las prostitutas es una cooperativa. Si nos juntásemos por lo menos unas cincuenta, podríamos crear un fondo a base de unas cuotas bastante asumibles. Lo tendríamos todo cubierto, y no sería un precio abusivo

"(...) La mujer buena es inocente y comprometida, la mujer mala es la femme fatale, mujer independiente cuya sexualidad es una amenaza para el sistema patriarcal. 

Las trabajadoras sexuales, por esta razón, han sido tradicionalmente demonizadas y marginadas, presentadas como víctimas y a la vez, merecedoras de la dominación masculina. En este sentido, los textos culturales y la industria del mainstream han contribuido a construir el estereotipo de la prostituta como mujer sucia, inmoral, irresponsable, siempre relacionada con el mundo de la noche y las drogas. 

La prostitución se piensa como un problema social, como institución patriarcal que afecta a las mujeres y que sirve para mantener el rol de la puta como mercancía sexual, como una cosa que da satisfacción sexual al hombre, perpetuando la idea de hombre sujeto y mujer objeto.   (...)

El grupo de expertos contra el tráfico de personas en el Consejo de Europa (GRETA) presentó un informe en 2013 sobre España, en el que se destaca la imperante necesidad de distinguir trata con fines de explotación sexual por un lado, y prostitución por el otro. 

En este documento también se critica la aplicación del Convenio en España, ya que el Estado centra su lucha contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual, pero deja de lado la trata con otros fines de explotación laboral. Por último, afirma que es erróneo sostener que un 90% de prostitutas sean víctimas de trata, ya que no existen estudios que avalen esta cifra.   (...)

Hoy en día, cada vez más trabajadoras sexuales intentan combatir el significado tradicional de prostitución como sinónimo de trata y lo reafirman como trabajo libre del dominio del hombre. 

La prostitución independiente es resultado de la iniciativa de muchas mujeres que, siendo conscientes de que su sexualidad puede ser rentable, han hecho uso del orden establecido y le han dado la vuelta a los términos capitalismo patriarcado. Las trabajadoras sexuales se benefician del voyerismo y el capitalismo mainstream de la sexualidad femenina, vendiéndole al hombre el acceso a su cuerpo

Es un trabajo elegido libremente como respuesta a una necesidad económica en el contexto de una sociedad consumista y un marco social heteropatriarcal. El trabajo sexual, abordado desde un punto de vista feminista, deja espacio para el empoderamiento, ya que las mujeres adquieren un sentido de estar en control de sus propios cuerpos y estar en control del encuentro con el cliente.  (...)

Las prostitutas, desde el activismo, reafirman la necesidad de descriminalización y regulación de la profesión, y luchan para que el debate sobre prostitución se aleje de los discursos de delito y pecado y se centre en el debate de trabajo y derechos laborales. De hecho, el Estatuto de Trabajadores Autónomos permite que las trabajadoras sexuales se puedan dar de alta como autónomas y acceder a algunas prestaciones.

 Gloria Poyatos, abogada laboralista y jueza, en el año 2008 se dio de alta como prostituta en la Seguridad Social para demostrar que era legal. En su libro La prostitución como trabajo autónomo, argumenta: 

“Si el ejercicio libre de la prostitución pertenece al ámbito de la libertad individual de la persona y a su libertad sexual, no existen argumentos racionales, al menos de carácter laico, para omitir su regulación jurídica, dentro de las coordenadas de un Estado Social y democrático de Derecho, donde el trabajo es un derecho y un deber que viene acompañado por la libre elección de profesión u oficio, así como a la promoción a través del trabajo y de una remuneración suficiente para satisfacer las necesidades de los trabajadores y las de su familia, tal y como se enuncia en el artículo 3 de nuestro texto constitucional”. 

En España, muchas trabajadoras sexuales ya han optado por esta opción y manifiestan que cotizar por su trabajo es el comienzo para acabar con el estigma en la profesión. Joana y Pepita son sólo dos ejemplos. 

Joana

Joana empezó en la prostitución porque, debido a sus estudios, solo tenía acceso a trabajos precarios. Trabajó como escort durante 10 años y posteriormente hizo un curso de quiromasaje. Ahora, trabaja en un piso que tiene dado de alta como local comercial, donde realiza sus servicios de masajista erótica.

