"De América Latina a Madrid: el avance del neofundamentalismo evangélico.
La miamización de Madrid no debe
entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la
transformación de la política madrileña, donde las iglesias
pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y
cultural que gana peso.
La imagen de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de pastores evangélicos dio la vuelta al mundo. “Oramos para
que la sabiduría del cielo inunde su corazón y su mente (…) Padre, te
rogamos que sigas dándole a nuestro presidente la fuerza que necesita”.
Mientras recitaban estas palabras, los pastores evangélicos posaban sus
manos sobre el presidente para darle fuerza en su guerra —ilegal—
destinada, supuestamente, a liberar al pueblo iraní de la terrible
teocracia de los ayatolás. La imagen no podía ser más icónica del
momento histórico en el que nos encontramos, donde el resurgir de los
neofundamentalismos religiosos se está convirtiendo en un rasgo común de
la ola reaccionaria global.
Un mes después de esta icónica fotografía
de los pastores evangélicos arropando a Trump en el Despacho Oval, unas
35.000 personas abarrotaban el estadio Metropolitano durante el evento
The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de
Europa. Uno de los momentos más virales fue la aparición del
exfutbolista Dani Alves que, tras haber sido condenado por agresión
sexual a una mujer en una discoteca y posteriormente absuelto por el
Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, se ha convertido en un
conocido telepredicador evangélico. Un estadio abarrotado de vibrantes
feligreses resumía bien un fenómeno que lleva años creciendo y que ahora
empieza a hacerse visible a gran escala: el auge del evangelismo en
Madrid.
A lo largo de los últimos años estamos
asistiendo a un fenómeno relativamente nuevo en Europa, pero de largo
recorrido en el continente americano: el impacto electoral del
resurgimiento de un ultraconservadurismo cristiano. Mientras que en el
continente americano este movimiento está liderado fundamentalmente por
las diferentes familias del evangelismo pentecostal y neopentecostal, en
Europa son los ultracatólicos quienes marcan la agenda política. Los
principios políticos de esta reacción ultraconservadora son los mismos a
ambos lados del Atlántico: autoritarismo patriarcal y homófobo, defensa
del statu quo y una fuerte vena antisindical y anticomunista clásica, aunque actualizada en las nuevas iglesias con los lenguajes del show business y la agresividad neoliberal. Aunque en Europa las comunidades evangélicas
no gozan todavía del apoyo que tienen en el continente americano, este
fenómeno va asentándose poco a poco con fuerza en España.
En Estados Unidos, el fundamentalismo
cristiano recuperó, a partir de la década de los años 70, una creciente
presencia pública. Proliferaron sus iglesias, colegios, publicaciones,
editoriales, emisoras de radio y canales de televisión, con el
consiguiente auge de la telepredicación y de los telepredicadores.
Surgió así la nueva derecha cristiana, los teocons o,
simplemente, los fundamentalistas cristianos, convertidos hoy en el
movimiento ideológico más específico, coherente y mejor organizado de la
política estadounidense. No toda la pluralidad de iglesias de Estados
Unidos participa de este movimiento, siendo las evangélicas las que han
mostrado un mayor dinamismo y una adhesión más firme a la agenda
neoconservadora de la nueva derecha cristiana.
En las elecciones presidenciales de 2016,
los evangélicos representaron una quinta parte de los votantes
registrados y un tercio de todos los que se identificaban con el Partido
Republicano. Parecía difícil que un candidato como Trump —divorciado
dos veces y casado en tres ocasiones, con fama de mujeriego, numerosos
escándalos sexuales, ostentoso y arrogante— pudiera presentarse como un
hombre que guiaba su vida por valores religiosos. No ofrecía el perfil
de candidato capaz de atraer al votante conservador de inspiración
religiosa. Pese a ello, obtuvo el 81% del voto de los evangelistas
blancos, frente al 16% de su contendiente demócrata, Hillary Clinton.
Desde entonces, una de las claves del éxito electoral de Trump ha sido
su capacidad para cautivar al electorado evangélico.
