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22.8.24

A un año del 'Se Acabó'... ¿Dónde estabas tú cuando España ganó el Mundial de fútbol de 2023? La victoria de las campeonas del Mundo tomó una nueva dimensión cuando Luis Rubiales, presidente de la Federación de Fútbol, decidió que él tenía los huevos y el poder suficiente para plantarle un beso en la boca a una de las futbolistas y hacerse el señor de la fiesta... la forma en que las jugadoras de la Selección Española, así, en mayúsculas, afrontaron lo que se les vino encima elevó su épica y llegó hasta los hogares donde nunca se escuchaba El Larguero... el “Se acabó” fueron dos gestas paralelas... la deportiva, la que demostró que el fútbol femenino tenía calidad, que brillaba a pesar de todas las piedras en el camino, de décadas y décadas de maltrato estructural y sistémico. Lo hicieron en colectivo, en una suerte de nuevo sindicalismo deportivo frente a una patronal implacable, la más poderosa de todas, y a sabiendas de que, como en 2021, caería sobre ellas la letra escarlata de “amotinadas” y de “rebeldes”, que bien podría costarles la salud, y la carrera... La segunda victoria fue, obviamente, la feminista. El “Se acabó” sobrevino en un momento de profundo cuestionamiento político de las conquistas políticas y culturales de los feminismos contemporáneos, simbolizado con crudeza en el feroz ataque de la derecha judicial y mediática a la ley del sólo sí es sí... cuando algunas se resignaban ya a replegarse al silencio, millones de mujeres en el mundo conectaron con Hermoso, se indignaron con ella, hicieron suya esa sensación de impotencia y de rabia que tantas hemos sentido. Ellas, Putellas, Hermoso, Paredes y cía, supieron explicar con una claridad pasmosa algo tan complejo como el consentimiento, y demostraron que todo aquello iba, sobre todo, de poder... El arrope del feminismo a las futbolistas, inesperado, torrencial, internacional, intergeneracional, fue una reparación no solo a la propia Hermoso, –a quien fue bellísimo ver dar las campanadas de fin de año en la Puerta de Sol-– sino a todo un movimiento social, popular, y político al que hasta entonces habían reprochado por activa y por pasiva el haber ido “demasiado lejos” (Irene Zugasti)

 "¿Dónde estabas tú cuando España ganó el Mundial de fútbol de 2023? Quizá viéndolo desde el sofá, la tumbona o el porche, porque ocurrió al mediodía. O trabajando, incluso aunque fuese un domingo de verano. Igual lo escuchaste conduciendo de vuelta del puente más español de todos los puentes, el de agosto. O lo mismo ni te enteraste, porque no te interesa el fútbol, pero probablemente, sí supiste de todo lo que vino después.

La victoria de las campeonas del Mundo tomó una nueva dimensión cuando Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, decidió que él tenía los huevos y el poder suficiente para agarrar la cara de una de las futbolistas, plantarle un beso en la boca y hacerse el señor de la fiesta, de toda las fiestas, de hecho. Decían que aquello empañó su Copa del Mundo, pero lo cierto es que precisamente la forma en que las jugadoras de la Selección Española, así, en mayúsculas, afrontaron lo que se les vino encima elevó su épica y llegó hasta los hogares donde nunca se escuchaba El Larguero. El resto de la historia, en fin, ya la conocen. Yo tuve la suerte de poder contarla.

Cuando CTXT me propuso escribir #SeAcabó, dentro de su editorial Escritos Contextatarios, me pregunté si era correcto hacerlo. Había hecho bandera durante toda mi vida de mi repudio al fútbol, punto neurálgico de tantos males: clasismo, racismo, machismo, corrupción. Pero bueno, precisamente por eso, parecía interesante hacerlo. Al fin y al cabo, una llevaba toda la vida rodeada de señores que le explicaban su trabajo, así que tampoco era tan grave que, por una vez, se cambiasen las tornas. Fruto de esa idea nació un ensayito, un relato en forma de partido –con sus medios tiempos, sus penaltis, sus tarjetas rojas, sus expulsiones–  escrito pese al síndrome de la impostora, pese a sentirme, y con razón, una intrusa. Tal fue la inmersión que tuve que terminar reconociendo que el fútbol (no el sistema-fútbol del capitalismo salvaje, ni el nacionalmadridismo que tanto detesta Miguel Mora) podía ser apasionante y hasta revolucionario. Y así, página a página, parimos el librito aquel. Me gusta pensar que lo hicimos, por encima de todo, con la convicción de que el “Se acabó” necesitaba una narrativa feminista, una reivindicación desde el nosotras, para evitar que, otra vez, nos arrebatasen el relato.

El libro plantea que el “Se acabó” fue no una, sino en realidad, dos gestas paralelas: la primera, obviamente, la deportiva. La que demostró que el fútbol femenino tenía calidad, que brillaba a pesar de todas las piedras en el camino, de décadas y décadas de maltrato estructural y sistémico. Las deportistas, en su feroz emancipación, estaban disputando otro fútbol, con más derechos laborales, más justo, más solidario, más inclusivo, más real, por las que fueron y por las que vendrían tras ellas. Lo hicieron en colectivo, en una suerte, si queréis verlo así, de nuevo sindicalismo deportivo frente a una patronal implacable, la más poderosa de todas, y a sabiendas de que, como en 2021, caería sobre ellas la letra escarlata de “amotinadas” y de “rebeldes”, que bien podría costarles la salud, y la carrera.

La segunda victoria fue, obviamente, la feminista. El “Se acabó” sobrevino en un momento de profundo cuestionamiento político de las conquistas políticas y culturales de los feminismos contemporáneos, simbolizado con crudeza en el feroz ataque de la derecha judicial y mediática a la ley del sólo sí es sí. Pero entonces, en medio de una violencia política despiadada y disciplinante, cuando algunas se resignaban ya a replegarse al silencio, millones de mujeres en el mundo conectaron con Hermoso, se indignaron con ella, hicieron suya esa sensación de impotencia y de rabia que tantas hemos sentido. Ellas, Putellas, Hermoso, Paredes y cía, supieron explicar con una claridad pasmosa algo tan complejo como el consentimiento, y demostraron que todo aquello iba, sobre todo, de poder. De quienes tenían derecho a agarrarse los huevos y a besarnos en la cara y de quienes debían consentirlo sin rechistar. De quienes aplauden y legitiman los abusos y de a quién se castiga por denunciarlos. El arrope del feminismo a las futbolistas, inesperado, torrencial, internacional, intergeneracional, fue una reparación no solo a la propia Hermoso, –a quien fue bellísimo ver dar las campanadas de fin de año en la Puerta de Sol-– sino a todo un movimiento social, popular, y político al que hasta entonces habían reprochado por activa y por pasiva el haber ido “demasiado lejos” y el haber hecho “demasiado ruido”. Cómo se equivocaron.

 Gracias a ese librito, que se hizo carne a través del trabajo del equipo de CTXT, –porque esto va de eso, de jugar en equipo–, y gracias también a una prologuista y amiga muy valiente, Irene Montero, #SeAcabó ha viajado muchos kilómetros y ha permitido que a su sombra brotasen conversaciones de horas y horas con muchas personas que deseaban comentarlo, hablar sobre ello. Qué emocionante, qué aprendizaje, –qué hostia de humildad también, todo sea dicho–, ha sido poder debatir horas y horas sobre la doble victoria de las campeonas del mundo. Arrancamos una noche de invierno en Madrid, junto a Boti García, que convirtió la historia en un precioso ejercicio de memoria colectiva, y hasta hoy, hemos peregrinado cuando el tiempo lo permitía, de ciudad a ciudad, siendo a veces decenas, a veces unas pocas, y a veces nadie, todo hay que decirlo. Da igual. En sus andanzas, este ensayito ha conocido a personas fascinantes que bien valían el viaje: a las jugadoras de un equipo valenciano, Samarucs, que están rompiendo todas las convenciones con su manera de entender el fútbol, la comunidad, la vida. A las fascinantes vallekanas de más de treinta que juegan al rugby sin complejos y a las que aún debo un partido. A expertas de verdad en esto del deporte, no como yo: Marta, Lucía, Pato, Mar, Pilar, Carlos… que llenaron sus páginas de sentido. También a esos hombres, ya mayores, público cautivo quizá, que se atrevieron a hablar de feminismo por primera vez en aquellas charlitas. A los centros sociales, a los pequeños proyectos que se mantienen gracias al tiempo y las manos de unas pocas almas y que algunos tienen la indecencia de llamar chiringuitos. En gira por aquí y allá, pudimos también plantear el gran debate pendiente de la masculinidad y los machismos de vestuario y conocer a personas, como Bellerín, con el coraje suficiente para poner sobre la mesa esa revolución tan necesaria, tan inaplazable. Y por supuesto, claro, están ellas: esas pequeñas librerías de la resistencia, donde escuchar era mucho más interesante que escucharme. Una vez, hasta presentamos el libro en un polideportivo donde no vino ni una persona a oírme, y en el silencio rebotaban los balonazos de las chavalas, que, detrás de mí, chutaban a la portería. Me pareció bonito.

 Hace pocos días me preguntaban si el balance, a un año de todo aquello, es positivo. Y una, que es optimista de la voluntad y pesimista de la razón, cree que sí. Aunque no me corresponde ser yo quien lo afirme. Pero sí, claro que valió la pena. A pesar de los pesares.

Dejadme ir con los pesares primero. Y es que, aunque fueron muchos los tipos detestables que cayeron de la silla en aquellos días, los cambios estructurales, dentro y fuera de la Federación, no llegaron tan lejos como nos hubiera gustado a muchas. Se descabalgó a Rubiales, a Vilda, y a otros tantos que se sentían impunes y a los que gracias al “Se acabó” pusimos nombre, apellidos y responsabilidades y que hoy deberán rendir cuentas judiciales por ello. Ellas solas hicieron temblar a una estructura federativa y de clubes –y política, ojo– que durante años había liquidado sin piedad sus carreras, aspiraciones y derechos. Pero sí, Rubiales campaba a los pocos meses en Santo Domingo jugando a las casitas, Vilda obtuvo un retiro tranquilo entrenando a la selección marroquí, y algunos, como Carlos Santiso, que no debería acercarse a una deportista en kilómetros, siguen con el culo puesto en el banquillo de Vallekas. Los Florentinos continúan siendo, como dice Fonsi Loaiza, los señores de este país. También se depuró conveniente al feminismo rebelde de las instituciones, ministerios y partidos, para volver a una calma chicha, a una institucionalidad sin tacha que conviviría sin mayor problema con Rubiales y cía., de retorno a una política pública que ha perdido ya cualquier vínculo con la calle. Pero que nadie se olvide; antes que sus propios enemigos, fue el “Se acabó” quién hizo temblar a esos señores sin nombre. La primera vez que muchos tuvieron miedo de perder sus privilegios, sus corruptelas y su derecho de pernada fue cuando tuvieron delante a las feministas.

No obstante, hay mucho, muchísimo más, en el lado de lo bueno. Cualitativamente, como contaba hace poco Ricardo Uribarri, se han multiplicado las federaciones, los clubes femeninos, el deporte de base. También los protocolos, las medidas y los recursos ante la violencia sexual que ya no podrán ser simple papel mojado. “Referente” ya no será más una palabra que solo se aplique al masculino singular. Las crías pueden aspirar a ser y a admirar (porque claro que todas necesitamos admirar y querer ser) a mujeres valientes y coherentes, y no a tipos obsesionados consigo mismos, cubiertos de unos tatuajes horterísimas, que coleccionan supermodelos y lamborghinis. Los valores que ellas han puesto sobre la mesa son la evidencia de otra forma de hacer deporte, de hacer equipo, comunidad, salud, amigas, o carrera profesional. Para muestra, sirvan los Juegos Olímpicos, donde de nuevo el feminismo ha salido al rescate del escrutinio desalmado que se ha hecho sobre los cuerpos de las mujeres, de las deportistas. Ahí queda la imagen de Simone Biles y Raquel Andrade, rendidas la una a la otra en el podio, llamándose “reinas” mutuamente, celebrando sus medallas y no sus derrotas, sin la necesidad de golpear, como Alcaraz, la raqueta en el suelo hasta destrozarla. 