 Joana cuenta que se crió en la Mina, barrio gitano y culturalmente muy machista “ahí una puta era lo peor, ya no solo una prostituta, una chica que no se casara virgen ya era una puta. Yo me crié de esa manera, y para llevar el estigma te tienes que reeducar en ese sentido. Lidiar con el estigma es un proceso, de hecho, al principio lo combinaba con trabajos precarios, me prostituía solo cuando no tenía trabajo. 

Me llegué a sacar un curso de Marketing y Publicidad y encontré un trabajo de administrativa comercial. El problema era que allí las chicas me hicieron bullying, fue un sinvivir. A partir de ahí, dije que prefería el mundo de la prostitución, esto no lo había vivido en ningún piso o en ningún club, allí había mucho más compañerismo”. 

Afirma que el trabajo sexual la ha empoderado como mujer, y desmiente que las prostitutas se limiten a hacer lo que el hombre dispone. “El filtro que utilizo para escoger a mis clientes es que sean educados, respetuosos, y que no me pidan nada que no me guste hacer, o que simplemente no realice. Eso también es profesionalizarse, yo hago esto y punto”. 

Joana, aparte de su profesión como masajista erótica, es patinadora y participa como stopper en las rutas que organiza la Asociación de Patinadores de Barcelona. También es activista política, colabora con los Comités de Defensa de la República y ha participado como apoderada de la CUP en las últimas elecciones al Parlament de Catalunya. 

Su inquietud política se manifiesta asimismo en su defensa por los derechos laborales de las prostitutas “a estas alturas no merece la pena pagar autónomos, pero no cotizar tampoco es una solución, la solución es una cooperativa”. Joana habla de la cooperativa como remedio al problema de los altísimos precios que las prostitutas tienen que pagar para anunciarse en foros, además del precio de la habitación donde trabajar.

 “Dentro de la cooperativa, mi idea es que haya un fondo para crear un directorio donde nos podamos anunciar todas, así como para alquilar pisos para trabajar. Si nos juntásemos por lo menos unas cincuenta, podríamos crear un fondo a base de unas cuotas bastante asumibles. Lo tendríamos todo cubierto, y no sería un precio abusivo”. 
Pepita

Pepita es la única geisha de Barcelona, prostituta y masajista erótica, se ha formado en el reiki japonés y ha reinventado su servicio aplicando esta disciplina a sus encuentros con los clientes.

 “Antes de inventar este servicio yo intentaba hacer un servicio de trabajo sexual y amoldarme a lo que se suponía que tenía que ser una masajista erótica.

 Desde la estética, el comportamiento, el tipo de servicio… todo estaba muy centrado en el cliente, dejándome a mí de lado por completo. Yo no estaba a gusto, teniendo que olvidarme de mí, y despersonalizándome por encarnar algo que yo no era.

 El reiki me ayudó a reinventar todo mi servicio. Una de las cosas en las que yo estaba en desacuerdo era que estaba todo muy centrado en la genitalidad, la gente venía a descargar sus emociones a través del sexo, entonces vi que con el reiki se podía enfocar de otra manera, en vez de canalizarlo todo a través del sexo, equilibrar el cuerpo y llegar a la sexualidad de otra manera”. 

Saisei-chan (así es como se hace llamar en japonés) participa en mesas redondas y debates sobre la prostitución, y es muy crítica con el feminismo abolicionista que intenta minar a las prostitutas con la culpa. “Para mí es muy extraño un feminismo que engrosa el discurso que permite que las instituciones heteropatriarcales actúen en la vida de las mujeres. 

 Resulta que el feminismo que defiende los derechos de las trabajadoras de Zara a mí me acusa de estar fomentando la trata. Es una cuestión de putofobia de la que se sirve el abolicionismo, esto y que la sexualidad de las mujeres sigue siendo tabú, no se nos ha enseñado a adueñarnos de nuestra sexualidad”. 

Apunta que la prostitución le ha enseñado dónde estaban las fallas de su educación como mujer, por donde el patriarcado podía manejarla a través de la relación con su cuerpo, en la relación con los hombres y en la relación con ella misma, “precisamente por pasar por una situación de estigma que me llevaba al límite, he tenido que detectar qué era lo que me hacía llegar al límite, y si tenía sentido que yo fuera manipulable. Esto me ha fortalecido muchísimo”. 

