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30.1.26

Cousas veredes... el disidente chino exiliado en Alemania, Ai Weiwei, vuelve a China, por razones que nunca sospecharíamos: "Esto es extraordinario y profundamente simbólico: Ai Weiwei ha regresado a China por primera vez en 10 años y dice que ha llegado a la conclusión de que Pekín es "más humano" que Alemania, a la que describe como "insegura y no libre"... El hombre que alguna vez fue celebrado en Occidente como la encarnación misma de la oposición a su país, ahora ha llegado a la conclusión de que, de hecho, es Europa la que es inhumana y "no libre"... Como europeo que ha vivido 8 años en China, no podría estar más de acuerdo" (Arnaud Bertrand)

Arnaud Bertrand @RnaudBertrand

Esto es extraordinario y profundamente simbólico: Ai Weiwei ha regresado a China por primera vez en 10 años y dice que ha llegado a la conclusión de que Pekín es "más humano" que Alemania, a la que describe como "insegura y no libre".

Dio una entrevista al Berliner Zeitung de Alemania después de su viaje (https://berliner-zeitung.de/kultur-vergnuegen/ai-weiwei-haelt-deutschland-einen-spiegel-vor-meine-bankkonten-wurden-zweimal-geschlossen-li.10013035) y esto es lo que dijo:

- Describió sentir que Pekín se había convertido en "un jade roto que se reensambla perfectamente" y dijo que no sentía miedo al regresar al país.

- Se quejó de que las dificultades de la vida diaria en Europa (donde ha vivido durante los últimos 10 años) son "al menos diez veces" mayores que en China, criticando la burocracia europea.

- Por ejemplo, dijo que reactivó su cuenta bancaria china inactiva en cuestión de minutos (con "todavía tenía una suma considerable de dinero en ella"). Contrasta esto con su experiencia en Europa: "En Alemania, mis cuentas bancarias fueron cerradas dos veces." Y no solo la mía, sino también la de mi novia. En Suiza, me negaron una cuenta en el banco más grande del país, y otro banco luego cerró mi cuenta allí también. Hubo otros incidentes similares, de los que no entraré en detalle aquí. Estos procesos son extraordinariamente complicados y a menudo irracionales."

- Él dice que "en cuanto al clima político, la vida diaria para las personas comunes en Pekín se siente más natural y humana" que en Alemania, que "se siente fría, racional y profundamente burocrática." Como individuo, uno se siente confinado y precario allí.

- Sorprendentemente, dice que en Alemania, durante diez años, "casi nadie me ha invitado a su casa". Los vecinos de arriba o de abajo intercambian como mucho un breve saludo." Contrasta esto con China, donde, inmediatamente después de su regreso, "personas perfectamente ordinarias de al menos cinco profesiones diferentes se alinearon, con la esperanza de conocerme."

- Concluye que Alemania ahora "juega el papel de un país inseguro y no libre, luchando por encontrar su posición entre la historia y el futuro."

Como europeo que ha vivido 8 años en China, no podría estar más de acuerdo: la vida en China es un orden de magnitud menos engorrosa que en Europa y la vida cotidiana se siente mucho más humana y cálida, contrariamente a la creencia popular.

Pero es una cosa que lo diga yo, y otra muy distinta que lo diga el disidente más famoso de China. El hombre que alguna vez fue celebrado en Occidente como la encarnación misma de la oposición a su país, ahora ha llegado a la conclusión de que, de hecho, es Europa la que es inhumana y "no libre".                 (Ttraducción Quillbot)


(This is extraordinary and profoundly symbolic: Ai Weiwei has returned to China for the first time in 10 years and says he concluded that Beijing is "more humane" than Germany which he describes as "insecure and unfree". He gave an interview to Germany's Berliner Zeitung after his trip (https://berliner-zeitung.de/kultur-vergnuegen/ai-weiwei-haelt-deutschland-einen-spiegel-vor-meine-bankkonten-wurden-zweimal-geschlossen-li.10013035) and here is what he said: - He described feeling that Beijing had become like "a broken jade being perfectly reassembled" and said he felt no fear returning to the country. - He complained that daily life difficulties in Europe (where he's lived for the past 10 years) are "at least ten times" what they are in China, criticizing European bureaucracy. - For instance he said he reactivated his dormant Chinese bank account in mere minutes (with "still had a considerable sum of money in it"). He contrasts this with his experience in Europe: "In Germany, my bank accounts were closed twice. And not just mine, but my girlfriend's as well. In Switzerland, I was refused an account at the country's largest bank, and another bank later closed my account there as well. There were other similar incidents, which I won't go into detail about here. These processes are extraordinarily complicated and often irrational." - He says that "with regard to the political climate, daily life for ordinary people in Beijing feels more natural and humane" than in Germany which "feels cold, rational, and deeply bureaucratic. As an individual, one feels confined and precarious there." - Stunningly he says that in Germany, over ten years, "almost no one has ever invited me to their home. Neighbors from above or below exchange at most a brief nod." He contrasts this with China where, immediately upon his return, "perfectly ordinary people from at least five different professions lined up, hoping to meet me." - He concludes that Germany now "plays the role of an insecure and unfree country, struggling to find its position between history and future." As a European who's lived 8 years in China, I couldn't agree more: life in China is an order of magnitude less cumbersome than in Europe and daily life feels much more humane and warm, contrary to popular belief. But it's one thing for me to say it, and something else entirely for China's most famous dissident. The man once celebrated throughout the West as the very embodiment of opposition to his country has now concluded that it is in fact Europe that's inhumane and "unfree"."

1:51 a. m. · 15 ene. 2026 1,5 M Visualizaciones

15.7.25

China va ganando en su guerra comercial con Estados Unidos... China presenta los mejores niveles de educación y formación del mundo, muy por encima de la Unión Europea. Lo mismo podemos decir de la sanidad o del espectacular crecimiento de la esperanza de vida, terreno en el que ya ha aventajado a Estados Unidos... y China muestra unos niveles de cohesión social superiores a Estados Unidos y Europa... China está tomando ventaja sobre todo en tecnología, pero no creo que el Gobierno chino vaya a hacer un uso supremacista de las tierras raras ni de cualquier otro dominio tecnológico como ha hecho Occidente contra ellos... Estados Unidos lleva una gran ventaja: el llamado soft power, es decir, todo lo relacionado con la cultura, pero algo ha empezado a cambiar. China ha abierto un camino totalmente nuevo a todo el sur global, ha abierto una brecha en el discurso neoliberal... Había un círculo de amistad entre los dos países y se ha roto porque la economía China ha adelantado a la norteamericana. Eso es todo... (Pedro Barragán)

 "Economista experto en China, Pedro Barragán acaba de publicar ‘Por qué China va ganando’ (El Garaje Ediciones), un libro en el que analiza la guerra comercial entre el gigante asiático y los Estados Unidos. Su pronóstico es claro: Trump perderá.

Pedro Barragán (Logroño, 1954) tiene una pasión: China, país al que ha dedicado años de estudio. Su conocimiento del gigante asiático y de su economía es casi enciclopédico y lo demuestra, por ejemplo, en Público, donde mantiene una columna de opinión centrada precisamente en China.  

Ahora Barragán vuelca todo ese conocimiento en el libro que acaba de publicar hace apenas unas semanas, Por qué China va ganando (El Garaje Ediciones). Una obra oportuna, porque se publica en pleno apogeo de la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Barragán aporta claves interesantes para entender cómo son las relaciones económicas entre los dos países llamados a dominar el mundo en el siglo XXI. 

Dice usted que China va ganando. ¿A qué se refiere exactamente? 

China está ganando en empoderar a su población. Todo el progreso económico de China se ha convertido en un círculo virtuoso que revierte en la sociedad. Actualmente, China presenta los mejores niveles de educación y formación del mundo, muy por encima de la Unión Europea. Lo mismo podemos decir de la sanidad o del espectacular crecimiento de la esperanza de vida, terreno en el que ya ha aventajado a Estados Unidos. Hay, obviamente un matiz importante: la renta pér cápita de Estados Unidos es mucho mayor que la de China; a fin de cuentas, los chinos son 1.400 millones.

 ¿Y va a ganar la guerra que le ha declarado Trump?

Yo diría que sí. China está tomando ventaja en esa guerra económica, sobre todo en la tecnológica.

¿El próximo campo de batalla van a ser las llamadas tierras raras y la lucha por los minerales para fabricar los microchips?

China es el líder mundial en las tierras raras, pero sobre todo es líder en la tecnología de extracción y recuperación de los minerales. Al contrario de lo que pueden pensar muchos, China no ha querido utilizar nunca las tierras raras como elemento de predominio político o económico sobre el resto del mundo. China no mira al año que viene o a las próximas elecciones: China mira al año 2050. Yo no creo que el Gobierno chino vaya a hacer un uso supremacista de las tierras raras ni de cualquier otro dominio tecnológico como ha hecho Occidente contra ellos. 

Hasta la llegada de Trump al poder, mucha gente pensaba que la relación entre Estados Unidos y China no era tan tensa. 

A ojos de Estados Unidos, China tiene tres defectos insalvables: es comunista, no es anglosajona y tampoco es cristiana. Pese a ello, en los últimos 25 años la relación entre los dos países ha sido buena hasta que ha dejado de serlo. El desarrollo económico de China se ha basado en buena medida en inversiones de las empresas norteamericanas que se han instalado allí, sobre todo a partir del año 2000. Por otra parte, China ha reinvertido buena parte de sus beneficios en deuda pública de Estados Unidos, con lo que ha ayudado a financiar a la economía estadounidense. Había un círculo de amistad entre los dos países y se ha roto. 

¿Por qué se ha roto ese círculo de amistad?

Esa relación de amistad empezó a cambiar hace cuatro o cinco años y se rompe porque la economía China ha adelantado a la norteamericana. Eso es todo. Para darnos cuenta de lo que digo, basta este dato: en el año 2000, la economía de Estados Unidos representaba el 19,8% del PIB mundial, mientras que China apenas alcanzaba el 6,4%; el año pasado, en 2024, Estados Unidos ya solo aportaba el 14,7% de la economía mundial y China ya suponía el 19,1%. Este sorpasso es insoportable para el supremacismo estadounidense. Ahí está el origen de la guerra comercial y de la guerra tecnológica. 

¿La relación entre China y Estados Unidos sería mejor si no estuviera Donald Trump?

Biden ha sido mucho más duro contra China que Trump. Mucho más. Biden hasta consiguió poner a Europa en contra de China. Trump está siguiendo esa política de Biden y la ha acrecentado con su guerra arancelaria pero a costa de provocar un cisma en Occidente.

¿Qué puede hacer Estados Unidos frente al poderío chino?

Hay algo en lo que Estados Unidos lleva una gran ventaja: el llamado soft power, es decir, todo lo relacionado con la cultura. Estados Unidos domina el relato y su cultura se expande por el mundo. Su influencia es enorme. A China le quedan décadas para dar la vuelta a la hegemonía de Estados Unidos en el terreno cultural y de los medios de comunicación. Sin embargo, también creo que algo ha empezado a cambiar: en mi opinión, China ha abierto un camino totalmente nuevo a todo el sur global. 

¿Qué camino es ese?

China ha abierto una brecha en el discurso neoliberal, ha sabido dejar atrás todas esas recetas neoliberales del Fondo Monetario Internacional que no han producido más que miseria y pobreza para los trabajadores de Sudamérica y de África. Los países del sur global se han empoderado y se han mostrado capaces de tomar un camino económico propio siguiendo esa estela. 

Todos los expertos señalan que una de las claves del llamado «milagro económico chino» es que ha sabido mantener la cohesión social.