No es poco, ¿verdad? En realidad, es impresionante, si echamos la vista atrás…y hasta aquí puedo leerles, o contarles. Lo que queda por delante, serán ellas quienes lo escriban. Solo espero que estemos por aquí para acompañarlas y recordarles que gracias a ellas se acabó el cuento de nunca acabar."                       (Irene Zugasti , CTXT, 20/08/24)

26.9.23

Las jugadoras de la selección nacional de fútbol son un ejemplo de solidaridad, inteligencia emocional, amor al deporte y compromiso social y feminista... Su mensaje: no nos han dejado ser solo lo que queríamos ser, futbolistas; lo hemos asumido, porque el fútbol femenino ha sufrido décadas de discriminación y porque no podíamos ponernos de lado ante la gota que colmó el vaso (la agresión de Rubiales a Jenni Hermoso). Si te pones de lado, ya te has posicionado (contra la víctima)... Queremos hacerlo, además, porque quizá puede servir de guía para otras compañeras, para muchas mujeres que están pasando por esto mismo en el trabajo o en sus vidas. Sí, es muy cansado, pero cuando vemos a las niñas que vienen a los entrenos, que quieren ser futbolistas, recuperamos la energía... Ante esa exhibición de amor al deporte y a la justicia, de sacrificio e idealismo, solo queda quitarse el sombrero, una vez más, y aplaudir con todo el orgullo a unas jugadoras que en solo un mes han conseguido dar la máxima visibilidad a la causa de las mujeres y la igualdad... Sin ofender ni menospreciar a nadie, el sustrato de las palabras de Putellas y Paredes y la unidad mostrada por las campeonas del mundo (salvo un par de tristes excepciones) desnuda y deja desarmada a una Federación corrupta hasta el tuétano, aviesa y torpe a partes iguales... así las futbolistas de la selección se reunieron en secreto y dijeron “se acabó”

 "Cómo las futbolistas de la selección se reunieron en secreto y dijeron “se acabó”.

 20 de agosto, domingo. Es mediodía. España gana el Mundial ante Inglaterra en Sídney. Es la culminación de un año de reivindicaciones, demandas y renuncias. 15 jugadoras habían exigido 11 meses antes cambios profundos en la Federación Española de Fútbol (RFEF) para volver a ser seleccionadas. Pero su pulso resultó solo a medias. La mayoría (nueve de esas 15) no ha vuelto a vestir la camiseta de España; en cambio, sus peticiones fueron escuchadas en parte y de sus quejas nació esta España. La España que puede centrarse en el juego, gustarse, vencer. Campeonar.

En plenas celebraciones, algo empieza a enturbiar lentamente la alegría. Durante la entrega de medallas, el entonces presidente de la federación, Luis Rubiales, le da un beso en la boca a la delantera Jenni Hermoso, una de las veteranas. Ella apenas reacciona. Sigue saltando y cantando. Se hace fotos con sus compañeras. Son campeonas. Llega al vestuario. Y abre las redes sociales. Suena el Aserejé. Hermoso empieza a emitir en directo. Bebe cava directamente de la botella. Y sale el tema. El presidente le había dado un pico al recoger la medalla. Pero sus compañeras no lo sabían. Ha caído la tarde y un pantallazo del momento se ha viralizado. “¿Quién se ha besado?”, pregunta una. “A ver”, pide ella. Y matiza: “Pero no me ha gustado, ¿eh?”. “¿Y qué has dicho?”, le preguntan. “Pues vale”, dice ella. “Pero, ¿qué haces, tía?”. “Pero, ¿qué hago yo?”, responde Jenni. Se ríe, nerviosa, dubitativa. Y ese vídeo también se viraliza.

 Al cabo de unas horas, ya de noche, cuando el ruido empieza a crecer, Rubiales entra en directo en la Cope. Llama “gilipollas” y “tontos del culo” a quienes se indignan. La tensión social aumenta. Es el mismo discurso que el presidente mantiene con sus asesores de comunicación, a quienes echa cuatro gritos. Él no es ningún criminal, no piensa disculparse por nada, no ha hecho nada malo. Pero el ruido es cada vez mayor. Antes de aterrizar en España, en una sala del aeropuerto de Doha, donde la campeona hace escala, graba un vídeo de disculpas sin disculpa, presionado por su entorno: “No queda otra, ¿no?”, dice. Y se explica: “Aquí dentro nadie le daba la más mínima importancia, pero fuera sí se la han dado”. Ya es lunes. Y políticos de todos los colores empiezan a exigir su dimisión.

La tensión se multiplica con el paso de los días y el jueves, un día antes de la asamblea extraordinaria, la federación filtra que Rubiales va a dimitir. En Las Rozas, el departamento de personal manda un correo electrónico que causa sorpresa entre los empleados de a pie. Se los invita a todos a acudir a la asamblea, una decisión llamativa porque, en principio, a estos cónclaves solo están llamados los acreditados. Pero era una forma de vigilar, un intento de mantener las filas prietas intramuros.

Y cuando Rubiales aparece en escena, para nada dimite. Es más, se presenta como víctima de un “asesinato social” y argumenta que el beso a Hermoso fue “consentido” porque tuvo una charla con ella en plena entrega de medallas: “Le dije: ‘¿Un piquito?’, y ella dijo vale”. Y grita hasta en cinco ocasiones aquello de “¡no voy a dimitir!”. Es el discurso del “falso feminismo”, el del ataque a Yolanda Díaz, Irene Montero o Ione Belarra. Después de aquel episodio, la crisis alcanza ya categoría planetaria.

Esa asamblea marca la línea de lo intolerable. Jenni Hermoso se siente interpelada directamente. Han manchado su honor. Han intentado convertir a la víctima en responsable. Quiere hablar. Y como ella y todas han aprendido de los errores y de cómo explicaron la renuncia de las 15 —pecan de inocentes, se malinterpreta su mensaje, no explican sus peticiones y las llaman “niñas caprichosas”—, se pone en manos del sindicato Futpro, que emite un comunicado firmado por 80 futbolistas entre las que figuran jugadoras en activo y ex de la selección.

Aunque se intuía, es ese día cuando todo el mundo entiende que a Jenni el beso no solo no le gustó, sino que la incomodó: “Me sentí vulnerable y víctima de una agresión, un acto impulsivo, machista y sin ningún tipo de consentimiento de mi parte”, decía. Y con ella se arrancan sus compañeras de selección. Y el “Se Acabó” que usa por vez primera, motu proprio, la mejor amiga de Jenni en el vestuario de España, Alexia Putellas, prende la mecha. Todas lo añaden en sus mensajes. También personas anónimas. Ha nacido un movimiento nuevo, que interpela no solo a las futbolistas, también a todas las deportistas, a todas las mujeres, que ya no toleran agresión alguna, por pequeña que esta parezca.

 “No es un pico, es una agresión”, se grita en las calles. Lejos de reaccionar, la federación emite un tibio comunicado pidiendo, también ellos, la dimisión de Rubiales. Se queda solo. Al menos, en apariencia. Porque en Las Rozas todavía tienen despacho, poder y autoridad sus más fieles colaboradores: entre ellos el secretario general, Andreu Camps; y el asesor jurídico externo, Tomás González Cueto, el mismo que lleva la voz cantante durante la reunión de la junta directiva en la que se descarta aprobar una moción de censura contra Rubiales.

Ante la inacción de la federación, el Consejo Superior de Deportes (CSD) eleva una serie de denuncias al Tribunal Administrativo del Deporte (TAD), que le abre expediente a Rubiales por falta grave —en lugar de muy grave, como deseaba el Gobierno― para poder proceder a su suspensión cautelar también desde España.

Abierta la vía administrativa, la Fiscalía fuerza que se abra también la penal. Jenni Hermoso lo hace posible. Denuncia. Agresión sexual y coacciones. Y del “no voy a dimitir”, Rubiales pasa a: “Aferrarme al cargo no va a contribuir a nada positivo”. Y dimite. No sin antes afirmar que lo hace “porque hay poderes fácticos” que impedirían su vuelta. Sigue sin disculparse. Han pasado tres semanas desde el beso.

Aquel beso y esa bola de nieve que crece y crece es la excusa perfecta que necesitan las futbolistas españolas para retomar sus reivindicaciones. La salida de Rubiales y el despido del seleccionador Jorge Vilda no son suficientes. Quieren que los cimientos de la federación tiemblen. Y ante el inminente regreso de la campeona del mundo en la Nations League, las jugadoras tensan un poco más la cuerda.

En silencio, sin que trascienda al exterior, las mundialistas se marchan a Valencia el jueves 14, cada una desde sus ciudades, para trazar la estrategia y preparar un comunicado que se haría público al día siguiente. También para prepararse ante las posibles preguntas de los medios. Sus teléfonos arden, también porque sus números los tienen muchos periodistas, que no dejan de escribirles.

 En su nota del viernes 15, no explicitan su renuncia a la selección, pero sí advierten de que necesitan un entorno de trabajo seguro y apuntan, en una lista de cinco puntos, qué cambios demandan en la RFEF antes de volver a vestirse de corto. Así, fuerzan que se intensifiquen las negociaciones con la federación. Y logran, también, que se aplace el anuncio de la primera lista de convocadas que debe dar la nueva seleccionadora Montse Tomé.

Toda esta crisis constituye un momento decisivo para las futbolistas. Y ellas lo saben. Encabezadas por las más veteranas del vestuario, más combativas, las videollamadas entre las mundialistas se suceden. Varias al día. El objetivo es mantener el grupo unido, verse las caras. Es inevitable que en un grupo tan amplio existan diferentes sensibilidades, que no todas quizá estén tan dispuestas a llegar hasta las últimas consecuencias, y esas videollamadas tienen como objetivo que la distancia física (cada una está entrenando con sus clubes) no se convierta en una grieta, en una vía de fuga. Saben que su éxito radica en la unidad. En paralelo, además, siguen muy atentas a todo lo que sale en la prensa. Las más implicadas en la causa controlan qué medios les resultan más afines, y cuáles menos, en su batalla. Y las filtraciones que algunas llevan a cabo tampoco agradan a todas.

 Hablan también con el directivo responsable del femenino, Rafa Del Amo, a su vez presidente de la territorial navarra. Su vida pasa de reunión en reunión. Y cuando advierten que no avanzan, cambian de interlocutor. Entra en escena Loli Martínez Madrona, árbitra y delegada de Protección de la Violencia Sexual. Y Del Amo, como Ana Álvarez, la directora de fútbol femenino de la federación, quedan en un segundo plano.

Madrona escucha, pero también presiona. Y les pone un plazo límite para responder a la oferta, de viva voz, de la RFEF. Deben decirle si aceptan el domingo día 17, antes de la medianoche. Pero la federación no recibe respuesta.

Ese lunes 18, no obstante, entre las mundialistas había un grupo que sí estaba dispuesto a acudir a la llamada de la selección, a dar un voto de confianza, jugar y, mientras, comprobar hasta dónde era capaz la federación de cumplir con sus promesas de cambio. Ese era el escenario a primera hora de la tarde.

Sin embargo, la primera lista de Montse Tomé, con algunas de las 15 que no habían dado un paso atrás (Mapi León y Patri Guijarro, sobre todo), y sus palabras asegurando que había hablado con las jugadoras, desató el tornado definitivo en el vestuario. Ya imparable. Esa tarde, el escenario gira por completo y todas las futbolistas lanzan la batalla que derribó la última puerta.

Responden con otro comunicado, en el que insisten en que no quieren ser convocadas (unos días antes, Athenea del Castillo sí se había declarado seleccionable) y explican que estudian las consecuencias legales a las que las expone la federación al incluirlas en una lista en la que no quieren estar. “Es otra estrategia de división y manipulación”, avisa Jenni Hermoso, a la que Tomé deja fuera de la lista, “para protegerla”. “¿Protegerme de qué o de quién?”, se indigna ella.