Saisei-chan es autónoma desde hace casi dos años, paga una cuota fija más un 20% de IRPF y un 21% de IVA, “yo doy un 41% al estado, un estado que no deja de hacer leyes contra de mi colectivo. Invierto en lo público para que las personas que me discriminan y estigmatizan puedan tener sanidad y educación públicas, y esto es algo que se olvida”. 

Pepita es además licenciada en Filología Francesa y actualmente está estudiando Psicología a distancia. “Para mí, ejercer como psicóloga de trabajadoras sexuales sería lo que le daría sentido a mi vida. 

El problema es que me tengo que amoldar al código deontológico y el reiki es una práctica que no está reconocida por la Escuela Oficial de Psicólogos, y a mí me resulta mucho más efectivo hacerle un tratamiento reiki a una persona que hablar durante no sé cuánto tiempo. Quizás el título me sirve para tener una autoridad, poder decir que sé de lo que estoy hablando cuando hablo de la psicopatologización de las prostitutas”. 

El ejercicio voluntario de la prostitución no es ilegal en España, y en el art.188 del Código Penal solo se tipifican los delitos de proxenetismo y trata con fines de explotación sexual. Pero el trabajo sexual sigue siendo una profesión estigmatizada, las putas sufren discriminación, son marginalizadas y victimizadas.

 Cristina Garaizábal, psicóloga especialista en terapias de género y cofundadora del colectivo Hetaira, en el libro La prostitución a debate menciona que socialmente se sigue esperando que las mujeres tengamos una sexualidad menos explícita que la de los hombres, por lo que las prostitutas violan dos reglas sagradas: tomar el espacio público para sus negocios y visibilizar su carácter sexual sacando la sexualidad del terreno de lo privado. 

La prostitución en España aún no está considerada como profesión y el estigma influye negativamente en la igualdad de oportunidades. Muchas trabajadoras sexuales continúan en el anonimato o utilizan nombres artísticos porque ejercer la prostitución puede tener repercusiones muy duras, como no ser contratada en otros trabajos o que sea un agravante para que te quiten a una hija. 

El estigma y los prejuicios sociales impiden comprender qué instrumentos son necesarios para la regularización de la profesión. Por eso, en ciudades como Barcelona las asociaciones de trabajadoras sexuales hacen el trabajo que se debería de realizar desde las administraciones, asesoran a aquellas que se quieren iniciar en la profesión y, actualmente, varias trabajadoras sexuales españolas se reúnen para construir un sindicato a nivel estatal."                     (Alba Cambeiro, CTXT, 14/03/18)

3.5.16

Las prostitutas de Francia defienden a sus clientes

“Es como si tuvieras derecho a hacer pan y a tener una panadería, pero tus clientes no tuvieran derecho a comprarlo”. Gilda eligió su profesión libremente hace más de una década, paga sus impuestos, cotiza para su jubilación, contacta con sus clientes a través de internet, los selecciona y trabaja en su propio apartamento. 

A partir de ahora, sin embargo, sus clientes no podrán pagar legalmente por los servicios que les presta porque Gilda es prostituta y, aunque la prostitución no es un delito en Francia, la Asamblea Nacional acaba de aprobar una ley que penaliza al que paga por sexo. (...)

La proposición de ley socialista “que refuerza la lucha contra el sistema de prostitución” fue aprobada por los diputados franceses el pasado miércoles tras más de dos años de idas y venidas entre el Senado -que la rechazaba al no llegar a ponerse de acuerdo sobre su medida estrella, la penalización del cliente- y la Asamblea Nacional, que finalmente ha tenido la última palabra.

 Una vez entre en vigor, probablemente en un par de semanas, “la compra del acto sexual” será sancionada con multas de hasta 1500 euros, 3750 si hay reincidencia. El texto está inspirado en la ley sueca que desde 1999 castiga a los clientes, y convierte a Francia en el quinto territorio abolicionista tras Suecia, Noruega, Islandia e Irlanda del Norte.

Con la nueva ley “se considera a las prostitutas como víctimas y no como delincuentes”, ha afirmado Maud Olivier, la diputada socialista impulsora de la proposición. Efectivamente, el texto suprime el delito de “racolage” pasivo u ofrecimiento de servicios sexuales, que se instauró en 2003 cuando Nicolas Sarkozy era ministro del Interior y que criminalizaba a las trabajadoras del sexo. 

