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17.5.22

Por fortuna, España dista miles de kilómetros de Baltimore, no sólo geográficamente, sino también como proyecto de sociedad. En la ciudad norteamericana no se puede elegir, en este país sí. La diferencia, de hecho, no la marca la suerte, sino un sistema político que no ha cedido ante las embestidas del neoliberalismo... se ha retrocedido en muchos aspectos, pero en lo fundamental hemos resistido. Hasta ahora... Muchos apostamos porque, tras la pandemia, debía surgir un espíritu del 2020 que, a semejanza del espíritu de 1945, volviera a situar en el centro todo lo que importa: salud, educación, vivienda, trabajo y energía deberían quedar exentos de un arbitrio del mercado que más que impulso ha sido caos... Por el contrario, una ola reaccionaria se ha hecho patente y poderosa... nos jugamos en este próximo año y medio: permitir que este cambio tenga carta de posibilidad o, por el contrario, hacerlo imposible mediante una restauración reaccionaria... estamos ante un cambio de época... Yolanda Díaz representa la oportunidad de revitalizar algo que llevaba mucho tiempo detenido: la fuerza del trabajo como vector de transformación, no sólo del propio ámbito laboral, sino de la sociedad entera... su enemigo, el artificioso y perjudicial debate que se dio dentro de la izquierda durante la configuración de Por Andalucía, en el que lo que realmente se debatía era sobre la manera de cerrar el campo de juego ese proyecto laborista... de quiénes prefieren arruinarlo antes de perder su control

 "(...) lo que nos quiere transmitir en la última serie del preciso e implacable David Simon: no sólo una historia sobre policías corruptos en un Baltimore arruinado por la globalización, sino sobre todo la imposibilidad de resistirse a esa corrupción, a esa maldad cotidiana, porque es el contexto socioeconómico quien la provoca. (...)

Eso es lo que verdaderamente conmueve de La ciudad es nuestra: salvo los modelos de móviles, nada ha cambiado entre el Baltimore de 2002 y 2020. Generaciones perdidas en una guerra no declarada del capitalismo contra todos. (...)

Es el contexto quien marca las posibilidades y, por fortuna, España dista miles de kilómetros de Baltimore, no sólo geográficamente, sino también como proyecto de sociedad. En la ciudad norteamericana no se puede elegir, en este país sí. La diferencia, de hecho, no la marca la suerte, sino un sistema político que no ha cedido ante las embestidas del neoliberalismo, realmente una ciudadanía que ha respondido en la calle y en la urnas cada vez que alguien ha tenido la tentación de quebrar nuestro Estado del bienestar. Se han perdido unas cuantas batallas, se ha retrocedido en muchos aspectos, pero en lo fundamental hemos resistido. Hasta ahora.

Y el hasta ahora viene porque las cosas, por desgracia, han cambiado. Muchos apostamos porque, tras la pandemia, debía surgir un espíritu del 2020 que, a semejanza del espíritu de 1945, volviera a situar en el centro todo lo que importa: salud, educación, vivienda, trabajo y energía deberían quedar exentos de un arbitrio del mercado que más que impulso ha sido caos. Se han dado algunos pasos tímidos, incluso desde la UE, pero el clamor de lo que demostró el coronavirus, que lo público es esencial para defendernos de la contingencia, no se ha convertido en inercia incontestable. Por el contrario, precisamente para evitar el fin de la venganza conservadora contra el siglo XX que se inicio en los años 80, una ola reaccionaria se ha hecho patente y poderosa.

El hilo que va desde Vox hasta Isabel Díaz Ayuso, desde las cartas de militares que pedían "fusilar a 26 millones de hijos de puta hasta el presidente de Iberdrola riéndose de “los 11 millones de tontos”, lo que une los asaltos ultras a los ayuntamientos con los comisionistas que los asaltan por otras vías, lo que comprende que se eliminara a una cúpula del PP hasta que se espiara al presidente del Gobierno, es precisamente esta conjunción de intereses y voluntades para impedir que nuestro país cambie hacia un rumbo social, justo el que algunas partes de nuestra Constitución recogían: el que toda su riqueza esté subordinada al interés general. Esto, y no otra cosa, es lo que nos jugamos en este próximo año y medio: permitir que este cambio tenga carta de posibilidad o, por el contrario, hacerlo imposible mediante una restauración reaccionaria.

Por esto, por la enorme importancia histórica del momento, por llegar al menos a este punto donde lo deseable se encuentra con lo posible, era fundamental que la izquierda supiera adaptarse a este nuevo contexto. Algo que sucedió de una manera natural: una vez más el contexto delimita las posibilidades. Que Yolanda Díaz se convirtiera desde el año 2020 en una figura de importancia creciente tuvo que ver con su papel ministerial: junto a los sindicatos fue quien armó el principal escudo contra los efectos perniciosos en la economía de la crisis pandémica. De ahí al SMI. De ahí a la reforma laboral, una que lleva, en su haber, 800.000 contratos indefinidos. Efectivamente, como algunos veníamos contando desde hacía unos años, era el trabajo lo que definía el centro del proyecto político de la izquierda.

Ha sido este contexto el que ha provocado que una figura desconocida para la mayoría al principio de la legislatura se convirtiera en un referente: estar en sintonía con una época, vibrar en consonancia con las semanas y aspiraciones mayoritarias. No se trata sólo de que Yolanda Díaz fuera una buena candidata para la izquierda, eso es lo de menos, sino la oportunidad de revitalizar algo que llevaba mucho tiempo detenido: la fuerza del trabajo como vector de transformación, no sólo del propio ámbito laboral, sino de la sociedad entera. Esto no consiste simplemente en una indignación ante una quiebra, sino un cambio que se impulsa por lo que ya está sucediendo y no sólo por la promesa de lo que puede suceder. No estamos ante un momento de cambio, estamos ante un cambio de época.

Este proceso algunos lo llevamos contando desde que lo percibimos, desde ese momento en que los hospitales estaban llenos y nosotros permanecíamos encerrados en casa. Desde que en vez de ver gráficos sobre cómo desciende la temporalidad en el empleo, mirábamos los gráficos de la curva de contagios. Algunos también hemos contado, no sin algún disgusto, todo el clima de desestabilización y maniobras oscuras que se ha dado para evitar que la mayoría de la población perciba que la política sí puede ser útil. Pero, por desgracia, no ha sido lo único que hemos contado. También ha habido espacio, sotto voce, para las tensiones que se estaban acumulando no en torno a Yolanda Díaz, sino en torno a aceptar este cambio de época dentro del espacio de la izquierda.

A mitad de febrero publiqué en estas mismas páginas “Un horizonte al que dirigirse: memoria y futuro de nuestra izquierda”, casi una recopilación a su vez de otros artículos aparecidos hasta entonces, que expresaba una idea clave: la España del 2011 no es la del 2021. Aquello no era un análisis caprichoso, sino que venía provocado por el artificioso y perjudicial debate que se dio dentro de la izquierda en torno a la aprobación de la reforma laboral, realmente una excusa para tratar otras cosas. Uno que luego se ha repetido a raíz de la guerra en Ucrania como telón de fondo. Uno que se ha expresado en cada fricción por el funcionamiento interno en el Gobierno. Uno que ha llegado hasta la configuración de Por Andalucía y donde, una vez más, lo sustancial, lo que se discutía realmente, no era sobre esa comunidad y sobre esas elecciones, sino sobre la manera de cerrar el campo de juego al proyecto laborista que había echado ya andar a comienzos de la legislatura.

“Cuando tienes una gran necesidad de controlar el futuro, pero has perdido la capacidad para ello, una opción infalible es arruinarlo. Está claro que sufrirás daños, pero te aseguras de que los demás también: vuelves a tener el control”, escribí el pasado sábado, en medio de la resaca por la conformación de la coalición andaluza. Hoy me reafirmo en mis palabras. "               (Daniel Bernabé, InfoLibre, 10/05/22)

20.4.22

Laudatio de Yolanda Díaz: "Aspiraba a ser la presidenta de Galicia pero Iglesias le cambió los planes"... "La dama se puede mover en todas las direcciones y es clave para ganar la partida. Es la metáfora de su biografía". ¿Y el rey quién sería?: "El espacio de izquierdas"

 "El futuro de la izquierda pasa por Yolanda Díaz. Y los periodistas Manuel Sánchez y Alexis Romero lo saben. Por ese motivo aceptaron escribir la primera biografía de la vicepresidenta segunda bajo el título de Yolanda Díaz, la dama roja (Penguin Random House, 2022). En el libro abordan detalles sobre los inicios de Díaz en política, su relación con su padre, Suso Díaz, histórico dirigente de Comisiones Obreras en Galicia, sus fracasos electorales, o u relación con el PSOE y más concretamente con su homóloga en la cartera de Economía, 'Nadia Calviño. El objetivo del libro es, según explican sus autores, "tratar de descubrir quién es Yolanda Díaz".