 Esa misma noche, las futbolistas escuchan el mensaje del presidente del CSD, Víctor Francos, que dice en la radio que si incurren en una falta grave al no responder a la llamada de la selección serán sancionadas. Se sienten solas. Las han engañado, otra vez. Al día siguiente, Francos modula el discurso. Pretende arrancarle a la federación el compromiso de desconvocar y dejar marchar a casa a las jugadoras que no quieran quedarse.

Con esa tranquilidad, el martes 19, las futbolistas se concentran en un complejo de golf en Oliva, una localidad de playa al sureste de Valencia. Y se celebra una reunión a tres bandas con la presencia también de Francos, como representante del Gobierno, y de Elvira Andrés, en representación de la federación. Se cierran una serie de acuerdos en un encuentro que termina a las cinco de la mañana y en el que se sella la paz a partir de un clima de confianza mutuo.

Al día siguiente, 20 de septiembre, un mes después de ganar el Mundial, cae Andreu Camps, el secretario general de la federación, mano derecha de Rubiales, el cerebro de la institución. Una salida que no ha provocado muchas lágrimas en los empleados de base de Las Rozas. Se trata de un hombre a quien en los pasillos federativos describen como alguien muy inteligente, una cabeza privilegiada en su materia (Derecho Deportivo), incluso austero en su vida personal, pero con muy escasa inteligencia emocional y empatía.

 El jueves, un día después de su despido, en los corrillos de la federación, varias personas recordaban la ocasión en la que Camps mandó un polémico correo electrónico a todos los trabajadores en el que les recriminaba las insuficientes horas dedicadas al trabajo. El envío causó entre estupor e indignación porque muchos de ellos, como consecuencia de los horarios de los partidos y las competiciones, extienden sus jornadas hasta bien entrada la noche. Sin embargo, el entonces secretario general no entendió, al menos aquella vez, que a primera hora de un día normal no hubiera muchas personas en Las Rozas y no se le ocurrió otra solución que mandar un mail con el recuento de las personas que estaban cada hora en la sede federativa.

Además de su salida, entre esos compromisos adquiridos con las futbolistas están también la creación de una comisión mixta con representación de las tres partes a la que acudir en momentos de crisis y la elaboración de un protocolo de actuación en casos de violencia sexual. “Esperemos que no vuelva a pasar, pero si ocurre de nuevo tiene que haber protocolos para que se actúe en el mismo instante en que pasan las cosas”, explica Irene Paredes, una de las portavoces del equipo, en la previa del partido que las enfrenta a Suecia en el estreno de la Liga de las Naciones.

Ella y Alexia Putellas toman la palabra. “Somos futbolistas, pero nos hemos tenido que meter en la cabeza que no podemos ser solo futbolistas”, dice la doble Balón de Oro, que suena más reivindicativa que nunca. “Durante décadas, ha habido una discriminación sistémica contra el femenino”, denuncia. Al día siguiente, un estadio lleno en una ciudad de la costa oeste de Suecia, Gotemburgo, aplaude y abraza a las jugadoras españolas, que antes del partido sostienen junto a las suecas una pancarta con el lema #SeAcabó y una leyenda en inglés: “Nuestra lucha es la lucha global”. Puño en alto, las campeonas mandan un mensaje al mundo. Tolerancia cero. 96 minutos más tarde, se abrazan. Son una piña. Y han ganado el partido contra la mejor selección, según el ranking FIFA. En el descuento. Como la vida misma."                 (Nadia TronchoniLorenzo Calonge , El País,  24/09/23)

 

 "Un mes después de haber levantado la Copa del Mundo en Australia, las jugadoras de la selección nacional de fútbol siguen viéndose obligadas a ser más que futbolistas. 

Lo explicaron el 21 de septiembre en una conferencia de prensa impresionante las dos nuevas capitanas del equipo (que dejaron de serlo durante un año por el castigo de la RFEF a Las 15), Alexia Putellas e Irene Paredes. En apenas 20 minutos, las dos trazaron un resumen perfecto de lo sucedido con la Federación y el Consejo Superior de Deportes desde el incidente machista que arruinó la fiesta del título. 

Su comparecencia, sin leer un papel y después de haber pasado una semana “durmiendo cuatro horas”, debería ser estudiada en las escuelas de Comunicación como un modelo de precisión, dignidad, transparencia, inteligencia emocional, solidaridad y compromiso social y feminista.  

El mensaje fundamental fue este: no nos han dejado ser solo lo que queríamos ser, futbolistas; lo hemos asumido, porque el fútbol femenino ha sufrido décadas de discriminación y porque no podíamos ponernos de lado ante la gota que colmó el vaso –la agresión de Rubiales a Jenni Hermoso y la reacción posterior de la Federación y el CSD–. Si te pones de lado, ya te has posicionado (contra la víctima), dijo Putellas. Queremos hacerlo, además, porque quizá puede servir de guía para otras compañeras, para muchas mujeres que están pasando por esto mismo en el trabajo o en sus vidas. Sí, es muy cansado, pero cuando vemos a las niñas que vienen a los entrenos, que quieren ser futbolistas, recuperamos la energía y recordamos que merece la pena. 

Ante esa exhibición de amor al deporte y a la justicia, de sacrificio e idealismo, solo queda quitarse el sombrero, una vez más, y aplaudir con todo el orgullo a unas jugadoras que en solo un mes han conseguido dar la máxima visibilidad a la causa de las mujeres y la igualdad impulsada por las políticas públicas (de las que ellas también son hijas).

Sin ofender ni menospreciar a nadie, el sustrato de las palabras de Putellas y Paredes y la unidad mostrada por las campeonas del mundo (salvo un par de tristes excepciones) desnuda y deja desarmada a una Federación corrupta hasta el tuétano, aviesa y torpe a partes iguales, que solo ha reaccionado de verdad cuando el Gobierno, a través del Consejo Superior de Deportes (lento, dubitativo e ineficiente), se decidió finalmente a intervenir en el conflicto reuniéndose cara a cara con las futbolistas en la concentración de Oliva. 

La pelea de las campeonas por conseguir un fútbol y una vida más justos, su verdad inapelable, su templado y conmovedor ejemplo, desnuda también, ahora más que nunca, a los medios y a los mal llamados periodistas que siguen, pese a todo, intentando denigrarlas; a los avaros, cobardes e insolidarios compañeros de la selección masculina; a los partidos políticos trogloditas, y a esa parte de la sociedad, cada día por suerte más pequeña, que no ha entendido todavía que la potencia del movimiento feminista, sobre todo si va acompañado de la fuerza sindical y de la presión ciudadana, es el principal motor de transformación y de mejora social –y tal vez el único que nos queda–. "              (Editorial, CTXT, 22/09/23)

13.9.23

La ola de dignidad que tumbó a Rubiales... el consenso feminista lo derribó... La dimisión del jefe del fútbol español solo fue posible por el rechazo mayoritario que suscitó su comportamiento en la calle, la política, las instituciones y la sociedad en una suma de fuerzas... la impunidad que envolvía su gesto chulesco solo estaba en su cabeza... el gesto de Rubiales permitió comprobar la fuerza del feminismo y también “que en la sociedad han madurado unos valores que se traducen en una exigencia de responsabilidad y en la tardía dimisión”. Esto, hace tres o cuatro años, “hubiera sido impensable”... Esa transformación de la sociedad ha aflorado con mucha fuerza, y supone un “punto de no retorno”... se ha organizado una conciencia crítica y colectiva enormemente poderosa... la idea del consentimiento se ha convertido en tsunami social y mediático... la violencia sexual se ha ido colocando como una preocupación enorme en madres, hijas, abuelas, estudiantes o trabajadoras, todas, por eso lo que hizo Rubiales cayó en el centro de esa vindicación política feminista y ha hecho posible que tenga que decir que se va

 "Luis Rubiales ya no manda en el fútbol español. Han pasado 17 días desde su chulesco “¡no voy a dimitir!”, repetido cinco veces ante quienes él creía que eran sus fieles, ante la opción de dejar el cargo, ya apartado de él por la FIFA. El domingo por la noche, escribió un comunicado, resignado ante unos misteriosos “poderes fácticos” que le impedirían volver a su puesto. Esos poderes existen, pero están muy lejos de ser la oscura conspiración que sugiere Rubiales. 

Se trata del poder de cientos de miles de personas a las que indignó que el presidente de la federación besara sin consentimiento a una jugadora que acababa de ganar el Mundial, Jenni Hermoso. De quienes, en pocas horas, se lanzaron a las redes sociales para señalar lo que había hecho y otros tantos días después a decir #SeAcabó; también los de los que tardaron días en reevaluar lo que habían visto: no era un gesto desafortunado, era una agresión. El de los políticos que criticaron ese comportamiento, de los medios de comunicación nacionales e internacionales. 

El poder del rechazo del resto de las jugadoras y los jugadores —aunque no todos, y algunos de forma tibia—, y los de los demás dirigentes de la federación que le fueron dando la espalda. Todas esas fuerzas, juntas, fraguaron un nuevo consenso más allá del fútbol y del feminismo: un consenso social. Esos han sido los poderes que han hecho ver a Rubiales que quien conducía en sentido contrario en la autovía era él mismo.

 Rubiales celebraba en Sídney la victoria de las jugadoras, y cuando agarró de la cara a Jenni Hermoso y la besó en la boca, creyó hacerlo en un mundo en el que podía hacer algo así ante una audiencia de millones de personas sin que pasara nada. Como mucho, la reacción de algunos “tontos del culo” que no sabían interpretar un gesto de alegría incontenible, como trató de minimizar horas después en una entrevista en la cadena Cope. Pero esa impunidad que lo envolvía solo estaba en su cabeza, algo de lo que han dado cuenta las tres últimas semanas. Al margen de que haya o no consecuencias penales, el gesto de Rubiales permitió comprobar la fuerza del feminismo y también, como explica Octavio Salazar, jurista y experto en igualdad y masculinidades, “que en la sociedad han madurado unos valores que se traducen en una exigencia de responsabilidad y en la tardía dimisión”. Esto, hace tres o cuatro años, “hubiera sido impensable”, dice.

Esa transformación de la sociedad ha aflorado con mucha fuerza con el caso Rubiales, supone un “punto de no retorno”, según Salazar, y se ha materializado una línea roja acerca de lo que la mayoría no está dispuesta a tolerar. En los últimos años, “los debates sobre el consentimiento, sobre el solo sí es sí más allá de la parte jurídica, han tenido consecuencias pedagógicas en la sociedad”, comenta. Ha ido calando en la ciudadanía la capacidad de identificar ese beso como una agresión, y a partir de ahí, iluminar el mundo de Rubiales ha dejado a la intemperie unas estructuras de poder, las del fútbol, “muy masculinas y masculinizadas que lo han estado sosteniendo”, dice Salazar, que confía en que la ola también alcance “espacios similares” donde los hombres ejercen su dominio jerárquico, “como la universidad”.

Pese a los avances, y por ellos, en los últimos años una porción de la sociedad percibe el movimiento feminista como una amenaza, como algo que desafía sus convicciones de un modo radical. En parte se explica por la mayor presencia de los temas feministas en el debate público, pero también porque algunos de ellos han resultado polarizadores dentro del propio movimiento: la ley trans y la tramitación del solo sí es sí son dos ejemplos claros. La diferencia con el caso Rubiales es que las realidades a las que alude llegan a todas las mujeres, de todas las edades, en todas partes: la violencia sexual y el abuso de poder. El feminismo, dice la socióloga Rosa Cobo, “es un movimiento potente en términos de movilización que ha tenido, en esta ocasión, una respuesta mucho mayor al propio movimiento, lo que pone de manifiesto que cuando una idea cuaja lo hace a pesar de los propios movimientos o la situación en la que se encuentren en un momento determinado”.

Cobo resalta que “se ha organizado una conciencia crítica y colectiva enormemente poderosa que ha hecho que algo que hace cinco o siete años podía ser irrelevante se ha convertido en tsunami social y mediático”. Está convencida de que “de alguna forma ha calado en la sociedad la idea del consentimiento”, y que si lo ha hecho es “porque ha caído en un suelo muy fértil”, el de un movimiento feminista que en los últimos años ha puesto “la violencia sexual en el corazón” de su agenda.