El “racolage”, que tanto inspiró a Degas o a Toulouse Lautrec, se convirtió en un delito que, además, otorgaba a las fuerzas del orden una enorme arbitrariedad, ya que ¿cómo se sabe si se está haciendo un ofrecimiento pasivo? ¿Por la vestimenta? ¿Porque fuma un cigarrillo en una esquina? Los grupos abolicionistas hablan, por lo tanto, de una “nueva conquista para los derechos de la mujer”.

Pero no todas las prostitutas -aunque también hay hombres, este es un mundo eminentemente femenino- se consideran víctimas. Gilda o su compañera de sindicato Morgane Merteuil, que se define como “puta radical”, son orgullosas defensoras de su oficio y dan la cara por un colectivo estigmatizado. Hay muchísimas situaciones diferentes y esta ley, denuncian, mete a todos en el mismo saco. 

“No se puede comparar una mujer inmigrante originaria de África subsahariana que no tiene acceso a papeles ni al mundo del trabajo y que es explotada, con una francesa que se prostituye ocasionalmente, con una estudiante que lo alterna con otros trabajos para pagar sus estudios o con alguien como yo que ejerce a través de internet. Son situaciones muy diferentes y no hay soluciones universales”, señala Gilda a El Confidencial.  (...)
“Se impone una visión de que el cuerpo pertenece al Estado”, denuncia Giovanna Rincón, presidenta de Acceptess Transgenres, una asociación que trabaja fundamentalmente con transexuales y afectados por el VIH-Sida y que considera que la ley quiere imponer una visión puritana y moralizadora sobre la cuestión del cuerpo. “Hay que abordar el feminismo de una manera diferente. 

Qué mayor feminismo que el de una mujer, que hasta ahora ha sido reprimida, reducida a la reproducción y que hoy sea capaz de emanciparse de todos esos conceptos y salir a la calle a decir, sí me dedico a esto. ¿Por qué tenemos que sufrir por el cuerpo de otros si esos mismos no lo están lamentando ni pidiendo?”, reflexiona esta mujer transexual, que llegó a Francia desde Colombia hace una década y que ejerció la prostitución durante 20 años.

Las asociaciones reconocen que, por supuesto, existen casos de explotación y personas que viven situaciones de violencia. Que hay mujeres obligadas a acostarse con 30 o 40 hombres al día y que viven encerradas por sus chulos, sin posibilidad de denunciar porque no tienen nada. Pero para luchar contra ello, aseguran, bastaría con aplicar el derecho común, que ya castiga la trata de blancas, el trabajo forzado, el proxenetismo o la explotación sexual. 

“No es necesaria una ley específica, discriminatoria sobre esta o aquella categoría. La gente tiene que tener derecho al trabajo, a la sanidad, al alojamiento, a las ayudas sociales como todos los demás, sean forzados o no”, opina Merteuil, autora además del ensayo “¡Liberad el feminismo!”.

“Podemos ser putas y luchar contra el tráfico de seres humanos”, defiende Giovanna Rincón.(...)

 Para luchar contra la explotación, la nueva ley aprobada esta semana prevé permisos de residencia de seis meses para las personas extranjeras que dejen el oficio, y una “ruta de salida de la prostitución” a través de un acompañamiento social y de medidas de prevención con un presupuesto de 4,8 millones de euros al año. 

Las asociaciones ridiculizan esta partida. Se estima que en Francia hay más de 30.000 personas que se dedican a la prostitución, por lo que, con lo presupuestado por la ley, quedarían unos meros 160 euros por persona al año para su salida del oficio sexual, calcula Médicos del Mundo.  (...)

La ONG ya ha podido comprobar sobre el terreno cómo el temor a esta nueva ley está afectando a las trabajadoras sexuales. Si un cliente no quiere ser visto, probablemente intentará llevar a la prostituta a un lugar más alejado, más escondido y, posiblemente, más peligroso para ella

La precarización del trabajo va a obligar a algunas a aceptar servicios que antes no admitirían o a clientes de los que no están muy seguras. Porque, al final, aseguran, el alquiler hay que pagarlo igual. O van a tener que recurrir a intermediarios, se teme Morgane Merteuil. Lo que las hace más vulnerables.