China muestra unos niveles de cohesión social superiores a Estados Unidos y Europa, efectivamente. Para mí hay una clave muy importante en este sentido: el confucianismo, la filosofía ética y social basada en las enseñanzas de Confucio, marca la forma de pensar, de sentir y de razonar en la cultura china. El confucianismo es una filosofía que apuesta por la idea de comunidad y pone al conjunto de la sociedad en el centro de su pensamiento. Eso desde luego potencia la cohesión social y ese círculo virtuoso que ha permitido a cientos de millones de personas salir de la pobreza extrema en muy pocos años. Eso sí que es es una auténtica revolución económica.

¿Qué papel ha desempeñado el Partido Comunista de China en esa revolución económica?

El desarrollo económico que ha tenido China no habría sido posible sin el impulso del Partido Comunista. Hay dos claves que explican su éxito: la primera es que el Partido Comunista ha tenido una visión a largo plazo y la segunda es que ha sido capaz de revertir hacia la población los beneficios del  progreso económico. Además, ese beneficio que se ha trasladado a la sociedad no se ha traducido en un consumismo desaforado, sino que ha revertido en la educación, la formación y el desarrollo de las políticas sociales.

¿Hubiera sido posible el mismo milagro económico en China con una democracia de corte liberal?

En China ya existe algo parecido a una democracia de corte liberal. Existen nueve partidos políticos con representación parlamentaria que presentan candidatos y hay tres millones y medio de diputados en las asambleas populares. Todas las personas se pueden presentar a las elecciones y la Constitución regula o define qué es la democracia. 

Evidentemente, el partido mayoritario que tiene el control político del país es el Partido Comunista. Ha cometido grandes errores, pero también ha sabido aprender de ellos. China no salió de la pobreza a la primera, ni siquiera a la segunda, pero la capacidad de aprender de los errores y la fuerza de seguir adelante es lo que ha aportado el Partido Comunista a la sociedad china.

¿Hay mucho prejuicio sobre China por parte de Estados Unidos y Europa?

Totalmente. Hay un prejuicio occidental y una campaña sistemática de desprestigio, sobre todo desde Estados Unidos, basada en bulos y noticias tendenciosas. Entre ellas, por ejemplo, el de la explotación de la clase obrera. Eso es un mito: según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), China es el país del mundo donde más han crecido los salarios desde 2010. Por poner otro ejemplo: en China los hombres se jubilan a los 60 años y las mujeres se jubilan a los 50 si desarrollan trabajos manuales y a los 55 si trabajan en oficinas.

Sin embargo, aún persiste esa idea de que los derechos laborales en China son casi inexistentes.

Es verdad que antes China era un país que importaba componentes, los ensamblaba con mano de obra barata y los  exportaba. Eso ha pasado a la historia. China hoy es un fabricante de productos semifabricados que se ensamblan en otros países del mundo, como México o Vietnam. China ha desarrollado una producción tecnológica de alta calidad, aunque aquí sigamos teniendo la imagen de los bazares gestionados por chinos.

Supongo que no todo será un camino de rosas. ¿A qué dificultades se enfrenta la economía china?

China es muy grande y exhibe ese poderío tecnológico y económico en permanente crecimiento, pero todavía es un país en desarrollo. La sociedad aún está cambiando. Un 22% de la población activa trabaja en el sector primario, en la agricultura fundamentalmente. Para que China tenga un nivel de urbanización similar al de España, aún tiene que mover unos 200 o 300 millones de personas del campo a la ciudad." 

(Entrevista a Pedro Barragán, Gaceta Crítica, 14/07/25)

4.7.25

Un estudio de Harvard, que parte de la suposición de que China es un sistema autoritario dependiente de la coerción, concluye que los ciudadanos chinos califican al gobierno como más capaz y eficaz que nunca, y que la satisfacción de la población con el gobierno central es extremadamente alta... y el informe de una Ong danesa, concluye que la población china tiene una opinión abrumadoramente positiva de su sistema político... El 92 % de la población afirma que la democracia es importante para ellos, el 79 % afirma que su país es democrático, el 91 % afirma que el gobierno sirve a los intereses de la mayoría de la población (en lugar de a los de un pequeño grupo) y el 85 % afirma que todas las personas tienen los mismos derechos ante la ley. El estudio muestra que China supera a EE. UU. y a la mayoría de los países europeos en estos indicadores... Los resultados de estos estudios sugieren que lo que más importa en lo que respecta a la percepción de la democracia por parte de la gente no es si su país tiene elecciones al estilo occidental, sino si creen que su gobierno actúa en interés de la mayoría de la gente. En muchos países occidentales que celebran elecciones multipartidistas periódicas, la gente no cree que sus gobiernos actúen en interés de la mayoría de la gente, y no creen que sus países sean democráticos. En China, la gente percibe de manera abrumadora que su gobierno actúa en interés de la mayoría, y esto puede ser clave para la alta percepción de democracia que existe allí (Pascual Serrano)

 "El discurso occidental es que China es una dictadura del Partido Comunista y que el gobierno de ese país es ilegítimo por ausencia de democracia y representatividad.

La primera trampa es limitar democracia a elecciones multipartidistas con multitud de elementos que distorsionan la voluntad popular como financiación electoral, desigual acceso a los medios o legislaciones electorales tramposas.

A partir de ahí podemos analizar la legítima representatividad. Ahí descubrimos gobiernos occidentales que se consideran legitimados con el apoyo de menos del 20% de los ciudadanos. No olvidemos que las participaciones electores pueden ser del 60% o menos, y si ganan candidatos con solo concentrar la tercera parte de los votos, gobernarían con el apoyo de tan solo la quinta parte del censo electoral.

Vayamos a China. Dos estudios realizados por instituciones occidentales nada prochinas, muestran que el gobierno de China goza de un fuerte apoyo popular y que la mayoría de la población china cree que su sistema político es democrático, justo y sirve a los intereses del pueblo.

El primer estudio lo publica el Ash Center for Democratic Governance and Innovation de Harvard. Ellos lo describen como «el esfuerzo independiente más duradero para hacer un seguimiento de la satisfacción de los ciudadanos chinos con el desempeño del gobierno». Se han realizado encuestas periódicas desde 2003. La más reciente se publicó en 2020, en un informe titulado «Comprender la resiliencia del PCCh: Encuesta de la opinión pública china a través del tiempo».

Insistimos en que no se trata de una publicación pro-China. De hecho, el Ash Center parte de la suposición de que China es un sistema autoritario dependiente de la coerción, pero los resultados reales del estudio establecen conclusiones muy diferentes.

Los autores resumen sus resultados de la siguiente manera: “Hemos descubierto que, desde el inicio de la encuesta en 2003, la satisfacción de los ciudadanos chinos con el gobierno ha aumentado prácticamente en todos los ámbitos. Desde el impacto de las políticas nacionales generales hasta la conducta de los funcionarios locales, los ciudadanos chinos califican al gobierno como más capaz y eficaz que nunca. Curiosamente, los grupos más marginados de las regiones más pobres del interior son, en comparación, más propensos a informar de un aumento de la satisfacción. En segundo lugar, las actitudes de los ciudadanos chinos parecen responder (tanto positiva como negativamente) a los cambios reales en su bienestar material”.

El informe concluye que la satisfacción de la población con el gobierno central es extremadamente alta. En 2016, el último año de datos, se situó en el 93 %, habiendo aumentado en general con el tiempo. La satisfacción con los niveles inferiores de gobierno es algo menor, pero sigue siendo muy fuerte; por ejemplo, los gobiernos provinciales contaron con un apoyo del 82 % en el último año de datos.

El segundo estudio lo publica la Alliance of Democracies (AoD), una ONG danesa fundada por el ex secretario general de la OTAN y el ex primer ministro de Dinamarca Anders Fogh Rasmussen. AoD se asocia con Latana, una empresa de investigación de mercado con sede en Alemania, para realizar encuestas anuales sobre la percepción de la democracia en más de 50 países de todo el mundo. Han publicado el informe Democracy Perception Index todos los años desde 2019. Es el estándar de oro en la industria, producido por instituciones liberales que ciertamente no pueden ser acusadas de tener un sesgo pro-China. Y, sin embargo, los resultados sobre China son sorprendentes.

Según el último informe, del pasado año 2024, la población china tiene una opinión abrumadoramente positiva de su sistema político. El 92 % de la población afirma que la democracia es importante para ellos, el 79 % afirma que su país es democrático, el 91 % afirma que el gobierno sirve a los intereses de la mayoría de la población (en lugar de a los de un pequeño grupo) y el 85 % afirma que todas las personas tienen los mismos derechos ante la ley. El estudio muestra que China supera a EE. UU. y a la mayoría de los países europeos en estos indicadores.

El estudio del AoD también evalúa las percepciones de las personas sobre la libertad de expresión y las elecciones libres y justas. Aquí también China supera a EE. UU. y a la mayor parte de Europa. Cuando se les dio la afirmación “Todos en mi país pueden expresar libremente su opinión sobre temas políticos y sociales”, solo el 18 % de las personas en China no estuvieron de acuerdo (en comparación con el 27 % en EE. UU. en respuesta a la misma pregunta). Y cuando se les dio “Los líderes políticos en mi país son elegidos en elecciones libres y justas”, solo el 5 % en China no estuvieron de acuerdo (en comparación con el 27 % en EE. UU.).

Una posible crítica es que la gente en China puede ser reacia a decir cosas negativas sobre su gobierno porque puede temer represión. Pero la metodología de Latana está diseñada explícitamente para mitigar esta posibilidad. El informe de AoD afirma: “A diferencia de las encuestas realizadas cara a cara o por teléfono, el anonimato que ofrece la metodología de Latana puede ayudar a reducir el sesgo de respuesta, el sesgo del entrevistador y la autocensura del encuestado”.

Muchas personas se sorprenden de los resultados del AoD para China porque creen que China no tiene un sistema democrático. Es cierto que China no tiene una democracia liberal al estilo occidental, en la que los votantes eligen a los gobernantes cada pocos años. Pero tiene su propio sistema de democracia, al que se refiere como una “democracia popular de proceso integral”, con principios de centralismo democrático y un sistema de partidos único. Este sistema busca institucionalizar la participación popular en el proceso de formulación de políticas para garantizar la capacidad de respuesta a las necesidades de las personas. Las elecciones directas se producen en los dos niveles más locales del Congreso Nacional del Pueblo, y los diputados elegidos votan a continuación por aquellos que desempeñarán sus funciones en los niveles superiores.

Los resultados de estos estudios sugieren que lo que más importa en lo que respecta a la percepción de la democracia por parte de la gente no es si su país tiene elecciones al estilo occidental, sino si creen que su gobierno actúa en interés de la mayoría de la gente. En muchos países occidentales que celebran elecciones multipartidistas periódicas, la gente no cree que sus gobiernos actúen en interés de la mayoría de la gente, y no creen que sus países sean democráticos. En China, la gente percibe de manera abrumadora que su gobierno actúa en interés de la mayoría, y esto puede ser clave para la alta percepción de democracia que existe allí."                  (Pascual Serrano , Mundo Obrero, 03/07/25) 

25.4.25

China lucha por una mayor demanda de consumo... Existen indicios de que la economía china ha venido mejorando, gracias al paquete de estímulo del gobierno de septiembre de 2024... Las autoridades chinas entendieron que la estabilización del mercado inmobiliario y bursátil podría mitigar la desaceleración del gasto de los consumidores. En consecuencia, la estrategia de estabilización les exige a los gobiernos locales que utilicen una parte de la financiación especial de la deuda que reciben para comprar edificios residenciales no vendidos en el mercado, y utilizar esas unidades como viviendas garantizadas para los residentes locales... En otro país, estas medidas parecerían inverosímiles. Pero el sistema financiero estatal chino las hace viables... Dado que el gasto en construcción a gran escala ha tocado techo, ahora las políticas deben contribuir a garantizar que el trabajo reciba un mayor porcentaje de la renta nacional. Esto significa destinar más recursos fiscales al apoyo a la renta de los hogares y a proporcionar una protección social mejor y más equitativa... El aumento de los ingresos familiares y la reducción de las tasas de ahorro son fundamentales para liberar el poder adquisitivo de los 1.400 millones de chinos (Zhang Jun, Un. Fudan)

 "Existen indicios de que la economía china ha venido mejorando, gracias al paquete de estímulo del gobierno de septiembre de 2024. El crecimiento interanual del PIB en el primer trimestre de este año alcanzó el 5,4% -continuando la marcada aceleración del tercer trimestre del año pasado.