Así, a pesar de los escándalos, la
comunidad evangélica más conservadora ha llegado a justificar su apoyo
político a Trump comparándolo con el “Ciro moderno” y presentándolo como
el “candidato de Dios para el caos”. Para los evangélicos, “Ciro es el
modelo del no creyente al que Dios elige para cumplir con los propósitos
de los fieles”. Estos grupos ven con buenos ojos que Trump esté
dispuesto a romper las normas democráticas para combatir las amenazas
que, según ellos, se ciernen sobre sus valores y su modo de vida, con el
objetivo de cumplir “la misión de Dios en la Tierra”. Entienden que
Trump es el mandatario más cercano a sus postulados, capaz de impulsar
una agenda nacionalista cristiana que represente sus intereses políticos
y morales.
Las relaciones entre la Administración
Trump y las iglesias evangélicas pentecostales y neopentecostales
—fervientemente sionistas— también han contribuido a dar forma a las
alianzas internacionales y a la política exterior estadounidense. El
apoyo incondicional al Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu,
simbolizado en el traslado de la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén
durante el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel,
contraviniendo las resoluciones de la ONU, o la reciente agresión
militar contra Irán, haciendo caso omiso de las objeciones de parte de
su equipo de política exterior y seguridad nacional, son ejemplos
notables de la influencia que ha llegado a alcanzar la nueva derecha
cristiana en la Administración Trump.
La expansión pentecostal y neopentecostal en América Latina
Quizá sea en América Latina donde —al
igual que ocurrió con el catolicismo en décadas anteriores— el
fundamentalismo evangelista ha penetrado con mayor intensidad en las
esferas políticas para imponer su agenda ultraconservadora. Las iglesias
evangélicas, presentes hoy en prácticamente cualquier barrio del
continente, están transformando la política como ninguna otra fuerza
desde la expansión de la teología de la liberación en las décadas de los
60 y 70 del siglo pasado. Están proporcionando a las causas
conservadoras, y especialmente a los partidos políticos, un nuevo
impulso y nuevos votantes. Pero, a diferencia de la narrativa más
conservadora de la Iglesia católica, los pastores evangelistas están
introduciendo en la política una suerte de populismo religioso, más
radical y de mayor alcance. Así lo muestran los éxitos electorales de
Bolsonaro, Bukele o, más recientemente, el ascenso político de Abelardo
de la Espriella.
La importancia política de los
evangelistas no reside únicamente en su crecimiento exponencial o en la
tupida red de medios de comunicación que controlan, sino también en su
profunda inserción popular, que está permitiendo un impulso renovado y,
sobre todo, la captación de nuevos votantes para los partidos
conservadores. De este modo, han logrado disputar a los movimientos de
izquierda su tradicional espacio de implantación social como ninguna
otra organización conservadora había conseguido hasta ahora.
La presencia de las iglesias evangélicas
en América Latina no es precisamente nueva, pero sí lo es su crecimiento
exponencial, especialmente en su vertiente pentecostal y neopentecostal
más conservadora. Según Michael Löwy, los protestantes latinoamericanos
están profundamente divididos. En su opinión, esta división coincide,
hasta cierto punto (aunque no por completo), con la diferencia entre las
antiguas Iglesias protestantes y las nuevas Iglesias pentecostales, que
se están propagando rápidamente. “El crecimiento extraordinario de las
Iglesias evangélicas pentecostales en Latinoamérica —un acontecimiento
que los observadores católicos describen muchas veces como la ‘invasión
de las sectas protestantes’— es uno de los fenómenos religiosos más
importantes de los últimos años en el continente”.
Según diferentes estudios, existen más de 19.000 iglesias pentecostales en
el continente latinoamericano, que agrupan a más de cien millones de
creyentes. Las iglesias evangélicas, fundamentalmente las más
conservadoras, representan prácticamente a uno de cada cinco
latinoamericanos, cerca del 20 % de la población.
La teología de la prosperidad
En las décadas de los 60 y 70, la
influencia de la teología de la liberación marcó a buena parte de los
movimientos populares latinoamericanos. Hoy es la llamada “teología de
la prosperidad” la que está ocupando ese espacio en los barrios
populares. Mientras la teología de la liberación politizaba y
problematizaba la pobreza y las desigualdades, defendiendo el legítimo
derecho de los pobres a gozar de una existencia digna pese a su
condición, la teología de la prosperidad no solo deja de cuestionar las
desigualdades, sino que, en cierta medida, las legitima al presentar el
éxito material como una prueba de la elección divina.