¿Y por qué Dama roja? "Lo que se cuenta en el libro trata de anticipar la jugada que ella va a hacer, por eso se nos ocurrió lo de la 'dama', que es una pieza fundamental en el ajedrez", explica Sánchez. "La dama se puede mover en todas las direcciones y es clave para ganar la partida. Eso es una metáfora de su biografía". ¿Y el rey quién sería? "El espacio de izquierdas", contesta.

Es la primera biografía que se publica de Yolanda Díaz, aunque se trata de una biografía no autorizada por la vicepresidenta. ¿Habéis encontrado resistencias por su parte a la hora de escribir el libro?

Alexis Romero: Efectivamente, se trata de una biografía no autorizada pero no hemos encontrado demasiadas resistencias. Hemos contado con la colaboración de Yolanda Díaz y de su equipo y hemos hablado con muchísima gente. El libro recoge más de cincuenta testimonios, hemos estado en Galicia hablando con amigos, con familiares y personas que han compartido con ella experiencias políticas, y la verdad es que creo que es un libro que está enriquecido con muchísimos testimonios. A través de los ojos de la gente que la conoce en lo personal y en lo político, hemos conseguido hacer un retrato de quién es Yolanda Díaz. El proceso no me ha parecido excesivamente cerrado.

Manu Sánchez: Sí, yo quiero precisar que hemos tenido colaboración de Yolanda Díaz pero no es una biografía autorizada. Díaz nos ha recibido para contrastar algunas informaciones pero es absolutamente falso que lo sea, hemos hecho un trabajo fundamentalmente periodístico. Puedo asegurar que Yolanda Díaz no leyó ni una página hasta hace dos semanas, cuando se lo entregamos en su despacho. Ella no sabía ni el contenido ni el índice. 

¿Alguno de los testimonios que habéis recabado os ha sorprendido? 

A. R.:  La relación que más nos marca es la que tiene con Suso Díaz, su padre. Pero también la que tiene con sus amigos o la gente que la conoce desde que es pequeña. Padre e hija tienen una relación muy especial, muy reservada, curiosa incluso. Lo que me parece muy interesante es el capítulo del PSOE, que recoge la visión de importantes dirigentes socialistas y es una faceta desconocida hasta ahora, porque al final son rivales políticos a la vez que aliados.

M. S.: Sí, yo me pasé todo el Congreso del PSOE en València (celebrado en el mes de octubre de 2021) preguntando a los dirigentes qué opinaban de Yolanda Díaz y ahí se recogen testimonios llamativos como el Emiliano García-Page (presidente de Castilla y La Mancha), que está convencido de que Yolanda Díaz terminará en el PSOE, aunque yo no lo tengo tan claro. Y ahí estaba el germen de lo que precisamente ha esbozado el presidente Pedro Sánchez esta semana, que es que el PSOE tiene completamente asumido que para seguir gobernando tiene que pactar con lo que llaman el espacio de Yolanda Díaz. Eso se empezó a fraguar con el libro y ahora está cogiendo consistencia, y a mí me sorprendió que el PSOE interiorizara que cualquier gobierno de coalición pasa por seguir gobernando con ese espacio, con el que se sienten más cómodos que con Unidas Podemos.

Habéis hablado de su padre, Suso Diaz (exdirigente de Comisiones Obreras) y en el libro contáis que se enteró de que su hija iba a ser ministra por la prensa. Es bastante curioso…

A.R.: A nosotros al principio también nos pareció extraño, pero luego aprendes que forma parte de su dinámica, de su relación. Y eso tiene que ver con el pasado de Yolanda y con cómo adquiere ella esos códigos a través del diálogo social. Ella no tiene un aprendizaje activo en su casa, Suso no la sienta en una mesa y le enseña los manuales de cómo negociar. Yolanda aprende eso de una forma indirecta, se empapa de su entorno, no es un aprendizaje activo o consciente. Suso Díaz, cuando hablas con él, te dice que le traslada a su hija sus opiniones sobre política en general, pero no es una persona que le dé órdenes ni consejos, opina como cualquier ciudadano de la calle. Yolanda creo que toma como pulso la experiencia sindical de su padre para ver si está haciendo lo correcto. 

Es más, destacáis que Suso baja al suelo las expectativas de su hija y dice que no se termina de creer los sondeos que la sitúan como la política más valorada. ¿Creéis que Yolanda Díaz piensa del mismo modo?

M.S.: Yo creo que ella tiene los pies en el suelo y que no se le ha subido a la cabeza, pero claro que le influirán las encuestas y el entorno que le rodea. A mi juicio es una mujer muy sensata y en el libro ya se dice que su historia está por escribir, porque no sabemos si va a ser la candidata. Yo creo que al final sí se va a presentar, pero va a utilizar el proceso de escucha para constatar si tiene ese apoyo que dicen las encuestas. Ella va tranquila, despacio y midiendo sus tiempos.

Otra de las cosas que contáis es que su carrera en Galicia ha estado marcada por muchos fracasos electorales y que ni siquiera cuando era más conocida llegó a canalizar ese apoyo popular en votos… ¿Le puede ocurrir lo mismo ahora?

M.S.: No sabemos cuál será el escenario final, pero hay tres opciones: el primer escenario sería salvar los muebles de Unidas Podemos y quedarse con un resultado similar al de ahora. Otra posibilidad, que es más probable y es la que maneja el PSOE y ella misma, es mejorar esos resultados y hay otra hipótesis que Podemos resucitó hace unos meses y es la del sorpasso, aunque yo creo que eso está muy lejos de producirse. Todo dependerá del resultado del proceso de escucha y de cómo concluya la unidad de los partidos de izquierdas. Si en ese espacio están formaciones como Compromís, Más Madrid, En Marea, etcétera, eso marcará su trayectoria. Ella cae bien entre los jóvenes y las mujeres, lo tenemos contrastado, pero eso no se traduce en votos si detrás no hay un proyecto político. 

A.R.:  Hay que dejar claro, para bien y para mal, que la política gallega no es la política del resto del Estado. Y eso creo que es clave para responder a tu pregunta, sobre si le puede pasar lo mismo, la experiencia de AGE (Alternativa Galega de Esquerda) con Xosé Manuel Beiras es clave y le ha hecho aprender.

Sí, es más, Beiras acusa a Díaz de haberle traicionado… ¿Eso tiene ecos en la actual relación entre la vicepresidenta y dirigentes como Ione Belarra?

A. R.: Ese es el gran reto y hay testimonios en el libro del entorno de la vicepresidenta que advierten de esta cuestión. Tan importante es conseguir las alianzas y reunificar un espacio con formaciones distintas como mantener esa unidad. Lo que le da a Yolanda Díaz la experiencia gallega es que esos procesos, que fueron un éxito en las urnas, después acabaron muy mal. El gobierno de Ferrol con el PSdeG se rompió a los 18 meses para dar paso a una mayoría absoluta del PP, Beiras dice abiertamente que Yolanda Díaz le traicionó. Mantener las alianzas es importante, más allá de las luchas personales y discrepancias, que hay que saber gestionar para que todo no acabe explotando. Lo que Yolanda Díaz ha aprendido de su experiencia en Galicia es que hay que cuidar las alianzas.

M.S.: Yo insisto en que la historia de Yolanda Díaz todavía está por escribir, pero lo tiene difícil porque la izquierda tiene una tendencia cainita a matarse entre ellos y a dividirse. Sin embargo, yo percibo tanto desde Unidas Podemos como de Izquierda Unida que hay un caldo de cultivo para que eso no ocurra, pero Yolanda va a tener que ser muy hábil para conseguir mantener el espacio. 