De hecho, el cambio en la dirección de la política se ha hecho evidente desde finales de 2022, cuando los responsables de las políticas chinos reconocieron que la caída de la demanda se estaba convirtiendo en un verdadero problema. La causa más importante fue el mercado inmobiliario, donde el colapso de la burbuja de precios afectó seriamente los ingresos de los gobiernos locales, recortando los ingresos inmobiliarios y empresariales de los residentes (una parte importante de la renta disponible) y llevando el gasto de los consumidores por debajo de la tendencia.

Para aliviar la presión sobre los gobiernos locales, el gobierno central les permitió ampliar su financiación mediante la emisión de deuda por valor de 1,4 billones de dólares de bonos a largo plazo (más de cinco años) para reemplazar su deuda a corto plazo. Los ingresos de las emisiones de bonos a largo plazo también se utilizaron para apuntalar los balances de los bancos comerciales estatales y mejorar su capacidad de generar crédito. Mientras tanto, el banco central ha mantenido un crecimiento más rápido del crédito, pero se muestra cauto a la hora de bajar las tasas de interés oficiales. Con las tasas de interés reales de China por encima del 4%, es inevitable un recorte significativo de las tasas, dada la preocupación por la volatilidad del tipo de cambio y la situación financiera de los bancos comerciales.

Las autoridades chinas entendieron que la estabilización del mercado inmobiliario y bursátil podría mitigar la desaceleración del gasto de los consumidores. En consecuencia, la estrategia de estabilización les exige a los gobiernos locales que utilicen una parte de la financiación especial de la deuda que reciben para comprar edificios residenciales no vendidos en el mercado, y utilizar esas unidades como viviendas garantizadas para los residentes locales. También les exige a las instituciones financieras no bancarias de propiedad estatal que recompren y conserven más acciones. En otro país, estas medidas parecerían inverosímiles. Pero el sistema financiero estatal chino las hace viables.

Asimismo, existe un amplio apoyo social a la ampliación de las ayudas públicas a la renta de los hogares. Durante la Asamblea Popular Nacional celebrada a principios de marzo, el aumento de los ingresos y la ampliación de la protección de los ancianos y los niños fueron temas muy debatidos. Si bien el gobierno aumentó el desembolso mínimo de las pensiones básicas urbanas y rurales otro 10% este año, la mayoría de los economistas sugirieron que el nivel debería ser mucho más alto. Después de todo, los desembolsos actuales son de apenas 200 yuanes (27 dólares) al mes en la mayoría de las ciudades pequeñas y medianas y en las zonas rurales.

Los reclamos de aumento de las pensiones reflejan las grandes diferencias entre regiones. La pensión básica en Beijing y Shanghái es casi 5 a 7 veces superior al promedio nacional debido, principalmente, a las grandes diferencias en la capacidad local de subvención y al costo de vida. En consecuencia, para ampliar el nivel general del gasto de consumo, es crucial reducir las diferencias regionales en el nivel de protección de la sanidad y las pensiones.

El gasto en consumo de los hogares chinos está muy correlacionado positivamente con el tamaño de la familia y el número de hijos. Pero además del rápido envejecimiento, China también lidia con una tasa baja de fertilidad. Si bien el gobierno ha levantado las restricciones a la fertilidad -permitiéndoles a las familias tener tres hijos-, la tasa de fertilidad se mantiene en torno a uno. En las encuestas, los chinos más jóvenes señalan el alto costo de criar hijos como la razón principal por la que no tienen intención de tener más.

Por ello, el gobierno central ha prometido formular una política nacional para subsidiar la natalidad y la crianza de los hijos en el plazo de un año, y muchas ciudades ya están implementando políticas locales para subsidiar o recompensar la natalidad. Por ejemplo, una ciudad de Mongolia Interior ofreció recientemente un subsidio de 50.000 yuanes por un segundo hijo, y de 100.000 yuanes por un tercero.

Han pasado casi 70 años desde que China implementó su sistema de registro de hogares hukou, que limita las opciones de migración interna de los residentes rurales. Sin embargo, con la llegada de cientos de millones de trabajadores migrantes a las grandes ciudades, facilitar su integración se ha convertido en un imperativo. China tiene que garantizar que todos los residentes gocen de igualdad de acceso a los puestos de trabajo y a las prestaciones públicas, incluidas las guarderías y la escolarización, el empleo, la asistencia sanitaria y las pensiones.

Esta urbanización aumentará enormemente la escala de la demanda de consumo. Si más familias reciben mayores transferencias del gobierno -ya sea en forma de pensiones o de incentivos y subsidios a la fertilidad-, eso impulsaría el consumo de los hogares de servicios como el cuidado de niños, la educación y la capacitación, la atención sanitaria y el cuidado de ancianos. Estas son precisamente las partes de la demanda de consumo de China que siguen sin explotarse.

Los recientes avances de DeepSeek han abierto los ojos del mundo a los progresos de China en IA y alta tecnología. Es evidente que el país tiene potencial para avanzar en tecnologías de vanguardia, gracias a su enorme y diversa economía nacional, a su gran reserva de talento y a sus cadenas de suministro bien desarrolladas. Los continuos avances tecnológicos le permitirán producir bienes de mayor valor agregado, con todos los beneficios que esto implica para los ingresos, la productividad y la demanda interna de servicios.

Pero los programas gubernamentales tendrán que adaptarse a esta nueva fase de desarrollo. Dado que el gasto en construcción a gran escala ha tocado techo, ahora las políticas deben contribuir a garantizar que el trabajo reciba un mayor porcentaje de la renta nacional. Esto significa destinar más recursos fiscales al apoyo a la renta de los hogares y a proporcionar una protección social mejor y más equitativa. El aumento de los ingresos familiares y la reducción de las tasas de ahorro son fundamentales para liberar el poder adquisitivo de los 1.400 millones de chinos."

( Project Syndicate, 21/04/25)

20.2.25

Varoufakis: China es un experimento muy interesante. Todavía se está desarrollando. No tenemos ni idea de cómo se desarrollará, pero veo algunos signos notables y muy esperanzadores en China que apuntan a un desarrollo socialista con la explotación capitalista más brutal. Así que es una mezcla, es lucha de clases en toda regla... Cuando oigo que China es un país imperialista, me asusto. No es un país imperialista... Es un régimen muy autoritario. Pero al mismo tiempo, tengo que decir que he pasado algún tiempo en China y el nivel de debate y democracia a nivel de base en las comunidades es algo que no tenemos en Europa. Allí tienen una democracia mucho más vibrante que la nuestra. Pero, al mismo tiempo, viven bajo el control total del Partido Comunista Chino... todo ello bajo un sistema socialista de planificación centralizada. Con el 60% de los medios de producción en propiedad colectiva o estatal, no se trata de un experimento que podamos simplemente descartar como capitalismo de Estado... visité una comuna donde viven 22.000 familias. En unas condiciones maravillosas. No pagan nada. Organizan su comuna sobre la base de una asamblea de ciudadanos, que ellos mismos gestionan. Es una comuna puramente socialista. Y cuando hablé con algunos de sus representantes y les pregunté cuál era la mayor amenaza para ellos, señalaron los rascacielos que tenían al lado. Dijeron que el capitalismo, porque el capitalismo está invadiendo la comuna. Eso es China. Existe la comuna y el sector capitalista, y chocan... Es un lugar que está en transición. Puede acabar como otra completa pesadilla, o puede acabar como la mayor esperanza de la humanidad

 "(...) El término «multipolaridad» se utiliza a menudo hoy en día tanto en la izquierda como en debates políticos más amplios. ¿Cree que describe con precisión lo que está ocurriendo con el orden mundial? ¿Y podría ser el resultado un mundo más pacífico?

Puede haber un mundo unipolar que sea pacífico pero totalmente autoritario: el Imperio Romano, por ejemplo. También puede haber un mundo de todos contra todos, un mundo hobbesiano en el que todos luchan contra todos, que es totalmente multipolar y totalmente cruel y horrible. O puede haber un mundo multipolar en el que haya solidaridad y cooperación entre los distintos polos.

O, en palabras de Hobbes, puedes tener varios Leviatanes al mismo tiempo.


Eso es cierto. En mi opinión, tenemos un mundo bipolar: tenemos a Estados Unidos y tenemos a China. Europa se ha quedado obsoleta e irrelevante, e India está lejos de desarrollar un papel internacional por sí misma.

También creo que asistimos a una nueva mutación del capital, que yo llamo «capital nube», que no produce medios de producción sino medios de cambio de comportamiento, y quien lo posee ha adquirido un poder exorbitante sobre la humanidad. Sólo hay dos países en el mundo que poseen este «capital nube»: Estados Unidos y China.

 Esta es una de las razones por las que Joe Biden alimentó la nueva Guerra Fría contra China, que Trump ya había iniciado con la ley de chips, al intentar negar a las empresas chinas de alta tecnología el acceso a microchips de alto rendimiento. Eso fracasó por completo. Por eso también los señores tecno-feudales, como yo los llamo, se reúnen en el palacio del Gran Donald, esperando que les salve de sus errores idiotas y les proteja de la competencia china.

La posición que debe adoptar la izquierda en los conflictos entre grandes potencias se ha debatido largo y tendido durante décadas. Hace más de cien años, en plena Primera Guerra Mundial, Vladimir Lenin sugirió que no correspondía a los socialistas «ayudar al ladrón más joven... a saquear a los ladrones más viejos y hartos». Los socialistas han aprovechado la lucha entre los ladrones para eliminarlos a todos». ¿Cree que se puede aplicar un enfoque similar a Rusia o China en la actualidad?

Romantizar a dictadores como Vladimir Putin, que encarcelan a nuestros camaradas en Moscú, es una política muy estúpida para cualquier marxista de Occidente. Eso sí, ya califiqué a Putin de criminal en 2001, cuando mandó matar a 250.000 chechenos para consolidar su dictadura. Creo que eso responde a tu pregunta sobre Rusia.

China es otra historia. No debemos meter en el mismo saco a Rusia y China. China es un experimento muy interesante. Todavía se está desarrollando. No tenemos ni idea de cómo se desarrollará, pero veo algunos signos notables y muy esperanzadores en China que apuntan a un desarrollo socialista con la explotación capitalista más brutal. Así que es una mezcla, es lucha de clases en toda regla.

Debemos ser críticos. Debemos ser dialécticos y al mismo tiempo no caer en la trampa de ponernos del lado de China contra EEUU o ser neutrales. Cuando oigo que China es un país imperialista, me asusto. No es un país imperialista. La última vez que participaron en una guerra fue hace más de 40 años con Vietnam, y no fue más que una escaramuza regional. Tenemos que mantener nuestro no alineamiento, nuestra capacidad de criticar sin ser neutrales.