Esa violencia, dice Cobo, “se ha ido colocando como una preocupación enorme en madres, hijas, abuelas, estudiantes o trabajadoras, todas”, por eso, lo que hizo Rubiales “cayó en el centro de esa vindicación política feminista” y “ha hecho posible que tenga que decir que se va”. La presión para que se marche se ha construido de manera inclusiva y homogénea en una bola de nieve que fue rodando cada día, sumando apoyos a Jenni Hermoso y haciendo marginal la versión de Rubiales y su idea del “falso feminismo”.

El hecho de que el beso no consentido haya sucedido en público y con millones de ojos enfocando, con la capacidad de difusión de las redes sociales, ha hecho que cada día que pasaba con Rubiales al frente de la federación fuera más difícil apoyar su versión. Él trató de construir un relato paralelo, minimizar lo ocurrido y hasta presionar a Hermoso y a su familia. Es el manual básico del acoso sexual en el trabajo, que suele producirse en espacios privados, sin testigos, y donde las sospechas suelen recaer sobre la víctima.

Un día tras otro, Rubiales perdía aliados, y entre ellos, muchos hombres “que han dicho en público que se han concienciado”, dice Salazar, quien espera que este caso “sirva para hacernos comprender que esto tiene que ver con nosotros, que tenemos una especial responsabilidad en el cambio. Que en todo caso deberíamos sentirnos interpelados, no atacados”. Todo ello tiene que ver también con una cuestión generacional, en hombres y en mujeres. Ha ocurrido en el propio vestuario de las campeonas.

“Lo que ha pasado es muy serio”

Laia Codina, defensa de la selección femenina, de 23 años, lo explicaba al contar lo que sucedió en el autobús, a la salida del estadio en Sídney, tras la victoria. Una de las veteranas del equipo sacó el tema del beso en plena celebración. “Nos dice: ‘Ojo, chicas, porque esto que ha pasado es muy serio, es inaceptable y lo tenemos que condenar porque al final no deja de ser un abuso de poder del jefe con una jugadora, que podría haber sido cualquiera de nosotras”.

Las veteranas de ese equipo son las pocas que convivieron hasta 2015 con el exseleccionador Ignacio Quereda —acusado de tratarlas con desprecio durante años—, y sobrevivieron a su salida. Hermoso, Alexia Putellas o Irene Paredes, entre ellas. Son las que no se han cansado de pelear en los despachos por su derecho a preocuparse solo por el balón y para que las que las sucedan no tengan que pensar más que en el césped. Con una conciencia feminista que han asimilado en estos ocho años. Con voz en el vestuario, líderes naturales.

Son las que no tuvieron que explicarles mucho más a las más jóvenes, integrantes de la Generación Z, futbolistas sin complejos, intolerantes ante ciertos comportamientos, sin miedo a denunciar, referentes sin renuncias para las niñas, y los niños, de hoy. Las futbolistas son ya de otra pasta. Y han protagonizado ese cambio en lo deportivo y en lo social, en un mundo por antonomasia masculino, el fútbol, coto privado de ellos, hasta que ellas han lograron derribar los prejuicios a balonazos, y rompiendo una vez más el silencio. El #SeAcabó que inició Putellas arrancó tras el discurso de Rubiales en la federación el viernes 25 de agosto.

Porque más allá del beso no consentido, de agarrarse los testículos en el palco, o coger a la reina Letizia por el hombro, en la disección de la caída de Rubiales es importante cómo reaccionó a las críticas. “Ha levantado muchas ampollas que él no lo haya entendido como algo que está mal”, alega Rosa Cobo. Nunca se ha disculpado, no ha reconocido. Para Cobo, todo lo anterior “ha generado un profundo malestar”, y, “aunque a la vez también se haya producido el ‘no era para tanto”, ha tenido mucha más fuerza el “sí ha sido para tanto”. En eso la sociedad, y también “los medios de comunicación, han jugado un papel muy positivo, porque por mucho que haya malestar en la sociedad, si los medios, como en las redes, no se hacen eco, no hubiese llegado adonde ha llegado”.

Y también ha sido importante el papel de las instituciones y quienes tienen capacidad de decisión. Si Rubiales ha decidido dejar de atrincherarse, han tenido que ver también las “presiones a alto nivel”: el Gobierno, la FIFA, la propia federación española. De todos, dice Cobo, “el político es el poder más democrático, por ser el que nace de la elección directa, y es el que atesora mayor legitimidad, por eso, cuando toma partido por un derecho frente a una tropelía o un privilegio, es fundamental. Tiene la capacidad de debilitar o de reforzar, de dar legitimidad o de quitársela, y en este sentido el poder político ha sido inequívoco”. Explica que, para que un movimiento o una cuestión concreta salga adelante, hay apoyos sin los que no puede hacerlo: el de los mercados, el de la cultura y los medios, el académico y el político. “Aquí ha habido unanimidad. Era evidente, se hacía insostenible que Rubiales siguiese ahí. Y el feminismo fue el que dio el golpe imparable”."                 

(Silvia Blanco, Isabel Valdés , Nadia Tronchoni , El País, 12/09/23)

8.9.23

El verano lo imaginaron azul. Se veían con camisas blancas y con cargo público... Luciendo moreno en una exclusiva del ¡Hola! El nuevo ministro de Cultura y su esposa nos enseñan su refugio veraniego... Por no hablar del líder de Desokupa, que se habría hinchado a hacer pregones de fiesta mayor por los pueblos donde se prohibían obras de titiriteros progres... Pero no. El verano ha sido azul oscuro casi negro. El verano de la dimisión de Espinosa de los Monteros, Dios le haya perdonado... El verano en el que se abrió la veda para poder hablar con Puigdemont, que al fin y al cabo es de derechas... Parece que la táctica de Feijóo es la del amigo desesperado que intentaba ligar en las discotecas. “¿Te quieres enrollar conmigo?” No. “¿Y tu amiga?”... Ayuso ya ha calificado sus intentos de negociación con el PSOE de bisoños, faltos de experiencia... Al rescate ha salido Vox. Dios aprieta pero no ahoga. No descarten ver a Rubiales en alguna lista electoral si hay repetición de votaciones... ganas de que se acabe este verano que no fue azul (Jordi Évole)

 "El verano lo imaginaron azul. Se veían con camisas blancas y con cargo público desfilando por el photocall del Starlite de Marbella. Luciendo moreno en una exclusiva del ¡Hola! El nuevo ministro de Cultura y su esposa nos enseñan su refugio veraniego. En la cacería prometida para celebrar la victoria por el empresario que le presentaron en el palco del Bernabéu. En aquella cena que montaba en el Empordà un amigo común con Narciso Michavila, el de las encuestas. Qué crack ese tío. Por no hablar del líder de Desokupa, que se habría hinchado a hacer pregones de fiesta mayor por los pueblos donde se prohibían obras de titiriteros progres. O aquellos días que tenían ya reservados en el Algarve portugués, y así de vuelta recogemos a los niños que van a la JMJ de Lisboa. Qué pena que sea con ese Papa.

Pero no. El verano ha sido azul oscuro casi negro. El verano de la dimisión de Espinosa de los Monteros, Dios le haya perdonado. El verano de la elección por mayoría absoluta de Francina Armengol como presidenta del Congreso. El verano de las lenguas oficiales del Estado. El verano de tampoco lo critiques mucho que igual necesitamos al PNV. El verano en el que se abrió la veda para poder hablar con Puigdemont, que al fin y al cabo es de derechas o eso han oído, después de años de pintar al exalcalde de Girona como el nuevo enviado de Satán a la tierra.

Y, encima, mientras digerían todo esto, el verano se tiñe de rojo. Unas chavalas españolas que juegan muy bien al fútbol ganan el Mundial. El deporte rey del país vuelve a lo más alto gracias a un grupo increíble de mujeres. Éxito sin precedentes. España se viste de fiesta. Perro Sanxe las recibe en la Moncloa. Y el presidente de la federación convierte en célebre una de las frases más zafias de nuestra historia reciente. “Y entonces le dije… ¿un piquito?”. 

Es de esos momentos que se deberían reproducir a cámara lenta para poder ver las caras de decenas de miles de españolas que llevaban días indignadas por bastante más que un beso. Desde la exhibición testicular en el palco al lado de la reina de España, la cascada de acontecimientos ha sido imparable, y de todos los caminos posibles, Rubiales ha elegido siempre el peor. Mención aparte merece el sainete de familiares y conocidos alrededor de una iglesia de Motril.

La táctica de Feijóo es la del amigo desesperado que intentaba ligar en las discotecas

Al rescate ha salido Vox. Dios aprieta pero no ahoga. No descarten ver a Rubiales en alguna lista electoral si hay repetición de votaciones. Es curioso comprobar como los que más exculpan a Rubiales son casi los mismos que se escandalizaron con las tetas de Eva Amaral, enseñadas en el Sonorama, el Starlite indie, festival que se celebra en Castilla y León, comunidad gobernada por PP y Vox.

¿Y Feijóo? Ahí sigue negociando, aunque se le traspapele un watsap del lehendakari. ¿Hay alguien a los mandos? El último invento ha sido ofrecerle una legislatura de dos años al PSOE. Acostumbrados al previsible Rajoy, esto suena a excentricidad impropia de un líder conservador. Parece que la táctica del expresidente gallego es la del amigo desesperado que intentaba ligar en las discotecas. “¿Te quieres enrollar conmigo?” No. “¿Y tu amiga?”.

Feijóo pidió tiempo para poder negociar su investidura. Y la presidenta del Congreso fue generosa: hasta el 27 de septiembre. Regalo envenenado. Se le puede hacer muy largo. De momento Ayuso ya ha calificado sus intentos de negociación con el PSOE de bisoños, faltos de experiencia. Ella que lleva de presidenta de Madrid cuatro años. Feijóo lo fue de Galicia durante trece, pero ahora mismo nadie da un duro porque amplíe su currículum. Debe de ser de los españoles con más ganas de que se acabe este verano que no fue azul."        (Jordi Évole, La Vanguardia, 01/09/23)

6.9.23

‘The New York Times’ coloca a España “a la vanguardia europea en cuestiones de feminismo”... algo evidente, ya va siendo hora de que nos lo creamos... la sociedad española es de las más avanzadas del mundo

 "La Federación Española de Fútbol (RFEF) ha anunciado este martes el cese del entrenador Jorge Vilda, poniendo fin a una etapa que había estado marcada por éxitos y controversias. Esta decisión llega tras la suspensión de Luis Rubiales, el principal defensor de Vilda, después de un escandaloso incidente durante la final del Mundial de Australia y Nueva Zelanda que ha conmocionado al mundo del deporte.

 El diario 'The New York Times' se hizo eco de esta noticia y proporcionó un contexto sobre cómo se desarrollaron los acontecimientos. El medio estadounidense recordó que Jorge Vilda había aplaudido públicamente a Luis Rubiales durante una comparecencia ante los trabajadores de la RFEF, donde el presidente interino defendió su controvertido acto y prometió un aumento salarial para Vilda, que ascendería a 500.000 euros al año.

Sin embargo, The New York Times también destacó que cuando la situación se volvió insostenible para Rubiales, tanto Jorge Vilda como Luis de la Fuente, entrenador de la selección masculina, emitieron comunicados intentando distanciarse de él. Pero para entonces, el daño ya estaba hecho y las críticas seguían creciendo.