El obispo Edir Macedo, fundador de la
brasileña Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) y principal
impulsor de la teología de la prosperidad, definió
así la esencia de su credo: “Nosotros queremos que ese hombre sea rico,
que ascienda en la escala social; no queremos un pobre que acepte su
pobreza”. Al concentrarse en la superación personal mediante una nueva
conducta moral, en lugar de trabajar por un cambio estructural, estas
iglesias evangelistas disuaden de la acción colectiva y promueven
estrategias individuales de movilidad social ascendente. El cambio es
radical: de la liberación colectiva al triunfo individual. Una
transformación profunda en la mentalidad de los barrios populares
latinoamericanos.
Así, aunque las iglesias pentecostales y
neopentecostales desarrollan una intensa actividad “social” y cuentan
con numerosos programas asistenciales, lo hacen desde una lógica
antagónica a cualquier forma de protagonismo político de los sectores
oprimidos. Podemos hablar de una suerte de “comunitarismo
individualista”, que absorbe al individuo en todos los aspectos de su
vida y que, a cambio, promete hacerlo “exitoso” en el mercado. En cierto
modo, la iglesia sustituye al Estado como espacio de comunidad.
Las sectas evangélicas aparecen así como
auténticos apóstoles del neoliberalismo: “Hemos aprendido con Weber que
el protestantismo tiene un encaje con el capitalismo; el
neopentecostalismo va a tenerlo con el neoliberalismo, porque genera un
‘sujeto hecho a sí mismo’, donde el Estado no interviene”. La teología
de la prosperidad se acopla de tal manera a la lógica neoliberal del
“emprendedor” que incluso admite el derecho de los fieles a abrir su
propia iglesia: “Esto se inscribe en la lógica del capital y el consumo;
cada uno puede crear su propio business neopentecostal”.
Con esta doctrina, pastores y
telepredicadores exhiben su riqueza sin complejos como una manifestación
de su santidad y del mayor grado de bendición divina recibido. Así, las
megaiglesias neopentecostales se convierten en auténticos meganegocios
dirigidos por pastores que actúan como ejecutivos y se desenvuelven con
las habilidades de un showman para entretener a sus fieles. El
resultado son verdaderos imperios económicos que buscan ampliar
constantemente su poder e influencia en los medios de comunicación y en
la política.
Como ya hemos visto, “el evangelismo puede favorecer la adopción de un ethos capitalista de autopromoción individual y, por tanto, alentar el apoyo a las fuerzas políticas comprometidas con ese ethos”.
Un buen ejemplo es la IURD, la mayor congregación evangelista de
Brasil, que posee un auténtico emporio mediático, entre cuyos activos
destaca TV Record, la segunda cadena de televisión del país. Pero
también ha dado el salto a la política, consiguiendo la alcaldía de Río
de Janeiro en 2016 a través de uno de sus obispos, Marcelo Crivella,
conocido entre otras cosas por ser uno de los principales intérpretes
del góspel en Brasil, con más de cinco millones de copias vendidas. La
victoria en Río de Janeiro fue vista como el precedente de la posterior
victoria presidencial de Jair Bolsonaro. El propio obispo Edir Macedo,
fundador de la IURD, expresó públicamente su apoyo al candidato
ultraderechista después de que este se bautizara en el río Jordán según
el rito evangélico, un gesto que le granjeó un respaldo decisivo para
alcanzar la presidencia.
Contra la “ideología de género”
El fundamentalismo evangélico se ha
convertido en un movimiento emergente no solo por su pujanza económica o
su implantación social, sino también porque ha logrado consolidarse
como un actor político de primer orden, con una fuerte capacidad de
cohesión sobre sus feligreses —y, por extensión, sobre sus votantes—,
capaces de desequilibrar elecciones y disputados por prácticamente todas
las formaciones políticas. El voto evangélico entre los sectores
populares está sirviendo para consolidar relaciones clientelares entre
actores políticos y líderes religiosos, así como para incorporar
representantes de estas iglesias a las listas electorales en países como
Brasil, Perú, El Salvador, Chile, Colombia o Guatemala.
La principal novedad no es únicamente el
avance político del evangelismo, sino su capacidad para introducir en el
debate público cuestiones que han terminado marcando la agenda del
conjunto de la derecha latinoamericana. Se articula así una amplia
alianza opositora al matrimonio igualitario, al aborto y a lo que
denominan “ideología de género”, sintetizada en una consigna que se ha
hecho viral: “Con mis hijos no te metas”. Desde entonces, la llamada
“ideología de género” se ha convertido en un cajón de sastre en el que
cabe desde el derecho al aborto hasta los supuestos ataques a la familia
o al matrimonio entre personas del mismo sexo. En el fondo, se trata de
una ofensiva contra el propio derecho de las mujeres a decidir sobre su
cuerpo, que sitúa al movimiento feminista como uno de sus principales
enemigos.