 Pero, ¿qué hay del papel de China como actor neocolonialista en el Sur Global, arrendando enormes cantidades de tierras agrícolas, por ejemplo? ¿Y la opresión de las minorías étnicas y los aspectos totalitarios de su gestión del poder? ¿O el expansionismo en el Mar de China Meridional? ¿No podemos calificarlos de rasgos imperialistas?

No, creo que eso es un craso error, y si Karl Marx aún estuviera por aquí, demonizaría a cualquiera que llamara imperialista a China. China no es expansionista, no es imperialista en el sentido de que derroque gobiernos, asesine a dirigentes electos y establezca bases militares en otros países, como hacen Estados Unidos y los europeos.

Los chinos están utilizando las enormes cantidades de dólares que han acumulado gracias a su enorme superávit comercial para firmar contratos con países de África y otros lugares. Esto puede resultar perjudicial a largo plazo, pero no es más que otro caso de desigualdad de medios que conduce a contratos de explotación que los países no firmarían si tuvieran otras opciones.

En este sentido, China está desempeñando el papel de agresor en la lucha de clases en el Sur Global, pero al mismo tiempo está dejando tras de sí una reserva de capital. Deja atrás puertos, telecomunicaciones e infraestructuras. Estados Unidos sólo deja muertos, enfermedades, radiactividad y enormes agujeros en el suelo. Llamar imperialistas a los chinos es una flagrante violación del análisis materialista histórico básico.

 En cuanto al totalitarismo. Mire, me temo que si yo fuera chino y viviera en China, probablemente estaría ahora mismo en una celda. Así que no lo oculto. Es un régimen muy autoritario. Pero al mismo tiempo, tengo que decir que he pasado algún tiempo en China y el nivel de debate y democracia a nivel de base en las comunidades es algo que no tenemos en Europa. Allí tienen una democracia mucho más vibrante que la nuestra. Pero, al mismo tiempo, viven bajo el control total del Partido Comunista Chino. China también ha iniciado el mayor desarrollo de las fuerzas productivas de cualquier país en los últimos 300 años, todo ello bajo un sistema socialista de planificación centralizada. Con el 60% de los medios de producción en propiedad colectiva o estatal, no se trata de un experimento que podamos simplemente descartar como capitalismo de Estado.

Ahora bien, en la Unión Soviética, el PIB también aumentó de forma espectacular, pero yo no lo calificaría necesariamente de socialismo por eso. Sería interesante debatir hasta qué punto ambos sistemas son realmente socialistas. ¿Se ha convertido el Partido Comunista en una clase propia? ¿Es el sistema un capitalismo monopolista de Estado?

No cabe duda de que mucho de lo que dices es cierto. Pero recuerdo que hace poco estuve en Shanghai y visité una comuna donde viven 22.000 familias. En unas condiciones maravillosas. No pagan nada. Organizan su comuna sobre la base de una asamblea de ciudadanos, que ellos mismos gestionan. Es una comuna puramente socialista. Y cuando hablé con algunos de sus representantes y les pregunté cuál era la mayor amenaza para ellos, señalaron los rascacielos que tenían al lado. Dijeron que el capitalismo, porque el capitalismo está invadiendo la comuna.

Eso es China. Existe la comuna y el sector capitalista, y chocan. Es un lugar que está en transición. Puede acabar como otra completa pesadilla, o puede acabar como la mayor esperanza de la humanidad.

La Unión Soviética es interesante porque fue un experimento que podría haberse desarrollado de forma más positiva si hubiera habido democracia real y autogestión en las fábricas, lo que desgraciadamente no fue el caso. Pero China y la Unión Soviética están en planetas diferentes. En la Unión Soviética se produjo el Sputnik, que fue un gran logro tecnológico, pero no llegó a los barrios. En China, en cambio, el desarrollo ha penetrado hasta el último pueblo, hasta el último barrio.(...)"

(Entrevista a Varoufakis, Patrick Lempges , JACOBIN, 15/02/25, traducción DEEPL)

9.1.25

Rafael Poch: Trump puede ser una especie de Boris Yeltsin americano que arme un buen estropicio en el país. Eso podría favorecer a países como Rusia y China... por otro lado, Pekín se está preparando no para ser una potencia hegemónica global, pero desde luego sí para vencer en una guerra militar con Estados Unidos en Asia Oriental. Para eso han desarrollado un gran potencial de misiles con los que eliminar grupos navales enteros frente a sus costas, tienen la mejor tecnología de drones, aéreos y submarinos y una gran capacidad de intercepciónelectrónica... Cada año en China se gradúan cuatro millones de especialistas en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). En Estados Unidos se gradúan 800.000, pero gran parte de ellos son chinos

"(...) ¿Qué nos traerá el regreso de Trump?

Está claro que Trump anuncia malos tiempos para las mujeres y para los emigrantes, por ejemplo, pero en materia de política exterior es mucho menos previsible. Ha colocado a gente diversa y contradictoria en puestos clave. Su criterio parece ser la fidelidad. Ha sufrido dos atentados y está por ver si es capaz de desafiar al “deep state” como a veces pavonea. Su promesa de tarifas y guerra comercial contra todos, incluidos aliados, podría aumentar la caída del nivel de vida de la mayoría desfavorecida, lo que puede acabar con el vector popular de su base social. Trump puede ser una especie de Boris Yeltsin americano que arme un buen estropicio en el país. Eso podría favorecer a países como Rusia y China, e incluso, quizás, paralizar los desastres de la política exterior americana del último cuarto de siglo, con su factura de más de cuatro millones de muertos y 40 millones de desplazados, según el recomendable estudio de la Universidad Brown, “Costs of War”.

¿Cómo está afrontando China los cambios geopolíticos en curso?

En general es mucho más activa en el mundo. Por un lado está fortaleciendo una red internacional sin Occidente desde organizaciones y foros como la Organización de Cooperación y Seguridad de Shanghai, los Brics, o el Banco Asiático de Inversiones e Infraestructuras (AIIB) que es la segunda institución de desarrollo multilateral más grande del mundo. Por otro, se está preparando para afrontar las claras señales de guerra que le lanzan diariamente los políticos y militares de Estados Unidos. Pekín se está preparando no para ser una potencia hegemónica global, pero desde luego sí para vencer en una guerra militar con Estados Unidos en Asia Oriental. Para eso han desarrollado un gran potencial de misiles con los que eliminar grupos navales enteros frente a sus costas, tienen la mejor tecnología de drones, aéreos y submarinos y una gran capacidad de intercepciónelectrónica. Las sanciones han incrementado su esfuerzo en alta tecnología. El Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI), observa 44 áreas de ciencia y tecnología. China es líder en 37 de ellas, dice. Cada año en China se gradúan cuatro millones de especialistas en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). En Estados Unidos se gradúan 800.000, pero gran parte de ellos son chinos.

¿Qué impacto tiene la falta de gestión internacional del cambio climático?

Con problemas globales como el peligro nuclear o la desigualdad social y regional se puede trampear y convivir aunque sea peligrosamente. Con la crisis climática no se puede, porque aumenta conforme no haces nada para atajarla. El Presidente colombiano Gustavo Petro ha dicho que “lo que el poder militar bárbaro del norte ha desencadenado sobre el pueblo palestino es la antesala de lo que desencadenará sobre el éxodo de centenares de millones de los pueblos del sur, cuando por la crisis climática quedemos sin agua”. Da que pensar."

(Entrevista a Rafael Poch, Anna Balcells para el Punt Avui, blog, 07/01/25)

15.12.24

¿Cuáles son las causas del creciente apoyo electoral que experimentan las opciones políticas autoritarias en las sociedades liberales de tipo pluralista? ¿Cómo pueden las democracias frenar esta deriva hacia el autoritarismo? Encontrar respuestas a estas cuestiones se ha vuelto urgente para evitar que estos años veinte del siglo XXI rimen con lo sucedido en los veinte del siglo pasado, cuando las democracias liberales europeas, al no saber dar respuesta a los problemas socioeconómicos de la época, dejaron el camino libre a los totalitarismos y al nazismo... Para salvarse a sí mismas, las democracias liberales y el capitalismo de mercado tienen que volver a recuperar la capacidad de generar la prosperidad compartida que lograron en los Treinta Gloriosos años que siguieron a la segunda Guerra Mundial... Hoy, por el contrario, la batalla por la prosperidad compartida la está perdiendo la democracia liberal. Los sistemas totalitarios, como China, sostienen la “tesis de la suficiencia autoritaria”. Según esta idea, para generar prosperidad para todos no son necesarias las libertades civiles, sindicales y políticas; basta con dos cosas: un Estado con capacidad para generar riqueza, y la capacidad para la provisión de bienes públicos fundamentales, como la sanidad y la educación. Y eso es lo que ofrecen los autócratas... El camino es la creación de buenos empleos de clase media. No será fácil. El intento de lograrlo a través de un impulso a la reindustrialización es más una ilusión que una posibilidad real... Nuestras economías industriales se han transformado de forma definitiva en economías de servicios... El reto es, por tanto, crear buenos empleos en el sector servicios, especialmente en la sanidad, los cuidados y el turismo... Para ello tenemos que utilizar las nuevas tecnologías verdes y digitales, en particular, la inteligencia artificial para mejorar la productividad de los trabajadores de mediana y baja capacidades, y no para sustituirlos. Como digo, no será fácil (Antón Costas)

 "¿Cuáles son las causas del creciente apoyo electoral que experimentan las opciones políticas autoritarias en las sociedades liberales de tipo pluralista? ¿Cómo pueden las democracias frenar esta deriva hacia el autoritarismo? Encontrar respuestas a estas cuestiones se ha vuelto urgente para evitar que estos años veinte del siglo XXI rimen con lo sucedido en los veinte del siglo pasado, cuando las democracias liberales europeas, al no saber dar respuesta a los problemas socioeconómicos de la época, dejaron el camino libre a los totalitarismos y al nazismo.

En la literatura publicada en estos últimos años sobre las causas del retorno del autoritarismo hay dos tipos de explicaciones: una es de carácter socioeconómico, otra es de naturaleza cultural. La primera sostiene que el auge del apoyo electoral al autoritarismo es el resultado del malestar social provocado por la intensa desigualdad surgida en las tres últimas décadas en las sociedades desarrolladas occidentales. Esta desigualdad está provocada por la coincidencia de varios procesos: las políticas neoliberales de desregulación de los mercados, en particular de los mercados de trabajo; la automatización de muchos procesos productivos industriales, favorecida por la primera oleada de las tecnologías de la información y la computación; la globalización comercial, con la incorporación de China al comercio internacional y la competencia de sus productos con la producción de los países desarrollados occidentales; y, por la desindustrialización y pérdida de buenos empleos de clase media en muchas regiones y pequeñas y medianas ciudades de los países desarrollados occidentales, como consecuencia de la automatización y la globalización.

La explicación cultural sostiene que el aumento del apoyo a las opciones autoritarias es el resultado de cambios demográficos y generacionales que se han producido en las últimas décadas en las sociedades desarrolladas. Estos cambios han traído, a su vez, transformaciones en los valores culturales dominantes. Por un lado, el aumento de los flujos migratorios hacia los países que están padeciendo ese aumento de desigualdad y la pérdida de empleos de clase media han dado lugar a reacciones de rechazo, racismo y xenofobia hacia los extranjeros; inmigrantes percibidos por muchos nacionales como competidores por los buenos trabajos y por las prestaciones sociales y los servicios públicos del Estado de bienestar, como la educación o la sanidad. Por otro lado, los cambios generacionales han traído transformación de valores culturales entre los jóvenes que, especialmente los hombres, cuestionan ahora los avances en las políticas de igualdad y de reconocimiento de derechos a diferentes colectivos sociales.