El periódico estadounidense también ha señalado que este escándalo se ha convertido en una especie de movimiento #MeToo en España, liderado por las jugadoras de fútbol y respaldado por la sociedad. “Algunos comentaristas han descrito el episodio como un momento decisivo en el movimiento #MeToo de España, destacando una división entre las tradiciones machistas del país y el progresismo más reciente que ha colocado a España a la vanguardia europea en cuestiones de feminismo e igualdad”, ha subrayado el prestigioso rotatorio. (...)"                 (El Plural, 05/09/23)

5.9.23

El Caso Rubiales ha sacado a la luz lo mejor y lo peor de la sociedad española... Las “chicas” son la nueva vanguardia revolucionaria del país... Esas 81 jugadoras que firmaron el manifiesto titulado ‘Se Acabó’ son ya un símbolo del fútbol femenino y de la lucha feminista mundial... junto con las miles de ciudadanas anónimas que tomaron al asalto las redes sociales explicando por qué era intolerable el comportamiento machista de Rubiales... junto con periodistas deportivas que sin sucumbir a la inicial presión ambiental del histerismo de la prensa nacionalmadridista (con Inda, La Sexta, la Cope, Antena 3, Ayuso y El Mundo blanqueando al acosador), dieron un sonoro repaso a sus viejunos colegas masculinos (los Castaño, Pedrerol, Manu Sánchez, Lama y otros mandarines de la audiencia basura futbolera), al informar de que Rubiales y Vilda trataron de obligar en el avión de vuelta a Jenni Hermoso para que absolviera al presidente con un vídeo, terminando de perfilar la imagen de los dirigentes federativos. No cabe duda de que el movimiento ‘Se Acabó’, el debate sobre el consentimiento y el ‘sólo sí es sí’ han ganado el partido y la batalla cultural. Jenni Hermoso y sus compañeras han contado con el cariño y la solidaridad de una parte enorme de la sociedad española... Pero como todo movimiento transformador, han chocado contra un muro muy poderoso, el Sistema Florentino, el de los dos grandes clubes-Estado, el Real Madrid y el FC Barcelona... su silencio inicial y el cinismo final ayudaron a que Rubiales respondiera revictimizando a Jenni Hermoso y apareciera en la Asamblea de la RFEF convertido en el remedo de un concejal cualquiera de Vox al tercer gin tonic... se comprende que el mutismo haya sido la reacción casi unánime entre los profesionales del fútbol masculino, salvo honrosas excepciones... tenemos un país lleno de mujeres (y cada vez más hombres) concienciadas, valientes y modernas. Para conseguir sus objetivos, van a tener que luchar contra una pequeña minoría mafiosa, formada por apenas 40 o 50 personas, con mucho poder, influencia y dinero

 "El Caso Rubiales ha sacado a la luz lo mejor y lo peor de la sociedad española. Lo mejor ha sido la rebelión sin fisuras de las campeonas del Mundo entrenadas hasta ahora por Jorge Vilda, palmero de confianza de Luis Rubiales. Las “chicas”, como las llaman todavía algunos machirulos irredentos, son la nueva vanguardia revolucionaria del país: las 23 futbolistas que fueron al Mundial haciendo de tripas corazón porque sabían que son tan buenas que podían ganarlo; y, por supuesto, también las que tuvieron el coraje de no acudir a la cita, sabiendo que se podían perder el mayor éxito deportivo de sus carreras. Esas 81 jugadoras que firmaron el manifiesto titulado ‘Se Acabó’ son ya un símbolo del fútbol femenino y de la lucha feminista mundial, a la manera (espero me disculpen la licencia de  compararlas con señores) en que Jesse Owens en los Juegos de Berlín, 1938, y Bob Beamon, John Carlos y otros atletas del Black Power, en México, 1970, se consagraron como los mejores atletas y los más valientes luchadores contra el fascismo y por los derechos civiles. 

Después de Jenni Hermoso, Alexia Putellas, Aitana Bonmatí (impresionante su discurso ante la UEFA) y todas las demás, las grandes protagonistas han sido las miles de ciudadanas anónimas, curtidas entre la indignación de ‘La Manada’ que acabaría impulsando la Ley del ‘sí es sí’; unos minutos después de la agresión de Rubiales, tomaron al asalto las redes sociales explicando con meridiana claridad y sencillez por qué era intolerable el comportamiento machista del máximo representante del fútbol español. 

En tercer lugar, ha contribuido mucho al nuevo sentido común expresado por la ciudadanía estos días, la reacción de algunas periodistas deportivas que comprendieron que la obscena exhibición de abuso de poder, acoso sexual y laboral del presidente de la Federación era una noticia de la mayor importancia, tanto como el propio título mundial. Sin sucumbir a la inicial presión ambiental ejercida por el histerismo macho de la prensa nacionalmadridista (con Inda, La Sexta, la Cope, Antena 3, Isabel-Díaz Ayuso y El Mundo ejerciendo como primeros blanqueadores del acosador), esas periodistas especializadas en fútbol femenino –mención especial para el medio digital Relevo (Vocento), que comparado con el As y el Marca parecía The New York Times– dieron un sonoro repaso a sus viejunos colegas masculinos (los Castaño, Pedrerol, Manu Sánchez, Lama y otros mandarines de la audiencia basura futbolera). 

Al informar de que Rubiales y Vilda trataron de obligar en el avión de vuelta a Jenni Hermoso para que absolviera al presidente con un vídeo, esas periodistas terminaron de perfilar la imagen de los dirigentes federativos como unos machistas y acosadores de manual.

Cuando se cumplen dos semanas de la final, no cabe duda de que el movimiento ‘Se Acabó’, el debate sobre el consentimiento y el ‘sólo sí es sí’ –que tantos ataques le han valido a la vetada y vilipendiada ministra Irene Montero– han ganado el partido y la batalla cultural. Jenni Hermoso y sus compañeras han contado con el cariño y la solidaridad de una parte enorme de la sociedad española y de los medios serios. [Modestia aparte, esta revista fue el primer medio que pidió al ministro Iceta que exigiera la inmediata dimisión de Rubiales, a través de nuestra cuenta de Twitter, la misma noche del partido]. 

Pero como todo movimiento revolucionario y transformador, las peticiones de depuración de responsabilidades y de cambios estructurales lanzadas por las futbolistas, por la sociedad civil, y con la boca más pequeña por el Gobierno, han chocado contra un muro muy poderoso, transversal y refractario al cambio. 

Es el Sistema Fútbol, o el Sistema Florentino, que baila desde hace décadas al son que marcan los dos grandes clubes-Estado, el Real Madrid (101 títulos) y el FC Barcelona (99). Entre ambos han ganado 22 ligas de las últimas 27 (ver gráfico), copan el 70% de los ingresos por televisión y mantienen una enorme influencia (más el Madrid que el Barcelona) tanto en la Liga de Javier Tebas como en la RFEF de Rubiales. 

La reacción oficial de los dos clubes ante el escándalo no pudo ser más tardía, ni más tibia. En medio del clamor, el Barça emitió un comunicado bochornoso cuatro días después de la final, y el Madrid lanzó una calculada nota de apoyo al CSD, después de la comparecencia pública de Rubiales, redactada con todo cuidado para quedar bien, pero sin censurar el comportamiento del presidente, ni denunciar el machismo, ni entrar en el fondo del asunto: “Nuestro club apoya con total rotundidad la decisión puesta en marcha por el presidente del CSD, Víctor Francos, que elevará de inmediato el caso al TAD”, afirmaba la nota. 

El silencio inicial y el cinismo final de las dos marcas deportivas principales del país ayudaron sin duda a que Rubiales, del que se dice que es socialista por ser hijo de un alcalde motrileño del PSOE, se encastillara en el trono, respondiera revictimizando a Jenni Hermoso y apareciera en la Asamblea de la RFEF convertido en el remedo de un concejal cualquiera de Vox al tercer gin tonic. 

Desde la tribuna de la Federación, tras haber filtrado la noche anterior que dimitiría, Rubiales adoptó el papel de macho alfa trilero, clientelar y corrupto, y trató de politizar el asunto y de ganarse a los medios cargando contra los líderes de Podemos, los primeros en señalar su inaceptable comportamiento, y de Sumar, la fuerza que más presionaba para que dimitiera. Ahí se mostró cómo es en realidad, según han ido contando después su tío y distintas excolaboradoras. 

Para tratar de dar la vuelta al caso disfrazándose como víctima de una cacería, la puesta en escena fue preparada con todo cuidado. Rubiales sentó a los entrenadores y cuerpos técnicos en primera fila y a sus tres hijas un poco más atrás. Jorge Vilda y Luis de la Fuente (el seleccionador masculino) fueron los más entusiastas. Pero, curiosamente, las escasas peticiones de despido del seleccionador de los chicos han quedado en nada. De la Fuente pidió perdón como el rey anterior ante los medios leales al Sistema, que se cuidaron mucho de apretarle porque saben demasiado bien que Florentino Pérez lo eligió para el cargo tras cesar a Luis Enrique. 

Rubiales se rodeó también de los árbitros favoritos del poder, con el jefe del Comité arbitral (Medina Cantalejo, esposo por cierto de la presidenta arbitral de la Liga femenina) liderando la cuadrilla. Antes de la Asamblea, Rubiales ya había reestructurado la Federación para que todo quedara bien atado. Cesó a todos los vicepresidentes salvo a uno, de su máxima confianza: Pedro Rocha, que se convirtió a la fuerza en el sucesor designado. 

La estrategia defensiva fue decidida por el equipo de asesores de Rubiales. Uno de ellos es Andreu Camps, secretario general de la RFEF, que envió un escrito oficial a la UEFA el mismo día de la Asamblea pidiendo que amenazara al Gobierno con dejar fuera de las competiciones europeas a los equipos españoles si no dejaba de “interferir”. 

La segunda y quizá la más importante asesora de Rubiales es una mujer muy cercana a Florentino Pérez. Se trata de la veterana periodista Marisa González, que fue jefa de prensa de los presidentes de la Comunidad de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón y Cristina Cifuentes; y del propio Rubiales: entró como spin doctor en la RFEF de la mano de Pérez cuando el presidente anterior, Ángel María Villar, salió de la sede escoltado por la Guardia Civil, y luego pasó a ser la directora de Responsabilidad Social y Sostenibilidad. González fue capaz de hacer pasar a Gallardón por un liberal británico, pero con Rubiales no ha tenido tanto éxito.

Las cloacas

Otro personaje clave del núcleo duro de Rubiales es el excomisario de policía José Luis Olivera, conocido como Oli por el también excomisario Pepe Villarejo, de quien fue socio y mano derecha durante muchos años. Olivera es todo un especialista en fraudes financieros y blanqueo, de lo que se colige que fue el encargado de organizar los contratos y las comisiones de la Supercopa que Rubiales decidió exportar a Arabia Saudí para, según explicó en su día, “mejorar la situación de las mujeres en ese país y la del fútbol femenino en España”. 

Contratos legales, porque la RFEF es una entidad privada (de interés público), pero ética y estéticamente feos. Rubiales apañó con su amigo Gerard Piqué (Gerri y Rubi, S.A), por supuesto con la anuencia y la connivencia del Duopolio Madrid-Barcelona. Una de las cláusulas dice que si Barcelona y Real juegan las finales de la Supercopa, la RFEF ingresará cada año diez millones de euros extra, lo que obliga a que los dos clubes-Estado sean, sí o sí, primero y segundo en la Liga o, si uno falla, campeón de la Copa. Siendo Rubiales el jefe máximo de los árbitros, ¿cómo dudar de que la ecuación pueda fallar? 

Una de las cláusulas dice que si Barcelona y Real juegan las finales de la Supercopa, la RFEF ingresará cada año diez millones de euros extra

José Luis Olivera, experto en escuchas como su maestro Villarejo, habrá sido también útil durante estos años para preparar y catalogar las famosas grabaciones que, según ha manifestado el tío de Rubiales, antiguo secretario de la RFEF, su sobrino ha ido realizando a políticos, presidentes de clubes y figuras relevantes del deporte rey (reina, mejor), ejercicio muy conveniente para contar con palancas de chantaje si se rompía su red mafiosa-clientelar. 

Otra figura clave en la Armada Brancaleone montada por Rubiales para blindar su sueldo de un millón de euros anuales (750.000 de la FEF y 250.000 como vicepresidente de la UEFA), es un tal Miguel García Caba. Para conocerlo mejor, lean la nota que publicó la web CEU Alumni cuando fue nombrado. “Miguel García Caba afronta nuevos retos profesionales a partir de ahora como responsable de la asesoría jurídica de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). De su carrera podemos destacar que ha sido jefe del Departamento de la Dirección de Servicios Jurídicos del Real Madrid C.F. desde el año 2016. Responsable de la Asesoría Jurídica Interna y Asesor Jurídico de la Liga Nacional de Fútbol Profesional entre los años 2005 y 2016. Ha pasado por Red Eléctrica de España, por J&B Cremades y ha trabajado para la UEFA”. 