Hasta ahora la vicepresidenta ha sido poco clara con su futuro… ¿Por qué creéis que la respuesta intuitiva de Díaz es decir que ‘no’ antes de decir que ‘sí’? 

A.R.: Yolanda Díaz es una persona insegura, todo su entorno nos lo dice, y cuando se siente cómoda en una determinada situación le cuesta mucho salir de ese espacio y cambiar. Ella en su cabeza hace sus propios planes, Díaz aspiraba a ser la presidenta de Galicia, pero Iglesias le cambió los planes. El primer no que luego es un es cuando le plantean el venirse a Madrid en 2015.  A partir de ahí hay una series de noes cuando Iglesias la designa como ministra de Trabajo y, más adelante, cuando le plantea ser vicepresidenta y candidata. A ella le cuesta moverse pero es una persona responsable y acaba asumiendo los retos.

¿Cómo veis la relación actual entre Díaz e Iglesias tras tantos años de amistad?

A.R.: Yolanda es ministra y vicepresidenta gracias a Iglesias, al igual que el resto de ministros, él es el gran artífice del gobierno de coalición e insiste mucho a Yolanda en que se tiene que venir a Madrid. Cuando Iglesias lanza el vídeo de que se presenta a las elecciones de Madrid y la señala como sucesora, ella no tenía ni idea. En la actualidad no sé cómo están, pero se conocen desde muchos años y fraguan una amistad importante en las elecciones de Galicia a las que Iglesias va como asesor, y posteriormente en el Congreso. Díaz era uno de sus apoyos más importantes y algunas malas lenguas cuentan que algunos diputados la llamaban la chica de Pablo, porque era una diputada que no militaba ni en Podemos ni en Izquierda Unida. Ella fue una de sus principales consejeras y la tenía muy en cuenta para todo. Ahí se generó una complicidad importante y eso derivó en que ella adquiriera una de las carteras más importantes del Gobierno para Unidas Podemos, quizá la que más, junto con Igualdad.

¿Se dirige Unidas Podemos (o el espacio de la izquierda) hacia un nuevo hiperliderazgo con Díaz como protagonista?

M.S.: En la política actual, todos los partidos tienden hacia el hiperliderazgo. Pasa con Sánchez en el PSOE y está pasando con Feijóo, que se va a hacer con el poder absoluto en el PP. Si Yolanda Díaz es candidata no va a tener un hiperliderazgo como el de Iglesias. Ella no tiene un partido detrás, milita simbólicamente en el Partido Comunista, más por tradición por su tradición familiar que por un compromiso de base, porque no es militante y no tiene ningún cargo orgánico. Al final, lo que está ocurriendo confirma que los líderes valen más que la marca que representa.

Hay otro capítulo que dedicáis a la complicada relación entre Díaz y Nadia Calviño. ¿Esa desconfianza puede dar paso a una ruptura de la coalición?

M. S.: Tanto Díaz como Calviño y Pedro Sánchez tienen asumido que el Gobierno no se va a romper. Tiene que pasar algo muy grave, y ya han pasado muchas cosas, para que se rompa. Se ha asumido por las dos partes que hay que agotar la legislatura hasta diciembre del próximo año. Las diferencias ideológicas entre Calviño y Díaz son grandes y las tensiones van a seguir existiendo. La concepción que tienen de la economía y de la sociedad es muy diferente, aunque las dos se respetan y saben de sus discrepancias, intentan colar sus planteamientos a Sánchez. El pulso que ya vimos durante la reforma laboral va a existir, pero en ningún caso va conllevar la ruptura del gobierno. En algunas facetas ganará Calviño y en otras Díaz."                   (Marta Monforte Jaén  , InfoLibre, 19 de abril de 2022)

8.4.22

El proyecto de Yolanda Díaz sigue... embarcando a Errejón... los proyectos de ambos, sus discursos y afinidades, convergen necesariamente el uno en el otro... pero no es sólo cuestión de sintonía política, que existe, sino de esperanza política... Más Madrid es la fuerza que mejor ha articulado esa esperanza en Madrid; a nivel estatal, quien mejor la representa, es Yolanda... se habla de un acuerdo y no de una negociación. Políticos de distintas formaciones y personas de la cultura y profesionales de sus campos, evidencian el proceso de escucha y proyecto futuro de Yolanda Díaz... la unión es inevitable, cada uno lo sabe, y esto es para todos una alegría

 "Yolanda Diaz e Iñigo Errejón compartieron acto este jueves por primera vez desde que ella asumió el liderazgo de su espacio político; sentados lado a lado, en evidente complicidad, a más avanzaba la presentación más difícil era afirmar que aquello no tenía nada que ver con proyectos de futuro ni procesos de escucha. Para cualquiera que sepa leer entre líneas, es evidente que nadie en su equipo, tampoco ellos mismos, puede ignorar la dimensión simbólica del acto.

Hablar de la función de un acto así no implica desmerecer su motivo ni negar la importancia de la comisión que en él se presentaba. Es precisamente por los temas tocados por lo que los discursos de ambos podían hilvanarse y cada uno asumir el discurso del otro. (...)

Si el trabajo produce enfermos en nuestra sociedad contemporánea, como recordaba Yolanda Díaz, tampoco se puede obviar que todo trabajo conduce a una reflexión sobre la salud mental. 

(...) sus discursos y afinidades, convergen necesariamente el uno en el otro.

La inevitabilidad de la convergencia entre los proyectos de Díaz y Errejón no reposa sólo en que dicha unión sea necesaria para reducir las posibilidades de un futuro auge reaccionario, o en la conveniencia de su matrimonio.

También lo es, como exponía en el párrafo anterior, porque los proyectos de ambos, así como sus discursos y afinidades, convergen necesariamente el uno en el otro. No es la primera vez que desde Más País o Más Madrid exponen sus evidentes afinidades con la transversalidad que ha mencionado en ocasiones Díaz; no se le escapa a nadie que puede haber hoy más afinidades entre ciertos sectores cercanos a Trabajo y Más Madrid que con partes de Podemos.

 El acto hace evidente algunas cosas que marcarán el futuro de la unión de las fuerzas progresistas. La primera: no es sólo cuestión de sintonía política, que existe, como decía Errejón, sino de esperanza política, tal y como él acababa una de sus intervenciones; en este momento donde se vuelve necesario reconstruir certezas y ordenar las esperanzas, donde hace falta un mástil al cual atarse tras el naufragio de lo que ya ilusionó. Más Madrid es la fuerza que mejor ha articulado esa esperanza en Madrid; a nivel estatal, quien mejor la representa, es Yolanda. El entendimiento entre estas dos fuerzas se vuelve una necesidad, pero una necesidad alegre, gozosa, esperanzadora.

 La segunda: hará falta una enorme generosidad a la hora de articular esas alianzas. Podría implicar, por ejemplo, el reconocimiento de que Mónica García es la candidata evidente a la Comunidad de Madrid del proyecto amplio que se articule en un futuro; la asunción de que la representación madrileña habrá de venir en buena parte de Más Madrid. Pero también de que nadie entenderá que unas fuerzas en sintonía no se aúnen por una pelea interna por los puestos de una lista.

Las palabras mismas del acto evidenciaban, claro, esa sintonía; se hablaba de una comisión fruto de un acuerdo y no de una negociación; la estructura misma del acto, con políticos de distintas formaciones, personas de la cultura y profesionales de sus campos, evidenciaba la estructura del proceso de escucha y proyecto futuro de Yolanda Díaz. Y, por más que se nieguen esas imágenes y esas palabras, o se niegue su significado, el significado permanecerá evidente: la unión es inevitable, cada uno lo sabe, y esto es para todos una alegría."                  (Elizabeth Duval, Público, 07/04/22)

25.10.21

¿Qué es un Frente Amplio? El proyecto de Yolanda Díaz presenta semejanzas a otras candidaturas "transversales" llevadas a cabo en Europa y América Latina... defiende sobrepasar el planteamiento dicotómico izquierda-derecha para, en su lugar, remarcar una clara confrontación entre el pueblo y las élites (vuelta al primer Podemos), y así alcanzar en una legislatura el mayor número de acuerdos con los agentes sociales en la historia de la democracia

 "Yolanda Díaz reivindicó durante el 12º Congreso Confederal de Comisiones Obreras (CCOO) la construcción de "un nuevo proyecto de país" dirigido a "toda la sociedad española" en el que "serán necesarias todas las manos, todas las mentes y todos los corazones". La vicepresidenta segunda del Gobierno ha manifestado en reiteradas ocasiones su voluntad de tejer un "frente amplio" que "llegue a todos los rincones de nuestro país".