Las iglesias evangélicas latinoamericanas
han dirigido buena parte de sus ataques contra la educación pública,
especialmente contra cualquier contenido relacionado con la educación
sexual y reproductiva o con la igualdad de género. Pero este proceso
también se ha reproducido en países donde el fundamentalismo evangélico
continúa siendo minoritario. Es el caso, por ejemplo, de España, donde
Vox asumió buena parte de este repertorio ideológico al popularizar el
llamado “pin parental”: la obligación de que madres y padres autoricen
previamente y de forma expresa la asistencia de sus hijos a cualquier
actividad desarrollada en el centro educativo. De este modo, frente a
actividades consideradas inadecuadas por estos sectores —como talleres
sobre diversidad afectivo-sexual, feminismo, identidad de género o
derechos de la comunidad LGTBI—, los progenitores pueden ejercer su
supuesta “objeción de conciencia” e impedir que el alumnado participe en
ellas.
En Brasil, la ultraderecha y las iglesias
evangélicas impulsaron una campaña contra un programa educativo
destinado a prevenir la homofobia en las aulas, al que bautizaron
despectivamente como el “kit gay”. Con el objetivo de amedrentar al
profesorado, Bolsonaro y sus hijos llegaron a animar a los estudiantes a
grabar con sus teléfonos móviles a sus docentes durante las clases y
difundir posteriormente esas imágenes en las redes sociales. Finalmente,
el proyecto nunca llegó a aprobarse como consecuencia de las presiones
ejercidas por estos sectores. Sin embargo, el verdadero “pin parental”
brasileño es Escuela sin Partido, una iniciativa presentada en el
Congreso en 2014 cuyo objetivo era combatir el supuesto adoctrinamiento
ideológico de la izquierda en las escuelas e impedir que cuestiones como
el género, la orientación sexual o las preferencias políticas pudieran
abordarse en las aulas o aparecer en los materiales didácticos.
El fenómeno llega a Madrid
Un año antes del gran encuentro evangélico
celebrado en el estadio Metropolitano, unas diez mil personas llenaron
la plaza de toros de Vistalegre para escuchar al predicador brasileño
Edir Macedo que, como veíamos anteriormente, es uno de los principales
apóstoles latinoamericanos de la teología de la prosperidad. Porque el
fenómeno evangélico en Madrid ya no ocupa únicamente bajos comerciales o
antiguos garajes de los barrios periféricos. Hoy mueve también cifras
de estadio.
El crecimiento del evangelismo en Madrid
ha sido discreto, pero cada vez resulta más difícil ignorarlo. España
cuenta ya con alrededor de un millón y medio de evangélicos y su
crecimiento ha sido sostenido durante las últimas décadas. En 1998
apenas el 0,2 % de la población se identificaba con esta confesión. En
2018, la cifra alcanzaba ya el 2 %, según datos del Observatorio del
Pluralismo Religioso. Los evangélicos constituyen hoy la confesión
minoritaria más numerosa del país, solo por detrás de la musulmana y por
delante de los testigos de Jehová.
El mayor crecimiento se
está produciendo en Madrid, donde las iglesias evangélicas han
aumentado alrededor de un 30 % durante la última década, pasando de 662 a
855 centros religiosos en la región. Especialmente en distritos como
Carabanchel, Usera o Tetuán, favorecidos por la elevada presencia de
población latinoamericana fruto de la transformación migratoria de la
ciudad. Así, antiguas naves industriales, garajes, locales comerciales o
bajos se reconvierten en templos pentecostales o neopentecostales que
funcionan como espacios de encuentro, redes de apoyo, comedores
improvisados, bolsas de empleo, lugares de ocio o refugios emocionales
para miles de personas migrantes.
