"Mucho encandilan y obnubilan los nombres del Chapo Guzmán, Pablo
Escobar, Sebastián Marset, Griselda Blanco “La reina de la cocaína”,
porque sus historias épicas, dramáticas, harto propagandeadas y
dulcificadas por ciertos actores de la comunicación, son bien recibidas
por un sector del público que ve de lejos lo que pasa con el
narcotráfico y por el otro sector que lo vive, lo padece y lo sufre día a
día, que lo tiene naturalizado y anestesiado para poder llegar a final
de mes.
Sin embargo, no se trata de nombres propios, apellidos con marca ni
apodos llamativos, sino de estructuras criminales que parecen estar al
margen de la legalidad, pero que aunque usted no lo crea, conviven muy
bien con lo legal y con el sistema en el que vivimos. La
netflixificación de las vidas narco en cualquier plataforma -o en el
noticiero del mediodía- no hace más que edulcorar un fenómeno que avanza
a pasos agigantados y que como dijo el presidente colombiano Gustavo
Petro, amenaza las democracias latinoamericanas.
Podemos generar un consenso -hasta cierto nivel- que el narco genera
desgracias, asesina a mucha gente, provoca violencia, corrompe
funcionarios y más. A todos nos impresiona y nos abruman las matanzas,
lo espectacular y lo morboso muchas veces de toda esta maquinaria. Pero
de las más desastrosas masacres todos nos conmovemos; ahora, no puede
ser solamente que estos crímenes rompan con la convivencia y desgarren
una comunidad que vivía pacíficamente como si de fenómenos extraños,
ajenos e importados se tratase. Como si una invasión de extraterrestres
emergiera de una narrativa totalmente distinta al diario vivir.
Si no se comprende que el fenómeno del narco brota del compost bien
macerado de nuestra sociedad, que crece al borde de las alcantarillas,
que se desarrolla a la vera de ríos contaminados por multinacionales y
que se multiplica por el despojo de la desigualdad, vamos a seguir
viendo a la exponencial ebullición del narco como algo que no nos
pertenece, no nos toca y que una solución tan ajena como su aparición es
la única que nos puede salvar: un milagro, un mesías o una ley mágica.
Estados diligentes
La carta del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset con sus
amenazas, avisos y peticiones, recorrió los medios de Latinoamérica. El
video del atentado contra el candidato de la derecha colombiana Miguel
Tubay Uribe fue viral en redes.
Asimismo, los homicidios de fiscales y la creciente violencia en
Ecuador, las toneladas de cocaína que pasan por los puertos de
Montevideo -en Uruguay- provenientes de Paraguay, los cárteles mexicanos
y el fentanilo, el Primer Comando de la Capital de Brasil dominando el
mercado sudamericano y sirviéndose de la coca boliviana, el Tren de
Aragua desde Venezuela esparciendo su organización hacia el sur pasando
por Perú y bajando hasta Chile. Argentina y los Monos en Rosario, el
Tigre y su frontera fluvial con Uruguay. Hasta Haití, centenariamente
vilipendiada, es usada como plataforma por y para los narcos.
Estos son apenas titulares recientes del cotidiano acontecer de los
países de la región, pero ¿sólo En América latina hay Estados fallidos,
gobernantes corruptos, funcionarios corrompidos y malvados ciudadanos
sin escrúpulos?
Destino
Estados Unidos es, por mucho, el mayor consumidor de drogas del
mundo, con millones de adictos más que sus competidores más cercanos,
India y China. El Informe Mundial sobre la Cocaína de la ONU muestra las
zonas de carga de cocaína en Sudamérica y las rutas que siguen hacia
Estados Unidos y Europa.
Si vemos las cifras, Estados Unidos lidera ampliamente el ranking
mundial con 12.146.954 personas con trastornos por consumo de drogas en
2021. Le siguen China e India con 7.680.059 y 6.366.010 de personas
respectivamente. Si desgranamos un poco más y observamos estas cifras,
pero por trastorno de consumo de drogas, cada 100.000 habitantes, las
cifras quedarían así: Estados Unidos primero 3500, China con 542 e India
con 435. De esta manera se puede ver la magnitud del problema, pero en
las películas los villanos son mexicanos o colombianos con bigotes, piel
tostada y un filtro sepia en medio del desierto.