Pretende aglutinar a partidos políticos y sectores de la sociedad civil en un mismo proyecto. Para ello, la representante gallega ya ha iniciado un "proceso de escucha" con el objetivo de conformar un espacio que represente "distintas sensibilidades" y que vaya más allá de coaligar a los actores políticos a la izquierda del PSOE.

La titular de Trabajo se reunió junto a la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en unas jornadas sobre vivienda en el Congreso de los Diputados. A esta imagen de unidad se le sumará próximamente –aún no hay fecha concreta– el encuentro que organiza la vicepresidenta valenciana Mónica Oltra, al que acudirá la propia Díaz y la portavoz de Más Madrid, Mónica García.

 Con todo, Podemos ha cerrado filas respecto a las intenciones de la vicepresidenta, mientras la líder de la oposición de la Asamblea de Madrid señaló en Infolibre la necesidad de "colaborar" y de "trabajar por un entendimiento", aunque desde la formación madrileña no han aclarado si están dispuestos a incorporarse al proyecto de la ministra.

El "frente amplio" de Díaz, de Galicia a Grecia

Para entender el concepto de "frente amplio" y la posible idea que la vicepresidenta aspira a materializar hay que trasladarse a las elecciones gallegas de 2012. En aquel momento, la entonces coordinadora de Esquerda Unida encabezó una lista conformada por varias organizaciones políticas bajo el nombre Alternativa Galega de Esquerda (AGE).

La meta de aquella candidatura fue superar la idea de los partidos como "un fin en sí mismo" y, en su lugar, concebirlos como "herramientas" para "cambiar la vida de la gente". El partido irrumpió en el parlamento regional con 9 diputados, consiguiendo el 14% de los votos y convirtiéndose en la tercera fuerza política.

Aquella coalición era definida como la "Syriza gallega", ya que encontraba su reflejo en la manera de actuación de la agrupación de izquierdas griega. La formación capitaneada por Alexis Tsipras comenzó su andadura mediante la unión de partidos políticos y figuras independientes con un papel relevante en la política helena. En 2012, Syriza consiguió sorpasar al PASOK, el homólogo griego del PSOE. Posteriormente, en 2015, se convirtió en el partido más votado del país rozando la mayoría absoluta y alcanzando el Gobierno. Fórmulas similares a esta se han producido en América Latina, con el objetivo de uniformizar espacios muy divididos y ensanchar la representación en los parlamentos.

Los casos de América Latina

Los ejemplos que se sitúan al sur del continente americano pueden ser aún más ilustrativos para intentar dibujar las pretensiones de Díaz. En Uruguay ya existe un Frente Amplio desde la década de los setenta. Esta organización alberga semejanzas a las ideas que ha lanzado la ministra de Trabajo sobre su proyecto. La coalición uruguaya está integrada por partidos muy diversos y transversales: desde comunistas a democristianos. El partido ha gobernado durante 15 años en el país y una de sus figuras más relevantes es Pepe Mújica, representante que ha despertado simpatías a izquierda y a derecha.

En Perú, el Frente Amplio por la Justicia, Vida y Libertad reúne a partidos políticos, movimientos sociales y activistas independientes. De marcados principios progresistas, su presidente, Marco Arana, es un firme defensor de los derechos medioambientales. Otra de las banderas que suelen reivindicar es la lucha por alcanzar "un Estado plurinacional". Sus éxitos electorales han sido escasos. De hecho, la agrupación se fracturó en 2017 y en las pasadas elecciones generales no consiguió representación en el Congreso de la República.

Aunque no se define con la etiqueta "frente", en México la coalición electoral Juntos Haremos Historia (actualmente, Juntos Hacemos Historia) congrega ideologías diversas en torno al proyecto del actual presidente Andrés Manuel López Obrador. Perfiles de izquierda, progresistas y ecologistas, junto a democristianos y conservadores moderados, integran la candidatura, que fue la fuerza más votada en los comicios federales de 2018.

El Frente de Todos argentino también representa diferentes sensibilidades y agrupa a formaciones peronistas, socialdemócratas y comunistas. Atrae a votantes de centroizquierda y de centroderecha. Los líderes de este grupo político son Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández, presidente del país. En las elecciones presidenciales de 2019 arrebataron el poder a Mauricio Macri, posicionándose como el partido más votado y cosechando casi el 50% de los apoyos.

Con menor tiempo de vida y relativo éxito electoral, el Frente Amplio de Chile aúna diferentes grupos de izquierdas y defiende valores socialdemócratas, feministas y ecologistas. En las elecciones presidenciales de 2017 se convirtieron en la tercera fuerza política liderados por la periodista Beatriz Sánchez. Sin embargo, uno de los líderes más destacados del frente es Gabriel Boric, que en reiteradas ocasiones mostró su apoyo a Pablo Iglesias cuando dirigía Podemos y aspiraba a convertirse en presidente del Gobierno.

¿Vuelve el Podemos de 2014?

Pero, más allá del ámbito geográfico, es importante atender al aspecto temporal y poner el foco en Podemos. La formación que hoy dirige Ione Belarra ha experimentado cambios discursivos que han provocado intensos choques dentro del partido. Hay un primer Podemos que busca la transversalidad y defiende sobrepasar el planteamiento dicotómico izquierda-derecha para, en su lugar, remarcar una clara confrontación entre el pueblo y las élites (la "gente" y la "casta").

Después, llegó el Podemos que se embarcó en una candidatura conjunta con Izquierda Unida mediante un acuerdo que Pablo Iglesias y Alberto Garzón escenificaron con un abrazo en la Puerta del Sol. Unidos Podemos, el grupo confederal que nació de aquel pacto, ya no rehuía de situarse en la izquierda del tablero político.

Los planes de la vicepresidenta, por lo tanto, recuerdan a la primera etapa de la formación morada. El objetivo no es construir un mensaje que llegue solo a los votantes de izquierdas, sino a "todos los rincones" de España. Al mismo tiempo y como ha recogido El Confidencial, el futuro proyecto de la mandataria intentará desprenderse de la etiqueta de izquierdas.

El liderazgo de Yolanda Díaz

Díaz, que en un primer momento no aceptó ser ministra, ha conseguido construir un fuerte liderazgo mediante su labor en la cartera de Trabajo, alcanzando en una legislatura el mayor número de acuerdos con los agentes sociales en la historia de la democracia. La misión fundamental de la vicepresidenta es trazar un espacio que consiga tener "un mensaje claro, un proyecto ilusionante y un fuerte liderazgo por encima de cálculos electorales", como aseguró a este periódico la directora técnica de Key Data, Paz Álvarez.

Su papel no solo ha ganado peso dentro de Unidas Podemos: los votantes socialistas mantienen una valoración muy positiva de la dirigente gallega. Es la líder mejor valorada situándose por encima del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, según el CIS. Del mismo modo que lo fue Iglesias en 2014."                 (Chema Molina, Público, 23/10/21)

11.10.21

Laudatio para Yolanda Díaz... ¡de Monedero!... Explica que la emancipación va a tener que ver con los partidos-movimiento después de la COVID-19... un Frente Amplio con una estructura, un diálogo interno, capacidad de representación en el conjunto del país, credibilidad y solvencia... Hay que entender el reto descomunal que implica aceptar ese desafío. Y por eso las constantes muestras de apoyo a quienes asumen esa carga, como ocurre con Yolanda Díaz... Yo confío en el buen juicio de Díaz y su capacidad y voluntad de sumar... cousas veredes

 "(...) Es evidente que la derecha deep (la del deep State), esto es, la que está detrás de los partidos conservadores intentando manejar los hilos de las cosas, ha aprendido y tiene planes A, B, C y D. Y los que hagan falta. Basta ver que todo el entramado del ex Presidente José María Aznar en Atlas Network, que es el que ha organizado a toda la reacción en América Latina, está en los papeles de Panamá y no pasa nada (incluido Durán Barba, la consultora que ha hecho la campaña de casi todas las derechas y a la que ni jueces ni medios de comunicación le reclama lo más mínimo, mientras a las consultoras de la izquierda las quieren aniquilar).  (...)