De hecho, uno de los pastores que
aparecían rezando junto a Trump en la Casa Blanca, Franklin Graham
—conocido como “el pastor de Donald Trump”—, aterrizó en Madrid pocas
semanas después del evento The Change Madrid celebrado en el
Metropolitano para participar en el Festival de la Esperanza. Se trata
de un encuentro nacido en 1947 en Estados Unidos bajo el nombre de Las
Cruzadas de Billy Graham, impulsado por Billy Graham, fundador de la
Asociación Evangelística Billy Graham (BGEA), uno de los predicadores
evangélicos más influyentes del siglo XX y padre de Franklin Graham. Su
hijo rebautizó posteriormente el evento y extendió este tipo de
macroencuentros fuera de Estados Unidos, primero hacia América Latina y
posteriormente por Europa. La elección de Madrid no es casual. El
festival ha contado —según datos de los organizadores— con la
participación de más de 850 iglesias de la Comunidad de Madrid, una
muestra de músculo que permitió que, durante los dos días del evento,
pasaran por él algo más de 20.000 personas.
Un evento que, pese a intentar huir de la
etiqueta de ultraderechista o trumpista, estuvo marcado por las arengas
ultraconservadoras de sus principales figuras. Entre ellas, el propio
Graham, que, ante una Vistalegre abarrotada, afirmó: “Dios creó el sexo.
Él quiere que lo uses, pero tiene que ser usado en una relación
matrimonial entre un hombre y una mujer”, en un claro mensaje homófobo.
Continuó su discurso —Biblia en mano— contra el aborto: “Solo porque
algunos políticos digan que el aborto es legal no significa que esté
bien delante de Dios”. Macroeventos como el Festival de la Esperanza o
The Change Madrid están situando a Madrid como la meca pentecostal y
neopentecostal de Europa, una muestra más de la miamización de la
capital española.
Al igual que en América Latina o Estados
Unidos, las conexiones políticas de los pentecostales y neopentecostales
empiezan también a hacerse visibles en Madrid. El auge evangélico no ha
pasado inadvertido para el Partido Popular. Ya durante la precampaña de
las elecciones municipales y autonómicas de 2023, varios dirigentes del
partido desarrollaron una estrategia deliberada de acercamiento a las
iglesias evangélicas para intentar canalizar el apoyo de los fieles de
origen migrante y de sus redes comunitarias.
Unos años antes, Isabel Díaz Ayuso había
creado expresamente la Secretaría de Nuevos Madrileños y había situado
al frente al venezolano Gustavo Eustache, muy bien relacionado con los
principales pastores evangélicos de la región. Eustache fue, además, uno
de los principales artífices de la organización del mitin “Europa es
Hispana” en 2023, apenas dos meses antes de las elecciones autonómicas y
municipales. En él participaron Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso
y José Luis Martínez-Almeida junto a predicadoras evangélicas como
Yadira Maestre, definida por el vicesecretario electoral del PP
madrileño, Jorge Rodrigo, como “la aglutinadora de las iglesias evangélicas de la Comunidad de Madrid”.
Un acto tan novedoso como inusual en la política madrileña, que evocaba
los grandes mítines estadounidenses dirigidos a seducir el voto latino.
Un elemento más de la miamización de Madrid.
De hecho, unos meses antes —en septiembre
de 2022— del mitin organizado por el PP madrileño, el número dos de
Isabel Díaz Ayuso, Alfonso Serrano, asistió a un macroevento evangélico
para más de tres mil personas celebrado en Fuenlabrada bajo el nombre de
Invasión Madrid Fest. Allí, la pastora Yadira Maestre entregó un premio
a la presidenta madrileña y al alcalde de la capital por su gestión
durante la pandemia de la covid19. Una estrategia de acercamiento a las
iglesias evangélicas que ha cobrado fuerza desde que Ayuso asumió el
liderazgo regional del partido y que tiene como principal objetivo
captar el voto de la comunidad latinoamericana. El propio Gustavo
Eustache ha pasado de dirigir la Secretaría de Nuevos Madrileños a
ocupar un escaño como diputado en la Asamblea de Madrid.
La creciente presencia del evangelismo
pentecostal y neopentecostal no se puede desligar de las
transformaciones socioeconómicas y demográficas de Madrid. Pero la
miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o
urbanística, sino también como la transformación de la política
madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han
convertido en un actor político y cultural que gana peso por la disputa
de la construcción del sentido común, la concepción de la familia, el
cuerpo de las mujeres, la educación, la sexualidad o la propia idea de
democracia entre un sector importante de las clases populares
madrileñas. Un fenómeno que hasta ahora parecía exclusivamente americano
forma ya parte del paisaje político madrileño, una muestra más del
nuevo tiempo en el que nos adentramos."
( Miguel Urbán Crespo, Other News, 10/07/26)