Hoy los enfrentamientos en Estados Unidos por el hostigamiento a los
inmigrantes y sus deportaciones son noticia en todo el mundo. Los
latinoamericanos son los malos, hay que expulsarlos del país de la
libertad y siempre el hegemón de turno tendrá un bufón de corte que haga
de verdugo y depósito a la vez. En este caso es Nayib Bukele,
presidente de facto de El Salvador; donde casualmente parece ser uno de
los buenos a los ojos de Estados Unidos y recibe amablemente a los
deportados.
Parece que el problema del narco en El Salvador está desterrado y
hemos llegado a leer titulares como este: “El Salvador es el país más
seguro del hemisferio occidental.” Por otro lado, una investigación de
El Faro develó la connivencia de líderes narcos con Bukele para
maquillar las cifras de homicidios y mitigar la violencia en las calles.
Todo esto transversalizado y conectado con mafias europeas y sus
cargamentos bien recibidos por los gringos del norte, que DEA mediante
organizan, distribuyen y cada tanto condenan a algún latino con cara de
malo en alguna lista con recompensa para que parezca que combaten al
narco.
En el medio del mundo narco
Pero nos falta medio globo terráqueo. Hoy las mafias apuntan, desean o
se concentran en Dubai. Medio Oriente, tan nombrado en estos días y
hace décadas por sus conflictos bélicos, parece que en ciertas
coordenadas geográficas las bombas y los misiles pasan de lejos. Aunque
el dinero abunda, parece que los controles de su origen no. Lo ampuloso y
la obscenidad de la abundancia se dan la mano con la impunidad en un
rascacielo de algún emirato.
Elizabeth Dickinson, analista de Crisis Group, explica que esa
presencia de narcos es relativamente reciente, en los últimos cinco
años, o menos. “Allá hay un mundo del crimen organizado de cuello
blanco. Muchos financieros, inversionistas o personas tienen influencia y
pueden organizar cargamentos, pero que no necesariamente hacen parte de
una estructura única que les permita trabajar en conjunto”, señala.
“Los asesinos buscan que nos matemos entre nosotros, debilitar el
Estado y avanzar sobre sus controles a la economía ilícita. Dentro de la
junta del narcotráfico con asiento en Dubái y Colombia, están las
personas que yo mostré con nombre propio al país”, sentenció el
presidente de Colombia Gustavo Petro.
El presidente ha insistido en que se trata de capos que controlan el
crimen en Colombia bajo las órdenes de Julio Lozano Pirateque, alias
Patricia, un esmeraldero que reside en el país árabe y es rival del
fallecido zar Víctor Carranza. También ha señalado a la Junta de estar
detrás del asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en Cartagena de
Indias, en 2022, y de los homicidios calcados en Bogotá de dos
esmeralderos, Juan Sebastián Aguilar, Pedro Pechuga, y Hernando Sánchez.
En los últimos cinco años, se han registrado varias capturas en Dubái
de personas relacionadas con una red de organizaciones de tráfico de
drogas, conocida por la policía europea como un “supercartel”.
La primera fue en 2019, cuando las autoridades arrestaron al
traficante neerlandés-marroquí Ridouan Taghi, implicado en seis
asesinatos en Países Bajos. Luego, capturaron a un traficante italiano
vinculado a la mafia Camorra, a un presunto traficante panameño que
organizaba envíos desde los puertos de Panamá hacia Europa, y a dos
hombres ligados al clan irlandés Kinahan, uno de los cuales, Sean
McGovern, era supuestamente el número dos de la organización, según un
informe de Insight Crime.
En 2021 las autoridades de Emiratos Árabes Unidos (EAU) arrestaron a
Sebastián Marset, cuando ingresó a dicho país con un pasaporte paraguayo
apócrifo. Contactó a las autoridades uruguayas (del gobierno de Luis
Lacalle Pou) y obtuvo rápidamente un nuevo pasaporte, lo que permitió
su liberación. Desde entonces se encuentra prófugo. En 2023, su pareja,
Gianina García Troche, fue arrestada en Madrid tras llegar desde los
Emiratos y hoy se encuentra recluida en Paraguay.
Dubai es el “mayor centro global” del comercio ilegal de oro y uno de
los principales núcleos del mundo para el tráfico de drogas, el
contrabando y la trata de personas, según un informe de 2023 del Centro
de Terrorismo, Crimen Transnacional y Corrupción de la Universidad
George Mason, que también indica que Dubai cumple un “papel
significativo” en el negocio global de las empresas offshore, lo que la
convierte en un centro importante para el lavado de dinero. El escaso
control sobre el sector inmobiliario proporciona a los criminales
amplias oportunidades para blanquear capitales.