De la misma manera que sigue operando ese control por detrás de la Sala Segunda del Supremo (ahí está la condena a Alberto Rodríguez) y esa advertencia que lanzó Cayetana Álvarez de Toledo de que el muro de contención del Gobierno de coalición –es decir, el muro de contención de la voluntad popular que decide quién gobierna- iban a ser los jueces. (...)

Plantea Alain Badiou una hipótesis en El despertar de la historia (2011) muy adecuada para entender un tiempo de terraplanistas (negacionistas de las vacunas y las enfermedades, enemigos de la ciencia, defensores de todo tipo de conspiraciones menos de las verdaderas, propagadores de fake news y votantes de la extrema derecha y sus abscesos).

 Dice el filósofo francés que hay tiempos de revueltas históricas, que descongelan "el juego de la historia". Acontecimientos marcados por fuerzas irrefrenables que abren un nuevo tiempo histórico. Mirando hacia los dos últimos siglos, identifica una primera secuencia que nacería con la Revolución Francesa de 1789 y se cerraría con el fracaso de la Comuna de París de 1871 y el fusilamiento de al menos 25.000 communards. En ese momento, la revolución se entendía como derrocamiento insurreccional del orden establecido. (...)

La segunda secuencia nacía en 1917, con la revolución rusa y terminaría en algún momento entre la crisis económica de 1973 y la caída del Muro de Berlín en 1989. Aquí siguen existiendo liderazgos fuertes pero la herramienta para conquistar el poder va a ser a través del partido. Es la irrupción de las masas en la vida social y en la política. (...)

La organización de la clase obrera consciente ha sido el principal impulso de cambio del siglo XX.

En la hipótesis de Badiou es muy interesante ver que después de esos procesos de despliegue del ánimo emancipador vienen momentos de repliegue. (...)

 En los tiempos valle, las fuerzas progresistas entran en una suerte de depresión con dificultades para salir de posiciones defensivas, para volver a tener un marco global de transformación económica y social, para entender lo que está pasando, para procesar por qué los sujetos que debieran protagonizar el cambio apoyan a la reacción o por qué ya no valen los instrumentos que fueron útiles en los momentos anteriores. Esto es lo que ha pasado en los últimos treinta años y es lo que explica por qué la socialdemocracia incluso se hizo neoliberal.

 Acompañando esa hipótesis podríamos decir que en algún momento se abrirá, después del impasse que marca el fin de la historia que representa la desaparición de la URSS en 1991, una tercera secuencia. Si no es que se ha abierto ya, con motivo de la crisis de 2008, las primaveras árabes, los movimientos indignados (que forman parte del análisis de Badiou y que en España ha seguido Amador Fernández-Savater) y lo que salga después de la COVID-19.

 Siguiendo con el análisis, el nuevo impulso emancipador seguirá teniendo liderazgos, tendrá partidos pero necesita un nuevo elemento porque los dos anteriores por sí solos ya no vales: necesita los movimientos. ¿Por qué? Pues porque se ha ampliado enormemente la conciencia ciudadana, porque hay muchísima más gente que sabe leer, escribir y navegar en las redes sociales, porque la abundancia de información hace que todo el mundo tenga o crea tener una opinión sobre casi todo de manera que no basta ni un liderazgo casrismático que te movilice con la emoción y te baje línea ni un partido que te organice sin darte explicaciones.

 La emancipación va a tener que ver con los partidos-movimiento, un momento posterior al actual de los partidos (todos prácticamente cartelizados en la expresión de Katz y Mair) donde tendrán que, al tiempo que sigan siendo parte del Estado, volver a ser parte de la sociedad civil pero de una manera diferente a los partidos de masas de comienzos del siglo XX.

 Es en este marco general en donde hay que entender a Podemos y también al Frente Amplio que algunos llevamos planteando desde el arranque de la formación morada (un Frente Amplio donde Podemos tenía en ese momento la tarea de ser nave nodriza, esto es, ser el eje que permitiera articular con una mínima estructura una sociedad compleja donde habría partidos, personas, movimientos sociales, sindicalistas…). 

Cualquier Frente Amplio necesita una estructura, un diálogo interno, capacidad de representación en el conjunto del país, credibilidad y solvencia (que la da la coherencia de los liderazgos y la voluntad de persistencia de los partidos, algo de lo que carece un instrumento político que se organice sobre una persona ¡Y esto es un análisis no un recado para nadie!) y huir del principal enemigo de una fuerza política: las divisiones y las luchas internas.

 Y por eso vengo insistiendo que es prácticamente imposible lograr eso al margen de las formaciones políticas (igual que lo sería hacerlo en solitario desde un solo partido o cerrando la puerta a todo lo demás que está organizado en otros lados y comparte el ánimo transformador). Hay que entender igualmente el reto descomunal que implica aceptar ese desafío. Y por eso las constantes muestras de apoyo y agradecimiento a quienes asumen esa carga, como ocurre con Yolanda Díaz. (...)

En esta nueva etapa, Podemos quiere y necesita a Yolanda Díaz, y Yolanda Díaz quiere y necesita a Podemos igual que ella quiere, necesita y está obligada a ensanchar el espacio electoral a la izquierda del PSOE: partidos, movimientos, sindicatos, intelectuales, activistas, plataformas... En eso no hay ninguna duda. Lo complicado será cómo articular políticamente ese espacio para que funciones. Por eso todos los que creemos en la potencialidad de esta transformación en marcha tenemos que hacer nuestra parte para sumar.

 Por eso los que tengan muchos agravios tendrán que ponerse de lado, porque es tiempo de sumar, no de fragmentar. Quien no pueda o no sepa hablar, no tiene espacio en la construcción de lo que tenemos por delante. La derecha meterá ruido, inventará conflictos, invitará a las rupturas. Los terraplanistas políticos, que también existen en la izquierda, seguirán queriendo ser cabeza de ratón antes que cola de león. Volverán a equivocarse. Ojalá escuchen. Yo confío en el buen juicio de Díaz y su capacidad y voluntad de sumar.

 Hace cinco años, visité en Montevideo a Pepe Mujica para saludarle y que me contara del ejemplo más consolidado de Frente Amplio que conocemos, el del Uruguay, fundado entre otros por Líber Seregni en los tiempos duros de 1971. Recuerdo que lo primero que me dijo fue: mira, el Frente Amplio es más amplio que frente. La entonces Vicepresidenta Lucía Topolansky se río y apostilló: "si supieras lo difícil que ha sido y es...".

Pues eso. Como para no tener nosotros toda la disposición a hablar y hablar y hablar...."       (Juan Carlos Monedero, Público, 10/10/21)

7.10.21

Cómo hibridar laborismo y Podemos... la apuesta de Yolanda Díaz por un frente amplio de “fuerzas del cambio”, en el que debería diluirse la marca Unidas Podemos en un compromiso virtuoso que permita a Díaz conservar lo salvado y ensancharlo, que es la demanda del electorado

 "El especialista en mercado electoral Jaime Miquel –autor de La perestroika de Felipe VI –, que ha trabajado para la práctica totalidad de partidos españoles y que desde el 2018 se desempeña en la Moncloa, repite desde hace años que el del voto es un mercado de demanda, no de oferta: “Mandan los paisanos”, decía ya en 2015. 

Y a los paisanos progresistas hoy les gusta muchísimo la vicepresidenta Yolanda Díaz –como subraya el CIS–, quien tiene todos los ojos del electorado puestos sobre ella y sus “datos como panes” –expresión de la periodista Rosa María Artal– de cada sesión de control.

 El propósito de Díaz de encabezar un frente amplio de “fuerzas del cambio” y evitar la atomización del progresismo está generando tanta expectativa como interrogantes. Esta semana ha puesto nerviosos a algunos al decir que los protagonistas de ese proceso no pueden ser los egos ni los partidos. Y que no quiere ruido.

 La superación de una cosa y la otra no es una novedad en el discurso de la vicepresidenta y el periodista Miguel Muñoz recuperaba el jueves una entrevista del 2015 para la desaparecida web Cuarto Poder en la que Díaz explicaba literalmente lo mismo: “Si tu prioridad es que tienes que llevar el logo o que los candidatos sean de esa organización política necesariamente, es mal camino. (...) Así no vamos a ganar, es imposible”.