Alfredo Relaño, en El País, dejó un retrato mejor del personaje: “El director de Integridad de la Federación es un semoviente llamado Miguel García Caba que tras pasar por el Real Madrid y LaLiga llegó al departamento jurídico de la federación. Una vez allí, saltó por una de esas caprichosas convulsiones de la casa. Una vez fuera, se le ocurrió que una forma de hacer méritos para regresar era citarse con Tebas y González Otero, y registrar con un bolígrafo-grabadora la conversación, en la que les estimuló a rajar de Rubiales. Luego entregó la grabación a Ok Diario para acusar a Tebas y González Otero de conspirar contra Rubiales. Tan edificante servicio le valió el retorno a la Federación como director de Integridad”. Integridad máxima. 

Ante esta estructura impenetrable, se comprende que el mutismo haya sido la reacción casi unánime entre los jugadores, los directivos, los entrenadores y los profesionales del fútbol masculino, salvo honrosas excepciones. Recordemos que la Federación designa quién arbitra a quién, y quién dirige el VAR. Y los antecedentes de los últimos años muestran que todo el que no juegue en el Real Madrid arriesga durísimas sanciones si osa criticar a un árbitro.  

Otro asesor importante es el abogado jefe de la RFEF, el penalista Ramón Antonio Caravaca Magariño, que se encarga de los procesos penales abiertos en los que esté inmersa la institución federativa, tanto del pasado como en el futuro; también de aquellos donde la RFEF haya sido absuelta o sea parte, según publicó en 2018 el diario Sport. Caravaca cuenta con una dilatada experiencia y gran reputación en el área de Urbanismo (recordemos que Luis de Arabia y Motril proyectaba construir un nuevo estadio para la RFEF). A lo largo de su trayectoria, Caravaca ha colaborado en el desarrollo del Estadio La Peineta (el pelotazo largamente soñado y finalmente ejecutado por Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo, dueños ilegítimos y prescritos del Atlético de Madrid). 

Por esas casualidades de la vida, el penalista es tío de uno de los jueces del TAD que esta semana han dictaminado que solo pueden abrir expediente a Rubiales por falta grave (el tocamiento del paquete en el palco), y no por falta muy grave. La excusa es que el Reglamento de la reciente Ley del Deporte (diseñada y avalada, por supuesto, desde los despachos de Concha Espina y Can Barça) aún no está redactado y eso les impide, dicen, entrar a valorar si el beso fue o no consentido o si supuso o no un abuso de poder. Junto a Caravaca, en el TAD deciden varios abogados y abogadas del Estado. La Famiglia

Vista la chapuza jurídica y el limitado poder de maniobra del CSD, al que tanto apoya el Real Madrid, y dada la vergonzante connivencia del establishment mediático futbolero nacional con el presidente de la Federación que empañó la victoria histórica de la selección femenina, solo queda añadir que tenemos un país lleno de mujeres (y cada vez más hombres) concienciadas, valientes y modernas. Para conseguir sus objetivos, esas mujeres van a tener que luchar contra una pequeña minoría mafiosa, con mucho poder, influencia y dinero, que se siente tan inviolable e intocable como el Jefe del Estado, y que, como se ha visto en el sepulcral silencio de la Casa Real acerca del asunto, tiene más poder que el Gobierno y que el jefe del Estado, y no digamos ya que la reina.

Ese grupito salvaje formado por apenas 40 o 50 personas con las que nunca se toparán ustedes en la cárcel, que desconoce la ética, que se ríe de la justicia, que da pelotazos en todos los sectores, que levanta estadios gigantescos en mitad de las ciudades, que decide sorteos, arbitrajes, horarios, locutores y calendarios, y que detenta el control absoluto del negocio nacional del fútbol, cuenta con la connivencia y la ayuda de un ejército de empleados, portavoces, palmeros, opinadores que presumen de ser periodistas, jueces, políticos, tuiteros, agentes de jugadores, medios de información, árbitros y asistentes. 

Todos ellos son corruptibles o han sido corrompidos ya. Desde los tiempos de Saporta, la mano derecha de Bernabéu, el mundo del fútbol sabe que hay cientos de personas a sueldo en A o en B, otros que tienen plaza fija o un carguito, y miles que se dejan influir a cambio de un reloj, una invitación a un palco VIP o a un puticlub. Todos ellos forman parte del mayor negocio mafioso que hay en España. ¿Conseguirán Jenni Hermoso y sus compañeras reventar esa estructura de hierro que permanece inmutable, con pequeños ajustes y maquillajes, desde hace 120 años? ¿Podrán o querrán el Gobierno, el Parlamento y las fuerzas políticas meter las excavadoras en la Federación y La Liga, tirar abajo los cimientos del Sistema Fútbol y empezar de cero copiando por ejemplo a la Premier? 

La respuesta la conoceremos pronto. Pero las señales que van asomando inducen a pensar que no será muy halagüeña. El duopolio Madrid-Barcelona domina el fútbol patrio apelando a una rivalidad artificial, exacerbada por unos voceros que tratan a los demás equipos como si fueran extranjeros. Sería toda una ironía que fuera la FIFA, seguramente el organismo más corrupto del mundo, la entidad que acabe con la aventura de Rubiales. Pero tampoco importaría mucho, en el fondo. Como pasó cuando finalmente cayó el Villarato, los que mandan de verdad encontrarán de nuevo una marioneta menos torpe y más discreta. Y seguirán lucrándose con este negocio machista, misógino y opaco, que solo se limpiará de verdad cuando el público, esos aficionados que cada vez pintan menos, renuncien a pagar por verlo en directo o en televisión.  "               (Miguel Mora   , CTXT, 03/09/23)      

3.9.23

Vero Boquete: Hablé contra la federación española en 2015 y nunca volví a jugar con la selección nacional. Ahora necesitamos un cambio real... El discurso de Rubiales fue bochornoso y vergonzoso. Fue entonces cuando dijimos: 'Se acabó'... Hemos llegado a un umbral y estamos en guerra para conseguir el cambio... Las futbolistas y la sociedad española ya han dicho cuál es el problema, todos lo hemos visto y no hay más secretos. Ahora lo sabe todo el mundo. ¿Van a quitar a Rubiales y poner a otro similar? O van a hacer una reforma estructural, que es lo que habría que hacer... el mensaje de la sociedad española es claro. Ahora le toca actuar al gobierno, a los políticos y a las organizaciones correspondientes. Es la gente de fuera la que debe decidir qué va a pasar ahora y cómo vamos a cambiar esto... Lo vimos en los 30 minutos que habló la semana pasada, en los que la mayoría de la gente aplaudía, sonreía y se posicionaba a su favor. Lo que vimos públicamente es lo que algunos de nosotros hemos visto y dicho en privado durante muchos años, bueno, en realidad desde siempre... porque ¿qué hubiera pasado si esto no hubiera ocurrido, si Rubiales no hubiera besado a Hermoso? Estaríamos hablando de que Rubiales es el mejor presidente federativo de fútbol del mundo, de que Jorge Vilda es el mejor gestor de Europa y del mundo y todo seguiría igual

 "La situación en España con Luis Rubiales es difícil de explicar a un público internacional porque se trata de algo histórico y cultural en nuestro país. En los años 70 las mujeres no podían hacer deporte y esa era la mentalidad que teníamos en este país. Desde entonces hasta ahora, ¿ha cambiado mucho? Sí, pero no tanto como debería porque todavía hay mucha gente que tiene una mentalidad machista.

Dentro del deporte, y en este caso del fútbol, sigue habiendo mucha gente machista. La mayoría de los dirigentes del fútbol español son hombres y son hombres de una determinada generación con mentalidades definidas. Lo que la gente de fuera de España tiene que entender es que este problema es mucho más profundo. Estamos hablando de una federación de fútbol pero podríamos estar hablando de cualquier otra federación o de cualquier otra empresa.

Lo que ha pasado con Rubiales y Jenni Hermoso ha tenido tanta repercusión porque está en torno al fútbol, en torno a una final del Mundial y con una acción indiscutible. Ha tenido repercusión mundial por cómo ocurrió, por el momento en que ocurrió y por la importancia que ha tenido. Pero, ¿qué hubiera pasado si esto no hubiera ocurrido, si Rubiales no hubiera besado a Hermoso? Estaríamos hablando de que Rubiales es el mejor presidente federativo de fútbol del mundo, de que Jorge Vilda es el mejor gestor de Europa y del mundo y todo seguiría igual. Hemos llegado a un umbral y estamos en guerra para conseguir el cambio.

 ¿Cómo ganó España el Mundial en estas circunstancias? En España siempre hemos tenido talento. Ese talento antes no podía brillar, pero ahora sí porque los clubes son más profesionales, las jugadoras son más profesionales, las condiciones han mejorado y eso al menos te permite competir de igual a igual. Antes no podíamos y ahora sí.

Tenemos una generación de futbolistas fantásticas. No son sólo esos 23 jugadoras que estuvieron en el Mundial, sino las que se quedaron en casa y otras que nunca han sido convocadas. En los últimos años se han facilitado las infraestructuras adecuadas y los jugadoras llegaron al Mundial en condiciones de competir. Todos esos talentos que se están formando en los clubes están en un nivel de élite, independientemente de quién sea el seleccionador nacional. Imagínense si las cosas se hubieran hecho correctamente y si hubiéramos tenido dirigentes adecuados hace mucho tiempo. Habríamos sido campeonas del mundo 10 o 15 años antes.

El problema no son las medidas que hay que tomar, sino las que se van a tomar. A mí me gustaría que las cosas se hicieran de una determinada manera, pero no sé si es posible o si quien tiene el poder las va a hacer. Pero el mensaje de la sociedad española es claro. Ahora le toca actuar al gobierno, a los políticos y a las organizaciones correspondientes. Es la gente de fuera la que debe decidir qué va a pasar ahora y cómo vamos a cambiar esto.

 Las futbolistas y la sociedad española ya han dicho cuál es el problema, todos lo hemos visto y no hay más secretos. La gente que está en determinados puestos no puede decir: "Yo no lo sabía". Ahora lo sabe todo el mundo. La situación depende de las personas que están ahí para trabajar en hacer las cosas bien. ¿Van a quitar a Rubiales y poner a otro similar? O van a hacer una reforma estructural, que es lo que habría que hacer.

 El problema no es si Rubiales se va o es despedido, es más profundo que eso. Es algo que llevamos viviendo y sufriendo mucho tiempo. Ya ocurría cuando yo jugaba y sigue ocurriendo con Rubiales, pero también con toda la gente que trabaja en la federación.

 Lo vimos en los 30 minutos que habló la semana pasada, en los que la mayoría de la gente aplaudía, sonreía y se posicionaba a su favor. Lo que vimos públicamente es lo que algunos de nosotros hemos visto y dicho en privado durante muchos años, bueno, en realidad desde siempre.

Cuando Rubiales habló en esa rueda de prensa y dijo lo que dijo, parecía surrealista. Fue vergonzoso y vergonzante. En ese momento permitió que la frustración y la decepción se convirtieran en ira. De ahí vienen todas las reacciones y fue entonces cuando dijimos "ya está, se acabó".

Veró Boquete fue 62 veces internacional con España, pero no volvió a ser convocado tras la revuelta de los jugadores de 2015 contra la federación. Juega en la Fiorentina de la Serie A. "

(Entrevista a Vero Boquete, Alex Ibaceta. The Guardian, 30/08/23; traducción DEEPL)

2.9.23

La maniobra digital coordinada para atacar a Jenni Hermoso por cuentas habituales en la difusión de desinformación

"El pasado 25 de agosto se celebró una asamblea extraordinaria donde se esperaba la dimisión de su presidente Luis Rubiales tras las múltiples polémicas, no solo del beso a Jenni Hermoso y su gesto en el palco; sino de la posterior gestión creando una nota de prensa falsa y al saberse que intentaron forzar a Jenni hacer un vídeo para escudar al Presidente de la RFEF. Las declaraciones de Rubiales no solo fueron una sorpresa porque afirmó que no iba a dimitir; sino por las acusaciones hacia la jugadora Jenni Hermoso donde afirmaba que fue ella la que le levantó del suelo y que le dió consentimiento con un “vale” después de que él preguntara “¿Un piquito?”.