¿Cuál de estos dos argumentos tiene mayor capacidad explicativa del aumento del apoyo autoritarismo? Los dos tienen algo de razón; pero, a mi juicio, la principal o primera causa es la socioeconómica. La explicación cultural la veo como una segunda derivada de la primera. Si no se hubiese producido ese aumento de desigualdad y pérdida de buenos empleos, la reacción cultural no se hubiese producido, o habría sido mucho menos intensa. Aunque también es posible que mi inclinación hacia la explicación socioeconómica puede deberse al hecho de que no veo cómo puede frenarse el malestar cultural existente en nuestras sociedades, mientras que sí soy capaz de entrever soluciones al malestar socioeconómico.

Para salvarse a sí mismas, las democracias liberales y el capitalismo de mercado tienen que volver a recuperar la capacidad de generar la prosperidad compartida que lograron en los Treinta Gloriosos años que siguieron a la segunda Guerra Mundial. En esa etapa histórica, el contrato socialdemócrata —que se logró por un consenso entre socialdemócratas, liberales y cristianodemócratas— hizo que, por un lado, el capitalismo de mercado fuese capaz de crear buenos empleos de clase media; y, por otro, que el nuevo Estado de bienestar —a través de la educación, la sanidad, el seguro de paro y las pensiones— fuese capaz de crear una sociedad más igualitaria y con más oportunidades de ascenso social. El resultado fue que las democracias liberales y el capitalismo de mercado le ganaron la batalla de la prosperidad compartida a los regímenes totalitarios del este de Europa y de Asia.

Hoy, por el contrario, la batalla por la prosperidad compartida la está perdiendo la democracia liberal. Los sistemas totalitarios, como China, sostienen la “tesis de la suficiencia autoritaria”. Según esta idea, para generar prosperidad para todos no son necesarias las libertades civiles, sindicales y políticas; basta con dos cosas: un Estado con capacidad para generar riqueza, y la capacidad para la provisión de bienes públicos fundamentales, como la sanidad y la educación. Y eso es lo que ofrecen los autócratas.

La tesis de la suficiencia autoritaria es un poderoso señuelo para aquellos grupos sociales que en las democracias liberales no tienen acceso a buenos empleos de clase media; aun a riesgo de que los dirigentes autoritarios a los que votan les recorten o supriman las libertades civiles y sindicales.

Para ganar la batalla al totalitarismo, las democracias liberales tienen que recuperar la prosperidad compartida. El camino es la creación de buenos empleos de clase media. No será fácil. El intento de lograrlo a través de un impulso a la reindustrialización es más una ilusión que una posibilidad real. La industria no volverá a representar lo que fue en nuestras economías, ni en porcentaje del PIB ni en el empleo, aunque seguirá siendo un sector determinante para la innovación, la productividad y la autonomía estratégica de las economías de las democracias. Nuestras economías industriales se han transformado de forma definitiva en economías de servicios. Alrededor de un 80% del PIB y del empleo viene ahora de estos servicios. E irá en aumento. El reto es, por tanto, crear buenos empleos en el sector servicios, especialmente en la sanidad, los cuidados y el turismo.

Pero que no sea fácil no quiere decir que sea imposible. El objetivo tiene que ser dar más capacidades y productividad a los trabajadores de estos sectores. Para ello tenemos que utilizar las nuevas tecnologías verdes y digitales, en particular, la inteligencia artificial para mejorar la productividad de los trabajadores de mediana y baja capacidades, y no para sustituirlos. Como digo, no será fácil. Pero el éxito de la formación dual, que ya comenté en otra ocasión, y las investigaciones de economistas como Daron Acemoglu —premio Nobel de Economía de este año— o David Autor nos ofrecen respuestas a cómo hacerlo. Volveré sobre esta cuestión en otra ocasión."

( Antón Costas , El País, 15/12/24)

12.11.24

¿Cómo se ha vivido en China la victoria de Trump y qué implicaciones tiene para las relaciones sino-europeas? De Harris se podría esperar una mayor presión política vinculada a violaciones de derechos humanos y más capacidad de liderazgo para coordinarse con otros países a la hora de aplicar medidas para contener a China... había bastante coincidencia en ver a Trump como la opción que suponía, a la vez, tanto un mayor riesgo como una mayor oportunidad para China... El estallido de una guerra comercial abierta entre los dos países también es mucho más probable con la vuelta de Trump... aunque han transmitido públicamente confianza en la capacidad de China de lidiar con este escenario, hay un reconocimiento generalizado de que el aumento de la presión comercial sería muy perjudicial para una economía que no atraviesa su mejor momento... el proteccionismo de Trump se espera que no sólo golpee a China, sino también a la UE y sus Estados miembros. Por lo que hay analistas chinos que se muestran optimistas sobre el futuro de las relaciones económicas de China con otros perjudicados de las políticas económicas trumpistas. De hecho, esto parece que ya está contribuyendo a facilitar negociaciones bilaterales entre Pekín y Bruselas... Ya se está comenzando a lanzar desde este país el mensaje de que China y la UE son socios ideológicamente afines en la defensa de elementos centrales del orden internacional vigente como el régimen de Naciones Unidas contra el Cambio Climático, la Organización Mundial del Comercio o la Agenda 2030 (Mario Esteban, Real Instituto Elcano)

 "Al igual que en 2016, en el momento del triunfo electoral de Donald Trump me encontraba en China. En este caso, participando en un proyecto financiado por la Comisión Europea para fomentar los intercambios entre centros de pensamiento europeos y chinos. Esto me ha brindado la oportunidad de pulsar de primera mano cómo se han recibido los resultados de las elecciones presidenciales estadounidenses en este país.

En términos generales, tanto la cobertura mediática como la respuesta diplomática antes y después de las elecciones han sido muy prudentes, queriendo evitar así tensar la relación con el próximo inquilino de la Casa Blanca. Medios chinos como People’s Daily o Global Times publicaron editoriales de tono moderado y conciliador enfatizando la necesidad de ambos países de favorecer el entendimiento mutuo. Durante la campaña electoral, los medios chinos han tendido a minusvalorar la importancia de estas elecciones sobre la evolución de las relaciones sino-estadounidenses, argumentado que tanto demócratas como republicanos están dispuestos a continuar con una política de contención contra China, al percibir este país como una amenaza existencial a la hegemonía estadounidense. La dureza de ambos partidos con China durante la campaña se presentó como muestra de este consenso sobre la política estadounidense hacia China, así como de su continuidad. De hecho, éste ha sido uno de los pocos temas en los que ambos partidos se han puesto de acuerdo para legislar en los últimos dos años.

Todavía más prudente se ha mostrado la diplomacia china. Al ser preguntada por cómo afectaría el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses a la política de Estados Unidos (EEUU) hacia China, una portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino contestó que dichas elecciones eran un “asunto interno de Estados Unidos” y que “China continuaría viendo y tratando las relaciones entre China y Estados Unidos bajo los principios del respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación mutuamente beneficiosa”. Después de las elecciones, las autoridades chinas han mantenido un enfoque mesurado y constructivo, tratando de minimizar la incertidumbre en sus relaciones con la nueva Administración estadounidense. El mensaje de felicitación de Xi Jinping a Donald Trump expresaba esperanza en que ambas partes pudieran “mejorar el diálogo y la comunicación, gestionar adecuadamente las diferencias, ampliar la cooperación mutuamente beneficiosa y encontrar la manera correcta para que China y Estados Unidos se lleven bien en la nueva era en beneficio de los dos países y del mundo”.

Esto no ha impedido que, paralelamente, se haya desarrollado un intenso debate dentro de la comunidad académica china sobre cómo afectaría al país asiático el cambio de inquilino en la Casa Blanca. La política de Kamala Harris hacia China se esperaba que hubiera sido más continuista y previsible. Esto, unido a que probablemente habría impuesto menos restricciones a las relaciones bilaterales de lo que se espera que haga una segunda Administración Trump, lleva a que muchos expertos chinos consideren que habría sido más fácil para las autoridades chinas adaptarse a un gobierno de Harris que a una segunda Administración Trump. Sin embargo, también hay aspectos en los que se presuponía que Harris hubiera sido más problemática que Trump para el gobierno chino. De Harris se podría esperar una mayor presión política vinculada a violaciones de derechos humanos y más capacidad de liderazgo para coordinarse con otros países a la hora de aplicar medidas para contener a China. Tim Walz, el candidato de Harris a la vicepresidencia, que encarnaba perfectamente esta dualidad, con una dilatada experiencia directa en China y de intercambios con este país, aboga por mantener contactos fluidos con este país a la vez que mantiene una actitud abiertamente crítica con la falta de derechos y libertades. Por tanto, no era de extrañar que no hubiera un consenso claro entre los expertos chinos sobre cuál era el candidato preferible. En lo que sí había bastante coincidencia era en ver a Trump como la opción que suponía, a la vez, tanto un mayor riesgo como una mayor oportunidad para China.

La estrategia del próximo gobierno de Trump hacia un tema tan sensible como Taiwán es un ejemplo evidente de la enorme dispersión de escenarios que ha abierto su elección sobre el futuro de las relaciones sino-estadounidenses. Los más optimistas en China esperan que Trump haga honor a su palabra de exigir a Taiwán asumir un mayor coste económico por su defensa o que, incluso, en su afán de alcanzar acuerdos económicamente ventajosos para EEUU, pudiera reducir significativamente el compromiso de Washington con la defensa de Taiwán. Ello permitiría a Pekín avanzar en su deseo de incorporar la isla dentro de la República Popular China. Por el contrario, otros recuerdan que durante el primer mandato de Trump se tomaron medidas, como la aprobación de la Taiwan Travel Act, que fueron fuertemente criticadas por el gobierno chino por favorecer los vínculos políticos ente EEUU y Taiwán en detrimento del principio de una sola China. Es más, en el entorno del presidente Trump hay posibles miembros de su gobierno, como su exsecretario de Estado, Mike Pompeo, que han abogado públicamente por el reconocimiento formal de Taiwán como un Estado soberano por parte de EEUU.

Esto evidencia que para China será determinante ver de quién se rodea Trump y qué peso tendrán esos colaboradores en el gobierno, pues no olvidemos que muchas de las personas que le son próximas tienen un profundo rechazo ideológico a la República Popular China. Parafraseando a uno de los participantes chinos en un seminario celebrado recientemente en la Universidad de Zhejiang: “Ellos (los americanos) nos juzgan por lo que somos. Ustedes (los europeos) nos juzgan por lo que hacemos”. Valgan de ejemplo dos de las figuras que están sonando con más fuerza para el puesto de secretario de Estado: Robert C. O’Brien y Marcos Rubio. El primero publicó en junio de este año un artículo en Foreign Affairs abogando por el desacoplamiento con China y criticando a la Administración Biden por no haber hecho lo suficiente en este sentido. Por su parte, el senador Marcos Rubio se presenta en su página web oficial como alguien que está “liderando la carga para reequilibrar nuestras relaciones con la China comunista”. Si estos halcones consiguieran imponer sus posiciones, asistiríamos muy posiblemente a un desacoplamiento mucho mayor no sólo a nivel económico y tecnológico, sino también a nivel educativo, científico y cultural entre EEUU y China, particularmente perjudicial para el país asiático.

El estallido de una guerra comercial abierta entre los dos países también es mucho más probable con la vuelta de Trump a la Casa Blanca. El presidente electo se comprometió a establecer aranceles masivos, como mínimo del 60%, sobre todas las importaciones chinas. Independientemente de si esta medida se aplicara, parece evidente que Trump va a endurecer sustancialmente la presión comercial sobre el país asiático. Si bien las autoridades chinas llevan meses preparándose para este escenario, y algunos académicos chinos han transmitido públicamente confianza en la capacidad de China de lidiar con este escenario, hay un reconocimiento generalizado de que el aumento de la presión comercial sería muy perjudicial para una economía que no atraviesa su mejor momento.