 Díaz no cree que los partidos sean prescindibles o estén obsoletos, pero sí que estos han de subordinarse al objetivo de transformación política. En el fondo, es un fenómeno que vienen detectando sociólogos y especialistas en sondeos desde hace años y que se evidencia en el éxito del presidente del Gobierno. Pedro Sánchez es la marca funcional que impidió, desde el 2017, la pasokización a la que el PSOE parecía abocado, lo mismo que hoy Yolanda Díaz constituye un cartel con una expectativa de voto mucho más ancha que Unidas Podemos, o que fue el liderazgo de Pablo Iglesias el que permitió a la coalición salir viva del avispero que fue el 2019 y llegar al Gobierno. No es muy diferente el panorama en el lado derecho: la marca Isabel Díaz Ayuso opera –en Madrid, y está por ver si es exportable– con un vigor del que las siglas de su partido carecen.

 En la fiesta del centenario del PCE de hace una semana –multitudinaria como hace décadas–, se pudo ver que el clúster que se arracima alrededor del futuro político de Yolanda Díaz tiene viejos elementos nuevos, valga la paradoja: de súbito Podemos e IU, que habían opacado a otras organizaciones progresistas, comparten protagonismo con el propio PCE –el papel de su secretario general, Enrique Santiago, como el del coordinador de IU, Alberto Garzón, fue determinante para apuntalar Unidas Podemos el año del cisma de Íñigo Errejón–, pero también con las organizaciones sindicales CC.OO. y UGT, a las que los éxitos del diálogo social de los dos últimos años han devuelto prestigio e interlocución social.

 La fuerte impronta del laborismo de Yolanda Díaz –una etiqueta con la que se siente cómoda– ha ido cobrando fuerza en este proceso delicadísimo de aglutinar voluntades y escuchar a organizaciones y talentos del país en el que la vicepresidenta anda metida.

 Desde Podemos, la clave estratégica es fortalecer la organización para secundar el liderazgo de Díaz, pues si bien la estructura orgánica aún padece en todo el territorio los devastadores efectos del ciclo cainita 2016-2019, ha demostrado un compromiso de militancia activa insólito en estos tiempos, como se vio en las votaciones de la cuarta Asamblea Ciudadana. No hay, de momento, competiciones de visibilidad.

Lo que para todos es una incógnita es cómo y cuánto debería diluirse la marca Unidas Podemos en el futuro frente amplio para un compromiso virtuoso que permita a Díaz conservar lo salvado y ensancharlo, tal es la demanda del electorado. Y luego, más adelante, cuando las elecciones se aproximen, espera el verdadero Rubicón, el anatema: negociar listas."            (Pedro Vallín, La Vanguardia, 03/10/21)

15.5.19

Íñigo Errejón: “Queremos una revolución industrial verde en el sur de Madrid”. Hace falta un impulso público y la colaboración público-privada para hacer esa transformación de la economía en el sector de las energías limpias. También en el sector agroecológico. Se nos ha criticado que hayamos dicho que la compra pública de productos de la Comunidad de Madrid privilegie los productos que viajan menos, los productos que están hechos por cooperativas o por empresas de Madrid... Hay todo un campo en la transición ecológica de la economía, de innovación, de gestión de los datos, del transporte, de fomentar el consumo agroecológico de proximidad, que puede generar muchos empleos

"(...) Íñigo Errejón (Madrid, 1983) es el candidato a la Presidencia de la Comunidad por Más Madrid y hace tándem con Manuela Carmena, que busca reeditar la Alcaldía en la capital.  (...)

— En la pasada Universidad de Otoño de Podemos, hablaba de la necesidad de constitucionalizar derechos incorporándolos al Estatuto de la Comunidad de Madrid.

(...) debemos incorporar al estatuto todo un corpus de derechos a la movilidad, vivienda, renta mínima… Son derechos sin los cuales ya hemos comprobado que no eres ciudadano. 

Uno puede ser titular del derecho a voto o a la libertad de expresión, pero si se le va la mitad del sueldo en alquiler, si no sabe qué va a ser de su vida, no tiene sustento o tiene miedo al mañana, no se es ciudadano de pleno derecho.

 Todo eso hay que incorporarlo en un corpus que nos permita ser una comunidad con esas prioridades. No puede ser que seamos la primera comunidad de España en PIB y que seamos de las más desiguales, con uno de cada tres niños en riesgo de pobreza. (...)

— Para esa labor que quiere ejercer de pegamento entre el centro de la ciudad de Madrid y las periferias de la región, entre el norte y el sur, ha propuesto el Plan V. Dentro de este plan, llama la atención la creación de campus de innovación en localidades del sur de la Comunidad.


— Lo hemos llamado Plan V, por plan verde y porque no hay plan B, tal y como dicen los jóvenes que se movilizan contra el cambio climático. Solo tenemos este planeta y los científicos dicen que al ritmo que vamos de contaminación, de expolio de recursos y de la tierra, con este modelo de desarrollo, ya necesitaremos un planeta y medio. 

Eso significa que la crisis ecológica se está metiendo necesariamente en la agenda social. No tiene que ver solo con la destrucción de los casquetes solares, tiene que ver con calidad de vida, con las enfermedades por la polución del aire, la biodiversidad, la calidad del agua que consumimos, de los alimentos, con el mundo que le vamos a dejar a las generaciones siguientes…

De eso no se van a encargar los que ya tienen la vida solucionada. Justicia social y justicia climática van necesariamente de la mano. El empeoramiento del estado del planeta se ceba siempre con aquellos más humildes. Así que hemos decidido que Madrid lidere la transición ecológica en España, tenemos condiciones para hacerlo. Nos parece inspirador el New Gren Deal que ha popularizado Alexandria Ocasio-Cortez y creemos que enfrentar la crisis ecológica es una urgencia y, también, una oportunidad.

Una oportunidad para generar una transformación de nuestra economía que cierre las brechas sociales y nos permita crecer de otra forma. Lo queremos hacer en el sur de Madrid con un cinturón verde, queremos producir una revolución industrial verde en el sur en diferentes sectores.

 En el sector de la producción de energías limpias y alternativas, es absurdo que haya países como Inglaterra y Alemania que produzcan más energía solar y fotovoltaica que nosotros teniendo peores condiciones. Queremos asegurar la producción de energía para asegurar el abastecimiento de los hogares, la conservación del medio ambiente y para generar empleos. Incluso la OCDE ha dicho que la economía verde va a ser el yacimiento laboral más importante de los próximos años.

No quiero que lleguemos tarde, como no quiero que lleguemos tarde necesitamos una comunidad, y un Estado, que emprenda, que abra líneas de negocio que pueden tardar dos años en ser rentables, por lo que necesitan un impulso público fuerte. Si no hay ese impulso, la economía de Madrid se puede centrar solo en el sector inmobiliario, en el sector servicios de empleo precario y la hostelería de bajos salarios y valor añadido.

 Eso no es un modelo económico, es un modelo de subdesarrollo, del pelotazo, de low cost. Madrid no tiene que competir por ahí, tiene que competir por arriba.

Hace falta no llegar tarde a la transición ecológica de la economía y a la economía digital. Hace falta un impulso público y la colaboración público-privada para hacer esa transformación de la economía en el sector de las energías limpias. También en el sector agroecológico. Se nos ha criticado que hayamos dicho que la compra pública de productos de la Comunidad de Madrid privilegie los productos que viajan menos, los productos que están hechos por cooperativas o por empresas de Madrid.

La señora Ayuso ha dicho que eso significa que los niños madrileños no van a comer pescado en los colegios. Creo que salvo Ayuso todo el mundo lo ha entendido. Claro que van a comer pescado, pero los garbanzos no tienen que viajar 2.000 kilómetros desde México cuando se producen aquí, que los quesos y los yogures que se producen en Guadarrama no tienen por qué venir desde 700 kilómetros. 

Queremos privilegiar la agricultura ecológica con técnicas de innovación y proximidad de empresas y pequeños autónomos madrileños. Es otro ejemplo de cómo el Green New Deal o el Plan V redistribuye riqueza, pues apuesta por la cercanía, lo pequeño, porque teje proximidad.