Esto provocó un impacto brutal con más de dos millones de menciones en redes sociales en menos de 24 horas y fue respondido por FUTPRO y Jenni Hermoso negando que el beso fue consentido y que ella hiciera nada por alzarlo. Las afirmaciones de Rubiales en la Asamblea y la respuesta a los comunicados de FUTPRO y Jenni fueron argumentadas en dos comunicados de la RFEF donde acusaban a la jugadora de la selección de mentir. Para acompañar esta estrategia el mismo día 25 de manera coordinada se lanzan masivamente mensajes con vídeos cortados y subtitulados para reforzar los argumentos de Rubiales.

El día 29 de agosto Alvise Pérez publica un vídeo manipulado a las 19:30h en un canal con su nombre que anteriormente se llamaba “Gobierno Dimisión” del cual hay una versión extendida menos manipulada que publicó El Español, que anunció a las 19:41 en twitter afirmando que el vídeo fue enviado por Rubiales a la FIFA para su defensa.

En este reportaje analizamos la difusión de manera coordinada aparentemente con la RFEF de 4 elementos clave para desacreditar a Jennifer Hermoso por cuentas habituales en la difusión de desinformación: Jennifer Hermoso levanta por los aires a Rubiales.
Rubiales le pregunta a Jenni Hermoso si puede darle un “piquito”.
Jennifer le responde “vale”.

Jennifer Hermoso levanta por los aires a Rubiales

En la Asamblea de la RFEF Rubiales afirma que Jenni Hermoso le agarra por los pies o la cintura para elevarlo en el aire y acercarlo a su cuerpo. A la tarde en el comunicado de Futpro Jenni dice que ella no hizo nada por alzarlo. La noche del día 25 la RFEF hace un comunicado oficial donde publica cuatro imágenes afirmando que Rubiales no miente y la jugadora sí. Una de las cosas que llama la atención es que desde la cuenta de twitter de Vito Quiles se publica la foto antes de que la publicara la RFEF en comunicado oficial. (...)

Muchas de las cuentas que defendían a Jenni Hermoso tras la publicación de estas fotos afirmaron que eran manipuladas, ya que la única fuente de vídeo conocida hasta ahora fue la emisión de RTVE y donde la realización no permite ver el momento en el que Rubiales tiene los pies en el aire y solo aparece el momento del beso. Posteriormente salió a la luz un vídeo donde aparentemente es Luis Rubiales el que se recuelga de los hombros de Jenni, provocando desequilibrio en ella cuando pone los pies en el suelo. A pesar de las evidencias OkDiario apoyó fuertemente a Rubiales asegurando que las imágenes de la RFEF y el vídeo que también difundió Vito Quiles demostraban que Rubiales no mentía. (...)

Rubiales le pregunta a Jenni Hermoso si puede darle un “piquito”

Tras el discurso de Rubiales donde acusó practicamente a Jenni de provocar el acercamiento y de dar el consentimiento del beso que fue reprochado a nivel mundial, como dijo en la misma asamblea la clave está en el consentimiento, trató de construir un relato donde Rubiales preguntase si le consentía darle un beso y la jugadora aceptase, algo que Jenni ha negado y que sigue sin haber ninguna prueba de que esto fuera así. Para ello lo primero que se lanza de manera coordinada es un vídeo de primer plano de Rubiales donde dice algo, pero no parece que sea la pregunta “¿Te puedo dar un pico?»

Con 40 mins de diferencia The Objective (16:20h) y Estado de Alarma (Javier Negre) publican un video con el mismo subtitulado. Curiosamente una cuenta llamada Lágrimas progres publica el vídeo de The Objective una hora y 16 minutos antes que la propia cuenta del medio (15:04h), dando indicios que estuviera todo coordinado para lanzarlo poco después de la Asamblea de la RFEF. (...)

Alvise Pérez publicó en sus redes y también en su canal de telegram el vídeo subtitulado como si fuera propio, con su marca de agua, y el mismo subtitulado que The Objective y EDATV; afirmando que al leer los labios se puede comprobar que hay consentimiento; sin embargo el consentimiento lo tiene que dar Jenni y no Rubiales, además en ese vídeo se ve claramente que Jenni no responde nada. El día 28 afirma que un informe pericial labio-facial confirma que Luis Rubiales pidió consentimiento.

Estos vídeos serían replicados masivamente, pero la estrategia es incompleta, ya que precisamente en esos vídeos se ve que Jenni no abre la boca para emitir un consentimiento hablado ni hace ningún gesto mientras Rubiales le sostiene la cabeza; por lo que tienen que construir que ella sí dio el consentimiento.

Jennifer le responde “vale”

Poco después de emitir el vídeo subtitulado, The Objective, emite un nuevo vídeo a las 19:01h con un fragmento del directo de Jenni en el vestuario. En él, dice “Pues Vale”, habiendose eliminando toda la conversación previa donde afirma que “No me ha gustado” y pregunta “¿Y que hago yo?”. La respuesta “Pues Vale”, en el contexto completo del vídeo, parece una expresión de resignación tras recibir el beso, ya que de lo que se habla en el vídeo es que él le ha dado un pico y no qué le ha preguntado si quiere que le de un pico. Como se puede ver en el gráfico, de manera coordinada se difunde el mismo vídeo por miles de cuenta entre las 19:00h y las 20:00h, con las frases “vale” o “pues vale”; la misma expresión que usó Rubiales en la Asamblea y el segundo comunicado de la RFEF.

Si analizamos la conversación digital con la expresión “Pues vale”, observamos una subida vertical que responde a una acción coordinada y no orgánica. Javier Negre publica el vídeo a las 19:11h y Vito Quiles a las 19:58h. Pero al analizar qué contenido audiovisual tienen las publicaciones con las palabras “vale” o “pues vale” observamos que casi todas tienen el mismo video. (...)

Todos los tuits y retuits son a un corte de tres o veinte segundos, omitiendo la parte donde Jenni expresa desagrado y falta de consentimiento, como se puede ver en el contexto que hace la comunidad de twitter a casi todos los tuits.

Las cuentas que difunden el video son las habituales en campañas de desinformación; tanto las que reciben los retuits, como las cuentas falsas de botnet y trollcenters que los retuitean. Desde cargos de VOX como Herman Terscht, a Trolstars como Capitan Bitcoin o cuentas falsas con 0 seguidores e imágenes de módelos dando retuit a todos estos vídeos. (...)

Es interesante también el acompañamiento de algunos medios como OkDiario, que afirma que el corte de vídeo publicado por The Objective fue el que usa la RFEF para defender a Rubiales.

Una vez justificados los argumentos de Rubiales no vale con acusar a la víctima de haber mentido, sino que se lanza una campaña contra Jennifer incluso pidiendo prisión para ella. (...)

Vídeo manipulado de la celebración de la selección en el autobús.

El día 29 de agosto a las 19:30h Alvise Pérez publica en sus redes sociales, canal de youtube y telegram, un vídeo de la selección en un autobús dos horas después de haber ganado el mundial. Entre celebraciones se puede ver como Jenni le explica a una compañera como Rubiales se colgó de sus hombros y le cogió la cabeza para besarla, lo que reforzaría la declaración de la jugadora. (...)

En la parte final del vídeo aparecen las jugadoras gritando “Beso, Beso” e inmediatamente después aparece Rubiales diciendo “Me voy adelante, que me da vergüenza”; aunque el subtitulado pone “A ver, parad, quita que me da vergüenza”. Tanto el día anterior a la publicación del video, como en el tuit donde Alvise lo publica afirma que Jenni le pide un beso a Rubiales, cosa que no ocurre en ningún momento y que solo puede construir manipulando el vídeo. En una edición más amplia publicada por El Español y por The Objective se puede comprobar que ocurren más cosas entre los gritos y la aparición de Rubiales. (...)

Además de la manipulación del vídeo sobre un vídeo ya editado previamente hay varias cuestiones que generan dudas. La primera es la fuente del vídeo ¿Quien le da el vídeo original a Rubiales? Al inicio del vídeo se escucha una voz masculina que dice “Iker y Sara” desde la zona donde se graba el vídeo. En los asientos delanteros del autobus donde suelen ir el staff técnico y directivo, por lo que sería una posibilidad que alguien del equipo de Vilda o Rubiales lo grabara. El otro elemento es que pocos minutos después de que Alvise publicara el vídeo «en exclusiva», El Español publica el vídeo con dos versiones; la corta con una edición parecida a la de Alvise, y que es publicada en youtube, y otra extendida publicada en DailyMotion, igual que la que publica The Objective.

 En un tuit de las 19:41h afirma que ese vídeo ha sido enviado por Rubiales a la FIFA para defenderse, lo que podría ser otro indicio de quien le da el vídeo a Alvise. El tercer elemento es que Alvise estaba dentro de las instalaciones de la RFEF en día de la Asamblea, mientras el resto de periodistas estaban fuera. Antes y después de este vídeo cuentas como la de Alvise, Vito Quiles o Javier Negre acusan a Jennifer de estar contenta y celebrando la victoria en el mundial y no estar afectada con el beso de Rubiales como acusación, como si eso justificara que hubiera habido consentimiento. (...)

Otra de las cosas llamativas es que; si El Español tenía el vídeo que Rubiales envió a la FIFA sin la marca de agua, ¿porqué no se lo envió a todos los medios?, y ¿porqué casi todos los medios publicaron el vídeo manipulado de Alvise con su marca de agua y mencionándolo?. Los más rápidos en difundirlo, como si estuviera enviado de manera embargada, fueron todos los medios deportivos: As, Marca, Mundo Deportivo y Sport, El partidazo de La Cope, etc. Es sorprendente con el historial de difusión de vídeos manipulados y noticias falsas que tiene. En el telediario de Antena3 pusieron el vídeo versión corta de El Español y todo el relato y vídeos manipulados descritos en este informe. En el de Telecinco usaron la versión larga. (...)

Aunque el vídeo fuera difundido por casi todos los principales medios del país, en redes el impacto no fue tan grande. Fue difundido principalmente por las cuentas que ya hemos mencionado anteriomente, con miles de retuits, principalmente desde cuentas automatizadas.

Días antes y posteriores a la publicación del vídeo también se intentó de manera coordinada atacar a Jenni con las imágenes en el vestuario junto a Rubiales anunciando el viaje a Ibiza. Recientemente hemos conocido que Jenni apareció junto a Rubiales tras cinco minutos de charla previa para controlar daños; cuando ya se sabía que esto podía ser un escándalo. En El Chiringuito mostraron las pruebas. (...)

Por último señalar que el canal desde donde se emitió el vídeo, aunque ahora se llame “Alvise Pérez”, anteriormente se llamaba «Gobierno Dimisión» y en él aparecían Javier Negre, Alvise Pérez, Carlos Cuesta y Cristina Seguí haciendo publicidad de Estado de Alarma. Su primer vídeo fue la manifestación Gobierno Dimisión y fue publicada y difundida por VOX y su líder Santiago Abascal. Quizás sea por eso que Javier Negre dice que entre dos personas están desvelando la verdad sobre el caso Rubiales y que en España censuran; aunque todos los medios estén difundiendo sus vídeos manipulados. Es llamativo también como VOX simultáneamente a esta acción haya denunciado la cacería política y comunicativa contra Rubiales. Ya apoyaron la acción comunicativa del mismo canal y personas que han actuado de manera coordinada con Rubiales. (...)"                      (Pandemia Digital, 01/09/23)

31.8.23

Hay más igualdad de género en España que en Alemania, España está cara a cara con Finlandia (según el índice de la ONU). El escándalo muestra ambas cosas: cómo en algunos círculos todavía se siente como en los años 80 y cuánto ha cambiado la sociedad española... Las jugadores han dicho: ¡Ya basta, #SeAcabó... Y España está en gran medida de acuerdo (Steffen Lüdke)

 


Steffen Lüdke @stluedke

Traducido del inglés 
 
Re #Rubiales : Hay más igualdad de género en España que en Alemania, España está cara a cara con Finlandia (según el índice de la ONU). El escándalo muestra ambas cosas: cómo en algunos círculos todavía se siente como en los años 80 y cuánto ha cambiado la sociedad española. (...)