En cualquier caso, también son numerosas las voces que hablan de las oportunidades que una segunda Administración Trump puede presentar para China. La más obvia es el deseo de Trump de ser reconocido como un gran negociador, capaz de llegar a acuerdos desde una lógica transaccional y pragmática. En un artículo publicado en China Daily, el director de su oficina en Bruselas se refería a las promesas de Trump de terminar las guerras como “más necesarias que muchas otras cosas” y elogiaba su predisposición de llevarse bien con China, Rusia y Corea del Norte. Trump es de las poquísimas personas en Washington que elogia públicamente a Xi Jinping y el presidente chino ya fue capaz, durante el primer mandato de Trump, de conseguir que se diera marcha atrás a restricciones sobre empresas chinas como Huawei y ZTE.

Además, el muy probable chovinismo de la acción exterior de una segunda Administración Trump podría volver a materializarse en proteccionismo, aislacionismo y unilateralismo, lo que posiblemente alienaría a muchos países, incluyendo a los aliados tradicionales de EEUU. Esto es visto como una oportunidad para la diplomacia china, que recuerda cómo se hundió la imagen internacional de EEUU durante el primer gobierno de Trump y cómo esto facilitó que pudieran presentar a China como la gran valedora de la lucha contra el cambio climático y del libre comercio. Una posible salida de EEUU del Acuerdo de París claramente llevaría a una repetición de ese escenario.

En este sentido, desde China se muestran optimistas sobre el futuro de sus relaciones con la Unión Europea (UE), especialmente si se pone fin a la guerra en Ucrania, que es uno de los principales lastres a nivel político de la relación bilateral. Ya se está comenzando a lanzar desde este país el mensaje de que China y la UE son socios ideológicamente afines en la defensa de elementos centrales del orden internacional vigente como el régimen de Naciones Unidas contra el Cambio Climático, la Organización Mundial del Comercio o la Agenda 2030.

Asimismo, el proteccionismo de Trump se espera que no sólo golpee a China, sino también a la UE y sus Estados miembros. Por lo que hay analistas chinos que se muestran optimistas sobre el futuro de las relaciones económicas de China con otros perjudicados de las políticas económicas trumpistas. De hecho, esto parece que ya está contribuyendo a facilitar negociaciones bilaterales entre Pekín y Bruselas, como un posible compromiso de precios de los exportadores chinos de baterías que podría derivar en la eliminación de los aranceles impuestos recientemente por la Comisión Europea sobre los vehículos eléctricos chinos. Por el contrario, los expertos chinos se muestran mucho más reacios a reflexionar, al menos con sus colegas europeos, sobre la posibilidad de que Trump haga de la contención de China su gran prioridad en política exterior y que esté dispuesto a llegar a acuerdos favorables para sus aliados europeos a cambio de apoyo en una estrategia más sistemática de contención contra China.

Dentro de la enorme incertidumbre que genera la elección de Trump sobre el panorama internacional, en China son conscientes de su enorme capacidad disruptiva y se están preparando para afrontarla de la forma más provechosa posible para sus intereses."

(Mario Esteban es investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, donde dirige el Centro de Estudios de Asia Oriental. Real Instituto Elcano, 11/11/24)

11.9.24

La postura única de China respecto al genocidio palestino se diferencia de EEUU, Europa y la mayoría de los países musulmanes, en: No condenar el asalto de Hamás a Israel, el 7 de octubre de 2024 (7/10), y considerarlo una consecuencia de décadas de la agresión... No llamar terrorista al grupo de derecha islamista... Presentar varias propuestas en la ONU para poner fin a los bombardeos, proteger a los civiles palestinos, su derecho a tener un estado, y convertirse en el miembro de pleno derecho en esta organización... Al contrario de EEUU que no para de mandar a su Secretario de Estado a la región para negociar, principalmente, la liberación de los rehenes israelíes, China busca un alto el fuego inmediato y duradero... Oponerse a que la Gaza de la posguerra fuese gobernada por otras entidades que no sean los propios palestinos... Tras el asesinato de Haniyeh en Teherán por Israel, el Ministro de Exteriores Wang Yi ofreció a su homólogo iraní, Ali Bagheri, algo inaudito en la actual política exterior de China: su apoyo al derecho de Irán a autodefensa (Nazanín Armanian)

 "La posición de la República Popular de China se diferencia de EEUU, Europa y la mayoría de los países musulmanes, en:

  1. No condenar el asalto de Hamás a Israel, el 7 de octubre de 2024 (7/10), y considerarlo una consecuencia de décadas de la agresión del país judío a los derechos legítimos del pueblo palestino.
  2. No llamar terrorista al grupo de derecha islamista (tampoco lo hace con Hezbolá o Talibán).
  3. Pedir la liberación de cientos de civiles secuestrados por Hamás y reprobar tanto el asesinato de cerca de 1000 israelíes, como la matanza de más de 40.000 palestinos por Israel,así como violaciones generalizadas de las leyes internacionales por parte del ejército judío, calificándolas de "crímenes de guerra". Así, China ha pasado de la "neutralidad propalestina" de los anteriores conflictos entre las partes, a condenar duramente a Israel, provocando un gran shock en Tel Aviv.
  4. Presentar varias propuestas en la ONU para poner fin a los bombardeos, proteger a los civiles palestinos, su derecho a tener un estado, y convertirse en el miembro de pleno derecho en esta organización; todas ellas han sido vetadas por EEUU, pero respaldadas con entusiasmo por la mayoría del Sur Global (unos 120 países).
  5. Pedir a las partes "poner fin de inmediato a las hostilidades", e iniciar un diálogo para la resolución del conflicto, en vez de echar gasolina al conflicto suministrando armas.
  6. Al contrario de EEUU que no para de mandar a su Secretario de Estado a la región para negociar, principalmente, la liberación de los rehenes israelíes, China busca un alto el fuego inmediato y duradero. Para este fin, organizó en noviembre pasado una cumbre de altos cargos de los países musulmanes, aunque sin la asistencia de Israel. Tal iniciativa sólo fue un gesto de Pekín en su nuevo papel de mediador de conflictos.
  7. Oponerse a que la Gaza de la posguerra fuese gobernada por otras entidades que no sean los propios palestinos: invitó a 14 grupos palestinos, entre ellos Hamás y la OLP, a una cumbre para resolver sus discrepancias en favor de la formación de un "Gobierno interino de reconciliación nacional".

Los motivos de una política singular:

  1. Por su memoria histórica, marcada por el "siglo de humillación" sufrido (la agresión militar de Japón y las Guerras del Opio de Inglaterra), China se opone al ataque de un Estado a otro.
  2. Sentir una profunda empatía con los palestinos, ya no por el "internacionalismo proletario", eliminado desde hace años de la política exterior china, sino por la herencia de la era de Mao Zetong, que acogió la lucha palestina como parte del movimiento de liberación nacional mundial, contra el estado israelí, el "bastión del imperialismo de EEUU". En 1965, la OLP de Yaser Arafat abrió una oficina diplomática en Pekín. En 1992, y sin que fuese una coincidencia accidental con la fecha del desmantelamiento de la URSS, a la que apodó el "social imperialismo", China reconoció al Estado israelí.
  3. Estar preocupada por una guerra regional total entre Israel-EEUU e Irán, y el impacto mundial que va a tener.

La importancia de Oriente Próximo para Pekín de debe a:

  1. Es proveedor de la mitad de sus importaciones de petróleo.
  2.  Forma parte de la iniciativa de la Ruta de la Seda del Siglo XXI; es destino de grandes inversiones del gigante asiático (sólo en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos ha invertido unos 96 mil millones de dólares), y también por albergar rutas comerciales vitales para el desarrollo chino.
  3. Allí y cerca de sus fronteras, EEUU ha instalado decenas de bases militares y unos 50.000 soldados: las 5 bases que el Pentágono posee en Afganistán, por ejemplo, son las únicas con acceso terrestre a China (las de Asia pacífico son bases navales y aéreas).
  4. Es el escaparate donde el mundo puede observar y juzgar otro fracaso de la hegemonía mundial de EEUU. China no aspira a reemplazarlo, sino a cambiar el orden mundial actual basado en el unilateralismo estadounidense.

El conflicto perjudica a China porque:

  1. Entorpece el mega proyecto de la Ruta de la Seda del Siglo XXI: Las cifras del comercio regional de esta potencia con Oriente Medio y el Norte de África en 2021 rondaron los 259.000 millones de dólares (2021), mayor que EEUU.
  2. Impide que siga con su tarea de mediador de conflictos, al tener que ponerse del lado de una de las partes, al contrario de cuando juntó la teocracia totalitaria sunnita de Arabia saudí con su semejante chiita de Irán para que se acercaran en Pekín.
  3. El 7/10 primero, el apoyo inequívoco de China a los palestinos puso fin al "matrimonio hecho en el cielo", como definió Benjamin Netanyahu las relaciones de su país con China, basadas principalmente en el desarrollo de infraestructura en Israel por China y la venta de tecnología avanzada por Israel. Con un volumen de comercio de 18 mil millones (2021), China fue el segundo mayor socio de Israel, detrás de EEUU. Netanyahu planeaba utilizar al presidente Xi y sus amplias relaciones con esta potencia para chantajear a un Joe Biden que se negaba a recibirle en la Casa Blanca: su visita a Pekín en marzo del 2023 obligó al presidente de EEUU a invitarle después de tres años; sin embargo, en la aplicación de "quien paga, manda", obligó a su socio a crear un comité para investigar los aspectos de seguridad nacional de las inversiones extranjeras, por la "sobredependencia" que presentaba del rival asiático, consiguiendo desacelerar sus inversiones en Israel: así rechazó, por ejemplo, la oferta china para una planta desalinizadora que iba a ser la más grande del mundo, o un puerto de contenedores en Haifa donde atraca la Sexta Flota de la Armada estadounidense.

¿En qué se beneficia China de la guerra? Que Pekín haya arriesgado sus buenas relaciones con Israel en este escenario, se debe a que:

  1. Un nuevo conflicto en Oriente Próximo distraerá a EEUU de la cuestión de Taiwán, de Asia pacifico, y le forzará también a poner fin a la guerra de la OTAN contra su principal aliado, Rusia.
  2. Es una oportunidad para China de afianzar su prestigio y peso en el Sur Global, presentar su visión alternativa del orden mundial, basada en paz y convivencia versus el orden estadounidense que se destaca por la imposición de sus intereses, mediante ataques militares, golpes de estado y castigos colectivos a las naciones con sanciones económicas.
  3. Una de las primeras consecuencias de la suspensión (provisional) de los Acuerdos de Abraham sobre la normalizan entre Israel y los países árabes a causa del 7/10, ha sido la paralización del proyecto del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (CEIOE), o la Ruta de Algodón, la apuesta de los G20 para sabotear la Ruta de la Seda china, en el que participan India, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania, Israel y varios países europeos.
  4. También queda en el aire el acuerdo que cerró India con Irán para operar el estratégico puerto Chabahar en el Golfo Pérsico (cerca del puerto pakistaní de Gwadar alquilado por China), y así poder entrar en el amplio mercado de Asia Central y acceder al Mediterráneo, cruzando Irak y Siria.
  5. China ve con satisfacción el desgaste de las fuerzas militares de EEUU en el mar Rojo para contener a los hutíes, grupo de extremaderecha jihadista, contra quienes China votó en 2015 a favor de la Resolución 2216 para que la Liga de los Estados Árabes utilizase "todos los medios y medidas necesarias, incluida la intervención militar, para proteger a Yemen y a su pueblo de la continua agresión de los hutíes". China utiliza el estrecho de Bab Al- Mandeb (que enlaza el mar Rojo con el océano Índico) para enviar sus barcos mercantes al Mediterráneo: en caso de ser bloqueado, tendrán que rodear toda África para descargar sus mercancías en el Mediterráneo.