— También llevan una apuesta decidida por fomentar el transporte público para vertebrar la Comunidad de Madrid y por la vivienda en este Plan V.


— El tercer sector sería el del transporte. Necesitamos volcarnos con el transporte público, sostenible y los medios de transporte eléctricos. Hay mucha innovación para desarrollar en este sentido.
El cuarto sector, efectivamente, el de la rehabilitación energética de las viviendas.

 Hemos calculado que podríamos llegar a ahorrar 1 euro por metro cuadrado en cada vivienda en la factura energética si nuestras viviendas estuvieran preparadas en el aislamiento que las recubren para perder menos calor en invierno y frío en verano, si tuviéramos que gastar menos en calentarlas y en enfriarlas. Se conseguirían muchísimos empleos y bajaríamos la factura a las familias.

Hay todo un campo en la transición ecológica de la economía, de innovación, de gestión de los datos, del transporte, de fomentar el consumo agroecológico de proximidad, que puede generar muchos empleos. Esto no es el apartado verde del programa. 

Acabo de hacer el prólogo de un libro, ¿Qué hacer en caso de incendio?, que me ha apasionado hasta el punto de que no es un apartado verde en el programa, sino que presentamos un programa verde. La crisis ecológica es la mejor y mayor oportunidad que tenemos para reequilibrar la balanza, cerrar la brecha social y generar empleos de calidad.

Tenemos que trabajar para repoblar. En el 60% del territorio de la Comunidad, vive el 6% de la población. Se habla de la España vacía, pero Madrid también. Lo de la villa y corte, cuando se habla de Madrid como corte, eso no se piensa. Madrid también está diseñada de una forma irracional, todo se concentra en dos o tres puntos a la que la gente acude todos los días, contaminando mucho, produciéndose embotellamientos. 

Tenemos que crear una forma de relacionarnos con el medio ambiente y con el trabajo más sana, limpia, saludable y justa. Hay muchas oportunidades de riqueza ahí, no me cabe la menor duda que será el futuro de las economías más progresistas de Europa. La única duda es si vamos a llegar a tiempo, para llegar a tiempo hace falta una Comunidad de Madrid que invierta.

El otro día, una empresa de geolocalización de datos, una startup madrileña, vivía de unos proyectos de investigación y no sabía si los iba a renovar. Abrió una ronda de financiación con diferentes fondos financieros de Estados Unidos para que le financiaran. Se lo financiaron con la condición de que se estableciera en Estados Unidos. Para ellos, será una buena noticia, porque les ha ido bien; para los madrileños, un desastre. Perdemos talento y esas ideas volverán en forma de patente y las pagaremos más caras aquí. 

Para que eso no suceda, tenemos que apostar por la transición económica y economía digital. Eso es invertir ahora. Eso no lo va a poder hacer un desgobierno que ha vivido al día, ha ido sobreviviendo semana a semana, y nadie va a recordar de esta legislatura nada más que unas cremas robadas y un máster falso.  (...)

— Hace unos días, entrevistábamos a Miguel Urbán, quien decía que tras las elecciones del 26 de mayo, se abrirá un momento de reflexión y recomposición del espacio político a la izquierda del PSOE. Reconocía que el espacio del cambio es más grande que Podemos. Afirmaba: “Quizás tengamos que construir un paraguas político donde existan diferentes realidades organizativas”. ¿Lo ve así?


— Es posible que Miguel tenga razón. Reconozco que se gana muchísimo tiempo para pensar en la política transformadora y en la posibilidad de crear gobiernos al servicio del pueblo cuando uno deja de invertir tanto tiempo en los debates internos y más de partido. 

Llevo mucho tiempo reuniéndome con gente, estudiando, preparando cosas, trabajando, desarrollando proyectos para Madrid. Se está notando en campaña que venimos con un semillero de ideas que ha habido que sembrarlo antes, regándolo, trabajándolo.

Quiero que mi mayor aportación al debate sobre el futuro del espacio político sea que Madrid sea un ejemplo. Cuando se tengan esos debates, se pueda decir, miren ustedes, en Madrid, con una nueva ley de contratación pública han conseguido que no vayan todos a las mismas tres empresas y reactivar el tercer sector de la economía social y solidaria y se ha fortalecido todo el tejido asociativo y ciudadano. 

Que en Madrid hayamos demostrado que con otra política cultural incorporamos a mucha más gente a la creatividad, o que se han desprivatizado servicios y hemos recuperado servicios sanitarios que se habían descuartizado.

El otro día estuve en una escuela infantil municipal que aplica lo que queremos hacer en la Comunidad. La compra de comida la hace a cooperativas y pequeños productores de Madrid, de cercanía, agroecológicos y sostenibles. Eso no es solo que los niños sean más sanos, eso está revitalizando la vida asociativa de nuestra Comunidad. Todo esto es un caudal al servicio de todo el posible espacio del cambio.

¿Qué es lo mayor que le han portado Manuela Carmena o Xulio Ferreiro al espacio del cambio? Los dos tienen reflexiones muy valiosas que aportar, pero lo más valioso no son reflexiones, han sido casos concretos que permiten que cuando hoy alguien se presenta a candidato en Alcorcón o Leganés, por ejemplo, pueda decir que lo hace con la misma eficacia que los compañeros.

 El momento más importante del proceso revolucionario no es la toma del Palacio de Invierno, es el día después, cuando se enciende la luz y se recogen las basuras. En ese momento es cuando los revolucionarios demuestran que tienen un proyecto alternativo.

Lo otro es el momento de la crítica y la destitución, a veces es más romántico, pero dura menos, es como la primavera, sube y baja. Es el segundo momento, quizás menos épico, el de la eficacia. El otro día en la presentación de Manuela decía la frase del expresidente de Uruguay, Pepe Mujica, “el mientras tanto”. 

En ese momento no somos portadores de una crítica a los poderosos, sino de una alternativa, de poner orden, de garantizar que no haya madrileños de primera y de segunda, de que la economía funciona mejor porque la desigualdad es un lastre para la economía, de encarar mejor los retos de futuro.

 Esa es la mejor aportación para un espacio del cambio sólido, que tenga ejemplo, que haya una referencia a cómo se hacen las cosas en Madrid. Si va a haber un paraguas, no sé cuál será la fórmula. Poner orden es lo más importante que se puede hacer para los de abajo, quien más necesita de las instituciones, reglas, normas y que esto no sea la ley de la selva son los de abajo."                    (Entrevista a Íñigo Errejón, Sato Díaz, Cuarto Poder, 14/05/19)

8.4.19

La salida del laberinto de la izquierda madrileña será impulsar un frente político compuesto por diversas corrientes y partidos políticos junto a colectivos de diversa naturaleza que expresen las demandas de los movimientos sociales en defensa de las clases subalternas

"(...) Tras la prolongada crisis de Podemos en Madrid cuyos hitos han sido: práctica desaparición de la vida organizativa y política de la mayoría de las estructuras de base; convocatoria de primarias no democráticas en las que Anticapitalistas que suponía en torno al 30% de la organización madrileña no tiene cabida; desconsideración del trabajo y la vida del grupo parlamentario en la Asamblea que llevó a la dimisión de su excelente portavoz, Lorena Ruíz Huertas; nulo funcionamiento del grupo; creación por parte del candidato elegido para encabezar la lista a la Comunidad, Iñigo Errejón, de un nuevo agrupamiento que cuenta en su candidatura con buena parte de las personas que iban a formar parte de la de Podemos; dimisión sin mayor explicación del secretario general Ramón Espinar; disolución de los órganos y creación de una gestora dirigida desde la dirección ejecutiva estatal; y para contribuir aún más a la disolución de la vida organizativa se va a realizar un nuevo proceso exprés de primarias sin que medie reflexión colectiva sobre lo ocurrido ni proyecto político ni propuesta programática y partiendo del nombramiento y promoción pública (nada neutral) de la cabeza de lista por parte del aparato de la formación utilizando, sin recato, los recursos y medios del conjunto.

Todo ello es expresión de la ausencia de un debate y construcción colectivos y de un declive político muy pronunciado, tal como se ha señalado en varios artículos de relevantes dirigentes de la formación preocupados por la marcha de esta. (...)