¿Es sorprendente que en el seno de la Federación Española de Fútbol persista un machismo a gran escala? No precisamente. Los jugadores se quejaron y denunciaron durante años, ahora, con el beso no deseado y el comportamiento de Rubiales en los días posteriores, llegamos a un punto sin retorno.

"En la victoria finalmente fueron lo suficientemente fuertes como para hablar y ser realmente escuchados", como argumenta @mariaramirezNY. Las jugadores han dicho: ¡Ya basta, #SeAcabó . Y España está en gran medida de acuerdo.

9:36 a. m. · 29 ago. 2023 18,9 mil Reproducciones
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¿Cómo nosotros, la prensa deportiva, no hemos fiscalizado lo suficiente a Rubiales y compañía? ¿Cómo compramos tan fácilmente el discurso sobre las 15 calificándolas de niñatas, caprichosas, malcriadas, chantajistas y lo aireamos generando un rechazo generalizado hacia ellas? ¿Cómo las dejamos solas y sobre todo por qué? Porque en el periodismo deportivo también hay muchos Rubiales. Por eso no las hemos sabido explicar, porque el sesgo machista estaba, está, también en las redacciones... Los que nos han tocado y besado sin permiso ni consentimiento y al día siguiente nos han informado, advertido, de que no era para tanto, que no exageres ni saques las cosas de quicio. Esos que te han enviado notas de voz comentando lo mucho que les gustaban tus tetas y luego hacen como que no se acuerdan, aquí no ha pasado nada y con los que sigues compartiendo espacio. Esos que ahora son famosos y que hace unos años te pedían el teléfono para pasárselo a un futbolista «porque quiere hablar contigo y a ti qué te cuesta, qué más te da»... Esos, sobre todo esos, a los que no hemos denunciado porque cómo te vas a meter en tremendo lío si no te van a creer, si tendrás que dar tantas explicaciones sobre qué hacías tú con una copa de más y la historia te perseguirá para siempre... se te van a cerrar las puertas, no te contratarán. Llevarás tú el cartel de problemática, exagerada, loca, mientras ellos manden... Ahora ya los estoy viendo, escuchando y leyendo pontificando en sus respectivos medios sobre el machismo, el avance del feminismo, el abuso de poder, el patriarcado y el sistema arcaico de la Federación española de fútbol que ha sustentado a Rubiales. Solemnemente indignados... ¿Cómo las íbamos a explicar a ellas si nosotras también estamos rodeadas? Y me da mucha vergüenza (Gemma Herrero)

 "En la última semana una idea ha retumbado en mi cabeza sin descanso, sin tregua. Y las preguntas. ¿Cómo ha sido posible llegar a este punto? ¿Cómo nosotros, la prensa deportiva, no hemos fiscalizado lo suficiente a Rubiales y compañía? ¿Cómo hemos tolerado, normalizado, aplaudido, servido como correa de transmisión cuando había tantas señales que estaban a la vista? ¿Cómo compramos tan fácilmente el discurso sobre las 15 calificándolas de niñatas, caprichosas, malcriadas, chantajistas y lo aireamos generando un rechazo generalizado hacia ellas? En definitiva: cómo las dejamos solas y sobre todo por qué. Y la respuesta llegaba clara, inmisericorde, tajante: porque en el periodismo deportivo también hay muchos Rubiales. Por eso no las hemos sabido explicar, porque el dique, el sesgo machista -cuando no misógino- estaba, está, también en las redacciones.

Los que nos han tocado y besado sin permiso ni consentimiento y al día siguiente nos han informado, advertido, de que no era para tanto, que no exageres ni saques las cosas de quicio. Esos que te han enviado notas de voz comentando lo mucho que les gustaban tus tetas y luego hacen como que no se acuerdan, aquí no ha pasado nada y con los que sigues compartiendo espacio. Esos que ahora son famosos y que hace unos años te pedían el teléfono para pasárselo a un futbolista «porque quiere hablar contigo y a ti qué te cuesta, qué más te da», esos que comentaban a gritos en el autobús que nos llevaba al estadio o al campo de entrenamiento lo bien que se lo habían pasado la noche anterior yendo ‘de putas’ y era tan divertido, todos reían, esos que anunciaban mirándose el reloj que se quedaban un rato más en el periódico porque así llegaban a casa cuando sus hijos ya estuvieran bañados y cenados.

Los indignados cuando les señalabas que tenían una conducta machista porque ellos no han matado ni pegado a nadie y cómo te atreves a decirme eso a mí, que tengo madre, mujer e hijas. Los que te señalaban a ti por ser una amargada, una chiflada, se te va la olla. Los que te repasaban con la mirada de arriba a abajo. Los que agarraban de más al saludarte. Los que nos han orillado en nuestros puestos de trabajo y nos han aleccionado para que bajáramos el tono porque te estás pasando, cálmate, no te enfades. Los que han compartido en sus redes capturas de mujeres periodistas con la boca abierta en una clara alusión sexual y tienen columnas y espacio en medios generalistas porque era una broma, joder. Los que jamás te tienen como referente, como un sujeto a imitar, ni te citan ni nombran, pero se dedican grandes elogios entre ellos. Los que se han atrevido incluso a imitarte, haciendo burla, en una tertulia de televisión en directo. Esos de los que hablamos en cuanto nosotras, las mujeres, las periodistas, nos reunimos para infundirnos fuerzas, darnos calor, comprensión, amor, compañía, cariño, cuando nos reímos, nos liberamos y empezamos a hacer una lista con sus nombres para advertirnos las unas a las otras.

Esos, sobre todo esos, a los que no hemos denunciado porque cómo te vas a meter en tremendo lío si no te van a creer, si tendrás que dar tantas explicaciones sobre qué hacías tú con una copa de más y la historia te perseguirá para siempre. Si ya sabías que el periodismo deportivo era así, pa qué te metes. O te acostumbras o no te quejes, no hables, cállate. Porque ya no serás nunca solo una periodista, sino esa que denunció, esa, y te perseguirá toda la vida un estigma, se te van a cerrar las puertas, no te contratarán. Llevarás tú el cartel de problemática, exagerada, loca, mientras ellos mandan, tienen cargos con nombres largos en inglés, escalan y se protegen los unos a los otros porque nada de lo que hacen es con mala intención, no seas así, que una denuncia de esas y les arruinas la vida por tu mala cabeza. El pacto entre caballeros, la omertá. Los de not all men que en lugar de ponerse de tu lado te cuestionan y se empeñan en resaltar que en el fondo el otro es un buen tío, un poco pesado es verdad, un metepatas, pero buena persona. Los que dudan de tu palabra, de tu experiencia, los que la infravaloran, los que son incapaces de empatizar, de comprender el efecto que tiene sobre ti, sobre tu autoestima, sobre tu salud física y mental y siguen haciéndote saber que tienes la piel fina y has de curtirte más y mejor. Porque, a ver: ¿A ti qué te ha pasado? ¿De qué te quejas exactamente?

No es la primera vez que cuento, que escribo, que llegué a Barcelona en un mes de septiembre y tres meses después, cuando aún estaba haciéndome un hueco y conociendo la ciudad, el curro y a mis compañeros, el Barça celebró una comida de Navidad y me tocó en la mesa con un directivo con el que no había coincidido nunca y que no paró de hacer comentarios sexistas, supuestas bromas, chascarrillos, ante los que mis colegas se carcajeaban de comentarios como que estaba bien tener a mujeres periodistas porque podías tirar la servilleta al suelo y que te la chuparan debajo de la mesa. Incluso lo escenificó con gestos. El shock y mis ganas por encajar y no armarla a las primeras de cambio me llevaron a callarme en un primer momento. En la mesa éramos dos mujeres, dos periodistas, y cuando ella al final de la comida se levantó para grabar el discurso del presidente, el directivo soltó: «¡Vaya tetas!» Y todos rieron. Ahí estallé y exclamé, iracunda, que cuando mi compañera volviera a la mesa se lo dijera a la cara. El silencio fue brutal. El presidente comenzó entonces a hablar y tras terminar, un periodista, uno solo, me dijo al oído: «No todos aquí somos así». El resto se marchó sin despedirse y mi sensación fue la de haberla cagado. Yo. La aguafiestas. Con lo bien que se lo estaban pasando.

Esta historia la he explicado varias veces públicamente y todavía sigo esperando a que mis colegas me pidan perdón. Sé que les ha llegado, sé que me han oído, sé que me han leído, sé que se han avisado entre ellos. Y ninguno ha sido capaz de expresarme en privado ni sus disculpas ni, por supuesto, ningún remordimiento por lo sucedido 20 años después; tiempo han tenido. Ahora ya los estoy viendo, escuchando y leyendo pontificando en sus respectivos medios sobre el machismo, el avance del feminismo, el abuso de poder, el patriarcado y el sistema arcaico de la Federación española de fútbol que ha sustentado a Rubiales. Solemnemente indignados.

Hace dos años, Maria Tikas publicó un reportaje en el Sport titulado «Las periodistas dicen basta» en el que 15 periodistas deportivas contaban -contábamos- las faltas de respeto, acoso, insultos y amenazas que formaban parte de nuestro día a día y que eran visibles, bien visibles, en las redes sociales. Quince, qué casualidad. Nuestras experiencias eran idénticas, calcadas, pero no pasó nada. Algún mensaje privado y público por aquí y por allá y muchos silencios porque para la mayoría tampoco era para tanto; ya sabes como son las redes, a ellos también les pasa. Putas, zorras, no tienes ni idea, no sabes nada, eres una inútil que estás ahí por tu marido, porque eres una enchufada, por tus tetas, por tu melena larga, porque se la estás chupando al jefe, qué sabrás tú, gorda, flaca, vieja, niñata, tonta. Insultos inequívocamente misóginos y machistas que fueron, en general, pasados por alto. El precio que había que pagar.

Entornos mayoritariamente masculinos y masculinizados- con todo lo que eso comporta-, hombres blancos heterosexuales que llevan años riéndose las gracias unos a otros y expulsando del ecosistema a cualquier disidencia. Los ofendidos cuando los señalas, los silenciosos cómplices necesarios para sustentar una estructura tóxica que intentan ahora mantener su pátina de dignidad. Los que rieron el «si yo estoy contigo» a Rubiales la noche de los pringados y tontos del culo. Los que el lunes, después de las inaceptables disculpas en las que el presidente de la RFEF se estaba justificando, querían ya zanjar el tema porque «ha pedido perdón y eso le honra» y que aún apuntaban por antena que el gesto era una chorrada y escandalosa la cacería. A los que de un día para otro, magia potagia, les ha crecido la conciencia feminista. Los que disimularán que siguen sin leerme, los que contestarán airados a este artículo exigiendo que dé nombres porque si no todos quedan manchados, qué vergüenza, cómo soy, qué pruebas tengo.

Los que te animan a escribir enfadada porque así te sale mejor sin darse cuenta, sin que les importe, tu desgaste físico y mental. Incluso los que necesitan a la feminista de guardia al lado porque pobretes, ellos no saben, les han dibujado así y es un esfuerzo titánico entender, leer, escuchar, revisitarse y no les da la puñetera gana mirarse en el espejo porque, en el fondo muchos saben que sí, que ellos también y deciden, conscientemente, desentenderse. Los que volverán hoy a las redacciones con escasa o nula presencia femenina, con ninguna perspectiva de género, y nos lo van a volver a explicar todo, otra vez. Y no se ha acabado, no. Ojalá. Así que, en fin, vuelvo al principio, a la pregunta machacona que me persigue desde hace días: ¿Cómo las íbamos a explicar a ellas si nosotras también estamos rodeadas? Y me da mucha vergüenza."               ( Jot Down Sport, 27 de agosto de 2023)