La amenaza de Pekín a los ayatolás de que si no detienen los ataques de los hutíes, "las relaciones entre ambos países" se verían perjudicadas, cayó en saco roto, porque Teherán quiere mostrar su enfado con los chinos por el incumplimiento de numerosos acuerdos firmados y la subinversión de Irán, carece de la influencia que presume sobre el grupo, y además se beneficia de sus acciones, entreteniendo a los cazabombarderos de EEUU y Reino Unido matando yemeníes. Si la inseguridad en este mar se alarga, China sacará algo de rentabilidad: muchos países se verán obligados a usar sus ferrocarriles de la Ruta de la Seda, para transportar sus productos a Europa.

Y unas observaciones finales:

  1. La afirmación del Ministro de Exteriores chino, Wang Yi, de que la tensión entre Irán e Israel es un "desbordamiento de los conflictos de la guerra de Gaza", es reducir las complejas y amplias discrepancias entre diferentes estados capitalistas "religiosos" en esta región, y también cerrar puertas a posibles salidas de los palestinos de esta inhumana situación: el choque de la teocracia islámica de Irán con la judía de Israel tiene carácter religioso y el de Israel con Irán, geopolítico (y más bien por el programa nuclear de los ayatolás).
  2. Tras el asesinato de Haniyeh en Teherán por Israel, Wang ofreció a su homólogo iraní, Ali Bagheri, algo inaudito en la actual política exterior de China: su apoyo al derecho de Irán a autodefensa. ¿Animaba a los ayatolás a matar a un alto cargo de un país aliado de Israel en Tel Aviv? Incomprensible, por la naturaleza cautelosa de los líderes chinos. Afortunadamente, la teocracia islámica, pensando en su propia superveniencia, ha decidido dejar pasar este agravio, al igual que lo hizo con los asesinatos de Qasem Soleimani, los militares en el consulado de Damasco o de su presidente Ebrahim Raisí, si no ahora Teherán sería un montón de escombros.
  3. China, al igual que EEUU, sabe que la solución de "dos Estados" (a la que se oponen Israel, Irán y Hamas) hoy es más imposible que nunca. Por lo que, con valentía debería presentar una solución viable que beneficie al pueblo palestino, aunque sea políticamente incorrecto (¿cuándo una propuesta rompedora socialista no lo ha sido, inicialmente?) y vaya en contra de los intereses de quienes se benefician, en ambos lados, de la muerte y destrucción. Quizás no ha presentado ninguna hoja de ruta porque a ojos de China la "cuestión palestina", al no tener una solución, ha dejado de ser un problema. Tampoco hay que perder de vista que China carece de poder, tanto duro como blando, en Oriente Próximo para imponer su "plan" a los actores implicados. Dicen que tener buenas relaciones con alguien no significa tener influencia sobre él.

Sin duda, la actual política china sobre este conflicto marcará un antes y un después en su diplomacia a nivel mundial."            (Nazanín Armanian , Público, 09/09/24)

9.1.24

Un estadounidense apela a Taiwán: no voten para ser Ucrania 2.0... Al igual que en Ucrania, una guerra por poderes en Taiwán se libraría con "Nuestras balas, su sangre"... El 13 de diciembre, el pueblo de Taiwán puede dar un gran paso hacia un futuro pacífico. Si votan a un gobierno no cautivo de la beligerante política exterior estadounidense, muchos estadounidenses se lo agradeceremos (John V. Walsh)

 "El 13 de enero, el pueblo de Taiwán, oficialmente designado República de China (ROC), elegirá un nuevo Presidente y una asamblea legislativa unicameral conocida como Yuan Legislativo.  La elección gira en torno a la cuestión de la política de Taiwán hacia el continente, la República Popular China (RPC). Esta política tendrá profundas repercusiones en Asia Oriental y en el mundo.

La principal amenaza para la paz en la zona es que Taiwán rompa con la política de una sola China y declare su independencia del continente.  La política de la RPC es reunificarse con Taiwán por medios pacíficos en algún momento futuro, salvo una declaración formal de independencia por parte de Taiwán, que bien podría conducir a la guerra.

La opinión de los taiwaneses sobre la separación del continente

¿Qué opina la población de Taiwán de la secesión frente al statu quo?  En una encuesta realizada en 2023 por el Estudio Electoral de la Universidad Nacional Chengchi de Taiwán, un 32,1% dijo preferir "mantener el statu quo indefinidamente" (la categoría más numerosa); el 28,6% eligió el statu quo para "decidir (el destino de Taiwán) en una fecha posterior" (la segunda categoría más numerosa); el 21,4% optó por el statu quo con vistas a "avanzar hacia la independencia"; y el 6,0% , el statu quo con vistas a "avanzar hacia la unificación".  Un total del 88,1% está a favor del statu quo por ahora, y el 60,7% (las dos primeras categorías) quiere maEn cambio, sólo el 1,6% quiere "la unificación lo antes posible" y sólo el 4,5% "la independencia lo antes posible".  En esta cuestión, Estados Unidos no ha logrado ganarse el corazón ni la mente de los taiwaneses.

¿Cómo van las elecciones presidenciales hasta ahora?

Los tres principales partidos que compiten por la Presidencia son el Partido Democrático Progresista (PDP); el Kuomintang (KMT) y el relativamente nuevo Partido Popular de Taiwán (TPP).  Los candidatos presidenciales son William Lai (DPP), Hou Yu-ih (KMT) y Ko Wen -je (TPP). Mientras que los líderes del DPP se inclinan por la independencia, son hostiles a la RPC y muy cercanos a la élite de la política exterior estadounidense, los otros dos buscan desarrollar el entendimiento con China continental y preservar el statu quo.

¿Qué nos dicen las encuestas sobre las elecciones?  El DPP es ahora el favorito, pero con un margen cada vez menor. Un sondeo muy reciente, del 2 de enero, daba a Lai, del DPP, el 38,9%, a Hou, del KMT, el 35,8%, y a Ko, del TPP, el 22,4%. El voto combinado para los partidos amigos de China continental, el KMT y el TPP, fue del 58,2%.  Pero ahí no acaba la historia.

En el sistema de Taiwán, la victoria sólo requiere una pluralidad.  En consecuencia, como resultado de la división de la oposición entre el KMT y el TPP, el DPP, que va en cabeza, podría ganar.  No obstante, la oposición debería obtener fácilmente la mayoría en el Yuan Legislativo, lo que supondría un cierto freno para el DPP.

Opiniones sobre la intervención de EE.UU. en un conflicto armado por Taiwánntener el statu quo sin ningún objetivo específico para el futuro.

 Volviendo a la opinión estadounidense sobre un posible conflicto armado en Taiwán, la última de las encuestas del Chicago Council on Foreign Affairs nos dice : "Como en encuestas anteriores, una mayoría de estadounidenses (56%) se opone a enviar tropas estadounidenses a Taiwán para ayudar al gobierno taiwanés..." (Cursiva, jw)

Ese porcentaje seguramente aumentará a medida que la guerra se prolongue, como ha sucedido con la guerra por poderes de Ucrania.  El sentimiento en contra de más financiación para Ucrania está creciendo en el Congreso, especialmente entre los republicanos, un reflejo del creciente sentimiento anti-intervencionista en su base.

¿Qué opina la clase política estadounidense de los extranjeros que mueren por los objetivos de Estados Unidos?  He aquí las palabras ampliamente citadas del líder de la minoría del Senado estadounidense, Mitch McConnell: "Ningún estadounidense está muriendo en Ucrania. Estamos reconstruyendo nuestra base industrial (para producir armas, jw). Los ucranianos están destruyendo el ejército de uno de nuestros mayores rivales. Me cuesta encontrar algo malo en ello"(cursiva, jw).  No menciona a los cientos de miles de ucranianos que están siendo sacrificados para "debilitar" a Rusia, por utilizar la frase del Secretario de Defensa estadounidense. Este desprecio por la vida humana es cruel y bárbaro en extremo.

Una guerra proxy de EEUU contra China en Taiwán - "Balas estadounidenses, sangre taiwanesa"

 Al igual que en Ucrania, una guerra por poderes en Taiwán se libraría con "Nuestras balas, su sangre", en palabras de un tal Oliver North.  De hecho, el DPP ya ha dado un paso decisivo en la dirección de convertir a los jóvenes taiwaneses en carne de cañón estadounidense al ampliar el periodo de servicio militar obligatorio de 4 meses a un año, a partir de 2024.  Esa es la parte de la "sangre".

En cuanto a la parte de las "balas", Taiwán ha comprado miles de millones en armas a EEUU desde 1979.  Recientemente, la administración Biden comenzó a regalar armas a Taiwán, lo que significa que los impuestos estadounidenses pagan por ellas.  Esto se suma al enorme gasto en bases estadounidenses, ejercicios navales y maniobras de "libertad de navegación". Si estalla la lucha y aumentan los gastos, ¿cuánto tiempo pasará antes de que Estados Unidos se canse de pagar y quiera retirarse?  Al fin y al cabo, Estados Unidos está a salvo al otro lado del inmenso Pacífico.

El plan básico de EE.UU. parece ser provocar a la RPC a una acción militar para dañar su reputación a los ojos de sus vecinos, animándoles a construir su ejército y unirse a las alianzas antichinas lideradas por EE.UU..  Si eso no ocurre, Estados Unidos no se arredrará ante una operación de bandera falsa o una fabricación descarada.  Pensemos en el ficticio incidente del Golfo de Tonkín, que consiguió la aprobación del Congreso para la guerra de Vietnam, que consumió millones de vidas.

 El 13 de diciembre, el pueblo de Taiwán puede dar un gran paso hacia un futuro pacífico.  Si votan a un gobierno no cautivo de la beligerante política exterior estadounidense, muchos estadounidenses se lo agradeceremos.  Y quizá su voto nos inspire para elegir a más anti-intervencionistas aquí en Estados Unidos."

(John V. Walsh, ex-profesor de Fisiología y Neurociencia en la Facultad de Medicina Chan de la Universidad de Massachusetts, Counter Puch, 08/01/24; traducción DEEPL)

26.12.23

Pocas potencias parecen hoy más sólidas y estables que China. Sin embargo el gobierno de ese país tiene un serio problema de legitimación que ineludiblemente desembocará en una grave crisis si no es atajado a tiempo... Los chinos nunca han sido más librs que ahora... China ya es, en gran medida, una sociedad democrática, en el sentido de que sus relaciones internas vienen presididas por la horizontalidad y el principio de igualdad de sus miembros... pero son libertades de hecho, en gran parte no reconocidas como derecho por el sistema político que es esencialmente autoritario... En tal situación, solo un régimen político democrático, es decir un régimen que reconoce la voz, el derecho y la participación ciudadana para su funcionamiento, puede lograr mantener su gobierno de una forma legítima y estable... se trata de reconocer la voz, el derecho y la participación ciudadana en los asuntos públicos en una dirección que rompa y vaya más allá de la democracia de baja intensidad que el neoliberalismo ha instaurado en el mundo occidental... La democratización china debería hacerse, por tanto, no contra el Partido Comunista, sino desde el Partido Comunista, de una forma gradual, manteniendo un fuerte poder central que evite la división del partido, y aprovechando las lecciones de la malograda democratización soviética... sin resolver la cuestión de la puesta al día de su legitimación, el régimen chino se expone a una crisis de extraordinarias proporciones (Rafael Poch)

 "Pocas potencias parecen hoy más sólidas y estables que China. Sin embargo el gobierno de ese país tiene un serio problema de legitimación que ineludiblemente desembocará en una grave crisis si no es atajado a tiempo. Lo explica el profesor Ci Jiwei en su libro Democracy in China.