La prostitución es una actividad legal en Francia, sus trabajadores pagan impuestos y cotizan para su jubilación, recuerda Lathieyre, “por lo que las personas que lo ejercen libremente deben dejar de ser estigmatizadas y reprimidas. No hay que poner en marcha medidas nuevas sino dejarlas trabajar en paz porque si no se les expone a más violencia y riesgos. Hay que aceptar que es un trabajo y acompañar a las personas que son víctimas de violencia”. (...)"               (Paula Rosas, París, El Confidencial, 09/04/16)

17.11.14

Una asociación de prostitutas imparte un curso a novatas


"Paula Vip es su alias laboral. Tiene 42 años es catalana y se define como elegante, discreta, educada y “puta”. También es la presidenta de la Asociación de Profesionales del Sexo (Aprosex) y la inventora del único curso de prostitución que se imparte en España. 

Mañana sábado Paula volverá a aleccionar, junto a la psicóloga clínica Cristina Garaizábal, a 25 alumnas para que se conviertan en “putas profesionales”. Todo ello en un sólo fin de semana y por 50 euros. Vip asegura que con la crisis hay una sobreoferta de mujeres que ejercen la prostitución y considera su curso como imprescindible para adentrarse en ese sector.


La presidenta de Aprosex deja claro en primer lugar que su trabajo no tiene absolutamente nada que ver con la actividad que la que realizan las mujeres a las que se obliga a prostituirse: “Eso es trata de seres humanos y debe intervenir rápidamente la policía”.

Pese a ello, Paula denuncia que está dada de alta en el régimen de autónomos como trabajadora sexual pero en cambio no tiene derechos: “Las autoridades piensan que las putas somos ignorantes y les molestamos”. En Aprosex hay asociadas que se prostituyen en la calle y que están ahí “porque quieren y deben seguir pactando espacios y horarios con los ayuntamientos”. (...)

 “La crisis ha provocado una sobreoferta que ha reventado las tarifas del mercado y mucha niña con mucha falta de profesionalidad”, asegura Vip. La presidenta de Aprosex quiere que las personas que empiezan en el sector del sexo de pago tengan muy claro que “la prostituta no es una víctima, los hombres pagan pero no por ello mandan”.

 Paula Vip compara la relación de la prostituta con el cliente como la que se ejerce con un médico, un arquitecto o un abogado: “Yo soy la que te digo cuanto tiempo tienes de tratamiento, en qué lugar se va a construir la casa o si te voy a llevar el caso o no… la que decide es la profesional ya sea una escort de lujo o trabaje en plena calle”. El curso comienza recordando a las alumnas si sirven o no sirven para la profesión. 

“Todas llegamos aquí por dinero, pero te tiene que gustar el sexo y tienes que ser capaz de hacerlo con desconocidos”, afirma. Además, es importante que no caigas en el “estigma puta, hay que huir de él y sentirte orgullosa con lo que haces”. También se enseñan pequeños trucos para evitar la apatía cuando se acerca el momento de realizar un servicio. Además, hay un gran capítulo dedicado al compañerismo y al marketing de la prostitución."          (  El País, Barcelona 14 NOV 2014)

31.10.12

Ultracatólicos argentinos impiden un aborto con la mujer, violada y víctima de trata de blancas, ya en el quirófano

"La secuestraron el pasado 28 de julio; la llevaron a la Patagonia y la obligaron a prostituirse. Logró escapar de la red de trata de blancas, pero había quedado embarazada. Quiso abortar porque ahora la ley de Argentina lo permite. Pero el alcalde de Buenos Aires, el conservador Mauricio Macri, anunció el día —el pasado martes— y el hospital en que se iba a llevar a cabo la interrupción del embarazo —Ramos Mejía— en un intento de boicotear la intervención, la primera que iba a practicarse con la nueva normativa. 

Un grupo ultraconservador católico recogió el guante: interpuso una orden judicial que logró paralizar la intervención cuando la paciente ya estaba en el quirófano después de entrar de malas maneras en su habitación del hospital.

Esta insólita situación ha generado múltiples problemas añadidos a la víctima, de 32 años. De entrada, ella quería guardar el anonimato, entre otras cosas porque su familia no estaba enterada, pero al pregonar el alcalde los detalles su intimidad ha quedado expuesta a la vista de todos.