En abril de 2024 Vanda Felbab-Brown escribió un artículo en el
Foreign Affairs titulado “Oriente Medio está inundado de drogas” y
señala a Captagon como la nueva droga de moda de las élites.
“Durante la última década, Oriente Medio se ha visto inundado de
captagon. Esta droga, una mezcla de anfetaminas y cafeína, se ha vuelto
especialmente popular en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos,
donde trabajadores y fiesteros la consumen para combatir el hambre y el
sueño. Ha conquistado a ambos países, así como a toda la región. Hace
veinte años, casi nadie en Oriente Medio consumía captagon. Hoy en día,
es más barata y está más disponible en la región que el alcohol.”
destaca Felbab-Brown.
Pero para que estos señores de cuello blanco disfruten, en otro
rincón del mundo llamado Latinoamérica y el Caribe se apilan los
cadáveres.
Las armas las carga el diablo y se fabrican en EEUU
Fiscales, candidatos, políticos, periodistas, enfrentamientos entre
bandas y civiles. Todas estas muertes tienen un denominador común, las
balas y armas con las que son ajusticiados. ¿De dónde vienen esas
armas? El informe del Instituto Internacional de Investigación para la
Paz de Estocolmo (SIPRI) revela que Estados Unidos sigue siendo el mayor
exportador de armas del mundo, con entregas a un total de 107 países
entre 2020 y 2024.
«Estados Unidos ocupa una posición privilegiada en materia de
exportación de armas. Con un 43 %, su participación en las exportaciones
mundiales de armas es más de cuatro veces superior a la del siguiente
mayor exportador, Francia», afirma el informe.
América Latina y el Caribe registran las tasas de homicidios más
altas a nivel mundial. Las armas de fuego han sido protagonistas en la
expansión de este fenómeno. Según datos de la Oficina de las Naciones
Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), estuvieron presentes en casi
el 70 % de los casos.
Estados Unidos sigue siendo el principal proveedor. Sin embargo, en
las últimas décadas surgieron otros focos relevantes como Israel,
Turquía y varios países europeos. Estos actores han ganado peso en el
comercio de armamento hacia América Latina, señala Lucas Paulvinoch,
alumno del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología
Aplicada de LISA Institute.
La operación Trigger IX, celebrada del 12 de marzo al 2 de abril de
2023 por Interpol, sirvió para poner de manifiesto los vínculos entre
las armas de fuego ilícitas y la fabricación y el tráfico de drogas, y
se saldó con la incautación de 203 toneladas de cocaína y otras drogas
por un valor total aproximado de 5.700 millones de dólares
estadounidenses, y de 372 toneladas de sustancias precursoras de drogas.
Sobre el terreno, las operaciones coordinadas permitieron desmantelar
20 grupos de delincuencia organizada, y detener a miembros del Primeiro
Comando da Capital, Mara Salvatrucha y del cártel de los Balcanes,
todos ellos implicados en delitos de tráfico de armas de fuego. En
Uruguay, las autoridades incautaron más de 100.000 piezas de munición
que dos europeos traficaban a escala internacional, en la que fue la
incautación de mayor envergadura del país hasta la fecha.
Uruguay con 34,66 armas por cada 100 habitantes, es el país que
encabeza por lejos el ranking de los países latinoamericanos (casi
duplicando al segundo país de la región con más armas, Venezuela) y
empatando con Canadá. Está muy lejos, eso sí, de EEUU, donde hay más de
120 armas por cada 100 habitantes.
A excepción de Brasil, los países de la región aprovisionan a sus
fuerzas armadas y de seguridad por vía de la importación. La corrupción
dentro de las unidades militares o fuerzas policiales es una de las
principales fuentes de desvío de armas hacia bandas criminales.
Las armas las carga el diablo, se fabrican en Estados Unidos, las
trafica alguna banda criminal europea, las distribuye alguna fuerza de
seguridad local, las dispara un pequeño ladrón que saldrá en todas las
noticias y los casquillos rebotarán en la vereda de algún barrio
periférico de alguna ciudad de Latinoamérica. El pecho lo puso algún
laburante y la rueda sigue girando.
La tristemente célebre “Guerra contra las drogas” no fue una política
fallida ni un error de implementación, fue una apuesta geopolítica para
hacer de las drogas un gran negocio global que permitió y permite
aceitar los engranajes de este capitalismo tardío donde bancos,
financieras, contadores, abogados, empresarios y otros tantos forman
parte de un esquema que se quieren desentender cuando las balas pican
cerca."
(Nicolás Centurión – Centro Latinoaméricano de Análisis Estratégico (CLAE), Estrategia.la, 16/06/25