Profesor de filosofía en la Universidad de Hong Kong, donde tuve el gusto de conocerle, Ci ha puesto como subtítulo de su libro, The Coming crisis. Hay toda una industria occidental alrededor de esa Coming crisis en China que ha producido toneladas de fallidos pronósticos sobre el inminente hundimiento del régimen chino. El semanario británico The Economist, que ya en los años noventa nos explicaba lo mal que lo estaba haciendo China en comparación con la Rusia de Boris Yeltsin de entonces, ocupa un lugar de honor en esa disparatada serie. Recordamos también al aclamado Gordon G. Chang, que en 2001 en plena fase turbo del ascenso chino nos vendió su bodrio The Coming Collapse of China… Lo de Ci Jiwei pertenece a otra categoría y a continuación vamos a explicar de qué se trata.

Sociológicamente, China ya es, en gran medida, una sociedad democrática, en el sentido de que sus relaciones internas vienen presididas por la horizontalidad y el principio de igualdad de sus miembros. En tal situación, solo un régimen político democrático, es decir un régimen que reconoce la voz, el derecho y la participación ciudadana para su funcionamiento, puede lograr mantener su gobierno de una forma legítima y estable. Una sociedad sociológicamente democrática inserta en un régimen que no lo es, acaba chocando y considerando ilegítimo a un gobierno cuya lógica es autoritaria, impositiva y patriarcal. Esta contradicción tiene un gran futuro en China, tanto en el orden interno, como en el externo.

 En la historia reciente de China, la sociedad tradicional que era gobernada con la antigua forma patriarcal y autoritaria propia del imperio, saltó por los aires en dos fases. La primera fue la transformación da la familia iniciada por el maoísmo y su acción de establecer la igualdad entre hombres y mujeres, tanto dentro como fuera del ámbito familiar. La segunda fue la transformación de las relaciones entre padres e hijos en un sentido mucho más igualitario durante la reforma de Deng Xiaoping. Aquella sumisión tradicional tan fácilmente trasladable a la relación del individuo hacia la autoridad del Estado, hoy prácticamente ha desaparecido y exige, por así decirlo, un nuevo contrato. Por más que incompleta y muchas veces inconsistente, “la condición igualitaria no solo destruye la autoridad parental y de los ancianos sino también la deificación de los gobernantes antes percibida como algo natural”, dice el profesor Ci Jiwei.

En la vida cotidiana, el sistema de China no puede ser descrito como autoritario y opresivo. Los chinos nunca habían sido más libres que ahora. Sus libertades para moverse, pensar, opinar y actuar son ampliamente ejercidas con la mayor naturalidad, pero son libertades de hecho, en gran parte no reconocidas como derecho por el sistema político que es esencialmente autoritario.

La legitimidad del régimen bebe de dos fuentes. Una es su condición de heredero de la revolución comunista que emancipó y modernizó al pueblo chino en un proceso a la vez liberador, dramático y repleto de sentido nacional. Esa fuente de legitimidad está a punto de secarse puesto que el Partido Comunista es mucho más el partido de los que mandan que cualquier cosa relacionada con las promesas de igualdad y justicia que estaban en su origen. Hay todavía cierto nexo biográfico entre los actuales dirigentes y aquel pasado, pero la actual generación es la última capaz de referirse a aquellos ecos fundadores. El contraste entre aquellos principios y la práctica del actual partido de los que mandan convertido en “masivo aparato de apropiación privada” en el contexto de privilegio y corrupción propio del capitalismo, es cada vez mayor y anula por completo esa legitimidad.

La otra fuente es la eficacia de la gestión de ese régimen. Bajo la dirección del Partido Comunista, por desvirtuada y borrosa que sea su identidad fundacional, China se ha convertido en una gran potencia y ha logrado extraordinarios avances por todos reconocidos. Ese éxito es bien claro y entrará en los libros de historia. La desaparición de la primera fuente de legitimidad, convierte en única y principal esta segunda legitimación. Pero es sabido que el ascenso y crecimiento económico no son eternos. Así que la pregunta es, qué pasará cuando remita el actual dinamismo económico del país. Es razonable pensar que en algunos años China dejará de ser la dinámica locomotora que es ahora. Para conjurar la completa sequía de toda su actual legitimación y evitar su hundimiento, el régimen debe abrirse a la incorporación y participación de la ciudadanía en los asuntos políticos.

 Como apunta al exponer esta tesis Ci Jiwei, uno de los raros autores que ha enfocado el problema de la democratización china desde una perspectiva a la vez realista y radical, eso no significa seguir el recetario occidental que reduce la democratización de los regímenes autoritarios adversarios a la celebración de rituales electorales que de una u otra forma instauran gobiernos que acaban con los obstáculos derivados del control político de la economía y abren la situación al completo dominio del capital transnacional. De lo que se trata es de otra cosa: de reconocer la voz, el derecho y la participación ciudadana en los asuntos públicos en una dirección que rompa y vaya más allá de la democracia de baja intensidad que el neoliberalismo ha instaurado en el mundo occidental.

 Ci distingue tres modelos de desarrollo demócrático. Uno es el que tenemos hoy en Occidente y que la canciller Merkel bautizó como Marktkonforme Demokratie: una democracia al servicio del capitalismo, en la que la esfera política está dominada por la económica y en la que los restos del estado social sobreviven a duras penas. Otra es aquella en la que la esfera política compensa y equilibra la económica, actuando como contrapeso contra el capitalismo pero dentro de el, como fue el caso del New Deal de Roosevelt o de la socialdemocracia europea de posguerra que hizo posible el estado social y cierta holgura y emancipación dentro del capitalismo. La tercera es una democracia que trascienda al capitalismo con una dirección socialista que acabe solucionando la contradicción esencial existente entre capitalismo y democracia. Esa sería, por tanto, una democracia contra el capitalismo. El régimen chino debería, obviamente, prepararse para una transformación en ese tercer sentido, de lo contrario el intento de poner al día su legitimación mediante una “democracia al servicio del capitalismo” podría saldarse con un desastre que empeorara las cosas.

 Sin dejar de reconocer lo mucho que a China le pueden beneficiar y lo mucho que puede aprender de nociones occidentales convertidas en universales como el estado de derecho, la libertad de expresión y prensa consagrada en leyes y constituciones, la independencia judicial o los derechos humanos, hay que ser bien consciente de que importar una democratización a la occidental, significa hoy abrazar la Marktkonforme Demokratie. Eso destruiría las ventajas que el dominio de lo político sobre lo económico propias del régimen autoritario tiene para la población, establecería poderes fácticos equivalentes a Wall Street o el complejo militar industrial de Estados Unidos, hoy gloriosamente desconocidos en el país, y abriría las puertas a liderazgos nacionalistas y populistas de tipo trumpista como genuino resultado del veredicto de las urnas. La democratización china debería hacerse, por tanto, no contra el Partido Comunista, sino desde el Partido Comunista, de una forma gradual, manteniendo un fuerte poder central que evite la división del partido, y aprovechando las lecciones de la malograda democratización soviética que acabó llevándose por delante al reformador, Gorbachov, y todos sus buenos propósitos. Lograr todo esto, sin perder las riendas de la situación, sin que la división del partido de estado y la inmadurez política de la sociedad china (algo que cualquier conocedor del país tiene bien presente) propicien un caos que lo destruya todo, es el gran e ingente reto que los políticos chinos tienen por delante y la pregunta es si son conscientes de ello. Sea como sea, sin resolver la cuestión de la puesta al día de su legitimación, el régimen chino se expone a una crisis de extraordinarias proporciones.

 En su dimensión exterior, la democratización interna del régimen chino tiene también un sentido crucial. Hace menos de treinta años que China “salió al mundo”, y, desde luego, no hemos visto en ella una repetición de la conducta de los últimos trescientos años de las potencias occidentales. Sus relaciones comerciales con el sur global no han sido impuestas por la fuerza. Su no injerencia en los asuntos internos de sus socios no ha fortalecido, endurecido o hecho peores a sus regímenes políticos. En eso hay una diferencia con, por ejemplo, las condiciones “neoliberales” adjuntas a los créditos occidentales al sur global, causantes de tantos desastres. En general, China no es vista en el sur global como una potencia imperial o neocolonial. Una de sus ventajas para el mundo de hoy es su menor predisposición a la violencia y el conflicto, la no exportación de un “chinese way of life”, su relativo desinterés en la carrera armamentística, la ausencia de un “complejo militar-industrial” capaz de influir e incluso determinar la política exterior, como ocurre en Estados Unidos, y su doctrina nuclear, la menos demencial entre las de los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. En los últimos treinta años, en los que Occidente se ha metido en un sinfín de desastrosas guerras, China no ha conocido conflictos externos. Los que tuvo antes, la intervención en la guerra de Corea, los incidentes con India y la malograda operación de castigo contra Vietnam de 1979 que tan mal le salió, no fueron en absoluto intervenciones de cariz expansionista. China mantiene una política mucho más defensiva que ofensiva y eso no es así ahora, cuando tiene enfrente a rivales mucho más poderosos militarmente que ella, sino que ha sido siempre así. Su actual rearme, incomparable con el de Estados Unidos, es una clara reacción al hecho de que Washington haya pasado de considerarle un “socio”, a presentarla como “la mayor amenaza existencial contra Estados Unidos”…Todo eso son buenas noticias, pero no es suficiente para proyectar un verdadero liderazgo y una sólida autoridad moral en el mundo.

 En nuestro tiempo la aspiración a la democracia es un anhelo y ambición común y universal, claramente dominante y establecido en las diferentes sociedades y culturas del mundo. No me refiero aquí a la caricatura sometida al capitalismo y compatible con el supremacismo y el imperialismo preponderante en los países occidentales más avanzados, sino al sentido etimológico de la palabra (“poder del pueblo”) y a la idea de que no hay “buen gobierno” que no reconozca la voz, el derecho y la participación ciudadana en los asuntos públicos. Ese anhelo democrático es el vector político central de nuestro tiempo que los rusos designan como zakonomernost (закономерность): una inexorable tendencia del proceso de desarrollo social mundial hacia la modernidad. Desprovisto de esa legitimación de puertas adentro, el régimen chino nunca podrá legitimar la proyección de un liderazgo sólido de puertas afuera. El “sueño chino” (中国梦Zhongguo Meng), un concepto de vocación universal según sugiere el discurso de Xi Jinping, no podrá ser creíble ni exportable si no está en línea con ese sentido común en el interior de China, dice Ci Jiwei. Sin haber adquirido su legitimación democrática interna, el régimen chino continuará siendo objeto de ataques, intentos desestabilizadores y “revoluciones de colores” en todos aquellos frentes (Taiwán, Hong Kong, Tibet, Xinjiang y los “derechos humanos”) propicios para sus adversarios geopolíticos y para el estímulo de las tendencias separatistas y desmembradoras, lo que a su vez determina una especie de estado de sitio permanente alrededor de esos puntos sensibles. ¿Qué valores venderá China en el mundo si su régimen interno funciona en contra del sentido común universal? No hay, en definitiva, posibilidad alguna de esa comunidad global de futuro compartido citada por el ideario de Xi sin una puesta al día democratizante del régimen político en el interior de China. Sin ella no hay tampoco garantía de que el ascenso chino contribuya a esa integración planetaria, más horizontal, equitativa y menos injusta, que necesitamos para afrontar los retos del siglo."                   (Rafael Poch de Feliu , blog, 20/12/23)