 A pesar de su crisis y de la pérdida de credibilidad que ha experimentado, Podemos cuenta con un sector del electorado ante el que deberá comportarse de forma responsable participando en la solución de los problemas junto al resto de agentes políticos interesados en hacerlo.

Nuevos elementos

La IU madrileña actual en poco se parece a la que hace cuatro años presentó en las elecciones regionales un programa moderado al uso de la institución y una lista de notables de escaso interés que no permitían percibirla como un factor transformador. Y aún se parece menos a la que conocí en el periodo en el que pertenecí a la Ejecutiva de IU-Comunidad de Madrid dirigida por Ángel Pérez, con José Antonio Moral Santín como ideólogo y economista de cabecera, el palco del Real Madrid como espacio relacional, el consejo de Caja Madrid como sector de intervención, el acceso a cargos como medio de promoción individual y la rotación continua en diversos puestos institucionales (parlamento, asamblea y ayuntamiento) de un reducido número de dirigentes como forma de perpetuarse. (...)

Bien al contrario, actualmente IU en Madrid ha renacido de sus cenizas, ha superado importantes crisis, ha realizado un trabajo de organización de la resistencia en barrios y pueblos y ha mantenido una orientación que me parece acertada en el Ayuntamiento de la capital en defensa de los intereses de la ciudadanía (...)

A su vez, tanto de lo que fue Ahora Madrid como del seno de Podemos han aparecido nuevos sectores (que en la práctica han sido segregados de ambas formaciones por la vía de los hechos) que se reconocen en la idea original de ambas. 

Que dicen defender su propuesta programática inicial de naturaleza impugnadora del orden existente acorde con lo que fue el espíritu del 15M, que mantienen el talante reivindicativo de los intereses de las clases trabajadoras, las mujeres y la juventud, que impulsan la movilización y organización popular como condición imprescindible para avanzar realmente (se hace imprescindible aprender del movimiento feminista tras el reciente 8M) y que proponen un horizonte transformador al servicio de la mayoría social con el objetivo declarado de construir otro modelo de sociedad, de región y de ciudad ajeno a los dictados del mercado y afín a los de las gentes y la biosfera. 

Constituyen nuevos agentes políticos con los que la izquierda política deberá contar para jugar la gran partida en el tablero de la política madrileña.

Las salidas

Ante los próximos comicios no hay suficiente cohesión y bagaje compartido para pensar que la unidad necesaria y factible se realiza en el seno de un partido y nadie va a aceptar la viejuna fórmula de un sistema con un partido-sol rodeado de satélites invisibilizados por el astro rey.

 Y, sin embargo, es posible impulsar un frente político compuesto por diversas corrientes y partidos políticos junto a colectivos de diversa naturaleza que expresen las demandas de los movimientos sociales en defensa de las clases subalternas, siempre y cuando acierte con las fórmulas de diálogo, colaboración y entendimiento. 

No sólo ni principalmente de y entre las cúpulas de los grupos sino, sobre todo, un diálogo y acción común de los sectores activos del pueblo de izquierdas. Las fuerzas políticas de izquierda cometerían un error y perderían nuevamente una oportunidad si no impulsan ese entendimiento entre iguales. (...)

Hoy la izquierda deberá resolver como salir del laberinto. En mi opinión deberá realizar un esfuerzo por organizar un debate programático entre los componentes de la amplia y diversa izquierda que no han sucumbido al gobernismo institucionalista ni a la subordinación como socio menor del PSOE. 

Y, además, si quiere volver a movilizar al activismo social y político de izquierdas de nuevo, deberá realizar unas primarias conjuntas democráticas y proporcionales entre los agentes y sectores políticos aquí descritos. Y hacerlo de forma leal y fraternal, sin imposiciones ni a priori, con transparencia y juego limpio."                  (Manuel Garí, Público, 11/03/19)

18.7.18

“Se ha mejorado la vida de la gente, la izquierda lo debe reivindicar con orgullo”... en Portugal

"Decía la derecha que la “Geringonça” no duraría, y lleva ya tres años. ¿Un primer balance?

Han sido tres buenos años, confirmados por todas las encuestas de opinión pública, que hablan de un Gobierno muy popular. La explicación es que se terminó el miedo, se recuperaron salarios directos e indirectos, se bajaron los impuestos sobre el trabajo y se hicieron más progresivos, se creó empleo, se terminaron las privatizaciones, etc. 

La percepción popular es muy positiva, aunque hay tensiones fuertes entre los partidos de la mayoría en temas como los profesores o la reforma laboral.

Antes de entrar en ello. ¿Qué ocurrió en 2015 para hacer posible lo que siempre había sido imposible?

Todos los partidos tuvieron una gran presión popular sobre sus espaldas, sus votantes no hubiesen entendido otros cuatro años de la derecha y la Troika. Lo que el PS habría hecho tradicionalmente sería apoyar de una forma u otra a la derecha, pero lo hubiesen pagado muy caro; la dirección lo entendió y exploró por primera vez en su historia un pacto con la izquierda.

Que en el PS pesó lo ocurrido con el Pasok griego es evidente. ¿Lo ocurrido con Syriza influenció al Bloco y al PCP?

Sin duda. El colapso del Gobierno de Syriza fue en junio, y nosotros tuvimos las elecciones en octubre. Además, teníamos una relación muy estrecha con Syriza. Lo ocurrido tras el referéndum griego fue un duro golpe, no nos lo esperábamos. Grecia no tenía un plan B, no tenía la preparación técnica para salir del euro, necesitaba una ley sobre el Banco Central, saber qué hacer con la deuda interna y externa, y no había nada preparado, fue terrible. 

A nosotros nos sirvió para radicalizar el discurso y concentrarnos en la necesidad de preparar una alternativa; también en convencernos de que hay que disputar la mejor relación de fuerzas posible para impedir que la Unión Europea intervenga como intervino en Grecia. Porque hay una víctima, que es el pueblo griego, y un atacante, que son la UE y Alemania. No hay que confundirse.

En un inicio, la solución portuguesa generó recelo en Bruselas, pero ahora presidís hasta el Eurogrupo.

La derecha y Europa tenían un problema para atacar a este Gobierno, y es que no es de coalición. La izquierda no forma parte del Ejecutivo y mantiene bastante independencia en relación con él. De hecho, es un Gobierno de personas que llevan años en las instancias europeas. 

Se conocen bien y siempre formaron parte del consenso europeo, no ocurre como con Syriza. Al mismo tiempo, la Unión Europea no se podía permitir un segundo frente, ya había ido demasiado lejos en Grecia.

Se habla de milagro económico portugués. ¿Es para tanto?

No es un milagro, porque no hay ningún cambio estructural y sigue habiendo mucha precariedad. Hubo unos factores exteriores muy positivos, como el precio del petróleo, a los que se añadió una recuperación de la demanda interna. Después de tantos años de crisis, esto tuvo un efecto político y social muy fuerte e inmediato pero, por ejemplo, sigue habiendo muy poca inversión pública, por restricciones presupuestarias europeas. 

Lo que ha hecho Portugal es más bien demostrar que la austeridad es una política de destrucción social que no tiene ningún fundamento económico ni ayuda en nada al desarrollo ni al crecimiento. Solo trae destrucción y sumisión. (...)

¿Dónde se sitúa el primer ministro, António Costa?

Está más cerca de la voluntad de poder absoluto, pero como es un tipo muy hábil, sabe que ir a una campaña pidiendo la mayoría absoluta no es muy inteligente. La quiere, pero no lo dirá.

¿Con una mayoría absoluta se acabaría el cambio?

Sin ninguna duda. Pero lo tienen difícil. Tendrían que lograr entre un 42% y un 43% de los votos, y los sondeos les dan cerca de un 37%. Y la derecha está muy hundida ya, parece difícil que vaya a perder todavía más.

¿Entonces ve posibilidades de repetir la experiencia?

Dependerá del resultado de las elecciones. Es necesario que la izquierda mantenga una posición fuerte, que reivindique con orgullo lo logrado, porque la vida de la gente ha mejorado gracias a ella. No estamos ya en el tiempo de la propaganda política, la lucha por el socialismo es la lucha más actual de nuestra vida. 

Es importante mantener una fuerte disputa por el poder con el centro. Después, las confluencias dependerán siempre de la relación de fuerzas."            (Entrevista a Francisco Louça, Beñat Zaldua, Viento Sur, 03/07/18)