Al día siguiente del anuncio del alcalde, la asociación católica Pro Familia acudió a un juzgado para impedir el aborto. También organizó manifestaciones en los domicilios del director del hospital y de la propia joven, pero ella estaba ingresada en el hospital y en su casa estaban sus padres, que hasta entonces no sabían que su hija estaba embarazada, según reveló su abogado, Carlos Lucero Paz.

 “El capellán del hospital, el padre Fernando, entró con la gente de Pro Familia a la habitación de la víctima, que está muy afectada por lo sucedido”, comentó el letrado. Este periódico llamó a Pro Familia para conocer su versión de los hechos, pero no recibió respuesta. (...)

La legalización del aborto continúa encendiendo polémica en Argentina. Desde 1920 el Código Penal permite las interrupciones voluntarias del embarazo en caso de peligro para la vida o la salud de la madre o si el embarazo proviene de una violación a una mujer “idiota o demente”. Hasta marzo pasado, además, las embarazadas por una violación y con alguna discapacidad mental o menores de edad debían recurrir a la justicia para pedir permiso para la operación.

 Pero desde entonces ha dejado de ser así porque la Corte Suprema determinó que podía practicarse el aborto sin trámite judicial en todos los casos de violación, incluidas las de mujeres mentalmente sanas e incluso menores de edad. A partir de la sentencia del máximo tribunal de Argentina, la capital y cada una de las 23 provincias debían redactar sus protocolos para los llamados abortos no punibles.

De momento, solo cuatro provincias han redactado protocolos que se adecuan de forma correcta al fallo de la Corte Suprema, según la Asociación por los Derechos Civiles (ADC). Otros seis distritos, incluida la capital, redactaron los suyos, pero restringen lo estipulado por el tribunal, en el sentido de que limitan el aborto a las mujeres con incapacidad mental, según la ADC.

La oposición al alcalde Macri, integrada por el kirchnerismo, el centro y la izquierda, promovió una ley en el Poder Legislativo de Buenos Aires para permitir los abortos por violaciones en cualquier plazo y establecer que las menores de edad podían interrumpir sus embarazos sin consentimiento de sus padres. La ley se aprobó por 30 votos a favor y 29 en contra. El pasado día 4 Macri anunció que vetaría la norma.

Un juez porteño rechazó el mismo día 5 la petición de Pro Familia, pero el pasado martes, el mismo día en que debía practicarse el aborto, una juez federal, Miriam Rustán de Estrada, lo frenó. “Fue un desastre. El daño psicológico y moral que le están provocando a mi cliente es inmenso”, opina Lucero Paz. “Hay una cadena de responsabilidades y la hemos denunciado ante la justicia

. La primera irresponsabilidad la cometió el alcalde, que para justificar el veto a la ley hizo público los datos del primer aborto no punible, y así incumplió los deberes de funcionario público. El director del hospital también los incumplió porque, ante las amenazas de Pro Familia, dio los datos de la paciente o permitió que se filtraran.

 La juez ha sido igualmente denunciada por prevaricación (al haber dictado presumiblemente una sentencia arbitraria a sabiendas de que lo es) y la asociación Pro Familia, por las amenazas contra la paciente cuando entraron en su habitación”, detalló Lucero Paz.
 
Finalmente, la Corte Suprema autorizó el pasado jueves la operación, que se realizará en los próximos días. También insistieron los jueces en que estos casos no requieren trámite judicial.

La vicealcaldesa de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, defendió a su jefe: “Macri habló en términos generales, nunca dio el nombre de la víctima, no violó la confidencialidad de la paciente. Probablemente esta organización antiabortista hubiera presentado igualmente una petición de medida cautelar”, comentó.

Mientras tanto, en el Congreso argentino siguen paralizados los proyectos de ley para ampliar la despenalización de la interrupción del embarazo. El Poder legislativo nacional está dominada por el kirchnerismo, algunos de cuyos representantes apoyan las iniciativas, pero no todos, incluida la propia presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, quien, en el libro La Presidenta, de Sandra Russo, confiesa que se resiste porque padeció un aborto espontáneo cuando llevaba seis meses de embarazo"          (El País, 12/10/2012)